EL EJÉRCITO NACIONAL ENTRA EN MADRID Valentina Orte

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EL EJÉRCITO NACIONAL ENTRA EN MADRID
Valentina Orte
La solución podía haber sido distinta pasando, por ejemplo, por un decreto de
amnistía. Franco meditó esta posibilidad y se decidió en contra, fundamentalmente
porque estaba convencido de que los crímenes cometidos por el Frente Popular
durante aquellos años debían ser castigados penalmente y porque temía las lógicas
reacciones de las miles de familias que, por haber perdido a sus parientes en los
fusilamientos o las sacas,1 pedían justicia.
El 10 de febrero de 1939 terminada la guerra en Cataluña, los principales dirigentes
comunistas llegaron a la zona Centro Sur para “seguir ayudando con su experiencia a
los camaradas españoles”, entre ellos Togliatti, Boris Stefanov, Jesús Hernández, La
Pasionaria y Pedro Martínez Cartón, con el objetivo declarado de proseguir la política
de resistencia, aunque el comunista italiano Ettore Vanni, director de La Verdad, el
órgano del partido en Valencia, que estaba en contacto con los dirigentes comunistas y
con la delegación soviética en esa ciudad, afirmó que “la voluntad de resistir” que
caracterizaba la posición oficial de los comunistas, no era sino la aceptación formal de
la tesis rusa: “resistencia hasta el final”.2
El presidente de la República, el jefe del gobierno y sus ministros, los diputados, los
miembros del gobierno de la Generalitat, el buró
político y los dirigentes de todas las organizaciones, así
como varios centenares de miles de refugiados,
incluyendo al derrotado Ejército de Cataluña, habían
cruzado la frontera francesa. Los coroneles Patricio de
Azcárate, Eduardo Cuevas de la Peña, Eleuterio Díaz
Tendero, José Luis Fuentes y los generales Juan
Hernández Sarabia, Enrique Jurado y Sebastián Pozas se
negaron, a requerimiento de Negrín, a volver a España.
Sin embargo, la más importante de las defecciones fue
la del general Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor
Central, quien formuló una grave acusación,
cuidadosamente ocultada por Negrín y sus partidarios:
“Si era verdad que en la zona central iba a continuar la
guerra en serio, ¿por qué se liquidaban en Francia las
existencias que en víveres, materias primas y armamento de tránsito se tenían
acumuladas?”. Por un lado se liquidaba económicamente el conflicto transformando
todas las existencias, pero por otro se ordenaba resistir sin dar medios para ello, ni
siquiera víveres3. Tampoco volvieron los comunistas, ni siquiera lo hicieron por
disciplina del partido. Manuel Tagüeña, comandante comunista del XV Cuerpo de
1
2
3
César Vidal: “La guerra que ganó Franco II pág. 414
BURNETT BOLLOTEN: “La guerra civil española” pág. 1007
Id. Pág. 1009
1
ejército menciona en sus memorias a Francisco Antón, Antonio Mije, Luis Cabo Giorla y
Santiago Carrillo, por entonces secretario general que tampoco volvieron.
Manuel Azaña, presidente de la República, refugiado en la embajada de España en
París, había advertido antes de dejar Cataluña, que si cruzaba la frontera no contaran
con él para nada como no fuera para hacer la paz. De ningún modo y en ningún caso
para volver a España”. Temiendo que Azaña dimitiera de la presidencia y que Gran
Bretaña y Francia reconocieran inmediatamente al gobierno del general Franco, Negrín
dio instrucciones a Del Vayo para que volviera a insistirle de lo imprescindible de su
presencia en España. Fue en vano. Azaña insistió en que su único deber es hacer la paz;
me niego a prolongar esta lucha sin sentido”.
Resistir, para qué?- La huida
Los ministros a quienes Negrín había obligado a volver, eran igualmente derrotistas. El
ministro de Justicia, Ramón González Peña, prietista, le dijo a Wenceslao Carrillo,
socialista y director general de Seguridad con Largo Caballero: “Procure pasaportes
para todos los compañeros que corran algún riesgo cuando Franco ocupe lo que
todavía queda de la zona republicana y déjelos marchar….Aquí no hay nada que hacer
a pesar de lo que diga Negrín. Tenga en cuenta que está dominado por el Partido
Comunista hasta tal punto que sólo informa a Uribe y a Del Vayo de lo que hace. Los
demás ministros no somos nadie….”4
El manifiesto que el buró político hizo público en Figueras condenando la huida
vergonzosa de Largo Caballero a la caída de Barcelona, envenenó la atmósfera política
aún más. Togliatti dijo en presencia del dirigente de la Komintern Dimitri Manuilskiy
que “el error político más colosal cometido por el partido y por mí fue el hecho de que
la conferencia de Madrid no tomara una decisión
sobre la cuestión central de la paz”. Por otra parte,
Togliatti se atribuyó personalmente el mérito por el
cambio en la línea del partido, de modo que “el
camarada Checa (miembro del buró político) fue el
primero en comprender la necesidad de cambiar las
cosas…….planteando abiertamente el problema de la
paz, declarando que también nosotros, como todo el
pueblo, queríamos la paz…5
El 10 de febrero, Negrín se trasladó a Madrid y poco después se entrevistó con Casado,
jefe del Ejército del Centro para insistirle en el material de guerra que estaba en suelo
francés y que, según él, podría ser trasladado a la España aún controlada por el Frente
Popular. La respuesta de Casado fue contundente al señalar que la resistencia era
imposible y que lo mejor que podía hacerse era tratar de conseguir las mejores
condiciones para la capitulación y que convendría celebrar una reunión con los jefes
del Ejército, de la Fuerza Aérea y el almirante de la Flota para que expresaran su
parecer sobre la situación. Negrín aceptó la propuesta y el 16 de febrero tuvo lugar
4
5
Id pág 1013
Id pág 1015
2
dicha reunión con todos los altos mandos militares republicanos en la base de Los
Llanos (Albacete) a la que asistieron además del coronel Casado, como Jefe del Ejército
del Centro, los generales José Miaja Menant, Jefe Supremo del Ejército; Manuel
Matallana Gómez, Jefe del Grupo de Ejércitos; Leopoldo Menéndez López, Jefe del
Ejército de Levante; Antonio Escobar Huerta, Jefe del Ejército de Extremadura y Carlos
Bernal, Jefe de la Base Naval de Cartagena; los coroneles Domingo Moriones, Jefe del
Ejército de Andalucía y Antonio Camacho, Jefe de la Zona Aérea Centro-Sur; y el
almirante Miguel Buiza, Jefe de la Flota Republicana. Todos ellos, excepto el general
Miaja, estuvieron de acuerdo con lo que el coronel Casado ya le había manifestado a
Negrín en la reunión del día 12: que si el enemigo ("poderoso y con moral de victoria",
en palabras del general Matallana) desencadenaba la temida ofensiva, el ejército
republicano no podría hacerle frente por lo que había que poner fin a la guerra.
El almirante de la flota, Buiza, llegó a amenazar a Negrín con la deserción de la
totalidad de la escuadra republicana si no se ponía fin a la política de resistencia.
Negrín les respondió lo que ya le había dicho a Casado cuatro días antes: que no se
daban las condiciones para la negociación porque el general Franco sólo aceptaba la
rendición incondicional. Sin más explicaciones; le
resultaba más cómodo dejar toda la responsabilidad
sobre los nacionales e insistir en que la única salida
continuaba siendo la resistencia. Por su parte ninguno
de los generales comprometidos en la conjura de
Casado allí presentes (o que la conocían) dijeron nada a
Negrín de los contactos que ya mantenían con el
Generalísimo Franco para la rendición.
Al tiempo, la CNT convocó un pleno restringido de
militantes madrileños con el aviso de que se trataba de
un pleno muy importante en el que se tomarían
acuerdos decisivos en relación con la guerra y la política
del doctor Negrín y se expondrían los informes obtenidos en Cataluña y Francia por los
componentes de la comisión. Éstos eran Juan López, ex ministro de Comercio y cabeza
visible de la corriente más moderada del sindicalismo; Manuel Amil, varias veces
miembro del comité nacional de la CNT, dirigente nacional del Sindicato del Transporte
y muy astuto y maniobrero en la lucha sindical; y Eduardo Val, dirigente del Sindicato
Gastronómico y hombre de confianza de los grupos de defensa confederal. En aquel
momento era el hombre más poderoso de la CNT a pesar de que apenas si era
conocido fuera de ella.
Manuel López informó extensamente de la situación de los refugiados en Francia, de
las imprevisiones de nuestro Gobierno y del comportamiento de las autoridades
francesas. Sin intención de dramatizar, ofreció un cuadro escalofriante de la
solidaridad internacional. «Los socialistas, los comunistas y los masones -vino a decir-,
cuentan en Francia con la tolerancia de las autoridades y la ayuda de sus camaradas
franceses, pero nosotros no podemos contar con ninguna, porque los
anarcosindicalistas franceses carecen de influencia». Con relación a la guerra, afirmó
que tenían que seguir hasta el final, pero no de cualquier manera, arrastrados por las
falsas esperanzas del doctor Negrín y de los que pedían el sacrificio total del pueblo a
3
una causa perdida, mientras ellos se preparaban la
huida con todos los honores y con todos los
tesoros»6.
Negrín, para quien el problema era cómo terminar
la guerra sin combatir de manera distinta a la
entrega sin condiciones, abandonó Madrid el 24 de
febrero, tras celebrar un consejo de ministros e
instaló la sede de la Presidencia del Gobierno en
una finca cercana a la localidad alicantina de Elda
(la “Posición Yuste”, que era su nombre en clave)
confirmando posteriormente las sospechas
expresadas por los cenetistas.
Tres días más tarde, Francia y Gran Bretaña
reconocían "de iure" al gobierno de Franco en
Burgos como el gobierno legítimo de España, tras
obtener unas vagas e imprecisas garantías de que
no se ejecutaría a los "españoles no delincuentes". Al día siguiente se hacía oficial la
renuncia a la Presidencia de la República de Manuel Azaña y se abría el proceso, tal
como establecía la Constitución republicana de 1931, de su sustitución provisional por
el presidente de las Cortes el masón Diego Martínez Barrio, ambos en Francia después
de su huida.
Después de todos estos hechos la posición de Negrín era insostenible y quizá para
reafirmarse intenta entregar los mandos vitales del ejército de la zona a militares
comunistas. Podría decirse que es un golpe de Estado del propio jefe del gobierno que
corrobora el 2 de marzo al publicar los ascensos y nombramientos, que reforzaban
todavía más los mandos comunistas en el Ejército Regular de la II República, lo que
significaba una entrega total al estalinismo. Hace ir a la Posición Yuste al coronel
Casado y al general Matallana para comunicarles que iban a ser relevados de sus
puestos y sustituidos por militares comunistas; el coronel Juan Modesto
Guilloto, procedente de las milicias y jefe del ejército republicano de la batalla del
Ebro, sustituiría a Casado al frente del Ejército del Centro. Pero Casado y Matallana,
que ocuparían otros cargos en el alto mando del Ejército republicano, sin mando
directo de tropas, se negaron a aceptar esos cambios y nombramientos puramente
honoríficos y abandonaron la "Posición Yuste" con dirección a Valencia para
entrevistarse con los generales Miaja y Menéndez a fin de discutir ampliamente la
situación de la toma del poder claramente por los comunistas. Los cuatro se coaligaron
para lograr la paz.
Enterado Negrín del propósito de sublevación del coronel Casado, envió un avión a
Madrid a las 10 de la mañana del sábado 4 de marzo para que el coronel se presentara
inmediatamente ante él. Como Casado no tomó ese avión, a las 12 h. Negrín
indignado insistió por teléfono pero aquél siguió negándose a acudir a la cita. A las
15'30 horas Casado se reunía en el gobierno civil con los ministros del gobierno de
Negrín que se encontraban en Madrid para notificarles su decisión. Una hora después
salía del aeródromo de Barajas el avión con los ministros pero sin Casado a bordo.
6
Gregorio Gallego ;” LA CNT ACUERDA SUBLEVARSE CONTRA EL DOCTOR NEGRIN” en Historia y Vida. Extra número 4, 1974
4
Cuando llegaron, Negrín volvió a llamar por teléfono a Casado encontrándose con la
misma negativa.
Al tiempo, Martínez Barrio, presidente de las Cortes, convocó a la Diputación
Permanente en un restaurante de París a
fin de exponer los aspectos jurídicos y
políticos de la crisis. La Diputación
decidió que solo cooperaría con Negrín si
éste intentaba poner fin a la guerra con
el menor daño y sacrificio posibles7 y el
presidente, notificó el acuerdo al primer
ministro advirtiéndole que si no se
cumplía esta condición, se vería en la
penosa necesidad de declinar la
presidencia.
Los acontecimientos se precipitan.
La conspiración de Casado
La figura más activa del movimiento para poner fin a la guerra era, como queda dicho,
el coronel Segismundo Casado, en torno al cual se estaban aglutinando los adversarios
de Negrín y del PCE. Firme republicano y jefe de la guardia presidencial de Manuel
Azaña al estallar la guerra, las relaciones de Casado con el PCE habían sido hostiles
desde los primeros meses de conflicto, aunque en un principio colaboró con lealtad al
triunfo de los suyos. Es, a medida que se exacerbaban las luchas intestinas, cuando las
relaciones de Casado con el PCE se fueron deteriorando; incluso antes del regreso de
Negrín a España, habló con los jefes del Ejército y los dirigentes de los partidos, a
excepción del partido comunista. También se reunió con Julián Besteiro, dirigente del
ala derecha del Partido Socialista que se había convertido en el líder más prestigioso
de España. Cuando Casado le pidió su colaboración respondió que contaba con su
apoyo “incondicional pero por la paz y solo por la paz”.8
El más importante de los aliados de Casado, del que dependía el éxito del golpe, era la
organización de Madrid de la CNT-FAI y el IV Cuerpo del ejército de Cipriano Mera.
Entre Casado y los libertarios llegó a producirse una especie de
simpatía o atracción mutua, cuyas causas pudieran ser más
hondas y buscarse en la enemiga que el coronel sentía hacia los
comunistas9 y especialmente importante en la relación con
Cipriano Mera, fue el hecho de que hacía mucho tiempo que
había abandonado su oposición filosófica a la disciplina y la
militarización. “Se respetaban y se estableció entre los dos
militares, el profesional y el de milicias, un cierto grado de
amistad basado en mutuas fidelidades”10. La trama conspirativa
7
8
9
Congreso de los Diputados. Diputación Provincial, sesión celebrada en París el viernes 3 de marzo de 1939
BURNETT BOLLOTEN: “La guerra civil española” pág. 1029
LUIS ROMERO: “El final de la guerra” págs.. 121-122
10
Id pág. 181
5
iniciada por Casado, jefe del ejército del centro, se había ido extendiendo a otros jefes
militares y a los grupos políticos de la región del centro, con excepción de los
comunistas y de los socialistas fieles a la comisión ejecutiva del partido. Esta
conspiración tiene como objetivo deponer al gobierno presidido por Negrín y
sustituirle por otro que negocie el fin de la guerra a toda costa, confiando en las
garantías que podrían ofrecer militares profesionales y políticos moderados como
Julián Besteiro. El veterano político socialista pensaba para entonces que el único
poder legítimo que quedaba en la España republicana era el militar. Por tanto no le
costó esfuerzo ponerse de acuerdo con Casado en la necesidad de formar un gobierno
que sustituyera al de Negrín aunque declinó presidirlo y aceptó formar parte de él sólo
al objeto de negociar el fin de las hostilidades. Se formó así el Consejo Nacional de
Defensa en el que Miaja ostentó la presidencia: Besteiro, Asuntos Exteriores, Casado
dirige Defensa, Wenceslao Carrillo Gobernación; Miguel San Andrés dirige Justicia y
Propaganda; Eduardo Val Comunicaciones y Obras Públicas; José González Marín
Economía y Hacienda; José del Río Educación y Sanidad: y Antonio Pérez, Trabajo; J.
Sánchez Requena era el Secretario de la misma.
El día 4 de marzo encontrándose el consejo de ministros en Elda la radio de Madrid
anunciaba que el jefe del ejército del centro iba a pronunciar una alocución. Sin
embargo cuando llegó la medianoche el locutor dijo: “Señores radioyentes van ustedes
a oír a Don Julián Besteiro, que por su gran popularidad no precisa presentación”. Con
voz entrecortada Besteiro dijo que la República estaba decapitada tras la dimisión del
presidente Azaña y expresó así sus principales argumentos: el gobierno del señor
Negrín, falto de la asistencia presidencial y de la asistencia de toda la cámara, a la cual
sería vano dar una apariencia de vida, carece de toda legitimidad. Yo os pido, poniendo
en esta petición todo el énfasis de la propia responsabilidad, que en este momento
grave asistáis, como nosotros le asistimos, al poder legítimo de la república, que
transitoriamente no es otro que el poder militar. Más tarde habló Casado, (ascendido a
general pocos días antes), dirigiéndose a los españoles de allende las trincheras, se
definió como militar que jamás intentó mandar a su pueblo, sino servirle en toda
6
ocasión, porque entendía que la milicia no es cerebro de la vida pública, sino brazo
nacional. Quien os habla juró lealtad a una bandera leal y a ella sigue. Tiene la
obligación de luchar por la libertad y la independencia de su pueblo y en defenderlo
cifra su mayor orgullo. Ofreció y pidió una paz por España, asegurando que el pueblo
no abandonaría las armas mientras no tuviera la seguridad de una paz sin crímenes11.
Debido a su aislamiento en Elda, Negrín y los dirigentes comunistas no podrían haber
tomado medidas efectivas para hacer fracasar el golpe aunque hubieran querido. En
cualquier caso, ¿no era el propósito de su presencia en Elda preparar su huida de
España? Ministros, subsecretarios, jefes del todopoderoso SIM y otros altos
funcionarios huyeron en estampida: Sánchez Arcas, Fernández Ossorio, García Arroyo,
La Pasionaria, Uribe, Benigno Rodríguez, Irene Falcón y Manuel Delgado además de
Stefanov, Del Vayo y Negrín, naturalmente. Estaban
protegidos por miembros de élite del XIV Cuerpo de
ejército a las órdenes del comandante Domingo Ungría el
cual tenía como asesor al coronel Stanislav A. Vauphasovy y
al general de brigada Mijail Stepanofich Shmilov.
Una guerra civil dentro de otra guerra civil en Madrid
Mientras los dirigentes comunistas se reunían en Elda
para, desde el aeródromo de Monóvar huir más
fácilmente, el coronel Casado ultima los planes para
derribar al gobierno. Se instala en el edificio antiguo del
Ministerio de Hacienda, en la calle de Alcalá, próximo a la
Puerta del Sol, donde establece su Puesto de Mando. Un buen edificio que cumple
perfectamente con las necesidades de defensa en el caso de levantamiento
comunista. Llegan los demás casadistas y se distribuyen los puestos del Consejo
Nacional de Defensa. Lo preside provisionalmente Casado hasta la llegada de Miaja,
que después de varias indecisiones, finalmente se pone del lado de la rebelión. y
asume la presidencia el día 6 de marzo.
Los jefes de la C.N.T. al comprobar que el general Vicente Rojo Lluch (el Jefe del
Estado Mayor de la República), se niega a regresar de Francia a España, deciden
terminar la lucha y sus representantes se ponen a disposición de Segismundo Casado.
Al parecer, tanto los grandes jefes militares como los dirigentes políticos
consideraban que se había llegado al límite de la resistencia y se mostraban
contrarios a provocar situaciones catastróficas. -Yo, personalmente -dijo Eduardo Val,
considero tan estúpido el numantismo como el entreguismo, por lo cual creo que lo
más importante es mantener unido el frente antifascista. Pero si Negrín se lía
la manta a la cabeza y entrega el poder militar a los mandos comunistas que
perdieron la batalla de Cataluña después de haber machacado a la CNT y a los
catalanistas12, recibirá la respuesta que merece, aunque luego tengamos que
11
Se olvidaba Casado de los muchos crímenes que se habían cometido bajo el gobierno y responsabilidad de la República,
12
Se refiere a lo que se conoce como “jornadas de mayo”, cuando en 1937 la República, siguiendo la política promovida por
Moscú machacó a los anarquistas y al POUM , acusados de ser manejados desde Berlín. Primordial importancia tuvo en ello el
funcionario del Komintern, Stoyán Minev, quien dirigió la elaboración y edición de un libro contra el POUM, firmado bajo el
seudónimo de “Max Rieger”: Espionaje en España, publicado en 1938.
7
lamentarlo todos. Seguidamente se dijo que debíamos permanecer pendientes del
parte de guerra emitido por Unión Radio a las doce de la noche. Inmediatamente que
oigáis que se ha constituido una Junta para luchar contra Negrin, apoderaos del
mando de las unidades y destituir o encerrar a los negrinistas sin la menor vacilación.
A partir de ese momento todo el Movimiento Libertario debe considerarse en pie de
guerra. Pocos días después los acuerdos de aquel pleno se cumplían a rajatabla.
Casado había tenido entrevistas con dirigentes socialistas y anarquistas con objeto de
lograr unas capitulaciones aceptables por los nacionales; él estaba seguro que Franco
nunca negociaría con Negrín ni con los comunistas. Las gestiones de la embajada
británica, favorecieron el entendimiento entre Casado, Besteiro y los anarquistas de
la C.N.T. Mientras, las emisoras de radio y los altavoces de los frentes, emiten la
propuesta de paz de Franco: “se respetará la vida de aquellos que no hayan
intervenido directamente en crímenes de sangre” y Casado prohíbe la distribución en
Madrid de Mundo Obrero, órgano oficial del Partido Comunista. (Inimaginable que
durante la guerra civil tal cosa pudiera ocurrir en la zona del bando republicano).
Entre tanto, la ciudad de Madrid se encontraba rodeada por las fuerzas nacionales
que fueron llegando a sus principales accesos y quedando a la expectativa, esperando
la orden de entrar. Eran las del I Cuerpo de Ejército, llamado también de Madrid, a
cuyo mando estaba el general Espinosa de los Monteros, y en el que formaban las
Divisiones 16ª, 18ª, 20ª, dirigidas por los coroneles Losas, Ríos
Capapé y Caso. Es decir, la ciudad tenía prácticamente controladas
sus entradas, pero ¿y el interior? El interior parecía un queso de
Gruyère con zanjas anticarro, pozos antiaéreos y defensas para nidos
de ametralladora, la mayoría levantadas en 1936 ante el primer
ataque a la capital. Hasta seis líneas paralelas de defensa que iban a
lo largo de los frentes retrocediendo hasta el centro, fueron dirigidas
por el presidente de la Comisión de Fortificaciones, coronel Tomás
Ardid13.
La ejecución de las obras la llevaron a cabo militares especializados y la mano de obra
por no menos de 12.000 obreros (algunos lo amplían a 23.000) de los cuales, la CNT
dice que de sus afiliados, 5.000 del Sindicato único de la Construcción, murieron
durante los trabajos. El objetivo, era naturalmente, detener al enemigo a las puertas
de Madrid, como fuera. Especialmente fortificado estaba la línea desde el Club Puerta
de Hierro hasta el pueblo de Vallecas, tomando como eje y protagonista al río
Manzanares14. Zugazagoitia15 dejó escrito que por todo ello, Madrid era una plaza
sitiada.
13
Teniente coronel de Ingenieros muy apreciado por su tarea de fortificación a raíz de la defensa de Madrid. Fue el artífice de la
Línea XYZ, sistema de trincheras que aprovechaban las áreas montañosas de Castellón, donde Franco tuvo que mantener duros
combates. El mérito fue del arma de Ingenieros del Ejército Popular mandada por Ardid. Al final de la guerra ocupaba el mismo
cargo y Casado le nombró inspector general de Ingenieros. Hay un inapreciable relato de la Sanidad Militar, donde se dice que este
ingeniero sin igual, fabricaba cerveza para la tropa y además enviaba levadura de cerveza a los hospitales militares, para combatir
la avitaminosis. Años después, cuando España estaba reconciliada, un nieto de este militar comunista casó con una nieta del que
había sido su contrincante, el general Franco, enterrando así los odios de la guerra civil.
14
15
PUBLICACIONES DE DEFENSA: “Historia militar de la guerra civil” pág. 151
ZUGAZAGOITIA:Madrid. Carranza, 20 pág. 56
8
Madrid, la ciudad del “No Pasaran”, acoge la reunión del Buró Político del Partido
Comunista, que concluye con un comunicado acordando la continuación de la lucha. A
pocos días de la derrota final, el bando rojo creía poder derrotar a los ejércitos
nacionales; hay que reconocer que los comunistas españoles tenían todavía, en estas
fechas, unidad de criterio y tranquilidad quizás proporcionada por los tres de los
cuatro cuerpos de ejército que había en el centro mandados por comunistas, los
coroneles Barceló, el I Cuerpo; Ortega y Bueno el II y la Agrupación de Guerrilleros
estacionada en Alcalá de Henares. Sólo uno, el de Guadalajara, estaba mandado por
el anarquista Cipriano Mera, puesto que si bien los jefes de los Ejércitos de Levante,
Extremadura y Andalucía se habían puesto del lado del Consejo, se hallaban lejos y
contaban en su seno con bastantes mandos sometidos al Partido Comunista. El coronel
Casado se equivocó al considerar que la tradicional solidaridad entre militares
profesionales les haría reconsiderar su postura; no había contado con los efectos de la
labor de zapa que los comunistas habían llevado a cabo pacientemente entre los jefes
militares.
Barceló, el coronel comunista, se niega a aceptar la propuesta de la Junta, se alza y
carga con todas sus reservas contra las fuerzas de Casado. Ortega y Bueno le imitan. La
situación es muy crítica para Casado; se encuentra sólo y no puede hacer frente ni a las
fuerzas comunistas que están aniquilando a sus leales. Pide
ayuda a los anarquistas. A las 23:30 horas del 5 de marzo, la
70ª Brigada, mandada por el anarquista Bernabé López, del IV
Cuerpo de Ejército de Cipriano Mera, tomó posiciones para
proteger el Ministerio de Defensa, Gobernación y
Comunicaciones, así como la Telefónica, el Banco de España y
la Dirección General de Seguridad.
En la madrugada del día 6 de marzo se sublevaron contra el Consejo de Defensa como
si respondieran a una señal, las
Divisiones 7 y 8, así como la 42
Brigada mixta unidades dependientes
del
II
Cuerpo
de
Ejército.
Inmediatamente, el coronel Barceló,
jefe del I Cuerpo estacionado en el
frente de la Sierra se proclamó por sí y
ante sí jefe del Ejército del Centro, al
tiempo que anunciaba su marcha
sobre Madrid sacando fuerzas de las
propias trincheras. La 42 Brigada, sin
hallar el menor obstáculo, ocupó
Fuencarral, Tetuán de las Victorias,
Cuatro Caminos y, pasando por la calle
de Ríos Rosas, los Nuevos Ministerios situados, entonces, en la cabecera del Paseo de
la Castellana. También se sublevó la Agrupación de Guerrilleros y la base de tanques en
Alcalá de Henares.
9
Las fuerzas de Mera, protegidas por tanques, avanzan hacia Torrejón, donde se
encontraba la V Brigada de Carabineros de la que tres de sus batallones se habían
puesto a disposición de Barceló. Esta era la situación hacia las cinco de la tarde, hora a
la cual el coronel Casado me pidió (cuenta Cipriano Mera en sus memorias) que fuese
con Verardini al puesto de mando del Estado Mayor (Posición Jaca)16, al objeto de
ayudar al coronel Otero que se encontraba en situación algo delicada. Al llegar, éste les
informó que había mantenido una conversación con las fuerzas guerrilleras, las cuales
le aseguraron no querer enfrentarse con las del Consejo. Dijo también que los
guerrilleros le expusieron sus deseos de parlamentar con el coronel Casado, y como
éste exigiera que primero depusieran las armas, los mandos de los guerrilleros
pidieron un plazo de dos horas para dar una respuesta, plazo que, en contra de la
opinión de Mera que desconfiaba de ellos, les fue concedido.
Resultó una treta para ganar tiempo y hacerse con el control de la posición, ante cuya
evidencia, Corella, Verardini, Artemio García, Dalda y yo, (sigue comentando Mera),
nos fuimos a uña de caballo. Mientras los tanques y fuerzas guerrilleras avanzaban
sobre Canillejas, nosotros, a campo traviesa, pudimos llegar hasta donde estaban los
servicios de Transportes del Ejército del Centro, mandados por cierto por un
comandante llamado Salinero, también comunista. Desde allí me puse en
comunicación telefónica con Casado, al que informé de la situación, refiriéndole lo
ocurrido en la Posición Jaca y el avance de tropas comunistas hacia Madrid, pero el
general, incrédulo, le hace volver a la posición.
A mitad de camino ya tropiezan con unos doscientos comunistas que van hacia Madrid
con dos tanques; le siguen un batallón de carabineros. Dan la vuelta rápidamente hacia
el cuartel general de Casado en el Ministerio de Hacienda, donde existía gran
confusión. La creación del Consejo había resultado fácil, pero su mantenimiento ya no
lo era tanto. No faltaban, además, los carentes de ánimos para continuar la lucha.
Julián Besteiro, enfermo, se encontraba acostado en un camastro en los sótanos del
Ministerio de Hacienda. Se negó a ser conducido a su domicilio, donde estaría más
cómodo y mejor atendido, diciendo: Me he comprometido a cumplir una misión con el
Consejo y la cumpliré hasta los últimos instantes.
Ante la inminente llegada de los comunistas, Cipriano Mera dio
órdenes concretas a sus tropas que venían por la carretera de
Aragón y reforzó con miembros de la 70 brigada la defensa del
Palacio de Comunicaciones, del Banco de España y del
Ministerio de la Guerra, las cuales se vieron obligadas a
defenderse de cuatro o cinco ataques logrando inutilizar varios
tanques. El Ministerio de Marina estuvo bien defendido
exclusivamente por la gente del SIM al mando de Pedrero. La
consecuencia de este enfrentamiento fue que los comunistas
se vieron obligados a replegarse a las construcciones de los
Nuevos Ministerios.
16
Posición Jaca situada en el palacio de los Duques de Osuna en la llamada Alameda de Osuna.
10
El 8 confirma su avance el anarquista Esteller con la toma del puente de San Fernando
y la captura como prisioneros de unos quinientos carabineros; poco después,
recuperan la posición Jaca y más tarde, Barajas, habiéndose rendido de cuatro a cinco
mil hombres. Casado mantiene una actitud dubitativa con respecto a la situación de
división entre los militares, confiaba en el “honor militar”. Mera la rechaza sin
contemplaciones porque no había que perder el tiempo en parlamentar. ¡O con
nosotros o contra nosotros! le dice. El 10 da orden de ocupar con la mayor rapidez
posible Canillas, Hortaleza y Ciudad Lineal, para caer luego sobre Fuencarral. Durante
las operaciones fue gravemente herido el comisario de la 12 División, Asensio, de
filiación socialista. A las diez de la noche todos los objetivos, salvo Fuencarral, fueron
alcanzados, haciéndose unos seis mil prisioneros.
Una compañía llegó incluso hasta la plaza de Manuel Becerra, ocupando toda la
barriada. Aunque por aquí no habían establecido bastiones de defensa contra los
nacionales, la llegada de los anarquistas no fue precisamente un fácil paseo militar. La
plaza controlaba el puente de las Ventas del Espíritu Santo y con él el acceso a la
carretera de Zaragoza y Barcelona, se habían establecido por ello muchas defensas
para detener carros y tanques. Un paramento de mampostería iba desde la carretera
del Este a la Ciudad Lineal y disponían de polvorines y depósitos en la Plaza de toros de
las Ventas (donde también había un túnel de 100 m. de largo por 4m de ancho que lo
unia a la Fundación Caldeiro, quizá para depósito de municiones). Utilizaron también el
túnel de Metro entre las estaciones de Manuel Becerra y Ventas.
Existían además nidos de ametralladoras y antiaéreos en las terrazas de los edificios de
la plaza, en las torres de las iglesias de San Manuel y San Benito y en Nuestra Señora
de la Concepción, un poco más hacia el centro. En las Escuelas Aguirre, en la unión de
Alcalá con O´Donnell, se había instalado un cuartel de tropas ruso-comunistas llamado
La Stajons17. Se produjeron serios disparos de artillería. Un tanque Renault disparó en
medio de la plaza y un cañón del 7’5, causó grandes destrozos en las fincas de la zona.
A la una de la madrugada se detuvo el avance. La 83 Brigada anarquista, que se había
traído precipitadamente de Levante con la intención de que entrara hacia el centro de
Madrid por El Retiro y las Ventas, recibió orden de ir rápidamente a la plaza de Manuel
Becerra donde seguían produciéndose combates. Ante el refuerzo de un batallón de la
35 Brigada, los adversarios de aquel sector emprendieron la huída hacia la Castellana.
El día 11, a la una y media, se ocupó Fuencarral, que defendía una Brigada mixta
comunista, la cual se retiró en dirección a El Pardo. Volvieron de nuevo los comunistas
y con ayuda de la 99 Brigada (que habían tenido que retirar del frente) lograron
apoderarse nuevamente del pueblo y hacer prisionero a uno de los batallones
anarquistas. Las fuerzas al mando de Liberino González concentraron allí sus esfuerzos,
consiguiendo recuperar el pueblo tras previa preparación artillera. Los de Barceló
completamente desmoralizados huyeron unos hacia la Sierra, volando a su paso el
puente de la carretera de Burgos, y otros buscaron refugio en los Nuevos Ministerios,
(entonces el final de la Castellana). Hacia ahí convergieron fuerzas de Mera. Se
defendieron los sublevados con ametralladoras desde todos los huecos de los edificios,
pero el tiro directo de artillería les obligó a rendirse. Al finalizar la operación, quedaron
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PUBLICACIONES DE DEFENSA: “Historia militar de la guerra civil” pág. 328
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en poder del gobierno de la Junta, cerca de veinte mil prisioneros, varios tanques,
tanquetas, piezas de artillería y antitanques. El resto de la jornada se empleó en acabar
con los focos de resistencia.
Cuando las unidades anarquistas al mando de Liberino González se apoderaron de
Fuencarral y el extrarradio de Madrid y las fuerzas al mando del coronel Alvarez
terminaban con los núcleos que aún resistían en la capital, parece ser que Barceló se
incorporó a su puesto de mando del I Cuerpo de ejército, donde fue detenido por dos
jefes de Artillería a las órdenes de Casado, que le invitaron a acompañarles al
Ministerio de Hacienda. Detenido ya, pasó al de Marina para ser Juzgado ante un
tribunal compuesto por un magistrado y dos representantes de las Consejerías de
Defensa y Gobernación, acusado de la muerte de tres coroneles del Estado Mayor de
Casado: Joaquín Otero Ferrer, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández Urbano y el
comisario Ángel Peinado Leal. Fue condenado a muerte a pesar de los esfuerzos de su
defensor, don José Polo y fusilado en el cementerio de la Almudena, (entonces
llamado del Este) el 24 de marzo, al día siguiente de ser rechazada la apelación.
Fusilaron también al comisario político José Conesa Arteaga de JSUP/PCE.
La guerra civil entre dos facciones de izquierda, dentro de una mayor guerra civil, había
terminado. El ímpetu de su ofensiva fue frenado, según algunos autores, no tanto por
los anarquistas del IV Cuerpo, como por las instrucciones que acabaron llegando de la
dirección del PCE, aunque según otros, esto se dice para desmerecer la figura de un
hombre íntegro, como fue Mera, su vencedor.
Casado vuelve a intentar lograr la paz de Franco. Sus delegados, el teniente coronel
Antonio Garijo y el mayor Leopoldo Ortega, volaron a Burgos el 23 de marzo. Los
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representantes de los nacionales les exigieron la entrega simbólica de la aviación
republicana el 25 y la rendición del resto del ejército republicano el 27. Otro viaje de
dichos delegados a Burgos, el día 25, fue infructuoso; no les aceptaron excusas por no
haber llegado los aviones y fueron obligados a regresar apresuradamente a Madrid, a
pesar del mal tiempo. Casado envió un radiograma pidiendo una prórroga de 24 horas,
a sabiendas de que los pilotos ya no le obedecían. La contestación de Franco fue que el
Consejo ordenara a las fuerzas republicanas de primera línea que levantaran bandera
blanca.
A pesar de las promesas de Casado de no tomar represalias, las cárceles de la capital se
llenaron entonces de comunistas, y se produjeron las ejecuciones del coronel Barceló y
del comisario Conesa; mientras que, al contrario, eran puestos en libertad muchos
simpatizantes de los nacionales. Cuentan que vuelven a “dar paseos”, venganzas
personales entre anarquistas y comunistas y consta que en el Retiro aparecieron
muertos dos mujeres y un hombre. Incluso dicen que han dado el “paseo” a 17
personas y que en el Círculo de Bellas Artes se encuentran encerrados muchos
comunistas.18
Se suprimió del uniforme republicano la estrella roja de cinco puntas, (considerada
como signo comunista), que había sido aprobada e introducida por Largo Caballero. Sin
embargo, los vencedores no iban a establecer luego ningún tipo de “diferencia”
cuando empezasen a actuar los consejos de guerra contra todos los republicanos, sin
distinción. Las espantosas actuaciones en checas y “sacas” no permitían hacer “borrón
y cuenta nueva”. Quienes tanto habían sufrido durante tres interminables años,
esperaban justicia.
Capitulación de Madrid
El 12 de marzo el Consejo Nacional de Defensa redacta un primer borrador del
documento de capitulación. Este documento Incluía las siguientes peticiones:
* Negociaciones directas con Franco. *Independencia e integridad nacional. *Garantía
de que no se tomarían represalias y de que todos los procesos serían instruidos por
tribunales civiles legalmente constituidos. *Libertad para todos los que en la zona
republicana desearan abandonar España, pudieran hacerlo en un plazo de 25 días.
*Garantías de que se respetaría la vida y la libertad de los oficiales republicanos
profesionales del Ejército, así como de los demás militares y funcionarios republicanos
que no hubieran cometido delitos civiles. * Los oficiales profesionales conservarían su
grado en el Ejército. * Garantía de que no entrarían en territorio republicano tropas
extranjeras después de la rendición.
Seis días después. Besteiro reitera por radio que «el Consejo está dispuesto para la
negociación de una Paz honrosa». Burgos respondió esa misma noche, que no tenía
sentido que Casado y Matallana fueran a negociar. Sería suficiente la presencia de un
militar profesional con plenos poderes.
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CONCEPCIÓN OLABARRIAGA: La Batalla de Madrid pág. 11
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Casado envía a Burgos como hemos visto, a dos oficiales intermedios de Estado
Mayor, el teniente coronel Antonio Garijo y el coronel Leopoldo Ortega para
entrevistarse con los representantes de Franco, pero ya el 22 la rendición sin
condiciones es aceptada. La paz sin represalias no era posible dados los crímenes
causados por las izquierdas a lo largo de los casi tres años de guerra. Lo único que
concedería Franco sería la posibilidad de que los dirigentes republicanos huyeran al
extranjero.
Madrid se rinde.
El coronel Prada comunica a Casado que en la Ciudad Universitaria de Madrid, los
soldados han hecho la paz. Aunque no habían entrado formalmente las tropas de
Franco, en los frentes de la capital confraternizaban los soldados de los dos Ejércitos
llegándose a producir intercambio de botellas de vino e incluso algún partidillo de
fútbol. En la ciudad, mientras tanto, muchas personas ya se atrevían a colgar banderas
y símbolos franquistas en los balcones y en determinadas zonas se empezaban a
corear canciones relacionadas con los vencedores.
A primera hora de la mañana, del día 28, consciente de que los falangistas más
atrevidos iban a llegar en cuestión de minutos al Ministerio, el Coronel Casado
abandonó Madrid en uno de los pocos aviones que quedaban en Barajas. En él se
desplazó hasta Valencia, donde horas más tarde embarcaría en un barco inglés con el
que saldría de España acompañado de su familia, de sus colaboradores más
inmediatos y de casi todo su Estado Mayor. A las 13 h. del mismo día 28 de marzo de
1939, las tropas del general Espinosa de los Monteros entran en Madrid. El coronel
Prada, junto con sus hijos (eran sus ayudantes) y una escolta formada por tres
milicianos y tres guardias civiles, se dirigió hacia Ciudad Universitaria. Allí, el militar
republicano efectuó junto a las ruinas del Hospital Clínico la rendición formal de
Madrid a los nacionales dirigidos por el coronel Losas jefe de la XVI División que
entraba por el oeste.
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15
Entrando por el Norte, los requetés del Segundo Tercio habían ocupado los edificios de
Unión Radio y el Gobierno Civil a las 10,30 h. y dos horas antes, a las 8 horas, otro
requeté izó la primera bandera blanca en el Palacio de la Prensa. La primera bandera
roja y gualda es izada en el edificio Capitol en la plaza de Callao a las 10 h. donde se
establecerá el puesto de mando, y a la misma hora, los requetés del Segundo Tercio
que habían tomado Unión Radio y el Gobierno Civil, ocuparon los sótanos del
Ministerio de Hacienda, sede de la Junta de Defensa, donde a las 11,30 horas el
coronel Prada tuvo que izar la bandera rojigualda. Los regulares entran por la puerta
de Toledo.
A media mañana, los salones del Ministerio de Hacienda se habían quedado
desalojados casi por completo. Allí solo quedaban un puñado de políticos republicanos
y militares que, abandonados a su suerte, esperaban
ser detenidos por las avanzadillas nacionales que ya
empezaban a irrumpir en la ciudad. Entre las
personas que permanecían en los sótanos del
Ministerio se encontraba el socialista Julián Besteiro,
sin lugar a dudas una de las personas que más influyó
en la finalización de la Guerra Civil. El “viejo profesor”
no quiso acompañar a Casado en su salida de España
y decidió quedarse estoicamente en Madrid
acompañado por Rafael Sánchez Guerra, ex
presidente del Real Madrid, político y militar. Junto a
ellos también se encontraban Melchor Rodríguez (el
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ángel Rojo), que había salvado a cientos de derechistas de morir asesinados durante la
guerra, el coronel Prada, el teniente coronel Antonio Garijo (había participado en las
conversaciones de Gamonal, Burgos), el teniente coronel Zulueta y el comandante de
aviación Luis Hortelano.
Conscientes de que la vida de las personalidades que estaban en Hacienda podía
correr peligro, ya que empezaban a controlar las calles de Madrid, jóvenes falangistas y
requetés dispuestos a hacer justicia de
tantas
barbaridades
cometidas
anteriormente por las izquierdas,
Besteiro decidió telefonear a su antiguo
compañero Antonio Luna. Se trataba de
otro catedrático universitario que
durante los últimos meses de la Guerra
Civil había trabajado para la Falange
Clandestina fundando la “quinta
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columna” . Luna acudió al Ministerio, algo que dio seguridad a todos los presentes, ya
que se trataba de una persona muy bien relacionada con el régimen de Franco.
A media tarde, un grupo de adolescentes vestidos con el uniforme de requetés se
adentró en el Ministerio de Hacienda preguntando por Rafael Sánchez Guerra. El que
fuera presidente del Real Madrid, que vestía el uniforme del Ejército por haber sido
ayudante de Casado, contestó que era él. Los jóvenes le invitaron a que saliera de la
sala a lo que él contestó: "Lo siento mucho pero no les conozco. Estoy muy a gusto
aquí". El mandatario tenía claro que se entregaría a una autoridad legítima y
responsable, y no a unos jóvenes exaltados (en Madrid como en muchos otros sitios de
España se tenía demasiada experiencia de actuaciones de grupos de exaltados). "Quien
quiera sacarme de Hacienda tendrá que hacerlo por la fuerza y después de dejarme
reducido a una imposibilidad física para la defensa", llegó a decir. Contra toda
sospecha, aquellos jovencitos requetés no pretendían hacerle daño, todo lo contrario.
Sánchez Guerra había protegido en el Madrid republicano a la tía de uno de ellos, la
marquesa María Luisa de Borbón, por eso, ahora pretendían devolverle el favor y
"llevarle a un lugar seguro". No fue así. Tras agradecer su comportamiento, Don Rafael
dijo que prefería quedarse hasta el final con Julián Besteiro pasara lo que pasara
aunque sí pidió a los muchachos que "de vez en cuando se interesaran por él".
A las 16:00 h. llegó una compañía de infantería mandada por un capitán, que desarmó
a los carabineros y posteriormente elaboró una lista de todas las personas que se
encontraban en el interior del Ministerio de Hacienda para enviarla a la "autoridad
judicial militar" y cortaron las comunicaciones telefónicas del edificio con el exterior.
Cuatro horas más tarde de este 29 de marzo, se presentó en Hacienda un capitán de la
Guardia Civil acompañado por varios miembros de la misma, con la obligación de
trasladar en autobús a los allí presentes hasta la cárcel Porlier y así fue. De este modo
terminó el largo sitio de Madrid, el más largo de toda la guerra.
19
Se usa esta expresión para significar la presencia de un elemento que conspira internamente contra la estabilidad o la seguridad
del Estado, del gobierno, de un partido, de una operación militar o de un proyecto político. Se trata, de un boicot interior que
opera al servicio de los designios de fuera.
17
Las tropas de Franco entran en Madrid, sin disparar un tiro. Los balcones se llenan de
colgaduras rojo y gualda; las calles se van abarrotando de multitudes enloquecidas
aclamando al general Franco.
En el plano adjunto20 se puede apreciar el paso de las tropas y la toma de posiciones
durante esta más desconocida guerra de Madrid.
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Cortesía de http://www.grandesbatallas.es/batalla%20final%20de%20la%20guerra%20civil.html
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