2.1.2 factores antrópicos

Anuncio
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
2.1.2 FACTORES ANTRÓPICOS
En la propia definición de la desertificación está presente el factor humano
como un actor más. En las interrelaciones entre los distintos elementos -clima, suelo,
vegetación y hombre- que determinan la desertificación, hay que destacar la
relevancia de este último en la medida en que condiciona al resto de elementos,
siendo simultáneamente actor desencadenante del problema (como explotador del
sistema) y víctima del mismo (como parte del sistema).
Así, la influencia humana a lo largo de la historia ha modelado el paisaje a
base de los impulsos de los cambios históricos; las guerras, las desamortizaciones o,
más tarde, el boom de la agricultura han alterado el uso del suelo (suelo y
vegetación), generalmente en el sentido de una mayor exigencia y con escasa
preocupación por las consecuencias ambientales. Más recientemente, se ha
constatado que la actividad humana también puede estar afectando al factor clima,
produciéndose un cambio con motivo de la emisión de gases contaminantes “de
efecto invernadero” y destructores de la capa de ozono.
Con mayor especificidad, la desertificación en la zona andaluza dentro de la
cuenca mediterránea se ha visto acelerada por el modelo de implantación de las
actividades económicas seguido en las últimas décadas, que han dado como
resultado la presencia de procesos contradictorios. Así, en determinadas zonas,
especialmente las litorales, se produce una progresiva concentración de la población
y de las actividades productivas más innovadoras e intensivas, generando una
problemática específica de desertificación por sobreexplotación de los recursos
hídricos y alteración del medio físico.
Por contra, amplias zonas (generalmente interiores y montañosas) se ven
afectadas por el progresivo abandono de la población y de las formas tradicionales de
uso y explotación del suelo y los recursos naturales. En este caso, el abandono de
tierras y la desaparición de culturas agrarias adaptadas a lo largo del tiempo a las
condiciones del medio provoca otro tipo de desertificación.
En la actualidad, se pretende frenar la dinámica de estas zonas interiores
mediante diversas actuaciones, enmarcadas principalmente dentro de la política de la
Unión Europea y relacionadas tanto con la política de desarrollo rural como con la
reforma de la Política Agraria Común, y que se llevan a cabo, entre otras formas,
mediante la política de rentas o las reformas de las estructuras.
En resumen, puede decirse que en la actualidad, al igual que históricamente,
la dinámica de la desertificación está ligada a la coyuntura socioeconómica. De esta
manera, cualquier actuación sobre el medio que suponga una pérdida de recursos
(incendios, sobreexplotaciones,…) o una regeneración de los mismos (extensificación
de la agricultura, incremento de la cobertura vegetal,…) tiene su origen en una
determinada situación socioeconómica. Por todo ello, entender estas situaciones nos
permitirá encauzar las soluciones al problema.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
2.1.2.1 Prácticas agrarias inadecuadas
Las actividades agrarias han ido cambiando a lo largo del tiempo,
buscándose siempre el aumento de la producción, tanto agrícola como ganadera.
Uno de sus impactos derivados es la artificialización del medio, principalmente de su
componente vegetal, lo que provoca modificaciones en los ecosistemas naturales por
pérdida de estructura y desestabilización de suelos.
Entre las perturbaciones que se presentan en las actividades agrícolas están
el aumento del empleo de insumos (productos químicos, riego, energía,…), el
aumento de infraestructuras (de transporte, redes de riego y de drenaje, embalses y
depósitos,…) que ocupan el suelo y alteran el medio, y el uso de productos
fitosanitarios o de enmiendas que alteran el suelo y las aguas.
Los principales escenarios de la desertificación en las tierras agrícolas
mediterráneas son (Francisco Martín de Santa Olalla Mañas, 2000):
* Cultivos
leñosos
de
secano.
Corresponde a los suelos con
cultivos leñosos como el almendro, la
vid y el olivo. Debido a su frecuente
localización
en
laderas
con
empinadas pendientes, al marco de
plantación
(densidad
baja),
la
presencia
de
un
barbecho
permanente y labrado según la
máxima pendiente, también registran
fuertes pérdidas de suelo. Surcos,
regatos y, finalmente, cárcavas son
indicadores de la erosión hídrica que
presenta este escenario.
*
Cultivos marginales abandonados.
Ocupan extensas áreas en proceso
de expansión. En el ámbito
mediterráneo es muy frecuente la
presencia de terrazas de cultivo
abandonadas debido a los cambios
socioeconómicos
producidos
a
partir de los años sesenta. Su
dinámica puede ser progresiva
(hacia
la
desertificación)
o
regresiva
(cubriéndose
de
vegetación), en función de las
condiciones
edáficas,
geomorfológicas y climáticas.
Mª Jesús Calvo Amuedo
Cultivos herbáceos de secano. Este tipo de cultivos, sobre fuertes pendientes,
con largos períodos de barbecho y en los que no se realizan prácticas de
conservación del suelo, registra una pérdida de suelo muy elevada. Determinadas
prácticas como el laboreo en sentido de máxima pendiente con maquinaria
pesada y la quema de rastrojeras contribuyen a acelerar los procesos erosivos.
IARA, 1988
*
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Este tipo de uso del suelo presenta alto riesgo de desertificación bajo condiciones
climáticas áridas y semiáridas.
*
Suelos salinizados en zonas de agricultura intensiva. La salinización es una de
las causas recientes más importantes de la desertificación, ligada a la
sobreexplotación de las aguas subterráneas y a la irrigación con aguas de altos
contenidos en sales. En las áreas costeras, la sobreexplotación abusiva origina la
intrusión de agua de mar y el consiguiente empeoramiento de la calidad química
de los acuíferos.
*
Áreas con incendios recurrentes. El fuego causa la eliminación súbita de
cubierta vegetal protectora del suelo frente a los procesos de erosión hídrica
eólica. Si los incendios son intensos y frecuentes, la recuperación de
vegetación es muy difícil y, en consecuencia, el suelo queda desnudo
vulnerable a los procesos de erosión.
Rosa Fernández Díaz
* Áreas
sobrepastoradas.
Cuando se sobrepasa la
capacidad de carga pastante
de un territorio, se produce un
rápido deterioro de los pastos
y del suelo. Además el pisoteo
del
ganado
ocasiona
la
compactación del suelo, lo que
hace disminuir la infiltración de
las aguas pluviales y, en
consecuencia, incrementar las
escorrentías superficiales y las
pérdidas
de
suelo.
La
compactación
dificulta,
también, la germinación de
semillas.
Este
tipo
de
degradación
es
particularmente importante en
los ecosistemas más secos.
la
y
la
y
Además de estos problemas que tienen lugar dentro de unos escenarios
específicos, hay que comentar la relevancia de otros cuyo carácter es más general.
El primero de ellos sería el problema de la contaminación de las aguas, con la
consiguiente pérdida de calidad de las mismas. La contaminación ganadera es de tipo
puntual, orgánica o bacteriológica, derivada de la estabulación del ganado,
principalmente debido a la existencia de purines que se dispersan por las aguas. Si
bien es un problema muy extendido que impide la utilización de ese agua, su
peligrosidad por el momento no es muy alta. Por otro lado, se produce una
contaminación agrícola denominada como difusa, es decir, se realiza en una zona
más o menos extensa y con similar intensidad. Los agentes contaminantes son de
tres tipos principales: plaguicidas, fertilizantes sintéticos y abonos orgánicos. La
contaminación derivada del exceso de utilización de fertilizantes radica en la
proliferación en el mercado de estos productos, sobre todo de fertilizantes sintéticos
de alto rendimiento. Al agricultor le resulta poco costoso aumentar la dosificación para
asegurarse de que la planta esté bien alimentada, resultando muy tentador el abuso
en cultivos de gran rentabilidad y varias cosechas al año. Un mal manejo de la
aplicación de los fertilizantes hace que sobre todo su componente de nitratos, muy
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
lábil, pase a las aguas. De todos modos, esta contaminación no está aún
suficientemente evaluada, ya que aunque existen zonas donde se han detectado
problemas, no está claramente determinado el origen agrario, habiendo una
contribución no desdeñable de los residuos urbanos orgánicos sin depuración.
Los productos fitosanitarios no son transmitidos con facilidad a las aguas
subterráneas ya que quedan retenidos en el suelo, pero son altamente peligrosos
porque pueden descomponerse y originar residuos más tóxicos aún. Al igual que con
los fertilizantes, su consumo está en aumento como puede verse en las gráficas que
siguen. En el caso de los fertilizantes se aprecia un descenso en los años 1992 al
1994, debido principalmente a las condiciones climáticas y a la retirada obligatoria de
superficie cultivada para percibir las ayudas por superficie, sin embargo si la
evolución en Andalucía tras el fin de la sequía es la misma que la nacional, el
consumo sigue aumentando.
40.000
35.000
Toneladas
30.000
25.000
20.000
15.000
10.000
5.000
0
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
Año
Gráfico 1 Evolución del consumo de productos fitosanitarios en Andalucía
Las tasas medias de fertilización en España y por similitud en Andalucía se
encuentran muy por debajo de la media de la Unión Europea, debido básicamente a
que las producciones son menores y por la gran importancia de cultivos pobremente
fertilizados como el olivar, el girasol, los frutales, etc.
100
80
60
40
20
0
1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995
Ratio Ud N/sup
Gráfico 2 Evolución de la tasa de fertilización en Andalucía
Dirección General del Medio Natural
Es también digna de
consideración
la
erosión
provocada directamente por el
laboreo de las tierras agrícolas,
como se ha descrito en
numerosa bibliografía. En los
distintos pases de los aperos,
se remueve un importante
volumen de suelo, lo que
redunda en un desplazamiento
neto de suelo pendiente abajo
con pérdidas que pueden llegar
a igualar las tasas de pérdida
por la erosión hídrica.
La eliminación de los plásticos usados en la agricultura es otro de los grandes
problemas, presentando dos situaciones muy diferentes. Mientras que se está
avanzando bastante en organizar la recogida y reciclado del plástico aéreo, usado en
los invernaderos, no sucede lo mismo en el que está en contacto con el suelo de los
cultivos acolchados (fundamentalmente algodón, melón y sandía), que ocupan cada
vez mayor extensión.
La horticultura intensiva de la costa almeriense y granadina se enfrenta
también a problemas de eliminación de residuos y productos vegetales, y al más
reciente de la eliminación de los desechos de substratos artificiales (lana de roca), no
resuelta por el momento.
En el sector de la fresa, aparte de compartir el problema de la eliminación del
plástico, sufre también el de la sustitución del PVC, utilizado como “film” para las
bandejas, y del bromuro de metilo usado como desinfectante del suelo, cuya
prohibición total ha adelantado la Comisión Europea al año 2005, aunque con
posterioridad a esa fecha se siga permitiendo usos críticos de dicho producto donde
no se encuentren alternativas adecuadas. En particular, esto último, que afecta
también al sector de la flor cortada, aparece hoy como un reto tecnológico no resuelto
aún de una manera económicamente sostenible.
Las exigencias cada vez mayores de los mercados consumidores en relación
a los Límites Máximos de Residuos está induciendo una importante toma de
conciencia entre los agricultores acerca de la importancia de un uso controlado y
cualificado de los productos fitosanitarios. El interés por las técnicas de producción
integrada está creciendo muy rápidamente en sectores como la fresa, el olivar, el
algodón, el arroz o la horticultura almeriense. El incremento de la demanda de
garantía en cuanto a la ausencia de residuos hace necesario intensificar los esfuerzos
en infraestructura de laboratorio, instrumentación, personas, organización y
coordinación de los recursos existentes.
A pesar de que los productos andaluces no suelen presentar problemas de
residuos, según demuestran los resultados de los programas sistemáticos de control
existentes, los procedentes de los sistemas de invernaderos –flor, fresa, hortícolastienen una imagen medioambiental discutida, con críticas debidamente fomentadas y
difundidas por algunos competidores europeos. Esa imagen se refuerza a veces por
los aspectos de degradación del entorno paisajístico asociado a esos cultivos, que
deben ser evitados.
IARA, 1988
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
A la degradación del paisaje contribuyen también, a veces, construcciones e
infraestructuras poco respetuosas con el paisaje, problema que requiere no solo
aumentar la sensibilidad del agricultor hacia estos aspectos sino el esfuerzo de los
técnicos correspondientes parra avanzar en diseños funcionales integrables en el
entorno.
La imagen medioambiental de los productos tiene y tendrá en el futuro una
influencia cada vez más decisiva para situarse en los mercados, como muy bien han
entendido, entre otros, los productores holandeses, que anunciaron, utópicamente,
para el año 2000 toda su producción de flor o tomate en cultivo ecológico.
En relación a la agroindustria, la rápida introducción del sistema de dos fases
en las almazaras andaluzas ha solventado en parte uno de los principales problemas
medioambientales de Andalucía, el de la eliminación de los alpechines. Las industrias
de aceituna de mesa y las cárnicas son hoy las que se enfrentan a mayores
problemas de vertidos.
Por último, cabe citar también otros aspectos de interés relativos a las
relaciones agricultura y medioambiente, como es su papel como sumidero y valorador
de residuos, ya sea de aguas residuales que no tienen otra alternativa económica, en
la depuración de aguas actuando como “filtro verde”, o en la utilización de compost
orgánico procedente de los residuos sólidos urbanos.
Las malas prácticas en las actividades agrarias, por tanto, producen una serie
de impactos sobre el medio que se deben tener muy en cuenta, si queremos
adaptarnos al desarrollo sostenible.
Teniendo presente todo lo anterior se puede hacer una descripción de la
situación de cada uno de los grandes sistemas agrarios andaluces en la problemática
de la desertificación:
Valle del Guadalquivir. Esta unidad territorial se caracteriza por ser una de
las zonas agrícolas más ricas y productivas de España, donde las condiciones
climáticas y la presencia de riego permiten una elevada participación de cultivos en
regadío extensivo o semi-intensivo (maíz, girasol, algodón, remolacha, hortalizas,
forrajes, etc.) y la fruticultura (cítricos y frutales de hueso). Además hay que agregar
el arroz, cultivado en el último tramo del Valle del Guadalquivir sobre las antiguas
marismas, que constituye él solo un sistema productivo específico y muy
especializado. Algunos de los problemas medioambientales que presentan son la
eliminación de los plásticos utilizados para el cultivo del algodón, el deterioro de la
calidad del agua, así como el elevado consumo, de agua en los regadíos del valle, y
de productos fitosanitarios y abonos.
Campiñas. La agricultura es el principal recurso económico para la mayoría
de los municipios de esta zona, caracterizada por las producciones de secano,
principalmente girasol-cereal y olivo, incluso vid (campiña de Huelva). En los últimos
años, y debido posiblemente a una mayor disponibilidad hídrica para el riego, la
marcada tendencia hacia el monocultivo de secano ha ido perdiendo fuerza,
produciéndose un aumento importante de la superficie regada. Al igual que en caso
anterior, el paisaje agrario se caracteriza por su relativa monotonía por la presencia
de grandes extensiones sin vegetación forestal, así como por la frecuente aparición
de fenómenos erosivos derivados de la puesta en cultivo de zonas con pendientes
inadecuadas y largas mesanas, y la excesiva utilización de productos químicos.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Rafael Agudo Romero
Olivar. Este sistema productivo se encuentra principalmente en la subbética,
en las hoyas y vegas del surco intrabético y en las sierras de Segura, Cazorla y Las
Villas, zonas con una altitud media, topografía ondulada y con fuertes pendientes que
complican en ocasiones la práctica de la agricultura. En estas zonas, se presentan
problemas de erosión y pérdida de suelo, que deben ser necesariamente corregidos
mediante la aplicación de técnicas de cultivo de bajo impacto (mantenimiento de
cubiertas vegetales, no laboreo, etc.), fomentadas desde 1998 por un programa
agroambiental específico.
La evolución de este sistema agronómico se ha caracterizado en los últimos
años por estar sujeta a los continuos cambios en los mercados y sobre todo, en las
políticas agrarias.Esta circunstancia provoca una permanente amenaza a su
sostenibilidad económica, favorece su expansión o contracción episódicas y la
adopción de tecnologías sofisticadas para incrementar el rendimiento a corto plazo.
Sin embargo no estimula la inversión para controlar la erosión del suelo, principal
factor que afecta a su sostenibilidad a medio y largo plazo. La superficie de olivar ha
aumentado en toda Andalucía en casi 136.000 ha., durante el periodo 1994 – 1999.
En el análisis regional de la tasa de erosión media para este cultivo, se han obtenido
un valor en torno a las 62 Tm/ha/año lo que unido a la gran superficie que supone
(alrededor de 1.400.000 ha) habla bien a las claras de la problemática situación que
origina este cultivo suponiendo los sedimentos generados en tan sólo 50 años un
volumen equivalente a la capacidad de embalse de la provincia de Jaén.
Merece especial dedicación este sistema productivo debido tanto a su
enorme representación en número de hectáreas cultivadas, como a los problemas de
erosión que presenta. Haciendo un análisis para ver como se distribuye la tasa de
erosión en función de la pendiente, se observa que los olivares en pendientes altas
(medias iguales o superiores al 15%), muestran una tasa de erosión media de 93
Tm/ha/año, mientras que los olivares pendientes más suaves (medias inferiores al
15%), muestran una tasa de erosión media de 36 Tm/ha/año. En la figura de
distribución del olivar se aprecia lo que supone cada una de estas clases en el
territorio andaluz y si lo comparamos con el mapa de distribución de la tasa de
erosión incluido en el apartado 3.2.1.1. Erosión, vemos su coincidencia con las tasas
más altas.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Figura 1 Distribución del Olivar en función de su pendiente.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
El Litoral. Este sistema productivo se caracteriza por un tipo de agricultura
altamente productiva y competitiva, gracias a la utilización de técnicas del cultivo
forzado y a las buenas condiciones climáticas. Tiene su origen en el Campo de
Dalías, extendiéndose a lo largo de la costa hacia el oeste, en las provincias de
Granada y Málaga, y hacia el este, dentro de la provincia de Almería (Campo de
Níjar...). Podrían añadirse también la costa noroeste de Cádiz, y el litoral onubense.
Los principales problemas ambientales que se presentan son por una parte los
impactos negativos sobre el paisaje, la generación de residuos (plásticos o vegetales)
y la vulnerabilidad de los acuíferos a la sobreexplotación o a la contaminación nítrica.
En 1999 existen en toda Andalucía alrededor de 41.000 ha. de cultivos bajo plástico,
con un incremento de más del 17% desde 1995.
La Dehesa. Dentro
de este sistema agrario, que
se
caracteriza
fundamentalmente por ser un
sistema mixto silvopastoral y,
en
ocasiones,
agrosilvopastoral, se pueden
englobar
tres
grandes
subsistemas: Sierra Morena,
en sentido amplio, el Valle de
Los Pedroches y las dehesas
del Campo de Gibraltar.
En lo que se refiere a las dos primeras, la explotación ganadera de dehesa
representa el agrosistema más tradicional de la zona, que incluye también zonas de
repoblación forestal de pinos, una menor, aunque destacada, presencia de olivares y
menos de un 20% de superficie de cultivos herbáceos. Estos últimos presentan una
Jose A. Algarra Avila
La Penibética. Bajo esta denominación geográfica se encuadran cuatro
sistemas agrarios con características muy diferentes: las Altiplanicies, las Sierras
Béticas, las Vegas interiores y el Sureste árido. Las Altiplanicies y Sierras Béticas
presentan una proporción alta de eriales, algo de matorrales y una mínima presencia
de frondosas residuales. El clima subdesértico continental, con pocas y fuertes
precipitaciones provoca un elevado grado de erosión y un creciente proceso de
desertificación. Esta situación, poco favorable, se agudiza en lo que se ha
denominado Sureste árido, donde se ubica el único desierto de la península. La
producción agrícola se caracteriza por su baja productividad. Se fundamenta en los
cereales, con escasos rendimientos por la baja pluviometría, y la ganadería ovina,
localizada fundamentalmente en las explotaciones de mayor dimensión , en las que
se incluyen las tierras para pastos y las no utilizadas en la agricultura. Se trata en
general de una agricultura con escasas posibilidades de diversificación. Es frecuente
encontrar zonas con fuertes procesos erosivos motivados, en parte por las prácticas
agrícolas y por las condiciones climáticas, así como por la presencia de cultivos poco
protectores del suelo como el viñedo y el almendro en zonas de pendiente. La mayor
parte del terreno forestal que suele acompañar a este sistema agrario, proporciona
unos niveles bajos de protección del suelo, debido a su estructura y vegetación
dominante, además de presentar en numerosas ocasiones el suelo prácticamente
desnudo. En los enclaves de “Las Vegas Interiores” la proporción de tierras cultivadas
es muy alta, con una dedicación prioritariamente hortícola, así como olivarera (Vega
de Antequera).
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
tendencia regresiva, debido a los bajos rendimientos que se dan como consecuencia
de la mala calidad agrícola de los suelos y de la orografía montañosa. Aunque la
dehesa constituye un modelo de gestión de los recursos en perfecta armonía con el
medio natural, en algunas zonas se registra un alarmante proceso de deterioro y
degradación motivado por la pérdida de rentabilidad de la dehesa tradicional y por el
despoblamiento. En general, puede decirse que los problemas de erosión
normalmente son poco acentuados, dándose valores medios dentro del margen de
tolerancia admisible. No obstante, el subsistema de Sierra Morena, localizado en la
franja más montañosa, se diferencia por una mayor presencia de zonas forestadas y
de matorrales, mientras que en el Valle de los Pedroches, de orografía más suave,
hay mayor proporción de tierras cultivadas, dedicadas principalmente a cultivos
herbáceos de secano. En total, pueden calificarse alrededor de 584.000 ha
pertenecientes a este subsistema agrario.
Ganadería intensiva. Constituye un subsistema productivo desvinculado del
territorio, ya que se basa principalmente en el aporte de insumos externos a la
explotación. Su localización está determinada por razones distintas de las puramente
agrícolas, como la existencia de la industria transformadora o la proximidad a centros
de consumo, la historia o las circunstancias empresariales de la zona, etc.,
conformándose algo similar a “distritos industriales” ganaderos. Los problemas
medioambientales ligados a este sistema son la generación de residuos en forma
sólida o líquida, siendo estos últimos los que pueden generar más problemas por la
contaminación de las aguas.
En resumen, los principales problemas medioambientales relacionados con la
actividad agraria detectados en los diagnósticos sectoriales están ligados
fundamentalmente a la conservación del suelo, el uso del plástico en cultivos e
invernaderos, así como a algunos vertidos agroindustriales.
2.1.2.2 Incendios forestales
Los incendios forestales pueden tener consecuencias importantes en el
avance de la erosión en zonas sensibles, debido tanto a la degradación de la textura,
estructura, composición química y acidez de los suelos, como a su desprotección
temporal por la pérdida de la vegetación. La degradación de los suelos por altas
temperaturas implica pérdidas de plasticidad, porosidad y elasticidad, lo que puede
provocar una mayor erodibilidad de los mismos y problemas puntuales derivados de
los cambios químicos, entre los que son de destacar la elevación del pH y la
mineralización con pérdida de nitrógeno y disociación de carbonatos.
La eliminación temporal de la cobertura vegetal puede producir un incremento
de la escorrentía superficial, cuya importancia será directamente proporcional a la
afectación de la vegetación, a la pendiente del terreno, al tipo de suelo y a la
intensidad de la precipitación. Si tenemos en cuenta que los terrenos forestales
actuales se suelen ubicar en zonas más o menos montañosas, en las que no son
raros los fuertes aguaceros, de moderada a elevada pendiente y con suelos poco
fértiles, es fácil deducir el importante papel que juega la vegetación forestal en la
contención de la erosión y en el avance de la desertificación.
Sin embargo una de las características de los incendios forestales es su
aleatoriedad, lo que es lógico si tenemos en cuenta la imposibilidad de predecir en
donde y cuando se van a producir. Esta aleatoriedad hace que no puedan tenerse en
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Es decir, dado el
carácter
aleatorio
de
los
incendios forestales y las
variables consecuencias que
sobre la erosión van a tener, no
se considera el incendio como
factor a evaluar en la erosión,
sino el papel que sobre la
protección de los suelos tiene
la vegetación y el riesgo de
incremento de la erosión a que
podría llevar su desaparición, lo
que nos señalaría las zonas
prioritarias para la lucha contra
los incendios forestales desde
el punto de vista de la erosión.
2.1.2.3 Cambios de uso inadecuados
La distribución del uso de las tierras en Andalucía es el resultado de toda una
historia de colonización milenaria. La actual situación es el resultado de un largo
proceso de prueba y error por el que el hombre ha querido domesticar nuevos
espacios, siendo escasas las zonas totalmente naturales que no hayan sido
modificadas en ningún momento. Así las proporciones de zonas naturales,
modificadas, cultivadas y construidas permanece bastante estable, sólo sometidas a
condicionantes coyunturales.
En el documento de la Consejería de Medio Ambiente: ‘Evolución de usos del
suelo y ecosistemas en el periodo 1976-1995’ se hace un análisis de los cambios
producidos en cada una de las zonas antes mencionadas a nivel regional y provincial,
y posteriormente se presentan varias conclusiones que sirven como punto de partida
para realizar un examen actualizado.
Andalucía presenta una tasa media de cambio de usos de casi un 11%,
destacando los últimos años el dinamismo de la provincia de Huelva, que alcanza
casi un 20% del total de su territorio, según la serie histórica de datos
correspondientes al periodo anteriormente señalado.
Dichos cambios (cambios de uso del suelo, reforestación, urbanización, obras
públicas, etc.) suelen implicar una creciente fragmentación del paisaje. Este
fenómeno, junto con el deterioro general de los fragmentos de bosques y paisajes por
la agresión de agentes externos dificulta el intercambio genético de las poblaciones
de flora y fauna que los ocupan.
Hoy en día más del 35% de los usos agrarios se realizan sobre suelos que no
son apropiados para su uso actual. Esta situación tuvo su máxima evolución en los
años 70 y 80, estabilizándose a partir de los años 90.
Archivo
cuenta a la hora de evaluar la erosión de una determinada zona, ni siquiera en
función de los incendios forestales acaecidos en el pasado, ya que acudir a series
estadísticas puede no ser correcto si tenemos en cuenta que la recurrencia de
incendios puede deberse a causas específicas, conocidas, intuidas o desconocidas,
que al desaparecer evitan un nuevo incendio, así como a la combustibilidad e
inflamabilidad de la masa forestal que varía con el tiempo
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Los desajustes entre la capacidad de uso de la tierra y el uso implantado han
sido más fuertes en la zona oriental de la región y en el litoral mediterráneo, lo que ha
llevado a una desestructuración de los usos tradicionales y de la cubierta vegetal
original muy acentuada.
Este fenómeno, tradicionalmente vinculado de forma directa a la expansión
de los usos agrarios y más tarde al abandono de tierras marginales en las montañas
mediterráneas, actualmente está más vinculado al crecimiento desmedido de los
espacios construidos y las zonas de nueva agricultura con sus respectivas áreas de
influencia.
Al analizar las principales dinámicas de los cambios de uso en el territorio
andaluz en los últimos años pueden extraerse tendencias de interés para el examen
del proceso de desertificación. Esto se aborda mediante el estudio comparativo de la
distribución de los usos y coberturas vegetales correspondientes a los años 1995 y
1999, cuya información más significativa se resume en la siguiente tabla:
Tabla 1 Usos y Coberturas Vegetales del Suelo de Andalucía. Evolución 1995-1999
Usos y Coberturas Vegetales del Suelo de Andalucía. Evolución 1995 - 1999
DESCRIPCIÓN
Sup. 95
(%)
(ha)
Sup. 99
(%)
(ha)
DIF (ha)
Variación
99-95
95-99
SUPERFICIES
CONSTRUIDAS
Y ALTERADAS
162.096,74
1,85
166.383,48
1,90
4.286,74
2,64 %
SUPERFICIES
FORESTALES,
NATURALES,
AGUAS Y
ZONAS
HÚMEDAS
4.486.255,6
51,21
4.452.349,4
50,82
-33.906,2
-0,76%
SUPERFICES
AGRÍCOLAS
4.112.042,02
46,94
4.141.479,41
47,27
29.437,39
0,72 %
Nota: El % de la Superficie de cada grupo tanto del 99 como del 95 están referidas al total de la
superficie de Andalucía, cifrada en 8.760.444 ha, mientras que la Variación se calcula con
respecto a la superficie inicial, o sea, la del 95.
Varios aspectos se pueden comentar de esta tabla, respecto a las superficies
construidas y alteradas se observa un incremento de más de 4.000 ha con respecto a
la situación del 95, lo que puede considerarse como un notable aumento, que se
produce a partir de terreno tanto agrícola como forestal, y que se justifica por el
incremento del número de nuevas urbanizaciones y edificaciones, con mayor
incidencia en las zonas turísticas costeras. Pues dentro de una distancia de 25 km de
la costa se observa la edificación de más de 3.000 ha.
El aumento de superficie agrícola, 0,72% (29.437,39 ha) respecto al año
1995, se debe a la transformación de terrenos forestales a terrenos agrícolas. En todo
caso la variación habida es prácticamente insignificante, lo que demuestra la rigidez
del sistema de usos actuales.
Además del balance de la variación de superficie de cada grupo, puede ser
más significativo si se detallan los cambios y su distribución espacial en la región,
viendo como cada territorio puede verse afectado de cara a nuestro objetivo.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Analizando cada uno de los principales cambios en cuanto a superficie
afectada, puede comentarse lo siguiente:
1º.- Cambio de usos dentro del grupo de Superficies Agrícolas. La mayoría de
ellos se deben a la mayor disponibilidad de agua para el riego, como es el caso de la
zona regable de la campiña de Sevilla, así como una importante cantidad de nuevas
plantaciones de olivar (45.594 ha) procedentes de terrenos destinados a cultivos
herbáceos en secano, principalmente localizados en la Provincia de Jaén. Del análisis
anteriormente mencionado se deduce que un total de 406.118 ha podrían
encuadrarse dentro de este grupo.
2º.- Cambio de Superficies Forestales y Naturales hacia Superficies Agrícolas
(33.906,2 ha). Son varias las zonas donde es más apreciable este tipo de cambio,
correspondiéndose en su mayor parte con la transformación de pastizales hacia
cultivos herbáceos de secano (21.455 ha), así como hacia cultivos bajo plástico en el
sureste almeriense. También es de destacar la transformación de superficies de
matorrales y pastizales en cultivos de olivar en secano en la provincia de Jaén y la
transformación de terrenos roturados en cultivos de cítricos en el sur de la provincia
de Huelva. En la provincia de Málaga se aprecia un aumento de zonas construidas y
alteradas, así como la transformación en cítricos de regadío procedentes de terrenos
forestales, básicamente de pastizales y matorrales.
Prov. de Huelva
Prov. de Cádiz
Norte Prov. de Córdoba
Sureste Almeriense
Figura 2 Cambio de Superficies Forestales y Naturales a Superficies Agrícolas
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Figura 3 Distribución y Dinámica de Cambios de Usos del Suelo 1995-1999
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
3º.- Cambio de Superficies Agrícolas a Superficies Forestales. Según la información
procesada, un total de 10.730 ha. han sido transformadas a terreno forestal
procedentes de terrenos agrícolas, en su mayor parte pastizales continuos. Se trata
de terrenos distribuidos prácticamente por toda la región, destacando la superficie del
corredor verde del Guadiamar.
Figura 4 Cambio de Superficies Agrícolas a Superficies Forestales
4º.- Nuevas Superficies Construidas y Alteradas. Destaca este apartado por
su significativa representación en las zonas costeras. En la provincia de Málaga ha
crecido de forma considerable el número de parcelas con este nuevo uso
procedentes en buena parte de terreno forestal. Del análisis efectuado se deriva un
total de 5.679 nuevas hectáreas de este grupo.
Costa de Málaga
Figura 5 Nuevas Superficies Construidas y Alteradas
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Dinámica de Cambios de Usos del Suelo.
Periodo 95-99
2,1%
Otros Cambios
1,4%
Cambio de Sup. Agric. a Forestal
6,0%
Cambio de Sup. Forest. a Agrícola
3,0%
Camb de Sup. Forest a Sup. De Agua
35,4%
Camb. dentro de Sup. Forestales
52,0%
Camb. Dentro de Sup. Agrícolas
Gráfico 3 Dinámica de Cambios de Usos del Suelo. Periodo 95-99
2.1.2.4 Sobreexplotación ganadera
La sobreexplotación ganadera aparece muchas veces asociada a la
desertificación, en especial cuando coincide con otros factores determinantes. Así,
por ejemplo, en zonas áridas el terreno objeto de desertificación está muy relacionado
con el recorrido que pueda realizar el ganado entre dos puntos de agua.
Si analizamos el caso particular de la dehesa, teóricamente ejemplo de un
uso productivo sostenible, en el que el ganado es un elemento esencial de
mantenimiento, ya observamos la existencia de problemas. Debido al delicado
equilibrio existente entre las diferentes variables que participan en el sistema (suelo,
pasto, ganado, arbolado) y a las complejas interacciones que lo sustentan, es
necesario que cada uno de los elementos cumpla de forma eficiente su función en el
ecosistema. Por lo tanto la variación de alguno de los factores puede originar un
desequilibrio que derive en un daño al sistema dehesa o incluso provoque su
desaparición.
El exceso de carga ganadera y por tanto la sobreexplotación de la dehesa
conduce a la desaparición del sistema por falta de sostenibilidad. Esto afecta tanto a
la regeneración del arbolado como a la cubierta vegetal de tipo arbustivo y herbáceo.
Una presión ganadera excesiva implica que se elimina el regenerado
procedente de semilla del arbolado, con lo que se provoca un envejecimiento del
estrato que trae consigo una disminución del número de pies (ya que no se sustituyen
los que mueren por plagas, enfermedades o por envejecimiento) y una disminución
por tanto de la fracción de cabida cubierta. Como consecuencia el arbolado no realiza
su función en cuanto a producción de alimento (bellota, ramón, hojarasca), ni en sus
efectos sobre el pasto (retraso del agostamiento, diversidad específica bajo copas), ni
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
en lo concerniente a la protección de suelo (por captación de gotas de lluvia y
sujeción del suelo por el sistema radical).
Algunos de estos
problemas
son
extensibles a otras zonas
pastoreadas fuera de la
dehesa, agravando su
incidencia en zonas de
sierra
donde
la
vegetación es escasa o
pobre, de matorral o
pastizal, y donde supone
la única protección para
hacer frente al elevado
riesgo
de
erosión
motivado por las altas
pendientes.
Los suelos quedan desprotegidos y se acentúan los procesos de erosión,
perdiéndose los horizontes superiores, más fértiles, y aumentando la pedregosidad
superficial. Por otra parte, el ganado se ve obligado a moverse más para cubrir sus
necesidades de alimentación, produciendo la compactación del suelo.
En definitiva se produce una reducción de la capacidad alimenticia de los
pastos, haciendo menos rentable su explotación ya que soportan cargas menores y
obligan a que la suplementación al ganado se realice de forma habitual.
Con carácter general el sobrepastoreo es en la actualidad sólo un problema
puntual, ya que las nuevas directrices europeas limitan las ayudas a la tenencia de
zonas pastables. Es de destacar los problemas puntuales en algunas fincas
cinegéticas de Sierra Morena.
EFECTOS DE LA SOBRECARGA GANADERA
Compactación del suelo.
Pérdida de las especies más palatables.
Aumento de especies no comestibles.
Disminución de los pastizales más productivos.
Desaparición de pastizales.
Eliminación de leñosas.
Eliminación de la regeneración del arbolado.
Archivo CMA
Además, el excesivo pastoreo acarrea la destrucción de la cubierta vegetal
herbácea y arbustiva. Las mejores especies forrajeras desaparecen y las plantas que
quedan son viejas matas recomidas cuyo crecimiento es negativo al consumirse más
biomasa de la que son capaces de producir. Se produce asimismo una selección
negativa en los pastos, favoreciéndose la multiplicación de plantas tóxicas o poco
apetecibles, ya que las más palatables se ven excesivamente consumidas
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
A escala provincial las zonas que presentan síntomas de sobrepastoreo son
las siguientes:
En Almería, algunas zonas de Sierra María, la Sierra de Gádor y en ésta
fundamentalmente los municipios de Béjar y Dalías, enlazando con áreas puntuales
en el sureste de Granada. En ésta provincia, la zona más extensa con problemas de
sobrepastoreo se localiza en la zona norte de Sierra Nevada, en la parte del
Marquesado y municipios como Trevélez, Bérchules, Lugros y Güéjar-Sierra. Algunas
zonas de la parte noreste de la provincia y la sierra de Castril son otras de las áreas
con este tipo de problemática.
La provincia de Jaén se encuentra afectada en su parte suroriental en zonas
pertenecientes a los términos municipales de Santiago Pontones, Jódar, Quesada,
Cabra de Sto. Cristo, Pozoalcón, Huesa, Hinojares y Cazorla. Asimismo en la zona
norte dentro de los municipios de Andújar, Baños de la Encina, Villanueva de la
Reina, La Carolina, Carboneros, Guarromán, Linares, Vilches, Arquillos y Santisteban
del Puerto se ven también áreas afectados por sobrepastoreo.
En la provincia de Córdoba las zonas afectadas por sobrepastoreo se
concentran en las dehesas de Sierra Morena, en los términos municipales de
Fuenteovejuna, Bélmez, Villanueva de Córdoba, Pozoblanco, Hornachuelos y
Cardeña, y en municipios de la subbética cordobesa, como Priego, Cabra y Luque.
En la provincia de Málaga, las zonas con síntomas de sobrepastoreo se
encuentran fundamentalmente en las sierras calizas del interior y parte occidental de
la provincia, sobre todo en los términos municipales de Tolox, Igualeja, Parauta,
Montejaque, Benaojas, Vª de Algaidas y parte del municipio de Ronda.
Las zonas que presentan sobrepastoreo en la provincia de Cádiz se
concentran en los términos municipales de Tarifa y Algeciras, en las sierras de la
Plata y de la Higuera, así como las sierras de Saladaviejo, Sierra de Ojén, Sierra del
Cabrito y Sierra del Bujeo.
En la provincia de Sevilla las dehesas de la Sierra Norte soportan esta
probemática en su mayor parte, aunque los municipios de El Pedroso, Cazalla de la
Sierra y Constantina son los que presentan unos problemas más acusados. En la
Sierra Sur también existen algunas áreas que evidencian los efectos del
sobrepastoreo.
En la provincia de Huelva las zonas más afectadas pertenecen a la Sierra de
Aracena y a algunas zonas de presierra de la comarca del Andévalo. Doñana también
se ve afectada por este problema tanto en el área de Parque Nacional como en la de
Parque Natural, debiéndose tanto al ganado doméstico como al cinegético.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Figura 6 Zonas vulnerables por sobrepastoreo o exceso de carga cinegética
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
2.1.2.5 Actividades extractivas a cielo abierto
El primero de los
impactos tiene su origen en el
conjunto
de
alteraciones
sobre el suelo y el subsuelo
(debido a su ocupación, a
cambios en la estructura,
textura y disposición de los
materiales, a la disminución
de la estabilidad y de la
capacidad portante y al
incremento de los procesos
erosivos) que realiza la propia
actividad
junto
con
la
generación de residuos y la
necesidad de tratarlos y
almacenarlos (escombreras y
balsas).
La generalización que han supuesto los sistemas de explotación a cielo
abierto y la presencia de plantas de tratamiento ‘in situ’ con las correspondientes
balsas de residuos finos, para el aprovechamiento de minas, son factores que hacen
cada vez más vigoroso el impacto sobre el suelo, sin obviar sus repercusiones sobre
otros elementos ambientales que se traducen en cambios en las aguas superficiales
con alteración permanente de los drenajes superficiales y contaminación de las
mismas (turbidez por partículas sólidas, compuestas y elementos tóxicos disueltos,
etc.), así como la afección a las aguas subterráneas, con alteración posible del
régimen de caudales subterráneos y de los procesos de recarga y descarga, y la
contaminación de acuíferos por sustancias como aceites e hidrocarburos.
Cada tipo de minería incide sobre las aguas continentales con mecanismos y
sustancias contaminantes específicas, por lo que es posible caracterizar
ambientalmente la actividad y describir los impactos:
1.
Rocas industriales, minerales no metálicos y productos de cantera.
Tienen por lo general una sola consecuencia sobre la calidad de las aguas, la
aportación más o menos masiva de sólidos en suspensión originados por
movimientos de tierras a gran escala y depósitos de escombreras que provocan una
máxima inestabilidad de los suelos y en consecuencia, el desarrollo acelerado de
procesos erosivos muy intensos. Este fenómeno es particularmente grave cuando se
localizan en cabecera de cuencas de embalses o en zonas endorreicas, provocando
procesos acelerados de aterramiento. Esto se puede detectar en determinadas
Archivo CMA
En general puede hablarse de dos grandes aspectos ambientales ligados al
desarrollo de cualquier actividad minera y con influencia en los procesos de
desertificación: el impacto derivado de la alteración del suelo por los movimientos de
tierra masivos y por otro lado la contaminación de las aguas superficiales y
subterráneas.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
cuencas de Sierra Morena, sobre todo, aquellas cuyas cabeceras se encuentran en
los sistemas béticos.
2.
Minería metálica.
El impacto de este tipo de extracciones es comparativamente mucho mayor,
puesto que introduce mecanismos de contaminación química generalmente ausentes
en otros subsectores. Ello es debido principalmente a la presencia de plantas de
tratamiento anexas a las explotaciones. La producción de aguas ácidas con alto
contenido de sulfatos e iones de hierro y cobre es uno de los aspectos más
significativos de la contaminación originada por la minería metálica.
Un factor adicional de riesgo de contaminación viene dado por la utilización
de agentes químicos orgánicos e inorgánicos en plantas de tratamiento de flotación y
lixiviación de los minerales metálicos.
3.
Minería del carbón.
Básicamente el problema lo generan las aguas de drenaje que aportan una
alta proporción de sólidos en suspensión, así como metales pesados en disolución
cuando tienen carácter ácido.
Muchas minas a cielo abierto generan un elevado volumen de aguas ácidas,
constituyendo en muchos casos la principal causa de contaminación de los recursos
hídricos superficiales y subterráneos en el lugar donde se ubican.
La situación de Andalucía respecto a extracciones a cielo abierto se resumen
en las tablas que se incluyen a continuación, extraídas de la información recogida en
la Base de datos de explotaciones e Inventario de Canteras, graveras y minas de la
Consejería de Medio Ambiente.
Más de 22.000 ha corresponden a terrenos adscritos a explotaciones mineras
a cielo abierto en Andalucía, estando muy repartidas por toda la comunidad pero con
una gran presencia en comarcas como el Andévalo Oriental o la Sierra Norte de
Sevilla.
Las extracciones de rocas industriales, minerales no metálicos y productos de
cantera se encuentran en todas las provincias andaluzas, con una distribución que
presenta el máximo número de instalaciones en Almería, Sevilla y Granada.
Las explotaciones de minería metálica sólo están presentes en las provincias
de Huelva, Sevilla y Granada.
Las explotaciones para obtención de carbón se encuentran en zonas de
Sevilla y Córdoba, no existiendo ninguna explotación de este tipo en el resto de las
provincias andaluzas.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Tabla 2 Explotaciones mineras en Andalucía
Tipo
de
extraída
sustancia
Cádiz
Málaga
Huelva
Sevilla
Córdoba
Granada
Jaén
Almería
88
155
149
230
118
211
169
243
Minerales metálicos
-
-
6
2
-
1
-
-
Carbón
-
-
-
1
5
-
-
-
188
155
155
233
123
212
169
243
Rocas
industriales,
minerales no metálicos y
productos de cantera
Total extracciones a
cielo abierto
A nivel provincial, Almería presenta el mayor número de explotaciones que
permanecen activas, seguida por Sevilla y Granada. Cádiz y Sevilla presentan el
mayor número de explotaciones inactivas de la comunidad.
Tabla 3 Actividad de las explotaciones mineras en Andalucía
Cádiz
Málaga
Huelva
Sevilla
Córdoba
Granada
Jaén
Almería
Activas
71
68
81
131
82
132
101
183
Inactivas
117
87
74
102
41
80
68
60
En la mayoría de las provincias las explotaciones restauradas o con previsión
de serlo superan ampliamente el 50% del total, destacando Jaén y Málaga como las
provincias con mayor porcentaje. Almería y Huelva son las que presentan un menor
porcentaje de restauraciones en las explotaciones.
Tabla 4 Porcentaje de explotaciones mineras restauradas o con previsión de serlo
Restauradas
o
con previsión de
restauración (%de
total )
Cádiz
Málaga
Huelva
Sevilla
Córdoba
Granada
Jaén
Almería
75%
79%
50%
71%
57%
75%
87%
42%
2.1.2.6 Uso no sostenible de los recursos hídricos
En Andalucía, el ciclo natural del agua se caracteriza por acusar un fuerte
estiaje durante tres o más meses, en los cuales los ríos llegan incluso a secarse a
consecuencia de la falta de lluvias y de la gran evapotranspiración derivada de las
elevadas temperaturas, y se reduce el agua disponible como recurso.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Andalucía, como parte de la España seca que es, dispone de unos recursos
hídricos limitados, que obligan a una planificación y gestión rigurosas. La cuantía de
3
las precipitaciones en un año medio es de unos 54.000 hm , pero la alta irregularidad
y las pérdidas producidas por la evaporación reducen significativamente la
3
escorrentía superficial, hasta unos 13.000 hm , cifra que supone un 24% de la
precipitación.
Los problemas del agua en los usos agrarios
A partir de la década de los sesenta, surge el desarrollo de una nueva
agricultura implantada en el litoral y en el Bajo Guadalquivir, dedicada a la
horticultura, mediante técnicas de cultivo forzados con cubierta de plástico
(invernaderos, microtúneles, acolchados,…) y a la fruticultura intensiva (cítricos,
melocotonero, chirimoyo, aguacate, mango,..). La necesidad de rentabilizar unas
condiciones climáticas óptimas para este tipo de agricultura, junto con la baja
capacidad de regulación hídrica superficial de nuestro litoral, ha producido un
aumento espectacular, y a veces problemático, de las captaciones de agua
subterránea para su uso agrícola.
El rápido, y con frecuencia desordenado, aumento de la utilización de las
aguas subterráneas en nuestra agricultura, ha inducido como contrapartida a sus
beneficiosos efectos socioeconómicos, un uso inadecuado de los recursos de los
acuíferos, generando sobreexplotación e intrusión salina en acuíferos del litoral
(campo de Dalías, Almuñecar, Costa noroeste de Cádiz, Costa de Huelva,…),
problemas de contaminación por el exceso de abonado (nitratos) y de pesticidas, así
como puntualmente, una contaminación de origen ganadero (estiércol y purines).
Situación de las aguas subterráneas y su explotación
La compleja geología de Andalucía da lugar a la existencia de una notable
variabilidad en la tipología de las aguas subterráneas, a a
l que hay que sumar las
alteraciones introducidas por el hombre en diversos aspectos, que van desde la
contaminación extensiva de acuíferos por las importantes actividades agrícolas hasta
la intrusión marina en los acuíferos costeros debida a la sobreexplotación de los
mismos.
Andalucía
no
es de las regiones más
favorecidas en terrenos
acuíferos. Pese a ello,
la extensión superficial
ocupada
por
las
principales formaciones
con agua subterráneas
es considerable: 21000
2
km , lo que supone un
24% de la superficie
total Andaluza.
Francisco Fernández García
En condiciones naturales, las aguas subterráneas tienen una circulación
comparativamente reducida frente a las aguas superficiales, no obstante los
volúmenes almacenados son considerables.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
El mayor volumen de agua subterránea se consume actualmente en la
agricultura, como ocurre igualmente con el agua superficial, especialmente en zonas
áridas o semiáridas, donde el agua superficial no existe en cantidad suficiente. Pero
debido a su amplia distribución geográfica, el agua subterránea se usa
abundantemente como suministro rural y urbano a poblaciones pequeñas y
medianas, o como suplemento de abastecimientos basados mayoritariamente en
aguas de superficie
3
En Andalucía, de los 5000 hm /año de agua total utilizada, cerca del 28%
3
corresponden a las áreas subterráneas, con más de 1100 hm /año para agricultura y
3
algo menos de 300 hm /año para abastecimientos e industrias.
El conocimiento de los acuíferos es además esencial para controlar vertidos y
eliminación de residuos, y para el control de la calidad de las aguas y medio
ambiente.
En cuanto al uso actual y futuro de los recursos subterráneos para el
consumo humano de Andalucía, hay que considerar que el 25% del territorio
corresponde a afloramientos permeables, que perciben una infiltración media anual
3
3
de 3800 hm y están explotados en algo más de 1000 hm /año.
La utilización y conservación de este recurso se viene orientando, cada vez
más, tanto a la satisfacción de numerosas demandas puntuales, como a la
potenciación e incremento en la garantía del suministro de los sistemas de
abastecimiento de gran envergadura.
La calidad de las aguas
La composición química natural del agua subterránea es producto de la
interacción entre el agua que se infiltra y los materiales por los que circula, a partir de
los cuales adquiere diversas sustancias que pasan, generalmente en forma iónica, a
la disolución.
Cuanto más solubles son los minerales de la litología encajante y mayor es el
tiempo de contacto, más mineralizada será el agua que los traviesa.
La composición natural del agua puede ser alterada por las actividades
humanas -urbanas, agrícolas e industriales- que afectan, generalmente de forma
negativa y determinante, a la calidad, provocando en ocasiones su inhabilidad para el
uso al que se destinen.
La incidencia de las prácticas agrícolas se traduce habitualmente en un
incremento del contenido en sustancias nitrogenadas, especialmente de nitratos
procedentes de los fertilizantes aplicados. Es también factible encontrar productos
fitosanitarios, aunque debido a sus particulares propiedades (poder de retención y
adsorción en el suelo y en la materia orgánica, autodegradación,…), su presencia en
el agua subterránea se mantiene en bajos niveles de concentración, e incluso puede
ser enmascarada por otras sustancias orgánicas naturales del suelo y los cultivos.
Los vertidos urbanos deficientemente tratados pueden dar lugar a situaciones
de contaminación variadas según la composición de las aguas residuales. Además de
la posible contaminación bacteriológica, las sustancias mayoritarias detectables son
las nitrogenadas (amoniacos, nitritos, nitratos), además de cloruros, sodio,
detergentes y materia orgánica. A estos pueden sumarse otras sustancias tóxicas,
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
provenientes de instalaciones industriales que viertan sus residuos a través de las
redes de alcantarillado.
Por último, los vertidos industriales presentan una composición química muy
variada, desde sales minerales, a toda una amplia gama de compuestos orgánicos,
dependiendo del tipo de industria. No obstante, a
l aparición de metales pesados y
sustancias orgánicas deben tomarse como indicio de una potencial contaminación de
origen industrial.
2.1.2.7 Despoblamiento en el medio rural
El despoblamiento rural a favor de las ciudades es sin duda el fenómeno
geográfico más importante de cuantos han acontecido en el siglo XX en España,
teniendo una especial relevancia en Andalucía.
En la segunda mitad del siglo XX, sobre todo a partir de 1960 coincidiendo
con un pujante crecimiento económico y la apertura de España al exterior, se produce
una fuerte migración desde las zonas rurales más atrasadas con tres destinos
principales: en primer lugar países como Suiza, Alemania o Francia, en segundo
hacia las regiones más industrializadas de España (Cataluña, Madrid, Valencia o el
País Vasco), y por último una emigración interior hacia las zonas urbanas. Las
provincias donde la incidencia fue más negativa fueron Jaén, Granada y Córdoba.
Por otro lado, y como
consecuencia del despoblamiento
rural, todos los terrenos no aptos para
la mecanización fueron abandonados
en
poco
tiempo,
coincidiendo
normalmente con las zonas de sierra,
el consecuente deterioro de las
estructuras
tradicionales
de
conservación del suelo concluyó en
un aumento de los problemas
erosivos.
IARA, 1988
El intenso éxodo rural que tuvo lugar tiene tras de sí el deseo social del
desarrollo, forzando la crisis de la agricultura tradicional y siendo el punto de partida
de la agricultura moderna. Esta población encontró empleo en las ciudades mientras
que lo vio recortado en el campo como consecuencia del nuevo dimensionamiento
que las explotaciones agrícolas requerían para la rentabilización de la inversión en
maquinaria. Por un lado el abandono de cultivo agrícolas marginales y su
colonización, natural o inducida, por la vegetación forestal, supuso una mejora en la
contención de tierras por erosión. Pero por otro, la mayoría de las nuevas prácticas
agrarias supusieron un incremento importante en los niveles de erosión, se
efectuaron laboreos mucho más profundos y cada vez más intensos, a menudo en
zonas agrícolas marginales; se eliminó buena parte de la cubierta vegetal y se
intensificaron las podas con la aparición de la motosierra; se eliminaron zonas de
arboleda en beneficio de los cultivos cerealistas con mayor uso de la quema de
rastrojos para eliminar los residuos agrícolas y por tanto un mayor aumento de
fertilizantes para compensar la pérdida de nutrientes extraídos del suelo.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
En otros casos fueron colonizados por especies invasoras, como por ejemplo
los jarales en buena parte de Sierra Morena, con el consiguiente peligro de reiteración
de los incendios forestales.
El abandono de la ocupación en el sector agrario andaluz afecta a todos los
grupos de edad, pero especialmente a los jóvenes menores de 25 años. Estos
jóvenes, a diferencia del pasado en el que el camino de la emigración ofreció una
alternativa, permanecen hoy por regla general, en sus localidades de origen. Así
ocurre, sobre todo en las campiñas de las provincias de Cádiz y Sevilla, las dos
provincias donde precisamente la disminución de la población agraria ha sido más
alta en los últimos años. Sólo en las áreas de montaña, especialmente en los
pequeños municipios rurales, que constituyen los núcleos menos dinámicos y
pertenecen a los espacios rurales menos evolucionados, el éxodo de los jóvenes de
la ocupación agraria da lugar a un traslado hacia las capitales provinciales, grandes
ciudades o, incluso, cabeceras comarcales.
En definitiva, la pauta general de la dinámica poblacional en Andalucía es la
creciente concentración de la población en las aglomeraciones urbanas y en el eje del
litoral, que suponen hoy en torno al 65% del total de población, frente al paulatino
despoblamiento del interior. Algunos datos de interés que pueden destacarse es que
el 36% de la población se encuentra concentrado en diez grandes núcleos (las ocho
capitales de provincia, Jerez de la Frontera y Algeciras), un 52% en poblaciones de
entre 100.000 y 20.000 habitantes, que en muchos casos están imbricadas en el
tejido rural y son clave para su sostenibilidad, y el 12% restante que se ubica en
asentamientos rurales con menos de 20.000 habitantes.
Pese a esta distribución poblacional puede decirse que Andalucía por su
extensión es una comunidad eminentemente rural, habiendo diferencias entre
provincias siendo las de mayor porcentaje de municipios rurales Almería y Granada
(más del 60%) y las de menor Cádiz (17%) y Sevilla (18%).Aún entre los municipios
rurales, la difusión del sector servicios y el desarrollo económico en algunas zonas,
ha originado diferencias entre los activos y aquellos que están deprimidos resultando
también en un diferente peso de la juventud o la vejez en su población. Así pueden
diferenciarse zonas dentro del territorio andaluz:
*
Areas jóvenes:
Triángulo Huelva – Sevilla – Algeciras
Puntos del litoral mediterráneo (Marbella, Torremolinos, Almería)
Vega Guadalquivir
Áreas periurbanas de Granada y Málaga
*
Áreas envejecidas:
Sector oriental de las béticas:
Málaga, Granada, Almería
Surco Intrabético: de Guadix a los Vélez
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Sierra Morena de Córdoba a Huelva
Zonas montañosas de Jaén: Condado, Cazorla, Segura, Mágina,
Sierra Sur
Alto Nacimiento, Almanzora
Cuenca minera de Huelva, Andévalo
*
Zonas intermedias:
Campiña alta de Córdoba
Sierra de Sevilla
Antequera – Loja – Vega de Granada
Linares, Andújar
El éxodo de la población del medio rural ha sido un punto clave del proceso
de desertificación desarrollado en Andalucía y si bien no es posible considerar una
inversión en la dinámica, de modo que la población rural vuelva a ocuparse ‘de forma
artesanal’ de sus campos, la fijación de la población rural es básica para frenar el
fenómeno de la litoralización de las actividades que acrecienta el proceso y para el
desarrollo de actividades innovadoras que propicien un desarrollo sostenible como se
describe a continuación.
2.1.2.8 Desarrollo sostenible. Ecoturismo
El turismo tradicionalmente se ha considerado como una causa de
degradación y deterioro del medio ambiente. Sin embargo, en la actualidad se ha
empezado a mostrar un gran interés por su vertiente cultural y natural, basada en los
principios del desarrollo sostenible: preservación, respeto y valorización del
patrimonio cultural y natural, de las singularidades y particularidades del territorio, y
en la cualificación y diversificación del producto turístico. Esto ha propiciado el
desarrollo de zonas de gran belleza natural y ecológica que hasta ahora estaban
fuera de los círculos turísticos.
El crecimiento de la actividad turística parece no tocar techo (crecimiento
anual del 7% en los últimos 10-15 años) y en mayor medida el turismo rural con un
incremento anual del 10-20%. El turismo de montaña y en áreas rurales ha supuesto
en los últimos años un mayor número de visitas a los espacios naturales, despertando
una actitud social conservacionista.
La sensibilización y el interés de la opinión pública marca una oportunidad
abierta para un aprovechamiento que enriquezca las áreas de buena calidad
ambiental. Todo esto requiere establecer medidas de gestión adecuadas al uso
público, conjugando la demanda, los recursos y la gestión con la finalidad de
proporcionar al visitante un buen conocimiento y disfrute en un entorno conservado.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Este fenómeno ha dado en llamarse ecoturismo, que se apoya en los
principios de una actividad sostenible, basado en la conservación del medio ambiente
y traducido en un desarrollo económico y social.
DIFERENCIAS DEL ECOTURISMO CON OTRAS MODALIDADES DE TURISMO
Promueve una ética ambiental positiva.
No denigra los recursos naturales o culturales.
Se concentra en los valores intrínsecos de dichos recursos.
Acepta a la Naturaleza en sus propios términos.
Beneficia al recurso (socialmente, económicamente, políticamente).
Ofrece una experiencia tangible.
Las expectativas de gratificación son medibles en la apreciación, no tanto en actividades
físicas con riesgo.
Implica una dimensión experimental de alto nivel cognoscitivo.
Fuente: Ecoturismo, Criterios de Desarrollo y casos de manejo, Castroviejo 1992.
El paisaje es uno de los principales recursos de atracción en el desarrollo
turístico ya que sintetiza las relaciones entre la actividad turística y el medio ambiente.
En Andalucía contamos con gran diversidad de éstos, ya que encontramos una
amplia gama que va desde los paisajes típicamente áridos (Desierto de Tabernas)
hasta los de alta montaña (Sierra Nevada).
También
se
augura
un
desarrollo
cada
vez
más
importante
de
estas actividades
existiendo
muy
buena aceptación
por parte de los
usuarios
y
previendo que su
demanda va a ser
mucho mayor en el
futuro.
Archivo CMA
El Instituto de Estadística de Andalucía publicó en el 2000 un estudio titulado:
‘Nuevos yacimientos de empleo en Andalucía’, en el que se ocupa entre otros
epígrafes de las nuevas formas de turismo y con una cierta relación con lo anterior,
de las actividades de protección y mantenimiento de las zonas naturales. El análisis
estima que los servicios de ocio y formación en turismo, protección y mantenimiento
de las zonas naturales, pueden estar empleando a más de 13.000 personas en
Andalucía, con una actividad muy concentrada en verano y a partir de iniciativas
principalmente de carácter local.
Dirección General del Medio Natural
Borrador del Plan Andaluz de Control de la Desertificación
Descargar