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HOMENAJE A DON FELIPE DE J. TENA
Discurso pronunciado el 25 d e morro d c 1958 por el D I . Robcrto L.
MANTILLA
MOLINA,D i r e c t o r de la Facultad, al imponer el nombrc
de Felipe d e J. Tena o una dc los oular del plantel.
Señoras, scñores:
A sus MAESTROS PRECLAXOS consagra la Facultad de Derecho un recuerdo pcren"e, dando su nombre a alguna de las aulas del plantel, homenaje cuotidiano, ailencioso y elocuente, que se rinde a quienes vertieron sus afanes hacia la docencia universitaria. Ejemplo que se propone permanrntcmcnte a la juventud que concurre a
las aulas, de varones de virtudes humanas y de méritos académicos. Se le muestra así
que no al c a u d i k , no al político, no al héroe guerrero exclusivamente se rinde pleitesía, mas también al hombre dc estudio, al magistrado, al maestro.
Hoy ha de tributarse este homenaje a don Felipe de J. Tcna, a quien hirió l a
muertc en el segundo día de cste mes de mano.
Cumplo con íntima satisfacción el deber dc evocar la memoria del maestro Tena,
deber que me impone el honroso cargo de Director, que, muy en breve dejaré.
Hace poco más de un cuarta dc siglo. siendo estudiante de la entonces Escuela
Nacional de Jurisprudencia, empeci. a conoccr al hombre y a su obra. Esta, cntonces apenas iniciada: un libro de los pocos que de autores mejicanos se recomendaba
en aquellos años como texto en la licenciatura rn derecho; aquél, ocupaba con brillo
una cátedra en nuestro añorado plantel dc San Ildcfonso. Venia de una de lar
provincias mejicanas de más recia y honda tradición, de Michaacán, cuna o vivero
de nuestros principales y más iiisigncs insurgentes.
Allá se había iniciado Fclipe de J. Tena en la docencia universitaria, pues ocupó
las cátedras de derecho romano, de civil y dc mercantil, disciplina ésta en que había
de especializarse, en la Ercucla dc Dcrccho de Morelia' de la quc en algún tiempo
ocupó la dirccción.
En la antigua Valladolid también inició su vida pública: fue secretario de Gobierno en el récimen dcl doctor Silva, gobernador que en aqui:l Estado, sin luchas
puso en práctica los principios dc la Revolución Mejicana de modo tal
que mereció el aplauso aun de los grupos ligados al porfirismo, a lo cual, sin duda,
contribuyó la personalidad de su más cercano colaborador.
Fue también en Morelia donde cscribió y publicó por vcz primera au cuno de
Derecho Mercantil.
Ya en la capital de la Rrpública, hacia cl a60 de 1928, comenzó e impartió cátcdrvs en la Escuela de Jurisprudencia y en la Libre de Derecho.
Continuó consagrado al estudio del derecho, y fruto dc sus labores fue la conti-
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INFORMACZON
nuación de su libro, cuyo segunda tomo es de tan excelente calidad como el primero,
el cual reformó sustancialmente en la segunda edición; se le deben tambiCn algunos
trabajos monográficos, y numerosas y extensas traducciones, publicadas cn nuestra
patria o en Argentina, de obras escritas en portugués o en italiano. La difusión del
conocimiento de la ciencia juridica italiana no sólo en nuestra patria, sino cn todos
los países de habla castellana, debe mucho a la labor de Felipe de J. Tcna.
"Discípulo de Tena es Mantilla Molina", dice Barrera Graf en un artículo publicado en España sobre la evolución del Derecho Mercantil Mejicano. Y a honra
tengo, como discípulo, ensalzar la memoria del maestro, mas por ello, y para que
no sc juzguen mis palabras nacidas sólo del sentimiento, usaré voces ajenas.
"El Dcrecho Mercantil Mejicano, dc Felipe de J. Tena, debe considerarse -dice
Joaquín Rodríguez Rodrígucz- como el más serio y valioso sobre esta materia."
Por su parte, Barrera Graf, en el artículo antes mencionado escribe así:
"La revolución que azotó al pais de 1911 a 1920 impidió toda labor de praducción cultural. Hasta que en 1920, D. Felipe de J. Tena escribió su Dcrecho Mcrcantil Mejicano, que aunque sólo pretendió ser un libro dc texto para estudiantes de
las cscuelas de Derecho dc la República, constituyó en realidad un manual analítico
riguroso sobre la teoría del derecho mercantil; los comerciantes, sus auxiliares y las
obli+p-aciones mercantiles. Pero la obra del maestro Tcna se amplía, actualiza y cobra
perfilcs de mayor precisión a partir de 1938, en que prercnta una segunda edición
del libro de 1920, que realmente constituye una nueva obra. por el rigor de su sistematización, por la profundidad de la investigación, por la claridad y elegancia dc la
cxporición. Por primera vez en Méjico la escuela italiana, con Vivante a la cabeza,
orienta y conforma nuestra literatura, desplaza el predominio hasta entonces vigente
de Ion derechos francés y español e inicia una influencia que todavía a estar fechas
cr decisiva."
Al hablar de la influencia de la ciencia jurídica italiana sobre el derecho mercantil mejicano, al referirme al año de 1920, y a la persona de Felipe de J. Tena rcñalaba yo mismo en otra ocasión, cómo este autor "tan merecidamente apreciado conocía ya entonces lo mejor de la literatura juridica italiana, conocimiento que profundizó cada vez más, utilizándolo magistralmente en su obra." El nombre de Tena,
por muchas razones, debe ser recordado como el de uno de los conocedores más
cabales de la cultura jurídica italiana de la que fue apasionado propagador en
Mtjico.
El maestro Tena dejó Ia cátedra, y pasó a desempeñar la más alta función en la
judicatura de nuestro pais; allí, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cargo en el quc tl habría dc cerrar sus actividades públicas, fue paradigma dc magistrado conocedor, honorable y justo.
Que los jóvenes cstudioíos que en lo futuro concurran a esta aula, al leer cl nombre vencraado que ahora le imponemos, recuerden con respeto al investigador concienzudo, castizo escritor, magnífics maestro y digno juez que fue don Felipe de
J. Tena.
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