Discurso político y argumentación: Ronald Reagan y la ayuda a la

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LA CONSTRUCCIÓN DEL MIEDO Y LA INCERTIDUMBRE EN LOS DISCURSOS DE G. BUSH SOBRE LA GUERRA CONTRA IRAK Silvia Gutiérrez Vidrio. Universidad Autónoma Metropolitana, México. Julio 2006 [email protected] Silvia Gutiérrez Vidrio, profesora e investigadora del Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco México D. F. Doctora en Sociología por la UNAM (1996). Sus líneas de investigación son el análisis del discurso y el estudio de las representaciones sociales en ambos campos cuenta con diversas publicaciones en revistas y libros colectivos. Autora del libro Discurso político y argumentación: Ronald Reagan y la ayuda a la “ contra” (2005).
LA CONSTRUCCIÓN DEL MIEDO Y LA INCERTIDUMBRE EN LOS DISCURSOS DE G. BUSH SOBRE LA GUERRA CONTRA IRAK Resumen En la actualidad los discursos participan en la modelación y construcción social del miedo de forma sistemática y permanente. Investigaciones recientes ubican a los medios de comunicación masiva como los principales contribuyentes al discurso del miedo que pernea la cultura popular hoy en día (cf. Altheide, 2002). Tomando como caso de estudio los discursos de George Bush sobre la necesidad de la vía bélica contra Irak el propósito de este texto es mostrar cómo fue construyendo discursivamente la representación de Irak como un peligro que tenía que ser enfrentado. Este tema forma parte de una investigación en curso sobre las estrategias retóricas y argumentativas utilizadas por George Bush en sus discursos sobre la guerra contra Irak. Lo que se presenta en esta comunicación es una parte del análisis que está orientada a mostrar que existe, en la producción discursiva de Bush, una construcción deliberada de una imagen Irak, y más específicamente de Saddam Hussein, como la encarnación del terrorismo, para atemorizar a los estadounidenses y así justificar las acciones que llevó a cabo contra este país. Son varias las estrategias retórico­argumentativas que utiliza Bush para lograr lo anterior, por ejemplo, la construcción ideológica de su referente, el uso de de palabras de choque, de dicotomías, preguntas retóricas. Todo ello con la finalidad de presentar a Irak y a Hussein como en el símbolo del mal y por lo tanto del terrorismo. También se pone énfasis en el papel que jugaron los medios de comunicación en la construcción de la representación de Irak como un peligro no sólo para la seguridad de Estados Unidos sino para la del mundo.
1 LA CONSTRUCCIÓN DEL MIEDO Y LA INCERTIDUMBRE EN LOS DISCURSOS DE G. BUSH SOBRE LA GUERRA CONTRA IRAK Silvia Gutiérrez Vidrio Universidad Autónoma Metropolitana, México Introducción El propósito de este texto es mostrar cómo fue construyendo discursivamente el presidente George Bush la representación de Irak como un peligro que tenía que ser enfrentado y cómo dicha construcción se basó, en gran parte, en la promoción de la incertidumbre y el miedo. Este tema forma parte de una investigación en curso sobre las estrategias retóricas y argumentativas utilizadas por George Bush en sus discursos sobre la guerra contra Irak. Una de las interrogantes fundamentales que guían la investigación en curso es ¿por qué la gente cree las explicaciones que se suele dar el gobernante estadounidense en sus discursos públicos? Uno de los objetivos de esta investigación es identificar y hacer patentes los mecanismos y procedimientos que utiliza Bush en la construcción de la realidad social. El análisis está orientado a la identificación de la construcción de la credibilidad en los discursos de Bush, el tipo de recursos en los que dicha construcción está apoyada y las diversas estrategias retórico­argumentativas utilizadas. Lo que se presenta en esta comunicación es una parte del análisis que está orientada a mostrar que existe, en la producción discursiva de Bush, una construcción deliberada de una imagen Irak, y más específicamente de Saddam Hussein, como la encarnación del terrorismo, para atemorizar a los estadounidenses y así justificar las acciones que llevó a cabo contra este país. Para ello se exponen algunos planteamientos sobre el discurso del miedo y el papel que juegan las emociones y el miedo en el imaginario social de los ciudadanos. Por medio del análisis de una serie de discursos que emitió Bush sobre la necesidad de la vía bélica contra Irak se identifican aquellos argumentos utilizados en la construcción de la imagen de su enemigo y en la creación del temor y la incertidumbre en la población estadounidense para justificar el recurso de la guerra. En esta representación de Irak como un peligro, no sólo para la seguridad de Estados Unidos sino para la del mundo, los medios de comunicación jugaron un papel central, por ello se analiza la conexión entre estos medios y lo que podría denominarse la política del miedo.
2 El discur so del miedo En la actualidad los discursos participan en la modelación y construcción social del miedo de forma sistemática y permanente. Investigaciones recientes ubican a los medios de comunicación masiva como los principales contribuyentes al discurso del miedo que permea la cultura popular hoy en día (cf. Altheide, 2002). Para poder entender cómo es que este discurso del miedo llega a los destinatarios es necesario abordar el tema de las emociones. Primeramente habría que señalar que las emociones son una construcción social. Desde esta perspectiva construccionista las emociones vienen determinadas por el sistema de creencias, se aprenden cuando el individuo interioriza los valores de su cultura y son, por lo tanto, patrones de conducta social y culturalmente determinados (Rizo 2001:1). Desde una mirada antropológica, Fericgla señala que: “Las emociones son la matriz sobre la que se mueve la vida social, son tipos básicos de conductas relacionales sobre las que se da la comunicación necesaria para crear los diversos mundos culturales” (2000:2); por ello las emociones constituyen una red sobre la que se conforma la vida social. Las emociones poseen un rol organizativo en la evaluación del mundo que nos rodea. Es precisamente este rol organizativo de las emociones el que explica que una gran cantidad de experiencias emotivas se construyan con base en dicotomías, simplificaciones que, no obstante, nos ayudan en nuestra tarea de intentar poner orden al caos que nos rodea (Rizo, 2001:3). El concepto de miedo podría ser definido como un sentimiento de angustia experimentado por la presencia o el pensamiento de un peligro, real o imaginario, de una amenaza. El miedo se relaciona “con la conceptualización subjetiva del “mal” relación antagónica­construida socialmente­ del bien frente al mal” (Rizo, 2001:5). La percepción anticipada del peligro supone desde el punto de vista de las emociones, una experiencia de temor o miedo por parte del ciudadano. El mayor impacto del discurso del miedo es que promueve un sentido de desorden y una creencia de que las cosas están fuera de control. Es precisamente por la constatación de la explotación de esta conceptualización subjetiva del mal y por lo tanto del peligro que Altheide señala que en la actualidad se puede afirmar que existe no sólo un
3 discurso del miedo sino también una política del miedo; ésta consiste en que aquellos que toman decisiones promueven y usan las creencias de la audiencia y sus conjeturas sobre el peligro, el riesgo y el miedo para poder lograr ciertas metas o fines (2003:37). La construcción del enemigo En el campo de la política para lograr la promoción y uso del miedo primeramente se tiene que ubicar un blanco que produzca esa emoción; es decir, se ubica un conflicto y se construye una representación del enemigo. La utilización del temor a ser atacado, a ser blanco de ataque genera una angustia que transforma el actuar del grupo o la persona llevándolo a defenderse o atacar para “salvarse”, donde el lema explícito o implícito es: “el Otro es el enemigo”. La polarización se evidencia cuando la postura de un grupo supone la referencia negativa a la postura del otro grupo, percibido como enemigo (Lozada, 2004:197). Una primera cuestión que considero importante señalar es que en el análisis de la construcción de la imagen del enemigo se tendría que tomar en cuenta, como lo hace Tortosa, que: “Como todo lo que se refiere a la política, conviene distinguir, en la medida de lo posible, entre las verdaderas razones que mueven a los actores por un lado, y por otro, la retórica que acompaña a su comportamiento (2003:183). Esta distinción es importante ya que se podría mencionar más de un caso en el que la retórica llevaba a pensar que había un determinado enemigo, cuando la realidad mostraba que el enemigo era otro. Los talibanes primero y el Baaz después podrían ser un ejemplo de estos enemigos “ultraconstruidos”. En la construcción discursiva del enemigo el enunciador recurre a una serie de valores, creencias, preconstruidos culturales e ideológicos que están fuertemente arraigados en el imaginario social de una nación. Identificar estos imaginarios es una labor importante ya que: “Los imaginarios sociales estructuran la memoria histórica, la experiencia social y construyen la realidad. Sin estas formas simbólicas, cargadas de significados y sentidos comunes compartidos, es difícil sostener los sistemas de racionalización ideológica en una sociedad, donde la diversidad cultural y las distintas formas de exclusión, reinterrogan permanentemente los discursos universalistas de democracia, igualdad y justicia” (Lozada, 2004:201). Para poder lograr que los ciudadanos estadounidenses se convencieran de la necesidad de la intervención bélica contra Irak Bush tuvo primero que ubicar claramente a su enemigo: el terrorismo y
4 posteriormente construir una imagen de éste. Podríamos decir que en la construcción del enemigo se siguen ciertas políticas cuyo efecto sirve para conseguir la unidad y aumentar la cohesión interna de los grupos. En muchos de los conflictos los enemigos no tienen que ser necesariamente reales, pueden ser construidos, inventados o creados. En el caso de los conflictos construidos como el de la confrontación con Irak es importante distinguir que la opción del diálogo quedó completamente descartada. Como señala Lozada: “La percepción estereotipada de grupos opuestos dificulta las posibilidades de dialogar, de llegar a acuerdos a partir del debate de ideas y propuestas de solución de asuntos de interés común. Las personas, los hechos y las cosas ya no se miden por lo que son en sí, sino en función de lo que representan a favor o en contra de la confrontación: nosotros­ellos” (2004: 196). En la producción discursiva de Bush sobre Irak fueron varios los mecanismos retóricos e ideológicos utilizados en la construcción de esta confrontación, entre ellos, la manipulación de conceptos ideológicos como dicotomías. Este recurso es altamente incitativo ya que hace que el destinatario se identifique con alguno de los polos de la dicotomía. Por ejemplo, en los discursos que conforman el corpus de análisis de este estudio 1 se presenta una serie de dicotomías: “el bien vs el mal”, “la gente de bien vs la gente mala”, “libertad vs represión”, etc., con el fin de que el interlocutor se asocie con la parte positiva de la dicotomía y asocie a los terroristas con la parte considerada como negativa; como el propio Bush lo enuncia, “ Debemos elegir entre un mundo de miedo o un mundo de progreso” ; no existen puntos intermedios. En la producción discursiva analizada la dicotomía que más aparece es la del “bien vs el mal”; o se está con el bien o se está con el mal o, como lo enunció en uno de sus discursos después de los atentados, “ Quien no está con nosotros, está con el terrorismo” . El presidente Bush también utilizó esta dicotomía cuando aclaró en una reunión en California que su guerra no era contra el Islam: Nuestra guerra es una guerra contra el mal, es claramente un caso de el bien versus el mal, y no cometeremos ningún error sobre esto...el bien prevalecerá” . Es importante señalar el uso de este recurso que contribuye a la confrontación ideológica ya que es la polarización social la que fractura el tejido social y, a la vez, favorece la naturalización y legitimación de la violencia. Además esta construcción estereotipada de la confrontación entre el nosotros: los 1 Los discursos que conforman el corpus son: 1) su discurso del 12 de septiembre del 2002, que dirige a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York; 2) el del 7 de octubre del 2002, que emitió en el Centro Museológico de Cincinnati,; 3) su mensaje televisivo del 19 de marzo del 2003, denominado “El presidente Bush se dirige a la nación”; 4) algunos de sus mensajes sabatinos radiales sobre el tema de Irak : 25 de enero y 8 y 15 de marzo del 2003; y 5) La conferencia de prensa nacional del 6 de marzo del 2003, en la que discutió el caso Irak.
5 estadounidenses (los buenos) y ellos: los terroristas (los malos) constituyó una de las estrategias utilizadas por Bush para justificar el uso de la vía bélica contra Irak. Es más, se podría afirmar que la reducción del mundo a "buenos" y "malos", constituye la base de la actual doctrina exterior del gobierno norteamericano. La construcción del discur so del miedo En este apartado me propongo mostrar las diferentes estrategias argumentativas que utilizó Bush en la construcción del miedo y la incertidumbre para atemorizar a los estadounidenses y así justificar las acciones que llevó a cabo. Una de las estrategias que utilizó Bush para ir creando este discurso del miedo fue ubicar a un enemigo: el terrorismo. De sumo interés resulta evidenciar la manera en cómo, para la administración Bush, el terror, el terrorismo y los terroristas se volvieron un único, simple e indistinguible mal para la humanidad entera al despojarlos de sus raíces y distinciones políticas, sociales, históricas y culturales. Después del 11 de septiembre, Bush declaró como enemigo al terrorismo; y la guerra contra el terror fue lo que justificó los bombardeos a Afganistán. Después de los ataques contra dicho país, que tenían como objetivo capturar a Bin Laden “vivo o muerto” y de su eminente fracaso, Bush inició una construcción discursiva del enemigo que tuvo como blanco a Saddam Hussein. Para ello Bush construyó la imagen de Hussein como la encarnación del mal. Hasta la fecha no se han podido comprobar si existen vínculos entre Hussein y Al Qaeda; sin embargo, Hussein fue convertido en el símbolo del mal y por lo tanto del terrorismo. Finalmente por medio de una serie de asociaciones y amalgamas, Bush llega a identificar a Hussein con el terrorismo. Por ejemplo, en una entrevista en marzo de 2003, señaló: Hemos llegado a un momento importante al confrontar la amenaza que representan para nuestra nación y para la paz Saddam Hussein y sus armas de terror. En los discursos donde Bush habla sobre la amenaza que representa Irak, ubica como principal problema la figura de Saddam Hussein. Como él mismo lo enuncia: “El problema fundamental con Irak continua siendo la naturaleza del propio régimen” y de ahí parte para construir la siguiente imagen de Hussein: Saddam Hussein es un dictador homicida que es adicto a las armas y a la destrucción masiva. Este enunciado está construido principalmente por medio de palabras­choque: dictador, homicida, adicto,
6 armas, destrucción masiva . El uso de palabras­choque tiene un alto grado incitativo que ayuda a predisponer negativamente al receptor. También por medio de algunas de las determinaciones cualitativas como: tirano asesino, el dictador Iraquí, el dictador cruel, el dictador despiadado y agresivo, un dictador peligroso, este tirano, el asesino masivo, Bush construye la imagen “maléfica” de Saddam Hussein. Esta imagen que construye de Saddam es fundamental para que la nación norteamericana quede persuadida de la maldad del gobernante iraquí y se incline a tener un juicio negativo del adversario. No se trata aquí de mostrar si es verdad o mentira lo que Bush enunciaba sobre Hussein; lo relevante es ver cómo construye esa imagen y cómo el uso de adjetivos negativos predispone a tener no sólo una imagen negativa de Hussein sino a crear la necesidad de hacer algo contra su “maldad”. De acuerdo con Chomsky (2003), es interesante ver cómo se fue construyendo la creencia de que Irak fue el responsable del ataque a las torres. Esta creencia fue introducida en septiembre de 2002. Después del ataque del 11 de septiembre del 2001 sólo un 3% de la población creía en la responsabilidad de Irak en los atentados. La propaganda de la alianza medios­gobierno logró aumentar la cifra a un 50%. Además habría que mencionar el papel que jugaron los medios de comunicación en la construcción de la representación de Irak como un peligro no sólo para la seguridad de Estados Unidos sino para la del mundo. Como señaló Chomsky en el 2003: “La propaganda mediática y gubernamental ha sido extraordinariamente eficaz. Después de septiembre de 2002, los Estados Unidos son el único país del mundo donde el 60% de la población cree que Irak es una amenaza inminente. En otro contexto 50% de la población de Estados Unidos está hoy persuadida de que Irak es responsable de los ataques a sus torres del World Trade Center” (2003). Esta construcción maléfica de Hussein, como ya mencioné, está encaminada a asociarlo directamente con el terrorismo. Veamos un ejemplo donde construye esta asociación: “Saddam Hussein tiene una larga historia de agresión temeraria y de crímenes terribles. Posee armas de terror. Provee fondos y entrenamiento y resguardo a los terroristas — terroristas que con gusto utilizarían armas de destrucción masiva contra América y otros países que aman la paz. Saddam Hussein y sus armas son una amenaza directa para este país, para nuestra gente y para toda la gente libre” (Conferencia de prensa nacional marzo 6, 2003).
7 Otro ejemplo lo encontramos en la misma conferencia donde expuso a los periodistas las razones de la guerra. En este texto la asociación de Saddam con el terror es construida por medio de enunciados presentados como irrefutables: Irak es parte de la guerra del terror. Irak es un país que tiene nexos con los terroristas. Es un país con riqueza. Es un país que entrena terroristas, un país que podría dar armas a los terroristas. Y nuestros compatriotas americanos deben entender en esta nueva guerra contra el terror, que no solamente tenemos que perseguir a los terroristas de Al Qaeda, debemos también ocuparnos de las armas de destrucción masiva. Lo que uno detecta en esos discursos es que Bush logra atemorizar a los estadounidenses por medio de este tipo de asociaciones y por el uso reiterado de palabras­choque como “amenaza”, “terroristas”, “terror”. Con respecto al recurso del terror dice Chomsky: “Una de las armas principales en manos de cualquier gobierno es una población atemorizada, lo que le permite promover sus propias políticas. Si la gente está espantada y no hace demasiadas preguntas, entonces, inexorablemente, uno puede promover su propia agenda” (La Jornada , 12 de septiembre de 2002). Este recurso del temor es continuamente utilizado en la producción discursiva de Bush; por ejemplo, en el siguiente fragmento ese temor es construido al hablar de un tema que atemoriza a cualquier persona: el uso de armas nucleares, químicas y biológicas: “ Hoy enfrentamos el peor peligro en la guerra del terror, el peor peligro que enfrenta América y el resto del mundo, este lo constituyen los regímenes proscritos que buscan poseer armas nucleares, químicas y biológicas” (Estado de la Unión, enero 28, 2003). Para darle más credibilidad al peligro que representa Irak, Bush recurre al uso de argumentos de autoridad como el siguiente: “ La agencia internacional de energía atómica confirmó en los noventa que Saddamn Hussein tenía un programa avanzado de desarrollo de armas nucleares” . El uso de argumentos de autoridad es un mecanismo ideológico que consiste en invocar a la autoridad. El locutor se apoya o se refuerza, es decir, se borra, se esconde detrás de un “locutor" autorizado que garantiza la validez de la enunciación (Plantin, 1998:145). En general, se trata de enunciados ya conocidos por una colectividad, que tienen el privilegio de la intangibilidad: por lo general no pueden ser resumidos o reformulados, son “la Palabra” misma (Maingueneau, 1987:72). En lugar de que sea Bush el que enuncia que Hussein posee armas nucleares, deja que alguien más que es considerado una autoridad al respecto, lo haga, en este caso una agencia internacional.
8 Otro de los argumentos de autoridad proviene precisamente del gobierno británico, uno de sus principales aliados en el conflicto:“ El gobierno británico se ha enterado de que Saddam Hussein recientemente solicitó cantidades significativas de Uranio de África” . Bush se apoya en estos argumentos para construir el sentimiento de temor y así solicitar a la población estadounidense, y al mundo en general, que lo apoyen en la lucha contra esa potencial amenaza. Lo que el mal puede provocar En la construcción del miedo la administración Bush nunca titubeó en explotar las ansiedades del público en general que surgieron después de los traumáticos eventos del 11 de septiembre de 2001. La referencia al 11 de septiembre se ha convertido en un tema que ha sido incorporado en el imaginario social de la población estadounidense; es más se podría afirmar que la administración Bush explotó de manera excesiva este acto. 2 Como señala François Heisbourg: “La opinión pública ha sido traumatizada por el 11 de septiembre a un grado que no podemos siquiera imaginar. Volteó hacia el poder tutelar del Estado federal, encarnado en la ocasión por la administración Bush, precisamente porque el traumatismo es muy profundo (Le Monde, 24 marzo, 2003). El llamado efecto del miedo es uno de los que más actúan sobre la población, puede hacer que una masa se desintegre o que se alíe en contra de un culpable, todo para actuar en pro de la seguridad. En el corpus analizado existe una serie de enunciados donde Bush explícitamente se refiere al acontecimiento del 11 de septiembre y esta referencia al acontecimiento cumple varios propósitos. Primero, explota las emociones y sentimientos ya que los actos cometidos fueron perpetuados en contra de civiles y cobraron varias vidas y porque además traumatizaron a la población: Los ataques del 11 de septiembre, 2001 mostraron lo que los enemigos de Estados Unidos lograron con cuatro aviones. No vamos a esperar a ver lo que terroristas o regímenes de terror puedan hacer con armas de destrucción masiva . Esta referencia al acontecimiento toca las fibras emocionales de los ciudadanos y cuando esta se une a la posibilidad de volver a vivir algo parecido hace que la gente crea que es necesario llevar a cabo 2 Después de los atentados del 11 de septiembre, Bush y los hombres y mujeres que lo rodean, tuvieron un pretexto estratégico fundamental del que los había privado durante una década el derrumbe de la Unión Soviética. Como señala Ramonet (2002), tuvieron por fin un adversario.
9 acciones, no importa la naturaleza de ellas, que impidan esa posibilidad. Habría que señalar que después de los atentados del 11 de septiembre, la población estadounidense se sentía invadida por un sentimiento de vulnerabilidad, de resentimiento y tenía la necesidad de creer en algo. Bush explota este sentimiento de vulnerabilidad al expresar: Los ataques del 11 de septiembre mostraron a nuestro país que los bastos océanos ya no nos protegen del peligro (7 de octubre de 2002). Pero también explota la necesidad de actuar en contra de aquellos que les han provocado sufrimiento: “ No debemos olvidar los eventos más intensos de la reciente historia. El 11 de septiembre de 2001 América sintió su vulnerabilidad, aún de amenazas que se congregan en el otro lado de la tierra. Determinamos en ese entonces, y hoy en día estamos decididos a controlar cada amenaza, de cualquier tipo, que pueda traer terror y sufrimiento a América (7 de octubre de 2002). Finalmente es importante resaltar en relación al poyo que finalmente logró Bush para atacar Irak sin tener pruebas fehacientes de la existencia de armas de destrucción masiva es el haber captado y, a la vez, utilizado, el triple sentimiento que la población experimentaba después del 11 de septiembre: ser victima, ser vulnerable y al mismo tiempo invencible. La justificación de las acciones: los guardianes del bien Una de las explicaciones que la administración Bush proporcionó para justificar la necesidad de utilizar la vía armada en el conflicto contra Irak es que ellos no sólo estaban haciendo lo correcto sino que además ellos tienen como país un compromiso con el mundo. 3 El argumento de que el compromiso que tiene Estados Unidos con el mundo consiste en vigilar por la paz mundial no es exclusivo de esta administración; ha sido utilizado por diferentes mandatarios estadounidenses para justificar sus intervenciones militares, léase Viet­Nam, Camboya, Panamá, Nicaragua, etcétera. En el caso de la administración Bush, tal argumento quedó expresado en el primer discurso que emitió después del 11 de septiembre: Estados Unidos ha sido objeto de un ataque porque nosotros somos el faro más luminoso de la libertad y la oportunidad en todo el mundo. Y nadie impedirá que esa luz siga brillando. 3 “El patriotismo es todavía la primera virtud estadounidense, enlazado con la religión, con la sensación de pertenencia y con la idea de hacer lo correcto no sólo en la patria, sino en el mundo” (Said, 3 de marzo de 2003: 6).
10 Es más, el uso de este argumento se ha convertido en una estrategia utilizada para darle legitimidad a las acciones de los Estados Unidos de Norteamérica. Otro ejemplo de cómo esta argumentación es empleada en los textos analizados es el siguiente: El mundo depende de la fuerza y del compromiso de Estados Unidos­ y cumpliremos con nuestras responsabilidades para la paz (25 de enero de 2003). Este sentido apocalíptico de la función que juegan en “preservar” la paz mundial también se evidencia en el siguiente ejemplo: Una vez más, hemos sido llamados a defender la seguridad de nuestra gente, y las esperanzas de toda la humanidad. Y aceptamos esta responsabilidad (State of the Union, 28 de enero de 2003). También para mostrar que no sólo ellos piensan que esa es la labor de Estados Unidos, y para darle más legitimidad a sus acciones, Bush utiliza argumentos de autoridad. Por ejemplo, en su discurso radial del 14 de marzo del 2003, señala que por medio de ciertos grupos de derechos humanos saben que los disidentes de Irak son torturados, encarcelados y a veces simplemente desaparecen y continúa narrando los horrores para después introducir el siguiente argumento de autoridad: Como dijo esta semana Elie Wiesel, laureado Nóbel y sobreviviente del Holocausto, “ Tenemos una obligación moral de intervenir donde el mal se encuentra en control. Hoy en día, ese lugar es Irak. En lugar de que sea Bush el que enuncia que su deber es intervenir, deja que alguien más que es considerado una autoridad al respecto, ya que es un sobreviviente del holocausto, lo haga. Por medio de estos argumentos también legitima su derecho a intervenir y a cumplir su “función en el mundo”. Otro ejemplo de argumento de autoridad que tiene la misma finalidad que el anterior lo encontramos en su discurso que emitió en Cincinnati donde delinea la amenaza de Irak: “ Como dijo el presidente Kennedy en octubre de 1962, “ Ni los Estados Unidos de América, ni la comunidad mundial de las naciones puede tolerar el engaño deliberado y las amenazas ofensivas de parte de cualquier nación, grande o pequeña. Ya no vivimos en un mundo” , dijo, “ donde el solo disparo de armas representa un reto suficiente para la seguridad de las naciones” . Bush apela a figuras que tienen un reconocimiento en el imaginario social de la población estadounidense como, el ex presidente Kennedy.
11 Los medios de comunicación y la construcción del miedo Finalmente quisiera retomar el tema de la función que jugaron los medios de comunicación en la construcción del temor y la incertidumbre. Para ello es relevante señalar que todo discurso implica una construcción sobre la realidad, que evidentemente excluye a otras; en este sentido Catalina González afirma que “los medios interpretan la realidad, y sobre esta interpretación construyen o presentan una nueva forma de ella: una realidad discursiva mediada” (1997:80). Es precisamente esta realidad discursiva mediada la que jugó un papel importante en la construcción del miedo y en la justificación de la guerra. Fue impresionante ver cómo los medios norteamericanos se alinearon completamente al poder y de qué manera fueron utilizados como una estrategia general de guerra. Para ilustrar esto, traigo a colación las ideas expresadas por algunos intelectuales norteamericanos que representan esa otra voz que no circuló por medios de comunicación masivos de Estados Unidos sino por ciertos canales que la propia disidencia ha creado. Estas otras voces permiten ver que si bien, como señala Said, con algunas excepciones, muchos de los intelectuales y comentaristas más reconocidos han tolerado el programa Bush y en algunos casos no sólo lo toleran sino van allá de éste, utilizando argumentos acríticos y de adulación: “Lo que algunos de estos intelectuales no aceptan es que el mundo en el que vivimos, este mundo histórico de naciones y pueblos, se ha movido y puede ser entendido por la política, y no por grandes absolutos generales como el bien y el mal, con Estados Unidos siempre en el lado del bien y sus enemigos en el lado del mal (Said 2002). Sin embargo, existen intelectuales, como el propio Said, que han tratado de exponer que esa visión no es la única que existe en Estados Unidos. Said mencionó desde el 2002 que los propios medios de comunicación se han transformado en un arma más de la guerra contra el terrorismo en Afganistán y en otros lugares, pero que además los expertos y comentaristas en material del terrorismo, el Islam y los árabes, han seguido una línea reduccionista y repetitiva que desfigura tanto la historia, la sociedad y la cultura estadounidense (Cf. Said, 2002). Chomsky ha enfatizado, en varios de sus artículos, la batalla publicitaria que benefició a la guerra. Para él, hecho de que la propaganda gobierno­medios haya logrado convencer a la población de que
12 Irak no solamente es un peligro sino igualmente el responsable de los atentados del 11 de septiembre es una prueba espectacular, que fue lograda en cuatro meses (2003)”. Lo interesante es que las gentes que trabajan en los medios señalan que ellos nunca lanzaron explícitamente el argumento de que Irak era responsable de los ataques del 11 de septiembre sino que simplemente se instaló esa idea, gota a gota en el espíritu del público que finalmente terminó por aceptarla. Sin embargo habría que recordar que “la mayor parte de nuestro conocimiento social y político, así como nuestras creencias sobre el mundo, emanan de las decenas de informaciones que leemos, o escuchamos diariamente” (Van Dijk, 1997:29­ 30). Al hablar de la función que tuvieron los medios de comunicación en la difusión de la fiebre de guerra Kellner señala que “a pesar de que en una democracia los medios deberían promover el debate crítico de los temas urgentes para la nación, en esta crisis del terror los principales medios de comunicación estadounidenses, en particular la televisión, promovieron una fiebre de guerra y una solución militar al problema del terrorismo mundial” (2002:10). Comentarios finales Para finalizar quiero señalar que lo que he intentado mostrar con este análisis es que en la construcción del enemigo las estrategias argumentativas retóricas juegan un rol fundamental. Por medio de una serie de dispositivos retóricos y argumentativos Bush fue construyendo y configurando lo que bien podría llamarse un imaginario y un discurso del miedo. Otra de las reflexiones que se desprenden del análisis es que la emergencia, utilización y explotación política de valores, creencias, símbolos y mitos del imaginario social fue una constante en la construcción del conflicto contra Irak. El recurso al temor fue la estrategia utilizada por la administración Bush para crear un sentimiento y un discurso que exigían tomar decisiones y apoyaban alguna forma de intervención militar. En términos generales también se hace patente la necesidad de analizar cómo la instrumentalización de los miedos es uno de los principales dispositivos que puede llevar a la construcción de un discurso que favorece la naturalización y legitimación de la violencia y evita la explicación coherente de los hechos. También se desprende la necesidad de analizar el papel que juegan los medios de comunicación en la construcción social de los miedos sobre todo en estos tiempos de globalización.
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