Entre la aventura y la santidad medieval

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Entre la aventura y la santidad medieval:
Luciana y Tarsiana en el
Libro de Apolonio
Carina Zubillaga
Universidad de Buenos Aires - SECRIT-CONICET
E
l mismo contexto codicológico del Libro de Apolonio acerca la historia
de este rey cortés, educado y más preocupado por el incremento de su
saber que por el de su territorio, a los relatos de personajes santos como María
Egipciaca purgando en el desierto los pecados de su vida pasada o los Reyes
Magos ofreciendo sus dones a Cristo Niño. Tanto el Libro de Apolonio como
la Vida de Santa María Egipciaca y el Libro de los tres reyes de Oriente, los
tres poemas que componen el manuscrito K-III-4 de la Biblioteca de San
Lorenzo de El Escorial datado a fines del siglo XIV, recorren la trayectoria
vital de personajes que, a través de la imagen del viaje como peregrinatio
vitae, avanzan en su camino de virtud y santidad a pesar de las numerosas
pruebas que deben enfrentar para lograrlo.
Ya se ha dicho de Apolonio, en este sentido, que “the Christianization in
the Spanish reworking of the story is above all a process of casting the life
of the hero in the mould of hagiography” (Surtz, 1980, 328) y que “he is the
Christian pilgrim journeying about the earth as a result of Adam’s expulsion
from Eden” (Brownlee, 1983, 169). Son los personajes femeninos del poema,
sin embargo, aquellos en los que pueden plantearse mayores paralelos con
otras figuras paradigmáticas de la santidad cristiana según el modelo presente
particularmente en la hagiografía hispánica medieval.1
Luciana, esposa de Apolonio, y su hija Tarsiana son como plantea Pedro
Correa “dos figuras de mujer interesantísimas” (2002, 175). A pesar de que
en el poema ninguna de las dos es descripta en detalle, ambas son presentadas como doncellas corteses, bondadosas y bien enseñadas cuando se
encuentran con Apolonio por primera vez bajo condiciones muy similares
y comportándose también de un modo llamativamente coincidente.
1
De las dos mujeres protagonistas del Libro de Apolonio, especialmente el personaje de Luciana
ha recibido muy poca atención de la crítica especializada, aunque en los últimos años han surgido
algunos trabajos como el de Matthew V. Desing (2011, 1-15) centrados en su figura y en su papel
fundamental en el poema.
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HISPANISMOS DEL MUNDO: DIÁLOGOS Y DEBATES EN (Y DESDE) EL SUR
Luciana conoce a Apolonio cuando éste llega a Pentápolis solo y habiéndolo perdido todo a causa de un naufragio; la hija del rey es mandada a llamar
a una comida en la corte por su padre Architrastres para alegrar a Apolonio
con su vihuela, dominio musical que la describe y la define esencialmente
como admirable en su saber: “Los altos e los baxos, todos della dizián; /
la dueña e la viuela tan bien se abinién /que lo tenién a fazaña quantos que
lo veién” (180a-c).2 En cuanto a Tarsiana, si bien es presentada como una
joven dedicada al aprendizaje desde su infancia, es en el encuentro con su
padre –a quien no había visto desde niña– cuando sus habilidades musicales
se ponen en práctica con la misma intención de intentar aliviar a un Apolonio apesadumbrado porque la creía muerta. Los sones de su vihuela son
comparados explícitamente por ella misma con el remedio capaz de aliviar
cualquier mal: “yo trayo letuarios e espeçia tan sabrida / que, si mortal non
fuere o que seya de vida, / yo le tornaré alegre tal que a comer pida” (488b-d).
El saber femenino se presenta en el poema, a través de la reiteración
de su misma práctica y funcionalidad en ambos episodios, asociado a una
capacidad curativa que distingue a Luciana y a Tarsiana como unas heroínas
muy próximas a un ideal en el que la virtud se despliega como un ejercicio
taumatúrgico semejante al milagro.3 Ese poder curativo ligado a las habilidades musicales femeninas no se ejerce sin embargo solamente sobre los
otros personajes del poema, en especial Apolonio, para alegrarlos o atenuar
su dolor o melancolía, sino que también resulta efectivo como un arma para
liberarse a sí mismas del peligro del mal, como le sucede a Tarsiana cuando
es vendida como prostituta en Mitilene y se desempeña en cambio como
juglaresa para conservar así su virtud:
Tan bien sopo la dueña su cosa aguisar
que sabiá a su amo la ganançia tornar;
reyendo e gabando con el su buen catar
sópose, maguer niña, de folía quitar
(432).
El protagonismo de Luciana y su hija Tarsiana en el poema es tal que sus
aventuras individuales constituyen las dos principales bifurcaciones de una
trama narrativa que se mantiene en general constante enfocando el camino de
Apolonio como héroe desde su partida de Tiro hasta su retorno final al hogar.
Estos apéndices de la historia principal o narraciones enmarcadas, como las
2
Cito según mi propia transcripción del poema, presente en la edición conjunta del Ms. Esc.
K-III-4 (Zubillaga, 2014). Indico a continuación de cada cita el número de estrofas y versos corres­
pondientes.
3
María Jesús Lacarra señala acertadamente que “Luciana y Tarsiana quedan así emparejadas en el
relato por intentar curar al héroe, enfermo de melancolía, con la música de su vihuela” (2008, 375).
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llama Lucrecia Porto Bucciarelli (1997, 172), siguen un itinerario autónomo
hasta volver a insertarse en la narración base y duplican la aventura de Apolonio pero con rasgos específicamente femeninos y muy similares entre sí.
La historia de Luciana en Éfeso, que ocupa las estrofas 284-324 del Libro
de Apolonio, se inicia cuando arriba a la ciudad aparentemente muerta, ciudad
en la que San Pablo curó milagrosamente a los enfermos (Arizaleta, 2000,
230), donde es encontrada por un médico que le devolverá la vida: “Luego
al terçer día, el sol escalentado, / fue al puerto de Éfeso el cuerpo arribado;
/ fue de buen maestro de física trobado” (284a-c).
La curación de Luciana presenta paralelos obvios con la resurrección
cristiana: su cuerpo es encontrado luego de pasar tres días en el mar y, aunque
inicialmente es dado por muerto, el saber inusual, excepcional y también
cercano a la taumaturgia del mejor discípulo del médico que la encontró en
la playa logra devolverla a la vida: “aguisó un ungüente caliente e lexativo;
/ untóla con sus manos, non se fizo esquivo; / respiró un poquiello el espírito
cativo” (308b-d). Aunque el desarrollo de la curación tiene en el poema una
explicación lógica y racional (“Entróle la melezina dentro en la corada, /
desvióle sangre que estava cuagada; / respiró el almiella que estava afogada”,
310a-c), la asociación simbólica de todo el proceso curativo con la muerte
y la resurrección finalmente se impone.4
La muerte aparente, un motivo novelesco frecuente en muchas tramas
de separaciones familiares en la Edad Media, adquiere en el Libro de Apolonio un desarrollo inusitado, incluso comparándolo con la fuente latina del
poema; las amplificaciones hispánicas sobre el parto de Luciana, los síntomas
y características de su presunta muerte y todo el proceso de su curación le
dan a todo el episodio intercalado una importancia textual innegable que
traduce el interés del poeta por destacar las figuras femeninas de la historia
más allá de lo presente en la Historia Apollonii regis Tyri y acercarlas a procesos de sanación del cuerpo y el alma asociados con prácticas milagrosas
o próximas al milagro.
Considerando el sentido de todo el episodio, indudablemente el mar
representa el tránsito de Luciana de la muerte a la vida; un renacimiento que
la acerca a la santidad a tal punto que su nueva vida, hasta el reencuentro
con su esposo, no será otra que la vida monacal:
Por amor que toviese su castidat mejor,
fiziéronle un monesterio do visquiese seror
fasta que Dios quisiere que venga su señor;
con otras dueñas de orden servié al Criador
(324).
4
Para profundizar en este episodio y su relevancia para el desarrollo textual, remito a Ma Luzdivina
Cuesta Torre (1999, 11).
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HISPANISMOS DEL MUNDO: DIÁLOGOS Y DEBATES EN (Y DESDE) EL SUR
Así como Luciana atraviesa el mar sin desearlo hacia un ambiente extraño,
lo mismo sucede con Tarsiana; ese tránsito implica un renacimiento paralelo
al de Apolonio luego de su naufragio, una nueva vida de prueba de los valores
y las virtudes individuales aunque, en el caso específico de ambas mujeres,
con asociaciones cristianas más destacadas centradas concretamente en la
defensa de la castidad de una y la virginidad de la otra.
La historia de Tarsiana en Tarso y Mitilene, que ocupa las estrofas 349-433
del Libro de Apolonio, la presenta inicialmente como una joven al cuidado
de sus padres adoptivos que se destaca entre todas las demás: “sabiá todas
las artes, era maestra complida; / de beltad conpañera non avié conoscida, /
avié de buenas mañas toda Tarso vencida” (352b-d). Justamente a causa de
esta excepcionalidad de la joven, los celos de su madrastra hacen que desee
asesinarla y contrate para ello al rufián Teófilo. Pero una vez amenazada por
el sicario estando en el cementerio junto a la tumba de su nodriza muerta,
Tarsiana le ruega a éste que la deje rezar antes de matarla e inicia una plegaria
“en la que se conjugan la invocación y la alabanza del Creador omnipotente,
la aceptación de su voluntad, y la esperanza de socorro” (Morreale, 1991-92,
168). Su actitud intrépida está basada en su confianza en el auxilio divino y
modelada en la actitud de las vírgenes y mártires cristianas con las que ella
misma se compara: “yo, mal non meresciendo, he a ser martiriada; / Señor,
quando lo tú sufres só por ello pagada” (382cd).
El auxilio divino pedido y esperado por Tarsiana se concreta rápidamente
en el texto, aunque tal vez no de la manera más convencional o esperable,
ya que es secuestrada por unos piratas que la venden en Mitilene:
Seyendo Tarsiana en esta oraçión,
rencurando su cuita e su tribulaçión,
ovo Dios de la huérfana duelo e conpasión,
enviól’ su acorro e oyó su petiçión.
Ya pensava Teófilo del gladio aguisar,
asomaron ladrones que andavan por la mar;
vieron que el malo enemiga queriá far,
diéronle todos bozes, fiziéronle dubdar
(384-385).
En su travesía marítima hacia Mitilene, Tarsiana conjura la amenaza
de muerte que pesaba sobre ella y renace, del mismo modo que su madre
Luciana, a una nueva vida que en su caso supondrá sin embargo nuevas y
reiteradas pruebas en la defensa de su virtud.
Como señala Philip H. Goepp (1938, 161), la protección de Tarsiana de
su virginidad recuerda a las leyendas de Santa Inés y Santa Águeda. Tanto
Inés, que juzgada por ser cristiana y sentenciada a vivir en un prostíbulo
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milagrosamente permanece virgen, como Águeda, que también es enviada
por un senador a un lupanar donde no pierde su virginidad, se convierten
en mártires cristianas y se vuelven modelos de una santidad medieval que
cifra en el cuerpo femenino la medida tanto del pecado como de la gracia
capaz de derrotarlo.
Es en la escena de Tarsiana en el burdel donde se dejan sentir especialmente, según Isabel Lozano-Renieblas (2003, 52), las “huellas de la hagiografía”. Apelando a la piedad de sus clientes y recordándoles los peligros
para el alma de caer en los pecados de la carne, los convence de respetar
su virginidad a pesar de haber pagado ya por ella: “Quantos ahí vinieron
e a ella entraron, / todos se convertieron, todos por tal pasaron; / nengún
daño nol’ fizieron, los averes lexaron” (419a-c). Luego, convirtiéndose en
juglaresa, logra de manera más estable al mismo tiempo pagarle al dueño del
prostíbulo y defender su virtud, al aprovechar sus conocimientos musicales
y ejercerlos como oficio:5
Dixo la buena dueña un sermón tan tenprado:
“Señor, si lo oviesse de ti condonado,
otro mester sabía qu’es más sin pecado,
que es más ganançioso e es más ondrado.
Si tú me lo condonas por la tu cortesía,
que meta yo estudio en essa maestría,
quanto tú demandases, yo tanto te daría;
tú avriés gran ganançia e yo non pecaría
(422-423).
A diferencia de lo que ocurre en las vidas de santas medievales, particularmente en el caso de Tarsiana la ayuda divina que recibe no se efectiviza
a partir de milagros impactantes o apariciones sobrenaturales sorprendentes,
sino que se concreta en función de la propia dinámica de la aventura del
género del romance, definido por Alan Deyermond (1975, 232-234) como la
forma dominante de la ficción medieval en la cual los viajes y las separaciones y reuniones de los personajes resultan los procedimientos y elementos
determinantes, y gracias al saber femenino como una de las virtudes más
estimables y conducentes al bien. Son los piratas que la secuestran los que
liberan a Tarsiana de la muerte, sin saberlo ni quererlo, claro, y es luego
ella misma con su destreza argumentativa y sus habilidades musicales la
5
Para profundizar en el desempeño de Tarsiana como juglaresa y la significación y consideración de
su práctica en el contexto de un poema clerical como el Libro de Apolonio, remito especialmente
a J. C. Musgrave (1976, 129-138) y a Juan García Única (2009).
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HISPANISMOS DEL MUNDO: DIÁLOGOS Y DEBATES EN (Y DESDE) EL SUR
que logra conservar su virginidad.6 Por supuesto que también existen santas
sabias, como Santa Catalina de Alejandría, pero la sabiduría de Tarsiana se
presenta efectivamente en el poema como el resultado de una educación y
una dedicación esmeradas que, aunque resultan un vehículo de la manifestación de la voluntad divina, funcionan de manera autónoma y representan
el ideal clerical que sustenta ideológicamente el Libro de Apolonio y la
composición unificada de los poemas en cuaderna vía de principios del
siglo XIII castellano.7
Así como sucede con Luciana cuando es abandonada en un ataúd en
medio del mar luego de dar a luz, también Tarsiana es dada por muerta,
ya que su madrastra cree que su asesinato se ha concretado y le anuncia a
Apolonio su muerte, aunque obviamente variando los motivos. Para ambas
mujeres la amenaza de la muerte y su casi concreción suponen en verdad
un renacimiento, efectivizado en el mar como espacio de pasaje, que les
permitirá probar independientemente su virtud y preservarla hasta que se
concrete el esperado reencuentro familiar.
Como sucede asimismo con Apolonio, el mar es la medida de la transformación tanto exterior como interior de Luciana y de Tarsiana; determina
esos cambios y al mismo tiempo es un símbolo de ellos, pues resulta una
clara metáfora bautismal como purificación del pecado original vehiculizada
en y por el agua.8 Esa transformación interior, que se asocia en toda la familia con el camino de todo cristiano, asume sin embargo en los personajes
femeninos la medida de una santidad basada en la defensa de la castidad y
la virginidad y concretamente ligada al modelo de tantas santas medievales.
Si bien el proceso de cristianización del relato presente en este poema
castellano de mediados del siglo XIII afecta a toda la familia protagonista
de la historia,9 ese umbral acuático que parece separar la vida de la muerte
6
Musgrave señala al respecto que “Thus Tarsiana’s escape from prostitution by becoming a pseudojuglaresa reflects one of the themes of the work, the hero (or heroine) overcoming danger not
only through virtue and faith, but also through education and intelligence” (1976, 136).
7
Considero que Tarsiana puede ser identificada con el ideal de la clerecía castellana aún más que
el propio personaje de Apolonio, ya que es ella quien siendo juglaresa sin realmente serlo relata
su propia historia –y, por lo tanto, la historia misma del poema– a la manera del clérigo autor
del Libro de Apolonio y generando en su público reunido en el mercado los mismos efectos que
seguramente él también esperaría.
8
Esta idea del pasaje acuático como metáfora bautismal se reafirma al considerar las otras dos
historias presentes en el Ms. Esc. K-III-4, en las cuales María Egipciaca atraviesa el río Jordán y
sólo entonces comienza su penitencia en el desierto (en la Vida de Santa María Egipciaca) y el
hijo enfermo de la mujer que alberga junto a su marido a la Sagrada Familia en su huida a Egipto
es sanado en el agua del baño de Cristo Niño, lo que supone tanto su sanación puntual como su
conversión definitiva (en el Libro de los tres reyes de Oriente).
9
El proceso de cristianización de la historia de Apolonio ya es apreciable en la fuente latina del
poema hispánico, aunque sin dudas se intensifica en el Libro de Apolonio.
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convierte a Luciana y a Tarsiana en mujeres casi santas, además de muy
sabias, que emplean sus conocimientos en defensa de su propia virtud y como
remedio contra la enfermedad ajena y por ello son auxiliadas por Dios, más
allá de que esa ayuda asuma la forma cabal y definida de toda una aventura.
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clerecía: el falso problema de lo culto y lo Medioevo Romanzo, 7: 328-41.
popular en la invención de los dos mesResumen:
La dinámica del viaje y de la prueba en el Libro de Apolonio determina en Luciana y Tarsiana,
esposa e hija del protagonista del poema hispánico del siglo XIII, un renacimiento similar al
de Apolonio luego de naufragar en Pentápolin y perderlo todo, que las acerca a la santidad a
través de simbolismos y analogías con la defensa de la virginidad, la reclusión y el martirio
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HISPANISMOS DEL MUNDO: DIÁLOGOS Y DEBATES EN (Y DESDE) EL SUR
que se analizan en este trabajo en relación con la hagiografía del periodo y la cristianización
de los relatos de materia antigua.
Palabras clave:
Libro de Apolonio, aventura medieval, hagiografía, viaje, prueba, protagonismo femenino.
Abstract:
The dynamics of the trip and the test in the Libro de Apolonio generates in Luciana and Tarsiana –wife and daughter of the protagonist of the XIIIth century Hispanic poem– a renaissance
similar to that of Apolonio after sinking in Pentapolin, that brings them over to the holiness
across symbolisms and analogies on the defense of virginity, imprisonment, and martyrdom
that are analyzed here, in relation to the hagiography of the period, and the Christianization
of tales of ancient matter.
Keywords:
Libro de Apolonio, medieval adventure, hagiography, trip, test, feminine protagonism.
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