Entre el largo desierto y la mar

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Marilyn Bobes tituló Entre el largo
desierto y la mar la selección
antológica de Alfonsina Storni
publicada por el fondo editorial
Casa de las Américas en 1999. Un
recorrido por la poética de Storni
desde sus inicios, La inquietud del
rosal (1916), hasta su última
publicación, Mascarilla y trébol
(1938). En esta edición se recogen
trabajos inéditos de la poeta, el
prólogo realizado por la misma
Storni para la antología editada por
Espasa-Calpe
y
una
«Breve
explicación», prefacio de su última
publicación un año antes de su
suicidio.
Más que una exponente de la
poesía femenina del modernismo o
el
postmodernismo
o
una
vanguardia tardía, Alfonsina Storni
es una fundadora. Su voz, nacida de
la rebelión y el desacato, descuella
por su autenticidad y su valentía en
medio de tantos artificios y
convenciones literarias y vitales.
Alfonsina Storni
Entre el largo
desierto y la
mar
ePub r1.0
Titivillus 12.09.15
Alfonsina Storni, 1999
Selección y prólogo: Marilyn Bobes
Editor digital: Titivillus
ePub base r1.2
Sobre la presente
edición
Marilyn Bobes tituló Entre el largo
desierto y la mar la selección
antológica
de
Alfonsina
Storni,
publicada por el fondo editorial Casa de
las Américas en 1999. Bobes,
periodista, poeta y narradora cubana
(Premio Casa de las Américas 1995)
prologa y presenta el recorrido por la
poética de Storni desde sus inicios, La
inquietud del rosal (1916), hasta su
última publicación, Mascarilla y trébol
(1938). En esta edición se recogen
trabajos inéditos de la poeta, el prólogo
realizado por la misma Storni para la
antología editada por Espasa-Calpe y
«Una Breve Explicación», prefacio de
su última publicación un año antes de su
suicidio.
Es un honor para la colección Poesía
del Mundo contar con la selección de la
obra de una escritora indispensable en
el acontecer latinoamericano, símbolo
mítico de nuestra cultura, cuyas
circunstancias han desbordado su
poesía.
Los editores
Prólogo
La mañana del 25 de octubre de
1938 las aguas ferruginosas de Mar del
Plata devolvieron a la orilla el cadáver
de una mujer menuda, de 46 años, con
los ojos claros y el rostro sereno.
Aquella insigne ahogada había nacido
también en el mar, pero el
acontecimiento de su llegada al mundo
aparece registrado en una pequeña aldea
de la Suiza italiana conocida como Salla
Capriesca. Nadie, sin embargo, se
atrevería a negar su condición de
argentina a la mítica poetisa Alfonsina
Storni,
cuyas
tempestuosas
circunstancias vitales sobrepasan el
estudio, en ocasiones superficial, de su
obra literaria para convertirla en
leyenda: su hipotética muerte por amor
la ha transformado en símbolo de una
esencia romántica que la propia autora
intentó rechazar desesperadamente, aun
cuando su denuedo no siempre se viera
coronado por el éxito, y su público y
gran parte de su crítica prefirieran —
todavía hoy— resaltar aquella parte de
su obra que refuerza su pertenencia a
una estética fundamentada en las
sublimaciones y la subjetividad.
El camino recorrido por la Storni
desde su primer libro —La inquietud
del rosal (1916)— hasta el último
—Mascarilla y trébol (1938)— delata
una batalla desesperada por liberarse de
aquel «primer modo, sobrecargado de
mieles románticas» del que tímidamente
reniega en un prólogo realizado para una
antología personal que el mismo año de
su muerte voluntaria entregara a la
editorial argentina Espasa-Calpe. Difícil
propósito si se piensa que en aquellas
primeras décadas de nuestro siglo, como
también en el anterior, una mujer apenas
podía acercarse a la literatura en tonos
que desafiaran el orden establecido por
el discurso patriarcal.
Características como la ironía, el
desacato e incluso la intelectualización,
eran patrimonio de un mundo
exclusivamente masculino que sólo se
mostraba tolerante con las escritoras
cuando estas asumían una función
decorativa en los salones, declamando,
entre los peplos griegos que dejaban
traslucir sus encantos, la aceptación de
su debilidad y de su sometimiento,
aquello que Jorge Luis Borges,
refiriéndose a la propia Storni,
denominaba «chillonería de comadrita».
No andaba tan desacertado el autor de
El Aleph, ni era tan injusto como algunas
feministas a ultranza aseguran, si
pensamos que, en 1925, cuando desde la
revista Proa formula este reproche a
Alfonsina, ella todavía no había dado
suficientes
pruebas
de
querer
desembarazarse de una cierta necesidad
de aprobación y reconocimiento que la
condujo reiteradamente a concesiones y
le impidió, desde mi punto de vista, un
más atrevido desenvolvimiento formal.
Quizás su sufrimiento era demasiado
para que le exigiéramos tanto. Mujer
poco agraciada y muy infeliz en sus
amores, pobre, madre soltera que nunca
reveló, siquiera a su hijo, el nombre del
progenitor, qué otra compensación podía
tener en la vida que no fuese su relativo
éxito literario. Relativo porque aunque
obtuvo algunos premios importantes, fue
traducida a cinco idiomas y recibió los
elogios de Alfonso Reyes y Jacinto
Benavente, entre otros, se tropezó
también con molestos objetores.
Intelectuales serios, como el ya
citado Jorge Luis Borges, la acusaban de
«chillona». Otros, que ensalzaban su
primera etapa (la que se cierra con el
cuaderno Ocre, en 1925), reprochan a
sus libros posteriores ser en exceso
cerebrales. Incluso una defensora de la
poesía femenina como la española
Carmen Conde, en su selección Once
grandes poetisas americohispanas,
publicada en Madrid en 1967, confiesa
que no reacciona con Storni como lo
hace
con
otras
poetisas
latinoamericanas. Le molesta su ironía.
Cuando Alfonsina habla con la
severidad de quien abre su corazón
sin límites y lo entrega, pase lo que
pase, yo entro en su clima sin
ninguna reserva. Respondo con
lealtad. Mas si da un papirotazo a su
pena, se birla una lágrima con
ademán de burla, me desconcierta y
la abandono.
Afirma Conde inmediatamente antes
de sugerir que quizás habría que buscar
en esa actitud irreverente la causa de la
desventura personal de la poetisa, el
motivo de que «no la quisieran como
ella quería, por lo que no sonó el
teléfono aquel día de 1938».
Extraña reconvención para una
reivindicadora de los valores de la
poesía escrita por mujeres en
Iberoamérica. Sin embargo, no resulta
descabellada. La rebelión contra el
hecho
de
asumir
los
papeles
tradicionales que, tanto en el orden
estético como en el vital, se le exigían,
bien pudo haber llevado a la Storni a un
callejón sin salida. La «Breve
explicación» que coloca como prefacio
a Mascarilla y trébol y el mismo acto
del suicidio son, más que sus últimos
versos, a los que suele otorgarse una
importancia exagerada, el testimonio de
la incomprensión generalizada a una
postura y un pensamiento difícilmente
domesticables con esos «buenos besos»
que ablandaran los labios de suspiros
que pedía la contradictoria Carmen
Conde para Alfonsina y para la uruguaya
Delmira Agustini.
Es evidente que el año en que se
suicida, cuando escribe las «Palabras
prologales» a su antología personal y la
«Breve explicación» de Mascarilla y
trébol, Alfonsina Storni se debatía entre
su necesidad de experimentar utilizando
un nuevo lenguaje y la exigencia de
«fidelidad» a un antiguo estilo que le
había asegurado un lugar, al menos en el
tan habitual epígrafe consagrado a la
«poesía femenina», de los panoramas e
historias de la literatura que escribían
—y aún escriben— los hombres a
quienes les tocó juzgarla.
En su Historia de la literatura
hispanoamericana, Enrique Anderson
Imbert advierte en la autora un supuesto
«resentimiento contra el varón» al que
atribuye tanto la eficacia y el ardor de su
poesía como su endeblez estética.
Confunde la justa rebelión contra una
jerarquía genérica inicua con un «asco»
por los hombres que Alfonsina estuvo
muy lejos de experimentar. Finalmente
concluye que la Storni «ha triunfado»
sobre el varón —subrayando la tesis del
malentendido antagonismo— pero,
indica que «a costa de su sensibilidad».
La califica de «compañera tardía» de
los vanguardistas cuando se refiere a los
poemas recogidos en Mundo de siete
pozos y Mascarilla y trébol, aunque le
reconoce la valentía de haber
renunciado a sus «fáciles éxitos
literarios» para dedicarse a un nuevo
tipo de poesía que la alejó de su viejo
público y no le ganó un público nuevo.
«Se sabía gastada», dice. «Escribió
sencillamente un soneto […] y se fue al
mar a suicidarse».
La hipótesis de un agotamiento
creador en una escritora que, a partir de
1934, comienza a abrirse a nuevos temas
y, quien después de haber adoptado el
verso libre en su Mundo de siete pozos,
todavía replantea sus formas de
expresión en una singular modalidad que
ella misma llamó antisonetos, resulta
muy poco plausible. No creo que
Alfonsina se supiera gastada… porque
no lo estaba.
Sus «Palabras prologales» a la
antología de EspasaCalpe revelan a una
autora muy consciente de su oficio,
dispuesta a no seguir repitiéndose pues
consideraba que «lo peor que le puede
acontecer a un poeta es tener,
forzadamente, que imitarse». Lúcida
para valorarse a sí misma, se reconoce,
sobre todo, el mérito de haber adoptado
en toda su obra de la primera etapa «la
posición crítica […] de una mujer del
siglo XX, frente a las tenazas todavía
dulces, y a la vez enfriadas, del
patriarcado».
La explicación que precede a
Mascarilla y trébol es un intento
inteligente para ganarse a un lector
acostumbrado
a
las
melifluas
imprecaciones
del
«corazón»:
didactismo que ella sabía inútil y que
revela —eso sí— más que el
reconocimiento de un desgaste, su
imperiosa
necesidad
de
ser
comprendida y respaldada en sus nuevos
empeños poéticos.
Una enfermedad incurable, una falta
de amor crónica y el cansancio vital que
debió originarle su denodada lucha
contra las reglas y convenciones de la
época que le tocó vivir, parecen ser
causas de mayor peso si tratáramos de
adivinar los motivos que la llevaron a
tomar la trágica determinación de
suicidarse. En sus últimos versos indica
que va a dormir «para olvidar»: a qué o
a quién no lo sabremos nunca con
certeza, pero todo forma parte del mito,
de la leyenda romántica.
La verdadera Alfonsina, la que nos
interesa, vive en el espacio autónomo de
su literatura cuya importancia crece en
la medida en que las escritoras
argentinas y latinoamericanas buscan
aquello que la estudiosa Alicia
Genovese
ha
denominado
una
genealogía y que requiere ser analizado
fuera de la historia literaria tradicional
puesto que como bien señala la
investigadora, se trata de autoras que
«aunque manejen los procedimientos
literarios canónicos […] algo les impide
ser centro de ese canon, como si
hablasen otra lengua materna, como si
tuviesen un acento extranjero».
En un artículo que forma parte del
libro de ensayos La doble voz: poetas
argentinas en los ochenta, Genovese
nos previene del peligro y la
intencionalidad que subyacen en la
lectura de la obra literaria de Alfonsina
(como también de otras autoras) bajo el
prisma del suicidio como conclusión.
«La textualidad filosa, fisuradora que
hay en estas obras es absorbida, alisada
de sus pliegues transgresivos por la
imagen trágica que el relato cultural ha
enfatizado».
Y, efectivamente, es ostensible que
canciones populares como la famosa
Alfonsina y el mar o monografías como
la ya citada de la española Carmen
Conde tienden a reemplazar la imagen
valiente de la mujer que con sus textos
estaba inaugurando los fundamentos
ideotemáticos de una conciencia de
género para la literatura de lengua
española, por otra mucho más
inofensiva, de acentos lánguidos y
románticos: la de la poetisa que ha ido a
buscar nuevos poemas al mar, la historia
de una «mujer enamorada que en vano
intentó burlarse de lo que más le dolía:
el corazón…».
Si bien en su ópera prima, La
inquietud del rosal, Alfonsina Storni se
nos muestra como la sufrida dama objeto
del desdén y el abandono masculino
(quien,
sin
embargo,
sospecha
vagamente «que la llama del placer se
apaga / poquito a poco en el camino
humano») ya en El dulce daño (1918) un
poema como «Capricho» nos señala una
toma de conciencia genérica que,
valiéndose del recurso de la ironía,
denuncia los estereotipos en los que el
discurso patriarcal ha querido encasillar
a la mujer:
Las mujeres lloramos sin saber,
porque sí:
[…]
Bien se ve que tenemos adentro un
mar oculto,
Un mar un poco torpe, ligeramente
estulto,
[…]
Y hasta lo manejamos con una dúctil
ciencia.
[…]
Sí, vanas mariposas sobre jardín de
Enero,
Nuestro interior es todo sin
equilibrio y huero.
[…]
Decorado en escamas de serpientes
del mal.
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo
el poeta:
Movilidad absurda de inconsciente
coqueta.
[…]
Y en el cerebro tenemos de un
poquito de estopa.
[…]
Todos estos versos constituyen el
principio de una rebelión contra los
lugares comunes de la discriminación
intelectual femenina que, en ese mismo
libro, encontraría su apoteosis en el
famoso texto titulado Tú me quieres
blanca. Aquí la autora se recrea en los
símiles preferidos de la poesía
romántica (espumas, nácares, azucenas y
castidades) para contraponerlos a la
orgía báquica en que se manifiesta la
conducta sexual masculina:
[…]
Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
Me pretendes alba.
[…]
Alfonsina Storni reclama una
igualdad de actuación ante la pretendida
solicitud de virginidad que se impone
secularmente a la mujer. Utilizando los
recursos de la poesía romántica y
modernista abre paso a la transgresión e
introduce un nuevo acento o un nuevo
matiz dentro de unas estéticas
caracterizadas por su imperturbabilidad
en cuanto a los roles de género. Ya no
habla la impasible princesa de Darío
que espera, sumisa, por la «libélula
vaga de una vaga ilusión» sino una
mujer real, de carne y hueso, que exige
un trato equitativo.
En este sentido, Alicia Genovese
señala, en el caso de Alfonsina, la
presencia de una segunda voz.
Su primera voz, dice, habla junto a
Lugones y los nombres masculinos
del Modernismo. La segunda voz
molesta es, en parte al menos, la que
le hace marcar a González Lanusa
desde Sur un elemento de impureza
estética, un residuo inorgánico no
asimilado.
Genovese
reconoce
que,
efectivamente, hay en Alfonsina una
razón de ripio y de sobrante pero he
aquí que es, precisamente, en esa «zona
no transitada por la semantización
poética» donde se elabora lo que la
define como escritora.
Tal vez —añadiría yo— los
conversacionalistas y los antipoetas de
los años sesenta la hubieran juzgado con
mayor benevolencia de lo que lo
hicieron sus contemporáneos. La Storni
utiliza con frecuencia un tono coloquial
totalmente suyo y que, lógicamente, no
podía ser del agrado de los puristas del
modernismo, empeñados en una estética
artificiosa que les hacía juzgar como
deficiente toda irrupción de lo cotidiano
en el universo poético.
Es curioso que esta irrupción de lo
conversacional ocurra precisamente en
los textos más transgresores de
Alfonsina, como si lo no expresado
hasta ahora buscara nuevas formas,
nuevas vías de comunicación cada vez
más alejadas de ese líquido aroma que
ella se reconoce en las venas cuando
habla a Rubén Darío, «ese amante al que
se vuelve como la vez primera».
Los dos libros posteriores a El
dulce daño (Irremediablemente y
Languidez) revelan esta lucha entre las
dos voces que se resuelve en textos
muchas veces contradictorios. Alfonsina
pasa con facilidad del sometimiento al
desacato como si librara una lucha entre
su «deber ser» y su verdadero yo.
Habrá que esperar a Ocre (1925)
que muchos críticos, y hasta ella misma,
consideran su mejor libro, para verla
adoptar una postura más libre. En este
cuaderno se reconoce, se autodefine, se
instaura en su propia imagen sin
importarle demasiado parecerse a las
otras mujeres, pasa de una posición
pasiva a una activa, reconoce la
importancia de la palabra y decide
romper el cordón umbilical de la
dependencia
masculina
cediendo
irónicamente la supremacía: «Omnívoro
naciste para llevar la cota / y yo el sexo
pesado como carro de acero».
Ocre es también el encuentro con un
sentimiento solidario hacia otras
mujeres: su madre, la novia, las musas
de otros poetas. Parece reconfortarse
con la idea de que «las grandes
mujeres» deben soportar un destino
doloroso y común, el de ser
incomprendidas y luego abandonadas.
La fortuna en el amor es directamente
proporcional a la vocación de
sometimiento:
[…]
Cuida mejor la casa la mujer que es
modesta
Y no tiene una vida mental
imaginada.
Si del hombre que adora se
comprende engañada
Recibe lo que sobra, y a su lado se
acuesta.
[…]
(«Y agrega la tercera»)
Dolorosas conclusiones que, sin
embargo, conservan hoy una muy
lamentable actualidad.
En este poemario Alfonsina Storni
parece haber saldado cuentas con su
propio yo y, al hacerlo, nos entrega un
valioso documento lírico, fundador de la
ya citada línea genealógica que las
escritoras posteriores —casi todas
preocupadas por los problemas de
género— pueden fácilmente identificar.
No hay en ninguna otra de sus
contemporáneas, a pesar de sus
indiscutibles aportes, una obra en la que
el hecho de ser mujer pese tanto como
en la de esta sarcástica y desdichada
mujer.
En 1934, Mundo de siete pozos nos
revela una Alfonsina ya mucho más
segura de sí. Tal vez desengañada pero
con la osadía suficiente para tomar al
hombre como objeto, invertir la
ecuación. Ensalza la belleza del cuerpo
masculino, confiesa abiertamente su
deseo:
[…]
Mi cuerpo: estalla
Cadenas de corazones
le ciñen la cintura.
La serpiente inmortal
se le enrosca al cuello…
(«Ecuación»)
Su poesía, sin renunciar al motivo
central de sus preocupaciones que es la
relación entre los sexos, se expande
lentamente hacia otras temáticas: el mar,
obstinado e invitador, pero también la
ciudad como centro opresivo y
falsificador.
En Mascarilla y trébol el tema del
amor desaparece la primera página
cuando Alfonsina reconoce haber caído
en la trampa del sexo y quiere alejar a
su poesía de toda exaltación romántica.
Así, en el antisoneto dedicado «A
Eros»[1], confiesa:
[…]
Como a un muñeco destripé tu
vientre
y examiné sus ruedas engañosas
y muy envuelta en sus poleas de oro
hallé una trampa que decía: sexo.
[…]
De esta manera, su último libro nos
mostrará a una nueva Alfonsina, una
experimentadora del lenguaje, alguien
empeñada en contemplar cada detalle
con exactitud impresionista «como si
fuera un organismo independiente que
toma personería por su cuenta».
Conjeturar hasta dónde hubiera
llegado en sus empeños nuestra poetisa
si no hubiera acabado con su vida en
aquel mismo año, resulta superfluo.
Alfonsina Storni tendrá que ser
estudiada por su obra y no por lo que no
pudo hacer.
Esta muestra de su poesía, que
hemos querido ampliar, ofrecerá al
lector la oportunidad de valorarla desde
sus primeros balbuceos hasta sus
truncadas metas reformuladoras.
Más que una exponente de la poesía
femenina del modernismo o el
postmodernismo o una vanguardia
tardía, Alfonsina Storni es una
fundadora. Su voz, nacida de la rebelión
y el desacato, descuella por su
autenticidad y su valentía en medio de
tantos artificios y convenciones
literarias y vitales. A ella tendremos que
agradecerle el «acento extranjero» que
la separa de las corrientes poéticas
imperantes en las primeras décadas de
nuestro siglo porque es en él
precisamente donde las inquietudes
femeninas laten con mayor fuerza y
vehemencia desbrozando el camino.
En ese camino que no tiene por qué
conducirnos
fatalmente
al
mar,
deberemos internarnos para conocer la
verdadera Alfonsina Storni: la de los
libros y no la de las leyendas. Una
poetisa que, denostada o alabada,
resultará siempre imposible pasar por
alto.
Marilyn Bobes
Palabras prologales
Invitada gentilmente por la editorial
Espasa-Calpe, Argentina, me decido,
aunque a regañadientes, a publicar esta
antología, la única que hasta hoy se ha
hecho de mis poesías, seleccionadas por
mí, pues la que hace algunos años
imprimió en Barcelona otra casa, fue
una pequeña muestra, separada allá, de
mis primeros libros.
La inteligencia de que cuando un
escritor no pueda celar su obra se la
desnudarán extraños, sin atender a sus
pudores, ha soplado mis reparos
autocríticos, que son muchos.
Treinta años es, entre nosotros, el
plazo concedido a un muerto para que se
estremezca, desde sus neveras, por la
coma de más o el punto de menos de la
edición póstuma X de sus obras y
destacar sus ramas legales a reparar la
falta de sentido del soneto Z.
Pasado este plazo, al ciclón público
pertenece su sembrado, y ya es mucho
que podamos agradecer a éste que su
buen ojo plomal se digne enderezar
hacia nuestros solares y alzarnos con
insectos, polillas y yerbajos.
Porque el verdadero antologador es
el tiempo, mayoral que filtrará, si debe;
o descargará sus aluviones de tierra,
bienvenidos.
El valor de los creadores, por lo
demás, no se mide por sus caídas, sino
por el alcance, a lo alto, de sus
catapultas y por lo insustituible de
algunos de sus acentos, captaciones o
alzamientos.
Y los temperamentos son diversos.
Los hay que no han dado al público más
de lo que debieron, son los menos y su
actitud es muy urbana. Pero los hay mal
educados, a lo Lope, que han puesto a
trabajar a toda la familia literaria, a fin
de que esta les desnude sus crestas, de
clima sólo respirable para ceñidas
minorías, sin que tal circunstancia haya
disminuido sus valores trascendentales.
Dejando a unos y otros en sus
empinadas cátedras, no está de más que
declare aquí que tengo alguna
preferencia por el sector de mi obra que
se inicia con Ocre y, a contrapelo de la
opinión de la mayoría —lo sé—,
marcada por el temperamento que se
advierte en poesías incluidas en las
páginas finales de esta selección, en
parte inéditas, en parte pertenecientes a
mi último libro. (Por mucho que
renieguen de mi primer modo,
sobrecargado de mieles románticas,
debo reconocer, sin embargo, que trata
aparejada la posición crítica, hecho
universalmente difundido, de una mujer
del siglo XX, frente a las tenazas todavía
dulces, y a la vez enfriadas, del
patriarcado).
Pero retroceder a aquel, cuando ya
la pluma lo ha desagotado, equivaldría a
vivir plagiándose a sí mismo por la
dominadora razón de que un acento tocó
directamente a la mayoría. Para quienes
lo estimen en circulación está, que lo
peor que le puede acontecer a un poeta
es tener, forzadamente, que imitarse.
El panorama total de una obra es,
por otra parte, cosa buena para el
atalayado, aunque sus colinas sean
desparejas, o documentales, más que
esplendores de tal o cual geografía, ya
que desde el horizonte se ven llegar
iniciales cauces que mueren en la
llanura o, tras correr subterráneamente,
reaparecen ensanchados en laguna. En
este sentido, una ordenación antológica
es, para el rastreador crítico, un
ahorrante y lindo «belvedere».
Con mis cortesías, y muy finas, para
el Mayoral, abro, pues, la ducha helada
y me aguanto.
Alfonsina Storni
Breve explicación
Por el juicio general —no de
minoría— recogido a raíz de la
publicación de algún poema de este
libro en diarios y revistas, preveo que
va a ser tildado de oscuro.
Yo pediría al dialogante amigo una
lectura detenida de él: todo tiene aquí un
sentido, una lógica, aunque por
momentos se apoye en conocimientos,
ideas, símbolos, que, se supone, están en
la alacena mental del lector.
Desde luego que alguna parte de este
volumen necesita de la colaboración
imaginativa, en cierto modo creadora,
del que lo transita.
Pero ¿acaso la sensibilidad y cultura
medias del público no están pidiendo
eso: colaborar con el escritor, el
plástico, el músico, etcétera? (Los
movimientos vanguardistas en arte y
política se apoyan en el hecho social de
esta colaboración, cada vez más
exigida).
Distracción sería señalar
el
temperamento de estos antisonetos de
postura literaria: me han brotado
vitalmente en contenido y forma, casi en
estado de trance (el empuje de la idea
creó de por sí la manera suelta) ya que
escribí la mayoría en pocos minutos, a
lápiz, en un lugar público, un vehículo
en movimiento, o en mi lecho
despertando
a
deshora;
aunque
cepillarlos me haya demandado meses.
En el último par de años cambios
psíquicos fundamentales se han operado
en mí: en ello hay que buscar la clave de
esta relativamente nueva dirección lírica
y no en corrientes externas arrastradoras
de mi personalidad verdadera.
¿Será necesario insinuar que poesías
como «Una lágrima», «Una oreja», «Un
diente», que contempla el detalle como
si fuera un organismo independiente que
toma personería por su cuenta, podrían
equivaler a esas novelas, pongo por
caso, que se desarrollan en unas cuantas
horas
en
la
imaginación
del
protagonista? Pero la exaltación de
aquel micromundo tampoco ha sido
deliberadamente pretendido.
Todo mundo, por otra parte, se
expresa por sí mismo, si no inmediata,
mediatamente: y acaso este introito esté
de más. Es como si un corazón
sensiblemente agitado y estallante se
empeñara en querer certificar que las
mareas que lo turban suben de sus
legítimos torrentes.
Alfonsina Storni
Poesías
(1916-1921)
LA DULCE
VISIÓN
nde estará lo que persigo ciega?
ardines encantados, mundos de oro—
o lo que me cerca es incoloro.
otra vida. ¿Allí cómo se llega?
perfume divino el alma anega:
r de estrellas, un rosado coro
Dianas fugitivas; el esporo
iente aún de la delicia griega.
nde estará ese mundo que persigo?
ueño voluptuoso va conmigo
me ciñen las rosas de su brazo.
mientras danzo sobre césped fino
ra del alma acecha mi destino
Gran Cazadora mueve el lazo.
CONVERSACIÓN
s te perdone al fin tanta tortura;
n que a tu mano la movió el despecho
aga fina hundísteme en el pecho.
no te sea la existencia dura.
una vez más conozca la amargura
orta poco; el corazón deshecho;
ende más con tu impiedad. Bien hecho;
cias, amigo, que esto me depura.
teniendo una sospecha vaga
que la llama del placer se apaga
uito a poco en el camino humano.
mblaba acaso por su leve abrigo,
o inquietud me ahorras, buen amigo,
de un golpe la ciegas con tu mano.
LA INÚTIL
PRIMAVERA
ntiocho veces van que yo la veo
bajando capullos del rosal:
gó cumpliendo ardiente mi deseo,
ndo la tuve todo ha sido igual.
paré un himno y se murió en gorjeo,
eché a ser río y terminé canal.
n otra primavera… Devaneo.
está de nuevo y sigo con mi mal.
ntiocho veces van. De diez ya guardo
moria triste de aquel paso tardo
que los días del invierno van
lando el alma para hacerle casa.
ntiocho veces van que inútil pasa.
ántas por verla aún me faltarán?
TREN
cha el tren: apoyada
una ventanilla,
Sueño.
a:
les, plantas, gramilla,
aisaje risueño,
mueven mi mirada.
za el tren una curva
somo la cabeza:
á lejos me turba,
nando mi tristeza,
visión esfumada
la ciudad dejada.
o mi amor… El tren
mueve lentamente.
an mi nombre. ¿Quién?
ndono la frente
re mi brazo y digo:
Avanza ferozmente,
n, y acaba conmigo!
La inquietud del
rosal
(1916)
LA INQUIETUD
DEL ROSAL
osal en su inquieto modo de florecer
quemando la savia que alimenta su ser
aos en las rosas que caen del rosal:
tas son que la planta morirá de este mal!
osal no es adulto y su vida impaciente
onsume al dar flores precipitadamente.
LO
INACABABLE
tienes tú la culpa si en tus manos
amor se deshojó como una rosa:
drá la primavera y habrá flores…
ronco seco dará nuevas hojas.
lágrimas vertidas se harán perlas
un collar nuevo; romperá la sombra
ol precioso que dará a las venas
avia fresca, loca y bullidora.
seguirás tu ruta; yo la mía
mbos, libertos, como mariposas
deremos el polen de las alas
llaremos más polen en la flora.
palabras se secan como ríos
s besos se secan como rosas,
o por cada muerte siete vidas
can los labios demandando aurora.
s… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
oda primavera que se esboza
n cadáver más que adquiere vida
un capullo más que se deshoja!
CLAROR
LUNAR
os, lirios, más lirios… llueven lirios…
noche es blanca como la ilusión
ota la dulzura del perdón
re el llanto de todos los martirios.
una vaga claridad de cirios…
una es una hostia en comunión
alma se recoge con unción
igada por todos los delirios.
s bajo el claro de la luna suave
ndo el poeta que medita sabe
tristezas enormes de Pierrot.
uando le asesina la agonía
as nostalgias blancas de María
s nostalgias rojas de Margot.
El dulce daño
(1918)
ESTE GRAVE
DAÑO
e grave daño que me da la vida
un dulce daño, porque la partida
debe alejarme de la misma vida
s cerca tendré.
levo las manos brotadas de rosas,
o están libando tantas mariposas
cuando por secas se acaben mis rosas
me secaré.
SÁBADO
levanté temprano y anduve descalza
los corredores; bajé a los jardines
esé las plantas;
orbí los vahos limpios de la tierra,
da en la grama;
bañé en la fuente que verdes achiras
cundan. Más tarde, mojados de agua
né mis cabellos. Perfumé las manos
zumo oloroso de diamelas. Garzas
squillosas, finas
mi falda hurtaron doradas migajas.
go puse traje de clarín más leve
la misma gasa.
un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
sillón de paja.
s en la verja mis ojos quedaron,
s en la verja.
eloj me dijo: diez de la mañana.
ntro un sonido de loza y cristales:
medor en sombra; manos que aprestaban
nteles.
Afuera, sol como no he visto
re el mármol blanco de la escalinata.
s en la verja siguieron mis ojos,
s. Te esperaba.
PRIMAVERA
ndrás tú? Por mis jardines vuelan
as primeras mariposas
re las rosas.
Velan
noche los cocuyos
e los yuyos.
ríen las estrellas
damente bellas.
vendrás tú? Se cubren
gres, mis floreros
madreselvas.
a por los largos canteros
isa azul del nomeolvides
e cargan las vides.
Selvas
go en el corazón;
oles gruesos
tos de ramas;
os, retamas,
res de malvón,
aros en las ramas,
o eso tengo en el corazón.
vendrás tú?
Mis manos
ricaron panales.
do de rosa en rosa cogí miel;
e linos; no recuerdo de males.
echo mío es blanco
s Primavera. Huele
n, el alto barranco
ado por la ría.
de el mar que diviso
ndrá tu vela?
la,
mavera es gacela
itiva
urtiva,
ela!
DIME
me al oído la palabra dulce;
moatí zumbador,
letras que se asomen a tus labios
de oler a malvón,
mpacarán insectos en el rojo
al del corazón.
me al oído la palabra tenue,
a, bruma, vapor…
eza de sus signos como leves
s de mariposa en la tensión
vuelo recto. Peligrosa tela
ida en los telares del amor.
que en los finos hilos de la malla,
de morir sin aire el corazón.
me al oído de palabras todas
palabra mejor.
uedes, que se escurra de los labios
dulada sin voz.
sica, de tu boca a mis oídos
as las palabras son.
sica que adormece bajo el fino,
io vellón,
los cabellos de la primavera:
cia y olor.
CAPRICHO
rútame los ojos, sorpréndeme la boca,
eta entre tus manos esta cabeza loca;
me a beber, el malvado veneno
te moja los labios a pesar de ser bueno.
o no me preguntes, no me preguntes nada
por qué lloré tanto en la noche pasada;
mujeres lloramos sin saber, porque sí:
esto de los llantos pasaje baladí.
n se ve que tenemos adentro un mar
oculto,
mar un poco torpe, ligeramente estulto,
se asoma a los ojos con bastante
frecuencia
asta lo manejamos con una dúctil ciencia.
preguntes, amado, lo debes sospechar;
a noche pasada no estaba quieto el mar.
a más. Tempestades que las trae y las
lleva
viento que nos marca cada vez costa
nueva.
vanas mariposas sobre jardín de Enero,
stro interior es todo sin equilibrio y
huero.
de cristalería, fruto de carnaval
orado en escamas de serpientes del mal.
somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
vilidad absurda de inconsciente coqueta.
eamos y gustamos la miel de cada copa
n el cerebro tenemos un poquito de
estopa.
n; no, no me preguntes. Torpeza de mujer,
richo, amado mío, capricho debe ser.
déjame que ría… ¿No ves qué tarde
hermosa?
ínate las manos y córtame esa rosa.
EL LLAMADO
noche, tal silencio
si Dios parpadeara
oyera. Yo paseo.
a selva, mis plantas
an la hierba fresca
salpica rocío.
estrellas me hablan
me beso los dedos,
os de luna blanca.
pronto soy herida…
corazón se para,
enroscan mis cabellos,
espaldas se agrandan;
mis dedos florecen,
miembros echan alas,
a morir ahogada
luces y fragancias…
que en medio a la selva
voz dulce me llama…
TÚ Y YO
casa está llena de mirtos,
uya está llena de rosas;
s visto a mis blancas ventanas
gar tus palomas?
casa está llena de lirios,
mía sonríe amapolas.
s visto rondando en mis patios
mas de tus frondas?
mármoles blancos y negros
casa vetusta se adorna,
mármoles blancos y negros
van a mi alcoba.
uces enciende tu casa
casa de luz se corona.
sientes llegar de la mía
idos de loza?
día, de tarde, de noche
igo por selvas y frondas.
hueles que exhalan mis labios
fundos aromas?
día, de tarde, de noche
igo por selvas y frondas.
sientes que atrás de tus pasos
quiebran las hojas?
has visto regadas tus plantas,
frutas cargadas las moras,
matas las sendas, las ramas
chidas de pomas?
dando tu casa en silencio
encuentra despierta la aurora.
dando en silencio tus plantas,
ando tus rosas.
casa proyecta en mi casa
tarde, alargada, su sombra,
unca miraste sus muros
gados de rosas.
l a tus patios mis patios
surcan iguales palomas,
unca has mirado mi casa,
tando mis rosas.
l a tus lirios mis lirios
iguales octubres enfloran…
unca has mirado mi casa,
tado mis rosas…
DULCE
TORTURA
vo de oro en tus manos fue mi melancolía;
re tus manos largas desparramé mi vida;
dulzuras quedaron a tus manos
prendidas;
ra soy un ánfora de perfumes vacía.
nta dulce tortura quietamente sufrida,
ndo, picada el alma de tristeza sombría,
edora de engaños, me pasaba los días
sando las dos manos que me ajaban la
vida!
TU DULZURA
mino lentamente por la senda de acacias,
perfuman las manos sus pétalos de nieve,
cabellos se inquietan bajo céfiro leve
alma es como espuma de las
aristocracias.
io bueno: este día conmigo te congracias,
nas un suspiro me torna eterna y breve…
y a volar acaso ya que el alma se mueve?
mis pies cobran alas y danzas las tres
Gracias.
que anoche tus manos, en mis manos de
fuego,
ron tantas dulzuras a mi sangre, que luego,
nóseme la boca de mieles perfumadas.
frescas que en la limpia madrugada de
Estío
cho temo volverme corriendo al caserío
ndidas en mis labios mariposas doradas.
¡OH, TÚ!
tú que me subyugas. ¿Por qué has llegado
tarde?
r qué has venido ahora cuando el alma no
arde,
ndo rosas no tengo para hacerte con ellas
alegre guirnalda salpicada de estrellas?
tú, de la palabra dulce como el murmullo
agua de la fuente; dulce como el arrullo
la torcaza; dulce como besos dormidos
re dos manos pálidas protectoras de
nidos.
tú, que con tus manos puedes tomar mi
testa
acerle brotar flores como un árbol en
fiesta
acer que entre mis labios se arquee la
sonrisa
mo un cielo nublado que de pronto se
irisa.
r qué has llegado tarde? ¿Por qué has
venido ahora
ndo he sido vencida por llama
destructora,
ndo he sido arrasada por el fuego divino
oy, cegada y triste, por un negro camino?
quiero, Dios de dioses, que me hagan
nueva toda.
me tejan con lirios; me sometan a poda
manos del Misterio; que me resten
maleza.
labios no se hicieron para curar tristeza.
a tus labios, agua de una pureza suma.
a tus labios, copas de cristal y la espuma
nquísima de un alma que no sepa de
abejas,
de mieles, ni sepa de las flores bermejas.
a tus manos, esas que nunca amortajaron;
a tus ojos, esos, los que nunca lloraron;
a tus sueños, sueños como cisnes de oro;
a que tus pupilas persiguieran mis rastros,
si luego mis pétalos que estrujaran tus
manos,
quirieran por magia poderes
sobrehumanos
echos luz se aferraran a la luz de los
astros
a que tus pupilas persiguieran mis rastros.
nvenida la muerte que al sorberme me
dieras;
nvenido tu fuego que agosta primavera;
nvenido tu fuego que mata los rosales:
todas las corolas se acerquen a tus
males.
tú, a quien idolatro por sobre la
existencia,
tú, por quien deseo renovada mi esencia,
r qué has llegado ahora cuando no he de
lograr
ivino suplicio de verme deshojar?…
VIAJE FINIDO
é hacen tus ojos largos de mirarme?
é hace tu lengua, de llamarme, larga?
é hacen tus manos largas de tenderse
Hasta mis llamas?
é hace tu sombra larga tras mi sombra?
r qué rondas mi casa?
el beso de ayer hice mi viaje.
Conozco tu alma.
ra qué más? He terminado el viaje.
catacumbas inundadas de aguas
ertas, oscuras, cenagosas, fueron
Con mis manos palpadas.
manos ni se acerquen a las mías,
rtame tus ojos, tus palabras…
mohos de tus zócalos secaron
Raíces de mis plantas.
o tus ojos largos.
o tus manos largas.
o tus catacumbas
nas de agua.
TÚ ME
QUIERES
BLANCA
me quieres alba,
quieres de espumas,
quieres de nácar.
sea azucena
re todas, casta.
perfume tenue.
ola cerrada.
un rayo de luna
rado me haya.
una margarita
diga mi hermana.
me quieres nívea,
me quieres blanca,
me quieres alba.
que hubiste todas
copas a mano,
frutos y mieles
labios morados.
que en el banquete
ierto de pámpanos
aste las carnes
tejando a Baco.
que en los jardines
ros del Engaño
tido de rojo
riste al Estrago.
que el esqueleto
servas intacto
sé todavía
cuáles milagros,
pretendes blanca
os te lo perdone),
pretendes casta
os te lo perdone),
pretendes alba.
e hacia los bosques;
e a la montaña;
piate la boca;
e en las cabañas;
a con las manos
ierra mojada;
menta el cuerpo
raíz amarga;
e de las rocas;
rme sobre escarcha;
ueva tejidos
salitre y agua;
la con los pájaros
vate al alba.
uando las carnes
ean tornadas,
uando hayas puesto
ellas el alma
por las alcobas
quedó enredada,
onces, buen hombre,
éndeme blanca,
éndeme nívea,
éndeme casta.
TENTACIÓN
era llueve; cae pesadamente el agua
las gentes esquivan bajo abierto paragua.
verlos enfilados se acaba mi sosiego,
pesan las paredes y me seduce el riego
re la espalda libre. Mi antecesor, el
hombre
habitaba cavernas desprovisto de
nombre,
ha venido esta noche a tentarme sin duda,
que, casta y desnuda,
iría por los campos bajo la lluvia fina,
cabellera alada como una golondrina.
¿QUÉ DIRÍA?
é diría la gente, recortada y vacía,
n un día fortuito, por ultra fantasía,
tiñera el cabello de plateado y violeta,
ra peplo griego, cambiara la peineta
cintilllo de flores; miosotis o jazmines,
tara por las calles al compás de violines,
ijera mis versos recorriendo las plazas
ertado mi gusto de vulgares mordazas?
an a mirarme cubriendo las aceras?
e quemarían como quemaron hechiceras?
mpanas tocarían para llamar a misa?
verdad que pensarlo me da un poco de
risa.
CUADRADOS Y
ÁNGULOS
as enfiladas, casas enfiladas,
as enfiladas.
drados, cuadrados, cuadrados.
as enfiladas.
gentes ya tienen el alma cuadrada,
as en fila
ngulo en la espalda.
misma he vertido ayer una lágrima,
s mío, cuadrada.
ASPECTO
o dentro de cuatro paredes matemáticas
neadas a metro. Me rodean apáticas
millas que no saben ni un ápice siquiera
esta fiebre azulada que nutre mi quimera.
to una piel postiza que la listo de gris.
ervo que bajo el ala guarda una flor de lis
causa cierta risa mi pico fiero y torvo,
yo misma me creo para farsa y estorbo).
PRESENTIMIENT
go el presentimiento que he de vivir muy
poco.
a cabeza mía se parece al crisol,
fica y consume.
o sin una queja, sin asomo de horror,
a acabarme quiero que una tarde sin
nubes,
o el límpido sol,
ca de un gran jazmín una víbora blanca
dulce, dulcemente, me pique el corazón.
OVEJA
DESCARRIADA
ja descarriada, dijeron por ahí.
ja descarriada. Los hombros encogí.
verdad descarriada. Que a los bosques
salí;
ellas de los cielos en los bosques pací.
verdad descarriada. Que el oro que cogí
me duró en las manos y a cualquiera lo di.
verdad descarriada, que tuve para mí
ro de los cielos por cosa baladí.
verdad descarriada, que estoy de paso
aquí.
Irremediablemente
(1919)
ESTE LIBRO
vienen estas cosas del fondo de la vida:
mulado estaba, yo me vuelvo reflejo…
a continuamente cambiada y removida;
como las cosas, es mudable el espejo.
mentos de la vida aprisionó mi pluma,
mentos de la vida que se fugaron luego,
mentos que tuvieron la violencia del fuego
ueron más livianos que los copos de
espuma.
odos los momentos donde mi ser estuvo,
odo esto que cambia, en todo esto que
muda,
oda la sustancia que el espejo retuvo,
ropajes, el alma está limpia y desnuda.
no estoy y estoy siempre en mis versos,
viajero,
o puedes hallarme si por el libro avanzas
ando en los umbrales tus fieles y
balanzas:
uieren mis jardines piedad de jardinero.
SILENCIO
día estaré muerta, blanca como la nieve,
ce como los sueños en la tarde que llueve.
día estaré muerta, fría como la piedra,
eta como el olvido, triste como la hiedra.
día habré logrado el sueño vespertino,
ueño bien amado donde acaba el camino.
día habré dormido con un sueño tan largo
ni tus besos puedan avivar el letargo.
día estaré sola, como está la montaña
e el largo desierto y la mar que la baña.
á una tarde llena de dulzuras celestes,
pájaros que callan, con tréboles agrestes.
primavera, rosa, como un labio de infante,
ará por las puertas con su aliento
fragante.
primavera rosa me pondrá en las mejillas
La primavera rosa!— dos rosas
amarillas…
primavera dulce, la que me puso rosas
arnadas y blancas en las manos sedosas.
primavera dulce que me enseñara a
amarte,
primavera misma que me ayudó a lograrte.
la tarde postrera que imagino yo muerta
mo ciudad en ruinas, milenaria y desierta!
la tarde como esos silencios de laguna
arillos y quietos bajo el rayo de luna!
la tarde embriagada de armonía perfecta:
án amarga es la vida! Y la muerte ¡qué
recta!
muerte justiciera que nos lleva al olvido
mo el pájaro errante lo acogen en el
nido…
aerá en mis pupilas una luz bienhechora,
uz azul celeste de la última hora.
luz tamizada que bajando del cielo
pondrá en las pupilas la dulzura de un
velo.
luz tamizada que ha de cubrirme toda
su velo impalpable como un velo de
boda.
luz que en el alma musitará despacio:
vida es una cueva, la muerte es el espacio.
ue ha de deshacerme en calma lenta y
suma
mo en la playa de oro se deshace la
espuma.
silencio, silencio… esta tarde es la tarde
que la sangre mía ya no corre ni arde.
silencio, silencio… en torno de mi cama
boca bien amada dulcemente me llama.
silencio, silencio que tus besos sin ecos
pierden en mi alma temblorosos y secos.
silencio, silencio que la tarde se alarga
one sus tristezas en tu lágrima amarga.
silencio, silencio que se callan las aves.
adormecen las flores, se detienen las
naves.
silencio, silencio que una estrella ha
caído
cemente a la tierra, dulcemente y sin
ruido.
silencio, silencio que la noche se allega
n mi lecho se esconde, susurra, gime y
ruega.
silencio, silencio… que el Silencio me
toca
me apaga los ojos, y me apaga la boca.
silencio, silencio… que la calma destilan
manos cuyos dedos lentamente se
afilan…
MELANCOLÍA
muerte, yo te amo, pero te adoro, vida…
ndo vaya en mi caja para siempre
dormida,
que por vez postrera
etre en mis pupilas el sol de primavera.
ame algún momento bajo el calor del
cielo,
a que el sol fecundo se estremezca en mi
hielo…
tan bueno el astro que en la aurora salía
ecirme: buen día.
me asusta el descanso, hace bien el
reposo,
o antes que me bese el viajero piadoso
todas las mañanas,
gre como un niño, llegaba a mis ventanas.
SOY ESA FLOR
vida es un gran río, va caudalosamente,
u orilla, invisible, yo broto dulcemente.
esa flor perdida entre juncos y achiras
piadoso alimentas, pero acaso ni miras.
ndo creces me arrastras y me muero en tu
seno,
ndo secas me muero poco a poco en el
cieno;
o de nuevo vuelvo a brotar dulcemente
ndo en los días bellos vas
caudalosamente.
esa flor perdida que brota en tus riberas
milde y silenciosa todas las primaveras.
PESO
ANCESTRAL
me dijiste: no lloró mi padre;
me dijiste: no lloró mi abuelo;
han llorado los hombres de mi raza,
n de acero.
diciendo te brotó una lágrima
me cayó en la boca… más veneno
no he bebido nunca en otro vaso
pequeño.
il mujer, pobre mujer que entiende,
or de siglos conocí al beberlo;
el alma mía soportar no puede
o su peso.
DATE A VOLAR
a, date a volar, hazte una abeja;
el jardín florecen amapolas,
néctar fino colma las corolas;
ñana el alma tuya estará vieja.
a, suelta a volar, hazte paloma,
orre el bosque y picotea granos,
me migajas en distintas manos,
pulpa muerde de fragante poma.
a, date a volar, sé golondrina,
ca la playa de los soles de oro,
ta la primavera y su tesoro,
primavera es única y divina.
eres de sed: no he de oprimirte tanto…
a, camina por el mundo, sabe;
puesta sobre el mar está tu nave:
e a bogar hacia el mejor encanto.
re, camina más, es poco aquello…
n quedan cosas que tu mano anhela,
re, camina, gira, sube y vuela:
talo todo porque todo es bello.
a a volar… mi amor no te detiene,
mo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
re mi vida… el corazón se apene…
e a volar, Amor, yo te comprendo.
lada el alma… el corazón partido,
lto tus alas… ve… pero te espero.
mo traerás el corazón, viajero?
dré piedad de un corazón vencido.
a que tanta sed bebiendo cures
numerosas sendas para ti…
o se hace la noche; no te apures…
as traen a mí…
SUBCONCIENCIA
hablado, has hablado y me he dormido,
o duermo y no duermo, porque siento
estoy bajo el supremo pensamiento:
o, viviré siempre y he vivido.
hablado, has hablado y he caído
un marasmo… cede hasta el aliento.
mpo atrás, en las sombras, me he perdido:
oy ciega. No tengo sentimiento.
mo el espacio soy, como el vacío,
una sombra todo el cuerpo mío
uedo como el humo levantarme:
o soplos etéreos… sobrehumanos…
étame a la tierra con tus manos,
si el viento se mueve ha de llevarme.
EL HOMBRE
SOMBRÍO
vo ese que pasa, miradlo al hombre mío.
sus manos se advierten orígenes
preclaros.
le miréis la boca porque podéis
quemaros,
le miréis los ojos, pues moriréis de frío.
ndo va por los llanos tiembla el cauce del
río,
sombras de los bosques se convierten en
claros,
cruzarlos, soberbio, jugueteando a
disparos,
fieras se acurrucan bajo su aire sombrío.
a a muchas mujeres, no domina su suerte,
una primavera lo alcanzará la muerte
onado de pámpanos, entre vinos y fruta.
s mi mano de amiga, que destrona sus
galas,
nde aceros tenía le mueve un brote de alas
ora como el niño que ha extraviado la
ruta.
MODERNA
danzaré en alfombra de verdura;
pronto el vino en el cristal sonoro,
beberemos el licor de oro
ebrando la noche y su frescura.
danzaré como la tierra pura,
mo la tierra yo seré un tesoro,
n darme pura no hallaré desdoro,
darse es una forma de la Altura.
danzaré para que todo olvides
abré de darte la embriaguez que pides
ta que Venus pase por los cielos.
s algo acaso te será escondido,
pagana de un siglo empobrecido
dejaré caer todos los velos.
HOMBRE
PEQUEÑITO
mbre pequeñito, hombre pequeñito,
lta a tu canario que quiere volar…
soy el canario, hombre pequeñito,
ame saltar.
uve en tu jaula, hombre pequeñito,
mbre pequeñito, que jaula me das.
o pequeñito porque no me entiendes,
me entenderás.
mpoco te entiendo, pero mientras tanto
eme la jaula que quiero escapar;
mbre pequeñito, te amé un cuarto de ala;
me pidas más.
EL DIVINO
AMOR
ndo buscando, amor que nunca llegas,
ndo buscando, amor que te mezquinas,
aguzo por saber si me adivinas,
doblo por saber si te me entregas.
tempestades mías, andariegas,
han aquietado sobre un haz de espinas;
gran mis carnes gotas purpurinas
que a salvarte, oh niño, te me niegas.
a que estoy de pie sobre los leños,
a veces bastan unos pocos sueños
a encender la llama que me pierde.
vame, amor, y con tus manos puras
eca este fuego en límpidas dulzuras
az de mis leños una rama verde.
VEINTE
SIGLOS
a decirte, amor, que te deseo,
los rubores falsos del instinto,
uve atada como Prometeo,
o una tarde me salí del cinto.
veinte siglos que movió mi mano
a poder decirte sin rubores:
ue la luz edifique mis amores».
n veinte siglos los que alzó mi mano!
an las flechas sobre mis cabellos,
an las flechas, aguzados dardos…
n veinte siglos de terribles fardos!
tí su peso al liberarme de ellos.
ODIO
primavera de las amapolas,
que floreces para bien mi casa,
go que enjoyes las corolas,
a.
o, la forma más voraz del fuego,
va sin miedo tu endiablada espuela,
ma mi alma, pero luego,
la.
a de oro que movible y loca
ltas el alma, de las sombras, presa,
cuanto asomes a la boca,
a.
tima blanda del error amante
a cada paso el corazón diluye,
lca tus mieles y al instante,
e.
o tremendo, como nada fosco,
o que truecas en puñal la seda,
o que apenas te conozco,
da.
PIEDRA
MISERABLE
piedra dura, miserable piedra,
e golpeo, te golpeo en vano,
s inútil la fuerza de mi mano,
piedra dura, miserable piedra.
o haces bien, oh miserable piedra,
a que tiene un golpe sobrehumano,
a golpear, deja golpear mi mano,
piedra dura, miserable piedra.
me des nada, miserable piedra,
rda un silencio altivo y soberano,
te ablandes jamás entre mi mano;
piedra dura, miserable piedra.
tu impiedad, oh miserable piedra,
obro alientos y el deseo gano,
te dejes caer sobre mi mano,
zquina, estulta, miserable piedra.
n día torpe, miserable piedra,
venciera la fuerza del verano
ayeras a gotas en mi mano
e odiaría, miserable piedra…
BIEN PUDIERA
SER…
iera ser que todo lo que en verso he
sentido
fuera más que aquello que nunca pudo ser,
fuera más que algo vedado y reprimido
familia en familia, de mujer en mujer.
en que en los solares de mi gente, medido
aba todo aquello que se debía hacer…
en que silenciosas las mujeres han sido
mi casa materna… Ah, bien pudiera ser…
eces en mi madre apuntaron antojos
liberarse, pero, se le subió a los ojos
honda amargura, y en la sombra lloró.
do eso mordiente, vencido, mutilado,
o eso que se hallaba en su alma
encerrado,
nso que sin quererlo lo he libertado yo.
Languidez
(1920)
GOTA
ía que te acerques
drán mujeres muchas,
drán morenas bellas
endrán dulces rubias.
isputarte; y ellas,
án, con donosura
elogio, por lograrte,
acertar ninguna.
o no tendré miedo
morenas ni rubias,
s cerraré los ojos
diré: —Soy tuya.
EL LEÓN
A Clemente Onelli
e barrotes negros, la dorada melena
eas lentamente, y te tiendes por fin
cansando los tristes ojos sobre la arena
brilla en los angostos senderos del
jardín.
o el sol de la tarde te has quedado sereno
nte tus ojos pasa, fresca y primaveral,
niña de quince años con su esponjado
seno:
eñas echarle garras, oh goloso animal?
o tus grandes uñas, inútiles y corvas;
abren tus fauces; veo el inútil molar,
útiles como ellos van tus miradas torvas
morir en el hombre que te viene a mirar.
ombre que te mira tiene las manos finas,
ne los ojos fijos y claros como tú.
onríe al mirarte. Tiene las manos finas,
n, los ojos tiene como los tienes tú.
día, suavemente, con sus corteses modos
o el hombre la jaula para encerrarte allí,
hora te contempla, apoyado de codos,
re el hierro prudente que lo aparta de ti.
cede. Bien lo sabes. Diez veces en un día
cuerpo contra el hierro carcelario se fue:
z veces contra el hierro fue inútil tu
porfía.
ojos, muy lejanos, hoy dicen: ¿para qué?
obstante, cuando corta el silencio
nocturno
ugido salvaje de algún otro león,
rees en la selva, y el ojo, taciturno,
e vuelve en la sombra encendido carbón.
onces como otrora, se te afinan las uñas,
garganta seca de una salvaje sed,
piedra de tu celda vanamente rasguñas
zarpazo inútil retumba en la pared.
hijos que te nazcan, bestia caída y triste,
la leona esclava que por hembra te dan,
irán en tu carne lo mismo que sufriste,
o garras y dientes más débiles tendrán.
comprendes y ruges? ¿Cuándo escuálido
un gato
a junto a tu jaula huyendo de un mastín
las ramas se trepa, se te salta al olfato
así puede tu prole ser de mísera y ruin?
una vez te he visto durmiendo tu tristeza,
melena dorada sobre la piedra gris,
ndonado el cuerpo con la enorme pereza
las siestas de fuego tienen en tu país.
obre tu salvaje melena enmarañada
cuello delicado sintió la tentación
abandonarse al tuyo, yo como tú, cansada,
otra jaula más vasta que la tuya, león.
mo tú contra aquella mil veces he saltado.
veces, impotente, me volví a acurrucar.
rcel de los sentidos que las cosas me han
dado!
yo del universo no me puedo escapar.
LA PIEDAD
DEL CIPRÉS
ero: este ciprés que se levanta
n metro de tus pies y en cuya copa
pajarillo sus amores canta,
ne alma fina bajo dura ropa.
e eleva tan alto desde el suelo
darte una visión inmaculada,
s si busca su extremo tu mirada
ropiezas, humano, con el cielo.
LAS TRES
ETAPAS
a dorada tarde rumorosa
languidece en placidez de estío.
oy mirando este camino rosa
mo en el dulce verso de Darío.
sí como en el verso del poeta,
á, donde el camino rosa arranca,
avanzar una columna blanca
uelta en un vapor azul-violeta.
ece solamente alguna nube
dada en fino polvo de zafiros,
aterial columna de suspiros
de la tierra a las estrellas sube.
dulce forma humana se deslíe
el tul blanco, inmaterial, sedeño,
n lejana y pura me sonríe
digo: esto es el sueño.
poco rato la columna pasa
cerca que, sin ilusión alguna,
do mirar las formas una a una
o la trampa débil de la gasa.
nube se ha disuelto; ante mis ojos
inden ya las formas imperfectas:
ncos creí los pies, pero son rojos.
ciles formas vi, pero son rectas.
ul se ha vuelto tosca muselina,
guirnaldas perdieron su frescura,
tan cerca en una forma dura
uella forma que creí divina.
ma: ¿dónde está el oro aquel que viste?
o ha cambiado cuando estuvo enfrente;
ojos tocan realidad tan triste
digo: es el presente.
s, ya de nuevo, bajo el huso de oro
sol, que hilando está la luz del día,
alejarse, lentas, por la vía,
formas cobran su anterior decoro.
a misma ilusión: es ese mismo
derse de los cuerpos tras los tules
uelven a brillar piedras azules,
oro vuelve a darme su espejismo.
uando aquel sendero se termina
á muy lejos, la columna blanca
ha convertido en esa nube fina
a poco vi donde el camino arranca.
embriagó de dulzor una abeja,
nuevo en la visión blanca me pierdo,
n inmaterial allá se aleja
digo: es el recuerdo.
LA CASA
nata romántica)
cundada por selvas, bajo el cielo
mpre azulado, nuestra casa era
o como el plumón y el terciopelo:
ibio corazón de primavera.
hablaba quedo en nuestra casa;
rto que cobijaba tantas aves,
nos salían las palabras suaves
mo si las dijéramos a un muerto.
o nada era triste: la dulzura
íamos tan dócil armonía
hasta el suspiro tenue presentía
sus patios sombreados de verdura.
mármol blanco de los corredores
ecía dormir un sueño largo.
fuentes compartían su letargo.
aban las estatuas con amores.
ían los sillones blandamente,
mo un pecho materno, y era fino,
y fino el aire, así como divino,
ndo filtraba el oro del poniente.
mo me acuerdo de la noche aquella
que entré sostenida por tu brazo!
ría casi bajo el doble abrazo
tu mirada y de la noche bella.
ría casi! Me llevaste tierno
largas escaleras silenciosas
tuve conciencia de las cosas:
un cuerpo cansado y sin gobierno.
sé cómo llegamos a una estancia.
penumbra interior, los pasos quedos,
besos que morían en mis dedos
tornaron el alma una fragancia.
iste una ventana: allá, lejano,
eaba el río y el silencio era
ce y enorme, y era primavera,
e movía el río sobre el llano.
minaba hacia el mar con tal dulzura
parecía una palabra buena.
a darse sin fin; la quieta arena
ábalo pasar con amargura.
mi alma también rodó en el río,
hundió con él en perfumadas frondas,
uiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas,
uyo fue el divino poderío.
curvó blanda en el enorme vaso,
allí se desprendió como un suspiro,
endió por los buques y el retiro
otras mujeres sorprendió de paso.
ió hasta las ciudades de otro mundo;
mían todos, todo estaba blanco,
go vio cada mundo como un banco
arena muerta en el azul profundo.
esde aquel azul que todo abisma
ó en la tierra esta ventana abierta:
ién era esa criatura medio muerta?
e bajó a mirar. ¡Y era yo misma!
ndo volvió del viaje, envejecida
tanto haber vagado unos instantes
esperaban tus ojos suplicantes:
hundió por ellos y encontró la vida.
cuerdas tú? La casa era un arrullo,
perfume infinito, un nido blando:
ca se dijo la palabra cuándo.
decía, muy quedo: mío y tuyo.
LA CARICIA
PERDIDA
me va de los dedos la caricia sin causa,
me va de los dedos… En el viento, al
pasar,
caricia que vaga sin destino ni objeto,
caricia perdida, ¿quién la recogerá?
e amar esta noche con piedad infinita,
e amar al primero que acertara a llegar.
ie llega. Están solos los floridos
senderos.
caricia perdida, rodará… rodará…
n los ojos te besan esta noche, viajero,
stremece las ramas un dulce suspirar,
e oprime los dedos una mano pequeña
te toma y te deja, que te logra y se va.
o ves esa mano, ni esa boca que besa,
n el aire quien teje la ilusión de besar,
viajero, que tienes como el cielo los
ojos,
el viento fundida, ¿me reconocerás?
LANGUIDEZ
á naciendo octubre
sus mañanas claras.
dejado mi alcoba
uelta en telas claras,
dado el cabello
descuido; mis plantas
res, desnudas, juegan.
he tendido en la hamaca,
y cerca de la puerta,
poco amodorrada.
ol que está subiendo
encontrado mis plantas
s tiñe de oro…
ezosa, mi alma
sentido que, lento,
ol subiendo estaba
mis pies y tobillos
como buscándola.
sonrío: este bueno
sol no ha de encontrarla,
s yo, que soy su dueña,
sé por dónde anda;
adora, ella parte
ae, azul, la caza…
niño viene ahora,
cabeza dorada…
ha sentado a mi lado
rada la palabra;
mo yo el cielo mira,
mo yo, sin ver nada.
acaricia los dedos.
los pies con la blanca
no; por los tobillos
yemas delicadas
sus dedos desliza…
fin, sobre mis plantas,
puesto su mejilla
flor recién regada.
el sol dulcemente,
o voces lejanas,
á el cielo muy lejos…
sigo amodorrada
la rubia cabeza
erta sobre mis plantas.
Un pájaro… la arteria
por su cuello pasa…
UN DÍA…
as por esos mundos como yo; no me digas
no existes; existes, nos hemos de
encontrar;
nos conoceremos, disfrazados y torpes
los mismos caminos echaremos a andar.
nos conoceremos, distantes uno de otro
tirás mis suspiros y te oiré suspirar.
nde estará la boca, la boca que suspira?
emos, el camino volviendo a desandar.
zás nos encontremos frente a frente algún
día.
zás nuestros disfraces nos logremos
quitar.
hora me pregunto… ¿Cuando ocurra, si
ocurre,
ré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?
CARTA LÍRICA
A OTRA
MUJER
stro nombre no sé, ni vuestro rostro
ozco yo, y os imagino blanca,
il como los brotes iniciales,
ueña, dulce… ya ni sé…
ina. En vuestros ojos placidez de lago
se abandona al sol y dulcemente
absorbe su oro mientras todo calla.
uestras manos, finas, como es este
or, el mío, que se alarga, alarga
uego se me muere y se concluye
como lo veis, en algún verso.
¿sois así? Decidme si en la boca
éis un rumoroso colmenero,
as orejas vuestras son a modo
pétalos de rosas ahuecados…
idme si lloráis, humildemente,
ando las estrellas tan lejanas
en las manos tibias se os aduermen
omas blancas y canarios de oro.
que todo eso y más vos sois, sin duda;
que tenéis el hombre que adoraba
e las manos dulces, vos la bella
habéis matado, sin saberlo acaso,
a esperanza en mí… vos, su criatura.
que él es todo vuestro; cuerpo y alma
áis gustando del amor secreto
guardé silencioso… Dios lo sabe
qué, que yo no alcanzo a penetrarlo.
o confieso que una vez estuvo
cerca de mi brazo, que, a extenderlo,
so mía aquella dicha vuestra
fuera ahora… ¡sí!, acaso mía…
s ved, estaba el alma tan gastada
el brazo mío no alcanzó a extenderse:
ed divina, contenida entonces,
pulió el alma… ¡Y él ha sido vuestro!
mprendéis bien? Ahora, en vuestros
brazos
e adormece y le decís palabras
ueñas y menudas que semejan
alos volanderos y muy blancos.
so un niño rubio vendrá luego
opiar en los ojos inocentes
ojos vuestros y los de él unidos
un espejo azul y cristalino…
, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia!
rancaban tan firmes los cabellos
randes ondas, que a tenerla cerca
hiciera yo otra cosa que ceñirla!
go dejad que en vuestras manos vaguen
labios suyos; él me dijo un día
nada era tan dulce al alma suya
mo besar las femeninas manos…
caso, alguna vez, yo, la que anduve
ando por afuera de la vida
Como aquellos filósofos mendigos
van a las ventanas señoriales—
miran sin envidia toda fiesta
allegue humildemente a vuestro lado
on palabras quedas, susurrantes,
pida vuestras manos un momento
a besarlas, yo, como él las besa…
cubrirlas, lenta, lentamente,
a pensando: aquí se aposentaron
ánto tiempo, sus labios, cuánto tiempo
as divinas manos que son suyas?
, qué amargo deleite, este deleite
buscar huellas suyas y seguirlas
re las manos vuestras tan sedosas,
finas, con sus venas tan azules!
que nada podría, ni ser suya,
dominarle el alma, ni tenerlo
dido aquí a mis pies, recompensarme
e horrible deleite de hacer mío
nefable, apasionado rastro.
llí en vos misma, sí, pues sois barrera,
rera ardiente, viva, que al tocarla
me remueve este cansancio amargo,
e silencio de alma en que me escudo,
e dolor mortal en que me abismo,
a inmovilidad del sentimiento
sólo salta, bruscamente, cuando
a es posible!
HAN VENIDO
y han venido a verme
madre y mis hermanas.
e ya tiempo que yo estaba sola
mis versos, mi orgullo; en suma, nada.
hermana, la más grande, está crecida:
ubiecita; por sus ojos pasa
rimer sueño. He dicho a la pequeña:
a vida es dulce. Todo mal acaba…
madre ha sonreído como suelen
uellos que conocen bien las almas;
puesto sus dos manos en mis hombros.
ha mirado muy fijo…
an saltado mis lágrimas.
mos comido juntas en la pieza
s tibia de la casa.
lo primaveral…; para mirarlo
ron abiertas todas las ventanas.
mientras conversábamos tranquilas
tantas cosas viejas y olvidadas,
hermana, la menor, ha interrumpido:
as golondrinas pasan…
ROSALES DE
SUBURBIO
ro, como llegó la primavera,
re las pobres casas,
latas y maderas,
los suburbios, buen rosal que trepas,
has cubierto de rosas.
ú fueras
mo los hombres, oh, rosal, sin duda
mo ellos, prefirieras
a bien florecer las ricas casas,
esiertas
aras las paredes de los pobres.
Pero no eres así.
La dulce tierra
basta en cualquier parte y te es lo mismo:
a tu suerte, acaso, tú prefieras
modestas casuchas donde luces
or, enredadera:
co adorno que no cuestas nada…
agua, buenas rosas, todavía
baja de los cielos sin gabelas).
as bellas mañanas, cuando miras
ventanas abiertas,
brazos verdes y jugosos buscan
spacio sin vidrios y penetran
nterior del cuarto: —¡Buenos días!
corolas intentan
ir con sus rosados labiezuelos.
go, si muy risueño
Se te acerca
iño sucio de azulados ojos
Y carnes prietas,
haces el que no entiendes y no miras;
o entiendes y miras, y le sueltas
mucho disimulo,
mo quien no quisiera,
re sus rizos de oro, una corola
iamente deshecha.
iño, entonces, de suburbio, luce
a rubia cabeza
corona divina. No la siente
que nada le pesa,
omo un Eros haraposo canta
orriendo se aleja.
EL CLAMOR
una vez, andando por la vida,
piedad, por amor,
mo se da una fuente, sin reservas,
di mi corazón.
ije al que pasaba, sin malicia,
uizá con fervor:
Obedezco a la ley que nos gobierna:
dado el corazón.
n pronto lo dije, como un eco,
se corrió la voz:
Ved la mala mujer esa que pasa:
dado el corazón.
boca en boca, sobre los tejados,
aba este clamor:
Echadle piedras, eh, sobre la cara;
ado el corazón!
está sangrando, sí, la cara mía,
o no de rubor;
me vuelvo a los hombres y repito:
dado el corazón!
LA QUE
COMPRENDE
la cabeza negra caída hacia adelante
á la mujer bella, la de mediana edad,
trada de rodillas y un Cristo agonizante
de su duro leño la mira con piedad.
os ojos la carga de una enorme tristeza,
el seno la carga del hijo por nacer,
pie del blanco Cristo que está sangrando
reza:
Señor, el hijo mío que no nazca mujer!
EL CANAL
a dulce fragancia
la dulce San Juan,
uerdos de mi infancia
edados están.
casa hacia los fondos
día su vergel;
canales hondos
e abejas y miel.
enrojecidas ondas
equeño caudal
el mío, entre frondas,
dilecto canal.
as melancolías
vábanme a buscar
os oscuros días
uel dulce lugar.
quitos trabajaba
nevado papel
n el agua soltaba
menudo bajel.
avegaban hasta
un recodo fugaz
nterponía: ¡basta!
los veía más.
perder mi barquito
anme embargar
as de infinito
ompía a llorar.
a: ya presentías
que ocurrir debió:
o, por otras vías,
ha ido y no volvió.
LA QUIMERA
mo los niños iba hacia oriente, creyendo
con mis propias manos podría el sol
tocar;
mo los niños iba, por la tierra redonda,
siguiendo, allá lejos, la quimera solar.
aba a igual distancia del oriente de oro
más que siempre andaba y que volvía a
andar;
e como los niños: viendo inútil la marcha
í flores del suelo y me puse a jugar.
EL ENSAYO
l corazón me fuera percutido
iera ser que resonara a muerto,
o pudiera ser que diese ruido
pájaros cantores en un huerto.
verdad que a morir, desde nacido,
e buen corazón se va ensayando,
o, ensayos de un drama no aprendido,
vive, cayendo y levantando.
veces que ha cambiado de postura
son una por cierto, sino cien,
el arte de morir es cosa dura:
ensaya mucho y no se aprende bien.
LA MISERIA
azón mío, dice: ¿qué es aquello
así defiendes de la humana feria
esconderlo tanto? ¿Un sueño bello?
corazón responde: —Mi miseria.
Oh, con tan fiero empeño no lo escondas:
seres que circulan a tu lado
obarán acaso dichas hondas
do sueño te será robado.
s tu miseria no: cese tu lidia,
estra tranquilo el fondo que la encierra.
miseria es un bien que no se envidia;
ie te lo disputará sobre la tierra.
os celan su bien, pues por sus obras
men con el temor de las abejas.
más feliz, ya puedes, sin zozobras,
ir tu solo bien, ¿de qué te quejas?
LA PESCA
borde de la vida,
hombres, en pescar,
pasan todo el tiempo:
én menos y quién más.
opellando vienen
puestos a ocupar,
en grandes carnadas
iensan: picarán.
iba el cielo limpio
y quietecito está
bajo, con su anzuelo,
os vienen y van.
cador: no te apures,
a el anzuelo en paz,
muerte, ten seguro,
se te escapará.
LA ARMADURA
er: tú la virtuosa, y tú la cínica,
la indiferente o la perversa;
émonos sin miedo y a los ojos:
conocemos bien. Vamos a cuentas.
o armadura andamos: si nos sobra
lma, la cortamos; si nos llena,
mengua, la armadura, pues la henchimos:
la armadura andamos siempre a cuestas.
madura feroz! Mas conservadla.
lgún día destruirla pretendierais,
solo esfuerzo de arrojarla lejos
quedaríais como yo, bien muertas.
CHARLA
voz en mi oído graves palabras vierte:
Por qué, me dice, no eres, oh tú, la mujer
fuerte?
bella la figura de la mujer heroica
dando el fuego sacro con su mano de
estoica.
o sonrío y digo: la vida es una rueda.
o está bien. Lo malo con lo bueno se
enreda.
nas no parecieran desertoras vestales,
uga hacia las dulces, paganas bacanales,
otras no tendrían valor de mujer fuerte:
vida, al fin de cuentas, se mide por la
muerte.
ves: con mis locuras en verso yo he
logrado
traerte un momento y hacerte más amado
ino y blanco nombre de la mujer que
quieres,
ervada y discreta: espuma de mujeres.
é más pides? Con algo contribuí a tu vida,
saste, comparaste; voló el tiempo en
seguida.
s ni con eso tengo yo tu agradecimiento.
, buen género humano: nunca quedas
contento!
FRÍOS
frío crudo desató sus nuevas
gente apurada, a tropezones,
la ciudad y como los ratones
ca sus cuevas.
verlos por las calles enfilados,
llos y manos por el paño ocultos,
abrigos y pieles enfundados,
ecen bultos.
o allá arriba, cielo azul y luna
ca tan limpios vio la vista mía.
ntras la gente tiembla, el cielo es una
la ironía.
ece que una voz que descendiera
limpio azul desdeñadora,
ndo de su daño les dijera:
Oídme ahora!
BUENOS AIRES
nos Aires es un hombre
tiene grandes las piernas,
ndes los pies y las manos
equeña la cabeza.
gante que está sentado
un río a su derecha,
pies monstruosos movibles
mirada en pereza).
sus dos ojos, mosaicos
colores, se reflejan
cúpulas y las luces
ciudades europeas.
o sus pies, todavía
án calientes las huellas
los viejos querandíes
boleadoras y flechas.
eso cuando los nervios
e ponen en tormenta
nte que los muertos indios
e suben por las piernas.
ca este soplo que sube
sus pies, desde la tierra,
el mosaico europeo
en los grandes ojos lleva.
onces sus duras manos
crispan, vacilan, tiemblan,
gual distancia tendidas
los pies y la cabeza!
da esta lucha por dentro
está restando sus fuerzas,
eso sus ojos miran
avía con pereza.
o tras ellos, velados,
guña la inteligencia
a se le agranda el cráneo
ando de adentro afuera.
mo de mujer encinta
fíes en la indolencia
este hombre que está sentado
el Plata a su derecha.
a que tiene en la boca
sonrisa traviesa,
barca en dos golpes de ojo
a la costa de América.
le muy cerca el oído:
peando están sus arterias:
si algún día le crece
mo los pies, la cabeza!
UN
CEMENTERIO
QUE MIRA AL
MAR
id, oh muertos, ¿quién os puso un día
acostados junto al mar sonoro?
mprendía quien fuera que los muertos
hastían ya del canto de las aves
s han puesto muy cerca de las olas
que sintáis del mar azul, el ronco
mido que apavora?
estáis junto al mar que no se calla
y quietecitos, con el muerto oído
ndo cómo crece la marea,
quel mar que se mueve a vuestro lado,
a promesa no cumplida, de una
urrección.
primavera, el viento, suavemente,
de la barca que allá lejos pasa,
rae risas de mujeres… Tibio
beso viene con la risa, filtra
piedra fría, y se acurruca, sabio,
vuestra boca y os consuela un poco…
o en noches tremendas, cuando aúlla
iento sobre el mar y allá a lo lejos
hombres vivos que navegan tiemblan
re los cascos débiles, y el cielo
vuelca sobre el mar en aluviones,
otros, los eternos contenidos,
podéis más, y con esfuerzo enorme
antáis las cabezas de la tierra.
n un lenguaje que ninguno entiende
áis: —Venid, olas del mar, rodando,
id de golpe y envolvednos como
envolvieron, de pasión movidos,
zos amantes. Estrujadnos, olas,
vednos de este lecho donde estamos
izontales, viendo cómo pasan
mundos por el cielo, noche a noche…
ad por nuestros ojos consumidos,
cad la lengua, la que habló, y movedla,
hadnos fuera del sepulcro a golpes!
caso el mar escuche, innumerable,
stro llamado, monte por la playa,
os cubra al fin terriblemente hinchado!
onces, como obreros que comprenden,
detendrán las olas y leyendo
lápidas inscriptas, poco a poco
moverán a suaves golpes, hasta
las desplacen, lentas, y os liberten.
, qué hondo grito el que daréis, qué
enorme
o de muerto, cuando el mar os coja
e sus brazos, y os arroje al seno
grande abismo que se mueve siempre!
zos cansados de guardar la misma
izontal postura; tibias largas,
averas sonrientes: elegantes
mures corvos, confundidos todos,
zarán bajo el rayo de la luna
milagrosa danza de las aguas.
gunas desprendidas cabelleras,
ias acaso, como el sol que baje
ioso a veros, islas delicadas
marán sobre el mar y acaso atraigan
os pequeños pájaros viajeros.
Ocre
(1925)
HUMILDAD
he sido aquella que paseó orgullosa
ro falso de unas cuantas rimas
re su espalda, y se creyó gloriosa,
cosechas opimas.
paciencia, mujer que eres oscura:
ún día, la Forma Destructora
todo lo devora,
rará mi figura.
bajará a mis libros, ya amarillos,
zándola en sus dedos, los carrillos
eramente inflados, con un modo
gran señor a quien lo aburre todo,
un cansado soplido
aventará al olvido.
SOY
suave y triste si idolatro, puedo
ar el cielo hasta mi mano cuando
lma de otro al alma mía enredo.
món alguno no hallarás más blando.
guna como yo las manos besa,
e acurruca tanto en un ensueño,
cupo en otro cuerpo, así pequeño,
alma humana de mayor terneza.
ero sobre los ojos, si los siento
mo pájaros vivos, un momento,
tear bajo mis dedos blancos.
a frase que encanta y que comprende,
é callar cuando la luna asciende
rme y roja sobre los barrancos.
PALABRAS A
MI MADRE
las grandes verdades yo te pregunto, que
las contestarías; solamente investigo
cuando me gestaste, fue la luna testigo,
los oscuros patios en flor, paseándose.
, cuando, en tu seno de fervores latinos,
escuchando dormía, un ronco mar sonoro
dormeció las noches, y miraste, en el oro
crepúsculo, hundirse los pájaros
marinos.
que mi alma es toda fantástica, viajera,
envuelve una nube de locura ligera
ndo la luna nueva sube al cielo azulino.
usta, si el mar abre sus fuertes pebeteros,
ullada en un claro cantar de marineros
ar las grandes aves que pasan sin destino.
CUANDO
LLEGUÉ A LA
VIDA
a sobre mi vida, mi grave amor inmenso:
ndo llegué a la vida yo traía en suspenso,
el alma y la carne, la locura enemiga,
apricho elegante y el deseo que hostiga.
encantaban los viajes por las almas
humanas,
uz, los extranjeros, las abejas livianas,
cio, las palabras que inician el idilio,
cuerpos armoniosos, los versos de
Virgilio.
ndo sobre tu pecho mi alma fue
apaciguada,
dulce criatura, tuya y mía, deseada,
puse entre tus manos toda mi fantasía
dije humillada por estos pensamientos:
Vigílame los ojos! Cuando cambian los
vientos
lma femenina se trastorna y varía…
CANCIÓN DE
LA NOVIA
el corredor fresco, que los valles domina,
equeñas puntadas coso la blanca tela;
vez en cuando miro la paloma que vuela
insecto de oro en la tenue cortina.
me acercan, descalzos, deliciosos
chiquillos,
n su nariz pequeña, de transparente cera,
dedal se introduce. Reímos. Uno espera
mi lado con una canasta de membrillos.
ndes cactus sedientos sobre arenas
doradas,
garras sonoras, y piedras calcinadas,
asoman a mis largas siestas, sin que
concluya
e lento desfile de puntos por mis manos.
ratos, en el aire que impregnan los
manzanos,
y vienen dos frases: Eres mía. Soy tuya.
TÚ, QUE
NUNCA SERÁS
ado fue y capricho el beso dado,
richo de varón, audaz y fino,
s fue dulce el capricho masculino
ste mi corazón, lobezno alado.
es que crea, no creo, si inclinado
re mis manos te sentía divino
me embriagué, comprendo que este vino
es para mí, mas juego y rueda el dado…
soy la mujer que vive alerta,
el tremendo varón que se despierta
s un torrente que se ensancha en río
más se encrespa mientras corre y poda.
me resisto, mas me tienes toda,
que nunca serás del todo mío.
RESPUESTA DE
LA MARQUESA
A LAS
ESTANCIAS DE
CORNEILLE
decís, gran talento, en palabras de mofa,
una voz galante y perversa, que, un día,
líneas seductoras, mi desdén de vacía,
arán… si no quedan en vuestra bella
estrofa.
igero despecho orgulloso refleja
stra finta a esta vana marquesita elegante
cambio de la estrofa, inmortal, que me
cante,
proponéis un beso a vuestra boca vieja.
néis una fe ciega en la vida del verso?
medito en que el Todo será un día
disperso…
dejadme que mire distraída esa rosa;
mujer ante todo, del presente me encanto.
donadme, poeta, si a vuestro grave canto
fiero el beso joven de una boca jugosa.
LAS GRANDES
MUJERES
as grandes mujeres reposó el universo.
consumió el amor, como el fuego al
estaño,
nas; reinas, otras, sangraron su rebaño.
triz y Lady Macbeth tienen genio diverso.
algunas, en el mármol, queda el seno
perverso.
lan las grandes madres de los grandes de
antaño.
s la carne perfecta, dadivosa del daño.
on las exaltadas que entretejen el verso.
los libros las tomo como de un escenario
tuoso —¿Las envidias, corazón
mercenario?
gloriosas y grandes, y eres nada, te
arguyo.
Ay, rastreando en sus almas, como en
selvas las lobas,
mirarlas de cerca me bajé a sus alcobas
í un bostezo enorme que se parece al tuyo.
DE MI PADRE
SE CUENTA
mi padre se cuenta que de caza partía,
ndo rayaba el alba, seguido de su galgo,
n el largo camino, por divertirse en algo,
miraba a los ojos, y su perro gemía.
andaba por las selvas buscando una
serpiente
caz, y al encontrarla, sobre la cola
erguida,
asalto dispuesta, de un balazo insolente
gozaba en dejarle la cabeza partida.
por días enteros, vagabundo y huraño,
volvía a la casa, y, como un ermitaño,
alimentaba de aves, dormía sobre el suelo.
ólo cuando el Zonda, grandes masas
ardientes
arenas y de insectos, levanta en los
calientes
iertos sanjuaninos cantaba bajo el cielo.
DUERME
TRANQUILO
ste la palabra que enamora
mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
rme tranquilo. Debe estar sereno
ermoso el rostro tuyo a toda hora.
ndo encanta la boca seductora
e ser fresca, su decir ameno;
a tu oficio de amador no es bueno
ostro ardido del que mucho llora.
eclaman destinos más gloriosos
el de llevar, entre los negros pozos
las ojeras, la mirada en duelo.
bre de bellas víctimas el suelo!
s daño al mundo hizo la espada fatua
algún bárbaro rey. Y tiene estatua.
FIESTA
o a la playa, núbiles criaturas,
ces y bellas, danzan, las cinturas
ndonadas en el brazo amigo.
s estrellas sirven de testigo.
en de azul, de blanco, plata, verde…
mano pequeña, que se pierde
e la grande, espera. Y la fingida,
a frase amorosa, ya es creída.
quien dice feliz: —La vida es bella.
quien tiende su mano hacia una estrella
espera con dulce arrobamiento.
me vuelvo de espaldas. Desde un quiosco
templo el mar lejano, negro y fosco,
ica la boca. Ruge el viento.
CARA
COPIADA
a cara de un niño transparente, azulosa,
mo si entre los músculos y la piel de la
cara
napa de leche lentamente rodara.
ella solamente la boca es una rosa.
etrás de ese cutis de lavada azucena
a cara se esconde, fuertemente esculpida;
aquella del hombre que le ha dado la vida
e mueve en sus rasgos y los gestos le
ordena:
a con inocencia y es dura su mirada.
onrisa es tranquila y en el fondo es
taimada:
huellas en la fresca ternura de su pulpa.
en la boca se pinta la blandura redonda
dan los besos largos y en su nariz la
honda
icia de la especie. ¡Y carece de culpa!
OLVIDO
a Rosa: hoy es martes y hace frío. En tu
casa,
piedra gris, tú duermes tu sueño en un
costado
la ciudad. ¿Aún guardas tu pecho
enamorado,
que de amor moriste? Te diré lo que pasa:
ombre que adorabas, de grises ojos
crueles,
a tarde de otoño fuma su cigarrillo.
rás de los cristales mira el cielo amarillo
calle en que vuelan desteñidos papeles.
ma un libro, se acerca a la apagada
fa,
el tomacorriente al sentarse la enchufa
ólo se oye un ruido de papel desgarrado.
cinco, tú caías a esta hora en su pecho,
caso te recuerda… Pero su blando lecho
iene el hueco tibio de otro cuerpo rosado.
ENCUENTRO
encontré en una esquina de la calle
Florida
s pálido que nunca, distraído como antes,
largos años hubo poseído mi vida…
miré sin sorpresa, jugando con mis
guantes.
na pregunta mía, estúpida, ligera,
un reproche tranquilo llenó sus
transparentes
s, ya que le dije de liviana manera:
Por qué tienes ahora amarillos los
dientes?
abandonó. De prisa le vi cruzar la calle
on su manga oscura rozar el blanco talle
alguna vagabunda que andaba por la vía.
seguí por un rato su sombrero que huía…
pués fue, ya lejana, una mancha de
herrumbre.
o engulló de nuevo la espesa
muchedumbre.
PALABRAS A
RUBÉN DARÍO
o sus lomos rojos, en la oscura caoba,
libros duermen. Sigo los últimos autores:
as formas me atraen, otros nuevos colores
tus fiestas paganas la corriente me roba.
o de estilos fieros —anchos dientes de
loba.
otros sobrios, prolijos —cipreses
veladores.
otros blancos y finos —columnas bajo
flores.
otros ácidos y ocres —tempestades de
alcoba.
e había olvidado y al azar te retomo,
los primeros versos se levanta del tomo
resco y fino aliento de mieles olorosas.
ante al que se vuelve como la vez
primera:
s la boca dulce que allá, en la primavera,
licuara en las venas todo un bosque de
rosas.
I
RUEDA
casta y honda amiga me dice sus razones:
oy joven, no he vivido. ¿Mi marido? Un
engaño.
go tres hijos, veo rodar año tras año
uno como lento sueño sin emociones.
eces descerrojo, tentada, mis balcones,
ver el hombre fino, el soberbio, el
huraño.
il. ¡Si pudiera curarme de este daño!
el amor no es juego que arregle
desazones.
atenúa, acaso; mas los hombres, mi
amiga,
me valen la pena de un ensayo; desliga
corazón, cercado, su más viva lisonja.
go el cuerpo perfecto y la boca rosada,
a el amor más alto yo fui seleccionada,
o escondo mi fuego bajo un velo de
monja.
II
LA OTRA
AMIGA
a amiga me dice: —Las mujeres mentales
dedoras salimos en negocios de amores.
emos, ciertamente, muchos adoradores:
can pequeños sorbos en caídas vestales.
corazón lo ponen no en las espirituales,
fatigan al cabo. Como cultivadores
oran lo que crean: piensan que las mejores
aquellas plegadas a sus modos carnales.
mujeres mentales somos las plataformas:
oramos los hombres, y pulimos sus
normas,
inan en nosotras su instinto desatado.
uando, ya cansadas de esperar, les
pedimos
orazón, en cambio del propio que le
dimos,
leva la que pasa lo que hemos adorado.
III
Y AGREGA LA
TERCERA
Acaso se lo lleva la que menos le cuesta.
ló en ella más fácil la vida ya pesada.
o cerebro activo lleva un alma quebrada
hombre, en las mujeres, busca un poco
de fiesta.
da mejor la casa la mujer que es modesta
o tiene una vida mental imaginada.
el hombre que adora se comprende
engañada
ibe lo que sobra, y a su lado se acuesta.
por eso posee la mujer, todo entero,
que, sin ser amante, puede ser compañero;
so él también sueña lo mismo que
soñamos.
obre el nudo diario de su vida tranquila,
ulada, en su pecho luminoso vigila
deal femenino, cuya clase ignoramos.
EL ENGAÑO
tuya, Dios lo sabe por qué, ya que
comprendo
habrás de abandonarme, fríamente,
mañana,
ue, bajo el encanto de mis ojos, te gana
o encanto el deseo, pero no me defiendo.
ero que esto un día cualquiera se
concluya,
s intuyo, al instante, lo que piensas o
quieres.
voz indiferente te hablo de otras mujeres
asta ensayo el elogio de alguna que fue
tuya.
o tú sabes menos que yo, y algo orgulloso
que te pertenezca, en tu juego engañoso
sistes, con aire de actor del papel dueño.
e miro callada con mi dulce sonrisa,
ando te entusiasmas, pienso: no te des
prisa,
eres tú el que me engaña; quien me
engaña es mi sueño.
VERSOS A LA
TRISTEZA DE
BUENOS AIRES
tes calles derechas, agrisadas e iguales,
donde asoma, a veces, un pedazo de
cielo,
fachadas oscuras y el asfalto del suelo
apagaron los tibios sueños primaverales.
nto vagué por ellas, distraída, empapada
el vaho grisáceo, lento, que las decora.
su monotonía mi alma padece ahora.
Alfonsina! —No llames. Ya no respondo a
nada.
n una de tus casas, Buenos Aires, me
muero
ndo en días de otoño tu cielo prisionero,
me será sorpresa la lápida pesada.
entre tus calles rectas, untadas de su río
gado, brumoso, desolante y sombrío,
ndo vagué por ellas, ya estaba yo
enterrada.
INÚTIL SOY
seguir de las cosas el compás,
eces quise, en este siglo activo,
sar, luchar, vivir con lo que vivo,
en el mundo algún tornillo más.
o, atada al ensueño seductor,
mi instinto volví al oscuro pozo,
s, como algún insecto perezoso
oraz, yo nací para el amor.
il soy, pesada, torpe, lenta,
cuerpo, al sol, tendido, se alimenta
ólo vivo bien en el verano,
ndo la selva huele y la enroscada
piente duerme en tierra calcinada;
fruta se baja hasta mi mano.
PALABRAS A
DELMIRA
AGUSTINI
ás muerta y tu cuerpo, bajo uruguayo
manto,
cansa de su fuego, se limpia de su llama,
o desde tus libros tu roja lengua llama
mo cuando vivías, al amor y al encanto.
y, si un alma de tantas, sentenciosa y
oscura,
palabras pesadas va a sangrarte el oído,
ogida en tu pobre cajoncito roído
puedes contestarle desde tu sepultura.
o sobre tu pecho, para siempre deshecho,
mprensivo vigila, todavía, mi pecho,
i ofendida lloras por tus cuencas abiertas
lágrimas heladas, con mano tan liviana
más que mano amiga parece mano
hermana,
njugo dulcemente las tristes cuencas
muertas.
TERNURA
tiembre. El duraznero, florecido, decora
ventanas del cuarto. Las manos de la
madre
án blancas, exangües, y, sobre ellas, el
padre
e los labios buenos, tibios, y los
demora…
jóvenes, son bellos y se aman. El niño
diez días, desnudo, llora en el desaliño
las telas nevadas y estampadas de flores.
arios de oro cantan bajo los corredores.
a siesta. La madre saca el seno jugoso,
nco y suave. Trasiega su líquido precioso
boca del dulce animalillo lerdo
ejercita, al sorberlo, su delicia primera,
ogido en el brazo de amarillenta cera
le ciñe la nuca. Yo miro y te recuerdo.
¿DE QUÉ ME
QUEJO?
qué me quejo? Es cierto que me bajé
hasta el fondo
alma del que amaba, y lleno de sí mismo
hallé, y al viento helado de su helado
egoísmo
é que el globo fuera, como dicen,
redondo.
qué me quejo? ¿Acaso porque el cuerpo,
en su daño,
ebrado se arrastra en zig-zag por el suelo,
monstruo pecho hinchado le impide alzar
el vuelo,
s dentro, el pulpo negro, crece, del
desengaño?
qué me quejo? ¡Gracias! Mantengo
todavía
tebra sobre vértebra. Hacia la melodía
fina red nerviosa aún puede, con anhelo,
derse, oír los dulces, inefables sonidos.
mis cuencas aún giran los ojos,
sostenidos,
unque pesados se alzan hacia tu luz, ¡oh
cielo!
A UN
DESCONOCIDO
esta tarde de oro, dulce porque supongo
la vida es eterna, mientras desde los
pinos
dulces flautas suenan de alados
inquilinos
nto, desconocido, que en tu ser me
prolongo.
encantados ojos en tu recuerdo pongo:
ién te acuñó los rasgos en moldes
aquilinos
n sol caliente y muerto te puso en los
divinos
ellos, que se ciñen al recio casco
oblongo?
ién eres tú, el que tienes en los ojos
lejanos
rillo verdinegro de los muertos pantanos,
a boca un gran arco de cansancio
altanero,
mi pesar arrastras, colgante de tu
espalda,
mo un manto purpúreo o una roja
guirnalda,
la ciudad del Plata mi corazón de acero?
PALABRAS A
UN
HABITANTE DE
MARTE
rá verdad que existes sobre el rojo
planeta,
, como yo, posees finas manos
prehensiles,
a para la risa, corazón de poeta,
n alma administrada por los nervios
sutiles?
o en tu mundo, acaso, ¿se yerguen las
ciudades
mo sepulcros tristes? ¿Las asoló la
espada?
todo ha sido dicho? ¿Con tu planeta
añades
Vasta Armonía otra copa vaciada?
res como un terrestre, ¿qué podría
importarme
tu señal de vida bajara a visitarme?
co una estirpe nueva a través de la altura.
rpos hermosos, dueños del secreto
celeste
la dicha lograda. Mas si el tuyo no es
éste,
odo se repite, ¡calla, triste criatura!
ANTE UN
HÉROE DE
IVÁN
MESTROVIC
ado en mármol, la cintura fina,
muslos estallantes, la cabeza
lejadora de gigante empresa,
maravilla del cincel camina.
dónde va? La fiebre lo devora
vencer o morir de tal manera
en el esfuerzo de avanzar pudiera
dir el cuerpo en la lejana aurora.
mol del siglo XX desvaído
uien un hombre púsole el latido
iguo y fuerte de las grandes pruebas:
r qué, por un milagro, no te vuelves
mana forma, y al pasar me envuelves
e los brazos, y al azar me llevas?
UNA VOZ
horadante de mi espalda,
algún viaje a las afueras,
ntras caía de mi falda
ibro abierto, ¿de quién eras?
abas cálida y segura
mo de alguno que domina
hombre oscuro el alma oscura;
clara carne femenina.
me di vuelta a ver el hombre
el deseo que me fuera
ostro anónimo y pudiera
voz ser música sin nombre.
simpatía de la vida!
comunión que me ha valido,
el encanto de un sonido
sin quererlo, poseída!
SALUDO AL
HOMBRE
mayúscula escribo tu nombre y te saludo,
mbre, mientras depongo mi femenino
escudo
sencilla y valiente confesión de derrota.
nívoro: naciste para llevar la cota
o el sexo, pesado como carro de acero,
umilde (se delata en función de granero).
ndo por tu adiestrada libertad, la soltura
que te sientes hijo claro de la natura
ctor aplicado de aquel su abecedario
enseña el solo verbo que es
interplanetario.
s no con gesto humilde, instintivo,
anhelante,
pecho se deforma en boca del lactante,
se ajusta a tu carne pasajera belleza
se acrece con artes que lo son de pereza:
uventud, más alta, se hace de
pensamientos:
s ideas dan rosas y rosas los ungüentos…)
eres el Desligado, Sire, por excelencia?
ud! En versos te hago mi fina reverencia.
LA PALABRA
uraleza: gracias por este don supremo
verso, que me diste;
soy la mujer triste
uien Caronte ya mostró su remo.
é fuera de mi vida sin la dulce palabra?
mo el óxido labra
arabescos ocres
me grabé en los hombres, sublimes o
mediocres.
ntras vaciaba el pomo candente de mi
pecho
sentía el acecho
vo y feroz de la sirena negra.
salí de mi carne, gocé el goce más alto:
oner una frase de basalto
genio oscuro que nos desintegra.
DIVERTIDAS
ESTANCIAS A
DON JUAN
támbulo mochuelo:
fortuna tú estás
n dormido en el suelo
o despertarás.
u sombra se alzara
a a la mujer
iendo con tu vara
aventura de ayer.
laca doña Elvira,
casta doña Inés,
y leen a Delmira
Stendhal, en francés.
alleros sin gloria,
capa y sin jubón,
niman tu memoria
avés de un salón.
escalan los balcones
s el prudente aviso;
a hurtar corazones
an a Narciso.
muchachas leídas
este siglo de hervor
mueren de aburridas
un cosechador.
s que nunca preciosas,
gran goloso, están,
s no ceden sus rosas;
despiertes, Don Juan,
no ha parado en vano
aventurera luna:
castigante mano
hallaría fortuna.
asta hay alguna artera,
uetona mujer,
toma tu manera
nsaya tu poder.
EPITAFIO
PARA MI
TUMBA
uí descanso yo: dice «Alfonsina»
pitafio claro al que se inclina.
uí descanso yo, y en este pozo,
s que no siento, me solazo y gozo.
turbios ojos muertos ya no giran,
labios, desgranados, no suspiran.
rmo mi sueño eterno a pierna suelta;
llaman y no quiero darme vuelta.
go la tierra encima y no la siento,
ga el invierno y no me enfría el viento.
erano mis sueños no madura,
primavera el pulso no me apura.
orazón no tiembla, salta o late,
ra estoy de la línea de combate.
é dice el ave aquella, caminante?
dúceme su canto perturbante:
ce la luna nueva, el mar perfuma,
cuerpos bellos báñanse de espuma.
junto al mar un hombre que en la boca
va una abeja libadora y loca:
jo la blanca tela el torso quiere
tro torso que palpita y muere.
s marineros sueñan en las proas,
tan muchachas desde las canoas,
rpan los buques y en sus claras cuevas,
hombres parten hacia tierras nuevas.
mujer que en el suelo está dormida
n su epitafio ríe de la vida,
mo es mujer grabó en su sepultura
mentira aún: la de su hartura».
ROMANCE DE
LA VENGANZA
ador alto y tan bello
mo en la tierra no hay dos,
ue de caza una tarde
los montes del Señor.
uro llevaba el paso,
o el plomo, el corazón
icando, la cabeza
uida y dulce la voz.
o el oro de la tarde
to el cazador cazó,
finas lágrimas rojas
puso a llorar el sol…
ndo volvía cantando
vemente a media voz
de un árbol, enroscada,
serpiente lo vio.
a vengar a las aves,
s, tremendo, el cazador
hoja de firme acero
cabeza le cortó.
o aguardándolo estaba
muy pocos pasos yo…
até con mi cabellera
ominé su furor.
maniatado le dije:
ájaros matasteis vos,
oy a tomar venganza
ra que mío sois…
s no lo maté con armas,
qué una muerte peor:
besé tan dulcemente
le partí el corazón!
Envío
ador: si vas de caza
los montes del Señor,
me que pájaros venguen
ndas heridas de amor.
EL PARQUE
el aire reseco, flota miel diluida,
los árboles bajan zumos de primavera,
angre de los troncos su subida acelera.
abeja soberana va a quitar una vida.
el urbano parque de rojizos senderos,
itadas gramillas y artificiales fuentes,
eo. Las estatuas tienen tristes las frentes,
o a sus pies las flores saltan de los
canteros.
quecillos de acacias, puestos de trecho en
trecho,
an el horizonte, al dibujo sensible.
mba un oro ligero, mas sin cuerpo visible.
arriba un zafiro ahuecado por techo.
el verdoso lago, donde el pétalo ambula,
oriales, los cisnes, enarcados, navegan;
as columnas blancas se reflejan y juegan
ncontrarse en el agua, que las tuerce y
ondula.
mo hace miles de años flota un áspero
aliento
mediodía, y bajo mi planta destructora
gramilla aplastada no se duele ni llora;
na por levantarse sobre el brazo del
viento.
mo hace miles de años sube de las corolas
venenoso, dulce y profundo llamado:
éceme que algo va a serme revelado.
rocedo en el tiempo. Queman las
amapolas.
nde he visto estos cisnes, esta hiedra,
hace mucho?
tas blancas columnas y este sol
deslumbrante?
tenía estas ropas grises de caminante:
nadaba en un lago y escuché lo que
escucho.
nota asustada, suelta mi pecho magro.
ento mi voz acaso como por vez primera?
el corazón disuelto de tanta primavera
á fuera del tiempo y anticipa un milagro.
á fuera del tiempo, porque vuelvo la vista
upido boscaje de espinosas retamas
resiento que acechan las pupilas en llamas
algún sátiro joven que el asalto se alista.
a tierra a prensarse bajo el casco de uña,
su rito salvaje, veré alzarse las aves
sus nidos ocultos, y los céspedes suaves
ogerse al amago de la dura pezuña.
o de otras edades, de una extraña
grandeza,
prenderá a los cisnes blancos del
siglo XX,
reirán las bocas de mármol de la fuente
amor desusado de una fiera simpleza.
mirar cómo escapan las mujeres rosadas,
mujeres de piedra darán vuelta sus
bustos,
n la sombra discreta de los negros
arbustos
rá una fuga fina de blancas carcajadas.
o es grave el contraste: bajo mis ojos cae
endo del boscaje, una cara pulida:
de mi siglo: un joven; por la boca sin vida
a un cansancio lento que a lo real me trae.
ia mí se encamina con un paso que
ondula,
piel amarillenta le da una muerta gracia,
ras prematuras sellan su aristocracia;
a a mi lado, mira, me pesa y me calcula…
antería fácil, frase de primavera,
mpe de su boca, tenue mancha lavada;
o sus manos pulcras y su barba afeitada,
e anima en sus ojos una llama ligera.
Pero se aleja a paso reposado y tranquilo,
ún cisne lo mira sin sorpresa en el lago,
ue cantando el ave su canto fino y vago,
araña no ha cesado de tejer con su hilo.
ol, sobre su cuerpo, cobra la indiferencia
un filósofo triste que contemplara
escombros;
a vez más se alejan los rellenados
hombros
su paso las cosas se cargan de paciencia.
han girado sus bustos las mujeres de
piedra;
ue el agua goteando con idéntico canto;
el bosque no hay risas ni carreras de
espanto;
na un negro silencio, y está quieta la
hiedra…
á lejos se pierde la figura del hombre;
uerdo su mirada, turbia y domesticada.
suspicaz, moderna y pequeña mirada,
orazón me llenas de una angustia sin
nombre!
DOLOR
siera esta tarde divina de octubre
ear por la orilla lejana del mar;
la arena de oro, y las aguas verdes,
os cielos puros me vieran pasar.
alta, soberbia, perfecta, quisiera,
mo una romana, para concordar
las grandes olas, y las rocas muertas
s anchas playas que ciñen el mar.
el paso lento, y los ojos fríos
boca muda, dejarme llevar;
cómo se rompen las olas azules
tra los granitos y no parpadear:
cómo las aves rapaces se comen
peces pequeños y no despertar;
sar que pudieran las frágiles barcas
dirse en las aguas y no suspirar;
que se adelanta, la garganta al aire,
ombre más bello; no desear amar…
der la mirada, distraídamente,
derla, y que nunca la vuelva a encontrar;
gura erguida, entre cielo y playa,
tirme el olvido perenne del mar.
NATURALEZA
MÍA
uraleza mía, la que fuera
mo pesada abeja en primavera,
osa y hecha para siestas de oro,
az, aletargable, mudadera.
o las tardes cálidas, dormida
amor, ya el nuevo amor te daba brida,
arrastrabas un pesado cuerpo,
ado por el zumo de la vida.
é hice de ti? Para enfrenar tus males
re tus formas apreté sayales,
n flagelarte puse empeño tanto
hoy filosofas junto a los rosales.
minuida, atáxica, robada,
u pura pureza violada,
as te baten palmas los sensatos
tu ya blanca y última mirada.
Mundo de siete pozos
(1934)
MUNDO DE
SIETE POZOS
balancea,
ba, sobre el cuello,
mundo de las siete puertas:
umana cabeza…
onda, como los planetas:
e en su centro
úcleo primero.
a la corteza;
re ella el limo dérmico
brado
bosque espeso de la cabellera.
de el núcleo,
mareas
olutas y azules,
ende el agua de la mirada
re las suaves puertas
os ojos
mo mares en la tierra.
… Tan quietas
s mansas aguas de Dios
que sobre ellas
iposas e insectos de oro
se balancean.
s otras dos puertas:
antenas acurrucadas
as catacumbas que inician las orejas;
os de sonidos,
acolas de nácar donde resuena
alabra expresada
no expresa;
os colocados a derecha e izquierda
a que el mar no calle nunca,
alma mecánica de los mundos
orosa sea.
montaña alzada
re la línea ecuatorial de la cabeza:
ariz de batientes de cera
donde comienza
llarse el color de la vida;
dos puertas
donde adelanta
ores, ramas y frutas—
epertina olorosa de la primavera.
cráter de la boca
bordes ardidos
redes calcinadas y resecas;
ráter que arroja
zufre de las palabras violentas;
umo denso que viene
corazón y su tormenta;
uerta
orales labrada suntuosos
donde engulle la bestia
ángel canta y sonríe
volcán humano desconcierta.
balancea,
arriba,
re el cuello,
mundo de los siete pozos:
umana cabeza.
e abren praderas rosadas
us valles de seda:
mejillas musgosas.
Y riela
re la comba de la frente,
erto blanco,
uz lejana de una luna muerta…
OJO
osa.
repúsculo
re más
donde, pájaro quieto,
arda.
es tristes,
etados,
ven
olas.
paisajes
día
avegan
os.
midas
primeras estrellas
an
uz insabora
a pupila fija.
el fondo oscuro
as hileras humanas
e desplazan
santemente:
en
istintas
cciones;
oceden;
oceden;
n
primeros
mbres:
men porque nace el sol.
men porque muere el sol…
o está allí,
etado en la cuenca,
de,
aro quieto,
arda.
Y LA CABEZA
COMENZÓ A
ARDER
re la pared
ra
bría
uadrado
daba
más allá.
odó la luna
a la ventana;
aró
e dijo:
aquí no me muevo;
miro.
quiero crecer
delgazarme.
la flor
nita
se abre
l agujero
u casa.
quiero ya
ar
ás de
tierras
no conoces,
iposa libadora
ombras.
alzar fantasmas
re las cúpulas
nas
me beben.
fijo.
miro».
o no contestaba.
cabeza
mía bajo
manos.
nca
mo tú,
pozos de sus ojos
an un agua
da
iada
víboras luminosas.
e pronto
abeza
menzó a arder
mo las estrellas
l crepúsculo.
mis manos
ñeron
una sustancia
orescente.
cendió
ella
casas
os hombres,
bosques
as bestias.
EL CAZADOR
DE PAISAJES
antado
re tus dos piernas,
mo la torre
a llanura,
abeza perfecta
aba paisajes.
el sol,
mo pez del horizonte.
as colinas,
ueños senos
iertos de bello
ado.
as balumbas
nubes
oicas,
ltadoras
as trompetas
trueno.
re la máquina
adora
dante,
torre
u cuerpo,
ponías horizontes
orbiendo
mos
ormas
lores.
herida a tu velocidad,
mo la hoja
rueda,
é tímidas flechas
s paisajes soberbios.
ólo
ueños
ones de formas
ogió mi corazón
rmecido.
BUQUEESCUELA
l gris,
a tu mole
lumón blando
as aguas.
o te acunaban,
orantes
us nidos
obuses.
nillo sobre tornillo,
ncha sobre plancha,
e sobre torre,
anzaba al aire
n esfuerzo
atapulta.
odiaba,
de el muelle,
que te vestías
ielo,
ar calmo;
mado…
ndo te hollaron mis pies
nube de adolescentes
ormados
mpió por tus puentes
ían vuelto a cargarse
ramas humanas
adas a cañonazos.
ía más que antes;
an más hermosos
antes:
llos fornidos
uerda
nsada.
s tiernos.
ne dorada
puma y sal.
ntes agudos,
inosos.
ndes bocas
medas aún
besos maternos,
ertas,
igüeñas,
mo la de los pichones.
aban como frutas
re el acero del buque.
fumaban el hierro.
teñían la pintura.
laban palabras de hombre,
icales…
vían los brazos
írculos
strechamiento.
una pajuela,
acía cosquillas
gato:
ariz riente,
el ojo de buey,
aba gritos
pueril alegría.
ubre,
vez en cuando,
aba una campana.
Máscara de hierro
re las caras…
cía,
ca,
la
albedrío.
RETRATO DE
UN
MUCHACHO
QUE SE
LLAMABA
SIGFRIDO
nombre suena
mo los cuernos de caza
pertando las selvas vírgenes.
nariz aleteante,
ngulo de cera vibrátil,
a avanzada
u beso joven.
piel morena
uma
os bárbaros.
o tu mirada de aguilucho,
dora simultánea
iete caminos,
atina.
voz,
da de la humedad del Plata,
s criolla.
urva las arterias
gua del Rhin.
ango
esarticula
oluntad.
charlestón
sculpe
uerpo.
manos,
das de intrincados caminos,
la historia
una raza
madores.
u labio
angre huyente
rito de las walkirias
stremece todavía.
cuello es un pedúnculo
brado por tus sueños.
tu pequeña cabeza
rgen ciudades heroicas.
he visto tu corazón:
e abrirse
argos pétalos
es.
visto tu alma:
ima
anchada en mar azul:
vaporarse
nfinito se puebla
entas colinas malva.
piernas
on las columnas
canto salomónico:
vemente se arquean
o la cadena de hombres
te precedió.
nes un deseo: morir.
na esperanza: no morir.
AGRIO ESTÁ
EL MUNDO
io está el mundo,
aduro
nido;
bosques
ecen puntas de acero;
en las viejas tumbas
s superficies;
gua de los mares
na
as de espanto.
io está el sol
re el mundo;
gado en los vahos
us pantanos;
aduro,
nido.
ia está la luna
re el mundo;
de,
eñida;
a fantasmas
sus patines
medos.
io está el viento
re el mundo;
nubes de insectos muertos,
ta, roto,
s torres;
nuda crespones
lanto;
a sobre los techos.
io está el hombre
re el mundo,
anceándose
re sus piernas:
us espaldas,
erto de piedras;
frente,
erto de soles,
go…
ECUACIÓN
brazos:
an de mis hombros;
brazos: alas.
de plumas: acuosos…
nean sobre las azoteas,
arriba… entoldan.
vierten en lluvias:
as de mar,
imas,
humana…
lengua:
ura…
s floridos
an de sus pétalos.
corazón:
abandona
cula
invisibles círculos
ticos.
sa redonda, pesada,
a…
a los valles,
ma los picos,
a los pantanos…
sumado a otros soles…
rras nuevas
zan a su alrededor).
piernas:
cen tierra adentro,
unden, se fijan;
van tentáculos
prensadas fibras:
es al viento,
ra:
ancean mi cuerpo
do…
cabeza: relampaguea…
ojos, nomeolvides,
eben el cielo,
an cometas perdidos,
ellas rotas,
ácigos…
cuerpo: estalla.
enas de corazones
iñen la cintura.
erpiente inmortal
e enrosca al cuello…
LLAMA
queja abre la pulpa
corazón divino
estremecimiento
ciopela
musgo de la tierra.
ámbar agridulce
ilado de las
es cerúleas
a mojar
labios sedientos.
s de sangre
an de mis manos
lpicar el rostro
os hombres.
re la cruz del tiempo
vada estoy.
umor lejano
mundo, ráfaga cálida,
pora el sudor
mi frente.
ojos, faros de angustia,
an señales misteriosas
os mares desiertos.
erna,
ama de mi corazón
e en espirales
uminar el horizonte.
BALADA
ARRÍTMICA
PARA UN
VIAJERO
enía un amor,
mor pequeñito,
i amor se ha ido.
iz viaje, mi amor, feliz viaje!
era muy grande mi amor,
ra muy alto;
ca lo vi en traje de baño;
o debía tener un cuerpo
ecido al de Suárez.
or dicho, al de Dempsey.
mpoco era un genio;
eía siempre, eso sí;
ustaban los árboles;
riciaba al pasar
s niños.
e hubiera regalado
rco
a que volteara estrellas…
o tuve miedo
alguna
ayera en la cabeza, lector:
n tan grandes!
che mismo se fue;
ó un vapor
medía una cuadra:
masiado grande para él;
s un gigante.
ra lo veo pequeño al buque,
pequeño;
parece solamente
anzadera
una máquina de coser
blando en el filo
una montaña movible.
or camarero,
or camarero del vapor:
ale una gran reverencia
ndo le vea pasar;
rele bien las sábanas de la cama,
piértelo con suavidad.
orita viajera:
d, la más hermosa del barco:
elo a los ojos con ternura;
ale con ellos cualquier cosa:
Me casaría con usted ahora mismo.
no: —Vamos a tomar
os el té.
sted, señor Río,
ea imprudente;
ese como un caballero
un hombre que sueña;
ombre que sueña necesita cunas,
cuando sean de agua.
he visto nunca
l Río de la Plata
es voladores.
ay alguno que no vuele:
e gustan los peces,
enos si tienen alas.
ñana llegará a un puerto,
o al muelle se parará el vapor:
señor Buque, oh estuche
ue mi pequeño amor
e de diamante:
repide mucho al atracar,
dé brincos!
ajará la escalerilla
ando un foxtrot.
mpre canta un foxtrot.
vará un traje gris
sobretodo azul marino.
se los manche usted, por Dios,
or Buque:
amor es pobre…
REGRESO EN
SUEÑOS
a perdida en el vaivén del tiempo;
ás de los paisajes escondida;
a hacia atrás huyente en el espacio;
a muerta que fuiste boca viva:
bellinos de rostros te apagaron,
que eras rosa ya palidecida;
ques de casas, cielos circulantes,
nes fueron a velarte esquiva.
una vez la punta de la llama
ó en el aire la ligera estría
u boca atersada a finos verbos:
a en la seda, flor más florecida.
evanté la mano para asirte
a nube traslúcida que lucía
chillada del cuchillo mismo
parte en dos la ya palidecida.
veces, en el fondo de otra boca,
de agua pura aun más verdecida,
e de hallarte. Mas se abrió tu boca
mo la sal al viento en las salinas…
o anoche, ¿de dónde regresaste?
tumbas de agua? ¿De raíz nutrida
nchos bosques? ¿De trasmundos malva?
é cadenas de seres te fue guía?
taste los paisajes y los rostros,
circulantes cielos en huidas,
ques de casas, hojarasca de horas,
e hallaste no muerta, que dormida.
aro de aire, reposó la boca
re la boca mía anochecida.
s no era boca. A musgo, macerado
os soles de Dios, se parecía.
FRASE
ra de ley, mi corazón
altos va en su desazón.
muerde acá, sucumbe allí,
ando allá, cazando aquí.
nde lo intente yo dejar
corazón no se ha de estar.
nde lo deba yo poner
corazón no ha de querer.
ndo le diga yo que sí,
á que no, contrario a mí.
vo león, mi corazón
ne apetitos, no razón.
DANZA
IRREGULAR
a punta de un látigo
corazón,
za una danza
irabuzón;
a punta de un látigo,
corazón.
a punta de un triángulo,
corazón,
ota por el césped
mo balón;
ie y otro
manda
i corazón.
iginosamente,
re la vara
chino
stidigitador,
a de oro y acero
que gira
corazón.
r helada y desnuda
corazón,
as ramas de agua,
surtidor,
e y baja
stiempo,
corazón.
ededor del mundo
e cordón
baba
una,
corazón.
por hilo de odio,
or hilo de amor,
mpo a siete colores
ba mi corazón.
molinea el látigo,
e el balón,
descansa
ara ni el surtidor,
vuelta da el mundo
ñe zumbón;
o, forzad la danza
mi corazón.
uno a otro picando
ebote es mayor:
jadme!
me alza
corazón.
UNO
a en el tren en donde viajo. ¿Viene
Tigre, por ventura?
carne firme tiene
moldura
os varones idos, y en su boca
mo en prieto canal,
e sofoca
ermejo caudal…
piel,
or de miel
ata el agua que bañó la piel.
ace un momento, acaso, las gavillas
gua azul, no abrían sus mejillas,
anchos hombros, su brazada heroica
nadador?
era una estoica
o su cuerpo elástico, elegante,
nadador,
ado hacia adelante
l esfuerzo vencedor?)
ventanilla copia el pétreo torso
mulado bajo el blanco lino de la pechera.
n otras vidas remontaba el corso
, la dulce aventura por señuelo,
la luna primera?)
e, ahora, un pañuelo
ina seda sobre el corazón,
bre media delicada cae su pantalón.
de mi asiento, inexpresiva
o sin mirar casi, su perfil de cobre.
e siente acaso? ¿Sabe que está sobre
enso cuello este deseo mío
deslizar la mano suavemente
el hombro potente?
CÍRCULOS SIN
CENTRO
onja del cielo,
ne verde del mar,
tus blandos carriles
e de andar.
ia adelante se partían
caminos para caminar;
s costados se abrían
carreteras para navegar
cia atrás se dirigían
rutas para desandar.
gas noches y días
proa te cortó sin parar
centro no cambiaba nunca,
ulo verde del mar.
re tu esmeralda fría
carne no quería quemar,
corazón se volvía
de como la carne del mar.
decía a mi cuerpo: ¡renace!
i corazón: ¡no te quieras parar!
cuerpo quería echar raíces,
es verdes en la carne del mar.
arco que me conducía
abía más que zarpar,
o el cuerpo que me contenía
uedó estático sobre el mar.
culos circulaban arriba
bían del fondo del mar;
es levantaban las testas
ponían a aullar.
YO EN EL
FONDO DEL
MAR
el fondo del mar
una casa
ristal.
na avenida
madréporas,
gran pez de oro,
s cinco,
viene a saludar.
trae
ojo ramo
lores de coral.
rmo en una cama
oco más azul
el mar.
pulpo
hace guiños
avés del cristal.
el bosque verde
me circunda
in don… din dan—
alancean y cantan
sirenas
nácar verdemar.
obre mi cabeza
en, en el crepúsculo,
erizadas puntas del mar.
FARO EN LA
NOCHE
era negra el cielo
sco negro el mar.
e en la costa, el faro,
banico solar.
quién busca en la noche
gira sin cesar?
n el pecho me busca
orazón mortal.
e la roca negra
de clavado está.
cuervo pica siempre,
o no sangra ya.
MAÑANA GRIS
abren bocas grises
a plancha
onda del mar.
gan nubes grises
bocas
nciosas del mar.
midos los peces,
l fondo,
n.
ocados en nichos,
uerpo frío horizontal,
rmen todos los peces
mar.
, bajo una aleta,
e un pequeño
invernal.
uz difusa
ende
re una aurora pálida
ada boca gris del mar.
a el buque
s peces
e pueden despertar.
iotas trazan signos de acero
re la inmensidad.
VIENTOS
MARINOS
corazón era una flor,
spuma;
étalo de nieve,
de sal;
nto marino lo tomó
puso
re una mano
allecida a mar.
fino encaje
re mano ruda
mo podía anclar?
pe de viento
evó de nuevo;
evó a tumbos
la inmensidad.
ando aún está.
enreda a las cadenas
golpean los flancos
os buques… ¡ay!…
MOMENTO
ciudad hecha de huesos grises
bandona a mis pies.
mo tajos negros,
calles,
aran el osario, lo cuadriculan,
rdenan, lo levantan.
a ciudad, erizada de dos millones de
hombres,
engo un ser amado…
ielo, más gris aún
la ciudad,
ciende sobre mí,
podera de mi vida,
a mis arterias,
ga mi voz…
mo un torbellino,
obstante,
ue no puedo sustraerme,
mundo gira alrededor
un punto muerto:
corazón.
CALLE
callejón abierto
e altos paredones grises.
ada momento
oca oscura de las puertas,
tubos de los zaguanes,
mpas conductoras
s catacumbas humanas.
hay un calofrío
os zaguanes?
poco de terror
a blancura ascendente
una escalera?
o con premura.
o ojo que me mira
multiplica y dispersa.
bosque de piernas,
orbellino de círculos
antes,
nube de gritos y ruidos,
separan la cabeza del tronco,
manos de los brazos,
orazón del pecho,
pies del cuerpo,
oluntad de su engarce.
iba,
ielo azul
ieta su agua transparente:
dades de oro
avegan.
PLAZA EN
INVIERNO
oles desnudos
en una carrera
el rectángulo de la plaza.
sus epilépticos esqueletos
volcadas sombrillas
sientan,
andada compacta,
amarillos
os luminosos.
cos inhospitalarios,
medos,
ulsan de su borde
s emigrantes soñolientos.
ndo fáciles arengas ciudadanas,
rócer,
óvil sobre su columna,
iela en su bronce.
SOLEDAD
ría tirar mi corazón
de aquí, sobre un tejado:
corazón rodaría
ser visto.
ría gritar
dolor
a partir en dos mi cuerpo:
a disuelto
las aguas del río.
ría danzar
re la azotea
anza negra de la muerte:
iento se llevaría
danza.
ría,
ando la llama de mi pecho,
arla a rodar
mo los fuegos fatuos:
lámparas eléctricas
pagarían…
HAZ DE TUS
PIES
de tus pies al fin la raíz fuerte
para el paso; de tu lengua nudo;
us ojos lápida y escudo;
aja el cuerpo, que alzará la muerte.
nsa tu boca sobre el labio triste
pozos tiene de plumones blandos;
ale el filo a los porqués y cuándos
trega, romo, cuanto aquí trajiste:
mo tu verso, suéltalo, menguada;
mor romado entrégalo, romada;
ra aquel tu dar que era mendigo.
todo a medias se te dio en la vida
os este dormir que te convida:
ca y el Padre roncará contigo.
PASIÓN
s besan las sienes, otros besan las manos,
s besan los ojos, otros besan la boca.
o de aquel a este la diferencia es poca.
son dioses, ¿qué quieres?, son apenas
humanos.
o, encontrar un día el espíritu sumo,
ondición divina en el pecho de un fuerte,
ombre en cuya llama quisieras deshacerte
mo al golpe de viento las columnas de
humo!
mano que al posarse, grave, sobre tu
espalda,
a noble tu pecho, generosa tu falda,
ás hondos los surcos creadores de tus
sesos.
a mirada grande, que mientras te ilumine
ncienda al rojoblanco, y te arda, y te
calcine
a el seco ramaje de los pálidos huesos!
UNA MIRADA
perdí de mi vida; en vano en los plurales
ros, el fulgor busco de su fluido divino;
hay copias de sus ojos; tan sólo un hombre
vino
ellas a la tierra; no hay pupilas iguales:
ondo el globo blanco, mundo que anda
despacio;
pupila aguda, cazadora y ceñida;
cuenca de sombras por rayos recorrida.
etextos de que nazca la llama y logre
espacio).
más bellas que tantas otras bellas pupilas.
tas. Si las prendieran en desusadas filas,
mo collar del mundo, serían su atavío.
o lo que adoraba no es lo mejor: yo busco
modo de asomarse; el luminoso y fusco
plandor de dos únicos orbes: lo que era
mío.
CANCIÓN DE
LA MUJER
ASTUTA
a rítmica luna que pasa soy llamada,
los números graves de Dios, a dar mi
vida
tra vida: mezcla de tinta azul teñida;
misma extraña mezcla con que he sido
amasada.
través de mi carne, miserable y cansada,
a un cálido viento de tierra prometida,
be, dulce aroma, mi nariz dilatada
selva exultante y a la rama nutrida.
engañoso canto de sirena me cantas,
uraleza astuta! Me atraes y me encantas
a cargarme luego de alguna humana fruta.
año por engaño: mi belleza se esquiva
amado solemne; de esta fiebre viva,
ún amor estéril y de paso, disfruta.
RAZONES Y
PAISAJES DE
AMOR
I
Amor
a del cielo la endiablada punta
que carne mortal hieres y engañas.
ada viene de divinas mañas
elo y tierra su veneno junta.
angre de hombre que en la herida apunta
ece en selvas: sus crecidas cañas
ombras de oro, hienden las entrañas
cielo prieto, y su ascender pregunta.
un vano aguardar de la respuesta
cañas doblan la empinada testa.
mea el cielo sus azules gasas.
ntos negros, detrás de los cristales
as estrellas, mueven grandes masas
mundos muertos, por sus arrabales.
II
Obra de amor
as y lirios ves en el espino;
gas a ser: te cabe en una mano,
eralda pequeña, el océano;
las sin lengua, enredas el destino.
ntas la testa en el azul divino
típodas, tus pies, en el lejano
és del mundo; y te haces soberano,
satas al sol de tu camino.
as el horizonte y tu mirada
e nacer en noche la alborada;
ñas, y crean hueso tus ficciones.
da la mano que te alzaba en vuelo,
tus pies cae, cristal roto, el cielo,
olvo y sombra levan sus talones.
III
Paisaje del amor muerto
e hundes, sol; mis aguas se coloran
lamaradas por morir; ya cae
corazón desenhebrado, y trae,
oche, filos que en el viento lloran.
en opacas orillas se avizoran
adas negras; ya mi lengua atrae
ún de muerte; y ya no se distrae
mí, la espina; y sombras me devoran.
ejo muerto, el sol, se tumba al cabo.
mo un perro girando sobre el rabo,
erra se echa a descansar, cansada.
no huesosa apaga los luceros:
rrían, pedregosos sus senderos,
la pupila negra y descarnada.
Mascarilla y trébol
(1938)
RÍO DE LA
PLATA EN
NEGRO Y
OCRE
niebla había comido su horizonte
s altas columnas agrisadas
chaban hacia el mar y parapetos
n sobre la atlántica marea.
estaba anclado allí, ferruginoso,
ndo venir sus padres desde el norte;
pumas verdes que por monte y piedra
aban desde el trópico a roerlo:
que ni bien nacido ya moría
su desdén apenas se rizaba
or de sí, los labios apretados.
adas rosas le soltaba el cielo
su seno erguía tallos de humo
re quemados cabeceantes buques.
RÍO DE LA
PLATA EN GRIS
Y ÁUREO
piración la suya grave y lenta
staba quieto, y no perder quería
ueño, y de su cuerpo en tiernos grises
a dulces ángeles dorados.
aba una Ciudad de altos azules,
n hombre roto en su pecíolo y limpias
iguales aristas; y una mano
Doy decía abierta en sus portales.
le pesaban en su piel las moscas
amarinas ni las sacudía
taba como atado al cielo puro.
mbién el árbol sin moverse estaba
pájaro lejano y le escribían
gadas nubes la palabra Espero.
RÍO DE LA
PLATA EN
ARENA
PÁLIDO
qué desierto antiguo eres memoria
tienes sed y en agua te consumes
zas el cuerpo muerto hacia el espacio
mo si tu agua fuera la del cielo?
que quieres volar y más se agitan
olas de las nubes que tu suave
er tejiendo vagos cuerpos de humo
se repiten hasta hacerse azules.
llanuras de arena viene a veces
hacer ruido un carro trasmarino
abre el pecho que se entrega blando.
ás lo escupes de tu dócil boca:
mas al cielo y su lunada lluvia
re de paz la huella ya cerrada.
RÍO DE LA
PLATA EN
CELESTE
NEBLIPLATEADO
una vez del cielo te enamoras
piensas en ti; y arriba subes
uzas lento por el suave espacio;
cielo baja y tiéndese en llanura.
quella blanca vela que venía
de el filo del mar, la comba asciende;
copo que en la comba navegaba
zontal se mueve en tus plateados.
ndo el amor así de flor te viste
en mira el cielo campos de agua mira
uién tu cuerpo azules de aire fino;
o se sabe qué es lo propio tuyo,
us nublados de humo cabeceantes
cabeceo de las grises nubes.
RÍO DE LA
PLATA, EN
LLUVIA
casi el cielo te apretaba, ciego,
mergida una ciudad tenías
u cuerpo de grises heliotropos
livelado en su copón de llanto.
s lejanas cúpulas tiznaba
ran naufragio sobre el horizonte
la muerta ciudad bajo las ondas
lzaba a ver el desabrido cielo:
a a plomo una llovizna tierna
re las pardas cruces desafiantes
l pluvioso mar desperfiladas.
s aves, los árboles, los hombres
mir querían tu afelpado sueño
ceo y triste de llanura fría.
LANGOSTAS
a entoldar el cielo… no… no son;
a caer al sesgo, no; tampoco;
a aumentar el hambre no están hechas;
a hilachar los árboles… no creo.
a volar como los autogiros
stribuidas armoniosamente
vesar sobre los pararrayos
as ciudades altas, no es posible.
n embargo su ala como aquellos
; y aumentan hambre entre los hombres;
sesgo atacan y desvisten ramas;
sol entoldan sobre el rascacielo;
ce siglos que vuelven sin cansarse
tiplicadas mientras más perecen.
EL HIJO
nicia y abre en ti, pero estás ciega
a ampararlo y si camina ignoras
flores de mujer o espadas de hombre,
ué de alma prende en él, ni cómo mira.
acunas balanceando, rama de aire,
deshace en pétalos tu boca
que tu carne ya no es carne, es tibio
món de llanto que sonríe y alza.
mbra en tu vientre apenas te estremece
entes ya que morirás un día
aquel sin piedad que te deforma.
fase brutal te corta el paso
n rezas y no sabes si el que empuja
rrolla sierpe o ángel se despliega.
LA SIRENA
vate el torbellino de las horas
cobalto del cielo y el ropaje
mi árbol de septiembre y la mirada
que me abría soles en el pecho.
game las rosas de la cara
pántame la risa de los labios
ezquíname el pan entre los dientes,
a; y el ramo de mis versos, niega.
s déjame la máquina de azules
suelta sus poleas en la frente
pensamiento vivo entre las ruinas;
haré alentar como sirena en campo
mutilados y las rotas nubes
él se harán al cielo, vela en alto.
TIEMPO DE
ESTERILIDAD
Mujer los números miraron
járonle un cofre en su regazo:
o salir de aquel un río rojo
daba vuelta en espiral al mundo.
años signos, casi indescifrables,
mbreaban sus riberas, y la luna
estramente dibujada en ellos,
enaba los tiempos de marea.
sus crecidas Ella fue creadora
s noumenos fríos revelados
ibias caras de espantados ojos.
día de su seno huyóse el río
isla verde florecida de hombres
dó desierta y vio crecer el viento.
PELOTA EN EL
AGUA
ada y verde de la mano tierna
ó en el agua donde echó raíces
un glauco más sutil y se alejaba
con el tallo hundido en los cristales.
as niñas cantaban en el borde
a piscina y sus volcadas sombras
aba el agua, y las faldillas crespas
onas eran sobre un móvil junco.
el árbol y malva; azul pizarra
ielo bajo y un mugido lento
riciando el trébol florecido.
na urraca punzando y las dos bocas
unto de morir y la menuda
o esperando que su flor volviera.
CIGARRA EN
NOCHE DE
LUNA
layada, agita la matraca
u voz, que traspasa el horizonte
árbol, la cigarra, y llama a mitin
s grillos en camas de rocío.
re los tanques frescos de los sapos
grillos mueven verdes batallones.
nda la capitana chilladora
rcan los balcones de la luna.
peluca de nieve, la levita
Orión abotonada, y muy de azules,
mano de azufre, otra de yeso,
una dobla el cuerpo saludando;
s grillos levantan, bayonetas,
a su reina las agudas patas.
PALABRAS
MANIDAS A LA
LUNA
ero mirarte una vez más, nacida
aire azul, con gotas de rocío
dientes sobre el mundo, aligerada
a angustia mortal y su miseria.
re el azogue, más azul, del río,
endo «llora», aymé, tan transparente
no hay palabras para aprisionarte,
ar y nieve sueños de ti misma.
a: mi corazón te está pidiendo.
rido está; lo entrego a tus cuidados.
a tus dedos blancos suavemente
re él; quiere dormir, pero en tus linos,
no el odio y apagado el miedo;
fesado y humilde y destronado.
NIDO EN UNA
ESTATUA
razo recogido de la estatua
ecó dulce: el ave pajas puso
izó el bronce de flechillas de oro,
posó. Y el ave no sabía.
ielo abrió una enredadera malva
aquel oro en su florón de gracia
bronce lo brindaba humanizado.
o el bronce y el ave no sabían.
ó un niño y soñó con la pajuela
desdichado lo añoró por lecho
amor le sonrió desde dos ríos.
taba un salmo en él como distante,
a rosa de paz como invisible.
er, pájaro y bronce, no sabían.
EL SUEÑO
scara tibia de otra más helada
re tu cara cae y si te borra
es para un paisaje de neblina
ue tus muertos crecen, la flor corre.
el mito despliega sus arañas;
flora la sospecha; y se deshace
ólera de ayer y el iris luce;
guien que ya no es más besa tu boca;
un no ser, que es un más ser, doblado,
ndido estás aquí y estás ausente
praderas de magias y de olvido.
é alentador sagaz, tras el reposo,
ó este renacer de la mañana
es juventud del día volvedora?
MAR DE
PANTALLA
viene el mar y vence las paredes
la pantalla suelta sus oleajes
anza hacia tu asiento y el milagro
cero y luna toca tus sentidos;
piran sal tus fauces despertadas
lea tu cuerpo contra el viento,
tán casi tus plantas en el agua
goce de gritar ya ensaya voces.
máquinas lunares en el lienzo
n cristales de ilusión tan vivos
el salto das ahora a zambullirte:
escapa el mar que el celuloide arrolla
los dedos te queda, fulgurante,
mística flor, técnica y fría.
DIBUJOS
ANIMADOS
mística flor, técnica y fría,
el pomo de colores, semillero
eres planos que el dibujo alienta,
ien terrestre, de un trasmundo viene.
e millares de años que la garra
az del hombre, por desentrañarlo,
ó paredes y mordió las piedras
a lograr un árbol que camina.
a el pequeño ser en blanco y negro
te calca, tú eres otro calco
un modelo mayor e indefinido:
alma tiene que es la tuya misma,
obre tuya misma persiguiendo
es de viento y puerto de papeles.
UNA LÁGRIMA
mía, que madrastra fue de Edipo
ércules la forjó sobre su pira;
que mis ojos, cráteres antiguos,
otros ojos conocieron lava.
mía, que en mi mano la descubro
os trasmundos áridos caída:
de agosto flácida y musgosa;
aredado a cal, sol de febrero.
el cobijo traspásame su brasa
o no lloro llantos a llorado
copia el mundo y centuplica su iris.
rbes lacustres, tálamos de oro,
as de acero fúlgidas a estrellas
osque azul levanta de cristales.
A MADONA
POESÍA
uí a tus pies lanzada, pecadora,
tra tu tierra azul, mi cara oscura,
virgen entre ejércitos de palmas
no encanecen como los humanos.
me atrevo a mirar tus ojos puros
tocarte la mano milagrosa:
o hacia atrás y un río de lujurias
ladra contra ti, sin Culpa Alzada.
pequeña rama verdecida
u orla pongo con humilde intento
pecar menos, por tu fina gracia,
ue vivir cortada de tu sombra
ible no me fue, que me cegaste
ndo nacida con tus hierros bravos.
VOY A
DORMIR
ntes de flores, cofia de rocío,
os de hierbas, tú, nodriza fina,
me prestas las sábanas terrosas
edredón de musgos escardados.
a dormir, nodriza mía, acuéstame.
me una lámpara a la cabecera;
constelación; la que te guste;
as son buenas: bájala un poquito.
ame sola: oyes romper los brotes…
cuna un pie celeste desde arriba
pájaro te traza unos compases
a que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
l llama nuevamente por teléfono
ices que no insista, que he salido…
Poesías posteriores a
1934
A HORACIO
QUIROGA
rir como tú, Horacio, en tus cabales,
í como en tus cuentos, no está mal;
ayo a tiempo y se acabó la feria…
á dirán.
se vive en la selva impunemente,
ara al Paraná.
n por tu mano firme, gran Horacio…
á dirán.
os hiere cada hora —queda escrito—,
mata la final».
s minutos menos… ¿quién te acusa?
á dirán.
s pudre el miedo, Horacio, que la muerte
a las espaldas va.
iste bien, que luego sonreías…
á dirán.
que la mano obrera te estrecharon,
no, sí, Alguno, o simplemente Pan,
no es de fuertes renegar de su obra…
s que tú mismo es fuerte quien dirá).
PARTIDA
camino
a el confín
s puertas de oro
ierran;
rías profundas;
adas.
ire no tiene peso;
puertas se balancean
l vacío;
eshacen en polvo de oro;
untan, se separan;
an a las tumbas
lgas;
en cargadas de corales.
das,
rondas de columnas:
puertas se esconden
ás de los parapetos azules;
gua brota en campos de nomeolvides;
a desiertos de cristales morados;
uba grandes gusanos esmeralda;
renza los brazos innumerables.
via de alas,
ra;
eles rosados
lavan como flechas
l mar.
ría caminar sobre ellos
hundirme.
senda de cifras
a mis pies:
umnas de número
a cada paso,
marinas.
llevan:
edaderas invisibles
gan sus garfios
de el horizonte:
cuello cruje.
camino.
gua no cede.
hombros se abren en alas.
o con sus extremos
extremos del cielo.
hiero:
angre del cielo
ando el mar…
apolas, amapolas,
hay más que amapolas…
aligero:
arne cae de mis huesos.
ra.
mar sube por el canal
mis vértebras. Ahora.
ielo rueda por el lecho
mis venas.
ra.
sol! ¡El sol!
últimos hilos
envuelven,
impulsan:
un huso:
o, giro, giro, giro!…
ROMANCILLO
CANTABLE
a fin de septiembre,
ndo me vaya,
quita, el que quiero
drá a tu cátedra.
es a tus amigos,
durazneros,
carguen
lorero.
almendro
con gasas
que
asa.
aquel árbol sin nombre,
spejos negros
leonados se tornan
o los vientos,
eche por su bocaza
gran rama rosa
erca pasa.
ío que remueva
terciopelos:
e conozco algunos
alto y hierro.
mi flauta,
ana,
a lo Debussy toque
o su cama.
este mismo cuarto
su sueño
misma persiana
ará su cuento:
sando el río grande;
que te ama
e muere…
dea como las ramas».
ALFONSINA STORNI MARTIGNONI
(Sala Capriasca, Suiza, 1892 - Mar del
Plata, Argentina, 1938) fue una poetisa y
escritora argentina del modernismo.
Ejerció como maestra en diferentes
establecimientos educativos y escribió
sus poesías y algunas obras de teatro
durante este período. Su prosa es
feminista, ya que busca en ella la
igualdad entre el hombre y la mujer, y
según la crítica, posee una originalidad
que cambió el sentido de las letras de
Latinoamérica. Otros dividen su obra en
dos partes: una de corte romántico, que
trata el tema desde el punto de vista
erótico
y
sensual
y
muestra
resentimiento hacia la figura del hombre,
y una segunda etapa en la que deja de
lado el erotismo y muestra el tema desde
un punto de vista más abstracto y
reflexivo. La crítica literaria, por su
parte, clasifica en tardorrománticos a
los textos editados entre los años 1916 y
1925 y a partir de Ocre encuentra rasgos
de vanguardismo y recursos como el
antisoneto. Sus composiciones reflejan,
además, la enfermedad que padeció
durante gran parte de su vida y muestran
la espera del punto final de su vida,
expresándolo mediante el dolor, el
miedo y otros sentimientos.
Notas
[1]
«A Eros», Mascarilla y trébol.
Madrid: Losada, 1938, p. 185. <<
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