Leer “5 dias con Nacho Vegas” en Rolling-Stone

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entrevista
En su habitación temporal. "Odio pasar tiempo
en hoteles", dice Nacho, pero opina que el
Ateneo "es el Chelsea Hotel de Madrid".
66 rolling stone marzo 2009
Cinco
días con
NACHO VEGAS
Vegas
Entre sus dos llenos en Madrid,
Rolling Stone se convierte en la
sombra del cantante asturiano,
con quien hablamos del cielo y
del infierno. Por Josu Lapresa
E
l sábado 31 de enero, a las cinco y
media de la tarde, el techo y las paredes del camerino de la sala Joy Eslava
retumban. Es lo más parecido a estar
dentro de una lavadora. Arriba, en el
escenario, Manu Molina está probando el sonido
–o la solidez– de su batería. Cuando los vasos del
camerino se encaminan con peligro al borde de la
mesa, el resto de la banda se mete con una versión
instrumental de Que te vaya bien, Miss Carrusel, al
tiempo que alguna voz reclama a Nacho. ¿Nacho?
Está aquí al lado, tumbado cuan largo es en el sofá
del camerino, ajeno a la lavadora, resoplando, si no
roncando, reponiéndose de un difícil día anterior.
un emisario baja a por él y le dice que cuando quiera. y él, como a
toque de corneta, se levanta y sale del camerino y sube al escenario y coge
la guitarra y hace un gesto y empiezan todos con esa versión de Townes
Van Zandt, incluída en su primer disco, Actos inexplicables (2001). Son
las horas previas al primer concierto de la gira en Madrid. Llega con todas
las entradas vendidas no sólo para hoy, sino también para el 4 de febrero,
y con perspectivas idénticas para el tercer concierto en la capital, el día 12.
En total, actuará para unas 3.000 personas en una sola ciudad, algo inaudito para alguien que vendió 5.500 copias de su anterior disco, Desaparezca aquí (2005). Sin embargo, algo que no extraña a nadie de su entorno.
Fotos de Josegirl
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entrevista
Las Esferas Invisibles, anterior banda de acompañamiento
de Nacho Vegas, dejó de existir al término de la gira de Desaparezca aquí –“Son cosas que ocurren cuando pasas
muchas horas juntos", explica Nacho–. De la quema se salvaron el batería Manu Molina, con Nacho desde el primer
día, y el guitarrista Xel Pereda, que empezó con él de técnico de sonido y enseguida se convirtió en su verdadera mano
derecha, tanto en solitario como en los proyectos paralelos
con Bunbury y con Christina Rosenvinge; en Lucas 15 fue
incluso el padre del proyecto. Los nuevos son el bajista Luis
Rodríguez y el teclista y corista Abraham Boba –con cuya
aportación ha ganado mucho el sonido de Vegas–. No tienen nombre. Lo iban a tener, porque a Nacho se le ocurrió
que podrían aparecer como Nacho Vegas y La Trama Asturiana, pero alguien le hizo notar que podía malinterpretarse
con algún negro recuerdo del 11-M.
Así que es Nacho Vegas, a secas, el que sale al escenario
de Joy Eslava a las nueve de la noche. El griterío es de los
reservados a estrellas de otro estatus. Los nervios también. Y la búsqueda desesperada de entradas en la puerta.
Nacho es, claro está, lo que se dice un artista de culto.
Pero entre culto y culto, lo cierto es que el dispensado al
gijonés resulta ahora mismo inalcanzable para cualquier
otro compañero de camada indie, y se podría generalizar
más, si no fuera uno a encontrarse con cultos de muy
dudosa procedencia y proceder en otras divisiones de la
música española.
En su primer concierto
en Madrid, Nacho toca siete de las once canciones del
nuevo disco, El manifiesto
desastre –“Va bien", reconoce, “antes de la gira ya ha
vendido lo mismo que el
anterior; supongo que mi
objetivo es llegar a las
10.000 copias"–, y el respetable las conoce todas y las
corea. O lo intenta, porque entre los seguidores de Vegas
hay mucha polémica al respecto de si cantar o no las canciones, por aquello de que son muy íntimas y tal. Se advierte la
nueva remesa de oyentes recibidos de Bunbury cuando
Nacho toca dos de los temas de El tiempo de las cerezas, el
disco que compartió con el aragonés errante y que Nacho
no deja de reivindicar. El protagonista de la noche sólo
habla para presentar a su banda, y sólo se mueve para salir
del escenario y volver a los bises, que terminan con El ángel
Simón, su primera canción y aún, después de más de ocho
años, la más importante de su repertorio.
El éxito del concierto está en las caras de los que abandonan Joy Eslava y en las de quienes bajan al camerino, donde
están Enrique Bunbury, Christina Rosenvinge con Steve
Shelley, de Sonic Youth, Julio Ruiz, de Radio 3, y varios
amigos del cantante y de la banda. Nacho se ha cambiado
pronto el traje del escenario por unos vaqueros y un jersey.
Desde el camerino, todos salen hacia el Fotomatón, un bar
de moda en el centro de Madrid. Todos menos Nacho, que
ya ha salido de la sala con Christina.
�pero al final nunca me animo". A pesar de seguir con
asiduidad al equipo, Nacho reconoce haber sido poco fiel
durante los años que pasó en Segunda División. Aún así,
todavía es capaz de recordar “cuando el Sporting le ganó al
Milán de Van Basten la ida de una eliminatoria de la UEFA.
En la vuelta golearon los italianos, pero ahí quedó". Nacho
le da un trago a la caña como si estuviera reviviendo aquel
partido, con una sonrisa en la boca, pero cuando llega la
tapa la deja a un lado como si escondiera explosivos.
Está contento por el concierto del sábado en Madrid,
por los llenos consecutivos, pero todavía guarda un amargo
sabor de boca del concierto del viernes 30 en Zaragoza: �En
Zaragoza la jodí, falté al respeto a la banda. Ellos estaban
tocando muy bien, y yo no estuve a la altura, bebí demasiado. Ya les pedí perdón, pero aún estoy arrepentido". Entre
el sábado y hoy han aparecido multitud de comentarios,
todos elogiosos, sobre la noche en Joy Eslava. Pero llaman
la atención por la cantidad y la vehemencia los de los seguidores que exigen ‘respeto' y silencio cuando Vegas cante.
Que no se coreen sus canciones, sobre todo las más personales. Incluso hay quienes quieren que Nacho se pronuncie
al respecto. �A mí lo que me sorprende mucho es que la
gente se sepa canciones que no tienen estribillo, largas, y
que son más íntimas", dice sobre el tema: �Recuerdo algún
concierto en el que alguien cantaba muy mal y a gritos y me
molestaba a mí para cantar, pero en Joy, gracias al sonido
recuerda Nacho, �hice un tratamiento muy sencillito por la
Seguridad Social con un opio sintético y trankimazín. Estuve unos meses así, y no pasaba el mono, pero recaí. Después
lo intenté con pastillas de naltrexona, pero también recaí, y
con lo peor. La heroína no es lo peor, lo peor es la coca cuando te la metes no por nariz sino por vena o por base. Eso
engancha mogollón, además… No sé cómo no pillé nada,
vamos, me hice análisis para ver, porque te metes por vena
cosas que cualquiera ha estado masuñando por ahí. Y eso es
lo que al final te jode más. Te enganchas a ello y necesitas
caballo para bajarlo, porque, si no, te quedas con una ansiedad que se te sale el cuerpo por la boca. Cuando ya me metí
en eso vi que me estaba jodiendo la vida totalmente, fui al
médico y me dijo que tenía que empezar con la metadona.
Yo no quería meterme metadona, pero la verdad es que me
sirvió bastante para mantener una vida normal, porque el
caballo es como un trabajo de 24 horas, estás todo el día o de
medio mono o pillando, no puedes pensar en otra cosa. No
te deja tiempo para nada. Con la metadona puedes hacer
vida normal. Lo malo es que, de vez en cuando, picaba otra
vez con el caballo, y ya había llegado un momento en el que
vivía anestesiado. Los opiáceos te quitan lo malo pero te
quitan lo bueno también".
Cuando habla de lo bueno, entre otras cosas Nacho
incluye su música. Asegura no deberle nada al consumo de
drogas “porque afectan al estado emocional, a los impulsos,
a las cosas que te hacen
escribir". “Cuando estás
colocado", sigue, “no necesitas canciones, porque
nada te emociona demasiado y nada te duele, aunque
eso luego pasa y te devuelve la hostia multiplicada
por mil". Cuenta, además,
que ese proceso se había
agravado en los últimos
meses, en los que apenas
conseguía componer nada: “En Madrid, estando con Christina, procuraba pasar, pero al llegar a Gijón me ponía hasta
arriba y no hacía nada. Así es que me di cuenta de que tenía
que volver a empezar de cero. Esta vez es la más fuerte y
tiene que ser la definitiva, porque si no…".
Pese a todas las dificultades que entraña relacionarse
con Nacho Vegas a casi cualquier nivel, resulta asombroso ser testigo del cariño, la amistad y la fidelidad que despierta entre su gente más cercana, desde su banda hasta
su mánager de gira o a la gente de su discográfica. �La
verdad es que sí", reconoce Nacho, �no lo merezco, pero
tengo mucha gente que se preocupa mucho por mí. Con
esto de las drogas, mi madre me dice: �La única suerte que
tienes es que tienes gente que te quiere al lado que no te
mereces'. Porque la verdad es que yo, por culpa de las
drogas, he hecho mucho daño". Una de esas ocasiones
está reflejada en Morir o matar, la última canción de su
último disco, la más dolorosa que ha escrito nunca, como
él mismo reconoce, y que tiene pasajes de tanto escozor
como este: “Y emprendiste así tu huida/y yo corrí a mi
habitación/y mezclé en una cuchara el polvo blanco y el
marrón/y con la sangre aún resbalando te llamé desde ese
hotel/por favor entiende que algo no funciona en mí muy
bien/y al otro lado te oí llorar/y yo seguí y no colgué/y me
suplicaste ‘déjame de una vez, déjame de una vez’”.
La protagonista femenina de esta escena es Lidia, la ex
pareja de Nacho, que ahora es quien le hace los trajes a
medida que luce siempre en los conciertos y en las sesiones fotográficas. “Llevo dos trajes en la gira, que estoy
combinando estos días, pero tengo encargado otro y luego
otro más”, dice Nacho. Se habrá convertido en un experto
en tintorerías. “Sí. Precisamente los tengo que llevar hoy a
"Mi padre es un fantasma
que siempre me acompaña,
quizá por eso sigo
tocando 'el ángel simón'"
más sporting, menos upyd
Según avanza la mañana del 2 de febrero, la lluvia deja de
caer sobre Madrid. La cita con Nacho, en una cervecería
próxima a su hotel habitual en Madrid, llega a través de un
mensaje de móvil en el que anuncia haber tenido una
�noche de perros" y el estómago �un poco jodido". La razón:
�Es que me enteré de que ganó el Sporting [de Gijón], pedí
un Johnnie Walker etiqueta negra para celebrarlo y me
sentó fatal". Cuesta imaginarse a Nacho Vegas en El
Molinón gritando goles de su equipo, pero el caso es que le
gusta el fútbol. �Siempre quiero ir al estadio", confiesa,
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del escenario, no lo noté mucho. Y a mí, como público,
supongo que también me molestaría que la gente cantara
mucho, aunque no creo que sea una cosa que se pueda ni se
deba controlar". Muchos achacan esta ‘nueva conducta' a la
llegada de neófitos bunburyanos y de otros pelajes, a quienes Nacho da la bienvenida, �encantado, mientras la gente
muestre un respeto por las canciones que están sonando.
Incluso aceptaría tener seguidores de UPyD [el partido de
Rosa Díez]. Con reservas, pero bueno".
la oportunidad definitiva
Un comentario cazado al vuelo el sábado en el camerino
indicaba que �ahora Nacho se está cuidando más". Voces
bajas asentían. ¿Se referían a las drogas? Nacho asiente, y
desvela que está inmerso en un serio proceso de
desintoxicación. �Todo esto me está influyendo demasiado
esta semana, no pensaba que iba a ser así", confiesa: �Si lo
llego a saber tendría que haber empezado el tratamiento
una semana antes, y haber llegado a la gira bien. No
esperaba sentirme tan mal y me jode tener que hacer el
esfuerzo éste para estar bien. Pero bueno, el sábado en
Madrid ya fue mejor y ahora espero que siga así".
El peor momento lo vivió la noche del 27 al 28 de enero,
en el tren nocturno que le llevaba de Gijón a Barcelona:
�Son 14 horas en coche-cama, solo, lo que de normal me
gusta porque incluso puedes tocar un poco la guitarra. Pero
este viaje no fue así, me metí en la cama y me puse a sudar
toda la noche y no pude pegar ojo. Además, llegaba a Barcelona con el tiempo justo para darme una ducha y acudir a la
primera entrevista". Nacho confiesa que este es su �intento
más serio" para dejar la droga, fruto de un pacto alcanzado
con Christina. �La primera vez que me enganché al caballo",
NACHO VEGAS
Nacho lo intenta con el piano mientras hace
tiempo para ir a la tintorería.
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entrevista
planchar. Por cierto, que el otro día Bunbury me echó la
bronca por salir con el traje sin planchar, me dijo: �Te tengo que decir un sitio donde se planchan trajes�, y me dijo
uno de la calle Mayor adonde tengo que ir".
Han pasado las cuatro de la tarde y Juan Santaner (Jet
Lag, y mánager de gira de Nacho) y Abel Hernández (ex
Migala, El Hijo) esperan en la sala El Sol, a pocos pasos de
distancia, para ver qué hacen con el concierto de esta
noche. Al final, J (Los Planetas) no llega, y los tres tienen
que salvar la papeleta. Al ver el cartel que les anuncia como
“Los Crosby, Stills, Nash & Young del indie español”,
Nacho deja escapar un lamento: “El nombre ese lo dije yo
de broma, y ahora resulta que ha habido hasta problemas,
porque alguien de la oficina de David Crosby ha llamado a
El Sol preguntando a santo de qué ese nombre. En fin”.
El concierto pone fin al ciclo que conmemora el 30º
aniversario de la reputada sala madrileña, y sobre la mesa
ha estado la posibilidad de cancelarlo por la ausencia de J,
de aplazarlo hasta que pudiera tocar el de Los Planetas,
pero el tiempo se les ha echado encima y las entradas
están todas vendidas. Así que entre un café, una cerveza
y un whisky ensayan una versión castellanizada del Northern Sky de Nick Drake, que en su día, irónicamente, ya
hicieron Los Planetas. Esa canción cerrará esta noche un
concierto que, a caballo entre versiones propias y ajenas
(Velvet Underground, Neil Young), pudo haber dado más
de sí pero que supuso en El Sol un broche digno.
1
buscando a ronnie lane
El martes 3 de febrero es día de prensa para Nacho. Por la
mañana se ha sometido a la sesión de fotos que ilustra este
reportaje. Después ha comido con Enrique Bunbury, y por
la tarde ha concedido entrevistas a todo tipo de medios de
comunicación, incluido Libertad Digital: “Una pena”, dice
Nacho, “yo esperaba que fuera Pío Moa el que me hiciera la
entrevista”. Llega al mismo bar de ayer con el periódico
Público bajo el brazo. “Leo Público, y luego suelo hojear El
País y El Mundo", dice Nacho: �Si puedo, no me pierdo las
columnas de Federico Jiménez Losantos: me hacen pasar
buenos ratos. Es un tipo inteligente, pero con una mala
hostia… Tiene como un demonio dentro, el tío”.
Hubo un día, aunque parezca raro, en que Nacho Vegas
no era más que el guitarrista de Manta Ray, buena banda
alternativa de los noventa cuya música poco tenía que ver
con lo que luego ha sido el catálogo del asturiano. “Una vez
–recuerda– leí que me había ido dando un portazo después
de una bronca, y no fue así, sino todo lo contrario. Fue una
cosa que hablamos tranquilamente y ya está”. Nacho dejó
Manta Ray después de la gira de Pequeñas puertas que se
abren y pequeñas puertas que se cierran (1998) y, al principio,
su decisión pareció no ser la más acertada: “Con la que más
pasta hicieron fue con la gira del siguiente disco, Esperanza
(2000). Entonces yo estaba empezando a pensar en mi primer disco en solitario, y para subsistir trabajaba en un bar
de noche en Gijón. El bar no estaba mal, lo que pasaba era
que estaba en una zona un poco mala de bares de salsa y
cosas así. El caso es que una noche, en mitad de la gira, se
pasaron los Manta Ray con las manos llenas de billetes para
dar envidia. Y bueno, el que ríe último…”. Y eso, se ríe.
Una tienda grande de discos queda cerca del bar, y
Nacho quiere hacer algunas compras: “Quiero comprar los
discos de Ronnie Lane [de los Small Faces y Faces], que me
recomendó la otra noche Steve [Shelley, de Sonic Youth],
después del concierto. Me dijo que hay un DVD sobre él,
The Passing Show, que es muy bueno. ¿Sabes? Steve le preguntó a Christina: ‘¿Crees que a Nacho le importaría que le
pusiera el nuevo disco de Sonic Youth?’ ¡Imagínate! ¡A mí,
con lo fan que era, que puse el nombre de mi primer grupo
[Eliminator Jr.] por ellos!”. En la tienda no tienen nada de
Ronnie Lane, y encarga el DVD. Se para ante el vinilo de
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Goodbye and Hello, de Tim Buckley, pero ya lo tiene, pregunta por el último disco de The Felice Brothers –“Me lo ha
puesto Enrique [Bunbury] en su casa y me ha gustado
mucho”, dice– y busca alguno más, pero no encuentra lo
que quiere. “Joder, me siento mal. Yo pensaba salir de aquí
con una pila de discos y que salieran en Rolling Stone…”,
se queja Nacho. Al final, compra un recopilatorio de John
Fahey y el primer disco de Gillian Welch, que va a regalar a
un amigo. La tienda cierra y Nacho se va al Teatro Alfil. Leo
Bassi le ha invitado a su espectáculo y a visitarle después.
la importancia de llamarse vegas
El miércoles 4 de febrero es el día de su segundo lleno en
Madrid. Bajo una momentánea pero violenta granizada,
Nacho llega a un acogedor restaurante italiano muy
cercano a la sala Joy Eslava, donde luego tiene que
probar el sonido. Viene preocupado: “Anoche, después de lo de Leo Bassi, me mandó un mensaje Xel
diciendo que quiere dejar el grupo. Que toca hoy, pero
que es su último concierto conmigo”. Nacho cree que
es por lo del concierto de Zaragoza, y bromea sobre la
posibilidad de ir a buscarle a Barajas –llega a las seis–
con un cartel con su nombre para hacerse perdonar.
¿Y unas flores? “Me las metería por el culo”.
Traen la carta, de la que Nacho elige Scamorza a la
piastra con prosciutto de Parma y unos Penne Arrabiata.
También traen un par de cervezas, y el momento es bueno –como cualquier otro–, para saber que Nacho Vegas
estudió Filología Hispánica y que sólo le quedan “cinco o
seis asignaturas”. “Soy un lingüista frustrado, pero tampoco creo que hubiera podido dedicarme a ello”, reconoce
Vegas; “digamos que las asignaturas que me interesaban ya
las di”. Recuerda como especialmente clave una antología
poética que les mandaron en primer curso y gracias a la
cual descubrió “la poesía en sí, y en concreto poetas como
Fernando Pessoa o William Carlos Williams”.
Cuando empezó la universidad, Nacho era Nacho
González Vegas, y hubo un momento en que tuvo que
escribir su nombre en un disco y evitó poner González.
¿Por qué? “Porque sí, hay gente que se lo cambia y no
pasa nada. Vegas me gusta más porque es un apellido más
asturiano, creo que sólo hay dos o tres familias que tienen
ese apellido allí. Y bueno, a fin de cuentas mi madre ha
estado conmigo más años que mi padre”. Nacho nunca
ha hablado de su padre –“Nunca me han preguntado”,
dice–, y sin embargo todo el mundo sabe de la importancia capital en su vida gracias a la canción El ángel Simón,
en la que, de manera muy cruda aunque poética, Nacho
Vegas retrata a su progenitor con una mezcla de añoranza y rabia, y donde –o eso es lo que todo el mundo pensaba– cuenta el momento de su suicidio. “Mi padre no se
suicidó”, revela Nacho, “pero entiendo que ésa sea la idea
que ha quedado, y seguro que es por esos versos en concreto [Se refiere a estos: “Quiero pensar que por una
vez/Hice algo mejor que tú que ni siquiera/Acabaste esa
carta de despedida/Que en el ordenador Santi encontró
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NACHO VEGAS
lo volví a escuchar. Tenía 19 años, y
todo cambió".
La mayoría de la gente descubre a sus
padres según va creciendo, pero Nacho
tuvo que hacerlo frente a una ausencia
que, paradójicamente, ha ocupado buena
parte de su vida posterior. “Toda mi vida
me han perseguido los errores de mi
padre", dice Nacho: �Siempre he intentado no repetirlos, ser mejor persona que
él, pero he cometido muchos. Yo soy muy
determinista, y pienso que los padres
transmiten una herencia de la que no te
puedes librar. Una vez, una novia me dijo
lo peor que me podían decir: ‘Estás empezando a parecerte a tu padre’".
El segundo concierto de esta gira fue
en el Teatro Jovellanos de Gijón, lleno a
reventar. El ángel Simón fue la última
canción, y un Nacho emocionado se la
dedicó a su madre, presente esa noche.
Testigos de las primeras filas aseguran
que él lloró mientras la cantaba. Nacho
se explica: “Mi padre es como un fantasma que siempre me acompaña. Quizá
por eso sigo tocando El ángel Simón, la
piedra angular de mi primer disco y quizá de toda mi carrera”.
sobre campamentos
Antes y durante
1. Antes del concierto del sábado 31, en el camerino
de Joy Eslava y mientras las paredes retumban, Nacho apura el descanso antes de su prueba de sonido.
2. Los horarios de ensayo y salida al escenario del
mismo concierto. A través del espejo, las maletas de
mano de la banda. 3. Sobre el escenario, capturar
una instantánea como esta de Nacho sonriendo es
casi imposible, pero nuestra fotógrafa lo logró.
perdida”]. Pero no se suicidó. Quizá lo correcto sería
decir que se quiso morir, que se dejó morir".
“Mi padre", explica Nacho, �era Director Regional de
Trabajo del Gobierno de Asturias, con el PSOE, y su jefa, la
Consejera, es hoy la alcaldesa de Gijón. Eran tiempos muy
malos, en los años ochenta, con mucha reconversión industrial y todo eso. Mi padre quiso dimitir muchas veces, pero
no le dejaban. Cuando lo consiguió, se montó una empresa
de gestión de gastos de otras empresas y se arruinó”.
“Hacia el final, mi padre vivía solo y pobre, y tenía problemas con mi madre. Ella, cuando yo ya era mayor de edad, me
pidió que lo denunciara porque no nos pasaba dinero, pero
claro… qué iba a hacer si estaba arruinado", recuerda
Nacho. �A mi padre –sigue– le habían dado dos infartos y
dejó de cuidarse; comía mucho, bebía mucho y fumaba
mucho, es decir, estaba provocándose la muerte. Él lo sabía,
y por eso escribió en el ordenador la carta de la que hablo en
la canción, que –es cierto– dejó sin terminar. La carta era
Ya es media tarde en Joy Eslava. La banda ha hecho la prueba de sonido, pero
falta Nacho. Ha dicho que iba a recoger
su traje a la tintorería pero, en realidad
–y aquí reside una de las claves de nuestro hombre–, se ha marchado a Barajas
a recibir a Xel Pereda. Este hecho casi
anecdótico, junto con otros menos
anecdóticos que hemos conocido estos
días, lleva a pensar en un Nacho Vegas
muy distinto al que ocupa el imaginario
popular, aplastado bajo toneladas de
drama y sufrimiento –“el gijonés torturado", lo ha llamado algún periodista
recientemente–. Por supuesto, Nacho
es capaz de dar sus buenos paseos
al borde del abismo, de pasarlo mal –
Una de las pocas veces en
fatal–, de ser consciente de eso e incluso
que Nacho sonríe a su
de arrastrar gente con él, de explorar la
público. Alguien le acaba
línea límite y ver qué pasa si… Además,
de gritar "¡Casi Dios!".
es un desastre manifiesto: ya se lo dijo
su madre y las madres saben de lo que
para mis hermanos y para mí: decía que si la leíamos era que hablan. Pero, al final, tiene el don irónico de la vida –su
había muerto, y también decía que habría gente que vendría canción Nuevos planes, idénticas estrategias es un catálogo
a preguntarnos por unas deudas que tenía, y nos aconseja- insuperable–. Y los irónicos siempre saben restar gravedad
ba que les dijéramos que escribieran sus reclamaciones en la a última hora para descubrir una broma o un exabrupto.
arena de la playa de San Lorenzo. Que ya vendría la marea y Algo desde donde volver a lo que importa, a los vivos en
se las llevaría”. Aquí, Nacho no puede evitar una mueca de lugar de a los muertos. Cuando Nacho dice que tiene amiironía, como sintiéndose reconocido en esas palabras.
gos que no se merece lo sabe y le importa, y es lo que esta
Mirando hacia atrás, de la muerte de Simón Gon- tarde le ha hecho arriesgar un concierto importante en
zález se queda con un pensamiento: �Mi madre; ella Madrid. Y ganarlo. Como si una cosa conllevara la otra.
siempre ha estado detrás de mí". Y una anécdota:
En una entrevista con Rolling Stone en diciem�Cuando mi padre acababa de morir, fui un día a su bre, Nacho dijo: “Lo que en realidad persigo en la vida
casa y estuve revolviendo entre sus cosas. Encontré es ser bueno, buena persona, mucho más que hacer
una cinta en la que tenía grabada, por una cara, la buenas canciones". Al respecto, entonces confesaba
primera maqueta de Eliminator Jr. En la segunda cara estar “todavía en el primer campamento". Puede que
estaba el primer disco de Leonard Cohen. Recuerdo ahora esté en el segundo, dando guerra.
que me pidió que se lo grabara, aunque a mí no me
gustaba nada. Me decía: �Hay una canción preciosa Nacho Vegas actuará en marzo en Burgos (día 13),
ahí que se llama Suzanne'. Cuando descubrí la cinta Bilbao (14) y Granada (28).
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