El socialismo es mucho mejor que el capitalismo, y el comunismo

Anuncio
El socialismo es mucho mejor que el
capitalismo, y el comunismo será un
mundo mucho mejor.
Raymond Lotta
-Primera parte: Introducción
-Segunda parte: Comunismo y socialismo
-Tercera parte: La revolución bolchevique estremece al mundo
-Cuarta parte: El experimento soviético: El poder proletario abre
paso a la revolución social
-Quinta parte: El experimento soviético: Se establece la primera
economía socialista
-Sexta parte: La II Guerra Mundial y sus secuelas
-Séptima parte: El gran avance de Mao: La revolución conquista el
poder
-Octava parte: El avance de Mao: Romper con el modelo soviético
-Novena parte: El Gran Salto Adelante
-Décima parte: La Gran Revolución Cultural Proletaria en China
-Parte 11: Mao sobre las contradicciones en la sociedad socialista
-Parte 12: La Revolución Cultural en China, Una irrupción sísmica
-Parte 13: La Revolución Cultural, Lucha compleja y liberadora
-Parte 14: La Revolución Cultural, Logros en educación y cultura
-Parte 15: La Revolución Cultural: Salud y economía
-Parte 16: La derrota del socialismo en China y las lecciones para
el futuro
Primera parte: Introducción
El título de esta conferencia es: ―El socialismo es mucho mejor que el capitalismo, y el
comunismo será un mundo mucho mejor‖. El tema es que el mundo, como es, no tiene que
ser así.
Hoy está aquí mucha gente que ansía una alternativa a este sistema; que quiere dedicar la
vida a hacer algo por el bien de la humanidad. La humanidad puede superar la explotación
y la división social. Puede avanzar hacia una sociedad sin clases y a una comunidad
mundial de seres humanos libremente asociados: el comunismo. Esa es la meta de la
revolución proletaria. Los primeros pasos históricos hacia la construcción de tal sociedad y
mundo fueron las revoluciones rusa y china del siglo 20. Esas revoluciones sufrieron
derrotas, pero están llenas de lecciones y son fuentes de inspiración. Quiero hablar de por
qué el comunismo hoy es más válido que nunca.
Claro, esto es polémico. Vivimos en tiempos en que pregonan a bombo y platillo la
permanencia del capitalismo. Nos dicen que ya está escrito el veredicto sobre el siglo 20: el
experimento socialista ha fracasado, y tenía que fracasar. Nos bombardean con la idea de
que no hay alternativa, que el capitalismo es el orden natural del mundo. Nos dicen que por
más que el capitalismo tenga problemas, todo intento de deshacerse de él llevará a algo
mucho peor.
Es como si le hubieran pegado una etiqueta de advertencia a la discusión sobre las
posibilidades humanas. Peligro: todo lo que desafía en un sentido fundamental al
capitalismo es una fantasía, en el mejor de los casos y, en el peor de los casos, una utopía
inútil impuesta desde arriba que terminará siendo una pesadilla. Advertencia: el proyecto
de la revolución y de una economía y una sociedad que promuevan el bien común va contra
la naturaleza humana, la lógica económica y el curso de la historia. Recordatorio: hemos
llegado al fin de la historia. La sociedad occidental representa la cumbre y el punto final del
desarrollo humano.
De mil y una maneras, crasas y sofisticadas, nos dicen que la historia del siglo 20 es la
historia del desastre y el horror de la revolución socialista, y del triunfo del capitalismo y de
la democracia burguesa. Los medios de comunicación lo dicen. Lo recalcan muy
publicitadas autobiografías. Lo enseñan en la escuela. Está arraigado en el discurso
intelectual.
Pero hay un problema: esta ―opinión tradicional‖ sobre el comunismo no es cierta. Se basa
en la tergiversación total de la historia de la revolución socialista. Repiten tanto mentiras y
calumnias que se llegan a aceptar como hechos. Es increíble lo que se considera rigor
intelectual y, tristemente, es asombroso lo que embauca a personas que se enorgullecen de
su rigor y honestidad intelectual: especulación cruda; aproximaciones estadísticas y
métodos de evaluación que nadie tomaría en serio si se aplicaran en su propio campo;
informes de autobiografías sumamente subjetivas de individuos que tienen agendas
políticas. Todo eso es aceptable cuando se trata del comunismo.
Veamos, por ejemplo, una nueva biografía que ha recibido mucha publicidad: Mao: The
Unknown Story (Mao: La historia desconocida) de Jung Chang y Jon Halliday. Es
patentemente anticomunista. Contiene declaraciones como esta: ―No quedó escuela donde
no se cometieran atrocidades‖. ¿La fuente? No dicen. Simplemente lo dan por sentado. Esto
no se aceptaría si se tratara de otros temas, pero como se trata de la Revolución Cultural, se
abandona el pensamiento crítico.
Cuántas veces han oído decir que Mao se oponía a la educación. Pero la verdad es que la
China maoísta elevó el nivel de alfabetización de 15% en 1949 a cerca de 80% en 1976.
Tales hechos se ignoran cómodamente o se esconden debajo de montañas de calumnias.
¡Cuando la revolución conquistó el poder en China en 1949, la expectativa de vida era 32
años! En 1975 era el doble: 65 años.
Tenemos que poner las cosas en claro. Voy a confrontar y refutar las distorsiones sobre la
―primera ola‖ de revoluciones socialistas. Cuando me refiero a la ―primera ola‖ de
revoluciones socialistas, me refiero a las experiencias de las masas populares de la Unión
Soviética cuando era una sociedad socialista, entre 1917 y 1956. Y me refiero también a las
experiencias de China, cuando era socialista, entre 1949 y 1976. Estos fueron los primeros
esfuerzos ejemplares de la historia moderna por construir sociedades sin explotación y
opresión.
Hablaré sobre por qué se dieron esas revoluciones. Hablaré de lo que se propusieron y de
las dificultades que encararon. Hablaré de los increíbles y trascendentales logros que
alcanzaron. También quiero hablar de la ―curva de aprendizaje‖ de la revolución
comunista: de que Mao aprendió de la revolución bolchevique, hizo un balance de sus
deficiencias y errores, y abrió nuevos caminos para el avance de la revolución. Ahora nos
encontramos en los umbrales de una nueva etapa de la revolución proletaria. Hablaré de eso
y explicaré que Bob Avakian está elevando el conocimiento de la naturaleza de la
revolución comunista en el mundo de hoy.
Los comunistas no tienen ningún problema con la verdad. Podemos confrontar y
comprender la realidad. Esa es la base para plantear una visión de relaciones mucho
mejores entre los seres humanos de este planeta: la base de lo que es posible y necesario en
esta etapa de la historia humana.
La ―primera ola‖ de revoluciones socialistas del siglo 20 tuvo problemas. Nosotros no
tememos encararlos. Lo que queremos es conocer la verdad, e incluso las verdades
dolorosas pueden ser un acicate para superarlas. Por el contrario, los que tienen al mundo
por la nuca... ELLOS sí tienen por qué mentir, trátese de armas de destrucción masiva o del
comunismo.
¿Por qué es importante saber la verdad sobre las revoluciones rusa y china? Porque la
médula de esta discusión es el futuro de la humanidad.

En este planeta, 35,000 niños mueren al día de desnutrición y enfermedades que se
pueden prevenir.



En este sistema mundial, los tres estadounidenses más ricos controlan más activos
que el producto nacional bruto de los 40 países más pobres.
El ecobalance de este planeta está en peligro debido al funcionamiento ciego de un
sistema económico para el cual las ganancias son tanto la medida como el motor de
de desarrollo.
En esta sociedad, uno de cada ocho negros de 20 a 30 años está preso.
El capitalismo sí que es una debacle y un horror.
Lo pregunta es: ¿tenemos que vivir así? ¿Se puede transformar la situación radicalmente?
Hace falta un vigoroso debate sobre todo eso. Hay mucho en juego.
Pero es problemático formarse opiniones sobre la conveniencia y la viabilidad del
comunismo cuando en realidad no se sabe casi nada al respecto. Para comprender y decidir
si el comunismo es válido, o si es una idea cuyo tiempo pasó al olvido, primero hay que
saber qué es: sus objetivos y sus fundamentos.
Segunda parte: El comunismo y el socialismo
Quiero definir primero el comunismo porque es la meta a la cual el socialismo apunta.
Imaginen una sociedad en que la gente conozca el mundo y lo transforme
conscientemente... donde se haya zafado de las cadenas de la tradición y la ignorancia...
donde trabaje colectivamente para producir los artículos básicos y también para explorar el
arte, la cultura y la ciencia, ¡y se divierta haciéndolo!... donde el punto de vista científico y
la imaginación se refuercen uno a otro... donde haya unidad y diversidad, y se dé amplio
debate y lucha ideológica sobre el rumbo y el desarrollo de la sociedad, pero sin
antagonismos de clase... donde las relaciones humanas se basen en respeto mutuo, amor a la
humanidad y un verdadero interés por su bienestar. Un mundo que cuide el ambiente. Eso
es el comunismo.
El comunismo es una sociedad mundial (todavía no alcanzada) que ha superado todas las
clases y distinciones de clase; abolido todos los sistemas y relaciones de explotación;
acabado con todas las instituciones sociales de opresión y las relaciones de desigualdad
social (como la discriminación racial y la dominación de la mujer por el hombre); y dejado
atrás todos los valores e ideas retrógrados y opresivos. Es un mundo de abundancia donde
la gente administra colectivamente los recursos de la sociedad.
El comunismo también se refiere a la ideología comunista. Bueno, muchos piensan que la
palabra "ideología" quiere decir ver el mundo por el prisma de unas creencias políticas que
lo sesgan todo. No, en este caso me refiero a la cosmovisión global y el método científico
del proletariado para conocer las fuerzas de la naturaleza y la sociedad. La ideología
comunista abre el camino para un avance histórico de la capacidad de la humanidad de
comprender y transformar tales fuerzas. También es la fuente de la moral que corresponde
al gran paso que la humanidad ya ha emprendido.
No es una fantasía ni una utopía. Lo que pasa es que el desarrollo de la sociedad ha llevado
a la humanidad a un umbral histórico.
Las fuerzas productivas de la sociedad (los equipos, las máquinas y las tecnologías, y
también la gente y los conocimientos) se han desarrollado a tal punto que permiten superar
la escasez y producir, además de artículos básicos, un excedente sustancial que se puede
dedicar al desarrollo balanceado y futuro de la sociedad.
Las fuerzas productivas de la sociedad están altamente socializadas. Miles y, en última
instancia, millones de personas trabajan colectivamente y producen en masa ropa o
computadores, por dar un ejemplo, que se distribuyen por toda la sociedad. Tales fuerzas
productivas también están altamente interconectadas en el plano internacional; los recursos
naturales, las máquinas herramientas y los transistores producidos en una parte del mundo
entran en el proceso de producción de otras partes. Las fuerzas productivas son
socializadas, pero son controladas privadamente, y la clase de dueños capitalistas se apropia
los frutos de la producción como propiedad privada capitalista.
Ese es el problema fundamental del mundo, que la revolución proletaria resuelve.
El proletariado es la clase que surge de las fuerzas productivas socializadas de la sociedad
capitalista. Representa el trabajo y los esfuerzos colectivos que corresponden al carácter
socializado de las fuerzas productivas; tiene la base material y ocupa la posición material
para reorganizar radicalmente la producción y toda la sociedad.
Ahora, ¿qué es el socialismo? No es una gran burocracia dedicada al bienestar social. No es
simplemente que el estado se apodere de la vieja economía capitalista. Al contrario, el
socialismo es una transición del capitalismo al comunismo, a la sociedad sin clases. En el
socialismo el proletariado y sus aliados (que son la gran mayoría de la sociedad)
transforman conscientemente las estructuras económicas, las relaciones sociales y las ideas
que perpetúan las divisiones sociales y de clase. Se desata la creatividad e iniciativa de los
que han estado en el fondo de la sociedad.
La revolución socialista establece un nuevo sistema de gobierno: la dictadura del
proletariado, que frena y controla a las viejas clases explotadoras y a los que buscan tumbar
el nuevo sistema. Tal sistema les da a las masas el derecho y la capacidad de cambiar el
mundo, de participar en todo aspecto de la sociedad y de ser amos de la sociedad. Hoy, en
Estados Unidos y en todo el mundo, vivimos bajo la dictadura de la burguesía, que en este
país tiene la estructura de la democracia. Esta dictadura impone un sistema al servicio de
los capitalistas y gobierna al pueblo para que tal sistema florezca.
La revolución socialista establece una nueva economía basada en la propiedad social de los
medios de producción y la planificación social; la cooperación para solucionar problemas y
atender necesidades sociales; y un conjunto de prioridades económicas y sociales
completamente nuevas.
La dictadura del proletariado ejerce una dictadura sobre los capitalistas y apoya un sistema
que permite liberarse del capitalismo. Las masas y el núcleo de dirección tienen que
defender el poder, pero eso no puede ser un fin en sí mismo. Es preciso emplear el poder
para el beneficio de la humanidad y para crear las condiciones para la extinción de la
dictadura del proletariado en la futura sociedad comunista.
Estos principios básicos guiaron a Lenin, el líder de la primera revolución proletaria,
cuando se lanzó a la batalla en octubre de 1917.
Tercera parte: La revolución bolchevique estremece al mundo
Los sucesos de febrero de 1917 abrieron el camino a la Revolución de Octubre en Rusia.
Grandes huelgas y protestas en lo que hoy es San Petersburgo tumbaron al zar y una
coalición liberal tomó el poder. Pero no atendió a las necesidades y reclamos más
elementales de las masas ni se retiró de la horrorosa I Guerra Mundial y, en octubre de
1917, los bolcheviques dirigieron una insurrección armada de las masas que tumbó el viejo
orden.
John Reed retrató vividamente el heroísmo y emoción de la Revolución de Octubre: la
organización de los ferrocarrileros, asambleas acaloradas en las fábricas, proclamaciones y
preparativos para la insurrección, y la arremetida final contra los centros del gobierno
encabezada por los batallones de marineros y obreros armados de Kronstadt. El nuevo
gobierno revolucionario lanzó de inmediato dos decretos contundentes: anunció el retiro de
Rusia de la I Guerra Mundial y otorgó a los campesinos el derecho de apoderarse de las
vastas tierras del zar, los terratenientes y la iglesia. Era un cambio político y social
monumental, y marcó los albores de un nuevo día para las masas. A finales de octubre,
cuando las fuerzas que quedaban del gobierno derrotado lanzaron el último intento de
recuperar el poder, miles y miles de obreras y obreros salieron de las fábricas y se volcaron
a la calle en los barrios proletarios en defensa de la revolución.
Ahora, una mentira que figura mucho en la propaganda anticomunista es que la revolución
fue un golpe de los bolcheviques, quienes manipularon la situación. Según el cuento, la
desintegración del viejo orden dejó un vacío, Lenin tomó el poder ilegalmente, y se aferró a
él gracias al engaño y el autoritarismo.
Pero no es cierto. ¿Por qué?
Primero, tal cuento borra de la historia la opresión por la cual millones de personas se
alzaron. Richard Pipes, historiador burgués experto en la revolución rusa, señaló en una de
sus obras: "Los que experimentaron la revolución rusa jamás vieron el regreso a la
normalidad. La revolución fue apenas el comienzo de sus penas". ¿Acaso todo estaba muy
bien, sin penas, antes de la revolución?
¿Cuál era la situación antes de la revolución? La mayoría de la población vivía en el
campo, donde todavía se trabajaba la tierra con arados de madera. La religión y la
superstición estaban enraizadas en la vida cotidiana, y la siembra de la tierra se regía por
los días santos. El marido golpeaba a la mujer. Las ciudades sufrían grandes epidemias. La
autocracia gobernaba a través de una enorme red de espías, policías y prisiones. Suprimían
los idiomas y culturas de las etnias. Esa era la "normalidad" antes de la revolución, y se
volvió más intolerable cuando Rusia entró a la I Guerra Mundial y a los campesinos y
obreros se los llevaron a la fuerza como carne de cañón del ejército zarista.
Además, el cuento del golpe borra la acción colectiva y los anhelos de los obreros y
campesinos que dieron vida a la revolución, pues nació del gran descontento social, de la
efervescencia intelectual y la resistencia popular.
Entonces, ¿cuál fue el papel de Lenin y del partido de vanguardia que dirigió? A diferencia
de las demás fuerzas de la sociedad rusa, el partido bolchevique estaba preparado para
dirigir el alzamiento de las masas. Tenía comités en las fábricas y mucha fuerza de base en
las fuerzas armadas y los soviets (asambleas de representantes obreros proscritas que
luchaban por el poder en las ciudades medianas y grandes). Su programa y visión tenía
mucho eco. Las masas odiaban los valores e instituciones del viejo orden, y el nuevo poder
proletario sentó las bases para nuevos valores sociales y relaciones sociales y económicas
revolucionarias.
John Reed le puso el título Diez días que estremecieron al mundo a su reportaje de la
Revolución de Octubre, ¡y no exageró!
Por todo el continente europeo, soldados, marineros y obreros que sufrían los estragos de la
guerra oyeron con gran entusiasmo que el nuevo país socialista pedía un fin a la matanza, y
la paz sin anexión ni conquista. En Kiel y Hamburgo, los marineros desobedecieron
órdenes de seguir combatiendo. Alzaron la bandera roja, establecieron "consejos" similares
a los soviets ( soviet significa "consejo") y soñaron con llevar a Alemania por el mismo
camino.
Al otro lado del globo en Seattle, los obreros hicieron una huelga general de cinco días en
1919. La clase dominante puso el grito en el cielo: advirtió que era el comienzo de una
insurrección y que Seattle sería otro San Petersburgo. En realidad, la huelga distaba mucho
de una insurrección, pero era cierto que el modelo de la revolución rusa avivaba la
conciencia de los obreros. Cuando el gobierno de Estados Unidos mandó municiones por
ferrocarril a Seattle con destino a la contrarrevolución rusa, los estibadores no quisieron
cargarlas en los buques de transporte.
El mundo entero vibraba con la noticia del estallido de la revolución rusa y el giro radical
que dio en octubre, cuando los nuevos líderes de la sociedad eran los comunistas, y no
solamente demócratas burgueses que querían modernizar el país. Era algo totalmente nuevo
y de repente las viejas luchas también adquirieron nuevas dimensiones. Los opresores se
alarmaron y los oprimidos se alentaron. Los obreros aprendieron a leer para captar las
noticias de la revolución: en pequeñas reuniones después del trabajo leyeron con
detenimiento los periódicos y debatieron el significado de palabras desconocidas como
soviet y socialismo, y nombres como Lenin, Marx y Stalin. Mao Tsetung dijo que las salvas
de la revolución bolchevique llevaron el marxismo a China.
¡La Revolución de Octubre efectivamente estremeció al mundo! Tan fue así que en 1949
(¡más de 30 años después!) Winston Churchill diría:
"Nos pesa mucho el hecho de que no pudiéramos ahogar al bolchevismo en la cuna e
incorporar a Rusia, un país abatido, al marco general del sistema democrático".
El historiador Eric Hobsbawm hizo un comentario interesante. Dijo que la guerra de
Secesión de Estados Unidos fue la guerra más grande de los años 1815 a 1914, y sin duda
la guerra más grande de la historia estadounidense. Pero no tuvo mucho impacto en el plano
mundial. En cambio, la revolución bolchevique marcó un hito en la historia mundial: afectó
a los pueblos de Rusia y del mundo; impactó a las clases dominantes y fuerzas
reaccionarias; y moldeó los acontecimientos mundiales.
El capitalismo mundial no podía marchar igual que antes. La sexta parte del globo se zafó
de la explotación imperialista. A los imperialistas les preocupó que se contagiara la
ideología de la revolución bolchevique, lo cual motivó ciertas concesiones a los obreros de
los países capitalistas del Occidente en aras de la paz social.
Se empeñaron en aplastar la revolución soviética. Intentaron ahogarla en la cuna, una y otra
vez, con presiones económicas (como el primer embargo de petróleo de la historia) y
amenazas de ataques militares. Reprimieron con saña a las fuerzas revolucionarias de
Europa oriental y central, y respaldaron a las fuerzas de oposición de la sociedad soviética.
Cuarta parte: El experimento soviético: El poder proletario abre paso a la revolución
social
Desde 1917 hasta principios de los 50, la Unión Soviética estuvo en pie de guerra casi
constantemente: combatiendo, preparándose para una guerra o recuperándose de ellas.
Ningún otro estado moderno ha pasado una prueba igual. Ese hecho afectó profundamente
el desarrollo de la revolución, las medidas políticas que tomó la dirección, y las luchas de la
sociedad y de la dirección del partido.
¡Qué bonito sería construir una nueva sociedad en condiciones ideales! Pero los oprimidos
y su dirección revolucionaria no definen las circunstancias en que se encuentran. Rusia era
un país atrasado que apenas una generación antes vivía en pleno feudalismo. La revolución
fue un movimiento de masas que contaba con apoyo del sector campesino, pero fue una
revolución urbana en un país campesino. Tenía que ganarse a los campesinos y extender la
revolución al campo, además de luchar contra movimientos sociales atrasados. No se
trataba de una tertulia ni nada por el estilo. Era una sociedad devastada por la guerra que
emprendió un camino de transformación inaudito.
En 1918, las fuerzas políticas y militares reaccionarias organizaron una contrarrevolución
para restaurar el viejo orden. Diecisiete países, entre ellos Estados Unidos (cuyas tropas
desembarcaron en Siberia), formaron un ejército invasor que respaldó la contrarrevolución.
Los bolcheviques tomaron las riendas de una economía de guerra al borde de la ruina, y
dirigieron a las masas a defender la revolución y avanzar. La revolución salió victoriosa de
la guerra civil, pero con un gran costo de bajas, enfermedades y trastornos económicos.
El nuevo estado proletario y la revolución social lucharon a brazo partido por su vida.
Los relatos históricos anticomunistas tergiversan la revolución bolchevique y el proyecto
comunista. Dicen que se trata de una obsesión visceral con el poder, puras ansias de
"totalitarismo", y que los comunistas buscan el control total de una población dócil. Pero
veamos qué hicieron con el nuevo poder de clase.
Emancipar a la mujer
La dictadura del proletariado se empleó para superar la opresión de la mujer. La ley
matrimonial de 1918 estableció una ceremonia civil (en la vieja sociedad, la iglesia
aprobaba el matrimonio) y facilitó el divorcio. Al hombre se le quitó autoridad formal sobre
la mujer y los hijos. Se despenalizó el adulterio. Las mujeres recibieron el mismo salario
que los hombres por el mismo trabajo. Tenían asistencia médica de maternidad sin costo.
La Unión Soviética fue el primer país de la Europa moderna que legalizó el aborto en 1920.
En la prensa y las escuelas se debatían con entusiasmo los papeles sociales de los sexos, el
matrimonio y la familia. Las novelas de ciencia ficción esbozaron nuevas relaciones
sociales.
Se cuestionaron y criticaron las viejas costumbres patriarcales y opresivas. En las nuevas
repúblicas de Asia Central, la mujer se pudo quitar el velo (obligatorio por generaciones).
La mujer ya no era aplastada por la familia, la iglesia y el estado, y se desencadenó a luchar
por su emancipación. Consideren el significado de todo eso a la luz de la situación actual en
el mundo. Hasta entonces, ¡ninguna sociedad de la historia se había propuesto transformar
cabalmente las relaciones sociales de mujeres y hombres!
Eliminar la opresión
de los grupos étnicos
El nuevo poder proletario también se empleó para eliminar la opresión de los grupos
étnicos. La revolución bolchevique estableció el primer estado multinacional basado en la
igualdad de nacionalidades. Defendió el derecho de las naciones oprimidas del viejo
imperio zarista a la autodeterminación y, en 1917, les dio el derecho a recibir enseñanza en
el idioma natal en todas las escuelas y universidades.
El nuevo estado tenía la voluntad de corregir los problemas y tomó medidas concretas.
Dedicó recursos considerables a la producción en masa de libros, revistas, periódicos,
películas, grupos de música folklórica y museos en las regiones étnicas, y elaboró alfabetos
para muchas etnias que no tenían idioma escrito. La ley de nacionalidades dictó que los
líderes de los nuevos territorios étnicos no fueran burócratas de nacionalidad rusa sino
gente de las mismas regiones; capacitaron a gente de las nacionalidades oprimidas como
líderes del partido y el gobierno, y administradores de escuelas y empresas. Desde hacía
mucho tiempo los rusos eran la nacionalidad dominante y opresora, pero ahora asignaron
territorios rusos a repúblicas de otras etnias y se recomendó que los rusos aprendieran sus
idiomas. Se puso fin a la persecución de los judíos. Ese afán de combatir la opresión
nacional caracterizó a la Unión Soviética en los primeros años; fue un rasgo central de la
nueva sociedad y estado.
El nuevo estado soviético lanzó campañas nacionales de educación y salud. Ningún país
alcanzó el aumento de la proporción de médicos con respecto a la población que logró la
URSS entre la I Guerra Mundial y la II Guerra Mundial. Asimismo, el alfabetismo subió
del 30% a más del 80% de la población en 1939.
¿Acaso pasaban cosas así en otras partes del mundo? ¡Nel! En Estados Unidos en esos
tiempos, la segregación tenía aprobación oficial y en el Sur regían las leyes racistas de Jim
Crow. Cuando Paul Robeson (gran actor, cantante y radical afroamericano) viajó a la Unión
Soviética, le impresionó el compromiso de la revolución por eliminar los prejuicios raciales
y nacionales. En la Unión Soviética no linchaban a las minorías étnicas, como era el caso
de los negros en el sur de este país. Estados Unidos y la Unión Soviética eran dos mundos
totalmente distintos.
Quinta parte: El experimento soviético: Se establece la primera economía socialista
Tras la muerte de Lenin en 1924, José Stalin asumió la dirección del Partido Comunista de
la Unión Soviética. Su dirección fue imprescindible para la revolución social que vengo
describiendo (ver Revolución No. 28). A mediados de los años 20 se planteó el
interrogante: ¿se puede construir el socialismo en la Unión Soviética, una sociedad
económica y culturalmente atrasada, un estado proletario solitario sin ninguna seguridad de
que se den revoluciones en otros países?
Stalin planteó firmemente que la Unión Soviética podía y debía tomar el camino socialista,
pues de otro modo no podría sobrevivir ni apoyar a la revolución en otras partes. Con esa
orientación, dirigió luchas fuertes y complejas para socializar la industria y colectivizar la
agricultura.
¿Cuál era la situación económica de la Unión Soviética en ese momento? La agricultura no
daba abasto para alimentar a la población. La industria, limitada, no producía las fábricas y
máquinas que se necesitaban para modernizar la economía. Los intelectuales eran un
puñado de la sociedad y muy pocos tenían estudios superiores técnicos o humanistas.
Además, se cernía un ataque imperialista. Tales eran las contradicciones económicas y
sociales concretas que afrontaron los seres humanos de esos tiempos que querían rehacer la
sociedad y el mundo.
¿Cómo era el resto del mundo entonces? El feudalismo prevalecía en la mayor parte del
campo, y el capitalismo invadía el globo de una forma caótica y cruel. Pero ahora en la
Unión Soviética, en un pedazo de territorio liberado, un nuevo movimiento proletario llegó
al poder y se propuso planificar la economía para servir al pueblo. Era algo completamente
insólito: hasta entonces, ¡ni existía la frase "plan quinquenal" socialista!
Planificar la economía
La revolución socialista crea un nuevo tipo de economía. Los medios de producción ya no
son la propiedad privada de una minoría; los controla colectivamente la sociedad a través
del estado proletario. Los recursos económicos no se destinan a maximizar las ganancias
sino a satisfacer las necesidades e intereses fundamentales de las masas y a servir a la
revolución mundial. La producción social no se lleva a cabo sin plan ni propósito social; la
guían metas sociales adoptadas conscientemente y una coordinación global.
La Unión Soviética lanzó el primer plan quinquenal en 1928. Se concentró en el hierro y el
acero. Empezando de cero, construyeron enormes complejos industriales. Dieron alta
prioridad a las fábricas de tractores porque los necesitaban en el campo, y en tiempos de
guerra podrían producir tanques. Aumentaron rápidamente la producción de máquinas
herramientas con el afán de eliminar la dependencia de artículos de importación.
La consigna del plan quinquenal: "Estamos construyendo un nuevomundo", ardía en el
corazón de millones de obreros y campesinos: en fábricas y aldeas se reunían y hablaban
del plan, y de lo que significaba para ellos y los pueblos del mundo que se construyera tal
economía. Deliberaban sobre lo que querían hacer, lo que podían producir y lo que
necesitaban para hacerlo.
Las localidades entregaban planes a los organismos centrales, que los modificaban de
acuerdo al plan nacional y los regresaban a las localidades. En las fábricas se celebraban
reuniones para reorganizar el proceso de producción. Muchos voluntarios se ofrecieron para
trabajar largos turnos construyendo ferrocarriles en zonas remotas. Los obreros entonaban
canciones revolucionarias camino al trabajo en las acerías. Ese tipo de movilización
consciente en aras de metas económicas y sociales planificadas era algo completamente
nuevo en la historia de la humanidad.
Volvamos a preguntar: ¿qué pasaba en el resto del mundo? A principios de los años 30, la
economía capitalista mundial estaba en crisis con una tasa de desempleo de 20% a 50%.
Pero la Unión Soviética prácticamente eliminó el desempleo. De hecho, había escasez de
mano de obra... ¡tenían tanto que hacer para construir la nueva sociedad! La industria crecía
a un ritmo de 20% al año y el porcentaje soviético de la producción industrial global subió
de menos de 2% en 1921 a 10% en 1939.
Colectivizar la agricultura
En 1929, el Partido Comunista lanzó una gran campaña para colectivizar la agricultura.
Según la propaganda anticomunista, fue otro caso de "totalitarismo estalinista": Stalin
quería consolidar el poder total y con ese fin aplastó a los campesinos y los mató de
hambre.
¡Puras tergiversaciones! La colectivización fue una respuesta a las contradicciones
económicas y sociales del campo, y a las necesidades apremiantes de la revolución. La
verdad (aunque la tapen) es que la colectivización prendió un gran levantamiento popular
de campesinos, que antes vivían sumidos en la miseria, esclavos de relaciones sociales
retrógradas.
Examinemos de qué modo la colectivización respondió a tales contradicciones y
exigencias.
Era muy problemático asegurar el abastecimiento de alimentos a las ciudades, sobre todo
con el rápido desarrollo de la industrialización y el aumento repentino de la población
urbana; y en el campo, estaba surgiendo un gran problema económico y social. Después de
la revolución, las tierras se repartieron a los campesinos, pero los campesinos ricos,
llamados kulaks, estaban cobrando fuerza en la economía rural de la pequeña agricultura
privada. Tenían tierras más extensas, eran dueños de molinos de trigo, eran usureros y
controlaban el mercado de granos. Todo eso atizó la polarización social y de clase en el
campo.
Existía el peligro de que la agricultura volviera a la situación de antes de la I Guerra
Mundial. Los kulaks no eran simplemente propietarios inocentes; tenían grupos de matones
y organizaban otras fuerzas sociales del campo contra el gobierno.
La dirección revolucionaria respondió con el plan de colectivización de tierras e
implementos agrícolas. De 1930 a 1933, transformaron 14 millones de pequeñas parcelas
ineficientes en 200,000 granjas colectivas. El estado suministró tractores y máquinas a las
granjas que, a su vez, producían granos para el estado. Esa fue la relación de intercambio
económico básica que se estableció.
La colectivización suscitó diversas respuestas sociales. La apoyaron grandes masas de
campesinos pobres, pero otros sectores del campesinado no estaban de acuerdo, y se ejerció
coerción sobre muchos de ellos. Fue un movimiento social colosal en que los obreros de las
ciudades se ofrecieron de voluntarios para luchar contra los kulaks y administrar las nuevas
granjas.
Los jornaleros y campesinos pobres de muchas zonas tomaron tierras. Antes los
intimidaban los kulaks, pero ahora el estado los respaldaba en la lucha contra los guardias
de los kulaks. Las mujeres, antes controladas por el patriarcado y por tradiciones opresivas,
ahora manejaban tractores. Mandaron bibliotecas ambulantes a los equipos del campo. En
unas regiones, las granjas establecieron grupos de teatro. Se desafiaron la religión, la
superstición y la ignorancia. La gente alzó la cabeza y entró plenamente a debatir los
asuntos de la sociedad: los planes y acontecimientos nacionales.
Los kulaks opusieron una resistencia feroz. La versión de los enemigos del socialismo es
muy tendenciosa. Según ellos, los kulaks eran "víctimas", pero es mentira. Los kulaks
mataron a comunistas, atacaron las granjas colectivas, sabotearon la agricultura y
organizaron grupos de violadores. Finalmente, fueron derrotados; arrestaron a muchos,
deportaron a muchos y mataron a muchos.
Pero no fue un "baño de sangre estalinista", sino una batalla por el futuro del campo: ¿se
iba a bloquear la industrialización y transformación social, y restaurar el capitalismo en el
campo? Fue una lucha de clases a brazo partido en que el poder del estado pendía de un
hilo.
La colectivización es un elemento importante de la construcción de una economía
socialista, pero Mao criticó duramente a Stalin porque la emprendió antes de que los
propios campesinos tuvieran la experiencia de trabajar colectivamente las tierras y
compartir los implementos agrícolas; no se sentó una firme base política e ideológica de
actividad consciente de los campesinos para alcanzar la propiedad colectiva social. Mao
también señaló que el estado se llevaba del campo un alto porcentaje de los granos, lo cual
perjudicó las relaciones entre las zonas rurales y urbanas. Tenía otras críticas, y la China
maoísta emprendió la colectivización de una manera muy distinta (como veremos más
adelante).
La campaña de colectivización de la Unión Soviética fue parte de un esfuerzo audaz e
innovador, con visión de largo alcance, cuya meta era salir del viejo sistema de la pequeña
producción agrícola privada. Dio esperanzas a los pobres del campo, y sin ella, la Unión
Soviética no hubiera podido derrotar a los nazis.
Sexta parte: La II Guerra Mundial y sus secuelas
A mediados de los años 30, los nubarrones de guerra cubrían el horizonte. En 1931, Japón
invadió a Manchuria (región china que colinda con la Unión Soviética en el este). En
Alemania, Hitler se afianzó en el poder, aplastó al Partido Comunista y empezó a
militarizar la economía.
La revolución soviética se encontraba ante una coyuntura crítica: ¿cómo prepararse
económica y militarmente, y política y socialmente, ante el creciente peligro de guerra
imperialista?
En 1934, Stalin y otros líderes resolvieron que era hora de consolidar los logros políticos y
sociales de la revolución. El nuevo estado proletario afrontaba condiciones objetivas
extremas y difíciles. Se avecinaba la guerra. No contaba con experiencia histórica previa
para lidiar con la magnitud de la situación. Era necesario hacer ajustes. Pero cometió
errores al lidiar con esa extrema necesidad. Tras las transformaciones de la propiedad,
lanzó una campaña de mayor producción y disciplina en las fábricas, pensando que el
desarrollo de las fuerzas productivas sería la garantía del socialismo. Los líderes se
apoyaron menos en la actividad e iniciativa consciente de las masas. Se frenó la
experimentación social y cultural radical de los años 20 y principios de los 30, y el proceso
de consolidación se llevó a cabo de una forma que reforzó las relaciones tradicionales.
Había que defender el socialismo en la Unión Soviética. Pero la dirección soviética
consideraba que la defensa de la Unión Soviética era exactamente lo mismo que los
intereses de la revolución mundial, sin ninguna contradicción, y por lo tanto fomentó
patriotismo en lugar de internacionalismo proletario.
Stalin y las "grandes purgas"
El creciente peligro de guerra entre los imperialistas y la probabilidad de un ataque
imperialista contra la Unión Soviética fue el trasfondo de lo que los académicos
occidentales llaman las "grandes purgas" del Partido Comunista: uno de los temas más
tergiversados de la historia moderna. Según el guión burgués, Stalin estaba embriagado de
poder y, en aras del poder absoluto, aplastó a todos que manifestaron la más mínima
oposición o desacuerdo.
En realidad la revolución afrontaba nuevos retos y presiones. Se dio una lucha política muy
fuerte en el partido y el gobierno sobre política nacional e internacional (y alianzas
internacionales), el rumbo de la revolución... e incluso si la revolución podía sobrevivir.
Dicen que Stalin sufría de paranoia. Pero la verdad es que la revolución tenía enemigos
muy reales y afrontaba subversión, movimientos sociales retrógrados y la amenaza
alemana. En 1934, asesinaron al número dos del Partido Comunista, muy ligado a Stalin.
Tal era el clima político del momento.
En cuanto a las purgas, tengo que decir francamente que hace falta investigar más a fondo
lo que pasaba en el Partido Comunista de la Unión Soviética en los años 30. Sin embargo,
está claro que en la situación de crecientes tensiones internacionales, Stalin y otros líderes
revolucionarios tenían motivos para preocuparse por el estado del partido y el ejército. Ante
el conflicto inminente, no sabían con seguridad si algunos líderes regionales del partido
iban a cumplir las directrices centrales.
Tampoco podían confiar plenamente en el alto mando del ejército. Después de la I Guerra
Mundial, Alemania y la Unión Soviética firmaron pactos militares de capacitación de
oficiales e intercambio de armas. En vista de los vínculos entre los dos mandos militares,
¿podían estar seguros de que los generales soviéticos no transarían con el imperialismo
alemán en vísperas de la nueva guerra?
Tales circunstancias llevaron a las purgas de altos líderes del partido y el ejército. Stalin
luchaba por defender la revolución y no admitía que la Unión Soviética diera marcha atrás
al capitalismo ni hincara la rodilla ante el imperialismo.
Pero en muchos aspectos, su análisis de las contradicciones y luchas en el socialismo tenía
errores. En vez de guiarse por el materialismo dialéctico, tendía al materialismo
mecanicista y cometió serios errores de método con consecuencias negativas.
Le dio más peso a las purgas y acciones policiales que a movilizar a las masas a abordar las
cuestiones políticas e ideológicas candentes sobre la dirección general de la sociedad. Mao
criticó tales métodos y señaló que Stalin tenía una tendencia a confundir dos tipos de
contradicciones fundamentalmente distintas: las contradicciones en el seno del pueblo, y las
contradicciones entre el pueblo y el enemigo. Solo se debe reprimir a los enemigos, pero
reprimieron también a gente que solamente cometió errores o manifestó desacuerdo con las
medidas del gobierno.
El heroísmo soviético y la derrota de Hitler
En junio de 1941, los nazis invadieron a la Unión Soviética con el poderío militar
abrumador del ejército más moderno del mundo. Por orden expresa de Hitler, libraron una
guerra de exterminio que pisoteó todo principio de humanidad.
Los soviéticos lucharon con heroísmo inquebrantable; pelearon cuadra por cuadra en
Stalingrado y libraron monumentales batallas de tanques en tierras heladas. Gracias a la
economía planificada, en apenas unas semanas desmantelaron y trasladaron a las regiones
del este 1,500 grandes fábricas.
Más de 20 millones de soviéticos murieron en la II Guerra Mundial, básicamente el 10% de
la población. Aunque siempre dicen que el desembarco de las tropas estadounidenses e
inglesas en Normandía fue decisivo, el verdadero punto de viraje de la guerra fue la batalla
de Stalingrado. La Unión Soviética fue la fuerza principal que derrotó a Hitler, y eso no
hubiera sido posible sin la gran determinación y sacrificio del pueblo soviético bajo la
dirección del Partido Comunista dirigido por Stalin. Ese también fue un gran logro de la
revolución.
La Unión Soviética salió victoriosa de la II Guerra Mundial, pero la revolución quedó
debilitada en lo político e ideológico. En los años de la guerra las fuerzas y corrientes
conservadoras cobraron fuerza en el partido, el gobierno y la sociedad. Tras la muerte de
Stalin en 1953, nuevas fuerzas burguesas del Partido Comunista maniobraron para tomar el
poder. En 1956, Jruschov tomó las riendas, consolidó el poder de una nueva clase
capitalista y dirigió la reestructuración sistemática del capitalismo de estado. Fue el fin del
primer estado proletario.
La revolución soviética en perspectiva
¿Cómo analizamos la revolución soviética? En perspectiva histórica, fue un avance colosal
para la emancipación de la humanidad oprimida. Las masas lucharon cuesta arriba y
lograron cosas increíbles con mucho en su contra. Emprendieron la construcción de un
nuevo mundo e inspiraron a los oprimidos del mundo entero. Eran los primeros pasos,
aparte de la breve Comuna de París, por el camino de la emancipación hacia un mundo
libre de opresión y explotación.
Pero el proyecto de la emancipación pasa por un proceso de desarrollo. Grandes líderes
revolucionarios con visión y metodología científica resumen las lecciones, profundizan los
conocimientos y forjan nuevas soluciones al reto de crear un mundo sin clases. Mao
Tsetung llevó el proyecto comunista a otro plano.
Séptima Parte: El gran avance de Mao: La revolución conquista el poder
El 1° de octubre de 1949, Mao Tsetung habló a millones de personas reunidas en la plaza
Tiananmen de la capital, tras dirigir 20 años de lucha armada para derrocar a los grandes
terratenientes opresores y sacar al imperialismo extranjero. Ahora, celebraban la victoria.
Mao les dijo a los presentes y al mundo: "El pueblo chino se ha puesto en pie". La multitud
vitoreaba. Mao sentía con ellos la gran alegría del triunfo, pero veía más allá de ese
momento. Dijo que el heroísmo y el sacrificio que los llevaron a esta celebración eran "solo
un comienzo... un breve prólogo de una larga obra".
Para Mao, la revolución no terminaba ahí. Entraba en una nueva etapa de la transformación
socialista de la economía, de crear nuevas instituciones políticas y de forjar los nuevos
valores de trabajar por el bien común. La meta final era el comunismo, un mundo sin
clases. Pero otros dirigentes del partido veían la situación de un modo muy diferente. Para
ellos, la conquista del poder en 1949 básicamente era el final de la revolución, y la tarea era
construir una China moderna y poderosa. Ese era un aspecto de la situación complicada y
difícil que tenían por delante Mao y las masas.
Los grandes terratenientes y capitalistas no se conformaron con su derrota; tampoco los
imperialistas que antes dominaban a China.
Antes de cumplirse un año, Estados Unidos empezó una guerra en Corea y la llevó cada vez
más cerca de China. Amenazó atacar a China con armas nucleares. China mandó ayuda
militar y voluntarios a Corea, y como resultado la guerra quedó en un impasse. Pero China
pagó un costo muy alto: sufrió más de 200,000 bajas en el conflicto; el número de muertos
y heridos ascendió a 900,000.
Estados Unidos rodeó a la China revolucionaria con una red de bases militares en Taiwán,
Corea del Sur y Japón, además de su Sexta Armada. También, durante dos décadas, junto
con los países europeos, impuso un embargo económico y le prohibió el comercio con
importantes regiones del mundo. La revolución se veía ante condiciones internacionales
sumamente hostiles.
Por qué se hizo la revolución
Hace poco salió un nuevo libro contra Mao: Mao: The Unknown Story (Mao: La historia
desconocida) de Jung Chang y Jon Halliday. En el típico estilo anticomunista, declara que
la revolución china fue el producto de maquinaciones malévolas de Mao... como si todo
fuera tan maravilloso antes de la revolución o como si la opresión social se acabara por sí
sola. Echemos, entonces, un vistazo a China antes de la revolución.
La mayoría de la población eran campesinos que trabajaban tierras ajenas o tenían muy
poco terreno propio. Vivían bajo la bota de terratenientes que dominaban la economía local
y la vida de todos. Sobrevivían a duras penas. En los años de escasez, comían hojas y
corteza, y tenían que vender los hijos. Solo el ciclo de desastres no les fallaba: si las lluvias
no inundaban los campos, la sequía los acababa. China sufría, en un promedio, una
hambruna importante al año; cientos de miles murieron en las hambrunas de 1921 y 1943.
Para la mujer, la vida era un infierno: le pegaba el marido, había matrimonios arreglados,
de niña le vendaban los pies, el terrateniente o el caudillo podía llevársela como concubina.
La economía estaba en un nivel de desarrollo muy bajo, con muy poca industria. Por
ejemplo, de los 700,000 habitantes de Nankín, 200,000 trabajaban de sirvientes, meseros,
cantineras, prostitutas, porteros de rickshaw y oficios similares; solo 16,000 trabajaban en
la industria.
En las fábricas textiles, de noche encerraban con llave a las muchachas obreras. La gente
vivía apiñada en casuchas en callejones angostos, oscuros y sucios, o vivía en la calle. Se
calcula que cada año los basureros recolectaban 25,000 muertos de la calle. Por otro lado,
los extranjeros tenían distritos relucientes con hoteles y clubes nocturnos.
En un país de 500 millones de personas, solo había 12,000 médicos con conocimientos de
medicina occidental. Cuatro millones de personas fallecían al año de enfermedades
contagiosas y parasíticas. Había 90 millones de adictos al opio.
Por eso el pueblo chino hizo la revolución y conquistó el poder. Bajo la dirección de Mao
Tsetung y el Partido Comunista de China, la revolución inmediatamente se propuso
cambiar la situación.
La revolución trae cambios decisivos
En cuanto el Ejército Rojo se apoderó de las ciudades grandes, tomó control de los grandes
bancos, fábricas y otros negocios importantes, y puso estos recursos productivos al servicio
de la nueva economía. El partido dirigió al pueblo a reorganizar la producción. Abolió el
trabajo de niños. Redujo la jornada de 12 ó 16 horas a 8 horas.
Cuando el ejército revolucionario derrotó a las fuerzas armadas de Chiang Kai-shek (que
gozaba del respaldo de Estados Unidos) y de los terratenientes, el sistema feudal cayó
rápidamente. De hecho, esa labor empezó en las zonas liberadas durante la guerra
revolucionaria. Equipos de trabajo, bajo el liderazgo del partido, iban a las aldeas a hacer
campañas de educación política y hablar con los campesinos sobre sus problemas. Los
apoyaron y los dirigieron a que se levantaran, se organizaran y tomaran las tierras.
A partir de la conquista del poder nacional en 1949, la reforma agraria se hizo ley y arrasó
como un río que reventó una presa. Por todo el país, los campesinos se dividieron entre
ellos la tierra, la herramienta y los animales. En un país donde nunca antes se trató como
igual a la mujer, tanto hombres como mujeres recibieron tierras.
La mujer alzó la cabeza. En 1950, una nueva ley matrimonial puso fin al matrimonio
arreglado y de niños. Garantizó el derecho al divorcio a la mujer igual que al hombre. Pero
Mao entendía que la revolución iba más allá que cambiar las leyes. Tenía que transformar
el modo de pensar y las antiguas relaciones sociales; tenía que luchar contra los retrógrados
valores e ideas basados en esas relaciones, que eran muy comunes.
Las biografías histéricas contra Mao dicen que se embriagó de poder. Pero en realidad, de
lo que se quejan es de que la revolución derrocó el viejo poder de los terratenientes,
grandes capitalistas e imperialistas extranjeros, y estableció un nuevo poder: una forma de
la dictadura del proletariado. Dio a los trabajadores y campesinos la autoridad de empezar a
gobernar la sociedad y de suprimir a los explotadores viejos y nuevos.
Nos dicen que Mao mató gratuitamente a millones de personas. De hecho, el nuevo sistema
económico y social que creó la revolución maoísta liberó a cientos de millones, y salvó a
incontables vidas. Durante toda la historia, a los oprimidos los trataron como bestias de
carga. Ahora, tenían el derecho y la capacidad de alzar la cabeza. Y contaban con el apoyo
de un ejército popular de liberación.
Imagínense lo que significaría en una futura sociedad en el territorio actual de Estados
Unidos, si los oprimidos contaran con un poder estatal que defendiera sus intereses. En vez
de que la policía sembrara terror en las comunidades oprimidas, el estado apoyaría al
pueblo a arrancar de raíz la discriminación. En la China de Mao, los de abajo tenían la
libertad y el poder de transformar la vida económica, política, social y cultural.
Octava parte: El avance de Mao: Romper con el modelo soviético
Mao Tse-tung buscó crear una economía socialista basada en la cooperación social y la
propiedad común, una economía que pudiera:
-satisfacer las necesidades materiales y sociales del pueblo.
-resolver el problema milenario de hambre endémica, desnutrición y hambruna
recurrente.
-fomentar el apoyo mutuo entre la industria y la agricultura, en vez de extraer los
recursos del campo.
-reducir las disparidades entre la ciudad y el campo, y entre regiones, con la meta final
de eliminarlas.
-promover el conocimiento y dominio colectivo popular de los procesos de producción.
-resistir un ataque imperialista.
Tal economía no podría depender de préstamos ni ayuda del imperialismo, ni responder a
las demandas del mercado internacional capitalista.
La revolución maoísta se propuso crear un sistema educativo que satisficiera las variadas
necesidades de la población y contribuyera a revolucionar la sociedad. Se propuso crear una
nueva cultura y combatir el antiguo modo de pensar.
A la cabeza de ese gran propósito estaba la ideología comunista, la meta final de llegar al
comunismo: una sociedad sin clases ni ninguna forma de opresión.
Con el nuevo poder estatal basado en la alianza del proletariado y el campesinado, era
posible cambiar las terribles condiciones que afligían al pueblo.
Eliminaron la adicción al opio por medio de campañas masivas de tratamiento médico y
educación. También lanzaron campañas masivas para limpiar las ciudades. Erradicaron o
controlaron el cólera y otras epidemias. Construyeron fábricas, viviendas para trabajadores,
hospitales y escuelas de medicina. En 1965, China contaba con 200,000 médicos.
Crearon un nuevo sistema educativo nacional. En menos de una década, las campañas
masivas de alfabetización proporcionaron a la mayoría de los campesinos un conocimiento
básico de lectura.
Romper con el modelo soviético
Eran logros increíbles. Pero dentro del Partido Comunista se luchaba con respecto al
camino a seguir. Uno de los temas más candentes era cómo desarrollar y modernizar la
economía.
Un grupo de dirigentes del partido proponía un programa de industrialización rápida, que
concentraba los recursos nacionales en las fábricas grandes y modernas y en la tecnología
avanzada. Querían desarrollar los centros urbanos, con la idea de que el desarrollo poco a
poco llegaría al campo. Decían que se necesitaba todo un aparatazo de planificación
centralizada para manejar la economía y recomendaban preparar un vasto ejército de
expertos y especialistas para administrar la nueva economía y el gobierno. Proponían
motivar a los trabajadores y al personal de las empresas por medio de incentivos monetarios
y diferencias salariales.
Ese programa seguía los pasos de la Unión Soviética, que ejercía mucha influencia en
China en ese tiempo. Pero Mao reconocía las fallas del modelo que se ponía en la práctica
en la Unión Soviética y también en China en los años 50. El modelo soviético colocaba la
técnica y la pericia por encima de la iniciativa y la actividad consciente de las masas. Mao
rechazó la subordinación de la agricultura a la industrialización urbana. También decía que
China tenía que descentralizar la industria y evitar la concentración del desarrollo en las
ciudades y las costas, que eran más vulnerables a un ataque e invasión imperialista.
Mao buscaba forjar un camino distinto de desarrollo económico y social. Para decirlo de
otro modo, tras la victoria nacional en 1949 Mao luchaba contra dos legados. En primer
lugar, luchaba contra el legado y la influencia y presión aún importante del capitalismo y
del imperialismo occidental. Segundo, rompía con el legado del modelo soviético de
desarrollo.
"Dicen que el Gran Salto Adelante fue un experimento irracional y utópico. Pero en
realidad tenía enorme sentido económico y político, desde el punto de vista de liberar al
pueblo y la capacidad productiva".
Novena parte: El Gran Salto Adelante
El Gran Salto Adelante de 1958 y 1959 fue el primer paso osado de Mao para forjar un
camino más liberador de desarrollo económico y social socialista. El motor del Gran Salto
Adelante en el campo fue el movimiento de formación de comunas, que abarcaban
actividades económicas, sociales, administrativas y militares, y llegaron a ser las unidades
básicas del poder proletario en el campo.
Las comunas populares nacieron de un proceso complejo y dinámico de lucha y
transformación económica y social, de levantamiento popular masivo y experimentación.
Casi desde el principio de la revolución los campesinos, con el respaldo del partido,
formaron equipos de ayuda mutua para sembrar y cosechar. Tras unos años de liberación,
establecieron cooperativas para trabajar la tierra colectivamente; distribuían la cosecha de
acuerdo con la cantidad de tierra, herramienta, animales y trabajo que aportaba cada
familia.
A mediados de la década de 1950, los campesinos formaron cooperativas a un nivel más
alto. Quemaron las escrituras de los terrenos porque ahora trabajaban la tierra y poseían la
herramienta y los animales en común. Fue un proceso zigzagueante y diferentes zonas
avanzaron a diferente ritmo. Unos campesinos entraban y luego se salían. Pero en ciertas
etapas del proceso, había listas de espera de campesinos que querían entrar. Muchos
campesinos, en vez de seguir batallando en parcelas aisladas, juntaron sus terrenos y su
trabajo para lograr enormes cambios, hasta en la fisonomía física de China. Eso permitió
llevar tractores y otras máquinas a zonas donde ni siquiera se conocía el arado de hierro.
En ese marco se lanzó el Gran Salto Adelante.
Nacen las comunas populares
Las primeras comunas nacieron espontáneamente. En la provincia de Honan en 1957 se
juntaron varias cooperativas vecinas para construir un enorme proyecto de riego y llevar
agua a tierras áridas desde el otro lado de una cordillera. Los campesinos unieron sus
cooperativas y crearon algo nuevo: un mecanismo económico y político que adoptarían
docenas de miles de campesinos para forjar una vida en común. Mao visitó esas zonas y le
puso el nombre de "comuna" a lo que se estaba creando.
Dicen que el Gran Salto Adelante fue un experimento irracional y utópico. Pero en realidad
tenía enorme sentido económico y político, desde el punto de vista de liberar al pueblo y la
capacidad productiva.
Las comunas podían movilizar y organizar las vastas reservas de mano de obra de China.
Ahora se podían planear y construir proyectos de gran escala de riego y control de
inundaciones, carreteras, reforestación, rescate de tierras, etcétera. Se construyeron fábricas
de fertilizantes y de cemento, y pequeñas centrales hidroeléctricas. Las comunas aportaron
espacio a equipos de expertos y campesinos para realizar experimentos de agricultura
científica y de exploración geológica.
El Gran Salto Adelante soltó a la mujer de los confines de la casa para que participara en la
enorme ola de lucha para crear una nueva sociedad. Las comunas abrieron comedores y
guarderías infantiles comunitarios, reparaban las casas y ofrecían otros servicios sociales
colectivos. La mujer participó en el lanzamiento de nuevas fábricas y proyectos de riego,
como el famoso Canal Bandera Roja, para el cual el "Equipo de las muchachas de hierro"
estaba en las primeras filas.
Se cuestionaron las costumbres y valores del pasado. Se libró una lucha ideológica contra la
superstición, el prejuicio y el fatalismo, y las costumbres feudales como el matrimonio
concertado. Las comunas establecieron redes de escuelas primarias y secundarias, y
servicios de salud.
El Gran Salto Adelante dio prioridad a las zonas rurales con el fin de ir cerrando la brecha
entre la ciudad y el campo, y entre el proletariado y el campesinado. Nacieron industrias de
pequeña escala en el campo; los campesinos empezaron a dominar la tecnología; se divulgó
el conocimiento científico. El Gran Salto Adelante era una alternativa liberadora al proceso
de desplazamiento de la población rural y la migración en masa a la ciudad que se da en el
tercer mundo bajo la dominación imperialista.
Una vil calumnia
Otra ventaja de una economía autosuficiente que llevaba al campo el desarrollo industrial y
técnico era que podía resistir mejor el ataque y la invasión imperialistas, y dar apoyo a la
revolución mundial.
Jung Chang y Jon Halliday, los autores del libro Mao: The Unknown Story (Mao: La
historia desconocida), sostienen que el Gran Salto Adelante y las comunas no eran más que
un pretexto para explotar a los campesinos como esclavos. Afirman que las medidas de
Mao causaron la muerte de 30 millones de personas. Hay que decir unas cuantas verdades.
Primero, como expliqué, el Gran Salto Adelante no era una cosa descabellada sino un gran
proyecto coherente que estimuló la energía y el entusiasmo de las masas campesinas.
¿Hubo problemas? ¿Hubo muertes por hambruna? Sí. Pero las dificultades de esos años
fueron un fenómeno complejo.
La producción de alimentos disminuyó bruscamente en 1959. China sufrió los peores
desastres climatológicos en un siglo. Ora inundaciones, ora sequías azotaron la mitad de las
tierras de cultivo.
Por otra parte, la lucha ideológica entre la China revolucionaria y la Unión Soviética
aumentó. Mao analizó que la dirección de la Unión Soviética se había vuelto revisionista y
abandonado el camino socialista, y que estaba vendiendo los intereses de la revolución
mundial al imperialismo estadounidense. En represalia, los soviéticos cortaron la ayuda,
retiraron sus asesores, se llevaron los planes de instalaciones industriales a medio construir
y dejaron una dura carga de deudas. Eso agravó las dificultades económicas.
Los maoístas cometieron ciertos errores. En unas zonas, se dedicó demasiado trabajo de los
campesinos a proyectos no agrícolas y eso disminuyó la producción de alimentos. En la
euforia de los tiempos, los responsables de las comunas exageraban el nivel de producción
y de capacidad; por lo tanto, era difícil saber a ciencia cierta la cantidad de granos
disponibles y hacer planes.
Chang y Halliday acusan a Mao de que no le importaba el sufrimiento del pueblo y que
calló adrede toda mención de muertes. Pero en realidad, se hicieron investigaciones y se
ajustaron los planes. Se redujo el tamaño de las comunas, que se estabilizaron con una
población de 15,000 a 25,000 personas. Se redujo la cantidad de granos que se entregaban
al estado. Se recortaron ciertos proyectos no agrícolas para dedicar más tiempo a la
producción de alimentos. Se racionaron los granos en todo el país y se mandaron
provisiones de emergencia a las zonas más afectadas.
¿Y los supuestos 30 millones de muertos? Es un cálculo absurdo y sensacionalista, basado
en estadísticas poco fidedignas. Para llegar a esa exageración ridícula, comparan un número
proyectado de población con la población real, o sea, incluyen en el total de muertos
personas que ni siquiera nacieron.
El punto principal es que China, al entrar en la década de 1970, pudo resolver el problema
del hambre por primera vez en su historia. La nueva sociedad podía asegurar la canasta
básica y la alimentación de todos. Eso fue producto del Gran Salto Adelante y de la
formación de comunas. Fue producto de la movilización colectiva de las masas para
construir proyectos de riego y control de inundaciones, rescatar y mejorar tierras, dominar
nuevas técnicas agrícolas y establecer pequeñas industrias en el campo. Fue el logro
concreto del espíritu de trabajar por el bien común que promovió la revolución socialista.
Décima parte: La Gran Revolución Cultural Proletaria en China - No una
purga fanática, sino el camino socialista contra el camino capitalista
Debido a la crisis de alimentos y a los trastornos industriales que ocurrieron en los difíciles
años del Gran Salto Adelante, durante los cuales los soviéticos retiraron de la noche a la
mañana toda ayuda y asistencia técnica, era necesario hacer ciertos ajustes económicos y
organizativos. Sin embargo, eso creó oportunidades para las fuerzas conservadoras del
Partido Comunista, quienes de hecho estaban en contra del Gran Salto Adelante e incluso
trataron de sabotearlo.
Al empezar los años 60, esas fuerzas conservadoras estaban cobrando fuerza. Querían que
las decisiones económicas se guiaran por criterios de ganancias y consolidar un sistema
educativo elitista. Hay que recordar que el sistema de educación universitaria post-1949 en
China seguía el modelo soviético de jerarquía, especialización y reclutamiento de los
estudiantes "más preparados". Las fuerzas conservadoras estaban bien atrincheradas en la
esfera cultural, que era un baluarte de la tradición. La ópera, una expresión artística muy
popular, aún presentaba los antiguos temas y personajes feudales.
Los conservadores querían concentrar los recursos de salud pública en las ciudades a
expensas del campo. Les dijeron a los obreros y campesinos que se olvidaran de la política,
que la dejaran en manos de los políticos "preparados", que se colgaran el yugo y se
dedicaran a trabajar nada más.
Esos neo-capitalistas tenían un programa coherente... y ya para mediados de la década
andaban viendo cómo arrebatar el poder.
Mentiras sobre la Revolución Cultural
Se repite mucho que la Revolución Cultural fue una purga fanática que lanzó Mao Tsetung
contra quien le cayera gordo. El reaccionario libro Mao: The Unknown Story afirma que fue
una cruel venganza de Mao contra los líderes del partido que se atrevieron a contrariarlo...
que fue una gran locura de terror y manipulación. Son mentiras patentes.
En primer lugar, Mao no se estaba inventando enemigos. En realidad, fuerzas burguesas de
gran peso se confabulaban para arrebatar el poder y establecer un sistema de capitalismo de
estado. Si alguien cree que exagero o que Mao haya sido paranoico, basta con echar un
vistazo a China hoy: un paraíso de mano de obra barata para el capitalismo internacional.
En segundo lugar, la Revolución Cultural era la antítesis de una purga o una orgía de
sangre. Mao analizó que las purgas que hizo Stalin no resolvieron el problema de prevenir
la contrarrevolución en la Unión Soviética. Dejaron a las masas en una posición pasiva. No
se les movilizó política ni ideológicamente. Limitarse a esos tipos de medidas
administrativas no enseña a las masas a distinguir entre programas y puntos de vista que
impulsan la sociedad hacia el comunismo, y los que la arrastran atrás al capitalismo. El reto
para Mao era cómo desencadenar a las masas a jugar su papel consciente decisivo para
impulsar la sociedad hacia adelante.
Mao había buscado una solución al problema de que la revolución pierde energías y corre
peligro de retroceder. Como dijo en 1967: "En el pasado libramos luchas en las zonas
rurales, en las fábricas, en los círculos culturales, y realizamos el movimiento de educación
socialista. Sin embargo, todo esto no pudo resolver el problema, porque no habíamos
encontrado una forma, un medio de movilizar a las amplias masas de manera abierta, en
todos los terrenos y de abajo arriba para exponer nuestro lado oscuro".1
Mao bregaba con un problema histórico internacional de la revolución comunista. Bob
Avakian lo expresa así: "Mao bregaba precisamente con la cuestión de cómo responder a
las cada vez más fuertes embestidas para derrocar el gobierno del proletariado y, a la vez,
cómo potenciar la dictadura del proletariado como el gobierno de las masas, concretarla,
institucionalizarla y hacer que cuanto más se fortalezca, tanto más se distinga
cualitativamente de todos los estados anteriores".2 Es decir, cómo prevenir la
contrarrevolución de una manera coherente con los medios y las metas de la revolución
comunista?
Más adelante ampliaré la experiencia concreta de la Revolución Cultural. Pero primero hay
que explorar cuestiones teóricas que plantea el reto de continuar la revolución durante el
socialismo.
Mao enfatizó la importancia de la teoría. Sostenía que la línea política e ideológica es
decisiva. Esto se refiere a nuestro conocimiento del mundo a fin de transformarlo: al
análisis teórico de las leyes que gobiernan el movimiento y desarrollo concretos de la
sociedad y el mundo, y a las medidas que se desprenden de tal conocimiento.
Los líderes del Partido Comunista que querían llevar a China por el camino capitalista
estaban formulando una teoría y argumentos para su programa. A ellos se oponía Mao,
quien dirigía a las fuerzas revolucionarias y estaba haciendo una contribución histórica al
conocimiento de la dinámica de la sociedad socialista. Este choque de perspectivas teóricas
era una parte clave de la lucha de clases en la China revolucionaria.
-------------Notas
1. Citado en "Informe ante el IX Congreso Nacional del Partido Comunista de China", de
Importantes documentos de la Gran Revolución Cultural Proletaria,Pekín: Ediciones en
Lenguas Extranjeras, 1970, p. 26.
Parte 11: Mao sobre las contradicciones en la sociedad socialista
El marxismo tuvo un enorme adelanto teórico con el análisis de Mao de que en la sociedad
socialista siguen existiendo clases antagónicas, y que también sigue la lucha de clases entre
el proletariado que gobierna la sociedad y la burguesía, ahora la gobernada.
Es algo complicado. Ya no se trata de capitalistas tradicionales con sus escrituras de
propiedad y sus acciones en la bolsa de valores, aunque en los primeros años del socialismo
se verán vestigios de la antigua burguesía y sus agentes reaccionarios organizarán en contra
del nuevo sistema. Pero conforme la revolución se fortalece y la economía socialista se
consolida, el peligro principalmente es una nueva burguesía que existe dentro de las
relaciones y estructuras políticas, económicas e ideológicas de la sociedad socialista.
Causa confusión política. Sería más fácil si esa nueva burguesía saliera en la tele y
anunciara: "Queremos destruir la revolución y explotarlos de nuevo, ¿oyeron?". Pero es al
contrario: se organiza y lucha por sus intereses y programas dentro del marco institucional
del sistema y con un lenguaje pseudo-marxista y pseudo-socialista.
Es cuestión de la naturaleza de la sociedad socialista.
Las desigualdades de la sociedad socialista
El socialismo es un enorme salto adelante; ha hecho posible cosas increíbles, como les he
platicado. Pero es una sociedad de transición: trae las cicatrices económicas, sociales e
ideológicas de la vieja sociedad. ¿Qué quiere decir eso?
Aún existen diferencias entre el desarrollo de la industria y la agricultura, entre la ciudad y
el campo, y entre regiones. Algo muy importante es que sigue la división entre el trabajo
intelectual y el trabajo manual, o sea, entre los que principalmente se dedican a actividades
intelectuales, administrativas y creativas, y los que trabajan con las manos.
Todavía hay diferencias salariales; el dinero, los precios y los contratos siguen jugando un
papel importante en la economía.
Hay que restringir estas y otras desigualdades, así como la persistencia del intercambio de
mercancías, y en última instancia habrá que eliminarlas para llegar al comunismo. También
es necesario luchar ideológicamente contra la influencia de esas desigualdades en el
pensamiento y los valores de la gente, y a la larga, eliminarla. Pero eso requerirá un proceso
prolongado y complejo de lucha y transformación revolucionaria.
Mao analizó que estas diferencias sociales y las relaciones de mercancía forman el terreno
del cual nacen nuevas fuerzas privilegiadas y una nueva burguesía en la sociedad socialista.
Es más, demostró que el núcleo de la nueva burguesía se encuentra en los niveles más altos
del mismo partido comunista. ¿Por qué?
El partido de vanguardia como el centro de las contradicciones
El partido comunista es la institución política más importante y la principal fuerza directora
de la economía. Las masas necesitan dirección revolucionaria para transformar
revolucionariamente la sociedad socialista. Es imprescindible el liderazgo de vanguardia y
un estado proletario para dirigir la sociedad y coordinar la economía para el bien de las
masas y para impulsar la revolución mundial. Se necesita un estado proletario fuerte para
defenderse del constante peligro de un ataque imperialista.
Pero ahí está el detalle. Hay fuerzas en importantes puestos de liderazgo en el partido y el
estado que promueven una línea burguesa, es decir, un punto de vista y medidas que
expanden las desigualdades que mencioné y que restringen la iniciativa popular. Esos
líderes de peso que promueven una línea burguesa están en una posición estratégica para
implementar su programa: instituir medidas y reestructurar las relaciones económicas y
sociales en la dirección del capitalismo. Esos "seguidores del camino capitalista", como
Mao los bautizó, también tienen una posición ventajosa para movilizar a sectores sociales
en torno a un programa neocapitalista.
Algunos preguntarán: "Bueno, ¿por qué no eliminar el partido y el estado de vanguardia, y
así se evita el problema?". Pero eso no lo resuelve. Solo dejará a las masas sin liderazgo y
más vulnerables ante todas las contradicciones de que ya platiqué. Y la burguesía volverá al
poder.
Por eso, un partido de vanguardia tiene que dirigir el proceso revolucionario e impulsarlo
hacia adelante. Pero, el mismo partido de vanguardia llega a ser el centro de las
contradicciones de la sociedad socialista y, asimismo, la lucha dentro del partido entre el
camino socialista y el camino capitalista llega a ser el centro de la lucha de clases.
Ese fue un gran descubrimiento de Mao.
Mao también buscó nuevos medios para lidiar con el problema: la movilización popular de
abajo hacia arriba para derrocar políticamente los centros de poder burgués dentro del
partido comunista y revolucionar el partido y las instituciones sociales; y la lucha
ideológica para transformar el pensamiento y el conocimiento. De esta manera, la
revolución socialista excava el terreno que regenera el capitalismo.
Con este fundamento político y teórico, echemos un vistazo a la Revolución Cultural.
Parte 12: La Revolución Cultural en China, Una irrupción sísmica
Es el 18 de agosto de 1966. Mao Tsetung está parado en la misma terraza con vista del
zócalo de Pekín donde habló en 1949. Pero ahora pasa revista a la primera reunión pública
de jóvenes revolucionarios, que se llamaban los Guardias Rojos. Un millón se han reunido
y están celebrando porque hacía dos semanas Mao escribió y pegó en la calle un
extraordinario cartelón titulado "Cañonear el cuartel general".
Nunca en la historia había hecho esto ningún líder revolucionario, ni ningún líder que
detentara el poder. Mao llamaba al pueblo a desafiar las estructuras dominantes opresivas: a
alzarse para derribar a los altos funcionarios del partido y del gobierno que intentaban
llevar a China por el camino capitalista. Animaba al pueblo a reconquistar desde abajo los
sectores del poder político y de la economía, cultura y educación de los cuales se habían
apoderado los seguidores del camino capitalista.
Mao estaba lanzando una revolución dentro de la revolución.
Los Guardias Rojos como catalizador
En ese mitin de agosto, Mao saludó a la multitud y se puso un brazalete de los Guardias
Rojos. Demostró su apoyo a la juventud revolucionaria y la animó; quería desencadenar su
espíritu crítico y rebelde. Por su parte los Guardias Rojos jugarían un papel clave para
iniciar la Revolución Cultural.
La situación en China en ese tiempo era gruesa. Un sector de líderes atrincherados en la
administración y el partido promovían medidas burguesas con el camuflaje del marxismo.
Muchos campesinos y obreros suponían que sus líderes, por llamarse comunistas, tenían
que ser buenos. Mao quería quitarles esa costumbre de resignarse al statu quo y minar la
arrogancia de los seguidores del camino capitalista. De hecho, en muchas fábricas y zonas
rurales, la gente simplemente tenía miedo de criticar a la dirección.
Entran los Guardias Rojos.
Causaron sensación en la sociedad. Organizaron protestas y discusiones; criticaron
funcionarios de alto y bajo nivel. Decían sus verdades a los directores de escuelas que se
creían los muy muy. La generación anterior tenía la experiencia de la revolución en los
años 30 y 40 en la lucha contra los invasores japoneses y el ejército de Chiang Kai-shek,
que los yanquis financiaron. Ahora, una nueva generación se entregaba a la revolución. El
gobierno daba permiso a los jóvenes de viajar gratis en tren. Los Guardias Rojos viajaban a
muchas regiones y al campo, haciendo caminatas y trepados en los vehículos del ejército.
Iban a los pueblos a reunirse con los campesinos, gente que no conocían y que les habían
enseñado a despreciar.
Los Guardias Rojos sirvieron de catalizador. Alentaron al pueblo a alzarse la frente, a
defenderse y a expresarse. Según contó un campesino:
"Los Guardias Rojos estaban bien organizados. Se dividieron en grupos y visitaron todas
las casas de la aldea. Jamás habíamos visto tantos desconocidos en el pueblo. Nos hicieron
preguntas sobre nuestra vida. Querían aprender de nosotros. Nos preguntaron cómo nos iba
en la brigada [grandes unidades de trabajo]. Participaron en discusiones con los cuadros
dirigentes de la brigada y les hicieron preguntas sobre el sistema de puntos de trabajo [el
sistema de pago en las comunas]. Me dieron un libro de citas. Lo distribuyeron a varias
familias. Al final todos lo tenían. Los Guardias Rojos fueron muy importantes para
nosotros. Seguimos leyendo las citas cuando se fueron. Leímos y comparamos las citas con
lo que hacíamos aquí y sacamos la conclusión de que era necesario cambiar muchas cosas".
(Jan Myrdal y Gun Kessle, China: The Revolution Continued,Nueva York: Vintage, 1972,
pág. 106-107)
La orientación de Mao para la Revolución Cultural
La burguesía odia la Revolución Cultural. La describe como "control del pensamiento" y
retratan a los Guardias Rojos como fanáticos que arrasaban el país. Promueven en grande
los estudios y memorias que pintan la Revolución Cultural como violencia y revancha. Pero
esa no fue la realidad fundamental de la Revolución Cultural.
En primer lugar, no era una gresca descabellada. La dirección maoísta dio instrucciones.
Uno de los principales documentos --y recomiendo que lo lean-- se llamaba la "Decisión de
los dieciséis puntos". He aquí unas selecciones de las instrucciones de Mao:



"Dejar que las masas se eduquen a sí mismas en el movimiento y aprendan a distinguir
entre lo justo y lo erróneo, y entre la forma correcta de proceder y la incorrecta".
"Hay que concentrar todas las fuerzas para asestar golpes al puñado de derechistas
burgueses ultra reaccionarios. El blanco principal del movimiento actual son aquellos
elementos en el seno del Partido que ocupan puestos dirigentes y siguen el camino
capitalista".
"Hay que hacer una estricta distinción entre los dos diferentes tipos de contradicciones:
las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones entre nosotros y el
enemigo. Es normal que existan opiniones distintas entre las masas populares. Durante el
debate, se debe recurrir al razonamiento y no a la coacción o a la fuerza".
Esta era la orientación. ¿Hubo desorden? Sí. ¿Hubo excesos y violencia? Claro: era una
revolución. Pero los revolucionarios maoístas se esforzaban por orientar el movimiento
acertadamente en medio de todo su tumulto: debate en masa, crítica en masa y movilización
política masiva.
Un episodio famoso ilustra este punto. En la Universidad Tsinghua, hubo mucho conflicto
entre facciones estudiantiles y llegó a la violencia. En respuesta, la dirección maoísta envió
un equipo de obreros no armados a la universidad para ayudar a los estudiantes a discutir y
resolver sus diferencias.
Parte 13: La Revolución Cultural, Lucha compleja y liberadora
Una de las distorsiones más repetidas sobre la Revolución Cultural es que Mao lo manejaba
y manipulaba todo, y que fue responsable de todo acto y lucha que ocurrió. Lo
responsabilizan de todo caso de violencia. Persiste la noción de que todo salía de un solo
centro de autoridad y mando: Mao.
La realidad es que la Revolución Cultural fue una lucha complicada sobre quién dominaría
la sociedad: las masas o una nueva clase burguesa. Participaron diferentes clases y fuerzas
sociales: maoístas auténticos del partido y las organizaciones de masas; agrupaciones
antimaoístas del partido que organizaban a estudiantes, trabajadores y campesinos; fuerzas
militares conservadoras; grupos de ultraizquierda; organizaciones populares que se
dividieron en campos rebeldes y conservadores; elementos criminales y más. Estaban en
juego distintos intereses sociales y motivos. Algunos aprovecharon la Revolución Cultural
para resolver sus disputas personales. Frecuentemente los enemigos de Mao dentro del
partido, ante ataques políticos, fingían apoyar a Mao e incitaban enfrentamientos y
violencia en nombre de la Revolución Cultural, con el fin de desviar el ataque de sí mismos
y de desacreditar el movimiento revolucionario.
Sin embargo, durante el transcurso de esta lucha, Mao y la dirección revolucionaria
lograron encaminarla en cierta dirección: concentrar la lucha política en los seguidores del
camino capitalista más importantes, revolucionar cada vez más la sociedad y hacer que las
masas la dominaran cada vez más.
Pensemos en lo que estaba pasando. Mao estaba desencadenando a cientos de millones de
personas a luchar y debatir sobre la dirección de la sociedad, y a responsabilizarse del
futuro. Nunca había ocurrido nada semejante en toda la historia. En Estados Unidos y otras
democracias burguesas, se define la vida política por el voto. Cada cuatro años uno
participa en un rito que lo mantiene pasivo y refuerza el statu quo. Pero en la China
revolucionaria, brotaron una efervescencia y una agitación social increíbles, lo que es
excelente para la sociedad. Y en esa situación no estaba todo bajo control. Algunos
Guardias Rojos se pasaron de entusiasmo por eliminar la influencia burguesa en la sociedad
y cometieron excesos. En esa atmósfera, Mao y los líderes revolucionarios tenían que guiar
a las masas a analizar correctamente la situación, sacar lecciones y conclusiones sobre los
métodos de lucha, y consolidar los logros.
La lucha de clases en la sociedad –sobre el camino que seguiría, el socialista o el de vuelta
al capitalismo– se concentraba en la cúpula del partido y del estado. Mao no estaba tratando
de monopolizar el poder, como nos han dicho tantas veces. Pudo mandar a arrestar a todos
sus adversarios pero, como mencioné, no lo hizo, porque eso no hubiera resuelto el
problema de impedir que la revolución retrocediera. Mao estaba dispuesto a poner todo en
juego, a poner su confianza en las masas y a movilizarlas políticamente a bregar con las
cuestiones candentes de la sociedad. Afirmó que la Revolución Cultural era una lucha para
derrocar a los seguidores del camino capitalista, pero que, en lo más profundo, buscaba
cambiar la concepción del mundo: llevar a las masas a conocer y cambiar conscientemente
el mundo y a sí mismas.
Un movimiento revolucionario popular sin precedentes
La Revolución Cultural causó gran debate y cuestionamiento. Hubo manifestaciones
políticas, protestas, marchas y reuniones políticas masivas. Se publicaron montones de
periódicos: nada más en Pekín salían más de 900 periódicos. Se distribuían incontables
volantes mimeografiados. Las materiales y lugares para todas esas actividades se
proporcionaban gratis, como papel, tinta, brochas, prensas, salones para mítines y sistemas
de sonido.
Los Guardias Rojos ayudaron a extender el movimiento al proletariado. Cuando la
Revolución Cultural entró a la clase obrera, dio un viraje. En 1967-68, 40 millones de
trabajadores participaron en luchas populares intensas y complejas y levantamientos para
reconquistar el poder de las autoridades conservadoras atrincheradas en las organizaciones
del partido en municipalidades y alcaldías. Por medio de experimentación, debate y
evaluación, y con dirección maoísta, las masas forjaron nuevos órganos de poder político
proletario.
El alcance y la intensidad de la Revolución Cultural no tienen paralelo en la historia de la
humanidad. La rutina de todos los días se hizo añicos. Gente de todo entorno social
participaba en el debate popular.
Los campesinos discutían los valores confucionistas que aún influenciaban su vida. Los
obreros de las fábricas de Shanghai experimentaban con nuevas formas de administración
participativa.
Nada ni nadie estaba por encima de la crítica. Se pidieron cuentas a las autoridades
políticas, administrativas y pedagógicas que se alejaron del pueblo. Los funcionarios ya no
podían encerrarse en el despacho a gritar órdenes; tenían que convivir con las masas y
conocer su situación.
La Revolución Cultural provocó un profundo cuestionamiento ideológico. Mao dijo que si
la revolución no transformaba las costumbres, hábitos y modos de pensar, no era tal. La
revolución tiene que dar a luz nuevos valores y una nueva manera de relacionarse. ―Servir
al pueblo‖ fue la consigna que Revolución Cultural popularizó. No tiene nada que ver con
la idea burguesa de que los ricos hagan actos caritativos para los pobres. Al contrario, se
trata de servir las necesidades de la gran mayoría de la sociedad y la causa del comunismo
internacional, de poner patas arriba la mentalidad capitalista de ―yo primero‖.
Lo que Mao enfatizaba es que aunque exista una economía socialista, la propiedad
socialista solo será una fachada si no se promueve el espíritu de trabajar por el bien común.
Impacto internacional
No es posible exagerar el impacto que tuvo la Revolución Cultural en otros países. Era una
época de auge radical y revolucionario por todo el mundo. La Unión Soviética era
totalmente opuesta a la revolución proletaria, pero Mao presentaba la visión de la
revolución comunista comprometida hasta el fin.
Les puedo constatar personalmente lo mucho que me impactaron los Guardias Rojos
cuando era un joven rebelde en la prepa y la universidad. Yo quería ser como ellos.
También me acuerdo de lo emocionante que fue la famosa carta de Mao de apoyo a los
negros que se levantaron en Estados Unidos en abril de 1968, tras el asesinato de Martin
Luther King. La China maoísta apoyaba la revolución por todo el mundo y hacía la
revolución de nuevo dentro de su misma sociedad. Para mí, era increíble. Y lo sigue
siendo....
Parte 14: La Revolución Cultural, logros en educación y cultura
La Revolución Cultural, según proclama la ―guía de estudio‖ de la mayoría de los
programas occidentales sobre el tema, siguiendo la ―historia oficial‖ del gobierno antimaoísta de China, sumió al país en una edad de tinieblas.
Sin embargo, ocurrieron las cosas más extraordinarias.
Educación: Expansión e innovación
Empecemos con la educación. Comúnmente acusan a Mao de oponerse al aprendizaje y a la
educación. Jung Chang y Jon Halliday en Mao: The Unknown Story (Mao: La historia
desconocida) sostienen que Mao consignó a la mayoría de la población a ser ―trabajadores
esclavos analfabetos o semialfabetizados‖. Esto es poner la realidad patas arriba.
Prueba 1: Se multiplicaron los recursos educativos en las zonas rurales.
De 1965 a 1976, la inscripción en la escuela primaria aumentó de 115 millones a 150
millones de alumnos, y la de escuela secundaria aumentó de 15 millones a 58 millones, o
sea, casi cuatro veces más. Los campesinos tenían acceso a una red de primarias en cada
aldea, secundarias integradas para varias aldeas y preparatorias para las comunas. En la
sierra, tenían ―salones ambulantes‖, que viajaban de aldea a aldea. De 1973 en adelante, el
90% de los niños de edad escolar estudiaban. En los años 70, la entrada de obreros y
campesinos a la universidad aumentó muchísimo.
Prueba 2: Atacar el elitismo en la educación universitaria
Antes de la Revolución Cultural, las universidades eran exclusivamente para los hijos e
hijas de los miembros del partido y de las clases privilegiadas. Los niños competían por
medio de pruebas para entrar a una jerarquía de escuelas preparatorias cada vez más
selectas. Durante miles de años, el sistema de educación feudal confucionista creó una
minoría selecta de gente culta que gozaba de privilegios y vivía alejada de la gente común y
del trabajo productivo.
La Revolución Cultural abolió ese sistema de selección por medio de pruebas competitivas.
Al graduarse de la prepa, los alumnos iban al campo a vivir y trabajar, o trabajaban en
fábricas. Después de dos o tres años, cualquier estudiante, sin importar su origen, podía
solicitar admisión en la universidad. Como parte del proceso de admisión, su unidad de
trabajo lo evaluaba y daba una recomendación.
Cambiaron por completo el plan de estudios con el fin de evitar el elitismo. Combinaban el
estudio con el trabajo productivo. Se estudiaba teoría y política revolucionarias. Se
criticaban los métodos pedagógicos antiguos que limitaban a los estudiantes a ser
recipientes pasivos de información y elevaba a los maestros a la categoría de autoridades
absolutas.
La Revolución Cultural contradijo la idea burguesa arribista de que la educación es una
escalera para que el individuo ―suba‖ o para que adquiera capacidades y conocimientos
para aventajar a los demás. No era cuestión de antiintelectualismo sino de poner el
conocimiento al servicio de una sociedad que batallaba para borrar las desigualdades
sociales.
Prueba 3: Investigación de ―puertas abiertas‖.
Un avance muy importante e innovador de la Revolución Cultural fue lo que llamaron la
investigación de ―puertas abiertas‖. En el campo, establecieron estaciones científicas cerca
de los sembradíos. Campesinos, junto con científicos de las ciudades, llevaron a cabo
experimentos sobre granos híbridos, el ciclo de vida de los insectos y otros aspectos de la
ciencia en la agricultura. Esto ayudó a las masas a entender temas científicos y el método
científico, y ayudó a los científicos a entender mejor las condiciones sociales,
especialmente en el campo.
En las ciudades, las universidades e instituciones de investigación importantes trabajaban
con fábricas, comités de vecindad y otras organizaciones. El pueblo iba a los laboratorios y
estos iban al pueblo. Se hacían acuerdos innovadores, como el de las mujeres de un taller de
vecindad que producía piezas para computadoras avanzadas, no como mano de obra
explotada del tercer mundo sino en una relación cooperativa con un laboratorio o instituto,
y estudiando la ciencia relacionada con la producción.
Profesionales al campo
Durante la Revolución Cultural exhortaron a artistas, médicos, técnicos, científicos y gente
de muchos otros sectores a que fueran a vivir con los obreros y campesinos: a aplicar sus
conocimientos a las necesidades sociales, convivir con los que hacen el trabajo manual,
intercambiar conocimientos y aprender de las masas.
Nos dicen que mandar los profesionales al campo fue como castigarlos. Bueno, y los
campesinos, ¿qué? ¿Quién les preguntó que si ellos querían vivir en el campo? El hecho es
que la medida de mandar profesionales al campo era parte de la lucha consciente para
eliminar las desigualdades sociales, especialmente para reducir la gran diferencia en cultura
y recursos entre la ciudad y el campo.
¿Cómo aplicaron esta medida? ¿A punta de fusil? De ninguna manera. Primero, apelaban a
los ideales más elevados y a la aspiración de servir a la sociedad. Segundo, libraban una
lucha ideológica para que todos discutieran la cuestión: ¿qué vale más, el ―derecho‖ de un
médico a tener una vida privilegiada en la ciudad u ofrecer servicios de salud para todos?
Tercero, muchas personas respondieron a ese llamamiento con entusiasmo y compromiso, y
dieron ejemplo a los demás. Por último, sí hubo cierta coacción e institucionalizaron la
medida de ir al campo. Pero no toda la coacción es mala. Por ejemplo, ¿es malo que un
gobierno elimine la segregación racial de las escuelas, aunque unos se opongan?
Como mencioné, muchos profesionales y jóvenes respondieron con gran entusiasmo al
llamamiento a ir al campo. Les recomiendo mucho que le echen un vistazo al libro Some of
Us (Unas de nosotras, New Brunswick: Rutgers University Press, 2001). Contiene varios
ensayos de chinas que participaron en la Revolución Cultural y ahora viven en el
Occidente. Describen que la experiencia de ir al campo les cambió la vida de manera
positiva: lo mucho que aprendieron de los campesinos, que hicieron cosas que nunca habían
pensado que serían capaces de hacer, que sintieron el poder de la mujer y que la Revolución
Cultural promovió un espíritu de pensamiento crítico.
Cultura
Ahora abordemos la cultura. Dicen que la Revolución Cultural convirtió a China en un
desierto cultural, pero la verdad es muy distinta. Se dio una explosión de actividad artística
de parte de obreros y campesinos: poesía, pintura, música, cuento, hasta cine. Se hicieron
grandes proyectos artísticos de masas y se popularizaron nuevos tipos de obras populares
cooperativas, incluso en el campo y las zonas remotas. Esculturas colectivas de gran escala,
como las figuras del Patio del Cobro de Rentas, alcanzaron un nivel muy alto de expresión
artística y fondo revolucionario.
La Revolución Cultural produjo ―obras revolucionarias modelo‖: obras que marcaban la
pauta para la creación de una variedad de obras artísticas por toda China. En las obras
modelo de ópera y ballet las masas populares ocupaban el escenario, y expresaban su vida y
su papel en la sociedad y la historia. Estas obras modelo también alcanzaron un nivel
artístico extraordinario; combinaron expresiones tradicionales chinas con instrumentos y
técnicas occidentales. Un avance especial fue el papel prominente en las óperas
revolucionarias de mujeres fuertes y combativas.
Varias compañías de Ópera de Pekín hacían giras en el campo, tanto para dar ejemplo a
grupos culturales locales como para aprender de ellos. Les voy a leer lo que cuenta un
campesino sobre el impacto que tuvieron en su aldea las obras revolucionarias modelo y la
difusión general de cultura revolucionaria.
Dice: ―Fui testigo de un auge sin precedente de actividades culturales y deportivas en mi
aldea natal de Gao. Las aldeas del campo, por primera vez en la historia, organizaron
grupos de teatro y presentaban obras que incorporaban los temas y la estructura de las ocho
Óperas de Pekín modelo, con el idioma y la música locales. Además de entretenerse, los
aldeanos se enseñaron a leer y escribir estudiando la letra de las obras, y organizaban
competencias deportivas con otras aldeas. Todas estas actividades les daban una
oportunidad de reunirse, comunicarse, enamorarse, así como disciplina y organización.
Creaban una esfera pública donde las reuniones y comunicaciones superaban los clanes
tradicionales de familia y aldea. Eso nunca había ocurrido antes ni ha vuelto a ocurrir‖.*
Parte 15: La Revolución Cultural: Salud y economía
Servicios de salud
Echemos un vistazo a los servicios de salud durante la Revolución Cultural. En pocas
palabras, la China maoísta, que no era un país rico, pudo crear lo que Estados Unidos no ha
podido: un sistema de asistencia médica para todos. Los servicios de salud eran gratis o a
un costo bajo, y se regían por principios de cooperación e igualitarismo.
La China maoísta daba prioridad a la prevención, la higiene y otras medidas colectivas de
salud pública. Durante la Revolución Cultural, el foco de la salud pública se trasladó de la
ciudad al campo, pero también mejoraron los servicios de salud en las ciudades. Incluso
llevaron servicios básicos a las zonas remotas.
En el campo, cada comuna gozaba de una red de servicios de salud que tenía una clínica
grande o un hospital, dispensarios y consultorios médicos en las aldeas. En promedio, los
campesinos pagaban en servicios médicos de uno a dos dólares al año. Uno de los avances
más emocionantes de la Revolución Cultural fue el movimiento de los ―médicos
descalzos‖: jóvenes campesinos o de las ciudades que recibían cursos médicos rápidos para
dar asistencia médica básica en las aldeas y trataban la mayoría de las enfermedades
comunes. También iban médicos de la ciudad a las zonas rurales; en cualquier momento
dado, un tercio de los médicos urbanos prestaban servicios en el campo.
Asimismo, se mejoraron los servicios de salud en las ciudades. A principios de los años 70,
el índice de mortalidad infantil de Shanghai era más bajo que el de Nueva York. Como
mencioné al principio de esta charla, la expectativa de vida se duplicó: de 32 años en 1949
a 65 en 1976.
Dicen que Mao fue responsable de muchas muertes. Pero en realidad, la revolución
socialista salvó docenas de millones de vidas. Calculemos la cantidad de personas que de
no ser por la revolución hubieran muerto por desnutrición, pobreza, falta de asistencia
médica básica, falta de preparación para catástrofes naturales e incapacidad institucional
para responder a ellas. No hay comparación.
Amartya Sen, premio Nobel, señala que en 1949, China e India eran notablemente
parecidas en su desarrollo social y económico. Pero durante las tres décadas siguientes,
comenta, ―no cabe duda de que, en lo que concierne a enfermedades, mortalidad y
longevidad, China le lleva una ventaja grande y decisiva a India‖. Como resultado, calcula
que cuatro millones de personas menos hubieran muerto en India en 1986 si contara con los
servicios de salud y la red de distribución alimenticia que tenía la China de Mao.1
Noam Chomsky hizo un cálculo interesante basado en los datos de Sen. Hay un estudio
anticomunista que se llama The Black Book of Communism (El libro negro del
comunismo). Habla del ―fracaso colosal‖ del comunismo y lo acusa de haber causado la
muerte de 100 millones de personas. Bueno, aun si esa cifra fuera acertada —y no es— aun
así, como afirma Chomsky: ―En India, el ‗experimento‘ capitalista democrático desde 1947
ha causado más muertes que toda la historia del supuesto ‗fracaso colosal del experimento
comunista‘ desde 1917: hasta 1979, más de 100 millones de muertes, apenas en India, y
docenas de millones más en los años siguientes‖.2
Transformación económica
En términos económicos, la China maoísta logró cambios impresionantes. Alcanzó un
rápido desarrollo de la agricultura, la industria, el transporte y la construcción. La industria
creció a un ritmo promedio de 10% al año durante la Revolución Cultural, un índice alto
según pautas capitalistas. Se construyó una base industrial moderna que combinaba la
industria pesada y la ligera, sin préstamos ni inversiones del extranjero. La agricultura
aumentó un 3% al año, en la misma proporción que la población. La brecha entre la ciudad
y el campo disminuyó, y el bienestar general de los campesinos mejoró.
Como mencioné, hacia 1970 China podía producir y distribuir los alimentos necesarios para
evitar la hambruna y la desnutrición. Eso se logró por medio de un sistema de planificación
centralizada que dirigía los recursos industriales a servir a la agricultura; un sistema de
agricultura colectiva que promovía la movilización de base; control de inundaciones;
inversión constante en la infraestructura rural, y distribución equitativa de alimentos a los
campesinos y racionamiento de alimentos básicos para garantizar la canasta básica a todo el
mundo. Fue una ruptura radical con el pasado.
Las lecciones son muy profundas para un mundo en el cual cerca de mil millones de
personas sufren de desnutrición y hambruna.
La China maoísta buscó un camino único hacia el desarrollo económico. Inició un proceso
de industrialización que no desembocó en una urbanización caótica. Hicieron un esfuerzo
consciente para restringir el crecimiento y el tamaño de las ciudades, y para concentrar el
desarrollo en las ciudades pequeñas y medianas. Descentralizaron la industria para superar
las desigualdades regionales y concentraron recursos en las regiones más pobres. Daban
prioridad a la producción de tractores y máquinas apropiadas para el campo. Todo eso tiene
lecciones importantes para el mundo de hoy.
Una crítica al socialismo es que produce sistemas de planificación con mucha burocracia.
Efectivamente ese era un peligro que tuvieron que reconocer y restringir. Pero la China
maoísta creó una planificación flexible que combinaba la coordinación centralizada con la
iniciativa y el control locales. Las empresas industriales y agrícolas cooperaban. La
planificación local daba importancia a la salud, el medio ambiente y la prevención de
accidentes. Al ocurrir un desastre natural, el estado proletario reunía los recursos y el
pueblo para trabajar juntos y llevar a cabo planes coherentes.
El desarrollo económico maoísta se basaba ante todo en las masas, armadas con la
conciencia política de los fines y las contradicciones de la revolución socialista, y de su
papel decisivo para rehacer la sociedad.
Este sistema de planificación centralizada guiado por los principios socialistas es
completamente opuesto a la economía capitalista. En el capitalismo, las ganancias deciden
lo que se va a hacer y cómo se hace. Unidades particulares de capital, cada una con sus
propios intereses, compiten a una escala colosal. En este sistema anárquico, no hay ni
puede haber ninguna planificación racional para satisfacer las necesidades sociales.
Miren nada más el mundo que el capitalismo produce. Hablo de la distancia cada vez más
abismal entre los ricos y los pobres... de las urbes monstruosas del tercer mundo con sus
miserables ciudades perdidas... de las vastas zonas nuevas de explotación creadas para
cebar a las corporaciones transnacionales... de la despiadada conversión de la naturaleza en
mercancía, como patentar semillas y herbicidas naturales, y privatizar el agua en países
africanos agotados por la sequía. La China maoísta iba encaminada en la dirección opuesta.
Parte 16: La derrota del socialismo en China y las lecciones para el futuro
China ya no es socialista
China ya no es la sociedad que describí. Ya no es socialista. En 1976, Deng Xiaoping
encabezó un golpe de estado que derrocó al gobierno proletario. Ganaron los seguidores del
camino capitalista contra los cuales Mao había dirigido la lucha popular.
Las medidas de esta nueva clase capitalista han traído una polarización social y económica
extrema. Han convertido a China en una plataforma de mano de obra barata para las
corporaciones transnacionales. Sí, uno que otro chino se ha vuelto muy rico y se está
formando una nueva clase media. Pero, ¿qué significa todo eso para las grandes masas del
pueblo? Veamos:
* Las fábricas de las zonas económicas especiales someten a los obreros a jornadas
insoportables, comida de mala calidad, apiñamiento en los dormitorios y maltrato.
* El estado cobra impuestos excesivos a los campesinos y les quita la cosecha si no los
pagan. Los funcionarios públicos se arreglan con promotores de construcción para acaparar
enormes extensiones de terrenos, lo que ha provocado grandes olas de protestas
campesinas.
* 200 millones de campesinos-jornaleros migratorios recorren el campo y llenan las
ciudades en busca de trabajo, sin ninguna garantía de empleo ni albergue.
* De 1995 a 2000, las empresas estatales cesaron a 48 millones de obreros.
* La prostitución cunde en las ciudades. La exportación al mercado mundial de niñitas no
deseadas es un gran negocio.
* El desmantelamiento de las comunas eliminó el sistema de salud pública rural, y eso
agravó seriamente la epidemia de SARS en el 2003. Una enorme industria de prostitución,
el aumento de las drogas y la venta de sangre de campesinos sumidos en la pobreza han
contribuido a una crisis de SIDA.
* Gracias al mercado libre, las escuelas rurales tienen que cobrar la matrícula y otros
servicios, con el resultado de que muchos niños de campesinos pobres no pueden estudiar.
* La contaminación ahoga las ciudades; los desechos industriales corren por los ríos; están
destruyendo las reservas forestales: todo esto es el precio ambiental del boom económico
chino, que elogia tanto el Occidente.
Mao decía: ―Servir al pueblo‖ y Deng Xiaoping contestó: ―Enriquecerse es glorioso‖.
El capitalismo se ha restaurado en China.
Avanzar a partir de la primera ola de revoluciones socialistas
La derrota de la revolución china en 1976 representa el fin de una etapa. Puso fin a la
primera ola de revoluciones proletarias. La revolución bolchevique de 1917 fue la primera
gran conquista del poder por el proletariado para construir una nueva sociedad. A la
experiencia soviética la rebasó la revolución china, especialmente la Revolución Cultural.
Mao estaba buscando un medio y un método para prevenir que una nueva clase capitalista
volviera al poder; abrió un nuevo camino para bregar con ese problema. Forjó un camino de
transformación revolucionaria que es más liberadora y más coherente con los fines y los
medios de la revolución comunista que el que trazó la Unión Soviética cuando era socialista
(de 1917 a 1956). Sin embargo, el proletariado sufrió una derrota en China.
No existen países socialistas en el mundo de hoy. Pero aún nos encontramos en el punto de
desarrollo social en el cual a la humanidad le urge dejar atrás el capitalismo.
El capitalismo no es el fin de la historia. De hecho, es el impedimento principal para llevar
a la práctica el potencial de un mundo distinto.
Por eso tenemos que aprender de esta primera ola de revoluciones socialistas, y avanzar a
partir de lo más positivo de las experiencias soviéticas y, especialmente, maoístas.
Igualmente, tenemos que criticar todo lo que obstaculiza el avance hacia el comunismo.
Necesitamos una nueva síntesis y una nueva interpretación marxista-leninista-maoístas. Y
eso es precisamente lo que está formulando Bob Avakian, presidente del Partido Comunista
Revolucionario. Les recomiendo mucho que estudien sus obras, como El fin de una etapa y
el comienzo de una nueva etapa; Dictadura y democracia, y la transición socialista al
comunismo; Vencer las dos cuestas y el nuevo libro Observations on Art and Culture,
Science and Philosophy.
Conclusión: La nueva visión del socialismo de Bob Avakian
Bob Avakian ha elaborado un nuevo modelo radical de la sociedad socialista.
La dictadura del proletariado es la forma de poder estatal y de dominación de clase que
permite al proletariado y sus aliados tomar las riendas de la sociedad… transformarla… e
impulsarla hacia el comunismo: una comunidad de seres humanos que se asocian
libremente. Se necesita un liderazgo firme y orientado al futuro para guiar las arduas y
complejas luchas para alcanzar la meta de una sociedad sin clases. Hay que defender el
poder y no dejar que los capitalistas lo arrebaten de nuevo.
Pero, como indica Avakian, tiene que ser un nuevo poder que valga la pena defender. El
socialismo tiene que ser un espacio efervescente y vibrante en el cual el pueblo quiera
vivir… y que abra el camino al comunismo. Avakian ha bregado con distintos aspectos de
este reto y, al hacerlo, ha ampliado los horizontes del marxismo. Permítanme plantear unos
puntos de sus ideas sobre la efervescencia intelectual y el disentimiento en la sociedad
socialista.
La importancia de la efervescencia intelectual
El socialismo desencadena a las masas a manejar la sociedad y transformarla hacia la meta
del comunismo. Es una sociedad que quiere y necesita unir y dirigir a amplios sectores
sociales a sumarse a la meta de crear un nuevo mundo. Por eso, Avakian ha hecho hincapié
en la importancia de las esferas intelectuales, artísticas y científicas, y en el papel que
puede jugar el intelectual en la sociedad socialista.
El intelectual y la efervescencia intelectual pueden contribuir al dinamismo y el espíritu
crítico que deben caracterizar la sociedad socialista. Un aspecto sumamente positivo de la
vida intelectual es la tendencia a observar con nuevos ojos y desde nuevos ángulos, a
desafiar el statu quo y el pensamiento rígido; y eso es algo que el socialismo necesita
fomentar mucho más. La efervescencia intelectual y científica es imprescindible para la
búsqueda de la verdad, para conocer el mundo más profundamente y poder transformarlo
más a fondo.
Históricamente, a los de abajo se les ha excluido de la esfera del ―trabajo con las ideas‖. La
sociedad burguesa crea espacios apartados y restringidos donde una minoría puede explorar
ideas, mientras la gran mayoría de la humanidad vive explotada y sin oportunidad de
participar en la actividad intelectual. La sociedad socialista tiene que transformar esta
situación; tiene que ponerle fin a la explotación y permitir a las masas populares trabajar
con las ideas, abordar todos los temas y participar de lleno en la sociedad. La Revolución
Cultural fue un gran avance en esa dirección.
Por otra parte, Avakian ha indicado que la sociedad socialista tiene que ofrecer
oportunidades y espacios a los intelectuales, artistas y científicos. El objetivo no es
mantener y reproducir las relaciones de torre del marfil que existen en el capitalismo. Pero
tampoco hay que sofocar y limitar a los intelectuales; hay que unirse con ellos y dirigirlos.
Hay que reconocer que esto ha sido un problema en las sociedades socialistas hasta la
fecha. Ha existido la tendencia a no dar mucha importancia a la actividad intelectual que no
sirva directamente al programa del gobierno socialista en un momento dado o no esté ligada
a él; o incluso se le considera un estorbo.
En el proceso de analizar este problema y criticar los puntos débiles, Avakian ha
examinado la experiencia de la revolución proletaria en las esferas intelectuales y
científicas.
Lecciones del asunto Lysenko
Veamos el famoso asunto Lysenko. Lysenko era un agrónomo soviético de origen
proletario que en los años 30 abogó por la teoría de que las características adquiridas se
pueden heredar, algo incompatible con la biología y la genética modernas. Sin embargo, era
una teoría tentadora porque prometía aumentar rápidamente la producción de granos. Como
enfaticé cuando abordé la experiencia soviética, urgía solucionar los problemas
económicos.
Stalin apoyó a Lysenko y promovió sus ideas. Muchos de los científicos que criticaban a
Lysenko eran de la vieja guardia del mundo académico; unos eran reaccionarios políticos; y
sus críticas se suprimieron. El problema es que en lo que concierne a la ciencia tenían razón
ellos, y no Lysenko.
Para Avakian, ese asunto concentra un problema del movimiento comunista internacional.
Muchas veces se cree que solo los marxistas poseen la verdad, y se consideran sospechosas
o se rechazan de antemano las ideas intelectuales o científicas de una persona reaccionaria.
Sin embargo, este no es el enfoque marxista de la verdad. La verdad es la verdad, sin
importar quién la diga. Los reaccionarios pueden poseer una verdad parcial. Ser de origen
proletario o estar comprometido con el marxismo y el cambio revolucionario no da ninguna
garantía de poseer la verdad. Una teoría se tiene que evaluar con criterios científicos.
Es necesario introducir y aplicar el marxismo creativamente en las diferentes esferas de
investigación, porque es el reflejo más sistemático y científico de la realidad material con
todo su dinamismo y constante cambio. El marxismo permite sintetizar distintas ideas y
visiones de la manera más vigorosa y sustancial, y de modo que corresponda a los intereses
populares de transformar el mundo. Sin embargo, el marxismo no reemplaza la
investigación de los rasgos peculiares de las distintas esferas del conocimiento y la práctica
científica. Los marxistas no siempre tienen razón; con frecuencia otros poseen la verdad.
Por eso, es de gran importancia en una sociedad socialista impulsar una dinámica en la cual
se lucha por la verdad, en toda su complejidad y su dinamismo, y en la cual el marxismo se
promueve y se aplica creativamente. Tenemos que seguir la verdad hasta donde nos lleve.
Es clave para lograr el comunismo.
El disentimiento y los derechos populares
En su nueva visión del socialismo, Bob Avakian ha subrayado el papel del disentimiento en
la sociedad socialista; no solo hay que permitirlo sino fomentarlo enérgicamente, incluso
cuando se trata de oposición al gobierno.
Esto es algo bastante nuevo para los comunistas. ¿Por qué es tan importante el
disentimiento? Porque revela los defectos y problemas de la nueva sociedad... porque
fomenta el espíritu crítico que debe imbuir a la sociedad e impulsar la búsqueda de la
verdad... y porque puede contribuir a las luchas para transformar más a fondo la sociedad.
No llegaremos al comunismo sin eso.
Este es un aspecto de la democracia bajo la dictadura del proletariado. No se puede permitir
que unos se organicen para derrocar el sistema, pero tampoco se puede crear una situación
en la cual no se critica el gobierno por miedo a la represión, como ocurrió en la Unión
Soviética de Stalin. Tiene que haber libertad de expresar desacuerdo con las autoridades, y
la sociedad socialista debe ofrecer los recursos y los medios para hacerlo.
La sociedad socialista se organiza para alcanzar la meta de abolir todas las clases y
diferencias de clase, superar todos los sistemas y relaciones de explotación; superar toda
institución y relación social opresiva, como la opresión de la mujer; y permitir al pueblo
deshacerse de todas las ideas y los valores opresivos que lo esclavizan.
Esta meta se inscribirá en la Constitución de la sociedad socialista, que asimismo
institucionalizará el derecho de la enorme mayoría de la sociedad a expresarse, disentir,
hacer huelga, protestar, etc. Pero la vieja clase dominante, sus representantes y agentes
políticos no tendrán esos derechos. Igualmente, los que busquen derrocar el sistema
socialista perderán sus derechos, o se les restringirán de acuerdo a sus crímenes en la vieja
sociedad o en la nueva sociedad socialista.
La sociedad socialista no tomará estas medidas arbitrariamente; las abordará y decidirá por
medio de reglamentos y procesos establecidos por la Constitución. No reprimirá las ideas
políticas o ideológicas reaccionarias, a menos que representen directamente intentos de
organizarse para derrocar el sistema socialista.
Avakian ha escrito que conviene dejar incluso a reaccionarios publicar libros y expresarse
en la sociedad socialista. Eso contribuiría al proceso en el cual las masas populares llegan a
conocer el mundo más profundamente y aprenden a distinguir más a fondo lo que
concuerda o no concuerda con la realidad, y lo que concuerda o no con sus intereses
fundamentales de abolir la explotación, la opresión y las desigualdades sociales. Es una
manera importante de que las masas participen en el manejo de la sociedad y en la
transformación de esa sociedad y el mundo entero hacia la meta del comunismo.
El reto ante nosotros
Avakian compendia este modelo de la sociedad socialista en lo que llama ―núcleo sólido
con mucha elasticidad‖. Hay que aferrarse al poder y hay que impulsar la sociedad hacia el
comunismo, no de regreso al capitalismo: esto es el núcleo sólido. Asimismo, dentro del
marco de una sociedad que está superando toda forma de explotación, opresión y
desigualdad, se necesita elasticidad: gran debate, efervescencia, experimentación, agitación
y exploración en direcciones diversas y creativas.
Bob Avakian ha examinado la experiencia de la revolución socialista con este enfoque
crítico y dialéctico, desde la perspectiva de cómo la humanidad puede llegar al comunismo.
Su obra es extensa y se la recomiendo. Creo que se sorprenderán, que los estimulará y los
inspirará.
En resumen, comencé hablando de la urgencia del momento actual en la historia mundial.
¿Está condenada la humanidad a permanecer bajo el cruel orden actual? ¿O es posible otro
mundo, un mundo radicalmente distinto y mejor? Sí lo es. ¿Y qué tiene que ver con eso la
experiencia de la revolución socialista durante los últimos 100 años? Todo. Esa primera ola
de la revolución representa un principio, un principio histórico. Alcanzó grandes logros.
Pero tenemos que lograr más. Tenemos que ir más allá y rebasarla.
Descargar