género, “dieting”y salud un análisis transcultural de la incidencia de

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Estudios e Investigaciones
GÉNERO, “DIETING”Y SALUD UN ANÁLISIS
TRANSCULTURAL DE LA INCIDENCIA DE LOS
TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO
ALIMENTARIO ENTRE LAS MUJERES
2003- 2005
Equipo investigador dirigido por: María Isabel Gracia Arnaiz et
al.
Universitat Rovira i Virgili
Tarragona
NIPO:207-06-054-X
Ref: 713/03
SUMARIO
1.
INTRODUCCIÓN....................................................................................................... 2
2.
LOS TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO ALIMENTARIO:
ENTRE LA MEDICINA Y LAS CIENCIAS SOCIALES ....................................... 11
2.1 De la anorexia nerviosa al concepto de TCA ..................................................... 11
2.2 La Nosografía de los TCA .................................................................................. 17
2.3 La epidemiología de los TCA ............................................................................. 37
2.4 El debate sobre la etiología: la construcción social de los TCA ........................ 42
2.5 El diagnóstico y el tratamiento de los TCA ........................................................ 56
2.6 La prevención de los TCA y los modelos alternativos de gestión ...................... 61
2.7 Nuestra propuesta teórico-metodológica ............................................................ 65
2.7.1 Objetivos e hipótesis de trabajo ................................................................. 65
2.7.2 Metodología y técnicas de análisis ............................................................ 72
3.
LA ETNOGRAFÍA: COMER O NO COMER HE AHÍ EL DILEMA .................... 85
3.1 El espejo de Blancaflor ....................................................................................... 86
3.2 Macho man ......................................................................................................... 95
3.3 Mi vida sin mí ................................................................................................... 109
3.4 Instituciones y profesionales ............................................................................. 119
3.5 Comedores y comedoras .................................................................................. 127
3.6 Escuelas ............................................................................................................ 150
3.7 Reciprocidades ................................................................................................. 163
3.8 Nosotrasquenocomemoscomolasdemas ........................................................... 176
3.9 Inmigrantes ....................................................................................................... 218
3.10 Género y cuerpos ............................................................................................ 238
4. CONCLUSIONES Y PROSPECTIVA ........................................................................... 264
4.1 Conclusiones .................................................................................................... 264
4.2 Prospectiva ....................................................................................................... 278
5. BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................. 289
1
1
INTRODUCCIÓN
Los trastornos del comportamiento alimentario (TCA), entre los cuales se incluyen
la anorexia y la bulimia nerviosa y la ortorexia, se describen como entidades
clínicas. Aunque se ha criticado el uso antropológico de la etiqueta de TCA,
en tanto que reproduce la clasificación psiquiátrica y la praxis médica,
nosotros hemos optado por utilizarla expresamente para, en la medida de lo
posible, destacar y no dejar silenciadas la presencia y la imposición de unos
diagnósticos que tienen efectos reales en la población. Ello no significa que
asumamos las nosologías psiquiátricas como entidades neutrales y, por lo
tanto, como independientes de un contexto histórico-cultural en las que se
producen, sino todo lo contrario.
Estas entidades clínicas son, junto a las adicciones a sustancias
psicoactivas, las que mayor alarma social producen en la sociedad española.
Desde 2001, miembros del Grup d’Investigacions en Antropologia del
Departament d’Antropologia, Filosofia i Treball Social de la URV de
Tarragona, y del Grup d’Estudis Alimentaris de la UB, desarrollamos una línea
de investigación sobre esta problemática que ha recibido distintos apoyos
financieros.1 El equipo investigador está formado mayoritariamente
antropólogos y antropólogas, algunos y algunas con formación sanitaria o
sociológica previa, y salvo los y las estudiantes en prácticas de la Licenciatura
de segundo ciclo, todos son especialistas en Antropología de la Alimentación
o de la Medicina. Este perfil profesional significa que se ha abordado esta
problemática desde fuera de la intervención asistencial y no, como suele ser lo
más común, a partir de los intereses y las reflexiones de los y las profesionales
en ello involucrados. Es muy importante este punto, puesto que las
herramientas puestas en juego para contestar a las preguntas que motivan
esta investigación, no se limitan a la curiosidad intelectual, sino que la mirada
Incluyen financiación directa (Proyectos: La incidencia de los factores socioculturales en los
trastornos alimentarios de las mujeres: el caso de la anorexia nerviosa (2000-01). Instituto de la
Mujer (61/00); Ambigüitat discursiva en la contrucció social de la feminitat. Evolució de les imatges
culturals de les dones a través de la publicitat (2003). Institut Català de la Dona (U-4/03); La cura
del cos en cohorts de adolescents amb trastorn del comportament alimentari (2005). Fundación
VECTEM (T050755)) y financiación de becarios (Montserrat García, Mariola Bernal) todos ellos
vinculados al programa de doctorado en Antropología de la Medicina de la URV (con
mención de calidad del MECD) o al Grup d’Estudis Alimentaris de la UB. Una parte de los
investigadores son estudiantes en prácticas de la Licenciatura de Antropología Social y
Cultural de la URV. Una parte de los resultados ha sido difundida en distintos eventos (X
Congreso de Antropología, Sevilla 2005; I Congreso Latinoamericano de Antropología,
Rosario (Argentina) 2005, V Congreso Nacional de la Asociación Española para el estudio de
los Trastornos de la Conducta Alimentaria, Zaragoza 2005, I Congreso Nacional sobre la
Anorexia y la Bulimia en Internet, Madrid 2005, VIII Forum Joventut i Salut, Lleida 2005) y
otra ha sido ya publicada, ver especialmente GRACIA (2005, 2003, 2002).
1
2
externa, mediante instrumentos metodológicos específicos tiene un valor
indudable en la evaluación crítica de las prácticas que se investigan. La
distancia crítica es particularmente importante cuando se manejan
instrumentos cualitativos, y se refuerza, como es este el caso, mediante el
empleo de metodologías comparativas que intervienen en distintos planos: la
comparación entre afectados o afectadas de trastornos distintos dentro de la
esfera de los TCA, la comparación entre instituciones de asistencia y
profesionales del sector público y privado, la comparación entre las
perspectivas de distintos profesionales: psiquiatras, psicólogos/as clínicos,
trabajadores/as sociales, enfermeras/os y aun gestores y finalmente, la
comparación con los datos procedentes de la investigación clínica y sociosanitaria internacional.
Como apuntábamos en la memoria del proyecto anterior (GRACIA et al.,
2001) nuestra voluntad era aportar una mirada distinta a un tema, dominado
en España por aportaciones procedentes de la Psiquiatría, la Psicología clínica
y la Nutrición en general poco abiertas a las Ciencias Sociales. Decimos en
España, puesto que en la literatura internacional las aportaciones
interdisciplinares con participación de antropólogos/as o sociólogos/as son
legión. Eso se refleja tanto en los diseños de investigación como en las
metodologías empleadas. Por eso, el perfil final de nuestro abordaje no se
aleja en exceso de las aportaciones anglosajonas a esta problemática pero
difiere de los diseños clínicos o epidemiológicos publicados por
investigadores/as españoles/as (ver infra.). La razón de esta discrepancia en
los perfiles entre la investigación española y la internacional tiene que ver con
los criterios monodisciplinares de los comités de evaluación españoles, que
tienden a compartimentar los diseños y son reacios – por puro
desconocimiento del tema – al despliegue de metodologías cualitativas. Esta
sola razón justifica que los estudios interdisciplinares en España sean
terriblemente escasos, y que la pobreza de los resultados sea la norma en
muchos estudios cuantitativos limitados a reproducir diseños rutinarios
desarrollados en otros ámbitos sin ni siquiera proceder estados de la cuestión
y discusión comparativa con los resultados de otros diseños.
Nuestra voluntad al abordar esta temática era abrir una línea de
investigación específica a medio plazo. Esto permite, a nuestro grupo,
consolidarse como una referencia en el estudio de los TCA en España, tanto
en la perspectiva de la investigación básica y aplicada como en el desarrollo
de estrategias de formación avanzada o continuada en este campo. Desde
2001 esa ha sido nuestra estrategia y ha dado lugar a la divulgación de las
distintas fases de la investigación en ágoras estatales e internacionales, su
publicación, y la creación de una línea específica dentro del Doctorado de
Antropología de la Medicina de la URV (con mención de calidad), que se
convertirá en 2006 en un Master en Antropología Médica y Salud
Internacional dentro del Programa Oficial de Postgrado de Antropología de la
URV. Eso implica el desarrollo de investigación, la divulgación, la formación
3
de investigadores/as en este campo y en una fase inminente un programa de
formación continuada para profesionales.
En la primera fase de la investigación, cuya Memoria se presentó a finales
de 2001, trabajamos casi exclusivamente sobre anorexia nerviosa, para lo cual
empleamos una veintena de historias de vida y observaciones algo menos
sistemáticas de la interacción en medios institucionales entre afectadas y
afectados y los profesionales y el medio. Junto a ello, efectuamos una amplia
revisión bibliográfica no sólo centrada en la bibliografía clínica o
epidemiológica sino también en las aportaciones que las ciencias sociales han
efectuado en los últimos veinte años a la problemática del cuerpo y del
embodiment de las experiencias culturales. Ello supuso una mirada
transhistórica tratando de establecer los límites del discurso biomédico, y
determinar el valor de las distintas variables sociales y culturales
involucradas. Por razones de la limitación del tiempo y de la extensión de la
memoria que las bases de la convocatoria establecían, nos limitamos a una
síntesis a dos niveles muy distintos. Una presentación brevísima en forma de
resumen, y una memoria de un centenar de páginas que nos obligó a
prescindir aproximadamente del 60% de los materiales de campo disponibles,
y a limitar de un modo drástico parte de las discusiones teóricas y análisis
críticos sobre la documentación disponible, especialmente con la discursiva
biomédica sobre los TCA.
Finalmente la memoria se componía de dos partes. Una primera de
carácter teórico que era en sí misma una etnografía de la nosografía de la
anorexia y de las características del discurso biomédico, y una segunda parte
de carácter puramente etnográfico basada en los relatos de vida de una
veintena de informantes, que actuaban como contrapunto del discurso
biomédico.
El contraste entre las narrativas de los y las profesionales de la salud y las
de las pacientes evidenciaba las dificultades y las limitaciones que el modelo
biomédico – los clínicos -, tienen no solo para definir y clasificar los trastornos
del comportamiento alimentario, sino también para comprender su lógica
interna. Esto da lugar a dificultades reconocidas para tratar a los y las
pacientes y, lo que es más importante, para prevenir la incidencia de los
trastornos. Por eso partíamos de la dificultad de diálogo entre esas dos lógicas
narrativas, y de la incapacidad del modelo médico en elaborarlas más allá de
los límites del análisis del caso individual. Si en la memoria final el ajuste
entre lo primero y lo segundo no pudo desarrollarse narrativamente en todo
su contenido, la síntesis teórica que precedía a la memoria de este proyecto sí
se hacía eco de ello. Tuvimos la certeza, sin embargo, que el camino que nos
habíamos propuesto, distanciarnos de la hegemonía del discurso biomédico
era el correcto y era susceptible de ser continuado con provecho. A pesar de
las limitaciones, como mínimo tratamos de soslayar las visiones más
estereotipadas y recurrentes que durante las últimas décadas se han ofrecido
desde la literatura médico-psiquiátrica, psicológica o sociológica, buscando
4
alternativas que diesen respuesta a los diversos porqués que rodeaban estos
trastornos: por qué la comida y el cuerpo, por qué su mayor presencia entre las
mujeres y por qué en nuestra cultura. La intersección de los diferentes perfiles
del equipo investigador favoreció el intercambio de puntos de vista
complementarios, de conocimientos y de experiencias y han dado paso a la
formulación de hipótesis de trabajo sugerentes y al planteamiento de una
metodología de análisis fructífera.
Conocer las experiencias de aquellas personas que han sido y son
consideradas como anoréxicas creemos que fue el mejor camino para
comprender el por qué del autoayuno y los límites del “retrato robot” con que la
biomedicina homogeniza a sus pacientes: mujeres adolescentes, de clase
media-alta, inteligentes, inmersas en ciertos tipos de familias, con ciertos
perfiles psicológicos pero que, aunque sirva para delimitar qué mujeres que
autoyunan están enfermas no deja claro porque otras que también
autoayunan, no lo están. El modelo sirve también para intuir quienes son preanoréxicas y decidir cuáles son ex-anoréxicas –una etiqueta que las perseguirá
toda su vida-. Incluso, aunque con bastantes más dificultades clasificatorias,
qué hombres sufren este trastorno y cuáles no.
Pero el modelo no sirve para curar a corto plazo o medio plazo, o sólo lo
hace en porcentajes muy bajos. Se conviene que los aspectos físicos y
psicológicos deben ser tratados mediante una combinación de rehabilitación
nutricional, recuperación de peso y psicoterapia a largo plazo. Algunos
centros se consideran ya efectivos si logran hacer que sus pacientes ganen
peso. Ahora bien, si se tiene en cuenta el éxito en torno a la preocupación por
la imagen corporal, por la comida o las dificultades de sentirse a gusto social
y personalmente, la intervención facultativa señala un fracaso importante. Los
expertos y las expertas en trastornos alimentarios deberían proponerse, en
consecuencia, buscar en y conocer a quienes ellas definen como “grupos de
riesgo” -cada vez grupos más diversos de mujeres y aún de hombres- y saber
qué les pasa antes que lleguen a sus consultas o cuando ya las han
abandonado. El deseo de alcanzar la delgadez no siempre explica la anorexia
o la bulimia nerviosa. Pero no sólo debe conocer a sus pacientes antes y
después, sino la arena social y cultural en la que están inmersas y con la que
interactúan. De haberlo hecho, verían que muchas mujeres, y también
hombres, autoayunan, temen coger peso o se ven “más gordos” de lo que en
realidad están. Comprobarían que mucha gente tiene problemas de identidad
y de autoestima. Y, sin embargo, no son anoréxicos ni padecen ningún
trastorno del comportamiento alimentario. De ahí la relevancia y la necesidad
de abordar ciertos problemas desde perspectivas interdisciplinares. Si el
medio social y cultural en que se mueven los ciudadanos y las ciudadanas
aparece como un factor altamente condicionante en la emergencia e
incremento de los TCA, su comprensión y abordaje debe hacerse contando
también con la colaboración de los científicos sociales y empleando
metodologías cualitativas que permitan comprender las lógicas ocultas que
operan en ellos.
5
Haber de asumir esas limitaciones nos sirvió para redefinir el segundo
proyecto al que corresponde esta memoria. El carácter interpretativo, y en
ocasiones explicativo, de nuestras hipótesis iniciales ha implicado la
incorporación de un número considerable de variables y de factores, las
cuales, a su vez, han ido abriendo paso a otras subhipótesis. Es el camino
habitual cuando un equipo acumula cuatro años de experiencia en el tema y
las hipótesis iniciales se han visto desbordados por la propia dinámica de la
investigación, y no pocos flecos de la misma han sido puertas abiertas a
escenarios imprevistos.
Nos sentimos muy satisfechos los seniors del equipo, por el resultado y
por la calidad del trabajo de las más jóvenes. También porque la elección de
los instrumentos utilizados para la recopilación de la información ha sido
acertada. Si en la primera memoria empleamos en lo fundamental
documentación e historias de vida que mostraron la estrecha relación que
existe entre la contextualidad y la subjetividad, entre la realidad objetiva y su
interpretación individual, en las siguientes fases hemos efectuado trabajo de
campo en instituciones especializadas, un número mayor de historias de vida
con criterios distintos pero complementarios, hemos utilizado grupos focales
con profesionales y hemos efectuado algunas muy interesantes incursiones en
los foros de Internet.
Si nuestro anterior proyecto se centró principalmente en demostrar que la
anorexia es en gran medida una construcción social, nuestro objetivo en este
estudio va más allá, ampliando el punto de mira a todos los TCA, y consiste
en visualizar las diferencias estructurales relativas al género que subyacen
detrás de estos trastornos y que ocasionan problemas de salud mental y física
importantes, en general mal resueltos a nivel institucional. Ciertamente, una
parte significativa de los mecanismos utilizados por las mujeres para superar
estas enfermedades se generan al margen de las unidades de atención y en las
redes sociales informales. De ahí, que nos propongamos conocer cómo
funcionan estas vías de apoyo y autoayuda, al igual que planteamos una
profundización sobre la construcción de las propias categorías nosológicas, la
construcción de los procesos asistenciales, y, como no, de las relaciones entre
pacientes y terapeutas, lo cual sólo podía hacerse mediante observación
participante de la práctica profesional e institucional. Más aún en un contexto
como el actual en el que los TCA tienden a “recluirse” en sentido metafórico
en instituciones o servicios especializados, rompiendo con la dinámica
primitiva de emplear los dispositivos existentes. En sí mismo, el desarrollo de
instituciones especializadas, como fue el caso de las instituciones homólogas
destinadas a la terapéutica de las adicciones a psicoactivos, es un fenómeno
de especialización contemporáneo – no va más allá de medio siglo -, y que no
corresponde, como fue el caso del proceso de especialización en biomedicina,
muy centrado en la observación y el diagnóstico y menos en la terapéutica,
sino a un tipo de institución centrado en la terapéutica y con un componente
“moral” de la misma que enlaza con los primeros experimentos terapéuticos
en la gestión de la locura del principio del siglo XIX.
6
El desarrollo de este modelo “moral”, puesto que la institución se define a
ella misma como terapéutica, enlaza con el modelo psiquiátrico-clínico que en
el actual momento histórico, construye intelectualmente los TCA como
trastornos mentales predominantemente femeninos construidos en base a las
representaciones de una feminidad muy estandarizada. Este modelo atribuye
a las mujeres una posición pasiva, y en cierto modo de indefensión, ante la
recepción masiva de imágenes sobre la comida, el cuerpo y la identidad de
género. El modelo terapéutico “total”, puesto que las instituciones “morales”
a las que aludimos pretenden asegurar el ciclo completo diario de las
pacientes – con la salvedad de la hospitalización “de día” - no parecen ir más
allá de ofrecer ganar peso, en las anoréxicas, y de disponer de una guía teórica
para enfrentarse a sus dudas existenciales una vez que están "solas", pero sin
que las pacientes dadas de alta hayan resuelto los problemas que las llevaron
a ellas ni siquiera una buena parte de los síntomas que las convirtieron en
sujetos de la práctica médica. Las más jóvenes y aquellas que siguen un
tratamiento médico, presentan un grado notable de dependencia de los
terapeutas, aunque un número considerable de las que han ido sintiéndose
mejor y recuperándose de la enfermedad reconocen haberlo hecho apoyadas
sobre todo por su red social. A medida que aumenta la distancia entre el
tratamiento y la resolución relativa de la dolencia, los relatos de vida
introducían una reflexividad crítica sobre la atención sanitaria de
extraordinario interés.
Otra cuestión que también nos dio bastante que pensar fue que las
personas con TCA se presentan como sujetos que no saben que están
enfermos hasta que el médico las diagnostica. A partir de aquí, una conciencia
de anormalidad muy bien delimitada se instaura en sus vidas y el discurso de
la enfermedad empieza a adquirir forma en su mente y en su cuerpo, hasta tal
extremo que se buscan y se recrean en ella: sus dolencias están más o menos
definidas clínicamente, y las consecuencias de la malnutrición aun mejor.
También las vías para solventar sus problemas. La mayoría de sus agobios y
manías se explican como consecuencia del no comer o del comer
compulsivamente porque, efectivamente, tiene consecuencias devastadoras
psíquicas y físicas. Y sobre estas consecuencias se actúa en la mayoría de
consultas que hemos observado. Hay en ellas, sin embargo, orientaciones
terapéuticas distintas. Algunas, las menos, han incorporado tratamientos que
van más allá de prescribir farmacología o de hacer entrevistas terapéuticas
individuales o familiares. Intentan crear herramientas de diálogo que
permitan interpretar y comprender las estrechas relaciones que hay entre el
contexto cultural, el entorno inmediato y las experiencias subjetivas. Son las
que han intentado cuestionar los modelos de referencia que aíslan e
individualizan a las anoréxicas en el marco de una clasificación de la
desviación más que limitada.
El cuestionamiento de estos modelos se hace extremadamente importante
en cuanto creemos que tras la decisión del autoayuno o de las prácticas
alimentarias compulsivas no siempre hay un deseo de ser o permanecer
7
delgada. Sin embargo, estos son los principales criterios diagnósticos y es en
torno a ellos que se establece el tratamiento psico-terapéutico. Ciertamente la
lógica cultural que subyace los TCA es mucho más compleja que todo eso.
Quienes sufren TCA acostumbran a tomar el cuerpo como expresión de
aflicción y como vehículo para manifestar malestares de diferente índole.
También, de forma contraria, el cuerpo puede ser adoptado como expresión
de control y éxito personal. La extensión de estos trastornos a otros tramos de
edad no circunscritos a la adolescencia, a todas las clases sociales e incluso a
sociedades no desarrolladas así como entre las mujeres inmigrantes de
diferentes grupos étnicos nos obliga a reformular estas hipótesis vigentes en
el modelo biomédico e incluso en los modelos culturales. Por esta razón,
enfatizamos que las causas principales de los TCA tienen que ver con modelos
de género que se han ido construyendo en la sociedad que se define con la
hegemonía del capitalismo a partir de transformaciones de modelos de
género que ya existían anteriormente, muy en particular, con la posición
diferencial que las mujeres han ocupado respecto a los hombres – también en
el capitalismo y en general bajo las distintas formas del Estado moderno-, en
relación a la construcción de la identidad social y sexual, la imágenes
corporales y, lo que es muy importante, en relación con las responsabilidades
y valores asumidos respecto a la comida y las formas de ayuno. En este
proyecto veremos qué tipo de malestares o de deseos expresan las mujeres
autóctonas e inmigrantes tras la práctica del "dieting" o la adopción de
conductas alimentarias extremas como elementos básicos que han de ser
incorporados en el abordaje clínico de tales trastornos. En su estudio vamos a
realizar una aportación metodológica, que creemos innovadora, como es el
análisis de los diarios de personas con TCA en Internet, un nuevo espacio de
experiencia compartida que ha roto con los límites territoriales y lingüísticos
hasta ahora conocidos.
Por todo ello es urgente desmenuzar la compleja encrucijada sociocultural
en la que se sitúan los TCA y sus efectos en las transformaciones sociales con
el objeto de disponer de elementos de juicio distintos que permitan redefinir
algunos campos de intervención tanto en la esfera de la promoción de la salud
y en general de la prevención, como en la intervención terapéutica y el
seguimiento.
Es primordial comprender cómo las mujeres perciben e interiorizan la
comida, el cuerpo, la identidad de género y por qué dicha percepción puede
dar respuestas más o menos lógicas y previsibles a las exigencias del entorno
a través de las prácticas alimentarias extremas. Las dificultades
psicopatológicas expresadas por nuestras informantes responden a
parámetros generados desde fuera de ellas mismas, pero en relación con ellas
mismas. El contexto cultural genera presiones de gran intensidad para todas
las mujeres, aunque sólo una parte acaben desarrollando conductas definidas
clínicamente como psicopatológicas. Las factores individuales, tanto
biológicos como psicológicos, pueden explicar parcialmente esta variabilidad,
por más que en la mayoría de casos depende de cómo las personas perciben e
8
interpretan los mensajes y los discursos de su entorno y de cómo los conciben.
El conjunto de ideas y pensamientos se presenta de diferentes maneras y en
diferentes momentos según el contexto y según los sujetos. De ahí el valor de
reflexionar sobre la subjetividad y la discursividad.
9
2
LOS TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO
ALIMENTARIO: ENTRE LA MEDICINA Y LAS
CIENCIAS SOCIALES
Ampliar el horizonte desde la anorexia nerviosa a la bulimia y en general a
los TCA, fue una consecuencia de las primeras fases del proyecto de 2001. Por
eso decidimos ser coherentes y ampliarlo a la bulimia nerviosa y a la ortorexia,
al tiempo que introdujimos explícitamente la perspectiva de género. Es una
tendencia creciente en los estudios que sobre este tema se vienen realizando
en España (BORRELL, GARCÍA-CALVENTE Y MARTÍ, 2004) aunque a menudo
quede reducida a sustituir sexo por género, obviando las implicaciones
culturales que tiene esta última perspectiva (Ver ESTEBAN, 2005). Más aun el
uso del concepto de género por parte de las ciencias biomédicas y de la
epidemiología tiende a adoptar un carácter unidisciplinar ajeno a los
desarrollos de la ciencia social. Y como cada vez se reconoce más
ampliamente, los trastornos del comportamiento alimentario (TCA)
constituyen un problema social y de salud que afecta desigualmente más a las
mujeres que a los hombres y cuyo abordaje pasa, forzosamente, por el
establecimiento de un espacio común entre las disciplinas especializadas y
dentro de una perspectiva científica integral.
2.1 DE LA ANOREXIA NERVIOSA AL CONCEPTO DE TCA
Hace cuatro años partimos de la idea que la categoría nosológica anorexia
nerviosa, un trastorno descrito por la Psiquiatría dentro de los trastornos
alimentarios, era una construcción cultural que se correspondía y variaba con el
contexto histórico en que se conformaba y podía describirse como un síndrome
culturalmente delimitado (culture-bound syndrom) en las sociedades occidentales
de tradición cristiana. Quizás hoy convenga matizar esta afirmación para no
caer en un error que posiblemente haya sido nefasto en relación a esta última
noción. Cuando el concepto de culture-bound syndrom se definió, a partir de la
noción de ethnic disorder propugnada por DEVEREUX (1973), la concepción
dominante en Antropología y en Psiquiatría transcultural era la de que del
mismo modo que podía existir un sistema médico acorde con cada sistema
cultural, era posible una etnopsiquiatría. Subyacía la idea de pensar los
sistemas culturales como estables, relativamente conformes a unos patrones
regulares de comportamiento y por tanto a unos conflictos psíquicos o
ansiedades relacionadas con rasgos estructurales y poco mudables de carácter
social. Tanto las discusiones sobre la universalidad del complejo de Edipo,
10
como las descripciones de Kraepelin del amok en Java, como la categoría
esquizofrenia descrita por Bleuler sobre la dementia praecox kraepeliniana,
tenían una vocación de estabilidad en el tiempo y el espacio que las actuales
concepciones constructivistas sobre la patología psiquiátrica han destruido
(MARTÍNEZ-HERNÁEZ, 2000a, 2000b). Tanto es así que conceptos como
“histeria”, “neurosis”, neurastenia” o “psicastenia”, que formaron parte del
acervo científico psiquiátrico, han desparecido o han quedado como
“enfermedades históricas”. Incluso la transformación del concepto de
“neurosis de guerra” en “síndrome de stress post-traumático” revela la
historicidad y la mutabilidad de los conceptos psiquiátricos. Por eso pensar
que los TCA son culture-bound syndromes en las sociedades contemporáneas
desarrolladas obliga al menos a pensar que tanto en el tiempo como en el
espacio podemos estar hablando de algo muy distinto de lo que hablábamos
hace treinta años, o quizás también de algo distinto entre lo que se habla en
Cataluña y lo que se habla en la British Columbia canadiense y ya no digamos
lo que puede suceder en la próxima década. Autores muy críticos con el
DSM-IV han llamado la atención sobre los excesos de los psiquiatras
norteamericanos al consensuar criterios diagnósticos (ver YOUNG, 1995 y
MARTÍNEZ-HERNÁEZ, 2000, entre otros), pero no es menos cierto que la
tentación de una investigación obsesionada por los índices de impacto tiende
a universalizar criterios diagnósticos y construcciones clínicas que no resisten
un análisis cultural elemental. Conviene pues que, antes de pasar a los
resultados, resaltemos algunos conceptos no siempre familiares a los
sanitarios por proceder de las ciencias sociales.
La demanda y la oferta de atención a los problemas de salud no se crea, ni
se destruye, sólo se transforma. Es un fenómeno estructural y universal en
cualquier sociedad hasta donde llega nuestra memoria histórica y etnográfica.
Todos los colectivos humanos se preocupan por las situaciones de crisis, y eso
da lugar a interpretaciones culturales muy diversas acerca de la etiología de
las crisis, su curso y los criterios de diagnóstico y clasificación nosológica que
se emplean. Todo ello conducen a procesos colectivos de toma de decisiones, al
desarrollo de saberes y experiencias colectivas específicas que pueden ser
transmitidas de una generación a otra y, sólo en algunas sociedades, a
profesionales especializados y dispositivos institucionales y modelos complejos
de organización de la atención. En todas las sociedades la salud, la
enfermedad y la atención constituyen un complejo absolutamente articulado
(Ver MENÉNDEZ, 1996).
Este fenómeno da lugar a una enorme diversidad de procesos salud
/enfermedad/atención que contradicen las pretensiones de universalidad que a
veces se sostienen por el sector salud. Significa una producción constante de
categorías clasificatorias, de taxonomías y de descripciones de síndromes.
Producción y revisión, puesto que las categorías nosológicas o los síndromes se
crean, viven y mueren o transforman sus significados o sus interpretaciones.
Contrariamente a lo que suele creerse, en la producción de significados sobre
la enfermedad, se combinan siempre miradas naturalistas con
11
interpretaciones cosmogónicas o ideológicas, pero las primeras son también
una constante en la medida que una enorme porción de los recursos
terapéuticos para la gestión de los procesos salud/ enfermedad/ atención
proceden inevitablemente de la observación del medio y del aprovechamiento
de recursos por ensayo/ error. No olvidemos que toda nuestra farmacopea
actual, incluida la de síntesis procede, conceptualmente, del aislamiento en
1806 de la primera molécula activa: la morfina obtenida mediante
procedimientos químicos de una planta. La idea de moléculas
farmacológicamente activas procede pues, también de ese punto de partida.2
La diversidad del proceso salud/enfermedad/atención tiene que ver con la
experiencia colectiva respecto a la enfermedad, y ésta se construye de una forma
sistemática a partir de la vivencia de aquellas enfermedades que son más
frecuentes en el contexto micro-social en el que se mueven los actores sociales.
En cierto modo se forma como los actores sociales los ven, escuchan y viven. En
el periodo anterior a los grandes medios de difusión audiovisuales, la
experiencia de la enfermedad quedaba acantonada a la experiencia personal o a
la descripción literaria. Tras la Segunda Guerra Mundial, la radio, en menor
medida el cine y la televisión permiten, al menos en teoría, compartir
experiencias ajenas puesto que una de las estrategias de los medios es que el
espectador o el auditor, hagan suyos los testimonios de actores sociales
situados a menudo a larga distancia, y procedentes de medios culturales
distintos. Finalmente, Internet ha planetarizado la experiencia de la
enfermedad en la medida que son infinitos los foros de discusión y la
aportación de información sobre prácticamente todas las patologías y en todas
las lenguas. Esto significa que el llamado proceso de globalización conduce a
la posibilidad de compartir experiencias muy alejadas y de estructurar
espacios micro-sociales virtuales. Al mismo tiempo ofrece un abanico de
recursos que va a ser muy relevante en los procesos de construcción y de
deconstrucción de categorías y taxonomías nosológicas, puesto que por
razones que veremos, la proyección del mercado médico-sanitario ha pasado
a ser global, al concentrar-se los remedios (las moléculas y la tecnología) en
torno a un número limitado de clusters tecnológicos, industriales y
institucionales. Eso significa que el sector salud debe producir
constantemente nuevos productos para alimentar un mercado que permita
sostener las enormes inversiones a que se ve sometido. Más aun el mercado
médico, no sólo se organiza en torno a la provisión de moléculas o de
tecnología diagnóstica y terapéutica sino también elaborando productos
adaptados a sectores discretos del mercado y basados esencialmente en la
provisión de servicios.3 Esto significa un proceso sistemático de invención de
nuevas enfermedades sobre la base de disfunciones derivadas de las
El descubrimiento del alcohol por los alquimistas medievales no tiene el mismo valor,
puesto que no podían conocer si se trataba de una molécula o de la combinación de varias.
3 Esto no es nuevo, en la Inglaterra del XVIII empresarios imaginativos descubrieron que era
posible un “negocio de la locura” ofreciendo a las familias hospitalidad mercenaria para sus
deudos que habían enloquecido (ver PARRY JONES, 1972)
2
12
condiciones sociales de las clases medias (el ámbito de mercado más amplio
en los países desarrollados y con capacidad de compra suficiente como para
permitir con cierta rapidez la amortización de las inversiones). Este modelo,
que aquí se presenta simplificado, debe ajustarse a distintos escenarios
estatales en función del peso relativo que en cada uno de ellos tenga el
sistema público de salud y de la capacidad de este en responder a la
permanente creación de enfermedades, muchas de ellas sesgadas hacia lo
femenino y vinculadas siempre a una esfera mixta que implica sintomatología
somática y psicopatológica: el síndrome premenstrual, la fibromialgia, el
síndrome de fatiga crónica, bastantes TCA, etc… La permanente
producción/desproducción de trastornos permite no sólo la reproducción del
complejo tecnológico industrial relacionado con la industria del
medicamento, que suele aparecer como la causante de todos los males, sino
con ámbitos del capital financiero y de seguros que se sitúan detrás de las
inversiones necesarias para abrir y sostener instituciones o clínicas
especializadas en ese tipo de trastornos, y que por tanto ofrecen escenarios
laborales a profesionales,4 los cuales a su vez se involucran en la promoción
en el ámbito “local” de ese tipo de categorías nosológicas.5
En campos como los TCA, como sucediera también un par de décadas
antes en el de las drogodependencias6 se ha producido un fenómeno, hasta
cierto punto paradójico, de medicalización, es decir de inclusión en el modelo
médico de determinadas conductas dándole una lectura biomédica, pero al
mismo tiempo la dispersión de las responsabilidades, antes únicamente en
manos de los médicos, entre profesiones distintas: psiquiatras, psicólogos
clínicos, terapeutas ocupacionales, dietistas, enfermería, etc… cada uno
aportando sus culturas y saberes profesionales específicos. Esto significa que,
entre el discurso canónico suscrito por la literatura médica – con su ilusa
pretensión de universalidad -, y la práctica cotidiana de los equipos
asistenciales en contextos culturales – y de culturas profesionales distintas,
surjan saberes, experiencias colectivas que, con independencia del discurso
canónico, son las que operan en la realidad. Si hace algunos años el modelo
médico imponía la hegemonía del médico, en la actualidad esa hegemonía
está tanto más repartida cuanto más papel asistencial y terapéutico tengan los
miembros de los equipos.
Véase en España el caso de la franquicia “Corporación dermoestética” cuyo objetivo aunque
parasanitario se basa en la idea de la reconstrucción del cuerpo sobre la base de la cirugía
plástico-estética.
5 Tanto en radio como en televisión menudea la participación de profesionales “privados”
que ofrecen soluciones para esas patologías, y las difunden en programas de amplia
audiencia. En España es excepcional la participación de profesionales del sector público en
esos programas y podemos preguntarnos hasta qué punto nos hallamos ante formas de
publicidad encubierta cuyo objeto es proyectar sobre el público síntomas y signos que por lo
comunes pueden conducir al auditor o al espectador a reconocerse en ellos, e incitar a la
consulta.
6 Sobre el desarrollo de las políticas y prácticas sobre drogodependencias en la década de los
ochenta ver COMAS et al (comps.) (1992) y ROMANÍ (1982, 1995, 1999).
4
13
De
ahí
que
la
configuración
“local”
de
los
procesos
7
salud/enfermedad/atención, en el dominio de este tipo de patologías tienda a
transformarse profundamente,8 a partir de la experiencia cotidiana de cada
colectivo. Esa experiencia no necesariamente se difunde puesto que a su
divulgación se oponen su inevitable “localismo”, entendido este como una
experiencia particular en un entorno particular; la segunda porque la
naturaleza de la experiencia casa muy mal con el “experimentalismo” que
domina la literatura biomédica y psicológico clínica y que por ello tiende a
producir documentos que no reflejen el “localismo”, sino que puedan ser
aceptados en el mercado de las publicaciones al uso. Por eso en esa literatura
predominan los diseños cuantitativos y clínicos y paradójicamente no
destacan los diseños cualitativos. En parte tiene su lógica: por una parte la
experiencia de un equipo de Cabrils suele aparecer como “parochial” mientras
que si esa misma experiencia se da en Cedar Hills – no lo busquen en el mapa , deja de serlo. Hasta qué punto, nos preguntamos, la experiencia “local” se
articula adecuadamente con la producción de saberes sobre el tema y como
consigue que esa experiencia pueda ser incorporada por los ciudadanos.
¿Hasta que punto las numerosas traducciones de publicaciones serias
anglosajonas sobre el tema hablan de una problemática parecida a la nuestra?
Hasta que punto el mundo que describen es nuestro mundo. Pero al mismo
tiempo, en las publicaciones nacidas y producidas aquí alienta el sentimiento
de encorsetarlas en unos modelos que corresponden a parámetros
comunicativos, culturales y sociales de otros entornos “locales”, quizás más
exageradamente “parochial” que los nuestros propios. ¿O es que alguien
piensa que la América profunda del Midwest, o la América de los campus de la
Costa Este tiene algo que ver con el entorno del Camp de Tarragona? Del
mismo modo, hasta que punto el contexto de la anorexia en la Gran Bretaña
de Thatcher o de Blair con su multiculturalismo es comparable a lo que
sucede en cualquier barrio de una ciudad media española de clase media o en
la banlieue de Paris. Bien es cierto que la divulgación de los saberes opera en
España también a escala de los medios de comunicación de masas, pero ni
todo el mundo oye exclusivamente la COPE, ni sigue diariamente “Salsa rosa”,
de modo que no puede pensarse que la formación de criterios en relación con
Solo apuntamos que Internet se ha convertido ya en un espacio fundamental de
construcción del proceso salud/enfermedad/atención en dos sentidos complementarios: uno la
posibilidad de acceder a una masa increíble de información técnica pero presentada por las
necesidades del medio de una manera no demasiado críptica, la segunda porque el correo
electrónico y las listas de distribución se convierten a toda velocidad en los instrumentos por
los cuales pacientes y colectivos pueden compartir sus incertidumbres y la información de
que disponen.
8 Rosa Osorio ha mostrado como incluso en ámbitos marginales mexicanos y en relación con
el proceso de maternidad/parto/perperio estos cambios eran muy perceptibles hace más de
una década en México, destruyendo la imagen estereotipada según la cual afectarían a las
clases altas y medias únicamente. Obviamente a escala de las clases populares, de lo que
llamábamos el proletariado o el lumpen, el efecto es más modesto pero a la vez más
escandaloso: se ofrecen a esos medios combinaciones a dosis fija de antibióticos impensables
en un contexto europeo, por ejemplo.
7
14
los TCA, las drogas, el paro, el terrorismo, o el precio de los pisos pueda
medirse por criterios uniformadores que atraviesen transversalmente las
clases sociales, los grupos de edad y los niveles de educación en un contexto
con más de la mitad de la ciudadanía analfabeta funcional y con el más bajo
índice de lectura de prensa escrita y libros de la Unión Europea.
Sin embargo, también es cierto que este contexto puede ser favorable – y
así lo parece vistos ciertos índices de audiencia -, a la producción de saberes
en relación a ciertas cuestiones como la que aquí nos ocupa. La relevancia de
los medios en la producción de conocimiento al respecto procede del grado de
veracidad que se consiga con la presencia de actores sociales que sean capaces
de transmitir los componentes emocionales de su experiencia. En la medida
que los índices de audiencia parecen relacionarse con la expresión de las
emociones de personas comunes – la base de los llamados reality shows - son
esos campos de experiencia en algunos problemas de salud los que son claves
para construir el imaginario social y cultural de las mismas: piénsese en
España el papel que jugaron los testimonios de familiares en “el problema de
las drogas”, durante los ochenta, o el que han ido teniendo el VIH, la anorexia
nerviosa, o las depresiones9. La metodología de los documentales y de las
emisiones de radio de ofrecer testimonios – siempre editados o montados -,
de personas anónimas y eventualmente de “expertos”, juega en ese sentido.
Naturalmente, ese escenario se proyecta sobre cambios decisivos en las
instituciones primarias, y muy especialmente en la familia.10 Por una parte
porque el desarrollo de las sociedades contemporáneas ha roto con los cluster
tradicionales de protección y soporte social basados en la proximidad física,
por procedimientos mucho más mediatizados por profesionales externos, y
por condiciones de vida y trabajo mucho más igualitarias entre géneros. A
cambio, los lazos familiares intensos son mucho más frágiles y las relaciones
paterno filiales reducidas a aproximadamente un tercio de las expectativas
vitales de los ciudadanos: por lo común los hijos permanecen en casa desde el
nacimiento hasta sus veinte años – algo más en España-, y posteriormente los
lazos se debilitan hasta girar en torno de escenarios rituales o festivos o a
proporcionar soporte económico en determinadas circunstancias. Nada que
ver con el modelo de la “renta del afecto” que tan bien describiera NAROTZKI
Existen programas especializados en muchas emisoras de radio y cadenas de televisión. En
todos ellos suelen combinarse “expertos” más o menos cualificados y pacientes o familiares
de pacientes. Los primeros no suelen ser eficaces en la transmisión puesto que son en general
demasiado distantes y “Técnicos”, en cambio los testimonios son los que “enganchan”
realmente, y “tocan la fibra de la audiencia”. Sospechamos que algunos son prácticamente
profesionales de ello.
10 En los programas especializados de las radios, hay “expertos” de muy variada calaña en
efectuar publicidad encubierta de una amplísima gama de técnicas de intensificación
psicológica o psiquiátrica o en nuevas tecnologías aplicadas a la salud. Muchos programas de
este tipo están orientadas a horas de “amas de casa” y de “jubilados”, puesto que son los
sectores sociales a priori considerados menos críticos y más receptivos a ese tipos de
aportaciones.
9
15
(1990), ni con las redes de soporte social e institucional que precedieron en
Europa al Estado del Bienestar y a la generalización del seguro social.
2.2. LA NOSOGRAFÍA DE LOS TCA
Entre estos trastornos, la anorexia, probablemente por su mayor “visibilidad”
y grave pronóstico, ha acaparado una mayor atención, siendo el primero de
los que hoy conocemos como trastornos alimentarios en ser identificado como
síndrome médico. Es por ello que la literatura científica se ha volcado en ella,
si bien durante los últimos años, y debido a su mayor prevalencia, crecen los
estudios sobre bulimia.
Las prácticas de autoayuno no fueron siempre consideradas patológicas.
Su apropiación médico-psiquiátrica es incluso relativamente reciente y
corresponde a un momento histórico específico de lucha por asegurar la
hegemonía del modelo médico y el desarrollo de la especialización médica de
la Psiquiatría. Las primeras descripciones de la anorexia nerviosa en Psiquiatría
fueron las de GULL (1873) en Gran Bretaña y LASÈGUE (1878) en Francia, bajo
la terminología respectiva de anorexia nerviosa o anorexia histérica. Los casos
descritos por estos médicos asumían una naturaleza irracional en las mujeres
para sostener sus argumentos científicos. Sin embargo, hay otros términos
que hacen referencia a cuadros clínicos cuya característica común es la
existencia de conductas más o menos compulsivas de ayuno voluntario.
Tabla 1. Denominaciones históricas de la anorexia
Inedia Prodigiosa (Hildanus 1646)
Nervus atrophy (Morton, 1694)
Anorexia Mirabilis (Boisser 1772)
Apepsia hysterica (Gull, 1868)
Anorexia nervosa (Gull 1874))
Anorexia hysterica (Lasègue 1873)
Mental anorexia (Huchard 1863)
Pubertal Addiction to thinness (Bruch 1985)
Self-starvation (Palazzoli 1963)
Tal variedad de términos, en su mayoría poco precisos, para etiquetar y
clasificar estos comportamientos reflejan las controversias sobre el origen y el
fenómeno del no-comer. 11
El término anorexia indicando falta de apetito data del siglo XVI y aunque hoy es aceptado de
forma general por la comunidad médica también es cierto que numerosos facultativos no
11
16
La psiquiatra Mara SELVINI (1974) distinguió cuatro periodos en la historia
médica de la anorexia nerviosa según las causas atribuidas a esta patología. El
primero corresponde a los siglos XVII y XVIII, cuando los médicos y las
médicas por primera vez muestran interés por los casos de mujeres que
consiguen mantener la vida a pesar de no comer y atribuían las causas a
perturbaciones en el sistema nervioso.
El segundo periodo corresponde a la medicalización de la anorexia
nerviosa derivada del amplísimo dispositivo de detección y clasificación de
conductas consideradas anómalas por la sociedad del primer capitalismo y al
papel que médicos, medicas y alienistas querían jugar como sus gestores/as o
como ingenieros/as sociales.12 Relacionar las conductas de autoayuno y la
locura no fue difícil en contexto con un amplio interés en vincular las
conductas femeninas a su presunta “debilidad”, a la irracionalidad y a la
locura. Las mujeres se convierten en sujetos de los discursos psiquiátricos
emergentes que implicaban experimentación, aislamiento social y
confinamiento. Muchos de estos trastornos se describieron en un contexto de
disputas intelectuales entre los partidarios de las teorías regeneracionistas de
base orgánica para explicar los trastornos de conducta – y que remitían ante el
desconocimiento científico de las causas a vagas nociones sobre la herencia -,
y los modelos ambientalistas herederos de la vieja tradición hipocrática.
El interés de la medicina por encontrar causas orgánicas a la anorexia
habría conducido a un tercer periodo iniciado hacia 1914 cuando los casos de
anorexia nerviosa fueron incorrectamente interpretados por Simmonds como
caquexia pituitaria, una patología de origen endocrinológico como
consecuencia de la influencia que estaban teniendo los novedosos modelos de
feed-back fisiológicos cuya investigación estaba en pleno auge.13 Esta es la
razón por la cual existen muy pocos informes sobre este trastorno hasta 1937,
cuando paradójicamente otro endocrinólogo deshizo la errónea asociación
entre la anorexia nerviosa y una disfunción de la glándula pituitaria. Los
tratamientos más comunes durante esta etapa reflejaban el creciente peso de
la biomedicina en la terapéutica psiquiátrica, que incluyó el uso de la
hormonoterapia para estimular el apetito, las lobotomías prefrontales,
leucotomías, terapia electroconvulsiva (ECT o de shock), los implantes de
pituitarias de ternera y el uso de gran cantidad de fármacos principalmente y
hasta finales de los años sesenta con dosis masivas de vitaminas y el uso de
están a gusto con él. En rigor, la anorexia es un síntoma común a muchas enfermedades
somáticas o no y por tanto, es en si mismo poco específico. También se ha criticado el uso de
"anorexia" porque en realidad indica falta de apetito y muchas pacientes sufren un hambre
canina y un intenso padecimiento de la inanición, al menos al principio. DINICOLA (1990)
prefiere el término de self-starvation/autoayuno por más simple y preciso.
12 Por medicalización entendemos el proceso por el cual un problema de origen no médico es
definido y tratado como problema médico.
13 Investigación que conduciría hacia a discutir las relaciones entre fisiología y cultura y los
debates asociados sobre el psicoanálisis de Freud y la escuela antropológica de cultura y
personalidad (VER COMELLES & MARTÍNEZ-HERNÁEZ, 1993)
17
sustancias consideradas anorexígenas como la carnitina.14 El tratamiento
actual sigue conservando la administración de fármacos junto a otras
prácticas como el aislamiento social y el reposo aunque ahora justificadas por
distintas explicaciones en torno a la enfermedad (CONTRERAS & GRACIA, 2005).
El cuarto periodo corresponde a la ubicación definitiva de la anorexia
nerviosa como trastorno situado en la esfera de la Salud Mental. En el
asentamiento de esta tendencia han jugado las escuelas psicoanalíticas y el
desarrollo de espacios de mercado para los profesionales de la Psiquiatría,
Psicología y Psicoanálisis y en general la tendencia hacia el desarrollo masivo
de dispositivos “psi” en el contexto del estado del bienestar occidental
(CASTEL, CASTEL & NOVELL, 1980) y que sirvieron para rescatar esta patología
de una interpretación puramente médico somática (GORDON, 2000:17).
Sin embargo, los criterios puramente clínicos del DSM-IV15 inciden en
criterios presuntamente objetivos como pesar un 15% menos de lo que se
considera como peso “saludable” o la presencia de amenorrea. Resulta
discutible el criterio del 15% aludido, pero tanto los criterios puramente
clínicos como los algoritmos del DSM-III o IV implican una actitud volitiva,
voluntaria en este proceso, y muy centrada en el ayuno voluntario o buscado.
En este proceso se conoce desde hace tiempo que la amenorrea es una
consecuencia sistemática del proceso de adelgazamiento y en general de todas
las hambrunas agudas o crónicas así como del stress en mujeres.
Otros síntomas como debilidad, desmayos, depresión, hiperactividad, obsesión,
distorsiones de la imagen corporal, etc. coinciden en unos casos, pero no en otros
de modo que los protocolos clínicos tienden a hablar de co-morbilidad. A
menudo, en las anoréxicas aparecen rasgos finalistas emparentados con las
viejas etiquetas de la histeria, síntomas y signos de depresión y melancolía, a
veces lindando con la psicosis. Algunos/as autores/as destacan además
influencias claras en la vida de relación, en la sexualidad, en el
funcionamiento intelectual y en el humor (AGMAN, CORCOS Y JEAMMET, 1994).
No es por azar que entre los y las psiquiatras más dispuestos a valorar las
variables culturales y sociales se hayan buscado respuestas críticas a los
problemas de diagnóstico que plantea la anorexia nerviosa, y se hayan
sugerido términos más flexibles. Es el caso de anorexia multiforme, utilizado
por DINICOLA (1990) a partir de incluir la aproximación diacrónica y viendo
que las evidencias de esta dolencia aparecen en otras épocas. Para él, la
anorexia es una enfermedad mediada socioculturalmente que reacciona de
No hay que olvidar el discurso generalizado sobre la relación entre la delgadez y la
tuberculosis que presidió el imaginario cultural europeo hasta casi los años sesenta del s.XX.
Tampoco que en Europa al menos el periodo bélico de 1936 (España) a 1949-50 dio lugar a
amplísimas situaciones de carestía alimentaria.
15 El Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM) fue creado por la
Asociación Americana de Psiquiatría y es el manual más utilizado en las consultas
psiquiátricas de todo el mundo.
14
18
forma muy sensible al contexto. Serían una especie de camaleón cultural con
manifestaciones físicas - derivadas mayormente de la malnutrición -, que
cambian a través del tiempo.
Con la bulimia sucede algo parecido. También podemos encontrar
diversas etiquetas que se han dado a lo largo de la historia a los
comportamientos de comer “en exceso” y que ponen de manifiesto las
dificultades clasificatorias de la medicina.
Tabla 2: Denominaciones históricas de la bulimia y síndromes asociados
Bulimia (Trevisa, 1398)
Caninus apetitus (James, 1743)
Hiperorexia (Soltman, 1894)
Cinorexia / Licorexia / Fringale (Blachez, 1869)
Síndrome del gordo/delgado (Bruch, 1973)
Bulimarexia (Boskind Lodhal, 1976)
Bulimia nerviosa (Rusell, 1979)
Síndrome del caos dietético (Palmer, 1979)
Síndrome del control anormal/normal del peso (Crisp, 1981)
Con ellas se pretendía describir el padecer un “hambre feroz” y se
describían signos relacionados con ella: vómitos, desmayos, contracciones
intestinales rápidas, etc. Algunos de estos signos, como el comer hasta el
hartazgo, describen comportamientos que han sido clasificados como
trastorno por atracón, diferente de la bulimia, sobre el que hablaremos más
adelante.
A diferencia de la anorexia, la bulimia no ha sido considerada hasta
fechas muy recientes como un trastorno alimentario independiente, ya que
históricamente fue considerado un signo, a menudo asociado al trastorno
anoréxico. Además, la diferenciación entre obesidad y trastorno por atracón es
también muy reciente, estando éste último aún en vías de búsqueda de
consenso para su inclusión entre los trastornos del comportamiento
alimentario.
Aunque, como ya apuntamos anteriormente, es la anorexia nerviosa la
que ha acaparado el mayor protagonismo en la literatura científica sobre
trastornos alimentarios16, lo cierto es que en la práctica clínica actual son raros
los casos de anorexia “pura” encontrados, en contraposición con el creciente e
importante número de casos diagnosticados de bulimia nerviosa.
Algunas de las razones para su mayor protagonismo han sido su mayor “visibilidad” - por
lo que es más fácil su reconocimiento en muchos casos – y el riesgo de muerte que conlleva.
16
19
Las prácticas habituales de atracón seguido de vómito han sido frecuentes
a lo largo de la historia en determinados contextos y grupos sociales pero no
se consideraban patológicas en cuanto obedecían a razones festivas, religiosas
o incluso médicas. Los banquetes romanos, incluían hartazgos y vómitos, y
reflejaban los excesos característicos de una aristocracia rica y decadente.
Durante la baja Edad Media el vómito fue una práctica penitencial mediante
la cual el pecador se deshacía así de sus pecados. En algunas culturas antiguas
como la egipcia, los médicos recomendaban el vómito periódico (GORDON,
2000: 38).
En la literatura médica, el hambre nerviosa sólo ha sido objeto de interés
clínico en la medida en que se consideraba como un síntoma asociado a otro
trastorno (STEIN & LAAKSO, 1988). Aunque hay excepciones en las que se
considera como síndrome – un ejemplo de ello es la definición de bulimia a
finales del XVIII17 como una enfermedad caracterizada por un deseo de comer
insaciable - no fue hasta finales del siglo XX cuando se reconoció la bulimia
como entidad nosológica independiente.
Hasta principios de ese mismo siglo, la mayoría de los casos con
sintomatología bulímica se distinguían de los actuales por su patoplastia y
patogenia. Eran características la ausencia de prácticas purgativas,
particularmente el vómito, y la inexistente preocupación por el peso y el
anhelo de delgadez. En la década de 1970 aumenta el interés de los médicos
por este fenómeno si bien como síntoma asociado a la anorexia y a la
obesidad, de tal manera que se llegó a sugerir y más tarde se llevó a cabo una
modificación en la manifestación de la anorexia nerviosa que incluye cada vez
más características bulímicas, llegando en nuestros días a diferenciarse entre
anorexia restrictiva y purgativa. A finales de los 70, tras varios intentos por
parte de otros profesionales -en su mayoría de habla no inglesa-, Russell
estableció los criterios diagnósticos del trastorno bulímico, haciendo hincapié
en las medidas compensatorias y en el miedo a engordar. Esta descripción,
ampliamente discutida en los 80, la recogió el DSM-III en 1987 y fue
modificada unos años más tarde en el DSM-IV, incluyendo dos subtipos,
purgativo y no purgativo en el que se emplean conductas compensatorias
tales como el ejercicio físico intenso o el ayuno.
Comer compulsivamente, identificado como un fenómeno de masas entre
mujeres universitarias (STUNKARD, 1993, en TORO, 2003), es una práctica cada
vez más extendida e interpretada por los profesionales como habituales para
descargar el malestar psicológico. Compartiendo anorexia y bulimia nerviosa
puntos en común como son la restricción alimentaria, la incidencia de la
preocupación por el peso en la autoestima y los hartazgos junto con las
prácticas compensatorias (bien sean vómitos, uso de laxantes o ejercicio físico
excesivo), una de sus diferencias más notables sería la dificultad que tienen
17
Según la Encyclopaedia Britannica (1797).
20
las bulímicas para controlar sus impulsos18 mientras que las anoréxicas
ejercerían un hipercontrol (TORO, 2003). Aunque ambos se consideran
trastornos del desarrollo, la bulimia suele comenzar más tarde que la
anorexia, no estando tan relacionada con la pubertad como con la entrada en
el mundo adulto y los desafíos que este entraña respecto a la construcción de
la identidad personal (GORDON, 2000:45).
El denominado trastorno por atracón ha sido de los últimos19 en sumarse al
grupo, cada vez más numeroso, de TCA. Se caracteriza por la presencia de
hambre nerviosa de manera habitual pero a diferencia de la anorexia y la
bulimia no se dan comportamientos de restricción y/o compensación, ni
existe necesariamente una sobrevaloración de la delgadez.
La literatura psiquiátrica ha descrito numerosos casos de comedores
compulsivos en los que se daba la total ausencia de métodos purgativos.
WULFF & FENICHEL los denominaron “perversiones orales” y proponían que
fuesen estudiados en términos de adicción20. Fue STUNKARD (1959) el primero
en describir este síndrome (binge eating syndrome), y sus criterios fueron
recogidos por el DSM-III en 1980 bajo el nombre de bulimia, a pesar de no
incluir entre ellos los comportamientos purgativos ni el miedo a engordar. Sin
embargo, estos criterios que no convencían a la comunidad psiquiátrica serían
sustituidos años más tarde por los de Russell bajo la etiqueta de bulimia
nerviosa.
La razón por la cual el trastorno por atracón ha tenido que esperar hasta
los umbrales del siglo XXI para ser incluido como trastorno psiquiátrico, se
debe según GORDON (2000), a la resistencia de la comunidad médica a aceptar
la asociación entre obesidad y TCA, siendo aquella considerada en todos sus
casos como una enfermedad orgánica. Esta posición se basaba en estudios
realizados durante las décadas de los 70 y 80 que evidenciaban unos patrones
de alimentación normales entre la población obesa. Sin embargo,
investigaciones más recientes sí que han encontrado asociaciones entre el
trastorno por atracón y algunos grupos de obesos y obesas, quienes
experimentan habitualmente los efectos del ayuno y de la restricción
alimentaria cuando intentan perder peso. Éste ha sido finalmente incluido en
1994 en el DSM-IV pero como una categoría “en obras”, a falta de una futura
Una de las características que acompaña con cierta frecuencia la sintomatología bulímica
actual serían los comportamientos autolesivos.
19 Aunque todavía no existe consenso médico para su clasificación, comienzan a ser
considerados como nuevos trastornos de la alimentación la vigorexia, caracterizada por una
preocupación excesiva por aumentar la masa muscular sin la acumulación de grasa, y la
ortorexia, determinada por la obsesión patológica por la comida biológicamente pura,
conduciendo ambas a importantes restricciones alimentarias.
20 Overeaters Anonymus (OA), o Asociación de Comedores Compulsivos Anónimos en España
(ACCA), lo plantea como un problema de adicción a la comida y por ello ha adaptado el
programa de Alcohólicos Anónimos para superar la adicción. Esta asociación contiene a la
mayor parte de comedores compulsivos a nivel internacional, un 71% según GORDON (1994).
18
21
revisión de sus criterios en base a más investigaciones. En la última edición de
este Manual de Trastornos Mentales, se define el trastorno por atracón por la
presencia de “atracones de comida recurrentes que se asocian a pruebas
subjetivas y comportamentales de falta de control sobre la alimentación y de
malestar clínicamente significativo, y que no se acompañan de las estrategias
compensatorias típicas de la bulimia nerviosa (p. ej., autoinducción del
vómito, abuso de laxantes u otros fármacos.
Las etiquetas diagnósticas no terminan aquí en un campo proclive a
desarrollar nuevas categorías clínicas asociadas a cambios sociales y
culturales. Por eso, en un contexto de exaltación de la educación física y del
body building destinado a producir los “cuerpos danone”, al menos en los
términos comunes en España, o por el lado opuesto a la vindicación del fat is
beautiful, se considera patológico el ayuno y ejercicio físico excesivo (DSM-IV,
1994:745) y aparecen conceptos nuevos como la vigorexia y la ortorexia
relacionados con formas de consumo compulsivo de productos alimentarios
específicos que llevan, aparentemente al extremo, las prácticas dietéticas más
o menos tradicionales empleadas para adelgazarse o no engordar,
comúnmente llamadas en nuestro país “hacer régimen” en sus multiformes
posibilidades características de la fase actual de la economía capitalista en las
sociedades occidentales desarrolladas. Tal como adelantábamos en la
introducción, nos hemos propuesto aquí el análisis de una de estas categorías
clínicas emergentes que, paradójicamente, parece haber surgido, al menos en
nuestro país, antes que los propios “enfermos”.
La aparición de la ortorexia como “nuevo” trastorno alimentario con
mayor prevalencia entre las mujeres - aunque todavía no hay consenso para
su clasificación psicopatológica -, ni aparezca en los manuales de diagnóstico
psiquiátrico- reafirma nuestra hipótesis principal y nuestro convencimiento
que la obsesión, en este caso, por comer saludablemente, es un efecto más de
lo que sucede con la diseminación de la racionalidad científica-nutricional
moderna en la vida cotidiana y con el interesado afán por etiquetar como
patológicas conductas que escapan al concepto hegemónico de dieta
equilibrada. Son probablemente desafortunados e inaceptables los intentos
que se hacen para explicar estos presuntos trastornos aceptando que, como
sucede también en la anorexia y la bulimia, las mujeres son más proclives a
obsesionarse por la salud y por las dietas que los hombres debida su
particular “naturaleza biopsicológica”.
Más aun cuando quien ha definido originalmente la ortorexia como
enfermedad, quien ha fijado sus criterios diagnósticos y quien la ha sufrido
personalmente ha sido un médico varón estadounidense. Nuestros datos de
campo demuestran que los hombres también siguen prescripciones dietéticas
argumentando motivos de salud por encima de los estéticos. Si el seguir
dietas por razones de salud es cosa de hombres ¿por qué la ortorexia se asocia
a las mujeres? Aventuremos una explicación.
22
La cultura tendría un fuerte papel explicativo en la aparición de la
ortorexia nerviosa, definida por primera vez en 1997 como trastorno
alimentario por el médico Steve BRATMAN21 como la fijación patológica por
comer alimentos apropiados para la salud -supuestamente puros-, y que se ha
visto favorecida por la tendencia observada en las sociedades occidentales por
la generalización de la desconfianza hacia las cadenas alimentarias y la
comida procesada industrialmente, y por la valoración de las terapias
dietéticas alternativas. En la ortorexia, como en otras TCA, se habla de
trastornos psicopatológicos donde las diferencias entre géneros tendrían un
poder explicativo importante. El que las mujeres practiquen en mayor medida
dieting y demuestren una preocupación superior por la salud que los hombres
las sitúa como grupo de riesgo ante a la ortorexia. De nuevo según la
literatura psicológica, las más jóvenes son las más afectadas, pues tienden a
imitar las prácticas alimentarias “excéntricas” de famosas y actrices más que
los hombres, especialmente aquellas que, por esnobismo y deseos de
distinción social, se habrían convertido al vegetarianismo u a otras sectas
alimentarias. Estas consideraciones de los expertos y las expertas, que
simplifican los motivos sobre las preferencias alimentarias, redundan en una
imagen cultural de las adolescentes excesivamente estereotipada y que las
ubica como meros sujetos receptores, pasivos ante las influencias mediáticas.
Así describe la ortorexia y a las personas ortoréxicas la psicóloga María José
GONZÁLEZ:22
“La ortorexia parece no afectar a los sectores marginales o ignorantes sino más bien al
contrario, ya que este tipo de comida es mucho más cara que la normal y más difícil de
conseguir. De hecho, es en los países desarrollados donde las personas tienen mayores
posibilidades de preocuparse por los ingredientes de los alimentos que compran en los
supermercados. Parece ser que suele manifestarse en personas con comportamientos
obsesivo-compulsivos y predispuestas genéticamente a ello. Se trata, en su mayoría, de
individuos con una preocupación exagerada y tiránica por la perfección y con una fe
ciega en las normas y reglas. También se ha observado que pacientes que han sufrido
anorexia nerviosa, al recuperarse optan por introducir en su dieta sólo alimentos de
origen natural, probiótico, cultivados ecológicamente, sin grasa o sin sustancias
artificiales que puedan causarles algún daño. Nuevamente las mujeres más jóvenes son
las más afectadas, siguiendo a famosas actrices o modelos, muchas veces excéntricas
pero con gran influencia entre las chicas”
Nuestra lectura sobre la distribución desigual entre géneros de la
ortorexia es otra: en tanto que el “retrato” biopsicológico de las personas que
padecen TCA ya está construido y, según éste, las adolescentes son las
personas más afectadas, por extensión y ante cualquier otro trastorno
alimentario, se sitúan como principales candidatas a presentar síntomas
ortoréxicos. Los criterios diagnósticos para la ortorexia han sido descritos así:
Ha creado incluso un dominio en Internet donde se ofrece información para especialistas y
posibles pacientes. Ver http://www.orthorexia.com.
22 http://www.psicocentro.com.
21
23
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Dedicar más de 3 horas al día a pensar en la dieta sana
Discusiones frecuente acerca de lo que conviene comer
Preocuparse más por la calidad de los alimentos que de disfrutarlos
Disminuir la calidad de vida conforme aumenta la ‘calidad’ de la alimentación
Planificar excesivamente las comidas
Aislamiento social provocado por el tipo de alimentación
Sentimiento de culpa al saltarse sus leyes dietéticas y comer algo prohibido
Preferir ayunar antes que comer algún alimento prohibido
Según la literatura médica, la dieta ortoréxica implica eliminar
progresivamente los alimentos básicos y las operaciones culinarias que, de
distintas formas, contradicen el logro de un cuerpo y una mente sana. La
salud se consigue, según ellas, propiciando y manteniendo la desintoxicación
del cuerpo impidiendo su contaminación por sustancias impuras como
aditivos alimentarios, metales pesados en las aguas y alimentos, envases
plásticos y alimentos y productos química o genéticamente intervenidos
(transgénicos, procesados, síntesis), productos desvitalizados (refinados o no
integrales), alimentos no frescos o congelados, etcétera, buscando así
alimentos y métodos que permitan purificar el cuerpo y tengan propiedades
desintoxicantes.
La dieta resultante de esas prácticas suele ser radicalmente diferente a las
seguidas en el propio contexto cultural, y eso exige a quienes las llevan a cabo
una gran fuerza de voluntad. La mayoría recurre una autodisciplina férrea
soportada por la creencia de que son mejores o, cuando menos, más capaces
de “comer bien” que los comen "comida basura". Las personas ortoréxicas
suelen centrar su vida en la alimentación, concebida como un ritual
pseudoreligioso que se mueve en torno al valor de la pureza corporal y
mental. Esta espiritualidad culinaria eventualmente desemboca en aflicción
cuando quienes la padecen emplean la mayor parte de su tiempo
planificando, comprando e ingiriendo las comidas. Su vida interior está
dominada por los esfuerzos para resistir la tentación, la autocondena por las
faltas, la autoalabanza por el éxito al seguir el régimen elegido y los
sentimientos de superioridad sobre el resto de personas que siguen unos
hábitos alimentarios menos "puros y sanos".
Según Bratman, es la transferencia de todos los valores de la vida en el
acto de comer lo que hace de la ortorexia algo patológico. Los valores,
creencias y prácticas adquiridos por las personas ortoréxicas son tan
peculiares que les impiden asumir las formas socialmente articuladas de
compartir y disfrutar comiendo, ya que suelen generar y sufrir situaciones
incómodas en fiestas, reuniones sociales, en el trabajo, rehusando las
invitaciones a comer y a asistir a restaurantes convencionales. Por otro lado,
las expresiones afectuosas a través de los alimentos (dulces o licores, por
ejemplo) les generan conflictos de sentido.
24
La aflicción y el sufrimiento en torno a la comida es lo que ha hecho
identificarla con la anorexia y bulimia nerviosa: los extremos cíclicos - la
trasgresión seguida por el autocastigo, los ayunos prolongados, la
restricción...-, la necesidad de separarse del resto de personas o el
ocultamiento de las prácticas alimentarias, entre otros. Algunos de estos
síntomas apuntarían a un desorden alimentario. No obstante, no se considera
ortoréxica a cualquier persona que siga una dieta, sino a quien la abraza
estricta y obsesivamente, culpabilizándose por la más mínima falta y
convirtiéndola en un instrumento de realización personal. Como las
anoréxicas, estas pacientes presentan distorsión de su estado físico, con
negación de las señales corporales de debilidad y fatiga y características
alexitímicas con tendencia a la negación de sentimientos y conflictos. Sin
embargo, no existe distorsión de la imagen corporal ni deseo de delgadez y
no se detectan conductas anorexígenas (sin vómitos, uso de laxantes o
aumento de la actividad). Otras diferencias respecto de anoréxicas y bulímicas
son que, a nivel de perfil psicológico, se trata de mujeres que muestran gran
seguridad en sí mismas, con ciertos sentimientos de superioridad incluso y
con comportamientos estrictos y rígidos.
Definidas así, pretendíamos analizar el rol jugado por el género en la
aparición de prácticas alimentarias hipotéticamente patológicas cuya
finalidad, al menos aparente, es alcanzar una salud perfecta. Sin embargo, no
hemos hallado ningún caso de ortorexia en toda la red asistencial catalana, de
forma que no hemos podido contar con informantes para nuestra
investigación. ¿Se trata de un trastorno que está todavía por llegar como
sucedió con la anorexia y bulimia nerviosa y cuya detección apareció primero
en países más industrializados que en España? ¿O acaso, como todavía no
está reconocida oficialmente en tanto que enfermedad no se han creado los
dispositivos para su detección y registro y, por ello, no hay personas
ortoréxicas? En cualquier caso, no hemos querido caer en la “tentación” de
entrevistar a seguidoras de regímenes vegetarianos o naturistas esperando
encontrar, tras conductas alimentarias diferentes a la mayoría de la población,
atisbos de “enfermedad”. Sí hemos hecho hablar, mediante entrevistas
abiertas y semi-estructuradas, a cuatro mujeres de diferentes edades que
practicaban este tipo de alimentación con el objeto de conocer que las había
conducido a adoptar una alimentación vegetariana o ecológica.
Con cierta frecuencia la adhesión a las distintas sectas vegetarianas parten
de una ideología racional, aunque algunas apologías vegetarianas son
arbitrarias o, cuando menos, contradictorias (los respívoros, por ejemplo). No
nos hemos encontrado ninguna informante que pudiera responder a estas
últimas: nuestros casos corresponden a seguidoras de regimenes
ovolactovegarianos y macrobióticos en personas nacidas en familias donde
algún progenitor ya era practicante o de mujeres que no siéndolo han optado
en un momento concreto de su vida por cambiar su alimentación. Tanto en los
primeros casos como en los que se trata de opciones voluntarias, en su origen
no hay motivos religiosos específicos, sino razones de carácter filosófico o de
25
salud. Las explicaciones acerca del seguimiento de estas dietas suelen ser
éticas (evitar la destrucción innecesaria de vidas animales), ecológicoeconómicas (estar en contra del sistema de producción intensivo porque es
insostenible para el medio ambiente), espirituales (aceptar sistemas de
creencias que entrelazan las relaciones entre cuerpo/alma) o de bienestar
físico (considerar que los alimentos bioecológicos son más beneficiosos para la
salud).
Al buscar informantes vegetarianas en las escuelas y en nuestras propias
redes sociales hemos encontrado una mayor proporción de jóvenes
seguidores de estas prácticas que de chicas. Nos lleva a pensar que en el
seguimiento de esas dietas “alternativas” la distribución desigual de género
no es cierta. Algunos profesionales nos han sugerido que, a menudo, las
chicas “se hacen vegetarianas” porque su objetivo es adelgazar y creen que lo
conseguirán comiendo más verduras y frutas, pero nos tememos que “la
mirada biomédica” pudiera estar ubicando, sin fundamentos científicos, sino
más bien ideológicos, a las seguidoras convencidas de regimenes alimentarios
alternativos en potenciales ortoréxicas. Dichos fundamentos ideológicos
tendrían que ver con la circunstancia de que el modelo médico hegemónico
rechaza la disidencia o el cuestionamiento de sus postulados. Y parece ser
cierto que el seguimiento de alimentaciones naturistas o vegetarianas entre
los jóvenes, aunque no exclusivamente, está relacionado con movimientos
ecologistas, antiglobalización u okupas, los cuales se van nutriendo de gente
joven de ambos géneros y procedentes de diferentes clases sociales, pero
también con personas que están hartas de “no saber lo que comen” porque la
industrialización de la alimentación los ha separado de los procesos
productivos y de preparación de los alimentos y ha ido desnaturalizando, con
sus aplicaciones tecnológicas, la comida. En España no hay cifras sobre la
cantidad de personas vegetarianas o consumidoras exclusivamente de
productos biológicos (que incluyen también animales), aunque, a juzgar por
el incremento de la demanda de estos artículos a buen seguro que se han
incrementado en los últimos años. Sí que sabemos que en Estados Unidos hay
más de 12 millones de personas vegetarianas. Conociendo este dato, es hasta
cierto punto lógico que el origen de la definición de la ortorexia y su
construcción como TCA se haya producido, en primera estancia, en este país,
y no en otro lugar: allí es donde los discursos nutricionales hegemónicos están
más interiorizados entre la población y allí es donde, paradójicamente, hay
más prevalencia de obesidad y se consume más productos fast-food. En
síntesis, la ortorexia giraría en torno a estas tres constataciones:
1. Una casi total ausencia de estudios epidemiológicos de ámbito
estatal e internacional, aunque sabemos que en EEUU hay numerosos
ingresos hospitalarios registrados por este diagnóstico
2. No han sido descritos pacientes de ortorexia en España, salvo una
excepción
26
3. Asistimos a la construcción –y posible aceptación en un futuro más o
menos inmediato- de una categoría nosológica que, al menos en
nuestro país, antecede a la detección de casos o enfermos, y cuyo
diagnóstico todavía no está bien definido ni reconocido médicamente.
En esta especie de antesala nosológica, la ortorexia ha sido colocada,
junto otros comportamientos alimentarios “anormales”, en el cada vez
más lleno cajón de sastre de los TCANE.
Estos hechos, sin embargo, nos proporcionan elementos para reflexionar
en diferentes sentidos. Que todavía se esté discutiendo si se trata de un TCA o
no, no ha evitado, sin embargo, que en las revistas especializadas en
trastornos alimentarios vayan publicándose algunos artículos sobre lo que
podrían ser detección de casos. En el trabajo realizado por DONINI et al. (2004)
para Italia en base a una muestra de 404 individuos y aplicando test sobre
actitudes alimentarias, se han detectado 28 personas con ortorexia nerviosa
(ON), suponiendo una prevalencia del 6.9% y afectando más a hombres que a
mujeres, particularmente aquellos con nivel de estudios más bajo. En estos
estudios, se apunta que la ortorexia, en efecto, formaría parte de los TCANE
(CAÑALAS CONTINENTE et al. 2003). Para España, contamos con el reciente
estudio de CATALINA et al. (2005), cuyos autores asumen, aunque solo han
detectado un caso, de la existencia de la ortorexia y de personas ortoréxicas y
aceptan que se trata de un nuevo trastorno de la conducta alimentaria. Es
más, aunque reconocen que todavía no hay estudios epidemiológicos, la
incidencia podría estar entre el 0.5% y el 1% y afectar por igual a ambos sexos.
En ambos estudios, pues, se presenta una novedad respecto a la distribución
desigual por sexos establecida inicialmente por Bratman y que, por otro lado,
ha sido asumida por otros especialistas (DE LA SERNA, 2004). Hombres y
mujeres parecerían estar afectados del mismo modo o, las mujeres, incluso
menos. Insistimos, sin embargo, en que hoy por hoy la mayoría de la
literatura continúa apuntando a las mujeres como colectivo más vulnerable y,
que en contra de los resultados de Donini et al., a las clases medias-altas. Los
autores de estos estudios detallan el perfil de las pacientes ortoréxicas así: se
describen mecanismos obesivo-compulsivos con rasgos de personalidad
similares a los de la anorexia restrictiva (rigidez, perfeccionismo, necesidad de
control de su vida a través de la comida), mecanismos fóbicos (ansiedad
intensa ante ciertos alimentos y evitación de los mismos) y mecanismos
hipocondríacos. El único caso responde a un mujer de 28 que, a la edad de 16
años, por problemas de acné y recomendación de un médico naturista,
comenzó a restringir distintos alimentos hasta hacerse lactoovovegetariana.
Con 24 años suprimió de la dieta los huevos y los lácteos y su peso siempre
había rondado los 43 kg. Dos años antes de su ingreso - cuando llega a los 27
kilos - se hizo crudívora y vegetariana estricta. La paciente señalaba que el
trabajo apenas le dejaba tiempo para comer como ella considera que debe
hacerse, de forma pausada y meditando. Sin embargo, no encuentran en ella
sentimientos de tristeza, ni distorsión corporal, ni deseo de delgadez, tan solo
ciertas creencias sobre los alimentos y su influencia sobre la vida espiritual.
27
Es cierto que son las creencias en torno a la alimentación y otros
aspectos “de la vida natural” de la paciente, así como sus valores filosóficos y
religiosos llevadas “al extremo” están en la base de su trastorno. Aunque se
descarte que se trate de ideas delirantes, sí que se apunta que se trata de ideas
sobrevaloradas adquiridas a lo largo de la vida, muy relacionadas con sus
historias personales y compartidas en su contenido por ciertos sectores
vegetarianos y crudívoros. Ante esta caracterización de los síntomas,
dudamos sobre hasta qué punto este “nuevo” trastorno es un ejemplo más de
la predisposición de ciertas disciplinas, en su afán por extender su autoridad
y control a los diferentes ámbitos de la vida cotidiana, a colocar, a veces con
demasiada premura, etiquetas de “enfermedad” a comportamientos que se
alejan de las normas sociales y, en este caso nutricionalmente, aceptadas.
La mayoría de los y las profesionales que hemos entrevistado al ser
preguntados por la ortorexia, han tendido a verla como una conducta
extravagante de personas que “exageran” las dietas naturistas u otras
desviaciones similares, preparando así el terreno para ubicarlas como TCA.
Aun no habiendo consenso para su aceptación como trastorno, si hay
predisposición a prejuzgar ciertos comportamientos y a ciertos sujetos (en este
caso, y por defecto, a las mujeres) como desviados. Nos preguntamos ¿por
qué si en la medicina alopática las recomendaciones nutricionales cada vez
son “más” vegetarianas respecto a décadas anteriores –hoy se aconseja
disminuir el consumo carnes y aumentar el de cereales, leguminosas o
verduras-, determinados movimientos filosóficos alternativos que implican
concepciones de vida distintas de la occidental y, en consecuencia, comportan
maneras de alimentarse diferentes (por ejemplo, evitación del consumo de
carne animal), son vistos, dependiendo del grado de extravagancia cultural,
como “exagerados” o “aberrantes”?. Bajo esta óptica, los macrobióticos,
crudívoros, los frugívoros, los granivorianos, los cerealistas o los veganos no
entrarían en los esquemas de “normalidad” nutricional deseable disponiendo,
potencialmente, a quienes las practican a una situación de “riesgo” para su
salud física, en tanto que tienden a reducir en exceso el repertorio de
alimentos, y psíquica, porque acaban limitando su cotidianidad personal y
social a la mínima expresión: reduciendo, como dice Bratman, la vida a un
menú. Con más motivos aún estas personas se sitúan como candidatas
probables a sufrir TCA.
La relación que las sociólogas venezolanas Mariana GÓMEZ y Nelly
GARCÍA (2005: 317-327) establecen entre personas ortoréxicas, disidentes y
snobs como ejemplo de conflicto cultural y de relaciones de poder en las
sociedades industrializadas nos parece sumamente apropiada para ilustrar
nuestros planteamientos. Examinando el discurso de Bratman sobre la
ortorexia, las personas ortoréxicas y el seguimiento de sistemas dietéticos no
convencionales las autoras afirman, sin temor a equivocaciones, que Bratman
está hablando de aquellos mismos que KANDEL Y PELTO (1980) agrupan
laxamente bajo la denominación de «Movimiento health-food» y que están
asociados a los sectarismos alimentarios.
28
Para KANDEL y PELTO, las prácticas y creencias del movimiento health-food
tienen dos aspectos significativos, que denominan sistema alternativo de
mantenimiento de la salud y revitalización social. El primero es en un sistema de
creencias que se presenta como una alternativa viable y coherente a la
medicina oficial percibida como fragmentaria, invasiva, no holística y
orientada a la curación más que a la prevención de las enfermedades.
Desemboca en la preferencia por otros sistemas terapéuticos considerados
como «más delicados y espirituales» (DOUGLAS, 1998: 42). La segunda se
sustenta en complejas redes sociales, mediante las cuales se provee a sus
seguidores de medios sociales e ideológicos para reestructurar radicalmente
sus afiliaciones culturales y lograr un estilo de vida más satisfactorio en
función de sus creencias. Los motifs culturales a los que apela el proceso de
revitalización social –conjunto de ideas, valores e imágenes recurrentes en la
elaboración del sentido cultural- se han consolidado históricamente desde los
antecedentes de este movimiento –que tuvo su fuente en el romanticismo
alemán – y tienen que ver con la armonía de la naturaleza idealizada como
fuente de libertad y de bienestar, con la igualdad social, con la espiritualidad
y las fuerzas cósmicas, por un lado, y con la decadencia moral de la
civilización moderna, con la depredación del ambiente, con la violencia, con
el consumismo y la cosificación del ser humano, por otro.
BRATMAN (2001) desdeña el valor de la pureza – valor rector del orden
simbólico de los «idealistas de la comida» – y ensalza el de la integración
social. Aunque el clamor por la adaptación del individuo que subyace a su
discurso pueda tener un importante sustento empírico, obvia que la elección
de un sistema terapéutico y/o dietético distinto al convencional, suele estar
asociada al establecimiento de nuevas redes sociales en el ámbito de las cuales
las personas comparten y transforman sus nuevas representaciones, realizan
sus prácticas de asociación y cultivan nuevas solidaridades en un proceso de
construcción-transformación de identidades grupales. BOURDIEU (1979)
definió los «enclaves disidentes» como grupos de personas, hombres y
mujeres, con capital simbólico –o más bien, que lo construyen
colectivamente–, pero sin capital económico que ejercen la crítica radical
contra el orden establecido. Este orden a su vez es mantenido y manipulado
por los grupos provistos de capital simbólico y también de capital económico,
quienes detentan la hegemonía cultural. En el modelo de Douglas, estos
grupos conforman una «jerarquía conservadora», que sustenta la estructura
de autoridad y dominación y que recurre a su poder simbólico para mantener
el orden, reforzando su legitimidad al tiempo que cuestionan la de sus
oponentes para éstos la «jerarquía conservadora», el valor de la integración y
la cohesión social es primordial. Visto desde este ángulo, el reclamo de
Bratman en torno a la integración representa una posición que se desplaza
sobre la «diagonal positiva», es decir, que manifiesta la adherencia a los
principios de autoridad y jerarquía dominantes.
Los comportamientos y actitudes adjudicados por Bratman a los
«idealistas de la alimentación» son considerados por él como síntomas de un
29
estado patológico, una enfermedad mental (un «desorden alimentario») que
denomina ortorexia. En el contexto de la confrontación o el conflicto
ideológico, acusar de desequilibrados mentales a los “otros” puede ser
considerado como un recurso para debilitar la coherencia o autoridad de sus
criterios y opiniones. En este caso, los “otros” son las personas disidentes,
snobs o comoquiera llamárselas y, por ello, ortoréxicas.
Para nosotros y nosotras, la delimitación de los trastornos alimentarios
por la medicina científica occidental estigmatiza las conductas y remite a lo
individual – lo observable en la clínica -, y descuidando el contexto
sociocultural que los han originado. Se puede afirmar que desde la
perspectiva de la teoría del conflicto cultural el discurso sobre ortorexia
constituye un acto de advertencia desde quienes se atribuyen la autoridad
médica, «una respuesta a un peligro percibido que amenaza el orden del
universo y de las lealtades en el grupo». Es una acusación que recae sobre los
proponentes de la contracultura, quienes atentan contra los valores de la
cultura alimentaria dominante. Así, se explica que Bratman responsabilice a
los «practicantes demasiado centrados en la dieta» y a las «teorías de la
alimentación» mismas por el origen de la enfermedad. Es una crítica
culpabilizante a la radicalidad propia de la cultura «alternativa». Al definir
estos comportamientos como enfermedad también se cierne una amenaza
sobre la persona que los realiza, ya que se le presiona a asumir su rol de
enferma so pena de recibir el estigma y el repudio de quienes los rodean. El
hecho de conceptuar la ortorexia como una TCA permite calificar a la persona
de desviada y colocarla bajo la potestad y el control del cuerpo médico.
El propósito de ejercer control sobre el individuo etiquetado como
ortoréxico, es coherente con la descripción que Bratman hace de éste como un
individuo solitario. Por eso insiste en el aislamiento social como otra
característica de las personas ortoréxicas. Es un repliegue que consigue al
despojarse, casi insolidariamente, de la cultura alimentaria de origen, de sus
amigos y familiares, y vincularse a la comunidad “alternativa”. Aún así, su
propuesta no es ortodoxa. El discurso de Bratman puede ser visto como una
autocrítica, pues él mismo se presenta como practicante de la medicina
«holística», de la terapia dietética y veterano de las «dietas alternativas».
Acepta cierta disidencia frente a la medicina alopática o, como indican Gómez
y García, acepta una medicina alternativa light: las terapias naturistas
“complementarias” con respecto a la medicina hegemónica y perfectamente
integradas en el mercado de bienes y servicios, ya que vienen apoyadas, a
menudo, por los comportamientos alimentarios “alternativos” seguidos por
personajes famosos. Así se reproduce un proceso de transformación de
sentido en cuanto a las «medicinas alternativas» despojándolas de su carga
contestataria, deslastrándolas de las críticas (al sistema social y a la
racionalidad económica y ecológica) que le son subyacentes, y convirtiéndolas
en un repertorio más de opciones terapéuticas, en una simple variante dentro
de la oferta sanitaria que los profesionales de la salud presentan al mercado.
30
Nos preguntamos, del mismo modo que lo hacen esas sociólogas, por qué
si el vegetarianismo y otros regímenes han existido desde hace siglos son
considerados ahora una causa o un desencadenante de enfermedades no ya
orgánicas, sino psíquicas. Entendemos que la ortorexia se “construya” en
unas sociedades altamente medicalizadas justo cuando los disidentes
alimentarios parecen aumentar progresivamente. Pensando en las prácticas
alimentarias, en las que nuestras informantes han referido formas de
reivindicación, coherencia o resistencia, los especialistas ven y diagnostican
desequilibrio, extravagancia y obsesión. Una paradoja que se acentúa cuando
se observa que, sin datos empíricos contrastados, en buena parte de los
artículos científicos y de divulgación sobre ortorexia, ésta se relacione con la
anorexia y la bulimia nerviosa y en ellos las trayectorias alimentarias de las
mujeres las hace candidatas más probables que los hombres a sufrir este
nuevo trastorno o al menos a que se detecte.
No estaría de más que los profesionales leyesen la literatura psiquiátrica
emergente que estaría cuestionando tal predisposición. Si en la anorexia la
desviación se produce sin transgredir apenas las normas, iniciándose en
prácticas restrictivas que pasan desapercibidas en una sociedad donde la
práctica del dieting está generalizada, en este caso, sucede algo semejante: las
ortoréxicas pasan desapercibidas porque sus dietas son aparentemente más
saludables y ortodoxas, si cabe al incluir productos de mayor calidad y más
ingredientes vegetales. La desviación se produce porque la aplicación del
dogma dietético, lo que es bueno y malo para la salud o la mente, se ejerce
desde “fuera” y “en contra” del modelo alimentario hegemónico.
Si bien el interés por el régimen como modo de vida destinado a una vida
sana procede de la medicina de tradición hipocrática y galénica, y se remonta
a la Grecia clásica, cabe añadir que hasta finales de los sesenta, este conjunto
de prácticas entre las cuales se incluyen las relativas a una alimentación
correcta, ocupó una plaza muy relevante en el aparato terapéutico: unas veces
como estrategias de ayuno temporal, otras como estrategias para organizar
adecuadamente unos perfiles de comer saludables dentro de un estilo de vida
saludable. Comer y alimentarse adecuadamente aparecen como incompatibles
con la enfermedad, así como no-comer voluntaria o no voluntariamente por
mor de la miseria o de las hambrunas se vincula a la enfermedad y a la
muerte.
Vale la pena resaltar que en los textos que hemos utilizado no se hace
mención, no se sitúa quizás es más preciso decir, a la anorexia nerviosa dentro
de la patología derivada del hambre, a menudo llamada eufemísticamente
desnutrición, y que se describe en el marco de la patología médica pero no
como una TCA puesto que se entiende que es el producto de la falta de acceso
a la comida tanto si esta es por causas naturales –como el de las hambrunas
cíclicas -, o por causas humanas como las condiciones de internamiento, el
racionamiento en periodos bélicos, o la desidia de los padres o tutores en el
caso de los infantes. Cualquiera de estas últimas aparece como un atentado a
31
los derechos humanos, de modo que los TCA se sitúan en un escenario de
aparente conducta individual, que permite obviar o eludir la consideración o
el valor de las variables contextuales en que el actor social se ve involucrado.
La apropiación por parte de la Psiquiatría y de la Psicología clínica de los
TCA deriva de ese principio. Un cuadro de desnutrición, puede tratarse en un
servicio hospitalario de pediatría, en una sala de hospital general o en una
institución que de de comer, y en la medida en que el ayuno no es voluntario,
se supone que el paciente se recuperará una vez se estabilicen sus constantes
y pueda ser alimentado como es debido. En cambio, en los TCA la
estabilización de constantes tiene el mismo efecto puesto que el núcleo del
problema es descrito como volitivo, es decir que una parte de la población decide
ayunar voluntariamente. Ante tan extraña actitud, según como se mire, la
Psiquiatría puede pensar que el ayuno voluntario, o en el otro extremo, la
obesidad patológica, pueden estar asociados a otros trastornos
psicopatológicos.
Los estudios de co-morbilidad de la anorexia – y en general de los TCA-, es
decir las asociaciones estadísticamente significativas entre dos trastornos
catalogados como distintos, no son concluyentes aunque apuntan algunos
rasgos sugestivos: en 1991, sobre una muestra de 62 pacientes mostraban
patología ansiosa o depresiva casi un 68%, y proporciones similares. La
literatura existente en torno a la patología del hambre, a las secuelas
psicopatológicas del hambre describe trastornos parecidos en los pacientes,
desde cuadros directamente alucinatorios o delirantes (el delirio de fome del
Sertao brasileño), como patología concomitante de naturaleza ansiosa, o
puramente inhibitoria23. A nuestro entender, antes que buscar perfiles
psicopatológicos más o menos hipotéticos convendría revisar la
psicopatología asociada al hambre y a las hambrunas y, a partir de ahí
comparar qué es un efecto, como en este caso está claro que es la amenorrea, y
qué es un factor causal, desencadenante o concomitante.
Junto a ello, hay que plantear otro problema, como es la presencia de
anorexia como signo mayor en bastantes formas de patología depresiva.24 En
esto sin embargo, los clínicos no parecen confundirse puesto que en estos
casos la anorexia y el adelgazamiento son efecto de y no causa de. Por esto el
concepto de autoayuno o self-starvation, siguiendo a DiNicola (1990), nos
parece más correcto y es el que seguiremos en este texto.
Queda pendiente para más adelante un análisis de la literatura al respecto, que nos parece
sin embargo indispensable para seguir esta argumentación a fondo. En este punto nos
remitimos al texto clásico de Josúe de CASTRO (1964), sobre el hambre en el mundo moderno,
y al espléndido estudio de SCHEPER-HUGHES (1997) donde se discuten los efectos del hambre
sobre la morbi-mortalidad infantil y los patrones de cuidado. Sin embargo, no podemos sino
recordar las extraordinarias viñetas de Carpanta que representaron magistralmente la
ansiedad que generaba el hambre de post-guerra o la genial visualización de la misma por
parte de Chaplin en La quimera del oro.
24 Gilles de la Tourette distinguió, ya en el XIX entre anorexia primaria y secundaria (AGMAN,
CORCOS & JEAMMET (1994))
23
32
En la propia literatura médica existen pues algunos interrogantes. En
buena medida no situar la anorexia en el contexto de la patología relacionada
con la desnutrición – con una incidencia mundial infinitamente superior a la
de los TCA -, con todas las implicaciones políticas y sociales que eso tiene hoy
día y ubicarla en el entorno psiquiátrico es una consecuencia, creemos de la
propia percepción cultural de los médicos en los países occidentales de
algunas de las características de la población anoréxica e inevitablemente de
estrategias de mercado. Creemos en ese sentido poder convenir que los
médicos y los psiquiatras operan sobre una patología “de sociedad opulenta”,
y construyen una clínica y una respuesta terapéutica acorde con ello.
La comunidad científica, ha convenido en considerar que estamos ante
una patología de origen psicológico con fuertes consecuencias biológicas y
evolutivas, en la que los factores socioculturales son condicionantes del
trastorno. Para este enfoque, se trataría de un problema mental propio de las
sociedades occidentales, más prevalente entre las mujeres, preferentemente en
edades adolescentes, que están inmersas en familias con ciertas características
comportamentales y sociales (conflictivas, sobreprotectoras, desestructuradas)
y que presentan unos rasgos de personalidad muy específicos (adictivas, con
baja autoestima, inseguras, histriónicas, etc...). En esta línea, el contexto
sociocultural actúa de determinante en el desarrollo y mantenimiento de esta
enfermedad: ofrece un modelo de feminidad y de belleza física que sustenta
las restricciones alimentarias, porque la imagen corporal basada en la
delgadez se ha convertido en el medio para evaluar social y personalmente a
las personas, especialmente a las mujeres. El control del cuerpo y la comida
son, en consecuencia, un medio para alcanzar estos ideales. Las presiones
culturales apoyan, sin duda alguna, la dieta permanente y el autoayuno. Sin
embargo, después de este pequeño comentario nos podríamos preguntar por
las siguientes contradicciones: ¿por qué de momento y a pesar de los diversos
enfoques terapéuticos, el fracaso médico en la resolución de esta enfermedad
es notable? Y ¿por qué en la teoría se habla de la incidencia de factores
socioculturales y en la práctica esto no se tiene en cuenta? ¿Puede que estos
factores socioculturales también estén medicalizados?
Asistimos a la aparición de estrategias inéditas de tratamiento de los
problemas sociales a partir de la gestión de las particularidades del individuo.
En un extremo del abanico está la administración autoritaria de poblaciones
con “nivel de riesgo”, a partir del diseño de un perfil que conforma para ellas
los trámites obligados que se verán forzados a realizar: es la gestión de los
riesgos sociales. En el otro polo intervienen innovaciones de carácter casi
lúdico: ejercicios de intensificación del “potencial humano”, técnicas de
desarrollo del capital relacional, producción de una cultura psicológica de
masa que unos insaciables consumidores ingurgitan como sucedáneos de
formas de sociabilidad perdidas: se trata de la gestión de las fragilidades
individuales. Nos encontramos hoy en día, en un ámbito psicotecnológico que
actúa en tres direcciones principales: un retorno reforzado del objetivismo
médico que resitúa a la Psiquiatría en el ámbito de la Medicina, una mutación
33
de las tecnologías preventivas que subordina la actividad curativa a una gestión
administrativa de las poblaciones con alto nivel de riesgo; la promoción de un trabajo
psicológico sobre uno mismo, que hace de la movilización, sociabilidad perdidas:
se trata de la gestión de las fragilidades individuales. A este fenómeno, Castel
lo denomina “totalitarismo liberal... Mediante la sugestión recalcada se exige,
para el bien de todos, la movilización voluntaria de los individuos”. Con ello,
este autor indica que no es cuestión de someterse o rebelarse sino de
concentrar el potencial personal de cada uno de nosotros al servicio de la
tarea de cumplir o ser marginado (CASTEL ,1981)25. Esta actitud por parte de la
biomedicina se traduce, no obstante en ambigüedades y contradicciones.
Lo que está claro es que el momento actual que cursa el sistema sanitario
no es fruto del arbitrio y que éste debe ser estudiado y analizado dentro del
conjunto de la sociedad a la que pertenece o está en activo (globalización
económica, políticas neoliberales, crisis del Estado del Bienestar...).
Añadiremos que, para conocer el presente es necesario entender y estar al
corriente del pasado, para así poder comprender cómo y por qué hemos
llegado a la situación presente y poder valorar y analizar los efectos de dicha
situación y actuar en consecuencia. Por ello es preciso no únicamente conocer
el presente de nuestro sistema sanitario sino remontarnos a sus inicios y así
entender mejor el por qué de la situación y práctica actual. Por esta razón
encararemos los datos epidemiológicos y las discusiones etiológicas sobre la
anorexia
2.3 LA EPIDEMIOLOGÍA DE LOS TCA
Existe un consenso generalizado al afirmar que las tasas de prevalencia e
incidencia de los TCA en la población general, o al menos en determinados
grupos de esta población, han aumentado durante las últimas décadas.
Aunque los datos más recientes apuntan a una estabilización de los casos, las
tasas de incidencia en el conjunto de España siguen una tendencia al
aumento. Siguiendo el patrón de otros países desarrollados, estos trastornos
han pasado de ser muy excepcionales durante el tardofranquismo a tener hoy
en día una incidencia notable. Es por ello que el impacto y la alarma social
también ha aumentado, a la vez que crece la demanda de ayuda profesional o
institucional.
Desde su descripción, la anorexia se presenta como una patología
mayoritariamente femenina con especial incidencia en las cohortes de mujeres
entre 15 y 24 años, con dos picos en los 15 y 18. Por otra parte, en la bulimia la
edad de inicio es unos años más tardía. Si se consideran para la estimación de
tasas de prevalencia aquellos casos que cumplen todos los criterios
Ver también LOCK, YOUNG & CAMBROSIO (2000), sobre los efectos, en este mismo proceso de
las nuevas biotecnologías.
25
34
diagnósticos de anorexia o bulimia nerviosa, en los países occidentales esta
cifra gira en torno al 0.5% y 1% respectivamente (HSU, 1996; FAIRBAUN &
BEGLIN, 1990), una cifra que en ningún caso refleja una enfermedad de
carácter epidémico como a veces se ha sostenido. Hablamos de una incidencia
más o menos parecida a la de las psicosis severas y de 10 a 20 veces inferior a
los trastornos afectivos de naturaleza depresiva. Pero es cierto que numerosos
estudios demuestran un aumento continuo de su incidencia en las sociedades
industrializadas entre 1950 y 1990. Los estudios longitudinales con una
perspectiva de 50 años muestran un crecimiento de las formas leves pero
estabilidad en las más agudas.
En todos los diagnósticos, la proporción de varones alcanza en torno al
10%. Por ejemplo, DE LA SERNA (2001) habla de entre un 8 y un 10% de
varones, aunque matiza que los casos de bulimia podrían tener proporciones
mayores. JOINER, KATZ Y HEATHERTON (2000) nos ofrecen una cifra que estaría
entre un 10 y un 15%. Cuando aparecen los hombres en los estudios
realizados sobre TCA, es pues, para compararlos de forma cuantitativa con
ellas y concluir que sólo representan un 10% del total de afectados. Los TCA
han sido considerados enfermedades vinculadas a la mujer al estar asociadas
a factores etológicos, así como a su papel sexual, familiar, social y laboral y
considerar la amenorrea como uno de los principales síntomas. De esta
manera se cuestionó la presencia de la patología en el hombre. Sin embargo,
en 1689, cuando MORTON describe por primera vez la enfermedad refiere ya
un caso de un varón de 16 años (DE LA SERNA, 2001). Los datos de los que hoy
en día disponemos provienen de los estudios realizados sobre muestras
clínicas, y desconocemos si se ajusta realmente a la población general. Existen
razones para pensar que esta población puede estar infra-representada por
diferentes motivos como son: la doble estigmatización a la que estaría
sometido el hombre con un trastorno alimentario, al ser éste considerado
como trastorno femenino, obstaculizando así la búsqueda de ayuda médica; el
hecho de que el profesional médico ha sido tradicionalmente reticente a
diagnosticar TCA en varones; y por último, el hecho de que el predominio de
mujeres ha podido llevar a los estudios epidemiológicos a ignorar la
existencia de hombres, subestimando su presencia en el grupo de afectados.
Entre la población adolescente, las tasas se presentan algo más altas para
ambos sexos situándose en el caso de la anorexia entre el 0,5 y 1% y en la
bulimia en torno a un 1-3% (DSM-IV, 1994). Además hemos de tener en
cuenta que la mayoría de los TCA diagnosticados corresponden a los
llamados trastornos atípicos, no especificados (TCANE) o incompletos, es decir,
aquellos casos en los que no se cumplen todos y cada uno de los criterios
diagnósticos pero en los que se percibe la presencia de un trastorno. Estos
síndromes parciales pueden hallarse en cifras de 5-10%. En total, se estima
que entre un 1.5 y un 4% de mujeres jóvenes presentan trastornos de la
conducta alimentaria (excluyendo casos de TCANE), siendo más frecuente la
bulimia que la anorexia. Si tenemos en cuenta que hasta un 50% de casos de
AN pueden presentar síntomas de bulimia (y que a la inversa también ocurre
35
a menudo), se comprenderá mejor la dificultad de delimitación de casos en
los estudios epidemiológicos.
En España el interés por la epidemiología de estos trastornos ha sido más
tardía que en otros países occidentales. A finales de la década de los 80 la
literatura científica comienza a interesarse de modo creciente por los TCA. Se
estima que entre un 1 y un 4% de mujeres jóvenes padecen algún tipo de TCA
y la anorexia nerviosa es ya la tercera enfermedad crónica entre las
adolescentes. Los estudios epidemiológicos españoles indican que en el grupo
de mayor riesgo, las chicas entre 12 a 24 años, la prevalencia de los TCA es
aproximadamente esta: 0.14% -0.60% en AN, 0.55%-1.24% en BN, y 2.76%4.71% en TCANE. En total, entre el 4.1% y el 5.2% (Col.LEGI OFICIAL DE METGES
DE BARCELONA, 19, 2005: 4). Sin embargo, hemos de tomar esas cifras con
cautela si tenemos en cuenta que hasta un 50% de casos de anorexia presentan
síntomas de bulimia (y que a la inversa también suele ocurrir), de aquí las
dificultades que conlleva la delimitación de casos en los estudios
epidemiológicos. También se ha observado una creciente prevalencia en
varones y, lo que llama más la atención respecto al cambio clínico habido en
los últimos años ha sido el notable incremento de formas atípicas. En estos
casos, la clínica es más aparatosa en chicas jóvenes (frecuencia y rápida
instauración de vómitos, severidad de la desnutrición, comorbilidad con otras
patologías) y, en muchos casos, no cumplen todos los criterios del DSM IV o
el CIE para poder ser diagnósticas de anorexia restrictiva o purgativa o
bulimia (MINISTERIO DE SANIDAD Y CONSUMO, 2000). Por eso ya señalamos que
había que relativizar el criterio de que el deseo de no engordar o estar
delgado o el seguimiento de dietas está siempre en la base de los TCA.
En lo que a la población catalana se refiere, los datos del Departament de
Salut (CMBD-CSM CatSalut) indican que el número de casos diagnosticados
como TCA en chicos y chicas entre 15-29 años se ha estabilizado en los
últimos años, hasta una media de unos 1400 casos/año. No obstante, un 4%
de chicas catalanas entre 12 y 18 años padecen alguna de estas enfermedades,
de forma que casi 19.000 jóvenes entre 12 y 24 años son bulímicas, anoréxicas
o presentan algunos síntomas. La bulimia es mucho más frecuente tanto en
chicas como en chicos pero la gran mayoría de casos hospitalizados son de
anorexia nerviosa. Tanto en las consultas de atención primaria como en los
ingresos hospitalarios, el ratio hombre-mujer es también de 1/10. En ambos
sexos, los diagnósticos de TCA están más concentrados en el tramo de 15-19
años. A estos datos habría que sumar aquellos casos que están siendo tratados
en centros privados y de los que no disponemos de información. En Cataluña,
se calcula que un 0.5 y un 2% de chicas adolescentes padecen anorexia
nerviosa. A los cinco años, un 25% no han superado la enfermedad, algunas
no la superan nunca y un 10% muere a causa de ella. Por otro lado, se acepta
que entre un 2 y 3% de adolescentes padecen bulimia nerviosa. En general,
solamente el 18% de las personas enfermas se recuperan totalmente.
36
Si bien hemos tenido ocasión de conocer la existencia de inmigrantes con
TCA en las consultas de salud mental de nuestra comunidad y también en la
de Madrid, no existen datos epidemiológicos disponibles que nos den una
idea de la prevalencia de estos trastornos entre la población extranjera.
Además de los datos de prevalencia e incidencia de estos cuadros
diagnósticos, un número relevante de investigaciones ha puesto de manifiesto
que los síntomas o episodios bulímicos, más o menos ocasionales, son muy
frecuentes. La mayor parte de estos estudios se han realizado sobre población
estudiante y detectan en ella un incremento de las conductas bulímicas. Sin
pretender hacer una búsqueda exhaustiva, detallamos en el siguiente cuadro
los resultados de algunos de estos estudios.
Tabla 3. Estudios sobre sintomatología bulímica en jóvenes.
Muestra
PHELPS ET AL,
1993 (BUFFALO,
EEUU)
Estudiantes
Tipo de estudio
de
secundaria (12-14 años)
Resultados
Longitudinal
Aumento:
(1984-89-92)
- del 0.8 al 6% en las que se
en ciudad de Buffalo
medican para adelgazar
- del 3.8 al 11.4% en las que
vomitan
KURTH ET AL,
1995 (MICHIGAN,
EEUU)
1367
estudiantes
universitarios
Transversal
de
- 13% presentaban síntomas
bulímicos (atracón y vómito
primer año
por debajo de la frecuencia
establecida en DSM-IV)
FIELD ET AL, 2002
(MASSACHUSSETS,
EEUU)
449 niñas y 50 niños
Transversal
- Según cuestionario: 15%
captados por encuesta
chicas y 20% chicos utilizan
telefónica
vómito o laxantes (en una
posterior entrevista personal
estas cifras se redujeron)
SEPÚLVEDA ET AL,
2004
(MADRID,
ESPAÑA)
Población Universitaria
Transversal
- 16% chicas y 9.6% chicos
con alto riesgo de TCA
hacen vómitos
(13
- 14.5% chicas y 10.6% usan
facultades
de
Universidad
laxantes
Autónoma de Madrid)
¿Fuente: Elaboración propia ?
Otro dato orientativo sobre la realidad epidemiológica actual de estos
trastornos es la observación, tan contrastada en la práctica asistencial de los
problemas de salud mental, de la alta frecuencia de hiperfagia como síntoma
acompañante en determinados trastornos psiquiátricos, especialmente de
ansiedad y de depresión.
37
También ha sido constatada en las investigaciones epidemiológicas la
asociación entre anorexia y muerte por suicidio. Respecto a las causas de
muerte entre pacientes con anorexia, diversos estudios, entre ellos un metaanálisis realizado en el año 2004, han puesto de manifiesto la mayor
frecuencia de suicidio entre esta población comparada con la población
general, estableciendo así la anorexia como una condición de riesgo en muerte
por suicidio (POMPLILI et al, 2004; HERZOG et al, 2000; MOLLER-MADSEN et al,
1998). La mortalidad por suicidio en la anorexia nerviosa oscila entre el 6 y
8%.
Respecto a los factores de riesgo para los TCA, los estudios
epidemiológicos citan entre otros al género, adolescencia, nivel
socioeconómico medio y alto, religión, nivel de educación, cultura
(enfatización del rendimiento intelectual, cultura de la delgadez y del éxito a
través de una figura atractiva) y el origen étnico y/o historia migratoria
(NASSER et al, 2001). También se han estudiado la prevalencia del deseo de
adelgazar, el nivel de insatisfacción con el cuerpo, la historia de dieta y otros
comportamientos para analizar las razones que conducen a la aparición de los
TCA en diversas poblaciones norteamericanas y europeas (HSU, 1996). En
general, se confirma la impresión de que actualmente muchas mujeres hacen
dieta y se sienten insatisfechas con su cuerpo, incluso cuando no se
encuentran por encima de su peso esperable. Estas evidencias, por otro lado,
se han comenzado a manifestar en edades cada vez más tempranas, inclusive
entre preadolescentes y niñas (HILL, OLIVIER & ROGERS, 1992).
En los estudios nacionales, los factores de riesgo apuntados coinciden con
los ya mencionados: el hecho de considerarse gordo, el deseo de estar más delgado y
la práctica de actividades que persiguen este ideal de delgadez, variables medidas a
través de test estandarizados. En este sentido es interesante añadir los
resultados del estudio de MARTÍNEZ et al. (2000) entre una población de
estudiantes en Asturias que, además de apuntar los mencionados factores de
riesgo, examina la influencia de factores sociodemográficos. Encuentra
diferencias significativas entre los chicos y chicas cuyos padres están
separados, presentando esta población una mayor proporción de conductas
anoréxicas. Sin embargo, la clase social y el hecho de que la mujer trabaje
fuera de casa – un argumento sostenido por el sector médico más conservador
– no se confirman como factores de riesgo.
Acostumbra a suceder en epidemiología psiquiátrica que las cifras de
prevalencia e incidencia de los TCA pueden ser variables según los criterios
metodológicos empleados: definición del caso, puntos de corte en los
instrumentos de detección y diagnóstico, características de la población
estudiada (edad, clase social y otras condiciones sociodemográficas), método
de muestreo. Así por ejemplo si se utilizan instrumentos de screening se
obtienen prevalencias más bajas que si se emplean entrevistas estructuradas,
puesto que los objetivos de los estudios son, respectivamente, detectar
posibles casos o establecer algún criterio diagnóstico firme. Esto hace que en
38
las estimaciones se presenten a veces datos algo divergentes. Tanto es así que
los y las especialistas en epidemiología advierten que según las técnicas que
utilicen, las cifras de prevalencia e incidencia varían, por lo que habría que
cuestionarse su fiabilidad. Aunque algunos y algunas utilizan cuestionarios y
entrevistas estructuradas, casi nunca emplean entrevistas no estructuradas o
técnicas cualitativas, a pesar de que, como veremos, la etiología de la anorexia
nerviosa y de los TCA es reconocida como multicausal. De ahí que acaben
generalizándose estereotipos que enmascaran los aspectos tan centrales a
investigar como los significados del "dejar de comer". Nos preguntamos si en
los protocolos epidemiológicos o en los cuestionarios se “respeta” realmente
dicha multicausalidad de la que tanto se habla. A nuestro entender lo que se
suele hacer es adaptar las técnicas a los resultados (estereotipos) que se
quieren encontrar, es decir, realizar cuestionarios y entrevistas cuyas
preguntas ya implican una respuesta condicionada hacia el diagnóstico
construido.
Por todo ello es preciso tratar con cautela los datos sobre el aumento de la
incidencia de los TCA. Los estudios epidemiológicos retrospectivos
(históricos) plantean problemas metodológicos importantes (ver BERNABEU,
1994) y mucho más en aquellas nosologías situadas en el límite entre los
trastornos psicosomáticos y psicopatológicos sobre los cuales no se ha ido a
protocolos consensuados de diagnóstico más que muy recientemente.
Además la falta de registros centralizados sobre este tipo de patología
reduciría su registro a aquellos casos internados en instituciones en periodos
históricos como los anteriores a 1970 en los que las clasificaciones de
internados no recogían este tipo de trastornos, sino enmarcados en categorías
amplias o difusas del tipo de “trastornos psiconeuróticos” o “psicopatías”.
Añádase que el desarrollo de la Psiquiatría del infante y del adolescente se
desarrolla tímidamente a partir de los años veinte, para poder afirmar que
cualquier cifra al respecto es poco creíble.26
Por último, decir que se carece aún de datos epidemiológicos sobre
ortorexia y vigorexia ya que el debate en torno a si estos comportamientos son
considerados como TCA se encuentra aún en curso. No obstante, en nuestra
revisión bibliográfica sobre literatura al respecto hemos hallado un caso
clínico de ortorexia que ha sido tratado en un hospital madrileño (CATALINA
et al, 2005).
2.4. EL DEBATE SOBRE LA ETIOLOGÍA: LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE
LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS
En la experiencia de los dos miembros del equipo que han trabajado como clínicos, la
incidencia de anorexia en España antes de 1980 era muy reducida.
26
39
Definidos médicamente y aceptados como enfermedad por una inmensa
mayoría de la población, cabe preguntarse no solo qué es la anorexia y
bulimia nerviosa y la ortorexia sino cuál es su origen y evolución. Si este es el
patrón clasificatorio predominante, los modelos explicativos de la anorexia
(DINICOLA, 1990) incluyen al menos ocho hipótesis repartidas en tres grupos
distintos dependiendo sobre quienes o en qué se ha puesto atención: el
individuo (hipótesis biomédica, desorden de humores, psicobiológica del desarrollo o
psicodinámica), la familia (hipótesis del sistema familiar), o los factores
socioculturales (síndrome asociado a la cultura, síndrome de cambio cultural,
hipótesis feministas). Además, esta clasificación atiende a un nivel de
complejidad creciente. Repasémoslas una por una.
Hipótesis centradas en el individuo
Las hipótesis individualistas construyen la anorexia como una disfunción
personal que varían desde las hipótesis biomédicas de Rusell referidas a una
disfunción en el hipotálamo hasta las hipótesis psicodinámicas aportadas por
la psiquiatra alemana Hilde Bruch.
1. Hipótesis biomédicas. Entre las causas biológicas más conocidas adscritas
a la enfermedad se encuentran la disfunción hipotalámica (RUSELL, 1977) y su
relación con un trastorno pituitario (SIMMONS, 1914), ambas de las cuales
fueron desestimadas tras años de investigación. Consideran la anorexia como
una disfunción personal y focalizan la terapia farmacológica o psicológica a
nivel individual. En este caso, se deja de comer o se come compulsivamente
porque algo no funciona por cuestiones biológicas relacionadas con la
pubertad o incluso, por el entorno más inmediato. También se han
investigado los factores genéticos que pueden influir en la aparición de la
anorexia, si bien estos solamente representan una vulnerabilidad del
individuo. Estas hipótesis, que han tendido a interferir en la comprensión
global de la enfermedad, no pueden explicar porque estos trastornos afectan a
determinados grupos (mujeres) y porque su incidencia está creciendo
2. Desorden de humores. Algunos estudiosos y estudiosas han observado
relaciones estrechas entre la anorexia y los trastornos del estado de ánimo
debido a la sintomatología común con trastornos tanto depresivos como de
ansiedad u obsesivo-compulsivos. Por ejemplo, algunos síntomas de
depresión, como el bajo estado de ánimo y las dificultades de concentración,
son comunes en la anorexia pero no está claro si se trata de síntomas
independientes de un trastorno depresivo o bien se trata de respuestas típicas
ante un estado de malnutrición. En el caso de la ansiedad, se halla una
relación entre las pacientes anoréxicas y los síntomas de ansiedad en el
estadio previo de la aparición del trastorno alimentario. Lo mismo sucede en
su relación con el trastorno obsesivo-compulsivo, algo apuntado por primera
vez en 1930 y cuyo interés ha resurgido en la década de los 90. Si bien es
cierto que la anorexia tiende a presentar aspectos obsesivos respecto a la
40
comida y, a veces, a la imagen, reducir el trastorno alimentario a un trastorno
obsesivo compulsivo o a un trastorno de ansiedad, es una simplificación
excesiva de la naturaleza de la enfermedad, ya que en todos los casos se han
encontrado características únicas y diferenciales de los TCA.
3. Psicobiología del desarrollo. La hipótesis psicobiológica presenta la
anorexia como una aversión del y la adolescente a ganar peso y a crecer. Los
cambios psicológicos y biológicos de la pubertad son considerados centrales
para el desencadenamiento de acontecimientos donde tiene un papel
importante el entorno familiar. La anorexia puede ser una forma de
desviación de los conflictos familiares y una forma de reacción ante los
patrones familiares. A pesar de que esta hipótesis tiene un gran valor
explicativo, no da respuesta a los casos, cada vez más numerosos, de la
enfermedad en pacientes pre y pospuberales.
4. Hipótesis psicodinámicas. La perspectiva psicoanalítica se ha centrado en
torno a la psicodinámica del acto de alimentar y comer – un acto que contiene
según Freud marcado carácter sexual -, y al lugar que el alimento ocupa en la
relación de la madre con sus hijos. Se parte de la idea de que el acto de comer
y la comida pierden su condición natural y son transformados por efecto del
lenguaje y de la norma social que organiza la conducta alimentaria. Han sido
varias las explicaciones que se han dado de la anorexia desde este enfoque
entre las que destaca la aportación de LACAN (1966) basada en que la relación
entre la madre y la hija durante los primeros años estaría presidida por la
confusión entre la necesidad, la demanda y el deseo. Mientras que la madre
confundiría la demanda de la niña como si se tratase tan solo de satisfacer una
necesidad, la niña optaría por comer “nada” para poder preservar el deseo,
motor de la vida. El hecho de atiborrar para borrar la falta a través del exceso
es contrario al funcionamiento del deseo, lo cual podría explicar porque estos
trastornos se dan con mayor frecuencia en la sociedad de la abundancia. La
anorexia sería entonces un intento patológico de separación y a la vez una
demostración de fuerza en la que el niño invierte la relación de dependencia:
es el sujeto anoréxico el que mantiene al otro a merced de las manifestaciones
de su capricho, a merced de su omnipotencia. CAPARRÓS & SANTFELIU (1997)
sugieren que la madre puede no estar satisfecha con su identidad femenina y
su propio cuerpo por lo que expresa este malestar mediante una atención
desmesurada a la hija. Entre las causas atribuidas a la emergencia de los TCA
durante la adolescencia – donde concentran una mayor frecuencia a pesar de
su extensión a otros grupos de edad – ha señalado ISOLETTA (2003) la ausencia
en nuestra sociedad de ritos de paso que acompañen a la persona en ese
momento trascendente de la vida en el que tiene lugar un cambio corporal,
que convierte al cuerpo en un cuerpo deseante. Otras hipótesis
psicodinámicas han recibido un mayor grado de aceptación, como son la
planteada por Bruch a principios de los 70 que retrata la anorexia como el
autoayuno que expresa la hostilidad, control y agresión hacia la familia. La
gran riqueza y variedad que presentan los casos clínicos desafían desde este
punto de vista cualquier ambición clasificatoria. Entre las críticas que ha
41
recibido estas hipótesis se ha aludido a que las ideas en torno a las cuales los
niños optan por dejar de comer asumen estructuras cognitivas propias de los
adultos, así como la decisión de dejar de comer para frenar el crecimiento se
basa en un argumento teleológico que ha sido tradicionalmente refutado en
biología.
Hipótesis Familiares
Aunque las hipótesis individuales reconocen la naturaleza diádica de las
primeras experiencias alimentarias en el desarrollo del niño y la naturaleza
interaccional de los problemas familiares, la focalización en el individuo ha
sido infructuosa a nivel psicoterapéutico y no ha permitido desarrollar un
modelo sobre que tipos de conflictos familiares influyen en la aparición de la
anorexia nerviosa. Las hipótesis familiares ofrecen una más amplia
perspectiva sobre este trastorno situando la enfermedad en el mismo contexto
familiar.
5. Hipótesis del sistema familiar. La hipótesis del sistema familiar
(PALAZZOLI & MINUCHIN) introduce a finales de los 70 la contradicción de una
sociedad con comida abundante donde se valora la delgadez. La demanda de
autodisciplina en esta sociedad reside en una relación inversa. La moda por la
delgadez actúa como detonante para las anoréxicas en las familias
disfuncionales que presentan un perfil de características psicosomáticas:
conflictividad, sobreprotección, rigidez, falta de resolución, etc. Entonces, se
deja de comer o se come compulsivamente y sin medida para demostrar el
descontento y la disconformidad con las personas más cercanas. Las
relaciones materno-filiales captan la mayor atención y también recientemente
los posibles abusos sexuales. Los lazos madre-hija en estas familias han sido
descrito como especialmente intensos, consecuencia en la mayoría de casos,
de una fuerte identificación de la madre con su hija como compensación a una
relación insatisfactoria con el padre. Esta cercanía y control que ejerce la
madre sería un obstáculo para que la hija alcanzase su propia autonomía y la
anorexia aparecería como respuesta ante esta situación asfixiante.
También se ha relacionado la anorexia con episodios de abuso sexual.
Estos pueden tener un impacto devastador en las actitudes sobre el propio
cuerpo pudiendo provocar miedos y dudas sobre la propia vulnerabilidad
que motiven prácticas alimentarias extremas. Pretender eliminar el aspecto
femenino del propio cuerpo respondería a un acto de defensa ante futuros
abusos y a sus drásticas consecuencias a nivel psicológico.
Hipótesis culturalistas
Las tesis sobre el papel de la cultura no son uniformes y van de radicales a
moderadas y débiles: la cultura es definitiva (es la causa), es su precipitante
(propugna el papel desempeñado por los factores culturales junto a otros de
carácter familiar, individual o biológico) o un simple envoltorio. Desde esta
42
perspectiva, los TCA tienen un intenso carácter sociocultural y una parte de
sus características están en función del contexto: prevalencia en sociedades
occidentales, entre las mujeres y clases sociales medias, ciertos grupos étnicos
y ocupaciones, etc. En este caso, se deja de comer, principalmente, porque los
ideales de feminidad, autocontrol, éxito personal y aceptación social actuales
se concentran en torno a la imagen del cuerpo delgado y hay que conseguirlo
como sea.
6. Síndrome ligado a la cultura. Los aspectos socioculturales de los
trastornos del comportamiento alimentario han sido ampliamente estudiados
y forman parte de objeto de estudios médicos, antropológicos, sociológicos e
históricos. En las primeras descripciones de estos trastornos contemporáneos
la extrema valorización de la delgadez en las sociedades occidentales aparece
fuertemente asociada a la aparición de la anorexia y la bulimia nerviosa. Esta
comprensión del problema parece haberse visto corroborada por varios
estudios epidemiológicos que han demostrado el aumento de su incidencia
(HSU, 1996) coincidiendo con la evolución del patrón de belleza femenino
orientado hacia un cuerpo cada vez más delgado (GARNER & GARFINKEL,
1980). Los datos revelan también que la anorexia y la bulimia nerviosa
parecen ser más prevalentes en países occidentales y bastante más frecuentes
entre mujeres jóvenes, especialmente aquellas que pertenecen a los estratos
más altos de estas sociedades. Estos resultados llevaron a algunos
investigadores transculturales a concebir los TCA como "síndromes ligados a la
cultura" o “trastornos étnicos” (culture-bound syndromes) vinculados a la
sociedad de la abundancia. Los TCA son considerados como signos y
síntomas que se restringen a determinadas culturas en función de las
características psicosociales de las mismas (PRINCE, 1985). De acuerdo con esta
concepción, la presión cultural para adelgazar es considerada un elemento
fundamental en la etiología de los TCA, que integra además factores
biológicos, psicológicos y familiares. Esta misma concepción está en la base de
una preocupación excesiva por el cuerpo y del miedo terrible a engordar
característico de la anorexia y bulimia nerviosa, y por tanto dichas
enfermedades son ejemplos privilegiados para analizar la interacción entre
cultura y resto de factores.
7. Síndrome de cambio cultural. Si los factores sociales y culturales son tan
relevantes como creemos para la génesis y mantenimiento de los trastornos
del comportamiento alimentario, lo que sucede en otras sociedades y otras
culturas forzosamente tiene que ser de extraordinario interés para el
conocimiento de la naturaleza de estos trastornos y su emergencia, además de
resultar ser también una vía más para el análisis y estudio de las diferencias
entre géneros. Actualmente han surgido nuevas aproximaciones explicativas
para el abordaje sociocultural de los TCA como consecuencia de la
acumulación de numerosos datos sobre estudios transculturales sobre su
incidencia en Hong-Kong, Taiwan, China, Brasil, India o Brasil entre otros
(DAVIS & YAGER, 1992, NEGRAO & CORDAS, 1996), o entre minorías étnicas en
sociedades occidentales. Si antes se pensaba que estos trastornos estaban
43
restringidos a las mujeres de las clases más altas, hoy esos estudios muestran
que se dan entre todas las clases sociales, cada vez en edades menos
circunscritas a la adolescencia y no solo en las sociedades industrializadas.
Por tanto, la concepción de estos trastornos como síndromes ligados a la
cultura parece no tener sentido. Sin embargo, el psiquiatra DINICOLA (1990),
aún defiende la postura de que estos trastornos están ligados a la cultura
occidental, y denomina "casos huérfanos" a los que ocurren fuera del mundo
desarrollado o entre inmigrantes que viven en éste y propone que sean
comprendidos como resultantes de la transformación de los referentes
culturales causadas por la inmigración o por la propia evolución
socioeconómica y cultural de un cierto grupo de personas. Sugiere que en
tales casos la anorexia nerviosa sea considerada un síndrome de cambio cultural
(culture-change syndrom).
Se han barajado dos hipótesis explicativas sobre estos “casos huérfanos”:
el choque de culturas y la occidentalización de valores. La primera explica los TCA
a partir de las presiones a las que la mujer se ve sometida para ajustarse a
unos ideales contradictorios o incompatibles que, en el caso de las
inmigrantes, están relacionados con el hecho de que el contexto socio-cultural
de la persona se encuentra dividido en dos mundos culturales distintos, el de
la sociedad de llegada y el de la sociedad de origen. Aquí las prácticas de
auto-ayuno cobrarían un significado particular: el del logro de un mayor
sentido de autodeterminación y de percepción.
La segunda – aplicable tanto a las poblaciones inmigradas en un país
desarrollado como a los no industrializados que reciben una fuerte influencia
cultural occidental – se basa en las relaciones poder–cultura, y en los
principios de la economía política. Explica el incremento de los TCA en países
no occidentales a partir de los procesos de desarrollo económico que les
llevan a adoptar normas y valores occidentales, enfatizando, sobre todo, el
ideal de belleza y el rol de la mujer en una cultura de consumo. Estudios
realizados en Asia, Oceanía, África, América y Europa Oriental, demuestran
que mientras que entre los inmigrantes de primera generación, los modelos
de referencia de la sociedad de origen se mantienen con más o menos
dificultades, en sus diferentes trazos culturales, éstos se van modificando
paulatinamente en la dirección que marca la sociedad de acogida. En este
sentido es interesante señalar aquí los resultados de una revisión reciente que
suministra datos y reflexiones de sumo interés (HALL, 1995). La mujer asiática
media emigrada a EEUU, o nacida en América de emigrantes asiáticos, se
esfuerza, en principio diligentemente, en ser la "mujer asiática perfecta", lo
cual supone mantener sus vínculos con la cultura original. En bastantes casos,
la integración en la cultura americana provoca la devaluación de la cultura
vivida en el ámbito familiar y, con frecuencia y conduce al rechazo de su país
de origen. (TORO, 1996). Estas mujeres asiáticas tienen la estructura corporal
que les corresponde racialmente. Inmersas en una cultura que hace de la
belleza el elemento más importante de las relaciones interpersonales, es lógico
que busquen con mayor o menor desesperación igualar las características de
44
sus cuerpos con las del modelo vigente. El color de su piel, los párpados y la
nariz son sus mayores preocupaciones. La American Society of Plastic and
Reconstructive Surgeons informó que, en 1990, los tipos de operaciones
quirúrgicas más "populares" entre asiáticas eran la modificación de los
párpados y de la nariz. Se trata de sus señas de identidad racial,
ancestralmente integradas en los intercambios interpersonales, socioafectivos
de su pueblo. Por supuesto, las asiáticas también desean cambios en sus
cuerpos de acuerdo con el modelo occidental, aunque tales cambios no
resulten tan dramáticos étnicamente hablando.
A diferencia del choque de culturas, la tesis de la occidentalización tiene
limitaciones relevantes, por su etnocentrismo y por la simplificación de los
factores precipitantes del fenómeno, reduciendo la práctica del autoayuno,
restricción alimentaria o hartazgo a una mera persecución patológica del ideal
estético corporal delgado que tiene su base en la industria de la moda y en el
concepto de lipofobia, o estigmatización de las grasas, propagado durante las
primeras décadas del siglo XX por los médicos y las médicas y las
aseguradoras27. Sin embargo, tras revisar algunos estudios transculturales no
resulta tan evidente, y mucho menos universal, la asociación del TCA con el
miedo a engordar. En estos estudios, los relatos de pacientes etiquetadas
como TCANE por no cumplir con el criterio del miedo a engordar es tan
elevado que algunos autores y autoras han sostenido que la persecución de la
delgadez puede ser un síntoma pero no el más determinante de los TCA. En
este sentido, es interesante ver cómo en los casos de anorexia ocurridos en
Hong-Kong y descritos por LEE (1993, 2001) el miedo mórbido a engordar o la
distorsión de la imagen corporal no están presentes. Al igual que él varios
clínicos europeos, americanos y canadienses han rechazado esta
universalidad diagnóstica sin obtener demasiada repercusión. Sin embargo, la
prevalencia en los países industrializados de los TCANE es significativamente
mayor que la de cualquier TCA. Además, esta tasa de TCANE va creciendo
con los emergentes, y cada vez más numerosos, casos de TCA en niños
prepuberales, que aún no han internalizado los ideales sociales de moda y
delgadez (RIVAS, 2005). Todos estos casos, han generado polémica tras la
adopción del criterio del miedo a engordar como esencial para el diagnóstico de
la anorexia nerviosa en el DMS IV y CID-10 (OMS). Hsu y Lee consideran los
TCA como formas diversas de expresar angustia (estrés) a lo largo del tiempo
y entre las culturas.
Por tanto, la tesis de la occidentalización está parcialmente ligada a las
teorías críticas basadas en la idea de que el ideal de delgadez lo crean factores
externos, condicionantes estructurales tales como la moda, el culto al cuerpo,
la desigualdad de género, etcétera que son incorporados pasivamente por las
mujeres. Este enfoque presenta importantes deficiencias en cuanto a su no
A pesar de la evidencia de lo contrario, muchos profesionales de salud y la mayoría de la
población creen que la gordura causa problemas médicos, e interpretan el sobrepeso como
una enfermedad física y psíquica.
27
45
consideración del rol de la agency humana ni de los significados sociales del
comer y no comer, y porque tampoco tiene en cuenta el universo cultural del
inmigrante en relación con su cultura de origen.
Las tesis del choque cultural, en cambio, se aleja de un modelo centrado
en el cuerpo y reconoce la posibilidad del rechazo del ideal corporal. Esta
hipótesis tiene una mayor riqueza interpretativa y entronca con las teorías
feministas que han llegado a proponer un modelo de trabajo en torno a los
TCA en el que las variables dieta, peso y miedo a engordar sean sustituidas
por las experiencias de desconexión, transición y opresión para una mejor
comprensión del fenómeno. Ambas líneas de investigación apuestan por
reconstruir los significados locales del no comer o del comer en exceso.
8. Hipótesis feministas. La mayor incidencia femenina (ratio 10:1) de los
TCA ha dado lugar a concebir la anorexia como consecuencia del menor estatus
de las mujeres y de su instrumentalización como objetos en una sociedad
patriarcal y dominada por los hombres (CHERNIN, 1985, ORBACH, 1986, BORDO
,1993). El feminismo cree que la imagen social de la mujer es la causa principal
de los problemas del comportamiento alimentario, considerando que la
obligación social que recae sobre la mujer de ser artificialmente delgada, los
medios de comunicación contribuyendo a la fetichización y a la cosificación de
un cuerpo femenino anormalmente esbelto, o el apremio para que las mujeres se
esfuercen en ser buenas esposas, madres, trabajadoras y atractivas amantes
(superwomen) constituyen algunas de las razones originarias que envuelven a
estos problemas. Además, el registro etnográfico revela una estrecha
vinculación entre alimentación y mujeres, y entre hábitos alimentarios y
representaciones del cuerpo, la cual incorpora implicaciones materiales y
simbólicas diferentes entre los géneros (MOORE, 1991; LUPTON, 1996; COUNIHAN
& KAPLAN, 1998, COUNIHAN, 1999). Exploremos cual es esa especial relación
que mantienen las mujeres y la comida desde tiempos inmemoriales así como
con el cuerpo.
Funciones y significados de la comida y el comer
En todas las culturas, la comida es central en el establecimiento de relaciones
entre los sexos, en la definición de los géneros y de su sexualidad y, a menudo,
las ideas sobre las prácticas alimentarias y el cuerpo reflejan las relaciones de
poder y subordinación entre hombres y mujeres. En las sociedades
occidentales, por lo menos desde hace ocho siglos, algunas mujeres han usado
la comida simbólicamente como una forma de control y poder. De forma
variada, como lo han sido los contextos sociales en los que esto ha ocurrido, las
mujeres han utilizado el comer compulsivamente, la obesidad, el ayuno o los
valores simbólicos de la comida como una vía para expresarse y vencer los
problemas por alcanzar un lugar significativo en un mundo donde ellas están,
por definición, subordinadas (COUNIHAN, 1999). Las mujeres han usado la
46
comida o el ayuno como una vía para alcanzar a Dios o también para evitar la
familia patriarcal o la autoridad civil y religiosa. Las anoréxicas santas ayunaron
para lograr la perfección religiosa y espiritual, la santidad. Las anoréxicas
modernas intentan alcanzar la perfección a través del autocontrol y la delgadez,
privándose de comida, incluso hasta la muerte.
La comida -su restricción o su consumo excesivo- es elemento para el
control personal del peso y de la imagen corporal, y es crucial en las
representaciones sociales y en la distinción entre los sexos. Los cuerpos
femenino y masculino no son idénticos ni en su anatomía real ni en su
morfología ideal, de forma que las fluctuaciones de las normas corporales
tampoco les han concernido ni igual ni indistintamente a lo largo del tiempo y
del espacio. En numerosas culturas, en un grado u otro, parece que las
representaciones de la corpulencia y de la grasa masculina se apoyan en una
base simbólica común. La corpulencia de un hombre remite directamente al
problema del reparto de la comida, es decir, de la riqueza. La postura que
encarna simbólicamente es menos el del reparto de la riqueza que el de su
creación: en las sociedades primitivas y tradicionales es la fecundidad, la
reproducción; en las sociedades industrializadas cada vez más la producción.
Para las primeras sociedades, la gordura también es preferible porque está
asociada con la fertilidad, la buena nutrición, la resistencia y el amor.
Contrariamente, en las sociedades industrializadas las mujeres cuidan sus
cuerpos para la delgadez, reflejo de la individualidad, autocontrol y
reconocimiento y éxito social (HEPWORTH, 1999). Este cambio ha acontecido en
apenas un siglo y son varios los agentes que han tomado parte en el proceso.
El contexto socio-cultural: la incorporación de la delgadez corporal
Si, como los datos etnográficos e históricos apuntan, en numerosas sociedades la
gordura femenina ha sido y es apreciada y venerada, incluso expresamente
cultivada a través del engorde regular, ¿por qué han cambiado de forma tan
radical los valores respecto a la imagen y el peso corporal y por qué la conducta
alimentaria adquiere un papel central en las respuestas generadas a las
presiones sociales?.
Hay otros motivos que a principios del siglo XX enfatizan de una forma
especial la delgadez corporal. La preocupación por las formas corporales se
acentúa cuando estar gordo empieza a condenarse socialmente, y aquí no sólo
juega un papel decisivo la moda. La asociación que, en etapas históricas
anteriores, se había establecido entre estar gordo/a, prosperidad y buena salud
desaparece a principios de siglo potenciada por el estamento médico, la
industria aseguradora y la moda (BRUMBERG, 1988). Mientras que para la
población en general, la delgadez era un signo de salud enfermiza y pobreza,
para el colectivo médico la obesidad real empieza a verse como algo patológico,
recomendando estándares de peso y salud que serán decisivos para establecer
de los valores medios del peso ideal y para la canonización de la figura humana.
47
Este interés médico por el control del peso corporal se refuerza también con las
presiones de las aseguradoras que consideraron la gordura como un riesgo para
la salud.
Las bases de la lipofobia y la sacarofobia se asientan en estos momentos. El
interés moderno por la delgadez femenina tiene diversos orígenes y se asocia a
la salud y al menos a tres cuestiones que afectan a las mujeres: la función que
adquieren el vestido y el cuerpo como objeto de moda, el triunfo del modelo juvenil y
prematernal y la afirmación de los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.
Curiosamente, cuanto mayor es el número de mujeres que aspiran al privilegio
y al estatus de los hombres, más aspiran al ideal de la delgadez. En periodos
históricos en que las mujeres se han sentido presionadas para demostrar su
habilidad y competencia intelectual, el ideal corporal delgado ha sido
dominante (TORO & VILARDELL, 1987). En el fondo, tras dicho recorrido hay una
radical transformación del papel social y de las imágenes culturales femeninas.
Las mujeres europeas y norteamericanas de clase alta comienzan a tomar
conciencia seriamente de su cuerpo cuando la grasa se convierte en un riesgo
para aquellas que siguen de cerca el mundo de la alta costura, en el que se
establecen las proporciones ideales de las caderas, el pecho y la altura
(BRUMBERG, 1988).
A partir de este momento se produce la convergencia de dos discursos
diferentes en torno al ideal de delgadez: el estético y el de la salud, de forma que
la obesidad es enfermedad y estigma y la delgadez salud y belleza. Para
delimitar y conseguir este tipo de belleza, la industria de la cosmética, moda y
alimentación empiezan a ofrecer a sus clientes, de momento sólo mujeres, una
extraordinaria cantidad de productos, modelos y dietas a seguir. El que el
cuerpo delgado se estandarice y difunda masivamente genera descontento y
ansiedad entre quienes no se encuentran dentro de los límites social y
médicamente aceptados. Por esta razón, miles de personas en Occidente gastan
tiempo, dinero y esfuerzos para acabar con la obesidad o el sobrepeso o para
mantenerse dentro de la aceptabilidad estética. Este culto al cuerpo refleja el
enorme contraste cultural entre dos tipos de población: la de los países ricos,
negándose a comer para no engordarse, y la de los países pobres, muriéndose
de hambre, pero delgada.
La consolidación de la sociedad de consumo y el papel de los medios de
comunicación social como difusores de ideologías, especialmente la televisión,
las revistas o la publicidad, juegan un papel importante en la construcción de
estas imágenes culturales y de las representaciones simbólicas del cuerpo
femenino y de los elementos de control, como la comida o la actividad física
(SHARPE, 1976; KAPLAN, 1980; DYRENFORTH et al., 1980; TORO, 1988).
Actualmente, las representaciones en los medios de comunicación responden,
mayoritariamente, al modelo de mujer-madre que cuida a los hijos, mujeresposa que asiste y sirve al marido, mujer-ama de casa que mantiene el hogar,
mujer-facultativa que cura y prescribe, mujer-sujeto que se forma, que consume
y se cuida de sí misma- y mujer-trabajadora que produce. A menudo, se trata de
48
imágenes de mujeres polivalentes resultado del conjunto de representaciones
ideales en torno al cuerpo físico canonizado, las funciones reproductivas y las
actividades productivas (GRACIA, 1996, 2000).
A través de la difusión de estas imágenes culturales las mujeres se ven
compelidas a responder a unas exigencias sociales cada vez es más altas. En la
alimentación, se les piden habilidades técnicas (funcionamiento y rendimiento
de los diversos electrodomésticos), conocimientos facultativos (de nutrición,
prevención y terapia a nivel primario) y, a menudo, saberes gastronómicos
(artes culinarios y especializados), mientras que se las culpabiliza de la
creciente desestructuración y desocialización de las comidas. Se les requiere,
además, una imagen estandarizada físicamente que les lleva de forma alterna a
sacrificios y restricciones alimentarias, a la vez que una conducta social
excelente, tanto dentro como fuera de casa. Esto contribuye a interiorizar
rigurosas exigencias, dificultando las decisiones a aquellas mujeres que,
queriendo definirse en relación a sus derechos y obligaciones extradomésticas,
se debaten entre los remordimientos de la delegación y el rechazo de aquello
socialmente desconsiderado.
Todos estos apremios están en consonancia, con el modelo cultural que se
ha ido conformando en las sociedades industrializadas en torno a la
importancia del individuo, privilegiando las actividades que le permiten
centrarse en sí mismo y en sus propias sensaciones, convirtiendo el cuerpo, no
ya en una fuente de placer, sino de poder. El cuerpo debe ser moldeado,
controlado por uno mismo. El éxito de las actividades físicas individuales -el
jogging, la gimnasia, el body-building, la escalada en solitario, los deportes aéreosson el testimonio de esta evolución. Para las tesis culturalistas, la civilización del
self, privilegiando la competición, motivando la promoción social y el éxito
profesional son una parte importante de los cimientos sobre los que se erigen los
TCA.
El enfoque feminista de los TCA
Por sus implicaciones socioculturales y de género, el movimiento feminista se
ha interesado por los TCA, aportando ensayos críticos orientados,
mayoritariamente, desde la psicosociología (MAY, 1995). Conciben la anorexia y
la bulimia nerviosa como una consecuencia de la posición desigual que ocupan
las mujeres respecto de los hombres en la estructura social. Desde los años
setenta, esta perspectiva se ha dejado sentir con fuerza, con propuestas que han
ido evolucionando desde enfoques más estructuralistas hacia el
construccionismo.
Las feministas se fijan en los factores culturales que contribuyen a los TCA.
Chernin, una psicoanalista destacada, afirma que la anorexia nerviosa empezó a
incrementarse como enfermedad social entre las mujeres en los años sesenta, y
vincula el resurgimiento del movimiento de las mujeres en esa década con una
49
fase epidémica de los TCA. Habla de la "tiranía de la delgadez", que limita el
desarrollo de la mujer desde los puntos de vista social, personal y físico.
Equipara metafóricamente los estándares de belleza más delgada con las
presiones a que están sometidas las mujeres de "hacerse más pequeñas, más
estrechas, más ligeras, con menos gravedad, de reducirse a sí mismas". Las
féminas, a diferencia de los hombres, parecen tener la obligación de
avergonzarse de sus cuerpos y, en consecuencia, habrían de proceder a
modificarlos mediante cualquier procedimiento. También cree que fuera del
enojo de ver qué significa ser una mujer en la sociedad contemporánea, las
anoréxicas rechazan la femininidad. Finalmente apunta que las mujeres se ven
forzadas a imitar a los hombres para acceder al poder, adoptando semblantes
masculino en los centros de trabajo. Esta manipulación corporativa, en medio de
la lucha por la liberación tiene consecuencias devastadoras: “la presente
epidemia de los trastornos alimentarios debe ser entendida como una profunda
crisis de desarrollo en una generación de mujeres todavía profundamente
confundidas, después de dos décadas de lucha por la liberación femenina,
acerca de lo que significa ser mujer en el mundo moderno” (CHERNIN, 1985: 17).
BORDO (1993), ampliando las explicaciones reducidas al vínculo madre/hija,
explora minuciosamente las complejas intersecciones y las cristalizaciones de la
cultura que están presentes en los TCA. Incluyen actitudes culturales generales,
la valoración de la delgadez en nuestra cultura y el rol de la cultura de
consumo, las representaciones culturales de la mujer, de la abstinencia y de la
comida, la medicalización de los desórdenes alimentarios y de otros desórdenes
femeninos (histeria, desórdenes de ansiedad, obsesión, etcétera) y la base común
entre esos desórdenes y las experiencias femeninas "normales". Su análisis es
interesante, plantea un proceso dialéctico, identificando las cristalizaciones e
interacciones mutuas, en contraste con los modelos causales dualísticos que
aportan las perspectivas médicas (normal/desviado). La crítica más fuerte que
hace a éstas reside en que el peso de las mujeres y las conductas dietéticas
voluntarias ”normales” permanecen en el mismo continuum que los desórdenes
alimentarios femeninos: ”la mayoría de las mujeres en nuestra cultura, entonces,
están ”desordenadas” a consecuencia de valorar, autorizar y confortar a sus
propios cuerpos; los desórdenes alimentarios, lejos de ser estrafalarios y
anormales, son completamente continuos con el elemento dominante de la
experiencia de ser mujer en esta cultura”. Critica a los médicos en cuanto
consideran que la intensificación de la preocupación por las formas corporales y
las dietas en la población no clínica de adolescentes puede indicar una expresión
parcial o ligera de la enfermedad. Según ella, el modelo médico de los trastornos
alimentarios como enfermedad/dolencia es tan firme que le encantaría
medicalizar a la mayoría de las mujeres adolescentes.
Los trabajos de Chernin o Bordo desafían el criterio de ver los trastornos
alimentarios (eating disorders) como psicopatologías, enfatizando los aspectos
aprendidos e incorporados de estas conductas y rescatando los roles de la
cultura y del género como factores primarios en el inicio de los TCA antes que
50
como mantenedores o contributivos, a la vez que fuerzan la reasignación de las
causas disfuncionales individuales a los factores sociales.
Ciertamente, la presión para conformar el ideal de belleza femenino tal y
como ellas lo plantean junto a otras como WOLF (1991) tiene una base
claramente estructural perpetuada a través de diferentes instituciones sociales e
intereses como los de la industria de moda, los medios de comunicación, la
cosmética y la alimentación. Pero su modelo ha recibido críticas como las de
Joan BRUMBERG (1988: 38) desde la historia social, que las ataca argumentando
que “los modelos culturales fracasan para explicar por qué tantas personas no
desarrollan la enfermedad, aunque hayan estado expuestas al mismo entorno
cultural”. La respuesta de Bordo a este tipo de críticas es que no todos estamos
expuestos del igual manera a este entorno cultural, sino que dicha exposición se
ve condicionada por la etnia, la clase social, la edad, la educación, la religión, la
orientación sexual, la familia o la estructura genética, de tal forma que se
producen interacciones personales con las imágenes culturales y, en
consecuencia, interpretaciones y respuestas diversas.
La interacción entre subjetividad (agency) y objetividad (estructura), factores
micro y macro, se ha convertido en el eje central de las teorías feministas
recientes influidas por el post-estructuralismo. Si los primeros enfoques
feministas teorizaban la naturaleza discursiva de la imagen corporal en el
contexto de las sociedades occidentales y situaban a la comida en un lugar
central en la definición de la feminidad, no fijaban la articulación entre la
multiplicidad de significados de la imagen corporal y cómo éstos hacían
posibles varias posiciones subjetivas para las mujeres. La multiplicidad de
significados reconoce el rol de la agency humana y abandona el
posicionamiento de las mujeres como simple reproductoras de imágenes del
cuerpo socialmente construidas. La agency entiende que los individuos tienen
una capacidad para crear una distancia reflexiva respecto de las imágenes
socioculturales permitiendo así la reinterpretación, refabricación o
transformación de las prácticas que son más continuas con el yo, y a la vez
reproducen, mantienen o transforman los discursos dominantes sobre el
cuerpo. Bajo esta concepción, el cuerpo deja de ser visto como algo
simplemente influido y performado por acontecimientos sociales externos para
ser observado como objeto de una inscripción cultural.
Desde este enfoque, Deborah LUPTON (1996) concibe el cuerpo como un
proyecto social e individual, y trata de mostrar cómo las mujeres que intentan
limitar cotidianamente su ingesta alimentaria no deben ser vistas como víctimas
pasivas forzadas por una sociedad patriarcal al ayuno, sino que deben ser
observadas como personas que usan el control sobre la comida como un medio
para construir su subjetividad y controlar sus cuerpos, pudiendo obtener a
través de ello placer y seguridad en sí mismas así como también privación o
ansiedad.
51
Estas ideas son compartidas por J. HEPWORTH (1999) en su trabajo sobre la
construcción social de la anorexia, considerándola como un fenómeno de
interés para el análisis sociocultural en tanto que el cuerpo anoréxico ilustra
claramente los efectos extremos de los discursos sobre las mujeres, la
feminidad y la delgadez en las sociedades occidentales. Hepworth, partiendo
de los análisis de Chernin y Bordo, intenta superar los primeros
planteamientos del feminismo porque considera que muestran una tensión
evidente entre el posicionamiento feminista de las autoras frente a la práctica
psiquiátrica, que consideran opresiva por su forma de abordar un trastorno
cuyas sufridoras son consideradas desviadas y anormales y, por otro, la
continuidad en el uso de la terminología y abordaje psiquiátricos y en la
individualización de los aspectos sociales. Según ella, trabajos como los de
Bordo producen interpretaciones relevantes sobre por qué y cómo la
condición de la anorexia nerviosa se desarrolla entre las mujeres jóvenes de
las sociedades occidentales a partir de ciertas prácticas sociales y culturales de
estos contextos, prefiere prefiere optar por las teorías feministas que dan
mayor relevancia a la negociación subjetiva de las mujeres en relación con la
imagen corporal y su identidad. Junto a las teorías sobre el cuerpo, los
significados creados en torno a la comida serían fundamentales para
comprender la anorexia nerviosa. Para ello, analiza el proceso de construcción
de los significados sobre la comida, especialmente en los constructos de dieta
y alimentación y cómo éstos dan información de los discursos sobre la
anorexia nerviosa. Para ella, ninguno de los análisis que examinan
críticamente los efectos del discurso científico dominante se cuestiona la
naturaleza de lo que está ausente en las prácticas alimentarias
contemporáneas, como son los sabores de los alimentos y los placeres del
comer.
Son cada vez más numerosos los estudios que intentan dar cuenta del por
qué de los comportamientos alimentarios combinando enfoques
estructuralistas y post-estructuralistas, entendiendo que ninguno de ellos
aisladamente ha podido explicar de forma global ciertas ideas y prácticas
cada vez más generalizadas en nuestro contexto social. Si la crítica
estructuralista feminista no se ha planteado como prioridad dar respuestas a
por qué las mujeres se ven afectadas de diferente manera ante un mismo ideal
e idénticas presiones o por qué cada vez un número mayor de hombres
adopta comportamientos e ideales semejantes, el enfoque postestructuralista,
teniendo en cuenta esta subjetividad y las condiciones particulares que
afectan a la interpretación de dicho ideal y sus efectos en la dieta, no puede
obviar tampoco las bases históricos y culturales que favorecen la
generalización de estos valores y prácticas alimentarias de forma más
apremiante entre las mujeres y el que tenga que ver con la posición
estructural de desigualdad que ocupa cada género en dichos contextos.
Esto lleva a GERMOV & WILLIAMS (1999) a plantearse la utilidad del debate
estructura-agency no entendiéndolo como una confrontación de intereses
teóricos y metodológicos dispares, sino como un paso previo para su
52
complementariedad. Desde esta perspectiva estudian el caso paradigmático
de las dietas o el autoayuno que realizan tantas mujeres en las sociedades
industrializadas. Argumentan que ante las presiones realizadas sobre ellas
para que acepten el ideal de delgadez, las mujeres respondan ignorando o
rechazando activamente este ideal, lo cual las pone fuera del ciclo; o
alternativamente, haciendo dieta, y dando paso a la restricción de las
prácticas alimentarias y a una alimentación afectada en razón del género. La
lista de los factores estructurales originados por las instituciones
“patriarcales” y los intereses materiales - y postestructurales vinculados a la
subjetividad y agency femenina -interiorización del ideal de delgadez,
vigilancia corporal, expresión del control del cuerpo- resume los modos
donde se generan las presiones para aceptar el ideal de la delgadez y la
manera en que es producido y reproducido. La conducta de "hacer dieta"
refuerza tanto los intereses estructurales -por ejemplo, la industria dietéticacomo los postestructurales -tales como la autovigilancia-, y a su vez las
presiones para aceptar el ideal de belleza y la realización de dietas, dando así
continuidad al ciclo.
Como vemos, son numerosos y diversos los argumentos acerca de las
causas de los TCA y cada uno de ellos trabaja en uno o varios espacios
elegidos:
- Como una enfermedad psiquiátrica
- Como una metáfora del rechazo de las mujeres a sus expectativas de rol
en las sociedades occidentales
- Como un camaleón con manifestaciones físicas particulares, a veces
consideradas como enfermedad y otras no
- Como un trastorno étnico
- Como una expresión de una dolencia social
- Como expresión de un malestar en la relación con los demás
En síntesis, para comprender las razones del autoayuno, restricción
alimentaria o hartazgos hay que analizar el contexto sociocultural
históricamente definido en el que se produce y se interpreta. Será este el que
determinará si ayunar o comer poco, por ejemplo, será construido en términos
religiosos como "anorexia santa", en términos médicos como "clorosis", en
términos psiquiátricos como "anorexia nerviosa" o en términos políticos como
"huelga de hambre".
Este estudio parte de las tendencias de distinto orden que conciben el
cuerpo como un lugar de resistencia y de contestación, dejando atrás la visión
“victimista” respecto al género para asumir su capacidad de crear propuestas
más o menos alternativas que intenten responder a una situación de
desventaja social y personal. No obstante, estas resistencias tienen un carácter
ambiguo, y deben ser interpretadas de forma polivalente según el caso: si bien
en algunas ocasiones el trabajo sobre el cuerpo puede llegar a proporcionar
53
placer puesto que supone una inversión para competir socialmente, en otras
puede producir aflicción y su propósito puede tener más que ver con el
desentendimiento, el dejarse ir, el abandonarse ante los conflictos, las
imposiciones. Esta capacidad de resistencia y contestación es denominada con
el concepto de empowerment que, lejos de referirse a un ejercicio de “poder
sobre”, apuesta por un ejercicio del “poder con” o el “poder para” (DEL VALLE
et al. 1999, en ESTEBAN, 2004: 61) adquiriendo todo su sentido en una
concepción del cuerpo como agente.
Reducir el problema a las mujeres haría un flaco servicio a los objetivos de
esta investigación. La incidencia creciente de TCA entre varones, a pesar de
su prevalencia modesta aún - en torno al 10 % del total – representa un
contingente nada despreciable sobre el que los últimos estudios
epidemiológicos ponen de relieve un aumento progresivo. Por eso conviene
matizar las propuestas producidas desde sectores militantes aun aceptando
que algunas de sus percepciones son sustantivas y aportan hipótesis e
interpretaciones que pueden ampliarse críticamente al conjunto de la
población. En parte, el militantismo de algunas de las propuestas feministas
actúa como un factor de rechazo que no hace sino reforzar la hegemonía
indiscutible de los modelos producidos desde la biomedicina y la Psiquiatría
clínica en la medida que esta defiende su posición descalificando a esas
propuestas por su presunto sectarismo y de paso generaliza su rechazo con
ese mismo argumento a cualesquiera otro abordaje que desde la perspectiva
de las ciencias socio-sanitarias quiera hacerse. Mientras, las nosologías
biomédicas y sus criterios diagnósticos –miedo a engordar y persecución
obsesiva de la delgadez – siguen basándose, acríticamente, en concepciones
arbitrarias y etnocéntricas de los signos y síntomas asociados a los TCA y
obstaculizan la identificación de los verdaderos significados de estas prácticas
2.5. EL DIAGNÓSTICO Y EL TRATAMIENTO DE LOS TCA
Los Protocolos
La creciente incidencia de los TCA en España ha llevado a las instituciones
sanitarias a priorizar las actuaciones sobre estos trastornos dentro de los
problemas de salud mental. Con este fin, en los últimos años se han publicado
distintos protocolos de actuación dirigidos a profesionales sanitarios para
mejorar su detección y tratamiento.
A nivel del Estado, se elaboró en 1999 un Protocolo de actuación que
unificase los criterios a emplear por los médicos de Atención Primaria cuando
atienden pacientes sospechosas de anorexia o bulimia. Su objetivo era
garantizar el tratamiento integral de los TCA en la Sanidad pública. Pero, en
este protocolo no se habla de prevención, pues parte del criterio de actuar
“cuando llegan a la consulta”. Pero, ¿y antes de llegar a ella? ¿Quién ha
sospechado de la enfermedad? ¿Por qué? ¿Cómo?. El diagnóstico se realiza,
54
en realidad, en el entorno del sujeto (es la madre, padre, amigos, etc. los que
detectan los “signos sospechosos”). Estos criterios utilizados por el entorno, a
su vez, provienen de la categorización realizada por el modelo médico
hegemónico, la cual, se retroalimenta de la cultura y saber popular.
En 2005, el Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya ha elaborado
un Plan de Reordenación de la Atención a los Trastornos del Comportamiento
Alimentario desde la red sanitaria pública de Catalunya, cuyos objetivos incluyen
la necesidad de su abordaje integral mediante promoción, prevención,
detección precoz, rehabilitación y reinserción, además de:
- Priorizar la detección y la intervención precoz desde los centros de
atención primaria con el soporte de la atención especializada en
salud mental
- Mejorar la oferta de tratamientos y reducir la variabilidad.
Potenciar la atención psicoterapéutica y la aplicación de guías
clínicas
- Reordenar los recursos, potenciar la coordinación en los tres niveles
de atención así como la definición de los circuitos asistenciales:
asistencia primaria, psiquiátrica y de salud mental y atención
especializada.
Todo ello ha conducido a la elaboración de protocolos de actuación
específicos en TCA y sus complicaciones en los siguientes escenarios
institucionales
HOSPITALES GENERALES
o Servicios de Urgencias: proveer atención inmediata a las
complicaciones físicas de los TCA
o Medicina interna: atención a las complicaciones crónicas e
infecciones de los TCA
o Ginecología: dar especial atención a la amenorrea secundaria a
la malnutrición. Hacer un diagnóstico y un seguimiento de la
osteoporosis
o Endocrinología: hacer un tratamiento de la diabetes y de las
tiropatias asociadas a los TCA.
o Pediatría: dirigir esfuerzos hacia la prevención de los TCA,
diagnóstico precoz y colaboración con la red de salud mental.
ATENCIÓN ESPECIALIZADA EN SALUD MENTAL
o Centros de salud mental: programa terapéutico específico con
personal especializado
o Hospital de día con programas específicos y personal
especializado.
55
o Unidades especializadas: para casos resistentes y para casos de
evolución crónica y con comorbilidad con TLP, consumo de
drogas
o Coordinación con otros niveles asistenciales: Atención Primaria
y especializada
ATENCIÓN PRIMARIA DE SALUD
Detección precoz y valoración diagnóstica
Control biológico, tratamiento y seguimiento
Prevención terciaria
Interconsulta y seguimiento de casos conjuntamente con los
Centros de Salud Mental
o Formación continuada
o
o
o
o
El despliegue del dispositivo asistencial en relación a los TCA se organiza,
en el caso de Cataluña, mediante un sistema de proveedores, públicos y
privados del Servei Català de la Salut. Esto significa que hay una variedad de
dispositivos que enumeramos sucintamente:
El ingreso hospitalario de los TCA depende de la su situación vital del
paciente. Los datos que se valoran en el ingreso son: el peso, la situación
cardiaca, metabólica y psiquiátrica y aun así cabe destacar que “el 79% de los
ingresos hospitalarios se realizan en servicios psiquiátricos”.28 Los criterios de
hospitalización son los siguientes:
Tabla 4. Criterios de hospitalización de TCA
Niños
Complicaciones médicas
Peso
Criterios Psiquiátricos
28
Adultos
• Frecuencia cardiaca < 40
lpm
• TA < 80/50
• Hipotensión ortostática
• Hipopotasemia
• Hipofosfatemia
• Frecuencia cardiaca < 40
lpm
• TA < 90/60 mmHg
• Glucosa <60 mg/dlb
• Potasio < 3 meq/lc
• Hipotermia
• Deshidratación
• Fallo hepático, renal o
cardiovascular
• Peso corporal por debajo
del 75% del ideal
• Peso: < 75% del peso ideal o
IMC < 15 + complicaciones
• Pérdida de peso rápida
•
•
•
•
•
•
•
Intento autolítico o ideas autolíticas
Ausencia de motivación para mejorar
Necesidad de supervisión durante la ingesta
Ejercicio compulsivo incontrolable
Uso incontrolado de laxantes o diuréticos
Trastornos psiquiátricos asociados
Conflictos familiares severos, escaso soporte familiar
El País, miércoles 29 de septiembre de 1999.
56
Fuente: VÁZQUEZ MARTÍNEZ, 2003.
El tratamiento hospitalario combina psicoterapia, medidas conductuales
que “premian” los progresos terapéuticos, y una atención nutricional especial
escalonada. Para ello, el o la paciente debe firmar un contrato terapéutico que
detalla el tratamiento estructurado en cuatro fases establecidas en base a la
ganancia progresiva del 25% del peso propuesto como objetivo. Este peso
final es el peso mínimo saludable, que se define con un índice de masa
corporal (IMC) mayor de 16. Cada cambio de fase permite una libertad y
movilidad más grande hasta la última fase, que prevé salidas a casa cada fin
de semana.
El hospital de día permite un seguimiento de aquellas personas
diagnosticadas de algún tipo de TCA sin ser hospitalizadas y permitiéndoles,
así, mantener cierto grado de independencia y vinculación con su entorno
cotidiano. Funciona asignándole unos horarios de visita a la o el paciente que
varían en función del grado de atención que éste o ésta necesite. Puede
requerirse la estancia durante el día y volver a casa por la noche; permanecer
en el centro sólo media jornada; visitarlo puntualmente cuando lo solicite el
personal sanitario; etc. La elección del grado de atención adecuada (MORAL,
2000) y la transición entre los diferentes grados de atención se basa en la
situación clínica, nutricional, psíquica y familiar de la persona afectada.
Tratamiento de los TCA.
El abordaje interdisciplinario de los TCA ha resultado en un tratamiento en el
que se actua sobre los siguientes cuatro los ámbitos: médico, psiquiátrico,
psicológico y educativo, y familiar y ambiental. El tratamiento hospitalario
combina el tratamiento farmacológico con psicoterapia - de orientación
analítica, comportamental o conductual con medidas que “premian” los
progresos terapéuticos- y una atención nutricional especial escalonada, ya que
“por causa de la pérdida de peso debida al ayuno voluntario y la práctica con
purgativos, las/os pacientes llegan a un estado de desnutrición calórica
severa, con mantenimiento de las proteínas séricas hasta estadios muy
avanzados, pero con una ausencia casi total del panículo adiposo (caquexia)”
(VÁZQUEZ, 2003: 68 en ISOLETTA, 2003).
Durante el ingreso los objetivos relacionados con el tratamiento
nutricional son:
a) Corregir las alteraciones biológicas agudas - en caso que hayan – tales
como: deshidratación, trastornos hidroelectrolíticos, hipoglucemias,
edemas, etc.
57
b) Iniciar el anabolismo, con unos objetivos de recuperación de peso
establecidos y graduales.
c) Contribuir, mediante la estructuración de las comidas, a la
reorganización del comportamiento alimentario.
d) Conseguir las reposiciones nutricionales específicas (ferropenia, déficit
de zinc, osteopenia, etc) cuando se haya corregido la desnutrición
severa.
e) Empezar una tarea educativa nutricional.
La finalidad de este proceso educativo es la de transmitir contenidos
educativos para esclarecer conceptos erróneos que las personas afectadas
puedan tener con respecto a esta materia, contribuyendo así a disipar posibles
miedos de las pacientes. Cada una de las sesiones informativas dura unos
treinta minutos, durante los cuales, se permiten las preguntas y los
comentarios de las pacientes durante quince minutos más. Estas sesiones se
inician a partir de que el estado general de la paciente mejora (fase II o
aproximadamente) y se suelen realizar tres sesiones por semana. Los
contenidos que se suelen impartir durante estos talleres de educación
nutricional impartida son los que se detallan a continuación:
1. Energía. Nutrientes imprescindibles para la vida. Equilibrio nutricional
2. Necesidades calóricas y de nutrientes imprescindibles para mantener el
peso corporal adecuado y la salud. Intercambio de alimentos.
3. La desnutrición y sus consecuencias en el aspecto físico y psíquico.
Alteraciones reversibles e irreversibles.
4. Tejido graso y peso corporal. Tejido magro y peso. Diferencias entre
“engordar” y reposar el tejido muscular, el agua y los nutrientes
celulares.
5. Los engaños y la tiranía de la publicidad. Los riesgos de utilizar
laxantes, de los productos diuréticos y los vómitos.
6. La alimentación como fuente de vida y de placer. (Ibidem)
En segundo lugar está el tratamiento de los problemas endocrinológicos,
siendo uno de los más severos y menos reversibles la osteopenia, que suele
aparecer en los TCA de larga evolución, sobre todo en anorexia. Los bajos
niveles de calcio presentados por estas pacientes que pueden estar
relacionados con los bajos niveles de estrógeno que dificultan su absorción, se
combaten con la administración de calcio y vitamina-D, junto a la reposición
nutricional. El pronóstico, aun así, sigue siendo serio y apunta en la mayoría
de casos a la persistencia de la osteopenia aunque el peso sea normal, con lo
cual, aumenta el riego de fracturas.
58
2.6. LA PREVENCIÓN DE LOS TCA Y LOS MODELOS ALTERNATIVOS DE
GESTIÓN
Desde la práctica médico-asistencial, la prevención es una actuación
complementaria a la asistencial donde se debe incidir sobre los factores de
riesgo de los TCA informando y educando a aquellas personas con un perfil
psicológico de riesgo. Los contenidos van dirigidos a tratar diversos aspectos
considerados como factores de riesgo:
1. Encararse correctamente al problema de la obesidad:
controlando un índice de Masa Corporal (IMC) entre 25 y 27.
2. Educación nutricional, con los contenidos enunciados
anteriormente.
3. Análisis crítico de la publicidad y la moda: luchar contra los
engaños y la tiranía de la publicidad en relación a la apariencia
física delgada como símbolo de “triunfo social”.
4. Conflictividad familiar: desde el modelo médico hegemónico, la
excesiva identificación con la madre, entre otros motivos, parece
ser un factor que predispone a la aparición de este tipo de
trastornos.
5. Personalidad vulnerable: adolescencia, perfeccionismo, etc.
Según el modelo hegemónico, las personalidades inseguras y
excesivamente perfeccionistas tienen más tendencia a
desarrollar un TCA. Es por ello importante, desde este enfoque,
tomar medidas para mejorar la autoestima de los/as jóvenes
vulnerables, y muy especialmente en el periodo de la
adolescencia.
6. Ejercicio físico excesivo: es considerado también un factor
desencadenante en personas predispuestas al desarrollo de un
TCA.
En el caso de Catalunya, el Plan de Reordenación del Departament de Salut
(2005) detalla las siguientes condiciones para el tratamiento y la prevención
de los TCA:
Contar con profesionales formados e interesados
Trabajar con equipos multidisciplinares donde se incorporen
profesionales de otras disciplinas (no médicas)
Elaborar Protocolos de tratamiento consensuados
Elaborar Protocolos para la patología dual y para la derivación
Adecuación a los cambios clínicos y a la morbilidad
Que exista una buena coordinación entre los niveles de salud
Algunos de estos programas están articulados con el sector educativo.
Para ello hay un convenio con el Departament d’Ensenyament encaminado a
59
la educación de hábitos de vida saludables en los Institutos de Educación
Secundaria, entre los cuales, la educación nutricional ocupa un lugar
privilegiado en la prevención de los TCA. El convenio implica en que un
profesional sanitario (una enfermera) visite una vez por semana el Instituto
de Secundaria (IES) y el o la adolescente pueda ir a consultarle cualquier
problema relacionado con ello. Se intenta con ello realizar una detección
precoz de las señales de alarma.
Junto a esas acciones, la Direcció General d’Ordenació i Innovació Educativa
del Departament d’Ensenyament, lleva a cabo actuaciones para incorporar la
educación sanitaria a los centros docentes en los siguientes aspectos:
alimentación, TCA, prevención de drogodependencias, comedores escolares,
higiene, seguridad escolar, salud mental, sexualidad, SIDA, enfermedades
crónicas, etc. El objetivo último es impulsar una actitud y un estilo de vida
saludable asumido desde el conjunto de la comunidad educativa:
“En la etapa de educación primaria se pretende que los niños desarrollen la capacidad de
valorar la higiene y la salud de su cuerpo. En la etapa de educación secundaria obligatoria se
pretende que los jóvenes desarrollen la capacidad de valorar críticamente los hábitos sociales
relacionados con la salud, el consumo y el medio ambiente” (Sistema d’Atenció Ciudadana,
Generalitat de Catalunya)
Se insiste en la modificación de los “hábitos” y en la necesidad de enseñar
y educar “estilos de vida saludables”. Dicha modificación se intenta conseguir
a través de la “Prevención y Promoción para la salud”. La escuela, en tanto
que espacio para educar y aprender, sigue siendo percibido como un espacio
fundamental para la prevención y promoción de la salud aunque la visión
que se tiene de ello atendiendo a la evaluación crítica que hizo Lourdes García
Vinyets (1999) sobre los programas de salud escolar actuales de la Generalitat,
parece más vinculada a un mito que a un balance real y evaluable de su
eficacia.
El Programa d’Educació per a la Salut a l’Escola depende del Servei
d’Educació i Programes Educatius del Departament d’Ensenyament. En etapas
anteriores fue competencia única del Departament de Sanitat. En 1990, el
decreto 79/1990, derogó la orden de 1984, con que se había iniciado el
programa y definía las competencias conjuntas y diferenciadas de los dos
Departamentos. Ambos debían planificar, dirigir, garantizar y evaluar la
ejecución del programa, proporcionando los instrumentos y el soporte
necesario. El Departament d’Ensenyament sería el encargado de establecer los
programas y las orientaciones metodológicas para su generalización y el
Departament de Sanitat participaría en el diseño de las actuaciones del
programa, en el seguimiento y aplicación y, también en la formación del
personal. El Decreto especificaba, en su anexo, los objetivos que pretendía
conseguir, que estaban relacionados con el desarrollo educativo y el
aprendizaje, las estrategias de intervención, los servicios sanitarios y el
60
entorno, y con la salud laboral de los docentes. Hoy, a este programa se le han
asignado las siguientes funciones:
“Potenciamiento e incorporación de los contenidos y de las estrategias positivas de salud en el
marco de la escuela y con la finalidad de fomentar los conocimientos, el interés, la información
y la participación de los temas de salud en los Serveis Educatius de estimulación y adquisición
de hábitos saludables y capacitar a los niños y jóvenes para el cuidado de ellos mismos””
(SAC. Generalitat de Catalunya)
Siendo su objetivo:
”Velar por la incorporación de la educación para la salud en los centros docentes en todos sus
aspectos: sexualidad y afectividad; nutrición; trastornos del comportamiento alimentario;
higiene; comedores escolares; enfermedades crónicas; prevención de drogodependencias; salud
mental; seguridad escolar; SIDA y otras; con el fin de que la comunidad educativa logre una
actitud y estilo de vida saludable”
Tabla 5. Contenidos de educación para la salud en el programa
Limpieza e higiene personal
Actividad y descanso
Desarrollo físico
Alimentación y nutrición
Prevención y control de enfermedades
Seguridad y primeras curas
Salud Mental
Salud Sexual
Salud y Medio
Drogas, alcohol y tabaco
Fuente: GARCÍA, L. (1999)29
Tabla 6.Contenidos exámenes de salud
Caries
Déficit visual
Columna
Genitales
Anomalías extremidades inferiores
Fuente: Servei de Gabinet Tècnic (1985), en GARCÍA, L. (1999)
En relación a los TCA, y en palabras de la persona responsable (A.R.):“el
programa ofrece una guía para todo aquel educador o educadora que se dedique a la
prevención de los trastornos del comportamiento alimentari, anorexia o bulimia”. En
la guía se tiene en cuenta la idea de la alimentación como fuente de salud,
considerando las necesidades nutritivas y energéticas como el grueso
predominante a tener en cuenta en relación a la prevención de los TCA.
Consecuentemente, se hacen recomendaciones alimentarias de carácter
dietético:
29
García, L. (1999).
61
1. Sobre el grupo de alimentos y la cantidad de raciones diarias.
2. Sobre cómo complementar diariamente las distintas comidas (el
almuerzo, merienda, la cena, etc)
3. Proporcionando ejemplos de cómo debería ser un reparto de los
grupos básicos de alimentos a lo largo del día y un menú.
Asimismo, dentro de este programa, se realizan actividades de formación
dirigidas al profesorado y a la comunidad educativa en general:
intervenciones informativas dirigidas a alumnado, padres y madres,
profesorado, etc. Esta estrategia pretende así, según nos comenta la
responsable del programa, “la interacción entre los diversos sectores que forman el
conglomerado a través de educación nutricional; educación afectiva y sexual; higiene
y hábitos saludables; prevención de drogodependencias”.
Junto a este programa, existe una guía para educadores y educadoras en
la prevención de los TCA (anorexia y bulimia nerviosas) resultado de una de
las acciones previstas en el marco del Plan Interdepartamental relativo a los
trastornos del comportamiento alimentario. En la redacción y elaboración,
han participado el Departament d’Ensenyament, el Departament de Sanitat i
Seguretat Social, la Secretaria General de Joventut (Departament de la Presidencia),
la Secretaria General de l’Esport (Departament de Cultura), l’ACAB (Asociación
contra la Anorexia y la Bulimia), el colegio de Psicólogos de Cataluña y el
colegio de Farmacéuticos de Barcelona. Sus objetivos son:
1. Sensibilizar a los/as educadores en relación con los trastornos del
comportamiento alimentario que presentan algunos niños/as y
adolescentes.
2. Potenciar los aspectos del crecimiento personal de los niños/as y
jóvenes que parecen contribuir a protegerlos contra estas patologías.
3. Favorecer la detección precoz de estos trastornos.
4. Dar pautas para la colaboración en el proceso de curación
Se dirige a las personas que intervienen en la educación de los niños y
niñas, los adolescentes y los/as jóvenes, principalmente maestros/as y
profesores/as, familias, monitores en general30.
2.7 NUESTRA PROPUESTA TEÓRICO-METODOLÓGICA
2.7.1. Objetivos e hipótesis de trabajo
30
Fuente: http://www.xtec.es/pese/tca.htm
62
Nuestro estudio, como ya hemos señalado anteriormente, tiene una vocación
aplicada, junto a la de continuar y complementar nuestro anterior proyecto
introductorio. Atendiendo las áreas y temas prioritarios propuestos por el
Instituto de la Mujer, enfocamos nuestros objetivos hacia el punto 2.5
"Trastornos en la alimentación de las mujeres: condiciones y factores que repercuten
en su aparición" y 2.1: Relación entre desigualdad social, económica, política y
cultural y salud.
Los objetivos principales así como nuestras hipótesis de trabajo están en
consonancia con estos ejes temáticos.
OBJETIVOS
1.- Dar cuenta desde una perspectiva diacrónica de los motivos
socioculturales han ido facilitando la generalización de ciertas prácticas
alimentarias, valores sociales sobre salud y modelos corporales entre las
mujeres y el hecho de que ello tenga que ver con la posición estructural de
desigualdad que a lo largo de la historia han ido ocupando cada género en
dichos contextos.
Conociendo la causalidad psicosocial de la emergencia de la anorexia,
bulimia y la ortorexia podremos establecer los mecanismos y las estrategias
adecuadas para tratar de abordarlas y darles salida. Hoy por hoy, hay
numerosas situaciones de discriminación y desigualdad social que se
manifiestan a través de problemas de salud que afectan a colectivos
determinados de población en mayor proporción, como es en este caso el de
las mujeres, y cuyo origen y mantenimiento dependen del entramado
sociocultural en el que se dicha desigualdad estructural se genera.
2.- Valorar las diferencias de género (mujeres/hombres) que se producen
respecto a las percepciones corporales y a los hábitos alimentarios y tratar
de establecer correspondencias entre ambas cuestiones.
Queremos saber por qué las mujeres hacen más dietas (dieting), practican
más diferentes formas de ayuno, atracones y purgas y ver las diferencias y
semejanzas que a este respecto se dan entre géneros. Se trata de ver los
factores que han ido haciendo del autoayuno una respuesta social cada vez
más común entre las mujeres en tanto que responde a una lógica o
racionalidad cultural conformada por ciertos grupos de poder: el ideal de
salud y el ideal de estética que se ha ido conformando en las últimas décadas
dentro de las clases sociales altas y que se ha ido extendiendo como una
mancha de aceite por todo el tejido social.
Mediante estos dos primeros objetivos, que enlazan con los del primer
proyecto, pretendemos evidenciar y "hacer visibles" los factores que originan,
63
predisponen y mantienen la desigualdad entre géneros, pudiéndolos utilizar
como herramienta de trabajo para la mejora de las situaciones sociales de
desventaja que, respecto al cuerpo y la comida, viven hoy numerosas mujeres.
3.- Abordar los marcos interpretativos en los que se llevan a cabo estas
prácticas y considerar el anclaje que se produce entre la SUBJETIVIDAD
que arropa tales prácticas y LOS CONTEXTOS SOCIOCULTURALES en los
que se dan.
Hay que ver por qué y para qué ayunan o hacen dietas, en que contextos
sociales y personales llevan a cabo estas prácticas, que significa comer entre
estas pacientes, cuales son sus ideales sociales y corporales.
4.- Demostrar si las variables edad, clase social, composición familiar y
origen étnico constituyen los principales indicadores que, interactuando
entre sí, dan cuenta de las diferentes percepciones que las mujeres tienen
sobre del cuerpo, la comida y la dieta y, en consecuencia, explican también
las diferentes posiciones y respuestas de las mujeres ante estos trastornos.
En especial, y siguiendo la aproximación que nos proporciona el concepto
del síndrome de cambio cultural en la explicación de los TCA, vamos a analizar
si los procesos aculturación étnica que se están produciendo en España entre
las mujeres inmigrantes han supuesto la emergencia y el incremento del
número de casos entre esta población.
5.- Ver, a través de la realización de una etnografía médica, las relaciones
entre pacientes anoréxicas, bulímicas y/o ortoréxicas y terapeutas dentro
del marco asistencial en el que se definen, diagnostican y se intervienen
estas enfermedades.
Hay que comprender los mecanismos por los que se definen las
enfermedades o sus pacientes y a quienes las construyen como tales. En este
nivel planteamos también un análisis de los marcos interpretativos de la
enfermedad, de sus síntomas y de su abordaje. Necesitamos contrastar las
ideas que unas y otros tienen del mismo problema. En relación con las
mujeres con trastornos alimentarios hay que saber si ellas perciben que están
enfermas o no, cómo definen e interpretan su enfermedad, de qué modo les
afectan los tratamientos administrados, si les alivian o agravan sus
malestares, si las hacen sentir anormales y culpables, por qué intentan
engañar a sus terapeutas o evitar las normas. Tenemos que conocer también
cuáles son las opiniones de los equipos de expertos que tratan con ellas, cómo
definen estas enfermedades y a sus enfermas, cómo valoran sus métodos de
diagnóstico y sus tratamientos, sus éxitos o fracasos.
6.- Demostrar que la solución de los trastornos del comportamiento
alimentario se encuentra tanto en las mujeres que experimentan los
síntomas de estas enfermedades, como en los contextos y los diferentes
64
agentes que han motivado las prácticas de autoayuno, los atracones o las
purgas.
Por este motivo, la atención debe extenderse más allá de la inmediatez de
las pacientes, creando los mecanismos de intervención necesarios que permitan ir
desde ellas mismas hasta los entornos sociales en los que se han generado los
motivos del comer mucho o de dejar de hacerlo y viceversa.
7.- Por último, se pretende potenciar en general, y de forma particular entre
las mujeres, los profesionales de la salud y las asociaciones pertinentes (de
autoayuda, de mujeres, escolares) un nuevo paradigma de la promoción de
la salud reconociendo el éxito limitado que hasta ahora han tenido ciertas
prácticas clínicas y sociales.
Dicho paradigma está basado en hacer posible un estilo de vida saludable
promocionando la satisfacción corporal y la diversidad corporal, el disfrute
sensorial, social y psicológico de la comida, el ejercicio físico moderado sin tener
que recurrir al ayuno, la restricción o a las dietas yo-yo, a fin de conseguir un
cuerpo idealizado en forma y tamaño.
HIPÓTESIS
La finalidad básica que articula este proyecto es muy sencilla: entendiendo
que los TCA (anorexia, bulimia nerviosa y ortorexia) dos trastornos del
comportamiento alimentarios son una construcción social y habiendo
demostrado ya que en el caso de la anorexia nerviosa que pueden explicarse
en términos de racionalidad cultural, estamos obligados ahora a dar cuenta de
cuáles son las causas principales que con mayor peso están influyendo hoy en
su emergencia e incremento y proponer acciones concretas que contribuyan a
cuestionar lógica cultural en la que se sustentan y sobre la que se articula las
desigualdades sociales entre géneros más importantes.
La hipótesis general plantea que la principal causa de los trastornos del
comportamiento alimentario tiene que ver con los modelos de género que
se han construido en la sociedad industrial y patriarcal y, en particular,
con la posición diferencial que las mujeres han ocupado respecto a los
hombres en relación a dos cuestiones: a) la construcción de la identidad
social y sexual, la imagen, rol corporal, y b) en relación a las
responsabilidades y valores asumidos respecto a la comida, el ayuno y la
salud.
Un análisis de las diferentes maneras que hombres y mujeres tienen de
identificarse socialmente, de percibir y representar su imagen y de describir
sus ideales corporales, así como de los comportamientos alimentarios, de sus
restricciones alimentarias y de sus ayunos nos ayudará a reconocer las
65
diferencias que sitúan a unos y otros en distintos niveles respecto a las
opciones, teóricamente voluntarias, de hacer dieta, de comer hasta el hartazgo
y luego vomitar lo comido o sencillamente de ayunar.
Vistas las diferencias entre géneros, que pueden explicar a nuestro
entender sólo parcialmente el porqué de la feminización de estas
enfermedades, nos detendremos en las diferencias que se dan entre mujeres
que padecen estos trastornos. Una de las cuestiones que quedaron muy claras
en el anterior proyecto es que había que hablar de anoréxicas en plural, igual
que de bulímicas o posiblemente de ortoréxicas, porque el perfil de mujeres
dado por las teorías médico-psiquiátricas y también, en su origen,
sociológicas, enmascaran la extraordinaria diversidad psicosocial de las
personas que manifiestan algunos de estos síntomas. Quienes padecen los
TCA no son necesariamente adolescentes, pertenecientes a las clases sociales
medias-altas y occidentales que están obesionadas por adelgazar y que sufren
una distorsión de la imagen.
La segunda hipótesis tiene que ver con las razones del autoayuno femenino.
Las mujeres dejan de comer o comer hasta hartarse por diferentes motivos, a
veces complementarios, a veces contradictorios: para mostrar conformidad
respecto unas pautas sociales o todo lo contrario, para hacer evidente el rechazo
de ciertos modelos de feminidad imperante y de sí mismas, para conseguir la
aceptación social o personal o por entender que la modelación del cuerpo es una
carta de presentación social unas veces o un proyecto de futuro, otras. Por eso,
en el autoayuno no sólo encontramos dificultades, violencia y sufrimiento, sino
también consentimiento y placer.
Histórica y etnográficamente el ayuno femenino, en mayor proporción
que el masculino, ha sido utilizado con diferentes finalidades: el no-comer, a
menudo silencioso, para regular los recursos económicos del grupo, para
socializar a sus miembros, para asegurar el control social. Cada una de estas
finalidades tiene algún valor al describir una parte del todo. Cada una de ellas
trabaja en un contexto elegido. La elección del contexto refleja los límites
disciplinares o la ideología dominante. Lo que es definitivo para el autoayuno
es el anteproyecto sociocultural cambiante en el que se produce.
Ahora bien, tal como hemos apuntado el análisis de esta pluralidad no
sólo puede hacerse desde la consideración de las variables socioculturales,
entornos familiares o perfiles psicológicos que afectan a estas mujeres, sino desde
la consideración de las diferentes formas que estas mismas mujeres practican
el no comer o el hacerlo hasta no poder más. A muchas de estas mujeres les
preocupa el peso o su cuerpo, como a la inmensa mayoría de mujeres, sin
embargo no todas padecen trastornos del comportamiento alimentario. No
para todas las mujeres el cuerpo es su cárcel o están obsesionadas por
mantener las formas definidas socialmente. Hay que ver por qué y para qué
ayunan o hacen dietas, en que contextos sociales y personales llevan a cabo
estas prácticas, qué significa para ellas comer, cuales son sus ideales sociales y
66
corporales. Creemos que la hegemonía del ideal de delgadez corporal puede
explicar, también en parte, el incremento de estos trastornos, pero no sólo o
no siempre.
La tercera hipótesis, plantea que las variables edad, clase social,
composición familiar y origen étnico constituyen los principales
indicadores que, interactuando entre sí, dan cuenta de las diferentes
percepciones que las mujeres tienen sobre del cuerpo, la comida y la dieta
y, en consecuencia, explican también las diferentes causas socioculturales
de estos trastornos.
La última variable, el origen étnico, va a ser analizada con especial
detenimiento, ya que a diferencia de las otras dos abordadas normalmente en
los estudios de base epidemiológica, en nuestro país las investigaciones sobre
cómo inciden los diferentes sistemas culturales en la emergencia de la
anorexia o de la bulimia no se han trabajado. Sabemos ya que los TCA cada
vez se pueden delimitar menos en base a cuestiones de clase social, edad y
composición familiar. Sin embargo, apenas sabemos nada de cómo responden
ante las mismas presiones contextuales las mujeres con distintos sistemas de
creencias, costumbres alimentarias y representaciones de la feminidad y del
cuerpo.
Dado el incremento de las migraciones multiculturales en nuestro país y de
la presencia de grupos étnicos de dos y más generaciones (procedentes del
Magreb, África Subsahariana y Latinoamérica), hacer un análisis comparativo
a este nivel nos ha de servir no sólo para demostrar la pluralidad y la
diversidad de las subjetividades femeninas, sino además, para corroborar
que, efectivamente, los sistemas culturales son los que, de momento, tienen
un mayor poder explicativo en la causalidad y emergencia de estos trastornos.
Estudios transculturales han demostrado que si bien es cierto que este tipo de
enfermedades tienen una prevalencia mayor entre las mujeres de las
sociedades industrializadas, también han puesto de manifiesto que ante una
situación de aculturación étnica, entre las mujeres inmigrantes llegadas a este
tipo de sociedades, se produce un incremento del número de casos entre la
población inmigrante. Sus comportamientos alimentarios se transforman, así
como también sus expectativas sociales, sus identidades de género y sus
representaciones corporales.
Es curioso el hecho que la mayor parte de los estudios que la literatura
occidental refiere a los TCA en otras culturas menos occidentalizadas insistan
en la relativa ausencia del miedo a engordar en sus pacientes. Son otras las
características que en tales lugares justificarían subjetivamente una ingestión
alimentaria restrictiva. Ello da idea de la importancia de los factores
diferenciales y etiológicos de carácter cultural en este tipo de trastornos y del
riesgo de etnocentrismo que nos persigue persistentemente. La mayoría de
esta literatura médico-psiquiátrica obvia que en algunos de estos países no
occidentalizados existen unidades de tratamiento tanto o más especializadas
67
que en muchos de nuestros hospitales. De nuevo se pone en entredicho el
concepto de "anorexia y bulimia nerviosa" y su diagnóstico. Creemos pues
importante reflexionar sobre todas las visiones de los TCA y es por ello que en
este proyecto queremos tratar de ver si efectivamente, los procesos
denominados como occidentalización y choque de culturas se están produciendo
entre las mujeres de origen inmigrante que viven en nuestro país en relación
con sus comportamientos alimentarios y sus representaciones de género y
cuerpo, los motivos que acompañan a sus decisiones de no-comer, si son o no
los mismos que los de las mujeres occidentales y cuáles pueden ser las causas.
En este sentido, la cuarta hipótesis entiende la anorexia y la bulimia nerviosa
no ya como síndromes asociados a la cultura (culture-bound syndrome) -es
decir, como una constelación de signos o síntomas categorizados como una
disfunción o enfermedad y restringidos a ciertas sociedades primordialmente en
razón de características psicosociales distintivas de tales culturas-, sino como
síndromes de cambio cultural (culture-change syndrome), el hecho de que la
anorexia nerviosa o la bulimia están empezando a presentarse bajo condiciones
que caen fuera de aquellas definidas por la hipótesis de síndrome cultural. Estas
presentaciones atípicas o "orphan cases" ocurren durante cambios culturales
rápidos: por ejemplo entre inmigrantes y en sociedades que experimentan
transformaciones económicas y socioculturales rápidas.
En consecuencia, una hipótesis transcultural de los trastornos del
comportamiento alimentario como síndrome de cambio cultural se posiciona
como un corolario de la hipótesis anterior e incluye las manifestaciones
patológicas específicas del impacto ejercido por una cultura nueva sobre una
persona y de su consiguiente esfuerzo de adaptación.
En nuestra investigación anterior, insistimos mucho en que el modelo
médico-psiquiátrico que viene definiendo desde hace más de un siglo quiénes
son o no personas anoréxicas, y consecuentemente también bulímicas, es
decir, el que ha ido conceptualizando toda una serie de síntomas como
enfermedades y como trastornos psicológicos preferentemente femeninos, se
ha mostrado poco efectivo en su abordaje y su resolución. Constatamos
también que el extraordinario atipismo registrado en el diagnóstico de las
historias clínicas de las pacientes, el cual era coincidente con la diversidad
etiológica de los síntomas anoréxicos, era resultado en buena medida de los
métodos utilizados para el diagnóstico.
La circunstancia de que ahora mismo se esté planteando que estamos ante
un "nuevo trastorno alimentario femenino" cuando se habla de la ortorexia,
pero sobre el cual todavía no hay unos criterios médico-psiquiátricos claros ni
para su definición ni abordaje, la convierte en una categoría analítica de gran
interés para este estudio. Especialmente para demostrar el carácter social de
su construcción y la supuesta "la ausencia" de una enfermedad hasta que no
se han fijado los criterios de diagnóstico previos.
68
La quinta hipótesis plantea que, con la definición médico-psiquiátrica de
qué síntomas agrupados son o no propios de la anorexia nerviosa, de la
bulimia o de la ortorexia, se favorecen ciertos patrones de conducta que
acaban situando a las mujeres como el principal grupo susceptible de
sufrir estas enfermedades. A su vez, en la medida que este modelo médicopsiquiátrico se construye en torno a unas ideas de género e identidad
femenina históricamente determinadas, estas ideas le sirven para
mantener y reproducir sus prácticas clínicas.
Por esta razón nos parece imprescindible ahora, ver con más detalle las
relaciones entre pacientes anoréxicas y/o bulímicas y terapeutas dentro del marco
asistencial en el que se definen, diagnostican y se intervienen estas
enfermedades. Creemos que no se ha de cuestionar el mantenimiento y la
reproducción de una serie de prácticas clínicas que lo único que han hecho
hasta la fecha es crear unos patrones de normalidad y estandarización de
enfermas que han ayudado tan poco a su recuperación. Hay que estudiar no
sólo las enfermedades o sus pacientes, sino quienes las construyen como tales.
En este punto planteamos también un análisis de los marcos interpretativos
de la enfermedad, de sus síntomas y de su abordaje. Necesitamos contrastar
las ideas que unas y otros tienen del mismo problema. En relación con las
mujeres con TCA hay que saber si ellas perciben que están enfermas o no,
cómo definen e interpretan su enfermedad, de qué modo les afectan los
tratamientos administrados, si les alivian o agravan sus malestares, si las
hacen sentir anormales y culpables, por qué intentan engañar a sus terapeutas
o evitar las normas. En este sentido, nos proponemos analizar de forma
detallada los procesos que se dan en torno al antes, el durante y el después de
la anorexia nerviosa y bulimia nerviosa y la ortorexia si cabe y cómo van
posicionándose las mujeres y los expertos en toda esta caracterización.
En la anterior investigación, observamos que algunas de estas pacientes
se negaban a salir de su condición de anoréxica, en tanto que habían
interiorizado hasta tal punto su trastorno que evitaban cualquier mecanismo
de recuperación que pudiera extraerlas de su estatus de enferma. Pudimos
observar también -aunque no analizar- cómo las mujeres anoréxicas, una vez
comprendida y reconocida la situación límite en la que se encontraban,
buscaban salida o se "dejaban ayudar" no tanto a través de las instituciones de
atención médica, en donde se resolvían los aspectos más formales del
trastorno, como a través de sus propias redes sociales, las cuáles incluían tanto a
familiares, amigos/as y compañeros/as de estudio y trabajo, asociaciones de
apoyo, como a las propias amigas anoréxicas que, en mayor o menor medida,
habían superado las fases más críticas de la enfermedad y habían salido de la
espiral en la que estaban. En numerosas ocasiones, las unidades de atención
estaban dando el alta a nuestras informantes cuando ellas explicaban que
seguían teniendo las mismas dudas sobre comida, cuerpo y salud y que no
estaban curadas. Lo único que habían hecho era aumentar el peso hasta los
69
límites de "normalidad" y demostrar que la distorsión de la imagen era
mucho menor.
La sexta y última hipótesis plantea hasta que punto en el denominado
fenómeno me too (yo también) tiene un papel activo las instituciones
asistenciales e incluso ciertas agentes de las redes sociales (familia,
amigas, compañeras escuela...), tratando de ver hasta qué algunas ideas
estandarizadas sobre la enfermedad y las enfermas punto pueden influir
y/o reforzar el desarrollo y o mantenimiento de los TCA.
Todas estas cuestiones afloraron en las historias de vida, pero no las
analizamos en cuanto que no estaban dentro de nuestros objetivos
principales. Por eso, llevar a cabo una etnografía médica es de absoluta
necesidad en este nivel de nuestra investigación. Tenemos que conocer
también cuáles son las opiniones de los equipos de expertos/as que tratan con
ellas, cómo definen estas enfermedades y a sus enfermas, cómo valoran sus
métodos de diagnóstico y sus tratamientos, sus éxitos o fracasos. Hay que
saber qué se está haciendo en nuestras redes de atención sanitaria, tanto a
nivel público como privado, para abordar los trastornos alimentarios: si los
criterios de diagnóstico se están o no diversificando, si se incluyen otras
técnicas de tratamiento que vayan más allá de la farmacología o la terapia
individual o grupal, si se están creando unidades de tratamiento
diferenciadas de otros trastornos mentales. Sabemos, por ejemplo, que la
terapia narrativa u otros instrumentos dialógicos que se están aplicando en
centros asistenciales de otros lugares del mundo apenas tienen presencia en la
sanidad pública española. En este sentido, algunos centros privados a los que
accedimos en el estudio anterior, estaban aplicando criterios de diagnóstico y
métodos de tratamiento más diversos, menos individualizados y menos
culpabilizadores para las pacientes.
2.7.2. Metodología y técnicas de análisis
El modo más elemental de conocer y analizar el proceso
salud/enfermedad/atención pasa por la reconstrucción, mediante la observación,
el relato o la documentación de los procesos asistenciales o itinerarios
terapéuticos de casos e individuos concretos. Esta es la técnica que utiliza la
medicina desde la Antigüedad clásica y no es muy distinta a las que los
científicos sociales hemos elaborado en las últimas décadas (ver HARO, 2000).
Sin embargo hay una diferencia sustancial entre la aproximación clínica y la
de los antropólogos: a los clínicos actuales el contexto no parece decirles nada
puesto que se rigen hoy por teorías de la causalidad individuales y biológicas,
mientras que para los antropólogos el contexto es el que permite comprender,
interpretar y aún explicar cuanto concurre en torno a una situación de
enfermedad. Esta es la estrategia, que hemos seguido en esta investigación.
70
Como la gestión de las situaciones de crisis es un proceso temporal,31 la
noción de proceso asistencial incluye el itinerario asistencial de una persona
socialmente reconocida como asistible32. Los criterios de asistibilidad, son siempre
de naturaleza social, política y cultural aunque lo que se vaya a efectuar
después sea una resonancia magnética nuclear. Esta se indicará cuando,
previamente, se reconozca la asistibilidad y esta puede no estar regida por
criterios objetivos, la sospecha de una patología, sino también por cuestiones
que pueden tener que ver con la seguridad jurídica del acto médico, o porque
conviene a la facturación de la institución a la compañía de seguros, o
simplemente porque está de moda.33 En el caso de los TCA, este escenario es
irreductible. En primer lugar porque el propio concepto de TCA es muy
reciente y se sitúa en las coordenadas ideológicas a que hemos hecho
referencia, en segundo lugar porque los TCA se vinculan inicialmente a la
anorexia y la bulimia, más recientemente a la obesidad patológica que tienen
que ver no solo con componentes psicopatológicos sino también con la
imagen del cuerpo humano que es el constructo más cultural de todos los
constructos culturales.
Los procesos asistenciales se construyen a partir de un complejo esto es de
los recursos asistencial (health care system)34 intelectuales, emocionales,
sociales, institucionales y culturales de los micro-grupos implicados con una
enfermedad. Podemos compararlos metafóricamente con las frases de un
lenguaje local que se basa en el vocabulario conocido y se organiza según las
reglas de una gramática local, pero comprensible en el marco de una
gramática más general. A partir de los modismos locales podemos construir
un diccionario local e inducir las reglas gramaticales locales, es decir el
complejo asistencial. Los procesos asistenciales, se estructuran en base a
decisiones coyunturales de los micro-grupos, de los particulares y giran en
torno a experiencias de autoayuda, ayuda mutua o autocuidado, no siempre
articulados con profesionales o instituciones35. A menudo son el fruto de
Este proceso temporal ha sido descrito mediante distintos conceptos curso de la enfermedad,
health seeking process, historia natural de la enfermedad, carrera moral del paciente (moral career),
sickness process, o itinéraire thérapeutique, proceso asistencial. Para un estado de la cuestión al
respecto es indispensable Haro, (2000).
32 No se olvide que el autocuidado, automedicación o self-help incluyen también un
reconocimiento social de asistibilidad.
33 Valga el ejemplo de cómo ciertas exploraciones se evitan en pacientes terminales, no
porque no cumplan el criterio de necesitar asistencia, sino porque hoy entendemos que la
asistencia debe ser orientada en otro sentido, y así aunque “técnicamente” podría estar
indicada una exploración cruenta esta se evita. Ver también el caso de las ecografías
destinadas a convertirse en la primera fotografía del feto.
34 El health care system propuesto por la antropología de la medicina de los setenta (ver FOSTER
& ANDERSON, 1978, FREIDSON (1970,1978), KLEINMAN (1980)) es la representación (la imagen),
que los colectivos se hacen de la oferta sanitaria disponible, no la objetivamente existente.
35 Esto significa por ejemplo que entre ir al servicio de urgencias de atención primaria para
31
una fiebre infantil e ir al del hospital, se suela elegir este último (ver ALLUÉ, 1999). Del mismo
modo, se puede elegir entre uno u otro santo o virgen para una promesa pues tengo más
confianza en esta virgen que en otra. En el caso de las anoréxicas hospitalizadas es evidente que
71
avatares que implican formas excepcionales de crisis, y que obligan a
improvisar, a imaginar soluciones para salir adelante con independencia de
reglas y de normas. Las características de este proceso de construcción de
conocimientos, una combinación de saberes empíricos, de habilidades, y de
capacidad de manejar recursos muy dispares hace que sea difícil hablar de los
saberes populares, como de un dispositivo formal, pero a la vez es también
impropio hablar, como hace la literatura sanitaria y a veces la socio-sanitaria,
de informal o de profano.
Esto significa que siempre que haya un proceso asistencial encontraremos
representaciones, prácticas y experiencias subjetivas, pero no siempre
encontraremos los y las profesionales diferenciados o las instituciones
específicas que podríamos esperar encontrar, sino un conjunto mucho más
amplio de recursos e instancias que dependen de las características de la red
social que se moviliza en el entorno de la situación particular de crisis.
El
complejo asistencial es el ámbito de referencia en el cual se piensa, se
representa simbólicamente y despliegan sus decisiones los actores sociales, y
como a través del aprendizaje basado en la experiencia elaboran
conocimientos con los cuales trataran en el futuro de manejar nuevas crisis.
La demanda sanitaria es siempre el producto de un complejo asistencial. Por
tanto, en el caso de los trastornos alimentarios, como en el de cualquier
enfermedad serán decisivos no sólo los procesos asistenciales de las pacientes,
como también los complejos asistenciales a que han dado lugar.36 Por tanto la
demanda está organizada en torno a experiencias y sentimientos, y no tiene
porque tener relación con los dispositivos asistenciales que corresponden a la
oferta de servicios de que una determinada sociedad –históricamente
hablando -, se dota. En el caso de los TCA, y hasta muy recientemente en
España la oferta se reducía a los psiquiatras y los centros e instituciones de
salud mental, incluidos los manicomios, desde hace menos la oferta se
distribuye entre secciones especializadas de unos servicios de Pediatría que
amplían su ámbito de actuación a la adolescencia, o a instituciones específicas
y especializadas. El dispositivo pertenece siempre a la esfera de lo social y de lo
político y como tal posee una variabilidad enorme a lo largo de la historia y a
lo ancho de la diversidad humana37. Todos ellos implican una oferta de servicios
y unas reglas para acceder a ellos más o menos rígidas pero que siempre
permiten márgenes de negociación. Los dispositivos son siempre el producto
el colectivo asume ciertas funciones, como por ejemplo enseñarse mutuamente los trucos para
“hacer trampas” con la comida.
36 Mediante historias de vida no acotadas estrictamente al inicio y al final de la enfermedad es
posible acceder a la descripción de procesos asistenciales, pero también al universo de los
complejos asistenciales. Como veremos en este caso hemos podido disponer de informantes
con un largo curso (los de más edad), que permiten una aproximación más sustancial a esta
problemática. Un buen ejemplo del tratamiento que puede hacerse de los complejos
asistenciales en el ámbito de la atención psiquiátrica está en GONZÁLEZ (2000).
37 Hay dispositivos técnicos como el médico o biomédico, religiosos como tienen todas las
grandes sociedades, organizados mediante estructuras filantrópicas, o estatales.
72
de expectativas políticas, sociales o económicas y llevan por ello aparejados
significados e ideologías que, desde las instancias del poder político o
corporativo, se quieren proyectar sobre la sociedad.
Al estar los dispositivos pensados y regulados en una esfera distinta a la
de la experiencia inmediata de los grupos primarios la oferta puede no
corresponder a la demanda, y vice-versa. En los TCA, la demanda motivó que
emergiese un dispositivo público y otro privado para ir más allá de los límites
del primero, en otros casos no sucede lo mismo puesto que depende de la
capacidad de acción de la demanda el que una oferta se sustancie en esas
condiciones.38 Finalmente, cualquier dispositivo no es sino el fruto de
transacciones entre los demandantes, mediadores – los profesionales -,
intereses económicos y la política. En este marco transaccional se generan
saberes, experiencias y vivencias que son fundamentales en la conformación de los
complejos asistenciales. Hay una dialéctica que es la que configura el proceso
salud/enfermedad/atención.
El proyecto de investigación que presentamos parte de los resultados
obtenidos en el trabajo anterior "Género, cuerpo y alimentación (I): la
construcción social de la anorexia nerviosa" financiado por esta misma entidad en
la convocatoria de ayudas del año 2000 y cuya duración fue de un año. Como
ya apuntamos en nuestra memoria de investigación, la información obtenida
fue copiosa y de extraordinaria calidad. El acierto en la elección de las técnicas
de análisis por un lado, brindando una extraordinaria cantidad de datos
cualitativos muy significativos en relación a las hipótesis de partida, la
ampliación no prevista de la muestra a sujetos vinculados con nuestras
informantes (entorno social y facultativo), y el análisis de contenido de más
fuentes de las contempladas al principio, por otro, contribuyeron a todo ello.
En consecuencia, en esta investigación partiremos, en un primer nivel, de
la explotación analítica de las historias de vida de las once personas
anoréxicas con las que trabajamos y del resto de informantes colaterales que
se fueron añadiendo y que por imperativos temporales y presupuestarios no
pudieron ser analizados en su totalidad. Quedó además muy cercenada por el
tiempo la posibilidad de ampliar la investigación con grupos focales de
discusión con profesionales, y fue casi imposible la observación participante
durante un tiempo no anecdótico en servicios o clínicas especializadas.
Tampoco fue posible trabajar con grupos focales en medio escolar, por las
mismas razones. Los ítems que quedan por analizar y correlacionar son justo
aquellos que tienen que ver con las subhipótesis que se fueron generando
durante el trabajo de campo y que ahora constituyen nuestro punto de
partida.
EL CALENDARIO Y LA AGENDA
El más evidente es el de la atención primaria en donde la oferta se plantea como de salud,
mientras que la demanda canaliza enfermedad (ver COMELLES, 1993, URIBE, 1994, ALLUÉ 1999)
38
73
El trabajo se ha realizado entre febrero de 2004 y Noviembre de 2005. La
mayor parte del equipo investigador ha participado en uno o varios niveles
de análisis como se detalla en el siguiente cuadro. Aunque el trabajo de
campo se ha realizado en varias etapas - que atendían a los diferentes
objetivos - conteniendo cada una de ellas la realización de entrevistas,
observación o grupos de discusión y su correspondiente transcripción,
vaciado y análisis, en el cuadro las hemos agrupado a fin de ser más
sintéticos. Además, algunas de las fases de trabajo indicadas a continuación se
han realizado de manera simultánea.
Tabla 3. Calendario de realización del proyecto
Etapas
Tareas
Tiempo
Autores
Revisión
bibliográfica
Este proceso se ha realizado a fin de dar apoyo a
nuestras hipótesis de partida, y por tanto, antes
de llevar a cabo el trabajo empírico. Al final de
esta revisión, el corpus teórico se ha sometido a
discusión y se han introducido ciertos matices.
Se han explotado los datos obtenidos en el
proyecto anterior y que quedaron pendientes de
analizar por limitaciones de tiempo.
La localización y selección de los informantes ha
sido realizada por los investigadores principales
Realización de historias de vida, entrevistas semiestructuradas, observación y grupos de discusión.
Participación en forum de debate en Internet
creados por personas que padecen algún TCA
Una parte de las entrevistas/diarios personales
han sido transcritas por los mismos encargados
de hacerlas. No obstante, el alto número de
entrevistas resultantes finalmente ha implicado la
búsqueda de soporte en terceras personas.
Las entrevistas/diarios personales se han vaciado
y analizado en base a ítems prefijados. Los
resultados de la observación directa han sido
recogidos en una especie de diarios de campo.
2 – 3 meses
Mabel Gracia
Josep M. Comelles
2 meses
Mabel Gracia
Josep M. Comelles
Eva Zafra
Mabel Gracia
Josep M. Comelles
Mabel Gracia
Grupo
de
Investigadores
(GDS)
Grupo
de
Investigadores
(GDS)
Explotación de datos
del
estudio
precedente
Selección
de
los
informantes
Trabajo de Campo
Transcripción
vaciado
de
entrevistas
y
las
Análisis
de
la
información recogida
Síntesis
de
los
resultados de cada
fase
y
aproximaciones
conjuntas
Elaboración de la
memoria
2 – 3 meses
11 meses
7 meses
5 meses
Síntesis de la revisión bibliográfica, relatos de 1 mes
vida, observación participante, grupos focales y
entrevistas semi-estructuradas.
En ella se recoge de modo sintético el 2 meses
planteamiento y desarrollo de la investigación.
Coord.
Mabel
Gracia.
Josep M. Comelles,
Grupo
de
Investigadores
(GDS)
Mabel Gracia
Josep M Comelles
Grupo
de
Investigadores
(GDS)
Mabel
Gracia
(coord.)
Josep M. Comelles
Mariola Bernal
*Grupo de Investigadoras Género, dieting y salud (GDS)
NIVELES DE ANÁLISIS
Actualización y revisión bibliográfica.
74
Partiendo de nuestro ya importante fondo bibliográfico sobre anorexia
nerviosa, hemos ampliado las referencias con la finalidad de incorporar
bibliografía publicada sobre otros TCA - la bulimia nerviosa, la ortorexia y la
vigorexia -, diferencias de género, alimentación, inmigración e imagen
corporal. Para ello, hemos tenido en cuenta la literatura ofrecida por todas las
disciplinas que están aportando líneas teóricas y metodológicas de interés
relativas a la temática planteada. Así, se han seleccionado y se encuentran en
proceso de fichaje informático –programa EndNote- más de treinta libros y
cincuenta y cinco artículos realizados desde la antropología social, la
etnopsiquiatría, el psicoanálisis, la psicología, la historia, la sociología, la
dietética y la nutrición. La búsqueda se ha realizado entre Marzo del 2004
hasta Julio del 2005, periodo durante el cual se han consultado un total de 12
revistas nacionales e internacionales, en la mayoría de los casos,
especializadas en TCA como es el Internacional Journal of Eating Disorders.
Sobre esta recopilación, destacamos tres características principales. En primer
lugar, se constata la proliferación de estudios que toman en cuenta la relación
entre seguimiento de dietas, grado de satisfacción corporal y diferencias de
género. En segundo lugar, apuntamos que no abunda la literatura de base
transcultural sobre la incidencia de los trastornos del comportamiento
alimentario. Hay algún texto elaborado desde la psiquiatría, psicología clínica
y la antropología para el área del Mediterráneo, las sociedades en transición y
las sociedades no industrializadas. Finalmente, y a diferencia de la literatura
procedente de países como EEUU, Francia o Gran Bretaña, destacamos una
ausencia casi total de estudios realizados en España que den cuenta de la
variabilidad cultural de los trastornos del comportamiento alimentario. Por
otro lado, hemos acabado de vaciar los datos obtenidos en el estudio
precedente sobre anorexia nerviosa, que no respondiendo a los objetivos de
trabajo, se dejaron para un análisis posterior
Trabajo de campo.
Se trata de poner a prueba nuestras hipótesis en dos escalas diferentes. Por un
lado, hemos trabajado a nivel individual y en algunos casos grupal el grupo
de mujeres y hombres seleccionadas/os, así como los profesionales
implicados en el tratamiento y/o la prevención de estos trastornos desde
dispositivos asistenciales o escuelas. Por otro lado, hemos llevado a cabo una
etnografía en el seno de las instituciones de atención a los casos de TCA
declarados (centros de día, ambulatorios, hospitales y centros privados
especializados) mediante técnicas cualitativas que se detallan a continuación y
una observación directa en reuniones de las asociaciones de ayuda mutua y
grupos de autoayuda complementada con entrevistas cara a cara con
responsables de estos.
Análisis de las políticas asistenciales y de los modelos de diagnóstico y tratamiento de
las instituciones sanitarias públicas y privadas.
75
Hemos analizado también el plan de reordenación y atención a los TCA desde
la red sanitaria pública de Cataluña presentado durante este año por el
Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya.
Análisis de información procedente de otras fuentes.
Internet ha servido como fuente de información altamente interesante a través
del análisis de blogs y forum de debate establecidos por jóvenes que, según
sus testimonios, están afectados de TCA. Para ello las investigadoras se han
inscrito con una doble identidad: como personas afectadas y como
antropólogas interesadas en el estudio.
POBLACIÓN Y MUESTRA
Para llevar a cabo el trabajo de campo de apoyo empírico, hemos elegido el
área de Cataluña. Se trata de un núcleo muy significativo para la
investigación en tanto que a lo largo de las últimas décadas han ido
confluyendo factores claves en los procesos de cambio social y de la
denominada tendencia a la "occidentalización" del modo de vida:
industrialización económica (industria alimentaria, moda, cosmética,
restauración...), urbanización, salarización, mercado laboral, escolarización,
incorporación femenina al trabajo remunerado extradoméstico, destino de
migraciones estatales, europeas y extracomunitarias, modificación estructuras
familiares, etc. La incidencia de una buena parte de estos factores es central en
el estudio del tema que nos ocupa. La concreción de este ámbito geocultural
se debe a que pensamos que hay diferencias sustanciales entre la población, per
se hetereogénea, afectando a los patrones alimentarios, así como a la
construcción de las identidades de género y los modelos corporales.
De forma previa al desarrollo del trabajo de campo se confeccionó un
censo de centros existentes en el área geográfica escogida – Cataluña - tanto
de iniciativa pública como privada y/o social con el fin de seleccionar entre
ellos nuestras unidades de observación. Los criterios de selección de los
centros se han basado en la tipología de TCA tratados y las formas de
abordaje clínico, los años de experiencia en el tratamiento, el área geográfica,
la novedad de los programas terapéuticos y la viabilidad en la realización del
trabajo de campo. Dado que uno de nuestros objetivos ha consistido en hacer
una etnografía médica, consideramos imprescindible su predisposición a
participar en este proyecto. De este modo, en el ámbito público se ha
trabajado en 4 hospitales, todos ellos con unidad de ingreso especializada y
hospital de día excepto en un caso, donde este dispositivo se encontraba en
vías de creación. Dos de estos hospitales cuentan con servicios infantojuveniles. En el ámbito privado han participado tres centros ubicados en la
provincia de Barcelona, que proveen hospital de día y sólo en uno de los
casos, plazas de ingreso. También se ha colaborado con un departamento
universitario. En el ámbito extrasanitario, trabajamos con una asociación de
76
autoayuda con cobertura nacional en sus sedes de Barcelona y Tarragona, y
con un grupo de ayuda mutua establecido en Barcelona.
Por su parte, los y las informantes se han seleccionado en los mismos
centros donde se ha desarrollado el trabajo de campo, teniendo en cuenta las
variables género – ya que se han incorporando informantes masculinos -,
clase social, edad y origen étnico y, además, el tipo de TCA. Se han buscado
casos cuyo diagnóstico fuera bulimia nerviosa y de aquellos otros trastornos
“emergentes” pero menos conocidos, como es el caso de la vigorexia y la
ortorexia.
Para el análisis de la transculturalidad se han buscado informantes de
origen extranjero con y sin TCA. En el caso de los extranjeros sin trastorno se
han seleccionado informantes de procedencia brasileña y marroquí. Para su
captación hemos contactado con el Centro de Estudios Brasileños así como
con usuarios de Centros de Atención Primaria (Tarragona, Barcelona y
Sabadell). Con el fin de encontrar personas de esta procedencia con TCA
hemos contactado además con servicios de salud mental específicos para estas
poblaciones, aunque finalmente obtuvimos parte de la muestra en consultas
externas de uno de los hospitales participantes en el estudio y en el grupo de
ayuda mutua contactado. En este caso, sin embargo, no fue posible ceñirse a
las dos procedencias escogidas y las informantes proceden de otros países de
América Latina.
El trabajo de campo en Escuelas de Primaria y Secundaria se ha centrado
en la provincia de Tarragona. En total han sido 5 escuelas de primaria, tres de
ellas privadas y dos públicas. Los Institutos de Secundaria han sido dos, uno
situado en Tarragona ciudad y el otro en Reus, ambos públicos. La selección
de la muestra se ha hecho siguiendo los criterios de diversidad
socioeconómica y geográfica.
En total, entre las entrevistas realizadas para este estudio más las que
acumulábamos del anterior trabajo, hemos contado con un material que
contiene 100 entrevistas a facultativos/as, usuarios/as y población general,
además de grupos de discusión, observaciones y diarios de campo.
Disponemos de 15 entrevistas a facultativos y dos grupos de discusión.
Respecto a las personas con TCA, hemos reunido entrevistas con 16
anoréxicas y 4 anoréxicos, 6 bulímicas y 1 bulímico, 1 ex - afectado de
anorexia y bulimia, y 10 informantes paralelos. No se ha encontrado ningún
caso de ortorexia, - aunque se van a entrevistar a 4 personas vegetarianas - ni
de vigorexia - si bien al menos 3 de nuestros informantes van a hablar de
vigorexia para referirse a su preocupación por el cuerpo -. En cuanto a
población sin TCA se ha contado con 15 entrevistas a personas autóctonas
además de 2 grupos de discusión de hombres, y con 12 entrevistas a
extranjeras procedentes de las nacionalidades apuntadas.
77
Finalmente nos pareció relevante estudiar la información que personas
con TCA comparten en Internet, concretamente en forma de diarios
personales. Con este objetivo se han analizado los contenidos culturales que
pertenecen al sitio web NoComer.com una weblog alojada en el servidor
Hotmail. Se ha trabajado con 10 blogs pertenecientes a 9 mujeres y 1 hombre.
Hemos incorporado a nivel metodológico la dimensión diacrónica, lo que
afecta a la selección de mujeres según su edad y lugar del ciclo vital, así como
el análisis comparativo entre grupos de mujeres según el resto de variables
sociodemográficas y, en particular, la variable origen étnico para llevar a cabo
un análisis transcultural. Dada la realidad sociocultural española nos ha
parecido necesario llevar a cabo un análisis transcultural en torno al estudio
de los TCA, además de que han sido escasos los trabajos realizados en nuestro
país. Los aspectos a tener en cuenta sobre el/los grupos de mujeres
inmigrantes han sido: el conocimiento de la cultura de origen de la/s
inmigrante/s, conocimiento de su situación en la sociedad de destino y en
última instancia, conocimiento de todos aquellos aspectos referentes a sus
ideales corporales, cultura alimentaria, valores predominantes, etc.
TÉCNICAS CUALITATIVAS DE RECOGIDA DE INFORMACIÓN
Las técnicas de recogida de información que hemos utilizado en este proyecto
han sido la historia de vida, la entrevista semi-estructurada, los grupos focales
y la observación participante.
Observación Participante
Se ha llevado a cabo en dos niveles, uno que correspondería a la denominada
"observación participante flotante" y que es de carácter informal, es decir,
observando todo aquello que sucede a tu alrededor de manera regular y
cotidiana y que en numerosas ocasiones puede ofrecernos una información
muy rica, sobre todo en el caso que aquí nos ocupa, y otra observación de
carácter formal y que la hemos desarrollado en los siguiente ámbitos: medio
educacional (escuelas de primaria, institutos de enseñanza media,
universidad); instituciones sanitarias (servicios especializados, instancias de
Salud Laboral y servicios de pediatría); organizaciones y asociaciones de
mujeres, de apoyo y ONG’s; centros laborales (gimnasios, centros de
estética…). En cada uno de estos ámbitos se ha tenido en cuenta la variable
étnica.
Historias de Vida
El método biográfico es una herramienta útil cuando lo que se persigue es
abordar la subjetividad de las experiencias de las personas con TCA y cuando
se trata de ver como se interpretan individualmente aspectos de orden
contextual. De hecho, es una técnica usada con cierta frecuencia dentro de los
78
tratamientos psicoterapéuticos (por ejemplo, la terapia narrativa). Sin
embargo nuestra finalidad aquí ha sido analítica y no terapéutica.
Nos ha permitido efectuar una reconstrucción de los momentos clave y de la
interiorización de ciertos cambios habidos en el ciclo vital y que afectan a la
concepción del cuerpo, de la feminidad, la comida, etc. Han sido entrevistas
focalizadas porque nos interesa insistir en las prácticas alimentarias y la
percepción/interiorización de ciertos ideales. Estas historias de vida se han
completado con una serie de cuestionarios complementarios realizados en el
entorno familiar y/o escolar y/o del grupo de amigos. No nos hemos
olvidado tampoco aquí de la transculturalidad, por lo que se han tenido en
cuenta a mujeres de otros grupos étnicos. .
Grupos Focales
Estos grupos resultan muy beneficiosos en cuanto que al intervenir más de
una persona, salen a la luz diferentes puntos de vista, a veces
complementarios y otras contradictorios que aportan una riqueza cualitativa
al estudio que no proporcionan el resto de técnicas. Los procesos de
negociación que se producen entre los actores sociales son muy interesantes
para el análisis de la variabilidad de la causalidad.
Entrevistas Semiestructuradas
El recurso de las entrevistas semiestructuradas se ha utilizado para trabajar con
las personas clave que forman parte de las redes sociales de las informantes y
para aquellos colectivos que nos han parecido más relevantes, tales como
centros escolares y las asociaciones de apoyo a los TCA. Estas entrevistas han
sido confeccionadas en base a un guión abierto de preguntas determinadas
por el interés de cotejar algunos de los datos narrados por otros
entrevistados/as. Se ha tratado así de evitar la realización de entrevistas
excesivamente cerradas de forma que los y las informantes secundarios
pudiesen aportarnos su propia visión del problema sin prefijar, de entrada,
excesivos ítems.
Blogs en Internet
Uno de los aspectos más innovadores que ha planteado esta investigación ha
sido el estudio de Internet como fuente de información altamente interesante
para el estudio de los TCA. Internet ha significado la emergencia de espacios
de experiencia compartida a añadir a los tradicionales, como la interacción
cara a cara entre no profesionales, la que se produce entre pacientes y su red
social y los profesionales y las instituciones y los ofrecidos por los medios de
comunicación social. Este nuevo escenario de comunicación e información es
complejo y ha roto con los límites territoriales y lingüísticos, obteniendo una
identidad propia. En este sentido se han analizado blogs y forum de debate en
la red establecidos por jóvenes que, según sus testimonios, presentan algún
tipo de TCA. Para ello las investigadoras se han inscrito con una doble
79
identidad: como personas afectadas y como antropólogas interesadas en el
estudio.
TÉCNICAS DE ANÁLISIS
Finalmente, la información recogida ha sido sometida a una transcripción
literal, un vaciado y análisis de contenido según la agrupación de temas
prioritarios divididos por ítems, que nos ha permitido un análisis mucho más
estructurado y organizado. Además, este gran volumen de información ha
sido incorporado a una base de datos especialmente diseñada para el análisis
cualitativo de las variables, con el objetivo de garantizar su aprovechamiento
máximo. La gestión de la información en bases de datos documentales
permite una combinación más precisa de los datos recogidos, lo que deriva en
la detección precisa de elementos comunes que pueden escapar con un
tratamiento menos estructurado.
A partir de los resultados obtenidos en este primer nivel de análisis
cualitativo, nos hallamos disposición de detallar los ítems básicos que han
orientado de forma eficaz el abordaje metodológico y analítico de los TCA
entre mujeres y hombres desde una perspectiva más cuantitativa, la cual a su,
a su vez, ha permitido establecer correlaciones entre variables
sociodemográficas y otros aspectos relevante asociados a género, dieting y
salud.
El análisis se ha hecho primero a nivel individual y después, siguiendo
los temas propuestos, de forma comparativa entre los casos. Para este vaciado
también hemos utilizado la ficha resumen y la cita textual. Este mismo
procedimiento se ha seguido en el análisis del resto de entrevistas con
facultativos, responsables de grupos de ayuda mutua y asociaciones de
autoayuda y profesionales de la enseñanza.
La información se ha introducido en una base de datos para su análisis
cualitativo según los bloques que se detallan a continuación para cada tipo de
informantes.
Personas con y sin TCA
Informante
Relaciones con la familia, con iguales, en el trabajo o escuela
Representaciones sociales y prácticas alrededor del cuerpo
Prácticas alimentarias
Representaciones sociales de género
Experiencia de la enfermedad (solo en caso de TCA)
Influencia de los medios de comunicación (publicidad)
Uso del tiempo libre
80
En el caso de informantes extranjeras:
Influencia del conocimiento de la cultura de origen y de su situación en
la sociedad de destino
Profesionales
Protocolos seguidos para el diagnóstico
Hipótesis causales con las que trabaja
Papel atribuido a la cultura
Tipos de TCA más tratados
Existencia de casos de ortorexia y/o casos de inmigrantes
Percepción sobre los pacientes
Descripción de abordaje y tratamiento
Tipos de terapias
Razones atribuidas a los fracasos
Limitaciones de las unidades de atención
Centros de autoayuda
Origen de la asociación
Dificultades para constituirse
Fuentes de financiación
Actividades que desarrollan
Frecuencia de éstas y afluencia
Agentes que participan y papel que desempeñan
Si se aplican terapias y de que tipo
Funciones que cumplen respecto a los centros de atención sanitaria
81
3
LA ETNOGRAFÍA
COMER O NO COMER, HE AHÍ EL DILEMA
“Y si te parece que yo he obrado como una loca, tal vez sea que un loco me acusa de
loca”
(Antígona. Sófocles)
Los límites entre lo normal y lo patológico, entre la razón y la sinrazón, entre
la locura y la cordura suelen ser imprecisos, fluctuantes y poco prácticos. Más
aún cuando se trata de aplicar criterios sistematizados y cuidadosamente
tabulados, procedentes de tratados, manuales y protocolos médicos a
personas singulares, que lejos de tratarlas como personas singulares buscan
homogeneizar tratamientos bajo una misma terapéutica y resumir bajo una
misma etiqueta realidades muy diversas en pos de una presunta eficacia.
Cuando el interlocutor o la interlocutora no está sentado/a tras la mesa
de un despacho en una institución sanitaria, vestido o no vestido con una bata
blanca, rodeado de litografías impersonales que la dirección general de
turismo ha enviado a la institución para alegrar el tono azul claro o verde con
que pintores de brocha gorda han decorado los muros de la arquitectura
administrativa, las cosas son distintas. Nuestras interlocutoras, casi todas
mujeres, se han sentado ante nosotras en sus casas, en el bar de la esquina, en
su lugar de trabajo, y algunas veces también hemos compartido con ellas la
mesilla y las sillas de fórmica de las instituciones o los muebles de “madera
natural”, como los de Ikea, que decoran las residencias y las instituciones en
las que viven su problema, entre visillos. Hemos llegado a ellas con mayores o
menores dificultades y obstáculos. Entre unas y otras hemos ido rompiendo
las barreras que nos separaban y, finalmente, nos hemos sentado con ellas,
nos hemos presentado, les hemos pedido permiso para abrir la grabadora
digital y ellas han ido contándonos su versión de su historia de adolescentes,
de adultas, o sus recuerdos de cuando ellas eran como las adolescentes con las
que hemos compartido algunos retazos de sus experenciasexperiencias de
vida. Nos han hablado de la adolescencia, de como fueron construyendo sus
identidades, de como transitaron a la adulta, de como percibieron la
transformaciones de sus cuerpos, como quisieron acceder a su ideal corporal,
las acompañamos también en las primeras tentativas de tonteo adolescente
con la comida para continuar con la descripción de las actitudes y conductas
que las han conducido a ser carne de cañón en instituciones que atienden
anoréxicas y bulímicas, y que las han llevado a pensar o a pasar al acto de
autolesionarse.
82
No sé si yo, el único varón del equipo, seré capaz de escribir lo que
queréis narrar, lo que ellas os narraron no sé si por la felicidad de su cuarto de
hora de gloria porque una aprendiz de antropóloga o una antropóloga han
conectado la grabadora ante ellas para ofrecerles un derecho de palabra
distinto del que les piden los y las clínicas y los y las terapeutas. ¿Seré capaz,
desde la distancia de la edad, de transmitir al lector o lectora lo que vuestros
relatos expresan? Y sin embargo, cuando reviso la colección fascinante de
historias que me han llegado en un CD me encuentro con caras anónimas que
me cuentan historias modestas, singulares, pero en las cuales laten corrientes
de fondo comunes que nos hablan de la vida, del miedo, de la angustia, de la
alegría, del fracaso y del éxito, a veces de la muerte y del dolor. Corrientes de
fondo en los que afloran estilos narrativos comunes, itinerarios paralelos de
personas que no se conocerán nunca entre ellas, experiencias compartidas en
instituciones morales.
1. EL ESPEJO DE BLANCAFLOR
“Pourquoi me reveiller, o souffle du printemps?
Sur mon front je sens tes caresses,
Et pourtant bien proche est le temps
Des orages et des tristesses!
Pourquoi me reveiller, o souffle du printemps?”
(VINENNE et Jules MASSENET, Werther, 1892)
“Yo no sé si tengo que adelgazar o engordar. Yo quiero mirarme al espejo y decir:
Ostia! Que buena que estoy! Pero me miro al espejo y no lo pienso, pienso todo lo
contrario o sea que no sé si es cuestión de una cosa o la otra...no se, es que no me
gusto, no me gusto, me miro al espejo y es que no puedo, hay días que no puedo ni
mirarme al espejo...”39 Descubrió que su cuerpo se transformaba sin que tuviera
capacidad ni poder de control alguno sobre él. Adquiría formas, se perfilaban
curvas, sentía que “la hormona” la desbordaba y producía, mucho más entre
las chicas que entre los chicos, confusión, miedo, inseguridad e impotencia ya
que ese proceso aparentemente descontrolado debía canalizarlo en forma de
una imagen corporal socialmente diseñada – y siempre forzada- y en la que
además había de ser ella misma. “Yo creo que la imagen que da una persona es
importante porque la sociedad te ha dicho que es importante! Porque si vas a buscar
trabajo, cogerán primero a una chica guapa, fina y delgadita que a otra chica... aunque
la otra quizá sea más inteligente, esto no importa!”40 A sus dieciséis años Judith
expresa un punto de amargura al comprender el fin de los sueños de la
primera adolescencia, el momento en que comprendes que el ideal que te
habían propuesto no es más que una quimera y que entre la Scarlett Johanson
de Lost in Transition y la que debe levantarse, soñolienta por la mañana en su
casa de no se donde, hay una distancia irrefrenable como la que hay entre
Judit, Alexandra o yo y las imágenes en papel couché. “Yo siempre me fijo en el
39
40
(Alejandra/M, 17)
(Judith/M, 16)
83
cuerpo. De hecho me gustaría seguir adelgazando. Bueno, adelgazar. O sea, a mi me
gusta el cuerpo de las modelos. Me gustaría ser como ellas, estar como ellas...”41
sueña Magda. Pero Laura, le replica con vehemencia - “No me gusto nada, nada,
porque jolín! Tengo la cara muy redonda, muy grande, y las caderas muy grandes, y
el culo muy grande, y las piernas muy gordas. Soy muy grande! Tengo el cuerpo muy
grande! Y espero no crecer mucho más porque si no...”. 42
Buscan afanosamente su identidad, para ser aceptadas, para ser queridas
por su grupo de iguales, las amigas, los amigos, las hermanas y los hermanos
entre los cuales deben construir su cuerpo y su imagen que no es solo de ellas
sino el espacio en el que comparten las vivencias, las experiencias y las
ilusiones esas que los sociólogos académicos como Pere COSTA y Jose Maria
PÉREZ (1996)43 han llamado “resurgimiento del sentimiento tribal”. Metáfora
tribal que traduce su desconcierto en una sociedad cuyos cambios son tan
acelerados que les desconciertan y les llevan a amplificar aquellos modestos
rasgos de identificación que les impiden, al menos ilusoriamente, quedar
marginados. Identificación44 mediante rasgos estéticos que implica exhibición
de la imagen y la conducta al límite, por eso no esconden su identidad y
buscan en su imagen y en la lectura de las reacciones que proyectan,
construirla mediante la dialéctica entre el ellos y los otros: el grupo y los de
fuera del grupo.
Para reforzar ese sentimiento de pertenencia, los y las jóvenes buscan
diferenciarse de la normalidad, ser únicos/as y auténticos/as como grupo y
como individuos, con la música y con el argot, con la ropa, con los tatuajes,
con los piercings, con el calzado , con el teléfono móvil con sus carcasas de
colores que no son más que creadores de una ilusión ficticia de identidad
propia, puesto que, lejos de individualizar, uniformizan a partir de los
modestos límites que significa escoger entre una marca u entre unas decenas
de sintonías.
Carles FEIXA hablaba en el Observatori Català de la Joventut (2001) de la
generación @ para hacer referencia a una juventud del siglo XXI, encasillada
entre su dependencia de las nuevas tecnologías de la información y de la
influencia de los medios de comunicación social, y en la erosión de las
fronteras tradicionales entre sexos y géneros. “Con los amigos casi siempre
solemos salir juntos... no sé, a lo que haya...ahora en el verano están las carpas de
Roda de Barà, vamos ahí siempre. En el invierno vamos a Pachá a la Pineda que está
cerquita...a veces nos vamos lejos... este fin de semana nos fuimos a Valencia de
fiesta...nos gusta conocer cosas nuevas. Somos muchos amigos, de los que estamos
siempre, siempre, siempre juntos somos....siete u ocho o nueve que siempre estamos en
la misma colla. Y que compartimos? No sé... a casi todos nos gusta lo mismo: la
(Magda/M, 17)
(Laura/M, 17)
43 COSTA, P. PÉREZ, J.M. (1996).
44 TERRADAS (2004) distingue entre identidad e identificación
41
42
84
misma música y vestimos todos igual, con la ropa igual. Siempre nos estamos dejando
ropa...”.45
No sé si la ropa de Felipe se la pone Alexandra pero sin duda que el
hecho de comprar ropa y abarrotar los halls de los centros comerciales de las
periferias urbanas ha sustituido al paseo de Betsy Blair por la calle mayor de
la Cuenca franquista. La colla por la tarde se mueve de franquicia en
franquicia para tratar de resolver el problema crucial de qué ponerse, “la
sociedad y las tiendas de ropa marcan mucho esto de las tallas. A ver, yo gasto la 36,
no te digo que esté gorda, vale? Pero antes gastaba la 38-40, sabes? Y a ver, veías a
algunas amigas que les entraban todas las tallas y se podían poner el modelo que
quisiesen y a mi no me entraba, y pues esto jode la verdad. Yo acababa el día
amargada...”.46 Claro que debía estarlo, Alexandra entiende que no es ella
quien controla su cuerpo sino que le imponen la armadura que la aprieta y
que le impide moverse y ser lo que debería ser. El ideal corporal –masculino y
femenino- cala tanto en la colla que sitúa dentro del mismo nivel el cuerpo y la
persona, el continente y el contenido, y obliga a Judit a exclamar que “sé que
me tengo que aceptar, pero inevitablemente pienso: Yo algún día seré así!”47
La valoración del cuerpo femenino no es algo nuevo, y mucho más que el
del hombre, ha sido sometido a normas que han conducido a introducir
platos en el labio inferior, a mutilar el clítoris, a alargar el cuello con anillos, a
reducir el tamaño de los pies por comprensión, a decorar la piel con
queloides, o a reducir el volumen de la caja torácica para disfrutar de una
cintura de avispa por encima de las crinolinas a costa de las ballenas de acero
de los corsets, a reducir los cuerpos al imperativo de la talla 36. “Nadie nace con
un modelo estético de cuerpo, sino que lo crea a partir de las experiencias que tiene a
lo largo de su vida. También la imagen corporal se va interiorizando por múltiples
vías: desde las muñecas, los mensajes publicitarios o las opiniones del grupo de
amigos. Así, la moda, adquiere la función de “relato exterior” que acabamos
interiorizando sobre lo que creemos que se espera de nosotros...” (RIVIÈRE, 1998: 2425). La presión social por estar delgado se ha ido intensificando a lo largo de
las últimas décadas, porque no es suficiente disimular los efectos en la vía
pública mediante vestidos “saco” como en los roaring twenties, sino que ahora
es necesario que sea el cuerpo físico el que sea resaltado por la ropa, un
cuerpo físico al que Adobe Photoshop en las revistas de moda permite la
perfección fotográfica más absoluta. “Las revistas femeninas han acompañado
todo el proceso de las mujeres y de la evolución simultánea del mito de la belleza, las
revistas especializadas reflejan los cambios de la condición de mujer...” (KAUFMANN,
1999: 72).48 La belleza photoshop de los medios de comunicación no es
(Felipe/H, 17)
(Alejandra/M, 17)
47 (Judith/M, 16)
48 Mònica FIGUERAS (2002) analiza en el que fue Premi Joventut 2002, las transformaciones de la
imagen corporal en las revistas femeninas españolas, desmenuzando casi de forma artesanal
este tipo de revistas y analizando las formas a través de las cuales este tipo de medios de
45
46
85
percibida como una representación ideal de la realidad, sino como la realidad
misma. La realidad no está en el entorno del actor social, sino en el entorno
catódico, al que Alexandra, o Judith o Laura han de acomodarse y aunque
algo menos también Felipe so pena de quedar fuera de la vida social. Por eso
Judith, se ve diferente al estereotipo femenino de mujer ten, pero piensa que
“algún día llegará a ser así”, a ser como Liv Tyler –su actriz favorita- y a
parecerse a Cameron Díaz. ¿Que sucedería si su el deseo, “algún día...” se
materializara en un “hoy empiezo” y se fuese su única razón de ser, el motor
de su vida? ¿Que pasaría si ella, más bien rellenita y estudiante de un ciclo
formativo “se obsesionara por parecerse a Liv Tyler, Cameron Díaz, Kate Moss, ...
da igual, a la compañera de al lado o la vecina de arriba que ha perdido unos quilitos y
le sientan... divinamente?” y empezase una dieta restrictiva, centrase su razón
de existir en bajar de peso, en querer adelgazar, en gustar al prójimo? Así
Judith irá siendo atrapada por unas normas estéticas, y construirá su
personalidad y buscará su identidad asumiendo conductas de riesgo, en
relación con la comida que quizás no están tan alejadas de las conductas de
riesgo que sus amigos varones asumen circulando cargados de alcohol o de
anfetaminas en sus ciclomotores con apariencia de motos. Así, la disociación
entre el cuerpo normativo (ideal corporal) y el cuerpo percibido (real o
proyectado) encuentra en el adolescente el caldo de cultivo ideal para
desarrollarse, y la chispa se dispara cuando alguien, si ninguna mala
intención, o con la peor de ellas, los pone ante el espejo
- ¿Te estas poniendo hermos@, eh?
Les liaisons dangereuses
“Lástima de hambre de quince días”
(Manuel ESTEBAN, 1889-1971)
Te estas poniendo hermosa, eh? Aquella misma tarde, después de clase, Judith
recapacita sobre lo que le han dicho sus tíos. Empieza a pensar en alguna
dieta de esas de las que hablan sus compañeras de clase. Sabe que ha cogido
algo de peso, y aunque se lo han dicho finamente comprende que debe que
poner límite a todo aquello para evitar que sus compañeros se metan con ella.
Quiere sentirse bien. Además está Jorge, un tío de segundo por el que Judith
pierde los huesos y que ni tan solo sabe de su existencia. Ha de poner
remedio. Se encierra en su cuarto, enciende el ordenador y busca trucos y
dietas, en foros, chats y páginas pro-anorexia y pro-bulimia. Interesante.
Imprime tres dietas diferentes, habla con su madre y acuerda empezar al día
siguiente. Le propone que le haga verduritas y cosas a la plancha. Al día
comunicación hacen apología del culto al cuerpo y como aquí el concepto de belleza física es
articulado a partir del hecho de tener o no tener una figura esbelta, de ser o no ser delgado/a.
86
siguiente Judith, va al cuarto de baño, se mira en el espejo, se lamenta de su
aspecto, prueba de sonreír pero le cuesta por la dichosa ortodoncia. Se lava la
cara y va a la cocina. Abre la nevera. Cada día desayuna un vaso de leche con
cinco galletas marías, pero hoy renuncia a ellas y no come nada hasta la hora
del recreo. Solo un vaso de leche con un poco de café soluble. “Hoy empiezo!”,
se dice sonriendo para sus adentros. Desayuna y se va al instituto mientras
recuerda una de las frases que leyó ayer en la red: “No hay mujeres feas, tan solo
perezosas...”. La mañana transcurre morosa, la clase de primera hora es un
palo pero resiste. A segunda hora ya está más espabilada y entre clase y clase
explica a Inés y a Paula –sus mejores amigas-, que hoy sin falta empieza con el
régimen. Paula la alienta a perder unos kilillos y se apunta a la carrera.
Vuelven al aula. Hablaran del asunto durante el recreo. Dos horas más de
clase, Paula, Inés y Judith se encuentran en la cantina del instituto. Judith les
explica con lujo de detalles las páginas que visitó ayer. Con Paula se
confabulan para seguir bien el régimen y no comer nada durante la media
hora del recreo. Deciden esperar hasta la comida: “Las cosas se deben hacer bien
hechas: si por un lado nos privamos y por otro nos atiborramos, esto no funcionará” –
dice Paula- .
La madre de Judith le tiene preparada verdura y pollo a la plancha. Se
lo come bien. Tiene mucha hambre. Paula llega a casa. No hay nadie. Sus
padres trabajan los dos y le han dejado espaguetis y lomo rebozado sobre la
encimera. “¿Sabes qué? - piensa Paula- hoy no como! Se sienta delante de la tele,
se toma 3 o 4 vasos de agua para matar el gusanillo y se va a su habitación.
Conecta el ordenador y empieza a buscar tips en páginas pro-ana y pro-mia.
No es la primera vez. A las 6 de la tarde le entra un hambre canina. Va hacia
la cocina, abre el armario, mira lo que hay. Abre la nevera, mira lo que hay, y
coge una manzana del frutero. “A ver si con esto aguanto hasta la cena”.
¿Por qué frente a la generalización del consumo han aumentando las
respuestas restrictivas hacia la comida?49 Repasando la historia del autoayuno
en las mujeres, vemos que ha adquirido significados diferentes. El ayuno
místico50, que practicaron las mujeres canonizadas por el clero masculino, era
razonable dentro de una lógica ascética, en la que se sublimaba el rechazo de
lo terrestre como un mecanismo para llegar a Dios, o en otra paralela de
abandonarse y rechazar las imposiciones familiares a casarse con hombres a
los que ellas no deseaban como Santa Wilgefortis o Margarita de Hungría, o
porque el ayuno religioso sirvió para sobrellevar las carencias estructurales y
regular económicamente el sistema.
Mabel GRACIA (2005) habla de la gran paradoja de la modernidad entorno a la comida: donde, si
bien por un lado se estabiliza la abundancia y la accesibilidad a los alimentos, por otro lado
aumentan las respuestas restrictivas a través de la dieta y el autoayuno.
50 Véanse las biografías de Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Siena, Santa Verónica
Giulani, Santa María de Oignies, Santa Beatriz de Nazaret, donde la restricción alimentaria y
el autocastigo (flagelaciones) del cuerpo y el dolor eran considerados mecanismos a través de
los cuales llegar a Dios. Rudolph BELL en Holy anorexia (1985) desarrolla un excelente trabajo
sobre “la santa anorexia”.
49
87
Por qué ayunar en una sociedad opulenta, en la que el misticismo ya no es
católico sino de jóvenes que acuden a las religiones orientales y asumen su
vegetarianismo, por qué negarse a un deseo tan primario como comer. El
autoayuno en la opulencia es mucho más laico que años atrás y lo alentaron
los discursos médicos de principios de los cincuenta del pasado siglo cuando
nos recuperamos del “hambre de la guerra y de la postguerra” y de las tristes
historias de miseria y de pobreza en la Barcelona derrotada. “Si no comes
pillarás la tuberculosis”. Luego, cuando la miseria cedió y las esposas de clase
media contemplaron como a Marylin y a Gina, y a Silvana las derrotaban
Brigitte y Audrey, descubrieron las virtudes del Minilip y del Bustaid, dos
anfetaminas que los médicos alentaron al advertir los riesgos del colesterol y
de los triglicéridos, y declararon la guerra al sedentarismo, a la obesidad
como enfermedad, impusieron las relaciones estandarizadas peso/talla, la
prescripción de dietas hipocalóricas y la equiparación del cuerpo sano con el
delgado. Más tarde les contaron que el Minilip y el Bustaid no eran buenos a
pesar de que no hacía falta receta para conseguirlos en la farmacia de la
esquina, pero las mujeres iniciaron una infinita teoría de dietas con el objeto
de enfundarse primero el bañador de una pieza y más tarde el bikini a
medida que se democratizaron las vacaciones pagadas. Y en el espectáculo de
la playa, donde estamos todos solos, aunque juntos, era necesario eliminar los
michelines y emprender una cruzada sin límites contra la arruga, la pata de
gallo y el envejecimiento. Cuarenta años después, tras treinta de democracia,
el dieting, el nuevo neologismo para hacer dieta, es una acción más o menos
normalizada en nuestro entorno social actual y el que esté libre de culpa que
tire la primera piedra. GORDON (1994) y ORBACH (2002) definen “estar a dieta”
como una nueva forma de religión, como una versión moderna de la ética
protestante y señalan que en el fondo hay una especie de ideal religioso que
se disfraza bajo el epítome de un racionalismo secular: autocontrol, éxito y
competencia. LIPOVETSKY (1999) cree que la práctica del dieting es una
institución cultural que sostiene la economía de una industria del régimen.
“Pierda 4 kilos en una semana y gane en salud y belleza”, “Pierda hasta 6 kilos en
siete días: la dieta de la sopa mágica”, “Pierda dos kilos en tres días: la dieta del
tomate”, “Come bien para tu tipo: la dieta del grupo sanguíneo” “Coma pepino
durante 7 días y adelgace de 4 a 7 kilos” “prepara tu cuerpo para el verano: la dieta de
la manzana”, “La dieta de la alcachofa: tres días con alcachofa te permite adelgazar 3
kilos”, “Los ayunos de jugo y de caldo: Algunas personas que siguen la dieta han
reportado una agradable sensación de vitalidad. Durante un ayuno, la insulina cae, la
adrenalina sube y usted siente que su energía está bombeando - explica el Dr.
Blackburn- y la preparación de alimentos es mínima...” “Locos por la col, siga la dieta
rápida de moda en la actualidad: La dieta de sopa de col de una semana”. “...Y no
olviden que quienes ayunan muchas veces se sienten alentados por su éxito a corto
plazo en controlar los alimentos y que las señales de hambre lo hacen sentir
delgado...”51.Y es que “Para presumir –dirían algunos- hay que sufrir”.
Véanse las más de 90
www.formarse.com.ar/dietas
51
dietas
y
consejos
que
aparecen
en
la
web:
88
La purga de Benito
“No comeré mas de un actimel al día, saltaré nosecuantas veces a la cuerda, haré
nosecuantas flexiones” escribe Eva y nos evoca las antiguas penitencias y los
cilicios del nacionalcatolicismo o los ejercicios de castigo del servicio
militar.¿Que sentido tiene que a sus 17 años nos hable de reglas y de auto
imposición de límites morales a principios del siglo XXI? “No comeré más de
un actimel” quizás pueda ser interpretado como una versión moderna de la
ética protestante, Calvino en la Barcelona post-moderna donde encontramos
el ideal religioso de antaño camuflado bajo la apariencia de autocontrol y
disciplina, de rigor y auto castigo. Eva vive en una ciudad próxima a
Barcelona, estudia segundo de Bachillerato y va una vez al mes a la consultas
externa de Psiquiatría, a la unidad de TCA de su zona. Le diagnosticaron
anorexia acompañada de períodos bulímicos a los 14 años. Llegó a los 35
kilos. “Tampoco sé muy bien que es lo que me pasó. Supongo que era que iba con
gente más mayor y me decían: “Ah! Que estás muy buena, no se qué, cuando
crezcas...”No sé... a mi me vino la regla siendo muy pequeña: en quinto o en sexto y
era la primera de la clase y como iba con gente más mayor pues yo ya me liaba con
gente, sabes? Pues en segundo de ESO ya empecé a dejar de comer un poco, no sé por
qué. Yo aún no sé porqué. Todavía hoy me pregunto cuando fue, pero la verdad es que
he leído cosas que escribía que pfff...ahora flipo bastante. Cosas como, antes de
empezar el nuevo año: “No comeré más de un actimel al día”, “saltaré nosecuantas
veces a la cuerda” “Iré corriendo hasta Cornellá para ir a música” de un pueblo a otro,
sabes? Cosas que ahora lo miro y pienso: Cómo era capaz de escribir esto, no?...
Después del verano, y aunque yo pensaba que ya estaba curada porque ya comía de
todo, fue cuando me pesé y me desmoroné otra vez. Porque yo hasta ese momento
decía: ¿tengo que comer? pues como y ya está! Era como si todo me diese igual, como
si yo estuviese super curada, como si yo fuese super guai, sabes? Siempre le decía al
Dr. si yo estoy super bien, ya como mucho, comía a todas horas, y nada... Cuando
empecé el cole me pesé, me miré al espejo y dije: oooh nooo! No sé que me pasó, y
empecé a vomitar otra vez. Bueno, de hecho vomitaba más y no era como al principio,
¿no? era vomitar hasta reventar, era vomitar para hacerme daño, yo lo sentía, ¿no?
porque había momentos que me sentía todo esto quemado y me daba igual o que tenía
que llevar guantes porque tenia los dedos pelados y me daba igual, ¿sabes? la gente se
creía que yo estaba bien, que yo estaba muy bien, y yo no decía nada a nadie...”
Andrea tiene 17 años. Es gitana y vive con sus padres y sus hermanos en
un barrio humilde de Barcelona. Estudió hasta segundo de la ESO cuando ya
se“pegaba con el café con leche todo el día sin comer”. Diagnosticada de Anorexia
Nerviosa. La entrevista tiene lugar en la unidad de hospitalización del HP152,
“yo quería adelgazar ya a los 15 o 16 años y...fue a más, a más a partir de los 16 años.
Me pegaba con el café con leche todo el día sin comer. A veces me chirriaban las tripas
pero yo no tenía gana. No quería engordar. Tenía miedo a ponerme como una vaca.
52
HP: Hospital público
89
De hecho cuando no comía me sentía bien, me sentía mal cuando comía. Hace 3 o 4
meses llegué a pesar 36 kilos. Hasta que me desmayé en casa y luego ya decidieron
ingresarme... A veces siento rabia, mucha rabia, noto cuando acabo de comer que se
me empieza a hinchar la tripa y me siento mal conmigo misma. Siento rabia y empiezo
a pellizcarme las piernas y a pegarme...”
Laia tiene 19 años, y estudia en el INEF y vive con su madre, tras la
muerte de su padre hace algunos años. “Es una comida de tarro tan grande que te
sale más a cuenta ir al wc y meter la gran potada”. Le diagnosticaron anorexia y
aun debe ir cada mes a la consultas externa del HP1. “A ver, yo no era de
vomitar. Bueno, sí, alguna vez, recuerdo una vez que fuimos a cenar a un chino
porque era el cumpleaños de uno de estos conocidos del instituto y claro, tenía que
hacer el papel delante de todos y comer lo que tocaba. Y aunque pedí verduritas y tal,
llega un punto que no puedes con tu dichosa conciencia: “Eres una capulla porque has
comido y porque te vas a engordar” o sea, es una comida de tarro tan grande, que te
sale mas a cuenta ir al lavabo y meter la gran potada –si puedes- porque yo no podía:
roja como un tomate y las venas de la cara así de gordas, pero me salía mas a cuenta
pasarlo mal ese rato que lo que me esperaba esa noche o durante toda la semana: “No
voy a comer nada porque ayer me fui al chino y ayer comí esto” “Ahora no tengo
derecho a comer nada” por la mañana: “Hoy no almuerzas nada” y a la hora de comer
“Ahora tampoco comes porque te duele la barriga de tanto comer ayer” es una comida
de tarro tan grande, que no puedes...”
Laia se define a si misma como maniática, amiga de sus (pocos) amigos,
inteligente, cabezona, obsesiva y bastante perfeccionista, “Digamos que si a una
persona le exiges un mínimo de cinco para aprobar a ti te exiges un 8. Yo por ejemplo
en bioquímica me exigía un 10, porque yo con un 7 no: me pegaba o me arañaba o me
daba golpes en la cabeza. Te autoexiges a ti misma. No es que tú entres en una 34, es
que tú tienes que entrar por huevos en una 34. Si tu compañera no entra, da igual,
esta muy delgada, no tiene nada que ver. Sencillamente te pones como patrón a ti
misma. Tu tienes que entrar en una 34 porque tienes que entrar y punto...”. Quién
se ajusta a quién y por qué sucede. Desde el estructuralismo crítico y el
construccionismo social hablan del papel de los factores estructurales y del rol
del agency humana. Argumentan que las mujeres son simples reproductoras
de imágenes de “cuerpo danone” y de feminidad – las tesis propuestas por el
sector más conservador -, pero no todas las anoréxicas desarrollan el trastorno
por querer parecerse a Kate Moss o a Ally McBeal, aunque sí pueden
encontrar en el deseo de adelgazar la esperanza de ser aceptadas por los otros
en la tensión entre cuerpo e identidad, pero también la circulación desaforada
de categorías diagnósticas, contribuye a que se apunten a alcanzar la talla 34.
Calvino en la Barcelona postmoderna
“...Ay que larga es esta vida!,
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
90
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero...”
(Santa Teresa de Ávila)
“Cortarme me relaja. Cuando estoy nerviosa me corto un poco y me quedo, no sé...es
una manera de relajarme. Es extraño pero es así (...). A veces me lo hago rascándome
con las uñas, rascándome hasta que me salga sangre, con una maquineta, con un
cutter, con la maquinilla de afeitar. Esto -en los brazos- me lo hice con la maquineta
de hacer punta a los lápices, lo sacaba y me rascaba, o con un clip, con cualquier cosa
te puedes cortar. Lo descubrí yo. Un día me corté sin querer y dije: Ostras!. Como
aquí no tenemos nada el otro día destornillé con las uñas un tornillo del mando a
distancia y me hice esto en la barriga. Es como una necesidad. Más de una vez me
arranqué la piel y estuve a punto de cortarme las venas de verdad....”53 La literatura
médica habla relativamente poco de autoagresiones54, y presenta esas
prácticas como poco frecuentes en las pacientes con TCA casi siempre
asociadas a otros trastornos de la conducta y del estado de ánimo. En cambio
una mayoría de nuestras interlocutoras acostumbra a cortarse, pegarse,
morderse, rascarse, a autoinflingirse dolor físico: “Es como si a través del dolor
físico lograra calmar todo el dolor emocional que siento por haber comido”. Las otras
no hablan de ello, pero no sabemos si se presenta o no. La restricción
alimentaria y el vómito pueden ser también formas de auto castigo. Claro está
que no nos mueve una lectura psicológica de cada una de las historias de
autolesiones. Queremos dejar entrever la lectura de la autolesión como un
valor de resistencia al ejercicio del poder punitivo porque los –cortes, los
arañazos y pellizcos aparecen cuando se las obliga a comer- “Tienes que comer
y punto” “Si no te lo comes todo, habrá batido”, cuando se les exige enfrentarse
con su peor enemigo. Joana tiene 15 años y está ingresada en el HP1.
Diagnosticada de anorexia y bulimia, tiene en su historial varios intentos de
suicidio. “Ahora sí que estoy más o menos convencida de que quiero vivir pero no sé,
creía que era una molestia para todo el mundo y yo también padecía y quería parar,
quería parar con todo esto. Una vez me tomé insecticida: polvos de estos de matar
hormigas, después la última vez me tomé tranquilizantes, después también me he
hecho cortes en las venas y cosas así. Los brazos los tengo llenos de cortes. Es más que
nada para relajarme. Ya te lo he dicho...”55
A Meritxell la llevaron al psiquiatra tras un ataquillo. Empezó a hacerse
daño después de comer. Se odiaba a sí misma: “Me trajeron aquí por urgencias
porque tuve como una especie de “ataquillo”. Después de comer me empecé a hacer
(Joana/M, 15)
Ver STEIN, D. LILENFERD, L.R, WILDMAN, P.C, et al. (2004) y MITRANY, E., CASPI, A.
(2000) . En ambos trabajos el significado que se otorga a las autolesiones tiene la lectura de
sintomatología asociada a trastornos del estado del ánimo. La asociación TCA-autolesiones
aunque se explicita en ambos títulos no viene desarrollada en ningún trabajo, si asociado a la
depresión. Gran parte de los ensayos en psiquiatría sobre autolesiones han sido efectuados a
enfermos diagnosticados de personalidad borderline y niños autistas.
55 (Joana/M, 15)
53
54
91
daño. Es que me odiaba, no sé, porque había comido. No sé. No podía comer...”. 56 A
Sandra la mandaron al loquero cuando intentó ahorcarse con la cuerda del
móvil y trató de cortarse las venas en el lavadero de su casa. La
diagnosticaron de anorexia, bulimia y depresión y a sus catorce años dio con
sus huesos en el psiquiátrico. Ahora enseña sus marcas en el cuello y sus
cicatrices en los antebrazos y los moretones en las piernas y en la barriga,
como Joana.
Sandra, Meritxell y Joana quieren que las escuchen. Darse dolor físico es
una forma de resistencia, una forma de emanar de la herida abierta lo que de
la boca –a veces literalmente obviada- no es escuchado. Foucault decía del
suicidio que “hacía aparecer en la frontera los instersticios del poder que se ejercía
sobre la vida, el derecho individual y privado de morir....”.57 En las autolesiones la
frontera no se llega a traspasar y lo que adquiere valor en sí mismo es como la
vida es llevada a lo fronterizo con la muerte, como a través del dolor físico, de
la autolesión y de las cicatrices, las chicas afirman su disconformidad nuestras
chicas con los mecanismos de control, con las instituciones, con las familias
que las someten. Los cortes, las autoagresiones no solo sintomatología, sino la
respuesta a una terapéutica que ubica el síntoma (el no comer), en la base del
tratamiento.
2. MACHO MAN
Lo primero que cabe preguntarse es si los hombres padecen TCA y, si es así,
en qué medida y cómo se presentan estas enfermedades. No sólo porque los
datos epidemiológicos confirman que apenas un 10% de los afectados son
varones, sino porque los criterios de diagnóstico que, desde el siglo XIX hasta
la actualidad, han servido para decir quienes padecen o no TCA, los han
invisibilizado. Los hombres, por cuestiones que ya hemos apuntado en
apartados anteriores58, han sido objeto de atención relativa como población de
riesgo a desarrollar patologías alimentarias porque los TCA se han ido
hilvanando a la par que se han ido construyendo imágenes específicas de los
géneros, de la feminidad y de la masculinidad. Por eso, el público en general,
y el “experto”, cuando piensa en TCA tiende, por lógica social y profesional, a
relacionarlos con mujeres. Es evidente que hacerse esta pregunta es
sumamente pertinente. Y sin embargo “haberlos, haylos”. En España, el 10%,
son hombres, y es cifra nada despreciable. Vale la pena, poner atención a este
colectivo, para ver en qué coincide o difiere respecto a las mujeres.
(Meritxell/M, 14)
FOUCAULT, M. (1975).
58 Ver apartado 2
56
57
92
Tenemos pues varones que sufren la enfermedad desde el mismo
momento de su primera descripción y hay unanimidad en que son un 10% del
total pero son cuestionados como tales, o sea, se intenta buscar su conexión
con las mujeres. Durante tiempo se trataron de asociar los TCA masculinos
con la homosexualidad (RUSELL & KEEL, 2002), pero algunos de los trabajos
dan proporciones mayores de homosexuales entre estos hombres y otros no.
Nosotros solo hemos podido constatar un caso que, sin haber sido expresado
abiertamente por el informante, podría ser de homosexualidad. Recientes
investigaciones (WINSTON, 2004; BOROUGHS & THOMPSON, 2002) demuestran
como hombres diagnosticados de TCA y homosexuales, en la mayoría de
ocasiones, no están asociados aunque otros señalan la feminidad como factor
de riesgo y la masculinidad como factor preventivo (MEYER, BLISSETT &
OLDFIELD, 2001). Además jamás se comprobó la relación entre mujeres
diagnosticadas de TCA y lesbianismo. ¿Son éstas cifras tan bajas reales o
muchos de los chicos afectados no llegan a los circuitos competenciales para
ser cuantificados? Y si se trata de eso, ¿por qué no llegan? Los chicos no serían
diagnosticados porque no acuden a los dispositivos de diagnóstico por temor
a ser considerados “alguien especial” (demasiado parecido a una chica) o,
simplemente ni la detectan, ya que ni ellos ni su entorno inmediato son
capaces de identificarla.
Otras hipótesis, las que tienen un mayor peso específico en la
comunidad científica, se quedan con los números. Hay menos chicos porque
se trata, social y médicamente, de una “enfermedad de mujeres”. Según la
disciplina que los aborde se hace énfasis en la psicología femenina, la
importancia que las mujeres dan a su cuerpo, la presión social, cuestiones
históricas que vendrían reproduciendo la enfermedad disfrazada según el
contexto social dominante en diversas variantes de una misma realidad (el
camaleón histórico), el entorno familiar o la trayectoria vital, entre otros.
Un estudio noruego (REICHBORN-KJENNERUD ET ALII, 2004) entre personas
comprendidas en edades de 18 a 31 años analiza la importancia que se le da al
peso como un indicador autoevaluador para determinar las diferencias
existentes entre géneros. Los resultados son que no se han encontrado
diferencias significativas entre ambos géneros en el desarrollo de la bulimia
nerviosa. Pero cuando se analizan los síntomas en casos de bulimia crónica, sí
hay algunas diferencias. Según JOINER, KATZ I HEATHERTON (2000) la presión
social lleva a las chicas hacia la delgadez y los chicos reportan un más alto
porcentaje de perfeccionismo y de desconfianza interpersonal. Cuando se
correlacionan género, bulimia e ira en un grupo universitario con el mismo
número de hombres y mujeres (125) tampoco aparecen las diferencias entre
géneros de forma clara aunque la actitudes de los bulímicos se asocian más a
estados de ira que entre las bulímicas que parecen reprimir esta ira (MEYER et
al, 2001). Los mismos autores indican que la ira es un fenómeno multifacético
y nos atreveríamos a decir que está fuertemente condicionado por el género
por razones de aprendizaje cultural y transgeneracional y, como
consecuencia, tiene menos que ver con los episodios de TCA. En la anorexia
93
nerviosa se han buscado las vinculaciones ente género y realidades genéticas.
Así se han analizado los factores genéticos familiares en enfermos de ambos
géneros llegando a la conclusión que no existían diferencias entre unos y otros
(STROBER et al, 2001).59
Volviendo al hilo argumental, lo que ahora podemos presentar es quienes
son estos chicos que padecen TCA. Empezaremos diciendo que algunos de
ellos sí están identificados. Pero el porcentaje que hemos detectado en los
centros donde hemos realizado trabajo de campo sigue siendo muy parecido
estadísticamente a los datos ofrecidos en estudios precedentes, en torno al
10% del total de personas atendidas. Por lo tanto, y en base a lo que iremos
argumentado a lo largo de este apartado, sigue siendo necesario realizar una
investigación sobre la posibilidad de encontrarnos casos sin detectar, “casos
invisibles” como reza el enunciado.
También la literatura especializada se ha esforzado durante largo tiempo
en encontrar unas características comunes a las mujeres que sufrían algún tipo
de Trastorno de la Conducta Alimentaria (sobre todo entre anoréxicas y
bulímicas, los primeros trastornos diferenciados). Se hablaba de mujeres
adolescentes y jóvenes, con una capacidad económica elevada, preparadas,
inteligentes, en muchos casos reivindicativas e incluso contestatarias. Pero
como ya subrayamos en el proyecto anterior, más recientemente el espectro
de estas mujeres se ha ido ampliando a edades más tempranas y mayores, a
otros niveles socio-económicos, etc. de manera que la heterogeneidad cada
vez se impone más sobre los primigenios criterios de homogeneización.
Respecto a las características de los muchachos, y después de descartar la
homogeneización a través de las tendencias homosexuales o las afinidades
con las mujeres a nivel psicológico, también se tiende a abrir el abanico.
No podemos dejar de sustraernos en presentar un anuncio muy reciente
cuyo público objetivo se localiza en edades más tempranas, los niños preadolescentes. Ello nos parece sumamente peligroso debido a la vulnerabilidad
de los menores que, por el hecho de serlo, ya suelen tener como referencia el
mundo de los mayores. Y cuando decimos mayores nos referimos,
evidentemente, a los jóvenes que, en estos momentos, y desde hace ya
algunas décadas, representan el grupo de edad con una mayor consideración
social. La juventud representa un valor añadido que se le otorga a este grupo
También ha sido ampliamente desarrollado en otros trabajos anteriores (GRACIA, 1996 y
2003) la influencia de los mass media, y de la publicidad, en las imágenes culturales de género
que las adolescentes y jóvenes interiorizan a través de los anuncios de cómo debe ser y cómo
se puede obtener un “buen” cuerpo. Si la publicidad centra sus esfuerzos en reproducir un
cuerpo ideal femenino, poco a poco, aparecen también cuerpos ideales masculinos que,
además, son admirados y deseados por las mujeres. De hecho, un estudio reciente cuyo
objetivo es estudiar el papel de influencias socioculturales en el desarrollo de la anorexia
nerviosa en adolescentes ha concluido que en los niños anoréxicos la influencia de las
conversaciones, los artículos de revistas y los anuncios podrían ser mayores que en las niñas
anoréxicas (TORO, 2005).
59
94
de edad de forma inexcusable por el resto de la población, tendiendo a ser
imitados por ella (y esto incluye a todos los grupos de edad restante, inclusive
a los ancianos que se esfuerzan en que su imagen sea lo más juvenil posible,
vistiéndose y comportándose como ellos), por los menos en lo que a los
aspectos físicos y estéticos se refiere.
El anuncio en cuestión está revestido, como todos los spots dirigidos a
los niños y kas niñas, de un carácter dinámico, con mucho colorido, música
pegadiza, imágenes rápidas y superpuestas y protagonizado por niños y
niñas. Se realiza en distintas cadenas de televisión en el prime time infantil
camuflado entre otros muchos anuncios dirigidos a niños que promocionan
productos, en principio inofensivos. De entrada, recuerda el conocido y
polémico anuncio del artilugio japonés tamagotchi. Con este juguete los niños
y las niñas debían aprender a ser responsables con los demás ejerciendo de
mamás y papás, sobre todo de mamás, con un muñequito de plástico, que
llevaban colgado en el cuello y al cual debían cuidar como si de un bebé se
tratara. El objetivo era fomentar la responsabilidad de los niños y las niñas
hacia los seres vivos y lo que se conseguía, en muchos casos, era crear
frustraciones a niños y niñas a los cuales se les “moría su hijo” por haberlo
desatendido. También existían (o existen niños y niñas puesto que el juguete
en cuestión sigue comercializado) que interpretaban el hecho de la muerte de
forma banal: “Oh! Se ha muerto ¿lo resucitamos?” de manera que el objetivo
principal del juego se revolvía de forma diametralmente opuesta contra su
postulación primaria. Volviendo al nuevo juguete anunciado en estos
momentos en televisión, nos encontramos con el resurgimiento de la
responsabilidad y añadimos el de género. En él se les pide a los niños y las
niñas que sean responsables en su crecimiento y en los resultados estéticos de
su cuerpo a través de la dieta y el deporte bien canalizados. Pero ello se les
pide en un momento en que los cambios hormonales que están por venir todavía estamos en la infancia y deben pasar por la adolescencia- pueden
predisponerles a pasar por unas etapas en que sus cuerpos no respondan al
ideal que el juguete y la sociedad pretenden vender. La novedad, en este caso,
reside en el otro aspecto: el género. Si bien el tamagochi pretendía no distinguir
entre géneros es obvio que la idea de maternidad que encerraba, dirigía el
juguete hacia las niñas puesto que todavía nuestra cultura (y no solamente la
nuestra, sino la mayoría de las culturas) mantiene a la mujer como
reproductora y cuidadora, el fitboys y fitgirls empieza ya con una doble
denominación. Se trata de un juguete muy parecido en su forma y tamaño al
tamagochi pero el público objetivo se desdobla en los dos géneros. Existen dos
juguetes: el fitboys dirigido a los niños y el fitgirl dirigido a las niñas. El
juguete pretende aleccionar como deben comportarse niños y niñas para que
sus fitboys y fitgirls (y ellos mismos a través de la extrapolación que realizan
hacia sus propios cuerpos) crezcan sanos y con un cuerpo 10. El eslogan reza
“Fitboys, fitgirls. Combina la gimnasia y la alimentación equilibrada. Que bien te
sentirás”
95
Estamos pues marcando diferencias intergénero a partir del
comportamiento con un juguete determinado. Existe un fitboys para chicos y
un fitgirls para chicas. La traducción del término es concluyente: los chicos
adecuados, las chicas adecuadas. Además el spot en cuestión parece recoger
todos los estereotipos reales cobre comportamientos alimentarios e imágenes
corporales que nuestra sociedad transmite. Es interesante plasmar que incluso
recoge una de las diferencias que, por ahora, parecen más demostradas, el
ideal del cuerpo es distinto. Las mujeres quieren estar delgadas y los hombres
presentan una contradicción: quieren estar delgados a la vez que quieren
tener una estructura muscular (TORO, 2005). Todos ellos están preocupados
por su cuerpo y la imagen que ofrecen de éste a los demás. 60 De hecho,
cuando hablábamos de vigorexia y ortorexia, aunque no relacionadas
exclusivamente con hombres, apuntábamos que ellos son quienes más la
desarrollan. Una psiquiatra especialista en TCA nos expone la perspectiva
actual de los profesionales:
“De tener músculos robustos y que se ven flacos y esmirriados aunque tengan
un desarrollo muscular exagerado. Parece al revés de la anorexia. Realmente
los chicos que se aplican anabólicos y que concurren a gimnasios, esteee…,
todo el tiempo y que tienen vergüenza de verse…este, de verse delgaduchos y
están todo el tiempo de pronto con anteojos de sol aunque sea pleno invierno
porque les da vergüenza salir a la calle, porque tienen una musculatura
poderosa pero ellos se ven flacos, se ven débiles… (Preguntada también acerca
de la ortorexia puntualiza lo siguiente)
No, lo que pasa es que la ortorexia solo es por el cuidado de algún familiar
porque es muy tolerada en el medio ambiente porque hasta parece una virtud
entonces solo que un familiar inteligente se de cuenta que es una enfermedad y
acerque a su familiar a una consulta sino hasta parece sano y saludable y la
vigorexia yo creo que hay que acercarse a un gimnasio y ver la cantidad de
chicos que hay allí y el abuso que hay de venta de ….anabólicos y todo
esto…con que se los trata incluso algunos preparadores físicos que hacen mal
uso de estos…y llegan pocos realmente al tratamiento también por algún
familiar que los acerca en contra de su voluntad, eh? Nosotros recibimos
muchos menos de los que realmente están enfermos de los dos casos y en
contra de su voluntad. (Aquí se le aborda directamente sobre si deben asumirse
como nuevos trastornos alimentarios, la respuesta es:)
Por supuesto, son patologías y son severas porque psicológicamente hablan de
una persona que está sufriendo tiempo atrás que no se siente aceptada y que
necesita hacer algo extraordinario porque se siente separado de la sociedad, en
los dos casos uno está comiendo para ser normal y no contaminarse y la otra
está haciendo para que los demás la acepten tratando de desarrollar unos
Esta afirmación se corrobora en distintos estudios (PRESNELL, BEARMAN & STICE (2004);
MANGWETH. et al, (2003); SAND & WRIGHT (2000); GROVER, KEEL & MITCHELL (2003); COHANE
& POPE (2001).
60
96
músculos supernumerarios y no se siente aceptado y tiene vergüenza de si
misma.”61
De hombres tenemos todavía pocos casos. Hemos podido entrevistar a
seis y hemos localizado dos más en otro de los centros analizados. Los
terapeutas, educadores, grupos de madres han mencionado tres o cuatro
casos más. Proceden de zonas tanto rurales como urbanas de Cataluña.
Tenemos chicos desde los 16 años que llevan ya dos o tres en tratamiento con
lo cual se diagnosticaron siendo casi pre-adolescentes y chicos con 26 años
con un diagnóstico menos precoz en plena juventud. Sus familias son también
diversas: nucleares, extensas y monoparentales. La mayoría tienen hermanos
y hermanas de distintas edades que les han acompañado y, en ocasiones, han
sufrido (según palabras de los propios afectados), su andadura desde el inicio
de la enfermedad, muchas veces anterior a la prescripción diagnóstica. Todos
han realizado algún tipo de formación reglada, estudios superiores o están
cursando la secundaria, bachillerato, ciclos formativos de grado superior.
Algunos trabajan, otros tienen trabajos esporádicos en periodos vacacionales.
Entre ellos hay casos de anorexia nerviosa, bulimia, anorexia que pasa luego a
bulimia y algunos comedores compulsivos. Los profesionales manifiestan que
suelen tener asociado algún tipo de trastorno psicológico o psiquiátrico, lo
mismo que ocurre en las chicas. Encontramos pues similitudes entre ambos
géneros, una situación que confirman las fuentes consultadas en referencia a
estudios previos realizados en esta materia (FERNÁNDEZ et al., 2004). Casi
todos los chicos explican cómo se sentían descontentos cuando en la escuela
los compañeros hacían burla y los insultaban en relación a su peso. “Sí, sí.
Mira, a ver, yo… Cuando era pequeño, a los 3 años o así mis padres se divorciaron y
yo me quedé con mi madre y bueno nada, de pequeño pues si tenía 4 años o 5 años o
así…me acuerdo que a los 6, no a los 8 años estaba más o menos gordito, ¿no? Y
bueno, lo típico, en el cole me llamaban gordo, no se que, ¿sabes? Y bueno, mira, coges
complejo, ¿no? Y vas creciendo y te lo continúan llamando. Y te preocupa y después
empiezas a pensar. Y bueno…yo tenía 7 años y mi padre conoció a una chica y se
casaron y muy bonito…y en el colegio continuaban insultándome y yo me lo tomaba
demasiado en serio. Y con la mujer de mi padre, al principio muy bien pero luego
tuvieron un hijo y cambiaron las cosas. Empecé a tener problemas con ella y volvía a
casa de mi madre llorando y se lo explicaba y mi madre se enfadaba. Y a los 15 yo…yo
hago deporte ¿vale? Al principio hacía judo, natación…he hecho basquet, fútbol y
tenis. Y me decidí por el tenis y ahora hará 3 años, sí, iba a empezar 4º de ESO, que en
verano, que es cuando más se entrena, empecé a estilizarme, a adelgazar y tal…y las
chicas me empezaban a decir: “Ei! Que guapo” y yo pensaba serán tonterías pero
empezaba a ir al cole y empezaba a obsesionarme y que si me quedaba allí quieto no me
adelgazaría y que de nuevo me insultarían otra vez. Y te llaman gordo por cualquier
cosa y claro…”62
61
62
PS: Profesional Sanitario/Psiquiatra
(H, 17)
97
Llega a verbalizar que llamarle “gordo” es el peor insulto que pueden
hacerle. Introduce algo nuevo también común a las mujeres, la idea del
ejercicio y la quema de calorías pero veremos más adelante (y hemos visto en
el spot publicitario descrito unos párrafos más arriba) como en los hombres el
objetivo no es solo el de perder peso y este quizá sea el único, o el más claro,
hecho diferencial entre ambos géneros. La obsesión por el ejercicio llega a
límites insospechados, “empecé a adelgazarme y cogí miedo y empecé a
inventar…pues a partir del tenis hacía tres, dos horitas, tres horitas…iba la gimnasio
por mi cuenta y pues…a quemar, hacer ejercicio. Después comencé a subir sin el
ascensor, yo vivo en un quinto y subiendo por las escaleras en lugar del ascensor y
poco a poco, cada vez más. Cosa que hacía pues lo tenia que hacer ya cada día. Y al
principio pensaba: “serán cosas de la edad, ya se me pasará”. Y cada vez veía que iba a
más y no podía controlar y que con la comida era a restringir, ¿no?...Y me acuerdo
que cuando me levantaba de la cama y cuando ponía la mesa, pues la ponía cubierto a
cubierto, por el pasillo corriendo o ir tarde a la escuela para ir corriendo cada día. Para
llegar...y sudar, todo pensando en eso y...pues antes de entrar en la ducha pues hacer
unos cuantos ejercicios, después de la ducha también y para lavarme los dientes
también...iba a la ducha, cogía el cepillo, volvía a coger la pasta, volvía a poner, volvía,
la dejaba, después empezaba a limpiarme los dientes mientras andaba ¿sabes?”.63 Pero
más ilustrativa todavía es la descripción de la actividad física de un chico que
se autodenomina anoréxico y que es el único que participa en foros abiertos
de Internet de nuestros entrevistados. Como se observa en el texto, el
lenguaje, los gustos, las necesidades, la imagen…son paralelos a los de las
chicas quizá con el énfasis marcado en el ejercicio. Hemos incorporado buena
parte de la intervención puesto que se trata de un ejemplo que describe la
complejidad de la personalidad anoréxica sea esta de uno u otro género. La
autocomplacencia con su imagen exageradamente delgada pero que él sigue
viendo gorda, las herramientas que utiliza para conseguir el peso que desea,
la rabia contenido sobre los obesos, el desprecio inicial hacia los terapeutas, la
moda y el tallaje de la ropa, la calificación de su enfermedad como “anorexia
hermosa”…Todo define características que unifican ambos géneros.
“TUESDAY, JUNE 29, 2004 Colegio: no hay concentración ando muy mal en
todas las áreas no hay concentración ...
GYM: pilas ah full todos los... días no eh dejado de ir me está siendo bastante
bien con ese tema ahora practico dos actividades... los aparatos que los eh
comenzado desde enero ..!! de este año y ahora estos 2 últimos meses.. con
BODY COMBAT no se si han oído hablar.. de esa gimnasia aeróbica muy
famosa..!!! y es nuevísima.. :) y según dicen que se queman 700kcal x clase.. y
si te esfuerzas mas.. puedes llegar ah consumir en una clase unas ..1000kal ..
genial .. es agotador y divertido sudas mucho ..!! se pierde muchísima agua..!!!
y ah la vez aprendes ah pegarle ajajjaja a algún obeso jajaja que este comiendo
.. :P jajaja!! Hago 3 hrs diarias de gym y después en mi casa 1hr de bici o 2hrs
63
(H, 17)
98
depende lo que haya comido y 1hr de abdominales... (ERES QUIEN ERES
POR TU CUERPO)
SALUD PSICOLOGICA Y CORPORAL: eh tenido una entrevista con una
psicóloga.. pero siempre me peleo con ellos tmb otra visita al centro pero no da
resultado alguno .. ahora estoy sin psicólogo jejeje.. soy libre..!!
y bueno me han internado unos 3 dias... por problemas digestivos.. el hígado
mi mugroso higado ... y me han encontrado cálculos biliares en la vesícula
jejeje una futura endoscopia ah la cual no pienso acudir nunca por el suero el
suero engorda mucho ..!!! si me muero muero .. cosa que no quiero... pero
bueno veremos que haré..!!!
Un logro ya no me corto mas los brazos ni piernas desde marzo que no lo hago
..
ROPA: eh logrado mi meta la ropa mas chica para hombre entro en ella.. y eh
pasado ah la seccion ninios al comprar remeras una talle ''12'' hehehe y
pantalón ''16'' jejeje... y de jean estoy en un ''26'' es genial .. todo
simplemente me queda grande.. pero me sigo viendo gordo ..
SALIDAS: eh salido con mis amigos mi chico .. y todos me dicen ''cada ves
estas mas delgado'' pareces un enfermo de HIV pero bueno es la envidia.. ya
no me siento menos cuando salgo .. onda me rio de la gente que esta
excedida..!! jajaja!!! me da bronca verlos comer normal y yo .. simplemente no
puedo como y me siento mal deprimido y sin ánimos... ''la comida es vida así
dicen bueno para algunos será así para mi no lo es''
PESO(kg): Peso inicial ... 115kg eso hará 3 años que una dieta me llevo ah una
anorexia hermosa.. jaja no se si hermosa pero ah cambiado mi vida dio un giro
de 180º en 3 meses... baje unos 30kg.. y así seguí hasta el día de la fecha que
hoy mi peso actual .. son 58kg.. costo pero el sufrimiento vale la pena.. aun
falta 1,75 y 58kg estoy gordo todavía me falta ahora alcanzar mi 3er meta... los
48kg.. lo lograre... 1,75 y 48kg hermoso .. para mi ..” (Informante masculino
foro MIA. Se ha dejado el formato original con las incorrecciones gramaticales
y ortográficas puesto que es también relevante la forma, junto al contenido, del
lenguaje utilizado en este tipo de foros).
Si el origen de la enfermedad parece circunscribirse a épocas escolares
como en las chicas, la detección también se da en el entorno familiar cercano.
En la mayoría de casos manifiestan que son los padres -de hecho,
habitualmente suele ser la madre- quien detecta el problema y realiza los
primeros pasos para encontrar ayuda externa. La escuela suele dar soporte a
estas iniciativas, a veces a través de la intervención del psicólogo o de la
tutora, y sólo uno de los informantes nos cuenta como fue él mismo quien
solicitó la ayuda cuando se vio incapaz de controlar la dolencia por sí mismo.
99
“…yo quería llegar a los 76 kilos, yo tenía este número y veía que semana a
semana iba bajando espectacularmente y me sentía mejor, muy, muy bien, me sentía
bien de carácter y pensé: Bueno, ahora lo he conseguido, ahora a mantenerse aquí,
come normal e intenta hacer las cosas bien. El primer día después de esto comí una
galleta y fui incapaz de soportarlo... Yo era consciente que debía volver a hacer las
cosas bien, lo intentaba pero me sentía muy mal, no notaba la sensación de vacío que
tanto me había acostumbrado a sentir y cualquier cosa pequeña me hacia sentir
bastante mal y por arte de magia, no sé ni como salió empecé a intentar vomitarlo…Lo
aprendí yo, hace unos 8 años (tiene 27 y ya está dado de alta desde hace 2), no había
oído hablar de la bulimia y la anorexia, quizá sí pero como un tópico de las modelos
y…pero muy lejano, fue mi primer recurso para hacer ver que comía y echarlo a la
vez…cada vez dejé de poder soportar el no comer, empecé a comer más, empecé a
abusar de vomitar, se me hizo cada vez más fácil hacerlo, después ya no me ponía ni
los dedos, era…pero aquello ya no me hacia sentir bien, llegó un punto que mi límite
bajaba, que vomitaba cada día más, que no me sentía bien pero no era muy
consciente…me di cuenta quizá un año más tarde cuando estuve en tratamiento del
mal que había estado haciendo, sobretodo en mi casa que era donde yo había
descargado mi ira, mi frustración, mi descontrol y también, sobre todo, con mi madre
que era quien lo pagaba más… Ellos se habían dado cuenta que yo lo hacía, que yo
vomitaba al principio porque yo me escondía en el baño y como al principio me costaba
ellos se dieron cuenta…Es extraño pero la gente de mi alrededor casi no se dieron
cuenta de mi cambio físico, estaba muy delgado, muy delgado, me pesaba
constantemente y mis padres sí que se dieron cuenta” 64
Como en las chicas, la percepción de la enfermedad aparece, a veces, sin
darse cuenta. Sienten que son capaces de controlar su vida, su cuerpo y a
partir de ahí se sienten bien. Las herramientas para seguir teniendo este
control también son iguales que las utilizadas por las mujeres: dietas,
restricciones alimenticias, ejercicio, vómito…Las explicaciones del desarrollo
de la instauración de los TCA aparecen de forma natural, como si no los
buscaran y el bienestar que les produce en los primeros tiempos es inmenso.
Si ello va acompañado con un reconocimiento social, que muchos de ellos
detallan, a nivel de mejora del aspecto físico el bienestar es absoluto. Control
de la persona, reconocimiento social ¿qué más quieren?. Algunos de los chicos
manifiestan además haber padecido cierta introversión. Son muchachos que,
en general, se relacionan poco y para los cuales la nueva percepción de este
reconocimiento social -algunos dicen incluso que es a partir de este momento
que las chicas se fijan en ellos- es todo un logro. Consecuentemente, ellos
ponen los medios para que esta situación se perpetúe.
Sin embargo, ciertas formas de actuación se van imponiendo. La
detección, en primer lugar en el entorno más cercano (padres, tutores
escolares, amigos o incluso ellos mismos) supone la puesta en marcha de la
búsqueda de ayuda y de información sobre las posibles soluciones. Aquí se
desencadena el inicio de un largo recorrido, por él van a transitar la mayoría
64
(H, 26 )
100
de estos pacientes atravesando el continuum de especialistas que ofrece la
atención institucionalizada: en la escuela, visitas a los tutores escolares y
psicopedagogos; en los dispositivos de atención primaria y hospitalaria
visitas al médico de cabecera y enfermeras, al psicólogo, al psiquiatra, al
endocrino, al dietista o a la trabajadora social. Un recorrido lleno de
inflexiones y, también, de idas y vueltas. A diferencia de las mujeres, la
detección en los casos de los chicos puede ser más costosa.“Porque era un chico
y por la poca edad porque normalmente…Estuve yendo a médicos y cosas y había
médicos que me decían: “A ver, son cosas de la edad y tal…”. Pero mi madre decía:
“No puede ser” y vinimos aquí (hospital de día privado) y estuvimos mirando esto y
sí, sí, realmente es donde me lo han descubierto todo”. 65
El periplo es importante, tanto las chicas, como los chicos, como
principalmente sus madres, describen un largo viaje a través de especialistas e
instituciones que suele acabar en algún tipo de institucionalización más o
menos intervencionista que durará, muy probablemente, varios años.
Después del alta, tampoco existen, ni se dan, garantías que todo haya
acabado. El único hombre localizado en este estudio con una alta médica dice
tener su caso controlado, pero las asociaciones de autoayuda y las propias
instituciones médicas hablan de “recaídas” y de cronificación en un alto
porcentaje de casos. Quizá, como ya hemos señalado, ambas cuestiones sean
debidas o bien a la ineficacia relativa de los tratamientos psicoterapéuticos y
farmacológicos habitualmente aplicados o también a los lazos de dependencia
institucional -y financiera- creados en el circuito socio-sanitario,
especialmente en el ámbito de actuación de iniciativa privada. No podemos
establecer comparaciones entre hombres y mujeres a este nivel puesto que no
poseemos datos, pero sí podemos describir como se produce el tratamiento en
los pacientes masculinos una vez que entran en el circuito y cómo se
desenvuelven en él. La principal diferencia en relación a las mujeres es
precisamente su género. El hecho de tener que convivir muchas horas al día y
compartir terapias y comidas con las mujeres hace que el camino a andar sea
más tortuoso. Casi todos se preguntan por qué han desarrollado una
enfermedad que pertenece al género femenino y las dificultades en las
terapias se multiplican (les es difícil desinhibirse en un medio controlado por
y para las mujeres donde además la mayoría de terapeutas son también
mujeres).
Sin embargo, los tratamientos son los mismos, las terapias grupales se
desarrollan de forma común sin hacer ningún tipo de diferenciación entre
géneros y también las individuales siguen los mismos procesos. De hecho,
nuevamente refiriéndonos a los estudios realizados vemos como los expertos
aconsejan no realizar diferencias en las terapias puesto que la aparición,
sintomatología y evolución de la patología es muy similar entre uno y otro
género (FERNÁNDEZ-ARANDA, 2004). En uno de los centros donde se realizó el
65
(H, 16)
101
trabajo de campo, de hecho era el centro donde se detectó mayor número de
pacientes masculinos y quizá sea por eso, sí se determinaban unos espacios
distintos para chicos y chicas en las terapias de grupo aunque el resto del día
convivían con absoluta normalidad,“…primero dependía mucho de mis padres y
solo iba dos tardes y yo en mi casa hacia lo que quería, no me lo comía todo y…hasta
que llegó un momento que me descontrolé, empecé a tirar la comida, a esconderla y a
hacer cosas así y entonces ya fue cuando entré en el hospital de día y aquí es
donde…estaba bien pero no estaba bien y cuando entré en él me tiré de cabeza,
fui…entonces sí que estaba muy, muy deprimido… Estaba 12 horas al día de lunes a
viernes, aprovechaba que estábamos en agosto y esto me fue muy bien, se suponía que
estaría unos meses y poco a poco…podría ir a la universidad. Entonces el
tratamiento… ¿Cuánto estuve? ¿Cinco años? Primero aceptando el tema del comer,
aceptando los cambios hasta que el cuerpo se estabilizara. Me costó mucho, pensar en
el comer y dejarte llevar por las sensaciones que te supone comer normal, porque las
sensaciones que tu a veces enfocas para…les das más interés al cuerpo a veces para
esconder ciertos miedos, problemas…Realmente ¿qué te lleva a pensar en el cuerpo? Y
ver que te ha comportado la enfermedad y… En sí, el tratamiento te ayuda a
conocerte, a ver que te ha llevado hasta allí y a ver como puedes solucionarlo…Una
persona que llega a conocerse muy bien, hace que las pequeñas frustraciones las vayas
superando y no las acumules…Cuando llegué mi vida personal iba muy mal, había
suspendido la selectividad, me había dejado la chica con la que iba y cuando llegué a
G. entré en una depresión muy grande, estuve un mes sin hablar, estaba en un grupo
con 40 chicas, no conocía a nadie.”66 Saber que está sólo, a pesar de llevar dos
años dado de alta, reproduce a la perfección el discurso médico sobre las
posibles causas del origen de la aparición de la patología.
El tratamiento de los hombres, aparte de las terapias descritas incluye, en
algunos casos, ayuda farmacológica. Tanto los afectados como los
profesionales admiten utilizar fármacos para controlar ciertos aspectos
subyacentes a las patologías. Todos explican que sólo se administra
medicación “sí, en algunos sí, en algunos momentos se medica cuando el psiquiatra
considera que el estado del paciente necesita puntualmente para sobrellevar estados de
angustia, un antidepresivo, lo que él considere que es lo más oportuno mientras se va
trabajando en terapia individual y se ofrece como una especie de protección, no una
cura, una protección. El ejemplo sería que el abordaje psicológico sería el antibiótico y
el abordaje psiquiátrico sería la aspirina, ¿eh? A veces aunque uno está tomando un
antibiótico necesita una aspirina porque le duele la cabeza, aunque la causa sea una
amigdalitis.”67 Son muchos los chicos y chicas que reciben atención asistencial
que toman algún tipo de medicación. En las mesas de los comedores la
relación paciente-pastilla era casi de uno a uno.
La mayoría de estos muchachos han sufrido algún tipo de problema
relacional. Son chicos tímidos que no se relacionan fácilmente o se relacionan
poco con sus compañeros de clase y todavía lo hacen menos con las chicas.
66
67
(H, 26)
PS: Profesional sanitario/Psicóloga
102
Todos ellos manifiestan haber tenido algún tipo de fracaso emocional antes y
durante su enfermedad. El único informante que ha llegado a desarrollar una
relación de pareja estable (de más de cuatro años) es el que ha sido dado de
alta. Es interesante resaltar que los centros ven con “malos ojos” que se
establezcan relaciones entre los pacientes pero, claro, compartiendo
problemas, espacios y horas personas de ambos sexos adolescentes, esto es
bastante inevitable. “A ver no es malo, lo que pasa es que se crean conflictos en un
mismo grupo, ¡hombre! Quizá no conflictos pero una pareja nunca va al 100% bien y
si se termina entonces es una persona con la que debes convivir, debes explicar tus
problemas de pareja con ella delante y entonces se provocan muchos problemas y
cuando…claro yo…no sé con cuantas chicas salí de allí pero a mi me trajo
quebraderos de cabeza importantes… porque había salido con una y entonces estaba
hablando de aquella, de otra después de haber cortado con aquella (se ríe) y claro, hay
grupos, es normal y las chicas son muy chismosas para decirlo de alguna forma y no
sé… A ver no me hizo ningún daño pero seguí en mi línea, me ayudó a ver el...no
se…que aquí tenía un problema, es algo…la estabilidad y bueno…a mi a parte de
relacionarme, el relacionarme con las chicas es una de las cosas que más me ha
costado.” 68
Tienen las mismas aficiones que cualquier persona de su edad. Les gusta
ir al cine, leer, jugar con las video-consolas, salir con los amigos, practicar
deportes, viajar… El tema de los deportes deben, según prescripción médica,
introducirlo poco a poco puesto que, como hemos visto, en muchas ocasiones
aparece como un problema que agudiza el trastorno, aunque también es
sabido que la “hiperactividad” que muchos pacientes desarrollan también es
consecuencia de los efectos psicobiológicos de la malnutrición. Intentan
realizar una vida “normalizada” pero el seguir con el tratamiento les dificulta
esta opción. Alguno verbaliza temer no ser dado de alta antes que deba
ponerse a trabajar, algún otro la dificultad de seguir con los estudios o el ansia
de no poder estar más tiempo con sus amigos, sobre todo en épocas
vacacionales. “Yo sí, yo creo que marcharé antes que me den el alta…porque el alta
te la dan cuando ya tienes todos los problemas solucionados pero es que siempre
tendrás alguna cosa…y yo creo que cuando empiezas a estar bien con la comida, sabes
lo que te pasa, sabes reconocer los que te pasa y sabes lo que tienes que hacer tanto da
si estás aquí como si estás fuera, si quieres hacerlo lo harás y si no, no lo harás.” 69
Siguen trabajando también en casa la cuestión alimentaria, les marcan
unas dietas que consisten en 6 ingestas diarias y que deben llevar a cabo sin
ningún tipo de excusa, muchos son ayudados por sus madres para poder
cumplir con la dieta impuesta desde el centro. No lo viven como una excesiva
dificultad aunque es cierto que no son ellos quienes se ocupan de elaborar las
comidas. De nuevo, aquí se constata la dependencia de los adultos y/o falta
de competencia culinaria para resolverse ellos mismos sus comidas. En este
contexto no se diferencian en absoluto de las vivencias que tienen las chicas.
68(
69
H, 26)
(H, 21)
103
También viven de la misma forma la restricción de libertad que supone la
institucionalización. “Más que encarcelados estamos atados, yo por ejemplo, tengo
la suerte que en lugar de entrar 12 horas he entrado 6 directamente y ahora hago 6
horas pero marcho a las dos o dos y media y siempre llego más tarde o.. pero es el
hecho de por más tiempo que tengas y tengas todas las tarde libres, el querer hacer
algo…tienes que pedir permiso para ir de viaje, pedir permiso para no venir un día
porque tienes trabajo o…es el hecho este que ahora estoy buscando trabajo, por
ejemplo…el hecho de que no puedo tener un contacto porque estoy en el centro tantas
horas, pero poco a poco supongo que te vas desatando…pero sí, a la gente que viene al
principio las 12 horas es como una prisión porque claro venir a las 8 y media de la
mañana y marcharte a las 8 y media de la noche, no tienes tiempo de nada. Es esto. Y
quedas con los amigos para cenar y tú no eres normal. O sea, que sí que eres normal
pero no eres libre para ir a cenar y… ¿Dónde vamos a cenar? Yo no puedo escoger
donde vamos a cenar o cualquier cosa”. 70
Aún así, la relación actual con el centro que los ha institucionalizado,
después de varios años de tratamiento, es definida/percibida como buena.
Todos, en los casos estudiados, muestran agradecimiento hacia el trabajo que
se está realizando con ellos y se sienten mejor con ellos mismos. A nivel
externo parece no preocuparles tanto su peso aunque sí siguen interesados
por la estética (todos ellos, según hemos podido observar durante el trabajo
de campo, tienen un aspecto muy cuidado, visten ropas y se peinan a la
moda, utilizan “piercings”, se tiñen el pelo) y a nivel interno parecen haber
mejorado su autoestima y “yo me veo normal. Es difícil aceptarse y más si…quizá
por mi carácter, no sé…no, sencillamente me encuentro normal, no es algo de lo que
deba esconderme ni me escondo. Incluso estoy orgulloso. Físicamente no quiero que
me suponga ningún problema y no quiero que nadie me marque como debo
sentirme….” 71“Me siento bien porque sé que en diferentes aspectos de mi vida…
¿cómo lo diría? Puedo superarme… Y esto lo he aprendido aquí, porque ha sido aquí
donde me han ayudado a perder los miedos, a estar más seguro de ti mismo, que
puedes tener las mismas inseguridades y que siempre las tendrás pero saber
trabajarlas y apuntarlas…esto es clave y una vez las haces, pues, te sientes mejor.
Pero es una cosa tuya ya…Te pueden decir mucho pero llega un momento que has de
ser tu…”72 “Ahora he aprendido a valorar mucho las cosas que no valoraba, pues al
hacer un deporte que me gusta, el disfrutar del comer, el estar comiendo con mi madre
o mi padre, momentos que no les das importancia. Y bueno, los estudios, valorarlo,
¿no? Porque yo continué con los estudios pero hay mucha gente aquí que no ha
podido continuar y han hecho un parón y tal y sí, sí, yo valoro mucho estas cosas. De
mi mismo y sobretodo de la vida en sí que parecen rutina y no son rutina. Y ahora
una cosa negativa la veo positiva porque he conocido mucha gente, ¿sabes? Con esto y
muy buena gente, mucho…” 73
(H, 21)
(H, 26)
72 (H, 16).
73 (H, 16).
70
71
104
A todos les preguntaron por los momentos cruciales de su vida en
positivo y en negativo y dos mencionaron el inicio de la enfermedad como el
peor momento de sus vidas. Es un número significativo dado el total de
informantes masculinos. Para el resto, los momentos que les han marcado nos
siguen mostrando una absoluta normalización. Hablan en negativo de
defunciones de seres queridos, separaciones de los padres… y en positivo de
partidos ganados, días especiales con la familia, cursos aprobados, viajes…
Posibles diferencias con las chicas son el gusto por los deportes y su práctica
continuada aunque cada vez más las diferencias en relación a estos temas
disminuyen estén o no los jóvenes afectados de TCA.
Por último, todos ellos han manifestado sus opiniones sobre la
importancia de la presión social hacia una determinada imagen corporal y la
influencia de los medios de comunicación en este sentido,“quizá sí, hay
aspectos que las mujeres continúan teniendo más presión social, yo considero que sí,
pero que ha aumentado muchísimo sobre los chicos también y sí, sí que se nos perdona
un poco más el que tengamos barriguita pero creo que se ejerce cada vez más presión y
no hace falta…la TV por desgracia se muestra como el estereotipo, todo el mundo ve
Gran Hermano y lo que sale allí son los típicos cachetas y no sé. Yo creo que influyen,
al menos yo a veces siento esta presión y no sé, a veces empiezas a pensar y dices: a mi
también me gustaría ser así, pero no nos dedicaremos todos a cultivar nuestro cuerpo,
a mi me gustan otras cosas y haré lo posible para conseguirlas y lo que pueda pensar
la gente de mi aspecto físico…” 74 “Los medios de comunicación influyen pero eres tu
quien caes, influyen pero no es aquello de…Claro que si se encuentra con una
persona, pues con baja autoestima y tal pues… no sé, tiene tantas posibilidades que
creyéndose lo de adelgazarse y tal pues…es compre esto, fajas, laxantes o cosas de
estas y no se, influye ¿no? pero tu puedes poner una barrera, eres tu quien decides” 75
Todos afirman que si bien sigue siendo mucho más fuerte para las
mujeres, los hombres cada vez se ven más imbuidos por ella. La diferencia
estriba, y en eso también están de acuerdo, que a las mujeres las quieren
delgadas y a los hombres musculados pero en cualquier caso todos se cuidan
más. “Sí, es que a veces ves cada uno que tira de espalda. Sí, es verdad, no sólo las
mujeres tienen que cuidarse más la imagen” 76 “Sí, bueno hace unos 3 años quizá era
más la mujer y mucho más...pero ahora que ha salido la moda del “metrosexual” Y
todo esto del culto al cuerpo yo pienso que ahora cada vez más los hombres se
obsesionan más por el cuerpo, que ya está pasando ¿no? Y pienso que ahora de aquí a
unos años podrá ser un problema pero hasta ahora sí, porque anuncios y todo y
quieras que no influye. ¡A quien no le gustaría tener un cuerpo como el que sale en la
tele! Y la gente lo ve, lo capta y bueno, yo pienso que sí que influye y bastante.”77 “Lo
vivimos igual que ellas…al menos en mi caso no era tanto para estar delgado, era para
llegar a estar fibrado o musculoso, era más hacia aquí, pero sí que es lo mismo, es
coger un modelo de persona y querer ser como él cuidándote e intentando…, bueno
(H, 26)
(H, 16)
76 (H, 16)
77 (H, 17)
74
75
105
cuidarte, obsesionarte a estar el máximo de…. Ahora se están haciendo más cosas para
que los chicos se cuiden, es como si estuvieran incluyendo más en todo y yo creo que
la presión social que existe para las chicas es igual para los chicos pero lo que pasa es
que para las chicas está más reconocido que intenten hacer cosas para que sea así y con
los chicos como no está reconocido no hacen tanto para cortarlo. Yo creo que hay la
misma presión social” 78 Este informante introduce un tema interesante y es el
de la posibilidad de que se trabaje más en prevención con las mujeres puesto
que el problema ha saltado a la luz y, en cambio, entre los hombres sigue
oculto.
Terminamos, viendo que existen unas expectativas sociales, creadas por
diversos agentes (médicos, educadores, medios de comunicación, publicidad)
que nos conduce a todos, hombres y mujeres, en mayor o menor medida a
conseguir unos cuerpos según unos modelos de salud y de estética
determinados y que recurrir a la comida, en forma de dietas, para intentar
estar “sanos” y, por supuesto, controlar las formas corporales constituye,
junto a la práctica de ejercicio físico, unas de las opciones más seguidas entre
los chicos. Estar ante patologías que se han ido asociando histórica y
médicamente al género femenino, viene invisibilizando las actitudes, también
alejadas de la norma dietética y la norma social, que en relación con la comida
y el cuerpo registran también los chicos. Como sucede en el caso de los TCA
en mujeres, dejar de comer o hacerlo compulsivamente no sólo expresa
malestares por no poder responder/alcanzar a ciertas expectativas sociales
relacionadas con el éxito y la promoción social, sino también manifiesta
aflicciones relacionales y personales. Se trata de unas actitudes que, en el caso
de los hombres, vuelven a demostrarnos que la lipofobia o el miedo a
engordar no son las únicas causas o no constituyen motivos suficientes para
explicar el porqué de los TCA. Las dificultades comunicacionales, las
habilidades para afrontar situaciones conflictivas/dialécticas o el rechazo
social de los iguales, entre otros motivos, aparecen de nuevo con un gran
poder explicativo en el caso de los muchachos que están diagnosticados de
anorexia o bulimia nerviosa. Parece oportuno, en consecuencia, que para dar
respuestas explicativas a la distribución dispar de los TCA entre hombres y
mujeres, debamos atender no sólo a los fenómenos de carácter estructural que
disponen a hombres y mujeres en una relación de desigualdad social, sino
también a los procesos de carácter microestructural que acaban colocando a
ciertos colectivos y ciertas personas en situación de vulnerabilidad ante este
tipo de trastornos.
3. MI VIDA SIN MI
Yo vencí la anorexia, He sido anoréxica, Diario de una anoréxica, Vencer la
anorexia y la bulimia, Cuando comer es un infierno: confesiones de una bulímica,
78
(H, 21)
106
Una hoja de lechuga. Anorexia: una enfermedad del alma, Días perdidos: la vida de
una mujer víctima de la bulimia y la anorexia, Billete de ida y vuelta, son títulos de
las autobiografías que fueron un lenitivo terapéutico, un instrumento de
catarsis o una forma de expresar públicamente las relaciones entre sus
autoras, la comida y sus sentimientos. Pero ¿son las autobiografías acaso
únicamente narrativas personales que sólo pueden interpretarse en términos
de psicología individual y de manual sobado de autoayuda? Como: “Este
esperanzador relato autobiográfico de una adolescente dará aliento e información a
quienes sufren estos trastornos”79. Y también están las más socio-culturales –
centradas en cómo en el relato individual se condensan cuestiones del ámbito
social, dirían algunos, estructural o macroestructural, dirían otros-.
Claro está que hemos trabajado con relatos de vida de chicos y chicas
anónimos que padecen éste tipo de enfermedades, y aunque nos situamos
abiertamente más en la arena de lo social que de lo psicológico, no podemos
hacer oídos sordos a esas narrativas con las que el negocio editorial de la
postmodernidad alimenta las góndolas de las librerías de autoservicio o las de
los aeropuertos y las estaciones. Como queremos dar voz a los sin voz no
podíamos ignorar la gran cantidad de literatura autobiográfica de mujeres y
niñas con TCA, y aunque se trata en general de un material que ha pasado
por la podadora de editores y correctores no podíamos ignorar unas
narrativas que también consumen “nuestras chicas” y sus familias y que
alimentan también sus ensoñaciones. Apelar a la posibilidad de fantaseo o
modificación de la historia por parte del escritor, a su poca credibilidad o
distancia con la realidad, creemos que sería cuestionar la propia validez del
uso del relato biográfico. Puede que a los más puristas no les parezca propio
de una memoria de estas características el uso de esas narrativas, pero para
nosotros se trata de documentos indispensables en la medida que se integran
transversal y diacrónicamente en la construcción de las representaciones de
nuestras informantes.
Narrativas de bolsillo.
La estructura de los relatos de estas jóvenes – casi siempre mujeres- está
teñida por el matiz de vida testimonio que apuntaba unas líneas mas arriba.
Suelen utilizar la estructura del género de los manuales de autoayuda o de los
diarios íntimos, “vencí la anorexia”, “confesiones de una bulímica”, “fui víctima de
anorexia y bulimia”, “diario de una anoréxica”. En general son narrativas lineales
precedidas por una página de agradecimientos dirigidos casi siempre a las
otras mujeres que sufren este tipo de trastornos o a su familia, “a los millones de
adolescentes y de mujeres adultas que han sufrido trastornos de la alimentación”
como en Vencer la anorexia y la bulimia de APOSTÓLIDES (1999) o “mi familia”
como en Yo vencí la anorexia de ÁLVAREZ (2001).
79
APOSTÓLIDES, M. (1999).
107
Suelen empezar explicando el escenario previo a la aparición del trastorno
en el que prevalece el “yo antes estaba rellenita pero era feliz”. Luego, cuentan
sus coqueteos iniciales con los comportamientos anoréxicos y bulímicos. Más
adelante entran de lleno en el viaje hacia el trastorno y explican, con todo lujo
de detalles sus actitudes y relaciones con la comida, con la familia y los
amigos para acabar con una moraleja final fruto de la reflexión sobre su
itinerario vital que les permite aportar ayuda y soporte a sus lectores. Puede
también ocurrir que la escritora empiece narrando su situación actual, para
retroceder en el tiempo y hablar de su infancia y adolescencia; la sensación
que todo esto genera es como de justificación de la propia conducta, mediante
un eje más temático que cronológico. He aquí algunos ejemplos extraídos de
cuatro de esos relatos. Empezaremos con el modo como cuentan los inicios:
“He apartado mis ojos de los cristales opacos, yergo mi espalda y las lágrimas
vuelven a asomarse a mi rostro. La llave gira la cerradura...la puerta
amarillenta se abre para dar paso a esa silueta blanca, cuanto me gustaría que
no fuera más que una silueta, un fantasma que pasara sin detenerse...!
Abrazada a la almohada, aferrada a la barra de la cama, atrapada entre la
mesilla de hierro y mi desdicha, la observo tras la bruma de mis lágrimas. Fijo
mi mirada en la desafiante bandeja. Enérgica, ella la deposita sobre la mesa y
me mira mostrándome la silla; después me invita, hecho trivial que en este caso
resulta cruel en sumo grado...”80
“Nací en julio, un mal mes. Durante años envidié a las niñas de invierno, las
que organizaban cumpleaños con veinte y veinticinco invitados, con regalos
repetidos y chocolate caliente para terminar la fiesta. No resulta común
recordar los cumpleaños en verano, no es fácil reunir un grupo de amigas que
no marchen de vacaciones, no es sencillo planear un menú con golosinas. Hay
que olvidarse del chocolate y recurrir a la tarta helada, y lograr que las
amiguitas no pasen esos días en el pueblo, que sus padres no decidan dedicar el
fin de semana a la playa, que el calor no sea tan sofocante que no haya ganas de
jugar; sino de tirarse bajo la sombra...”81
“A los 14 años era una niña fuerte y alegre que estudiaba primero de BUP. Mi
madre dice que era guapísima, más que ahora, y añade que no es pasión. Medía
uno setenta y muchos y pesaba 68 kilos. Me encantaba comer, pero a lo bestia.
Mi madre compraba unas bolsas grandes de bolitas de patatas rebozadas y
congeladas y yo hacia competiciones con mi hermano, que es 18 meses menor
que yo, para ver quien se las podía comer antes. Mi hermano y yo
desayunábamos ocho tostadas cada uno con mermelada y mantequilla. Y nos
hacíamos unos bocatas enormes para merendar. Abríamos la nevera y
metíamos todo lo que encontrábamos: primero una loncha de jamón york,
encima le añadíamos una de chorizo, luego otra de salchichón, otra de queso,
otra de jamón serrano, así hasta que nos costaba trabajo meternos en la boca el
trozo de pan, de alto que era. Era maravilloso, podía comer todo lo que me
80
81
VALÈRE, V. Diario de una anoréxica (2002:9). Relato temático.
FREIRE, E. Cuando comer es un infierno confesiones de una bulímica (2002:23). Relato lineal.
108
gustaba sin reparar en que podría engordar! Yo comía porque me gustaba
comer y eso era suficiente!...”82
“La noche anterior me había dado un atracón. Al despertar, sentí en la boca
una pastosidad que me era conocida. Mis ojos pasearon de un envoltorio de
comida vacío a otro –bolsas vacías de galletas, panecillos, cereales tostados con
miel, pan-, todos ellos desparramados desordenadamente por el suelo. Aquella
mañana estaba cansada. Cansada de sentir asco, rabia, vergüenza; cansada de
dar bandazos y pasar de la inanición al atiborramiento y los vómitos
provocados. En el pasado había sentido esa clase de agotamiento muchas veces.
Empecé a tratar el agotamiento como siempre lo hacía: concentrarme
mentalmente, coger dinero y salir a comprar comida para el siguiente episodio
de atiborramiento. Pero mientras estaba de pie en mi apartamento oscuro
decorad con los restos de comida, la tensión que tenía en los músculos se
transformó en lágrimas...” 83
Sigamos con los coqueteos y las justificaciones:
“El ambiente familiar, el que me enseñó cómo tenía que comportarme en mi
mundo, fue una de las causas de mi trastorno de la alimentación. No estoy
haciendo un juicio ni una crítica; es un hecho que hay que aceptar y asimilar,
un hecho que me ayudó a comprender el camino que seguí...”84
“Ese miedo a la gordura me atenazaba a pesar de que siempre he sido muy alta,
tanto que de pequeñita en el colegio me llamaban “patas largas”, “patas de
chicle” o “jirafa”. Cuando empecé a adelgazar, cada kilo que perdía era como
una victoria. Me sentía mejor y mejor hasta que me obsesioné brutalmente. Me
miraba al espejo y me veía más guapa, así que cada vez reducía más la dieta, de
forma que a partir de los quince años empecé a deslizarme en el abismo(...)
poco a poco reduje el desayuno a un vaso de leche desnatada, que en realidad
era agua con un poco de leche, sustituí el bocadillo de media mañana por fruta,
no probaba el pan, en el colegio me servía cantidades muy pequeñas para
almorzar y redoblé mis ejercicios físicos...”85
“Mi culpa procede de haber dado muerte a uno de mis padres en un momento
de lucidez, lo que ellos llaman “momento del inconsciente”, ya saben, el
inconsciente personal profundo. Qué, ¿no sabían eso? Si que son incultos! Lo
he copiado de un libraco. En definitiva, este acto forma parte, quizá, del
preconsciente, subconsciente, inconsciente familiar, colectivo o patológico.
Pero de hecho, a cual de los dos he matado? no puede ser mi padre, puesto que
hace cuatro meses que no lo veo; pero, si no lo he visto, no será precisamente
porque lo he matado? No es posible, me ha enviado cartas. No, debe tratarse de
mi madre, Sí, el día en que ella descubrió aquellas fotos, aquellos billetes de
ÁLVAREZ, N. Yo vencí la anorexia (2001:23). Eje cronológico.
APOSTÓLIDES, M.Vencer la anorexia y la bulimia (1999:11).Eje temático.
84 Vencer la anorexia y la bulimia (1999: 29)
85 Yo vencí la anorexia (2001: 30).
82
83
109
avión...Al hacer limpieza revolvió sin querer las cosas de su fiel marido y
descubrió las pruebas irrefutables de unos amorios vergonzosos.”86
“Aquellos cincuenta y seis quilos me torturaban. Pensé que si no los perdía
sería el hazmerreír de la clase en octubre. O, aún peor, que nadie me prestaría
atención, como a otras chicas que sin estar gordas no tenían cintura, o no
habían perdido la grasa infantil. De modo que durante treinta días me
alimenté sólo de de lechuga, tomate, huevos cocidos y alguna loncha de jamón
york. No recuerdo claramente aquel mes: únicamente que no encontré
dificultades en casa, que me sentía débil y mareada, que estuve a punto de
desmayarme en una ocasión, y que después del sacrificio obtuve la satisfacción
de haber perdido seis quilos. Jamás me había sentido tan eufórica, tan ligera y
tan deseable. Flotaba dentro de mis ropas, y pronto hubo que estrechar
pantalones y faldas, e incluso alguna camisa. Me sentía bonita, ansiosa de
cambios, y me corté el pelo, me compré ropa nueva, y me dispuse a disfrutar de
mi éxito. Ya nadie se reiría del patito feo. Llegaba la era del cisne...”87
El núcleo de este tipo de libros son los relatos de la enfermedad,
“...durante siete años, el plazo de los hechizos y los maleficios en los cuentos de hadas,
estuve enferma. No existía una causa aparente, y por mucho tiempo nadie lo supo: era
una enfermedad invisible, y nadie la sospechaba en una chica de quince, diecisiete,
veinte años, vital, con notas brillantes, una familia afectuosa y sensata y un aspecto
físico normal. Viví como un vampiro que prefería mis ideas a mi sangre. De pequeña
me habían contado historias siniestras sobre parásitos intestinales, tenias o solitarias
que engullían con voracidad cualquier alimento que los niños comiesen. Uno de los
famosos artistas del hambre del siglo XIX había vivido con una de cinco metros en su
interior. La leyenda decía que la diva María Callas, gordita y miope, se había tragado
una tenia en una copa de champán, y que a los pocos meses había reaparecido, esbelta,
airosa y elegante, aunque con la voz irremediablemente deteriorada. En aquella época,
a principios de los años noventa, si hubiera encontrado a mi alcance el modo de
conseguir una tenia hubiera imitado a la Callas, y lo que deseaba comer era la casita
de chocolate de Hansel y Gretel....”88
“Mi habitación era el único refugio seguro para mí. Allí podía estar sola,
examinarme ante el espejo, estudiar, hacer mis abdominales y escribir mi diario. Era lo
último que hacía antes de dormir. Me sentaba en la cama y escribía lo que sentía, pero
llevaba una vida tan monótona, del colegio a casa y de casa al colegio, que muchas
veces escribía tan solo unas líneas: lo que había comido, la pelea de turno con mi
madre y poco más. Yo quería seguir viviendo así: escribía cosas terribles porque las
sentía, era como si tuviera un diablo dentro de mí, me volví odiosa u mala. Odiaba a
mis padres y les deseaba los males peores. Si me obligaban a comer, para vengarme lo
Diario de una anoréxica (2002:41).
Cuando comer es un infierno: confesiones de una bulímica (2002:37).
88 Cuando comer es un infierno: confesiones de una bulímica (2002:47).
86
87
110
hacía a mordiscos pequeñísimos, a cámara lenta, porque sabía que les molestaba y les
sacaba de sus casillas...” 89
Lo fundamental, en este tipo de libros es la moraleja final, el final
edificante, “trato de encontrar un mundo. Miro todos los caminos antes de escoger el
malo, pero no hay ninguna indicación y nadie quiere tenderme una mano, o más bien,
no quiero coger ninguna. Una angustia me oprime el corazón. Aquí la soledad es
menos hermosa, pues es falsa a pesar de tener la apariencia de ser auténtica. Es más
dolorosa. Vagabundeo por una nueva prisión en la que parece que las personas hablan
a las paredes, todo me molesta por su indiferencia, no acabo de encontrar la razón
última de las cosas. Nada tiene sentido. Inutilidad profunda y acusadora. Me disuelvo
en la soledad y en la tristeza. Ociosidad, he perdido la despreocupación, la luz me
molesta y aborrezco el sol. No dejo de buscarme y de oír una empalagosa frase de una
famosa película: “Hay que ser pacientes: puede costar años, una vida...” Pero cuidado,
señores “psi”, ustedes que leerán este testimonio de una vida dolorida esbozando una
maliciosa sonrisa, tengan en cuenta que les acecha esta mendiga a la que tanto temen
hasta el punto de que han necesitado crear instituciones para destruirla, para
encerrarla...ya saben que es muy contagiosa...me refiero a la locura...” escribió
Valérie Valère internada en un hospital psiquiátrico de París víctima de una
anorexia nerviosa a los 13 años de edad, que dos años más tarde empezó a
escribir este diario y falleció los 22 años.90
“A lo largo de todo ese curso, y hasta que cumplí los 22 años, las cosas regresaron
progresivamente a su lugar, y no sé exactamente cuando dejé de preocuparme por la
comida y por mi peso diario. De vez en cuando la obsesión regresaba, pero nunca con
la intensidad ni la duración anterior. Tenía cosas más importantes de las que
ocuparme, una carrera, reconstruir la relación con mi familia, con los amigos, con mi
pareja. Entonces, sin grandes entusiasmos, cautelosamente, me consideré curada. El
trastorno había durado siete años, me había robado siete años de mi vida. Un maleficio
de bruja malvada. No seas estúpida: no desperdicies tu juventud ni tus esfuerzos. Si
estás enferma, reconócelo, y emplea tu energía en recuperarte. Es posible siempre que
no dejes pasar demasiado tiempo”.91
“Lo conté el 25 de enero de 1998, en una entrevista en “El País” que me hizo
Gervasio Pérez. “A mi la anorexia casi me llevó al cementerio –confesé entonces-. Y
hoy, cuando he conseguido superar las consecuencias psicológicas de aquellos terribles
años durante los que la padecía, quiero aportar una ayuda, por pequeña que sea, a
todos aquellos que sufran este problema. Yo he conseguido vencer la enfermedad y
cualquiera que lo intente puede lograrlo, eso sí, con ayuda. Los enfermos necesitan
ayuda médica, familiar y social. Todos somos responsables y todos debemos ayudarles.
Este libro pretende ser mi pequeña ayuda. Espero que le sirva a alguien.”92
Yo vencí la anorexia (2001: 30).
Diario de una anoréxica (2002:157-158).
91 Cuando comer es un infierno: confesiones de una bulímica (2002:136,173).
92 Yo vencí la anorexia (2001: 174).
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Vidas anónimas
“En el relato biográfico, espacios, tiempos y situaciones pasadas adquieren una vida
presente, tal como una secuencia cinematográfica, así urdimos un guión para explicar
nuestra vida o una parte, recordando, olvidando, obviando y recreando en función de
aquello que queremos comunicar en ese instante preciso y del interlocutor al que nos
dirigimos. Y fruto de este momento y de este proceso surge un relato único y
irrepetible...” escribe Joan PRAT93. Y BOURDIEU94 habla de que los individuos
acostumbramos a organizar nuestra vida -en el momento en que se nos invita
a contarla- según secuencias ordenadas por relaciones inteligibles, de tal manera
que estructuramos nuestra historia seleccionando, en función de una
intención global, ciertos acontecimientos significativos en detrimento de otros,
estableciendo entre ellos las conexiones adecuadas para darles coherencia.
Cada uno de los relatos de nuestras informantes, aunque pretenda ser la
expresión individual de un conjunto de vivencias personales, responde a una
estructura culturalmente diseñada y socialmente construida que se activa
cuando las invitamos a hablar. Observamos que existen paralelismos en la
estructura de sus relatos y muchas veces esta estructura, patrón narrativo o
secuencia ordenada según relaciones inteligibles, se ajusta al tipo de literatura
autobiográfica de consumo y a la descripción que la literatura médica hace de
su perfil. Queda por ver si esa tipología es tan precisa como para describir a la
perfección todos los casos o, parafraseando a Devereux cuando dice “no
enloquezca, pero si lo hace habrá de comportarse así”, si es el propio modelo el que
genera unos perfiles o patrones a los que adscribirse. El patrón narrativo
sigue la siguiente lógica: infancia feliz en familia, aunque no siempre,
adolescencia complicada con burlas y críticas por parte de los compañeros y
un turning point o punto de inflexión que corresponde al momento en que
deciden empezar a restringir la ingesta), luego inmersión en el trastorno,
descripción del carácter y forma de ser muy estandarizado y las perspectivas
y esperanzas de futuro. He aquí algunos ejemplos:
¿POR QUÉ NO ME CUENTAS TU VIDA?
“A ver, nazco un 24 de febrero, cuando soy pequeña a los dos años me ponen gafas,
evidentemente de pasta porque tengo bifocal. Y bien, cuando era pequeña no me
enteraba de nada, vivía la vida...hacia gimnasia rítmica y me encantaba el color
rosa...”95 “Pues no sé, mi vida es muy larga. No me acuerdo mucho de cuando era
pequeña...estaba contenta, cuando nació mi hermano me acuerdo que lo quería mucho,
me gustaba mucho cogerlo y siempre intentaba despertarlo...” 96“Bueno, pues yo nací
PRAT, J. (2004). El Grup de Recerca Biográfica (GRB) de la URV coordinado por el Dr. Joan
Prat, en un trabajo ya citado y publicado en el año 2004 hablan de patrones narrativos para
hacer referencia a las estructuras culturalmente diseñadas según las cuales organizamos
nuestra vida.
94 BOURDIEU, P. (1989).
95 (Laia/M, 19)
96 (Joana/M, 15)
93
112
en casa, en San Cugat del Vallés y... bueno, he ido a la guardería desde pequeña, he
tenido muchas canguros, muchas, y... después he hecho música también desde
pequeña porque me gustaba mucho tocar la flauta travessera, y...esto, yo hacía música
y danza en Cornellà...”97 “Lo que recuerdo es como flases, como si fueran trozos de
película...Recuerdo que estábamos en casa, que mis padres estaban juntos y que se
llevaban muy mal y que se respiraba mucha tensión y mucha sensación de tirantez y
de angustia en casa. Por mis hermanas también, porque ellas tampoco se llevaban bien
y... y viendo que mis padres discutían pues, pues no había buen rollo en casa” 98
“Tengo solamente un hermano y muy bien, mis padres trabajan los dos... mi padre era
paleta y hizo una casa muy grande y muy maja. Teníamos un patio porque a él le
gustaba mucho poner detallitos y... recuerdo una infancia muy feliz, muy buena...” 99
PROBLEMAS EN EL COLEGIO
“En sexto lo pasé muy mal. Incluso me ponían insultos en el pupitre. Se pasaban
mucho: me llamaban fea, me insultaban, me agobiaban, y no sé... me quitaban las
ganas de comer...”100 “Mis compañeros de clase siempre se metían conmigo por algo;
por lo que fuera...da igual: ya fuese por los granitos que yo tenía, por las gafas,
básicamente por las gafas, porque antiguamente este tipo de lente –que es bifocal- no
podía hacerse con gafa fina y siempre tenía que llegar unas gafas bastante grandes de
montura y entonces claro, con 5 añitos queda muy mono pero con 13 años, pues no.
En quinto de primaria estuve todo el curso sola porque nadie quería ser amigo mío, no
se, decían que era muy pesada y tal, y yo me pasaba toda la hora del patio sola,
deambulando...”101 “Son cosas que marcan, me influían mucho los comentarios de mis
compañeros que me llamaban “foca”, “gorda”, “Tu foca, cállate!” entonces claro, yo
gorda gorda no he estado nunca, lo que pasa es que he estado rellena, y además que
tengo la cara que...que tengo mofletes y siempre: Cara pan!” 102
TURNING POINT O PUNTO DE INFLEXIÓN
“Cuando me operaron de la rodilla, ahora hace 4 años me puse un objetivo: no voy a
comer los bombones que me traigan, si que es cierto que a partir de ese momento ya
empecé a decir: esto si, esto no, y si entré a quirófano con 60 kilos, salí del hospital con
54. Es cierto que estos seis kilos no provenían de que yo dijese no a los bombones,
porque yo comía normal, pero llegó un momento a partir de la operación que hice un
clec y dije: No, no, es que aquí no como yo ni come nadie...”103
“Bueno en sexto, antes de empezar la ESO, a veces me pasaba que me atiborraba
demasiado de comer por los nervios y no me sentía muy bien. No sé, no sé bien
porque, me acuerdo que un día venía muy estresada del cole y comí mucho, mucho,
mucho. Y tenía que ir a danza y... no sé...entonces empecé a vomitar, a vomitar, a
(Eva/M, 19)
(Ilma/M, 20)
99 (Piedad/M, 43)
100 (Andrea/M, 17)
101 (Laia/M, 19)
102 (Ilma/M, 20)
103 (Laia/M, 19)
97
98
113
vomitar...y empecé así, antes de ir a danza, vomitaba, luego ya fueron otras cosas...”104
“Hace unos meses empecé a restringir cosas hasta que prácticamente no comía. Llegué
incluso a esconder la comida: cogía una bolsa de plástico e iba poniendo la comida en
la bolsa sin que me viesen mis padres. También he utilizado laxantes, ehhh... lo
guardaba en una servilleta, o lo he masticado y después lo he tirado al lavabo, he
vomitado, todas estas cosas. El no comer era como una especie de satisfacción, sabes?
Era eso de: Óstras! Puedo!...”105 “A mi siempre me han gustado las chicas que tienen
así un tipo bonito y claro... a mi eso me daba mucha envidia. Quería ser como ellas y
empecé a no comer. Esto fue a más a partir de los 16 años...” 106 “Pensé que me iría
bien perder peso, empezamos yo y una amiga. Pensemos que con un par de quilos
estaríamos bien... y luego continué yo pensando que con un par de kilos más estaría
mejor, fue así, empecé así...”107 “A mi me gustaba mucho comer. Yo estaba gordita
pero a mi me encantaba comer. Entonces lo que hacía era: yo comía y luego...me
hinchaba un montón de comer, después yo me miraba al espejo, me ponía mis tejanos,
y me decía: “madre mía”. “Mamá! Me voy a bajar al perro” y así adelgacé un montón
de quilos. Ya te digo, estuve 6-7 meses haciéndolo. Como yo vivo delante de un
descampado, pues yo me ponía detrás de los pinos a vomitar la comida, la cena, la
merienda y todo lo que me comía, y nadie tenía porque verme...”108
EL TRASTORNO Y EL PRESENTE
“Me acuerdo que me fui de colonias con el cole y claro, mis padres no estaban, y eran
unas colonias de deportes y nos pasábamos todo el día haciendo ejercicio. Me acuerdo
que estuve durante siete días comiendo solamente un guisante... un guisante, y claro,
cuando llegué a Barcelona me pesaron y pesaba 35. Entonces mi madre ya se asustó
mucho y llamó a un centro de anorexia y de bulimia...tenia 14 años. Al llegar a 35
kilos me quisieron ingresar, pero monté un follón... que no! que yo no estaba enferma,
que la enferma era mi madre, que yo no estaba anoréxica y que la anorexia era una
enfermedad de pijas. Yo estaba convencidísima. Fue flipante. Estaba loca...”109 “Aquí –
en el hospital- me siento muy atada y muy vigilada. A la hora de la comida entran
muchas veces para ver lo que comes y a veces dejan la puerta abierta de par en par y
me siento muy agobiada. Cuando oigo el carro de la comida mi corazón empieza pum
pum, pum pum... me pongo muy nerviosa...”110 “Uy, yo lloraba mucho, tenía la
mirada muy triste, estudiaba muchas horas, me quedaba dormida en la mesa de
estudio, me levantaba a las seis de la mañana para ir a correr. O sea, yo llevaba un
ritmo de vida muy acelerado...y es mentira que te ves gorda, tu no te ves gorda, lo que
pasa es que no te ves delgada. Tu a la gente la ves guapa, esto que dicen de que la
gente con este tipo de enfermedades es muy superficial es mentira: es decir, tu no eres
superficial ni nada, porque tu a la gente la ves tal cual o sea, que tu no te ves, tu te
miras en un espejo y no te ves...”111 “Cuando caminaba...buf! me dolía todo, me dolían
(Eva/M, 19)
(Joana/M, 15)
106 (Andrea/M, 17)
107 (Magda/M, 17)
108 (Jessica/M, 20)
109 (Eva/M, 19)
110 (Andrea/M, 17)
111 (Laia/M, 19)
104
105
114
todos los músculos y todo me lo notaba super tenso y cuando bajaba la cera o algo me
notaba que me tiraban todos los músculos. Al dormir no descansaba nada del mal que
me hacían los huesos. Me ponía boca arriba y me empezaban a dar tirones en las
piernas... más de una vez se me ha quedado la pierna con un tirón y me dolía un
montón y no sabía que hacer. Luego se me cortaron un montón las manos, todas las
manos moradas, no tenía circulación. También se me ha caído un montón el pelo y me
salió un montón de vello por todo el cuerpo...”112 “Cuando acabo de comer –y aquí
ponen bastante comida- noto que me voy hinchando. Es una sensación que,
seguramente es psicológica, pero yo noto que me voy hinchando. Reconozco que por
las noches hago algo porque no puedo estar quieta sintiendo que tengo... no sé, noto
como las piernas se me van haciendo gordas, la barriga cuando acabo de comer se me
hincha y me tengo que mover todo el rato. Por las noches –algunas veces- hago
abdominales y cosas de estas, pero bueno (habla flojo) es un secreto (ríe)...”113
EXPECTATIVAS DE FUTURO
“Ahora voy a una psicóloga, Raquel, y me dice: ahora que estás mejor debes trabajar
porque has llegado aquí, es decir, ella siempre me dice que en la anorexia la comida es
la punta del iceberg pero que hay una base, una montaña que es lo que desemboca en
esto. Necesito saber por qué he llegado a esto: porque yo sí y ella no, por qué, ¿sabes?
Porque teóricamente el problema no es la comida, el problema es lo que se ve, es un
síntoma que se ve pero el problema es otro. Y es esto sobre lo que tengo que trabajar.”
114“Ahora yo quiero recuperarme y salir de esta enfermedad, yo sé que puedo hacerlo.
Yo puedo más que “ella” y lo voy a conseguir”115 “Cuando me miro en el espejo ya no
sé como estoy. Ya no sé si me veo gorda, si estoy gorda, si me veo delgada, si estoy
delgada. Han cambiado tan de golpe tantas cosas... porque me engordé-adelgacéengordé-adelgacé muchas veces y ahora pues no... intento mirarme al espejo y no
pensar nada y... la verdad es que ahora me veo como que he vivido muchas cosas y que
tengo una experiencia, y... me gusta que la gente me pregunte cosas y poder explicar
todo lo que he vivido o sea, del coco me veo muy bien ahora. Pero bueno, el tema del
espejo y todo esto, supongo que poco a poco, no?” 116
El orden y la construcción de los relatos, a priori individuales y únicos, se
hilvanan en un mismo patrón narrativo anclado en un acontecimiento que
actúa como pivote de sus vidas: la anorexia, la bulimia… y desde el cual nos
relatan su historia lineal muy mediatizados por “lo que se espera de ellas”,
por lo que deben o no decir, y que nace de la preocupación por construir un
discurso lógico –muchas veces adhiriéndose al ya construido por la
biomedicina sobre la personalidad anoréxica y/o bulímica - que les permita
justificar el porqué de su conducta, el porqué de este trastorno.
(Ilma/M, 20)
Joana, 15 años
114 Laia, 19 años.
115 Andrea, 17 años.
116 Eva, 19 años.
112
113
115
4. INSTITUCIONES Y PROFESIONALES117
Como podemos deducir a partir de los datos epidemiológicos revisados en el
capítulo 2.3, la prevalencia e incidencia de los TCA, especialmente entre las
mujeres, es significativa y, aunque en otros países desarrollados el número de
casos comienza a estabilizarse, en España su tendencia va aún en aumento,
sobre todo, en lo que a trastornos del comportamiento alimentario no
especificados (TCANE) se refiere. De ahí que también se haya incrementado
el dispositivo asistencial tanto a nivel público como privado en relación con el
tratamiento de estas patologías. Entre los y las especialistas, principalmente
psiquiatras y psicólogos/as, se ha producido una extraordinaria movilización
en los últimos años para abordar y aplicar tratamientos terapéuticos ante lo
que se considera no ya como un problema médico-sanitario sino como un
“problema social”, si bien los aspectos sociales, como se detalla a
continuación, son obviados en la inmensa mayoría de los procesos de
abordaje y tratamiento.
Dentro del sistema sanitario público, las personas que presentan un TCA
pueden hacer diferentes recorridos entre los tres niveles de atención –
primaria, especializada y hospitalización - atendiendo a sus necesidades de
tratamiento en cada momento. Hemos analizado de que manera se están
abordando estos trastornos desde cada uno de los dispositivos y cuales son
las características de los servicios que se ofrecen: tipos de tratamiento, eficacia
de estos, recursos disponibles, etc.
La etnografía médica nos ha permitido observar que a nivel de atención
primaria existe un gran desconocimiento sobre la etiología y la evolución de
estas patologías y de cómo deben abordarse por parte de los médicos y las
médicas de familia. Con el objetivo de atajar esta falta de información en los
últimos años se han editado protocolos y guías dirigidos a este nivel de
atención sobre los Trastornos del Comportamiento Alimentario, ante la
necesidad de atender y derivar los casos de una forma adecuada. A nivel
nacional el Ministerio de Sanidad y Consumo ha editado el Protocolo de
Atención a pacientes con Trastornos del Comportamiento Alimentario mientras que
la Generalitat de Catalunya ha editado una Guía para la atención Primaria de
Salud. Ambos documentos recogen una introducción sobre alimentación,
nutrición, salud y cultura además de diferentes capítulos sobre
epidemiología, patologías multisistémicas, criterios diagnósticos, criterios
precoces, cómo debe desarrollarse una entrevista clínica ante la sospecha de
un TCA, evaluación física de los TCA, su tratamiento, intervenciones en el
núcleo de convivencia y circuito de derivación. También recogen en los
anexos algunos test que ayudan a realizar una aproximación diagnóstica. Con
el mismo fin, el Colegio de Médicos de Barcelona ha editado este año 2005 un
monográfico sobre los TCA dentro de su serie de Quaderns de Bona Praxi que
Los centros sanitarios que han colaborado en este estudio han sido codificados con el fin
de preservar la confidencialidad de sus opiniones.
117
116
pretende establecer los criterios de buena práctica a ser aplicados por sus
colegiados/as y que permitan una correcta derivación para la detección y el
tratamiento precoz.
Sin embargo, en muchas ocasiones no son los Centros de Atención
Primaria (CAP) quienes derivan a las mujeres u hombres que presentan
síntomas relacionados con algún TCA sino que es algún miembro de la
familia o del entorno más inmediato quien detecta el posible problema y hace
averiguaciones para encontrar centros de asistencia y tratamiento. En la
mayoría de casos se dirigen, en primer lugar, hacia el sistema público
especializado.
El sistema público ha creado en los últimos años dispositivos asistenciales
especializados en trastornos alimentarios como son los centros de día y las
unidades de ingreso en hospitales específicas para pacientes con TCA. De los
tres centros públicos estudiados, dos de ellos cuentan ya con hospital de día
desde hace algunos años mientras que en el tercero este recurso se encontraba
en el momento del estudio en vías de creación y se preveía su puesta en
funcionamiento en breve. Aunque los criterios de ingreso en estas unidades
suelen estar establecidos mediante protocolos que atienden a variables
puramente biológicas - como las señaladas en el capítulo 2.5 -, en la práctica
clínica los criterios son más laxos y hacen referencia a una evaluación de la
gravedad del caso tomando en cuenta tanto variables físicas como también
sociales, más específicamente, familiares. Así por ejemplo, en HP2118 nos
comentaban “la gravedad a veces es en, en parte por, por el criterio del peso y luego
por [...] el factor familiar o socio familiar” refiriéndose a que ante una misma
sintomatología se elegirá a aquella persona que cuente con menor soporte
social y familiar o, como en otro de los casos, dependiendo de la distancia de
residencia de la familia respecto del recurso asistencial.
La duración de los tratamientos es más corta que en los centros privados,
rondando los tres meses de estancia máxima en los centros de día y unidades
de ingreso consultadas. No obstante, este plazo máximo puede ser negociado
en base a la valoración del estado de la paciente y a la presión que las listas de
espera puedan estar ejerciendo. Se trata, en todo caso, de tratamientos
“rápidos” que tienen como principal objetivo el concienciar a las pacientes de
que están “enfermas” y de marcarles unas pautas a seguir para organizar sus
“desestructuradas” vidas. Por ejemplo, algunas de estas pautas serían las
transmitidas en los talleres de educación nutricional, que se entienden como
adecuados y suficientes para cambiar sus hábitos de alimentación. En cambio,
en los centros privados los tratamientos son más largos y obviamente más
caros. Algunos de ellos establecen un plazo mínimo de estancia para poder
garantizar los efectos del tratamiento - como es el caso de CC3119 que fija este
periodo en seis meses – y, por tanto, los criterios de selección en este tipo de
118
119
HP: Hospital público
CC: Clínica privada
117
servicios no se basan tanto en la severidad de los síntomas y del diagnóstico
como en el bolsillo familiar o personal. No obstante, muchas de estas
entidades cubren los gastos de atención a través de las pólizas de seguros
sanitarios que disponen en las escuelas. En el caso de CC3, el mismo
dispositivo ha creado una Fundación que, entre su lista de tareas, incluye la
recaudación y gestión de ayudas económicas dirigidas a aquellas familias que
no pueden costear el internamiento en uno de sus centros.
Los centros públicos están trabajando por encima de sus posibilidades
con listas de espera que se han reducido considerablemente con la
implantación de hospitales de día pero que aún así rondan los 30 días - como
es el caso de HP2, donde los trabajadores y las trabajadoras reclaman más
horas de profesionales -. En otro centro de día ubicado en HP3, la falta de
recursos y la escasez de espacio quedaban patentes tras la visita a un servicio
construido con paredes desmontables y en el que los diferentes espacios,
incluidas las consultas, carecían de techo, dificultando así la preservación de
la intimidad. Las consultas ambulatorias también aparecen colapsadas,
dándose casos en los que la derivación de pacientes de centros de salud
mental infanto-juveniles a centros de adultos puede demorarse hasta seis
meses, durante los cuales los y las profesionales de infanto-juvenil han de
seguir tratándolos aún con mayoría de edad. En las unidades de
hospitalización, el número de camas con el que se suele contar es muy
reducido, en algunos casos son tan sólo dos camas que, además, pueden no
estar disponibles según la demanda de hospitalización que exista en un
momento dado. En el sector privado el panorama es algo diferente. Aunque
algunos centros han admitido no tener problemas para absorber la demanda
existente, otros cuentan también con listas de espera que, aunque hace un año
se situaban en torno a los 4 meses, han conseguido reducirla a 3 o 4 semanas
tras la apertura de nuevos dispositivos. Según los profesionales consultados,
esta situación desbordante tiene mucho que ver con la deficitaria red
asistencial específica para TCA existente en el resto de España, ya que gran
parte de la demanda atendida en estos centros proviene de otras
comunidades autónomas donde no existen recursos especializados.
En todos los centros consultados resaltan que una mayoría de sus
pacientes presentan trastorno bulímico o con TCANE, excepto HP1 donde las
pacientes con anorexia y con bulimia tienen la misma proporción. Este grupo
de trastornos alimentarios no especificados - cuya función se asemeja más a la
de un cajón de sastre donde “todo” lo no etiquetado como anorexia o bulimia
cabe por igual -, son considerados por algunos profesionales como estadios
previos a la anorexia o bulimia, siendo interpretado el espectacular aumento
de su prevalencia durante los últimos años como un hecho positivo y de
carácter preventivo logrado a partir de hacer una mayor, y mejor, difusión
informativa sobre los trastornos alimentarios. Los testimonios de los y las
profesionales entrevistados/as contrastan, sin embargo, con la ausencia de
información y de formación
especializada en trastornos alimentarios
detectada en los centros de atención primaria y también con el incremento de
118
protocolos de actuación aparecidos recientemente (ver 2.5) y dirigidos a este
colectivo de sanitarios.
Los y las profesionales de la salud mental- siguiendo una clara
orientación biomédica- tienden a homogeneizar a las pacientes en base a unas
características que las han convertido en un retrato robot de lo que una
afectada de un trastorno alimentario debe ser. Un retrato robot que se
correspondería con el paciente “ideal”, de manual, encontrado solo
anecdóticamente en la práctica clínica real, pero de gran utilidad para la tarea
de simplificar las causas en torno a las cuales construir un modelo de
tratamiento. De esta manera las definen como personas con baja tolerancia a
la frustración y a los conflictos, alejadas del pensamiento abstracto,
maleducadas, mentirosas, manipuladoras, muy exigentes, perfeccionistas, sin
capacidad reflexiva, ni de introspección, ni de soñar, ni de poder sentir, y, sin
embargo, resistentes a asumir que tienen una “enfermedad”. Se trata de unas
características que han sido construidas por ellos mismos y que más que
expresar unas determinadas cualidades psicológicas propias de las personas
afectadas vienen a reflejar unas relaciones de poder y subordinación que rigen
el espacio clínico y las relaciones entre profesional y paciente, y que por otra
parte tienen mucho que ver con la posición estructural que han ocupado y
ocupan las mujeres en la sociedad. Esto ha quedado ilustrado con las
afirmaciones hechas sobre la mujer expresadas por parte de uno de los y las
profesionales entrevistados/as, quien ha ido más allá justificando la mayor
incidencia de TCA entre este grupo de población en base a su mayor
dependencia del “otro” y a la necesidad de la mirada del “otro” para poder
verse a sí mismas. Creemos que sería sumamente interesante para estos y estas
profesionales que tomaran la iniciativa de asomarse por el ciberespacio - un
nuevo y peculiar lugar utilizado por las afectadas para expresar sus malestares
y al que le hemos prestado especial atención en este trabajo - y contrastarán su
visión sobre “sus pacientes” con las que ellas mismas tienen de “sus
profesionales” y terapeutas con los que tratan durante el proceso asistencial.
La aplicación de tests psicológicos es una práctica habitual para establecer
un diagnóstico en todos los dispositivos consultados, excepto en HP2, donde
no los creen necesarios y se basan únicamente en la entrevista psiquiátrica. En
todos los casos se siguen los criterios diagnósticos establecidos en los
manuales DSM-IV o CIE-10. Por otro lado, en HP1 combinan la aplicación de
tests y la entrevista psiquiátrica abierta con una exploración pediátrica, ya que
en este hospital se atienden casos infanto-juveniles. En este mismo hospital,
los criterios de hospitalización y el tratamiento a seguir son discutidos entre
psiquiatras, psicólogos/as, pediatras, nutricionistas y endocrinos/as. Esta
colaboración entre profesionales de diferentes especialidades, se va a dar
también en HP3, cuyo servicio cuenta con el apoyo de una dietista que ayuda
a confeccionar una dieta individualizada para cada una de las pacientes
negociándolo con ellas mismas, además de con el psiquiatra y la enfermera.
En este sentido, el servicio está apoyando la participación de las propias
afectadas en su proceso de recuperación.
119
En cuanto a los tipos de abordaje, hemos encontrado un panorama
diverso respecto a las orientaciones adoptadas por los profesionales
consultados. En primer lugar, es interesante resaltar la rivalidad existente en
los procesos terapéuticos entre los psicólogos y psiquiatras de líneas
cognitivo-conductual y los de tendencias psicoanalíticas. Los primeros que
empezaron a trabajar con estas patologías fueron los cognitivo-conductivistas
y aducen en su defensa la larga experiencia y el éxito de unos tratamientos
que, según argumentan algunos de ellos, no son posibles de conseguir
mediante las técnicas psicoanalíticas. Los psicoanalistas por su parte aparecen
más tarde por la fuerte influencia francesa, país en el que tienen primacía, y
han ido ocupando paulatinamente un espacio propio en los centros
especializados. A partir de nuestro trabajo de campo podemos decir que son
las corrientes cognitivo-conductuales las que están más extendidas en
Cataluña. Dos de los siete (CC3 y HP4) centros estudiados ofrecen
únicamente este tipo de terapia, mientras que ninguno se encasilla solamente
dentro de la orientación psicodinámica.
La hegemonía de las terapias cognitivo-conductuales tiene mucho que ver
con la mayor fuerza que están cobrando en la actualidad las hipótesis
biologicistas de la enfermedad, ya que su base conceptual ha estado
tradicionalmente emparentada con éstas. Esta relación entre la concepción
etiológica y la terapia aplicada queda ilustrada en una de las intervenciones
que va a hacer, durante uno de los grupos de discusión, una de las terapeutas
representantes de esta línea refiriéndose a los factores implicados en los
trastornos alimentarios “está clarísimo que hay un factor genético” (HP4-PSP120).
Otros centros (HP2 y HP1), ante la imposibilidad de probar las
verdaderas causas psicológicas u orgánicas de los TCA por falta de datos
empíricos, optan por contar con representantes de ambas orientaciones
teóricas. Algunos se declaran eclécticos argumentando que “beben” de
diferentes fuentes de conocimiento mientras que otros justifican la adecuación
de cada orientación para diferentes aspectos terapéuticos. En este caso, se
propone el abordaje conductual para controlar el síntoma mientras que el
psicodinámico estaría enfocado a tratar las causas. Es interesante en este
sentido el caso de HP1, donde estas dos orientaciones se aplican en diferentes
niveles de atención. Así, mientras que en las unidades de hospitalización
domina la línea más conductual, las consultas ambulatorias siguen una línea
de carácter psicodinámico.
Por último, encontramos un centro (HP3) que declara tener una
orientación expresamente sistémica. Decimos expresamente, ya que en todos
los casos estudiados los tratamientos se hacen extensivos a las familias y al
entorno social más próximo hasta el punto de que algunos centros pueden
negarse a intervenir si no existe presencia e implicación familiar, mostrando
así una clara orientación sistémica. Incluso uno de los centros (HP2) que no se
120
PS: Profesional sanitario/Psicóloga
120
posiciona explícitamente en la línea sistémica, afirma diagnosticar “familias”
y no pacientes. HP3 se trata de un modelo hospitalario, extensible a todas las
unidades de atención, y en el que la terapia familiar, tanto con la presencia de
la afectada como a solas con el terapeuta, constituye un elemento altamente
relevante en el tratamiento. Sin embargo, reconocen que la implicación de la
familia no siempre es posible, y ello no les previene de atender a chicas que se
han independizado y viven solas.
El trabajo con las familias está presente en todos los centros aunque con
diferentes enfoques respecto al papel que ésta ha de jugar en relación al
tratamiento. Mientras que en algunos centros (HP2) se hace terapia con la
familia exactamente de la misma manera que se hace con el paciente, en otros
centros el papel que ésta ocupa en el proceso terapéutico es más bien de
soporte y apoyo. En estos casos, no se hace terapia con ellos, aunque sí
acuden a visitas con el terapeuta cuya finalidad es la de informarles sobre la
enfermedad y aconsejarles sobre la actitud que deben adoptar. Algunos de los
terapeutas entrevistados los han llegado incluso a definir como “coterapeutas”, en el sentido de que colaboran en la detección de mentiras o de
intentos de manipulación de los pacientes. En otro caso (HP1), simplemente
se crean espacios donde pacientes y familiares pueden reunirse para expresar
libremente sus malestares con la presencia de un terapeuta. En estos grupos,
situados en la frontera entre los grupos terapéuticos y de autoayuda, no se
pretenden dar pautas de actuación ni educación al respecto sino servir como
un acto de catarsis monitorizada.
Las terapias individuales y grupales se suelen alternar en prácticamente
todos los centros, otorgándoles, eso sí, un carácter específico a cada una de
ellas según el enfoque adscrito. Así por ejemplo, en HP2, un centro de
enfoque sistémico, no se concibe el tratamiento individual sino grupal, no
refiriéndose tan solo a la participación de la familia sino a la formación de
grupos terapéuticos compuestos por afectados que se encuentran en estadios
diferentes de la enfermedad. Los afectados que han conseguido superar sus
síntomas pueden suponer un apoyo y una motivación para aquellos que
acaban de comenzar el tratamiento. En otros centros la terapia individual
suele ser central y las grupales se destinan a tratar temas específicos como son
la alimentación, la autoestima, o para trabajar aspectos familiares. Estas
terapias se complementan en todos los casos con un seguimiento médico y
psiquiátrico que conlleva la aplicación de medicación cuando se considera
necesario. Los profesionales verbalizan al respecto que los fármacos se
utilizan de manera no continuada y en casos específicos: cuando existe una
descompensación, cuando existe comorbilidad con otros trastornos como
depresión o trastorno bipolar, o bien para atacar síntomas concretos como el
insomnio o la angustia.
Este conjunto de terapias se ven complementadas con la oferta en los
centros de ingreso (de día o hospitalarios) de una serie de actividades o
talleres de terapia más lúdica - que siempre cuentan con un objetivo
121
terapéutico más o menos declarado – como son los cine-forums, talleres de
lectura, espacios de relajación, teatro, arteterapia, musicoterapia, etc, estos
últimos centrados en el trabajo sobre el cuerpo. También existen talleres de
educación nutricional aunque su contenido puede cambiar en cada servicio.
Mientras que algunos se centran en transmitir una educación básicamente
nutricional dirigida a la re-estructuración alimentaria de la paciente, en otros
el contenido sería más amplio e iría encaminado a aportar información sobre
la enfermedad, su pronóstico y tratamiento así como a proporcionar
conocimientos tanto en nutrición como en otros aspectos del cuidado de la
salud. Dos de los servicios consultados cuentan entre sus proyectos más
inmediatos la creación de talleres de cocina para instruir a las pacientes en
habilidades culinarias. En todo caso, las intervenciones aplicadas con la
finalidad de conseguir una re-estructuración alimentaria son analizadas y
cuestionadas en profundidad en el siguiente apartado.
En los centros el seguimiento de los pacientes es constante, a pesar de que
los profesionales no se reconocen como vigilantes, como decía una enfermera:
“Yo no me siento vigilante, yo realizo una atención integral a las pacientes, pero eso
sí, yo controlo todo lo que hacen” (HP2-PSE121). Además de los terapeutas, la
mayoría psiquiatras y psicólogos, están los coordinadores o enfermeras
quienes se dedican únicamente a supervisar las acciones de los pacientes, a
observar si cumplen las normas establecidas y a controlar que todo esté en
“orden” en cada uno de los espacios preparados para las terapias. Por
ejemplo, los WC suelen estar cerrados en la mayoría de los centros, y solo se
abren cada vez que se termina un taller o cuando se realizan las comidas. En
algunos casos la enfermera suele acompañar a la paciente al lavabo. Las
prohibiciones en torno a hablar de cuerpo y de comida sin la presencia de un
terapeuta son también normas habituales en algunos centros.
En cuanto a los abandonos o recaídas, no son entendidos en ningún caso
por los profesionales como fracasos del modelo de abordaje y tratamiento. Las
causas referidas son siempre externas, como por ejemplo el hecho de que sean
tratamientos largos y cueste mantenerlos económicamente en el caso de los
centros privados, o bien por la distancia del lugar de residencia. En los
servicios públicos, las razones de los abandonos son trasladadas directamente
a las pacientes, a quienes se les culpabiliza de no tener la suficiente fuerza
para afrontar el tratamiento. Además, se reconoce que los casos en que las
pacientes abandonan o hacen un reingreso “están cantados” (HP3-PSE122), por
lo que existe un perfil determinado que parece no salir beneficiado de las
terapias. Se asume que es una enfermedad crónica y se entiende que salen del
servicio cuando están “curadas” (HP1-PSP123), más allá de que tiempo después
puedan tener una recaída que creen, por otro lado, inevitable. Las pacientes
PSE: Profesional sanitario/Enfermera
PSE: Profesional sanitario/Enfermera
123 PSP: Profesional sanitario/Psiquiatra
121
122
122
mientras tanto van pasando por diferentes centros buscando la ayuda que
aún no han encontrado.
Algunos centros - una minoría - intentan prevenir las recaídas haciendo
consultas de seguimiento durante el año o años posteriores al alta. Es el caso
de uno de los centros privados estudiados (CC3) que, además de continuar el
seguimiento hasta tres años después del alta, ha sido el único servicio que ha
puesto en marcha un nuevo dispositivo para combatir un número de recaídas
que consideran demasiado frecuentes e inevitables en el modelo de
tratamiento actual. Se trata de la creación de pisos terapéuticos como paso
intermedio entre el estar ingresada y el volver a casa. Están dirigidos
especialmente a aquellos casos en que existe una clara desestructuración
familiar y/o mucho riesgo de cronificación. El objetivo principal es el de la
reinserción social a todos los niveles - laboral o académico, y de relaciones
sociales – que las lleve a alcanzar una total autonomía sobre su vida diaria. En
los pisos, son las propias pacientes quienes se encargan de comprar la comida
y cocinarla en base a unas normas de convivencia establecidas y
consensuadas por ellas mismas. Durante la estancia en el piso, han de trabajar
en la desaparición total de su sintomatología con la ayuda de las terapeutas a
las que acuden a visitar en consulta ambulatoria y de las psicólogas que
visitan los pisos. Se han establecido tres fases diferentes en el modelo de pisos
asistidos relacionadas con la cada vez menor presencia del psicólogo en ellos
a medida que las pacientes van alcanzando una mayor autonomía. Nos ha
parecido una apuesta innovadora y positiva como eslabón entre los modelos
terapéuticos aplicados en los diferentes centros aquí descritos y la vuelta a la
vida “normal”. Esta opción, sin embargo, es altamente costosa, por lo que
debería ser considerada por la red pública como un recurso asistencial
indispensable para reducir el índice de fracasos en el tratamiento. Además,
sería conveniente la incorporación de otros profesionales, como educadores y
trabajadores sociales, rebajando así la presencia del psicólogo en un recurso
que pretende ser menos medicalizado y más socializado, principalmente
dirigido a conseguir la reinserción de la persona en la sociedad.
Por último, como labor de prevención en relación con la lipofobia y la
imagen corporal se está realizando desde hace varios años un trabajo
interesante en una institución universitaria catalana (U1) dirigida a la
población adolescente y juvenil. Desde la facultad de psicología de esta
universidad, se han elaborado talleres psico-educativos que trabajan sobre la
imagen corporal. Estos talleres están siendo aplicados entre estudiantes
universitarios, aunque están también abiertos a población no estudiantil que
se sienta preocupada por su cuerpo. En un primer momento se les hace una
evaluación mediante la aplicación de test de detección para observar si
realmente tienen un nivel de preocupación más alto que el normativo de la
sociedad en que vivimos. En ese caso, se les ofrece la posibilidad de hacer una
intervención grupal para mejorar la imagen corporal. También se lleva a cabo
un trabajo en las escuelas donde se intentan detectar los factores de riesgo de
trastornos alimentarios y se combaten mediante talleres en los que se trabaja
123
la nutrición y el espíritu crítico hacia el modelo estético corporal imperante y
su transmisión mediante la publicidad. Sin embargo, su aplicación en el
campo sanitario no ha sido hasta hoy fructífera aunque aparece entre sus
objetivos. Por otro lado, esta iniciativa, para que fuera más efectiva, tendría
que ir acompañado no sólo de talleres donde se trabaja críticamente la
satisfacción/insatisfacción corporal a partir del cuestionamiento de las
imágenes culturales de género, sino de propuestas que, simultáneamente,
ofrezcan a los jóvenes conocimientos y habilidades culinarias (no únicamente
nutricionales).
Las acciones dirigidas a combatir las deficiencias que presentan los
actuales modelos de tratamiento son aún escasas, un panorama que parece
tener mucho que ver con el insuficiente reconocimiento por parte de los
profesionales de los numerosos fracasos y recaídas como fruto de estos
modelos y no de las cualidades de las pacientes. La asunción de que los
factores socio-culturales son inalterables les lleva a admitir como normal el
aumento progresivo de la incidencia y la cronificación de estos trastornos, sin
plantearse, por ello, una intervención extensiva a este nivel. Por otro lado, las
tareas de prevención identificadas parecen alarmantemente insuficientes a la
luz de la situación descrita a lo largo de este trabajo en tanto que están
centradas exclusivamente en la lipofobia y, como hemos identificado aquí, la
etiología de los TCA es, psicológica y culturalmente, más compleja.
5. COMEDORES Y COMEDORAS
“La mesa tenemos puesta
lo que se ha de cenar, junto
las tazas y el vino, a punto;
falta comenzar la fiesta.
Rebana pan, bueno está
La ensaladilla es del cielo;
Y el salpicón con su ajuelo,
¿no miras que tufo da”
(Baltasar del ALCÁZAR, cena)
Sucede que al buscar las causas de la anorexia nerviosa, se alude al
seguimiento de un régimen como factor precursor. Ocurre, sin embargo, un
fenómeno inusual respecto a otras desviaciones, la aplicación, más o menos
ortodoxa, de la dieta institucionalizada, basada en la mesura y la restricción,
la hoy considerada, paradójicamente, como el inicio de la carrera desviante de
las personas anoréxicas (DARMON, 2003: 143-6). Si se sostiene que la dieta esta
en el origen del trastorno, sus trayectorias no comienzan transgrediendo las
normas como sucede en otros procesos de desviación, sino sometiéndose a
ellas e iniciando un comportamiento no sólo generalizado, sino prescrito
médicamente.
124
El control del peso, el seguimiento de una dieta, la supresión de ingestas o
el ejercicio físico son una racionalización de las prácticas de evitación y
restricción. Sorprende, además, que habiendo definido a las personas
anoréxicas por su “obsesión” por hacer dieta, ésta sea vista por los y las
profesionales de la salud como la parte fundamental de la estrategia
terapéutica y las técnicas seguidas por la mayoría de las personas anoréxicas
(contar calorías, pesar alimentos, seleccionar alimentos) han sido extraídas,
con mayor o menor acierto, del campo de la dietética y de la nutrición. “Seguía
la dieta del médico que me puso cuando me dijo que tenía que perder unos diez kilos
para estar en mi peso … Me dio una dieta de 1200 calorías y un plan que servía para
una semana. Tenía que pesar todo que me comía. Pues si tocaban judías verdes, 200
gramos… La fruta ni grande ni pequeña, solo dos veces al día. Me funcionó y me puse
en mi peso… Lo difícil es mantenerte… Cuando yo misma veía que me había
engordado, empezaba a comer menos, seguía esa dieta…” 124
El ajuste constante y medido a los objetivos perseguidos, cuando estos
son los de adelgazar, nos permite hablar en efecto de una racionalización de
las prácticas alimentarias: qué comer, cuando comer y en función de qué. Hay
un trabajo específico de buscar información en los libros, en las revistas o en
Internet, tanto de orden cualitativo como cuantitativo que l@s informantes se
plantean así:
“Me iba haciendo como un cuadernillo. Pegaba la tabla calórica de los
alimentos que había cortado de una revista que rondaba por casa, la dieta del
verano que me pasaba una amiga en el instituto, la dieta para estudiantes
cuando empezaba el curso... Al final lo dejé cuando me puse a estudiar
enfermería en la facu… allí tenía información más que de sobras.” (M.M. /M,
19).
“De repente me di cuenta que sabía todo lo que comía y de todos los alimentos
sabía todas las calorías de cada trozo y empecé a perder peso, a perder peso…”
(E.S. /M, 17)
La supresión de las comidas y de los alimentos es paulatina, no drástica,
pensando en combinar la conveniencia dietética con la estética y, teniendo en
cuenta las preferencias alimentarias personales. “Yo creía que se podía comer
sano y no engordar a la vez. Le pedía a mi madre que comprara productos 0%
desnatados, sin azúcar o sin grasas. Todos los yogures los tomaba desnatados, las
galletas sin azúcar añadida… Así comía más o menos de todo, compensando a lo
mejor lo que me pudiera pasar de cantidad con que algunas de estas comidas no
tuviesen azúcar o fueran ligth…” 125“Yo me había establecido un peso ideal y lo iba
consiguiendo. Empecé a comer menos, y me iba adelganzando… Tenía una especie de
guía que iba siguiendo para almorzar, comer, merendar. Procuraba no comer entre
horas…”126“Prefería comer menos y dejarme lo que no me gustaba, la carne, la
(M.H./M, 23)
(G.G./H. 17)
126 (J/H, 26)
124
125
125
verdura…Eso no era problema. El problema era no comer chocolate que me
encanta…pues entonces solo comía eso”. 127
Las observaciones realizadas en distintos centros revela que las personas
anoréxicas piensan en la comida, casi del mismo modo que los profesionales
de la salud que las asisten. Mucho más en términos de alimentos, nutrientes y
calorías, y menos en términos de platos, comidas y situaciones. Numerosos
terapeutas reconocen que estas pacientes son “verdaderas máquinas de contar
calorías”, aunque en términos nutricionales, según su opinión, se confundan
bastante. El diálogo entre una enfermera y una usuaria de un hospital de día
muestra hasta que punto el consejo nutricional y, la pauta que lo acompaña,
están interiorizados:
P : esta noche, ¿puedo cenar ensalada de pasta?
E: ¿tú que crees?
P: es que hace mucho tiempo que no tomo y me apetece, si pongo un huevo ya tendré
la proteína ¿no?
E: sí, pero debes poner dos para hacer la cantidad correcta de proteínas necesarias
P: vale, esta noche haré ensalada de pasta
Aunque la finalidad de la dieta sea distinta para ambas, preservar la salud
para quien la prescribe y satisfacer el paladar para quien la consume, llevan al
mismo lenguaje:
P: esta carne ¿qué lleva?
E: Come de una vez y no te preocupes por las calorías
P: No, si estoy mirando las proteínas que tiene
El trabajo aplicado sobre la comida también se extrapola al campo de la
actividad física siguiendo el mismo esquema. Desde un punto de vista de la
salud, la dieta y el ejercicio no deben seguirse sólo con fines terapéuticos, sino
también preventivos. Incorporando el principio de precaución, se considera que
los programas de educación nutricional en las escuelas, por ejemplo, son un
medio para prevenir los trastornos del comportamiento alimentario y “una
educación temprana en los aspectos positivos (alimentos, ejercicio y dietas) y
negativos (anorexia, bulimia y obesidad) pueden reducir la futura aparición
de patologías” (FERNÁNDEZ & TURÓN, 1998: 153). En esa misma dirección van
las guías destinadas a los educadores y las educacdoras que les animan a “dar
las pautas adecuadas para conseguir un comportamiento alimentario
saludable, valorar la necesidad de seguir una alimentación adecuada para
hacer una buena práctica deportiva…, educar en el gusto por el deporte como
práctica lúdica no competitiva.” (GENERALITAT DE CATALUNYA 2001: 25). Por
eso algunas de nuestras informantes consideran que incorporar, o aumentar,
ciertas prácticas deportivas es forma legítima de cuidar el cuerpo, la salud y
las formas corporales. “Siempre he practicado deporte, piscina, algo de tenis,
127
(M.M./M, 19)
126
gimnasia… Es porque me gusta, aunque también lo hago por todo, por la salud, por el
cuerpo, para no engordar… También tengo en cuenta lo que como. Me controlo, no
como todo lo que querría, miro de bajar las cantidades…”128 “Cuando empiece el
nuevo año no comeré nada más que un actimel, saltaré no se cuántas veces a la
cuerda, iré corriendo hasta Cornellà antes de entrar en música, de un pueblo a
otro…”. 129
Sucede que el patrón dietético que se intenta (re)instaurar en la mayoría
de estos centros, así como los programas de educación nutricional destinados
a personas anoréxicas y bulímicas persiguen una normalización de la comida
en cuanto tiempo, lugar, contenido, periodicidad o duración que solo se
corresponden parcialmente con las maneras de comer de la mayor parte de la
población. Mucha gente “sana” come, almuerza o cena en solitario, apenas
mantiene la estructura del menú ternario y tanto puede comer en 15 minutos,
como hacerlo en tres horas. Todo depende de las circunstancias en las que la
comida se hace y las finalidades que cumple. Si bien la salud es una
motivación importante de las decisiones del consumo alimentario, es sólo
uno, entre muchos, de los diversos condicionantes de la alimentación
cotidiana (CONTRERAS & GRACIA, 2004:169-172). Así las maneras de comer de
la población española se han ido modificando y diversificando, adaptándose a
los nuevos constreñimientos impuestos por la transformaciones de una
sociedad cada vez más industrializada y, aun no correspondiéndose con el
modelo alimentario facultativamente pautado, las prácticas observadas no
constituyen, salvo excepciones, síntomas alarmantes de una desestructuración
alimentaria, sino más bien modos de comer más operativos y flexibles. Prueba
de ello es que la esperanza de vida no había alcanzado nunca niveles tan
altos. “Comer bien”, “comer sano”, “comer bueno…” pueden tener
significados muy diferentes, más o menos complementarios o contradictorios,
si lo que está en juego es la salud, la hospitalidad o diferentes tipos de
conveniencia o pragmatismo.
En los TCA, el trabajo ambulatorio y hospitalario implica, consciente o
inconscientemente, la aniquilación de una buena parte de estas
significaciones. Cuando la (re)habilitación nutricional constituye una de las
herramientas terapéuticas, más que suponer una restauración de las prácticas
alimentarias previas es un nuevo aprendizaje o una socialización en la norma
dietética desprovista de buena parte de las funciones sociales de la comida que
no sean las referidas al cuidado de la salud. Esto dificulta la aplicación
efectiva del tratamiento en las instituciones asistenciales y la posterior
reintegración de los pacientes a su entorno habitual. A estas personas se les
exige que modifiquen no ya aquellas prácticas y valores alimentarios que se
consideran erróneos desde una perspectiva nutricional, sino aquellos
comportamientos cotidianos que, sin haberse demostrado científicamente que
son mejores o peores, como comer tres veces al día en lugar de cinco, un plato
128
129
(E.F/ 45)
(E.S/M, 17)
127
único en lugar de tres o en un horario flexible en lugar de hacerlo en horas
establecidas, están estrechamente vinculados con los ritmos de vida
contemporáneos: “Intentamos reinstaurar un patrón de alimentación normal.
Insistimos en el número de comidas, al menos deben comer 4 ó 5 veces al día, de esta
forma, repartiendo los alimentos a lo largo del día, no necesitan comer grandes
cantidades de alimento que les produce sensación de pesadez y a veces como
consecuencia de este malestar van al WC a vomitar. Les enseñamos a comer de forma
equilibrada. ¿Te has fijado que durante las comidas he aprovechado algunas preguntas
de ellas para enseñarles los grupos de alimentos, los distintos nutrientes,... se les
aconseja que coman de todo tipo de alimentos, de esta forma se equilibra el menú
diario. Es una forma sana de hacer una alimentación equilibrada, comiendo de todos
los alimentos. Algunos no les gustan, pero mientras están aquí deben comer de todo,
aunque no les guste. Son tan caprichosas que algunas ni siquiera han probado
algunos alimentos y por eso dicen que no les gusta. Aquí comen de todo. También
insistimos en que deben comer despacio, pero no demasiado despacio, ni demasiado
deprisa, a una velocidad adecuada. Algunas se meten el bocado en la boca y hacen
como los niños, se pasan el alimento de un lado a otro de la boca y no lo tragan. Eso
no deben hacerlo. Aunque reconozco que aunque aquí les insistimos en algunas cosas,
después cuando lleguen a su casa harán lo que les parezca” (HP2-PSE) 130
El punto de partida de los servicios asistenciales especializados es tratar
de solucionar un “problema” que se suele caracterizar por la idea que los
pacientes con TCA tienen una alteración de la nutrición por defecto, relacionada
con la incapacidad de ingerir o absorber los nutrientes y debida a factores
psicológicos. Así, los objetivos institucionales son recuperar el peso, cuando sea
necesario, y aminorar de forma progresiva las dificultades en la conducta
alimentaria a fin de conseguir normalizar las ingestas.
Hay una notable unanimidad al considerar que las personas anoréxicas
tienen hábitos desestructurados y siguen restricciones dietéticas
autoimpuestas sin ningún fundamento lógico, racional o científico. Comen de
forma caprichosa, “infantil”, sólo lo que les gusta y sin orden ni concierto.
Prácticas que, bajo el criterio de los médicos, deben ser modificadas
“poniéndolas a régimen”, inculcándoles pautas adecuadas que las lleven a un
comportamiento alimentario saludable. Para ello, se proponen actividades
que permitan valorar la información y las creencias sobre nutrición que tienen
las pacientes y, aplicar un plan de educación capaz de establecer y mantener
una alimentación equilibrada, informando del tipo de dietas idóneas y de las
cantidades diarias necesarias. La dieta prescrita por los facultativos es vista,
consecuentemente, como fundamental para la recuperación no sólo física y
psicológica, sino también social, de estos enfermos “la dieta debe realizarse
perfectamente… durante meses, si hace falta. La dieta les da seguridad, las nutre,
pone orden en sus vidas y les ayuda también a luchar contra el miedo obsesivo que
tienen por engordar. Deben aprender a comer, seguramente nunca han sabido hacerlo
bien…Comer de todo, en las cantidades apropiadas…La finalidad de la nutrición en la
130
PSE: Profesional sanitario/Enfermera
128
Anorexia Nerviosa es mejorar y recuperar el Índice Masa Corporal y conseguir que
realicen un aprendizaje hacia la dieta óptima”.131
Vale la pena reflexionar sobre este modelo de intervención que, aunque
no es el único, sí es el hegemónico. Las paradojas se producen en varios
niveles, aunque la más relevante tiene que ver con la confusión que, en el
ámbito asistencial, se produce entre dos términos en sí mismos
complementarios, pero diferenciados: alimentación y nutrición. Sabemos que
comer es algo más que mantener el cuerpo funcionando de una forma más o
menos óptima, comer implica a la vez alimentarse y nutrirse. Mientras que
alimentarse se refiere a un acto voluntario, consciente y social a partir del cual
proporcionamos a nuestro cuerpo las sustancias que necesitamos para
subsistir, nutrirse se refiere a un acto involuntario e inconsciente que depende
del metabolismo orgánico y que se inicia con el proceso de la digestión.
Alimentarse, por su parte, se incluye dentro un proceso más amplio, el de la
alimentación, consistente en obtener del entorno una serie alimentos, naturales o
transformados, a partir de un proceso de selección fruto de las disponibilidades
y aprendizaje sociales e individuales en el que influyen factores ecológicos,
socioeconómicos y culturales. La alimentación, en consecuencia, vincula lo
natural con lo social en un sentido amplio y comer sirve como medio para
describir la manera en que los seres humanos son simultáneamente
organismos biológicos y entes sociales. Sucede, sin embargo, que los
problemas de las conductas alimentarias se conceptualizan y, por tanto, se
abordan como problemas individuales con consecuencias nutricionales, es
decir, biológicas, omitiendo, así, la entidad social de los comedores/pacientes.
Esta reducción de lo alimentario a lo nutricional supone un error conceptual y
estratégico que va a marcar algunas de las contradicciones producidas en el
proceso terapéutico relativa a la (re)educación y socialización alimentaria.
Estas contradicciones son producto, además, de considerar que las personas
con TCA presentan una relación patológica con la comida debido, sobre todo,
a dos tipos de dificultades: emocionales (obsesión, inseguridad) y de
competencia (saber o no comer) y, de obviar, sin embargo, que comer más o
menos, mejor o peor, puede estar expresando también desajustes o malestares
experimentados por las personas en sus interacciones sociales o, por el
contrario, la aplicación extrema de ciertas normas sociales.
No deja de ser paradójico también, y sorprendente, que la predisposición
“insana”, “desmedida” e “ignorante” de las personas anoréxicas/bulímicas a
hacer dietas no óptimas se tenga que resolver, precisamente, poniéndose a
dieta. Por lo tanto, de lo que se trata desde un punto de vista terapéutico no es
tanto de estigmatizar la dieta en sí misma, sino aquellas pautas/dietas que,
por diferentes motivos, se apartan del modelo nutricional hegemónico. Desde
esta perspectiva, dicho modelo es el único capaz de establecer, racionalmente,
quienes hacen o no dieta y en qué consiste una “comida no-dieta”. Según este
131
ZAMARRÓN, 2003: 170-171.
129
modelo, las personas que comen en función de sus necesidades biológicas o
comienzan a comer cuando sienten hambre y dejan de hacerlo cuando se
sienten llenos son individuos que no hacen dieta. Así, las personas que comen
exclusivamente “oyendo” sus reclamos orgánicos son las que, de entrada,
estarían más alejadas de comer de una forma incontrolada y, en consecuencia,
de padecer TCA: “[quien no hace dieta] es una persona que come lo que quiere y
cuando quiere sin miedo a ganar peso de forma incontrolada…, es una persona que
come en función de su necesidad biológica, más que en función de cuánto prefiere
pesar, es una persona que comienza a comer cuando siente hambre y que deja de comer
cuando se siente lleno”. 132 De forma paralela, y también según este modelo,
para conseguir una conducta no-dieta se debe aprender a “comer de forma
mecánica”, tal como se deduce del material utilizado en sesiones de grupos
psicoeducativos destinados a personas bulímicas y recogidas en manual de
referencia:
•
•
•
•
•
•
•
“Desayunar no más tarde de una hora después de haberos levantado
No deberán pasar más de 3-4 horas entre el desayuno y la comida
Merendar algo ligero
Cenar no muy tarde (entre las 20.00 y las 21.00 horas)
Las comidas han de ser consideradas como las medicinas y tener la primera
prioridad
Comer en función de un esquema predeterminado (1º, 2º plato y postre) y no
en función de que tengáis mayor o menor sentimiento de hambre
Es muy importante no saltarse comidas.”
Estas pautas se parecen a las que se están aplicando en buena parte de los
centros que hemos estudiado. En alguno media un contrato terapéutico que
exige a los pacientes cumplir una serie de condiciones a fin de garantizar su
permanencia en él, en particular, las normas alimentarias visibles en los
comedores y pasillos y las siguientes:133
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
132
133
“Hay que llevar un orden a la hora de ingerir los alimentos
Se dispone de un tiempo limitado para hacer las comidas
Masticar bien los alimentos
Acabarse toda la comida del plato
Beber el agua indicada
No hablar de comida
No hablar de tallas ni peso
Activarse en la mesa, no quedarse absorto mirando el plato
No comparar los platos de unos con otros
No manipular la comida, mezclar líquidos y sólidos
(FERNÁNDEZ Y TURÓN, 1998: 281)
(HP2, HP3, CC1)
130
•
Mantener la postura adecuada en la silla (espalda recta, piernas sin cruzar).”
Se trata de normas estrictas relativas a la duración, orden o cantidad de
las comidas, a las actitudes en la mesa o con los alimentos e, incluso, los temas
de no-conversación. En gran parte de los centros los pacientes no pueden
escoger el menú y, aunque existe una cierta variedad según el tipo de
trastornos adscritos (bulimia -control del peso; anorexia –aumento de peso-) y
los objetivos que quieran conseguirse (ganancia o pérdida de peso), la
flexibilidad es muy escasa. Cuando llegado el caso se les deja escoger, se hace
entre alimentos del mismo grupo, como entre dos tipos de fruta distinta, pero
no es posible cambiar un postre lácteo por una pieza de fruta. Si se niegan a
comer algunos de los platos ofrecidos o éstos quedan parcialmente
consumidos, se les administra un suplemento dietético, de uso, por otro lado,
frecuente.
En lo que a la comida se refiere dicha flexibilidad puede ser mayor o
menor en función del enfoque terapéutico del centro. No siempre coinciden
los mismos planteamientos para los distintos niveles de abordaje terapéutico.
Hay centros con enfoques sistémicos en las terapias individuales/familiares
pero que al trabajar con TCA recurren a propuestas cognitivo-conductuales.
¿Hasta qué punto es posible articular un abordaje integral de los TCA con
propuestas de socialización alimentaria tan ortodoxas?. Así lo expresa
Carmen, una enfermera de una de las unidades estudiadas:
“Todo lo pagan con la comida. Si están contentas, si están tristes, si están
nerviosas,... si tienen un problema, si suspenden o si aprueban,... o dejan de
comer en el caso de las anoréxicas, o comen compulsivamente en el caso de las
bulímicas….Ellas lo condicionan todo a la comida, pero en muchas ocasiones
no son conscientes de ello…
…Hacemos grupos de educación de la conducta alimentaria, cómo deben
comer, ni demasiado despacio, ni demasiado deprisa, que estén acompañadas,
cómo deben sentarse en la silla,... intentamos ensañarles a controlar los
síntomas negativos de la enfermedad tanto del punto de vista psicológico como
educativo. Hago grupos ambulatorios de conducta alimentaria, de dieta
equilibrada,..
…A veces salimos a pasear por la calle con las pacientes y vamos al
supermercado y les enseño a comprar de forma equilibrada,... intento cambiar
y reeducar sus costumbres que tienen que ver con la alimentación para
después poder aplicarlo a su vida diaria. Que cambien sus creencias y valores...
…Yo intento que sean autónomas a la hora de comer y eso repercutirá en sus
relaciones sociales en general, en la familia, en las amistades, en las
compañeras de trabajo,... Nosotros lo que hacemos es una reeducación de todos
los aspectos de la vida. Intentamos limar rigideces, enseñarles a que también
131
existen puntos intermedios además de los extremos. Las hacemos sentirse a
gusto entre nosotros…”134
Las posibilidades reales de que este modelo terapéutico funcione en lo
relativo a la comida son escasas. Si el objetivo de la asistencia es “limar
rigideces” y enseñarles a que también existen “puntos intermedios además de
los extremos”, un aprendizaje basado en el autocontrol de la vida cotidiana se
aleja sustancialmente de tal pretensión: “También hacemos el control de la ingesta
de alimentos. No sólo de los alimentos que se toman aquí en el comedor, sino también
de los registros que traen de sus casas. Habitualmente deben anotar los alimentos que
toman en su casa o en algún otro sitio como en un bar o en una cafería y no sólo
anotar el tipo de alimento, sino también las circunstancias en las que ese alimento se
toma y cómo se sienten ellas emocionalmente cuando lo toman. Después todo eso hay
que evaluarlo tanto cuantitativamente como cualitativamente. Es un apoyo tanto
nutricional como emocional….”135
También hemos topado con centros que consideran que no hay que hacer
énfasis en la conducta alimentaria, ya que esta es sólo el vehículo que expresa
problemas relacionales y familiares. En estos los pacientes tiene prohibido
hablar de la comida y del cuerpo136 y “se insiste en la naturalidad que se
quiere inculcar al rato de las comidas: “por eso ningún profesional entra
cuando ellos están comiendo y sólo cuentan con la presencia de las
trabajadoras que reparten la comida. Los asuntos relacionados con la comida
se tienen que tratar con total normalidad.” Con estas ideas, la importancia
concedida al espacio alimentario es relativa y, aun menor la necesidad de
seguir programas de educación nutricional. Se observa en la dilatación de los
turnos de comida, donde los horarios tienen más bien una función
orientadora y el comensal puede acabar tranquilamente su ingesta. Este
centro, que funciona como hospital de día, ofrece cuatro ingestas diarias, que
incluyen, a diferencia de la mayoría, también la cena. Pese a disponer de una
oferta alimentaria/horaria amplia, “[el centro] no tiene cocina propia y la comida
es suministrada por un empresa de catering. Existe personal de comedores que se
encargan de servirles la comida y limpiar el comedor… La empresa de catering cuenta
con un dietista que elabora los menús. La dietista tiene en cuenta determinados
alimentos que sólo por intolerancia o alergia, no pueden comer algunos de los
pacientes y es el único motivo por el que se sustituyen por otros. Respecto a las
excepciones, solo las hacen en días festivos importantes, como San Juan o Navidad”137
En general, la diversidad de menús en los centros responde a dos
criterios. En los “casos especiales”, aquellos en que las personas no pueden
tomar algún alimento por problemas de salud, se los sustituye por otros de
características nutricionales semejantes. Varían los menusmenús pautados
(HP2-PSE)
(HP2-PSE)
136 (HP2-PSP)
137 (FH2-PSP)
134
135
132
por la dietista en la celebración de los cumpleaños de las usuarias o en alguna
festividad notoria. En general se practica una rotación de menús que se van
repitiendo, cada cuatro o cinco semanas.
En un centro que practica un abordaje sistémico, se tiende a personalizar
más los menús, introduciendo de forma progresiva los alimentos que las
pacientes consideran “tabú”. Cada paciente tiene una ficha donde se registran
sus aversiones y preferencias alimentarias, de tal forma que la dietista, a la
hora de preparar las comidas sabe qué debe o no incluir según los casos: los
espárragos, los puerros, el apio, el plátano, los rebozados o las carnes para los
vegetarianos son algunos de los alimentos evitados en algunas de las fichas
analizadas. Es evidente que estas prácticas menos rígidas, y que según las
enfermeras hacen sentir a las pacientes “más persona”, están estrechamente
relacionadas con una forma diferencial de comprender y abordar la patología
alimentaria: “No nos cansamos de decir que aquí el tratamiento es individual, esto se
les explica a todos, de que se van a encontrar las bandejas distintas, tienen que
comerse en principio todo lo que hay en la bandeja, lo que sí pasa es que al principio de
estar con nosotros, antes poníamos la mitad si la persona llegaba de no comer nada, y
lo íbamos haciendo progresivo pero cada vez que aumentábamos y ella veía que la
bandeja aumentaba se volvía en contra, muy angustiada, parecía que volvíamos al
principio. Entonces lo que hacemos ahora es presentarle una dieta normal un poco
cuidada en cuanto que no aparezca muy grasosa, que le cuesta un esfuerzo tremendo
al servicio de dietética y yo estoy absolutamente agradecida... Estas individualidades
traen muchos problemas, pero hay unas ventajas: ellas se sienten más tratadas como
personas, más tenidas en cuenta y si tienen que llegar a ser responsables de su salud
tienen que empezar a decidir y a hacerse responsables. Entonces se tienen que comer
generalmente toda la bandeja entonces. Ahora lo que hacemos nosotros es, a partir de
ver la bandeja, si hay una persona que tiene que comer menos delante de ella se lo
sacamos. Entonces se acostumbran a ver toda la cantidad y así les es más fácil…” 138
El viaje hacia una “nueva socialización” se hace de forma paulatina,
valorando los constreñimientos fisiológicos, emocionales y competenciales, y
trabajando a partir de éstos. Eso no significa que el objetivo último no sea la
normalización dietética “entonces habría las hojas de registro con índice de masa
corporal, signos vitales, si se tiene que mirar como han dormido, si hay insomnio si
no, si es distal si es proximal, actividad física, el descanso, parte de las horas de
deposición, vómitos, líquidos, tipos de dieta que llevan… Ves esto es para marcar los
alimentos ingeridos, por ejemplo, en el desayuno…Tres cuartos si esconden la comida,
ingerir a trocitos pequeñitos. Pero no empiezo a trabajar todo esto de golpe con ellas,
sino que cogemos toda la información y con la información médica y con ellas yo llego
a acuerdos, de la dieta sobre que van a comer o que no, de pactar un tipo de dieta y la
cantidad. Y cuando esto va siendo mas fácil, y ya han incorporado alimentos nuevos,
primero es más de cara a la recuperación física entonces vamos, por ejemplo si es una
persona que entre plato y plato espera un poco, pues le pedimos que reduzca esto,
138
(HP3-PSE)
133
encima si los trocitos son pequeños ... entonces vamos cogiendo 3 o 4 cosas, no de
golpe…
…Y luego después vamos introduciéndoles cosas nuevas.. A veces cosas que no
habían comido nunca, acuérdate de Cristina que no había probado una verdura en su
vida. O gente que no ha comido una pasta en su vida porque en su casa no se come
pasta y ahora lo está comiendo, y leche porque no estaba acostumbrada a tomar leche.
Hay gente que, son costumbres, porque a mí lo que me pareció raro de esta nena fue lo
de la pasta porque generalmente a los críos les gusta pero ella dijo, “no es que en mi
casa no se ha comido nunca pasta”. Y hay gente que no come rebozados y ahora los
está comiendo o dulces, porque al principio con las famosas magdalenas nos
protestaban un montón y ahora pues todas toman magdalenas…Es un talón de
Aquiles. Ya con las galletas protestan pues las magdalenas ... pero se las van
comiendo, dos días a la semana vienen magdalenas. Incluso hay gente que ahora está
desayunando unos bocadillos así [media barra de ¼]. Los mismos que vendemos en
cafetería para la gente de la calle. Eso también es un éxito de la dietista que le pidió al
catering que los hiciera así. Y de chorizo, de salchichón. Se comen el bocadillo este tres
o cuatro y lo comen de cualquier tipo de embutido, no se lo mandamos solo de jamón o
de queso y se lo están tomando”.139A pesar de esta mayor adaptación a los
usuarios, la dietista del centro establece unos límites de forma clara respecto
al tiempo y al contenido de las comidas: “Se intenta preservar el gusto del
paciente… Es lo que se suele hacer con un paciente de cualquier sala… si tiene
problemas se le hace una dieta individualizada, no solamente aquí. Antes éramos un
poco más condescendientes pero ya llega un momento en que les dices, bueno, a ver
que es lo que no te gusta y al final es que no les gusta nada. Ahora lo único que se le
respeta es algo que no les guste nada, nada. O si hay alguien que está haciendo una
dieta vegetariana lógicamente se la respetamos. Al principio, por lo general, les
hacemos una dieta suave porque como muchas de ellas igual se han pasado ... los
últimos tiempos tomando Coca Cola… Y de aspecto son ligeras, pero de mantenerles
los ritmos nutricionales… Tienen poco volumen. Al principio les pones, digamos
entre comillas, media ración porque si de repente les pones un plato ahí…Pero bueno
no es media ración, les decimos que es media pero es un poco más de media. Pero esto
se lo respetamos unos días, la primera semana después ya raciones enteras… Y ahora
más, creo que te lo conté que le presentamos la bandeja entera y somos nosotros que le
quitamos. Calculas la mitad y le quitas un poco…”140
Algo semejante sucede con las normas respecto a las comidas y con las
negociaciones entre el personal sanitario y las usuarias. Aunque las normas
de mesa son iguales para todas y se asemejan bastante a las que hemos
descrito, en este centro se han consensuado pues se parte de que las usuarias
han accedido voluntariamente al hospital de día y han de comer. “Aquí no
están más de dos o tres días sin comer, es que no. Comen desde el momento en que
están aquí, comen. A ver esta es una unidad de ingreso voluntario, pueden estar
presionadas por la familia, pero aquí no pueden estar sin comer”.141 “Al principio lo
(HP3-PSE-D): Profesional sanitario/Enfermera y Dietista
(HP3-PSD)
141 (HP3-PSD)
139
140
134
que establecimos fue comer a la hora de la comida [horarios establecidos] y luego estas
normas se han ido construyendo con ellas a lo largo del tiempo, teniendo en cuenta
sus peticiones, si hay alguna persona que tiene una dificultada específica, o si hay
alguna equivocación que viene de cocina y no nos hemos dado cuenta… Hemos
conseguido un ambiente muy familiar…establecimos que cuando hay alguna cosa,
ellas se levantan y vienen a hablar con nosotras aparte [enfermeras]. Igual que si yo
tengo que señalarle algo alguna de ellas, también la hago levantar y le digo oye que
has quitado toda la miga del pan y esto no puede ser”142
Como indica la enfermera de esta unidad de psiquiatría, las horas de las
comidas son momentos singulares para las relaciones sociales y la expresión
de emociones. Se utilizan como espacios ambivalentes con fines no siempre
complementarios entre sí. Es cierto que el comedor, como otros ámbitos no
asistenciales, es un espacio de sociabilidad importante, y tanto sirve para
negociar entre los comensales, como para alentar la resolución de conflictos.
En efecto, el comedor en los centros de días o los hospitales observados es,
básicamente, polifuncional. Salvo excepciones, es el lugar donde se enseña a
los pacientes en qué consiste una “verdadera” dieta equilibrada y, por tanto,
qué comer y en que cantidad. La finalidad psico-educativa es obvia: acabar
con la “irracionalidad” de las ideas que tienen sobre los alimentos y sus
combinaciones o de sus conductas e instaurar el patrón de comportamiento
adecuado; un patrón que, como puede verse en el último de los siguientes
diálogos, es exclusivamente nutricional:
M: “No puedo comerme el pollo,¿no lo oyes?. Me está llamando pendón,
puta… No puedo comérmelo
E: Magda, no digas tonterías y cómete el pollo o tendrás que tomarte el
suplemento
M: Lo prefiero antes que comerme el pollo que me insulta
***
E: Irene, debes comerte el pan o el arroz
I: es que ya me he comido las natillas
E: ya lo sé, pero tu sabes que debes comerte como mínimo uno de los dos
alimentos. Elige tú, el pan o el arroz
I: es que el arroz está aceitoso
E: ¿vosotras que pensáis? ¿está aceitoso el arroz?
L y E: No, no está aceitoso…
***
E: El agua no es obligatoria y como máximo podéis tomar dos vasos en cada
comida… A ver Magda dime cuál es la composición nutricional del menú.
M: Tengo alimentos del grupo de las verduras (le lechuga y el tomate), de las
proteínas (el atún), de los farináceos (el arroz) y de las frutas (el melocotón)
142
(HP3-PSE)
135
E: ¿Estáis todas de acuerdo?
Todas: “Síiiii (respuesta automática)
E: “Muy bien, Magda.”143
A pesar de que una de las normas del comedor es, en la mayoría de los
centros, no hablar de comida, la conversación sobre este tema es inevitable y
recurrente. A menudo, entre ellas hablan de trucos culinarios –como dejar los
calamares en leche para que estén más tiernos-, de recetas o de adaptaciones
de éstas a menús con menos calorías:
M: ¿habéis probado la tortilla de patatas solo con cebolla?
I: ¿tú que crees? ¿dirás de patatas y cebolla?
M: qué va, solo de cebolla. En lugar de freírla, la haces al microondas. Después la
sofríes con una gotas de aceite en la sartén y le añades el huevo. Está buenísima.
Tienes proteínas, verduras y engorda menos porque evitas los hidratos de carbono de
la patata
I: Sí, pero eso ya es otra cosa, no una tortilla de patatas.144
Fuera de casos aislados, el de las personas con más dificultades con la
comida, las conversaciones entre las pacientes son distendidas y los temas
referidos a su vida cotidiana: el trabajo, la diversión, la ropa, los estudios, los
viajes. También hablan de gastronomía, tradiciones culinarias y costumbres
asociadas a las formas de comer de sus lugares de origen o residencia, “Las
patatas gallegas están tan buenas.. a veces te apetece comerte un huevo o a veces un
chuletón…”145) o de “las tapas típicas de algunas regiones. Cada una de las chicas va
hablando de aquella ciudad que conoce, como Granada o Salamanca. Hablan de bares
de tapas en Barcelona, como el bar La Esquinica, donde hay que coger número para
pedir y que conocen varias de ellas. Algunas que no lo conocen piden la dirección del
bar. Una de ellas dice que eso no es salir de tapas como se hace en el resto de España
porque salir de tapas consiste en ir de un bar a otro tomando una en cada lugar, y en
La Esquinica la gente va a cenar pero lo que toman son tapas y eso no es una cena.”146
Al tratarse de uno de los espacios comunes de mayor interés terapéutico
provoca, a su vez, que se desencadenen problemas derivados del control que
ejerce el personal sanitario y el autocontrol que ejercen las pacientes entre sí
en relación con la comida. A menudo, observar conductas “anormales” entre
las propias compañeras puede ser objeto de enfrentamiento entre las usuarias:
“D: Ya está bien María, deja de observarme. No me gusta que me agobien
mientras como, que si como despacio, que si me dejo esto o aquello...,ya está
bien, déjame en paz
M: Calla de una vez… Eres una quisquillosa
(HP1)
(HP2)
145 (HP3)
146 (Notas Diario de campo)
143
144
136
E: Todas somos puñetitas con la comida, nunca estamos satisfechas con lo que
nos traen
D: no es eso, es que la comida se me hace poco agradable cuando me observan y
tú María observas y controlas las comidas de los demás y deberías preocuparte
de lo tuyo”
Respecto al control de los comportamientos hemos encontrado modelos
de actuación diferenciados relacionados con el contexto teórico e ideológico al
que se remiten. Hay centros donde el personal sanitario, especialmente el de
enfermería, y aunque dicen evitarlo, ejerce una clara vigilancia sobre la
conducta de las pacientes, el control diario del peso, la supervisión estricta
durante las comidas, los vómitos post-ingesta o, , los atracones: “Yo no
controlo. Pongo límites. Porque alguien tiene que ponerlos para poder ordenar las
vidas de estas chicas. Creo que soy asequible, estoy ahí cuando ellas me necesitan,
aunque también es cierto que me acerco más o menos dependiendo de la paciente, hay
algunas con las que me siento muy cómoda y me apetece acercarme más que en otras
ocasiones en las que la paciente es muy complicada y borde, por lo que no suelo
acercarme tanto147 “Yo no me siento vigilante, yo realizo una atención integral a las
pacientes, pero eso sí, yo controlo todo lo que hacen. Forma parte de la función de
enfermería. En realidad creo que son ellas las que nos controlan a nosotros. Nos
conocen muy bien a cada uno de los componentes del equipo de trabajo y nos
manipulan descaradamente. ¿No tienes nunca la sensación de que vigilan los
enfermos? Pues ellas nos vigilan, nos vigilan y nos manipulan. Cualquier comentario
que hagas, ellas lo utilizan a favor o en contra según les convenga, es decir tienes que
medir constantemente las palabras ¿Sabes lo que es estar las 8 horas al día en un
estado de alerta continua? Pues así trabajo yo cada día, en un estado de alerta máxima
y que no puedes bajar la guardia ni un momento. Eso estresa mucho. Yo llego muy
cansada a mi casa” 148
En otros centros, se asegura que a las chicas no se las vigila, aunque se
ejerza un control muy sutil, diluido en la estrechez de las relaciones que se
van entretejiendo entre el personal sanitario y las usuarias:
“Aquí algo que les aclaro es que aquí nosotros no vamos a estar, yo no tengo
una función de policía ni de investigador privado, es decir yo no me voy a
romper la cabeza donde esconden la comida, sí que hay un control, pero no es
mi función primaria de control, una cosa es controlar, si acaso se establece el
control y si lo hay es para ayudar a que alcancen sus objetivos y para que
tomen conciencia “ (HP3-PSE)
En el comedor de este centro había tres enfermeras, cuando las
comensales apenas eran siete. “La auxiliar va observando todo el tiempo los platos
de cada una de ellas. La enfermera jefa, que está de pie, sigue dando temas de
147
148
(HP2-PSE)
(HP2-PSE)
137
conversación y cuando me reengancho hablan de las maneras de dormir… Ella
siempre intenta que haya un tema de conversación en la mesa, a veces parece
realmente una animadora…” 149 Cuando alguna paciente muestra problemas con
la comida, se intentan resolver recordándole que existen acuerdos previos que
hay que respetar y que una de las actividades de la unidad es proporcionar
apoyo emocional durante las comidas que eviten actitudes autoritarias. Las
enfermeras utilizan su mirada para recriminar. Así lo apreciamos. Ella ya nos
advirtió si nos habíamos fijado en sus miradas, indicando que aquella era su
manera de trabajar: con las miradas se entienden perfectamente “No habla
apenas y le cuesta separar la mirada del plato. Paula tiene en su plato un trozo de
calabacín y pescado, y se entretiene la mayoría del tiempo en quitarle el rebozado de
harina y en partirlo a trozos muy pequeños. Apenas se lleva ningún tenedor a la boca,
y cuando lo hace tarda mucho en tragar. Al final, Paula se come el trozo de calabacín
pero parte del pescado lo esconde debajo de la piel de la manzana que toma de postre.
Cristina (enfermera), sentada a su lado, se pone muy seria y se queda mirando
fijamente su plato cuando comienza a comerse la manzana pero no le dice nada.
Cristina parece no darse cuenta. Cuando termina con la manzana la enfermera le
retira la bandeja”150.
En otros centros se promueve que sean las usuarias las que se controlen a
sí mismas o a sus compañeras. Se intenta fomentar que las que tienen mayor
conciencia de enfermedad y que mejor atienden a las pautas hospitalarias
animen al resto a seguir sus pasos. En uno de los centros públicos, las
enfermas se telefonean entre sí para ver si, después de las comidas, se lo han
acabado todo. Los psiquiatras dicen que sólo cuando las usuarias presentan
un riesgo de muerte, la comida se convierte en un objetivo de primer orden.
De no ser así, la terapia está enfocada hacia el comportamiento psicológico y
no el alimentario. Por esa razón, las pacientes comen solas en sus habitaciones
o, en caso de ser compartidas, con su compañera. El control se establece
dejando las puertas abiertas y los baños cerrados. Si se da la circunstancia
probable de que las pacientes se nieguen a comer, les dan un suplemento
alimenticio y, de no consumirlo, les ponen una sonda nasogástrica. En otro
centro privado, se potencia que ellos mismos se encarguen de reprimir o
incentivar las conductas “normalizadas” en las comidas: “[Si no comen] no es
problema nuestro. Ellas tienen sus líderes, nosotras nos encargamos de servir y
recoger y la líder se encarga de eso, de cada mesa”151 “No hay ninguna vigilancia, se
controlan ellos mismos. En cada mesa hay un encargado y éste se ocupa de que sus
compañeros no dejen de comer. Las chicas cuentan con su propio registro de ingestas
que se contrasta con el registro de cocina. Los grupos se autorregulan a través del
control que ejercen sobre ti tus mismos compañeros. Los veteranos acogen a los recién
llegados… y les dan ánimos para ponerse bien y les ayudan… Los recién llegados son
los más problemáticos con la comida, que no quieren comer, que esconden la comida.
Es normal, son prácticas que realizan en casa y las reproducen aquí, porque no se
(Notas Diario de campo)
(HP3): Notas Diario de Campo
151 (CC2-C): Cocinera
149
150
138
pueden esperar que cambien el primer día… Mejoran muy rápido y estas situaciones
se dan de manera aislada, según lo que podemos llegar a saber, porque nunca estamos
en el comedor” 152
Vale la pena reflexionar sobre que, donde menos educación nutricional se
lleva a cabo y menos control se ejerce sobre las conductas alimentarias, la
problemática con la comida, al menos en las ingestas hechas en la institución,
se resuelve, supuestamente, con mayor rapidez. Ello no significa que la
terapéutica sea más breve que en otros centros, ya que depende de los
conflictos personales, familiares y contextuales que los usuarios y las usuarias
tengan que resolver. Pero queda claro, que los usuarios y las usuarias ya
conocen las recomendaciones y las normas alimentarias respecto a qué,
cuánto y cómo comer. Cabe cuestionarse la necesidad de aplicar esfuerzos
educativos en una dirección nutricional y plantearse, mejor, los motivos sobre
por qué los usuarios teniendo competencia relativa sobre las pautas conocimientos dietéticos generales comunes a toda la población- no las
aplican. La eficacia del autocontrol es muy evidente en los pisos terapéuticos,
donde la mayor autonomía en el comportamiento alimentario es paralela a la
creación de mecanismos de autoyuda entre las usuarias y de exclusión de
aquellas que no siguen las normas y, en cierto sentido, ponen a todas en una
situación de vulnerabilidad: “Aquí fomentamos mucho el que sea o llegue a ser un
grupo de autoayuda, entonces aquí ha habido vómitos, ha habido restricciones cuando
nosotras no hemos estado, entonces ellas se enteran evidentemente porque son más
listas que todas nosotras juntas, primero ahí hay muchas reacciones distintas, desde
enfado y rabia, y a veces, lo que te decía, el grupo no acepta a esta persona con una
sintomatología tan clara y esa persona no lo quiere aceptar o lo niega o ... y
evidentemente hay un enfado pero que es necesario pero también se ayudan mucho
entre ellas, que pasa, tal, informan enseguida a una psicóloga de nosotras, lo
abordamos con la paciente que ha pasado, se trabaja en un grupo y si vemos que esta
sintomatología no para pues entonces ya nos planteamos si necesita algún tipo de
ayuda más que no le estamos dando, con lo cual hay algún reingreso puntual como ha
pasado con una paciente que está aquí, algo puntual de dos meses y luego ya sube su
peso, porque generalmente van bajando de peso, vamos controlando de peso cada
semana” 153
El comedor no sólo sirve para inculcar la pauta dietética y los modales en
la mesa sino para (re)ordenar el comportamiento individual. Se materializa
por la importancia que se da al número de ingestas diarias, por el
establecimiento de la secuencia ternaria en las comidas: primer y segundo
plato y postres. También en la delimitación de horarios fijos y en la necesidad
de comer sentados en la mesa acompañados de otros comensales.
Contrariamente, la desconsideración de la comida dentro del dispositivo
terapéutico supone aplicar al comedor criterios menos impositivos, parecidos
a los que se seguirían con estudiantes, dada la edad de los usuarios, de una
152
153
(FH2-PSP)
(FH3-PSP)
139
cantina de instituto. Prevalece cierta libertad de horarios, la posibilidad de
dejarse mayor cantidad de comida, de elegir compañeros de mesa aunque no
suceda lo mismo con el menú y el modelo ternario tenga aquí también su
lugar: “Eso sí, los platos no se pueden elegir y tiene un primero, un segundo y el
postre…” 154
La mayoría de las normas respecto a qué, cuánto y cómo comer, no
sólo no se corresponden con los comportamientos generalizados en la
mayoría de la población “no-enferma”, sino que además muestran serias
dificultades para adaptarse “el día de Navidad y San Esteban, si la comida ha sido
bastante abundante, la cena deberá ser un poco más suave, pero siempre debe
componerse de un primer plato, un segundo y un postre” “La noche de fin de año, las
uvas para despedir el año no substituyen al postre, por tanto se cenará comiendo un
postre y luego se tomarán las uvas” . 155
Las pautas para resolver las comidas de las personas con TCA fuera de los
centros asistenciales yen el ámbito familiar son muy semejantes: “el menú de
las comidas y cenas ha de consistir siempre en un primer plato, un segundo y
un postre en cantidades normales.“156 Este patrón, pensado para reinstaurar la
normalidad en el comportamiento “desviado” de los pacientes, se difundir,
como mancha de aceite, al núcleo familiar: “Cuando nos dieron los menús para
hacer las comidas de Noelia, la enfermera nos dijo que si queríamos, para facilitar las
cosas, nosotros también podíamos seguirlos, ya que eran dietas normales y sanas, de
mantenimiento, para no ganar ni perder peso.” 157 “Como esto es un hospital de día,
pues al también les damos una guía de lo que tienen que hacerse en casa y el fin de
semana. Luego hay casos que ellas nos piden menús, que les hagas recetas para el fin
de semana”158
Con frecuencia la desestructuración alimentaria de las internadas tiene su
origen en la familia, bien porque forma parte de los hábitos cotidianos, bien
por el tipo de relación entre hijas y padres, de manera que la (re)formulación
de las prácticas alimentarias debe iniciarse o continuarse también desde allí.
Por eso, algunos profesionales sanitarios reclaman compromiso y, disciplina:
“La responsabilidad de los padres no es otra que hacerles la comida y asegurarse de
que comen lo que deben, pero en el momento que se sientan en la mesa comienzan las
discusiones y en la mayoría de los casos por no decir en todos los casos, la familia
acaba cediendo a la voluntad y caprichos de la hija. Son unas manipuladoras. Las
madres dicen que para un día que comen en casa, no quieren discutir con ellas así que
las dejan hacer lo que les da la gana…
“Lo cierto es que para salir de esta situación hay que hacerlo en plan duro y aún
así, no es garantía de éxito. Mano dura hay que tener con ellas y no ceder ni un pelo.
(FH2-PSP)
(HP2-PSP)
156 (HP2)
157 (M.N./M, 53)
158 (HP3-PSD)
154
155
140
Como vean que una sola vez son capaces de anteponer su voluntad a lo que tú quieres
que haga,... estás perdida. Debes mantenerte firme y no ceder en ningún momento.
Esto te lo digo hablando en relación a la comida, pero se puede extrapolar al resto de
ámbitos de la vida de la paciente y de la familia, porque cuando esta enfermedad
aparece en una familia, no hay sólo una enferma, es la familia entera la que está
enferma” 159
Algunos centros, destacan, críticamente, la rápida delegación que los
padres hacen de los problemas de salud y de educación de sus hijos en la red
asistencial y lo señalan como uno de los principales obstáculos para resolver
los TCA: “Yo me llevo bien con los padres en general, el problema es que en la
mayoría de las ocasiones los padres no vienen a la unidad. Están cansados de
aguantar a la hija y dejan de venir. A veces pienso que toman esto como una
guardería donde dejan a sus hijas mientras ellos pueden disfrutar de la vida sin que
ellas les molesten y así no se preocupan.
….Normalmente solemos buscar un miembro de la familia que sirva de referencia
para darle la información, las pautas de conducta que deben llevar con las pacientes,
etc. Lo cierto es que algunos se vinculan más y otros menos. En general no hay
demasiado contacto y es muy importante que este contacto exista. Cuanto más
contacto hay entre los padres y nosotros, mejor es el control de la paciente y mayor
grado de curación tendremos”160
Para la mayoría de profesionales es muy importante que este proceso de
cambio se inicie a través de pactos y compromisos entre las partes afectadas.
No obstante, el énfasis en la negociación bi, o trilateral, depende, de su
orientación terapéutica y del papel que se le otorga a la familia y al contexto
social en la aparición y mantenimiento de los TCA: “En general yo trato con los
padres para hacerles la dieta en casa, aparte de hacer la formación de terapia familiar.
También en la escuela hice mediación y me va fantástico porque claro aquí muchas
veces me encuentro a una madre que su hija no come y una hija que se siente agobiada
y que no puede comer. Entonces ‘es que me hace esto, es que me hace lo otro’. Son
peleas. Entonces es cuestión de llegar a acuerdos,…que lleguen ellas a un acuerdo y a
un acuerdo conmigo, de alguna forma. Pero lo importante es facilitarles el que ellas
lleguen porque si lo impongo yo ... Y que los padres disminuyan ese control tan
estricto que a veces hacen que ellas se sientan agobiadas. Se sienten descalificadas…
no tienen confianza. Entonces …ellos pueden bajar un poco la guardia de ese control
que hacemos nosotros. [Les decimos que] aquí ella va a estar, pueden obtener
información…Ellas saben todos los pactos y todos los acuerdos que yo llego con los
padres. Los hablamos delante de ellas a no ser que haya una persona que diga no, yo
no, yo no prefiero que lo hables con mi madre, y cuando ya hayas acabado con ella que
hayas llegado a unos acuerdos entonces nos reunimos. Pero esto también pasa con las
visitas familiares con el Dr. XXX [psiquiatra unidad]. Puede haber un momento de ...
incluso para que la familia se desahogue. Se lo decimos. Vosotros nos habláis pero
también necesitan poder hablar. Luego ya nos reuniremos para hablar todos y ya
159
160
(HP2-PSE)
(HP2-PSE)
141
está… También se hacen reuniones multifamiliares con ellas y con padres o hermanos
o novios o maridos o ... Ellas más o menos hacen las propuestas a sus familiares pero
nosotros también …” 161
Muy pocos dispositivos asistenciales reconocen el interés por educar a las
pacientes en un aprendizaje alimentario amplio, no circunscrito a dar
información sobre el contenido y las combinaciones/preparaciones de los
alimentos adecuados desde un punto de vista nutricional, sino a trabajar las
fases previas al acto del consumo alimentario. Es el caso de las elecciones,
cómo, donde y qué comprar, las preparaciones, etcétera. El personal sanitario,
reconoce que los conocimientos y las habilidades de las pacientes son muy
dispares y no todas muestran el mismo interés: algunas, aun siendo incluso
jóvenes, saben cocinar muy bien, aunque después no sean las destinatarias de
las comidas que preparan; en otras ocasiones, sucede lo contrario, les falta
competencia culinaria y no siempre los establecimientos disponen, para llevar
a cabo este tipo de educación, de un espacio adecuado a estas tareas, porque
no forman parte de los objetivos prioritarios de la terapéutica:
E: Una de las actividades que tenemos pendiente es enseñarles a cocinar, lo que
pasa es que no tenemos un lugar ahora
D: Pero hay mucha gente que no tienen ni idea de las cantidades, de que
hacerse de comida, claro, igual yo lo veo muy fácil pero claro si tú a una
persona le dices un plato de verdura no quiere decir que cada día sea la verdura
igual ... la puedes cocinar y disfrazar de muchas maneras
ENT: ¿En general ellas no cocinan nada?
D: Hay algunas que sí, ahora tenemos a una que es ella la que cocina en su
casa.
E: Hay algunas que sí pero ... A ver con el trastorno de anorexia nos
encontramos con personas que hacen muchas exquisiteces
D: Lo que pasa es que esta gente, como no tiene nunca hambre ...
E: Pero hasta trufas, ¿te acuerdas en Sant Jordi ingresada? Nos hizo desde
arroz salvaje y fue a su casa y nos trajo trufas hechas por ella
D: Sí, sí. Lo que pasa es que luego ellas no se las comen pero cocinar para los
demás y para la familia...
E: Y es una forma de esconder que no comes
D: Ella te puede decir, te puedes creer perfectamente que mientras ha estado
haciendo, ha estado picando y es una manera de liar a la gente, y de esconder
que tú no comes porque no quieres comer. Y hay gente que lo están
escondiendo años.” 162
En los “pisos terapéuticos”, un dispositivo asistencial reciente creado por
una fundación privada, se trabaja la educación alimentaria en un sentido
integral, es decir, vinculando las habilidades y los conocimientos culinarios de
161
162
(HP3-PSE)
(HP3-PSE-D)
142
los usuarios a los constreñimientos del contexto social y al proceso de
inserción laboral y formativa (disponibilidad de presupuesto, horarios trabajo
y estudio, falta de tiempo). Se trata de que tengan un apoyo una vez han sido
dadas de alta en los dispositivos asistenciales previos y deben enfrentarse a
todos estos requerimientos: “Los usuarios que acaban en pisos terapéuticos
generalmente salen del ingreso y a la hora de ir al núcleo familiar o independizarse
generalmente vuelven a recaer, bastante problemática está en este núcleo familiar o ya
cuando intentan llegar a la total autonomía, entonces los pisos son como un paso
intermedio. Es decir a quién iría dirigido, pues a usuarios donde hay bastante
desestructuración familiar, o mucho riesgo a la cronificación…para que puedan
estabilizarse en este nivel, en rehabilitarse en hábitos alimentarios, de autonomía,
hábitos higiénicos…aquí se intenta la normalización a todos los niveles tanto
alimentario como a nivel social”. 163
Ciertamente, es éste un momento clave, en el que no sólo se van a poner a
prueba las capacidades de las pacientes por manejarse “sin” la enfermedad,
sino también el tratamiento mismo. En este sentido, creemos que deben
revisarse estructuralmente los abordajes de los TCA que sólo son eficaces,
cuando lo son, mientras las pacientes están asesoradas y guiadas desde
dentro de la institución y que fracasan una vez que éstas han abandonado el
centro. Una paciente que “recae” y se “cronifica”, algo bastante habitual en
estas psicopatologías, y especialmente de la anorexia nerviosa, es un
tratamiento que fracasa y no, como se suele mantener en los dispositivos
asistenciales, una paciente que abandona. Aunque el piso terapéutico no es un
paso obligado para todas las personas con TCA, se cree es adecuado para
aquellas que, habiendo sido asistidas en ambulatorios u hospitales de día, no
han respondido bien al tratamiento. Como este dispositivo asistencial forma
parte de una iniciativa privada con numerosos recursos, ya que ofrece
asistencia a todos los niveles (ambulatorio, ingreso hospitalario, centro de día,
pisos terapéuticos), nos queda la duda de que si se trata, también, de alargar
la dependencia institucional el máximo de tiempo posible y, por tanto
también, el pago por dichos servicios. La psicoterapeuta dice que “realmente lo
que no queremos es potenciar esta cronificación con lo cual siempre intentamos dar un
giro en el enfoque terapéutico, y esto no funciona venga pues otra, para ir movilizando
a esta paciente para que no se apalanque aquí, hay perfiles que se apalancarían aquí
sin ningún problema y ... y el mínimo es nueve meses, y ahí si que tenemos
experiencia de alta terapéutica de pisos en nueve meses
…Todos los que pasan por aquí o casi todos son, o bien con una historia de la
enfermedad de muchos años que ya hay una cronificación bastante importante
entonces el recurso de pisos es que no acabe de caer la paciente con lo cual
desgraciadamente la sintomatología no remite del todo pero va funcionando, que el
163
(FH3-PSP)
143
objetivo sería ese pero ese sería un perfil que estaría dos, tres años en pisos
terapéuticos”. 164
El espacio social e individual en estos pisos, organizados según los niveles
de necesidades y dependencia de las pacientes, está también normativizado,
aunque las normas son distintas a las ya descritas y el apoyo lo ofrecen
psicólogos que cumplen las funciones de educadores sociales y dietistas,
sobre todo durante las comidas. Su presencia, y su intervención, aumenta o
disminuye en función de las características de las que viven en ellos:
“Evidentemente aquí no se tolera ningún tipo de falta de respeto pero hay que
entender que son trastornos de personalidad con lo cual si pudieran controlar su ira,
su rabia, no estarían aquí, entonces entendiendo esto se trabaja como se puede pero
evidentemente al saber ya ellos firman un contrato cuando llegan y una de las normas
es eso, no faltar al respeto ni al personal ni a los compañeros, “… [las normas] a nivel
escrito. Mira aquí tuvimos que poner cada tarea de la casa en que consistía, cosas muy
básicas, es que claro también tenemos que entender eso que es gente que en su vida a
nivel de responsabilidades y autonomía propia está muy verde, muy verde y aquí hay
una labor educacional a este nivel muy importante, cómo se pone la lavadora, cuando
se puede poner la lavadora, en que si una se ducha que tiene que hacer después de
ducharse y es limpiar y fregar el baño, es decir, cosas muy básicas, y normas
de convivencia pues desde horarios que tienen que respetar aquí, si salen por
la noche no pueden llegar más tarde de las doce y se entiende que tienen unas
responsabilidades al día siguiente con lo cual tienen que cuidarse un poco en
estos hábitos de descanso propios porque también hay gente que, con
horarios muy ... inestables, nada cuidadosas, que no respetan ningún tipo de
horario en nada, ni de descanso ni de hábitos alimentarios ni nada. Y en el
tema de drogas y alcohol pues no pueden consumir estando en el piso con lo
cual si hay riesgo se hacen pruebas, en casos muy concretos y puntuales, no se
puede entrar ningún tipo de sustancia tóxica aquí, ni laxantes, ni ... entonces
si se encuentra el caso pues también se valora y se puede hacer un cese de
recurso” 165
Hay tres fases en la organización de los pisos. El piso que ahora referimos
pertenece a la fase I y son aquellos usuarios que llegan directamente del
ingreso. A medida que van mejorando, encontrando trabajo o estudios pasan
a la fase intermedia y por último a la fase II. En principio, la elección de las
comidas, el lugar de la compra, la preparación de la comida, etc. son
cuestiones que las ocupantes de un mismo piso abordan colectivamente:
P: Normas del piso, sí, a ver primero el horario de la psicóloga en los tres pisos
es distinto [ ] la psicóloga viene todo el día desde las 8 de la mañana hasta las
10 de la noche. En otros pisos está el apoyo en las comidas básicas, en la
comida y en la cena. Entonces ellas su día a día es muy normal, necesitan un
apoyo muy concreto, sobre todo en las comidas
164
165
(FH3-PSP)
(FH3-PS)
144
E: ¿Cocinan ellas?
P: Sí
E: ¿Y compran la comida?
P: Sí, un día a la semana se juntan ellas aquí haciendo la asamblea, y hacen el
menú semanal junto con la psicóloga y también se distribuyen las tareas, a
quien le toca cocinar y fregar los platos cada día porque claro si no sería muy
complicado, hacen las lista de la compra y el jueves o viernes se distribuyen
por supermercados ó sitios de alimentos y van a comprar. Lo encargan y lo
traen en casa porque son compras muy grandes. Ponen un dinero
semanalmente que también lo recogemos nosotras, 36€ a la semana y entonces
el día a día de cada una es buscar trabajo o buscar cursos, hacemos un
seguimiento, nos informamos de si esa persona está respondiendo al trabajo o
en caso de algún curso, instituto, universidad, nos vamos poniendo en
contacto para hacer un seguimiento, porque claro no tenemos que olvidar que
hay muchas dificultades de allí que una de las dificultades pueden ser el asistir
cada día al trabajo, afrontar todas las dificultades que pueden salir, o afrontar
ciertas frustraciones en el contexto laboral o académico o expectativas que
tienen y que no llegan con lo cual en vez de afrontarlo pues no asisten, vale, y
no sé pero es muy normalizado su día a día, se levantan a las ocho y media o
nueve, desayunan con nosotras y ya se ponen en marcha. La hora de las
comidas y cenas intentamos que se respeten
E: ¿Para que coman todas a la vez?
P: Exacto, sí, y si puede ser encontrar algún trabajo que les permita venir a
comer en casa mejor. Entonces cuando está en las fases más avanzadas
evidentemente lo que queremos es lo contrario, que si es necesario comer en el
trabajo que estén ya preparadas para hacerlo porque te encuentras muchas
veces que no puedes comer en casa, entonces lo que queremos fomentar es
precisamente esto, que salgan, que conozcan a gente, que sean autónomos a
todos los niveles.
Reconocer desde una perspectiva médica la complejidad social que rodea
al acto alimentario y a los comientes ha de ser el punto de partida para pensar
y planificar, lo que debería ser una (re)educación en un sentido amplio,
teniendo en cuenta las posibles restricciones que afectan el consumo
alimentario, incluso los económicos. Una paciente anorexica nerviosa
cronificada dice que de todas las propuestas terapéuticas probadas ésta es la
que cree más adecuada porque se ajusta más a la “vida real”:
U: Mira hoy voy a hacer un experimento, voy a hacer puré de manzana con el
pescado. [...] Con este trastorno aprendes a ser cocinero tú, lo que pasa es que
aquí se cocina bien pero claro no como comidas de capricho, de ir al mercado y
claro no queda tan buen sabor… Porque económicamente ... No da para tanto.
Es que si no tendrían que poner ... y que aún y así si que se pueden permitir
comprar la carne de calidad al menos una vez a la semana…Alguna vez,
alguna vez, pero bueno. Y si no, aprendes a ahorrar, y es interesante eso, no.
Yo considero que estar aquí y si comiéramos muy bien diría pues me quedo,
pero yo estoy aquí ahorrando y me espabilo para hacer mi vida. A los nueve
meses te tienes que evaluar, no, y pienso que de todo lo que he tocado creo que
145
es el mejor proyecto, vale, porque es lo que te he dicho antes esto es real, estás
en la vida, te escuece, te putea pero bueno. …-Si yo me acuerdo de lo que yo he
hecho a lo que es esto, madre, en otros lugares era en plan bestia, en plan de
que te encierran en un esto y bueno, en Unidad PsiquiatriaPsiquiatría, que
después yo descubrí a esta Fundación, por ejemplo, y dices coño te escuchan lo
que pasa, es que claro ...
E: ¿Cuánto tiempo estuviste en esta unidad de referencia?
U: Estuve dos meses encerrada sin yo saberlo que yo me ingresaba, piensa que
bueno que tienes que estar con gente muy tocada y yo tenía que hacer
digestiones delante de un tío masturbándose y yo pues muy bien, es que es así,
y te tratan bastante mal. A mí allí el primer día, a mi no me gusta la leche y yo
no sabía que me ingresaban y yo decía la leche no me la tomo y mis narices que
no, y yo soy muy cuadrada, y los médicos ah, pues muy bien pues abre la boca,
y van y me lo sondan. Sabes, la conducta rectificadora ya desde el primer día y
claro delante de esto a una oportunidad donde además te escuchan
En última instancia, es que estas pacientes puedan reinsertarse en la
sociedad en un sentido no sólo social, familiar o laboral, sino también
alimentario. Es decir, que adquieran, en caso de no poseerlas o no
autoaplicárselas, las competencias culinarias suficientes para adaptarlas,
según convenga, al contexto social dinámico y flexible en el que tienen que
desarrollar sus vida. Por eso la labor educativa, distribuida a menudo
arbitrariamente entre el personal sanitario y de servicios (enfermería,
psicólogos/as, dietistas, monitoras/es), traspasa el umbral de lo nutricional
para alcanzar, de lleno, lo alimentario: “Yo si que hago más la nutrición pero
bueno desde enseñarles que es su enfermedad, los tratamiento que hay, los
pronósticos, la nutrición y de alguna forma no solamente es la nutrición sino el
objetivo que yo tengo con la educación es de que sepan cuidarse en todos los aspectos
no solo en el comer sino en el dormir, el ejercicio, en todo. Hay toda la parte física
como hay toda la parte psicológica.”166
Habida cuenta del papel que la comida ocupa en el tratamiento de los
TCA, nuestra crítica, en este apartado, se dirige directamente al modelo
hegemónico nutricional. Convenimos en que las pacientes que son ingresadas
en los hospitales con malnutrición severa requieren, en primera instancia y
antes de iniciar cualquier psicoterapia, un plan de re-nutrición
exclusivamente dirigido a remontar la situación vital crítica en la que se
encuentran. Convenimos, también, que pueda ser útil la incorporación de una
pauta, más o menos estricta, en los casos de evidente desestructuración del
comportamiento. Sin embargo, nos cuestionamos que, superadas dichas fases,
la intervención nutricional –o lo que con tanta facilidad se denomina
educación alimentaria- tenga que concretarse del modo que vienen
haciéndose en las prácticas clínicas de una buena parte de los centros
asistenciales.
166
(HP3-PSE)
146
La (re)socialización alimentaria fracasa porque en la enseñanza se aplican
criterios exclusivamente médicos y no sociales. La regla dietética que se
intenta instaurar –o supuestamente (re) instaurar desde un punto de vista
emic- no solo es inflexible y va en contra del hacer común, sino que se
contradice con algunos de sus propios principios. En el caso de los TCA ya no
se trata de escuchar a las “inteligentes” llamadas biológicas del organismo
para saciar el hambre o nutrir el cuerpo referidas antes por algunos
profesionales de la salud, sino que se debe comer lo que hay que comer
haciendo, paradójicamente, “comidas no-dieta” que, sin embargo, no son otra
cosa que dietas: “una comida no-dieta es aquella que un observador neutral
concluyese que no se está realizando dieta ni ahorrando calorías… Esta alimentación
debe incluir distintos tipos de alimentos en cantidades suficientes”.167 Está claro que
en este esquema conceptual de la comida y/o la dieta no cabe una
comprensión integral del comportamiento alimentario y, en consecuencia,
tampoco permite un abordaje global de los problemas de salud a él asociados.
Mientras se continúe considerando que sólo comemos “porque tenemos
hambre,… porque tenemos apetito… y que finalizamos la ingesta de alimentos por la
saciedad…”168 la educación nutricional seguirá teniendo un éxito relativo.
Como ya hemos argumentado en otras ocasiones, los alimentos no son
sustancias que sirvan exclusivamente para nutrirnos ni la alimentación es un
hecho exclusivamente biológico. En cualquier caso, comer o rechazar la
comida se convierte en una vía de placer y sufrimiento, en la que alimentarse,
una necesidad biológica básica, se convierte en algo más que los seres
humanos transforman simbólica y pragmáticamente en un sistema de
significados y de relaciones entre las personas.
6. ESCUELAS
Los numerosos y rápidos cambios sociales a los que asistimos -nuevas formas
de trabajar, vivir, consumir, habitar, comunicar, relacionarse, sentir, etc. han
dado lugar, a cambios importantes tanto en las representaciones y prácticas
alimentarias de los niños, niñas y jóvenes como en el sistema educativo
cuando pretende responder a las consecuencias y necesidades de las mismas.
Fruto del aumento de los TCA y de la obesidad en la población infantojuvenil,169 las autoridades educativas impulsan programas de Educación para
167
168
FERNÁNDEZ & TURÓN, 1998: 281
ZAMARRÓN 2003: 166-167
169
La prevalencia de la obesidad infanto-juvenil se sitúa en el 13,9% entre niños/as de 6 a 13 años
(ARANCETA, 2003). Por otra parte, según el DSM-IV del American Psychiatric Association, la
prevalencia de la anorexia nerviosa en la población adolescente femenina se mueve entre el
0,5 y 1,1%, y la de la bulímia nerviosa, entre el 1,1 y el 3% (García Tornel En Isoletta, 2003:
129).
147
la Salud en la escuela para la educación integral del individuo.170 La Educación
Nutricional171 es el programa destinado a la socialización alimentaria del niño
y la niña tanto para decir en qué consiste “comer bien” como para decidir qué
métodos son necesarios para su alcanzarla, para que los niños y niñas
aprendan a “comer bien”.
“Comer bien” en la escuela se traduce en recomendaciones dirigidas a la
calidad nutritiva de las ingestas escolares fruto de las “preocupantes”
tendencias que los discursos dominantes señalan. Desde el punto de vista
médico-nutricionista, los escolares no siguen una dieta “saludable”, lo que puede
constituir comportamientos precursores o de mantenimiento de los “trastornos
alimentarios”. Especialmente, los adolescentes, al iniciar la autonomía
alimentaria, son el grupo de riesgo sobre el que recae la mayor parte de las
miradas. El cambio que se produce en sus formas corporales y los problemas de
sobrepeso reales o no (percepción de la imagen) pueden generar comportamientos
alimentarios de alto riesgo (GENERALITAT DE CATALUNYA, 2001).
En guías y materiales didácticos dirigidos a la prevención de trastornos
alimentarios en la escuela realizadas por el Estado y por la Generalitat de
Catalunya, leemos que las conductas de riesgo se asocian a hábitos
alimentarios desestructurados como la eliminación o sustitución de alguna
comida; el consumo insuficiente de alimentos básicos; la sustitución continuada del
agua por otras bebidas con componentes no siempre inocuos; la ausencia o el rechazo
del consejo de los adultos y la autoimposición de dietas no siempre correctas172; comer
entre horas sin seguir el horario de las comidas; el consumo de tabaco con sustancia
anorexígena173. Según los nutricionistas, proceden de la familia, los amigos, y
la publicidad de modo que derivarían de las costumbres alimentarias del
responsable alimentario de la familia que es un modo de cargarle el muerto a
ésta ignorando otras dimensiones. Más aún cuando se reconoce que son
difíciles de cambiar a ciertas edades, por lo que es necesario “que la escuela
haga hincapié en la dieta saludable desde edades tempranas y de forma continua a lo
largo del proceso educativo” (Vocal en Alimentación del Consejo de Colegios de
Farmacéuticos).
Supone el desarrollo exhaustivo de todas las capacidades humanas y su formación como
individuos autónomos y dialogantes, dispuestos a comprometerse en una relación personal y
en una participación social basadas en el uso crítico de la razón, la apertura a los demás y el
respeto por los Derechos Humanos” (MINISTERIO DE SANIDAD Y CONSUMO)
171 ya desde finales del siglo XIX, “alimentarse bien”se ha dado a una disciplina médica
especializada, la nutrición, que cada día más, se atribuye la potestad de decir dónde está el
“bien” y “mal alimentario”.
172 En el caso concreto de la anorexia y la bulimia nerviosa también las dietas restrictivas
practicadas sin fundamento (a escondidas o con la complicidad de la familia), a menudo
acompañadas de ejercicio físico intenso (GENERALITAT DE CATALUNYA, 2001).
173 La alimentación y desarrollo emocional. Prevención de los trastornos de la Alimentación
(Ministerio de Sanidad y Consumo; Ministerio de Educación y Cultura y Ministerio del
Interior) y la Guia per a educadors i educadores en la prevenció dels Trastorns Alimentaris. Anorèxia
i bulímia nervioses (GENERALITAT DE CATALUNYA, 2001).
170
148
Ante la necesidad de una dieta equilibrada, el principal objetivo
educativo de la escuela es re-estructurarla, es decir, re-educar alimentariamente174
a los escolares. El colegio, y en él, el comedor escolar, un recurso cada vez más
utilizado por las familias175 y proveedor de las necesidades nutricionales
básicas al comida del mediodía176 sería el espacio “ideal” para ese objetivo y
para conseguirlo se intenta normalizar la ingesta de los escolares bajo criterios
dietético-nutricionales177 basados en recomendaciones alimentarias dietéticonutricionales y actividades dirigidas a padres, madres y educadores
responsables de la socialización de los niños/as. También a la programación
de menús supervisados por especialistas en nutrición y a enseñar normas y
reglas dirigidas a la atención de las necesidades biológicas del alimento higiene, descanso y convivencia - para proporcionar las condiciones óptimas
cara a un “desarrollo nutricional adecuado”.
Como dice una médico-nutricionista, para facilitar una buena digestión, es
necesario que los niños ingieran los alimentos de forma lenta y espaciada. Así, en la
escuela, aparecen normas (traducidas a hábitos o viceversa) como no correr,
comer despacio, lavarse las manos antes y después de comer, etc., que ejemplifican
como la idea de alimentación como fuente de salud predomina sobre otras
relativas a la sociabilidad, el hedonismo, las gratificaciones, la autoimagen, la
autonomía, etc., objetivos, por otro lado, igualmente declarados por el modelo
educo-sanitario de prevención de los trastornos alimentarios en la escuela. Si
nos fijamos, por ejemplo, en la Guia per a Educadors i Educadores en la Prevenció
del Comportament Alimentari (GENERALITAT DE CATALUNYA, 2001) reforzar
factores como son una buena autoestima; la autonomía personal del niño/a;
habilidades sociales; la expresividad y comunicación y el reconocimiento social; entre
otros, son puntos básicos sobre los que prevenir los trastornos alimentarios.
Por eso cabe pensar que, si se pretende re-educar a escolares en el
aprendizaje de una dieta equilibrada, se deban tener en cuenta también la
diversidad de factores socioculturales que influyen en sus opciones
alimentarias ya que, de no ser así, y por muy nutritiva que ésta sea, si no
armoniza con sus creencias, actitudes, opiniones, preferencias y gustos
individuales, autonomía concedida, autoimagen, entre otras muchas será
rechazada. Incluso los conceptos construidos en base a todas las reglas de la
ciencia, están bien lejos del hecho de que su autoridad derive únicamente de
174 Entendida como la acción educativa que ejerce el modelo médico-nutricional sobre la
cultura alimentaria para cambiar determinados comportamientos y actitudes alimentarias
que considera “de riesgo” para la salud. Desde su punto de vista, existe la necesidad de una
nutrición equilibrada y de hábitos alimentarios inadecuados que deben ser, en este sentido,
re-educados. Es decir, hay que volver a enseñarlos.
175 Según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en el año 2001 hubo 942.687
usuarios, distribuidos en 8.950 centros.
176 El menú supone entre el 30% y el 35% de las necesidades energéticas diarias de sus
usuarios/as-.
177 Dirigidos al grupo de alimentos, la cantidad de raciones diarias, cómo complementar
diariamente las distintas comidas, etc.
149
su valor objetivo. No es suficiente que sean verdaderos por que se crea en
ellos, por que si no armonizan con las demás creencias, opiniones, en una
palabra con el conjunto de las representaciones colectivas, serán rechazados;
las mentes se cerrarán a ellos y por tanto serán inexistentes (DURKHEIM,
1960:625, en BARTOLI, 1989:17).
La etnografía realizada en las escuelas nos ha permitido conocer algunos
de estos factores socioculturales que influyen en las elecciones alimentarias de
los niños y niñas de distintas edades y los significados que tiene para ellos y
ellas la comida y el cuerpo; y, ver hasta qué punto, dichos significados son
tenidos en cuenta por el modelo educo de educación para la salud en la
escuela, y su papel en los TCA.
Hemos trabajado con grupos de niñas y niñas entre 6 y 16 años en
escuelas distintas mediante entrevistas con ellos, con grupos focales y tras
analizar los datos parece ser que, las formas de preparación empleadas para
cocinar los tipos de alimentos son más determinantes que los alimentos
mismos, de tal modo que, la cuestión del gusto (aceptación/rechazo) parece
más marcada por las formas de elaboración que por los productos mismos:
“A mí me gustan los guisantes” (Elisa/M, 6)
“Y a mí” (Sandra/M, 6)
“Pero esto alargado, ¿cómo se llama? las judías, no” (Juan/H, 6)
“A mí me gusta la verdura, pero sólo lo que es tomate, zanahoria…”
(Amalia/M, 11)
“Ensalada de pasta, sí esa sí que me gusta, la otra no” (Pablo/H, 6)
“A mí me gusta el flan que hace mi madre. Este del cole no me gusta nada”
(Noelia/ M, 8)
Asimismo, las preferencias de los/as escolares pasan por considerar que
un plato es más apetitoso si presenta mayor variedad de ingredientes, si tiene
más cosas juntas. Este mismo fenómeno constituye una tendencia clara en las
preferencias alimentarias del conjunto de la sociedad. Las ensaladas, por
ejemplo, que se han constituido en un caso paradigmático en este sentido,
presentan en los comedores escolares una composición restringida y rutinaria
(y un elevado índice de sobras), en contra de desarrollar las posibilidades que
ofrecen a la combinación de ingredientes “¡es que la ensalada es siempre lechuga,
lechuga y lechuga y esto aburre!” (Pablo/H, 6)
Los escolares se inclinan por los platos que permiten su intervención
personal (como ocurre con la pizza, que despierta la idea de ponerle más cosas
y permite una variedad de condimentos). Un plato que ofrezca una
participación, aunque sea mínima, en su elaboración, da espacio a la
experimentación (sin grandes riesgos ni esfuerzo y con cierta complicidad de
los mayores), resultará siempre preferente. Aquí el niño/a no se limita a
consumir (y a tener como únicas alternativas el rechazo o la aceptación plena)
sino que interviene en lo que se lleva a la boca y se convierte en actor: “A mi
me gusta la pizza porque tiene queso y me gusta el queso. Además le puedo poner lo
150
que quiera ¿sabes? En mi casa y por la noche le pongo salchichas, queso y queso. En el
colegio no lleva tanto ajo y a mí me gusta el ajo. En casa ponemos más ajo”. Aunque
niños y niñas expresen igualmente el agrado por aquellos platos donde se les
permita ser partícipes, las niñas parecen conformarse y adaptarse más a
aquellos previamente programados bien sea por su familia, la escuela, etc.,
mientras que los niños expresan mayor resistencia en este sentido,
manifestando, en mayor número de ocasiones, su desagrado por los
ingredientes de muchos platos que se les sirven en el comedor escolar:
“Bueno, yo prefiero la comida de casa pero la del comedor tampoco está tan
mal”(Ana/M, 10) “Nada, odio comer esta comida del comedor “Y yo, y yo” (señalan
los compañeros de Ramón /H, 11).
Las niñas, al preguntarles por los ingredientes que añadirían, eliminarían,
etc., de los platos que se les sirve en el comedor escolar, que piensan la
comida de forma más estructurada y sistemática que los niños en el sentido
en que buscan una “lógica culinaria” más aproximada a los valores y normas
culturalmente aceptadas. Mientras, muchos niños expresan combinaciones de
ingredientes más “extremadas” de sus “platos ideales”:
“Buaaaaaaa, yo pondría todo lo que me gusta. Es lo que hago cuando me
preparo las pizzas, un poco de queso, un poco de jamón, unas salchichas, el
atún… todo lo que me gusta ahí metido, eso es lo que podrían hacer aquí,
porque la pizza de aquí es rara, no es como la de fuera, la de mi casa o por ahí,
no sé, lleva tomate y eso pero poco queso y hace un gusto raro…” (Jose/H, 12)
“A mí es que me gustan las verduras de casa, las que me prepara mi madre,
aquí están como pegadas, muy así… “empastradas” y que se apegan… para
mí que las cuecen demasiado, las tendrían que dejar menos rato y si luego las
pasaran por la sartén y con un poquito de jamón… ¡eso estaría muy bien!”
(Berta/M, 14)
Dado que, con el fin de abordar la comprensión de la realidad que les
rodea, el niño/a focaliza la acción en los objetos para ir elaborando sus
propios gustos y preferencias, los platos que les invitan a actuar sobre la
realidad (manipular, condimentar, seleccionar, modificar) ofrecen mayores
atractivos. La necesidad de simbolizar se suma a la necesidad de comer,
convirtiendo el plato en algo más apetitoso porque satisface ambas
necesidades.
La mayor o menor aceptación de unos u otros alimentos parece remitir a
“tensiones” ente la “comida de la escuela” y “la comida de fuera de la
escuela” (casa, restaurante, etc.). Los alimentos “son los mismos”… pero la
diferencia está en el cómo se coman, dónde, cuándo, con quién, por qué y
para qué se coman.
“A mí me gustan las lentejas que hace mi madre, no las del comedor”
“Prefiero comer en casa porque como mi madre me prepara lo que quiero,
además como viendo la TV…”
151
“En el comedor no me dejan tiempo para comer, en casa tengo más…”
Mientras que en la escuela las elaboraciones de los menús y las
condiciones para su ingesta responden a unas determinadas percepciones
sobre salud y nutrición -comidas “estructuradas” según unos horarios,
tiempos, contenidos y formas establecidas bajo criterios médico-nutricionales, el niño y la niña parecen exigirla de acuerdo con los parámetros de la
afectividad, el hedonismo y con los modos previamente aprendidos en el
hogar, con sus amigos, etc. Existe, en este sentido, un abismo o decalage entre
la alimentación cotidiana de los niños/as fuera de la escuela y la que se
encuentran en el comedor escolar. Mientras que con el advenimiento del
nuevo individualismo y según GONZÁLEZ TURMO (1993) podría decirse que hoy
los niños comen, en la mayoría de los casos, lo que quieren, en las cantidades que
quieren y cuando quieren…, en el comedor escolar se intentan re-estructurar178
(re-educar) estos “malos hábitos” a través de la imposición de unas normas
que, si nos fijamos, y como observación curiosa, corresponderían más con los
valores de mediados del siglo pasado que con los actuales:
•
•
•
•
•
•
•
•
Comérselo todo
Lavarse las manos antes y después de comer
Ser autónomo
No gritar
No levantarse de la mesa
No jugar con la comida
No cambiar alimentos entre sí
No correr después de comer, etc.
Estas normas son similares a las siguientes frases que seguro que nos
resultan familiares: “cómetelo todo”; “ no hables con la boca llena”; “no hables
mientras comes”; etc., referidas a la España de 1950, y que contrastan por su
tono imperativo y autoritario con otras actuales y de carácter complaciente
como:“¿qué quieres comer hoy?”; “hoy prefiero tomar yogur“; “la madre de Juan le
compra un zumo que lleva también leche, yo también quiero…”; “si no te gusta,
dímelo que te compro otra cosa”; etc. Por eso cuando llegan al comedor escolar,
se encuentran con una serie de normas que, muchas veces, se contradicen con
sus comportamientos aprendidos en la familia o con los amigos “yo le digo al
monitor que me ponga menos comida, pero él siempre igual, siempre me pone
demasiado… ¡no lo entiendo!, yo le digo que mi madre me deja ponerme lo que quiero
y él que no…” (Luis/H, 10)
FISCHLER (1995), entiende la “desestructuración alimentaria” como la comparación de los
hábitos alimentarios de la sociedad rural, marcados por la estacionalidad, con los nuevos
hábitos alimentarios de la sociedad urbana actual, donde las maneras y los usos se acomodan
a los apremios laborales.
178
152
Rechazan unas reglas de comportamiento alimentario obsoletas pues se
alejan de sus preferencias y gustos contemporáneos, y de todos aquellos
motivos que el comer y el no comer toman sentido para ellos en su vida
cotidiana. La educación es de importancia capital, ya que en nuestros
procesos socialización no se educa las personas (y menos a las mujeres) en el
aprendizaje de una ingesta alimentaria variada y de acuerdo con gustos
propios (ESTEBAN, 2004: 103). No se facilita que cada cual aprenda a combinar
su alimentación de acuerdo con los momentos, edades…, sino que desde muy
pequeñas se acostumbra a las mujeres a controlar su comida en base a índices
externos (kilos, calorías, dietas, relaciones diversas de alimentos
“prohibidos”…), lo cual hace perder por completo la autorregulación corporal
de la alimentación y contribuye a la pérdida de la referencia exterior de la
propia imagen.
A menudo el control de la alimentación por parte de la escuela mediante
normas alimentarias obsoletas se contradice con los valores que tiene la
comida como forma de expresión/emoción, vehículo de comunicación, en la
conformación de la personalidad e identidad del niño/a: en su autonomía,
autoestima y/o habilidades sociales, interfiriendo, de esta manera también, en
la evolución del aprendizaje alimentario del niño/a y por lo tanto, en la
prevención de los TCA. Así, el "comérselo todo" parece oponerse al objetivo
igualmente declarado de fomentar la autonomía en el niño. Ser autónomo no
sólo significa comer solo sino ser capaz de saber lo que se necesita, lo que se
desea y lo que puede conseguir. Limitar su capacidad de intervenir en la
definición de su propia ingesta (en las cantidades; variedad de los contenidos;
tiempo disponible para comer; etc.) favorece la insatisfacción y fomenta, en
contra de los objetivos pretendidos, el rechazo frente al plato ofrecido “cuando
me ponen demasiado, lo enrollo en una servilleta y se lo tiro a mi compañero” (Xavi, 9
años), “yo no me dejaría la ensalada si le pusieran tomates de esos pequeños que
explotan en la boca, me encantan… pero es que siempre es lechuga…” (Ana, 8 años),
“yo por la noche ceno mirando la TV y estoy un montón de rato ahí, pero aquí me
falta tiempo para comer y me aburro…” (Oscar/H, 11)
La norma “no intercambiar comida” contradice otros valores como la
expresión y exteriorización de los sentimientos a través de la comunicación
que, por otra parte, y desde la mayoría de guías de prevención de los
trastornos alimentarios, también se insiste en que los educadores fomenten en
el niño/a.
Comer juntos en la misma mesa implica un intercambio verbal y también
material de comida. Desde pequeños, niños y niñas aprenden en casa qué
temas de conversación que acompañan la comida y cuáles no, así como los
mecanismos y las formas del intercambio (dar, recibir, devolver, compartir).
Han adquirido, por ejemplo, experiencias en las que ofrecer una parte del
propio plato genera complicidad entre los comensales, del mismo modo que
es una manifestación de confianza y afecto. Los intercambios no están
permitidos en los comedores escolares, como contemplan incluso
153
explícitamente algunas de las normas que los rigen. Sin embargo, lejos de
impedirlos, pueden incluso considerarse estimulados por la indicación de
“comérselo todo”. Es por ello que se producen y, aunque son difíciles de
cuantificar con exactitud, afectan directamente el consumo real de cada
comensal “con compañeros, con dos de mis compañeros. Si, por ejemplo, a mi hay
cosas que me gustan mucho y al del al lado no y no lo quiere, me lo da a mi, y si a mi
hay una cosa que no me gusta se lo doy a él” (Joan/H, 10)
Estos intercambios suelen estar reglados por dar lo que a uno no le gusta
o no le apetece al compañero, vaciarse el plato más rápidamente y obtener
algo. Ocasionalmente pueden responder a razones que escapan incluso al
marco estricto del comedor (como propiciar vínculos para la formación de
equipos en el recreo). El intercambio es un juego de relación y de fuerzas
hacia la autoridad que lo prohíbe (los monitores) y entre los propios niños y
niñas (relaciones de liderazgo, de amistad, etc.):
“Por ejemplo a mi me gusta mucho la pizza, y si me ponen lentejas están
aguadas y no saben a nada. Entonces, como no me dejan repetir lo que mas me
gusta, se lo quito a lo amigos. Y luego viene la Juana y me da bronca pues si lo
vas a tirar que más te da y le digo: 'haz el favor de...'. No nos deja hacer
cambios” (Joan/H, 10)
La comida suscita, a la vez, intercambios verbales que permiten visualizar
las identidades individuales y sociales (edad, género, etnia, clase) de los
comensales, en base a las cuales se desarrollan las relaciones entre ellos De
acuerdo con su propio desarrollo, los escolares más pequeños están todavía
en plena fase de reconocimiento (de ellos mismos y de los otros),
estructurando las nociones de espacio y sus relaciones con los objetos. En
estas circunstancias, aprehender el entorno y familiarizarse con sus reglas es
un proceso lento (se juega más con la comida para reconocerla, se tarda más
en ingerirla, se aprenden a utilizar los cubiertos, etc.), como reflejan estas
notas sobre un grupo de Educación Infantil: Preguntaron "de qué era la tortilla"
y con la comida “buena actitud”. Sin embargo, en la mesa “fue un día de mucho
ruido”. Al otro día, "no les gustaron las legumbres” pero “fue un día tranquilo”. Al
siguiente, ”no les gustaba la coliflor, las albóndigas gustaron mucho y “fue un día de
mucho ruido”. Los otros días, “les gusta el menú de hoy” y estaban “algo más
alborotados y más lentos.”
Los más pequeños practican el intercambio como forma previa al
intercambio verbal mismo. “Los niños intercambian más comida que las niñas. Sí,
porque las chicas, cada una come más de lo que tiene el plato. Lo que quieren se lo
comen y lo que no pues se lo dejan. Los niños mucho, mucho, ya antes de entrar están
pensando en qué se intercambiarán, “yo te daré esto, ¿tú me darás aquello?, si tu me
lo das…” sí, sí, subiendo en la fila para comer ya. (…) los chicos también tienen una
forma de compartir cosas diferentes a las chicas. Los chicos, en clase, son más de
compartir, todo es de todos, sin embargo las chicas, sus cosas son sus cosas. Todo en
general, en el material escolar también pasa. Ellas dejan las cosas pero… es mío. Los
chicos “sí, sí…! Toma!”, no tienen este sentido tan de propiedad, y puede que con la
154
comida pase lo mismo. Sin embargo, las chicas cuando traen el material escolar son las
que más cositas traen, más bolis, lápices de colores… Y ellas lo dejan a los chicos, pero
como diciendo “qué morro, ¡cómprate tú también de esto!”. Los chicos es como si
viesen que también tienen derecho a lo de su compañera, y las chicas lo dejan pero
tienen sus cosas. Si a una chica le gusta lo de su compañera se lo compra también, y
cada una tiene sus bolis. Ellas puede que tengan los mismos bolis todas pero los suyos,
ellos, sin embargo “para qué tienen que comprarse este boli si ya lo tiene su amigo”, es
como si no se preocuparan tanto por tener sus cosas. Las chicas se quejan más, “es que
siempre me estás pidiendo cosas!” y los chicos no, “cha, y a ti, y a ti que más te da!” Y
las chicas son mucho más cuidadosas en general con todo.”179 Es un lazo
comunicativo que puede extenderse como reconocimiento al otro o no hacerlo
manifestando la ausencia de relación. Evitarlo puede impedir identificar los
motivos reales de rechazo/aceptación de la comida como forma de
compensar sus emociones.
No tener en cuenta la importancia que la comida tiene en la gestión
sociocultural de la afectividad, las emociones y las necesidades personales180
puede provocar juicios erróneos acerca de las verdaderas razones de
aceptación y rechazo de unos u otros alimentos y/o de las particularidades
del gusto de acuerdo con las diferencias de edad y género. Por eso
registramos diferencias en los comportamientos y en las preferencias
alimentarias de acuerdo con los diferentes grupos de edad, de etnia o de
género. Aparecen, al respecto, necesidades y deseos diferentes relacionados
con la autoimagen y la imagen personal. Aunque las niñas no dejan una
cantidad mayor de sobras que los niños en los productos principales
(probablemente inducidas por la propia regla de “comerse todo”), sí que
registran más sobras en los elementos periféricos, es decir, en las guarniciones
o productos que complementan el alimento principal (ejemplo: las patatas del
estofado de carne).
Los motivos que rigen las elecciones alimentarias de las niñas van más
veces ligados a valores estéticos que en el caso de los chicos, quienes, a
excepción de algunos y curiosamente por problemas de “exceso de peso”,
suelen decidir sus ingestas más en función del factor hedonista y la saciedad.
Sin embargo, se observa que cada vez es más generalizada la práctica
masculina de regulación de la alimentación -ligada, además, a la alarma social
que la “obesidad” está provocando en los últimos tiempos- aunque ésta no se
presenta tan ligada a la búsqueda de una imagen ideal, y en gran parte sus
dietas están más relacionadas con otras cuestiones “yo hago dieta porque mi
madre dice que estoy un poquito gordito. Yo no me veo gordo pero si adelgazo podré
correr más” (H, 10).
EPM: Escuela Primaria Maestro
Que por lo general, en nuestra sociedad se va canalizando a través de tratamientos
concretos de la imagen y el cuerpo (ESTEBAN, 2004)
179
180
155
El que haya más niños que niñas preadolescentes que practican “dietas”
(independientemente de por quien hayan sido prescritas: por un facultativo,
su propia madre, etc.) podría provocar cambios importantes en el sistema de
género así como en las tendencias alimentarias, ya que cada vez son más los
niños (ya no únicamente niñas) que, como señalábamos antes: “se acostumbran
también a que se les controle su comida en base a índices externos (kilos, calorías,
dietas, relaciones diversas de alimentos “prohibidos”…), lo cual hace que también
ellos pierdan la autorregulación corporal de la alimentación y la pérdida de la
referencia exterior de la propia imagen”.181
¿Cabría la posibilidad de que esta “dieta equilibrada” se aprehendiera
como herramienta legítima para el autocontrol de la imagen y por tanto, en
un factor condicionador del gusto (aceptación/rechazo)? Y del mismo
modo… ¿podría esto traducirse en un aumento de las incidencias de
determinados trastornos alimentarios “típicos” de niñas, como es el caso de la
anorexia, en niños?
En el comedor escolar, las niñas son las que más veces se quedan solas
castigadas delante del plato. A los niños, si les castigan, suele ser en grupo (2,
3 o más niños). Muchas de estas niñas, según los comentarios de una
monitora, se acababan acostumbrando a la situación de no salir al patio
después de comer. Los motivos, muchas veces, están relacionados con la falta
de integración y/o el rechazo por parte de los compañeros/as -algunas veces
relacionado con el hecho de ser inmigrante, otras veces por cuestiones de
discapacidad, enemistad con el líder del grupo, entre otros-, y el miedo a
“sentirse” diferentes y no ser aceptados/as:
“Yo vengo a este comedor porque hay menos españoles puros y si algo no me
gusta lo puedo decir más tranquila, aunque prefiero no decir nada y así no se
ríen de si me gusta más esto que lo otro… “ (M, 11/Magreb)
Los niños suelen repetir más, aunque también hay que tener en cuenta
que suelen practicar más deporte que las niñas, las cuales suelen pasar más
tiempo en solitario y sus juegos, en la mayoría de ocasiones, no suponen un
nivel tan alto de desgaste físico, ni energético, como el de los niños.
Tampoco en la escuela se explica o se analiza la comida como forma de
expresión, como vehículo de comunicación. En la prevención de los TCA, sólo
hablan de intentar instaurar la regularidad alimentaria, la dieta basada en
criterios nutricionales, olvidando la comida y los alimentos como fuente de
placer o satanizando algunos de ellos en la búsqueda de la salud. Tampoco se
tiene en cuenta que los niños y niñas o los adolescentes no presentan las
mismas actitudes ante la comida y el cuerpo. Por eso re-educar a los escolares
en el aprendizaje de una dieta equilibrada (desde un punto de vista
exclusivamente nutritivo), se contradice, muchas veces, con aquello que para
181
(ESTEBAN, 2004:103)
156
ellos tiene importancia desde un punto de vista sociocultural. Llevar una
manzana para almorzar, cuando sus amigos llevan un bollo de chocolate
puede ser un motivo de rechazo en su grupo de iguales. Por eso “educar
alimentariamente” a los niños, niñas y adolescentes mediante normas o
criterios que contradicen sus valores identitarios dificulta la tarea
socializadora de la escuela en la medida en que estos comportamientos
alimentarios que los nutricionistas pretenden re-educar son la consecuencia,
precisamente, de los cambios sociales habidos.
La cotidianidad alimentaria de los escolares de hoy es diferente a la que
los nutricionistas pretenden instaurar, con lo cual, cambiar los hábitos
alimentarios de los escolares no implica solamente cambiar un alimento por
otro, sino modificar sus costumbres alimentarias y, por tanto, toda su forma de
vida: “Las costumbres alimenticias no son simples “hábitos alimentarios” que sólo
comprometerían a quienes los vivieran y podrían considerarse, desde un punto de
vista estrictamente médico, desprendidos de su contexto psicosociocultural. En este
sentido, no hay “hábitos alimentarios”, sino sistemas culinarios, estructuras
culturales del gusto, prácticas sociales cargadas de sentido. Estos patterns
son
interiorizados por los individuos, al menos en gran parte” (FISCHLER, 1995:321).
Querer cambiar la alimentación de un grupo en general y el de los
escolares en particular, implica pretender modificar un tejido cultural en el
cual están inscritos ya unos gustos, unos valores y quizá una aparte del
equilibrio sobre el cual reposa. Y, en este sentido, alimentarse182 no es
solamente nutrirse183, La alimentación es un hecho bio-psico-social donde,
junto a factores como la condición omnívora o los constreñimientos genéticos,
otros de carácter cultural, como la clase social, la edad, el género, la identidad
o el grupo étnico están determinando a su vez nuestras opciones y
preferencias alimentarias cotidianas (CONTRERAS & GRACIA, 2005). Aprender
otras nuevas (otros hábitos sanos) supone enfrentarse a numerosas barreras
como pueden ser: la falta de tiempo, patrones de organización de la rutina
previamente interiorizados en el hogar, el ejemplo de amigos... “Ostras, te
pasas todos los días sufriendo por la comida, que si comes esto para no engordar o lo
otro, que si no comes, y llega el verano y hoy cenita por aquí, mañana con las amigas
al restaurante, tomas unas cervezas… y todo el esfuerzo para qué! Al otro día lo
mismo, sales con los amigos y pasas por el quiosco a comprarte unas chuches, luego en
la cena pues no quiero cenar, si está mi madre y me obliga como algo, pero si estoy
sola… nada, o paso con unas galletas light” (Nadia/M, 14).
Consiste en obtener del entorno una serie de productos (naturales o transformados) que
conocemos como “alimentos”. Incluye un proceso de selección de los alimentos a partir de:
disponibilidades del medio; aprendizaje social e individual; influencia de factores ecológicos,
económicos, tecnológicos y culturales. Además, es un proceso consciente y voluntario.
183 Es el proceso que comienza después de la ingesta de los alimentos y designa el conjunto de
procesos derivados de la incorporación de sustancias que recibe del mundo exterior mediante
la alimentación con el objetivo de: obtener energía; construir y reparar las estructuras
orgánicas; y regular los procesos metabólicos. Este proceso de nutrirse es inconsciente e
involuntario.
182
157
Para nutrirnos primero hemos de elegir qué comemos y la salud no es la
única motivación para hacerlo de un modo determinado. La alimentación
responde a motivaciones muy diversas y la nutricional, aunque muy
importante, es una entre otras, como, por ejemplo, la sociabilidad, el
hedonismo, las gratificaciones, la autoimagen, la autonomía, etc: “Sí, claro, yo
preferiría comerme un bollicao, o un pastel como mis amigas, que salen de clase y
ale… a la panadería. Yo me aguanto y a veces puedo soltarme un poco y comprarme
un croasant, pero sin chocolate… o cosas así que me apetecen pero sin pasarse”
(Elsa/ M, 12).
Tendemos a psicologizar el comportamiento de las personas que
presentan dilemas y tensiones con su imagen física/mental y su alimentación.
Se afirma, por ejemplo, que no somos capaces de diferenciar la necesidad
nutricional de otras carencias fisiológicas, demandas afectivas o estados de
displacer. De esta manera, un sentimiento de depresión se convertiría en ellas
en una sensación de hambre falsamente interpretada. Algunos y algunas
profesionales de la psicología y el psicoanálisis se centran más en cuestiones
sociales. Pero la mayoría insiste en las carencias en cuanto al aprendizaje de la
discriminación de diferentes necesidades fisiológicas, la incapacidad para
distinguir las necesidades de origen emocional (ROUDIÈRE, 1993: 299). “El
trabajo en el aula pasa por ayudar a los adolescentes a desarrollar un juicio crítico
sobre los ideales estéticos, a formarse sus propios valores, a valorar su cuerpo y a
reconocer sus capacidades y limitaciones. Hay que identificar las emociones desde los
primeros años, porque quienes recurren a la comida o la rechazan como forma de
compensar sus emociones probablemente han aprendido desde niños a minimizar,
negar o no mostrar ante otras personas lo que están sintiendo” (MUFACE). “Hay
muchos niños que padecen ansiedad y eso les lleva a realizar atracones, por eso es
necesario que entre el desayuno y la comida les demos alguna fruta, etc.” (EPM)184.
Aquí la “falta de comunicación” se psicopatologiza y se construye como
una conducta de riesgo para la alimentación adecuada del niño/a. En este
sentido, al no considerar “el intercambio de comida” como una forma de
expresión, paradójicamente, se estaría obstaculizando el objetivo igualmente
declarado -en las guías didácticas- de fomentar la comunicación para prevenir
los trastornos alimentarios.
Por lo tanto y a nuestro parecer, se debería dejar a un lado teorizaciones
más excluyentes y patologizadoras de estos comportamientos, y prestar más
atención a la articulación de los comportamientos alimentarios con los
contextos y las formas de socialización. Según SÁNCHEZ (2004), se debería
conectar el análisis de los procesos de socialización ligados a la cultura alimentaria
con el período preadolescente, como el momento en el que empiezan con frecuencia la
negociación en cuanto a las normas básicas, así como determinadas estrategias de
aceptación y adaptación más flexible, permite profundizar en el conocimiento de los
procesos de adquisición, aprendizaje y transmisión de conocimientos, prácticas y
184
EPM: Educación Primaria Maestra
158
valores acerca de la alimentación que pudieran estar influyendo en la aparición de
muchos de estos trastornos.
Aquí surgen varias cuestiones sobre las que reflexionar. Por una parte,
sobre la necesidad de educar a los niños/as en el aprendizaje de una ingesta
alimentaria variada y de acuerdo con sus gustos desde las primeras etapas
escolares y no centrarse en la prevención de los TCA únicamente a partir de la
adolescencia, “para acabar con un determinado problema como el de la anorexia,
primero tenemos que prevenir en la escuela. Yo no digo que no lo hagan en el instituto
pero también en el colegio a nivel preventivo. Los niños pequeños, si viene alguien a
decirles cómo tienen que comer… los niños pequeñitos hacen muchísimo caso porque
lo que dice su maestra “va a misa”. Para ellos es muy importante lo que la maestra
dice, entonces, si les dices: “aquí viene una señora que os va a decir algo muy
importante…” ellos atienden. Hasta los 6 o 7 años, lo más es la maestra, después son
los compañeros y luego… en el instituto, que el profesor diga lo que hay que hacer, es
lo que seguramente no harán. Lo mismo con los padres. Entonces, yo no quiero decir
que lo que se haga de pequeño ya quede para siempre, pero él sí sabe que esa es la
verdad porque se le ha concienciado de eso, aunque quiera rebelarse durante la
adolescencia, sabe que eso en verdad no es así. El problema es cuando el niño no sabe
que eso es así y no tiene donde comparar. Por eso creo que es importante empezar
desde el colegio, porque yo puedo hablarles durante un año y en ocasiones puntuales
sobre un tema, pero ya no vuelven a oír hablar de eso nunca más. Debe ser algo
progresivo, continuo, en función de su edad enseñárselo de una u otra manera. Y no
sólo de alimentación, sino de todo, porque igual pasa con el tema de educación sexual,
que sólo se les habla al instituto, ¡cuando una niña que va al instituto ya hace varios
años que ha tenido la regla! Y a lo mejor incluso ya ha mantenido relaciones sexuales
y ya tiene novio…A su manera, ya en el colegio los niños y niñas se gustan. Las
drogas, la educación sexual, salud, alimentación, higiene… tiene que ser ya desde
pequeños, porque si no, cuando llegan al instituto ellos ya se han buscado la vida por
otros lugares y se han informado por otros mecanismos, y a escondidas, porque parece
como si no fuera bueno hablarse de ello. En clase, por ejemplo, ya saben lo que es el
“chocolate”, y “la maría”, y los de sexto del año pasado, yo sé que fumaban… dentro
del colegio no, fuera. La infancia es la época con que más cuidado tenemos que ir con
los niños. Por tanto, si en esa edad les enseñamos a hacer las cosas bien, cuando se
hagan mayores se acordarán de cómo lo hacían y a sus hijos los educarán conforme los
educaron también a ellos”.
Parece lógico que, como indican muchos expertos, no haya casos clínicos
en estas edades porque tampoco se apunta la mirada sobre ellos, “en primaria
no se detecta prácticamente ningún caso de anorexia o bulimia. No hay… o no se
detecta, porque no se tiene el punto de mira ahí puesto. Esto es lo que pasa, mira, a
veces lo comentamos, a lo mejor no encontramos casos de depresión infantil porque
nadie se está fijando y nadie te está mandando que la busques… lo que buscas
encuentras y si no, no.”
Hay que apuntar la falta de programas educo-sanitarios regulares que
existen al respecto en la escuela, ya que como apunta el profesorado se trata
de campañas o estudios que se incluyen en le currículum escolar de manera
159
voluntaria y que, por otra parte, tratan de temas específicos, bien sea la
alimentación por un lado, la imagen de la mujer en la publicidad por otro, la
sexualidad, etc. Otro profesor de Educación Primaria, al respecto, nos
comenta que no se trata nada específicamente sobre alimentación, ni se hace ningún
programa especial. Lo que se trata depende de aquello que está, digamos, de moda, por
ejemplo, si por la televisión saliera o se hablara mucho sobre anorexia, etc., pues nos
llegarían a la escuela programas de la Generalitat. Si no, lo hablas a nivel
personal en tu clase y de manera totalmente voluntaria. Es decir, existe una
multidisciplinariedad pero no una interdisciplinariedad en la consecución
tanto teórico como práctica de este tipo de trastornos.
7. RECIPROCIDADES
La gestión de los TCA no se limita a la relación entre las pacientes y los y las
profesionales y las instituciones. Una parte sustancial de sus procesos
asistenciales discurre en un medio social y cultural específico en el cual
encontramos las relaciones familiares, las relaciones sociales que tan
importantes aparecen en la génesis y el modelado del problema (vid.supra), las
influencias procedentes de los medios de comunicación social y más
recientemente (vid.infra) el papel de las comunidades virtuales creadas en el
ciberespacio.
En la arena en la que discurren, en el nuevo milenio, los procesos
asistenciales de la ciudadaníase han producido cambios muy importantes
desde hace un cuarto de siglo, tras haberse modificado profundamente las
relaciones que implican soporte social. A primeros de los ochenta Marta
ALLUÉ (1982) sugería esta transición en España, centrándola en los enfermos y
las enfermas terminales, a partir de la observación de cómo las estructuras de
soporte social y solidaridad se estaban modificando profundamente desde un
modelo en crisis basado en el papel de familiares, amigos/as y vecinos/as, a
un nuevo modelo presidido por una mayor individualismo y que llevó a
acuñar los conceptos de self-help y self-care.185 A finales de los setenta podía
observarse todavía la concurrencia de distintos modelos de soporte –digamos
informal-, pero la autora ya advertía el declive ineluctable de los modelos
“tradicionales” que correspondían a sociedades que no disponían de acceso a
los dispositivos hospitalarios entonces de nueva construcción.
Cuando Allué escribía su artículo, el dispositivo sanitario español no
había efectuado aún su plena transición al modelo de estado del bienestar
actual. Al mismo tiempo, en la década de los setenta en los países del primer
mundo, y como consecuencia de los efectos del proceso de cambio al que
entonces se estaba sometiendo España, la sociedad civil había comprobado
185 Aunque el punto de partida surge de los debates en la sociología norteamericana sobre la
noción de sick role acuñada en PARSONS, T. (1984).
160
que eran necesarias nuevas formas de organización civil de soporte como
alternativas a la hegemonía, cada vez más profunda, del modelo médico.
Estas formas de organización civil se centraban en hipótesis de organización
de la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones y que, por regla
general han sido un relativo fracaso,186 y la emergencia de formas alternativas
de organización de la ciudadanía en la estela de los movimientos sociales y
políticos de las minorías característicos de las sociedades avanzadas de la
segunda mitad del siglo XX.187 Este último fenómeno pone en cuestión – solo
aparentemente -, la hegemonía del modelo médico al aceptar la existencia de
un campo de decisión sanitaria que significa la organización de las
dimensiones de terapéutica y cuidado informal al que tan reticente se ha
sentido el modelo biomédico.188 En buena medida, la penetración de la idea
que el pluralismo asistencial189 es un hecho estructural en cualquier sociedad
explica hoy que aun sin discutir la hegemonía del modelo médico, existan
modelos subalternos, unos centrados en la resistencia a la hegemonía, y otros
que son plenamente funcionales con la misma.
En España el proceso no ha sido muy distinto (ver CANALS, 2003), y los
TCA no son una excepción. Precisamente la debilidad del dispositivo
asistencial español antes de 1980, y la lentitud en su despliegue posterior
exigió una movilización de la sociedad civil que tomó como referentes las
formas de asociacionismo civil de la Transición.
Josep CANALS (2002:61 y ss.) hizo un pormenorizado análisis del contexto
de aparición y del significado de los grupos de ayuda mutua (self-help groups) en
las sociedades occidentales actuales. Entre las acciones pioneras pueden
situarse la Liga de Higiene mental de Beers hacia 1908, el desarrollo en los
treinta de los grupos de alcohólicos anónimos, y más recientemente las
movilizaciones de minorías (feminismo, movimiento gay), cuyo impacto se ha
generalizado en la aparición de una gran cantidad de movimientos de
minorías afectadas por enfermedades crónicas, que se sienten
inadecuadamente atendidas por los dispositivos generalistas de salud y
servicios sociales y también por los cambios sufridos en el papel de las
familias190. La sociedad española, por causa de la inexistencia del Estado del
Bienestar propiamente dicho, así como por los obstáculos que el franquismo
puso al desarrollo de formas de asociacionismo civil, limitó la emergencia de
esos movimientos y retardó su organización a la segunda mitad de la década
186 SERAPIONI, M. (2003) hace una interesante comparación de los modelos de participación en
Italia y en Gran Bretaña con un buen análisis sobre sus límites.
187 La bibliografía es infinita. Resaltan las siguientes obras: APPADURAI, A. (1996, 2001);
KYMLICKA, W. (1995, 1996); CASTEL, R. (1995) y CASTEL, R. (2003); y la tesis inédita de CANALS,
Josep (2002).
188 Sobre el modelo médico hegemónico véase sobre todo MENÉNDEZ, Eduardo L. (1978).
189 De nuevo la literatura la respecto es inmensa, ver el clásico de KLEINMAN, A. (1980) y en
España PRAT, J., PUJADAS, J. J., COMELLES, Josep M. (1980) ; COMELLES, J. M., MARTÍNEZ
HERNÁEZ, A. (1993)
190 Ver el estado de la cuestión clásico de LITMAN, T.J. (1974).
161
de los setenta. En el caso de los TCA, la baja incidencia de los mismos antes
de 1980 limitaba los recursos asistenciales a la estructura psiquiátrica existente
basada en lo fundamental en dispensarios de psiquiatría, consultas de
neuropsiquiatría en la Seguridad Social y a la práctica psiquiátrica privada.191
El aumento de titulados en Psicología desde 1973 (fecha de la primera
promoción), abriría un espacio de mercado que tendría su desarrollo en los
ochenta y noventa a remolque unas veces de problemas que producían gran
alarma social como la crisis de heroína de los ochenta (ver ROMANÍ, 1997),
otras de movimientos asociativos liderados por las clases dirigentes, como las
Ligas contra el cáncer o las agrupaciones de familiares de pacientes con
síndrome de Down o de familiares de enfermos/as psíquicos/as, las cuales
con posterioridad se irían ampliando a una miríada de problemas sanitarios y
sociales, entre los cuales los TCA.
Canals (2002:70) distingue entre ellos, grupos de personas afectadas por
enfermedades crónicas o de larga duración y por trastornos congénitos, el sector
cuantitativamente más importante; grupos de personas con adicciones con
especial significación histórica y simbólica, puesto que los primeros GAM
aparecen en el campo del alcoholismo; y grupos de personas con situaciones de
difícil asimilación, un sector misceláneo en el que se agrupan las problemáticas
que no forman parte de los dos anteriores. Las consecuencias de conflictos
familiares, la soledad o las pérdidas de seres queridos son ejemplos
significativos de este tipo de situaciones. Otras clasificaciones se basan en sus
miembros: personas afectadas; familiares de personas afectadas, que a veces
incluyen a amigos; GAM mixtos de personas afectadas y familiares; y GAM
de profesionales.
En función de sus objetivos y actividades se pueden clasificar en grupos
para el intercambio de información y de experiencias, esto es, destinados a la
adquisición y desarrollo de conocimientos y habilidades útiles para manejar
la situación que se vive; grupos para realizar actividades de relación social o de tipo
recreativo, como “salir de casa” su motivación principal y que se constituyen
en situaciones crónicas que conllevan aislamiento social, algo frecuente en
afecciones crónicas; grupos enfocados hacia la creación y prestación de servicios;
grupos de presión social de carácter reivindicativo que suelen derivar en otras
formas asociativas; grupos de apoyo emocional, que surgen en prácticamente
todas las situaciones susceptibles de propiciar la formación de GAM,
especialmente cuando conllevan un fuerte componente de angustia. Es el tipo
de grupos más proclive a generar formas confusas que en realidad son grupos
terapéuticos o de apoyo con intervención profesional.
El asociacionismo en las TCA adopta diversas formas y se ha
desarrollado con cierta notoriedad, en la última década, en nuestro país. Sin
embargo, en el contexto de esta investigación, abordar esta problemática no
Sobre el dispositivo de salud mental en España anterior antes de 1980 ver GONZÁLEZ, E.
(1975) y COMELLES, J. M. (1988).
191
162
podía ser un objetivo en sí mismo porque su propia complejidad la convierte
en un objeto de estudio específico lo suficientemente amplio como para
dedicarle una atención única. En los límites que nos habíamos trazado, por
tanto, su abordaje correspondía más a una “cata” con la que completar una
visión panorámica de los dispositivos existentes y que era indispensable para
poner de relieve o ejemplificar ejemplos de acción participativa de las
afectadas o de sus familias. No nos planteamos por ello un trabajo intensivo
sobre las distintas formas de asociaciones o de grupos de ayuda mutua, y nos
limitamos a observaciones puntuales especialmente en torno a dos tipos de
grupos. Una asociación de familiares de afectados por TCA, y un grupo de
autoayuda para personas con TCA.
En el primer caso las observaciones se compusieron de entrevistas con
responsables y asistencia a una sesión pública organizada por la misma, que
es una de las actividades más clásicas de estas asociaciones, compuestas
básicamente por familiares de afectados en busca de respuestas a las
preguntas que se hacen como consecuencia de la interacción con sus hijas. En
estas asociaciones se dan siempre relaciones ambiguas con los profesionales.
En parte su propia existencia deriva de la incapacidad de los profesionales
por responder a cuestiones que afectan la vida cotidiana de las pacientes. En
efecto, los profesionales les hacen un seguimiento más o menos regular en la
instituciones en las que están ingresadas, pero sólo un seguimiento
discontinuo, de carácter psicoterapéutico una vez son dadas de alta. Más aún
en la medida que los profesionales no suelen acudir a los lugares de
residencia de las pacientes, las problemáticas, aparentemente menores que
surgen en la interacción cotidiana no obtienen respuestas inmediatas – por el
propio ritmo de las visitas -, pero engendran en el entorno del paciente
experiencias que se elaboran con los recursos que el entorno tiene disponibles
y que no son necesariamente expertos.192 Esto significa que entre la “doctrina
científica” producida por los expertos y las expertas en la relación clínica o en
los grupos terapéuticos y su plasmación en la práctica cotidiana existe una
dialéctica compleja.193 El fruto de esa complejidad, básicamente las
limitaciones de los discursos teóricos para resolver las situaciones cotidianas
es un elemento fundamental para el establecimiento de alternativas a los
discursos expertos, como los GAM. Simultáneamente, para el sector experto,
el desarrollo de formas alternativas – para ellos informales -, son percibidas
con ambivalencia, por un lado aceptan cada vez más su valor, pero
desconfían de su capacidad para transmitir realmente – en forma de correa de
transmisión – el discurso experto y sobre todo de la alternativa que pueden
ser desde el punto de vista de la producción de conocimiento sobre la
problemática al margen del conocimiento de base clínica aparentemente
hegemónico.
Una presentación sintética de esta problemática está en COMELLES, J. M. (2000a).
Problemática que es el objeto de los principales desarrollos teóricos de la Antropología
médica desde los ochenta.
192
193
163
Por estas razones, la actitud de los expertos y las expertas con las formas
de asociación alternativa oscilan entre la desconfianza asociada al interés por
controlarlas desde dentro o bien ocasionalmente en el reconocimiento de su
valor, sin que ello signifique que a menudo incorporen la experiencia de los
grupos a su propia práctica. No hay que olvidar que el trabajo clínico en la
medida que se despliega en un espacio situado fuera del entorno familiar y
social del enfermo, no dispone de otras fuentes de información que lo que
quieran narrar el paciente y sus familiares.194
Estos problemas quedan ilustrados por las observaciones realizadas
durante una actividad colectiva de la AS1195 que había invitado a un par de
psicólogas de AS2 para impartir una charla sobre anorexia y bulimia. La
reunión agrupó unas 35 personas, madres, algunos padres, hermanas y
amigas... Un matrimonio comenta con la presidenta que han ingresado a su
hija en un centro “parece que la han ingresado como cuando abandonas a un abuelo
en una residencia, parece que no saben lo que hacer con ella”. Pero ¿habéis hablado
con el médico?–le pregunta la presidenta-.“Hacen reuniones, pero hablan y hablan
y yo no saco nada en claro. Nos han dicho que parece ser que está peor de lo que
aparenta”.
En la conversación el padre siempre queda en segundo plano. La madre
desempeña el rol específico de responsable de la hija enferma. A la llegada de
las ponentes, la presidenta pacta con ellas la necesidad de dejar un tiempo
para que los padres expongan sus casos concretos, “eso les encanta”, que es
como decir que necesitan un cierto protagonismo para expresar sus dudas y
su compromiso. Luego viene la presentación de las psicólogas coordinadoras
del programa de prevención de la anorexia y bulimia en colegios. Comienzan
dando datos estadísticos de frecuencia, incidencia y prevalencia, dan criterios
diagnósticos siempre intentando clasificar y encasillar a las enfermas según
sintomatología. Hablan de las causas de estas enfermedades y describen unos
factores de riesgo que clasifican en individuales, familiares y sociales. Se
observa en ello que los expertos no se mueven de los límites del lenguaje
clínico, el que controlan y les da seguridad porque además les permite una
distancia en relación a los casos individuales y a los dramas cotidianos.
Explican la bulimia como una anorexia frustrada puesto que la enferma
no es capaz de controlarse, reduciendo el problema, implícitamente a la
vulnerabilidad individual. En cambio, al hablar del papel de la familia,
advierten que no pretenden culpabilizar a nadie – y de este modo eluden
cualquier compromiso personal con las asistentes -, y luego siguen con
generalidades sobre el fomento al culto al cuerpo y el papel de los medios de
comunicación. Es aquí cuando les es “útil” recurrir al concepto de sociedad o
cultura. En las relaciones “cara a cara” resulta comprometido referir los
Sobre el papel de los lugares de producción de conocimiento en la práctica médica ver
COMELLES, J. M. (2000b).
195 AS: Asociación de Autoayuda
194
164
factores de riesgo “psicológicos” y/o familiares que, después en la literatura
científica, sí que son citados como predisponentes, precipitantes o
mantenedores del trastorno. Sin quererlo, o queriéndolo, quieren reforzar la
conciencia del grupo respecto a que el problema es ajeno a la dinámica
familiar, y si intentan clasificar y encasillar a las enfermas, paran de insistir
machaconamente que “no todo el mundo que cumple con estos criterios tiene
una anorexia o una bulimia” para no culpabilizar ni a los padres ni a los hijos.
De este modo el TCA ha venido porque sí – porque “les ha tocado” como si se
tratase de la lotería o de un accidente -, e insisten en la necesidad de detección
precoz de la enfermedad que es como decirles a las familias que han de estar
alerta y vigilando el más mínimo signo o síntoma de conducta sospechoso196.
Desde su posición profesional, ambas utilizan un tono de voz dulce,
maternal incluso, pero hablan demasiado rápido intentando dar mucha
información en poco tiempo y solo en dos ocasiones paran y preguntan:
“¿tienen alguna pregunta”, e insisten que “no me gustaría alarmar a nadie, pero
sí debemos observar y actuar en caso necesario con urgencia” y que “recuerden que
son enfermedades mentales muy graves pero que con un tratamiento médico y
psicológico, y siempre que la enferma reconozca y admita su enfermedad, se puede
salir adelante”. Esta actitud conduce a la paranoidización de los oyentes
convertidos por obra y gracia del discurso profesional en los agentes
decisivos, responsables de la detección de un problema que afecta a una
persona –no sé sabe por qué – y no a otra. Aunque ellos no son responsables
de la etiología de la enfermedad, pues para eso se les ha exculpado
previamente, en cambio el discurso experto les convierte en responsables
morales de no estar alerta y de poner el caso en manos de los profesionales – o
de la “policía sanitaria” por así decirlo.
Aunque los y las asistentes, que pertenecen a una asociación, ya saben
qué son los TCA puesto que algún miembro de la familia es un paciente, el
relato experto ha servido menos para explicar qué les espera en el futuro
como para culpabilizarles respecto al pasado, en el caso que hubiesen
decidido esperar, y para reforzar la posición de hegemonía de los y las
profesionales. Claro está que éstas explican lo mismo que a los y las
responsables del medio escolar y que incide sobre cuestiones de prevención y
de sensibilización-paranoidización colectiva Del profesorado y el alumnado.
Sin embargo, en el reporte de la reunión se observa que lo que interesa a
las y los asistentes es distinto. Alguien pregunta como hay que resolver una
cotidianidad en la que la paciente está presente. En este punto, la ignorancia
de los expertos y las expertas en relación a lo que sucede en el medio social
deviene patente y se habla de lo que “debe hacerse” a partir de la teoría,
habitualmente psicologicista impregnada de la moralina cristiana que
La ideología subyacente a esta actitud fue analizada hace bastantes años en CASTEL, Robert
(1981) y el problema fue retomado desde una perspectiva teórica mucho más amplia por
BECK, Ulrich (1986, 2001).
196
165
argumenta sobre la importancia de que la enferma y la familia “acepte y
admita la enfermedad” que tanto sirve para la anorexia, como para los
enfermos terminales. La moralina consiste en afirmar que hay que “usar la vía
de los sentimientos” sin que esté nada claro que significa esto en cada caso, o en
afirmar que “estás sufriendo y hay gente que te puede ayudar, de esta forma
conectamos con la paciente” para después cambiar al mejor espíritu behaviorista
y asegurar que “y si llora, mejor. Es bueno que la persona toque fondo para poder
volver a subir”. No contentas de tanta banalidad, y con el objeto de aliarse con
los familiares que conviven con una enferma de TCA añaden como colofón
que “debemos ser modelos para ellas y no dejarnos manipular” Manipular, ¿por
quién?.
Si la pregunta de la presidenta había producido tales respuestas, la
siguiente participante, una madre les espeta a las expertas “todo esto que nos
han explicado ustedes está muy bien, pero todo esto ya lo sabemos por nuestras hijas y
lo que queremos son soluciones y menos hablar sin aportar soluciones”. Y la madre
continuó afirmando que “todo esto que explicáis está muy bien, pero lo que nos
interesa es que no hay sitios para ingresarlas”. “Buscamos una solución, un lugar,
necesitan diariamente un psiquiatra y esto aquí en Tarragona no existe”. Esta
intervención pone de manifiesto la disociación inevitable entre el discurso
experto y las necesidades de respuesta práctica de las madres.
Las intervenciones que siguen, de familias que ya se han doctorado con el
tiempo en lo que sucede en las instituciones, puesto que en un GAM los
miembros son tan expertos como los “expertos”, no tienen desperdicio. Tras
afirmar que ciertamente “las aumentan 15 Kg. de peso en un mes”, pero a cambio
“ni médicos ni enfermeras hablan directamente con los padres” –comenta irritada
una madre, - necesitamos más información y formar parte del tratamiento de
nuestras hijas”. Naturalmente, puesto que cuando van de alta, una vez
engordaditas “no sabemos cómo debemos tratarlas ni qué hacer con ellas si vienen a
casa un fin de semana”. “Los terapeutas no nos explican lo que debemos hacer, ni
cómo debemos tratar a nuestras hijas”. “Mientras las tienen ingresadas, aumentan de
peso, pero en el momento que vuelven a casa, dejan de comer”. “¡Lo encontré tan
inhumano!, la dejaron coger el alta voluntaria estando grave, sólo por el hecho de ser
mayor de edad. En otras circunstancias lo que hacen es llamar al juez y por orden del
juez se queda ingresada, pero mi hija está muy mal y como no saben qué hacer con
ella, la dejan marchar”,“no quieren casos graves”. Pero van para casa, de modo
que los familiares son conscientes que hay disfuncionalidades en el sistema, y
algunas dicen que médicos/as y enfermeras/os “no saben tratar a las enfermas y
menos a los padres”.197
Ante tal alud de demandas y aclaraciones, la posición de las psicólogas,
muy erosionada por la moralina inicial, es la de tratar de contemporizar no
Afirmación plenamente consistente con la mayor parte de las etnografías recientes
producidas en instituciones sanitarias españolas. Ver entre otras ALLUÉ, Marta (2001);
FERNÁNDEZ-RUFETE, J. (1997); COMELLES, J. M. (2000c).
197
166
incidiendo en esas críticas e insinúan que hay también centros privados
especializados de calidad. “El negoci és el negoci”. Pero dura poco la acción
puesto que la siguiente interviniente deja claro que “CC3 funciona mejor, pero
claro, te cuesta un dineral tener a tu hija ingresada allí”198. Ante el silencio de las
expertas, los familiares se quejan de la escasez de recursos, reclaman
hospitales de día, sin que nadie responda que este problema sanitario es uno
sólo entre muchos, que la incidencia de las TCA no justifica que todos los
recursos se vuelquen a ellas y, sobre todo, que nadie tiene claro cual es el
protocolo adecuado para seguir, quizás por eso “lo ideal es encontrar el
especialista que mejor se adapta a cada paciente” –decía otra madre haciendo suya
la idea que lo importante es el sentido común y la sensatez del equipo
terapéutico y su capacidad de adaptación a cada caso, así como el “estómago”
necesario para una problemática de no fácil resolución “¡éxitos quiere todo el
mundo! Y cuando tienen un caso duro de “roer” se lo quitan de encima”. Es lo que
en el lenguaje común de algunos hospitales se llama “un puro”. “Están
tratadas por psiquiatras, pero no son especialistas en el tema –decía una madre
hablando sobre un centro HP2 a pesar que los dos psiquiatras si son
especialistas en psiquiatría infanto-juvenil- y la mantienen en el dispensario
porque hay listas de espera para ingresar. A mi hija la mantuvieron casi 7 años antes
de ingresarla, y entonces ya era una enferma crónica y estaba demasiado grave. No es
justo. Yo no puedo pagar un centro privado. Se necesita un centro público aquí en
Tarragona”. De nuevo nadie responde adecuadamente. “El problema es el
económico –decía una de las psicólogas- si no es rentable montar un centro, no se
montará”. El problema no es la rentabilidad, son la incidencia y otros factores
las que rige las decisiones estratégicas del sector salud. Nadie dice que más
centros para TCA significan menos prótesis de rodilla o menos operaciones
de cataratas o hacer, como en el Reino Unido de Blair que a los mayores de 65
años con insuficiencia renal crónica ya no les dializan en el sector público.
Tampoco nadie cuenta que las promesas políticas de bajar los impuestos
tienen como efectos el que haya menos recursos destinados a la salud, y que
esos menores recursos implican que haya listas de espera, que haya
patologías menos atendidas. “A veces las ingresan en manicomios, o en centros
hospitalarios, en las plantas donde tampoco están bien, porque ellas físicamente no
tienen nada, generalmente están bien y las ponen con gente que está muy mal. ¡Eso
no se debería hacer! Tienen que tener un centro especializado”.
Este es el lenguaje de la desesperación, de la falta de respuestas, de la
información que no se centra en qué va a suceder una vez se va de alta y
nosotros la enviamos a casa con una pauta y ustedes se arreglan…“¿Por qué a
veces la enfermedad se cronifica, qué es lo que hacemos mal los padres para que esto
ocurra?” pregunta la presidenta-. De nuevo la respuesta de las expertas no
tiene desperdicio. “A veces se les dan más privilegios a la enferma de los que
debiéramos, nos dejamos manipular y ellas prefieren estar enfermas, les es
más cómodo”. Pero al despeje desesperado replica otra madre que “los
Este centro ha participado en este trabajo concediéndonos entrevistas con algunos de sus
responsables así como autorización para llevar a cabo observaciones no participantes.
198
167
terapeutas no tienen tendencias a dar pautas a los padres” –dijo otra madre- ¿Qué
hago yo con mi hija?. Mientras están ingresadas sólo puedo llamar una vez a la
semana por teléfono y entonces no nos dan información, sólo te cuentan si ha pasado
bien o mal la semana y nada más”. “Mi hija está toda la semana castigada, la dejan
incomunicada, porque en Semana Santa cuando estuvo con nosotros en casa no se
portó bien, tres días no merendó y por eso la han castigado”. Qué les han explicado,
y sobre todo cómo les han explicado el tratamiento y los protocolos. “En el
HP2, el Dr. .. es un médico cercano, pero se toma las cosas a la ligera, no da
importancia a las cosas”. ¿Que significa esto? ¿De qué modo han entendido lo
que les han dicho, cómo se ha comprobado que lo han entendido, qué
explicaciones se han dado respecto a los fundamentos teóricos del tratamiento
de un modo que el inicialmente profano pueda entenderlo y hacerlo suyo?
Ante la falta de respuestas una enferma del hospital de día de Tarragona
añade que “el enfermo tampoco tiene mucha información, del tratamiento, de lo
largo que es, de las subidas y bajadas,... Cuando hablas con el psicólogo, da la
sensación de que estás hablando a la pared, se hacen unos silencios de 10 minutos y no
dicen nada y yo voy allí porque necesito ayuda y ellos no me ayudan. Pienso que esos
silencios es porque no están preparados y no saben qué decir. Si un día llego ansiosa
fuera de mi día de visita, me dan un diazepan y para casa. ¡Eso no es tratamiento! Yo
pienso que no están preparados. Si recaigo y pregunto cuanto durará la recaída es
porque yo lo que quiero es que termine y ellos no te ayudan, no te dan información.
Cuando parece que estás saliendo, no es verdad porque a la semana siguiente estás
mal otra vez y eso no te lo dicen. El tener profesionales no preparados es muy
peligroso porque no ayudan a salir, al contrario, te hunden más cada vez. Escuchar,
después de exponer mi problema, que hay gente peor que yo... Y a mí que me importa
la gente, yo me preocupo por mí... Los pacientes dejan de venir a terapia y es porque
no te dicen nada, no te informan de que es una enfermedad larga y dolorosa. ¡Algo no
funciona! Yo me veo de una forma, pero el psicólogo y el psiquiatra me ven de otra, a
su forma y si yo considero que una vez al mes las visitas, es poco, y ellos creen que es
suficiente... ¿cómo se soluciona? Yo creo que con visitas una vez al mes la gente no se
cura. Ante crisis de ansiedad me han aconsejado que me apunte a yoga o a talleres de
relajación. Yo no les veo suficientemente preparados, tratan la anorexia y la bulimia
como si fuera una gripe”
Las expertas sugirieron que la visitasen con más frecuencia, pero que “al
final, el responsable del tratamiento de la enfermedad, es la enferma, no el terapeuta ni
la familia, es la enferma”. Pero eso ya no sirve a los familiares “yo creo que no
están preparados” –insistía una señora. Las expertas, visto el cariz que la cosa
había ido tomando, recomiendan los hospitales públicos y les dicen que
pueden escoger el centro de tratamiento que quieran, pero las listas de espera
son de siete años y para terminar la función ofrecen algunas pautas de
comportamiento para los padres como “no obligarla a comer, pero no dejarse
manipular“ o que los padres son una figura con la que la enferma puede contar, pero
en que la ayudará es el terapeuta” y que “deben mantenerse rígidas y firmes ante la
enferma”. Pero no explican como hacerlo 24 horas al día, y por eso una madre
contesta “yo ya sé que me manipula, pero qué quieres que le haga, si no le llevo la
168
corriente siempre discutimos, y estoy cansada de discutir con ella”, antes que en un
tono caldeado se diese por terminada la charla.
El relato etnográfico no tiene aquí otro significado que poner de
manifiesto, con un ejemplo las tensiones que se producen entre los
profesionales y los afectados. Revela además una función no desdeñable, por
su valor catártico, teatral, de poder contar en público los problemas y situar a
los profesionales ante la necesidad de olvidar los tics formales y
estereotipados y trabajar en otro nivel. Resulta significativo que los
profesionales descarguen en la administración – con sus vagos comentarios
económicos -, sus responsabilidades o su falta de compromiso más allá del
trabajo clínico o de una vaga conciencia ciudadana. Ciertamente, para los
familiares este escenario es un espacio para afirmarse a ellos mismos, para
compartir con sus iguales sus problemas.
Los materiales procedentes de la GAM1 se basan en una grabación
completa de una sesión colectiva, así como de varias entrevistas con
miembros y promotores. En este caso el material tiene unas características
muy distintas al anterior puesto que se centra en un grupo muy específico de
personas que emplean una metodología de trabajo en grupo directamente
calcada del modelo de alcohólicos anónimos de manera que su análisis
implica un trabajo comparativo con otras etnografías (ver infra) que se han
efectuado de este tipo de grupos. Al tratarse de grupos de autoayuda
organizados según un modelo para-religioso –algo que ha sido destacado en
los distintos estudios sobre alcohólicos ya citados -, no es posible sacar
conclusiones provisionales sin un trabajo de elaboración que necesariamente
va a quedar para más adelante. Nos limitamos pues a ejemplificar los
materiales con la edición aquí de un par de intervenciones en el mismo grupo.
“Mira, aquí hay un folleto sobre sobre GAM1. La asociación se crea en los
años 60 en Estados Unidos y se crea por personas que tienen una adicción y
que ven que los alcohólicos y los drogadictos se recuperan con un programa
que se llama de los Doce Pasos. Se empiezan a juntar porque entienden que la
comida no es el alcohol, pero la conducta adictiva de destruirse a través de una
cosa que te das cuenta de que estás comiendo de más y que te perjudica, igual
que … pues la adicción no es tanto a la sustancia como al comportamiento
destructivo. Identifican eso, y se dan cuenta que, igual que los alcohólicos
vieron que cuando uno intentaba ayudar a otro y hablaban entre ellos se
entendían y se apoyaban, en los que tenemos un trastorno alimentario
también, entre nosotros, surge el vínculo de contención. Claro, yo a ti te puedo
decir, a mi me puede decir alguien “pues no te des un atracón”, pero si yo se
que esa persona es como yo y lleva cinco años sin dárselo, pues ya, y me dice
trucos basados en su experiencia entonces es más fácil que me pueda ayudar.
La asociación surge en EEUU y luego en todas partes, ha sido meteórico el
crecimiento porque los trastornos de alimentación han invadido todo el mundo
civilizado, ¿no? En Europa tenemos la región 9 que en todos los países hay, en
Israel, en Holanda, en Bélgica, en Francia. En EEUU es muy fuerte y en
169
Inglaterra también. Lo que pasa es que como esto es voluntario, no es que nos
dediquemos a esto, nos dedicamos a otras cosas pero hacemos las terapias”.
Es un ejemplo más de la diversidad de recursos puestos en juego para los
TCA. “La reunión tiene lugar en una de las salas de reuniones de una iglesia, donde
suelen encontrarse habitualmente. Llego un poco antes y me recibe Marta, la chica
que entrevisté para obtener información sobre GAM1 y que me cuenta el formato de
las reuniones “no hay una improvisación, una persona modera las reuniones, pero hay
un esquema a seguir, no es para que la gente llegue allí y... Hay un plan de trabajo, y
las reuniones son de dos tipos, las cerradas, la normal, en las cuales todas las personas
que son comedores compulsivos. No es que hagamos ningún test a la entrada pero se
supone que el que viene pues ya se le dice que claro, y si hay gente que viene
acompañada de un familiar se le explica que es para mayor efectividad de la terapia
pues hay también terapias para familiares. Pero las terapias son para nosotros. Son
reuniones cerradas pero también las hay informativas. En ellas hay personas que como
oradores gozan de su anonimato y ahí puede entrar gente de fuera digamos. Pero el
funcionamiento es diferente, en las cerradas se trabaja el programa, porque hay un
programa a seguir, y en las informativas se cuenta la experiencia para que la gente
sepa lo que me ha pasado a mi antes de conocer la asociación”. Las reuniones abiertas
son de captación pero “a veces vienen familiares que quieren saber. A veces va muy
bien porque sabes que pasa, que hay gente que se piensa que somos únicos en un
trastorno de alimentación. Lo que yo hago cuando el familiar dice “ay, y ¿en que
asociación te has metido? y ¿en que consiste?, voy a ir a informarme a la reunión
informativa” y oye a otras personas que dice uy, pues lo que hacía mi mujer que me
parecía tan raro… Resulta que la enfermedad tiene los síntomas, la enfermedad
mental no quiere decir que no tenga una patología, y la gente ya comprende mejor. A
veces ha venido gente para hacer algún trabajo para la ESO o lo que sea, o gente cuya
profesión que tiene algo de relación, o periodistas o bien vienen familiares o bien viene
pues quien le da la gana. Entonces les pedimos que preserven la intimidad y no hagan
fotografías”.
Hay tres tipos de reuniones, en realidad: la de formato cerrada, la
reunión informativa, con tres oradores que hablan, y la abierta, que es el
formato habitual nuestro de cerrada y al que puede asistir quien quiera,
aunque los familiares que acuden solo escuchan. Al final, si alguno quiere
preguntar que siempre pasa se le atiende y se le explica lo que quiera.
Marta parece muy contenta de que haya asistido y me agradece el interés. Me
entrega unas fotocopias con información y noticias de GAM1 para la Comunidad
Profesional, y me dice que, tras la reunión, si quiero puedo hablar con los chicos. Le
pregunto si son bulímicos y me dice que no, porque “no hacen vómitos”. Dudo si
reúnen el perfil para entrevistar y se lo digo. Me presenta a una chica del grupo y me
dice que le puedo preguntar cualquier duda tras la reunión ya que ella tiene que
marcharse rápidamente al trabajo. Marta me advierte que no puedo participar, solo
observar.
La habitación es amplia y luminosa. Las ventanas dan a la calle, y sobre las
paredes cuelgan todo tipo de folletos y posters con las normas de GAM1 y referencias
170
a los Doce Pasos. Somos trece sentados alrededor de una mesa alargada. Yo lo hago en
uno de los extremos, frente a Marta, que hoy modera la reunión. Hay gente de
diferentes grupos de edad, desde un chico y una chica que rondan apenas los 20 años
hasta una mujer de más de 60. El resto del grupo lo componen dos hombres y seis
mujeres de edad media, en torno a los 40-50 años. Varias de las mujeres presentan un
claro sobrepeso, pero la gran mayoría de los asistentes se encuentran en un peso
razonable. El ambiente parece cordial, antes de comenzar la sesión han estado
hablando entre ellos de forma informal y divertida. Marta me ha contado que van
turnando el puesto de moderador entre los miembros. Al principio pienso que soy la
única que no pertenece al grupo, más tarde me entero que hay otra mujer, una posible
afectada, que viene a ver como funcionan las reuniones. Es la que se sienta a mi lado y
que, al comenzar la reunión, cuando Marta pide que apaguen los móviles, le dice que
ella no puede hacerlo porque espera una llamada de trabajo (durante la reunión
abandonará la sala para atender la llamada). Saco mi libreta y enciendo la grabadora.]
Marta [comienza leyendo del libro manual de GAM1], “... pero la razón es que
nuestra enfermedad no es solo de naturaleza física, también es de naturaleza
emocional y espiritual. Estamos obsesionados por la comida ...Somos
comedores compulsivos. Tenemos una enfermedad que es incurable. Los
diabéticos que necesitan un tratamiento de insulina corren el riesgo de
volverse ciegos o incluso de morir a menos que reconozcan la realidad de su
condición y tomen la medicación que el médico le recete. Lo mismo nos
sucede a nosotros, los comedores compulsivos ... .Cuando esto sucede ya
hemos dado el primer paso y estamos en condiciones de avanzar hacia la
recuperación. Bueno, pues hacemos una pequeña rueda, tres minutos,
¿empezamos?
[Marta da la vuelta a un reloj de arena encima de la mesa. El reloj marca los tres
minutos que tienen cada uno de los miembros para hablar. Comienza la mujer que
está sentada a la izquierda de ella].
A: Hola, me llamo A y soy comedora compulsiva.
Todos:¡Hola A! [responden todos a la vez].
A: Yo vine aquí hace nueve años y me empecé a dar cuenta de que algo no
funcionaba bien dentro de mi, porque yo pensaba que simplemente era un
problema de que me gustaba comer, y yo de vez en cuando me ponía a dieta y
estaba todo el día con gente que le gustaba comer también, pero claro no
tenían ese problema de... Bueno, y yo estaba al lado de una persona, fue un
matrimonio muy, muy intempestuoso y yo tenía muy claro que cuando nos
separáramos yo perdería peso y sería la mujer más feliz del mundo. Bueno
pues nos separamos y yo seguía comiendo compulsivamente y yo me quede
alucinada, yo decía, a mi que me está pasando, se me encendió la chispa ¿no?,
de que aquello no era normal con la comida, la gente no hacía eso con la
comida. Y cuando llegué aquí, mi alivio era que mucha gente estaba como yo,
y que realmente era a tres niveles la enfermedad porque yo estaba enferma
171
físicamente, tenía un problema físico de peso y un problema psíquico. Me
parece que pesaba 127 kilos cuando llegué aquí. A hora no llego a los 100
aunque me queda mucho por perder. Altos y bajos pero siempre muchísimo
mejor desde que llegué aquí, bueno el físico, el emocional ... porque realmente
a mi cuando estoy mal, además con mi primer marido eran subidones, ¡ay que
bien me siento, bajones, uy, que mal, que mal! Y el espiritual porque yo
pasaba por la vida o la vida pasaba a través de mi pero yo sin sentirla, era
como un dejarme llevar. Yo aquí me encontré espiritualmente muy centrada y
desde entonces no he faltado nunca a las reuniones, muy pocas veces, y ha
sido por fuerza mayor y ... lo que aquí he encontrado, no lo he encontrado en
ningún sitio, en ningún sitio, ni con compañeros de trabajo ni con la misma
familia. A mi, que yo soy una persona de lo mas inconstante, lo que me ha
durado más en la vida es esto, es venir aquí y esto es lo que me dura para
siempre. Yo empezaba todo con mucha emoción, ¡ay, si, si, y luego pum!, lo
cojo todo con mucha alegría y luego lo dejo. Vale ... gracias.
Todos [a coro]: ¡Gracias!
[Marta da paso a B siguiendo el orden de situación en la mesa]
B: Hola soy B y soy comedor compulsivo.
Todos [a coro]: ¡Hola B!
B: Llevo en el programa 7 años, eeeh, soy adicto a la comida, la comida se ha
convertido en una especie de espejismo, mi vida tenía una cierta normalidad
hasta que me llegaban los momentos de ruptura, un momento de disociación
y entonces me volvía loco y empezaba a comer de una manera desenfrenada.
Era como si .... como si yo mismo me desdoblara en dos y entonces no era el
mismo y recorría básicamente bares y casas de comida preparada y me daba
unos atracones inmensos, eeeh, iba a las casas de comida preparada y
compraba bandejas de comida y utilizaba bolígrafos, tarjetas de crédito como
tenedores. Eso se me hizo insoportable y la verdad es que no podía dejar de
hacerlo, me di cuenta de que me estaba volviendo loco con la comida y que no
encontraba ninguna manera para solucionar esos episodios que me dejaban
totalmente fuera de si. Tomé dietas que es lo peor que se puede hacer porque
lo único que hace es complicar la cosa aún más y encontré un anuncio en el
periódico de GAM-1 y vine y ... me di cuenta de que estaba en mi casa y de
que llevo siete años ... he pasado por momentos realmente complicados, en
GAM-1 se utilizan muchas herramientas, una de ellas es la figura del padrino
o la madrina que es la persona a la cual tu te dedicas, no solamente a pasar los
pasos que están en el programa sino que además en los momentos de
compulsión te permiten llamarla, hablar con ella y ... intentar que desaparezca
este momento de compulsión lo cual no ha sido para mi fácil. Aceptar esta
enfermedad me ha costado muchísimo y me sigue costando pero lo cierto es
que cuando empiezo no se como terminar. Los primeros momentos de
172
recuperación tenía que llamar constantemente a mi madrina para no entrar en
los sitios de comida y ... [el móvil de la mujer que está sentada a mi lado interrumpe
la intervención por unos segundos hasta que ésta sale de la habitación] la verdad es
que es que en estos momentos estoy pasando por un momento muy duro en
mi enfermedad y lo voy superando día a día y me siento muy feliz de estar
aquí.
Todos[a coro]: ¡Gracias B!
Marta: Bueno, aclararos que cuando hablamos de GAM-1 hablamos de GAM1, que es la asociación de comedores compulsivos. ¿De acuerdo? [Da paso a la
siguiente persona para intervenir]
Y así se van sucediendo los testimonios de los demás participantes, tras
los cuales el grupo se levanta y cogiéndose de las manos reza durante unos
minutos en silencio. Después, se despiden hasta la próxima reunión y van
marchando. El puesto de moderador/a se va turnando en cada reunión
evitando así cualquier tipo de jerarquización entre los miembros del grupo, y
dando lugar a una forma horizontal de ayuda recíproca en la que no existe la
figura del profesional. Este tipo de comunicación entre iguales afectados
promueve principalmente el intercambio de información y experiencias que
les ayuden a gestionar su situación particular, así como el apoyo emocional.
8. NOSOTRASQUENOSOMOSCOMOLASDEMÁS
“Yo soy lo que el espejo muestra y ya es hora de comprender que
lo que hay debajo de la piel es lo que soy con ella” (K.).
Los TCA, como la mayor parte de la patología actual, han irrumpido en
Internet. Su presencia en la red, significa la emergencia de espacios de
experiencia compartida a añadir a los tradicionales, como la interacción cara a
cara entre no profesionales, la que se produce entre pacientes y su red social y
los profesionales y las instituciones y los ofrecidos por los medios de
comunicación social. El nuevo escenario de la comunicación y la información
es complejo y ha roto con los límites territoriales y lingüísticos tradicionales
en una medida inédita, históricamente hablando, y con una evolución que no
se mide por décadas, sino por semanas. La nueva arena comunicativa e
informativa no se limita a la palabra escrita o a la oralidad, sino que está
poblada de imágenes, iconos, figuras que provienen de diversas latitudes y
que obligan a una resemantización de diálogos, de percepciones, del sí
mismo, de conocimientos, y que nos dicen que ya no nos alcanzan los
conocimientos que poseíamos acerca de la comunidad y del entorno
inmediato. Las diferencias de percepción, recepción y procesamiento de la
información repercuten entre diversos grupos de personas de distintas edades
173
aunque en el caso de Internet factores como el costo de la conexión a banda
ancha o la destreza en el uso del ordenador han favorecido su diseminación
en sectores discretos de la sociedad y ello supone a su vez sesgos importantes
a los que hay que añadir la hegemonía del inglés como lengua franca, un
obstáculo en un país como España muy poco proclive al plurilingüismo al
cual se añade la hegemonía de las páginas web latino-americanas con sus
peculiaridades lingüísticas y culturales tan alejadas a menudo de las de la
Península.
La creciente autonomía de las personas, el fácil acceso a otras formas de
relaciones sociales suponen la inserción social de colectivos en situación de
riesgo o desventaja y por eso Internet, como cualquier red de interacción
social, puede actuar como factor de cohesión para cualquier colectivo frente a
la presión externa, y es un poderoso sistema de comunicación entre colectivos
que están socialmente “marginados” o considerados “políticamente poco
correctos”. Existen decenas de sitios web dedicados a crear “lugares” sociales,
espacios donde compartir experiencias o intereses comunes.
Los weblogs han creado un universo en la Red donde cada internauta
(blogger) publica su diario personal o su ‘visión del mundo’, comparte
experiencias, fomenta la posibilidad de estrechar vínculos con desconocidos y
en suma, crear un espacio para compartir conocimientos y vivencias. Hay
páginas cuyo acceso es libre, otras piden un registro para acceder a
información considerada confidencial. Para formar parte de los foros los
usuarios deben registrarse, casi siempre de manera gratuita, y rellenar
formularios con sus datos personales, foto, aficiones, etc. Normalmente basta
con crear un perfil básico, y a partir de ahí los miembros pueden aportar toda
la información sobre sí mismos que deseen para aumentar las posibilidades
de encontrar personas afines. Según Orihuela, las redes sociales operan en
tres ámbitos, “las 3Cs”, de forma cruzada:
Comunicación (nos ayudan a poner en común conocimientos).
Comunidad (nos ayudan a encontrar e integrar comunidades).
Cooperación (nos ayudan a hacer cosas juntos).199
Internet supone también encontrar un lugar de pertenencia, es decir un
espacio social. La pertenencia o sentido de pertenencia actúa, en definitiva, como
catalizador de una serie de fuerzas humanas, tales como la voluntad, el deseo
de hacer las cosas bien, la dedicación o la creatividad. El hecho de moverse en
torno a un mismo objetivo, compartir un mismo espacio y con las mismas
personas permiten una gestión de la propia vida más acorde con uno mismo y
con las propias ideas.
199
http://www.consumer.es/web/es/especiales/2004/07/19/106015_3.php
174
El sentido de pertenencia se construye colectivamente, es decir que todas
y cada una de las personas que forman parte de cualquier organización
inconscientemente colaboran en construirla. En una red, las relaciones entre
los sujetos permiten el juego de las fuerzas en distintas direcciones, el sujeto
colectivo potencia al individuo y éste a su vez potencia y fortalece al colectivo.
Otros factores a tener en cuenta es cómo Internet funciona como un factor de
cohesión para cualquier colectivo, es una fuente de información de fácil acceso
y puede proporcionar también un vinculo afectivo.
Paradójicamente, acentúa algunas problemáticas sociales de nuestro
tiempo y generan nuevas: aislamiento social, comportamientos compulsivos,
adicciones, etc. Constituyendo, para algunos, usos de la red que consideran
preocupantes. Entre las visiones optimistas y pesimistas se encuentran
aquellas que ven esta nueva tecnología una fuente de debilitamiento de lazos
sociales y familiares. Hay quien afirma que la influencia de padres y maestros
no consigue competir con la potente socialización tecnológica-mediática
proveedora de hábitos, costumbres, pensamientos y modelos.
A este respecto se ha originado un debate entre partidarios de cerrar
algunas páginas de contenidos dudosamente éticos y los que abogan por un
Internet libre. Al margen de esta disputa hay que decir que los creadores de
las páginas web tienen las de ganar. No es que se deban cerrar o no, es que
resulta extremadamente difícil hacerlo.
Por apenas 18€ y en 24€ horas se puede uno hacer con un dominio. Se
cierran hoy y mañana están abiertas en otro sitio. Incluso es difícil saber
donde. Una persona puede hablar español, vivir en Argentina y tener el
dominio registrado en las Islas Caimán. Y si es en un servidor de empresa, si
se contrata con un proveedor, como Terra, o se tiene en un domicilio
particular con un ordenador conectado a la red como servidor, o en una
universidad o con sistemas spy, se puede tener una parte en una máquina,
otra en la de un amigo y otra en una empresa, o sea, distribuido. Una persona
compra el dominio pero los ficheros, la web, lo puede tener uno donde le
parezca.
Luego está el "contrabando". Se conoce así a proveedores piratas, que por
18 dólares que registran fuera de los circuloscírculos legales y por tanto se
compra desde España el dominio, pero el servidor está en EEUU. Es más, uno
puede tener el dominio www.mipeich.com, como un nick que hoy está en
Terra, mañana en Wanadoo, pasado en Yahoo. Por eso es tan “libre” Internet, y
tan ácrata, y por eso es tan difícil cerrar páginas, para bien y para mal.
Ricardo Estalmán cuenta que «el defensor del menor de Madrid denunció hace poco
la existencia de foros de Internet en los que se promueve la anorexia y la bulimia como
estilos de vida en vez de enfermedades mentales. Las comunidades de anoréxicas
(muchas menores) comparten trucos para disimular y montan competiciones para
perder peso. Los proveedores de muchos de los foros ya los han eliminado. La
asociación Protégeles ha creado páginas (con Flash) para reorientar a las visitantes de
175
este tipo de sitios. Hay quien propone declarar la autolesión como delito para
perseguir legalmente su apología. ¿Deben las autoridades proteger a los que no se
protegen a sí mismos? ¿Incluyendo a los fumadores? El criterio sobre qué es estilo de
vida o enfermedad puede cambiar como en el caso de la homosexualidad.» Hoy se
tiende a olvidar que los "vicios" (dañarse a uno mismo y su propiedad) no son
"crímenes" (dañar a una persona o la propiedad de otro) y con ello se pierde
la diferencia (fundamental en cualquier sociedad que quiera llamarse libre)
entre persuasión pacífica y coacción gubernamental.200
Con el progresivo desarrollo de las Tecnologías de la Información y su
reciente expansión debido a la reducción de costes y una creciente
simplicidad operativa, Internet —la Red de Redes— está al alcance de todos,
convirtiéndose en una extensión de las capacidades humanas en términos de
información, conocimiento y comunicación. Sin entrar en niveles de
complejidad y centrándonos en el usuario, con el estado actual de la
tecnología el ser humano dispone de la capacidad de acceder a un entorno
altamente cambiante, de ámbito mundial, donde puede interactuar como
emisor-receptor en un “universo” de amplitud y posibilidades jamás
conocidas en la historia. Internet, a diferencia de los medios tradicionales
como la prensa, el cine, la televisión y la radio, los nuevos instrumentos, los
teléfonos móviles y la red, permiten que sus usuarios sean no sólo
consumidores sino también productores de mensajes y creadores de nuevos
lenguajes. Internet es un medio descentralizado, horizontal que puede
movilizar cualquier cantidad de información, de manera bi o
multidireccional, con un gran potencial para la interactividad – no siempre
aprovechado-. Por eso se le presenta como una telaraña cuyas características
primordiales serían el crecimiento exponencial, la omnipresencia, el cambiar
constantemente contenidos tanto en lo ideológico, en lo político, en lo cultural como
en las vidas privadas, por su irradiación ya que las barreras geográficas se han
difuminado y las distancias físicas se tornan relativas, por la
multilateralidad/centralidad porque hay mensajes de procedencias diversas pero
prevalecen los contenidos diseñados en la metrópolis culturales. Por la
interactividad / unilateralidad, ya que todos podemos ser autores de nuestros
propios mensajes y responder a los contenidos que otros nos ofrecen. Por la
desigualdad, ya que la concentración de la Internet y la difusión de la sociedad
de la información y el conocimiento sigue siendo un privilegio de los países
centrales. Por la heterogeneidad, ya que en la red existe de todo y no solo
contenidos científicos, por el contrario suelen abundar los banales. Por la
desorientación, ante el cúmulo de información los/las usuarios / as suelen
marearse, "se necesita formación, capacitación" para detectar los contenidos
del conocimiento. De esta forma la red ha generado masas pasivas más que
activas, en tanto consumidores más que emanadores de contenidos (TREJO DELARBE,
2001).
200
http://barrapunto.com/ciberderechos/04/06/18/015234.html
176
Internet ha supuesto un cambio significativo en cuanto que ha modificado
hábitos, escenarios y contenidos en las relaciones sociales e interindividuales,
pudiendo afirmarse que en cierta medida los contenidos producidos y
consumidos a través de la Red (chats, foros, e-mail, etc...) desplazan a otras
fuerzas de cohesión predominantes hasta la aparición y extensión de los
recursos tecnológicos a gran escala de consumo. La nueva cultura de la
interactividad, donde el ordenador es la plataforma desde el donde el
individuo interactúa, deviene en una alternativa sólida, que amenaza la
hegemonía de otras fuerzas de cohesión tradicionales (léase territorio, ciudad,
comunidades, etc...). Esta cultura produce nuevos símbolos, así como
reformula otros preexistentes, que se convierten en nuevos referentes de la
identificación individual; por extensión, también crea un universo de
escenarios o atmósferas de socialización y comunicación entre los sujetos,
entendiendo la comunicación “como sentido compartido a través de
sensibilidades comunes” (MUÑOZ, G. 1997, en RAAD 2002).
Si bien los medios de comunicación no pueden ser considerados sólo
como instrumentos sino como aparatos culturales cuya naturaleza les permite
imponer un discurso único sobre la interpretación de la realidad, algunos
autores defienden que el receptor no es un mero continente para cualquier
tipo de información sino que se produce continuamente una interacción, una
dialéctica entre la cultura que aporta éste al medio y el que la recibe.
Identidades
A través del proceso de construcción de la identidad se intentan establecer los
límites y singularidades que nos distinguen e individualizan a unos y otros.
Este proceso esta determinado por rasgos genéticos y por la experiencia vital
de cada individuo, siendo al mismo tiempo mediatizado por el contexto
histórico-social que vivimos. La identidad se forja como resultado de la
socialización que se lleva a cabo primero en la familia y luego en las distintas
estructuras sociales, en el transcurso de las distintas interacciones de nuestra
cotidianidad. A su vez, las estructuras sociales son construidas, desarrolladas
y modificadas por los propios sujetos constituyentes. Así se construye la
identidad cultural, proporcionándonos los patrones de referencia necesarios
para integrarnos dentro de una realidad colectiva común. Sin embargo,
debido a la cantidad desmesurada de información que se recibe hoy día a
través de los medios, se produce una permanente crisis de identidad por la
gran variedad de modelos de conducta y roles, con facetas que a menudo no
se superponen ni son congruentes, y dificultan la reconciliación de todos los
“yoes” contenidos y la asunción de una posición coherente con uno mismo.
Esto se intensifica al referirnos a la mujer, y al hacerlo vamos a referirnos
a la doble identidad femenina: la cerrada, oculta y secreta, privativa de su
propia intimidad personal, frente a la abierta, publica y manifiesta,
177
compartida con toda la colectividad. Y cómo esta última es expresada a través
de los contenidos expuestos por las protagonistas en la red. Por tanto, nos
ocuparemos de la identidad de las protagonistas como generadoras de un
producto cultural en la red y de la identidad como espectadoras de si mismas.
Al mismo tiempo exploraremos el sentido de pertenencia como forma de
adscripción al universo simbólico de una colectividad y como expresión del
grado de asunción de los códigos imperantes en la sociedad en cada momento
(en este caso la cultura de la delgadez). El hecho de moverse en torno a un
mismo objetivo, compartir un mismo espacio y con las mismas personas,
permiten una gestión de la propia vida más acorde con uno mismo y con las
propias ideas. En todas las comunidades, sus miembros establecen formas de
compromiso que matizan el grado de implicación personal y la forma en que
procesan la realidad circundante, tanto de los grupos de los que forman parte
como de sí mismos en tanto que individuos (VARGAS, 1999).
Sabemos que el sentido de pertenencia, en general, se construye
colectivamente, es decir, que todas y cada una de las personas que forman
parte de cualquier grupo, inconscientemente colaboran en construirlo. Pero al
mismo tiempo se definen aquellos rasgos que son distintivos para los
miembros. Por ello en todo proceso de búsqueda de la propia identidad se
busca la pertenencia a un colectivo.
Internet como universo tecnológico, y en concreto, los diversos escenarios
que se materializan en ella, suponen también encontrar un lugar de
pertenencia, un espacio social. La pertenencia o sentido de pertenencia actúa,
en definitiva, como catalizador de una serie de fuerzas humanas, tales como
la empatía, la solidaridad, el deseo de superación, etc. De ahí que sea tan
poderosa la sensación de pertenencia a la blogosfera de “Ana” y “Mía”
(anorexia y bulimia en el argot de estas comunidades).
En la Red, las relaciones entre los sujetos permiten el juego de las fuerzas
en distintas direcciones ya que el sujeto colectivo potencia al individuo y éste
a su vez potencia y fortalece al colectivo. “Cuando una serie de
particularidades comunes a un colectivo sirven para distinguirlo de los demás
creando premisas para el autorreconocimiento como parte integrante del
mismo, los vínculos de interacción grupal entre los miembros se hacen más
sólidos y coherentes, tanto dentro como fuera del contexto de referencia. Este
proceso hace que cada integrante se conciencie como sujeto de estos códigos
intragrupales y se sienta portador y representante del universo simbólico que
recrea como grupo” (VARGAS, 1999).
En la Red, las relaciones que se establecen proporcionan identidad y
reconocimiento entre los miembros cuando todos ellos comparten afinidades
lo suficientemente específicas como para crear un vínculo que facilite el logro
personal. La elección de los lugares (páginas) y modos (chat, foros, e-mail,
178
canales) determinan el grado de vinculación de cada uno de los miembros con
la comunidad elegida.
Blogs, bloggers y blogesferas201
Aunque el estudio de los medios de comunicación esta adquiriendo cada
vez una mayor relevancia, se trata sin embargo de un campo todavía poco
explorado por la antropología. Desde una perspectiva antropológica nos
proponemos en este capítulo analizar una comunidad virtual a partir de unos
rasgos culturales comunes: las afectadas por los trastornos alimentarios, en
tanto que esta comunidad virtual deviene en producto cultural, proceso social
y práctica comunicativa dentro de la llamada blogosfera. Por tanto, resulta de
gran interés conocer el modo en que se genera y consume tal producto, así
como los contenidos y características de las relaciones que se establecen a
través de NoComer.com. Hemos trabajado con 10 blogs (diarios personales) de
nueve mujeres y un hombre. Siete de las mujeres son españolas y otras dos
latinoamericanas. He dispuesto de 2 informantes clave que me han sido de
mucha ayuda para contactar con otras. Como herramientas de comunicación
he usado a veces el chat, el correo electrónico y el teléfono móvil, además de
la observación no participante de los blogs. Cada relato analizado abarca un
año aproximadamente en la vida de cada persona. Algunos relatos parten del
comienzo del trastorno y en el transcurso de ese año hemos podido observar
la evolución tanto del trastorno, como de la vida de cada persona. Ambas
trayectorias no siempre se sitúan en paralelo. Unas están empezando a ser
conscientes de que tienen un problema. Otras se hayan en mitad de su
trayectoria, iniciando o no una terapia y otras en procesos de recuperación.
Sus edades oscilan entre los 17 y los 30 años. La extracción social no es
percibida con nitidez a través de los relatos. Tampoco hemos encontrado un
patrón tipo ni en cuanto a inicio y desarrollo del trastorno, ni en cuanto a
factores familiares, aunque estos últimos no suelen ser casi nunca explicitados
en los relatos. Si bien los comportamientos son parecidos, las vivencias
personales y la forma como expresan e interpretan su trastorno reflejan
personalidades muy variadas.
Para situar cada persona dentro de su relato, haré una breve descripción
de cada una de ellas. En cada blog existe una cabecera donde cada una puede
mostrar su propio perfil.
L.L.
Se han protegido los nicks de los y las informantes virtuales así como el nombre de esta
comunidad con el fin de preservar sus identidades fuera del contexto en el que la elaboración
de estos diarios e intercambios de información tienen lugar. También hemos reproducido la
grafía original de estos relatos.
201
179
Edad: 19 años, estudiante, española.
Intereses: Me gusta pensar en todo, estar con la gente que quiero, llorar, salir
por ahí, leer, escribir, ir a la playa, oír música, soñar, tener tiempo para mí, ir
al cine, hacer planes que después no cumpliré, ver la luna, tocar el piano,
dormir...
Experta: Realmente no soy experta en nada...aunque se me da bastante bien
comerme la cabeza, darle demasiada importancia a detalles mínimos, cambiar
de humor en cuestión de segundos...
X.
Edad: 18 años, estudiante, española.
S.
Edad: 17 años, estudiante, española.
Intereses: Adoro la gimnasia rítmica, es mi pasión, ver modelos para ver la
mierda que soy, odiarme, algunas veces vomito y fumo empedernidamente.
Experta: En joder las cosas, en no ligar nada, ser una cobarde y en no
conseguir dejar de comer ni ser obesa.
K.
Edad: 22 años, ha dejado los estudios, actualmente sabemos que trabaja de
cara al publico (no dice en qué).
Intereses: Busco el matiz cromático entre el negro y el blanco después de una
vida de extremos.
Experta: En gritar y permanecer en silencio, en reír o llorar sin dejar de
contemplar las estrellas, en beber el último trago, el más dulce aunque sea
amargo, en dormir para despertar al alba, en buscar sin encontrar y encontrar
sin buscar. Experta en querer vivir sin grandes excusas para hacerlo.
K.D.:
Edad: 19 años, española, estudiante de arte.
Intereses: el arte, la música, el gothic world, el deporte, diseñar, pintar, la
belleza, la decadencia, el romanticismo como movimiento artístico y la
mentalidad... blake y füssli. La muerte, el budismo, Egipto, los gatos, la moda,
mi madre...”él”, Marilyn Manson, Nirvana, Metallica, Rammstein...
Experta: en ataques de ansiedad, en aislarme en mi mundo, en enamorarme
para no ser correspondida, en llorar, en autojoderme, en jorobar a todos, en
decir borderías, en obsesionarme con todo... just paranoid...
A.
Edad: Veintitantos (no lo especifica), chilena, estudiante.
V.
Edad: No la dice, española, estudiante.
Intereses: Soy la Niña que sonríe y no quiere crecer. Esa mujer que ahora está
triste sin saber porque... Una guitarra en una esquina, alguna lágrima en
algún cajón, dos versos en la estantería esperando una canción... Tengo que
180
limpiar mi habitación... Sigo esperando en mi rincón alguien que ofrezca un
corazón. El mío se partió... Huuum, mi vida es la danza, qué sería de mí sin el
ballet...
I.
Edad: 22 años, peruana, estudiante.
Intereses: PERFECCION, PUREZA, AYUNOS, ODIO, RABIA.
Experta: mmm. En no hacer nada por mi existencia. En alejar de mi lado a
gente que vale la pena y me quiere...en desilusionarme de la vida y del
mundo entero...
G.
Edad: 20 años, española, estudiante, quiere ser modelo.
Intereses: Morir o tratar de hacerlo en el intento.
Experta: En no lograr lo que quiero.
J.
Edad: 25 años, español, camarero.
Intereses: la música, vivo con ella y por ella, sobre todo la música heavie que
es mi religión donde Mago de Oz es el dios y le siguen sus fieles servidores
Saratoga, Avalanch, Warcry, 4Gatos etc... Me apasiona leer, leer horas y horas,
imaginar nuevos mundos, nuevos personajes, me entusiasma escribir, mi
trabajo me apasiona y en realidad me interesa todo aquel que luxe por vivir a
pesar de las dificultades
Experto: Se me suele dar bien y suelo ser experto en complicarme la vida, en
hacerla mil veces más difícil de lo que es, pero es más apasionante superar los
retos que yo mismo me pongo. Antes era experto en adelgazar ahora intento
especializarme en no obsesionarme y seguir viviendo a pesar de los pesares.
Experto en no ser experto.
Desde esos relatos, tan diferentes unos a otros, pero ligados por el nexo
de querer hacer públicas sus vivencias empezamos preguntándonos que les
ha impulsado a ello, cual es la finalidad perseguida. Nos encontramos que
para algunas la blogosfera es un espacio contradictorio, por un lado un
espacio de reposo y solidaridad, pero también un mundo perturbador, del
que se alejan y al que regresan desde una soledad que la mayoría de ellas
relatan en su entorno real cotidiano: “Regreso a este mundo con frecuencia falto de
sinceridad, falsas apariencias y reflejos manipulados pero, al mismo tiempo, refugio y
espacio abierto para tantas voces que necesitan desahogarse, gritar, susurrar o
simplemente ser lanzadas al aire (...). Hace seis meses abandoné el que había sido mi
blog, el último refugio de mis pensamientos más desesperados, de mis límites más
extremos, testimonio diario de mi caída a los infiernos de la locura y la enfermedad”.
¿Qué me ha asustado de NoComer? No es el frío de la pantalla solitaria, no es el
anonimato de quien lee y/u opina, no es la intimidad disfrazada que se "vende",
aunque gratis,... no, lo que me asustó fue la presión ante la que siempre me he
doblegado. Presión para mostrar optimismo cuando este brilla por su ausencia,
presión para animar al otro mientras mi ánimo se arrastra por el suelo, (...) No quiero
181
dar a entender que lo escrito en este blog no sea verdad. Mi aprendizaje, mi
tratamiento y mi proceso curativo son reales y precisamente por esa realidad he de
reconocer que no son ni "tanto" (tan asentados, tan definitivos, tan valientes) ni tan
"poco" (tropiezos y no derrotas, tristezas y no depresiones, lágrimas y no
desesperación) (...) Comprendo esto y regreso. Parece mentira que en poco más de un
año haya vuelto tres veces y escapado millones” (K.). “De verdad, gracias por los
comentarios (...) Estoy más o menos bien, me he sentido menos sola al ver que
algunos hasta me echabais de menos. He comprendido que escribir es para mí una
necesidad, así que creo que vais a volver a leerme... siento mucho no haber estado ahí
para algunas personas en momentos difíciles...” (L.L.). “He conocido a través de un
foro casualmente este espacio y me he decidido a escribir un diario. Hay mucho que
contar. Por lo menos consideraré este espacio como un lugar de desahogo, de vía de
escape (...) escribir me hace recapacitar, pensar, me aterroriza escuchar esa sustancia
en mi interior que me ahoga, que me dice que estoy enferma, fuera de control, fuera de
juego, fuera de este teatrillo que nos rodea. Leo mi diario y esto es deprimente,
deplorable. Pobrecita ella, no hace más que llorar. ¡¡Basta!! Este es mi espacio, mi
rincón, mi jardín secreto. Tengo derecho a expresar todo lo que me atormenta” (V.)
Para A. hacerlo público ha significado una liberación, un abandono del
escondite: “Bien...no quiero que mi diario tenga un tinte amargo...solo quiero
plasmar qué me ocurre, contar a todo aquello que pasa por mi cabecita (que es
mucho)...y en fin, si alguien se identifica leyéndome no estaría mal, mal que mal, lo
estoy haciendo público,...y es que me la pasé muchos años escondiendo mis
escritos...así que ÉSTA es mi GRAN liberación” (A.)
La finalidad última es ser leído. J. se queja del silencio que sigue a sus
posts. El ser contestado mediante comments significa la confirmación de haber
sido leído por el resto de la comunidad. Los comments “Por cierto, mil gracias
por vuestros comments...últimamente me estoy dando cuenta de que esto para mí es
muy valioso, me ayuda saber que estáis ahí, de verdad (...) ni se me pasó por la cabeza
que yo llegaría hasta este punto... escribir aquí sin miedos, donde la gente me leería y
me contestaría con palabras de ánimo sin conocerme...” (L.L.)
“Joder ni un puto comments he tenido pero yo sigo escribiendo, me pregunto si la
gente pasa ya de mi(...) ahora me escribe muy poquita gente, tampoco es una cosa que
me preocupe demasiado pero siempre me gusta sentirme apoyado en el único sitio
donde realmente soy yo y donde puedo escribir todo lo que quiera” (J.)
Es relevante hacer hincapié en que paradójicamente el fingimiento no se
produce en la Red, sino que vive fuera, en la vida real. Y es un fingimiento
que agota, que desgasta. No obstante, no debemos olvidar que toda expresión
textual es “artificial” y en consecuencia, también hay un personaje –o puede
haberlo—detrás del relato. Incluso en el caso del diario íntimo sería así –hay
cosas que ni con palabras se puede (quiere) uno expresar a sí mismo--; con
mayor motivo, en un blog, donde ya hemos apuntado que “el lector se
supone”, es decir, que el sujeto escribe para ser leído. “Solo intento no sentirme
sola y saber que al otro lado de la pantalla alguien va a leer todo lo que pasa por mi
cabeza. Hay veces que resulta mucho más fácil hablar o escribir a desconocidos de tus
182
problemas que a tus propios amigos (...) Y sin embargo puedo escribirlo aquí, porque
es más fácil saber que tus palabras están llegando a desconocidos que no están
implicados en tu vida. Y poco a poco las personas que me leen habitualmente me están
conociendo, más que aquellos a los que veo y puedo tocar todos los días. Así que de
momento sólo puedo seguir con este diario, donde no me da miedo expresar cómo soy (
L.L.) “...la tristeza invade el aire que respiró y fingir me cansa, me agota y decir que
todo va bien me duele en el alma” (K.D.)
Un diario secreto para los ajenos al problema pero que se hace público en
el momento oportuno. Una invitación a traspasar la puerta secreta a la gente
de fuera, al mundo real. De nuevo aquí “lo real” está aquí, en lo virtual y la
máscara se usa fuera. “Bueno. He hecho lo que nunca creí que haría. Le he dado la
dirección de este diario a una persona sobre la que he hablado en algún post. Ella ha
sido mi mejor amiga durante años, y ha habido un distanciamiento. Le he dicho que si
me lee aquí me conocerá de verdad, quiero que me conozca porque ni siendo las
mejores amigas me conocía.” (K.D.)
El tema más recurrente en un diario, como es lógico, es un@ mismo.
Como ya dijimos éste se convierte en el escaparate de uno mismo. ¿Pero cómo
se ven a sí mismas, que imagen se intenta dar a los demás? ¿Que es lo que
cada un@ está dispuesto a contar de sí? “Durante mucho tiempo, años, toda una
vida, el miedo fue un todo conmigo. Tenía miedo de respirar, de existir. Lo
menos importante era si el miedo tenía o no justificación. Algunas veces existía una
"amenaza" que mi traicionero cerebro agrandaba convirtiéndose en un obstáculo
insalvable, en una fiera que me devoraría si no me ocultaba rápidamente (inútilmente)
en el rincón más profundo hasta hacerme invisible a los ojos del mundo. Sin embargo,
la mayoría de las veces el miedo estaba ahí, agazapado, latente, unas veces más
intenso, otras más disimulado, pero permanente (...) A lo largo de mis lentos días y
noches, en el transcurrir entre terapias y ejercicios, por la meditación y el análisis, la
crítica y la comprensión podría decir que casi he llegado a revivir el momento en el
que se torció mi camino, en el que mis ojos quedaron cubiertos por un prisma
defectuoso. Dejando a un lado la química cerebral que, obviamente, condiciona a todo
ser humano y puede derivar, como en mi caso, en un "trastorno"(...) creo que la
conciencia es tan frágil al nacer que el más leve roce sobre su superficie puede
trastornar el devenir de toda una vida. Ahora me considero afortunada por haber
descubierto esa fisura siendo tan joven porque mi carrera, más bien mi caída, se había
acelerado endiabladamente y el final habría sido brusco y fácilmente definitivo. Desde
luego no creo que mi experiencia sea positiva en sí misma pero sí puedo afirmar que de
ella he logrado extraer un beneficio” (K.)
Dice GIL CALVO (2000) que, enfrentada al espejo, a la mujer moderna se le
produce una incertidumbre radical sin poder saber quien es. Por un lado le
parece que la verdadera identidad debe residir en la imagen que el espejo le
refleja. Pero eso quiere decir que su identidad no es suya propia sino solo
prestada por la imagen ficticia que el espejo le devuelve de sí misma. Luego
en realidad carece de verdadera identidad personal, pues la imagen que cree
poseer es solo una copia ficticia. Así es como ante el temor al vacío causado
por la perdida de identidad corren a identificarse con la imagen especular que
183
logran dar de sí mismas, sin poder saber a ciencia cierta si los que las
contemplan podrán prestarles crédito alguno, para “...no poder cerrar los ojos a
una realidad demasiado evidente, la imagen que me devuelve el espejo día a día; la
verdad al desnudo, sin tapujos. La imagen que puede contemplar el resto del mundo...
La imagen que quiero borrar, transformar en otra con la que yo me sienta a gusto, con
la que pueda sonreír, con la que pueda quererme por fin, con la que pueda ser un
poquito feliz” (X.).
Así aparece la doble identidad que refleja la escisión entre la imagen
pública, socialmente construida y la propia imagen privada, autista y
autorreferente, sólo reconocible en el secreto de la propia intimidad. Estas
relaciones especulares entre ambas identidades son desiguales, injustas,
asimétricas y dolorosas, y compromete a la humillada identidad clandestina.
Por eso se recurre en legítima defensa a la invención de una doble identidad”
(GIL CALVO, 2000:190). Representar un papel ante los demás y a la vez
mantener a salvo la propia identidad intacta implica, según este autor, un
tenso esfuerzo psicológico, por lo cual como recurso de protección segregas
en legitima defensa una doble identidad, tal y como hacen las personas
estigmatizadas: “Aunque no suceda con peligrosa frecuencia hay momentos en los
que echo de menos la vulnerabilidad y la narcotizante sensación de estar cayendo
infinitamente, ajena e insensible pero sufriendo un dolor invisible y lacerante,
abstracto. Me miro en el espejo y aún puedo evocar los ojos hundidos y oscuros,
opacos, engañosamente profundos. La piel de cera vieja y el ahumado del cabello lacio
que retrataron a un espectro.¿Es el dolor lo que nos hace sentir la vida o simplemente
somos unas criaturas tan insatisfechas que hemos de padecer la infelicidad
constantemente para reafirmar nuestra dimensión humana?”(K.).
Si escribir un diario público ya representa un desdoblamiento en sí mismo
(el yo vivido y el yo relatado) también podríamos decir que en los textos se
produce otro desdoblamiento dentro de éste, una dualidad dentro de otra:
por un lado ella misma, tal y como se ve y se siente por dentro; por otro, la
imagen externa que muestra ante los demás y que desde fuera es vista y
criticada o ignorada y despreciada. Ellas se relatan a sí mismas “pOR
FUERA...universitaria recién estrenada que estudia la carrera que siempre quiso (...)
Muy buena amiga, siempre dispuesta a ayudar, que ofrece su hombro para llorar. La
niña responsable y estudiosa, compañera incondicional para las amigas, juergas
constantes en las que baila y se divierte como nadie, sutiles borracheras para reír aún
más y triunfar en su caza de chicos de una noche (...) Lectora compulsiva que además
escribe poemas y relatos muy bonitos y lleva 2 años dando clases de piano que nunca
toca debido a su timidez... Hija en ocasiones fría y arisca, en ocasiones cariñosa, niña
mimada de familia feliz. Racionalidad absoluta, control total, inteligente, irónica y
audaz... Sonrisas en todo momento...
POR DENTRO... universitaria recién estrenada que se pregunta en qué carrera
se ha metido, que se dice cada día ¿qué hago yo aquí?...Amiga que cada vez se
preocupa menos por aquellos que no sean ella (...) juergas en las que no se siente ella
misma, borracheras para evadirse, matar la timidez y sobre todo para olvidar tratando
de cazar chicos de una noche. Lectora que va abandonando su afición, que trata de
184
escribir relatos o poemas sin mucho sentido que nunca llegarán a ser nada... y además,
pianista frustrada que lleva dos años yendo a clases y que nunca toca debido a su...
timidez? Hija arisca, borde y poco interesada en la vida familiar, que crea un muro a
su alrededor para que no lo traspasen las muestras de cariño torpe y artificial de un
padre que no la comprende, de una madre que usa una talla menos que ella y a la que
en ocasiones da besos y abrazos con sentimiento (...)"Princesa" frágil, sin confianza
en sí misma, que antes de ducharse abre el grifo del agua caliente hasta que el baño se
llena de vapor y espera para desnudarse a que se empañen los espejos y así evitar la
dura realidad, la ausencia de una perfección inalcanzable, esa imagen que tanto duele
ver... "Princesa" frágil hundida por el miedo que tiene de la vida. 2 identidades, miles
de lágrimas...” (L.L.).” No es solo con respecto a la comida y con respecto a mi cuerpo,
sino también con cosas que me hago a mi misma, me meto en problemas, relaciones
que me autodestruyen, me alejo de la amistad, me alejo de todo lo bueno que aparece
en mi vida, ¿Porque? Es como si yo no quisiera ser feliz, no se... esto ya no es solo la
comida, va mas allá de eso... ¿Porque me odio tanto? Ayer Fui a la universidad, me
sentí un asco, me escondía detrás de la gente, me tapaba la cara con mi cuaderno, fui
al baño...Y me mire en el espejo, y me puse peor, quería desaparecer, quise huir
despavorida de allí, sentía que todos me miraban y se mofaban de mi, (…) ¿Cuándo
dejare de odiarme? ¿Cuando? (...) desde que tuve esta “falsa recuperación” de la
anorexia, me he convertido en un monstruo que hasta a mí misma me da
miedo…¿Quien soy?... “ (I.). “Ni soy el anoréxico mas radical ni tampoco soy el mas
vitalista, soy solo un hombre con trastornos alimentarios y trastornos de la
personalidad pero ante todo una persona que no se conforma con lo que tiene y que
lucha muy duro por conseguir metas, sin duda mi recuperación es clave para que mi
vida sea un éxito por eso me voy a esforzar como nunca lo he hecho, lo voy a pasar
muy putas, lo sé y soy consciente de ello, pero estoy dispuesto, la verdad es que sí
tengo miedo, tener miedo no es malo pero no has de dejar que te paralice, el miedo
siempre es bueno mientras que no impida luchar (...)siempre con mi sonrisa en la boca
nunca perderé la ilusión por vivir, no soy un héroe solo soy yo, un hombre” (J.). “Por
más que lo intento no logro conocerme del todo, no consigo entender que es lo que me
hace pasar de las risas a las lagrimas, del interés infinito por las cosas y por la gente a
la profunda indiferencia, de las sonrisas a las malas caras (...) Noto que estoy
cambiando pero no sé en qué, ni cómo; noto que todo en mí empieza a ser diferente sin
ser nada distinto. He llegado a un punto en el que todo me da igual, que no me
importa absolutamente nada, que no me apetece estar con mi familia justo en el
momento en el que me tratan mejor que nunca, que me siento enamorada sin ganas de
que el sentimiento sea real, que en estos momentos me da igual liarme con un tío una
noche de juerga siempre que me sirva para olvidar lo que no puedo
tener...Contradicciones y más contradicciones” (L.L.). “A veces creo que el mundo me
ha castigado y otras veces miro a mi alrededor y veo a unos padres preocupados y a un
novio que me mima y aun así no me siento bien. Si veo unas cuchillas, un cutter o
unas tijeras, la ansiedad por cortarme aumenta por segundos, hasta llegar a un punto
en que mi respiración se descompasa, no sé porque me corto, solo sé el alivio que siento
al hacerlo y como mi nivel de ansiedad baja, en psicología eso lo describen como una
de las patologías de las conductas obsesivas compulsivas, pero no, no yo no tengo un
TOC ni un TCA ni nada de nada, yo simplemente no estoy muy bien en este mundo
metida, ya me iré acostumbrando...” (S.). “Daría lo que fuera por retroceder en el
tiempo...me gustaría volver a cuando tenía 13 años...cambiaría tantas cosas...” (...)
185
intento no pensar en el futuro pero tengo curiosidad. Creo que sigo viviendo sólo por
curiosidad... Pero no sólo yo pienso en el futuro...seguro que mis padres mi abuela e
incluso la psiquiatra hacen apuestas sobre mi y mi futuro... ¿Cuánto aguantará?
¿Seguirá el próximo año? ¿Empezará otra vez?... y otra pregunta más... ¿Me curaré?
No sé, pero no estaría mal porque la delgadez no me matará pero la obsesión sí...”
(K.D.) “...¿Que más puedo decir? Talla 36.Un 42 de pie, 17 años. No me gustan
especialmente las cifras. Hace 2 años que no estudio matemáticas, pero las necesito
para definirme, para compararme. Tengo que ser la mejor, aunque solo sea
numéricamente. La que saca las notas mas altas. La que tiene 4 pares de playeros de
marca. La que aguanta mas copas sin emborracharse. La que dedica mas horas al
ejercicio físico. La mas alta. No demasiado, lo justo para sacarle algún centímetro a la
mayoría de las mujeres que conozco. La más delgada de mis amigas, de mi clase, del
gimnasio. Y no me doy cuenta del error en el planteamiento de mi sistema hasta que,
tratando de resolver la ecuación, sumo, resto y multiplico sin encontrar el valor de X
que me diga qué es lo que falta en mi vida. (X.). “Siento ser una persona unas veces y
otra muy distinta en otros momentos (...) Estoy harta de fingir, creo que me tomaré
otro tiempo sabático en mi soledad, me marginaré un tiempo, haré alguna tontería y
luego volveré a salir a la luz como la chiflada y "pobre niña" que siempre ven. En el
fondo he deducido que me encanta que sientan pena de mí, aunque odio que la gente
cuando se entera de ciertas cosas, me mire con cara de pena y me den lo que quiera por
ello. Me encanta que me vean frágil y luego desentonar con mi "dureza" poco
comprensible ante todos (...).Me paso los días, cambiando de humor, con picos de
alegría/ tristeza cada vez mas agudos (...) Me siento inútil por no hacer nada de
provecho, me siento inferior e insignificante cuando me preguntan y tu ¿que haces,
que estudias, en que trabajas?... solo puedo contestar... voy a la piscina y "estudio" el
carnet de conducir…” (G.).
En el relato de V. vemos el sentimiento de pérdida de la identidad
infantil, llena de seguridad y protección y la resistencia a asumir una nueva,
esta vez autoconstruida con la responsabilidad de llegar a ser alguien digno
de ser querido “Creo que nunca encontraré nadie que me quiera realmente. Quizás
sea porque no merezca ser querida. Y yo me sigo sintiendo tan inmensamente sola,
voy endureciendo mi caparazón, cada día me cuesta más rasgarlo. Me meto en mi
burbuja, me encierro y no salgo (...) Y a todo esto, me sigo odiando tanto...Pasan los
días y me sigo destruyendo, haciéndome tanto daño...Y sigo deseando a toda costa
adelgazar. Y sigo temiéndome. Sigo temiendo los atracones, sigue dándome asco la
comida (...) Esto es horrible. No puedo más. Me hundo y no tengo a nadie que me dé la
mano o ese empujón para levantarme. Y yo no puedo sola. (...) Simplemente sigo
normas, como un robot, como un ser sin vida...Voy a mis clases de ballet, estudio, voy
a la biblioteca...Evito estar en casa. No hablo con mis padres. Estoy sola y con razón.
Soy una persona insoportable, débil, mustia, que no merece la pena (...)Yo que soy
Miss Perfección, que NO Miss Perfecta, porque siempre vivo intentado hacer las cosas
bien, pero luego no hago NADA bien (...) Me encantaría volver a verlo todo tan
bonito...O mejor aún, ojalá no hubiera crecido, seguir siendo una niña, tan flaquita,
tan feliz, tan despreocupada... Necesito desaparecer, en serio. Esto es una mierda y no
encuentro salida” (V.)
186
Se tiende a hacer hincapié en el papel de enmascaramiento, dentro de la
Red, de la propia identidad, dado que la propia apariencia, además del
género, status, y demás signos externos no juega un rol en el espacio virtual
—o bien se reemplazan por textos simplificados y por representaciones
icónicas reducidas al mínimo—. Sin embargo, por otro lado Internet permite
precisamente lo contrario: mostrar aquellas facetas de uno mismo que se
encuentran secuestradas y/o restringidas en la vida real. Pero al hablar de
identidad real e identidad virtual, ¿cuál de ellas es la verdadera? ¿Supone
Internet la liberación total o es sólo la ilusión de la liberación total? ¿Se
disuelven las fronteras de la identidad como afirma Rheingold o se reafirman
en base a la liberación del yo mas oculto? Esto dependerá de varios factores:
1.- El primero indudablemente depende de la propia personalidad del
que escribe.
2.- El tipo de formato en la que se den las interrelaciones (foros,
bitácoras, chats, etc...) en las que se producen la interpretación de los
mensajes, establece, modifica y refuerza las relaciones entre los
integrantes.
3.- De la finalidad que se pretenda: impactar, conseguir relaciones offline, reconocimiento, apoyo, etc. Pero dado que en nuestra comunidad
(NoComer.com) la imagen más “deteriorada” que se ofrece es a
menudo la que obtiene mayor reconocimiento en forma de comentarios
ajenos, también nos cabe la posibilidad de que se manipule la propia
imagen en favor de una mayor indefensión en la búsqueda del
reconocimiento que se pretende.
La veracidad de la información dada también dependerá a su vez del
contenido de la información (lo que se está diciendo) y de los interlocutores
(tanto del que da como del que recibe la información) de la misma manera
que en la vida real, las simulaciones dependen de la habilidad con se que
manejen las relaciones cara a cara. Con esto queremos decir que aunque es
posible que se den simulaciones en el juego de las interacciones en la red, hay
que tener en cuenta tanto la experiencia de las lectoras para descubrir y
descodificar significados, como la habilidad de la autora para dar consistencia
al personaje “creado”, si así fuera. Pues aunque algunos autores afirmen que
la mayor parte de los internautas defienden su anonimato y que poca gente
interactúa alguna vez como sí misma, en NoComer la mayoría de las
identidades on-line se corresponde con sus identidades off-line. Pues
paralelamente a los encuentros virtuales se producen (y se relatan en los
blogs) también encuentros off-line entre un número significativo de personas.
Reducimos y codificamos nuestras identidades como palabras en una
pantalla, del mismo modo que descodificamos y desempaquetamos las
identidades de los otros. La forma en la que utilizamos estas palabras, las
historias verdaderas o falsas que contamos acerca de nosotros mismos (o
187
acerca de la identidad que queremos que la gente crea que tenemos) es lo que
determina nuestras identidades en el ciberespacio. La agregación de
personajes, interactuando unos con otros, determina la naturaleza de la
cultura colectiva (RHEINGOLD, 2003: 51).
Por otro lado, las interacciones virtuales reproducen fielmente otras
formas de interacciones fuera de la red. En el contexto de los blogs es más
frecuente que puedan surgir relaciones de simetría, reciprocidad y
cooperación, aunque también de conflicto y rivalidad, ya que las interacciones
se producen entre iguales. En cambio, en los foros se suelen dar más las
relaciones de subordinación y jerarquía entre el administrador del canal
(webmaster) y quienes dejan los mensajes, pues los contenidos son controlados
por aquel.
NoComer.com
Un weblog202, (también llamado blog, bitácora o diario personal) es un sitio
web con un formato donde se recogen cronológicamente los post o mensajes de
uno o varios autores, generalmente con una temática en particular, siempre
conservando el autor la libertad de dejar publicado lo que crea pertinente. Los
weblogs se caracterizan por su interactividad e hiperactividad, especialmente
si se comparan con páginas web tradicionales. Los blogs o diarios se
actualizan constantemente, permiten a los visitantes contestar a las entradas
mediante comentarios y están interconectadas a través de enlaces,
comentarios y referencias por lo cual se puede decir que el concepto blogosfera
se ha constituido como un ente social definido por su propia cultura.
NoComer.com es una weblog alojada en Hotmail. Con sólo crear una cuenta
Hotmail, sin necesidad de elevados conocimientos técnicos y a partir de una
template (plantilla de diseño de fácil uso) se puede crear una página con una
multiplicidad de formatos a elegir cada una de ellas con una performance
distinta (tipo de letra, colores, grafismo, etc.), además de la posibilidad de
introducir imágenes, música, emoticones, ya sea a través de la propia red o
escaneadas desde casa, lo que le aporta a las páginas una increíble
versatilidad y las hace sumamente atractivas. Los contenidos no están
controlados ni censurados por el administrador central y admiten 3 opciones
de privacidad: públicas (para todo aquel que abra la página en cuestión),
semipúblicas (sólo para la lista de suscriptores) o privada (de uso privado
únicamente). Cada blogger (individuo que escribe un blog), puede suscribirse a
las páginas de otros creando así listas de suscriptores. De esta forma, cada
persona cultiva su lista de relaciones particulares. En este caso, el
administrador manda a través del e-mail mensajes en los que da cuenta de los
202 Hay ya más de 18-20 millones blogs en internet (El País (S), nº 1516, octubre 2005, El País,
27.05.2005).
188
nuevos suscriptores y los comentarios que éstos hayan podido dejar en
relación con un blog particular. De una forma cómoda y sin necesidad de ir
abriendo las páginas de los enlaces, se puede hacer un seguimiento de cada
blog y de los comentarios que han dejado en él. La página principal permite
dejar un perfil del blogger con el nombre real o nick (apodo), edad, profesión,
intereses, y la descripción de la propia persona, lo que permite publicitar la
propia imagen virtual. Asimismo la cabecera de la página consiste en una
frase o leyenda que, de alguna manera, autodefine al blogger. Por tanto,
podríamos decir que estamos ante una web con una relativa ausencia de
normas, sólo limitadas por la estructura técnica de la página y una total
libertad de expresión. Nos situamos pues, ante una comunidad virtual
temática, con un formato de diario personal, de relaciones diacrónicas e
interactivas. En definitiva una comunidad virtual con voluntad de interacción
y con intereses comunes extremadamente definidos.
Dentro de la Red, las interacciones que se producen no son neutrales sino
que actúan generando efectos sobre las relaciones que se establecen entre
emisores y receptores de los contenidos. En NoComer podríamos
cuestionarnos cuáles son los efectos causados, preguntándonos si reproducen
los vigentes patrones de delgadez o si contribuyen por el contrario a
modificarlos, aunque sólo sea en cierto grado difícil de precisar, pues al
transmitir una forma de cultura en alguna medida la transformamos y del
mismo modo adquirimos pautas de conducta transformándola en el propio
proceso de adquisición de dicha cultura. El colectivo de las TACs es en la web
una subcultura, con su propia identidad. Para ello tomaremos prestado el
lema de resistencia mediante rituales que combina la perspectiva de adaptación
al contexto interactivo, tomada del esquema de usos y gratificaciones, con la
perspectiva de la lucha de clases, heredada de los teóricos del control social.
Esta tesis defiende que una parte de las mujeres adquieren una activa
resistencia contra el orden dominante, mediante el uso de rituales
subculturales. Hebdige y Hall en sus estudios acerca de las tribus urbanas
sostienen que los miembros que pertenecen a subculturas hallan un placer en
fomentar las relaciones entre ellos creando redes sociales de protección y
ayuda mutua que les permiten defenderse del orden familiar y social que los
adultos intentan imponerles (GIL CALVO, 2000:227).
Aquí tendrían cabida los programas de investigación de las autoras de la
escuela de la “Cultural Studies” que en los 80 analizaron también la imagen
femenina como una subcultura. A este respecto, los estudios culturales
centrados en la perspectiva de género (gender studies) iniciaron una serie de
estudios etnográficos sobre el modo interactivo y relacional con que las
mujeres usan esos medios, eligiéndolos y manipulándolos activamente para
esgrimirlos como un recurso estratégico (o un manual de autoayuda) que les
permite participar e intervenir con más éxito personal en su propio contexto
laboral, familiar o social (Ibid, 2000:229).
189
Si la subcultura gusta es porque su uso activo permite contraer relaciones
microsociales —en eso coincide con el modelo de usos y gratificaciones— y
actuaría, pues, como una estrategia de legítima defensa que —como diría Gil
Calvo— permite reducir la incertidumbre personal. Así se generan entre las
mujeres lazos de recíproca intimidad compartida que facilita su integración
en redes femeninas de complicidad, y con ello adquieren autoestima,
reconstruyen su identidad y refuerzan la confianza en sí mismas, sintiéndose
más seguras y legitimadas para actuar (Ibid , 2000:233).
Sin embargo es evidente que en el caso de los TCAs, el uso del medio
donde se relacionan no sería un fin en sí mismo sino una consecuencia de la
propia situación de marginalidad en la que se encuentran. Porque si bien es
verdad que las afectadas por el trastorno han creado redes de apoyo y
estructuras sociales donde reconocer a sus iguales, éstas han sido construidas
como defensa activa contra la presión externa y el estereotipo. Por otra parte,
en el contexto que nos ocupa, este mecanismo no reduce la incertidumbre de
las afectadas en absoluto, sólo legitima su trasgresión de las normas sociales y
médicas. Este uso interactivo pues, no produce la adaptativa integración al
orden dominante sino, por el contrario, una activa resistencia contra él: así se
le da la vuelta a la tesis del control social que sigue existiendo pero
rebelándose contra él, oponiendo activa resistencia mediante el uso de
rituales subculturales (Ibid, 2000:229).
Aquí es lícito plantearse si en la denominada anorexia hay una rendición
sin resistencia al patrón social (entendido como cultura de la delgadez) una
sumisión asumida por propia voluntad o, por el contrario, se sitúan fuera del
control social. ¿Son realmente las personas con TCAs meras receptoras o
sujetos pasivos en las relaciones que se producen entre el público consumidor
y los mass media?
Si bien está aceptado que la mayoría de los trastornos se originan al
intentar adoptar una imagen acorde con los nuevos estereotipos sociales,
recogemos abundantes testimonios de aquellas que una vez alcanzados los
objetivos propuestos se niegan a mostrar el cuerpo. Existe pues,
paradójicamente una obligada ocultación de la figura (con sus connotaciones
de valor estético) pero que refleja en realidad, una ocultación de la “persona”,
como cuerpo y mente, o sea, del ser, de la evidencia de “estar”, y no sólo una
ocultación de los métodos empleados para conseguirla “Me pregunto porque
mierda la gente piensa que uno hace esto enteramente por vanidad, si supieran la
esencia de todo esto, esto es algo mío, tan mío, que voy a defenderlo con uñas y
dientes, y si me cuesta la vida, me sentiré mas que recompensada (...) porque para mi
la anorexia no es sinónimo de enfermedad, simplemente es una manera de vivir mi
190
vida (...) jamás permitiré que se metan con algo enteramente mío como son mis
ayunos, vómitos y dietas” (I.).203
Como vemos en algunos relatos la experiencia vital es vivida como una
forma contestación y resistencia. “Las mujeres construyen su identidad
subjetiva poniendo constantemente en juego la estabilidad de su género. A
través de la negociación o de la resistencia a normas, comportamientos,
discursos que definen masculinidad y feminidad, a lo largo de sus vidas y a lo
largo de la historia. La identidad generalizada es el resultado de esa contienda
que, en función de la eficacia de las fuerzas sociales variadas, da al género
una apariencia substancial, controlando lo que es permitido, deseable, lo que
es normal, lo que es femenino” (SÁNCHEZ, 2003 en ESTEBAN, 2004:58) “Nunca
me he sentido como el común de las mujeres. Jamás en mi vida he ido a un gimnasio.
No me depilo, no me maquillo, no uso tacones, no sé lo que es "arreglarse" si no es
ponerse un par de pinches y un moño. No práctico ningún rito absurdo
supuestamente necesario para vernos más bellas. Tampoco disfruto las reuniones
femeninas en las que se terminan hablando de hombres. Tampoco me considero una
señorita. A ver si me lo aclaran. ¿Qué es ser femenina hoy en día? ¿Cuidar la línea,
intentar ser siempre atractiva, pintarse las uñas, no tener pelos?...”(A.) “Empecé a
recordar todo lo que sucedió mientras duró mi querida ANA ¿Fui feliz? me
preguntaba...sí en cierto modo, huesos salidos, costillas salientes, caderas angulosas,
clavículas marcadas...y miradas de repulsión y asombro... me encantaba, recuerdo
como me quebraba a propósito para que se me notaran más los huesos y escuchaba
murmurar a las chicas sobretodo...y sonreí...” (I.)
Dado el paralelismo entre alimentación y sexualidad, podríamos hablar
entonces de una des-sexualización que entraría en franca contradicción con
uno de los objetivos primarios, que sería la búsqueda (o la mejora) de
relaciones con el sexo opuesto. Pues en algunos casos se sacrifican dichas
relaciones si éstas pueden apartarlas del objetivo marcado. “Joder, ya me vi una
vez en esta situación de no importarme una mierda la comida, pasar de pisar la
báscula para que no me entrara el canguelo y comer como una imbécil lo que quisiera
y todo por un tío...¿Y que pasó al final? Pues que le dejé porque no paraba de zampar
con él...”(G.).
Si existe un patrón social y un patrón médico institucionalizado que
impone los límites, si podemos decir que el IMC (Índice de Masa Corporal)
actúa como tope y como patrón regulador estricto de lo permitido, si coloca
una barrera entre lo normal y lo patológico, entonces la anorexia supone un
paso más allá de lo permitido y de esta manera se sitúa al margen de los
patrones sociales, trasgreden los límites y ponen, en algunos casos, en tela de
juicio la noción de enfermedad reivindicando ésta como un estilo de vida. Y
esto es nuevo. No conocemos otro caso en que los propios enfermos se hayan
203 La transcripción de los textos de nuestros informantes es literal, conservando todas las
características gramaticales y ortográficas.
191
desmarcado del diagnóstico de su enfermedad y que se hayan rebelado contra
su tratamiento y curación.
En cambio, en ambos casos –anorexia y bulimia- la construcción de los
propios límites oscila, (al menos al comienzo del trastorno) por decisión
propia, de un extremo a otro. De un extremo, el máximo control (anorexia) y
del otro la liberación emocional de la represión (bulimia) regulan (o
desregulan) la imagen que cada mujer construye de sí misma. Pues aunque
las dietas hipocalóricas parten de una prescripción médica (y por tanto
institucionalizada) la conducta anoréxica se coloca dentro de la desviación
frente a la normalidad y por tanto se convierte, no sólo en una conducta de
riesgo, sino en una conducta trasgresora.
En todo este recorrido que supone la libertad de elección en cuanto a la
imagen que cada mujer pretende dar, no hay duda de que existe un patrón
que atraviesa transversalmente todas las imágenes: la obsesión por la
delgadez. De ahí que ese camino constituya un continuum que se recorre
constantemente en uno y otro sentido. Pero no obstante, esta obsesión por la
delgadez no equivale en todo momento a la obsesión por seguir la moda de la
delgadez.
Y es por esto que este continuum comprende también el camino que se
recorre desde que se instaura un alejamiento de la normalidad social y médica
(considerándola como estilo de vida) hasta que se recupera de nuevo el deseo
de adhesión al patrón normativo (o recuperación). Pues ambos extremos, el
alejamiento y la adhesión son caras de la misma moneda. La disyuntiva entre
resistir o adaptarse.
Y como sucede en otros tipos de trastornos, existen también distintos
tipos de motivaciones para cambiar. Algun@s, como resultado de una
experiencia negativa dentro del TCA, desean volver a esta normalidad social
(de límites muy precisos). Otro grupo lo constituirían aquellas que aun no
han tocado fondo y minimizan el riesgo que contraen. Y por último estarían
las que no tienen ninguna intención de abandonar su conducta, que se
desligan de ese patrón, lo desprecian, lo ponen en tela de juicio tanto en lo
social como en lo médico. ¿No sería por tanto la anorexia una forma de
transgresión en mayor o menor grado de las normas sociales? Y a través de
esa transgresión, ¿no serían éstas últimas, marginadoras de las que siguen los
patrones, las que están dentro de la normatividad o las que desean volver a
estarlo, las (digamos) clínicamente correctas?
De ahí la utilización de palabras como “traidoras” y las peticiones de
perdón que se leen en algunos relatos“...¿como me siento? sucio destrozado,
traidor” ( J.) “Quiero ser normal, sé que esto es difícil, sé que muchas de ustedes me
calificarán de traidora, de hecho una parte de mí me dice gorda traidora” (I.)
A través de los relatos comprobamos cómo a menudo se produce un
desprecio hacia los rituales purificadores y los códigos aceptados por la
192
sociedad y se adoptan otros igualmente purificadores, como el ayuno o la
emaciación. Pero, ¿qué códigos inconscientes manejan las que padecen un
TCA para escapar del modelo patriarcal en todas sus acepciones? o ¿es
precisamente ése (la consecución de un cuerpo extremadamente delgado) el
código para poder hacerlo?
Si quien dictamina lo normal es la sociedad (mediante la aprobación
visual) y la medicina institucionalizada (mediante el IMC), si ambas marcan la
frontera convirtiéndose en los reguladores estándar de toda normalidad,
¿cuándo deja de ser la anorexia una adopción radical de la moda y se
convierte en trasgresión?
•
“...para mi AYUNAR ES LO MAS SALUDABLE DEL MUNDO, no saben
lo purificada que me siento al estar ayunando...” (I.)
•
“Quiero vaciarme, aun siento esa sensación de llenura por lo que comí ayer así
que he vomitado y tomado laxantes, necesito limpiarme de esa porquería,
siempre siento asco hacia ella a partir del 4º día de ayuno (...) Hoy empiezo
otra vez, y espero no sean sólo 5 días pues quiero acercarme a la muerte y con
la comida me alejo más de ella...”(I.)
•
“Continúo disfrutando sintiendo mi estómago vacío. Me aporta plenitud. Me
siento liberada, libre, radiante, alegre, llena de energías, hiperactiva...” (V.)
•
“De pequeña (...) tenía verdadero pánico a vomitar. Y hoy, a pesar del miedo
que me daba volver a vivir aquel sufrimiento, lo he intentado porque me sentía
demasiado culpable, demasiado gorda, demasiado sucia por dentro” (L.L.)
E I. siempre radical, pone límites precisos a la ecuación “suciedad, peso,
pureza”:
“Peso actual: 50 kilos (GORDA BASURA)
1ª META: 45 kilos
2ª META: 40 kilos
3ª META: 35 kilos
META FINAL: 30 KILOS PUREZA EXTREMA” (I.)
Mi diario
Cuando hablamos de nosotros mismos, nos construimos como sujetos
individuales, pero al mismo tiempo, cada relato de vida no es sólo el relato de
la propia individualidad, sino que deviene en el relato de un tiempo, de una
sociedad o de una cultura. Por tanto cada uno de ellos ha de situarse en el
contexto social en que está inmerso.
193
Que alguien escriba un diario es algo que no puede sorprender a nadie.
Todos en algún momento de nuestra vida hemos tenido algún diario, sobre
todo en la época en que se suelen iniciar los diarios: la adolescencia. Pero,
¿qué hace que una persona escriba su diario y lo haga público como sucede en
la blogosfera?
Un individuo necesita de otro individuo para realizarse, a sí mismo un
dios “necesita de la plegaria de los creyentes” para darse entidad de
“existencia”. De modo análogo, todos necesitamos de un espejo donde
reconocernos, en la afinidad o en la oposición. La parte más inmediata de ese
intercambio es la visual, la presencia. Pero, ¿qué sucede con el discurso, con el
espíritu? En condiciones normales (políticamente correctas) se canaliza por
medio de las diversas formas de diálogo. Más cuando esos canales están
perseguidos, interceptados, bloqueados, estigmatizados... ¿qué sentido tiene
la trasgresión si no hay testigos —afines o contrarios, ambos son
imprescindibles, pues los contrarios tienen un peso específico de distinto
orden—? Creemos que ahí es donde Internet es un bosque de Sherwood para
los proscritos.
Por ello, nuestro interés en analizar la construcción de una identidad
corporal a través de las interacciones que se producen mediante el ordenador,
expresado a través de un diario personal que se muestra a la luz pública
conservando, sin embargo, el anonimato. Algunas de ellas lo hacen por
primera vez. Y esta necesidad de trascender públicamente revela una
conciencia individual y una voluntad de participar en el propio entorno social
que para muchas equivaldría a una salida del armario. La diferencia está en que
una “anoréxica” no puede salir del armario, puesto que corre el riesgo de entrar
en un hospital. La salida del armario implica un reconocimiento público, cosa
que no sucede con Internet, que sólo es estrado público donde se expresa una
identidad oculta.
La construcción subjetiva que elabora una persona sobre sí misma nos
ayuda a interpretar la lógica y el funcionamiento social y nos permite abordar
un mismo fenómeno desde la complejidad de las emociones y vivencias que
se dan entre el individuo y las estructuras sociales y su sistema de valores.
Escribir un diario en la red también significa ir a la búsqueda de la
identidad propia, reflexionar, desahogarse, buscar complicidad, apoyo. Sobre
todo para aquellas personas cuya posición en la sociedad está marginada,
estigmatizada por etiquetas peyorativas. Supone una prolongación del deseo
de agradar, de ser admirada, de buscar aprobación, de obtener autoestima
con la imagen especular de otras mujeres, en un espacio fuera del contexto
real (entendiendo real versus virtual). Pero no sólo es eso. En algunos casos,
escribir supone también dar testimonio de vida, de su vida, sin buscar ningún
tipo de compensación o reconocimiento. No siempre hemos encontrado la
moda o la estética como referente, en algunas ocasiones la anorexia es vivida
como una forma de autodestrucción, un suicidio prolongado, una tortura de
194
purificación de una culpa que no sólo, o principalmente, tiene su origen en la
“imagen”. “... lo que quería, lo que deseaba más que cualquier otra cosa en el mundo
era desaparecer. Mi autocondena por ser yo, por existir, el castigo que merecía, era
matarme. La única diferencia con quien se pega un tiro o se corta las venas era la
duración del proceso. Mi vida durante un año y medio no fue más que un suicidio
calculado, siniestro, secreto al principio, evidente en sus últimos momentos. Mis
pasos me conducían a la muerte y estaba más que dispuesta a dejarme besar por ella”
(K.)
Por tanto, los blogs no sólo revelan problemas relacionados con una
enfermedad. Calificarlos de “diarios de anoréxicas” sería simplificar en
extremo la vida de cada persona que escribe, aunque para la mayoría de ellas
éste sea un problema que cruza y determina de forma transversal lo cotidiano.
Por tanto, a pesar de las diferencias evidentes en los relatos de cada una,
todos ellos se articulan a través del eje de las dificultades en la alimentación y
es por ello que lo trataremos como una subcultura.
En la búsqueda de la propia identidad la mujer ha conformado su vida no
sólo para el cuerpo sino desde el cuerpo en mayor medida que los hombres. La
corporeidad se hace más reflexiva y llega a ser un poderoso referente para el
resto de las vivencias. Es posible que para muchas mujeres (y también para
algunos hombres, puesto que no existe una forma única de masculinidad) los
problemas, las emociones, el sentido del logro se vivan a través de una
reflexión sobre el propio cuerpo que la mayoría de las veces se hace
consciente por primera vez en la adolescencia.
“Cuando mi abismo personal era el horror absoluto, pozo profundo e
insondable, cuando estaba muerta en vida, me repetía constantemente,
febrilmente, que debía parar, que necesitaba morir, que tenía que castigar a la
materia, a la carne tumefacta que me mantenía prisionera. Mi enemigo era mi
cuerpo pero no podía aceptar la realidad por simple y cruda, la voz de una
verdad que me mostraba que el enemigo no era "otro" más que mi "yo"
entendido como cuerpo y alma, ese todo indivisible (...) Sin carne no habría
alma del mismo modo que sin alma la carne moría putrefacta, gris,
envenenada. Acepto mi debilidad, la que se empeña en separar ambos
"mundos", pero no he de sentirme débil por ello. La reconciliación es mi
objetivo, reconciliación entre envoltura y contenido, entre piel y suspiro,
porque de su unión furiosa, entendida, asumida y atentamente observada, nace
la vida y la vida, la carne, el cuerpo, la materia, el espíritu, el alma, la mente,
es una unión perfecta que merece la pena "padecer" (K.)
“Dicen que las personas que hemos sufrido y que estamos acostumbradas a
pasarlo mal luego nos es imposible aceptar el sentimiento de felicidad, aceptar
el que por fin las cosas vayan bien. No sé si soy feliz, pero no me puedo quejar
y a día de hoy las cosas van bien, pero me cuesta asimilar eso y por alguna
razón sigo buscando el caos. ¿Acaso necesito caos en mi vida para no
aburrirme? ¿Necesito confusión y dilemas morales constantemente?” (S.)
195
“¿Será verdad que a unos nos cuesta vivir más que a otros? Mamá y Buda
dice que todos, tooodos sufren. Pero yo que soy tan receptiva, sensible y veo
cosas que otros no, me toca sentir más, procesar más, y luego soltar más. El
muy claro o poco perceptivo ve menos, está relativamente seguro y la vida es lo
que conoce. Por otra parte están los lights que no les interesa descubrir
el abanico de la vida con sus atrocidades incluídas. Algunos de ellos podrá
transformarse o va en su esencia ser medio ciegos. Yo, ¿Podré transformarme,
podré ponerme lentes para no ver tanto? Rayos, a mí me cuesta vivir, ¿a ti
no?” (A.)
“Cinco cicatrices ya imborrables adornan mi cuerpo y 14 cortes distribuidos
por mi cuerpo, me hacen taparme y no enseñarle a mundo esta bola de grasa,
mientras tanto lloro y lloro y para olvidarme de todo estudio, pero no me
concentro y eso me cabrea... voy a suspender y yo no quiero, necesito sacar un
diez, necesito ser alguien provechoso, mierda de cuerpo, mierda de vida(...) A
veces hace calor cuando entreno y tengo que seguir en pantalones largos, no
porque tenga frío, sino por mis cicatrices, son tan profundas que no pueden
disimular que me las he hecho...mientras espero a que desaparezcan las
cicatrices de mi cuerpo, espero a que algún día se cierren las de mi alma...” (S.)
De los relatos de nuestras informantes parece desprenderse que la
preocupación o la atención por la imagen no tiene connotaciones de
dependencia o sumisión a una ancestral hegemonía masculina, puesto que los
patrones de belleza de las mujeres no suelen coincidir la mayoría de las veces
con los de los hombres. La extrema delgadez no parece formar parte del ideal
masculino, como tampoco según qué modas, maquillajes, etc. Por tanto, las
mujeres no modelan su imagen sólo para gustar al sexo opuesto sino que las
prácticas corporales, los rituales de belleza, se pueden utilizar como una
herramienta de uso interactivo en la medida que sirve para establecer
relaciones de complicidad, competitividad y/o poder con otras mujeres. Se
convierten en referentes para otras mujeres, relativizan y comparan su
imagen con la de otras mujeres. Sin embargo, en la anorexia hay un veto del
placer que las mujeres obtienen del hecho de arreglarse para ofrecer una
imagen satisfactoria de sí mismas, pues siempre existe una minusvaloración
del yo en relación con las demás imágenes que contemplan, ya sean en los
medios de comunicación o en personas cercanas a su cotidianidad. En este
sentido la satisfacción siempre es insuficiente, pues ellas se sitúan en el
extremo del rango considerado normal por las demás. Por tanto, si la
finalidad consistiera en adoptar el patrón vigente, los métodos no podrían
estar más alejados del fin. Contra lo que pueda parecer, en la anorexia no se
busca la aprobación de los demás a través de la imagen, sino la propia
aceptación a través de unas reglas que son auto-impuestas y cuyos límites
sólo marcan ellas. De nada sirven, pues, los comentarios externos.
“Sé que hay gente que está mucho más obesa que yo, mido 1.73 y en este
momento peso 57.5 Kg pero sí que estoy gorda según mis ideales(...) Me siento
gorda si me comparo con el cuerpo que quiero alcanzar, el cuerpo que
196
considero perfecto. Y nadie puede entender eso, porque dicen que me ven
delgada, pero para mí este cuerpo no se acerca a LA DELGADEZ QUE A MI
ME GUSTA. Para mí esto va más allá del peso, mas allá de los kilos. Aspiro a
lograr la silueta que tengo en mi mente, la silueta ideal. Y nadie es capaz de
entenderme” (L.L.)
“Joder he leído por ahí en NoComer en algunos sitios estaturas y pesos...y
joder...hay gente que pesa más que yo y se considera que está bien o incluso
algo delgada, y yo que mido 1,75 y no ceso de estar entre 60-62 kg me miro y
no veo mas que defectos lorzas y demás tristezas....Haya cada cual con sus
historias pero ojalá yo me viera igual de bien que ellas o mínimamente igual”
(G.)
Para Falk, muchas de las identidades corporales ideales suelen venir
definidas de antemano, envasadas y dispuestas para el público desde las
industrias de consumo, belleza y publicidad (ESTEBAN, 2004:69). Sin
subestimar la influencia mediática en que se haya inmerso este discurso y
teniendo en cuenta la sumisión del individuo a través del control social
dentro de las tesis planteadas por Foucault, creemos que los individuos y los
colectivos tienen un papel activo en el proceso de la construcción de la propia
identidad y que algunas prácticas relacionadas con el cuerpo (como en la
anorexia) forman parte de un proceso dentro de un itinerario corporal de
reafirmación, negación o discusión dentro de ese proceso. Según Esteban, se
considera la forma en que las mujeres cultivan su apariencia de un modo
restrictivo, como una subordinación a las normas dominantes y bajo la
influencia directa de los discursos hegemónicos, como si las personas fueran
seres pasivos sometidos a la leyes de mercado e industrias de belleza.
Coincidimos con la autora en que “no se trata de un simple seguimiento de
los discursos dominantes sino de que las mujeres y los hombres gestionan su
cuerpo negociando al mismo tiempo su lugar en la sociedad” (Ibid, 2004:74).
Por tanto, pensamos que la delgadez no es tanto un fin en sí mismo, sino
una herramienta puesta a disposición —eso sí— por el discurso hegemónico,
pero que es utilizada de forma consciente y precisa como una estrategia por
los sujet@s en cuestión y como una forma de gestión absoluta del propio
cuerpo. No es tanto la búsqueda de la imagen ideal como la búsqueda de la
aceptación de una misma y de la construcción de una identidad a través del
cuerpo, como si éste supusiera un salvoconducto para ser aceptad@ por una
mism@ a través de la aceptación de los demás.
Tras de la búsqueda de una imagen y en el proceso de construcción de la
propia identidad la preocupación principal suele ser la propia gestión de
vida, la forma de ser y estar en el mundo, gestionada desde el cuerpo pero
dentro de un proyecto de consolidación de la propia valía:
“Llorando no detengo el tiempo, las lágrimas no me sirven para aprobar todas
las asignaturas. Las lágrimas no me van a comprar un piano, ni van a hacer
que las notas suenen mejor. Las lágrimas no van a hacer que yo me quiera
197
aunque sea un poquito.Llorando los problemas no huyen. Llorar sirve de
desahogo, pero no soluciona mi vida. Tengo que hacer algo yo. (...) Sólo hay
una cosa que depende totalmente y únicamente de mí, que puedo lograr por mí
misma...conseguir el control de mi cuerpo, dominarlo, moldearlo a mi antojo.
A veces todo esto en lo que estoy metida ya no tiene que ver con el simple
hecho de adelgazar, de sentirme una princesa. A veces ya sólo tiene que ver con
poder tener el control sobre algo de mi vida, algo que vaya bien, algo que me
haga sentirme poderosa, algo que sólo yo puedo alcanzar, algo que pueda
dominar, que no se me escape como todo lo demás” (L.L.)
“Mis dudas sobre mis talentos y/o aptitudes persisten. Nunca me lo creo. La
verdad es que me creo sólo los comentarios negativos, de los positivos nada.
Antes creía que tenía condiciones para la escritura, luego la pintura y ahora
mis seudo-dibujos. Me cuesta aceptarme como alguien un poco “artística”.
Siempre he escuchado lo de la inteligencia, entonces tengo internalizado que
tengo que estudiar alguna carrera difícil, para demostrar lo inteligente y capaz
que soy. Es como que todos lo esperan, pero yo sólo lo veo como una presión
más” (A.)
“Cuando cumplí los 15 en mi cumple entré por primera vez a una chica que
me gustaba, era mi primer intento y me dijo las palabras que han marcado mi
vida:”No, por que estas muy gordo”. Y esa noche me prometí a mí mismo que
si no me querían gordo lo harían delgado” (J.)
Escribir un diario significa hablar con uno mismo. Ver reflejado de forma
escrita aquello que pensamos facilita la reflexión, que queda de forma
permanente para ser comparado con etapas anteriores. Tradicionalmente el
diario cumple una función de testimonio, en segundo plano de “oráculo”,
donde la reflexión puede traducirse en un “otro” que puede ver los hechos
“desde fuera” y aportar respuestas, que obviamente proceden del mismo
sujeto desdoblado. Sin embargo, en ningún caso hay una respuesta externa,
ajena. Eso no así en un blog. Quién escribe sabe que habrá un destinatario –
tantos como lectores--, aunque probablemente escriba para “un lector ideal”.
Pero, además, sabe –espera, necesariamente espera— que puede haber una
respuesta –potencialmente tantas como lectores--, ya sea de ayuda, de
complicidad, de comprensión, de consuelo, o de desaprobación, quizá para su
reafirmación tanto o más necesaria esta última que las anteriores. Una
necesidad de desaprobación como muestra de “que su lucha no cae en el
olvido”, de que “realmente se cumple esa trasgresión”.
Alguna de ellas confiesa sin embargo que hay algo de exhibicionismo en
hacer público su diario. No hemos de minimizar, pues, la función de
escaparate que tienen. Una de mis dos informantes lo corrobora así:
“Admitido de pleno. L@s que no lo son, escriben para sí en un cuaderno de
anillas de casa. Mi exhibicionismo no solo es con esto. Pero esto es parte
(desgraciadamente obsesiva) de mi vida. También muestro otras obsesiones,
que conste. En relación a cuando se habla de los TCAs creo que se hace para
198
reventar, desahogarse, porque en tu vida normal es más difícil. A mí, aparte de
por eso, me gusta escribir para luego releerme. Veo más en frío las cosas. No
me vale con pensarlas, es...distinto. El hacer público ese escrito es una mezcla
de no querer seguirse ocultando, con buscar comprensión con tendencias de
gremio, digo yo. Y con darle un rollo más "real", creo (...) Me gusta saber
quiénes me leen (aunque no comenten siempre, claro). Y me gusta ver otras
opiniones sobre los temas que yo hablo. Refunfuño ante los lectores anónimos.
Pero no me quejo de que me lean. Me quejo de que me lean en silencio y no
píen. Es distinto. Es un paso más dentro del egocentrismo” (S.)
No todos los relatos se sitúan en el mismo punto del proceso. Algunas
están en el comienzo de una preocupación excesiva pero consciente. Otras
están inmersas de lleno en el problema y/o están a punto de iniciar una
terapia, o se plantean la posibilidad de pedir ayuda. Un tercer grupo estaría
en el proceso de recuperación sin que ninguna de ellas dé por concluido este
proceso. Como se ha dicho antes, en algún momento del recorrido, existe una
defensa a ultranza del trastorno como estilo de vida. Pero en todos los relatos,
tarde o temprano, hay una reconsideración de lo que es normal. Un intento de
acercamiento a la normativa.
X., L.L. y V.
Se ha dicho que la primera manifestación del trastorno es la sensación de
control por parte de las personas afectadas. Al comienzo, todas piensan que
ellas no acabarán de la misma manera, porque podrán controlar las prácticas
y la mente. Pero algunas acaban reconociendo que han perdido dicho control.
Se debaten entonces entre la sensación de pánico por engordar y, al mismo
tiempo, por el sentimiento de verse atrapadas en un callejón sin salida. V.,
L.L. y X. están empezando a admitir que tienen un problema, aunque ya hace
tiempo que “lo padecen”. V. y L.L. ya son conscientes de que están perdiendo
del control y se debaten entre la euforia por los logros conseguidos y la ira o
la infelicidad por creer que no van a poder salir de la espiral. X. se encuentra
aún en una etapa previa, aún mantiene la ilusión de que es ella la que
controla, todavía no ha tocado fondo y minimiza y niega su trastorno. Sin
embargo, es una de las que mencionan a diario la comida y de las que más
frecuentemente exponen en que ha consistido su dieta del día y las horas que
dedica al ejercicio físico, a menudo más de 2 diarias.
“Sabéis una cosa? Me he dado cuenta de que estoy cansada. Cansada de
sentirme débil, de marearme, de obsesionarme con las calorías, de pensar en la
comida a todas horas, de sentirme mal cuando no me machaco haciendo
ejercicio, de notar el aliento de Ana en mi nuca, de temer que mi madre y mi
hermano sospechen, de luchar por un imposible (...) He llegado a la conclusión
de que sí, tengo un problema. No es un trastorno grave, puedo convivir con él,
pero llevo obsesionada con el mismo tema desde los nueve años, escondiéndome
199
ante mi familia, mis amigos... Ahora que lo he asumido, simplemente quiero
establecer un límite, un control, un acuerdo entre mi trastorno y yo. De
momento, seguiré con la dieta de los puntos hasta que llegue a mis 49, mañana
empiezo de nuevo...” (X.)
“Me odio. Dios, cómo he podido cambiar tanto. Cómo me he convertido en una
chiquilla tan infeliz, tan introvertida, tan triste, tan tímida... Es inútil, creo
que ya nunca podré volver a ser la de antes. Y cada vez voy a peor, he
adelgazado un poquillo y me veo más gorda que nunca... quizás debo pedir
ayuda, sé que se me va de las manos, que no estoy bien así... no soy capaz de
afrontar que tengo un problema, que no quiero verlo, que además no quiero
que mi familia me agobie más y tampoco quiero darles más problemas... Y que
si pido ayuda puedo evitar caer en la anorexia.Y eso, puede sonar bien, puede
parecer que estoy sana, que simplemente tengo mis miedos y mis dudas (...) No
puedo reconocer que tengo anorexia, pero tampoco puedo escuchar que estoy
perfecta, que tan sólo puede que sean indicios de anorexia, porque no es así,
porque esto no es normal” (V.)
Y en otro momento vuelve a expresar su frustración. Parecía que tener el
control sería fácil, que todo podría ser como un juego, en la que cada una
pone sus propias reglas, pero llega el momento de reconocer que se ha
perdido la partida. Entonces se produce un distanciamiento de sí misma, se
genera una imagen especular en la que una ya no se reconoce a sí misma.
“No sé cómo he llegado hasta aquí. Todo parecía un juego. Parecía tener el
control, parecía que cuando yo deseara diría un "hasta luego" para aparcar mi
lucha con la comida (...) Pero no es así. Ese "puedo cuando lo desee" se ha
transformado en una fantasía. El juego quema, desgasta, resultó ser un juego
de doble filo... ¿Acaso no contaba con ello? Sí, pero me creía lo suficientemente
fuerte como para sobrellevarlo, tener las riendas y poner las reglas. No es
cierto. Nadie es más fuerte que nadie y menos si su mayor enemigo es su
propia mente. Lo que empezó con un tímido intento en esta batalla ha pasado a
un bombardeo en el que hasta el convoy recibe balas. No hay trinchera que
valga. Mis temores y obsesiones son más grandes” (V.)
De tal forma que el verdadero deseo no es salir de un problema del cual
no se está seguro de querer salir, sino que se desea desandar lo andado hasta
el punto de partida, ser “la de antes”.
“Ante la tentativa de pedir ayuda, de hablar, siento que realmente no quiero
salir del pozo. Me asusta la idea de ser feliz. Y no sé porque. Me da miedo
recibir ayuda, acabar con los fantasmas para después ¿Qué? Si yo lo primero
que quiero hacer es ser la de antes...” (V.)
“Sigo viendo la misma imagen frente al espejo. Pero a la vez pienso que quizás
poseo una malévola y engañosa mente que está ganando esta partida. Quizás
me haya dominado. Al fin y al cabo mi IMC está por debajo del "normal" y se
me caen mis pantalones de la 36. Lo que sí sé, es que esto se me ha ido de las
200
manos. Adelgazo, y ya no sé parar. 53kg, una talla menos y mi IMC ha pasado
a ser "insuficiente”. Joder, pero mi cuerpo sigue ahí. Igual de asqueroso. No
sólo lo veo, es que puedo sentirlo, tocarlo. Me prometí no volver a escribir
(¿pensar?) sobre esto... pero es superior a mis fuerzas” (L.L.)
S., K.D., I. y G.
Para ellas este es un problema que abarca ya todas las facetas de su vida.
Todas practican algunos métodos restrictivos o purgativos o ambos. En los
relatos siempre encontramos manifestaciones de agresividad o de rabia
derivada de la frustrante sensación que produce la visión del propio cuerpo.
Todas ellas viven sus vidas en un estado de ansiedad, o no tranquilidad, que
las condiciona y las controla. Aquí ya no encontramos un atisbo de control,
tampoco el deseo de abandonar. La consecución del objetivo final se impone
por delante de otras consideraciones:
“Me odio me odio me odio!!!!Soy una puta gordaaaaaaaaa y por eso tengo que
odiarme, solo sé cebar y cebar, quiero poder dejar de comer, aghhh!!!!! Estoy
cabreada, no quiero comer, quiero ser delgada, quiero potar hasta mis entrañas,
quiero cortarme, quiero sufrir, quiero dejar de disimular que estoy bien porque
no lo estoy ¿Y sabéis por qué? Porque yo hago que todo sea una mierda, yo lo
estropeo todo, yo soy la oveja negra en el rebaño blanco, esa mancha de tinta en
un folio blanco, esa gota de lejía en un pantalón negro... ME
ODIOOOO!!!!!!!” (S.)
“Soy débil por no tener fuerza para ponerme bien por mí misma, por no poder
encontrar razones aparentemente convincentes para seguir. No tengo fuerzas
ni ganas y unas pastillas mierderas hacen ese trabajo por mí; y mi aparente
mejoría sólo es fachada, como un velo, y cuando las pastillas se vayan el velo se
caerá, la fachada se derrumbará y vuelta a lo de siempre. Me siento totalmente
descolocada (...) Simplemente sigo la corriente y espero a ver a dónde me lleva;
me resigno, y sé que vivir resignada es una mierda. Me he dado cuenta que no
sirvo ni siquiera para aquello que yo pensaba que valía, para mi única
vocación. Y eso es lo más frustrante. Que ya no me queda nada” (K.D.)
Y con el énfasis que pone siempre en sus escritos, (las mayúsculas
significa “alzar la voz” en el lenguaje visual de Internet) I. relata sus miedos a
ingresar y a tener que abandonar sus ayunos.
“PATETICIDAD EXTREMA: HOY IRÉ A LA CLÍNICA DE NUEVO, A
UNA CLÍNICA DE SALUD MENTAL, QUE RIDÍCULA, TREMENDA
CERDA, PORQUE ESTOY ENGORDANDO, AYER TAMBIÉN COMÍ Y
ME SIENTO MUY MAL, QUE PAYASADA ESTOY SUBIENDO DE
PESO Y VOY A UNA CLINICA DE ANORÉXICAS ni que estuviera en los
huesos, si supieran que llegué a los 33 kilos, ahora debo estar ya en 36
seguro(...) COMER ME MATA, ME ENFERMA, ME HACE INFELIZ, por
201
culpa de la comida no he ido a clases 4 días, porque no tengo ganas de
levantarme de la cama, por culpa de la comida ayer tuve una pelea horrible con
mi novio, por culpa de la comida quisiera morirme (...)Jajaja, es curioso pero
me sentía con mas vida cuando ayunaba por 4 o 5 días seguidos, me sentía a
punto del desmayo pero feliz, mucho mas feliz que hoy...si supieran todos que
la comida me hace INFELIZ, ME MATA ME ANIQUILA...” (I.)
“Resulta que el otro día me sorprendí a mi misma gritándome por dentro salir
de todo esto y dejar de hacer tantas tonterías, pero pensé fríamente y sé que no
tengo nada que hacer, que aun recuperada y con mentalidad de querer vivir
seria un error. Tengo la vida muy jodida como para arreglarlo todo en este
punto y siguiendo con mi dinámica de "comodona" prefiero seguir haciendo lo
que mejor se me da, joderme viva” (...) Esta foto me la hice la noche de las
pastillas... fue en el puente de la Inmaculada, en plena tristeza por ver otra
noche más la realidad de mi vida. Quería dormir y me estuve tragando
ansiolíticos y somníferos toda la noche... no me acuerdo de nada, solo de
pequeñas cosas...Fue un día intenso, ese y los dos siguientes. Desde entonces
tengo perdidas de memoria, aunque ahora estoy mejorando” (G.)
Es frecuente en Internet, concretamente en las páginas temáticas sobre
TCAs, que se produzca una cierta antropomorfización de la anorexia y la
bulimia, nombrándolas como Ana y Mía, respectivamente. Pero sólo lo hacen
las que empiezan en esta carrera o las que están inmersas en ella. Sin
embargo, las que han pasado por una terapia nombran el problema por su
nombre. Es de suponer que ese reconocimiento explícito de la enfermedad
forma parte de la terapia.
En este diálogo con Ana (que simboliza uno de sus “yoes”) I., que ha
llegado a pesar 33 kilos, explica la contradicción que supone mantener un
cuerpo que siente como ajeno. Lo que para ella es un cuerpo simulado, no es
el suyo, una dualidad frecuente entre los TCAs. Su imagen real frente a la
imagen deseada, conseguida pero imposible de mantener, y por lo tanto
efímera. Por su parte S. también oye una voz dentro de ella, en este caso es
Ana quien le habla a ella. Y V. se habla a sí misma desde fuera.
“Es verdad... fuiste... algo que me dio mucha alegría, me sentí contenta
muchas veces gracias ti ANA, sé que me desnutriste, que hiciste que se me
cayera el pelo...que me odiase y me cortase muchas veces... pero al final fui feliz
todo el tiempo que duraste. Como siempre digo, mi anorexia fue una
consecuencia de mi bulimia, en el fondo siempre fui bulímica, pero con los
ayunos bajé mucho de peso... no sé... me miraba al espejo cada semana, cada
vez que bajaba mas y más, el abdomen hundido, costillas salientes, me
alegraba. Pero luego pensaba ESA NO SOY YO, ES UN CUERPO
FICTICIO, NO ES EL MIO, pues lo he conseguido a base de cosas que
normalmente no se hacen (...) pero llega un momento en que se hace
insostenible. La debilidad que produce el ayuno ya no es tan de puta madre
como antes, me sentía más depresiva, me acurrucaba en mi cama y pensaba
¿esto es vida?, Luego volvía a pensar “eres una cobarde , te excusas en tus
202
depresiones para salir de esto porque eres una cobarde” (...) si era feliz, esa
felicidad estaba basada en un CUERPO QUE NO ERA EL MIO, ESA
CHIQUITA FRAGIL NO SOY YO... ESE NO ES MI CUERPO, POR MAS
QUE ME GUSTE ESTAR ASI...POR MAS QUE LLORE AL PERDERLO
ESA NO SOY YO (...) ANA perdóname por haberte traicionado…quiero
unirme a ti de nuevo, así como en el verano ¿te acuerdas? Me hacías tan feliz,
al sentir mis huesos, al sentirme ligera y limpia de basura..Quiero eso de
nuevo otra vez…allá voy no me dejes” (I.)
“Hola! No me voy a presentar porque no tengo nombre, soy esa vocecita que
llevas dentro, sí! Esa que te maltrata, esa que te hace enloquecer, solo vengo a
saludarte, no pienses que es una tregua, nunca te curaras, ¿Lo sabes verdad?
Porque voy a estar aquí toda la vida para hacer que te odies y hacerte sentir
culpable cada vez que llevas un bocado a tu boca. ¿Sabes una cosa? Me
encanta ver como chorrea la sangre por tu muñeca mientras miras impasible
las cuchillas, y como sonríes a la gente y mientes diciendo que va todo bien,
que estas curada, que esa época ya pasó. Me encanta golpearte el corazón
mientras vomitas y a veces te hago rabiar y no dejo que salga la comida, para
que te hagas más daño y eso me divierte y me hace reír ¿No quieres hacer feliz
a tu vocecita? Me da igual, yo soy feliz mientras tú NO lo seas y en el
momento que sonrías, te recordare lo gorda que eres, lo inútil que eres, esos
cortes. No me reproches que no tengo sentimientos, con evitar los tuyos tengo
bastante, ya me despido, pero solo finalizo esta carta, sabes que siempre sigo
aquí dentro, no me iré NUNCA, NUNCA, NUNCA” (S.)
“¿Por qué te esfuerzas en aparentar ser de hierro? Tu vulnerabilidad te delata.
Deja de esconderte. El tiempo pasa...Y es irrecuperable. Todavía eres joven.
Tienes una vida por delante, todo un futuro. Todavía llevas a esa niña dentro.
Busca, porque aunque parezca que ha desaparecido, sigue en tu interior,
enmascarada tras tantos golpes, famélica, muerta de frío, de soledad, de miedo.
Dala la mano y otórgale otra oportunidad. Ofrécela todos esos cuidados que se
merece. Todavía eres joven, todavía puedes disfrutar del amor, de la vida, de
esas pequeñas cosas. ¿Por qué evitas todo aquello que te hace feliz? ¿A qué
tienes tanto miedo? Si tienes tanto que ofrecer a los demás, ¿por qué no
brindarte a ti misma todo eso que anhelas y deseas? ¿Tanto temes a la
felicidad?...Y si no encuentras tu camino en la ciudad, en ese espacio tan
hostil, vacío, estéril... Si esa superficialidad y falsedad te sucumbe... Sal
corriendo. Cierra los ojos y compra un billete a tu corazón. Pero deja de huir
de ti. Sabes que tienes todo el derecho de ser feliz, de cuidarte, de no
maltratarte. ¿Sabías?, todo empieza y termina en ti. No me cansaré de
repetírtelo. Siempre estaré ahí, a tu lado. Y aunque trates de acallar mis
palabras, te las escribiré. Y si prefieres cerrar los ojos, haré que te estremezcas
con mis caricias. Pero siempre estaré ahí. Eternamente. Siempre a tu lado. Al
fin y al cabo, soy parte de ti” (V.)
J., K. y A.
203
J. empieza su relato al salir del último de sus muchos ingresos. Refleja su
dificultad para seguir una dieta sana, la dieta prescrita y aprendida durante
su internamiento. J. es de los que escriben casi cada día. En el transcurso de
apenas un mes nos deja patente su lucha, una lucha que conlleva el abandono
de unos ideales, de unas creencias. Él también considera que está traicionando
unos principios:
“Hoy se a ido mi madre a Sevilla y sí he comido, me he hecho yo la comida,
guisantes, filete de pollo y fruta, lo normal por que tengo que comer, me he
empeñado en salir adelante, voy a salir de la anorexia, ahora mismo me comen
los nervios por que no quiero vomitar, no quiero tampoco hacer ejercicio.
Quiero tranquilizarme y seguir comiendo, me muero por un ayuno pero NO
debo y NO puedo así que a comer (…) debo de comer para sobrevivir, en el
hospital me han devuelto el habito de comer no lo voy a romper ahora por mis
creencias, me parece que estoy traicionando pero ¿traicionando a qué? es
jodido pero saldré” (J.)
“...es tan duro comer, traicionar ciertos ideales, ciertos principios pero es que
prefiero la vida y la vida no es morirse de hambre si no vivirla a tope (..).Lo
estoy pasando tan putamente mal con la comida que no puedo, no puedo, las
comidas las estoy haciendo bien es decir no me salto una sola comida, pero...
¿como me siento? sucio destrozado, traidor. Supongo que todos los principios
fueron duros, lo único que se es que lo voy a hacer, no se como lo soportare
pero lo voy a soportar...” (J.)
Y K. hace en este largo párrafo un trágico balance de su caída y de su
deseo de recuperación.
“Me despedí en silencio, ajena a todo sentimiento, con un interior muerto y un
cuerpo consumido. Abandoné para dejarme ir de una vez por todas. En
realidad no hubiera sido difícil sucumbir ya que mi vida se tenía de un hilo
cada vez más gastado y tembloroso. Mi mente estaba perdida, enferma, cada
vez más cercana a la auténtica locura. Por no hablar de mi cuerpo. Era incapaz
de ver el cadáver en el que me había convertido. El frío constante desgarrando
una piel gris y cuarteada, mi vientre seco y, ojalá sea remediable, estéril (...)
¿Cuándo cambió todo eso? Casi podría situarme en el momento exacto de la
"revelación", el día en el que, totalmente agotada, me vi, no superficialmente y
con el velo de la distorsión ante mis ojos sino que tuve que VERME sin poder
evitar el enfrentamiento, cara a cara, con lo que me había convertido. Una
visión tan espantosa, tan dolorosa... y decidí acabar con todo (...)Comenzó así
la lucha que me lleva a la victoria y a la que me niego a renunciar. Hace seis
meses que me suicidé. Hace seis meses que renací. Hace seis meses que volví a
llorar y a sentir. Seis meses de un avance y cien retrocesos, de una cima
conquistada y mil más en el horizonte, de rendiciones y empeño, de lágrimas,
de ira y reconciliación (...) No he estado sola. Es imposible salir del infierno si
no tienes manos de las que amarrarte, quien diga lo contrario MIENTE. He
tenido que aprender a hablar, a pedir, a disculparme sin flagelarme por mi
imperfección (...) Mi trastorno existe, está ahí, siempre estará pero no puedo
204
permitir que se refleje en actos que sólo me llevarán a la muerte. A ésta la he
contemplado muy de cerca, no de forma lírica ni romántica, HE ESTADO A
PUNTO DE MORIR y puedo asegurar que sus ojos no son dulces ni su seno
acogedor(..) Esto no es más que un testimonio, quizás un mensaje de
esperanza, de alguien que murió aquí mismo (mi blog seguirá en el aire como
testimonio aunque jamás enlazaré con él de nuevo) y que nace, renace, con un
tono muy diferente a pesar de guardar la misma esencia en el mismo
recipiente” (K.)
Uno de los problemas a los que se enfrentan todas ellas es la sensación de
marginalidad que las rodea. El hecho de que sea considerada una enfermedad
mental y que las principales afectadas sean adolescentes y mujeres,
contribuye a la estigmatización del trastorno. Resulta paradójico que aunque
el deseo de adelgazar esté en una proporción muy elevada de mujeres (menor
en hombres, aunque no desestimable) y que un porcentaje muy elevado
practiquen dieting, sin embargo el hecho de franquear ese límite (limite como
se ha dicho muy preciso) convierta el deseo en trastorno. Los motivos son
considerados frívolos por parte de esa misma sociedad. Resulta también
curioso que dicha estigmatización sea comprendida hasta por quienes la
padecen. Esto explica lo interiorizada que está esta idea por el conjunto de la
sociedad. Esta estigmatización supone para L.L. un simple enfado:
“...Y me jode parecer la típica adolescente idiota preocupada por unos cuantos
kilos de más y corroborar la idea de que NoComer sólo reúne a Anas y Mías
frustradas. Me jode sentir todo esto porque me considero una persona con un
mínimo de coherencia y no sé qué coño estoy haciendo. Me jode porque me
siento estúpida e infantil, porque sé que hay más cosas detrás de todo esto. Me
jode porque me siento engañada por mi propia mente (L.L.)
Para A. un deseo de permanecer oculta:
“..De alguna forma me aíslo, porque muy poca gente tiene la disposición de
abrirse a conocerme. Prefiero seguir relacionándome como si nada. Hasta a
veces finjo, actúo que estoy bien, para que no vean que lo paso mal, y así digan
que soy enrollada, que estoy depre, y toda esa estigmatización... es una
cobardía, ya sé, pero...” (A.)
Y para K. supondrá un drástico cambio de planes en su vida:
“En febrero abandoné definitivamente mi carrera universitaria. En primer
lugar, dos años agotadores mental, emocional y físicamente me dejaron sin
fuerza alguna para afrontar el ritmo de las clases diarias, el estudio, los
exámenes y toda la tensión que esto implica. Añadido a esta razón, sin duda la
más poderosa, está el hecho de que la facultad es un pozo de recuerdos tristes y
dolorosos. La gente... todas ellos, compañeros y profesores, vieron mi deterioro,
saben que enfermé y para todos (no pretendo ni mucho menos juzgarles o
criticarles, lo comprendo) soy una anoréxica y todos sabemos que no está "de
moda" padecer un trastorno de alimentación, no es bonito, no es síntoma de
205
triunfo, es la locura de las niñas bien que quieren tener un cuerpo perfecto”
(K.)
Todas ellas expresan un cierto grado de ansiedad que se vive con un
sentimiento de culpabilidad, bien hacia sí mismas, o hacia el daño que son
conscientes hacen a sus familias. Se sabe que el hambre y el apetito están
íntimamente ligados a necesidades emocionales. El acto de comer puede ser
también una vía de expresión o reflejo emocional de forma no consciente.
Algunas conductas alimentarias compulsivas están causadas por sensaciones
emocionales y sirven como vía de escape para aliviar la tensión o la ansiedad
y proporcionar seguridad y bienestar aunque muchas otras veces provocan
ira y frustración. Las palabras de K.D. reflejan muy bien el carácter
subjetivo/social de ciertas aflicciones:
“...tengo tanta ira y dolor...sé que no es nada bueno y que es otra forma de
autodestrucción...en el fondo todo lo que hacemos nos llevará a una
autodestrucción...antes o después...yo me autodestruyo a cada momento...no
fumo, no bebo, pero me lesiono física y mentalmente, me encierro, me aíslo, me
deprimo, me odio y odio todo y a todos, me perjudico a mi y a los demás..., creo
que hasta este tipo de reflexiones son otra forma de autodestrucción... mejor
intento relajarme y me trago mi dolor...que por lo menos no engorda...pero
jode, porque siempre me lo trago,...y ya no hay más hueco... (K.D.)
En una de las respuestas a un post alguien deja un comentario en el que
se cuestiona, incluso, la oportunidad de seguir formando parte de la
comunidad creada en la red:
“Y mira dejé a Mía porque solo me hacía comer mucho y vomitar mucho y ni
bajaba de peso...así es que dejé de culpar a todos...de hecho vomitaba no la
comida, sino los sentimientos...ya sabes...” (G.)
Esta vía como forma de eliminar tensiones toma carácter más dramático
aun, cuando se pasa sin solución de continuidad del maltrato psicológico al
físico. Aunque algunos autores describan el ayuno como una forma de
maltrato, nosotros nos limitaremos a describir sólo las autolesiones como
causa de automaltrato. Pues si bien es verdad que la anorexia y la bulimia —
con su carga de renuncia y sufrimiento— pueden ser consideradas en sí un
automaltrato, pensamos que podrían ser equiparables a los entrenamientos
que conllevan estados de privación y sufrimiento físico y mental a los que se
someten los atletas de élite o bien aquellos que practican deportes de riesgo, y
aún así, a nadie se le ocurre considerar estas conductas como un automaltrato,
antes bien, los deportistas son considerados y aclamados por su dedicación,
aun cuando esta sea extrema y conlleven un riesgo evidente para sus vidas.
¿O acaso esta reflexión no podría haberla hecho cualquiera de estos
deportistas?
206
“Control, poder dirigir y no fallar. Algo en lo que poder ganar...A veces el
placer de la vida se encuentra en hacer lo que otros piensan que no serás capaz
de lograr” (L.L.)
De estos sufrimientos no escapan las menores de edad y dichas prácticas
extremas están tácitamente sancionadas por nuestra cultura del éxito y la
promoción social. V. recuerda sus comienzos en la gimnasia rítmica con
verdadero horror. Ella lo expresa como el comienzo de su problema:
“¡Oh, benditas entrenadoras donde las haya! (...) ¡Oh, dichosos los ojos que me
llevaron a rezarlas, a sacrificar mi inocencia como buena devota! Benditos
sueños de una niña a la que hicieron perder su inocencia e introducirse en un
mundo tan complejo. Dichosos entrenamientos en los que como si se tratara de
un juego, todas las infantes obedecían los mandamientos, órdenes y maltratos,
siempre supeditadas a esas dos mujeres adultas que siempre tenían la razón, el
poder. Benditos días en los que los ejercicios eran practicados hasta llegar a
una situación extenuante, donde a niñas de 12 años se les exigía realizar
excesos tales como 200 abdominales, juegos de equilibrios, estiramientos en los
que las entrenadoras aseguraban nunca eran suficientes hasta que las
pequeñas no derramaran las suficientes lágrimas, hasta que no chillaran de
dolor y se entumecieran (...)Benditos entrenamientos en los que era una
continua batalla, una guerra cuyo triunfo era ese deseado comentario que
aprobara tu trabajo. Dichosas sesiones en las que tenías que ser fuerte, resistir
los gritos, callar, mantenerte en el silencio a pesar de un trato humillante, a
pesar de hacerte sentir como escoria humana. Dichosas sesiones en las que te
presionaban con ser la titular en esa competición tan soñada...” (V.)
Podrá argumentarse que la finalidad es distinta, pero las motivaciones y
las compensaciones que busca y recibe cada persona, son legitimadas de
forma subjetiva y no pueden valorarse con criterios de moralidad. Para unos
y otros tan lícito es poner en peligro la vida al intentar escalar una cima que
conseguir una pérdida de peso. En todo caso, ambos están persiguiendo un
sueño, el éxito en sus vidas. Si bien el ayuno conduce a un fin conocido, las
autolesiones estarían destinadas al alivio de una tensión interior en su
máxima expresión. Que en 10 relatos hayamos encontrado 3 casos denota que
no son una práctica infrecuente. S., G. e I. lo relatan así:
“He comido dos días seguidos, que horror, me he tirado correazos en la espalda
hoy en la mañana apenas me levanté y me vi al espejo, y he pasado una lija por
mi estómago y lo he raspado, ahora me esta ardiendo... Es extraño, pero a veces
siento la necesidad de hacerlo, siento la necesidad de chancarme la cabeza
contra la pared, o de arañarme la cara, o de pegarme con la correa en las
piernas en la espalda, con la hebilla se siente mejor, duele más y me gusta más,
pienso: "SUFRE MALDITA, SIENTE MIERDA, ME DAS RISA Y ASCO,
GORDA" (I.)
“Esta noche me toca una tanda de cortes, ¿Y porque? ¿Porque soy estúpida y
tengo un ataque de odio reconcentrado, si mi madre me abraza la aparto, si
207
alguien me toco le miro mal, odio, odio y mas odio reconcentrado, no se si hacia
mi o hacia el mundo, lo q se es q esta noche lo pagare conmigo, porque soy tan
sumamente repugnante q nadie me puede querer, no se mantener relaciones
afectivas...” (S.)
“...hoy ha sido un día duro, Sergio vino a casa y me dijo esas palabras tan
temidas, TENEMOS QUE HABLAR...(...) Y tras decirme no sé cuantas cosas
más que prefiero olvidar, en un ataque de irritabilidad...le conté de sopetón que
los cortes no eran de ser bestia de pequeña, sino de serlo de mayor, de
autolesionarme...Por eso, le dije, mira tío yo vivo para destruirme coño, que me
corto Sergio, que me hago yo tooodas las cicatrices! joder!“ (G.)
La palabra control se repite a lo largo de los relatos. Control que a través
de la disciplina personal, proporciona una sensación de autorrealización
personal que es vivida como una liberación y un logro. Puede ser que ell@s no
controlen el mundo exterior, pero al menos pueden controlarse a sí mism@s a
través de la dieta, una forma de consecución de la individualidad, el éxito. En
un mundo cartesiano, el éxito se traduce en cifras, se puede pesar, medir y
contar. Pues cifras son el peso, las horas de ejercicio, las calorías...
“... nunca juzgaría a una persona por su aspecto, por su cuerpo. Sin embargo,
es lo primero que me exijo a mí. Era lo único sobre lo que tenía control en mi
vida. Lo único que me hacía sentir bien. Es el medio por el que me desahogo,
por el que expulso todo lo que llevo dentro. En fin...” (V.)
“Por un lado una extraña vocecita me incita a seguir, porque por una vez
gano algo, domino algo en mi vida, y es realmente tan reconfortante tener el
Control...” (L.L.)
No obstante, es significativo que el hecho de padecer una dolencia y
considerarse víctimas de la imagen, no les impide mostrarse lúcidas y hacer
una despiadada crítica contra la sociedad a la que culpan de potenciar un
modelo de belleza. Todas ellas son conscientes de la presión que la
publicidad, el negocio de la moda o los medios de comunicación ejercen sobre
el patrón hegemónico de la delgadez. V. nos hace aquí una amarga parodia de
su trastorno y de ella misma:
“Venga chicas, que hoy es viernes. Vistámonos de luces y salgamos a la calle.
Debemos estar rompedoras, deslumbrantes, radiantes. Siempre perfectas, tan
guapas, tan monas. ¿Que tienes una peca en la mejilla? Pues tápatela con
maquillaje, es sencillo. Pero, ¿Quién nos dice que una peca no es hermosa?
¿Es más bonito un rostro uniforme, opaco? ¿Es más bonito ver miles de
rostros lavaditos, pulcros, cubiertos de maquillaje, uniformes? (...) ¿Quién
determina que un rasgo es un defecto, cuando es un carácter único, genuino,
que proporciona originalidad, exclusividad? ¿Por qué siempre deseamos lo que
no tenemos y valoramos más lo afortunados que somos al tener lo que
poseemos? Perfección... Me río yo de la perfección. Nunca nada será suficiente.
Bendita sea la educación occidental y todos sus valores” (V.)
208
Para A. este un tema recurrente en su diario. Lo menciona a menudo y
con enfado. Tampoco elude la autocrítica hacia su género:
“Ando enojada con muchas cosas que considero indignantes. La
publicidad me tiene cansada. Las revistas que te muestran a los exitosos, tu no,
tu aunque te saques la cresta trabajando no eres exitoso como él. Como si les
gustara socavar tu autoestima. En los diarios, la farándula, atacándote con los
pormenores de la vida de unos cuantos. Oh, pero ¿ Acaso te cambia la vida?
Claro pongamos eso, así llenamos, y no hablamos de cosas peliagudas (...) Y
está mi madre, que sin ninguna intención dice que mi pinta "la deprime". Que
el buzo es deprimente. Que ese pelo chascón también. Que me afeo tanto.
¿Hasta cuando mamá me vas a seguir dando a entender que la imagen es tan
importante? Si me lo recuerdan los medios todos los días. No, para tu pesar
NO soy una lady” (A.)
”Y ahora qué, ignorar a los medios por la puta publicidad invasiva de cultura
anoréxica y obsesionada con la imagen? (...) Escucho los temas de
conversación: "Estás más flaca ¡Qué regia!", "Fulana está vieja, se dejó estar,
engordó..." Engordar no es sinónimo de dejarse estar o de descuidarse. Pueden
ser miles las razones, quizás la tipa se cuidó toda la vida y ahora quiere darse
algunos placeres. Y en todo caso, ¿ Qué mierda me importa a mi que Fulana
esté más gorda y con más arrugas? ¿Es mi asunto?, ¿Es necesario conversarlo
y comentarlo? ¿Me siento mejor desdeñándola?” (A.)
Pero no solo las críticas van dirigidas a la sociedad o los mass media. El
sistema médico también es puesto en tela de juicio. A. escapa de las etiquetas,
se rebela, se acepta a sí misma en un alegato a la libertad de “ser” y de “ser
fuera” de las clasificaciones estrictas. Se puede observar una importante
resistencia a la medicalización. Por un lado -y como se ha dicho antes- por
parte de aquellas que defienden la anorexia/ bulimia como un estilo de vida,
pero también entre las que reconocen tener una enfermedad, pero escapan de
los encasillamientos, como dice nuestra informante, de una tabla para todo:
“Los médicos nos dicen que tienes anorexia sólo si cumples una serie de reglas.
Si hay alguna que no se cumpla pasas a ser un "trastorno alimenticio no
especificado". Desde ya suena raro. ¿Qué tienes? “Bueno algo no específico,
algo con la comida”. Entonces claro, como no queremos ser huerfanitos-denombre, deseamos caber en alguna categoría clara, pero es a los doctores a
quienes debemos creerles... ¿O no? Un manual de reglas inventadas por los
que supuestamente saben...Tablas como las del peso. Que han variado con los
años pero que hay las tres definiciones básicas. Flaco, normal, gordo. Mientras
hay gente que es de contextura muy delgada que pueden mantenerse bajo el
peso normal estipulado, también hay quienes tienen huesos grandes, pesados,
musculaturas desarrolladas. ¡Pero cuidado que pueden estar con sobrepeso!. El
Peligro Del Sobrepeso. Pobres de nosotros que tengamos el colesterol alto, que
nos quedemos en el sedentarismo, que comamos cosas grasientas o azucaradas
porque estaremos pecando (...) Un mundo caótico lleno de absurdas reglas. Si
209
llego a un determinado peso es que estoy mejor. Si escribo lo que como y se lo
muestro al médico, estaré mejor. Si durante la internación NO me
relaciono con chicas en mi misma situación es lo mejor para mí. Porque el
médico así lo dijo. Si, el que estudió lo mismo que la psiquiatra que me atiende
10 minutos para revisar mi cuadernillo con las comidas apuntadas y para ver
si he subido o no (...) ¿A quién debemos creer? ¿Al doctor que no ha vivido
nada parecido a lo nuestro, pero que ha estado investigando por años ? A la
enfermera que mira con asco mis huesos? ¿A la doctora anoréxica que te dice
que estás bien? Hoy aspiro a la libertad. A no pensar qué es estar mejor y qué
no. Qué es estar recuperándome, y qué no. Si me quiero comer un chocolate ni
siquiera pensaré que un doctor me dijo que me abstuviera porque si no luego
querré bajar. No, me lo como y punto, no más meditación acerca de eso. Y
dejaré de revolver la borra de mi pasado que la psicóloga tanto se esmera en remirar. Hoy aspiro a la libertad. ¿A quién creerle?: A mí misma” (A.)
La construcción de una identidad personal significa la adquisición de un
status propio y la ocupación de una posición definida. Para Gil Calvo, la
adopción de una estrategia a través de la imagen femenina siempre puede ser
entendida como emancipatoria (GIL CALVO: 238). De hecho encontramos en
los relatos múltiples referencias al deseo de escapar al control paterno. Pero
paradójicamente, a mismo tiempo que subyace la idea de la emancipación, de
la autonomía, se produce un deseo de no querer crecer, de regresar, de volver
a la infancia. Bruch explica a través de la negativa a comer, la renuncia a
crecer y ganar autonomía (con lo que evitaría enfrentarse a su proceso de
madurez); lo que acabaría convirtiéndose en supresión de la sexualidad al
adoptar un cuerpo y una actitud permanentemente pueriles. Al mismo
tiempo, la inanición autoinducida les estaría otorgando una enorme sensación
de autocontrol por la vía del dominio de los procesos biológicos (BRUCH,
1988).
“Ayer hice limpieza general en mi cuarto. Limpieza de recuerdos. Tiré papeles,
libros, fotos y cartas. Pruebas de amistades pasadas, que tampoco serían tan
verdaderas porque ya no perduran. No sé porqué lo pongo todo tan bonito, si
saqué mierda por un tubo, y aún queda. Quedándome anclada en mí pasado
sólo conseguiré acabar más jodida. Puto síndrome de Peter Pan” (K.D.)
“...que horror, ya me están saliendo tetas de nuevo no puede ser, no quiero,
quiero ser niña siempre, quiero mi cuerpo de niña siempre, no quiero crecer
nunca, no quiero engordar, no quiero tener esas curvas de mujer, quiero ser
como esas chiquitas de 8 años todas flaquitas y enclenques, con mis muslos tan
delgados que parezcan que se van a romper...” (I.)
“¿Por qué no quería crecer? Pues yo creo, que principalmente...era por esas
revisiones y esas visitas que me hacía mi madre. Ella lo hacía sin mala
intención. Sólo quería comprobar mi crecimiento, mi desarrollo. Pero era una
pesadilla. Joder... Entre los entrenamientos y las visitas de mi madre me
pasaba noches llorando. Me encogía en mi cama, me apretaba con fuerza el
pecho y me maldecía a mí y la hora en la que comencé mi camino hacia la
210
madurez, hacia mi transformación en mujer. Una vez escuché por esa época
que si te daban un golpe fuerte o algo similar en el pecho durante la etapa de
desarrollo, no te crecía tanto. Por eso, yo me apretaba con todas mis fuerzas y
lloraba. No quería cambiar, no quería crecer. Me hacía daño, me dolía, pero me
daba igual. No quería hacerme mayor” (V.)
Para V., esta negativa a querer crecer, madurar y desarrollarse es vivida
como un aplazamiento del trance de someterse a la prueba temible de la
aprobación materna. Y relata una anécdota que se quedó grabada en su
mente:
“Tengo grabada en la mente aquella noche, en la que al volver del
entrenamiento, me tocaría revisión en el baño, tras la ducha. Un día más. Sólo
era un día más, como otro cualquiera. Pero yo ya no podía más. Intentaba
cerrar la puerta del baño y que no entrara mi madre. Imposible. Corrí y me
puse el albornoz. Me senté agarrándome las rodillas, esperando a mi madre. Yo
la temía y lloraba. Entró. Me buscó. Yo mientras lloraba gritaba: ¡¡¡Déjame,
por favor, déjame, por favor. No, por favor, otra vez no, no me hagas esto otra
vez, no, otra vez no...!!! "Pero hija, si sólo quiero ver cómo vas. Soy tu madre,
necesito saber y comprobar que estás desarrollándote bien". Al verme tan mal,
conseguí que me dejara en paz. No volvió a realizar sus inspecciones de vello
púbico ni glándulas mamarias, etc. Pero ya era demasiado tarde... Y vaya
adolescencia... Siempre luchando contra el tiempo, contra el crecer” (V.)
Los cambios del ideal estético no solo se aplican a la ropa que cubre el
cuerpo sino que resulta más lacerante cuando se trata de mostrar el cuerpo
mismo o más aún el cuerpo desnudo a la mirada de los demás. Y esas miradas
son miradas especulares donde uno mismo se ve con los ojos de los demás
(aunque en muchas ocasiones se alcanza a poner en los ojos de los demás la
mirada propia distorsionada). La conciencia del propio cuerpo como
experiencia. La descomposición de la imagen en cada una de sus partes,
siendo cada una de ellas analizada y juzgada. Una parte por el todo. El cuerpo
se convierte en una metonimia:
“Por la tarde he ido a depilarme, me he quitado el pantalón, me he subido a la
camilla y sentía mis muslos blandos desparramados mientras la chica me
depilaba con la cera... solo podía pensar en mis piernas enormes sobre la
camilla y en lo que estaría pensando la chica... Ese pensamiento dolía mucho
más que el dolor físico de los tirones de la cera...” (L.L.)
“...No me gustan mis pechos. Los odio. Están muy caídos por las subidas y
bajadas de peso. Me imagino que es por eso, porque si bien hice ejercicio por
años y ahora no, conozco a gente que nunca ha hecho y los tiene normales, no
caídos como los míos. No tengo el dinero, pero estoy dispuesta a juntarlo como
sea. Vamos que no quiero tenerlas tan arriba como una modelo, no. Lo normal,
no que se vean así de caídos como se ven ahora. Si, me muero de vergüenza por
poner esto y estoy dispuesta a escuchar retos y sugerencias” (A.)
211
Si los relatos mostrados revelan un profundo sentido crítico, ¿Cómo viven
y que opinan de las terapias en las que han participado? ¿Que relación tienen
con sus terapeutas? Como veremos, la predisposición y la actitud varían
mucho. También el sentido crítico hacia los métodos. Empecemos por J., que
refiere haber pasado por numerosos internamientos. Cuando inicia su blog,
está a punto de ingresar. Es él quien lo solicita, alarmado por los 9 días de
ayuno total y es él también el que pide que le coloquen una sonda gástrica
como inicio del tratamiento, pues se ve incapacitado para empezar a comer de
nuevo.
“... les dije que lo mejor para mi era ingresar, por que noto que se me va la
vida... he perdido demasiado en 1 mes y también por eso debo ingresar y la
ultima razón y mas importante es que yo quiero vivir y quiero comer para
vivir, quiero comer y no sentirme culpable, quiero ser yo, no quiero ser
señalado por mi delgadez o por el tamaño de mis locuras si no por el tamaño de
mi alma (...)le dije al medico que mañana mismo si me ingresaba me sondaran
que no perdieran el tiempo haciéndome que coma por que pierden el tiempo, así
que antes de que me deteriore mas que me sonden, me recupere y después me
quitan la sonda y trabajamos al fondo los miedos al ponerme delante de un
plato. Quiero que esta vez sea la definitiva, no quiero que esto me siga por el
resto de mis días, si ingreso será para salir mejor, sino no saldré o hasta que
muera o hasta que no esté bien, mas claro el agua” (J.)
J. retoma su blog 24 dias después:
“Han sido 24 días de ingreso, un ingreso relativamente corto por que esta vez
yo puse de mi parte quiero decir que hice todo lo que me mandaban, el segundo
día de ingreso pedí voluntariamente la sonda naso-gástrica (...) a los 10 días
me retiran la sonda, empiezo a comer por boca hacemos cuenta y más mis días
de ayuno más la sonda estuve 22 días sin probar alimento por boca, por lo que
mi primera comida fue dura de cojones, me dolía horrores el estómago, estaba
fatal pero poco a poco fui comiendo, no me negué, me encerraban en la
habitación una hora después de comida y cena y media hora después del
desayuno y merienda y yo leía y escribía por que no te puedes mover de la
cama, pesarme todo los días de espalda, mejor, así no sé mi peso, me gustaría
saberlo pero me han aconsejado que no es el momento ahora de saberlo. Mi
médico una maravilla el doctor G. que ya me llevó la otra vez, me ha sabido
tratar, habló conmigo todos los días sin faltar uno solo, me habló me convenció
me hizo comprender por que no comer y por que sí comer (J.)
Las relaciones entre pacientes y terapeutas son ambiguas y dialécticas, tal
como hemos argumentado también el punto 3.:
“...echo de menos a mi psiquiatra y mira que la odio, supongo que me gusta
que me haga sentir mal, es el único sito donde puedo llorar tranquilamente... y
necesito LLORAR YAAAAAAAA!!! (...) he creado cierta apatía que me
impide pesarme, hasta tal punto que cuando estoy cerca de él me cuesta
respirar, como comprenderá mi psiquiatra, no es muy buena idea eso de
212
pesarme, pero ella sigue en sus trece de que hay que llevar un control del peso
si quiere ayudare a que me controle con la comida, pues no señora... súbame la
dosis del medicamento y ya esta!!! (...) Cuando estaba en el psiquiatra me
preguntó que si esta semana me había castigado y yo me quede callada le dije
que no se lo decía porque se lo diría mi madre y se llevó cinco minutos
preguntándome dónde me había cortado, yo no se lo dije, solo decía ah... en
esos momentos me sentí como una niña pequeña que esta jugando a las
adivinanzas” (S.)
“Estoy deseando que empiece la mierda del psiquiatra nuevo y que me digan
algo!! necesito hablar con esos entupidos "profesionales" para llevarles la
contraria y subirme un poco el ego...así dejo de comer...es tontería pero me
funciona...jaja (...) Ya vi hoy a la psico y es cojonudamente graciosa
(sarcasmo).La perra parece que esta ahí , en plan venga nena vamos a hablar
que me quiero ir ya...jajaja pero bueno no está mal, lleva unos aires de
prepotente que me encantan y eso hace que me crezca ante ella, que es justo lo
que quiero...así que perfecto (...) Hoy tenía psiquiatra...le conté lo de la
Efedrina, eso derivo a comentarios (transcritos literalmente): "estas muy
MUY enferma" "me has dejado alucinado cuando aceptabas coca si te la daba
gratis a cambio de dejar la efedrina" "pues te ingresamos"...Así una
conversación larga e intensa que casi me hace llorar, de hecho por los pelos no
lo hice al pisar la calle... Al final después de acojonarme tanto que ni me
atrevía a caminar rápido por miedo a que me diera un infarto por la efedrina,
decidí que mañana empezaba con la nueva medicación y toda de golpe en
grandes dosis...Prozac, Topamax y Tranxilium (...) Probaré esta semana la
siguiente tengo cita otra vez con el psiquiatra...si esto no va bien....prefiero
seguir jugando a la "ruleta rusa de la efedrina". P.D: Desde cuando tanta
fantasmada para algo que nunca pasará? NO EXISTE RECUPERACION
NINGUNA PARA MI!” (G.)
“Extraño a mi primera psicóloga. No quiero volver a ninguna a excepción de
ella (...) estuvo en el momento más importante de mi enfermedad: el
principio...cuando yo NO era muy consciente y no sabía nada, en comparación
a ahora. Momento clave, por cierto...si las 2 hubiésemos sabido lo que se venía
se habría podido hacer mucho, mucho más! Era preciosa, siempre olía bien, su
pelo era brillante y perfecto...su ropa tenía onda, siempre flaca, pero muy
vital...Me dijo cosas que nunca he olvidado (a diferencia de la última que tuve
y de mi psiquiatra que es una verdadera M-I-E-R-D-A...de ella si que no
guardo buenos recuerdos, y nada, nada de lo que me ha dicho ha acertado, y
conste que yo acepto las criticas, aunque sea de mala gana, pero ella hablaba
como si no me conociera ni un pelo...uy! pero yo estaba hablando de Ella (...)
No mencionaré cómo llegué a ella ni cómo terminaron las cosas. El transcurso
es para mí lo medular. Fue harto tiempo...y agradezco infinitamente ese amor
de madre que me dio cuando mi madre estuvo ausente. (...) Cuando trabaje, y
tenga mi money...y ella viva en Chile, la iré a ver y compartir un cortado como
lo hicimos alguna vez, pero sin reloj, sin plata de por medio, sin apuros, sólo
ella, yo, y mi corazón enfermo que dice y dirá muchas cosas” (A.)
213
En la red estas relaciones dicotómicas entre pacientes y terapeutas de
dependencia/resistencia, de amor/odio, se manifiestan de forma más
contundente. Las personas aprovechan este espacio de “privacidad”,
contrariamente observable o pública, para decir lo que, a buen seguro, no se
han atrevido a manifestar, o no han querido manifestar, en la consulta.
Efectivamente, las consultas constituyen espacios que, a menudo, son vividos
como encuentros personales jerárquicos, donde las interacciones cara a cara
entre terapeutas y pacientes no favorecen ni la intimidad ni la comunicación
interpersonal. Viendo, por otro lado, la riqueza expresiva de estos relatos y,
analizado sus contenidos, parecería oportuno sugerir a los profesionales y
especialistas un “paseo” por estas historias; que se recorran analíticamente
todos estos diarios contados desde “fuera” de “su” espacio asistencial, de tal
manera que fueran tenidos en cuenta desde “adentro”, es decir, desde los
lugares donde ellos definen las actuaciones para prevenir y dar solución a los
TCA.
8. INMIGRANTES
Dado el incremento de las migraciones multiculturales y la presencia de
grupos étnicos de dos o más generaciones juzgábamos imprescindible realizar
un estudio para confirmar la emergencia de TCA entre personas inmigrantes
en nuestro país - siguiendo así los patrones de otros países industrializados –
y para demostrar, además de la pluralidad y la diversidad de las
subjetividades femeninas, la relevancia del sistema cultural como factor
explicativo en la causalidad de estos trastornos.
Hemos constatado la emergencia de estos trastornos en inmigrantes
establecidos en España, aunque su detección parece encontrarse en una fase
temprana a juzgar por la práctica inexistencia de estudios al respecto, así
como se deriva de las dificultades encontradas durante nuestro trabajo de
campo para encontrar casos. Con este trabajo pretendemos aportar algo más
de conocimiento ante el vacío en esta área de investigación desde una
perspectiva socio-antropológica a partir del análisis de cuatro casos de
inmigrantes latinoamericanas con TCA.
Nuestras informantes proceden de 4 países distintos: Argentina, Brasil,
Colombia y Perú. Para facilitar la lectura de los resultados nos referiremos a
ellas con nombres propios, aunque ficticios con tal de preservar su identidad
y respetar la confidencialidad de los datos. Bea es brasileña, tiene 47 años y
reside en Barcelona desde hace 17. Tiene estudios universitarios y trabaja
como profesora. Vive con su hijo y se considera una comedora compulsiva.
Ana tiene 29 años y llegó a Barcelona desde Argentina hace dos años y medio.
Comenzó los estudios universitarios en su país pero no los terminó y le
gustaría retomarlos en algún momento. Trabaja de encargada en una tienda y
vive sola, aunque hasta hace poco había compartido casa con su pareja. Ana
214
tiene dificultades para ponerse límites en la comida. Clara y Paula comparten
situaciones similares. Tienen 17 y 16 años respectivamente, ambas cursan 4º
de la ESO y llegaron a Barcelona cuando tenían 13 años, desde Colombia y
Perú respectivamente. Clara vive en casa con sus padres y su hermana mayor.
Su padre trabaja en la construcción y su madre en el servicio doméstico. Los
padres de Paula se separaron después de emigrar y ahora vive en casa con su
madre, que trabaja como auxiliar de geriatría, su hermano y su tía. Las dos
han sido diagnosticadas de anorexia.
Las razones que motivaron la migración de estas mujeres son diferentes
como sus situaciones dejan entrever. Mientras que la llegada de las
adolescentes está motivada por una reagrupación familiar con algún miembro
de la familia ya residente en España, Bea y Ana llegan a nuestro país, no tanto
por razones estrictamente económicas, sino más bien derivadas de
inquietudes personales y profesionales. Mientras que el modelo médico ha
tendido a homogeneizar las características de las pacientes con trastornos
alimentarios, esta muestra nos permite salirnos de este molde contemplando
así casos menos comunes.
Analizaremos en este apartado las diferentes temáticas propuestas en las
entrevistas que han apoyado nuestras hipótesis de trabajo. Intentaremos así
identificar los factores que han podido influir en las particulares relaciones
establecidas con la comida entre las mujeres inmigrantes. La variable
migración aparece desglosada en cada uno de los ítems tratados por lo que no
hemos considerado necesario dedicarle una sección específica.
La familia ¿un apoyo o una carga?
En todas las culturas la familia es la principal agencia de socialización del niño
durante la infancia por lo que a esta relación se la ha venido a denominar
como socialización primaria (BERGER Y LUCKMANN, 1966). Aunque en estadios
posteriores de la vida entrarán en juego otras agencias, la familia sigue siendo
la más importante desde la infancia a la adolescencia e incluso después, en
una secuencia de desarrollo que conecta a las generaciones. La estructura de
la unidad familiar y las relaciones establecidas entre sus miembros han sido
extensamente consideradas por algunas corrientes en el estudio de los
trastornos alimentarios como un factor fundamental en la aparición de la
enfermedad.
Las relaciones familiares conflictivas están presentes en todas las
historias de nuestras informantes. En algunos casos estos conflictos surgen a
partir de las difíciles situaciones que se viven tras la separación familiar con
motivo de la migración mientras que en otros casos es precisamente esta
215
separación la que se busca de manera deliberada como medio de evitación o
al menos distanciamiento de los conflictos.
En el caso de las dos chicas adolescentes la separación de la familia
como consecuencia de la migración, por razones económicas en un caso y
políticas en el otro, va a suponer un acontecimiento clave en sus vidas siendo
vivido por ambas como una situación, en parte, de engaño y de abandono. Es
el caso de Paula quien durante la entrevista hace varias referencias a sus
dolorosos sentimientos de haberse sentido excluida de la familia. Sus padres
emigraron cuando ella tenía 2 años trayendo consigo a su hermano pequeño
mientras que a ella la dejaron viviendo con su abuela y tíos. Estuvo separada
de sus padres 11 años, durante los cuales Paula solo vio a su madre en una
ocasión por unos problemas de salud. Le prometían traerla a Cataluña lo
antes posible pero esto no ocurrió hasta que cumplió los trece años. Para
entonces Paula, que apenas conocía a sus padres, los tenía completamente
idealizados. Cuando llega le explican que “Se habían separado hacia muchísimo
tiempo y a mi no me habían dicho nada pues para no hacerme daño […]. Bueno, es su
opinión, la mía no pero bueno”
Paula se siente engañada y ninguneada ya que después de once años sin
traerla con ellos tampoco le habían informado de su separación. Ahora vive
aquí con su madre y su hermano. Mientras que con este último ha establecido
una relación distante pero basada en el respeto mutuo, con su madre las cosas
no han ido bien como nos explica:
“Desde que llegué aquí ya tenía problemas con ella, no era lo que yo pensaba
[…] a mi madre además la veía antes como una especie de modelo a seguir,
pero no vale la pena seguirla”
Con su padre, al que prácticamente no conocía, ha mantenido hasta hace
poco relación, sin embargo, esta se ha roto tras desavenencias entre ambos.
Cuenta que no es el tipo de hombre que ella esperaba:
“Cuando ya fui tratándolo vi que era un hombre demasiado bestia para hablar
con la gente, trata muy mal a todos, él es superior a todos los demás […] con
un hombre como mi padre no estaría en mi vida”
Cuando su padre se entera de su enfermedad “se enfadó tanto conmigo que
dejó de hablarme, me dijo de todo, que era una no se qué, una no sé cuantos, me olvidé
de él. Después tuve que pedirle perdón, y yo no entiendo todavía porqué, porque la que
se sentía incomprendida, sola, engañada y estaba mal era yo, ellos no, yo estaba mal,
encima tuve que pedirle perdón”. Recuerda que en una ocasión su padre le dijo:
“si lo que quieres es morirte y si te quieres morir pues te mueres, yo no me voy a
sentir culpable”. Ahora le ha retirado la ayuda económica que le correspondía
cada mes. Fantasea con la idea de que todo podía haber sido diferente si su
madre hubiera conocido otro hombre. Paula tiende a culpabilizar a la familia
por su enfermedad, “lo que pasa es que lo que sí me he sentido es abandonada por
216
mi familia, a mi me parece que el problema no es el venir aquí, es el que no he tenido a
la familia que yo quería, que me hacían pensar que tenía pero que no”.
A Clara le ocurre algo parecido, también se siente engañada y, en cierto
modo, abandonada. Su madre emigra cuando ella tiene 10 años y permanece
en casa viviendo con su padre. Aunque sabe que se trata de una historia muy
común entre las familias que emigran, explica entonces decidimos, bueno
decidieron, que mi mamá se iba venir y que iba a ahorrar y que iba a estar un tiempo y
que luego se iba a volver, y que iba a estar enviando dinero y yo me tragaba el cuento
de que ella iba a volver y todo. Durante estos años intenta establecer una relación
más estrecha con su padre a quien consideraba un hombre cerrado y callado,
sin embargo la relación no llega a cuajar pues se siente defraudada al
descubrir que muchos días no iba a dormir porque se quedaba bebiendo o llegaba
borracho muchas veces. Echaba mucho de menos a su madre y no es hasta
pasados tres años cuando ambos vienen a Barcelona a reunirse con ella, quien
efectivamente nunca más regresó a vivir a su país.
En otras ocasiones la migración viene acompañada del deseo de poner
distancia con la familia cuando ésta ha sido una fuente de problemas
personales. Así lo cuenta Bea de 47 años, era porque quería alejarme de mi familia
yo quería ir a un lugar donde empezar de cero, donde nadie me conociera […] estaba
tan marcada, había gente toda mi vida diciéndome lo que yo tenía que hacer. Sus
padres han sido muy severos y define especialmente a su padre como una
persona bastante rígida. Recuerda especialmente un día en que éste la
abofeteó:
“Yo faltaba a clase porque yo me iba a la biblioteca a estudiar […] y bueno
aquel día si que...o sea cuando era por temas así de estudio se ponía un fiera, y
aquel día me pegó incluso en la cara”
Con su madre tenía una relación distinta pero también conflictiva:
“La relación fue bastante difícil porque yo le acusaba de que no me daba
atención, de que no me hacía caso, de que pasaba de mí, entonces ella se sentía
culpable y entonces venía y me compraba algo, era un poco así no, lo de
compensarme comprándome algo, luego sobre todo a partir de la adolescencia
fue fatal cuando salía con ella a comprar ropa era un...siempre quería que
vistiera de una manera tal”
Se ha sentido poco integrada en la familia:
“Siempre me sentí al margen [de la familia], siempre distinta y realmente
hasta hoy lo soy”
Bea aprovecha su primera oportunidad, al acabar los estudios, para
marcharse a vivir lejos de casa llegando años más tarde a Barcelona donde
reside desde hace 18 años. Sin embargo, ahora viaja cada año a Brasil con su
hijo para visitar a su madre.
217
Otro caso en el que la migración supone la búsqueda de un
distanciamiento familiar. Es el caso de Ana, quien se marcha a vivir fuera de
casa aunque en la misma ciudad con 18 años porque “si no, me iba a morir allá
adentro”. Ana ha tenido problemas con la comida desde pequeña, y cuenta
como en un par de ocasiones durante el bachillerato se encierra en su casa por
varios meses por haber engordado:
“En realidad no sé bien porque me encerré, porque el mundo no era lo que me
hacía mal, lo que me hacía mal era mi casa, y me encerré en mi casa pero era
como que me encerré en mi casa pero dentro de mi casa entonces era como una
burbuja metida allá dentro, mi casa no podía entrar aquí dentro, estaban
alrededor, yo me sentía así”
Ante esta situación sus padres nunca hicieron nada. La familia de Ana
estaba lejos de ser rígida y controladora:
“Mis padres, pobres, nunca supieron como actuar en ninguna circunstancia,
no sabían como actuar, nunca supieron manejar ninguna situación.[…] yo
estoy gordita desde chiquita y mis padres como si nada, no me enseñaban o no
me educaban […] mis padres no me los habían puesto [límites con la comida]
ni de chiquita ni de mediana, me los puse yo misma”
Percibe de sus padres una falta de atención hacia ella y atribuye a esta
actitud sus inicios en los problemas alimentarios:
“Comencé a prestar más atención a mi misma porque quizá mi madre no me la
prestaba y entonces empecé a tener más problemas con la alimentación”
No obstante mantiene una buena relación con su madre a pesar de que no
cumple, según ella, el papel que tendría que cumplir una madre. Con su padre
las relaciones nunca han sido buenas, la falta de decisión de su padre en
momentos en que lo necesitaba deterioraron desde muy joven la relación
entre ambos. Su padre pasó por la experiencia de estar secuestrado durante la
dictadura argentina lo que le dejó unos traumas que nunca superaría. Desde
entonces tuvo intentos de suicidio y llegó a amenazar de muerte a su madre
por lo que ésta lo abandonaría cuando Ana ya estaba viviendo fuera de casa.
Desde entonces su padre está desaparecido.
En todos los casos, la historia de migración ha implicado cambios,
positivos o negativos, en las relaciones familiares previas.
Las relaciones personales: amigos y pareja
Si la familia es considerada como agencia de socialización primaria, las
relaciones de amistad o de pareja entran en el terreno de lo que constituye la
socialización secundaria, entendida como la tarea de iniciación en los roles
propios de la vida social. Pero estas relaciones se ven modificadas - o bien
218
interrumpidas - al comenzar a vivir en un nuevo país donde hay que empezar
de cero. El cambio conlleva la pérdida o el alejamiento de relaciones ya
establecidas. A pesar de la diferencia de tiempo que llevan residiendo en
Cataluña, todas ellas coinciden en señalar la dificultad encontrada para hacer
nuevos amigos y el hecho de que su círculo de amistades se ha visto reducido
desde que dejaron su lugar de origen.
A Bea le influye mucho su situación personal actual y, según ella, también
la edad. Trabaja todo el día y el tiempo que tiene libre lo dedica a su hijo de
diez años por lo que le queda poco tiempo para estar con amigos. Antes de
llegar a España tenía muchos amigos y representaban un aspecto central en su
vida como se deduce cuando llega a hablar de estas relaciones en términos
adictivos, una visión que impregna también su discurso sobre la relación con
la comida:
“Yo siempre fui bastante sociable, me encanta comunicar con la gente […] Yo
tenía este tipo tanto relaciones de amigos en general como con pareja, gente
que me diera mi droga que era oye yo te quiero, tú eres simpática, o sea era lo
que yo necesitaba”
La relación que establece con el padre de su hijo se rompe a los pocos
años, antes de que el niño nazca. Su ex - pareja, de origen catalán, tenía
problemas con las drogas:
“Bueno yo sé que vamos buscando relaciones así, enfermizas, como nosotros
nos vemos enfermos, estamos enfermos, buscamos relaciones así, relaciones de
engaño, bastante enfermas en este sentido”
Clara está en el instituto pero cuenta que le ha costado y le sigue costando
mucho hacer amigos:
“Me sentía que no encajaba y me aburría muchísimo. A veces ya no hablaba
[…] no era que nadie se portara mal conmigo, llegaban y me hablaban y yo
seguía la corriente pero por dentro estaba como…quiero hacer algo diferente.
Ahora ya es al contrario, es que aunque comparta cosas con mis compañeros ya
no sé que decir, como que ya no me sale, entonces por eso es el problema en
todo eso, que también ha tenido que ver mucho”
A sus 17 años, Clara no ha vuelto a establecer otra relación de pareja
después de enterarse que su novio en Colombia había estado saliendo con
otra chica a la misma vez, una chica con la que ha terminado casándose y
teniendo un hijo.
Por su parte, Ana llegó a España con su novio, pero después de dos años
la relación se ha roto y ya no viven juntos, algo que ha supuesto un duro
golpe para ella ya que cuenta que:
219
“Yo vine aquí con la idea de quedarme con mi novio, pero con mi novio las
cosas no van”
Respecto a sus relaciones de amistad Ana tiene algunos amigos, casi todos
extranjeros:
“Te digo que relacionarse con los catalanes no es tan fácil, y bueno, son muy
corteses y muy correctos pero no son fáciles para relacionar”
Recuerda sus relaciones antes de venir aquí. Tenía amigos pero a raíz de
que comenzaran sus problemas con la alimentación cuando vive todavía en
Argentina, va descuidando estas amistades y se encierra más en sí misma:
“Después de que me quedé encerrada en mi casa no tuve tantas amigas […]
mis amigas me buscaron un montón pero yo las rechacé todo el tiempo. […]
soy como engañadora porque cuando tengo problemas me encierro en mi
misma, no me encierro de la misma forma, pero desaparezco y me voy a
caminar sola o me quedo en mi casa leyendo o apago los dos móviles para que
nadie me llame pero a ver”
Por último, Paula reconoce no haber tenido demasiados amigos nunca ni
en su país ni aquí:
“No me ha gustado estar rodeada de gente, para tener amigos soy muy difícil
porque tengo un carácter difícil también y gente que vaya conmigo muy poca”
Sin embargo, sus palabras reflejan una actitud defensiva ante los
desengaños que ha tenido en sus relaciones en general, pues con su familia le
pasa lo mismo. Nunca ha encontrado fruto a la confianza que ha depositado
en sus relaciones por lo que llega a decir que la amistad para ella no significa
demasiado. En la época en que comienza a dejar de comer cuenta:
“Siempre estaba encerrada en mi habitación, no hablaba con nadie, no tenía
amigos y si los tenía pues no hablaba mucho…estaba aislada del mundo
entero”
En esas condiciones Paula llegó a perder 20 kilos en un año. Fue durante
ese periodo cuando tienen lugar sus primeras relaciones sexuales con chicos,
pero está arrepentida de haber conocido el sexo de la manera en que lo hizo
ya que se sintió utilizada. Como apenas salía de casa, excepto para ir al
colegio, es a través del Chat donde consigue desahogarse:
“Me sentía muy vacía vale, y entonces los Chat eran las únicas personas con
las que hablaba y a lo mejor pensaba yo que me escuchaban. Entonces a veces
quedaba con gente, chicos normalmente, y desde los 14 mantenía relaciones
sexuales con ellos”
Hace 10 meses comenzó una relación con un chico de su colegio pero las
cosas no funcionan y quiere romper con él:
220
“Me parece a mí que más que una relación de pareja ha sido una relación de
dependencia el uno del otro porque yo estaba en un momento muy malo y yo
veía que de verdad me escuchaba y yo veía que era un amigo para mi, era un
punto de apoyo y yo para él también porque tiene sus problemas”
Quedan patentes las dificultades encontradas por estas mujeres a la hora
de crear una nueva red social una vez establecidas en el nuevo país. Esta
carencia de relaciones parece haberlas llevado, junto a otros factores, hacia
sentimientos de desconexión, de falta de identificación y de soledad.
Ser mujer
Entre nuestras informantes ha sido común el haber vivido alguna situación de
discriminación o desigualdad por cuestiones de género que les ha hecho
experimentar sensaciones de impotencia y de inferioridad. Estas situaciones
son comunes en el ámbito familiar aunque dependen mucho de su estructura.
Una de ellas, que ha convivido en casa además de con sus padres con tres
hermanas y dos hermanos, recuerda como:
“Los chicos [tenían] unos privilegios y la mujer está ahí, en todo el tema de
ayudar en casa y tal, el mejor trozo del pavo para los chicos, esto siempre […]
Me cabreaba un montón y discutía pero eso era incuestionable” (Bea/M, 47/
Brasil)
Otra de nuestras informantes habla de su padre como un hombre muy
machista y se siente:
“Muy discriminada, porque mi padre siempre me ha demostrado que a las
mujeres nos trata como si fuésemos unos objetos, nos puede utilizar y no
vamos a decir nada, vamos a seguir allí porque como somos mujeres pues te
recuperas y no pasa nada” (Paula/M, 16/ Perú)
Además Paula acude a un colegio religioso en el que chicos y chicas están
en edificios separados y no se pueden comunicar hasta que las clases acaban,
a pesar de que ella no comparte estas ideas.
Las desigualdades y la discriminación están también muy presentes en el
ámbito laboral. Otra de nuestras informantes relata como ha pasado por un
par de experiencias de este tipo. En uno de los casos se trataba de un chantaje
mediante el cual tenía la oportunidad de conseguir un trabajo pero bajo la
condición de salir con el hombre que se lo ofrecía,
“Eso fue a los 21 o cosa así, ya estaba viviendo sola y me tenía que cambiar de
trabajo y bueno era así, si salía con él bueno...no importa, lo mandé a la
mierda” (Ana /M, 29/ Argentina)
221
En otra ocasión, Ana está trabajando de secretaria en una empresa
familiar en la que un grupo de hermanos se turnaban la dirección. Se siente
acosada por uno de sus jefes y al no responder a sus insinuaciones le congelan
el sueldo y recibe constantes quejas por su trabajo,
“Siempre tenía quejas mías, yo fui secretaria del director cinco años, y con los
otros cuatro [hermanos] no tuve quejas, siempre era con él, siempre era con él
[…] finalmente sus hermanos me lo terminaron reconociendo y yo pedí que me
cambiaran de sección y bueno, luego vino todo el tema del corralito y en vez de
cambiarme de sección me echaron a mi y a otras personas”
Pero estas situaciones no siempre han sido vividas de manera conflictiva.
La conformidad con una condición de desigualdad justificada en nombre de
la “cultura” queda reflejada en los comentarios de Clara,
“En Colombia siempre es muy diferente porque la gente es todavía muy
machista, entonces como que muchas cosas puede que a una persona de aquí le
parezca muy machistas pero a mí como que me ha parecido normal, pero
muchas cosas ‘¿Y por qué?’ ‘Porque tu eres una niña’ ‘¿Y él porqué?’ ‘Porque
él es un niño’, muchas respuestas son así que no te das cuenta porque es
normal allí, porque es la sociedad. Lo ves normal entonces no lo piensas pero
aquí descubres otra cosa y dices uy, que machistas son”
En este caso el cambio cultural y la distancia con el país de origen están
influyendo en la reinterpretación de estas experiencias de desigualdad.
La comida, ¿dónde quedó el placer?
En las sociedades industrializadas somos bombardeados diariamente con
mensajes que promueven tanto el consumo ilimitado de productos
alimentarios como su evitación. El daño viene acompañado del remedio,
promocionado por una fulgurante industria del adelgazamiento que
promueve el consumo de sustancias junto a prácticas de restricción y
actividades adelgazantes.
Las razones que nuestras informantes nos han dado respecto a su opción
de dejar de comer o de comer en exceso parecen estar vinculadas al sentido
que adquiere la regulación del peso y del cuerpo en nuestro contexto. La
comida se convierte en un instrumento de control sobre el peso y la imagen
corporal. Sin embargo, más allá de alcanzar la delgadez los significados de
estos actos están relacionados con sentimientos de índole muy variada como
son la disconformidad, el conflicto, el abandono, el descontento, la
preocupación, etc.
Bea recuerda los comienzos de su relación especial con la comida cuando
tenía tan solo ocho años:
222
“Desde muy temprano empecé a buscar consuelo en la comida porque era lo
que estaba más cerca, lo más fácil, lo inmediato, cuando yo tenía un problema
buscaba consuelo en la comida”
Durante su infancia vivió en diferentes ciudades debido al trabajo de su
padre que obligaba a la familia a viajar continuamente, por lo que sus
relaciones sociales se vieron afectadas y Bea nunca ha contado con un grupo
de amigos estable. La falta de relaciones de amistad y el hecho de sentirse
diferente a los demás miembros de su familia la llevan, según cuentan, a
encontrar en la comida una manera de ahogar sus penas y frustraciones:
“Yo siempre que tenía un problema que no conseguía afrontar sobre todo
respecto a sentimientos y tal, yo buscaba consuelo en la comida, complejos ... y
sobre todo en las relaciones afectivas con personas de ... amigos y pareja. […]
Yo adelgazaba, aumentaba según las circunstancias toda mi vida más o menos
ha sido así”
Este significado de la comida como un sustitutivo de necesidades
afectivas no cubiertas y como un consuelo ante la llegada de problemas está
presente en los relatos de otras informantes. Ana ha tenido sus peores
periodos de hambre nerviosa durante momentos difíciles como la
desaparición de su padre y la separación de su pareja. Para ella la comida
también ha estado ligada a sentimientos de vacío que estaban ya presentes en
sus padres:
“No eran felices y eso se notaba y la comida estaba suplantando otras cosas.
[…] Yo lo que le decía a mi mamá era que me sentía sola aunque estuviera
rodeada de gente pero yo me sentía sola igual”
Son estos comportamientos caracterizados por la búsqueda de un placer
rápido como es la comida – especialmente los dulces - cuando se ha de de
afrontar un problema, los que hacen pensar en la comida en términos de
adicción, en la comida como una droga. Bea se ha levantado de la cama para
comer hasta cinco veces durante una noche y piensa que:
“Es curioso vas poniendo excusas pero si esto es igual que el que va a
medianoche a buscar chocolate o cocaína o una botella, es igual cambia solo la
sustancia con que te colocas, no”
Pero si bien es cierto que en las adicciones existe la sustancia pero
también un conjunto de procesos psicológicos, sociales y culturales que no se
explican exclusivamente por los efectos fisiológicos de la “droga” (MENÉNDEZ,
1990). Según Ana, mediante la ingesta de comida se intentan llenar vacíos
afectivos y ocurre que al final se llena la panza pero queda el vacío.
Los casos de restricción de Clara y Paula también tienen características
comunes. Ambas dejan de comer tras vivir experiencias que son interpretadas
en cierta manera como un abandono por parte de sus familias. Clara reconoce
223
que siempre ha sido de poco comer, y que ya desde pequeña tenía constantes
peleas con su madre por no terminarse los platos. Comienza a dejar de comer
cuando su mamá emigra y se queda sola con su padre, quien no se preocupa
por los temas de alimentación en casa:
“Me daba lo mismo, a veces me tenía que hacer yo misma la comida, a veces
me quedaba sin comer, a veces me quedaba a comer donde una amiga”
Pero su restricción se agudiza cuando una vez en España su madre vuelve
a marchar a su país por unos meses para resolver un asunto administrativo.
Es entonces cuando comienza con su primera dieta:
“Y entonces yo podía comer lo que quisiera porque mi papá no se enteraba si
yo como o no, o si ... Él hace la comida muy bien pero no sabe, entonces yo digo
pues ahora aquí empiezo la dieta, y empecé a comer pero muy muy poquito
[…] la dieta era desayunar una manzana y a mediodía, de lo que me dejaban
hecho de comida porque no estaba con nadie, todo el mundo estaba trabajando
[…], pues me comía una cosita así de lo que me dejaban, me servía en un
platico de esos donde se ponen las tacitas de café, ahí, y un vaso de cereales con
leche no me podía faltar, y miel, eso era todos los días. Y por la noche decía ‘no
mami’ ó ‘no papi es que merendé, estoy muy llena y no’ […]. Entonces con esa
tontería básicamente me hacía una comida al día fuerte, que era cereales con
leche, y lo demás eran frutas o cosas así de picar”
Paula comienza a dejar de comer después de llevar un año en España. Sus
referencias a la experiencia de abandono y al sentimiento de soledad son
mencionadas en más de una ocasión durante la entrevista,
“A lo mejor el defecto que yo tengo es de ser una persona muy perfeccionista,
me gustan las cosas tal y como deben ser, no debe haber un término medio o es
o no es, entonces claro al ser así desde siempre y querer ser un poco como el
centro de la atención porque me sentía muy sola y no sé porque, pues empecé
así, comiendo poco, una dieta controlada, bajo unos cuantos kilos y ya está
pero se volvió una obsesión, no comía nada en días, acostumbré a mi estómago
a estar vacío, y no me apetecía”
El comer, tanto en los casos de restricción como en los de hartazgo, pasa
de ser un placer a convertirse en expresión de sufrimiento o preocupación. La
comida representa, como ha dicho una de nuestras informantes, un castigo.
En este contexto la comida se vuelve un eje central en sus vidas en cuanto es
un objeto de control. Así lo demuestran los conocimientos nutricionales de las
entrevistadas que denotan como la realidad supera los efectos previstos de la
influencia del discurso médico-nutricional. Éstos han sido adquiridos
mediante revistas de difusión popular, clases de cocina ó en las consultas a
nutricionistas. El cálculo de calorías llega a convertirse en una obsesión, como
dice Clara además de leer revistas:
224
“Estaba muy pendiente siempre a ver que dicen de la comida o leía los
alimentos”
Ana se hace vegetariana a los 18 años por motivos ideológicos pero a la
vez porque el no comer carne le hace poner límites a sus hartazgos y
establecer por tanto un control sobre la comida:
“No me sacó de tener atracones porque he tenido atracones siendo vegetariana
igual, pero es bueno porque me puse una pauta y tenía un límite en comida,
porque mis padres no me lo habían puesto […] me lo puse yo misma y eso
como que me sirvió en algún punto, más controlada, pero bueno un control
porque yo quiero hacerlo, porque nadie me dice”
Y tras la ingestión hay que deshacerse de la comida, hay que borrar su
paso por el cuerpo. Para ello emplean diferentes prácticas siendo las más
comunes el consumo de laxantes, diuréticos y la actividad física intensa.
Ninguna de ellas practica el vómito después de comer. Sus historias expresan
el éxito de las actividades físicas individuales que convierten el control sobre
su cuerpo en una fuente de placer y – lo que es más importante – de poder.
Ana y Bea van al gimnasio cinco veces por semana, aunque ahora dicen haber
moderado este hábito. Ana recuerda que en años anteriores llegó a estar más
enganchada:
“Ahí yo me empecé a dar cuenta de que yo estaba muy obsesiva con el
gimnasio, claro yo iba dos horas en la mañana, iba a trabajar, y dos horas en la
noche, cuatro horas al día, seis días por semana”
Y si la gimnasia y la dieta no son suficientes se pueden aplicar otras
técnicas como la de Paula,
“Lo que más problemas tenía era con la parte de la barriga, lo que hacía era
apretarme con cualquier cosa y dormir así y al día siguiente me despertaba con
dolor de barriga pero no me importaba”
El discurso de lo “saludable” está presente en las historias de las
entrevistadas de más edad. La equiparación del cuerpo sano con el cuerpo
delgado se ha ido construyendo por el estamento médico que define el
sobrepeso y la obesidad como enfermedad, y anima al ejercicio físico
estableciendo los estándares de peso y altura. En este sentido Bea cuenta que:
“Me ha salvado […] el haber hecho mucha gimnasia siempre, natación y
clases, porque con esto quemas... […] hay mucha gente con problemas de
articulaciones, una de las enfermedades más comunes que vienen del comer
compulsivamente, el corazón, hay mucha gente que se ha operado de rodillas,
de corazón también”
En los discursos dominantes sobre la etiología de los trastornos
alimentarios se tienden a simplificar las causas de éstos en torno al ideal de
delgadez, argumentándose que las personas que padecen estos trastornos se
225
ven gordas aún en casos de estar extremamente delgadas. Sin embargo, y a
pesar de que nuestras informantes también reconocen sentirse haberse
sentido gordas, las causas atribuidas a sus prácticas alimentarias evidencian
significados que no son puramente estéticos. Sus historias describen
situaciones de desatención familiar, de sentimientos de diferencia respecto a
las personas de su entorno, de separaciones familiares y de dificultades
comunicativas, problemas que son muy comunes entre la población que no
sufre ningún trastorno alimentario pero que en su caso se expresan a través
de unas prácticas de gran riqueza expresiva como son el dejar de comer o el
comer compulsivamente.
Construyendo el cuerpo
Las relaciones establecidas con el cuerpo son complejas y dependen de
diversos factores como el estado de ánimo, la intensidad de nuestras
percepciones corporales y sensoriales o la imagen de nosotros mismos que
nos envían los otros. La imagen de nuestro cuerpo que nos transmiten los
otros puede ser positiva, y fortalecer la imagen que tenemos de nosotros
mismos, o negativa, hiriendo nuestro estado de ánimo según el grado de
vulnerabilidad.
Esta vulnerabilidad es mayor durante la adolescencia que representa un
periodo de búsqueda de la propia identidad, una identidad que está además
influenciada por la experiencia migratoria y los dos mundos culturales que
influyen en sus vidas. La pubertad da lugar a cambios corporales que han de
ser asumidos, evaluados e integrados en la autoimagen general. Esta
evaluación implica poner en relación el propio cuerpo con el modelo estético
corporal socialmente valorado, algo que el adolescente suele hacer a menudo
sin ningún tipo de reflexión crítica. De esta manera, comentarios que expresan
la visión del otro sobre nuestro cuerpo pueden afectar gravemente nuestra
autoestima.
Es frecuente encontrar la influencia de estos comentarios en las historias
de nuestras informantes como desencadenantes de sus primeras
preocupaciones por su imagen corporal. Paula cuenta como al empezar la
adolescencia:
“Consideraba que estaba más o menos gorda vaya, y mi padre se metía mucho
conmigo […] y yo pensaba bueno será normal, a mi me da igual, ya pegaré el
estirón y no le di importancia al principio pero claro si te dicen ya cosas que te
hieren y la gente no te habla casi dices pues vale, pues habrá que hacer algo”
O como ocurre en el caso de Clara quien recuerda haber engordado
durante su primer año en nuestro país al sucumbir a las comidas que su
madre le hacía tras haber estado separada de su hija varios años y por el
226
hecho de llevar una vida muy sedentaria en la que pasaba la mayoría del
tiempo en casa,
“Mi familia empezó ‘uy como estás de gorda’ ó ‘uy, como has subido de peso’
entonces yo bueno, yo me reía pero por dentro yo pensaba uy, se me nota,
entonces claro yo empecé a pensar”
Otros estudios han resaltado el cuerpo como objeto frecuente de
comentarios y valoración por parte de la familia latina (RUBIN ET AL, 2003)
quien reproduce los ideales estéticos corporales de la cultura global. En
algunos casos los comentarios van más allá y es la misma familia quien decide
tomar el control sobre los cuerpos de sus hijas, como le ocurre a Bea a quien
su madre lleva por primera vez al psicólogo “porque quería una hija delgada”.
Merece la pena resaltar aquí que, aunque todas las informantes proceden
de países latinoamericanos que han estado sometidos a una gran influencia
cultural norteamericana a través de los medios de comunicación y de los
consecuentes lazos derivados de la migración, existen diferencias en los
sistemas culturales de cada uno de los países aquí representados en lo que
concierne al ideal estético corporal y al valor atribuido a éste. En Colombia y
en Perú la que se ha venido a llamar como “tiranía de la delgadez” (CHERNIN,
1985) no ha obtenido, al menos hasta hoy, la misma popularidad como en
países como Brasil o Argentina. Nuestra informante argentina cuenta como,
“En Argentina el tema del cuerpo, la belleza, todo el tiempo machacándote,
machacándote, machacándote, en las revistas y es como que el valor de la
belleza es una cosa... No sé como será en el resto de España pero tú ves la gente
aquí por la calle y uno va con las rastas, otro con un aro acá... y vas a la playa
y ves de todo, gordas, flacas y no van a dejar de ir. Ve a la playa en Argentina
y ten un poquito de celulitis, pobre chica, está tres años con un psicólogo!”
El cuerpo delgado se ha convertido en sinónimo de atractivo físico, siendo
éste el camino preferente hacia el éxito sexual, social y profesional. Así, el
cuerpo es considerado por nuestras informantes como “un instrumento, un
medio para conseguir cosas” aunque también expresan su desencanto ante esta
asunción. Como explica Paula,
“Tu haciendo un par de cosas ya tienes lo que quieres y no es así, es muy malo,
es que no está bien porque utilizas a la gente para lo que tu quieres solo porque
a lo mejor te ven de una manera especial y tu te aprovechas, yo me aprovecho
al menos de eso y claro, yo creo que es un objeto para conseguir cosas. No me
gustaría que lo fuera, sería mejor que la gente se valore por otras cosas y no
solo por esto”
La delgadez se asocia hoy en día al autocontrol, al reconocimiento y a la
buena salud, mientras que la gordura encarna los valores contrarios de
egoísmo, descontrol, debilidad, enfermedad. Lejos de haber perdido la razón,
el deseo de estas mujeres de ser delgadas está en consonancia con los valores
227
sociales vigentes. No se trata por tanto de conductas anormales o desviadas
sino precisamente de conductas de sometimiento a comportamientos que son
generalizados y, lo que es más, altamente valorados.
El peso es algo sobre lo que se puede actuar, se puede controlar; a partir
de él nuestro cuerpo puede ser construido. Perder peso es sinónimo de éxito
en cuanto que es un objetivo valorado y cuyos resultados son inmediatos y
visibles. La preocupación por el peso es algo que acompaña a nuestras
informantes y la pérdida de peso es experimentada como placer. Todas
expresan su deseo de seguir perdiendo peso:
“Yo digo a ver mírate objetivamente, yo ahora tengo casi el peso que yo
considero...pero yo me veo gorda. A la pregunta de si le gustaría seguir
adelgazando responde: como unos cuatro kilos más, pero tampoco no me
obsesiono […] lo primero es no comer compulsivamente, eso ahora es lo más
importante” (Bea /M, 47/ Brasil)
Paula, que en los últimos meses ha conseguido ganar algo de peso durante el tratamiento con la psiquiatra -, también confiesa que:
“Me gustaría adelgazar otra vez un poquito”
Sin embargo - y aunque esta pérdida de peso se percibe como
egosintónica - la conquista del cuerpo delgado no es siempre el objetivo
anhelado. Aunque en muchos casos esta delgadez es altamente valorada, en
otros puede no satisfacer las expectativas, e incluso conducir a un
autorrechazo. En el caso de Clara su delgadez está lejos de llevarla al éxito en
el terreno de las relaciones de pareja como explica:
“Por la edad que tengo mis compañeras son más grandes, están más formadas
entonces ahora ya no es porque me sienta más sino porque me siento menos
físicamente, siempre es como ‘ay que flaquita que eres’, ‘que pequeñita’, ‘que
poquita cosa’ entonces eso no me gusta nada y además, en cuanto a relaciones
personales a mi me gustan los chicos mayores que yo y claro parezco menos,
entonces no me beneficia en nada”
A Paula la delgadez que alcanzó después de perder 20 kilos en un año
tampoco le produjo placer:
“Cuando tuve el problema fui mirando páginas de Internet, fotos de chicas que
estaban totalmente ya…asquerosas y yo no quería ser como ellas, digo no, voy
a cambiar totalmente y empecé a comer normal”
Algunos de sus comentarios en torno a sus relaciones con chicos también
apuntan en la misma dirección:
“Ya me veía demasiado, o sea ya, en ese momento, me veía en realidad como
estaba, se me veían todos los huesos, y yo luego decía, perdona la expresión,
pero que hijos de puta los tíos con los que he estado, cabrón, para estar con una
228
tía que está así y no darse cuenta del problema que tiene […] yo digo que es lo
que quieren, ¿un saco de huesos?”
Como hemos visto el cuerpo es concebido como un medio para conseguir
cosas, un medio para lograr ser aceptada socialmente. No podemos negar que
se trata de una correcta percepción de nuestro entorno social que nos impone
un determinado modelo estético corporal convirtiéndolo en la única vía hacia
el éxito social y profesional. Y sobre el cuerpo es posible ejercer un control;
mediante la actividad física y la comida podemos moldearlo, construirlo. Esta
capacidad de control del hambre ha sido considerada como la más potente
expresión de la falta de poder (VAN DONGEN, 2000). Esta falta de poder y su
obtención a través del cuerpo se desprende de los discursos de nuestras
informantes cuando se les pregunta porqué creen que estos trastornos ocurren
con mayor frecuencia entre las mujeres:
“Porque no se nos está valorando como personas […] las mujeres estamos
obligadas a agradar a la gente por el físico no por lo que valemos, los tíos a lo
mejor no, pero las mujeres si no eres guapa, si no eres bonita, pues no
interesas, así de claro” (Paula/M, 16/ Perú)
Le damos [las mujeres] más importancia a las apariencias, no por nada sino
por miedo de ser juzgadas por nuestro físico, porque siempre hemos sido tan
discriminadas históricamente por ciertas cosas, yo creo que como que se nos ha
quedado, como que estamos más pendientes de nuestro físico (Clara/ M, 17/
Colombia)
Hoy el valor es tener éxito y tener unas medidas que tal vez no sean las reales
sino las de las modelos o de unas mujeres muy privilegiadas […] a veces creo
que el tema de que termine enfermando la sociedad es un lucro para otros, eso
por un lado […] porque claro hoy las mujeres tenemos que ser independientes
pero a la vez tenemos que ser amas de casa y a la vez ser bonitas, yo a veces
pienso y le decía a mi madre el otro día, al final las mujeres siempre salimos
perdiendo últimamente porque desde que entramos en el mercado del hombre
no te olvides que todo lo demás que venías haciendo lo tenés que hacer y
además ser, no sé, Brook Shields! (Ana/ M, 29/ Argentina)
La enfermedad
Nuestras informantes han seguido itinerarios de búsqueda de ayuda
diferentes, según el tipo de profesional contactado o según los actores que
han liderado la iniciativa de búsqueda de ayuda, en algunos casos ha sido la
familia, en otros por propia voluntad. Todas ellas comienzan a visitar a
profesionales durante su adolescencia.
A Bea es su madre quien alertada por su peso la lleva por primera vez a
un psicólogo cuando tiene 17 años. Con el psicólogo está dos años en una
229
terapia en la que va trabajando la relación con sus padres. Éste le dice que
come para protegerse y aunque Bea consigue adelgazar hasta 15 kilos cuenta
que:
“Aumentaba según las circunstancias, toda mi vida más o menos ha sido así”
Desde entonces ha pasado por nutricionistas, endocrinos y psiquiatras.
Ha estado también en tratamiento farmacológico:
“Moderadores de apetito, pastillas para no tener hambre, y fatal todo esto no...
Te tomas aquella pastilla que te deja un poco zombi”
Sin embargo nunca le comentaron que se tratara de una enfermedad,
solamente le decían que era golosa y que tenía falta de voluntad. Esto ha
provocado que no sienta ninguna confianza ante la clase médica:
“Yo ya no hablo con los médicos porque ellos no saben este tema, han leído
alguna vez, que se llama síndrome del comedor compulsivo, pero no tienen ni
idea”
Ahora es ella misma quien gestiona su propia “enfermedad”. Desde hace
año y medio asiste a una asociación de ayuda mutua donde le enseñan unas
pautas para comer y puede relacionarse con otras personas con sus mismos
problemas. Sólo va al médico anualmente para hacerse análisis y saber que
todo va bien.
Ana sin embargo es la única de nuestras informantes que acude a un
psicólogo por decisión propia con 14 años, incluso en contra de las opiniones
de sus padres:
“Quería ir al psicólogo porque me sentía mal desde los 14 pero mi padre no
quería porque mi padre es antipsicólogo, pero yo lo necesitaba. Le dije bueno si
no me lo pagas tú me voy a uno gratis y al final me dejaron ir a un psicólogo”
Desde entonces siempre ha hecho y sigue haciendo psicoterapia – nunca
ha seguido un tratamiento farmacológico - aunque ha pasado por diferentes
profesionales. También ha estado con una nutricionista a la que recuerda
como una de las personas que más le han ayudado:
“En su punto de vista es muy psicóloga porque te escucha, te entiende, tiene
empatía, no es que te da una dieta que tiene por el cajón y ya, yo iba y ni me
pesaba porque no era eso, no era, a ver como me sentía, cuando comiste eso que
pasó y anotaba por años anotaba lo que comía, entonces tenía lunes, desayuno,
almuerzo, comida, cena, merienda, todo, eso me ayudó un montón a
organizarme, mi cabeza era tan lío que mi comida también era un lío”
Clara y Paula llegan a las dependencias sanitarias llevadas por sus
madres, aunque en ningún caso ellas presentaron objeción alguna y es que,
como una de ellas comenta, “en el fondo quería ir”. En el caso de Clara, ésta
230
llega a una psicóloga a través del médico de cabecera al que acude su madre
preocupada por su estado de ánimo ya que la veía muy triste y lloraba
mucho. Sin embargo las visitas que hizo durante tres meses no le hicieron
sentirse mejor:
“No se que pasaba pero como que no se interesaba mucho la psicóloga, yo no
paraba de hablar y ella no decía nada y yo me sentía como estoy perdiendo el
tiempo aquí […] yo necesitaba algo más, que me dijera algo, pero es que no me
decía nada, me decía ‘uy chica que difícil’, ‘uy tu lo has pasado muy mal’”
Tras dejar de ir a la consulta Clara siguió perdiendo peso y se le fue la
regla. Durante este tiempo la familia se mudó de localidad y Clara comienza a
ir al pediatra quien solo le hacía unos controles de peso y le decía que no se
preocupara por la regla, ya que se trataba sólo una cuestión de peso. Su
madre preocupada porque la situación no cambiaba pide visita con una
ginecóloga quien detecta la enfermedad y la deriva a la psiquiatra con quien
acaba de comenzar a visitarse hace apenas un mes y ya recibe tratamiento
farmacológico:
“Yo no quería tomarlas, igual un amigo me había dicho pero si vas a un
psiquiatra te va a mandar pastillas pero a mi no me gusta eso porque lo siento
como antinatural y si son cosas de mi cabeza porque lo voy a tener que
solucionar con una pastilla […] Entonces le pregunté a ella [la psiquiatra] ,
¿Ud. cree que esto se podrá solucionar con las pastillas?, y me explicó que era
una cosa del cerebro y la verdad es que, a ver, no es que me sienta mejor, pero
más tranquila, es que antes me daban unos nervios que me ponía demasiado,
estaba muy sensible, me irritaba muy fácil”
No obstante, este tratamiento está siendo combinado con terapias
narrativas, una técnica que ha mostrado buenos resultados en otros países y
que trabaja con el concepto de subjetividad intentando llevar hacia la
desindividualización y desculpabilización de la enfermedad y de las
enfermas.
Por último, la madre de Paula decide llevarla al médico después de que
ésta sufriera un desmayo. Paula había perdido 20 kilos en un año y ya no
tenía la regla. Primero la derivan a un psicólogo y poco después a la
psiquiatra con quien se visita actualmente desde hace 10 meses en el
transcurso de los cuales ha conseguido recuperar peso.
La búsqueda de ayuda médica ante unos síntomas determinados y el
consiguiente tratamiento supone un reconocimiento formal de la condición de
enferma, en este caso de anoréxica o bulímica. Sin embargo, existe una
diferencia entre nuestras informantes en relación al rechazo de estas etiquetas,
una diferencia que puede tener que ver con la edad y con las experiencias
vitales derivadas. A pesar de que todas las entrevistadas, como acabamos de
ver, se visitan o se han visitado en algún momento de su vida con un
231
profesional, las entrevistadas de mayor edad no se sienten identificadas con
esta etiqueta. Por ejemplo, Ana cuenta:
“Yo tampoco me considero ni bulímica ni anoréxica pero he tenido muchos
trastornos así de comer hasta llenarme porque he tenido un vacío que no podía
llenarlo con nada, trataba de comerme todo”
La concepción de enfermedad de Bea está marcadamente influenciada por
la filosofía de la asociación - Comedores Compulsivos - a la que acude:
“No nos gusta mucho diferenciar... da igual si eres bulímica, si eres anoréxica,
es como los narcóticos anónimos, la gente ahí no dice nada porque da igual, es
droga”
Clara y Paula en cambio no manifiestan ninguna crítica hacia su
condición de enfermas y de anoréxicas, y ambas se muestran positivas ante el
tratamiento que reciben en la consulta psiquiátrica204. Sin embargo, el “peso”
de la etiqueta - que no cuestionan y que va inevitablemente acompañado del
conjunto de estigmas que en la sociedad se atribuyen al diagnóstico - queda
reflejado en sus comentarios sobre la primera vez que conocieron como sus
prácticas alimentarias se habían convertido en un diagnóstico psiquiátrico del
que ya habían oído hablar:
“Me dijo [la ginecóloga] pues usted donde tiene que ir es a un psiquiatra
porque usted tiene anorexia nerviosa. Y me lo dijo así, de golpe, y yo me puse a
llorar, yo decía ¿qué?. Yo pensaba algo raro debo tener porque aquí algo no va
bien conmigo pero no me atrevía a pensar que fuera algo tan así, porque yo me
sentía muy… pero pensaba que era normal” (Clara/M, 17/ Colombia)
“No, no era consciente porque no tenía…, sí sabía lo que era porque en la
televisión a veces lo muestran, películas, una revista que lo lees porque mira
está allí, pero ya cuando tuve el problema fui mirando” (Paula/M, 16/Perú)
El reconocimiento del problema puede tener efectos tanto positivos como
negativos para su resolución o curación. Si bien el tomar conciencia de la
situación puede ser el primer paso hacia un restablecimiento, en el caso de los
trastornos mentales este reconocimiento de la enfermedad conlleva un efecto
de estigmatización social, una estigmatización que es interpretada en
términos de fragilidad personal y de falta de madurez de la persona que está
“loca” por parte de una sociedad que ha incorporado el discurso médico y
psicológico hegemónico.
Nuestras informantes anoréxicas coinciden en señalar síntomas tales
como la pérdida de peso, el debilitamiento físico, la bajada de defensas, los
mareos, la hinchazón de barriga, la irritabilidad. El control que han ejercido
204 Claro que estas opiniones han de ser tomadas con cierta cautela en cuanto la participación
al estudio fue realizada por la misma psiquiatra con quien se están tratando
232
sobre su dieta es absoluto y estos son, sin duda, los síntomas derivados de la
escasa y prolongada ingesta de alimentos. De hecho, cuando llegan a un
profesional sanitario llevaban practicando una dieta restrictiva desde hacía
aproximadamente un año en ambos casos, que les había llevado a una
pérdida de peso considerable como es el caso de Paula, que pasa de los 65 a
los 47 kilos en ese periodo de tiempo.
Los sentimientos de soledad y tristeza también están presentes, aunque
esta vez por extensión a las bulímicas. En éstas, la restricción alimentaria se
alterna con el hartazgo, reflejando la dificultad que tienen estas personas en
cuanto al control de sus impulsos, algo que las diferencia principalmente de
las anoréxicas:
“Si yo no como controlo, en el momento en que yo como el primer bocado no
controlo, entonces mejor no tocar” (Bea/M, 47/ Brasil)
Anorexia y bulimia son considerados como trastornos hermanos al
compartir características sintomatológicas. Los límites entre uno y otro se
vuelven difusos; así se han categorizado dos tipos de anorexia, la restrictiva y
la purgativa. P, diagnosticada de anorexia, comenzó haciendo sólo restricción
pero hace apenas unos meses que ha comenzado a comer compulsivamente.
Comparte en este caso la dificultad en cuanto al control de sus impulsos:
“Hay días que estoy muy nerviosa y me doy atracones me da igual lo que sea,
como en cantidades enormes y luego tomo laxantes, hago mucho ejercicio,
termino el día mareada, hay noches que no puedo dormir por ejemplo anoche
no he podido dormir de nervios, de histérica y bueno, y así estoy, intento
controlarme pero no puedo”
Los itinerarios médicos y los tratamientos seguidos por nuestras
informantes muestran un panorama diverso en cuanto a la gestión de la
“enfermedad”. Las chicas anoréxicas están siendo medicalizadas mientras
que las dos informantes bulímicas rechazan este tipo de tratamiento, y buscan
mitigar su angustia mediante una terapia hablada, ya sea con un psicólogo o
fuera del ámbito médico, como es el caso de las asociaciones de autoayuda. El
peso y el IMC marcan un criterio de gravedad en los trastornos alimentarios,
y la ganancia de peso en el caso de la anorexia se convierte en el primer – y a
veces único – objetivo de la terapia. Unas terapias que se muestran ineficaces
si se mide el porcentaje de éxito respecto a la modificación de la preocupación
por la imagen corporal, por la comida o las dificultades de sentirse a gusto
social y personalmente.
10. GÉNERO Y CUERPOS
Como ha quedado más que patente hasta este punto, los comportamientos
alimentarios sobre los que gira este trabajo y que han sido denominados por
233
el modelo biomédico como trastornos del comportamiento alimentario, tienen
una base sociocultural específica sin la cual nos sería imposible llegar a una
total comprensión de su existencia. Además, la concepción de los TCA como
“síndromes ligados a la cultura” –occidental en este caso- es puesta en
cuestión tras la aparición en décadas recientes de casos de TCA entre
poblaciones de países no desarrollados y entre inmigrantes de sociedades
industrializadas, como acabamos de ver. Sin embargo, los estudios
transculturales han tendido –salvo en contadas excepciones – a obviar el
papel de la cultura de origen en la emergencia y desarrollo de estos trastornos
en estas poblaciones. Es por ello que en este último apartado nos hemos
propuesto analizar la función que puede tener esta cultura de origen en torno
a las diferentes temáticas que hemos planteado en nuestro estudio como son
las funciones sociales de la comida y del comer, las concepciones y prácticas
sobre el cuerpo y el estudio de las imágenes culturales sobre la construcción
de la feminidad y la masculinidad. Estas cuestiones han sido abordadas
mediante entrevistas semi-estructuradas realizadas con inmigrantes,
concretamente de origen marroquí y brasileño, dos procedencias escogidas en
base a la disparidad que presentan en cuanto a sus referentes culturales.
Como consecuencia del bajo porcentaje de hombres inmigrantes en la muestra
final, y debido a que nuestra investigación gira principalmente en torno a la
variable género hemos apostado por analizar las diferencias y similitudes
existentes entre hombres y mujeres autóctonos que no presentan ningún tipo
de trastorno. Comenzaremos por ellos, para centrarnos posteriormente en la
comparación de mujeres autóctonas y mujeres inmigrantes.
Hombres y mujeres
El título del este apartado se hace evidente desde el primer análisis de los
resultados obtenidos. Si bien la tendencia entre los jóvenes y adolescentes es
la de ir asumiendo una preocupación, aún lejana de la de las chicas, pero que
crece de forma exponencial, entre los adultos las diferencias se perpetúan.
Nos referimos a la concepción que existe entre los hombres de los ideales
estéticos y a la percepción de su propio cuerpo. La mayoría de los hombres
adultos cree que se encuentra en muy buena forma física y que su aspecto es,
cuando menos, aceptable. Muchos manifiestan hacer años que no se pesan y
que solo lo hacen cuando notan cambios importantes en su cuerpo (por
ejemplo, la ropa ya no les va).
“No, en absoluto. El aspecto físico…bueno mejor llevar desodorante Sanex que
no oler a tigre…” (J/H, 63)
“Sí, sino sería un ermitaño de esos que está por ahí en las montañas que cómo
les da igual todo pues se dejan la barba, se dejan el pelo, no se lavan, llevan
cosas andrajosas pero es normal cada día te duchas, te arreglas…, si vas al
trabajo pues más o menos se concibe que cuando te vea la gente no se asuste,
entonces eso mismo ya…” (T/H, 44)
234
“Bueno, me quitaría un poco de barriga si pudiera pero lo que decíamos de la
vagancia que hace que no vaya al gimnasio y a mi me gusta mucho comer y es
uno de los pocos placeres que te da la vida y no pienso perderlo. Si me cuido un
poco más es por obligación porque te empiezas a hacer yayo” (J/H, 40)
No obstante, poco a poco (muy poco a poco), los más jóvenes van
introduciendo el “cuidarse” (higiene, afeitado, ropas y calzado a la última
moda, cremas para la piel, bronceado, peluquería, etc) - de ahí la figura del
“metrosexual” -, como nos señala uno de los informantes más jóvenes.
“No, a la estheticien no y no. Quiero decir ¡no!, ducharse cada día o cada dos
días, depende y cortarme el pelo cuando veo que lo tengo largo. No me gusta ir
cada semana a la peluquería como muchos que ahora se retocan un poco o
así...yo no, cuando lo tengo largo que ya me molesta, entonces voy y me lo
corto.” (J/H, 16)
En general, los cuidados del cuerpo son concebidos por los hombres como
un sobre-esfuerzo y sólo comienzan a plantearse la introducción de dietas y
deporte cuando existen motivos de salud o por perpetuación de prácticas
socialmente instauradas entre el género masculino desde niños, como jugar a
fútbol. Aun así, en uno de los casos ni la presión por un problema de salud
permite que realice la dieta indicada.
“A mi me dieron una vez una dieta. […] me han prohibido cosas, de comer
chocolate, café tampoco, fumar y alcohol tampoco. […] Ya me han hecho
pruebas y me han dicho que haga la dieta y que me olvide pero no pienso
seguirlo de momento” (Jo/H, 36)
Aunque algunos manifiestan cierto interés por la imagen que ofrecen, en
el transcurso de las entrevistas se observa como hacen poco o casi nada
(basándose solo en la estética) para llegar al “cuerpo ideal” del que hablan. Al
igual que sucede con las dietas, la práctica deportiva no tiene demasiado éxito
entre estos hombres que, aunque expresan su interés por hacer deporte, se
justifican con diferentes motivos: falta de tiempo, falta de ganas…
Las diferencias en cuanto a la percepción del propio cuerpo entre
hombres y mujeres se hacen muy visibles en nuestros resultados. Mientras
que la mayoría de los hombres adultos cree que se encuentra en muy buena
forma física y que su aspecto físico es aceptable, las mujeres muestran un alto
grado de insatisfacción con su cuerpo, coincidiendo la mayoría en aquellas
partes del cuerpo que les gustan menos: pecho, barriga, celulitis, nariz, altura.
“Tengo celulitis con lo cual si te pones en bañador, ay Dios mío, vaya muslos
que se me ven, o por ejemplo pues yo que sé, pues tengo más pecho del que me
gustaría, soy más bajita de lo que me gustaría, o sea un cromo, un cromo […]
235
me gustaría que me arreglaran la barriga que me ha quedado horrible después
del embarazo” (L.O./M, 34)
“Cambiaría la celulitis y el culo, y es que no sé, la verdad que antes tenía más
complejos, por ejemplo de que soy baja de que tengo la nariz grande” (R.S./M,
23)
“Mis pechos, me los cambiaría” (A.C./ M, 16)
“Tengo la nariz grande, esto me ha hecho tener ciertas manías y ciertos
complejos y todavía me hace tener manías” (M.C./M, 49)
Es significativo que el hecho de parir y de los consecuentes cambios
sufridos en el cuerpo hayan sido expuestos espontáneamente por varias de
nuestras informantes.
“Esto es peor de lo que imaginaba, entonces, ahora por ejemplo que los niños
tienen dos años largos, me consigo volver a poner mis téjanos y me los pongo
bien, y no me aprietan, entonces me siento a gusto, pero me ha costado, he
hecho una dieta estricta y si sí durante esa época me miraba y decía uf!, claro
que también luego pensaba oye bueno, pues y qué, pues me habrá cambiado el
cuerpo, yo que sé, me habré ensanchado más, al haber llevado los dos niños
dentro y pero si, si es un tema que siempre pensaba, jolín podrían parir ellos
que les cambiara el cuerpo a ellos en vez de a ti” (L.O./M, 34)
“…les dones ens deformem en el embarassos, hem de parir i hem de patir les
consecuencies, com pot ser en el meu cas pues tenir quatre varius , com pot ser
a una altra persona li pot passar una altra cosa , el homes no tenen aquest
problema …” (M.C./M, 49)
Esta característica diferencial en cuanto a los cambios en el cuerpo que
experimentan hombres y mujeres, es interiorizada por los sectores más
jóvenes que llegan incluso a cuestionarse la maternidad por razones
puramente estéticas.
Un familiar que interviene puntualmente en la entrevista dice: “hace dos
meses decías que tu serías capaz de no tener hijos con tal de que no te transformaran
el cuerpo” a lo que ella contesta: “Si” “No sé a lo mejor quizás lo adopte, no sé
depende” (A.C. /M, 16)
Como ilustran sus respuestas, la mayoría de las entrevistadas muestra
una predisposición a cambiar las partes de su cuerpo que menos les gustan,
aunque prefieren utilizar las dietas y el deporte antes que la cirugía estética,
tan extendida en otros países latinos -como veremos en las informantes
brasileñas, pero que es aún contemplada en nuestro entorno como una
práctica de riesgo y en la que, también, no se acaba de ver una relación
demasiado clara entre costes/beneficios.
236
“Por ordenador si corregiría, pero meterme en un quirófano para eso no, no me
arriesgaría […] que me pasara algo por corregir una cosa” (L.O./M, 34)
Los cuidados sobre el cuerpo ocupan un lugar destacado en las vidas de
las mujeres. Este concepto de “cuidarse” tiene en la mujer un mayor peso,
reflejo de la presión a la que ellas mismas reconocen estar sometidas.
Prácticamente todas ellas, independientemente de su edad, se muestran
preocupadas por su imagen corporal - incluso encontrándose satisfechas - y el
trabajo sobre el cuerpo forma parte de su vida cotidiana. Aunque algunas
afirmen no darse muchos cuidados y rechacen la delgadez extrema, durante
las entrevistas afirman realizar dietas de manera habitual cuando se
engordan, además de hacer deporte, utilizar cremas para la piel, maquillarse,
broncearse… A diferencia de los hombres, para quienes prima en primer
lugar la salud, ellas están pendientes de su peso por razones primordialmente
estéticas
“En épocas de mi vida que voy más, que me paso un poco de peso del que a mi
me gustaría , si que me obsesiono bastante con el tema de: no cenar, comer
poco para perder ese peso que me sobra, cuando he conseguido perder ese peso
que me sobra, luego hay que mantener. Respecto al tipo de dieta explica: No me
controlo en plan, hago peor porque cuando tienes una dieta tienes algo que
comer, yo muchas veces digo pues no voy a cenar […] llega un momento que el
cuerpo se acostumbra pero reconozco que es horrible lo que hago (L.O./M, 34)
“Yo si me he engordado pues he hecho régimen, a mi me gusta no
sobrepasarme de unos kilos […] me he preocupado más o menos en cuanto a
los kilos de estar dentro de lo que las tablas (de peso) marcan que es normal.
Cuando se le pregunta el tipo de dieta responde: Una dieta que elijo yo […]
reduzco un poco la cantidad evito bollerías o grasas” (M.M./M, 27)
En el caso de una de las informantes, el hecho de ser objeto de burla por
razones de peso es la causa principal de su decisión de dejar de comer por un
tiempo:
“Mis hermanos se metían conmigo […] y siempre había algún niño abajo de
pequeña que siempre me llamaba gorda, y subía yo a casa llorando […] un día
ya deje de comer, nada, o sea pasé de comer todo de todo a no comer nada”
(A.C./M, 16)
Otras, sin embargo, optan por hacer deporte para la persecución del
mismo fin: el control del cuerpo y su construcción bajo los cánones estéticos
imperantes. Frecuentemente, estas mujeres no están dispuestas a renunciar a
sus preferencias alimentarias ni al placer que asocian al consumo de
alimentos.
237
“Me gusta más machacarme en la piscina e ir a hacer gimnasia y caminar un
buen rato y si estoy aquí a la montaña ir a hacer excursiones aunque no me
apetezca por tal de no recuperar peso, pero a la hora de sentarse a la mesa de
dietas nada, porque me hace mucha ilusión comer” (M.C./M, 49)
Encontramos opiniones diversas entre las que nos ofrecen los hombres
sobre cómo piensan que debe ser su cuerpo a nivel físico. Mientras que
algunos no le dan apenas importancia a tener sobrepeso y al aspecto físico en
general, dos de nuestros informantes, de diferentes edades, introducen el
tema de la musculación como una práctica de construcción del cuerpo
deseado:
“Yo tengo un sobrepeso de…supongo que lo tengo entre 4 o 5 quilos como
mucho pero lo que sí es cierto es una cosa, a ver que no es ningún tipo de
investigación científica pero sí creo que hace mucho el tipo de vida que has
llevado. Yo creo que siempre he tenido más peso de lo que aparentemente
parece ¿por qué? Porque al haber hecho mucho deporte, mucho deporte pues lo
que es la masa muscular, pues eso, pesas más y aparentas menos.” (Je./H, 52)
“Más que pesar más, tener un poco más de corpulencia, un poco más de masa
muscular, es una cosa que siempre me ha gustado” (Jo./H, 36)
“La proporció! Cadascú té el seu cos i ha d’estar content amb el seu cos. Si joc
vec al “Vin Diesel” [es refereix a un actor], no mi posaré com el “Vin Diesel”
però intentar-ho. Si, però jo tinc el meu cos i estic molt content amb el meu
cos. Aniré pujant. Gràcies al fitness estic proporcionat. Jo no sóc aquí, el
“xxxxxxxxxx” [diu el nom d’un culturista popular, probablement un Mr.
Olimpia] Jo em considero proporcionat. A veure, no sóc ni fort, ni gran ni
petit. Sóc normal. Peso setanta-set quilos, u setanta-vuit d’alçada” (H, 21)
Este modelo de corpulencia asociada a la fuerza y a la buena salud es
acorde con el ideal corporal masculino que tienen algunas de las mujeres
entrevistadas, un ideal de cuerpo que simboliza el tradicional rol del hombre
como figura protectora de la mujer, siendo éste el encargado de realizar las
tareas que requieren de una mayor fuerza física y que conllevan un mayor
riesgo.
“Físicamente pues mira, siempre me han gustado los hombres altos, que no
sean demasiado gordos y más bien fuertes, físicamente” (L.O./M, 34)
“A mi los hombres me gustan, un tío se vea masculino, sabes, un tío que se vea
el tío …[…] tiene sensación de fuerza…[…] una mandíbula así marcada”
(C./M, 18)
“Un chico así ideal un modelo es, que no sea muy alto, y que tampoco sea
súper delgadito pero que esté bien así, que tenga culito y que tenga las espaldas
me gustan así grandes” (R.S./ M, 23)
238
Además, las mujeres valoran que los hombres se proporcionen cuidados
mientras que éstos ven en estas prácticas un rasgo distintivo de feminidad y
sienten amenazada su identidad sexual. Por ello, los suelen atribuir al
colectivo homosexual como dice uno de los informantes, “esto lo hacen los
mariquitas” (J. Jo./H, 36).
Por su parte, los hombres han expresado sus preferencias respecto al
físico femenino que más les atrae. Aunque, como acabamos de ver, los
hombres no parecen tener una excesiva preocupación por su cuerpo, si exigen
a las mujeres que mantengan el suyo parecido a su ideal femenino, aunque
para ellos éste sea más voluminoso que el interiorizado por las propias
mujeres. Naturalmente, siendo políticamente incorrecto, no lo abordan
directamente. Sus explicaciones se centran en valorar a las mujeres por otras
muchas cosas (carácter, rol de madre, de esposa, potencial de trabajo,
inteligencia…) pero nuevamente aparece de forma subliminal en su discurso
ese deseo de encontrar y convivir con la “superwoman” que además de todo
eso tenga y mantenga (y eso es lo más difícil si se avanza en edad y
embarazos) un buen cuerpo. Estas son las opiniones masculinas sobre el
cuerpo que, idealmente, deben tener las mujeres.
“Yo el ideal femenino pienso que este de 90, 60, 90…” (J/H, 16)
“Yo las rubias. Sí, para que engañarnos, me gustan más las rubias. Las
morenas también, eh![…] Pecho, culo y ojos” (se les ha preguntado que
parte del cuerpo les atrae más de las mujeres y concretamente este
informante había contestado anteriormente que los ojos, en este
momento de forma espontánea amplia las preferencias) (J./ H, 36 )
“A mi una mujer con bigote me revienta” (J./H, 16)
“La forma de vestir también, la forma de vestir me fijo mucho” (Jo./H, 36)
“Es como todo, si además de ser limpia, de ser femenina, de ser cariñosa, de
tocar el piano y tal encima está buena pues de puta madre” (J.Je./H, 52)
Las mujeres, en sus respuestas sobre como creen que debería ser el ideal
de mujer, han reflejado la incorporación del ideal de belleza imperante en
nuestros días, sin descuidar por ello las funciones que además este ideal de
mujer ha de saber desempeñar: una mujer que además de cumplir con los
cánones de belleza social sea capaz de asumir las múltiples responsabilidades
que nos impone hoy en día nuestra sociedad. Se corresponde, por tanto, con
el ideal de mujer expresado por los hombres.
“Una mujer, no sé, segura de si misma, que se vea que es inteligente, echada
para adelante […] que sean capaces de llevar, pues llevar a cabo su trabajo, su
239
vida familiar, sus amigos, […] Físicamente una mujer, por ejemplo lo que a mi
me gustaría, pues más bien tirando a delgada” (L.O./M, 34)
“Me gustan pues como mujer que sea una mujer que se cuide, que esté guapa,
es decir me gusta que las mujeres se arreglen […] Un peso pues más o menos
ideal” (M.M./M, 27)
“Una chica gordita enseñando la barriga yo lo veo feo” (A.C./M, 16)
“Y esa delgadez me gusta a mí, como una sensación de perfección” (C/ M, 18)
El tema del peso está presente en todos sus comentarios, siendo la
delgadez un ideal perseguido por todas ellas. Sin embargo, este ideal está
lejos de tratarse de un objetivo banal o superficial ya que, se ha comprobado
que nos guste o no, esta delgadez nos ayuda a conseguir, aunque sea
parcialmente, el éxito social y personal. La delgadez es mucho más que un
ideal estético, es también un ideal de salud y un medio para la aceptación y la
ascensión social.
Parece claro que a pesar de que los hombres comienzan a darse cuidados
y a preocuparse poco a poco por su imagen corporal convirtiéndose en el
nuevo grupo de consumidores del mercado de la moda, de cosméticos y de
alimentos, el nivel de exigencia sobre la mujer sigue siendo mucho mayor en
cuanto ésta ha de conservar una buena figura a la vez que ha de seguir
asumiendo y desempeñando los roles tradicionales de trabajo doméstico
ahora añadidos a su trabajo fuera de casa.
La investigación también nos ha llevado a valorar el tema del dieting entre
hombres y mujeres, no solo comparándolo con el ideal estético y de salud,
sino para analizar cuales son los conocimientos y las habilidades en la cocina
y saber cómo se desenvuelven con la alimentación. Si conocen lo que significa
una alimentación sana, si la consideran importante y si la practican.
En el caso de los hombres los resultados apuntan a que a pesar comenzar
a interesarse por la alimentación, sobre todo a través de la prescripción
médica, sus saberes culinarios son escasos y no realizan ellos las comidas –
salvo en ocasiones muy especiales-. Sus gustos sobre las comidas son gustos
“normales”, no hablan de comidas demasiado elaboradas o sibaritas, suelen
comer todo tipo de comida y discriminan ciertos alimentos por motivos de
salud, con o sin prescripción médica. Cuando se les pregunta sobre sus
habilidades culinarias, la mayoría explican que son mayoritariamente sus
mujeres quienes cocinan pero un par de ellos por motivos relacionados con su
estado civil (separado) o por la relación establecida con la esposa elaboran
ellos los alimentos cuando están en casa. En estos casos preparan platos
sencillos o bien relacionados con la cocina familiar y aquí curiosamente
240
resaltan el estilo tradicional recuperando un valor asumido por las mujeres
desde tiempo inmemorial.
“Cocino yo. Ahora no quedará otro remedio (está en proceso de separación).
Últimamente lo hacía tres veces por semana. Utilizo el frito y el hervido, horno
no se y tres o cuatro cosas básicas, quiero aprender más pero todavía no se”
(Jo./H 36 años)
“A mi me gusta mucho cocinar pero ahora no tengo demasiado tiempo pero me
gusta mucho. Utilizo las técnicas de la abuela. Hago las comidas de las que he
visto siempre en casa, me gusta investigar y probar y mezclar sabores y me
gustan mucho las especies…Sobre todo la cocina es un poco de alquimia y
normalmente sale bien si conoces los matices de los aromas y sabores de cada
cosa acabas haciéndolo bien. Tortilla a la francesa, huevo frito…” (J./H 40
años)
En el caso de las mujeres explican que suelen ser ellas quienes se encargan
de cocinar mientras que ellos, como mucho, colaboran. La salud para las
mujeres es un elemento presente en la elaboración de las comidas.
“Claro la que está en la cocina lo sabe más lo que falta, pero igualmente si el se
da cuenta de que falta algo pues tenemos en casa un papelito y vamos haciendo
lista, y lo vamos haciendo así” (L.O./M, 34)
Las chicas más jóvenes mencionan a sus madres como las encargadas de
realizar las comidas en casa. En los casos en que estas chicas jóvenes marchan
a vivir fuera, las tareas de cocina no se reproducen de la misma manera que lo
han hecho hasta ahora. Está claro que en las actuales generaciones de jóvenes,
las mujeres ya no son educadas para ser principalmente madres, esposas y
cocineras aprendiendo de sus madres y abuelas los principios culinarios.
“Mi madre en mi casa es la que lleva un poco el orden, aunque yo le ayude a
hacer las cosas de las comidas entonces, no sé, y porque también allí no estoy
acostumbrada a comer entre horas en mi casa, no sé porqué, no estoy
acostumbrada, nunca comía entre horas de pequeña, pero aquí no sé, me coge
la costumbre de ir a la nevera y venga comer y comer” (R.S./M, 23)
Los patrones de alimentación cambian drásticamente cuando el/la joven
marcha fuera de casa y ha de comenzar a cocinar por y para si mism@. Las
nuevas prácticas alimentarias representan una ruptura respecto a las de los
adultos, lo cual corresponde a una función social de identidad generacional.
Esta cocina, tanto para hombres como para mujeres, presenta una dualidad:
se construye a partir de cierta voluntad de aprender pero a la vez con una
voluntad de alejarse de las normas familiares, de crear un espacio de libertad
y creación, para superar o modificar estas recetas.
241
“Me encanta mirarme los libros de recetas y probar de hacer alguna. Aunque
no salga bien, es un placer, es como inventar algo... (M, 18)
“Sovint el que em faig per menjar no m’atreviria a donar-lo als meus pares...
Altres cops sí, perquè més o menys em guio seguint els passos que jo havia vist
a casa” (H, 20)
“La meva mare i la meva àvia cuinen molt bé, però no és imprescindible per a
mi fer-ho igual... No es pot comparar amb el que jo faig a la cuina, no són els
mateixos plats ni de lluny” (M, 26)
No obstante, sigue dándose una diferencia en cuanto a la incorporación
de ciertas habilidades culinarias de las madres (o aquella persona que se ha
ocupado de la alimentación en el hogar) entre hombres y mujeres. Los
hombres entrevistados hacen más referencias a la carencia de un aprendizaje
al cual o bien no han tenido acceso o no lo han querido tener, durante su
infancia y adolescencia.
“Amb el meu company, ell em pregunta quan de temps ha d’estar la pasta
bullint, o si fa falta separar el rovell de la clara per fer una truita... Per a mi
això és evident, és com fer-te el llit...” (M, 22)
“Tu a casa ja has vist fer una truita de patates i com es cuina més o menys i si
no truques a la mare. No sé, saps que primer s’ha de fregir la patata, posar-li
una mica de ceba i després afegir l’ou i no com va fer un dia un company de
pis que va posar la patata crua i es va quedar tan ample. Li vaig dir ‘tio però
que has fet?’ i em va contestar que ell anava per lliure a la cuina. Estava
infumable, és clar” (M, 19)
A pesar de las incursiones e intentos por parte de los jóvenes para
desarrollar unas prácticas culinarias que se adapten a su situación social – que
oscila entre la afirmación de una identidad propia y el seguimiento/respeto
de las reglas sociales - la falta de habilidad en la cocina queda reflejada en la
mayoría de sus comentarios. Esta carencia representa una de las causas de la
desestructuración alimentaria característica de unas nuevas generaciones de
jóvenes, en las que la responsabilidad sobre este tipo de tareas comienza a
diluirse entre ambos sexos. El desinterés por la comida que se deriva, entre
otras causas, de unas condiciones materiales como es la falta de tiempo o de
espacio, como también debido a una deficiencia de habilidades culinarias,
supone un riesgo de gran importancia: el desconocimiento sobre cómo
resolver esta desestructuración.
Este asunto nos introduce en la última temática analizada en este
apartado: los roles y estereotipos de género y las experiencias de desigualdad
y/o discriminación derivadas de esta diferenciación. Hoy en día los roles
atribuidos a cada género han cambiado y siguen cambiando pero es necesario
remarcar como se sienten las mujeres y hombres entrevistados, ya que sus
242
reflexiones contribuyen a mostrar las desigualdades y la discriminación social
que existen en nuestra sociedad contemporánea.
Todas las mujeres que viven en pareja apoyan el hecho de compartir con
su compañero las tareas domésticas y así lo intentan hacer en el día a día. Sin
embargo, sus quejas reflejan como esta repartición está lejos de ser equitativa.
Señalan que la organización de las tareas suele recaer sobre ellas únicamente
de manera constante, lo cual implica una inversión de tiempo y esfuerzo
diario que no realizan los hombres.
“Quizá llevo yo más el control, por una razón porque a lo mejor si yo una
semana no digo oye que hoy toca limpiar, pues si no pasa nada, o sea si no se
dice no pasa nada, si quizá si sea yo quien lleva más el control, o oye va
tocando hacer las ventanas, o va tocando hacer la cocina, si, o he puesto una
lavadora tiéndela, a lo mejor a veces que se me olvida decírselo y el se da
cuenta, pero normalmente siempre..., yo soy más organizadora no?, yo
organizo la faena, y la hacemos entre las dos” (L.O./M, 34)
A pesar de que los estudios de base estadística (INSTITUTO DE LA MUJER,
2001) apuntan que actualmente existe una mayor equiparación entre hombres
y mujeres respecto a su implicación en la realización de ciertos tipos tareas
domésticas, entre ellas las culinarias, las cifras siguen mostrando que existen
trabajos de la casa preferentemente femeninos y masculinos. La alimentación
es uno de los que sigue siendo responsabilidad principal de las mujeres. La
diferenciación es más sutil, ya que el problema no es simplemente llevar a
cabo estas tareas sino que reside en el hecho de que las mujeres adoptan el
papel de organizadoras que se ven en la necesidad de recordarles a sus
maridos o compañeros lo que se tiene que hacer. Seguimos pues con el típico
tópico que no por dicho deja de ser realidad: en casa los hombres ayudan o
colaboran, no participan ni administran tareas. Existe, por tanto, una falta de
co-responsabilidad y de co-organización por parte del género masculino.
Además, actualmente la entrada masiva de la mujer en el mercado de trabajo,
tanto como un proyecto de realización personal como para contribuir al
mantenimiento de la familia, ha empeorado su situación personal en términos
de tiempo disponible para sí mismas, ya que éstas siguen ocupándose de las
tareas domésticas y de la educación de los hijos.
“Doncs tasques en relació a la llar, i tasques en relació a la vida quotidiana,
doncs per exemple el fet de quan els nens eren petits, per exemple, la que anava
al metge era jo, la que buscava escola pels nens era jo i la que es preocupava de
moltes coses era jo, i ara que ja són grans, la que observa als meus fills després
de grans continuo sento jo, jo parlo en el meu cas particular no?, tot i que som
una família que ens avenim i que tenim un ambient normal i corrent continuo
fent moltes de coses que encara feia, intento que l’altra persona que en aquest
cas és el meu marit també les vegi, les veu però potser perquè no està
acostumat però no s’incorpora de ple en elles, o sigui que jo continuo fent
243
encara moltes de les tasques que abans feien les dones, encara que pensi d’una
manera continuo fent-les” (M.C./M, 49)
“..continua sent la dona com he dit abans la que conscient o inconscientment
la que amb més ganes o menys ganes continua fent les tasques que han sigut
destinades a les dones i a més a més estar fora al carrer com està l’home també,
és a dir que no sé fins a quin punt hem guanyat tant” (M.C./M, 49)
Mientras que todas las mujeres manifiestan su predisposición a que este
proceso de cambio siga su curso hasta llegar a una repartición realmente
equitativa de las tareas entre ambos miembros de la pareja, las opiniones de
los hombres respecto a la repartición de las tareas domésticas y a su necesidad
de cambio han sido más dispares. Algunos hombres manifiestan abiertamente
el deseo de que las cosas sigan como están, así ha sido siempre, así ha
funcionado más o menos bien, según su criterio, y no se necesita ningún
cambio. Esta concepción sobre el reparto entre hombres y mujeres de las
responsabilidades domésticas, derivada de un modelo de sociedad patriarcal,
aparece en numerosas ocasiones “enmascarada”, puesto que, de nuevo, se
trata de una postura poco defendible socialmente, aunque sí aplicada en la
práctica. Aparece definida de forma sutil en los discursos masculinos
buscando justificaciones históricas, destacando aptitudes adjudicadas a cada
uno de los géneros por sus peculiares naturalezas o alegando razones
prácticas ante la difícil combinación de la vida laboral y doméstica. Y, por
último, aparece disfrazada por un discurso más o menos progresista, que
luego nunca es aplicado o sólo muy parcialmente. Del grupo de discusión se
extraen las siguientes conversaciones:
“T. Que quiere trabajar fuera de casa pues…perfecto. Es una ayuda económica
a la familia, a nivel familiar y eso siempre va bien, tienes después para hacer
más cosas o para tener un nivel de vida o una calidad de vida mejor…
Je. Más esclavizados ambos
T.Pero, ¿y si no?
(Se hace un silencio largo)
Je. Es muy complicado y hay opiniones muy dispares. A ver, para mi, o sea el
tema de…el estar en casa la mujer es una esclavitud o ha sido una esclavitud
hasta hace 30 años
T.Si no le gusta. Hay mujeres que sí les gusta…
Je. Mira, tanto si le gusta, como si no le gusta…es una esclavitud
J.Hay mujeres que les gusta estar en casa”
Uno de estos informantes intenta matizar su postura aceptando la
incorporación de la mujer al trabajo externo, pero enseguida enfatiza la
problemática que ello supone en el hogar volcando toda la responsabilidad en
la mujer.
“Yo lo veo bien pero también veo que ha traído una serie de problemas a las
unidades familiares o sea la emancipación de la mujer en el trabajo pues… a
244
nivel familiar ha traído problemas ya que es un pilar fundamental, la
educación de los niños, […] si alguien se ha preocupado de los niños si han
estudiado o no han estudiado, pues la mujer ¿por qué? Primero por el rol que
han desempeñado, después del trabajo…” (Je./H, 52)
Otro de los informantes profundiza en la problemática exponiendo casos
reales en los que los hombres aceptan el trabajo externo de la mujer siempre y
cuando sigan cumpliendo con sus “deberes” domésticos.
“Pero no olvides que hay muchos hombres, yo conozco más de uno que no les
importa que la mujer trabaje, no les importa pero quieren tener la comida
hecha y la ropa limpia y planchada, sí, sí…” (J./H, 63)
Nos encontramos en una situación en la que por un lado el hombre parece
dispuesto a, como mucho, “colaborar” en las tareas domésticas, pero por otro
es reticente a implicarse en ellas de manera equitativa, incluso si la mujer
trabaja fuera del hogar. Por su parte, la mujer, si quiere o tiene que trabajar
fuera de casa, ha de asumir una doble carga de trabajo, la de fuera y dentro
del hogar. Ambos géneros justifican sus posturas en base a un componente
educacional: la socialización diferenciada que han recibido de sus padres
según su género. De esta manera uno de nuestros informantes destaca la
importancia que la enculturación primaria ejerce en la construcción de las
imágenes culturales del género:
“En mi caso igual pero ahí si que creo que es un tema de…como diría yo…de
lo que te han enseñado, de lo que te han enseñado en casa…En casa pues eso la
madre en casa, aunque mi madre era de las que salía a trabajar fuera, pero mi
padre era de los que trabajaba, llegaba a casa y no hacía nada […] a las niñas
siempre se les ha inculcado pues el tema de la cocina, la limpieza y en cambio a
los hombres, a los niños no. En mi casa mi madre no me decía: “Coge la escoba
y ponte a barrer”” (T./H, 44)
Por su lado una de nuestras informantes resume en una frase el principio
básico de lo que constituye una educación machista en la familia:
“A mi me van a educar con la idea de que la mujer era la que, en pocas
palabras, servía al hombre...” (M.C./M, 49)
Ante esta educación recibida, las mujeres entrevistadas asumen como
propia y realizan una tarea de “reeducación” de su pareja hombre:
“…cuando normalmente te casas el hombre en su unidad familiar de sus
padres no tenía el mismo rol que tiene en la unidad familiar de un matrimonio,
y claro eso no lo… no, ese rol no lo puede acoger, no puede adaptarse a ese rol
en un mes, pero en año en dos años, poco a poco, paulatinamente va
adaptándose a ese nuevo papel” (M.M./M, 27)
245
Otro argumento esgrimido para mantener la diferenciación de roles, en
este caso solo mencionado por los hombres, son las supuestas capacidades
“innatas” de las mujeres para desempeñar tareas particulares, sobre todo las
relacionadas con la crianza de los hijos llegándolo, incluso, a comparar con
otras especies de animales.
“O sea no tenemos absolutamente nada que ver. Ya no tanto en capacidades
sino en sensibilidades. Somos completamente diferentes y pienso que las
mujeres están preparadas en según que aspectos pero de forma innata, o sea
porque lo llevan dentro, son más sensibles en según que nosotros y pienso que
la educación de los hijos, por ejemplo, es más una cosa de ellas porque están
más…tienen más paciencia, son más madres, son más madres. Los hombres
somos más bruscos. Esto es innato, la protección de una madre hacia su hijo es
infinitamente superior que la de un padre hacia un hijo” (J./H, 40)
Lo que sí manifiestan todos los hombres es que la situación está en
proceso de cambio y que estén o no de acuerdo este proceso es imparable.
Para algunos esto llega a asustarles sobre todo si el proceso de cambio implica
que las mujeres asuman papeles que, en principio, no les correspondían.
“Jo. No, no. Los hombres y mujeres no están equiparados, a la mujer se la tiene
como siempre se la ha tenido. Es el hombre quien tiene un mismo trabajo y una
especialidad, un hombre antes que una mujer. Y ¿por qué tiene que ser así? En
el trabajo todos somos iguales, sean hombres o mujeres, igual me estoy
equivocando pero creo que todos deberíamos ser iguales. Además, hoy en día la
mujer empieza a…en este sentido a estar por encima de los hombres. Hoy en
día veo más a las mujeres en lugares de trabajo por encima de los hombres.
J. Es imparable, hay cosas que son imparables y una de ellas es que las mujeres
nos están…
Jo. Comiendo
J. No comiendo, pero están compartiendo profesiones que antes era impensable
que se metiesen ellas también, y lo hacen tan bien o mejor que nosotros. A
parte de los trabajos de fuerza física que aquí dudo que nos puedan igualar.
Jo. Calla, calla, calla…A mi tampoco no hace falta que… (reímos todos puesto
que muestra su escaso cuerpo) Dentro de poco tiempo estarán por encima
nuestro”
Sin embargo, las generaciones más jóvenes comienzan a cambiar estos
patrones a pesar de haber sido educados en familias donde aún imperan los
roles tradicionales de hombre y mujer respecto al trabajo.
“Por ejemplo, en mi pueblo que nos juntamos mi tía, mi madre y todos, mis
hermanas con sus maridos, mi prima con su marido y todo, en esos contextos
se reproduce totalmente el modelo antiguo, o sea porque ahí mis cuñados,
bueno a recoger la mesa, a lo mejor, pero en la cocina por ejemplo están mis
hermanas, mi madre, mi tía, o sea que a lo mejor dentro de unos años cuando
246
ya pues la generación de nuestros padres ya pues no esté o lo que sea, pues a lo
mejor ya , yo supongo que cada vez será más igualitario” (R.S./M, 23)
“… yo lo que doy por supuesto es que si estoy con alguien las cosa sean a
medias total…” (R.S./M, 23)
No obstante, los jóvenes siguen pensando -las mujeres del grupo de
discusión que reproducimos a continuación tiene entre 17 y 19 años- que las
diferencias continúan y que todavía el aprendizaje de la diferenciación de
roles durante la edad infantil influye en la diferenciación y discriminación
posterior en el puesto de trabajo futuro. A la pregunta sobre que piensan de la
posición de la mujer respecto al hombre en el momento de encontrar trabajo
responden:
M. Estamos desfavorecidas bastante. La mujer está encasillada en un tipo de
trabajo y el hombre en otro.
C. Tampoco…
M. Yo pienso que tu piensas un mecánico y tu ves al hombre y hay mujeres
que son mecánico pero tienes el ideal de…
J. Pero lo que tienes que ver que hasta la mujer tiene ese prototipo…
M. Ahí está, pues lo que estoy diciendo. Tienes un prototipo en la cabeza. Que
luego sabes que hay gente que se dedica pero…Pero creo que tendría que ser
más equilibrado. Es que además constantemente salen estadísticas que las
mujeres. Ya los sueldos son inferiores aunque digan; No! Cobramos lo mismo!.
Pero a pesar de la persistencia de estos estereotipos en cuanto a los
trabajos desempeñados por hombres y mujeres, todas las informantes aceptan
que hoy en día la mujer ha entrado en dos ámbitos que han sido hasta ahora
casi exclusivamente de hombres: el ámbito laboral y el académico. Sin
embargo, y tras la valoración positiva que hacen al respecto, las informantes
aún perciben una gran discriminación social y desigualdades en los ámbitos
mencionados. Respecto al ámbito laboral una de nuestras informantes nos ha
hablado de ciertos comentarios discriminatorios recibidos por parte de
compañeros de trabajo:
“Lo he vivido en comentarios tipo, quizá incluso por el hecho de decir, no te
pienses, los mismos compañeros, no te pienses que por ser mujer y madre de
familia vas a tener más derechos que yo, que soy soltero y no tengo familia”
(L.O./M, 34)
En el caso del ámbito académico, destaca el caso relatado por uno de
nuestros informantes más jóvenes, quien nos habla de las normas de
convivencia establecidas en una residencia de estudiantes y es evidente que
las exigencias son muy distintas para uno y otro género:
“… a ellas las tienen más…las hacen ir más a raya, y a nosotros pues eso es
un show, ¡eso es más liberal! Nosotros…tu te marchas cuando quieres y haces
247
lo que quieres, con tal que estés allí para dormir, ¡haz lo que quieras! Y a ellas
no las dejan tener ni teles en la habitación ni les dejan tener nada, y nosotros
tenemos lo que queremos: puedes tener la tela o la radio y no te dicen nada.
Nosotros en nuestra residencia tenemos las puertas abiertas toda la noche, y
los jueves como saben que todo el mundo sale de fiesta puedes volver cuando
quieras ¡ellas no!. Si a las 10 de la noche no están allí hasta las 12 de la noche
no vuelven a abrir las puertas, y sino hasta las 7 que no abren por la mañana
nada. Los chicos entran y salen cuando quieren” (J/H, 16)
Constatamos, por tanto, la existencia de diferencias estructurales relativas
al género y que se han expresado en este caso a través de las diferentes
percepciones sobre el cuerpo, las diferentes responsabilidades y valores
asumidos respecto a la comida así como en la posición diferencial que las
mujeres han ocupado respecto de los hombres en relación a la construcción de
una identidad social y sexual. Estas diferencias en los modelos de género, que
dejan a la mujer en una posición desaventajada tanto a nivel individual como
social, se encuentran inevitablemente entre las causas de una serie de
problemas de salud, entre los que se encuentran los TCA, unos trastornos
cuya prevalencia abarca a una abrumadora mayoría de población femenina.
Diversidad
Si, como bien dice ESTEBAN (2004), en cualquier cultura el cuerpo está
íntimamente ligado a lo social, para obtener un panorama completo de los
significados y prácticas corporales se hace indispensable llevar a cabo un
análisis transcultural. Con este fin hemos entrevistado a un total de 10
mujeres inmigrantes, 6 de ellas procedentes de Brasil y 4 de Marruecos con el
fin de conocer cómo los diferentes sistemas culturales influyen sobre los
significados que se le otorgan al cuerpo, la alimentación y los roles de género,
permitiéndonos su comparación con los resultados obtenidos en la población
autóctona entrevistada.
Las percepciones sobre el propio cuerpo han sido un punto de
desencuentro entre nuestras informantes. Encontramos un mayor nivel de
satisfacción entre las inmigrantes entrevistadas si las comparamos con las
mujeres autóctonas, sobre todo, en las mujeres brasileñas quienes, teniendo
una percepción más voluptuosa del cuerpo comparada con los otros dos
grupos, dicen sentirse a gusto con su cuerpo. Sin embargo, este nivel de
satisfacción no las previene de actuar sobre él cambiando aquello que menos
les gusta, y de ejercer un control mayormente por razones de aumento de
peso o de cambios corporales “naturales”, es decir, los derivados de la edad y
del hecho de tener hijos.
Las dietas son la práctica más utilizada para ejercer este control sobre el
cuerpo, entre los tres grupos de mujeres que hemos estudiado: brasileñas,
marroquíes y autóctonas. Las mujeres comienzan a hacer dieta cuando sufren
248
un aumento respecto a su peso habitual y excepto en dos casos, los motivos
son puramente estéticos.
“Sí, ya me preocupó, cuando me quedé en Estados Unidos vine con 70 kilos y
cuando regresé a mi país la gente me decía: “Ah! Que estás muy gorda y tal” y
entonces tomé unas pastillas naturales y me quedé con 60 [...] Hacia gimnasia
o un poquito de dieta…” (M, 33/ Brasil)
“… cuando tuve mis dos hijos porque gané 22 kilos en el primer embarazo, era
muy joven, tenía 22 años e hice una dieta muy temprana, estaba terminando
mi curso de medicina y era un lío con un niño pequeño, entonces no he
necesitado un régimen tan intenso pero con el otro hijo estaba con 27 años y lo
amamanté por seis meses y me quedé yo con 23 kilos de más. Hice una dieta
por seis meses” (M, 45/ Brasil).
Entre las más jóvenes también aparece como una práctica habitual:
“…havia fet una dieta normaleta per baixar uns quants kilos –no molts- que
no els volia i ja està. [...] Si, ho he fet moltes vegades” (M, 16/ Marruecos)
En uno de los casos, la decisión de adelgazar está estrechamente ligada al
proceso migratorio y los sentimientos asociados a esta experiencia influencian
este deseo de cambio corporal. Lo que comienza como una dieta para perder
unos kilos pronto se le va de las manos.
“…vine muy gorda de allí, como… Y yo vale voy a hacer un poquito de dieta y
voy a… Sabes me había cambiado y estaba muy poquito tiempo, por no sé me
sentía un poquito triste cuando vine de allí y de ahí ya dejas de comer. Voy
dejando de comer, de comer hasta que ya he llegao a… que no …”
“… cuando siento que no puedo subir las escaleras, sabes… me sentía
muy….Y me fui al médico y de ahí me mandaron al Hospital del Mar”
“…15 días allí. Me estaban dando las pastillas de hierro y me estaban cada día
pinchando” (M, 26/ Marruecos)
El deporte sin embargo está más presente entre las mujeres brasileñas que
entre las marroquíes, quienes no acostumbran a practicarlo. También es una
práctica generalizada entre las brasileñas, como muestran las experiencias y
actitudes de nuestras informantes, la utilización de la cirugía estética, que ha
sido incorporada socialmente como una opción más, al igual que cualquier
otra, de conseguir la modificación de una parte del cuerpo esta vez con un
carácter de inmediatez. Varias de las entrevistadas han pasado ya por el
quirófano y otras ya cuentan con hacerlo en un futuro:
“… en el futuro si tengo hijos por ejemplo…no es una cuestión de estética, es
más de salud y de sentirse bien, por ejemplo, los senos porque sé que tengo los
249
senos un poco grandes y se que cuando tenga niños seguramente quedarán un
poco flácidos y me quedaría muy pendiente de los sujetadores y a mi no me
gustaría quedarme tan pendiente de los sujetadores solo por una cuestión más,
a lo mejor, de comodidad” (M, 33/ Brasil)
“me he sometido a una cirugía de párpado hace dos años porque a mi no me
gustaba que estaba muy hinchado y siempre tenía aspecto de estar cansada y
he hecho puramente por estética” (M, 45/ Brasil)
“antes yo hice la cirugía estética digamos para corregir la nariz, yo tenía
complejo de nariz porque tenía un pico de papagayo y tenía siempre un poco de
complejo, no me gustaba por ejemplo ahora que me miras así de perfil, no me
gustaba mucho y entonces a los 18 años que es una época en que empiezas a
buscar novio y tal empecé a mirar en serio y al final desistí pero al final tenía
tantas ganas que sufrí un accidente de moto y al final me caí con la cara, con la
nariz en el suelo y me quedó la nariz torcida y dije, encima de grande, torcida,
no […]le dije al cirujano: “Quiero hacer la nariz así y aprovechas para quitar
ese hueso” […] Y fue lo que hizo y yo contentísima” (M, 30/ Brasil)
En cuanto a otros cuidados del cuerpo como el uso de cremas,
maquillajes, y otros productos dirigidos a embellecer el cuerpo tanto las
inmigrantes brasileñas como ya hacían las autóctonas confiesan utilizarlos,
aunque, dicen, no con demasiada frecuencia.
“No soy muy delicada, una vez a la semana me paso crema una vez a la
semana o dos” (M, 33/ Brasil)
“… para limpiar la piel, cremas corporales intento cada día después del baño,
pero es un día sí, tres, cuatro no… soy un poco negada para esto, confieso
que…quizá no es por cultura sinó por educación, mi madre, una hermana
mayor…por ejemplo no son mucho de estar tres horas delante del espejo […]
Yo veo otras personas que sí, amigas, brasileñas…que sí que están tres horas
cada día” (M, 30/ Brasil)
“… llego a casa y me ducho y la crema para mañana, tengo en casa varias
muestras que debería usar, muestras para arrugas para la cara, que me gusta
tener pero utilizo poco” (M, 57/ Brasil)
Conviene resaltar aquí que los cuidados sobre el cuerpo son una práctica
generalizada tanto en hombres como en mujeres en Brasil, algo que aún nos
diferencia, como explica una de las mujeres brasileñas:
“Y esto ahora pasa en los hombres también, porque antes no se cuidaban, y
ahora hombres que se depilan, hombres que hacen cirugía plástica, lifting,
principalmente empresarios”
250
“Aquí se cuidan los chicos homsexualeshomosexuales y en Brasil los heteros
también se cuidan para atraer la hembra” (M, 30/ Brasil).
Las mujeres marroquíes consumen menos este tipo de productos, aunque
aquí puede estar influyendo la edad joven (12 y 16 años) de algunas de
nuestras entrevistadas, ya que las más mayores sí que lo hacen:
“En general yo no lo uso, no es por nada, me siento muy bien con mi misma, el
pelo si que lo cuido, que es crema de fijación, que es…el pelo si que lo cuido
mucho, el champú, la mascarilla, el suavizante o una cosa así, ¿no? pero de
cara y de cuerpo no tengo ninguna, no tengo nada que me llame la atención”
(M, 43/ Marruecos)
“Yo nunca he cuidao de nada. Bueno solamente la cara cuando salgo al sol,
pongo una cremita de sol” (M, 26/ Marruecos)
“Bueno pongo un poquito, no sé, de colorete y rimel” (M, 26/ Marruecos)
En resumen, entre los dos sistemas culturales estudiados se perciben
diferencias en cuanto a la preocupación por la imagen corporal que parece
estar mucho más presente en la cultura brasileña, una cultura en la cual el
cuerpo es concebido como un objeto a mostrar, a lucir, a exhibir, como una
herramienta para, como señala esta informante, “abrir o cerrar puertas”:
“No creo que tenga un cuerpo de muerte pero…está bien pero no que toda la
gente me mire, me gusta mostrar y…como cualquier mortal. Me gusta al salir
poner algo bonito y…” (M, 30/ Brasil)
“Cuando tenía el cuerpo muy bien las puertas masculinas se abrían
completamente porque era una mujer que a los hombres les gustaba mucho
mirar…” (M, 45/ Brasil)
Y una cultura donde esta imagen corporal cobra gran importancia en las
relaciones sociales:
“… da igual si estoy gordita o delgada, más allí notaba que las mujeres que
eran las más bellas eran mejor tratadas en todos los sitios y aquí es igual que
en Brasil, aunque no tengas un patrón de belleza si estás maquillada, el pelo,
todo se valora más” (M, 45/ Brasil)
En cuanto al ideal estético femenino, podemos encontrar diferencias entre
ambas culturas así como también entre estas y los patrones imperantes en la
sociedad española. Por ejemplo, las mujeres marroquíes resaltan la todavía
actual asociación de la delgadez en Marruecos con la enfermedad, la falta de
salud, o como Fátima? MERNISSI describe en su libro El harén en Occidente
(2001), la delgadez se asocia a una vida cargada de problemas y
preocupaciones mientras que “estar rellenita es señal de que la mujer ha
251
logrado controlar su destino” (MERNISSI, 2001: 46). Una de nuestras
informantes nos explica como además la gordura es necesaria para poder
lucir los vestidos tradicionales:
“… Una persona tan pequeñita como yo no la he visto en mi época cuando era
niña, entonces la gente hacia lo imposible para quedarse gordos, para comer
aquello, y dicen: ‘Ay que maja con ese vestido, que gorda, ay le sienta muy
bien’” (M, 43/ Marruecos)
Sin embargo, este modelo o creencia parece estar cambiando en el
Marruecos contemporáneo - donde llegan influencias sobre todo de Francia y
España - aunque sólo en zonas urbanas, mientras que en las áreas rurales
perduran las creencias tradicionales:
“…Ahora cuando he ido hace dos años todos querían ser delgados, en
Marruecos, la cosa de la época y antes tener los ojos tan negros era bonito y
ahora ponen lentillas para tener los ojos claros” (M, 43/ Marruecos).
“Les marroquines volen ser més gordes. Molta gent quan a l’estiu vaig allà i
me veu prima me diuen: ai, que t’has aprimat un munt... Hi ha molta més
gent que li dona més importància i que quan et veu prima et veu com a
malalta, com si no mengessis, com a seca i...quan estás gordeta te veuen
millor” (M, 16/ Marruecos)
En todo caso, las mujeres marroquíes entrevistadas para este trabajo y que
llevan viviendo ya algunos años en España, han incorporado el ideal de
delgadez imperante y, como se ha mencionado anteriormente, todas ellas han
hecho dietas para adelgazar o para mantenerse en un peso ideal. Una de ellas,
quien a pesar de estar delgada le gustaría seguir adelgazando un poco más,
relaciona la figura delgada con la elegancia o, dicho de otra manera, con la
distinción social:
“... El “glamour” ¿cómo se dice? La elegancia, entonces una persona elegante
cuando se siente a ella misma muy bien, entonces cuando veo un vestido, una
cosa que me gusta digo: “Ay madre mía” y porque no me veo bien, no pongo.
Pero cuando me pongo y me veo bien, eso es elegancia para poder aprovechar
las cosas que tenía antes y…” (M, 43/ Marruecos)
En el caso de Brasil, muy similar al caso español, el cuerpo voluminoso y
de estómago prominente ha sido durante mucho tiempo considerado como
una cualidad física. Sin embargo, y aunque esta creencia está aún presente
entre amplios sectores de la población, a partir de la década de 1950 la moda
de la delgadez tiene una rápida expansión en el país y pronto se identifica
como signo de modernidad, confort, higiene y salud (BERNUZZI, 2003). Las
prácticas sobre el cuerpo generalizadas entre las mujeres brasileñas son reflejo
de una evolución ocurrida en los países occidentales por la que la belleza ha
pasado de ser considerado un don divino a convertirse en el producto de un
252
trabajo diario sobre el cuerpo. No obstante, y a pesar de estas similitudes con
el caso español, las mujeres brasileñas entrevistadas han coincidido en
resaltar algunas diferencias en el ideal estético femenino entre las mujeres
brasileñas y las españolas, y que corresponden, según ellas, a los ideales que
tienen los hombres. Una de ellas nos cuenta como se ha adaptado a esta
diferente valoración cuidando más esa parte del cuerpo a la que antes no
prestaba tanta atención.
“Por ejemplo, en mi país una cosa que se valora mucho es el culo de las
mujeres, el boom-boom, es lo primero que un hombre mira de una mujer.
Muchas veces un chico que está mirando para la cara de una chica en un bar y
espera que la chica vaya al lavabo o a algún sitio para mirar por detrás porque
la valoran de esta manera […] Y aquí, por ejemplo, sabemos que los senos de la
mujer son hipervalorados y muchas veces en Brasil sales enseñando pero la
gente no mira, aquí atribuye otro valor ¿no? Entonces aquí está parte del
cuerpo la tengo no sé, más cuidada y antes no, antes no” (M, 33/ Brasil).
“El patrón de belleza de aquí es diferente de Brasil, porque, bueno no tengo
una opinión muy formada en esto, pero pienso que las mujeres más valoradas
son las más altas, más delgadas, además tienen pechos más altos y culos más
estrechos, las brasileñas son como yo, yo soy una típica brasileña […] son
mujeres así, menos pecho, más culo, más caderas” (M, 45/ Brasil)
En cuanto al tema de la alimentación, nos hemos encontrado con
diferencias importantes en relación a los saberes culinarios de ambos grupos
de mujeres. Mientras que las marroquíes suelen tener amplios conocimientos
de cocina y la mujer suele ocupar el rol tradicional de cocinera en el hogar, las
brasileñas, todas ellas pertenecientes a la clase media, confiesan no tener
ningún conocimiento al respecto ya que siempre han contado en casa con una
empleada para realizar esta tarea. Se trata por tanto de una característica
social y cultural de la clase media brasileña, cuya tradición ha sido la de
contar con personal de servicios en casa. Esta situación, añadida al contacto
con una nueva alimentación derivada del cambio de país –y continente-, ha
llevado a las mujeres brasileñas a cambiar drásticamente sus patrones
alimentarios.
“Mi patrón en cinco meses ha cambiado totalmente porque en Brasil las
personas de nuestro nivel son completamente inútiles en Latinoamérica,
pienso que no sólo en Brasil, entonces nunca he cocinado en toda mi vida,
nunca, nunca, nunca, porque siempre tuve cocinera en casa” “A mi no me
gusta nada frito, aquí estoy comiendo frito porque sólo tengo microondas y
fogón con dos fuegos y no tengo como hacerlo” (M, 45/ Brasil)
“Si estuviera en Brasil desde luego sería más a la plancha y mucho zumo con
los alimentos. Sería pollo, zumo de naranja, horno y entonces libera su grasita
y tal y no necesitas de aceite ni nada. Pero aquí como los alimentos son
congelados…” “Tu vas a comprar y eres tu quien lo hace. En nuestro país,
253
como somos de clase media tenemos una persona que lo hace, entonces es una
dinámica distinta.” (M, 33/ Brasil)
“… como no se cocinar como bastante comida congelada” (M, 57/ Brasil).
A pesar de este cambio en su alimentación, se percibe en estas mujeres la
incorporación de lo que BERNUZZI DE SANT’ANNA (2003) denomina “otra
forma de comer”, un fenómeno establecido en la sociedad brasileña y que
acompaña al auge de la práctica deportiva y al uso de la cirugía estética como
prácticas modernas dirigidas a alcanzar una belleza para la que la mera
utilización de cosméticos ha pasado a ser insuficiente. Se trata de una nueva
pedagogía alimentaria en la que se mezclan conocimientos procedentes de la
ciencia médica, los intereses de la industria alimentaria y los saberes
populares. Este proceso, que ha sido generalizado en el mundo occidental, lo
encontramos reflejado en las respuestas de las entrevistadas quienes ponen
énfasis en el consumo de alimentos naturales y sanos - como los productos
bioecológicos o libres de grasas - que se relacionan con una “salud”
íntimamente ligada al concepto de delgadez.
“Evito lo máximo que puedo los químicos porque siempre busco en la etiqueta
producto natural […] entonces yo…siempre evito las cosas químicas y
normalmente pues tratamientos homeopáticos y…bueno naturales, legumbres,
verduras y…” “Tés y esas cosas lo más natural que pueda” (M, 57/ Brasil)
“Sí, yo siempre he buscado, arroz integral me encanta pero en Brasil comía
más. Había por todos lados” (M, 33/ Brasil)
“Entonces estoy siempre comiendo inclusive aquí arroz, legumbres, verdura y
lechuga, ensalada” (M, 45/ Brasil)
A diferencia de las brasileñas, las mujeres marroquíes sí que cuentan con
conocimientos culinarios y continúan elaborando los platos tradicionales de
su país a la vez que introducen otros nuevos, debido, entre otros factores, a la
adaptación a un nuevo ritmo de vida - marcado principalmente por el trabajo
extra-doméstico - en el que estas tareas no pueden ocupar la misma cantidad
de tiempo que antes.
“De todo, de todo pero en general las hacemos con tocino, tocino, es igual que
el tocino, pero en general esto, ¿no? Luego tenemos algunas cosas depende de
que día, de los invitados, de las fiestas, de las ceremonias, allí cada cosa tiene
su comida, pero nosotros aquí como yo estoy trabajando vengo y lo que yo
puedo hacer, no tengo preferencia, si yo tengo tiempo cocino, ¿no? y sino a la
plancha y sino hervida, no tenemos preferencia y tampoco tenemos
programado, tal día cocido, tal día…no, lo que podemos hacer” “Al vapor muy
pocas veces, al vapor solamente hacemos el cous-cous” (M, 43/ Marruecos)
254
“Bueno, nosotros tenemos una comida diferente que aquí, ¿sabes? Nosotros,
mi madre hace una comida de, no se como se llama, de olla” (M, 26/
Marruecos)
“O sartén también, y ella va cambiando ¿sabes? Un día pescado, otro día
carne, un día a la semana o dos semanas cous-cous, bueno la comida de
nuestro país, sabes” (M, 26/ Marruecos)
“A veces le digo a mi madre que me preparé platos de Marruecos” (M, 12/
Marruecos)
“Pues ma mare molt molt molt fa lo que son patates, en caldo i en carn:
pollastre i de tot...i a mi m’agraden” (M, 16/ Marruecos)
La vivencia de la religión en Marruecos, como en otros países
musulmanes, invade más espacios que el del culto y la creencia. El Islam
confiere no solo una identidad religiosa sino una identidad cultural
precisamente porque penetra en todos o casi todos los órdenes de la vida
cotidiana y la relación social (RAMÍREZ, 1996). En las diferentes festividades y
ceremonias de carácter religioso - relacionadas directamente con la identidad
grupal - la comida, como decía una de nuestras informantes, constituye un
elemento fundamental de la celebración. Se suelen elaborar diferentes platos
tradicionales en función del rito o festividad religiosa correspondiente. Estas
tradiciones se siguen manteniendo una vez en España, en la medida en que
pueden contar con las condiciones necesarias para ello.
“Es que en mi casa hacemos una fiesta del cordero” (M, 12/ Marruecos)
“... que fan per lo Ramadà? Pues fan aquella espècie de pa que fa ma mare...que
és més com a fil, ¿saps? pa prim i sopa.” “És com un pa així redó però és més
primet i ho fiques al foc i quan surt del foc i ja està cuit pues amb les mans ho
aplastes i la costum és ficar-ho en un plat, ficar-hi mantega al mig i mel pel
costats del pa. Es la costum, ¿saps? és la religió, la cultura, que durant este
mes del Ramadà pues ho fan (M, 16/ Marruecos)
El Islam, como otras religiones, impone ciertas prescripciones alimenticias
y su incumplimiento conlleva una trasgresión de la norma. Estas
prescripciones son más difíciles de seguir en una cultura diferente donde
estas normas no se aplican a la mayoría de la población, y su trasgresión se
convierte, en algunas ocasiones, en el secreto mejor guardado. Es el caso de
una de nuestras informantes que confiesa haber comido en un par de
ocasiones, un alimento “prohibido”, como es la carne de cerdo.
“Bueno… sí, lo he probado, pero mi padre… mi padre no me deja que lo
coma…, si se entera que lo he comido… uf!!” (M, 12/ Marruecos)
255
A pesar de que los movimientos feministas en poblaciones musulmanas en los que la mujer participa activamente en la formación de nuevos discursos
sobre la mujer – han cobrado una especial relevancia a partir de los años 80
(ABU-LUGHOD, 2002), en Marruecos la diferenciación de los roles tradicionales
de género está basada en preceptos de profundo carácter religioso que los
hacía, y los hace aún, prácticamente incuestionables para la gran parte de la
población. La segregación de los espacios públicos y privados es un buen
ejemplo de ello, quedando la mujer excluida de cualquier espacio público y
dándose una dependencia absoluta de ésta respecto a lo masculino. Lo retrata
muy bien una de las mujeres entrevistadas cuando cuenta que el hombre ha
sido tradicionalmente el encargado de hacer la compra, a pesar de tratarse de
una tarea doméstica, ya que el acto se lleva a cabo en un espacio público:
“… ahora vas al supermercado y está lleno de mujeres, antes ni una mujer.
Ahora ha cambiado todo” (M, 43/ Marruecos)
Sin embargo, y como bien cuenta nuestra informante, esta dinámica está
empezando a cambiar al menos en las ciudades, donde emergen los mismos
problemas que ya relataban las mujeres autóctonas, la sobrecarga de trabajo
en la mujer que tiene que atender al trabajo dentro y fuera de casa.
“… la mujer siempre en la casa pero ahora sale a trabajar fuera y en la casa
también y su papel tanto antes como ahora, la casa, los niños y la compra, la
compra ahora, antes no hacía la compra, ahora la compra, estas tres cosas, la
casa, los niños, la compra y el trabajo fuera que son cuatro cosas se encarga de
todo” (M, 43/ Marruecos)
No obstante, existen marcadas diferencias entre las zonas urbanas y las
rurales, donde aún se mantienen casi intactas las divisiones tradicionales de
roles.
“Hay pueblos que la mujer no puede salir de su casa pero hay ciudades donde
salen…hay pueblos que las niñas no van a la escuela se quedan en las tareas de
la casa…” (M, 43/ Marruecos)
“Hay mucha diferencia entre pueblos y ciudades” (M, 43/ Marruecos)
Una de las informantes procede de un pueblo situado a más de una hora
de camino de la ciudad más cercana, como ella misma dice “yo soy del campo”.
Cuenta las desigualdades por cuestiones de género existentes entre los
miembros de la familia y que son mantenidas en el nuevo país, a pesar de
llevar viviendo aquí más de siete años. Aunque más adelante amplía sus
argumentos, en un principio sus justificaciones giran en torno a razones de
carácter únicamente religioso.
“…ellos tienen derecho a vivir solos, salen por la noche… y nosotras no”
256
“…esas cosas las hacemos nosotros por nuestra religión, no es porque no soy
hombre o no soy....Nuestra religión no lo permite, sabes, la mujer que salga así
por la noche de fiesta sola, tiene que ser con su marido, con padre...”
(M, 26/ Marruecos)
Ninguna de las mujeres marroquíes entrevistadas viven en pareja y
solamente una de ellas tiene hijos. Esta última actúa como cabeza de familia
además de desempeñar las labores domésticas con ayuda de un familiar.
Tanto sus ideas como las de las más jóvenes reflejan un nivel de adaptación
hacia un modelo más abierto y flexible, en el que la mujer es libre de trabajar
fuera de casa y en el que la carga de trabajo doméstico sea compartida. Existe,
por tanto, esta toma de conciencia en las inmigradas aunque, como ellas
mismas relatan, no ocurre en todos los casos, algo que puede estar
relacionado con otros factores como la procedencia urbana o rural, o la clase
social, entre otros.
“No hi ha diferències entre un home i una dona per treballar, però més cap allà
baix, més cap al Marroc jo si que veig diferències. Moltes dones les veig joves,
jo que sé: 25, 26 anys i a què es dediquen? Ama de casa, ama de casa...totes! i
hi ha molta diferència perquè molts homes diuen: tu ets més de casa i allà si
que ho veig això. Aquí, per mi que tot ho podem fer els dos” (M, 16/
Marruecos)
“Una rabia me fot això quan ho sent! Que te diuen: Tu a la cuina, vale? que
naltres a treballar fora i tu a la cuina!- a molta gent dels marroquins estos de
fora ho he sentit jo aixòs...i me fa una ràbia”(M, 16/ Marruecos)
Mientras que en Marruecos cultura y religión son indivisibles y
determinan en gran parte cuales son los roles asignados a hombres y mujeres,
en Brasil encontramos un panorama diferente. Las opiniones de nuestras
informantes brasileñas han sido algo más diversas respecto a estas cuestiones
y, aunque retratan un país con una cultura impregnada de machismo, éste se
hace más visible en otras esferas sociales diferentes de aquellas que tienen que
ver con el ámbito doméstico. Este hecho está relacionado con la figura de la
empleada de hogar que resuelve comúnmente estas tareas desempeñadas
mayormente por mujeres.
“En mi país a lo mejor porque formo parte de una clase media tenemos como te
dije una asistenta y entonces otorgan a esta persona que haga las faenas que
hace una mujer normalita y corriente. De comprar, de la organización de la
casa, de coger los niños en la escuela…entonces allí tenemos una persona que
hace esto, entonces la mujer no…” (M, 33/ Brasil)
La pertenencia a la clase media de la totalidad de nuestras entrevistadas
nos desvela un panorama que si bien representa a una parte de la población
femenina, no es extensible a toda ella.
257
“Soy una mujer que fui educada y me siento diferente de la mayoría de las
mujeres brasileñas, porque desde que fui criada estudié, trabajé, te haces
independiente y después si quieres encuentras un compañero y fue esto lo que
hice. Entonces para mí los papeles debían ser iguales, lo que pasa es que en
Latinoamérica esto es muy difícil porque las madres educan a los hijos para
que las mujeres les sirvan” (M, 45/ Brasil)
La cultura machista ha estado y sigue estando presente aunque, al igual
que en Marruecos, sus historias retratan un proceso de transición y de cambio
hacia unos modelos de género menos rígidos:
“Es que en Brasil es muy machista […] hay una generación a lo mejor que era
diferente, mi madre…mi abuela sobre todo, que hasta hoy repite que una mujer
sin un hombre no es nada, que si una mujer no está casada como puede
presentarse” (M, 33/ Brasil)
Aunque algunas creen que no existen diferencias entre Brasil y España,
otras, como ya hacían las marroquíes, reconocen que aquí la mujer se
encuentra en un estadio más avanzado en el camino hacia la igualdad de
género.
“Yo creo que aquí hay menos machismo, no se si por la necesidad económica,
por…la evolución misma pero en la época de la guerra, de la Guerra Civil, el
machismo estaba…si escuchas a los mayores de aquí es muy parecido con
Brasil y entonces yo veo que con la evolución en España, la mujer salir,
empujada para salir por la guerra, por todo eso, por el cambio, por el desarrollo
del golpe industrial tenía necesidad de mano de obra y entonces la mujer sale”
(M, 33/ Brasil)
Encontramos, pues, diferencias significativas en cuanto a la percepción
del cuerpo entre los tres grupos de mujeres estudiados - y concretamente
entre los dos grupos de inmigrantes -, una percepción que las hace establecer
diferentes grados de preocupación sobre su imagen corporal. Como podemos
deducir de las entrevistas analizadas, las mujeres brasileñas tienen una
percepción del cuerpo más sensual, utilizándolo como un objeto a exhibir, y
los cuidados que ejercen sobre él son más numerosos y variados que los de las
marroquíes (dietas, ejercicio físico, maquillaje, cirugía, alimentación
“ecológica”, etc). Este, entre otros factores, puede explicar las altas tasas de
prevalencia de TCA – comparables a las de países como EEUU - entre
poblaciones latinoamericanas, entre las que sobresale el caso de Argentina y
Brasil. Por otra parte, la experiencia de migración unida a sus escasas
habilidades culinarias, debido a un patrón social específico, suponen una
ruptura con sus prácticas alimentarias anteriores - al igual que sucedía con las
actuales generaciones de jóvenes - pudiendo favorecer en algunos casos
procesos de desestructuración alimentaria. Por su parte, las mujeres
marroquíes tienen una concepción del cuerpo más íntima, derivada de una
cultura con marcados matices religiosos que ha convertido el cuerpo
258
femenino en un bien a salvaguardar y ocultar en contraposición a su uso, en
otras culturas, como objeto de exhibición, conllevando un marcado carácter
sexual. Sin embargo, estos son los elementos culturales de fondo que están
siendo rápidamente suplantados por la incorporación del modelo estético
occidental. ¿Incrementará simultáneamente este hecho las tasas de
prevalencia de TCA entre estas poblaciones? Si no determinante, se trata de
un factor importante a tener en cuenta. Además, todas estas percepciones y
prácticas han de ser contextualizadas en las posiciones diferenciales que
ocupan las mujeres en la sociedad global y, en concreto, en las sociedades
estudiadas tal y como ellas han expresado específicamente respecto al ámbito
doméstico y laboral.
4.
CONCLUSIONES Y PROSPECTIVA
4.1 CONCLUSIONES
“Pensar que la única explicación de una enfermedad es que tiene un gran
número de causas es precisamente lo que caracteriza a las enfermedades cuyas
causas no se comprenden. Y son estas enfermedades, de causas supuestamente
múltiples (o sea, enfermedades misteriosas) las que más posibilidades ofrecen
como metáforas de lo que se considera moral o socialmente malo” (Susan
SONTAG: La enfermedad y sus metáforas)
Una aproximación antropológica en torno a los TCA
Con estas palabras de Susan SONTAG (1990) concluimos nuestro estudio.
Nuestro objetivo principal ha sido construir otra mirada sobre los
denominados trastornos del comportamiento alimentario y hacer aparecer
aspectos desapercibidos por otras miradas. Su estudio ha llenado, y sigue
llenando, miles de páginas pero, a pesar de ello, son enfermedades que
todavía no se comprenden bien. Quizá una parte de esta incomprensión
proceda de la misma construcción del concepto de eating disorders – un
término traducido al español como trastornos de la conducta alimentaria - y que
259
revela la exclusiva conceptualización clínica de conductas que, por su
alejamiento de los estándares alimentarios socialmente aceptables, se
identifican como desordenadas, confusas, poco normales y por tanto,
patológicas. Hemos criticado el uso antropológico de la etiqueta “TCA”
puesto que reproduce la clasificación psiquiátrica y la praxis médica.
Confesamos que hemos mantenido la etiqueta por razones de pragmatismo
lector, pero probablemente deberíamos haberla citado siempre entrecomillada
porque creemos que es una construcción tan cultural como la de “primitivo”
o “salvaje” y cuyo tratamiento en un texto como este debería recordar al lector
ese aspecto. Hemos optado por utilizarla para, en la medida de lo posible,
destacar y no dejar silenciadas la presencia e imposición de unos diagnósticos
que tienen efectos reales en la población. No significa que asumamos
acríticamente las nosologías psiquiátricas con independecia del contexto
histórico-cultural en que se producen, sino todo lo contrario.
Las metáforas construidas en torno a esas conductas hacen referencia,
precisamente, a lo que se hoy se considera social o moralmente malo: el
cuerpo como prisión, la vida como un menú, el ayuno como autocastigo, la
gordura como epidemia… La modernidad, como se encargaron de demostrar
CASTEL; CASTEL Y NOVELL (1979) tiende a ampliar cada vez más el espectro de
conductas que resulta funcional considerar patológicas. En ello confluyen
intereses políticos cuyos orígenes estuvieron en la base de la propia
constitución de la psiquiatría como disciplina, que se reforzaron con la
accesión de los psiquiatras – especialmente de los que además tenían
formación antropológica como Lombroso -, a la condición de intelectuales
orgánicos durante el s. XIX al ofrecer las teorías regeneracionistas y los
paradigmas clínicos positivistas como instrumentos para caracterizar las
conductas al margen de la norma moral. Finalmente, en el contexto de la
transición entre la modernidad y la post-modernidad, en la medida que el
proceso de globalización tiende a multiplicar exponencialmente las formas de
hibridación cultural, el mundo del “psi” dispone de un inmenso mercado
para su promoción económica y corporativa. Por eso como ya señalara hace
un cuarto de siglo Susan Sontag, cualquier forma de desviación social puede
ser considerada como patológica y, cualquier patología puede ser enfocada
psicológicamente, incluso las que tienen una clara causalidad orgánica.
Ambas afirmaciones se complementan. Mientras que la primera pareciera
aliviar el sentimiento de culpa, la segunda lo reafirma. Las teorías
psicológicas de la enfermedad son maneras muy poderosas de culpabilizar al
paciente - la víctima -, se le explica que él o ella son los causantes de su propia
enfermedad, y se afirma que bien merecido lo tiene porque “se lo ha
buscado”. A veces, para descargarlo de más angustias, se recurre a la idea de
que la culpa es de “todos” y de “nadie” a la vez. En los TCA es muy común
que desde las instituciones públicas se tienda a responsabilizar a los sujetos
de su propio estado de salud: si comemos mucho o poco es asunto nuestro, si
lo hacemos bien o mal depende de nosotros, y si nos ponemos enfermos es
nuestra responsabilidad. En el capitalismo post-fordiano se nos hacen sentir
culpables de nuestra debilidad, de nuestra falta de resistencia a las
260
tentaciones que el propio sistema se encarga de construir y de regular y de
transformar, lo suficientemente rápido, para que no pueda haber resistencias
o críticas efectivas. La paradoja es que una vez creado el mercado, los “efectos
colaterales” del mismo nunca son presentados como tales, sino como el
producto de la debilidad y de la falta de crítica de unos consumidores a los
que se ha procurado que no estén en condiciones de asumir esa análisis crítico
ni de responder al mismo. La obesidad, la anorexia y la bulimia nerviosa son
un buen ejemplo de ello.
En la construcción clínico-médica de los TCA las afirmaciones de Sontag
se cumplen en todos los casos. Aunque se reconozca unánimemente – pero
solamente como una retórica - que una parte de la sociedad también tiene la
culpa -las mujeres y los hombres nacen y se construyen socialmente en
contextos particulares- esta culpabilidad se acaba evaporando para fijarse,
insistentemente, en las trayectorias personales (sobre todo, en los hechos
cometidos por las personas) y en su responsabilidad ante la enfermedad: al
fin y al cabo, si no todas las mujeres ni todos los hombres padecen trastornos
alimentarios por algo será. Transportar a la sociedad lo que es, probablemente
un proceso que deriva del despliegue de la industria alimentaria y cosmética
post-fordiana y del desplazamiento, en los países occidentales de las
estrategias a largo plazo del propio capitalismo, no deja de ser un argumento
falaz en la medida que la sociedad se halla muy a menudo indefensa ante el
rapidísimo despliegue de estrategias de mercado muy sofisticadas en las que
no solamente se vende el producto sino un conjunto de servicios que a él van
asociados. Desplazar el acento –retóricamente-, sobre la sociedad desplaza
sobre el Estado la responsabilidad de asumir los efectos colaterales del
sistema. Si en 1820 los efectos colaterales del capitalismo tenían que ver con la
insalubridad, las enfermedades infecto-contagiosas, las enfermedades
laborales o los accidentes de trabajo, el capitalismo post-fordiano tiene como
efectos colaterales la patología del consumo de bienes y servicios en constante
evolución y transformación. A cambio, el sistema permite poner en marcha
dispositivos asistenciales, preventivos y terapéuticos, que tienen como objeto,
principalmente, discernir los factores de “riesgo” y atender a los “grupos de
riesgo” e individualizar, homogenizar y aislar las causas de quienes padecen
la enfermedad o “podrían” padecerla. De este modo surge una economía de
servicios personales unas veces inserta en el mercado puramente privado, u
otras, como en los países con estado del bienestar, en manos de la regulación
el Estado. En estos contextos, los discursos de psiquiatras, psicólogos y en
general de los profesionales del “psi” deben formularse de modo
aparentemente neutral o impermeables a los juicios morales y a los valores
culturales (MARTÍNEZ, 2000: 207), con lo cual no solo exculpan a los cambios
económico-políticos de cualquier atisbo de causalidad, sino que ignoran a
menudo los cambios en el tiempo de la producción de representaciones en
relación al el género, el cuerpo o la comida. En la anorexia nerviosa, el perfil
que se construye de las enfermas, mujeres principalmente, ha sido bien
variopinto: religiosas, brujas, embacaudoras, locas, jóvenes burguesas,
adolescentes brillantes y, ahora, cada vez más mujeres de todas las edades, de
261
todas las clases sociales, de todas las ideologías (incluyendo las seguidoras de
dietas vegetarianas o naturistas) e incluso de diferentes grupos étnicos.
“Curarse en salud”: la construcción de los riesgos alimentarios
Las maneras de comer actuales se han problematizado, en tanto que son
objeto de inquietudes económicas, sociales o sanitarias (demasiadas grasas o
azúcares, desestructuración hábitos, disminución relativa del gasto en
comida…): ¡las personas de las sociedades modernas no saben comer, son
enfermos de la abundancia y de la civilización!. Ahora bien, ¿es cierto que no
sabemos comer? ¿Es verdad que la alimentación de las mujeres y adolescentes
está más desestructurada que la de otros colectivos? o ¿es más cierto que no se
dan las condiciones sociales, económicas que nos permitan “comer bien”
según lo que “hoy” se entiende por comer bien? Es sorprendente que aún
teniendo en los mercados más alimentos que nunca, disponiendo de más
fuentes informativas que nunca, teniendo un nivel adquisitivo medio más
elevado que nunca, estando más preocupados por nuestra salud que nunca, la
gente no sepa adoptar las decisiones alimentarias adecuadas. ¿Qué está
ocurriendo?
Quizá suceda que la frontera entre lo que se considera normal y lo
patológico se haya ido desvirtuando, de tal forma que cada vez más prácticas
alimentarias y corporales se consideren de “riesgo” para la salud psíquica y
física porque han sido medicalizadas. La teoría cultural de DOUGLAS &
WILDAVSKY (1983) y sus posteriores reformulaciones (BELLABY 1990,
BOLTANSKI & THÉVENOT, 1991) parecen dar luz, enfatizando cómo y por qué
determinados fenómenos son susceptibles de problematizarse frente a otros que
no lo son. Todos los conceptos socio-antropológicos que se han dado sobre el
riesgo en las dos últimas décadas comparten una misma y principal idea: el
riesgo es una construcción social. De tal forma que lo que unas sociedades
consideran objeto de temor e incertidumbre, para no otras no lo es. Significa
que los seres humanos no perciben el mundo a través de ojos prístinos, sino a
través de percepciones filtradas por significados culturales y sociales.
Aprehendemos el riesgo dependiendo de nuestro sistema de valores y creencias
y de nuestra posición social y personal en el seno de una sociedad dada. Estos
valores -variables en el tiempo, limitados- están organizados en sistemas
complejos adquiridos por la socialización o la aculturación, y determinan si
finalmente un comportamiento o un objeto es preferible o no respecto a otro
(“comer mucho, comer poco”; “hacer ejercicio físico o no hacer”). Cada
cultura dispone de "riesgos buenos" que conviene correr y de "riesgos malos"
que hay que evitar y es oportuno insistir en otra cuestión. Con frecuencia, los
valores asociados a determinados riesgos representan juicios morales
implícitos aunque enmascarados por el discurso de lo objetivo y de los datos
cuantitativos: fumar, beber, tener relaciones sexuales o conducir pueden ser
conductas arriesgadas dependiendo de nuestro propio comportamiento
262
("bueno" o "malo"). Es así como parte de responsabilidad y culpa de un
posible daño se traslada al individuo. Se aprecia en los discursos médicos y de
salud pública que exhortan a las personas a conformar "dietas" que eviten
riesgo o enfermedades, a auto-controlarse. Las ideas sobre el riesgo en
relación con el cuerpo y comida no son representadas de igual modo en un
mismo grupo social, pueden variar en función del género, la edad, la clase o
la profesión. Tampoco todas tienen que ver sólo con la salud y la enfermedad.
Puede haber personas para quienes el riesgo de engordar no consista en
contraer una obesidad mórbida, sino en dejar de tener un cuerpo socialmente
aceptable: el peligro, en este caso, sería dejar de estar delgado, no “estar
enfermo”.
A nuestro entender, aquello que hace “incomprensible” a los TCA y,
consecuentemente las convierte en objeto de difícil abordaje y resolución se
circunscribe a tres cuestiones principales. En primer lugar, la rigidez y la
relativa distancia con que se han ido catalogando sus signos y síntomas y
definiendo sus criterios diagnósticos; en segundo lugar, la peculiar aceptación
de su carácter multicausal y, finalmente, el desplazamiento de los factores
culturales a un segundo término en la discusión sobre su etiología. La
anorexia nerviosa, primero, y la bulimia nerviosa más tarde, aparecen como
enfermedades mentales cuando la medicina y la psiquiatría se esfuerzan por
definir clínicamente los síntomas de “dejar de comer”, ”pérdida de apetito”,
“comer en exceso” o “apetito desmesurado” y de crear, en base a ellos, nuevas
categorías nosológicas. Por otro lado, lo vimos en nuestro estudio preliminar
y seguimos manteniéndolo en éste, en tanto que se asume un carácter
multicausal en la aparición de los síntomas se ampara incertidumbres y dudas
sobre su verdadera etiología –de hecho, se acepta un relativo “no-saber”- y,
en consecuencia, la multiplicidad de propuestas de intervención, dispares y a
menudo contradictorias, que llevan a pacientes y sus familiares a iniciarse en
un largo y sinuoso recorrido por la red de atención sanitaria pública y
privada, en la cual se sabe cuando se empieza pero no cuando ni donde se
acaba. Y los hace “incomprensibles”, parcialmente abordables y poco
solucionables la circunstancia de que, considerándose enfermedades
multifactoriales, todos los factores no sean abordados del mismo modo ni con
la misma intensidad.
Es más, si hasta ahora la mayoría de manuales consultados apoyaba una
intervención triádica de carácter bio-psico-social, según las recientes posturas
adoptadas por la psiquiatría hegemónica en reuniones científicas y congresos
internacionales, lo social y lo cultural - y también lo económico-político -,
parecen querer borrarse de la investigación en TCA en favor de lo biológico y
lo psicológico. El objetivo es ofrecer diagnósticos basados en las
manifestaciones clínicas. La investigación, según este modelo, ha de dirigirse
a conocer mejor las causas genéticas que predisponen a los sujetos a enfermar
y/o a perfeccionar los métodos de detección, medición o evaluación
biopsicológica, es decir, la batería de tests y cuestionarios psicométricos y
antropométricos capaces de cuantificar el tipo, el grado y la intensidad del
263
cuadro clínico: distorsión de la imagen, insatisfacción corporal, obsesión por
el peso, miedo a engordar, ansiedad ante la comida, IMC, etcétera. Porque
efectivamente, y a pesar de las críticas apuntadas en esta memoria a las
limitaciones subyacentes a considerar la lipofobia como primer síntoma, se
sigue manteniendo la pérdida de peso voluntaria y la distorsión de la imagen
como los principales criterios diagnósticos y una buena parte de la praxis
clínica está orientada para demostrarlo: las mujeres presentan más riesgos que
los hombres porque reciben (y son más sensibles a) las presiones sociales y
porque, también, son más vulnerables a las alteraciones nutricionales. Ahora
bien, suponiendo que eso fuera así, ¿no hay una estrecha relación entre las
alteraciones nutricionales provocadas por el dejar de comer o el comer mucho
y esas mayores presiones sociales que pretenden convertir sus cuerpos en
mercancía y, por tanto, en objeto de consumo?. ¿Cómo tratar un aspecto sin
tratar el otro?.
En estos esquemas, donde lo más relevante es presentar categorías
descriptivas (lista de síntomas, taxonomías discretas) y lo menos establecer
hipótesis causales o de tratamiento, la cultura es como la china en el zapato de
los psiquiatras biomédicos y, cada vez más, de los psicólogos clínicos.
Negarla es estúpido, pero delimitar su presencia es difícil; en consecuencia,
mejor mantenerla en la periferia. Como china que es, molesta e incomoda, hay
que sacársela de encima: las ciencias biomédicas son supuestamente objetivas,
no tienen – al menos supuestamente - ideología, se guían por evidencias
empíricas, por sus instrumentos de medición y diagnósticos, y éstos no
sirven, o solo parcialmente, para “medir ni evaluar” el papel que juega la
cultura –esa entidad tan compleja y abstracta a la vez- en la aparición,
mantenimiento o incremento de los TCA, aunque a veces pueda serles útil
señalar que ciertos “estilos de vida”, no todos por supuesto, predisponen a
ciertos sujetos -con un perfil biopsicológico específico de género, edad y etniaa “sufrirlos”.
La medicalización de los TCA
Desafortunadamente, tal posicionamiento hegemónico no está ayudando a
abordar de forma resolutiva estos malestares. Por un lado, los TCA se
presentan como enfermedades mentales que no pretenden clasificar personas
o pacientes, sin embargo, el trasfondo psicológico y biológico de los síntomas
no se pueden desligar del contexto en el que han sido elaborados. Asociados
principalmente a mujeres jóvenes en las sociedades modernas, unas veces se
han explicado por su mayor dependencia personal y emocional, por su falta
de autoestima, por su incapacidad de comunicarse, por su inseguridad en sí
mismas y, otras, por su inclinación a acatar más estrictamente los dictámenes
de marketing y la moda. En ningún caso, se definen esas pacientes por sus
maneras de ser y entender la vida o por su capacidad de “usar” algo tan
significativo, y con tanto valor económico y simbólico en nuestra sociedad,
264
como el cuerpo y la comida en tanto que formas de resistencia, de
contestación o de desacato ante normas familiares, culturales y/o sanitarias.
Las experiencias de los y de las pacientes, sus narrativas emic de síntomas,
tampoco caben en este modelo. Tanto se han regulado y minimizado las
causas contextuales, que se evitan investigar, por ejemplo, los significados
personales/sociales del "dejar de comer" o “del hacerlo en exceso”. En los
protocolos epidemiológicos o en los cuestionarios no se incluye realmente la
multicausalidad de la que tanto se habla. Lo que suele hacerse es adaptar las
técnicas a los resultados (modelos preconcebidos) que se quieren encontrar,
proponiendo cuestionarios y entrevistas cuyas preguntas ya implican una
respuesta condicionada hacia el diagnóstico previamente construido.
La etnografía nos ha permitido observar que las instituciones y los
servicios asistenciales se clasifican a sí mismos, utilizando unos instrumentos
de clasificación diagnóstica y rehusando emplear otros. En el caso que nos
ocupa adoptando o no el DSM-IV o la CIE-10 como guías para clasificar las
enfermedades (descripción de síntomas y criterios diagnósticos). En la
mayoría de casos, en tanto que prima la psiquiatría biomédica, se toman como
guía. Pero nos ha parecido que a la mayoría de las instituciones no parece
preocuparles quienes son sus pacientes, sino qué actividades realizan. Las
preguntas que les suelen hacer están orientadas a averiguar que es lo que
hacen o han hecho en su vida, durante la última semana o en el día de hoy,
pero no a conocer quienes y cómo son: cuál es su forma de entender el
mundo, las relaciones sociales, sus intereses. Coincide con el hecho que para
esta psiquiatría, y a diferencia de otros enfoques como el sistémico o el
psicoanálisis, las pacientes apenas si tienen voz y sus narrativas orales y/o
escritas no son para estos terapeutas primordiales aunque, en ocasiones, las
inciten a escribir. Sus diarios son escritos para ser leídos por ellas mismas y
para que eso les sirva de ejercicio autoreflexivo y menos para ser tomados
como una herramienta interactiva en la terapia. Sin embargo, los relatos
biográficos dispuestos en los blogs de Internet muestran claramente que estas
mujeres tienen una necesidad de “hablar” con los demás, incluso con sus
propios terapeutas a los que refieren a menudo. Pero necesitan hablar fuera
del espacio institucional, comunicar experiencias y emociones que raramente
son explicadas en las sesiones terapéuticas. Nuestras informantes dicen que la
red les otorga la libertad de expresión que no tienen o sienten en las consultas.
Clasificar, clasificando o de la emergencia de nuevos trastornos
La revisión que hemos hecho de la literatura psiquiátrica y psicológico-clínica
ha sido exhaustiva. Las referencias sobre anorexia nerviosa (AN), bulimia
(BN) y trastornos de la conducta alimentaria no especificados (TCANE) han
aumentado de forma vertiginosa en la última década. Sin embargo, hemos
localizado pocos trabajos científicos sobre “nuevos trastornos”, como la
ortorexia o la vigorexia que “circulan por ahí” aunque con apenas estudios
265
epidemiológicos que los sustenten. Quizás porque aun no hayan sido
clasificados como trastorno ni exista unanimidad en sus criterios diagnósticos.
Se convierten así en “desórdenes” alimentarios sin especificar que engrosan el
“cajón de sastre” de los TCANE: vigorexia, síndrome del comedor selectivo,
síndrome del gourmet, “obesidad con atracones”, síndrome del comedor
nocturno, síndrome del relleno… La incidencia esperada en Cataluña para el
2005, según una estimación hecha por PÉREZ MANUEL (2004), supone que más
de 19.000 jóvenes entre 12 y 24 años presentarán síntomas de anorexia y
bulimia nerviosa u otros asociados a los TCANE. De estos 19.000 casos, se
cree que más de 17.500 responderán a TCANE. ¿Qué explicación merece
fenómeno, entonces?. Los profesionales consultados han atribuido este
espectacular aumento de la incidencia a una mayor y más temprana detección
de estos trastornos como consecuencia de la mayor difusión de información al
respecto entre el colectivo sanitario. Sin embargo aquí nuestro interés radica
en analizar cómo define este colectivo las fronteras que delimitan lo que se
considera como una conducta alimentaria patológica y la que no.
Hemos advertido una disparidad extraordinaria de resultados,
porcentajes y cifras, tan significativa que merece una reflexión. El baile de
números referidos a la prevalencia e incidencia es sustancial, y lleva a algunos
epidemiólogos a reconocer que existen discrepancias metodológicas notables
y una falta de uniformidad de los pacientes incluidos en las distintas muestras
seleccionadas, sobre todo en el caso de los TCANE cuya definición clínica es
insuficiente. Los estudios internacionales sobre prevalencia e incidencia de
TCA en población general, y en poblaciones específicas (jóvenes y mujeres),
permite afirmar que han aumentado durante las tres últimas décadas, aunque
estudios longitudinales con una perspectiva de cincuenta años muestren un
crecimiento de las formas leves y la estabilidad de las más agudas. Un mayor
registro de casos, relacionado con el diseño y aplicación de instrumentos
específicos para su detección, el incremento de la preocupación social – los
TCA son hoy “problemas sociales” con efectos de “alarma social”- y la
cobertura mediática que reciben, han inducido la ampliación de la oferta de
servicios y tratamientos, con lo que aumenta el número de pacientes que
acceden a ellos. En algunos países, entre ellos España, las cifras parecen
estancarse en los últimos años respecto a la AN y BN, mientras que se han
disparan los TCANE. Cada vez llaman más la atención las altas prevalencias
de los llamados síndromes incompletos o atípicos, cuadros sintomáticos que no
cumplen todos y cada uno de los criterios establecidos en el DSM-IV y que no
pueden ser diagnosticados como tales.
Tal disparidad de etiquetas demuestra, una vez más, los problemas que
conlleva la tendencia, no explicitada en los DSM y en la CIE, de considerar
que cualquier “desviación social” puede ser considerada patología y entrar en
su jurisdicción. De ahí casos como el trastorno por atracón, considerado
recientemente como entidad diagnóstica independiente y como tal recogido
en el apéndice B del DSM-IV, en un apartado de nuevas categorías pendientes
de inclusión en futuras ediciones, estando vinculado a la obesidad y con
266
diversas alteraciones psicopatológicas. A diferencia de otros trastornos
alimentarios, el porcentaje de prevalencia en ambos sexos es similar, y los
estudios epidemiológicos dan a entender que hay un grupo significativo de
personas adultas que practican los atracones sin conductas de purga y que
tanto pueden ser mujeres como hombres. Nos preguntamos si la práctica tan
catalana de asociar gastronómicamente Navidad y San Esteban no puede ser
una forma étnica “avant-la-lattre” de trastorno por atracón…
Algo semejante sucede con la ortorexia nerviosa (ON), aunque tanto su
conceptualización como su distribución por géneros ofrece diversas lecturas:
algunos indican que afecta principalmente a mujeres jóvenes, apoyándose en
la desigual proporción detectada en AN y BN; otros subrayan que se presenta
tanto en hombres como en mujeres o, incluso, más en los primeros que en las
segundas. La misma lógica que sirviera para clasificar como sintomáticos el
dejar “voluntariamente” de comer o el hacerlo en exceso, ahora sirve para
considerar sintomático el comer pensando solo en la salud (alimentos
“buenos” o “no tóxicos”). Así quienes practican dietas alternativas respecto al
modelo hegemónico nutricional –macrobióticas, veganas, naturistas, etc.-,
llevadas a su extremo, también pueden convertirse en grupo de riesgo y
entrar en el retículo de los TCA.
En esta investigación indicamos que en España, los aspectos sociales
asociados a los TCA, salvo los familiares y aun no en toda la red asistencial
han estado poco o nada considerados en los procesos de abordaje y
tratamiento. Priman los enfoques de la psiquiatría biomédica centrados en el
individuo y en la terapia personal. Esta desconsideración se debe a que existe
una desconexión importante entre las diferentes aproximaciones científicas,
principalmente entre ciencias biomédicas y socio-sanitarias y, porque sólo las
primeras pretenden estar legitimadas científicamente para definir y abordar
las enfermedades y a sus pacientes. Nos hemos preguntado y hemos tratado
de demostrar, hasta que punto los profesionales sanitarios pueden, deben o
saben hacer diagnósticos sobre la realidad social y sobre su más que probable
influencia en la emergencia de estas aflicciones, hasta que punto los
diagnósticos realizados hasta la fecha sobre las causas culturales de los TCA
han sido acertados y hasta qué punto se han formulado/ofrecido soluciones
plausibles para su modificación
Las tesis culturalistas han sido utilizadas, sobre todo, para “cerrar” las
fronteras o los límites de los TCA, no sólo para ajustar unas taxonomías
aparentemente neutrales, sino sobre todo, porque delimitando los síntomas
únicamente a las sociedades modernas y occidentales se han podido perfilar
mejor los factores y grupos de riesgo. Se ha focalizado de una forma casi fácil
el origen de todos “males sociales” en torno al desmesurado culto al cuerpo
delgado. Sin embargo, estas tesis no se han utilizado para modificar las
relaciones de poder y desigualdad que en estas sociedades se producen y que,
en buena parte, podrían estar explicando la incorporación (embodiment) de
ciertas prácticas corporales y ciertos consumos alimentarios, por otro lado
267
muy generalizados en el conjunto de la población femenina. Esta es una tarea
difícil para la que el experto (psiquiatra, psicólogo, nutricionista) no está
preparado, ni en términos de competencia profesional ni posiblemente social.
Paradojas asociadas a las sociedades modernas: profusión alimentaria,
triunfo del régimen y cosificación del cuerpo
Sin embargo, referirse al “entorno” significa, nada más y nada menos, que a la
organización misma de una sociedad, es decir, a los condicionantes
económicos, culturales y políticos, en este caso, de un capitalismo de consumo
que afecta a todo y a todos: a las relaciones de género, a los valores que
priman el individualismo y el consumo, a las estructuras familiares a las
formas de entender la salud y la enfermedad, a la cosificación del cuerpo. En
este sistema, donde las mercancías se crean con independencia de las
necesidades o si quiera de las demandas, han confluido simultáneamente
fenómenos tales como la profusión alimentaria, el ideal de delgadez y el
cuerpo puberal, la estigmatización de la obesidad, la evolución de los
estereotipos de género y roles femeninos y masculinos, la prescripción médica
o facultativa de dietas restrictivas, la valoración de la actividad física, la
desestructuración de los hábitos alimentarios o la sofisticación de las
estrategias industriales (moda, cosmética, fármacos, mediáticas) para
promocionar sus mercancías. ¿Se ha dejado de lanzar al mercado nuevos
productos alimentarios, cosméticos pro-adelgazamiento, clínicas estéticas o se
han evitado las prescripciones médicas para incentivar las dietas restrictivas,
el ejercicio físico o los fármacos pudiéndose intuir, sin excesiva dificultad, su
relación con el aumento de estas aflicciones?
Estos factores son, en su totalidad, de un orden cultural muy específico:
el que se va desarrollando en los países industrializados desde principios del
siglo pasado y cuyo modelo, por otro lado, se ha ido extendiendo por todo el
mundo acompañando el fenómeno de la globalización económica y cultural
auspiciada por el sistema capitalista. El entorno, en consecuencia, podría
explicar, al menos en parte, por qué las mujeres, por qué la comida, por qué
determinadas profesiones, por qué a determinadas edades. Pero esta
causalidad cultural es más que sabida, en tanto que es el resultado de la
propia construcción biomédica de los TCA: este modelo se ha elaborado en
torno a unas ideas de género e identidad femenina históricamente
determinadas y éstas le sirven, a su vez, para mantener y reproducir sus
prácticas clínicas. Se establece así un feed-back entre las categorías nosológicas
construidas (los trastornos mentales) y la aceptación social de las
enfermedades, reforzándose mutuamente.
En consecuencia, el trabajo que se está haciendo “en y desde” esta
concepción limitada de cultura es insuficiente y, además, se está haciendo
mal. Por ejemplo, ¿por qué los TCA han aumentado o se han mantenido en
268
estas sociedades y por qué empiezan a detectarse también entre grupos
étnicos inmigrantes y en otros países supuestamente no industrializados? ¿O
acaso esta mayor detección tiene que ver con la también globalización del
enfoque biomédico occidental? La visión más amplia del “entorno” (de las
culturas) y un enfoque holista y comparativo (de las prácticas alimentarias y
corporales) nos ha permitido constatar que ciertos síntomas, como el dejar de
comer, restringir la comida o hacerlo hasta hartarse, no son sólo conductas
propias de las sociedades industrializadas, ni particularmente de las mujeres,
sino adaptativos o simbólicos, según las circunstancias.
Al igual que los autoayunos han sido promovidos durante largos
períodos de tiempo por una Iglesia que los utilizaba como instrumento para
regular económicamente el sistema en una sociedad no abundante, un
número no despreciable de mujeres renunciaron a comer durante siglos
pretendiendo con ello alcanzar la pureza espiritual. El dejar de comer ha sido
también utilizado como medio para ejercer presiones a nivel político en aras
de la consecución de ciertos derechos, siendo estas conductas denominadas
en estos contextos como “huelgas de hambre”. En cuanto a los atracones, han
sido y siguen siendo una práctica social aceptada y altamente valorada entre
muchas sociedades tribales que aún sufren la escasez de alimentos y el temor
a la hambruna, y en las cuales la talla y el peso son sinónimo de fuerza,
prosperidad y poder en el caso de los hombres, y de fertilidad y atractivo
físico en el de las mujeres.
En este estudio hemos podido constatar la detección - aunque creemos
que aún deficiente - de trastornos alimentarios entre la población inmigrada a
nuestro país, siguiendo así la tendencia de otros países industrializados. En
estos casos hemos de tener en cuenta dos contextos socioculturales diferentes
y que interactuan entre sí - el del país de origen y el de acogida - y, sobre
todo, los condicionantes que acompañan al hecho migratorio, como son la
precaria situación socioeconómica o la separación familiar prolongada que
parecen estar influyendo en la emergencia y desarrollo de estas prácticas
alimentarias.
En nuestra cultura, “comer mal” se ha relacionado con el incremento de
patologías coronarias, cerebro-vasculares y óseas, obesidad, anemia,
neoplasias, diabetes, cirrosis hepática, caries, bulimia o anorexia nerviosa.
Todas ellas constituyen las denominadas enfermedades de la sociedad de la
abundancia; patologías que no dejan de ser, entre sí, ciertamente paradójicas:
¿cómo, sino, entender el incremento de enfermedades tan extremas pero tan
cercanas como la obesidad o la anorexia nerviosa?. Si bien comer y comer en
exceso es bueno para la industria alimentaria, no parece serlo para la salud
física o mental. Todo tiene cabida en una sociedad en la que conviven miles
de productos alimentarios y miles de mensajes para evitarlos, en una sociedad
que promociona el hartazgo perpetuo junto a la delgadez más rigurosa. El
capitalismo post-fordiano vende el "mal" mediante la abundancia, la
promoción, la transformación constante y la diversificación del consumo y
269
vende "el remedio" (la restricción o el consumo de sustancias y actividades
adelgazantes). Más aún si los márgenes comerciales del “mal” suelen ser en
muchos casos mínimos por las características de las cadenas de distribución,
los márgenes comerciales del “remedio”, por el hecho de aparecer como
“remedio”, son infinitamente superiores. Tal es la presión ejercida por los
discursos dietéticos y por el marketing del cuerpo y tal es su papel en la
construcción de la imagen social, que en las últimas décadas un número de
personas cada vez más numeroso, especialmente mujeres pero no
exclusivamente, se aliena en relación con sus formas corporales por
comparación a otros cuerpos (ideales o reales), negándose a una parte
importante de la oferta del mercado con la finalidad de evitar, no incrementar
o resolver sus “problemas” de estética y de evaluación social, o, por el
contrario, consumiendo aquellos productos que le permitan “incorporar” esos
cuerpos (ejercicio, otros productos alimentarios, cirugía…).
¿Cómo reciben la población, y especialmente las mujeres, la incitación de
los poderes públicos a practicar “hábitos saludables” y a abandonar los “no
saludables” sin cuestionar prácticas nocivas distintivas o propias de la
estructuración misma de la sociedad? (HORTA, 2002) ¿Por qué se nos insta a
modificar nuestros hábitos alimentarios y no se proponen mecanismos
eficaces para reestructurar el sistema?. Recordamos los consejos que unos y
unas nutricionistas bienintencionados/as daban para llevar hábitos
alimentarios saludables en el desayuno familiar: desayunar en casa, antes de
ir a trabajar o la escuela, en no menos de 20 minutos, en compañía, comiendo
frutas, cereales y pastelería no industrial sino cocinada en casa. Como
recomendación, estupenda: como práctica, impensable. ¿Acaso las
empresas/instituciones/escuelas proporcionan algún tipo de flexibilidad
horaria a los miembros de las unidades familiares? ¿Quiénes pueden seguir
estos consejos?. Creemos que hay que reflexionar seriamente acerca de por
qué los discursos públicos hacen tanto hincapié en “los estilos de vida
saludables” y menos, o nada, en el cambio o la denuncia de un orden social
que, tal como está, favorece la desestructuración social y familiar, la
desigualdad entre las personas y, la enfermedad.
Estas ideas culpabilizadoras han sido reiteradamente expresadas en las
narrativas de nuestras informantes, sobre todo, entre las responsables de la
alimentación familiar, definiendo su relación con la comida en términos de
conflicto diario, aburrimiento o “dolor de cabeza”. Por lo tanto, si sólo se
admiten o sólo se trabajan las causas individuales de las enfermedades físicas
y/o mentales, que sin duda las hay pero no son las únicas, nunca se
encontrarán los motivos para intervenir en el entorno económico, cultural y
político que, de una forma más o menos directa, las originan. Y, en el caso de
los trastornos alimentarios, estos entornos favorecen claramente su incidencia.
(Re) Establecer la normalidad alimentaria
270
En la alimentación, el proceso de medicalización se ha construido definiendo
un modelo centrado en instaurar la “normalidad dietética” en los
comportamientos humanos ante la comida. Dicha normalidad se ha ido
concretando en torno a un patrón de evitación y restricción alimentaria (qué,
cómo y cuánto se debe o no comer) cuyos objetivos principales han sido
disciplinar y estandarizar los cuidados del cuerpo y procurar el
mantenimiento de un cierto orden social. Vale la pena apuntar que el patrón
basado en la moderación alimentaria ya era deseable entre las mujeres de las
clases altas de la época victoriana, en tanto que actuar con mesura ante la
comida constituía un símbolo de distinción social. Coincidiendo con el
reconocimiento institucional y político de la nutrición como ciencia
especializada en y prescriptora de normas alimentarias, la dieta en la mayoría de
sociedades se ha ido concibiendo como “problemática” y los discursos
nutricionales en “fábricas” de moralidad. Son problemáticas las mujeres que
comen poco, las que comen mucho, las que piensan en la comida sólo con
fines estéticos y las que la piensan exclusivamente con fines saludables.
Con la “carrera desviante” de las personas que presentan estas aflicciones
se produce un fenómeno bien particular. Si se asume que todo comienza por
un régimen, y hemos mostrado que no siempre es así, la primera fase no sería
una fase desviante porque no es una infracción a la norma sino una sumisión
a la misma muy generalizada en la población. Luego ¿qué es o quien va a
convertir esta carrera en desviante y, a medio plazo, cuando se “haga
pública”, en enfermedad? Al principio, los límites para definir la desviación o
no dependen de los escenarios sociales donde un mismo acto se ejerce. Así, no
es lo mismo encontrarte en un comedor escolar o universitario, donde una
buena parte de las chicas picotean en sus platos, que en una comida familiar
donde “comer poco” puede ser normal o en un grupo doméstico donde
“comer mucho” sea lo más habitual. Además, lo que se considera “peso
normal” desde un punto de vista biomédico, puede variar según criterios
familiares: hay chicas que pasan desapercibidas en una familia con todas las
mujeres muy delgadas, donde todos hacen deporte, danza o gimnasia rítmica
o por historias corporales de delgadez. En consecuencia, lo que se convierte
en desviada a una persona, son “sus actos” y “su intensidad”. Hacer dieta,
ejercicio o hartarse comiendo no son comportamientos desviados en sí
mismos: lo son en cuanto se consideran síntomas de disfunción mental. En
este caso, la disfunción se relaciona directamente con el compromiso de las
pacientes -la psiquiatría biomédica habla de obsesión- por mantener estas
actividades durante largo tiempo y frecuentemente. Cuando se mantiene
estamos ante una trayectoria larga de actividades “de riesgo”, que se
acompaña de pérdida de peso sustancial, de amenorrea… Entonces se
produce una definición externa de la conducta como patológica y una vez
hecho el diagnóstico, el sujeto pierde estatus de persona (pasa de normal a
anormal) y adopta el de enferma o paciente. En este recorrido, no siempre hay
aflicción o malestar, sino también convencimiento y placer. Muchas veces, las
técnicas de cuidado del cuerpo y la comida son procesos voluntarios y
reflexivos. Los regímenes son más constantes y sistemáticos, produciéndose
271
un trabajo de racionalización de las prácticas alimentarias a través de la
búsqueda de información dietética (contar calorías, nutrientes, alimentos) y
de mantenimiento. El aprendizaje de las prácticas, realización y aprendizaje
de los efectos puede ser por vía profesional (médicos, dietistas), profana (de
boca/oído, entre la red social) o literaria (medios de comunicación, manuales,
etcétera).
Ahora bien el régimen puede ser uno de los componentes de la carrera
anoréxica/bulímica, pero no necesariamente. En él hay diferentes actores o
iniciadores: los prescriptores (que acostumbran a ser profesionales), los
iniciadores (familiares, amigos) y los acompañantes (familiares, amigos).
Puede ser uno de los componentes que implica la anorexia o la bulimia
nerviosa, pero no siempre. A veces está en el inicio, otras no. A veces aparece
más adelante y en otras hay ausencia de régimen. Por eso conviene
cuestionarse la validez de los criterios diagnósticos actuales. El inicio puede
ser diverso: un régimen, “adelgazarse” (sin seguir régimen premeditado) y
luego animarse por los efectos positivos (reconocimiento social) o por
“hacerse un cuerpo”, que no es sólo físico, sino social e implica cambios
generalizados. Se trata, desde esta perspectiva, de hacerse un cuerpo (físico y
social): “la transformación de sí” a partir del cambio que se ejerce en las
prácticas cotidianas: conducta alimentaria, vestido, cuerpo/ejercicio, actitudes
en la escuela, tipo de lecturas.... Además, estos cambios en la vida cotidiana se
presentan como una decisión propia y voluntaria: “un día decidí…” nos han
dicho algunas informantes. A veces, cuando se detecta cierta premeditación
en la trayectoria, la transformación no se limita únicamente a la corpulencia,
sino que afecta las prácticas escolares, a las formas de vestir, y produce una
discontinuidad respecto a las prácticas anteriores.
Esta misma decisión de abandonar los comportamientos alimentarios
habituales se ha registrado también en el caso de nuestras informantes
vegetarianas que, sin presentar en ningún caso síntomas patológicos, sí que
siguen itinerarios alimentarios “alternativos” que les sirven para cuestionar
tanto la incoherencia de un cierto orden social (el del capitalismo de consumo)
como los fundamentos normativos y ortodoxos del patrón alimentario
hegemónico (muy afín, por otro lado, a los imperativos económicos marcados
por dicho sistema). Habitualmente, cuando se elige convertirse en
vegetariana, macrobiótica o naturista también hay un deseo de una
transformación de sí mismo a nivel personal y social, pudiendo aplicar en
todos los casos la famosa frase de Brillart-Savarin “dime lo que comes y te
diré quien eres”. La comida, pues, se presenta como un vehículo para la
construcción de la identidad.
Ahora bien, un análisis pormenorizado de las recomendaciones dietéticas
evidencia que la alimentación equilibrada se inscribe en una lógica nutricional
que pretende sustituir buena parte de los motivos simbólicos, identitarios,
económicos o hedonistas que, han condicionado históricamente las maneras
de comer en cualquier cultura y grupo social por otros exclusivamente de tipo
272
dietético. Si, bajo esta lógica, la mayor parte de la población de las sociedades
modernas no sabe comer porque es “víctima” o está “enferma” de la
abundancia y de la civilización y debe, aplicando el principio de precaución,
“aprender” a hacerlo “bien”, las personas anoréxicas –también las bulímicas,
las obesas o las ortoréxicas-, por su propio desorden alimentario, precisan, aun
más, de la intervención y vigilancia nutricional. En la actualidad prevalece en
las políticas sanitarias la tendencia a explicar los problemas de salud en
relación a determinados estilos de vida, comportamientos individuales y
dinámicas intrafamiliares. La anorexia y la bulimia nerviosa, igual que la
obesidad o la ortorexia, no escapan a esta concepción y las mujeres que
enferman por no-comer o comer poco, o por el contrario por comer
demasiado, lo hacen por miedo a engordar o por temor a caer enfermas, a
partir de la conjunción de diversos factores que se concretan en un perfil
psicológico de baja o alta autoestima, en una situación familiar problemática
(disfuncional) y en una interiorización inadecuada de los valores sociales.
En ese contexto, la delgadez extrema y la gordura también pueden llegar
a ser signos de desviación y factores de riesgo para la salud.
Consecuentemente, para acabar con estos hábitos alimentarios erróneos –
individuales y/o familiares- debe imponerse el control dietético. Desde esta
lógica, sus trayectorias de desviación suponen la pérdida o la anulación de
todas las referencias bioculturales que podrían orientar adecuadamente sus
elecciones alimentarias. De ahí que, con más motivo, requieran una reeducación (re-programación) alimentaria entendida ésta como una aplicación
estricta de la norma: aprender a comer en compañía, ni deprisa ni despacio, a
masticar pausadamente, entre 3 y 5 veces al día, en horarios definidos y en
cantidades y variedad equilibradas.
Hemos advertido hasta qué punto este modelo de intervención
nutricional que se ha ido tejiendo institucionalmente está siendo eficaz en la
resolución de dichas psicopatologías o, por el contrario, es uno de sus
principales obstáculos. Aceptando que fuera realmente así, si muchos de
nosotros no sabemos comer y, hemos de “aprender a hacerlo bien” (en
muchas sociedades sorprendería semejante propósito en algo tan básico como
el caminar o el hablar) es porque la estructura y la organización del
capitalismo post-fordiano lo impide: promoción del individualismo, falta de
tiempo para organizar la comida doméstica, pérdida generacional del
conocimientos y habilidades alimentarias entre las mujeres (la cocina diaria,
no la de fiesta, es una tarea doméstica que interesa solo a unos pocos), gran
permisividad paterna ante las preferencias de sus hijos, largas jornadas de
trabajo y de estudio, aumento de las ofertas lúdicas y deportivas,
incompatibilidad
de
horarios
familiares,
mensajes
publicitarios
asegurándonos que todos los productos están buenos y son saludables,
imágenes mediáticas/esculturales de mujeres y hombres trabajando su
cuerpo y haciendo dieta, entre otros tantos factores culturales. Así pues,
mientras la consideración de estas variables sociales continúe en la periferia
en la interpretación y compresión de estas aflicciones y éstas no sean
273
incorporadas en los programas de prevención y atención difícilmente los
trastornos de los comportamientos alimentarios, tal y como hoy están
definidos, puedan resolverse.
4.2 PROSPECTIVA
El reconocimiento del incremento de las formas atípicas de los denominados
trastornos del comportamientos alimentario, el aumento de la cronificación de
los casos, la detección de casos entre jóvenes inmigrantes, el seguimiento de
prácticas alimentarias “desestructuradas” (por defecto o exceso) entre mujeres
cada vez más jóvenes o, al contrario, mayores o la extensión de estas
aflicciones a todas las clases sociales obliga a replantearse ciertas hipótesis
vigentes de carácter biomédico e, incluso, cultural sobre la etiología y el
tratamiento de estas aflicciones. Los resultados de este estudio, orientado
desde la teoría social crítica y el constructivismo, ponen de manifiesto la
necesidad de ampliar y abrir la investigación biomédica al campo de las
ciencias sociales, tanto para ofrecer una visión contextualizada de emergencia
y evolución de TCA como categorías clínicas como para, una vez reflexionado
sobre éstas y matizado la actual caracterización de los principales factores y
grupos de riesgo, mejorar los planes de actuación que puedan potenciar, con
mayor éxito la actual atención asistencial. Si, como se viene reconociendo
científicamente, se trata de psicopatologías en las que intervienen
condicionantes de carácter bio-psico-social, que el abordaje multidisciplinar
que no vaya más allá de las disciplinas de orientación biomédica y psicológica
está limitando, sin duda alguna, su propia eficacia.
La “realidad social” y su vinculación con los TCA, tal como hemos
demostrado, requiere de propuestas integrales capaces de analizar y, si cabe,
transformar los factores culturales que condicionan ciertas prácticas
alimentarias y corporales. Por más que, en la psiquiatría hegemónica, las tesis
biologicistas estén cobrando fuerza en los últimos años, los síntomas
asociados a estas aflicciones afectan desigualmente a la salud física y mental
de la población, en gran parte, debido a la posición que mujeres y hombres
ocupan en el seno de la estructura social (familia, educación, trabajo, ocio).
Estamos en una sociedad que, de diferentes modos y con diferentes énfasis,
unas veces abiertamente y otras de forma sutil, práctica a través de sus
agentes (educadores/as, sanitarios/as, empresarios/as, informadores/as,
políticos/as) la desigualdad social entre géneros, edades y grupos étnicos.
No podemos quedarnos pasivos ante los resultados de investigaciones
epidemiológicas que, realizadas en España, apuntan como una de las causas
“sociales” más relevantes del incremento de estas psicopatologías entre las
adolescentes la circunstancia de que éstas chicas “pasen muchas horas solas
en casa” porque los dos padres trabajan, dejando entrever que la progresiva
incorporación de las mujeres al mercado laboral durante los últimos treinta
274
años está en relación directa con el aumento de la prevalencia de TCA. A
dichos estudios sólo les falta apuntar que, para acabar con estas aflicciones,
las mujeres vuelvan a ocupar sus posiciones “tradicionales” en el ámbito
doméstico. Lo más preocupante de este tipo de discursos “para-sociológicos”
es que, a menudo, están elaborados por expertas en TCA que, no sólo son
mujeres, sino también profesionales y, posiblemente, madres. ¿No se les ha
ocurrido pensar en otras causalidades sociales menos estereotipadas que las
de poner en el punto de mira a las propias mujeres?. Por ejemplo, una
explicación del aumento de la supuesta soledad de las adolescentes podría
encontrarse en el hecho de que la última reforma educativa ha favorecido que
los niños y niñas a partir de los 12 años hagan, siguiendo el itinerario
marcado por la ESO, un horario escolar más reducido y tengan más tardes
“libres” de carga lectiva. En este sentido, el decalage registrado entre los
horarios laborales y escolares es cada vez mayor y está impidiendo, sin duda,
la conciliación de la vida familiar. ¿Por qué no se apunta también como una
posible causa de la soledad de los adolescentes la flexibilización y la
precariedad del mercado de trabajo que lleva a padres y madres a tener que
adaptarse a largas jornadas laborables variables de una semana a otra?.
Además, habría que plantearse, en relación a todo esto, cómo el patrón
socializador influye también en las actividades que chicos y chicas
pueden/deben desarrollar en su tiempo de ocio o cuando están solos: si les
permite estar más en la calle (con sus iguales) o en casa (sin compañía), por
ejemplo.
Analizar este tipo de factores “culturales” y evaluar cómo la
transformación social puede estar afectando al incremento de síntomas
relacionados con los comportamientos alimentarios no es, en absoluto,
sencillo. De ahí, el interés, y la urgencia, por incorporar una visión y una
acción interdisciplinaria que incluya el trabajo de quienes, mediante su bagaje
teórico y aplicado en el análisis de la cultura, pueden aportar respuestas a los
interrogantes todavía hoy mal formulados. Hemos visto que la aparición de
algunos de los síntomas asociados a los TCA entre jóvenes inmigrantes
residentes en España está estrechamente relacionada, más que con los
criterios de lipofobia y la supuesta “occidentalización” de sus ideas y
prácticas alimentarias y corporales, con las condiciones socioeconómicas en
las viven y con el hecho de que estén sometidas a cambios culturales rápidos
que requieren, por su parte, extraordinarios esfuerzos de adaptación personal
y cultural. Estos casos específicos, que todavía no han tenido eco en la
literatura psico-médica española, podrían ayudar a entender a toda la
comunidad científica hasta que punto es pertinente y necesario un enfoque
integral en la definición y tratamiento de los TCA.
Las disciplinas biomédicas y las sociales deben establecer un espacio
común para debatir, contrastar y construir una perspectiva analítica integral
que pueda servir, verdaderamente, para avanzar en la resolución de los
diferentes síntomas que se han ido agrupando con demasiada facilidad bajo
las aparentemente categorías neutrales de los trastornos de la conducta
275
alimentaria. Estaríamos muy satisfechos si nuestro enfoque antropológico,
por definición holista y comparativo, diera cuenta del camino a seguir para
entender mejor esos malestares que, hoy por hoy, no son bien comprendidos.
Y no son comprendidos en parte porque los problemas de salud de
dimensiones sociales no son abordados de una forma global, ya que ello
requiere tomar conciencia de la trama cultural e histórica -conocerla también
“científicamente”- en la que se sustentan comportamientos alimentarios, en
apariencia, singulares y extremos y en la que son construidos unas veces
como patológicos y otras no.
Pretendiendo analizar los TCA desde esta perspectiva no deseamos, en
ningún momento, sustituir el trabajo del/ la psiquiatra, psicólogo/a o
nutricionista; al contrario, sólo llamar su atención para que reflexionen sobre
la construcción de sus categorías diagnósticas, sus tratamientos y sus efectos,
así como sobre las relaciones que tienen con el contexto cultural e histórico en
el que han sido generadas. De igual manera que en ellos se reconocen a los
“conocedores” de la psique y del cuerpo, en los antropólogos/as o
sociólogos/as se debe reconocer a los “conocedores” de la cultura y la
sociedad. Ambos elementos, “cuerpo” y “psique” interaccionan en función de
y para un contexto determinado; por tanto, del mismo modo, ambos grupos
de expertos/as deberían poner en común y articular sus conocimientos. En
este estudio sólo nos hemos propuesto, que no es poco, distinguir
comportamientos alimentarios y corporales “fronterizos” que están en el
límite y que superan la simple búsqueda de la delgadez para investir
estrategias de poder específicas y para significar una forma de relación con los
otros. Ambos fenómenos han interesado en primera instancia a los
antropólogos/as y sociólogos/as, pero creemos que deben interesar también
a estos otros profesionales.
Cuerpos, dieting y géneros: el papel de la comida y los cuidados del cuerpo
en el control de sí mismo
Hemos visto que el cuerpo y la comida constituyen elementos centrales en la
construcción social de las identidades de género. Los aspectos distintivos y
recurrentes de dichas concepciones y prácticas entre hombres y mujeres han
sido explicados a partir de analizar cómo ambos se socializan e interaccionan
diferencialmente con el medio sociocultural –a nivel familiar, profesional,
entre iguales o con otras instituciones-. Tener en cuenta esta dimensión
comparativa es indispensable para no sobredimensionar la presencia de
ciertas sintomatologías en un grupo de población e infravalorarla en el otro
por considerar que los TCA son “trastornos mentales femeninos”. Hombres y
mujeres presentan diferencias significativas, aunque también recurrencias, a
la hora de percibir y describir sus propios cuerpos y sus ideales corporales
sobre el otro género y también a la hora de elegir y organizar sus prácticas
alimentarias. Hemos analizado cómo el control corporal más riguroso entre
276
las mujeres, expresado ahora en un cuerpo delgado, se ha convertido en un
símbolo esencial de la feminidad moderna y, en efecto, en una nueva forma
de control sobre ellas mismas. La regulación corporal a través de la comida o
del ejercicio físico es, a menudo, autoimpuesta activamente y numerosas
informantes expresan que tales esfuerzos los realizan, no para agradar al
“otro” (los hombres), sino para estar más satisfechas consigo mismas.
La evaluación ejercida por las iguales entre sí (las mujeres y los hombres
respectivamente) nos parece altamente determinante en el inicio de ciertas
iniciativas de regulación de la comida. La corporalidad femenina se construye
según la normativa social de cada época y ésta viene definida por unos
patrones que responden a determinadas lógicas del mercado camufladas bajo
la asociación corporalidad/belleza física, belleza física/aceptación social en
un contexto global. El análisis de grupos de discusión y de entrevistas en
profundidad a adolescentes en el marco de institutos e instituciones sanitarias
nos ha permitido poner de manifiesto la fuerte relación que existe entre la
aceptación de éstos dentro del grupo de iguales, en relación con su aspecto
físico, y como el ideal de belleza corporal se construye de acuerdo con su
menor o mayor adecuación respecto del modelo estético hegemónico.
Respecto a la práctica del dieting nos encontramos ante una situación
ambivalente. Si bien es cierto que en relación con los TCA, la dieta o el régimen
no siempre está al principio de la carrera desviante, en tanto que diferentes
informantes afirman que dejan de comer no por temor a engordar o por
querer perder peso, sino por otras razones (experiencias en internados,
pérdidas personales o duelos, no encontrar placer y gusto en la comida,
rechazo del patrón alimentario familiar, entre otros) sí que es cierto que como
práctica -hacer dietas restrictivas - está muy generalizada en el conjunto de la
población femenina, incluyendo las razones que las llevan a ponerse a
régimen por motivos de salud. El tópico que aparece en numerosos relatos de
que una dieta sana es una dieta baja en calorías es una expresión de la
información “cacofónica” que manejan algunas de las adolescentes
entrevistadas; por más que en otras ocasiones, sus conocimientos
nutricionales sean muy superiores a los de la mayoría de la población.
El análisis transcultural entre mujeres españolas, brasileñas y marroquíes
pone de manifiesto diferencias y también algunas similitudes en cuanto a los
hábitos alimentarios marcados por el contexto cultural de origen. Aunque
estos grupos presentan un nivel de conocimientos culinarios muy diferente siendo más alto el caso de marroquíes donde el rol tradicional de la mujer en
la cocina es el que prevalece, a pesar de los progresivos cambios – y también
unas pautas alimentarias dispares, lo cierto es que todas ellas hacen dietas de
manera habitual. Las razones estéticas se entremezclan con el discurso de lo
saludable, muy especialmente en el caso de las brasileñas, que han
incorporado en sus menús toda una serie de productos, como son los
bioecológicos, meramente por sus cualidades para preservar la salud, y con
ello una determinada imagen corporal.
277
Paralelamente, el cuerpo es importante en la vida de los hombres,
especialmente de los más jóvenes, porque también para ellos deviene en
producto-mercancía, lo que sucede es que dicha centralidad se manifiesta, en
la práctica, de diferente manera que en las mujeres. Los hombres adultos
entrevistados se sienten, en general, satisfechos con su cuerpo y son los
problemas de salud los que les hacen movilizarse para empezar una dieta o
realizar algún deporte. También se muestran atentos e incluso molestos con la
evolución de sus formas corporales, pero antes que iniciarse en dietas
restrictivas que les impliquen renunciar a sus preferencias alimentarias,
prefieren hacer actividades deportivas que les permitan “sudar” y “quemar
calorías”. Ello no quita que, en el caso de los hombres diagnosticados de TCA,
las causas expresadas en relación con el dejar de comer no hayan sido
similares a las expresadas por algunas informantes. La inclusión de los
hombres como población “target” en industrias como la cosmética, la
alimentaria, la farmacéutica (productos adelgazantes) o la publicitaria ha
comenzado a ejercer un control sobre el cuerpo masculino que se ve cada vez
más presionado a responder a unos ideales determinados: cuerpo fibrado y
musculado. Sin embargo, la búsqueda de placer experimentada a través de la
capacidad de ejercer un control sobre la comida y sobre el propio cuerpo no
siempre aparece directamente relacionada con el objetivo de alcanzar un
determinado ideal estético, sino con malestares que son producto de
aflicciones relacionales y personales. El caso de los hombres vuelve a
demostrarnos que la lipofobia o el miedo a engordar no son motivos únicos, o
al menos suficientes, para explicar el porque de los TCA y que se olvida, con
demasiada frecuencia, prestar más atención a otros factores de orden
microestructural que están incidiendo en la génesis de estos trastornos.
Propuestas a tener en cuenta
Los programas de actuación, ya sean de prevención o terapia, han de tener en
cuenta la urdimbre de significados e intereses sociales y abrirse paso entre y,
si es necesario, en contra de los procesos y los agentes que, de diferentes
formas y grados, favorecen que las mujeres, en mayor medida que los
hombres, establezcan relaciones dialécticas con la comida y el cuerpo, que se
inicien prácticas alimentarias desestructuradas (por desconocimiento,
desinterés o soledad) o que se cuestionen recurrentemente sus formas
corporales (exceso o falta de peso, altura o volumen). Es necesario que,
además de abordar la lipofobia en los talleres para adolescentes creados en
escuelas e institutos, los programas de prevención lleguen a los diferentes
espacios de la vida social de la población y “trabajen en” (enculturar) los
aspectos y sentidos positivos de la comida y del cuerpo y en desconstruir
activamente también ciertos estereotipos de género.
Pero también es necesario tener en cuenta que todos los malestares que se
manifiestan a través de la comida están expresando otras dificultades que van
278
más allá del deseo de no engordar o de estar delgada y que están
estrechamente relacionadas con las formas de vida de las sociedades
modernas, en donde se prima el individualismo, la competencia o la
inmediatez material frente al esfuerzo colectivo, la reciprocidad o la
solidaridad. Por ello, hay que hacer un sobreesfuerzo para entender las
funciones de la comida (y no de la dieta) no sólo como se hace ahora, desde el
discurso de la salud y la enfermedad, sino como aquello que tanto puede
servir para rechazar/cuestionar ciertos modelos sociales o, por el contrario,
aceptarlos, así como puede servir para dar placer a los sentidos, como aquello
que nos permite (o no) compartir momentos con la familia y los amigos o
como aquello que, en cualquier caso, puede y debe favorecer la adquisición
de conocimientos y habilidades alimentarias y sociales y, en consecuencia
ayudar en la construcción personal y social de mujeres y hombres.
Urge que esta sociedad se replantee el tipo de habilidades y
conocimientos sociales se están potenciando o, contrariamente,
menospreciando en la enculturación de las más jóvenes. En nuestra cultura,
actualmente se está produciendo una contradicción importante entre los
mensajes y las acciones socializadoras, ya que por un lado se promueve
activamente la emancipación personal y social de sus miembros (ser
autónomos lo antes posible) a la par que se ofrece una tupida red de bienes y
servicios que, elaborados por “terceros”, la impiden. Un ejemplo claro, es la
práctica ausencia de corresponsabilización en la participación en el trabajo y
economía domésticos. Teniendo en cuenta que lo que muchas chicas
diagnosticadas de TCA, y también chicos, requieren es la adquisición de
competencias individuales y sociales (habilidades para resolver situaciones
cotidianas como pueden ser ocupar, creativamente, el tiempo libre o
prepararse una comida, por ejemplo), las terapias tendrían que orientarse a
resolver “desde dentro” lo que “fuera” está siendo la fuente del problema. En
el fondo, se trata de asegurar que adquieran aquellos conocimientos y
prácticas que, por razones personales, familiares y/o culturales, no se han
resuelto previamente y que, como hemos demostrado aquí, constituyen la
causa de diferentes problemas que toman la comida y el cuerpo como
vehículo de expresión.
Las mujeres manifiestan, a través del cuerpo y la comida, emociones,
subjetividades y aflicciones de diverso tipo, que incluyen tanto formas de
acatamiento o aceptación de las normas sociales como, contrariamente, de
negociación y resistencias a los discursos y propuestas hegemónicas. A veces,
las formas de resistencia aumentan, precisamente, cuando se intenta
medicalizar sus aflicciones, causando el efecto contrario. Ante la relativa
eficacia institucional, tal como han expresado las informantes, las “fugas” o
“abandonos” que algunas pacientes hacen de los tratamientos, los silencios o
la negación de la comida en los comedores hospitalarios son maneras de
manifestar sus discrepancias ante unas prácticas que no van dirigidas a ellas
mismas, según dicen, sino a las supuestas enfermedades que padecen. La
palabra también les es útil y la usan: contra el saber biopsicológico
279
desacreditándolo o criticándolo y contra sus terapias ridiculizando, por
ejemplo, el hecho de que tengan que hacer teatro o manualidades como parte
del tratamiento que las ha de curar.
Si, como parece, se conviene institucionalmente en que los TCA
constituyen problemas de salud de dimensiones sociales, en esta medida, no
se pueden resolver, tal como demuestra el éxito insuficiente de los
tratamientos actuales, especialmente en el caso de la anorexia nerviosa,
apelando a la conciencia personal de los pacientes reales y/o potenciales o de
sus familias, delimitando unos grupos de “riesgo” a golpe de cuestionarios y
tratando a las pacientes con terapias no dialógicas donde priman las
relaciones jerárquicas paciente/enfermo/a o el recurso más o menos
sistemático de fármacos, sino motivando también la creación de los medios
adecuados para intervenir en los espacios sociales, económicos y políticos que
los están favoreciendo. Por ello, es necesario que desde la red asistencial se
refuercen los dispositivos que permitan trabajar estas cuestiones en el entorno
próximo de las personas que presentan problemas con la comida (unidades
familiares, espacios formativos y/o lúdicos), pero también en el “entorno”
más amplio. Parece lógico, en consecuencia, que se potencie el trabajo en los
centros de asistencia primaria y, cuando haga falta, de las unidades de
atención especializada. Los centros de día, a su vez, deberían orientar sus
terapias más en esta dirección, otorgando, en definitiva, herramientas para la
autogestión individual y social de las usuarias. Las propuestas “abiertas” y
“combinadas” (ámbito social y ámbito sanitario) impedirían, así,
el
desarraigo emocional y social que experimentan tanto las pacientes como sus
respectivas familias, en una primera fase cuando abandonan la unidad
familiar y, más tarde, cuando dejan el centro asistencial. En esta línea, hay que
evitar el establecimiento de una dependencia excesiva entre usuarias e
instituciones: las primeras porque se sienten cómodas en unos centros que les
ofrecen “mucha” atención terapéutica y lúdica –algunas informantes se
referirían a ellos irónicamente como hospitales-SPAs- y se lo dan “todo hecho”
(la comida inclusive), y las segundas porque alargando tratamientos alargan
también ingresos económicos.
Por estos motivos, los denominados pisos terapéuticos constituyen una
fórmula intermedia que, aun siendo costosa, debería contemplarse, eso sí con
modificaciones estructurales sustanciales, como recurso asistencial en la red
pública una vez resueltas las situaciones más agudas en la red hospitalaria. Se
trataría de crear entornos menos medicalizados y relativamente más
socializados (la figura del psicólogo/a clínico/a no debería ser, según nuestro
criterio, tan omnipresente y combinarse con la de los educadores y
trabajadores/as sociales, por ejemplo), donde las usuarias aprendieran a
organizar su vida cotidiana, tomar decisiones sobre su formación o profesión,
seguir unas normas de convivencia, buscar y administrarse un presupuesto,
comprar, cocinar o resolver las obligaciones domésticas, entre otras tareas.
280
Es indispensable también que las propias instituciones se ocupen de
analizar el lugar que ocupan ellas mismas en la socialización de la población
usuaria y no usuaria y que su afán por controlar todos los procesos que,
supuestamente, son de su exclusiva competencia no impida que iniciativas
surgidas por las personas afectadas o implicadas en estas enfermedades (por
ejemplo, los familiares) no encuentren su espacio y también su función. El
limitado material disponible en relación con los grupos de autoayuda más
allá de confirmar algunas hipótesis generales sobre grupos de autoayuda
planteadas en la bibliografía empírica desarrollada sobre otros grupos, nos ha
permitido llamar la atención sobre su enorme potencialidad. Estas formas de
asociacionismo tienen una estructura de soporte social y de solidaridad
dirigida tanto al afectado directo como a los indirectos (familiares, amigos,
etc) que contribuye de manera muy positiva frente a la hegemonía de un
modelo médico basado en el individualismo y el aislamiento. En el capítulo
correspondiente a Internet en esta investigación se han planteado también
aspectos vinculables con los datos procedentes de los grupos. En efecto, si en
la evidencia obtenida hemos podido contrastar la posición de los familiares y
de los propios implicados – en el caso de los OA -, no cabe duda que los foros
de Internet operan también como grupos de autoayuda sui géneris aunque en
un sentido inverso. Creemos que el cruce de datos y la discusión sobre las
implicaciones de estas distintas arenas pueden ser fuentes muy ricas de
análisis teórico y aun de evidencia empírica respecto al uso que pacientes o
sus familiares pudieran hacer de ellos.
Después de haber analizado detalladamente el contenido de una selección
de blogs (diarios personales en internet), creemos arriesgado concluir que la
red propicia la difusión de los TCA en mayor medida que otros medios de
comunicación convencionales, pues raramente las páginas intentan convencer
a quienes no sienten un malestar previo, así como afirmar que la existencia de
tales páginas fomenta o da argumentos para quienes ya han despuntado una
fase inicial hacia la carrera anoréxica o bulímica en otras esferas o ámbitos.
Las personas entrevistadas y encuestadas en este estudio preliminar sobre
“internet y TCA” (todavía en curso y no concluyente, por tanto), afirman que
la frecuentación de estas páginas no las ha motivado a iniciarse en prácticas
anoréxicas o bulímicas ni a continuar con las que venía realizando antes de
conocerlas. Manteniéndonos, de momento, al margen de la polémica creada
sobre si estos servicios son potencialmente tendenciosos o negativos y, que
aún constituyendo una actividad comunicativa producida en un marco de
libertad (la red) deberían clausularse, señalamos que las webs pro-Ana y proMia y sus foros son solamente la parte más “espectacular y pública” de los
trastornos alimentarios en Internet. Sin embargo, detrás de este “escaparate
cibernético” con propuestas para adelgazar, vomitar o purgarse se pueden
observar aspectos muy matizados sobre la etiología de estos problemas.
Nuestro análisis de los blogs, como relatos biográficos que son, constituyen
sólo una pequeña muestra del tipo de usos sociales que, no habiendo sido
previstos, pueden darse a la red.
281
Por su parte, la construcción cultural de los patrones narrativos que han
adoptado algunas de nuestras informantes en las entrevistas basados en los
relatos biográficos son, bajo nuestro punto de vista, algo estereotipados y
teñidos por un matiz de vida testimonio que se reproduce también en diarios
personales, autobiografias y narrativas publicadas. De alguna manera y
apoyándonos en los resultados de trabajos socioatropológicos anteriores,
creemos que cada uno de los relatos biográficos aquí analizados, aunque
pretende ser la expresión individual de un conjunto de vivencias personales,
responde a una estructura culturalmente diseñada y socialmente construida
que se activa en el momento en que invitamos a nuestras informantes a que
nos expliquen su vida. He aquí el mérito de los investigadores en redirigir
estas historias en torno a las temáticas específicas exploradas en este estudio.
En todo caso, se trata de un instrumento de gran riqueza informativa y
constituye una herramienta muy útil cuando lo que se persigue es abordar la
subjetividad de las experiencias de las personas con TCA y de ver como se
interpretan individualmente aspectos de orden contextual. Estos relatos nos
han mostrado que la mayor parte de las mujeres se muestran críticas con los
modelos de feminidad contemporáneos que las “construyen artificialmente
hipercapacitadas” para la vida profesional, familiar y personal. Por otro lado,
“no creerse el modelo” no, significa, tampoco que muchas de ellas no intenten
incorporarlo en mayor o menor medida. Las negociaciones que las mujeres
hacen con sus cuerpos y la comida son variables según el momento del ciclo
vital y de las circunstancias en las que se encuentran.
Finalmente, hay insistir públicamente en el hecho de que las realidades
corporales son heterogéneas y admitir y difundir que el sobrepeso o la
gordura y también la delgadez extrema no son, necesariamente, sinónimos de
no-salud, aunque se tienda a considerar todo lo contrario, sobre todo en los
dos primeros casos. En efecto, las formas corporales que se salen de los
estándares establecidos médicamente (peso ideal) reconocen un cuerpo con
“límites” que deben ser respetados en pro de la salud. Y no cabe entenderlos
de otra manera. Esto nos parece un error potenciado de forma insistente por
campañas institucionales puestas en marcha en nuestro país recientemente,
como la estrategia NAOS, cuyo objetivo es invertir la tendencia de la obesidad
en España incentivando el seguimiento de dietas saludables y practicar
actividades físicas de forma regular. Por eso señalamos que desde ciertas
políticas de salud pública se están potenciando prácticas que favorecen la
estandarización de un único modelo alimentario y corporal como fuente de
salud excesivamente estricto, en tanto que “patologiza” –por desviación de
los estándares recomendados- todos comportamientos alimentarios y formas
corporales que no coinciden exactamente con la idea de cuerpo y dieta ideal.
Si, como hemos visto, la excesiva rigidez y control ante el cuerpo y la comida
constituyen, según los especialistas, comportamientos a evitar, no parece
demasiado recomendable construir una ortodoxia, un food pattern único, para
los cuidados del cuerpo y la mente. Respecto a los numerosos programas de
educación nutricional que se están aplicando para la prevención de los TCA,
pensamos que están mal enfocados en la medida en que:
282
1. Son incapaces comprender y reproducir el carácter holístico (biosocial)
inherente al hecho de comer
2. Olvidan que, socializar a través de la imposición de normas para
redirigir hábitos alimentarios, puede impedir más que beneficiar el último
fin de la socialización, es decir, aprender a “comer bien”
3. Los nutricionistas parecen no ser conscientes de que los actuales
comportamientos alimentarios son la consecuencia, precisamente, de
las transformaciones sociales habidas
4. La modificación del saber nutricional no comporta necesariamente la
modificación del comportamiento alimentario
5. El “control” de la alimentación, con la intención de concienciar en la
necesidad de una “dieta equilibrada”, puede provocar conflictos
culturales al no considerar las costumbres alimentarias dentro de su
contexto psicosociocultural
6. No dan herramientas para la adquisición de competencias culinarias
(habilidades y conocimientos, no ya nutricionales, sino alimentarios)
Habiendo visto que el desinterés por la comida viene a menudo
causado por la falta de competencias en torno a qué, dónde y cómo comer,
desde aquí apostamos por una “educación alimentaria” que tenga en cuenta
todas las diversas dimensiones del hecho alimentario: la de la salud, la del
placer o la de la identidad. Y, en este sentido, pensamos que, tanto la escuela
como el comedor escolar y el menú escolar podrían ser aprovechados
pedagógicamente explicándolos nutricional y culinariamente tanto a los
estudiantes como a los padres y madres de los menores y adolescentes que
quieran/puedan participar en este co-aprendizaje. Es decir, fomentar, en las
niñas y niños, ya desde edades tempranas, actitudes positivas hacia los
alimentos como fuente de energía y salud, pero también como fuente de
placer, comensalidad, sociabilidad o afectividad. En este sentido, dejar que los
niños y niñas participen más directamente la definición y elaboración de sus
propias ingestas: en las cantidades, variedad de contenidos, tiempo
disponible para comer; fomentaría su autonomía y podría repercutir, a la vez,
en una mejor socialización en el aprendizaje alimentario y, por tanto, en una
mayor aceptación de los menús y en una alimentación más menos
desmotivada y, en algunos casos, desestructurada. Del mismo modo y por
parecidos motivos, aconsejamos que las terapias nutricionales aplicadas en el
tratamiento de los TCA sean más flexibles y no se (re)-programe a las usuarias
en un dogma dietético y/o corporal, alejado de todas estas imbricaciones
socioculturales.
Nuestro equipo de investigación ha querido mostrar que la
“comprensión” de los TCA ha de articularse, en primera instancia, no
solamente alrededor de la delgadez o la lipofobia, ya que como criterio
diagnóstico hemos demostrado que tiene importantes limitaciones, sino de los
roles que el cuerpo y la comida juegan en el contexto de la sociedad española
como elementos claves de identidad de género, de edad y de adscripción
cultural. Por eso nos ha parecido oportuno iniciar una línea de investigación
283
que será ampliada en un futuro a través de nuevos proyectos de trabajo y de
la realización de las tesis que las colaboradoras de este estudio han empezado
ya sobre cómo se está produciendo la transmisión/adquisición del saberhacer alimentario, la diversidad de imágenes corporales y de estereotipos de
género entre la población joven y entre los diferentes grupos étnicos o sobre
cómo y por qué las mujeres presentan en la red experiencias personales y
aflicciones relativas al cuerpo y la comida.
284
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