UDI-DEGT-UNAH - Universidad Nacional Autónoma de Honduras

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LLORE NADE...
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obra de
UD
I
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Al Índice
TUN
AH
.CÁIICAMO
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UN
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COLECCIÓN BIOGRAFÍAS
EG
T-
Univenidad Nacional Autónoma da Honduras
Olfacción Ejecutiva de Gestión de Tecnologia
Sistema Bibliotecario •SURI
BIBLIOTECA CURNO
HONDURAS. C A
UD
I
-D
GUWCNO
UNIVERSIDAD
NACIONAL AUTONOMA
DE HONDURAS
Editorial Universitaria
Derechos reservados
UN
A
H
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EG
T-
“QUE NO NOS LLORE NADIE...”
VIDA Y OBRA DE
JACOBO V. CÁRCAMO
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I
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OSCAR R. FLORES
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^ S ^ o , àj a m ^ { S Î :mo
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DE H O N D l IA S
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“QUE NO NOS LLORE NADIE...”
VIDA Y OBRA DE
JACOBO V. CÁRCAMO
UD
I
-D
OSCAR R. FLORES
Universidad Nacional Autónoma de Honduras
Dirección Ejecutiva de C e stó n de Tecnología
Sistema Bibliotecario - S U R I
BIBLIOTECA CURNO
CHANCHO
HONOURAS. CA
EDITORIAL UNIVERSITARIA
Tegucigalpa, Honduras, C.A.
Marzo, 2003
r*Ci
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Primera edición
Marzo 2003
| PiUliaMC»
IN O . ( W . .
EG
T-
C O N S E JO ED ITO R IA L:
Juan R am ón M artínez, P resid en te
S e g isfre d o Infante, C o o rd in a d o r
R am ón O q u e lí, M iem bro H o norario
O sc a r S o rian o , M iem b ro H o norario
M ario A rg u eta; M iem b ro H onorario.
A ta n asio H erranz, M iem b ro H o norario
R ob erto C astillo , M iem bro H o norario
UN
A
A U T O R ID A D E S U N IV E R S IT A R IA S :
A na B elén C astillo , R ecto ra
R aúl A n to n io S a n to s, V ic erre cto r
Ju lio V a lla d ares, S ecretario G eneral
R aúl Flores A u c ed a , Srio. C o n sejo de A d m in istra c ió n
R afael S u azo M arad ia g a , M iem b ro P ro p ietario del
C o n se jo de A d m in istra c ió n
A lba Luz T rejo, M iem bro P ro p ietario del
C o n se jo de A d m in istració n
Juan R am ón R od rig u ez, A u d ito r Interno.
H
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Hecho en Honduras
-D
D IR E C T O R ED IT O R IA L U N IV E R SIT A R IA :
S a g itf re d » Infante* -■
UD
I
T R A B A JO T F .C N C O :
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C m p osició ff< ñ .e3 e\tay -D iag raraació n £
R berta O n d ^ £ ^ s ^ a l i y z ) U Q ¡(3
M )nta]e: E sp eran za G o doy
Fe to m s c á n ic w J u ü o tA . A lv aren g a O O m a jo
In presión: G ab riel !
U N IV E R S ID A D N A C IO N A L A U T Ó N O M A DF. H O N D U R A S
Editorial U n iv ersitaria,
T e g u c ig a lp a, D .C ., H o n d u ras, C e n tro a m é n e a ,
2003
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INDICE
Página
Introducción
I.
A. In ic iación : de n iñ o rural a j o v e n p r o v i n c ia n o
11
"huacal azul... tinaja de mis m ieles..."
C. T e g u c ig a lp a : "sencilla, casi conventual..."
D. En la capital: "un / . . . / joven de filiación poética
insospechable."
E. El p o e m a r io 1‘lores de! .1 lina, "el cantor más joven de
Honduras".
20
25
H
B. A r en a l,
UN
A
II.
30
38
A. 1 9 3 6 - 1 9 3 7 : D e a m i g o a p e r s e g u i d o por el r é g i m e n
a poco se orienta, se estremece v grita".
56
B. U n a p o l é m i c a entre m o d e r n ist a s y v a n gu ard istas.
"Xo sé si usted es enemigo [...]”
" poco
57
Puente'. "Yo soñé que los
EG
T-
C. U n p o e m a r io d e s c o n o c id o :
mundos se quebraban
68
Revista
Zambrano: "¿elpoeta de las cosas bellas!"
73
D. U l ti m a c o la b o r a c i ó n c o n el r égim en : La
E. In g re so e n la A s o c i a c i ó n N a c i o n a l d e Cronistas:
" |. . . |
A. 1 9 3 8 - 1 9 3 9 : A ñ o s d e in te n sa p r o du cción: '
-D
III.
aquella luminosa bohemia. "
c u a n to
84
UD
I
m a s a c o s a d o e stá .”
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A. De la muerte a la leyenda.
B. Una nueva generación: “Estaba claro para todos [...]
que el poeta social [...] era é l”
C. Un legado de rebeldía constructiva.
D. A manera de conclusiones
A. Dos aproximaciones a la obra de Jacobo V. Cárcamo.
B. Primera obra: aprendizaje modernista y conocimiento
de las vanguardias. Estudio y actualización de la ética
de Juan Ramón Molina.
C. Cárcamo hiperbólico y telúrico.
-D
VI
92
98
101
115
123
UN
A
V.
A . “México florido y espinudo"
,
B. Tercer poemario: Laurel de Anáhuac.
“ en espera de la aurora soñada "
C. Cuarto y último poemario: Pino y Sanere:
Un Preludio Continental.
D. Ultimos años en México: “No te imaginas cómo estoy”
EG
T-
IV.
87
H
B. Ejerciendo el periodismo: " [Este] ambiente tan espeso
a veces, que [. ..] se puede cortar en tajadas".
C. Un libro de investigación: Entrevistas Liseras. “Debe­
mos crear nuestra literatura [...]”.
D. Cuento: El sombrero empalmado. Una veta regionalista.
E. Segundo poemario: Brasas Azules. Una herniosa
despedida.
Escritos Inéditos de Jacobo V. Cárcamo
UD
I
1. Prosa Periodística
2. Poesía Inédita
3. Las Entrevistas Liseras
Iconografía
Bibliografía
135
141
159
161
166
169
173
174
189
197
199
216
239
257
265
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r ■■ Osb s i ■ ■ ’ooss'-J
‘»U5 • j •(•.-.‘va-awnwuig
owruo ArsTOusia
OH')VtAXt
UN
A
Introducción
H
A SAflí/OHOH
-D
EG
T-
Jacobo V. Cárcamo (Arenal, 1916 - México, 1959) es
uno de los más representativos poetas de la llamada "Gene­
ración de 1936" o "de la dictadura". Generó en vida - y to­
davía, décadas después de su m uerte- pasiones encendidas
alrededor de su persona por su poesía humanista y enemiga
declarada de los tiranos y sus cómplices; lo que no impidió
que sus contemporáneos reconociesen su calidad artística y le
designasen Premio Nacional de Literatura "Ramón Rosa" en
1955. Las obras de Cárcamo son -quizá por lo d ich o- tam ­
bién "enemigas" de los estantes de las librerías y sus edicio­
nes, solicitadas por el público lector, se agotan rápidamente.
UD
I
En la literatura hondureña, donde abundan ejemplos
de melancolía y pesimismo, la obra de Cárcamo es un intere­
sante caso de inclinación por la fe y por la esperanza. Su poe­
sía ha demostrado superar la prueba del tiempo; quizá por
que está encaminada a señalar los contrastes del hombre y
los motivos para esperar y para luchar por un mañana me­
jor; postura que la ha llevado a ser objeto tanto de los mayo­
res elogios como de las más severas críticas.
Aparentemente, se puede atribuir a lo controversial
de su personalidad y de su obra el hecho de que la mayor
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UnlvMidw! Nacional Autónoma da Honduras
0i*ee¡6n Ejaeutiva n» Gattión da Tecnología
Siatama Biblioteca'!« - SUR)
BIBLIOTECA CURNO
J a co b o V . C árc »1I0LANGHO
12
HONOURAS, CA.
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p a rte de las o pinio nes v e rtid a s a c e rc a de C á rc a m o se d e d i­
qu en a e n a lte c e r o a d e n ig ra r su p o s tu ra " c o m p ro m e tid a "
(térm in o , en la c rític a lite ra ria , no m enos c o n tro v e rsia ! q u e
la m ism a o b ra de C árc am o ). Es difícil e n fre n ta rs e con la
o b ra de este p o eta sin q u e el lecto r to m e p a rtid o de s im p a tía
o a n tip a tía con sus op inio nes. P o r m i p a rte , deb o c o n fesar
u n a en o rm e co m p licid ad con la p o s tu ra del p o eta, a u n q u e he
in te n ta d o p o r tod os los m edios p re s e n ta r a q u í un an álisis que
d e sta q u e las fo rta le z a s y d eb ilid ad es de su o b ra .
UD
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E ste o b ra nació con la in ten ció n de ser ú n ic a m e n te un
an álisis de la o b ra p o ética de Ja c o b o V. C á rc a m o . Sin em ­
b arg o , al in ic ia r el tra b a jo , se p re se n tó la d ific u lta d de que
no ex istía in fo rm ac ió n fid ed ig n a a c e rc a de la v id a del a u to r,
o s iq u ie ra con ce rte z a a c ep tab le. T o d o lo q u e del p o e ta se
sab ía e sta b a d isp erso y m u chos de los d o cu m en to s se c o n tra ­
decían unos con o tro s. E n la H e m e ro teca N acio n al, p o r
ejem p lo , a n te la au se n cia de re g istro s, alguien se h a b ía to ­
m ad o la m olestia de re d a c ta r a m á q u in a u n p a r de h o jas y
u n irla s con un fo ld er u tiliza n d o un s u je ta d o r m etálico ; p ero
las h o jas re p ro d u c e n m uchos e rro re s que o tro s ya h an com e­
tido. Ni s iq u ie ra e sta b a claro c u á n d o ni en q u é o rd e n h a b ía él
p u b licad o sus lib ro s; cosa fu n d a m e n ta l si se desea a p r e c ia r la
evolución de su o b ra . En o tro d o cu m en to , q u e re c o p ila b a las
investigaciones de dos b ió g rafo s de C á rc a m o , se e n c o n tra ro n
dos fech as d is tin ta s p a r a la m u e rte del p o eta, y u n a de esas
fechas no existió en el c a le n d a rio : el d o m ingo tre s de agosto
de 1959; el tre s de agosto fue lunes ese año.
P a re c ía claro , entonces, q u e no d eb ía ni p o d ía e m p re n ­
d e r la ta r e a de a n a liz a r la poesía sin sa b e r p rim e ro q u ién e ra
el p oeta. P o r ello el p lan o rig in al —q u e e ra so lam en te a n a li­
z a r la p o e s ía - fue ca m b ia d o p o r uno de v id a y o b ra . Debo
co n fesar a q u í u n a en o rm e a le g ría al a n u n c ia r que, p ro d u c to
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Jacobo V. Cárcamo
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UN
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de esta clase de investigación realizada, presento entre los
resultados bastante obra y datos biográficos que hasta ahora
la gran mayoría del público desconocía, porque permanecían
en los anaqueles de las hemerotecas, en periódicos y revistas
donde Cárcamo dio a conocer su obra en su tiempo, pero que
por uno u otro motivo no pudo publicar en forma de libro,
como muchas veces fuera su deseo.
Las etapas en que se estudió la vida de Jacobo V. Cár­
camo fueron - a l fin a l- cinco:
EG
T-
La primera abarca desde su nacimiento (Arenal, Yoro,
28 de noviembre de 1916), su traslado a Tegucigalpa y su
incursión en los círculos literarios capitalinos hasta la publi­
cación de su primer libro: el poemario posmodernista Flores
del Alm a (Tegucigalpa, 1935).
UD
I
-D
La segunda trata de la etapa de transición del poeta,
cuando comienza a conocer las vanguardias y a cuestionar
sus ideales que hasta ese momento eran únicamente el bien v
la belleza; y va de la idea del poemario Puente (inédito, pero
escrito en Tegucigalpa en 1936) hasta el abandono de ese
proyecto y la publicación de su primer poema contestatario
en la Revista Tegucigalpa: "Antífona del indio" (agosto de
1937).
En la tercera etapa se presentan los esfuerzos del joven
poeta por introducir la literatura social y de vanguardia en
el ambiente hondureno, esfuerzos que realizó como poeta,
como prosista, como periodista y como investigador litera­
rio. Comienza con su graduación como bachiller (muy pro­
bablemente) en 1937, incluye la publicación de su segundo
libro: Brusas Azules (Tegucigalpa, 1938) un verdadero cam­
po de investigación donde demuestra conocer las corrientes
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14
Jacobo V. Cárcamo
H
vanguardistas del siglo XX; y termina con el abandono del
empobrecido y represivo ambiente de la Tegucigalpa de esos
días y el viaje a la metrópoli: México D.F., el 3 de febrero de
1939.
UN
A
La cuarta etapa da a conocer la vida de Cárcamo en el
Distrito Federal de México, hasta su muerte en esa ciudad el
primero de agosto de 1959 e incluye la publicación de sus
libros tercero y cuarto, a saber: Laurel de Anáhuac (México,
1954) y Pino y Sangre (México, 1955); también se incluye
aquí su designación como Premio Nacional de Literatura
Ramón Rosa, en el mismo año de 1955.
EG
T-
La quinta etapa está dedicada a valorar la influencia y
magisterio que ejerció Cárcamo en los escritores hondureños
de las décadas de 1950, 1960 y 1970 (especialmente en los
escritores sociales y vanguardistas).
UD
I
-D
La intención inicial de dedicar todo el libro a analizar
la obra del poeta no pudo cumplirse pues, pero al menos un
capítulo se dedicó a este fin. Ese capítulo se presenta al final
de la obra y está dividido - a su v e z - en dos partes: la pri­
mera intenta demostrar la influencia del gran modernista
hondureño Juan Ramón Molina en la obra inicial de Cárca­
mo; la segunda parte del capítulo intenta revelar algunas
características generales de la obra del poeta y presenta a un
Cárcamo hiperbólico, épico, telúrico, panamericanista y
humanista.
Una segunda y enorme dificultad debe ser mencionada
en esta introducción: toda la información que se ofrece aquí
acerca de la vida del poeta Jacobo V. Cárcamo durante los
años de su autoexilio en México fue adquirida por fuentes
secundarias. Ante la imposibilidad de viajar al D.F. para
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Jacobo V. Cárcamo
15
UN
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H
conseguir los datos, emprendí la tarea de entrevistar gente
que lo conoció allá, así como la de buscar información escrita
que hablara de su vida en esa metrópoli. Por ello estoy segu­
ro que deben haber datos desconocidos acerca de la vida y
obra de Cárcamo que aún pueden recopilarse en ese país,
aunque pienso, también, que los rasgos esenciales lograron
reunirse y presentarse en este trabajo.
UD
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-D
EG
T-
Además, debo admitir que este trabajo hubiese sido
imposible sin la ayuda, muchas veces desinteresada, de mu­
chas personas. A las primeras que debo mencionar son a mi
padre Oscar y a mi madre Laura; sin su apoyo incondicional
jamás hubiese tenido todas las condiciones que tuve para
llegar a este punto. La segunda persona es indudablemente
mi profesor: el Dr. Héctor M. Leyva, que se desprendió com­
pletamente y siempre vio el trabajo como algo propio y no
como algo ajeno; sin sus sabios consejos y su entrega perso­
nal este trabajo probablemente no incluiría ninguno de los
aciertos que se encuentran en él. En tercero debo mencionar
a mis compañeros, alumnos y maestros de la Carrera de Le­
tras, así como a mis amigos Lourdes, M aribel, Lisa, Francis­
co y Orlando; muchas de las ideas que expongo en este traba­
jo surgieron de sus enseñanzas así como de pláticas y comen­
tarios acerca del borrador que se iba desarrollando. En cuar­
to lugar, quiero agradecer a todas mis fuentes, que compar­
tieron desinteresadamente sus conocimientos; fueron tantas
que no puedo mencionarlas a todas, pero debo hacer desta­
car la colaboración de la familia y amigos del poeta en Tegu­
cigalpa, en Arenal y en Olanchito, especialmente a doña Juventina, a la Licda. Liliana Cárcamo y a su familia, a la Licda. Nora Martínez; también al abogado Orlando Lozano
M artínez, pero especialmente a su señora madre doña Juana
M artínez Vda. de Lozano y a su hermano, don Faustino Lo­
zano, así como al profesor Renán Rosales; también a todos
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Jacobo V. Cárcamo
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A
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los intelectuales que luchan por mantener viva la actividad
cultural en Olanchito y que fueron de gran ayuda: al profe­
sor y periodista don Max Sorto Batres, a los doctores Ornar
González y Juan Fernando Ávila, a los escritores M arel M e­
dina y Juan Ramón Fúnez, así como al poeta y amigo José
(Pepe) Luis Quesada. También me dieron acceso a sus biblio­
tecas y a sus ideas innumerables personas en Tegucigalpa,
entre las que puedo mencionar a los escritores: Livio Ramí­
rez, Oscar Acosta, Manuel Salinas (Q.E.P.D), José Adán
Castelar, Ramón Oquelí, Elíseo Pérez Cadalso (Q.E.P.D.),
Pompeyo del Valle; así como al amable empresario don Ri­
cardo Calderón cuya colección completa del diario "El Cro­
nista", quizá única en Honduras, se llevó el río Choluteca
durante el fatídico huracán Mitch. Un agradecimiento espe­
cial al Dr. Atanasio Herranz que desinteresadamente me
prestó los materiales y las instalaciones físicas de su oficina
en muchas ocasiones, y otro a su secretaria, Katia Portillo
cuya ayuda fue invaluable. Finalmente, un agradecimiento
general a todos los que tuvieron que ver de una u otra forma
con este trabajo, especialmente a los escritores cuyos libros y
artículos consulté y que facilitaron tanto mi labor; princi­
palmente al poeta Jacobo V. Cárcamo a quien respeto y ad­
miro más luego de esta investigación.
Olanchito, Yoro, 17 de junio del 2001.
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"Que no nos llore nadie...
Querem os epitafios de venganza y de ira...
Qué grande la confianza de la m uerte
Junto a la f e profunda de la vida ".
UD
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("Canto a la vida")
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Jacobo V. Cárcamo
19
H
I.A. Iniciación: de niño rural a joven provinciano.
UN
A
H ijo natural de un hacendado rural, Jacobo V. C árcam o
creció en el cam po, despreocupado, sin m ayores lim itaciones
económ icas y m uy ligado a su m adre, que era la autoridad siem ­
pre presente en casa.
-D
EG
T-
Sin duda, fue influenciado p or la actividad cultural que
es característica de O lanchito, cuna de Ram ón A m aya A m ador,
C éleo M u n llo Soto, José Luis Quesada... en fin, de tantos escri­
tores e intelectuales que no podrán enum erarse sin peligro de
caer en olvidos im perdonables. El niño m ostró desde su edad
escolar sensibilidad por la poesía y espíritu de creación que m o­
vió a sus m ayores a buscarle una beca que le perm itiera form arse
en lo académ ico en la capital del país.
UD
I
C apital, por dem ás, provinciana y casi rural ella misma,
donde el jo v en se desenvuelve de form a entusiasta y prom etedo­
ra en los círculos artísticos y literarios, im pulsado p or m aestros y
am igos... y observado de cerca por el gobierno que lo acerca a
sus m ejores filas políticas e intelectuales.
P rom etedor en su niñez y en su juventud, pronto de­
m uestra que sus tutores no se equivocaban; y com o fruto de esa
prim era escuela queda un prim er libro que en realidad tiene
aciertos y defectos, pero debe destacarse que los aciertos son
realm ente notables, por su calidad, no solamente por que proce­
den de la plum a de un adolescente de 17 años.
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Jacobo V. Cárcamo
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I.B. Arenal: huacal azul... tinaja de mis mieles...
UN
A
H
El 28 de noviem bre de 1916, en Arenal, nació el poeta
Jacobo V allecillo Cárcamo. Hijo de don José M aría C árcam o y
doña A ngela V allecillo, nativos de A renal y de la aldea de Santa
B árbara, Olanchito, respectivam ente.
EG
T-
U bicado a orillas del río Aguán y del valle de igual
nom bre, Arenal es un m unicipio del departam ento de Y oro que
colinda al norte, al este y al oeste con el de O lanchito. M ientras
en su extrem o occidental se encuentra el cam po bananero "El
C ayo” que pertenece a la Standard Fruit C om pany, en el extrem o
oriental com ienzan a levantarse cerros con bosques de pino que
en palabras de Cárcam o "envían sus cantares'' a su cabecera
m unicipal.
UD
I
-D
Esta últim a se llam a tam bién Arenal. C on calles aún de
tierra y la m ayoría de sus casas con techo de teja roja, se encuen­
tra entre aquellas dos topografías: frente al río A guán y sobre las
faldas de un grupo de cerros; sus habitantes se dedican funda­
m entalm ente al cultivo de frijol, maíz, a la ganadería y a la tala
de madera.
En este m unicipio, años antes, el Coronel T eófilo R osa­
les im posibilitado para procrear con su esposa, habría tenido con
doña M atea Cárcam o, a José M aría C árcam o R osales (padre del
poeta). Este hijo, al saberse ilegitim o y, por ello, legalm ente sin
derecho a herencia, decidió dedicarse al com ercio. En esta acti­
vidad tuvo tan buena fortuna que con el tiem po estuvo en capa­
cidad de com prarle sus bienes al Coronel Rosales - s u p ad re-,
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Jacobo V. Cárcamo
21
con lo que agregó la ganadería a sus actividades económ icas1 y
se convirtió en uno de los hom bres m ás acaudalados de la zona.
H
D on José M aría se casó con doña Elvira Quezada, con
quien tuvo a Ernesto C árcam o Q uezada, herm ano m ayor del
poeta y único hijo de m atrim onio. Pero doña E lvira m oriría pron­
to de su segundo parto.
UN
A
T ras esta tragedia, don José M aría hizo pareja con doña
A ngela Vallecillo. U nión de la que nacieron, en ese orden: Jaco­
bo (el poeta), Enrique, Teófilo (Popo), G ilberto, José M anuel
(C hito), y Ada Julieta V allecillo C árcam o (que fue siem pre her­
m ana y am iga del poeta).
EG
T-
D on José M aría convivió, tam bién, con doña Juana Puer­
to, con quien procreó a: Olim pia, Elvira, José M aría y Agueda
Puerto Cárcam o.
UD
I
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El undécim o herm ano de Jacobo, el m enor, lo es sólo
por parte de m adre. N ació -tra s la m uerte de don José M a ría - de
otra unión; esta vez entre doña Ángela y don Salvador M artínez
y se llam a Angel Rafael. Su nacim iento habría sido m otivo de un
fuerte disgusto entre el poeta C árcam o y su m adre, situación que
iban a resolver únicam ente el tiem po y el am or que la fam ilia se
profesaba.
Padre responsable, don José M aría construyó una casa
para su hijo legítim o, otra para doña Angela y otra más para
doña Elvira, todas en el centro del pueblo; y se encargó sin la
m enor reserva de la m anutención de su parentela“.
2
H istoria oral re c o p ila d a p o r la Lic. L iliana C árca m o , so b rin a del poeta.
D oña .luana M artín ez V da. de Lozano -c o n te m p o rá n e a del p o e ta - lo re c u erd a así:
" M u rió cu la p o b reza pero se crió co m o n iño n e o ” . Ráseos h ia erá ñeos tlel nocla Jacobo
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Jacobo V. Cárcamo
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En la escuela de Arenal: "Am elia R osales" y bajo la tu te­
la del profesor empírico C ástulo Cruz, com enzó C árcam o sus
estudios primarios; que culm inó en la escuela "M odesto Chacón"
de la ciudad de Olanchito, donde vivió en la casa de su tía: G a r i­
ta Puerto. Su inclinación hacia la poesía era ya conocida, y su
contemporáneo, el profesor R anulfo R osales3, atribuye a esa
época la creación del poem a cóm ico Epigrama, que aparece en
el poemario Flores del A lm a (1935):
-D
EG
T-
"¿Qué haría usted, tía Clara,
si una pantera viniera?
- A la carrera m e fu e ra
para que no m e alcanzara.
- Y s i tiem po no tuviera
de correr, tiíta Clara?
- A un árbol m e subiera.
Y si un árbol no encontrara
p a ra salvarse, qué hiciera?
- N o fregués, lo que querés
es que m e com a la fie r a .4"
UD
I
De un am biente rural proviene, entonces, el poeta Jacobo
V. Cárcam o. Pero de uno íntim am ente ligado con O lanchito:
ciudad cívica de H onduras, cuna de innum erables y destacados
intelectuales, en donde se han publicado decenas de periódicos
locales y regionales. C iudad en donde cursa el niño algunos años
de su prim aria y donde se le abre la posibilidad de superarse
m ediante el estudio -c o m o adelante se d irá - a través de una
beca.
R osales, R an ulfo . E ntrevista sobre Jacobo V. Cárcam o. O la n ch ito , Y oro. D iciem b re de
1997.
4
Carcam o, Jacobo. A ntología. Ed. Universitaria. Tegucigalpa, 1982. P.87.
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Jacobo V. Cárcamo
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A
H
El poeta es bien recordado en su tierra natal: lleva su
nom bre el parque de Arenal, la biblioteca m unicipal -q u e fun­
ciona en la casa donde él n a c ió - así com o el instituto de educa­
ción m edia. Y respecto de O lanchito: en su m apa m unicipal se
encuentra la colonia Jacobo V. Cárcam o; en las m onografías del
m unicipio y en las antologías de los intelectuales de O lanchito
aparece invariablem ente el nom bre de Jacobo V. Cárcam o; y si
se pregunta a sus habitantes m uchos contestan que “Cárcam o
nació en A renal, pero es un poeta de O lanchito”5. C árcam o es un
poeta querido p or la m ayoría de sus paisanos, pero tam bién des­
pierta cierto recelo en otros po r su trayectoria política y p o r su
bohem ia, decir C árcam o es decir polém ica: se cuenta que en la
aldea nativa de su m adre, Santa B árbara, la escuela habría sido
bautizada tam bién con su nom bre, y que tenía bajo el pórtico de
la entrada un rótulo con dos versos del poeta:
"si cae una dicción en nuestras m entes
en nuestra lengua-tierra va a flo r e c e r un día."6
UD
I
-D
pero la intervención del partido N acional habría m ovido a las
autoridades m unicipales a cam biar el nom bre de esta escuela7.
C árcam o, por su lado, nunca olvidó sus orígenes. D esde
la Tegucigalpa de su adolescencia m antenía com unicación cons­
tante, al grado que se sabe que pedía y recibía - p o r c o rre o - sus
5 G o n zález, O rn ar y otro s. Entrevista sobre Jacobo V. Cárcam o. O la n c h ito , d ic ie m b re de
1997.
Elogio ile la palabra. En Laurel de Anáhuac. M éxico, 1954.
7 O rcllan a Irías, Jorge. "Jacobo V. Cárcamo. Un alto valor de la lírica contem poránea".
En Ramón A m ara Amador. Céleo M urillo Soto r Jacobo V. Cárcam o: Tres grandes
poetas y pensadores de O lanchito. E dito ra N acio n al. H o n d u ras, O la n ch ito , m arzo de
19 67 . P.28. La in fo rm ació n la c o m p le taro n h a b ita n tes de A renal y d e O la n c h ito , ellos le
atrib u y en el c am b io de n o m b re el p a rtid o N acio nal.
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24
Jacobo V. Cárcamo
H
postres favoritos8 Y en sus dos poem arios de exiliado recuerda
su hum ilde pueblo natal.
Con energía contestataria en P asaje p a ra m i pu eblo
{Laurel de A náhuac, M éxico, 1954):
[...]
UN
A
en caballo de estrellas y entre p erro s y niños
y o arribaré a mi p u eb lo a reclam ar p o r todos.
Y p a sa ré p o r so bre los po trero s ajenos...
Y si caigo, han de verm e caer sobre las m ilpas
haciendo el ham bre trizas, encendiendo conciencias
y levantando p u ñ o s com o m azorcas vivas'9
EG
T-
O bien con m elancolía crítica en Saudades de m i pu eb lo
(Pino y Sangre, M éxico, 1955), donde brinda un retrato fiel de
A renal, luego de 24 años de haberse ido de su pueblo y dieciséis
de no ver su país:
UD
I
-D
A nte la puerta lóbrega...
al borde de la vida...
y a con los p ies tintos en som bra,
te dirijo, Arenal, mis pensam ien tos:
te veo com o un Cristo
en el m apa hecho cruz de mi departamento.
Te m iro en la distancia y en el tiempo
recostado indolente
sobre el verdoso cabezal del cerro...
de m ás allá te envía sus cantares
la basílica azul de los pinares...
en tu plaza, una ceiba
g
M artín ez, Ju an a F ran cisca. Entrevista. T e g u c ig a lp a, ab ril de 1997. Q ue m en c io n a
no m b res de d u lces casero s, tra d ic io n a le s en ese entonces.
Cárcam o, Jacobo. “Pasaje para mi pueblo
Op. Cit. p. 252-253.
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Jacobo V. Cárcamo
25
sem eja un m elodioso molino de viento,
m ientras un arroyo aném ico
te p a rte en dos el dolorido cuerpo.
[...]
H
[■■•]
se destaca la cal de tus paredes,
la sangre vieja de tus tejas
y el opaco rubí de tus ladrillos.
EG
T-
[...]
UN
A
lejos, al norte, m archa el R ío A guán
-flu v ia l com a de p la ta con su p u n to en el m a r y atraviesan los loros p o r tu cielo
hacia el solio en agraz de los elotes,
a la p a r que proclam a su negrura
la diplom acia de los zopilotes.
Oh, pu eb lo de mis prístinos anhelos...
huacal azul... tinaja de mis mieles...
toda luz que he grabado, todo color que he escrito
m e lo dieron antaño tus vergeles.
-D
I.C. Tegucigalpa: sencilla, casi conventual...
UD
I
Los años que el poeta Jacobo V. C árcam o residió en su
H onduras natal (1916-1939), coinciden con los prim eros años de
la consolidación y triunfo de la econom ía de enclave bananero,
de los partidos políticos tradicionales y de la dictadura cariísta ".
Saudades de mi pueblo. Idem . P. 2 8 0 -2 8 1 .
11 Según M arco s C arias Z ap ata, esta etapa dura de 1911 a 1954, ver:
C aria s, M arco s” .M etodología histórica para el estudio de la sociedad hondurena y su
relación con la literatura nacional". Hn P rim er sim posio de literatura hondurena. Ed.
U n iv ersitaria. T eg u c ig a lp a, 1991, p.43.
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26
Jacobo V. Cárcamo
H
Época de poblaciones ru rales12 y gran inestabilidad p o lí­
tica, fue también poco propicia para dedicarse a la producción
intelectual13 y -m en o s a ú n - para la libre em isión del pensam ien­
to.
-D
EG
T-
UN
A
Los escritores de entonces se ven envueltos en una fuerte
disyuntiva. Por un lado son m uy populares y estim ados, situa­
ción que puede convertirlos en poderosos aliados del gobernante
de tum o; quien hará todo lo posible por tenerlos de su parte ofre­
ciéndoles puestos gubernam entales (m uchos intelectuales fueron
m inistros o secretarios de los m inistros) y quizá otros tipos de
prebendas. Por el otro, en m edio de las luchas, y com o todo el
país, se ven forzados a tom ar partido en las constantes "revolu­
ciones" (m ás bien revueltas arm adas o m ontoneras) o - e n el peor
de los casos para la intelectualidad de un p a ís - abstenerse de
opinar. M uchos son los intelectuales que conocieron las cárceles
y el hostigam iento en m edio de los conflictos: Juan Ram ón M o ­
lina, Froylán Turcios, Enrique M artínez G alindo y el m ism o
C árcam o entre tantos otros. Ejem plos son: la prisión y la conde­
na a picar piedras que sufrió M olina en 1903 p or criticar y dar
consejos para gobernar al presidente de tum o: G eneral Terencio
Sierra, desde las páginas de su perió dico14; así com o el hostiga­
UD
I
M ario A rg u eta la d e sc rib e así: "La so cied ad h o n d u re n a [...] se e n c o n tra b a d iv id id a ,
b á sic a m e n te , en dos cla se s sociales: te rra te n ie n te s y c a m p e s in a d o , esta ú ltim a c o n fo rm a ­
b a la a b ru m a d o ra m ayo ría d e la p o b la c ió n , en un país q u e era e se n c ia lm e n te ru ral."
A rg u eta, M ario . Tiburcio Carias, anatom ía de una época 1923-1948.2" Ed. Ed. G u a y m u ras, 1990. p. 153.
13 Si bien , en n u e stro sig lo han h a b id o p erío d o s e x ce p c io n a les, co m o el de M anuel
B o nilla (1 9 0 4 -1 9 0 6 ) y el de F ran c isco B ertrand (1 9 1 6 -1 9 1 9 ), co n o cid o s p o r su ap o y o a
los a rtista s e intelectuales.
14
E sco to , Julio . “Cronología de Juan R am ón M olina". En Tierras. M ares y C ielos.
E D U C A , C o sta R ica, 1982. P.228.
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Jacobo V. Cárcamo
H
m iento y cierre de la revista A riel de Froylán T urcios en 192815,
m ediante decreto del Presidente Paz B arahona16; por publicar,
aquel, artículos en contra de la política de adquirir em préstitos
del extranjero y a favor de la guerra que com andaba, en N icara­
gua, A gusto C ésar Sandino contra el ejército estadounidense17.
I5
EG
T-
UN
A
La econom ía hondureña sufrió -e n tre 1911 y 1 9 4 9 - un
gran viraje que al m enos puede calificarse de recesión, si bien
Filánder D íaz Chávez, en un estudio audaz pero con fundam ento,
califica com o de salto atrás y consolidación del sistem a de pro­
ducción subdesarrollante que aún vivim os18.
Que las vanguardias literarias se dem oraran en llegar a
este país, probablem ente se deba a esos hechos: inestabilidad
política y recesión económ ica, así com o al am biente de aisla­
m iento cultural que caracteriza a toda dictadura -c o m o la que
Tal c ie rre , sin e m b a rg o , so lam en te lo g ró ser m o m e n tá n eo ; p ues T u rcio s c o n sig u ió
c o n tin u a r p u b lic a n d o A riel, q u e te n ía a m p lia a ce p ta c ió n a esc a la m u nd ial.
16 T u rcio s, F roylán. M em orias. E d .U n iv e rsitaria . T e g u c ig a lp a, 1980. p p .3 4 4 -3 4 8 .
-D
17 M ejía, M edardo. Froylán Turcios en los cam pos de la estética y el civism o. Ed. U n i­
versitaria. T e g u c ig a lp a, 1980. pp. 135-181.
18 D íaz C h áv ez,
Filánder. Carias: el último caudillo frutero. Ed. G u ay m u ras. T e g u c ig a l­
UD
I
pa. 1980.
V er ta m b ié n : Tiburcio Carias d e M ario A rg u e ta , qu ien m u e stra en c ifras c ó m o n u e stra
B alan za de C o m e rc io c a m b ia p a u la tin a m e n te d e un sald o fav o rab le a un o de sfav o rab le ,
d u ra n te esos años:
AÑO
E x p o rtacio n es
Im po rtaciones
1 9 32-1 93 3
$ 1 4 .1 1 6 .1 6 0
$ 6 .2 8 7 .5 6 3
19 33 -1 9 3 4
$ 12 .3 3 9 .6 2 9
$ 8 .3 8 2 .0 8 4
19 34 -193 5
$ 1 0 .5 0 8 .3 4 9
$ 9 .5 8 5 .7 2 0
19 35 -193 6
$ 9 .2 1 5 .2 1 0
$ 8 .7 2 3 .1 3 0
19 36 -193 7
? 9 .6 4 1 .4 8 3
$ 10.387.271
Fuente: A rgu eta. M ario. O p. cit. p . 144.
B alan za de C o m e rc io
$ 7 .8 2 8 .5 9 7
$ 4 .0 1 7 .1 4 3
$ 9 1 2 .6 2 9
$ 4 9 2 .0 8 0
$ -7 4 5 .7 8 8
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instauró Carias entre 1933 y 1949-. M ientras estos m ovim ientos
habían aparecido en A m érica durante la década de 1920, en
Honduras se continuó escribiendo hasta m ediados de la de 1930
bajo la influencia de los escritores m odernistas y posm odem istas.
-D
EG
T-
UN
A
Por otro lado, debe recordarse que el triunfo definitivo
de las vanguardias vino sólo después de m uchos años de com pe­
tencia; y que el posm odem ism o continuó figurando en L atinoa­
m érica durante la prim era m itad del siglo veinte con poetas in ­
discutibles com o G abriela M istral19, Juana de Ibarbourou y A l­
fonsina Stom i; o el colom biano Porfirio B arba Jacob (18801942), que estuvo m uy cerca de los intelectuales hondureños de
su época y escribió el prólogo de E l resplandor de la aurora
(1916) de nuestro poeta Joaquín Soto20; para m encionar
solam ente algunos.
Juan Ram ón A rdón -m iem b ro de la G eneración del 36—
dedica un capítulo de Presencia en el tiem po de una asociación
intelectual, titulado E l escenario, a describir la capital de H ondu­
ras a m ediados de la década de 1930:
"Cuando en 1935 se fo rm ó aquella G eneración Intelec­
tual, Tegucigalpa tenía la sem ejanza de una aldea grande... [...]
UD
I
La vida en aquella Tegucigalpa de hace casi cincuenta
años, sencilla, casi conventual... se desenvolvía en una grata
19
N o sólo p o r su Prem io N obel de literatu ra (1 9 4 5 ), G a b rie la , La n o v ia de A m e ric a ,
h a b ría sid o m uy a d m ira d a en H o n duras. A dem ás de a su obra, a lg u n o s e sc rito re s la
h ab rían co n o cid o en p erso n a. T ocó • al m e n o s - a g u as h o n d u re n a s y la c iu d a d -p u e rto de
A m a p ala; según un herm o so a rtíc u lo de C la u d io B arrera q ue se titula: La divina Gabrie[a.
20
S oto, Jo aq u ín . El resplandor de la aurora. 2da. Ld. S e c re ta ría de C u ltu ra , A rtes y
D eportes. 1997.
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Jacobo V. Cárcamo
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indolencia libre p o r com pleto de los vendavales "m odernistas”
de la actualidad, con tertulias en las esquinas y hasta en plena
calle p o rque la vorágine de los autom otores no nos había inva­
dido. Y aunque algunos no lo crean, aquella Tegucigalpa se
envanecía de la superioridad que le daban sus escritores, p o e ­
tas, periodistas y artistas a quienes adm iraba y aplaudía. "2I
-D
EG
T-
UN
A
U nas páginas adelante - e n un tono idealizado, quizá pro­
ducto de la n o stalg ia- continúa: "En aquel año de 1935 la vida
no era tan em barazosa. Las gentes que transitaban p o r las calles
se conocían en su mayoría. Se po día conversar de acera a acera
y todavía las fa m ilia s sacaban fr e n te a sus casas, las sillas para
sentarse y conversar con las personas que pasaban, paladeando
la tacita de café negro, caliente y aromático. La vida era
sencilla y todo lo necesario para la subsistencia estaba al alcan­
ce hasta de los más débiles económ icam ente. H abían p oco s au­
tom óviles y p o r lo tanto podían ser estacionados en cualquier
lugar de los cam inos urbanos. Las gentes de la ciudad capital
desenvolvían su dichosa existencia indolentemente. Todavía las
casas eran, en su mayoría, de un sólo p iso la fr a s e "casa de
alto" se aplicaba a la de dos p iso s p ero siem pre con techo de
tejas rojas. Las estructuras de cem ento y hierro, de varios pisos,
vinieron después.
UD
I
Los centros nocturnos eran contadísimos, como el
"D uncan" siendo el "Chico C lub" el preferido [...]. Las discote­
cas eran desconocidas [...] Las costum bres fa m ilia res se m ante­
nían y la vida era co rrien te)'fá cil.
Arción, .luán R am ón. Presencia en el tiempo de una asociación intelectual . Hd. U n i­
v ersitaria. T e g u c ig a lp a, H ond u ras. S ep tie m b re de 1984 pp. 25-26.
Ti
Idem , p .7 4 /5 .
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Jacobo V. Cárcamo
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T-
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H
En los diarios de la época se encuentra la película que
exhibía el cine V ariedades (usualm ente m exicana o n o rteam eri­
cana) m ás que com entada, am pliam ente elogiada; publicaban
tam bién la program ación radial que duraba de 5:30 a.m. a 11:00
p.m. e incluía noticieros, program as policíacos, novelas y m usi­
cales: clásicos o populares; varias veces por sem ana, se daba a
conocer el program a del concierto de la B anda de los Suprem os
Poderes que tocaba por lo general m úsica clásica, com o V erdi o
D onizetti; y la librería Rubén D arío publicaba periódicam ente la
lista de los títulos de sus más recientes adquisiciones, la lista
incluía unos cinco o diez títulos com o m áxim o y cam biaba cada
cierto núm ero de sem anas, lo que indica lo poco que circulaban
los libros en el país.
-D
Todos estos datos suponen un país rural, con una capital
provinciana que está lejos de ser una m etrópoli. Sin em bargo,
para Jacobo Cárcam o será el m ejor lugar donde estudiar, donde
seguir el ideal de las letras. Y hacia allí, ayudado p or los líderes
locales de Y oro, dirigirá el adolescente C árcam o sus pasos.
UD
I
I. D. En la capital: un [...] joven de filiación poética insospe­
chable
U na vez finalizados sus estudios prim arios, Jacobo C ár­
camo se traslada a la capital de la República. Inm ediatam ente se
incorpora a los círculos intelectuales, donde es bien recibido y
apoyado por diferentes personalidades. Las verdaderas bases de
su form acipn com o poeta así com o su perfil de hom bre solitario
y siem pre escaso de recursos com ienzan a delinearse durante
esta etapa; que m arcará de m anera perm anente am bas facetas de
su vida.
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Jacobo V. Cárcamo
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UN
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H
Se ha sabido, por m edio del Profesor R anulfo Rosales,
que don M auricio R am írez (diputado nacionalista por Yoro) hizo
arreglos para que varios jó venes yoreños que destacaban en la
escuela fueran becados, y continuaran así sus estudios en Tegucigalpa. El Profesor R osales -c u e n ta él m ism o - llegó, becado,
en 1932; y se encontró allí con Jacobo, quien (tam bién benefi­
ciado con una beca) ya tenía un año de haber com enzado sus
estudios de bachillerato. Esto perm ite ubicar el año de llegada de
Jacobo V. C árcam o a la capital en 1931.
EG
T-
Pronto, la vida del entonces estudiante daría un brusco
vuelco: en 1932, era asesinado su padre en A renal, m ientras su­
pervisaba ju n to con Ernesto - e l heredero por le y - sus p ropie­
dades. C árcam o recoge este suceso en su poem a M i p ad re, tam ­
bién publicado en F lores del Alm a:
Y el veintiséis, ¡Oh día que no olvido!
R ecibí un telegram a que decía:
"fue asesinado tu p a p á querido... " 23
UD
I
-D
Siguiendo la tradición, E rnesto - e l hijo m ayor y el único
le g ítim o - recibió la herencia, y el resto de los hijos, debieron
salir adelante por su propio esfuerzo. Así abandonaron sus estu­
dios; excepto Jacobo, quien gozaba de su beca. A ún así, fue este
el hecho con el que com enzó su inacabable vida de estrecheces,
que fueron aguzándose con el paso del tiem po; hasta su m uerte
prem atura de tuberculosis (a los 43 años), cuando su pobreza era
ya extrem a y -c a b e d e c irlo - legendaria, debido a la integridad
y a la pulcritud con que siem pre la supo llevar. Esto últim o le
valió el título de “el últim o bohem io decente”.
23
C árcam o, Jacobo V. Op.Cit. p.79.
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Jacobo V. Cárcamo
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Pero, continuando con la juventud del poeta, para 1935,
viviendo ya en la capital, C árcam o se había integrado a la Socie­
dad "Los A m igos del Arte", que dirigía la conocida señora y
activa prom otora del arte doña M erceditas A gurcia24. Este grupo
se dedicaba a m ontar las tradicionales veladas25 artísticas que
caracterizaron la actividad cultural de la época. En estas veladas
-c o n cualquier pretexto com o un cum pleaños, una graduación,
e tc .- sus m iem bros tocaban piano y violín, cantaban y recitaban
poesía. Estos espacios culturales eran los que el adolescente C ár­
camo aprovechaba para recitar y dar a conocer sus prim eras
com posiciones poéticas, que tenían -c o m o en el resto del p a ís un carácter m odernista.
A m anera de ejem plo, se citan los siguientes artículos,
tom ados del diario E l Cronista:
UD
I
-D
"De "Los A m igos del Arte".
P rogram a de los actos con que la Sociedad "Los
A m igos del A rte" celebró el cum pleaños de uno
de sus más distinguidos socios, el violinista M i­
guel A ngel Flores:
1. O frecim iento, p or la señorita G raciela Soto.
2. M elodía Gitana, O scar K ohler (piano y vio­
lín). M aría Luisa M atute y R oberto D om ín­
guez.
A quien C árca m o d e d ic a dos so n eto s de ¡-'lores del Alma: En el cam po y La música.
Ver: C árca m o , Jac o b o V. O p. C it. pgs. 134 y 148.
25
Ls c u rio so el c a rá c te r de las v elad as, si b ien eran qu izá la p rin c ip a l ex p re sió n a rtístic a
de la é p o ca (c a riista ), eran m ás un a co n tec im ie n to social qu e u no a rtístic o ; en e llas, la
g ente “ de b ie n ” se reu n ía y h a cía v ida social, las m u c h a ch a s m ás lindas de la c iu d a d se
d e ja b an ver y tras e lla s - a p arecían los galanes. Ver: S alv ad o r, fra n c is c o . “ H isto ria del
T eatro en H o n d u ras".
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Jacobo V. Cárcamo
5.
6.
7.
8.
9.
H
4.
E l Violín. R ecitación por Jacobo V. Cárca26
mo .
Rim pianto, T osselli, (Piano y Violin). M ari­
na Coello Ram os y R oberto Dom ínguez.
M e da m iedo quererte, Pedro M ata. Recitada
por B lanca O ndina V alladares.
Cabaletta, T. Lack, (Piano y V iolín). Orfília
Coello Ram os y R oberto D om ínguez.
E l Sueño de la M uñeca. R ecitación por O n­
dina Aguilar.
Canciones. Jesús C am pos M arcó27, G raciela
Soto y Francisco H ernández.
D espedida. Por G raciela Chocano.
UN
A
3.
33
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T-
La m encionada fie sta se efectuó en el Salón de
A ctos de la A cadem ia "Santa C e c ilia " 28.
UD
I
-D
"El herm oso concierto de anoche en hom enaje a don J o ­
sé M aría Albir.
En la Academ ia Santa Cecilia se realizó anoche
el herm oso concierto con que "Los A m igos del
A rte" rindieron hom enaje de sim patía al hono­
rable caballero don Jo sé M aría A lb ir29, Secreta­
rio Privado del P residente de la República. P a r­
ticiparon brillantem ente en el agasajo las seño­
26
27
V er este po e m a en la Pág. 35.
Fui flo r e s del A lm a , se d e d ic a el p oem a Una larde con un am igo a Luís C am po s
M arcó, p ro b a b le m e n te h erm a n o de este m iem b ro de la S o ciedad . V er: Idem . p. 73.
D iario El C ronista.A ño X X IV , # 03 7 4. L unes 30/09/3Ó . p.ó.
29
C o n m o tiv o de su p ró x im o cu m p leaño s.
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ritas M arina Coello Ramos, M aría L uisa M a tu ­
te, O rfilia Coello Ramos, Thelma E nríquez y
B lanca M em breño; la niñita O ndina A g u ila r V.
y los jó ven e s Prof. M iguel A ng el Flores, R oberto
D om ínguez, Jacobo V. C árcam o y D an iel Meza.
Los actos [...] se desarrollaron en p resen cia de
num erosas y distinguidas personas, que su p ie­
ron p rem ia r con calurosos aplausos las clásicas
ejecuciones en pian o y violín; el eco arm onioso
de las estrofas y, en general, la espiritualidad, el
buen gusto, el cariño desinteresado y f i e l con
que los m iem bros de esa agrupación - dirigidos
p o r M eches Á gurcia - ...30”
-D
'Instantáneas.
E l pasa d o dom ingo [22 de diciem bre de 1935]
[...] M axim iliano von L ow enthal dictó una con­
feren c ia [desde la radioem isora H.R.N.].
[...] correspondió al p o eta Jacobo V. C árcam o
con la recitación de una de sus inspiradas p o e ­
sías. " 31
UD
I
E l violín, recitado en el cum pleaños de M iguel Angel
Flores, aparece tam bién en F lores del Alm a. Es un soneto m o­
dernista escrito en grandilocuentes y sonoros hexadecasílabos.
Véase, adem ás, la concepción del arte com o placer estético; el
violín y sus notas constituyen una unidad com pleta y autosuficiente:
30 Idem . # 6 4 16 . V iern es 2 9 /1 1 /3 5 . p.3.
31 Idem . # 6 4 3 9 . Jueves 2 6 /1 2 /3 5 . p.7.
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EL VIOLÍN
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A M iguel Angel Flores.
UN
A
¡CUANTA m ística ternura! ¡Cuánta queja tem blorosa
se desprende cuando el arco va peinan d o su cordaje!
M e p a rece que en el fo n d o de su caja m isteriosa
una niña está gim iendo p o rq u e va a em prender el viaje.
EG
T-
¡Cómo canta, cómo g im e ! .... ¡Cómo lanza la llorosa
cantinela que se extiende p o r la casa y el p a ra je!
hay en él todo un misterio... E n su caja esplendorosa
hay m urm ullos de corrientes y susurros d el follaje.
Ved el arco con su cinta fin a y blanca, tersa y pura,
unas veces se adorm ece com o un humo en la llanura
y otras veces vuela y salta com o un águila altanera.
UD
I
-D
E l violín canta y se queja.... el violín gim e y suspira...
y en el fo n d o de los aires su gem ido lento gira
¡Como un cisne que cantando, sobre un lago, se
[m eciera!32
El 13 de ju n io de 1935, conm ocionó a nuestra capital la
m uerte de C ristina C astro, una linda adolescente de tan sólo 17
años, hija de don A lejandro C astro -d u e ñ o de la revista Teguci­
g a lp a -. D ecenas de condolencias en form a de prosa y verso
37
Cárcam o, Jacobo V. Op. C it. p. 152
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Jacobo V. Cárcamo
36
UN
A
H
com enzaron a publicarse a diario en los m edios escritos. C árca­
m o publicó tam bién dos sentidas elegías, una dirigida en nom bre
de "Los A m igos del Arte" y la otra en nom bre propio33. T ales
poem as han hecho suponer a m uchos que C ristina fue novia del
poeta, pero no ha sido posible confirm ar tal noviazgo pues lo
único que apoya esa tesis es el sentim iento de dolor que transm i­
ten las elegías.
Com o se ve, C árcam o daba a conocer sus poesías tam ­
bién en periódicos y revistas. Las prim eras publicaciones encon­
tradas son justam ente las m encionadas elegías del 26 de ju n io de
1935 que aparecieron en la revista Tegucigalpa. Tam bién se han
encontrado sus poem as en las páginas del diario E l Cronista. No
EG
T-
se pudieron encontrar publicaciones suyas en el otro diario im ­
portante de esos años: La Epoca, del diputado nacionalista y
A lcalde de Com ayagüela electo en 1937 F em ando Zepeda Durón, publicación de evidente tendencia cariísta34.
N o es dem asiado arriesgado conjeturar sobre el círculo
-D
social que frecuentaba el adolescente en esa época si se tom an en
cuenta los siguientes hechos: A renal es un m unicipio de larguí­
UD
I
sima trayectoria nacionalista35; la m ism a fam ilia de C árcam o es
33 V er: C árca m o , J ac o b o V . O p. C it. pág s. 69 y 129. O : R ev ista T eeucisalp a. #441.
D o m in g o 2 3 /0 6 /3 5 . Pgs. 10 y 11.
34
Ju an R am ón A rdón re c u erd a así al d iario: "LA EPOCA, el periódico al servicio exclu­
sivo del G eneral Tiburcio Carias A ndino y su gobierno [...]" V er: A rd ó n , Ju an R am ón.
Presencia en el tiem po de una asociación intelectual. Ed. U n iv e rsita ria . T e g u c ig a lp a,
1984. p .93 .
S eg ú n sus h a b ita n tes, en las re c ie n tes eleccio n es de 1997, el p a rtid o N a cio n a l h a b ría
p e rd id o p o r p rim era vez en 4 0 a ño s y p o r seg u n d a en 141. V er n o ta # 1.
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Jacobo V. Cá
"C a H \P. 8AflUai10M
37
OH3KAJO
casi toda de igual filiación política; sus herm anos Chito y Popo
fueron conocidos - y te m id o s- dirigentes m ilitares de ese mismo
partido en los m unicipios de Jocón, A renal y Olanchito; y, por
últim o, los agradecim ientos de F lores del A lm a (1935), donde
H
Cárcam o m ism o lo dice con absoluta claridad en P alabras N ece­
UN
A
sarias:
"Debo, moralmente, a A lejandro A lfaro A rriaga, [profesor
suyo del colegio, escritor y diputado nacionalista] [...] la edición
de este libro [...] él m e sugirió la idea de reunir en un libro mis
EG
T-
po esía s [...]
A provecho esta oportunidad p a ra tributar m i gratitud al
distinguido hom bre público, G eneral A braham W illiams [que
ocupó durante toda la dictadura nacionalista los cargos de V ice­
presidente de la R epública o de M inistro de G obernación] y al
pa rlam entario [por el m ism o partido] de la fr a s e de fu eg o , don
-D
P lutarco M uñoz P., p o r el apoyo que me han p re sta d o ,"36
El poeta O scar A costa deduce, del últim o párrafo, que el
UD
I
financiam iento para publicar el libro lo aportaron los m enciona­
dos políticos37, hipótesis que parece acertada.
36 C árca m o , Jac o b o V . O p .C it. p .2 6 . T o d o s los p a ré n te sis son n u estros.
37 A c o sta , O s c a i. E ntrevista sobre Jacobo V. Cárcam o. D ic ie m b re de 1996.
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BIBLIO TECA CURNO
Jacobo
V.
Cárcanií
CHANCHO
38
HONDURAS, C A
Jacobo V. C árcam o surge, entonces, bajo la som bra y el
apoyo del Partido N acional; pero com o un poeta con p retensio ­
nes de pureza, que no ha inscrito aún la ideología de su poesía,
partidario sim plem ente del bien y de la belleza. E sto es lo que
H
parece querer destacar la conocida escritora antiim perialista V isi­
tación Padilla en unas páginas que tam bién aparecen en el libro,
UN
A
que sirven de presentación al m ism o y de contrapunto a las de­
m ás m encionadas. Allí señala ella con m ucho tacto algunos
aciertos y defectos del novel poeta: su ética y su fuerza expresi­
va, así com o su afecto por las frases largas. A la vez, doña V isi­
tación Padilla - s in aclarar por q u é - se refiere así de los poetas
que van apareciendo por entonces ju n to con el autor: “ [...] un
EG
T-
grupo jo v e n de filia c ió n p oética insospechable [...]"38.
Este era el am biente social que im peraba en la época, y
en el que el poeta C árcam o dio cauce a su vocación literaria du­
-D
rante su etapa de form ación.
UD
I
I. E. El poemario Flores del Alma “el cantor más joven de
H onduras”.
A finales del mes de diciem bre de 1935, com ienzan a
aparecer en los m edios de com unicación im presos los com enta­
38
P ad illa, V is ita ció n ."E l Libro del poeta C árca m o ". El Cronista. A ño X X IV . # 642 9.
S áb ad o 14/12/35. p .l.
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39
Jacobo V. Cárcamo
rios halagadores sobre la reciente publicación de Flores del A l­
ma. A unque m uchos coinciden en que fue publicado prem atura­
m ente39 (quizá se referían a la inclusión de poem as com o el E pi­
gram a arriba transcrito) le conceden calidad a buena parte de sus
H
poem as, y le auguran un buen futuro al adolescente poeta, tan
jo v en que tres años después todavía le llaman: "el cantor más
UN
A
jo v e n de H o nduras"40.
U n adolescente publica su prim er poem ario en un m edio
provinciano y m odernista, proviene de un m edio rural y sus in­
clinaciones literarias son im pulsadas por fam iliares y am igos,
que a la vez son el círculo del poder (el gobierno de C arias, que
EG
T-
luego se convertirá en una dictadura). Sin em bargo, C árcam o
será un aprendiz precoz y m uy bueno: el poem ario -c o n aciertos
y d eb ilid ad es- revela un buen poeta m odernista, que m erecía ser
apoyado y que debió haber generado entre sus m aestros m uchas
expectativas, com o lo dem uestran los tres prólogos del libro y
-D
los abundantes com entarios que generó su publicación.
El m edio hizo lo suyo: apoyar a un jo v en y talentoso in­
telectual y acercarlo a sus m ejores filas políticas e ideológicas.
UD
I
Para C árcam o, a su vez, este apoyo constituyó un aprendizaje
significativo que m arcaría su poesía y su vida posterior en dos
sentidos. A unque m ucha influencia tuvo al principio, el M oder­
39
" C u m p le añ o s del p o e ta C árca m o ". E l Cronista.. A ño X X V . # 6 7 2 1 . S á b a d o 2 8 /1 1 /3 6 .
P 6.
40
D iario E l C ronista. A ñ o X X V II.# 7 3 6 4 .L unes 2 3 /0 1 /3 9 .p.7.
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Jacobo V. Cárcamo
40
nism o y el cariísm o no fueron las tendencias que profesó el p o e­
ta, al contrario, después de ese acercam iento inicial, C árcam o
dedicaría de m anera casi íntegra el resto de su vida a superar esas
filiaciones iniciales; si bien, no alcanzó am bas m etas con igual
H
éxito.
UN
A
Su estética continuó debiendo m ucho a la tradición m o­
dernista, com o lo dem uestran sus últim os 'poem arios, donde los
versos libres que llegó a cultivar alternan entre abundantes m e­
tros característicos de ese m ovim iento41. Y en cuanto a su ética,
cuando el adolescente com enzó a form arse un criterio propio
rechazó el cariísm o y decidió separarse de su círculo social - i n ­
EG
T-
cluso abandonó su p a ís - y se convirtió en un ferviente opositor
de la dictadura; su m alestar consigo mismo, por su prim era cer­
canía al régim en que luego repudiara, lo llevó hasta la negación
- s in duda in ju sta - de su prim era poesía y, m uy probablem ente,
de sí m ism o, en su etapa juvenil.
-D
F lores del Alm a es un poem ario posm odem ista por su
m étrica y po r sus temas. Es el m ás extenso que publicó Cárcam o:
104 poem as divididos en dos secciones: la prim era consta de 62
UD
I
poem as escritos en varios tipos de estrofas y la segunda de 42
sonetos. El poem ario lleva unas palabras prelim inares: una P re­
sentación de V isitación Padilla, que constituye un buen ejem plo
de crítica constructiva; Una fra n ca opinión, donde Esteban
G uardiola le aplaude y lo aconseja en su futuro com o poeta;
C úrrente cálam o, donde A lejandro Alfaro A rriaga da un fuerte
41
En sus últim co p o em ario s, son m u y co m u n es los verso s h e p ta sila b o s, e n d ec a sílab o s y
a le jan drinos.
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Jacobo V. Cárcamo
41
espaldarazo al jo v en poeta, confirm a que él lo aconsejó a p u bli­
car sus poem as y le alaba que escriba sin afectados rem ilgos
retóricos ni descoyuntada dirección vanguardista42; y term inan
los prelim inares con Palabras necesarias, donde C árcam o rinde
H
los agradecim ientos pertinentes.
UN
A
El carácter posm odem ista de F lores del Alm a se eviden­
cia -e n tre otros elem en to s- en la m étrica-: 41 poem as contienen
versos alejandrinos, 3 contienen dodecasílabos, 1 contiene am ­
bos m etros y 4 están escritos en hexadecasílabos; en total, 49
poem as escritos en estos tres tipos de verso, fundam entales en la
tradición m odernista. A dem ás de la m encionada abundancia de
EG
T-
sonetos43, m uchos de ellos escritos en los m etros m odernistas
que arriba se m encionaron.
El poem a E l Ciprés, que parece uno de los m ejor logra­
dos del libro, está escrito en versos pentadecasílabos, con penta­
-D
sílabos y decasílabos com o auxiliares44, al estilo del poem a D e
42
C árca m o , Jac o b o . O p. C it. p. 24.
Al re fe rirse al p o sm o d e m ism o , N av arro T om ás co m en ta:
UD
I
43
"S O N E T O . A u m e n tó el so n eto la co n sid e ra c ió n q u e h a b ia re c u p erad o en la p o e sía m o ­
d e rn ista [...]. V er: N a v arro T om ás, T om ás.M étrica E spañola. 7~Ed. Ed. L abor. B a rc e lo ­
n a, 1986. p.47 2 .
44
En realid ad los p e n ta d ec a síla b o s son te m a rio s (tres p e n ta síla b o s) y los d e ca síla b o s son
b in a rio s (d os p e n ta síla b o s). V er: N a v arro T om ás, T om ás. M étrica española. T Ed.
E d .L ab o r. B arce lo n a , 1986. p.44 0 .
N a v arro e n u m e ra o tros po etas q ue utilizaron el p e n ta d e c a síla b o te m a rio : S a lv a d o r R ueda
en E l enjam bre, E n riq u e G o n zález M artín ez en Soñé con un verso, A m ad o Ñ ervo en
Jardines interiores y G ab riela M istral en In m em oriam , p o r la m u e rte de Ñ ervo; ad em ás
del m e n c io n a d o Jo sé S a n to s C h o can o .
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Jacobo V. Cárcamo
42
viaje de José Santos C hocano45, aclam ado poeta m odernista46,
quien - a l igual que D a río - visitó T egucigalpa47 y había sido
objeto de sendos hom enajes a raíz de su reciente m uerte en 1934.
H
A continuación un breve análisis.
UN
A
El Ciprés
45
46
-D
EG
T-
ERA en la Grecia,
y era en los tiem pos en que los hom bres eran sinceros;
"¡Oh, centinelas
¡Oh, centinelas de los m endigos y de los ricos!
5 ¡Oh, dulces m onjes que con sus m anos verdes y bellas
abren m isterios a los señores del cam posanto!....
¡Cuál cabecean!
¡Cómo se m ecen!
¡Cómo se aduerm en en el silencio!
10 ¡C óm o custodian los blancos restos de los poetas,
las calaveras de los m endigos y de los ricos!
C ita d o p o r N a v arro T om ás en: Idem , p .4 4 1 .
"Un p oeta d e la élite, p e ro en la calle. Es n atu ral q u e lo a p la u d ieran ." A n d e rso n Im bert
UD
I
y Florit. Literatura hispanoam ericana. H olt, R in e h art and X in sto n , Inc. N u e v a Y ork,
I9 6 0 , p. 4 80 .
47
"En aqu el m ed io p rin c ip ió a a c tu a r la G en eració n Intelectual de 1935 q u e dio p a so a
un a h e rm o sa b o h e m ia y q ue sus cen tro s p referid o s eran alg u n a s c a n tin a s y v e n ta s de
ag u ard ie n te co m o [...]; y co m o c en tro de d istin c ió n la c an tin a "El B o sq u e ” d e T a c h o
V alle q u e e sta b a c o n tig u a al v iejo y d e sa p a re c id o e d ific io de la M u n ic ip a lid a d d e T e g u ­
cig alp a; c an tin a q ue servia tragos d e b id a m en te p re p a ra d o s q u e los c lie n tes llam ab an
"O beliscos" con su s sab ro sa s y va ria d a s b o c as y d o n d e el p o eta p e ru a n o José S an tos
C h o ca n o , en una n o c h e d e b o h e m ia , d e clam ó sus p ro p io s p oem as". A rd ó n , Ju an R am ón.
O p. cit. p .75 .
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Jacobo V. Cárcamo
43
UD
I
-D
EG
T-
UN
A
H
Verdes cipreses de honda tristeza,
dedos enorm es y puntiagudos,
dedos augustos que nos señalan la azúlea meta.
15 Tristes cipreses,
cipreses tristes, dadm e un m om ento vuestra tristeza
p a ra cuidar la calavera de aquella pálida,
de aquella humilde, triste p rincesa
que en una tarde fr ía y silente,
20 m ística y negra,
sin darm e un beso,
p a só del m undo la desolada y um brosa puerta....
quiero ser monje,
quiero ser monje, com o vosotros, de f a z desierta....
25 quiero cuidarla,
quiero tenerla,
quiero m irarla
cerca m uy cerca....
en m is raíces beber la sangre de sus entrañas,
30 y cuando beba la dulce sangre de m i princesa
veréis brillando sobre mi copa
dos m il estrellas,
p o rq u e era pura, dulce y hermosa,
p á lid a y buena....
35 ¡Oh, verdes m onjes de entristecida y altiva frente,
dadm e un m om ento vuestra tristeza!
A sí decía junto a una puerta
del cam posanto,
un p o b re jo v e n de ojos azules y tez morena;
40 ¡ e lp o b 'e jo v e n se hizo ciprés!....
Tenía el tronco sobre una tum ba fr ía y desierta....
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44
Jacobo V. Cárcamo
y el verde monje,
de fre n te triste, lució en su copa dos m il e s tre lla s48
No parece m uy significativa la prim era palabra escrita en
H
m ayúsculas; pues casi todas las prim eras palabras de los poem as
UN
A
del libro las escribió así.
Sin em bargo, sí es significativo el com ienzo alusivo a la
antigüedad griega - e l culto a la antigüedad grecolatina es cono­
cida característica m odern ista-: ERA en la Grecia ; así com o la
desazón rom ántica, la desilusión p or el m edio social que los
EG
T-
m odernistas heredaron del R om anticism o, en el verso 2o: y era
en los tiempos en que los hombres eran sinceros.
El culto por el ritm o y la experim entación m étrica - ta m ­
bién características m o d ern istas- se evidencian en la rim a aso­
nante arrom anzada, alterna: en los versos im pares (1-7 y 37-43)
-D
y en los pares (10-36); y, principalm ente, en el carácter acentual
del poem a.
UD
I
Como se m encionó arriba, todo el poem a puede ser divi­
dido en tiradas de pentasílabos, que llevan invariablem ente un
acento en su cuarta sílaba métrica:
48
Cárcam o, Jacobo V. Op. cit. pp. 109-110.
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Jacobo V. Cárcamo
45
E /ra e n / la / Gre/cia,
2
3
4
5
4*
H
1
4,
4-
1 2
3
4
5 1
2
I
"¡O h ,/cen/ti/n e/las!
2
3
4
5
3
4
5
1
EG
T-
1
UN
A
y e/ra e n / lo s/ tiem /p o s/ e n / q u e / lo s/ ho m /b res/ e/ra n / sin/ce/ros
4
4
"
'
2
3
4
5
4
-
¡O h / cen /ti/n e/la s/ d e / lo s/ m en/di/g o s/ y / d e / lo s/ ri/cos!
1
2
3 4 5
1 2
3
4
5
1
4*
2
3
4
5
■i'
4"
-D
¡O h / d u l/ces/ m on /jes/ q u e/ c o n / su s/ m a/no s/ ve r/d e s/y / be/llas
1 2
3
4 5
4
UD
I
,
1 2
3
4
5
1
4-
2
3
4
5
4-
a /b re n / m is/te/rio s/ a / lo s/ se/ñ o /res/ d e l/ cam /po/san/to! [...]
12
3
4
5
1 2 3 4 5
1
2
3 4 5
La m étrica española no adm ite cláusulas de cinco sílabas
m étricas, solam ente de dos y de tres; por lo que una posible ex­
plicación de los acentos sería la form ación de una cláusula tro­
càica en las dos últim as sílabas m étricas (- 00), y una prim era
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46
cláusula que consiste de tres sílabas m étricas que pueden ir en
anacrusis (ooo-), pueden form ar cláusula dactilica (óoo-) o, bien,
H
anapéstica (oóo). Ejem plos:
I E/RA en/ la/ G re/cia
o ) + ( ó o) dactilico + trocaico (el m ás frecuente)
16 ci/pre/ses/ tris/tes
(o ó o) + ( ó
UN
A
(ó o
o) anapéstico + trocaico
I I las/ ca/la/ ve/ras
anacrusis + trocaico
EG
T-
(o o o) + (ó o)
UD
I
-D
El tem a de las m etam orfosis en F lores del A lm a - l a
conversión de un jo v en en ciprés en este p o e m a - puede ser ob­
jeto de otro estudio. Por ejem plo, en Tus bucles, aparece la trans­
form ación de los cabellos de la am ada en la luna: Una noche,
¡recuerdas! [...]/C orrías p o r quitarm e m i tesoro p rec ia d o :/ un
gajo dim inuto de tus bucles de o ro / [...] M uerto y a de cansancio
m e desm ayé en la s e n d a ,/y al ver que y a venías a quitarm e mi
p r e n d a ,/ ¡se la arrojé a las nubes y se fo rm ó la luna!49. Las m e­
tam orfosis son un tem a retórico que parten de la m itología griega
y de la literatura latina cuando Ovidio escribió su libro Las m e­
tam orfosis, donde com pila las de am bas culturas; durante el R e­
nacim iento se destacan las de G arcilaso de la Vega; en M entem psicosis, el poeta Juan Ram ón M olina escribe sobre este
m ism o tem a; sirva esta m uestra para m encionar unos pocos
ejem plos de m etam orfosis literarias. Ese tem a no será parte ya de
la poesía vanguardista.
49
Idem. p. 143.
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47
UN
A
H
E l ciprés es -e n to n c e s - un poem a cuidadosamente ela­
borado, su sentido de la armonía descansa en un fino trabajo del
ritmo y podría compararse con la mejor poesía de los m odernis­
tas: Darío, Chocano y pocos más. Su argumento es individualista
y m elancólico-depresivo: entre las horas del oqaso y el alba, un
joven poeta muere de frío y de amor junto a la tumba de la ama­
da (recuerda el spleen romántico). R evela la temática angustiosa
y egocéntrica que lo s modernistas heredaron del romanticismo:
el individuo que se lamenta ante la futilidad de la vida. El ritmo
y la temática recuerdan también los m uy divulgados y populares
nocturnos modernistas.
EG
T-
Otra pieza con notables aciertos rítmicos es el siguiente
poema:
UD
I
-D
En tu alm a
CUAL los astros que viendo las som bras
de la noche cubriendo los mundos,
de la m ar en las fr íg id a s ondas
s e van a dormir,
5 a sí y o en esta noche penosa,
sin s e r luna, ni estrella, ni cielo,
en los m ares d e tu alm a p ia d o sa
me voy a dorm ir.50
Con dos sem iestrofas de cuatro versos y rima aguda entre el
4o. y el 8°., la estrofa puede considerarse com o una m odificación
de la octava aguda: escrita en versos decasílabos y hexasílabos,
- e n lugar de los acostumbrados endecasílabos y heptasílabos-;
con rima asonante entre los versos 1 y 3 y consonante entre 5 y 7
- e n lugar de llevarla en 2,3,5 y 6 -; estrofa que, según Navarro
50 Idem p X3.
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48
Jacobo V. Cárcamo
Tomás, había sido característica del Romanticismo y "desterra­
da" durante el M odernismo51.
UN
A
H
Entre las dos semiestrofas, Cárcamo establece tres com ­
paraciones, indicadas por los adverbios Cual, de la primera, y
así, de la segunda: establece la primera comparación entre los
astros (sujeto de la primera estrofa) y él mismo (sujeto de la
segunda); la segunda comparación, entre las som bras de la no­
che y la noche p en osa (la vida actual del poeta); y la tercera,
entre la m ar, refugio de los a stro s, y el alma p ia d o sa de la ama­
da, único remanso para el poeta.
EG
T-
El esquema prosódico del poema; basado en cláusulas
anapésticas con acentos en las sílabas 3a, 6a y 9a; se puede repre­
sentar de la siguiente manera:
CUAL los as/tros que vien /do las som /bras
o
o T o o T
o o
T o
de la no/che cu/brien/do los m u n /dos [...]
UD
I
-D
ooó/ooó/ooó/o
ooó/ooó/ooó/o
ooó/ooó/ooó/o
oó/ooó
ooó/ooó/ooó/o
ooó/ooó/ooó/o
ooó/ooó/ooó/o
oó/ooó
Si bien, siguiendo a Navarro Tomás, el esquem a rítmico
estaría basado en cláusulas dactilicas con las primeras sílabas en
anacrusis52, así:
51 [Durante el Modernismo],1"Se desterró la octava aginia [característica] de la poesía
romántica, [...]". Op.cit. p. 468.
52
Asi como en la música la primera nota de cada compás es la dominante, es "lo común
que el acento, fuerte o débil, afecte de manera principal a la primera silaba de cada
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Jacobo V. Cárcamo
CUAL lo s / astros qu e/ viendo las /som bras
o
o / T o o / T o o / T
o
H
de la /no-che cu/brien-do los/m u n-dos [...]
UN
A
oo/óoo/óoo/óo
oo/óoo/óoo/óo
oo/óoo/óoo/óo
o/óoo/ó
oo/óoo/óoo/óo
oo/óoo/óoo/óo
o/óoo/ó
49
EG
T-
El ego romántico es insondable: el poeta está solo en un
mundo materialista que no comprende los valores del espíritu
-c o m o la p oesía-. Un mundo bárbaro del que decide alejarse. Se
retira así a una soledad que a veces lo complace, pues lo hace
sentir, superior, y otras le hace sufrir. La única comparación
posible con el poeta es el universo (el cielo estrellado en este
caso).
-D
¿La amada es el único remanso para el poeta? Más bien
una excusa, mediante la que él demuestra su capacidad de amar,
pues no pocas veces será ella una ingrata que tampoco lo com ­
prenderá:
UD
I
¿ Q U E p o r qué escribo versos? Porque he gem ido tanto
que todos mis gem idos form aron un gran canto.
¿Que p o r qué he padecido? ¿Que cuál fu e mi dolor?
El am or y el mundo, más que el mundo el am or53.
cláusula," así, "la forma ríe ésta corresponde generalmente a los tipos trocaico, óo, o
dactilico, óoo. (...) Las cláusulas yámbicas, oó, anapésticas, ooó, y anfibráquicas, oóo,
consideradas teóricamente en la representación gramatical del verso, carecen de papel
efectivo en el iitmo oral." Op.cit. p.37.
53 Cárcamo. Jacobo. “¿Que p o r qué? " Op. Cit. p.94:
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Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
Los temas de la muerte y el amor, que aparecen en El
ciprés y En tu alm a, son fundamentales para entender F lores del
Alma y la obra de Cárcamo. Su temática primera es románticomodernista, individualista y m elancólica. Pero su poesía poste­
rior evolucionará y estará caracterizada por un gran humanismo:
por una inclaudicable "apuesta p o r el hombre"54, por "su reb el­
día y su am or a la lib erta d 1,55 y, por lo tanto, por su apego a la
vida56.
54
-D
EG
T-
El tema del amor y los temas autobiográficos disminu­
yen en su obra posterior, B rasas Azules (1938), y casi desapare­
cen en Laurel de Anáhuac (1954) para dar paso a un poeta social
que se olvida de sí m ism o, que dedica y entrega su obra a la hu­
manidad. Además, com o ya se dijo, Cárcamo se em peñó desde
1936 en olvidar su juventud cariísta, a ello se debe - e n parteque evite hablar de sí m ism o en sus poemas: sencillam ente no se
gustaba. Pero en su última obra, Pino y Sangre (1955), intentaba
superar esa obsesión y volvía a hablar de temas personales, aun­
que -o b v ia m en te- los abordaba de una manera muy distinta de
cóm o lo hace en este poemario juvenil, esto se tratará con detalle
más adelante.
UD
I
Este es el juicio acertado que hizo el poeta Livio Ramírez durante el programa radial
Jacobo V. Cárcamo. En Recuento, emisora R.C.N. Sábado, sin fecha, de 1997.
55 Ardón, Juan Ramón. Op.cit. p.218.
56 ''Todo él se regaló, se regaló a ¡a vida; donó sus rebeldías, sus ternuras, su sed de
amor, la angustia de su sordera, su tuberculosis sonora, la pulcritud de su pobreza, la
dignidad de sus escarcelas vacias de monedas, ahitas de trompos a colores, de bolitas de
vidrio, de lápices encantados de mapas, de estrellas a la medida de sus consonantes de
océanos reducidos al hueco de sus metáforas. Como el pino se ofrenda a los pájaros y a
estrellas, asi, Jacobo Cárcamo se ofreció a la vida [...]" dijo de él José Muñoz Cota,
mexicano y amigo cercano de Jacobo en México D.F. Ver: Muñoz Cota, José. Jacobo
Cárcamo. Diario El Día. Año XII. # 3455. Miércoles 02/sept./l 959. pp. 3 y 4.
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Jacobo V. Cárcamo
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Se encuentran en este poemario otras características m o­
dernistas heredadas del Romanticismo, por ejemplo: el gusto por
la noche (sím bolo del misterio) que aparece en otros poemas
como: La m adre tuberculosa (p.35), En la noche (p.47), M uerta
(p.121)... A sí com o el gusto por los ocasos (sím bolo m elancólico
de la muerte del día) que aparece también, en poem as como: El
ciprés (versos 19 y 20), D esengaños (p.66), Una ta rd e con un
am igo (p.73), L as cam panas (p.122), La tarde (p.124)...
Si bien el dolor de la muerte es tema central en su poesía
y recorre todo F lores d el Alm a, Cárcamo postula con claridad su
opción por la vida en Reflexión (p. 118):
EG
T-
"Si en la vida, es verdad, mucho sufrimos,
en m edio d e las p en a s nos reím os
¡y la M uerte no sa b e d e sonrisas!"
UD
I
-D
Esto es más importante de lo que parece a primera vista.
Pues si existe una constante en la poesía de Cárcamo es ésta, en
medio del sufrimiento (en este caso quizá ficticio o abstracto,
pero en otros real y más concreto que él m ism o en esta etapa
juvenil sospechara) él sabrá darle a sus poemas un carácter vital
y hasta optimista. Un poco de ese sentimiento de victoria en
medio de la derrota que ha hecho a algunos críticos comparar su
vida con la que Cervantes mostró genialmente en su Q uijote,
aunque - e n la vida de C árcam o- sin la vena sarcástica de la
prosa cervantina.
En cuanto al amor por la libertad y la actualidad social que
caracterizó la poesía de Cárcamo57, en F lores d e l Altna ya apare57 Y que según Juan Ramón Ardón se traducía en su condición de "enemigo acérrimo de
los tiranos". Ardón, Juan Ramón. Op.cit. p.218.
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ce cuando denuncia, en A M ussolini, la invasión que el ejército
de la Italia fascista estaba emprendiendo por esos años contra
Etiopía. Guerra que era seguida muy de cerca por los diarios
hondureños, que demostraban su simpatía por el pueblo "abisinio" en la mayor parte de sus artículos. Pero es interesante que el
poeta no vea aún semejanza alguna entre M ussolini y C arías-c o m o sí la observó luego y com o en efecto la h ab ía-, pues tam­
bién menciona, aunque de manera indirecta, al Presidente Carias
en A l nuevo pu en te G eneral Carias, donde celebra la obra de
ingeniería. Cierto: no habla en ningún momento a favor o en
contra de la persona del General, pero jamás, después, se le ocu­
rrirá escribir ese nombre sin los adjetivos que demuestren con
claridad su desprecio por el ahora presidente electo; pero que un
año después de la publicación de este poemario (1936) se con­
vertiría en dictador al promover su continuism o mediante un
artificio legalista: modificar la Constitución de la República.
UD
I
-D
V olviendo a su poemario, es la amada quien da el sustento
fundamental al libro. El tema central de F lores del Alina es, en­
tonces, el amor; así es en E l ciprés y En tu alm a, así com o en la
mayor parte de los poemas. F lores del Alm a es motivado más
por el sentimiento que por la razón. Pero, de manera incipiente,
entre los temas centrales, aparece también el m otivo central de
toda la poesía que escribió Cárcamo: el hombre. Am bos aspectos
aparecen desde el primer poem a del libro: M is versos:
“N o son m is versos los del sabio ingente
que vienen del cerebro p o r la mano,
son luz del corazón, rayo fulgente,
im agen clara d el d o lo r hum ano. ”5S
ÍS Op. cit. p.28
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Jacobo V. Cárcamo
La época de F lores del Alma fue, también, la más dicho­
sa que conoció el poeta, véase cóm o sus am igos le celebraron - é l
ya no contaba con los recursos económ icos de la in fan cia- su
cumpleaños en 1936:
H
CUMPLEAÑOS:
UN
A
E l distinguido jo v e n p o e ta don Jacobo V. Cárcamo, está
celebrando hoy el día d e su natalicio. Con este m otivo sus amis­
tades le obsequiaron con una fiesta bailable. Es Cárcam o una
ju ven tu d batalladora, inteligente y sob ria...59
Cumpleaños del poeta Cárcamo.
EG
T-
En este día está celebrando e l aniversario de su naci­
m iento el jo v e n p o e ta Jacobo V. Cárcamo, quien p o r ta l m otivo
será obsequiado esta noche con una alegre fiesta que ameniza­
rá la Marimba Internacional [...]
-D
A los 17 años publicó su primer libro de versos FLORES
DEL ALM A, que si bien es cierto no es una obra perfecta debido
quizá a lo prematuro de su publicación, tiene sin embargo versos
de extraordinaria imaginación poética [...]60
UD
I
Sin embargo, a pesar de los aciertos que puedan encontrar­
se en el poemario y de haber sido esa época la de su adolescencia
y la de mayor alegría que conocería hasta el final de sus días,
Cárcamo llegó a avergonzarse de F lores d el Alma. Hondureños
que lo conocieron cuando vivía en M éxico D.F. -c o m o el Dr.
Gustavo Adolfo A guilar- cuentan que llegó a convertirse en una
59
Diario
ñ<> El
La Epoca.Ano IV.# 1022.Sábado 28/1 1/36. p.4. Las negritas son nuestras.
Cronista.Año X X V .# 6 7 2 1 . Sábado 2 8/11/36. p.6. Las negritas son nuestras.
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Jacobo V. Cárcamo
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de sus costumbres el coleccionar todos los ejemplares que pudie­
ra de ese libro y echarlos al fuego. Cuenta también el Dr. Aguilar
que Cárcamo se molestaba con que sólo le mencionaran el poemario y exclamaba airado: "¡Eso no es mi poesía!"61.
UD
I
-D
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Daniel Laínez escribió un libro satírico: M anicom io, donde
critica sin piedad, pero con argumentos sólidos, m uchos versos
infortunados de varios poetas hondureños. Incluye allí algunos
poem as de F lores del Alma; en un apartado que se titula Jacobo
V. Cárcamo critica con som a los poem as Senos, L os besos, A m o­
res de com erciante, La m adre tuberculosa y A M aría. En esa
crítica, Laínez demuestra varias contradicciones ingenuas en las
que cae Cárcamo y se las atribuye a lo prematuro de la publica­
ción del poemario62 D ebe mencionarse, también, que Laínez
escribió su libro durante la década de 195063, y que no critica
todo el poemario F lores del Alm a, así com o que se abstiene de
criticar cualquier otra obra de Cárcamo, por ejem plo, Brasas
Azules publicado en 1938.
En conclusión, aunque Cárcamo se arrepintió, tiempo des­
pués, de haber publicado F lores d el Alm a y el poemario, en efec­
to, tiene sus debilidades -c o m o ya lo habían señalado sus con­
temporáneos: sus frases a veces muy largas, así com o la facilidad
de algunas rimas y de una parte de su vocabulario-; el libro con­
tiene, sin embargo, gran cantidad de aciertos (com o su fuerza
expresiva y el delicado cultivo del ritmo) así com o poem as
m agn íficam en te logrados, el caso de los dos que se han ana61 Aguilar, Gustavo Adolfo. Entrevista sobre Jacobo V. Cárcamo. Tegucigalpa, enero de
1997.
62
Laínez, Daniel. Manicomio. Ed. Universitaria. Tegucigalpa, 1980. Págs. 151-159.
Esto se infiere por un método indirecto, ya que al hablar de Fiores del Alma, dice que
“[...]hoy debe pesar como un fardo en las enfermas espaldas del pobre poeta". Ibid. P.
152. Con esto se asume que se refiere a las múltiples enfermedades que aquejaron a
Cárcamo durante la década de 1950.
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Jacobo V. Cárcamo
lizado en este capítulo. El libro constituye una excelente muestra
de la estética modernista, además de tocar ya -aunque de manera
in cip ien te- los temas y m otivos básicos que conformarían su
poesía posterior.
EG
T-
UN
A
H
Por ello se piensa que debería buscarse el rechazo -s in
duda excesivo que sintió Cárcamo por esta obra en otros ele­
mentos. La hipótesis que parece más sólida es que lo rechazó
debido a los agradecimientos que hace en la obra a los políticos
cariístas que se mencionaron y -p rin cipalm en te- al gran viraje
que sufrieron las ideas políticas y poéticas del escritor; ideas que
lo llevaron a abrazar la literatura social y el vanguardismo, e
incluso a abandonar su patria para siempre el tres de febrero de
1939.
UD
I
-D
Como de manera acertada interpreta el Sr. Leyva64: ¡Eso
no es mi p o esía ! equivale a ¡he cambiado!, ¡ese no soy yo!, ¡soy
otro!, ¡no quiero recordar ni que me recuerden por ése! (hombre
y poeta) ¿Por qué no seguir entonces sus deseos? ¿Por qué no
echar al olvido lo que él intentó y pidió olvidar con tanta vehe­
mencia?
El poemario existe y no pudo ni podrá ya ser borrado de
la bibliografía nacional. Representa al primer Cárcamo, al ado­
lescente que com ienza a formarse. Ilustra su iniciación poética y
política; iniciación que, com o se mencionaba antes, marcó su
poesía y su vida posterior de manera significativa. Por ello, un
supuesto respeto a los deseos del poeta puede llevar - y ha lleva-
64
Leyva, Hcctor. híntre\¡sf.n. Agosto de 1998.
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Jacobo V. Cárcamo
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H
do a muchos com entaristas- a desechar este libro que contiene
valiosos aportes a nuestra poesía -p oem as tan finamente trabaja­
dos en el aspecto rítmico como E l ciprés o En tu a lm a -, así co ­
mo no menos valiosas explicaciones acerca de su vida y de su
obra.
II. A. 1936-1937: De amigo a perseguido por el régimen. “po­
UN
A
co a poco se orienta, se estremece y grita”.
EG
T-
Una vez publicada - y bien recibida- su primera obra, inicia
Cárcamo un período de intensa actividad en el campo de las
letras. A partir de diciembre de 1935, empieza a publicar con
mucha mayor frecuencia sus escritos en los distintos periódicos y
revistas de Honduras.
UD
I
-D
D esde entonces hasta finales de 1937, Cárcamo cumplió
su vigésim o y vigesimoprimer cumpleaños; se graduó de bachi­
ller; conoció - n o en las a u la s- los diversos m ovim ientos de van­
guardia que habían empezado a formarse en Europa y América
desde la época en que él nació; su estética com enzó a verse in­
fluida por ellos y los defendió, pluma en mano, en prosa perio­
dística y por m edio de sus poemas; dirigió una revista (más que
nacionalista) cariísta en la que se abstuvo de publicar sus escritos
e ingresó en la A sociación Nacional de Cronistas (germen de la
A sociación de Prensa Hondurena, que a su vez es el antecedente
del actual C olegio de Periodistas de Honduras).
A l final de este período, el que fuera un ingenuo poeta
modernista es ya dueño de un criterio y de una voz poética pro­
pios. Comienza a dudar de su tranquila posición - s i bien no co ­
mo d efen sor- com o amigo de un régimen que se convierte desde
esa misma época (1936) en dictatorial, artífice de la polém ica
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Jacobo V. Cárcamo
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bendita p a z -para u n o s- o p a z de los cem enterios -para otros-.
Sin duda, tras una grave crisis interior, Cárcamo opta por aban­
donar la tradición y con ella su vida presente, por apoyar las
ideas y corrientes nuevas que él mismo ayudará a consolidar en
Honduras.
H
II. B. Una polémica entre modernistas y vanguardistas. “N o
UN
A
s é si u sted es en em igo [...]”
EG
T-
Junto con los poemas encontrados en la revista Tegucigal­
p a , se ha encontrado una interesante polém ica sobre “La u tilidad
en el arte , que sostuvieron en las páginas del diario E l Cronista
los intelectuales Oscar A. Flores, y Samuel Bretón, con sus riva­
les Alejandro Alfaro Arriaga y Alejandro Rivera Hernández. En
la polém ica también intervinieron Florentino del Cid (que elogia
los ju icios de Bretón) y -probablem ente, en un artículo sin fir­
m a - el dueño del diario: don Manuel Calderón, quien interrum­
pió la publicación de los artículos con otro titulado: Se p o n e fin a
una polém ica.
UD
I
-D
El intercambio de opiniones duró del 9 de septiembre de
1936 - L a u tilidad en el a rte65- hasta su cancelación, el 10 de
octubre del mismo año en Se p o n e fin a una p o lém ica 66. Según
todos los indicios, Samuel Bretón era precisamente Jacobo V.
Cárcamo, quien en cinco artículos titulados Con el fu tu ro y co­
ntra el p a sa d o 67 hace acopio de sus conocim ientos para defender
65 Flores, Oscar A. La utilidad en el arte. Diario El Cronista. Año XXV. # 6653. Teguci­
galpa. Miércoles 09/09/36. pp. 1 y 8.
66 Idem. # 6680. Sábado 10/10/36. p.3.
61 Ver Op. cit. tt's: 6676, 6678, 6680, 6683 y 6686. De los días: 24, 26, y 29 de septiem­
bre de 1936, y 02 y 06 de octubre del mismo año.
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Jacobo V. Cárcamo
los m ovim ientos de vanguardia que ya habían tardado varios
años en llegar a Honduras; a favor de la opinión de Oscar A.
Flores y en contra de las de su maestro Alfaro Arriaga y de R ive­
ra Hernández.
UN
A
H
En La U tilidad en el A rte, Flores defiende el “arte útil”
- e n el sentido marxista que ahora llamaríamos “arte com prom e­
tido”- com o una obligación del artista para encontrar las particu­
laridades nacionales, denunciar las injusticias sociales y empujar
al pueblo a participar en la superación de éstas y del subdesarro11o:
EG
T-
Y m ientras exista en el mundo una injusticia que rep a ­
rar, un error o un p reju icio que destruir, el arte, y a en el ritm o
magnífico del verso o de la prosa, y a en la variedad d e l co lo r y
la alegría de la luz, y a en la fr ía dureza del m árm ol y la pied ra ,
es p reciso que tienda a aquellos fin e s t%.
UD
I
-D
Y
lo contrapone al “arte inútil” que concibe com o una
búsqueda ociosa de la belleza, com o un arte narcisista y desfasa­
do con respecto a los cambios que están sufriendo el mundo y la
literatura: “el a rte p o r el arte", no tiene razón alguna d e ser. Las
tendencias y m odalidades nuevas de la vida so cia l han hecho
variar aquellas fo rm a s negativas de esta actividad. M enciona el
poema P obrecita la luna com o ejemplo hondureno de arte inútil.
Flores critica la com pasión por la luna, cuando hay tantos seres
humanos que sufren penalidades y que urgen más de esa com pa­
sión.
“¿Es razonable, en p resen cia de desigu aldades y d o lo ­
res humanos que reclam an nuestro esfuerzo y cuya existencia
68 Flores, Oscar A ” La Utilidad en el Arte”. El Cronista. Año XXV. #6653. Tegucigalpa,
Honduras. Miércoles 09/09/36.p.l y 8.
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déb ese a una deficiente organización social, sen tir p ie d a d p o r el
"hermoso astro de la noche" que no la necesita? ”69
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H
El autor del poema -q u e Flores no m enciona resulta ser
Alejandro Alfaro Arriaga (el aludido maestro de Cárcamo, y
prologuista de F lores d el Alma); quien publica, a manera de
respuesta, un largo poema de corte modernista donde defiende el
cultivo del “arte por el arte” y, en tono de sátira, asigna la de­
nuncia a la prosa y la belleza a la poesía.
EG
T-
Ego Sum .../
(M e refiero a la indirecta directa que me endilga el Ledo. O scar
A. Flores, en su artículo, "LA UTILIDAD E N EL ARTE" repro­
ducido en EL CRONISTA de ayer, nueve de septiem bre).
UD
I
-D
Ú til o inútil, y o venero a l ARTE
m i IDEAL, en la Luna, en Saturno, en M arte,
en la cabellera bruna de la am ada;
en e l cuerpo g rá cil de una bayadera,
en la ju e rg a tosca d e una borrachera,
hallará el m otivo bello de un cantar;
no sig o tendencias, cualquiera que sea
es menos g allarda que mi p ro p ia idea;
y o sigo las normas de mi misma Escuela:
cuando y o lo monto, C lavileño vuela
(las Siete Cabrillas lo bañan de luz),
p arn asian o o clásico, e l romanticismo
p o c o me disgusta, y el estridentismo
me agrada, si el p o e ta lo cubre d e azul.
* * *
69
Ibid.
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Jacobo V. Cárcamo
* * *
UD
I
-D
EG
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A
H
¿Q ué e l M undo fra ca sa perdién d ose en una
burda confusión ...?
¿qué hay hom bres más p o b res que la herm osa Luna
más bella que Orion ...?
¿qué en sucio tugurio gim e el oprim ido
y en mansión excelsa, tam bién su gem ido
suelta el o p r e s o r ...?
A llí está la prosa, som era y galante,
que hallando un “Motivo”70lanzará vibrante
el gesto magnífico de su adm onición;
con ella derram e su acervo fecu n do
mi amigo, don Oscar, m ostrándole a l M undo
(Mundo nauseabundo)
el m ejor cam ino de su redención.
P ropagar ideas, enseñar verdades,
d a r votos de f e envuelta en saudades,
lejos de la amada, fu era de lo irreal...?
A llí está la p ro sa soberbia y galana,
e l verso no p u ed e d a r su filig ra n a
p o rq u e es de los reinos de lo espiritual.
Critique, don Oscar, resabios de antaño
en otro terreno, que no el de azahar;
y nunca me vuelva con ningún regaño
p o rq u e yo, a la Luna, quise recordar.
Yo sigo mi ruta: mía y sólo mía,
no temo a la baba de la incom prensión;
y o busco las bases de m i p ro p ia Escuela,
70 Motivos era el título usual de los artículos periodísticos de Oscar Flores, titulo que
abandonó momentáneamente en La Utilidad en el Arte.
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Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
mi P egaso no anda: mi P egaso vuela,
su alcá za r de luces lo tiene en el Sol;
si baja a la tierra, luego sube y sube
en él y o me elevo cantándole al Arte,
a la herm osa Luna, a Saturno, a M arte,
a mi novia en flo r;
y haciendo a un lado el decadentismo
y o sigo enfocando mi p ro p io idealismo,
y canto a l amor.
Alejandro Alfaro Arriaga.
Tegucigalpa, septiem bre 10 de 1936.7'
EG
T-
La polém ica está entablada, los artículos de uno y otro con­
tendor com ienzan a ir y venir. Alfaro Arriaga publica, además, el
poema en cuestión:
¡Pobrecita la luna...!
UD
I
-D
¡P obrecita la luna...!, se ha p a sa d o de moda:
los p o eta s de hoy día no le quieren cantar;
p o rq u e creen estos víctim as del banal vanguardismo
que es el canto a la luna pu ro rom anticism o
-b a r a to y m a ricó n com o aquel abalorio que se ofrenda a la am ante
que una noche de besos, obscura y lujuriante
se rindió a la insinuante ficción de nuestro amor.
¡P obrecita la luna...!, le han p erd id o el respeto
y a ni el novio se oculta cuando quiere besar:
/! Alfaro Arriaga, Alejandro. "Ego Sinn
El Cronista. Año XXV. N°. 6655. Viernes
11/09/36. p. 6. I j is palahiuá en negrita son del original.
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Jacobo V. Cárcamo
es lo mismo en la calle, y en el teatro es lo mismo;
¿para qué los rodeos, cuando im pera el nudismo,
si es el beso desnudo el que hoy se debe dar...?
¡P obrecita la luna...! ¿quién la adm ira en sus noches,
H
cuando p len a y hermosa so b re la tierra brilla
que boga en e l Azur?
UN
A
y en la cim a de un cerro atraca su barquilla
Nadie, nadie la adm ira; ¿para qué, si es apenas
un reflejo en la noche que cobija a l A bism o...?
hoy trepida en las fá b ric a s el tenaz maqumismo
EG
T-
y m illones de fo c o s dan a l hom bre su luz.
¡P obrecita la luna...!, solam ente en los p u eb los
donde aún la sirena del p ro g re so insistente
no ha rasgado el confín ...
su servicio nocturno sigue sien do lo mismo;
-D
y, com o todavía el p r o c a z snobismo
no ha engendrado inquietud,
UD
I
los am antes encubren la fie b r e de su anhelo;
p o rq u e saben que atisba la luna d esde el cielo
en su barquilla de oro anclada en el Azur.
¡P obrecita la luna...! ¿se ha p a sa d o de m oda?
quizá vuelva a se r útil en el año D O S MIL:
cuando brillen de nuevo los tesoros d el A rte
y vagando los hombres, p o r Saturno o p o r M ar­
te,
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Jacobo V. Cárcamo
63
de regreso a la luna sea hora de dormir.
M ientras tanto que siga doña Luna su sino
sin fija rs e en las p o se s de este sig lo feb ril,
y que espere inmutable, que le sa lte a l camino
H
la sorpresa de siglos del gran año D O S MIL... 72
UN
A
Es en este momento que aparece el primer artículo de
Samuel Bretón (Jacobo V. Cárcamo) en defensa, no de su m aes­
tro, sino del arte útil (“¿Amigo de Platón, pero más am igo de la
verdad?”) Cárcamo considera que la cantera modernista ha sido
agotada después de 70 años de estar siendo cincelada por los
EG
T-
poetas y que es tiempo de pasar a nuevas técnicas estéticas, las
de vanguardia y más específicam ente las del “arte útil”:
"Nuestra literatura no ha cam biado, [...]. Com parando
los cursos de nuestros p o e ta s actuales (con excepción de los de
algunos que están entrando y a en los nuevos ja rd in e s d e la p o e ­
-D
sía) con los de los bardos del pasado, se nota una similitud que
en muchos casos raya en el plagio. Los m ism os m otivos; igual
UD
I
m anera de cantar, ningún gesto individual; nada de estilo; sólo
una escuela, la escuela de los p o e ta s antiguos en que se hace
gala de un falso patriotismo y de un amor ideal que sólo cabe
en los nefastos y antim odernos m oldes d el R om an ticism o."
Y
tras un análisis de P obrecita la luna concluye que es
un poema “retaguardista”:
7">
“ Arriaga, Alejandro AI faro”. ¡Pobrecita la luna...I”. El Cronista. A;io XXV, # 6671.
Viernes 18 de septiembre de 1936. P.3.
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Jacobo V. Cárcamo
H
"En su último artículo [...] Alfaro A rriaga adopta un to ­
no paternal, dem ostración d e un orgullo indebido y de una su p e­
rioridad que no existe.
Se inviste de una au toridad fa lsa a l calificar a l Van­
guardism o com o banal, en su célebre poem a “¡P obrecita la
L una!”
[■■■]
UN
A
¿A qué llam a vanguardism o nuestro bardo?
Vanguardia es adelanto, avanzada.
EG
T-
¿No son vanguardistas todos los poetas hondurenos ac­
tuales que le cantan a la carne de la mujer amada, que hilva­
nan una metáfora moderna para desconcertar a nuestros anti­
cuados “verseros ”, o que elevan, en los arpegios de un verso,
un grito de protesta ante la injusticia y la opresión? ,73
P ero si A lfaro A rriaga le llam a vanguardism o a la P o e­
sía trivial, sin fo n d o y sin escuela, nada más vanguardista que
'P ob recita la Luna A nalicém oslo brevem ente.
UD
I
-D
[-]
Sólo hay un verso bello en todo este p o em a ; lo dem ás es
ju eg o de pa labras, danza de ritm os, minué de rimas. E l verso a
que nos referim os es el siguiente:
“En su barquilla d e oro anclada en el azul ”
(se refiere a la luna).
¿Que no hay arte inútil? ¿Q ué mintió O scar Wilde?
A rte inútil es el poem a “P obrecita la L u n a ” y todos los
dem ás versos que tienen com o única visión el deleite, p e r o el
deleite de los espíritus m ediocres. Esta es la p o e sía burguesa.
[...]
Nótese en las palabras en negrita como Cárcamo identifica vanguardismo con poesía
social, escuelas que ahora se consideran distintas.
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Jacobo V. Cárcamo
-D
EG
T-
UN
A
H
A rte útil son las novelas de M áximo Gorki, “Los M ise­
r a b le s ” de Víctor Hugo y otros muchos libros en los cuales
tiembla, con tem blores de sangre, el d olor de las muchedumbres
n ecesitadas y oprim idas.
[...]
A lfar o Arriaga, nuestro p o eta de retaguardia (ya que no
lo es de vanguardia) debía, p o r sus dotes intelectuales, a zo ta r su
P egaso p a ra llegar a las cimas del siglo en que vivim os14."
Ante una crítica semejante Arriaga no podía callar: con
una treta retórica, alega que no ha calificado de banal al van­
guardismo.
¿Q ué califiqué de banal a l vanguardism o...? A quí re­
cordem os un p o c o los signos de puntuación (no sé s i u sted es
enem igo de la G ram ática); ¿recuerda aquel ejem plo que nos
enseña el oficio de la com a?: Los alumnos, que s e p o rta ro n mal,
fu eron castigados", es decir todos se p o rtaron mal; en cam bio:
"Los alumnos que se p o rtaron m al fu eron castigados" esto es
aquellos que se p o rtaron mal, no todos.
D igo en mi "triv ia l" poem a: "porque creen estos vícti­
m as del banal Vanguardismo ", no hay com a que a ltere el sen ti­
do; se entiende aquel Vanguardismo a cuyo abrigo se acogen los
m ediocres p a ra echar a l mundo sus adefesios.
UD
I
Además, Alfaro Arriaga califica P obrecita la luna de
“ultravanguardista”; pues considera que va más allá de la visión
de la moda vanguardista y prevé lo que sucederá en el año dos
mil (opinión difícil de compartir, pues el poema es claramente
modernista). Alfaro critica especialm ente la poesía estridentista y
creacionista com o una muestra de esa nueva poesía que (a su
ju icio) no merece ser llamada arte, por sus disonancias que aten-
74
BRETON, Samuel. “Con el luturo y contra el pasado”. El Cronista. # 6665. Jueves
24/sept./ 36, P. 4
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Jacobo V. Cárcamo
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tan contra el ritmo y la estética. Pide un dictamen que evalúe su
poema y él mismo sugiere una tem a examinadora.
H
Bretón (Cárcamo) alude, entonces, a F lores d el Alm a (su
primer poemario) declara que no le gustan los prólogos de ese
libro (uno de ellos -reco rd em o s- lo escribió su maestro y ahora
contendor) y anuncia que los ejemplares serán quemados:
UN
A
"[Alfaro Arriaga] D ice que só lo califica de ban al al
Vanguardismo que ha entrado en degeneración. Supongam os
(aún contra la razón) que esto fu e lo que quiso d ecir el apreciable señor, en su poem a de las com as m isteriosas y de los sign ifi­
cados esotéricos. ¿ Y el libro ‘Flores del Alm a”? (ese libro que,
EG
T-
según le oímos decir a su autor en cierta ocasión, irá muy
pronto a la hoguera, no sabemos si por los prólogos o por los
versos) s e lanza el señ or p ed a g o g o p o lític o contra todo el Van­
guardism o a l escribir: "sin afectados rem ilgos retóricos ni d e s­
coyuntada dirección vanguardista ”.
-D
E l p o e ta se contraría, el trovador se m ete en un berenjenal
del que nadie lo sa c a r á ."
UD
I
Flores y Bretón no rechazan ni aceptan la tem a exam i­
nadora del poema propuesta por su contendor; pero uno de los
mencionados, Alejandro Rivera Hernández, interviene para de­
fender la postura de Alfaro Arriaga.
Al final de la polém ica, Rivera Hernández “descubre” la
identidad de Samuel Bretón y le “recuerda” F lores d el A lm a, uno
de cuyos ejemplares, autografiado por Cárcamo, dice guardar
con mucho aprecio (,.. léase: salvar el documento de las llamas
para restregar a Cárcamo su primera estética y poética). M ien­
tras, Alfaro Arriaga -d esarm ad o- se retira de la contienda, no
sin antes amenazar con denunciar a sus rivales de com unistas y
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Jacobo V. Cárcamo
de constituir un peligro para el orden social. Es entonces cuando
interviene la dirección del periódico para cerrar la discusión,
pues considera que se ha salido de los cauces de la literatura,
para incursionar en los de la contienda ideológica:
UN
A
H
"[...], los g allardos p o lem ista s abandonaron en las últi­
m as jo rn a d a s el tema a discusión y suavem ente entraron a esp i­
g a r en los p e lig ro so s del comunismo, que no p o r envolverlos en
ropajes literarios deja de se r contraproducente y p elig ro so en
estos tiem pos de inquietud u n iversa l."
Terminó, pues, la lucha, a nuestro ju ic io sin que hubiera
vencedores ni vencidos.
P alabras, p a la b ra s y palabras.
EG
T-
Irónico final para una polém ica sostenida en un diario,
que se com pone de Palabras, p a la b ra s y de... ¡poco más!
UD
I
-D
Cabe aquí mencionar que las vanguardias literarias no
significaron necesariamente la creación de una poesía que apoya­
ra el cambio social; por ejemplo en Nicaragua, donde la estética
vanguardista aparece en la década de 1920, introducida por un
grupo de escritores de tendencia política som ocista - e s d ecirconservadora.
Esa situación no se dio en Honduras, donde los intelec­
tuales cariístas se opusieron fervientemente a la literatura de
vanguardia y se aferraron (ojalá al posm odem ism o) a los adoce­
nados m oldes del modernismo. Probablemente la única excep ­
ción sea el prosista Marcos Carias R eyes Secretario de Estado
(M inistro) en el gobierno de Tiburcio Carias que, en el prólogo
de B rasas Azules, defiende la superación paulatina del M oder­
nism o y el cultivo de temas sociales en la literatura, siempre que
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se abandonen los “compromisos determinados”75. He aquí otro
tema que podría ofrecer interesantes resultados en una investiga­
ción.
II. C. Un poemario desconocido: Puente'. “Yo soñé que los
H
mundos se quebraban”.
EG
T-
UN
A
El poemario Puente, desconocido hasta la fecha, nunca fue
editado en forma de libro; pero son parte de él los poem as publi­
cados en la revista Tegucigalpa entre diciembre de 1935 y no­
viembre de 1936; cuando aparece el poema Cántico de la hora
nocturnal76 con la nota al pie: D el libro en preparació n "B rasas
Azules", aunque ese poema -dedicado a don José María Albir,
Secretario del Dr. Tiburcio Carias A n d in o- no fue incluido en la
versión final del libro.
UD
I
-D
Esto indicaría que Cárcamo abandonó el proyecto de pu­
blicar Puente y emprendió el de Brasas A zules o, en otras pala­
bras, durante este año habría conocido - a l m en o s- la estética
vanguardista y habría comenzado a sentirse seducido por sus
propuestas; esto lo confirma el hecho de que aparecen algunos
versos libres y un asomo de juegos tipográficos en este Cántico
de la hora nocturnal; si bien, las dudas políticas no parecen ir de
la mano con las estéticas, porque -c o m o se dice arriba- este
poema está dedicado a uno de los hombres de confianza del go­
bierno de Carias.
Cárcamo, Jacobo V. Antología de Jacobo Cárcamo. Op. Cit. p. 157.
Ver: Cántico de la hora nocturnal (A don José María Albir). Revista Tcsucisaloa.
Año XI. # 513.08/11/36. p. 13.
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Jacobo V. Cárcamo
En estos versos se encuentran algunas huellas del cam ­
bio que estaba sufriendo el aún adolescente Cárcamo durante
estos años. Cambio que lo llevó a escribir sus libros que más han
trascendido: B rasas A zules (Tegucigalpa, 1938), Laurel de Anáhuac (M éxico, 1954) y Pino y Sangre (M éxico, 1955).
UN
A
H
En poem as que aún respetan la métrica, se encuentran
elem entos que podrían ser de influencia vanguardista; com o
P esadilla, donde en un soneto endecasílabo se descubre onirismo
(característica surrealista):
EG
T-
Yo soñé que los mundos se quebraban,
y que al g o lp e de férreo s cataclism os
cerrábanse rugiendo los abism os
y los cerros crujiendo se rajaban.
-D
Que la luna rom píase a l violento
roce de las estrellas encendidas,
que daba g rito s el fu rio so viento
y rajaba las ram as más fo rn id a s
UD
I
Que saltaba la fu en te bullidora,
que el océano su bíase a la sierra
y se hundían mil rayos en el suelo...
y vi tras los cristales de la aurora
un desfile de noches en la tierra
y un ga lop e de soles en el cielo.11
11 Revista Teeucisnloa. Año XI. # 485. 26/04/36. p. 6.
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También se encuentran asociaciones libres y una visión
distinta de la tarde en Silencio78 : "\...]/la tarde es una m onjita
adorm ecida;
EG
T-
UN
A
H
Otro ejem plo es Poem a U rgente de la R isa P retérita 19,
donde el decoro que aún guardaban los modernistas parece ya
perderse, en aras de un tono de provocación más cercano al van­
guardismo: [...] Sobre la som bra azul, /s o b r e la som bra azul de
mi pasado, / m iro tus labios rojos quem ados d e deseos, / tus
dientes fu lgu rantes de la s c iv ia /y la dulce serpien te d e tu lengua.
/[...]
En Cántico de la hora nocturnal, com ienza a incursionar
en los ju egos tipográficos cercanos al verso libre:
[...] ¡El mar!...
Vienen...
Vienen...
Vienen las olas... [...]
UD
I
-D
Junto con lo anterior, incluye un maquinismo - d e n ece­
saria influencia futurista o estridentista80- que lógicam ente se
reduce a las máquinas conocidas en la Tegucigalpa de esa época,
donde no había llegado aún "la vorágine de los automotores" y
-m e n o s - las grandes fábricas. Y que culmina en E l p o em a del
radio y en E l poem a del río, que sí publicó en B rasas A zu les81.
Véanse dos ejemplos:
78
Revista Teeuciealpa. Año XI. # 486. 03/05/36. p. 19.
79 Revista Teeuciealpa. Año XI. # 506. 20/09/36. p. 8.
El manifiesto Futurista había llegado a Honduras desde 1911. Pero no se cuenta con
datos acerca de las consecuencias que revistió su difusión.
81
Cárcamo, Jacobo V. Antología. Op. cit. p. 193.
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Jacobo V. Cárcamo
71
[...] entonces mis poesías, /[...] / volaban a tu oído com o
aeroplanos líricos/ encendiendo motores de jilgueros .82
O bien: El árbol com o antena verdioscura/ en el mundo
esm eralda d e l pa isaje, / capta las arm onías d e la b r is a /p a r a la
H
radio aérea del follaje .83
UN
A
¿Qué está motivando estos cambioá en la poesía de Cár­
camo?
EG
T-
Adem ás de la polém ica mencionada, el testim onio más
cercano lo da don N icolás E. Urbina en su artículo escrito a raíz
de la muerte del poeta. A llí, luego de contar que fueron com pa­
ñeros en el Instituto Central y compañeros de habitación "en la
época de F lores d el Alma" -poem ario que califica de rom ánticocontinúa así:
UD
I
-D
"[...] p e ro p o c o a p o c o [Jacobo] se estrem ece y grita:
"hay que h acer versos que pa rezca n lanzas". [En su segundo
libro: B rasas A zu les] el p o e ta entra con p ie firm e a l lado d e los
p u eb lo s d el mundo que luchan p o r una vida m ejor; p o r un siste ­
ma p o lític o dem ocrático; p o r la liberación económ ica y p o lític a
d e todos los p u eb los que soportan regím enes de esclavitud.
El p o e ta lee el libro ¿Q ué es e l arte? de Rosseau; E l a rte
y la vida so cia l de P lejanov; El arte y las m asas de E lias C astel82
,
” Canción del Recuerdo. Revista Tezucizalpa. Año XI.# 527. 14/02/37.p.23. Las negri-
tas son nuestras
8^
Cárcamo, Jacobo V. Antología. Op. cit. p. 193.
83
Soneto del Rio. Revista Teeuciealpa. Año XI.#547.04/07/37. Las negritas son nues­
tras.
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Jacobo V. Cárcamo
novo y se orienta". Adelante, Urbina narra también la polém ica
sobre la utilidad en el arte84.
UD
I
-D
EG
T-
UN
A
H
Sin embargo, la estética parece haber cambiado ligera­
mente antes que la ética, por lo que puede conjeturarse que tres
factores pueden haber influido en ese cambio: la lectura de los
libros que m enciona Urbina y la lectura de alguna literatura van­
guardista, que por supuesto Alfaro Arriaga no le enseñó en el
colegio; en segundo lugar está la inestable situación política en el
plano internacional; y, quizá la más importante, el “autogolpe de
Estado” que realizó Carias para decretar su continuismo en la
presidencia. Estos tres factores, habrían motivado a Cárcamo a
“o rientar ” - com o lo dice U rbina-, primero, su estética y final­
mente, su ética, que hasta entonces solamente propugnaba de
forma abstracta por el bien y la belleza. A sí, Cárcamo com ienza
a revisar su poética primero, en la búsqueda de las modernas
tendencias poéticas vanguardistas que no conoció en la escuela y
a las que se oponían los intelectuales gobiernistas -u n a tendencia
solamente estética, com o lo demuestran los versos libres del
poema dedicado a José María Albir, secretario de C arias- y c o ­
mo resultado de sus nuevas lecturas, su ética. Puente es el testi­
monio de esta orientación gradual que emprende el poeta: ya que
parte de las mismas influencias rom ánticom odem istas que F lo­
res del Alma y poco a poco muestra las nuevas influencias van­
guardistas, hasta ser finalmente abandonado com o proyecto y
cambiado por B rasas Azules.
En realidad, no sólo Cárcamo está cambiando. Son esos
unos años de cambios muy violentos a escala mundial, caracteri­
zados por una intensa lucha ideológica entre los sistem as socia­
84
Urbina, Nicolás E. Diario El Cronisin. III Etapa. Año XLVIII. # 10629. Sábado
22/08/59. p.7.
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Jacobo V. Cárcamo
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lista y capitalista. En China, comenzaba M ao la revolución so­
cialista que triunfó en 1949. En España se había abolido la M o­
narquía e instaurado la Segunda República, en m edio de una
lucha política que terminaría en la Guerra Civil Española, que
desangró al país con cientos de m iles de muertos y exiliados y
que conm ovió hondamente a los intelectuales del mundo. M éxi­
co se convertía en un paradigma para América Latina, cuando su
revolución de 1910-1920 sufría un repunte con las políticas estatistas y la reforma agraria de Lázaro Cárdenas, Presidente en
esos momentos y, antes, General revolucionario. En 1917 se
había instalado un gobierno socialista en la ex URRS. En Hon­
duras misma -c o m o se ve en la p olém ica- la discusión ideológi­
ca discurría por tales terrenos, aunque los diarios se opusieran.
Todos estos acontecim ientos irían formando el enfrentamiento
que luego se conoció con el nombre de "Guerra Fría" y que con­
tribuyó a darle el carácter de inestabilidad al mundo del siglo
X X , dividiéndolo en dos bandos antagónicos.
UD
I
-D
En la literatura, com o consecuencia de esos y de otros
acontecim ientos, los m oldes modernistas empiezan a mostrarse
insuficientes para dar cauce a las nuevas necesidades de expre­
sión de los jóvenes escritores, quienes proponen nuevas formas
de hacer literatura que se expandirán rápidamente: las vanguar­
dias literarias. Los encargados de difundir las nuevas ideas en
Honduras serán entonces los miembros de la generación de
1936; Jacobo V. Cárcamo entre ellos.
II. D. Ultim a colaboración con el régimen: La R evista Z am -
brano: "¿elpoeta de las cosas bellas!"
Pero la dictadura no dejará ir tan fácilmente a su “más jo ­
ven cantor”. Ya se ha dicho que los intelectuales eran apetecidos
por nuestros gobernantes, para consolidar sus regím enes, y que
Cárcamo era una verdadera promesa en ese campo.
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Jacobo V. Cárcamo
74
UN
A
H
En la Hemeroteca Nacional "Ramón Rosa", gracias a la
generosa ayuda de su Director, el poeta José Adán Castelar, se
ha localizado uno de los últimos vínculos de cooperación entre
Cárcamo y la dictadura de Carias: el primer número de la R evista
Zam brano (Publicación N acion alista8S), (31 de enero de 1937).
En su página primera se lee: "Director: Jacobo V Cárcamo.
A dm inistración: adscrita a la Dirección".
-D
EG
T-
La revista estaba concebida com o un órgano de divulga­
ción de la dictadura, probablemente para contrarrestar las p osi­
bles protestas a raíz del autogolpe continuista de 1936; y así lo
revelan los artículos halagadores del gobierno y de sus principa­
les funcionarios, o bien anunciando los nombres de liberales que
renunciaban y se sumaban a las filas del partido gobernante; no
tiene un solo artículo de fondo, solamente propaganda política.
La revista debió contener una foto del Dr. Carias en la portada
(según información oral, pues tal parte de ella se ha perdido), y
en sus interiores hay fotos del "Mayor General Anastasio Som oza", Franklin D. R oosevelt, Abraham W illiam s y Fem ando Ze­
peda Durón (quien había tomado posesión de la A lcaldía de Comayagüela el primero de enero de ese año).
UD
I
En el diario La E poca (cariísta, com o era, y propiedad de
don Femando Zepeda Durón) aparecieron, por supuesto, los
debidos elogios para la revista y su director; que era, para enton­
ces, ya un conocido poeta en el medio: "La revista se recom ien­
da sola; basta que la dirige un muchacho de la talla de Jacobo
85
Zambrano fue conocido lugar de residencia del Dr. Tiburcio Carias Andino. Donde
tuvo una hacienda rural en la que trabajó cultivando la tierra, circunstancia que aprovechó
en el terreno político para generarse la simpatía de los campesinos y así ganar sus votos
en las elecciones que lo llevaron a la Presidencia de la República en 1933. Ver: Revista
Zambrano. (Publicación Nacionalista). Tegucigalpa, Honduras. Año I, #1. 31/01/37.
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Jacobo V. Cárcamo
Cárcamo, e l p o e ta d e las cosas bellas [...]”86. En marzo del
m ism o año, acusan recibo del segundo y último número de la
revista87 -núm ero que no se pudo localizar-. Sin embargo, debe
mencionarse que Jacobo no firmó ni un solo artículo de la revis­
ta.
EG
T-
UN
A
H
¿Estará el régimen pasando factura al poeta por su ante­
rior apoyo? D ebió de ser muy difícil la posición del adolescente
Cárcamo, al tener que trabajar com o difusor de un gobierno que
ahora sí era dictatorial y del que muy probablemente ya había
com enzado a disentir. Si ya tenía planeado quemar los ejempla­
res de F lores d e l alm a, aquí debe estar deseando comenzar a
hacerlo inmediatamente y cortar todo vínculo con lo que antes
era tan solo un círculo social.
-D
Por ello no extraña del todo el rápido deceso de la R evis­
ta Zam brano - n o se debió a debilidad alguna del régimen, pues
estaba en su mejor momento; duraría aún, de forma directa, trece
años y, de forma indirecta, más de vein te-; visto esto, tampoco
parece extraño que su director -u n joven entusiasta y para en­
tonces muy productivo- no haya firmado artículos en sus pági­
nas.
UD
I
II. E. Ingreso en la Asociación Nacional de Cronistas: “[...]
aquella luminosa bohemia. ”
El viernes 29 de enero de 1937 aparece en la página tres
del diario E l Cronista una nota donde la A.N .C . convoca a Cár­
86 Figueroa, Ángel. La Epoca. Año IV, #1077. Tegucigalpa, Honduras. Jueves 04/02/37.
p.2.
87
Zambrano. Diario La Epoca. Año IV, # 1,100. p.4.
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Jacobo V. Cárcamo
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camo y a Rosalío Iraheta “p a ra que rindan la p ro m esa de ley. ”
Desdichadamente, el lunes primero de febrero del m ism o año,
aparece en el mism o diario otra nota: “[...] fu e tom ada la p ro m e ­
sa de ley a l jo v e n escritor don R osalío C. Iraheta ”, sin m encio­
nar a Cárcamo. Sin embargo, debe ser por estas fechas que él se
integró a la mencionada A sociación. También publicó constan­
temente sus poem as en las páginas de la revista de la A .N .C . Se
cita de nuevo a Juan Ramón Ardón respecto de esta asociación:
EG
T-
"Los encuentros de quienes form arían un fu e rte bloque
intelectual se sucedían con harta frecu en cia desde a m ediados
d e 1934 y, p o r lo general, en la casa de EL CRONISTA, calorizados p o r la revista TEGUCIGALPA88 y su director; p o rq u e si
ha habido en Honduras una pu blicación que haya logrado m ati­
za r jó v e n e s voluntades intelectuales, esa pu blicación ha sid o la
relacionada revista que logró lo que p odríam o s calificar d e "el
m ilagro de las p eñ a s literarias". [...]
-D
Si habían y a organizado la A sociación N acion al de
C ronistas esta tenía que contar con su órgano de divulgación; y
a sí nació, en el p ro p io año d e 1937, la R evista ANC; pu blicación
m ensual de Ciencias, L etras y Arte.
UD
I
A continuación dam os a conocer los so cio s activos de la
A N C y los directivos de la revista:
O scar A. Flores, M. A m ílcar Girón, A lejan dro C astro h.,
Agustín Tijerino, José Reina Valenzuela, L isandro G álvez, Enri­
que Gómez, Juan Ramón Ardón, Luis M artín ez Figueroa, Ar-
88
Ambas publicaciones se imprimían en un mismo lugar. Era el dueño de El Cronista
don Manuel M. Calderón, y Jefe de Redacción don Alejandro Castro padre. Este último
era también director de la revista Tegucigalpa. Ardón, Juan Ramón. Op.cit. p. 51.
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Jacobo V. Cárcamo
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UN
A
H
mando C erraío Valenzuela, Jacobo Zavala, Ism ael Zelaya, G a­
b riel M ontes (El Príncipe Dihalma), Julio C ésar Amador, M i­
g u el A. Carranza, Jacobo Cárcamo, Florentino A lvarez Canales,
H um berto Chévez Padilla, M atías Fúnez, Vicente G ám ez N olasco, D an iel Laínez, F rancisco L ópez B., A ngel M oya Posas, A le­
ja n d ro R ivera Hernández, B elisario Romero, A ngel (Pachán)
Raudales, R oberto M. Sánchez, S alvador Turcios hijo, Argentina
Zelaya Rubí, Fernando M a n ch a l Streber, Jesús Castro, Epam inonda Rosales, H um berto Chavarría, Rodolfo A. Hernández,
Guillerm o L eiva Bueso, José Cisne Guzmán.[...]
EG
T-
A pen a s [sic] tres años duró la A sociación N acion al de
C ronistas y dos su m oderna revista, p e ro quedó en la H istoria de
la Literatura H ondurena [...]89"
-D
Algunas páginas adelante, Ardón continúa relatando así:
"Por casi tres décadas, de la del '30 a la d el '60, un m ovim iento
literario, el que se inició en 1935, dio rasgos definidos y singu­
la r naturaleza a una bohem ia que a estas alturas d el tiem po
recordam os con nostalgia. [...]"
UD
I
Es fácil, entonces, deducir que las peñas literarias, y con
ellas la bohemia por la que se ha criticado a Cárcamo, no son
más que una alternativa de ambiente artístico; una vía a la que
recurre este grupo de escritores, para abandonar las tradicionales
veladas artísticas en las que también Cárcamo participó cuando
deseaba dar a conocer sus primeros escritos. El ambiente aquí
era más bien de reuniones informales -entre más informales
mejor, al contrario de las programadas v ela d a s- donde se bebía
licor, se discutía, se improvisaban piezas literarias y, en fin, se
89
Ardón, Juan Ramón. Op. cit. pp. 61-65.
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Jacobo V. Cárcan o O1**0*0
HONDURAS. C A
78
escapaba de alguna manera de la férrea supervisión que ejercía la
dictadura. Sigam os escuchando a Ardón:
H
"Pero tam bién aquella bohem ia sufrió las consecuencias
de una dictadura...:
UD
I
-D
EG
T-
UN
A
Un 7 de diciem bre, víspera d e las tradicion ales fie sta s
de Com ayagüela, Jacobo C árcam o y Juan Ramón A rdón [qu e
andaban d e copa en copa90] pasaban fre n te a l P arqu e "La
Libertad" d e Comayagüela. D e p ro n to se escuchó en las
cercanías un: "¡Muera C a ria s...!” Sorpresivam ente, aparecieron
cuatro agentes de la P o licía N acional y dos soplon es (orejas)
que sin contem placiones d e ninguna clase "enchacharon" a
C árcam o y Ardón acusándolos d e h aber sido ellos quienes
lanzaron e l m uera C arias y los condujeron a la fa tíd ic a P olicía
N acional donde los mantuvieron p o r largos 16 d ías en el sótano,
sacán dolos a la luz d el día sólo p o r unas horas y esto más:
arrojando agua al sótano p a ra que el m artirio fu era p eo r. Quién
sa b e p o r qué gestiones los pu sieron en lib erta d la p ro p ia
Nochebuena.
Era Jefe de Investigaciones, un fu lan o cuyo nom bre no
mencionamos p o rq u e aún vive; quien, cada día exigía a C árca­
mo que acusara a A rdón p o r e l m uera pro m etién d o le p o n erlo en
liberta d y lo mism o p ed ía a Ardón cuando lo tenía en su p resen CÍO, .
Adelante, al repetir la anécdota, la finaliza así: P ero tan­
to uno com o e l otro, negaron que ellos hubieran lan zado e l m ue­
ra... [...] A l sa lir se dirigieron a "El Farolito", centro que tam-
90
Ardón repite la anécdota en las páginas 206 y 207, en donde agrega este detalle.
91Idem. pp. 103-106.
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Jacobo V. Cárcamo
79
bién fu e p referid o p o r la G eneración In telectual del 3 6 y donde
se encontraban A lejandro C astro h., M atías Fúnez, D an iel Laínez, Claudio B arrera y otros que recibieron a Cárcam o y a Ardón con estas p a lab ra s:
H
¡Hola, ex p resid ia rio s!.:92"
UD
I
-D
EG
T-
UN
A
Estos hechos, que estaban ocurriendo el 7 de diciembre
de 1937, muestran con claridad el grado al que llegaron las rela­
ciones entre Cárcamo y la dictadura. Obviamente hubo un cam ­
bio radical: de amigo y colaborador, pasa el poeta a opositor y
perseguido. Este cambio en sus ideas se manifestaría com o una
insinuación primero, en poem as de B rasas A zules (Tegucigalpa,
1938) com o M añana:
“Si hoy [...]
no hay pan
y no hay risa!...
[...]
M añana,
[...]
cuando se sequ e este mar,
[...] ^
habrá una huida de cadenas
y una catástrofe de cárceles 93 ”
y abiertamente después, en poem as com o Tiranía en
H onduras, de P ino y Sangre (M éxico, 1955):
’’Tiburcio C arias: H itler
d e mi doliente Patria,
92 Ibidem. pp. 206-207.
93
Cárcamo, Jacobo. Op. Cit. p. 167
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80
Jacobo V. Cárcamo
escorpión de los silos de América,
M ussolini de lata
[...] H iroito m estizo
[...] La sangre que has vertido es una ola
[...] E l ju sticiero instante se aproxima,
j9 4 „
H
|-
EG
T-
UN
A
Como bien lo apunta Ardón en su libro, la dictadura de
Carias no fue exactamente tal sino desde 1936, cuando se alteró
la constitución hondureña para ampliar su período presidencial
hasta 194395 (luego fue alterada nuevamente para que llegara a
1949). Pues en un principio fue un gobierno salido de una elec­
ción bastante legal para la época y más bien algo desigual para
Carias. El partido Nacional tuvo que vencer desde la oposición al
partido Liberal, o sea -seg ú n la práctica de la política crio lla - en
situación de desventaja, ya que lo normal era que el partido que
gobernaba utilizara -c o n mayor o menor grado de descaro y
v io len cia - los recursos económ icos, humanos y coercitivos del
estado para asegurar su reelección95.
UD
I
-D
Por otro lado, Jacobo -c o m o ya se ha v is to - tenía fuertes
vínculos, si no precisamente de identificación política, sí, al m e­
nos, afectiva con varios miembros del gobierno. La situación no
debió ser tan fácil de resolver para el joven Cárcamo, al ver que
su círculo de amistades se transformaba en una dictadura. Y
-m á s a ú n - siendo que dos de sus mayores ideales eran la poesía
y justamente la libertad: dos de los fuegos divinos más calcinan-
94 Idem. P. 276277.
95
Op. cit. p.57.
96 Ver: Argueta, Mario. Op.cit.
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Jacobo V. Cárcamo
81
tes que conoce el hombre; no sería extraño que tales fuegos estu­
vieran justamente quemándolo, haciéndolo estrem ecer y gritán ­
d ole (com o decía Urbina) desde dentro.
“P o r si acaso
UN
A
H
D espués de muchas publicaciones y recitaciones, el pri­
mero de agosto de 1937, Constantino Suasnávar publica el si­
guiente poema en la revista Tegucigalpa, dedicado a Jacobo V.
Cárcamo:
A Jacobo V. Cárcamo
EG
T-
A la arena mis zapatos...
y a l a tierra m aternal
e l uniforme más blanco
com o bandera de paz...
-D
P o r s i acaso, cam aradas,
me muriera y o en el mar.
UD
I
A los peces, pecesillos,
mi corazón tropical...,
y la san gre y el espíritu
a l a luz crepuscular...
P o r si acaso, cam aradas,
me muriera y o en el mar.
A los p á ja ro s m arinos
mi gorra de Capitán
con la hoz... con el m artillo
y una estrella... nada más...
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82
Jacobo V. Cárcamo
P o r si acaso, cam aradas,
me m uriera y o en el mar. ”97
-D
EG
T-
UN
A
H
Suasnávar se declara comunista: "con la hoz... con el
martillo" [de la bandera soviética], así com o antinorteamericano:
"y una estrella... nada más", o sea: con la de la bandera soviéti­
ca... no con las cincuenta de la bandera norteamericana; y alude a
Cárcamo com o iícam arada”; o sea, no m enos que simpatizante
de esas ideas. Una semana después, Cárcamo, en lugar de des­
mentirlo, publica en la misma revista su primer poem a realmente
contestatario, donde además de romper el cultivo de la métrica
clásica (técnica que no había utilizado Suasnávar) denuncia la
explotación que sufren los indígenas americanos, a quienes lla­
ma, al igual que Suasnávar lo llamó a él, “camaradas”. Este
poema no es el estilo que mejor representa a Cárcamo por su
tono depresivo -con secu en cia, se nota, de la lectura de literatura
indigenista-; sin embargo el poeta sí lo incluye en B rasas Azules
(1938):
Antífona del Indio
UD
I
Indio am ericano...
m elancólico...
retostado...
jadean te...
Irrespetado p o r el sol,
traicionado p o r la tierra,
explotado p o r los blancos.
97
.
Revista
TcgucigalpaM 551 .D om ingo 0 1 /0 8 /3 7 .p. 22.
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Jacobo V. Cárcamo
UN
A
Mañana,
cuando la aurora d e la ju stic ia
extienda su p a ra ca íd a s de luciérnagas,
no será s indio:
serás hombre!
H
Indio
d e la lágrim a oculta
y d el quejido silencioso,
que llevas en la cara y en el gesto
e l sello de la raza.
UD
I
-D
EG
T-
C am arada triste,
explotado,
sudoroso,
recoge tus g rito s no gritado s
p a r a que salgan p o r tu boca hinchada
com o un coro de soles.
Ten e l ojo abierto...
ten el pu ñ o listo
y espera la señ al.98
Al final de esta etapa de su vida, puede concluirse que
Cárcamo ha pasado de ser un poeta orgánico, del régimen, a uno
inorgánico, marginal. Ha optado por abandonar su círculo social
y ha decidido orientar su poesía hacia las propuestas sociales y
vanguardistas; que en Honduras están siendo impulsadas por los
disidentes del gobierno dictatorial. Esta tendencia fue favorecida
indirectamente por los m ism os intelectuales que apoyaban al
gobierno, ya que ellos se opusieron fervientemente a las nuevas
98
R e v i s t a T e m c í v a l p n . # 5 5 2 . D o m in g o 0 8 / 0 8 / 3 7 . p . l 6 .
T a m b ié n : C á r c a m o , J a c o b o V.
O p . c it. p . 1 9 7 .
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Jacobo V. Cárcamo
84
UN
A
H
ideas, brindando así a los opositores un espacio donde refugiarse
y donde reconocerse com o tales. Esto trajo com o consecuencia
que los escritores de vanguardia fuesen, en Honduras, escritores
marginales, cuyo espacio se caracterizaba por la contestación. Si
bien, el régimen no permitía mayores muestras de oposición, con
lo que la marginalidad y la contestación se manifestaban en el
marco de una bohemia que aquél vigilaba y hostigaba constan­
temente a través de sus fuerzas coercitivas e ideológicas.
III. A. 1938-1939: Años de intensa producción: “[...] cuanto
más acosado está.”
EG
T-
Un dato que no se ha podido comprobar es el año en que
Cárcamo se graduó de Bachiller en el Instituto Central, sin em ­
bargo, varias informaciones mencionan -s in citar su fu en te- el
año de 1937". Es muy probable también que en 1938 -lu e g o de
graduarse- haya comenzado a trabajar en E l C ronista y -c o m o
un mismo trabajo, sin duda, debido a la relación entre ambas
p ublicacion es- en la revista Tegucigalpa.
UD
I
-D
Debe llamarse la atención sobre el hecho de que un jo ­
ven, com o se ha visto, tan bien relacionado con la dictadura tra­
baje en la empresa privada, en el diario menos gobiernista de la
época (la férrea vigilancia no permitía mayores disensiones con
el gobierno). Ello da una muestra indirecta de la orientación que
Cárcamo había dado ya a sus ideas, a su estética y a su vida. N o
se sabe la función exacta que desempeñaba en el diario; por lo
tJ9
.
,
.
Avila P., Juan Femando. El sisno trágico de los intelectuales de Olanchito. inédito.
Otro intelectual de Olanchito: El Lic. Juan Ramón Fúnez tuvo la curiosidad de
manuscribir un resumen de la tesis de la Profa. Francisca Martínez: Intento de aproxima­
ción critica a la obra del poeta Jacobo V. Cárcamo (1966), lo más a rc a n o que se pudo
localizar al texto original, allí la Piola. Martínez cita el mismo año de 1937 como el de la
graduación de Jacobo.
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Jacobo V. Cárcamo
85
H
que se piensa que estaban a su cargo algunas secciones, quizá las
literarias, y probablemente algunas otras tareas propias del p e­
riodismo. D esde 1936, com o ya se vio, se encuentran - a finales
de n oviem bre- felicitaciones por su cumpleaños en las páginas
de La Epoca, E l Cronista y la R evista Tegucigalpa. V éanse las
de 1938, que indican una celebración ya no tan ruidosa com o la
“amena fiesta bailable con la Marimba Internacional” de 1936:
UN
A
Cumpleaños de un Joven Escritor: Jacobo V. Cárcamo.
-D
EG
T-
"Aquí está en caricatu ra100 e l inquieto muchacho de los
bellos versos y de las entrevistas ligeras, que cum plirá e l lunes,
según sus p ro p ia s afirmaciones, 21 años [...]. P ara nosotros
Jacobo C árcam o vale p o r su cultura literaria, su m odestia, p o r
la su avid a d de su carácter y sobre todo p o r la lea lta d en sus
afectos, virtudes que y a se van haciendo muy raras entre los
escritores d e las nuevas generaciones.
A qu í en las oficinas de EL CRONISTA [...] Trabaja d es­
interesadam ente y divierte sin cobrar nada por el chispero de
sus ocurrencias, más finas cuanto más acosado está p o r las
necesidades m ateriales que de las espirituales no sufre p o rq u e
es m illonario de ilu sio n es.[...]101
EL POETA CARCAMO
UD
I
E l lunes recién p a sa d o estuvo cum pliendo años en esta
ca pital nuestro inteligente colaborador el p o e ta Jacobo V. C ár­
camo, recibiendo con ese m otivo el testim onio de aprecio y sim ­
p a tía de sus com pañeros y amigos.
100 Se refiere a la caricatura que publican, dibujada por Lisandro G álvez (que luego fue
Rector de la Universidad de Honduras); es la m ism a caricatura que aparece en Brasas
Azules.
101
El Cronista.Año XX VII.# 7 3 1 7 .Sábado 26/1 l/3 8 .p . 1. Las negritas son nuestras.
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Jacobo V. Cárcamo
86
EG
T-
UN
A
H
Cárcam o es de los literatos hondurenos que a m ás tem­
pran a ed a d ha despertado a las inquietudes d e l pen sam iento
p o ético [...] sus versos son bellos y de un profundo contenido
social, p u es no p o d ía perm an ecer indiferente a las nuevas co­
rrientes ideológicas que, com o bandera d e triunfo, mantienen
hoy en alto las ju ven tu des dignas de todo el mundo.
[...] no otra cosa se merecen e l talento y la bondad, vir­
tudes de las cuales el am able p o e ta es rico, com o rico es en
ideales. [...]102
Se tiene ya, entonces, a un Cárcamo distanciado del ré­
gimen, que se ha alejado de su antiguo círculo de amistades, que
trabaja para el diario m enos gobiernista de la época, y -se g ú n los
artículos- muy rico en bienes espirituales, pero no en los mate­
riales. Además, en sus artículos com ienza a mostrar las ideas
progresistas que lo caracterizarán: un tono antiburgués con el
que pretende criticar el statu quo, la búsqueda de la solidaridad
entre los escritores e intelectuales para oponerse al régimen, así
corno la alabanza de los m ovim ientos progresistas a escala mun­
dial, como en M éxico, España, China, etc.
UD
I
-D
Además de un periodismo crítico, Cárcamo emprende la
confección de tres libros: "Entrevistas lig e ra s", una investiga­
ción y revisión de la literatura de esa época, principalmente
orientado a ilustrar acerca de la influencia que están ejerciendo
las tendencias sociales y vanguardistas en la literatura hondurena
de ese momento; "El som brero em palm ado ” un libro de cuentos
orientado a explorar la veta regionalista y la prosa social, que en
esos momentos conviven con las demás corrientes literarias que
se cultivan en Honduras; y, no menos importante, un libro de
poem as, "Brasas A zu les", donde explora y experimenta con las
102
Revista Tcmcizalpa. #621. 0 4/12/38. p.23
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Jacobo V. Cárcamo
87
EG
T-
UN
A
H
últimas corrientes poéticas: poesía negra103, estridentismo, y
otras m anifestaciones de la poesía del siglo X X , casi todas ins­
critas dentro de los llamados m ovim ientos de vanguardia.
El ambiente se mostrará, sin embargo, harto mezquino y
represor de las ideas que están llevando a Cárcamo a simpatizar
con m ovim ientos de la izquierda. Por ello el joven poeta co ­
m ienza a hacer planes para irse al lugar más afín con sus ideas en
la América de esos días: M éxico, donde el gobierno de Lázaro
Cárdenas (1934-1940) estaba llevando a cabo un proyecto nacio­
nalista muy al estilo de los ideales que entonces sostenía Cárca­
mo. Antes de su partida podrá dejar concluido solam ente uno de
los tres libros que tenía en preparación; el poemario, un libro
experimental donde incursiona en casi todas las tendencias p oé­
ticas que por entonces se cultivaban en nuestro idiom a y donde
deja claro testim onio de sus ideas humanistas y progresistas.
III. B. Ejerciendo el periodismo: "[Este] ambiente tan espeso
a veces, que [...]sepuede cortar en tajadas"
UD
I
-D
Luego de la censurada polém ica de 1936, en la que parti­
cipó bajo el seudónimo de Samuel Bretón, no se ha encontrado
ningún artículo en prosa de Cárcamo hasta el 14 de noviembre
de 1937. En este comenta - a raíz de su recep ción - el poemario
de HaiKais Nábey Tokik del guatemalteco Francisco Bam oya
G álvez104. Aquí aprovecha Cárcamo para rendir tributo a este
subgénero poético que gustó especialm ente entre los escritores
modernistas y que él m ism o cultivó hasta Brasas Azules -d o n d e
publicó sus últim os Hai K a is-. D espués de haber comentado
Subgénero poético vinculado a la obra de los caribeños Nicolás Guillén y Luis Palés
Matos, donde se tocan temas propios de los afroamericanos y se ensaya con ritmos y
sonoridades propias de su habla en un intento de reproducir las formas de vida y de
expresión de ese grupo étnico.
104
Poeta guatemalteco, también recordado por haber publicado durante la década de
1930 el periódico anual de los estudiantes universitarios: No Nos Tientes.
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88
Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
algunos poemas del libro, cierra así su artículo: Y com o los ante­
riores, otros... otros... muchos más, todos bellos. D esg ra cia d a ­
mente la estrechez de estas columnas mató el deseo nuestro de
ofrecer más oro a los lectores105.
Se piensa que su nuevo em pleo incluía contestar alguna
correspondencia de la Revista Tegucigalpa y del Diario El Cro­
nista, pues a partir de entonces com ienza nuevamente a publicar
prosa, especialm ente crítica de los libros que van apareciendo en
Honduras por esos días y -paradójico en un poeta de la v id a epitafios entre los que se destaca aquí el siguiente:
EG
T-
"Contemplando un vuelo.
UD
I
-D
¿A caso ha muerto M anuel Escoto?
Si su ergástula carnal se ha volatilizado en los crisoles
de la tragedia, su espíritu com o el cóndor del po em a busca lu­
m inosidades en las alturas, cortando con las espadas de sus alas
las volutas com pactas de las nubes.
Que no caiga el grano estéril de una lágrima.
Que e l lam ento se haga nudo de cólera en la gargan ta y
las cuerdas bucales se revienten en truenos de protesta.
Que no haya conform idad ante el D estin o —ídolo inven­
tado p o r los idealistas p a ra engañar a los d e sa m p a ra d o s- .
La san gre de M anuel E scoto se ha secado com o un río
de auroras, m ientras a su lado p asaban los za patos relucientes y
los cigarrillos an tidem ocráticos; m ientras a llí cerca se oía el
diàstole de los bastones y el p ita zo am enazante de los au tom óvi­
les burgueses.
105 Cárcamo, JacoboV. Libros que recibimos: Nabev Tokik de Francisco Bamova Gálvez. En revista Tegucigalpa.# 566.14/11/37. p.16.
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Jacobo V. Cárcamo
89
H
A sí ha caído el cuerpo fís ic o de este "hombre superior
que escribía versos y que adem ás hacía lo que los dem ás hom­
b r e s ”; e l del cabello com o noche de estrellas ocultas, el de los
lentes a lo Soiza R elly o a lo José M ia ja 106, el d el p e rfil rotundo
y tajante capaz de servir de fa ch a d a a una catedral de hom bres
tendida hacia el futuro.
Jacobo V. C árcam o.107
-D
EG
T-
UN
A
Los artículos encontrados son pocos, pero cuidadosa­
mente elaborados tanto en su estilo com o en su contenido crítico;
incluyen: una fraternal y hermosa despedida a Alejandro Castro
h. que iba de viaje hacia Costa Rica, enmarcada en la partida de
varios otros escritores; una interesante crítica de la obra de Mar­
cos Carias Reyes, quien recientemente había publicado su libro
de prosa Germ inal, libro que se erigía com o la principal obra que
salió a luz durante varios meses; una oración fúnebre al periodis­
ta Manuel Ramírez y un interesante comentario acerca de la pu­
blicación de Prism as, de Antonio Bermúdez Meza. En este últi­
mo artículo, Cárcamo relata cóm o interpreta el ambiente intelec­
tual hondureño de esos días:
"Esta inactividad, p la g a d a de interm itencias, [se refiere
a la actividad literaria de Bermúdez M eza] se debe a l am biente
UD
I
tan espeso a veces, que como dijera el novelista, "se puede
cortar en tajadas ". Pero, tengo p a ra mí, que este am biente los
m ism os escritores s e lo han hecho: ha fa lta d o que nuestros hom­
bres valiosos extiendan sus tentáculos form an do la m alla de la
Generales españoles que dirigieron los ejércitos republicanos contra las tropas facistas durante la Guerra Civil Española.
107 Cárcamo, Jacobo V ”.Contemplando
un vuelo ". Revista Teguciealva. # 592. 15/05/38
p.3.
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Jacobo V. Cárcamo
90
UN
A
H
fra tern id a d y d el reconocim iento; que alarguen sus ram as y
tejan e l fo lla je bajo d e cuya som bra p ro p icia habrán de desen ­
volverse gloriosam ente la Literatura y el Arte. A esto se ha d eb i­
do nuestra p ig ric ia literaria; a llí ha tenido su origen el hecho de
que gran p a r te de p o e ta s y p ro sista s hondurenos lleguen a un
p erío d o en que se les esteriliza la m atriz fecu n dadora, en que e l
cerebro p ie rd e su p o ten cia lid a d creativa y quedan, com o Oían,
la m ujer de Wang Lung, cuando y a no p u d o d a r hijos: trabajan ­
do a ratos, com iendo... com iendo y esperando la m u erte.10*"
UD
I
-D
EG
T-
Un am biente tan espeso [...] que se p u e d e co rta r en ta­
ja d a s . Recuérdense las relaciones que tenía Cárcamo con el go­
bierno ahora dictatorial y que está intentando romper a raíz de la
“reorientación”, -m á s bien orientación pues antes era un adoles­
cente partidario solamente del bien y de la b e lle z a - que ahora
está dando a sus ideas; recuérdese también la “petición” del ré­
gimen de que Cárcamo dirigiera su revista: Zam brano (publica­
ción N acionalista), petición que Cárcamo tuvo que aceptar, aun­
que sólo fuese por dos m eses; recuérdese además el deseo expre­
sado por el poeta de quemar su primer poemario: F lores d e l A l­
ma (1935) y la prisión que sufrió por sospechas de haber gritado
un muera Carias. Cárcamo ha empezado a criticar y está inten­
tando romper sus antiguas ataduras, lo que no le está siendo tan
fácil. Está intentando además sumarse a las nuevas corrientes
literarias e ideológicas que él mism o está ayudando a introducir
en Honduras. D esde 1936, venía alegando Cárcamo que nuestra
literatura estaba atrasada y plagada de “arte inútil”, y aún no
mira cambios sustanciales, sino el m ism o panorama, quizá peor
pues ahora ya conoce en carne propia la censura periodística y el
108
Cárcamo, Jacobo V ” .Prismas de Antonio Bermúdez M."
El Cronista. A ño XXVII. #
7298. Jueves 03/1 l/3 8 .p .3 . Las negritas son nuestras.
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Jacobo V. Cárcamo
91
H
temor a la dictadura. A estas alturas, su entorno ya asfixiaba al
poeta que se siente solo en su ruta, el subdesarrollo -econ óm ico,
político e in telectu al- ataba sus deseos de impulsar desde sus
escritos el progreso; y, desesperado, apela a la solidaridad de sus
contemporáneos para combatir el silencio, el marasmo y la cen­
sura.
UN
A
En el poem a “E logio de la p a la b ra ”, de L au rel d e Anáhuac (M éxico, 1954) escribirá repudiando esta última:
EG
T-
"Del H om bre es la palabra, m ás no la d ice el Hom bre...
con cadenas d e b ra sa sjio s amarran los labios...
ululan los tiranos en la noche...
cerebros de hom bres libres alumbran la prisión...
chapotean los déspotas so b re este pavim en to
L ib erta d de Expresión.
UD
I
-D
D espiadadas espadas nos cercenan las manos...
am arillos m artillos dan en nuestras cabezas...
lobos uniformados allanan las im prentas...
calabozo es la tierra,
un trapo es la Bandera,
el Himno es nota hueca
cuando escupen los sátrapas la L ib erta d d e Prensa. "
El 5 de enero de 1939, murió el periodista Manuel Ramí­
rez, que firmaba sus artículos bajo el seudónimo “El Atrevido
Garçon”. Otro miembro destacado de "la Generación Intelectual
del 36", cuya obra periodística - a la vez local y universal en
palabras de Roberto C astillo109”- merece mayor estudio. Su
muerte fue considerada com o un lamentable acontecimiento tras
el que innumerables pésam es y epitafios se publicaron durante
109
.
Charla durante las Jornadas de la Lengua Española. Tegucigalpa, abril de 1997.
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Jacobo V. Cárcamo
92
H
varios m eses en todos los m edios escritos de entonces. Cárcamo
fue com isionado por la A.N.C. para pronunciar la oración fúne­
bre durante el entierro y sus palabras fueron publicadas luego en
los diarios, lo que dice mucho del lugar que se había ganado el
poeta entre la intelectualidad.
UN
A
III. C. Un libro de investigación: Entrevistas Liseras. Debenios crear nuestra literatura [...]”
EG
T-
Bajo este título —E ntrevistas L igeras- pensaba Cárcamo
publicar un libro de entrevistas con escritores de finales de la
década de 1930. Sin embargo, no pudo el libro salir a luz debido
al viaje que su autor emprendiera a M éxico el 3 de febrero de
1939.
-D
Ocho entrevistas y un fragmento de la novena, publica­
das a razón de una por semana, han podido localizarse en las
páginas de la revista Tegucigalpa en los números que van del 20
de noviembre de 1938 al 22 de enero de 1939.
UD
I
Las E ntrevistas L igeras han resultado ser un testim onio
muy interesante sobre la visión de nuestros escritores acerca de
la actividad literaria en la Tegucigalpa de ese tiempo. Los escri­
tores jóven es intentan asimilar la propuesta vanguardista y -c o n
sus herramientas intelectuales- aplicarla a Honduras.
Los entrevistados fueron: Oscar A. Flores, Antonio
Ochoa Alcántara, Enrique Gómez, Jesús Castro, Salvador Turcios h., Luis Martínez Figueroa, Daniel Laínez, M anuel Ramírez
(El Atrevido Garçon); y se encontró un fragmento (la revista está
rota) de otra, en el que no se logró identificar el nombre del en­
trevistado.
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Jacobo V. Cárcamo
93
H
Los artículos tienen todos una estructura similar... todos,
m enos uno: la entrevista con Manuel Ramírez. Tras la muerte del
periodista, Cárcamo publica una entrevista imaginaria en hom e­
naje al escritor, en la que él pregunta y él mismo contesta com o
si fuera el entrevistado:
EG
T-
UN
A
“E ste escrito r valioso, de p ro sa elegante y sonora ha
muerto, y y o voy a entrevistarlo. Lo busco; no en el cem enterio
que sem brado a la orilla de la ciudad p a re c e querérsela beber;
no en la iglesia ante los ídolos insensibles, sord os y ciegos; ni
bajo el influjo som brío de los ritos espiritistas; sino que bajo las
cúpulas azules de la imaginación. A sí resucito a M anuel Ram í­
rez [...J ”
UD
I
-D
Todas las entrevistas contienen un retrato (descripción
física y moral) y un fragmento de la obra del entrevistado -e s te
fragmento fue sustituido, en el caso de Manuel Ramírez, por una
caricatura del periodista dibujada por Lisandro G á lv ez-, así co ­
mo el pensamiento de los escritores sobre: la literatura de la épo­
ca (con especial énfasis en el desarrollo de las teorías vanguar­
distas y la literatura social); la literatura hondureña: los cambios
que está sufriendo, sus escritores jóven es y consagrados; así
com o algunos datos acerca de la vida, obra y los intereses parti­
culares del entrevistado.
Es interesante la opinión encontrada de Antonio Ochoa
Alcántara -escritor de una generación anterior a la de los demás
entrevistados-: defiende abiertamente el modernismo y ataca los
m ovim ientos de la vanguardia literaria; y es el único que alaba
- s in ser preguntado- el gobierno del general Carias. Los demás
son escritores jóven es que atacan a ultranza la tradición (Oscar
Flores) o bien intentan fundirla con las corrientes vanguardistas
(Daniel Laínez), a las que ven com o bienvenidas re vital izadoras
de la historia literaria.
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Jacobo V. Cárcamo
Aquí cabe hacer un paréntesis sobre la estética “tradicio­
nal”:
EG
T-
UN
A
H
Diversos motivos habían llevado a cuestionar especial­
mente el aspecto más ornamental y escapista del Modernismo
literario: este movimiento había surgido aproximadamente desde
1875, por lo que ya tenía demasiados años para continuar en su
apogeo; las vanguardias literarias habían surgido ya con mucha
fuerza en Europa, cuestionando las raíces de la cultura occidental
luego de diversos eventos como las atrocidades de la Primera
Guerra Mundial; el proyecto socialista -e n pleno apogeo- pro­
pugnaba la emancipación de los países pobres del dominio de los
países ricos y la igualdad de oportunidades para las distintas
clases sociales.
-D
Todo ello había llevado, en los países pobres, a que se
reflexionara más sobre sus recursos, su identidad, su estado de
atraso y la posibilidad de alcanzar por fin a los países dominan­
tes. Por ello es comprensible que los escritores jóvenes intenta­
ran sumarse -e n la medida de sus posibilidades- a las corrientes
vanguardistas tanto literarias como políticas.
UD
I
En este proceso era indispensable resaltar, en las obras
artísticas y literarias, las particularidades de la vida local; para
denunciarla y proponer modificaciones.
Sin embargo, los escritores americanos - y con ellos los
hondureños- apenas estaban comenzando un proceso de emanci­
pación estética e ideológica de las influencias europeas.
En Honduras - así como en el resto de Am érica-, en lo
que se refiere a la literatura, apenas se venía comenzando: el
Romanticismo fue el primer movimiento literario que se consoli­
da verdaderamente en tierras hondurenas (durante las décadas de
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Jacobo V. Cárcamo
1870 y 1880) y el M odernismo fue recién el primer m ovim iento
literario de origen americano (también a finales del siglo XIX).
Por lo que los m ovim ientos que inician nuestra historia literaria
tienen, necesariamente, com o fuente de inspiración la fuerte y
mucho más antigua tradición europea.
EG
T-
UN
A
H
Empero, el M odernismo americano tuvo dos vertientes.
Una fue la escapista, donde se evidencia más la tradición extran­
jera y donde se escribe sobre ambientes y lugares alejados de
nuestra realidad. Y otra, el cultivo de los temas americanos, que
se evidencia en el canto a Caupolicán de Rubén Darío, y en e s­
critos hondureños com o C elos de Ñ usta de Ramón Padilla Coello, o en el artículo sobre la Siguanaba de Juan Ramón M olina,
por citar algunos pocos ejemplos; y que dio paso a una corriente
costumbrista, que para 1939 llegaba a su apogeo con la publica­
ción nada m enos que de Tierras de p a n lleva r (1939), de Rafael
H eliodoro V alle.
-D
Pues bien, justamente esos primeros pasos costumbristas
sí fueron un antecedente en la búsqueda de lo propio que nues­
tros primeros vanguardistas no podían eludir; ya fuese que ellos
m ism os lo admitieran o que no.
UD
I
En conclusión, condicionados por la breve tradición lite­
raria que los precedía y seducidos por el vigor de las teorías van­
guardistas, este grupo de escritores jóven es refleja en las E ntre­
vistas L igeras una m ezcla de las influencias costumbristas y
vanguardistas; en la búsqueda de los ambientes, las costumbres,
el lenguaje y de los personajes que los hiciesen verse a sí m ism os
y a su entorno en sus escritos -p o r un la d o - y en búsqueda de la
modernidad -p o r el otro-.
Además, en las entrevistas se ve también el choque g e­
neracional que están provocando las nuevas corrientes: la duda,
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Jacobo V. Cárcamo
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H
el temor o el rechazo que las ideas vanguardistas provocan en
los defensores de la tradición; y entre los escritores jóven es la
pujanza confrontativa, el entusiasmo desbordante, la aceptación
parcial... En fin, las propuestas y las evaluaciones respecto de
esas ideas y de sus posibles beneficios para la literatura y la so­
ciedad hondureñas.
EG
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UN
A
Véanse los siguientes retratos de Oscar A. Flores y D a­
niel Laínez. En el primero, cóm o unas id'eas ya vanguardistas
están expresadas en un lenguaje modernista; y en el segundo,
cóm o se resalta el interés de Laínez por tratar las costumbres
locales, que miraba en vías de extinción, para ello le servía fun­
damentalmente retomar la vena regionalista del Modernismo:
UD
I
-D
“E piderm is de tabaco; ojos rasgados -d ic e de Oscar A.
F lores-; el cabello - no tan anillado como el de M o n ta lvo dividido en dos bosques morunos p o r el huracán fin ísim o del
peine; la nariz, grande y tendida hacia delante, es a m odo de
antena delicada, p a ra rra yo s captador de las más su tiles em ana­
ciones desprendidas del hormiguero social, p o rq u e O scar es
ante todo y sobre todo un p ro d ig io so heliotropo que m ueve la
corola de su p ro sa a l com pás del ritm o del so l humano ”.
"E ncorvado el cuerpo, espaciosa la frente, -d ic e de D a­
niel Laínez"- anillado el cabello; nervioso, trigueño, humilde;
los labios gruesos, el su perior -segú n él mismo ha d ic h o - “un
tanto levantado como huyendo nervioso de la albura agresiva de
los dientes
Ha escrito p o esía s de verdadero tuétano regionalista,
esculpido sonetos de contornos casi im pecables, bordado p o e ­
mas con la fu erza im aginífera y la riqueza m usical de D arío o
con la sen cillez y el hondo sentim iento de Bécquer. ”
Véase la sim biosis vanguardismo costumbrismo en las
ideas de Salvador Turcios h.:
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-D
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“Su revista “R epertorio de H o n d u ra s” es en la actuali­
d a d la más alta clarinada izquierdista de Honduras. C onocedor
del tiempo, de la sociedad, de la H istoria; hermano en la lucha
de los hombres que mueren triturados p o r la máquina, des­
hechos los pulm ones en la mina, ham brientos y fra ca sa d o s sus
ideales en las oficinas burguesas, encorvados dolorosam ente
so b re la tierra que no les pertenece, conocedor de todo esto,
Turcios trabaja, vive y sueña p a ra ser un eco de esa masa anó­
nima, turbia, incom prendida; y con p a so seguro m archa so b re la
cuerda del periodism o revolucionario. [...]
Yo considero la Literatura S ocial com o una prom esa de
fo rm id a b les sorpresas artísticas. Si algo se ha logrado hasta
ahora en este sentido, no es más que una p rim icia m aciza, un
sorbo rico del gran vaso que tendrá que se r escanciado con el
tiem po.[...\
¿En qué situación está nuestra Literatura Regionalista?
¿La tenemos, debem os crearla, hay y a algunos asom os?
Supongo que nuestra Literatura R egionalista está p o r
ser creada. Los esfuerzos aislados realizados hasta ahora se
deben a C arias Reyes, Castro h. y Fausta Ferrera. E llos son los
que han cam inado más lejos en ese rumbo que esconde todo un
vigo r inédito.
Y aún agrega Turcios adelante:
D ebem os crear nuestra lite ra tw a regionalista p o rq u e de
ese género tiene que surgir nuestra legítim a produ cción literaria
futura. Es el filó n virgen. [...]
Si en algún género podem os hacer algo grande, es en
éste d el regionalism o, p orqu e las fu en tes nos perten ecen exclusi­
vam ente y sólo nosotros podrem os dar al mundo la sorpresa de
nuestra origin alidad subjetiva y objetiva.
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H
Turcios h. casi no diferencia, siquiera, entre literatura
social y literatura costumbrista, ambas constituyen los terrenos
que se están experimentando en Honduras y ambas constituyen
esperanzadoras promesas para él. Nótese el afán fundacional con
el que esta generación asume el fenómeno literario: “Debem os
crear nuestra literatura regionalista [...] Si en algún terreno
podem os hacer algo grande, es en éste [...] ”.
III. D. Cuento: El sombrero empalmado. Una veta regionalis­
ta.
-D
EG
T-
A estas alturas parece que se ha llegado (en este trabajo)
a una serie de contrarios: Modernismo -Vanguardismo, arte útil—
arte inútil, colaboración con el régimen, cárcel, escapismo, re­
gionalismo. Un panorama donde conviven elementos y tenden­
cias en principio antitéticos, pero que 110 constituyen tan solo la
experiencia individual de la vida y obra de Cárcamo, sino el
reflejo en ellas de una experiencia colectiva de los intelectuales
de la década de 1930; una época de transición para la literatura
hondureña hijo de la cual es Cárcamo, pero que además se erige
en protagonista, con su labor de periodista acucioso y con la de
escritor inquieto y prolífico.
UD
I
Una transición influenciada, además, por tres factores
fundamentales: los cambios que está sufriendo el panorama so­
cio-político (y con él artístico-literario) a escala mundial; el am­
biente provinciano que imperaba en la Honduras de entonces; así
como la política de búsqueda de estabilidad que -impulsada
desde los Estados Unidos de Norteamérica por la famosa depre­
sión de los años treinta- hizo aparecer en América Latina dicta­
duras como las de Jorge Ubico (Guatemala), Maximiliano Her­
nández Martínez (El Salvador), Anastasio Somoza (Nicaragua),
Rafael Trujillo (República Dominicana) y Fulgencio Batista
(Cuba) durante esos años.
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En Honduras se instaló una de esas dictaduras: la de Ca­
rias, que logró - a sangre y fu eg o - dar fin a más de cien años de
inestabilidad y de continuas revueltas armadas, Pero la estábil^
dad alcanzada tuvo como consecuencia la consolidación de la
econom ía de enclave bananero y de la política de adquisición de
empréstitos del extranjero y con ellas la pérdida de la indepen­
dencia económ ica y política en el país. Significó, a escala guber­
namental, abandonar los intentos de alcanzar a los países des­
arrollados y la aceptación plena de las políticas impulsadas por
los Estados Unidos en Honduras, en otras palabras, poco menos
que la entrega de la autonomía.
UD
I
-D
Como puede verse en el artículo que canceló la polém ica
y en el suceso del ¡Muera Carias!, los temas “¿z discusión” en los
m edios de comunicación y en las mismas calles eran férreamente
controlados por ella; pues, mientras el gobierno entregaba la
econom ía y la política, los jóvenes escritores -alentados por un
impulso natural y por una tradición de búsqueda de desarrollo
que no corresponde dilucidar en este trabajo- se entusiasmaban
con las posibilidades de evolucionar que ofrecían las nuevas tesis
políticas y literarias.
Se tiene, entonces, una serie de contrarios conviviendo
en el ambiente económ ico, social, político y -co m o consecuencia
ló g ic a - literario. En este último aspecto, el posm odem ism o per­
vive com o movimiento literario y el regionalism o -tam bién con
raíces m odernistas- se busca con un afán fundacional de literatu­
ra propia. Mientras, el vanguardismo seduce con sus teorías m o­
dernas y sus principios críticos que encuentran eco entre los es­
critores de un país aún rural y subdesarrollado; muchos de nues­
tros escritores seguirán de cerca vanguardia y literatura social: en
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Jacobo V. Cárcamo
100
un medio que censura toda idea nueva impresa e incluso oral y
que busca, más que experimentación y diálogo, estabilidad para
consolidarse.
UN
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La obra de Cárcamo refleja fielmente todas estas contra­
dicciones, que enfrentaron a nuestros escritores con una doble y
dura tarea: de carácter fundacional y de incorporación de nuestra
literatura a una fuerte y moderna tradición literaria occidental.
EG
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La veta regionalista también la cultivó Cárcamo en un
libro que comenzó a preparar en 1938, pero quedó inconcluso
debido a su partida hacia M éxico; de ese libro: E l som brero em ­
palm ado, sólo dio a conocer un cuento que lleva el mismo título.
UD
I
-D
El personaje principal de este cuento es un sombrero
empalmado que comienza su vida en las manos de unos achines;
de una tienda, pasa a las de un anónimo hombre rural. A llí lleva
una “vida” de desgaste constante para “trabajar” como paraguas,
quitasol, huacal, cesto... Encima de eso, su dueño se avergüenza
de utilizarlo en ocasiones especiales y no cuida de su “útil” ins­
trumento. A l contrario de éste, el sombrero de lana solamente
conoce las festividades y los adornos. Es protegido y cuidado, es
un atavío “inútil” para todo fin práctico, pero -a l contrario del
sombrero em palm ado- socialmente aceptado y por ello consen­
tido. Al final, el sombrero empalmado irá al cementerio de las
cosas desgastadas sin haber conocido el lujo de un adorno ni otro
cariño que el de la sudorosa cabeza de su dueño.
Especialmente el año de 1938 será de alta productividad
para Cárcamo. Entre todas las trabas y atrasos que mira, se deci­
de por realizar un laudable trabajo de hormiga para conocer y
difundir -com o periodista, como prosista y como p o eta - todas
las tendencias literarias mencionadas, intentando combatir el
marasmo y burlar hasta donde puede la censura, todo en medio
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Jacobo V. Cárcamo
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H
de ese afán fundacional que alienta a los otros miembros de su
generación. Junto con su selectiva labor crítica en los diarios,
tiene en preparación nada menos que tres libros: uno de prosa: El
som brero empalmado, otro de versos: Brasas Azules y uno más
de investigación de la literatura hondureña de su época: Entrevis­
tas Ligeras.
III. E. Segundo poemario: Brasas Azules. Una hermosa des­
UN
A
pedida.
Juan Ramón Ardón ofrece una luz sobre ese otro miste­
rio en la vida de Cárcamo que constituye su partida a México;
presuntamente en vías de estudio, pero nunca regresó.
UD
I
-D
EG
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Si se desea especular, puede formularse una amplia lista
de preguntas y de teorías: El gobierno le concedió una beca, pero
ya en M éxico él se cambió al bando liberal; ¿Quién le consiguió
la beca?; ¿Fue acaso -sin duda sostienen otros- Marcos Carias
Reyes?, sobrino y secretario del dictador; ¿Fue un acto generoso
de Marcos Carias? quien tiene fama de haber ayudado a escapar
a muchos intelectuales amenazados por la dictadura -recuérdese
que Cárcamo ya había estado en prisión por un “¡Muera Carias!”
que ni pronunció...-; alguna versión oral y no constatada incluso
indica que Cárcamo recibió dos veces el dinero del pasaje a M é­
xico, pues la primera vez ¡se lo habría gastado en su criticada
bohemia!, aunque esta última versión es difícil de comprobar, se
opone a ella la desesperación que Cárcamo siente en el ambiente
de la Honduras de esa época y parece más probable que a la pri­
mera oportunidad se fuese sin ninguna demora.
En realidad - a la luz de lo que ya se ha dicho en estas
páginas- la historia parece más simple: Cárcamo ya había aban­
donado las filas nacionalistas y deseaba también abandonar de
cualquier manera el país atrasado, represor y asfixiante. La pu­
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Jacobo V. Cárcamo
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H
blicación de Brasas Azules, a finales de noviembre de 1938,
parece indicar que no deseaba que todo el trabajo que había ve­
nido emprendiendo se quedara disperso o inédito y que deseaba
dejar publicado - a manera de despedida- al menos uno de los
trabajos que estaba desarrollando: el poemario, que ya constaba
de suficientes poemas como para ver la luz; sin duda, si no ter­
minado, cerca de estarlo. Cabe conjeturar entonces acerca de qué
tan avanzados iban los otros dos trabajos; probablemente el libro
de cuentos solamente incluía el cuento que vio la luz: E l som bre­
ro empalmado, aunque cabe la posibilidad -m en os viable sin
duda- de que algún o algunos otros relatos estuviesen termina­
dos pero inéditos, si bien ya, luego de ochenta años, es difícil
que aparezcan los manuscritos. En lo que respecta a Entrevistas
Ligeras, que es un estudio sincrónico de la literatura hondureña
de los años treinta, sin duda requería aún de mucho trabajo de
análisis para ser editado; por ello, se opina que Cárcamo quiso,
antes de ir a M éxico, dejar editado al menos el trabajo que lleva­
ba más adelantado: el poemario.
-D
Entre una serie de anécdotas, Ardón incluye el siguiente
relato, él mismo aclara que no es una anécdota y que la impone
al lector haciendo uso de su derecho de escritor:
UD
I
“ANÉCDOTA No. 15
JACOBO CÁRCAMO
Jacobo fu e todo un señor poeta. Su inspiración era alta.
Las metáforas se mostraban pródigas con él. P ero Jacobo am bi­
cionaba salir del estrecho y grosero medio am biente hondureño.
Un día nos reunimos con Jacobo Cárcamo y nos manifestó:
- Juan Ramón, y o tengo que irme de Honduras de cual­
quier manera; aunque p a ra ello tenga que aceptar cosas que a
mí no me parezcan.
Y, efectivamente, aceptó una m iserable beca que le die­
ron en Casa Presidencial y el p a sa je y a sí pu do viajar a M éxico
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Jacobo V. Cárcamo
103
UD
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-D
■
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p e ro una vez allá dem ostró su rebeldía, su am or a la libertad, su
condición de enem igo acérrim o de los tiranos y, com o tenía que
acontecer, le quitaron la beca que era lo que él deseaba...
En México, Jacobo se defendió con su plum a en varias
publicacion es y fu e el cantor, p o r excelencia, de los prohom bres
de M éxico. Cantó a los revolucionarios y cantó a la libertad. Sus
poem as son fuertes, vibrantes, algunos dem oledores y se granjeó
el aprecio de los mexicanos a l extremo de que afirmaban que
Jacobo Cárcam o había nacido en la tierra de Benito Juárez.
P ero no era así, p orqu e Jacobo nació en un humilde pu eblito del
departam ento de Yoro llam ado A renal que hoy es conocido p o r ­
que en él se m eció la cuna de uno de los m ejores p o eta s que ha
tenido Honduras.
Si lo anterior no es anécdota venga alguien y lo diga.
P ero sí es un recuerdo de Jacobo Cárcamo, aquel muchacho que
quedó sordo en M éxico y que como tal fu e un Beethoven de la
»»no
po esía
.
B rasas Azules fue publicado en noviembre o diciembre
de 1938 y Cárcamo partió a M éxico el 3 de febrero de 1939. Por
lo que puede pensarse que Cárcamo venía planificando su salida
de Honduras, esto explicaría así buena parte de Brasas Azules
como una despedida y como una preparación para su viaje. N o
sería extraño que Cárcamo quisiera viajar a M éxico porque, co­
mo se ha dicho antes, ese país constituyó una especie de faro o
paradigma para toda América gracias a su revolución de
19 10-1920 y a la continuación que emprendió el gobierno de
Lázaro Cárdenas (1 9 3 4 -1 9 4 0 ).
En este poemario, Cárcam o parece querer demostrar que
está al tanto de todas las corrientes literarias del momento y al
corriente de la inestable situación mundial que ya se ha m encio­
nado. Probablemente lo publicó -e n to n c e s- com o un último
aporte a la literatura nacional - a la que había entregado su mejor
1,0 Ardón, Juan Ramón. Op. Cit, p.218.
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Jacobo Y. Cárcamo
esfuerzo en ese momento de cam b io- y como una carta de pre­
sentación para cuando llegase a M éxico, la metrópoli ansiada.
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-D
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A
H
En ese sentido, el poemario es heterogéneo: contiene
poemas con influencias estridentistas, posm odem istas, de la
poesía negra y vanguardistas, así com o de Federico García Lorca
(la Generación del ’27) y de Pablo Neruda; en el aspecto formal.
Y, en el campo temático, junto con algunos poemas amorosos;
denuncia el racismo contra los negros y los indígenas; le canta a
los campesinos explotados; a la revolución China; a Lázaro Cár­
denas y a la continuación del proyecto de la revolución m exica­
na; y dedica cuatro poemas a la guerra que conm ovió más a los
intelectuales del mundo y que inspiró autores com o Emest
Hemingway, Pablo Neruda, César Vallejo, N icolás Guillén, A le­
jandro Casona... La Guerra Civil Española (1936-1939)’” , donde
la Segunda República fue ahogada en sangre a manos del fas­
cismo mundial, representado por Franco y apoyado por M ussoli­
ni, Hitler e Hirohito; ante los ojos de una comunidad internacio­
nal que -c o n un embargo de armas— apoyó indirectamente al
mismo fascismo con el que habría de enfrentarse poco tiempo
después112.
Sin embargo, Marcos Carias (el escritor más influyente
entre los que se quedaron en Honduras durante la dictadura)
señala desde el prólogo el tema que le da unidad al libro y a toda
la obra de Cárcamo: el Hombre; “[Cárcamo se desentiende] de la
romanza sentim ental y de la orfebrería deslum brante p a ra reco­
g e r el dolor del Hombre, o la ira del Hombre, o el ansia del
Los títulos de sus obras reflejan el impacto emocional que tuvo esta guerra entre los
intelectuales de la época: Por quién doblan las campanas de Hemingway, España en el
corazón de Neruda, España aparta de mi este cáliz de Vallejo, España: un poema en
cuatro agonías y .<na esperanza de Nicolás Guillen...
112
La invasión alemana a Polonia, que da inicio a la Segunda Guerra Mundial, se dio el
mismo año de la finalización del conflicto español.
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Hombre, o el g o ce del H om bre”Ui. En ese sentido, el poema
Canto al hom bre no puede ser más claro:
UN
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En ti el dolor de ayer,
en ti la sangre de hoy
y la risa sabrosa de mañana.
H
Hombre:
tú mi dios,
tú mi p a tria
tú mi sueño.
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N ada fu era de ti...
nada...
ni la f e en el futuro,
ni la gota de vidrio de los ojos,
ni el látigo que revienta los músculos
com o granadas jóven es.
UD
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-D
H om bre— dolor...
hom bre—sangre...
H om bre—sueño...
Para ti mi voz tropel de truenos...
p a ra ti mi mano limpia,
p a ra ti la roja p ro testa de mi c a n to 114
El tema del hombre es ya un avance en la búsqueda de la
independencia ideológica que sostuvieron nuestros primeros
escritores - lucha que se mencionaba al hablar del Modernismo y
del Costum brism o-. Si ya se habían investigado los ambientes y
las costumbres locales y regionales, el siguiente paso es el viaje
113 nIdem.
114
Idem. P. 167.
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Jacobo V. Cárcamo
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H
al interior del ser humano que vive en esos ambientes y que tiene
esas costumbres (nuestros indios, negros, campesinos, etc.). Y
con ello hacia los sentimientos, ideas y pensamientos que - a l
fin al- comparte toda la humanidad (M éxico, China, España,
etc.); esto es, hacia lo universal, que no es otra cosa que el hom­
bre y su lucha cotidiana por mejorar la calidad de sus condicio­
nes de vida. En Canto a un p u eblo y a un hombre, Cárcamo lo
expresa de esta manera:
EG
T-
“Quiero cantar a M éx ico -pedazo de mi PATRIA­
las fro n tera s se hunden en el m ar de la unión;
arriba sólo brillan las olas de los hombres
y las espumas de la Revolución .115 ”
Pero ese tema también es un paso en la “m odernización”
de nuestra literatura de esos años, pues es un tema por excelen ­
cia vanguardista.
-D
La visión de sí mismo es ya muy distinta del egoísm o de
F lores del Alma; en Carbón pide que busquemos su corazón
entre los explotados y los desamparados:
UD
I
"Los ojos verdes de tanto ver canciones
el cabello un ejército de negros alfileres
que defiende el cuartel de las ideas...
las manos como fu ertes sensitivas
que con el roce del dolor del mundo
contraen sus diez hojas p a ra fo rm a r dos puños;
¿y el corazón? El corazón buscadlo
bajo las ropas de una niña hermosa
o en el bolsillo sucio de un obrero .” 116
' 15 Ibideni. P.164.
Idem, p.161.
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Jacobo V. Cárcamo
El historiador Ramón Oquelí se impresionó vivamente
con este breve poema que consideró un autorretrato117.Y parece
tener razón; incluso, información oral indica que Cárcamo tenía
-e n e fe c to - los ojos verdes.
UN
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H
La influencia del culto por la métrica sigue presente;
aunque los versos de este poema son de distinta medida, la ma­
yoría de ellos son endecasílabos. Esa será una tendencia que
Cárcamo mantendrá hasta en sus últimos poemarios, en los que
el verso libre aparece entre abundantes versos endecasílabos y
alejandrinos.
EG
T-
Por otro lado, el estado de ánimo del poeta deja de ser
m elancólico como en F lores del Alma; ahora es exaltado y enér­
gico: “Antes cuando sufrías llorabas... / ahora no... / ahora tie­
nes los ojos ocupados / en ver lo que hay a la vuelta de tus p e <.118
ñas.
.
UD
I
-D
El poeta confía en el hombre y en su porvenir. Se coloca
con decisión al lado de los progresistas y se ensaña con los opre­
sores. O, como lo dice Carias en el prólogo: “[Se pone al lado de
los] pu eblos con se d de ju sticia y de verdad; [de las] m asas con
anhelos de civilización [y se da cuenta que hay] en todo el mun­
do un inmenso clam or de paz, de ju sticia y de bien,,U9. Si en
F lores del Alm a censura a M ussolini y celebra a los proceres
hondureños, en Brasas A zules fustiga sin misericordia a Franco
(.Palabras so b re estiércol)-, ensalza a los generales del ejército
republicano y a España (Canto a José M iaja, E l retrato de P o li­
carpo Candón y Canto a E spaña); alaba a Lázaro Cárdenas y a
117 Oquelí, Ramón. Entrevista. Febrero de 1997.
118
Cárcamo, Jacobo V. Antoloeia de Jacobo Cárcamo. Op. Cit. p. 166
119 Trébol rojo. lbid. p. 158.
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México (Canto a un pueblo y a un hombre)', elogia a Mao y a
China (Canto a China).
UN
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[...]
Oh el entusiasmo vertical
de un puño en alto...
es como un mástil de orgullos
dispuesto a defenderse,
es como un botón de rebeldías
listo para reclamar.
H
Véase este estado de ánimo, planteado de forma general,
en Antífona del puño:
EG
T-
Nada más bello,
nada más elegante
que alzar como una grímpola de fuego
la protesta redonda de una mano cerrada120.
-D
En fin... Brasas Azules, en su brevedad, es un poemario
riquísimo en formas y temas. Contiene también los últimos Hai
Kais conocidos del poeta, como los ingeniosos L a lágrim a:
UD
I
Con el calor
del dolor
el ojo vierte sudor.
y Pesca:
Con la plata de los peces
el río compra la angustia
de los pescadores.
120
Cárcamo, Jacobo V. Op. Cit. p. 171
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H
O el lascivo Cuando...:
Cuando la luz tornó claro
tu vestido,
cayó a tus p ie s retorciéndose
la hormiga de mi suspiro]2].
EG
T-
UN
A
Los Hai Kais son un género japon és, con un marcado in­
terés por la contemplación de la naturaleza, traído a América por
los modernistas. Sin embargo, Cárcamo trata temas sociales en
ese género modernista, quizá por ello han sido tildados de no
muy afortunados; si bien, reflejan ese afán de experimentación
que impera en el poemario.
-D
El tema del amor, está influido por ese sentido de provo­
cación que mencionaba en la polémica. La mujer amada ya no es
aquel ser romántico, intangible e ideal, sino básicamente un ser
terrenal, de carne y hueso; y la relación del poeta con ella, mu­
cho más camal que espiritual incluso está tratada con un afán de
provocar o escandalizar al público.
UD
I
“Yo fu i la jie r a hambrienta...
tú la p resa deseada...
Nuestros cuerpos se unieron
para apagar en mí la llama del deseo,
p ara esfumar en ti los fantasm as del hambre. "122
En los poemas amorosos, incluye constantemente los
elementos estridentistas con los que había experimentado en
Puente, aunque los resultados parecen también poco afortunados:
1-1 Idem. P£5. 178 y 180.
12“° Poema rubicundo d p la hetaira añorada.
Ibidem. Pgs. 184-185
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Jacobo V. Cárcamo
110
UN
A
" entonces mis poesías
curvas de amor,
hinchadas de deseos,
volaban a tu oído como aeroplanos líricos
encendiendo motores de jilgueros. ” 124
H
"Y aunque ya no aterrizo en el aeródromo
aquel que se adornaba con dos conos
y que temblaba bajo mi aeroplano,
mi corazón te sigue en cada p a so ” 123
-D
EG
T-
El estridentismo, que debería ser un canto a las máquinas
industriales y una imitación de sus disonancias - como un reflejo
en la poesía de las disonancias de la época industrial-, en la poé­
tica de Cárcamo está condicionado por el ambiente provinciano
que lo rodea. En este sentido, se limita a experimentos cantando
a los motores, los aviones (que ya surcaban los cielos hondureños), los trenes (que circulaban en las bananeras de la costa nor­
te) y a la radio (el medio de comunicación social más moderno
que había llegado a Honduras):
UD
I
Radio alegre...
corazón polirrítm ico
con pericardio de madera,
con arterias de alambre,
aurículas de metal y sangre de sonidos.
[...]
Cleptómano de voces a distancia,
músico aristocrático,
mañana no estarás en tres casas;
estarás en el mundo.
P3
124
Poema último a la mujer primera, Ibidem. P. 179.
*
_
Canción del recuerdo. Idem. P. 19:>.
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Jacobo V. Cárcamo
111
Por otro lado, el cultivo de los sonetos ha disminuido;
apenas se encuentran dos sonetos endecasílabos en este poema­
rio: Poem a último a la mujer prim era y Estampa tropical; ambos
denotan clara influencia estridentista.
Canción negroide
EG
T-
Si los negros
ríen ríen
si los negros
tocan tocan,
UN
A
H
También la poesía negra era conocida por Cárcamo. So­
lamente escribió un poema negro, pero muy bien logrado; de
hecho, llamó la atención de Claudio Barrera, quien lo incluyó en
su A ntología de la p o esía negra en H onduras:
-D
si los negros
bailan bailan,
con esa risa tan triste,
y ese ritmo tan amargo
y esa cumbia tan doliente.
UD
I
Y si en la noche repleta
de yodo, luna y licor,
sus bocas parecen fin as
m aracas de truenos blancos entre valvas de carbón;
y sus manos
golondrinas achatadas
haciendo nidos de estrépito sobre la p ie l del tambor;
y sus cuerpos son cual círculos de tinieblas epilépticas
o corros de fo ca s locas.
Si los negros ríen
ríen.
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112
Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
si los negros tocan
tocan,
si los negros bailan
bailan,
es porque con el ruido
de su risa, de su zambra y el temblor de su tambor
pretenden ahogar el hondo rugido de su dolor...
EG
T-
¡ Y sobre todas las playas
y a través de muchos siglos,
los negros ríen
y tocan,
los negros tocan
y bailan!”115
R e sp e c to de las in flu e n c ia s n e ru d ia n a s, b a s te d e c ir q u e
lo m e n c io n a en el p o e m a c o n tra F ran co :
UD
I
-D
[...]
Y recordando el poem a de Neruda
irás con tu
peluda
mano
a tocar
las rudas
puertas de los infiernos;
pero todos los diablos,
no queriendo que un diablo más diablo los visite,
te negarán la entrada126.
!2:> Ibid. P. 173174.
126 Ibidem. P.188-189.
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113
Jacobo V. Cárcamo
UN
A
EG
T-
La noche era de azabache,
el aire de terciopelo;
en las calles solitarias
se adorm ecía el silencio
5 y fingían las luciérnagas
una lluvia de rubíes;
las hojas tejían himnos
en la siringa del viento
y las estrellas abrían
10 sus granadas en el cielo.
H
Otro poema: Canción de la luna mía recuerda, desde el
título, el Romancero gitano de Federico García Lorca (Genera­
ción del 27). Es un romance demasiado influido por el poeta
español, pero demuestra otra veta que exploraba Cárcamo por
esos años:
UD
I
-D
Sobre la lúgubre calma
que en el pueblo se dormía
fu e la luna descorriendo
sus vestiduras de nubes
15 hasta enseñar bellamente
la redondez de sus muslos.
En la noche de mi vida,
bajo el cielo de lujuria
llenos de estrellas de amor,
20 tú también fu iste una luna
alumbrando con tus muslos
mis tinieblas de p la c e r127
127 Id e m . P. 2 0 2 .
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114
Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
Puede concluirse, entonces, que Brasas Azules - e n su
brevedad de 33 p oem as- es el poemario más experimental que
publicó Cárcamo. Un poemario a primera vista heterogéneo, que
muestra casi todas las tendencias de la poesía castellana de su
tiempo -incluyendo tendencias vanguardistas y posmodernis­
ta s-, con el que el poeta intenta sacudir la tradición romántica
que impera en el ambiente literario hondureño. Pero, en el fondo,
es también un poemario unitario en su humanismo, en su
"apuesta p o r el hombre ”m .
UD
I
-D
EG
T-
Además, algunos hechos hacen pensar si el poemario fue
publicado como una despedida de Honduras: uno es la diversi­
dad de tendencias estéticas, que indican experimentación y no
consolidación; el otro es la brevedad, especialmente si compa­
ramos sus 33 poemas con los más de cien de Flores del Alm a; y
el último es la gran coincidencia de su publicación con la partida
del poeta: dos m eses de diferencia entre un evento y otro. Sin
embargo, debe decirse que los resultados de este experimento
contribuyen a fortalecer la orientación que Cárcamo buscaba,
pues la línea nerudiana se fortalecerá en M éxico, donde su poe­
sía dejará la experimentación y se dedicará a “explotar al m áxi­
mo” (en palabras de Livio Ramírez) las tendencias humanista y
épica de este poemario.
También debe decirse que no se sostiene la teoría de que
Cárcamo fue a formarse como poeta a M éxico; más bien debe
pensarse que iba intelectualmente armado y orientado; con las
ideas de: alejarse de ese medio sofocante que venía criticando;
con el que se había visto inconscientemente involucrado y ahora
conscientemente enfrentado; con el afán de continuar su obra
ahora ya orientada en dirección humanista, y -q uizá la más im128
,
. .
Ramírez, Livio. Entrevista. Op cit.
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115
Jacobo V. Cárcamo
portante- de sumarse y aportar algo de su esfuerzo personal al
proyecto revolucionario nacionalista que entonces impulsaba
Lázaro Cárdenas.
H
IV. A. “M éxico flo rid o y espinudo”'29
EG
T-
UN
A
¡Lejos finalmente de ese ambiente tan espeso! Y nada
menos que en México que, como se menciona antes, constituía
en esos años un paradigma para América Latina con un repunte
de su revolución representado por la llegada a la presidencia de
Lázaro Cárdenas, a quien Cárcamo había dedicado un exaltado
poema épico en Brasas Azules:
CANTO A UN PU EBLO
Y A UN H O M BRE
-D
Caiga mi verso como un riel...
Suene mi verso como un riel...
Quiero cantar a M éjico -p ed a zo de mi PATRIA-
UD
I
[••;]
Lázaro Cárdenas,
Lázaro que has vivido levantado
lanzando tu grito cárdeno
en fa vo r del proletariado.
[- ]
,
,
“Hasta aquí no más ” dijiste,
y tus manos cayeron certeras
sobre las agencias de ferrocarriles
y sobre las compañías petroleras.
Así en el yunque de los explotadores
has ido con tu martillo leal
py
Neruda, Pablo. Memorias: Confieso que he vivido.
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Jacobo V. Cárcamo
116
UN
A
¡Lázaro Cárdenas,
Lanza de Lanzadas redentoras...!
¡Lázaro Cárdenas,
carne de la carne trabajadora!
H
esparciendo las chisperías
del vasto Plan Sexenal.
EG
T-
Pocos comentarios corresponden a un poema tan claro:
M éxico es de Cárcamo (pedazo de mi PATRIA) y Lázaro es un
líder ideal para ese faro de libertad que se erigía en América. Un
poema exaltado y tierno que interioriza la patria vecina, su pro­
ceso nacionalista y que juega ingeniosamente con el nombre de
Lázaro Cárdenas.
-D
Cárcamo parece estar bien informado acerca de los más
recientes sucesos que acaecen en el M éxico de entonces (tan
conflictivos que no habrían sido interpretados correctamente ni
por los mismos mexicanos). Una concepción de la revolución
mexicana sostiene que el gobierno de Lázaro Cárdenas constitu­
ye un segundo repunte de las fuerzas revolucionarias.
UD
I
Sin una dirigencia clara, y sin un plan nacional de go­
bierno, más bien como una respuesta a las condiciones objetivas
de desigualdad social, el pueblo mexicano se embarcó en un
proceso revolucionario que comenzó con una guerra que se ex­
tendió desde 1910 hasta 1920. En ese transcurso, habrían surgido
dirigentes principalmente de extracción campesina: Pancho Villa
y Emiliano Zapata, el primero como un carismàtico líder militar
que amaba y era amado por las masas campesinas y que dirigió
la revolución desde el norte; el segundo, también amado por los
campesinos, dirigió las fuerzas del sur y se irguió de manera casi
espontánea como el principal ideólogo al promulgar lo más cer­
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117
Jacobo V. Cárcamo
cano a un plan nacional: el “Plan de Ayala”, donde proponía la
repartición de tierras para los campesinos pobres.
-D
EG
T-
UN
A
H
Con esto surgía la dirigencia. Pero el “Plan de A yala” no
era un proyecto nacional, sino solamente para los campesinos.
A sí, al no poder tomar el control nacional debido a la falta del
plan nacional, a pesar de los triunfos militares (se unieron las
fuerzas del norte y del sur; se tomó casi el cien por cien del terri­
torio nacional, incluido M éxico D.F. en tres ocasiones) la revo­
lución se fue desgastando y terminó cayendo bajo el liderato de
las mismas fuerzas conservadoras que supuestamente se comba­
tían; las que, astutamente, hablaron desde entonces en nombre de
la revolución, pero sin llevar a cabo políticas revolucionarias
sino tan sólo reformistas, para calmar los reclamos populares.
A sí, el empuje popular formó un país donde todos eran -tenían
que serlo -revolucionarios. Ello llevó a que todas las fuerzas
políticas se agruparon bajo un solo partido político “revoluciona­
rio”, que en la práctica cobijaba desde los más revolucionarios
hasta los más reaccionarios - estos últimos, no podían darse el
lujo de perder de nuevo el reconocimiento popular, y el pueblo
era revolucionario-.
UD
I
En otras palabras, el mapa sociopolítico m exicano habría
sido cambiado a largo plazo. A raíz de este cambio, en una elec­
ción libre, la presidencia del gobierno habría recaído, en 1933,
en el General revolucionario Lázaro Cárdenas, hombre de clase
media que, -tam bién sin poseer los conocim ientos necesarios
para conducir a buen fin la revolu ción - habría seguido de mane­
ra paternalista un plan que llamó “Plan Sexenal” (su período
presidencial, duró de 1934 a 1940).
Mediante este plan de carácter nacionalista, el gobierno
de Cárdenas -co m o lo dice el poema de C árcam o- promovió la
nacionalización de los ferrocarriles y del petróleo (hasta entonces
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Jacobo V. Cárcamo
118
EG
T-
UN
A
H
manejados por compañías extranjeras); llevó a cabo una sincera
reforma agraria, entregando fmanciamiento, tierras y armas para
defenderlas de los terratenientes a gran número de familias cam­
pesinas e instauró una educación pública de carácter socialista,
que incluía, en las escuelas, el izar junto con el pabellón nacional
la bandera roja-negra y el canto del himno de la internacional
socialista, todas las mañanas. En el plano internacional, el go­
bierno de Cárdenas fue el único gobierno capitalista que apoyó,
sin imponer condiciones, al gobierno republicano que se batió
entre 1936 y 1939 con el fascismo europeo (Franco, Hitler y
Mussolini); además, fue el único gobierno que brindó asilo a
León Trotsky, “ofreciéndole las condiciones necesarias p a ra
continuar su actividad revolucionaria de organización de la IV
internacional desde M éxico120".
UD
I
-D
Debió ser, en efecto, un sueño hecho realidad la llegada
de Cárcamo a ese M éxico. Un joven escritor que -am ante de la
libertad- no ponía reparos a la realización de un trabajo de hor­
miga y a renunciar a cualquier comodidad que impidiese la per­
secución de sus ideales. Venido de un país rural con un gobierno
dictatorial, que no respetaba la libertad de expresión y que estaba
entregando la soberanía económica y política; y con el que -por
desconocim iento- él mismo se había involucrado y se había
visto obligado a colaborar durante su adolescencia -dirigiendo la
Revista Z am bran o- . Ese joven de origen provinciano llega a una
verdadera metrópoli, M éxico D.F., la capital de un país cuyo
gobierno está implementando un proyecto nacionalista con cla­
ros visos revolucionarios, que apoya a obreros y campesinos,
apoya al gobierno republicano español... un gobierno que susten­
ta -e n fin - los mismos ideales que el poeta defiende desde la
época de Brasas Azules.
Gilly, Adolfo. La revolución interrumpida. 20ma. Ed. Ediciones El caballito. México,
D.F. 1984. P.385.
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Jacobo V. Cárcamo
119
H
“Todo él se en tregó” com o dijera M uñoz Cota. Sus
ideales se afirmaron y su obra, aunque escasa, (publicó dos libros
de poemas en 20 años) refleja esa consolidación y entrega. Esto
y, probablemente, la magia de la distancia, lo han convertido en
una figura legendaria que guió a los jóvenes escritores hondureños de las décadas de 1950, 1960 y 1970131.
EG
T-
UN
A
En realidad, su vida en M éxico es prácticamente d esco­
nocida, aunque existen abundantes noticias -p o ca s de ellas con­
firm adas-, Casi todo lo que se sabe con certeza com ienza con
una negación: se supone que vivía de sus colaboraciones con
diarios y revistas mexicanas, pues no tuvo em pleo conocido; no
tuvo dom icilio fijo; no formó una familia; sus escritos no eran
difundidos en Honduras132; rechazó casi toda relación con la
embajada hondureña en M éxico y jam ás regresó a su país. Todo
ello, junto con su trayectoria de poeta humanista, social y amigo
de las causas progresistas, ha generado una serie de relatos en los
que no está claro dónde acaba la historia y dónde com ienza la
leyenda.
UD
I
-D
Al calor del entusiasmo, una de las primeras acciones de
Cárcamo al llegar al D.F. (cerca de dos m eses luego de su arribo)
fue criticar con dureza en un encuentro latinoamericano -p rob a­
blemente de periodistas o de escritores- al régimen dictatorial
que gobernaba a Honduras. Ello le costó la cancelación de la
beca; lo que -segú n Ardón133- era parte de su plan al buscar irse
a M éxico. En realidad, este suceso lo narran varios escritores en
131
esa época |sc refiere a las décadas de 1950 y de 1960] estaba claro que Cárca­
mo era el poeta social por excelencia" (Ramírez. Livio; 1998)
Como sí lo eran, por ejemplo, los de Ralael Heliodoro Valle -quien vivió y murió en
México alrededor de esos mismos años- que aparecían constantemente en la Revista de
la Biblioteca , Archivo Nacionales.
Ver inciso ¡II.!’’ Anécdota # 15.
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Jacobo V. Cárcamo
120
EG
T-
UN
A
H
sus artículos elegiacos dedicados a la memoria de Cárcamo; pero
los artículos solamente se asemejan, sin ofrecer todos la misma
información. Por ejemplo, Jorge Girón V elásquez relata así:
[...] en el p a la c io de las B ellas A rtes los denunciaste con
hom bría[...] siendo tú representante de una p ren sa abyecta en
un congreso de p erio d ista s de América.
Aún resuenan tus p alabras: "Me avergüenzo de rep re­
sentar a una pren sa que alaba a un déspota com o Tiburcio C a­
rias, y espero que se avergüencen también los representantes de
otros déspotas que están aquí presentes, como son los de Ubico,
M artínez y Som oza
Esto bastó p a ra que fu era s destitu ido de
esa representación oprobiosa, así com o tam bién de la S ecretaría
del Consulado G eneral de H onduras.134
Con lo que Girón V elásquez no solamente recuerda el
hecho mencionado, sino agrega que Cárcamo, además de becario
del gobierno, era también Secretario de la representación diplo­
mática hondureña en M éxico D.F. Aunque este último dato no ha
podido ser comprobado.
UD
I
-D
Por otro lado, la historia de Cárcamo parece ir de una
desilusión a otra; pues, si alcanzó a conocer el gobierno cardenista, también alcanzó a presenciar su pronto final en 1940, ape­
nas precedido por la derrota de las fuerzas republicanas, que
también admiraba, en España, en 1939 y por el asesinato de
León Trotsky en M éxico a manos supuestamente de un agente de
Stalin en agosto de 1940. El general Múgica, sucesor lógico de
las políticas cardenistas, se vio obligado por diversas circunstan­
cias a renunciar a la carrera presidencial y ocupó el puesto M a­
nuel Avila Camacho, representante de una tendencia contrarre­
volucionaria del Partido Revolucionario M exicano. Con su lle­
134
. ,
.
,
Girón Velásquez, Jorge. Adiós a Jacobo Cárcamo. En El Cronista. III etapa. Ano
XLVIII # 10,624. Lunes 17 de agosto de 1959 p.2.
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Jacobo V. Cárcamo
121
gada, el proyecto cardenista fue interrumpido, su plan fue dete­
nido y apenas se pudieron sostener algunas de sus conquistas (la
educación socialista no fue una de ellas).
UN
A
H
El proyecto cardenista se detiene y, así las cosas, la vida
de Cárcamo se pierde entre la maraña del país que Pablo Neruda
-quien estuvo en M éxico en esos mism os a ñ o s- confiesa no
comprender del todo y denomina como “flo rid o y espinudo”. N o
llegan noticias de Cárcamo a Honduras y' en sus poemarios de
exiliado apenas habla de sí mismo en unas breves líneas, entre
las que recuerda el lejano terruño, algunos amores y apenas alu­
de al M éxico presente en un solo verso -entre toda su obra-:
EG
T-
"Tal es como en espera de la aurora soñada
bajo extranjeros cielos de agitados estaños, ” 135
UD
I
-D
N ótese el calificativo: agitados estaños, y nótese el tono
de extrañeza que hay en el verso: extranjero ¿hay dudas acerca
del país soñado?, M éxico ya no es del poeta, ahora él es extranje­
ro en una tierra agitada. Que esto no lleve a confusión, Cárcamo
-co m o todos los escritores mexicanos de en ton ces- ve el cambio
ostensible, pero no por eso deja de amar la tierra revolucionaria.
Se decepciona de los resultados, pero, siempre leal en sus afec­
tos, permanece en espera la aurora soñada y le canta al M éxico
de sus esperanzas, recordándole su pasado de luchas: desde las
batallas aztecas contra los colonizadores españoles, pasando por
las criollas contra los franceses y los norteamericanos, hasta las
luchas populares del siglo XX.
Livio Ramírez expresa que, cuando viajó a M éxico,
también en vías de estudio, realizó, en un afán individual, una
búsqueda de las huellas de Cárcamo en el D.F. En ese transcurso
135 “Elogio de ia palabra " F.n Anloloeía. p. 251. l.as negritas son nuestras.
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Jacobo V. Cárcamo
122
JACOBO
UN
A
H
platicó con diversas amistades del poeta; entre las que menciona
al muralista Alvaro Canales, a un republicano español dueño de
la cantina “El Gallo de Oro” y a la poeta mexicana Aurora R e­
yes. Producto de esas pesquisas, descubrió que Cárcamo se in­
corporó - e n ese agitado am biente- a los círculos revolucionarios
mexicanos “en la línea de C árdenas”; y que hizo amistad con los
grupos de exiliados republicanos españoles, como Pedro Garfias
(“e/ mismo a quien Pablo Neruda mencionó en su célebre “Can­
to a StalingradoU6") quien dedicó a Cárcamo un poema de iden­
tidad fraternal:
-D
EG
T-
Si me mirase al espejo
te vería:
andas lo mismo que yo,
procurándole a la vida,
dando más de lo que tienes.
Poeta: ¡Pobre Bautista!
que quieres dar a los otros
más de lo que necesitas.
UD
I
Copla
Cuando la vida pueda
abrir puertas y ventanas,
yo aprenderé a escucharte
a ti, Jacobo, hermano
de mi alma.
Pedro G arfias 137
"España desangraba su inmenso árbol de sangre/cuando Londres peinaba, como nos
cuenta/ Pedro Garfias, su césped y sus lagos de cisnes." Neruda, Pablo. Citado por Pompeyo del Valle en op. Cit. p.8.
Antología. Cuadernos de poesía hondurena # 19. Secretaría de Cultura. Tegucigalpa
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Jacobo V. Cárcamo
123
Así como Juan Trajano, que publicaba los escritos del
poeta en el suplemento literario del diario “El Nacional”138
UN
A
H
La pertenencia a estos grupos revolucionarios trajo sus
consecuencias para el poeta; la otra noticia que debe correspon­
der a sus actividades en ese país, indica que en algún momento
se propuso en M éxico la extradición de Cárcamo y que los trámi­
tes llegaron hasta citarlo a las oficinas de migración, pero que el
procedimiento fue desechado al enterarse el funcionario de esas
oficinas quién era el encausado, pues ya se habrían conocido los
hermosos poemas que Cárcamo le había dedicado a M éxico en
su Laurel deAnáhuac (México, 1954)139.
EG
T-
IV. B. Tercer poemario: Laurel de Anáhuac. “en espera de la
aurora soñada”
Una gran interrogante queda luego de preguntarse ¿Por
qué tuvieron que pasar dieciséis años (desde 1939 hasta 1954)
-D
antes de que el prolífico escritor, publicara su siguiente obra?
UD
I
Como respuesta solamente han llegado tres o cuatro noticias que
permiten inferir en qué ocupaba su tiempo.
Por un lado, están las pesquisas de Livio Ramírez, que
demuestran su incorporación a los círculos cardenistas con testi­
monios nada menos que del muralista Alvaro Canales y de la
1992. P.l.
Ramírez, Livio. Jacobo V. Cárcamo, vida i obra. Lectura de la tésis sustentada
previo ingreso a la Academia Hondurena de la Lengua. Tegueigalpa, 29M0/98. Inédito.
138
139
Aguilar. Guóiavo Adolfo. Op. Cit. Raúl Gilberto Tróchez sostiene que Cárcamo sí fue
exiliado también de México y que salió hacia Guatemala, pero que de alguna manera
desconocida por el se las arregló para regresar al D.F.
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124
Jacobo V. Cárcamo
poeta Aurora Reyes; así como diversas noticias que indican su
amistad con los exiliados republicanos, como los mencionados
Juan Trajano, Pedro Garfias y el dueño de la cantina “El Gallo
de Oro”. Este último, según las mismas indagaciones de Ramí­
H
rez, habría destinado de sus “bodegas” una “pensión” de dos
UN
A
tragos diarios para el poeta.
Lo que lleva al segundo punto, que son las abundantes
noticias sobre la bohemia en que se embarcó Cárcamo en el D.F.
y que -co m o ya sabem os- habían comenzado ya en la Teguci­
galpa de la “Generación intelectual de 1936” -para utilizar las
EG
T-
palabras con que Ardón se refería a su generación-.
Luego están las noticias biográficas de Cárcamo, que in­
cluyen siempre una lista de los diarios mexicanos con los que
colaboraba mientras vivió en esa metrópoli: El Popular, El N a­
cional, Excelsior, y pocos más, aunque los artículos de esos dia­
-D
rios no se conocen aún en Honduras, por lo que permanece allá
alguna obra de Cárcamo que podría ser valiosa y que, sin duda
alguna, ofrecería una luz en ese capítulo obscuro que consta de
UD
I
dieciséis años de silencio poético.
Y, por último, debe considerarse la comprobada y ex­
trema pobreza en que vivía Cárcamo, que debió influir en ese
silencio poético de la manera más simple y cruda: falta de fondos
para editar su poesía.
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125
Jacobo V. Cárcamo
Laurel de Anáhuac (M éxico, 1954) consta de tres ejes
temáticos fundamentales: M éxico, su historia y sus glorias, el
tema que ocupa mayor extensión; la patria ausente y esperanzada
que sufre bajo la opresión del subdesarrollo, donde deja ver sus
sentimientos de “em igrado”, como se autodenomina; y por .últi­
H
mo, el tema central y más importante: el hombre, como poseedor
UN
A
por naturaleza de la capacidad para el bien y la verdad.
A pesar de los desengaños, de las limitaciones y de las
frustraciones, las ideologías que proclaman la lucha por la liber­
tad y la justicia han dejado su huella en Cárcamo. Como conse­
cuencia, el poeta confía en el hombre y en sus capacidades, es
EG
T-
decir, se ensancha la veta humanista que asomaba apenas en
F lores del alma y que nació con Brasas Azules. Pero -e n el as­
pecto estilístico - abandona la experimentación poética que reali­
zó en este último libro y -co m o lo han señalado sus críticos- su
obra se queda casi exclusivamente con el tono épico y elegiaco.
-D
Si su vida se toma sumamente difícil, su poesía no; él será cla­
ramente un poeta de la vida y de la lucha humana por alcanzar
un mañana mejor, que para él significará el fin de las tiranías, de
UD
I
la subordinación de los hombres y de los pueblos y el triunfo
definitivo de la solidaridad.
Laurel de Anáhuac comienza con un épico canto A l
Ahuehuete. Este árbol será, en la poética de Cárcamo, el símbolo
de la historia, de la tierra y de las luchas mexicanas que se men­
cionaron en el párrafo anterior, y que representan una esperanza
para América:
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Jacobo V. Cárcamo
126
Y estás erguido aún,
Ahuehuete guerrero...
obelisco de indios...
erguido firmemente...
el idioma puro.
UN
A
alta la verde fren te ante el paisaje...
tensas las ramas...
H
catedral de esm eraldas melodiosas...
Y en todo el continente la elegancia
EG
T-
de un charro parado ante el futuro!
En el prólogo del libro dice el poeta Jesús Sansón Flores:
"Cuauhtémoc140 se desprendería de su tormento p a ra ofrecerle
una rosa de fuego, Benito Juárez dejaría p o r un instante su aus­
teridad de Reformador, p a ra sonreírle; M orelos abandonaría el
sitio de Cuantía p a ra estrechar su mano, y el árbol de la Noche
-D
Triste]4], lo abrazaría con sus potentes ramas. Porque a todos
UD
I
les ha cantado al tono de la historia en el diapasón de la liber­
ta d } 42’’
A todos los anteriores dedica Cárcamo poemas en Laurel
de Anáhuac, además de a los Niños Héroes143, a M iguel Hidalgo,
Emperador azteca; murió quemado por Hernán Cortés.
141
142
Donde lloró Cortés una derrota infligida por los aztecas.
.
Sansón Flores, Jesús. Umbral. En Laurel de Anáhuac. Ira. Ed. México, 1954.
143
Cadetes mexicanos que, al ver perdida la batalla frente a los norteamericanos, defen­
dieron “hasta el último hombre” su posición en el castillo de Chapultepec, mientras uno
de ellos se lanzaba desde lo alto al vacío, envuelto en la bandera nacional, antes que
entregar el pabellón.
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Jacobo V. Cárcamo
127
a Vicente Guerrero, a Emiliano Zapata, a las ciudades de M éxi­
co, Morelia, Acapulco, y al país norteño en su totalidad. Once de
los diecinueve poemas del libro están dedicados a la tierra y a la
H
gente mexicana.
UN
A
Pero el eje temático fundamental del poemario no es el
canto a M éxico por sí mismo, como a primera vista puede pare­
cer. El poemario es más bien un canto a la humanidad en gene­
ral, y en concreto a América, que -para é l - aún tiene su esperan­
za en M éxico. El tema mexicano es una sacudida a la conscien­
cia de ese país de sus esperanzas, de ese país que ha realizado
EG
T-
hasta entonces el esfuerzo mayor por detener las ansias expansionistas estadounidenses en América Latina. A l ejército yankee
dice:
No sois la voz de un pueblo con trabajo y con sueños...
sois la expresión de un grupo
-D
que en Wall Street os fo rra de uniformes sangrientos
y os manda p o r el mundo
UD
I
p a ra que asesinéis cada minuto,
[...]
m illonarios orates
que en lejanos p a íses imponen gobernantes,
como nom brar sheriffs en un pueblo de gansters...
y devuelven a M éxico sus banderas y a rotas
como a niña violada su ensangrentada ropa.'44
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Jacobo V. Cárcamo
128
Sansón Flores lo indica en el prólogo: Jacobo Cárcamo
deja en M éxico este libro, p o esía de nuestra A m érica [...] tierra
prom etida p a ra un mañana m ejor que tardarán en ver muchas
generaciones, p e ro que los po etas contemplan desde los más
UN
A
H
altos m inaretes de la visión p o ética . 145
Por esa raíz panamericanista y humanista es que el libro
incluye también cuatro poemas dedicados a su patria: P asaje
pa ra mi pueblo, E l emigrado, José Angel Zúñiga Huete Ab y Morazán; el poema contra E l ejército yankee; y tres cantos al hom­
la vida.
EG
T-
bre: Elogio de la p a la b ra , Poem a triunfal del hom bre y Canto a
El poema a Morazán es uno de los más celebrados entre
los que se le han dedicado a la memoria del procer unionista;
revela ese tono épico y vibrante que caracteriza su poesía:
-D
[••-]
en tu dolor aprenden a quererse los hombres...
UD
I
[-]
Vivo estás en el bronce...
firm e en la m iserable carne de cinco pueblos...
erguido en tus heridas...
en el volcán que elogia tu corazón de fu ego
y en el hombre que exalta tu muerte con su v id a /l47
144
145
146
147
Laurel de Anáhuac. Op. Cit. p. 48.
“Umbral". Idem.
Amigo de Cárcamo del que se hablará más adelante.
Antología. Tegucigalpa. 1982. P. 255.
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129
Jacobo V. Cárcamo
Si bien, el humanismo es una constante en Laurel de
Anáhuac, Poem a triunfal del H om bre y Canto a la vida son dos
piezas que expresan con claridad esa filiación filosófica de Cár­
H
camo: E l hombre es nuestra p a tr ia /y lo defenderem os bajo todos
los so les / 148 La libertad del hombre es la finalidad del hombre.
UN
A
Esta confianza en la persistencia de la lucha humana por su liber­
tad, solamente puede explicarse enraizada en un ideario de fe en
la humanidad. [Se enamoró] de la acción, de los paisajes, del so l
y de la vida" -apunta M uñoz C o ta -149. En Canto a la vid a , Cár­
EG
T-
camo anexa la misma muerte a la vida:
La palabra fue el arma que escogió Cárcamo para luchar contra
las tiranías. “'''Mejor que ser p o eta hubiera querido se r revolucio­
nario, con la cruz de las cananas en su pecho, en vez de llevar
-D
sus cananas de m etáforas abriéndole las entrañas. [...] No hubo
guardia que no asistiera ni fa jin a que no realizara. E ste fla cu -
UD
I
cho Jacobo fu e un soldado completo. [...] M añana habrá que
N adie cante a la M uerte, si no sabe que es vida...
N adie p o d rá matarnos...
N ada p o d rá perdernos...
En la m uerte se nace con más sangre y más sueño.
[...]
148
Idem. P. 2:8259.
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130
Jacobo V. Cárcamo
Que no nos llore nadie...
Queremos epitafios de venganza y de ira...
Qué grande la confianza de la muerte
H
ju n to a l a f e profunda de la vida!]50
e buscarlo en todos los pin o s de Honduras, vigilante,
UN
A
centinela de la libertad, con su carabina de m etáforas lista p a ra
enjuiciar, con rumbo a la eternidad, a quien se atreva a m enos­
cabar la insobornable libertad del hombre. ”151
Elogio de la p a la b ra es un extenso poema épico donde
EG
T-
Cárcamo expresa su devoción por la palabra: nada a la voz su ­
p e r a 152 - d ic e -. Ella es fuego, aire, agua y tierra; es hermandad y
solidaridad; vida, nacimiento, muerte y resurrección; es arma de
libertad y es la libertad misma; los enem igos de la palabra son
los enemigos de la libertad de expresión y, por ello, del hombre;
-D
la palabra es el muro desde donde asoma el futuro libertario que
sueña y por el que lucha con el ejemplo de su vida y de su obra.
UD
I
Vida y obra, que formaron una unidad indisoluble en
Cárcamo: reb eld esl53, insobornables, épicas hasta el mito. M u­
ñoz Cota lo expresa así: “La épica de Cárcam o sa ltó los lím ites
de la épica antigua y -e n cierto m odo— creó una épica propia,
150 Antología. Op. Cit. p. 262.
151
152
Muñoz Cota, José. Op. Cit.
,
Antología.Op. Cit. p. 247.
153 Idem.
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Jacobo V. Cárcamo
131
sus poem as son un alarde de realidad y m agia154. Pompeyo del
Valle reflexiona: Cárcamo, como quería Goethe, elevó “lo real
a la altura de la p o e s ía ”'55. Y Ramírez Lozano, afirma: todas
sus palabras están sostenidas p o r su vida; y hablando de su idea­
rio sentencia: nunca lo contradijo de hecho ni de p a la b ra " '56. Y
H
eso es así, tanto que para escribir su poesía marginal y crítica,
UN
A
primero abandonó las comodidades de pertenecer al régimen que
luego iba a criticar y optó por una vida también marginal, llena
de estrecheces. Incluso la criticada bohemia es sustentada en las
páginas de Pino y Sangre, cuando Cárcamo dirá, refiriéndose al
continente americano: Yo soy tu novio, tu alcohol, tus amarguras
EG
T-
y, Am érica pintora, la más m odesta y fie l de tus pin tu ras.'51
Por otro lado, respecto de la estética de Laurel de Anáhuac, debe mucho a la métrica y el ritmo de la primera escuela
de Cárcamo, el Modernismo que expresó en Flores del Alma,
-D
como puede comprobarse fácilmente analizando los versos que
ejemplifican este análisis: la abundancia de versos heptasílabos,
UD
I
endecasílabos y alejandrinos y las rimas, no esquemáticas pero sí
frecuentes. Véase:
154
Muñoz Cota, José. Citado por Livio Ramírez Lozano en: Op.
c it.
1998.
155 D e l V a lle , P o m p e y o . J a c o b o C á r c a m o : P re lu d io C o n tin en ta l. A n to lo g ía . S e c r e ta r ía d e
C u ltu r a , T u r is m o c I n f o rm a c ió n . T e g u c ig a lp a , 1 9 7 7 . P . 11.
15(1 R a m iro ? , L lv io . 1 9 9 8 . O p . c it.
157 P r e lu d io ( o iitin c n ta i r.n A n to lo g ía . O p . C it. p . 3 14.
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Jacobo V. Cárcamo
132
/Q u e/ /n o / /n o s/ /llo /r e / na/die/...
1
2
3
4 5
6 7
H
/ Que/re/m os/ /e/p i/ta /fio s/ /d e / /ven/gan/za y / / d e / /i/ra /...
1 2 3
4 5 6 7
8
9
10 11 12 13 14
UN
A
/Q u é/ /g ra n /d e/ /la / /con/fian /za/ /d e / /la / /m u er/te/
1
2 3
4
5
6 7 8
9
10 11
/jun/to a / la /fe/p ro /fu n /d a / d e / la / vi/da/!
1 2
3 4 5
6 7
8 9
10 11
EG
T-
N ótese la rima asonante entre los versos 2do y 4to.
UD
I
-D
Pero debe decirse que los poemas denotan ahora dos in­
fluencias: una (que ha pasado hasta ahora inadvertida a casi to­
dos los críticos de su obra) es la métrica clásica que subyace en
la medida de los versos, abundante pero no estricta, y las rimas,
frecuentes pero no esquemáticas; un poco de aquel fino concepto
del ritmo que cultivó con especial esmero en F lores d el A lm a,
aunque ahora no se centre su atención en la consecución de es­
quemas rítmicos complicados, sino que se conforma con versos
heptasílabos, alejandrinos y endecasílabos y algunas rimas oca­
sionales. La segunda, que es la que más se ha señalado hasta
ahora, tiene su origen en un concepto más vanguardista de la
poesía: el cultivo de la metáfora como poder expresivo-plástico
de la palabra.
Véanse las siguientes metáforas como ejemplo:
"la muerte es una rosa deshojada
de p éta lo s visibles y seguros ”
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Jacobo V. Cárcamo
133
Y de José María Morelos:
“oye el niño en la escuela tus tacones de plata
y siente que es el propio corazón de la patria. ”
UN
A
O bien, hablando de sí mismo:
“el Emigrado es un laurel de hierro. ”
H
O, hablando de Cuauhtémoc:
"jamás se vio cadáver con más velas de estrellas
ni un cielo así p o r a ta ú d ”
UD
I
-D
EG
T-
Tras las sucesivas derrotas de las fuerzas republicanas,
que le contaron los grupos de republicanos españoles exiliados
en M éxico, y otras tantas en el M éxico mismo que él vivió poco
tiempo después de su llegada; tras el triunfo de nueve dictaduras
en América Latina; y tras las embestidas que realizaba el impe­
rialismo norteamericano desde Wall Street y a través de su Ejér­
cito Yankee; tras esos hechos, tras el seguimiento y la probable
entrega a la causa revolucionaria durante los dieciséis años de su
silencio poético, Cárcamo necesita ahora expresar su experien­
cia; necesita comunicarla y transmitirla para que también otros
continúen la lucha por la libertad o, en sus palabras, por la cons­
trucción de la aurora soñada y de los hombres nuevos que la
habitarán bajo este mismo cieloA5S
Es probablemente por esos motivos que este poemario
no sigue el esquema rítmico exquisito de Flores del Alma ni el
de la experimentación vanguardista en múltiples sentidos de
Brasas Azules. Ahora el poeta “sólo” necesita reventar "las ca­
nanas de metáforas [que estaban] abriéndole las entrañas". Y
-por la naturaleza lógica de lo bien aprendido e interiorizadose mezclan estilísticamente las dos primeras escuelas poéticas
I gg
Elogio de ¡a palabra. Op. Cit.
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134
Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
que conoció; por orden de importancia: la épica metafórica que
expresa los gritos y estrem ecim ientos del despertar de su cons­
ciencia humanista, de Brasas Azules', y la métrica posmodemista
de Flores del A lm a; aunque -ocasion alm en te- aparece también
el verso libre vanguardista que apenas cultivó también en Brasas
Azules. Livio Ramírez lo interpreta muy bien, al señalar que sus
dos poemarios de madurez no innovan la lírica de Cárcamo, lo
que hacen es llevar hasta el límite las posibilidades de los poe­
mas épicos y elegiacos que aparecieron en Brasas Azules.
EG
T-
Por si estos motivos no bastaran, hay uno más, menos
teórico, más práctico y urgente. Como adelante se verá, Cárcamo
se decide a escribir Laurel de Anáhuac, así como Pino y Sangre,
en un momento en que los m édicos le han decretado una enfer­
medad terminal y le dan solamente tres m eses de vida. Esto po­
dría explicar que su poética actual sea prácticamente la misma
que la de Brasas A zules-, utilizó formalmente la técnica que ya
conocía pues le urgía terminar la obra antes de morir.
UD
I
-D
Quizá esto haga más meritorio aún que su poesía actual
no sea personal ni fatalista, sino vital y entregada a la humani­
dad, a Latinoamérica, a M éxico, a su patria y a su tierra natal a
quien -e n el único poema melancólico del libro- expresamente
dice:
“Ante la pu erta lóbrega...
al borde de la vida...
y a con los pies tintos en sombra,
te dirijo, Arenal, mis pensam ientos:
[■■■] ” '60
159 Idem.
M
Saudades de mi pueblo. Idem. P. 280281.
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Jacobo V. Cárcamo
135
IV. C. Cuarto y último poemario: Pino y Sangre: Un Preludio
Continental.
UN
A
H
Laurel de Anáhuac (1954) y Pino y Sangre (1955) cons­
tituyen, en realidad, una sola etapa en la evolución de la obra de
Cárcamo. Si bien, el engaño al que puede llevar la temática del
primer libro (como ya se dijo, parece ser México, pero en reali­
dad es América) no puede existir en el segundo. Pompeyo del
Valle ha visto en la obra un Preludio Continental, como se titula
uno de los poemas, y Livio Ramírez califica esa interpretación
de inteligente16' .
EG
T-
La presentación física de Pino y Sangre llamó la aten­
ción de Pompeyo del Valle, quien, también influido por el mito
que fue Cárcamo para los poetas de tres décadas (las de 1950,
1960 y 1970), consiguió la obra a principios de la década de
1960 y la guardó hasta que la pudo publicar en 1977. En el pró­
logo dice:
UD
I
-D
La plaquette16' [...] Pino y Sangre es una publicación
desconocida en Honduras y es además lina obra curiosa, empe­
zando por la extensa dedicatoria y los anuncios que lleva estam­
pados en sus forros. En la página 28 se y e una convocatoria a
los juegos florales de la Escuela Secundaria No. 7 de la ciudad
de México, con motivo de su 25 aniversario, y en la página 27 se
leen unas lineas escritas para Cárcamo [...] por Pedro Garfias,
el poeta español citado por Neruda nada menos que en su fa m o ­
so Canto a Stalingrado.m
lM O p.C 'it. 1998.
U)’
Publicación reproducida en m im eógrato y engrapada a m ano; sin pasta y sin los
acabados, la presentación y la solidez de un libro.
’ E spaña desangraba su inm enso árbol de sa n g re/ cuando Londres peinaba, com o nos
cuerna/ P a iro itiir/iax, su césped r sus lagos de cisnes. Neruda, Pablo. C itado por Pom ­
p e y o d e l V u l l c c ¡ r O p . C it l’y s . 7 8 .
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Jacobo V. Cárcamo
136
UN
A
H
Probablemente se deba a esa presentación de plaquette
que la versión original del poemario no haya podido ser localiza­
da, ni siquiera con Del Valle; únicamente se conocen las repro­
ducciones que se han realizado en otras publicaciones como
Antología (1982), Preludio Continental (1977) y Los Premios
(1973), entre otras; solamente la primera de ellas debió de repro­
ducir la obra íntegra, aunque -d e nuevo- el original permanece
perdido hasta hoy.
EG
T-
Pino y Sangre, el título, indica desde el principio la línea
épica que hermana este poemario con Laurel de Anáhuac. El
pino es símbolo del hombre hondureño, y la sangre, en palabras
de Livio Ramírez, es una alusión ametafórica, directa a su pro­
pio ser, a lo que algunos llaman ser nacional o ser histórico164
La épica de Cárcamo conformó cierta simbología que
-junto con su entrega personal- justifica el adjetivo de propia
que Muñoz Cota le asignó. Simbología que -sin intentar reducir­
la - puede descifrarse en parte así:
UD
I
-D
El Ahuehuete es la mejicanidad:
Ahuehuete soberbio...
viejo cartujo de una edad de gloria­
enorme ola botánica...
machete de armonía
[...]
Tú eres Cuauhtémoc y eres Moctezuma:
[...] eres en la película del sueño
una chirimía con alma de cuchillo...
una lanza que canta en lengua azteca
y una estela de azules jeroglíficos;
[...]
^
164
Ramírez, Livio. 1998. Op. Cit.
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137
El pino es el hondureño:
Si un niño es un arbusto vagabundo...
si una madre es ceiba de sangre
vuelta lluvia de luna sobre el mundo...
si en cada hombre hay un poco de árbol
p o r las venas de cada hondureño
discurre un m ar de pinos sin segundo.
H
Jacobo V. Cárcamo
EG
T-
_
UN
A
La rebeldía es el nacimiento del hombre:
[•■■]
porque las balas rompan las gargantas mayores
porque caigan helados mil puños de rehenes,
[...]
nuestro sueño no muere...
Que un hombre cae cualquier día
pero los hom bres nacen p o r m illones
sobre el m inuto de la rebeldía.
UD
I
-D
El tirano es el enemigo:
El día de la muerte del Tirano,
qué alborozo en las almas y en las cosas...
esbozará una risa bicolor la Bandera...
el Himno tendrá un ritmo de alegría suprema
y perderá el Escudo su tristeza.
Feliz el agua...
fe liz el pez y el cereal y la carne
y la leche y el viento,
[-.]
^
Escupir en su tumba será dicha de todos...
maldecirlo será una bendición.
¡Alegría del Himno y la Bandera...
júbilo del obrero y del soldado...
cuando el tirano muera,
si hay injienio, estará bien habitado!
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Jacobo V. Cárcamo
138
H
La ignorancia es la muerte:
Muere quien no ha sabido vivir...
Mueren el perro solo,
la hormiga equivocada
y hombre que no mira el porvenir.
UN
A
Si bien, el símbolo central de su épica es, por supuesto
de acuerdo con su filosofía, el hombre, él le merecerá los versos
más violentos, las metáforas más angustiantes así como las más
tiernas, como Poema triunfal del hom bre:
-D
EG
T-
"El Hombre es nuestra patria
y lo defenderemos bajo todos los soles!
[...]
Con plumas...
Con fusiles...
Con mítines...
Con piedras...
Defenderemos al hombre sobre toda la tierra! ”
UD
I
O Canto a la vida:
“El Hombre es doble árbol y mariposa viva... ”
O bien, Centroamérica:
“No hay muerte posible para el hombre...
en tonante agonía cae el pino más joven...
desde las duras cumbres se derrumban acémilas...
dóblanse caprichosos el huracán y el roble,
y no hay muerte posible para el hombre.
Con lengua de mar y siglos
borra el mar los castillos...
piérdense cada tarde guerrilleros sin nombre...
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139
Jacobo V. Cárcamo
antes de la palabra esfúmanse los niños...
cambian de rumbo ríos de órbita de bronce.,
los panteones se beben las aldeas,
y no hay muerte posible para el hombre.
H
[■■■]”
UN
A
Y
así, otros símbolos, entre los que se pueden mencionar
los siguientes: la palabra es la libertad, el tatnarindo es la hondureñidad, los “ideales pulcros” son el camino de la eternidad...
UD
I
-D
EG
T-
Si el hombre en general motiva la poética de Cárcamo,
América, la Patria Grande, será su locus específico en Pino y
Sangre. Casi todos los poemas están dedicados a algún país ame­
ricano: Honduras, México, Guatemala, Nicaragua, Cuba, Repú­
blica Dominicana, Perú... con la particularidad de que todos ellos
exaltan algún héroe como Sandino, Bolívar, Morazán; o bien
exaltan la lucha de los pueblos como la lucha en Cuba contra
Batista; otro denuncia la invasión de República Dominicana por
el Ejército Yankee; o bien denuncian a algún dictador como en el
caso del Perú; o el poema de Guatemala, que lamenta la caída
del gobierno populista de Jacobo Arbenz y alienta la lucha por
recuperar el terreno allí perdido.
Si alguna diferencia existe entre sus dos obras de madu­
rez, ella es la universalidad y claridad con que ahora se transmite
el mensaje. Si el Ahuehuete es símbolo de la mejicanidad; el
tamarindo, de la hondureñidad; la palabra, de la libertad; ... en
algunos poemas de Pino y Sangre la aurora soñada comienza a
asomar en todo lo que rodea al poeta. Ello permite, en algunos
poemas, el regreso a ciertos temas sencillos tratados en Flores
del Alm a, y ahora vistos con la naturalidad de lo cotidiano, don­
de en todo asoman la vida y la rebelión a las que dedicó vida y
obra.
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Jacobo V. Cárcamo
-D
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H
Si es obvio que el pensamiento panamericanista ha m a­
durado, también es cierto que la confianza en la persistencia de
la lucha por la libertad ahora se consolida; no es que el hombre
esté empeñado en esa lucha, sino que la libertad es una aspira­
ción y una lucha natural. Así se explica la aparición de poemas
sencillos como Sonatina de la golondrina y Guitarra, que tratan
temas absolutamente triviales, poemas que no muestran el tono
de urgencia épica y de angustia de los demás. Así vuelve tam ­
bién al abandonado tema del amor, a las alusiones personales,
aunque sin olvidar el compromiso que ha decidido abrazar. En el
poema Retratos de mujeres, Cárcamo relaciona el amor de pareja
con el amor revolucionario: confiesa haber conocido diversidad
de mujeres, todas especiales de alguna manera, pero enfatiza que
la mujer que lo hizo conocer el verdadero amor es aquella que
"Pensó conmigo en múltiples motines.../alzaba el puño y erigía
el canto, [...] Compañera en la tierra y en la estrella, /[que]/
conmigo anduvo dándome alientos para el vasto reto; 165"
UD
I
Es claro, en conclusión, que el posmodem ismo es, en es­
tos poemarios publicados en México, ya solamente una especie
de sustrato, sobre el que impera una poética épica y humanista
aprendida de las tendencias sociales y vanguardistas. Si bien, la
experimentación poética y lingüística -q u e caracterizó a muchos
escritores vanguardistas y que caracterizó su prim er poemario
vanguardista: Brasas A zu les- será abandonada por una idea más
urgente: legar la experiencia vivida contra las tiranías y exaltar
un pensamiento panamericanista, humanista y antiimperialista.
Esta premisa se encauza en la línea contestataria de Brasas A zu ­
165 A ntologia. P. 305.
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Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
les, pero lo lleva a su vez a una expresión mucho más clara y
madura. Cuando el poeta muere, se había consolidando en su
poesía un ciclo épico humanístico que daba visos de una evolu­
ción en el sentido de que su temática estaba regresando a las
cosas sencillas, con la acepción de cotidianeidad que en Neruda
tomó la forma de las Odas elementales.
IV. D. Últimos años en México: “No te imaginas cómo estoy”
EG
T-
Los mejores testimonios de su vida en México, los ofre­
ce la correspondencia que algunos familiares, amigos o admira­
dores de su obra han guardado. Pero las cartas conocidas se limi­
tan a la década de 1950, cuando se ve emerger de la maraña del
D.F. a un Cárcamo físicamente destrozado por las enfermedades;
principalmente por la tuberculosis, la enfermedad de los román­
ticos, que él mismo había cantado en su etapa romántica de Flo­
res del A lm a166.
UD
I
-D
José Angel Zúñiga Huete murió en México, pocos años
antes que Cárcamo y después de dirigir durante más de veinte la
oposición -e n el país y en el exilio- al gobierno de Carias. Fue
también amigo cercano de Cárcamo y mantuvo constante corres­
pondencia con la familia del poeta, pues -irónicam ente- estaba
muy preocupado por su salud quebrantada y opinaba que éste
debía regresar a la patria, pero que no sería fácil convencerlo de
ello.
El orador de Olanchito, Róger Orellana, rememora así
esta relación:
V éase l.n m adre ¡a b a e n lo sa . En A nlologln. Op. Cit. p.3537.
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-D
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H
Desde México, donde sufría la amargura de la Patria
herida, le escribió un día el Doctor José Angel Zúñiga Huete al
periodista Dionisio Romero Narváez, una carta angustiosa y
desesperada, sobre la situación calamitosa, casi moribunda, en
que se encontraba el poeta Jacobo V. Cárcamo. "El poeta se nos
muere, Nicho ", le decía; y es que Jacobo, gastado su organismo
en el abuso de nepentes y sangrándole el alma por la Patria
lejana y atormentada se debatía entre la vida y la muerte en un
Hospital del Méjico que tanto amaba. Nicho Romero, hombre
sensible, de mucho corazón y solidario con Jacobo, en las luchas
contra el miedo y por la libertad, movilizó a los amigos y fa m i­
liares del poeta, y de sus gestiones resultó un cheque de regular
cuantía, que fu e remitido hasta la Capital Azteca para subsanar
las más vitales e inmediatas urgencias de aquella auténtica voz
americana que fu e Jacobo V. Cárcamo. Pues bien, con el valor
del título bancario nuestro lirida sobornó empleados y compró
enfermeros del Hospital donde convalecía, y se escapó, en una
parranda salvaje y loca, que lo llevó a amarizar hasta el Istmo
de Tehuantepec, siendo rescatado de su cápsula bohemia p o r un
equipo de salvamento que improvisaron varios intelectuales de
la region. 167
La carta que dio pie a esta relación de Orellana se ha
conservado afortunadamente. Está firmada por José Ángel Zúñi­
ga Huete y literalmente dice:
Orellana Irías, i or'¿(¡'Jacobo V. Cárcamo. Un alio valor de la lírica contem porá­
nea En R am ón Arnava A m ador. Céleo M urillo Solo v Jacobo V. C árcam o: Tres gran­
des poetas v pensadores de O lanchilo. Editora Nacional. Honduras, O lanchito, m arzo de
1967. P. 27.
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Jacobo V. Cárcamo
143
México, D.F,, 5 de enero de 1953.
Señorita
Hada S. Cárcamo.
UN
A
M uy estimada amiga:
H
Arenal, Yoro.
Envío a Ud. un atento saludo y mis deseos porque se en­
suyos.
EG
T-
cuentre disfrutando de salud y bienestar, juntam ente con los
Lamento que esta carta le lleve malas noticias de su
hermano, Jacobo; pero me considero obligado a transmitirlas.
-D
Hace como 15 días se me presentó el poeta, al parecer
con muchas copas, después, según me dijo, de haber pasado una
noche de bohemia. M e comunicó que ya había salido del sanato­
UD
I
rio en que estaba recluido, explicando que le habían dado la
alta, p o r curación de su dolencia, cosa increíble, dadas las ca­
racterísticas de su caso. En agosto que lo vi, recién internado en
la clínica, me dijo su médico: “El caso es desesperado. Tiene
dos grandes cavernas en los vértices de ambos pulm ones y una
infiltración tuberculosa en el resto de dichos órganos”. Nos
mostró las radiografías confirmatorias de los hechos y luego lo
hizo llamar v lo puso en la pantalla de los Rayos X. Después de
que lo hizo regresar a su aposento líos dijo el especialista: “Po-
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Jacobo V. Cárcamo
drá vivir tres meses a lo sumo, salvo que reaccione unte el enér­
H
gico tratamiento que le estamos aplicando Y al que en efecto
respondió, dando margen a un gran optimismo sobre su cura­
ción total en un período, no de meses, sino de años.
UN
A
En vista de lo que le relato no di crédito a lo que me ex­
presó Jacobo sobre su alta dada en el sanatorio, p o r curación de
su dolencia.
Posteriormente, un compatriota que mucho estima y
EG
T-
quiere a Jacobo, el P.M. D. Aguilera, me refirió lo que había
sucedido. El día que en la Embajada de Honduras le entregaron
$ 75.00 (oro), regresó al sanatorio tomado de copas y con unas
botellas de licor, con las que emborrachó a unos enfermos y a
unas enfermeras. Esto dio motivo para que los directivos del
sanatorio despidieran a su hermano, poniendo fin al tratamiento
-D
que le daban.
Hoy se encuentra en un hotel, donde sigue tomando co­
UD
I
pas, porque dos veces que me ha hablado p o r teléfono, le he
notado en el tono de voz, encontrarse en aquel estado.
En vista de lo dicho, me parece que lo prudente sería
llevarlo a ese país e internarlo, bajo una estricta disciplina, en
el sanatorio para tuberculosos anexo al Hospital San Felipe, de
Tegucigalpa. Aún puede reaccionar para recobrar su salud. De
los 40 kilos de peso con que lo encontré había recobrado 10, en
3 meses.
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Jacobo V. Cárcamo
A l darle estas noticias creo cumplir con un deber de
amigo, lamentando que las noticias no sean gratas, como habría
sido mi deseo.
El problem a a resolver es que Jacobo quiera retornar a
H
Honduras, cosa que debería hacer, según mi criterio.
UN
A
Le reitero mi estimación y soy siempre su Atto. y S.S.
amigo.
(f) Angel Zúñiga Huete.
EG
T-
P.S.-Jacobo se hospeda en el
“HOTEL UNION PEREZ Y POSADA S. D E R.L. ”,
Calle Bolívar No. 67, México, D.F.,
EE.UU. MEXICANOS,168
UD
I
-D
Esta carta confirma el “abuso de nepentes” a que se refe­
ría Róger Orellana, nos muestra a un Cárcamo alcohólico, ya
tuberculoso, desahuciado y muy por debajo del peso normal para
un adulto: (poco más de ochenta libras).
Es notable el carácter exaltado del alcoholismo de Cár­
camo: mientras sus amigos se preocupan con atenciones y ayuda
económica, él emprende una borrachera contagiosa y frenética
que termina a centenares de millas de su origen. Un suceso vitalista y eufórico, como vitalista y eufórica es su poesía.
Fuente: I-'otoenpia sin datos proporcionada por la licenciada N ora M artínez Cárcam o
de B aekenkholer. hija de la rem itente: doña Ada S. Cárcam o. La "(O ” ti1112 aparece ju n to a
la firm a es nuestra.
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Jacobo V. Cárcamo
UN
A
México, D.F., 20 de enero de 1953.
Señorita
H ada& Cárcamo,
Arenal, Yoro.
M uy estimada amiga:
H
De hecho, ni siquiera mantendrá un domicilio fijo, ape­
nas quince días después, Zúñiga Huete avisa el cambio de “do­
micilio” del poeta:
[...]
El día que llegó a mi domicilio a retirar sus CIEN DO­
LARES, estaba presente otro compatriota. Ambos lo vimos más
desmejorado de cuando se encontraba recluido en el sanatorio.
Sin embargo, él dice que se siente bien, que tiene gran apetito,
sueño, etc.
EG
T-
_
-D
Ya no está en el Hotel Unión, como le dije en mi ante­
rior, sino que se ha trasladado al "Hotel Luis Moya ", sito en la
Calle Luis Moya No. 94 de esta ciudad.
UD
I
Deseo que se conserve bien en unión de toda su fam ilia
y que me tenga siempre por su Afino. S.S. y amigo.
(f) Angel Zúñiga H uete.169
Es notable la preocupación fraterna que demuestran los
pocos amigos del poeta. Pero es también irónico que, a pesar de
todas las preocupaciones que el político expresara acerca de la
salud de Cárcamo, haya sido este último quien asistió, en ese
Fuente: Ibid. La letra “(f)” ju n to a la firm a es nuestra
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Jacobo V. Cárcamo
147
mismo año de 1953 al entierro de Zúñiga Huete y, como muestra
de la amistad que los unió, le dedicó incluso una sentida elegía
en la que lo recuerda así:
UN
A
H
"Yo miré tu ataúd cual horizonte negro
guardando la nevada caoba de tu cuerpo...
cuatro velas lloraban nardos de vivo fuego...
las mujeres, sus lágrimas... los hombres, su silencio
y en tu anaquel los libros que sonrieron
entre tus manos, bajo tus espejuelos."
[...]
EG
T-
Oh! Licenciado de las causas bellas...
mano de lirio y alma de centella
que has caído en la patria de Cuauhtémoc,
envuelto en el fu lg o r de dos banderas,
como una toga de ébano y un birrete de estrellas!™
UD
I
-D
Don Elíseo Pérez Cadalso contaba haber visto una sola
vez al poeta Cárcamo, sería en México D.F. durante la década de
1950. Recordaba que ya el poeta estaba sordo y que el pulso de
su mano era vacilante (consecuencia, decía él de la mala vida:
alcoholismo y malnutrición). El encuentro fue en un salón de
convenciones donde un grupo de hondureños se reunió para ce­
lebrar el 15 de septiembre, día de la patria, convocados por la
embajada de Honduras en México. Contaba Pérez Cadalso que
en algún momento de los actos protocolarios uno de los asisten­
tes se habría levantado y tomado la palabra para reclamar: cómo
era posible que los funcionarios de la embajada de Honduras
estuviesen llenándose la boca celebrando el día de la patria,
cuando uno de los compatriotas ilustres (se refería a Jacobo V.
Cárcamo) que se encontraba en ese territorio era constantemente
170 Cárcamo, Jacobo V. ¡.aurei de Anáhuac. En Antología. Op. Cit. p. 256257.
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Jacobo V. Cárcamo
148
UN
A
H
ignorado, a pesar de su grave estado de salud y de su precaria
situación económica. El tono encendido del reclam ante -cu y o
nombre no mencionó Pérez C adalso- pronto habría caldeado los
ánimos de los presentes y el discurso habría finalizado en una
batahola; en medio de la que el narrador de esta historia alcanzó
a ver un grupo de los asistentes formando un cerco alrededor del
poeta -q u e no había intervenido durante el d iscurso - para así,
protegido, sacarlo del local, lo que en efecto hicieron.
EG
T-
Aún en vida de éste, comenzó a formarse la leyenda en
que el hombre se convirtió luego. Para 1955, el Claustro U niver­
sitario, que entonces otorgaba el Premio Nacional de Literatura
Ramón Rosa, decidió designarle y hacerle llegar -h a sta el exilio
donde se encontraba- el diploma y el premio correspondientes a
ese año. Ello dio origen a una carta, en la que Cárcamo elogia al
rector de la universidad, pero en la que reclam a que no ha recibi­
do ni diploma ni dinero.
UD
I
-D
M éxico D.F. 1° de noviembre de 1955
Señor D octor Don Ernesto Argueta
Rector de la Universidad de H onduras171
Tegucigalpa D. C.
Distinguido D octor y
fin o amigo:
M i corazón le devuelve un saludo, envuelto en gratitud
por su última y amable misiva.
Agradezco, igualmente, la remisión de su interésam e
Revista, que responde a los amplios anhelos de usted, a la in­
quietud ju ven il de nuestros universitarios - e l más caro pan de la
A hora U niversidad N acional A utónom a de H onduras.
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Jacobo V. Cárcamo
149
P a tria - y a los deseos poderosos de nuestro p ueblo p o r encon­
trar un día, con rifles o con plum as, la p a z hogareña a que tiene
derecho.
H
M e fe lic ito a m í mismo, com o si usted fu e ra m i padre,
p o r su inquietud útil, su fin a inteligencia y la suave energía de
su carácter.
EG
T-
UN
A
Salude - le suplico— a don Julio Lózano Díaz: a la p e r ­
sona. el cariño y el respeto al Gobernante. Para m í está salvado,
desde el m om ento en que honra a hombres como usted, a mi
distinguido amigo de internacional cultura y de fin a inteligencia,
licenciado Esteban M endoza; a nuestro íntegro compañero,
doctor don E nrique Ortez; a José R. Castro, hoy en el Brasil, y a
tantos contribuyentes más p a ra la grandeza y la armonía patria.
P or m i parte, le diré que estoy agobiado p o r tanta bon­
dad. Pagado estaba yo, desde el m om ento de mis hum ildes y
desgraciados partos literarios.
-D
D ecir el rencor es muy fá c il; expresar la gratitud, difícil.
UD
I
Oh, doctor Argueta (casi estoy llorando). L legar usted a
esa respetable edad, después de recorrer un cam ino de trabajo y
de gloria y también de dignidad, para prem iar, con la m ano que
ha salvado muchas vidas, a este m uerto vivo que soy yo...
Está m i corazón robusto de laureles p a ra hom bres de su
categoría, p a ra Oscar A. Flores y p ara demás, correligionarios
y hasta enem igos políticos, que tal vez lo son p o r un afán de
m ejoram iento democrático.
La esperanza es tan larga como el horizonte. Ojalá el
año próxim o pueda saludarlo, a la som bra de nuestra Bandera,
fr e n te a nuestro Escudo, con la presencia de nuestros pinos y,
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Jacobo V. Cárcamo
150
sobre todo, con la constitucionalidad que el pueblo reclama y a
cuyas voces, creo, habrá de responder sinceram ente el Jefe Su­
prem o del Estado.
UN
A
H
En lo particular, le manifiesto que no he recibido, hasta
el momento, nada de mi premio. E l Diploma, que me hicieron el
fa v o r de otorgarme, le suplico enviárselo a nuestro digno Em ba­
ja d o r aquí.
Su amigo fra terna l de siempre:
JACO BO CARCAMO
EG
T-
P.D. Le suplico, si algo malo pasa, informarme sobre la
salud de mi madre, internada en el H ospital San Felipe. Agrade­
c id o m
UD
I
-D
Cárcamo se da por notificado de la designación del Pre­
mio Nacional de Literatura “Ramón R osa”, el máximo recono­
cimiento que se bj inda (aún) a los escritores hondurefios. El
premio le conmueve claramente, pero en las dos últim as líneas
aparecen dos datos singulares: le interesa el prem io en efectivo
(aparentemente para imprimir su último libro: "P in o y Sangre" )
y le preocupa el estado de salud de su madre que ya está interna
y que -aunque ahora él no lo sep a - en efecto no volverá a ver.
El saludo al Presidente Julio Lozano Díaz parece más
bien una formalidad, pues al final declara que sus esperanzas de
que democratice al país son “larga[s] como el horizonte” .
172
Fuente: “ D os cartas de Jacobo C árcam o” . Tiem po D om inical. A ño IX, # 3096. San
Pedro Sula, agosto 19 de 1979. P. 5.
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151
Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
Y
no se equivocaba; pues en 1956 Lozano iba a proscri­
bir al Partido Comunista de Honduras (que se había sido legali­
zado dos años antes), envió al exilio al presidente del Partido
Liberal, Ramón Villeda M orales, desconoció a su propio Partido
Nacional y convocó a unas elecciones fraudulentas en las que un
partido recién fundado por él supuestamente sacó casi el 90% de
los votos escrutados. Este despotismo llevó a una inestabilidad
política y a una serie de movilizaciones que lo expulsaron de la
presidencia de la república en ese mismo año de 1956. Aunque
para Jacobo V. Cárcamo podían haber, además de estos hechos
políticos, también otros motivos mas bien personales que obsta­
culizaran la vuelta a casa del poeta, como adelante se verá.
EG
T-
M ientras tanto, el Rector de la Universidad de Honduras
se preocupa también por la salud del poeta y se atreve a sugerirle
que regrese a la patria.
-D
Tegucigalpa, D.C. 14 de noviembre de 1955
Señor don Jacobo Cárcamo
M éxico D.F.
UD
I
M i muy querido amigo:
Tengo el gusto de referirme a su muy estimable carta del
I o. de noviembre en curso, en la que se sirve acusarme recibo
del ejemplar de la Revista de la Universidad de Honduras que
tuve el agrado de enviarle en días anteriores; y en la que, a la
vez, se digna expresar conceptos de reconocimiento y de cordial
simpatía para algunos de sus viejos compañeros que, como yo,
le recordamos a usted con el más vivo afecto.
No tiene usted porqué sentirse abrumado p o r las aten­
ciones que desde aquí le dispensamos sus verdaderos amigos,
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Jacobo V. Cárcamo
152
H
pues usted m ismo se ha hecho acreedor a nuestro más alto apre­
cio p o r sus grandes méritos de artista, y sobre todo, de patriota
auténtico, como lo dije en la sesión pública y solem ne celebrada
en el Paraninfo de la Universidad Nacional, el 19 de septiem bre
último, con ocasión de la entrega de los Prem ios Nacionales.
EG
T-
UN
A
Respecto a su señora madre, me perm ito inform arle que
ella perm aneció algunos días internada en la Policlínica, de esta
capital, con motivo de una fie b re tifoidea de que estuvo p a d e ­
ciendo a fin e s el mes pasado; pero, según me lo han com unica­
do, salió y a de aquel establecimiento relativam ente m ejorada de
su dolencia.
-D
En cuanto a los Lps. 2,000.00 correspondientes a su
premio, debo m anifestarle que y a le fu e girada dicha cantidad al
señor Em bajador de Honduras en M éxico, don Porfirio H ernán­
dez, para que él se la entregue a usted directamente. Y, en lo que
hace relación al diploma, he de decirle que, de conform idad con
sus deseos, hoy mismo se lo remito, en paquete separado, al
propio señor Em bajador Hernández.
UD
I
Ahora, una sugerencia amistosa de m i parte: creo que
usted p o r múltiples razones debe procurar venirse a la Patria lo
más pronto posible; aquí se le tratará con todo interés, con todo
aprecio y con todo cariño. Pienso, además, que el sol y el aire de
su tierruca -q u e nunca son ni el mismo aire ni el m ismo so l de
otras la titud es- contribuirán en mucho a m odificar el estado
actual de su salud alterada.
E l señor Jefe de Estado, Don Julio Lozano h. Y sus de­
más amigos de aquí, corresponden, p o r mi medio, sus afectuosos
saludos.
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Jacobo V. Cárcamo
153
En espera de sus nuevas letras y con mis recuerdos para
usted, soy siem pre su fra tern a l amigo que le abraza.
ERN ESTO AR G U ETAm
UN
A
H
Parece claro que ya las noticias de M éxico, acerca de la
salud de Cárcamo, eran conocidas y seguidas por los círculos
intelectuales hondurefios, y que muchos opinaban como Zúñiga
Huete: que el poeta debía regresar al terruño. A estas peticiones,
Cárcamo oponía la más testaruda oposición, y él m ismo explica­
rá algunas de las razones en otra carta que se reproduce adelante.
EG
T-
México, D.F. 6 de diciembre de 1955.
Señor D octor don Ernesto Argueta
Rector de la Universidad
Tegucigalpa.
D istinguido D octor y fin o amigo:
-D
M uy agradecido p o r su amable carta del 14 de noviem ­
bre recién pasado.
UD
I
Recibí el Diploma, que tuvo la bondad de remitirme.
Guardo, en arcón de oro, mi gratitud hacia usted p o r las
informaciones que me da sobre la salud de mi madre. H e sufrido
mucho, usted comprenderá. Yo lloraba ocultas lágrimas de
hombre, recordando los versos de mi amigo el gran poeta espa­
ñol, Pedro Garfias: “¿Qué am or no p e rd e ré ? ” Pero estoy
reconfortado, gracias a la buena información suya, así como de
las atenciones de doña Carmen de Carias y Oscar A. Flores.
173
Alíenle: Ibid.
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154
Jacobo V. Cárcamo
En cuanto a la “sugerencia am istosa” que me hace de
regresar a la Patria, cumpliré con sus deseos el próxim o año.
Quiero, antes, recuperar el oído para escuchar la experimentada
y digna palabra de hombres como usted.
UN
A
H
Ya recibí el giro po r los mil dólares, que me correspon­
dían p o r el Premio de Literatura. Muchas gracias p o r las ges­
tiones que realizó. Con este dinero pude sacar de la imprenta mi
libro “Pino y Sangre ”. Pronto se lo enviaré.
Sin más p o r el momento, y rogándole saludar a los am i­
gos, me es grato despedirme de usted como su muy atento y S.S.
EG
T-
JACOBO CARCAMO174
UD
I
-D
En lo que respecta el monetario que recibió Cárcamo,
sostiene don Gustavo Adolfo Aguilar que el dinero lo repartió
entre sus amigos (¿Lo debía? Es muy probable), aunque el m is­
mo Cárcamo indica que al menos una parte del dinero la utilizó
para imprimir Pino y Sangre. Pero, además, se observa una sutil
ironía en Cárcamo, al decir que regresará al terruño cuando recu­
pere el oído, para que pueda “escuchar la experimentada y digna
palabra de hombres como usted”', como si esto último fuese más
fácil que recuperar las capacidades de un oído clínicamente en­
sordecido.
Como es notorio en estas cartas, la salud de Cárcamo se
minó profundamente en el D.F.: alcoholismo, tuberculosis, afo­
nía y sordera total fueron las principales afecciones. Hay diversi­
dad de opiniones acerca de cómo el alcoholismo afectó su obra.
Según el Dr. Gustavo Adolfo Aguilar, Cárcamo le pidió expre­
samente que transmitiese a la juventud su mensaje de nunca ha174
^
,
Fuente: ibidem.
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Jacobo V. Cárcamo
155
UN
A
H
haber escrito bajo los efectos de ninguna droga o del alcohol175.
Esa disputa es, en realidad, irrelevante para juzgar la calidad de
su obra; si bien, puede decirse que tanto en su alcoholismo como
en su poesía hay estados eufóricos, por un lado; y puede soste­
nerse también que la métrica y la coherencia de las obras que
publicó en México hacen creer que los poemas son producto de
una intención sobria y consciente de la finalidad que se persigue,
tanto en cada poema como en toda la obra en su conjunto.
-D
EG
T-
Lo cierto, en este tema, es que la calidad de sus poemas
no ha sido negada y que sería tendencioso juzgar su poesía con
base en si estaba sobrio o ebrio en el momento en que la escribió.
Algunos amigos y estudiosos incluso lamentan la hipotética pér­
dida de poemas escritos en servilletas y papelitos sueltos en la
frenética bohemia de Cárcamo; pero nunca se sabrá si guardaban
algún valor, pues no hubo una sola persona, entre las entrevista­
das que pudiese mostrar alguno de ellos, más aún, nadie relató
haber presenciado la redacción de uno solo de esos hipotéticos
billetes, con lo que no se sabe siquiera si es cierto que Cárcamo
los escribiera. Estas versiones parecen más bien leyendas nacidas
de espíritus románticos, que solamente conciben la estética revo­
lucionaria en medio de un ambiente bohemio.
UD
I
En lo referente a su sordera total, muchas fuentes con­
fiables indican que llegó a cargar consigo una libreta donde la
gente le anotaba las palabras que deseaba dirigirle176.
Sus enfermedades, alcoholismo, tuberculosis, afonía y
sordera, obviamente le afectaron mucho; hay quienes indican
que en sus últimos días su pulso era vacilante, nervioso. Pero lo
l7t> Reyes, A urora Poeta m exicana citada por Livio Ram írez en O p.C it. 1998. Entre
incontables testim onios más.
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Jacobo V. Cárcamo
156
EG
T-
UN
A
H
que dio al traste con su salud fue -e n nuestra o p in ió n - la muerte
de su madre: doña Angela Vallecillo. Ello constituyó un golpe
fortísimo y determinante para la salud del poeta, y, aunque se
desconoce la fecha exacta de la muerte de doña Angela, se sabe
que el poeta tan solo sobrevivió unos dos años y que desde en­
tonces no volvió a publicar sus escritos. De hecho, lo impersonal
de su poesía y las evasivas que manifestaba con respecto a su
precaria situación de exiliado marginal, pobre y revolucionario
se resquebrajaban al enterarse de la delicada salud de su madre.
Y la noticia final de la muerte de su progenitora sencillamente
“arrasó con toda barrera y dio paso a un total desgarramiento,
que se manifiesta en la correspondencia personalísima, com ple­
tamente antitética con su obra literaria: impersonal y ofrecida a
la hum anidad,” 177
-D
M éxico D.F. 12 de abril de 1956.
Señora A\...\
Arenal,
Honduras.
UD
I
Querida [...]
Reciba un abrazo de su hijo que no la olvida.
Dígame cómo sigue. Yo estoy pensando mucho mi regre­
so al país, pero las intrigas y triquiñuelas de los señores del
poder, negándole al pueblo la dirección de sus destinos, me han
hecho aplazar mi viaje. Por otra parte, y o no cuento con fo n do s
para perm anecer allí, pues, según me informan, la vida está muy
cara. Tampoco me gustaría tener que molestar a los asesinos y
rateros del Estado. Si algún mérito tiene mi poesía, es que y o me
he mantenido, pobre, pero atacando los despotismos.
177
R am írez, Livio. Op. Cit. 1998.
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Jacobo V. Cárcamo
157
H
M i única aspiración es que usted me dure un poco para
poder verla un día. Si las cosas se aclaran de aquí a agosto,
llegaré el momento menos pensado.
Cuénteme como arregló José Ernesto el asunto de su be­
ca. A mí me informó ya muy tarde, no habiendo tiempo para
gestionar. Por otra parte, la influencia del liberalismo en el
gobierno está desapareciendo [...]
Su hijo
UN
A
Le [...] y otro a Alfonso Puerto. >No sé si los [...] al
respecto.
Salúdeme[...] h e r m a n o s amigos.
EG
T-
(f) Jacobo Cárcamo.™
UD
I
-D
. Aquí están un poco más claros los motivos que influye­
ron en Cárcamo para que no regresara: dice desconfiar de los
políticos, y no sin razón, pues aún faltaban muchas intrigas en el
trayecto hacia la consolidación de un sistema democrático que
no se alcanzó - y aún de forma bastante forzada y vacilantehasta la década de 1980; luego, se mantiene fírme en su posición
de poeta insobornable, marginal y opositor, por lo que no desea
relacionarse con el círculo político del que se separó huyendo
durante su juventud. Y por último, declara no tener suficiente
solvencia como para presentarse de nuevo en su país, lo que
suena lógico: no desea regresar enfermo y pobre, lo que daría la
impresión de derrota. Sin embargo, dice claramente que su única
motivación para regresar a la patria es volver a ver a su madre:
doña Ángela, cuyo estado de salud ha sido precario durante los
últimos años.
1
"|
Ptv. um ento proporcionado por el Licenciado Juan Ram ón Fúnez. El sím bolo
:'paieec e;i p a n es que faltan en el original.
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158
Jacobo V. Cárcamo
Pero el destino continuará implacable con el poeta; su
madre no resistirá hasta el regreso del emigrado. Otra carta, de la
que solamente se ha tenido noticia oral, dirigida a Ada Cárcamo
y que Livio Ramírez tuvo la oportunidad de ver reza:
EG
T-
UN
A
H
Con profundo pesar, me enteré p o r tu carta del fa lleci­
miento de mamá.
Los amigos aquí me estaban escondiendo la noticia p o r
temor a mi salud.
No te imaginas cómo estoy, destruido en toda form a y
llorando solo. Ustedes tan siquiera tienen el consuelo de abra­
zarse en el dolor. M e siento solo, sin salud, sin hijos, sin amigos
y ahora sin mis padres.
Dime quiénes te fortalecieron en el trance para guardar
sus nombres en la cartera de mis gratitudes. ¿Sufrió mucho ma­
má para morir?. No tengo nada mas que decir, no puedo.
Tu hermano, Jacobo Cárcamo,179
-D
La muerte de doña Angela acaeció en 1956 y, como se
había ya mencionado, el poeta deja de publicar sus escritos, se
acaban las noticias de correspondencia con Honduras y -ap aren ­
tem ente- se acaban también los planes de regresar a la patria.
UD
I
En fin, se acaban todas las noticias acerca del poeta, has­
ta que en los primeros días de agosto de 1959 (un mes después
de la muerte de Rafael Heliodoro Valle) los diarios comunican la
noticia de su deceso el primero de ese mes en un cuarto sin ven­
tanas de un hotelucho del D.F. La causa clínica: tuberculosis.
Solamente Livio Ramírez logró confirmar una noticia
que él mismo califica de patética: unos días antes de su muerte,
Cárcamo -e n el extremo de la necesidad y del abandono- estaba
179 Idem.
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159
Jacobo V. Cárcamo
firmando un recibo por el valor de $50.00 mexicanos a la Sra.
M ercedes de Berlíoz “por su ayuda”180
V. A. De la muerte a la leyenda.
UN
A
H
Pero con su muerte no termina su marginalidad, como no
termina la lucha por las causas que en vida defendió. Ocurrida en
el abandono y la soledad y con un entierro poco concurrido, la
noticia de su fallecimiento se difunde rápidamente por México y
Honduras.
EG
T-
Diarios y revistas se apresuran a dar a conocer la pérdida
del poeta y a detallar las circunstancias de su muerte: solo y gra­
ve de sus pulmones, murió en un “modesto cuarto” -s in venta­
n a s- del Hotel Bayona.
Esa circunstancia de soledad y la mencionada marginalidad
del poeta dieron paso a otra noticia sorprendente:
UD
I
-D
“Un libro de poemas demoledores, enderezado fu n d a ­
mentalmente contra las dictaduras de Trujillo y Somoza, ha
desaparecido. Se supone que los originales fueron robados del
cuarto del poeta hondureno Jacobo Cárcamo, uno de los últimos
bohemios mejicanos, quien falleció el sábado en un modesto
cuarto del H otel Bayona de esta capital. Hay la creencia de que
agentes de las dictaduras dichas hayan intervenido en la des­
aparición de estos versos, ya que a últimas fech a s Cárcamo,
corroído po r la enfermedad que lo llevó al sepulcro, estaba casi
totalmente abandonado
I 80
181
R am írez, Livio. Op. Cit. 1998.
E l cronista. III etapa Año XLVIII. No. 1959. Lunes 17 de agosto de 1959. P. 2.
(T om ado de diaiio "N ovedades” , de la ciudad de M éjico del 7 de agosto.) O tras p u b lic a ­
ciones de la época repiten básicam ente las m ism as ideas, por lo que no se citarán aquí.
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Jacobo V. Cárcamo
El m ismo artículo relata las circunstancias de su sepelio:
UN
A
H
“ En los am bientes literarios de M éjico la fig u ra de Cár­
camo era m uy conocida. No obstante ello, el lunes último, cuan­
do se dio sepultura a sus restos en el Panteón - Jardín, solo
menos de SO personas form aban p a rte del cortejo fúnebre, enca­
bezado p o r el em bajador de H onduras y personal de la E m baja­
da. Iban los licenciados Tito Ortega y José M uñoz Cota; los
pintores Prom eteo y A na Barragán; el escritor A lfonso Sierra
Partida y Señora; el D octor Girón Velasco y señora y otras
cuantas personas ”,
EG
T-
De M uñoz Cota ya se ha dicho que se convirtió en su
principal exégeta; pero el Licenciado Tito O rtega aparece con
más frecuencia en las noticias relacionadas con su m uerte y la
supuesta desaparición de sus poemas:
UD
I
-D
E l Licenciado Tito Ortega, M agistrado del Tribunal Su­
perior de Justicia del D istrito Federal, quien con más p rodigali­
dad auxiliaba económ icam ente al poeta, encabeza la búsqueda
de los poem as desaparecidos.
La lista de escritores que lam entaron la m uerte del poeta
incluye a: José M uñoz Cota, Carlos M anuel Arita, Juan Ramón
Ardón, Oscar Castañeda Batres, Jorge Girón Velásquez, Claudio
Barrera, V aldem ar Cano, N icolás E. Urbina...
Se destaca aquí un artículo de Barrera: com ienza lam en­
tando la muerte en ese año de “cuatro vidas lum inosas[...] Ju ­
lián López Pineda, Rafael H eliodoro Valle, D aniel L aínez y Jacobo Cárcamo ”; luego recuerda:
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Jacobo V. Cárcamo
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“Yo tuve en mis manos cartas de H eliodoro y de Jacobo
que no eran más que lágrimas. Lágrim as que corroían de cora­
zón a corazón en el amargo mundo de los poetas [...]
D aniel fu e el más desventurado, aunque no sufrió como
Jacobo la caminata infinita de los ideales grandes. Jacobo so­
ñaba en grande y padecía en grande... era altivo hasta en sus
ham bres materiales... A los dos los vi llorar, hablando de poesía.
Bien sabían que el m al de ellos era haber nacido poetas. D e qué
servía el talento si la conspiración de la m ediocridad los conde­
naba a la m uerte. 182”
EG
T-
V. B. Una nueva generación: “E staba claro p a ra todos [...] que
el p o eta social [...] era é l”
-D
M ientras, un grupo de jóvenes universitarios realizaba en
el Paraninfo de la Universidad un hom enaje a dos grandes escri­
tores que fallecieron en M éxico en el espacio de poco más de un
mes: Jacobo V. Cárcamo y Rafael H eliodoro Valle; estos univer­
sitarios estaban asociados en el Círculo Literario Universitario
Hondureño y publicaron el programa de los actos:
UD
I
1) Ofrecimiento del H om enaje p o r Alfonso Lacayo
Sánchez. 2) Dos poetas hondureños en M éjico: R a­
fa e l H eliodoro Valle y Jacobo V. Cárcamo p o r Os­
car Acosta. 3) Lectura de poem as de R afael Heliodoro Valle p o r D elm er Urbizo Panting. 4) Presen­
cia de Jacobo V. Cárcamo p o r Rodolfo Sorto R o ­
mero. 5) Lectura de poem as de Jacobo Cárcamo
p o r Pom peyo del Valle. 6) Clausura del acto.
Pero que no haya confusiones por el carácter nuevam en­
te program ático de los eventos literarios. H onduras está viviendo
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Jacobo V. Cárcamo
ya una etapa distinta de la de las “Veladas artísticas” de los años
de la dictadura. Este nuevo grupo de escritores que con los años
brillaría con luz propia es hijo de una época enteramente distinta
de la que caracterizó a Cárcamo, Barrera, Laínez y a los otros
miembros de la Generación de 1936.
EG
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Terminada la Segunda Guerra Mundial desde 1945, nue­
vas circunstancias económicas y sociales imperan en Honduras y
en el mundo. Los capitales reservados para sustentar las econo­
mías de guerra han sido liberados y llegarán a Honduras en for­
ma de préstamos que ayudarán a la modernización del país vía
mejoras en su infraestructura. Si bien, los préstamos también
consolidarán la dependencia, la corrupción y agravarán la pobre­
za en ciertos sectores de la sociedad.
UD
I
-D
Es una época que origina el fin de la dictadura cariísta y
el inicio del gobierno autónomo y fecundo de Gálvez. Durante el
gobierno de este último, además de permitirse la repatriación de
los exiliados durante la dictadura, se funda el Banco Central de
Honduras y se imprimen los primeros billetes nacionales -an tes
solamente se acuñaban monedas, los billetes eran guatemaltecos
y norteamericanos-, se crea un ente centralizado de crédito: el
Banco de Fomento, la primera Secretaría de Agricultura, entre
otros logros.
Así, la economía hondureña entra finalmente en el cami­
no de la diversificación: elaboración de productos lácteos, fabri­
cación de alimentos concentrados para el ganado, tratamiento del
algodón bruto, acondicionamiento de la carne congelada, se cul­
tiva café, aparecen las primeras cementeras, fábricas de calzado
y de vestidos para el consumo interno.183
183
M arcel D ’ans, André. O p.cit. p 193194.
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Jacobo V. Cárcamo
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Un florecimiento económico que permitirá una cierta ur­
banización, principalmente, en las zonas norte y central y el for­
talecimiento de las capas medias de la sociedad: obreros y cam­
pesinos asalariados, oficinistas y profesionales. Una moderniza­
ción en general; una que permitirá también que finalmente apa­
rezcan en Honduras ciertos conflictos ideológicos modernos - y
ya no solamente las antiguas “montoneras caudillistas”, finaliza­
das con el gobierno de Carias, quien sería también su último
representante-.
EG
T-
En este contexto, con cierta influencia innegable de los
conflictos que se dan en la Guatemala de Jacobo Arbenz, es que
aparece la histórica “Huelga del 54” . Una huelga que -producto
de la misma modernización que dio paso al gobierno de Juan
Manuel G álvez- puso en jaque al gobierno hondureno y marcó a
largo plazo la fisionomía de los conflictos obrero-patronales en
Honduras.
UD
I
-D
La Huelga del 54 llevará también a la necesidad de crear
un “Ejército Profesional” término que significaba entrenarlo para
reprimir las manifestaciones obreras o las de izquierda. Los nue­
vos militares, además, formarán parte del fortalecido sector pro­
fesional; pues adquirirán conocimientos técnicos, una formación
general y tal poder económico que pronto serán protagonistas de
la vida política del país; sin mostrar la menor timidez frente a las
elites tradicionales.
En efecto, a partir del golpe de estado de octubre 21 de
1956, con mejores o peores intenciones, el ejército hondureño
comenzará a participar activamente en la política nacional. En
este caso con el prim ero de varios golpes de Estado, encamina­
dos por lo general a rescatar al país de los constantes y peligro­
sos enfrentamientos entre los partidos políticos tradicionales.
Pero que terminaron en una relación antagónica y una actitud de
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Jacobo V. Cárcamo
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desprecio para con la sociedad civil que al principio pretendieron
salvar. Ello sin detenerse en las funestas consecuencias que re­
sultó tener el ejercicio unilateral del poder militar y político. El
caso del General Gustavo Alvarez M artínez y algunos de sus
compañeros de armas que, en la década de 1980, terminaron
implantando una política de "seguridad nacional", que incluía
irrespetos constantes a los derechos humanos como el derecho a
la libre emisión del pensamiento, a la libertad, a no ser torturado,
a la vida, entre otros.
EG
T-
La producción intelectual también se verá estimulada con el
avance económico que experimenta la nación: el teatro, la pintu­
ra y la literatura comienzan a ser vistos con un sentido de mayor
profesionalismo, principalmente por esas capas medias que tie­
nen mayor libertad económica para analizar y practicar el fenó­
meno artístico, para mejorar sus técnicas y su estilo.
UD
I
-D
Los representantes de esa nueva etapa de la historia literaria
hondureña son, entre otros, los miembros del Círculo Literario
Universitario Hondureño. Si bien, no escapan a esta influencia
muchos hondureños que salen a estudiar al extranjero. Por ejem ­
plo los citados en este trabajo: Livio Ramírez y Gustavo Adolfo
Aguilar, que se formaron en México y España.
Es una generación de profesionales y artistas aún jóve­
nes, cuyas obras, en su mayoría, no son más que una promesa en
la década de 1950. Por ejemplo, publicaron los discursos del
homenaje a Cárcamo y Heliodoro Valle, pero es poco lo rescatable de esas piezas oratorias. Los decanos, los escritores destaca­
dos son los de la generación de 1936: Claudio Barrera, Jacobo
Cárcamo y pocos más, que con sus veinte años de interés funda­
cional y vanguardista serán el antecedente inmediato que servirá
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Jacobo V. Cárcamo
de base para la obra de esos nuevos escritores, hijos de una épo­
ca distinta.
-D
EG
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Otro escritor contemporáneo de la Generación de 1936
es Ramón Amaya Amador. Amaya Amador nació el mismo año
que Cárcamo: 1916, y tan cerca de él que no sería extraño que
hayan sido compañeros en la escuela Modesto Chacón, donde
ambos cursaron la primaria. Sin embargo, las limitaciones eco­
nómicas de Amador lo llevaron a abandonar sus estudios y ejer­
cer el magisterio en zonas rurales, lejos de la capital y del grupo
de la Asociación Nacional de Cronistas, que normalmente se
asocia con esta Generación. Pero Amaya Amador incursionó
también en la literatura social, aunque su producción literaria
destaca más bien en el campo de la novela: Prisión Verde
(1950), Amanecer (1953), Los brujos de Ilamatepeque (1959),
Destacamento rojo (1962), más un extenso etcétera. Sus ideas y
sus obras lo llevaron también al exilio y la marginalidad, aunque
no participó en el círculo bohemio de sus otros contemporáneos.
UD
I
Ya se mencionó que Pompeyo del Valle consiguió una
"plaquette" de “P in o y Sangre” en 1960 y que no logró publicar­
lo sino de forma parcial hasta 1977. La obra vería la luz de ma­
nera quizá íntegra hasta 1982, la duda subsiste mientras no se
localice el original, pues la Editorial Universitaria publicó los
cuatro poemarios de Cárcamo, pero no se sabe si de manera ínte­
gra, pues eliminó el Poema Al ejército yankee del otro poemario
que Cárcamo publicó en México: Laurel de Anáhuac (probable­
mente por temor a la política de Seguridad Nacional que se lle­
vaba a cabo en esos días en el país). Livio Ramírez relata tam­
bién cómo, cuando estudiante adolescente en México, realizó
con sus propios medios una búsqueda persistente, -e n sus pro­
pias palabras—“una verdadera empresa, en el sentido genuino y
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Jacobo V. Cárcamo
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vital de la p a la b ra m ” del legado de Cárcamo: poem as inéditos y
un supuesto libro: “M urales” que no pudo localizar; sin em bar­
go, sí recopiló una serie de datos biográficos valiosos e intere­
santísimos, la m ayoría de ellos ya rem em orados en estas páginas.
EG
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V arias novelas de Amaya Amador, así como Pino y san­
gre de Cárcamo se dieron a conocer gracias a la labor de esos
jóvenes, que rápidam ente convirtieron a estas dos figuras en los
escritores sociales a seguir o a superar: el prim ero en el ámbito
de la prosa y el segundo en el de la poesía. Livio R am írez re­
cuerda el m agisterio de Cárcamo de la siguiente manera: “A un­
que el autor de Pino y sangre y a había fa llecid o [...] Estaba
claro para todos - 1 9 6 0 - que el p oeta social p o r excelencia en
ese tiempo era él [Cárcamo]; a nadie se le ocurría cuestionar su
tarea fundacional, su testim onialidad acusatoria y la esperanza
inquebrantable que le daba sustento a su universo p o ético ” .
UD
I
-D
Se tiene así en Cárcamo al m aestro de una nueva genera­
ción de escritores, una verdadera leyenda que marcó aproxim a­
damente tres décadas de ejercicios poéticos entre los jóvenes
escritores de Honduras: la de 1950, la de 1960 y quizá tam bién la
de 1970.
V. C. Un legado de rebeldía constructiva.
V alga como confirm ación un hecho constatado en el
transcurso de esta investigación: al inicio, durante la etapa de
recopilación de datos, e incluso antes, cuando concebí la idea de
escribir la m onografía que solicita la universidad para otorgar el
título respectivo, tenía en mente -q u iz á era una idea ex trem aun trabajo que “rescatara del olvido” la obra del poeta. U na obra
que me había impresionado vivamente. M e sorprendía - a la v e z 184
O p. C it. 1998.
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Jacobo V. Cárcamo
que esa obra no hubiese sido impresa desde hacía quince años
(1982-1997) y que los libros de Cárcamo ya no circulasen en el
mercado, lo que hacía muy difícil el poder adquirirlos, aunque
fuese en calidad de préstamo.
EG
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H
Tenía en mente -p u e s - recobrar del olvido esa obra que,
principalmente por su energía expresiva y su humanismo, me
había llamado la atención. Para ello comencé a recopilar tanto en
las bibliotecas como en las colecciones individuales de varios
intelectuales hondureños todos los datos que acerca de Jacobo V.
Cárcamo se pudieran localizar. Me intrigaban desde interrogan­
tes trascendentes como por ejemplo la personalidad política y
poética del escritor, hasta ciertos detalles como el significado de
la “V .”, duda que solamente la familia del poeta, unos meses
después, supo contestar.
UD
I
-D
Mi sorpresa fue, sin embargo, que con sólo mencionar el
nombre de Jacobo V. Cárcamo los consultados reaccionaban
tomando postura a favor o en contra de las ideas del poeta y se
apresuraban a dar una serie de datos, opiniones, anécdotas y
pistas a seguir que podían confirmar sus teorías. Algunos contes­
taron, por ejemplo: “¡Cárcamo!, ¡si para mí es el mejor poeta de
Honduras!, conozco a fulano de tal que tiene tales y tales cartas
- o libros o cualquier otro dato s u y o -”; otro mencionaba algún
dato conocido sobre los orígenes poéticos de Cárcamo cercanos
al Partido Nacional; y otro guardaba fotocopia de un decreto del
Congreso Hondureño, por medio del cual se aprobaba una canti­
dad de dinero para el poeta, que por esos años estaba enfermo en
México; algún otro recordaba una anécdota valiente, como aque­
lla que nunca se pudo confirmar y dice que Cárcamo devolvió
indignado, tirándole en la cara, unas monedas a un funcionario
de la embajada, que pretendía con ellas aliviar su propia cons­
ciencia, comprometida con el gobierno que marginaba al poeta;
otro más recordaba el censurado poema A l ejército yankee y
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Jacobo V. Cárcamo
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H
ofrecía pistas para localizarlo; uno más recordaba la beca que el
gobierno de Carias le concedió para estudiar en México y se
apresuraba a calificar de desagradecido al poeta, por haber apo­
yado al Partido Liberal y no al nacional -esto lo asumen muchos,
por la conocida relación amistosa entre Cárcamo y José Angel
Zúñiga H uete-; casi todos coincidieron en que la ideología de
Cárcamo se acercaba a la de los liberales opositores a Carias,
aunque don Elíseo Pérez Cadalso se apresuró a calificarla como
perteneciente a la “extrema izquierda”185, debe recordarse aquí
que las investigaciones de Livio Ramírez indican que Cárcamo
se afilió en México a los grupos revolucionarios en la línea de
Cárdenas y que trabó cercana amistad con los grupos de Repu­
blicanos españoles exiliados.
UD
I
-D
EG
T-
En fin, no tuvo que pasar mucho tiempo para que me di­
ese cuenta que Cárcamo no era ningún desconocido, y que -al
contrario- inspiraba las más temperamentales reacciones en los
entrevistados. Esta situación llegó a su extremo cuando, durante
el viaje a Arenal, tuve la oportunidad de visitar a familiares y
amigos de Cárcamo. Pues en el transcurso de una de tales visitas,
rápidamente llegaron varios vecinos a casa de la entrevistada,
quien amablemente sacó ricas galletas y café para los allí reuni­
dos y la plática comenzó... aunque todos los presentes sentían
cierto orgullo por la memoria del poeta de su pueblo no tardaron
en aparecer dos posturas: una decía que el poeta era liberal y otra
que no, y al poco rato cada quién deseaba imponer su punto de
vista modulando al máximo el volumen de su voz; no puedo
asegurar que otras cosas no se hubiesen dicho de no estar presen­
te un huésped (yo en este caso) en medio de ese pequeño, atento
pero acalorado grupo de vecinos.
185
O p .C it.
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Jacobo V. Cárcamo
En efecto, la leyenda de Cárcamo continúa y continuará
difundiéndose entre los hondureños; muchas veces de la mano de
la oralidad, otras por medio de la transmisión escrita.
V. D. A manera de conclusiones.
EG
T-
UN
A
H
Sí debe destacarse que los datos que acerca de Cárcamo
existían hasta ahora estaban dispersos y muchos eran contradic­
torios o simplemente falsos, incluso muchos de los datos conte­
nidos en las reseñas biográficas. Es muy común encontrar trasto­
cados los años de la publicación de sus libros; y es muy común
también encontrar opiniones imposibles de verificar e incluso
falsas; presentadas -a ú n a s í- como verdaderas. En este campo,
este trabajo espera haber aportado datos de interés, entre los que
se desean mencionar aquí mismo los siguientes:
-D
Es Cárcamo un poeta de origen rural. Hijo natural, creció
al lado de su madre pero sin estrechez económ ica alguna, pues su
padre era un hombre acomodado y responsable. Dotado desde su
infancia con la chispa de la inteligencia y de la sensibilidad poé­
tica, fue beneficiado con una beca estatal y se trasladó a Teguci­
galpa a estudiar el bachillerato en el Instituto Central (ahora V i­
cente Cáceres).
UD
I
El ambiente capitalino no era metropolitano ni mucho
menos. Era Tegucigalpa una capital también rural y provinciana;
aún modernista cuando ya Europa y buena parte de América
discutían la literatura de vanguardia y la literatura social. Pero
había allí mucha más actividad cultural que en Arenal. Conti­
nuando con sus inquietudes, Cárcamo se incorporó rápidamente
a los grupos artísticos de su nueva ciudad, donde, en medio de
las "veladas artísticas" que caracterizaron la actividad cultural de
los años de Carias, daba a conocer composiciones poéticas que
revelan un aprendizaje modernista, como modernista era el am­
biente que lo rodeaba.
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Jacobo V. Cárcamo
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Alentado por sus maestros y rodeado por un círculo de
escritores modernistas y cercanos al régimen de Carias, dio a
conocer sus primeros poemas a los 17 años en el libro Flores del
Alma (1935), financiado y elogiado por esos intelectuales del
régimen; pero sin inscribir aún su ideología, sino como un poeta
con pretensiones de pureza, partidario solamente del bien y de la
belleza. Destacan en este libro, además de algunas ingenuidades,
algunos poemas con un fino sentido del ritmo comparable a la
mejor poesía modernista. En esta época, el joven escritor cono­
ció los beneficios de acercarse al poder. Su padre muere en esos
días, dejándolo sin herencia por ser hijo ilegítimo (cosa legal y
de lo más normal en esos días) pero en lo económico eso todavía
no significó mucho, por el círculo social que rodeaba y apoyaba
al joven y prometedor poeta.
UD
I
-D
Más tarde, al graduarse de bachiller, comienza a discer­
nir, a tomar postura y a criticar el medio que lo rodea. Hombre
ético, como ya lo calificaba Visitación Padilla desde la época de
Flores del Alma, rechaza apoyar la dictadura en que se convierte
el gobierno de Carias desde 1936 y se aparta de su círculo social.
Trabaja en el diario menos gobiernista de la época, se incorpora
a la bohemia disidente, critica la dictadura e impulsa la renova­
ción literaria y política; que en ese momento significaba abrazar
las vanguardias y las corrientes sociales, incorpora a su poesía
influencias estridentistas, de la poesía negra, de la generación del
27, de Pablo Neruda y, en menor grado, del surrealismo y escribe
sus últimos hai-kais. Como muestra de su distanciamiento con la
dictadura están los 16 días que permaneció preso, y mojado
constantemente mientras intentaban demostrar que él era el res­
ponsable de un grito de "¡Muera Carias!". Esta orientación que
da a sus ideas se nota en una veintena de poemas que publicó en
la Revista Tegucigalpa y que no habían sido comentados hasta
ahora; estos eran parte de un libro que se iba a llamar Puente,
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Jacobo V. Cárcamo
pero Cárcamo abandonó el proyecto porque su estética y su ética
cambiaron y quiso dar a conocer sus ideas en un título nuevo:
Brasas Azules.
EG
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Pero el medio se mostrará mezquino en todo sentido;
por lo que el poeta -q u e para estos momentos ya conoce la po­
breza m aterial- parte a México, aceptando un pasaje y una beca
del gobierno, última que tiene la intención de abandonar en
cuanto llegue a su destino. Su despedida del país natal: dejar
publicado un poemario experimental donde demuestra conocer
ya las tendencias sociales y vanguardista y que no podrá promo­
ver debido al viaje, pero que se mantendrá no superado por mu­
chos años; el título del libro: "Brasas Azules". Además, deja
inconclusos dos libros: uno de cuentos del que solamente dio a
conocer el cuento “E l Sombrero Empalmado ” y otro de investi­
gación sobre la literatura hondureña de la época del que se en­
contraron ocho entrevistas con escritores hondureños que no
habían sido comentadas antes por sus críticos.
UD
I
-D
En México está desarrollándose un proyecto nacionalista
encabezado por Lázaro Cárdenas que ilusiona al joven idealista,
pero poco puede vivir el poeta ese proyecto, pues bien pronto
termina para dar paso a otro proyecto conservador, con lo que se
extiende un silencio de 16 años en la historia de nuestro biogra­
fiado. Pocas noticias se conocen de su vida en la metrópoli: se
incorporó a los grupos revolucionarios en la línea de Cárdenas,
se hizo amigo de los grupos de republicanos exiliados de España
tras el triunfo del golpe facista en aquel país, colaboró con algu­
nos diarios y revistas mexicanos, se mantuvo pobre y continuó la
bohemia que había comenzado en su país.
Dieciséis años que no pasaron en vano: emerge de la ma­
raña del D.F, un Cárcamo físicamente acabado: para 1953 tiene
ambos pulmones destruidos casi por completo debido a la tuber­
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Jacobo V. Cárcamo
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culosis, además de afonía, sordera total, bajo peso y alcoholismo;
sin dejar de mencionar una gran nostalgia por su patria y su ma­
dre lejanas. Los médicos llegaron a diagnosticarle la muerte an­
tes de tres meses, lo que afortunadamente no sucedió.
EG
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Entonces, cuando el hombre estaba al borde de la muer­
te, una nueva etapa se abría para el poeta: sin dilación se puso a
escribir, incluso aceptó y reclamó el monetario que le ofrecieron
desde su país producto de su nominación como Premio Nacional
de Literatura "Ramón Rosa", y publicó dos libros en dos años:
1954 y 1955, este último solamente lo pudo mimeografíar, pero
afortunadamente Pompeyo del Valle logró editarlo y darlo a
conocer en Honduras, pues los ejemplares del frágil original ya
no se encuentran. Estos dos poemarios han quedado para la his­
toria de la bibliografía nacional como ejemplo de un gran poeta
humanista y panamericanista, aunque uno que otro crítico los
haya reducido -erróneam ente- a su aspecto filomexicano.
UD
I
-D
Mientras la muerte se lo va llevando, él crea una poesía
vitalista y hasta eufórica a ratos, en parte producto de su natural
inclinación hacia la hipérbole -literaria y v ital- y en parte pro­
ducto del mensaje que desea dar en el tiempo que le queda: el
hombre es capaz del bien y de la verdad, América es un conti­
nente de esperanzas y -n o menos im portante- una vida de rebel­
día constructiva - y no o tra- vale la pena ser vivida.
La poesía de Cárcamo nunca se desprendió del todo del
modernismo, que en esta época de su vida es una especie de
sustrato en el que impera una poética social, épica, telúrica, pa­
namericanista y fundamentalmente humanista.
Su estilo aún podía evolucionar, y estaba evolucionando
hacia la sencillez y la cotideaneidad, cuando acaece la muerte de
la madre en la patria lejana. Tras ello se extiende un silencio que
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H
solamente van a romper -d o s años después- las noticias que
anuncian la muerte del poeta; que lo encuentra solo, enfermo y
pobre en un cuartucho sin ventanas de hotel barato. Ante seme­
jantes circunstancias, sus amigos confiesan que apenas pudieron
cumplir su deseo que rezaba: "Que no nos llore nadie.../ quere­
mos epitafios de venganza y de ira.../ Qué grande la confianza
de la muerte/ junto a la fe profunda de la vida!"...
EG
T-
UN
A
Vale recordar antes de finalizar este recorrido por la vida
y obra de Jacobo V. Cárcamo la principal queja de los entrevis­
tados en el transcurso de la investigación: los restos de Cárcamo
continúan en algún lugar del Panteón Jardín de México D.F.,
cuando pertenecen a Honduras y específicamente a Arenal, don­
de sus pobladores siguen esperando que se cumpla la profecía
del poeta, que como un himno local anda en boca de todos:
"En caballo de estrellas y entre perros y niños
yo arribaré a mi pueblo a reclamar por todos.
-D
Y pasaré por sobre los potreros ajenos...
Y si caigo, han de verme caer sobre las milpas
haciendo el hambre trizas, encendiendo conciencias
y levantando puños como mazorcas vivas. "186
UD
I
VI. A. Dos aproximaciones a la obra de Jacobo V. Cárcamo.
En este capítulo se intentarán ofrecer en detalle algunas
características que se consideran sobresalientes en la obra de
Jacobo V. Cárcamo. Un estudio en detalle de la obra de Cárcamo
requeriría un libro aparte, por ello se ha seleccionado de la obra
inicial la influencia de Juan Ramón Molina y de algunos otros
modernistas; y luego se señalan algunas características de su
1X6 C árcam o. Jacobo. P asaje p ara m i pueblo. Op. Cit. p. 252-253
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Jacobo V. Cárcamo
obra última que ya otros críticos han detectado con sus conoci­
mientos, pero que no siempre han demostrado con ejemplos con­
cretos, esa es nuestra aportación.
H
VI. B. Primera obra: aprendizaje modernista y conocimiento
de las vanguardias. Estudio y actualización de la ética de
Juan Ramón Molina.
EG
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A
Repetida y acertadamente, se ha señalado el magisterio
que el chileno Pablo Neruda ha ejercido sobre los poetas hondureños de mediados del S. XX. Esto es así, también, en el caso del
poeta de Arenal: Jacobo V. Cárcamo. Sin embargo, sería limitar
la obra de nuestros poetas, si afirmamos que ha sido Neruda su
único aprendizaje. En este apartado se intentará demostrar la
influencia del gran modernista hondureño, Juan Ramón Molina,
en la primera obra de Cárcamo.
UD
I
-D
Esta influencia es muy clara en su primer libro: Flores
del Alma (Tegucigalpa, 1935); y aunque todavía se percibe, se
nota más soltura y mayor aprendizaje en Puente (Tegucigalpa,
1936); y, finalmente, en Brasas Azules (Tegucigalpa, 1938) la
misma influencia muestra unas señales de evolución que obliga­
rán a Cárcamo a volver sus ansias de aprendizaje hacia otras
direcciones más actuales que las ideas finiseculares que le podí­
an aportar Molina y los modernistas.
A partir de Brasas Azules y hasta su último poemario:
Pino y Sangre (México, 1955), la influencia de Neruda, entre
otras, es más notable; y como la obra de Cárcamo ha sido más
estudiada en este período, la influencia de Molina no ha sido
señalada hasta ahora por nuestros críticos.
Con la presentación de tres poemas de ambos autores, se
intentará demostrar esta influencia.
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Jacobo V. Cárcamo
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A
Al río Choluteca
YO he sentido deseos de cantarte
la canción más grandiosa de mi vida,
he querido en mis ansias bermellearte
con la sangre que mana de mi herida.
H
Rio Grande de Molina es demasiado conocido, y con la
lectura de A l río Choluteca de Cárcamo {Flores del Alma, 1935)
es fácil notar su influencia en Cárcamo:
EG
T-
Te contemplo extasiado... ¿Cómo darte
una canción espiritual sentida?
¿Qué decirte, serpiente, que expresarte
si muere mi ilusión entumecida?
Ayer, por fin, al contemplarte ufano,
vibró mi corazón, tomó mi mano
un papel y una pluma blanquecina.
-D
Pero retrocedí... temblé de frío...
dejé la pluma al recordar ¡Oh, río,
que ya más antes te cantó Molina!
UD
I
Nada más clásico que un soneto de endecasílabos, si
bien, la rima de los cuartetos: ABAB ABAB, no sigue el esque­
ma clásico de los sonetos; estamos ante una actitud que puede
calificarse de modernista: métrica clásica enriquecida con nuevas
disposiciones de los esquemas antiguos.
En cuanto a su estructura semántica, parece ajustarse con
mucho a los esquemas: en los cuartetos expresa su idea con bas­
tante claridad: el poeta costeño desea cantarle su mejor poema al
Río Grande (primera estrofa); aventura la antiquísima metáfora
de "serpiente", en la segunda, pero su inspiración no alcanza para
inclinar a su favor la clásica batalla contra la página en blanco.
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Jacobo V. Cárcamo
176
H
En los tercetos se desencadena la conclusión: en el prim ero, la
inspiración por fin llega al costeño poeta, pero, (segundo terceto)
en un acto de profunda autocrítica y humildad, dejará las ideas
en el tintero, para no entrar en un campo en el que ya segó el
gran Molina.
EG
T-
UN
A
No es extraño que los versos de M olina gusten y asom ­
bren, menos aún al adolescente Cárcamo; el m ismo M olina lo
previo en ese mismo poema Al río Grande cuando dice: "[...] un
desconocido / poeta, a mi memoria perm aneciendo fiel, / recor­
dará mis versos con noble simpatía, [...]" Si bien, M olina espe­
raba solamente "simpatía", no el verdadero hom enaje que le
dedica este joven y, hasta entonces, desconocido poeta.
Un segundo poema de M olina, menos conocido que el
anterior, parece influir en otro poem a de Cárcamo que se en­
cuentra en el inédito Puente (1936). El poema de M olina dice:
UD
I
-D
"Tahití ideal
Una tierra olvidada en un cerúleo187p iéla go ,188
como eslabón perdido de un remoto archipiélago,
una tierra olvidada en un cerúleo piélago.
Una isla misteriosa, una fe liz quimera,
gozando de una dulce y opima primavera,
una isla misteriosa, una fe liz quimera.
Donde ja m á s anclaron sus carabelas cautas
- e n busca de tesoros los blancos argonautas—
donde ja m á s anclaron sus carabelas cautas.
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177
Jacobo V. Cárcamo
Ni el eco belicoso de sus claros clarines
turbó la paz eglógica que reina en sus confines,
ni el eco belicoso de sus claros clarines.
UN
A
Ni vio flotar al viento, sobre su costa brava
un pendón purpurado o una bandera fla v a 189,
ni vio flo tar al viento, sobre su costa brava.
H
Ni brillaron las hojas de sus rudos aceros
entre sus platanares y verdes cocoteros,
ni brillaron las hojas de sus rudos aceros.
EG
T-
Una isla misteriosa, una tierra sin nombre,
que nunca han deshonrado los crímenes del hombre,
una isla misteriosa, una tierra sin nombre.
Bajo, el follaje umbroso de los llorosos sauces
los manantiales corren dulcemente en sus cauces,
bajo el follaje umbroso de los llorosos sauces.
-D
Extraños caracoles de marfil y de rosa
el mar riega en su playa tranquila y melodiosa,
extraños caracoles de marfil y de rosa.
UD
I
Antílopes de grandes miradas femeninas,
retozan en los claros de florestas divinas,
antílopes de grandes miradas femeninas.
Y de las grandes lunas a los argénteos brillos
pacen los verdes tréboles o los dulces tomillos190,
y de las grandes lunas a los argénteos brillos.
De color entre am arillo y rojo; com o la miel, como el oro.
190
Planta herbácea, arom ática.
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178
Jacobo V. Cárcamo
Pájaros fugitivos atraviesan sus ramas
como joyas con alas o fugitivas llamas,
pájaros fugitivos atraviesan sus ramas.
UN
A
En sus celestes lagos poblados de rumores
agítanse los peces de vividos colores
en sus celestes lagos poblados de rumores.
H
Los árboles dobléganse rindiendo sus tributos
al peso de sus dulces y sazonados frutos,
los árboles dobléganse rindiendo sus tributos.
EG
T-
O se oye en sus perdidos recónditos parajes
el grito con que aucéan los ánades 191 salvajes,
o se oye en sus perdidos recónditos parajes.
La huella de la garra retráctil de las fieras
jam ás se vio en sus bosques, cañadas y praderas,
la huella de la garra retráctil de las fieras.
UD
I
-D
Ni el crótalo192 mortífero con lindeces de oro
movió entre los arbustos su apéndice sonoro,
ni el crótalo mortífero con lindeces de oro.
Ni un ave de rapiña, terror de los apriscos,
amenazó las cabras que juegan en los riscos,
ni un ave de rapiña, terror de los apriscos.
Con tercetos monorrimos escritos en versos alejandrinos
divididos en hemistiquios Molina describe una tierra ideal; es el
mito naturalista de Rousseau: la naturaleza crea al hombre bueno
y la sociedad lo corrompe. En este caso, Thaití representa la
Serpiente cascabel.
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Jacobo V. Cárcamo
179
naturaleza "eglógica", virgen, exuberante, poblada de flores
aromáticas y animales benignos: patos, peces, venados, etc. Una
tierra que "aún" no conoce “los crímenes del hom bre”.
UN
A
H
Situada en el pacífico sur, en Thaití llueve copiosamente
casi todo el año, por lo que tiene en efecto una naturaleza exube­
rante; fue declarada protectorado francés en 1842 y colonia fran­
cesa hasta la década de 1880. Gauguin y a ,h abía pintado sus fa­
mosos cuadros en la década de 1890, se dice que el famoso pin­
tor francés llegó allí arruinado y endeudado, huyendo de la civi­
lización europea y de "todo lo que es artificial y convencional",
se dice también que su pintura adquirió poder y simplicidad en
ese viaje.
UD
I
-D
EG
T-
En contraposición, la sociedad corruptora aparece justa­
mente en las alusiones a la cultura europea: la llegada de los
"blancos argonautas", antiguos expedicionistas griegos que, a
bordo de la nave Argos, conquistaron el vellocino de oro. Puede
observarse que el adjetivo que utiliza Molina para describirlos es
"cautos", y la cautela está más bien asociada a la premeditación,
que no a la inocencia. Dentro del reino animal se calificaría de
inocentes a los pobladores de la ideal Thaití moliniana: patos,
peces y venados, y no a animales como la pantera, la víbora y las
aves de rapiña; que, según las tres últimas estrofas del poema, no
son allí conocidas.
Los argonautas de Molina, además, no utilizaron a Ar­
gos, sino las carabelas, una clara alusión a Cristóbal Colón y a la
conquista de América por parte de los europeos. Con ello Molina
sitúa hábilmente el poema en dos lugares a la vez: Tahití y Amé­
rica.
Asi tendríamos una América ideal precolombina (pareci­
da a la ideal y paradisíaca Tahití) y una América real, presente,
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180
Jacobo V. Cárcamo
H
postcolombina que, como ya se sabe, disgustó a los modernistas
por estar sumida en el analfabetismo y la pobreza. Este disgusto
se puede expresar de manera indirecta mediante la evasión a
tierras y tiempos lejanos, o de manera directa mediante la con­
frontación; los modernistas prefirieron -e n general- el primer
método.
EG
T-
UN
A
En este poema, Molina utiliza una mezcla de ambos: in­
directamente se traslada a la lejana Tahití y describe su belleza
natural ideal; luego; mediante breves alusiones: carabelas, con
europeos sedientos de "tesoros", que traen espadas, pendones y
clarines de guerra; protesta contra la pérdida de aquella América
paradisíaca, consecuencia -según el poem a- de la conquista
europea, que habría traído las fieras, serpientes venenosas y aves
de rapiña de la civilización occidental, que en la natural e ideal
Tahití son aún desconocidas.
-D
Véase ahora el poema de Cárcamo, que escrito treinta
años después ya refleja, bajo la influencia de Molina, otras con­
cepciones:
UD
I
" Campesina
Campesina divina de labios de granada
que bendices la senda con tu piel de algodón
campesina divina de labios de granada.
Eres sobre la cinta dorada del camino
una blanca muñeca sobre un manto de oro,
eres sobre la cinta dorada del camino.
Llevas en la cabeza una roja tinaja,
así como yo llevo mi cántaro de ensueños
llevas en la cabeza una roja tinaja.
Por el largo camino que se enrolla en la sierra
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Jacobo V. Cárcamo
181
te vas desapareciendo como una ilusión,
por el largo camino que se enrolla en la sierra.
UN
A
Las nubes que levantan tus pies en el sendero
son sutiles suspiros que te brinda la tierra,
las nubes que levantan tus pies en el sendero.
H
Tu enagua temblorosa de espumas y de brumas,
va lamiendo la senda con su fim bria nevada
tu enagua temblorosa de espumas y de brumas,
EG
T-
Parece que la arena te quisiera cantar
cuando rechina al peso de tu p ie de alabastro,
parece que la arena te quisiera cantar.
Las brisas que te besan se enredan en tu traje
como si no desearan alejarse de ti,
las brisas que te besan se enredan en tu traje.
-D
Tu cabellera negra sobre tu alba cabeza,
semeja una tiniebla enredada en un mármol
tu cabellera negra sobre tu alba cabeza.
UD
I
Campesina de labios de granada, camina
que una choza te espera con las puertas abiertas,
campesina de labios de granada, camina... "
El parentesco en lo que toca al ritmo es evidente: versos
alejandrinos divididos en hemistiquios, y tercetos monorrimos en
los que el verso primero y el tercero son idénticos.
Si bien, la temática evasiva modernista ha sido abando­
nada por una local, que en este caso cae en el criollismo- regio­
nalismo. La visión ya no es evasiva en el tiempo, ni en el espa­
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182
Jacobo V. Cárcamo
ció; Cárcamo reproduce una estampa local: una campesina lle­
vando en su cabeza una roja tinaja, probablemente llena de agua
y que se dirige graciosamente hacia su choza que la espera risue­
ña y con los brazos abiertos.
UN
A
H
Aparentemente el escritor se ha reconciliado con su alre­
dedor y busca más bien reproducirlo con amor y no alejarse de
él: la visión de la campesina y de su entorno denota un intento
por alabar esa estampa local con una presentación cándida y
halagüeña.
UD
I
-D
EG
T-
Las visiones de este tipo, sin embargo, han sido repeti­
damente criticadas por su ingenuidad idealizante: los pies desnu­
dos en contacto con el suelo no tienen piel de algodón sino una
curtida por el sol y callosa por el repetido contacto con las pie­
dras, hay quien afirma que. las espinas enterradas en esos callos
no llegan muchas veces hasta la carne; ni la tierra que levantan
esos pies es una nube que como suave brisa baña delicadamente
al descalzo: es simplemente tierra que luego se hace mugre con
el sudor; el cabello de las campesinas sí ha sido frecuentemente
alabado por su negrura y por su belleza, que normalmente se
atribuye a que es lavado con productos naturales: jabones de
grasa natural y agua de río, sin cloro.
Es notable, entonces, además de la similitud métrica, el
canto de lo ideal y de la naturaleza. En el caso de Molina la natu­
raleza ideal de Thaití contrapuesta a la civilización europea, y en
el de Cárcamo la candidez idealizada de la campesina, la vida
campesina está más cercana a la naturaleza que la citadina.
En conclusión, tendríamos aquí un par de poemas empa­
rentados por la forma y por el tema, ambos utilizan la misma
métrica y ambos reproducen ambientes idealizados; pero repre­
sentan dos épocas distintas: modernismo en M olina y criollismo
costumbrismo en Cárcamo.
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Jacobo V. Cárcamo
183
Véase para concluir otra pareja de poemas, emparenta­
dos también por el contenido y por la estructura. Molina escri­
bió:
UN
A
H
"El río
Corre con tarda mansedumbre el río
copiando en sus cristales la arboleda,
y un monótono diálogo remeda
con el viento su grave murmurio.
EG
T-
Bajo el candente cielo del estío
no se apresura ni estancado queda,
sino que lento y rumoroso rueda
a perderse en el piélago bravio.
Tal se apresura la corriente humana
con su rumor efímero de gloria
reproduciendo una cultura vana;
UD
I
-D
y sin que mude el curso de su suerte
corre en el viejo cauce de la historia
hacia el mar misterioso de la muerte. "
Este poema de Molina comienza con una oración simple
a la que se ha alterado su orden natural (hipérbaton) para colocar
primero el verbo: "Corre". Luego nos anuncia con melancolía su
manera de correr: "con tarda mansedumbre". Lo que da la idea
de poder: corre con mansedumbre, sin violencia, pues no la ne­
cesita, nada detendrá el devenir del río; pero, además de la idea
de fuerza, también aparece la de monotonía: el río se tarda, corre
sin prisa, la carrera no es frenética, sino tajante, la carrera sim­
plemente "va". Inmediatamente se nos anuncian las otras accio­
nes que el río realiza: "copia" los árboles de su ribera y "murmu­
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Jacobo V. Cárcamo
184
ra", de modo que "remeda" un diálogo con los sonidos del vien­
to.
EG
T-
UN
A
H
En el segundo cuarteto se nos ubica en el tiempo: el estío
(el verano, actualmente), un verano "candente" (históricamente,
el estío es la parte más calurosa del verano, detalle que Molina
debió conocer al escribir el poema). La función de este candente
verano se aclara en el segundo verso: el río no se apresura ni se
detiene, lo que refuerza el tema del primer verso: la melancolía,
reforzada por un verano cuyo calor aletarga. El río sencillamente
avanza, "rueda" lenta y poderosamente hacia el mar, inexora­
blemente, como la proverbial rueda del destino; de ahí parece
provenir el tono de melancolía que viene impregnando el poema:
la impotencia ante ese río de carrera inexorable que es el destino.
UD
I
-D
Ni más ni menos el río de Heráclito, no es ser, es deve­
nir, cambio, dialéctica y diálogo. Esta es la constante fatal que
rueda sobre la humanidad y que produce la melancolía en este
poema. La melancolía no es única en Molina, no en balde se le
ha llamado el mal del siglo XIX, especialmente entre los escrito­
res finiseculares; y no escapa a ella Molina, quien parece haberla
absorbido como lector ávido que era, siempre al día con las ideas
de su época.
En el primer terceto el adverbio "Tal" nos introduce al
objeto de esta estrofa: la comparación. El poema queda así divi­
dido en dos partes: la primera formada por dos cuartetos que
describen el río y la segunda por dos tercetos que lo comparan
con la humanidad. La humanidad es, entonces, comparáda con
ese río dialéctico que refleja, que dialoga y que rueda sobre sí
mismo. El autor se queja de la gloria, no le queda a esta más que
ser un deseo vano que no remedia lo efímera que es la vida hu­
mana.
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Jacobo V. Cárcamo
185
H
El segundo terceto concluye magistralmente las melan­
cólicas ideas del poeta: el cauce del río de la humanidad es la
historia, y el mar inexorable hacia donde corre la vida es la
muerte; la única verdad hacia donde todo ser humano llevará
fatalmente la rueda del destino.
UN
A
"El poema del río ", de Cárcamo denota una estructura y
ciertas ideas similares, aunque, de nuevo, con una aportación
propia, y con un marco conceptual también distinto.
"El poem a del río
EG
T-
Trémulo tren de vidrio:
el humo, la bruma...
el motor, los murmullos...
y la sirena, el ruido en la cascada.
-D
Viene del puerto verde de la sierra,
corriendo sin hacer escalas,
rodando sus ruedas de agua
en los rieles de la arena.
UD
I
Marcha lleno de peces —pasajeros de p la ta - ...
une su ramal al de otro río...
Ha de llegar a la estación del mar
pai-a meter en las olas
su trompa llena de gárgaras.
También nosotros, camaradas,
somos un río...
un río con riberas de cárceles
y arenas de dolor
que viene de los cerros del pasado
y curre hacia el océano del futuro.
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186
Jacobo V. Cárcamo
H
Cárcamo, por su parte, comienza el poema con una repe­
tición del grupo “T r é \ reforzado por el parentesco entre las
consonantes “m ” y “n ”: trem(ulo) y tren. Aparentemente, C ár­
camo ha recibido ya influencia de los futuristas italianos y de los
estridentistas mexicanos, este poema pertenece a Brasas Azules,
donde aparecen otros poemas con esas influencias.
-D
EG
T-
UN
A
En este poema, la influencia estridentista la habría incor­
porado Cárcamo a la imagen de los trenes que ya recorrían la
costa norte de Honduras; principalmente los campos bananeros,
de los que aún existe el campo “El Cayo” en la ciudad natal del
poeta: Arenal. Así fusiona Cárcamo el canto de las máquinas con
el de la naturaleza: aunque el poema se llama “Poema del río ”,
el primer verso introduce a la metáfora principal del poema: el
río es como un tren, y los siguientes versos de la prim era estrofa
refuerzan la metáfora primera al encontrar los mismos elementos
del tren en el río: humo, ruido y sirenas en el primero; bruma,
murmullo y escándalo de cascadas en el segundo. Aquí está el
segundo punto de coincidencia193 con el poema de Molina: el río
que murmura.
UD
I
La segunda estrofa comienza con una continuación de las
comparaciones entre el río y el tren; pero en el segundo verso,
reaparecen las coincidencias con la obra de Molina: el río se
diferencia con el tren en que simplemente rueda sin hacer esca­
las. Vuelta al río de Heráclito, al tema de la inexorabilidad: el río
dialéctico, el cambio constante como verdad, el devenir. Si bien,
hasta ahora no ha aparecido la melancolía que cargaba la inexo­
rabilidad moliniana con la fatalidad; Cárcamo se ha limitado a
comparar río y tren, y a presentar sus ideas dialécticas. Siendo el
tren una fabricación humana, es comprensible que Cárcamo no
se sienta fatalmente arrastrado por la corriente. Sino que, en este
El prim ero es el hecho m ism o de tom ar com o tem a al rio.
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Jacobo V. Cárcamo
187
caso, lo inexorable del cambio no implica aceptación unívoca de
la humanidad, al contrario, podría implicar posibilidad de inter­
venir en él, de darle un sentido y un giro del que la humanidad
carece en el poema de Molina.
-D
EG
T-
UN
A
H
La tercera estrofa continúa con la lista de metáforas, pero
anuncia un nuevo elemento: los peces son los pasajeros del río,
así como los seres humanos son los pasajeros del tren, con ello
tendríamos otra coincidencia con el poema de Molina: la huma­
nidad envuelta en el devenir. La metáfora que emplea Cárcamo
no implica, sin embargo, la melancolía ni la fatalidad de Molina:
“peces -pasajeros de plata— Al contrario, la humanidad, pa­
sajera de ese tren, es plateada, la plata es un metal precioso y
-com o ta l- está más bien asociado con el brillo y el reflejo de la
luz; y no con los territorios de la muerte que aparecían en el
poema de Molina que se caracterizan por las tinieblas y la oscu­
ridad. Finalmente, el río de Cárcamo no es el monótono y me­
lancólico río de Molina, sino que llega al mar metiendo su trom­
pa, haciendo estruendo; el ruido de la entrada del Amazonas en
el mar es tan potente que incluso tiene un nombre para los indí­
genas locales: “porococo’; es probable que Cárcamo tuviese en
mente ese fenómeno al elaborar esta metáfora.
UD
I
Finalmente, la cuarta estrofa, donde Molina presentaba la
conclusión, sirve para el mismo fin en Cárcamo; en el caso de
este último, la palabra “camaradas”, que aparece desde el primer
verso, anuncia una idea de izquierda como conclusión. El adver­
bio afirmativo “También” anuncia la comparación que en el caso
de Molina era entre el río y toda la humanidad, pero que en el
caso de Cárcamo es entre el tren-río y “sus” camaradas, no es
con toda la humanidad. Probablemente se refiera a la idea políti­
ca de la “vanguardia” que representa algo así como el “máximo
de la consciencia posible” en un momento determinado de la
historia.
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188
Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
En esta última estrofa, los “camaradas” de Cárcamo son
los que se ven envueltos entre las ruedas de la dialéctica, entre
las cárceles y el dolor, con lo que se denota lo que Livio Ramírez
llama un “eros político” en Cárcamo. En este caso el apoyo a las
ideas de izquierda y a la lucha por un mejor ‘futuro ”, que es la
palabra con que termina el poema. De hecho, las cárceles y el
dolor están en los últimos versos asociados con el pasado y con
el presente; y se deja al futuro inadjetivado; aunque ya en la ter­
cera estrofa nos anunciaba el choque del mar y del río, lo que
bien podría interpretarse como encuentro violento que, si no es
melancólico, podría ser esperanzador.
UD
I
-D
EG
T-
Es notable, además, la reiteración del fonema “r”. 39 ve­
ces aparece a lo largo del poema, en los 19 versos: en 3 aparece
una, en 12 dos y en 4 tres. Parece que Cárcamo intenta darle un
ritmo de marcha al poema, el ritmo del tren de la liberación que
rueda arrollador. Aquí vale la pena recordar que el término van­
guardia proviene de la jerga militar, es -com o lo decía Cárcamo
en la polémica donde defendió el arte ú til- lo contrario de reta­
guardia, es la parte más avanzada del ejército. De ahí que la lite­
ratura de vanguardia se vea tan ligada con la política, es una
literatura que se “compromete” con la idea del cambio social y
gran parte de ella (no toda) concibe ese cambio como la “libera­
ción de las masas oprimidas” como lo decían Flores y Cárcamo
en la misma polémica.
De ahí proviene entonces el tono tan distinto entre los rí­
os de Cárcamo y de Molina. Uno está influido por la melancolía,
y la desesperanza, “el mal del siglo XDÍ”; y el otro está influido
por las ideas optimistas de “liberación” que en ese momento
parecen ir ganando, en los campos ideológicos y militares, la
batalla contra el subdesarrollo y las desigualdades sociales en
muchos lugares en el mundo: China, México, España, Corea,
entre otros.
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Jacobo V. Cárcamo
189
UN
A
H
Una vez llegadas a este punto las ideas poéticas y políti­
cas de Cárcamo, poco le pueden aportar las ideas finiseculares de
los Modernistas, Molina entre ellos, con lo que aquel volteará
sus miradas hacia otras direcciones, fundamentalmente hacia los
movimientos literarios de vanguardia, y entre ellos principalmen­
te hacia la obra del chileno Pablo Neruda. Debe decirse, sin em­
bargo, que la influencia modernista no desapareció del todo de la
obra de Cárcamo. Por ejemplo, la métrica modernista, como el
verso alejandrino, continuó apareciendo hasta en sus obras últi­
mas: Laurel de Anáhuac (México, 1954) y Pino y Sangre (Méxi­
co, 1955). Pero eso es materia de otro análisis.
VI. C. Cárcamo hiperbólico y telúrico.
EG
T-
Si hay una característica que debe señalarse como central
en la estética de Cárcamo es el desequilibrio. La obra de Cárca­
mo está lejos de aspirar a la mesura emocional y al equilibrio
general que caracterizó a los clásicos y neoclásicos.
UD
I
-D
De los románticos parece haber heredado Cárcamo el
sentido del poema como desequilibrio, como liberación de las
pasiones, como expresión del "yo" creador, de descontento indi­
vidual, como catarsis para el escritor mismo. Esta filiación en
Cárcamo no es única y no debería sorprender en nuestra poesía,
si tomamos en cuenta que Fernández M oreno (7-17) atribuye esa
actitud a románticos y modernistas, y esos habían sido los únicos
movimientos literarios que se habían afirmado como tales en
Honduras cuando Cárcamo comenzó a escribir.
Del primer poemano de Cárcamo, llamó la atención de
Livio Ramírez el siguiente fragmento:
" [...] la calle de los pobres,
donde viven los más pobres," (La Madre Tuberculosa)
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Jacobo V. Cárcamo
190
UN
A
H
Nótese el superlativo "los más (pobres)". Superlativos y
adverbios de cantidad serán comunes en sus poemas. En Brasas
Azules dirá, por ejemplo: " Nada fuera de ti... / nada..." (Canto al
Hombre) 11Nada más triste que una mano abierta" (Antífona del
Pufío) "nada vale la hiena podrida del fa scism o ," (Canto a Chi­
na) " pero todos los diablos, / no queriendo que un diablo más
diablo los visite, / te negarán la entrada" (Palabras sobre estiér­
col)
En Laurel de Anáhuac y en Pino y Sangre se encuentran
los mismos adverbios y superlativos:
UD
I
-D
EG
T-
"todo rayo dibuja tu figura" (Cuauhtémoc); "Jamás en tres pala­
bras ha cabido más cielo" (Morelos); "Nada como el vocablo"
(Elogio de la Palabra); "todos te revivimos" (Morazán); "Nadie
cante a la muerte, si no sabe que es vida... / Nadie podrá matar­
nos... / Nada podrá perdernos... /E n la muerte se nace con más
sangre y más sueño" (Canto a la Vida); "Tú eres el más límpido
lago de N icaragua" (Sandino); "Nadie arrastró más gracia en
los tacones / ni con más gloria atravesó mis horas... / era toda la
luz en una aurora / y en una cuerda todas las canciones ” (Retra­
tos de Mujeres); "Yo soy tu novio, / tu alcohol, tus amarguras, /
y, América pintora, / la más modesta y fie l de tus pinturas" (Pre­
ludio Continental).
Debe hacerse notar que el desequilibrio no reside única­
mente en la profusión de adverbios de cantidad, sino que estos
adverbios modifican normalmente a un adjetivo que por sí mis­
mo ya tiene una función desequilibrante, amplificada o afinada:
Indómito, agudo, huracanado, agresivo, rojo, sagrado, nítido,
puro, lívido y vertical son algunos de los adjetivos que utiliza
con frecuencia. De hecho, el adjetivo cumple una función impor­
tante en la poética de Cárcamo, hay estrofas en la que todos los
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Jacobo V. Cárcamo
UN
A
H
versos incluyen uno o dos adjetivos en serie: "pinos imposibles",
"verdura impenetrable", "caballo guerrero", "noche vertical", "el
fino hilo de una esencia", "la rubicunda guedeja de sol", "la
sombra espesa hasta la solidez"... Muchas veces, los mismos
adjetivos son numerales, con lo que se pretende dar idea de in­
mensidad: "Aunque un ardiente y negro vendaval de metrallas
[...] / llegara / a deshacer el fuerte peñasco de tu frente, / des­
pués de cien m il años "Y aunque estés recibiendo m il órdenes
de hitler / o cien mil mensajes de m u s s o lin i," c a ín de mil tó e ­
les "cien mil puños se alzaron contra el cielo "
EG
T-
Por ello, puede sostenerse que la descripción (la función
del adjetivo) es uno de los fines centrales de la poética de Cár­
camo. La descripción del objeto poético será con frecuencia la
función del poeta. En ese sentido sería ésta una poética de lo
exterior, de las cosas, del mundo externo:
(Tengo) "Los ojos verdes de tanto ver canciones" (Car­
bón)
UD
I
-D
Sin embargo, no puede decirse que la descripción con
una adjetivación exaltada -com o es este c aso - aspire a reprodu­
cir "objetivamente" (como, de alguna manera, deseaban los re­
alistas), sino más bien a comunicar la manera en que el escritor
percibe ese objeto poético; de ahí vendría el tono hiperbólico, o
exaltado de su obra, el qué hacer no está definido por lo que se
describe, sino por la necesidad misma de describirlo.
Pero, ¿cuál es ese objeto que tanto deseaba Cárcamo
describir? Cárcamo mismo ofrece la respuesta:
"La voz humana,
el término con alma y con orillas
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Jacobo V. Cárcamo
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semeja la conciencia de la tierra
emergiendo en paisaje articulado"
(Elogio de la palabra)
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La voz del poeta es la voz del hombre entre las cosas, en
la historia. Acercándonos a la sustantivación, es fácil enumerar
los temas de su obra: en Brasas Azules, sus poemas están dedi­
cados a España y en especial a los republicanos españoles que en
esos años luchaban contra el fascismo europeo; a China, que en
ese momento comenzaba un proceso político que la llevaría al
socialismo; a México, que vivía un repunte de su revolución de
1910920 con el gobierno de Lázaro Cárdenas; también hay un
poema dedicado a los afroamericanos y otro dedicado a los indi­
os de América; entre otros poemas que no se mencionarán aquí.
UD
I
-D
En Laurel de Anáhuac (México, 1954), los objetos de su
poesía son figuras principales de la historia mexicana y hondureña: "Cuauhtémoc", "Zapata", "Hidalgo", "Juárez", "México",
"Acapulco", "Morelia", "El emigrado", "M orazán"y "José Angel
Zúñiga Huete". En el caso de Honduras, no es más que la nostal­
gia de la patria ausente y tiranizada por el sistema de gobierno
que lo hizo huir quince años antes; y en el de México es la cre­
encia firme de que -luego de la revolución de Villa y Zapata
(1910-1920) y luego del gobierno de Cárdenas (1934—1939)—
ese país aún constituía una esperanza par América Latina, esto
en contraposición al imperialismo norteamericano, representado
en "Al ejército yankee". Si bien, otros poemas dejan claro que su
objeto no se reduce a esos dos países, ni siquiera a América, sino
que se amplía a toda la humanidad: "Elogio de la palabra",
"Poema triunfal del hom bre"y "Canto a la vida" confirman la
otra línea principal del poemario, que ya venía anunciándose en
los poemas anteriores: la humanidad, en general, como fin últi­
mo del hombre: "El Hombre es nuestra patria / y lo defendere­
mos bajo todos los soles'." (Poema triunfal del Hombre); "Si
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Jacobo V. Cárcamo
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hubiera entre los hombres / esa dulce hermandad de las pala­
bras" (Elogio de la Palabra); "El Hombre es doble árbol y mari­
posa viva..." (Canto a la vida)
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En Pino y Sangre (México, 1955), se ha visto, acertada­
mente, una clara intención panamericanista explicitada en los
poemas "Preludio Continental" y "Pájaros de América", así
como en varios otros como: "Pinos de Honduras". “Centro Am é­
rica", "Sandino", "Guatemala", "Honduras", "Nicaragua", "Pe­
rú", "Cuba", "República D om inicana"y "México", así como en
el poema dedicado al activista del movimiento negro en Nortea­
mérica: "Paul Robeson". Si bien, debe decirse que las vetas anti­
imperialista y humanista siguen presentes en todos esos mismos
poemas, y en otros como: "China", "Corea", "España"y "Auro­
ra del Símbolo"
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Así quedan claros el "paisaje articulado" y la "conscien­
cia de la tierra" que emergen de la poesía de Cárcamo: América
y el Hombre. Por medio de la invocación de destacadas figuras,
lugares y hechos, Cárcamo desea recrear América: "unos hondos
Andes eslabonan mis voces / y surge un continente de compactos
amores". Panamericanismo y humanismo son entonces ideas
centrales que Cárcamo desea hacer "emerger, en paisaje articu­
lado" de su poesía.
Por otro lado, está claro lo que Felipe Elvir Rojas (p215)
llamó "Entraña social en la poesía de Jacobo Cárcamo" Y es
que, si el poeta pretende explicitar esa "consciencia de la tierra",
no es únicamente para recrearse en ella, sino, más bien, para
exponer esa consciencia ante el último elemento de la poesía: el
lector, que se enfrenta con la obra literaria y la recrea en el mo­
mento de leerla. En el caso de Cárcamo, la atención puesta en los
lectores hace de la suya una poesía social.
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194
Jacobo V. Cárcamo
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Si es cierto que Cárcamo desea expresar esa visión de la
consciencia de la tierra, ello es con el fin de que el lector se en­
frente con ella y que su propia consciencia se vea conmovida por
la que el poeta está "haciendo emerger" frente a sus ojos: pana­
mericanismo y humanismo son ideales que Cárcamo desea m ate­
rializar frente al lector, con el fin de ejercer un efecto sobre él.
Gran parte de su poesía sólo puede concebirse como hecha para
conmover acerca de una historia, la de la humanidad y en parti­
cular la del hombre latinoamericano, que ya ha conmovido al
poeta y que él necesita transmitir y compartir:
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" Tal vez si fu era rico
mi verso caracol humano
no sería esta recia repercusión de pueblos
enloquecidos de ham bre." (Aunque no estoy conforme)
UD
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Un elemento más ha sido señalado por los principales co­
mentaristas de Cárcamo: el carácter épico de su poesía. El epos
(narración) de hechos grandiosos, que los indios concretaron en
su Ramayana y su Mahabarata, que los griegos plasm aron en su
¡liada y en su Odisea, los latinos en su E neida, más un extenso
etcétera en la historia de la literatura universal.
En Cárcamo, su épica se vuelve narración de la gesta
mexicana en su revolución de 1910-1920, de la guatem alteca
durante el gobierno populista de Jacobo Arbenz, de la gesta de
Sandino, de la de Morazán, Bolívar y tantos otros héroes y pro­
ceres de la historia americana. Es poesía lírica en el sentido que
ya se ha mencionado, pero es también épica, en el sentido de
narración de la historia de una colectividad: América, y la de­
nuncia del enemigo natural de esa colectividad: el imperialismo
norteamericano, representado y anatematizado en el poema Al
Ejército Yankee. Si bien, como ya se ha dicho, además del pa­
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Jacobo V. Cárcamo
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namericanismo Cárcamo expresa claramente una idea humanista;
en la que el epos sería el de la humanidad entera, especialmente
las fuerzas progresistas de izquierda: la China de Mao, la España
republicana, Corea antinorteamericana, y las demás fuerzas de
izquierda enfrentadas contra el fascismo, el imperialismo y las
fuerzas aliadas a ellas, en general.
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Véanse, para finalizar, unos pocos ejemplos de cómo
también la imagen y la metáfora se vuelven en Cárcamo hiperbó­
licas, exaltadas, humanas y telúricas:
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"Aunque[...]
mil gigantes cárgaran tu cadáver y hundiéranlo
en la tumba azulada
de la órbita de un astro" (Canto a José Miaja)
-D
"mañana cuando mueras
cuando cierres los hoyos odiosos de tus ojos
cuando duerman tus manos como lúgubres pulpos
¡se apretará la tierra
para no dar cabida a tu carroña! (Palabras sobre estiércol)
UD
I
"Como espada golpeando en otra espada...
como árbol de rodillas frente a un á rb o lcomo estatua quebrada contra estatua ..
como río cayendo en otro río
o como fuego que besara llamas
con mis propias palabras cantaré a la Palabra"
(Elogio de la Palabra)
"y caes como un pino de luceros
para volverte ocote de luz sobre los tiempos"
(José Angel Zúñiga Huete)
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Jacobo V. Cárcamo
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"Pinos de Honduras...
bayonetas sonoras... pagodas de zafiro scapitanes de cordilleras,
con uniformes de tempestades
y con relámpagos por charreteras. "(Pinos de Honduras)
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ESCRITOS INÉDITOS DE
JACOBO V. CÁRCAMO
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Jacobo V. Cárcamo
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1. Prosa periodística.
"Libros que recibimos: Nabey Tokik de Francisco Bamoya Gálvez. Nascimento. Santiago, 1937.- Chile.194
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He aquí un libro nuevo: Nuevo en su presentación tipográ­
fica y en su fondo literario.
Un nombre cakchiquel es su título y un glorioso espaldara­
zo de Luis Alberto Sánchez su prólogo.
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Está dividido en trece corolas: Marinas, Acuario, Serpenta­
rio, Mecánica, Astromomía y Meteorología; Geología, geografía,
Postales de Guatemala, Erótica, Jardín botánico. Jardín zoológi­
co, Kodaks de la ciudad, Bric a brac; y por último la Oración al
árbol, en la cual las diferentes etapas de utilidad de este ser apa­
recen retratadas fielmente dentro del estrecho y al mismo tiempo
extenso marco del Hai-Kai.
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Este género literario japonés que ha tenido en América en
Tablada, Herrera y muy pocos más, resonancias insospechadas,
ha cobrado modernidad y belleza bajo la pluma del distinguido
escritor guatemalteco.
Nabey Tokik es un primogénito: pero qué primogénito más
vigoroso, más elegante, más admirable! Luis Alberto Sánchez
desgarra con mano sabia la cortina de este palacio y, pleno de
energías aparece el primer hijo de Bamoya caminando bajo el
reguero aplaudiente de la Crítica.
194
C á r c a m o . J a c o b o V . “ L ib ro s q u e r e c ib im o s ” : Nabey Tokik d e F r a n c is c o B a m o y a
Gálvcz. Revista Tegucigalpa. N°. 566, 14/11/37. P. 16.
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Jacobo V. Cárcamo
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"Que lluevan las censuras: las merecemos los dos. Que
suene uno que otro elogio: se lo merece él solo -L.A.S.". Y fran­
camente que este libro sólo merece lo que el prologuista no quie­
re compartir con el autor.
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Para muestra una rosa:
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El Hai-Kai, generalizado como la greguería, pero como ésta
también pocas veces cultivado con acierto, encontró en Bamoya
las requeridas condiciones de concisión, imagen, gracia y otra de
que tanto se olvidan los que espigan en estos campos y que cons­
tituye un punto de semejanza del Hai-Kai con la caricatura: el
conocimiento de la cualidad sobresaliente en el objeto o sujeto a
describir.
Crepúsculo
La moneda, que es el sol,
se guarda en la alcancía del horizonte.
-D
Olas sobre la playa
¡Con qué belleza extiende al sol,
la mar, sus enaguas de blanquísimos encajes!
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A veces la gracia juguetona como una ola:
Las boyas
Al mar le han salido forúnculos.
El dedal
El sombrero del dedo.
Siguen otras tan bien logradas como las anteriores:
Las pasas
La uva llegó a la ancianidad.
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Jacobo V. Cárcamo
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El muelle
Para probar si el agua está caliente
coloca sobre ella la tierra el dedo índice.
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El que sigue, por su sintetismo, claridad objetiva y dulzura,
yo lo presentaría en el cuadrilátero contra cualquier adversario:
Estrellas de mar
El mar se arrancó las condecoraciones.
Hay unos delicadamente envueltos en los ropajes eufemistas:
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Crucifixión
Cuando te vi en la playa,
desnuda, con los brazos
abiertos, crucifiqué en tu
cuerpo mi deseo.
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Los cactos
Lujuriosa la tierra
se tiende de espaldas
para ser poseída
por estos enormes falos.
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I
La parcela titulada Geología contiene Hai-Kais de volcanes
de Guatemala, México y Chile.
Postales de Guatemala es otro escaparate bellísimo.
Esta composición describe la constancia musical de la chi­
charra fraternizada con el poeta:
Mueres de hambre, hermana,
pero no dejas de tocar el organillo.
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Jacobo V. Cárcamo
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Aquí la laboriosidad no premiada de L a A raña:
En las cuatro estaciones
fabrica "barriletes"
que no le compra nadie.
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Enseguida estas gotas de filosofía:
El paseo
Vitrina en que se exhiben
maniquíes humanos.
Este hai-kai genealógico que hace odiosos a los
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M olinos de Viento
Antes que Hitler ellos se
colocaron la cruz swástica.
Jacobo V. Cárcamo."
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Y
como los anteriores, otros... otros... muchos más, todos
bellos. Desgraciadamente la estrechez de estas columnas mató el
deseo nuestro de ofrecer más oro a los lectores.
Aplausos y gracias al talentoso autor de NABEY TOKHC.
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Jacobo V. Cárcamo
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"Alejandro Castro h.195
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"En el peristilo de los literatos jóvenes de Honduras el
nombre de Alejandro Castro hijo es un gonfalón de triunfos agi­
tado sobre el mástil de un espíritu exquisito y de un cerebro vi­
gorizado en las más hondas disciplinas.
Limpio de alma y limpio de cerebro, es uno de aquellos
hombres raros de que nos habla Antonio Zozaya: hombres en
quienes la inteligencia y el carácter son dos alas unánimes tendi­
das sobre las infinitas estepas de la vida.
Limpio de alma porque jamás en su pecho pernoctaron las
bajas pasiones; nítido de cerebro porque sus circunvoluciones
son un perpetuo chisporroteo de ideas gobernadas por motivos
dignos y presentadas en estilos de médula de oro y vestimenta de
topacios.
Las páginas de "El Cronista" y la "Revista Tegucigalpa" en
innumerables ocasiones se iluminaron bajo la fuga certera de su
pluma. Unas veces fue el cuento de gran sentido humano, en­
vuelto, como el de ese poeta de la prosa que es Carias Reyes, en
imágenes fulgorosas y en períodos de elegante sonoridad; otras
el artículo de enjundia filosófica en el cual la pluma semeja un
bisturí de luz desgarrando tinieblas; y las más de las veces la
crónica palpitante y oportuna reveladora de un cerebro recio y de
un perfecto conocimiento de la sociedad.
Y
por sobre todas estas cualidades, suficientes para levantar
cualquier nombre, está, al igual de una gota de luz sobre una
gema, su plausible actitud de vanguardia en el momento actual.
Y, como consecuencia de esta actitud, la orientación valiente y
definida de sus ideas y la utilidad de su arte.
Amor indecible por la metáfora sugerente y múltiple, por el
escrito de envergadura socialista y la producción autóctona que
195
Cárcamo, jacobo V. “Alejandro Castro h.”
Honduras. Sene 145. N". 579. 13/02/38. p. 5.
Revista Tegucigalpa. Tegucigalpa,
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204
Jacobo V. Cárcamo
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muy pronto ha de lograr uno de sus principales objetivos consis­
tente en la emancipación intelectual de América son el trípode
que sostiene gallardamente las medulosas producciones de Cas­
tro hijo.
Hoy el índigo del cielo literario hondureño se ha tom ado
más pálido, en los ágapes intelectuales hace falta la palabra
agradable de un amigo, su sonrisa optimista, el apretón caluroso
de su mano y la aguja de miel de su ingenio que tantas veces
salpimentó y utilizó conceptos.
Alejandro ha partido hace pocos días para San José de Cos­
ta Rica. Allá en la tierra de Echeverría, el numen de esta prom esa
que ya ostenta largos ribetes de realidad, habrá de enconfrar un
amplio desenvolvimiento.
Nosotros, ante la separación de este escritor valioso y am i­
go dilecto, agitamos nuestros pañuelos ya languidecientes de
tanta despedida y parodiamos las bellas palabras conque una
escritora chilena despedía en cierta ocasión a Gabriela Mistral:
"Cuelga a tu espalda el zurrón de tus ensueños y dile a Costa
Rica que te prestamos pero que no te damos” .
Jacobo V. Cárcamo.
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(Aparece una foto de la época de Alejandro Castro h.)
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Jacobn V. Cárcamo
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"Contemplando un vuelo.196
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¿Un epitafio?
¿Acaso ha Muerto Manuel Escoto?
Si su ergástula camal se ha volatilizado en los crisoles de la
tragedia, su espíritu como el cóndor del poema busca luminosi­
dades en las alturas, cortando con las espadas de sus alas las
volutas compactas de las nubes.
Que no caiga el grano estéril de una lágrima.
Que el lamento se haga nudo de cólera en la garganta y las
cuerdas bucales se revienten en truenos de protesta.
Que no haya conformidad ante el Destino -íd o lo inventado
por los idealistas para engañar a los desam parados-.
La sangre de Manuel Escoto se ha secado como un río de
auroras, mientras a su lado pasaban los zapatos relucientes y los
cigarrillos anti-democráticos; mientras allí cerca se oía el diàsto­
le dé los bastones y el pitazo amenazante de los automóviles
burgueses.
Así ha caído el cuerpo físico de este "hombre superior que
escribía versos y que además hacía lo que los demás hombres";
el del cabello como noche de estrellas ocultas, el de los lentes a
lo Soiza Relly o a lo José Miaja, el del perfil rotundo y tajante
capaz de servir de fachada a una catedral de hombres tendida
hacia el futuro.
196
Jacobo V. Cárcamo.
Cárcamo, Jacobo V. "Contemplando un vuelo”. R evista T egu eigalp a. Tegueigalpa,
H o n d u r a s . N ” . 5 9 2 . 1 5 /0 5 /3 8 . P . 3.
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Jacobo V. Cárcamo
"Una Faceta de Carias Reyes”197
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Observa Teófilo Gautier -e n su prólogo de Las Flores del
M al- que hay hombres poéticos y hombres poetas, señalando
entre los primeros a Rousseau; George Sand, Chateaubriand,
etc., y agrupando entre los segundos a todos los que tienen la
facultad de escribir en verso aunque estos sean, como él mismo
lo dice: "gentes de mérito muy inferior al de aquellos maestros
ilustres".
Por lo anteriormente apuntado, fácil es advertir que el dis­
tinguido crítico francés, amigo entrañable del Formalismo, con­
fundió al poeta con el versificador, con el individuo que, dueño
de una aptitud musical, puede en un instante tejer diez cuartetos
aunque en toda sü vida no forme una imagen rutilante, ni un
símil acertado ni una metáfora-deslumbradora.
La poesía, desde quejio es nada superficial, epidérmico, no
puede estar constituida por una sarta de palabras, dulces tal vez
para el oído, pero incapaces de producir la más leve vibración en
el cerebro o la más tenue resonancia en el espíritu. A los que se
ahogan en los berenjenales de la versificación, a los que por ver
el cristal no ven el vino, a los que, hundida la mirada en el an­
damiaje fonético, no palpan la arquitectura interna del poema, les
sucede lo que al uruguayo Carlos Cañamaque ante el caprichoso
Gog de Giovanm Papini.
Más belleza poética catamos en la siguiente prosa de Ricar­
do Güiraldes: " encima nuestro, el cielo estrellado parecía un ojo
inmenso lleno de luminosas arenas de sueño ", que en este raquí­
tico y alambicado cuarteto de Andrés Bello:
"Donde cautivas almas piden preces
que las restauren a su ser primero,
Cárcamo, Jacobo V. “Una Faceta de Carias Reyes”. R evista T egu cigalp a. Teguci­
galpa, Honduras. Serie 152. N°. 608. 04//09/38. P. 19.
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Jacobo V. Cárcamo
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y purguen las reliquias del grosero
vaso, que las contuvo, terrenal” .
Ya Stendhal se expresó despectivamente del verso. Ya
Goethe, primero y Chocano después, dijeron que "en la Poesía la
imagen es todo" y que " Poesía es el arte de pensar en imágenes".
Y
no se crea que somos enemigos irreconciliables del ver­
so. Nada de eso. Estamos de acuerdo con Langston Hughes en
que se deben conservar ciertas formas (como el romance, etc.),
ya profundamente arraigadas en el oído popular, para hacer más
factible la asimilación de ciertas ideas. Pero comprendemos tam ­
bién que el verso (con la rima y el ritmo antiguos) no ha sido
más que la trompeta, el megáfono de la Poesía y que, por consi­
guiente, podemos, sin ofender a ésta, reform ar esos medios de
expresión. Esto lo han corroborado poetas tan enormes como
Pablo Neruda y Rubén Darío, el último de los cuales es objeto,
con tal motivo, -e n "El M al Metafisico" de Manuel G álvez- de
la risa sardónica de un viejo carcomido.
Esta lucha entre la Forma y el Fondo nó obedece, como han
dicho polvorientos académicos, a una locura de la civilización, ni
al descarrilamiento de muchos intelectuales por los derroteros de
la novedad, sino que arranca de los tiempos en que la Poesía
estaba aún en fárfara y viene a culminar, en el cosmograma de la
época actual, con poetas de la talla gloriosa de Federico García
Lorca, Alberti, Guillén, Palés Matos, Torres Ríoseco y otros
muchos.
Hacemos todas estas consideraciones a raíz del estudio
detenido e imparcial de la obra de Marcos Carias Reyes, literato
que en el panorama de la Literatura Hispano-americana se desta­
ca con perfiles definidos y matices inconfundibles.
Muchos son los eslabones personales, característicos, que
unidos a través de su vasta producción han formado la filigrana
estilística del escritor en referencia. Primeramente está su posi­
ción frente a ciertos prejuicios eclesiásticos y ciertas normas de
moral burguesa, posición en la que se ha mantenido gallarda­
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Jacobo V. Cárcamo
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mente desde cuando saliera pluma en mano a defender "La V ir­
gen Desnuda" de Padilla Coello, hasta hoy cuando escribe con
rieles de diamante su artículo "No existen milagros” . En segundo
lugar está su eclecticismo literario: en su obra, como ha dicho
Juan M arinello de la antigua Roma, se juntan todos los caminos;
su pluma pasa con igual independencia ante el Naturalism o de
Zola como ante el Romanticismo de Víctor Hugo, ante el Simbo­
lismo de Verlaine y Mallarmé como ante el Musicismo de Jean
Royere y Armando Godoy, ante el Futurismo de M arinetti y el
Modernismo de Silva como ante el manantial de sangre, el torbe­
llino de pólvora, el vaho de carne dolorida que brotan del canto
proletario.
Y
tenemos como tercera característica -q u e es la que ab­
sorbe estas lin eas- su potencialidad imaginifera, el caudal poéti­
co, la cascada de imágenes que discurre majestuosamente por
entre los acantilados de sus períodos.
-D
La prosa de Carias Reyes es un borbotón de poemas.
La imagen, vaciada en finísimos crisoles, tiene luminosidad
abundante, los contornos precisos y el colorido profundo del
paisaje tropical:
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"Torbellinos de estrellas, huracanes de diamantes inverosí­
miles en la soberbia cuenca” .
"el plumaje de espuma de las corrientes marinas".
"del Bosforo constelado de góndolas veloces".
"sobre los peñascos, el agua se pulverizaba en gloriosa
espuma”.
El símil corto y certero, revela siempre el conocimiento
perfecto de los objetos o sujetos comparados:
"Bandadas de palomas irrumpen, como ruidoso abanico, en
el sereno espacio”.
"La metrópoli coruscante y faraónica se le entregó toda,
como una amante rendida".
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209
Jacobo V. Cárcamo
"y la luna trágica aparecía sobre un lejano picacho, roja
como una gran herida de pasión y de locura, abierta en el vientre
prolífico de la naturaleza".
el lago de Yojoa "semeja un ópalo colosal”.
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Su descripción, de buen Parnasiano siempre, es unas veces
fina, minuciosa, no escapándose ni el m enor detalle:
"La ciudad se arropaba en el misterio, silenciosa, quieta,
muerta” .
"... opulentos (los pinos) en la ramazón que avanzaba hacia
los lados, dejando ver en medio de dos antenas vibrantes un es­
pacio de cielo sereno”.
"las limusinas agredían el suelo húmedo de sereno con sus
llantas silenciosas” .
-D
Otras veces esa descripción ostenta la prodigiosa borrosidad de ciertas pinturas modernas, y la semejanza, siempre feliz y
novedosa, es en algunos casos -com o dijera Alfonso R ey es"exagerada hasta la caricatura":
"la luna ascendía enorme, blanca, como loto fabuloso” ,
"bajo el jeroglífico plateado de las constelaciones una vi­
sión trágica cruza por los árboles sombríos".
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A veces inesperadamente se columbran los lincamientos de
un Hai kai:
"el océano donde se borra el índice de las velas”.
En los siguientes párrafos la poesía socializada, hum aniza­
da, muestra prudentemente sus rojos acrostolios:
"las fábricas insultan el azul con sus roncos alaridos".
"y otros (pinos) escuetos, ostentando encima de sus follajes
una capa de polvo blanco de los caminos, por donde van y vie­
nen todos los dolores, pinos proletarios".
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Jacobo V. Cárcamo
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Jacobo V. Cárcamo” .
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La poesía pues, al igual del oro, no sólo está en los arenales
del verso. La hallaréis también, como en el caso de Carias Reyes,
en las canteras fecundas, en las cuencas augustas de la Prosa.
Buscadla como a las estrellas en la comba azul y en el cristal
tremante de las linfas. Vino sabroso es la poesía, vino que po­
dréis apurar con semejante delicia en un ánfora griega o en un
vaso etrusco; polen dorado que se duerme en la piel aterciopela­
da de la tosa o vuela en la espina bucal del colibrí.
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Jacobo V. Cárcamo
“Ante la tumba de M anuel Ramírez”.198
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"Allí está frío e inmóvil, dentro de la estrechez sombría del
ataúd, Manuel Ramírez: aquel hombre que era una hoguera fe­
cunda derramando sobre la humanidad el oro de su pensamiento;
aquel periodista que semejaba una cuerda en explosión de músi­
cas o un ramaje llorando trinos y cantando arpegios; que tenía
por casa el universo, por paredes los horizontes y por techumbre
la incomparable comba azul.
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¡y hoy dormidos los labios!
¡y hoy frías las manos! ...
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A sus espaldas el mundo con sus negruras y sus luces, con
sus alegrías súbitas y sus melancolías repentinas, con sus diatri­
bas amargas y sus chorros de vítores y sus coros de aplausos.
Adelante, lo invisible, lo imposible: la noche espesa, la tiniebla
profunda donde sólo blanquean los cráneos y resplandecen los
nombres inmortales.
Y
Manuel Ramírez es un inmortal: lo gritan el recuerdo y el
cariño que quedan grabados, con surcos profundos, en el alma de
sus amigos; lo proclaman el reventar de volcanes y el aletear de
cóndores de sus prosas; lo está diciendo el rojo inmarcesible de
sus artículos de polémica, la vibración augusta de sus discursos,
el vórtice de nácares y el borbollón de flores de sus poemas es­
critos no dentro de las humillantes casillas del verso, sino que
vaciados en los anchos y rumorosos raudales de la prosa.
Hasta la orilla de este sepulcro -com o humano que fu e tuvo defectos. De aquí en adelante sólo virtudes, porque en los
198
El C ro n is ta . A ño XXVII. N° 7351. Sábado 07/01/39. “A nte la tum ba de M anuel
R am írez” . C árcam o, Jacobo V.
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Jacobo V. Cárcamo
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grandes hombres, como ha dicho Macaulay, hablando de Bacon,
los defectos sufren un eclipse total.
De esa caja, tan estrecha para un hombre tan enorme, habrá
de alzarse puro y altivo, como una neblina azul, como un lirio de
contornos impecables como el cuello de un cisne fantástico, el
nombre de Manuel Ramírez, con su gavilla de estrellas, con su
desfile de cometas: El Atrevido Garzón.
Y
entonces esa neblina azul levantará los entusiasmos de
los que vienen atrás, y ese lirio doblará la corola desparramando
su polen fecundador, y ese cisne, al igual del rubeniano, interro­
gará irónicamente al Olvido: "¿Qué me haces?"...
Hoy las lágrimas de los suyos le alumbran la senda, las
coronas le perfuman la planta, la noche está a punto de presentar­
le su pizarra para que escriba en ella el axioma luminoso de su
nombre y mis palabras tristes y mi grito de angustia -vertidos en
representación de la Asociación Nacional de C ronistas- preten­
den despertar, con su clamoreo tremendo a los leones de la in­
mortalidad, ordenándoles que bajen la melena y escondan las
garras porque va a pasar UN HOMBRE.
Jacobo V. Cárcamo
UD
I
Tegucigalpa, 6 de enero de 1939."
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Jacobo V. Cárcamo
213
"Prismas de Antonio Bermúdez M .199
UD
I
-D
EG
T-
UN
A
H
"Conocíamos muy poco de la labor literaria de este escritor,
debido a que, atacado sin duda por la pandemia de la mayoría de
nuestros intelectuales, el doctor Bermúdez ha vivido sobre su
altivo peñasco como un águila solitaria que sólo de vez en cuan­
do, ante la magnificencia lívida de un crepúsculo, una explosión
de pólenes o el rubicundo reventar de una aurora, ha sacudido
sus alas en el estremecimiento de un poema o en el temblor de
un discurso.
Esta inactividad, plagada de intermitencias, se debe al am­
biente tan espeso a veces, que como dijera el novelista, "se puede
cortar en tajadas". Pero, tengo para mí, que este ambiente los
mismos escritores se lo han hecho: ha faltado que nuestros hom­
bres valiosos extiendan sus tentáculos formando la malla de la
fraternidad y del reconocimiento; que alarguen sus ramas y tejan
el follaje bajo de cuya sombra propicia habrán de desenvolverse
gloriosamente la Literatura y el Arte. A esto se ha debido nuestra
pigricia literaria; allí ha tenido su origen el hecho de que gran
parte de poetas y prosistas hondureños lleguen a un período en
que se les esteriliza la matriz fecundadora, en que el cerebro
pierde su potencialidad creativa y quedan, como O-lan, la mujer
de Wang-Lung, cuando ya no pudo dar hijos: trabajando a ratos,
comiendo ... comiendo y esperando la muerte.
Pero el doctor Bermúdez ha abandonado las valvas del
ambiente, se ha desprendido, si antes la tuvo, de la costra de
pesimismo que obnubila la obra de muchos intelectuales; ha
mantenido con vivencia desbordante su energía productora; y
hoy nos da un libro que como una canéfora vuelca ante nosotros,
en la estimulante inclinación de una dedicatoria, su cornucopia
de carbunclos variados y magníficos.
199
C árcam o. lacobo V “ P rism a s de A ntonio Berm údez M. El C r o n is ta A ño XXVII
N°. 7298. Jueves 03/11/38. P. 3.
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214
Jacobo V. Cárcamo
UD
I
-D
EG
T-
UN
A
H
Prosa elegante y sonora es la de este escritor. Prosa lumino­
sa hasta el deslumbramiento, con matices armoniosos, frases
finas como camafeos, que se graban en la mente con la misma
eficacia que las vibraciones del sonido en el disco de gutapercha.
Prosa unas veces ancha y ruidosa como un Amazonas de truenos,
y otras suave hasta el suspiro, con lenidades de terciopelo y mu­
sitaciones de pinar.
Sus discursos, como los de Castelar, no están escritos en
esa prosa glacial y cansadora que solamente cobra vuelos orato­
rios en la boca de su autor, sino que tienen ese hálito canicular,
esas imágenes que calorizan la mente, ese trasfondo de emotivi­
dad, esos sólidos pensamientos, ora mortíferos como un grano de
radio, ora vigorizantes como una esponja de vitalidades.
Discursos estupendos dignos de que Ríos Rosas los pro­
nunciara rompiendo el escaño con las uñas; trozos rutilantes que
no pueden leerse con los labios sellados de la esfinge ni en la
posición estática del pensador de Rodín, sino que con el grito
envolvente del barítono o la voz fina y penetrativa de la soprano,
moviendo los brazos y agitando la melena, o llevando sus com­
pases, como los cantores griegos, con la planta del pie.
La descripción, sin la crudeza del naturalista y sin la impa­
sibilidad del parnasiano, ostenta líneas definidas, colores profun­
dos, luz abundante; su brocha corre estampando con valentía el
detalle más fácil y el trazo más complicado; no pasa con Bermúdez lo que con ciertos pintores que, con una huida de sombras o
una entrada repentina de luz, evaden en el cuadro los puntos
difíciles.
Su erudición no asoma por las ventanas de la cita ni por
entre el palabrerío empalagoso y rebuscado; brota entre un de­
rroche de pudibundeces, emerge como una neblina apacible,
surge sin que se la llame, salta sin la preocupación de sorprender,
y sí, como la ola, con el anhelo de dejar en las playas del alma y
del pensamiento el nácar de su espuma y el eco de su murmullo.
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Jacobo V. Cárcamo
215
EG
T-
UN
A
H
"El delantal de la Cocinera", motivo empapado de novedad,
con perfiles regionalistas, tiene átomos sociales y fibras huma­
nas: átomos que desventuradamente no llegaron a ser moléculas,
fibras que, lástima grande, no llegaron a formar tendones. Pero
esta es una observación muy personal, muy nuestra, nacida al
amparo de nuestras más caras ideologías. La pieza en referencia
tiene, no obstante, gran valor por su riqueza ornamental, su gra­
cia exquisita, su minuciosismo y por el torrente de filosofía que
inunda sus renglones.
Mucho más esperamos de la pluma ágil y entusiasmadora
del doctor Bermúdez; no creemos que, al igual de los escritores
hondureños a que ya nos referimos, habrá de dormirse sobre los
gobelinos gloriosos, sino que aguardamos los próximos brotes de
su espíritu y de su cerebro siempre activos y siempre vigorosos,
porque el cerebro y el espíritu, como la raza mosaica, arden sin
consumirse.
Jacobo V. Cárcamo."
UD
I
-D
Tegucigalpa.
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216
Jacobo V, Cárcamo
2. Poesía inédita.
"Del mundo infantil" (foto de una bebita)200
UN
A
H
"Consuelito Hidalgo hija del Ledo, don Carlos Hidalgo y de
su esposa, doña María Luisa Martínez, que arriba en este día a su
primer año de edad.
EG
T-
Deseamos a la simpática chiquitína un porvenir colmado de
venturas.
UD
I
-D
A Consuelito
Consuelito: en este día
lleno todo de fulgores,
¿quieres un gajo de flores
o una dulce melodía?
Consuelito en este día
dorado de tu natal,
¿quieres un cuento oriental
rebosado de alegría?
Yo sólo tengo dolor,
no puedo darte una flor
ni una alegre canción...
Mas, perdona, Consuelito,
que bese tu piececito
musitando esta canción."
'
00
El C ronista. Año XXIV. N°. Ó435. Sábado 21/12/35.
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Jacobo V. Cárcamo
217
"Soneto Pequeño201
Para Alejandro Castro h.
UN
A
H
¡Oh, sueños de mi infancia! ¡Oh, noches claras, bellas,
en que echaba al arroyo cristalino mi anzuelo
para pescar (¡en vano!) la luna y las estrellas!
¡Oh, días rubicundos de fragancia de rosas
en que sólo miraba una madre y un cielo
y corría y corría cogiendo mariposas! ...
EG
T-
¿y qué fue del arroyo que copiaba la luna,
las rubiales estrellas y la célica alfombra?
¿y qué fue del arrullo que vibraba en la cuna?
de todo aquello sólo... ¡sólo queda la sombra!"
-D
"Tu sombra202
UD
I
(Este verso ha estado oculto en mis entrañas
como el llanto que nunca se asoma a las pestañas).
En una noche clara, clara como las fuentes
tristes y silenciosas de tus ojos divinos,
íbamos de las manos como dos penitentes
desandando la cinta verdiazul del camino.
201 R evista T eg u cig alp a. Año XI. N°. 468. 29/12/35. P. 11
20’
“ Revista T egucigalpa. Año XI. N° 478. 15/03/36. P. 4
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Jacobo V. Cárcamo
218
UN
A
Andábamos la senda unidos de las manos
como dos huerfanitos, como tristes hermanos,
oyendo de las olas la tremenda querella...
H
La Novia del Océano desde lo alto enseñaba
su enorme ojo de oro como una roja escama
y el cielo con sus rosas de fuego semejaba
el manto de una virgen constelado de llamas.
EG
T-
Iba meditabundo... y al mirar en la alfombra
del sendero las curvas de tu adorada sombra,
sentí el ansia infinita de arrojarme sobre ella!"
"Muerte feliz203
Tembló el bosque en los brazos de un fuerte cataclismo,
llenóse de silencios y sombras el abismo
y el cielo tomó un negro color de pesimismo.
UD
I
-D
El mar lleno de espumas era un lecho de armiño
que mecía en sus senos un plateado corpiño:
El sedeño corpiño de un pobrecito niño ...
De pronto ante las aguas paróse una señora
de enrojecidos ojos y frente soñadora
a contemplar las olas con mirada avizora.
La pobre lanzó un grito ...un grito desgarrado
porque su hijo querido era el que estaba ahogado
en la red ondulante de aquel mar azulado...
203
Revista Tegucigalpa. Año XI. N°. 479. ] 5/03/36. P. 19.
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Jacobo V. Cárcamo
219
UN
A
Y abrazando a su hijo con un ansia vehemente
fue cerrando los ojos melancólicamente
¡y se ahogó dibujando una sonrisa doliente! "
H
Arrojóse al océano sin pensar en la Muerte;
pasó sobre las olas con un ímpetu fuerte
hasta unirse al niñito blanquecino e inerte.
"Poemas cortos para la Revista Tegucigalpa".204
EG
T-
"Soledad :
Porque estoy solitario
me dices que estoy triste...
soledad no es tristeza, hermano mío...
en momentos como éste yo me río
con los labios del alma.
-D
Mujer y Música:
¡Qué música, qué mujer!
Moriré de un suspiro
o tal vez de un deseo ...
UD
I
Tu beso:
Fue tan dulce tu beso que he quedado
mordiéndome los labios.
Un perro:
Este perro que he visto a la orilla del mar
se parece al perro que vi por allá:
¡los perros son perros en todo lugar!...
204 Revista T egucigalpa. Año XI. N°. 480. 22/03/36. P. 7.
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Jacobo V. Cárcamo
220
UN
A
Hoja de Almendro:
Me ha caído una hoja de almendro,
un hombre dice que cayó del árbol
y un bardo dice que cayó del cielo”.
H
Viajero:
Anduvo un burro alrededor del mundo,
volvió más gordo pero siempre burro.
UD
I
-D
EG
T-
"Anhelo205
He de poner la llama de mis labios
en la negra tiniebla de tus bucles,
he de sorber el vino de tus besos
en la copa rosada de tu boca,
he de hundirme en las tumbas de tus ojos,
beberme las dos noches de tus cejas
y besar las camelias de tus manos ...
y después de tenerte entre mis brazos
y después de sentirte entre mis labios,
verte morir ahorcada, niña triste
en el nudo de carne de mis manos.”
"Pesadilla206
Yo soñé que los mundos se quebraban,
y que al golpe de férreos cataclismos
cerrábanse rugiendo los abismos
y los cerros crujiendo se rajaban.
205
206
R ev ista T e g u c ig a lp a . A ño XI. N°. 482. 05/04/36. P. 23.
R evista T egu cigalp a. Año XI N° 26/04/36. P. 6.
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Jacobo V. Cárcamo
221
UN
A
Que saltaba la fuente bullidora,
que el océano subíase a la sierra
y se hundían mil rayos en el suelo...
H
Que la luna rompíase al violento
roce de las estrellas encendidas,
que daba gritos el furioso viento
y rajaba las ramas más fornidas.
y vi tras los cristales de la aurora
un desfile de noches en la tierra
y un galope de soles en el cielo.
EG
T-
"Silencio207
UD
I
-D
La noche va extendiendo su lúgubre abanico,
y va abriendo su boca tenebrosa de abismo
para beberse el día ...
la tarde es una pálida monjita adormecida;
van cayendo los astros en los ríos, las hojas
musitan oraciones en la iglesia del viento.
Siento un temblor de frases en el pecho, mi boca
desgranará palabras...
quiero cantar bellezas,
quiero decir ternuras,
pero llega la reina de la meditación
caminando de punta sobre sus blancos pies
y poniéndose el índice impoluto en los labios”.
207 Revista T m u c isa lp a . Año XI. N°. 486. 03/05/36. P. 19.
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Jacobo V. Cárcamo
222
Campesina divina de labios de granada
que bendices la senda con tu piel de algodón
campesina divina de labios de granada.
UN
A
Eres sobre la cinta dorada del camino
una blanca muñeca sobre un manto de oro,
eres sobre la cinta dorada del camino.
H
"Cam pesina 208
EG
T-
Llevas en la cabeza una roja tinaja,
asi como yo llevo mi cántaro de ensueños
llevas en la cabeza una roja tinaja.
Por el largo camino que se enrolla en la sierra
te vas desapareciendo como una ilusión,
por el largo camino que se enrolla en la sierra.
UD
I
-D
Tu enagua temblorosa de espumas y de brumas,
va lamiendo la senda con su fimbria nevada
tu enagua temblorosa de espumas y de brumas,
Las nubes que levantan tus pies en el sendero
son sutiles suspiros que te brinda la tierra,
las nubes que levantan tus pies en el sendero.
Parece que la arena te quisiera cantar
cuando rechina al peso de tu pie de alabastro,
parece que la arena te quisiera cantar.
~°8 Revista T cgucigalpa, Año XI. N°. 487. 10/05/30. P. 4.
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Jacobo V. Cárcamo
223
UN
A
Tu cabellera negra sobre tu alba cabeza,
semeja una tiniebla enredada en un mármol
tu cabellera negra sobre tu alba cabeza.
H
Las brisas que te besan se enredan en tu traje
como si no desearan alejarse de ti,
las brisas que te besan se enredan en tu traje.
Campesina de labios de granada, camina
que una choza te espera con las puertas abiertas,
campesina de labios de granada, camina..."
EG
T-
"Humo de mi cigarro209
Nube larga y finísima, serpiente de algodón,
alada bayadera formada de la bruma,
que te envuelves, enredas y al fin te desenvuelves
semejando una blanca serpentina de espuma.
UD
I
-D
Humo blanco y etéreo, nubecilla ondulante
que bailas en las alas hialinas de la brisa,
neblina que te alejas melancólicamente
muda como unos ojos o como una sonrisa.
Humo lento y sutil que te vas disipando
mientras hilvano sueños en tu rueca de bruma,
verso blanco que amarras los corceles del viento
semejando una albina serpentina de espuma."
R e v ir a Ttuucij;p]pa. Año XI. NQ. 499. 02/08/36. P. 17.
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224
Jacobo V. Cárcamo
UD
I
-D
EG
T-
UN
A
Me voy bebiendo este sendero azul
con mis ojos de fuego y con mis plantas
hechas rosas de sangre ...
Vano camino vago ...
¡Cuánto he deseado que no sea largo!
¡Cuánto he querido que no sea corto!
¡Qué senda variada!...
unas veces se pierde en líneas rectas,
y otras veces en curvas esmeraldas
enreda valles
y montañas laza.
Voy caminando solo ...
con un fardo de penas en el pecho,
con un temblor de versos en el alma
y un dolor de caricias en la boca ...
Voy transitando solo ...
¿Quién camina a mi lado?
Yo no s é ...
por mirar el cendal del horizonte
no sé quien va adelante
no sé quien va detrás ...
Sólo veo los árboles dormidos ...
los árboles que botan sus ensueños,,
en nubes de hojas secas,
bajo los desengaños del verano ...
(Sobre el largo zafiro del sendero
es una nube azul la Primavera
y una nube de fuego es el E s tío ).
H
"Cántiga del Viajero210
10 R evista T egu cigalp a. Año XI. N°. 504. 06/09/36. P. 16.
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225
UN
A
¿Cansado de sufrir?
Yo no lo estoy ...
cansado está el dolor de introducirme
sus puñales de Sol...
y he logrado vencerlo,
porque cuando me clava sus espinas
en lugar de las lágrimas que pide
le doy una canción ...
y así, sobre el gran yunque de mi vida
golpeando mis tristezas
con mi rojo martillo de lirismos,
saltan chispas: ¡Y esas chispas son mis versos!
H
Jacobo V. Cárcamo
UD
I
-D
EG
T-
Dicen que atrás ...
que atrás viene la M uerte
bebiendo sombras
y sembrando luces ...
y por huir de su garra inexorable
acelero mi paso y voy dejando
una estela de sangre en el camino ...
corro incesantemente ...
corro para alejarme de esa garra,
sin pensar que al final de este sendero
también está la Muerte!"
"Poema Rubio a la M ujer Futura211
Mujer: tú eres el predio ...
Yo soy el sembrador...
Tu parcela bermeja, oculta en yedra negra,
me pide la simiente de la carne
“ '' R evista T eg u cig a lp a . Año XI N” 505. 13/09/36. P. 7.
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226
Jacobo V. Cárcamo
en las trém ulas luces de tus ojos
y en el calor albino de tus manos ...
esa simiente cálida,
EG
T-
UN
A
H
esa simiente húmeda
que yo hundiré en el rojo terrón de tus entrañas
ha de brindarte un fruto ...
esa semilla tórrida,
esa semilla mágica
te cambiará en un ángel terrenal
al reventar
y regalarte un hijo
que saldrá de tus tierras de arrebol.
UD
I
-D
¡Un hijo!...
cuando tengas un hijo toda tú habrás cambiado:
tu voz será una seda cayendo en sus oídos,
tus manos serán rosas
y en tu lumbre tus ojos le enseñarán el cielo ...
Yo seré siempre el mismo
labriego de la carne
arrastrando mi caudal rojiazul de deseos
que al fin se perderá ...
M añana ...
cuando duerma el infante sobre tus brazos célicos,
te bañaré con la m irada amiga
con que baña su predio florecido el labriego ...
Y, en alas del recuerdo que trizará mis horas,
habré de conformarme amargamente
con la caricia cálida
que al hundir la semilla
me regaló la tierra sangrienta de tus carnes! "
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Jacobo V. Cárcamo
227
EG
T-
UN
A
Toda tú te has borrado ...
te ha cubierto el Olvido ...
sólo una cosa vuela en mis recuerdos,
sólo una cosa vive en mi pasado ...
Vive tu risa dulce,
tu risa rubia y diáfana,
tu risa melancólica
que hundía chisperías de deseos
en los rojos abismos de mis carnes.
Toda tú te has perdido ...
sólo queda el recuerdo de tu risa
coloreando mis ansias
y bordando de llamas mis arterias ...
H
"Poema Urgente de la Risa Pretérita212
UD
I
-D
...en mi mente sombría,
cuando añoro tu risa
rosada y rumorosa,
es como una vorágine de brasas
la quemante memoria de tus labios.
Sobre la sombra azul,
sobre la sombra azul de mi pasado,
miro tus labios rojos quemados de deseos,
tus dientes fulgurantes de lascivia
y la .dulce serpiente de tu lengua.
De todo me he olvidado ...
de tus senos que se erguían en tu pecho
son dos versos redondos,
de tus manos ardientes
y de tus muslos tibios de lujuria ...
A
K v v ista i L'fiucifiaJpa. A ñ o XI. N” 5()fj. 2 0 /0 9 /3 0 K 8
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Jacobo V. Cárcamo
228
"Cántigo ardiente a la mujer libre213
UN
A
Habré de devorarte...
habré de poseerte
sin el permiso hipócrita del cura
y sin la licencia del Alcalde.
H
sólo ha quedado fija en mi memoria,
quemando mis entrañas
como una espina tórrida,
la risa de tus labios tropicales” .
EG
T-
Entre tus brazos y mis brazos trémulos,
entre tu pecho cálido y mi pecho
no habrá ninguna mitra,
no habrá ningún bastón.
-D
Tú te unirás a mí por un deseo,
por la sed lujuriante de la carne,
y por lo mismo me uniré yo a tí.
UD
I
¿Tálamo? ...
No tendremos ...
Estas tierras soleadas y ardorosas
que riman con mis ansias tropicales,
nos servirán de lecho ...
Tendremos ...
una casa verdosa, la montaña
y un pabellón azul, el horizonte.
“13 Revista T egucigalpa. Año XI. N°. 507. 27/09/36. P. 2.
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Jacobo V . Cárcamo
229
EG
T-
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A
Toda te entregarás ...
tus axilas quemantes
en sus cuencos negruzcos,
tu pubis en su triángulo enlutado
y tu boca en su nudo de arreboles,
me darán a beber tu anatomía.
Muy libremente habré de acariciarte ...
habré de poseerte libremente” .
H
Te dormirá el silencio de los Trópicos
y te despertarán mis campanadas
cuando llegue la hora
de los enfriamientos.
"Poema del Mediodía Tropical"214 (no se reproduce porque
aparece en Brasas Azules).
-D
"Cántico de la hora nocturnal215
A don José María Albir.
UD
I
Medianoche ...
la brisa brincando en la alameda
y la lluvia tocando su mecanografía
con sus gotas temblantes ...
A lo lejos ...
a lo lejos se aguza la cuchilla parlante
de una serenata,
que hace anillos de música en la vieja guitarra
y caracoles de notas en las gargantas jóvenes.
Revista T egucigalpa. Afio XI. N ”. 508. 04/10/36. P. 2.
” 15 Rcyista T egucigalpa. Ano XI. N°. 513. 08/11/36. P. 13.
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Jacobo V. Cárcamo
2 30
Palmeras epilépticas ...
palmeras temblorosas
perfilando en las sombras sus borrachos perfiles.
EG
T-
UN
A
H
El Mar!
Vienen ...
Vienen ...
Vienen las olas ...
El mar tiembla en el lomo del nervioso hipopótamo
formando una ecuación (sic.) de sinfonías
en las espumas blancas,
en las brumas dormidas
y en la inquietud oscura del oleaje.
C h ocan...
chocan las olas locas en las rocas ...
Ruge el rugido ronco del gran monstruo marino
y la luna entre tanto desenvuelve su música.
UD
I
-D
La noche es más oscura ...
la noche es más silente ...
de repente ilumina la montaña
la áurea taquigrafía de un relámpago.
Noche sobre la tierra,
noche bajo el cielo
y en todas las cosas música.
(Del libro en preparación "Brasas Azules”)”
(Nota: pero no lo incluyó en "Brasas A zules")
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231
Jacobo V. Cárcamo
"Poema último a la mujer primera"216 (no se reproduce por­
que aparece en Brasas A zu les).
EG
T-
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A
Todavía me acuerdo:
eras blanca,
incitante,
nervuda
y lujuriante ...
cuando por las aceras pasabas grácilmente,
el viento se enredaba en tus vestidos,
los deseos mordían tus encajes
y te bañabas de fulgor solar.
H
"Canción del Recuerdo217
UD
I
-D
Eras nervuda
y tropical,
pero divina
y esp iritu al...
a la vez que ponías canícula en mis carnes
me reventabas besos en el hueco del alma.
Tu risa se teñía de rojo en tus labios ...
al hablar, tu garganta florecía cristales,
tu voz quemaba el viento ...
tu cabello en desorden era un capricho rubio,
y en tus ojos de ébano luminoso y profundo
se quebraba la luz.
216 Revista T egu cigalp a. Año XI. N°. 522. 10/01/37. P. 4.
“ *7 R evista T egu cigalp a. Año XI. N°. 527. 14/02/37. P. 23.
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¡Todavía me acuerdo!
entonces mis poesías,
curvas de amor,
hinchadas de deseos,
volaban a tu oído como aeroplanos líricos
encendiendo motores de jilgueros.
UN
A
Te am ab a...
con ese amor profundo,
con ese amor de espíritu y de carne
que al encender el cuerpo
nos sublimiza el alma.
H
232
EG
T-
Tú (sic) también me quisiste ...
en mi frente,
en mis labios
dispersaste el confetti de tus besos
que eran lluvia de chispas.
UD
I
-D
¡Pero pronto el olvido,
el olvido, el olvido!
fue cayendo en tu alma
como una enorme sábana de sombras ...
¡Y así mi amor se fue quedando triste,
y así murió mi amor!...
Hoy ,a pesar de todo,
mujer de luz y rosas,
a pesar de tu olvido,
de tu desprecio negro y de tu ingratitud,
¡Todavía me acuerdo!
¡Todavía te canto!
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233
"Elenita Solís218
EG
T-
UN
A
H
Pura.
Dulce.
Bella.
Sus cabellos endrinos, brillantes y alegres, semejan una
cascada de tinieblas bañadas por un tenue beso lunar.
La frente es una lápida de azucenas en que un beso daría la
vida por posarse.
Sus ojos como dos versos negros y luminosos desparraman
luz de ternura bajo los arcos nocturnos de las cejas.
Su voz es una cascada de besos en cristal, un chorro de miel
sonora en que las palabras huelen a Elena, huelen a flor.
Su boca ...¡Ah su boca! ¡Ah ese incendio de rosas, esa fies­
ta de sangre en que los dientes blanquísimos son como una ben­
dición!
Jacobo V. Cárcamo.
Tegucigalpa
-D
Soneto del Río219
UD
I
El árbol como antena verdioscura
en el mundo esmeralda del paisaje,
capta las armonías de la brisa
para la radio aérea del follaje. ,
La arena es polvo de oro envejecido ...
El pescador que ve con inquietud
los pálidos remansos, se parece
a un agente de la G.P.U.
718
^
R evista T egucigalpa. Año XI. N°. 527. 14/02/37. P. 23.
Revista T egucigalpa. Año XI. N°. 547. 04/07/37. P. 7.
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234
UN
A
y un pez que se desliza lentamente
es como una tristeza de escarlata
en la risa de luz de la corriente.”
H
Queman la piel los rayos del estío ...
me siento en un océano de plata
cuando atravieso en mi canoa el río,
"Canción a Eduardo V I I Í 20
EG
T-
Hoy que estás en la tierra, triste Duque de Windsor,
ante ti desenvuelvo las olas de mis versos.
Vedlo, allí e s tá ...
ese es Eduardo Octavo,
-D
el de los ojos tristes,
el de la frente altiva,
UD
I
el del cabello rubio ...
Vedlo! ...
allí está sobre su ágil caballo
de ancas de sol y brida de luceros.
Ante él como una sombra de grandeza y de oro
pasa con paso rítmico el ejército.
220
Revista T egucigalpa. Año XI. N°. 549. 18/07/37. P. 9
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Jacobo V. Cárcamo
235
Su mano de granito fulgurante
retratando un saludo descansa en la visera.
Vedlo, allí está.
EG
T-
¡Horror de su grandeza!
Da miedo su esplendor!
UN
A
¡parece que tuviera corazón de granito!
H
Cuando con ojos fieros
mira el áureo desfile de sus áureas legiones,
Pero ese Rey augusto,
ése que tiene un mundo de negros a sus plantas,
que puede arar el aire con sus aviones roncos
y cortar las mareas con sus buques;
UD
I
-D
ese rey de cien pueblos,
ese hombre poderoso que es el Dios de una raza,
ha sentido un incendio de rosas en el pecho:
Hay unos bucles de oro,
una boca de auroras
y unas curvas alegres que le gritan amor.
El Rey se ha enamorado
y en su lecho suntuoso
mordido de vigilias,
lo baña la ilusión de un muslo blanco,
de unos ojos azules
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236
Jacobo V. Cárcamo
y de unos brazos de jazmín ardiente.
Ha pensado casarse ...:
Es grande ...
es r e y ...
EG
T-
Inglaterra retumba,
se estremece Inglaterra!
UN
A
pero le falta una caricia cálida.
Ha pensado casarse ...
¡Lo dice!
H
es poderoso,
La Aristocracia negra se levanta
y lanza sus protestas.
-D
"Nada importa que el Rey muera de amor ,
nada importan sus ansias,
ni su ilusión ferviente de unas curvas alegres”.
UD
I
"La mujer a quien ama no es digna de su amor. ..
su adorada ha tenido otros amantes ...
su adorada no es virgen”.
(¡como si la virginidad fuera tan solo
la ignorancia del cáliz del placer!)
"Nada importa que el Rey muera de amor .
No podrá casarse ...
su adorada no es noble”.
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Jacobo V. Cárcamo
237
UN
A
Pobre Eduardo Octavo ...
Vedlo, allí está
callado y melancólico ...
con un oído escucha los gruñidos del clero
H
(¡como si el corazón no tuviera alas
para llegar hasta el más alto trono!)
EG
T-
y oye con el otro los gritos de su alma.
Piensa en su pueblo
y en su novia.
¿Dejará las soberbias oriflamas reales
-D
u olvidará a su amada?
UD
I
¡Es tan grandioso el trono
y tan hondo el amor!
Pero ese Rey augusto ...
ése que tiene un mundo de negros a sus plantas ...
que puede arar el aire con sus aviones roncos
y cortar las mareas con sus buques;
ese Rey de cien pueblos,
ese hombre poderoso que es el Dios de una raza,
dice con frase fuerte:
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Jacobo V. Cárcamo
238
"¡Por un amor un trono!"
y con mano de acero firma su abdicación.
UN
A
H
Viva el clero al nuevo rey ...
solloza y ríe Inglaterra.
EG
T-
Eduardo se sonríe con su sonrisa triste
mientras sus labios trémulos repiten esta frase:
"Por un amor un trono.
Por un amor un trono!"
Hoy que estás en la tierra, triste Duque de Windsor,
ante ti desenvuelvo las olas de mis versos!
Jacobo V. Cárcamo
-D
Tegucigalpa” .
UD
I
"Antífona del Indio"221 (no se reproduce porque aparece en
Brasas Azules. Primer poema social y vanguardista que pu­
blica).
221 R evista T egucigalpa. Año XI. N°. 552. 08/08/37. P. 16.
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Las “Entrevistas Ligeras
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Jacobo V. Cárcamo
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245
Jacobo V. Cárcamo
■¡■*■¿1— —— i. ......i——
• S I lAplz c o rría ex a m in a n * '
do m in uciosam ente los n e­
g ro s re n g lo n e s; la m ira d a iivq u isitlv a ; fija , p ro íu n d a /c la - .
v a d e e n el a rte ria ]« de la s
«galeras* ¡ encorvado «1 cu e r­
po so b re la m esa, sem ejando
u n arco triu n fa n te d e Juven­
tu d y de c u ltu ra : a s i encon­
tra m o s en la R edacción de
'«El C ronista* a E n riq u e G6to es, in te le c tu a l, sólido» bu*
líen te d e lúea* el ce reb ro y
jje tó rlc o d e b o ndad y de en t u i l i i m o el e sp íritu .
'
. F RAO KBN Jtf '
L o 1roblan llevad» a la cárcel |>or e n s e ñ a r 1» verdad
y p re d ic a r, con el ejem plo, «1 « m o r y l a Ig u a ld a d e n tre
los h o m b res. Lo h a b la n m etido e n l a celda m á s o b scu ra
y m i* olvidada del presidio. Oon u n a m e n ta lid a d d»
b a tra c io , el D ire c to r d el peñol ó re la q u e e n c e rra n d o a l
h o m bre, m o ría la idea; q u e poniendo c a d e n a s en los te blU»s del m á r tir , q u e d a b a en c adenad» l a v erd ad . P o ro
el h o m b re, en l a Im p en etrab le ob scu rid a d d e su celda,
irra d ia b a lo s. S u pensamiento). In fa tig a b le en b i Jucha,
t e g u i a com batiendo.. S u g en e ro sa sem illa, e s p a rc id a p o r
los inm ensos cam pos .d e l m undo, s e a b r ía a loa besos
esplendorosos del sol del fu tu ro . Y cao s a tis fa c ía a l
h o m bre, q u e se volvía con el tiem po m í a h u m an o y m ás
ju s to . P o r eso, cuando s u s ca n ce rb ero s Iban a verlo, a
r e c re a rs e en lo que ellos sup o n ían s u a n g u s tia , el hom ­
b re , desde la no ch e de s u «»Ida, tes so n reía. T l a re íd a
to d a so lle n a b a d e su l y t j h a b la u n o com o r e v e n ta r d e
a u r o ra s y uno com o a b r ir s e d e cap u llo s en la le ja n a p ra ­
d e ra . Y e r a q u e el hom bre, p e rd id a l a m ira d a en l a n e ­
g r u r a de s u celda, av ie etali* e l porvenir, m io n tr a o 'o la ,
A lo l e j o v el co nfuto ro ;n e r d e l a v e rd a d en m arc h a~ ...i
m o que m ie n tra s no d e s a p a ­
re z c a n e sa s c a u s a s que le
he m encionado, e l periodism o
hondureflo s e g u irá siendo ru ­
tin a rio y v iv irá com o h a s ta
ah o ra , ap e g ad o a viejos m ol­
des, ra q u ítico , fa lto , casi p u ­
diéra m o s decir, de in iciativ a.''
—C u á n to tiem po h acé que
t r a b a j a 'en el diarism o; có*
m o com enzó?
— H a ce poco m á s o m enos
seis afioa que -tra b ajo en la
p re n sa . MI Iniciación en el
diarism o d a ta de 1« fe ch a en
que s e h tso c a rg o d e la P r e ­
sid en cia d e H onduras el Ge­
n e ra l C a ria s. E se d ia, don
A leja n d ro C a s tro m e pidió
re c o je r los d ato s de lo s dife­
re n te s a c to s que tuvieron lu ­
g a r en e s ta c a p ita l co a aquel
m otivo, p a r a tra s la d a rlo s al
periódico. L a su erte quiso
que ellos fu e ra n del ag rad o
de don A lejandro. M e dieron
en to n c es el trab a jo . Con a n ­
te rio rid a d ,
h a b la
e sc rito
u n a s m al h ilv an ad a s cróni­
ca s sobre asu n to s locales,
que N ondo y el m a e stro C as­
tro m e ponían en «cristiano»
y d a b a n a la publicidad. D es­
de entonces laboro en E L
CRO N ISTA , poniendo en m i
tra b a jo todos m is en tu sias­
m os y m i c o n s ta n te empefto
en fa v o r d e l a redención eco­
n óm ica y es p iritu a l de las
cla se s tra b a ja d o ra s d e H on­
d u ra s .
de c o n te s ta r.’ P u e s que, p o r
lo g e n e ra l, no te n g o sim p a­
tía s especiales p a r a ninguno
de lo s cre a d o re s d e belleza
de H o n d u ras. C la ro e s tá qus
m is en tu siasm o s, p o r cues-,
tiones Ideológicas, m e i n d i ­
n a n h a c ia aquellos que no
sólo son c a p a c e s d e dele ita r,
sino q u s de lle v a r a la s con­
ciencias h alo s d e luz, u n a
en señ an za, algo en fin que
libere la s a lm a s del yugo de
la Ig norancia. S in em bargo,
p a r a m encionarle alg u n o s de
los lite ra to s y a r tis ta s que
adm iro, le n o m b raré, en p ri­
m e r térm in o , a R afa el Heliod o ro Valle, a qu ien creo la
m á s so b re salie n te fig u ra li­
te r a r ia d e H o n d u ras: a A r­
tu ro M a rtin e s G alindo, M ar­
cos C aria s R eyes, J o s é R.
C astro , A lfonso G ulllén Zela y a y A rtu ro W ejía N ieto,
e n tre los esc rito re s y e n tre
los a r tis ta s , a M anuel de
A dalid y C am ero, R afa el
Coello R am os, F ra n c is c o R.
D íaz Z elaya, C arlos Zúfilga
F ig u e ro a y A rtu ro López
R odezno; e n tre los lite ra to s
jóvenes, a A leja n d ro C astro
h., C lle o Ifu rillo . usted, Q e m e n tln a S u áre z, O sc ar A,
F lo re s, D aniel L aínez, C lau­
dio B a rre ra , H ostilio Lobo,
A u g u sto C. Coello h . y C ons­
ta n tin o S u asn áv a r,
EG
T-
C ro n is ta de . cró n ic a ágil,
eu rítm ica , co m p a cta, brillan«
te h u t a la tibies*, recam a*
d a de Im ágenes y M i pintenta d a de g ra c ia : esto so b re to>
do, po rq u e án l a producción
•de m i e n tre v is ta d o s e n o ta
'l o q u e N o rb erto PlnlU a con»
V id e ra u r.a c a ra c te rís tic a de
Ida fo rm a» poética* d e bo y ;
« a fá n d e Juego».
.P o r los lados, la f r e n te hu‘y é cabello a d e n tro ; cuerpo
delgado a p risio n a n d o u n a l­
m a que e i com o u n a eu e itla
te n s a vibrando b a jo la» pul*
«aciones del dolor h u m an o . •
ENRIQUE GOMEZ
UD
I
-D
; — E n qué s itu a ció n se en*
c u e n tra . segUn usted , e l p e­
riodism o hondurefió, h a p ro ­
gre sad o a retrocedido ?
— L a p re g u n ta , a m ig o m ío,
no puede s e r m i s difícil de
co n te sta r. U sted co m p re n ­
d e r á fá cilm e n te, que no soy
yo el llam ado a c a lific a r si
el periodism o ho n d u ieñ o h a
pro g resad o o si, p e r el con­
tra r io perm a n ec e en un p e­
riodo de estan c am ien to . Sin
em bargo — y e a \a es u n a opi­
nión p erso n alisim a— estim o
que el periodism o en H ondu­
r a s e s tá , con re sp ecto a o tro s
paisea, un ta n to rezagado.
R azones que no son d el c a ­
so m encionar, h a n hecho que
el verdadero, el au té n tic o
periodism o no p ro g re s e como
s e r ia d e d ese arse e n tre nosotro*. P o r o tro lado n u estro
público, poco o n a d a a d ic ta
a la le c tu ra , n o a p o r ta el
co n tin g en te nec esario p a r a
so s te n e r u n a publicación p e­
rio d ístic a que re sp o n d a en
u n todo a bis n ecesidades del
m om ento ac tu a l. A co stu m ­
brado p o r la p o lític a Jugare*
fia, que todo lo en v enena a
leer, d u ra n te la s im propia*
m en te llam ad a s- ca m p an as
cívicas, sin te n e r que p a g a r
ab so lu ta m e n te n a d a p o r el
-ucrvtcio que se le ofrece, só­
lo la te n a cid ad de algunos
h a h fecho posible la vida l a r ­
g a de alg u n o s periódicos en.
H o n d u ras. P o r lo ta n to , MU«
— E stim o que h a llegado
la h o ra de que iniciem os l i
g lorificación
de
n u e stro s
h o m b res de le tra s . Y r:üda
m ejo r que llev ar e la re a li­
dad el nobilísim o ideal con­
cebido p o r n u e stro com po.
tr i ó t e C astro , co n sagrando
d efin itiv am en te com o la f>rl- V
m e ra fig u ra lite ra r ia d a .
H o n d u ras á R afael
Vaüe. C reo que no sóí:
''
t r a U niversidad debería, á* ’•
co n ferirle el g ra d o d e D o e -:
t o r Honor!» C ausa, slr.o q u i ­
los in telec tu a le s ' hondureno;: v>
e s t t n en la obligación • ¿« ra b r ir cam pafla a efecto do
’• q u e se ensene a conocer y
v e n e ra r en l a s escuelas el "m
n om bre y la o b ra de' Vallo..
C on ello, adem ás d e d a r hc^~^¡
ñ o r a q u lsn h o n o r m e r e c e ;^
■*te n ta ría m o s u n magn¿T:co.r;j
p recedente y d aría m o s b p o rj-^
(u n id ad a la ju v en tu d
r í a d e H o n d u ras p a r a a u p é fv£
ra rs e , p ues v e rla q u e por. itñ
los hom brea d e le tra » g o z a -i.
b a n de a lg u n a consideración V
y s u s esfuerzos no se perdían?.!
en los eria les d el olvido. • />■?.>
H
ENTREVISTAS LIGERAS
UN
A
"Tegudgatpa**
—P a r a m i, que siento sin ­
c e ra ad m ira ció n p n r todo
aquel que escribe o cree, u n a
obra, la p re g u n ta no d e ja de
ser, tam b ién , un tonto difícil
— ¿C re e U d. que, com o lo
d ese a el e s c rito r Jo sé R . C a s ­
tro , los hondurefios debem os
h a c e r m á s p a te n te n u e s tra
Adm iración p o r ese hom bre
ilu stre que es R afa el H ellod oro Y alle?
— ¿ N o ta alg ú n ad e lan to é n :fv
la L ite ra tu ra hondurefla a c - *
tu al, se vislum brar, t e n d e a - :
c ía s re n o v ad o ra s?
.
— C reo que la lite ra tu ra ,
hondurefia e a tá a d e lan tan d o
y enfilándose derecho «n i&s
nusV as co rrie n te s re v o lu c io -'
n a r ia s del m om ento ac tu al. .
N u e stro s p o eta s, p a r a el c&so, v an hacienó.? a u n lado
todu ese dulzón ■* inr.r*£cend e n te modo de eacribir. c a m ­
biándolo p o r a lg o m ée hci-r
m nno. m á s rehílale. E n e&e
asp e cto , vislum bro ten d e n ­
cias re n o v a d o ra . T odavía,
c la ro e s tá , perm anecem os
u n ta n to apegados a loa aa*; g u o s m nldea, p ero ten g o ií-,
e n que poco a pccc- ta c J í ñ i t a s irá n d esapareciendo y «r.toncea n u e s tra lite ra tu r a , re ­
m ozada y lim pia, p o d rá m os­
t r a r s e ta l com o exi?n la ho­
r a que vivim os
Miguel/). Carra?
A tiende to d a clase d e
L suntos
clvlloe,
Gftn&I-
n ales y adm inistrativo«.
Tfigucigulpo, I). O.
llm idiirus, O. A.
Derechos reservados
Procesamiento Técnico Documental Digital
246
Jacobo V. Cárcamo
J E S US CA S T R O
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Jacobo V. Cárcamo
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249
Jacobo V. Cárcamo
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250
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Jacobo V. Cárcamo
BRASAS AZULES
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T-
C ondene la o b ra tre in ta y
tre s com posiciones, u n p ró ­
logo d el esc rito r M arco« Ce«
ría s R eyes, u n a c a ric a tu ra
de L lsandro G álves y v ario s
Juicios. N o e s tá n los versos
seccionados en g ru p o s hom o­
géneo* y A*i vem os que van
d ándose la m ano «aloe t í tu ­
los: «cuando p a s a s te tú»,
ro ü fó n lúbrico, y «C anto a
un pueblo y a u n hom bre»,
saludo a C árdenas y a M éxi­
co, «Unión» y «P oem a rubí*
• cundo de la h e ta ir a aflora­
da». Blu em bargo, todos »o
u n en p o r el acllo com ún que
<la el estilo.
UD
I
-D
Como re su lta d o d e su In­
te n s a labor. C árcam o ee de
lo» lite ra to s Jóvenes m á s co­
nocidos en el p aís, d e m an e­
r a que la p ro b a d a p ersp ic a­
c ia de n u e s tra público lector
h a b rá notado la evolución
d el poeta, a lo la rg o de lo«
p u n to s d e referencia, «Flo­
re s del A lm a» y «B rasas
A zules». al, e s te n o es él
principe azul. P o rq u e C árc a­
m o li> ftií en el principia de
*u m r r e m : Uní cii muiu», ex .
tAUei», Vftjtttlife « n lre bowjtierj
rom ánticos y nubes dn do­
ra d a fa n ta s ía , persiguiendo
llUNloncw y «julmuraa. H a s ta
el din en q u e fu e rtes cla rin a­
d a s iiiMgaroü su tím pano y
u n a nueva lux le m o stró a r­
pée lo s desconocidos de las
co sa s y los hom bros. Quledpor h a lla rs e en la tem p ra n a
•d a d de Ins Indecisiones,
C árcam o aceptó con (ren¿Uco en tu siasm o la íftachianic
re v oiadón, e n tre ríñelo»« «
•lia con sinoorldad ta n apa- •to n ad a q u e m á s que evolu­
cio n a r s e revolucionlsó poé­
ticam e n te , como lo ce 14 pro­
clam ando el libro a q u í co­
m entado.
CU la fo rm a de s u v a n o ,
d e sa rro llad a b a je u n a liber­
ta d Irrestrtetu , la acogem os
con c ie rta s re servas, s u idea,
en cam bín, m erece n ueetra
cnbel aceptación, porque os
hija de un Igneo anhelo de
ju s tic ia y porque es la Idea
in s p lra tris d e la s juventudes
m ás difi-itns del m undo. P or
hab e r asignado n eu poesía
el papel de u n v a lo r artís tic o
al servicia del pensam iento
Mocial, C á l a m o lugre** en
el p rim e r m n g o <lc 1« ncutsl
generación K leruría. V es
con c u ta sinceridad y este
aplom o que s e h ace perd o n ar
lo de «eepo uulfornindo» y
dem ás estrfelencinfl — renglo­
nes hufrítuiqn de lu d a 1i ri­
ca— • que lo a r r a s t r a *u Ju­
venil extrem ism o.
L e agradecem os el envta.
H
Libro de Vérsos de
JAGOBO V. CARCAMO
UN
A
E n n u estro s ana q u eles donde s e a lin ea la bibliografía
hondurcB a h a . venido a ocu­
p a r un titlo d e ra* a lia n le
p re stid lo el lib ro -« B ra s a s •
A2ulC8», de Jacobo V. C ár­
cam o. La edición la h ito en
los tu lle res de la Im p re n ta
■C alderón y s u fo rm a to reve­
la *1 plau sib le esfuerzo de
d a r a u n a poesU evoluciona«
d a su m arc o m i s convenien­
te, v in o nuevo, odre» nuevos.
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Jacobo V. Cárcamo
JACOBO CÁRCAMO
Foto del poeta en México, sin fecha.
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Jacobo V. Cárcamo
Busto de Jacobo V. Cárcamo en el Parque de Arenal, Yoro.
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Jacobo V. Cárcamo
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his, m'olmulo ».•! i'rrdit-o ovti'nio.
M d id ìfrc a n d i« n n 'ts m i r s l r a * rid a -
do .
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ili*rr:» l 'u n ln< ft-u^rritK
>sis i;m ? i n u h ’:iii» n |u»r
i t l t t m h m , «m»U f n i - r l r s
l ; in t h
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r ii i h i 't t )
p a lriò iii-o
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E;t t ì c r r .i »ir* M m a / á i í y il«‘
l.i-iu p ir :!.
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S a l v a n d o o b s f /x a ilo - i tiin o n n *
l u r i i i i m l o c t m l r u d mumUu
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s ii;; r iiiìliT i^ h a t d u pii
ì'ìWìiv
•in«- vr ii-MI ]u«*ra ih* h i ó r l n i n d e l
n » ;.i‘‘iinli'.ni«>. í>¡iUu
lisi;* jmi
blirnc-Tini a l a a r m a i tl<k la vid;»
j!« 'á w (lís|jr;K
N sln* n i m i a
i-*s l i i i ^ u r s
n*ljm la i r a n « |u i l i
l
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í’|
*í¿»<* l o s í l r s i í -
|*:i k . i»s i]u<‘ v<*In T à f t. 1 7 ).
•lu i, c ii m m i n f'I p r n j ; r r s i .> l i * a n ­
i d a d o t*n i-l s u t 'l n h o m h i m u ' y
n u e s t r o < ínt/m iiíH >U ‘
•■tul nu'm f e r v o r , iji:Vk
d c d lrn
v
iti.» '. o p ü t n N m o a r u u t i n u a r s t i
J Y o j ' n i m a « lo (*«>W»t u o ; t 's n p r n tir :* iiì;i »p u s a l r j i g r j i u i l í í c o r
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¡•iirfrlo
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sn*, M n in m t‘r ;iljliis p a r e i » l ; t ( v ,
i i im h h 'n l a ( M 'm n w im i
la s v ìr
1 i i 'l r s d i 'l o i l o s m is a ii^ M 'c s o n v 'i r n
f ) PtM ÍCf. |)(> In s IV i-M iliM ifvs :m
t<‘iM >n?sr *m«> r m i s l m i a m i i r a ­
in o (io c a r t o l e r à , o t r o t u i a t* s ru ('I.», d o s p u ^ s «Io |; j i s ( í t r ¿»rninli*s
M íiiiü s ilv. d lu ìM n , d n ¡iiio h ì:ir :il
pijolylo e-<*n «0 jiis< i ih-,
hup w d o s y d o iM h b riíi^ tu Iíí n m
ì;«Im ik i»Ìii*rlinM :nloM , ^ ‘i l m m o
( - a r i a s ut » li a l i ln , o lirà -; tu» o f i r l'i*. d a : imi ó l <*s(An r ^ o u r c u í r a il»!s t < ; d u s }«is r s f u r r / n s iliIn s
«ine ¡i\t* r ^ *<1>•-»-ji¡»i .in
i m e s t i ;,
l ' u h i a : h a « 'iiK ln iìili» Uvliisnn-.i?^
• .«* r ic iH * , ¡ » n v i o v i s
p i i r i ji i r s .
p ; i f \ l n i s ; r :
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269
Jacobo V. Cárcamo
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16.. Diario "El Cronista". Tegucigalpa, Honduras. Los meses de
noviembre de 1931 a 1934, 1955, agosto a noviembre de
1959, y desde 1934 hasta 1940.
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Derechos reservados
¡rtÓtwA Procesamiento
.v.
•
Técnico Documental Digital
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28. Muñoz Cota, José. “Jacobo Cárcamo". Diario El D ía. Año
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30. Neruda, Pablo. Memorias: Confieso que he vivido.
31. Oquelí, Ramón. Entrevista. Febrero de 1997
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la lírica contemporánea”. En Ramón Amava Amador. Céleo
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pensadores de Olanchito. Editora Nacional. Olanchito, Hon­
duras, marzo de 1967.
Derechos reservados
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•jxiutntiaaa Nacional Autónoma 0« r<c
Dirección tjetutiva d «
Sistema Bibliotecario - S U R I
B IB L IO T E C A C U R N O
Jacobo V. Cárcamo
CHANCHO
.
HONDURA*. C A
272
|
33. Padilla, Visitación. “El Libro del poeta Cárcamo". El Cro­
nista. Año XXIV. # 6429. Sábado 14/12/35.
H
34. Ramírez, Livio. Jacobo V. Cárcamo, vida v obra. Lectura de
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A
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36. Revista "Excelsior". Año II. Tegucigalpa, Honduras. #'s 24
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41. Soto, Joaquín. El resplandor de la aurora. 2da. Ed. Secreta­
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43. Valle, Pompeyo del. Jacobo Cárcamo: Preludio Continental.
Antología. Secretaría de Cultura, Turismo e Información.
Tegucigalpa, 1977.
Derechos reservados
UN
A
H
Procesamiento Técnico Documental Digital
UD
I
-D
EG
T-
Este libro se
terminó de imprimir
en los Talleres de la
Editorial de la Universidad
Nacional Autónoma de
Honduras, en el mes de m irzo
del 2003.
Consta la presente
edición de 800 ejemplares
Derechos reservados
Procesamiento Técnico Documental Digital
Oscar R. Flores. (Guatemala, 1968).
Vive en Honduras desde 1975.
Lic. en Letras por la UN AH. Ha
publicado poemas en “Casa Tomada”,
Antología Colectiva (1996) y “Homenaje
UN
A
H
universitario a Francisco M orazán”
(1995),
ocasionalmente
poemas
y
ensayos en diarios y revistas hondureñas.
Ha ganado los premios: Grupo Ideas (1999, ensayo),
Bicentenario de la Muerte de Francisco Morazán (UNAH, 1992,
poesía) y Torneo de Ajedrez de la DEU 1989. Así como un
EG
T-
reconocimiento el mérito por la Alcaldía Municipal del Distrito
Central (1996). Perteneció al Taller de Poesía “Casa Tomada”
que dirigió el poeta José Luis Quesada de 1992 a 1995. Ha sido
prpfesor de Español en diferentes institutos y actualmente se
desempeña como profesor de Letras en el Centro Universitario
UD
I
-D
Regional del Valle del Aguán (CURVA) en Olanchito, Yoro.
Fotografía cortesía de:
Don Joaquín M artínez Cáceres
D oña Juventina M artínez Cáceres
Profesora Elvira del Carm en Duarte de Lozano.
Derechos reservados
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