PAU Historia septiembre 2009 Comunidad de Madrid

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Historia de España
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Historia de España
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COMUNIDAD DE MADRID
CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
SOLUCIÓN DE LA PRUEBA DE ACCESO
AUTORA:
Marta Monje Molina
Opción A
Cuestiones
 A partir del año 750 a. C., las culturas indígenas de la
Península y de las Islas Baleares entraron en contacto
con otros pueblos más desarrollados que procedían del
Mediterráneo oriental: los fenicios y los griegos. Estos
pueblos conocían el alfabeto y practicaban la escritura,
realizaban unos ritos religiosos más sofisticados y su
tecnología era más avanzada, pues empleaban ya el hierro, aún desconocido en Occidente.
Los fenicios, pueblo oriental de comerciantes, fundaron
Gades o Gadir (Cádiz), probablemente en el siglo VIII a. C.,
Malaca (Málaga), Abdera (Adra) y Sexi (Almuñécar). Su
influencia cultural fue importante en Baleares y en toda
la Península, especialmente en el sudeste. De influencia
fenicia, en la zona del Bajo Guadalquivir, existía, al parecer, un país rico llamado Tartesos, del que se han encontrado restos relacionados con ritos, objetos y tecnologías
orientales como la orfebrería fina de oro del tesoro del
Carambolo (Sevilla).
Los griegos llegaron hacia el siglo VII a. C. Eran focenses
(originarios de Focea, en Asia Menor) y fundaron Emporion (Ampurias/Empúries) y, después, Rhode (Rosas).
Junto con los fenicios, introdujeron la vid y el olivo y las
primeras monedas acuñadas en la Península Ibérica.
Los cartagineses procedían de Cartago, ciudad norteafricana de origen fenicio; a partir del siglo VI a. C., se convirtieron en la potencia hegemónica del área. Aparte de
buscar metales, reclutaron mercenarios para sus enfrentamientos con los romanos (guerras púnicas). Tras su
derrota en la Primera Guerra Púnica (264 a. C.-241 a. C.),
Amílcar Barca y Asdrúbal sometieron la costa mediterránea y el valle del Guadalquivir y fundaron Cartago Nova
(Cartagena). Los cartagineses se mantuvieron en la Península hasta las postrimerías de la Segunda Guerra Púnica,
cuando fueron expulsados por Roma.
 A partir de la invasión musulmana del año 711, gran parte de la Hispania visigoda fue sometida a la influencia
del islam. La conquista del reino visigodo fue un proceso
relativamente breve (711-715), ya que las tropas islámicas no pretendían ocupar todo el territorio, sino controlar solo los puntos clave estableciendo guarniciones
militares. Los conquistadores denominaron al-Ándalus a
las tierras conquistadas, que durante los cuarenta años
siguientes constituyeron una provincia del vasto Imperio islámico. En 756 al-Ándalus se convirtió en un emirato independiente y tras la proclamación del califato en
929, el poder islámico en España alcanzó su momento
de mayor esplendor. El desarrollo político de estas tres
fases en que se dividieron los primeros trescientos años
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de dominación musulmana en la Península Ibérica fue el
siguiente:
쐌 Emirato dependiente (711-756). El poder político en
al-Ándalus fue asumido por un valí dependiente del
califato de Damasco, a menudo elegido desde Kairuán (en el actual Túnez). En estos años se sucedieron
diferentes valís. Para someter las áreas conquistadas,
los califas ordenaron el territorio en coras. Impusieron
tributos a la población, repartieron las tierras entre
sus guerreros y nombraron gobernadores árabes.
Establecieron la capital en Córdoba para controlar el
valle del Guadalquivir. Crearon tres áreas en las fronteras del territorio conquistado, en torno a Mérida,
Toledo y Zaragoza, que se denominaron marcas (en
árabe tagr) Inferior, Media y Superior, respectivamente. Apenas prestaron atención a las tierras de la Meseta
septentrional ni a los pueblos montañeses del norte y
los Pirineos, rebeldes y poco romanizados.
쐌 Emirato independiente (756-929). La mayoría de los
omeyas fueron asesinados en una guerra civil; el clan
abasí ocupó el califato y trasladó su capital a Bagdad
(Irak). Un superviviente omeya, Abd al-Rahman I (734788), se trasladó a al-Ándalus y se proclamó emir
(príncipe) independiente del califato de Bagdad (756).
Abd al-Rahman I convirtió su poder personal en una
dinastía, pues designó heredero en vida a un hijo
suyo, estableciendo así un sistema sucesorio que se
mantuvo durante los dos siglos siguientes. A partir
del año 879, sin embargo, fue evidente la crisis en el
emirato cordobés pues se produjeron numerosas
revueltas locales y reivindicaciones continuas de
independencia (como la de Umar ibn Hafsun en
Andalucía). Para hacerles frente, los emires se rodearon de un ejército personal de mercenarios, generalmente esclavos liberados (eslavos en su mayoría).
Consiguieron prestigio y recursos económicos a través de las aceifas, campañas de saqueo en las tierras
cristianas del norte.
쐌 Califato de Córdoba (929-1031). El emir Abd al-Rahman III se proclamó califa en Córdoba (929), convirtiéndose en el líder político y religioso de todos los
musulmanes. Restauró la unidad del Estado islámico y
estableció la hegemonía de al-Ándalus sobre toda la
Península Ibérica, pues los reinos cristianos del norte
se convirtieron en tributarios y vasallos suyos a cambio de no sufrir las temibles aceifas. A nivel internacional intentó que la cultura andalusí liderara el mundo árabe e islámico promoviendo el renacimiento
artístico e intelectual en Córdoba y Madinat al-Zahra
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(Medina Azahara), una ciudad-palacio construida desde el año 936 en las afueras de Córdoba y continuada
por su hijo y sucesor Al-Hakam II (961-976). Tras la
muerte de Al-Hakam II, los califas de Córdoba se mantuvieron en el poder de forma simbólica. Aprovechando la minoría de edad del nuevo califa, Hisham II, el
gobierno efectivo pasó a manos del hayib o valido
andalusí, Muhammad ibn Abi Amir, llamado Al-Mansur o Almanzor (el Victorioso). Él y sus dos hijos, que le
sucedieron en el poder, son conocidos como los amiríes y fueron los auténticos gobernantes del califato
cordobés entre los años 976 y 1009. Almanzor controló la Administración y el Ejército, imponiendo una dictadura militar, organizando la defensa de la ortodoxia
religiosa y realizando expediciones de castigo contra
los reinos cristianos del norte.
Tras la muerte de Almanzor (1002), uno de sus hijos,
Abd al-Rahman Sanchuelo, pretendió ser nombrado
sucesor del califa Hisham II, lo cual le enfrentó a la
dinastía omeya, a los dirigentes religiosos y al pueblo
en general. En el año 1009 estalló una revolución en
Córdoba durante la cual fueron asesinados los amiríes.
En el año 1031, una asamblea de notables decretó en
Córdoba el final del califato.
 Durante los siglos VIII y XI, la sociedad de los nuevos reinos cristianos se vio inmersa en un proceso de feudalización que culminó, en la Península Ibérica, entre los
siglos XI y XIII. Esta sociedad presentaba las siguientes
características:
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A partir del siglo XI, Castilla-León y Aragón iniciaron un
proceso de expansión territorial que les llevó a triplicar
su extensión. Las tierras situadas al sur eran muy diferentes a las repobladas con anterioridad, ya que contaban con numerosa población musulmana y judía, ciudades importantes y gran riqueza agrícola en algunas
áreas. Como consecuencia de ello, en la repoblación de
estas regiones intervinieron muy activamente los monarcas. Los instrumentos empleados para la colonización
de estas tierras fueron los siguientes:
쐌 Capitulaciones. Eran acuerdos o pactos locales con las
poblaciones sometidas (musulmanes, judíos, mozárabes) en los que se respetaban sus leyes, creencias,
costumbres y casi todas sus propiedades; a cambio, se
les imponían contribuciones especiales. Con las capitulaciones también se fomentaba la salida de musulmanes o se les obligaba a vivir en barrios propios
(morerías) o a trabajar como siervos. Este sistema se
aplicó en los valles del Tajo y del Ebro y en Levante.
쐌 Repartimientos. Consistían en la distribución de lotes
de bienes y tierras que efectuaba el monarca entre
los conquistadores. Se aplicaron durante el siglo XIII
en Baleares, el campo levantino, el valle del Guadalquivir y Murcia. En los repartimientos, las condiciones
impuestas a los musulmanes fueron muy duras, lo
que provocó numerosas sublevaciones de mudéjares.
쐌 Los nobles, por su parte, eran guerreros que poseían
ejércitos privados, fortalezas, tierras y aldeas que
constituían su patrimonio familiar.
쐌 Privilegios y fueros. Su objetivo era atraer a nuevos
colonos. Se otorgaron sobre todo en el área situada
entre el Duero y Sierra Morena (La Mancha, Extremadura…). Entre los privilegios y fueros se encontraban
las cartas puebla o de población (establecían las condiciones para el cultivo de las tierras), los fueros
(determinaban los derechos de una ciudad) y las cartas de franquicia (concedían privilegios a los colonos).
쐌 Los monasterios eran centros económicos y culturales y aseguraban la presencia de la Iglesia en el campo; también había eclesiásticos en las ciudades, encabezados por el obispo (obispados).
El proceso de repoblación y colonización estuvo acompañado en los reinos cristianos de la Península por una
serie de importantes transformaciones económicas y
sociales:
쐌 El campesinado estaba sujeto a algún tipo de dependencia material o personal (o ambas) de los grandes
señores laicos y eclesiásticos.
쐌 Se produjo un crecimiento demográfico que facilitó la
expansión territorial, la repoblación y la colonización.
쐌 Los reyes y su Corte no residían en una capital estable: se desplazaban por las tierras de su propiedad.
Existía una economía de subsistencia en la que los campesinos eran, además, artesanos; el escaso comercio se
basaba en el trueque, y los pagos se efectuaban en
especie (sobre todo trigo). Las ciudades eran de tamaño
muy reducido y generalmente desempeñaban funciones políticas y militares (Oviedo, León, Burgos…).
En este contexto se produjo la repoblación, el proceso
de ocupación y organización administrativa por parte de
nuevos pobladores cristianos de las tierras conquistadas
al islam. Entre los siglos VIII y XI tuvo lugar la repoblación
o colonización del norte de la Meseta y del interior de
Cataluña. Inicialmente, fue de carácter espontáneo; después, estuvo controlada por el rey, ayudado por los
nobles y la Iglesia.
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쐌 Tuvo lugar un leve crecimiento de las ciudades debido, en parte, a la incorporación de las antiguas urbes
musulmanas a los reinos cristianos y al desarrollo
de los núcleos de población a lo largo del camino de
peregrinación a Santiago de Compostela. El núcleo
de comerciantes y artesanos se hizo permanente en
algunas ciudades y fue bautizado con el nombre de
burgo, y sus habitantes, con el de burgueses. El
comercio se hizo más dinámico y se hicieron frecuentes, a partir del siglo XII, las ferias anuales.
쐌 La nobleza guerrera y el alto clero aumentaron su
poder y sus tierras.
쐌 Disminuyeron las propiedades y las libertades de los
campesinos, entre los que había una minoría de
labradores propietarios, una mayoría de campesinos
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teóricamente libres que cultivaban los campos de los
señores a cambio de una renta en dinero o en especie, y jornaleros que cobraban, a cambio de su trabajo, un salario que solía ser una parte de lo cosechado.
La mayoría de los campesinos dependían de los señores laicos y eclesiásticos, y estaban sometidos a su
jurisdicción.
 La Corona de Aragón se constituyó por el matrimonio
en 1137 de doña Petronila, hija de Ramiro II el Monje de
Aragón, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. Desde entonces, los sucesivos monarcas de la casa de Barcelona reinaron sobre el reino y el principado respetando
su autonomía administrativa y financiera. La fórmula se
extendió a otros territorios durante el proceso de expansión de la Corona de Aragón en el Mediterráneo entre
los siglos XIII y XV: Valencia, Córcega y Cerdeña, Mallorca,
Sicilia. Para llevar a cabo dicha política de expansión, los
reyes se vieron obligados a ceder patrimonio, privilegios
y derechos a los grandes señores y hacer numerosas
concesiones a las Cortes a cambio de préstamos y ayudas. Esta forma de gobierno se denominó pactismo.
Había unas Cortes diferentes para cada reino (Aragón,
Cataluña y Valencia), constituidas a lo largo del siglo XIII,
además de unas generales. En esos años, debido a la
guerra por la conquista de Sicilia, Pedro III se vio obligado a reconocer a los nobles de Aragón un Privilegio
General (1283), por el que se comprometía a respetar los
fueros del reino y sus derechos y a convocar Cortes
anualmente. También en esta época surgió el Justicia
Mayor de Aragón, cargo judicial que interpretaba los
fueros y que inicialmente controló la nobleza. Pedro IV
el Ceremonioso (1336-1387) derrotó a los nobles con
ayuda de las ciudades. A cambio de su apoyo, las ciudades exigieron un mayor poder para sus instituciones
representativas, las Cortes y la Generalitat, una diputación de las Cortes de Cataluña y Valencia que supervisaba la acción del monarca y la gestión de los subsidios
concedidos al rey mientras estas no se encontraban reunidas. En Cataluña, la primera diputación de este tipo de
la que se tienen noticias se estableció en 1289, y en
Valencia en 1321. Su función era controlar el cobro de
contribuciones decididas en Cortes, los drets del general
o generalitats, llamados así porque ningún grupo social
estaba exento de su pago. La Generalitat adquirió carácter permanente en Cataluña en 1359. Se encargó de la
defensa de los estamentos representados en las Cortes
y del control financiero y fiscal de los recursos del Principado, además de constituir un Tribunal de Justicia. En el
reino de Valencia, la Generalitat tuvo carácter permanente a partir de 1418.
El ejemplo más representativo de la tradición pactista de
la Corona de Aragón es el Compromiso de Caspe (1412),
cuando nueve compromisarios de los reinos de Aragón y
Valencia y el Principado de Cataluña reunidos en esta
localidad zaragozana acordaron la elección de Fernando
de Antequera como nuevo monarca tras la muerte de
Martín I el Humano (1396-1410) sin descendencia. La
decisión supuso la instauración en los reinos aragoneses
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de una rama de la dinastía Trastámara, que reinaba en
Castilla desde 1369.
 La política exterior de los Reyes Católicos continuó
con los objetivos marcados por los Trastámara en sus
respectivos reinos. Sus líneas fundamentales fueron las
siguientes:
쐌 Recuperación de los territorios perdidos por los reyes
aragoneses y que Fernando reivindicaba como parte
del patrimonio familiar: Navarra (en la que había reinado su padre, Juan II, y ahora los condes de Foix, de
origen francés), Rosellón y Cerdaña (condados que
Juan II había cedido al rey de Francia a cambio de su
apoyo en la guerra civil catalana) y Nápoles (donde
reinaban los Trastámara, pero constantemente reivindicado por Francia). En cualquier caso, la anexión de
estos territorios implicaba algún tipo de enfrentamiento con Francia.
쐌 Consolidación de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón. Este objetivo conllevaba conflictos
con los reinos musulmanes del norte de África, una
zona que siempre había tenido un gran interés comercial para Aragón y, tras la conquista de Granada, también para Castilla. Esta expansión incluía, asimismo, el
reino de Nápoles.
쐌 Avance de la expansión atlántica del reino de Castilla.
Hacia el sur, esta aspiración tenía muchas limitaciones
debido a los acuerdos firmados con Portugal. El descubrimiento de América cambió por completo la
situación. Portugal mantuvo su dominio en el litoral
africano, pero por el Tratado de Tordesillas (1494) Castilla logró el control del Atlántico occidental y de la
mayor parte del sur del Nuevo Continente excepto
Brasil, que correspondió a Portugal. Con respecto a las
rutas atlánticas del norte, la ruptura de la alianza con
Francia impuso un cambio de aliados: Inglaterra y el
Sacro Imperio Romano Germánico (también llamado
Imperio alemán, que comprendía gran parte de Europa, incluyendo la actual Alemania, Suiza, Austria, el
norte de Italia y Flandes) eran los candidatos a establecer nuevas alianzas.
Los Reyes Católicos utilizaron varios instrumentos para
llevar a cabo su política exterior: una diplomacia ágil
(con embajadores estables en distintas capitales europeas), un ejército permanente y en aumento, y una política matrimonial para lograr las alianzas necesarias con
Inglaterra y el Imperio alemán, además de con Portugal.
Respecto a la política italiana en esta época, Francia
reactivó las guerras en Italia, que estaba formada por
una multitud de estados muy pequeños y débiles militarmente, aunque por lo general, ricos, cultos y de extremada habilidad diplomática. Para ello, quiso asegurarse
la neutralidad de sus enemigos potenciales. Con este fin,
en 1493 devolvió el Rosellón y la Cerdaña (Tratado de
Barcelona) a la Corona de Aragón. Más tarde, acordó con
Aragón el reparto del reino de Nápoles (Tratado de Granada, 1500). La falta de entendimiento entre Francia y
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Aragón condujo a la guerra en 1502. Las tropas francesas, mucho más numerosas y mejor armadas, fueron
derrotadas en las batallas de Ceriñola y del río Garellano
(1503). Como consecuencia, los Trastámara recuperaron
Nápoles. Fernando siguió interviniendo en Italia para
mantener el equilibrio de poderes entre los estados que
dominaban la zona: Francia y Venecia, al norte; el papado en el centro; y Aragón, en el sur.
Los Reyes Católicos pusieron al frente de las guerras de
Italia a Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán),
que supo combinar las armas de fuego de los arcabuceros con las picas largas de otros soldados —muchos de
ellos mercenarios alemanes— en formaciones cerradas,
creando el embrión de los tercios.
En cuanto a la política norteafricana, entre 1497 y 1510,
los castellanos realizaron diversas expediciones por esta
costa. El objetivo era ocupar una serie de plazas fuertes
(puertos y bases estratégicas) para garantizar la seguridad política y comercial del Mediterráneo occidental
frente a la piratería berberisca o bereber y la expansión
del Imperio turco (otomano).
 Tras la unión con Portugal (1580), Felipe II alcanzó su
momento de mayor poder. A sus posesiones en el Nuevo Continente y en el Pacífico —entre los años 1565 y
1571 Miguel López de Legazpi conquistó Filipinas, islas
del «del rey Felipe»— se añadían ahora las posesiones
portuguesas en Brasil, África y Asia. Su imperio adquirió
una dimensión mundial; en años posteriores incluso se
plantearon proyectos de expansión en China para proceder a su evangelización. La unión con Portugal constituía además un importante apoyo a su política en el
norte del Atlántico.
Después de la paz con Francia en 1559, la política exterior de Felipe II se centró en el Mediterráneo. Hacia
1578-1580, tras la victoria en Lepanto (1571), el monarca
imprimió un giro a la política exterior en el Atlántico
debido, sobre todo, a la rebelión en los Países Bajos. Este
conflicto se complicó por el apoyo a los rebeldes de Isabel I, reina de Inglaterra, tanto por motivos políticos (frenar el avance español al otro lado del canal de la Mancha), como religiosos, ya que era una anticatólica
convencida. El rey prudente llegó a la conclusión de que
era necesaria la invasión de Inglaterra. Sin embargo, para
poder llevar a cabo este proyecto, Felipe II necesitaba,
además de una flota poderosa y la base terrestre que le
proporcionaban los Países Bajos, un importante puerto
atlántico. La unión con Portugal (1580) le permitió disponer de uno (Lisboa), además del control de su gran
imperio marítimo.
El rey Sebastián de Portugal murió sin herederos en la
batalla de Alcazarquivir (Marruecos, 1578). Heredó el trono el cardenal don Enrique, el último descendiente de la
dinastía Avis, y tras su muerte en 1580 se abrió una crisis
sucesoria en Portugal. Felipe II poseía derechos dinásticos, ya que era nieto de Manuel el Afortunado y de
María de Castilla, hija de los Reyes Católicos. A su candidatura se opuso Antonio, prior de Crato, que contó con
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el apoyo de muchas ciudades, incluida Lisboa. Sin
embargo, apoyaron la incorporación a la monarquía hispánica la nobleza y la alta burguesía portuguesa, que de
esta forma se procuraba el acceso a un mercado importante y a la plata americana. Felipe II ordenó entonces al
duque de Alba la ocupación militar del reino vecino, que
se realizó sin dificultades. El prior de Crato huyó pero el
marqués de Santa Cruz envió una flota que derrotó definitivamente en las Azores a quienes eran contrarios a la
unión. En 1581 las Cortes de Thomar reconocieron a Felipe II como monarca portugués. El rey español se comprometió a que todos los asuntos portugueses fueran
gestionados por naturales de ese reino e incluso barajó
la posibilidad de establecer su corte en Lisboa. Resulta
clarificador que la unión ibérica durase hasta 1668, aproximadamente lo mismo que las guerras con Inglaterra.
 Los objetivos de la política exterior de los Austrias
durante el siglo XVII fueron similares a los de la centuria
anterior: defensa a ultranza de su patrimonio, que consideraban una herencia legítima; protección de la religión
católica frente a luteranos y calvinistas (siempre que
fuese compatible con el primer objetivo) y defensa militar del monopolio comercial en América, que suponía
una importante fuente de ingresos. No obstante, en esta
época la política exterior española se vio debilitada por
una serie de factores:
쐌 Escasez de recursos financieros. Se debió a la disminución, entre 1630 y 1660, de las remesas de metales
preciosos procedentes de América. La excesiva presión fiscal provocó además rebeliones y secesiones a
partir de 1640 (Cataluña, Nápoles, Portugal).
쐌 Pérdida de efectivos militares. A la escasez de recursos financieros se unió la crisis demográfica, que hizo
cada vez más difícil encontrar personas que se incorporasen al Ejército.
쐌 La acción de holandeses e ingleses en las colonias
hispano-portuguesas. En Asia, los holandeses constituyeron su propio imperio en las llamadas Indias
Orientales (Ceilán e Indonesia). También se establecieron, junto a franceses e ingleses, en la Guayana y
en el Caribe, enclaves para el comercio, el contrabando, la piratería y el tráfico de esclavos. España tuvo
que invertir cada vez mayores recursos económicos
en defensa y en buques para América.
쐌 Los nuevos enemigos. El Imperio turco dejó de ser
una amenaza, pero a la Corona española se enfrentaron Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas, a las
que se unió Portugal tras su independencia.
En los comienzos del siglo XVII se produjo un apaciguamiento de los conflictos exteriores, determinado por la
debilidad económica de la monarquía hispánica (bancarrota de 1607). Durante el reinado de Felipe III se firmaron la paz con Inglaterra (1604) y la Tregua de Amberes
o de los Doce Años (1609) con las Provincias Unidas. Sin
embargo, con Felipe IV y el conde duque de Olivares se
reanudaron las hostilidades. El valido estaba convencido
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de la necesidad de restaurar el prestigio militar de España como gran potencia europea. Para ello, reinició la
guerra con las Provincias Unidas (1621) y cooperó más
estrechamente con los Habsburgo de Viena, a los que la
Corona española consideraba aliados imprescindibles
para defender las posesiones de Italia y Flandes. Como
consecuencia, España se involucró en la Guerra de los
Treinta Años, que enfrentó a los católicos Habsburgo
con los príncipes protestantes alemanes y sus aliados
(primero Dinamarca y después Suecia). En 1635, cuando
los Habsburgo parecían haber derrotado a sus enemigos, Francia (gobernada por el cardenal Richelieu) decidió intervenir. España, debilitada por las rebeliones de
1640, no pudo atender tantas campañas militares al mismo tiempo: en 1643, los tercios españoles fueron derrotados por el ejército francés en Rocroi (Francia).
En 1648 se firmó la Paz de Westfalia, en la que los Habsburgo reconocían su derrota: España, por el Tratado de
Münster, aceptaba la independencia de las Provincias
Unidas; los poderes del emperador de Alemania quedaban aún más limitados. Francia se consolidó como la
potencia hegemónica en Europa: extendió sus posesiones hacia el este, apoderándose de Alsacia, e interrumpió las comunicaciones por tierra entre Flandes y los
estados italianos. No obstante, España prosiguió la guerra con Francia y las rebeldes Cataluña y Portugal. La
entrada en la guerra de Inglaterra en 1655 (primero en
ayuda de Portugal y después de Francia) fue decisiva.
Felipe IV se vio obligado a firmar con Francia la Paz de
los Pirineos (1659), que establecía, entre otros acuerdos, la
cesión por parte de España al reino francés de varias
plazas situadas en Flandes, el Rosellón y la Cerdaña. La
guerra con Portugal, apoyado por Inglaterra, continuó
hasta 1668 (Tratado de Lisboa), ya muerto Felipe IV;
España reconoció la independencia del país vecino y
recibió a cambio Ceuta.
El acoso de Francia a España persistió, aprovechando la
debilidad de Carlos II y el aislamiento de sus territorios
en el norte de Europa. Así, gran parte del Flandes español y la totalidad del Franco Condado fueron conquistados por Luis XIV entre 1668 (Paz de Aquisgrán) y 1678
(Paz de Nimega). La impotencia de España para defender
sus posesiones y la ausencia de sucesor al trono promovieron distintos proyectos de reparto entre las potencias
europeas. La Guerra de Sucesión española acabó por
desintegrar el patrimonio de los Habsburgo.
 La Ilustración es la corriente de pensamiento que se
difundió por Europa en el siglo XVIII. En el caso de España, constituyó la base intelectual de las reformas llevadas a cabo por los primeros Borbones, especialmente
por el rey Carlos III. Para los seguidores de la Ilustración
(los ilustrados), la monarquía y, por tanto, el Estado debía
ser el motor de la modernización del país. Los rasgos
más importantes del pensamiento ilustrado son los
siguientes:
쐌 El empleo de la razón y la crítica como método de
análisis y mejora de la sociedad española. Se rechaza-
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ba aquello que los ilustrados juzgaban pernicioso o
inútil, como determinados espectáculos públicos, ciertas prácticas religiosas, numerosos prejuicios sociales
e instituciones que calificaban de obsoletas.
쐌 El fomento de la economía nacional (agricultura, industria y comercio), considerada un medio imprescindible para promover los cambios sociales necesarios,
aumentar el bienestar general y fortalecer el poder de
la monarquía.
쐌 El desarrollo del conocimiento científico y de la educación como base del progreso técnico y económico.
En esta misma línea, la creación literaria y artística
debía subordinarse a un fin educativo.
쐌 La difusión del progreso y de la felicidad entre el
mayor número posible de individuos, meta del reformismo ilustrado.
Esta corriente de pensamiento pretendía reformar el sistema económico, social y político del Antiguo Régimen.
Sin embargo, lo que consiguió fue acuñar ideas y programas que, ya en el siglo XIX, acabaron destruyéndolo.
Las ideas ilustradas se exportaron posteriormente a
América del Sur, donde contribuyeron a impulsar la emancipación de las colonias.
La Ilustración dispuso de una serie de canales de difusión, algunos oficiales, que fueron creados por iniciativas de particulares y luego impulsados por el Estado.
También hubo canales de difusión no oficiales como la
prensa periódica, concentrada sobre todo en Madrid.
쐌 Las academias. Imitaban instituciones similares a las
creadas en Francia durante el reinado de Luis XIV y
difundían desde Madrid un pensamiento ilustrado
oficial y uniforme en los distintos ámbitos culturales:
Real Academia Española (1713-1714), Academia de la
Historia (1735-1738), Academia de Bellas Artes de San
Fernando (1744).
쐌 Las nuevas instituciones de enseñanza superior. Fueron numerosas y surgieron como alternativa a las universidades (que fueron reformadas): Real Seminario
de Nobles de Madrid (1725), Seminario Patriótico de
Vergara (Guipúzcoa), academias militares.
쐌 Las sociedades económicas de amigos del país. Surgieron a imitación de la Sociedad Bascongada de
Amigos del País (1764), una tertulia de ilustrados
creada en Vergara (Guipúzcoa). Entre sus objetivos
figuraban la difusión y el progreso de las ciencias,
especialmente las consideradas útiles, y el fomento
de la economía. Además, realizaban memorias e informes y creaban escuelas de formación profesional. El
éxito de estas sociedades (surgieron más de setenta
antes de 1789) hizo que el Gobierno se apropiara de
la iniciativa y la fomentase. Estuvieron integradas,
principalmente, por nobles terratenientes, clérigos
con inquietudes reformistas y funcionarios locales. La
burguesía industrial y comercial tuvo una presencia
muy escasa.
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쐌 Los consulados. Eran los organismos encargados de
proteger la actividad comercial y juzgar en los pleitos
suscitados entre comerciantes. Aunque ya existían en
varias ciudades (Sevilla, Burgos, Bilbao, Barcelona y
Valencia), se difundieron por diversos puertos a partir
de la apertura del comercio con destino a América
(1778). Llevaron a cabo una labor similar a la que desempeñaban las sociedades económicas de amigos
del país (especialmente en los lugares donde estas no
existían) y crearon, además, escuelas de formación
profesional (como la Junta Particular de Comercio de
Barcelona, fundada en 1758) en el campo del comercio y la navegación.
Tema
Entre los ilustrados españoles destacaron, en la primera
mitad del siglo XVIII, Gregorio Mayáns y Siscar, iniciador
de la historia de la literatura, y el fraile Benito Jerónimo
Feijoo, creador del ensayo español, divulgador de las
novedades científicas y autor de Cartas eruditas y curiosas. En la segunda mitad del siglo XVIII es representativo
Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811); en su Memoria sobre los espectáculos y diversiones públicas abogaba
por el papel educador de los espectáculos sufragados por
el Estado y criticaba las corridas de toros y el teatro
barroco. En la generación de ilustrados anterior a 1808
despuntó Blanco White.
A finales del siglo XIX, España solo mantenía de sus antiguas
posesiones en ultramar Cuba y Puerto Rico en América,
Filipinas en Asia y algunas islas en Oceanía, sometidas a una
presión creciente por parte de otras potencias coloniales.
En Cuba se fraguó una aguda división interna entre los sectores partidarios de las reformas sociales y de un mayor grado de independencia con respecto a la metrópoli y los
burócratas, comerciantes y azucareros españoles residentes
en la isla, que se oponían a cualquier tipo de reforma política, social (como la abolición de la esclavitud) o económica,
que liberase a Cuba del régimen de monopolio del que se
beneficiaba España.
El acontecimiento científico más relevante del siglo XVIII
fue la participación de dos marinos españoles, Jorge
Juan y Antonio de Ulloa, en la expedición hispano-francesa al Perú (1735-1744) para determinar el tamaño y la
forma de la Tierra. Ambos investigadores contribuyeron
a propagar la astronomía, la física y la historia natural en
nuestro país. En el campo de la botánica destacó José
Celestino Mutis, médico, matemático y difusor de las
teorías de Newton. En cuanto a la creación literaria y
artística, los ilustrados criticaron la estética y los temas
barrocos, predominantes en la primera mitad del siglo
XVIII. La función social del arte debía ser, según la Ilustración, educar la moral pública y el buen gusto a través de
la didáctica y el sentido práctico. Las manifestaciones
artísticas debían atenerse a unas rígidas normas que
dieran medida y orden a las fantasías y extravagancias
del Barroco.
La primera guerra de Cuba (1868-1878) fue un aviso de la
gravedad que había alcanzado la situación. Concluyó con
la Paz de El Zanjón, que no resolvió los problemas de fondo
que provocaron el conflicto; consecuencia de ello fueron la
Guerra Chiquita de 1879 y las rebeliones de 1883 y 1885.
La acción de los gobiernos españoles fue tímida: la abolición de la esclavitud fue tardía (1880-1886) y un proyecto
de autonomía para la isla no se llevó a cabo.
El gusto de los ilustrados por lo racional y lo mesurado
favoreció la aparición, en la segunda mitad del siglo XVIII,
del neoclasicismo: fachadas que imitaban las de los templos dóricos o jónicos en bibliotecas y museos, estatuas
inexpresivas, armoniosas y sin policromía. Este estilo
artístico irrumpió en las reformas urbanísticas de Madrid
llevadas a cabo por Carlos III (fuentes de Neptuno, Apolo
y Cibeles, el Museo del Prado, entonces de Ciencias
Naturales, el Observatorio Astronómico, la Puerta de
Alcalá).
Finalmente, la guerra de la independencia cubana estalló
en febrero de 1895, con el Grito de Baire, nombre con el que
se conoce el levantamiento que tuvo lugar en la zona oriental de la isla. Poco después se proclamó el Manifiesto de
Montecristi, redactado por José Martí y Máximo Gómez,
líderes civil y militar de la rebelión, respectivamente. A la
muerte de Martí, al poco de iniciarse la guerra, Gómez y
Antonio Maceo, un mulato muy popular, asumieron la dirección militar de los rebeldes.
En la literatura ilustrada sobresalieron el ensayista José
Cadalso (Cartas marruecas, 1789), el poeta Juan Meléndez Valdés (Poesías, 1785) y el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín (El sí de las niñas, 1806). En pintura
destacó sobremanera Francisco de Goya, que de retra© Oxford University Press España, S. A.
tista ilustrado de la aristocracia, los intelectuales y la
familia real, pasó a ser un artista difícilmente clasificable,
autor de una pintura inquietante e irónica, como se
refleja en La familia de Carlos IV (1800) y en la colección
de grabados satíricos titulada Los caprichos. Su estilo se
fue haciendo cada vez más tenebroso, irracional e impresionista, influido tanto por sus tragedias personales (la
sordera y el exilio) como por las colectivas (guerras y
conflictos políticos): El 3 de mayo de 1808 en Madrid, Pinturas negras de la Quinta del Sordo (Madrid), La lechera
de Burdeos.
En esta época, Estados Unidos se había convertido en un
factor de primer orden en el contexto cubano. La isla exportaba a este país el 90 % de su producción de azúcar y tabaco, y la presión estadounidense para defender sus intereses
fue aumentando progresivamente. En 1892, el Gobierno de
Washington logró un arancel favorable para sus productos,
y en años posteriores comenzó a financiar a los independentistas con la intención de ejercer de árbitro cuando surgiera un conflicto entre Cuba y la metrópoli.
Un año después estalló la rebelión en Filipinas, encabezada
por Emilio Aguinaldo. El general Polavieja, al mando de las
tropas españolas, actuó con extrema dureza y ejecutó al
principal líder independentista filipino, José Rizal. La rebelión fue sofocada en 1897, pero rebrotó a principios del año
siguiente.
Historia de España
8
COMUNIDAD DE MADRID
España envió a Cuba un contingente cada vez mayor de tropas, cuya actuación se vio condicionada por la falta de
medios y la alta incidencia de enfermedades tropicales. En
febrero de 1898 se produjo la voladura del Maine, un acorazado estadounidense fondeado en el puerto de La Habana;
en la explosión murieron 250 marinos norteamericanos. La
prensa y el Gobierno estadounidenses culparon a España
del incidente y el segundo se ofreció a comprar la isla. El
Gobierno español escogió una derrota honrosa en lugar de
una paz comprada, opción que fue mayoritariamente compartida por la opinión pública española.
Estados Unidos declaró la guerra a España en abril de 1898
y aniquiló a sus escuadras en Cavite, frente a Manila (mayo
de 1898), y en las proximidades de Santiago de Cuba
(mayo-julio de 1898). España apenas pudo ofrecer resistencia. En agosto se acordó el final de las hostilidades y el 10
de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París, por el
cual se reconoció la independencia de Cuba y se cedió a
Estados Unidos Puerto Rico, la isla de Guam, en las Marianas,
y Filipinas. Un año después, España vendió al Imperio alemán el resto de sus posesiones en el Pacífico: las islas Carolinas, las Marianas (excepto Guam) y Palaos.
La pérdida de las últimas colonias fue conocida en España
como el desastre del 98, y tuvo importantes repercusiones.
Entre ellas destacan las siguientes:
쐌 El resentimiento de los militares hacia la clase política
dirigente, causado por la derrota y el sentimiento de
haber sido utilizados.
쐌 El crecimiento de un antimilitarismo popular, puesto que
el reclutamiento para la Guerra de Cuba afectó a los que no
tenían recursos, ya que la incorporación a filas podía evitarse pagando una cantidad. Esto, unido a la impresión
que produjo la repatriación de los soldados heridos y
mutilados, incrementó el rechazo de las clases populares
al Ejército. El movimiento obrero hizo campaña contra
este reclutamiento injusto, lo que provocó la animadversión de los militares hacia las organizaciones obreras.
쐌 La aparición del regeneracionismo, un importante movimiento intelectual y crítico que rechazaba el sistema de
la Restauración al considerarlo una lacra para el progreso
de España o, en el caso de los regeneracionistas más
extremos, un símbolo de la decadencia moral del país. La
oposición política, sin embargo, no rentabilizó la derrota.
Comentario de texto
 El texto, una fuente primaria de carácter jurídico-político, está formado por una serie de fragmentos de la Ley
para la Reforma Política, debatida y aprobada por las
Cortes españolas el 18 de noviembre de 1976. La Ley fue
ratificada en referéndum el 15 de diciembre de ese mismo año y promulgada el 4 de enero de 1977. Su aprobación por las Cortes supuso el asentimiento de los herederos del régimen franquista al proceso de reforma
política emprendido por el rey Juan Carlos I y el presidente del Gobierno Adolfo Suárez. La Ley establecía
unas nuevas Cortes bicamerales (formadas por un Con-
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CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
greso y un Senado). Se daba por hecho, aunque la nueva
norma no lo indicara explícitamente, que estas Cortes
tendrían un carácter constituyente. El Congreso sería
elegido por sufragio universal; sin embargo, una quinta
parte de los senadores serían designados por el rey. El
Gobierno quedaba facultado para convocar elecciones.
La aprobación de la Ley para la Reforma Política cerró la
fase inicial del reinado de Juan Carlos I, que se había visto condicionada por la pervivencia de las instituciones
del régimen anterior. A la muerte del dictador en 1975,
el franquismo se encontraba dividido entre quienes
eran partidarios de la apertura de un proceso de reformas y los inmovilistas, que abogaban por mantener inalteradas las Leyes Fundamentales. El último Gobierno de
Franco, presidido por Carlos Arias Navarro, fue incapaz
de conciliar unos propósitos aperturistas teóricos (el
espíritu del 12 de febrero, por haber sido expuestos por
Arias Navarro en esa fecha de 1974) con una práctica
represiva que decepcionó tanto a los franquistas más
conservadores como a los aperturistas.
Sin embargo, Juan Carlos I, tras su proclamación como
rey de España en diciembre de 1975, ratificó a Carlos
Arias en el cargo. Su continuidad pareció señalar que se
emprendía el camino hacia una «monarquía de corte
franquista» o un «franquismo sin Franco». El nuevo
Gobierno hubo de enfrentarse a una oposición creciente
por parte de las organizaciones antifranquistas, que reclamaban su legalización. En marzo de 1975 las dos principales alianzas opositoras, la Junta Democrática —creada
en 1974 y liderada por el PCE— y la Plataforma de Convergencia Democrática —constituida en 1975 e impulsada por el PSOE—, se unieron para establecer Coordinación Democrática, agrupación que concentró a todas
las fuerzas políticas y sindicales no reconocidas por la
ley. Asimismo, durante los primeros meses de 1976 se
sucedieron graves problemas de orden público (sucesos
de Vitoria y Montejurra, en Navarra), una oleada huelguística en el contexto de una crisis económica cada vez
más acentuada y atentados terroristas. En esta coyuntura,
el Gobierno de Arias Navarro dio algunos pasos para iniciar el proceso de reforma política. En mayo el ejecutivo
acordó enviar a las Cortes un proyecto de reforma de las
Leyes Fundamentales (Ley Constitutiva de las Cortes, Ley
de Sucesión y Ley Orgánica del Estado) y promulgó un
decreto que regulaba los derechos de reunión y asociación, lo que abría la vía para la existencia de los partidos
políticos. Sin embargo, para que esto pudiese llevarse a
efecto debían realizarse una serie de modificaciones del
código penal, que las Cortes franquistas rechazaron.
Finalmente, presionado por el monarca, Arias Navarro
dimitió el 1 de julio y Juan Carlos I nombró a Adolfo Suárez presidente del Gobierno dos días después. Suárez,
ministro Secretario General del Movimiento en el Gobierno saliente, era un joven político que había desarrollado
su carrera en las instituciones franquistas. Su nombramiento fue acogido con escepticismo. Sin embargo, en
su primera declaración el Gobierno anunció un impor-
Historia de España
9
COMUNIDAD DE MADRID
tante impulso en el proceso de reformas: reconocimiento de la soberanía popular, promulgación de una amnistía (quedaban excluidos los delitos de terrorismo), celebración de un referéndum para ratificar la futura Ley de
Reforma Política y convocatoria de elecciones antes del 30
de junio de 1977.
Desde ese momento, el Gobierno emprendió una intensa
actividad. El 15 de julio las Cortes realizaron las modificaciones necesarias en el Código Penal para el establecimiento de partidos legales y, dos semanas después,
el Gobierno aprobó una amnistía. En los meses siguientes, Adolfo Suárez se entrevistó con los principales líderes
de la oposición y explicó a los militares el alcance de las
reformas (asegurando que no legalizaría al PCE). En septiembre el Gobierno envió a las Cortes el proyecto de
Ley para la Reforma Política. En esos meses continuaron
los atentados llevados a cabo por los Grupos Revolucionarios Armados Primero de Octubre (GRAPO) y ETA.
En octubre, el Consejo Nacional del Movimiento emitió
un informe restrictivo, no vinculante, con respecto al proyecto de Ley para la Reforma Política, pese a lo cual el
Gobierno decidió enviar el proyecto a las Cortes sin
modificaciones. Finalmente, las Cortes aprobaron la Ley
el 18 de noviembre de 1976. La decisión suponía la autoliquidación de la clase política franquista.
Inmediatamente, el Gobierno aprobó la normativa reguladora del referéndum que debía convocarse para ratificar la Ley para la Reforma Política e inició negociaciones
con la oposición para que esta participase en el mismo.
Entre los días 5 y 8 de diciembre el PSOE celebró su XXVII
Congreso, el primero que tenía lugar en España desde el
final de la Guerra Civil. Pocos días antes de la celebración
del referéndum, el GRAPO secuestró a Antonio María de
Oriol, presidente del Consejo de Estado, exigiendo su
canje por quince activistas. El referéndum para la aprobación de la Ley para la Reforma Política se celebró el 15
de diciembre con una alta participación (la abstención
apenas alcanzó el 30 %), a pesar de que la oposición
recomendó a los ciudadanos que no acudieran a votar. El
22 de diciembre fue detenido en Madrid Santiago Carrillo, secretario general del PCE, que había viajado clandestinamente a España. Fue puesto en libertad el día 30.
 Los fragmentos de los artículos 1, 2, 3 y 5 de la Ley para
la Reforma Política reproducidos en el texto configuran
una monarquía parlamentaria regida por un sistema
democrático y de respeto a los derechos humanos.
En el artículo 1.1. se indican los principios que guiarán al
nuevo régimen político (supremacía de la Ley, voluntad soberana del pueblo, derechos inviolables de las
personas). Se establecen asimismo las competencias de
las Cortes (art. 1.2.) —elaboración y aprobación de las
leyes— su composición (art. 2.1.) —bicamerales, compuestas por el Congreso y el Senado—, el procedimiento de elección de sus miembros (arts. 2.2. y 2.3.) —sufragio universal para los miembros del Congreso y Senado;
estos también por designación real— y su régimen
interno (art. 2.5.). Las funciones del rey son sancionar y
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CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
promulgar las leyes aprobadas por las Cortes (art. 1.2.)
y convocar consultas populares mediante referéndum
(arts. 3.3. y 5).
Por último, se establecen los mecanismos de reforma
constitucional (art. 3.2.), que debe realizarse con una
mayoría de dos tercios de ambas cámaras. El procedimiento dotaba de estabilidad al sistema, aunque también provocaba cierta rigidez.
 a) Durante los primeros años de la Dictadura, la resistencia al Gobierno franquista fue débil, ya que la
oposición se hallaba muy desunida. En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y en la posguerra
(coincidiendo con el aislamiento impuesto por la
ONU a España), el antifranquismo cobró cierto impulso. Sin embargo, nunca llegó a convertirse en un
peligro serio para Franco, pues la oposición interior,
que actuaba en la clandestinidad, tenía pocas posibilidades de triunfo frente al poderoso aparato represivo del régimen. Los principales grupos de oposición
en esta época fueron:
쐌 Los republicanos en el exilio. Estaban muy divididos pero mantuvieron ciertas instituciones republicanas, aunque cada vez más debilitadas. Se
intentó crear una institución común, la Alianza
Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD, 1944).
Sin embargo, siempre se aisló a los comunistas, a
pesar de constituir uno de los grupos opositores
más activos contra Franco; esta tendencia se acentuó durante la guerra fría. Los socialistas de Prieto
abandonaron a los republicanos para aproximarse,
sin éxito, a una solución monárquica. Los anarquistas y, en especial, la CNT perdieron toda su influencia histórica.
쐌 Los Borbones. Tras la muerte de Alfonso XIII en
1941, quedó como heredero al trono su hijo Juan,
conde de Barcelona, quien había intentado incorporarse a las tropas franquistas durante la Guerra
Civil. Después de la victoria aliada en la Segunda
Guerra Mundial, Juan de Borbón optó por reivindicar una transición hacia la monarquía constitucional, presionando a Franco para llegar a un acuerdo a través del cual este le cediera el poder
(Manifiesto de Lausana, 1945). Tras la aprobación
de la Ley de Sucesión, aceptó que su hijo Juan Carlos fuera educado en España bajo los principios
del Movimiento, lo cual implicaba que se convertía en sucesor de Franco.
쐌 Los maquis. Las guerrillas del interior de España
estuvieron lideradas, sobre todo, por comunistas y,
en menor medida, por anarquistas que habían
combatido en la Guerra Civil y, en ocasiones, en la
resistencia contra el nazismo durante la Segunda
Guerra Mundial. Los comunistas llegaron a organizar, sin éxito, la invasión del valle de Arán (Lérida)
con 4 000 hombres armados. La lucha de los maquis
decayó a partir de 1952.
Historia de España
10
COMUNIDAD DE MADRID
En la década de 1950 comenzó en España la lenta
reconstrucción de una auténtica oposición en el
interior. Las protestas se canalizaron a través de los
siguientes cauces:
쐌 La universidad. Los primeros conflictos relevantes
se iniciaron entre el SEU (Sindicato Español Universitario, de ideología falangista) y los estudiantes que lo rechazaban. El más grave de estos incidentes se produjo con motivo de las elecciones
para delegados de curso celebradas en febrero de
1956; tras una pelea que se saldó con un falangista herido por arma de fuego, se llevó a cabo la
detención de un número de jóvenes considerados
subversivos. Los incidentes provocaron, además,
una purga general en la que fueron destituidos el
ministro de Educación, Joaquín Ruiz-Giménez, y
los rectores de las universidades de Madrid y Salamanca, Pedro Laín Entralgo y Antonio Tovar, respectivamente.
쐌 Las huelgas obreras. Se convocaron huelgas obreras, acompañadas a veces de boicots populares,
aprovechando la existencia de los sindicatos verticales, es decir, practicando la oposición desde
dentro de los cauces oficiales. Destacaron las huelgas de 1951, iniciadas en Barcelona en marzo de
ese año con un boicot al servicio de tranvías como
consecuencia de la subida de las tarifas; a esta
acción siguieron una huelga general en la misma
ciudad, que fue secundada en abril en el País Vasco, y la huelga blanca de Madrid. Durante el bienio
1956-1958 se reprodujeron las huelgas en el País
Vasco, Madrid y Barcelona, como protesta contra
la inflación; en ellas empezaron a surgir comisiones espontáneas de obreros para negociar cuestiones concretas.
A partir de mediados de la década de 1960, la oposición al régimen se incrementó y empleó nuevas formas de lucha, especialmente en el interior del país,
ya que el antifranquismo del exilio pasó a un segundo plano. La oposición en estos años tuvo diferentes
manifestaciones:
쐌 La protesta obrera. Se canalizó a través de sindicatos no reconocidos por el régimen que, sin embargo, empezaron a tener una influencia decisiva. El
más importante fue Comisiones Obreras (CC OO),
surgido entre 1962 y 1966 en varias regiones
españolas y dentro de la propia organización sindical vertical del franquismo. Las huelgas obreras,
a partir de 1967, pasaron a ser cotidianas, en particular en Asturias, Vizcaya, Guipúzcoa, Barcelona y
Madrid. A partir de 1973, la conflictividad social
fue muy intensa. A las reivindicaciones de carácter
laboral se incorporaron, además, las de contenido
político. Estos factores hicieron que CC OO se
aproximara al PCE, el partido obrero más fuerte y
organizado de la oposición. Junto a CC OO destacó también, desde 1960, la Unión Sindical Obrera
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CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
(USO), una organización de orientación centrista y
cristiana. La UGT no recuperó parte de su influencia hasta 1976.
쐌 La protesta universitaria. Los conflictos volvieron a
estallar en 1965 en la Universidad de Madrid y se
convirtieron en una revuelta permanente que
obligó al Gobierno a declarar el estado de excepción en 1969. Los estudiantes contaron con el
apoyo de numerosos profesores, entre ellos Enrique Tierno Galván, José Luis López Aranguren y
Agustín García Calvo, que fueron expulsados de
sus cátedras. También alcanzó influencia, a partir
de 1972, el movimiento de los profesores contratados no numerarios (PNN o penenes). El movimiento estudiantil sintonizó con organizaciones
políticas clandestinas, especialmente el Frente de
Liberación Popular (FLP), también conocido como
«Felipe», el PCE y, en Cataluña, el PSUC.
쐌 Los movimientos vecinales y ciudadanos. Se trataba de asociaciones clandestinas de vecinos que se
concentraban en las barriadas obreras y populares de grandes urbes como Madrid y Barcelona.
Comenzaron por reivindicar para sus barrios
infraestructuras básicas (agua, luz, transporte),
pero evolucionaron hacia la protesta política exigiendo democracia y cambio.
쐌 La Iglesia católica. Imbuida en parte del espíritu
modernizador del Concilio Vaticano II (1962-1965),
se distanció del régimen. Proliferaron las declaraciones de la jerarquía católica contra el franquismo, sobre todo entre el clero vasco y catalán. También mostró una actitud crítica hacia el sistema el
cardenal Vicente Enrique y Tarancón, arzobispo
de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal española. Algunos sacerdotes y religiosos (los
«curas obreros») colaboraron con el movimiento
obrero y el PCE.
쐌 La oposición política tradicional. Se renovó desde
el interior del país, liderada por el PCE, partido dirigido desde 1960 por un veterano de la Guerra
Civil, Santiago Carrillo. La estrategia del PCE, conocida como eurocomunismo, consistió en fomentar
la unidad de clases contra el franquismo y la «reconciliación nacional», rompiendo con el comunismo soviético. En Cataluña, la actividad comunista fue encabezada por el PSUC. El PSOE no se
renovó hasta 1972, cuando los grupos sevillano
(Felipe González, Alfonso Guerra), vasco (Nicolás
Redondo, Enrique Múgica) y madrileño (Pablo
Castellanos) se hicieron con el control del partido,
situación que se ratificó en el Congreso de Suresnes (Francia, 1974), cuando fue desbancado Rodolfo Llopis (líder socialista en el exilio). Los nuevos
dirigentes trasladaron la dirección del PSOE a
España y eligieron como líder a Felipe González.
Ambos partidos, PCE y PSOE, dirigieron distintas
«coaliciones democráticas unitarias» de oposición:
Historia de España
11
COMUNIDAD DE MADRID
la Junta Democrática (1974) —PCE, socialistas de
Tierno Galván, CC OO y monárquicos juanistas—, y
la Plataforma de Convergencia Democrática
(1975) —PSOE, UGT, PNV y otros grupos nacionalistas catalanes y democristianos—.
쐌 El incremento del terrorismo. La organización
terrorista más importante fue ETA (Euskadi ta
Askatasuna, Euskadi y Libertad). En la práctica,
esta organización derivó hacia el independentismo radical y el leninismo, y llevó a cabo asesinatos
(desde 1968), secuestros y chantajes a empresarios en una autodenominada lucha armada contra
las autoridades de España y Francia que impedían,
según su visión, la libertad del pueblo vasco. Aparecieron otras organizaciones terroristas de extrema izquierda, como el Frente Revolucionario
Antifascista y Patriótico (FRAP) y los Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre
(GRAPO), constituidos ambos en 1975. La extrema
derecha (Guerrilleros de Cristo Rey) organizó provocaciones y atentados para que el régimen no
cediese a las reivindicaciones de la oposición.
Ante la oposición, la única respuesta del régimen fue
la represión. Los juicios, encarcelamientos y ejecuciones fueron respaldados por normas como la Ley de
Responsabilidades Políticas (1939), que afectaba a
todos aquellos que hubiesen desempeñado algún
cargo en la Segunda República; la Ley para la Supresión de la Masonería y el Comunismo (1940); la Ley
para la Seguridad del Estado (1941), y la Ley de
Represión del Bandidaje y el Terrorismo (1947). En
1963 se creó el Tribunal de Orden Público (TOP). Los
consejos de guerra y las ejecuciones se convirtieron
en escándalos en el ámbito internacional. Así sucedió con el fusilamiento del dirigente del PCE, Julián
Grimau (1963); el proceso de Burgos, instruido contra
ETA (1970); y el proceso 1001, en el que se juzgó
a dirigentes de CC OO (1973). En 1974 se produjo la
ejecución del anarquista Salvador Puig Antich y en
septiembre de 1975 tuvieron lugar las últimas ejecuciones llevadas a cabo durante el franquismo.
b) Tras su proclamación como rey de España, Juan Carlos I confirmó en el cargo a Carlos Arias Navarro, último presidente del Gobierno del general Franco. Tras
unos meses y ante la falta de impulso reformista, lo
sustituyó por Adolfo Suárez, quien constituyó un
Gobierno con ministros de su misma generación y
dio impulso a la transición, un proceso político que
condujo a la instauración de un régimen democrático
en España. El primer paso fue la aprobación por las
Cortes de la Ley de Reforma Política (noviembre de
1976), que significó la desaparición pacífica de las
instituciones franquistas y abrió la vía a la celebración de unas elecciones constituyentes. Su ratificación
en el referéndum del 15 de diciembre de 1976 y la
alta participación (que rondó el 70 %) fortalecieron
la posición del Gobierno frente a la oposición, que
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CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
había solicitado la abstención. Paralelamente, se llevaron a cabo negociaciones para la legalización de
los partidos políticos que debían presentarse a los
futuros comicios (constitución de Alianza Popular en
octubre, celebración en Madrid del XXVII Congreso
del PSOE en diciembre, el primero que se celebraba
en España desde 1932). El Gobierno tuvo problemas
para legalizar al PCE, debido a los recuerdos de la
Guerra Civil que este partido suscitaba y el anticomunismo visceral que impregnaba a la derecha
española y al Ejército. En enero de 1977 fueron asesinados por un grupo de extrema derecha cinco personas, todas del PCE, en un despacho laboralista de
la calle Atocha de Madrid. La respuesta pacífica
de sus militantes en una masiva manifestación favoreció su legalización, que finalmente se produjo el 9
de abril de ese mismo año. La decisión provocó dimisiones y un fuerte malestar entre los militares.
Al mismo tiempo, el Gobierno resistió una ofensiva
terrorista (secuestros por parte del GRAPO de Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado,
en diciembre de 1976 y de Emilio Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, en
enero de 1977; ambos fueron liberados en febrero).
Finalmente, el 15 de junio se celebraron las primeras
elecciones democráticas en España desde febrero de
1936. La victoria correspondió a Unión de Centro
Democrático (UCD), formación de la que era líder
Adolfo Suárez, mientras el PSOE se convertía en la
segunda fuerza política.
Tras las elecciones, el Gobierno se marcó tres objetivos prioritarios: elaborar una nueva Constitución,
construir el Estado de las Autonomías y gestionar
una política económica de urgencia para paliar los
efectos de la crisis energética mundial. Para ello
impulsó una política de acuerdos (el llamado consenso), que permitió firmar los Pactos de la Moncloa,
restablecer la Generalitat en Cataluña y aprobar la
Constitución.
쐌 Pactos de la Moncloa. Estos acuerdos fueron inspirados por el economista Enrique Fuentes Quintana, vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos. Se firmaron en octubre de 1977 por el
Gobierno y los representantes de los principales
partidos de la oposición. Se involucró además a la
patronal y a los sindicatos. Estos pactos constituyeron un gran acuerdo económico que proponía
un nuevo modelo de relaciones laborales y pretendía, además, neutralizar la conflictividad social.
Los acuerdos incluían medidas económicas (reforma fiscal y control de los salarios, del déficit exterior, de la inflación y del creciente desempleo)
pero también decisiones políticas y sociales (funciones de los sindicatos, reforma de la enseñanza,
de la Seguridad Social y de la legislación laboral,
transformación de los medios de comunicación
gubernamentales, entre otros aspectos).
Historia de España
12
COMUNIDAD DE MADRID
쐌 Restablecimiento de la Generalitat. El único gobierno autonómico constituido antes de la Guerra
Civil era la Generalitat, institución que fue reinstaurada en septiembre de 1977. Al mes siguiente
regresó su presidente en el exilio, Josep Tarradellas, miembro de Esquerra Republicana de Catalunya. A lo largo de este período (septiembre de
1977-octubre de 1978), el Gobierno estableció un
régimen preautonómico en trece regiones españolas. Estas medidas implicaban la extensión del
principio autonómico a todo el territorio español,
con algunas excepciones (Madrid, Santander, Logroño, Navarra, León…), ya que se debatía a qué
comunidad autónoma debían pertenecer determinadas provincias.
CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
쐌 Elaboración de la Constitución de 1978. El diseño
del texto constitucional se fundamentó en el consenso: una comisión o ponencia formada por siete
miembros redactó un anteproyecto que se debatió
en las Cortes (mayo-octubre de 1978). La Constitución fue aprobada en referéndum el 6 de diciembre y promulgada el 29 de diciembre de 1978. La
nueva Carta Magna establecía un Estado democrático (la soberanía nacional reside en el pueblo
español) y de respeto a los derechos humanos
bajo la forma de una monarquía parlamentaria.
Se reconocían además las diferentes realidades
nacionales del Estado español, dentro de su unidad, y se establecía una organización territorial
basada en comunidades autónomas.
Opción B
Cuestiones
 A partir del año 750 a. C., las culturas indígenas de la
Península y de las Islas Baleares entraron en contacto
con otros pueblos más desarrollados que procedían del
Mediterráneo oriental: los fenicios y los griegos. Estos
pueblos conocían el alfabeto y practicaban la escritura,
realizaban unos ritos religiosos más sofisticados y su
tecnología era más avanzada, pues empleaban ya el hierro, aún desconocido en Occidente.
Los fenicios, pueblo oriental de comerciantes, fundaron
Gades o Gadir (Cádiz), probablemente en el siglo VIII a. C.,
Malaca (Málaga), Abdera (Adra) y Sexi (Almuñécar). Su
influencia cultural fue importante en Baleares y en toda
la Península, especialmente en el sudeste. De influencia
fenicia, en la zona del Bajo Guadalquivir, existía, al parecer, un país rico llamado Tartesos, del que se han encontrado restos relacionados con ritos, objetos y tecnologías
orientales como la orfebrería fina de oro del tesoro del
Carambolo (Sevilla).
Los griegos llegaron hacia el siglo VII a. C. Eran focenses
(originarios de Focea, en Asia Menor) y fundaron Emporion (Ampurias/Empúries) y, después, Rhode (Rosas).
Junto con los fenicios, introdujeron la vid y el olivo y las
primeras monedas acuñadas en la Península Ibérica.
Los cartagineses procedían de Cartago, ciudad norteafricana de origen fenicio; a partir del siglo VI a. C., se convirtieron en la potencia hegemónica del área. Aparte de
buscar metales, reclutaron mercenarios para sus guerras
con los romanos (guerras púnicas) por la supremacía en
el Mediterráneo. Tras su derrota en la Primera Guerra
Púnica (264 a. C.-241 a. C.), Amílcar Barca y Asdrúbal
sometieron la costa mediterránea y el valle del Guadalquivir y fundaron Cartago Nova (Cartagena). Los cartagineses se mantuvieron en la Península hasta las postrimerías de la Segunda Guerra Púnica, cuando fueron
expulsados por Roma.
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 A partir de la invasión musulmana del año 711, gran parte de la Hispania visigoda fue sometida a la influencia
del islam. La conquista del reino visigodo fue un proceso
relativamente breve (711-715), ya que las tropas islámicas no pretendían ocupar todo el territorio, sino controlar solo los puntos clave estableciendo guarniciones
militares. Los conquistadores denominaron al-Ándalus a
las tierras conquistadas, que durante los cuarenta años
siguientes constituyeron una provincia del vasto Imperio islámico. En 756 al-Ándalus se convirtió en un emirato independiente y tras la proclamación del califato en
929, el poder islámico en España alcanzó su momento
de mayor esplendor. El desarrollo político de estas tres
fases en que se dividieron los primeros siglos de dominación musulmana en la Península Ibérica fue el siguiente:
쐌 Emirato dependiente (711-756). El poder político en
al-Ándalus fue asumido por un valí dependiente del
califato de Damasco, a menudo elegido desde Kairuán (en el actual Túnez). Para someter las áreas conquistadas, los califas ordenaron el territorio en coras.
Impusieron tributos a la población, repartieron las tierras entre sus guerreros y nombraron gobernadores
árabes. Establecieron la capital en Córdoba para controlar el valle del Guadalquivir. Crearon tres áreas en
las fronteras del territorio conquistado, en torno a
Mérida, Toledo y Zaragoza, que se denominaron marcas (en árabe tagr) Inferior, Media y Superior, respectivamente. Apenas prestaron atención a las tierras de la
Meseta septentrional ni a los pueblos montañeses del
norte y los Pirineos, rebeldes y poco romanizados.
쐌 Emirato independiente (756-929). La mayoría de los
omeyas fueron asesinados en una guerra civil; el clan
abasí ocupó el califato y trasladó su capital a Bagdad
(Irak). Un superviviente omeya, Abd al-Rahman I (734788), se trasladó a al-Ándalus y se proclamó emir
(príncipe) independiente del califato de Bagdad (756).
Historia de España
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COMUNIDAD DE MADRID
Abd al-Rahman I convirtió su poder personal en una
dinastía, pues designó heredero en vida a un hijo
suyo, estableciendo así un sistema sucesorio que se
mantuvo durante los dos siglos siguientes. A partir
del año 879, sin embargo, fue evidente la crisis en el
emirato cordobés pues se produjeron numerosas
revueltas locales y reivindicaciones continuas de
independencia (como la de Umar ibn Hafsun en
Andalucía). Para hacerles frente, los emires se rodearon de un ejército personal de mercenarios, generalmente esclavos liberados (eslavos en su mayoría).
Consiguieron prestigio y recursos económicos a través de las aceifas, campañas de saqueo en las tierras
cristianas del norte.
쐌 Califato de Córdoba (929-1031). El emir Abd al-Rahman III se proclamó califa en Córdoba (929), convirtiéndose en el líder político y religioso de todos los
musulmanes. Restauró la unidad del Estado islámico y
estableció la hegemonía de al-Ándalus sobre toda la
Península Ibérica, pues los reinos cristianos del norte
se convirtieron en tributarios y vasallos suyos a cambio de no sufrir las temibles aceifas. A nivel internacional intentó que la cultura andalusí liderara el mundo árabe e islámico promoviendo el renacimiento
artístico e intelectual en Córdoba y Madinat al-Zahra
(Medina Azahara), una ciudad-palacio construida desde el año 936 en las afueras de Córdoba y continuada
por su hijo y sucesor Al-Hakam II (961-976). Tras la
muerte de Al-Hakam II, los califas de Córdoba se mantuvieron en el poder de forma simbólica. Aprovechando la minoría de edad del nuevo califa, Hisham II, el
gobierno efectivo pasó a manos del hayib o valido
andalusí, Muhammad ibn Abi Amir, llamado Al-Mansur o Almanzor (el Victorioso). Él y sus dos hijos, que le
sucedieron en el poder, son conocidos como los amiríes y fueron los auténticos gobernantes del califato
cordobés entre los años 976 y 1009. Almanzor controló la Administración y el Ejército, imponiendo una dictadura militar, organizando la defensa de la ortodoxia
religiosa y realizando expediciones de castigo contra
los reinos cristianos del norte.
Tras la muerte de Almanzor (1002), uno de sus hijos,
Abd al-Rahman Sanchuelo, pretendió ser nombrado
sucesor del califa Hisham II, lo cual le enfrentó a la
dinastía omeya, a los dirigentes religiosos y al pueblo
en general. En el año 1009 estalló una revolución en
Córdoba durante la cual fueron asesinados los amiríes. En el año 1031, una asamblea de notables decretó en Córdoba el final del califato.
 Durante los siglos VIII y XI, la sociedad de los nuevos reinos cristianos se vio inmersa en un proceso de feudalización que culminó, en la Península Ibérica, entre los
siglos XI y XIII. Esta sociedad presentaba las siguientes
características:
쐌 Los reyes y su Corte no residían en una capital estable: se desplazaban por las tierras de su propiedad.
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쐌 Los nobles, por su parte, eran guerreros que poseían
ejércitos privados, fortalezas, tierras y aldeas que
constituían su patrimonio familiar.
쐌 Los monasterios eran centros económicos y culturales y aseguraban la presencia de la Iglesia en el campo; también había eclesiásticos en las ciudades, encabezados por el obispo (obispados).
쐌 El campesinado estaba sujeto a algún tipo de dependencia material o personal (o ambas) de los grandes
señores laicos y eclesiásticos.
Existía una economía de subsistencia en la que los campesinos eran, además, artesanos; el escaso comercio se
basaba en el trueque, y los pagos se efectuaban en
especie (sobre todo trigo). Las ciudades eran de tamaño
muy reducido y generalmente desempeñaban funciones políticas y militares (Oviedo, León, Burgos…).
En este contexto se produjo la repoblación, el proceso
de ocupación y organización administrativa por parte de
nuevos pobladores cristianos de las tierras conquistadas
al islam. Entre los siglos VIII y XI tuvo lugar la colonización
del norte de la Meseta y del interior de Cataluña. Inicialmente, fue de carácter espontáneo; después, estuvo
controlada por el rey, los nobles y la Iglesia.
A partir del siglo XI, Castilla-León y Aragón iniciaron un
proceso de expansión territorial que les llevó a triplicar
su extensión. Las tierras situadas al sur eran muy diferentes a las repobladas con anterioridad, ya que contaban con numerosa población musulmana y judía, ciudades importantes y gran riqueza agrícola en algunas
áreas. Como consecuencia de ello, en la repoblación de
estas regiones intervinieron muy activamente los
monarcas. Los instrumentos empleados para la colonización de estas tierras fueron los siguientes:
쐌 Capitulaciones. Eran acuerdos o pactos locales con las
poblaciones sometidas (musulmanes, judíos, mozárabes) en los que se respetaban sus leyes, creencias,
costumbres y casi todas sus propiedades; a cambio, se
les imponían contribuciones especiales. Con las capitulaciones también se fomentaba la salida de musulmanes o se les obligaba a vivir en barrios propios
(morerías) o a trabajar como siervos. Este sistema se
aplicó en los valles del Tajo y del Ebro y en Levante.
쐌 Repartimientos. Consistían en la distribución de lotes
de bienes y tierras que efectuaba el monarca entre
los conquistadores. Se aplicaron durante el siglo XIII
en Baleares, el campo levantino, el valle del Guadalquivir y Murcia. En los repartimientos las condiciones
impuestas a los musulmanes fueron muy duras, lo
que provocó numerosas sublevaciones de mudéjares.
쐌 Privilegios y fueros. Su objetivo era atraer a nuevos
colonos. Se otorgaron sobre todo en el área situada
entre el Duero y Sierra Morena (La Mancha, Extremadura…). Entre los privilegios y fueros se encontraban
las cartas puebla o de población (que establecían las
condiciones para el cultivo de las tierras), los fueros
Historia de España
14
COMUNIDAD DE MADRID
locales (que determinaban los derechos de una ciudad) y las cartas de franquicia (que concedían privilegios a los colonos).
El proceso de repoblación y colonización estuvo acompañado en los reinos cristianos de la Península por una
serie de importantes transformaciones económicas y
sociales:
쐌 Se produjo un crecimiento demográfico que facilitó
la expansión territorial, la repoblación y la colonización.
쐌 Tuvo lugar un leve crecimiento de las ciudades debido, en parte, a la incorporación de las antiguas urbes
musulmanas a los reinos cristianos y al desarrollo
de los núcleos de población a lo largo del camino de
peregrinación a Santiago de Compostela. El núcleo
de comerciantes y artesanos se hizo permanente en
algunas ciudades y fue bautizado con el nombre de
burgo, y sus habitantes, con el de burgueses. Durante
este período, en los reinos cristianos las mayores ciudades fueron sede de los obispados. El comercio se
hizo más dinámico y se hicieron frecuentes, a partir
del siglo XII, las ferias anuales.
쐌 La nobleza guerrera y el alto clero aumentaron su
poder y sus tierras.
쐌 Disminuyeron las propiedades y las libertades de los
campesinos, entre los que había una minoría de
labradores propietarios, una mayoría de campesinos
teóricamente libres que cultivaban los campos de los
señores a cambio de una renta en forma de dinero o
en especie, y jornaleros que cobraban, a cambio de su
trabajo, un salario que solía ser una parte de lo cosechado. La mayoría de los campesinos dependían de
los señores laicos y eclesiásticos, y estaban sometidos
a su jurisdicción.
 La Corona de Aragón se constituyó por el matrimonio
en 1137 de doña Petronila, hija de Ramiro II el Monje de
Aragón, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. Desde entonces, los sucesivos monarcas de la casa de Barcelona reinaron sobre el reino y el principado respetando
su autonomía administrativa y financiera. La fórmula se
extendió a otros territorios durante el proceso de expansión de la Corona de Aragón en el Mediterráneo entre
los siglos XIII y XV: Valencia, Córcega y Cerdeña, Mallorca,
Sicilia. Para llevar a cabo dicha política de expansión, los
reyes se vieron obligados a ceder patrimonio, privilegios
y derechos a los grandes señores y hacer numerosas
concesiones a las Cortes a cambio de préstamos y ayudas. Esta forma de gobierno se denominó pactismo.
Había unas Cortes diferentes para cada reino (Aragón,
Cataluña y Valencia), constituidas a lo largo del siglo XIII,
además de unas generales. En esos años, debido a la
guerra por la conquista de Sicilia, Pedro III se vio obligado a reconocer a los nobles de Aragón un Privilegio
General (1283), por el que se comprometía a respetar los
fueros del reino y sus derechos y a convocar Cortes
anualmente. También en esta época surgió el Justicia
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Mayor de Aragón, cargo judicial que interpretaba los
fueros y que inicialmente controló la nobleza. Pedro IV el
Ceremonioso (1336-1387) derrotó a los nobles con ayuda de las ciudades. A cambio de su apoyo, las ciudades
exigieron un mayor poder para sus instituciones representativas, las Cortes y la Generalitat, una diputación de
las Cortes de Cataluña y Valencia que supervisaba la
acción del monarca y la gestión de los subsidios concedidos al rey mientras estas no se encontraban reunidas.
En Cataluña, la primera diputación de este tipo de la que
se tienen noticias se estableció en 1289, y en Valencia en
1321. Su función era controlar el cobro de contribuciones decididas en Cortes, los drets del general o generalitats, llamados así porque ningún grupo social estaba
exento de su pago. La Generalitat adquirió carácter permanente en Cataluña en 1359. Se encargó de la defensa
de los estamentos representados en las Cortes y del
control financiero y fiscal de los recursos del Principado,
además de constituir un Tribunal de Justicia. En el reino
de Valencia, la Generalitat tuvo carácter permanente a
partir de 1418.
El ejemplo más representativo de la tradición pactista
de la Corona de Aragón es el Compromiso de Caspe
(1412), cuando nueve compromisarios de los reinos de
Aragón y Valencia y el Principado de Cataluña reunidos
en esta localidad zaragozana acordaron la elección de
Fernando de Antequera como nuevo monarca tras la
muerte de Martín I el Humano (1396-1410) sin descendencia. La decisión supuso la instauración en los reinos
aragoneses de una rama de la dinastía Trastámara, que
reinaba en Castilla desde 1369.
 La política exterior de los Reyes Católicos continuó con los
objetivos marcados por los Trastámara en sus respectivos reinos. Sus líneas fundamentales fueron:
쐌 Recuperación de los territorios perdidos por los reyes
aragoneses y que Fernando reivindicaba como parte
del patrimonio familiar: Navarra (en la que había reinado su padre, Juan II, y ahora los condes de Foix, de
origen francés), Rosellón y Cerdaña (condados que
Juan II había cedido al rey de Francia a cambio de su
apoyo en la guerra civil catalana) y Nápoles (donde
reinaban los Trastámara, pero constantemente reivindicado por Francia). En cualquier caso, la anexión de
estos territorios implicaba algún tipo de enfrentamiento con Francia.
쐌 Consolidación de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón. Este objetivo conllevaba conflictos
con los reinos musulmanes del norte de África, una
zona que siempre había tenido un gran interés comercial para Aragón y, tras la conquista de Granada, también para Castilla. Esta expansión incluía, asimismo, el
reino de Nápoles.
쐌 Avance de la expansión atlántica del reino de Castilla.
Hacia el sur, esta aspiración tenía muchas limitaciones
debido a los acuerdos firmados con Portugal. El descubrimiento de América cambió por completo la
situación. Portugal mantuvo su dominio en el litoral
Historia de España
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COMUNIDAD DE MADRID
africano, pero por el Tratado de Tordesillas (1494) Castilla logró el control del Atlántico occidental y de la
mayor parte del sur del Nuevo Continente excepto
Brasil, que correspondió a Portugal. Con respecto a las
rutas atlánticas del norte, la ruptura de la alianza con
Francia impuso un cambio de aliados: Inglaterra y el
Sacro Imperio Romano Germánico (también llamado
Imperio alemán, que comprendía gran parte de Europa, incluyendo la actual Alemania, Suiza, Austria, el
norte de Italia y Flandes) eran los candidatos a establecer nuevas alianzas.
Los Reyes Católicos utilizaron varios instrumentos para
llevar a cabo su política exterior: una diplomacia ágil, un
ejército permanente y en aumento, y una política matrimonial para lograr las alianzas necesarias con Inglaterra
y el Imperio alemán, además de con Portugal.
Respecto a la política italiana en esta época, Francia
reactivó las guerras en Italia, que estaba formada por
una multitud de estados muy pequeños y débiles militarmente, aunque por lo general, ricos, cultos y de extremada habilidad diplomática. Para ello, quiso asegurarse
la neutralidad de sus enemigos potenciales. Con este fin,
en 1493 devolvió el Rosellón y la Cerdaña (Tratado de
Barcelona) a la Corona de Aragón. Más tarde, acordó con
Aragón el reparto del reino de Nápoles (Tratado de Granada, 1500). La falta de entendimiento entre Francia y
Aragón condujo a la guerra en 1502. Las tropas francesas, mucho más numerosas y mejor armadas, fueron
derrotadas en las batallas de Ceriñola y del río Garellano
(1503). Como consecuencia, los Trastámara recuperaron
Nápoles. Fernando siguió interviniendo en Italia para
mantener el equilibrio de poderes entre los estados que
dominaban la zona: Francia y Venecia, al norte; el papado en el centro; y Aragón, en el sur.
Los Reyes Católicos pusieron al frente de las guerras de
Italia a Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán),
que supo combinar las armas de fuego de los arcabuceros con las picas largas de otros soldados —muchos de
ellos mercenarios alemanes— en formaciones cerradas,
creando el embrión de los tercios.
En cuanto a la política norteafricana, entre 1497 y 1510,
los castellanos realizaron diversas expediciones por esta
costa. El objetivo era ocupar una serie de plazas fuertes
para garantizar la seguridad política y comercial del
Mediterráneo occidental frente a la piratería berberisca
o bereber y la expansión del Imperio turco.
 Tras la unión con Portugal (1580), Felipe II alcanzó su
momento de mayor poder. A sus posesiones en el Nuevo Continente y en el Pacífico —entre los años 1565 y
1571 Miguel López de Legazpi conquistó Filipinas, islas
del «del rey Felipe»— se añadían ahora las posesiones
portuguesas en Brasil, África y Asia. Su imperio adquirió
una dimensión mundial; en años posteriores incluso se
plantearon proyectos de expansión en China para proceder a su evangelización. La unión con Portugal constituía además un importante apoyo a su política en el
norte del Atlántico.
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Después de la paz con Francia en 1559, la política exterior de Felipe II se centró en el Mediterráneo. Hacia
1578-1580, tras la victoria en Lepanto (1571), el monarca
imprimió un giro a la política exterior en el Atlántico
debido, sobre todo, a la rebelión en los Países Bajos. Este
conflicto se complicó por el apoyo a los rebeldes de Isabel I, reina de Inglaterra, tanto por motivos políticos (frenar el avance español al otro lado del canal de la Mancha), como religiosos, ya que era una anticatólica
convencida. El rey prudente llegó a la conclusión de que
era necesaria la invasión de Inglaterra. Sin embargo, para
poder llevar a cabo este proyecto, Felipe II necesitaba,
además de una flota poderosa y la base terrestre que le
proporcionaban los Países Bajos, un puerto atlántico
relevante y seguro. La unión con Portugal (1580) le permitió disponer de uno (Lisboa), además del control de
su gran imperio marítimo.
El rey Sebastián de Portugal murió sin herederos en la
batalla de Alcazarquivir (Marruecos, 1578). Heredó el trono el cardenal don Enrique, el último descendiente de la
dinastía Avis, y tras su muerte en 1580 se abrió una crisis
sucesoria en Portugal. Felipe II poseía derechos dinásticos, ya que era nieto de Manuel el Afortunado y de
María de Castilla, hija de los Reyes Católicos. A su candidatura se opuso Antonio, prior de Crato, que contó con el
apoyo de muchas ciudades, incluida Lisboa. Sin embargo, apoyaron la incorporación a la monarquía hispánica
la nobleza y la alta burguesía portuguesa, que de esta
forma se procuraba el acceso a un mercado importante
y a la plata americana. Felipe II ordenó entonces al duque
de Alba la ocupación militar del reino vecino, que se realizó sin dificultades. El prior de Crato huyó pero el marqués de Santa Cruz envió una flota que derrotó definitivamente en las Azores a quienes eran contrarios a la
unión. En 1581 las Cortes de Thomar reconocieron a Felipe II como monarca portugués. El rey español se comprometió a que todos los asuntos portugueses fueran
gestionados por naturales de ese reino e incluso barajó
la posibilidad de establecer su corte en Lisboa. Resulta
clarificador que la unión ibérica durase hasta 1668,
aproximadamente lo mismo que las continuas guerras
con Inglaterra.
 Los objetivos de la política exterior de los Austrias
durante el siglo XVII fueron similares a los de la centuria
anterior: defensa a ultranza de su patrimonio, que consideraban una herencia legítima; protección de la religión
católica frente a luteranos y calvinistas (siempre que
fuese compatible con el primer objetivo) y defensa militar del monopolio comercial en América, que suponía
una importante fuente de ingresos. No obstante, en esta
época la política exterior española se vio debilitada por
una serie de factores:
쐌 Escasez de recursos financieros. Se debió a la disminución, entre 1630 y 1660, de las remesas de metales
preciosos procedentes de América. La excesiva presión fiscal provocó además rebeliones y secesiones a
partir de 1640 (Cataluña, Nápoles, Portugal).
Historia de España
16
COMUNIDAD DE MADRID
쐌 Pérdida de efectivos militares. A la escasez de recursos financieros se unió la crisis demográfica, que hizo
cada vez más difícil encontrar personas que se incorporasen al Ejército.
쐌 La acción de holandeses e ingleses en las colonias
hispano-portuguesas. En Asia, los holandeses constituyeron su propio imperio en las llamadas Indias
Orientales (Ceilán e Indonesia). También se establecieron, junto a franceses e ingleses, en la Guayana y
en el Caribe, enclaves para el comercio, el contrabando, la piratería y el tráfico de esclavos. España tuvo
que invertir cada vez mayores recursos económicos
en defensa y en buques para América.
쐌 Los nuevos enemigos. El Imperio turco dejó de constituir una amenaza en el Mediterráneo, pero a la Corona española se enfrentaron Inglaterra, Francia y las
Provincias Unidas, a las que se unió Portugal tras su
independencia.
En los comienzos del siglo XVII se produjo un apaciguamiento de los conflictos exteriores, determinado por
la debilidad económica de la monarquía hispánica (bancarrota de 1607). Durante el reinado de Felipe III se firmaron la paz con Inglaterra (1604) y la Tregua de Amberes o de los Doce Años (1609) con las Provincias Unidas.
Sin embargo, con Felipe IV y el conde duque de Olivares
se reanudaron las hostilidades. El valido estaba convencido de la necesidad de restaurar el prestigio militar de
España como gran potencia europea. Para ello, reinició
la guerra con las Provincias Unidas (1621) y cooperó
más estrechamente con los Habsburgo de Viena, a los
que la Corona española consideraba aliados imprescindibles para defender las posesiones de Italia y Flandes.
Como consecuencia, España se involucró en la Guerra
de los Treinta Años, que enfrentó a los católicos Habsburgo con los príncipes protestantes alemanes y sus
aliados (primero Dinamarca y después Suecia). En 1635,
cuando los Habsburgo parecían haber derrotado a sus
enemigos, Francia (gobernada por el cardenal Richelieu)
decidió intervenir. España, debilitada por las rebeliones
de 1640, no pudo atender tantas campañas militares al
mismo tiempo: en 1643, los tercios españoles fueron
derrotados por el ejército francés en Rocroi (Francia).
En 1648 se firmó la Paz de Westfalia, en la que los Habsburgo reconocían su derrota: España, por el Tratado de
Münster, aceptaba la independencia de las Provincias
Unidas; los poderes del emperador de Alemania quedaban aún más limitados. Francia se consolidó como la
potencia hegemónica en Europa: extendió sus posesiones hacia el este, apoderándose de Alsacia, e interrumpió las comunicaciones por tierra entre Flandes y los
estados italianos. No obstante, España prosiguió la guerra con Francia y las rebeldes Cataluña y Portugal. La
entrada en la guerra de Inglaterra en 1655 (primero en
ayuda de Portugal y después de Francia) fue decisiva.
Felipe IV se vio obligado a firmar con Francia la Paz de
los Pirineos (1659), que establecía, entre otros acuerdos, la
cesión por parte de España al reino francés de varias
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CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
plazas situadas en Flandes, el Rosellón y la Cerdaña. La
guerra con Portugal, apoyado por Inglaterra, continuó
hasta 1668 (Tratado de Lisboa), ya muerto Felipe IV;
España reconoció la independencia del país vecino y
recibió a cambio Ceuta.
El acoso de Francia a España persistió, aprovechando la
debilidad de Carlos II y el aislamiento de sus territorios
en el norte de Europa. Así, gran parte del Flandes español y la totalidad del Franco Condado fueron conquistados por Luis XIV entre 1668 (Paz de Aquisgrán) y 1678
(Paz de Nimega). La impotencia de España para defender
sus posesiones y la ausencia de sucesor al trono promovieron distintos proyectos de reparto entre las potencias
europeas. La Guerra de Sucesión española acabó por
desintegrar el patrimonio de los Habsburgo.
 La Ilustración es la corriente de pensamiento que se
difundió por Europa en el siglo XVIII. En el caso de España, constituyó la base intelectual de las reformas llevadas a cabo por los primeros Borbones, especialmente
por el rey Carlos III. Para los seguidores de la Ilustración
(los ilustrados), la monarquía y, por tanto, el Estado debía
ser el motor de la modernización del país. Los rasgos
más importantes del pensamiento ilustrado son los
siguientes:
쐌 El empleo de la razón y la crítica como método de
análisis y mejora de la sociedad española. Se rechazaba aquello que los ilustrados juzgaban pernicioso o
inútil, como determinados espectáculos públicos, ciertas prácticas religiosas, numerosos prejuicios sociales
e instituciones que calificaban de obsoletas.
쐌 El fomento de la economía nacional (agricultura, industria y comercio), considerada un medio imprescindible para promover los cambios sociales necesarios,
aumentar el bienestar general y fortalecer el poder de
la monarquía.
쐌 El desarrollo del conocimiento científico y de la educación como base del progreso técnico y económico.
En esta misma línea, la creación literaria y artística
debía subordinarse a un fin educativo.
쐌 La difusión del progreso y de la felicidad entre el
mayor número posible de individuos, meta del reformismo ilustrado.
Esta corriente de pensamiento pretendía reformar el sistema económico, social y político del Antiguo Régimen.
Sin embargo, lo que consiguió fue acuñar ideas y programas que, en el transcurso del siglo XIX, acabaron destruyéndolo. Las ideas ilustradas se exportaron posteriormente a América del Sur, donde contribuyeron a
impulsar el proceso de emancipación de las colonias.
Los partidarios de la Ilustración dispusieron de una serie
de canales de difusión, algunos oficiales, que fueron creados por iniciativas de particulares y luego impulsados
por el Estado. También hubo canales de difusión no oficiales como la prensa periódica, concentrada sobre todo
en Madrid.
Historia de España
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COMUNIDAD DE MADRID
쐌 Las academias. Imitaban instituciones similares a las
creadas en Francia durante el reinado de Luis XIV y
difundían desde Madrid un pensamiento ilustrado
oficial y uniforme en los distintos ámbitos culturales:
Real Academia Española (1713-1714), Academia de la
Historia (1735-1738), Academia de Bellas Artes de San
Fernando (1744).
쐌 Las nuevas instituciones de enseñanza superior. Fueron numerosas y surgieron como alternativa a las universidades (que fueron reformadas): Real Seminario
de Nobles de Madrid (1725), Seminario Patriótico de
Vergara (Guipúzcoa), academias militares.
쐌 Las sociedades económicas de amigos del país. Surgieron a imitación de la Sociedad Bascongada de
Amigos del País (1764), una tertulia de ilustrados creada en Vergara (Guipúzcoa). Entre sus objetivos figuraban la difusión y el progreso de las ciencias, especialmente las consideradas útiles, y el fomento de la
economía. Además, realizaban memorias e informes y
creaban escuelas de formación profesional. El éxito
de estas sociedades (surgieron más de setenta antes de
1789) hizo que el Gobierno se apropiara de la iniciativa y la fomentase. Estuvieron integradas, principalmente, por nobles terratenientes, clérigos con inquietudes reformistas y funcionarios locales. La burguesía
industrial y comercial tuvo una presencia muy escasa.
쐌 Los consulados. Eran los organismos encargados de
proteger la actividad comercial y juzgar en los pleitos
suscitados entre comerciantes. Aunque ya existían en
varias ciudades (Sevilla, Burgos, Bilbao, Barcelona y
Valencia), se difundieron por diversos puertos a partir
de la apertura del comercio con destino a América
(1778). Llevaron a cabo una labor similar a la que desempeñaban las sociedades económicas de amigos
del país (especialmente en los lugares donde estas no
existían) y crearon, además, escuelas de formación
profesional (como la Junta Particular de Comercio de
Barcelona, fundada en 1758) en el campo del comercio y la navegación.
Entre los ilustrados españoles destacaron, en la primera
mitad del siglo XVIII, Gregorio Mayáns y Siscar, iniciador
de la historia de la literatura, y el fraile Benito Jerónimo
Feijoo, creador del ensayo español, divulgador de las
novedades científicas y autor de Cartas eruditas y curiosas. En la segunda mitad del siglo XVIII es representativo
Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811); en su Memoria sobre los espectáculos y diversiones públicas abogaba
por el papel educador de los espectáculos sufragados por
el Estado y criticaba las corridas de toros y el teatro
barroco. En la generación de ilustrados anterior a 1808
despuntó Blanco White.
El acontecimiento científico más relevante del siglo XVIII
fue la participación de dos marinos españoles, Jorge
Juan y Antonio de Ulloa, en la expedición hispano-francesa al Perú (1735-1744) para determinar el tamaño y la
forma de la Tierra. Ambos investigadores contribuyeron
a propagar la astronomía, la física y la historia natural en
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CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
nuestro país. En el campo de la botánica destacó José
Celestino Mutis, médico, matemático y difusor de las
teorías de Newton. En cuanto a la creación literaria y
artística, los ilustrados criticaron la estética y los temas
barrocos, predominantes en la primera mitad del siglo
XVIII. La función social del arte debía ser, según la Ilustración, educar la moral pública y el buen gusto a través de
la didáctica y el sentido práctico. Las manifestaciones
artísticas debían atenerse a unas rígidas normas que
dieran medida y orden a las fantasías y extravagancias
del Barroco.
El gusto de los ilustrados por lo racional y lo mesurado
favoreció la aparición, en la segunda mitad del siglo XVIII,
del neoclasicismo: fachadas que imitaban las de los templos dóricos o jónicos en bibliotecas y museos, estatuas
inexpresivas, armoniosas y sin policromía. Este estilo
artístico irrumpió en las reformas urbanísticas de Madrid
llevadas a cabo por Carlos III (fuentes de Neptuno, Apolo
y Cibeles, Museo del Prado, entonces de Ciencias Naturales, Observatorio Astronómico, la Puerta de Alcalá).
En la literatura ilustrada sobresalieron el ensayista José
Cadalso (Cartas marruecas, 1789), el poeta Juan Meléndez Valdés (Poesías, 1785) y el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín (El sí de las niñas, 1806). En pintura
destacó sobremanera Francisco de Goya, que de retratista ilustrado de la aristocracia, los intelectuales y la
familia real, pasó a ser un artista difícilmente clasificable,
autor de una pintura inquietante e irónica, como se
refleja en La familia de Carlos IV (1800) y en la colección
de grabados satíricos titulada Los caprichos. Su estilo se
fue haciendo cada vez más tenebroso, irracional e impresionista, influido tanto por sus tragedias personales (la
sordera y el exilio) como por las colectivas (guerras y
conflictos políticos): El 3 de mayo de 1808 en Madrid, Pinturas negras de la Quinta del Sordo (Madrid), La lechera
de Burdeos.
Tema
El estallido de la Guerra Civil fue consecuencia de una
sublevación militar que se inició el 17 de julio de 1936 en
Marruecos, donde se encontraba la guarnición mayor
y mejor preparada del Ejército español. Precedió al levantamiento una conspiración que se aceleró tras la victoria del
Frente Popular en las elecciones de 1936. En ella colaboraron elementos civiles (monárquicos alfonsinos, carlistas, fascistas de Falange), además de importantes sectores del Ejército. Al frente de la misma se encontraba el general Emilio
Mola. El general José Sanjurjo era la personalidad designada para presidir un directorio militar que se crearía tras el
golpe, mientras que el también general Francisco Franco,
futuro caudillo de España, no se incorporó a la sublevación
hasta el último momento. Los sublevados previeron un golpe breve y rotundo, pero la resistencia espontánea por parte de la población afín a los sindicatos y organizaciones de
izquierda, junto a las fuerzas militares aún leales al Gobierno republicano provocaron el fracaso del golpe y el inicio
de un largo conflicto.
Historia de España
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COMUNIDAD DE MADRID
El Gobierno legítimo, compuesto por una coalición de partidos republicanos a cuyo frente se encontraba Santiago
Casares Quiroga, dimitió a las pocas horas de la sublevación. Se produjo un intento de constituir un Gobierno de
conciliación con los rebeldes liderado por Diego Martínez
Barrio. Al fracasar esta tentativa, se formó un gabinete presidido por José Giral, quien cedió a las presiones de las fuerzas de izquierda para armar a las milicias obreras. En los
meses siguientes, se puso en marcha una revolución espontánea liderada por la CNT, la FAI, el POUM y algunos sectores
de la UGT, que fue acompañada por una dura represión
contra todo sospechoso de colaborar con los rebeldes.
Unos días después de la sublevación, los rebeldes controlaban Canarias, Marruecos y la costa andaluza cercana al
estrecho de Gibraltar, además de núcleos aislados, como
la ciudad de Sevilla. También dominaban una franja de territorio que incluía Galicia, Castilla, León, Navarra y las tres
capitales aragonesas, junto con las islas de Palma de Mallorca e Ibiza en el archipiélago balear. En los días siguientes al
golpe, los sublevados recibieron el apoyo de buena parte
de la derecha conservadora y de la Iglesia. La zona leal a la
República comprendía la cornisa cantábrica y el País Vasco
(excepto Álava) y, al sur, Madrid, Cataluña, Valencia, CastillaLa Mancha, Málaga y Murcia. Estas zonas albergaban las
principales ciudades y núcleos industriales. Asimismo, se
mantuvieron fieles al Gobierno buena parte de las fuerzas
de orden público y algunas unidades del Ejército, así como
la mayor parte de la flota y la aviación.
Durante los meses siguientes, hasta noviembre de 1936, se
desarrolló la llamada «guerra de columnas». Las fuerzas
sublevadas, compuestas por tropas del ejército regular, se
impusieron fácilmente a las improvisadas formaciones
republicanas. Mola se dirigió a Madrid desde Navarra, pero
su avance quedó detenido al norte del Sistema Central.
Franco, por su parte, cuyas tropas habían podido desembarcar en la Península con ayuda de la aviación alemana e italiana, se aproximó a Madrid a lo largo de agosto y septiembre, tomando Badajoz, Talavera y Toledo. En estos dos
meses alcanzó una posición de predominio en la Junta de
Defensa Nacional de Burgos, organismo que agrupaba a los
dirigentes de la sublevación y, finalmente, logró el mando
militar y político único al ser nombrado Generalísimo y jefe
del Gobierno del Estado español el 1 de octubre de 1936.
CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
constitución de un comité de no intervención (septiembre)
que velara por el cumplimiento de los acuerdos. Alemania e
Italia ignoraron los dictados de dicho comité y prestaron
una amplia ayuda a los sublevados que se materializó en
cobertura naval y aérea, así como en el envío de unidades
militares (Corpo di Truppe Volontarie italiano, Legión Condor
alemana) y de material bélico. Las potencias democráticas,
encabezadas por el Reino Unido, cuyo Gobierno temía el
triunfo de una revolución social en España, promovieron
una política de apaciguamiento de los estados fascistas y
no apoyaron la causa de la República. Solo la Unión Soviética y México mostraron su apoyo; la primera envió material
bélico, a cambio de las reservas de oro del Banco de España,
y ordenó a la Internacional Comunista el reclutamiento de
las Brigadas Internacionales y la organización de movimientos de solidaridad antifascista en los países occidentales.
La siguiente fase de la guerra, la batalla de Madrid, se desarrolló entre noviembre de 1936 y marzo de 1937. El Gobierno
republicano, convencido de que Madrid caería pronto, se
desplazó a Valencia dejando la capital en manos de una
Junta de Defensa. Gracias a la llegada de los primeros
envíos de armamento soviético y de contingentes de
voluntarios extranjeros (las Brigadas Internacionales), se
resistió un primer ataque frontal por el oeste. Franco lanzó
entonces varias ofensivas sin éxito —batallas de la carretera
de La Coruña (hasta enero de 1937), del río Jarama (febrero de
1937) y de Guadalajara (marzo de 1937)—. En el frente político, procedió a la fusión de falangistas y carlistas mediante
la promulgación del Decreto de Unificación en abril de
1937. En virtud de este decreto, se constituía FET y de las
JONS, el partido único del nuevo régimen que se proponía
construir. El poder indiscutible de Franco en el bando sublevado le permitió constituir sin oposición un primer Gobierno (febrero de 1938) en el que integró a militares, falangistas, carlistas y monárquicos alfonsinos.
Los republicanos intentaron reconducir la revolución
espontánea surgida durante los primeros meses del conflicto. Para ello, en septiembre, se formó un Gobierno de coalición presidido por el socialista Francisco Largo Caballero
que agrupó a republicanos moderados, Esquerra Republicana, PNV, PSOE, UGT y PCE; a partir de noviembre, también se
integró la CNT-FAI. Sus principales objetivos fueron la legalización de las incautaciones hechas por los campesinos, la
integración de las milicias en el Ejército con el fin de reconstruir la operatividad de las fuerzas armadas y la instauración
de tribunales para contener la represión indiscriminada llevada a cabo por grupos de incontrolados.
Por su parte, Largo Caballero, pese al éxito en la defensa de
Madrid, estaba sometido a una presión creciente por parte
de sus compañeros de coalición; la caída de Málaga (febrero
de 1937) no hizo sino agudizar esta situación. Esas tensiones
estallaron en mayo, con el enfrentamiento armado entre la
Generalitat, UGT y el PSUC, por un lado, y las fuerzas de
la CNT y el POUM, por otro, para lograr el control de los servicios públicos de Barcelona. La crisis, que provocó la salida de
los anarquistas del Gobierno, arrastró consigo a Largo Caballero. El presidente de la República, Manuel Azaña, designó al
socialista Juan Negrín presidente de un nuevo Gobierno,
cuyos objetivos fueron recuperar por completo el control de
las instituciones y tomar la iniciativa militar. Para ello se
impulsaron varias ofensivas —batallas de Brunete (Madrid,
julio de 1937), Belchite (Zaragoza, agosto de 1937) y Teruel
(invierno de 1937-1938)— que concluyeron con escasos
avances. Con ellas, además, se intentó retrasar el avance franquista en el norte, sin resultado, ya que, tras la caída de Bilbao en junio de 1937, los sublevados conquistaron Santander y Asturias (agosto y octubre de 1937 respectivamente).
En el ámbito diplomático, las potencias extranjeras acordaron la no injerencia militar y política en el conflicto y la
En los primeros meses de 1938, Franco lanzó una ofensiva
en el frente de Aragón gracias a la cual las tropas franquis-
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COMUNIDAD DE MADRID
tas pudieron alcanzar el Mediterráneo a la altura de Vinaroz
(abril), partiendo en dos el territorio republicano. La derrota
provocó una crisis en el Gobierno de la República. Uno de
sus pilares, el ministro de la Guerra Indalecio Prieto, dimitió
y rompió con Negrín, agudizando la división en el PSOE.
Azaña, por su parte, encabezaba el grupo de quienes eran
partidarios de una conclusión rápida del conflicto. Como
respuesta, Negrín publicó los llamados Trece puntos (mayo de
1938), en los que exponía las bases para un final negociado
del mismo. El presidente del Gobierno, convencido de la
inminencia de una guerra entre la Alemania de Hitler y las
potencias democráticas, consideraba vital mantener la resistencia. Para alcanzar ese objetivo, impulsó la última gran
ofensiva republicana de la guerra: la batalla del Ebro (julionoviembre de 1938), que, sin embargo, supuso el quebrantamiento definitivo del ejército popular. Los resultados de la
Conferencia de Múnich (septiembre), en la que franceses y
británicos aceptaron la invasión alemana de Checoslovaquia alejando la posibilidad de que estallara un conflicto
bélico a gran escala, supusieron un revés para los puntos de
vista de Negrín, pese a lo cual se mantuvo firme en su política de resistencia.
En los inicios de 1939, Franco emprendió la conquista de
Cataluña. Barcelona cayó en manos franquistas a finales
de febrero. Tras la dimisión de Azaña, Negrín mantuvo su
política de resistencia, planteamiento al que se opusieron
importantes políticos y militares republicanos, encabezados
por el coronel Casado y el general Miaja, socialistas, como
Besteiro, y anarquistas, como Cipriano Mera. Casado y sus
partidarios organizaron un golpe de Estado en marzo de
1939 que provocó una breve guerra civil en el bando republicano. Tras vencer todas las resistencias, los casadistas
entregaron los territorios que aún estaban en manos de los
republicanos.
La guerra concluyó el 1 de abril de 1939. Unas 300 000 personas murieron en el campo de batalla. A estas cifras hay
que añadir los 200 000 fusilados y asesinados en ambos
bandos. Las pérdidas económicas también fueron enormes
(destrucción de ciudades, desarticulación de la red de transportes, pérdida de 500 toneladas de oro del Banco de España enviadas a la URSS). Se produjo un exilio masivo y se
abrió una etapa de durísima represión contra los partidarios de la República. El trauma de la guerra se prolongó
durante décadas, provocando en amplios sectores de la
sociedad sentimientos de apatía e indiferencia política.
Comentario de texto
 El texto es un fragmento del llamado Manifiesto de Cea,
hecho público el 4 de octubre de 1833 y firmado por la
reina gobernadora María Cristina de Borbón-Nápoles,
viuda de Fernando VII, quien había muerto pocos días
antes. En ese momento, España se encontraba en los
prolegómenos de una guerra civil, la Primera Guerra
Carlista (1833-1840), que fue provocada por el conflicto
dinástico que mantenían los seguidores de Carlos María
Isidro de Borbón, hermano del rey fallecido, y los partidarios de Isabel II (1830-1904), hija de Fernando VII y
María Cristina de Nápoles. Se unía a la crisis dinástica y a
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la situación de incertidumbre provocada por la minoridad de Isabel II las radicales diferencias políticas que
separaban a las partes enfrentadas. Ese mismo día, don
Carlos hizo público el Manifiesto de Santarem, en el que
se proclamó rey legítimo de España.
En realidad, el autor del manifiesto fue Francisco Cea
Bermúdez, presidente del ejecutivo desde el 1 de octubre de 1832. Con su publicación Cea pretendía evitar en
el último momento el estallido de la guerra civil entre
carlistas e isabelinos. Para ello, en el Manifiesto estableció un programa de gobierno con el que pretendía
atraerse a ambas facciones. Por un lado, anunciaba el
mantenimiento de la monarquía absoluta («Religión y
Monarquía»), propuesta con la que intentaba suscitar el
acuerdo con los partidarios del carlismo; por otro, se
mostraba favorable a una política de reformas administrativas que contentara a los liberales más templados. El
Manifiesto de Cea fue mal acogido, tanto por los carlistas
—la guerra estalló ese mismo mes— como por quienes
eran partidarios de reformas más audaces. En los meses
siguientes, la reina María Cristina se inclinó también por
profundizar en las reformas; el 15 de enero de 1834
prescindió de Francisco Cea Bermúdez y lo sustituyó por
Francisco Martínez de la Rosa.
 El Manifiesto busca «disipar la incertidumbre» que ha
provocado la muerte de Fernando VII y la minoría de
edad de Isabel II, que cuenta con tres años de edad,
enunciando los principios sobre los que se regirá el nuevo reinado. Dichos principios son dos. A nivel político,
mantenimiento de la forma de gobierno absolutista,
basado en la religión y la monarquía. Se indica además
que la salvaguarda de las tradicionales formas de Gobierno se llevará a cabo «sin innovaciones peligrosas», lo
que parece abrir la vía para futuras reformas políticas y,
en cierta medida, contradice la primera afirmación.
Garantizados los principios políticos de la monarquía
tradicional, la reina gobernadora anuncia reformas de
carácter administrativo con la finalidad de perseguir la
«prosperidad y la dicha». Las materias en las que María
Cristina de Nápoles se compromete a hacer cambios
—seguridad del Estado, fiscalidad, justicia, seguridad de
las personas y bienes y fomento de la riqueza—, pese a ser
calificadas de administrativas, alteraban profundamente
las bases tradicionales sobre las que se asentaba la
sociedad española de la época. Tenían, por tanto, una
honda significación política y su desarrollo podía llegar
a poner en cuestión los principios institucionales de la
monarquía absoluta.
El mensaje se cierra con un llamamiento a la unidad que,
dadas las circunstancias, puede interpretarse como un
intento desesperado de frenar la insurrección carlista y
la guerra civil.
 a) El conflicto dinástico que condujo a la Primera Guerra Carlista se mezcló con las radicales diferencias
políticas que surgieron durante la Década Ominosa
(1823-1833) entre los partidarios de Fernando VII
favorables al absolutismo radical y los defensores del
Historia de España
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COMUNIDAD DE MADRID
reformismo. Los primeros eran proclives al tradicionalismo, el Antiguo Régimen, el foralismo y la monarquía de origen divino. Los segundos defendían una
política de reformas, moderada en lo político pero de
profundo calado económico y social. La progresiva
inclinación del monarca por los reformistas empujó
a los absolutistas más radicales a la órbita de su hermano y sucesor, Carlos María Isidro de Borbón. En ese
contexto, en mayo de 1829 se produjo la muerte de
la reina M.ª Josefa, tercera esposa de Fernando VII.
Meses después, en diciembre de ese mismo año, el
monarca contrajo un nuevo matrimonio con María
Cristina de Nápoles. En abril de 1830 el rey publicó la
Pragmática Sanción, que derogaba la Ley Sálica, establecida en España por Felipe V y que impedía el
acceso al trono de las mujeres. En octubre de 1830 la
reina daba a luz una hija, Isabel.
El nacimiento de un heredero, aunque fuese mujer,
apartaba del trono al hermano del monarca y sus
partidarios interpretaron la secuencia de acontecimientos como una conspiración. Por ese motivo
aprovecharon la enfermedad del rey en septiembre
de 1832 para provocar los llamados sucesos de La
Granja (por el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, donde el monarca residía en ese momento):
presionaron al propio Fernando VII y a su esposa
para que la Pragmática Sanción fuese abolida y Carlos María Isidro pudiera reinar. Inicialmente, el monarca cedió y anuló la Pragmática Sanción pero, días
después revocó su decisión y estableció un Gobierno sin absolutistas radicales. Su presidente era Francisco Cea Bermúdez. El 6 de octubre María Cristina
de Nápoles fue habilitada para despachar con el
Gobierno. La reina ratificó la política emprendida por
Cea para atraer a los liberales moderados y aumentar
la base de apoyo político para ella y su hija. Ese mismo mes se decretó una amnistía y se permitió el
regreso de los liberales moderados exiliados. También se aprobaron otras medidas de corte reformista,
como la constitución del Ministerio de Fomento, y se
realizaron cambios en la política de nombramientos
militares. A lo largo de la primera mitad de 1833, los
carlistas dieron crecientes muestras de descontento.
Carlos María Isidro abandonó el país y se negó a asistir en junio a la proclamación de Isabel II como heredera. Fernando VII falleció el 29 de septiembre de
ese mismo año. En octubre, pese al llamamiento a la
unidad y la vía política intermedia propuestas por el
Manifiesto de Cea, estalló la Guerra Civil o Primera
Guerra Carlista (1833-1840), entre los partidarios de
Carlos María Isidro, los carlistas, y los de la reina y su
hija Isabel, los isabelinos.
Los carlistas contaban con un amplio respaldo social
(campesinos, baja nobleza del norte de España, sectores conservadores de la Iglesia, grupos de artesanos, algunos oficiales del Ejército), procedente en su
mayoría del ámbito rural. Las grandes ciudades apenas los apoyaron. Estaban a favor de la reina la bur© Oxford University Press España, S. A.
CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
guesía, los trabajadores urbanos, las jerarquías eclesiásticas, la alta nobleza y la mayor parte del Ejército.
La Primera Guerra Carlista se desarrolló en cuatro
etapas:
쐌 Entre 1833 y 1835 el ejército isabelino reprimió los
núcleos de la insurrección carlista, excepto en el
País Vasco y Navarra, donde el coronel carlista
Tomás Zumalacárregui creó un ejército a partir de
las cuadrillas guerrilleras existentes en la zona; sin
embargo, Zumalacárregui no pudo tomar ni Pamplona ni las capitales vascas ya que murió durante
el fracasado asedio a Bilbao, en junio de 1835.
쐌 A lo largo de 1836 y 1837 los carlistas organizaron
incursiones fuera de los dos núcleos que controlaban (País Vasco-Navarra y el Maestrazgo, donde se
había hecho fuerte el general Cabrera): la Expedición Gómez (1836) y la Expedición Real (1837). En
esta etapa fracasó de nuevo el intento de conquistar Bilbao, debido a la victoria en el puente de
Luchana (diciembre de 1836) del general isabelino
Baldomero Espartero, que desde entonces se convirtió en un ídolo militar y popular.
쐌 Entre 1837 y 1839, el ejército gubernamental, liderado por Espartero, pasó a la ofensiva. La firma del
Convenio de Vergara (1839), que puso fin a la guerra en el País Vasco, implicó la admisión de los militares carlistas en el ejército isabelino, respetándoles su categoría. También se acordó discutir la
cuestión foral en las Cortes.
쐌 El general Cabrera se negó a acatar el Convenio de
Vergara y siguió luchando hasta que Espartero
tomó Morella (Castellón), su principal reducto en
el Maestrazgo, en mayo de 1840. En julio de ese
mismo año, los últimos combatientes carlistas cruzaron los Pirineos con destino a Francia.
b) La regencia de María Cristina se inició en septiembre
de 1833, como consecuencia de la muerte de su
marido, Fernando VII. Concluyó tras la insurrección
de los liberales progresistas en septiembre de 1840,
que dio paso a otra regencia, la del general Baldomero Espartero (octubre de 1840-julio de 1843). En esos
ocho años los gobiernos liberales iniciaron el desmantelamiento de las estructuras del Antiguo Régimen y dieron los primeros pasos para construir el
Estado liberal en España. El período puede dividirse
en dos fases:
쐌 Fase de transición (1833-1835), protagonizada por
monárquicos reformistas (Francisco Cea Bermúdez y Javier de Burgos) y por liberales moderados
(Martínez de la Rosa). Su objetivo fue suprimir las
normas económicas del Antiguo Régimen y realizar las reformas políticas imprescindibles: división
territorial en provincias (1833), similar a la actual,
liberalización del comercio, la industria y los transportes, libertad de imprenta (con censura previa)
y renacimiento de la Milicia Nacional. El texto juríHistoria de España
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COMUNIDAD DE MADRID
dico fundamental de esta etapa fue el Estatuto
Real (1834), un intento de conciliar algunos principios del liberalismo y el absolutismo. Sin embargo,
esta «tercera vía» fracasó. La guerra carlista fue un
constante factor de inestabilidad y los progresistas (ala izquierda de los liberales) aspiraban a cambios mas radicales, para lo que promovieron un
liberalismo popular constituido por clases medias
y urbanas a través del movimiento de las juntas
locales (1835-1836).
쐌 Fase de ruptura (1835-1840). En estos años, los
gobiernos (especialmente los ministros progresistas) impulsaron la ruptura con el Antiguo Régimen. La figura política más representativa fue
Juan Álvarez Mendizábal, ministro de Hacienda en
el Gobierno moderado del conde de Toreno (1835) y
presidente del Consejo de Ministros (1835-1836). Su
cese provocó el pronunciamiento de los sargentos
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CONVOCATORIA SEPTIEMBRE 2009
de La Granja (1836), que obligó a la reina regente
a reimplantar la Constitución de 1812. Esta ley fue
reformada y dio lugar a la Constitución de 1837,
más breve y, en algunos aspectos, más moderada
que la de Cádiz. Además, se retomaron las medidas desamortizadoras del Trienio Liberal; la más
importante, promovida por Mendizábal (como
ministro de Hacienda en el Gobierno de Calatrava), fue la desamortización de los bienes del clero
regular (1836-1837). Su objetivo era conseguir
financiación para sufragar la deuda pública y los
gastos de la Primera Guerra Carlista. En esos años
se volvió a decretar la desaparición de los señoríos
y mayorazgos (1836-1837), se suprimió la Mesta y
se disolvieron los gremios. Entre 1837 y 1840, los
moderados dominaron los gobiernos. Para recuperar el poder, los progresistas recurrieron a la
insurrección militar, encabezada por un espadón
de prestigio: Baldomero Espartero.
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