historia de españa

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Apuntes de Historia de España
apuntes de
historia de españa
1. temas
2º de bachillerato
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Apuntes de Historia de España
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CONTENIDO
TEMA 1 – FUNDAMENTOS HISTÓRICOS DE ESPAÑA …...............................................................................................4
1. La Prehistoria. Paleolítico. Epipaleolítico y Neolítico. Edad de los Metales.
2. La Protohistoria. Pueblos colonizadores: fenicios y griegos. Tartessos. Pueblos prerromanos.
3. La Edad Antigua. La conquista romana de Hispania. La romanización. El reino visigodo.
4. La Edad Media. Al-Andalus. La Reconquista cristiana. Sistemas de repoblación. Los Señoríos.
TEMA 2 – LA EDAD MODERNA …...................................................................................................................................10
1. Los Reyes Católicos (1474-1516) Creación de un Estado Moderno. La Inquisición. Mudéjares y moriscos.
2. Las Indias Descubrimiento y conquista. Organización. Las Encomiendas.
3. Los Austrias mayores (siglo XVI) El Imperio Cristiano de Carlos I. La Monarquía Hispánica de Felipe II.
Características y organización de la Monarquía.
4. Los Austrias menores (siglo XVII) Reyes y validos. El fin de la hegemonía de la Monarquía Hispánica y
la Paz de Westfalia. El Siglo de Oro.
5. Los Borbones (siglo XVIII) La Guerra de Sucesión y los Decretos de Nueva Planta. El reformismo
borbónico. La Ilustración. Características del Antiguo Régimen.
TEMA 3 – EL ORIGEN DE LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA (1808-1833) …...............................................................18
1. El reinado de Carlos IV (1788-1808). El impacto de la Revolución Francesa. El Motín de Aranjuez.
2. La Guerra de la Independencia. El estallido. Características y evolución de la guerra. La España
afrancesada y la España patriota.
3. .Las Cortes de Cádiz. La formación de las Cortes. La Constitución de 1812. Desarrollo legislativo.
4. El reinado de Fernando VII (1814-1833). El Sexenio Absolutista. El Trienio Liberal. La Década
Absolutista.
5. La independencia de América (1810-1824). Causas y características de las guerras de emancipación.
Etapas. Las nuevas Naciones y los restos del imperio español.
TEMA 4 – EL REINADO DE ISABEL II (1833-1868) …....................................................................................................24
1. La Primera Guerra Carlista. Los dos bandos enfrentados. Características de la guerra. Desarrollo de la
guerra.
2. La época de las Regencias. La Regencia de María Cristina. La Constitución de 1837 y el fin de la
Regencia. La Regencia de Espartero.
3. La Década Moderada (1844-1854). Características. La Constitución de 1845 y la construcción del estado
liberal. La oposición a los moderados.
4. El Bienio Progresista y la Unión Liberal (1854-1863). La Revolución de 1854. El gobierno de Espartero.
El gobierno de O'Donnell; política económica y política exterior.
5. Los años finales (1862-1868). La vuelta de los moderados al poder. La crisis del sistema.
TEMA 5 – EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874) …...............................................................................................29
1. El gobierno provisional y la Regencia. La Gloriosa Revolución. El Gobierno Provisional y la
Constitución de 1869. La elección del rey.
2. Reinado de Amadeo de Saboya. La coalición de gobierno y su división. Oposiciones al régimen.
Abdicación del rey.
3. La Primera República. Proclamación de la república. Acción de gobierno. Tres guerras civiles. La
República autoritaria.
TEMA 6 – POLÍTICA, SOCIEDAD Y ECONOMÍA EN EL SIGLO XIX ….......................................................................34
1. El liberalismo y la oposición al mismo. El liberalismo político. Liberalismo económico. Corrientes
liberales. La oposición absolutista: el carlismo. La oposición colectivista: marxismo y anarquismo.
2. La sociedad del siglo XIX. Una sociedad en proceso de cambio. Una sociedad de clases.
3. La agricultura española en el siglo XIX. Distribución de la propiedad de la tierra en el Antiguo Régimen.
Los cambios en la propiedad de la tierra. Características, sectores y evolución.
4. La industrialización española del siglo XIX. El sector textil catalán. La inversión extranjera: minería y
ferrocarriles. El sector siderúrgico. Otros sectores industriales.
5. Orígenes del Movimiento Obrero. Las primeras asociaciones obreras. El sindicalismo revolucionario. El
sindicalismo católico.
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TEMA 7 – LA RESTAURACIÓN HASTA EL DESATRE (1875-1898) ….........................................................................43
1. La Restauración y su evolución. El regreso de los Borbones. El reinado de Alfonso XII (1875-1885). La
regencia de María Cristina (1885-1902).
2. El sistema político. La Constitución de 1876. Los partidos dinásticos. El “turno de partidos”. Fraude
electoral y caquismo.
3. La oposición al sistema. Carlismo o tradicionalismo. Republicanos. Socialismo y anarquismo.
Catalanismo. Nacionalismo vasco.
4. La crisis de 1898 y sus consecuencias. La Guerra de Cuba (1895-1898). La Guerra de Filipinas (18961898). Intervención de EEUU y Paz de París (1898). El Desastre del 98 y los regeneracionismos.
TEMA 8 – LA CRISIS DE LA RESTAURACIÓN Y LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA …...............................50
1. Los intentos modernizadores El Gobierno Largo de Maura. Marruecos y la Semana Trágica (1909).
El gobierno de Canalejas.
2. La descomposición del sistema (1917-1923). La crisis de 1917. Crisis de los partidos dinásticos y
debilidad de las oposiciones. Aumento de la conflictividad social. La guerra de Marruecos y el Desastre
de Annual.
3. La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). El pronunciamiento y las reacciones. La Guerra de
Marruecos. Las reformas políticas. Política social. Política económica. Intentos de institucionalización.
4. El fin de la Dictadura y la vuelta a la legalidad. La dimisión del dictador. Los gobiernos Berenguer y
Aznar. El fin de la monarquía.
TEMA 9 – LA SEGUNDA REPÚBLICA (1931-1936) ….....................................................................................................56
1. El Gobierno Provisional (abril a diciembre de 1931). Primeros conflictos. Elecciones a Cortes. La
Constitución de 1931.
2. El Bienio de Izquierdas (diciembre de 1931 a septiembre de 1933). El gobierno y la oposición. Las
sublevaciones. Programa de reformas. El fin del Bienio.
3. Bienio de Centro Derecha (diciembre de 1933 a diciembre de 1935). El gobierno y sus apoyos. Reforma
de las reformas. La oposición. La sublevación de octubre de 1934. El fin del Bienio.
4. El Frente Popular (febrero a julio de 1936) Las elecciones y el nuevo gobierno. Crecimiento de la
violencia política.
TEMA 10 – LA GUERRA CIVIL (1936-1939) ….................................................................................................................62
1. Causas de la Guerra Civil. La crisis del sistema parlamentario. Proyectos revolucionarios y
contrarrevolución. Polarización política y violencia. División de la sociedad. El golpe militar y su
fracaso.
2. Desarrollo El pronunciamiento fallido. La lucha por Madrid. Del frente norte a la batalla de Teruel. De
la batalla del Ebro al fin de la guerra.
3. Las dos Españas. La división de España. La España republicana. La España nacional. Dimensión
internacional de la guerra.
4. Consecuencias. Las víctimas y el retroceso demográfico. Destrucción material y retroceso económico.
Establecimiento de una dictadura. Fractura social.
TEMA 11 – EL FRANQUISMO (1939-1976) …...................................................................................................................67
1. Bases ideológicas y sociales. Características. Apoyos institucionales. Las “familias”. Las bases sociales.
2. Evolución. Los años 40: del fascismo al aislamiento. Los años 50: alineamiento con Occidente. Los años
60: el desarrollismo. Los primeros años 70: crisis.
3. El Estado franquista. Las Leyes Fundamentales. Las funciones del Estado.
4. La Transición a la democracia. El gobierno Arias Navarro. El gobierno Suárez. Las Cortes constituyentes.
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TEMA 1 – FUNDAMENTOS HISTÓRICOS DE ESPAÑA
1. LA PREHISTORIA
Paleolítico
Los primeros seres humanos llegaron a la Península Ibérica hace un millón de años.
Posiblemente procedían de Europa, adonde habrían llegado desde África a través del Próximo Oriente.
Según los restos fósiles hallados (especialmente en Atapuerca, Burgos), se clasifican como Homo
Antecessor, y su evolución a lo largo de centenares de miles de años dio lugar al Homo
Neanderthalensis, que acabó extinguiéndose hace unos treinta mil años, por causas todavía
desconocidas. Unos pocos miles de años antes, y por una ruta similar, habían llegado a la Península
otros seres humanos que se clasifican ya como de nuestra especie, Homo Sapiens: es el comúnmente
conocido como Hombre de Cromagnon.
Todos ellos utilizaron la caza, la pesca y la recolección como estrategias de supervivencia. Se
adpataron con éxito a unas condiciones naturales en perpetuo cambio: se sucedieron períodos de clima
muy frío (glaciaciones) y cálido (interglaciares, como el actual). Lo lograron gracias a una tecnología
basada en el control del fuego y en la fabricación de herramientas en piedra, hueso y madera, cada vez
más complejas, que culminaron con el invento del arco y las flechas, hacia el final del Paleolítico. Al
mismo tiempo, los grupos humanos se hicieron más complejos, distribuyéndose tareas entre sus
componentes (aunque todavía no se pueda hablar de especialización).
Otras características de esta etapa son los enterramientos intencionados (atestiguados ya entre los
neandertales), y las manifestaciones artísticas (exclusivas de nuestra especie). Poseen un enorme valor
cultural las pinturas rupestres, especialmente las de la cornisa cantábrica, como las famosas de la cueva
de Altamira.
Epipaleolítico y Neolítico
Hace unos diez mil años finalizó la última glaciación. Nuestra especie (la única humana que
sobrevivía), se encontraba en pleno proceso de expansión, y ya habitaba los cinco continentes. Durante
un tiempo se mantuvieron las formas de vida paleolíticas (epipaleolítico), pero el cambio climático y el
crecimiento demográfico condujo pronto a la aplicación de nuevas estrategias de supervivencia: la
agricultura y la ganadería (neolítico).
Las poblaciones postglaciales de la Península Ibérica dejaron restos de gran interés, como la
pintura levantina. A través ella se puede contemplar la evolución de las gentes epipaleolíticas.
Hace unos siete mil años se constata la presencia de las primeras comunidades neolíticas en la
costa mediterránea: han domesticado distintas especies vegetales (trigo, cebada, legumbres) y animales
(cabra, oveja), y han incorporado nuevas tecnologías: la cerámica cardial1, y el tejido de fibras animales
(lana) o vegetales (lino). Asimismo, se ha producido la sedentarización de las poblaciones. El resto de
la Península se neolitizará progresivamente.
En el cuarto milenio antes de Cristo se extenderá la llamada cultura megalítica por buena parte
de la Europa Atlántica. Se caracteriza por las primeras construcciones monumentales, especialmente
funerarias: son sepulcros colectivos en piedra, cubiertos de túmulos de tierra (los conocidos dólmenes).
A esta época corresponde el yacimiento de Los Millares (Almería) la más antigua “ciudad” peninsular
atestiguada, con poderosas fortificaciones.
1 Llamada cardial por la decoración con imprimaciones del molusco cardium.
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Edad de los Metales
La metalurgia llega a la Península hace unos cinco mil años. Inicialmente los objetos metálicos,
realizados en oro, plata o cobre, son joyas y adornos que muestran el rango de sus poseedores. Los
restantes objetos que se utilizan habitualmente no han variado en lo fundamental, aunque hayan
surgido nuevas “modas” (por ejemplo, el vaso campaniforme).
Pero en el segundo milenio antes de Cristo, con la introducción del bronce (aleación de cobre y
estaño) se obtiene un material muy valioso con aplicaciones armamentísticas. La población peninsular
aumenta: son más numerosos los asentamientos fortificados. Y la sociedad se hace más compleja, con
una jerarquización creciente que se observa en los muy diferentes ajuares de las tumbas, ahora
individuales. Se pueden distinguir varias áreas regionales, como la cultura de El Argar, en el sudeste
peninsular, o la importante zona metalúrgica del sudoeste, en torno a Huelva..
En el primer milenio antes de Cristo se producen numerosos cambios. A través de los Pirineos
llegan a la Península poblaciones indoeuropeas2 que introducirán novedades como la cremación de los
cadáveres y el uso del hierro. Este mineral es muy abundante y presenta numerosas ventajas sobre el
bronce, por lo que aumentará mucho el uso de objetos metálicos.
2. PROTOHISTORIA
Pueblos colonizadores: fenicios y griegos
A principios del primer milenio antes de Cristo llegaron a las costas de la Península navegantes
en busca de recursos mineros con los que abastecer a las sociedades ya plenamente históricas del
Mediterráneo oriental. A cambio, proporcionaban objetos manufacturados y de lujo. Son comerciantes
fenicios y griegos, que pronto erigirán colonias en la costa para asegurarse el mercado. Las más
conocidas son la fenicia Cádiz y la griega Ampurias.
Estos mercaderes dejarán escritos los primeros relatos y descripciones de estas tierras del
poniente europeo, a las que los fenicios bautizarán con el nombre de Ischephanim (costa de los
metales)3, y los griegos con el de Iberia (tierra del río Iber).
Estos colonizadores introducirán en la Península nuevas tecnologías (como el torno de alfarero),
modas artísticas, formas de organización político-social (la ciudad estado mediterránea) y la escritura,
con lo que las poblaciones peninsulares comienzan a entrar en la Historia.
Tartessos
Este reino es el más antiguo estado peninsular que conocemos, a través de las fuentes griegas y
de la arqueología, y se localiza entre el curso inferior del Guadalquivir y Huelva. Es una zona con una
rica minería, desde la que se controlaba el comercio del estaño procedente del norte de Europa. Poseían
una refinada cultura material de influencia oriental (tesoro de El Carambolo) y crearon su propia
sistema de escritura, de carácter silábico. Los textos griegos nos hablan con admiración de sus antiguas
leyes, y del nombre de algunos de sus reyes, como Argantonio. Por razones desconcidas, a mediados
del primer milenio antes de Cristo, Tartessos se disgrega en numerosas ciudades-estado
independientes.
Pueblos prerromanos
Cuando cartagineses y romanos inicien la conquista de la península en el siglo III a.C., ésta
presenta una gran diversidad.
El Este y el Sur (valle del Guadalquivir, costa mediterránea, sistema Ibérico, zona más oriental
de la Meseta y valle del Ebro) muestran un considerable desarrollo cultural y económico. Poseen sus
sistemas de escritura y pronto producirán sus propias monedas. Políticamente se articulan en ciudadesestado, con sus magistrados, y se agrupan en pueblos o etnias con un supuesto origen común: así,
2 Los indoeuropeos no son una raza, ni una etnia, ni grupo determinado. Es una noción exclusivamente lingüística, que
hace referencia a un amplio con junto de idiomas relacionados entre sí.
3 Según otros, de los Conejos. Los romanos transformarán esta palabra en Hispania.
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Salduie (Zaragoza) forma parte de los sedetanos, y Contrebia (Botorrita) de los belos. Griegos y
romanos los clasificarán en dos, según el tipo de idioma que poseen: los iberos son los de lenguas
preindoeuropeas (como Salduie) y los celtíberos (como Contrebia) los de lenguas indoeuropeas.
El resto de la península estaba habitado por pueblos agrícolas y ganaderos con un menor grado
de desarrollo cultural, al estar más alejados de la influencia mediterránea. En la Meseta y la costa
atlántica viven distintos pueblos célticos (como los lusitanos) de lengua indoeuropea, y en el norte
otros pueblos preindoeuropeos más o menos celtizados: son los galaicos, astures, cántabros, vascones
y jacetanos.
3. EDAD ANTIGUA
La conquista romana de Hispania
La presencia de Cartago y de Roma en la Península es consecuencia de su enfrentamiento por la
supremacía en el Mediterráneo central y occidental en la denominada Segunda Guerra Púnica (218202 a.C.). Las dos potencias estaban dirigidas militarmente por Aníbal y Escipión el Africano,
respectivamente. Los combates tuvieron lugar en la península, en Italia y en África, hasta la definitiva
derrota de Aníbal en la batalla de Zama. El resultado del triunfo de los romanos fue la conquista del
este y sur de Hispania (la zona de población ibérica).
Sin embargo, poco después Roma chocará con las poblaciones vecinas. En el este se producirán
las Guerras Celtibéricas (153-133 a.C.), que sólo concluirán con la definitiva toma de Numancia. En
el sur tienen lugar las Guerras Lusitanas (155-139 a.C.) en las que los lusitanos dirigidos por Viriato
amenazan los territorios romanos del valle del Guadalquivir. Para los romanos, su victoria en ambas
supone el dominio de la Meseta y de su considerable producción cerealística.
Sólo queda al margen de Roma el área del norte situada entre el mar y el sistema Cantábrico,
habitada por cántabros y astures. Será Octavio Augusto, el primer emperador romano, el que la ocupe
tras las Guerras Cántabras (29-19 a.C.), concluyendo así la conquista de Hispania.
La romanización
Se llama romanización al proceso por el que las poblaciones hispánicas se asimilan
progresivamente a la cultura romana, incluyendo desde el idioma (el latín), la religión y la organización
social y económica, hasta el vestido, las diversiones públicas y formas de vida.
El vehículo principal de romanización lo constituyeron las ciudades, unas de fundación romana y
otras preexistentes. Poseen distintas categorías, destacando las colonias, habitadas por ciudadanos
romanos. En cualquier caso, todas pretender ser otras Roma. Una red de calzadas bien pavimentadas
asegura las comunicaciones entre ellas. Las principales eran la Vía Augusta (que procedente de Roma
recorría la costa mediterránea), la de Tarragona a Astorga, la de Zaragoza a Mérida, y la Vía de la Plata
(de Sevilla a Astorga).
Al concluir la conquista, Hispania quedó dividida en tres provincias: Bética (con capital en
Córdoba), Lusitania (Mérida) y Tarraconense (Tarragona). Ésta última se dividirá en el siglo IV en
cuatro nuevas provincias: Galecia (Braga), Cartaginense (Cartagena), Baleárica (Pollensa) y la más
pequeña Tarraconense. El conjunto constituye una de las doce diócesis del Imperio.
La romanización fue un rápido proceso que incluyó a Hispania en el espacio político, económico
y cultural del Imperio romano. Su éxito se manifiesta en la abundante presencia de hispanos en
numerosos ámbitos: el filósofo cordobés Séneca, el poeta bilbilitano Marcial, los emperadores Trajano
y Adriano, ambos nacidos en Itálica.
Un último elemento romanizador de capital importancia fueron los primeros cristianos,
organizados en núcleos de cierta importancia ya en el siglo II en torno a sus obispos. Las autoridades
romanas alternan una cierta tolerancia con la persecución de la nueva religión (San Valero, Santa
Engracia), ya que choca con el oficial culto al emperador. Sólo en el siglo IV se legalizará el
cristianismo y, posteriormente será la nueva religión oficial del imperio, lo que permitirá la
organización de los primeros concilios hispánicos (en Granada, Zaragoza y Toledo).
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El reino visigodo
En el siglo V desaparecerá el Imperio Romano de Occidente, como consecuencia de la
tradicionalmente llamada invasión de los bárbaros, en su mayoría germanos. A Hispania llegarán
vándalos, alanos, suevos y visigodos, aunque finalmente sólo los dos últimos constituirán auténticos
reinos. La desaparición del Imperio supone un creciente retroceso cultural y económico, acompañado
de un proceso de ruralización. Sin embargo la cultura dominante sigue siendo la romana cristiana, a la
que progresivamente se asimilarán suevos y visigodos.
Los visigodos establecen un poderoso estado a caballo de los Pirineos con capital en Toulouse.
Sin embargo, en 507 son derrotados por los francos en la batalla de Vouillé, y pierden todas las tierras
ultrapirenaicas, a excepción de la zona de Narbona. Desde la nueva capital, Toledo, los visigodos
lograrán en la segunda mitad del siglo VI unificar políticamente toda la Península, mediante la
conquista del reino suevo del noroeste peninsular y de los territorios del sur ocupados por los
bizantinos4. El principal papel en este sentido correspondió al rey Leovigildo; su hijo Recaredo será el
artífice de la conversión de los visigodos al catolicismo y, por tanto, de la concertación con los
mayoritarios hispanorromanos.
El reino de Toledo será uno de los principales estados occidentales durante el siglo VII, a pesar
de la inestabilidad política que provoca el sistema electivo de sus reyes entre la aristocracia goda. Es en
esta época cuando San Isidoro de Sevilla escribirá sus Etimologías, obra que resume el legado de la
Antigüedad y que será muy admirado durante los siglos siguientes en toda Europa.
4. LA EDAD MEDIA
En 622 Mahoma, que ha establecido la nueva religión del Islam, se ve obligado a abandonar La
Meca. Sin embargo en pocos años logrará aglutinar a las poblaciones árabes, que comenzarán un
proceso de asombrosas conquistas. Antes de que transcurra un siglo, en 711, desembarcarán y ocuparán
Hispania, tras derrotar en la Batalla de Guadalete al último rey visigodo, Don Rodrigo.
Al-Andalus
Es la denominación que dan a Hispania los conquistadores musulmanes del siglo VIII5, y que se
aplica a sus estados islámicos. Su existencia abarcó desde 711 (desembarco de Tariq) hasta 1492
(Boabdil entrega Granada a los Reyes Católicos), y supuso la inclusión del antiguo espacio romanocristiano-visigodo en el ámbito de la nueva civilización islámica. Se distinguen estas etapas:
Hegemonía (siglos VIII-X). El dominio político y militar musulmán es incontestable, y más tarde
lo será también en lo cultural. Inicialmente forma parte del califato Omeya de Damasco, pero en 756 se
establece el Emirato independiente de Córdoba, con Abderramán I. Su descendiente Abderramán III se
proclama califa en 929, uniendo el poder religioso al político y militar.
Reinos de Taifas (siglo XI). La división del califato en numerosos reinos supone la pérdida de la
hegemonía en la Península y el inicio de la primera gran ofensiva cristiana en los valles del Tajo y
Ebro. A pesar de que se mantiene un alto nivel cultural y artístico, su debilidad militar les obliga a
pedir ayuda a sus vecinos africanos.
Los imperios norteafricanos (siglo XII). Los imperios de los Almorávides y de los Almohades
intentan sucesivamente detener la expansión cristiana. Logran frenarla, e imponen un mayor rigorismo
religioso que provoca un retroceso cultural. La derrota de los almohades en la batalla de las Navas de
Tolosa (1212) da paso a la segunda gran expansión de Portugal, Castilla y Aragón.
El reino nazarí de Granada (siglos XIII-XV). Inicialmente es un reino musulmán tributario del
rey de Castilla, pero pronto recupera su independencia. Las frecuentes guerras fronterizas concluirán
con la conquista que llevan a cabo los Reyes Católicos a fines del siglo XV.
A lo largo de los siglos se producen grandes cambios en la composición de la sociedad andalusí.
En la época de apogeo está constituida por los descendientes de árabes y sirios (que constituyen los
4 Imperio Romano de Oriente, con capital en Bizancio, la actual Estambul.
5 Lo atestigua un dinar bilingüe de 718 en el que figuran los dos nombres.
Apuntes de Historia de España
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linajes más prestigiosos), de bereberes norteafricanos, y de muladíes (descendientes de cristianos
conversos al Islam). Al margen se encuentran las gentes del Libro: mozárabes o cristianos y judíos. Sin
embargo, desde mediados del siglo XII cristianos y hebreos son obligados a convertirse, deportados a
Africa o emigran a los estados cristianos.
Al-Andalus jugó un importante papel en la transmisión de la cultura helenística (como la
recuperación de Aristóteles) y oriental (conocimientos científicos y técnicos).
La reconquista cristiana
Se denomina reconquista al largo proceso por el que poblaciones hispánicas mantienen su cultura
y religión propia, se oponen al dominio islámico y progresivamente establecen estados cristianos que
recuperan el territorio peninsular. Se pueden distinguir las siguientes etapas:
Los primeros estados cristianos (siglos VIII al X). A partir de la batalla de Covadonga (722)
ganada por Don Pelayo surgirá el reino de Asturias, que se afirmará debido al escaso interés de los
musulmanes por el norte cantábrico, y a la parcial despoblación de la Meseta Norte (Desierto del
Duero). En esta amplia zona y a partir de Asturias nacerán el reino de León y el condado de Castilla.
En la mitad oriental del norte peninsular surgirán en el siglo IX otros núcleos resistentes como el reino
de Pamplona y los numerosos condados de origen carolingio6, desde Aragón a Barcelona. A principios
del siglo XI, con la disgregación del califato, el reino cristiano más poderoso es el de Pamplona, con
Sancho III el Mayor; a su muerte, sin embargo, dividirá sus estados entre sus hijos.
La primera gran expansión cristiana (siglos XI-XII). Coincide con la época de los reinos de
taifas. Alfonso VI de León cruza el sistema Central y se adentra en la Meseta Sur (Toledo, 1085).
Alfonso I de Aragón logra descender al valle del Ebro (Zaragoza, 1118) y toma el Sistema Ibérico
(Soria, 1120). Y, entre medias, el noble castellano desterrado Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, ocupa
temporalmente Valencia (1094-1102). Este proceso expansivo será frenado por los dos grandes
imperios islámicos que ocupan sucesivamente Al Ándalus, los almorávides y los almohades.
La definitiva reordenación de la España cristiana (siglo XII). Se crea el reino de Portugal
(desgajado de León), y se unen Aragón y Barcelona (la futura Corona de Aragón). Navarra queda como
un pequeño reino sin frontera con Al-Andalus, y por tanto sin capacidad expansiva.
La segunda gran expansión de la España cristiana (siglo XIII). En la importante batalla de las
Navas de Tolosa (1212), los almohades son derrotados por un ejército de castellanos, navarros y
aragoneses. Este triunfo permitirá la conquista del sur de la Península: Portugal ocupará el Algarve,
Fernando III de Castilla (ya definitivamente unida con León) el valle del Guadalquivir y Murcia, y
Jaime I de Aragón las Baleares y Valencia. Quedará un único estado islámico, el reino de Granada
(bien protegido en el Sistema Penibético), y durante un tiempo feudatario de Castilla.
La época de los Cinco Reinos (siglos XIV y XV). La Península queda dividida entre Granada y los
cuatro reinos cristianos: Coronas de Castilla y de Aragón, y Reinos de Portugal y de Navarra. En ellos
los reyes (emparentados entre sí) buscan afirmarse sobre la alta nobleza feudal, apoyándose en las
élites urbanas enriquecidas mediante el comercio. Surgen las Cortes (con representación estamental:
nobleza, clero y ciudades), y las Universidades toman cada vez más importancia. El esfuerzo
reconquistador es substituído por una importante expansión marítima. Portugal y Castilla exploran el
Atlántico: islas de Madeira (1341), islas Canarias (1352), mientras que Aragón se hace con un gran
imperio mediterráneo: Sicilia, Cerdeña , Nápoles...
Sistemas de repoblación
La repoblación es el proceso desarrollado en España a lo largo de la Edad Media, por medio del
cual los cristianos se instalan en territorios hasta entonces deshabitados u ocupados por los
musulmanes. Se inicia a comienzos del siglo IX y concluye en el siglo XV. Los sistemas de
repoblación varían en el tiempo:
Presura (estados occidentales) o aprisio (estados orientales); siglos IX y X. Tiene lugar en la
cuenca del Duero, parte de Galicia, comarcas del alto Ebro y algunas de Cataluña, en zonas
6 El rey franco Carlomagno, coronado emperador en 800, asegura las fronteras de la Cristiandad mediante la conquista de
las llamadas Marcas, entre las que se incluye la Marca Hispánica.
Apuntes de Historia de España
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semidespobladas sin un poder político establecido. El repoblador ocupa tierra inculta, la pone en
cultivo, y ésta pasa a ser de su propiedad. Fue realizada por grupos de campesinos, por monasterios, y
por señores (que usan siervos). Con el paso del tiempo, buena parte de la pequeña propiedad será
absorbida por los señoríos.
Repoblación concejil; siglos XI y XII. Es característica de las tierras fronterizas con la España
musulmana: Extremaduras castellana y leonesa, valles del Tajo y del Ebro. Son zonas en las que, tras la
conquista, subsiste población islámica7. Ante la dificultad de conseguir colonos, los soberanos fundan
concejos a los que conceden cartas de población o fueros, que recogen privilegios para los
repobladores.
Repartimentos; siglos XIII y XIV. Son consecuencia de la conquista de Mallorca, Valencia,
Andalucía y Murcia. El rey establece una junta de partidores que distribuye tierras y casas entre
conquistadores y repobladores (teniendo en cuenta su condición social: un caballero recibirá más
tierras que un villano). En paralelo, concede grandes propiedades rurales a la alta nobleza
(especialmente en el valle del Guadalquivir).
Los Señoríos
Son instituciones fundamentales durante la Edad Media y la Edad Moderna. En su origen el
señorío es un dominio territorial cuyo titular dispone de patrimonios, rentas y jurisdicción gracias a una
concesión regia, que le supone unos compromisos con el rey. Dicho territorio es su estado, que debe
gobernar y defender, y en el que tiene que asegurar la justicia. En fecha temprana se convertirán en
hereditarios; progresivamente desaparecerá la servidumbre. En su evolución se puede distinguir entre:
1. Señorío territorial. El señor es propietario último de la tierra. Sin embargo, una parte de ésta
se encuentra en manos de la población, que la trabaja y transmite a sus herederos (incluso puede
“vender” su aprovechamiento) a cambio de determinadas obligaciones y del pago de rentas (en muchos
casos contratos a larguísimo plazo).
2. Señorío jurisdiccional. El señor ejercita atribuciones jurisdiccionales sobre la población:
administra justicia, nombra a los cargos municipales, recluta soldados para el rey... Y para ello cobra
determinados impuestos o cargas a la población.
3. Señorío mixto o pleno. Une la propiedad y la jurisdicción.
Las tierras de señorío se oponen a las tierras de realengo, de señorío directo del rey. Según su
titularidad los señoríos pueden ser: nobiliarios o solariegos en los que el titular es noble y suele
vincular tierras y derechos al señorío (mayorazgo)8; eclesiásticos en los que el titular es un obispado o
monasterio masculino o femenino; y de las Órdenes Militares, antiguas instituciones religiosomilitares que desde los Reyes Católicos dependen de la Corona.
El régimen señorial perdurará hasta su abolición en las Cortes de Cádiz (durante la Guerra de
Independencia, en 1811). La eliminación de los derechos jurisdiccionales no supondrá dificultades de
consideración, al contrario que el señorío territorial, asimilado a la propiedad privada del antiguo
señor. En muchos lugares surgirán conflictos entre éstos y los campesinos, que ven alterados o
perdidos todos o parte de sus derechos tradicionales al uso de la tierra. Este conflicto sólo entrará en
vías de solución con la afirmación del sistema liberal en 1837 y el fin de la primera guerra carlista.
7 Denominados mudéjares.
8 En la Edad Moderna, la venta de señoríos supondrá una importante fuente de ingresos para la Corona.
Apuntes de Historia de España
10
TEMA 2 – LA EDAD MODERNA
1. LOS REYES CATÓLICOS (1474-1516)
A pesar de su división política, los cuatro reinos cristianos de la península tienen una renovada
idea de pertenencia común a un ámbito geográfico e histórico, la vieja Hispania. Las relaciones son
abundantes y los mismos reyes están emparentados entre sí. Además, y desde el Compromiso de Caspe
(1412), los reyes de la Corona de Aragón pertenecen a la dinastía castellana de los Trastamara. La
unión dinástica llegará en 1469 con el matrimoniode los herederos de Castilla (Isabel) y de Aragón
(Fernando), que recibirán el título de Reyes Católicos. Cuando definitivamente suban al trono, serán
titulares de un buen número de estados, desde Canarias a Sicilia.
Creación de un estado moderno
El resultado de la unión dinástica no es un reino unificado. Se impone el modelo de Monarquía
compuesta de la Corona de Aragón: subsisten los estados preexistentes, cada uno con sus leyes,
instituciones y fronteras (y sus propios señoríos internos), unidos tan sólo por la “cabeza” (los reyes), y
por una idea de pertenencia a un ámbito histórico y cultural, España, en la que se incluyen otros
estados (Portugal y Navarra). Y como ocurre en otras regiones de Occidente, se afirma definitivamente
el poder real sobre nobleza, clero y ciudades: es el triunfo de la Monarquía autoritaria renacentista.
Los reyes crearán el germen de una administración central. Son los denominados Consejos,
situados en la Corte para asegurar la relación de los monarcas con sus estados (Consejos de Castilla, de
Aragón, de Italia), o para ocuparse de ámbitos determinados (Consejo de Órdenes Militares, Consejo
de la Inquisición).
Otro rasgo característico de los estados modernos es la búsqueda de una mayor cohesión de la
sociedad. Ésta se ve comprometida por la diversidad religiosa, inexistente en el resto de Occidente. De
ahí los continuos esfuerzos por lograr la conversión de judíos y musulmanes. El resultado final será la
expulsión de los judíos que no lo han hecho (1492), y la conversión forzosa de los mudéjares islámicos
de la Corona de Castilla (1502).
Los Reyes Católicos llevaron a cabo una política internacional conducente a convertir sus
estados en una gran potencia, en buena medida a costa de Francia. Para ello casaron a sus hijos con
herederos de las casas soberanas de Portugal (buscando concluir la unión dinástica de la Península),
Inglaterra, Borgoña y Austria (titular del Imperio de Alemania).
Llevaron a cabo una gran expansión territorial. Mediante diversas campañas militares (y en
ocasiones por la diplomacia) se recuperaron estados tradicionalmente vinculados a Aragón: los
condados catalanes ultrapirenaicos del Rosellón y la Cerdaña (1493) y el reino de Nápoles (1503). Se
concluyó la reconquista peninsular (reino de Granada, 1492), y se quiso proseguir en el norte de
África9. Se anexionó el reino de Navarra (1512). Y se inició la conquista de América, desde 1492.
La Inquisición
En las sociedades precontemporáneas la herejía reviste un doble carácter: es un pecado y al
mismo tiempo un delito contra la sociedad, ya que la divide, debilita y puede llegar a destruirla. La
inquisición medieval surgirá ante el desarrollo de una nueva herejía, la de los cátaros. Los tribunales
(formados por frailes dominicos) inquieren o averiguan si determinados cristianos se apartan de la fe, e
imponen los correspondientes castigos que serán aplicados por la autoridad civil. España quedó al
margen de este fenómeno, que sólo tuvo cierta presencia en la Corona de Aragón.
9 Entre 1497 y 1510 se conquistan las ciudades norteafricanas de Melilla, Orán y Argel.
Apuntes de Historia de España
11
La causa de su implantación en España a fines del siglo XV está en el problema de los
judeoconversos. A lo largo de esta centuria un elevado número de judíos se convirtió al cristianismo
libre, forzosa o interesadamente. Muchos de ellos continuaron practicando en secreto su religión lo que
suponía un grave atentado a las bases sociales de la época. Ante esta situación los Reyes Católicos
logran del Papa autorización para crear una Inquisición (o Santo Oficio) dependiente de la Corona
(1478), lo que supone una radical innovación con respecto al modelo medieval. Los reyes dispondrán
de este modo de un instrumento que jugará a su servicio un importante papel político en la
construcción del estado moderno en España.
Dirigen la institución un Inquisidor General y un Consejo de la Suprema y General Inquisición,
todos ellos nombrados por el rey. De esta cúpula dependen los tribunales de distrito, con una nutrida
burocracia: desde inquisidores (jueces) y fiscales a despenseros y porteros. Otros funcionarios sin
sueldo completaban el control territorial: los comisarios y los familiares.
Los procesos eran secretos y estaban rigurosamente regulados. El objetivo era lograr la confesión
del reo y su arrepentimiento; éste, aunque contaba con un abogado, desconocía la persona que le había
delatado, y podía ser sometido a tormento. La tortura, sin embargo, fue poco utilizada por la
Inquisición (en comparación con la justicia ordinaria), no tanto por humanidad como por desconfianza
sobre su eficacia. Las condenas consistían en abjuración de la herejía y penitencia espiritual,
económica o corporal (azotes, cárcel). Reincidentes e impenitentes podían ser relajados al brazo
seglar: se les entregaba a la justicia ordinaria para que ésta los ejecutase en la hoguera.
Los Autos de Fe eran actos solemnes de exaltación de la ortodoxia: en la plaza pública se leían
las sentencias a los condenados con sus sambenitos, en presencia de las autoridades y con asistencia
masiva de fieles. Las ejecuciones tenían lugar aparte, en el llamado quemadero.
La mayor parte de las víctimas de la Inquisición se concentran en su primer medio siglo de
existencia: quizás lleguen a 9.000 las personas realmente ejecutadas (en su mayoría por judaizar).
Menos de un millar más lo serán hasta su definitiva supresión en 1820. En paralelo, un sinfín de
condenas menores por delitos como bigamia, superstición, hechicería, solicitación, etc. En este sentido,
el Santo Oficio resultó menos letal que otras formas europeas de intolerancia religiosa, pero sus rasgos
específicos lo convierten en un poderoso instrumento político-religioso para el control ideológico de la
sociedad sin paralelo en el continente.
Mudéjares y moriscos
Los mudéjares son los musulmanes que permanecen en el territorio conquistado por los
cristianos durante la Edad Media. Para mantener la vida económica de estas comarcas se les conceden
capitulaciones, acuerdos que garantizan sus propiedades, religión, costumbres, organización y derecho,
y que serán respetados en distintos grados.
Por lo general son pequeños agricultores o artesanos, y viven en las aljamas o morerías,
comunidades separadas que a veces constituyen pueblos enteros. Habitan en ciudades, en tierras de
realengo y en tierras señoriales. En el siglo XV se establecen disposiciones legales más restrictivas,
pero no se iniciarán conflictos de consideración hasta finales del siglo con la sublevación del recién
conquistado reino de Granada. La consecuencia será la conversión forzosa de 1502 (en Castilla) y 1526
(Aragón). Estos cristianos nuevos serán denominados a partir de entonces moriscos.
A principios del siglo XVI los moriscos se concentran especialmente en el reino de Valencia,
valle del Ebro, Murcia y reino de Granada. Continúan viviendo en comunidades muy cerradas y se
resisten en general a abandonar su religión (que practican en secreto), cultura y organización. Gozan de
una cierta benevolencia: los nobles protegen a los que viven en sus señoríos (son una fuente de
riqueza) y la Inquisición no es rigurosa con ellos (no así con los judaizantes).
Progresivamente se les considera un peligro potencial ya que pueden apoyar a los turcos y piratas
berberiscos que atacan las costas mediterráneas y atlánticas. La rebelión de las Alpujarras (1568-70)
provoca la dispersión de los moriscos de Granada por tierras de Castilla. Finalmente, en 1609-1610, el
rey Felipe III ordena la expulsión de todos los moriscos de España, unos 300.000 (unos 60.000 del
reino de Aragón).
Apuntes de Historia de España
12
2. LAS INDIAS
Descubrimiento y conquista
Cristóbal Colón desembarca en América el 12 de octubre de 1492, iniciándose así un proceso
muy rápido de colonización del continente. Los primeros establecimientos se realizan en la isla de
Santo Domingo, y, progresivamente en Cuba y en el istmo centroamericano. El gran impulso es
consecuencia de la expedición de Hernán Cortés (1518) que descubre y conquista el Imperio Azteca,
con un grado de desarrollo cultural muy superior. Posteriormente, en 1531 Francisco de Pizarro
conquistará el gran Imperio Inca, en la América andina.
Aunque bajo la protección de Castilla, la conquista es en buena medida el resultado de iniciativas
particulares. Medio siglo después del primer viaje de Colón, las posesiones hispánicas se extienden por
el Caribe, América central, y una enorme extensión en América del Sur, especialmente en la costa del
Pacífico. Posteriormente la expansión continuará tanto hacia el norte (en lo que ahora es Estados
Unidos), como hacia el sur (las actuales Chile y Argentina) e incluso, a través del Pacífico, hasta las
islas Filipinas.
Organización
Pronto la Monarquía debe dotar de una organización a este gran imperio. El elemento básico es
el municipio con su correspondiente Cabildo. El conjunto de las posesiones españolas se agrupan en
dos virreinatos, el de Nueva España o México, y el del Perú. De este último se desgajarán, ya en el
siglo XVIII, los virreinatos de Nueva Granada (con sede en Bogotá) y de La Plata (Buenos Aires).
En Europa se encuentran dos instituciones fundamentales. La Casa de Contratación de Sevilla,
que se reponsabiliza del tráfico mercantil, de la concesión de permisos, de la navegación y de la
formación del personal especializado, etc. Por último, al Consejo de Indias le compete todo lo
relacionado con las Indias: leyes, administración, orden público, tutela de indios, etc. El Consejo es el
tribunal último de apelación, y envía visitadores (inspectores) para controlar a las autoridades.
Las Encomiendas
La encomienda es una institución característica de la América hispánica, especialmente
importante en los siglos XVI y XVII, y sobre todo en México y Perú, ls zonas más pobladas. Consiste
en la entrega de población indígena a un colono. Éste debe evangelizarlos y educarlos; a cambio,
aquellos deben prestarle servicios personales (trabajo) y tributos. Sin embargo, legalmente los indios
son personas libres y vasallos del rey.
El origen de la encomienda está en la Edad Media peninsular, pero su adaptación americana es
consecuencia de los problemas que plantea la conquista y su aprovechamiento económico,
especialmente tras la prohibición de esclavizar a los indios (otra consecuencia de lo cual será la
introducción de población africana esclava).
Los abusos fueron considerables y habituales desde el principio, y fueron denunciados con poco
éxito por algunos clérigos y funcionarios de la Corona, como fray Bartolomé de las Casas 10. El mismo
Consejo de Indias promulgó las Leyes Nuevas en 1542 con la intención de perseguir los excesos. En la
práctica se abolían las encomiendas, al prohibir tanto las prestaciones personales como la posibilidad
de heredarlas.
Las protestas a que dieron lugar llevaron al incumplimiento generalizado de las Leyes Nuevas.
Por ello en 1545 se autorizó a conservar las Encomiendas durante dos generaciones, aunque
manteniendo la prohibición de la esclavitud y del trabajo forzoso (este último, sin embargo, subsistió
en muchas regiones). El plazo para la extinción de la encomienda fue prorrogado en repetidas
ocasiones, y en el siglo XVII se estableció el pago a la Corona de un tercio de las rentas que generaban.
No desaparecieron por completo hasta la segunda mitad del siglo XVIII.
10 Su obra más difundida fue Brevísima historia de la destrucción de las Indias.
Apuntes de Historia de España
13
3. LOS AUSTRIAS MAYORES (SIGLO XVI)
Juan, el hijo de los Reyes Católicos, muere prematuramente. Por ello, cuando la reina Isabel
muere en 1504, la Corona de Castilla (con Granada y América) pasa a la hija mayor Juana, casada con
Felipe de Austria, mientras que su padre Fernando se retira a sus estados de Aragón. Sin embargo, con
la muerte de Felipe en 1506 y la incapacidad de Juana, el rey Católico volverá y regirá Castilla hasta su
muerte en 1516, mientras su nieto Carlos se cría en Flandes.
El imperio cristiano de Carlos I (1516-1556)
Carlos de Austria se convertirá en heredero de cuatro Casas europeas: Castilla (con las Canarias
y las Indias), Aragón (con Nápoles, Sicilia y Cerdeña), Borgoña (Países Bajos, Luxemburgo y Franco
Condado) y Habsburgo (Austria y el título de Emperador de Alemania). Continuará la política
matrimonial de sus abuelos: él mismo casará con Isabel de Portugal, su hermano Fernando con la
hermana del rey de Bohemia y Hungría (que herederá estos estados), y su hijo Felipe con la reina de
Inglaterra. Todo ello, junto con la conquista de Milán (batalla de Pavía, 1525), le convertirá en el más
poderoso monarca europeo.
Tras afirmar el poder real en sus estados peninsulares (Guerras de las Comunidades y de las
Germanías, 1517-1522), su gran objetivo será la defensa de Europa (la Cristiandad) ante el Imperio
Turco Otomano. Éste se encuentra en plena expansión desde el siglo XV, y ahora controla en buena
medida el Mediterráneo y conquista parte del valle del Danubio. Carlos logrará detenerlo a las puertas
de Viena, y ocupará un rosario de plazas en el litoral norteafricano hasta Trípoli, con el propósito de
frenar el poderoso corso berberisco vasallo de los turcos.
Para lograr este objetivo Carlos pretende mantener unida (y supeditada) Europa, pero choca con
la resistencia de Francia, cuyo rey Francisco I se resiste a aceptar la supremacía de Carlos, y llega a
aliarse con los turcos. Un segundo foco de conflictos es la aparición del protestantismo. Cuando
fracasan sus iniciativas para acercar las distintas posturas, el emperador se enfrenta con ellos (batalla
de Mühlberg, 1547) pero debe terminar aceptando la división entre una Europa católica y otra
protestante por la Paz de Augsburgo (1555).
Finalmente, en 1556 abdica y se retira a Yuste en España. Entrega a su hijo Felipe los estados de
Castilla, Aragón, Borgoña y Milán, mientras que su hermano Fernando recibe los estados de Austria y
el título de Emperador de Alemania, que une a sus propios estados de Bohemia y Hungría. Surgen de
este modos las dos ramas de la familia Habsburgo, la hispánica y la austríaca.
La monarquía hispánica de Felipe II (1556-1598)
Con Felipe II la monarquía se hispaniza: cada vez es mayor el peso de España y las Indias en el
conjunto. Sus objetivos básicos continúan siendo la defensa del catolicismo en Europa y la defensa de
Europa contra los turcos. Así, apoyará el Concilio de Trento, que supone la renovación y reforma de la
Iglesia Católica, pero en 1588 fracasará la Gran Armada contra Inglaterra. En cambio, la victoria naval
en la Batalla de Lepanto (1571) supone un duro golpe para los otomanos.
En 1580 Felipe II hereda el reino de Portugal con su imperio ultramarino extendido por África,
América y Asia. Sin embargo esta extensa monarquía presenta las primeras fisuras. En 1566 se inicia
un levantamiento en los Países Bajos que se irá agravando con el tiempo, hasta producirse una
definitiva partición entre el norte rebelde y el sur leal. En 1568 son los moriscos del antiguo reino de
Granada los que se rebelan; tardarán dos años en ser sometidos. Por último, en 1591 será Zaragoza la
que se levante en apoyo de Antonio, un exsecretario real enfrentado con Felipe II. Las alteraciones se
saldarán con la decapitación del Justicia de Aragón.
Características y organización de la Monarquía
La Monarquía Hispánica es un complejo estado, heredero del de los Reyes Católicos, con tres
notas características: es autoritaria (el poder del rey es supremo, y los señores laicos y eclesiásticos y
las ciudades le están sometidos), compuesta (subsisten todos los antiguos estados medievales, con sus
leyes e instituciones propias), y polisinodial (la administración del conjunto se articula mediante
Apuntes de Historia de España
14
distintos Consejos: el principal es el de Castilla, al que se suman los de Aragón, Italia, Flandes e
Indias, y los especializados de Estado, Hacienda, Inquisición y Órdenes).
Mientras que Carlos I fue un monarca viajero, Felipe II desde que ocupa el trono se establece en
Madrid, que se convierte en la capital. Por ello la figura clave en cada uno de los estados es la del
virrey, generalmente un alto noble y en ocasiones miembro de la familia real.
Mantener la hegemonía en Europa exige disponer de poderosos ejércitos (los tercios) y armadas
(en el Mediterráneo y en el Atlántico), y de cuantiosos recursos financieros. Será la Corona de Castilla
(que incluye las Indias y sus envíos de metales preciosos) la que correrá en buena medida con los
gastos, provocando un agotamiento que acabará por pasar factura en el siglo siguiente.
4. LOS AUSTRIAS MENORES (SIGLO XVII)
Reyes y validos
En el siglo XVII Monarquía Hispánica se transmitirá de padre a hijo entre Felipe III (1598-1621),
Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700). El crecimiento de la administración, la mayor
complejidad de los asuntos políticos y económicos, y una menor capacidad de trabajo de los reyes
imponen la figura de los privados o validos. Es éste un fenómeno general europeo 11: los reyes requieren
de un colaborador, que no ocupa un cargo determinado, y que despacha los asuntos cotidianos de
gobierno. Los validos suelen generar acusaciones de corrupción y el consiguiente rechazo. Los más
destacados son el Duque de Lerma con Felipe III.y el Conde Duque de Olivares con Felipe IV.
El fin de la hegemonía de la Monarquía Hispánica y la Paz de Westfalia (1648)
La Monarquía Hispánica de los Habsburgo es en el siglo XVII un conjunto de estados y
territorios de Europa12, América, África y Asia. Desde el siglo anterior se ha constituido en primera
potencia militar y política, y ha mantenido una estrecha alianza con los Habsburgo de Viena, que
encabezan un conjunto comparable de estados y poseen el título de emperadores de Alemania. Sólo la
rebelión de los Países Bajos del norte (que dará lugar a las Provincias Unidas, Holanda) supone una
merma importante al prestigio hispánico.
En 1618 se inicia en Praga un conflicto que acabará por denominarse la Guerra de los Treinta
Años. Es un problema político-religioso que afecta a los Habsburgo austríacos y a sus súbditos, pero la
guerra se extenderá con la participación de otras potencias: Suecia, Dinamarca, España, Francia... La
superioridad militar hispánica se conservará por un tiempo, hasta las derrotas en la batalla marina de
Las Dunas (1639) y terrestre de Rocroy (1643).
La debilidad militar es reflejo de la debilidad interna de la monarquía: la mayor parte de los
recursos financieros y humanos proceden de la Corona de Castilla; los demás estados contribuyen en
un grado inferior o nada en absoluto. Para remediarlo el rey Felipe IV y su valido el conde-duque de
Olivares proyectan aunar los distintos reinos y estados, especialmente los de la Península Ibérica. Sin
embargo, los resultados son totalmente opuestos: el ejército que combate a los franceses en Cataluña
se malquista con amplios sectores de la población y provoca el levantamiento de 1640 que termina por
entregar el Principado a Francia13. También en 1640 se subleva Portugal, que recupera definitivamente
su independencia. En otros territorios (Aragón, Andalucía, Nápoles y Sicilia) surgen conspiraciones y
motines para separarse de la monarquía, pero son reprimidos antes o después.
Ante esta situación de debilidad interna y externa, España acepta participar en las conversaciones
de paz que, propiciadas por el Papa, se inician en Westfalia (Alemania) y en las que participan todos
los contendientes. El resultado son los tratados que concluyen con la guerra en 1648, conocidos como
Paz de Westfalia. Se define un nuevo mapa europeo, con dos nuevos estados, la Confederación
Helvética (Suiza) y las Provincias Unidas (Holanda). El reconocimiento de este último por España
supone la asunción de la pérdida de la hegemonía en Europa.
11 Por ejemplo, Richelieu y Mazarino en Francia, Buckingham en Inglaterra.
12 Castilla, Aragón, Portugal, Navarra, Países Bajos, Luxemburgo, Franco Condado, Milán, Nápoles, Sicilia y Cerdeña.
13 La rebelión sólo concluirá con la toma de Barcelona en 1652.
Apuntes de Historia de España
15
El gobierno español (del que ya ha caído el conde-duque) decide, sin embargo, mantener las
hostilidades con Francia. Éstas se prolongarán hasta que en 1659 se firme la Paz de los Pirineos entre
los dos países. En ella España reconocerá su derrota cediendo territorios fronterizos entre los Países
Bajos españoles y Francia. Asimismo, la frontera entre los dos países quedará establecida en los
Pirineos, por lo que se perderá el Rosellón y parte de la Cerdaña (la actual Cataluña francesa).
El Siglo de Oro
Se denomina Siglo de Oro al período de gran esplendor cultural de los siglos XVI y XVII. Son
abundantísimas las realizaciones destacadas, y se influye en Europa en numerosos campos.
En el pensamiento político destacan Francisco de Vitoria (1480-1546), que establece las bases
del derecho internacional, y Juan de Mariana (1536-1623), que defiende la superioridad del país sobre
el soberano. El nuevo conocimiento del mundo es obra de navegantes españoles, que publican
numerosas obras de navegación y geografía. De igual modo, autores españoles estudian la diversidad
de idiomas, especialmente de Américas, sus historias, costumbres y tradiciones.
En literatura destacan Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Gracián...
Muchos serán muy pronto traducidos a distintos idiomas europeos, e influirán poderosamente (o
incluso serán directamente plagiados). En las artes destaca la denominada Escuela Española de pintura,
con Ribera, Velázquez, Zurbarán y Murillo.
5. LOS BORBONES (SIGLO XVIII)
La Guerra de Sucesión y los Decretos de Nueva Planta
El rey Carlos II no tiene descendencia, por lo que deja como heredero (1700) a Felipe V de
Borbón, nieto del rey de Francia, lo que provoca un conflicto por la supremacía en Europa. Es la
guerra de Sucesión española (1703-1715), en la que se enfrentan la Francia de Luis XIV en apoyo de
Felipe, contra Austria, Inglaterra y Holanda, que apoyan al archiduque Carlos de Habsburgo. Éste
consiguió el apoyo de Cataluña, Aragón y Valencia en 1705 y al año siguiente se proclamó rey en
Madrid. Sin embargo, tras la batalla de Almansa (1707) Felipe recupera todo el territorio. En 1713 se
firmó la Paz de Utrecht: a cambio del trono cede las posesiones europeas de España a Austria, y
Gibraltar y Menorca a Inglaterra.
Los distintos estados de la Corona de Aragón disponían hasta ese momento de sus fueros, leyes e
instituciones propias distintas de las de la Corona de Castilla. Suponían una merma para la autoridad
real, un cierto aislamiento con respecto al conjunto de la Monarquía, y un mayor dominio de las
noblezas y oligarquías de cada estado. La guerra de Sucesión supondrá su fin. Por la rebelión y por el
tradicional derecho de conquista, Felipe V anulará los fueros mediante los Decretos de Nueva Planta
(Aragón y Valencia 1707; Mallorca 1715, Cataluña 1716) y generaliza en estos estados las leyes de
Castilla. La consecuencia es doble:
Aumento de la cohesión entre los territorios. Se expresa en unas mayores relaciones, en los
nombramientos de cargos independientemente de la procedencia, en unas Cortes únicas, en el
crecimiento del tráfico económico, y también en lo simbólico: los monarcas pasarán a titularse reyes
de España y de las Indias, junto a la tradicional enumeración de sus estados.
Aumento de la autoridad real. Los antiguos Consejos pierden su carácter supremo, sustituidos en
la práctica por secretarios (en función de ministros), lo que supone un avance en la eficacia del
gobierno. En el poder territorial, desaparecen los viejos virreinatos peninsulares. El resultado es una
mayor concentración del poder.
Los únicos territorios que conservan sus fueros privativos son Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y
Álava, ya que han permanecido fieles a Felipe V durante la guerra de Sucesión. En los estados de la
Corona de Aragón, y aunque pronto se acepta plenamente la nueva dinastía, se mantendrá a lo largo de
todo el siglo XVIII la memoria del viejo sistema político y legal (foralismo).
Apuntes de Historia de España
16
El reformismo borbónico
Tras Felipe V (1701-1746) a lo largo del siglo XVIII reinarán sus hijos Luis I (1724), Fernando
VI (1746-1759) y Carlos III (1759-1788), y su nieto Carlos IV (1788-1808). Todos ellos se esforzarán
en mantener el status de gran potencia, y por modernizar España.
En lo político se caracterizarán por el absolutismo, dominante en toda Europa con la excepción
de la Inglaterra parlamentaria. Se pretenderá centralizar el Estado en torno a Madrid, y se tenderá a
uniformizar los viejos reinos. Se mantendrá a lo largo del siglo la alianza con Francia (Pactos de
Familia), como medio de proteger los intereses dinásticos en Italia, y de asegurar la defensa de
América. Ello provocará varios enfrentamientos con Inglaterra, convertida ya en gran potencia. En este
sentido se logrará recuperar Menorca (1761), no así Gibraltar.
En lo económico se impulsará la agricultura mediante colonizaciones y canales, se apoyará la
creación de Reales Fábricas en sectores inexistentes en España (porcelana, cristal...), y se impulsará el
comercio peninsular y ultramarino. Se introducirá una relativa liberalización con el propósito de
aumentar el comercio con los territorios americanos.
La Ilustración
La Ilustración es un importante movimiento cultural (pensamiento, ciencia, literatura...) del siglo
XVIII europeo. Es consecuencia de los grandes cambios religiosos, filosóficos y científicos de la Edad
Moderna, y se caracteriza por un espíritu crítico y una confianza absoluta en la razón como medio de
lograr el progreso de la sociedad y, en último término, la felicidad de los individuos. Por ello, se
rechaza en mayor o menor medida la sociedad tradicional, a la que se quiere iluminar con la luz de la
Razón, lo que conduce a un gran interés por lo político y lo económico. Tomará gran desarrollo entre
las élites cultas que surgen al margen de las universidades, y que se relacionan mediante tertulias,
Academias y Sociedades.
España no permaneció al margen de esta corriente, aunque arraigó más tarde que en Inglaterra y
Francia. Las principales obras extranjeras (como la famosa Enciclopedia) alcanzarán las principales
ciudades del país, a pesar de la vigilancia y las prohibiciones del poder real y de la ya decadente
Inquisición. A diferencia de la Ilustración francesa, en buena parte irreligiosa, la española en general
acepta los principios y valores cristianos. Sólo a finales del siglo surge una nueva generación
directamente influida por autores franceses como Voltaire y por la Revolución Francesa.
El primer gran autor ilustrado es el padre Feijoo. Su obra14 supone una demoledora crítica a los
más variados saberes recibidos. Sin embargo, los autores más importantes son posteriores: José
Cadalso15 satiriza la sociedad española y busca las causas de la decadencia nacional y los remedios
para combatirla. Gaspar Melchor de Jovellanos es el estadista ilustrado más destacado. Desempeñará
cargos políticos en varias ocasiones, y publicará numerosos ensayos16.
Otras muchas personas contribuyen a la generalización de los principios de la Ilustración en las
más variadas disciplinas, teóricas y prácticas, con frecuencia a través de las Sociedades Económicas de
Amigos del País que proliferan por todo el territorio (la Aragonesa, desde 1776). Se constituirán
asimismo las Reales Academias (Española, de la Historia...).
A pesar de que una cierta política ilustrada es promovida por el gobierno (especialmente durante
el reinado de Carlos III), la Revolución Francesa (desde 1789) supondrá un parón ante el miedo al
contagio de las nuevas ideas políticas que más tarde se llamarán liberales.
Características del Antiguo Régimen
Se denomina Antiguo Régimen a las sociedades europeas anteriores a los grandes cambios
ideológicos, políticos, sociales y económicos que se producen a fines del siglo XVIII y principios del
XIX: la Revolución Francesa, la revolución industrial, el triunfo del liberalismo, etc. Se refiere, por
tanto, a los aspectos que han caracterizado a Europa durante la Edad Moderna, y que en buena parte
derivan de la Edad Media. Sin embargo, se debe advertir que esta sociedad tradicional está en pleno
14 Teatro crítico universal (1727-1739) y Cartas eruditas y curiosas (1742-1760).
15 Cartas Marruecas (1773-74).
16 Informe en el expediente de la Ley Agraria (1795), Plan general de Instrucción Pública (1809).
Apuntes de Historia de España
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proceso de cambio en vísperas de las conmociones arriba indicadas.
En lo ideológico, predominan valores religiosos y la creencia en Dios como explicación última
de la realidad. Pero la Ilustración ha contribuido a debilitar lo que hasta ese momento era una
certidumbre unánime. Hasta los autores más críticos o irreligiosos, como Voltaire o Rousseau, son muy
admirados pública o secretamente por buena parte de las élites, incluso en sociedades más tradicionales
en este sentido como la española.
En lo político, predomina la monarquía absoluta, que se ha afirmado definitivamente sobre la
nobleza y las ciudades. Es un sistema autoritario, pero absoluto no significa omnímodo, sino que no
existe ninguna autoridad humana sobre él. Su poder real se encuentra limitado en la práctica por las
convenciones (usos, costumbres, privilegios de personas, grupos o territorios) y por un estado todavía
no suficientemente evolucionado. Ambas circunstancias son patentes en España.
En lo social, organización estamental que se basa en la función y no en la riqueza. Existen tres
estamentos: nobleza (defensa, gobierno), clero (oración, enseñanza) y estado llano (sustento económico
de toda la sociedad). Sin embargo, aunque las leyes mantienen esta ordenación, en la práctica existe
una sociedad de clases. El acceso a los cargos más elevados de individuos procedentes del tercer estado
se hace cada vez más frecuente. Además, en España, como en toda Europa occidental, todos son
hombres libres: la servidumbre ha desaparecido.
En lo económico prevalece el sector primario, tanto en mano de obra como en el valor de la
producción. El recurso principal es la tierra agrícola, con frecuencia concentrada en grandes
propiedades vinculadas a familias nobles o instituciones eclesiásticas. La artesanía y el comercio
todavía se encuentran en buena medida organizados en una forma de trabajo corporativo denominado
gremios. La consecuencia de todo lo anterior es una escasa movilidad de la riqueza, una actividad
económica muy regulada y una tendencia al estancamiento. Sin embargo el desarrollo y crecimiento del
capitalismo, la difusión de las ideas librecambistas (liberalismo económico) y la naciente revolución
industrial inglesa han alterado considerablemente esta situación. En España los principales cambios se
advierten en las burguesías manufacturera barcelonesa y mercantil madrileña.
Apuntes de Historia de España
18
TEMA 3 – EL ORIGEN DE LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA
(1808-1833)
1. EL REINADO DE CARLOS IV (1788-1808)
El impacto de la Revolución Francesa
En 1789 con la Revolución Francesa se crea un sistema político original, el Nuevo Régimen,
basado en la soberanía nacional, en una Constitución, y en un gobierno representativo, y que
rápidamente se irá radicalizando. Los gobiernos europeos pasan de la preocupación al temor,
especialmente a partir de la muerte en la guillotina del rey Luis XVI en 1793. Esta situación provocará
la guerra de la República Francesa contra la mayor parte de los estados europeos.
España participa en esta coalición y, a pesar de algunos éxitos iniciales, los ejércitos franceses
pronto ocupan parte de las Vascongadas y Cataluña. Esta situación y el cambio político que se produce
en París en sentido algo más moderado, llevarán en 1795 a la firma de la Paz de Basilea. El joven
primer ministro español, Godoy, recibe de su monarca el título de Príncipe de la Paz.
Al año siguiente se reanuda la tradicional alianza hispano francesa. Se firmarán los Tratados de
San Ildefonso (1796 y 1800), por los que España se enfrenta con Gran Bretaña. Los resultados no serán
demasiado positivos, especialmente con las derrotas navales en las batallas del Cabo de San Vicente
(1796) y Trafalgar (1805), que suponen la pérdida de un elemento clave para la conservación del
imperio ultramarino17.
El Motín de Aranjuez
En 1807 tanto Godoy como Carlos IV se encuentran cada vez más desprestigiados por su
supeditación a Napoleón Bonaparte18. Esto provoca un intento de golpe de estado fraguado por algunos
personajes de la alta nobleza junto con Fernando, el Príncipe de Asturias, pero fracasan.
Poco después se firma el Tratado de Fontainebleau, en el que se acuerda la conquista y reparto
de Portugal (aliado de Inglaterra). Para ello, se autoriza la entrada en España de varios ejércitos
franceses. Unos se dirigen al país vecino, mientras que otros ocupan progresivamente diversas plazas
estratégicas españolas.
Los signos de alarma son tales, que los mismos Godoy y Carlos IV preparan en secreto la marcha
de la familia real hacia Andalucía, o incluso América, para librarse de la sumisión total a Napoleón.
Sin embargo, en marzo de 1808 se produce el llamado Motín de Aranjuez. Es la reedición del golpe del
año anterior pero ahora triunfante: el rey se ve obligado a destituir a Godoy y a abdicar en su hijo
Fernando.
Las siguientes semanas son confusas: alegría popular, malestar por la prepotencia de las tropas
francesas, desconcierto de las autoridades legítimas repartidas por todo el estado. En cualquier caso,
tanto los reyes depuestos (que revocan su abdicación) como el nuevo rey buscan el reconocimiento y
apoyo de Napoleón19, y llamados por el éste, acuden en abril a Francia. El 5 de mayo, en Bayona,
Napoleón fuerza a Fernando a devolver la corona su padre, el cual la cede al emperador, que un mes
después la entregará a su hermano José.
17 La única ganancia territorial significativa será la población de Olivenza (1801) por el Tratado de Badajoz.
18 El general Napoléon Bonaparte se convierte en 1799 en primer cónsul, y en 1804 en emperador de los franceses.
19 Fernando solicita incluso la mano de cualquier princesa Bonaparte para estrechar las relaciones entre los dos países.
Apuntes de Historia de España
19
2. LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
El estallido
El 2 de mayo de 1808 los franceses quieren sacar de Madrid a los últimos miembros de la familia
real que permanecen en palacio. De manera impremeditada, grupos de madrileños pretenden impedirlo,
por lo que un batallón francés carga contra ellos. La protesta se convierte rápidamente en un
levantamiento desorganizado, al que se suman algunas tropas españolas mandadas por Daoíz y
Velarde. Los franceses logran someterlos y proceden a una dura represión.
Las noticias corren rápidamente por toda España y se extiende el rechazo a los franceses. En
muchas zonas en las que las autoridades se muestran indecisas o existe un vacío de poder se establecen
Juntas de Defensa (locales o provinciales) para tratar de organizar el gobierno y la resistencia contra
los franceses. Para retablecer la unidad perdida, en noviembre se creará la Junta Central Suprema.
Características y evolución de la guerra
El conflicto que se inicia presenta unas características novedosas, ya que es una guerra
“nacional”, “popular”. No sólo afecta a dos ejércitos sino al conjunto de la población, que lucha en
defensa de su país ocupado, de un rey prisionero al que se mitifica (el Deseado), y de la religión y la
sociedad tradicional, conculcada por los revolucionarios. Sólo una parte de las élites cultas persiguen
también la introducción de reformas en la sociedad española.
Naturalmente, los antiguos enemigos Inglaterra y Portugal pasan a ser aliados. Un cuerpo
expedicionario británico dirigido por el duque de Wellington y con base en Portugal combatirá en la
península a los franceses.
A pesar de la superioridad militar francesa en los campos de batalla, los españoles resistirán con
la implicación de la población civil en la lucha. Algunas ciudades resisten a ultranza ante el asedio o
sitio francés (Zaragoza y Gerona), y se forman numerosas guerrillas, partidas más o menos informales
que hostigan a los franceses, interrumpen las comunicaciones y da espectaculares golpes de mano
(Espoz y Mina, el Empecinado, el Cura Merino).
Los primeros meses de la guerra se caracterizan por el inicio de la resistencia, que se vio
favorecida por el triunfo en la Batalla de Bailén (julio), en la que el general Castaños vence al ejército
francés que se dirige a someter Andalucía. Es la primera derrota de un ejército de Napoleón en Europa,
y obliga a los franceses a abandonar Madrid y retirarse al norte del Ebro.
La situación lleva al Emperador a presentarse en la península al frente de un nuevo ejército. En
pocos meses derrota por completo a los ejércitos españoles, toma las ciudades que se resisten y ocupa
prácticamente toda España. Cádiz, fácilmente defendible y próxima a la base inglesa de Gibraltar, será
la única ciudad de importancia que les quede a los resistentes. Sin embargo, la acción persistente de las
guerrillas obliga a Napoleón a dejar cuantiosas tropas en la península.
La situación sólo cambiará en 1812, por la desastrosa campaña napoleónica contra Rusia. La
ofensiva angloespañola dirigida por Wellington derrotará a los franceses en la Batalla de Los Arapiles
(julio), con lo que se inicia una lenta retirada de los franceses hacia el norte. Y en julio de 1813 tiene
lugar la Batalla de Vitoria, que supone la definitiva salida de los franceses de España.
La España afrancesada y la España patriota
Los planes de Napoleón no consistían en la conquista de España, sino en la sustitución de sus
gobernantes para lograr un aliado más fiable y eficaz. Por ello en junio de 1808 cede la corona de
España a su hermano José Bonaparte, que intentará reformar y modernizar el país (Constitución de
Bayona). Logrará el reconocimiento de un sector de la población que pasarán a ser conocidos como
afrancesados. Sin embargo los esfuerzos de José I por convertirse en auténtico rey de los españoles
fracasan, tanto por el rechazo generalizado que se le muestra, como por su dependencia de los
generales franceses, auténticos gobernantes en los territorios que dominan.
Los españoles resistentes se autodenominan patriotas. Entre sus dirigentes abundan los
procedentes de las viejas élites, pero a ello se les suman otros de las clases bajas que han ascendido
Apuntes de Historia de España
20
rápidamente en la vida militar. Ideológicamente, su diversidad es enorme: absolutistas, reformistas
ilustrados y partidarios de las ideas revolucionarias.
La pésima situación militar obliga a plantearse una mejora organizativa en enero de 1810: se
disuelve la Junta Suprema, se convoca a las Cortes del Reino20 y se nombra una Regencia colectiva que
haga las veces del rey ausente.
3. LAS CORTES DE CÁDIZ
La formación de las Cortes
Cuando en enero de 1810 se decide convocar a la nación a Cortes se inicia un primer debate: ¿se
deben reunir los diputados en cámara única o separados en estamentos? Los defensores del Nuevo
Régimen son partidarios de la primera solución, en oposición al sistema tradicional. Algunos ilustrados
(Jovellanos) proponen una solución intermedia: una cámara alta (nobleza y clero) y una cámara baja
(estado llano), al modo inglés. Sin embargo, el curso de la guerra obliga a refugiarse en la ciudad de
Cádiz, y finalmente sólo se convoca a ciudades y provincias. Aunque no se les convoca como
estamentos, algunos nobles y muchos clérigos son elegidos como representantes.
El proceso de elección de los trescientos diputados resulta muy complicado dada la situación de
guerra. Por ello, una buena parte de los diputados son sustitutos escogidos entre los refugiados en
Cádiz en función de su lugar de nacimiento Sobre el total predominan los funcionarios y militares
(35%), los clérigos (30%) y los abogados (20%). Ideológicamente predominan los liberales (partidarios
del Nuevo Régimen) sobre los realistas (o absolutistas).
La primera sesión tiene lugar el 24 de sepiembre de 1810, y ya presenta un carácter
revolucionario: se aprueba que la soberanía reside en las Cortes, y no en el rey. A continuación, el gran
empeño de las Cortes será la redacción de una Constitución o ley fundamental.
La Constitución de 1812
Inspirada en las Constituciones de la Revolución Francesa, se promulgará el 19 de marzo de
1812, aniversario de la subida al trono de Fernando VII. Es la primera constitución liberal de España, y
supone el establecimiento del Nuevo Régimen.
El elemento clave es la proclamación de la soberanía nacional21 y el reconocimiento de los
derechos básicos: libertad civil, propiedad, electorales, de imprenta... Sin embargo, distingue entre
españoles y ciudadanos, y restringe los derechos políticos (elegir, ser elegido) a estos últimos. Fija
también unas obligaciones: confesionalidad católica, servicio militar, pago de impuestos...
La Constitución establece una monarquía parlamentaria22, basada en la división de poderes:
El poder legislativo (hacer leyes) radica en las Cortes, que representan a la Nación “de ambos
hemisferios”. Es una cámara única, y los diputados son elegidos por sufragio universal (aunque
restringido a los varones ciudadanos) e indirecto: es un complejo sistema basado en la elección de
compromisarios en varios niveles.
El poder ejecutivo (gobernar) corresponde al rey. Escoge libremente a sus siete ministros 23, que
deben refrendar sus decisiones para que tengan validez, y que son responsables ante las Cortes.
El poder judicial (juzgar y hacer ejecutar lo juzgado) consiste en Tribunales independientes y
comunes para todos los españoles. Sólo se mantienen los fueros especiales de militares y eclesiásticos.
La Constitución se propone también racionalizar la organización territorial, acabando con los
viejos reinos y estados diferenciados. La unidad básica es el municipio, en el que los alcaldes son
elegidos por sufragio universal indirecto. Se establecerán unas nuevas provincias, que contarán como
20 Las instituciones de representación de los estamentos tradicionales: nobleza, clero y estado llano. De origen medieval,
han tenido una existencia básicamente ornamental durante toda la Edad Moderna.
21 Artículo 3: La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho
de establecer sus leyes fundamentales.
22 Artículo 14: El Gobierno de la Nación española es una Monarquía moderada hereditaria.
23 Todavía se les llama secretarios del despacho. Son: Estado, Gobernación del Reino para la Península e Islas adyacentes,
Gobernación del Reino para Ultramar, Gracia y Justicia, Hacienda, Guerra y Marina
Apuntes de Historia de España
21
autoridad máxima con un representante del gobierno central, denominado Jefe Superior (es el futuro
Jefe Político y, más tarde, Gobernador Civil), el cual presidirá la Diputación Provincial, con
representantes de la provincia.
Por último, la Constitución establece la creación de una Milicia Nacional en cada provincia. Es
un cuerpo de voluntarios que puede prestar apoyo al Nuevo Régimen en caso de necesidad.
Desarrollo legislativo
Paralelamente a la elaboración de la Constitución, y con posterioridad a su aprobación, las Cortes
establecen unas transcendentes medidas, que buscan acabar definitivamente con el Antiguo Régimen:
supresión de los señoríos jurisdiccionales (incompatibles con la unidad de la Nación), supresión de los
privilegios de la nobleza y el clero (incompatibles con la igualdad jurídica de los ciudadanos), plena
libertad para establecer fábricas y talleres (supone la eliminación de los gremio y sus privilegios),
libertad para cercar propiedades agrícolas, eliminación de fronteras interiores, desamortización de las
propiedades municipales y de la órdenes religiosas y militares, y abolición de la Inquisición.
4. EL REINADO DE FERNANDO VII (1814-1833)
El Sexenio Absolutista
En 1814 Fernando VII regresa de su prisión en Francia, y es recibido con gran entusiasmo por la
población, lo que le permite ignorar las decisiones de las Cortes y de la Regencia, y establecer contacto
con la oposición realista a los liberales. Éstos le presentarán el llamado Manifiesto de los Persas, en el
que sostienen la impopularidad de los liberales y el rechazo general a su obra. El rey firmará entonces
el Decreto de Valencia, que supone la restauración del Antiguo Régimen, y la anulación de la obra
revolucionaria de las Cortes de Cádiz.
Fernando VII logrará fácilmente sus objetivos, afirmará el poder real y perseguirá a los liberales.
Muchos de ellos marcharán al exilio, y se establecerán en Francia e Inglaterra, siguiendo los pasos de
los afrancesados. Otros permanecerán en el país y crearán sociedades secretas de inspiración masónica
que organizan conspiraciones contra el absolutismo. El anticlericalismo tomará importancia en un
sector considerable de los liberales, al considerar a los clérigos (especialmente a los regulares) como el
principal apoyo del rey absoluto.
La situación económica de España es muy negativa, como consecuencia de las cuantiosas
destrucciones provocadas por la Guerra de la Independencia. Además, el Estado se encuentra en
situación ruinosa: a la crisis económica se unen las guerras de independencia que han estallado en
América. No sólo carece de los ingresos que sostenían tradicionalmente la Monarquía, sino que debe
contraer nuevas deudas para financiar los ejércitos expedicionarios.
El Trienio Liberal
El 1 de enero de 1820 el coronel Quiroga y el comandante Riego sublevan al ejército acantonado
en Cádiz a la espera de partir hacia América, en defensa de la Constitución de 1812. Es el primero de
los numerosos pronunciamientos militares que van a caracterizar la vida española durante más de un
siglo. Sin embargo, el éxito es muy parcial, y sólo la debilidad del gobierno absolutista y el posterior
amotinamiento de diversas ciudades lleva a Fernando VII a proclamar el Manifiesto de 1820, con el
que acepta la revolución y restablece el sistema liberal.
Inmediatamente se restaura el Nuevo Régimen: se constituyen unas nuevas Cortes, y vuelven a
suprimirse los señoríos jurisdiccionales, los gremios y la Inquisición. Se suprimirán también los
monasterios (exclaustración), y sus bienes se dedicará a las necesidades de la Hacienda. También se
creará de nuevo la Milicia Nacional, y se reprimirá a los absolutistas o realistas.
Con el trienio se produce una gran agitación política. Los liberales son cada vez más numerosos
en las ciudades (sobre todo entre las clases alta y media) y se reúnen en clubs políticos y Sociedades
Patrióticas. Sin embargo, pronto se dividen en dos tendencias contrapuestas: los Moderados o
doceañistas (muchos de ellos han formado parte de las Cortes de Cádiz) son partidarios de realizar las
Apuntes de Historia de España
22
reformas liberales de forma progresiva. En cambio, los Exaltados o veinteañistas desean extremarlas
como medio de ganarse a la masa de la población. El resultado fue una considerable inestabilidad y una
progresiva radicalización.
El rey pronto se desencantará de la situación y comenzará a conspirar con sus partidarios y con
gobiernos absolutistas extranjeros. Al mismo tiempo surgirán partidas de guerrilleros realistas que
consideran al rey cautivo de los liberales y que, incluso, establecerán una Regencia en Seo de Urgel.
La Década Absolutista
En 1823, preocupados varios gobiernos europeos por el efecto contagioso que ha tenido la
revolución española, aprobarán la organización de un ejército francés (Cien Mil Hijos de San Luis)
para restablecer a Fernando como rey absoluto. La expedición tendrá un éxito completo: no hay apenas
resistencia militar ni popular, y el gobierno se retira a Andalucía llevando consigo al rey, que ha sido
inhabilitado por las Cortes. Finalmente, el rey es liberado en Cádiz, volviéndose así al absolutistismo,
al mismo tiempo que se inicia la persecución de los liberales.
Sin embargo la política que emprende el rey es más moderada que en el sexenio, manifestándose
una cierta tendencia hacia el reformismo, especialmente en lo económico, y en el nombramiento de
antiguos afrancesados para cargos de cierta importancia. Resulta muy indicativo el hecho de que no se
restaure la Inquisición.
Los liberales, una vez superada la derrota, renuevan sus esfuerzos conspirativos. Se traman
diversos pronunciamientos (por ejemplo, el de Torrijos en 1830), sin ningún éxito. Y de forma
simétrica, los sectores más radicales del absolutismo (ultrarrealistas o apostólicos) rechazan la política
templada del rey y organizan sus propias sublevaciones. La más importante tendrá lugar en Cataluña:
es la Rebel.lió dels Malcontents (de los Agraviados).
Los último años del reinado estuvieron marcados por la cuestión sucesoria. Los Borbones habían
introducido en España la Ley Sálica, que impide reinar a las mujeres. Fernando la deroga en 1830
mediante la Pragmática Sanción, unos meses antes del nacimiento de su primera hija, Isabel. La nueva
situación es rechazada por Carlos, el hermano del rey y hasta entonces Príncipe de Asturias. Desde
entonces, buscará el apoyo de los sectores ultrarrealistas.
En 1832 tienen lugar los llamados Sucesos de La Granja. El rey parece próximo a morir, y es
presionado de tal modo que anula la Pragmática, desheredando a su hija. Sin embargo, se recupera y
vuelve a la situación anterior. Se enfrenta con su hermano, que debe exiliarse en Portugal, y comienza
a preparar la transición al reinado de su hija mediante una amnistía a políticos liberales. Fernando
muere en 1833, dejando la regencia a su esposa María Cristina.
5. LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA (1810-1824)
La emancipación de Hispanoamérica marca en la historia de España la pérdida del estatus de
gran potencia que venía disfrutando desde la época de los Reyes Católicos.
Causas y características de las guerras de emancipación
Las causas son muy variadas. En primer lugar, la importancia y riqueza de las élites criollas,
resentidas con los peninsulares por el trato discriminatorio en el acceso a los cargos coloniales.
También provocan gran malestar las trabas que se impone al comercio directo con Gran Bretaña (por
más que sea habitual el contrabando en gran escala). Además, se encuentra próximo el ejemplo de los
recientemente independizados Estados Unidos.
Pero el factor decisivo será la invasión napoleónica de España, que produce efectos similares: un
vacío de poder ocupado por sectores de la población que crean las correspondientes Juntas.
El resultado es un fenómeno complejo: son unas guerras coloniales (de emancipación de la
metrópoli), unas guerras civiles (ya que la población, independientemente de su origen americano o
europeo se divide entre patriotas y realistas), y unas guerras revolucionarias (a través de las cuales se
implanta el Nuevo Régimen).
Apuntes de Historia de España
23
Etapas
Entre 1810 y 1814 los principales focos independentistas que logran éxito son los virreinatos de
La Plata y de Nueva Granada, mientras los intentos sucesivos de Hidalgo y Morelos en Nueva España
fracasan por falta de apoyo de las élites criollas.
Entre 1815 y 1817 se produce una reacción realista, que permite la recuperación del imperio,
excepto la futura Argentina.
En 1817 se inicia la etapa decisiva. El libertador José de San Martín avanza desde Buenos Aires
hacia el oeste y, tras a travesar los Andes, libera Chile y se dirige hacia el Perú, núcleo de la resistencia
española en Sudamérica. Mientras, el libertador Simón Bolívar inicia la liberación definitiva de Nueva
Granada y marcha también hacia el Perú.
El pronunciamiento de Riego en 1820 acelera el proceso emancipador. Por un lado, el ejército
expedicionario nunca saldrá de la península. Por otro, la revolución asusta a la élite criolla mexicana,
que apoya el proceso de independencia dirigido ahora por Agustín de Iturbide.
Por último, en la Batalla de Ayacucho (Perú 1824) es derrotado el último ejército español del
continente.
Las nuevas Naciones y los restos del imperio español
A pesar de los esfuerzos por mantener una cierta unidad heredada de la época hispánica, el viejo
imperio español se fracciona en numerosos Repúblicas enfrentadas con frecuencia entre sí. En ellas hay
un dominio absoluto de las élites criollas, dirigidas con frecuencia por caudillos militares. Su
independencia política se ve con frecuencia limitada por una cierta dependencia económica Inglaterra,
que en buena parte ha financiado los gastos de la independencia.
Después de tres siglos de dominio en América, el imperio español queda reducido a las valiosa
posesión de Cuba (con sus plantaciones de caña de azúcar) y Puerto Rico en el Caribe, al archipiélago
de las Filipinas en el Asia sudoriental, y las menos valiosas posesiones de las islas Marianas y
Carolinas en Oceanía.
Apuntes de Historia de España
24
TEMA 4 – EL REINADO DE ISABEL II (1833-1868)
1. LA PRIMERA GUERRA CARLISTA
Los dos bandos enfrentados
La Primera Guerra Carlista (1833-1840) es el enfrentamiento por el trono entre la hija y el
hermano de Fernando VII y, al mismo tiempo, la decisiva confrontación entre los partidarios del
antiguo y el nuevo régimen.
Los carlistas defienden el derecho de Carlos a la corona (legitimismo), la plenitud del poder real
(absolutismo), y la sociedad tradicional (religión y fueros regionales) 24. Son muy abundantes en el
norte peninsular (especialmente en las provincias vasconavarras), y aunque proceden de todas las capas
sociales, predominan entre la pequeña nobleza rural, el clero y el campesinado.
Los cristinos25 o isabelinos defienden el derecho de Isabel a la corona, el liberalismo, y los
cambios sociales y económicos que lo acompañan. Son más abundantes en las ciudades, y les apoyan
buena parte de la nobleza latifundista, del alto clero, y de las clases medias (comerciantes, propietarios,
empleados públicos) y bajas urbanas.
Características de la guerra
Es una guerra civil de gran dureza y larga duración, que afectó profundamente a la sociedad
española. Los isabelinos dispusieron desde el primer momento del estado, sus instituciones y sus
recursos, lo que obligó a los carlistas a tomar la iniciativa para crear un ejército y un estado paralelo.
Sin embargo, no conseguirán hacerse con ninguna ciudad importante para establecer su capital.
Tras los primeros levantamientos, los carlistas se hicieron fuertes en la zona vasconavarra, en la
montaña catalana, y en el Maestrazgo, a caballo de Aragón y Valencia. En el resto de España no
logran una ocupación estable del territorio, aunque es recorrido por partidas carlistas.
Los dos bandos buscan el apoyo financiero, político (y en ocasiones humano) de otras potencias
extranjeras, que se alinean en función de la ideología: los carlistas reciben el apoyo de los estados
absolutistas (Rusia, Prusia, Austria), mientras que los cristinos los obtienen de Inglaterra, Francia y
Portugal, países en los que ya triunfado definitivamente el liberalismo.
Desarrollo de la guerra
Entre 1833 y 1836 los carlistas tienen la iniciativa y vencen en varias ocasiones a los ejércitos
liberales. El personaje clave es el general Zumalacárregui, que organiza un ejército eficaz con las
partidas sublevadas. Tras numerosos éxitos morirá mientra sitia Bilbao (1835). Su equivalente en la
zona del Bajo Aragón, Tarragona y Castellón es el general Cabrera; en esta zona la guerra adquirirá las
mayores cotas de ferocidad, mediante una desgraciada sucesión de represalias en ambos campos.
Con el propósito de superar el relativo estancamiento militar, los carlistas organizarán grandes
expediciones que recorren todo el territorio español para aglutinar a sus simpatizantes e intentar un
golpe decisivo. Aunque no son derrotadas, tampoco obtienen éxito: no provocan un levantamiento
general ni conquistan ninguna ciudad importante.
A finales de 1836 cambia la marcha de la guerra: el día de Navidad el general Espartero vence a
los carlistas en la Batalla de Luchana y libera al Bilbao asediado. El empeoramiento de la situación y el
fracaso de las últimas expediciones carlistas26 provoca tensiones internas cada vez mayores, que
culminan con la división y enfrentamiento entre transaccionistas e intransigentes.
24 Sus lemas más conocidos: Dios, Patria y Rey; La unión del Altar y el Trono.
25 Por el nombre de la regente, María Cristina.
26 El 5 de marzo de 1838 un ejército carlista penetra en Zaragoza, pero será expulsado por la reacción ciudadana.
Apuntes de Historia de España
25
En 1839 el general carlista Maroto se hace con el poder en la zona vasconavarra, eliminando a
los jerarcas intransigentes más destacados, y en agosto (ya sin el apoyo del pretendiente don Carlos)
llega a un vago acuerdo con el general Espartero para terminar la guerra: es el Abrazo de Vergara. Sin
embargo, Cabrera continuará la guerra en Levante hasta el verano de 1840.
2. LA ÉPOCA DE LAS REGENCIAS
La Regencia de María Cristina (1833-1840)
María Cristina mantiene en un principio el absolutismo moderado y reformista de los últimos
años de Fernando VII, con decisiones tan significativas como la definitiva división provincial (Javier
de Burgos 1833). Sin embargo, pronto advierte la necesidad de lograr apoyos entre los sectores
liberales para afirmar a su hija Isabel en el disputado trono.
Así, llama al gobierno al liberal moderado Martínez de la Rosa, que establece el Estatuto Real
(1834). Aunque no es una Constitución sino una Carta Otorgada, supone el tránsito definitivo al Nuevo
Régimen. Se crean unas nuevas Cortes, divididas en un Estamento de Próceres (cámara alta) y un
Estamento de Procuradores (cámara baja). Estos últimos son elegidos mediante un sufragio censitario
muy restringido. Sin embargo el mayor poder política corresponde a la Corona, sin ser ya absoluto.
Ésta nombra al Consejo de Ministros (con su presidente), que actúa como un auténtico gobierno.
Pero a los liberales más avanzados o progresistas no les satisface un programa de reformas tan
limitado. Presionan desde las Cortes, y también desde las calles de las grandes ciudades con continuos
motines e insurrecciones. Éstas adquieren un carácter anticlerical muy pronunciado (matanzas de
frailes) al considerar a los religiosos simpatizantes y apoyo de los carlistas.
En 1835 los progresistas obtienen el gobierno con Juan Álvarez de Mendizabal que suprime las
comunidades religiosas (exclaustración), elimina el diezmo o impuesto religioso, e inicia la
desamortización eclesiástica, incautación y venta de las propiedades eclesiásticas con el triple objetivo
de privar de medios a los considerados simpatizantes de los carlistas, financiar la guerra y crear un
fuerte apoyo entre los compradores de dichos bienes.
El intento de María Cristina de volver a apoyarse en los liberales moderados será rápidamente
truncado con el Motín de La Granja (1836): un grupo de sargentos obliga a la regente a restablecer la
Constitución de 1812 y a devolver el gobierno a los progresistas. Finaliza ahora el proceso de
disolución del viejo régimen señorial, se suprimen los mayorazgos, y se liberaliza la economía.
La Constitución de 1837 y el fin de la Regencia
Las Cortes convocadas según la Constitución de 1812 considerarán necesario realizar una nueva
Constitución, adaptada a las circunstancias del momento. Es un documento más breve, que establece
una soberanía nacional y las libertades individuales básicas.
El monarca encarna el poder ejecutivo, y tiene una cierta preeminencia sobre el legislativo ya que
puede vetar leyes y disolver las Cortes. Éstas son bicamerales, con los nombres actuales de Congreso
de los Diputados y Senado. La cámara baja se elige mediante sufragio censitario, menos restringido
que anteriormente27.
Los Ayuntamientos, en cambio, son elegidos por sufragio universal masculino, ya que los apoyos
progresistas son las clases medias y bajas de las grandes ciudades. Se establece una Milicia Nacional
de voluntarios como respaldo del régimen, que se nutrirá básicamente también de progresistas.
Pero en los últimos años de la regencia se establecen mayorías moderadas que se encuentran con
una dura oposición progresista, especialmente desde los ayuntamientos de las grandes ciudades. En
1840 el gobierno intenta dominarlos mediante una ley que establece el nombramiento gubernativo del
alcalde. Se producen varias sublevaciones que culminan con la marcha de la desprestigiada María
Cristina y el nombramiento del prestigioso general Espartero como regente.
27 El número de electores oscilará entre 265.000-635.000 durante la vigencia de esta Constitución.
Apuntes de Historia de España
26
La Regencia de Espartero (1840-1843)
El nuevo regente, hijo de un carretero manchego, ha realizado una gran carrera militar en las
guerras de Independencia, americanas y carlista, y se ha convertido en el caudillo militar del
progresismo. Junto al papel de regente quiso mantener su poder político, por lo que nombró ministros
de segunda fila (muchos de ellos también militares) que no le hiciesen sombra, lo que le malquistó con
los dirigentes progresistas. El nuevo regente controla el Gobierno, las Cortes, el Ejército y la Milicia
Nacional, así como la propia corte real, y pronto será acusado de autoritarismo y favoritismo por sus
oponentes.
En su acción política, Espartero se vio influido por el gobierno inglés y estableció medidas
librecambistas, que perjudicaron especialmente a la naciente industria textil catalana. Asimismo,
avanzó hacia el uniformismo, eliminando algunos de los fueros que todavía subsistían. El resultado fue
el crecimiento de la oposición, formada por los moderados, por buena parte de los progresistas civiles,
por el naciente republicanismo, y por amplios sectores del ejército, que se consideraban preteridos por
el regente. Pronto volvieron a ser frecuentes los motines y algaradas; los más graves tuvieron lugar en
Barcelona a fines de 1842, y se saldaron con el bombardeo de la ciudad.
Pocos meses después estalló la sublevación general contra el Regente, apoyada tanto por
moderados como por progresistas. Tendrá carácter de pronunciamiento militar, y el resultado se
decidirá con la victoria del ejército del general Narváez en la Batalla de Torrejón. Espartero, que se
encuentra sitiando Sevilla, considerará perdida la partida y marchará al exilio.
3. LA DÉCADA MODERADA (1844-1854)
Características
La heterogeneidad de los sublevados contra Espartero queda manifiesta con la imposibilidad de
acordar un nuevo regente. Por ello, Isabel es declarada mayor de edad (aunque sólo tiene trece años) y
comienza a ejercer como reina constitucional.
Pronto se harán con el poder los liberales moderados, y lo conservarán prácticamente durante
diez años. No es un partido monolítico sino que existen diversas tendencias, con frecuencia enfrentadas
entre sí, desde los más proclives a buscar acuerdos con los carlistas, hasta los más próximos a los
progresistas (puritanos). El político clave es el general Narváez, caudillo de los moderados en el
ejército28, y representante del sector mayoritario.
Los moderados consideran necesario acabar con los esfuerzos revolucionarios, y buscarán dotar
de estabilidad al liberalismo español. Rechazan lo que consideran excesos de los progresistas, y
defienden el orden, para acabar con los alborotos y motines de los años de las Regencias, el respeto
profundo a la monarquía, y la reconciliación con la Iglesia. Se apoyan en los sectores más
conservadores de la sociedad liberal: aristocracia, terratenientes y en general “gentes de orden”.
La misma reina se identifica cada vez más con los moderados., y con los años se crea en su
entorno un grupo informal pero influyente de cortesanos (la camarilla) que chocará en ocasiones con
los políticos.
La Constitución de 1845 y la construcción del estado liberal
Una de las primeras tareas de los moderados fue la discusión sobre la Constitución. Aunque
vencieron los partidarios de realizar una nueva, en realidad se copió buena parte de la 1837. Ahora
bien, los cambios introducidos le proporcionaban un claro carácter moderado. Desaparece la mención a
la Soberanía Nacional: Cortes y Corona comparten la soberanía, lo que en la realidad proporciona una
ventaja a ésta. Se restablece la confesionalidad católica. Los derechos individuales serán regulados por
leyes (que naturalmente los restringirán). Los senadores serán nombrados por designación real, y los
diputados mediante un sufragio censitario muy restringido. Se acentúa el poder del gobierno sobre los
ayuntamientos, y se suprime la Milicia Nacional.
28 Recibió el título de Duque de Valencia por su papel en el pronunciamiento contra Espartero, y también fue conocido
como el Espadón de Loja, por su localidad de nacimiento.
Apuntes de Historia de España
27
La tarea de los sucesivos gobiernos moderados (muchos de ellos dirigidos por Narváez) se
dirigió a la construcción en un auténtico estado liberal. Se había avanzado poco en este sentido debido
a las guerras de las Independencia y Carlista, y a la confrontación permanente: primero entre
absolutistas y liberales, y después entre los propios liberales. El objetivo es un Estado centralista y
jerarquizado, con su desarrollo legislativo, instituciones y administración pública. La única excepción
fue el mantenimiento del sistema foral en Navarra y en las provincias vascas (con la excepción de las
aduanas) para evitar reforzar con un nuevo agravio el carlismo mayoritario de estas zonas.
La modernización y desarrollo del Estado se observa en la Reforma Fiscal y de Hacienda, que
creó un eficaz sistema impositivo que en parte se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo XX.
Avanzó la codificación legal (Código Penal de 1851). Se organizaron los cuerpos de funcionarios del
Estado, con sus escalas y sistema de acceso (oposiciones). Se creó la Guardia Civil, cuerpo de orden
público no politizado. Se estableció el primer sistema nacional de educación secundaria y
universitaria que por primera vez atribuye al Estado estos servicios y crea los Institutos.
Por último, se normalizan las relaciones con la Iglesia (Concordato de 1851). El Estado acepta la
enseñanza religiosa, la libertad de los obispos y el restablecimiento de algunas órdenes. La Iglesia
acepta la desamortización y la intervención del Estado en los altos nombramientos eclesiásticos.
La oposición a los moderados
Los progresistas están habitualmente en la oposición durante la década: se encuentran en las
Cortes, y poseen capacidad de crticar al gobierno e influir en la opinión a través de la muy abundante
prensa de la época. Defienden la ampliaciónr los derechos individuales, la restauración de la Milicia
Nacional, y la ampliación del censo electoral. Pero al sentirse excluidos indefinidamente del gobierno
tienden al retraimiento o a las muy frecuentes insurrecciones.
Hacia 1848, coincidiendo con un ciclo revolucionario europeo, el sector más radical de los
progresistas iniciará la creación del Partido Demócrata. Defiende el sufragio universal masculino, la
república, la abolición de los fueros y reformas sociales que beneficien a las clases bajas. Aunque
fracasan sus intentos insurreccionales, mantendrán un crecimiento lento pero continuado.
Los carlistas, por su parte, se mantendrán divididos internamente entre los que buscan un
compromiso con el estado liberal y los intransigentes. En 1845 el pretendiente Carlos (V) abdicará sus
derechos en su hijo Carlos (VI) con la esperanza de lograr una reconciliación de las dos ramas de la
familia mediante su boda con su prima Isabel. El fracaso del plan dará lugar a la Segunda Guerra
Carlista (1848-1849), que se desarrolló sin éxito en Cataluña (Guerra dels Maitiners).
4. EL BIENIO PROGRESISTA Y LA UNIÓN LIBERAL (1854-1863)
La Revolución de 1854
Ante la deriva cada vez más conservadora de los gobiernos moderados (Narváez ha dejado
temporalmente la política), el sector puritano dirigido por el general O'Donnell organiza un
pronunciamiento militar llamado la Vicalvarada29 que no obtiene un resultado claro, a pesar de su
llamamiento posterior a todos los liberales (Manifiesto de Manzanares).
Pero los levantamientos progresistas y demócratas de numerosas ciudades en los días siguientes
hacen dimitir al gobierno. La reina, finalmente, decide entregar el gobierno a Espartero, el más popular
líder progresista, que se encontraba entonces en Zaragoza al frente de la Junta revolucionaria.
El gobierno de Espartero
En los dos años siguientes predominan los progresistas en coalición con los seguidores de
O'Donnell, que controla el ejército al ser ministro de Guerra. Las nuevas Cortes, elegidas por un censo
ampliado30, elaboran una Constitución (la non nata de 1856) progresista, que no llegará a promulgarse.
29 Por Vicálvaro, el lugar próximo a Madrid en el que se enfrentan las tropas sublevadas con las gubernamentales.
30 Unos 650.000 ciudadanos. Los progresistas rechazan el sefragio universal que exigen los demócratas, con el pretexto de
que se arriesgaría un triunfo carlista.
Apuntes de Historia de España
28
El gobierno, mientras, realiza una amplia labor de activación de la economía, procurando la
llegada de capital extranjero. En este sentido se aprueban diversas leyes en relación con los
ferrocarriles, las minas, las sociedades anónimas, etc., con un éxito considerable. Para solventar las
deudas del Estado, el ministro Pascual Madoz inició un nuevo proceso de desamortización, que afectó
a los restos de las propiedades eclesiásticas (lo que provocó un nuevo enfrentamiento con la Santa
Sede) y, sobre todo, a las tierras comunales de los pueblos. Aunque cumplió su principal objetivo, se
produjo una dependencia económica total de los municipios con respecto del gobierno, y el
empobrecimiento de las familias campesinas más modestas.
La conflictividad social creció por las expectativas generadas, por el desarrollo creciente de
sociedades obreras en Cataluña (la Unión de Clases), por la creciente influencia de los demócratas, y
por la desamortización de las tierras municipales. El gobierno duda entre las concesiones y la represión
(fusilamiento del líder de la Unión de Clases, que da lugar a la primera huelga general).
Uno de estos conflictos (los motines campesinos de la cuenca del Duero) provocará la ruptura de
el choque entre Espartero y O'Donnell, y se saldará con el nuevo gobierno de éste último. Se vuelve a
la Constitución de 1845 (aunque con algún cambio), y se restablece el orden público. Pero apenas tres
meses después, Isabel II provoca su dimisión y la vuelta a gobiernos plenamente moderados.
El gobierno de O'Donnell; política económica y política exterior
Durante dos años , varios gobiernos moderados intentan volver, sin conseguirlo, a la situación
previa a 1854. Finalmente, la reina debe acudir a O'Donnell, que inaugura la etapa de la Unión Liberal
(1858-1863): los antiguos puritanos reforzados por elementos progresistas templados (resellados). Es
un intento de gobierno liberal centrado, equidistante de los radicalismos de izquierda y derecha,
síntesis de libertad y orden. El resultado será una sorprendente estabilidad (el “Gobierno Largo”).
En economía se sigue (con éxito) la política del Bienio Progresista: desarrollo de la
desamortización de Madoz, liberalización del mercado, atracción de inversiones extranjeras,
realización de obras públicas, y crecimiento industrial. El resultado fue una época de prosperidad, más
que por la acción del gobierno, por las condiciones internacionales y la estabilidad interior.
El gobierno emprende una política exterior (inexistente desde la Guerra de Independencia) con el
objetivo de lograr una mayor presencia internacional, y reforzar la unidad interior. Así, se enviará un
ejército a Indochina desde las Filipinas, en apoyo de Francia. En 1859 tendrá lugar la acción que será
más popular, la Guerra con Marruecos, a causa de los frecuentes ataques a Ceuta. La campaña fue
breve y exitosa, aunque los resultados fueron mínimos. También se enfrentó con Perú y Chile en la
llamada Guerra del Pacífico31. Aún se obtuvieron otros éxitos diplomáticos: reincorporación temporal
de la República Dominicana, y participación en la expedición internacional a México.
A pesar de los éxitos el Gobierno Largo acaba por desgastarse: vuelven a aflorar las disensiones
entre los políticos de la Unión Liberal, y la reina aprovecha la situación para influir en dirección a los
moderados. Ante esta falta de apoyo, O'Donnell dimite a principios de 1863.
5. LOS AÑOS FINALES (1863-1868)
La vuelta de los moderados (cada vez más autoritarios) al gobierno resulta un completo fracaso,
y contribuyó a aumentar el desprestigio de la reina (ya considerable por su agitada vida privada). El
descontento y las protestas se multiplicaron entre los intelectuales, clases medias y clases bajas
urbanas. La violenta represión de una manifestación estudiantil en 1865 (La Noche de San Daniel), y
de la revuelta del Cuartel de San Gil en 1866 terminaron por poner en contra del régimen (reina,
Constitución y gobierno) a gran parte de la clase política, desde la Unión Liberal a los Demócratas. Las
distintas oposiciones se pondrán de acuerdo en 1866 mediante el Pacto de Ostende.
La muerte sucesiva de O'Donnell y de Narváez supusieron la desaparición de las últimas
defensas de Isabel II, y su régimen no pudo resistir el embate de la revolución de 1868, dirigida (una
vez más) por un militar, el general Prim. La reina, con treinta y ocho años, partirá al exilio.
31 La armada española bombardeó Valparaíso y luchó en la Batalla del Callao.
Apuntes de Historia de España
29
TEMA 5 – EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874)
1. EL GOBIERNO PROVISIONAL Y LA REGENCIA
La Gloriosa Revolución
La revolución de septiembre de 1868, conocida como la Gloriosa, se produjo como consecuencia
del desprestigio de Isabel II y de la debilidad creciente del Partido Moderado, especialmente tras la
muerte del general Narváez. Una parte importante de la opinión pública percibe a ambos como
obstáculos irrecuparables para el establecimiento de un régimen liberal eficaz. A ello se une la crisis
económica que se produce a mediados de los años sesenta, y que afecta a todos los sectores.
Un momento clave es la firma del Pacto de Ostende en 1866 entre los partidos Progresista y
Demócrata, gracias a la figura clave del general Prim. En dicho Pacto se acuerda el rechazo total a la
dinastía Borbón, la realización de elecciones a Cortes por sufragio universal masculino (cesión de los
progresistas) y la indeterminación entre monarquía y república hasta dichas Cortes (cesión de los
demócratas). Posteriormente, tras la muerte de O'Donnell, se suma al Pacto la Unión Liberal.
La revolución es un clásico pronunciamiento militar (iniciado por el brigadier Topete en Cádiz),
al que siguen levantamientos y motines en las principales ciudades, con la creación de las
correspondientes Juntas. El enfrentamiento entre el ejército sublevado, al mando del general Serrano,
con el ejército leal en la Batalla de Alcolea, se salda con el triunfo de los primeros. Ante la situación,
Isabel II cruza la frontera y marcha al exilio.
El Gobierno y la Constitución de 1869
Inmediatamente se forma un Gobierno Provisional con ministros de la coalición revolucionaria,
y dirigido por Serrano. Sin embargo, el personaje clave sigue siendo Prim, que se reserva el ministerio
de la Guerra. El gobierno se muestra favorable a la monarquía desde un principio, lo que provoca la
ruptura de la coalición y del propio Partido Demócrata: unos pocos aceptan la decisión (los llamados
cimbrios) pero la mayoría se opone y constituye el Partido Republicano.
Las elecciones a Cortes Constituyentes (unicamerales) se efectuarán en enero, por sufragio
universal32: pueden votar todos los varones mayores de 25 años (unos cuatro millones). Triunfa
ampliamente la coalición de gobierno: progresistas, unionistas y demócratas monárquicos, que
obtienen más de doscientos escaños (algo más de dos terceras partes del total). En la oposición quedan
los republicanos (unos 80 escaños) y los carlistas (unos 20), además de algún partidario de los
depuestos Borbones.
La elaboración de la Constitución es la primera tarea de las Cortes. Como es lógico, parte del
reconocimiento de la Soberanía Nacional. Dedica mucha atención a los derechos y libertades
ciudadanas, que no pueden ser restringidos por otras leyes. Desaparece la confesionalidad del Estado, y
se establece la libertad de cultos. Como forma de gobierno se consagra la monarquía democrática: el
rey, que sigue nombrando al gobierno, se convierte en un poder exclusivamente moderador, con sus
atribuciones más limitadas. Las Cortes son bicamerales, con un Senado electivo que representa las
provincias por igual. Se recalca la independencia del poder judicial, y se establece el juicio por jurado.
Una vez aprobada la Constitución se procedió a nombrar como regente al general Serrano,
mientras que Prim pasó a ocupar la jefatura del gobierno. Éste se amplió hacia la izquierda con el
nombramiento de dos ministros demócratas.
El gobierno tuvo que enfrentarse con revueltas y alborotos tanto republicanos federalistas como
carlistas. Más gravedad revistió el levantamiento independentista cubano, iniciado también en 1868.
32 En casi toda Europa predomina todavía el sufragio censitario.
Apuntes de Historia de España
30
La elección del rey
Prim dirigió personalmente las gestiones para la difícil búsqueda de un rey. Una vez descartados
los Borbones (Isabel II y su hijo Alfonso, así como también la línea carlista), era preciso obtener un
candidato que cumpliera una triple condición: ser de sangre real, adecuarse al sistema democrático, y
ser aceptado como rey de España por las grandes potencias europeas.
Se barajaron gran número de candidaturas33, pero algunas fueron rechazadas por los propios
interesados (como el todavía muy popular pero anciano Espartero), y otras por las grandes potencias
(como la del ambicioso duque de Montpensier y la de Leopoldo Hohenzollern por parte de Francia).
De hecho esta última constituirá el pretexto para la guerra franco prusiana, que da lugar a la caída del
imperio francés de Napoleón III y a la creación del Segundo Imperio Alemán.
Finalmente Prim logrará el consenso internacional con el hijo menor del rey de Italia, que acepta
el cargo. Así, a finales de 1870 en un tenso debate las Cortes eligieron rey de España a Amadeo de
Saboya34, y una comisión partió hacia Italia para efectuar la protocolaria oferta.
2. REINADO DE AMADEO DE SABOYA
El 27 de diciembre de 1870 Prim sufre un grave atentado, cuyos responsables no han podido ser
determinados con seguridad35. Murió el 30 de diciembre, el mismo día en el que Amadeo desembarcó
en Cartagena. De este modo el nuevo rey toma posesión del trono sin el “hombre fuerte” del régimen.
La coalición revolucionaria y su división
Sin la presencia de Prim, la coalición gobernante se divide en torno a sus dos principales
dirigentes. Surgen así (por motivos personalistas) dos nuevos partidos: los demócratas conservadores
de Sagasta (progresistas y unionistas), y los radicales de Ruiz Zorrilla (progresistas y demócratas).
Estos últimos tienden aproximarse a los republicanos, con los que se coaligarán en las elecciones de
abril de 1872 (y también con los carlistas) con el objeto de desplazar del gobierno a Sagasta..
El resultado es una gran inestabilidad: se realizan tres elecciones generales en sólo dos años.
Todas ellas son ampliamente manipuladas por el partido que se encuentra en el poder, el cual
naturalmente las gana mediante el fraude y la corrupción. Se hace habitual utilizar el Presupuesto del
estado con esta finalidad. La consecuencia es el desencanto de la población, que responde con una
creciente abstención (que alcanza el cincuenta por ciento del censo).
Oposiciones al régimen
Como es natural, la oposición al régimen surgido de la Revolución crece.
Los republicanos federales, dirigidos por Pi i Margall, son los que poseen una mayor presencia
en las Cortes y, al mismo tiempo, una gran capacidad de agitación en la calle. Además del rechazo de
la monarquía, defienden que la soberanía reside básicamente en los municipios que, mediante pactos
federales crecientes, deben formar cantones, provincias, la Nación, una Federación Ibérica... Defienden
también la necesidad de ampliar la política social (aunque desde una óptica liberal, naturalmente).
Los carlistas reconocen como rey a Carlos (VII), nieto del primer pretendiente, y se han visto
reforzados desde la revolución con políticos procedentes del ala derecha del Partido Moderado. De este
modo han recuperado el protagonismo perdido desde el fracaso de la segunda guerra carlista. Han
decidido participar en las elecciones, obteniendo una representación considerable en las Cortes. Sin
embargo, se desencantan rápidamente y comienzan a organizar un nuevo levantamiento. Es la llamada
Tercera Guerra Carlista, que se inicia al final del reinado de Amadeo.
33 Fernando de Coburgo (rey viudo de Portugal), Antonio de Orleáns duque deMontpensier (hijo del rey francés
destronado en 1848 y casado con la hermana de Isabel II), Tomás Alberto de Saboya (sobrino del rey de Italia), el
genera Espartero, Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen (príncipe prusiano).
34 Resultados de la votación: Amadeo 191 votos, República Federal 60, duque de Montpensier 27, Espartero 8, República
2, Alfonso de Borbón 2, duquesa de Montpensier 1, en blanco 19 (carlistas y alfonsinos), ausentes 33.
35 Las hipótesis mas aceptadas se refieren al duque de Montpensier, y a grupos con intereses en Cuba y preocupados por
los posibles planes abandonistas de Prim.
Apuntes de Historia de España
31
En esta etapa son todavía muy minoritarios los seguidores de la dinastía destronada,
principalmente antiguos moderados y algunos unionistas. Están dirigidos por Cánovas del Castillo, que
ha logrado que Isabel II ceda sus derechos a su primogénito Alfonso (todavía un niño). Por ello se les
conoce como alfonsinos.
Por último, continúa la Guerra de Cuba, la llamada Guerra Larga o de los Diez Años. Se había
inciado con el Grito de Yara (1868), en defensa de la independencia cubana. Su potente economía
basada en la producción de caña de azúcar se ve perjudicada por trabas a la exportación (especialmente
a los Estados Unidos). A ello se une el malestar por la ocupación por parte de peninsulares de buena
parte de los puestos de la administración. Los sucesivos gobiernos, absorbidos por la agitada vida
política interna, prestan poca atención a este conflicto.
Abdicación del rey
Los conflictos por el poder entre los seguidores de Sagasta y de Ruiz Zorrilla son constantes, así
como la acción los partidos opositores. El orden público se deteriora cada vez más: los propios reyes
son víctimas de un intento de asesinato. Sus intentos de hacerse populares recorriendo todo el país no
lograron sus objetivos, y siguen despertando sobre todo rechazo o indiferencia.
En esta situación Amadeo se encuentra falto de apoyos. Los políticos defienden básicamente
intereses de partido, y el rey no posee la fuerza necesaria para ejercer su papel de árbitro entre los
partidos. Un último conflicto interno del ejército, resuelto de un modo que considera reprochable, le
decide a renunciar al trono (10 de febrero de 1873) y a regresar a Italia.
3. LA PRIMERA REPÚBLICA
Proclamación de la república
Ante el vacío creado se reúnen conjuntamente el Congreso y el Senado como Asamblea
Nacional el 11 de febrero de 1873. Aunque la gran mayoría de sus componentes son monárquicos
(sobre todo, radicales) es impensable reiniciar la búsqueda de un rey. Por ello, la única solución que se
percibe para mantener las conquistas de la Revolución de 1868 es la proclamación de la República.
Inmediatamente se votó la composición de un gobierno (formado por republicanos y radicales),
presidido por Estanislao Figueras (más tarde sustituido por Francisco Pi i Margall).
A la vez se producen sublevaciones republicanas en numerosas ciudades, que establecen las
correspondientes Juntas revolucionarias. La novedad, sin embargo, reside en el carácter de muchas de
sus exigencias, más social que político: se protesta por los consumos (un impuesto indirecto) y las
quintas (el servicio militar obligatorio). Ambos suponían graves perjuicios para las clases bajas.
Acción de gobierno
La coalición entre radicales y republicanos se rompe a los pocos días, al intentar los primeros
tomar todo el poder y forzar la creación de una república unitaria. Su fracaso lleva a constituir un
gobierno exclusivamente republicano federal, y a la convoctoria de Cortes Constituyentes, para las que
se establece la mayoría de edad en los 21 años 36.Sin embargo, todas las demás fuerzas políticas se
inclinan por la inhibición, y amplios sectores de la población prefieren las posturas más extremistas: el
carlismo y el naciente internacionalismo obrero que rechaza el sistema liberal. El resultado es una
abstención de más del sesenta por ciento (especialmente en el norte y en Madrid), y una presencia casi
exclusiva de republicanos federales.
Además, la mayoría republicana federal también estaba dividida entre los benevolentes
(partidarios de iniciar la descentralización desde el poder, de arriba abajo) y los intransigentes (que
defienden un inmediato proceso federalista realizado de abajo arriba).
El proyecto de la nueva Constitución se basa en la de 1869, con cambios de signo federal
(inspirados en la de Estados Unidos). Se parte de la autonomía total de los municipios, que se federan
36 Lo que amplió el censo hasta los cuatro millones y medio de electores.
Apuntes de Historia de España
32
en 17 estados regionales37, y estos a su vez en el Estado Federal o Nación. Tanto municipios como
estados son plenamente soberanos, con sus tres poderes perfectamente delimitados. Las Cortes
federales serán bicamerales: en el Congreso están representados los ciudadanos (proporcionalmente a
su población), y en el Senado los Estados regionales (cuatro senadores por cada uno). El presidente de
la República será elegido por compromisarios, y nombrará al jefe de gobierno de la Federación.
La agitada marcha del régimen impedirá su aprobación: chocarán las dos tendencias
republicanas, con el resultado de la dimisión de Pi y Margall (18 de julio), el nombramiento de Nicolás
Salmerón como nuevo presidente, y la generalización de sublevaciones intransigentes (especialmente
en el sur y en Levante). Y todo ello mientras continúan las guerras de Cuba y Carlista.
Ante esta situación el gobierno tomará medidas conducentes a recuperar la autoridad, que
aumentarán con el nuevo presidente 38 elegido en septiembre, Emilio Castelar. Éste consigue de las
Cortes plenos poderes hasta el próximo dos de enero, que le permiten gobernar por decreto, suspender
las garantías constitucionales, establecer censura de prensa, etc.
Tres guerras civiles
La Guerra de Cuba (1868-1878) continúa durante la República, y el poder central le puede
prestar poca atención y medios. De hecho, la mayor parte de las tropas que defienden la españolidad de
la isla son voluntarios cubanos. Sin embargo, el apresamiento del barco norteamericano Virginius, que
lleva armas y mercenarios a los sublevados, y el fusilamiento de muchos de los tripulantes, está a punto
de provocar un conflicto con los Estados Unidos.
La Tercera Guerra Carlista (1872-76) toma ahora mayor desarrollo. Al igual que en la primera,
se actúa sobre todo en la zona vasconavarra, en la que entrará Carlos (VII) en 1873 y situará su capital
en Estella. Tras algunos éxitos (batalla de Montejurra), se fracasa en el asedio de Bilbao. Los otros
focos destacados fueron los del Pirineo catalán y los del Maestrazgo.
Los levantamientos cantonales se inician tras la dimisión de Pi y Margall: muchas localidades se
proclaman cantones soberanos, en Andalucía, Murcia y Valencia sobre todo. En sentido estricto,
representan el intento intransigente de establecer la Federación desde abajo: buscan restablecer
mediante pactos libres España (o la Federación Ibérica). La novedad, sin embargo, es su carácter de
revolución social: su soporte popular son las clases bajas (urbanas y rurales) que combaten a los
poseedores, una lucha de pobres contra ricos. Se deja notar por primera vez la influencia del
internacionalismo obrero que defiende la lucha de clases. El gobierno combatirá estos levantamientos
con el ejército. El caso más arduo será el del Cantón de Cartagena, que se ha hecho con buena parte de
la Armada, y la utiliza para atacar otras ciudades y cantones. Sólo será sometido en enero de 1874.
La República autoritaria
El 2 de enero de 1874 se reanudan las sesiones de las Cortes; como rechazan la gestión del
presidente Castelar, éste dimite. Esto provoca un golpe militar preparado ante su previsible derrota: el
general Pavía (máxima autoridad de la región; de ideología radical) expulsa a los diputados de las
Cortes. Horas después se reúnen los principales políticos del Sexenio (excepto la mayoría de los
republicanos), que deciden mantener la República, encargar la presidencia al general Serrano, y dejar
para más adelante la convocatoria de unas nuevas elecciones.
Esta última etapa se caracteriza por su carácter autoritario (no se realizarán dichas elecciones),
por su preocupación por el orden público (terminará con el cantón de Cartagena y con las recurrentes
algaradas, y para ello se reprimirá a los federales), y por su interinidad (se es consciente de lo
desprestigiado e indeterminado del régimen). Serrano mantendrá todo el año la jefatura del Estado,
pero cederá la del gobierno, que, finalmente, ejercerá Sagasta.
37 Artículo 1. Componen la Nación española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares,
Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico,
Valencia, Regiones Vascongadas. [...] Artículo 2. Las islas Filipinas, de Femando Poo, Annobón, Corisco, y los
establecimientos de Africa componen territorios que, a medida de sus progresos, se elevarán a Estados por los poderes
públicos.
38 Salmerón dimitirá para no verse obligado a confirmar dos penas de muerte.
Apuntes de Historia de España
33
Continúa la Guerra de Cuba, pero la mayor preocupación será la Guerra Carlista. Aunque los
sublevados obtienen un éxito con la breve ocupación de la ciudad de Cuenca, el ejército de la
República libera definitivamente la asediada Bilbao.
El cansancio de la opinión pública es cada vez mayor, y en estas circunstancias la propaganda
monárquica se difunde rápidamente. Su máximo dirigente es Cánovas del Castillo, que defiende la
restauración de la dinastía Borbón en la persona de Alfonso, el hijo de Isabel II. Insiste en la necesidad
de llegar a ella por medios legales, y confía en triunfar en las futuras elecciones. Pero el general
Martínez Campos se le adelanta con su pronunciamiento del 29 de diciembre de 1874 en Sagunto, en el
que proclama como rey a Alfonso XII. El gobierno de la República acepta rápidamente la nueva
situación.
Apuntes de Historia de España
34
TEMA 6 – POLÍTICA, SOCIEDAD Y ECONOMÍA
EN EL SIGLO XIX
1. EL LIBERALISMO Y LA OPOSICIÓN AL MISMO
El liberalismo39 es el nuevo sistema ideológico que combate el Antiguo Régimen y da paso a la
Edad Contemporánea. En España surge con las Cortes de Cádiz de 1810, y se afirma definitivamente
durante la minoría de edad de Isabel II. Aunque existen muchas modalidades distintas en Europa y
América en el siglo XIX, podemos reconocer estas características comunes:
El liberalismo político
Parte del reconocimiento de la soberanía nacional como fuente de todo poder: un país ya no
puede ser propiedad de un monarca. En consecuencia, todos los ciudadanos disponen de derechos y
libertades individuales y, por tanto, de igualdad jurídica40, lo que supone la desaparición de la
sociedad señorial del Antiguo Régimen, basada en el concepto de privilegio, y el rechazo a los
estamentos privilegiados, nobleza y clero. Pero mientras que la nobleza encontrará pronto acomodo en
la nueva sociedad, el enfrentamiento con la Iglesia dará lugar al anticlericalismo.
Fruto de la soberanía nacional es la Constitución, norma fundamental reguladora de la vida
pública, con la que se quiere racionalizar el Estado, y en la que se establece una división de poderes
entre el legislativo (hacer leyes), ejecutivo (gobernar) y judicial (juzgar). Los tres poderes emanan de la
Nación y, separados, se impide su conversión en una tiranía.
El objetivo es un Estado unitario, con unas leyes e instituciones comunes e iguales en todo el
territorio nacional (al contrario que en el Antiguo Régimen) y centralizado, en el que las decisiones
políticas y administrativas se toman desde la capital. Por ello las autoridades máximas en las
provincias son los representantes del gobierno.
Ante la imposibilidad de que la Nación ejerza directamente su soberanía, se establece un
régimen representativo: los ciudadanos (varones) eligen a sus diputados en las elecciones. Pero la
desconfianza ante la capacidad política de buena parte la sociedad lleva a restringirlas mediante el
sufragio censitario: poseen derechos políticos aquellos que sostienen al Estado económicamente (los
ricos) o culturalmente (los intelectuales). Sólo en el último tercio del siglo XIX comienza a
generalizarse el sufragio universal masculino.
Pronto surgen los primeros partidos, en los que se agrupan los políticos; son todavía muy
informales y poco institucionalizados. Suelen ser grupos de cargos electos (élites), medianamente
organizados en torno a personajes destacados (notables).
Los partidos tienden a monopolizar el poder cuando lo poseen y para ello falsean los procesos
electorales, por lo que surgen otras formas violentas de intervención política: sectores del Ejército
dirigidos por un jefe (caudillo, espadón) se convierten en el brazo armado de la revolución mediante un
pronunciamiento militar, y así proporcionan el gobierno a un partido determinado. El aspecto civil de
las revoluciones son las sublevaciones urbanas, con profusión voluntarios que se enfrentan en las
barricadas a las tropas gubernamentales. Cuando triunfan son comunes la creación de Juntas (que se
irrogan todos los poderes), y el encuadramiento de los voluntarios en una Milicia.
39 La palabra liberal significa originariamente generoso. Sólo adquiere significado político a principios del siglo XIX.
40 La igualdad jurídica supone que la ley es la misma para todos. No elimina las desigualdades económicas (que se
consideran naturales) y ni siguiera supone los mismos derechos políticos.
Apuntes de Historia de España
35
Liberalismo económico
Con el liberalismo se consagra la propiedad privada libre y plena como uno de los derechos
individuales. En consecuencia, se buscará la desaparición de las numerosas y complejas formas de
propiedad características del Antiguo Régimen (individual, colectiva, enfitéutica, vinculada...) que se
consideran causa de estancamiento económico.
Puesto que la propiedad es absoluta, la libertad para disponer de los propios bienes también lo
es. Se establece así libertad plena para cercar y aprovechar campos, para crear fábricas y empresas,
para contratar y despedir trabajadores, y para comerciar (mercado libre).
El único papel del estado debe consistir en asegurar las condiciones para que el mercado actúe
sin interferencias. De este modo se cree asegurar el crecimiento de la economía. En consecuencia, el
liberalismo defiende el librecambismo, la eliminación de todo aquello que dificulte el comercio
(aranceles y derechos de aduanas, cuotas de importación...). Se adoptará esta política en el interior de
cada país, pero en la práctica será más dificultosa su aplicación en el comercio internacional: el
nacionalismo impone una defensa de las producciones del país (proteccionismo).
Corrientes liberales
Desde su mismo origen el liberalismo tiende a dividirse en dos tendencias básicas 41. La izquierda
defiende la necesidad de acelerar y profundizar la revolución liberal, por lo que tiende a una mayor
agitación política para la defensa de las libertades. La derecha, en cambio, considera prioritario
gestionar lo ya conseguido, y por ello le preocupa más la administración del Estado y el orden público.
Sin embargo, no son concepciones estables y a lo largo de los años variarán su ideología, su práctica y
sus mismas denominaciones.
Aunque ya en el Trienio Liberal se enfrentaron doceañistas y veinteañistas, es durante el reinado
de Isabel II cuando se desarrollan claramente las dos tendencias: El Partido Moderado es partidario del
orden y la estabilidad (aunque en ocasiones suponga recortar libertades), mientras que el Partido
Progresista lo es del cambio (aunque en ocasiones sea violento). El intento de crear un partido puente
entre ambos es la Unión Liberal, con los moderados más avanzados (puritanos) y los progresistas más
templados (resellados).
A mediados de siglo un sector progresista se excinde y forma el Partido Demócrata. Situado más
a la izquierda, defiende el sufragio universal y una cierta preocupación por las cuestiones sociales. En
el Sexenio Democrático derivará definitivamente hacia el republicanismo federal.
Durante la Restauración la izquierda y la derecha del sistema estarán constituidos por el Partido
Liberal Fusionista de Sagasta, y el Partido Liberal Conservador de Cánovas. No son sin embargo
meras reproducciones de moderados y progresistas, y se conseguirá por primera vez una rotación
pacífica en el gobierno, sin necesidad de acudir a los pronunciamientos y revoluciones (aunque sí a la
corrupción electoral).
La oposición absolutista: el carlismo
Durante la Guerra de la Indepencia y el reinado de Fernando VII, los partidarios de mantener lo
esencial del Antiguo Régimen son los llamados absolutistas o realistas, que tras la muerte de aquel rey
serán denominados carlistas. El carlismo es un fenómeno con paralelos en toda Europa, pero que en
España toma especial fuerza y duración, ya que perdurará hasta el siglo XX.
Configurará una ideología peculiar, el tradicionalismo, caracterizado por su antiliberalismo
(rechazo de la soberanía nacional), su legitimismo monárquico (consideran reyes legítimos a la línea de
Carlos de Borbón, hermano de Fernando VII), su foralismo (defensa del sistema foral frente al estado
unitario y centralizado liberal42) y su defensa de los valores sociales, económicos, culturales y
religiosos tradicionales43.
Mantendrán unos fuertes apoyos populares, principalmente entre los perjudicados por la
implantación del Nuevo Régimen: campesinos, artesanos, pequeña nobleza rural, bajo clero y parte de
41 El significado político de izquierda y derecha procede de las asambleas parlamentarias de la Revolución Francesa.
42 También característico del despotismo ilustrado borbónico del siglo XVIII.
43 Resumen este planteamiento sus conocidos lemas: “Dios, Patria y Fueros”, y “La unión del trono y el altar”.
Apuntes de Historia de España
36
la jerarquía eclesiástica. Geográficamente su implantación es mayoritariamente rural, y es fuerte en las
Vascongadas y Navarra (territorios forales), Aragón, Cataluña, Valencia, Castilla la Vieja y Galicia: el
norte de la Península. Su oposición al liberalismo se articulará en una resistente red de periódicos y
organizaciones; ocasionalmente participará en los procesos electorales, pero realizará tres grandes
intentos de tomar el poder por las armas, las Guerras Carlistas.
La oposición colectivista: marxismo y anarquismo
Al inicio del último tercio del siglo, coincidiendo con el Sexenio Democrático, llega a España la
Asociación Internacional de Trabajadores y con ella dos nuevas ideologías que plantean un rechazo
absoluto al sistema liberal (y también a la sociedad tradicional): el anarquismo y el marxismo. Se
implantarán lentamente, y sólo comenzarán a ser un fenómeno de masas importante en el siglo XX.
Parten de un planteamiento similar: la sociedad burguesa es injusta y se basa en la explotación de
los trabajadores. Los derechos ciudadanos sólo benefician a la clase propietaria, por lo que el
liberalismo es condenable. La solución está en una revolución social que establezca el colectivismo, la
desaparición de la propiedad privada.
Sin embargo, pronto se enfrentarán entre sí. Los anarquistas o socialistas libertarios rechazan
cualquier forma de autoridad y cualquier participación en el sistema liberal, por lo que no formarán
partidos políticos, y sólo tardíamente fundarán un sindicato (Confederación Nacional del Trabajo,
1910). En cambio los marxistas o socialistas científicos crearán en fecha temprana y bajo la iniciativa
de Pablo Iglesias un partido (el Partido Socialista Obrero Español, 1879) y un sindicato (la Unión
General de Trabajadores, 1888).
2. LA SOCIEDAD DEL SIGLO XIX
Una sociedad en proceso de cambio
La sociedad española variará mucho en el siglo XIX: aumenta su población desde los 10,5 a los
18 millones44, mejora su nivel cultural (la población alfabetizada pasa del 10 al 50 %), crecen las
ciudades (aunque la sociedad siguen siendo mayoritariamente rural) y, sobre todo, se inicia el proceso
industrializador que sólo culminará en la segunda mitad del siglo XX.
Una sociedad de clases
Es una sociedad de clases, en la que la población se divide según su riqueza. Éste es un
fenómeno antiguo, pero que ahora toma más importancia al desaparecer los viejos estamentos
tradicionales (que separaba a la población por su función).
Las clases altas están constituídas por la vieja “aristocracia de la sangre” (que ha salido
beneficiada económicamente con las transformaciones de la revolución liberal) y la nueva “aristocracia
del dinero” (banqueros, industriales, grandes propietarios). Éstos últimos se ennoblecerán con
frecuencia, ya sea por vía matrimonial o mediante la concesión de nuevos títulos.
Las clases medias están formadas por los profesionales (médicos, jueces, abogados...),
propietarios (de comercios, de fincas urbanas o rústicas), empleados públicos (administración,
ejército), intelectuales, oficinistas y dependientes, y agricultores acomodados. Hay una gran diferencia
de nivel económico entre ellos (algunos pueden pasar grandes penalidades, como los pequeños
funcionarios cesantes), pero comparten una serie de valores burgueses (formas de comportarse, de
relacionarse, de vestir, de divertirse) que les diferencia claramente de las clases bajas.
Las clases bajas son los trabajadores manuales, la inmensa mayoría de la población. Las urbanas
están constituidas por criados, artesanos y obreros; las rurales (mucho más numerosas) por pequeños
agricultores propietarios o arrendatarios, y jornaleros. Económicamente las diferencias entre todos ellos
son considerables. El nivel adquisitivo de un obrero especializado, un minero o un pequeño agricultor
competitivo puede ser superior a algunos grupos de las clases medias. El extremo opuesto es el de los
jornaleros, mayoritarios en el sur peninsular y una gran parte en situación de auténtica miseria.
44 Crecimiento inferior al de otros países de Europa occidental y central.
Apuntes de Historia de España
37
3. LA AGRICULTURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX
Distribución de la propiedad de la tierra en el Antiguo Régimen
A finales del siglo XVIII las llamadas manos muertas constituían la mayor parte de las tierras de
cultivo; se encontraban fuera del mercado (no se podían vender) lo que desincentivaba la introducción
de mejoras. En la mayoría de los casos, y fragmentadas en explotaciones, eran trabajadas por
campesinos con distintos contratos de arriendo, generalmente a tan largo plazo que suponían una
semipropiedad. Eran tierras vinculadas, y correspondían a estas tres categorías:
Los mayorazgos eran las propiedades de familias nobles, que debían ser transmitidas íntegras al
primogénito, y así impedir la división del patrimonio familiar. En ocasiones resultaba complejo
distinguir la propiedad de la tierra con respecto a los derechos señoriales sobre ella.
Las propiedades eclesiásticas correspondían a monasterios, obispados, parroquias... Se
asimilaban a ellas las instituciones con lejano origen religioso, como los hospitales y las universidades.
Las propiedades municipales eran de dos tipos: por un lado estaban las tierras (bosques, y pastos)
de uso colectivo por parte de los habitantes de la localidad. Por otro, las tierras de cultivo propias que
suponían la principal fuente de ingresos del ayuntamiento.
Esta situación fue criticada por ilustrados como Jovellanos, y ya en tiempos de Godoy, se pactó
la entrega de una parte las tierras eclesiásticas al Estado con el fin de financiar las deudas provocadas
por la guerra contra Inglaterra. Más tarde, durante las Cortes de Cádiz y en el Trienio Liberal se legisló
en este sentido, aunque sin resultados prácticos dada la inestabilidad de la época.
Los cambios en la propiedad de la tierra
Esta estructura básica se mantuvo indemne hasta la época de la regencia de María Cristina. Es
entonces, durante la Primera Guerra Carlista y con los progresistas en el poder, cuando se inicia una
auténtica revolución en la propiedad de la tierra.
En primer lugar, son suprimidos definitivamente mayorazgos y señoríos, al ser instituciones del
Antiguo Régimen. Si con ello la nobleza pierde sus derechos señoriales (impuestos, autoridad y otras
ventajas), se ve considerablemente beneficiada con la posibilidad de obtener unos aprovechamientos
muy superiores de sus propiedades. Ahora es propietario absoluto, a veces de antiguas tierras
señoriales de titularidad discutida, y puede disponer libremente de ellas: venderlas, hipotecarlas, variar
las condiciones de arriendo y de cultivo para obtener una mayor renta...
Pero el fenómeno más importante será la Desamortización de Mendizábal45, iniciada en 1836 y
que supone la incautación por parte del Estado de buena parte de las propiedades eclesiásticas (urbanas
y rurales) especialmente del clero regular, suprimido con la exclaustración. Los objetivos propuestos
con esta medida fueron tres: privar de fuerzas y recursos al clero, considerado simpatizante del
enemigo carlista; obtener recursos para el Estado (y para la guerra) mediante la venta de dichas
propiedades; y asegurarse el apoyo al régimen por parte de los compradores de bienes desamortizados.
Los tres objetivos se lograron, pero se perdió la posibilidad de crear una amplia clase de agricultores
medianos, ya que los compradores fueron principalmente terratenientes y personas acomodadas de las
ciudades. La mayoría de los cultivadores directos de las tierras desamortizadas carecían de los recursos
necesarios para pujar por ellas. Este primer gran proceso desamortizador se mantuvo hasta su
suspensión en 1844, con la subida de los moderados al poder (aunque no se dio marcha atrás).
En 1855, durante el Bienio Progresista, se inicia la llamada Desamortización de Madoz46. Se
ocupará de las propiedades del clero secular y de otras instituciones, pero el esfuerzo mayor se dirigió
hacia las tierras de los Ayuntamientos. En esta ocasión, además de reducir el endeudamiento del
Estado, el objetivo básico persigue activar la economía mediante el paso a manos privadas (que se
consideran más eficaces) de las tierras comunales y eclesiásticas. Puesto que se procuró el pago en
metálico, de nuevo fueron comparativamente pocos los cultivadores directos que adquirieron tierras. El
proceso de mantuvo, con interrupciones, hasta final de siglo.
Los efectos de las desamortizaciones fueron dispares. Por un lado supuso una cierta activación
45 José Álvarez de Mendizábal, progresista, jefe de gobierno primero y ministro de Hacienda después.
46 Pascual Madoz, ministro de Hacienda.
Apuntes de Historia de España
38
de la agricultura, con un constatable aumento de la producción. Ahora bien, la mayoría de los nuevos
propietarios no desarrollaron una auténtica actividad empresarial, sino simplemente persiguieron la
obtención de unas rentas a cambio de su inversión. La situación de los campesinos empeoró en muchas
zonas con el cambio de propietarios, y en la mitad sur aumentaron las grandes propiedades y, por tanto,
los jornaleros. Además, en general, los campesinos perdieron los recursos básicos (leña, pastos, caza)
que obtenían en las tierras comunales. Por último, los Ayuntamientos perdieron toda su autonomía al
perder sus recursos propios. Éstos le van a venir a partir de ahora del Estado, y siempre mediatizados
por las luchas políticas y por el papel de los caciques.
Características, sectores y evolución
El gran problema de la agricultura española en el siglo XIX radica en su escasa productividad.
Ni los latifundios del sur ni los minifundios del norte llevan a cabo (por lo general) una modernización
agrícola comparable a la de otros países: los primeros porque no consideran sus propiedades como
auténticas actividades empresariales, los segundos porque carecen de los recursos financieros (o el
acceso al crédito) para modernizarlas y ampliarlas. El resultado es que una gran parte de la población
campesina (especialmente los jornaleros del sur) se encuentra en el límite de la subsistencia.
El sector principal es el cerealístico de secano, en su mayoría con una rotación bianual, y
dirigido a la alimentación básica de la población. La producción aumentará a lo largo del siglo, pero se
debe más al aumento de la superficie roturada que a la introducción de novedades técnicas y
maquinaria: el rendimiento seguirá estando entre los más bajos de Europa. La producción de grano está
controlada en buena parte por una serie de terratenientes y grandes comerciantes que presionan a los
sucesivos gobiernos en defensa del proteccionismo (lo que eleva su precio, en beneficio de los
productores y perjuicio de los consumidores).
La agricultura de regadío se limita prácticamente a las huertas tradicionales de frutas y
hortalizas, alimentadas por fuentes, norias acequias, etc. Las grandes infraestructuras (pantanos,
canales...) sólo se comenzarán a llevar a cabo en el siglo XX.
Hay unos sectores crecientemente abiertos a la exportación. El vino de Jerez logra introducirse
en fecha temprana en el mercado inglés, y ya en la segunda mitad del siglo vinos de muchas regiones
se venden en el exterior (gracias a la plaga de xilofera que destruye el viñedo francés), favoreciendo la
expansión de su cultivo. Lo mismo ocurre con el aceite (aumentará mucho el olivar) y las naranjas (que
se expanden sobre todo en el Levante), cambios que se hacen más rápidos en el último cuarto del siglo.
La ganadería trashumante tradicional, de gran importancia, sufrió considerablemente con el
Nuevo Régimen: se suprimió la Mesta47, se autorizó el cerramiento de propiedades (hasta entonces
aprovechadas para pasto durante el barbecho), y se vendieron las tierras comunales de los municipios.
Todo ello provocó la definitiva decadencia del ganado lanar que había sido muy importante siglos
atrás. Los dos sectores que, en cambio, crecerán de forma sostenida serán el ganado mular (que
sustituye a los bueyes en los trabajos del campo) y el porcino, tanto el destinado al consumo familiar
como al abastecimiento de los centros urbanos.
4. LA INDUSTRIALIZACIÓN ESPAÑOLA DEL SIGLO XIX
La llamada Revolución Industrial supuso en Occidente un cambio capital en el modo de
producir. La utilización de maquinaria más compleja y la producción en serie, permite multiplicar el
número de bienes, abaratarlos y, por tanto, ponerlos al alcance de una parte creciente de la población.
Mientras que tradicionalmente se había producido sobre todo para el autoconsumo, ahora se produce
sobre todo para el mercado.
En España, como en otras partes de Europa y América, la industrialización avanza en el siglo
XIX a un ritmo muy inferior al del eje central europeo (de Inglaterra al norte de Italia) o el noreste de
Estados Unidos, y sólo concluirá este proceso bien entrado el siglo XX.
47 El Honrado Concejo de la Mesta era una institución que desde el siglo XIII agrupaba a los propietarios de ganado
trashumante (principalmente lanar), y que gozaban de numerosos privilegios a costa de la agricultura.
Apuntes de Historia de España
39
El sector textil catalán
La industria moderna se inicia en España a partir del sector textil catalán. Éste se había
especializado a lo largo del siglo XVIII en la transformación del algodón procedente de América, y
dirigido a abastecer tanto el mercado peninsular como el colonial, protegido por el gobierno de las
crecientes exportaciones inglesas. Desde principios del XIX en sus manufacturas se utilizan las
novedosas hiladoras mecánicas, que aumentan la producción. Sin embargo, la agitada vida española del
primer cuarto del siglo impide su definitiva transformación en una industria moderna.
A partir del segundo cuarto del siglo, y a pesar de la pérdida del imperio colonial, se afianza y
desarrolla: se implanta el sistema de fábrica y las hilaturas mecánicas sustituyen a las manuales (en los
telares el proceso será más lento). La fuente de energía, sin embargo, seguirá siendo principalmente la
hidráulica, y sólo en fecha tardía comienza a generalizarse el vapor. El resultado es un gran aumento de
la productividad y un descenso de los precios, y el crecimiento en número de fábricas y trabajadores y
en producción total. Paralelamente se tenderá a la concentración de empresas, especialmente desde
mediados de siglo, así como la conversión de las empresas familiares en sociedades anónimas.
Esta naciente industria moderna logrará imponerse en todo el mercado español, eliminando a
buena parte de las manufacturas tradicionales del resto del territorio, hasta entonces dirigidas al
abastecimiento comarcal, y que no pueden competir en calidad y precio. Sin embargo, nunca llegó a
poder competir en el extranjero, por lo que se limitará al mercado nacional.
Hay una serie de factores que impidieron que este sector se desarrollara a la misma escala que en
otros países: la dependencia de las importaciones de algodón en rama, de carbón mineral y de
tecnología, la escasa capacidad de compra de la mayoría de los consumidores españoles, y la posición
geográfica, alejada del área central europea.
La inversión extranjera: minería y ferrocarriles
En el conjunto de las transformaciones económicas que llamamos Revolución Industrial, hubo
dos sectores (minería y ferrocarriles) en los que la inversión extranjera fue fundamental. Ante la falta
de suficientes recursos nacionales, los gobiernos incentivaron la llegada de capitales europeos para la
localización y explotación de minas, y para construcción de una moderna red férrea de transporte de
mercancías y viajeros.
La minería crecerá al existir una gran demanda exterior por parte de los países más
industrializados. Los recursos mineros serán explotados por compañías extranjeras, que utilizan sus
propios ingenieros y técnicas. España se convertirá así en el primer exportador europeo de minerales:
plomo, mercurio, cinc, cobre y hierro son los principales. El inconveniente será que el crecimiento
minero no contribuirá al desarrollo de la industria nacional.
La aplicación del vapor al transporte jugó un importante papel en la revolución industrial, al
acelerar, multiplicar y abaratar el transporte de personas y mercancías. En España las ventajas eran aún
más evidentes, pero la construcción del ferrocarril se retrasó con respecto a otros países48 a causa de la
difícil orografía (que incitó a establecer un ancho de vía superior al europeo), la falta de capitales y el
atraso económico, y la inestabilidad política.
Por ello, para que comenzase la construcción en gran escala, hubo de esperarse a 1855, con la
Ley General de Ferrocarriles que abrió las concesiones ferroviarias a los inversores extranjeros. Para
atraerlos, se concedieron subvenciones y, sobre todo, autorización para importar sin aranceles el
material ferroviario necesario. En estas condiciones, la construcción de líneas ferroviarias fue un buen
negocio (más que la propia explotación): en apenas diez años se finalizaron cinco mil kilómetros, y
continuó después a buen ritmo hasta establecer una completa red radial.
Este enorme esfuerzo permitió articular un mercado nacional, incentivando el comercio y por
tanto el crecimiento económico, y proporcionó numerosas ventajas sociales derivadas del aumento de
la movilidad. En cambio, durante bastante tiempo no benefició a la pequeña industria siderúrgica
española, incapaz de suministrar los materiales necesarios.
48 La primera línea de ferrocarril entró en servicio en 1825, en Inglaterra, y por estas mismas fechas se realizaron los
primeros tanteos en España, aunque el primero en llevarse a la práctica hubo de esperar hasta 1837, en Cuba, seguido de
las líneas Barcelona-Mataró (1843) y Madrid-Aranjuez (1851).
Apuntes de Historia de España
40
El sector siderúrgico
La producción de hierro y acero (aleación de hierro y carbono) se realizaba a principios de siglo
por medios tradicionales. La producción total era escasa, y se concentraba sobre todo en el País Vasco
y Santander.
El primer intento de crear unos Altos Hornos modernos, con técnicas inglesas, se realizó en
Málaga, en 1832. Obtenía el mineral de hierro en la comarca, y utilizaba carbón vegetal también local,
aunque pronto hubo de importarlo de regiones más alejadas. Hacia mediados de siglo producía el 85 %
del hierro colado español. Sin embargo, en los años sesenta entra en un rápido declive que lo hace
desaparecer prácticamente. Su situación geográfica resultó perjudicial, al encarecer el carbón
importado y al alejarlo de los principales centros de consumo, especialmente con la débil
infraestructura ferroviaria andaluza.
La siderurgia asturiana va a ocupar su puesto en estos años. Usa el hierro cantábrico (más
abundante y de mejor calidad, y que se sigue exportando) y el carbón mineral asturiano (a pesar de que
es de peor calidad y más caro de extraer que sus equivalentes europeos), para producir la mitad del
hierro colado español. Sin embargo, los volúmenes totales todavía son limitados, lo que explica que
continúe la importación de materiales siderometalúrgicos.
El definitivo despegue del sector va a tener lugar en Vizcaya a partir de 1880, una vez finalizada
la Tercera Guerra Carlista. Desde entonces y hasta bien entrado el siglo XX, en esta provincia se van a
producir dos terceras partes de un total en continuo crecimiento (aunque no se llegará a cubrir la
demanda nacional hasta 1929). La causa de este auge está en el aumento de ventas del hierro vizacaíno
a Gran Bretaña. Por un lado, los barcos que lo transportaban regresaban a Bilbao con carbón galés más
barato y de mejor calidad que el asturiano. Por otro, los beneficios de la exportación del hierro
permitieron las inversiones en altos hornos. La zona sufrió un cambio acelerado y se convirtió en la
más industrializada. En consecuencia, recibirá un importante volumen de emigración desde las
regiones próximas.
A finales de siglo este poderoso sector comienza a diversificarse con nuevas industrias de bienes
de equipo, especialmente construcciones navales y ferroviarias, favorecidas por la política
proteccionista que se establece por entonces.
Otros sectores industriales
El sector agroalimentario va a industrializarse lentamente y de forma más dispersa. Destacan
especialmente las Harineras, que comienzan a introducir el motor de vapor desde mediados del siglo.
Las Azucareras modernas surgen a partir del cultivo de la remolacha, por lo que sólo proliferarán
desde que la pérdida de Cuba en 1898 termina con los suministros de azúcar de caña.
La industria química estuvo ligada en su origen a los sectores textil (detergentes, colorantes) y
siderúrgico (explosivos, gases para soldadura). Por ello las primeras plantas se crean en Barcelona y
Vizcaya. A finales de siglo el sector se diversifica para surtir a la industria papelera (sosa, cloro) y a la
agricultura (fertilizantes), y se multiplica por todo el territorio49.
5. ORÍGENES DEL MOVIMIENTO OBRERO
Las primeras asociaciones obreras
Con la industria moderna surgen los obreros de fábrica (y a ellos se asimilarán mineros y
trabajadores de la construcción). Se diferencian claramente de los antiguos artesanos encuadrados en
gremios, ya que son un factor más del trabajo y pueden ser contratados y despedidos libremente, de
acuerdo con las nuevas ideas liberales. Por ello, y desde época temprana, los trabajadores del mismo
oficio buscan asociarse para ayudarse en casos de enfermedad, paro, etc. Estas asociaciones, al
principio informales, darán lugar a las llamadas sociedades de socorros mutuos, legales desde 1839:
proporcionan un seguro ante las circunstancias anteriores mediante la cotización periódica de sus
socios.
49 La Industrial Química se crea en Zaragoza en 1899.
Apuntes de Historia de España
41
Durante los primeros años de la revolución industrial, escasa y limitada prácticamente a la zona
de Barcelona, los conflictos que surgen son de dos tipos: unos consisten en el rechazo a las nuevas
máquinas, por temor a la falta de trabajo, y otros se refieren a las condiciones de trabajo. Con
frecuencia se desarrollan en el marco de protestas de otro tipo (algaradas por el encarecimiento de los
productos de primera necesidad, y motines de carácter político).
Desde mediados del siglo, la situación cambia. Aunque la población obrera todavía es escasa,
muestra ya unas aspiraciones más ambiciosas. En Barcelona se creará la primera federación de
sociedades obreras, con el nombre de Unión de Clases, que llegó a ser muy potente. En 1855 tendrá
lugar la primera huelga general, en apoyo de la petición a las Cortes del derecho de asociación con
fines de tipo sindical, petición que no tendrá éxito alguno.
Habrá que esperar al Sexenio Democrático para que surjan los primeros grandes sindicatos.
Destaca sobre todo la federación de Las Tres Clases de Vapor50, fundada en 1869, que será el gran
sindicato textil catalán. En cualquier caso, el asociacionismo de los trabajadores seguirá siendo
minoritario durante todo el siglo XIX: se calcula que en 1900 sólo el 5 % de la población asalariada se
encontraba sindicada.
La relación de la clase obrera con la política también será problemática. Tanto moderados como
progresistas consideran que la mejora de la condición social de los obreros (como la de los
campesinos) vendrá exclusivamente como consecuencia del crecimiento favorecido por la plena
libertad económica. Serán los demócratas (y luego los republicanos federales) los que muestran una
mayor sensibilidad social, y reciban por tanto un mayor apoyo por parte de la clase obrera.
El sindicalismo revolucionario
En 1864 se había fundado en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) que
supone la incorporación al movimiento obrero de dos ideologías políticas revolucionarias, el
materialismo dialéctico de Marx y el anarquismo de Bakunin (que pronto se enfrentaron entre sí,
disolviéndose pocos años después).
La AIT llegó a España poco después de la Revolución de 1868. Los pequeños núcleos que se
forman organizarán en Barcelona en 1870 el primer Congreso Obrero español, en el que influirán sobre
todo los anarquistas. En él se abandona la alianza con los republicanos, se insiste en la lucha sindical
como medio de preparar la revolución social, y se crea la Federación Regional Española (FRE), que en
1873 alcanzará los 40.000 afiliados (la mayoría en Cataluña). Con la Restauración pasa a la
clandestinidad, quedando el anarquismo reducido a núcleos menores, y el sindicalismo volverá a ser
predominantemente reformista.
Es en este momento cuando se implanta definitivamente el socialismo marxista en España. En
1888 se funda en Barcelona la Unión General de Trabajadores (UGT) por el tipógrafo Pablo Iglesias
(en paralelo al PSOE). Agrupa distintos sindicatos de oficio, y durante treinta años no insistirá en la
ideología marxista, sino que acudirá a tácticas puramente sindicales y a la colaboración con el Estado.
Su crecimiento será lento, acabando el siglo con unos 20.000 afiliados, y sobre todo en Madrid y las
Vascongadas. A partir de 1910 se producirá un rápido aumento51.
Desde la Restauración borbónica, los anarquistas encuentran dificultades para reconstituirse 52
como una organización poderosa, tanto por la mayor persecución de las autoridades como por sus
propias disensiones. Por ello, algunos grupos derivan hacia la llamada “acción directa” o “propaganda
por el hecho”: actos terroristas indiscriminados o contra personalidades públicas. Sólo a principios del
siglo XX comienza a aceptarse de forma mayoritaria entre los anarquistas los métodos del sindicalismo
revolucionario: las organizaciones sindicales deben buscar el enfrentamiento con el capital hasta
triunfar sobre él mediante la huelga general revolucionaria. El resultado será la creación en 1910 de la
Confederación Nacional del Trabajo (CNT) que rápidamente se convertirá en la mayor central sindical,
especialmente en Cataluña y en Andalucía.
50 Se refiere a los tres oficios principales: preparadores, hiladores y tejedores.
51 241.000 afiliados en 1921.
52 Entre 1881 y 1888 actúa la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE).
Apuntes de Historia de España
42
El sindicalismo católico
El origen del sindicalismo católico está en las numerosas sociedades de socorro mutuo que
surgen a partir de 1839 y, posteriormente, mutualidades, cooperativas, etc. Serán especialmente
importantes en las zonas agrícolas, en las que perduran en mayor medida los valores tradicionales.
Durante los primeros años de la Restauración, y por iniciativa eclesiástica, van a surgir con
fuerza los llamados Círculos Católicos que alcanzarán los 70.000 afiliados a finales de siglo. Lo
peculiar de estas asociaciones es su carácter mixto, con la presencia de obreros y patronos. Aquí puede
estar la causa del retraso en la creación de auténticos sindicatos católicos, a diferencia de lo que ocurre
en otros países.
Éstos (exclusivamente obreros) no surgirán hasta los primero años del siglo XX, y aún así
divididos entre dos tendencias. Por un lado, y procedentes de los antiguos Cículos, los sindicatos
confesionales y con cierta dependencia de instituciones eclesiásticas, que constituirán en 1919 la
Confederación Nacional de Sindicatos Católicos. Muy moderados, tuvieron una escasa implantación,
reducida a algunos sectores.
Otros sindicatos católicos evolucionarán de forma independiente en sentido aconfesional y darán
lugar a los Sindicatos Libres, especialmente importantes en Barcelona donde competirán duramente
con los sindicalistas de la CNT.
Apuntes de Historia de España
43
TEMA 7 – LA RESTAURACIÓN HASTA EL DESASTRE
(1875-1902)
1. LA RESTAURACIÓN Y SU EVOLUCIÓN
El regreso de los Borbones
Con la vuelta de la dinastía Borbón se inicia la etapa más larga de la España contemporánea
(1875-1923), caracterizada por la estabilidad de sus instituciones, basadas en la Constitución de 1876.
Tras más de sesenta años de revoluciones y pronunciamientos como principal medio de alternancia
política, ahora se logra un modus vivendi entre los partidos liberales, que aceptan compartir el poder.
La destronada Isabel II había cedido sus derechos a su hijo Alfonso en 1870 (entonces con trece
años), y desde 1873 había entregado la dirección política de los llamados alfonsinos a Cánovas del
Castillo, procedente de la antigua Unión Liberal. Éste considera que el sucesivo fracaso de los
regímenes nacidos de la Revolución de 1868 posibilita la entronización del príncipe, siempre que se
distancie de las posiciones moderadas de su madre, también fracasadas.
Su proyecto se inspira en la eficaz monarquía parlamentaria británica y en su bipartidismo, y
busca el equilibrio entre las distintas sensibilidades y valores liberales, de modo que todas ellas se vean
representadas en la dinastía tradicional. En este sentido, redacta en 1874 el llamado Manifiesto de
Sandhurst, que firma Alfonso en esta academia militar inglesa.
En contra de lo previsto por Cánovas (el agotamiento de la República y la vuelta legal a la
monarquía), el general Martínez Campos proclama a Alfonso XII en su pronunciamiento de Sagunto el
29 diciembre. Aunque Cánovas lo condena, el 31 de diciembre forma un gobierno provisional, con
antiguos moderados y unionistas53, y funda el Partido Liberal Conservador.
El reinado de Alfonso XII (1875-1885)
Los primeros meses del gobierno Cánovas son claramente contrarrevolucionarios: se restringen
derechos individuales (libertades de imprenta y cátedra, partidos políticos), se elimina el juicio por
jurado y el matrimonio civil, se restablecen ventajas del clero... Con estas medidas se busca restablecer
el orden público y facilitar el fin de la Tercera Guerra Carlista (principios de 1876) y de la Guerra de
Cuba (Paz de Zanjón a principios de 1878).
Estos éxitos iniciales impedían, paradójicamente, la construcción del bipartidismo deseado por
Cánovas, ya que los grupos situados a su izquierda rechazan el nuevo sistema. Por ello desde mediados
de 1875 Cánovas inicia una política liberalizadora, que se expresa en el restablecimiento de derechos
y libertades y, sobre todo, en la convocatoria de elecciones según la ley electoral del Sexenio, por
sufragio universal. En estas circunstancias, progresistas y radicales (en su mayoría) aceptan la nueva
monarquía y comienzan a agruparse en torno a Sagasta.
Las elecciones tuvieron lugar a principios de 1876 y aunque amañadas por el gobierno,
facilitaron la presencia de la oposición 54. Las principales tareas de las nuevas Cortes fueron la
elaboración de una Constitución de conciliación; la supresión definitiva de los fueros de las tres
provincias vascas (aunque concediendo una autonomía fiscal similar a la de Navarra); y el
establecimiento de una nueva ley electoral que recupera el sufragio censitario.
La creación del nuevo sistema se puede dar por concluído en 1881, cuando se produce la primera
alternancia: Sagasta forma gobierno con su recién creado Partido Liberal Fusionista. Lleva a cabo una
política de mayor apertura, pero acepta y mantiene los principios fundamentales del sistema, al igual
53 Algunos, habían sido ministros durante el Sexenio.
54 Hubo 333 diputados gubernamentales, 27 constitucionales sagastinos, 12 moderados intransigentes, 6 republicanos y
otros 13 sin determinar.
Apuntes de Historia de España
44
que hará Cánovas cuando regrese al poder.
Poco después (1885) muere el rey, originándose el problema de la sucesión en la corona: ya han
nacido dos hijas pero la reina está embarazada y si lo que nace es varón (como ocurrirá finalmente),
tendrá preferencia sobre sus hermanas.
La regencia de María Cristina (1885-1902)
En estas circunstancias se produce el denominado Pacto de El Pardo: Cánovas y Sagasta
consideran conveniente que el primero ceda el gobierno al segundo, y así reforzar el régimen y concluir
la integración de las izquierdas templadas en el sistema.
Se incia así la regencia de la reina viuda, María Cristina de Habsburgo, durante la que
predominarán los liberales de Sagasta. Éstos podrán llevar a cabo una amplia política de reformas: Ley
del Jurado, Ley de Asociaciones, y sobre todo el restablecimiento del sufragio universal (1890), que
será respetada por los conservadores cuando vuelvan al gobierno.
La estabilidad lograda beneficiará la marcha de la economía, pero no impedirá la aparición de un
nuevo fenómeno que crece en toda Europa: el terrorismo de origen anarquista. Habrá numerosos
magnicidios, de los que el más destacado es el que supone la muerte de Cánovas, en 1897, cuando
España se encuentra inmersa en una nueva guerra de independencia de Cuba.
2. EL SISTEMA POLÍTICO
La Constitución de 1876
Entre las numerosas constituciones españolas, la de la Restauración destaca por su larga vigencia
de casi medio siglo. Esto se explica por su carácter flexible, lo que permitió que gobernaran con ella
tanto los conservadores de Cánovas (que la elaboraron) como los fusionistas de Sagasta.
Omite la referencia a la soberanía nacional y a la división de poderes: sólo expresa (como en la
de 1845) la soberanía compartida entre las Cortes y el Rey. Sin embargo, el papel del rey se restringe al
de árbitro o moderador (como en la de 1869): para cualquier acto necesita el refrendo de un ministro,
que se hace responsable. La constitución concede al rey el mando supremo del ejército y la armada, con
el propósito de evitar las frecuentes intervenciones políticas de los militares.
Se recogen los derechos y libertades reconocidas en la constitución de 1869 (de expresión, de
reunión, de asociación...), aunque quedan a expensas de las leyes que los regulan. El catolicismo
vuelve a ser la religión del Estado (como en la de 1845), pero se establece una plena libertad para
practicar las demás religiones (tolerancia de cultos).
El Congreso es plenamente electivo, y los únicos que no pueden ser elegidos diputado son los
clérigos. En las elecciones realizadas entre 1879 y 1886 el sufragio volverá a ser censitario, aunque
menos restringido que en tiempos de Isabel II55. El plazo de renovación es de cinco años, aunque
habitualmente se adelantan las elecciones. El Senado, en cambio, perdía plenamente su carácter
democrático: sería elegido fundamentalmente por Diputaciones y Ayuntamientos, otros por las
principales instituciones del Estado, del Ejército y de la Iglesia, y otros por nombramiento real.
Los partidos dinásticos
El bipartidismo planeado por Cánovas se plasmará definitivamente en su Partido LiberalConservador (o Partido Conservador) y en el Partido Liberal-Fusionista (o Partido Liberal) de Sagasta.
Ambos mantienen un consenso sobre los principios básicos del sistema, y se alternarán en el gobierno
durante los casi cincuenta años de esta etapa. Habrá varios intentos de crear terceros partidos (ya sea
por la frecuente ruptura de uno de ellos, o por la integración en el sistema de un partido no dinástico),
pero el protagonismo lo mantendrán estos dos.
El Partido Conservador procede básicamente de la Unión Liberal y del Partido Moderado,
aunque también se integran sectores del Partido Progresista. Son los defensores de “la libertad dentro
55 Se calcula que tenían derecho al voto unos 845.000 ciudadanos, el 5,1 por ciento de la población. Ha de tenerse
encuenta que en la Europa de 1890 sólo Alemania, Francia y Suiza habían establecido el sufragio universal.
Apuntes de Historia de España
45
de un orden”.
El Partido Liberal, de más compleja creación, procede de los revolucionarios de 1868 (con la
excepción de los republicanos), y, por tanto de los partidos Progresista, Radical y Demócrata, junto con
algunos unionistas. Defienden la ampliación de las libertades.
Ambos, sin embargo, comparten unas reglas convencionales, no escritas, que garantizan la
estabilidad y pervivencia del régimen: mantener a la monarquía fuera de la lucha política; respeto a los
principios constitucionales, sin intentar adaptarlos a los intereses partidistas; respetar la gestión
gubernamental mientras se está en la oposición, sin provocar rupturas o pronunciamientos; una vez en
el poder, respetar la gestión del gobierno anterior, sin hacer tabula rasa de todas sus actuaciones.
El “turno de partidos”
Se denominó así el método por el que se aseguró la estabilidad del sistema, manteniendo la
ficción política de una democracia. En la España del siglo XIX los cambios de gobierno no derivan de
un cambio en la opinión pública que se manifieste en un cambio de mayorías parlamentarias. Es al
contrario: las mayorías parlamentarias cambian en función de los cambios de gobierno.
Cuando un gobierno ha cumplido sus objetivos, ha entrado en crisis interna, o se ve afectado por
un acontecimiento externo imprevisto, le ha llegado la hora de ser sustituido. El rey, como poder
moderador, recibe la dimisión del jefe de gobierno, y según los casos encarga la formación de uno
nuevo a otro líder del partido gubernamental o al jefe de la oposición. En este último caso, al mismo
tiempo se disuelve el Congreso, y se convocan nuevas elecciones, que serán gestionadas y ganadas por
el nuevo gobierno, obteniendo así una amplia mayoría que apoyará su política.
El papel clave en el turno corresponde al rey, que debe extremar su imparcialidad entre los dos
partidos, su atención a la evolución de los acontecimientos, y al estado de la opinión pública (en la
medida en que existe), sin extralimitarse ni tomar protagonismo.
El turno funcionó perfectamente hasta bien entrado el siglo XX: conservadores y liberales se
fueron turnando rigurosamente, y obteniendo en cada turno la correspondiente mayoría absoluta
parlamentaria. Hasta la mayoría de edad de Alfonso XIII en 1902, los conservadores formaron 13
gobiernos y obtuvieron 6 mayorías parlamentarias; los liberales, 15 gobiernos y 5 mayorías. En total
los primeros gobernaron durante unos catorce años, y los segundos durante trece.
Fraude electoral y caquismo
Al desinterés mayoritario de la sociedad por la vida política se une la incapacidad de los partidos
para articular una auténtica base social. De ahí que las elecciones sean siempre fraudulentas, y sus
resultados determinados desde el Ministerio de la Gobernación con antelación a su celebración. Es lo
que se denominaba encasillado: decidir a quién le va a corresponder el escaño de cada uno de los
distritos electorales. Con frecuencia, el “agraciado” no tiene ninguna relación con el distrito en
cuestión, por lo que se le llamaba candidato cunero. El único requisito no escrito de este sistema es el
de permitir que los partidos opositores obtengan también un resultado mínimo satisfactorio, que les
permita estar presentes y actuar en la vida parlamentaria.
Las elecciones, sin embargo, tienen lugar, y los representantes del gobierno deben esforzarse en
lograr el resultado previsto. En caso de necesidad se acudirá a imaginativos recursos: cambiar de lugar
el colegio electoral el mismo día de las elecciones, hinchar el censo electoral con personas inexistentes
(que votarán por el candidato oficial), eliminar del censo a los partidarios de la oposición, esconder las
urnas: un sinfín de sistemas de pucherazo. Sólo en caso extremo se acudirá a la violencia física (las
“partidas de la porra”).
Esta labor sería irrealizable sin la intervención de los llamados caciques, omnipresentes en la
España del siglo XX. Los caciques son los jefes locales y comarcales de los partidos, personas
influyentes con contactos que les permite un fácil acceso a la administración provincial o nacional. Se
convierten así en auténticos intermediarios entre el Estado y la población. Muchas de las necesidades
colectivas (la construcción de un puente o de una escuela municipal) e individuales (conceder un
permiso para abrir un comercio, librar a un hijo de ir al servicio militar) se obtienen de este modo,
independientemente que estén o no sujetas a la ley. A cambio los caciques proporcionan el apoyo que
Apuntes de Historia de España
46
los dirigentes políticos requieren, y les permiten ganar las elecciones.
El caciquismo constituye un sistema corrupto (y con frecuencia venal) paralelo al oficial, pero
conocido y utilizado por todos. Intelectuales y políticos manifiestan con frecuencia su rechazo, pero
durante el siglo XIX resulta irreemplazable. Sólo desde principios del siglo XX comenzará a
desaparecer, como consecuencia de la aparición de partidos modernos con capacidad de movilizar a
sus bases sociales lo que anula las viejas triquiñuelas electorales.
3. LA OPOSICIÓN AL SISTEMA
Una serie de partidos rechazan radicalmente el sistema de la Restauración por distintos motivos:
la monarquía (los republicanos); su carácter unitario y centralista (los nuevos nacionalismos catalán y
vasco); el propio sistema liberal (los carlistas en un extremo, y los socialistas y anarquistas en el otro).
Carlismo o tradicionalismo
El carlismo continúa manteniendo numerosos seguidores, pero su derrota en la Tercera Guerra
Carlista provocará la indecisión sobre la línea política a seguir. Aunque los dirigentes (empezando por
Carlos VII) intentan insurrecciones desde el exilio, en España se plantea el dilema entre la
participación en las instituciones o el retraimiento.
Entre los primeros, un grupo acabará integrándose en el Partido Conservador a través de la
Unión Católica de Alejandro Pidal. Otros considerarán liberalizante al mismo pretendiente, y fundarán
el Partido Integrista, con el que defienden un tradicionalismo extremo: sumisión del Estado a la
Iglesia, repudio del absolutismo y revitalización del papel de los gremios y las Cortes (tradicionales).
Republicanos
Al igual que los anteriores, los republicanos mantienen considerables apoyos, especialmente en
las ciudades. Sin embargo, tras la experiencia de 1873 y 1874, se encuentran también muy
fragmentados, en función del su defensa del estado unitario (Salmerón) o del estado federal (Pi i
Margall), del retraimiento (Ruiz Zorrilla) o de la participación en el sistema (Castelar).
Los republicanos son conscientes de que esta desunión (y personalismos) les debilita
profundamente, y procuraron frecuentemente recuperar la concordia. Aunque en ocasiones lo lograron
(coaliciones electorales, coordinación entre los periódicos republicanos, creación de la Unión Nacional
Republicana en 1900), los resultados fueron exiguos.
Socialismo y anarquismo
Tras su creación en 1879, el PSOE tuvo un lento desarrollo hasta la segunda década del siglo
XX. Su mayor peso lo logrará en Madrid, Vizcaya y Asturias, pero sus resultados electorales serán
exiguos y limitados a puestos de concejales en diversos ayuntamientos. Sólo en 1910, al cambiar su
táctica y aliarse con los republicanos, obtiene su primer escaño en el Congreso, que ocupará el
fundador Pablo Iglesias.
El anarquismo logra una mayor difusión, especialmente en Cataluña y Andalucía. Pero sus
mismos principios ideológicos dificultan una mayor coordinación entre sus seguidores. Su rechazo de
la política y su radicalismo les hará objetivo frecuente de las autoridades. Desde la última década del
siglo (como en el resto de Occidente) crece la llamada propaganda por el hecho: atentados terroristas
indiscriminados (Liceo de Barcelona, 1893) o magnicidios (Cánovas del Castillo, 1897).
Catalanismo
En el siglo XIX se produce en Cataluña el fenómeno de la Renaixença: la recuperación del
catalán como lengua literaria, y un nuevo interés por la historia, tradiciones y costumbres propias. Es
un fenómeno exclusivamente cultural, y los catalanes participan plenamente de la agitada vida política
española: son liberales, carlistas, o republicanos federales.
Con la Restauración, a ese catalanismo cultural se une el fracaso de carlismo y federalismo;
Apuntes de Historia de España
47
ambos rechazaban el Estado unitario y centralista. El resultado es un catalanismo político que aduce la
identidad de Cataluña y reivindica la autonomía. Valentí Almirall, antiguo republicano federal que
funda en 1882 el Centre Catalá, es el primero en defender un carácter nacional para Cataluña. Sin
embargo su influencia fue reducida hasta que un grupo escindido dirigido por Prat de la Riba crea la
Unió Catalanista. Ésta le da un carácter más conservador y plasma sus propuestas en las Bases de
Manresa (1891): Cataluña es la patria y la nación, mientras que España es el Estado (en su forma
existente, un Estado enemigo), por lo que es preciso obtener una total autonomía dentro del estado.
El definitivo despegue del nacionalismo catalán se produjo tras el Desastre de 1898, logrando los
cuatro primeros diputados en 1901, gracias a una campaña y organización electoral de estilo moderno.
En consecuencia varios pequeños partidos se unen y fundan la Lliga Regionalista, pronto dirigida por
Francesc Cambó. Su línea política los sitúa contra el sistema, pero son posibilistas y buscarán el
acercamiento a los partidos dinásticos en distintos momentos.
Nacionalismo vasco
La derrota carlista, la supresión de los fueros y las grandes transformaciones económicas y
sociales que se producen durante la Restauración darán lugar a la aparición del nacionalismo vasco.
Sabino Arana, de familia carlista, se verá influido por la Renaixença catalana, se dedicará a los
estudios vascos, y derivará hacia la acción política.
Su nacionalismo se caracterizaba por un independentismo radical basado en el moderno racismo
europeo, por un integrismo católico y por un republicanismo antiliberal. Defendía un Estado formado
por siete territorios: las tres provincias vascongadas, Navarra, y otros tres vascofranceses. Fue preciso
elaborar toda un interpretación histórico-cultural para justificar la propuesta; incluso hubo de forjar un
neologismo para el conjunto, Euskadi.
En 1895 Arana funda el germen de lo que luego será el Partido Nacionalista Vasco (PNV), y en
1898 obtiene un puesto en la Diputación Provincial vizcaína. Tras su temprana muerte en 1903, el
PNV siguió desarrollándose (sobre todo en Vizcaya), aunque su impacto fue inferior al de la Lliga
catalana, y durante los siguientes años se limitó a ayuntamientos y diputaciones.
4. LA CRISIS DE 1898 Y SUS CONSECUENCIAS
La Guerra de Cuba (1895-1898)
Tras la Paz de Zanjón de 1878 surgen en Cuba dos partidos contrapuestos: uno españolista
formado por peninsulares (grandes empresarios y funcionarios) y que logra gracias a las autoridades
copar los escaños en el Congreso, y otro autonomista; su fracaso dará alas a los partidarios de la
independencia, con el Partido Revolucionario Cubano, de José Martí.
El malestar de la sociedad cubana crece, de lo que son conscientes los gobiernos españoles: por
un lado, el proteccionismo provoca un gran perjuicio a la economía cubana; pero por otro, la débil
industria nacional no puede prescindir del seguro mercado cubano. Los intentos de buscar una solución
de compromiso (proyecto de autonomía política y administrativa de 1893) no tienen éxito como
consecuencia de la intransigencia peninsular y cubana.
La definitiva guerra de independencia comienza a principios de 1895 con el Grito de Baire. El
movimiento se extendió por toda la isla con rapidez, obligando a un envío masivo de tropas
españolas56, que quedaron al mando del general Martínez Campos. Su planteamiento relativamente
moderado fracasa (aunque Martí muere en el combate, perdiendo los independentistas su líder
indiscutido) y será substituido pronto por el general Weyler, que aplica una táctica mucho más dura,
consistente en la concentración de la población rural en localidades con guarnición española, para así
evitar el apoyo a los insurrectos. La maniobra tuvo éxito, y en 1897 se había logrado eliminar la
rebelión de la mitad occidental de la isla, y se efectuaron unos primeros intentos de conciliación. Sin
embargo el coste humano fue enorme: dicha concentración se hizo sin los medios mínimos necesarios,
56 Hasta sumar 140.000 soldados, pero sin preparación ni medios suficientes: la mayoría de las bajas fueron producidas
por las enfermedades tropicales y la escasa alimentación.
Apuntes de Historia de España
48
provocando una enorme mortandad entre la población civil.
La Guerra de Filipinas (1896-1898)
Las Islas Filipinas fueron un caso especial dentro del imperio español. La presencia de
peninsulares fue siempre escasa, y principalmente de religiosos. Con sus parroquias constituían la
única “administración” extendida por todo el territorio, por lo que no se les aplicaron las políticas
desamortizadoras o anticlericales. Pero a finales del siglo ha surgido una clase media culta filipina, que
estudia en universidades europeas, como José Rizal, y que defiende la independencia filipina. Nacerán
entonces varias organizaciones secretas nacionalistas, entre las que destaca el Katipunan.
La insurrección estallará en 1896, con el consiguiente envío de tropas peninsulares al mando del
general Polavieja. La represión será muy violenta, provocando entre otros casos el injusto fusilamiento
de José Rizal57. En 1897 se inician conversaciones con el principal líder filipino, Emilio Aguinaldo,
que culminan en diciembre con la firma de un pacto de suspensión de hostilidades. Pero pocos meses
después se reanudarán los combates.
Intervención de EEUU y Paz de París (1898)
En Estados Unidos existía un grupo de presión interesado en la independencia cubana, que logró
implicar a las grandes cadenas de periódicos en lo que fue una de las primeras campañas de prensa
modernas, defendiendo la intervención norteamericana.
Ésta se producirá como consecuencia del acceso a la presidencia de William McKinley y, sobre
todo, de la explosión del acorazado Maine en La Habana (febrero de 1898). El accidente fue
considerado un atentado, y despertó una fiebre nacionalista en ambos países. El gobierno
norteamericano exigió la independencia de la isla (pero en secreto se ofreció a comprarla) y ante la
negativa española declaró la guerra el 25 de abril.
La lucha se resolverá en dos enfrentamientos marinos. La moderna armada de los Estados Unidos
combatirá a la del almirante Montojo en la ensenada filipina de Cavite (1 de mayo), y a la del almirante
Cervera en la bahía de Santiago de Cuba (3 de julio). Dada su mayor capacidad de fuego y de alcance,
los barcos españoles serán destruidos casi por completo, provocando numerosas víctimas. A mediados
de julio, el gobierno español solicitó la mediación del gobierno francés.
En diciembre se firmó la Paz de París, con unas condiciones impuestas por los vencedores. A
cambio de una indemnización, España abandonaba en las Antillas Cuba y cedía la isla de Puerto Rico.
En el Pacífico cedía las Filipinas y la estratégica isla de Guam (en las Marianas). Del imperio
ultramarino sólo se salvarán los dos archipiélagos de Oceanía: Marianas, y Carolinas. Aislados por
completo, y sin apenas presencia española, fueron vendidos al Imperio Alemán en 189958.
El Desastre del 98 y los regeneracionismos
Las dos guerras finiseculares provocaron la movilización de varios cientos de miles de jóvenes
principalmente de clase social baja (los que no contaban con el dinero suficiente para la “redención a
metálico”), muchos de los cuales morirían sobre todo por causa de las enfermedades. Aquellos sectores
económicos con intereses en Cuba mostrarán también una gran preocupación, aunque a la larga no
saldrán perjudicados: repatriarán sus capitales y los invertirán aceptablemente en la península. Por
último, el enfrentamiento con Estados Unidos provocó una cierta exaltación nacional muy optimista
que se truncará rápidamente con la derrota.
El resultado será el denominado Desastre de 1898, una crisis moral e ideológica que afectará
poderosamente a toda la sociedad en los años siguientes, y especialmente a las élites intelectuales
(generación del 98) y políticas. Se ve a España como una nación fallida, sin pulso vital, como un
57 Rizal no había tomado parte en el levantamiento, ya que se encontraba confinado. Se ofreció voluntariamente como
médico en el ejército español en Cuba.
58 La evolución posterior de estos territorios fue variada: Cuba obtuvo la independencia en 1902, pero EEUU intervino
militarmente en numerosas ocasiones hasta 1934. Filipinas fue independiente sólo desde 1946, y Puerto Rico todavía
mantiene un peculiar status, el de Estado Libre Asociado. Las islas del Pacífico pasarán a Japón tras la Primera Guerra
Mundial y a EEUU tras la Segunda; actualmente son independientes Palaos y Estados Federados de Micronesia,
mientras que las Marianas son un estado asociado a EEUU.
Apuntes de Historia de España
49
cuerpo gravemente enfermo, y se buscan responsabilidades según los presupuestos ideológicos de cada
uno. Pero el consenso mayor está en atribuirlas al propio sistema de la Restauración.
Surge así el llamado regeneracionismo, una corriente intelectual omnipresente (tanto en las
izquierdas como en las derechas) que plantea distintas soluciones para regenerar, sanar España. Entre
ellos el más conocido es el aragonés Joaquín Costa59.
Lo paradójico es que durante los decenios siguientes esta supuesta sociedad gravemente enferma
continuará progresando económica, social y culturalmente a un ritmo relativamente acelerado; pero en
lo político el deterioro de la convivencia civil también será creciente, y acabará por dar lugar al mayor
enfrentamiento de la sociedad española contemporánea en 1936.
59 Intelectual, notario y publicista, acuña algunas de las sentencias regeneracionistas más conocidas: “Doble llave al
sepulcro del Cid”, “Escuela y despensa”, y las invocaciones a un “cirujano de hierro”, capaz de imponer una
transformación radical y modernizadora de España.
Apuntes de Historia de España
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TEMA 8 – LA CRISIS DE LA RESTAURACIÓN
Y LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA
1. LOS INTENTOS MODERNIZADORES
En 1902 Alfonso XIII es declarado mayor de edad y comienza a desempeñar su papel
constitucional. Tendrá un protagonismo mayor que sus padres: en ocasiones intervendrá en la vida
política ya sea alterando la práctica del turno (“crisis orientales”), ya sea en otros aspectos como
nombramientos de cargos en el ejército. En cualquier caso, tanto el rey como los políticos están
imbuidos de espíritu regeneracionista, y puesto que no se logrará crear un tercer gran partido, la
aplicación de las medidas modernizadoras correspondará a los partidos dinásticos.
El Gobierno Largo de Maura
El conservador Antonio Maura será el primero en intentar una reforma a fondo del sistema;
primero en el gobierno de 1904, y luego en el llamado “Gobierno largo” (1907-1909).
Su objetivo es lograr el “descuaje del caciquismo” y la participación de los ciudadanos. Se
aprobará una nueva ley electoral con censos independientes y se hace obligatorio el voto, aunque en
los distritos con una única candidatura la votación no se realizaría 60. Pero su gran proyecto es la Ley de
Bases de la Administración Local (que no llegará a aprobarse por la caída del gobierno), que busca
proporcionar a los ayuntamientos la suficiente autonomía política y económica para que no dependan
de la administración central (y por tanto de los caciques).
Con todos estos proyectos, Maura establecerá cada vez una mayor colaboración con la Lliga
Regionalista de Cambó, de cara a una descentralización del Estado. Se iniciará así un proceso que
culminará en 1914, con el establecimiento de la Mancomunidad Catalana. Otras realizaciones en el
campo de la política social serán la creación del Instituto Nacional de Previsión, y el establecimiento
del descanso dominical obligatorio.
En 1909, a las Cortes de mayoría conservadora todavía le quedaba la mitad de su mandato, y
Maura estaba dispuesto a mantenerse en el poder y culminar sus reformas. Pero los acontecimientos
relacionados con el problema de Marruecos y sus consecuencias provocarán su caída.
Marruecos y la Semana Trágica (1909)
En los años anteriores había comenzado la explotación minera del hierro en zonas próximas a
Ceuta y Melilla por parte de españoles, y estos intereses en el norte de Marruecos serán reconocidos
por la comunidad internacional en la Conferencia de Algeciras (1906). Sin embargo la región del Rif
se encuentra en manos de un rebelde al sultán que hostiga con frecuencia a los españoles. La derrota
del Barranco del Lobo (1909), que provoca numerosas pérdidas, decide al gobierno a enviar refuerzos
a Melilla. Para ello moviliza a los reservistas61 que comienzan a embarcarse en Barcelona.
En protesta se convocó a finales de julio una huelga general que derivó en una desorganizada
oleada de graves disturbios (más de un centenar de muertos y una veintena de iglesias incendiadas) en
la capital catalana. Es la denominada Semana Trágica, en la que participaron de forma espontánea
grupos anarquistas y del naciente Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, caracterizado por
su acérrimo anticlericalismo.
La represión fue dura, y se quiso hacer responsable de la autoría intelectual de la revuelta al
60 Esta disposición tendrá mucha trascencencia, al beneficiar al caciquismo en contra de lo previsto.
61 Los reservistas eran aquellos soldados que habían terminado su servicio militar pero que durante algunos años quedaban
a disposición del ejército en caso de necesidad.
Apuntes de Historia de España
51
conocido activista revolucionario Francisco Ferrer62, por lo que fue condenado a muerte y ajusticiado.
Se inició entonces una fuerte campaña internacional en contra de Maura; cuando el Partido Liberal
decidió apoyarla, el rey retiró su confianza al gobierno y éste dimitió.
El gobierno de Canalejas
Unos meses después (1910) el poder recayó en el liberal José Canalejas, que llevó a cabo el
segundo gran esfuerzo regenerador de estos años, en ocasiones rectificando su oposición inicial a
algunos de los proyectos de Maura (la Mancomunidad Catalana, por ejemplo).
Las reformas más significativas fueron la eliminación de la redención en metálico del servicio
militar; la reducción del impuesto de consumos, muy oneroso para las clases bajas; una mayor
regulación de las condiciones de trabajo63. Sin embargo, lo más llamativo de su acción de gobierno fue
su política secularizadora, en parte con intenciones más propagandísticas que prácticas; con la llamada
“ley del candado” se prohibía el establecimiento de nuevas órdenes religiosas.
Durante estos años la conflictividad social aumenta, por motivos básicamente laborales. El
gobierno reacciona una veces manteniendo la neutralidad entre empresarios y obreros (huelga de
mineros de Vizcaya), y otras interviniendo enérgicamente (militarización de los ferroviarios).
Finalmente, durante el gobierno Canalejas se inicia la ocupación efectiva de la zona de
Protectorado español en Marruecos, prevista en la Conferencia de Algeciras. El resto del país (la
mayor parte) será ocupado por Francia.
La trayectoria de este gobierno reformista se vio truncada con el asesinato de Canalejas por un
terrorista anarquista a finales de 1912.
2. LA DESCOMPOSICIÓN DEL SISTEMA (1917-1923)
Los últimos años del sistema de la Restauración se caracterizan por la impotencia para lograr su
modernización, cada vez más urgente ante los nuevos problemas. La Primer Guerra Mundial se inicia
en 1914 y España permanece neutral, lo que dará lugar a un gran crecimiento económico por el
aumento de la demanda de los beligerantes. Surgirán grandes fortunas, el empleo se hará mayor, pero
también crecerán los precios, perjudicando a los sectores menos competitivos.
La crisis de 1917
Coincidirán tres graves problemas en el ejército, la política y el mundo del trabajo.
Desde principios de siglo oficiales y mandos del ejército venían organizándose para defender un
nacionalismo español que les parecía amenazado, así como sus intereses corporativos. Se enfrentarán
con éxito al gobierno y el resultado será el reforzamiento de la jurisdicción militar, la regulación de los
ascensos por antigüedad (en oposición a los méritos de guerra), y la aparición de un peculiar
“sindicalismo”, las Juntas de Defensa.
En lo político, los partidos dinásticos han sido incapaces de concluir la reforma del sistema y de
sus propias organizaciones: faltan jefes indiscutidos por lo que tienden a dividirse, y no se han
transformado en auténticos partidos modernos, con capacidad de movilizar a la sociedad 64. Por ello,
desde la oposición extradinástica se intenta forzar la reforma de la Constitución mediante la llamada
Asamblea de Parlamentarios de Barcelona, convocada por Cambó. Se buscó el acercamiento a las
Juntas militares y a los sectores mauristas, pero sin resultado.
En estas circunstancias, el PSOE y la UGT (con nuevos dirigentes: Besteiro, Largo Caballero,
Indalecio Prieto) se inclinó por una solución revolucionaria. Con apoyo de radicales y anarquistas,
62 En realidad Ferrer no tuvo ningún protagonismo. En su contra estaba su postura política (entre republicano y
anarquista), lo conocido de sus empresas (la Escuela Moderna), y su intervención no probada pero segura en el atentado
contra Alfonso XIII de 1906.
63 Jornada máxima en las minas, prohibición del trabajo nocturno femenino, reglamentación del aprendizaje, etc.
64 Estamos ante una crisis del liberalismo decimonónico común a toda Europa, de la que surgirán los nuevos regímenes de
masas: comunismo, fascismo y democracia.
Apuntes de Historia de España
52
declaró una huelga general para forzar la creación de un gobierno provisional que convocara Cortes
constituyentes. Fue contraproducente: ante la situación, se establecerá un gobierno de concentración
nacional, con los principales líderes conservadores, liberales y catalanistas, que restablecerá el orden.
Crisis de los partidos dinásticos y debilidad de las oposiciones
La solución, sin embargo, no fue durarera. El gobierno nacional apenas durá unos meses, y se
volvió a los gobiernos inestables consecuencia de la extrema división de los partidos dinásticos, y ello
a pesar de la progresiva integración en el sistema de la Lliga de Cambó y del Partido Reformista del
republicano Melquíades Álvarez.
Tanto la oposición republicana radical como la socialista tienden a una mayor moderación, pero
tampoco son capaces de cambiar la situación. Un pequeño sector socialista se escindirá para fundar el
Partido Comunista (PCE), de obediencia soviética.
En esta situación, la clase política encontrará muchas dificultades para resolver los dos últimos
graves problemas del régimen de la Restauración: el recrudecimiento de la conflictividad social y el
inicio de una nueva guerra colonial.
Aumento de la conflictividad social
Al mismo tiempo se produce un enorme crecimiento de las luchas de tipo sociolaboral. El fin de
la guerra mundial disminuye la actividad económica, lo que repercute directamente en el empleo. La
CNT, cuya afiliación aumentará aceleradamente, aprovechará la situación convirtiéndose en la mayor
central sindical. Sus planteamientos anarquistas les lleva a rechazar la intervención del gobierno en los
problemas de trabajo, lo que provoca unos métodos de lucha muy radicales. Aunque afecta a toda
España, fue especialmente importante en Andalucía y Cataluña.
El llamado Trienio Bolchevique (1918-1920) andaluz supuso un gran número de huelgas,
ocupaciones de campos, quemas de cosechas y desórdenes de todo tipo, especialmente entre los
jornaleros y obreros del valle del Guadalquivir. Tras algunos éxitos parciales, la declaración del estado
de guerra acabó con el esfuerzo movilizador sindical.
Barcelona se había visto muy beneficiada por la guerra mundial (“años de oro”); ahora serán los
“años de plomo”. La conflictividad laboral alcanzará cotas de violencia desconocidas por la
intransigencia de los mayoritarios anarcosindicalistas de la CNT, de la patronal, y de los sindicatos
libres. De las huelgas y cierres patronales se pasará al pistolerismo indiscriminado por ambas partes,
con más de doscientas muertes hasta 1923. Ante la situación, el gobierno Dato nombrará al general
Martínez Anido gobernador civil de Barcelona; éste aplicará una durísima represión contra la CNT con
métodos extralegales como la llamada ley de fugas (asesinato de los prisioneros con la excusa de que
había pretendido escapar). En respuesta, el propio Dato será asesinado.
La guerra de Marruecos y el Desastre de Annual
La ocupación del Protectorado de Marruecos avanza con dificultades a causa de la resistencia de
los rifeños dirigidos por Abd el-Krim, antiguo funcionario de la administración colonial española que
ha conseguido aglutinar a las tribus de la zona oriental. El general Silvestre dirige las costosas
operaciones (humana y materialmente). Para reducir el reclutamiento obligatorio se alistan tropas
indígenas, y en 1920 el gobierno funda la Legión Extranjera, con soldados profesionales.
En 1921 un ataque victorioso de los rebeldes sobre la posición de Annual provocará una
catastrófica retirada de las tropas españolas desde gran número de guarniciones, en la que mueren unos
10.000 soldados y caen casi todas las posiciones de la zona de Melilla, que se ve muy amenazada. El
número de prisioneros también es muy elevado.
Este desastre provoca un amplia campaña de la oposición, que pone de manifiesto los errores y
negligencias muy graves que se han cometido por parte de los altos mandos del ejército, tanto en la
dirección de las operaciones como en intendencia. En consecuencia aumentan (también en el ejército)
los partidarios de abandonar Marruecos. El gobierno se verá obligado a encargar una investigación que
dará lugar al llamado Expediente Picasso, en el que las responsabilidades apuntaban a la cúpula militar
(en parte nombrada o protegida por el propio rey).
Apuntes de Historia de España
53
3. LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1930)
El pronunciamiento y las reacciones
En 1923 había un consenso generalizado en que el régimen no tenía solución, y que su reforma
debería realizarse de algún modo excepcional. Se comienza a hablar (incluso el rey) de una dictadura
provisional y temporal que actuase como el “cirujano de hierro” de Costa.
Al final fue Miguel Primo de Rivera, capitán general en Cataluña, el que se decidió a
pronunciarse. Con el apoyo de la burguesía empresarial catalana (que confían en él para imponer el
orden público) y de un sector del ejército, el día 13 de septiembre de 1923 reclamó el poder desde
Barcelona. La inoperancia del gobierno llevó al rey a aceptar el golpe.
El nuevo dictador (como él mismo se autotituló) estableció un Directorio Militar, compuesto por
generales del ejército, en lugar del gobierno. Su proyecto inicial fue resolver rápidamente los graves
problemas militares, políticos, sociales y económicos del país, antes de volver a la legalidad.
Las reacciones oscilaron entre la indiferencia y el apoyo, al considerar la dictadura como un
medio necesario para eliminar la vieja política corrupta, con una duración limitada (“letra a noventa
días”). El aplauso fue general entre las clases altas y la élite económica, y desde la Lliga hasta el PSOE
hay una cierta complacencia. Sólo los anarquistas y algunos políticos dinásticos desplazados e
intelectuales manifestarán desde el primer momento su rechazo a la dictadura. La oposición sólo
comenzará a aumentar más adelante, especialmente desde la creación de un Directorio Civil en 1925.
La Guerra de Marruecos
Primo de Rivera había sido partidario de abandonar Marruecos, pero tras el golpe cambia de
opinión y considera que no puede abdicar de sus compromisos internacionales. Inicialmente se lleva a
cabo un repliegue hasta posiciones seguras, y aprovechando el temor del gobierno francés a un
contagio anticolonialista en su zona de protectorado, en 1925 se lleva a cabo una operación conjunta
que se inicia con el desembarco de Alhucemas y que resulta un éxito. Al año siguiente Abd el-Krim se
entregó a los franceses, y en 1927 se pudo dar por realizada la ocupación de la zona española.
Las reformas políticas
Inicialmente, Primo de Rivera disolvió las instituciones representativas (Cortes, Ayuntamientos),
suspendió la Constitución y la actividad de partidos y sindicatos, y militarizó el Estado.
La primera reforma de importancia fue el Estatuto Municipal, aprobado en 1924, y en la línea de
los viejos proyectos de Maura. Se consagra la autonomía económica y administrativa de los
ayuntamientos, que les permite municipalizar servicios, realizar infraestructuras, y gestionar sus
propios recursos, con el resultado de una importante modernización. Se establece una composición
democrática basada en el sufragio universal masculino y, por primera vez, femenino restringido a las
mujeres legalmente independientes; sin embargo no se llegó a aplicar.
Inicialmente, el dictador es partidario de la descentralización: logra el apoyo de fuerzas
regionalistas conservadoras y se elaboran varios proyectos de mancomunidades y estatutos. Pero
progresivamente se limitarán estas expectativas, hasta el definitivo Estatuto Provincial de 1925; de
este modo se producirá la ruptura de la dictadura con la Lliga.
Política social
Primo de Rivera tiene como objetivo prioritario la paz social, y para ello utilizará una doble
táctica. Por un lado se disolverá y reprimirá duramente a la CNT impidiendo toda actuación de signo
anarquista. Por otro se crearán unos Comités Paritarios (con representantes de los obreros y de los
patronos bajo la presidencia de un representante del Estado) que se encargan de solucionar los
conflictos laborales. La dictadura logrará la participación de la UGT, que de este modo llegará a
controlar el 60 % de los vocales obreros y lograra un enorme crecimiento en su afiliación.
También se desarrollará la legislación social con el establecimiento de un subsidio familiar, de
los seguros de maternidad y de retiro, etc. Asimismo se realizó un plan de construcción de viviendas
baratas para obreros, y se creó un plan de Enseñanza Profesional.
Apuntes de Historia de España
54
Política económica
El rasgo más característico es el intervencionismo del Estado, que actúa como motor, empresario
y controlador de la economía, como medio para impulsar el crecimiento. Defiende el proteccionismo y
limita el libre mercado con planteamientos corporativistas, en defensa de un nacionalismo
económico65; para ello se crea un Consejo Económico Nacional
La dictadura constituirá varios monopolios que controlan distintos sectores estratégicos, como el
del petróleo (CAMPSA monopoliza la distribución y venta de derivados del petróleo) y el de teléfonos
(Compañía Telefónica, CTNE). La actividad se realiza por concesión del Estado, que la impulsa con
subvenciones y evitando la competencia para lograr un rápido desarrollo. Asimismo, se fundan bancos
oficiales para el impulso de la economía (Banco Exterior de España, B. Hipotecario, B. Industrial).
El otro campo de actividad económica más destacado fueron las obras públicas. La constitución
de las distintas Confederaciones Hidrográficas facilitaron un mejor aprovechamiento de este recurso;
se construyeron embalses y canales, que permitieron un importante aumento de los regadíos. En el
terreno de las comunicaciones se impulsó la modernización de la red de carreteras 66, de los ferrocarriles
(con un mayor control del Estado sobre las empresas ferroviarias), así como de los puertos. También se
impulsa la aviación civil con la fundación de Iberia por el Estado.
La dictadura fue una época de considerable prosperidad económica, que se quiso mostrar al
exterior con las dos Exposiciones de 1929, la Iberoamericana de Sevilla y la Internacional de
Barcelona. Sin embargo, el coste del nuevo papel económico que se atribuyó el Estado fue enorme,
provocando un gran déficit y, en consecuencia, la caída del valor de la peseta.
Intentos de institucionalización
La dictadura pasó pronto de considerarse una solución transitoria, a verse como el germen de un
nuevo Estado superador del liberalismo67. Comienza así el proceso de institucionalización del régimen,
mediante la creación de diversas instituciones. El resultado será dudoso, ya que su aparente fuerza
derivará exclusivamente del Estado, y se desplomará cuando caiga la dictadura.
La Unión Patriótica es el partido de apoyo al dictador. Sus núcleos ideológicos proceden del
tradicionalismo y del llamado catolicismo social68, lo que les aleja de los nacientes planteamientos
fascistas. Pronto adquirió un volumen de afiliados descomunal, más de un millón. Pero esta cifra es
engañosa, ya que deriva de su carácter puramente estatal; en realidad su capacidad de movilización fue
escasa. En cuanto a sus objetivos, nunca resolvió el dilema existente entre convertirse en partido único
o en la matriz de un nuevo bipartidismo (a jugar con los socialistas). En paralelo a la UP existió una
milicia civil de apoyo al régimen, el Somatén Nacional.
El mundo económico laboral se regula mediante la Organización Nacional Corporativa, con
representación de obreros (a través de los sindicatos legales) y patronos bajo la dirección del Estado. El
punto de partida fueron los Comités Paritarios locales, integrados en cada sector de actividad en una
Corporación nacional, también con carácter paritario. El nivel superior lo constituía el Consejo
Superior del Trabajo, con los representantes de las Corporaciones. Este sistema guarda paralelo con el
creado en la Italia fascista por estos mismos años.
Pronto se constata la conveniencia de establecer algún tipo de parlamento respresentativo, para
dar legitimidad al régimen. Este proyecto fue respaldado en 1926 por un Plebiscito Nacional en el que
se había convocado a hombres y mujeres mayores de 18 años (naturalmente sin garantías
democráticas). Se creó así la Asamblea Nacional Consultiva (1927), una cámara de carácter
corporativo, con la supuesta representación de todos los sectores de la población: ayuntamientos,
provincias, corporaciones económicas y culturales, y representantes del Estado y de la UP. Se buscó la
participación de políticos liberales y socialistas, sin excesivo éxito.
El objetivo principal de esta Asamblea fue la elaboración de un anteproyecto de Constitución,
65 Es un fenómenos general que, en distintos grados, se presenta en todos los países durante el período de entreguerras.
66 Aunque las tres autopistas que se proyectaron (de Madrid a Irún y a Valencia, y de Oviedo a Gijón) no llegaron a
construirse.
67 En estos años aparecen los regímenes totalitarios (comunismo, fascismo) y numerosas dictaduras; la democracia liberal
sólo permanece vigente en unos pocos estados europeos.
68 Se llama así a una corriente ideológica nacida a fines del siglo XIX y que evolucionará hacia la democracia cristiana.
Apuntes de Historia de España
55
que quedó finalizado en 1929. Rechazaba los principios básicos liberales y democráticos (soberanía
nacional, división de poderes) y establecia un Estado unitario y centralizado con una monarquía muy
reforzada, por encima de todas las funciones estatales. El resultado no satisfizo a Primo de Rivera, que
lo rechazó. Y los nuevos planes que se trazaron se vieron interrumpidos por la caída de la dictadura.
4. EL FIN DE LA DICTADURA Y LA VUELTA A LA LEGALIDAD
La dimisión del dictador
El fracaso de sus planes legitimidores provocó un claro debilitamiento de la dictadura. Muchos
de sus antiguos apoyos cambian de bando, y la oposición (intelectuales, políticos, militares,
sindicalistas...) aumentó, aprovechando los márgenes de libertad que permite el sistema.
Hubos numerosos intentos insurreccionales, todos ellos fracasados: tanto los anarquistas (que en
1927 han fundado la Federación Anarquista Ibérica, FAI), como los pronunciamientos militares de
inspiración conservadora o liberal, y el proyecto de invasión catalanista. La agitación estudiantil
también aumentó con la creación de la FUE (Federación Universitaria Española).
Esta situación se agravó por los efectos de la crisis financiera y monetaria, que provoca una
importante depreciación de la peseta. Sus consecuencias hicieron aumentar la conflictividad social y
aceleraron el alejamiento de los socialistas, de amplios sectores del ejército, y del propio rey.
A finales de 1929, Primo de Rivera considera su situación muy debilitada, y además se encuentra
enfermo. Como último recurso, buscó públicamente el apoyo de los altos mandos del ejército, y ante
sus ambiguas contestaciones dimite el 28 de enero de 1930. Morirá en el exilio unas semanas después.
Los gobiernos Berenguer y Aznar
Tras la marcha del dictador el rey encargó la formación del gobierno al general Berenguer, para
dirigir la vuelta a la legalidad. Para ello se restableció la vigencia de la Constitución de 1876, y de los
derechos y libertades: libertad de prensa, funcionamiento de los partidos...
Sin embargo, una buena parte de la sociedad (incluyendo numerosos políticos de los viejos
partidos dinásticos) responsabiliza al rey de la dictadura y considera acabado el viejo sistema de la
Restauración. Los partidos dinásticos son irrecuperables, y algunos de sus antiguos dirigentes se
inclinan ahora por la República. En esta situación, el gobierno teme que unas elecciones generales den
lugar a unas Cortes constituyentes que pongan en cuestión la misma monarquía.
Mediante el Pacto de San Sebastián (agosto 1930), un grupo de políticos exmonárquicos (Alcalá
Zamora, exministro liberal), republicanos (Lerroux y Azaña), autonomistas catalanes y gallegos, y
socialistas (Indalecio Prieto, a título personal; el PSOE se adherirá más tarde), aprobaron una doble
línea de acción: la propaganda de la república en periódicos y actos públicos, y la organización de una
insurrección militar y de masas.
Este Comité Revolucionario logró el apoyo de un sector del ejército (Queipo de Llano, Ramón
Franco) y estableció el 15 de diciembre como fecha para el pronunciamiento, que debería ser apoyado
por las bases socialistas (y de ser posible anarquistas). Sin embargo, un fallo en la organización hizo
que los capitanes Fermín Galán y García Hernández se sublevaran en Jaca tres días antes; se produjo el
fracaso total: los dos oficiales fueron fusilados. El Comité Revolucionario fue encarcelado, pero
mantuvo su acción política y propagandística.
El fin de la monarquía
Con el objetivo de concluir la vuelta a la normalidad, el gobierno Aznar convocó elecciones
municipales en abril, retrasando sin fecha las legislativas. La campaña discurrió con tranquilidad, y el
12 de abril las candidaturas republicanas vencieron a las monárquicas en las capitales de provincia.
Este resultado fue considerado como un plebiscito, tanto por los republicanos como por buena parte de
los políticos monárquicos y del propio rey, que quedaron desconcertados ante el resultado.
El Comité Revolucionario proclamó la República (14 de abril de 1931), obtuvo la cesión del
poder por parte del gobierno, e impuso la marcha de Alfonso XIII al exilio.
Apuntes de Historia de España
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TEMA 9 – LA SEGUNDA REPÚBLICA
1. EL GOBIERNO PROVISIONAL (abril a diciembre de 1931)
El 14 de abril de 1931 se constituyó el gobierno provisional de la República, que se atribuyó
todos los poderes hasta la reunión de unas futuras Cortes. Estaba formado por políticos de la derecha
republicana como Niceto Alcalá Zamora (presidente), del ya centrado Partido Republicano Radical
(Alejandro Lerroux), de otros partidos republicanos de izquierda (Manuel Azaña), catalanistas y
galleguistas, y del PSOE (Largo Caballero e Indalecio Prieto). Aunque se mantuvo el propósito de
establecer un régimen liberal-democrático, el gobierno se atribuyó desde los primeros momentos unos
poderes69 tan considerables que le posibilitaban recortar los derechos y libertades individuales.
Primeros conflictos
Los primeros conflictos surgieron en relación con la Iglesia. El 10 de mayo las protestas contra la
inauguración en Madrid de un Círculo Monárquico concluyeron con la intervención de la policía y la
detención de algunos directivos. Al día siguiente, como protesta, se inicia la “quema de conventos”, sin
que intervengan las autoridades para impedirlo. En tres días arderán un centenar de edificios religiosos
y educativos en toda España. Poco después dos obispos serán obligados a salir del país.
La acción de la extrema izquierda tuvo mayor gravedad. Los anarquistas se habían mantenido a
la expectativa durante el cambio de régimen, pero pronto manifestaron su rechazo total a la que
consideraban una república burguesa. Los sectores partidarios de la violencia revolucionaria (la FAI) se
hicieron con el dominio de la CNT y, en consecuencia, los conflictos laborales pronto derivaron en
auténticas insurrecciones, con numerosas víctimas mortales.
Elecciones a Cortes
En junio se realizaron las elecciones a Cortes constituyentes, unicamerales. Se mantuvo el
sufragio masculino, aunque las mujeres podían ser candidatas. La mayor novedad fue el sistema
mayoritario con distritos provinciales (a los que se añadían las ciudades de más de 100.000 habitantes);
los electores sólo votaban por el 80 % de los puestos, quedando los restantes para la segunda lista más
votada. Este sistema favorecía la formación de coaliciones de partidos diversos entre sí.
La candidatura triunfante fue la gubernamental Conjunción republicano-socialista. Los mejores
resultados los obtuvieron el PSOE (24 % de los escaños), el Partido Radical (20 %) y el Partido
Radical-socialista (13 %), seguidos por otros partidos republicanos de izquierdas y nacionalistas (en
conjunto 20 %), y otros representantes del centro y la derecha republicanos (8 %). La oposición, muy
débil, estaba formada por grupos de derechas: Agrarios, Lliga, vasco-navarros (carlistas y nacionalistas
vascos) e independientes.
La Constitución de 1931
La principal tarea de las Cortes consistió en la elaboración de una nueva Constitución. La clara
mayoría parlamentaria de izquierdas marcará el tono en su redacción, y su carácter anticatólico
provocó en octubre la salida del gobierno de su presidente Alcalá Zamora y otro ministro de la derecha
republicana. Manuel Azaña será el nuevo presidente. La Constitución de 1931 se aprobó en diciembre
y presenta las siguientes características:
Régimen político: Se caracteriza como “república democrática de trabajadores de todas clases”
(lo último por imposición socialista). El estado es integral con autonomía de las regiones.
69 Estatuto Jurídico, abril de 1931. En octubre de 1931 aumentarán más las atribuciones del gobierno y sus representantes
con la Ley de Defensa de la República.
Apuntes de Historia de España
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Derechos y deberes: igualdad jurídica, libertades de expresión, imprenta, reunión y asociación.
Sin embargo, el gobierno puede suspender estos derechos con mucha facilidad. Se instituye el divorcio.
También se establece la posibilidad de expropiaciones, legislación social (seguros, condiciones de
trabajo), y la obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria.
Presidente de la República: es el jefe del Estado y máxima magistratura. Lo eligen los diputados
y otros compromisarios.
Poderes del Estado. El poder legislativo está constituido por unas Cortes unicamerales elegidas
mediante sufragio universal masculino y femenino. El poder ejecutivo lo forma el Gobierno; su
presidente es nombrado libremente por el Presidente de la República, pero ha de poseer la confianza de
las Cortes. El poder judicial se compone jueces independientes y jurados.
Tribunal de Garantías Constitucionales: se ocupa de las cuestiones de inconstitucionalidad y de
los conflictos entre el Estado y las Regiones.
La religión: el Estado no tiene religión oficial y no sostiene a la Iglesia. Se disuelve la orden de
los jesuitas y a las restantes se les prohibe la enseñanza; se nacionalizan en parte sus bienes.
Establece un sistema de reforma constitucional muy complejo.
2. EL BIENIO DE IZQUIERDAS (diciembre de 1931 a septiembre de 1933)
El gobierno y la oposición
Una vez aprobada la Constitución, las Cortes eligieron Presidente de la República a Alcalá
Zamora que, a su vez, confirmó a Azaña como jefe del Ejecutivo. Éste nombró un nuevo gobierno de
coalición entre el PSOE (el mayor grupo de las Cortes) y los partidos menores de la izquierda
burguesa. Sin embargo, la línea política se mantuvo acorde con la etapa anterior.
El principal partido de la oposición era el Partido Radical (situado en el centro político), seguido
por el Partido Agrario. Pero diversos grupos de carácter católico dirigidos por Gil Robles comenzaron
a agruparse hasta formar en 1933 la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA); se
consideraban accidentalistas en cuanto al régimen, y aceptaban el marco legal (que esperaban cambiar
cuando obtuvieran el poder). Más a la derecha (con un rechazo creciente al sistema parlamentario) se
situaban Renovación Española -los monárquicos alfonsinos- y los tradicionalistas.
Las sublevaciones
Las continuas sublevaciones anarquistas, tanto en las zonas rurales como en las industriales,
constituyeron uno de los mayores problemas del bienio. Buscaban establecer el comunismo libertario
mediante la huelga general revolucionaria, y provocaron varios centenares de muertos (entre las
revueltas y la consiguiente represión). Esta última fue especialmente dura en Casas Viejas (Cádiz,
enero de 1933) lo que contribuyó poderosamente al descrédito del Gobierno y al debilitamiento de su
coalición. La permanente y creciente agitación social provocó un aumento de la autoridad represora y
sancionadora del gobierno al margen del sistema judicial70.
En agosto de 1932 estalló la sublevación de Sanjurjo, desde el otro extremo ideológico. Este
general, que inicialmente había apoyado al nuevo régimen, organizó un movimiento para “centrar” la
República. Apoyado tan sólo por algunos sectores del ejército y grupos monárquicos, fracasó en pocas
horas (tras causar algunas muertes). Justificó una considerable represión hacia todas las derechas.
Programa de reformas
El gran proyecto del gobierno consistió en llevar a cabo el programa de reformas que planteaba la
Constitución. Sin embargo, se fue elaborando con cierta lentitud, en buena parte debido a la compleja
composición de las Cortes y de los propios grupos que apoyaban al gobierno.
Las reformas militares se habían iniciado en tiempos del Gobierno Provisional, y perseguían
varios objetivos: reducir el número de militares mediante retiros voluntarios; “republicanizar” el
ejército con los nombramientos oportunos; y modernizar su preparación y sus medios materiales. Este
70 Ley de Orden Público (abril de 1933), y Ley de Vagos y Maleantes (agosto de 1933).
Apuntes de Historia de España
58
último sólo pudo lograrse en parte debido a las carencias presupuestarias.
La descentralización del Estado fue un proceso lento que sólo llegó a culminar en el caso de
Cataluña. El debate se prolongó varios meses a causa del recelo que provocó en las derechas no
nacionalistas y en numerosos sectores republicanos y socialistas. Sólo el fallido golpe de Sanjurjo
logró, como reacción, su definitiva aprobación en septiembre de 1932. Cataluña quedaba reconocida
como “región autónoma dentro del Estado español” y recibía determinadas competencias. En las
elecciones al Parlamento regional triunfó Esquerra Republicana, y Maciá fue confirmado como
Presidente de la Generalitat.
El caso vasco fue más complejo debido al cambio de alianzas del PNV: primero con los
tradicionalistas y más tarde con republicanos y socialistas; entrará en vigor durante la guerra civil. Los
intentos de otras regiones no pasaron de las fases iniciales; el caso más adelantado fue el gallego.
La reforma agraria era una cuestión muy urgente, ya que la mitad de la población activa
pertenecía al sector primario, y de ellos más de la cuarta parte eran jornaleros sin tierras. Las continuas
alteraciones anarquistas hacían más patente la urgencia de la reforma, por lo que el Gobierno
Provisional aprobó diversas medidas para mejorar las condiciones de jornaleros y arrendatarios71.
El gran proyecto fue la Ley de Bases de la Reforma Agraria, con el objetivo de expropiar tierras
de cultivo para instalar en ellas a jornaleros. Tuvo una compleja elaboración debido al rechazo que
produjo. Pero con el fracaso de la “Sanjurjada” se procedió a expropiar sin indemnización las tierras de
los Grandes de España y a la definitiva aprobación de la ley en septiembre de 1932. Se aplicaba en toda
España, aunque de forma preferente en las zonas latifundistas (Andalucía, Extremadura, La Mancha y
Salamanca). Consideraba expropiables sin indemnización las tierras de los antiguos señoríos, y con ella
las que no eran cultivadas directamente por su propietario, las mal cultivadas o susceptibles de ser
puestas en regadío, las que superaban un porcentaje determinado del término municipal, etc. Su
aplicación correspondía al Instituto de Reforma Agraria, institución de nueva creación, y fue muy lenta
debido a los escasos fondos de que dispuso: al término del bienio se habían asentado menos de 5.000
nuevos propietarios. En consecuencia, se autorizó72 la ocupación de tierras no cultivadas por un
período de dos años (40.000 agricultores, la mayoría yunteros extremeños).
A pesar de todo, la agitación se mantuvo en el medio rural: los anarquistas rechazaron siempre el
proyecto, tachado de capitalista; las expectativas generadas no se cumplieron, provocando la
radicalización de los campesinos socialistas; los pequeños y medianos agricultores (incluyendo a
muchos arrendatarios) se vieron perjudicados por algunas de estas medidas, e hicieron causa común
con los grandes propietarios en contra de la Ley.
La cuestión religiosa estuvo marcada por la aplicación73 de lo establecido por la Constitución:
nacionalización de templos y propiedades eclesiásticas (aunque se podía mantener su uso), control del
Estado sobre estas instituciones y limitación de sus actividades (prohibición de la enseñanza).
El fin del Bienio
A mediados de 1933 se habían aprobado ya las principales leyes que desarrollaban la
Constitución. Por otra parte, la coalición de gobierno comenzaba a resquebrajarse. En esta situación
dos importantes derrotas electorales (elecciones municipales parciales en abril, y elección de vocales
para el Tribunal de Garantías Constitucionales en septiembre) convencieron a Alcalá Zamora de la
necesidad de un cambio de gobierno. En septiembre retiró su confianza a Azaña y nombró jefe del
ejecutivo a Lerroux, que formó un gobierno de centro izquierda (radicales e izquierdas burguesas), y
convocó nuevas elecciones generales para el mes de noviembre.
La nueva ley electoral de Azaña privilegiaba aún más las coaliciones, por lo que se organizó la
Unión de Derechas (CEDA, agrarios, tradicionalistas y alfonsinos) con un programa revisionista
centrado en las cuestiones religiosa y agraria y en la amnistía para los delitos políticos. El
republicanismo de centroderecha se agrupó en torno del Partido Radical, y las izquierdas burguesas
formaron listas conjuntas. El PSOE se presentó en solitario; dirigido por Largo Caballero, giró hacia el
71 Decretos de Términos Municipales, de Prórroga de arrendamientos rústicos y de Laboreo forzoso.
72 Decreto de Intensificación de Cultivos (octubre de 1932).
73 Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas (junio de 1933).
Apuntes de Historia de España
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antiparlamentarismo revolucionario. La CNT, como de costumbre, promovió la abstención.
Las elecciones de noviembre de 1933 fueron las primeras que contaron con el voto femenino, y
supusieron un vuelco político. El partido ganador fue la CEDA (24 % de los escaños), seguida por los
Radicales (22 %), las otras derechas más o menos moderadas (agrarios, Lliga, etc. 16 % en conjunto) y
las derechas extremistas (12 %). Las izquierdas fueron las grandes derrotadas, tanto el PSOE (12 %)
como la izquierda burguesa (Esquerra y otros republicanos de izquierda, 8 %). Fueron elegidos por
primera vez un diputado comunista y dos falangistas.
3. BIENIO DE CENTRO DERECHA (diciembre 1933 a diciembre 1935)
El gobierno y sus apoyos
Alcalá Zamora encargó a Lerroux la formación de un gobierno de radicales y republicanos de
derechas, apoyado en las Cortes por la CEDA, a la que no consideraba preparada para acceder al
ejecutivo. Gil Robles aceptó, desvinculándose de los monárquicos (pronto dirigidos por el exministro
de la dictadura, Calvo Sotelo). La oposición de izquierdas consideró esta solución un peligro para el
régimen, y exigió sin éxito la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones.
Esta composición gubernamental se mantuvo varios meses hasta que Gil Robles exigió entrar en
el gobierno, lo que fue utilizado como justificación para la gran revolución socialista y catalanista de
octubre de 1934. A pesar de su fortaleza parlamentaria, estos gobiernos de centro derecha fueron
inestables y poco durareros debido a las diferencias entre sus componentes, a la división del Partido
Radical (un sector pasará a la oposición), y a las continuas intervenciones de Alcalá Zamora.
Reforma de las reformas
La acción de estos gobiernos basculaba entre la aceptación de las líneas básicas de la República y
la necesidad de incorporar a los sectores sociales (de la derecha, del centro, católicos, pequeños y
medianos agricultores, militares...) más o menos marginados en el primer bienio. De ahí las reformas
de las reformas que van a caracterizar estos años, y que van a tener sólo un muy relativo éxito.
Una de las primera medidas del bienio fue la concesión de amnistía por delitos políticos, que
beneficiará tanto a los sublevados con Sanjurjo como a los anarquistas revolucionarios.
En la cuestión agraria, inicialmente se mantuvieron los asentamientos de campesinos y las
expropiaciones (incluso en mayor número que en el bienio anterior), aunque se eliminaron otras
disposiciones como las de Ley de Términos, y no se prorrogaron las ocupaciones de fincas.
Posteriormente se suspendieron las expropiaciones forzosas, y los intentos del ministro Giménez
Fernández (CEDA) de centrar las reformas en mejorar las condiciones de los campesinos arrendatarios
fracasaron por la oposición de su propio partido.
Con respecto a la cuestión religiosa se debe tener en cuenta que convivieron en el bloque
gubernamental el anticlericalismo de los radicales con el clericalismo de la CEDA. El resultado fue
una política poco coherente: se mantuvo en vigor la legislación laicista pero se suspendió parte de su
aplicación: se permitió la enseñanza religiosa, y se volvió a subvencionar a la Iglesia.
La gran cuestión pendiente fue la revisión constitucional. Sin embargo, la necesidad de aguardar
hasta diciembre de 1935 para iniciar el proceso, la falta de consenso entre radicales y cedistas, y la
disolución de las Cortes en enero de 1936, hizo que esta cuestión quedara en un segundo plano.
La oposición
La debilidad parlamentaria de la oposición no impidió los esfuerzos para combatir lo que se
considera una derechización de la República. El primer gran conflicto se produjo con la Ley de
Contratos de Cultivos de la Generalitat (abril de 1934), rechazada por la Lliga y que el Tribunal de
Garantías anuló por anticonstitucional (junio). La reacción de las autoridades catalanas osciló entre
mantener el enfrentamiento, el diálogo con el gobierno, y la preparación de una insurrección.
También la extrema derecha oscila entre el apoyo a medidas “rectificadoras” y el objetivo de
acabar violentamente con el régimen: los monárquicos lograraron financiación italiana para
Apuntes de Historia de España
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propaganda y compra de armas. Mientras, dos pequeñas organizaciones fascistas, Falange Española (de
José Antonio Primo de Rivera, el hijo del dictador) y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista se
unieron en 1934 en FE de las JONS, que aumentó sus acciones propagandísticas o violentas.
Sin embargo el mayor problema lo creó la agitación de la extrema izquierda. Los anarquistas
(entre cuyos responsables se encuentra Durruti) realizaron un nuevo intento revolucionario a finales de
1933, que concluyó en fracaso, lo que no impidió una elevada actividad huelguística en los siguientes
meses. Al mismo tiempo, la dirección del partido y el sindicato socialista (Largo Caballero e Indalecio
Prieto) comenzó a preparar la revolución para instaurar la dictadura del proletariado.
La sublevación de octubre de 1934
A las pocas horas de la entrada en el gobierno de los ministros de la CEDA estalló la
insurrección preparada por los socialistas. En gran parte de España la revolución fue derrotada ante la
inhibición de los anarquistas y la falta de apoyo en los cuarteles. En Madrid, País Vasco y otras
localidades, tuvo más importancia: se produjeron enfrentamientos armados de cierta consideración y
hubo numerosos muertos.
La sublevación sólo alcanzó grandes proporciones en las cuencas mineras de Asturias y norte de
León, gracias a la unión con los anarquistas. El Comité revolucionario contó con varias decenas de
miles de trabajadores armados, ocupó un amplio territorio (Avilés, Gijón y buena parte de Oviedo) y
estableció el colectivismo. El gobierno envió al ejército que, tras duros combates y al cabo de dos
semanas, logró someterlos. Sólo en Asturias hubo un millar de muertos, causados por los combates y
por la represión de los dos bandos; las destrucciones fueron enormes.
De forma paralela se produjeron los sucesos de Barcelona. Companys (de la Esquerra), que
presidía entonces la Generalitat, llevaba un tiempo preparando su propia insurrección secesionista y,
ante el nombramiento de los ministros cedistas, proclamó “el Estado Catalán en la República Federal
Española”. Sin embargo, al carecer del apoyo de las organizaciones sindicales (mayoritariamente
anarquistas), la rebelión fue rápidamente sometida.
Todos los recursos que la legislación republicana ponía en manos del gobierno fueron utilizados
contra los revolucionarios. El gobierno procesó a los capturados (unos treinta mil) y a dirigentes
políticos de la izquierda (entre ellos Largo Caballero, Azaña y Companys). La represión fue dura, se
dictaron veinte penas de muerte (se aplicaron dos), y la autonomía catalana fue suspendida. La CEDA
respetó la legalidad (no se hizo con el poder absoluto, como temían las izquierdas), pero aumentaron
los partidarios de soluciones autoritarias como defensa contra la revolución. Sus Juventudes (JAP)
iniciaron un proceso de fascistización.
El fin del Bienio
A mediados de 1935 la coalición gobernante comenzó a entrar en crisis por sus diferencias
internas y por unos escándalos que salpicaban a dirigentes radicales (el más conocido es el del
estraperlo).
Alcalá Zamora aprovechó el desprestigio de los radicales y la caída del gobierno en diciembre
para intentar una solución personal: es el gobierno de Portela Valladares que, al carecer de apoyos
parlamentarios, forzó la disolución de las Cortes. Con todo ello se perseguía el objetivo de crear un
partido moderado que pudiera centrar la República tras ganar las siguientes elecciones.
Sin embargo, surgirán dos grandes coaliciones, a izquierda y derecha, mientras que el centro,
ante el desprestigio de radicales y “portelistas”, buscó acomodo a uno u otro lado. Las izquierdas
revolucionarias (PSOE, PCE, POUM, algunos sectores anarquistas) acordaron con la izquierda
burguesa (Izquierda Republicana, Esquerra) la constitución del Frente Popular, con unos objetivos
mínimos como la amnistía por delitos políticos posteriores a 1933. La derecha y el centro no lograron
un acuerdo total excepto en Cataluña74 por lo que fue frecuente la competencia de distintas
candidaturas. Falange Española quedó excluida de las negociaciones y se presentó en solitario.
74 Front Catalá d'Ordre.
Apuntes de Historia de España
61
4. EL FRENTE POPULAR (febrero a julio de 1937)
Las elecciones y el nuevo gobierno
Las elecciones tuvieron lugar en febrero de 1936, con una abstención menor que en las
anteriores, y significaron un nuevo vuelco: el Frente Popular ganó claramente en escaños (PSOE 21 %;
izquierdas burguesas 26 %; Esquerra 8 %; otros 8 %) al centro y a la derecha (CEDA 19 %; centro
derecha 13 %; extrema derecha 5 %), aunque en número de votos quedaron igualados75.
Inmediatamente bases populares de la izquierda reclamaron el poder, y Portela Valladares
dimitió. Ante ello, Gil Robles propuso sin éxito al presidente de la República la anulación de las
elecciones. Se formó un nuevo gobierno de izquierdas burguesas presidido por Azaña y apoyado en el
parlamento por el PSOE, que no deseaba entrar en el gobierno. Las nuevas Cortes hicieron valer su
mayoría, anulando los resultados en dos provincias y alterándolos en otros, aumentando así su mayoría.
Sus actuaciones políticas fueron la amnistía, la devolución de poderes a la Generalitat, el
relanzamiento de las reformas anuladas o modificadas en el bienio anterior, y el hostigamiento a las
fuerzas políticas hostiles. Alcalá Zamora fue destituido, con el pretexto de que la disolución de las
Cortes había sido improcedente. En su lugar fue elegido Azaña, que dejó la jefatura del gobierno a su
correligionario Casares Quiroga ante la imposibilidad de nombrar al entonces líder de la facción
socialista menos extremista, Indalecio Prieto, por la negativa de la dirección del PSOE.
Crecimiento de la violencia política
En paralelo se produjo la destrucción de la convivencia civil, con un gran crecimiento de la
violencia (atentados, destrucciones y un cuarto de millar de muertos entre febrero y julio) por parte de
las milicias (uniformadas y de carácter paramilitar) de las extremas izquierdas, extremas derechas e
independentistas.
Los anarquistas de la CNT mostraron rápidamente su hostilidad al gobierno burgués del Frente
Popular. Entre los socialistas triunfaron claramente los partidarios de mantenerse fuera del gobierno y
preparar la conquista del poder. El PCE se encontraba en expansión desde que el año anterior había
fusionado sus juventudes con las socialistas (Santiago Carrillo).
En el lado opuesto, Falange recibió una avalancha de nuevos afiliados procedentes de las
juventudes cedistas y monárquicas (aunque su jefe fue detenido en marzo). Y un grupo de militares
(Mola) comenzó a conspirar, al principio con el objeto de “enderezar” la marcha de la República,
aunque sin mucho éxito.
El 13 de julio pistoleros posiblemente tradicionalistas asesinaron en Madrid al teniente José
Castillo, del PSOE. Un grupo de policías y pistoleros socialistas decidieron vengarlo con el secuestro y
asesinato de los dos líderes parlamentarios de la derecha, Calvo Sotelo y Gil Robles, aunque a este
último no lo encontraron. La muerte del primero supuso un detonante para la conspiración militar,
animando a los indecisos (como el general Franco) y decidiendo la puesta en marcha de sus planes. El
17 de julio se produce el golpe de estado militar que, al fracasar, dará lugar a la guerra civil.
75 Resultados en la primera vuelta: izquierda y centro-izquierda 47,1 %; centro puro 5,3 %; derecha y centro-derecha 45,6
% (Tusell y otros, Las elecciones del Frente Popular, Madrid 1971).
Apuntes de Historia de España
62
TEMA 10 – LA GUERRA CIVIL (1936-1939)
1. CAUSAS DE LA GUERRA CIVIL
La crisis del sistema liberal parlamentario
El sistema liberal parlamentario entró en crisis durante el período de entreguerras: en muchos
países de Europa y en América fue sustituido por distintos tipos de regímenes autoritarios. En España,
en cambio, se recuperaron las libertades tras la dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, la Segunda
República terminará por ser una democracia sin demócratas, en la que una buena parte de la clase
política no respetaba las “reglas de juego” (si perjudicaban las propias expectativas) y mantenía unos
principios irrenunciables (república de izquierdas, carácter católico de la nación, por ejemplo), cuya
defensa justificaba la tergiversación de la legalidad. Otros políticos, simplemente, quisieron sustituir la
democracia por diferentes modelos autoritarios.
Proyectos revolucionarios y contrarrevolución
En Europa, las posiciones extremas eran el comunismo soviético y el nacionalsocialismo alemán,
auténticas “religiones políticas” revolucionarias que rechazaban el liberalismo y el capitalismo, que
justificaban la violencia como medio para crear en el futuro una sociedad perfecta sin conflictos, y que
poseían un líder considerado providencial. En España existían diversos proyectos políticos no
democráticos contradictorios entre sí y que se pueden comparar con aquellos: comunismo libertario de
los anarquistas; dictadura del proletariado de socialistas y comunistas; corporativismo reaccionario de
cedistas, monárquicos y tradicionalistas; fascismo de los falangistas. Todos se justificaban a sí mismos
y a la violencia que generaban por la necesidad de defenderse del “enemigo” y por la esperanza en la
creación de una sociedad perfecta.
Polarización política y violencia
En los años precedentes se había producido una progresiva desaparición del centro político, que
culminó con el hundimiento del Partido Radical tras el escándalo del estraperlo y con el fracaso de los
proyectos de Alcalá Zamora y Portela Valladares. A su vez, las derechas e izquierdas que habían
aceptado el sistema democrático en mayor o menor grado, se radicalizaron progresivamente. Este
proceso había provocado un debilitamiento de la izquierda burguesa, el triunfo de los partidarios de la
revolución en el PSOE, y el de los partidarios de la reacción contrarrevolucionaria en la CEDA. Las
fuerzas extremistas y sus milicias (socialistas, comunistas, anarquistas, falangistas, tradicionalistas)
tuvieron cada vez más presencia en la calle, mediante desfiles paramilitares y asesinatos de sus
enemigos políticos. Los atentados a las personas (300 asesinados en 1936 hasta el inicio de la guerra) y
a las cosas se hicieron habituales, y generaron una espiral de acción-reacción.
División de la sociedad
La división ideológica y política se simplificó progresivamente (derechas-izquierdas, fascismoantifascismo, revolución-contrarrevolución, catolicismo-anticatolicismo) y se extendió a sectores más
amplios de la sociedad, rompiendo definitivamente la convivencia. La fractura afectó por igual los
distintos territorios, clases sociales y hasta las mismas familias. Cada vez fue más frecuente la “toma
de partido”, el apoyo a uno de los dos campos aunque fuera con reservas.
El golpe militar y su fracaso
Es el factor decisivo. El golpe militar contra el gobierno del Frente Popular se organizó para
“rectificar” la deriva revolucionaria de la república en un sentido conservador, y tomó un impulso
Apuntes de Historia de España
63
definitivo a raíz del asesinato de Calvo Sotelo. Su fracaso (y el paralelo del gobierno para derrotarlo)
constituyó el arranque de la guerra civil y, al mismo tiempo, el fin de la segunda república: en ambos
bandos se construyeron a partir de este momento novedosos regímenes antidemocráticos.
2. DESARROLLO
El pronunciamiento fallido
El golpe de estado había sido preparado por el general Mola desde Pamplona, bajo el teórico
mando del exiliado general Sanjurjo. El 17 de julio de 1936 se inició el movimiento militar, con la
llegada del general Franco al Protectorado español de Marruecos para hacerse cargo de las tropas allí
destacadas (las que poseían una mayor preparación militar). Poco después se sublevaron los mandos
militares implicados, con un resultado incierto: triunfaron en las actuales Castilla y León, Galicia,
Navarra, Rioja, Aragón, Baleares y en varias capitales andaluzas; fracasaron en el resto, incluyendo las
decisivas Madrid y Barcelona, así como en la marina de guerra. En ambos bandos tomaron gran
protagonismo las milicias políticas y sindicales.
La lucha por Madrid (1936-1937)
El traslado del ejército de África a la península permitió unir los territorios sublevados, en
paralelo a la conquista republicana de la mitad oriental de Aragón. Pero la iniciativa la tuvieron los
primeros, que se esforzaron en tomar Madrid mediante un avance de columnas todavía no muy
numerosas. Sin embargo, aunque se ocupó Toledo (en cuyo Alcázar habían resistido los militares
pronunciados), no fue posible conquistar la capital: la resistencia de las milicias (“No pasarán”) lo
impidió en el primer momento, y posteriormente las batallas en mayor escala de Jarama y Guadalajara
dejaron la situación en tablas.
Del frente norte a la batalla de Teruel (1937-1938)
Ante la imposibilidad de ocupar Madrid (lo que habría supuesto el fin de la guerra), el general
Franco cambió de estrategia: tras la toma de Málaga, inició la conquista de la franja cantábrica:
Guipúzcoa, Vizcaya (bombardeo de Guernica), Cantabria y Asturias. Pese a los intentos republicanos
de cambiar la situación mediante ataques en otros escenarios (ofensivas de Brunete en Madrid y de
Belchite en Zaragoza), en octubre de 1937 todo el norte había caído en manos de los sublevados. Pero
en diciembre, una nueva ofensiva republicana logró tomar Teruel. La reacción del otro bando en la
durísima batalla de Teruel les permitió recuperar la ciudad y avanzar rápidamente en Aragón y hacia el
Mediterráneo, al que se llegó en abril de 1938: Cataluña quedó aislada del resto de la zona republicana.
De la batalla del Ebro al fin de la guerra (1938-1939)
La última gran ofensiva republicana se produjo en el verano de 1938 con la batalla del Ebro. Al
principio el plan del general Rojo tuvo éxito, pero la contraofensiva del otoño no sólo recuperó el
territorio perdido sino que supuso la conquista de Cataluña, culminada en febrero de 1939. La zona
republicana quedó reducida al cuadrante sudoriental de la península (Madrid–Valencia–Almería), y en
ella se produjo la lucha entre los partidarios de mantener la resistencia y los que consideraban perdida
la guerra. El triunfo de estos últimos en Madrid supuso el final de la resistencia (1 de abril de 1939).
3. LAS DOS ESPAÑAS
La división de España
Al comenzar la guerra la España republicana comprendía ciudades como Madrid, Barcelona,
Valencia y Bilbao, regiones industrializadas como Cataluña y Vizcaya, importantes zonas mineras
(Asturias), y zonas agrícolas exportadoras (Levante). Asimismo contaba con las reservas del Banco de
España y con una parte significativa del ejército, especialmente de la Armada y la aviación.
Apuntes de Historia de España
64
La España nacional controló inicialmente algunas grandes ciudades (Sevilla, Zaragoza,
Valladolid) y con importantes zonas cerealistas (meseta norte, Aragón, valle del Guadalquivir).
Disponía de más de la mitad del ejército de tierra, especialmente de las tropas mejor preparadas, las del
protectorado de Marruecos. Y tras las primeras semanas, su zona se encontraba territorialmente unida.
La España republicana
El inicio de la guerra civil supuso el fin de la legalidad republicana. El gobierno de la izquierda
burguesa dirigido por Giral se vio incapaz de encauzar la revolución que estalló como consecuencia de
la sublevación militar. Desde entonces, existieron dos fuentes de autoridad paralelas aunque
intercomunicadas: el gobierno legal y las distintas fuerzas políticas y sindicales del Frente Popular (y
los anarquistas). Los restantes partidos y sindicatos, buena parte del ejército, las organizaciones
religiosas y todo “enemigo de clase” susceptible de simpatizar con los sublevados fueron perseguidos
de forma muy violenta. Se estableció una colectivización de los medios de producción, aunque de
modo variable: por lo general, fueron los distintos sindicatos los que se incautaron de las propiedades.
Ante los graves problemas organizativos, en septiembre de 1936 se eligió un nuevo gobierno de
unión nacional dirigido por Largo Caballero y con participación de socialistas, comunistas,
republicanos de izquierdas y, más tarde, anarquistas y un nacionalista vasco. Entre las primeras
medidas estuvo la creación de un nuevo Ejército Popular, y el traslado del gobierno a Valencia, ante la
amenaza de las columnas rebeldes. En los meses siguientes fue en aumento la rivalidad entre
comunistas (cada vez más influyentes gracias a la dependencia de la ayuda militar soviética) y
anarquistas. Estos últimos consideraban necesario mantener y profundizar la revolución colectivista de
signo libertario; los primeros eran partidarios de un estado revolucionario centralizado y fuerte.
La tensión acumulada estalló en Barcelona en mayo de 1937. Un conflicto por el control de la
Telefónica dio lugar a tres días de luchas callejeras que constituyeron una auténtica pequeña guerra
civil. El resultado fue el aumento del poder de los comunistas, el retroceso considerable de la
influencia de los anarquistas, el recorte de las atribuciones de la Generalitat, y la eliminación radical
del POUM (partido comunista disidente) al que se acusó de estar al servicio de los rebeldes. La última
consecuencia de los sucesos de mayo fue la sustitución de Largo Caballero por el también socialista
Juan Negrín, más favorable a la concentración del poder y al acuerdo con los comunistas.
Negrín era partidario de la resistencia a ultranza, centrando todos los esfuerzos en la guerra. Al
mismo tiempo buscó influir en la opinión pública mundial mediante sus Trece Puntos, con los que se
suavizaban los aspectos más radicales de la revolución española. El único éxito (en buena parte debido
al aumento de la tensión internacional) fue la salida de los combatientes extranjeros.
La caída de Cataluña a principios de 1939 redujo las expectativas de la república. Buena parte
del clase política (el presidente Azaña, por ejemplo) se encontraba ya en el exilio, y cada vez eran
menos numerosos los partidarios de resistir. En marzo se produjo en Madrid una breve revuelta
anticomunista con el resultado de la creación de un Consejo de Defensa Nacional con el general
Casado y el socialista Besteiro. Sin embargo, sus intentos de lograr una paz pactada fracasaron.
La España nacional
El fracaso de la insurrección militar y la muerte del general Sanjurjo hizo que los militares
sublevados organizaran en Burgos una Junta de Defensa Nacional dirigida por el general Cabanellas,
que se responsabilizó de la gobernación del territorio. En septiembre de 1936 la Junta eligió al general
Franco jefe del estado y generalísimo, uniendo las máximas autoridades política y militar. Se inició así
la creación de una nueva dictadura personal.
En las zonas en las que había triunfado el golpe, los militares contaron con la colaboración
entusiasta de las milicias tradicionalistas (requetés) y falangistas. Los restantes partidos del centro y la
derecha fueron disueltos, mientras que las organizaciones políticas y sindicales del Frente Popular
fueron violentamente perseguidos, al igual que la masonería (excepto aquellos masones que habían
participado en la insurrección, naturalmente).
En abril de 1937 Franco, cada vez más influido por los gobiernos alemán e italiano, creó
mediante el Decreto de Unificación su propio partido: Falange Española Tradicionalista de las JONS,
Apuntes de Historia de España
65
partido único que se convirtió en el único vehículo de acción política. Poseía rasgos de tipo fascista (la
“revolución pendiente”, un populismo igualitario...) y otros carlistas (corporativismo organicista,
defensa de la religión y de la monarquía...), pero lo decisivo era el rechazo del sistema liberal
parlamentario y la obediencia plena al Caudillo. Pese a lo diferente de estas dos ideologías
preexistentes, hubo escasas resistencias a la unificación (sucesos de Salamanca) ya que ambos
movimientos estaban descabezados: José Antonio Primo de Rivera había sido fusilado en la zona
republicana, y Manuel Fal Conde (máximo dirigente carlista) había sido expulsado de la zona nacional.
La institucionalización del régimen culminó con la formación del primer gobierno convencional
en enero de 1938. Naturalmente, lo presidía Franco y las carteras ministeriales se repartieron entre
militares, falangistas, carlistas, monárquicos y otros. Paralelamente comenzó la actividad legislativa,
entre la que destacó la promulgación del Fuero del Trabajo.
Dimensión internacional de la guerra
Las dos Españas se apresuraron a justificar la guerra en relación con la conflictiva situación
internacional: el gobierno republicano se presentó como antifascista y defensor de la democracia; el
gobierno nacional, a su vez, se presentó como anticomunista y defensor de la civilización europea
amenazada por la revolución. En ambos casos, la propaganda tuvo un resultado relativo a causa de la
información sobre la situación real que trascendía a través de diplomáticos y periodistas.
Otra coincidencia entre los dos bandos fue la exacerbación del nacionalismo. Se veía la guerra
como una lucha para garantizar la independencia de España contra ejércitos invasores: en un caso
alemanes, italianos y marroquíes, en el otro soviéticos. Se percibía a los dirigentes enemigos como
meros títeres de las potencias extranjeras, mientras que los propios eran los auténticos representantes
del pueblo español. Esta situación se explica por el peso de la ayuda exterior en los dos bandos.
Francia fue la primera suministradora de armas a la España republicana, pero la protesta de la
oposición y la firma de un acuerdo de No Intervención por las potencias europeas detuvo las ventas.
Desde entonces el gobierno republicano dependió cada vez más de la Unión Soviética de Stalin,
con la que se establecieron relaciones diplomáticas en agosto de 1936. Su ayuda fue de tres tipos:
suministro de armamento (aviones, carros de combate y piezas de artillería); envío de expertos,
instructores, pilotos y asesores varios, en total unos tres mil; y organización de las Brigadas
Internacionales, un cuerpo de algo más de cuarenta mil voluntarios –comunistas en su práctica
totalidad– procedentes de numerosos países. El coste de esta ayuda fue elevado: en octubre de 1936 se
enviaron la mayor parte de las reservas de oro del Banco de España (510 toneladas) a Moscú para
garantizar el pago de las adquisiciones. Por otra parte, la influencia política rusa aumentó rápidamente,
especialmente desde el nombramiento de Negrín con jefe de gobierno a mediados de 1937. Otro país
que apoyó a la España republicana fue México.
Alemania e Italia reconocieron al gobierno de Franco en noviembre de 1936, aunque desde julio
venían apoyándolo. La Italia de Mussolini suministró gran cantidad de armas a la España nacional, con
la ventaja de que fueron vendidas a crédito. También proporcionó el contingente más numeroso de
voluntarios extranjeros, unos setenta mil a lo largo de la guerra.
La Alemania de Hitler también suministró un gran volumen de armas, pero su mayor
contribución fue la Legión Cóndor. Estaba formada por unos cuatro mil hombres y un centenar de
aviones, y gozó de una considerable autonomía. El gobierno nacionalsocialista alemán obtuvo a
cambio el control sobre ciertos recursos mineros estratégicos. La influencia política de ambos países
fue considerable y reforzó las tendencias de tipo fascista del régimen, aunque siempre supeditadas a su
carácter de dictadura personal. Portugal e Irlanda también apoyaron en mayor o menor grado a la
España nacional.
La participación de las tres grandes dictaduras europeas en la Guerra Civil no fue desinteresada,
sino que obedeció a distintas estrategias: aumentar la influencia italiana en el Mediterráneo, facilitar la
política expansiva alemana en Austria y Checoslovaquia, diseñar un nuevo tipo de régimen
prosoviético. Y también probar armas y tácticas militares que se usarán en la Segunda Guerra Mundial.
Apuntes de Historia de España
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4. CONSECUENCIAS
Las víctimas y el retroceso demográfico
España contaba en 1936 con unos veinticinco millones de habitantes. De ellos unos 130.000
murieron en los combates (la mitad en cada bando; además hubo 20.000 víctimas extranjeras) y 10.000
civiles en bombardeos u otras acciones.
La represión provocó unas 120.000 muertes entre las dos zonas: posiblemente fue
considerablemente mayor en la zona nacional, al desarrollarse sobre todo el territorio. En esta zona
estuvo dirigida por el ejército; persiguió sobre todo activistas políticos y sindicales considerados de
izquierdas. En la zona republicana corrió a cargo de los partidos y sindicatos del Frente Popular (las
checas); persiguió a los considerados enemigos de clase: afiliados a partidos de derechas, “burgueses”,
clérigos y religiosos. En ambos bandos se intentó controlar la represión mediante los tribunales
populares y militares, respectivamente, con un éxito relativo.
Medio millón de españoles salió de España, especialmente a principios de 1939. Aunque la
mayoría regresó al año siguiente, unos 160.000 se exiliaron de forma permanente. Algunos participarán
en la resistencia francesa contra la ocupación alemana durante la segunda guerra mundial, y otros se
establecerán definitivamente en América.
Por último se debe valorar el aumento de la mortalidad provocado por el hambre, las
enfermedades y penalidades diversas, y el descenso consiguiente de la natalidad. Teniendo en cuenta
todo ello, algunos estudiosos plantearon que la guerra había supuesto un retroceso demográfico de un
millón de habitantes, popularizado con la inexacta frase de “un millón de muertos”.
Destrucción material y retroceso económico
Las destrucciones provocadas por la guerra fueron enormes: medio millón de viviendas, la mitad
de los ferrocarriles, la cuarta parte de la marina mercante. La reconstrucción fue lenta y se vio
dificultada por condiciones externas (segunda guerra mundial) e internas (la propia política económica
del régimen). El PIB (producto interior bruto) de 1940 era inferior en un 15 por ciento al de 1935. El
nivel de vida anterior a la guerra sólo se recuperó a principios de los años cincuenta.
Establecimiento de una dictadura
El nuevo régimen fruto de la Guerra Civil no fue una rectificación de la deriva izquierdista de la
República, como se habían propuesto los organizadores del golpe militar. Al contrario, supuso la
creación de un régimen autoritario y semifascista sometido a la dictadura personal del general Franco.
Se mantendrá una represión férrea durante los primeros años de postguerra mediante las leyes de
Responsabilidades Políticas y de Supresión de la Masonería y el Comunismo; supusieron la aplicación
de unas 30.000 penas de muerte y numerosas condenas a prisión. Aunque el régimen evolucionará y se
moderará en muchos sentidos, sus características básicas permanecerán durante casi cuarenta años.
Fractura social
La nueva sociedad que se impulsó desde el Estado se basaba exclusivamente en los principios y
valores de los vencedores de la Guerra Civil. Por ello, aunque los vencidos se incorporaron
progresivamente a todo tipo de actividades económicas, sociales y culturales, e incluso a las propias
instituciones del régimen, la fractura social se mantuvo en buena medida. Pero con el tiempo se inició
un esfuerzo consciente en olvidar la guerra y en reconocer todos los excesos y no sólo los del bando
contrario. Sin embargo, sólo se iniciará un proceso de reconciliación más consciente y eficaz con el
inicio de la transición a la democracia tras la muerte del general Franco en 1975.
Apuntes de Historia de España
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TEMA 11 – EL FRANQUISMO
1. BASES IDEOLÓGICAS Y SOCIALES
Características
El sistema político nacido de la Guerra Civil recibe el nombre de franquismo porque el poder se
concentró de manera total en la persona del general Franco. Fue un sistema autoritario (una dictadura
militar) nacido de unas circunstancias excepcionales (la guerra) de las que extrajo su autolegitimación.
Sus características iniciales se correspondían con las de otros países europeos contemporáneos, pero a
diferencia de ellos logró sobrevivir al final de la Segunda Guerra Mundial gracias a las circunstancias
internacionales (la Guerra Fría) y a su propia capacidad de adaptación.
No existió una ideología franquista propiamente dicha: bajo la autoridad reconocida e inatacable
del Caudillo convivieron (o se enfrentaron) diversos planteamientos ideológicos. Lo que más les unía
era el rechazo a sus rivales (un claro antiliberalismo, anticomunismo y antinacionalismos regionales).
Sus rasgos comunes fueron, hasta cierto punto, los siguientes: ejercicio autoritario del poder
político; creación de un estado unitario y centralizado; confesionalidad católica; defensa del orden
social (familia, propiedad privada) y de la doctrina social católica; economía intervenida por el estado.
Apoyos institucionales
El régimen reconocía la existencia de tres grandes instituciones distintas del Estado, los
denominados en ocasiones poderes fácticos: ejército, partido único e iglesia.
El Ejército encumbró a Franco y le garantizó el monopolio de la fuerza en caso de necesidad. Por
ello conservó unas dimensiones y una presencia en la sociedad considerables. El generalísimo mantuvo
el uso del uniforme militar (más que el falangista), los desfiles fueron frecuentes, etc.
El Movimiento Nacional fue la denominación final del partido único nacido en la Guerra Civil,
FET de las JONS. Inicialmente tuvo unas características y estilo de tipo fascista, más tarde diluidas en
la práctica hasta convertirse en una estructura vacía y plenamente dependiente del Estado.
La Iglesia recuperó un protagonismo social y una capacidad e influencia considerable gracias al
Estado. En correspondencia, apoyó mayoritariamente al régimen. Sin embargo, los cambios que se
producen a partir del Concilio Vaticano II (años sesenta) provocan una progresiva desafección.
Las “familias”
Se denominaban así los distintos grupos políticos que, plenamente leales a Franco, compiten
entre sí por una mayor influencia en las acciones de gobierno. Naturalmente, son grupos no
organizados, sin existencia jurídica y con ideologías no muy definidas. Los principales son:
Tradicionalistas: defienden una monarquía católica, tradicional y autoritaria, con representación
corporativa. Aceptarían políticas descentralizadoras de tipo foral.
Monárquicos juanistas: semejantes a los anteriores pero radicalmente centralistas. Defienden los
derechos de Juan, el hijo de Alfonso XIII, que permanece fuera de España.
Falangistas: defienden la ideología nacionalsindicalista de la vieja Falange. Desearían que el
Estado estuviera controlado por el Partido, y no al revés. Populismo social.
Católicos: proceden ideológicamente de la antigua CEDA, defienden la influencia de lo religioso
en la moral y en la sociedad, y rechazan el estatismo de los falangistas.
Tenócratas: Toman mucha importancia en los años sesenta. Defienden la necesidad de reformas
liberalizadoras (menor peso del estado y apertura hacia Europa) para lograr el desarrollo económico.
En los años setenta, y ante la previsiblemente próxima muerte de Franco, los políticos franquistas
tienden a dividirse entre:
Apuntes de Historia de España
68
Aperturistas: partidarios de introducir reformas en el régimen que lo aproximen progresivamente
a las democracias occidentales.
Inmovilistas (búnker): Rechazan radicalmente las reformas, y son partidarios de mantener las
esencias del régimen (o incluso establecer los principios falangistas originarios).
Las bases sociales
El franquismo contó a lo largo de su existencia con el apoyo de un parte considerable de la
sociedad. Las causas son de dos tipos: la división radical que supuso la guerra civil, y el dominio del
poder y de la propaganda que mantuvo a lo largo de los años. En cualquier caso, desde mediados de los
años cuarenta el régimen no se esforzó en mantener el activismo político de la sociedad (a diferencia
de lo que ocurre en los fascismos). Desde entonces, se volvió a un tradicional “desentendimiento” de la
política, un indiferentismo sólo interrumpido por ocasionales movilizaciones generales.
2. EVOLUCIÓN
Los años cuarenta: del fascismo al aislamiento
Las consecuencias humanas y materiales de la guerra pesaron durante estos años, agravadas por
el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Fueron los años más duros del hambre, al que no remedió el
racionamiento de los bienes de primera necesidad. En consecuencia, surgió un imparable mercado
negro (el estraperlo) que dio lugar al enriquecimiento de unos pocos. Se mantuvo una dura represión
contra los vencidos: 30.000 fusilados y varios cientos de miles de encarcelados y represaliados.
También fue la época de predominio falangista. España no estaba en condiciones de participar en
la nueva guerra mundial, pero las simpatías del régimen se dirigían a sus aliados Alemania e Italia. Por
ello se sustituyó el estatus de neutralidad por el de no beligerancia, y se organizó un cuerpo
expedicionario de voluntarios (la División Azul) para luchar contra Rusia en las filas del ejército
alemán. Pero el cambio de curso de la guerra en 1943 hizo volver a la neutralidad, a la retirada de la
División Azul y a una disminución de la influencia falangista en el gobierno.
Al acabar la guerra, los vencedores decidieron aislar al régimen por sus concomitancias con los
fascismos. La recién creada ONU recomendó la retirada de embajadores y el bloqueo, mientras Don
Juan (el hijo de Alfonso XIII) defendía la monarquía democrática desde fuera de España. En 1944 el
Partido Comunista organizó una invasión armada a partir del valle de Arán (Lérida); aunque fracasó,
provocó un recrudecimiento de las guerrillas rurales (el maquis), persistente durante varios años.
Los años cincuenta: alineación con Occidente
El enfrentamiento entre democracias (lideradas por EEUU) y comunismos (por la URSS) recibió
el nombre de Guerra Fría. El régimen franquista se vio beneficiado por la nueva situación: los
embajadores regresaron a Madrid, España firmó acuerdos con diversos países (tratados militares con
Estados Unidos en 1953, por los que se establecían varias bases) e ingresó en la ONU en 1955. Los
políticos monárquicos obtuvieron más influencia (se reconoció oficialmente a España como reino), así
como los católicos, que podían establecer relaciones con los democristianos europeos.
La economía, sin embargo, no iba bien. Desde sus orígenes, el régimen había practicado una
política económica estatalista basada en la autosuficiencia económica (autarquía), en el control de las
actividades productivas y de comercialización, y en la creación de un sector industrial de propiedad
estatal (Instituto Nacional de Industria, INI) como factor principal de modernización. Aunque en los
primeros años cincuenta se recuperaron los niveles anteriores a la guerra civil y a lo largo de la década
se produjo un cierto crecimiento económico, el Estado se encontraba al borde de la quiebra.
Los años sesenta: el desarrollismo
Una nueva “familia”, los tecnócratas, llevó a cabo las reformas económicas que dieron lugar al
denominado milagro español. En 1959 se aprobó el Plan de Estabilización, que supuso el fin de los
sueños autárquicos, la aceptación de las reglas económicas de Occidente y el saneamiento de las
Apuntes de Historia de España
69
cuentas públicas. Desde los primeros años sesenta se inició una industrialización y modernización
acelerada. El Estado se limitó (hasta cierto punto) a establecer las reglas de juego, a planificar y a
impulsar la inversión privada (Planes de Desarrollo, desde 1963). Al mismo tiempo, el inicio del
fenómeno del turismo de masas europeo supuso la llegada de cuantiosas cantidades de divisas.
Los resultados globales fueron: el mayor éxodo migratorio español (en unos diez años, la sexta
parte de la población abandona el medio rural para establecerse en las ciudades o en el extranjero); el
crecimiento del PIB de forma acelerada; el crecimiento y predominio del sector industrial seguido del
sector servicios; el aumento de las exportaciones, los salarios y el consumo (y no sólo de bienes de
primera necesidad); por tanto, el crecimiento del nivel de vida y el crecimiento de las clases medias.
Junto al éxito económico, una serie de cambios supusieron la modernización de la sociedad
española: escolarización universal y acceso a las enseñanzas medias y a la universidad; “transistores”,
televisión y turismo extranjero transmitían ideas y valores distintos a los dominantes en la sociedad
tradicional; se difundieron nuevas pautas de comportamiento basadas en el consumo, etc. Todo ello
contribuyó al debilitamiento ideológico del régimen, que reaccionó alternando medidas liberalizadoras
(Ley de Prensa de 1966, libertad religiosa...) con reacciones represivas.
En estas circunstancias la oposición al régimen aumentó. El único partido que había mantenido
una presencia ilegal permanente era el PCE. Tras el fracaso de la lucha armada en los años cuarenta, en
los sesenta logró una creciente influencia en sectores obreros (a través de las ilegales Comisiones
Obreras, que domina) y universitarios. En cambio, los restantes grupos de oposición (democristianos,
liberales, socialistas, nacionalistas, otros procedentes del franquismo) eran pequeños y con una
capacidad de agitación escasa. Sin embargo los planteamientos opositores se difundieron en periódicos
y revistas aprovechando los reducidos márgenes de libertad que permitía el régimen. A finales de la
década, y en sintonía con lo que acontece en Occidente, se multiplicaron los grupos revolucionarios de
extrema izquierda, algunos de los cuales (como ETA) derivaron a tácticas terroristas.
Los primeros años setenta: crisis
En 1969 Franco nombró a Juan Carlos (nieto de Alfonso XIII) sucesor a título de rey, buscando
asegurar la continuidad del régimen. En 1973, con los mismos objetivos, cedió la jefatura del gobierno
a su colaborador desde los primeros tiempo, el almirante Carrero Blanco. Sin embargo, éste fue
asesinado por ETA en diciembre de ese mismo año, provocando una grave crisis.
Le sucedió Arias Navarro con el anuncio de propuestas liberalizadoras (como las asociaciones
políticas) que no llegaron a desarrollarse, provocando la división de los políticos franquistas entre
aperturistas e inmovilistas. Las dificultades se multiplicaron: las enfermedades de un Franco anciano;
la crisis económica de 1973; las reclamaciones marroquíes sobre el Sahara Occidental (que culminaron
con su ocupación mediante la Marcha Verde); el crecimiento de la oposición al régimen, tanto la
democrática (que se reorganizó –por ejemplo el PSOE– y creó Juntas y Plataformas para coordinarse),
como la revolucionaria (que se desarrollaba básicamente en la universidad, y que en algunos casos
practicaba el terrorismo). El 20 de noviembre de 1975 Franco murió.
3. EL ESTADO FRANQUISTA
El estado franquista evolucionó desde un carácter semifascista en los primer años (con
invocaciones al totalitarismo, al estado sindicalista, y al rechazo a liberalismo y marxismo), hasta la
denominada democracia orgánica de los años sesenta (con referencias a la soberanía nacional y al
estado de derecho). Sin embargo, como ya hemos señalado, siempre mantuvo un carácter autoritario:
Franco personalizaba la nación y el estado, y toda autoridad derivaba en cierto modo de la suya.
Las Leyes Fundamentales
Un ejemplo de ello fueron las siete Leyes Fundamentales, el equivalente franquista a una
constitución. Promulgadas entre 1938 y 1967, eran el resultado de la acción legislativa de Franco,
aunque algunas de ellas fueron sometidas posteriormente a referéndum.
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El Fuero del Trabajo (1938) y la Ley Constitutiva de las Cortes Españolas (1942) están
claramente inspiradas en leyes equivalentes del fascismo italiano. El primero recoge el programa
económico y social falangista (nacionalsindicalismo); la segunda crea unas Cortes corporativas cuya
finalidad se limita a la preparación de las leyes que el Jefe del Estado promulgará.
El Fuero de los Españoles (1945), la Ley de Referéndum (1945) y la Ley de Sucesión (1947)
muestran las transformaciones introducidas por el régimen ante la derrota de los regímenes fascistas
europeos. El primero recogía una relación de derechos y deberes de los españoles, la segunda permitía
las consultas populares (naturalmente sin garantías), y la tercera reconocía a España como Reino y
establecía que el propio Franco designaría a su sucesor. Más tarde, la Ley de Principios del
Movimiento Nacional (1958) reelaboró los objetivos básicos del régimen.
Por último, la Ley Orgánica del Estado (1967) estaba concebida como una operación más
ambiciosa, en relación con la apertura a Europa de los años del desarrollismo. Se buscaba una
aproximación a los regímenes democráticos de Europa occidental, aunque se mantenían las estructuras
básicamente autoritarias. Se refundieron y corrigieron algunos aspectos de las leyes fundamentales
anteriores (por ejemplo, las Cortes aumentaron su representatividad y pudieron votar las leyes).
Las funciones del Estado
El franquismo nunca aceptó el principio de la división de poderes: el poder era único,
concentrado de forma excepcional en Franco: Jefe de Estado, Generalísimo de los Ejércitos, Jefe
Nacional del Movimiento, Caudillo de España, representante supremo de la Nación y personificación
de la soberanía nacional. Poseía los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, aunque progresivamente
fueron regulados y, en cierto sentido, compartidos por las instituciones que ejercieron esas funciones.
La Jefatura del Gobierno se mantuvo unida a la Jefatura del Estado hasta su regulación en la Ley
Orgánica del Estado y el posterior nombramiento de Carrero Blanco en 1973. Tenía una duración
preestablecida de cinco años, y sólo era responsable ante el Jefe del Estado, y no ante las Cortes.
Las Cortes fueron el órgano corporativo de representación nacional. La mayor parte de los
procuradores pertenecían a los siguientes tercios: familia (2 representantes de los cabezas de familia y
mujeres casadas de cada provincia), municipio (3 representantes de los municipios y diputación de
cada provincia), y sindicato (150 representantes). Además estaban representadas las Universidades, los
Colegios profesionales, las Cámaras de Comercio, la Iglesia, el ejército, la administración...
La Justicia se administraba en nombre del Jefe del Estado, aunque formalmente era
independiente. Existían jurisdicciones militar y eclesiástica separadas.
Otras instituciones importantes fueron la Organización sindical (sindicatos verticales, con
representación patronal y laboral, controlados por el Estado), el Consejo Nacional del Movimiento (la
cúpula del partido) y el Consejo del Reino (principal órgano consultivo).
4. LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA
El gobierno Arias Navarro
Tras la muerte de Franco, y según lo previsto, Juan Carlos pasó a ser jefe del estado con el título
de rey. Confirmó en su puesto a Arias Navarro, que formó un nuevo gobierno con políticos reformistas
partidarios de la evolución hacia la democracia. Para la presidencia de las Cortes fue nombrado otro
aperturista convencido, Torcuato Fernández Miranda. Sin embargo, el proceso democratizador apenas
avanzó, a causa del aumento de la conflictividad (laboral, universitaria y terrorista), de la resistencia de
los sectores inmovilistas del estado y el ejército, y de la misma actitud dubitativa del jefe de gobierno.
Los escasos avances convencieron a la oposición de la inanidad de la supuesta reforma y de la
necesidad de ir a una auténtica ruptura. Finalmente, el 1 de julio de 1976 el rey forzó el cese de Arias y
su sustitución por Adolfo Suárez, hasta entonces ministro del Movimiento.
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El gobierno Suárez
La transición propiamente dicha se inició en este verano de 1976 y fue obra en buena medida de
tres personas: Juan Carlos (cada vez más popular, y que controlaba el ejército como “heredero” de
Franco), Suárez (desde el gobierno), Fernández Miranda (desde las Cortes). A pesar de que la
conflictividad aumentó, se aprobaron algunas amnistías parciales, se amplió progresivamente la
libertad de expresión, y se toleró parcialmente una actividad semipública de la oposición.
El proceso de transición se resumía en la frase “De la ley a la ley”: las propias instituciones
franquistas dirigidas por los reformistas aprovecharían el sistema legal franquista para sustituirlo por
una democracia. Así, se logró que las Cortes aceptaran la Ley para la Reforma Política, con el rango
de Ley Fundamental. En ella se proclamaba la democracia y se planteaban unas Cortes pluripartidistas
elegidas por sufragio universal. Se aprobó el 15 de diciembre mediante un referéndum que todavía no
puede considerarse democrático; el búnker defendió el No, y la oposición la abstención.
A partir de entonces los acontecimientos se aceleraron: se restauraron progresivamente las
libertades y los partidos fueron legalizados (el último el PCE, en abril de 1977, debido a la resistencia
de los sectores inmovilistas del ejército), y se convocaron elecciones libres.
Las Cortes constituyentes
Las elecciones generales se realizaron el 15 de junio de 1977 y dieron el triunfo a la Unión de
Centro Democrático, creada poco antes alrededor de Suárez con diversos partidos menores de
centroderecha. Obtuvo el segundo puesto el nuevo PSOE dirigido por Felipe González. Entre ambos
representaban más del ochenta por ciento de los escaños. Les seguían a mayor distancia el PCE de
Santiago Carrillo y la Alianza Popular de Manuel Fraga.
Adolfo Suárez se mantuvo en la presidencia del gobierno, desde donde continuó el proceso de
transformación del estado. Un aspecto clave fueron las reclamaciones de autonomía; se restablecieron
o crearon instituciones preautonómicas en Cataluña (septiembre de 1977), País Vasco (enero de 1978)
y Galicia (marzo de 1978). Pero la cuestión más trascendente fue la elaboración de una nueva
Constitución. Se estableció una ponencia formada por representantes de UCD, PSOE, PCE, AP y
Minoría Catalana que elaboró un proyecto constitucional caracterizado por el consenso y básicamente
sostenido por derechas e izquierdas. La Constitución fue definitivamente aprobada por las Cortes (en
sesión conjunta del Congreso y el Senado) el 31 de octubre de 1978, y por referéndum el 6 de
diciembre.
A partir de su entrada en vigor puede considerarse finalizada la transición propiamente dicha: ya
existía un nuevo marco político, aunque todavía requería de su correspondiente desarrollo (por
ejemplo, la aprobación de los distintos Estatutos de Autonomía). Sin embargo, la conflictividad se
mantuvo: por un lado, la provocada por la ultraderecha (con atentados terroristas y el golpe de estado
del 23 de febrero de 1981); por otro, la provocada por la ultraizquierda, nacionalista o no (con un gran
crecimiento de la actividad terrorista, especialmente la de ETA).
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olofón
Apuntes elaborados por Javier Martínez,
confeccionados con OpenOffice,
archivados en formato PDF
y puesto a disposición de los interesados en www.iesmardearagon.es
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