Bajtin y el acto ético

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Bajtin y el acto ético: una lectura al reverso
Por Iris M. Zavala
Universidad de Utrecht
Revista
lo conducirá también al estudio del
lenguaje y a la semiótica.
Tomadas en este registro, muchas
cosas se aclaran, por ejemplo, la
entrada al estudio del lenguaje y la
palabra, intentando trazar las
distinciones. De tal forma que, hacia
esta fecha (1925-1929), confronta
tanto al subjeti-vismo indivi-dua-lista
(Wilhelm von Humboldt, Karl Vossler,
Benedetto Croce, A. A. Potebnja)
cuanto al objeti-vismo abstracto
(Jan Baudoin de Courtenay, L.B.
Scerba, Ferdinand de Saussure,
Charles Bally). En el mismo punto,
no menos incisiva es la gran
polémica contra el formalismo (la
firma de Medvedev identifica este
dominio), y por idénticos motivos,
contra el sociolo-gismo estrecho.
Esta polémica multidirigida es el
sustrato de sus primeros artículos
entre 1.919-1.924, y de los libros y
artículos firmados por Pavel
M e d ve d e v o Va l e n t i n Vo l o s h i n ov
entre 1.926-1.929, fecha a su vez
de la primera redacción de su estudio
sobre Dostoievski.
Lo que se va esbozando en estos
años es el desarrollo de una
metalin-güística (así denominada en
1.963, en la segunda redacción de
su libro sobre Dostoievski) o una
translingüística que diera cuenta de
la estructura misma del lenguaje y
de los géneros de enuncia-do, y por
otro lado, la especificidad de la
literatura, oponién-dose a la
conocida
dicotomía
lenguaje
literario/lenguaje no literario.
Algunos trabajos sobre el arte verbal
y el signo aparecen firmados por
Voloshinov, al mismo tiempo que va
elaborando problemas estéticos
centrales: la exotopía, concepto que
confronta directamente la relación
autor/héroe en función de la
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Córdoba/ Nº4
La filosofía del acto ético (1.924)
nos
obliga
a
repensar
retrospectivamen-te
lo
que
representa la ética en la obra teórica
de Bajtin y se manifiesta en su
manera de abordar la literatura.
Pero, antes conviene plantearnos lo
novedoso del texto y en relación a
qué otra explicación se sitúa.
Tra d u c i d o a l i n g l é s ( 1 . 9 9 3 ) y a l
italiano (1.995), esta breve reflexión
que se conoce en ruso desde 1986,
introduce dimensiones especulativas
que es preciso conservar si se quiere
entender el contenido de las
aportaciones bajtinianas a la filosofía
y a la estética. Y esto no es
arbitrario; no se trata de tomar
cuanto dice aquí al pie de la letra,
sino de tomar sus analogías y
traducirlas en los términos precisos
que va elaborando. Cabe decir que
desde su primer trabajo conocido
procuró los conceptos originales
necesarios para ordenar el campo
nuevo que descubría. Introduce cada
uno de sus conceptos con un mundo
de preguntas, de tal forma que cada
uno
de
ellos
es
un
texto
problemático, lo que implica que leer
a Bajtin es volver a abrir las
preguntas. Es necesario, en este
punto, hacer vivir este texto con lo
que le sigue y con lo que le precede;
comprenderlo con lo que le sigue.
Para entender debidamente La
filosofía del acto ético, es necesario
considerarlo como producética, sin
las cuales estos permanecerían
enigmáticos. Vuelve a formular la
pregunta de lo que voy a llamar la
palabra y la alteridad, y las
relacio-nes entre la palabra y el
discurso. El lenguaje irá aportando
la noción misma de estructura, de
división entre el yo y el otro; este
problema de heterogeneidad radical
1
Revista
desafío, de la alusión, y el espacio
vibrante de la introspección le
permitirán a Bajtin afinar ese otro,
el reconocimiento del otro -desde el
otro con minúscula (y aquí me parece
decisiva la distinción que establece
Lacan 1992 en su estudio de la
psicosis) y el Otro con mayúscula-.
Retomaré este punto que me parece
fundamental para distinguir las
aportaciones
bajtinianas
del
existencialismo y del esencialismo
(en particu-lar, la famosa dicotomía
buberiana yo/otro).
Cuando a los lectores actuales nos
llega La filosofía del acto ético ya
Bajtin se identifica con un legado
donde los diferentes campos se han
ido articulan-do. Podríamos decir que
el nombre de Bajtin es un campo en
pugna, y objeto de variadas
interpretacio-nes. Lo que sobresale
de su herencia es el concierto de
voces, la pluralidad de agentes del
discurso, las formas de palabra
referida, además una serie de
metáforas teóricas (dialogía,
cronotopo,
heteroglosia,
arquitectónica) que designan
compromisos específicos en torno a
la naturaleza del sentido y los límites
de la interpretación. Pero todos esos
libros y artículos -siempre conocidos
con retraso, en desorden- nos ponen
al descubierto cómo vuelve sin cesar
sobre sus bases iniciales, traza de
nuevo un círculo, y retoma su
aventura. El texto que comento nos
conducirá a lo que buscamos: la
originalidad de lo que aporta Bajtin
en relación a la ética, al saber, al
discurso, y a la realidad, mostrando
que todo ello es una cadena, y que
la realidad del ser humano está en el
ser del otro. Un texto representa la
organización de la categoría de otro
(la alteridad) como separado,
mediante la representación estética,
y las categorías de ser y de acto. Y
desde el primer momento (aun si
comparte un cierto evolucionismo
natural en la época), el discurso
concluido (que también acosaba a
Hegel) implica el silencio, la no
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Córdoba/ Nº4
determina-ción entre forma y
contenido, arte y responsabilidad, el
movimiento hacia el otro. 1 Es decir,
todo un programa de poética social
y de ética responsable firmemente
apoyada en la alteridad, la exotopía
y el discurso, que finalmente lo
coducirán a desarrollar el concepto
de dialogía.
Todo este entramado se anuncia en
su breve artículo de 1919, "Arte y
responsabilidad" (en 1985); su
pregunta fundamen-tal desde el
inicio es el modo en que la verdad
entra en la vida humana. La
dimensión de la verdad es una
interrogación renovada; Bajtin
intenta responder por qué vía la
dimensión de la verdad entra en la
vida, en la economía del ser
humano. Y aquí entra la dimensión
del lenguaje: si somos lenguaje, y
concierto de voces, la literatura
ofrece una dramatización esencial,
un alineamiento del significante a
través de lo discursivo. Además, la
eficacia de lo literario es justamente
decir algo diciendo siempre otra
cosa (el juego metafórico). Algunos
textos
literarios
específicos
( Ra b e l a i s , D o s t o i e v s k i , To l s t o i )
introducen dimensiones nuevas, y el
problema del género de enunciado
le permiten formular la gran
pregunta esencial de las ciencias
humanas: el lenguaje. Aborda el
lenguaje en el nivel más concreto,
más cotidiano, el de la experiencia
cultural. Es este lugar privile-giado
(podría decirse), cuyo centro
fundamental es la recepción del yo
en el otro. Si situamos esta
intersubjetividad en la línea
lacaniana, para quien toda "la
referencia imaginaria del ser humano
está centrada en la imagen del
semejante" (1983:183), podríamos
decir que el acto ético -ligado a la
escritura- obtiene un carácter
extraordinariamente especulativo de
todo
su
desarrollo,
de
su
interrogación en redondo. Los
fenómenos de lenguaje que tienen
para el sujeto un sentido en el
registro de la interpelación, del
2
Revista
Las precisiones de Benveniste en
este punto me parecen centrales:
La relatividad de los valores es la
mejor prueba de que unos dependen
íntimamente de los otros dentro de
la sincronía de un sistema siempre
amenazado, siempre restaura-do.
Ocurre que todos los valores son de
oposición y solo se definen por su
diferen-cia. Opuestos como son, se
mantienen en mutua relación de
necesidad. (1.971b:145)
Así, el sistema lingüístico encierra un
significante y un significado cuyo
nexo debe ser reconocido como
necesario. Esta división del signo
implica que "el tú está ya en el seno
del discurso"; si bien esta
aseveración
es
lacaniana
(1.992:392), me parece que permite
proponer un punto de partida
distinto sobre la dialogía, como
acontecimiento de encuentro entre
el yo y el Otro, y el momento en
que se constituye la palabra. Dicho
de otra manera: hay una duplicidad
en el otro (como en todo signo) y
una mutua correspondencia -está el
otro imaginario y el Otro con
mayúscula-. Insisto que parto de una
distinción fundamental estable-cida
con gran precisión por Lacan (por
cierto, apoyado en Benveniste). En
Bajtin hay un Otro más allá de todo
diálogo concreto, de todo juego
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Pues bien. El valor del carácter móvil
del pensamiento bajtiniano se capta
mejor en las aclaraciones y
precisiones en torno a la oposición
entre monologismo y dialogis-mo,
que abordará de diversas formas,
hasta rechazar finalmente el
monologismo en "El problema del
texto en la lingüística, la filología y
otras ciencias humanas. Ensayo de
análisis filosófico" (apuntes de
1.959-1.961 en 1.985). Las
dificultades y los atolladeros se
m o d i f i c a n y, f i n a l m e n t e , l a s
distinciones binarias entre ambos
términos desapare-cen. Esto fue lo
que le impuso la nueva elaboración
de Dostoievs-ki y de los géneros de
enunciado, para constituir el término
donde se encuentra el eje verdadero
de la realización del ser humano: el
encuentro con el otro y la realidad.
Y,
efectivamente,
lo
que
encontramos en el fondo de su
enseñanza son la comprensión y la
respuesta:
el
pensamiento
participativo. El relieve esencial me
parece ser las interroga-ciones a las
propiedades del significante, y lo que
esto supone, además el sistema de
valores en que se inscribe el lenguaje
humano, esa amplia red de
relaciones, arquitectura de formas
cargada de sentido, que llevan en sí
mismas su propia significa-ción.
Tratándose de la persona del sujeto
y su funcionamiento, la experiencia
de la duplicidad del otro no lo
abandonará jamás (y hemos de
recordar que para la semiótica de la
cual parte, el lenguaje ha "de
definirse en términos dobles", que
hay una "dualidad opositiva"
Benveniste 1.971a:115). Bajtin
parte del signo como unidad bilateral
(no como arbitrario), y de la
relatividad de los valores.
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necesidad de hablar, encarnación del
poder absoluto. Aquí daré un alto.
He subrayado que casi todos los
ejemplos de análisis bajtinianos
provienen de textos literarios, y
sabido es que una de sus
formula-ciones más elaboradas es la
palabra no concluida, una forma
estructurada de dialogismo que se
sostiene a través de lo ético, y la
responsabi-lidad y la responsividad
(dicho sea al pasar, también Freud y
Lacan se basan a menudo en escritos
literarios, en remisiones a autores
canónicos o memorias). En este
aspecto, y precisamente en este
punto, la perspec-tiva hegeliana del
discurso concluido que reelabora
Lacan toma relieve: no equivale solo
al silencio, a la no necesidad de
hablar, sino que este discurso es
encarnación del saber absoluto, el
instrumento del poder, "el cetro y la
propiedad de quienes lo saben"
(Lacan 1983:114).
3
Revista
Metáforas teóricas
Si para Lacan la originalidad de Freud
es abordar y procurar formalizar el
orden simbólico (veáse II 1.983) después de todo, el médico vienés
es un gran semiótico-, en Bajtin lo
que va a escalonarse son las
relaciones
con
el
lenguaje,
abordándolo tanto en el nivel
concreto, más cotidiano, cuanto en
el de la experien-cia litera-ria. Va
perfilando así toda la referencia
imaginaria del ser humano como
centrada en la imagen del semejante.
La arquitectónica y el acto ético son
así metáforas teóricas para el orden
simbólico, en sus estructu-ras
propias, en su dinamismo, en el
modo particular con que interviene.
Es este el punto exterior, excéntrico
el que impone su coherencia y su
autonomía al ser humano y lo que
este vive. Estas metáforas nos
conducen además a uno de los
importan-tes cuestiona-mientos
bajtinianos: el lenguaje a través del
Córdoba/ Nº4
En 1.924, año en que redacta La
filosofía del acto ético, intentaba una
filosofía moral encaminada a dar pie
a una ontología fundamental que
permitiera desarrollar las bases para
las restantes discipli-nas filosóficas.
La
otredad
es
el
elemento
constructivo básico; este nivel
intersubjetivo implica siempre al yo
en el aconteci-miento del ser en su
relación con el otro y se resume en
la máxima "en el ser no hay
coartada". Así concebi-da, la
responsabilidad tiene un carácter
ontológico, y el acto proviene del yo
como centro arquitectónico, siempre
orientado hacia el otro. En este texto
fragmentado y fragmenta-rio, cuyo
principio se desconoce (comienza in
media res), que ha sido trascri-to
con dificultad encontramos una
coherencia entre el mundo de la
cultura y el mundo de la acción
humana;
el
mundo
del
acontecimiento, del acto se rige por
la responsabilidad. La vida humana
es ese acto único de autocreación.
La literatura, el hecho literario, se
inserta en la práctica social, y la
alteridad es siempre material e
inestable. El de Bajtin es siempre el
mismo pensamiento que continúa;
podría decirse que va completan-do
su esquema haciendo entrar en él
cosas muy diferen-tes. El texto de
1.924, leído e interpretado en
yuxtaposición
con
"Arte
y
responsa-bilidad" (1.919) y "Autor y
personaje en la actividad estética"
(1.920-1.921), y "El problema del
contenido, material y forma en la
creación artística verbal" (1.924 en
1.989), nos permiten aplicar a su
obra los mismos principios que ella
da a su construcción, las reglas de
comprensión y entendimiento que
ella explicita. Para Bajtin se trata en
realidad de aprehen-der el acto
original de comunica-ción que es el
hecho literario, y las significaciones
que entran en juego, estudiando sus
pulsaciones paradójicas, donde
siempre persisten las mismas
antinomias
bajo
formas
transforma-das.
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interpsicológico -y he ahí todo el
desarrollo del concepto de dialogía y
del Tercero-. Para Lacan, ese Otro
es "el lugar donde se constituye el
que habla con el que escucha"
(1.992:389). Así pues, el tú, el que
puede responder, no debe pensarse
como una simetría, el de la completa
corresponden-cia, el alter ego, el
hermano. Y continúo mi lectura de
Bajtin a través de Lacan. La
intersubjetividad que aquel elabora
no es recíproca (como la de Martin
Buber, aunque soy consciente de que
muchas interpretaciones de Bajtin
sostienen esta analo-gía). El otro no
es un rostro humano, animado por
un yo reflejo del yo propio; la
concepción simétrica y recíproca de
un semejante no entra en este
esquema. Y el tercero se refiere al
discurso mismo (la tercera persona
no existe, nos ha mostrado
Benveniste). Volveremos sobre este
Otro, lugar donde se constituye la
palabra, y su relación con los valores.
Retomemos antes el hilo.
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Revista
Córdoba/ Nº4
La I Guerra Mundial corresponde a
un avance particular en el desarrollo
filosófico y la relación del ser humano
con el lenguaje. No solo Cohen y
Walter Benjamin -y naturalmente
Sigmund Freud- por mencionar
algunos nombres evidentes, sino que
otro filósofo alemán y teólogo judío,
Franz Rosenzweig (1.886-1.929) en
el texto La estrella de la redeción
(1.921). Este filósofo-teólogo,
maestro de Emmanuel Lévinas,
entabla lazos lingüísti-cos entre los
topoi del judaísmo y figuras de
lenguaje -el relato, el diálogo y el
coro-. De tal forma que el relato, que
significa finitud y remisión al origen
se liga a la redeción (ser humano con
el mundo); el diálogo, la subjetividad
del uno y la del otro, se liga a la
revelación (Dios en el ser humano),
y el coro, la realiza-ción del hombre
viene al proyectarse sobre los demás
y el mundo (la creación). Estos
lenguajes exigen a su vez tiempos
particulares: pasado (relato),
presente (diálogo), futuro (coro). Lo
importante es el desarrollo que va
tomando la estructura del lenguaje
para el pensamiento, que tendrá uno
de sus grandes exponentes en
Ferdinand de Saussure, padre de la
lingüística estructural, cuyo famoso
curso se publicará en póstumemente
en 1916. El núcleo central es la
sociabilidad del lenguaje, que será
punto de arranque desde diversas
ópticas. Esta revolución copernicana
está en el centro de los avances
bajtinia-nos por el terreno particular
del discurso y la dialogía.
El hilo conductor que une las distintas
miras es la relación entre discurso,
poder y verdad (lo que Lacan llama
nudo borromeo, que da la idea de que
las dimensiones simbólica, imaginaria
y real no se ligan necesariamente).
Pero, conviene retomar la aportación
de Bajtin situándolo ahora en el
espíritu de la ética kantiana y el papel
de protagonis-ta moral (y dejo de
lado
aspectos
centrales
del
kantismo, tal el raciona-lismo y el
cientificismo), al mismo tiempo que
la concepción de la historia como
esfuerzo incesante hacia un ideal de
perfección moral, que es infinito. Y
sobre todo, a la dimensión de futuro
implícita en el kantismo, que
retomaron los teóricos marxistas de
la utopía tal Marc Bloch (Muguerza
1.994:128). Este proceso de
"esperanza de futuro" (Hoffnung der
Zukunft) es el corazón del
dialogismo, en cuanto sentido, como
totalidad de sentido: es decir en su
carácter de respuesta (Bajtin
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cual construimos nuestra identidad y
la del otro, que es eminentemente
público (la lucha por el signo, que
ocupa buena parte de las reflexiones
sobre el lenguaje y el marxismo y el
freudismo).
Pero, comencemos por reinsertar a
Bajtin en el campo de reflexiones que
le permiten cuestionar todo un orden
simbólico. En este punto el neokantismo, y la escuela de Marburgo,
en especial Hermann Cohen (1.8421.918, el gran comentarista y editor
de las obras de Kant), le permiten
cuestionar con audacia la relación
entre el mundo experimentado
mediante la acción y el mundo
representado mediante el discurso.
La filosofía del acto no es un texto
tranquilo; lo escribió en el momento
en que la sociedad europea y la rusa
en particular, daban un viraje: la
Revolución Rusa y la I Guerra
Mundial. La palabra que para Bajtin
polariza, organiza toda su existencia,
es la ética, y la relación entre la
estética y la ética. La estética
permite alcanzar la función simbólica
en juego: es una parte de la actividad
del sujeto, mientras que la
preocupación ética se despliega en
varios terrenos. Este vasto discurso
que aparece en saltos y fragmentos
en La filosofía del acto indica lo que
la obra de Bajtin constituirá después.
El surgimiento histórico se muestra
aquí en su plena dimensión, y
consiste en que el alcance del sentido
desborda los signos. Propone que el
ser humano es metaético, crea la
morali-dad, la eticidad; propone que
la acción del ser humano es creativa.
5
Revista
Córdoba/ Nº4
¿De qué tipo de ética nos habla Bajtin
en el acto ético? Debemos distinguir
entre una ética deontológica (o del
deber), o una teleológica (o de
fines); el campo de Bajtin parece
identificarse con el desarrollo de una
teleología, y las precisiones de una
moral de acción ("moral de batalla"
llamó Unamuno a su vocación y
responsabilidad éticas). Pero,
además, considero que la ética
bajtiniana se puede identificar en su
conjunto con una ética comunica-tiva
(o discursi-va) que pone de relieve
que no hay otra vía que la del diálogo
(cercana también a la propuesta de
Jürgen Habermas, si bien hay
profundas diferencias). Dejándome
llevar por la lectura de Javier
Muguerza (1.994), la ética kantiana
es formal, lo cual quiere decir que sus
contenidos materiales han de venirle
sociohistóri-camente dados, y no se
desentiende
del
imperativo
categórico que es la dignidad
humana. Y la libertad -postulado de
la razón práctica- sería así la
auténtica razón de la moralidad
(149); de tal forma que el kantismo,
lejos de un optimismo metafísi-co,
parte más bien de una visión realista
que incorpora el conflicto.
Aún otros aspectos nos salen al paso
para situar el texto bajtiniano. En
particular, la relación entre ética y
estética que, naturalmente, no se
limita a Kant (sin más, recordemos
a Aristóteles), sino que el filósofo
establece conexiones particu-lares
entre ambas. Dejaremos de lado
cuanto pertenece al "buen gusto", y
la teoría kantiana de la respuesta
estética, para concentrarnos en el
significado metafísico y moral de la
experiencia estética. Esta nos hace
conscientes de nuestra conexión con
el mundo, y con la alteridad; la
apreciación de la belleza es análoga
a la conciencia de la obligación moral.
Si bien estas relaciones están
presentes en Bajtin, es de observar
que sus reflexiones sobre el arte
están ligadas al "creador" (autor,
héroe), lo cual nos obliga a acercar
a Bajtin desde fecha temprana a una
teoría semiótica del arte (tan
contemporánea): al arte como
sistema simbólico. Las principales
fuentes de esta teoría serían el
repudio de lo psicológico, subjetivo
o experien-cial, como conceptos no
autónomos. Este rechazo, a su vez,
favorece una comprensión del arte
como lenguaje y significación (remito
a Goodman 1.976; en lo que sigue
me apoyo en Gardner 1.995).
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1.985:-368). Esta totalidad tiene
que ver con valores y exige una
comprensión como respuesta que
incluya la valoración. Si entendemos
el dialogismo como un problema de
significado, sentido y comprensión,
y ésta se entiende como una
confrontación con otros textos y
como una comprensión en un
contexto nuevo, el contexto
anticipado del futuro, habríamos de
constatar que la comprensión es
movimiento, y que representa
siempre confrontación. La dualidad
del signo a la que hemos aludido: y
ese tú que está siempre en el seno
del discurso.
Esta actividad participativa dialógica
tiene tres movimien-tos: el punto de
partida
del
texto
dado;
el
movimiento
hacia
atrás-los
contextos pasados-; el movimiento
hacia delante -la anticipación (y
comienzo de un contexto futuro)-.
Si bien estas puntualizacio-nes
provienen de un texto tardío realmente el último trabajo de Bajtin"Hacia una metodología de las
ciencias humanas", esbozado entre
1.930 y 1.940, y reescrito a
principios de 1.974 -lo que aparece
como importante son las preguntas
claves con las que dirige su
investigación-.
Una
es
la
comprensión; y la segunda que la
comprensión cambia con la historia,
y
que
la
historia
hace
la
comprensión. No deja de lado los
cambios históricos, pero afirma que
es
siempre
una
actividad
participati-va y responsable.
6
Revista
Vo l va m o s a B a j t i n . C o n l o d i c h o
anteriormente, no se hace necesaria
excesiva
ingeniosi-dad
para
reconocer
muchos
de
estos
conceptos centrales en Bajtin (y en
Ortega, dicho sea al pasar, y aludo a
Meditacio-nes sobre El Quijote
1.914). Lo que se va perfilando en
estos textos escritos entre 1.9191.925 es su atención al texto mismo,
por una parte, y el desarrollo de su
semiótica (Bubnova 1.994 explica
con claridad los rasgos principa-les
de su sistema). El carácter
metalingüístico
que
irán
desarro-llando en sus últimas obras,
y las complejidades que añadirá a su
concepto de "texto", al mismo
tiempo que su interés por la actitud
valorativa del autor se perfilan con
Córdoba/ Nº4
Me ha parecido oportuno, para
situarnos, esta apretadísima síntesis
de problemas que han merecido
múltiples estudios a lo largo de la
historia de la filosofía y resituar así
el neokantis-mo bajtiniano, que
figura en primera línea en La filosofía
del acto ético. No obstante, me
parece imprescindible subrayar que
el neokantismo de nuestro entonces
joven ruso proviene de la mediación
de H. Cohen, cuya presencia en
Ortega ha puesto de relieve García
Baró
(1.996).
Pero
no
es
precisamente eso lo que quiero
d e s t a c a r, s i n o u n a s e r i e d e
aportaciones
que
ligan
la
interpretación
coheniana
del
neokantismo con los tres textos
bajtinianos primeros: "Arte y
responsabilidad" (1.919), "Autor y
personaje" (1.920-1.921), y La
filosofía del acto ético.
Cohen, por su parte, desarrolló la
ética kantiana enlazándo-la a una
ética democrática socialista y al
judaísmo (véase en particular
Religion der Vernunft aus den
Quellen de Judentumus 1.919). Es
decir, enlaza el ideal ético y el ideal
político, una especie de socialismo
cultural que supone hacer sociales los
valores
aristocráticos.
Este
socialismo ético es aspiración (el
mundo del "ought" o "deber ser"), y
está fuera de los partidos políticos
pues ninguno puede alcanzar
finalmente este ideal (¿utópico?).
Finalmente, es preciso señalar que la
novela se convierte en el género vital
para Cohen. De tal manera, que llega
a establecer estrechos lazos entre el
género literario y las formas de
organización y comprensión cultural
- e s d e c i r, e l g é n e r o e s l a f o r m a
mediante la cual una cultura se
entiende a sí misma- y privile-gia la
novela.
TOPOS & SOPORT
Esta condición, en tanto está
valorizada dentro de la oposición al
lenguaje abstracto, sería rechazada
por cualquiera que se apoyara en un
acercamiento kantiano o de Hume al
arte. Cabe recordar que para Kant el
arte no se puede entender al margen
de ciertas formas de experiencia
estética, que son imposibles de
reducirse a categorías lógicolingüísti-cas. No me parece necesario
insistir en que lo que para Kant sean
estas categorías debe distinguirse de
la filosofía del lenguaje que irá
formulando Bajtin, donde las
relaciones con Lev Vigotski son
evidentes (tampoco podemos dejar
de lado a L. Hjelmslev, que tanta
resonancia tuvo por estos años). No
quiero extremar las analogías, pues
carecemos de un buen análisis sobre
el ambiente intelectual ruso de
aquellos años, y el desarrollo que
había tomado la filosofía del lenguaje
(no obstante, véase Bubnova
1.982).
Sin
embargo,
sí
encontra-remos esa relación éticaestética que distingue lo kantiano, y
que retomarán Schiller (con su
noción central de que mediante la
educación estética será posible
alcanzar una humanidad plena ya que
permite
armonizar
las
contradicciones metafísicas de la
naturaleza humana entre libertad y
necesidad), Hegel, Schopen-hauer y
Nietzsche desde distintas vías para
afirmar el problema de valor que se
realiza a través del arte (central en
el idealismo alemán).
7
Revista
Pero, retomemos la elaboración de
algunos de estos conceptos a lo largo
de los años y de los diversos
nombres. Es decir, lo que distingue
las reflexiones bajtinianas sobre la
estética, es la relación estrecha que
establece con la ética, al mismo
tiempo que se vale de categorías
estéticas para llevarnos hacia una
duplicidad de relaciones. Por una
parte,
la
creación
y
su
responsabilidad, que se edifica
mediante la atención al texto, por
otra, que un texto es un mensaje,
un mensaje cifrado, que obedece a
relaciones discursi-vas, a cambios de
sujetos hablantes. El análisis
discursivo, el elemento semántico, la
palabra articulada, el discurso
interrum-pido, el discurso referido
irán
cobrando
relieve
para
problemati-zar la transmisión del
sentido.
El discurso referido
La impronta de la palabra ajena (el
discurso ajeno), que transforma
nuestra propia palabra en bivocal,
ambiva-lente y polisémica, convierte
a su vez el lenguaje en zona de
encuentro de valoraciones, se
convierte en central desde sus
primeros textos. Desde La filosofía
del acto ético se perfila ya que el
lenguaje es fundamen-talmente
heteróge-neo, un medio compartido
y conflictivo, se podría incluso decir
que antagónico. De todo ello se
dibuja la imagen del discurso ajeno
como una especie de caja china o
muñeca rusa: discurso en el discurso,
enunciado dentro del enunciado, pero
al mismo tiempo, discurso sobre otro
discurso, enunciado acerca de otro
Córdoba/ Nº4
Es esta una semiótica -y ya lo he
propuesto en múltiples ocasionesque se distingue por la estrecha
relación que establece desde el
comienzo entre el lenguaje como
producto de intersubjetividad y la
dirección hacia una filosofía ética.
Conviene distinguir en este punto
entre ética y moral: la ética -del
griego ethos- es concepto más
amplio e incluye la preocupa-ción por
las distintas formas de vida y
actividades, mientras la moral -del
latín mores o costumbres- concierne
a las reglas y obligaciones. Si bien
Bajtin mismo alude en La filosofía del
acto a una "filosofía moral", ya
sabemos que las fronteras entre
ambas son muy tenues, y lo eran
mucho más en la década de 1.920.
En todo caso, esta ética no excluye
los conflictos, las luchas y las
polémicas en torno a lo que hoy
llamaría-mos "el capital simbóli-co".
A Bajtin parece preocupa-do por la
forma en que la personali-dad
creadora aborda el sentido, la verdad,
el signo, la compren-sión, los valores.
Y a lo largo de sus reflexiones irá
desarro-llando los niveles, no solo de
la percepción estética, sino del
lenguaje y la comunica-ción. El
sonido, el ritmo, la significación
concreta, la entonación (fundamental
en el texto de Voloshi-nov/ Bajtin
"¿Qué es el lenguaje?" (1.930), "La
construcción
de
la
enunciación"(1.930), y "El discurso
en la vida y discurso en la poesía"
(1.926) -que ahora se incluye en su
traducción al castella-no), la
ideolo-gía, el discurso interior. La
presencia de Lev Vigotski (Silves-tri
y Blanck 1993) es central.
TOPOS & SOPORT
claridad en estas primeras obras. Si
su
axiología
deriva
de
la
intersubjetivi-dad (punto en el cual
existe una especie de consenso entre
los
bajtinianos),
no
menos
importante es el lenguaje como
formador de la subjetivi-dad, y la
responsabilidad (y responsividad) en
la relación con el otro. Estética, ética,
epistemología (que es todo ello a la
vez), redefinida como acto ético
responsable, al mismo tiempo que
diálogo, comunicación y acto dirigido
a un "tú", en presencia de un
"tercero" que remite a un sentido
infinito —el que comprender en el
futuro, la "fiesta de resurrección" a
la que alude en sus Apuntes finales.
Otro y tercero que son el lugar donde
se constituye la palabra.
8
Revista
recogen sus meditacio-nes desde
1.919 (1.979 en 1.985).
El fenómeno de ventrilocuismo o
discurso referido al que aludo hacen
palpable que los nombres de los
autores (reales, pero que actúan
como ficción) hacen evidente el
nombre que falta en el campo de lo
que se describe (Zavala coord.
1.996). Se trata de un interior
excluido, que para retomar los
términos mismos del discurso
bajtiniano, este adolece de un centro
o valor arquimédi-co. Diríamos que
Bajtin pone en suspensión la
autoridad para reforzar la ficción en
una práctica de lenguaje orientada a
la producción de pseudónimos,
heterónimos, máscaras -si se
prefiere- que le permiten explorar los
aspectos centrales de sus reflexiones
ético-estéticas. No quiero repetirme.
En estos textos, Bajtin aparece más
como lector de su propia escritura,
y en la misma posición de autoridad
que cualquier lector de estas obras,
más que como su autor, privile-gio
que esconde, os-curece o niega.
Podríamos decir -si siguiéra-mos a
Kierkegaard- que son formas de
comunicación
indirecta
que
deconstruyen la autoridad absoluta
del autor. Pero en Bajtin adquieren
otras vertientes.
El reconocimiento de lo social, del
discurso como voces que se influyen
mutuamente,
connota
esta
perspectiva bajtiniana acéntrica, que
determina el acto ético de
comprensión. Denota, en última
instancia, la arquitectónica (concepto
empleado desde 1.920), es decir, la
forma en que se construyen las
cosas; las relaciones entre el yo y el
o t r o y, n o m e n o s i m p o r t a n t e , l a
forma en que los autores construyen
esa unidad provisoria que se
denomina texto literario. La estética
forma parte de la arquitec-tónica: si
la arquitectónica atañe al estudio de
las relaciones entre cosas, la estética
comprende el problema de creación,
cómo las partes se constituyen en
totalida-des. El problema es de
raigambre kantiana; se recordará
TOPOS & SOPORT
Córdoba/ Nº4
enunciado (Bajtin/ Voloshinov 1.929
en 1.992:155).
El ejemplo que evoca el discurso
referido es una arquitectó-ni-ca, y
nos indica que "la palabra roza la
palabra" (159) y se introduce en ella,
y se construye sobre ella el propio
discur-so 1. Bajo una única palabra,
se
combinan
evaluaciones
contra-dic-torias, de manera que se
puede pensar que la palabra (el
lenguaje) es quien abre la puerta a
todos los parisitismos, todos los
simulacros y es el elemento que
permite trazar la responsabi-lidad. La
palabra referida constituye un
esfuerzo por llamar la atención hacia
los efectos de confusión, de
equivocidad, de indecibilidad que
produce el lenguaje.
Todo este deslizamiento nos conduce
a la época de 1.925, a un ejemplo
concreto de refracción de la palabra
ajena, cuando Mijail Bajtin emplea los
nombres autoriales del biólogo e
historiador de la ciencia y autor de
dos libros sobre Goethe en la década
de 1.960, Ivan I. Kanaev, del crítico
Pavel N. Medvedev (1.892-1.938?)
y de Valentin N. Voloshinov (1.8941.936), en una serie de 9 artículos y
tres libros que se vienen llamando los
textos deutero-canónicos (ver ahora
en Zavala, coord. 1.996). Epoca
esta, como hemos visto, en que
Bajtin está interesado en problemas
estéticos
y
filosófi-cos,
de
orientación neokantiana. Si ya en
1.922 ha finalizado su libro sobre
Dos-toievski, este no verá la luz
hasta 1.929 (segunda edición 1.963,
ampliada en 1.979, y en español en
1.986), dando remate así a un
complejo
estudio
sobre
el
pensamien-to dialógico, el discurso
referido, la polifonía y la ética de
responsabilidad, puntos centrales de
sus meditaciones. Después de un
largo silencio, en 1.963 se le
"descu-bre" en Rusia, y en adelante
se publican textos que hacía años
había finalizado (el Dostoievs-ki, su
Rabelais), así como una serie de
artículos póstumos sobre la novela
y sobre la estética. En ambos se
9
Revista
interacción
de
conciencias
equitativas. El acontecimiento no es
necesariamente un nada o un vacío
al cual debemos enfrentarnos;
equivale a la vida diaria, a la realidad
de lo cotidiano que nos obliga a
escuchar bajo el silencio o el ruido
las pequeñas diferencias su
particularidad en el tiempo y le abre
camino a lo que Lyotard llama el
différend, que modifica la lógica
misma y hasta los géneros de
discurso. Los géneros discursivos
desempeña-rán un papel crucial
como tentativa de asegurar las
normas de la comunicación; los
géneros han de entenderse (de
acuerdo a su desarrollo posterior)
como subordinación del enunciado a
tipos relativamente estables de
intercambio en la actividad humana
-desde la selección del tema, al estilo
de construcción de cada enunciado.
TOPOS & SOPORT
En este universo discursivo la
comprensión no es algo pasivo y
exacto, de una duplica-ción de la
vivencia del otro, es un traslado de
la vivencia a un plano absolutamente
distinto de valores, a una categoría
nueva de valoración y figuración,
aclara en un texto escrito por
entonces: "Autor y personaje en la
actividad estética" (Bajtin 1.9201.924 en 1.985:94). Aquí la estética
de la creación verbal se orienta hacia
la estética filosófica y hacia la
responsabilidad, el acto responsable,
sin coartada o escapatoria.
Es imposible demostrr su coartada
en el aconteci-miento del ser. Allí
donde esta coartada llega a ser la
premisa de la creación y del
enunciado, no puede existir nada
responsable, serio ni impor-tante.
(1985:180)
El acto responsable, sin coartada, es
el tema musical arquitectó-nico de La
filosofía del acto ético, pero también
es central en el libro sobre
Dostoievski, cuya primera redacción
es de 1929. Precisa, afina, distingue,
separa y elabora la palabra inversa,
la palabra con escapatoria. La
"escapatoria o subterfugio de la
Córdoba/ Nº4
que en la rigurosa arquitectóni-ca
kantiana, la objetividad se articula
según las coordenadas de espacio,
de tiempo, y de nombre, y ella misma
es tributaria de ese momento
determinante de progreso de ciencias
de la naturaleza que representó la
mecánica newtoniana. En Bajtin la
arquitectóni-ca se desprende del
mecanicismo, y la estética forma
parte integral de la subjetividad. La
ética conlleva no solo la propia
perfección, sino la felicidad ajena, y
la historia se concibe como esfuerzo
incesante hacia ese ideal de ética
discursiva, que es por definición una
tarea infinita -el Gran Tiempo.
El discurso de la responsabilidad no
apunta a una instancia ético-jurídica
pura, o a la razón práctica o al
pensamiento puro. Descansa en una
noción de sujeto, que se aleja del
ideal de la comunidad intersubjetiva
universal y transparente que propone
Habermas. La de Bajtin no es una
ética universalista, ni la este
(1.992:104-5). Allí afirma que la
palabra es un signo, en la medida en
que nos avisa de la presencia del algo
con el mundo exterior y le señala a
la conciencia que se enfrenta con ese
mundo.
Digamos
que
esta
interdiscursividad le permite al sujeto
orientarse en la relación con el
mundo real. El carácter de
simultaneidad que le adscribe a la
dialogía y a la comprensión dialógica
(de raigambre kantiana, pues ya en
La crítica de la razón pura, 1.781,
aparece el carácter objetivo de la
simultanei-dad),
significa
interdepen-den-cia entre los objetos
que existen, no causalidad. Kant la
remite a la ley newtoniana de la
gravita-ción: todo miembro del
cosmos aparece explicado como
función de los demás, del mismo
modo que estos se explican, a su
vez, como función de aquel.
Si
Bajtin
reacentúa
esta
simultaneidad de la percepción,
también
la
categoría
de
acontecimiento es central: el diálogo
es un acontecimiento decisivo, y la
dialogía un aconteci-miento de
10
Revista
Esta "retracción y subterfugio" no
solo se revelan en su palabra, sino
en su rostro; la interferencia y la
alternancia de voces parece
impregnar su cuerpo, restándole el
dominio de sí mismo y volviéndolo
ambiguo.
El hombre del subsuelo odia su cara
porque también en ella percibe el
poder del otro sobre su persona, el
poder de sus valoraciones y
o p i n i o n e s . Ve s u c a r a c o n o j o s
ajenos, con ojos del otro. Y esta
mirada
ajena
se
funde
alternativamen-te con su propia
mirada, generando un odio peculiar
hacia su cara" (331).
Pero, "para el ser no hay coartada
p o s i - b l e " , e s s u l e i t m o t i f en La
filosofía del acto ético. ¿Cómo
combinarlas? Si en este último la nocoartada indica toda actitud
responsable, en su análisis de los
héroes novelescos la escapatoria se
traza a través del cinismo y la
excentricidad. Volveremos sobre ello,
sin dejar de lado que justamente
para Julia Kristeva el escritor
moderno es ambiguo; se trata sin
duda, de la palabra con escapatoria.
Y si recordamos (aunque llueva sobre
mojado) que Bajtin identifica la
novela polifónica con el capitalismo,
no podemos dejar de lado (si bien
ahora lo referimos) los lazos que
tiene esta palabra con escapatoria
con el nudo borromeo a que aludí
antes.
Pues bien. El acento sobre lo
valorativo persistirá como centro de
sus reflexiones posteriores.
TOPOS & SOPORT
Hemos de dar un paso y distinguir el
rasgo que separa y distingue a Bajtin
de varias ideas contempo-ráneas
sobre la comunica-ción: Jürgen
Habermas y su idea del Diskurs como
unanimidad razonable, la de KarlOtto
Apel
para
quien
la
argumenta-ción intersubje-tiva
proporciona los cimientos últimos de
la razón o transformación semiótica
de la lógica, y la noción pluralista de
Richard Rorty de que la única
Córdoba/ Nº4
conciencia y de la palabra" significa:
el tener la posibilidad de cambiar el
último y definitivo sentido de su
propio discurso. Si el discurso ofrece
una escapatoria así, este hecho debe
reflejarse inevitablemente en su
estructura, Este otro sentido posible
es el subterfugio reservado que
acompaña cual sombra a la palabra.
Por su sentido, la palabra escapatoria
ha de ser la última y pretende pasar
por ella, pero en realidad es tan solo
la penúltima que después pone un
punto final, convencional, no
definitivo. (1.988:327-328).
La autodefinición con escapatoria es
así la forma más difundida en
Dostoievski, representa la última
palabra, pero "en realidad este
discurso cuenta internamente con
una evaluación contraria de uno
mismo por el otro" (328). El análisis
correspon-de a la sección "La
palabra en Dostoievski", y muy
específicamen-te a Memorias del
subsuelo o Notas de un hombre
subterráneo
(1.864).
El
protagonista, el hombre del
subsuelo, es un ser repugnante que
exhibe con impudor sus flaquezas,
cobardías, sus lacras. El lector recibe
la palabra de una naturaleza
degradada, corrompida. Pero -y ahí
la dialogía dostoievskiana- esta
basura humana no es solo digna de
compasión, sino de admiración. Esta
palabra ("deformada") del hombre
del subsuelo crea un tipo específico
de la última palabra ficticia acerca de
uno mismo y en un torno abierto,
con la intención de molestar al otro
y de exigirle una refutación sincera.
Es también palabra "evasiva", y
caracteriza (con excepciones, dice)
todos los enunciados confesionales
de los héroes. Podría continuar por
esta vía: la presencia de la
escapatoria vuelve difusas todas las
autodefini-ciones de los personajes;
en todo momento el personaje está
listo, cual camaleón, para cambiar su
tono y su sentido último. El héroe se
vuelve así ambiguo e imperceptible
también para sí mismo; distorsiona
su actitud frente a sí mismo.
11
Revista
El "Autor y personaje en la actividad
estética" nos involucra en una
aventura sobre el yo y el otro que
debemos perseguir, si bien con cierta
reserva. Si redescubrimos su
sentido, y recorremos con la mirada
lo que nos aporta la meditación
bajtiniana, vemos claramente que
desde el principio se resiste a
encerrar el yo en una única postura
emocional,
volitiva
y
éticocognoscitiva en el mundo (1985:38).
El sentido ético se explora aquí en el
interior de una experien-cia fundada
en la confianza otorgada a la textura
del discurso en tanto que cadena
intersubjetiva e interdiscursiva:
TOPOS & SOPORT
Mi apariencia no puede
ser vivida dentro de la
categoría del yo como
un valor que me abarque y
concluya, porque se
vive de este modo tan solo
dentro de la categoría
del otro, y es necesario
que uno se incluya en
esta última categoría para
poder verse como uno
de los momentos del mundo
exterior plásticamente
expresado. (p.39)
La necesidad del otro es estética: la
necesidad de una partici-pa-ción que
ve, que recuerda, que acumula y que
une al otro, es continua. Estética,
desde luego, si entendemos por el
término lo inagotable, inconcluso,
abierto, y el carácter creativo de la
comprensión; la extraposición
supone comprensión y valoración, y
no pérdida del propio lugar (1.92024 en 1.985:364).
Se podría decir que el objeto aquí el otro- se introduce como forma de
accesibili-dad a lo real, y que adquiere
una función simbólica y cumple el
papel de frontera y de límite. No es
extraño que en este importante texto
de la década de 1920 hable de la
iniquidad de principio que existe entre
el yo y el otro desde el punto de vista
de la moral cristiana (aquello de
Córdoba/ Nº4
racionalidad
posible
ha
de
encontrarse en el acuerdo sin
coacciones, alcanzado por medio de
conversaciones libres. Nada de estas
comunidades
subyace
en
la
propuesta axiológica bajtinia-na, que
no exime el diálogo de la polémica ni
de las disputas interminables, que
p e r m i t e n e va l u a r, n o s o l o e n e l
terreno de la ética, sino en aquello
que Marx llamó la "práctica crítica"
de desafío del engaño. Esta polémica
no se le pasó desapercibida a
Gertrude Stein, que la describe desde
otros supuestos: "No one is ahead
of his time, it is only that the
particular variety of creating his time
is the one that his contemporaries
who are also creating their own time
refuse to accept" (1.972:514).
Estas perspectivas de polémica
discursiva subyacen en el ensayo
temprano "Autor y personaje en la
actividad estéti-ca"(1.920-24),
donde propone una serie de
conceptos claves para el desarro-llo
de su pensa-miento: extraposi-ción,
excedente de visión, horizonte,
entorno. El primero ha sido traducido
por Todorov (1.981) de manera poco
afortuna-da como heterología,
difuminando así la fuerza que el
prefijo ex tiene en Bajtin. El
excedente
de
visión
y
de
conocimiento para la percepción del
horizonte o campo de visión del otro
y su entorno, son claves y nos
invitan a escapar las fantasías de
control (su magistral Rabelais es la
plenitud de este excedente de
visión). Se trata, en definitiva, de la
extraposición del yo y del otro en el
acontecimiento de la comunicación
dialógica. Todos estos conceptos que
aparecen en este texto inicial, se
elaboran desde diversos puntos y
perspec-tivas
en
los
textos
deuterocánoni-cos, que llegan a
rodearlos y precisarlos, haciendo
surgir nuevas distinciones éticas.
Como punto de apoyo de este
peculiar modo de comprensión,
Bajtin se remonta en el conjunto de
problemas éticos y estéticos, a una
teoría de los valores, de la axiología.
12
Revista
Todo este entramado se arma desde
la década de 1920 en sus trabajos
sobre el arte y la responsabilidad
(1.919 en 1.985), autor y personaje
en la actividad estética (1.920-1.924
en 1.985), el problema del contenido,
el material y la forma en la creación
literaria (1.924, en 1.989:13-76), y
la filosofía del acto ético (1.924).
Aquí dibuja con precisión la armadura
de
una
arquitec-tó-nica
de
responsa-bilidad que vincula al ser
humano al mundo, a sí mismo y al
otro. Lo que en ruso se llama
postupok, o sea, el acto responsable.
Córdoba/ Nº4
De seguir esta serie de enuncia-dos
que remiten siempre a valoracio-nes
y formas de ventrilocuismo, los
heteróni-mos serían grados o
enunciados genéricos adscritos a la
polifonía y a la lucha de opiniones e
ideologías. Son situaciones concretas
de desdobla-miento del sujeto en yo
autónomos, que recurren al discurso
bivocal, que sirve simultáneamente
a
dos
locutores
y
expresa
intenciones diferentes. No se trata de
tomar distancia, de situarse fuera,
sino de producir aberturas y
traspasar fronteras; no se puede
eludir la sensación que establece que
el proceso de la enunciación siempre
subvierte el enunciado, y que todo
texto nos atrapa en una red
descentrada de procesos plurales, de
voces referidas. No podemos por
menos que reconocer que en los
textos disputados pone en práctica
esa ambivalencia fundamental del
texto, inundado por relaciones
dialógicas entre los enunciados,
relaciones éticas, relaciones entre
conciencias, verdades, influencias
mutuas, aprendizaje, amor, odio,
mentira, amistad, respeto, piedad,
confianza ("De los apuntes de 1.97071", en 1.985:360).
Podemos percibir el preludio
orquestal no solo en todos los
términos bajtinianos, sino en su
particular uso del apócrifo y de los
heterónimos, que lo ligan al ímpetu
modernista de la década de 1920:
los apócrifos de Antonio Machado,
loa heterónimos de Fernando Pessoa,
el mundo de pseudónimos de Azorín,
entre los más conocidos, y antes los
homónimos de Kierkegaard. En
todos ellos se revela la relación entre
heteronimia y homonimia con el
dia logis m o. E s t a e x pe r ie n- c ia d e
intercambio y conflicto (¿por qué no
decir también, juego?), establece
relacio-nes dialógicas que impiden la
petrificación de los interlocutores en
su respectiva posición. La dialogía
implica el intercambio de roles (como
en el juego erótico), que cada cual
sea el otro de sí mismo, el distinto
de sí mismo. El discurso ajeno y nos
dice que toda situación concreta
comporta
una
ética
de
responsa-bilidad. Precisamente
porque la palabra no concierne tan
solo a los contenidos de sentido, la
ética bajtiniana no puede ser
escindida de un nuevo planteamiento
sobre la responsa-bilidad, que no
confía ya necesariamente en lo
heredado. La ética en sí no es fuente
de valores, sino que provee la forma
individual y colectiva de relacionerse
con estos, como nos recuerda Sergei
Bocharov.
TOPOS & SOPORT
"Llevad la carga del otro"). Pero, esta
máxima (que también perturba a
Unamuno) se puede traducir como
"llevad la carga de la palabra"; punto
de acolchamiento o punto nodal,
entre el significante y el significado.
La noción de "palabra", muy cercana
a la de Dios, le ofrece un elemento
sensible de la experiencia. La
necesidad del otro es estética y ética,
y la estética solo está allí donde nos
muestra una de las fases de la función
ética. Así, toda filosofía o moral que
reduzca al yo cae en un solipsismo
ético. Lo que merece destacar-se
entonces es que este relevo de
responsabilidad y reemplazo de la
firma nominal equivale a la praxis de
su propia teoría, si entendemos por
praxis aquella certera definición
lacaniana: "acción concerta-da por el
hombre, sea cual fuere, que le da la
posibilidad de tratar lo real mediante
lo simbólico" (1.964 en 1.992a:14).
13
Al hacer dialogar los textos de la
década de 1.920 nos permite
entrever lo que significó en sus
meditacio-nes la voz ajena como
formas de composición heterogénea
de la propia imagen. La extraposición
se convierte en punto nodal, especie
de concepto teórico central que se
basa en el reconoci-miento de un
núcleo imposible que resiste a la
simboliza-ción, a la totalización, a la
integración simbólica. El modelo más
consistente de este reconocimiento
es la dialogía, que denota una
posición subjetiva que acepta la
Córdoba/ Nº4
Toda la cadena que hace conectar
este brevísimo texto con "El discurso
en la vida y en discurso en la poesía"
firmado por Voloshinov en 1.926,
nos
reconduce
a
terrenos
bajtinianos. Lo que hay de común es
ese valorar lo ético y lo estético, y
subrayar la responsabi-lidad del acto
ético y del sujeto sin coartada o
escapatoria: la unidad se transforma
así en arquitectónica. Esta no
coartada es el principio esencial de
una responsabilidad ante "la vasta
morada de signos" (como define
Martí al mundo social) que siempre
se renueva, o se re-acentúa y que
nunca muere del todo.
El resto es el movimien-to de la
suplemen-ta-riedad, aunque ni como
ventrílocuo de Medvedev o de
Voloshinov, Bajtin recurra a este
concepto, como yo lo hago aquí. Sin
embargo, desde el momento en que
habla
de
resurrec-ción,
de
inconclusi-vidad, queda claro que el
movimien-to de la signifi-ca-ción
añade algo, para que siempre haya
más, y se opone a la reducción
metafísica del significado.
No es posible dejar de lado sus
colaboraciones con Medvedev, donde
se permite introducir y precisar los
importantes
conceptos
de
TOPOS & SOPORT
Yo
debo
responder con mi vida por aquello
que he vivido
y comprendido en
el arte, para que todo lo vivido y
comprendido no
parezca sin acción en la vida"
(1985:11).
ideologe-ma, ideología, ideología
cotidiana, y varios artículos sobre el
discurso, la palabra, el signo
ideológico, un libro sobre el
marxismo y el lenguaje y otro crítico
sobre Freud y el freudismo, donde
descalifica al vienés por individualista,
entre otros reparos graves contra el
concepto freudiano del inconscien-te
(reparos que debemos, en probidad
intelectual
calificar
de
prepsiconalítico). Estos últimos están
f i r m a d o s p o r Vo l o s h i n o v ( c u y o
nombre rubrica seis de los artículos
en disputa). Los textos de
Voloshinov, por otra parte, son los
más decididamente "marxis-tas";
digamos que Marx aquí es el nombre
que alternativa-mente se muestra y
se esconde, pero que decididamente
queda como "fantas-ma" de los
textos.
Resumiendo. Si el ventrilo-cuismo es
frecuente entre 1.925-1.929, años
en que a su vez está redactando el
estudio sobre Dostoievs-ki, y
momento que marca a su vez el
interés creciente por la novela, los
géneros de enunciado, la palabra en
la novela (¿legado de Cohen?). Su
interés por este género rebasa los
marcos de los estudios literarios
tradicionales, al entroncarlo a un
problema filosófico y ético. Su
estudio sobre Dostoievski es el
centro de sus meditaciones, sobre lo
que supone el pensamiento dialógico
en la cultura, desde Sócrates al
presente.
Revista
Pensando en la relación oculta entre
todos estos textos y los firmados
por
otros,
en
"Arte
y
responsabili-dad" (1.919 en 1.985)
Bajtin evoca la estrecha relación
entre el arte y la vida, y propone que
el divorcio entre ambas actividades
puede superarse si las pensamos
como responsivas y responsables
mutuamente. La responsabilidad se
actualiza como unidad en la persona
indivi-dual:
14
Nos queda tocar brevemente ese
vacío de la persona (digamos, reacentuando sus propias palabras) que
representa el autor, que debe ser
comprendido
a
partir
del
acontecimiento de la obra como su
participante, como el director del
l e c t o r. C r e o q u e e s t o s o b j e t i v o s
están profundamente relacionados:
cuanto no vive en las fronteras,
Si sacamos todas las consecuencias
de este intercambio de nombres y
estas meditaciones en torno al acto
ético, podríamos concluir que Bajtin
está lejos de la idea de un sujeto
trascen-dental, soporte de la red de
categorías; el sujeto es el punto de
partida del problema, pero no el
sujeto de la certeza, sino el sujeto
en relación con el otro. El acto de
escuchar hace intervenir su función
en la dimensión de la existencia de
los otros. El otro así sorprende y
cambia todas las perspectivas; la
responsividad pone al descubierto los
efectos de la palabra sobre el sujeto.
Ta l ve z t e n g a m o s q u e c o r r e r u n
riesgo y leer retroac-tivamente, a
partir de elaboraciones posteriores a
Bajtin ¿Me atreveré a formular si
leemos a Bajtin con la mirada de
Lacan, el sujeto es el sujeto de una
falta, o cuanto menos -y no es pocoel sujeto del deseo? Este plus que
añade Lacan quizá esté latente en al
proyecto bajtiniano, donde al menos
sí se articula que el sujeto es una
falta en una cadena significante que
aporta el otro.
Ahora queda claro, confío, que la
noción de palabra ajena, de discurso
referido y de otro son contrapartida
al concepto mismo de dialogía, como
lucha y antagonismo que elaboró en
Córdoba/ Nº4
Si con esta frase termina el texto que
conocemos en español, en inglés se
incluye un suplemento (1990) donde
comienza a elaborar lo que llama
arquitectónica (también de origen
kantia-no). Lo que quiero subrayar
es que desde sus criterios, el autor
es co-partícipe del acontecimiento del
ser, y es necesario un tipo particular
de responsividad, donde no existe
ninguna coartada posible, ya que no
se vive en un vacío valorativo o
ideológico. El acto ético no tiene
coartada -evasión- posible; la
responsabilidad aquí adquiere
proporciones
individuales
y
colectivas.
TOPOS & SOPORT
Su individuación en
tanto que hombre es un acto
creativo secundario del
lector [...], independiente
del autor en tanto que
principio activo de la
visión, que es acto que
lo vuelve pasivo a él
mismo. ("Autor y
personaje" 1985:181)
muere, pierde significa-ción; pero, y
es lo más grave, donde no hay
responsabi-lidad no hay acto ético ni
estético. De esta manera, el autor
como
co-partícipe
en
el
acontecimiento del ser afirma su
carácter social y su sentido ético
p r o f e s i o n a l , p o d r í a m o s d e c i r. E l
núcleo que hemos de tomar en
cuenta es que no existe coartada
alguna en este acontecimien-to
responsable y responsivo. Un texto
se convierte así en un nuevo modelo
de mundo, que se logra mediante la
extraposición, el excedente o exceso
de visión, y el horizonte ideológico y
su entorno. Podemos resumir así su
programa ético estético, elaborado
bajo diversos apócrifos y distintos
ángulos.
Revista
divergencia, la contradic-ción, la
polémica, el antagonismo como
condición interna de toda identidad
y toda ideología. Dialogía que en sus
primeros textos relaciona con la
cultura de los límites, la difuminación
de fronteras.
Su repulsa de lo arquimédico y de una
visión de punto central común para
referir todos los contenidos
(herencia kantiana), lo inducen en
1.920-1.924 a repensar al autor
como "conjunto de principios
creativos que deben ser realizados".
Y continúa:
15
Revista
lucha de acentos, la re-valoración
como el cambio de significación. Pero
además
a
las
nociones
de
ideologema, el autor como ideólogo,
las fronte-ras, los géneros de
enunciado.
El
concepto
de
ideologe-ma (retomado por Julia
Kristeva, quien además adoptó de
Bajtin el término de intertextualidad)
es central: en cuento elemento de
intersección entre la heteroglosia de
todo texto y sus coordena-das
históricas, opera a manera de enlace
entre el texto literario y otras
prácticas culturales significantes. Se
inserta en los textos a nivel
semiológico
y
condiciona
lo
ideológico, central en la teoría
discursiva y filosófica de Bajtin.
TOPOS & SOPORT
Pero los elementos más significativos
de su filosofía del signo aparecen
bajo la la firma de Voloshi-nov en la
serie de artículos disputados y los
dos
libros.
Este
heterónimo
discursivo plantea la importante
noción del discurso ajeno y el
discurso referido en El marxismo y
el lenguaje, tema que retomará el
propio Bajtin con su propia firma en
el artículo "La palabra en la novela"
o "El discurso en la novela" (1.93435), que se ha integrado a la serie
de trabajos sobre la teoría de la
novela (en 1.989). El mismo
esfuerzo por pensar el discurso con
nudo de voces refractadas adquiere
diversas soluciones o planteamientos
desde la década de 1.920. Lo que
queda claro -postulado desde
diversos puntos de vista y varios
nombres— es que su universo es la
palabra, en tanto que portadora de
valores
y
axiologías,
de
comunicación y desencuen-tro, de
transparencia y opacidad. El suyo es
un mundo heteroglósico, que plantea
el status de la ficción y la identidad
en el mundo moderno.
Conviene vincular su heteroglosia, la
palabra referida y la dialogía a otras
formulaciones bajtinianas sobre la
re-acentua-ción del signo, que
relaciona a su vez con los filosofemas
de la palabra ajena (en 1992:106).
Córdoba/ Nº4
distintas épocas y con diversos
nombres. Lo social es siempre un
terreno incongruente, atravesa-do
por el antagonismo central —
convicción que dicen y repiten
Medvedev, Voloshinov y el propio
Bajtin, desde diversos ángulos y
afinamientos y refinamientos
posteriores. Sugerencia que implica
que todo proceso de identifi-cación
que nos otorgue una identidad sociosimbólica fija está destinado al
fracaso. Porque en el terreno de lo
social (dialógi-co), todo significado
no
es
solo
inestable,
sino
ambivalente: el concepto de
carnavalización nos hace tropezar
con esta inciden-cia. El carnaval (y
la carnavalización) son el medio de
encarnar la imposibilidad última de
todo
proyecto
totalitario-esa
ambivalen-cia y antagonismo son su
límite inmanente al intentar
establecer una sociedad transparente
y homogénea. El carácter antagónico
inmanente del sistema siempre
irrumpe, esta es una de las
responsabilidades éticas que supone
el carnaval.
Podemos diferenciar las diversas
etapas en referencia a los modos de
articulación de la dialogía y el
discurso. Desde el primer periodo textos
propios
y
textos
deuteroca-nónicos- las nociones de
frontera, de excedente de visión, de
horizonte la insistencia está en la
palabra,
como
medio
del
reconocimiento intersubjetivo,
cuando se integra y se reconoce en
la palabra ajena: "El peso social del
hablante es enorme", y continúa: "Se
puede decir, abiertamente que, en la
vida diaria, la gente habla más acerca
de lo que hablan los demás" ("La
palabra en la novela" 1.934-35 en
1.989:154).
Esta asimilación en el mundo interior
(signo interior) se marca por medio
de la entona-ción, indicativa de
valores y coloraciones ideológicas. El
análisis del mundo interno lo induce
al estudio del signo, de la ideología,
de la ideología cotidiana, del signo
como ideológico, de la psique, de la
16
En este sentido la re-acentuación es
estrictamente un acto creacionista:
una especie de tachadura del texto
reinante, creación de un nuevo texto
mediante le lectura.
Revista
Lo simbólico: el nudo borromeo
El análisis del discurso -la poética- le
impone a Bajtin una reorganización
del sujeto humano, puesto que la
palabra puede ser descentrada (con
escapatoria), que lo envía a una
posición problemática. El carácter
inasequible, irreductible de la
conciencia en relación con el mundo
del lenguaje es algo tan importante
de comprender en la obra de Bajtin
como lo que nos aportó acerca del
enunciado y los géneros de discurso.
Comenzaré por sugerir que toda
esta elaboración sobre el discurso
nos conduce —sin explicitarse—a la
noción tan freudiana del sujeto
excéntrico. La palabra referida, la
palabra con escapatoria y la palabra
sin
coartada
nos
permiten
cerciorar-nos de que el sujeto habla
desde otra parte, con intereses
preconcebidos, ya que las acciones
nunca son desinteresadas. Para
Lacan (1983:19) esta es una de las
grandes innovaciones freudia-nas;
equivale a una metáfora tópica, que
el sujeto está descen-trado con
respecto al individuo. En breve: que
la organiza-ción muestra que el yo
es distinto del yo, que el sujeto no
se confunde con el individuo. Si todo
lo que Freud escribió perseguía el fin
de reinstaurar la exacta perspectiva
de la excentricidad del sujeto con
respecto al yo (74), mediante
torsiones barrocas, Lacan relaciona
todo esto con las "ilusiones de la
conciencia" -la ideología. El yo es así
la suma de prejuicios que implica
todo saber.
No creo necesario por el momento
seguir puntualizando lo que significa
el yo en la técnica analítica, sino en
tanto todo ello está relacionado con
el universo simbólico, que, como he
sugerido, enmarca las reflexio-nes
bajtinianas. Este universo está
presente en la obra de Bajtin, si bien
TOPOS & SOPORT
Córdoba/ Nº4
La historia literaria se concibe como
las réplicas de un diálogo, en el que
los enunciados (textos) se relacionan
entre sí según la secuencia valorativa
(emocional) de una secuencia
dialógica. De esta manera, la
literatura es un fenómeno plurilingüe,
y la historia literaria como la relación
mutua de dos procesos —el de
canoniza-ción
y
el
de
reacentua-ción del signo. El primer
proceso silencia el discurso ajeno,
mientras el segundo renueva y
genera las obras del pasado en cada
presente; la escritura se concibe
como una lectura de aceptación y
rechazo del discurso anterior, y no
de repetición de las estructuras
anteriores. Cada texto reformula el
sentido profundo de la modernidad,
que consiste en desplazar y asumir
la autoridad del pasado. De tal forma
que la lógica de la historia literaria
no es la repetición de formas
idénticas, sino la de la renovación
mediante
enunciaciones
estilísticamente irrepetibles. (El
cuento de Borges "Pierre Menard,
autor del Quijote" es de por sí
elocuente).
La re-acentuación supone retomar la
palabra en su coloquio anterior, y
devolverle su responsabilidad. No se
trata de evolución, ni de evolución
histórico, ni un principio teleológi-co,
ni un gran Otro que ocupe el cielo
p l a t ó n i c o. Ta m p o c o d e u n c a n o n
inamovible,
ni
de
unas
interpretaciones inmutables. La
historia literaria se transforma así en
la doble historia individual y colectiva
de algo inacabado. Este retomar el
riesgo de la palabra ajena, aleja la
re-acentuación (o re-valorización)
bajtiniana del concepto más difundido
de recepción. La palabra conserva
toda su responsabi-lidad, y se funda
en la existencia de una naturaleza
social, sin descanso, sin detenerse,
sin final ni conclusión aislada, en el
orden del discurso pensado según
una finalidad persuasiva, desde reacentuaciones,
diferimientos,
significantes flotantes, donde los
sujetos se pasan de unos a otros.
17
[...]
es
hacer
la
buena
in-terpreta-ción" (1.983:38).
Revista
No otro es el recorrido de Bajtin
desde 1.919; camino que lo condujo
a la creación de una metalingüística
y de una semiótica centrada en el
valor
(lo
axiológico)
y
la
responsabilidad. Parte siempre de
una definición de la palabra, de la
función creadora, fundadora, de la
palabra plena. Lo que Bajtin intenta
rodear es, por una parte, la palabra
en cuanto estrépito, la palabra en
cuanto rumor universal, la palabra
vacía, la palabra plena. En la armazón
del edificio bajtiniano el objeto de la
búsqueda humana se expresa
siempre a través del lenguaje; pero
el factor de la palabra, tal como es
asumida por el sujeto, la búsqueda
de la palabra son la naturaleza
misma de lo simbóli-co.
En este punto, conviene retornar a
Lacan y sus precisiones sobre la
palabra: "Desde el momento en que
la palabra verdadera emerge,
mediadora, genera dos sujetos muy
diferentes de lo que era antes de la
palabra" (l.983:243). Es decir, que
nos consitu-tuimos como sujeto a
partir del momento en que tomamos
la palabra. ¿No es esta la semiótica
intersubjetiva bajtiniana? Pero algo
más (en Bajtin aparece siempre el
suplemento, y la excenden-cia de
visión): de la crítica de las ciencias
humanas (freudismo y formalismo y
marxismo), va elaborando su teoría
del valor dialógico, de una exotopía
orientada hacia la alteridad, a una
teoría del sujeto del discurso. Y entre
los elementos estructura-les -sin
mencio-narse- están esos tres
órdenes que después de la lectura de
Lacan (1992a, 1992b) se conocen
como S.I.R. (Simbóli-co, Imaginario,
Real). Intentemos, en la medida de
lo
posible,
elaborar
las
concordancias.
Naturalmente que al formalismo ruso
le corresponde el haber privilegiado
la literalidad frente al contenido; si
Lacan reividica en la línea de la
autonomía de la lengua y la
TOPOS & SOPORT
Córdoba/ Nº4
no incorporado, ya que sus
reflexiones son pre-freudianas: Bajtin
ronda, rodea, enmarca, alude,
implica al incons-ciente, pero nunca
lo formula. Lo importante es que la
dirección de la metalingüística le ha
impuesto un cambio de valor: la
alteridad sígnica, buscar el valor
lingüístico en las relaciones
dialógicas, géneros de discurso, la
intersubjetividad. Encontramos en
sus elaboraciones, los juegos, el
interés por la cuestión de valor, por
las trampas de la palabra. Lo que
destaca de un extremo a otro desde
el principio es la función simbólica,
entendida como totalidad del orden
humano, universo en el interior del
cual todo lo humano debe ordenarse.
Esta red impone preferencias,
inhibiciones,
indicaciones,
mandamientos, facilitaciones. El
orden simbólico es precisamente un
orden formal que complementa y/o
altera la relación dual de la realidad
fáctica externa y la experiencia
interna subjetiva (Zizek 1.992:44).
Bajtin llega a este universo simbólico,
no como Lévi-Strauss (que le sirve
de ejemplo a Lacan) mediante el
análisis de las sociedades y sus
estructuras de parentesco, sino a
través de la poética, de la palabra
literaria, de los textos y del discurso,
por un lado, y de su rechazo al
behaviorismo saussuriano y su
interés por el enunciado. Este
universo simbólico está cifrado en la
novela, en los jeroglíficos de la
carnavalización; como género de
enunciado privilegiado, la novela es
para Bajtin (y en esto coincide con
Cohen) un depósito de los cambios
y transforma-ciones culturales. Y, si
me dejo llevar por Lacan cuando
analiza la ortodoxia valiéndose de
Sócrates, Temísto-cles y Pericles,
ellos encontraron en su registro lo
que la opinión verdadera quiere decir.
Y cito:
"Resp-o-n-der lo debido a un
acontecimiento signifi-cati-vo, en
tanto que es función de intercambio
simbólico entre los seres humanos
18
Revista
líneas de fuerza formadas en la
superficie de una trama". Este punto
es un nudo, "punto de convergen-cia
que permite situar retroacti-vamente
y prospectivamente todo lo que
sucede
en
ese
discurso"
(1.992b:38-3). El esquema es
esencial en la experien-cia humana y
en las relaciones sociales. Zizek
(1.992) sugiere que fuciona como un
"designante rígido", como el
significante que mantiene su
identidad a través de todas las
variaciones de su significado; una
suerte de de totalización en el campo
ideológico dado mediante la
operación de acolchado, que fija su
significado (141). De lo que se trata
es del proceso de interpelación de
individuos; el punto a través del cual
el sujeto es "cosido" al significante,
y al mismo tiempo, el punto que
interpela al individuo a transformarse
en sujeto dirigiéndole el llamado de
un cierto significante amo. Es
definitiva, "el punto de subjeti-vación
de la cadena del significante" (Zizek
1992:143).
En
el
acolchado
ideológico flotan significantes y la
cadena de estos se complementa con
algún
significante
amo
que
retroactivamente determina el
significado.
Lo simbólico es así esa palabra que
está en el sujeto sin ser la palabra
del sujeto (Lacan 1.992b:259). Pero,
además su organización va por
oposiciones. Todo ello genera esas
formas de hablar a otros, la noción
de mensaje, el hecho de que el sujeto
reciba la palabra del otro en forma
invertida, la palabra engañosa. La
palabra con escapatoria bajtiniana
sería justamente lo que para Lacan
es la palabra engañosa; es decir, que
lo que el sujeto dice está siempre "en
una relación fundamental de un
engaño posible" (III 1.992b:57). Si
lo que distingue una palabra de un
registro de lenguaje es hablar a otros
(mensaje), la palabra plena, la
palabra comprometida está fundada
en la estructura de la palabra
invertida. Para Lacan hay dos formas
de estructura: la fides, la que se da,
TOPOS & SOPORT
Córdoba/ Nº4
autonomía de la literalidad, la
autonomía del habla en la práctica
analítica (ver Frutos Salvador
1.994), al retomar a Freud y afirmar
que el inconsciente está estructurado
como un lenguaje, propicia todo el
entramado lingüístico centrado en la
oposición significante/significado
(oposición que está en el signo
mismo). Reelabora entonces todo el
entramado del lenguaje a partir de
estos tres órdenes -S.I.R.- registro
de sus estructuraciones.
En Bajtin el camino hacia lo simbólico
es muy distinto. La autonomía del
arte se garantiza por su participación
en la autonomía de la cultura. La
"estética material" (concepto
presente ya desde 1.928 y 1.929,
bajo la rúbrica de Medvedev y
Voloshinov, pero también en sus
artículos mencionados) es a manera
de hipótesis de trabajo de las
direcciones de la teoría del arte. Lo
que irá adquiriendo relieve es el
sentido, la comunicación; y no
existen ni el uno ni la otra sin proceso
de significación. Si el signo no es
unidad abstracta, y siempre existe
una situación comunicativa concreta
que lo motiva, en el intercambio, en
el "terreno compartido" entre el
hablante y el oyente. Si el valor
lingüístico coincide con el valor
dialógico, moverse en esta dirección
supone una orientación hacia la
alteridad y la exotopía. El lenguaje,
el sujeto, los valores, las ideologías
son construcciones dialógicas y
sociales en la frontera del contacto
de alteridades externas e internas.
Todo ello está relacionado con el
significante y significado, las
propiedades del significante, su
función. Para Bajtin todo análisis
concreto del discurso debe ejercerse
con el significante y sus redes
dialógicas, y connotaciones transsignificativas. A este análisis Lacan lo
denomina punto de acolchado, punto
de almohadillado, punto nodal, punto
de edredón o punto de cadarzo (en
francés point de capiton); es decir,
el significante alrededor de cual todo
se organiza, "cual si fuesen pequeñas
19
En este punto se impone un corte.
Parece evidente que después de lo
que se ha dado en llamar el "giro
lingüístico"
del
pensamiento
contemporáneo, este funciona como
discurso. El modo en que la serie de
significantes flotantes se totaliza, se
transforma en un campo unificado
mediante la intervención de ciertos
"puntos nodales" o puntos de
acolchado. En definitiva, el modo en
que los mecanismos discursivos
constituyen el campo del significado
ideológico, el modo en que una red
de significan-tes nos sostiene (Zizek
1.992:171). Para Bajtin, la ideología
es también discurso materializado;
aún más, todo producto ideológico
es accesible "en la palabra, en el
sonido, en el gesto, en la
combinación de volúmenes, líneas,
colores, cuerpos vivientes, etc.". Y
precisa: "La comunicación es aquel
medio en el que un fenómeno
ideológico cobra por primera vez su
ser específico, su carácter sígnico"
(1.928 en 1.994:14-15). En 1929,
ahora bajo la palabra referida de
Voloshinov (en 1.992) subraya en su
crítica a Saussure que existe una
interdependencia entre las ideas, los
signos y los objetos; el dominio de
los signos es ideológico. La ideología
habita
el
mundo
de
la
representación; es una especie de
suplemento subjetivo, que le
proporciona el observador al mundo
material. Este acto de otorgarle
significación simbólica al objeto
material es lo que Georg Simmel
describe como formación de valores.
De tal manera que la representación
no es ni objetiva ni subjetiva; es un
TOPOS & SOPORT
Córdoba/ Nº4
Si el arte (y en este punto remito
directamente a la La filosofía del acto
ético y su red de asociaciones
culturales y simbólicas) es la creación
de un sujeto que asume un nuevo
orden de relación simbólica con el
mundo, se hace necesario ligarlo a
la repartición triple de lo simbólico,
lo
imaginario
y
lo
real.
Indudablemente, Lacan articula las
diferencias e imbricaciones con
esmero. El discurso concreto es el
lenguaje real; los registros de lo
simbólico y lo imaginario se
encuentran en los términos del
significante y el significado. El
material signifi-cante es lo simbólico,
y la significación, del orden de lo
imaginario,
y
por
tanto,
evanescente, porque está ligada
estrictamente a lo que interesa
(Lacan 1.992b:83). Cuando el sujeto
habla, tiene a su disposición el
conjunto del material de la lengua, y
a partir de allí se forma el discurso
concreto. El discurso común, en
cambio, son las palabras que
adquirieron peso particular para el
sujeto (lo que Bajtin/Medvedev
denominan ideología cotidiana). Este
sería el discurso de lo dado en la
cultura, todo lo que el sujeto no
crea; solo con el Otro existe lo
simbólico. Esta dirección nos
conduce a perseguir las tres esferas
de la palabra: lo simbólico,
representado por el significante, lo
imaginario por la significación, y lo
real que es el discurso realmente
pronunciado en su dimensión
diacrónica (Lacan 1.992b:95). El
sujeto dispone de todo un material
signifi-cante y lo utiliza para hacer
que las significaciones pasen a lo real.
Podríamos concluir que, en definitiva,
para ambos (y, naturalmen-te no son
los únicos), la ideología es una
práctica material. Sin embargo (y
aquí entra el gran Pero), para Lacan
la materializa-ción de la ideología es
un engaño, una mentira; la ideología
encubre intereses personales.
Revista
la fundante de la posición de ambos
sujetos, y por otra parte, el
fingimiento o revés de la fides. Esta
es, en Lacan, la noción de
comunicación: hacer hablar al otro
en cuanto tal. Pero la incógnita en la
alteridad del Otro caracteriza
esencialmente la relación de palabra.
Así pues, en la comunica-ción, el otro
siempre trata de engañar. ¿No es esa
la palabra con escapatoria que Bajtin
analiza magistralmente en los textos
literarios?
20
TOPOS & SOPORT
Esta parece ser la crítica bajtiniana
fecunda, si sabemos adaptarla a
condiciones
nuevas,
y
no
renunciamos y reducimos sus
metáforas teóricas a hipótesis
idealistas. En efecto que existe una
utopía en el pensamiento bajtiniano,
pero se trata de volver a poner en
cuestión el concepto mismo de dicho
ideal. Su determinado concepto de
lo democrático, y de la ética
responsable que se perfila desde
1919, nos debiera implicar en el
desarrollo de una estrategia
compleja que habría que re-evaluar
continua-mente.
No es necesario forzar las relaciones
para establecer lazos con "lo dado"
y "lo creado" (conceptos tan
resbaladizos) de Bajtin, ni las formas
de discurso y de representación que
analiza en la novela, ni establecer
nexos entre la palabra plena
lacaniana y la palabra sin coartada ni
escapatoria que persigue Bajtin
desde 1.919. Eso "indecible" -la
ética- que convierte su proyecto en
una modalidad futura del presente
vivo. Dicho de otra manera, todos
estos enunciados permiten construir
Córdoba/ Nº4
Se observará que lo ideológico es
fundamental para Bajtin ya esta
época. Si el signo es ideológico, y la
representación equivale a este tercer
término, es cada vez más visible su
papel fundamental en la crítica
textual. Lo ideológico en tanto
cultura está presente en sus
magistrales análisis lite-rarios, que
plantean en principio y en primer
lugar, una crítica radical, que está
abierta a su propia transformación,
a su re-evaluación. El lazo entre el
materialismo y la ontología aparece
en la postura cuestionadora y la
afirmación emancipatoria (casi
mesiánica) de su análisis de Rabelais.
Este texto "moderno", que liga
indisolu-blemente
a
la
carnavali-zación en general, con su
capacidad de ambivalen-cia y de
antagonismo, nos revela que la
sociedad siempre está atravesa-da
por una escisión antagónica que no
se puede integrar al orden simbólico
(diría
el
lacanismo).
La
carnavaliza-ción es un espíritu y un
estilo, una cierta experien-cia de la
promesa que se puede intentar
liberar de toda dogmática e, incluso,
de determinaciones metafísicoreligiosas (aunque esté anclado en
ellas). En el carnaval se producen
acontecimientos, nuevas formas de
acción, de práctica, de organización;
es una teleología y un mesianismo,
pero infinita, pertenece a una
experiencia abierta al porvenir.
En este acontecimiento desapare-ce
en luchas y antagonis-mos la noción
paulina de la sociedad como todo
orgánico, como cuerpo social del cual
las diferentes clases funcionan como
miembros, cada uno de los cuales
contribuye al todo de acuerdo con
su función (metáfora cara al
pensamiento político humanista).
Podríamos decir que la noción de
fantasía social es necesaria
contrapartida al concepto de
antagonismo, como lo monológico
es necesaria contrapartida a lo
dialógico, y lo dialógico mismo
entraña lucha, polémica. Como
metáfora teórica, el carnaval (y la
carnavalización), y la heteroglosia
nos dibujan que lo social es siempre
incongruente, estructurado en torno
a una imposibili-dad constitutiva,
atravesa-do por un antagonismo
central. De tal manera que todo
proceso de identificación que nos
confiera una identidad sociosimbólica fija está en definitiva
abocado al fracaso.
Revista
tercer término donde ambos polos
de la dicotomía se encuentran (en
este punto le doy la razón a Hawkes
1.996:152) Se debe concluir que el
signifi-cado que se le otorga a las
palabras es ideológico, como
respuesta a un signo, ya que todo
es objeto de intercambio social. La
realidad, la realidad material concreta
y la compren-sión de un producto
ideológico presuponen vínculos
sociales. La cultura es así medio
ideológi-co. Hasta aquí Bajtin.
21
Revista
Córdoba/ Nº4
La estructura que aquí nos importa
es que, por distintas vías y distintas
conceptualiza-ciones, tanto Lacan
cuanto Bajtin están preocupados por
el otro y el Otro -aquello ante lo cual
el sujeto se hace reconocer, al que
se apunta "más allá de lo conocido",
en palabras de Lacan (1992b:79)-.
Ese absoluto irreductible de "cuya
existencia como sujeto depende el
valor mismo de la palabra en la que
se hacen reconocer". Ningún lector
de Bajtin dejará de reconocer a ese
Otro irreductible en "el tercero" (y,
por cierto, la semiótica lacaniana es
también triádica): el que comprende
en el futuro. Esa palabra de
reconocimiento es siempre un más
allá del lenguaje -dice Lacan-, y
condiciona todo discurso que va a
seguir. Porque el discurso incluye
actos, gestiones, contorsiones (de
las marionetas presas del juego, para
Lacan). Toda palabra, incluso si es
mentira, se sostiene por un discurso,
que lleva a negarla, refutarla,
recusarla o confirmarla. Cuando una
marioneta habla, habla alguien que
está detrás, y lo importante es saber
cuál es la función de ese personaje.
El Otro en juego, está más allá del
sujeto mismo—es la estructura de la
alusión; el punto de acolchado
representa, detenta el lugar del gran
Otro (Zizek 1992:145).
Sin extenderme más en la paráfrasis
y síntesis de la relación entre palabra,
sujeto y discurso en Lacan, me
parece evidente que las formas de
palabra en la novela o discurso en la
novela que Bajtin desarrolla para
analizar la polifonía y la dialogía en
Dostoievski
parten
de
conceptualizaciones afines, con
objetivos distintos. De hecho, ambos
imbrican al discurso consciente; es
decir, todo lo que hay de retórica en
nuestra conducta, llevados por
tareas distintas. Lo indirecto (palabra
indirecta) revela la verdad—no
olvidemos que para Freud la verdad
se dice en la equivocación, o en la
mentira.
Pero algo más. Comencé por decir
que el trabajo teórico de Bajtin es el
sistema simbólico, si bien rechaza el
saussurismo ni emplea la oposición
en torno al significante y al significado
(centrales para definir lo simbólico).
Pero conviene antes algunas
precisiones. Primero, que en su
interés por la formaliza-ción y la
estructura del lenguaje, la concepción
del signo que propuso Saussure es
fundamental. Al partir del signo como
elemento primordial del sistema
lingüístico, el nexo entre significante
y significado es necesario (remito a
Benveniste 1971b:145), como
componentes
mutuamente
consustanciales; como necesidad
dialéctica de los valores en constante
oposición. Bajtin parte de esas
pautas, pero se centra en el lenguaje
(lo que llamó en La palabra en la
novela "lenguajes sociales", sobre
TOPOS & SOPORT
retroactivamen-te
el
marco
significante que confiere el lugar y
significado simbólicos. La palabra
plena es, en Lacan, la que "atañe en
el sujeto al significante y al
significado" (1.992b:1-16); es
palabra no distorsionada.
Dentro de este registro, Lacan afirma
que no hay propiedad simbólica, de
tal forma que el plagiarismo (por
ejemplo), no existe (1.992b:117).
Justamente, en este marco querría
re-situar el problema de la palabra
referida, y el de los nombres en
Bajtin, que nos conduce a los textos
apócrifos que ya he mencionado. El
problema se puede formular de otra
forma, en término de mensaje y del
sujeto que habla. Cuando Lacan alude
a ese Otro que habla desde el
incons-ciente (y evidente-mente al
mencionar aquí el inconsciente dejo
de lado todo la interpreta-ción
lacaniana referente a la clínica), una
de las formas de palabra verdadera,
y la estructura del ser que habla en
el sujeto, alude muy directamente al
sujeto que hace que su mensaje lo
lleve otro (1.992b:65). Este plano
del otro como minúscula (forma de
alienación en que el ego habla por
intermedio del alter ego) permite
situar formas de la palabra referida.
22
Revista
Córdoba/ Nº4
He procurado no excederme al
interpretar, formulando al mismo
tiempo una hipótesis leyendo a Bajtin
a través de Lacan y a Lacan a través
de Bajtin. Y como resultado hemos
releído de otra manera, llegando
ahora a establecer las relaciones
entre ética y estética que abordan
ambos. Dicho de otra manera (y
retomando
el
comienzo):
la
formulación concreta que en La
crítica del juicio kantiana (fijación de
sus límites) se traduce en una
obligación ética determinada con la
estructura de un juicio estético. Ese
"sublime"
(para
Kant)
y
"sublimación" para Lacan mediante el
cual elevamos un objeto a la dignidad
de la Cosa (das Ding), es en Bajtin
"responsividad" y la imposibilidad de
la coartada. La mediación entre
ambos discursos viene a través del
imperativo ético kantiano, pues la
ética del psicoanálisis -según Lacanes "no ceder al propio deseo"; es
decir, al deseo del Otro más allá de
la fantasía. Y dicho con otras
palabras: "ceder en su deseo"
acompaña siempre el destino del
sujeto, y franqueado este límite, no
hay retorno (Lacan 1991:382). Ética
que se hace evidente mediante el
rodeo singular de la poesía cortesana
medieval, y que conduce a Kant: "el
límite topológico que distingue el
fenómeno moral", "el juicio moral
como tal" (375). Kant -añade- ha
articulado este límite purificándolo de
todo interés patológico. En lo
imposible se reconoce la topología de
nuestro deseo. Etica y estética,
naturalmente, ligadas a la ideología
(el mundo de los intereses).
La insistencia está en los mecanismos
fundamentales de la ideología en uno
y en el otro, aunque por distintos
motivos. En ambos, además, se trata
de un problema de interpretación: la
interpretación y la elaboración la hace
lector para Bajtin, el analizante para
Lacan, y al creador (analista), le
queda la responsabilidad del acto.
Recorriendo la diagonal del campo,
la tarea ha sido perseguir las redes
de
la
palabra,
y
en
sus
configuraciones. El problema en
ambos es la no transparencia del
lenguaje, y el análisis de las ideologías
que sostienen el orden social y lo
fundan. Si en el dominio metafóri-cosemántico la ideología es un
conjunto de marcas, y en el
metonímico-sintáctico
es
un
conjunto de operacio-nes, en el lado
del efecto de sociedad se concretan
en comportamientos y del lado del
efecto de lenguaje se concretan en
discursos (Ibáñez 1.985:121). Se
trata, en términos bajtinia-nos, de las
manipulacio-nes de la conciencia, y
recordemos sus palabras, "la
conciencia
es
ideológica".
Finalmen-te, tanto Lacan cuanto
Bajtin re-acentúan a Kant en el punto
de la ética; pero, si bien ambos se
separan del imperativo kantiano, lo
hacen por motivos diferentes. Para
Lacan una de las consecuen-cias de
la revolución kantiana en el terreno
de la razón práctica es que el mal
adquirió un estatuto propiamente
ético Kant. La idea de un "mal
original" inscrito en en el carácter
atemporal del sujeto, de su actividad
práctica -de la ética- y se completa
con Sade (Lacan "Kant con Sade"
1966), pues el imperati-vo moral
kantiano encubre el obsceno
mandato superyoico del goce. La ley
moral es obscena porque nos
impulsa a obedecer su mandato;es
TOPOS & SOPORT
este punto, Bubnova 1979); es decir,
la existencia concreta, social y
discursiva de la lengua, y cómo estos
deben analizarse en el proceso de
producción de sentido. No parece
apoyarse en la oposición entre
significante/-significa-do, que Lacan
desarrolla y traduce, pero la
dialéctica de los valores en oposición
es punto nodal para situar
retroactivamente
y
prospectivamente todo lo que
sucede en el discurso. Parece
indiscutible que Lacan amplía estos
conceptos
saussu-ria-nos:
el
significado es lo que el sujeto quiere
decir, mientras lo que dice, tal vez
sin querer, es el significante.
23
Revista
Córdoba/ Nº4
He aquí su herencia y subversión
kantiana. Pero esta ética de
responsabilidad, este acto ético y
palabra sin coartada, no se da sin
antagonismo, antago-nismo que es
siempre una especie de apertura, el
vacío de una pregunta no respondida
o irresuelta. Cada palabra sin
coartada es una torsión, en que cada
pregunta comienza a funcionar como
su propia respuesta. ¿Será entonces
que para Bajtin, el sujeto es el sujeto
de una pregunta? La posición más
clara está en su concepción ética: el
sujeto es una respuesta responsable
a la pregunta del Otro.
Podríamos entonces, y después de
tan prolija descrip-ción, sostener que
Bajtin nos invita a "no ceder ante el
deseo",
empleando
discurso
lacaniano. Es decir, no ceder ese
tesoro, objeto indefinible y precioso
que desencadena el deseo. No ceder
ante la seducción de las palabras y
de la interpretación; y aprender a ser
como Tiresias, mujer y hombre/
hombre y mujer para escuchar ese
canto de la literatura que puede
emanar tal encantamiento que
rivalice con la palabra divina. Porque
los textos tienen múltiples lecturas esta idea es característica de la Edad
Media, Dante sin ir más lejos- que
serán enriquecidos por cada
generación de lectores. Conviene
recordar aquí a Duns Scoto que
escribió que la Escritura es un texto
que encierra infinitos sentidos que
puede ser comparado con el plumaje
tornasolado del pavo real.
Leer dialógicamente -si seguimos las
indicaciones que están implícitas en
su propio acto- se relaciona con la
interrogación dirigida al texto sobre
lo que puede darnos, lo que tiene
para respondernos. La lectura
dialógica se sitúa en esta demanda,
en tanto el otro del texto puede
respon-dernos. Todo el problema
radica en percatarnos de la relación
que liga a ese objeto; relación
privilegiada que nos conduce una vez
más sobre ese manejo de verdad (y
de mentiras) en el que nosotros nos
vemos y que se inscribe en los
textos. Pero sabemos que lo propio
de las verdades es no mostrarse
nunca completas -son unos sólidos
de una opacidad pérfida-. Hay que
darles la vuelta, y aun la vuelta del
p r e s t i d i g i t a d o r. ¿ Q u é
significa
entonces interpretar, si seguimos a
TOPOS & SOPORT
un mandato imposible que no toma
en cuenta los límites que nos impone
la realidad. Esta renuncia produce un
cierto plus-de-goce (el "Goza"
sadeano).
Muy
otra
es
la
interpretación bajtiniana (quizá más
cercana a la idea de materialismo
creacio-nista de Benjamin). Si en La
ética del psicoanálisis Lacan nos
indica que la ideología del
evolucionismo implica la creencia en
un bien supremo, en una meta final
que guía su curso desde el comienzo
m i s m o - e s d e c i r, u n a t e l e o l o g í a
oculta- para Bajtin siempre hay
movimiento retroactivo, pues la
meta final no está inscrita en el
comienzo. Para Bajtin las cosas (las
palabras) reciben su significado
después; la palabra, ese signo
compartido, no finaliza, pues no hay
nada muerto de una manera
absoluta: "cada sentido tendrá su
fiesta de resurrec-ción" (1985:393).
No podemos resistir estable-cer un
hilo entre esta resurrección de lo
muertos bajtiniana, con aquella otra
perspec-tiva sobre el "Juicio Final"
como ajuste final de cuentas de la
cual nos habla Lacan en su seminario
La ética del psicoaná-lisis (1960 en
1991:351). Según Lacan, no hay
puro gasto o pura pérdida; todo se
registra en alguna parte, como una
huella, que en el momento del ajuste
final, recibirá su propio lugar de
sentido. No otra es la verdadera fibra
del edificio bajtiniano y el resplan-dor
de la palabra en su forma nueva: lo
contingente y la ética responsa-ble.
O, dicho de otra manera: la
concepción filosófica y poética de
Bajtin conduce a la convicción de que
solo a través de lo social (la sociedad,
la colectividad) puede llegar a
realizarse la misión ideal de la
autoconciencia ética del ser humano.
24
Revista
estamos hechos para la memoria,
estamos hechos para la poesía o
posiblemente estamos hechos para
el olvido". Es ir lejos. Señalemos de
qué se trata: la interpretación no es
un proceso espontáneo, asaz. Muy
pronto es ligado con lo más esencial
de la presencia del pasado, que el
análisis describe. Se descubre que el
texto y el tiempo son permeables a
la acción de la palabra. Lo que
introduce entonces el problema
abierto para nosotros: si la palabra
sostiene ¿por qué vías podrá
escuchársela? La interpretación es
a l g o e n a c t o , h a y a l g o c r e a d o r.
Fuente de ficciones, fascinacio-nes y
fabricaciones,
nos
obliga
a
preguntarnos: ¿cuál es la naturaleza
de esa ficción, cuál es su materia, su
objeto, qué se define y para quién?
Si no se responde a esto es porque
estamos
muy
lejos
de
la
interpretación. Sugería que la
interpretación que persigo—en esa
excentricidad ante el saber que
corresponde a la mujer—nos hace
percatarnos que los textos se
desenvuelven para ser oídos por
otros; es decir, para ese otro que
está ahí, aun si uno no sabe que está
ahí. En otros términos, es imposible
eliminar en la relación lectora el
alguien a quien el creador habla. No
dejemos nunca de lado el "oído" -el
escuchar-.
Este acercamiento que describo nos
induce a rechazar la ética de sentido
común y, sobre todo, a las funciones
proféticas, no por la pretensión de
decir lo que va a suceder, sino que
nos impide la función de legisladores.
Bajtin, y el acto ético, en conjunción
con los textos más conocidos, y leído
a la luz de los Borradores, nos invita
a destruir lo que es evidente y lo que
es universal, a ponernos en
movimien-to, sin saber bien dónde
estaremos, nos invita a que
contribuya-mos a plantear las
preguntas sobre los puntos débiles,
las cuarteaduras que forman grietas,
las líneas de fuerza. Nos induce a
entender que solo los que estén
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Córdoba/ Nº4
Bajtin también con instrumentos
lacanianos? Ante todo relacionar el
acto de la escritura con la
responsabilidad ética. El secreto del
impacto estético no solo está en
captar la perfección de la forma, ni
tampoco en la satisfacción que tal
perfección propor-ciona, sino en el
encuentro con una palabra que nos
permite captar la contin-gencia.
Leemos entonces cosas muy
singulares: que la obra de arte pone
en obra la verdad, que nos induce a
tomar seriamente el mal y afrontar
su enigma. Para ello hemos de
observar fascinación por la opacidad
del lenguaje poético, y esa noción
fundamental -tal vez la mayor
aportación de Bajtin a la crítica y
teoría literarias y a la filosofía del
lenguaje- de que el ser humano se
constituye como dialéctica del cuerpo
y de la palabra.
La interpretación que nos dibuja
Bajtin en el acto ético (y no menos
en los Borradores) ha de sumergirnos
en la tarea del pensar en todo su
despliegue, con la conciencia de que
no es posible, que no se puede agotar
la realidad ni el conjunto de los
problemas. Tampoco he de repetir
que la lectura responsable ha de
implícita-mente poner en tela de
juicio el fondo de creencia -ideología
cotidiana- que constituye el orden de
lo comúnmente aceptado, o, como
dice
Lacan
"los
itinera-rios
e s t a b l e c i - d o s " . Ta m p o c o r e p e t i r é
cómo intencionadamente hemos de
establecer siempre conexiones que
induzcan al lector a percibir al mismo
tiempo todos los elementos del plano
general, de forma que no nos
quedemos encerrados y nos
ahoguemos "en la prisión de
comprensio-nes estereotipadas",
como escribe Bajtin en Estética de
la creación verbal.
Creo que las siguientes palabras de
Borges nos permiten distinguir el acto
de lectura que en vano intento
p r e c i s a r, y e s e a u t o m a t i s - m o d e
repetición que seguimos llamando
interpretación. Borges nos dice:
"estamos hechos para el arte,
25
preparados para correr el riesgo,
podrán responder. 2!
Revista
TOPOS & SOPORT
Córdoba/ Nº4
26
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NOTAS:
Revista
Respecto a esta interpretación del
Juicio Final en Lacan, remito,
apártandome de ellas, a las
sugerentes páginas de Zizek
1992:189-190.
1
TOPOS & SOPORT
Aquí me guío por García Baró y
Laureano Luna y sus aportaciones al
Seminario citado.
1 No quiero repetir en estas páginas
lo que ya he expuesto en Zavala 1.
991, y mi prólogo a Voloshinov 1.
992. Sí quiero subrayar que en estos
trabajos propuse el término de
"texto único" al intentar establecer
la relación entre los textos en disputa
y los firmados por el propio Bajtin,
en lo que se refiere a una línea de
pensamiento crítico, si bien,
naturalmente, en el transcurso del
tiempo Bajtin va afinando su
pensamiento teórico y filosófi-co.
1
El artículo-entrevista lo ha
proporcionado Tatiana Buvnova, que
lo ha traducido. El texto aclara de
manera oblicua muchos de los
problemas en torno a los textos en
discusión. Véase Zavala coord. 1.
996.
1 Una versión ligeramente distinta de
esta sección apareció en El Bajtin
apócrifo y en Escuchar a Bajtin.
1 Rodríguez Monroy 1.
995a, 1.
995b, 1996 ha realizado importan
-tes y agudas aportaciones en este
sentido.
1 Sobre este punto Zizek 1.
992:192.
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