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Gandhi
Álex Covarrubias V.
Mohandas Karamchand Gandhi fue el “Gran Alma” de la inmensa nación hindú. De
muchas maneras lo sigue siendo, a pesar de que –contra la tristeza que acompañó su
muerte- la India Grande se haya desmembrado con la escisión paquistaní.
Por algo Gandhi es el Mahatma que todos pueden sentir. Voz y luz para derramar los
espíritus dispuestos a colmarse, calmándose. Sólo los insensatos se han atrevido a poner
en duda la dimensión de Gandhi. Un tamaño que el mismo Albert Einstein contribuyó a
definir al escribir para la posteridad: “Las generaciones del porvenir apenas creerán que
un hombre como éste, caminó la tierra en carne y hueso”.
Padre de la no violencia, ante los ojos de Gandhi la sencillez, la paz, la frugalidad y la
verdad no sólo eran un deber. Eran un poder. El poder mayor de todos, como sus ojos aún envueltos en la oscuridad-podían ver, hurgar, mostrar y enseñar a quien estuviera
dispuesto a aprender. ¿Pruebas? Las líneas de su pensamiento trascienden –ardientes- el
mundo contemporáneo con independencia de las divisiones y enconos humanos de todo
tipo.
Antes que nada está su idea de la paz como fin -aunada a la tolerancia como su virtudversus la violencia como su antitesis y negación de la vida misma. Es él quien nos
advirtió “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego… No hay camino para la paz, la
paz es el camino”. Es él quien rezó “La violencia es el miedo a los ideales de los
demás… Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los
demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el
secreto que me permita ponerles remedio… No dejes que se muera el Sol sin que hayan
muerto tus rencores”.
Y remataba siempre que era necesario: “Con el puño cerrado no se puede intercambiar
un apretón de manos… La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por
medio de la no violencia”.
Gandhi no creía en la posesión particular de la justicia verdadera, como no creía en el
individualismo de la verdad única y en los abusos de la libertad sin merecimientos. Sin
responsabilidades y bondades. Apuntaba: “Ganamos justicia más rápidamente si
hacemos justicia a la parte contraria … No se nos otorgará la libertad externa más que
en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar
nuestra libertad interna …”.
E insistía: Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en
otro. La vida es un todo indivisible… Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala
es el silencio de la gente buena’.
Mahatma predicaba el amor sin límites de la superación sin límites. Su alma grande de
gente simple asomaba entonces en toda su grandeza. Indicaba: “El amor es la fuerza
más humilde, pero la más poderosa de que dispone el mundo…Más que los actos de los
malos, me horroriza la indiferencia de los buenos … (Por lo que…) Si quieres cambiar
al mundo, cámbiate a ti mismo”.
En estos trazos gruesos queda cifrado el pensamiento y espíritu singular de este hombre
enormemente ejemplar atrapado en un cuerpo ejemplarmente enjuto. Como se ve,
revivir para hacer honor así sea a una sola de sus sentencias no es dable a cualquiera. Y,
si embargo, revivir para dar valor a una sola de sus sentencias podría más que bastar
para que cualquiera pueda dar sentido de trascendencia a su vida entera.
Por eso es de llamar la atención que el gobernador Eduardo Bours haya escogido una
sentencia de Gandhi para clarear los diferendos que en mala hora ha representado atizado por algunos acomedidos sin pista- con el presidente Felipe Calderón.
Recordemos la cita textual en su mensaje al Presidente: “Señor ayúdame a decir la
verdad delante de los fuertes y a no mentir para ganarme el aplauso de los débiles”.
Si esa sentencia es un augurio de que para Sonora vienen los tiempos de paz, concordia
y entendimiento de los que ha carecido últimamente, tendremos razones para
congratularnos. Será una prueba más de que Gandhi vive a la distancia. Será una prueba
también de que el Gobernador cree en sus palabras comprometidas.
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