Dime cómo hablas y te diré quién eres

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PARADIGMAS CONTEMPORÁNEOS
Grupo Coppan SC
Mayo 7, 2008
Dime cómo hablas y te diré quién eres
Una de las paradojas más sorprendentes resulta de observar cómo las cosas
más cercanas a nosotros y que más empapan nuestra cotidianidad, son las
cosas que más trabajo nos cuesta describir o analizar; como si su constante
cercanía y ubicuidad fueran velos que en lugar de acercarlas las alejan. Jeff
Deck, varias veces campeón de concursos nacionales de ortografía en Estados
Unidos, se percató de esta realidad y fundó la Typo Eradication Advancement
League o TEAL (la liga de erradicación de errores ortográficos y gramaticales).
Jeff y su equipo, pertrechados con “liquid paper” y plumones, recorrerán
Estados Unidos y corregirán todas las faltas de ortografía y gramática que
encuentren a su paso, desde los deslices en el menú de una cafetería hasta
los errores en un espectacular y registrarán sus hallazgos en su blog1. Más allá
de la paciencia y altruismo que requiere un esfuerzo semejante, habría que
preguntarnos si esta iniciativa, aparentemente lúdica, no esconde un peligro
más grave, es decir, si no nos obliga detenernos en un tema cercano pero del
que con tanta facilidad nos desatendemos, como es el caso del lenguaje, o
más específicamente, del uso que hacemos del lenguaje.
A primera vista podría parecer sencillo describir qué es el lenguaje y cuál es
su función: “el lenguaje sirve para comunicar”. Una respuesta así, que
caracteriza al lenguaje como un mero instrumento de comunicación, no sólo
resulta superficial, sino que incluso es del todo inexacta. De igual modo, una
definición que presente al lenguaje como un reflejo del mundo, como un
organismo que se adecua y retrata al mundo, tampoco resulta exacta.
El lenguaje no es un mero receptáculo pasivo, es un ente activo que no está
supeditado al mundo, sino que convive con él en una relación simbiótica.
Mundo y lenguaje se construyen mutuamente. La mayor parte de las nociones
e ideas que constituyen el “mundo humano”, sólo pueden existir gracias que
una palabra le pone nombre y apellido a una realidad. El acto de nombrar no
consiste sólo en añadir una etiqueta a algo que previamente existe, sino que
equivale a “crear” algo, a dotar ese objeto, hecho o evento, de singularidad
y por lo tanto de una existencia definida. En esta lógica, los objetos del
conocimiento sólo nos pueden ser dados a través del lenguaje; entre más
vasto sea nuestro lenguaje, más vasto podrá será nuestro pensar.
1
http://www.jeffdeck.com/teal/about.html
2
Analítica Internacional
Es por ello que resultaría indigno calificar el esfuerzo de Deck como un mero
producto del ocio o la pedantería. Llamar la atención sobre cómo una
sociedad está utilizando o “tratando” su idioma, no es esfuerzo cuyas
consecuencias sólo sean de alcance estético, ni son sólo un tema de hablar y
escribir bien o mal; o una mera cuestión de gusto o de etiqueta.
El lenguaje es el terreno común en el que una sociedad se define a sí misma,
y dónde encuentra la posibilidad de criticarse para redefinirse. Lo grave es
que en la realidad lo que realmente determina el uso del lenguaje no son las
reglas de ortografía ni de gramática, sino la forma en que lo utilizan quienes
lo hablan y escriben. Si nos asomamos a observar el uso del lenguaje en la
cotidianidad encontramos desde la escalofriante dificultad con la que se
expresan las figuras públicas - utilización de palabras rimbombantes y frases
rebuscadas que ni ellos mismos entienden-, hasta la reducción tragicómica del
lenguaje que hacen los jóvenes - “el guey este”, “la cosa esa”, etc.
La realidad cotidiana de torpeza y corto alcance en el uso del lenguaje no es
sólo consecuencia de la procacidad de los jóvenes o del desconocimiento del
lenguaje por parte de los comunicadores, oficiales y no oficiales, sino que
refleja en última instancia la cortedad en el conocimiento y comprensión de
la realidad social circundante, pues la incomprensión y desconocimiento del
lenguaje dibuja la distancia que existe entre el que habla y la realidad que lo
circunda. La pobreza en el uso del lenguaje difícilmente podrá favorecer la
agilidad de nuestro pensamiento y la potencia de nuestra capacidad crítica.
Por todo esto, hacer y exigir un uso correcto y creativo del lenguaje no es una
mera arrogancia académica, sino que emana de la necesidad de avanzar hacia
una mejor comprensión y descripción de la realidad, sin lo cual resulta
prácticamente imposible avanzar hacia otros estadios del actuar social.
Comenta Wilhelm von Humboldt, autoridad en el tema del lenguaje:
“La producción del lenguaje constituye una necesidad interna de la humanidad;
no es algo necesario sólo externamente para el trato en las comunidades, sino
que forma parte de la naturaleza misma de los hombres, y es indispensable
para el desarrollo de sus capacidades espirituales y para acceder a una
concepción del mundo a la que el hombre sólo puede llegar en la medida en
que va llevando su pensamiento hacia una mayor claridad y determinación, lo
que es fruto del pensar en comunidad.”2
“El lenguaje está profundamente imbricado en la evolución espiritual de la
humanidad, a la cual acompaña en cada etapa de su progresar o decaer aquí y
allá, y en él se reconoce el grado de cultura alcanzado en cada instante.”3
* Con la colaboración especial de Jerónimo Mohar.
2
Wilhelm von Humboldt. Sobre la Diversidad de la Estructura del Lenguaje Humano y su Influencia
sobre el Desarrollo Espiritual de la Humanidad, [trad. Ana Agud], Ed. Anthropos, Barcelona, 1990. P.32
3
Ibid. p. 26
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