pp. 19-28 - Facultad de Teología SEUT

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Boletín ENCUENTRO
19
Apocalipsis 6,9-11 «Las almas bajo el altar»
Una investigación del estado de los mártires
a la espera de la consumación escatológica
por Eddy Delameillieure
Según algunos comentaristas, la visión de las almas bajo el altar (Ap 6,9-11) constituye una clave interpretativa —quizás la principal— para todo el Apocalipsis de Juan en general y para la identidad de las
comunidades de Juan en particular1. Stephen Pattemore generalizó sobre esta forma de abordar el Apocalipsis teológicamente, al hablar de «una eclesiología
de mártires»2. En mi ensayo, voy a examinar si la propuesta de Pattemore refleja con exactitud la teología
del pueblo de Dios en el libro del Apocalipsis.
1. Las apariencias a primera vista
Lo que Juan ve y oye y después comparte con sus
lectores es —eso esperamos— más que un cuento interesante y extraño. Como creemos que el Apocalipsis
forma parte del canon, tiene que existir un núcleo de
verdad teológica (no solamente histórica) detrás de la
multitud de apariencias. La gran diferencia entre el
contenido de verdad que se le presupone y la forma
del texto, hace que a cada intérprete le sea sumamente
difícil alcanzar un entendimiento claro de las verdades que Juan tenía en mente. Parece que la forma del
género (apocalíptico) ha sido elegida para oscurecer y
velar la verdad, no para revelarla; pero no es así. Muchos de los símbolos e imágenes en el libro eran conocidos por los lectores contemporáneos de Juan. Hay
evidencia de que algunas imágenes fueron interpretadas siguiendo una guía espiritual de Juan, pero no
podemos estar seguros del valor de esa interpretación
interna. No voy a tratar el asunto de la naturaleza del
género de la apocalíptica, ni las razones por las que la
diferencia entre texto y verdad, entre apariencias y
realidad, parezca tan insuperable ante nuestros oídos
modernos. En cambio, voy a considerar las apariencias a primera vista, presuponiendo que de alguna
manera, hay una verdad teológica detrás del texto.
Juan y sus iglesias afrontaban cuestiones reales que
Juan intentó a revelar en su libro, una verdad que nos
Ver por ejemplo J.P. Heil, “The Fifth Seal (Rev 6,9-11) as Key to
the Book of Revelation”, Biblica 74 (1993), pp.220-43.
1
S. Pattemore, The People of God in the Apocalypse – Discourse, Structure and Exegesis, (Society for NT Studies, Monograph Series 128,
Cambridge UP, 2004), especialmente el capítulo 4.
2
puede confrontar hoy día también. Que entendamos o
no los detalles de la visión literalmente, por ejemplo
con almas individuales bajo el altar que claman en
tiempo real o en un tiempo paralelo, no va a afectar la
exégesis a continuación3.
Cuando enfocamos un pasaje en particular, Apocalipsis 6,9-11, somos testigos de una visión muy especial: Juan ve (εἶδον) las almas —bajo el altar( τὰς
ψυχὰς —ὑποκάτω τοῦ θυσιαστηρίου). Exceptuando
una identificación muy general y la ubicación, podemos resumir lo que Juan vio y comunicó como sigue:
1. Aparte de la cuestión intrigante de cómo es que
alguien pueda ver un alma —o cómo saber que es
un alma cuando se la ve— el caso es que es Juan
quien ve las «almas» en su visión, pero falta una
afirmación explícita de que Dios mismo las ve o las
reconoce. Esto último va a suceder más adelante en
la visión (Ap 8,4).
2. Los verbos transitivos que indican la entrega de la
ropa blanca y la instrucción de permanecer, no
revelan otros protagonistas aparte de las almas
mismas. El efecto es un aumento del sentido de
aislamiento.
3. Las almas no se identifican individual sino colectivamente. Parece que no hay mucha interacción
personal debajo del altar, quizás ninguna.
4. Esas almas son estáticas, inactivas; no hacen mucho —según lo recuerda Juan, no hacen nada.
5. Juan no nos dice si las almas bajo el altar estuvieron desnudas y se vistieron con la ropa blanca
inmediatamente. Si fuese así podría ayudar a su
reconocimiento, pero no parece ser un problema ni
el asunto principal. Sin embargo, en Ap 7,9 los
mártires aparecen vestidos, indicando que el propósito de llevarlos en primer lugar ahora se han
realizado.
Observo una diferencia entre una exégesis «a primera vista» que
respeta la forma del texto y una interpretación literal que hace una
conexión demasiado inmediata entre el texto y el significado. Siguiendo a Pattemore (p.77), hablar de «almas» en vez de «personas» puede ser una forma de mistificar el relato.
3
© 2009 Seminario Evangélico Unido de Teología — Apdo. 7, El Escorial, Madrid — www.centroseut.org
20
6. Sólo hacen una cosa: clamar (ἔκραξαν, de κράζω),
y lo hacen «en alta voz» (φωνῇ µεγάλῃ). Esto
indica (1.) que el grito proviene naturalmente del
ser de las almas, (2.) que el grito es sólo de ellas y
(3.) que la única manera de identificar las almas es
intentar entender el significado de ese grito
particular.
Hay más indicadores en el texto, pero si nos remitimos solamente a lo que Juan ve a primera vista (es
decir, sin interpretación) los seis puntos ya mencionados son todo lo que hay. Por supuesto, procederemos
más adelante a tener en cuenta la interpretación de
Juan mismo o información adicional que no se puede
«ver», pero que se ha comunicado para beneficio de
las comunidades de Juan —y nuestro. Por ahora, basta
preguntarnos cómo —en tanto que lectores— debemos pasar de lo que es aparente en lo que Juan ve y
comparte, hasta el núcleo de verdad teológica que ha
dado lugar a la visión. Para eso disponemos de varias
herramientas; las más importantes, la crítica textual y
la investigación socio-histórica.
2. Análisis textual:
Para que apreciemos por qué la visión de las almas
bajo el altar está situada donde está —es decir al abrir
el quinto sello— debemos identificar los parámetros
textuales principales. El primero será entender el cotexto del pasaje: Ap 6,1 hasta 8,1, incluso el principio
de la próxima sección, Ap 8,2-5. La sección antes del
quinto sello registra la apertura de los cuatro primeros
sellos con consecuencias desastrosas para todos los
habitantes de la tierra, incluido el pueblo de Dios4. Las
ordalías5 parecen ser universales; no discriminan entre los justos y los injustos. Al menos eso parece. Sin
embargo, desde Ap 6,9 —la apertura del quinto sello— vemos un cambio significativo en la naturaleza y
el alcance de las ordalías. Para empezar, ninguna destrucción universal ocurre en el momento del quinto
sello. En cambio, había sucedido una masacre de personas en tiempo real. Juan sólo ve la secuela de lo que
ha pasado. Estas personas (τὰς ψυχάς)6 evidentemente fueron gente justa, porque han sido muertos por
causa de su postura ante Dios. No utilizo todavía la
palabra «mártir» porque la significación original de
dicha palabra era de un testigo vivo; no necesariamente muerto por su fe. De hecho, en el momento del
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quinto sello, parece que son los justos, no los injustos,
los que caen bajo el juicio de Dios. Sin embargo Juan
rápidamente rectifica ese malentendido: el gran día
del «juicio» de Dios aún está por venir (Ap 6,17). Y la
ira de Dios está reservada para los injustos. Mientras
que el quinto sello abre la visión de los justos, el sexto
sello otra vez emite destrucción universal, pero ahora
junto con una visión adicional de los injustos. La discriminación entre los dos grupos está intensificada al
definir a los injustos como «los reyes de la tierra, y los
príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes (οἱ
ἰσχυροί), y todo siervo y todo libre» (Ap 6,15). Llamamos el primer grupo el pueblo de Dios; y el segundo, «los que moran en la tierra» (τοὺς κατοικοῦντας
ἐπὶ τῆς γῆς) según los encontramos más adelante en
el Apocalipsis, sometidos a infortunios adicionales7. A
menudo resulta arriesgado distinguir claramente entre dos grupos de personas, particularmente con la legislación antidiscriminatoria de hoy. Hay comentaristas que argumentan que al fin y al cabo los dos grupos
serán reunidos, como si la destrucción está subsumida
escatológicamente bajo el conjunto8. Por eso, me parece correcto elaborar este punto un poco más.
En primer lugar, se acepta en general que una de
las fuentes del Antiguo Testamento que han influido
en los escritos de Juan es la de la historia del Éxodo9,
la liberación del pueblo de Dios de la esclavitud de
Egipto que ocurrió al final de los diez «juicios»10. Las
tres primeras plagas sucedieron en todo el país de
Egipto y afectaron a todos, sea egipcio o israelita. Sin
embargo desde la cuarta plaga, empezamos a ver la
creación de una «distinción entre mi pueblo y tu pueblo» (Éxodo 8,22.23), donde la tierra que habitaban los
israelitas, Gosén, quedaba «apartada» o eximida. En
casi todas las plagas siguientes el escritor tomó nota
7
Apocalipsis 8,13; 12,12; 17,2.8
J. P. M. Sweet, “Maintaining the Testimony of Jesus: The Suffering
of Christians in the Revelation of John”, en W. Horbury & Brian
McNeil, Suffering and Martyrdom in the New Testament (Cambridge
University Press, 1981), pp.109-115.
8
Las otras fuentes para Juan que proceden del Antiguo Testamento
son: Isaías, Ezequiel, Daniel y Zacarías. Se puede ver una clara alusión a las plagas de Egipto en el relato de las siete copas en Apocalipsis 16, especialmente la tercera copa que implica un vínculo con
el altar en el séptimo sello (Ap 16,5-7).
9
10 Hablando
4
Ver Salmos de Salomón 13,2-3; 15,7 y Sirac 40,8-9
No los llamo «juicio de Dios». Ver más adelante la distinción entre
dichas ordalías universales y los juicios de Dios.
5
6
Primera aparición de «psyche» en el Apocalipsis.
técnicamente, las 9 primeras plagas – como los cuatro
primeros sellos – no son «juicios», sino «ordalías» o pruebas en las
que el Faraón está ofreciendo una ruta de escape. Solamente en
Éxodo 12,12, el momento de la última plaga —la matanza de los
primogénitos— Dios por fin está ejecutando el juicio. El hecho de
que hay 7 sellos y no 10 no es crítico, porque los números sólo son
aplicables a su propio contexto.
Boletín ENCUENTRO
particular de ello, diciendo que la plaga no afectaba a
los israelitas11.
En segundo lugar, viendo la lista de Apocalipsis
6,15, no parece claro de inmediato por qué es que los
que moran en la tierra son designados como «injustos», mientras que los que fueron muertos y ahora están bajo el altar son identificados como «justos». Sin
embargo, desde el texto, podemos discernir algunos
contrastes claros entre los dos grupos:
1. Primero, en términos del lugar o ubicación.
2. Segundo, su cercanía a (o distancia de) Dios, y
por asociación, su estatus delante de Dios.
3. Tercero, lo que dicen o hacen: A quién llaman
con su voz y cómo buscan poner fin a su
situación.
Y finalmente, como Dios sella su destino.
La ubicación donde están las almas en la visión
tiene un significado contrastante. Los justos están bajo
el altar, por lo visto el altar del incienso que estaba
normalmente en el templo, en el lugar santo. Existe
cierto debate sobre el significado de «debajo» (ὑποκάτω). Algunos dan un sentido en relación a una u otra
cosmología del tiempo12.
Notablemente, una localización parecida está prevista para los injustos: No debajo de unos altares sino
debajo de montes y peñas, bajo el suelo en cuevas.
Una diferencia entre los dos grupos es que los primeros no estaban buscando su lugar debajo del altar por
ellos mismos; alguien o algo ha de llevarlos allí. Por el
contrario, los injustos se esmeran por hallar un lugar
«debajo»13. Por supuesto, se debe entender el sitio
mismo de manera relativa, no cosmológicamente como si hubiese un submundo situado literalmente bajo
la superficie de la tierra. Las ubicaciones deben ser
concebidas en relación con el lugar donde Dios mora,
es decir su trono en el cielo (Apocalipsis 4) —los cielos
normalmente se entienden situados por encima de la
esfera terrenal. Si el altar del incienso debe entenderse
situado en el templo del cielo, se puede concluir que
11 Éxodo
9,4 (5º plaga), Éxodo 9,26 (7º plaga), Éxodo 10,23 (9º plaga),
y por supuesto lo más memorable en Éxodo 12, donde el ritual de la
Pascua protegía a los israelitas de todo daño.
B. J. Malina & J. J. Pilch, Social-science Commentary
on the book of Revelation, (Fortress Press, 2000), pp.101ss. En el primer
siglo, había dos cosmologías principales. Juan, que escribió el Apocalipsis, derivaba sus ideas de la cosmología más antigua de un
universo en tres plantas: el cielo, la tierra y un submundo. También
había una cosmología helenista más reciente, que podemos encontrar en las cartas de Pablo y que situaba la tierra en el medio, con
hasta 7 cielos alrededor.
21
«debajo del altar» sugiere que los muertos todavía
moran en la tierra. Pero si, al contrario, Juan vio un
altar terrenal, entonces las almas se encuentran en el
submundo, el Hades, el lugar de los muertos. De todos
modos, no debemos concebir el altar del incienso en
términos espaciales. Una interpretación más útil sería
entenderlo como un signo de sumisión; están bajo una
autoridad.
El segundo contraste entre los dos grupos tiene
que ver con la cercanía a (o distancia de) Dios, especialmente está relacionado con su estatus «delante de
Dios». Las almas que han sido muertas están muertas,
obviamente, aunque no completamente. A causa de
su posición muy cerca del altar del incienso, se encuentran dentro del templo divino, cerca de la presencia de Dios14. No están completamente vivos tampoco,
porque esperan la revivificación para la vida eterna.
No se dice en Apocalipsis 6 que tengan contacto personal y directo con Dios mismo. Sin embargo están
esperando, quizás impacientemente, salir de debajo
del altar, ser liberados, en preparación para lo que va
a tener lugar después en Apocalipsis 7,9, la gran compañía con vestiduras blancas. Les parece difícil esperar hasta poder colocarse delante del trono de Dios y
mirarle cara a cara.
Por otro lado, los injustos en Apocalipsis 6,15 parecen estar muy vivos, aunque están muertos espiritualmente delante de Dios. Además, su muerte espiritual está causada por ellos mismos, así que procuran
activamente ocultarse de la presencia de Dios.
Puesto que el primer grupo está buscando a Dios
continuamente, no nos sorprende que los justos hagan
todo lo que pueden para encontrarle o, por lo menos,
comunicarse con Él. Representan las personas sin poder; la búsqueda de ayuda (o el sentimiento de que
necesitan ayuda) es probablemente la única cosa que
pueden hacer (o contemplar) desde donde están. Todas sus energías están concentradas en clamar a Dios.
Oran. No una especie de oración muda, sin voz, sino
un gran grito (φωνῇ µεγάλῃ). Dios, descrito en el
versículo 10 como «Soberano Señor (ὁ δεσπότης), santo y verdadero», es su última oportunidad para poner
fin a su situación. El término «soberano» traduce el
griego «déspota», que se asocia hoy día con regímenes
totalitarios pero que es aquí una afirmación de que
12 Especialmente
13
Vea Isaías 2,10.19.21.
Agradezco al Profesor Dionisio Byler quien ha clarificado en su
ponencia para el JRT de noviembre 2009 que en la visión del Apocalipsis no hay templo en el cielo, sino tronos y una ciudad. Se puede
postular que un propósito principal del templo terrenal —ofrecer
sacrificios— se acabó definitivamente. Entonces, el altar en la visión
de Juan es el altar del incienso, que simboliza las oraciones de las
almas.
14
22
Seminario Evangélico Unido de Teología
Dios puede y va a tener la última palabra. Obviamente, no es bueno para ellos quedarse en este lugar —debajo del altar— para siempre. Si la historia termina
bien, las almas deben ser levantadas desde el Hades, el
submundo, y recibir autorización para estar de pie delante de Dios. No puede ser algo que puedan conseguir ellas mismas. Deben esperar el tiempo determinado por Dios; Dios, que es soberano, tiene todo el
poder en el cielo y en la tierra; Él lo va a hacer.
No hay una referencia parecida a Dios en el segúndo grupo. En vez de llamar a Dios, ellos persisten en
ignorarle. Desde su posición de poder relativo, mandan estructuras sin vida —como montes y peñas—
para hacer lo que quieren. No hay consciencia de Dios
como «el Soberano», como Señor de sus vidas y sus
destinos. En cambio, es su propio poder como reyes y
comandantes, como ricos y poderosos —claramente
una apropiación pecaminosa de la soberanía de
Dios— lo que les inhibe de ver un poder más grande
ante el cual deben arrodillarse. La manera que buscan
poner un fin escatológico a su situación, es parecida a
cómo Faraón endurece su corazón más allá de la posibilidad de redención.
Finalmente, debemos tener en cuenta cómo Dios
sella sus destinos respectivos, lo que nos lleva a estudiar la metáfora de «sellar» (σφραγίζω) en el Apocalipsis, tanto en relación con esos dos grupos como en
relación con otra metáfora, la de un rollo de libro (τὸ
βιβλίον). Todo el capitulo siete constituye un interludio antes de la apertura del séptimo sello (σφραγίδα)
del rollo principal. Funciona como un comentario extendido sobre el grupo de los justos, dividido en dos
partes: los 144.000 y la gran compañía (ὄχλος πολύς).
No me preocupo aquí con la identificación exacta de
quién pertenece a qué parte o si hay una diferencia
relevante entre los dos. Por lo que a los justos incumbe, tanto los 144.000 como la gran compañía pertenecen a este grupo principal. Está claro por el texto
mismo, que los «siervos de nuestro Dios» (τοὺς
δούλους τοῦ Θεοῦ ἡµῶν) —otra referencia a los
144.000— reciben de una forma u otra «el sello del
Dios vivo» (σφραγῖδα θεοῦ ζῶντος) (Ap 7,2). Son
«sellados» con un signo en sus frentes, el lugar tradicional para el sello escatológico15. En este estudio, voy
a entender los 144.000 como representantes de todo el
pueblo de Dios, incluso de los que están «vestidos de
ropas blancas» (Ap 7,9). Hay una conexión directa entre ellos, «los que han venido de la gran tribulación»16
15 Ezequiel
16 El
9,4; Salmos de Salomón 15,10
periodo de la tribulación corresponde al reino de tres años y
medio del Anticristo, como figura en Apocalipsis 13,5-10.
(θλίψις, Ap 7,14) y las almas debajo del altar (Ap 6,911).
El propósito del sellar puede interpretarse de diferentes maneras, a veces como protección, como un
amuleto, para que las ordalías mencionadas en Apocalipsis no pueden dañar a los sellados. Hay verdad
en eso cuando vemos versículos como Apocalipsis
9,417 y la analogía de la celebración de la Pascua: los
que están cubiertos por la sangre del Cordero fueron/son protegidos contra las langostas (Apocalipsis)
y el ángel de la muerte (Éxodo). Es en este sentido que
debe entenderse el contraste con el otro grupo de los
injustos. Los otros no son sellados con el sello de Dios.
Entonces, están más abiertos y son más vulnerables
con respeto a todos los juicios de Dios, así como al engaño demoniaco y en última instancia, a la muerte y
destrucción. Los que profesan lealtad a la bestia son
marcados también pero confusamente —algunos dicen que irónicamente— con un signo (Ap 13,16-17);
sin embargo, no se llama un «sello” (σφραγίδα) sino
una «marca» (τὸ χάραγµα)18 que, en vez de ofrecer
protección, les induce a caer victima de ambas plagas
(Ap 16,2) y del castigo eterno (Ap 14,9-11). Entendido
así, el escritor del Apocalipsis quiere animar a su comunidad diciendo que —en contra de todas las apariencias— están del lado victorioso y por implicación,
los injustos van a salir mal parados en la prueba. Las
almas debajo del altar no parecen estar compartiendo
todavía la victoria, aunque sólo faltan unos breves
tiempos antes de que todo el mundo cambie de fortuna.
Hay otro aspecto o propósito del concepto de «sello» en el Apocalipsis. Es la cuestión de dar testimonio (µαρτυρία) o ser testigo (µάρτυς)19. Este segundo
significado nos aparta bastante del tema de la victoria
—donde uno de los dos grupos necesariamente sufre
derrota— al introducir y destacar un tema igualmente
importante, el del sufrimiento. Aquí tenemos la dualidad20 de victoria y sacrificio, muchas veces contemplada y tan típico también de la muerte de Cristo en
17 También
Apocalipsis 3,10 y 7,3.
18 De
modo interesante, charagma fue usado también para designar
el sello del Imperio Romano.
Por eso, no creo que los siete sellos en Apocalipsis 6-8,1 indican
una secuencia cronológica (al contrario que las siete trompetas y las
siete copas, que puede que sí). Esto lo confirma la idea de que el
rollo de pergamino solamente puede abrirse por primera vez cuando todos los sellos fueron abiertos. Ningún sello particular abre una
ventana temporal.
19
20
Algunos dicen «paradoja».
Boletín ENCUENTRO
todo el kerigma cristiano21. Es este segundo aspecto lo
que constituye la clave para conocer la identidad de
las almas bajo el altar en particular y para el martirio
en general. Hay un largo conjunto de símbolos en la
literatura apocalíptica sobre rollos de libros sellados
(Ap 10,4; Daniel 12,4), rollos comidos por profetas (Ap
10,9-11; Ezequiel 2,10-3.1) y rollos abiertos (Ap 6,1ss).
En un sentido general, un rollo o libro oficial codifica
la verdad22; si se alega que lo que está escrito por dentro es la verdad, el rollo debe ser sellado y verificado
por testigos. El sello representa simbólicamente que la
verdad contenida en el rollo ha sido debidamente
atestiguada. El rollito o pequeño rollo en Apocalipsis
10 contiene la verdad de la visión del libro, de la que
Juan es el principal testigo. En Apocalipsis, significa
lo que Juan recibió de Dios en una visión y lo que debe profetizar o proclamar a su comunidad. Es el librito que tiene que comer (Ap 10,8-11). Además, mientras el rollito representa «las palabras de la profecía de
este libro» (Ap 22,10), el gran rollo representa la Palabra de Dios misma. En un sentido más profundo no es
solamente «el testimonio de Juan» o su martirio acerca
de Jesucristo sino principalmente «el testimonio de
Jesús» o su martirio ante Dios, la homología de Jesús o
el martirio de Dios mismo. Los dos tipos de martirio
están muy estrechamente relacionados, así como el
librito está relacionado con el gran rollo del libro que
sólo puede abrir el Cordero (Ap 5). En esencia, Jesús
es «el testigo fiel y verdadero» (ὁ µάρτυς ὁ πιστὸς καὶ
ἀληθινός; Ap 1,5; 3,14; 19,11) y todos los demás mártires le siguen en su testimonio: Juan, las almas bajo el
altar y también los «dos testigos» (Ap 11,3), etc. Dar
testimonio significa mantenerse firme y fiel, sostener
un único testimonio —el testimonio de Jesús— ante
toda oposición. En la iglesia primitiva dicho testimonio casi siempre conlleva sufrimiento, aunque el sufrimiento en sí nunca constituye el kerigma o el contenido del martirio. Entonces, no es seguro que el
«martirio» siempre implica la muerte, pero no hay
duda de que hay que estar dispuestos a dar la vida
por el testimonio de Cristo —exactamente como Jesucristo ha dado la suya— a pesar de que esto puede su-
Según E.G. Selwyn, martyria es un mejor concepto para describir
el núcleo del mensaje cristiano. Dice que el término kerygma «ha
quedado demasiado trillado» (citado en J. P. M. Sweet, “Maintaining the Testimony of Jesus”, p.107 nota 21). El sentido principal de
«dar testimonio» nos obliga a reflexionar sobre qué es el testimonio
(¿el mensaje?) que tenemos que publicar o mostrar a los demás. La
identidad del mártir depende de la respuesta. En el Apocalipsis no
tenemos la impresión de que las comunidades de Juan ignoraban o
se sentían inseguras sobre el qué de su testimonio. El enfoque está
más en la motivación para pertenecer o no pertenecer.
21
Como las dos tablas de piedra que contenían los diez mandamientos en Éxodo.
22
23
ceder en realidad. Este trasfondo de ser testigos fieles
nos ayudará a determinar la identidad de las almas
bajo el altar.
3. Intento del autor y respuesta del lector
Por consiguiente, presuponemos una correlación
significante entre cómo los dos grupos previamente
identificados están contrastados textualmente y las
cuestiones que preocupaban a las comunidades de
Juan históricamente. El propósito inmediato de Juan
fue animar a las comunidades cristianas, especialmente las siete iglesias en Asia a las que Juan escribió explícitamente. Juan quería que supieran que estaban
del lado victorioso. Pero no sólo esto. Juan también
quería que se preparasen contra todas las apariencias
falsas que sugiriesen que ellos eran los perdedores.
No era una victoria simple y sin complicaciones como
en un partido de fútbol. La realidad de la vida cristiana en las comunidades de Juan fue tal que la oposición contra la fe cristiana hacía que fuera más fácil
creer que estaban del lado derrotado. La oposición
contra la fe cristiana (como en Apocalipsis 2 y 3) fue
variada, tanto dentro de la iglesia como afuera. Podemos asumir que había alguna persecución instigada
por los poderes romanos. En cuanto a la oposición interna, podemos pensar en el engaño, la conformidad
con el mundo, la inmoralidad y la idolatría, etc. Está
claro que en esta situación histórica la tentación y la
presión social para cambiar de lealtad —en otras palabras, para cambiar el sello— fue enorme. Es el cambio de pasar de pertenecer al grupo de los justos, al de
«los que moran en la tierra». De las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis 2 y 3, solamente dos reciben
una aprobación sin reservas, Esmirna y Filadelfia.
Ahora estamos en disposición de poder reconstruir
algunas de las preocupaciones clave de las comunidades cristianas en Asia menor. Cada preocupación
implica una apariencia temporal que constituye un
desafío a la verdad eterna. Por ejemplo, muchos cristianos tienen la idea correcta de que el evangelio es la
buena noticia de la victoria de Dios en Jesucristo. Pero, ¿cómo armonizar esta idea con la realidad triste en
la práctica, donde la iglesia joven experimentó marginación y discriminación? Para muchos, las dos historias, la de victoria y la de sufrimiento, parecen estar
en conflicto, ser incompatibles. Por causa de la constantinización de la iglesia posteriormente, esta tensión
ha desaparecido históricamente en cierta medida: la
iglesia se hace victoriosa por causa de su poder institucional, ya no por causa de sus mártires. Sin embargo, como el cristianismo hoy ya no domina más —
especialmente en las partes occidentales del mundo—
los cristianos de nuevo empiezan a encontrarse en si-
24
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tuaciones parecidas a las de las iglesias de Juan. Entonces, podemos aprovechar lo que hay en el posicionamiento de Juan que nos llama la atención también
en nuestra situación contemporánea. Seguramente, las
apariencias son diferentes ahora, pero son apariencias
de cualquier modo y como siempre, necesitan una
respuesta real, verdadera y fiel al sumo testigo.
1. El primer interés tiene que ver con un sufrimiento general que padece todo el mundo creado23.
De alguna manera, las guerras, el hambre, las enfermedades, los terremotos y tsunamis, etc., siempre han
ocurrido y continúan ocurriendo. La cuestión que interesa mucho a las iglesias hoy día es en qué medida
dichas calamidades propias del fin del tiempo —
digamos la tribulación— pueden afectar tanto a los
justos como a los injustos24. ¿No debe existir una dispensación especial para los cristianos en forma de
protección divina contra aquellos males naturales —
digamos el arrebatamiento— como el pueblo de Dios
en la historia del Éxodo fue salvado mientras que los
egipcios no? ¿Por qué no hay —aparentemente – una
distinción clara entre los dos grupos? Se dice que es
justo y propio que los injustos sean castigados, que
reciban lo que merecen; pero está claro que el sello de
Dios debe inmunizar a los cristianos, ¿no?25 ¿Fue esa
una preocupación de Juan y de sus comunidades también? ¡No exactamente! Primero, el sufrimiento general y universal no es la misma cosa que el juicio. La
palabra «juicio» (κρίµα), que es lo que reclaman las
almas bajo el altar (Ap 6,10) aparece por primera vez
después (Ap 6,17). A partir del séptimo sello hay un
juicio junto con una diferenciación notable entre los
justos y los que moran en la tierra; es decir, después
del silencio en el cielo (Ap 8,1), cuando suenan las siete trompetas y se vierten las siete copas. En el primer
siglo, el sufrimiento universal no fue un problema tan
grande para la teodicea como lo es ahora. El mal natural se concebía como la consecuencia para toda la humanidad de su pecaminosidad original, no el resultado de pecados concretos (estableciendo un vínculo directo entre determinados pecados y el juicio de Dios).
Las calamidades naturales solamente son los presagios del juicio, no el juicio mismo. Ver Mateo 24,6: «Es
necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el
fin»; el fin significa el juicio que está por venir. Aquellos desastres no son nada más que —hablando metafóricamente— el enrollamiento de un rollo26. Así que
los males naturales también afectan a los cristianos; no
constituyen un signo del juicio divino. Lo que cuenta
para los cristianos es ser perdonados de las consecuencias de sus pecados actuales, de la ira de Dios y
de su juicio, ser capaces de mirar a su Creador cara a
cara. La muerte no es el último mal natural que viene
sobre cada persona. Lo que cuenta es lo que pasa después de la muerte, o —recurriendo a la metáfora de
Apocalipsis 6.9-11— dónde se encuentra cada cual. El
único lugar de protección espiritual está «bajo el altar»27; es decir, bajo la protección del sacrificio de Cristo; porque el altar habla de la vida y de la sangre del
Cordero.
Observamos que los injustos responden diferentemente a los grandes eventos naturales que se revelan en el sexto sello: Ap 6,12-14. En vez de llamar al
Creador de la naturaleza, intentan mandar sobre las
cosas inmateriales de la naturaleza. El hecho de decir
«a los montes y a las peñas» (Ap 6,16) indica un intento autodestructivo de buscar ayuda dentro del orden
natural para protegerse de la naturaleza misma28.
Ellos no quieren ver la faz de Dios; es decir que no están preparados para el día de la ira de Dios y para su
juicio. Posiblemente acusan a Dios de estas calamidades naturales y exigen protección e inmunidad. Sin
embargo, la clave interpretativa es que no buscan esa
protección «bajo» (ὑποκάτω) la obra completa de
Cristo sino bajo otra cosa.
24 En
2. Una preocupación más frecuente que las comunidades de Juan tenían, fue con respecto al martirio; es decir, el abandonamiento de su vida hasta una
muerte cruel y vergonzosa por causa del testimonio
de Jesús. Esa forma de muerte, ¿puede tener sentido?
¿Vale la pena? Si es por los presuntos beneficios que el
martirio aportaría a la iglesia, hay que decir que no,
que es una pérdida de vidas inocentes. La datación de
Apocalipsis más favorecida es la del Emperador Domiciano (90-96 CE). Aquella persecución no fue tan
extensa y no estaba dirigida solamente contra los cristianos sino que incluyó otros grupos también. Aquí
sólo se menciona por nombre un único mártir, Antipas, mi «testigo fiel» (Ap 2,13). Hubo persecuciones
anteriores, en la época de Nerón (54-68CE); y aunque
la persecución bajo Domiciano fue menos severa, Juan
escribió su profecía desde el exilio en Patmos «por la
25 Hay
26 Ap
23 Vea
Pattemore, p.72, citando Sirac 40,8-9.
61 EC, la ciudad de Laodicea sufre un terremoto devastador.
Rechazaron la ayuda del imperio para la reconstrucción por causa
de una autosuficiencia orgullosa. Ver Apocalipsis 6,12.
excepciones en caso de algunas plagas para aquellos que no
tienen la marca de la bestia (por ejemplo las langostas en Ap 9,4),
pero las excepciones no aparecen tan frecuente como en las plagas
del Éxodo.
27
6,14.
Ver 1 Samuel 2,33.
28 Ver
Salmos 11,1; 46,1.2; 121,1.2; Isaías 2,19.21.
Boletín ENCUENTRO
palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo» (Ap
1,9). Podemos decir que en nuestra situación occidental hoy día, el martirio y dar testimonio tampoco se
solapan necesariamente. Sin embargo el contexto de
Juan fue diferente, en la medida en que empiezan ya a
unirse estas dos ideas, utilizando la misma palabra
griega. Martirio —µαρτυρία— empezó etimológicamente significando la calidad del mantenimiento del
testimonio de Cristo. Más adelante, por desarrollos
históricos, acabaría por significar algo diferente: alguien muerto por su fe29. Está claro en el libro del
Apocalipsis que Juan nunca quiere minimizar o menospreciar las consecuencias —posiblemente horrorosas— de ser un seguidor de Cristo. Ser un cristiano es
igual a estar dispuesto a seguir a Cristo por todo el
camino, aun hasta la muerte de un mártir. Si alguien
no estaba de acuerdo con Juan —y parece que tenía
opositores en las iglesias a las que escribió— creando
una especie de acomodación entre los intereses de
Cristo y los intereses del mundo, se entiende que estaba poniendo en entredicho el propio mensaje que
debía testificar con fidelidad suprema. En este contexto se pueden comprender las fuertes líneas divisorias
entre los justos y los injustos, entre los que tienen oídos para oír lo que el Espíritu dice y aquellos que no
los tienen. No podían compartir un espacio común.
No es un mensaje fácil de predicar para Juan, ni de recibir para las iglesias. Sin embargo, la visión del Cordero y sus seguidores podía aportar el ánimo necesario para cada cristiano/a que contemplaba su situación. Como Jesús fue el Cordero crucificado, ahora
victorioso, así también los que fueron muertos por su
fe serían vindicados últimamente. Por eso, la visión de
las almas bajo el altar tiene un papel medular en el libro del Apocalipsis: su sacrificio no fue un desperdicio porque el Señor va a volver a ellos, vindicarles y
recompensarles con el último premio: las vestiduras
blancas de la justificación. En el centro del argumento
de Juan a favor del martirio está la paradoja de victoria y sacrificio. Aunque el sacrificio parece carecer de
sentido, la victoria está prometida, asegurada, sellada.
Precisamente como sucedió en la cruz de Jesucristo.
3. Otro asunto es más metafísico: ¿Qué ha pasado
con aquellos mártires y qué pasa con los mártires en
general? ¿Dónde están ahora? ¿Tenemos que atribuir
significado metafísico a las «almas bajo del altar»? ¿O
es una ilustración metafórica pura? No fue excepcional entre los cristianos de aquella era hacerse cuestio-
29 En
esta época, no estaba limitada a mártires cristianos, puesto que
se incluyen mártires judíos del Antiguo Testamento. Ver Hebreos
11,32-38.
25
nes metafísicas30. Es casi seguro que había mucha especulación metafísica cuando Juan recibió sus visiones. Tenemos evidencias de que Juan aceptó cierta
cosmología como normativa, una cosmología que
consistía de tres capas era lo más tradicional en aquel
tiempo: La tierra se entendía situada entre el cielo y el
submundo (el Hades o el Sheol). Las almas bajo el altar
están situadas, entonces, en el submundo, la región de
la muerte31. Cómo se debía imaginar exactamente esta
región de los muertos da tema para especulaciones
muy excéntricas. No intento añadir mis propias ideas.
Sin embargo, algunas cosas son relativamente sencillas de deducir por el texto, el co-texto y el contexto
histórico:
· El lenguaje es apocalíptico, por consiguiente no hay
lugar a una interpretación literal.
· Podemos inferir que las almas nos refieren a unas
personas reales que han vivido y fueron muertas
por su fe32. Entendido así, la visión en Apocalipsis 6
casa bien con la evidencia histórica de la
persecución cristiana en aquel tiempo.
· Está claro que esas personas ahora están muertas,
pero para Juan la muerte no es lo mismo que la «noexistencia». Algo continua de una manera u otra, en
una especie de existencia, aunque el cómo y el qué
no queda nada claro. Hay un remanente que —según Apocalipsis 6— como colectivo de personas,
tiene que completar un papel escatológico importante. En este sentido, se pueden entender como
vivas delante de Dios.
· La palabra «alma» (ψυχή) nos lleva a considerar el
ser humano en su totalidad, no solamente su parte
material o inmaterial. Por eso, no sería aconsejable
poner «cuerpo» como sustituto completo de psyche,
por su connotación materialista hoy día33. La palabra hebrea nephesh se aproxima más al sentido original. Tampoco sería legítimo preguntar cómo es posible que Juan vea a una persona muerta. El contexto
en Apocalipsis 6 no les presupone ser incorpóreos.
30 Ver
1 Corintios 15 y 1 Tesalonicenses 4,13ss.
31 Observamos
también el ascendiente de una nueva cosmología
helenista en la que la tierra está en medio del universo, rodeada de
siete esferas celestiales. Está en evidencia en las cartas de Pablo pero
no en el Apocalipsis.
32 Solamente
un mártir está mencionado individualmente por nombre, Antipas, en Apocalipsis 2,13. Esto puede generar dudas sobre
un significado histórico de la visión en Ap 6,9-11. Sin embargo, en
la parte visionaria los protagonistas no son mártires individuales
sino solamente los mártires como colectivo.
33 Robert
W. Wall, Commentary on Revelation, (Michigan: Hendrickson Publishers, 1991), p.111.
26
En esta visión apocalíptica no se presupone la existencia de ningún espíritu incorpóreo, pero eso no
significa que debamos desechar la idea de la separación del cuerpo y el alma a la muerte, ni la existencia de almas inmateriales. Como ilustra la literatura
paralela, ambas posibilidades eran concebibles en
aquella época34. La idea de que los muertos son almas separadas de sus cuerpos se halla en 4 Esdras35.
Otra literatura apocalíptica contemporánea con el
Apocalipsis de Juan no distingue entre cuerpo y
alma en la muerte: 2 Baruc y pseudo-Filón36. Todos
hablan del Hades como los «aposentos de las almas»,
una manera muy común para referirse al lugar de
los muertos o las sombras.
· Aquí se presupone la continuación de la vida humana individual más allá de la muerte, aunque no está
claro exactamente cómo podemos comprender esa
continuación. Quiero reiterar que no es una preocupación de Juan; sería una exégesis incorrecta intenar
sacar algo de un texto que el propio texto no contiene37. Por contraste, otros textos, la mayoría extrabíblicos, han explorado más allá el tema de una
supuesta naturaleza intermedia.
· Las almas de los mártires claman a Dios. Esto es
consecuente con muchas referencias en el Antiguo
Testamento que hablan de la sangre de víctimas
inocentes que reclaman a Dios ser vindicadas. No
debemos bordar el punto de si estas almas que claman son o no conscientes de sí mismas. La sangre
está tan entrelazada con la vida de la persona que
las dos expresiones básicamente tienen el mismo
sentido y el mismo propósito: clamar a Dios para
obtener justicia.
4. El retraso de la parusía es un fenómeno en la
iglesia primitiva bien atestiguado; pero aquí tenemos
un contexto especial para volver a considerar este retraso: ¿Por qué tarda «tanto» antes que Dios responda
y asuma la causa de los elegidos? La frase «¿Hasta
cuando?” (ἕως πότε) es única aquí en el Apocalipsis,
pero se la puede encontrar en otras partes como una
Seminario Evangélico Unido de Teología
formula, por ejemplo en el Antiguo Testamento38 y
otra literatura apocalíptica39. Utiliza el formato de
principio de una escena típica en la que un cliente
ruega a su patrón que lo vindique40. Los lectores de
Juan habían esperado para pronto la segunda venida
del Señor del cielo y el reinado de Dios establecido en
la tierra. Esta frase revela los sentimientos de aquellas
personas en la audiencia, de que «demasiado» tiempo
había transcurrido entre el hecho del ultraje (la persecución de los cristianos) asociado con la petición de
justicia, y la culminación de la recompensa justa. Robert Wall propone la posibilidad de que las comunidades de Juan se encuentren en la misma posición que
los cristianos en 2 Pedro 3.3-4 que fueron atacados por
oponentes —quizás de su propia iglesia— que ridiculizaron la esperanza cristiana en la segunda venida de
Cristo y el juicio final41. Independientemente del fondo de la cuestión, existen tres posiblidades respecto a
la resolución escatológica esperada por los oyentes: 1.
Pueden asumir la responsabilidad por sí mismos, haciéndose con posiciones de poder. 2. Pueden acabar
por suponer que Dios es impotente, que no está dispuesto o es incapaz de responder. O, 3. Pueden confiar que Dios tiene un poder absoluto sobre el futuro y
sobre la segunda venida de Cristo; que ésta va a suceder en el tiempo ordenado por Dios.
A continuación vamos a tratar las tres posibilidades, analizando el texto en busca de más pistas.
5. La primera posiblidad —asumir la responsabilidad política por su destino— era la opción de la resistencia armada como la de los Macabeos y los Zelotes. Fue una posibilidad real en el tiempo de Juan
también, pero que él quería deslegitimar, aunque con
ciertas matizaciones. El lenguaje de vindicación, por
ejemplo, nos parece poco cristiano. Cristo Jesús oró
por sus perseguidores en la cruz; no pidió castigos para ellos ni victoria para sí. Esteban, el primer mártir,
hizo lo mismo. Sin embargo, el amor y la misericordia
de Dios han sido concebidos a veces como una presuposición, como algo demasiado dulce y ligero, tan
acomodado a nuestra propia visión, que se nos hace
difícil ver cómo al final la justicia pueda resultar victoriosa. Aunque entendamos algunas enseñanzas de
Ver Richard Bauckham, The Fate of the Dead, Studies on the Jewish
and Christian Apocalypses (Leiden: Brill, 1998), p.281.
34
Por ejemplo 4 Esdras 7,32; 78; 88-89; 100. Para un paralelo cercano
a Ap 6.9-11, ver 4 Esdras 4,35-37.
35
Apocalipsis siríaco de Baruc o Libro II de Baruc 21,23; 30,2 y
pseudo-Philo (LAB 15:5). Para un paralelo cercano a Ap 6, ver 2 Baruc 23,4-5a.
36
37 Ejemplos
de especialistas que han interpretado Apocalipsis 6 de
esta manera: Jonathan Knight, Revelation, (Sheffield Phoenix, 2008),
p.69; David E. Aune, Word Commentary on Revelation, 6-16, (T. Nelson, 1998), p. 404.
38 Por
ejemplo Salmos 6,3–4; 13,1–2; 35,17; 74,9–10; 79,5; 80,4; 89,6 y
los salmos de imprecación; Isaías 6,11; Zacarías 1,12 (una referencia
directa a los cuatro jinetes del Apocalipsis 6,1-8)
39 1
Macabeos 6,22; 4 Esdras 4,33.35; 2 Baruc 21,19 e implícitamente
en 1 Enoc (reflejando su impaciencia). También en 4 Esdras 6,59 y 2
Baruc 81,3.
40 Aune,
41 Wall,
Word Commentary on Revelation 6-16, p.408.
Commentary on Revelation, p.110.
Boletín ENCUENTRO
Jesús de manera hiperbólica, a menudo Jesús dijo cosas duras a sus adversarios. ¿Dentro de un evangelio
de amor y perdón, hay cabida para un concepto de
vindicación? Para empezar, tenemos que aclararnos
sobre las palabras detrás del concepto de vindicación
en Ap 6,10; es decir, «juzgar y vengar» (κρίνω, ἐκδικέω). La necesidad de la venganza es evidente en muchas partes del Antiguo Testamento, pero está casi silenciada en el Nuevo Testamento porque Jesús da
prioridad al perdón. Sin embargo, queda todavía una
venganza escatológica que puede ser realizada solamente por Dios mismo: «La venganza es mía, dice el
Señor»42. Es para darle la necesaria importancia teológica que Juan incluyó el clamor de los mártires. Tiene
que existir un «espacio» —no necesariamente un lugar
espacial— donde se puedan rectificar los errores. Es
precisamente por eso que el universo moral de Immanuel Kant requiere la creencia en la continuidad (no
necesariamente la inmortalidad) del «alma» después
de la muerte, porque tantas injusticias quedan sin resolver en esta vida. Mi segunda preocupación es por
el tiempo y la participación de los seres humanos en la
realización de la justicia de Dios. Podemos referir muchos ejemplos en el Antiguo Testamento, donde Israel
a veces ejecutó la venganza de Dios sobre los enemigos de Israel. La impresión que se da es que hacían la
voluntad expresa de Dios. Ya he dicho que el nuevo
pacto de Dios en Jesús fue diferente: la venganza y el
juicio quedan retrasados escatológicamente. Sin embargo, no todos los grupos políticos en Israel estaban
de acuerdo con una esperanza pasiva. Pensemos en
los Macabeos y los Zelotes. Adela Yarbro Collins planteó dos «modelos de resistencia»; uno, la «revolución», que es la solución de los Macabeos; el otro propone una resistencia sin violencia43. Lo que destaca es
que ambos modelos utilizan el simbolismo de la «guerra santa», algo que tiene sus raíces en un mito del antiguo Oriente Próximo. Collins además divide el segundo modelo de resistencia pacifista en dos tipos: el
modelo enteramente pasivo (como el que se ve en el
libro de Daniel), y otro modelo de resistencia que no
es puramente pasivo; es decir, hay una cooperación,
una sinergia entre Dios y los seres humanos para alcanzar la justicia escatológica. Sin embargo, antes que
podamos imaginar la cooperación como preactiva, la
sinergia recibe su dinamismo desde la creencia en que
«la muerte voluntaria de una persona justa será ven-
27
gada»44. Este último tipo se encuentra en la Asunción
de Moisés, pero también en el Apocalipsis de Juan,
aquí en este pasaje. Por una parte, en un sentido Dios
mismo va actuar en última instancia contra el grupo
de los injustos; la imagen es una de destrucción y castigo, aunque escatológicos45. Por otra parte, Juan quiere animar a sus comunidades a que la actitud correcta
frente a la persecución es el pacifismo, el saberse carentes de poder. No necesitan rebelarse ni tomar la
venganza por su propia cuenta. Por eso, Juan fija la
atención en Jesús, el Cordero de Dios, que se negó el
uso del poder para salvarse a sí mismo y destruir a
sus enemigos, pero dejó toda venganza a su Padre celestial. Éste es su consejo, frente a la tentación política
existente en sus comunidades, de rebelarse contra sus
perseguidores.
Sobre la dimensión preactiva de la sinergia de los
justos en relación con las acciones de Dios, volveremos en el punto 7, más adelante.
6. Si la primera posibilidad aconseja asumir el control, con referencia a la esperanza en que Dios vaya a
intervenir, la segunda posibilidad nos presenta la
cuestión contraria, la de la teodicea: La experiencia del
retraso de la venganza escatológica da la impresión de
que Dios está ausente, o que es como el juez injusto en
el evangelio. No parece que a Dios le importemos46.
Juan ve las almas bajo el altar, pero no hay ninguna
indicación de que Dios mismo las vea; no directamente, sin mediadores. Casi suena a acusación contra
Dios, pero el texto y el co-texto no permiten en absoluto tal conclusión. En primer lugar, la acusación potencial está diminuida por el título de honor con que se
llama a Dios: «Señor, santo y verdadero» (ὁ δεσπότης
ὁ ἅγιος καὶ ἀληθινός), una señal de gran respeto y
sumisión. En segundo lugar, el Señor responde a sus
peticiones cuando la esperada vindicación empieza a
efectuarse desde el capítulo 8, después del largo silencio en el cielo. Podemos entender el silencio en el sentido de que el Señor toma nota —por fin— de las peticiones de los mártires. Pareciera que los injustos son el
bando victorioso, pero esa no es la realidad de las cosas.
7. En conclusión, tenemos que suponer que la tercera posibilidad es la verdadera. Dios mismo quiere y
Asunción o Testamento de Moisés 9,7, vea Collins, “The Political
Perspective”, p.245.
44
Nótese que las referencias siguientes son del Nuevo Testamento:
Romanos 12,19; 2 Ts 1,8; Hb 10,30. Ver también Dt 32,35 y muchas
otras.
42
Adela Y. Collins, “The Political Perspective of the Revelation to
John”, Journal of Biblical Literature, 96/2, 1977, p.242s.
43
No estoy de acuerdo con J.P.M. Sweet, que prevé un conjunto positivo y escatológico de los dos grupos. Sweet, “Maintaining the
Testimony of Jesus”, pp.109ss.
45
46 Ver
Lu 18,7.
28
puede terminar la lucha antigua en este mundo entre
los poderosos y los sin-poder. Lo que vemos —las
apariencias— puede ser engañoso. Los injustos aparecen por un tiempo como los elegidos de los dioses, sellados para el éxito por el emperador de Roma. Pero
es un sello pasajero. El poder de la bestia que da autoridad a su testimonio está llegando a su fin. El protagonista más importante en el Apocalipsis y en la pugna por el poder de este mundo no son los reyes, no
son los ricos ni los fuertes de Apocalipsis 6,15, sino es
un cordero, al parecer sin poder porque aparece como
inmolado (Ap 5,6). El Cordero en la cruz ya era victorioso, aunque parecía débil. Sin embargo, si el Cordero efectivamente ha vencido a la bestia en la cruz,
¿Por qué todavía hay testigos muertos —los mártires— bajo el altar? La experiencia del retraso de la parusía parece nulificar las credenciales de su testimonio. Otra vez, Juan interviene en la situación, dando
respuesta a lo que parece aparente. Primero, redimiendo el tiempo, Juan menciona un periodo de tiempo específico cuando debe suceder la transformación
de impotencia en victoria. Segundo, hace que este período dependa de la participación activa de la comunidad de mártires, una ilustración de la resistencia pacifista, la segunda opción de Collins. El número de los
mártires ayudará a decidir el tiempo del fin: «Hasta
que se completaran sus consiervos y sus hermanos,
que también habían de ser muertos como ellos» (Ap
6,10). En su libro El apogeo de la profecía, Richard
Bauckham examina tres paralelos cercanos a Apocalipsis 6,9-11 en cuanto a completar el numero de los
mártires47. La idea era bien conocida en la literatura
apocalíptica. La estrategia de Juan puso una responsabilidad histórica sobre los hombros de las iglesias.
Dejando totalmente de lado el cálculo de cantidades
exactas —algo que nos parece un poco extraño— el
desafío real para cada cristiano es: ¿Quiero convertirme en mártir —en el sentido de ser un testigo autorizado y sellado— yo también? ¿Quiero ser contado en
ese número? Este es el criterio que va a dividir entre
los justos y los injustos, los fieles y los infieles, el sello
del Cordero y el marco de la bestia. Es en este sentido
que las voces de los mártires —vivos o muertos— claman en los días de Juan. Cada voz aumenta el volumen total de las oraciones a Dios, exactamente como
en la parábola del juez injusto. ¿Dios está dudando,
como si necesitase persuasión? No. Lo que hay en
juego es la sinergia entre las acciones de Dios y el testimonio de los cristianos. La iglesia ha sido llamada a
Vea Richard Bauckham, The Climax of Prophecy: Studies on the Book
of Revelation, (T&T Clark, 1998), pp.48ff. El primer paralelo cercano
de Ap 6,9-11 es 4 Esdras 4,35-37. Un segundo es 2 Baruc 23,4-5a. Y
un tercero en la tradición apocalíptica se encuentra en 1 Enoc 47,1-4.
47
Seminario Evangélico Unido de Teología
ser una comunidad de testigos desde el principio y
ahora y hasta que el Señor vuelva. Es lo que la iglesia
hoy día está llamada a ser y hacer en términos de resistencia no violenta, contra todas apariencias; es decir, contra de todo lo que quiere privar al mundo del
testimonio de Jesucristo.
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