T.3. Novela realista. Benito Pérez Galdós. 2ºBch. B.

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T.3. Novela realista. Benito Pérez Galdós.
2ºBch.
TEMA 3. NOVELA REALISTA. BENITO PÉREZ GALDÓS.
1- CONTEXTO HITÓRICO
Las disputas y controversias entre conservadores y liberales características de la
primera mitad del siglo continúan marcando el acontecer histórico durante la segunda
parte. Después del reinado de Isabel II se produce la Gloriosa, revolución que acaba con
la monarquía borbónica. Se abre entonces un nuevo período histórico, el Sexenio
Revolucionario, y se toman medidas propias de una revolución burguesa y liberal:
sufragio universal; libertad de industria y comercio; libertad de imprenta, cultos,
asociación; separación de la Iglesia y el Estado, matrimonio civil... En este período
tendrán lugar una serie de acontecimientos políticos que se suceden de forma
vertiginosa: asesinato de Prim, monarquía de Amadeo de Saboya, la Primera República
española, levantamientos carlistas... Tendrá que intervenir el ejército, que restaura en el
trono a los Borbones en la figura de Alfonso XII. Se inicia con ello el largo período de
la Restauración que durará hasta 1902. La nota distintiva de la Restauración es
estabilidad, pues liberales y conservadores pactan la alternancia en el poder. El partido
conservador está liderado por Cánovas, y el partido liberal, por Sagasta.
Mientras tanto la sociedad se moderniza con importantes avances técnicos
(agrícolas, industriales...), mejora la situación económica y crece la población. No
obstante, el desarrollo económico resulta insuficiente en relación con el crecimiento
demográfico, lo que incrementa el número de pobres.
Socialmente, la burguesía no es capaz de llevar a buen puerto la revolución
liberal. La alta burguesía se acaba fundiendo con los restos de la vieja aristocracia y se
constituye así la oligarquía dominante de la Restauración. Por su parte, el movimiento
obrero se organiza progresivamente: Primera Internacional (1869), PSOE (1879), UGT
(1888)...
ASPECTOS IDEOLÓGICOS Y CULTURALES
La corriente de pensamiento más destacada fue el krausismo, movimiento
intelectual basado en las ideas del filósofo alemán Karl Krause. Tienen gran relevancia
sus ideas pedagógicas progresistas: enseñanza no autoritaria, fomento de la iniciativa
personal de los alumnos, respeto a las diferencias ideológicas, importancia de la
naturaleza en la educación... Expulsados de sus cátedras con la Restauración, fundan la
Institución Libre de Enseñanza, dirigida por Francisco Giner de los Ríos.
La filosofía propia de la sociedad burguesa decimonónica es el positivismo, para el que
no existe más realidad que los hechos perceptibles ni es posible otra investigación que no sea la
del estudio empírico de esos hechos o de las relaciones existentes entre ellos. La observación
rigurosa y la experiencia son los instrumentos esenciales de la filosofía positivista. Estos
principios, base del desarrollo de las ciencias y de las técnicas, los formuló el filósofo francés
Auguste Comte.
Enorme importancia tiene el evolucionismo, defendido por Darwin, según el cual los
diversos seres vivos resultan de la evolución y selección natural de los mejor adaptados al
medio ambiente, a través de la lucha por la existencia y gracias a la transmisión de los caracteres
por la herencia.
Gran influencia alcanza el marxismo. Karl Marx afirma que el motor del desarrollo
histórico es la lucha de clases y explica así las causas de las revoluciones y las contradicciones
de la nueva sociedad capitalista. La filosofía marxista no se limita a interpretar el mundo, sino
que propone transformarlo.
Todas estas ideas tienen una importante repercusión en la literatura realista.
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3- PANORAMA LITERARIO
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En general, se produce una transformación de la sociedad. Las clases dominantes
pasan a ser la burguesía y la clase media, que imponen sus gustos y visión del mundo en
el arte y la literatura. El Realismo y el Naturalismo son los dos movimientos literarios
que se desarrollan. Pretenden analizar de forma objetiva la realidad. Los rasgos
generales de la literatura realista son los siguientes:
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Observación y descripción precisa de la realidad: es el principio básico del
realismo y al que obedece su propia denominación.
Ubicación próxima de los hechos: frente a la evasión espacio-temporal del
Romanticismo, los autores realistas escriben sobre lo que conocen, con lo que
sitúan sus obras en el presente y en lugares próximos.
Frecuente propósito de crítica social y política: en general, los autores
conservadores describen la realidad para mostrar su degradación y postular un
retorno a los valores tradicionales. Los progresistas también muestran las lacras
sociales que, según ellos, obedecen a la pervivencia de una mentalidad
conservadora que lastra el avance hacia el mundo nuevo.
Estilo sencillo y sombrío: el ideal de estilo es la claridad y la exactitud.
Predilección por la novela: según los realistas, la prosa narrativa era el género
adecuado para reflejar la realidad en su totalidad.
1. Verosimilitud: las historias que cuentan, aunque inventadas por su autor,
se basan en la experiencia cotidiana, y tanto los protagonistas como los
ambientes, son creíbles.
2. Protagonistas individuales o colectivos: los protagonistas de las novelas
son o individuos que se relacionan problemáticamente con su mundo o
grupos sociales completos, que permiten al novelista dar una visión
global de la sociedad contemporánea.
3. Narrador omnisciente.
4. Didactismo: es corriente que los autores pretendan con sus novelas
ofrecer una lección moral o social. Ello es así en las llamadas novelas de
tesis, en las que el escritor desea demostrar una idea general a la que
quedan subordinados el argumento, los personajes y el ambiente de la
obra.
5. Estructura lineal: los hechos transcurren de forma lineal en el tiempo,
aunque no son extrañas las vueltas atrás para contar episodios pretéritos.
6. Descripciones minuciosas: las descripciones son tan detalladas que
muchas veces predomina en las obras la descripción sobre la narración.
7. Aproximación del lenguaje al uso coloquial: el lenguaje narrativo se
aproxima a la lengua de la conversación, a la que eleva a la categoría de
lengua literaria. Los autores se esfuerzan en adecuar el lenguaje a la
naturaleza de los personajes.
El realismo culminará con la aparición de un nuevo estilo en Francia creado por
Émile Zola denominado Naturalismo. Uno de los rasgos identificadores de este estilo es
la defensa del determinismo, ya que Zola cree que la conducta está determinada por la
herencia biológica y por el medio social. Por ello ve al hombre como un ser
condicionado, sin libertad. El novelista, a semejanza del científico, ha de experimentar
con sus personajes para comprobar cómo se modifican sus reacciones según cambian las
circunstancias y teniendo siempre en cuenta su particular condición biológica heredada.
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Esto explica la tendencia de los naturalistas a mostrar los aspectos más denigrantes,
miserables y sórdidos de la sociedad.
Técnicamente, se extreman los rasgos del Realismo: descripciones minuciosas,
reproducción fiel del lenguaje hablado... En cuanto al punto de vista narrativo, si el
papel del científico consiste solo en exponer y analizar los hechos, así ha de proceder el
novelista, que debe abstenerse de intervenir en la narración, por lo que se propugna el
ideal del narrador impersonal y objetivo.
Las novelas tienen, además, una intención moral. Influidos por las ideas
socialistas, los naturalistas piensan que, ya que no se puede modificar la herencia
biológica, sí es posible igualar las condiciones sociales en que viven los hombres. La
novela naturalista contribuiría en este sentido a proporcionar un conocimiento más
exacto de los seres humanos y de la sociedad, con el fin de poder mejorarlos.
Los escritores realistas españoles aceptaron técnicas naturalistas como la
descripción de lo miserable y temas como la influencia de la sociedad en el individuo o
la denuncia de lo injusto de la sociedad. Sin embargo, no aceptan la idea de convertir la
literatura en una ciencia. Además, defienden que el hombre puede superar todas las
dificultades, en contraposición a las ideas de Zola.
Emilia Pardo Bazán fue la principal defensora en España del Naturalismo. En el
caso de esta autora, este movimiento se encuentra enmarcado en el catolicismo. Así, el
determinismo naturalista de Zola es solo aparente y está subordinado a la capacidad del
hombre para sobreponerse a él por medio de la fe. Vicente Blasco Ibáñez es el último
representante del Naturalismo en España. También se advierten rasgos naturalistas en
obras de Galdós y Clarín.
4- EL REALISMO EN ESPAÑA: GALDÓS
El Realismo se consolida con la narrativa de Juan Valera, José María de Pereda,
Emilia Pardo Bazán y, sobre todo, de Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas, Clarín.
Nosotros vamos a centrarnos en la figura de Galdós.
Benito Pérez Galdós nació en Gran Canaria en 1843 dentro de una familia
acomodada. Estudió en un colegio liberal. Más tarde se trasladó a Madrid con la
intención de estudiar Derecho, pero pronto abandonó esta carrera. A partir de 1865
trabajó para distintos periódicos madrileños. En 1867 viajó a París donde conoció a
Balzac. Su interés por la política le llevó a ser diputado en varias ocasiones. En 1880
ingresó en la Real Academia Española. Murió olvidado por todos en 1920.
Fue un autor muy prolífico que escribió también obras de teatro y contribuyó a
la renovación del teatro español. Entre sus obras destaca Electra, que causó una gran
polémica por su anticlericalismo.
Sin embargo, Galdós es, ante todo, un novelista. Su técnica novelística presenta
varios rasgos diferenciadores. Uno de ellos es el uso de un narrador omnisciente que
controla todos los hilos del relato y opina sobre los personajes comentando la acción.
Los personajes de algunas novelas reaparecen en otras dando una sensación de que son
seres reales. Pertenecen a todas las clases sociales, aunque predomina la clase media
madrileña que representa en estas novelas a toda la sociedad española. Además, estos
personajes son caracterizados por su forma de hablar, que aparece reflejada tal cual en
la novela. Galdós se sirve también del recurso del monólogo interior para transmitir la
profundidad psicológica de los personajes. Por otro lado, la intención de las obras es
didáctica, ya que se critica la moral de las apariencias y la corrupción de la burocracia.
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También se toma una posición anticlerical, ya que en las novelas abundan personajes
de sacerdotes intolerantes y fanáticos, sin vocación ni caridad.
Dentro de su producción novelística pueden distinguirse dos grupos
diferenciados: Episodios Nacionales y el resto de sus novelas.
Los Episodios Nacionales están constituidos por 46 novelas dispuestas en cinco
series de diez episodios cada una (excepto la última, que quedó inacabada con solo
seis). Pretenden reconstruir en forma novelada la historia del siglo XIX español. Las dos
primeras series fueron escritas entre 1873 y 1879, al tiempo que sus primeras novelas;
las tres últimas entre 1898 y 1912.
Son narraciones históricas donde el autor mezcla la realidad con la ficción
novelesca. Para dar unidad a las series crea uno o varios personajes ficticios que
conviven con los históricos. En las últimas series se nota un tono de cansancio y
desilusión similar al expresado por los escritores de la Generación del 98.
El resto de las novelas de Galdós se pueden dividir en los siguientes grupos:
Primeras novelas:
Publicadas durante la década de los setenta, casi todas son novelas de tesis en
las que se contraponen dos ideologías, conservadora y liberal. Galdós no oculta sus
simpatías por la España liberal, y la intención didáctica de las obras es explícita.
Destacan en esta época: La Fontana de Oro, Doña Perfecta, Gloria, Marianela y La
familia de León Roch.
Novelas españolas contemporáneas:
Así llamó Galdós a las novelas que publicó a partir de La desheredada (1881). Se trata
de 24 novelas por las que desfilan personajes de todas las clases sociales y la acción se centra en
Madrid. Galdós sigue siendo crítico, pero las tesis han dejado paso a un análisis más profundo.
La visión galdosiana de esta sociedad se plasma genialmente en Fortunata y Jacinta, su obra
más ambiciosa. Al igual que La Regenta, se trata de una novela extensa y cuidadosamente
construida, que desarrolla, sobre la base de diversos triángulos amorosos, la cambiante vida
social madrileña entre 1873 y 1876, entrelazando calculadamente los elementos de ficción y los
históricos. En esta obra, Galdós despliega sus mejores artes narrativas: minuciosa captación de
ambientes y tipos, uso magistral de los diálogos, empleo de novedosos monólogos interiores,
sabio manejo narrativo de múltiples anécdotas argumentales, etc.
Otras novelas de este período son: La de Bringas, Miau, El amigo Manso...
Últimas novelas:
La crisis de la estética realista y el interés por buscar nuevos cauces expresivos se
manifiestan claramente en sus novelas desde 1889. De este período son: La incógnita, Realidad,
Ángel Guerra, Tristana...
En todas ellas ensaya originales procedimientos narrativos: novelas dialogadas,
narraciones epistolares, introducción de elementos fantásticos, sueños, símbolos, etc. En algunas
es también visible la influencia del espiritualismo de la novela finisecular europea
(Misericordia). Así pues, la modernidad narrativa galdosiana tiene su raíz en la progresiva
radicalización ideológica de Galdós, que le lleva a buscar vías estéticas diferentes como modo
de comprender la realidad en toda su extensión.
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Textos del realismo
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Fortunata y Jacinta
Jacinta era de estatura mediana, con más gracia que belleza, lo que se llama en
lenguaje corriente una mujer mona. Su tez finísima y sus ojos que despedían alegría y
sentimiento componían un rostro sumamente agradable. Y hablando, sus atractivos eran
mayores que cuando estaba callada, a causa de la movilidad de su rostro y de la
expresión variadísima que sabía poner en él. La estrechez relativa en que vivía la
numerosa familia de Arnaiz, no le permitía variar sus galas; pero sabía triunfar del
amaneramiento con el arte, y cualquier perifollo anunciaba en ella una mujer que, si lo
quería, estaba llamada a ser elegantísima. Luego veremos. Por su talle delicado y su
figura y cara porcelanescas, revelaba ser una de esas hermosuras a quienes la Naturaleza
concede poco tiempo de esplendor, y que se ajan pronto, en cuanto les toca la primer
pena de la vida o la maternidad.
Barbarita, que la había criado, conocía bien sus notables prendas morales, los
tesoros de su corazón amante, que pagaba siempre con creces el cariño que se le tenía, y
por todo esto se enorgullecía de su elección. Hasta ciertas tenacidades de carácter que
en la niñez eran un defecto, agradábanle cuando Jacinta fue mujer porque no es bueno
que las hembras sean todas miel, y conviene que guarden una reserva de energía para
ciertas ocasiones difíciles.
La noticia del matrimonio de Juanito cayó en la familia de Arnaiz como una
bomba que revienta y esparce, no desastres y muertes, sino esperanza y dichas. Porque
hay que tener en cuenta que el Delfín, por su fortuna, por sus prendas, por su talento, era
considerado como un ser bajado del cielo.
Fortunata y Jacinta. Benito Pérez Galdós.
La Regenta
La Regenta dormía en una vulgarísima cama de matrimonio dorada, con pabellón 1
blanco. Sobre la alfombra, a los pies del lecho, había una piel de tigre, auténtica. No
había más imágenes santas que un crucifijo de marfil colgado sobre la cabecera;
inclinándose hacia el lecho parecía mirar a través del tul del pabellón blanco. (...)
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Pabellón: colgadura plegable de adorno.
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Ana corrió con mucho cuidado las colgaduras granate, como si alguien
pudiera verla desde el tocador. Dejó caer con negligencia su bata azul con encajes
crema, y apareció blanca toda (...). Después de abandonar todas las prendas que no
habían de acompañarla en el lecho, quedó sobre la piel de tigre, hundiendo los pies
desnudos, pequeños y rollizos en la espesura de las manchas pardas. Un brazo
desnudo se apoyaba en la cabeza algo inclinada, y el otro pendía a lo largo del
cuerpo, siguiendo la curva graciosa de la robusta cadera. Jamás el arcipreste, ni
confesor alguno había prohibido a la Regenta esta voluptuosidad de distender a sus
solas los entumecidos miembros y sentir el contacto del aire fresco por todo el
cuerpo a la hora de acostarse. Nunca había creído ella que tal abandono fuese
materia de confesión. Abrió el lecho. Sin mover los pies, dejose caer de bruces
sobre aquella blandura suave con los brazos tendidos. Apoyaba la mejilla en la
sábana y tenía los ojos muy abiertos. La deleitaba aquel placer del tacto que corría
desde la cintura a las sienes.
“¡Confesión general! –estaba pensando-. Eso es la historia de toda la vida.”
Una lágrima asomó a sus ojos, que eran garzos, y corrió hasta mojar la sábana.
Se acordó de que no había conocido a su madre. Tal vez de esta desgracia
nacían sus mayores pecados. “Ni madre ni hijos.”
Esta costumbre de acariciar la sábana con la mejilla la había conservado desde
la niñez. Una mujer seca, delgada, fría, ceremoniosa, la obligaba a acostarse todas
las noches antes de tener sueño. Apagaba la luz y se iba. Anita lloraba sobre la
almohada, después saltaba del lecho; pero no se atrevía a andar en la oscuridad y
pegada a la cama seguía llorando, tendía así, de bruces, como ahora, acariciando
con el rostro la sábana que mojaba con lágrimas también. Aquella blandura de los
colchones era todo lo maternal con que ella podía contar; no había más suavidad
para la pobre niña. Entonces debía de tener, según sus vagos recuerdos, cuatro años.
Veintitrés habían pasado, y aquel dolor aún la enternecía. Después, casi siempre, había
tenido grandes contrariedades en la vida, pero ya despreciaba su memoria; una porción de
necios se habían conjurado contra ella; todo aquello le repugnaba recordarlo; pero su pena
de niña, la injusticia de acostarla sin sueño, sin cuentos, sin caricias, sin luz, la sublevaba
todavía y le inspiraba una dulcísima lástima de sí misma. Como aquel a quien, antes de
descansar en su lecho el tiempo que necesita, obligan a levantarse, siente sensación extraña
que podría llamarse nostalgia de blandura y del calor de su sueño, así, con parecida
sensación, había Ana sentido toda su vida nostalgia del regazo de su madre.
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