Untitled - Editorial Las Animas

Anuncio
El árbol desde la raíz
Gobe r nad or por nat u raleza
Rafael Hernández Ochoa nació el 4 de junio de 1915
en Santa Gertrudis, municipio de Vega de Alatorre, en medio de la selva mediana subperennifolia del
centro del estado de Veracruz. En esta época se cerraba un gran éxodo de extranjeros hacia América y paralelamente existía la posibilidad de una guerra sin
precedentes, no conocida desde los años de la Independencia, situaciones que marcaron su espíritu revolucionario y su tesón por impulsar y preservar las
instituciones, además de su cariño por la tierra y el
respeto hacia los campesinos.
Sus padres fueron Fernando Hernández Carrasco, oriundo de Huamantla, Tlaxcala, y la orizabeña
Elvira Valentina Ochoa Hernández, hija de doña
Amalia Hernández y don Manuel de Ochoa Vázquez,
hombre dedicado al servicio público desde la Legislatura durante la época de don Porfirio. La madre de
don Rafael tuvo ocho hermanos: Amalia, la mayor,
Juan Domingo, Manuel, Julio, María, Josefina
— quien murió al nacer—, Carmela y Rafael, cuyo
nombre fue asignado por la enorme devoción que
siempre tuvo la madre de doña Elvira Valentina a
Rafael Guízar y Valencia, nombre que eligió para su
primogénito, aquel pequeño Rafa que llegaría a ser
gobernador de Veracruz.
Durante su infancia, montañas y mar dieron al
carácter de Rafael la vastedad de la costa del Golfo de
México y el sentido terminante de los relieves serranos.
Santa Gertrudis fue para aquel pequeño el terruño de
donde nunca hubiera deseado emigrar: sinfonía de las
aves residentes y migratorias, trogones de collar, tucanes
y parvadas de loros enseñaron a Rafael no sólo a oír sino
a escuchar, y no sólo a ver sino también a contemplar y
dar a cada día su propio empeño. Palma Sola, Juchique
de Ferrer, Vega de Alatorre, Emilio Carranza, Colipa y
Yecuatla rodean a Santa Gertrudis, y al mismo tiempo
resguardan el lugar de donde un niño salió para regresar
como gobernador de su entidad.
El cálido testimonio de su única hermana viva,
doña Elvira Hernández Ochoa, quien se cruza un
chal en el pecho y con la sonrisa instaurada en el rostro se entrega al ejercicio agridulce y memorioso de
traer al presente a un hermano fallecido pero nunca
muerto, revela detalles de primera mano.
Yo nací en 1928 y Rafael en 1915; me llevaba 13 años,
y que él fuera el hermano mayor fue parte de mi
formación, porque era enérgico, muy recto, siempre
muy observador de los detalles y, al mismo tiempo, muy amoroso, pendiente de lo que uno pensara,
actuara, deseara, y como yo era la más chiquita, fue
más cercano conmigo. Desde niño fue muy sensible
pero no lo aparentaba, sobre todo con mi mamá, que
era maestra. Le gustaba muchísimo la música clásica.
También podía acompañar con la guitarra para cantar, y a veces hasta echaba falsete cuando aparecía por
ahí un grupo de son huasteco.
Era un hombre sencillo, de gustos simples, de
convicciones y de hábitos ¡hasta para comer!; por
ejemplo, si no le pasaban los frijoles con un chile
verde, no comía… en fin, tenía un gusto muy rústico,
detallitos que conformaban una manera de ser.
Tuvo una gabardina cuando trabajaba en Gobernación antes de ser subsecretario, ¡una gabardina
de la eternidad! Y me decía: “Cóseme esto”. Entonces
yo le hacía las costuras tratando que no se le notara lo
remendado pero lo que menos le importaba era eso,
pues no era ostentoso; con que le sirviera para taparse,
lo demás no le importaba, era un hombre muy sencillo,
¡de veras! Para contarles todo esto voy a tener que
llorar mucho. 2
2
Entrevistas realizadas a la señora Elvira Hernández Ochoa, ref. cit.
Rafael Hernández Ochoa
22
ORMAC ÓN HDEZ OCHOA indd 22
06/01/12 10 54
Elvira, al ser la más pequeña de cuatro hermanos, fue muy consentida, circunstancia que le dio la
oportunidad de contemplar detenidamente la dinámica familiar desde la máxima “las niñas oyen, ven y
callan”, y a partir de lo observado describe minuciosamente el recuerdo de aquellos tiempos, remembranza
que al final se debate entre la realidad y la magia.
Mi abuelo paterno, llamado igual que mi padre,
Fernando, nació en Huamantla. Tuvo una fábrica de
jabón en Tlaxcala que surtía a toda la costa. Fue un
hombre muy especial y aventurero. Nada más tuvo
cuatro hijos: dos hombres, Fernando y Manuel, y dos
mujeres, Rosario y Virginia.
Llegado el tiempo y cuando ellos eran todavía
unos jovenzuelos, mi abuelo decidió dar a los dos
hermanos un par de ranchos: el Rancho de Santa
Gertrudis y el de El Limón, que también está en la
misma zona, por Vega de Alatorre.
Santa Gertrudis apareció en la historia de
nuestra familia cuando mi papá tenía 17 años. Para
mí es un poco curioso describirla porque a los tres
meses de nacida me trajeron a Xalapa; así que pasé
mucho tiempo construyendo el rancho en mi cabeza con lo que oía de él, y para mí siempre fue una
fantasía.
Regresé hasta los 16 años; entonces, cuando
verdaderamente conocí Santa Gertrudis, volví a ver
lo que antes sólo imaginaba. Recuerdo que me llevó
un primo a conocer el rancho a caballo. 3
Antes de que la familia Hernández Ochoa llegara a tierras veracruzanas, el papá de doña Elvira,
Fernando Hernández Carrasco, sembraba maíz y frijol y estaba acostumbrado a la árida introversión del
3
Idem.
suelo tlaxcalteca, territorio que en palabras de doña
Elvira “no admitía muchas cosas de comer más allá de
las puras semillas”. Ya en épocas prerrevolucionarias
se trasladaron a la zona central de Veracruz debido a
un negocio del abuelo en el que adquirió 925 hectáreas —cantidad de terreno aún permitida antes de las
prohibiciones agrarias—. Entonces, entre los menesteres del padre de los Hernández Ochoa para levantar
a su prole destacaba el cultivo del café, en cuya actividad, a juicio de su hija Elvira, siempre disfrutó del
respaldo de amistades xalapeñas como la familia Paseiro y Cortizo, que representó un importante aval
económico para don Fernando.
El árbol desde la raíz
Gobe r nad or por nat u raleza
Ahí empezó mi papá a manejar el rancho y llegó a
tener buen café, hasta que se vino todo el auge de
Brasil, que acaparó la oferta del producto en el ámbito mundial; entonces bajó tanto su precio ¡que ya
no tenía ni para pagarles a los peones!; ese fue un
momento crucial donde mi padre decidió que ya no
iba a cultivar con tanto afán la fincas. 4
Don Fernando Hernández Carrasco no abandonó de tajo el cultivo del aromático, pero fue espaciando sus visitas a Santa Gertrudis y disminuyó los
gastos de mantenimiento en sus terrenos. Sin embargo, a su hijo, el pequeño Rafael, le tocaron los buenos
tiempos del rancho, incluso en opinión familiar unánime lo recuerdan como el más ranchero “y el más
charro”, al grado de que cuando su padre, con el consentimiento de su mamá, le indicó que debía ir a la
capital para estudiar la primaria, no había poder humano que lo convenciera.
Tiempo después, el hermano de Fernando, Manuel Hernández Carrasco, perdió el rancho que le
4
Idem.
Rafael Hernández Ochoa
23
ORMAC ÓN HDEZ OCHOA indd 23
06/01/12 10 54
Herencia y aprendizaje: la influencia de su madre
Gobe r nad or por nat u raleza
La figura materna fue fundamental en la formación
del carácter de Rafael Hernández Ochoa. Doña Elvira se salía del paradigma de las mujeres devotas del
hogar sin otro interés que sus hijos en una dimensión
de mera crianza. Su inteligencia y sentido social redundaron en el carácter de Rafael formando su espíritu solidario y humano.
Mi madre asistía a los enfermos, a los tuberculosos,
y era muy compartida; si había alguien que pudiera
necesitar algo, ella veía cómo ayudarlo. Si no lo tenía,
lo buscaba, y en eso Rafael se parecía mucho a ella.
Era muy inteligente pero no alardeaba de ello
porque también era muy humilde y sencilla; tenía una
visión extraordinaria y la educación propia de la época
que vivió; sin embargo, no tanto con rigor sino con más
comprensión, nos fue educando a todos nosotros.
Le encantaba el baile, se disfrazaba en época de
carnaval. En el Casino Jalapeño hacían fiesta y mis
hermanos iban, ya grandes, entre los 16 y 17 años. 5
Beaterio vio que mi mamá estaba parada porque el
recinto estaba lleno, así que fue a decirle a una señora:
“¡Quítese señora o arrímese para que se siente mi
mamá!” Rafael tenía entonces cuatro o cinco años. 6
En este sentido, aunque la innegable influencia
de su padre quedó marcada en su devoción por la
agricultura y la ganadería, su personalidad como
hombre preocupado por la educación y el humanismo vino directamente de su madre, lo que motivó su
esfuerzo para expandir el magisterio a los rincones
más apartados de la geografía veracruzana. Doña Elvira era maestra de primaria y enseñó a leer a sus hijos
junto con los peones del rancho, incluso hay una escuela en Orizaba que lleva su nombre.
Pero además del respeto y el aprecio por la educación, Rafael Hernández Ochoa también tuvo el
temple necesario para mantenerse ecuánime ante las
situaciones más adversas, cualidad que al parecer
también fue heredada de su madre.
Las tempranas muestras de cariño de Rafael hacia su madre rebasan claramente el apego natural de
los hijos, pues aún siendo un niño era capaz de seguirla y atravesar por cuenta propia algunas calles y hasta
de pelear se ocupaba si era necesario por un lugar al
que ella tenía derecho.
Cuando llegamos a Xalapa vivimos en Nicolás Bravo, y mi mamá iba a misa a la iglesia del Beaterio;
entonces Rafael que era chiquito siempre andaba
detrás de ella; aunque lo dejara en la casa él se escapaba para alcanzarla.
Resulta que un día Rafael ¡se subió solito toda
la empinada calle de Nicolás Bravo!; cuando llegó al
5
Idem.
A veces llegué a ver a mi mamá apurada, pues yo era
muy observadora; su aspecto no cambiaba, la cara
nada más. Me acuerdo también de que se apretaba las
manos porque teníamos una casa rentada y el casero
era muy grosero con ella. En épocas difíciles de dinero,
mi papá nos mantenía con lo poco que iba sacando;
en esos tiempos no era negocio la tierra.
Si a ella le faltaba el mes, ¡el casero iba y le decía
quién sabe qué tantas cosas! ¡Y mi mamá con una serenidad! Nunca se me va a olvidar: ponía las manos atrás
y se tronaba los dedos de apuración, pero como era muy
inteligente y muy ecuánime, ella nunca se escandalizaba
de nada, por lo menos no lo demostraba. 7
6
7
Idem.
Idem.
Rafael Hernández Ochoa
28
ORMAC ÓN HDEZ OCHOA indd 28
06/01/12 10 54
Herencia y aprendizaje: la influencia de su madre
Gobe r nad or por nat u raleza
Fotografía del libro de texto original de cuarto año de primaria del pequeño Rafael, rubricado por su
madre con sus generales (1929).
29
ORMAC ÓN HDEZ OCHOA indd 29
06/01/12 10 54
El sueño trasplantado
Gobe r nad or por nat u raleza
Dicen que la buena semilla se fortalece con el injerto
y que del trasplante nace ese vigor híbrido que, más que
ser un concepto de la jerga agronómica, es una hipótesis
comprobada que fortalece especies y espíritus; así que
antes de partir tras la huella de su ascendente y sostenida
carrera como político, hagamos una pausa para poner
énfasis en los años errabundos donde Hernández Ochoa
construyó la plataforma de su posterior vida pública.
Llama la atención el apego profundo de don Rafael a aquel hábitat infantil de naturaleza selvática de
Santa Gertrudis, y apenas puede entenderse la sobrevivencia de su espíritu al cambio de suelo y de cielo
ante su posterior partida a las capitales de Veracruz y
de México; sin embargo, dicha estirpe no sólo se adaptaría a nuevos relieves, sino que echaría raíces y a la
larga llevaría mucho de aquel paisaje profuso a parajes
urbanos.
Rafael llegó a Xalapa aproximadamente a los 10
años de edad y estudió en la Escuela Práctica ubicada en
el mismo plantel que albergó a la Escuela Normal Veracruzana en el centro de la ciudad, y que hoy día lleva por
nombre Escuela Primaria Enrique C. Rébsamen. Igualmente cursó en la capital del estado su educación secundaria y preparatoria.
Era un hombre global que tenía muy claro lo que era
provenir del rancho y las modestias de vivir donde no
había luz. Una parte de su estancia en Xalapa vivió con
doña Fallita Murillo, quien hacía los banquetes oficiales de los gobernadores; ¡servía espléndido! Yo no vivía
en su casa, pero todos mis amigos estaban ahí, y un día
después de los banquetes, Fallita ofrecía lo que le sobraba y entonces íbamos todos a degustar. Ahí vivió
Ángel Carbajal, y lo visitaban Ruiz Cortines, Miguel
Alemán y Antonio M. Quirasco. 13
13
Entrevistas realizadas al licenciado Silvio Lagos Martínez, ref. cit.
Vivió en Xalapa su adolescencia y juventud junto con su familia, y frecuentemente viajaba a Vega de
Alatorre, donde permanecía en contacto con la vida
del rancho que tanto disfrutaba. En la capital de Veracruz empezó a hacer buenas y duraderas amistades.
Era muy amigo de los Canovas, de Pepe Domínguez,
de los Sáenz y conoció también a los Piñero y a los
Lascuráin, quienes tenían una extensa hacienda que
comenzaba en el Hotel Salmones y decían, a manera
de broma, que terminaba en Los Atlixcos. También
le gustaba mucho el tenis. 14
A pesar de su juventud y como miembro de la
Asociación Ganadera —cuyo destino encabezaría a
nivel nacional—, llegó a destacarse en la “Atenas Veracruzana” como un muchacho inquieto capaz de protagonizar iniciativas que desde entonces delinearon su
capacidad y liderazgo. Sin embargo, cercano a los 22
años, las raíces ya establecidas de su vida xalapeña tuvieron que ser desarraigadas para ir al Distrito Federal
y continuar con su preparación profesional en la carrera de Jurisprudencia, la cual cursó en la Universidad
Nacional Autónoma de México, en aquella antigua
escuela que estaba cerca de la Facultad de Medicina.
Un buen día mis padres dijeron “nos vamos”, porque
mi hermana María de Lourdes quería estudiar una
carrera que aquí no ofrecían; no recuerdo si era
Química o algo de Medicina. Fernando no sabía
todavía qué quería estudiar y Rafael ya se había decidido por Leyes, que por cierto se podía estudiar en
Xalapa. Al final, María de Lourdes no terminó la
carrera, pero Rafael… ¡él sí que aprovechó! 15
14
15
Entrevistas realizadas a la señora Elvira Hernández Ochoa, ref. cit.
Idem.
Rafael Hernández Ochoa
38
ORMAC ÓN HDEZ OCHOA indd 38
06/01/12 10 54
De 1938 a 1941 Rafael estudió en la Facultad de
Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, y obtuvo su título profesional en el año de 1944 con la tesis denominada La
intervención del Estado. Desde el tercer año de la carrera litigó en distintas ramas del Derecho, particularmente en Derecho Administrativo y Derecho del
Trabajo, pero las cosas no fueron tan sencillas para él
en sus inicios en la capital de la República y tuvo que
alternar el desarrollo de su carrera con diferentes empleos en el ramo refresquero, eléctrico e incluso como
vendedor de línea blanca.
comitiva de compañeros estudiantes, los cuales, después de unos días, quedaron prendados y no solamente del paisaje de ese rincón veracruzano.
Alguna vez fueron a Santa Gertrudis y les gustó tanto
que se querían quedar, ¡eran muy enamorados! Yo me
El sueño trasplantado
Gobe r nad or por nat u raleza
Todos mis hermanos trabajaron y estudiaron cuando
ya estaban en México; Rafael, por ejemplo, como
vendedor de refrigeradores; así obtenía los recursos
para apoyar a su familia y alcanzar sus metas profesionales.
En esa actividad se encontró con un amigo, que
por cierto era veracruzano: don Rafael Jiménez Zamudio, quien fue fundador de los Refrescos Pascual.
Ahora una de mis hijas, Elvira, está casada con uno
de sus hijos, Luis; como si la amistad entre los Rafaeles ahí se hubiera encontrado nuevamente. Posteriormente mi hermano se encargó del área jurídica de
Industria Eléctrica de México, donde conoció a su
mujer, Teresita Peñafiel. 16
Rafael destacaba entre sus amigos capitalinos
por su liderazgo natural, a pesar de que, como lo
apunta su hermana, “era el más pobretón de todos”:
un ranchero al que llamaban “El Xalapa”, siempre
orgulloso de su estirpe provinciana y bien querido
entre sus amigos. En la familia recuerdan aquella vez
en que el joven Rafael llegó a Santa Gertrudis con una
16
Fotografía del documento impreso original que contiene la tesis La intervención del Estado, con la que el
joven Rafael alcanzó su título de Licenciado en Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de
la Universidad Nacional Autónoma de México.
Idem.
Rafael Hernández Ochoa
39
ORMAC ÓN HDEZ OCHOA indd 39
06/01/12 10 54
El sueño trasplantado
Gobe r nad or por nat u raleza
acuerdo de eso porque después de una semana sin
salir del rancho, ya no le ponían peros a ninguna
fulana y decían: “Oye, tú, hace una semana pensaba
que aquella muchacha no me gustaba, ¡pero ahora
creo que se está pareciendo a María Félix!”
También estaba aquel famoso Tacho, un muchacho del rancho muy guapo que parecía actor de
cine y a quien estos traviesos, cuando iba a la Ciudad
de México, disfrazaban de hombre de mundo y acababa siendo el gancho para que las muchachas se
acercaran y conquistarlas, pero Tacho tenía prohibido hablar, por su tono arrancherado; ¡si hablaba, se
delataba! 17
17
Idem.
Una vez establecido en el Distrito Federal y gracias a una trayectoria intachable en los tribunales, el
prestigio del veracruzano y la credibilidad en su trabajo se mantuvo y creció de manera consistente. Rafael
empezó picando piedra; sin embargo, ayudado por su
simpatía y capacidades naturales fue tomando algunos
asuntos jurídicos de familias prominentes de la capital, lo que aunado a los auténticos lazos de amistad que
aún guardaba con algunos amigos de la infancia —entre ellos, Marco Antonio Muñoz, quien posteriormente llegaría a ser gobernador— desembocó en un
nuevo arribo a la capital de Veracruz para colaborar
como jefe del Departamento Jurídico del Gobierno
del Estado.
Aquellos años en el Distrito Federal templaron el carácter de un joven Rafael que con inteligencia comenzaba a
abrirse paso en la vida del derecho y del servicio público a nivel federal.
40
ORMAC ÓN HDEZ OCHOA indd 40
06/01/12 10 54
En los años 50 don Rafael fue jefe jurídico durante
dos o tres años del gobierno de Marco Antonio
Muñoz. Yo lo conocí entonces; nos veíamos en el café
Emir cuando estaba en la calle de Enríquez, donde
hoy está la tienda de Sears. Ahí me reunía con dos
personas que fueron muy importantes en los inicios
de mi asomo al periodismo político: los licenciados
Hernández Ochoa y Fernando Ordorica, que era el
secretario particular del licenciado Marco Antonio
Muñoz. 18
Después de ese exitoso trabajo que realizó en
Xalapa para el gobierno de Veracruz, don Rafael dejó
sembrada una semilla que más tarde ameritó una cosecha ejemplar; mientras tanto, tuvo otra estadía prolongada en el Distrito Federal a la que siguió una
cascada de cargos públicos en los más diversos órdenes, los cuales aludían a su capacidad como servidor
público, hombre de leyes, persona de conciliación y
de liderazgo.
Las ideas, firmeza y cordialidad que don Rafael
mezcló en su función le dieron el sustento necesario
para conocer a fondo la función pública desde diferentes ámbitos y trincheras, atributo que combinado
con su constante militancia política a la postre crearía
el caldo de cultivo para un candidato poderoso: de
1958 a 1970 trabajó en la Secretaría de Gobernación,
donde ocupó diferentes puestos como secretario
auxiliar del subsecretario, subdirector general de Población, subdirector general de Administración, director general de Investigaciones Políticas y Sociales,
y subsecretario de Gobernación.
Durante el tiempo en que fue funcionario de
esta secretaría, Rafael participó en diferentes eventos
en materia migratoria y turística tanto en el extranjero
18
como en el interior del país, y se desempeñó también como miembro del Consejo Nacional de Turismo.
El 1° de diciembre de 1970, el presidente de la
República, Luis Echeverría Álvarez, lo designó secretario de Trabajo y Previsión Social y más tarde fue
diputado federal por el V Distrito Electoral Federal
de Veracruz a la XLIX Legislatura, presidente de la
Cámara de Diputados y vicepresidente de la Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión. Todo
lo anterior y un muy particular destape antecedieron
a su candidatura, la cual se divulgó el 4 de mayo de
1974, donde resultó seleccionado por el Partido Revolucionario Institucional para competir como candidato de unidad a la gubernatura de Veracruz en el
periodo 1974-1980.
La trayectoria descrita sintetiza una carrera sostenida en la que el servicio público fue causa y consecuencia de una visión profunda y panorámica del
quehacer de la administración pública; sin embargo,
es sólo el primer acercamiento a una dimensión multitemática que va de lo familiar a lo laboral en un
conjunto de situaciones casi inimaginables que sobrellevó aun sin la cercanía de su compañera hasta el final
de sus días: doña Teresita Peñafiel.
El sueño trasplantado
Gobe r nad or por nat u raleza
Entrevistas realizadas al señor Froylán Flores Cancela, ref. cit.
Rafael Hernández Ochoa
41
ORMAC ÓN HDEZ OCHOA indd 41
06/01/12 10 54
Descargar