POLÍTICA TRIBUTARIA Y ECONOMIA FISCAL La posición Hayek

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POLÍTICA TRIBUTARIA Y ECONOMIA FISCAL
La posición Hayek (1959, 1979) con comentarios de Brenann/Buchanan (1980).
Fernando Estrada Gallego
Fernand Libardo Rodríguez B
Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales CIPE
Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales
Universidad Externado de Colombia
Bogotá - Colombia
Área temática: Economía
No hay duda de que la imposición de un impuesto exorbitante, la recaudación en
tiempos de paz de cantidades tan grandes como en los años de la guerra o la
exacción de la mitad de la riqueza de la nación e incluso de la quinta parte de ella,
como cualquier otro abuso exagerado de poder, justificarían la oposición del pueblo
ADAM SMITH Lectures on Jurisprudence, p. 324.
Introducción
La política tributaria o imposición se orienta hacia la creación de condiciones obligatorias
para individuos y organizaciones, impuesta por un gobierno para obtener recursos con los
que financiar el gasto en bienes públicos y servicios, y para controlar el volumen del gasto
privado en la economía. En cada caso la política tributaria se ha clasificado de distintas
formas. De una parte los impuestos directos (impuestos sobre la renta o el patrimonio), de
otra parte los impuestos indirectos que son impuestos que gravan las transacciones,
especialmente el gasto (impuesto sobre el valor agregado IVA e impuestos sobre consumos
específicos).
El sistema fiscal progresivo o imposición progresiva se relaciona en general con una
situación en la que la proporción de renta obtenida a través de la imposición (la tasa
impositiva) aumenta con la renta o el poder adquisitivo. La mayoría de los sistemas
tributarios en el mundo contemporáneo son de naturaleza progresiva. Su consecución se
logra mediante un sistema de tipos impositivos marginales crecientes a medida que se
incrementa la renta. Es posible tener un impuesto sobre el gasto progresivo en el cual la
tasa del impuesto aumente con los incrementos de los gastos en consumo. En este campo se
expanden diferencias como vamos a observar en este artículo.
Si la política tributaria es compleja también la redistribución presenta problemas
(Estrada, 2010a). Ambos sistemas contienen aspectos para el estudio y los alcances del
sistema fiscal. En el caso de la redistribución se relaciona con un proceso de alteración de
la distribución de la renta o la riqueza existente en una sociedad. La redistribución puede
resultar de una política deliberada de rentas entre individuos o puede ser un efecto
―accidental‖ de la política económica. En general es posible distinguir entre redistribución
monetaria en la que a los individuos se les detrae o se les da dinero, y redistribución en
especie, por la que se proporcionan a los individuos bienes y servicios gratuitamente o a
precios subvencionados.
En este artículo se expone la estructura argumentativa de Hayek sobre las relaciones
entre política tributaria y redistribución. Se observa el conjunto de su obra dando especial
atención a dos trabajos: The Constitution of Liberty (1959) y Law, Legislation and Liberty,
vol3, The Political Orden af a Free People, University of Chicago Press, Chicago, (1979).
Hayek describe uno de los alegatos más completos sobre el sistema fiscal progresivo SFP
(progressive tax). Según el autor la historia del sistema tributario juega en contra de este
tipo de un modelo fiscal y despliega una variedad de argumentos en un terreno preferido
por sus críticos: la democracia liberal.
El artículo se divide en dos partes. La primera describe la crítica de Hayek al
sistema fiscal progresivo SFP (Hayek, 1959: 1979) desde su concepción del orden social y
la racionalidad fiscal. Hayek postula una reflexión alrededor de un principio clave en las
democracias liberales: la regla de mayorías. Y extiende comentarios sobre la influencia
moral en las decisiones tributarias. La segunda se orienta a la recepción del análisis de
Hayek en la economía constitucional de Brenann/Buchanan (1980). En la interpretación de
la política tributaria cuenta decisivamente si los gobiernos reflejan a un tirano benevolente
o un Estado Leviathan.
En síntesis, este artículo describe la posición de Hayek en materia tributaria y sus
desarrollos posteriores. Dentro de un contexto polémico Hayek defiende una
argumentación extendida sobre el sistema fiscal proporcional. Si una regla de mayorías
corrige desviaciones de poder político debe también limitar las condiciones de la
tributación progresiva. Según Hayek el sistema fiscal progresivo (SFP) viola un principio
de derecho constitucional al generar mayores obligaciones entre quienes trabajan para el
crecimiento de la economía, en tal sentido, el sistema fiscal progresivo opera en contravía
de principios de justicia democrática.
Esta versión crítica de Hayek es ampliada desde la economía constitucional de
Brenann/Buchanan (1980). La argumentación es que el potencial recaudatorio agregado de
un impuesto proporcional con una amplia base (por ejemplo el IVA) tiende siempre a ser
mayor que el de un impuesto altamente progresivo sobre una base más o menos
comparable. Este argumento no sugiere que un desplazamiento hacia unas garantías
constitucionales más restrictivas de la uniformidad del tipo impositivo pueda ser
indeseable. El argumento más bien indica que, en ciertos casos, la igualdad del tratamiento
impositivo puede ser garantizada a expensas de garantías más estrictas contra los límites
absolutos del ingreso (Estrada, 2010c).
Nuestro objetivo trabaja sobre ambas unidades de argumentación de manera
separada. Las hipótesis de Hayek gobiernan dentro de una economía liberal de mercado
ampliada hasta asuntos de economía política liberal (cercana a Robert Nozick). La versión
crítica de Brenann/Buchanan controvierte argumentos del liberalismo político desde una
economía política hobbesiana (diferente a John Rawls). Si el Leviathan corre el riesgo de
ser domesticado en asuntos fiscales la responsabilidad de la teoría constitucional es
imponer límites. El logro principal del presente artículo consiste en detallar ambas unidades
de argumentación mostrando cómo la segunda complementa la primera. Y como la primera
argumentación (Hayek) sigue teniendo relevancia en el debate fiscal contemporáneo
siempre que podamos analizar la segunda (Brenann/Buchanan).
Argumentación de Hayek contra el sistema fiscal progresivo (SFP)
Una de las hipótesis centrales de Hayek se concentra en su valoración de la economía
política que ha dado origen al sistema fiscal progresivo SFP. Este sistema resulta para el
autor contrario al espíritu de una sociedad abierta y liberal por cuanto grava con tipos
impositivos superiores las mayores rentas. Establece un sesgo discriminatorio sobre las
riquezas económicas y afecta los incentivos de grupos productivos. La postura de Hayek en
este capítulo es abiertamente polémica.
Así lo reconoce:
Por muchas razones desearía omitir este capítulo. La dialéctica empleada contradice
criterios tan extendidos, que por fuerza tiene que ofender a muchos. Incluso quienes me han
seguido hasta aquí, considerando razonable el conjunto de mi postura, probablemente
pensarán que mi punto de vista sobre el sistema tributario es claramente radical, además de
no ser posible llevarlos a la práctica.
Los problemas del SFP se encuentran estrechamente relacionados con la esfera tributaria y
los mecanismos de estructura fiscal pero afectan considerablemente un amplio rango de
campos relacionados con la igualdad y la libertad. Esta es la premisa central de los
argumentos que expone y las razones por las cuales sus reflexiones tienen alcance hasta
nuestro tiempo. El acto de generar riquezas se encuentra vinculado a una concepción
fundamental destinada a identificar las libertades individuales. Hayek observa que los
problemas fiscales tienen parte de sus fundamentos en la filosofía moral que practica la
sociedad.
La naturaleza contradictoria del sistema fiscal progresivo SFP con respecto a un sistema
impositivo de carácter proporcional se refleja también en los desequilibrios que fomenta y
las libertades que niega (Nicolò De Vecchi, Hayek and the General Theory, 2006; Wenli
and Pierre-Daniel Sarte, Progressive Taxation and Long-Run Growth, 2004). Mientras una
carga proporcional de impuestos parece ajustarse mejor a los criterios de igualdad política,
el SFP deteriora los incentivos básicos de competencia en los mercados y la riqueza queda
subordinada al voto democrático de mayorías. La economía fiscal subordinada a las
tendencias y cambios que introduce el poder legislativo. Uno de los objetivos de Hayek está
orientado a identificar con el liberalismo clásico las transferencias ilegitimas del poder
político.
Recordemos que el sistema tributario progresivo constituye uno de los métodos
fundamentales de redistribución de las rentas (N. Gregory Mankiw and Matthew Weinzierl,
―The Optimal Taxation of Height:, A Case Study of Utilitarian Income Redistribution‖,
2009; Nicolas Dromel and Patrick Pintus, ―Are Progressive Income Taxes Stabilizing?‖,
2008). De modo que su exposición crítica significa para Hayek atacar uno núcleo central de
prejuicios heredados en asuntos fiscales. El auge de los impuestos progresivos tuvo en sus
comienzos un origen fraudulento que invocaba falsos pretextos, Hayek menciona su
defensa en Marx y Engels y sus adversarios en la historia económica del liberalismo:
Entre muchos argumentos esgrimidos en apoyo de tal tesis y que todavía sobreviven en los
libros de texto de Hacienda Pública, se impuso el que en definitiva ofreció mayor apariencia
científica de fiscalidad de tipo progresivo. La base de tal dialéctica no es otra que la
decreciente utilidad marginal de los sucesivos actos de consumo. A pesar o quizá a causa de
su carácter abstracto, esta teoría ha adquirido mayor predicamento al respaldar
científicamente lo que hasta entonces venía siendo admitido sobre la base de postulados
arbitrarios
En la polémica Hayek delimita las condiciones históricas y metodológicas que dieron paso
a la imposición del SFP. Una enseñanza fundamentada sobre supuestos equivocados y
describe cómo las duras polémicas sobre el valor y la utilidad socavaron las premisas de
apoyo al SFP. Las dificultades para cuantificar o comparar la utilidad sentida por sujetos
distintos. De la misma forma Hayek acusa debilidades sobre el concepto de valor para el
análisis de los métodos tributarios. La defensa de un criterio tan relativo para justificar una
carga redistributiva significa, según Hayek: ―un craso error‖.
La crítica del autor descompone los argumentos contrarios en el terreno de la
economía política: ―la progresión impositiva no benefició a los más pobres, el beneficio
recayó sobre las clases mejor dotadas y los bajos estratos de las clases medias, que
suministraban el mayor número de votantes‖. Hayek destaca cómo pueden distintos grupos
de interés presionar los cambios tributarios. Las políticas económicas dependen de intereses
exógenos a la propia economía. Una determinación decreciente de ingresos productivos que
son limitados por razones ideológicas. Hayek enfatiza la naturaleza política del sistema
fiscal progresivo con la finalidad de poner en evidencia responsabilidades.
Contrastando el recaudo derivado del sistema fiscal progresivo, Hayek sustenta que
los ingresos son mínimos si se les compara con los efectos perjudiciales sobre la
producción y las rentas de mayor volumen. Grabar las mayores rentas tiende a reproducir
una secuencia desagregada sobre quienes generan mayores y mejores oportunidades de
ingresos. Redistribuir las riquezas sugiere la entrada en el mercado de una mano visible y
claramente sesgada para tomar decisiones que afectan a todos. Una de las pruebas
contradictorias del SFP son los estudios comparados que Hayek encuentra entre los Estados
Unidos, Gran Bretaña, Francia y Prusia. Con base en el trabajo de G. Findlay Shirras y L.
Rostas, en 1943:
Porcentaje que absorbe la imposición fiscal
Renta
(L)
100
150
200
250
300
350
500
1000
2.000
2.500
5.000
10.000
20.000
50.000
……………………………………………………………
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
……………………………………………………………
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
…………………………………………………………..
18
16
15
14
12
11
14
19
24
25
33
41
50
58
G. Findlay Shirras y L. Rostas, The Burden of British Taxation, Cambridge University Press, 1943.
En Hayek (416).
En su comentario Hayek observa que:
Los estudios concuerdan en que, por lo general, los contribuyentes de rentas
medias, que proporcionan el mayor número de votantes, fueron los menos
castigados; mientras que las rentas mínimas, a la par que los de las rentas máximas,
soportaban una carga total proporcionalmente mucho más pesada.
Los datos reflejan el caso de Gran Bretaña, donde en 1936 – 37, la carga impositiva total de
las familias con dos hijos era el 18 por ciento para aquellas cuyas rentas anuales se cifraban
en 100 libras y disminuía gradualmente hasta un mínimo del 11 por ciento para 350 libras,
para elevarse de nuevo al 19 por ciento tan solo con 1000 libras. Hayek se propone
demostrar que ―no son los más necesitados los más beneficiados, sino las clases que
constituyen mayoría a la hora de votar; y también que todo lo que se obtuvo mediante la
progresión pudo haberse logrado presionando fiscalmente a los perceptores de rentas
medias tan intensamente como se hace con los grupos más pobres‖.
Regla de mayorías
Desde la modernidad las democracias han fundado su poder en ideales de igualdad y
participación mayoritaria. Una mayoría manifiesta electoralmente las condiciones elegidas
de gobernabilidad y el poder político refleja sus decisiones, Hayek utiliza los mismos
principios del sistema democrático para controvertir fallos en los mecanismos de su
aplicación. Para el caso del impuesto progresivo esto ―implica una abierta invitación a la
discriminación, y, lo que es peor, a que la mayoría discrimine contra una minoría, con lo
que el supuesto deseo judicialista es pura arbitrariedad‖ (Timothy Besley and Torsten
Persson, ―The Origins of State Capacity: Property Rights, Taxation, and Politics‖,
American Economic Review 2009, 99:4, 1218–1244).
En línea con el absurdo, Hayek transforma las virtudes democráticas de la mayoría
en un medio peligroso para la generación de políticas económicas: ―El que la mayoría, por
el simple hecho de serlo, se considere facultada para imponer a la minoría sacrificios que
ella rechaza supone violar un principio de mayor trascendencia que el propio principio
democrático, pues implica ir contra la justificación misma de la democracia‖. El argumento
desdobla una máxima de mayorías para mostrar cómo se sacrifica un principio liberal. La
igualdad impuesta sobre la libertad. Convertir un logro político en criterio de política fiscal
representa una desviación de los mismos principios democráticos.
Hayek observa que los alcances estructurales del sistema fiscal progresivo pueden
llegar a deteriorar la estructura misma de la economía y los sistemas productivos
(Lombardo/ Sutherland 2004). El balance económico general derivado del impuesto
progresivo es menor a sus logros. Uno de estos efectos negativos son las inversiones. Una
política fiscal que sobrecargue las obligaciones tributarias tiende a limitar los riesgos
tomados por los inversionistas. Los capitales privados encuentran poco atractivo colocar su
dinero con trabas normativas y fiscales a las ganancias. La extensión del efecto regresivo
del SFP sobre los países pobres es mayor pobreza y desigualdad.
Otra de las características negativas que Hayek atribuye al SFP se relaciona con los
frenos que impone al desarrollo de la economía. El establecimiento de límites de ingresos y
la renta específica como única recompensa obran en contravía de la productividad y el
crecimiento. El autor considera que este impuesto progresivo lesiona y castiga a ―quienes
manejan recursos propios por su cuenta y riesgo‖. El mensaje para inversionistas y
empresarios es contradictorio: el impuesto castiga el emprendimiento y la iniciativa tanto
empresarial como industrial:
La fiscalidad progresiva, en general, favorece a las sociedades mercantiles, en
detrimento del ahorro individual, y, sobre todo, fortalece la posición de las
empresas ya existentes en detrimento de los nuevos competidores (p. 424).
Este juicio de valor sobre el sistema fiscal progresivo tiene, según Hayek, consecuencias
sociales ineludibles porque la tributación progresiva provoca una repercusión paradójica:
perpetúa las desigualdades. Contrario a eliminar las relaciones económicas desiguales el
SFP ofrece condiciones inerciales por cuanto niega oportunidades de movilidad social y
ascenso económico (Piketty/Saenz, 2006); la tendencia que introduce el impuesto
progresivo es fomentar sentimientos de envidia entre quienes observan las fortunas y
riquezas ajenas (Buchanan/Tullock, 1962; John Rawls. 1971; Robert Nozick, 1974).
El sistema fiscal progresivo contiene una variante moral opuesta a los predicados de
igualdad democrática. El autor postula límites para que los gobiernos puedan disponer de
instrumentos fiscales con el fin de corregir desviaciones en materia de distribución de
riquezas. La variante moral, por el contrario, incorpora un principio político de igualdad
planificada que dificulta observar las diferencias propias de la competencia en un sistema
de mercado.
En aquellos países en los que el régimen impositivo sobre los ingresos ha
introducido tipos más elevados, el afán igualitario toma cuerpo impidiendo que
nadie pueda tener ingresos superiores a un cierto límite.
El problema consiste para Hayek en saber cómo la carga tributaria puede afectar el total de
ingresos públicos. Algo que el autor controvierte identificando como ejemplo el
comportamiento económico de Gran Bretaña después de la Primera Guerra Mundial. De
modo que imponer límites al incremento de las rentas hace parte de un prejuicio moral. Con
esta lógica Hayek estima que los países pobres tendrán más bajas las rentas máximas
permitidas y, por tanto, ―más difícil resultará a sus habitantes alcanzar ingresos que en
países más ricos todo el mundo consideraría moderados‖.
Hayek rechaza el populismo como política para el gasto fiscal. El asunto es la
justificación moral cuando una mayoría fija los ingresos máximos posibles y el error en que
inciden ―quienes creen estar así beneficiando a las masas‖. La distinción que golpea
tributariamente a los ricos para beneficiar a los pobres lejos de suministrar la salida a un
problema de equidad en la distribución de riquezas crea mayores riesgos y más
desequilibrios fiscales. Los efectos son contradictorios: un retraso en el crecimiento
económico y dificultades para obtener mejor calidad del ingreso.
El prejuicio moral no encuentra una defensa razonable:
Es injusto pretender que a la mayoría le está permitido transferir, mediante
discriminación, las cargas fiscales a la minoría; que un mismo servicio pueda
retribuirse de forma diferente según quien lo preste; y que todo un estamento
simplemente por tener unos ingresos distintos a sus semejantes, se vea privado de
los incentivos y compensaciones que proporciona el actuar de otros.
El argumento demuestra como se mueve Hayek entre los argumentos de sus contrarios. Si
un predicado central del liberalismo consiste en la defensa de los derechos individuales
ergo, la protección a la iniciativa privada, la mayoría no puede imponer la discriminación
de cargas fiscales sin desordenar el procedimiento. La democracia no puede castigar la
competencia o las distinciones para mejorar la oferta en los mercados. Llevado hasta un
extremo, lo que Hayek cuestiona no son las respuestas fiscales a la desigualdad, sino los
mecanismos injustos de castigo a una minoría que puede proveerse de riquezas.
El papel dominante de una política de gobierno sobre la carga impositiva es una
tendencia defectuosa que afecta el sistema económico. Hayek defiende la autonomía de los
mercados como respuesta a los excesos intervencionistas de los gobiernos al observar cómo
el impuesto progresivo fue creando una cantidad indeterminada de mecanismos
excepcionales, que terminaron desajustando la propia política de ingresos fiscales. La
experiencia nos expone ―con qué rapidez el hábito embota el sentido de la justicia y eleva a
principio lo que en realidad no tiene más fundamento que la envidia‖.
La frontera entre la carga fiscal y la política tributaria pasa por los sentimientos
morales. Las externalidades monetarias terminan por exhibir brechas abismales en la
sociedad, ante todo cuando las riquezas no tienen encadenamientos razonables con la
producción y la generación de empleo. En la perspectiva de Hayek la envidia establece una
barrera infranqueable a las posibilidades de un crecimiento distintivo que supere la media
de ingresos. Se trata de una proyección invertida dentro del sistema fiscal que encuentra
como malo lo que hacen quienes arriesgan mayores ventajas dentro del mercado. Una
suerte de condena al fracaso que compensa defectuosamente la pobreza extensiva.
Hayek emplea la retorsión al absurdo al colocar la responsabilidad fiscal justo entre los
defensores de la fiscalidad progresiva:
Si desea implantar un régimen fiscal razonable, está obligado a respetar la
norma siguiente: la propia mayoría que fijó el importe total de las cargas
fiscales ha de soportar, a su vez, el porcentaje máximo impositivo. No hay
razón alguna, en cambio, que se oponga a que la mayoría aludida pueda
mejorar la suerte de la minoría económicamente más débil rebajándole
proporcionalmente su cuota contributiva.
El alegato de Hayek tiene como objetivo defender una carga tributaria proporcional y
cuestionar el tipo de imposición tributaria progresiva. Su argumentación se mueve entre la
técnica disociativa (mayoría versus minoría), y el mecanismo de las diferencias (cantidad
versus calidad). Si el régimen fiscal es resultado político de una decisión de mayorías, su
efecto directo es que éstas responden a las obligaciones derivadas. Y siendo que la salida
conduce a resolver la posición de los menos aventajados, se aplica del mismo modo el
principio de equidad proporcional.
El problema que Hayek encuentra en el modelo progresivo es su efecto perverso en
el tiempo. Una vez puesto en marcha su tendencia parece rebasar los límites de lo
establecido. El defecto no resulta de las cantidades asignadas ni de la discriminación fiscal
específica, sino de la propia naturaleza del principio progresivo. Lo afirma también en The
Road to Serfdom (Camino de Servidumbre):
…La estrecha interdependencia de todos los fenómenos económicos hace
difícil detener la planificación justamente en el punto deseado, y que, una
vez obstruido allende cierto límite el libre juego del mercado, el
planificador se verá obligado a extender sus intervenciones hasta que
abarquen todo. Estas consideraciones económicas, que explican por qué es
imposible parar el control deliberado allí justamente donde se desearía, se
ven grandemente reforzadas por ciertas tendencias políticas y sociales cuya
influencia se hace sentir crecientemente conforme se extiende la
planificación.
Los costos morales del impuesto progresivo exceden las ventajas relativas de su
implementación. Hayek se inclina hacia un principio que ―marque un límite máximo de los
impuestos directos en relación con la carga fiscal en su conjunto‖. Una norma que fije un
porcentaje máximo (marginal) de impuestos directos igual al porcentaje de la renta nacional
que el Estado absorbe con sus gastos. Por ejemplo, si la carga fiscal detrae el 25 por 100 de
la renta nacional, los impuestos directos no deben superar el 25 por 100 de la renta
individual. Si las condiciones de seguridad obligan a aumentar este porcentaje, del mismo
modo se aumentará la proporción asignada a estos impuestos. Y se reducirá cuando la carga
impositiva disminuya.
Este criterio fiscal anticipa condiciones en materia monetaria porque permite
establecer mecanismos de límite al gasto de los gobiernos. No se excluye la progresividad,
dado que quienes pagarán las tasas impositivas máximas no dejan de abonar ciertos
impuestos indirectos, con lo cual su contribución total resultaría superior a la media
nacional. Quienes obtienen menores ingresos no serán exigidos más que sobre los
impuestos indirectos sufragados. En estos casos, sin embargo, la progresividad no afectaría
más que las sumas pagadas por impuestos indirectos, manteniendo un carácter proporcional
con la línea media.
La recepción de Hayek en The Power to Tax de Buchanan/Brennan (1980)
En su trabajo sobre economía constitucional de Brennan/Buchanan (1980) podemos
encontrar una extensión sobre los argumentos originales de Hayek con variaciones inéditas
dentro de la filosofía neocontractualista. Recordemos que los autores adoptan la perspectiva
contractual (hobbesiana) y estrechos vínculos en la tradición wickselliana:
… en la cual se presume que el contribuyente no es capaz de identificar su propia posición,
ni como contribuyente ni como beneficiario del gasto público, en una secuencia de varios
períodos fiscales. La estructura impositiva elegida constitucionalmente puede ser, y
normalmente será, completamente diferente de la distribución ―dentro de un mismo
período‖ de la presión fiscal que, conceptualmente, pudiera surgir de un intercambio fiscal
idealizado en el sentido wickselliano.
El pasaje citado establece dos aspectos en línea con la hipótesis de Hayek. El
primero se relaciona con la condición de igualdad horizontal de los contribuyentes desde el
supuesto velo de ignorancia. El segundo con la necesidad de distinguir la estructura fiscal y
el nivel de imposición. Hayek cree que el control efectivo sobre la estructura asegura un
control adecuado del nivel impositivo. En este sentido los poderes de los gobiernos para
modificar la distribución de la carga fiscal a través de la legislación ordinaria deberían ser
restringidos. Se limita también la tentación parlamentaria para arbitrar cambios de tipo
fiscal en un nivel macroeconómico.
Pero según Brenann/Buchanan (1980, p.18) Hayek se queda en la heurística.
Avanzar un paso adelante significa analizar el conjunto posible de reglas y mecanismos que
puedan introducirse para definir los límites sobre el poder fiscal que deben tener los
gobiernos. Y esta ventaja es ofrecida por el modelo analítico constitucional que los autores
de The Power to Tax proponen. La constitución fiscal puede introducir restricciones tanto
sobre el nivel como sobre la estructura de la carga impositiva. El programa sobre reglas
fiscales los autores es consecuente con la estructura básica expuesta por el modelo Hayek.
Es posible a estas alturas, sin embargo –afirman Brenann/Buchanan- tomar la
pregunta sobre por qué deseamos reglas fiscales. Una de las razones proviene de los
argumentos que observan en Hayek sobre el crecimiento desbordado del sistema fiscal
progresivo SFP, especialmente durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra
Mundial. Al darse un gigantismo en el gasto de los gobiernos tenía que imponerse
restricciones. La tendencia a manipular al gobierno de acuerdo con intereses particulares es
una tentación política predominante. Y estos acuerdos cambian inter-periódicamente. Los
fundamentos normativos en favor de una constitución fiscal surgen directamente, según
Buchanan, de ―una maximización de la utilidad por parte de cualquiera y, en consecuencia,
de todas las personas del Estado‖ (p. 25).
Las constituciones son diseñadas para ofrecer protección contra la explotación fiscal
indebida, precisamente en aquellas situaciones en las que la competencia entre los políticos
y entre los partidos no consiga controlar la explosión de los impuestos y de los gastos. Los
controles internos de los sistemas políticos democráticos y los controles constitucionales
impuestos externos al proceso legislativo ordinario, son más complementarios que
sustitutivos. En la tradición de economía constitucional encontramos argumentos para
estimar que la creación de barreras normativas tiene como objeto principal evitar
desviaciones del comportamiento racional de los agentes.
El carácter precursor del análisis propuesto por Hayek consistió en haber anticipado
la generalidad de las reglas fiscales. Pero los tipos de restricción pueden tomar distintos
caminos de acuerdo con Buchanan:
Se pueden fijar límites constitucionales a la estructura de tipos permisibles de instrumentos
impositivos específicos. Se pueden restringir los ingresos impositivos totales o el nivel del
gasto público hasta una fracción o proporción definida de la renta o del producto
nacionales. Otra variante puede consistir en la fijación de una restricción constitucional a
las bases permisibles de los impuestos. Finalmente, la competencia política inherente al
federalismo fiscal puede conseguir indirectamente lo que las restricciones fiscales explícitas
persiguen de forma directa.
En todos estos casos la premisa de apoyo a las decisiones fiscales procede de la importancia
concedida a la generalidad en la legislación fiscal como ocurre en otros aspectos de la
legislación. Si se exige al gobierno que recaude impuestos de acuerdo con unas reglas
generales, puede parecer que se está proporcionando la protección en contra de una
explotación fiscal arbitraria. Vemos entonces que los autores complementan la idea de una
política tributaria con arreglo a reglas generales desarrollada por Hayek.
Al analizar las restricciones fiscales existentes, la exigencia de generalidad en la
imposición tiene escasos o nulos efectos a menos que de alguna manera vaya acompañada
de una exigencia similar con respecto al lado del gasto de la cuenta fiscal del gobierno. La
generalidad en el gasto es quizás más fácil de definir que la generalidad en la imposición,
aun cuando las aplicaciones del precepto de la generalidad en el mundo real sean mucho
menos frecuentes. Los autores tienen en mente la expansión descomunal del Estado
Leviathan y los niveles ilimitados de gasto que promueve.
Recordemos que Hayek argumenta a favor de un sistema tributario proporcional y
en contra de la imposición progresiva. El entendía que la proporcionalidad en los tipos
satisface el criterio de generalidad. En tanto en cuanto aquellas personas que toman
decisiones en nombre del gobierno deben estar sujetas a los costes del sistema fiscal en la
misma relación respecto de sus ingresos personales que los otros miembros de la
comunidad, existiría alguna influencia restrictiva claramente sentida sobre los gastos
expansivos, influencia que no tiene que darse bajo una estructura de tipo progresivos.
Pero observa Buchanan en otro lugar:
Si los gastos gubernamentales estuvieran restringidos a la compra y provisión de
bienes y servicios puramente públicos, el argumento de Hayek sería válido.
También sería válido para los bienes y servicios privados o divisibles que no son
revendibles debido a razones tecnológicas (por ejemplo, cortarse el pelo) siempre
que tales bienes y servicios se pongan a disposición de todas las personas por igual.
Para observar diferencias críticas con el criterio de reglas generales, Buchanan toma un
ejemplo relativamente simple en el que las transferencias pecuniarias directas pero
generales son financiadas a través del sistema fiscal proporcional SFP sobre la renta.
Supongamos que se trata de una comunidad de tres personas con ingresos antes de
impuestos de 1.000, de 100 y 100 dólares. De acuerdo a la Constitución (a la Hayek), las
transferencias hechas deben ser proporcionales. En estas condiciones la mayoría de dos
personas pueden igualar completamente las rentas posimpuestos y pos transferencias
mediante la exacción de un impuesto del 100 por 100 y la transferencia de 400 dólares a
cada una de las tres personas (despreciando en este caso los incentivos). Un resultado muy
similar, según Buchanan, podría obtenerse aun cuando se prohibieran las transferencias en
dinero efectivo directas, mientras que los gastos gubernamentales en bienes y servicios
divisibles y revendibles se mantiene como permisibles.
Para Brenann y Buchanan las debilidades de la argumentación de Hayek pasan por
desconocer el poder del Leviathan. Los autores estiman que se requiere mayor fuerza en
materia de controles fiscales. La exigencia de restricciones involucra los impedimentos
fiscales impuestos a los gobiernos. La ampliación del gasto gubernamental requiere
correctivos que únicamente pueden tomarse dentro del sistema político. Pasar de
recomendaciones de economía fiscal a decisiones de política y economía constitucional. En
esto consisten los aportes de Brenann/Buchanan a la teoría tributaria de Hayek
Como hemos observado, Brenann/Buchanan (1980) tienen interés no sólo en los
postulados de la reforma fiscal sino en el marco constitucional que la sustenta. La reforma
tributaria es considerada desde una perspectiva constitucional y no como un premio a
conseguir desde una lucha partidista. Los autores elaboran un trabajo propedéutico en un
terreno poco elaborado por la economía: la teoría política. Se trata de proyectar las
variables del sistema tributario comprendiendo los aspectos de fuerza lógica que debe
comportar el marco constitucional. Lo hacen ampliando el campo en el que han trabajado
durante tres décadas consecutivas: la teoría de la elección pública
Una ―teoría política, definida como la teoría de las propiedades del funcionamiento del
proceso político bajo unos conjuntos alternativos de reglas, es lógica y necesariamente una
prioridad a cualquier consideración responsable de las propias alternativas constitucionales.
El uso que realizan los autores del modelo del Leviathan no supone recomendaciones de
heurística para los gobiernos. No puede el lector encontrar en The Power to Tax un ideario
de políticas públicas. El modelo estructurado en esta obra tiene como finalidad generar
predicciones de una secuencia de resultados: ―los peores posibles‖, aquellas que facilitan el
análisis de los medios para asegurar que esa clase de resultados, ―los peores posibles‖ no se
materialicen de hecho. Brenann/Buchanan trabajan entonces también dentro del horizonte
analítico descubierto por la regla del minimax de Rawls. Si podemos forzar los términos la
estructura de la obra en conjunto es una extensión crítica y afirmativa de los principios de
Rawls en Theory of the Justice (1971).
¿Qué significa entonces una política tributaria en una perspectiva institucional? La
respuesta supone contrastar las restricciones racionales propias de una economía
constitucional con aquellas experiencias fiscales que no cuentan con reglas normativas que
subordinen la voluntad de los contribuyentes: ―En un marco no constitucional, el presunto
contribuyente es, por supuesto, vulnerable a la explotación por parte del gobierno hasta los
límites máximos de la capacidad de pago‖. La aproximación crítica expone en estos casos
los motivos originales que contiene la crítica de Hayek al peso global en las economías del
denominado sistema fiscal progresivo SFP.
En Law. Legislation and Liberty (vol. 3, 1979) Hayek propone una reforma
relativamente diferente y más estructural a los procesos. Políticos que se relacionan
directamente con el poder fiscal. Argumenta que la estructura de la política tributaria, la
distribución de las participaciones impositivas relativas, entre las personas y los grupos sea
adoptada mediante las deliberaciones de una asamblea nueva, elegida de forma diferente y
con una organización distinta, una cámara alta cuya única función se limite a la
promulgación de leyes o de normas generales que, una vez aprobadas, permanecerían
vigentes a lo largo de varios períodos de tiempo.
Y llegamos al puente que une la hipótesis de Hayek con el trabajo reseñado de
Brenann/Buchanan (1980). Las leyes generales de Hayek son equivalentes a las
denominadas ―normas constitucionales‖. Desde esta lectura Hayek permitiría que la otra
asamblea, la cámara ordinaria, o Parlamento, elija los niveles de política tributaria y, desde
luego, los del gasto fiscal, justo con los debates sobre política redistributiva entre usos
alternativos. En su propuesta original a favor de una política tributaria proporcional, la
reforma estructural recomendada por Hayek estuvo orientada fundamentalmente a reducir o
eliminar las disputas políticas inter-periódicas sobre la distribución de las participaciones
impositivas relativas. Brenann/Buchanan estiman que ambas propuestas tienen como
objetivo el logro de una cierta garantía de que las normas de política tributaria sean tratadas
constitucionalmente y no fuera de ese ámbito.
Conclusiones
La imposición progresiva representa una situación en la que la proporción de renta obtenida
a través de la imposición (la tasa impositiva) aumenta con la renta o el poder adquisitivo.
Una mayoría de países del mundo después de la Segunda Guerra Mundial adoptó el sistema
fiscal progresivo SFP como respuesta a las demandas de resolución de las desigualdades
sociales. Las reacciones de sus adversarios contienen argumentos que amplían el debate en
aspectos que resultan fundamentales como se ha demostrado en Hayek (1959, 1979) y
Brenann/Buchanan (1980).
La posición de Hayek se destaca porque contribuye a obtener un panorama más
completo sobre la historia y los temas derivados del poder fiscal. El autor observa que los
vacíos del SFP surgen con los cambios ocasionados por carga fiscal impositiva y principios
de igualdad política. O mejor con las rivalidades contenidas entre la igualdad de los
derechos políticos y las demandas por derechos económicos igualitarios. Esta tensa
controversia de la filosofía moderna entre igualdad y libertad, condicionaría los detalles
sobre la carga tributaria en los Estados modernos.
En línea con el liberalismo clásico, Hayek defiende como necesarias las distinciones
entre el mercado y el Estado. Un sistema de orden social liberal no puede imponer
restricciones a la iniciativa privada, ni poner tope a las ganancias que resulten de quienes
arriesgan sus capitales en el mercado. La defensa liberal de las libertades individuales
comprende el respeto a los capitales que pueden fomentar los individuos. De modo que un
mercado espontáneo establezca sus propios equilibrios sin una intervención directa de los
gobiernos.
El sistema fiscal progresivo sacrifica principios de la democracia. La igualdad no
aplica dada la discriminación que una mayoría impone sobre una minoría. Los argumentos
de Hayek son extremadamente polémicos. La cantidad mayoritaria que aprueba medidas
impositivas debería sobrellevar por lógica directa mayores cargas tributarias. Pero no es lo
que sucede en realidad. Porque una minoría productiva que toma riesgos en el mercado
resulta la más afectada por el SFP. La discriminación implica una política de desigualdades
perpetuadas en el tiempo. Las posibilidades de movilidad y dinámica económica y social en
un mercado abierto quedan severamente condicionadas.
Hayek se ha propuesto demostrar que el SFP hunde sus raíces en un prejuicio de tipo
moral: la envidia. Las dificultades que tienen los seres humanos para aceptar que sus
diferencias sean reflejadas por medio de las riquezas. El argumento de Hayek controvierte
de paso una carga fiscal basada en el valor o el merecimiento. La envidia se traslada al
campo de los intereses económicos para eliminar la competencia. La envidia afecta
gravemente las diferencias de ingresos y la producción. El denominado riesgo moral
constituye un instrumento clave de los mercados, y la envidia sugiere en este caso evitarlo.
Básicamente en el contexto de un modelo presuntamente democrático de la política,
F. A. Hayek ha adelantado dos propuestas distintas de reforma fiscal que pueden merecer
una mayor atención. En Hayek (1959, 1979) se argumenta contra la progresividad en las
estructuras de los tipos de impuesto sobre la renta. Como hemos también reseñado en
Brenan/Buchanan (1980), la postura a favor de la proporcionalidad de los tipos se relaciona
directamente con el argumento a favor de la rule of law. La imposición proporcional queda
incluida en la exigencia normativa de que todas las normas o leyes fueran generales en el
sentido de que todas las personas de la comunidad se vieran sujetas de igual forma a sus
efectos. Por el contrario, estos autores afirman que un SFP de los tipos tributarios viola este
precepto básico de generalidad.
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