Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por Diabetes

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MESA DE TRABAJO 6
DISLIPIDEMIAS EN EL PACIENTE CON ENFERMEDAD RENAL POR DIABETES |
DISLIPIDEMIAS EN EL PACIENTE EN HEMODIÁLISIS | EVIDENCIAS DEL
TRATAMIENTO CON ASPIRINA | TABAQUISMO EN LOS INDIVIDUOS CON
DIABETES Y NEFROPATÍA | ACTIVIDAD FÍSICA
Coordinadores: Gerardo Elikir. Presidente de la Sociedad Argentina de Lípidos. Médico, Docente e Investigador de la Fundación Favaloro. Eva López González.
Docente Adscripta a la Cátedra de Nutrición, UBA. Coordinadora del Comité de Hipertensión Arterial y Factores de Riesgo CV de la Sociedad Argentina de Diabetes.
Integrantes: Fernando Brites. Profesor Adjunto a Cargo de Laboratorio Avanzado en Bioquímica Clínica, Facultad de Farmacia y Bioquímica, UBA. Investigador
Adjunto de CONICET. Alicia Elbert. Médica Nefróloga, UBA. Especializada en Diabetes. Directora del Centro de Estudios Renales e Hipertensión Arterial (CEREHA).
Ana Inés González. Docente e Investigadora en el Laboratorio de Lípidos y Lipoproteínas, Departamento de Bioquímica Clínica, Hospital de Clínicas, Facultad de Farmacia
y Bioquímica, UBA. Eduardo Moreyra. Jefe del Servicio de Cardiología del Sanatorio Allende, Córdoba. Martín Rodríguez. Profesor Adjunto de Endocrinología,
Metabolismo y Nutrición. Facultad de Ciencias Médicas. Universidad Nacional de Cuyo. Mendoza. Laura Schreier. Profesora Titular y Jefe del Laboratorio de Lípidos
y Lipoproteínas, Depto. de Bioquímica Clínica, Hospital de Clínicas, Facultad de Farmacia y Bioquímica, UBA.
DISLIPIDEMIAS EN EL PACIENTE CON ENFERMEDAD RENAL POR DIABETES
Abreviaturas
ADA
Asociación Americana de Diabetes
apo
apolipoproteína
ATP III Tercer Panel de Tratamiento (de hipercolesterolemia) en Adultos
CETP
proteína de transferencia de ésteres de colesterol
CK
creatinkinasa
CV
cardiovascular
DHA
ácido docosahexaenoico
EC
enfermedad coronaria
ECV
enfermedad cardiovascular
FGe
filtrado glomerular estimado
EPA
ácido eicosapentaenoico
ER
enfermedad renal
ERC
enfermedad renal crónica
ERD
enfermedad renal por diabetes
FRCV factores de riesgo de enfermedad cardiovascular
HDL
lipoproteínas de alta densidad
HTA
hipertensión arterial
IAM
infarto agudo de miocardio
IDL
lipoproteínas de densidad intermedia
LCAT
lecitin:colesterol acil transferasa
LDL
lipoproteínas de baja densidad
LH
lipasa hepática
Lp(a)
lipoproteína (a)
LRP
proteína ligada al receptor de LDL,
Ω3
omega 3
TG
triglicéridos
VLDL
lipoproteínas de muy baja densidad.
INTRODUCCIÓN
Los pacientes con enfermedad renal por diabetes mellitus (ERD)
tienen una morbimortalidad mayor que la población general con
una alta tasa de enfermedad cardiovascular (ECV), en gran medida producida por arteriopatía coronaria aterosclerótica, enfermedad vasculoencefálica isquémica y arteriopatía periférica. Es bien
sabido que este grupo de enfermedades reconoce, entre otras causas, a las dislipemias, que se presentan frecuentemente en los pacientes con ERD. En estos pacientes, el tipo de dislipemia varía según sea la etiología y el grado de deterioro renal, la presencia de
comorbilidades (diabetes mellitus en este caso, pero también obesidad y otras), los tratamientos que recibe y la presencia de proteinuria o hipoalbuminemia.
También, el grado de control metabólico de un paciente con diabetes
mellitus influye tanto en el metabolismo como en los niveles de lípidos
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plasmáticos. Por otro lado, a medida que el deterioro renal progresa,
cambia el perfil de factores de riesgo del paciente, el tratamiento instituido y el estado de nutrición e inflamación. Esta evolución requiere
que se estudie el metabolismo lipídico del paciente con ERD de acuerdo
a los distintos períodos que atraviesa.
En lo que refiere a la etiopatogenia, en pacientes con diabetes mellitus
o enfermedad renal la ECV tiene un patrón particular, con arritmias, insuficiencia cardíaca y calcificaciones arteriales además de la arteriopatía aterosclerótica. La misma arteriosclerosis se desarrolla de una manera diferente y la relación con los niveles de lípidos plasmáticos difiere de la descrita en la población general. Estas diferencias se detallarán más adelante.
Con respecto al tratamiento, está bien establecido a partir de ensayos clínicos que la utilización de hipolipemiantes permite reducir el riesgo de ECV, aun en sujetos con niveles de colesterol considerados normales. Sin embargo, estos estudios fueron hechos en
su mayoría en individuos sin enfermedad renal ni diabetes mellitus y en pacientes con ERD, los datos son aún más escasos y muchas veces provienen de estudios post hoc de análisis de subgrupos, con las limitaciones que tienen estos análisis. Debido a que
los pacientes con ERD tienen una alta incidencia de dislipemia,
al médico se le presenta de manera frecuente la necesidad de dar
una respuesta, junto con esta escasez de información precisa. A
pesar de estas limitaciones, dejar al paciente con ERD y dislipemia sin tratamiento específico debido a que la evidencia no tiene
el más alto nivel, podría no ser la mejor opción. Por otro lado, ésta
no es la única situación en la que existe la necesidad de indicar un
tratamiento, pero no está disponible la evidencia de nivel A.
En la práctica clínica, al momento de decidir la conducta a seguir
se puede consultar a las guías de tratamiento. Sin embargo, hasta hace pocos años no existían guías específicas de tratamiento de
las dislipemias de los pacientes con ERD. Probablemente la misma escasez de estudios en esta población específica, contribuyera
a que las recomendaciones para el tratamiento de las dislipemias
en estos pacientes quedaran restringidas a la extrapolación de las
recomendaciones que surgían de guías afines (ADA, ESD, para diabetes mellitus y DOQI, NKF para enfermedad renal crónica). Para
dar cuenta de este problema, hace algunos años en nuestro país
se publicaron las “Actualización de las Pautas de Tratamiento del
Paciente con Diabetes Mellitus en Etapa Pre Diálisis, Hemodiálisis,
Complicaciones Extra renales, Diálisis Peritoneal y Trasplante”, que
incluyó las recomendaciones sobre tratamiento de las dislipemias
en pacientes con ERD (Elikir, 2003). Desde entonces, se ha producido mucha información sobre dislipemias, en particular a partir
de la publicación de estudios que incluyeron sujetos con diabetes mellitus y con enfermedad renal desde la planificación. En estas nuevas recomendaciones, hemos incorporado esta información
para actualizar el contenido de las guías anteriores.
Mesa de Trabajo 6 - Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por diabetes
TABLA 1. CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DE LAS LIPOPROTEÍNAS.
Lipoproteína
Densidad
(g/ml)
Tamaño
(nm)
Lípido
mayoritario
Quilomicrón <0,95
100-1000 Triglicéridos
VLDL
0,95-1,006
30-70
IDL
1,006-1,019 25
LDL
1,019-1,063 20
HDL
1,063-1,210 9
Triglicéridos
Triglicéridos
/ colesterol
Colesterol
Colesterol /
fosfolípidos
Apolipoproteínas
principales
B48, CI, CII, CIII, E,
AI, AIV
B100, CI, CII,
CIII, E
B100, E
B100
AI, AII, CI, CII,
CIII, E
GENERALIDADES DEL METABOLISMO LIPÍDICO
Y LIPOPROTEICO
Las lipoproteínas son complejos micelares de tamaño variable, formados por lípidos y proteínas. Por medio de ellas, los lípidos, de naturaleza
hidrofóbica, pueden ser transportados a través de fluidos acuosos intra y extravasculares.
La clasificación de las lipoproteínas más usada se basa en la diferencia
de densidad (alta, intermedia, baja y muy baja). Las proteínas que forman parte de las lipoproteínas confiriéndoles características estructurales, se denominan apolipoproteínas (apo) y cumplen, además, un papel activo en su metabolismo.
En la Tabla 1 se resumen las características más relevantes de las principales lipoproteínas.
En estado posprandial, los triglicéridos dietarios se absorben en el intestino, donde se sintetizan los quilomicrones que pasan hacia la circulación y constituyen el sustrato de la enzima lipoproteína lipasa. Esta
enzima ubicada en el endotelio de los capilares de los tejidos adiposo y
muscular es activada por insulina y apo CII e inhibida por apo CIII, así
se hidrolizan rápidamente los triglicéridos y se generan ácidos grasos libres, que ingresan principalmente a los tejidos adiposo y muscular. A la
vez, se desprenden moléculas de colesterol, fosfolípidos y apoproteínas
de la superficie del quilomicrón, las cuales son transferidas a la familia
de las lipoproteínas de alta densidad (HDL).
De esta manera el quilomicrón se transforma en un remanente que es
captado por el hígado mediante recetores como el LRP. En condiciones
normales, no se encuentran quilomicrones en el plasma luego de 12
horas de ayuno. Si se altera o demora el catabolismo de los quilomicrones, se origina una hipertrigliceridemia con acumulación de remanentes, acompañada por disminución de HDL (Karpe, 2007).
La principal lipoproteína secretada por el hígado es la lipoproteína de
muy baja densidad (VLDL), rica en TG, que también es sustrato de la lipoproteína lipasa, la cual hidroliza los triglicéridos generando lipoproteínas de densidad intermedia (IDL) como un primer producto. Las IDL
tienen un potencial aterogénico elevado y su persistencia en circulación constituye un factor de riesgo. En estado posprandial, su concentración se incrementa, alcanzando su pico máximo seis horas después
de la ingesta (Steiner, 1998). Esta lipoproteína continúa en circulación
hasta que es hidrolizada por la lipasa hepática (LH), que es otra hidrolasa de TG ubicada en los sinusoides hepáticos, también es activada por insulina, entre otras hormonas, pero no por apo CII. Como producto de esta lipólisis se forma finalmente la lipoproteína de baja densidad (LDL) en circulación. Existe un mol de apo B por mol de VLDL, que
se va transfiriendo a lo largo de la cascada catabólica hacia las LDL, por
lo tanto la medida de apo B es un indicador del número de partículas.
Tanto las IDL como las LDL distribuyen el colesterol a los tejidos, a través de su unión con los receptores de LDL, ubicados en las membranas
celulares de tejidos hepáticos y extrahepáticos, ejerciendo a su vez la
regulación de la biosíntesis del colesterol. Cuando estos receptores se
encuentran disminuidos o no reconocen a las lipoproteínas porque están modificadas (glicosiladas, oxidadas, carbamiladas etc.), las lipoproteínas permanecen más tiempo en circulación, y su destino final son
los macrófagos de la pared arterial. Éste es el mecanismo por el cual las
modificaciones en la estructura y composición de las lipoproteínas aumentan su aterogenicidad, un ejemplo de esto es la subfracción de LDL
más pequeña y densa, característica de los estados de insulinorresistencia, la cual posee mayor potencialidad aterogénica.
Además, en la circulación plasmática se producen intercambios de moléculas de apolipoproteínas y lípidos entre las diferentes lipoproteínas
a través de la proteína de transferencia de ésteres de colesterol (CETP).
Estos intercambios generan modificaciones en las lipoproteínas que
contribuyen a su remodelación intravascular. En situaciones de hipertrigliceridemia, por ejemplo cuando se incrementan las VLDL, los intercambios se producen en forma más prolongada, de manera que las LDL
y las HDL se enriquecen en TG y pueden alterar sus funciones.
Las HDL provienen de la síntesis hepática e intestinal o resultan del catabolismo de las lipoproteínas ricas en TG (VLDL, IDL y quilomicrones).
Pueden distinguirse por lo menos dos subfracciones de HDL esféricas y
maduras, HDL2 y HDL3, que varían en su densidad, tamaño y composición. La HDL2 es también sustrato de la lipasa hepática que hidroliza
sus TG y fosfolípidos, favoreciendo su catabolismo a través del ingreso
al hígado. El nivel de HDL2 depende de variables fisiológicas (hormonas
sexuales, insulina, ejercicio físico, dieta). El transporte reverso del colesterol es el principal mecanismo antiaterogénico por el cual el colesterol excedente de los tejidos periféricos se transporta hacia el hígado.
Esta ruta metabólica incluye la captación del colesterol libre de los tejidos periféricos por la subfracción de HDL naciente, pre-HDL, con intervención del transportador ABC-AI, su esterificación a través de la
enzima lecitina:colesterol acil transferasa (LCAT) y su captación por el
hígado, en su mayor parte a través de los receptores scavenger SR-B1
(Rader, 2002). Cabe agregar que las HDL ejercen otras funciones antiaterogénicas como la antioxidante, antiinflamatoria o antiapoptótica, entre otras.
Todas las lipoproteínas están presentes en el plasma, sin embargo su
pasaje al subendotelio y retención dependen tanto de su tamaño y
composición química, como del estado del endotelio. En el subendotelio las lipoproteínas pueden unirse a proteoglicanos, sufrir procesos
oxidativos, depositarse en macrófagos e inducir la producción de radicales libres, de citoquinas proinflamatorias y de factores de crecimiento
que influyen en la formación de placas ateromatosas.
Alteraciones del metabolismo lipoproteico
en la enfermedad renal crónica
La enfermedad renal crónica (ERC) está asociada con modificaciones
específicas en el metabolismo lipoproteico, que se desarrollan tempranamente en el curso del deterioro de la función renal lo cual explica
que la incidencia de las complicaciones cardiovasculares (CV) en pacientes con media a moderada insuficiencia renal sea significativamente mayor a lo esperado.
En el cuadro lipoproteico característico de la ERC no siempre se encuentran alterados los parámetros clásicos que relacionan dislipemia
con riesgo CV. En muchos casos, la dislipemia no se expresa con alteraciones en el nivel de colesterol de las LDL y en cambio, las características más frecuentes en el perfil lipídico son la hipertrigliceridemia y la
disminución de los niveles de colesterol de las HDL.
El aumento de TG se asocia estrechamente con el incremento de la apo
CIII transportada principalmente en las VLDL. Esta apolipoproteína tiene una función inhibitoria sobre la enzima lipoproteína lipasa, encargada de hidrolizar los triglicéridos de las lipoproteínas ricas en triglicéridos. La apo CIII se observa incrementada desde estadios tempranos
del deterioro de la función renal, aún cuando los pacientes estén normotrigliceridémicos (Moberly, 1999). El mecanismo íntimo del aumento de apo CIII no se encuentra bien dilucidado.
En los pacientes con ERC en hemodiálisis puede encontrarse un
aumento de las IDL en el plasma en ayunas, el cual constituye un
factor de riesgo independiente. La acumulación de IDL podría deberse a una disminución en la actividad de la lipasa hepática que
presentan los pacientes con ERC, bien documentado en hemodiálisis (González, 2003).
En estos pacientes es inusual encontrar niveles elevados de colesterol
de las LDL asociados con la ERC, pero de todas formas existe la asociación con la enfermedad coronaria aterosclerótica. Sin embargo, aún
cuando el nivel de colesterol de las LDL se encuentre cercano al óptimo,
según la clasificación propuesta por el ATP III (NCEP, 2001), las normativas consideran al descenso del colesterol de las LDL como el objetivo
primario de tratamiento, siempre que los triglicéridos sean menores de
500 mg/dl (K/DOQI, 2003).
Los niveles de colesterol de las HDL también están disminuidos, constituyendo un factor de riesgo independiente de aterosclerosis. Los mecanismos de disminución de esta lipoproteína no se conocen completamente, pero en gran parte estarían asociados con el aumento de los
niveles de TG.
Los pacientes con ERC presentarían modificaciones en las LDL, como alteración de su tamaño y composición, mayor contenido en triglicéridos, carbamilación como consecuencia del elevado nivel de uremia, gli65
Mesa de Trabajo 6 - Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por diabetes
cación en presencia de hiperglucemia y oxidación ante el mayor estrés
oxidativo. En estudios previos se demostró que el tamaño de las LDL es
menor ya en pacientes con leve deterioro de la función renal (de Boer,
2008). Sin embargo, no está determinado el origen metabólico preciso
de esta subespecie en la enfermedad renal crónica.
El riesgo CV de pacientes con diabetes mellitus es aún más elevado en
presencia de ERC, desde el estadio temprano de microalbuminuria, incrementándose con la progresión de la enfermedad renal. La dislipemia en los pacientes con ERD se presenta con un cuadro semejante al
ya descripto, con niveles altos de TG, bajos de colesterol de las HDL y
normales o bajos de colesterol de las LDL. Las partículas de LDL pueden
encontrarse modificadas, ya sea glicosiladas, pequeñas y densas o ricas en triglicéridos, siendo esta última alteración más acentuada en los
pacientes donde coexisten ambas patologías (Attman, 2009; González,
2003). En la diabetes mellitus tipo 2, la actividad de la LH se encuentra
aumentada como consecuencia de la hiperinsulinemia. Cuando se instala la ERC, la actividad de la enzima presenta valores bajos semejantes
a los de los pacientes con ERC sin diabetes mellitus, favoreciendo el enriquecimiento en TG de las LDL.
Alteraciones del metabolismo lipoproteico
en el síndrome nefrótico
Estos pacientes presentan un perfil lipoproteico altamente aterogénico que consiste en valores elevados de colesterol y triglicéridos plasmáticos, aumento de los niveles de VLDL, IDL, LDL y lipoproteína (a)
[Lp(a)], con disminución del colesterol de las HDL. Este cuadro es resultante de una combinación de la síntesis aumentada y el catabolismo disminuido de las lipoproteínas, relacionados a su vez con la hipoalbuminemia. La hipercolesterolemia se adjudica al estímulo de la
enzima clave en la biosíntesis de colesterol, denominada 3-hidroxi3-metilglutaril coenzima A reductasa (HMG CoA reductasa) y a la disminución en la unión de las LDL con sus receptores. La hipertrigliceridemia se debería a la sobreproducción hepática de VLDL compatible con una activación general de la síntesis proteica y enzimática.
Además, contribuye a la hipertrigliceridemia un catabolismo disminuido de las lipoproteínas ricas en triglicéridos por parte de las enzimas lipolíticas. Con respecto a las HDL, las subfracciones de menor
tamaño suelen perderse por el riñón, detectándose en la orina. La actividad de la enzima LCAT se encuentra desminuida, afectando la maduración de las HDL y su funcionalidad. Cabe agregar que el grado de
hiperlipemia correlaciona directamente con la severidad de la proteinuria e inversamente con la albúmina sérica.
Son limitados los estudios que evalúan la dislipemia del síndrome
nefrótico cuando el filtrado glomerular está reducido. Estos pacientes en etapa 1 a 4 presentarían aumento de colesterol total y de las
LDL, agregado a la hipertrigliceridemia (Farbakhsh, 2005). Sin embargo los resultados son controvertidos, ya que otros autores observaron alteraciones menos marcadas que en el síndrome nefrótico no
urémico (Karabina, 2003).
Estudios bioquímicos de lípidos y lipoproteínas en los individuos
con diabetes mellitus en las diferentes etapas de la enfermedad
renal crónica
En los pacientes con diabetes con ERC debe medirse el perfil lipídico /
lipoproteico, que incluye: triglicéridos, colesterol total, colesterol de las
HDL y colesterol de las LDL. (K/DOQI, 2007; Nivel de evidencia E). Se
sugiere efectuar la medida de colesterol de las LDL, pese a que las citadas normas recomiendan la utilización de la fórmula de Friedewald
para calcularlo, dado que la estimación de colesterol de las VLDL supone una lipoproteína de composición normal, contrariamente a lo descripto en estos pacientes.
También se recomienda la determinación de colesterol no HDL como
indicador del colesterol del conjunto de lipoproteínas con apo B (LDL,
IDL y VLDL), y con la ventaja de poder determinarlo sin ayuno previo.
Sin embargo, el colesterol no HDL pierde sensibilidad y especificidad
como marcador de VLDL elevada en pacientes en hemodiálisis (Schreier,
2004; Pennell, 2006; Nivel de evidencia C).
Las condiciones preanalíticas para el estudio lipídico en pacientes con
enfermedad renal crónica en etapas 1 a 4 consisten en un ayuno de 12
horas. El paciente debe mantener su dieta regular y su tratamiento farmacológico antes del estudio, si recibiera insulina, ésta debe aplicarse después de la extracción. En pacientes en hemodiálisis la extracción
debe realizarse de mañana previo al comienzo de la sesión o en el día
interdiálisis (K/DOQI, 2003) también con ayuno de 12 hs.
66
TABLA 2. FRECUENCIA RECOMENDADA PARA LA REALIZACIÓN DE LAS
DETERMINACIONES LIPÍDICAS EN PACIENTES CON ENFERMEDAD RENAL
(ER) POR DIABETES.
Estadio
Determinación
de la ER
1-4
5o
diálisis
Triglicéridos
Colesterol total
Colesterol de las HDL
Colesterol de las LDL
Triglicéridos
Colesterol total
Colesterol de las HDL
Colesterol de las LDL
Frecuencia
Anualmente o luego de 2 a 3 meses si
hay cambios en el estado clínico o el
tratamiento.
Luego de la presentación, cuando el paciente se estabiliza. A partir de allí, anualmente o luego de 2 a 3 meses desde los
cambios en el tratamiento u otras condiciones que causen dislipemias.
Frecuencia recomendada para la realización de estudios bioquímicos en pacientes con ERD
En los pacientes con ERD en estadio 1 a 4, los estudios bioquímicos deben realizarse al menos anualmente, repitiendo las determinaciones 2
a 3 meses después de iniciar o ajustar un tratamiento hipolipemiante
o con cambios sustanciales en albuminuria/proteinuria o filtrado glomerular (K/DOQI, 2007). Los pacientes en etapa 5 deben ser evaluados
cuando se estabilizan con el tratamiento de diálisis y después al menos
anualmente, excepto que se implementen cambios de tratamientos u
otras condiciones que causen dislipemias, en cuyo caso se evaluarán los
parámetros lipídicos a los 2 o 3 meses. (Nivel de evidencia B)
En la Tabla 2 se resume la frecuencia de las determinaciones lipídicas
que se deben realizar en los pacientes con ERD.
Evidencia del tratamiento con hipolipemiantes en pacientes
diabéticos con nefropatía en etapa prediálisis
La ECV es la causa más frecuente de muerte en pacientes con diabetes mellitus y en pacientes con ERC (Haffner, 1998; Go, 2004). Se considera que el riesgo de padecer eventos CV tanto en individuos con diabetes mellitus mayores de 40 años como en pacientes con un filtrado
glomerular estimado (FGe) menor de 60 ml/min por 1,73 m2 es equivalente al de pacientes con enfermedad coronaria establecida (Haffner,
1998; Sarnak, 2003).
Si bien hay estudios que han evaluado el efecto de los agentes hipolipemiantes en pacientes con diabetes mellitus y en menor medida en
pacientes con ERC en etapa prediálisis, no hay estudios que hayan evaluado la eficacia de estos fármacos en pacientes que padecen ambas
condiciones en forma simultánea. Por lo tanto, las recomendaciones
derivadas de esta revisión resultan de la extrapolación de información
disponible para estas patologías por separado.
Evidencias en pacientes con diabetes
El Estudio HEART PROTECTION mostró que en el subgrupo de 5.963 pacientes con diabetes mellitus, la simvastatina en dosis de 40 mg al día
redujo los eventos CV en un 24% (p<0,001) en comparación con el placebo (Collins, 2003). Este beneficio fue independiente de la presencia o
ausencia de enfermedad coronaria y de los niveles iniciales de colesterol de las LDL mayores o menores de 116 mg/dl.
El Estudio CARDS incluyó 2.383 pacientes con diabetes mellitus y factores de riesgo de enfermedad cardiovascular (FRCV), en los que no había evidencia de enfermedad coronaria y mostró resultados muy similares al comparar atorvastatina 10 mg vs. placebo en esta población
(Colhoun, 2004).
Un metaanálisis de 14 estudios aleatorizados con estatinas, en el cual
se evaluaron 18.686 pacientes con diabetes mellitus con un seguimiento de 4,3 años, mostró una reducción significativa de la incidencia de
muerte de causa CV (13%; p<0,001), IAM o muerte de causa CV (22%;
p<0,001), revascularización (25%; p<0,001) y enfermedad vasculoencefálica (21%; p<0,001) en aquellos pacientes tratados con estatinas
comparados con placebo. El beneficio fue similar en pacientes con diabetes mellitus tipo 1 o 2, en pacientes con o sin enfermedad cardiovascular conocida, y en pacientes con niveles elevados o bajos de colesterol de las LDL (Kearney, 2008).
Esta evidencia respalda el tratamiento con estatinas sin tener en cuenta los niveles basales de colesterol de las LDL, en todo paciente con diabetes mellitus y EC establecida y en aquellos pacientes mayores de 40
años con diabetes mellitus y FRCV (dislipemia, hipertensión arterial, tabaquismo, antecedentes familiares de EC precoz, micro o macroalbuminuria) (ADA, 2010).
Mesa de Trabajo 6 - Hipolipemiantes en nefropatía por diabetes
El subanálisis de los estudios Helsinski y VA-HIT (Koskinen, 1992;
Rubins, 2002), así como los resultados de los estudios SENCAP, DAIS
y FIELD (Elkeles, 1998; Diabetes Atherosclerosis Intervention Study
Group, 2001; Keech, 2005) mostraron que los fibratos reducen la incidencia de eventos CV y complicaciones microvasculares en pacientes
con diabetes mellitus. Estos estudios sugieren que pacientes con diabetes mellitus y alteraciones en los niveles de TG y/o de colesterol de las
HDL se beneficiarían del tratamiento con fibratos.
El estudio Coronary Drug Project (Coronary Drug Project Research
Group, 1975) mostró que en pacientes con antecedentes de enfermedad coronaria, el tratamiento con niacina redujo la incidencia de eventos CV en un 14% (p<0,05) y de IAM en un 27% (p<0,05). El seguimiento de estos pacientes realizado a los quince años de terminado
el estudio mostró que aquellos que habían sido aleatorizados a niacina tuvieron una reducción de mortalidad total del 11% (p=0,0004)
comparado con los que previamente habían sido aleatorizados a placebo (Canner, 1986). Un subanálisis de este estudio que evaluó a los pacientes con síndrome metabólico o alteración de la glucemia en ayuno
mostró que aquellos tratados con niacina tuvieron una reducción significativa de la mortalidad y del IAM comparado con el grupo placebo
(Canner, 2002). Se ha observado que si bien la niacina puede empeorar los niveles de glucemia en pacientes con diabetes mellitus, los cambios son mínimos y probablemente sin consecuencias clínicas (Grundy,
2002). Evidencias en pacientes con ERC en etapa prediálisis
El análisis de subgrupo del estudio HEART PROTECTION (Heart
Protection Study Collaborative Group, 2002) y el análisis post-hoc de
los estudios, CARE, WOSCOPS y LIPID (Tonelli, 2004) mostró que la eficacia de las estatinas para reducir eventos cardiovasculares fue similar en pacientes con o sin ER. De un total de 19.700 pacientes incluidos en los estudios CARE, WOSCPS y LIPID, 4.491 tuvieron enfermedad
renal en estadio 2 y 3 (FGe entre 30 y 60 ml/mg por 1,73 m2). El tratamiento con estatinas redujo el evento primario (combinación de muerte CV, IAM o revascularización) un 22% en pacientes con función renal
normal y 23% en el grupo de pacientes con ERC en estadio 3. La presencia de ERC fue un predictor independiente de eventos CV (Tonelli,
2004). Estos hallazgos fueron confirmados en un metaanálisis de 26 es-
tudios que incluyó a 25.017 pacientes aleatorizados a estatinas vs. placebo. El 22% de los pacientes tenía un FGe entre 30 y 60 ml/mg por
1,73 m2. En este subgrupo de pacientes, aquellos aleatorizados a estatinas tuvieron una reducción de la mortalidad total del 19% (RR 0,81;
IC95%: 0,74-0,89) y de la mortalidad de causa CV del 20%, (RR 0,80;
IC95%: 0,70-0,90) sin un incremento significativo de efectos adversos
(Navaneethan, 2009). Finalmente, un subanálisis de pacientes con ERC
(FG < 60 ml/mg por 1,73 m2) del estudio TNT mostró que los pacientes aleatorizados a altas dosis de atorvastatina (80 mg/día) tuvieron
una reducción de 32% (HR 0,68; IC95%: 0,55-0,84; p=0,0003) de eventos CV sin un incremento de efectos adversos comparado a los pacientes tratados con dosis bajas de atorvastatina (10 mg/día) (Shepherd J,
2008). Esta evidencia sugiere que pacientes con ERC en etapa prediálisis se benefician del tratamiento con estatinas y que el beneficio es más
marcado con dosis elevadas.
El efecto de los fibratos en este grupo de pacientes fue evaluado en
un subanálisis del estudio VA-HIT. Los pacientes con ERC en estadios
2 y 3 tratados con gemfibrozil mostraron una reducción de la incidencia de muerte e IAM de 27% (p=0,02) comparado con el grupo placebo (Tonelli, 2004).
Sobre la base de esta información creemos que pacientes con ERD en
etapa prediálisis se benefician del tratamiento con estatinas a dosis
elevadas si son toleradas y que es razonable tratarlos con fibratos o
niacina si tienen niveles elevados de TG (>500 mg/dl). En estos casos se
prioriza el tratamiento de las elevaciones de TG. En casos de niveles bajos de colesterol de las HDL, no existe suficiente evidencia para recomendar el tratamiento con niacina o con fibratos en este grupo de pacientes, en especial cuando no hay presencia de ECV.
En resumen:
• Se recomienda el tratamiento con estatinas en pacientes con ERD
en etapa prediálisis en forma independiente de sus niveles de colesterol de las LDL (Nivel de Evidencia A).
• Se recomienda iniciar el tratamiento con fibratos o niacina en los
pacientes con ERD en etapa prediálisis cuando los niveles de TG son
mayores de >500 mg/dl (Nivel de Evidencia E).
• En los individuos con niveles bajos de colesterol de las HDL y ERD se
pueden utilizar estatinas, fibratos o niacina (Nivel de Evidencia E)
HIPOLIPEMIANTES EN NEFROPATÍA POR DIABETES
INTRODUCCIÓN
Como se ha mencionado al comienzo, los pacientes con ERD tienen una
tasa elevada de morbimortalidad por ECV, en parte debido a que presentan una elevada incidencia de FRCV, como dislipemia, HTA, tabaquismo, obesidad y otros. La corrección de estos factores de riesgo, mediante el tratamiento apropiado, es una pieza clave de las estrategias diseñadas para revertir la alta carga de morbimortalidad de estos pacientes y
los hipolipemiantes se utilizan en forma cada vez más frecuente, en especial las estatinas, para tratar las dislipemias combinadas y severas que
presentan. Al momento de prescribir hipolipemiantes, debe ponderarse
la relación entre riesgos y beneficios derivados de su uso. Por el lado del
riesgo, hay que tomar en consideración que los pacientes con ERD requieren tratamientos complejos e intensivos y son más propensos a sufrir efectos adversos farmacológicos. Por el lado de los beneficios, debe
mencionarse que la justificación del uso de los hipolipemiantes se basa
tanto en la mejoría del perfil lipídico como en la reducción de los eventos cardiovasculares (beneficio clínico). Aún queda por establecerse en
forma consistente el beneficio clínico de los hipolipemiantes para reducir en forma segura la elevada incidencia de ECV de los pacientes con
ERD y en particular aquellos con ERD en estadio 5.
OBJETIVOS DEL TRATAMIENTO HIPOLIPEMIANTE
En los pacientes con ERD, de igual manera que en la población general,
los objetivos del tratamiento hipolipemiante son: 1) la disminución de
la morbimortalidad total de causa CV; 2) la prevención de la pancreatitis asociada a hipertrigliceridemia severa.
Existe un tercer objetivo, ya específico de esta población, que es la disminución de la velocidad de progresión del daño renal que se asocia
con las dislipemias, en los individuos con ERC establecida.
TABLA 3. METAS LIPÍDICAS EN PACIENTES CON ENFERMEDAD RENAL
POR DIABETES (adaptado de ADA 2010 y K/DOQI).
Metas (mg/dl)
Sin ECV previa
Con ECV previa
Colesterol de las LDL
<100
<70
Colesterol no HDL
<130
<100
TG
<150
Colesterol de las HDL (mujeres)
>50
Colesterol de las HDL (hombres) >40
Metas lipídicas
Diversas guías sugieren cuáles son las metas lipídicas a alcanzar,
en especial las metas de colesterol de las LDL. (ADA 2010, ATP III,
K/DOQI) Cuanto mayor es la probabilidad de un sujeto de sufrir alguna manifestación de ECV en un breve lapso, por lo general se
toma como base los siguientes 10 años, mayor es la intensidad del
tratamiento, lo que en término de metas significaría alcanzar un
menor nivel. Debido a que se considera que los sujetos con ERD
tienen alto riesgo de ECV y más aún si tienen historia de EC clínica, la meta de colesterol de las LDL a alcanzar es menor de 100
mg/dl y menor de 70 mg/dl, respectivamente (Tabla 3).
Las metas de TG, de colesterol de las HDL y de colesterol no HDL
difieren entre las diferentes guías. De todas maneras, conviene
señalar que el criterio para establecer los puntos de corte de las
diferentes metas se basa más en opiniones de expertos que en
evidencias clínicas, por lo que asumir uno u otro valor muchas
veces es arbitrario. Más aún, debido a que el riesgo es continuo a
través de los niveles lipídicos, muchas veces es razonable alcanzar
el mejor valor posible con un tratamiento que sea bien tolerado,
que se pueda afrontar y que tenga una base racional.
67
Mesa de Trabajo 6 - Hipolipemiantes en nefropatía por diabetes
TABLA 4. FACTORES PREDICTORES DE EFECTOS ADVERSOS POR HIPOLIPEMIANTES
• Edad avanzada
• Sexo femenino
• Enfermedad renal
• Diabetes mellitus
• Hipotiroidismo
• Polimedicación
• Tratamientos hipolipemiantes combinados
• Dosis elevadas de hipolipemiantes
• Uso concomitante de medicamentos que alteren las concentraciones
plasmáticas de los hipolipemiantes
CONSIDERACIONES DEL TRATAMIENTO HIPOLIPEMIANTE
EN LOS PACIENTES CON ERD
A la hora de implementar un tratamiento hipolipemiante hay diversas
consideraciones generales que deben tomarse en cuenta. Además de
éstas, en los pacientes con ERD se deben hacer algunas consideraciones
específicas tanto en el aspecto de la seguridad como en el de la eficacia. Esto surge debido a que los fármacos hipolipemiantes han sido ensayados mayormente en la población general, por lo que es preferible,
cuando esté disponible, contar con información específica de sus efectos en los pacientes con ERD, antes de extrapolar conclusiones obtenidas en población general (véase “Evidencias”).
• Seguridad: si bien los hipolipemiantes son fármacos considerados
seguros en términos generales, los sujetos portadores de ERD tiene mayor incidencia de efectos adversos cuando utilizan hipolipemiantes.
Esto puede deberse a que con más frecuencia tienen condiciones que
se saben son predictores de efectos adversos (Tabla 4). Además, estos pacientes tienen muchas veces dislipemias más complicadas y que
necesiten tratamiento intensivo por lo que es más frecuente que requieran tratamientos hipolipemiantes combinados, que acarrean la posibilidad de interacciones farmacocinéticas (cambios en niveles plasmáticos) y farmacodinámicas (suma de efectos adversos). Por otro lado,
cuando los efectos adversos ocurren en pacientes con ERD, suelen ser
más graves (p. ej., rabdomiólisis en sujetos con ERC previa). Finalmente,
algunos efectos adversos que se les adjudican a los hipolipemiantes,
ocurren también en pacientes con ERD que no los reciben (calambres,
cansancio).
• Eficacia: la eficacia de los hipolipemiantes puede medirse, por un
lado, en términos de normalización del perfil lipídico y, por el otro, tal
vez más importante, en términos de disminución de la incidencia de
enfermedad cardiovascular, prevención de la pancreatitis y retraso en
la progresión de la enfermedad renal (véase “Objetivos”). La aparente normalización del perfil lipídico que se observe con un fármacos no
siempre se acompañará de mejoría del pronóstico clínico, por lo que, a
la hora de seleccionar un hipolipemiante, debe considerarse la información disponible sobre los beneficios que de su uso se espera en términos de morbimortalidad, como se describió en “Evidencias”.
Efectos sobre el perfil lipídico de los principales
fármacos hipolipemiantes
Los fármacos hipolipemiantes tienen efectos múltiples sobre el perfil lipídico, y la mayoría de ellos modifican más de un componente, como
son las distintas fracciones del colesterol y los TG. Incluso, pueden llegar a tener un efecto desfavorable sobre alguno de ellos, aunque el beneficio neto de estos efectos combinados sólo puede deducirse de los
ensayos clínicos.
A continuación se mencionan las principales acciones de cada hipolipemiante, ordenados de acuerdo a la eficacia máxima que presentan
en cada una:
• Reducción del CT y de las LDL: estatinas, colestiramina, ezetimibe,
niacina.
• Reducción en los TG: fibratos, niacina, ácido grasos de la serie Ω3.
• Aumento del colesterol de las HDL: niacina, fibratos, estatinas
• Reducción del colesterol de los quilomicrones: ezetimibe
Las estatinas son los fármacos hipocolesterolemiantes más eficaces. Si
bien el efecto primordial de las estatinas es la reducción del CT y de las
LDL, también poseen un efecto hipotrigliceridemiante que depende de
la eficacia de cada estatina y de los niveles basales de TG. El aumento de los niveles de colesterol de las HDL que producen en general es
menor, con diferencias entre cada una de las estatina, aunque se cree
que mejoran el transporte reverso de colesterol desde los tejidos hacia
el hígado para su posterior eliminación. Las estatinas también tienen
68
otros efectos que son independientes de la mejoría del perfil lipídico
que producen. Estos efectos, llamados pleiotrópicos, que abarcan desde
reducción del riesgo de fracturas, antiproliferativos o antiinflamatorios
hasta efectos adversos musculares, pueden considerarse al momento de
administrarlas, pero todavía no son la base para la decisión prescriptiva.
La colestiramina, una resina de intercambio no absorbible que actúa
en el intestino, tiene un efecto discreto sobre los niveles de colesterol
de las LDL, con reducciones que no superan el 20% en sus dosis máximas. Además de ser pobremente toleradas y de alterar la absorción de
otras drogas, pueden aumentar los niveles de TG, efecto indeseable en
pacientes con ERD en los cuales la presencia de hipertrigliceridemia es
casi una constante.
El ezetimibe también actúa en el intestino, aunque a través de un mecanismo diferente del de las resinas y los fitoesteroles. Su efecto predomina sobre el CT y las LDL, con efectos casi imperceptibles clínicamente
sobre las otras fracciones, aunque hay variabilidad individual de la respuesta al fármaco. Es el único que modifica la composición de los quilomicrones antes de que alcancen el hígado, aunque los beneficios clínicos derivados de su uso todavía permanecen sin demostrar.
La niacina tiene su efecto primordial sobre los niveles de colesterol de
las HDL, de lo que cabe esperar que mejore el transporte reverso de colesterol. Además, la niacina disminuye los niveles de TG y de CT y de
otros componentes del perfil lipídico, aunque es escasa la información
de sus efectos en pacientes con ERD. Su perfil de efectos adversos algunas veces limita su uso.
Los fibratos son los fármacos con mayor eficacia hipotrigliceridemiante. Además, aumentan los niveles de colesterol de las HDL. Los primeros
fibratos, llamados de primera generación como el gemfibrozil o el bezafibrato, pueden aumentar los niveles de colesterol de las LDL, mientras que el fenofibrato y el ciprofibrato no presentan este efecto indeseable. Sin embargo, la información sobre la relevancia clínica de este
efecto diferencial de los fibratos no es fácil de interpretar.
Los aceites de pescado son ricos en ácidos grasos de la serie Ω3, con
el uso de los cuales se han observado importantes beneficios clínicos.
Cuando se utilizan en dosis altas, tres a cuatro gramos por día, reducen
los niveles de TG en forma discreta. Si bien su consumo puede incrementarse a través de una dieta rica en pescados grasos de mar, existen
preparados farmacéuticos que contienen cantidades variables del principio activo, los ácidos grasos EPA y DHA.
En la actualidad existen hipolipemiantes en desuso o de uso muy restringido ya sea por sus efectos adversos, por su falta de eficacia clínica
o ambos: clofibrato, probucol, policosanol, ácidos grasos de la serie Ω3
de origen no marino y otros.
Táctica hipolipemiante
La primera medida a implementar debe dirigirse a optimizar el control glucémico y a la modificación terapéutica de los hábitos de vida:
alcanzar y mantener un peso corporal adecuado, evitar el sedentarismo y abandonar el tabaquismo. Estas medidas, también mencionadas como tratamiento no farmacológico, son la primera línea de tratamiento. Algunos pacientes, por sus características clínicas o por sus valores lipídicos, deben iniciar tratamiento con fármacos hipolipemiantes
en el mismo momento del diagnóstico. En los pacientes con hipertrigliceridemia mayor de 500 mg/dl, se debe iniciar un fibrato, por el
riesgo de pancreatitis, junto con una dieta hipograsa estricta y la prohibición absoluta de tomar bebidas alcohólicas. En los individuos con
enfermedad coronaria establecida, o en pacientes con ERD mayores
de 40 años (hombres) o de 50 años (mujeres), se recomienda comenzar
con estatinas, en forma independiente de sus niveles de lípidos, mientras no existan contraindicaciones para su uso.
Si los valores de colesterol de las LDL superan a las metas por más de
30 mg/dl, puede iniciarse el tratamiento farmacológico hipolipemiantes en forma simultánea con las medidas no farmacológicas.
En el siguiente cuadro se presenta un algoritmo útil para elegir el tratamiento farmacológico de las dislipemias en pacientes con ERD, de
acuerdo al perfil lipídico que presenten (Figura 1).
En los pacientes con hipertrigliceridemia, en los que los niveles de TG
son inferiores a 500 mg/dl y presentan niveles normales de colesterol
de las LDL, se recomienda usar estatinas antes que fibratos, debido a
que está más ampliamente establecida su eficacia clínica.
En los pacientes que presentan disminución de colesterol de las HDL en
forma aislada se recomienda iniciar modificaciones terapéuticas del estilo de vida: descenso de peso, abandono del tabaquismo y actividad
física de acuerdo con la aptitud del paciente (véanse las recomenda-
Mesa de Trabajo 6 - Hipolipemiantes en nefropatía por diabetes
TG >500 mg/dl
LDL -C aumentado
TG
normales
Fibratos
Niacina
Ω3
Estatinas
Estatinas + resinas
Estatinas + niacina*
Estatinas + ezetimibe
TG aumentados
HDL -C bajo
TG
aumentados
LDL -C
normal
Estatinas
Estatinas +
Ω3
Estatinas + niacina*
Estatinas
Fibratos
Fibratos +
Ω3
Niacina
Niacina + Ω3
Niacina
Estatinas
Fibratos
Figura 1. Algoritmo de tratamiento farmacológico de las dislipemias en pacientes con ERD. *Usar con precaución y en dosis reducidas
ciones para prescribir actividad física en el capítulo correspondiente).
Sobre la base de la evidencia disponible, el ATP III reserva el tratamiento farmacológico para aquellos pacientes que ya hayan padecido con
anterioridad un evento vascular (prevención secundaria) (NCEP, 2001).
El estudio VA-HIT (realizado en pacientes con función renal normal)
mostró que 1.200 mg/d de gemfibrozil administrados a más de 2.500
hombres con disminución del colesterol de las HDL durante 5,1 años
disminuyó el riesgo de recurrencia de IAM, y este beneficio se extendió también a los pacientes con diabetes mellitus que participaron del
estudio (Rubins, 2002). Sin embargo, creemos que no existe suficiente evidencia del beneficio del tratamiento farmacológico en pacientes
con ERD cuya única alteración lipídica sea la disminución del colesterol de las HDL.
Combinaciones de hipolipemiantes
Los pacientes con ERD muchas veces presentan dislipemias complejas
y severas que requieren el uso de más de un hipolipemiante para controlarla. Debido a que los pacientes con ERD son más susceptibles a sufrir efectos adversos y a la posibilidad de interacciones farmacológicas,
tanto farmacocinéticas como farmacodinámicas, el uso de dosis altas o
de combinaciones de hipolipemiantes debe hacerse con sumo cuidado.
La terapia debe iniciarse con las dosis más bajas de los hipolipemiantes
para ir subiendo en caso de no alcanzar las metas, en un proceso que se
denomina up titration. Nunca deben superarse las dosis máximas recomendadas (Tabla 5).
En el caso de combinar distintos hipolipemiantes, se debe evitar la
combinación de fibratos y estatinas en pacientes con ERD.
Cuando el paciente es portador de enfermedad renal avanzada,
esta guía sugiere no combinar estatinas con fibratos, por el riesgo aumentado de rabdomiólisis que tienen estos pacientes al recibir dichas combinaciones.
Si bien la combinación de estatinas con niacina no está contraindicada en estos pacientes, su uso debe restringirse por cuestiones de
seguridad.
Efectos adversos de los hipolipemiantes
Es de suma importancia considerar la seguridad de los fármacos hipolipemiantes en pacientes con ERD. La mayor preocupación con el
uso de estos fármacos es su asociación con rabdomiólisis, una grave enfermedad producida por daño agudo de las fibras musculares.
Los casos de rabdomiólisis asociados al uso de estatinas reportados
en la literatura ocurrieron de manera más frecuente en mujeres, en
pacientes con diabetes mellitus o de ERC, con el uso de estatinas en
altas dosis o en combinación con fibratos o con inhibidores del metabolismo hepático, en particular con ciclosporina A. Para evitarlo, en pacientes con ERD se recomienda que las estatinas sean usadas en dosis bajas y evitar su administración conjunta con los fármacos mencionados.
Otros efectos adversos incluyen síntomas gastrointestinales, alopecía,
trastornos del sueño, calambres, ataques de gota, rash, cefalea, etc.
Dentro de las alteraciones de laboratorio más comunes que se observan
en los individuos que utilizan hipolipemiantes se mencionan elevación
de transaminasas hepáticas y de CK, elevación de creatinina (con fibratos), hiperglucemia, hiperuricemia, proteinuria y otros.
En forma infrecuente las estatinas se han relacionado con neuropatía periférica. Muchas veces no es sencillo identificar a estos fármacos
como los responsables de estos síntomas, en especial debido a que los
pacientes con ERD tienen una incidencia aumentada de esta patología.
TABLA 5. AJUSTE NECESARIO DE LAS DOSIS DE LOS HIPOLIPEMIANTES
SEGÚN LAS CIFRAS DE FGE (HARPER C, 2008; K/DOQI, 2003)
Estadio 1 Estadio 2 a 4 Estadio 5
Notas
Estatinas
Atorvastatina
Fluvastatina
Lovastatina
Pravastatina
Rosuvastatina
Simvastatina
No
No
No
No
No
No
No
?
↓ 50%
No
5 a 10 mg
↓ 50%
No
↓ 50%
↓ a 25%
?
?
↓ 50%
↓ 50%
No
↓ a 25%
↓ a 25%
↓ 50%*
Evitar
?
Evitar
Evitar
Evitar*
No
No
↓ 50%
No
No
↓ 50%
↓ 50%
↓ 50%
No
Iniciar con 10 mg
5 a 10 mg
↓ 50%
Iniciar con 5 mg
Fibratos
Bezafibrato
Ciprofibrato
Clofibrato
Fenofibrato
Gemfibrozil
Puede ↑ Cr sérica
Puede ↑ Cr sérica
Puede ↑ Cr sérica
Puede ↑ Cr sérica
Puede ↑ Cr sérica
Niacinas
Cristalina
Liberación
extendida
Inhibidores de la absorción de colesterol
Ezetimibe
Fitoesteroles
Resinas
Colestiramina
No
?
No
?
No
?
No
No
No
Ácidos grasos
Serie Ω3 de
No
No
No
origen marino
* Las guías K/DOQI difieren en la recomendación y recomiendan su uso,
aún en pacientes con enfermedad renal estadio 2 a 5.
Efectos adversos sobre la función renal y el metabolismo de
los hidratos de carbono producidos por los hipolipemiantes
Se ha comunicado que las estatinas pueden producir proteinuria de
tipo tubular. Este hallazgo podría ser más un efecto “fisiológico”, producido por disminución del mecanismo de endocitosis mediado por receptor en las células del los túbulos proximales, relacionada con la reducción del mevalonato que inducen las estatinas, más que con un
efecto tóxico tubular directo. Asimismo, no se encuentran evidencias
de que la proteinuria sea de origen glomerular. Para aclarar esta situación, los estudios que evaluaron la evolución de la función renal en individuos bajo tratamiento con estatinas mostraron que estos fármacos
reducen la progresión de la enfermedad renal en individuos con deterioro de la función renal (Bianchi, 2003).
Algunos estudios han encontrado aumentos de urea y creatinina en los
pacientes bajo tratamiento con fenofibrato, ciprofibrato y bezafibrato,
pero no en aquellos tratados con gemfibrozil (Broeders, 2000). Más del
50% de los casos fueron pacientes receptores de trasplante de riñón,
entre los que hubo algunos casos de deterioro irreversible de la función
renal. Sin embargo, otros autores, en una revisión del tema, creen que
este efecto adverso de aquellos fibratos tiene relación con interacciones medicamentosas (Guam, 2001). Podría concluirse que debe controlarse la función renal en forma periódica en los individuos bajo tratamiento con fenofibrato, bezafibrato, o ciprofibrato y que los pacientes
sometidos a trasplante renal el gemfibrozil es el único fibrato que debería usarse (K/DOQI, 2007).
69
Mesa de Trabajo 6 - Hipolipemiantes en nefropatía por diabetes
TABLA 6. ESTUDIOS BIOQUÍMICOS PARA CONTROL DE EFICACIA Y
SEGURIDAD DEL TRATAMIENTO HIPOLIPEMIANTE.
• Colesterol total
• Triglicéridos
• Colesterol de las HDL
• Colesterol de las LDL
• CK
• Hepatograma
En el caso de utilizar niacina, se recomienda la determinación periódica
de glucemia y uricemia.
La primera línea del tratamiento de las dislipemias en los pacientes con
ERD es la modificación terapéutica del estilo de vida. La utilización de
hipolipemiantes es cada vez más frecuente y se deben considerar tanto
la eficacia clínica como la seguridad del tratamiento. Las estatinas son
los fármacos preferibles en la mayoría de las situaciones que se presentan, aunque las evidencias del uso de hipolipemiantes en pacientes con
ERD son escasas y a veces de difícil interpretación, y siempre debe prevalecer el criterio del médico tratante.
BIBLIOGRAFÍA
Ajuste de dosis de los hipolipemiantes en pacientes con ERD
•
El riñón participa del metabolismo de la mayoría de los hipolipemiantes, ya sea eliminando el fármaco intacto, como en el caso de los fibratos, o los metabolitos, como en el caso de las estatinas y otros. Estas acciones explican en parte el motivo por el que estos pacientes son más
susceptibles a sufrir de interacciones farmacocinéticas. Además, en pacientes con ERD existen otras causas de interacciones farmacológicas
que se exacerban a medida que el deterioro de la función renal es mayor, por lo que las dosis de los hipolipemiantes deben ajustarse al FGe,
según se describe en la Tabla 5.
•
Medicaciones restringidas
Debido a la interacción con ciertas drogas, principalmente a nivel del
metabolismo hepático (citocromo p450 3A4), se recomienda no combinar los hipolipemiantes con las siguientes drogas: amiodarona, antifúngicos azólicos (ketoconazol, fluconazol, itraconazol, etc.), antivirales
(inhibidores de la proteasa, efavirenz, delavirdine), ciclosporina A, danazol, fluvoxamina, macrólidos (eritromicina, claritromicina, etc.), meglutimidas (repaglinida, etc.), nefazodona, tiazolidindionas (pioglitazona, rosiglitazona), verapamilo. Está formalmente contraindicada la
asociación de gemfibrozil con estatinas
Tampoco se recomienda el uso simultáneo de estatinas con las siguientes drogas: cimetidina, diltiazem (en particular con simvastatina), diclofenac y fenitoína (con fluvastatina). En sentido opuesto, la griseofulvina puede disminuir los niveles plasmáticos de las estatinas, por
ser un inductor hepático.
El alcohol, las bebidas calientes y los complejos vitamínicos potencian
los efectos adversos de la niacina y las drogas vasoactivas la hipotensión postural. La colestiramina disminuye la biodisponibilidad de varios
medicamentos, al interactuar a nivel de su absorción, por lo que se recomienda no administrarlos en forma conjunta, sino que estos fármacos deben administrarse con una diferencia de varias horas entre sí. El
bezafibrato puede aumentar la utilización de glucosa y potencia los
efectos de la insulina y las sulfonilureas. Se debe considerar que todos
los hipolipemiantes potencian el efecto de los anticoagulantes orales.
Contraindicaciones para el uso de hipolipemiantes: hipersensibilidad a
los componentes, enfermedad hepática activa, elevaciones persistentes de la transaminasas hepáticas, mujeres en edad fértil que no utilicen un método anticonceptivo adecuado, embarazo, lactancia, niños
menores de 10 años.
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
Controles periódicos de eficacia y seguridad
Luego de iniciar, agregar o modificar la dosis de un hipolipemiante,
debe hacerse un control de eficacia y seguridad del tratamiento hipolipemiante. Consiste en un cuestionario sobre síntomas de intolerancia y estudios bioquímicos, los que se realizan sobre una base regular (Tabla 6).
Una vez definido el tratamiento se pueden agendar visitas de seguimiento a intervalos más extensos, los que no deben superar los seis meses. Es preferible agendar una visita más temprano que tarde, en particular si existen factores de riesgo para efectos adversos (véase Tabla 4)
•
CONCLUSIONES
•
Los pacientes con ERD tienen un alto riesgo cardiovascular, en parte
debido a la alta incidencia de FRCV tales como la dislipemia, la HTA,
el tabaquismo y la obesidad, entre otros. Para reducir la incidencia de
ECV en estos pacientes, el tratamiento de los FRCV es una de las medidas más importantes.
En el paciente con ERD, el metabolismo lipídico va sufriendo modificaciones de acuerdo con la etiología de la enfermedad renal, su estadio y
el grado de control glucémico. Debido a esto, la evaluación del metabolismo lipídico se realiza al inicio y en intervalos periódicos de acuerdo con la evolución del paciente.
70
•
•
•
•
•
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DISLIPIDEMIAS EN EL PACIENTE CON ENFERMEDAD RENAL POR DIABETES EN TRATAMIENTO
SUSTITUTIVO DE HEMODIÁLISIS
Elbert Alicia
INTRODUCCIÓN
La prevalencia de tratamiento sustitutivo renal en el último informe
del Registro Latinoamericano de Diálisis y Transplante mostró un crecimiento en los últimos años en los países de Latinoamérica de 119
pacientes por millón de población (pmp) en 1991 a 478,2 pmp en el
2005; el 57% de dicha población inició con tratamiento de hemodiálisis (HD), el 23% con diálisis peritoneal y 20% recibió trasplante renal
(Cusumano, 2008).
La difícil situación socioeconómica en la mayoría de estos países dificulta el acceso y el registro completo de los pacientes en tratamiento
sustitutivo, lo que determina una incidencia muy variable según el país
(Cusumano, 2006).
Aunque en nuestro país aún no se han publicado los datos del año
2009, los pacientes con nefropatía por diabetes (ND) en tratamiento
sustitutivo han aumentando en forma continua; datos preliminares parecen mostrar cifras de incidencia cercanas al 36%, con una prevalencia en el orden del 28%.
La enfermedad renal por diabetes (ERD) en los países desarrollados es
la primera causa de ingreso al tratamiento sustitutivo renal, y también
constituye la causa de mayor incidencia y prevalencia en las unidades de diálisis de la Argentina según el Registro Argentino de Diálisis
Crónica 04/05 Publicado por el INCUCAI.
Los pacientes con diabetes mellitus (DM) tipo1 sin tratamiento adecuado desarrollan ER en el 40% de los casos y alcanzan el estadio 5 aproximadamente en 20 a 25 años; la ER es la principal causa de morbimortalidad en esta población (Krolewski,1987).
Los pacientes con DM tipo 2, en cambio, desarrollan deterioro crónico de la función renal en el 20 al 40% (Martínez-Castelao, 2008),
en otros estudios solo lo alcanzan en el 5 al 10%, observándose que dicha prevalencia es muy variable según las diferentes etnias
(DeFronzo, 1995).
Se debe destacar que los pacientes con DM tipo 2 constituyen el conjunto mayoritario de los pacientes con DM en los centros de HD. Esto
se debe a su alta prevalencia en la población general (donde representan aproximadamente el 90% de las personas con DM) (Parving, 2001).
La enfermedad cardiovascular es la principal causa de morbimortalidad de los pacientes con ER en tratamiento sustitutivo de hemodiálisis. Su mortalidad es 10 a 30 veces superior que la de la población general (Sarnak, 2000; Levey, 1998), lo que determinó que los pacientes
con ER sean considerados por la National Kidney Foundation (NKF),
al igual que los DM por la National Cholesterol Education Program
(NCEP, 2001), personas con riesgo equivalente a los que presentaron
enfermedad coronaria.
Los pacientes con ER presentan los factores de riesgo de enfermedad
cardiovascular clásicos (Rostand, 1991) y otros no clásicos, entre los
que se encuentran los determinados por la ER, la uremia y la modalidad de tratamiento sustitutivo (alteración del volumen sanguíneo, hipertrofia ventricular izquierda, alteración del metabolismo fosfocálcico, anemia, aumento de la homocisteína, proceso inflamatorio desencadenado por el uso de material bioincompatible, aumento de los productos glicados, oxidados y otros).
La complejidad de la interacción de todos estos factores hace difícil establecer el verdadero rol del metabolismo de los lípidos y las lipoproteínas sobre la aterogénesis, la progresión de la ER y los eventos cardiovasculares en las diferentes etapas.
Desarrollaremos los conceptos más importantes de las alteraciones lipoproteicas de los pacientes con diabetes e insuficiencia renal en hemodiálisis (Chan, 2008) a considerar para encarar su tratamiento.
ALTERACIONES PRESENTES EN PACIENTES
CON DIABETES EN HEMODIÁLISIS
Los pacientes en hemodiálisis (HD) presentan modificaciones que se caracterizan por múltiples alteraciones cualitativas y cuantitativas en la
composición y el metabolismo de los lípidos (Vazari, 2006) y de las lipoproteínas (Goldberg, 1993; Shoji, 2006), que hacen difícil también determinar su rol en las complicaciones cardiovasculares.
71
Mesa de Trabajo 6 - Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por diabetes en tratamiento sustitutivo de hemodiálisis
Según las guías del ATP III, sólo el 20,2% presentan niveles normales
si consideramos valores de LDL <130 mg/dl, HDL >40 mg/dl, triglicéridos <150 mg/dl.
Las alteraciones halladas más frecuentemente son:
• En el perfil lipídico básico
0 Colesterol total normal, alto o bajo (no es un parámetro suficiente para evaluar el riesgo cardiovascular salvo que se encuentre francamente aumentado, lo ideal es conocer la distribución del colesterol entre las partículas aterogénicas y/o antiaterogénica y la relación que existe entre ellas).
0 Triglicéridos aumentados, la hipertrigliceridemia es lo más
característico.
0 Colesterol-HDL disminuido.
0 LDL colesterol puede presentar niveles similares a la población
general, sin embargo se observan alteraciones cualitativas constituyendo partículas cLDL cargadas con triglicérido lo que determina partículas de LDL pequeñas y densas (Attman, 1992;
González, 2003).
• En las lipoproteínas
0 Aumento de las VLDL (lipoproteína de baja densidad) (Attman,
1993).
0 Aumento de la IDL (lipoproteína de densidad intermedia)
(González, 2003).
0 Niveles normales o reducidos de LDL (lipoproteína de baja
densidad).
0 Disminución de la HDL (lipoproteína de alta densidad).
0 Aumento de remanentes de quilomicrones (Wanner, 2000). El
aumento de las VLDL, de las IDL y de los remanentes de quilomicrones, son la causa principal del aumento de los triglicéridos, estas alteraciones se ven asociadas generalmente a una disminución de la HDL (Hiroaki,1998).
Estas modificaciones en el metabolismo de las lipoproteínas se producen
por: 1) alteración en la composición y en el contenido en apoproteínas;
2) disminución o defecto en la acción de las enzimas lipolíticas (Chan,
1984); 3) alteraciones por causas inherentes al tratamiento.
1. Alteración en la composición y en el contenido en apoproteínas
• La VLDL se sintetiza en el hígado, transporta fundamentalmente triglicéridos endógenos y es degradada por la lipoproteinlipasa (LPL). La LPL presente en el endotelio vascular, hidroliza normalmente los triglicéridos contenidos en estas partículas, acción fundamental para su degradación. Esta enzima es activada por la presencia de Apo CII e inhibida por la Apo CIII.
Puede presentar varias alteraciones en su composición en HD:
0 Aumento en su contenido de colesterol.
0 La relación de las apoproteínas CII/ CIII se halla disminuida, fundamentalmente a expensas del aumento de la Apo CIII, lo que
resulta en la inhibición de la actividad de la lipoproteinlipasa
(LPL) (Arnadottir, 1995).
0 Puede existir un aumento de otras apoproteínas anómalas en la
VLDL como Lp-B:C, Lp-B:C:E y LpAII:B:C:D:E (Lee, 2002).
La presencia de cualquier de estas modificaciones en la VLDL resulta en una menor afinidad por la LPL, disminuyendo su catabolismo
y aumentando su nivel plasmático.
• Las IDL (lipoproteínas de densidad intermedia) formadas en los pacientes en tratamiento de HD de la degradación de las VLDL alteradas contienen mayor cantidad de triglicéridos y de apoproteínas
anómalas (APO CIII); estas alteraciones, junto con la menor actividad de la lipasa hepática (LH), producen una disminución de su catabolismo, prolongando la persistencia de las IDL anómalas en la
circulación, que dan como resultado un aumento de estas partículas altamente aterogénicas en plasma en estas circunstancias
(Attman, 1992).
• La HDL naciente puede provenir del hígado, intestino o ser formada
con producto de la degradación de las lipoproteínas de VLDL y trasformarse por acción de la enzima lecitin colesterol acil transferasa
(LCAT) que esterifica el colesterol libre en HDL3 y luego en HDL2.
Este proceso normal se ve alterado en los pacientes en HD fundamentalmente por:
0 Disminución de la actividad de la LCAT por la disminución de la
apolipoproteína A1 (ApoA1) cofactor de dicha enzima. Este proceso disminuye la formación de HDL2.
72
0 El aumento de la proteína transportadora de éster de colesterol (CETP) favorece el intercambio del colesterol y de los triglicéridos entre las HDL y las lipoproteínas VLDL y LDL. Este proceso resulta en la formación de una HDL rica en triglicéridos, partícula más susceptible de ser degradada por la LH.
Ambas alteraciones resultan en una disminución de los niveles y la
cualidad de la HDL plasmáticos.
La HDL es fundamental para el transporte reverso del colesterol
desde los tejidos periféricos hacia el hígado. Por lo tanto, una disminución en los niveles o un desempeño anormal de ella provoca
una disminución en esta función antiaterogénica, así como una alteración de su efecto antioxidante de la LDL, o en su función protectora endotelial, etc. (Bagdade, 1977).
• La LDL puede hallarse en cantidades normales, disminuidas y excepcionalmente aumentadas. Sin embargo, igual que las VLDL y la
IDL pueden sufrir solo modificaciones cualitativas por:
0 Aumento de su contenido en triglicéridos. Estas alteraciones modifica la estructura habitual de la LDL transformándola en partículas pequeñas y densas (patrón B) que son más
aterogénicas.
0 Puede contener apoproteína C, E y Apo IV ninguna presente en
la LDL normal, lo que altera su estructura y disminuye su catabolismo al no poder ser degradada por no ser reconocida por
los receptores B/E (Kim, 2005).
0 El aumento de sustancias como glucosa y/o péptido en los pacientes con DM y/o ER crónica, producido por alteración del balance entre la producción y la eliminación de las mismas, resulta
en un aumento de las LDL “glicadas” (Papanastasiou, 1994), que
presenta propiedades proaterogénicas.
0 Los radicales libres aumentados por el aumento del “estrés
oxidativo” (Himmelfarb, 2002) y la disminución de sustancias antioxidantes como la vitamina E (Mune, 1999) alteran la composición de la LDL, lo que favorece la formación
de LDL “oxidada” partícula altamente aterogénica (Maggi,
1994; Sutherland, 1995).
Normalmente la LDL colesterol es removida del plasma por los receptores específicos B/E que se hallan fundamentalmente en el hígado, su captación “inhibe” la síntesis celular del colesterol a través de la inhibición de la enzima 3 hidroxi-metil glutaril coenzima
A reductasa.
La presencia de partículas de LDL modificada, altera su unión a
los receptores habituales favoreciendo su captación por los macrófagos que al cargarse con colesterol forman células espumosas que se depositan en la pared de los vasos favoreciendo la
ateroesclerosis, se observa en HD un aumento del dichas lesiones (Sakata 1999).
• Los quilomicrones son partículas producidas en el intestino, que
transportan los triglicéridos exógenos provenientes de la dieta y
muestran en los pacientes con DM y/ o ER cambios en su composición, tanto en el contenido en lípidos, como en las apoproteínas
que transportan.
Estas alteraciones en HD, junto con la disminución de la actividad
de la LPL que interviene en la hidrólisis de los triglicéridos presentes en los mismos, producen modificaciones en su catabolismo y un
aumento en el nivel de remanentes de quilomicrones en el plasma
(Nestel, 1982).
• Alteración de la Lp(a): es una lipoproteína que ha sido relacionada
con la ateroesclerosis y en algunos estudios realizados en pacientes en HD esta aumentada hasta 4 veces. Su estructura es muy parecida a la del plasminógeno por lo que interfiere en la fibrinolisis
promoviendo la formación de trombos. Si embargo no esta claro su
rol en la aterogénesis, en el riesgo de obstrucción del acceso, ni en
la morbimortalidad cardiovascular en esta etapa (Mittmann, 1996).
Véase Tabla 1.
2. Disminución o defecto en la acción de las enzimas lipolíticas
Las modificaciones observadas en las enzimas pueden producirse
por:
· Alteración de la cantidad o calidad de la acción de la insulina
(Alvestrand, 1997).
· Alteración de la composición de las lipoproteínas.
· Toxinas urémicas.
· Hiperparatiroidismo y/o aumento del calcio intracelular.
· Acción de la heparina.
Mesa de Trabajo 6 - Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por diabetes en tratamiento sustitutivo de hemodiálisis
TABLA 1. ALTERACIONES LIPÍDICAS EN HEMODIÁLISIS.
Composición de Alteración de
Composición
Lipoproteína
las apolipopro- los receptores
lipídica
teínas
y enzimas
Apo CIII ↑;
Colesterol ↑
LPL ↓
ApoCII/CIII↓
VLDL Aumenta Triglicérido ↓
Apo E ↓ ↑;
LH ↓
Proteínas ↑
Apo B 48 ↑
Colesterol ↓
Apo CIII ↑;
IDL Aumenta
LH ↓
Proteínas ↑
Apo E ↑
Colesterol ↓
Apo B ↑;
↓ Captación
LDL normal
Triglicérido ↑
Apo CIII ↑;
por receptores
Proteínas ↑
Apo E ↑; Apo IV
Apo CIII ↑;
LCAT ↓
↓ Transporte
ApoCII ↓
Colesterol ↓
HDL disminuye
Triglicérido ↑
Apo E ↑;
reverso del
Apo AI ↓
colesterol
IDL: lipoproteínas de densidad intermedia. LDL: lipoproteínas de baja
densidad. HDL: lipoproteínas de alta densidad. Apo: apoproteínas.
LPL: lipoproteína lipasa. LH: lipasa hepática. LCAT: lecitinacolesterol
aciltransferasa. VLDL: lipoproteínas de muy baja densidad.
(Quaschning, 1999.)
• Alteración de la cantidad y/o de la calidad de la acción de la
insulina:
En la insuficiencia renal puede existir deficiencia y/o resistencia a
la insulina con hiperinsulinismo (Mak, 2008).
0 La insulina participa en la regulación de la lipasa hormonosensible del tejido adiposo y de la LPL, por lo que su alteración
en el paciente en HD, determina la modificación del catabolismo de las lipoproteínas transportadoras de triglicéridos (VLDL,
quilomicrones) (Ibels, 1976).
0 La lipasa hepática también es regulada por la insulina por
lo tanto su acción también puede alterarse en presencia
de insulinoresistencia, afectando la transformación de IDL
en LDL y de HDL 2 en HDL 3, modificación que determina alteraciones en el mecanismo de transporte reverso del
colesterol.
En la población general la hipertrigliceridemia, la HDL baja y la
LDL pequeña y densa han sido relacionadas con la insulinorresistencia; esta alteración es observada en algunos de los pacientes
con DM y/o ER en HD lo que podría explicar en parte la dislipemia
que presentan (Frayn, 1993).
• Alteración en la composición de las lipoproteínas:
0 La presencia en HD de VLDL, IDL y HDL anómalas en sus contenidos en lípidos y de apoproteínas resulta en partículas
con menor susceptibilidad a la acción de las enzimas LPL y
LH (Lee, 1997).
0 La actividad de la LCAT también está disminuida por menor
contenido de Apo A1 en las partículas de HDL, cofactor que
interviene en su activación (Chan, 1982). Vaziri observó que la
disminución de la Apo AI se debía en parte a alteración en su
gen (Vaziri, 1999).
Todas las alteraciones en la actividad de las enzimas resultan en
una alteración en el equilibrio lipoproteico favoreciendo un efecto proaterogénico.
• Toxinas urémicas:
0 La presencia de toxinas urémicas inhiben los efectos de las enzimas participando de esta forma en la dislipemia de estos pacientes (Murase, 1975).
• Hiperperatiroidismo y/o aumento del calcio intracelular:
0 Algunos trabajos relacionan las alteraciones enzimáticas con
el aumento del calcio intracelular producido por el hiperparatiroidismo (Akmal, 1993).
0 En otros trabajos se constató la normalización de la hipertrigliceridemia luego de la cirugía de las paratiroides (Vaziri,
1997).
• Acción de la heparina:
0 Hay estudios que han atribuido la disminución de la actividad
de las enzimas LPL y LH a la acción de la heparina utilizada en
estos pacientes durante el tratamiento, que produce probablemente depleción de los depósitos de las mismas.
El uso de la heparina de bajo peso molecular parece tener menor
efecto sobre las modificaciones lipídicas (Ibels, 1976).
3. Alteraciones por causas inherentes al tratamiento:
Vamos a considerar algunas de las principales alteraciones producido por causas relacionadas con el tratamiento:
· Heparina.
· Membranas.
· Líquido de diálisis.
• Heparina (ver acción de la heparina sobre las enzimas).
• Membranas
Las características de la membrana que se utilizan en el tratamiento de HD ha sido incluida como un factor que modifica las lipoproteínas sin embargo no esta claro si su rol esta relacionado a las propiedades relacionadas con la biocompatibilidad o con su capacidad
de filtración.
Nos pareció interesante mencionar algunos trabajos relacionados a
las diferentes membranas:
0 Blankestij comparó el efecto de la membrana de bajo flujo de cuprophan vs. la de alto flujo de polisulfona observando con esta última una disminución los triglicéridos con aumento en la HDL colesterol. Se debe tener en cuenta que
este estudio se realizó con seguimiento corto de seis semanas (Blankestijn, 1995).
0 House no observó mejoría en la homocisteína ni en el perfil lipídico cuando comparó membranas biocompatibles de polisulfona de bajo con las de alto flujo este estudio se completó en tres
meses (House, 2000).
0 Ingram comparó la membrana AN 140 (Althin) con efecto sobre la filtración de b microglobulina y la CA210 (Baxter) casi sin
efecto sobre la misma y observó que la AN 140 luego de la diálisis mejoraba el perfil pero que estas modificaciones eran transitorias (Ingram, 1998).
0 Existen algunos estudios con membranas revestidas con
Vitamina E que no mostraron modificaciones en la LDL pero si
una menor oxidabilidad de la HDL, que quizás pudieran beneficiar a los pacientes en HD (Bonnefont-Rousselot, 2000).
0 Wanner determinó que más allá del tipo de material (polisulfona o celulosa modificada) el alto flujo disminuye la concentración de triglicéridos, de LDL oxidada, los niveles de PCR y mejora la relación CII/CIII lo que permite la recuperación de la actividad de la LPL (Wanner, 2004).
0 Chu Pein-Lun publicó en 2008 un trabajo donde no halló diferencias cuando comparó membranas de alto flujo con las de
bajo flujo sobre proteína C reactiva de alta sensibilidad ni sobre
la adiponectina, glucosa o insulina; sin embargo, observó disminución de la insulinorresistencia evaluada por HOMA (Pei-Lun
Chu, 2008).
Las modificaciones observadas podrían deberse a la mejor biocompatibilidad o al aumento del transporte convectivo de solutos en las membranas de alto flujo; sin embargo, vemos que no todos los estudios
confirman dicho efecto sobre los aspectos lipídicos, y no se puede establecer ninguna normativa hasta tanto no se realicen mayor número de
estudios que aclaren dichos conceptos.
DIAGNÓSTICO
Se debe proceder de la siguiente forma para evaluar los trastornos lipídicos en los pacientes en HD con diabetes y sin diabetes:
· Determinar niveles de lípidos y lipoproteínas.
· Considerar los objetivos de tratamiento.
· ¿Realizar tratamiento?
• Determinar niveles de lípidos y lipoproteínas:
Todo paciente al inicio de la HD se debe realizar un perfil lipídico
completo luego de 12 horas de ayuno aunque no presente patología cardiovascular (nivel de evidencia B), debe realizarse antes de
la diálisis o el día que no se dializa:
0 Colesterol total (CT)
0 HDL colesterol (HDL-C)
0 LDL colesterol (LDL-C)
0 Triglicéridos (TG)
Siempre se debe descartar la presencia de otras causas de dislipemias:
hipotiroidismo, enfermedad hepática, alcoholismo, pancreatitis, disgammaglobulinemia, mieloma múltiple, etc.
Se recomienda repetir el perfil lipídico ante cualquier modificación en
la modalidad de tratamiento (hemodiálisis, peritoneal o trasplante) o la
incorporación de tratamiento antilipemiante u otras drogas con efec73
Mesa de Trabajo 6 - Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por diabetes en tratamiento sustitutivo de hemodiálisis
tos sobre el perfil lipídico como andrógenos, prednisona, ciclosporina,
sirolimus, etc. que pudieran modificar el perfil previo.
0 Repetir el control a los 2 o 3 meses de dichos cambios y luego,
al menos, anualmente (estadio 5) (nivel de evidencia B).
0 Se recomienda considerar en forma individual la necesidad de
realizarlos en forma más frecuente, si el paciente no alcanza los
objetivos o modifica sus factores de riesgo (nivel de evidencia
C).
0 Las dificultades en obtener el dosaje con 12 horas de ayuno en
algunos pacientes ha establecido que se puede realizar dicho
dosaje sin ayuno.
Si el resultado de dicho estudio esta normal, allí finaliza el estudio.
Si el perfil sin ayuno está alterado (triglicéridos mayores de 500 mg/dl)
se hace imprescindible realizarlo con ayuno, si es patológico (triglicérido entre 200 y 500 mg/dl) el parámetro que podrá ser considerado es el
colesterol No HDL que puede ser realizado sin ayuno.
Colesterol No HDL = Colesterol total – HDL colesterol
(Desmeules, 2005)
La ventaja de evaluar el colesterol No HDL es que este parámetro puede ser evaluado:
0 Sin ayuno.
0 Representa toda las partículas aterogénicas aumentadas en
estos pacientes (VLDL, IDL, LDL, remanente de quilomicrones, lipoproteínas (a).
0 Correlaciona con todas las partículas que contienen B100.
0 Puede ser evaluado aun con hipertrigliceridemia severas.
El colesterol no HDL ha sido considerado por la NCEP (NCEP, 2001)
como objetivo en los pacientes con triglicéridos mayor o igual a 200
mg/dl (Gruñid, 2002).
Para otras entidades como la National Lipid Association Taskforce
(Blaha, 2008), debe ser considerado especialmente en el seguimiento
terapéutico, pues es un mejor predictor de eventos, esto ha sido observado en diabetes (Jiang, 2004) así como en otros estudios (Kastelein,
2008; Charlton-Menys, 2009).
Se debe considerar que no todos los estudios coinciden en la importancia de la evaluación de la no HDL (Schreier, 2004).
TRATAMIENTO
En los pacientes en HD deben primero identificarse las alteraciones
para abordar luego el tratamiento de la dislipemia con el fin de alcanzar los siguientes objetivos:
Primer objetivo
• Alcanzar valores de c-LDL<100 mg/dl, tanto en pacientes con
DM (según las guías del NCEP [NCEP, 1999] y la ADA [American
Diabetes Association, 2009]) como en los enfermos con ER crónica según guías K/DOQI (National Kidney Foundation K/DOQI, 2007)
(nivel de evidencia A) por ser considerados pacientes con riesgo
equivalente al de pacientes con alto riesgo cardiovascular.
• Considerar opcional alcanzar valores de c-LDL<70 mg/dl, en los
pacientes con antecedentes de eventos cardiovasculares. Este objetivo lo plantean tanto las normas de la ADA como las de NKF 2007
(nivel de evidencia B).
• La ADA plantea, en caso de no poder alcanzar los objetivos mencionados, reducir el c-LDL en un 30-40% sin tener en cuenta su nivel basal (nivel de evidencia A).
Se describen por considerar que es una nueva manera de abordar las
dislipemias algunos conceptos señalados por el Consensus de ADA y
American Collage of Cardiology Panel (Brunzell, 2008) al momento de realizar el tratamiento de éstas en pacientes con síndrome
cardiometabólico.
En el caso de alcanzar <LDL 100 mg/dl, también deben tratar de alcanzar un no HDL <130 mg/dl y una Apo B de <90 mg/dl.
Para el grupo cuyo objetivo es LDL <70 mg/dl alcanzar no HDL de <100
mg/dl y Apo B <80 mg/dl (nivel de evidencia C).
Sugiere jerarquizar estos objetivos sobre el LDL-c dado que especialmente la Apo B se correlaciona con el número de partículas siendo esto
un elemento central en el desarrollo de la aterogénesis (Sniderman,
2009).
En un futuro, estos criterios probablemente deban ser evaluados para
su uso en pacientes con otras patologías como la desarrollada en este
74
capítulo, lo que permitirá disminuir el riesgo residual observado en la
mayoría de los estudios realizados solo con la evaluación de LDL.
Segundo objetivo:
• Alcanzado el primer objetivo de LDLc se recomienda alcanzar un
nivel de colesterol no-HDL <130 mg/ dl especialmente en los pacientes con niveles de triglicéridos de ≥ 200 mg/dL (según las guías
NCEP y las K/DOQI (National Kidney Foundation K/DOQI, 2003) (nivel de evidencia C) o triglicéridos <150 mg/dl (nivel de evidencia C)
según ADA (American Diabetes Association, 2009).
Otros objetivos:
• Con triglicéridos ≥500 mg/dl, se recomienda disminuirlos en forma
prioritaria a <500 mg/dl (nivel de evidencia C).
• Con c-HDL <40 mg/dl elevar dicho valor en el hombres a >40 mg/
dl y en mujeres a >50 mg/dl (nivel de evidencia B).
Establecer el tratamiento adecuado para alcanzar estos objetivos en los
pacientes con DM y ER en tratamiento sustitutivo de HD plantea en
la actualidad ciertas dificultades. Realizaremos una breve revisión de
como encarar dicho tratamiento a la luz de los conocimientos actuales.
Tratamiento no farmacológico:
El tratamiento no farmacológico (National Kidney Foundation K/DOQI,
2003) que debe implementarse en estos pacientes contempla la modificación de hábitos, considerando el plan alimentario y una distribución adecuada de los alimentos fundamentalmente para evitar la hipoglucemia y la variabilidad postprandial.
• Valor calórico: para la población general en HD, 35-45 cal/kg/d,
para mayores de 60 años entre 30-35 y para los obesos 30 calorías
diarias respectivamente.
• Proteínas 1,2-1,4 g/kg/día, con 50% de alto valor biológico ajustando los niveles de acuerdo a la presencia de hiperfosfatemia.
• Hidratos de carbono entre 45-60% de las calorías diarias, se debe
considerar que su aumento desmedido puede contribuir al aumento de los triglicéridos.
• Grasas: el 25-30% de las calorías diarias totales (grasas saturadas a
<7%, poliinsaturadas hasta 10% y monoinsaturadas hasta 20% de
las calorías diarias), con un contenido de colesterol <200 mg/día.
• Considerar el aumento de la fibra soluble a 14 g por cada 1000 caloría ingeridas y de stanols/sterols a 2 g/diarios.
• Disminuir el sedentarismo, abandonar hábito de fumar.
• Controlar el peso.
• Líquidos 500 ml para pacientes con anuria, 500 ml más diuresis en
los pacientes con diuresis residual.
Las modificaciones de los hábitos y del plan alimentario en general no
son suficientes para la normalización de la dislipemia de los pacientes con DM y ER (Kanbay, 2009) en tratamiento sustitutivo, lo que representa una dificultad en la práctica clínica habitual (Harper, 2008),
si se considera los resultados desalentadores de los estudios randomizados, doble ciego que evalúan el efecto de las drogas hipolipemiantes en este estadio.
Tratamiento farmacológico:
En las guías de tratamiento de la dislipemia en pacientes con enfermedad renal publicadas recientemente NKF-K/DOQI, (National Kidney
Foundation K/DOQI 2007) los pacientes DM en HD son consideraron de
“altísimo riesgo” pues presentan un riesgo cardiovascular >20% en 10
años, en estas recomendaciones, hemos considerado este criterio para
abordar su evaluación, seguimiento y tratamiento.
• Mencionaremos los trabajos realizados hasta la actualidad destacando los resultados de los trabajos aleatorizados, doble ciego y de
larga duración.
Estatinas
• Los datos aportados por la US Renal Data System Dialysis
Morbidity and Mortality Study en HD mostró RR para mortalidad
de 0,68 (IC95%: 0,54-0,87), es decir, una reducción del riesgo de
muerte con las estatinas de aproximadamente de un 32% (Seliger,
2002).
• El estudio Dialysis Outcomes Practice Patterns Study 1
(DOPPS) en una población de 7.365 sujetos en HD también
mostró que el uso de estatinas se asoció con reducción de
mortalidad por eventos CV del 23% y de mortalidad en general del 31% (Mason, 2005).
Mesa de Trabajo 6 - Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por diabetes en tratamiento sustitutivo de hemodiálisis
Sin embargo los resultados de ambos estudios observacionales no han
sido confirmados por los estudios aleatorizados doble ciego realizados
en los últimos años.
• El estudio 4D (Wanner, 2005) constituye el primer estudio multicéntrico, aleatorizado, doble ciego, realizado con pacientes con
DM tipo 2 en hemodiálisis (n: 1.225); fueron excluidos los pacientes tratados los últimos 6 meses con estatinas y se realizó un seguimiento de 4 años.
Los resultados mostraron que la incorporación de tratamiento de
atorvastatina con una dosis de 20 mg/día vs. placebo redujo en
forma significativa el LDL-c en un 42% y los objetivos primarios en
un 8% (muerte cardiovascular, infarto de miocardio no fatal o accidente cerebrovascular), sin alcanzar significancia estadística. No
se redujo la mortalidad y lo más sorprendente fue el aumento del
riesgo de accidente cerebrovascular (RR=2,03; IC95%: 1,05-3,93;
p=0,04). Estos resultados sugirieron que la inclusión de atorvastatina en esta etapa no mejoraba la evolución CV (nivel de evidencia
A).
• El Assessment of Survival and Cardiovascular Events (AURORA)
(Fellström, 2009) evaluó 2.776 pacientes en HD –rango de edad: 50
a 80 años, un 20% con DM, excluidos los tratados con estatinas los
últimos 6 meses previos al estudio–, que fueron aleatorizados a recibir rosuvastatina 10 mg/día o placebo. El seguimiento medio fue
de aproximadamente de 3,8 años.
Los resultados mostraron que, a pesar de la disminución de la LDL-c
en un 43%, no hubo efecto sobre los objetivos primarios (muerte
cardiovascular, infarto de miocardio no fatal o accidente cerebrovascular no fatal), ni sobre los componentes individuales ni la mortalidad general. No se observó, como en el 4D, mayor incidencia de
accidente cerebrovascular.
Es interesante analizar algunas de las posibles causas de la falta de
efectos beneficiosos observados en este estudio. Surge la posibilidad que estos resultados se deban al bajo nivel de LDL al ingreso
(aproximadamente de LDL 100 mg/dl), a la falta de poder estadístico del trabajo, ya que los eventos que se presentaron fueron menores a los esperados, o al alto número de abandono del tratamiento
(50%) (Strippoli, 2009).
En la población general, es interesante observar que la causa más
frecuente de muerte es la enfermedad coronaria y las estatinas
muestran efectos beneficiosos tanto en la prevención como en la
disminución de la morbimortalidad cardiovascular, hecho confirmado en múltiples estudios.
En HD la prevalencia de hipertrofia ventricular izquierda y de calcificación de la aorta está presente en un 75% de los pacientes; sin
embargo, sólo un 25% de estos pacientes mueren por infarto de
miocardio y la mayoría de los decesos se producen por muerte súbita o arritmia (Remppis, 2008). En ninguna de estas circunstancias
(muerte súbita o arritmia) las estatinas actúan en forma tan eficiente como en la población general, probablemente ésta sea una
de las razones más importantes que explique el fracaso de los resultados de ambos estudios el 4D y AURORA.
Un concepto que debe ser destacado, entonces, es que no se puede transferir los resultados obtenidos en la población general a otra
con características clínicas tan diferentes como la de HD.
Ambos estudios, el 4D y el AURORA, excluyeron los pacientes que se
hallaban con estatinas al momento del ingreso a HD, de manera que
probablemente no se consideró los pacientes con mayor número de
factores de riesgo cardiovasculares o eventos previos que seguramente
hubieran sido beneficiados por el tratamiento (Strippoli, 2009)
No se puede establecer en la actualidad ninguna sugerencia en esta situación, si suspender o continuar con la estatina, hasta tanto finalice el estudio SHARP, en 2010, que pueda responder este interrogante (Baigent, 2003).
El SHARP es un estudio aleatorizado, doble ciego, con simvastatina 20
mg/día y/o ezetimibe 10 mg/día en 6.000 pacientes con ER y 3.000 en
HD.
Con estos resultados, las normas de la NKF del 2007 (National
Kidney Foundation K/DOQI, 2007) desaconsejan la indicación de
estatinas en forma generalizada en estadio 5 de ER en HD; sugieren que el tratamiento con estatinas no mejora los eventos CV
(nivel de evidencia A) y debe ser iniciado sólo en caso de indicación cardiovascular específica.
No existe hasta la actualidad criterio claro ni trabajos que permitan dar una opinión definitiva sobre la conducta que se debe
adoptar en pacientes que ingresan con estatinas al tratamiento sustitutivo.
Para iniciar tratamiento específico de la hipertrigliceridemia severa se
deben descartar causas secundarias como obesidad severa, alcoholismo, uso de estrógenos, betabloqueantes, corticoides, ciclosporina, sirolimus, etc., y luego considerar:
• Si los triglicéridos son ≥500 mg/dl, su disminución se hace prioritaria, por lo que se debe indicar plan alimentario adecuado con menos de 10-15% de las calorías diarias en grasas, control de la glucemia, del peso, de la actividad física, abstinencia de alcohol y agregar fibratos o ácido nicotínico. Si los triglicéridos disminuyen por
debajo de 500 mg/ dl, nuevamente jerarquizar el tratamiento con
estatinas.
• Con triglicéridos entre 200 y 499 mg/dl, se puede intensificar el
tratamiento con estatinas o utilizar fibratos o ácido nicotínico (especialmente si hubiera intolerancia a estatina).
• Con HDL-c baja en forma aislada se sugieren cambios de los hábitos (plan alimentario adecuado, disminución del peso, abandono
del sedentarismo, etc.) sin incluir drogas.
Fibratos
Sus efectos son fundamentalmente
• Disminución de los niveles de triglicéridos y de las partículas que
contienen Apo CIII.
• Aumento del HDL-c, Apo A1 y Apo AII.
• Leve modificación sobre el colesterol de LDL.
Son drogas que actúan activando factores de trascripción llamados
PPARs y se debe considerar que son metabolizados y eliminados por
vía renal.
Los efectos colaterales más frecuentes en los pacientes con insuficiencia renal se deben a la acumulación de fármacos, pudiendo presentar,
mialgias, aumento de la fosfocreatinquinasa, o miopatía severa por importante rabdomiólisis.
Se ha descripto aumento de los niveles de creatinina (Hottelart,
2002), siendo menos común este efecto con el gemfibrozil. La
presencia de esta alteración no parece significar daño definitivo sino alteración funcional renal que retrógrada al suspender la
droga (Davidson, 2001).
Pueden producir también aumento de la homocisteína (Westphal,
2001), aumento de las transaminasas o aparición de cálculos
vesiculares.
En las diferentes normas no hay acuerdo con respecto al uso y dosis
adecuada de los fibratos según el estadio de ERC.
• NKF-K/DOQI del 2003 contraindica el uso de bezafibrato, fenofibrato, ciprofibrato o clorfibrato en pacientes con menos de 15 ml/
min de filtrado, recomendando el uso de gemfibrozil en dosis habituales 600 mg dos veces por día (National Kidney Foundation K/
DOQI, 2003).
• NKF-K/DOQI del 2007 sugieren que con creatinina > 2 mg/dl disminuir la dosis de gemfibrozil o utilizar otra opción (National Kidney
Foundation K/DOQI, 2007), en caso de usar fenofibrato con filtrado < 50 ml/min minimizar la dosis ya que su vida media se prolonga (Chapman, 2004).
• La National Lipid Association Safety Task Force (Davidson, 2007) y
la NCEP (NCEP, 2001) no recomiendan el uso de ningún fibrato con
menos de 15 ml/min de filtrado. Véase Tabla 2.
TABLA 2. FIBRATOS AJUSTE DE DOSIS SEGÚN FUNCIÓN RENAL (ml/
min/ 1,73 m2) (Davidson, 2007)
Dosis en mg /día - según FG mL/min/1,73 m2
Fibratos
>90
90 - 60
59 - 15
<15
Bezafibrato 600
400
200
evitar
Clorfibrato 2000 1000
500
evitar
Ciprofibrato 200
¿?
¿?
¿?
134 (NKF) 67
Fenofibrato 200
evitar
200 (NLA) 48 (más frecuente)
1200 (NKF)
Gemfibrozil 1200 1200
evitar
600 (NLA)
NLA (National Lipid Association). NKF (National Kidney Foundation).
Debemos aclarar que en las normativas del 2007 no realiza ninguna recomendación específica para los pacientes en HD.
Resumiendo: no ha sido establecida fehacientemente la utilidad de los
fibratos en estadio 3, 4 y 5 de la insuficiencia renal pues no hay tra75
Mesa de Trabajo 6 - Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por diabetes en tratamiento sustitutivo de hemodiálisis
bajos suficientes aleatorizados doble ciego o con puntos finales duros
realizados con estas drogas.
Su uso debe realizarse con suma precaución y sólo deben indicarse si los triglicéridos se hallan por encima de 500 mg/dl.
Ácido nicotínico
Tanto en la población general como en los pacientes con DM que presentan hipertrigliceridemia se puede utilizar ácido nicotínico pues aumenta el HDL aproximadamente en un 15- 35%, disminuye los triglicéridos en un 20-50% y la LDL en un 10-25%, efecto éste de menor importancia (Carlson, 2004).
Sus efectos se deben a una inhibición de la lipólisis a través de su acción sobre receptores específicos (Tunaru, 2006), lo que disminuye los
ácidos grasos en la circulación, que son los precursores en la síntesis de
la VLDL; esta acción disminuye el nivel plasmático de la VLDL, así como
de LDL. Por otro lado, también disminuye el catabolismo de la Apo A1 y
aumenta la HDL (Carlson, 2006)
Se debe considerar para su uso (Mc Cormac, 2005) que puede alterar el
nivel glucémico, efecto que no parece, sin embargo, significativo clínicamente. Aumenta el ácido úrico, por lo que se debe ser cuidadoso en
los pacientes con gota. Se excreta en un 34% por riñón.
Sus efectos colaterales más adversos y limitantes son la dispepsia y el
flushing. Estos efectos son mediados por receptores nicotínicos a través de la liberación de prostaglandinas (Benyo, 2005) y pueden ser minimizados con su ingesta:
• después de la comida, sin líquido caliente,
• agregando aspirina, que en la mayoría de las ocasiones puede ser
suspendida luego de un período inicial de aproximadamente 10
días,
• iniciarse con una dosis mínima de 500 mg/día al mes duplicar la
dosis y continuar de igual manera hasta alcanzar la dosis máxima
de 2.000 mg/día.
• Las formulaciones de acción prolongada producen menor flush.
En HD se han descripto algunos trabajos que jerarquizan el efecto de
estas drogas sobre el aumento de la HDL (34%), siendo dicho aumento
significativo estadísticamente, así como un efecto sobre la disminución
de la hiperfosfatemia (Müller, 2007), sugiriendo como una alternativa
en pacientes refractarios a los tratamientos habituales de la hiperfosfatemia (Restrepo Valencia, 2008).
Una ventaja es que puede ser administrada con precaución con estatinas en dislipemias mixtas (Bays, 2008).
Lamentablemente, como en el caso de los fibratos, no podemos establecer normativas claras por ser escasos los trabajos, pero sugerimos su
uso en pacientes con hipertrigliceridemias severas.
No es necesario modificar las dosis en enfermedad renal con estadios
3, 4 y 5.
Omega-3
Evidencias epidemiológicas (He, 2004) y estudios de intervención han
demostrado la influencia de los omega-3 en los eventos cardiovasculares (Studer, 2005).
Se han descripto varios efectos de los omega-3, en diferentes poblaciones, como la disminución de los triglicéridos, efecto antihipertensivo, antiinflamatorio, antitrombótico, antioxidante, antiarrítmico y
antiaterogénico.
En HD mostraron también tener múltiples efectos (Friedman, 2006),
debemos destacar algunos trabajos donde se observa disminución de
las complicaciones de los accesos (Schmitz, 2002), mejoría de la presión arterial (Vernaglione, 2008) disminución de la insulina resistencia y
efecto antiinflamatorio (Rasic–Milutinovic, 2007).
• El estudio OPACH (Omega-3 Fatty Acids as Secondary Prevention
Against Cardiovascular events in Patients Who Undergo Chronic
Hemodialysis) es un estudio de prevención secundaria con omega3 realizado en pacientes en HD (n=206) doble ciego, aleatorizado,
cuyo tratamiento fue con cápsulas cuyo contenido aportaban ácido
20-5n-3 eicosapentaentaenoico (EPA) y 22-6 n-3 docosahexaenoico (DHA) total de ácido omega-3 (1,7 g/día) para el grupo tratado, y
para el grupo control cápsulas con aceite de oliva. El resultado mostró diferencias significativas en la reducción del infarto de miocardio,
no así con los objetivos primarios (muerte o evento cardiovascular).
Los eventos adversos detectados en el grupo tratado vs. control
fueron 30% vs. 21% (p=ns) y de ellos los graves 12% vs 7% (ns) la
mayoría correspondieron a trastornos gastrointestinales.
Se debe considerar sin embargo que se trata de un estudio que
76
tuvo poco poder estadístico por: el tamaño de la muestra, el abandono aproximado de un 25% de los pacientes (en ambos grupos)
o la indicación de una dosis insuficiente en el estudio (Svensson,
2006).
Resumiendo: es nuestra opinión que se necesitan más número de estudios para establecer una conducta definitiva con respecto a estas drogas, dado que los actuales son escasos y de seguimiento corto.
No es necesario modificar las dosis en enfermedad renal con estadios
3, 4 y 5.
Quelantes de ácidos biliares
Son drogas cuyo efecto principal es la unión a los ácidos biliares en el
intestino lo que interrumpe la absorción del colesterol, disminuyendo
el colesterol intrahepático, aumentando la captación por los receptores B/E para LDL.
En caso de intolerancia a las estatinas se pueden indicar quelantes de
ácidos biliares (colestiramina 4-16 g/día o colestipol 5-20 g/día), ya que
los efectos antes mencionados generan una reducción aproximada de
la LDL-c de un 15-30%.
Se debe considerar que producen frecuentemente intolerancia digestiva y que pueden elevar los triglicéridos, por lo que se contraindica su
uso con triglicéridos > 400 mg/dl.
Interfieren en la absorción de las tiazidas, furosemida, propranolol, tiroxina, digoxina y vitaminas liposolubles, por lo que se sugiere indicarlas 1 hora antes o cuatro horas después de su ingesta.
El sevelamer clorhidrato o carbonato (se desarrolla en la Mesa de
Trabajo 10) posee un efecto quelante sobre los ácidos biliares con la
consecuente reducción de los niveles plasmáticos lipídicos, lo que podría establecer una nueva estrategia para disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular si se confirma su eficiencia en mayor número de
trabajos.( Braulin, 2002)
No es necesario modificar las dosis en enfermedad renal con estadios
3, 4 y 5.
Ezetimibe
Sus características principales son bloquear la proteína NPC1L1 en la
célula intestinal, que:
• interviene en el transporte del colesterol,
• reduce la absorción del colesterol de la dieta en un 50%,
• disminuye el LDL (18,2%), así como el colesterol no HDL, los triglicéridos y la ApoB.
La dosis usual es 10 mg/día, a la mañana o a la noche, sin considerar
el momento de la ingesta. No altera la absorción de otras drogas como
estatinas, fibratos, digoxina, etc.
Se ha investigado la eficacia de esta droga, asociada con las estatinas,
para el tratamiento de la hipercolesterolemia, ya que su efecto aislado es pobre para alcanzar los objetivos de LDL establecidos por las normas actuales.
No hay trabajos en HD realizados que hayan finalizado en la actualidad.
No es necesario modificar las dosis en enfermedad renal con estadios
3, 4 y 5.
En los pacientes con DM en HD es difícil establecer pautas sobre los objetivos lipídicos y su tratamiento, pues no hay suficiente experiencia en la actualidad con estudios prospectivos y aleatorizados a largo plazo.
Los estudios realizados como el 4D y AURORA no han mostrado
un resultado alentador.
Queda claro que iniciar tratamiento en etapas más tempranas
mejorara el pronóstico de estos pacientes (Atrios, 2009).
Para finalizar, se halla en desarrollo el estudio Study of Heart and Renal
Protection (SHARP) (Baigents, 2003) con simvastatina y ezetimibe en
9.000 pacientes prediálisis (70%) y en diálisis (30%) sin enfermedad coronaria establecida, que probablemente dará respuesta a algunos de
los interrogantes que han quedado sin responder, el estudio finalizará en el año 2010.
Usted debe tener en cuenta las siguientes consideraciones para el uso
de las estatinas. Se debe considerar algunas normativas para el uso de
los inhibidores de HMG COA o estatinas, pues los pacientes en estadios 3, 4 y 5 de la ER pueden presentar mayor susceptibilidad a padecer efectos tóxicos.
• Transaminasa: la población general puede presentar con su uso
un aumento de 3 veces por encima de su valor normal en un 1%,
Mesa de Trabajo 6 - Dislipidemias en el paciente con enfermedad renal por diabetes en tratamiento sustitutivo de hemodiálisis
TABLA 3. RESUMEN DE EFECTOS TERAPÉUTICOS, COLATERALES Y CONTRAINDICACIONES.
Drogas
Efectos
Estatinas
LDL ↓ 18 - 55%
HDL↑ 5 - 15%
TG ↓ 7 - 30%
Resinas
Colestipol
colestiramina
Ácido nicotínico
Fibratos
LDL ↓ 15 - 30%
HDL↑ 3 - 5%
TG ↑ %
LDL ↓ 5 - 25%
HDL↑ 15 - 35%
TG ↓ 20 - 50%
LDL ↓ 5 - 20%
HDL↑ 10 - 20%
TG ↓ 20 - 50%
Efectos colaterales
Contraindicaciones
Absoluta: enf.hepática
Relativa: interacción con drogas
ciclosporina, macrólidos,
antifúngicos, citocromo P-450,
fibratos,etc
↑enzimas hepáticas,
miopatías
Alteraciones digestivas,
constipación pertinaz,
altera absorción de drogas
Absoluta TG>400mg/dl
Relativa >200 mg/dl
↑glucemia,flushing, gota,↑úrico,
alteración gástrica, hepatopatía
Dispepsia, miopatía,
cálculos vesiculares
Absoluta: enf. Hepática, gota severa.
Relativa: diabetes, ↑úrico
úlcera gástrica
Absoluta: enfermedad severa
hepática y renal
TABLA 4. AJUSTE DE DOSIS DE ACUERDO CON EL FILTRADO. ADAPTADO DE NORMAS K/DOQI (Harper, 2008).
Drogas
Atorvastatina
Fluvastatina
Lovastatina
pravastatina
Rosuvastatina
simvastatina
Acido nicotínico
Colestiramina
Colesevelam
Ezetimibe
Fenofibrato
Gemfibrozil
Omega 3
90-60
no
no
no
no
no
no
no
no
no
no
↓ 50%
no
no
Filtrado ml/min/1,73m2 **
59-15
<15
no
no
no definido
no definido
↓ 50%
↓ 50%
no
no
5 - 10 mg
5 - 10 mg
no
5 mg
↓ 50%
no
no
no
no
no
no
no
↓ a 25%
evitar
no
no
no
no
la miopatía en un 0,1%; ambos trastornos son dosis dependiente.
(Maron, 2000).
0 Estos efectos determinan la necesidad de controlar las enzimas
hepáticas, antes de indicarla y entre 2-3 meses de iniciado el
tratamiento
0 No se recomienda realizarla en forma rutinaria.
0 Si su nivel es superior a tres veces el valor normal se debe descartar patología hepática, jerarquizando para decidir su suspensión su persistencia o el aumento de bilirrubina si no hay obstrucción (Mc Kenney, 2006).
• Fosfocreatinquinasa (CPK): existe cierta controversia sobre la necesidad de solicitar el dosaje en forma rutinaria o solicitar su monitoreo solo en las siguientes situaciones especiales.
0 Características personales: edad >80, HTA, diabetes, índice de
masa corporal (IMC) disminuido, ERC, hepatopatía, hipotiroidismo o riesgo de enfermedad muscular.
0 Uso de drogas asociadas como: fibratos, ácido nicotínico, ciclosporina, antifúngicas, macrólidos, inhibidores de proteasas,
verapamilo, amiodarona, warfarina, jugo de uva (cantidad un
cuarto).
0 Considerar la presencia de factores externos que exacerban el
riesgo: consumo de alcohol, ejercicio, violento, cirugía.
Resumiendo: en los pacientes con ERC se debe evaluar el riesgo / beneficio de realizar el tratamiento de la dislipemia con estas drogas, en
caso de indicarla, controlar la CPK.
0 Si los valores hallados de CPK son elevados (entre 5 -10 veces el
valor normal) se debe suspender su administración, la normalización se observa aproximadamente en dos a tres meses de suspendida la misma.
0 Pueden interferir en su metabolismo cuando interactúan
con otras drogas, como: amiodarona, antifúngicos azólicos (ketoconazol, fluconazol, itraconazol, etc.), antivirales (inhibidores de la proteasa, efavirenz, delavirdine), ciclosporina A, danazol, fluvoxamina, macrólidos (eritromicina, claritromicina, etc.), metiglinidas (repaglinida, etc.),
nefazodona, tiazolidindionas (pioglitazona, rosiglitazona),
verapamilo, colestiramina, rifampicina, jugo de uva, otras
(Christians, 1998).
Sugerencias
↓ 50% de la dosis con < 30**
↓ 50% de la dosis con < 30**
Iniciar con 10 mg si < 60**
Iniciar con 5 mg si < 30** dosis máxima 10 mg
Iniciar con 5 mg si < 10 **
34% excreción renal
No se absorbe
No se absorbe
Aumenta la creatinina
NLA dosis de 600 mg con 59 -15** NLA evitar < 15 **
-
La asociación de estatinas con fibratos (Jones, 2005) y/o ácido nicotínico aumentan el riesgo de la miopatía, por lo que se contraindica su
asociación en los pacientes en estadio 5.
En caso de asociar, se recomienda usar fenofibrato pues no tiene interacciones farmacocinéticas con la mayoría de las estatinas con la consecuente menor incidencia de rabdomiólisis (Jacobson, 2006).
Se recomienda informar al paciente que debe suspender las drogas si presenta debilidad o dolores musculares, deshidratación o
descompensación aguda.
Para observar los efectos terapéuticos, colaterales e indicaciones, véase Tabla 3.
Para finalizar le sugerimos considere el ajuste de las dosis siempre que
indique este tipo de drogas en pacientes con ERC estadios 3, 4 y 5; véase Tabla 4.
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EVIDENCIA DEL TRATAMIENTO CON ASPIRINA EN PACIENTES CON DIABETES Y NEFROPATÍA
Eduardo Moreyra, Eva López González
Recomendaciones
En pacientes con enfermedad cardiovascular y enfermedad renal
por diabetes se recomienda el tratamiento con aspirina 75-162 mg
al día (DM) (Evidencia A).
• En pacientes con diabetes sin enfermedad cardiovascular se recomienda el tratamiento con aspirina 75-162 mg al día ante la presencia de factores de riesgo (dislipemia, hipertensión arterial, tabaquismo, albuminuria) en hombres mayores de 50 años y mujeres
mayores de 60 años (Evidencia C).
• Se recomienda el tratamiento con aspirina 75-150 mg cada 24 horas en pacientes con diabetes y nefropatía en diálisis (Evidencia C).
• El clopidogrel es una alternativa en pacientes con diabetes y nefropatía en etapa prediálisis cuando son intolerantes a la aspirina
(Evidencia C).
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El tratamiento con dosis bajas de aspirina (75-162 mg) es efectivo para la prevención secundaria de eventos cardiovasculares
en pacientes con diabetes. La ATT (ATT Anti-Thrombotic Trialists
Collaboration, 2009) realizó un metaanálisis sobre tratamiento
con aspirina y encontró en prevención primaria reducción del
12% de eventos vasculares sin variación en la mortalidad cardiovascular, pero se encontró aumento significativo de hemorragias intestinales y de accidentes cerebro-vasculares (ACV) hemorrágicos. El mismo metaanálisis, en prevención secundaria, halló
que el grupo tratado con aspirina presentó reducción significativa de eventos vasculares (6,7% vs. 8,2% por año; p<0,0001), de
ACV (2,08% vs. 2,54% por año; p=0,002) y de eventos coronarios (4,3% vs. 5,3% por año; p<0,0001), sin aumento de ACV hemorrágico. Las recomendaciones en pacientes que padecen ambas patologías simultáneamente resultan de la extrapolación de
información disponible para estas patologías por separado y del
hecho que el riesgo de eventos cardiovasculares en pacientes
que padecen ambas enfermedades es extremadamente elevado.
En pacientes con DM, el estudio ETDRS (ETDRS Investigators, 1992)
mostró que, comparada con placebo, la aspirina redujo el riesgo de
eventos cardiovasculares (CV) en un 17%, pero no fue estadísticamente
significativo (RR=0,83; IC95%: 0,46-1,51). Similares efectos se observaron en el estudio Primary Prevention Project (Sacco, 2003) en el cual
el tratamiento con 100 mg diarios de aspirina se asoció con una reducción no significativa de eventos CV del 11% (RR=0,89; IC95%: 0,621,26). Un estudio japonés de 2.539 pacientes con diabetes mostró una
reducción del 20% sin lograr significación estadística (RR=0,80; IC95%:
0,58-1,10) (Ogawa, 2008) y el Estudio POPADAD mostró una reducción
del riesgo de sólo el 2% (RR=0.98; IC95%: 0,76-1,26) (Belch, 2008).
Finalmente un metaanálisis de 287 estudios aleatorizados de antiplaquetarios vs. placebo confirmó estos resultados y mostró que en el
subgrupo de pacientes con DM (9 estudios y 5.126 pacientes) el tratamiento con aspirina logró una reducción no significativa del 7% de
eventos CV (Antithrombotic Trialists’ Collaboration, 2002). Estos estudios muestran que el beneficio de la aspirina en pacientes con DM es
aparentemente menor que el observado en la población general de pacientes de alto riesgo.
En pacientes con DM sin enfermedad cardiovascular (prevención primaria) se recomienda el tratamiento con aspirina 75 a 162 mg al día
cuando presentan un riesgo cardiovascular mayor de 10% a 10 años.
Esto incluye hombres mayores de 50 años y mujeres mayores de 60
años que tienen al menos un factor de riesgo asociado (dislipemia, hipertensión arterial, tabaquismo, albuminuria) (ADA, 2010). En el estudio WHS de prevención primaria en mujeres durante 10 años mostró
una reducción significativa de riesgo de ACV, mientras que no se observaron beneficios en la mortalidad total ni cardiovascular; presentaron
mayor riesgo de sangrado intestinal y epistaxis (US Preventive Services
Task Force, 2009).
En pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) en etapa prediálisis, el Estudio HOT mostró que la aspirina redujo los eventos
CV mayores en forma significativa (RR=0,55; IC95%: 0,37-0,81)
(Zanchetti, 2002). En pacientes dializados los resultados fueron
menos alentadores. El Estudio DOPPS, observacional, mostró una
79
Mesa de Trabajo 6 - Tabaquismo en los individuos con diabetes y nefropatía
reducción de ACV pero un incremento de infartos sin un mayor
riesgo de sangrado mayor (Ethier, 2007). Un metaanálisis de 14
estudios y 2.704 pacientes en diálisis mostró que la aspirina redujo la incidencia de eventos CV (IAM, ACV o muerte CV) en un 41%
(p<0,0001) (Antithrombotic Trialists’ Collaboration, 2002). Sobre
la base de estos resultados, la National Kidney Foundation recomienda el uso de aspirina en todos los pacientes con ERC en etapa prediálisis y en forma selectiva luego de la individualización
de riesgos y beneficios en pacientes en hemodiálisis. La evidencia
sugiere que el beneficio del tratamiento con aspirina es mayor en
pacientes con ERC que con DM y que en pacientes que padecen
ambas patologías el tratamiento es recomendable.
El uso de aspirina está contraindicada en menores de 21 años por el
riesgo de presentar el síndrome de Reye.
El clopidogrel es una alternativa de tratamiento en aquellos pacientes con diabetes con ERC en etapa de prediálisis que no tolere aspirina. El Estudio CAPRIE mostró que el clopidogrel fue leve pero estadísticamente superior a la aspirina en la prevención de eventos CV sin incremento de eventos adversos incluyendo sangrado (CAPRIE Steering
Committee, 1996). El estudio CAPRIE incluyó a personas con diabetes (20%) y a pacientes con ERC leve a moderada. No existe evidencia acerca del potencial beneficio o riesgo del uso de clopidogrel en pacientes en diálisis.
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TABAQUISMO EN LOS INDIVIDUOS CON DIABETES Y NEFROPATÍA
Eva López González
Recomendaciones
Efectos del tabaquismo sobre el aparato cardiovascular
Informar a los pacientes acerca de los riesgos del tabaquismo
(Evidencia A).
• Aconsejar e implementar tratamientos para la cesación del tabaquismo en todo paciente con diabetes mellitus (DM) (Evidencia B).
El consumo de tabaco es la principal causa evitable de muerte y enfermedad a escala mundial, y está relacionado con varias enfermedades.
Los pacientes con enfermedad renal por diabetes deben incluirse en la
categoría de alto riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) según las
guías actuales. Por lo tanto, en esta población deben implementarse las
medidas para dejar de fumar.
A nivel cardiovascular (CV) el tabaco aumenta el riesgo de infarto
de miocardio y de mortalidad por causa CV. Genera un aumento
de aterosclerosis, que es uno de los factores de riesgo para el desarrollo de la nefropatía por diabetes (Ambrose, 2004; Sambola,
2003; Stephan, 2008). Los principales responsables de estas acciones son la nicotina y el monóxido de carbono (CO). El tabaco impacta en todos los niveles de la aterogénesis generando disfunción endotelial (DE), que aumenta la trombogénesis y la aparición de eventos agudos (Tabla 1).
Estudios en pacientes en hemodiálisis mostraron que el tabaquismo era
un factor independiente asociado con insuficiencia cardíaca congestiva, hipertensión arterial y aumento de la morbimortalidad CV (Stephan,
2005; Stephan, 2008).
•
Efecto del tabaquismo sobre la función renal
El tabaquismo es un factor de riesgo independiente de deterioro en
la función renal tanto en DM1 como DM2, debido a que promueve la
progresión de todos los estadios de nefropatía, y acelera la progresión a
la insuficiencia renal crónica (IRC) (ADA, 2004). En el estudio DCCT realizado en DM1, los fumadores presentaron un riesgo 4,3 veces mayor
de reducción del filtrado glomerular comparado con los no tabaquistas (Stephan, 2008).
Los efectos de tabaquismo sobre la función renal son múltiples, y pueden actuar sobre el riñón tanto en forma directa como a través de sus
efectos sobre el aparato cardiovascular y sobre la DM.
En pacientes tabaquistas con DM se encontró aumento del riesgo de
microalbuminuria y una correlación directa con la cantidad de paquetes consumidos de cigarrillos por año (Stephan, 2005; Stephan, 2008).
Estudios realizados en células mesangiales mostraron receptores nicotínicos de acetilcolina que producen proliferación celular y aumento de
fibronectina, mecanismos involucrados en el desarrollo de IRC. En modelos experimentales de exposición de células mesangiales a humo de
cigarrillos, se observó aumento del factor de crecimiento TGF-1, que
produce fibrosis renal. Estos estudios apoyan el hecho de que el tabaco
es un predictor de nefropatía por diabetes.
80
TABLA 1. EFECTOS DEL TABACO SOBRE EL APARATO CARDIOVASCULAR.
Efectos
Acciones
Simpáticomiméticos (liberación de Aumenta la frecuencia cardíaca.
catecolaminas y neurotransmisores Aumenta la tensión arterial
con acción central y periférica)
Aumenta el volumen minuto
Aumento de la lipólisis
Aumento del colesterol total
Aumento de triglicéridos
Metabólicos
Disminución de HDL
Aumento de LDL
Aumento oxidación LDL
Aumenta los eritrocitos
Aumenta el fibrinógeno
Trombogénicos
Aumenta la viscosidad de la sangre
Aumenta la activación de plaquetas
Aumento de neutrófilos circulantes
Inflamatorios
Disminuye la liberación de NO.
Mesa de Trabajo 6 - Actividad física en los individuos con diabetes y nefropatía.
A nivel renal en tabaquistas se observó alteración de los siguientes factores que generan disfunción tubular y atrofia (Stephan, 2008):
• Disfunción Endotelial (DE).
• Activación de factores de crecimiento (angiotensina II, endotelina y
TGF-1).
• Efectos tóxicos tubulares.
• Aumento del estrés oxidativo.
• Aumento de glicosilación de lipoproteínas y aminoglicanos.
Efectos del tabaquismo sobre la DM
Algunas observaciones entre la relación de tabaquismo y DM incluyen
(Haire-Joshu, 1999; ADA, 2004; ADA, 2008):
• Genera insulinorresistencia y síndrome metabólico.
• Es un factor de riesgo independiente para el desarrollo de diabetes.
• En pacientes con DM se observó aumento de la HbA1c en relación
a la cantidad de cigarrillos consumidos, y elevación del riesgo de
complicaciones crónicas (microvasculares, macrovasculares, neuropáticas) y del número de descompensaciones.
• Produce una disminución de la absorción subcutánea de insulina y
de la vasodilatación (disfunción endotelial).
Los estudios sobre los efectos de la cesación del tabaquismo mostraron en DM1 con nefropatía que se reducía la excreción de albúmina al
suprimir el cigarrillo, y la progresión de la nefropatía fue significativamente menor en los ex tabaquistas comparado con los tabaquistas. En
pacientes DM2 tabaquistas sin macroproteinuria que cesaron de fumar
presentaron reducción del factor TGF-1 que es un compuesto relacionado con la fibrosis renal (Stephan, 2008).
Se recomienda:
• Averiguar en forma sistemática qué pacientes son fumadores.
• Analizar el grado de adicción del paciente y su disposición para dejar de fumar.
• Aconsejar con firmeza a todos los fumadores que deben
abandonarlo.
• Ayudar a establecer una estrategia para dejar de fumar, incluyendo el consejo conductual, la terapia de sustitución con nicotina o el
tratamiento farmacológico.
• Acordar un calendario de visitas de control y seguimiento.
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•
•
•
Intervenciones en el sujeto fumador
Por lo tanto, se debe poner en marcha el proceso de abandono del tabaco e implementar intervenciones para su cesación. El consejo firme
del profesional sanitario para dejar de fumar constituye el factor más
importante en este proceso (MSAL, 2005; ADA, 2004; ADA, 2008).
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ACTIVIDAD FÍSICA EN LOS INDIVIDUOS CON DIABETES Y NEFROPATÍA. EFECTOS, INDICACIONES,
CONTRAINDICACIONES. PRESCRIPCIÓN DE EJERCICIO, EVIDENCIAS DE SUS EFECTOS BENEFICIOSOS.
PRECAUCIONES
Martín Rodríguez, Eva López González
La morbimortalidad asociada a nefropatía por diabetes (ND) está primariamente causada por enfermedades cardiovasculares, debido en
gran parte a inflamación sistémica, estado procoagulante y estrés oxidativo. Los ejercicios aeróbicos y los de resistencia (fuerza) son hoy
considerados apropiados para combatir obesidad, disfunción endotelial, resistencia a la insulina y progresión de la enfermedad renal crónica (ERC).
Si bien la actividad física puede incrementar en forma aguda y transitoria (≈4 hs) la excreción urinaria de albúmina (EUA) en personas con
diabetes (DM) (Lane, 2004) y sin diabetes, esta elevación aguda no se
manifiesta a las 24 hs posteriores, aun luego de ejercicios intensos y
prolongados en pacientes con DM1 normoalbuminúricos (Rodríguez,
2009); por lo que una elevación de la EUA presente al día siguiente de
un ejercicio tal vez represente un estadio más temprano de ND. Cuando
existe aumento de la EUA, se considera clásicamente que la magnitud sería en proporción al aumento agudo de la presión arterial (ADA,
2004). Este hallazgo ha llevado a algunos expertos a recomendar que
los pacientes con nefropatía por diabetes realicen sólo ejercicios livianos a moderados, y que la presión arterial sistólica durante el ejercicio no debe aumentar más de 200 mmHg (Mogensen, 2002). Sin embargo, no hay evidencias que demuestren que el ejercicio, aún el vigoroso, incremente la progresión de la ND. Estudios aleatorizados en animales con diabetes y proteinuria muestran que el entrenamiento con
ejercicios aeróbicos disminuye la EUA. También en humanos algunos
estudios han encontrado descenso de la EUA en pacientes DM2, con
programas de ejercicios aeróbicos a 6 meses (Lazarevic, 2007) e incluso normalización (Fredrickson, 2004). Un estudio realizado en pacientes con DM2 con una media de edad de 61 años y un seguimiento a 7
años, los dividieron según su nivel de actividad física (en mayor y menor de 5 METS) y observaron que el grado entrenamiento es predictor
de mortalidad en esta población (McAuley, 2007). Por otro lado, en pacientes en diálisis se observó que la sobrevida es menor en los individuos sedentarios (Johansen, 2007).
Los ejercicios de resistencia también pueden ser beneficiosos en términos de reducción de la pérdida de masa muscular (sarcopenia), estado nutricional, capacidad funcional y velocidad de filtración glomerular (Castañeda, 2001). En etapas de ERC predialítica, la malnutrición y
la emaciación van paralelos a la progresión del fallo renal. Estas condiciones contribuyen al exceso de morbimortalidad en el enfermo renal, especialmente con DM. Las dietas con restricción proteica demoran la progresión del fallo renal y reducen los síntomas del síndrome
urémico, pero esta restricción puede asociarse a un deterioro del estado nutricional. Los ejercicios, especialmente los de resistencia, aumentan la retención nitrogenada disminuyendo la sarcopenia, mejorando su función con mejoría en la calidad de vida (Rodríguez, 2003).
También los ejercicios de resistencia en hemodiálisis aumentan la fuerza muscular y la capacidad funcional. Combinando ejercicios aeróbicos
y de resistencia posiblemente se podría mejorar la adecuación a la diálisis (Moinuddin, 2008).
Las actuales recomendaciones no alertan sobre específicas restricciones en personas con ND (ADA, 2009). Sin embargo, los datos disponibles son escasos.
• Todas las personas con DM deberían ser aconsejadas a realizar 150
minutos semanales de ejercicios aeróbicos de intensidad moderada
al 50 al 70% de la máxima frecuencia cardíaca (evidencia A) (ADA,
2009).
• En ausencia de contraindicaciones, las personas con DM deberían
ser aconsejadas a realizar ejercicios de resistencia 3 veces a la semana (evidencia A) (ADA, 2009).
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Mesa de Trabajo 6 - Actividad física en los individuos con diabetes y nefropatía.
Las contraindicaciones para realizar ejercicios son comunes a toda persona con diabetes:
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Hipertensión no controlada.
Neuropatía autonómica severa.
Neuropatía periférica severa.
Retinopatia proliferativa o no proliferativa severa o edema macular.
Hiperglucemia con cetosis.
No se señalan restricciones específicas por microalbuminuria, proteinuria ni por filtrado glomerular. Sin embrago, dado que la microalbuminuria, la proteinuria y cualquier estadio de ERC se asocian con aumento del riesgo para enfermedades cardiovasculares, es importante realizar una prolija valoración cardiovascular y una ergometría en individuos previamente sedentarios antes de comenzar ejercicios significativamente más intensos que las demandas de la vida diaria (Sigal, 2006).
No existen recomendaciones específicas para los distintos estadios de
ERC, especialmente en los estadios 4 y 5. Mientras la información disponible sea escasa, sólo se pueden realizar recomendaciones preliminares (Johansen, 2005).
El primer requisito es que el grupo de atención médica jerarquice el
ejercicio en los pacientes con ERC. Deben recomendarse ejercicios de
intensidad leve a moderada, 3 o más veces a la semana, a todos los pacientes con capacidad de realizarlos.
Los ejercicios de resistencia deberían ser definitivamente recomendados a todos pacientes con debilidad muscular (dificultad al caminar,
subir escaleras, levantarse de la silla). Sin embargo, es posible que todos los pacientes con ERC se beneficien con los ejercicios de resistencia debido a que todos en general tienen debilidad muscular, aunque
no la manifiesten y además, conservar la fuerza es un determinante
mayor de la capacidad funcional y de la calidad de vida (ADA, 2009;
Johansen, 2007)
Los ejercicios aeróbicos deberían hacer foco en actividades de grandes
grupos musculares, como caminar o bicicleta. Deberían iniciarse a baja
intensidad y por corta duración (10 a 20 minutos por sesión). En el paciente con ERC, sobre todo con DM, en lugar de la frecuencia cardíaca probablemente sea mejor usar la simple escala de Borg (www.brianmac.co.uk/borgscale.htm) que es una directa medición de la tolerancia al ejercicio y útil para la adherencia. La intensidad y la duración podrían ir progresando gradualmente, pudiendo avanzar a ejercicios más
vigorosos. Debe reconocerse que es beneficioso cualquier incremento
de la actividad aeróbica y los pacientes pueden ser alentados a progresar en las metas. Los pacientes en hemodiálisis podrían hacer ejercicio durante la diálisis y también los días de no diálisis si fuese posible (Mustata, 2004)
Los ejercicios de resistencia también deben ser iniciados con leves cargas y luego aumentadas gradualmente según tolerancia. Son útiles las
máquinas con variedad de ejercicios y cargas regulables, garantizando
una técnica apropiada para evitar lesiones. Si bien no hay datos específicos en pacientes con ERC, el entrenamiento de resistencia, en personas de mayor edad aumenta el grosor de los tendones con mayor resistencia a las lesiones. Por lo tanto, con progresión gradual y cómoda, no
habría un límite máximo de carga. Todos los grupos musculares mayores deberían ser entrenados en 3 sesiones por semana. Enfatizar ejercicios de miembros inferiores en sujetos con dificultades en la deambulación, subir escaleras o levantarse de una silla. Los pacientes en hemodiálisis con accesos vasculares permanentes, habitualmente evitan los
ejercicios de miembros superiores por temor a dañar la fístula. Esos pacientes deberían ser aconsejados a ejercitar los brazos sin que el peso
presione sobre el acceso vascular. Deben realizarse sesiones de precalentamiento y relajación posterior. Los ejercicios de flexibilidad y estiramiento, sin generar dolor, pueden ayudar a mejorar el rango de movimiento y la coordinación de la marcha.
En pacientes en hemodiálisis se encontró que los individuos sedentarios presentaban mayor mortalidad comparado con no sedentarios.
(Johansen, 2007). En población con ERC estadio 5 sin DM varios estu-
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dios evaluaron efectos del ejercicio aeróbico y/o de resistencia observaron mejoría de los test de calidad de vida, de la capacidad de ejercicio
(medida por test de marcha), y disminución de la depresión (Johansen,
2007). Mustata y cols. realizaron un programa de ejercicio aeróbico de
1 hora 3 veces por semana en 11 pacientes en hemodiálisis y observó reducción significativa de la rigidez arterial y de la presión de pulso.
(Mustata, 2004). Se realizó un seguimiento a 4,8 años de 831 pacientes
con DM donde se evaluó la capacidad de ejercicio en mayor o menor
de 5 METS y se encontró asociación significativa y directa entre la capacidad de ejercicio y la mortalidad. Por cada 1 METS mayor de capacidad presentaban un 10% más de sobrevida (Mcauley, 2007).
Conclusiones
Los pacientes con ERC en todos sus estadios (1 a 5) son en general una
población sedentaria con baja capacidad funcional y con alta carga de
riesgo cardiovascular y de otras comorbilidades potencialmente mejorables con el ejercicio. En pacientes con ERC, el ejercicio vigoroso mejora la VO2 máx y el auto reporte de capacidad funcional. Podrían considerarse apropiadas para pacientes con DM y ERC, sobre todo en estadios 1 a 3, las recomendaciones generales para pacientes con diabetes.
En pacientes en estadios 4 y 5 se debe adecuar en forma individual y
deberían estar incorporados en los centros de diálisis. Este tipo de programas necesitan ser fáciles y accesibles a los pacientes con ERC.
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