Microrrelato nº

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Microrrelato nº 1
LA REFLEXIÓN
Me dio un vuelco el corazón y me senté. Pero, lo vas a comentar con tu mejor amiga, ¿o quizás con tu profesora?
Mamá ha sido cruel o inteligente. Aún no lo puedo entender. O quizás la inteligente no he sido yo. Me ha dicho antes de
salir, mientras sorbía el café en una taza con los ojos vidriosos de haber dormido poco, sentada frente a mí:
Cristina. Tú tienes algo muy importante que yo nunca tuve ni tendré, tienes educación y estás estudiando. Yo sólo se
escribir y leer, pero tú sabrás algo más que eso. A mi la educación me la ha dado la vida, la mala vida, para que subsista
como una analfabeta. Pero, no confundas el que sea una analfabeta con una inútil o una inculta. Cristina, yo le doy a
muchos Universitarios veinte vueltas. He descubierto qua se cosas, que a ellos ni les “suena”. He hablado con muchos de
ellos, y te aseguro que parecía que la estudiante era yo.
Pero no me basta. No me sirve de nada, hija. Sigo siendo una “inculta” en este mundo y una “fregona”. Pero hay algo que
me salva. ¿Sabes qué? Mi orgullo y mi satisfacción personal.
Y tú, hija, eres la segunda parte de mi orgullo y mi satisfacción personal. Por eso, hija mía, no quiero que pierdas ni un
segundo de tu vida, ni en caer, ni en levantarte.
Te quiero
Microrrelato nº 2
La mochila de Laura
Juan, con los codos apoyados en la mesa, se mesaba los cabellos, como queriendo sacar algo de lucidez a la situación que
estaban viviendo.
Marta y el, habían estado comentando su situación por enésima vez y por más vueltas que le dieran, a como pasar con lo
mínimo, no les llegaba, ya no quedaban renuncias por hacer.
Mientras Juan y Marta hablaban en susurros, Laura miraba distraída la televisión. A los padres se les humedecieron los
ojos, cuando su hija les interrumpió diciéndoles que ya no quería utilizar más el móvil, que era un rollo, que se dieran de
baja.
Se miraron en silencio, uno de los problemas que más les inquietaba, era la dislexia que padecía su hija. En el centro le
habían comunicado que ya no dispondrían del profesor de apoyo, y ellos no se veían con capacidad, para darles la ayuda
que precisaba.
Al día siguiente Marta le recordó a su hija, con quien tenía que hablar, sobre los libros que necesitaba y le insistía que se
comiera toda la comida que le había puesto en dos fiambreras.
Laura muy seria le dio un beso a su madre y se marcho cabizbaja, antes de llegar al colegio, se sentó en un banco, sin
decidirse a entrar, pensando cómo había cambiado su vida en poco tiempo y que por más que sus padres trataban de
explicárselo, no entendía nada. Pensando miraba en su mochila, las fiambreras donde antes habían libros.
Microrrelato nº 3
sin futuro
Sentía verguenza de sí misma. Verguenza por la impotencia de querer aprender y no saber a donde ir, de querer alcanzar
sus metas y no poder. Estaba simplemente sentada, abatida, con su larga cabellera y su cartera de espaldas a todo, a la
vida, al mundo, a sí misma...No entendía porqué mucho pudieron y ella no. Su mirada perdida se clavaba, absorta en el
banco de hormigón que quebraba su divagar sin sentido por la nada que la entretenía. De repente se dió cuenta que
llevaba allí sentada muchísimo tiempo. Sintió frio, y su sentimiento de desolación se hizo más punzante. Se dijo a sí misma
¿qué puedo hacer? y, después de pensar durante algún tiempo siguió allí, sobre el frio banco de espaldas al mundo.
Microrrelato nº 4
Problemas
A) Yen, de 11 años cobra 1 dólar por trabajar 14 horas al día cosiendo zapatillas para una multinacional. El trayecto hasta
casa le supone 2 horas entre ida y vuelta. Al llegar invierte otras 3 horas en ayudar a su madre y preparar la cena para sus
6 hermanos pequeños. Si duerme 5 horas, ¿de cuánto tiempo dispone Yen para recibir una educación digna?
B) En una clase de 190 alumnos, el 97% acude sin desayunar, el 77% no comió nada desde ayer y el 62% ni siquiera
sabe lo que es una barra de pan. Todos los días deben recorrer 13 kilómetros porque ningún autobús acude a recogerlos.
Cuando llegan solo hay 2 profesoras y material escolar para 15 personas. ¿Cuándo podrán conseguir el certificado de
estudios primarios?
C) Los López están sin empleo y tienen que pagar una hipoteca mensual de 1.800 euros. Si reciben una prestación de 425
euros que se termina dentro de un mes, ¿cuántos tupperware llevarán sus hijos al colegio durante el próximo semestre?
Andrés echó un vistazo al resto de alumnos de aquel colegio privado. Dejó las preguntas en blanco, firmó y se marchó de
clase. Dentro de 10 minutos echaban por la tele un nuevo clásico entre el Madrid y el Barca.
Microrrelato nº 5
EDUCACIÓN EN DOLORES
Antes de irse al cole, su madre le ayudaba a cargar lo imprescindible en la mochila. Un día portaba granadas, otro una
pistola, aunque dependiendo de la asignatura semanal el material variaba. Por ejemplo, si tocaba “Matemáticas”, cargaba
un fusil con mira telescópica: su profesor les enseñaba a disparar con precisión en circunstancias propias del combate. Si
la asignatura era “Educación Física”, la actividad consistía en serpentear y botar alambradas, esquivar explosiones y
arrastrar compañeros heridos. “Lengua y Oratoria” era especialmente divertida. Allí aprendían técnicas de chantaje y
extorsión. Todos se esforzaban mucho en esta materia debido a que la salida laboral era superior a la del de resto de
asignaturas, igualada sólo por “Conocimiento del medio”, donde eran instruidos para detectar, en un entorno hostil, la
manera más eficaz de hacer daño.
La madre ayudaba orgullosa a sus hijos. Ella también había pasado por esa edad y sabía lo importante de la educación que
recibían. Estaba convencida de que eso era educación, y no la que habían recibido sus padres, que perdían el tiempo
sumando y restando, conociendo plantas y árboles o descubriendo la importancia del respeto. Como remate, antes
cualquiera podía estudiar, lo que evitaba el acceso a los verdaderos “Guerrilleros de la Patria”. Se sentía afortunada con el
Gobierno actual. Con suerte, su hija mayor podría inmolarse y subir al cielo, sin haber desperdiciado su vida leyendo a
Cervantes o conociendo a Vicente Ferrer.
Microrrelato nº 6
Moshtarak
Al acercarse a la ventana y observar a Amira sentada en el banco de piedra del patio no pudo evitar que las imágenes se
agolparan en su mente, luchando por salir a la superficie y sacudirla.
Comenzó viendo su aldea, a las mujeres correr, a los hombres gritar y, el colegio, aquella pequeña cuadra habilitada para
proporcionar a las niñas una educación, un refugio y, a la postre, un lugar donde no avergonzarse de su condición,
totalmente derruida, rodeada de humo y fuego.
Era un día de tormenta y, aún así, las otras niñas habían preferido ir al colegio en lugar de quedarse en sus casas, por eso
creyó que había caído un rayo, pero no, al acercarse lo suficiente comprendió que ningún elemento de la Naturaleza
llevaría a cabo semejante barbarie. Y entonces pensó que aquellos hombres que siempre habían mostrado su firme
oposición contra lo que denominaban “blasfemia” habían cumplido su amenaza.
No pudo evitarlo, sus ojos permanecían fijos en aquella pequeña mutilada, aquel diminuto cuerpo al que la vida había
abandonado tan vilmente que se preguntaba si, en realidad, no era ella tan culpable por alentar a sus amigas a recibir una
educación como lo era el hombre capaz de enviar a su propia hija con una bomba en la mochila para matar a sus
compañeras.
Hacía ya diez años que abandonó Afganistán, sin embargo, no pasaba día en que, al mirar a su hija Amira sentada en el
banco, no recordara la masacre de su infancia.
Microrrelato nº 7
Rosaura
No hay derecho, pensaba Rosaura. Si no tenemos formación y educación, no tendremos un futuro digno. Si no tenemos
recursos, no hay libertad de educación posible, y por lo tanto no tenemos la posibilidad de elegir nuestro propio destino, a
saber decidir, a cuestionar y a aprender de nuestros errores. Porque esa es la verdadera esencia de la educación, eso es
lo que nos quieren quitar. Nos quieren sumisos, maleables, alineados en un sistema de producción y consumo, sin
posibilidad de elección. Nos perpetúan en la asimetría social, en la que solo unos pocos pueden elegir.
Rosaura había solicitado una beca para el último curso de Grado de Ingeniería. Su familia carece de los recursos
necesarios. Hubiera sido seleccionada para dirigir un proyecto auspiciado por la OMS en Sudamérica, para la ejecución de
una instalación solar para agua caliente sanitaria en un hospital donde se asisten a enfermos infectados por el mal de
Chagas. Su educación ayudaría a salvar la vida de 12.500 personas al año.
En su indignación y desesperación, lanzaba al viento sus preguntas: "Habría vivido por encima de mis posibilidades? Que
tengo yo que ver con la Ley Glass-Steagall, las hipotecas subprime, los Credit Default Swaps, la prima de riesgo?"
Sin embargo Rosaura, no espera milagros, solo espera que se reconozca su derecho a elegir, a que se reconozca lo que le
pertenece, a que al menos una vez en la vida, el poder del pueblo sea gestionado verdaderamente por sus representantes.
Microrrelato nº 8
La decisión de Marina
No era la primera tarde que Marina esperaba en el banco de piedra, frente a la fachada de la escuela. Tenía la ilusión de
que en cualquier momento, vería salir por la puerta a su amiga. Ya habían pasado tres semanas desde que Niamh no
venía al colegio. La maestra les había explicado algo, que había vuelto con su madre, la de verdad, no la señora que venía
a buscarla y que con tanto cariño le arreglaba la cinta del pelo. No sé que de una acogida provisional y que un juez había
ordenado que tenía que volver con su familia biológica. Parece que su verdadera mama había tenido otro niño y quería
que Niamh se ocupara del bebé. Que se tenía que ir a vivir al otro lado de la ciudad. No, no era justo, ni siquiera habían
podido despedirse. Ensimismada en sus pensamientos no vio acercarse a la mujer hasta que aquella no le rozó el hombro.
Se volvió, era la madre de Niamh, la de antes, la única que ella conocía.
- ¿La echas de menos, verdad?. Yo también, la casa se me viene encima.
- Pero, ¿por qué? ¿Es que Niamh ha hecho algo malo? ¿Nunca volverá al colegio, ni a jugar conmigo?
- Son las cosas de los mayores. Leyes injustas que hacen sufrir a la gente.
Marina miró fijamente la pared de la escuela. Allí estudiaría y se prepararía para algún día poder conseguir que una cosa
así no volviera a ocurrir.
Microrrelato nº 9
Cumplió
Despertar y amanecer eran palabras terribles de escuchar. La depresión golpeaba su cabeza de una forma indisculpable,
pero su hermano la animaba a seguir luchando. Africa era luchadora y hasta cierto punto insensata; al tener prohibida la
entrada a la escuela, al igual que el resto de muchachas del barrio acudía cada día a la puerta de la misma. Gritaba y
gritaba día trás día pidiendo lo que al menos ella pensó que era justo, y los problemas fueron incrementando. Aquellos que
mandaban la intentaban alejar de todo niño que por las rendijas del colegio intentaba lanzar el último de guiño de ojo y dar
sus ánimos ocultos a lo que creían que era, la mayor injusticia de la historia. Siguió sin tener derecho a ir a la escuela
durante años, por mucho que gritó jamás caló su mensaje en los que más poder tenían. Triste, pero cierto.
Microrrelato nº 10
Una pregunta demasiado filosófica
Alba, con la mirada fija en el muro que bordea el Parque de los Pájaros Cantores, reflexiona acerca de la breve
conversación que mantuvo, hace unas horas, con don José María, el profesor de Ética del prestigioso colegio privado
donde ella cursa estudios, La Purísima Concepción.
-¿Por qué unos hombres tienen tanto y otros tan poco? –le preguntó Alba al docente, un prestigioso teólogo que también
imparte clases en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Metrópoli.
•El hombre se quedó pensativo durante unos segundos, un minuto…
•-¿Por qué, don José María? –insistió la niña.
•Dos minutos…
•-¿Por qué?
•-No lo sé, Alba –respondió don José María a los tres minutos de silencio; había alcanzado los límites de la Filosofía.
Microrrelato nº 11
Mi escuela
De añejo tiempo es mi vieja y querida escuela, mil capas de pintura y sus colores siempre la renuevan. Atrapada en ella,
quedaron trazos de mi vida mozuela, y hoy lágrimas, a su privatización, tal vez los conmuevan. Mi pupitre, custodio de mis
sueños, queda tan sólo mirarlo, pensar que fue tan mío, y ahora, quieren que no sea de nadie. Las nuevas ilusiones no
morirán por el balance que ansía lucrarlo, sí a la educación gratuita y de calidad: derecho de todos.
Microrrelato nº 12
Un mundo perfecto
No quiero estudiar, lo he decidido, entraré y disimularé otros tres trimestres, seguro que vuelvo a aprobar, es fácil y soy
bastante lista.
Además tengo otros dones, soy sociable y este verano ha sido muy productivo, he conocido a mucha gente. Rafa, el
panadero, tiene 35 años y es arquitecto. Jaime, el camarero del bar donde desayunan mis padres es menos viejo, 32 años
y nos contó que es abogado. La chica que me ha despachado cientos de helados en el puesto, Virginia, no sé cuántos años
tiene, pero me dijo que haciendo ingeniería se tiró más de siete años, ¡siete años! Y ahora está vendiendo helados, como
Rafa vende “barras” o Jaime sirve cafés...
A mí mis padres no me engañan.
Mi madre, funcionaria de carrera no pierde la sonrisa pero cada vez cobra menos y mi padre, trabajando casi doce horas
al día en su laboratorio ve de tío feliz pero ¿se puede ser feliz trabajando doce horas al día?
Sus amigos Marga y Alberto sí se lo saben montar, ninguno de los dos ha estudiado. Él fue promotor y se forró, ahora con
la crisis le va peor pero seguro que tiene un montón de dinero ahorrado. Y ella... no trabaja, va al gimnasio, a museos y
saca a su perro a pasear... son más listos que todos los demás.
Dicen que se ganará dinero fácil en “Eurovegas” sin tener ningún título universitario y yo soy lista, como Marga y Alberto.
Así que no, no quiero estudiar.
Microrrelato nº 13
El ciment
Asseguda en el banc del silenci, Roser contempla els murs d’un centre que acull dins del seu ventre, centenar
d’adolescents anhelosos per aprendre.
Ella com mols altres joves, no pot creuar eixes parets grosses plenes de ciment, són les parets del present que tanquen els
camins cap al futur. un futur incert ple de tristor i misèria .
El seu pare, un ataleiat no pot més que plorar per l’absència dels recursos necessaris que podrien donar una nova vida a
la seua filla.
Roser pensant que li han pres la seua adolescència, amb un sentiment de impotència i rebel•lió, surt al carrer endinsantse pels cantons foscos de la marginalitat , en anar avançant sobre el llit de l‘asfalt troba el cos nu de la misèria a que
ens ha portat la desídia d’alguns i la cobdícia d’altres.
Acluca els ulls davant el paisatge trist, amb manca de llum i colors que tant li ha desagradat , decideix posar ales a la
seua vida, trencant així un destí imposat. La Roser s’alça en companyia del crepuscle matutí i després de polir el seu
rostre i desitjar un bon dia a sa mare li fa un petó, i dient-li adéu, tanca de nou la porta sense saber si tornarà a veure
algun dia a eixa dona que tant estima.
Microrrelato nº 14
Desapercibidos
Así de espaldas pasa desapercibida. Pero si te molestas en mirarla de frente enseguida se ve que no está bien. Mira con
cara de susto como quien no termina de entender o tiene miedo. ¿A qué? No sé. Quizás a alguien. Tal vez a todo. El mundo
para ella es tremendamente hostil.
Si te fijas, lleva siempre la misma ropa y por delante tiene dos agujeros en la chaqueta. Además huele un poco: no tiene
costumbre de ducharse. Las otras niñas de la clase son presumidas y vienen con sus ojos pintados, sus pendientes de aro
y sus mallas ajustadas. Pero ella no. Desde que llegó está siempre sola: en la clase, en los recreos.
En esa bolsa lleva metido un anorak viejo y alguna libreta. No trae libros. Tampoco sabe para qué viene a la escuela. En eso
es como casi toda su clase que viene al instituto sin sentido y sin material. Sus mochilas van llenas de cargas más pesadas
que los libros: el paro de sus padres, el menudeo del barrio, un exceso de alcohol, la costumbre a los palos y los gritos, la
vida en la calle, la ley del más fuerte. A muchos les falta lo que realmente importa. Se diría que no tienen cuerpo para
tanto peso. Lo único que nunca les falta es la alegría de sus pocos años y las ganas de reír.
Todo eso lo sabes si los miras de frente, claro. Si los pones de espaldas, hasta podrían pasarte desapercibidos.
Microrrelato nº 15
la espera
estoy esperando que abran la puerta del colegio. todavia son las ocho y abren a las ocho cuarenta, todos los dias me tengo
que ir de donde vivo a las siete porque ya a esa hora les molesto. no me importe esperar y ver llegar a los demas. aunque
en invierno se pasa frio y es peor cuando llueve, porque no hay donde resguardarse y me mojo.me gusta mucho el colegio.
saco muy buenas notas pero se que a nadie le importa y eso me entristece. los fines de semana voy al parque para
estudiar para el resto de la semana. me gusta estudiar y pienso hacerlo siempre. quiero ser maestra.
Microrrelato nº 16
La mujer y la gaviota
La gaviota se posó sobre el banco y fantaseó: “Si no pudiera volar, me gustaría estudiar”. Llegó una mujer y se sentó en el
banco, al lado de la gaviota y, al mirarla, pensó: “Como no puedo volar, tengo derecho a estudiar”.
Microrrelato nº 17
Mi abuela
Mi abuela siempre me contaba historias, cuentos y fantasías; Sus utopías soñadas mezcladas con las vivencias de su niñez
en el Pirineo Aragonés. Allí apenas tenían contacto con la vida “civilizada”. Eran indígenas según afirmaba; Sus bosques
estaban llenos de elfos, de gnomos, y brujas que hablaban con los animales, con el río, con las hayas. En los días de viento
los seres del bosque dibujaban el cielo dando pinceladas con las copas de los árboles. Cuando se tumbaba en la pradera
observaba el lienzo dibujado en el cielo. Con los años mi abuela descubrió que era una apasionada de los documentales
etnográficos. Ella hubiera deseado tener la oportunidad de acudir a la escuela y no tener que huir de la guerra cruzando
los Pirineos, únicamente con su madre. Mi abuela sufrió mucho y aún así supo transmitirnos su voluntad de aprender y lo
vital que puede ser el derecho a la educación, cuando no lo tienes.
Hoy tengo la cabeza llena de aquellos pájaros, sueños e ilusiones que observaba mi abuela0, sé que mis derechos son
fruto del esfuerzo de mi abuela y todas esas personas que construyeron con sus vidas el estado de bienestar que hoy
estamos perdiendo. El capital y lo “privado”, no puede decolorar nuestros sueños y esperanzas por recibir una educación
pública de calidad, que me permita contar con muchos colores para pintar el lienzo de mi vida, luchando por nuestros
derechos junto al recuerdo vivo de mi Abuela.
Microrrelato nº 18
La espera
Ahí estoy yo, sola y ansiosa delante del colegio. Mi hija, mi luz, está dentro y yo me como las uñas pensando en lo que
estará haciendo. Atrás quedaron la locura de la matrícula, las reuniones con la orientadora, el maldecir los cuatro papeles
que me dicen que mi niña es distinta y que por eso puede ser que hasta la trasladen de colegio. Sé que todo esto ha sido
para ayudarnos, pero en mi memoria todo ha sido un infierno, la ansiedad porque el colegio no tenía aula de pedagogía
terapéutica, ahora resulta que sí tienen, pero ya me han avisado de que tiene que atender a muchos niños y eso quizás
haga insuficiente el tiempo que puedan dedicarle. Total que todo se reduce a una velada súplica para que contrate un
servicio privado, pero cómo hago si no tengo trabajo y si lo tuviera cómo haría para llevarla y recogerla. Qué rompecabezas.
Todo no a pasado, en una semana le harán una valoración y me dirán qué harán con ella, pero con sus tres añitos hace la
fila y es la única que patalea porque quiere entrar al aula, aunque hoy menos que el primer día. En una semana ha
aprendido que no se puede orinar encima y le ha dado besitos a la maestra desde el primer día. Oigo que suena el timbre,
la puerta se abre, mi cara cambia de la ansiedad a la pura felicidad, mi reinita sale y se lanza a abrazarme.
Microrrelato nº 19
Mientras puedan
Su mirada se apagaba, sus lágrimas eran imborrables. Era algo intachable, injusto y horrible. Eliana, sufría su derecho a la
educación, ya que no la admitían, por ser extranjera. Sufría discriminaciones, desigualdades por ser mujer. La golpeaban y
nadie la hacia caso. Aun así, sabe, que su voz se escuchará por todo el mundo y dará más de una vuelta a la conciencia
de la gente. No tiene amigos y la única amiga que la apoya, no puede hacer nada por ella, pero puede consolar su tristeza
abrazándola y estando a su lado en cada momento de su vida. Su familia, se siente impotente y la justicia aun no le han
dado una respuesta directa. Ella y su familia saben, que mientras puedan, seguirán luchado, por una educación digna e
igualitaria.
Microrrelato nº 20
El triste día gris
Habían sido unos buenos años, aquellos. El rayado pupitre de madera, la pizarra vieja y desgastada, la jovial sonrisa del
profesor... todo aquello esperándola cada mañana, acompañándola a través de las horas y despidiéndose a mediodía
mientras ella partía a la tienda para trabajar. ¿Cuántas cosas había hecho durante todo aquel tiempo?
Sin embargo, sentada en aquel banco de piedra, todo parecía encajar tétricamente. Problema sobre problema, aprieto
sobre aprieto... y finalmente, explosión. Las escapatorias habían terminado, la paciencia desaparecido y las posibilidades
volado hacia un mundo mejor.
¿No le concedían beca por malas calificaciones? Ser mala estudiante no era señal de holgazanería, sino de tener que
compaginar trabajo y estudios. ¿Qué podía hacer ella? Su padre llevaba años desempleado. ¡Y se le acababa ya la
prestación por desempleo! Sin ayudas, sin una mano redentora, la única escapatoria era buscar otro empleo, además del
que ya tenía.
¿Qué otra cosa quedaba por hacer?
Mientras apretaba en el puño el asa de la bolsa, trató de imaginar qué hubiera ocurrido en otras circunstancias. Se
imaginó a sí misma terminando la formación profesional, y entrando a trabajar en alguna peluquería. Se vio envuelta en
cándidas tertulias vecinales. Pero al abrir de nuevo los ojos, su imaginación se desmoronó y la mente se le tiñó del mismo
color que el día: gris.
El nublado volvió a descargar, esta vez con mayor intensidad. Con un largo suspiro, se levantó de su asiento y,
envolviéndose en su bufanda, se marchó caminando lentamente bajo la lluvia.
Microrrelato nº 21
Un pupitre
Nunca un pupitre debe estar sólo sin que lo escolten sueños de un niño, ni la hoja de papel en vuelo como ave. Hay una
mano chiquita de infante, siempre aprendiz de letras primeras, el caudal ofrece aprendizaje y logro. Reciba en su memoria
la luz solemne de bella educación, y así se construya sin que envuelva un afán de provecho. Y vuelto hombre busque
aspiración para devolver la ilusión a otro infante y sea dueño de su sueño y su pupitre.
Microrrelato nº 22
NO ME DES LA ESPALDA
¡Hey! ¡No por favor! No me des la espalda.. Sé muy bien como te sientes, crees que te he fallado y es posible que sea así.
No soy perfecta, nada ni nadie lo es, pero puedo mejorar, créeme. Escúchame, sólo dialogando se resuelven los
problemas. Te necesito tanto como tu a mi y juntas ¡podemos hacer tantas cosas! Yo nací para ti, para abrir de par en par
todas las puertas y ventanas que conduzcan a tus sueños, a los que tienes ahora y a los que vendrán después.
Niña mía no me ignores.. Déjame curar tu herida, que es la mía también. No te bajes de este viaje maravilloso en el que
dar y recibir van a ser nuestro equipaje. Ayúdame a desplegar toda la magia que llevo dentro para compartirla contigo,
para darte siempre lo mejor de mi. No será fácil para ninguna de las dos, el camino es largo, a veces pedregoso a veces
sinuoso pero a cambio, la sabiduría encontrará un lugar en nuestras mochilas.
Vuelve tu mirada, que miles y miles de personas te están esperando para enseñarte todo aquello y más que tu imaginación
todavía no alcanza a comprender, pero que están ahí, al alcance de tu mano. Sólo tienes que levantarte y andar unos
pasos. Ve y entra, que te estoy esperando.. ¡Ah! por cierto, perdona mi torpeza, no me he presentado. Si alguien te
pregunta por mi, diles que me llamo educación.
Microrrelato nº 23
La interrogante de piedra
Internet: he leído allí y he encontrado cosas. Veo mis libros oficiales y no puedo. He visto un vídeo titulado La Educación
Prohibida y siento mi realidad como si estuviera en una peli de ciencia ficción, La Historia Interminable, viendo cosas
preciosas que parecen inalcanzables.
Informática: debería haber una aplicación e instalar una verdadera educación en mi Instituto, ¡ya está actualizado todo,
vamos a prepararnos para el futuro! Pero ocurrirá lo de siempre, otro error del sistema.
Realidad: este mundo es muy grande. Veo fotos de mundo y de gentes. Y la injusticia. Y las diferencias notorias.
Anécdota: a mi lado alguien ha pintado lo que parece ser un signo de interrogación, igualito a los que pueblan mi cabeza.
Ilusión: cómo me gustaría que de pronto, por la calle del fondo, girando la esquina, hacia mí aparecieran cincuenta no,
cien chicos y chicas de mi edad, algunos mayores, de todos los rincones del mundo. Y así, de pronto, verme rodeada de
bonjour, hello,… ¿Qué tal? Diría yo. Y me contaran cosas de sus países lejanos y cómo sienten justo lo mismo que yo
muchas veces.
Deseo: y en cuanto cayera la tarde y asomara el rojizo previo al anochecer les cantaría versos de mis poetas. Prometo
escuchar los suyos, porque las palabras que salen de la más íntima sensación da igual en qué idioma aparezcan, seguro
que sonarán muy dulces.
Microrrelato nº 24
Aguardando el resultado del examen de admisión
Así discurría Emma mientras aguardaba el resultado de su examen de admisión…
«Dejen que comience a estudiar y en un pispás, tan pronto me abra camino entre la manigua, le soplaré los mocos a la
esfinge. Seré estudiante, profesora y decana, bajaré el campus de las estrellas para que los excluidos de siempre puedan
navegar a placer en su vía láctea, y en lugar de fosos, fortalezas y laberintos que la oculten llenaré la universidad de
autopistas reales y virtuales para que los caminos conduzcan a ella.
Ya lo verán cuando a despecho de lo que le pide el cuerpo, por mor de mi tesón, la esfinge se vea obligada a abrirme las
puertas y a facilitarme los tesoros de su templo. Ese día la Universidad de los Aires -ideada y mantenida para que los que
manden se den aires y sigan mangoneando y acaparando riquezas a perpetuidad- comenzará a hacerse merecedora del
mote de universidad transformándose poco a poco en medio idóneo para combatir pobreza, ignorancia y exclusión»…
Si la esfinge supiera la de revoluciones que Emma piensa armar en la universidad si logra su ingreso…
En todo caso, como bien reza el dicho, lo importante no es lo que Emma piense ahora sino lo que piense más tarde
cuando, si es el caso, pertenezca al olimpo universitario.
Nosotros confiamos plenamente en la muchacha. Empero y por si las moscas… ¡Ah, cómo nos gustaría ver más
estudiantes como ella aguardando el resultado de su examen de admisión!
Microrrelato nº 25
LA EDUCACIÓN NO ES UN JUGUETE ROTO
Me llamo Charo, tengo 32 años, y muchas ganas de aprender, de crear una vida, mi vida. Antes no tenía nada, ahora si,
porque aprendí a quererme. A partir de entonces, quise bien a los demás, entendí y comprendí, acepté, maduré y
perdoné. Nada antes me había proporcionado tanta paz.
Nací de dos personas desgraciadas que hicieron de su entorno un infierno. Crecí entre palizas y abandono a raudales. Fui
poco a la escuela y los que estuve, no estaba. Con once años varias compañeras de clase fueron a hablar con mi tutora
para decirle que olía fatal y no lo soportaban. Y tenían razón, no tuve los hábitos que tenían los demás; la suciedad y la
desgana estaban instalados en mi casa. Después de aquello aprendí a mentir, en fin, a todo para no estar en ninguno de
los dos mundos que odiaba, mi casa y la escuela. Convirtieron mi vida en un sin sentido.
Leía fatal y escribía peor. No sabría explicar, como trasladé un libro de la estantería de una amiga, a mi mesita de noche.
Desde entonces sigo subiendo peldaños a la autoestima. Estudiar me ha dado las herramientas para ser más feliz.
Pertenezco a la generación de la democracia, pero no de la comodidad. El derecho a la educación consiste según la LOE, a
la escolarización, pero, también al itinerario capaz de acoger a cualquier persona, independientemente de la edad, que por
diferentes motivos no cumplió con este mandato. Ese debe ser el espíritu del derecho.
Microrrelato nº 26
Un pupitre
Nunca un pupitre debe estar sólo sin que lo escolten sueños de un niño, ni la hoja de papel en vuelo como ave. Hay una
mano chiquita de infante, siempre aprendiz de letras primeras, el caudal ofrece aprendizaje y logro. Reciba en su memoria
la luz solemne de bella educación, y así se construya sin que envuelva un afán de provecho. Y vuelto hombre busque
aspiración para devolver la ilusión a otro infante y sea dueño de su sueño y su pupitre.
Microrrelato nº 27
¿Lo hueles?
Cuando pensaba en lo cerca que estaba y en lo lejos que me sentía, no podía evitar acordarme de aquellos niños que no
habían tenido la suerte de poder oler el aroma que desprendían las hojas de un libro nuevo. Nunca. Y por eso no lloré,
tenía mi bolso lleno de olores, de colores, de texturas. Sentir es lo más real de la vida pero la realidad no es como en mis
libros…
Estaba tan cerca que podía olerlos pero me sentía tan lejos que deseaba volver a abrazarlos, y susurrarles al oído algo que
les hiciera comprender lo que yo sentía. Diferente, ausente, discapacitada, autista… No. Yo estaba triste, y la tristeza me
olía a tierra mojada. Aquella tarde llovió demasiado.
Cuando supe que no volvería a estar tan cerca, me sentí lejos de todo, lejos incluso de la lluvia que parecía no querer rozar
mi pelo. La distancia se hacía cada vez mayor y mi tristeza aumentaba a medida que el Sol se ponía.
Mañana es lunes y voy a volver a verlos, a olerlos y a tocarlos. Después de todo, la lluvia no dura más de dos días, y el
aroma de todos ellos juntos puede durar eternamente.
Microrrelato nº 28
Camila quiere ser médico
Como todos los días, Sofía llegó a la plaza Lorca y se sentó a esperar a Camila. Pasaron quince minutos hasta verla
aparecer en la esquina. Camila se disculpaba, Sofía fingía enfadarse, pero al final las dos reían. Después se daban prisa
para llegar a tiempo a clase. Ese día Sofía no entendió nada. Pero sabía que Camila sí se habría enterado. Ella quiere
estudiar medicina y siempre presta mucha atención en clase. Al acabar, la profesora les contó lo de la reforma de
educación, que lo había leído esa mañana: la subida de las tasas, la bajada de la calidad de la enseñanza. Todos se sentían
indignadísimos. ¡El futuro no hacía más que ponerles trabas! Sofía miró a Camila y vio que tenía una expresión muy rara. Le
dijo que sabía lo de la reforma, que lo habían hablado en casa.
A la mañana siguiente, Sofía se encontraba de nuevo en la plaza Lorca, esperando. Solo que ese día Camila nunca
apareció por la esquina disculpándose. De hecho, no apareció ni ese día ni los siguientes.
Cuando Sofía fue a casa de Camila, le confesó que iba a dejar el instituto. “¿Pero cómo vas a estudiar medicina?” Y Camila
se echó a llorar. Sus padres no podían pagar la universidad, y con la beca, si la obtenía, no era suficiente. Estaban fatal de
dinero porque habían despedido a su madre hacía poco y su padre estaba enfermo. Camila tendría que trabajar. ¿Y su
derecho a la educación? De vacaciones.
Microrrelato nº 29
Futuro?
¿Qué podría estar pensando ella? Esa chica de espaldas, observando aquel letrero, al parecer lo único que queda
después de una manifestación que nunca debió tener razón para convocarse.
Quizás esté temiendo por su futuro, por el de todos sus compañeros, que como ella, se están viendo afectados por esta
crisis educativa. En la cual los gobiernos parecen no importarles la educación. La responsable de que aprendamos a
aprender y así aprovechar las posibilidades que ofrece esta a lo largo de toda una vida. También la que nos enseña a hacer
y a vivir juntos desarrollando la comprensión mutua. Y por último, pero no menos importante: nos enseña a ser; de
manera que nuestra personalidad florezca con capacidad autosuficiente , con juicio y responsabilidad y que nunca se
marchite.
Quizás, esa chica, se haya planteado rendirse o se sienta impotente tras las últimas manifestaciones las cuales solo han
dado disgustos y que para nada han mejorado la situación.
Ese es quizás el estado en el que todos nos encontramos, impotentes a lo que se nos echa encima o más bien a lo que se
nos está quitando. Pero es por la propia educación por la que nos unimos. Es la educación la que nos ha enseñado a creer
en ella y es ella misma la que va a seguir apoyándonos dándonos esa autosuficiencia y juicio así como una responsabilidad
mutua.
Microrrelato nº 30
Rueda de aprendizaje
Berta se levanta cada mañana a las 8, desayuna, sube al bus hasta el colegio bilingüe; habla ingles, aprende sociales
mirando la pizarra digital y divide en el portatil. Juega al tenis, hace natación y habla de los "sims" en el patio.
Bastante mas abajo Modou, aún con sueño y de noche, camina casi una hora hasta la escuela más cercana. Dos aulas
destartaladas, mucha humedad y pizarras de tiza para cada uno o dos....Un mapa en la pared de dudosa actualización y
un maestro con imaginación para suplir los "no medios" con que enseñar a sus alumnos...
En Guatemala, Lety y otros niños de la zona, viven y aprenden en una casa que hace las veces de escuela. Comen, rezan y
sueñan a través de las ilustraciones de los cuentos traídos de algún país europeo.Imaginan montañas de cuadernos para
dibujar y llenar de letras y colores...
Cerca de Kerala, Manjit, corre a la escuela siempre que en casa no la necesiten. Sabe leer, pinta árboles y se imagina su
vida de adulta al lado de la maestra cuando juega a perseguir la bola hecha con trozos de tela junto en la explanada de al
lado.
En todos los rincones del mundo, niños y niñas saliendo de sus casas hacia un universo donde aprendan a pensar, poner
la imaginación al servicio de la realidad y disfrutar de la sabiduria de los que nos precedieron y, sobre todo, engrosar el
libro de lo que aún queda por descubrir.
Microrrelato nº 31
Educación para cambiar el mundo
Quiero conseguir mi sueño. La mejor manera para alcanzarlo es teniendo estudios. Tengo ejemplos a seguir, referencias
para inspirarme. Quien ha conseguido su meta y se ha ganado la vida profesionalmente ha leído mucho, mucho. Antaño
no le tuvieron fácil, demasiado viento en contra, por ejemplo en el XIX, hogaño sigue siendo difícil a pesar de las
oportunidades. Toda persona tiene derecho a la educación, pero algunos miran para otro lado, mientras nacen niños
sedientos y hambrientos de saber, y de agua y pan, y así morirán, otros nacerán y morirán, es el eterno retorno, y seguirá
faltando educación, agua y pan, ante la falta de oportunidad mientras aumenta la diferencia entre el rico y el pobre. La
educación es un derecho, es una inversión. Déjame conseguir mi sueño. Dame la oportunidad. ¿No quieres tener un líder,
un símbolo, un referente?. Te seré más útil cuanto más estudios tenga en mi currículo. Dame educación y no te daré
nunca más la espalda. Dame la oportunidad y yo te ofreceré mi promesa para cambiar el mundo a mejor.
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