Domingo XXVI Tiempo Ordinario (B)

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Contiene:
- ARL XXVI Domingo T Ordinario B
- PAGOLA 26 Domingo del Tiempo Ordinario B
- Domingo XXVI del Tiempo Ordinario B
- Semana del 27de septiembre al 3 de octubre de 2015
ARL XXVI Domingo T Ordinario B
Jesús camina con los suyos hacia Jerusalén, y en la larga marcha continua enseñándoles lo
que es el seguimiento y qué comporta la pertenencia a él, que trae plenitud de vida y de
verdad; plenitud que coincide con el amor, una simplísima realidad pero que exige un
largo recorrido y mucho esfuerzo para ser comprendida y convertirse en alma de toda la
existencia.
Por eso Jesús aprovecha todas las ocasiones para instruir a sus discípulos y, esta vez, el
discurso está dirigido a Juan que, como sucede con frecuencia, estaba convencido que el
seguimiento de Cristo fuera una exclusiva del cerrado círculo de los discípulos. “Maestro,
hemos visto uno que arrojaba demonios en tu nombre yse lo hemos prohibido, pues no era
de los nuestros”, y estas palabras no encuentran consenso en Jesús. Aquel Maestro parecía
haberse convertido en monopolio de unos pocos íntimos, y no un don para todos los
hombres, sin excluir a nadie.
Juan, con su mentalidad todavía burda, recordemos el deseo de los primeros puestos, vivía
el seguimiento como una experiencia reservada solo a los doce, “no era de los nuestros”,
como si la pequeña comunidad reunida en torno a Jesús fuera un clan y no el germen de
toda la Iglesia.
No hay de que asombrarse si esta mentalidad, que hoy llamamos ‘integralista’, se alojaba
en los discípulos; en realidad, ya existía precedentemente y continúa a existir hoy, hasta en
comunidades o movimientos que se dicen e intentan ser cristianos.
Es la mentalidad de quien cerrándose al interno de un círculo cerrado de personas,
excluyen a los demás, que expresan de diferente manera las mismas aspiraciones y la
misma fe.
Es un mal antiguo el monopolizar incluso los bienes más grandes, como el del espíritu, de
monopolizar al mismo Espíritu de Dios.
La liturgia de este domingo nos hace leer un pasaje del Libro los Números donde se dice
que: “Entonces el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. Después tomó algo del
espíritu que estaba sobre él y lo infundió a los setenta ancianos. Y apenas el espíritu se
posó sobre ellos, comenzaron a hablar en éxtasis; pero después no volvieron a hacerlo.
Dos hombres —uno llamado Eldad y el otro Medad— se habían quedado en el
campamento; y como figuraban entre los inscritos, el espíritu se posó sobre ellos, a pesar
de que no habían ido a la Carpa. Y también ellos se pusieron a hablar en éxtasis. Un
muchacho vino corriendo y comunicó la noticia a Moisés, con estas palabras: «Eldad y
Medad están profetizando en el campamento». Josué, hijo de Nun, que desde su juventud
era ayudante de Moisés, intervino diciendo: «Moisés, señor mío, no se lo permitas». Pero
Moisés le respondió: « ¿Acaso estás celoso a causa de mí? ¡Ojalá todos fueran profetas en
el pueblo del Señor, porque Él les infunde su espíritu!”
El celo, el deseo de la exclusividad, buscan incluso aferrar el don de Dios, que se ofrece a
cuantos Él quiere, a cualquiera con corazón puro que lo reciba y lo restituya a los demás.
Sucedía en el antiguo Israel, sucedía a los discípulos que habían comprendido poco de su
Maestro y nos sucede también a nosotros.
“Cristo Jesús, -escribe san Pablo-, no consideró un tesoro celoso su igualdad con Dios” (Fil
2, 6), él se hizo don para todos los hombres, no para un pequeño grupo o para un solo
pueblo, sino para todos indistintamente, para los cercanos y los lejanos, porque todo
hombre, del lugar y pueblo que sea, lleva en sí la imagen de Dios, y luego, es un don
gratuito que debe ser restituido y no mantenido celosamente para sí o para pocos.
Respondiendo a Juan, Jesús es categórico: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que
haga un milagro en mi nombre que en seguida hable mal de mí. Quien no está contra
nosotros, está por nosotros”; aquí el “nosotros” quiere indicar una comunidad que se
extiende al infinito, hasta donde se amplía el amor, porque es en el amor dado, en el amor
operante, que se crea la pertenencia a Cristo. Jesús lo explica con estas palabras: “Quien les
diera de beber un vaso de agua en mi nombre, porque ustedes son de Cristo, yo les digo que
no perderá su recompensa”.
El discurso es más explícito en el Evangelio de san Mateo, ahí donde se habla del regreso
del Hijo del Hombre, que juzgará a todas las gentes, y su juicio, el juicio final, será
precisamente sobre el amor: “Vengan, benditos de mi padre, porque tuve hambre y me
dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era peregrino y forastero y me hospedaron,
estuve desnudo y me abrigaron, enfermo y me visitaron, estuve en la cárcel y fueron a
verme… ya la pregunta: ‘Pero, ¿cuándo, Señor, te vimos hambriento, sediento, desnudo,
forastero, o enfermo?’, el Rey responderá: ‘Cada vez que han hecho esto con uno de mis
pequeños, lo han hecho conmigo’” Mt 25, 34-40);
Para los demás que declararán haber conocido a Cristo y haber comido con él, pero no han
tenido atención de los pequeños, el juicio será de condena, la misma condena, dura, fuerte,
inapelable, que escuchamos hoy en el Evangelio de san Marcos: “Quien escandaliza a uno
de estos pequeños que creen, es mejor para él que se le ponga al cuello una piedra de
molino y sea arrojado al mar”; quien no ve las dificultades de los débiles, y no les ayuda
en el camino de la vida, no merece llamarse cristiano.
Los ‘pequeños’ de que habla el pasaje del Evangelio no son tanto o solo, los niños, sino
sobre todo, según el lenguaje del nuevo Testamento, todos los que dan los primeros pasos
en la fe y cuantos, por diferentes razones, tienen dificultad para creer, o, para hacerlo, se
apoyan en otros, en su testimonio y su autoridad moral.
Estos ‘pequeños’, son confiados a los hermanos en la fe, los cuales deben tener para ellos
una particular atención, deben facilitarles el camino espiritual y, nunca deben poner
obstáculos, con un comportamiento que desoriente. A cuantos, descuidados del deber del
testimonio, tienen un comportamiento ‘escandaloso’, un comportamiento que contrasta
con la fe profesada, y tal vez no son pocos, Jesús les dice que sería mejor que ”les pongan
una piedra de molino al cuello y les arrojen al mar”.
Un juicio duro, pero que indica el valor que tiene la fe en Cristo, una fe que no es simple
adhesión de la mente, sino empeño total, que involucra y anima toda la existencia, una fe
que se hace testimonio claro y creíble, y que se convierte en sostén de quien está vacilante,
y tiene necesidad de ayuda.
Si se descuida este aspecto de la vida cristiana, se es poco más que basura para tirar al
fuego; la Gehena, de la que habla Jesús, era precisamente, el lugar donde se quemaban los
deshechos de la ciudad.
Este es el sentido de esas palabras durísimas: “Si tu mano es para ti ocasión de pecado,
córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos al infierno,
al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado córtalo, porque más te vale
entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti
ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de
Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no
se apaga”.
Si, quien no es capaz de abrirse al don del Espíritu, quien no acoge el don de Dios y no
sabe vivir todas sus exigencias, a imitación de Jesús, se condena solo a esa soledad
tremenda que es la lejanía de Dios, y que se simboliza en el fuego destructor de la Gehena
en el que comúnmente llamamos infierno; el infierno que es pues la falta del Amor que no
ha sido recibido, ni restituido, ni dado a los demás.
Fr. Arturo Ríos Lara, OFM
Celaya, Gto. 27de septiembre de 2015
SON AMIGOS, NO ADVERSARIOS
A pesar de los esfuerzos de Jesús por enseñarles a vivir como él, al servicio del reino de
Dios, haciendo la vida de las personas más humana, más digna y dichosa, los discípulos
no terminan de entender el Espíritu que lo anima, su amor grande a los más necesitados y
la orientación profunda de su vida.
El relato de Marcos es muy iluminador. Los discípulos informan a Jesús de un hecho que
les ha molestado mucho. Han visto a un desconocido «expulsando demonios». Está actuando
«en nombre de Jesús» y en su misma línea: se dedica a liberar a las personas del mal que les
impide vivir de manera humana y en paz. Sin embargo, a los discípulos no les gusta su
trabajo liberador. No piensan en la alegría de los que son curados por aquel hombre. Su
actuación les parece una intrusión que hay que cortar.
Le exponen a Jesús su reacción: «Se lo hemos querido impedir porque no es de los nuestros».
Aquel extraño no debe seguir curando porque no es miembro del grupo. No les preocupa
la salud de la gente, sino su prestigio de grupo. Pretenden monopolizar la acción
salvadora de Jesús: nadie debe curar en su nombre si no se adhiere al grupo.
Jesús reprueba la actitud de sus discípulos y se coloca en una lógica radicalmente
diferente. Él ve las cosas de otra manera. Lo primero y más importante no es el crecimiento
de aquel pequeño grupo, sino que la salvación de Dios llegue a todo ser humano, incluso
por medio de personas que no pertenecen al grupo: «el que no está contra nosotros, está a
favor nuestro». El que hace presente en el mundo la fuerza curadora y liberadora de Jesús
está a favor de su grupo.
Jesús rechaza la postura sectaria y excluyente de sus discípulos que solo piensan en su
prestigio y crecimiento, y adopta una actitud abierta e inclusiva donde lo primero es
liberar al ser humano de aquello que lo destruye y hace desdichado. Este es el Espíritu que
ha de animar siempre a sus verdaderos seguidores.
Fuera de la Iglesia católica, hay en el mundo un número incontable de hombres y mujeres
que hacen el bien y viven trabajando por una humanidad más digna, más justa y más
liberada. En ellos está vivo el Espíritu de Jesús. Hemos de sentirlos como amigos y aliados,
nunca como adversarios. No están contra nosotros pues están a favor del ser humano,
como estaba Jesús.
José Antonio Pagola
Domingo XXVI Tiempo Ordinario (B)
(Domingo 27 de Septiembre de 2015)
TEXTOS LITÚRGICOS
LECTURAS
¿Acaso estás celoso a causa de mí?¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor!
Lectura del libro de los Números 11, 16-17a. 24-29
El Señor dijo a Moisés:
«Reúneme a setenta de los ancianos de Israel —deberás estar seguro de que son realmente
ancianos y escribas del pueblo— llévalos a la Carpa del Encuentro, y que permanezcan allí
junto contigo. Yo bajaré hasta allí, te hablaré, y tomaré algo del espíritu que tú posees, para
comunicárselo a ellos».
Moisés salió a comunicar al pueblo las palabras del Señor. Luego reunió a setenta hombres
entre los ancianos del pueblo, y los hizo poner de pie alrededor de la Carpa.
Entonces el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. Después tomó algo del
espíritu que estaba sobre él y lo infundió a los setenta ancianos. Y apenas el espíritu se
posó sobre ellos, comenzaron a hablar en éxtasis; pero después no volvieron a hacerlo.
Dos hombres —uno llamado Eldad y el otro Medad— se habían quedado en el
campamento; y como figuraban entre los inscritos, el espíritu se posó sobre ellos, a pesar
de que no habían ido a la Carpa. Y también ellos se pusieron a hablar en éxtasis.
Un muchacho vino corriendo y comunicó la noticia a Moisés, con estas palabras: «Eldad y
Medad están profetizando en el campamento».
Josué, hijo de Nun, que desde su juventud era ayudante de Moisés, intervino diciendo:
«Moisés, señor mío, no se lo permitas».
Pero Moisés le respondió: « ¿Acaso estás celoso a causa de mí? ¡Ojalá todos fueran profetas
en el pueblo del Señor, porque Él les infunde su espíritu!»
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL 18, 8.10.12-14
R. Los preceptos del Señor alegran el corazón.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. R.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. R.
También a mí me instruyen:
observarlos es muy provechoso.
Pero ¿quién advierte sus propios errores?
Purifícame de las faltas ocultas. R.
Presérvame, además, del orgullo,
para que no me domine:
entonces seré irreprochable
y me veré libre de ese gran pecado. R.
Las riquezas de ustedes se han echado a perder
Lectura de la carta de Santiago 5, 1-6
Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus
riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata
se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus
cuerpos como un fuego.
¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que
han robado a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los
cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo.
Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos
para el día de la matanza. Han condenado y han matado al Justo, sin que él les opusiera
resistencia.
Palabra de Dios.
ALELUIA Cf. Jn 17, 17ba
Aleluia.
Tu palabra, Señor, es verdad;
conságranos en la verdad.
Aleluia.
El que no está contra nosotros está con nosotros. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos 9, 38-43. 45. 47-48
Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y
tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros».
Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi
Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.
Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el
hecho de que ustedes pertenecen Cristo.
Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible
para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.
Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida
manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti
ocasión de pecado córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado
con tus dos pies al infierno.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo
ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no
muere y el fuego no se apaga».
Palabra del Señor.
GUION PARA LA MISA
XXVI Domingo del Tiempo Ordinario- 27 de septiembre 2015ciclo B
Entrada: La santa Misa nos permite unir nuestra propia vida al sacrificio de Cristo en la
Cruz donde se hacen sagrados todos nuestros actos y deseos y donde somos purificados
de nuestros vicios y defectos.
Primera Lectura: Nm 11,25-29
Dios reparte sus dones gratuitamente para que sean empleados en bien de su pueblo.
Segunda Lectura: St 5,1-6
Las riquezas que amontonan los hombres malvados será la causa de su ruina.
Evangelio: Mc 9,38-43. 45. 47-48
Nuestro Señor nos enseña a no impedir la intervención gratuita de Dios, y a evitar la
envidia y el escándalo.
Preces:
Al Dios de las Misericordias imploremos hermanos, para que nos conceda sus
dones.
A cada intención respondemos cantando:
* Por la Iglesia, para que alimentada con el Pan de Vida camine siempre en la unidad y
la verdad, y fomente el bien en favor de todos los hombres. Oremos.
* Por todos los sacerdotes para que, dóciles al don recibido y fieles a su ministerio,
enciendan en las almas la luz que es Cristo, que debe iluminar eficazmente todo el
camino de la vida humana. Oremos.
* Por la renovación de las parroquias, para que sus miembros crezcan en comunión con
Cristo, especialmente en la participación de la Eucaristía, y en solidaridad a ejemplo de
los primeros cristianos. Oremos.
* Por los que sufren diversas necesidades, para que, mediante su buen ejemplo y su
conformidad con la voluntad de Dios, enseñen cómo toda tribulación llevada a la sombra
de la Cruz es siempre fecunda. Oremos.
* Por nosotros mismos, para que siempre encontremos en la Ley Nueva de la gracia la
fuerza para guardar los mandamientos divinos y vivamos así la alegría de ser hijos de
Dios. Oremos.
Danos Señor, la gracia de vivir el Evangelio y asístenos con tu fuerza. Por Jesucristo
nuestro Señor.
Ofertorio:
Nos reunimos en torno a la mesa del Altar y presentamos:
Cirios junto con las esperanzas de hacer que triunfe en el mundo el Amor de Cristo.
Pan y vino, materia del sacramento eucarístico, escogida para ser transformada en el
alimento que nos nutre de Dios.
Comunión:
Para vivir la verdadera Vida recurrimos al Cuerpo y la Sangre de Cristo, conscientes de
que nada podemos sin su presencia que restaura y da fuerzas.
Salida:
Virgen María, Madre nuestra, haz realidad nuestro deseo de vivir imbuidos del Espíritu
Santo para hacer las obras de Dios tomando ejemplo de tu docilidad.
Exégesis
· Rudolf Schuackernburg
Palabras sobre el escándalo
(Mc/09/42-48).
La nueva unidad sentencial está formada mediante la palabra nexo scandalon («tropiezo»).
Enlaza con lo que antecede a través de la palabra nexo «pequeños»; el versículo 42 forma
contraste con el v. 41: al anuncio de una recompensa por el buen comportamiento en favor
de los «pequeños» (los discípulos), sigue ahora una terrible amenaza para cuantos den
ocasión de tropiezo a «cualquiera de estos pequeños». El enlace está, pues, justificado
desde el punto de vista del contenido; pero la nueva trilogía acerca de los miembros del
cuerpo que ocasionan tropiezo sólo tiene una vinculación externa con esa sentencia. El
«tropiezo» que cualquiera ocasiona a un discípulo de Jesús, se trata de una sacudida a la
fe, de un poner en peligro la salvación de otro, cosa que atraen sobre el autor el castigo
más severo en el tribunal divino; de ahí la imagen drástica del anegamiento en el mar.
Con el tropiezo que procede de los miembros corporales, se piensa en las tentaciones de
tipo moral que le vienen al hombre de su misma naturaleza y que debe superar
radicalmente de raíz, mediante la «mutilación» de los miembros, a fin de no incurrir en la
condenación. La palabra griega, que ha entrado en nuestra lengua bajo la forma de
«escándalo», no tiene la resonancia sensacionalista que ha adquirido entre nosotros. No se
trata de la conmoción que provoca en la opinión pública sino de un peligro interno que
corre la persona a la que se escandaliza. El vocablo, cuyos orígenes no se han esclarecido
plenamente, hace pensar en la caída ocasionada por un tropiezo o una trampa en el
camino. En el contexto de la sagrada escritura, ese «tropiezo», cualquiera que sea su
origen, representa un peligro para la salvación. En el entorno de Jesús había seguramente
hombres que disuadían su seguimiento a los «pequeños», los discípulos sencillos, y
querían destruir su fe y lealtad a Jesús. El Maestro ha observado lleno de cólera tales
manejos y ha pronunciado esa terrible amenaza.
La «piedra de molino de las que mueven los asnos» era una piedra notablemente grande
que -a diferencia del molino de mano-, en el tipo de molino fijo, descansaba sobre otra
piedra y tenía un agujero en el centro. Esa clase de molino se llamaba «molino de asno», o
bien porque era movido por un asno o bien porque la piedra inferior se llamaba «asno» a
causa de su forma. Para un hombre que extravía a los otros en la fe sería preferible, según
la palabra de Jesús, que le colgasen al cuello una de esas grandes piedras y lo hundiesen
en lo profundo del mar. Es una imagen muy conforme al lenguaje vigoroso de Jesús y
cuyo sentido es éste: mejor es la muerte y el exterminio que robar la fe a otro.
La forma de expresión recuerda las palabras de Jesús acerca del hombre que iba a
traicionarle: «más le valiera a tal hombre no haber nacido» (Mar_14:21). No se trata de
sentencias condenatorias inapelables, pero son palabras que pintan a la perfección la
terrible realidad de un hecho. La imagen y el arcaísmo de la forma lingüística señalan su
origen en el pensamiento judío y no permiten dudar de que bajo las mismas se esconde
una palabra personal de Jesús. La comunidad (…) entiende, bajo aquéllos cuya fe sufrirá
quebranto, a todos los creyentes que forman parte de la misma, y no (o no exclusivamente)
a los niños, y de un modo muy especial a los mensajeros de la fe. (…). Siempre será algo
terriblemente grave poner en peligro y destruir la fe en el corazón de los hombres
sencillos. En la tradición sentencial de Mateo y Lucas se agrega: «es imposible que no haya
escándalos, ¡pero ay de aquel por quien vienen (los escándalos)!». Jesús contempla de un
modo realista la situación del mundo; pero advierte a los seductores y está decidido a
proteger a quienes creen en él. La fe de la gente sencilla -cf. los infantes de Mt 10,25- es un
bien que ningún hombre puede robar sacrílegamente. En ningún caso hay que entender
las palabras de Jesús como si uno no hubiese de reflexionar sobre la fe y solucionar sus
problemas. Se piensa en los seductores malintencionados o irresponsables.
El grupo de sentencias relativas a los miembros del cuerpo que pueden convertirse en
causa de ruina moral, muestra el carácter radical de las exigencias éticas de Jesús. Hablaba
en serio cuando quería que se hiciese todo lo imaginable con tal de tener parte en el reino
de Dios (cf. Luc_13:24). Cuando está de por medio el objetivo final no cabe indecisión
alguna.
En nuestro texto Jesús habla de «la vida» como el objetivo del hombre, que le proporciona
la verdadera salvación, y después habla en el mismo sentido del «reino de Dios». (…) El
«fuego» que «no se extingue» (…) como «el gusano» que «no muere»; (…) ya estaban
unidas en un pasaje del Antiguo Testamento que se cita en este v. 48 (Isa_66:24). Allí se
trata de los hombres ajusticiados por Dios, cuyos cadáveres se amontonan en el valle de
Hinnom, junto a Jerusalén. Yacen insepultos, expuestos a la corrupción -¡el gusano!- o al
fuego aniquilador.
Del valle de Hinnom, en hebreo Gehinnom, que desde tiempos antiguos en Israel pasaba
por ser el lugar del juicio, se ha derivado la expresión griega gehenna para indicar el
infierno. Del lugar histórico de castigo se ha forjado ya en Isa_66:24 el lugar de castigo
escatológico; del fin temporal de los malvados, el tormento eterno. (…) No «entrar en la
vida», en la vida eterna de Dios, no tener parte en su reino futuro, equivale para el hombre
a fallar el objetivo transcendente que se le ha señalado, y esto es la pérdida más espantosa
que puede sucederle a un hombre. Su vida terrena no tuvo sentido y con la muerte
corporal cae para siempre en el absurdo, en la «muerte eterna», en la aniquilación de su
humanidad que estaba destinada a la vida eterna.
No se dice en qué consisten las tentaciones de la «mano», el «pie» y el «ojo». Basta saber
que el hombre encuentra ocasiones de pecar en su propia constitución psicofísica. Los
miembros externos sólo se consideran como ocasión de pecado. En otro pasaje dice Jesús
que los malos pensamientos y deseos nacen de dentro, del corazón del hombre (Mar_7:21
ss). En las palabras sobre los miembros corporales que son ocasión de pecado, se contiene
la experiencia de que también en el hombre que aspira al bien surgen tentaciones que
pueden llevarle a la caída, en razón, precisamente, de su capacidad de ser tentado. Es una
advertencia a no sobrevalorar las propias fuerzas y una amonestación a resistir
inmediatamente y con decisión el ataque del mal. En el sermón de la montaña, Mateo ha
relacionado el ojo que extravía y la mano que induce al pecado con el adulterio
(Mar_5:29s). Muestra así cómo la Iglesia primitiva interpretaba de un modo concreto y
aplicaba las palabras de Jesús. De manera similar cada cristiano debe preguntarse dónde
están para él las posibles ocasiones de caída en el pecado y los peligros para su salvación.
La palabra del Señor le invita a una renuncia radical a las seducciones del pecado y al corte
inmediato, y a menudo doloroso, cuando está amenazada la salvación de toda su persona.
(SCHNACKENBURG, R., El Evangelio según San Marcos, en El Nuevo Testamento y su
Mensaje, Editorial Herder)
Mateo habla a su comunidad de una forma nueva; para él el «reino de los cielos» tal vez
está ya referido a la Iglesia, al menos en el sentido de que ella es la imagen presente y el
campo de operaciones del reino futuro. Al niño se le presentó ya como símbolo del
sentimiento humilde (v. 4).
Comentario Teológico
·
Xavier Leon – Dufour
Escándalo
Escandalizar significa hacer caer, ser para alguien ocasión de caída. El escándalo es
concretamente la trampa que se pone en el camino del enemigo para hacerle caer. En
realidad, hay diferentes maneras de "hacer caer" a alguien en el terreno moral y religioso :
la tentación que ejercen *Satán o los hombres, la *prueba en que pone Dios a su pueblo o a
su hijo, son "escándalos". Pero siempre se trata de la fe en Dios.
I. CRISTO, ESCÁNDALO PARA EL HOMBRE. 1. Ya el AT muestra que Dios puede ser
causa de 'escándalo para Israel; "Él es la *piedra de escándalo y la *roca que hace caer a las
dos casas de Israel... muchos tropezarán, caerán y serán quebrantados" (Is 8,14s). Es que
Dios, por su manera de obrar, pone a prueba la fe de su pueblo.
Asimismo Jesús apareció a los hombres como signo de contradicción. En efecto, fue
enviado para la salvación de todos y de hecho es ocasión de *endurecimiento para
muchos:
"Este niño está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel y para blanco de
contradicción" (Lc 2,34). En su persona y en su vida todo origina escándalo. Es el hijo del
carpintero de Nazaret (Mt 13,57); quiere salvar al mundo no mediante algún mesianismo
vengador (11,2-5; cf. Jn 3,17) o político (Jn 6,15), sino por la pasión y la cruz (Mt 16,21);
los discípulos mismos se oponen a ello como Satán (16,22s) y escandalizados abandonan a
su maestro (Jn 6,66). Pero Jesús resucitado los reúne (Mt 26,31s).
2. Juan pone de relieve el carácter escandaloso del Evangelio : Jesús es en todo un hombre
semejante a los otros (Jn 1,14), cuyo origen se cree saber (1,46; 6,42; 7,27) y cuyo designio
redentor por la *cruz (6,52) y por la *ascensión (6,62) no se llega a comprender. Los
oyentes todos tropiezan en el triple misterio de la encarnación, de la redención y de la
ascensión; pero a unos los levanta Jesús, otros se obstinan: su pecado no tiene excusa
(15,22ss).
3. Al presentarse Jesús a los hombres los puso en la contingencia de optar por él o contra
él: "Bienaventurados los que no se escandalizaren en mí" (Mt 11,6 p). La comunidad
apostólica aplicó también a Jesús en persona el oráculo de Isaías 8,14 que hablaba de Dios.
Él es "la piedra de escándalo" y al mismo tiempo "la piedra angular" (1Pe 2,7s; Rom 9,32s;
Mt 21,42). Cristo es a la vez fuente de vida y causa de muerte (cf. 2Cor 2,16).
4. Pablo debió afrontar este escándalo tanto en el mundo griego como en el mundo judío.
Por lo demás, ¿no había él mismo pasado por esta experiencia antes de su conversión?
Descubrió que Cristo, o si se prefiere, la *cruz, es "*locura para los que se pierden, pero
para los que se salvan es el *poder de Dios" (1 Cor 1,18). En efecto, Cristo crucificado es
"escándalo para los judíos y locura para los paganos" (ICor 1,23). La sabiduría humana no
puede comprender que Dios quiera salvar al mundo por un Cristo humillado, *doliente,
crucificado. Sólo el Espíritu de Dios da al hombre poder superar el escándalo de la cruz, o
más bien reconocer en él la suprema *sabiduría (lCor 1.25; 2,11-16).
5. El mismo escándalo, la misma prueba de la fe continúa también a través de toda la
historia de la Iglesia. La Iglesia es siempre en el mundo un signo de contradicción, y el
odio, la *persecución son para muchos ocasión de caída (Mt 13,21; 24,10), aun cuando
Jesús anunció todo esto para que los discípulos no sucumbieran (Jn 16,1).
II. EL HOMBRE, ESCÁNDALO PARA EL HOMBRE. El hombre es escándalo para su
hermano cuando trata de arrastrarlo alejándolo de la *fidelidad a Dios. El que abusa de la
debilidad de su hermano o del poder que ha recibido de Dios sobre él, para alejarlo de la
alianza, es culpable para con su hermano y para con Dios. Dios detesta a los príncipes que
retrajeron al pueblo de seguir a Yahveh: Jeroboán (IRe 14,16; 15,30. 34), Ajab o Jezabel (1
Re 21,22.25), y asimismo a los que quisieron arrastrar a Israel por la pendiente de la
helenización, fuera de la verdadera fe (2Mac 4,7...). Por el contrario, son dignos de elogio
los que resisten al escándalo para guardar la fidelidad a la alianza (Jer 35).
Jesús, cumpliendo la alianza de Dios, concentró en sí el poder humano del escándalo; es,
pues, a sus discípulos a los que no se debe escandalizar. "¡Ay del que escandalizare a uno
de estos pequeñuelos que creen en mí!, más le valiera que se le atase al cuello una muela
de molino y se le arrojase en las profundidades del mar!" (Mt 18,6). Pero Jesús sabe que
estos escándalos son inevitables: falsos doctores (2Pe 2,1) o seductores, como la antigua
Jezabel (Ap 2,20), están siempre actuando.
Este escándalo puede incluso venir del discípulo mismo; por eso Jesús exige con vigor y
sin piedad la renuncia a todo lo que pueda poner obstáculo al reino de Dios. "Si tu ojo te
escandaliza, arráncatelo y lánzalo lejos de ti" (Mt 5,29s; 18,8s).
Pablo, a ejemplo de Jesús que no quería turbar a las almas sencillas (Mt 17,26), quiere que
se evite escandalizar las conciencias débiles y poco formadas: "Guardaos de que la libertad
de que vosotros usáis sea ocasión de caída para los débiles" (1Cor 8,9; Rom 14,13-15.20).
La *libertad cristiana sólo es auténtica si está penetrada de caridad (Gál 5, 13); la fe sólo es
verdadera si sostiene la, fe de los hermanos (Rom 14,1-23).
(LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder, Barcelona, 2001)
Santos Padres
· San Juan Crisóstomo
HOMILIA 59
CÓMO HAY QUE ENTENDER LA NECESIDAD DE QUE HAYA ESCÁNDALOS
1. —Y si es forzoso que vengan escándalos, ¿por qué maldice Cristo al mundo—nos
pudiera decir alguno de nuestros contrarios—, cuando debiera ayudarle y tenderle la
mano?
Eso sería obra de médico y bienhechor; lo otro está al alcance de cualquiera. —¿Qué
podemos responder a una lengua tan desvergonzada? ¿Y qué remedio buscas tú
comparable al que ha procurado Él al mundo? Siendo Dios, se hizo hombre por ti, tomó la
forma de siervo, sufrió las mayores ignominias y nada omi-tió de cuanto a Él tocaba hacer.
Mas ya que nada consigue con esos ingratos, los maldice, pues después de tantos cuidados
se quedaron en su enfermedad. Es como si un médico, después de prodigar a un enfermo
toda suerte de cuidados y que no ha querido someterse a las leyes de la medicina, dijera
lamentándose: ¡Infeliz de fulano por su enfermedad, que él mismo ha agravado por su
negligencia! Ahora, que el médico nada conseguiría con sus lamentos; más aquí, el
lamentarse mismo, el predecir lo que ha de suceder y hasta las maldiciones son una
especie de medicamento. Muchos, en efecto, que no hicieron caso alguno a los consejos, lo
han hecho a las lágrimas. Ésa es la razón principal del ¡ay! del Señor. Lo que Él quiere es
despertarlos, incitarlos a la lucha, hacerlos vigilantes. Juntamente con ello, muéstranos su
benevolencia para con ellos mismos y su propia mansedumbre, pues llora por quienes le
contradicen, y no sólo porque está disgustado, sino también porque quiere corregirlos con
su llanto y con su predicción a fin de volvérselos a ganar. —¿Y cómo es eso posible?—me
dirás—. Porque si es forzoso que vengan escándalos, ¿cómo será posible evitarlos? —Lo es
ciertamente. Porque si es forzoso que vengan escándalos, no es forzoso absolutamente que
hayamos de perdernos. Es como si un médico dijera (no hay inconveniente en valernos
nuevamente del mismo ejemplo): Es forzoso que venga tal enfermedad; pero, con cuidado,
no es absolutamente forzoso morir de ella. Al hablar así el Señor, entre otros fines, como
ya he dicho, tenía el de despertar a sus discípulos. No quería que vivieran dormitando,
como si los enviara a un mundo en paz y tranquilo; de ahí: el mostrarles las muchas
guerras, de fuera y de dentro, que les esperaban. Que es lo que Pablo declaraba al decir:
De fuera, luchas; de dentro, temores. Peligros de parte de los falsos hermanos . Y
dirigiendo la palabra a los milesios, les decía: Se levantarán algunos de entre vosotros
hablando cosas extraviadas . Y Cristo mismo decía: Los enemigos del hombre son los de su
propia casa . Por lo demás, al hablar de necesidad, no quita lo espontáneo de nuestra
voluntad ni la libertad de nuestra determinación. No; no dice el Señor que la vida esté
sometida a una especie de fatalidad de las cosas, sino que predice simplemente lo que de
todos modos ha de suceder. Es lo que Lucas expresa con otra expresión, cuando dice:
Inevitable es que no vengan escándalos . ¿Y qué son los escándalos? Los tropiezos que se
ponen en el camino recto. Así llaman en el teatro a los que son particularmente hábiles en
armar a otros una zancadilla. No es, pues, la profecía del Señor la que trae los escándalos.
¡Dios nos libre de tal pensamiento! Ni suceden aquéllos porque Él los predijo. No. Él los
predijo porque de todos modos habían de suceder.
Porque si quienes los producen no quisieran obstinarse en su maldad, ni siquiera vendrían
escándalos; y de no haber de venir escándalos, tampoco los hubiera el Señor predicho. Más
como aquellos hombres se obstinaron en su maldad y su enfermedad se hizo incurable, los
escándalos vinieron y el Señor predijo los que habían de venir. —Y si aquéllos—me
dices— se hubieran corregido y no hubiera nadie que produjera un escándalo, ¿no
quedaría convicta de mentira esta palabra del Señor? —¡De ninguna manera! Porque en tal
caso no se hubiera dicho. Si todos habían de corregirse, no hubiera dicho: Es forzoso Que
vengan escándalos.
Más como Él sabía que de su cosecha eran incorregibles, de ahí que dijera que
absolutamente vendrían escándalos. —¿Y por qué no los quitó Él mismo?—me dirás—. —
¿Y por qué razón los había de quitar? ¿Por razón de los que reciben daño del escándalo?
Más los que se pierden no es por daño que del escándalo reciban, sino por su propia
negligencia. La prueba está en los que practican la virtud, que no sólo no reciben de ahí
daño alguno, sino que sacan los mayores provechos. Tal Job, tal José, así todos los justos y
apóstoles. Y si muchos han perecido, la culpa ha sido de su sueño. De no ser así, de
depender la perdición exclusivamente de los escándalos, todos tendríamos que perdernos.
Más puesto que hay quienes los huyen, el que no los huye, échese a sí mismo la culpa.
Porque los escándalos, como ya he dicho, nos despiertan, nos hacen más penetrantes, nos
afinan; lo que se aplica no sólo al que se guarda de ellos, sino al que, después de caer, se
levanta rápidamente, pues le hacen andar con más cuidado y es más difícil que le
sorprendan nuevamente. De manera que, si andamos vigilantes, no es pequeño el
provecho que de ahí reportaremos: el estar constantemente alerta. Porque si aún en medio
de los enemigos, cuando tantas tentaciones nos asedian, estamos dormidos, ¿qué haríamos
en una vida de completa seguridad? Contemplad, si os place, al primer hombre. Muy poco
tiempo, quizá ni un día entero, estuvo en el paraíso y gozó de sus delicias, y vino a dar en
tanta maldad, que soñó en hacerse igual a Dios y tuvo por bienhechor al embustero, y no
soportó ni un solo mandamiento. ¿Qué hubiera hecho si el resto de su vida lo hubiera
pasado sin trabajo alguno?
EL MAL PROCEDE DE LA LIBRE VOLUNTAD
2. Más apenas resuelta esta dificultad, nos ponen otra, preguntándonos: —¿Y por qué Dios
hizo así al hombre? —No hizo Dios así al hombre, ni mucho menos. En tal caso, no le
hubiera castigado. Porque si nosotros no acusamos a nuestros esclavos de aquello en que
tenemos la culpa nosotros mismos, mucho menos el Dios del universo. —Entonces—me
replicas—. ¿De dónde le vino ser tal? —De sí mismo y de su negligencia. —¿Qué quiere
decir de sí mismo? —Eso pregúntatelo a ti mismo. Porque si los malos no son malos de sí
mismos, no castigues a tu esclavo ni reprendas a tu mujer en lo que peca, ni le pegues a tu
hijo, ni te quejes de tu amigo, ni aborrezcas a tu enemigo que te ha hecho daño. Todos
éstos, al no pecar de su cosecha, más bien son dignos de compasión que de castigo. —¡Yo
no estoy para filosofías!—me contestas—. —Sin embargo, cuando te das cuenta que la
culpa no es de ellos, sino que viene de extraña necesidad, sí que puedes filosofar. Así,
cuando tu esclavo no cumple lo que le mandas por estar aquejado de enfermedad, no sólo
no le culpas, sino que le tienes lástima y le perdonas. De esta manera, tú mismo eres
testigo de que unas cosas dependen de él, y otras no. Luego también en el primer caso, si
tú supieras que es malo por haber nacido así de naturaleza, no le culparías, sino que le
perdonarías.
Porque de haber nacido tal desde el principio, no iba a ser la enfermedad motivo suficiente
para perdonarle y no lo sería también la obra misma de Dios. Por otro camino se les puede
también cerrar la boca a los que así opinan. La verdad es rica en argumentos. —¿Por qué
jamás has echado en cara a tu esclavo que no sea hermoso de rostro, que no sea alto de
talla, que no tenga alas? —Porque todo eso es obra de la naturaleza. Luego no tiene él la
culpa de lo que es cosa de la naturaleza, y no habrá quien esto contradiga. Luego cuando
tú le acusas, por ahí demuestras que no se trata de un pecado de la naturaleza, sino de la
libre voluntad. Porque si lo que no reprendemos atestiguamos por el mero hecho
pertenecer enteramente a la naturaleza, es evidente que, cuando reprendemos,
demostramos que es culpa de la libre voluntad. No me vengas, pues, con torcidos
razonamientos, con sofismas y complicaciones más débiles que una tela de araña.
Respóndeme más bien a esta pregunta: —¿Ha creado Dios a todos los hombres?—
¡Evidentemente! Entonces, ¿cómo es que no todos son iguales respecto a la virtud y al
vicio? ¿De dónde viene que unos son buenos, rectos y moderados, y otros malos y
perversos? Si ello no depende de la voluntad, sino que es obra de la naturaleza, ¿cómo es
que unos son una cosa y otros otra? Porque si todos son malos por naturaleza, es
imposible que haya nadie bueno; y si todos por naturaleza son buenos, nadie puede ser
malo. La naturaleza de todos los hombres es única; luego también en esto habían de ser
todos únicos, ora en el sentido del bien, ora en el del mal. Y si quisiéramos decir que unos
son naturalmente malos y otros naturalmente buenos—lo que ya hemos demostrado que
no tiene sentido—, tendrían que ser también en ello inmutables, pues inmutables son las
obras de la naturaleza. Mirad en efecto. Todos somos mortales y pasibles y nadie, por
mucho que se empeñe, es impasible e inmortal. Más lo cierto es que vemos cómo muchos
pasan de buenos a malos y de malos a buenos; los primeros, por su negligencia; los
segundos, por su esfuerzo. Lo que es la prueba máxima de que eso no es obra de la
naturaleza. Las cosas naturales ni se transforman ni necesitan para cumplirse del esfuerzo
humano. Así como para ver y oír no necesitamos de trabajo, así tampoco tendríamos que
sudar en la virtud si ésta fuera suerte y herencia de la naturaleza—Mas ¿por qué razón
hizo Dios malos, cuando pudo haberlos hecho a todos buenos? —Dios no hizo a nadie
malo. —¿De dónde, pues, viene el mal?—me replicas—. —Eso pregúntatelo a ti mismo. A
mí lo que me tocaba demostrar era que no viene de la naturaleza ni de Dios. — Luego
¿viene automáticamente o por sí mismo? —¡De ninguna manera! —Luego ¿es eterno? —
No blasfemes, hombre, y deja esa locura que te lleva a honrar con el mismo atributo—y el
más alto de los atributos—a Dios y al mal. Porque si el mal es eterno, será fuerte, y no será
posible ni arrancarlo y obligarle a que vuelva otra vez a la nada. Porque para todo el
mundo es evidente que lo eterno es indestructible.
EL PECADO ES LA DESOBEDIENCIA A DIOS
3. Si el mal tuviera tanta fuerza, ¿de dónde vienen tantos buenos como aún hay? ¿Cómo
los temporales han resultado más fuertes que el eterno? —Pero Dios—dices—destruirá un
día el mal. —Mas ¿cómo destruirá lo que es igual a Él, tiene la misma fuerza que Él y
hasta, como si dijéramos, su misma edad?
¡Oh malicia del diablo! ¡Qué grande mal ha inventado! ¡Qué blasfemia ha obligado a
lanzar contra Dios! ¡Cómo, so capa de piedad, ha excogitado otra doctrina impía! Porque,
queriendo esos teorizantes demostrar que el mal no viene de Dios, han introducido otro
dogma perverso, al afirmar que el mal es eterno. —¿De dónde viene, pues, el mal?—me
dices—. —El mal viene del querer y del no querer. —Y el mismo querer y no querer, ¿de
dónde? —De nosotros mismos. Al preguntarme de este modo, estás haciendo lo mismo
que si me preguntaras: ¿De dónde viene el ver y no ver? Y yo te respondiera: Del abrir y
cerrar de los ojos. Y luego volvieras a preguntar: Y el mismo abrir y cerrar de los ojos, ¿de
dónde?
Y yo te respondiera: De nosotros mismos y de nuestra voluntad. Y tú buscaras todavía otra
causa. No, el mal no es otra cosa que la desobediencia a Dios. —¿En dónde, pues—me
dirás —, halló eso el hombre? —¿Es que tan difícil era hallar eso, dime por tu vida? —No
digo yo que eso fuera o no difícil. Lo que pregunto es de dónde quiso el hombre
desobedecer a Dios. —De su negligencia. Porque, siendo dueño de hacer una u otra cosa,
se inclinó más bien a la desobediencia. Ahora bien, si todavía estás dudoso y hasta sientes
vértigo oyendo todo esto, yo te voy a hacer una pregunta nada difícil ni complicada, sino
muy sencilla y diáfana: ¿Has sido alguna vez malo? ¿Has sido también alguna vez bueno?
Lo que quiero decir es esto: ¿No es así que unas veces dominaste una pasión y otras veces
te dejaste vencer por ella? ¿Que unas veces caíste en la embriaguez y otras veces la
dominaste? ¿Qué un día te irritaste y otro día no te irritaste? ¿Qué despreciaste a un pobre
y luego le atendiste? ¿Qué cometiste una impureza y luego fuiste casto?... ¿De dónde viene
todo esto, dime, de dónde? Aun cuando tú no lo digas, lo diré yo: de que una vez pusiste
empeño y te esforzaste; y luego decaíste y te descuidaste. Porque con los ya desesperados,
que están total mente hundidos en el vicio, insensibles y ya locos; que no quieren ni oír
hablar de corregirse, con ésos no quiero yo ni hablar de filosofía. Con vosotros, empero,
que ora estáis del lado de la virtud, ora del vicio, sí que quiero hablar de buena gana. Una
vez te llevaste lo que no te pertenecía; luego, movido a compasión, aun de lo tuyo diste al
necesitado. ¿De dónde semejante transformación? ¿No es así que de tu libre voluntad y de
tu libre determinación? ¡Evidentemente! Y nadie hay que pueda contradecirlo. Por eso yo
os exhorto a que os esforcéis y os abracéis a la virtud y no tendréis necesidad aluna de
semejantes cuestiones. Porque, si queremos, el mal se reducirá para nosotros a puro
nombre.
No discutas, pues, y andes caviloso sobre el origen del mal. Ya has averiguado que viene
de tu negligencia; pues a evitarlo. Y si alguno te dice que eso no depende de nosotros,
cuando le veas que se irrita con su esclavo o se enfada con su mujer, o que reprende su
hijo, o que condena a los criminales, ve entonces y le dices: ¿No decías tú que el mal no
depende de nosotros? Si no depende de nosotros, ¿a qué echas la culpa a nadie? Dile
también: ¿Viene de ti que injuries e insultes? Si no viene de ti, no tiene nadie por qué
enfadarse contigo al injuriarle; más si viene de ti, luego de ti y de tu negligencia, viene el
mal. Dime ahora: ¿Crees que hay algún hombre bueno? Si no hay ninguno, ¿qué origen
tiene ese nombre? ¿Qué razón de ser las alabanzas que a los buenos se tributan? Más si
hay buenos, es evidente que reprenderán a los malos. Pero si nadie es voluntariamente
malo ni el serlo depende de él, los buenos serán injustos en reprender a los malos, y en
esto serán entonces ellos malos. Porque ¿qué puede haber peor que culpar a un inocente?
Más si los buenos siguen siendo buenos aun reprendiendo a los malos, y ésta es aun para
los muy necios la mejor prueba de su bondad, síguese de ahí también con evidencia que
nadie jamás es malo por necesidad.
DE DÓNDE VIENE EFECTIVAMENTE EL MAL
Más si, después de todo esto, aún sigues preguntando de dónde viene el mal, yo te
respondo que de la negligencia, de 1a pereza, del trato con los malos, del desprecio de la
virtud. De ahí viene el mal y de ahí también que algunos se pregunten de dónde viene el
mal. Ninguno de los que practican la virtud, ninguno de los que se han decidido a vivir
modesta y castamente, mueve semejantes cuestiones. No, eso se queda para los que se
atreven a cometer el mal y que quieren por tales razonamientos justifica una negligencia
sin provecho y tejen para ello sus telas de araña. Nosotros, empero, las desgarraremos, no
sólo de palabra, sino de obra. No, no viene el mal de la necesidad. Si de la necesidad
viniera, no hubiera dicho el Señor: ¡Ay del hombre por quien viene el escándalo! Pues aquí
sólo se lamenta de los que son por propia voluntad malvados. Y no te sorprenda esa
expresión: por quien.
Porque no quiere decir que otro introduce el escándalo por medio de él, sino que es uno
solo y el mismo quien lo hace todo. En la Escritura, la expresión por quien viene a ser lo
mismo que "por acción de quien". Por ejemplo, cuando dice: He tenido un hombre por
Dios , donde no se trata de la causa segunda, sino de la primera. Y en otro pasaje: ¿La
interpretación de estos sueños no se ha hecho por Dios? . Fiel es Dios, por quien fuisteis
llamados a la comunión con su Hijo .
•
"SI TU MANO O TU PIE TE ESCANDALIZAN..."
4. En fin, porque comprendáis que el escándalo no viene por necesidad, escuchad lo que
sigue. Después de lanzar el Señor sus ayes, prosigue así: Si tu mano o tu pie te
escandalizan, córtatelos y arrójalos de ti; porque mejor es que entres en la vida cojo y
manco que no, con tus dos pies y tus dos manos, ser arrojado al fuego eterno. Y si tu ojo
derecho te escandaliza, arráncatelo y échalo de ti; pues mejor es que entres con un solo ojo
en la vida que no, con tus dos ojos, ser arrojado al horno de fuego. En todo esto no habla el
Señor de los miembros del cuerpo, ni mucho menos. A quienes se refiere es a los amigos, a
los allegados, que nos pudieran ser tan necesarios como un miembro de nuestro cuerpo.
Lo mismo que antes había dicho, lo repite ahora. Nada hay, en efecto, más pernicioso que
una mala compañía. Lo que no puede la violencia, muchas veces lo consigue la amistad, lo
mismo para bien que para mal. De ahí la energía con que nos manda el Señor cortar de
raíz a quienes nos dañan, dándonos bien a entender que ésos son los que nos traen los
escándalos. Mirad, pues, cómo por el hecho de predecir que forzosamente han de venir
escándalos, el Señor trató de prevenir el daño que podían producir. De este modo a nadie
habían de sorprender en su tibieza. Puesto que hay que contar con ellos, hay que estar
vigilantes, pues Él nos mostró cuán grandes males eran. Porque no dijo simplemente: ¡Ay
del mundo por los escándalos!, sino que mostró también el grave daño que de ellos se
sigue.
Además, por el hecho de la-mentarse con un ¡ay! de aquel que da los escándalos, aun nos
pone más patente cuán desastrosos son para las almas. Porque decir: Sin embargo, ¡ay de
aquel hombre...!, bien claro da a entender el grande castigo que le espera. Y no es eso solo.
Luego viene el ejemplo de la muela movida por un asno, que es otro modo de aumentar el
temor. Más ni aun con eso se contenta el Señor, sino que nos muestra la manera como hay
que huir de los escándalos. ¿Qué manera es ésa? "Corta—nos dice—toda amistad con los
malos, por muy queridos que pudieran serte". Y nos presenta un razonamiento irrefutable.
Porque si sigues en su amistad, a ellos no los ganarás, y, sobre perderse ellos, tú también te
perderás. Más si cortas la amistad, por lo menos aseguras tu propia salvación. En
conclusión, si alguien con su amistad te daña, córtalo de ti. Porque muchas veces cortamos
uno de nuestros miembros por no tener el remedio y dañar, en cambio, a los otros, mucho
más hay que hacer eso con los amigos. Ahora bien, si el mal fuera cosa natural, toda esta
exhortación estaría de más; de más que el Señor nos aconseje y que nos ponga en guardia
por medio de todo lo anteriormente dicho. Pero si nada de eso está de más, como
realmente no lo está, síguese evidentemente que el mal depende de la voluntad.
SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo (II),
homilía 59, 1-4, BAC
Aplicación
· P. Alfredo Sáenz, S.J.
· S.S. Benedicto XVI
· P. Gustavo Pascual, I.V.E
P. Alfredo Sáenz, S.J.
EL ESCANDALO
El evangelio de hoy es la continuación precisa de aquel que comentáramos el domingo
anterior, donde Jesús había dicho que si alguno quería ser el primero debía hacerse el
último, el servidor de todos. Y había puesto como ejemplo de sencillez y de humildad a un
niño que por allí estaba.
En el texto que se acaba de leer, luego de un breve paréntesis donde se narra cómo Jesús
reprendió a sus discípulos por haberse mostrado envidiosos al ver que uno expulsaba
demonios en nombre de Cristo sin que perteneciera a su círculo, se retoma el tema que
dejáramos la semana pasada. Jesús vuelve a hablar de la sencillez de los niños. Y amonesta
gravemente: "Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería
preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar".
Palabras terribles del Señor, que nos enfrentan con el tema del escándalo.
1. EL ESCÁNDALO
¿Qué es el escándalo? Etimológicamente esta palabra significa un obstáculo que se pone en
el camino y que puede hacer tropezar al que se topa con él. Algo parecido significa en el
plano teológico. Se da escándalo cuando, sin causa suficiente, se pone un acto exterior que
constituye para el prójimo una ocasión de caída espiritual. No sería propiamente
escándalo si la cosa quedara recluida en el ámbito interior, si se tratara de un pensamiento
o de un deseo no manifestado, por malo que fuera. Debe ser algo exterior, una palabra, un
gesto, una actitud, o incluso una omisión, que signifique para otro ocasión de pecado.
Pues bien, contra esto nos previene hoy el Señor. Nos dice que el que escandaliza a un
pequeño que tiene fe merecería que lo arrojasen al mar. Quiere decir que se trata de algo
grave. Y vaya si lo es. Porque cl que escandaliza, obra a la inversa de Cristo y de su
designio redentor. Si el Verbo eterno, en su amor infinito por los hombres, resolvió
encarnarse, sufrir por ellos las terribles ignominias de la pasión, y morir en una cruz
innoble para reconciliar a la humanidad caída con su Padre celestial, obra evidentemente
mal quien, mediante sus palabras o sus acciones, arrastra a los otros al pecado, poniendo
así a los redimidos por Cristo en peligro de perderse. Es algo serio atentar contra la vida
espiritual de olio; la caridad nos impone el deber primordial de amar a nuestro prójimo,
de desearle la vida eterna, e incluso de facilitársela.
Examinemos, amados hermanos, nuestro comportamiento cotidiano. Y veamos si, en
ocasiones, no incurrimos en faltas de este género.
Puede escandalizar un empresario si, llamándose católico, no ejerce la justicia social con sus
asalariados, si los explota, equiparándolos a las máquinas, o pensando tan sólo en el lucro,
olvida que son sus hermanos en la vida y en la fe. Si así se comportara, sus obreros
correrían el peligro de confundir el cristianismo con la torcida actitud de su patrón. Y
entonces la Conducta de éste constituiría probablemente para ellos ocasión de un j
resquebraamiento en su fe. Recordemos las frases terribles que hoy hemos oído del apóstol
Santiago contra los malos ricos, aquellos, dice, que han amontonado en vano riquezas sin
cuento, aquellos que han retenido parte del salario Justo de sus obreros, aquellos que han
llevado en este mundo una vida superficial de lujo y de placer, aquellos que han
condenado al justo y al inocente. Su conducta ha sido, en verdad, un escándalo.
Puede también un obrero ser ocasión de escándalo, si incubando en su alma el odio y el
resentimiento, enarbola injustamente falsas reivindicaciones sociales, y para hacerlas
potables, las parapeta en el evangelio. Quien así se comportase sería también causa de
escándalo, porque con su conducta haría odioso el cristianismo que dice profesar.
Asimismo podría escandalizar un gobernante que se presenta como católico, que hace gala
de propiciar una política cristiana, y que de hecho se despreocupa del bien común, no trata
de que los ciudadanos a su cargo cuenten con los medios necesarios para vivir, ni le
interesa que obren de acuerdo a la virtud. Porque al llamarse cristiano haciendo una
política no cristiana, podría hacer pensar a los incautos que cristianismo es sinónimo de
injusticia, poniendo así a no pocos en ocasión de renegar de su fe.
Puede también escandalizar, y en alto grado, un sacerdote, si por ejemplo aprovecha su
investidura en orden a fines subalternos, o para hacer triunfar ideologías políticas,
económicas o sociales del todo ajenas a la doctrina católica. Tal actitud fácilmente puede
provocar una verdadera crisis de fe en muchos cristianos, al ver que sus pastores esgrimen
el evangelio con fines inconfesables.
En fin, todos podemos escandalizar con nuestras actitudes. Cuidémonos de ello, amados
hermanos. No hemos sido llamados a ser ocasión de pecado sino, por el contrario, ocasión
de gracia. De modo que aquellos que se topan con nosotros queden verdaderamente
edificados con nuestro modo de comportarnos. Y si tenemos defectos —como, sin duda,
los tendremos— al menos no los defendamos amparándolos en el evangelio o en la
doctrina de Cristo. Debemos tratar de ser una gracia al paso de todos los que se cruzan con
nosotros. Y no un obstáculo para que alguno tuerza el pie por culpa nuestra.
2. OCASION DE PECADO
El evangelio de hoy termina con una exhortación vigorosa del Señor: "Si tu mano es para ti
ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la vida manco, que ir con tus dos
manos a la gehena, al fuego inextinguible. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado,
arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado
con tus dos ojos en la gehena". Palabras que hacen temblar, amados hermanos.
Es cierto que no han sido dichas para que las tomemos tal cual, al pie de la letra, pero sí
para que nos decidamos de una vez por todas a dar peso, a dar densidad, a lo que es el
pecado en nuestra vida. Resulta preferible perder la mano, perder el pie, perder un ojo
antes que ofender a Dios. Esto nos recuerda aquello que nos dijo Jesús en el evangelio de
dos domingos atrás, y que, en su momento, hemos comentado: "El que quiere salvar su
vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará". Es preciso
tomar en serio el negocio de nuestra salvación. No hay términos medios: no se puede
salvar la vida en esta tierra viviendo en el pecado, y al mismo tiempo el alma; en cambio,
el que pierde la vida en este mundo, siendo fiel a Dios aun a costa de dolorosas "pérdidas"
en el orden temporal, no dejará de salvarla en el otro. No hay vuelta de hoja: nuestra vida
en la tierra es continua milicia.
Prosigamos ahora el Santo Sacrificio. En el curso de su Pasión, Jesús sufrió muchas
"pérdidas" en el orden humano: golpes, heridas, sufrimientos de toda índole, difamación,
abandono de los amigos, entrega de la propia vida para ser fiel hasta el fin a la obra que su
Padre le había encomendado, la obra de nuestra salvación. Hoy renovará entre nosotros su
heroico sacrificio. Cuando recibamos al Señor en la comunión pidámosle que nos dé coraje
para vivir un cristianismo consecuente, no dando ocasión de escándalo a nadie,
prefiriendo ser despojados de todo antes que perder lo único necesario, que es la gracia.
(SAENZ, A., Palabra y Vida, Ciclo B, Ediciones Gladius, Buenos Aires, 1993, p. 261-264)
SS. Benedicto XVI
Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de este domingo presenta uno de esos episodios de la vida de Cristo que,
incluso percibiéndolos, por decirlo así, en passant, contienen un significado profundo (cf.
Mc 9, 38-41). Se trata del hecho de que alguien, que no era de los seguidores de Jesús,
había expulsado demonios en su nombre. El apóstol Juan, joven y celoso como era, quería
impedirlo, pero Jesús no lo permite; es más, aprovecha la ocasión para enseñar a sus
discípulos que Dios puede obrar cosas buenas y hasta prodigiosas incluso fuera de su
círculo, y que se puede colaborar con la causa del reino de Dios de diversos modos,
ofreciendo también un simple vaso de agua a un misionero (v. 41). San Agustín escribe al
respecto: «Como en la católica —es decir, en la Iglesia— se puede encontrar aquello que no
es católico, así fuera de la católica puede haber algo de católico» (Agustín, Sobre el
bautismo contra los donatistas: pl 43, VII, 39, 77). Por ello, los miembros de la Iglesia no
deben experimentar celos, sino alegrarse si alguien externo a la comunidad obra el bien en
nombre de Cristo, siempre que lo haga con recta intención y con respeto. Incluso en el
seno de la Iglesia misma, puede suceder, a veces, que cueste esfuerzo valorar y apreciar,
con espíritu de profunda comunión, las cosas buenas realizadas por las diversas
realidades eclesiales. En cambio, todos y siempre debemos ser capaces de apreciarnos y
estimarnos recíprocamente, alabando al Señor por la «fantasía» infinita con la que obra en
la Iglesia y en el mundo.
En la liturgia de hoy resuena también la invectiva del apóstol Santiago contra los ricos
deshonestos, que ponen su seguridad en las riquezas acumuladas a fuerza de abusos (cf.
St 5, 1-6). Al respecto, Cesáreo de Arlés lo afirma así en uno de sus discursos: «La riqueza
no puede hacer mal a un hombre bueno, porque la dona con misericordia; así como no
puede ayudar a un hombre malo, mientras la conserva con avidez y la derrocha en la
disipación» (Sermones 35, 4). Las palabras del apóstol Santiago, a la vez que alertan del
vano afán de los bienes materiales, constituyen una fuerte llamada a usarlos en la
perspectiva de la solidaridad y del bien común, obrando siempre con equidad y
moralidad, en todos los niveles.
Queridos amigos, por intercesión de María santísima, oremos a fin de que sepamos
alegrarnos por cada gesto e iniciativa de bien, sin envidias y celos, y usar sabiamente los
bienes terrenos en la continua búsqueda de los bienes eternos.
(Castelgandolfo, Domingo 30 de septiembre de 2012)
P. Gustavo Pascual, I.V.E.
El escándalo
Mc 9, 38-43.45.47-48
El escándalo es una piedra que está en el camino y nos hace tropezar. A veces, nos la
pone otro para que tropecemos, otras, somos nosotros, los que la ponemos para que
tropiece nuestro prójimo.
Hay que evitar el escándalo. Sea esquivando el que nos ponen sea no poniéndolo nosotros.
Muchas veces, el escándalo viene de fuera, sea por una persona que nos hace caer o por el
ambiente que nos incita al pecado. Otras veces, el escándalo está en nosotros mismos, en
las cosas que nos hacen caer, en nuestros afectos desordenados, en nuestros vicios, en las
ocasiones de pecado no evitadas.
Debemos conocernos sinceramente. Saber qué cosas son en nosotros ocasión de pecado
para extirparlas o para ordenarlas. Hay que ser lo suficientemente valiente para reconocer
los escándalos en nosotros mismos y con sinceridad decidirse a eliminarlos. Echamos la
culpa a otros de lo que somos culpables nosotros mismos, de lo que son culpables nuestros
pecados.
Si queremos evitar el escándalo tenemos que conocernos a nosotros mismos para no ser
escándalo y para saber qué cosas nos pueden escandalizar debido a nuestra fragilidad.
Hay que ir cortando todo aquello que nos escandaliza y la mejor manera para esto es
pensar en el premio eterno, en la vida eterna. Es una tontería pensar que podemos
alcanzar el cielo y quedarnos con las cosas que nos hacen apartar del camino hacia el cielo,
con lo que nos hace tropezar.
Nuestros afectos desordenados, nuestros vicios, no sólo son escándalo para nosotros sino
también para el prójimo.
Hay que evitar los escándalos. Los nuestros para con el prójimo y los que nos vienen de
fuera.
Una intensa vida interior nos llevará a ser fuertes y a estar firmes ante los muchos
escándalos que proceden de nosotros mismos, del demonio y sobre todo del mundo.
Es duro el castigo que el Señor dará a los que escandalicen: “mejor es que le pongan al
cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar”, “ir a la
gehena… donde su gusano no muere y el fuego no se apaga” y también es duro el
remedio para evitar el escándalo: “cortar, arrancar, mutilar”.
¿Por qué Jesús nos amenaza con un gran castigo? ¿Por qué quiere que tomemos un
remedio tan amargo? Para que alcancemos el Reino de Dios. Hay que privarse de cosas
placenteras de la tierra, cosas que nos llevan al pecado, para ganar el cielo.
Nuestros hermanos son los “pequeños que creen”, los pequeños del Reino y
escandalizarlos es obrar contra Jesús que se identifica con ellos.
Que el mundo escandalice no es de extrañar ya lo advirtió Jesús a sus discípulos pero
nuestra adhesión a Jesús nos librará de los escándalos del mundo porque El mismo dijo:
“yo he vencido al mundo”. Pero nuestros escándalos de cristianos son algo muy serio.
Nosotros con nuestros escándalos hacemos tropezar a los que tienen fe, a los hijos del
Reino y también a los que están fuera de él. Escandalizamos porque nos dejamos llevar del
amor propio y nos separamos de Jesús.
Nuestras buenas obras deben confirmar a nuestros hermanos en la fe. ¡Cuántas personas
están heridas y han perdido la fe o están en crisis de fe por los escándalos entre los
creyentes!
El otro día iba por una carretera y encontré una piedra en el camino, la evité y seguí y los
que venían detrás de mí hicieron lo mismo. Nadie quitaba la piedra. Tal vez más tarde u
otro día alguien, si la piedra siguiese allí, se estrellaría con ella.
Muchas veces pasamos por la vida y no advertimos o no hacemos desaparecer los
escándalos que pueden hacer caer a nuestros hermanos porque nosotros podemos
evitarlos sin dificultad. Hay que tratar de eliminar los obstáculos que pueden causar
caídas a nuestros hermanos y evitar nosotros mismos obstaculizar el camino arrojando
piedras en él.
El camino es Jesús. Cuanto más claro se vea a Jesús con más facilidad se avanzará por el
buen camino, pero si vamos tirando piedras al camino o no sacamos las que otros tiran, el
camino se dificulta, se lo desconoce, se lo evita y terminamos corriendo fuera de él con el
consiguiente peligro de precipitarnos al fondo del barranco.
***
En el nombre de Jesús se puede expulsar al demonio. Cuando la tentación arrecia, cuando
no tenemos fuerzas para salir del pecado llamemos a Jesús para que expulse al demonio.
Jesús es el salvador, es el único salvador que puede librarnos del demonio, del mundo y
de la carne.
Nuestras obras de caridad también toman una dimensión insospechadas si las hacemos en
nombre de Jesús. Hasta dar un vaso de agua en su nombre será recompensado. En cada
uno de nuestros prójimos tenemos que ver a Jesús y obrar para con él como si obráramos
con Jesús.
Y si ni un vaso de agua queda sin recompensa también obrar contra nuestro prójimo
escandalizándolo es obrar contra Jesús porque “al que escandalice a uno estos pequeños
que creen” merece un gran castigo porque en los pequeños está Jesús.
El Señor da una solución realista al problema del escándalo. Hacer desaparecer el
escándalo. Muchas veces nosotros somos escándalo para otras personas y por tanto
debemos desaparecer del horizonte de aquellos que escandalizamos. También puede ser
para nosotros escándalo una criatura y en consecuencia es necesario quitarla de nuestro
horizonte. Cortar, sacar, arrancar. Parece dura la solución de Cristo pero es la única
verdadera cuando las criaturas nos enseñorean de tal manera que nos hacen apartar del
camino de la salvación.
Tenemos que pensar en la vida eterna. Ese debe ser el motivo de nuestra existencia y por
alcanzarla tenemos que abandonar cosas que nos apetecen pero que nos apartan de ella.
San Ignacio en el Principio y Fundamento de sus Ejercicios Espirituales pone la ley del
“tanto-cuanto” que enseña lo siguiente: hay que tomar las cosas tanto cuanto nos acerquen
al fin último de nuestra vida que es el cielo aunque este tomar implique cosas que no nos
gustan, que rechazamos según nuestro hombre natural y hay que dejar las cosas tanto
cuanto nos alejen del fin último aunque este dejar repugne a nuestro hombre natural, a
nuestra sensibilidad.
Jesús rechazó a Pedro y lo llamó Satanás cuando quiso apartarlo del camino de la cruz.
Jesús ante el escándalo que le puso el diablo en el desierto supo sortearlo por amor a la
voluntad de Dios. Jesús en Getsemaní ante la repugnancia de su naturaleza humana de ir
al Calvario se abandonó sin reservas a la voluntad del Padre y pudo salvar el escándalo
que el diablo le ponía.
El escándalo lo salvamos por amor a Jesús, por amor a su voluntad. Es difícil cortarse la
mano, arrancarse el ojo o separarse de un pie pero es mejor amputar un miembro,
abandonar una criatura, para llegar a la vida eterna. ¿Pero es que no se puede seguir con
una criatura y caminar a la vida eterna? Se puede mientras esa relación hacia la criatura se
pueda ordenar, cuando hay posibilidades de curar el ojo, el pie o la mano pero cuando eso
es imposible es necesario amputar.
A todos nosotros se nos presentan cada día escándalos que nos hacen o nos pueden
hacer tropezar. También nosotros tenemos cosas que nos escandalizan y que tenemos que
arrancar para no apartarnos de Jesús. También debemos evitar por amor a Jesús y a
nuestro prójimo lo que pueda hacerlo caer o apartarse del camino de Dios. ¡Cuántas veces
llevados de nuestro egoísmo escandalizamos a hermanos que queremos mucho! Y ¿por
qué? Porque nos amamos desordenadamente a nosotros mismos.
No hay que temer perder un miembro, dejar una criatura, para alcanzar la vida eterna.
Hemos sido creados para el cielo y aunque sea duro apartarnos de cosas que nos gustan
pero que nos son escandalosas, debemos hacerlo para salvar nuestras almas. Es difícil,
quien lo discute, pero vale la pena dejar un amor desordenado por el Amor que es Jesús.
Jesús nos ayudará a evitar los escándalos si nos acogemos a Él. Debemos abandonarnos en
sus manos que El nos ama y nos va a ayudar para salvar los escándalos del camino y para
no ser nosotros escándalo de nuestros hermanos. Muchas veces, no queremos ser
escándalo pero lo somos y tenemos que evitarlo. Para ello lo mejor es alejarnos de aquellos
a quienes escandalizamos. Otras veces, serán las personas, los lugares, las actividades las
que nos escandalicen y tendremos que evitarlas: no verlas, no frecuentarlas, no realizarlas.
Mt 18, 5
Cf. Mt 18, 7
Jn 16, 33
Jn 14, 6
Directorio Homilético
Directorio Homilético
Vigésimo sexto domingo del Tiempo Ordinario
CEC 821, 1126, 1636: el diálogo ecuménico
CEC 2445-2446, 2536, 2544-2446: el peligro del ansia exagerada de riqueza
CEC 1852: los celos
El diálogo ecuménico
821 Para responder adecuadamente a este llamamiento se exige:
— una renovación permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación. Esta
renovación es el alma del movimiento hacia la unidad (UR 6);
— la conversión del corazón para "llevar una vida más pura, según el Evangelio" (cf UR 7),
porque la infidelidad de los miembros al don de Cristo es la causa de las divisiones;
— la oración en común, porque "esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con
las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como
el alma de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con razón ecumenismo
espiritual" (cf UR 8);
— el fraterno conocimiento recíproco (cf UR 9);
— la formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes (cf UR 10);
— el diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y
comunidades (cf UR 4, 9, 11);
— la colaboración entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los hombres
(cf UR 12).
1126 Por otra parte, puesto que los sacramentos expresan y desarrollan la comunión de fe
en la Iglesia, la lex orandi es uno de los criterios esenciales del diálogo que intenta
restaurar la unidad de los cristianos (cf UR 2 y 15). 1636 En muchas regiones, gracias al
diálogo ecuménico, las comunidades cristianas interesadas han podido llevar a cabo una
pastoral común para los matrimonios mixtos. Su objetivo es ayudar a estas parejas a vivir
su situación particular a la luz de la fe. Debe también ayudarles a superar las tensiones
entre las obligaciones de los cónyuges, el uno con el otro, y con sus comunidades
eclesiales. Debe alentar el desarrollo de lo que les es común en la fe, y el respeto de lo que
los separa.
El peligro del ansia exagerada de riqueza
2445 El amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su
uso egoísta:
Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para
caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados;
vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio
contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en
estos días que son los últimos. Mirad: el salario que no habéis pagado a los obreros que
segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los
oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis
entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza.
Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste (St 5,1-6).
2446 S. Juan Crisóstomo lo recuerda vigorosamente: "No hacer participar a los pobres de
los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que tenemos no son nuestros bienes,
sino los suyos" (Laz. 1,6). "Satisfacer ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no
se ofrezca como ayuda de caridad lo que ya se debe a título de justicia" (AA 8):
Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades
personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad,
lo que hacemos es cumplir un deber de justicia (S. Gregorio Magno, past. 3,21).
2536 El décimo mandamiento proscribe la avaricia y el deseo de una apropiación
inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el deseo desordenado nacido de lo pasión
inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe también el deseo de cometer una
injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales:
Cuando la Ley nos dice: "No codiciarás", nos dice, en otros términos, que apartemos
nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed del bien del prójimo es
inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: "El ojo del avaro no se satisface con su
suerte" (Si 14,9) (Catec. R. 3,37)
2544 Jesús exhorta a sus discípulos a preferirle a todo y a todos y les propone "renunciar a
todos sus bienes" (Lc 14,33) por él y por el Evangelio (cf Mc 8,35). Poco antes de su pasión
les mostró como ejemplo la pobre viuda de Jerusalén que, de su indigencia, dio todo lo
que tenía para vivir (cf Lc 21,4). El precepto del desprendimiento de las riquezas es
obligatorio para entrar en el Reino de los cielos.
2545 "Todos los cristianos...han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso
de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu
de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto" (LG 42).
2546 "Bienaventurados los pobres en el espíritu" (Mt 5,3). Las bienaventuranzas revelan un
orden de felicidad y de gracia, de belleza y de paz. Jesús celebra la alegría de los pobres de
quienes es ya el Reino (Lc 6,20):
El Verbo llama "pobreza en el Espíritu" a la humildad voluntaria de un espíritu
humano y su renuncia; el Apóstol nos da como ejemplo la pobreza de Dios cuando dice:
"Se hizo pobre por nosotros" (2 Co 8,9) (S. Gregorio de Nisa, beat, 1).
2547 El Señor se lamenta de los ricos porque encuentran su consuelo en la abundancia de
bienes (Lc 6,24). "El orgulloso busca el poder terreno, mientras el pobre en espíritu busca el
Reino de los Cielos" (S. Agustín, serm. Dom. 1,1). El abandono en la Providencia del Padre
del Cielo libera de la inquietud por el mañana (cf Mt 6,25-34). La confianza en Dios
dispone a la bienaventuranza de los pobres: ellos verán a Dios.
Los celos
1852 La variedad de pecados es grande. La Escritura contiene varias listas. La carta a los
Gálatas opone las obras de la carne al fruto del Espíritu: "Las obras de la carne son
conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos,
iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes,
sobre las cuales os prevengo como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no
heredarán el Reino de Dios" (5,19-21; cf Rm 1,28-32; 1 Co 6,9-10; Ef 5, 3-5; Col 3, 5-8; 1
Tm 1, 9-10; 2 Tm 3, 2-5).
Semana del 27 de Septiembre al 3 de Octubre de 2015
Ciclo B
Domingo 27 de septiembre de 2015
Domingo 26º de tiempo ordinario
Vicente de Paúl, fundador (1660)
Nm 11,25-29: ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!
Salmo 18: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón
Sant 5,1-6: Su riqueza está corrompida
Mc 9,38-43.45.47-48: El que no está contra nosotros está a nuestro favor
Una clave de comprensión para las lecturas de este domingo: «Nadie puede ser
excluido del servicio que se realiza en nombre de Dios».
En medio de las tradiciones del pueblo israelita por el desierto, el libro de los
Números nos presenta el relato del «reparto» del espíritu de Moisés, entre setenta
miembros del pueblo. La intención es que Moisés no tenga que llevar la carga solo. Con
esta decisión de Yavé, la responsabilidad queda repartida: cada uno de quienes han
recibido «parte» del espíritu que estaba en Moisés debería ser profeta en el pueblo. Ahora
bien, tendríamos que atenernos al contexto para intuir qué características implicaba la
tarea de estos personajes.
El capítulo 11 del libro de los Números nos da cuenta de las etapas de la marcha por
el desierto; la narración se centra en una dificultad que tiene el pueblo: llevan varios meses
comiendo maná y ya se encuentran hastiados: «tenemos el alma seca» (v. 6), «no vemos
más que maná» (v. 6b), y con esto viene la tentación de añorar el tiempo de abundancia de
comida en Egipto. Por aquí podemos intuir la grave dificultad en que se halla Moisés,
¿cómo hacer para que el pueblo no siga pensando en Egipto? El desierto es el gran desafío.
Detrás está Egipto, con su abundancia, pero también con su esclavitud. Hacia delante está
la promesa de una tierra, una libertad, una vida digna, pero que hay que conquistar a
precio de privaciones, sacrificios, esfuerzos.
El relato causa admiración porque Yavé monta en cólera... Es un recurso literario
para introducir la preocupación de Moisés, que se expresa en una bella oración de
intercesión por el pueblo. La solución que plantea Yavé es la adecuada: reunir setenta
representantes del pueblo para repartir entre ellos el espíritu que estaba en Moisés; de esa
manera la dirección, orientación y concientización del pueblo sería obligación de muchos y
no sólo de Moisés.
El espíritu que se dona a todas estas personas viene a ser, entonces, profético; es
decir, está en función de profetizar. Hay que asumir que esta actividad profética está
orientada a ayudar al pueblo a tomar más y más conciencia del plan de Dios con ellos, a
entender lo que hay realmente detrás: Egipto y su abundancia de comida pero con su
esclavitud que es lo contrario al plan divino, y lo que está por delante: un desierto
inevitable, desafiante, mortal, pero al fin y al cabo, un medio que es necesario asumir para
poder llegar a la tierra de la libertad, tierra de promisión. A cualquier persona del pueblo
que, entendiendo las cosas así, «catequizara» a sus hermanos en este sentido había que
verlo como profeta «autorizado» no porque hubiera estado necesariamente en la tienda del
encuentro, sino por estar en comunión con el ideal de Yavé.
Ese parece ser el caso de Eldad y Medad. Ellos no estuvieron en el momento del
reparto del espíritu y sin embargo estaban profetizando. Viene la reacción de Josué, el
mismo que más tarde se encargará de guiar a su pueblo en los trabajos de conquista y
ocupación de la tierra prometida. Josué no entiende todavía que todo el que influya de
manera positiva en la conciencia del ser hermano, debe ser considerado profeta, y por eso
aconseja a Moisés que lo prohíba (v. 28). Por su parte, Moisés ha captado muy bien que en
el trabajo de liberación del pueblo, todos y todas tienen una gran tarea, y responde a Josué
con palabras aparentemente duras, pero que en definitiva buscan también abrir la
conciencia de su ayudante: «ojalá todo el pueblo fuera profeta» (v. 29); ojalá cada uno
asumiera con verdadero empeño la tarea de concientizarse y concientizar a su semejante, a
su prójimo, ¿no es eso justamente lo que Dios quiere y espera? A Josué pues, no le
preocupaba mucho la necesidad de que cada miembro del pueblo tuviera una conciencia
bien formada para continuar hacia adelante por el desierto; le preocupaba más defender lo
«oficial», lo «autorizado» por Dios en la tienda del encuentro, es decir lo «instituido», la
defensa de «los derechos de Dios».
En la misma línea, nos presenta el evangelio de Marcos para este domingo, una
situación semejante con los discípulos de Jesús. Apenas transmitida por Jesús la lección
sobre quién es el mayor (Mc 9,33-37), se produce un incidente que tiene que ver con la
exclusividad de los miembros del grupo seguidor de Jesús. Juan le cuenta a Jesús que le
han impedido a un hombre expulsar demonios en su nombre porque no se trataba de uno
de los miembros del grupo (v. 38). No hay una pregunta, cómo hacer en casos semejantes,
qué posición asumir, etc. La respuesta de Jesús es sabia, «nadie que obre un milagro en mi
nombre puede después hablar mal de mí» (v. 39), y «el que no está contra nosotros, está
con nosotros». En la tarea de construcción del reino nadie tiene la exclusiva. Tal vez los
discípulos no tenían claro o no recordaban que su pertenencia al grupo de Jesús fue un
don de pura gratuidad; ninguno de ellos presentó ante Jesús un concurso de méritos para
ser elegido; fue Jesús quien se presentó ante ellos, se les atravesó a cada uno por su camino
y los llamó, aun a sabiendas de que no eran ni los mejores ni lo más representativo de su
sociedad. En ese sentido también otros y otras pueden seguir siendo llamados. En cada
hombre y en cada mujer Dios ha sembrado las semillas del bien; cómo y cuándo esas
semillas comienzan a germinar y dar frutos, eso es decisión de cada uno. A veces nos
parecemos a Juan y al resto de discípulos, nos ponemos celosos de quienes sin pertenecer a
la institución hacen obras mejores que las nuestras. Y sale inevitablemente la frase: «pero
ése o ésa es de tal o cual religión, o de tal o cual grupo...». Anteponemos a la vocación
universal de hacer el bien y a la práctica del amor, unos intereses mezquinos y unos
criterios de autoridad y de exclusividad absolutamente rechazados por Jesús (cf. Mc 9,39)
El diálogo de Jesús con sus discípulos refleja la situación de la comunidad para la
cual Marcos escribe su evangelio. Una comunidad quizás muy consciente de lo que eran
las exclusiones, pero al mismo tiempo en peligro de ser exclusivista, con una excusa quizás
aparentemente sana: «ser o no ser de los nuestros», «ser o no ser del camino», «estar o no
estar en el proceso...», y en fin otras talanqueras que pretendidamente intentan justificarse
con la excusa de defender la «pureza» de la fe o del «credo» o del «orden» o, en definitiva,
de «defender los derechos» de Dios.
Pues bien, cuando se cae en el extremo de «defender» a Dios, o los «derechos» de
Dios, lo que se logra en definitiva es minimizar a Dios, ponerlo en ridículo ante el mundo,
y la consecuencia más inmediata, la que previó Jesús y quizás la que ya se veía en la
primera comunidad, era la del escándalo a los más pequeños. A Jesús le preocupan los
«pequeños», no sólo los menores de edad, sino los que apenas empiezan a intuir la
dinámica del reino con la subsiguiente imagen de Dios que él propone.
Con todo, a través de los siglos, los peligros de la comunidad primitiva se convierten
en hechos reales: cuántos creyentes promotores del bien, de la justicia y de la paz
excluidos o en entredicho sólo porque «no eran de los nuestros», cuántos Josués y Juanes
empeñados todavía en «defender» una pretendida exclusividad que, por supuesto, nadie
posee, con lo cual lo único que logran es escandalizar cada vez más a muchos, haciéndoles
creer que Dios es tan pequeño, que puede reducirse a los estrechos límites de un grupo o
de una institución, aunque sus adeptos se cuenten por millares.
Si logramos tomar conciencia de que Dios es más grande que un grupo o una
institución y que en ningún momento nuestra vocación es la de defender unos supuestos
derechos de Dios, sino simplemente servir, ponernos en función de construir el Reino con
y desde las múltiples posibilidades que ello implica dada la insondable riqueza del mismo
espíritu, entonces jamás se nos ocurrirá pensar si éste o aquél es o no es «de los nuestros»,
sino mejor... ¡como cooperar más y mejor con aquél o aquélla que tan bien están luchando
por construir aquí el Reino!
Para la revisión de vida
Reviso mis actitudes respecto al trabajo de los demás (personas y grupos) y me confronto con la
reacción de Josué (primera lectura) y con la de Santiago y Juan (evangelio). Enumero las
semejanzas y diferencias y me trazo un propósito práctico de vida.
Para la reunión de grupo
- Una idea que surge a partir de las lecturas de este domingo es la validez que tienen para la
construcción del reino muchos aportes: ideas, obras, trabajos, de hombres y mujeres que no
necesariamente son cristianos, pero que están comprometidos en la lucha por la justicia y la paz.
Tratemos de indagar un poco sobre esas personas o instituciones y compartamos qué dicen, qué
hacen, y al mismo tiempo tratemos de establecer cuáles son las críticas y de que forma son
rechazados por nuestra religión oficial. Sentemos posiciones.
Para la oración de los fieles
- Oremos por los responsables de la dirección y guía de nuestras iglesias para que su responsabilidad
como animadores se traduzca en la acogida amorosa y fraterna de todos aquellos que buscan hacer el
bien a los demás... roguemos.
- Por los dirigentes de nuestra sociedad, para que sus tareas estén cada día más en la línea del
evangelio, más empeñados en la construcción de la justicia y la paz... roguemos.
- Por todos aquellos que desde su realidad como creyentes están trabajando por el bien, la justicia y
la paz para que sus esfuerzos se vean cada día más enriquecidos por el espíritu profético que Dios
dona a todas y todos... roguemos.
- Por nosotros y nosotras para que sepamos ver en todos los que hacen el bien aquella presencia de
Jesús Resucitado que en todas y todos actúa... roguemos.
Oración comunitaria
- Dios Padre-Madre que en todas, en todos y en todo te manifiestas; abre nuestros corazones y
nuestras mentes para comprender mejor lo que desde siempre nos estás comunicando, incluso a
través de aquellos que te conocen por otros caminos y con otros lenguajes que los nuestros; arranca
de nosotros toda tentación de exclusivismo y mantennos dispuestos a ayudar y a dejarnos ayudar en
la construcción colectiva de tu Reino. Nosotros te lo pedimos inspirados en Jesús, transparencia
tuya. Amén.
Lunes 28 de septiembre de 2015
Wenceslao de Bohemia, mártir (935)
Lorenzo Ruiz y compañeros mártires (1637)
Zac 8,1-8: Yo libertaré a mi pueblo
Salmo 101: Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti
Lc 9,46-50: El más pequeño de ustedes, ése es el mayor
Mientras Jesús intenta vencer el poder del mal desde la debilidad-fortaleza de la
cruz, los discípulos sueñan con ser los primeros en la escala jerárquica, reproduciendo así
los síntomas de la enfermedad que Jesús vino a combatir. Definitivamente, los discípulos
han entendido muy poco del mensaje de Jesús. También hoy son muchos los que se burlan
de la humildad, la vocación de servicio, la ternura, la misericordia, el sacrificio, la
solidaridad, la comunidad, el testimonio… como estrategia para vencer los proyectos de
injusticia y exclusión que azotan el mundo. Jesús descalifica también la actitud egoísta de
los discípulos que cuestionan el proceder de otras personas que andan haciendo el bien en
su nombre. Es como si pretendieran patentar el reino de Dios como un producto exclusivo
de los amigos de Jesús. Tampoco han entendido que son bienvenidos todos los que
ayuden en la construcción del reino, sin importar su raza, su cultura o su religión. La
solidaridad, el amor y el compromiso social son un lenguaje comprensible en todos los
idiomas y en todas las culturas. La discriminación o intolerancia por motivos religiosos,
culturales o raciales es una actitud incompatible con el Evangelio y, por tanto, con el ser
cristiano.
Martes 29 de septiembre de 2015
Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles
Ap 12,7-12: Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón
Salmo 137: Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles
Jn 1,47-51: Verán el cielo abierto y los ángeles de Dios
Arcángel significa “principal entre los ángeles”. Miguel significa “¿Quién como
Dios?”; Gabriel, “Dios es mi Protector”, y Rafael, “Medicina de Dios”. En la fiesta de los
“superángeles” roguemos a Dios por todas las personas que, como ángeles terrenos, nos
protegen de caer en la tentación y nos ayudan a no perder nunca la comunicación con
Dios. En el evangelio de hoy, la sinceridad y la coherencia le permitieron a Natanael
reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Debió de ser además un hombre piadoso, según se
deduce de su presencia bajo la sombra de la higuera, que era un lugar común en Israel
para la lectura y la enseñanza de la Ley. Jesús confronta a Natanael con una pregunta que
tiene plena vigencia para los cristianos de hoy: ¿creemos en Jesús sólo por los signos
extraordinarios? ¿Estamos ciegos frentes a los grandes signos o milagros que día a día nos
regala Dios a través de la creación, la vida de nuestros seres queridos, la armonía familiar,
la alegría que florece a pesar de la sequedad de los huertos, la esperanza que no se pierde
a pesar de la multiplicación de problemas y conflictos? Creer con sinceridad y coherencia
de vida, es el milagro más grande que Dios nos hace cada día, como abriendo el cielo para
nosotros.
Miércoles 30 de septiembre de 2015
Jerónimo, doctor (420)
Gregorio (604)
Neh 2,1-8: Déjeme ir para reconstruir la ciudad de mis padres
Salmo 136: Tu recuerdo, Señor, es mi alegría
Lc 9,57-62: Te seguiré adonde vayas
En el día de san Jerónimo están de fiesta todos los esfuerzos por conocer y difundir
la Sagrada Escritura. La Iglesia Católica ha reconocido siempre a san Jerónimo como un
hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la Santa Biblia. Por eso ha
sido nombrado patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender y amar
más las Sagradas Escrituras. Yendo al evangelio, Jesús, ante la cercanía de su pasión, tiene
urgencia por definir el perfil de sus discípulos. La primera condición es aprender a
soportar los momentos de inestabilidad e inseguridad, y a renunciar a todas las ataduras
que impiden la libertad de la misión. La segunda condición, que surge del dicho “deja que
los muertos entierren a sus muertos”, exige al discípulo tomar conciencia de que la tarea
de anunciar el reino de Dios está por encima de todos los deberes humanos. Aquí los
“muertos” simbolizan a quienes son insensibles a la llamada de Jesús. La tercera condición
es la disponibilidad inmediata. En los arados de Palestina, donde con una mano se
conducía el arado mismo y con la otra los bueyes, una mirada atrás podría ocasionar el
desvío del surco y el retraso de la siembra. Las palabras de Jesús no intentan crear una
rivalidad entre la familia y el misionero; hay que entenderlas como orientaciones para que
el discípulo aparte de su vida todo aquello que pueda ser un obstáculo para el ejercicio de
su misión evangélica.
Jueves 1 de octubre de 2015
Teresita del Niño Jesús (1897)
Neh 8, 1-4a.5-6.7b-12: Hoy es un día consagrado a nuestro Dios
Salmo 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Lc 10,1-12: La cosecha es abundante; los trabajadores, pocos
Como siguiendo el ejemplo de los setenta y dos consejeros que el Espíritu suscitó en
el desierto para consolidar la obra de Moisés (Nm 11,16-30), los nuevos Setenta y Dos
nombrados por Jesús se aprestan para encarar la ardua tarea de anunciar la Buena Noticia
a los pobres (Lc 4,16ss).
La misión es difícil y Jesús no les oculta ni minimiza los grandes peligros (v. 3). La
primera gran dificultad es la enormidad del desafío. Las tareas son colosales, pero los que
se comprometen a realizarlas son muy pocos (v.2). La comunidad de seguidores, por
grande que sea, es insignificante con respecto al campo de trabajo. Sólo la originalidad, el
empeño y la firmeza de convicciones les pueden sostener. La segunda dificultad se refiere
a las dificultades culturales o ambientales. Jesús sabe que su propuesta va en contra de la
corriente. Los valores del reino desafían los seudovalores imperantes en la sociedad y
pueden generar agudos conflictos. El reto de la comunidad cristiana es enorme, y para
abordarlo se necesita la astucia de las serpientes y la sencillez de la paloma.
Viernes 2 de octubre de 2015
Ángeles Custodios
Bar 1,15-22: Pecamos contra el Señor
Salmo 78: Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre
Lc 10,13-16: Quien a mí me desprecia, desprecia al que me envió
En la Biblia los ángeles personalizan particulares experiencias de la protección
divina. Así, ‘Rafael’ es el ángel al que se acude en caso de enfermedad, para encontrar la
medicina adecuada. Y el ángel custodio es esa particular protección divina que acompaña
cada momento de nuestra existencia. Angeles pueden ser también las personas que se
preocupan por el prójimo y que, sin hacer distingos de raza, política o religión, están
dispuestas a realizar gestos salvíficos de amor. Angeles son también las voces que desde la
radio, la televisión, una conferencia o un libro llaman a todas las rectas conciencias a
transformar nuestros hábitos con el fin de defender al planeta de la destrucción de sus
ambientes vitales. Angeles son todas aquellas personas que siguen a Jesús y se convierten
en buena noticia para los demás, inculcando alegría, sabiduría, cuidado de sí mismo, de
los otros y de la naturaleza. La voz angélica puede provenir de los profetas que, como
Jesús, hacen un llamado para abandonar los regionalismos y nacionalismos que conducen
a rivalidades, a la vanidad fatua, y no pocas veces a odios enconados, enfrentamientos y
guerras. La celebración de los ángeles de la guarda o ángeles custodios es una invitación
para que reconozcamos que la voz de los ángeles no es música de flautas y violines, sino
un llamado permanente a la conversión, para que sepamos captar las manifestaciones de
Dios en nuestra historia.
Sábado 3 de octubre de 2015
Francisco de Borja, religioso (1572)
Bar 4,5-12.27-29: Vuélvanse a buscar a Dios con empeño
Salmo 68: El Señor jamás desoye al pobre
Lc 10,17-24: Sus nombres están inscritos en el cielo
Los setenta y dos regresan con una noticia victoriosa: en el nombre de Jesús han
combatido y derrotado el mal que se apodera de la existencia humana. La lucha contra el
‘demonio’ no es sólo un ritual de exorcismo. Es un fiero combate contra todas las prácticas,
ideologías y falsos valores que esclavizan a los seres humanos y los convierten en
amenazas para los demás. Desde el potentado que utiliza su enorme poder para aplastar y
explotar al pobre, hasta el homicida furioso que destruye la vida por el placer de la
muerte, todos pueden ser cuestionados por el evangelio de Jesús.
La comunidad discipular se congratula por el enorme poder que adquiere con las
palabras de Jesús para luchar contra el mal. Sin embargo, esa alegría no puede quedarse en
un puro triunfalismo. Es necesario descubrir cómo se reescribe la historia y cómo se
reconduce a la humanidad por nuevos senderos. La lucha contra el mal no termina con la
extinción de las acciones perversas o con el control de los malhechores. Esta lucha debe
conducir a la adopción de estilos de vida que trasciendan la inmediatez de los actos
individuales o particulares, y nos conduzcan hacia cambios sociales conformes con el plan
de Dios para la humanidad.
6 HOMILÍAS
1.- NO CERREMOS LOS OJOS
Si el domingo pasado el Señor nos invitaba a ser los primeros en servir, hoy a una con el
Evangelio, intuimos dos indicaciones en nuestro caminar como cristianos:
- Reconocer el bien (venga de donde venga y lo haga quien lo haga)
- Huir de aquello que pueda herir sensibilidades
1 .Dios, nos lo recuerda el Vaticano II, no es un coto cerrado o un privilegio de unos pocos.
Nosotros, y le damos gracias por ello, hemos tenido la suerte de conocerlo a través de la
Iglesia; lo escuchamos y lo meditamos en la Palabra; lo saboreamos en la Eucaristía.
¡Cuántas veces no lo hemos sentido vivo y operante en diversos momentos, aquí, en esta
gran familia que es nuestra iglesia universal!
Por cierto, al decir Iglesia Universal, estamos en consonancia, y damos un acorde perfecto,
con el evangelio que acabamos de escuchar. El término universalidad define,
perfectamente, lo que Jesús quiere y desea de nosotros: buscar más lo que nos une, que
aquello que nos separa.
No creo que nos encontremos en esa cerrazón o suspicacia que el evangelio denuncia. La
mayoría hemos sido educados en la tolerancia o en el respeto a los demás y, precisamente
por ello, tal vez sufrimos más por el hecho de que hermanos nuestros no descubran que, la
fuente de la bondad está en Dios, y no por el hecho en sí, de que hagan o dejen de hacer
obras buenas.
No hay peligro de clasificación en bandos. Debiéramos de interrogarnos sobre el por qué
no hay muchísima más gente dispuesta a hacer el bien; a pregonar y defender la justicia; a
calmar los ánimos de un mundo que se debate y se desangra en guerras ideológicas o
económicas.
Esa es la gran interpelación que, tal vez el evangelio de hoy, nos suscita: ¿Por qué no
hacemos más, y a más gente, el bien? ¿Por qué no se orienta y se educa – desde la
universidad o desde el colegio- al creyente y no creyente, al agnóstico o al ateo, a encauzar
esfuerzos, medios y creatividad hacia el bienestar de los demás y no solamente hacia el
propio?
2. No seamos ilusos. A menor vivencia religiosa existe un serio peligro de tibieza a la hora
de ejercitar la solidaridad y la caridad. Lo cual, por supuesto, no significa que siempre –los
de casa- lo forjemos todo santo y bueno y, los de fuera, todo mal.
--Hoy no podemos permanecer con los brazos cruzados ante la que nos está cayendo. Los
cristianos masacrados especialmente en Irak y Siria, el drama de los refugiados que clama
al cielo (y con los que no sabemos qué hacer y dónde colocarlos), la trata de personas
(mujeres y niños) que el Papa Francisco ha pedido en Naciones Unidas que sea
considerada “crimen contra la humanidad” y un largo etc…reclaman, como Cáritas nos
recuerda en su mensaje de inicio de curso, un dejar huella a favor de la justicia allá por
donde pasemos. .
--Hoy damos gracias al Señor por muchas cosas. Sobre todo (en el inicio de este nuevo
curso pastoral) por el hecho de estar construyendo su Reino en la medida de nuestras
posibilidades; unos lo harán desde la música, otros desde la catequesis o como sacerdotes,
otros integrados en distintos movimientos eclesiales, algunos más apoyando el abundante
campo social que la iglesia tiene y cuida, otros como animadores de la liturgia o en las
diferentes tareas pastorales. ¡No caigamos en la tentación de pensar que “lo nuestro” es lo
único válido ante los ojos de Dios, o la panacea ante los retos que nos plantea la nueva
evangelización!
En definitiva, lo del evangelio de hoy, “quien no está en contra nosotros, está a favor
nuestro”. Otro pelo nos luciría si, en vez de mirar lo que los demás hacen, hiciésemos un
esfuerzo renovado y redoblado por vivir y enseñar aquellos caminos que conducen a la
auténtica felicidad, al amor y a la alegría que produce el encuentro personal con Jesucristo.
3.- Ayúdame, Señor, a mirar con respeto
las cosas que existen a mí alrededor
las iniciativas que, otras personas, las crean con esfuerzo y valor
Ayúdame, Señor, a mirar con agrado
a descubrir que, todo lo que hago, es inspiración tuya
y, aquello que lo que los demás promueven, puede ser signo de tu presencia.
Ayúdame, Señor, a mirar con amor:
a ir al fondo del tesoro más valioso
a sentirme tan cerca de ti
que, todo, lo estime poco comparado contigo.
Ayúdame, Señor, a expulsar de mi interior
los espíritus inmundos que me impiden vivir en paz conmigo mismo.
Ayúdame, Señor, a no apropiarme de tu nombre exclusivamente
a dejar que, otros, puedan descubrirte y
entrar por la gran puerta de tu salvación
a reconocer que, otros, están en el camino del evangelio
por sus obras y palabras.
Ayúdame, Señor, a no sentirme peor ni mejor que nadie
a disfrutar de mí amistad contigo
a no poner etiquetas de “estos son buenos” o “estos son malos”
Ayúdame, Señor, a no encerrarme en mi pequeño mundo
a abrirme, sin miedo ni complejos, a los que puedan
enseñarme tu recto camino
Ayúdame, Señor, a no monopolizar mi trato contigo
a valorar otras vertientes evangelizadoras que,
a mí, me puedan parecer estériles.
Ayúdame, Señor, a descubrir en todas ellas
los signos de tu presencia divina.
Ayúdame, en definitiva, Señor,
a no considerar que, lo mío, es lo único que vale
y, aquello que los demás realizan, es despreciable.
Ayúdame, Señor.
2.- EL EVANGELIO INCLUYE, NO EXCLUYE A NADIE
1.- No monopolizar el Espíritu. El relato del Libro de los Números enseña que son muy
diversas las actuaciones del Espíritu. Una de ellas es hablar en lenguas. Otra, más
importante, es el haber recibido el encargo de dirigir y enseñar al pueblo de Dios. Desde
Moisés, representante de Dios (que no hablaba en lenguas ni profetizaba con trances), el
Espíritu se derrama sobre los inspirados. No siempre Dios comunica su espíritu por los
canales oficiales. El Espíritu es soberano por encima de las instituciones. El carisma no
debe ser rechazado por la autoridad. El presente pasaje de los Números confiere un
carácter sagrado al origen de la institución de los ancianos, fundando así la importancia
que tuvo siempre tanto religiosa como política. Los celos de Josué anticipan la misma
actitud de los discípulos de Jesús frente al exorcista que arrojaba demonios sin ser de su
grupo (evangelio de hoy). La gran tentación de la autoridad religiosa ha sido siempre
monopolizar el Espíritu, pero el Espíritu se comunica a quien quiere y como quiere. Los
que mandan no deberían estar celosos de que el pueblo profetice alguna vez; más bien
debiera tomar nota de lo que dice Pablo a los obispos: "No apaguéis el Espíritu".
2.- Riqueza e injusticia. En algunos libros del Antiguo Testamento las riquezas se
presentan como una señal de las bendiciones divinas. Se valoran las riquezas como
posibilidad de practicar la "justicia" haciendo sacrificios a Dios. Pero la Biblia condena
unánimemente el abuso de los ricos, la ambición desmedida y la explotación de los pobres.
Además, los profetas han visto en la riqueza una fuente de injusticia. Para los evangelistas
la riqueza aparece como un serio obstáculo que impide la entrada en el Reino de Dios. Es
actual lo que dice Santiago. Los que viven bien deben su bienestar a que dos mil millones
de personas viven en la miseria. La defensa de sus privilegios trae cada año como
consecuencia inevitable la muerte injusta de millones de personas por hambre, represión y
guerras. Los países ricos son incapaces de acoger en su tierra a los que huyen de la miseria
o de la guerra. El evangelio, que es Buena Noticia para los pobres, se convierte en mala
noticia para los ricos. Sin embargo, los ricos siguen acaparando riquezas sin caer en la
cuenta de que el juicio de Dios es inminente. La retención del jornal es aquí sólo un botón
de muestra de la explotación y de la injusticia de los ricos. Claramente lo expone la
Doctrina Social de la Iglesia, la gran ignorada. Sarcásticamente, el autor dice a estos ricos
que son como los cerdos que se ceban para la matanza.
3.- No rechazar a los pequeños en la fe. Las palabras de Jesús en el evangelio van dirigidas
contra esa determinada concepción de la autoridad como control, como monopolio
exclusivo y excluyente. Hay aquí un canto en favor de los "pequeños" que creen en Jesús.
Poco estimados, más ignorantes o débiles en la fe, jamás hay que hacerles tropezar
(escandalizar). Estos pequeños pueden ser en la comunidad los que necesiten ser
ayudados con cariño y paciencia para poder evolucionar sin desconcertar su fe. Pero
también los que sufren la tentación de abandonar la Iglesia por la lentitud de ésta en
renovarse. Todo el que se hace discípulo de Jesús y aún no ha llegado a una fe adulta es
"pequeñuelo". Y el que aparta de su camino a uno de estos pequeñuelos es un homicida,
ya que les impide llegar a la verdadera vida. "Escándalo" es la piedra que nos hace
tropezar, el impedimento que se encuentra en el camino. La tentación nunca procede
exclusivamente de fuera; de ahí que el hombre deba procurar también no escandalizarse a
sí mismo. Y esto no es posible si uno no lucha contra sus propias inclinaciones y no toma
medidas negándose a sí mismo.
4.- Cristianos anónimos. También en nuestros días hay muchos hombres que exorcizan el
mal y la injusticia de nuestra sociedad y, con todo, no son expresamente cristianos, éstos
son de los nuestros aunque no sean "de los nuestros", pues es claro que no están contra
nosotros. Son los “cristianos anónimos”, muchas personas solidarias e implicadas en
organizaciones humanitarias que luchas denodadamente contra la exclusión que sufren
millones de personas en nuestro mundo. No les impidamos actuar, sumemos nuestras
fuerzas a las suyas, nuestros proyectos a los suyos, para hacer un mundo más humano.
También ellos colaboran a la extensión del Reino de Dios, la “civilización del amor”
3.- TAMBIÉN HAY SEMILLAS DEL VERBO EN OTRAS
RELIGIONES
1.- No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede hablar mal
de mí. El que no está contra nosotros está a nuestro favor. En el decreto “Ad Gentes”, del
Concilio Vaticano II, se habla en dos ocasiones, comentando la famosa frase de San Justino
“Semina Verbi”, de las semillas del Verbo que existen, sin duda, en otras religiones no
católicas. Se dice en concreto: Los fieles descubran con gozo y respeto las semillas del Verbo que
se ocultan en las tradiciones nacionales y religiosas de los países de misión (AG II). El Espíritu
Santo, que llama a todos los hombres a Cristo por las semillas del Verbo y por la predicación del
Evangelio… (AG 15). Como se puede suponer fácilmente, estas citas del Concilio están
traídas para que nos demos cuenta de la actitud poco cristiana de Juan cuando le dice a
Jesús que ellos no han permitido a una persona echar demonios en nombre del Maestro
porque esa persona no era del grupo de sus discípulos. Jesús contradice a Juan y le dice
que a todo el que hace el bien hay no sólo que permitírselo, sino que hay que ayudarle y
animarle a que siga haciéndolo, aunque no pertenezca a nuestro mismo grupo doctrinal,
político, o nacional. Debemos saber que las personas son, en estos casos, más importantes
que el grupo al que representan, y a toda persona que hace el bien debemos considerarla
de los nuestros, es decir, de los que queremos, por encima de todo, que se haga el bien en
el mundo, lo haga quien lo haga. Todos conocemos a personas no católicas que nos dan un
maravilloso ejemplo de bondad cristiana a los que profesamos públicamente nuestra
condición de católicos. Demos gracias a Dios por ello.
2.- ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor! En este
libro de Los Números se nos dice que el profeta Moisés actuó de un modo parecido a
como actuó Jesús en el caso que hemos comentado en el evangelio. Josué le pide a Moisés
que no permita profetizar a Edad y Medad en el campamento, porque no habían acudido a
la tienda. Moisés replica a Josué que ¡ojalá! todo el pueblo fuera profeta. Lo importante es
que el Espíritu del Señor se infunda y se difunda por todo el pueblo, sin distinción de
clases sociales, o jerarquías religiosas. Nadie debe estar celoso de sus privilegios, o
facultades religiosas; todo el que habla en nombre de Dios y dice la Verdad de Dios debe
ser bienvenido. Hay personas ignorantes que hablan sabiamente y personas muy doctas
que hablan neciamente. No es lo mismo ciencia que sabiduría, ni cultura que inteligencia.
Busquemos siempre la verdad y aceptemos la verdad, la diga quien la diga. La Verdad es
más importante que nuestras teorías políticas, o religiosas, particulares.
3.- Ahora vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado.
Vuestra riqueza está corrompida… habéis vivido en este mundo con lujo y entregados
al placer… condenasteis y matasteis al justo; Él no os resiste. Este texto del apóstol
Santiago contra los ricos inmisericordes es muy duro. Lo que debemos hacer cada uno de
nosotros es mirarnos a nosotros mismos, para ver si realmente este texto también nos dice
algo a nosotros. No debemos pensar que sólo los muy ricos tienen que hacer misericordia
y vivir con más austeridad; muchos de nosotros, sin ser muy ricos, también tenemos y
malgastamos bienes superfluos, que serían muy necesarios para los pobres. Toda persona
cristiana debe ser sobria y caritativa, si quiere ser fiel a la doctrina y a la vida del Maestro.
La corrupción y la tacañería no son defectos exclusivos de los muy ricos. Examinemos
nuestra conducta.
4.- NO NOS DEJEMOS LLEVAR POR LA CELOTIPIA
LIBERALIDAD DE DIOS. "En aquellos días el Señor bajó en la nube, habló con Moisés
y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los ancianos" (Nm 11, 25). Allá en el
desierto, Israel fue testigo de mil prodigios. Uno de ellos fue el de la nube, que les servía
de sombra durante el día y de luz durante la noche. A veces descendía hasta el mismo
campamento y se posaba sobre la Tienda. A través de la nube el Señor manifestaba su
presencia en medio del pueblo, le animaba y le protegía. En este pasaje Dios está cerca de
los ancianos que ostentaban la autoridad en el pueblo. Llevado del gran amor que tenía a
los suyos, les confiere a quienes habían de regir a Israel parte del espíritu que Moisés
poseía. Ante el asombro de la multitud, aquellos hombres comenzaron a profetizar, a
cantar alabanzas a Dios con palabras inspiradas, con un lenguaje arrebatador.
Dios no se cansa de volcarse en mil detalles de amor, no ceja en su empeño de mostrar a
Israel su fuerza, intentando así conquistar su confianza, ganarles el corazón... Empeño
titánico que tiene poco resultado ente este pueblo de dura cerviz, de corazón de piedra.
Como tantas veces tú, como tantas veces yo. Haber recibido innumerables pruebas de
cariño y seguir dudando del amor divino. Seguir preocupado por el futuro, perdido en mil
hipotéticas situaciones que quizá nunca lleguen a ser realidad. Que Dios sea nuestro Padre
y que nosotros vivamos como si no lo fuera...
"Habían quedado en el campamento dos del grupo..." (Nm 11, 26). Aquellos dos hombres
no habían asistido a la reunión junto a la Tienda de Dios. A pesar de eso, comenzaron a
profetizar pues la fuerza de Yahvé también les había alcanzado. El Señor, dando muestras
de su liberalidad, no quiso supeditar su don a un lugar determinado. Cuando le cuentan a
Moisés lo ocurrido, Josué que le había ayudado desde siempre siente celos. No le parece
bien que profeticen quienes no habían asistido a la asamblea, y pide a Moisés que se lo
prohíba. Pero el caudillo del desierto no se deja llevar por aquella celotipia. Él sabe que
Dios es el que da sus dones, sin mérito alguno por parte del que lo recibe. Por eso contesta
magnánimo: Ojalá que todo el pueblo recibiera el espíritu de Yahvé y profetizara.
Así hemos de actuar, sin considerarnos dueños ni monopolizadores de los bienes divinos,
ni únicos distribuidores de los mismos, sin acaparar nunca los dones del Espíritu. Dios da
como quiere y a quien quiere. A nosotros sólo nos queda dar gracias por los bienes que
recibimos y alegrarnos de que también los demás sean objeto de la benevolencia infinita de
Dios.
AUNQUE NO SEA DE LOS NUESTROS.- "El que no está contra nosotros, está a favor
nuestro" (Mc 9, 40). El evangelio de este domingo, como el pasado, nos presenta, una vez
más algunos defectos de los apóstoles. Defectos que con la ayuda divina fueron superando
a lo largo de su vida. Ejemplo y aliento para nuestra vida personal, tan llena con
frecuencia de pequeñas o grandes faltas. También nosotros las podremos superar si
luchamos y pedimos con humildad la ayuda del Señor.
Juan fue, sin duda, un hombre apasionado. Por eso quizá era tan amigo de Pedro y tan
querido por el Maestro, que tanto aprecia la entrega total, y tanto abomina las medias
tintas. Llevado de su carácter apasionado, Juan quiso impedir a uno que no era de los
suyos, que echase a los demonios en nombre de Jesús. Se creía tener la exclusiva, le
molestaba que otro hiciera el bien sin ser de su grupo.
Jesús recrimina al discípulo amado su conducta. El que no está contra nosotros -le dice-,
está a favor nuestro. Más tarde, también San Pablo se mostrará abierto y compresivo con
quienes, sin tener siempre la debida rectitud de miras, predican el Evangelio. Con tal de
que se predique a Cristo, que importa todo lo demás. Ojalá aprendamos la lección y no nos
dejemos llevar por la celotipia. Que no estorbemos jamás el apostolado de los demás,
simplemente porque no son de los "nuestros".
5.- SER RADICALES EN EL BIEN
1.- No me negareis que las lecturas que hemos escuchado hoy en la Eucaristía son fuertes,
muy fuertes. Rompen, por un lado, cualquier sentido de lo exclusivo, de lo propio, del
grupo, de “ser de los nuestros” y de “no dejar pasar a los otros”. Y también claman contra
las injusticias, contra los abusos, contra el daño a los más pequeños, a los más débiles.
2.- Y así, en la primera lectura, del Libro de los Reyes, habla de cómo Dios se sirve de
todos sus hijos para anunciar su palabra. Dos de los que no estaban en la lista previa
trazada por Moisés también profetizaban. En el Evangelio Jesús de Nazaret lo va a decir
claramente: “quien no está en contra está a favor”. Es un canto al ecumenismo y una
descalificación de la tendencia muy humana a las listas cerradas, a establecer diferencias
entre los nuestros y los otros. A su vez, el apóstol Santiago va a profetizar con la fuerza de
los antiguos profetas clamando contra los ricos y los empresarios estafadores. ¿No es
oportuno ese grito en unos tiempos es que muchos, al menos en España, abusan de los
inmigrantes y mucho más si no tienen “papeles”, si son ilegales? La radicalidad de hoy de
estas lecturas está en ofrecer lo verdadero y lo justo, lo que ocurre es que nosotros, en estos
tiempos, nos hemos acostumbrado a la exclusividad del grupo propio y a la injusticia.
3.- El Apóstol Santiago nos está hablando a lo largo de su carta de no quiere la fe sin obras.
Hemos estado leyendo a Santiago, en las últimas semanas. Y en este domingo condena
toda clase de opresión. Va reclamar los salarios de los trabajadores frente a los desmanes
de los ricos. Como puede verse estamos siempre en el mismo sitio. La acumulación de
riquezas lleva al abuso. Es ese amor cristiano lo que tiene que impedirnos que abusemos
de nuestros hermanos. Hay un impresionante mensaje de concordia social en el Evangelio.
El amor al prójimo impide la injusticia, pero también el engaño, la mentira y el escándalo.
La dureza de las palabras de Santiago responde a la crueldad y dureza de los delitos de
quienes al tener el poder abusan de los más débiles. Como decía antes profetiza con la
fuerza y la rotundidad de muchos profetas del Antiguo Testamento.
4.- San Marcos nos ha narrado este domingo el episodio del escándalo y de la piedra de
molino. Es obvio, entonces, Jesús no se refiere a los "otros que hablan bien de Él". Se está
refiriendo a los que producen escándalo e incitan al mal mediante engaño. Y en esto
tenemos que ser radicales nosotros también. El Mal existe y uno de sus caminos es la
confusión de las ideas y de los propósitos. Retirar la paz de los espíritus y producir
fenómenos de intranquilidad permanente es uno de sus objetivos. El escándalo trae la
didáctica del pecado y la falta de paz. Es un camino para permanecer siempre en situación
pecaminosa. El escándalo –la enseñanza del Mal—es una de las cuestiones más graves a
las que se enfrenta el ser humano. Y parece que en nuestros días está muy de moda. En las
radios, en las televisiones, en las conversaciones corrientes se justifica y se promociona el
mal: el adulterio, la falta de honradez, la explotación económica, el abuso de los más
débiles. Cada día, cada hora, muchas buenas conciencias son torcidas por los malos
ejemplos.
5.- Hemos de volver al ecumenismo, al seguimiento de la frase de Cristo de que “quien no
está contra mí, está conmigo”. El enfrentamiento pertinaz entre los que se llaman
discípulos de Cristo no cesa. No hay una comunicación efectiva entre las Iglesias. Por
ejemplo, debe admirarse la labor admirable de la Iglesia Evangélica española realizada
entre el numeroso pueblo gitano de España. No sólo les ha llevado la palabra de Cristo,
sino que está luchando con ahínco en sacar a muchos miembros de dicho pueblo de la
droga, de la terrible heroína. Pero, sin embargo, suele ejercitar una crítica muy dura,
demasiado dura –muy disolvente—contra la Iglesia católica. A su vez, y en términos
generales, la Conferencia Episcopal española “pasa” de los Evangélicos y, también, de
otros grupos cristianos. Lo curioso, tremendo y trágico es que cuando los grupos radicales
islamistas se manifiestan contra los cristianos, a quienes llaman cruzados, no diferencian
entre católicos, evangelistas, anglicanos, metodistas, etc.
6.- Pero planteado, sin embargo, un camino de verdad y justicia, y volviendo a algunos
grupos o creencias, no hay más remedio que exponer nuestra más radical repulsa a ciertas
creencias que agobian a sus seguidores, con excesivas obligaciones económicas. O
ejerciendo la tiranía “ideológica mediante la “predicación” de situaciones no
comprobables, como el fin del mundo y otras situaciones que, de una forma u otra, están
menoscabando la libertad personal. Hay un mensaje de profundo pesimismo en esa
búsqueda irreal de fechas no confirmadas para una profecía escatológica. No es ese el
camino. Uno puede estar escudriñando la Escritura todo el día, pero fomenta la tristeza a
los hermanos no le servirá de nada. Quien tenga el espíritu tranquilo y la alcuza de aceite
llena le importará muy poco la fecha final. Hay que amar a Dios sobre todas las cosas y al
prójimo como a nosotros mismos. La felicidad de nuestros hermanos es fundamental y,
también, su paz. Y que nadie se engañe: la proximidad de Jesús produce amor, paz y
sosiego. Quien no tiene ese talante marcha --seguro-- por el camino equivocado.
7.- El Espíritu Santo va por donde quiere y no es patrimonio, ni exclusiva de nadie. Hemos
de estar abiertos a recibirles y, también, a escuchar a todos, pues no sabemos quién nos
puede enseñar algo que nos haga falta. Pero nuestra obligación es también discernir
quienes son los falsos profetas, que los hay. Solo la humildad personal y colectiva, el amor
al prójimo y la total rectitud de conciencia nos puede llevar a saber quién nos trae la
verdad y quien nos ofrece el engaño.
8.- Definitivamente, y queriendo ser fieles al camino marcado por Jesús de Nazaret, no
podemos adoptar el papel de ser los únicos guardianes de la verdad, ni tener la exclusiva
de la interpretación adecuada de la doctrina de Cristo. El Concilio Vaticano II abrió las
puertas de la Iglesia católica al reconocimiento de la verdad de los otros, de aquellos que
no hablan en contra de Dios, ni de Jesús y que coinciden en lo fundamental. Ahora, tal vez,
en estos tiempos recientes que quiere refundar la “tendencia a la exclusiva” y eso da un
poco de miedo. Como otros cantos –probablemente de sirenas—que anuncia la vuelta
atrás. Hoy es un día en que Jesús nos da la pauta sobre todo eso. ¡Abramos nuestras
puertas, no volvamos a cerrarlas!
LA HOMILÍA MÁS JOVEN
EXIGENCIAS DE GENEROSIDAD Y CONFIANZA
1.- No quiero ignorar, mis queridos jóvenes lectores, el contenido de la segunda lectura de
la misa de este domingo. Ni el contenido, ni los imperativos. Procuro yo tener todo esto
presente cuando salgo de casa y siento la tentación que comprar, gastar y acumular, en
tiendas y supermercados. Tengo miedo de mí mismo, de mi ambición. Adquirir, lo sé muy
bien, es con frecuencia, un apasionante deporte social.
2.- Soy sincero y me reconozco rico. No respecto a la sociedad que me rodea, sino de la
inmensa humanidad que no dispone de la comida, ni del agua, ni del aire exento de
contaminación, que dispongo yo. Que carece, por supuesto, de la posibilidad de adquirir
útiles e inútiles cacharritos, que tanto nos atraen, a mí incluido.
3.- Dejo que en mi interior se desarrolle un diálogo, que antiguamente nos hacían creer que
eran insinuaciones personales del ángel bueno y tentaciones del malo. Yo estoy
convencido de que es el desdoblamiento de mi única conciencia, que no siempre está
atenta a las enseñanzas del Maestro. Vuelvo a casa a veces, con la sensación de haber sido
derrotado y me someto entonces a un riguroso examen. Consecuencia de ello trato de
mejorarme en la austeridad de vida en primer lugar y de proponerme compartir lo mío de
inmediato.
4.- Pese a que sea el contenido de la lectura de la que vengo escribiendo, lo más radical de
las exigencias de la Palabra de Dios proclamada este domingo, no ignoro que las
encerradas enseñanzas de las otras dos, pese a no ser tan radicales, son, en el ámbito de la
pedagogía cristiana y por su actualidad, muy importantes. Pienso que la narración la
debemos trasportar al seno de tantos grupos y grupitos, congregaciones, institutos y
comunidades, que nacen y crecen ufanas, creyéndose únicas y de la mejor calidad de
orientación y eficacia. Cuando uno escucha sus proclamas, tiene la sensación de estar ante
la sesión de anuncios de cualquier TV, cuando divulgan detergentes que compiten para
definirse cada uno como el que mejor lava, limpia y blanquea la ropa de entre los tantos
que proliferan en el mercado.
5.- Jesús, el Maestro, nos envía a misionar con ilusión y confianza. La realidad es que
muchas actitudes grupales están impregnadas de desconfianza respecto a las actividades
de los demás movimientos. Prolifera la suspicacia y abunda el ocultismo, al que se le
camufla con la palabra prudencia. ¿Quién ha sido más imprudente que el Señor?
Consecuencia de estas actitudes interiores, es la tendencia al monopolio. ¡Con lo
satisfactorio que es recordar que el Señor nos aseguró que en la casa de su Padre hay
múltiples estancias! La Eternidad feliz no es un gran espacio a la manera del que se ofrece
provisionalmente a las víctimas de una catástrofe o de los refugiados que huyen de su
patria inhóspita. El Cielo, lo esperamos, nos lo prometió, es compañía, familiaridad con
Dios y entre los Santos.
6.- En un documento del Vaticano II, se aconsejaba a las instituciones consagradas a
finalidades iguales o semejantes, que sufrieran escasez de vocaciones, que se reuniesen.
Tengo la impresión de que no ha sido esta la solución al problema, que la mayoría han
escogido. Sé de algunas, otras en cambio, se han dividido y subdividido, presentando la
mayoría de estos grupúsculos el estado de hallarse en vías de extinción.
7.- Pero refiriéndome a dos ejemplos, volveré al tema al que estaba explicándoos. Hace
muchos años, nos alojamos, muy próximos a la Gran Cartuja, cerca de Voiron, en Francia,
invitados por la comunidad cartujana, en una casita servida por una minúscula
comunidad. Pregunté a aquellas monjas a qué congregación pertenecían y me contestaron:
el Concilio aconseja que nos concentremos las órdenes religiosas. Nosotras antes de
hacerlo en conjunto, lo hacemos individualmente, cada una de las tres somos de una orden
diferente, pero damos un único sentido a nuestra permanencia aquí y, por ahora, nos va
muy bien…
8.- Me acordaba de esto hace muy poco, al escuchar el testimonio que daba una religiosa
en la vela conjunta de la asamblea de consagrados y consagradas jóvenes en el Vaticano.
Contaba ella que estaba en Sri Lanka. Las circunstancias no permitían dispersarse,
formaban una única comunidad procedentes los religiosos, ellos y ellas, de diversos
orígenes. Afirmaba que a veces les resultaba difícil vivir sus diferentes carismas en un
único mensaje, pero que su evangelización era más provechosa.
9.- No me negaréis, mis queridos jóvenes lectores, que nuestras circunstancias, las de los
que vivimos en un ambiente burgués-capitalista, consumista y hedonista, es adversa a
nuestra Fe. Que más que organizadores, debemos ser evangelizadores. Más que dirigentes,
simples levadura en la masa alejada de Dios.
10.- Pienso ahora en mi proceder culinario. En un aparato echo 370 gr. de agua. 200gr. de
harina integral. 300gr. de harina de fuerza. En total 870 de materias diversas, que si las
dejara por si solas, serían aburrido engrudo. Pero como añado 5gr. sólo 5gr. de levadura,
al cabo de 3h., obtengo sabroso y saludable pan. Olvidaba decir que le he añadido, para
que se animen cada uno de los componentes, unas cucharaditas de azúcar.
11.- En mi larga vida apostólica me he encontrado con personas de muy diferentes
movimientos, con la mayoría de ellos me he sentido muy bien. Algunos, pocos, han
querido conquistarme. Otros, muy pocos, han infravalorado lo que he ido haciendo. Muy
poquísimos, valga la incorrección, la han despreciado. En el precioso jardín de la Santa
Madre Iglesia, Esposa Amada del Señor, proliferan diversas plantas. Preciosas la mayoría,
en su diversidad. Como el Maestro recomienda, me siento unido a todas ellas y trato de
vivir como el Señor me inspira, haciéndome mío el lema de San Francisco de Sales cuando
fue enviado de obispo a Ginebra: donde Dios nos plantó, es preciso saber florecer.
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