Los países de Latinoamérica, podrían superar su estatus de ser

Anuncio
“I Jornadas sobre Pedagogía de la Formación del
Profesorado: prácticas e investigaciones, en el marco del
Bicentenario”.
La Capacitación en Ciencia y Tecnología en América Latina como factor de
Desarrollo.
Categoría: Ponencias resultados de la investigación
Área temática: La investigación en educación en contextos de formación profesional:
Resultados de investigaciones realizadas
Prof. Daniel Vazquez
UNMDP-Argentina
[email protected]
Prof. Hernán Morales
UNMDP-Argentina
Prof. Karina Bianculli
UNMDP-Argentina
[email protected]
Resumen
En el presente trabajo se analizan las políticas estratégicas, relacionadas
directamente con la investigación en ciencia y tecnología en los países de
Latinoamérica, donde la vinculación entre la educación e investigación científica
no ha logrado configurase dentro de la agenda política de los estados nacionales.
Apelando a un recorrido histórico de este proceso nos proponemos rescatar las
características de la relación entre la capacitación en ciencia y tecnología y los
factores de superación económica a nivel regional y mundial, teniendo en cuenta
que esta vinculación es una herramienta de dinamismo político.
Palabras claves: ciencia y tecnología-desarrollo-América Latina
Acerca del origen de las publicaciones científicas
En el siglo XVII, con la proliferación de diferentes tipos de asociaciones científicas,
destinadas a transmitir y promover el conocimiento científico y tecnológico, entran en
escena, nuevos mecanismos de divulgación científica. Comienza una nueva dinámica de
transmisión del conocimiento: revistas de publicación1, como la Lunar Society de
Birmingham, la Manchester Literary and Philosophical Society o la Derby
Philosophical Society. Las publicaciones de ciencia y tecnología eran de lo más
variadas: teoría sobre la luz, máquinas de vapor, instrumentos de precisión, etc., eran
algunos de los temas de investigación más frecuentes.
La Royal Society, academia científica británica de orientación eminentemente
empírica fue instituida en 1660 y reconocida oficialmente en 1662 por el rey Carlos II.
Junto con otras instituciones europeas similares, como la Academia del Cimento,
fundada en Florencia (1657-1667) y la Académie des Sciences, de Francia, fundada en
1666, y otras, anteriores y posteriores, configuran el impulso científico colegiado que
lleva a la práctica los ideales de la revolución científica.
La Royal Society fue la más importante e influyente de las Academias durante el S.
XVII. Sus primeros miembros fueron los componentes del llamado Colegio Invisible denominación dada por R. Boyle a un grupo informal de científicos, como el caso, de
Newton2 que se reunían periódicamente en casas privadas o en tabernas - médicos y
El verbo publicar deviene de “hacer público”, es decir, salir de la esfera de lo privado, poner
algo en conocimiento de mayor número de personas. Platón y Aristóteles, fueron los primeros en acusar a
los Sofistas de proponer falsos saberes, los sofistas enseñaban el arte de la retórica y la habilidad de la
argumentación. Platón, en uno de sus diálogos afirmaba que los sofistas transitaban el camino de la doxa
(opinión), en contraposición de los verdaderos filósofos que enseñaban en camino de la episteme
(ciencia). El hecho de dar a conocer los resultados de nuestra investigación tiene su origen en el siglo
XVII, cuando algunos científicos, como el caso de Newton, fundaron en Inglaterra la Royal Society, una
revista de divulgación científica reconocida en su época. Antes del inicio de esta revista, los científicos
eran sujetos que investigaban y realizaban sus experimentos en un ámbito privado con escasa conexión
con el espacio público. Esta comunicación entre el ámbito público y el ámbito privado generó el
imaginario científico de la ciencia moderna donde la publicación comenzó a referirse a la creación de
conocimiento, a explicar cómo la ciencia descubre o produce conocimiento indicando, a su vez, un
modelo de aceptación en donde sus expectativas generaban una nueva visión del mundo en lo que se
refiere al sistema de convicciones creadas por la ciencia. John Law (1989). Este autor realizó una
reflexión particular al problema de la redacción de artículos científicos estudiando los conflictos que se
originaban en los grupos de investigación y la desbarnizada competencia que circulaba alrededor de las
publicaciones. También Francoise Bastide (1988) inicia su investigación comentando ciertos artículos
científicos como una trascripción lingüística, en donde sólo una parte de la realidad es presentada en la
narración argumentativa, es decir, utiliza el argumento retórico con el único fin de convencer. Merton
(1958) sostiene que “...la sola posibilidad de la publicación opera como un elemento que direcciona, en
términos cognitivos, una parte de la investigación”. Pablo Kreimer (2003) intenta mostrar cómo, en el
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS), se pretendió instaurar un “campo
STS” sin tomar en consideración a los actores de la sociedad científica, académica o intelectuales que ya
estaban trabajando en el País. Asimismo, Khun (1954) da cuenta de la importancia que posee la
publicación dentro de la comunidad científica en el proceso de divulgación de los nuevos saberes, y de
qué manera la sociedad científica exige un léxico técnico.
2
En 1672, a los 30 años, es nombrado miembro de la Royal Society. En febrero de este mismo
año, comunica en carta dirigida a Oldenburg, secretario de esta corporación, su teoría sobre la
composición de la luz y de los colores, según la cual la luz blanca puede descomponerse, mediante un
prisma, en luces de colores según el índice de refracción, que un nuevo prisma transforma en luz blanca,
1
virtuosos, e incluso aficionados a la práctica de la ciencia compartían los encuentros. H.
Oldenburg, físico y filósofo que se carteó con Spinoza, fue secretario de esta Sociedad a
partir de 1665 e inició y cuidó de la publicación de la revista “Philosophical
Transactions of the Royal Society”; Newton, miembro de la misma desde 1672, fue
nombrado Presidente en 1703 y conservó el cargo hasta su muerte. La llamada Tesis de
Merton, formulada en 1938 por Robert K. Merton, postula una relación directa entre el
espíritu científico de esta Sociedad y los valores del puritanismo inglés, que sostendría
en aquella época que el conocimiento de la naturaleza era útil para el conocimiento de
Dios. Por otra parte, Thomas Sprat, en su History of the Royal Society of London, for
the Improving of natural Knowledge, (1667), relaciona también directamente los
objetivos de la Sociedad de Londres con el ideal de ciencia propuesto por Bacon; otros
sostienen que no puede afirmarse que la Royal Society fuera la culminación de los
ideales inductivos baconianos.
Los científicos e intelectuales británicos de principios del siglo XVIII, identificados
con la filosofía natural de Newton, abrieron nuevos canales de comunicación hacia el
público ilustrado. Esto ocasionó que la sociedad en su conjunto pudiera ser testigo de
los nuevos descubrimientos. De esta forma, los principales actores que generaban
conocimiento científico comenzaron a interactuar con los intereses financieros. Así es
que no sólo floreció el negocio de la fabricación de instrumentos científicos, sino,
también la demanda de expertos en las más diversas formas del conocimiento técnico
y, en 1675, envía a la Royal Society su Hipótesis sobre la luz. Esta Sociedad reconstruye con éxito el
experimento de Newton en su propia sede, el 27 de abril de 1676. La agria controversia suscitada por su
teoría de la luz y el hecho de pasar a representar personalmente a la universidad ante el Parlamento, hacen
que Newton se retire de la actividad científica pública, dedicándose sólo a sus investigaciones científicas
y a experimentos de alquimia. En 1682, el paso del cometa posteriormente bautizado como «Halley» le
incita a reemprender sus estudios de mecánica celeste y la visita del propio Halley, en 1684, le sirve de
ocasión a Newton para revelar su descubrimiento de la (demostración matemática de la) teoría de la
gravitación universal (ver cita). Este mismo año inicia la polémica con Leibniz, con motivo de un libro de
éste sobre el cálculo, acerca de quién debía ser considerado primer descubridor del cálculo infinitesimal
(descubierto por ambos, al parecer, de forma independiente en la misma época); él mismo redactaría, en
1713, el informe Commercium Epistolicum, en que se atribuye a sí mismo la paternidad del
descubrimiento.
Por dos veces, en 1689 y 1701, es elegido miembro del Parlamento como representante
de la universidad de Cambridge; en 1696 es nombrado inspector de la Casa de la Moneda y luego en 1699
director de la misma, cargo muy bien remunerado que le permite renunciar en 1701 a la cátedra de
Cambridge, y en 1703 es elegido presidente de la Royal Society, sucediendo a Robert Hooke (1635-1703)
en este cargo, que desempeña hasta su muerte En 1704 publica la Óptica, o tratado de la luz y los colores,
que reproduce los estudios realizados en su juventud, y en 1705 es nombrado por la reina «caballero». En
1706 aparecen sus lecciones de álgebra que llevan el título de Arithmetica universalis. En sus últimos 25
años de vida Newton ya no publica investigaciones científicas de importancia, y actúa sobre todo como
influyente presidente de la Royal Society y director de la casa de la Moneda. Una serie de manuscritos
dejados a su muerte, conocidos como «Colección Portsmouth», lo revelan como hombre interesado por la
alquimia, la teología y los textos herméticos y los bíblicos, que interpretaba en sentido literal.
(minería, suministro de agua, ingenios mecánicos, etc.).
Los newtonianos de la primera mitad del siglo XVII se encontraban seguros de que
el método experimental empleado era el eficaz; las diversas aplicabilidades científicas
daban cuenta de sus resultados. Esta realidad impulsó una transformación en el
intercambio económico y social.
Según Fèher a diferencia de lo que ocurre en nuestra época, en el siglo XVII el
público participó de manera activa en la cognición de los niveles observacionales y
teóricos; interactuando tanto en los aspectos empíricos y en las interpretaciones, en
busca de la demostración de los hechos y en su potencial justificación: los laboratorios
invadían el espacio público.
A partir de ese momento comenzó a sostenerse que
ninguna persona -
individualmente- podía “tener conocimiento”, y que la mayor parte de las
investigaciones nunca podían dar lugar a un conocimiento justificado. Los resultados
siempre se obtenían en equipo, por medio de métodos cooperativos. Los especialistas
comenzaban a verse relegados a la posición de la persona no especializada: se mezclaba
el obrero, con el científico y la gente del lugar.
“ ...Si bien los científicos, los investigadores y los estudiosos son conocedores,
la relación entre especialista y no especialista está presente en el interior de la
estructura del conocimiento; y el especialista es especialista sólo parcialmente, ya que
a menudo adopta el papel del no especialista en el interior de su propio campo”
(Hardwig,1985, p. 346).
La autonomía intelectual del individuo es ilusoria, tanto en el caso del
especialista como de la persona no especializada. En el siglo XVIII comienza a ser
sancionada una autoridad cognitiva.
“Como lo expresan los sociólogos del conocimiento: si asentir a una
justificación epistémica supone, entre otras cosas, aceptar socialmente un enunciado de
conocimiento, y un beneficio fundamental por haber asentido a esa justificación es el
poder hacer pronunciamientos con autoridad, entonces asentir a una justificación
epistémica no es sino una manera encubierta de, o -como argumenta Fullers- no tiene
otro efecto sino el de repartir el poder”. (Fèher, 1990, Pág. 8)
A partir del siglo XVIII los autodidactas sólo tienen lugar si logran ser aceptados
por la comunidad especializada, el dominio intelectual de la comunidad científica
descansa así bajo su tutela: “Haciendo un razonamiento inductivo, cabe decir que la
participación del público no especializado en materias científicas parece ser requerida
por ambas partes -especialistas y no especialistas-, en la medida en que -como en el
siglo XVII- la unidad paradigmática de la ciencia no puede mantenerse más.” (Fèher,
1990, Pág.12)
Daston y Park (1999), proponen un análisis de los fenómenos explicativos,
donde se intenta interpretar puntos de inflexión y diversas consideraciones que
suscitaron cambios en la historia de la ciencia.Esta postura se encuentra en
contraposición a la explicación monocausal de los hechos enmarcada desde una visión
unilateral
y lineal.
Merton,
en
cambio,
plantea
un
análisis
bibliométrico
(scienciometrics) y biográfico (prosopography) relacionando su postura directamente
con datos geográficos, históricos y sucesos temporales, donde el resultado de los datos
indican un camino de etapas sucesivas para explicar el progreso del conocimiento y
aquel vínculo normativo que de desarrolla en la comunidad científica. 3
Otra diferencia metodológica, puede percibirse en la manera de rastrear los datos
que originaron la historia de la ciencia: según Merton (1958), la concatenación de
características que sirven para explicar el origen y evolución de la historia de la ciencia,
surge a causa del protestantismo inglés que reemplaza el paraíso celestial por el paraíso
terrenal. También cabe destacar la inmigración de los Británicos a Norteamérica, donde
hallan un territorio propicio para desarrollar sus potencialidades intelectuales y posturas
religiosas de manera libre. Por otro lado, Daston y Park interpretan la historia de la
ciencia desde características que operan antológicamente, donde los significados
adquieren claridad y operatividad a partir de la co-existencia y la superposición de
complejos explicativos que dan a entender los acontecimientos: “Daston y Park
sostienen que esa marcha hacia la naturalización de las maravillas es una ilusión,
creada por una unanimidad novedosa entre los intelectuales de fines del Siglo XVII y
que esa unanimidad es el fenómeno que necesita ser explicado.” (Podgorny: 2009).
Desde estas premisas, Cook destaca la importancia del contacto cultural y social
con otros puntos geográficos del globo terráqueo, lo cual nos lleva a analizar el
desarrollo de la historia natural no sólo en puntos específicos de Europa, sino que es
necesaria la inclusión de fuentes provenientes de Asia, África y América. Esta realidad
implica, a su vez, el progreso de la tecnificación en los medios de transporte y la
3
La postura de Daston y Park intenta abordar los acontecimientos, progresos y
revoluciones científicas en torno a la comprensión (hermenéutica – ontológica) de las diversas esferas de
expresión (arte, religión, política) en la historia de la ciencia distanciándose así del funcionalismo
sistémico y normativo.
comunicación que favorecieron la inclusión de diferentes conocimientos, costumbres,
habilidades técnicas y militares que fueron significativas para fomentar el intercambio
de bienes y consumo. El resultado fue incentivar la carrera hacia la especialización en
los diversos campos de estudio.
Shapin y Schaffer (1994) hacen hincapié en que la ciencia experimental al nacer
precisaba y presuponía, simplemente para existir y ser aceptada, la presencia de un
grupo de personas como testigos.
Porque, en primer lugar, la ciencia experimental
había sido definida en este momento por sus representantes como una empresa
fundamentalmente colectiva y cooperativa. (Cf. Elena, 1987, pág. 10); en segundo
lugar, el valor de la evidencia (que se ganaba con la presencia de testigos en el curso de
la experimentación) dependía del número, variedad e incluso calidad de los testigos
reales o potenciales (publicaciones en revistas de divulgación científica).
Es oportuno aclarar que los naturalistas italianos, eran unos de los referentes de la
“República de las Letras” donde presentaban sus teorías acerca de la naturaleza. Muchas
veces no eran científicos ni filósofos, más bien eran mercaderes que intercambiaban
artefactos, mercaderías, libros y otros tipos de documentos donde se acumulaba un
diverso caudal de información. Ellos eran “asistentes invisibles” en la producción del
conocimiento.
Si bien las observaciones se realizaban en los laboratorios, los
“asistentes invisibles”, radicados en el anonimato, proveían técnicas a los naturalistas
con aparatos tecnológicos
e información informal acerca de los misterios de la
naturaleza.
Boyle revela el aporte y la ayuda de los técnicos (Hooke y Papin) en sus
laboratorios privados. Muchas veces sus yerros fomentaban la observación y
recomendación de los técnicos y operadores para posibilitar la experimentación. Vale
destacar, que en los espacios públicos los técnicos y operadores quedan en el
anonimato. Tal vez una de las razones era que ellos manejaban las máquinas pero no
producían conocimiento. Esta característica ubicaba a los técnicos en el status de
hombres no libres. Según Shapin, estos hombres no participaban en los experimentos
públicos por ser simples asalariados. La demostración de los experimentos científicos se
daba en espacios públicos ante investigadores y otros referentes de importancia en la
escala social. Dentro de los testigos debían encontrarse de manera obligatoria los
caballeros (Nobles). Esto constituyó una práctica obligatoria para la producción de
conocimiento. Así el conocimiento podía ser verificado y corroborado por los más
prestigiosos actores de la sociedad. Los testigos competentes y otros desinteresados
compartían los resultados del experimento en espacios libres. De esta manera, los
testimonios acerca de los nuevos progresos en el conocimiento otorgaban legitimidad a
las teorías y favorecían la circulación de los testimonios.
En lo que respecta al
entrenamiento, formaban parte los técnicos y otros actores secundarios que posibilitaban
la organización técnica y de infraestructura para realizar las investigaciones.
Shapin afirmaba que, “trying” (prueba) fue una práctica que se daba en espacios
privados dado que el desarrollo de una teoría incluye cierto grado de incertidumbre en
lo que se refiere a la posibilidad de demostración experimental, en tanto que “showing”
(demostración) tuvo lugar en exponer las teorías y sus resultados en los espacios
públicos.
La interacción entre estos dos ámbitos permitió la circulación del
conocimiento (discoursing) y puso de manifiesto las observaciones experimentales
donde también se evaluaba las teorías (enunciados) y su correspondencia con los
experimentos con el fin de legitimar y mostrar la validez de sus conocimientos.
¿Pero que sucedía en los laboratorios de investigación en el siglo XIX? Schaffer
(1993) apunta que a principios del siglo XIX en primera instancia los museos,
hospitales, jardines botánicos y observatorios eran los principales espacios donde se
practicaban experimentos y se enseñaban diversas ciencias. Luego este tipo de prácticas
comienzan a llevarse a cabo en laboratorios particulares. Los secretos de la naturaleza se
descubrían en presencia de un número reducido de investigadores; la eficacia de los
instrumentos dependía enteramente de la seguridad que ofrecían los laboratorios
Schaffer, en su texto Un monde apprivoisé, sostiene que en 1847 Siemens
construye un nuevo tipo de telégrafo para ampliar los canales de comunicación en las
tierras del Reich. Este tipo de comunicación sería de gran avance en las actividades
bélicas.
Así es que, Siemens funda el Instituto Imperial Físico – Técnico de
Charlottenbourg. La fundación de este tipo laboratorios tiene su impacto en las tierras
de Gales donde William Thomson sostiene que el museo, el jardín británico y el
observatorio eran modelos. Así los museos se transformaron en lugares educativos y de
exposición de conocimientos y los laboratorios como centro de investigación y prácticas
científicas.
Sin embargo, enfermedades como la fiebre tropical, influyeron en la
instalación de laboratorios “extra muros”.
Los laboratorios en 1870 ya eran una
institución capaz de establecer normas. La metrología constituía una disciplina decisiva
que garantizaba el valor y utilidad de la ciencia.
En 1898, un grupo de psicólogos naturalistas de origen británico comenzaron a
estudiar y observar los comportamientos de los indígenas en el laboratorio de
psicología. Boyle (siglo XVII), uno de los hombres más ricos de las Islas Británicas,
llevó al colegio de Oxford al arquitecto Christopher Wren y al experimentalista Robert
Hooke. Este pequeño grupo organizaba encuentros semanales para mejorar y conducir
los experimentos. Esta conexión de la Royal Society y los laboratorios fue el camino
para crear los colegios invisibles. Tanto el laboratorio de Boyle como el laboratorio de
Siemens tienen una similitud que radica en la necesidad de explicar y encontrar las leyes
que regulan a la naturaleza. No obstante, Siemens es uno de los precursores en la
formación de técnicos e investigadores orientados para un mismo fin. A su vez, la
relación de Siemens con el Ministro del
Interior fomentó las oportunidades de
conseguir subsidios y financiamiento para llevar a cabo investigaciones científicas que
se extendían también a proyectos políticos, incluyendo así la optimización en la
organización bélica del ejército prusiano.
También podemos hallar una diferencia en la introducción de la psicología como
un intento de conocer no sólo los movimientos (fisiología) sino también la conducta y la
experiencia humana. Todas estas disciplinas conformaban un conjunto homogéneo de
la ciencia. Recordemos que Boyle investigaba la química orgánica, su combustión y la
combinación de los gases.
Los laboratorios a fines del siglo XIX se volvieron
indispensables y se conformaron como agencias eficaces que posibilitaban los cambios
y la posibilidad de manipular y comprender el resto del mundo: “En contraste con ellos
(haciendo referencia a los espacios denominados museos en el Renacimiento), un
museo, en nuestros días, designa una colección de objetos presentados al público
general bajo la forma de exhibiciones permanentes ligadas por su origen a la definición
de una ciencia, una historia y un arte nacionales en el marco de los estados-nación del
siglo XIX. Un museo moderno implica, por un lado, una relación estable o permanente
entre la colección y el espacio público donde se exhibe; por otro, el pasaje del deleite y
la contemplación privada de los tesoros personales a una publicidad y un orden
creados por el mismo museo” 4
A modo de cierre
Si los laboratorios de investigación, en el siglo XX se encuentran en la mayoría
de los casos en el ámbito de las Universidades, cuál es el rol de la publicación en el
mundo académico para la concretización y consolidación de proyectos de investigación
4
Podgorny, Irina (2005), “ La mirada que pasa: museos, educación pública y visualización de la
evidencia científica”, en Historia, Ciências, Saúde-Manguinhos, Rio de Janeiro
a corto y largo plazo:
“ ...Una consecuencia directa de todo esto es que dos mundos hasta hace no
mucho totalmente separados, regidos por lógicas que en algunos aspectos más que
diferentes eran antagónicas, empiezan a acercarse, a dialogar y también a enfrentarse.
El nudo problemático tiene que ver con cuál de las lógicas prevalecerá. La de la
búsqueda de un conocimiento que amplíe la comprensión que tenemos del mundo, con
los tiempos que ello requiera y con libertad para cambiar de rumbo aunque los plazos
se alarguen, no es compatible con la lógica que se debe a la rápida explotación de los
resultados a efectos de incrementar o al menos no erosionar ventajas competitivas. La
lógica del secreto es norma en la producción, pero es intolerable en el marco de la vida
académica. Y finalmente, más allá de las diferencias en las lógicas de ambos mundos,
aparece el problema “motor” de todo lo que sigue: ¿quién define la agenda de
investigación?; ¿sobre quién recae la responsabilidad de decidir por qué caminos se
buscará lo nuevo?; ¿de los infinitos senderos que conducen a lo nuevo, con qué
criterios se decidirá cuáles serán efectivamente recorridos?” (Sutz, Judith; 2002; pág.
238)
Este es uno de los inconvenientes que ha plasmado verdaderas grietas entre lo
que produce en las universidades y el relativo grado de valor que se adhiere a
determinada región de la producción académica. En el interior de las entrañas del
estudio de la innovación, debemos comenzar a percibir una especie de comprensión del
a priori de la publicación con intenciones claras de delinear la producción de
conocimiento que se desea: “Deberían tener una relación estrecha con los estudiosos
de las ciencias políticas: es probable que estemos siendo testigos de una
transformación no menor en las responsabilidades del Estado, puesto que éste se
enfrenta a un nuevo espacio de articulación, de negociación y de regulación
configurado por las transformadas relaciones entre academia y producción en la era de
la sociedad global del conocimiento”. (Sutz, Judith; 2002; pág. 240)
Sin duda, esto no es otra cosa que un cambio en la política del mundo
desarrollado, aunque este cambio comenzó a entrar en vigencia hace tan sólo 30 años, el
andamiaje de las tradicionales políticas de ciencia y tecnología se modifica hacia una
nueva política de innovación. El nuevo giro político desencadena una restructuración en
la conducta de los actores académicos, la experiencia retrospectiva expone una
novedosa forma caratular el ordenar las investigaciones.
Las viejas políticas de investigar, de crear y recrear grupos de investigación,
demuestra que no es suficiente la inversión en ciencia y tecnología, nuevas perspectivas
de mercado ocupan la atención de los grupos académicos, los ecos de los gritos de la
economía direccionan una nuevo punto fuga, este punto de fuga es conocido como
“publicar para permanecer”. Como fue en la pintura, la perspectiva reorganizó las
medidas del ordenamiento de los objetos del cuadro, la perspectiva de la publicación
académica reorganizará la agenda de la producción, y con ella un nuevo estatus en la
evaluación productiva.
“La excelencia académica no alcanza para la toma de decisiones y las acciones
de lobby, siempre importantes en política, cualquiera sea su tipo, no pueden ser las
únicas que definan el rumbo futuro de la agenda. Es decir, la autonomía de la
academia en términos de la orientación de la agenda de investigación se ve doblemente
erosionada: a la pretensión del Estado y de los actores productivos de intervenir en su
definición debido a la importancia económica de las decisiones que por esa vía se están
tomando, se suma su dificultad para decidir endógenamente qué caminos seguir en
condiciones de restricciones económicas.” (Sutz, Judith; 2002; pág. 241)
El problema se complejiza cuando hablamos de supervivencia de la
investigación, una cosa es cuando hablamos de políticas de innovación y otra muy
distinta es hablar de lo que sucede en los grupos de investigación, como estos deben
reorganizarse en función de obtener fondos para mantener vigente sus investigación. El
problema del financiamiento sigue siendo el principal inconveniente, los métodos de
evaluación académica se encuentran regulados por determinados condicionantes de
políticas de innovación, distorsionando la natural intermediación entre la producción
academia y su vinculación en sus publicaciones en la sociedad. Así, la universidad se
transforma en un elemento de generación de bienes y servicios, delimitando así su la
agenda académica.
Las ciencias básicas, las humanidades, aquellas disciplinas de las ciencias
sociales cuyo objetivo no esté dirigido a apoyar decisiones concretas, se verán así en
clara desventaja, compitiendo internamente por recursos menguantes y sin tener
posibilidades de echar mano de apoyos externos. Las tensiones en el interior de las
universidades crecerán y no es fácil imaginar qué tipo de políticas serían necesarias.
Esta es una evidencia del relativo grado que adquiere la autonomía académica y
de que manera se relacionan con los intereses de mercado para sociabilizar un
determinado control de aquello que se investiga en las universidades. Así muchas de las
publicaciones de las investigaciones se transforman en artilugios retóricos que sólo
sirven para entrar en negociación entre las instancias de la auditoría y la evaluación.
El tema a discutir, es la función que adquiere la universidad en el mundo de hoy,
instaurando el perfil del conflicto entre la actividad investigadora y la incursión de
dicho resultado como elemento de bonificación económica para la consolidación de los
intereses del Estado. Pero de ser así, no estaríamos contraponiéndonos a la condición
autónoma que posee la universidad; dado que por tal motivo, la investigación se
encuentre coartada en relación a los beneficios financieros que acrediten su efectividad
y su permanencia en el mundo académico.
Así llegamos al punto donde el científico se encuentra influenciado por dos
intereses; uno deriva de que las implicaciones materiales de sus investigaciones sean
coherentes con su proyecto de investigación previamente planteado y, el otro, muy
distinto, es aquel factor referente a los compromisos que debe cumplir (publicaciones)
para acceder a los subsidios económicos para el mantenimiento de su proyecto de
investigación.
La actividad científica no sólo debe ser un trabajo de laboratorio sino que
también
los investigadores, bajo estas pautas, deben aprender a construir papers.
Entendiendo este imperativo no sólo se verán en la función de describir la situación o
experimentación potencial o realizada, sino más bien, que deben esforzarse
por
aprender a persuadir a la comunidad científica por medio de artilugios lingüísticos muy
confusos en ciertas ocasiones con el fin de demostrar que sus escritos poseen sentido.
“Así se advierte de la secuencia anterior que la concepción del artículo como momento
de llegada del proceso de investigación científica, pasamos a un análisis en el cual la
posibilidad de obtener un material que pueda adquirir la forma retórica de un artículo,
que pueda ser adecuadamente negociado y publicado en una revista en particular, no
se encuentra al final, sino en el comienzo y a lo largo de todo el proyecto de
investigación (Kreimer, Pablo; 1998; pág. 52).
Los investigadores son conscientes del riesgo que conlleva pasar un largo tiempo
sin publicar, aun cuando ellos mismos sepan que determinadas investigaciones
requieren de un largo período de experimentación. En ese caso, el investigador se
encuentra condenado a escribir cuestiones preliminares, que no hacen a la razón de
fondo y que no son demostraciones reales del proceso de investigación, y que, en
muchas ocasiones, no tiene relación con los resultados esperados en la experimentación
proyectada previamente.
El desarrollo económico condiciona, en cierta manera, la experiencia de lo que se
debe investigar, la misma política investigativa universitaria tiende a la misma
acreditación de aquello que se considera mejor investigación que otra. “Uno de los
resultados de esta situación es la proliferación de los fondos concursables y, con ello,
una alteración significativa de las rutinas de trabajo que agregan al viejo eslogan
“¡publicar o morir!” el más nuevo “¡presentar proyectos o morir!” (kreimer, Pablo;
1998; pág. 56)
Determinados actores directos e indirectos de la academia, concientizan la
presencia de un peligro, el relativo desenvolvimiento para la integridad de la
investigación académica. La sospecha surge del temor de que un mayor involucramiento
con la industria y el comercio distorsionarán el papel central que ocupa la investigación
y la docencia académicas para el desarrollo social de los Estados.
“A la necesidad de afinar sus mecanismos debido a la explosión de
investigadores y temas de investigación, que diera lugar a una aplicación directa de la
cientometría –típicamente la cuestión de las citaciones de trabajos- se suma ahora el
volumen inmenso de evaluaciones asociado con las solicitudes presentadas a las más
diversas modalidades de fondos concursables. Está emergiendo una cuasi-profesión, la
de redactor de propuestas, y de la habilidad para ejercerla depende cada vez más la
perspectiva de líneas disciplinarias enteras. Con fondos crecientemente escasos frente a
demandas cuyo número es imposible satisfacer, los mecanismos de evaluación pasan a
ser uno de los núcleos más delicados de la vida académica. La “apertura forzosa” de
ésta a la injerencia externa plantea tensiones de difícil resolución, puesto que la
excelencia deja de ser suficiente como elemento de juicio.” (Sutz,Judith, 2002, pág.
138).
Bibliografía
-
Arocena, R. 2003, Problemas del Desarrollo en América Latina, (UNQUI).
-
Daston, L. y Park, K. 1998, Chapter V, VI. Monsters: a case of study en
Wonders and the order of nature. Londres.
-
Kreimer, P.2003, Demoliendo Papers, Universidad Nacional de Quilmes,
Revista Redes.
-
Kuhn, T. 1971, Introducción: un papel para la historia”, en La estructura de las
revoluciones científicas. Siglo XXI. Buenos Aires.
-
Podgorny, I. 1997, De la santidad laica del científico: Florentino Ameghino y el
espectáculo de la ciencia en la Argentina moderna, en Entrepasados, Revista de
Historia.
-
Podgorny. I. 2002, Ser todo y no ser nada. El trabajo de campo en la Patagonia
argentina en el siglo XIX en Visacovsky, S.-Guber, R Historia y estilos de
trabajo de campo en la argentina. Ed. Antropofagia, Rosario.
-
Pyenson, L. 2002, Historia de la ciencia y la tecnología, UNQUI.
-
Sutz, J. 2002, Problemas avanzados de la producción en Latinoamérica, UNQUI.
Descargar