Fuentes 10

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EL MONERIIISMO
LR PROSR DE
'J
MRIOtlE OOrIZRLIZ rnRHTÍnu
JosÉ Francisco [onde 0rtega
afectó, primordialmente, en un aspecto: la vida pública
deja de absorber al escritor, por lo que la labor intelectual
se desarrolla aparte de la acción política que, por otro
lado, casi no existe. En la circunstancia de una paz prolongada,la literatura mexicana alcanza un florecimiento singuhasta la hoguera del sol en
lar aunque -escribe Carlos Pereyra- la verdadera amnistía se
dio en las páginas de E/ Renocimienfo, donde escribieron
un biplano con las alas de
todos, o casi todos los escritores que muy poco antes ha-
¡Y
yo que pretendía llegar
cera!...
bían sido enemigos. Se inician proyectos culturales, como
Enrique González Martínez.
la fundación de la Academia Mexicana de la Lengua, y
s€
sientan las bases para que surja la etapa más rica del mo-
dernismo, cor"l sus dos importantes órganos de difusión: la
ff
|
lJ
on la instauración de la República,
en
1867, se inicia una nueva etapa en
la
Revista Azul (1894-1896)
y, en su apogeo, la Revisto Mo-
derna (1898-1911). Veinte años después de la publicación
historia política de México; y, desde
de
E/ Renacimienfo, cuando comen zaba
a agotarse la vi-
luego, las letras ofrecerán, a partir de enton-
gencia del programa nacionalista y se iban madurando los
ces, un nuevo aspecto. luárez comienza su
signos del cambio de orientación estética, Altamirano fue
gobierno sin demasiada crueldad. Después
nombrado cónsul general en España. Para despedir
al
de los acontecimientos del Cerro de las Cam-
maestro, los miembros del Liceo Mexicano organizan una
panas, los personajes que intervinieron en el
velada literaria la noche del 5 de agosto de 1889, y Cutié-
sueño imperial son condenados a prisión o al
rrez Nájera, "el soldado raso (que) presenta armas a su general en jefe", reconoce el magisterio de Altamirano. Pero,
destierro. Poco después se decretó la amnistía. Muerto luárez en 1872, lo sucedió en la
presidencia Sebastián Lerdo de Tejada,
además, el Duque /ob estaba consciente de que él mismo era
uno de los iniciadores "más sensibles y persuasivos"l de la siguiente etapa que, una vez reafirmada la intención naciona-
quien fue derrocado y se desterró volunta-
y la universalidad
riamente. El vicepresidente, José María lglesias, pretendió, con tal carácter, asumir el
lista, buscaría conquistar la libertad
poder; pero cayó, a su vez, al triunfar la fac-
se volvía color local
ción que encabezaba Porfirio Díaz. Durante
el largo tiempo comprendido entre 1867 y
1910, México sufrió hondas transformaciones en lo político, económico y social. En lo
que a las letras se refiere, la situación las
iba iniciando y adquiriendo coherencia una nueva estética.
de
Ia expresión artística.2 Al m¡smo tiempo que el nacionalismo
y pintoresquismo, de una manera suti!
se
Desde 1876, fosé Marti quien residía en México y tenía 23
años, y Gutiérrez Nájera, quien tenía 1 7 , habían comenzado a
manifestar en sus versos y, sobre todo, en su prosa
cas
y artículos- nuevos recursos de estilo y, antes que todo,
FsnnnnS
Zg
<róni-
una nueva sensibilidad. Gutiérrez Náje-
dría afirmarse que la influencia más
ra expone con lucidez los principios de
certera del modernismo fue la literatu-
se ha ensanchado; actualmente debe
una nueva estética en la serie de artícu-
ra misma. Los modernistas afirmaron
entenderse como un arte epocal,
como manifestación Iiteraria de una
los "El arte
y el materialismo"; y
mo, en sus dimensiones ideológicas,
José
abiertamente que en el gusto por la li-
Martí, en E/ presidio político en Cubo,
publicado en 1871, da las primeras
teratura, por el placer estético y en el
goce sin preiuicios está su verdadero
época regeneradora de la cultura deci-
notas de ese "nuevo estremeciento".
Con el modernismo surgió una nueva
programa. Ese gusto sin ataduras, sin
temores, por lo propio y por lo ajeno
espíritu revisor en lo lingüístico, esti-
literatura. Y sus causas son tantas o
más que aquellas que registran los
es también la raíz del tan insistido
una época. Por Io tanto, rebasa Ios lí-
cosmopolitismo, amén de Ia partici-
manuales literarios. Muy pocas veces
pación de los países de América en un
mites generacionales. Al modo del Barroco, que tan larga y fértil vida tuvo,
se ha tenido en cuenta la historia de la
espíritu de renovación espiritual que
se daba en el mundo. La intención,
tan de moda en estos días, por la literatura como lenguaje la tuvieron ya
misma literatura hispanoamericana;
quizás el rastreo tan minucioso de influencias haya hecho perder de vista
un aspecto simple y claro: también la
los modernistas. Si el modernismo sig-
historia literaria de Hispanoamérica nificó un cambio; lo fue -ante todo- a
explica mucho del nacimiento y carác- través del lenguaje. También aquí la
ter del modernismo. Junto a las in- crítica tradicional ha perdido de vista el
monónica. El modernismo supone un
lístico y metafísico, como producto de
e! modernismo se prolonga y se tradu-
ce en una preocupación y una actitud
perenne, visibles en el arte inventivo y
en la esmerada expresión literaria.s
Reconociendo diferencias, y pensando más bien en las semejanzas,
parece lícito decir que el modernis-
mo, como arte epoca! y como legado
ideológico, sobrevive en la literatura
de hoy, y se patentiza en obras del
fluencias extranjeras existieron otras
que la propia literatura hispanoameri-
subrayar galicismos, neologismos, indi-
cana ofreció, haciendo posible, por
genismos y arcaísmos, identificando
momento porque los artistas actuales
y Iocales, la aparición
del modernismo. En primer lugar, la
segunda generación romántica en
lenguaje con vocabulario. Los moder-
son, como llamó Ricardo Cullón a los
nistas fueron más allá. Entendieron que
modernistas, "Edipos sin esfinge" fren-
cambiar la literatura era cambiar la len-
te a la "misma tiniebla". Ahora bien,
América tuvo características muy espe-
gua, como posición, como actitud y
toda la utilería de la cultura humanista
ciales: fue desapareciendo el repentis-
con una nueva sensibilidad.a
que hoy nos parece exótica y ajena
mo y la idea de inspiración para ser
paulatinamente reemplazados por el
Debe rechazarse el concepto del
modernismo como una literatura de
estetas dedicados al cultivo del arte a
espaldas de la realidad. El modernis-
medio americano, en tiempos de los
modernistas formaba el sostén de instrucción de Ias clases media y alta, y
causas históricas
oficio y una mayor conciencia del
hacer Iiterario. Es así como en esta
objeto, ya que ésta se ha detenido en
al
resultaba tan familiar como ahora
época comienzan a adquirir más im-
pueden ser los personajes de televisión
portancia los estudios filológicos y
gramaticales (Bello, Cuervo, Caro,
y
Nervo);
La búsqueda de Ia forma po!ítica
y resurge también la traduc-
ción como género. Comienza,
los cómics.7
perfecta era una manera que tenían los
modernistas de constrarrestar la certidumbre de saberse fugaces. El cuidar
la forma era un acto moral.s El modernismo es, en última instancia, la
apropiación de un lenguaje. Los poetas modernistas -y desde luego los
mexicanos- hicieron suyo el español.
Lo sometieron a !a prueba de los esti-
así, a
traducirse mucha literatura extranjera;
y a estudiarse con un criterio distinto
la Iengua y Ias literaturas nacionales. A
todo esto debe agregarse la aparición
de un género que instaura una verdadera tradición en América: el ensayo
de interpretación. La búsqueda de Ia
individualidad y su realidad histórica
dio ejemplos tan válidos por su contenido como por su valor literario.3 Po-
los universales para hablar de su expe-
riencia vivida
y de la naturaleza
sociedad de su país.e
LI TTRflTlJ
50
R
fl
y
la
fupectos de primordial importancia
para la mentalidad modernista fueron
la búsqueda de la individualidad en la
expresión, la imagen del escritor como
artista, la noción de la correspondencia
de las artes
y
las letras, el concepto
del idioma como territorio de conquis-
ta. Elevado así a categoría estética
el
ejercicio de !a prosa, se amplían sus ma-
ca.l0 Estos antecedentes anuncian
el
nifestaciones para incluir el poema en
cambio que se operará a partir del últi-
prosa propiamente dicho; el miniaturis-
mo tercio del siglo XlX. En 1871 fosé
mo, verdadero trabajo de orfebrería
Martí publica
que puede ser relato, cuadro descripti-
El presidio
político
en
dad y la riqueza imaginativa. El punto
de partida fue, en la mayoría de los
casos, la realidad, pero nada más
como un pretexto para hacer literatu-
Cuba, obra en la que ya aparecen las
ra. La crónica fue adquiriendo, de este
vo o semblanza; la crónica periodística,
cualidades que luego serán los rasgos
elevada al rango de literatura por su
estilísticos más relevantes de la prosa
modo, el carácter de una variación
cuyo tema pudo o no haber existido,
de
modernista: intensidad, ritmo, color,
pero que el temperamento del artista
viaje, dedicada no a describir países ex-
innovación sintáctica. Desde sus primeros escritos en prosa, Martí señala
convierte en otra realidad: la literaria.
elegancia
y ligereza, y !a relación
traños, sino a captar tas sensaciones det
viajero. Entre los géneros tradicionales,
la novela parece preferir, ya recreaciones históricas de edades pretéritas o
mundos exóticos, ya conflictos de per-
las cualidades que serán, más
tarde,
las
de toda una manera de concebir el oficio de escribir. La prosa de Manuel Gu-
y siempre en ambientes refinados o
tiérrez Nájera representa un aporte y
un complemento necesario para la
consolidación de la prosa modernista.
sonalidades artísticas
o
hipersensibles,
El poema
en
prosa permitió a los escri-
tores modernistas materializar el ideal
de unir el verso a la prosa. El modernis-
mo, verdadera estética de la armonía,
vio al mundo como un sistema regido
por las leyes del ritmo. Por otro lado,
el
ensayo modernista tiene, también, ca-
morbosos por enrarecidos. El cuento,
La gracia
se
racterísücas propias. Deja atrás la comba-
más inclinado al lirismo, reincide con
advierten en muchos de sus poemas,
tividad y el apasionamiento ideológico
frecuencia en los temas anteriores, ex-
tienen en su prosa la virtud de crear un
plorando mundos fantásticos, raros,
anormales. Por su parte, e! ensayo y la
equilibrio constante entre imaginación
del ensayo romántico para ofrecer un
equilibrio que conjuga con el ensayo
y deliberada frivolidad que
características de otros géneros. El en-
crítica se acicalan también con los re-
y naturalidad, subjetividad y gracia. La
renovación no se limitó a la frase y su
sayo deja el puro planteamiento de
cursos artísticos de! momento; pero,
prosodia; hay en sus relatos, y sobre
ideas y se va expresando con una rara
como el cuento, frecuentemente se car-
todo en sus crónicas, una nueva mane-
flexibilidad que lo sitúa armónicamente equidistante entre arte y pen-
gan de emoción lírica y entonces dejan
ra de componer, en la que !a esponta-
una representación de! mundo: una
visión impresionista del arte. La prosa
hispanoamericana del siglo pasado
posee, ya con la segunda generación
romántica, características individualizadoras. Domingo F. Sarmiento, fuan
Montalvo, Eugenio María de Hostos e
lgnacio Manuel Altamirano son escri-
neidad y la sorpresa alternan con una
artística elaboración. La crónica es más
samiento. El modernismo ha sido el
primer gran intento de América por
el resultado de las circunstancias que
expresar su individualidad. Una indivi-
de una deliberada preceptiva. El auge
una nueva necesidad; y esa necesidad,
dualidad que también artísticamente
fue el resultado de una problemática
diversidad, la misma que integra su
un nuevo género. La mayoría de
compleja realidad histórica. El moder-
del períodismo de finales del siglo crea
esas
crónicas fueron escritas en las mismas
nismo se propuso Ia difícil empresa de
redacciones de los periódicos, según
crear un estilo; y que ese estilo sirviera,
era costumbre; de lo que se deduce
que, como género, la crónica obede-
a su vez, de cohesión. Puede decirse
distinta, en la que el ideal artístico
hace posible un pensamiento com-
ció a las leyes de la improvisación, de
na mucho !e debe a la aventura estéti-
ahí sus principales cualidades: la varie-
ca del modernismo.ll
tores en cuya prosa se muestra claramente una personalidad original y
prometido con su realidad históri-
F"r,*m.tS
5l
que, hoy, Ia literatura hispanoamerica-
dernista" que reineba en la ciudad de
los, esta poesía es plenamente de
edad, pertenece al grupo formado por
México, sus poemas respondían
nuestro siglo y de nuestro mundo.13
Nervo, Urbina, Tablada, Lugones, Va-
deseo modernista de castigar la forma
Enrique González Martínez, por
su
al
lencia y faimes Fryere. Sin embargo, es
hasta someterla a los rnodelos artísticos
después de 1910 cuando logra sus
mejores libros y se convierte en uno
de los poetas mayores de Ios cenácu-
que los parnasianos franceses recomendaban. Pero fue en los dos libros
los literarios. Como Lugones y Urbina,
siguientes -Silénter,1909 y Los senderos ocultos, 1911- donde González
fue admirado y seguido por los ióvenes
que, un poco después de 1920, apare-
Martínez fue capaz de causar admiración por Ia límpida serenidad con que
cieron "rompiendo a pedradas las lám-
interrogaba los misterios de la existen-
paras modernistas".l2 Luis
c.
Urbina se
dolía, en España, porque sus versos
obra en prosa de Enrique González Martínez es breve: su autobiogratía
La
en dos volúmenes -El hombre del Búho,
1944 y Lo opocible locura, 1951-; Algunos ospectos de la lírico mexicono, dis-
curso de recepción en la Academia
Mexicana de la Lengua, de 1932; tres
cuentos -Uno hembra, 1895; Lo chiquillo, 1907; A vuelo, 1908-; discursos,
cia en una poesía lírica, personal, sin
contar los accidentes de la vida, sino
traducciones y prólogos. Aquí nos inte-
su autobiografía sumamente decantada con la ese.':cia de sus emociones y
y los cuentos.
resan la autobiografía, el ensayo crítico
Dejemos que el poeta nos hable:
sus pensan¡¡entos. González Martínez
Enrique Conzález Martínez nació en
se vuelve hacia esa parte de la poesía
Guadalajara, donde transcurrieron los
que está nruy cerca del silencio: la exy ornamental, sino la del recogimiento y
primeros 25 años de su vida. Cuando
a los 22 años obtuvo su título de médico ya había publicado en los periódi-
la reflexión.
cos algunos cuentos, artículos de crítica,
quisitez verbal. No la exquisitez estéril
En todos los libros de Enrique Gon-
zález lvlartínez se conserya su inicial
tono de nobleza, de austeridad, de fi-
poemas originales
Shakespeare
y
y traducciones
de
de Poe, pues desde los
bancos de la escuela se había aficiona-
poetas que hacen piruetas cuando en-
do a escribir. Todavía la literatura no
era para él más que un PasatiemPo
vejecen paiü atraerse a los ióvenes. No
halr sp sr¡s libros saltos en el vacío de
aristocrático, según su propia confesión. "Me gustaba afectar cierto des-
una estética a otra, slno ascensión de su
dén por mis trabaios poéticos." Fue a
ejercer su profesión a Ia ciudad de Si-
delidad a su estética. No fue de
los
espíritu hacia un arte cada vez más
preocupado por ros problemas últimos. La desesperanza, el sollozo, la
duda y la sonrisa, el angustioso senti-
naloa, donde contrajo matrimonio
con Luisa Rojo. Pasó después a la pequeña ciudad de Mocorito, Y su Posi-
miento del oficio de vivir, de la muerte
y el tiempo se depuran en una admi-
ción profesional fue allí más ventaiosa.
como pocos, supo
provincia que solía escribir versos para
rable serenidad.
É1,
Su vida era típica de
un médico de
envejecer sin menoscabo de su poesía.
las revistas literarias.
Supo señalar a la poesía un nuevo camino cuando el modernismo estaba
Un día circuló en Cuadalajara la
falsa noticia de su muerte. Abunda-
ya nada decían a los ióvenes y "casi a
nadie" importaban.
Los dos primeros libros de Conzález
en su apogeo. La autobiogratía lírica
ron los artículos necrológicos, no sólo
en su ciudad natal, sino también en
Tepic, MonterreY, Aguascalientes Y
Martínez -Preludios, 1903; Lirismos,
1909- eran ya nobles, serios, sinceros.
Aunque el autor, retirado en Ia Provincia, desconfiaba de la "secta mo-
renidad, pero iambién hacia mayor otras ciudades, con franco elogio a su
sinceridad; hac¡a un más severo Y personalidad como poeta. "Aquella
hondo concepto de la vida. Espeio de hora de notoriedad que me había de-
de Ccn:ález Ma;"tínez es la historia de
una ascensión perpetua. Hacia mayor se-
nuestras luchas, voz de nuestros anhe- parado la suerte
LITTRflTlIRfl
5l
-dice- creó en mi
te y ágil: parecía tener veinte años
menos. La muerte lo sorprendió poco
después, en febrero de i952. Son intensas las páginas en las que sobresale
la figura del poeta, como en el mito
platónico del carro del sol, atempera-
da por la inteligencia reflexiva del
padre y la energía impetuosa de la
madre. Con cuánto amor y agradecimiento se refiere a sus mayores con el
afán de explicar
-o explicarse a sí
mismo- el misterio de la vocación.
La prosa de Enrique Conzález Mar-
tínez se adecua perfectamente a
la
conversación. Sin embargo, no es desaliñada. Sobre todo en El hombre det
espír¡tu un deseo de merecer, a fuer-
M. de Olaguíbel, de la sección edito-
za de trabajo y fervor, en el largo
rial. La situación política del país había
curso de mis años, algo de lo que entonces se me daba como ofrenda gra-
cambiado: derribado Porfirio Díaz,
imperaba el gobierno de Madero. El
tuita." Seleccionó entre sus poemas
lmporciol, viejo palenque del porfirismo, era ahora vocero de la oposición.
los que le parecieron mejores y formó
con ellos su primer libro, preludios. El
libro fue bien acogido por la crítica.
Poco después fue a la ciudad de Méxi-
y
los más importantes hombres
de letras lo acogieron con reiteradas
muestras de simpatía intelectual. La
enfermedad de uno de sus hijos lo
obligó a posponer el triunfo en ta caco,
pital y sus cenáculos. Desde su rincón
de provincia publicó otros dos libros:
Lirismos y Silénter. Con un cuarto volumen bajo el brazo, Los senderos ocultos,
volvió, en 1911, a la capital con el propósito de dedicarse preferentemente
a
búho existe una gran exigencia fory un color que en nada
contrarían la gracia de la mejor prosa
mal; un ritmo
modernista, aunque todo esto matiza-
do con la sabia austeridad y la modestia del autor de Vilano ol viento.
Vinieron días aciagos. Madero y
Con esta prosa, severa y rítmica a un
Pino Suárez fueron asesinados. Victoriano Huerta se adueño del poder; y
tiempo, Conzález Martínez hace co-
muy pronto se organizó un formidable
movimiento revolucionario contra un
régimen nefando que finalmente fue
derribado. Conzález Martínez había
desempeñado cargos en el ramo de
instrucción pública durante el régimen
caído. Fue cesado de sus cátedras y
volvió a trabajar en la prensa. Publicó
nuevos libros y se acrecentó su fama
existir las dudas personales con los recuerdos (maestros, amigos, familiares)
y, siempre atento a identificarse con
la
inteligencia y la distinción espiritual,
es implacable con la mediocridad y la
vulgaridad. El poeta es el más severo
crítico de su obra y, también, certero
en los juicios de la obra ajena. Se distingue por su cortesía, aunque es incapaz
literaria. En 1920 fue nombrado minis-
de hacer concesiones. Ávido tector, escribe su biografía como una aventura
tro plenipotenciario en Chile;
por los vericuetos de la educación de
con
las letras. Lo recibieron con demostra-
igual cargo pasé después a Argentina
las clases media
ciones de admiración. La Academia
Mexicana de la Lengua lo eligió como
miembro de número. La nueva gene-
y, por último, en 1924, a España. permaneció en Madrid hasta 1931, año
en el que, con el retiro diplomático,
glo. Por eso no sorprende que un médico de provincia llegue a la ciudad
de México y busque trabajar en su
ración lo llamó para presidir el Ateneo.
terminó su carrera. Vivió desde entonces en México, querido, admirado y
Más tarde fue llamado a dictar cátedras en la Escuela Nacional preparatoria y en la Escuela de Altos estudios.
lngresó a El lmparcial donde se hizo
cargo, con Luis C. Urbina y Francisco
respetado. Al cumplir los 80 años se le
y alta de fines
de
si-
profesión o dando clases de "castellano" o de literatura. El lector puede detenerse en los retratos o semblanzas
tributaron múltiples homenajes que
parecían no tener fin, pues abarcarían
de la gente que conoció -principal-
casi todo el año de 1951. Estaba fuer-
cripciones,
F,r,f,J,f,.P,S
55
mente los de los poetas- o en las des-
y ño extrañar la
"sonrisa
II
Itiltr{}
del alma" de Gutiérrez Nájera, pero
fortalecida por la melancolía de Urbi-
una perspicaz y certera semblanza
nificativos, supone que se puede evitar
del Modernismo y de sus contempo-
na, sabiamente templadas por una na-
ráneos. Crítico comprensivo
que todo se devalúe o se enmohezca:
apuesta mayor por Ia necesaria pal-
tural austeridad. Libro autobiográfico,
sí, pero también de memorias de sus
escatimó elogios a quien lo merecía,
tiempos. Lo apacible locura tiene un
tono un poco distinto. La prosa se
y
culto,
lector de penetrante sensibilidad, no
pitación de la vida.
pero fue implacable con los medioNOTAS
con unas cuantas pinceladas -aunque
cres. Sus cuentos se resienten de la
influencia de Zola, Flaubert y, posiblemente, Galdós. Los ambientes
y penetran-
están muy cerca de Ios creados Por
1 fosé Luis Martínez, Lo expresión nocional, p.
56.
2 Loc. cit.
Prosa ¡radernisto de Hispanoomérico, pró1. de
la
Micrós en lo Rumba; acaso también los
Roberto Yahni.
4 tbid. p.10.
lucha en la capital por labrarse un
nombre, sus conflictos políticos, la
personajes. A vuelo recuerda mucho
5 ]ván A. Schulman,
vuelve más impaciente. El retrato se da
sigue siendo incisivo
te-.También los motivos son otros:
muerte de sus seres queridos, su labor
diplomática -durante la cual escribió
muy poco-, cierto desencanto. Con
esto, sin el estorboso didactismo y sin
Ia pedantesca moralina, cualidades
que debemos agradecerle a González
Martínez, enseña su alma, templada
en el arte más difícil: vivlr. En Aspectos
de la lírica mexicano se refuerza el aserto
"Un paseo de Gutiérrez Náiera".
Es
decir, respira el ambiente de la
época, aunque está más cerca de
Camboa y de Micrós que del Duque
fob, Urbina o Nervo. De un erotismo
solapado pero intenso, sus cuentos
hacen pensar en que, de haber segui-
do explotando esta veta, el poeta hubiera conseguido buenos resultados.
González Martínez completa el mo-
!
Génesis del modernismo,
pp. 14-1 5.
6 tbid. p.17.
7 José Emilio Pacheco, Antologío del modemisrD, p. XLI y XLll.
8 tbid. p. Xllll.
9 tbid. p. 51.
10 Roberto Yahni, op. cit., p.11 .
11
nos,
tor exigente y, en consecuencia, un
crítico severo. Poco salva del romanti-
Colonia, González Martínez significa
cismo mexicano. A Altamirano, por
el contrapeso y el equilibrio de una
época que fue intensamente fértil.
un
lec-
supuesto, pero se lamenta de que, en
p.282.
BIBLIOGRAFíA
dernismo. De otro modo: como
Hugo en Francia, o Sor fuana en la I
de que González Martínez era
tbid.p.M.
12 Enrique Anderson lmbert. Historio de lo literoturo hispanoomericono, p. 429.
13 Pedro Henriquez Ureña, Estudios mexico-
Anderson lmbert, Enrique. Historio de lo lite-
roturo hispanoomericono. Tomo Y.
FCE,
México, 1977. 52O pp. (Breviarios, 89)
2 González Martínez, Enrique. Misterio de uno
vococión. Prólogo de Enrique González Rojo.
Eosa, México, 1985. 154 pp. (Col. Biografía,
venes; aunque reconoce que fue nece-
Romanticismo, barroco y modernis- 34)
3 Henriquez Ureña, Pedro, Estudios mexiconos.
mo son momentos que suponen el FCE, México, 1960. 200 pp.
lván A. Génesis del modernismo.
estremecimiento de la vida. Estreme- 4 Schulman, MéxicoflVashington Universi§
sario su magisterio. Traza, además,
cimiento que, en sus autores más sig-
demérito de su obra, el autor de t/
Zorco se dedicara a impulsar a Ios jó-
El Colegio de
LITTRflTllRfl
5L
Press,
'l968.216 pp.
ESIRITIJRfl
flargarita Yillasenor
Cada obfeto hablará
después,
en el recuerdo.
Cada día registrará los datos.
Estaré ahí
-en la memoria, o en la memoria de! olvido-
tejiendo ya no sé si un pulóver o el destino.
Estarás
aqui escribiendo
-te miro a contraluz y a contrapunto del tiemporeincidente en la sorpresa y en el gesto.
Sólo el aullar del viento se prolonga
hilando los minutos.
Un reflejo en el cristal
como un espejo roto por el velado sol,
tras la cortina.
Y más allá de ti y de mí,
del amor circunscrito por la tarde,
el azul Mediterráneo de las aguas
con venas de oro en sus tersas carnes
y un caserío de cal y canto y teia
llenándonos los ojos de rocas y gaviotas,
de pinos y de arenas.
Hemos construido juntos
-sol, suspiro y mar, mirada viento y queiaun continente de aristas infinitas
en Ia alcoba pequeña
para la inmesidad de la pareia.
Fgnnp,nS
55
Pierre Michon. Fotografías: Mathieu,eannet
LITTRfTtIRfl
56
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