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FACULTAD LATINOAMERICANA DE CIENCIAS SOCIALES
SEDE ACADÉMICA DE MÉXICO
MAESTRÍA EN DERECHOS HUMANOS Y DEMOCRACIA
V PROMOCIÓN
2010-2014
“POBREZA Y ACCESO A LA JUSTICIA”
Tesis que para obtener el grado de
Maestro en Derechos Humanos
Presenta:
MANUEL ALEJANDRO TORRES ROJAS
I
Director de Tesis: Leonel G. Rivero Rodríguez.
Línea de Investigación: “Estado, Democracia y Derechos Humanos”.
México, Distrito Federal, 18 de julio de 2014.
Resumen.
En el presente trabajo se trata de evidenciar que la pobreza constituye un factor de
desigualdad y discriminación y un obstáculo para el acceso a la justicia.
Agradecimientos.
A FLACSO y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación por la oportunidad que me
brindaron de estudiar la maestría y con ello adquirir conocimientos y contar con mejores
herramientas para la solución de los conflictos desde una perspectiva de derechos humanos.
II
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN ............................................................................................................................................................. IV
CAPÍTULO I
EL DERECHO A LA IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN
1. EL DERECHO A LA IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN ................................................................................ 1
2. FUNDAMENTO DEL PRINCIPIO DE IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN ................................................... 2
3. LEY FEDERAL PARA PREVENIR Y ELIMINAR LA DISCRIMINACIÓN ........................................................ 9
4. PRINCIPALES CONSIDERACIONES DE LA CORTE INTERAMERICANA SOBRE EL PRINCPIO DE
IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN ................................................................................................................... 14
CAPITULO II
ACCESO A LA JUSTICIA Y POBREZA
1. EL DERECHO DE ACCESO A LA JUSTICIA ........................................................................................................ 22
2.- POBREZA Y ACCESO A LA JUSTICIA ................................................................................................................. 31
3.- EL ACCESO A LA JUSTICIA DE LOS POBRES Y GRUPOS MARGINADOS ................................................ 34
4. DATOS DEL INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA ..................................................... 37
CAPITULO III
OBSTÁCULOS PARA EL ACCESO A LA JUSTICIA
1. LAS BARRERAS PARA EL ACCESO A LA JUSTICIA DERIVADAS DE LA POBREZA ............................... 44
2. PRINCIPALES BARRERAS QUE IMPIDEN EL ACCESO A LA JUSTICIA ..................................................... 45
3. OBLIGACIONES DE LOS ESTADOS PARA REMOVER ESOS OBSTÁCULOS .............................................. 51
4.- ESTÁNDARES INTERNACIONALES; LEGISLACIÓN NACIONAL EN RELACIÓN CON EL TEMA DE
LA POBREZA Y EL ACCESO A LA JUSTICIA Y PROPUESTA. ....................................................................... 53
CONCLUSIONES ............................................................................................................................................................. 55
BIBLIOGRAFÍA……………………………………..………………………………………………………………….58
III
INTRODUCCIÓN
El artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
(CPEUM) dispone que, en nuestro país, todas las personas gozarán de los derechos
humanos reconocidos en la constitución y en los tratados internacionales de los que el
Estado mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no
podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que la propia
constitución establece. En este precepto radica el principio de igualdad y no discriminación.
Todos somos iguales y en todas las autoridades del Estado, en el ámbito de sus
competencias, recae la obligación de respetar, proteger, garantizar y promover ese derecho
a la igualdad y demás derechos humanos. El Estado tiene, por tanto, la ineludible
obligación de remover cualquier obstáculo (de la naturaleza que sea) y crear las
condiciones adecuadas para lograr la efectividad de los derechos humanos de todas las
personas, en un plano de igualdad. Esa responsabilidad del Estado encuentra sustento en el
párrafo tercero del citado artículo 1 constitucional, y por nombrar un tratado internacional,
en el artículo 1.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Ahora bien, situados en el ámbito competencial del Poder Judicial de la Federación,
¿cómo se ha tratado, por regla general, el principio de igualdad y no discriminación en la
solución de los juicios de amparo, sobre todo en los que impera la regla de estricto derecho
(materia civil, por ejemplo)? Tradicionalmente, muchos juicios de amparo de ese tipo se
han resuelto a la luz de la igualdad jurídica, entendida como aquella conforme a la cual las
partes litigantes son tratadas de forma “igual”, es decir, que el Poder Judicial de la
Federación, como parte de uno de los tres Poderes del Estado, no intervenía, por regla
general, en favor de ninguno de los litigantes, lo que en realidad cobijaba, en muchos casos
también, una discriminación indirecta, ya que no se juzgaba con perspectiva de género,
tomando en cuenta las condiciones particulares de los litigantes, sino sólo la naturaleza de
“estricto derecho” de los juicios. Así, el principio de estricto derecho prevalecía sobre el
principio de igualdad y no discriminación.
Por ello es sumamente importante que el principio de igualdad no solamente debe
entenderse como el mandato a cargo del Estado, en el sentido de que no debe intervenir en
IV
favor de una u otra parte litigante (obligación de respetar), sino que el Estado tiene
obligaciones de carácter positivo, consistentes en remover los obstáculos, de cualquier
especie, o llevar a cabo las acciones necesarias para que en realidad exista una igualdad
material entre las partes involucradas en un juicio y prevenir las violaciones a los derechos
humanos (obligación de proteger), sobre todo cuando se trata de grupos vulnerables, como
son aquellas personas que se encuentran en condiciones de pobreza o marginación social.
Actualmente, en la nueva Ley de Amparo “…Entre las disposiciones con que se
busca favorecer a estas personas , se encuentran sus mandatos relativos a: 1) publicar sus
edictos gratuitamente en el Diario Oficial de la Federación; 2) suplirles la queja en
cualquier materia; y, 3) eximirlos de presentar copias de traslado de la demanda y
recursos, cumplir la formalidad de transcribir el objeto de la revisión en amparo directo, y
hacer valer todas las violaciones procesales en amparo directo y adhesivo” (Ferrer MacGregor y Sánchez Gil, 2013: 141-142).
La intención del Poder Legislativo es evidente: tratar de combatir los obstáculos a
los que se enfrentan las personas que se encuentran en situación de pobreza o marginación
social para acceder a la justicia –constitucional–. La primer pregunta que surge es si esa
medida es suficiente para zanjar los múltiples obstáculos a los que se enfrentan esas
personas y, en definitiva, si con ello el Estado cumple con la obligación de garantizar la
eficacia de sus derechos humanos. La respuesta evidente es que no.
Mac-Gregor y Sánchez Gil (2013: 143) señalan que la pregunta clave es saber
cómo se demostrará que alguien es una persona pobre o marginada socialmente, para que
sea titular de las prerrogativas que en su favor prevé la Ley de Amparo. Dichos autores
descartan el “sentido común” y se inclinan por la tramitación de un incidente –para respetar
el principio de contradicción–, en el que se recaben “pruebas financieras y de méritos”, que
bien podrían solicitarse al DIF, que cuenta con procedimientos relativamente rápidos.
Proponen también que si el juez cuenta con elementos objetivos, puede reconocer la
titularidad de esos beneficios antes de resolver el incidente respectivo.
Aunque el artículo 79, fracción VII, de la Ley de Amparo no lo dispone así de
manera literal, debe entenderse que la suplencia de la queja –y demás beneficios que en su
V
caso sean pertinentes– procede no sólo cuando las personas en situación de pobreza o
marginación social tengan la calidad de quejosas, sino también cuando aparezcan como
terceras interesadas, o incluso en el caso en el que pudieran verse afectadas por alguna
resolución dictada en un juicio de amparo al que sean extrañas. Emplear una interpretación
literal produciría un efecto contrario al pretendido por la norma, que no es otro más que
obtener una igualdad material.
En palabras de Mac-Gregor y Sánchez Gil (143-144) –con las que en esencia se
coincide–: “Estas medidas legislativas de ninguna manera son suficientes para hacer
totalmente disponible la tutela judicial efectiva a personas en ‘desventaja social’, y en
ciertos casos quizá se requieran medidas diversas para superar otra clase de ‘desventajas
sociales’. No obstante, son un paso inicial y necesario para promover el derecho a la
‘igualdad de armas’, que además retoma una noble línea histórica que en sus albores
caracterizó al juicio de amparo”.
Efectivamente, considero que son muchas, variadas e integrales las medidas que el
Estado debe implementar para cumplir con la obligación que tiene de eliminar las
desigualdades sociales que existen en nuestro país, actividad en la que deben intervenir los
tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).
En cuanto al Poder Judicial de la Federación (entiéndase Suprema Corte de Justicia
de la Nación, Consejo de la Judicatura Federal, Tribunales de Circuito y Juzgados de
Distrito), estimo que el papel de los tribunales no debe limitarse solamente a la solución de
los asuntos, sino que, con el fin de cumplir con las obligaciones de proteger, garantizar y
promover los derechos humanos de las personas en condiciones de pobreza y marginación
social (entiéndase por tal no sólo las que carecen de recursos económicos, sino también las
que ignoran sus derechos), su actuación debe ir más allá y, en esa medida, contribuir en la
difusión de sus derechos humanos (empoderamiento), pues considero que su
desconocimiento es el primer –y quizá el más importante– obstáculo que tienen para
acceder a la justicia. Si no conocen sus derechos no iniciarán un juicio, aunque tuvieran
posibilidades (económicas) para ello. Y si no conocen sus derechos, es difícil también que
puedan salir de sus condiciones de marginación social.
VI
El fundamento de la actuación de los tribunales en ese sentido, más allá de lo
dispuesto en la Ley de Amparo, se encuentra en el contexto actual de pobreza que impera
en el país, que les impide a las personas marginadas acceder a la justicia, contexto que
evidentemente el Estado conoce –o está obligado a conocer–. Así, como parte de las
obligaciones de proteger, garantizar y promover, como una medida para remover ese
obstáculo que impide el acceso a la justicia, el Poder Judicial de la Federación, como
integrante de uno de los tres poderes del Estado, debe contribuir a empoderar a las personas
que se encuentren en esas condiciones.
Apoyarse en el contexto general de pobreza y marginación social que existe en el
país para interpretar la Ley de Amparo con la amplitud que la situación amerita, con la
finalidad de contribuir, a través del establecimiento de criterios generales a la solución de
este problema social (pobreza y marginación social), que impide a las personas que se
encuentran en esa situación gozar de manera efectiva de sus derechos humanos (incluido el
de acceso a la justicia). Los tribunales deberían actuar de manera semejante a como actuó la
Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso “Campo Algodonero”, en el que, a
partir del contexto de violencia de género que existía en Ciudad Juárez, condenó al Estado
mexicano, quien conocía esa situación (algo similar a lo que sucede con la situación actual
de pobreza y marginación social).
VII
CAPÍTULO I
EL DERECHO A LA IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN
1. EL DERECHO A LA IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN
De acuerdo con el diccionario de la lengua española, la palabra “igualdad”
proviene del latín aequalitas y tiene dos significados generales y uno específico en
matemáticas. En general, significa “Conformidad de algo con otra cosa en naturaleza,
forma, calidad o cantidad”, así como “Correspondencia y proporción que resulta de muchas
partes que uniformemente componen un todo. En matemáticas quiere decir “Equivalencia
de dos cantidades o expresiones” (Carbonell, 2007: 61).
Reconocer la igualdad de las personas ante la ley ha preocupado a numerosas
culturas a lo largo de los siglos (y sigue preocupando). En virtud de movimientos
revolucionarios, los órdenes jurídicos se modificaron para asegurar la igualdad entre
quienes se ubican en los supuestos regulados por normas determinadas (SCJN, 2010: 14).
Efectivamente, la igualdad concentra las luchas reivindicatorias por la titularidad universal
de los derechos y el acceso real a los bienes considerados indispensables para el diseño y
ejecución del proyecto de vida de las personas. (SCJN, 2013: 30).
La idea de igualdad constitucional es central, ya que es la principal piedra
angular del constitucionalismo moderno. Además, la igualdad es potencialmente el más
extenso de los derechos constitucionales (Rosenfeld, 1993: 411).
En efecto, desde el pensamiento clásico, la igualdad se configura como un
principio de justicia. A ella se refiere Aristóteles en su Política -Lib. II, 1280ª- al decir,
precisamente, que la justicia consiste en igualdad. De manera más concreta, lo que
Aristóteles señala es que la igualdad, para ser justa, ha de consistir en igualdad para los
iguales y desigualdad para los desiguales. Esta referencia a la igualdad (proveniente de un
clásico y clásica también por el uso que se ha hecho de la misma) implica concebir la
igualdad como igualdad de trato; por tanto, desde esta perspectiva tradicional, la igualdad
justa consistirá en tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales (Unzueta Barrére, 2).
1
Dicho con otras palabras, el principio de igualdad nos indica que si entre dos
personas existen diferencias irrelevantes, entonces debemos darles un tratamiento igual;
pero también nos exige que si esas dos personas mantienen diferencias relevantes, entonces
el tratamiento que el ordenamiento jurídico les otorgue, debe ser distinto (Carbonell, 2007:
64).
Así se estima, porque la realidad nos muestra claramente que la igualdad no
puede ser absoluta. Las innegables (y múltiples) diferencias que acusan entre sí los
miembros de una sociedad obligan a la legislación a adecuar su contenido en relación con
esas diferencias1. Por ejemplo, no sería posible que a todas las personas se les cobraran
exactamente los mismos impuestos, pues ello conculcaría el principio de equidad tributaria
–en tanto que no todas las personas tienen la misma capacidad económica– (SCJN, 2010:
14).
2. FUNDAMENTO DEL PRINCIPIO DE IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN
En nuestro país el fundamento del principio de igualdad y no discriminación lo
encontramos en el artículo 1o., de la Constitución Política de nuestro País, cuyos párrafos
primero y último disponen:
En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos
reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado
Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá
restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta
Constitución establece.2
[…]
Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la
edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las
opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la
1
No sólo el legislativo es el obligado a tratar de eliminar esas diferencias, sino el Estado en su
totalidad, incluyéndose al Ejecutivo y Judicial, en el ámbito de sus competencias.
2
La ubicación de este artículo, como cabecera del catálogo de derechos y libertades y, por tanto, del
núcleo duro de la parte dogmática de nuestra constitución, nos da idea del relevante papel que juega
en la determinación de la actividad de los poderes públicos y en la garantía de los restantes derechos
fundamentales (Salvador, 2006: 96).
2
dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las
personas.
En el ámbito internacional, el fundamento jurídico para exigir el derecho a la no
discriminación lo podemos ubicar en diversos tratados internacionales.3 Por ahora, y dado
el objetivo de este trabajo, es suficiente con hacer referencia al Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos (PIDCP)4. Sin embargo, considero que por identidad jurídica,
la explicación que al respecto realiza Carlos de la Torre (2006), es aplicable para los demás
tratados que contengan las mismas disposiciones. Pues bien, siguiendo a dicho autor, el
fundamento jurídico para exigir el derecho a la no discriminación lo tenemos en el artículo
26 del Pacto en mención. Las palabras del autor son las siguientes:
Sin duda, la norma más importante del PIDCP en cuanto a lo que a la discriminación se
refiere es la que se expresa en su artículo 26. En él, al igual que el artículo séptimo de la
Declaración Universal, se consagran los derechos de igualdad ante la ley y de protección
de la ley sin ningún tipo de distinción. …, este artículo perfecciona y desarrolla la
redacción del artículo séptimo de la Declaración, en cuanto logra configurar claramente el
derecho a la no discriminación. Textualmente afirma: “La ley prohibirá toda
discriminación y garantizará a todas las personas protección igual y efectiva contra
cualquier discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones
políticas o de cualquier índole, origen nacional o social”. Lo primero que conviene
destacar es que esta disposición trasciende por mucho el derecho a la igualdad ante la ley
e, incluso, la prohibición de ser discriminado en la aplicación de la ley. Si este artículo se
interpreta armónicamente y de forma complementaria con el artículo segundo del PIDCP,
el cual establece la obligación de los Estados parte de adoptar las medidas oportunas para
hacer efectivos los derechos reconocidos en el Pacto, tenemos que en él se establece una
obligación directa de los Estados parte, primero, de prohibir mediante ley toda
discriminación, pero, además, de garantizar a todas las personas protección igual y
efectiva contra cualquier discriminación. La naturaleza del deber que adquieren los
3
Para una explicación más amplia sobre el tema, en la que se incluyen diversos tratados
internacionales, véase el Derecho a la no discriminación en México (2006), de Carlos de la Torre
Martínez, editado por Porrúa y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, pp. 63-138.
4
Este Pacto es obligatorio para México, y fue aprobado por la Asamblea General de la ONU en
1966 y entró en vigor en 1976. Hasta mayo de 2013 el PIDCP había sido ratificado por 167 Estados.
De igual forma, el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
(PF-PIDCP) fue aprobado por la Asamblea General de la ONU en 1966 y entró en vigor en 1976.
Hasta mayo de 2013 el PF-PIDCP había sido ratificado por 114 Estados. Finalmente, el Segundo
Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, destinado a abolir la
pena de muerte (Segundo PF-PIDCP), fue aprobado por la Asamblea General de la ONU en 1989 y
entró en vigor en 1991. Hasta mayo de 2013 el Segundo PF-PIDCP había sido ratificado por 76
Estados. El Comité de Derechos Humanos es su órgano de vigilancia.
3
Estados parte ya no es meramente negativa, en el sentido de no cometer él mismo actos
de discriminación, sino, además, se finca un deber positivo de hacer todo lo que esté a su
alcance para combatir y erradicar la discriminación. Por lo tanto, aquí tenemos, ya con
entera claridad, el fundamento jurídico internacional para exigir el derecho a la no
discriminación (Páginas 67-68).
El referido autor agrega:
Ahora bien, el contenido y alcance de este derecho ha sido ampliamente desarrollado y
delimitado por el Comité de Derechos Humanos creado por el propio Pacto. […] tanto a
través de las resoluciones que emite con motivo de las quejas individuales que recibe,
como los comentarios generales que formula con base en los informes periódicos que
tienen que presentar los Estados parte. Entre los problemas que ha abordado [el Comité]
destacan los siguientes: […] Sobre el primer problema el Comité de Derechos Humanos
ha insistido que el artículo 26 debe ser interpretado ampliamente en el sentido de incluir,
en el mandato de no discriminación, otros derechos y libertades, que a pesar de no estar
reconocidos en el PIDCP, sí lo están en otros instrumentos internacionales. […] En
relación con el segundo problema, el Comité ha resuelto que los motivos que se enumeran
en el artículo 26 como ejemplos de distinciones discriminatorias no son limitativos. […]
En cuanto al tercer problema, el Comité […] ha considerado que una discriminación
indirecta se presenta cuando una práctica común, una norma, una acción política, etcétera,
en principio y en apariencia, no constituye una discriminación en sí misma pero sus
efectos o resultados constituyen una cierta desventaja para un determinado grupo de
personas. Sobre esta figura, el Comité afirma que el artículo 26 también prohíbe esta
modalidad de discriminación. […] En relación con el último problema, el de las acciones
afirmativas, el Comité ha resuelto que del artículo 26 se deriva una obligación positiva de
parte del Estado de hacer todo lo que esté a su alcance para combatir y eliminar la
discriminación. (Páginas 69-72)
En el campo jurisprudencial, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación determinó, en lo que aquí interesa, lo siguiente:5
La igualdad en nuestro texto constitucional constituye un principio complejo que no sólo
otorga a las personas la garantía de que serán iguales ante la ley en su condición de
destinatarios de las normas y de usuarios del sistema de administración de justicia, sino
también en la ley (en relación con su contenido). El principio de igualdad debe entenderse
como la exigencia constitucional de tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales,
de ahí que en algunas ocasiones hacer distinciones estará vedado, mientras que en otras
estará permitido o, incluso, constitucionalmente exigido.
5
Jurisprudencia 55/2006, SJFG, 9ª Época, tomo XXIV, septiembre de 2006, página 75, registro
174247, rubro: “IGUALDAD. CRITERIOS PARA DETERMINAR SI EL LEGISLADOR
RESPETA ESE PRINCIPIO CONSTITUCIONAL”.
4
Abarcando más allá, la Corte Constitucional Colombiana6 se ha pronunciado
respecto a los deberes que tienen las autoridades en torno al derecho a la igualdad de grupos
marginados. Lo ha hecho de la siguiente manera:
La igualdad es uno de los pilares sobre los que se funda el Estado colombiano. La
Constitución reconoce la igualdad, como un principio, como un valor, y como un derecho
fundamental, que va más allá de la clásica formula de igualdad ante la ley, para erigirse
en un postulado que apunta a la realización de condiciones de igualdad material. Bajo esta
perspectiva, un propósito central de la cláusula de igualdad, es la protección de
grupos tradicionalmente discriminados o marginados; protección que en un Estado
social de derecho, se expresa en una doble dimensión: por un lado, como mandato de
abstención o interdicción de tratos discriminatorios (mandato de abstención) y, por el
otro, como un mandato de intervención, a través del cual el Estado está obligado a
realizar acciones tendentes a superar las condiciones de desigualdad material que
enfrentan dichos grupos (mandato de intervención).
En relación con el primero, existe un deber de la administración de abstenerse de
adelantar, promover o ejecutar políticas, programas o medidas que conduzcan a
agravar o perpetuar la situación de exclusión, marginamiento o discriminación de
grupos tradicionalmente desventajados en la sociedad. Esto se deriva principalmente
de la cláusula de igualdad formal y del principio de no discriminación establecido en
el inciso primero del artículo 13.
Un punto que merece la pena resaltarse, … es que el mandato de abstención … no se
dirige exclusivamente a evitar que la administración adopte medidas, programas o
políticas, abiertamente discriminatorias. También va encaminado a evitar que
medidas, programas o políticas, así éstas hayan sido adoptadas bajo el marco de
presupuestos generales y abstractos, impacten desproporcionadamente a grupos
marginados o discriminados o, en otras palabras, los coloque en una situación de
mayor adversidad. Es decir, que la Constitución prohíbe, tanto las llamadas
discriminaciones directas –actos que apelan a criterios sospechosos o potencialmente
prohibidos, para coartar o excluir a una persona o grupo de personas del ejercicio de un
derecho o del acceso a un determinado beneficio, como las discriminaciones indirectas
–las que se derivan de la aplicación de normas aparentemente neutras, pero que en la
6
Sentencia T-291/09, consultada el 11 de enero de 2014 en la página de internet:
http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/t-291-09.htm. En la trascripción se omitieron
las notas al pie de página.
5
práctica generan un impacto adverso y desproporcionado sobre un grupo tradicionalmente
marginado o discriminado.
Lo anterior no significa que toda medida que genere un impacto adverso en un grupo
marginado o discriminado esté proscrita por la Constitución. Pero sí significa que
frente a dicho impacto, a la administración le corresponde demostrar que a pesar de
la afectación desproporcionada para un grupo marginado, la medida, programa o
política responde a condiciones de razonabilidad y proporcionalidad, y que la misma
ha venido acompañada por otras acciones dirigidas a contrarrestar el efecto adverso
que ha podido generar en un grupo marginado o discriminado. En tanto están en
juego los derechos de grupos de especial protección, en estos casos opera prima facie
una presunción de discriminación, a la luz de la cual es a la administración a quien le
corresponde desvirtuar esta presunción, superando un escrutinio judicial estricto.
… debe demostrar que su actuación, a pesar de generar un efecto adverso en un grupo
marginado o discriminado, obedece i) a una finalidad imperiosa, ii) es necesaria para
lograr dicha finalidad y iii) es proporcionada, en el sentido de no sacrificar en exceso
otros intereses constitucionalmente específicos en aras de promover la finalidad.
Adicionalmente, … la administración deberá demostrar que adoptó medidas adecuadas
para mitigar el impacto y promover las condiciones en las que se encuentra el grupo que
afectó con su determinación.
… la cláusula de igualdad también impone un mandato de intervención, … no basta con
exigir conductas negativas para corregir las enormes desigualdades que subsisten en
nuestra sociedad. Es necesario que el Estado intervenga y despliegue actuaciones
positivas para garantizar condiciones de igualdad real y efectiva. …
La igualdad sustancial alude, pues, no sólo al compromiso del Estado, sino de los
particulares de remover los obstáculos que en el plano humano económico y social
configuran efectivas desigualdades de hecho que se oponen al disfrute efectivo del
derecho. Las causas que subyacen a situaciones de esta índole tienen que ver, entre otros
aspectos, con la escasez, con necesidades no satisfechas del ser humano, con fenómenos
históricos de segregación y marginación o con injusticias del pasado que se pretende
subsanar. La igualdad sustancial revela, un carácter remedial, compensador,
emancipatorio, corrector y defensivo de personas y de grupos ubicados en condiciones de
inferioridad, mediante el impulso de acciones positivas de los poderes públicos y de la
comunidad en general (…)
Esa constatación de que ciertos individuos y grupos, pese a ser iguales ante la ley no lo
son en la realidad, ejerce notable influjo sobre la misma norma que, en ocasiones,
abandona las tradicionales características de generalidad, abstracción,
universalidad y permanencia, tornándose específica, esto es, dirigida a sectores
concretos de la población, o temporal, en cuanto agota sus efectos en un determinado
lapso; todo con miras a elevar las condiciones sociales o económicas de sus particulares
destinatarios.
6
En síntesis: la igualdad sustancial, … se percibe apenas como un objetivo o finalidad del
sistema político, que vincula, tanto a los poderes públicos como a los ciudadanos, en
la transformación del modelo de sociedad existente en otro ideal, más propicio a la
satisfacción de las aspiraciones humanas en sus múltiples facetas.
…
De manera que las diferentes autoridades del Estado están obligadas, cuando se
encuentran en presencia de grupos en condiciones de marginalidad y discriminación, a
adoptar todas aquellas medidas necesarias para lograr una mayor igualdad sustantiva,
incluyendo en sus decisiones tratamientos acordes con tales situaciones. Pasar por alto ese
mandato, no contemplando medidas afirmativas a favor de grupos que pueden verse
afectados por las decisiones adoptadas, significa quebrantar el derecho a la igualdad,
que impone, precisamente, su adopción.
Por otra parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos7 ha opinado lo
siguiente respecto a la igualdad:
La noción de igualdad se desprende directamente de la unidad de naturaleza del género
humano y es inseparable de la dignidad esencial de la persona, frente a la cual es
incompatible toda situación que, por considerar superior a un determinado grupo,
conduzca a tratarlo con privilegio; o que, a la inversa, por considerarlo inferior, lo trate
con hostilidad o de cualquier forma lo discrimine del goce de derechos que sí se
reconocen a quienes no se consideran incursos en tal situación de inferioridad. No es
admisible crear diferencias de tratamiento entre seres humanos que no se correspondan
con su única e idéntica naturaleza. (Opinión consultiva 4-84, párrafo 55)
La igualdad puede comprenderse desde dos aspectos: como principio y como
derecho. Como principio, fundamenta y da sentido a todo el andamiaje jurídico –nacional e
internacional– y a los actos que derivan de él, ya sean formal o materialmente
administrativos, legislativos y judiciales. Esta dimensión (es sumamente importante
porque) implica que la igualdad debe utilizarse como una guía hermenéutica en la
elaboración (legislativo), interpretación y aplicación (poder judicial) del derecho (SCJN,
2013: 30).
Como derecho, la igualdad constituye una herramienta subjetiva para acceder a
la justicia. Es decir, otorga titularidad a las personas para reclamar, por diversas vías, la
realización efectiva de la igualdad en el ejercicio del resto de los derechos. (Se dice que) la
7
Cuya competencia contenciosa ha sido aceptada por nuestro país.
7
igualdad es un concepto relacional y no una cualidad intrínseca, ya que para dotarla de
contenido es necesario tomar puntos de referencia, o lo que es igual, la determinación de si
hay una vulneración al derecho a la igualdad supone un juicio de comparación que se
realiza entre personas, leídas a partir de su situación particular y del contexto en general
(SCJN, 2013: 32).
En relación con los dos aspectos en los que puede ser entendida la igualdad
(principio-derecho), en la jurisprudencia 37/20088, la Primera Sala de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación estableció:
La igualdad es un principio y un derecho de carácter fundamentalmente adjetivo que
se predica siempre de algo, y este referente es relevante al momento de realizar el
control de constitucionalidad de las leyes, porque la Norma Fundamental permite que
en algunos ámbitos el legislador tenga más amplitud para desarrollar su labor
normativa, mientras que en otros el Juez debe ser más exigente a la hora de determinar
si aquél ha respetado las exigencias del principio de igualdad. El artículo 1o. de la
Constitución Federal establece varios casos en los que procede dicho escrutinio
estricto. Así, su primer párrafo proclama que todo individuo debe gozar de las
garantías que ella otorga, las cuales no pueden restringirse ni suspenderse sino en los
casos y con las condiciones que la misma establece, lo que evidencia la voluntad
constitucional de asegurar en los más amplios términos el goce de los derechos
fundamentales, y de que las limitaciones a ellos sean concebidas restrictivamente, de
conformidad con el carácter excepcional que la Constitución les atribuye. Por ello,
siempre que la acción clasificadora del legislador incida en los derechos
fundamentales garantizados constitucionalmente, será necesario aplicar con especial
intensidad las exigencias derivadas del principio de igualdad y no discriminación.
Sin embargo, lo anterior no significa que exista un punto de referencia
constituido por una idea única de “sujeto neutral universal” que constituya el modelo
aspiracional de todos los proyectos de vida. La pretensión de igualdad no es “asimilar” a
las personas a esa idea única de sujeto; más bien reconoce la validez de una diversidad de
proyectos posibles; de ahí que el principal punto de referencia que da contenido al “modelo
8
SJFG, 9ª Época, tomo XXVII, abril de 2008, página 175, registro 169877, de rubro:
“IGUALDAD. CASOS EN LOS QUE EL JUEZ CONSTITUCIONAL DEBE HACER UN
ESCRUTINIO
ESTRICTO
DE
LAS
CLASIFICACIONES
LEGISLATIVAS
(INTERPRETACIÓN DEL ARTÍCULO 1o. DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS
ESTADOS UNIDOS MEXICANOS)”.
8
aspiracional” lo dan los derechos humanos, que permite la entrada a un sinfín de proyectos
(SCJN, 2013: 32).
En ese tenor, una de las expresiones más conocidas del principio de igualdad en
los textos constitucionales, consiste en la prohibición de discriminar, es decir, de tratar en
forma diferente a dos o más personas con base en algún criterio que se juzgue no razonable
(Carbonell, 2007: 64-65). Para dar cuenta de su gran importancia, cabe señalar que el
derecho a no ser discriminado ha sido uno de los más desarrollados por el sistema de
Naciones Unidas. Más de dieciséis instrumentos se han creado expresamente en tal sistema
para protegerlo (Santiago Mario, 2011: 23). Para Carlos de la Torre –citado por el propio
Mario Santiago–, las normas internacionales contra la discriminación constituyen un ius
cogens, lo cual significa que sólo pueden ser derogadas por otra norma imperativa impuesta
por la comunidad internacional (ídem: 24).
Siguiendo Unzueta (2001), y prescindiendo de antecedentes decimonónicos, lo
que hoy se conoce como derecho antidiscriminatorio tiene su origen en los Estados Unidos
de Norteamérica, tras la finalización de la segunda guerra mundial. Lo que el derecho
antidiscriminatorio intenta paliar es la situación de injusticia que sufren quienes pertenecen
a un determinado grupo frente a quienes pertenecen a otro (pp. 1-2).
3. LEY FEDERAL PARA PREVENIR Y ELIMINAR LA DISCRIMINACIÓN
Hoy, la concepción moderna del derecho a la igualdad se entiende como el
derecho a no ser discriminado por nadie; es un derecho a no ser discriminado incluso a
manos de particulares (Santiago, 2011: 24). Nuestra constitución, como se apuntó, contiene
una cláusula antidiscriminatoria, prevista en el último párrafo del artículo 1o., ya trascrito.9
9
Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las
discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las
preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga
por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.
9
El 11 de junio de 2003 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley
Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación (LD), norma que reglamenta la
disposición constitucional antes referida, en cuyo artículo 1, precisa que el objeto de dicha
ley radica en prevenir y eliminar todas las formas de discriminación que se ejerzan contra
cualquier persona en los términos del artículo 1o., de la Constitución Federal, así como
promover la igualdad de oportunidades y de trato.10
La ley reglamentaria de que se habla, en el artículo 4, define a la discriminación
de la siguiente forma:
Artículo 4. Para los efectos de esta Ley se entenderá por discriminación toda distinción,
exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, talla
pequeña, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo,
lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, tenga por
efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real
de oportunidades de las personas.
Ahora bien, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación11
(CONAPRED), se refiere a la discriminación y a la igualdad de una manera más sencilla y
entendible. La describe de la siguiente forma:
10
Cabe hacer notar que es en la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, y no en la
Constitución Federal, en la que se impone al Estado la obligación de promover entre las personas la
igualdad de oportunidades y de trato. A diferencia, por ejemplo, de la Constitución Española, en
cuyo artículo 9.2 señala: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que
la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas;
remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los
ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”.
11
Órgano de Estado creado por la LD. Es la institución rectora para promover políticas y medidas
tendientes a contribuir al desarrollo cultural y social y avanzar en la inclusión social y garantizar el
derecho a la igualdad, que es el primero de los derechos fundamentales en la Constitución Federal.
También se encarga de recibir y resolver las reclamaciones y quejas por presuntos actos
discriminatorios cometidos por particulares o por autoridades federales en el ejercicio de sus
funciones. Desarrolla acciones para proteger a todos los ciudadanos y las ciudadanas de toda
distinción o exclusión basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición
social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias
sexuales, estado civil o cualquier otra, que impida o anule el reconocimiento o el ejercicio de los
derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas. Cuenta con personalidad jurídica y
patrimonio propios, y está sectorizada a la Secretaría de Gobernación. Además, goza de autonomía
técnica y de gestión, adopta sus decisiones con plena independencia, y no está subordinado a
10
Discriminación e igualdad
La discriminación es una práctica cotidiana que consiste en dar un trato
desfavorable o de desprecio inmerecido a determinada persona o grupo, que a
veces no percibimos, pero que en algún momento la hemos causado o recibido.
Hay grupos humanos que son víctimas de la discriminación todos los días por
alguna de sus características físicas o su forma de vida. El origen étnico o
nacional, el sexo, la edad, la discapacidad, la condición social o económica, la
condición de salud, el embarazo, la lengua, la religión, las opiniones, las
preferencias sexuales, el estado civil y otras diferencias pueden ser motivo de
distinción, exclusión o restricción de derechos.
Los efectos de la discriminación en la vida de las personas son negativos y tiene n
que ver con la pérdida de derechos y la desigualdad para acceder a ellos; lo cual
puede orillar al aislamiento, a vivir violencia e incluso, en casos extremos, a
perder la vida.
Para efectos de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, se
entenderá por esta cualquier situación que niegue o impida el acceso en igualdad a
cualquier derecho, pero no siempre un trato diferenciado será considerado
discriminación.
Por ello, debe quedar claro que para efectos jurídicos, la discriminación ocu rre
solamente cuando hay una conducta que demuestre distinción, exclusión o
restricción, a causa de alguna característica propia de la persona que tenga como
consecuencia anular o impedir el ejercicio de un derecho.
El artículo 9 de la LD, señala que se consideran como conductas
discriminatorias:
I. Impedir el acceso a la educación pública o privada, así como a becas e incentivos para
la permanencia en los centros educativos, en los términos de las disposiciones aplicables;
II. Establecer contenidos, métodos o instrumentos pedagógicos en que se asignen papeles
contrarios a la igualdad o que difundan una condición de subordinación;
III. Prohibir la libre elección de empleo, o restringir las oportunidades de acceso,
permanencia y ascenso en el mismo;
IV. Establecer diferencias en la remuneración, las prestaciones y las condiciones
laborales para trabajos iguales;
ninguna autoridad para sus resoluciones en los procedimientos de reclamaciones o quejas. Para ver
más sobre este organismo, visite la página: http://www.conapred.org.mx
11
V. Limitar el acceso a los programas de capacitación y de formación profesional;
VI. Negar o limitar información sobre derechos reproductivos o impedir el libre ejercicio
de la determinación del número y espaciamiento de los hijos e hijas;
VII. Negar o condicionar los servicios de atención médica, o impedir la participación en
las decisiones sobre su tratamiento médico o terapéutico dentro de sus posibilidades y
medios;
VIII. Impedir la participación en condiciones equitativas en asociaciones civiles, políticas
o de cualquier otra índole;
IX. Negar o condicionar el derecho de participación política y, específicamente, el
derecho al sufragio activo o pasivo, la elegibilidad y el acceso a todos los cargos públicos,
así como la participación en el desarrollo y ejecución de políticas y programas de
gobierno, en los casos y bajo los términos que establezcan las disposiciones aplicables;
X. Impedir el ejercicio de los derechos de propiedad, administración y disposición de
bienes de cualquier otro tipo;
XI. Impedir o limitar el acceso a la procuración e impartición de justicia;
XII. Impedir que se les escuche en todo procedimiento judicial o administrativo en que se
vean involucrados, incluyendo a las niñas y los niños en los casos que la ley así lo
disponga, así como negar la asistencia de intérpretes en procedimientos administrativos o
judiciales, de conformidad con las normas aplicables;
XIII. Aplicar cualquier tipo de uso o costumbre que atente contra la dignidad e integridad
humana;
XIV. Impedir la libre elección de cónyuge o pareja;
XV. Ofender, ridiculizar o promover la violencia en los supuestos a que se refiere el
artículo 4 de esta Ley a través de mensajes e imágenes en los medios de comunicación;
XVI. Limitar la libre expresión de las ideas, impedir la libertad de pensamiento,
conciencia o religión, o de prácticas o costumbres religiosas, siempre que éstas no atenten
contra el orden público;
XVII. Negar asistencia religiosa a personas privadas de la libertad, que presten servicio
en las fuerzas armadas o que estén internadas en instituciones de salud o asistencia;
XVIII. Restringir el acceso a la información, salvo en aquellos supuestos que sean
establecidos por las leyes nacionales e instrumentos jurídicos internacionales aplicables;
XIX. Obstaculizar las condiciones mínimas necesarias para el crecimiento y desarrollo
saludable, especialmente de las niñas y los niños;
12
XX. Impedir el acceso a la seguridad social y a sus beneficios o establecer limitaciones
para la contratación de seguros médicos, salvo en los casos que la ley así lo disponga;
XXI. Limitar el derecho a la alimentación, la vivienda, el recreo y los servicios de
atención médica adecuados, en los casos que la ley así lo prevea;
XXII. Impedir el acceso a cualquier servicio público o institución privada que preste
servicios al público, así como limitar el acceso y libre desplazamiento en los espacios
públicos;
XXIII. Explotar o dar un trato abusivo o degradante;
XXIV. Restringir la participación en actividades deportivas, recreativas o culturales;
XXV. Restringir o limitar el uso de su lengua, usos, costumbres y cultura, en actividades
públicas o privadas, en términos de las disposiciones aplicables;
XXVI. Limitar o negar el otorgamiento de concesiones, permisos o autorizaciones para el
aprovechamiento, administración o usufructo de recursos naturales, una vez satisfechos
los requisitos establecidos en la legislación aplicable;
XXVII. Incitar al odio, violencia, rechazo, burla, difamación, injuria, persecución o la
exclusión;
XXVIII. Realizar o promover el maltrato físico o psicológico por la apariencia física,
forma de vestir, hablar, gesticular o por asumir públicamente su preferencia sexual, y
XXIX. En general cualquier otra conducta discriminatoria en términos del artículo 4 de
esta Ley.
Es importante mencionar que las personas con discapacidad, adultos mayores,
niñas, niños, jóvenes, personas indígenas, con VIH, no heterosexuales, con identidad de
género distinta a su sexo de nacimiento, personas migrantes, refugiadas, entre otras, son
más propensas a vivir algún acto de discriminación, ya que existen creencias falsas en
relación a temerle o rechazar las diferencias. No obstante, debemos estar conscientes de que
las personas en lo único que somos iguales, es en que somos diferentes.12
Como se apuntó, las desigualdades entre los hombres son inevitables; son,
podríamos decir, consustanciales al ser humano. La lucha del hombre por la igualdad se ha
12
Visible en www.conapred.org.mx/index.php?contenido=pagina&id=84&id_opcion=142&op=142. Consulta
realizada el 11 de enero de 2014.
13
centrado en eliminar las desigualdades injustas, ya que la igualdad se considera el elemento
fundamental de la justicia. No obstante, aplicar las leyes de forma igualitaria tampoco es
garantía suficiente de justicia sustantiva; empero, una aplicación congruente otorga, al
menos, certeza jurídica, dado que las personas sabrán lo que se les exige y pueden tratar en
esa medida de protegerse a sí mismas (Santiago, 2007: 194-195).
También es importante señalar que el hecho mismo de discriminar (dar un trato
de inferioridad a una persona o colectividad) atenta contra la dignidad del sujeto
discriminado. La discriminación puede limitar el ejercicio de cualquier derecho
fundamental (Santiago, 2011: 29). El ámbito judicial no es la excepción (acceso a la justicia
y debido proceso).
4. PRINCIPALES CONSIDERACIONES DE LA CORTE INTERAMERICANA
SOBRE EL PRINCPIO DE IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN
Al hablar del principio de igualdad y discriminación, la opinión consultiva
18/03 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos constituye una referencia
obligatoria13. Por ello, a manera de conclusión, y para pronta referencia, enseguida se
trascriben los párrafos conducentes:
83. La no discriminación, junto con la igualdad ante la ley y la igual protección de la ley a
favor de todas las personas, son elementos constitutivos de un principio básico y general
relacionado con la protección de los derechos humanos. El elemento de la igualdad es
difícil de desligar de la no discriminación. Incluso, los instrumentos ya citados (supra
párr. 71), al hablar de igualdad ante la ley, señalan que este principio debe garantizarse
sin discriminación alguna. Este Tribunal ha indicado que “[e]n función del
reconocimiento de la igualdad ante la ley se prohíbe todo tratamiento discriminatorio”.
84. En la presente Opinión Consultiva se hará una diferenciación al utilizar los términos
distinción y discriminación. El término distinción se empleará para lo admisible, en virtud
de ser razonable, proporcional y objetivo. La discriminación se utilizará para hacer
referencia a lo inadmisible, por violar los derechos humanos. Por tanto, se utilizará el
término discriminación para hacer referencia a toda exclusión, restricción o privilegio que
no sea objetivo y razonable, que redunde en detrimento de los derechos humanos.
13
http://www.corteidh.or.cr/docs/opiniones/seriea_18_esp.pdf. Consultada el 11 de enero de 2014.
14
85. Existe un vínculo indisoluble entre la obligación de respetar y garantizar los derechos
humanos y el principio de igualdad y no discriminación. Los Estados están obligados a
respetar y garantizar el pleno y libre ejercicio de los derechos y libertades sin
discriminación alguna. El incumplimiento por el Estado, mediante cualquier tratamiento
discriminatorio, de la obligación general de respetar y garantizar los derechos humanos,
le genera responsabilidad internacional.
86. El principio de la protección igualitaria y efectiva de la ley y de la no discriminación
está consagrado en muchos instrumentos internacionales. El hecho de estar regulado el
principio de igualdad y no discriminación en tantos instrumentos internacionales, es un
reflejo de que existe un deber universal de respetar y garantizar los derechos humanos,
emanado de aquel principio general y básico.
87. El principio de igualdad ante la ley y la no discriminación ha sido desarrollado por la
doctrina y jurisprudencia internacionales. …
88. El principio de igualdad y no discriminación posee un carácter fundamental para la
salvaguardia de los derechos humanos tanto en el derecho internacional como en el
interno. Por consiguiente, los Estados tienen la obligación de no introducir en su
ordenamiento jurídico regulaciones discriminatorias, de eliminar de dicho ordenamiento
las regulaciones de carácter discriminatorio y de combatir las prácticas discriminatorias.
89. Ahora bien, al examinar las implicaciones del trato diferenciado que algunas normas
pueden dar a sus destinatarios, es importante hacer referencia a lo señalado por este
Tribunal en el sentido de que “no toda distinción de trato puede considerarse ofensiva,
por sí misma, de la dignidad humana”. En este mismo sentido, la Corte Europea de
Derechos Humanos, basándose en “los principios que pueden deducirse de la práctica
jurídica de un gran número de Estados democráticos”, advirtió que sólo es discriminatoria
una distinción cuando “carece de justificación objetiva y razonable”. Pueden establecerse
distinciones, basadas en desigualdades de hecho, que constituyen un instrumento para la
protección de quienes deban ser protegidos, considerando la situación de mayor o menor
debilidad o desvalimiento en que se encuentran. Por ejemplo, una desigualdad
sancionada por la ley se refleja en el hecho de que los menores de edad que se encuentran
detenidos en un centro carcelario no pueden ser recluidos conjuntamente con las personas
mayores de edad que se encuentran también detenidas. Otro ejemplo de estas
desigualdades es la limitación en el ejercicio de determinados derechos políticos en
atención a la nacionalidad o ciudadanía.
91. Por su parte, la Corte Interamericana estableció que:
[n]o habrá, pues, discriminación si una distinción de tratamiento está orientada
legítimamente, es decir, si no conduce a situaciones contrarias a la justicia, a la razón o a la
naturaleza de las cosas. De ahí que no pueda afirmarse que exista discriminación en toda
diferencia de tratamiento del Estado frente al individuo, siempre que esa distinción parta de
supuestos de hecho sustancialmente diferentes y que expresen de modo proporcionado una
fundamentada conexión entre esas diferencias y los objetivos de la norma, los cuales no
pueden apartarse de la justicia o de la razón, vale decir, no pueden perseguir fines
arbitrarios, caprichosos, despóticos o que de alguna manera repugnen a la esencial unidad y
dignidad de la naturaleza humana.
15
92. El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas definió a la discriminación
como:
[…] toda distinción, exclusión, restricción o preferencia que se basen en determinados
motivos, como la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra
índole, el origen nacional o social, la posición económica, el nacimiento o cualquier otra
condición social, y que tengan por objeto o por resultado anular o menoscabar el
reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y
libertades fundamentales de todas las personas
93. Además, el mencionado Comité indicó que:
[…] el goce en condiciones de igualdad de los derechos y libertades no significa identidad
de trato en toda circunstancia.
95. La Comisión Africana sobre Derechos Humanos y de los Pueblos ha establecido, en
cuanto al principio de la igualdad y no discriminación, que éste
[s]ignifica que los ciudadanos deben ser tratados justamente en el sistema legal y que se les
debe garantizar un trato igual ante la ley así como el disfrute por igual de los derechos
disponibles para todos los demás ciudadanos. El derecho a la igualdad es muy importante
debido a una segunda razón. La igualdad o la falta de ésta afecta la capacidad del individuo
de disfrutar de muchos otros derechos.
96. Conforme a lo anteriormente expuesto, los Estados deben respetar y garantizar los
derechos humanos a la luz del principio general y básico de la igualdad y no
discriminación. Todo tratamiento discriminatorio respecto de la protección y ejercicio de
los derechos humanos genera la responsabilidad internacional de los Estados.
…
101. En concordancia con ello, este Tribunal considera que el principio de igualdad ante
la ley, igual protección ante la ley y no discriminación, pertenece al jus cogens, puesto
que sobre él descansa todo el andamiaje jurídico del orden público nacional e
internacional y es un principio fundamental que permea todo ordenamiento jurídico.
Hoy día no se admite ningún acto jurídico que entre en conflicto con dicho principio
fundamental, no se admiten tratos discriminatorios en perjuicio de ninguna persona, por
motivos de género, raza, color, idioma, religión o convicción, opinión política o de otra
índole, origen nacional, étnico o social, nacionalidad, edad, situación económica,
patrimonio, estado civil, nacimiento o cualquier otra condición. Este principio (igualdad y
no discriminación) forma parte del derecho internacional general. En la actual etapa de la
evolución del derecho internacional, el principio fundamental de igualdad y no
discriminación ha ingresado en el dominio del jus cogens.
…
103. En cumplimiento de dicha obligación, los Estados deben abstenerse de realizar
acciones que de cualquier manera vayan dirigidas, directa o indirectamente, a crear
situaciones de discriminación de jure o de facto. Esto se traduce, por ejemplo, en la
prohibición de emitir leyes, en sentido amplio, de dictar disposiciones civiles,
administrativas o de cualquier otro carácter, así como de favorecer actuaciones y prácticas
de sus funcionarios, en aplicación o interpretación de la ley, que discriminen a
determinado grupo de personas en razón de su raza, género, color, u otras causales.
16
104. Además, los Estados están obligados a adoptar medidas positivas para revertir o
cambiar situaciones discriminatorias existentes en sus sociedades, en perjuicio de
determinado grupo de personas. Esto implica el deber especial de protección que el
Estado debe ejercer con respecto a actuaciones y prácticas de terceros que, bajo su
tolerancia o aquiescencia, creen, mantengan o favorezcan las situaciones discriminatorias.
105. En razón de los efectos derivados de esta obligación general, los Estados sólo podrán
establecer distinciones objetivas y razonables, cuando éstas se realicen con el debido
respeto a los derechos humanos y de conformidad con el principio de la aplicación de la
norma que mejor proteja a la persona humana.
106. El incumplimiento de estas obligaciones genera la responsabilidad internacional del
Estado, y ésta es tanto más grave en la medida en que ese incumplimiento viola normas
perentorias del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. De esta manera, la
obligación general de respetar y garantizar los derechos humanos vincula a los Estados,
independientemente de cualquier circunstancia o consideración, inclusive el estatus
migratorio de las personas.
107. Consecuencia de lo anteriormente expuesto es que los Estados deben asegurar, en su
ordenamiento jurídico interno, que toda persona tenga acceso, sin restricción alguna, a un
recurso sencillo y efectivo que la ampare en la determinación de sus derechos,
independientemente de su estatus migratorio.
108. Al respecto, la Corte Interamericana señaló que:
[…] la inexistencia de un recurso efectivo contra las violaciones a los derechos reconocidos
por la Convención constituye una transgresión de la misma por el Estado Parte en el cual
semejante situación tenga lugar. En ese sentido debe subrayarse que, para que tal recurso
exista, no basta con que esté previsto por la Constitución o la ley o con que sea
formalmente admisible, sino que se requiere que sea realmente idóneo para establecer si se
ha incurrido en una violación a los derechos humanos y proveer lo necesario para
remediarla. No pueden considerarse efectivos aquellos recursos que, por las condiciones
generales del país o incluso por las circunstancias particulares de un caso dado, resulten
ilusorios. Ello puede ocurrir, por ejemplo, cuando su inutilidad haya quedado demostrada
por la práctica, porque el Poder Judicial carezca de la independencia necesaria para decidir
con imparcialidad o porque falten los medios para ejecutar sus decisiones; por cualquier
otra situación que configure un cuadro de denegación de justicia, como sucede cuando se
incurre en retardo injustificado en la decisión; o, por cualquier causa, no se permita al
presunto lesionado el acceso al recurso judicial.
109. Esta obligación general de respetar y garantizar el ejercicio de los derechos tiene un
carácter erga omnes. Dicha obligación se impone a los Estados, en beneficio de los seres
humanos bajo sus respectivas jurisdicciones, e independientemente del estatus migratorio
de las personas protegidas. La mencionada obligación alcanza la totalidad de los derechos
contemplados por la Convención Americana y el Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos, inclusive el derecho a las garantías judiciales. De ese modo, se preserva el
derecho de acceso de todos a la justicia, entendido como el derecho a la tutela
jurisdiccional efectiva.
110. Finalmente, en lo que atañe a la segunda parte de la cuarta pregunta de la solicitud
de opinión consultiva (supra párr. 4), todo lo señalado en los párrafos anteriores se aplica
17
a todos los Estados miembros de la OEA. Los efectos del principio fundamental de la
igualdad y no discriminación alcanzan a todos los Estados, precisamente por pertenecer
dicho principio al dominio del jus cogens, revestido de carácter imperativo, acarrea
obligaciones erga omnes de protección que vinculan a todos los Estados y generan efectos
con respecto a terceros, inclusive particulares.
18
Estados en los que se cuenta con cláusula antidiscriminatoria constitucional, ley
antidiscriminatoria y conducta tipificada en relación a la discriminación 14
Cláusula constitucional
antidiscriminatoria
Ley estatal
antidiscriminatoria
Conducta tipificada
1. Aguascalientes
No
si
Discriminación
2. Baja California
No
si
Estado
No hay conducta tipificada
Discriminación racial, étnica,
religiosa, por razones de
género, edad o discapacidad,
como agravante del delito de
injurias
3. Baja California Sur
Si
si
4. Campeche
No
si
5. Chiapas
Si
si
Odio. Contiene elementos d
la
definición
de
discriminación
Contra la dignidad de las
personas
6. Chihuahua
No
si
Discriminación
7. Coahuila
Si
si
8. Colima
Si
si
Discriminación
9. Distrito Federal
No
si
1. Discriminación
2. Odio como calificativa
de los delitos de homicidio
y de lesiones
10.Durango
Si
si
Discriminación
11.Estado de México
Si
si
Discriminación
12. Guanajuato
Si
no
13.Guerrero
No
si
No hay conducta tipificada
1. Discriminación
2. Situación de
vulnerabilidad motivada por
la discriminación como
calificativa en el delito de
homicidio
3. Situación de
vulnerabilidad motivada por
la discriminación como
agravante del delito de
lesiones
4. Discriminación como
elemento para la comisión
del delito de abuso de
autoridad
14. Hidalgo
Si
si
No hay conducta tipificada
15. Jalisco
Si
no
No hay conducta tipificada
16. Michoacán
Si
si
No hay conducta tipificada
17.Morelos
Si
si
No hay conducta tipificada
14
1. Contra la dignidad e
igualdad de las personas.
2. Situación de vulnerabilidad
motivada por la condición
física
o
mental
o
por
discriminación
como
calificativas de los delitos de
homicidio y de lesiones
Recuadro elaborado a partir de la información contenida en la página oficial del CONAPRED,
consultada el 11 de enero de 2014.
19
Odio por la condición de
género, preferencia sexual o
religiosa u origen racial
como calificativa del delito
de homicidio y lesiones
18. Nayarit
No
si
19. Nuevo León
Si
no
20. Oaxaca
No
no
21.Puebla
Si
no
No hay conducta tipificada
1.Etnocidio
2. Discriminación cultural
(en la Ley de Derechos de
los Pueblos y Comunidades
Indígenas)
1. Discriminación
2. Se establece la
discriminación como una
forma comisiva para los
delitos en materia de
esterilización.
3. Odio como calificativa
en la comisión del delito de
homicidio y lesiones
22. Querétaro
No
si
Discriminación
23. Quintana Roo
Si
si
24. San Luis Potosí
Si
si
Discriminación
Se
establece
la
discriminación como forma
comisiva del delito de
tortura
25. Sinaloa
No
si
Discriminación
26.Sonora
No
no
No hay conducta tipificada
27. Tabasco
Si
no
No hay conducta tipificada
28. Tamaulipas
No
si
No hay conducta tipificada
29.Tlaxcala
Si
no
Discriminación
30. Veracruz
No
si
31.Yucatán
Si
si
Discriminación
32. Zacatecas
Si
si
No hay conducta tipificada
19
24
Discriminación de las personas
Total
Última actualización:
Leyes estatales: 10/09/2013
Cláusula antidiscriminatoria constitucional: 18/04/2013
Conducta tipificada: 11/07/2013 (Con base en la legislación obtenida el mes de mayo de 2013.)
A nivel estatal existen:
Constituciones locales:
19 cláusulas antidiscriminatorias constitucionales.
Leyes antidiscriminatorias estatales:
24 leyes antidiscriminatorias.
20
En resumen, de acuerdo con el principio de igualdad y no discriminación,
todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en la CPEUM y en
los tratados internacionales de los que el Estado mexicano sea parte, sin
discriminación alguna, motivada, entre otros factores, por su condició n social o
económica (pobreza). El Estado, por conducto de todas y cada una de las autoridades
que lo componen, es el principal obligado a promover, respetar, proteger y
garantizar el derecho humano a la igualdad y no discriminación de conformidad con
los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad.
Ahora bien, cuando eventualmente existe una vulneración a los derechos
humanos, ya sea por parte del Estado o de un particular, la persona afectada es
titular del derecho de acceso a la justicia para lograr que se le repare el daño
causado. La obligación de promover, respetar, proteger y garantizar el derecho de
acceso a la justicia recae también en el Estado. Por tanto, atendiendo a la
interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos, el Estado tiene la
obligación de proteger y garantizar de manera efectiva el derecho de acceso a la
justicia a todas las personas, lo que al mismo tiempo implica y requiere también
atender de manera efectiva, y no sólo formal, el derecho de igualdad y no
discriminación, es decir, el Estado está obligado a considerar de manera especial las
características particulares de cada persona involucrada en el litigio , a fin de
remover los múltiples obstáculos que pueden bloquearle el efectivo acces o a la
justicia, de otro modo, esa persona no tendrá más opción –provocada por el mismo
Estado– que soportar la violación a sus derechos humanos, lo que a la postre
generará impunidad, y ésta, a su vez, la reiteración en la violación a los derechos
humanos y, finalmente, en la afectación al Estado democrático.
21
CAPITULO II
ACCESO A LA JUSTICIA Y POBREZA
1. EL DERECHO DE ACCESO A LA JUSTICIA
En materia de acceso a la justicia existen grupos de personas especialmente
vulnerables, quienes, por lo mismo, están lejos de acceder a la justicia en un plano de
igualdad sustancial, a pesar de que formalmente la Constitución Federal, los tratados
internacionales en materia de derechos humanos y la ley les reconocen esa igualdad. Se
trata de mujeres, indígenas, migrantes, aquellas que tienen alguna discapacidad, niñas y
niños y, en lo que aquí interesa, las personas en situación de pobreza.
Cabe recordar que los hechos discriminatorios aumentan cuando un mismo
individuo pertenece a varios grupos en desventaja, sufriendo formas agravadas y
específicas de discriminación –discriminación múltiple– (Santiago, 2011: 29).
Ahora bien, el derecho de acceso a la justicia implica la posibilidad de toda
persona, independientemente de su condición económica, social o de cualquier otra
naturaleza, de acudir ante los tribunales para formular pretensiones o defenderse de ellas,
de obtener un fallo de esos tribunales y, que la resolución pronunciada sea cumplida y
ejecutada (Rojas, Martha, 2010: 1).
El acceso a la justicia es un derecho fundamental [pero no absoluto]. Es uno de
los elementos que integran el derecho más amplio a la tutela jurisdiccional, aunque a veces
ambos conceptos se confunden. Sin embargo, aquí conviene aclarar que el derecho a la
tutela jurisdiccional es de tipo genérico, el cual a su vez se compone por tres derechos: 1.el de acceso a la justicia; 2.- el debido proceso; y, 3.- la eficacia de la sentencia y decisión.
En resumen, el derecho de acceso a la justicia es sólo uno de los aspectos que comprende la
tutela jurisdiccional (Guía de acceso a la justicia, 2012: 16 y 17).
Según Chamorro Bernal (1994: 12 y 13), desde el punto de vista garantista del
Tribunal Constitucional Español, la tutela judicial efectiva se compone de cuatro derechos
22
básicos, que luego se desmenuzan en otros muchos componentes. Estos derechos básicos,
de acuerdo con el citado autor, son: el derecho de libre acceso a la jurisdicción y al proceso
en las instancias reconocidas; el derecho de defensa o la prohibición constitucional de
indefensión; el derecho a obtener una resolución fundada en derecho que ponga fin al
proceso; y, el derecho constitucional a la efectividad de la tutela judicial.
El acceso a la justicia constituye el primer contenido lógico del derecho a la
tutela judicial efectiva, cuyo reconocimiento implica también la prohibición a los poderes
públicos de limitar, más allá de lo razonable su ejercicio, el cual puede verse conculcado
por aquellas normas que impongan requisitos impeditivos que resulten innecesarios,
excesivos y carentes por razonabilidad o proporcionalidad respecto de los fines que
lícitamente pueda perseguir el legislador, así como por interpretaciones de las mismas
manifiestamente erróneas, irrazonables o basadas en criterios que por su rigorismo
excesivo, o cualquier otra razón, que revele una clara desproporción entre los fines que
aquella causa preserva y los intereses que se sacrifican, convirtiendo en arbitraria la
negación de la concurrencia del requisito (Goig Martínez, 2006: 360).
El derecho de acceso a la justicia es de carácter adjetivo, pues otorga a las
personas la posibilidad de tener una vía jurisdiccional para la tutela (Guía de acceso a la
justicia, 2012: 17). El acceso humano a la justicia es un derecho humano fundamental en un
sistema democrático que tenga por objeto garantizar los derechos de todos por igual.
Cuando otros derechos son violados, constituye la vía para reclamar su cumplimiento ante
los tribunales y garantizar la igualdad ante la ley (Birgin y Cohen: 15).
El objeto del derecho de acceso a la justicia se concreta en obtener la tutela en
el ejercicio de los derechos e intereses legítimos, lo que se produce en el momento en que
se consigue una resolución judicial definitiva que debe ser cumplida; aunque esto no
significa que el titular del derecho tenga que conseguir la satisfacción de los derechos que
se invocan como incumplidos. Incluso, el derecho de acceso al proceso no implica la
garantía de un pronunciamiento sobre el fondo la cuestión planteada a los órganos
jurisdiccionales. Lo que se garantiza es el estudio de la causa por los jueces, pero es posible
23
una decisión de inadmisión, siempre que esta respuesta sea la aplicación razonada y
proporcionada de una causa legal en la que se provea esta consecuencia (Goig Martínez,
2006: 358 y 360).
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha señalado que los derechos que
comprende el artículo 17 constitucional, entre ellos el de acceso a la justicia, obligan no
sólo a órganos judiciales, sino a cualquier autoridad que materialmente realice actos
jurisdiccionales, como son, incluso, los actos realizados por el Ministerio Público en
materia penal –investigación y persecución de los delitos– (Guía de acceso a la justicia,
2012: 18 y 19).
El derecho de acceso a la justicia, a nivel constitucional, está reconocido en el
artículo 17 de la CPEUM. A escala internacional, son varios los instrumentos que se
refieren a este derecho, ya sea de manera general, indicando sus elementos mínimos, o
desarrollando su contenido de acuerdo al status jurídico de su titular.15
El derecho de acceso a la justicia es visto desde dos ámbitos: el reduccionista o
institucional y el integral. El primero, que es al que se refiere el artículo 17 constitucional,
se limita sólo a lo estrictamente jurisdiccional (el sistema preexistente de cortes y
tribunales, su capacitación, organización, etcétera); en cambio, el integral va más allá de
esto, ya que el acceso a la justicia también se concibe como un instrumento para la
transformación de las relaciones de poder que perpetúan la exclusión, la pobreza y la
subordinación de grupos, tales como mujeres, presos, indígenas, migrantes, discapacitados,
etcétera (Guía de acceso a la justicia, 2012: 17 y 18).
La interpretación desarrollada por la SCJN en relación con el artículo 17
constitucional limita el alcance del acceso a la justicia a los siguientes elementos: justicia
15
Véase el recuadro que se anexa al final de este capítulo, elaborado Sobre este último punto, sirve
de ilustración el siguiente recuadro, elaborado por el doctor Mario Santiago Juárez.
24
pronta y el criterio de plazo razonable; justicia completa; justicia imparcial; y justicia
gratuita (Guía de acceso a la justicia, 2012: 26); esto es, realiza una interpretación desde
una visión institucional o reduccionista.
Dicho con otras palabras, los tribunales en México interpretan el derecho de
acceso a la justicia desde una perspectiva meramente formal, es decir, reducen el papel de
los tribunales casi a un mero árbitro entre las partes, cuidando sólo una igualdad formal, en
oposición a una igualdad sustancial. El derecho de acceso a la justicia no se concibe como
un verdadero y eficaz mecanismo para lograr la transformación de las relaciones de poder
que perpetúan la exclusión, la pobreza y la subordinación de grupos.
Algunos de los criterios que dan cuenta de la forma en que actualmente la
Suprema Corte de Justicia de la Nación ha interpretado el derecho de acceso a la justicia,
son los siguientes:
1. TUTELA JUDICIAL EFECTIVA. SU ALCANCE FRENTE AL
DESECHAMIENTO DE LA DEMANDA DE AMPARO AL RESULTAR
IMPROCEDENTE LA VÍA CONSTITUCIONAL Y PROCEDENTE LA
ORDINARIA. El reconocimiento del derecho a la tutela judicial efectiva frente al
desechamiento de una demanda de amparo por improcedencia de la vía, no implica
que el órgano constitucional del conocimiento deba señalar la autoridad jurisdiccional
ordinaria que considera competente para tramitar la vía intentada y ordenar la remisión
de los autos y menos aún, que aquélla tome como fecha de ejercicio de la acción la de
presentación de la demanda del juicio constitucional improcedente, pues ello
implicaría dar al citado derecho un alcance absoluto que desconocería las limitaciones
legal y constitucionalmente admitidas que guardan una razonable relación de
proporcionalidad entre los medios que deben emplearse y su fin; es decir, se
desvirtuaría la finalidad de instrumentar requisitos y presupuestos procesales que
permitan mantener la legalidad y seguridad jurídica requeridas dentro del sistema
jurídico, en tanto que se beneficiaría indebidamente a una parte y se desconocerían los
derechos de la contraparte en un proceso, al permitir a los particulares rescatar
términos fenecidos y desconocer instituciones jurídicas como la prescripción,
instituidas para efectos de orden público.16
16
2a./J. 125/2012 (10a.), Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima Época, Libro
XIV, Noviembre de 2012, Tomo 2, página 1583, registro 2002215.
25
De este criterio jurisprudencial se desprende que la Suprema Corte adopta un
criterio de igualdad formal entre las partes, pues desde su punto de vista, si el promovente
se equivoca de vía, y en lugar de acudir ante un juzgado del fuero común presenta su
demanda ante un tribunal de amparo, este último no tiene porqué enviar la demanda a la
instancia correcta, dado que rompería con el principio de igualdad entre las partes. Sin
embargo, considero que esa determinación es injustificada, pues el poder judicial, ya sea
del fuero común o federal, no deja de formar parte del Estado, como un todo, y al ser este
quien debe velar por un adecuado acceso a la justicia, ningún derecho violaría con sólo
enviar la demanda al juez que sea competente, pues el requisito de presentar la demanda
ante un juez competente no debe ser interpretado en el sentido de que materialmente la
demanda se deposite ante el juez competente, sino más bien en el sentido de que sea un juez
competente quien decida la controversia, sin importar si la demanda le llegó directamente
de las partes o si se la remitió un juez que se considere incompetente.
2. PRINCIPIO DISPOSITIVO EN MATERIA MERCANTIL. NO LIMITA EL
DERECHO FUNDAMENTAL DE ACCESO A LA JUSTICIA CONTENIDO
EN EL ARTÍCULO 17 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS
ESTADOS UNIDOS MEXICANOS.- El principio dispositivo descansa en el hecho
de que, por regla general, los derechos e intereses jurídicos que se discuten en el
proceso son del dominio absoluto de los particulares; de ahí que tenga plena
operatividad en los juicios en materia mercantil, al discutirse en éstos cuestiones que
incumben exclusivamente a los contendientes. Así, por virtud de dicho principio
procesal, la tarea de iniciación e impulso del procedimiento está en manos de los
contendientes y no del juzgador, razón por la que éste no puede sustituirse al actor y
ejercer oficiosamente una acción, ni en relación con el demandado, contestar la
demanda y fijar la litis; asimismo, no puede tomar la iniciativa de recabar las pruebas
que estime conducentes para el esclarecimiento de la verdad en la resolución de la
controversia, pues es en aquéllos en quienes recae la obligación de probar sus
pretensiones o defensas; tan es así, que el artículo 1194 del Código de Comercio
señala que el que afirma está obligado a probar y, en consecuencia, el actor debe
probar su acción y el reo sus excepciones. Esta carga probatoria que recae en las partes
y no en el juzgador, deja al arbitrio de los litigantes valorar la necesidad de ofrecer
pruebas y determinar las que estimen conducentes a sus intereses, lo cual redunda en
su propio beneficio, pues al formar parte de la contienda, se presume que nadie sabe
mejor que los litigantes cuándo ofrecer pruebas y abstenerse de hacerlo y, en su caso,
cuáles son idóneas para demostrar sus pretensiones o defensas; esto es, atendiendo al
principio dispositivo, el cual cobra relevancia en materia probatoria, el juzgador no
puede ir más allá de lo pedido por las partes, sin que ello implique una limitación al
derecho de acceso a la justicia consagrado en el artículo 17 de la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos, pues la circunstancia de que el citado principio
impida la actuación oficiosa del juzgador en asuntos en los que la controversia sólo
atañe a los particulares, no les afecta, pues no les impide acceder a los tribunales a
26
plantear una pretensión o defenderse de ella, para que a través de un proceso en el que
se respeten ciertas formalidades, se decida sobre la pretensión o la defensa que se
plantea; por el contrario, este principio respeta la igualdad y el equilibrio procesal que
debe haber entre los contendientes en términos del principio de justicia imparcial
derivado del referido derecho de acceso a la justicia, pues impide que el juzgador,
tomando partido por alguna de las partes y a pretexto de ser el director del proceso, lo
impulse indebidamente o recabe pruebas ajenas a las ofrecidas por ellas para la
solución de la controversia. Además, contribuye a que la justicia se administre en los
plazos y términos que para tal efecto establezcan las leyes, pues la actividad que las
partes están constreñidas a realizar debe ser oportuna, es decir, debe sujetarse a los
plazos y términos que fijan las leyes, ya que de lo contrario operará la preclusión y, en
casos extremos, podrá actualizarse la caducidad de la instancia.17
En este criterio judicial también se parte de la base de que los contendientes se
encuentran en igualdad de circunstancias; por tanto, a ambos se les impone la carga de
probar los extremos de sus pretensiones. Impera un criterio de igualdad formal, pasando por
alto las diferencias materiales que pueden existir entre las partes.
3. AMPARO DIRECTO EN MATERIA PENAL. LA VÍCTIMA U OFENDIDO
DEL DELITO TIENE LEGITIMACIÓN PARA PROMOVERLO CUANDO SE
IMPUGNAN APARTADOS JURÍDICOS DIVERSOS AL DE LA
REPARACIÓN DEL DAÑO DE LA SENTENCIA DEFINITIVA.- Conforme al
principio de progresividad en la protección de los derechos humanos, entre ellos, los
derechos de acceso a la justicia y recurso efectivo, garantizados en los artículos 1o., 17
y 20 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 8, numeral 1, y 25
de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la víctima u ofendido del
delito tiene legitimación para impugnar, a través del juicio de amparo directo, la
constitucionalidad de todos los apartados que conforman la sentencia definitiva
condenatoria. De ahí que no se actualice la causa de improcedencia prevista en el
artículo 73, fracción XVIII, en relación con el numeral 10, ambos de la Ley de
Amparo, por el hecho de que la víctima u ofendido impugne apartados jurídicos
diversos al de reparación del daño de la sentencia definitiva; lo anterior es así, toda
vez que la legitimación para promover un juicio constitucional no se constriñe a los
supuestos establecidos expresamente en el referido artículo 10, sino que debe
atenderse con la amplitud de protección establecida en el artículo 20 constitucional y
analizar cuando se reclama la afectación personal y directa de algunos de los derechos
humanos ahí reconocidos. Dicha legitimación es acorde con el principio de equilibrio
de las partes procesales en materia penal y con el reconocimiento de la calidad de
parte activa en el sistema procesal a favor de la víctima u ofendido del delito, ya que
permite exigir el derecho a conocer la verdad; solicitar que el delito no quede impune;
17
Tesis: 1a. CCVI/2013 (10a.), Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima Época,
Libro XXII, Julio de 2013, Tomo 1, página 566, número de registro 2004058.
27
que se sancione al culpable y se obtenga la reparación del daño, mediante la
impugnación no sólo de la eventual ilegalidad del apartado concreto de reparación del
daño, sino también de los pronunciamientos judiciales relacionados con los
presupuestos de acreditación del delito, la demostración de la plena responsabilidad
penal del sentenciado y la individualización de sanciones. Consecuentemente, la
legitimación de la víctima u ofendido del delito para promover juicio de amparo
directo debe interpretarse en sentido amplio y protector como instrumento legal y
eficaz que garantice la protección de sus derechos humanos, en franca oposición al
delineamiento de acciones regresivas.18
Con el criterio anterior la Suprema Corte de Justicia de la Nación se ajusta a los
estándares internacionales de derechos humanos, ya que amplía la legitimación de la
víctima para acudir al juicio de amparo no solamente cuando reclame cuestiones asociadas
con la reparación del daño, como se estableció durante mucho tiempo, sino también cuando
controvierta aspectos distintos.
Sin embargo, en las dos jurisprudencias siguientes, desde mi punto de vista, la
Suprema Corte limita el acceso a la justicia, al no permitir que el autorizado en términos
amplios del artículo 1069 del Código de Comercio pueda promover la demanda de amparo
en representación de su autorizante. En última instancia, creo que ello era un requisito
subsanable, es decir, que se debería de requerir a la autorizante para que manifestar si era su
deseo presentar o no la demanda. Me parece una formalidad excesiva. Las jurisprudencias
de que se habla son estas:
4. AMPARO DIRECTO EN MATERIA MERCANTIL. EL AUTORIZADO
POR LAS PARTES EN TÉRMINOS DEL ARTÍCULO 1069, PÁRRAFO
TERCERO, DEL CÓDIGO DE COMERCIO, NO ESTÁ FACULTADO PARA
PROMOVER AQUEL JUICIO A NOMBRE DE SU AUTORIZANTE.- La
acción es un derecho subjetivo procesal para promover y mantener un juicio ante un
órgano jurisdiccional, cuyo ejercicio corresponde iniciarlo a quien plantea una
pretensión litigiosa y dice ser titular de un derecho controvertido, por lo que los actos
vinculados directamente con la fijación de tal pretensión inicial, como lo es la
18
Jurisprudencia 1a./J. 40/2013 (10a.), Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima
Época, Libro XXII, Julio de 2013, Tomo 1, página 123, registro 2003918
28
formulación de la demanda, son exigibles al titular del derecho de acción o a su
representante legal o apoderado. Tal criterio, aplicado al juicio de amparo, implica que
para formular la demanda sea exigible que la petición provenga de quienes figuran
como quejosos (o sus representantes legales o apoderados), pues al ser los titulares de
la acción, son los únicos legitimados para decidir qué actos son los que les ocasionan
perjuicio y de qué forma se lesionan sus garantías individuales o derechos humanos,
conforme al principio de instancia de parte agraviada que rige en el juicio de amparo,
acorde con los artículos 107, fracción I, de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos; 4o. de la Ley de Amparo, vigente hasta el 2 de abril de 2013, y
5o., fracción I, y 6o. de la Ley de Amparo vigente desde el 3 del mismo mes y año. En
ese sentido, la demanda de amparo debe formularse por el quejoso o su representante
legal o apoderado, sin que pueda sustituirse por un autorizado designado en los
términos amplios que prevé el artículo 1069, párrafo tercero, del Código de Comercio,
porque incluso de los artículos 13 de la Ley de Amparo abrogada y 11 de la ley
vigente, se advierte que dicha autorización sólo surte efectos para atender
procesalmente el juicio mercantil de origen, ya que el alcance de las facultades de
"defensa de los derechos del autorizante", no se traduce en que pueda realizar
cualquier acto en nombre de éste, sino que su participación, por un lado, debe
entenderse limitada a la tramitación del proceso mercantil de origen, por ser una
autorización de tipo procesal en la que el legislador no previó que el autorizado
adquiriera el carácter de representante legal; y, por otro, porque tales facultades
procesales deben armonizarse con el principio de instancia de parte agraviada que rige
en materia de amparo, acorde con el cual se reserva al quejoso como directamente
afectado la formulación de la demanda de amparo directo en materia mercantil. En
consecuencia, en el juicio de amparo directo en esta materia, la demanda debe
provenir directamente de quien figura como quejoso o de su representante legal o
apoderado, calidades que no se surten respecto del autorizado conforme al artículo
1069, párrafo tercero, del Código de Comercio.19
5. AMPARO INDIRECTO EN MATERIA MERCANTIL. EL AUTORIZADO
POR LAS PARTES EN TÉRMINOS DEL ARTÍCULO 1069, PÁRRAFO
TERCERO, DEL CÓDIGO DE COMERCIO, NO ESTÁ FACULTADO PARA
PROMOVERLO A NOMBRE DE SU AUTORIZANTE.- Esta Primera Sala de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación sostuvo en la tesis de jurisprudencia de rubro:
"AMPARO DIRECTO EN MATERIA MERCANTIL. EL AUTORIZADO POR LAS
PARTES EN TÉRMINOS DEL ARTÍCULO 1069, PÁRRAFO TERCERO, DEL
CÓDIGO DE COMERCIO, NO ESTÁ FACULTADO PARA PROMOVER AQUEL
JUICIO A NOMBRE DE SU AUTORIZANTE.", que para formular la demanda de
amparo es necesario que la petición provenga de quienes figuran como quejosos (o sus
representantes legales o apoderados), pues al ser los titulares de la acción, son los
únicos legitimados para decidir qué actos son los que les ocasionan perjuicio y de qué
forma se lesionan sus garantías individuales o derechos humanos, conforme al
principio de instancia de parte agraviada que rige en el juicio de amparo, acorde con
19
Jurisprudencia 1a./J. 97/2013 (10a.), Semanario Judicial de la Federación, Décima Época,
registro número 2005034.
29
los artículos 107, fracción I, de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, 4o. de la Ley de Amparo, vigente hasta el 2 de abril de 2013, y 5o.,
fracción I, y 6o. de la Ley de Amparo vigente desde el 3 del mismo mes y año; de ahí
que el quejoso no pueda sustituirse por un autorizado designado en los términos
amplios que prevé el artículo 1069, párrafo tercero, del Código de Comercio, porque
incluso de los artículos 13 de la Ley de Amparo abrogada y 11 de la vigente, se
advierte que dicha autorización surte efectos sólo para atender procesalmente el juicio
mercantil de origen. Tales consideraciones sustanciales que fueron analizadas desde la
perspectiva del trámite del juicio de amparo directo, al resolver la contradicción de
tesis 135/2013, resultan de aplicación extensiva, en lo conducente, al caso del juicio de
amparo indirecto, ya que en relación con la personalidad de quien promueve el juicio
constitucional, la legislación de la materia establece reglas generales que permiten
utilizar la solución de aquella contradicción. En consecuencia, en el amparo indirecto
en materia mercantil, la demanda debe provenir directamente de quien figura como
quejoso o de su representante legal o apoderado, calidades que no se surten respecto
del autorizado conforme al artículo 1069, párrafo tercero, del Código de Comercio.
Y si es verdad que el autorizado en términos amplios del artículo 27 de la
anterior Ley de Amparo, similar al artículo 12 de la nueva Ley de Amparo, constituye un
mandatario judicial como lo es el autorizado en términos del artículo 1069 del Código de
Comercio, entonces las dos jurisprudencias anteriores se contraponen con la siguiente, que
es mucho más garantista y apegada al derecho de acceso a la justicia.
AUTORIZADO EN TÉRMINOS AMPLIOS DEL ARTÍCULO 27 DE LA LEY
DE AMPARO. ESTÁ LEGITIMADO PARA INTERPONER RECURSO DE
REVISIÓN CONTRA EL AUTO QUE DESECHA LA DEMANDA, AUN
CUANDO EL JUEZ DE DISTRITO NO LE HAYA RECONOCIDO ESE
CARÁCTER.- La primera parte del segundo párrafo del artículo 27 de la Ley de
Amparo faculta al quejoso y al tercero perjudicado para designar a un autorizado,
cuyas atribuciones son las de realizar cualquier acto en defensa de los intereses de su
autorizante, como lo es la interposición de recursos. Ahora bien, tanto del texto de
dicho precepto como de sus antecedentes legislativos se advierte que para que esta
forma de mandato judicial surta efectos sólo se requiere la manifestación expresa del
autorizante en ese sentido, sin mayores condiciones, excepto en las materias civil,
mercantil y administrativa, en cuyo caso el autorizado debe acreditar que está
legalmente facultado para ejercer la profesión de abogado. En ese tenor, se concluye
que si el agraviado presenta la demanda de garantías y en ella designa a su autorizado,
delegándole las facultades procesales que prevé la indicada disposición, éste puede
recurrir el auto de desechamiento emitido por el juez de distrito, aun cuando no se le
haya reconocido ese carácter, porque su legitimación deviene de la voluntad del
quejoso y no del reconocimiento por parte del juzgador de amparo. Interpretar lo
contrario significaría desconocer el texto expreso del citado artículo 27, contrariar la
voluntad del quejoso expresada al resguardo de dicha norma, mermar sus
posibilidades de defensa ante un acto de tanta trascendencia como lo es el
30
desechamiento de la demanda de amparo, y consentir que una omisión sólo atribuible
al juez redunde en perjuicio del agraviado, todo lo cual vulneraría el derecho a la
tutela judicial efectiva contenido en el artículo 17 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos.
Podría argumentarse, quizá, que esta jurisprudencia se integró con anterioridad
a las dos citadas en primer lugar, por lo que implícitamente se ha abandonado ese criterio.
Sin embargo, de ser esto cierto, tendría que justificarse con argumentos contundentes
porqué tratándose de la demanda de amparo directo o indirecto el autorizado de la parte
quejosa no está facultado para promoverla; mientras que, tratándose del recurso de revisión
contra el auto que desecha la demanda de amparo, el autorizado de la quejosa sí tiene
facultades. Creo que bien podría demandarse violación al principio de igualdad y no
discriminación a la luz de un tratamiento injustificado. No pretendo sostener que así sea
definitivamente, pero podría desarrollarse más esta idea.
2.- POBREZA Y ACCESO A LA JUSTICIA
El término “pobreza” tiene distintos significados en las ciencias sociales, razón
por la cual algunos autores la consideran como un fenómeno complejo, heterogéneo y
multifacético, fácil de percibir pero difícil de explicar de manera teórica en forma
comprensiva y de medir de manera satisfactoria (Vil, 2009: 18).
Guillermo Cabanellas la define de la siguiente manera:
Pobreza. Carencia de lo necesario para el sustento material. II. Escasez, falta o
privación en materia económica. II. Abandono voluntario de los bienes que por
impulsos superiores y por el obligatorio voto de pobreza han de efectuar los
religiosos al profesar en las comunidades respectivas. II. Cortedad de ánimo, luces
o ideas. II. Falta de virtud, valor, energía o talento, en la expresiva definición de
Espasa, al que corresponde también la acepción anterior. II. Por abreviación
antonomástica en lo jurídico, pobreza legal (Cabanellas, 1981: 283).
31
Diferentes causas conducen a que una persona sea pobre o indigente. Esas
causas determinan el tipo de pobreza que esa persona sufre y cada tipo de pobreza requiere
un tratamiento distinto y una reacción estatal diversa (Saba, 2012: 45).
Paul Spicker, citado por Enel Vil (2009), refiere once posibles formas de
identificar la palabra “pobreza”, a saber: necesidad, estándar de vida, insuficiencia de
recursos, carencia de seguridad básica, falta de titularidades, privación múltiple,
exclusión, desigualdad, clase, dependencia y padecimiento inaceptable.
La pobreza, según lo ha expresado el Comité de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales, incluye el hambre, una educación deficiente, la discriminación, la
vulnerabilidad y la exclusión social, dentro del contexto del Pacto Internacional de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Pero en el marco de la Carta de Derechos
Humanos, debe entendérsela “como una condición humana que se caracteriza por la
privación continua o crónica de los recursos, la capacidad, las opciones, la seguridad y el
poder necesarios para disfrutar de un nivel de vida adecuado y de otros derechos civiles,
culturales y económicos, políticos y sociales (Nikken, 2008: 94).
Efectivamente, la pobreza se manifiesta por la imposibilidad de quienes la
sufren de satisfacer necesidades básicas de diversas características dentro de una sociedad,
que pueden ser de diverso tipo: alimentación, educación, vivienda, salud, recreación y
cultura. Esta carencia genera un entorno social en el que las personas se ven obligadas a
batallar por satisfacer sus necesidades básicas, lo cual puede representar una fuente
potencial de conflictos, en tanto que, la lucha cotidiana contra la pobreza y la frustración
que se genera en el individuo por las dificultades que atraviesa, pueden constituirse en
fuente de conductas antisociales, incrementadas por la existencia de situaciones de
indefensión, constituidas por la falta de medios de quienes sufren perjuicios o agresiones,
para acceder a soluciones acordes al derecho, lo que promueve la continuidad de
situaciones violatorias de derechos estimuladas por la impunidad (Galván y Álvarez: 115).
La palabra “pobreza” no está presente en ninguno de los tratados fundamentales
de las Naciones Unidas sobre derechos humanos, salvo en una mención más bien tangencial
en el Preámbulo de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de
32
Discriminación contra la Mujer, así como en una equívoca alusión en la Declaración de
Filadelfia de la OIT. Apenas recientemente, el preámbulo y el artículo 28 de la Convención
sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006), se ha ocupado explícitamente
de la situación de personas que viven en situación de pobreza y de la erradicación de la
misma (Nikken: 97).
En el punto 3, de los Principios Básicos sobre la Función de los Abogados, se
estipula que los gobiernos velarán por que se faciliten fondos y otros recursos suficientes
para asistencia jurídica a las personas pobres y, en caso de resultar necesario, a otras
personas desfavorecidas. También se establece que las asociaciones profesionales de
abogados colaborarán en la organización y prestación de servicios, medios materiales y
otros recursos (Principios básicos sobre la Función de los Abogados).
Asimismo, el artículo 4 de dicho documento, señala que los gobiernos y
asociaciones profesionales de abogados promoverán programas para informar al público
acerca de sus derechos y obligaciones en virtud de la ley y de la importante función que
desempeñan los abogados en la protección de sus libertades fundamentales. Debe prestarse
especial atención a la asistencia de las personas pobres y de otras personas menos
favorecidas a fin de que puedan probar sus derechos y, cuando sea necesario, recurrir a la
asistencia de un abogado (Ídem).
En el caso mexicano, por citar algunos ejemplos, en la nueva Ley de Amparo se
prevé expresamente que la suplencia de la queja operara en favor de las personas que por
sus condiciones de pobreza o marginación se encuentren en clara desventaja social para su
defensa en el juicio (LA, Art. 79, fracción VII); de igual modo, se les exime de exhibir las
copias de traslado y para el expediente relativo cuando interpongan recursos de revisión o
queja; también se les exenta de exhibir las copias de traslado para las demás partes y para el
incidente de suspensión cuando promuevan la demanda de amparo indirecto, y directo;
incluso se les libera de preparar las violaciones procesales tratándose de amparo directo y
amparo adhesivo (LA, Arts. 88, 100, 110, 171, 177 y 182).
33
Tales disposiciones legales sólo constituyen una garantía formal del derecho de
igualdad y no discriminación, pero en realidad no garantizan ni protegen una igualdad
material a las personas en situación de pobreza.
Respecto al alcance de lo que debe entenderse por pobreza, un planteamiento
interesante puede extraerse a partir de lo resuelto por la Corte Constitucional Colombiana
en el caso de los Recicladores, en donde la pobreza no solamente fue entendida como la
carencia de los bienes de los derechos sociales, sino como la carencia de reconocimiento
social de la actividad que desarrollan grupos marginados (Rincón, 2013: 256).
Tradicionalmente se ha identificado a la pobreza con la carencia de recursos
económicos, pero se trata de un fenómeno más complejo, que inflige sufrimientos a quienes
la padecen que desbordan con mucho el ámbito de lo estrictamente económico, aunque la
carencia de recursos pueda ser por lo general la causa más ostensible de la miseria. La
pobreza implica privaciones originadas en dificultades económicas, pero no se agota allí, se
trata de una condición sociocultural integral, que comprende o por lo menos afecta
seriamente, a la totalidad de las dimensiones de la persona que la padece (Nikken: 93).
3.- EL ACCESO A LA JUSTICIA DE LOS POBRES Y GRUPOS MARGINADOS
Por acceso a la justicia debe entenderse “un acceso de todos a los beneficios de
la justicia y del asesoramiento legal y judicial, en forma adecuada a la importancia de
cada tema o asunto, sin costos o con costos accesibles, por parte de todas las personas
físicas y jurídicas, sin discriminación alguna por sexo, raza, religión o nacionalidad”
(Lynch, 1997).
Ahora bien, según varios estudios realizados en los últimos años, a los
problemas vinculados a la estructura institucional y al funcionamiento de los sistemas de
justicia en Latinoamérica y el Caribe, se suman una serie de dificultades que alcanzan a
ciertos grupos de la población y les frustran su derecho a acceder a los mismos. Los
34
múltiples elementos que inciden tienen en gran medida un denominador común, el factor
económico, los costos que implica la contratación de abogados, el transporte a oficinas o
tribunales para llevar adelante procedimientos muchas veces prolongados en el tiempo y
que no siempre gozan de credibilidad. Todo ello sin perjuicio de contextos mucho más
desfavorables que se dan en razón de la etnia o raza. Es decir, la situación de pobreza tiene
una clara repercusión en la posibilidad de acceder a la justicia (Flores, 2011: 69).
Ciertamente, la pobreza constituye una causa de exclusión social, tanto en el
plano económico como en los planos social y cultural, y supone un serio obstáculo para el
acceso a la justicia, especialmente en aquellas personas en las que también concurre alguna
otra causa de vulnerabilidad (Reglas de Brasilia, artículo 15). Las personas en situación de
pobreza durante mucho tiempo han tenido que enfrentarse a una serie de estereotipos que
limitan la plena y efectiva protección de sus derechos humanos.
La pobreza no es sólo una cuestión económica; es un fenómeno
multidimensional que comprende la falta tanto de ingresos como de las capacidades básicas
para vivir con dignidad. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales declaró
en 2001 que la pobreza es "una condición humana que se caracteriza por la privación
continua o crónica de los recursos, la capacidad, las opciones, la seguridad y el poder
necesarios para disfrutar de un nivel de vida adecuado y de otros derechos civiles,
culturales, económicos, políticos y sociales" (E/C.12/2001/10, párr. 8). La extrema pobreza,
a su vez, ha sido definida como "una combinación de escasez de ingresos, falta de
desarrollo humano y exclusión social" (A/HRC/7/15, párr. 13), en que una falta prolongada
de seguridad básica afecta a varios ámbitos de la existencia al mismo tiempo,
comprometiendo gravemente las posibilidades de las personas de ejercer o recobrar sus
derechos en un futuro previsible (véase E/CN.4/Sub.2/1996/13). (PFPR: párr. 2)
La pobreza representa un obstáculo para un adecuado ejercicio del derecho de
defensa, pues aun cuando no exista discriminación en el ordenamiento legal, existe de
hecho imposibilidad material de defenderse si por razones económicas no se accede a tales
35
medios idóneos, es decir, la condición de pobreza de los justiciables puede trascender en el
curso de un proceso, en la medida en que los puede conducir a contratar un abogado menos
apto o no especializado, a no obtener las pruebas necesarias o, por último, a retrasar el
juicio o abandonarlo por falta de medios económicos para correr con los gastos (Galván y
Álvarez: 105).
La falta de acceso a la administración de justicia implica la pérdida de un
derecho fundamental para la realización de la persona, ya que no le permite contar con los
medios para proteger, adquirir o ejercitar sus derechos. Carecer de la posibilidad efectiva de
acceder a la administración de justicia no sólo significa para las personas que viven en
condiciones de pobreza, ver reducidas sus posibilidades de salir de esa situación, sino que
incluso crecen las posibilidades de que su pobreza se incremente, es decir, constituye un
factor generador de pobreza, en la medida en que el no ejercicio de ciertos derechos puede
implicar un perjuicio de carácter patrimonial para el titular del derecho (Galván y Álvarez:
108-109).
La pobreza es en sí misma un problema de derechos humanos urgente. A la vez
causa y consecuencia de violaciones de los derechos humanos, es una condición que
conduce a otras violaciones. La extrema pobreza se caracteriza por vulneraciones múltiples
e interconexas de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y las
personas que viven en la pobreza se ven expuestas regularmente a la denegación de su
dignidad e igualdad (PFPR: párr. 3).
La pobreza genera situaciones de carencia que son fuente de conflictos sociales,
lo cual aumenta la demanda de los órganos de administración de justicia y constituye un
factor que contribuye a la ineficacia del aparato jurisdiccional (Galván y Álvarez: 117).
36
Tomando esto en cuenta, en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos
se han identificado diversas cuestiones que impiden hacer realmente efectivo el derecho de
acceso a la justicia, principalmente por factores económicos, por lo cual, con la intención
de remover esos obstáculos se han fijado ciertos estándares internacionales relacionados
con: 1) la falta de provisión de servicios de asistencia jurídica gratuita; 2) los costos del
proceso y la localización de los tribunales; y, 3) situaciones de exclusión sistemática de
ciertos sectores sociales que atraviesan procesos estructurales de desigualdad y exclusión.
4. DATOS DEL INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA
En México, en 2010, 46.2% de la población total son personas pobres
multidimensionales.

 En 2010, de los 39.7 millones de niños y adolecentes, 53.8% (21.4 millones)
se encontraban en pobreza multidimensional.
 En 2010, 3.5 millones de adultos mayores se encontraban en pobreza
multidimensional.
 Ocho de cada diez personas hablantes de lengua indígena es pobre
multidimensional en 2010.
La pobreza multidimensional
La pobreza es definida como la escasez o falta de un bien o medio necesario
para la sobrevivencia y el desarrollo de un ser humano. En términos sociales, las personas
con limitaciones económicas viven en condiciones que no les permiten cubrir sus
requerimientos básicos.
En México, el CONEVAL, es la institución responsable, por mandato de ley1,
de calcular periódicamente los niveles de pobreza multidimensional en el país. La pobreza
multidimensional es un indicador que incorpora los niveles de rezago de la población en
diferentes categorías y en dos ámbitos de naturaleza distinta: el bienestar económico y los
derechos sociales.
37
La pobreza multidimensional incluye el análisis de tres espacios necesarios para
el desarrollo de la población: el bienestar económico, los derechos sociales y el contexto
territorial. En este sentido, una persona está en situación de pobreza multidimensional
cuando carece de recursos para conseguir los servicios y bienes que le permitan cubrir sus
necesidades básicas y además tienen carencias en indicadores como: acceso a servicios de
salud, educación, seguridad social, alimentación, servicios básicos, calidad y espacios de la
vivienda.
En cuanto a la identificación de las personas carentes en el espacio del bienestar
económico, la metodología multidimensional de la pobreza emplea el método estándar de
pobreza monetaria, para lo cual se compara el ingreso per cápita con el valor de dos
canastas, una alimentaria o de bienestar mínimo y otra que incluye, además de los
alimentos, todos los bienes y servicios de consumo habitual, denominada línea de bienestar.
De esta manera, la identificación de los carentes en el espacio de los derechos sociales
busca establecer el umbral que separa a los carentes de los no carentes.
En 2010, el CONEVAL estimó que existen 52.0 millones de personas en
pobreza multidimensional (46.2% de la población total), los cuales se distribuían en
moderada (40.3 millones) y en extrema (11.7 millones).
Incidencia, número de personas y carencias promedio en los indicadores de pobreza,
2010
Indicadores de
Porcentaje
Millones de
Carencias promedio
incidencia
personas
Población en
46.2
52.0
2.5
situación de
pobreza
Población en
35.8
40.3
2.1
situación de
pobreza moderada
Población en
10.4
11.7
3.7
situación de
pobreza extrema
Población
28.7
32.3
1.9
vulnerable por
carencias sociales
Población
5.8
6.5
0.0
38
vulnerable por
ingresos
Población no pobre
y no vulnerable
19.3
21.8
0.0
Las carencias sociales
El CONEVAL utiliza seis indicadores para analizar el grado de carencia social:
1.- Rezago educativo: Incluye a la población de 3 a 15 años que no tiene la
secundaria terminada y no asiste a la escuela, la población nacida hasta 1981 y que no tenga
la primaria concluida y la población nacida después de 1982 y que no concluyó la
secundaria.
2.- Acceso a los servicios de salud: Población no afiliada al Seguro Popular y
que no está inscrita a alguna institución de salubridad.
3.- Acceso a la seguridad social: Personas ocupadas que no reciben prestaciones
sociales como servicios médicos, incapacidad con goce de sueldo, SAR, Afore, entre otros.
4.- Calidad y espacios de la vivienda: Personas que viven en habitaciones con
piso de tierra, techos de lámina de cartón o desechos, muros de material de desecho,
asbesto, carrizo, palma, bambú, o materiales poco resistentes.
5.- Servicios básicos en la vivienda: Que no cuentan con agua entubada, y no
disponen de drenaje y electricidad.
6.- Acceso a la alimentación: Población en hogares con un grado de inseguridad
alimentaria moderada o severa.
De acuerdo con la medición de la pobreza multidimensional, en 2010 un total
de 32.3 millones de mexicanos eran carentes sociales, principalmente en cuanto al acceso a
la seguridad social, a los servicios de salud, a los servicios básicos en la vivienda, carencia
por la falta de calidad y espacios de la vivienda, así como rezago educativo.
Pobreza multidimensional en la población infantil y adolescente
39
La Convención sobre los Derechos del Niño es su artículo primero considera
como infante a todo ser humano menor de 18 años de edad, por ello en esta sección
tomamos en cuenta al universo de población infantil y adolescente de 0 a 17 años.
Con base en la metodología oficial para la medición multidimensional de la
pobreza en México, se estima que en 2010, de los 39.7 millones de niños y adolecentes,
53.8% (21.4 millones) se encontraban en pobreza multidimensional.
De los 21.4 millones de niños y adolescentes en pobreza multidimensional en
2010, 5.1 millones se encontraban en pobreza multidimensional extrema, 9.0 millones eran
vulnerables por carencias sociales, y 2.9 millones eran vulnerables por ingreso.
En el mismo año, el total de niños y adolescentes que no eran considerados
pobres multidimensionales ni vulnerables por ingresos o por carencias era de 6.5 millones.
El número promedio de carencias de niños y adolescentes que en 2010 se
encontraban en pobreza multidimensional es de 2.4, y se clasificaban de la siguiente
manera:
Indicadores de carencia social en la población infantil y adolescente 2010
Carencia social
Millones de personas
Porcentaje
Rezago educativo
Carencia por acceso a los
servicios de salud
Carencia por acceso a la
seguridad social
Carencia por calidad y
espacios de la vivienda
Carencia por acceso a los
servicios básicos en la
vivienda
Carencia por acceso a la
alimentación
3.9
11.9
9.8
29.8
25.4
64.0
8.0
20.1
7.9
19.8
11.7
29.5
El Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) utiliza una
clasificación más desagregada que la definida en la Convención sobre los Derechos del
40
Niño, el DIF desagrega en tres grupos de edad a la población infantil y adolescente. Según
esta desagregación se considera a un infante como una persona de cinco años o menos; a las
personas entre 6 y 11 años de edad se les considera niñas o niños, y como adolescentes a las
personas entre 12 y 17 años. De los 21.4 millones de niños y adolescentes en pobreza
multidimensional en 2010, 7.0 millones eran infantes (0 a 5 años); 7.5 millones eran niñas y
niños (de 6 a 11 años), y 6.9 millones eran adolescentes de 12 a 17 años.
Pobreza multidimensional en la población adulta mayor (de 65 años y más)
Con base en la metodología oficial para la medición multidimensional de la
pobreza en México, el CONEVAL estimó que en 2010, 3.5 millones de hombres y mujeres
de 65 años o más se encontraban en pobreza multidimensional; de los cuales, 2.7 millones
eran pobres moderados y 0.8 millones se encontraba en pobreza multidimensional extrema.
En el mismo año, 2.4 millones de adultos mayores eran vulnerables por
carencias sociales, 0.4 millones eran vulnerables por ingreso y 1.3 millones no eran
considerados pobres multidimensionales ni vulnerables por ingreso o carencias sociales.
En 2010, la mayor proporción de adultos mayores que se encuentra en pobreza
multidimensional tiene rezago educativo, siendo esta la carencia más común en la
población en este rango de edad. La clasificación de las carencias sociales de los adultos
mayores es la siguiente:
66.2 por ciento tiene rezago educativo;
26.3 por ciento no cuenta con acceso a los servicios de salud;
28.8 por ciento no tiene acceso a la seguridad social;
10.4 por ciento tiene carencia en la calidad y en los espacios en la vivienda;
16.3 por ciento presenta carencia por acceso a los servicios básicos en la
vivienda, y
21.4 por ciento presenta carencia por acceso a la alimentación.
Pobreza multidimensional en la población hablante de lengua indígena
41
En 2010, en México existían poco más de 6.7 millones de habitantes mayores
de 3 años, hablantes de lengua indígena, de los cuales 5.4 millones se encontraban en
situación de pobreza, esto significa 79.3% de este grupo de población.
De los 5.4 millones de hablantes de lengua indígena en pobreza
multidimensional en 2010, 2.7 millones se encontraban en pobreza multidimensional
extrema, es decir, personas hablantes de lengua indígena que pertenecen a hogares aún en
los cuales a pesar de hacer uso de todo su ingreso en la compra de alimentos, no se puede
adquirir lo indispensable para tener una nutrición adecuada y presentan al menos tres
carencias sociales de las seis incluidas en el cálculo del Índice de privación social.
En 2010, poco más de un millón de hablantes de lengua indígena eran
vulnerables por carencias sociales. Sólo 3.2% (218 mil) de las personas hablantes de lengua
indígena son considerados no pobres multidimensionales ni vulnerables por ingresos o por
carencias.
En 2010, de la población hablante de lengua indígena que se encontraba en
pobreza multidimensional, tuvieron en promedio 3.3 carencias sociales, de las cuales 48.6%
tienen rezago educativo; 37.2% no tienen acceso a los servicios de salud; 83.5% no tienen
acceso a la seguridad social; 42.0% tienen carencia en la calidad y en los espacios en la
vivienda; 50.6% no tienen acceso a los servicios básicos en la vivienda, y 40.5% no tienen
acceso a la alimentación.
El derecho de acceso a la justicia es el derecho que la constitución y los
tratados internacionales reconocen a las personas para que acudan ante las instancias
competentes para hacer valer sus derechos humanos en caso de una eventual
violación a los mismos. La propia constitución y los tratados internacionales
imponen al Estado la obligación de proteger y garantizar, de una manera efectiva, el
derecho de acceso a la justicia, a la luz del derecho a la igualdad y no
discriminación,
obligación que no se agota con la sola construcción
y
acondicionamiento de tribunales, ya que los obstáculos con los que se encuentran las
42
personas para hacer valer el derecho de acceso a la justicia son muy variados, y es
únicamente al Estado a quien corresponde removerlos.
43
CAPITULO III
OBSTÁCULOS PARA EL ACCESO A LA JUSTICIA
1. LAS BARRERAS PARA EL ACCESO A LA JUSTICIA DERIVADAS DE LA
POBREZA
Uno de los principales factores que obstaculizan estructuralmente el acceso a los
derechos humanos es la pobreza; es decir, la inequitativa repartición del ingreso y la
riqueza que ocasiona que gran parte de la población carezca de los recursos indispensables
para satisfacer sus necesidades mínimas, incluido el ejercicio de los derechos más
elementales (SCJN: 2012).
Las personas que viven en la pobreza tropiezan con enormes obstáculos, de índole
física, económica, cultural y social, para ejercer sus derechos. En consecuencia, sufren
muchas privaciones que se relacionan entre sí y se refuerzan mutuamente —como las
condiciones de trabajo peligrosas, la insalubridad de la vivienda, la falta de alimentos
nutritivos, el acceso desigual a la justicia, la falta de poder político y el limitado acceso a la
atención de salud—, que les impiden hacer realidad sus derechos y perpetúan su pobreza.
Las personas sumidas en la extrema pobreza viven en un círculo vicioso de impotencia,
estigmatización, discriminación, exclusión y privación material que se alimentan
mutuamente (PFPREP, párrafo 4).
Efectivamente, quienes viven en la pobreza carecen a menudo de capacidad para
acceder a la justicia o buscar reparación por las acciones u omisiones que las hayan
perjudicado. Tropiezan con una serie de obstáculos, desde la incapacidad de interponer
debidamente las denuncias iniciales, a causa de los costos o de su desconocimiento de la
ley, hasta el incumplimiento de las decisiones judiciales dictadas en su favor. Los
desequilibrios de poder y la falta de mecanismos de denuncia independientes, accesibles y
efectivos les impiden, con frecuencia, impugnar las decisiones administrativas que las
perjudican. Sin acceso efectivo a la justicia, se ven en la imposibilidad de buscar y obtener
una reparación por las violaciones de las normas nacionales e internacionales de derechos
44
humanos, lo que agrava su vulnerabilidad, inseguridad y aislamiento y perpetúa su
empobrecimiento (ídem, párrafo 67).
Las barreras para acceder a la justicia no deben ser entendidas sólo como obstáculos
para llegar al órgano jurisdiccional formulando alguna pretensión, sino también –y sobre
todo– como las dificultades para obtener una pronta y justa resolución de la disputa en que
una persona se vea involucrada. Los obstáculos que impiden el acceso efectivo a la justicia
son de índole muy diversa (Casal, Roche, Richter, Hanson, 2005: 39).
Sin embargo, dentro de un contexto de derechos humanos tienen especial relevancia
las barreras al acceso a la justicia que emanan de la vulnerabilidad de las víctimas, sobre
todo de las minorías, de los pueblos indígenas y de otros grupos vulnerables, entre los que
destacan las víctimas de la pobreza, la cual en sí es ya una causa de exclusión y de
discriminación en el goce efectivo de los derechos humanos; la pobreza despoja a quienes
la sufren de la posibilidad real de ejercer sus derechos, del derecho a tenerlos en la práctica
y reduce a una entelequia la igualdad ante la ley (Nikken, 2008: 48).
2. PRINCIPALES BARRERAS QUE IMPIDEN EL ACCESO A LA JUSTICIA
Entre tales obstáculos, destacan los siguientes:
a) Barreras financieras:
Aunque el aparato judicial es pagado por el Estado, el acceso a la justicia es caro
(Nikken: 90). Se trata de los costos del litigio, entre los que destacan los honorarios de
abogados y el empleo de algunos mecanismos probatorios. Los servicios de abogados
privados de calidad son costosos, y los que cobran honorarios modestos suelen implicar una
disminución en la calidad del servicio, lo que de suyo pone en desventaja a la persona
asesorada por estos últimos abogados, frente a su contraparte que sí tiene recursos
económicos para contratar un abogado que le proporcione una asesoría jurídica de calidad
(Casal, Roche, Richter, Hanson, 2005: 60).
45
Los costos en los que se incurre para llevar adelante un proceso judicial son de
diverso tipo y varían en función a distintos factores, entre ellos la complejidad del asunto en
cuestión y el valor económico de los derechos en juego. En ese sentido, puede hablarse de
costos directos (entre ellos, las tasas judiciales y la cuantía del proceso, es decir, el valor de
los intereses del litigio) y costos indirectos (gastos de transporte, alimentación, alojamiento,
tiempo invertido en gestiones y diligencias, honorarios de abogados, costos vinculados a la
obtención de pruebas, gastos de papel, de tinta, fotocopias, etcétera) (Galván y Álvarez, 113
y 114).
Asimismo, otro factor que puede desincentivar el uso del litigio, consiste en que el
perdedor debe pagar los costos del litigio. Entre las barreras financieras es necesario
además incluir los costos que tienen que erogar las partes cuando se ven obligadas a
trasladarse a los despachos de los abogados o los estrados de los tribunales, los que
comprenden no solamente los gastos de transporte, sino también, con frecuencia, la
disminución de los ingresos por dejar de trabajar esos días (Casal, Roche, Richter, Hanson,
2005: 61).
También hay que incluir, dentro de esos costos, los que generan la expedición o
exhibición de juegos de copias para correr traslado a la contraparte, o bien, para exhibirlas
ante el tribunal de alzada al mismo tiempo que el recurso de apelación, cuando es inviable
que el juez a quo remita el expediente original para darle trámite a tal recurso.
Igualmente, considero que dentro de los costos del litigio hay que agregar los gastos
que deben erogar las partes cuando debe realizarse una diligencia fuera de las instalaciones
del tribunal, es decir, cuando tienen que acompañar al actuario para practicar el
emplazamiento al demandado, para efectuar un embargo, un desalojo, la publicación de
edictos, entre otras.
b) El tiempo
El tiempo que tarda la solución judicial de los reclamos es otro factor más que afecta
el acceso a la justicia, lo cual provoca que los costos del procedimiento y demás gastos
concomitantes aumenten en la medida en que demora el proceso, convirtiéndose en una
46
gran presión para el litigante menos favorecido económicamente o con más urgencia para
obtener una sentencia de fondo, pues ello lo orilla, en la mayoría de los casos, a transigir en
perjuicio de sus derechos o incluso a abandonar el reclamo (ídem: 62). La duración de los
procesos a veces también aleja de los tribunales incluso a las empresas y otros actores cuya
solvencia económica no está en duda (ídem).
c) El desconocimiento de los derechos
Los sectores más pobres con frecuencia ignoran los derechos de los que son titulares
y, con mayor razón, los mecanismos que tienen a su alcance para tratar de hacerlos
realmente efectivos (Nikken, 91).
El desconocimiento de la ley no sólo obstaculiza el acceso a la justicia, sino que es
una herramienta que las clases dominantes utilizan para imponer sus proyectos económicos,
por lo que no les importa si violan derechos humanos de terceras personas, como sucede,
por ejemplo, en casos en los que se explotan los recursos naturales. La situación se agrava
cuando el propio gobierno es omiso en cumplir con su obligación de proteger los derechos
humanos al abstenerse de realizar las reformas estructurales que se necesitan para hacer
frente a estos abusos.
Suele suceder, con frecuencia, que el gobierno está integrado precisamente por esos
grupos dominantes y, en esa medida, el Estado, al ser poseído por aquéllos, deja de cumplir
con sus obligaciones de respeto, protección, garantía y promoción de los derechos
humanos. Aquí es donde los juzgadores deben intervenir a través de sus sentencias. Los
jueces deben jugar un papel relevante en la difusión de los derechos humanos. Sólo
empoderando a las personas se podrá dar el primer paso hacia el respeto de los derechos
humanos. No se puede exigir ningún derecho que se ignora. Cuando una persona sepa que
tiene algún derecho, y que éste le ha sido conculcado, aun cuando padezca de alguna otra
situación que le impida demandar su cumplimiento, es más probable que aun así intente, lo
que no acontecería, evidentemente, si lo ignorara.
Los tribunales no sólo deben limitarse a fallar los litigios. Los juzgadores deben ser
sensibles al contexto de pobreza y marginación social que impera en el país y a través de
47
sus sentencias contribuir a revertir ese escenario. Si pasa el tiempo y ven que con las
acciones llevadas a cabo u omitidas por los demás poderes no se logra proteger, garantizar
y promover el acceso a la justicia a las personas en condiciones de pobreza o marginación,
deben comenzar a optar determinaciones al respecto.
Una acción importante es, sin duda, la difusión de los derechos humanos. El
fundamento de esa actuación, más allá de lo dispuesto en la Ley de Amparo respecto a la
suplencia de la queja a favor de este grupo vulnerable, se encuentra en el contexto actual de
pobreza y marginación social que reina en el país, que les impide a las personas marginadas
acceder a la justicia, contexto que el Estado conoce –o está obligado a conocer–. El Poder
Judicial de la Federación, como integrante de uno de los tres poderes del Estado, debe
contribuir a empoderar a las personas que se encuentren en esas condiciones.
Fundarse en el contexto general de pobreza y marginación social que existe en el país
para interpretar la Ley de Amparo con la amplitud que la situación amerita, con la finalidad
de contribuir, a través del establecimiento de criterios generales a la solución de la pobreza
y marginación social que impide a las personas que se encuentran en esa situación gozar de
manera efectiva de sus derechos humanos (incluido el de acceso a la justicia). Los
tribunales deberían actuar analógicamente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos
en el caso “Campo Algodonero”, en el que, partiendo del contexto de violencia de género
que existía en Ciudad Juárez, condenó al Estado mexicano, quien conocía esa situación
(algo similar a lo que sucede con la situación actual de pobreza y marginación social) a la
reparación del daño.
d) Legislación sustantiva defectuosa
El acceso a la justicia se puede convertir en una falacia cuando la ley es oscura y, por
lo mismo, el resultado de los reclamos es incierto, o lo que es igual, cuando la
incertidumbre del resultado rebasa ciertos límites, los ciudadanos se abstendrán de reclamar
(Casal, Roche, Richter, Hanson, 2005: 63).
El Estado tiene la obligación de proteger los derechos humanos, es decir, “…crear el
marco jurídico y las instituciones necesarias para prevenir las violaciones de los derechos
48
humanos, cometidas por particulares y por agentes estatales, así como para volver exigibles
los derechos frente a posibles violaciones” (Serrano y Vázquez, 2013: 64)
Así, al margen de que el Estado debe emitir o ajustar sus leyes internas acorde a los
estándares internacionales de derechos humanos, debe cuidar que sean lo más claras
posibles, de tal modo que su oscuridad no disuada a las personas a no entablar un juicio
para defender sus derechos, por el temor de perderlo, motivado por la oscuridad de la
legislación. Lo ideal es que sea el Poder Legislativo quien desde un principio expida las
leyes con la mayor claridad posible, entendible para cualquier sector de la sociedad,
particularmente para los menos favorecidos.
Sin embargo, si el Poder Legislativo falla en la emisión de una ley sin lagunas, es
obligación del Poder Judicial disipar esa oscuridad a través de su interpretación, por medio
de la jurisprudencia, la que debe dar la mayor claridad posible a la ley que interpreta, de no
ser así, el Estado estaría fallando en su obligación de proteger los derechos humanos, en
tanto que no estaría creando el marco jurídico, con la claridad necesaria, para hacer
realmente efectivos los derechos humanos.
e) Legislación adjetiva defectuosa o insuficiente
Los procedimientos engorrosos y llenos de tecnicismo pueden hacer demasiado
costoso y lento el reclamo de los derechos y de la resolución de los litigios, lo que afecta el
derecho de acceso a la justicia; sobre todo cuando se trata de asuntos de poca monta, para
los que se deberían de prever procedimientos más expeditos y sencillos, con pocos
requisitos formales (Ídem 64).
El Estado tiene la obligación de proteger los derechos humanos, de modo que debe
establecer procedimientos sencillos y rápidos, que inviten a la gente a traer a las instancias
judiciales sus problemas legales, en los que se ventilen las violaciones a sus derechos
humanos. Que tengan la confianza que no se involucraran en un procedimiento largo y
costoso, que a la postre les pueda acarrear más perjuicios que beneficios. Dentro de la
legislación procesal se debe garantizar que .
49
f) La inequidad cultural
El sistema judicial es culturalmente ajeno a los más pobres, es un sistema distante que
pareciera haber sido concebido para que fuese utilizado por quienes disponen de recursos
económicos, a lo que se añade la natural falta de comprensión del funcionamiento del
sistema, con todos sus tecnicismos ininteligibles para las escalas culturales más bajas de la
población (Nikken, 91).
g) La desconfianza
Provocada por la lejanía del sistema judicial y su falta de comprensión, aunado a que,
en la mayoría de los casos, el contacto de los más pobres con el aparato de justicia del
Estado en el campo policial, donde lo normal es el maltrato y la sospecha, maltrato que
tampoco es ajeno a las relaciones existentes entre los funcionarios judiciales y los sectores
vulnerables de la población (ídem 91).
h) Deficiencias en la organización de los tribunales y otros órganos de resolución de
conflictos
La falta de claridad en la asignación de las competencias, los criterios ineficientes
para la distribución de los casos que ocasiona la sobrecarga de algunos tribunales mientras
otros no tienen trabajo y la falta de criterios adecuados para la distribución de las
competencias territoriales, repercuten en la poca eficiencia de los procesos, en su duración
y en la incertidumbre de las decisiones. Un problema especialmente delicado sobre este
tema, radica en la necesidad de crear tribunales y procedimientos especiales para ventilar
ciertos conflictos que requieran foros con un diseño especial o jueces con una experiencia
particular para resolverlos adecuadamente; sin embargo, al mismo tiempo puede existir el
peligro de la sobreespecialización de los tribunales que podría empeorar los problemas de
conflictos de competencias, retardando los procesos y afectándose de esa manera el acceso
a la justicia (Casal, Roche, Richter, Hanson, 2005: 65).
50
Otras limitaciones, son las siguientes20:
1. Falta de medios adecuados y proporcionados para la solución de cada caso,
teniendo en cuenta la importancia del asunto.
2. Costos excesivos o desproporcionados respecto del planteo a efectuar (incluyendo
en esto a las tasas, aranceles y honorarios, como así también el inadecuado sistema del
beneficio de litigar sin gastos).
3. Tratamiento diferencial a personas o instituciones en razón de su poder o
situación relativa. Ejemplo: la protección inapropiada a legisladores o funcionarios que
dificultan exageradamente su participación en causas o su respuesta a denuncias o
demandas.
4. Limitaciones psicológicas motivadas en la desconfianza en el sistema y en el
descreimiento de que se podrá obtener una solución en tiempo y forma.
5. Complejidad de los procedimientos.
6. Falta de difusión de los distintos medios de acceso que son entonces desconocidos
por los potenciales usuarios del sistema.
7. Discriminaciones a particulares por distintas razones (raza, religión,
discapacidades, etc.).
8. Tratamiento diferencial a personas jurídicas o empresas por su origen (sociedades
extranjeras).
3. OBLIGACIONES DE LOS ESTADOS PARA REMOVER ESOS OBSTÁCULOS
Siguiendo el contenido del Proyecto final de los principios rectores sobre la extrema
pobreza y los derechos humanos, presentado por la relatora especial sobre la extrema
20
www.foresjusticia.org.ar/investigaciones/JusticiaCEA/52cap.5.pdf. Consultada el 11 de enero de
2013.
51
pobreza y los derechos humanos, Magdalena Sepúlveda Carmona (párrafo 68), los Estados
deben:
a) Establecer procedimientos efectivos, asequibles y accesibles, con inclusión de
mecanismos informales de solución de controversias, de conformidad con las normas de
derechos humanos, para apoyar a las personas que viven en la pobreza y que buscan
justicia, teniendo en cuenta los obstáculos específicos con que se enfrentan cuando intentan
acceder a ella;
b) Establecer, para las causas penales y también las civiles que afecten a los derechos
de las personas que viven en la pobreza, sistemas de ayuda letrada de alta calidad y
servicios jurídicos ampliados para quienes no puedan pagar los costos de una
representación legal;
c) Establecer medidas para asegurar que los honorarios de los servicios jurídicos y las
costas judiciales (por ejemplo, de la presentación de denuncias) se supriman en el caso de
las personas que no puedan pagarlos;
d) Velar por que las personas que viven en la pobreza tengan acceso a recursos en los
casos de discriminación motivada por su situación socioeconómica;
e) Invertir en la formación de los jueces, abogados, fiscales y funcionarios encargados
de hacer cumplir la ley para que tengan en cuenta las necesidades específicas de los
diversos grupos que viven en la pobreza y para aumentar su capacidad de desempeñar sus
funciones sin discriminación;
f) Establecer mecanismos de denuncia independientes, dotados de suficientes
recursos y sensibles a las cuestiones de género en las políticas públicas para asegurar la
supervisión y permitir a las personas que viven en la pobreza presentar denuncias en los
casos de abuso de poder y de autoridad, corrupción y discriminación;
52
g) Establecer mecanismos de denuncia, asesoramiento y notificación que tengan en
cuenta las necesidades de los niños y que estén al alcance de los niños que viven en la
pobreza, y realizar campañas de información para dar a conocer esos mecanismos;
h) Aumentar la disponibilidad de información jurídica para las personas que viven en
la pobreza, entre otras cosas mediante una difusión diversificada, adaptable y que tenga en
cuenta las realidades culturales;
i) Establecer medios de reparación efectivos (con inclusión del reconocimiento
jurídico interno y del recurso judicial) para todos los derechos consagrados en los
instrumentos internacionales de derechos humanos, incluidos los derechos económicos,
sociales y culturales.
4.- ESTÁNDARES INTERNACIONALES; LEGISLACIÓN NACIONAL EN
RELACIÓN CON EL TEMA DE LA POBREZA Y EL ACCESO A LA JUSTICIA.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha determinado que el hecho de que
una persona sea indigente, por sí solo no significa que no tenga que agotar los recursos
internos, pues determinó que la disposición del artículo 46.121 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos es general (OC-11/90).
En la nueva Ley de Amparo se contienen diversas disposiciones relacionadas con el
tema de la pobreza, tan es así que, por ejemplo, expresamente se prevé que la suplencia de
la queja operará en favor de las personas que por sus condiciones de pobreza o marginación
social se encuentren en clara desventaja social para su defensa en el juicio (LA, Art. 79,
fracción VII); de igual modo, se les exime de exhibir las copias de traslado y para el
expediente relativo cuando interpongan recursos de revisión o queja; también se les exenta
de exhibir las copias de traslado para las demás partes y para el incidente de suspensión
21
Artículo 46.1. Para que una petición o comunicación presentada conforme a los artículos 44 ó 45 sea
admitida por la Comisión, se requerirá:
a) que se hayan interpuesto y agotado los recursos de jurisdicción interna, conforme a los principios del
Derecho Internacional generalmente reconocidos;
53
cuando promuevan la demanda de amparo indirecto, y directo; incluso se les libera de
preparar las violaciones procesales tratándose de amparo directo y amparo adhesivo, es
decir, no tienen que interponer el recurso ordinario durante el curso del juicio como
condición para que el tribunal colegiado de circuito estudie esa infracción procesal (LA,
Arts. 88, 100, 110, 171, 177 y 182).
Sin embargo, desde mi punto de vista, estas disposiciones resultan insuficientes para
lograr realmente una igualdad material o sustancial en ejercicio del derecho de acceso a la
justicia, ya que liberarlas de exhibir las copias no diluye los obstáculos con los que se
encuentran las personas pobres para acceder a este derecho, o dicho de otro modo, con ello
el Estado no garantiza ni promueve el derecho de acceso a la justicia, ya que los obstáculos
no sólo son de índole económica. Es más, considero que el obstáculo de naturaleza
económica no es el principal impedimento que tienen las personas para acceder a la justicia.
En efecto, estimo que la principal causa por la que las personas no ejercen el derecho
de acceso a la justicia es derivado del desconocimiento de cuáles son sus derechos y ante
quién acudir en caso de que sean vulnerados. Me parece que aquí radica su verdadera
pobreza. Por lo tanto, lo que propongo es que se diseñe un programa integral y a nivel
nacional enfocado a informar a la población, sobre todo a los más vulnerables, sobre sus
derechos y la forma en qué pueden defenderlos. Si las personas están empoderadas, ellas
mismas buscarán los cauces para llegar a los tribunales, sorteando los obstáculos
económicos y de otra índole.
El mandato de empoderar a estas personas recae sin duda en los tres poderes, pero
primordialmente en el Poder Judicial, que es el encargado de impartir justicia. Nadie puede
exigir el derecho que ignora le corresponde. El primer paso consiste en llevarles a los
grupos vulnerables, en su lenguaje, localidades y familias, el catálogo de derechos que les
corresponde y explicarles cómo y ante quien deben acudir para hacer efectivos sus
derechos. De otro modo, el principio de igualdad y no discriminación, así como el derecho
de acceso a la justicia no pasan de ser meros postulados, sin efectividad alguna. El segundo
paso, y tal vez no menos importante que el anterior, es que cuando el Poder Judicial tenga
en sus manos los asuntos, inyecte confianza a las personas de que velará por la verdadera
54
protección de sus derechos humanos, dictando sentencias justas. Si lo hace así, quizá los
demás obstáculos serán sobrepasados por la misma confianza que las personas tendrán en la
institución de justicia y harán cualquier esfuerzo que tengan que hacer para llegar a ella,
porque sabrán de antemano que, si tienen razón, el poder judicial las protegerá.
CONCLUSIONES
El Estado tiene la obligación de que la pobreza no sea más un obstáculo para acceder
a la justicia en un plano de igualdad sustancial y no meramente formal. Para lograrlo, como
primer paso, debe “empoderar” a las personas ubicadas en ese supuesto, pues el
conocimiento de los derechos es un presupuesto para que aquéllas puedan exigir el respeto,
protección, garantía y protección de sus derechos humanos. Esa obligación recae en todas
las autoridades del Estado. Desde el Poder Judicial de la Federación, que de los tres poderes
es el que tiene el contacto directo con las personas en cuanto al acceso a la justicia se
refiere, considero que para cumplir con esa obligación, podrían llevar a cabo las siguientes
acciones:
Que la Suprema Corte de Justicia de la Nación expida, como herramienta de auxilio
para los juzgadores, un protocolo en relación con las personas en situación de pobreza o
marginación social, de modo similar a los que ha emitido en relación, por ejemplo, con los
menores, migrantes y discapacitados. En dicho protocolo deben darse las pautas pertinentes
a los jueces para que conozcan la forma en que deben abordar ese tipo de asuntos –con
perspectiva de género– y la posible solución.
Que el Poder Judicial de la Federación (Suprema Corte de Justicia de la Nación,
tribunales de circuito y juzgados de distrito), a través de sus sentencias, juegue un papel
preponderante para contribuir a revertir la situación de pobreza y marginación social que
predomina en el país. Para ello, por medio de sus fallos, debe ir más allá de cada caso
concreto y aportar en la difusión de los derechos. Para lograrlo debe involucrar a los medios
de comunicación y considerar, además, como medida de reparación, que la autoridad
responsable de la violación de los derechos humanos contribuya también en esa difusión.
55
Que los tribunales, en general, tengan en cuenta el contexto de pobreza y marginación
social que reina en el país y, en esa medida, se les concientice que están obligados, en el
ámbito de sus competencias, y a través del uso de todos los medios que tienen a su alcance,
sin violar derechos humanos de terceras personas, a contribuir a cambiar la realidad de
millones de personas que viven en condiciones de pobreza y marginación.
Que la Ley de Amparo, y en general las legislaciones pertinentes, se interpreten con
tal amplitud que beneficien y hagan factible a las personas menos favorecidas el acceso a la
justicia, tomando en cuenta siempre que el contexto actual lo requiere, en el que el abismo
entre los pobres y ricos día con día aumenta, sin que se vea cómo el Estado le hace para
evitarlo. Las reformas “estructurales” van encaminadas hacia otros sectores (Electoral,
Telecomunicaciones, Energética, etcétera). Ni que hablar de los programas socialeselectorales, como vivir “sin hambre”, cuyo propósito evidente no es otro más que ganar, a
través de la entrega de una despensa, votos para las próximas elecciones.
Que los tribunales consideren, porqué no, la forma en que el Estado, en su integridad,
está cumpliendo con su obligación de respetar, proteger, garantizar y promover los
derechos humanos de los menos favorecidos y, al pronunciar sus fallos, sumen a tratar de
eliminar los obstáculos que el propio Estado, por acción u omisión, construye, como es el
relativo a abstenerse de ilustrar a las personas sobre sus derechos.
Que se difundan de manera eficaz los casos que tengan que ver con cuestiones de
pobreza y marginación social, de tal forma que las personas que se encuentren esa misma
situación estén enteradas que sus problemas pueden llegar a los tribunales y obtener una
sentencia de mérito que se traduzca en la reparación de las violaciones a sus derechos
humanos.
Que además de los medios de comunicación los tribunales involucren a las
organizaciones no gubernamentales, y que éstas, a su vez, hagan llegar esa información a la
población y a las barras de abogados y a quienes acudan a ellas para su obtención.
Que el Consejo de la Judicatura imparta cursos integrales a los tribunales sobre cómo
juzgar con perspectiva de género, específicamente (y nada más) en asuntos en los que estén
56
involucrados personas de bajos recursos económicos, con el fin de crear en el país el marco
jurídico y las instituciones necesarias para prevenir las violaciones a los derechos humanos,
cometidas por particulares y por agentes estatales, así como para volver exigibles los
derechos frente a posibles violaciones.
Que el Consejo de la Judicatura Federal periódicamente evalúe, de manera objetiva,
el desempeño de los juzgadores en esas materias, al menos dos veces al año.
Que el Consejo de la Judicatura concientice a los juzgadores que su principal función
es convertir al juicio de amparo en el recurso efectivo para la impartición de justicia, en
especial para los menos favorecidos.
Que se creen juzgados especializados, encabezados, obviamente, por jueces
especializados, de manera similar a los juzgados especializados en justicia para menores
(éstos, al igual que los pobres, son un sector vulnerable), telecomunicaciones (intereses de
los poderos), extinción de dominio, juicios orales. La situación actual la amerita.
Que el Consejo de la Judicatura tome medidas para sensibilizar a los juzgadores en
materia de derechos humanos con el propósito de que respeten y promuevan los derechos
de las personas de bajos recursos que se vean involucradas en un juicio.
Que el Consejo de la Judicatura Federal, sin invadir la independencia judicial, vigile
con eficacia que los juzgadores tomen en serio su papel y le den un efecto útil a las
disposiciones que protegen a las personas en estado de pobreza o marginación social, con la
prudencia necesaria de no conculcar los derechos de la otra parte.
Que los tribunales analicen, en cada sentencia, las razones estructurales de violación a
los derechos humanos de las personas en estado de pobreza y marginación, de tal forma que
no resuelvan simplemente el conflicto materia del debate, sino que busquen fórmulas para
transformar el contexto en el que surgió el conflicto, es decir, desarrollen soluciones
imaginativas para suprimir el conflicto y prevenir futuras recurrencias.
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Que los tribunales se concienticen que no basta con modificar las leyes, sino que
también se deben modificar las prácticas y las sentencias como un buen medio para lograr
ese fin.
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62
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