Aniversarios: Un balance de experiencias y

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ANIVERSARIOS: UN BALANCE DE
EXPERIENCIAS Y PERSPECTIVAS
DE LA BIOTECNOLOGÍA
AGRÍCOLA EN MÉXICO
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Este año ha sido de particular importancia ya que celebramos dos aniversarios singulares en el desarrollo de las ciencias y de las tecnologías agrícolas en particular. Hace ya
sesenta años se publicó la descripción de la estructura molecular del ADN, el componente fundamental de la herencia
biológica y un icono infaltable en la imaginería contemporánea. Los autores como sabemos, fueron fundamentalmente, dos investigadores ahora muy famosos y polémicos:
Watson y Crick (que también se refieren coloquialmente
a cada una de las hebras de esta macromolécula en doble
hélice), quienes recibieron el premio Nobel de 1962. Francis Crick nacido inglés, falleció en 2004 y James Watson
de origen estadounidense, quien aún participa en algunas
actividades académicas globales. Asimismo se cumplieron
treinta años -pasaron otras tres décadas como de precisa elaboración-, de la implementación de un método funcional
para introducir fragmentos específicos de ADN y transformar genéticamente células vegetales, lo que dio origen a
las plantas transgénicas. En este último desarrollo, y como
integrante notorio de uno de estos grupos de investigación
pioneros, participó Luis Herrera Estrella, actual director del
Langebio1, quien entonces desarrollaba su tesis doctoral en
Bélgica. Ambos aniversarios merecen un recuento histórico
y una perspectiva crítica sobre su trascendencia. Hay otros
dos aniversarios que enfatizan algunas conclusiones expresadas al final de este texto.
ticos. A partir de entonces y al ir conociendo que tipo de
información guardaba el ADN, cómo se copiaba y traducía
en las estructuras y funciones de los seres vivos, comenzó
una escalada con pasos de mayor alcance y capacidad para
recopilar e interpretar información con significado biológico y potencial biotecnológico. Esto llegó a un punto culminante en el año 2000, cuando se publicó un ‘borrador’ de la
toda secuencia de ADN y de los 25,000 genes aproximadamente en nuestro genoma humano. Los conocimientos y
técnicas desarrolladas para lograr esta empresa, ya habían
dado lugar al surgimiento y diferenciación de las llamadas
disciplinas ‘ómicas’ que se ocupan de integrar y manejar
abundantes datos sobre, múltiples secuencias de ADN y
no sólo de genes (genómica); de proteínas (proteómica) y
de intermediarios moleculares en este flujo informativo:
los transcritos o ARN mensajeros (transcriptómica). Existe
también la metabolómica; dejamos al lector deducir cuáles
son los objetos de su análisis.
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Más allá de las historias de esfuerzo, competencia, ingenio e intriga alrededor de estos descubrimientos, está por
supuesto, un mundo de entendimiento sobre la naturaleza,
el funcionamiento y las variaciones en los mensajes gené* Jaime E. Padilla-Acero, AgroBIO México, a.c.
1
Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad, del Cinvestav-IPN, en
Irapuato
Pues bien, en la generación de conocimientos, motivada por
preguntas fundamentales, pero también bajo la necesidad de
modificar y mejorar situaciones limitantes para la producción de medicamentos o fibras, o para detectar enfermedades o procesar varios alimentos y bebidas, se dieron avances espectaculares que inauguraron la ingeniería genética.
Se tuvo que disponer de la capacidad primero, de ‘editar’
el ADN y sus mensajes utilizando varias enzimas microbianas que son capaces de actuar como tijeras y pegamento
molecular -con la ventaja que además producen cortes o ligamientos en lugares preciso de las cadenas polinucleotídicas2- del ADN. En el diseño y ensamblaje de moléculas de
ADN que sirvieran de acarreadores (o vectores) para trans2
Los componentes de cada hebra del ADN son 4 tipos de moléculas llamadas nucleótidos, enlazadas de manera lineal, en un orden específico para cada mensaje, los
que traducen a través del ´código genético’, en la estructura de las diversas proteínas
características de cada célula o de una especie.
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ferir genes editados entre células bacterianas (en una fase inicial de esta tecnología desarrollada en los EEUU), participó activamente Francisco Bolívar Zapata,
actualmente Coordinador de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Presidencia
de la República. Más adelante, él conformaría un grupo de investigadores para
fundar, desde el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, el Centro
de Ingeniería Genética y Biotecnología (Ceingebi) que ya, establecido en Cuernavaca, Mor., se convirtió en el Instituto de Biotecnología (IBT-UNAM) donde
se han desarrollado diversos productos de diagnóstico, antivenenos, tratamientos enzimáticos y amplísimas explicaciones a muchos fenómenos biológicos3.
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El aniversario celebratorio por la publicación del artículo de investigación fundacional que mencionamos arriba4, se dio en un contexto muy especial: tres laboratorios, casi simultánea- pero independientemente, reportaron el establecimiento
de procedimientos adaptados para introducir e insertar ‘genes quiméricos’5 en
el genoma de células vegetales, de forma que los mensajes allí contenidos, se
tradujeran en nuevas proteínas que le conferían a una planta -después de regenerarla completamente con hojas y raíces normales-, capacidades adicionales; en
un primer caso, resistir un antibiótico y más adelante, producir bioinsecticidas,
tolerar herbicidas, generar anticuerpos o vacunas o nuevos nutrientes. Lo interesante de este proceso es que ocurre mediado por un microorganismo llamado
Agrobacterium tumefaciens, presente en suelos y cultivos, que induce tumores (o
galladuras en corona) en diversas plantas. Este tipo de bacteria infecta plantas al
insertar por medios propios y ‘naturales’ parte de su ADN para transformar varias células en una fábrica de nutrientes que ella misma aprovecha. Los investigadores en esos grupos, estudiaron este proceso y retiraron la información genética
asociada con la oncogénesis6, aprovechando solamente el mecanismo molecular
de transporte y edición para colocar un gen clonado, según un diseño apropiado
para su funcionamiento en las plantas. Con este método se inició un capítulo particularmente expansivo de la biotecnología agrícola. El Dr. Luis Herrera, coautor
de este multicitado artículo, ha impulsado desde entonces en México, junto con
otros grupos de trabajo reunidos en el Cinvestav en Irapuato, estrategias para
aprovechar éste y otros métodos establecidos después7, para desarrollar nuevas
plantas transgénicas hacia variedades para cultivo modificados genéticamente
(cGM), que tengan características adicionales útiles para la agricultura nacional.
Al tiempo de la investigación y desarrollo de los primeros productos había un es-
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Pueden consultarse publicaciones, informes y descripcion desde el sitio www.ibt.unam.mx
Luis Herrera-Estrella, Ann Depicker, Marc Van Montagu & Jeff Schell (1983). Expression of chimaeric genes
transferred into plant cells using a Ti-plasmid-derived vector. Nature 303: 209 - 213; doi:10.1038/303209a0. Este
articulo fue el primero de los tres en este tema; los autores pertenecían entonces a la Universidad de Gante en
Bélgica y al instituto Max Plank de Alermania.
5
Una denominación un tanto simbólica para los genes recombinantes que contienen secuencias originarias de
distintos organismos, como la Quimera de la mitología griega.
6
Óncogénesis: sobre las causas y el proceso de formación de tumores como un crecimiento descontrolado o irregular
7
Se cuentan aquí la biolística, que requiere un disparo de micropartículas impregnadas con ADN en células o tejidos
aislados; la electroporación que utiliza descargas eléctricas con células en solución y otros métodos con compuestos
especiales que permeabilizan las células para facilitar la entrada de los vectores de ADN recombinante. .
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asimismo el desarrollo tecnológico requería un sistema
más robusto para el financiamiento, la administración de
proyectos de largo plazo y en general, para la gestión del
conocimiento. De este modo varios laboratorios universitarios, pequeñas empresas y compañías especializadas en las
tecnologías y negocios de insumos agrícolas, fueron cambiando de configuración para constituir ramas, divisiones
o corporaciones enteras para desarrollar e integrar procesos
y productos agrícolas con biotecnología moderna, bajo las
reglas de la innovación productiva, la protección de la propiedad intelectual y los mercados globales.
Desarrollo de la biotecnología comercial
Al mismo tiempo, diversos países y organismos internacionales con un interés en el cuidado y aprovechamiento de los
recursos fitogenéticos y de los sistemas de producción agrícola, propusieron establecer un acuerdo multilateral para
la seguridad de la biotecnología, buscando especialmente,
tomar providencias relativas a los riesgos potenciales a la
salud pública o al equilibrio ecológico por el movimiento
mundial de semillas o productos. Esto desembocó en el Protocolo de Cartagena y en el compromiso de varios países
-México incluido, quien conmemorará 10 años de haberlo ratificado formalmente-, de iniciar trabajos para implementar las disposiciones contenidas en este instrumento
internacional. Esto ha implicado desarrollar una legislación
completa relativa a bioseguridad, crear organismos de coordinación y gestión, capacitar personal y establecer infraestructura física para dar cumplimiento a varios requerimientos del Protocolo. Esto no ha estado exento de discusiones
y controversias sobre los supuestos riesgos y beneficios po-
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cenario de regulación para la biotecnología agrícola aún incipiente, y mecanismos de vinculación, comercialización y
distribución más desarticulados, así que estos ‘prototipos’
en papa, chile, papaya, melón e incluso maíz, no tuvieron
el impacto deseado y necesario. No obstante, el trabajo de
esta institución ha ampliado el conocimiento y la aplicación
otras técnicas para la mejora y diversificación de cultivos y
de prácticas agrícolas, considerando las necesidades de los
agricultores y asimismo, oportunidades en nichos productivos estratégicos (cultivos regionales, especies endémicas
productos de alto valor agregado, etc.)
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Mientras esto estaba sucediendo aquí, en otros países se estaba generando una tendencia relativamente predecible que
ayuda a entender la situación actual con respecto al desarrollo comercial y la adopción de los cultivos transgénicos
o GM, también llamados biotecnológicos8. Desde un principio, la generación más acelerada de nuevas variedades
vegetales despertó entusiasmos y preocupaciones de diversa índole. ¿Quién y cómo se crearían nuevas variedades?
¿Cómo se regularía su futura producción y distribución por
el mundo? La misma comunidad académica había propuesto previamente, discusiones así como reglas y procedimientos para la evaluación y despliegue de estas innovaciones;
8
Para tener un panorama global e histórico, existe información documental y
gráfica en www.isaaa.org así como en el sitio web de nuestra asociación: www.
agrobiomexico.org.mx
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tenciales, los enfoques metodológicos y los procedimientos
burocráticos para ‘liberar al ambiente’ a fin de producir y
consumir con seguridad, alguno de estos nuevos cultivos.
Entretanto, la siguiente generación de cultivos transgénicos
se dirigió fundamentalmente a la protección de cultivos,
adaptando una estrategia modificada de control biológico
con proteínas bioinsecticidas que produce Bacillus thuringiensis, Estas bacterias, abundantes en suelos agrícolas, se
diferencian en una forma de resistencia llamada espora, en
donde las células condensan su volumen, sintetizan masivamente unas proteínas y una pared gruesa. Si esta espora es
ingerida por larvas de ciertos insectos, una de esas proteínas
actúa como una toxina letal pero muy específica para allegarse un medio de crecimiento para la bacteria. Entonces,
la posibilidad de aislar y transferir este gene bacteriano y
de hacerlo funcional en plantas se logró a finales de los 80,
aunque los cultivos se comercializaron hasta los 90s, después de evaluaciones rigurosas; con ello surgieron los cultivos GM Bt, que al producir la proteína en sus tejidos, son
capaces de controlar muy eficazmente las plagas de gusanos
masticadores y barrenadores que atacan el follaje en cultivos de algodón, maíz, de hortalizas e incluso en especies
forestales. Como existe una gran variedad de estas proteínas denominadas Cry, -muchas de ellas aisladas y estudiadas por investigadores mexicanos-, se han encontrado tipos
más específicos para plagas de lepidópteros (palomillas y
mariposas), cuyas larvas como el gusano cogollero, el barrenador y el elotero, o el rosado, son causa de importantes
daños o pérdidas de las cosechas; hay otro grupo de estas
proteínas que es más específicas para plagas de coleópteros
(escarabajos), que en este caso, son los gusanos que atacan las raíces arruinando los sembradíos. Actualmente una
sola variedad Bt puede poseer varios genes recombinantes
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Pero regresando al asunto de la intención y diversidad de
este cambio tecnológico ¿qué características se habían estado desarrollando para tales cultivos? Gracias al mayor
conocimiento generado sobre la participación de diversos
genes en plantas o bien, sobre las funciones de varias proteínas presentes en otros organismos (principalmente bacterias, hongos e incluso virus), los primeros proyectos se
dirigieron a incorporar características en los cultivos que
mejoraran su desempeño agrícola, ecológico y alimenticio.
El primer desarrollo comercial aprobado, una vez que se
revisaron y validaron infinidad de pruebas y ensayos que se
les aplicó como alimentos nuevos, salió al mercado en los
EEUU un jitomate de maduración lenta (o de larga vida de
anaquel), al cual se le había modificado una parte específica
del ‘programa de maduración’ del fruto, de forma que podía
colectarse casi maduro y transportarse a largas distancias
sin alterar drásticamente su color, textura y sabor, lo que no
es la práctica convencional. Sin embargo, este ejemplo puso
de relieve la importancia comercial de cada variedad de cultivo a la cual se incorpora un ‘evento biotecnológico9’ .
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Un evento biotecnológico, se refiere a un tipo único de inserción genética de una
secuencia recombinante en el genoma de una especie. Cada uno de ellos tiene una
designación estándar a nivel mundial (Identificador Único de la OCDE; cf. Biosafety Clearing House: bch.cbd.int/database/organisms); es posible transferirla por
introgresión a distintas variedades o cultivares, utilizando los métodos del fitomejoramiento tradicional.
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y de la capacidad exportadora de los países que los producen. Asimismo, este tipo de control de malezas ha permitido incorporar en varios cultivos, prácticas más sustentables
como de agricultura de conservación –incluyendo labranza
mínima, siembra directa y uso de biofertilizantes.
Otras características que hayan tenido un impacto comercial son pocas todavía; la resistencia a virus y la maduración
retardada se han logrado a través de una estrategia de interferencia genético-molecular (reducir o suprimir la expresión de un gen y por tanto de las proteínas y funciones resultantes). Esta será probablemente una estrategia dominante
en el futuro cercano, para contender con otras limitaciones
de base genética, relativas a la sanidad, productividad y calidad de los cultivos (combate a otras plagas como virus,
insectos, hongos y, al menos en un caso, la tolerancia a la
sequía o heladas). Más aún, dentro de una amplia línea de
diseño, evaluación y producción de nuevos cultivos GM,
encontramos eventos para un mejor aprovechamiento de nitrógeno del suelo, disponibilidad de nutrientes en forraje,
perfil más saludable de ácidos grasos, proteína de mayor
calidad, almidón más simple para digestión o procesamiento. Destaca entre otros, un desarrollo sui generis realizado
en arroz, donde se ha logrado introducir genes para ‘completar’ la vía metabólica para la síntesis de ß-caroteno o
pro-vitamina A en el endospermo del grano, de modo que
una dieta basada en este cultivo, puede paliar (no resolver
del todo ni para siempre), problemas nutricionales en el sudeste de Asia, donde por falta de verduras u otras fuentes
de esta vitamina en la dieta, existen graves problemas de
ceguera y mortalidad infantil. El llamado ‘arroz dorado’ fue
concebido y desarrollado por un consorcio público-privado
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de este tipo, de modo que puede controlar plagas de follaje y de raíz, con bioinsecticidas de especificidad diferente
o distinto modo de acción, brindando mayor versatilidad y
reduciendo la posibilidad de promover resistencias. Algo
muy importante de este ejemplo, claro, es que los cultivos
Bt permiten que las aplicaciones de insecticidas sintéticos
se reduzcan drásticamente y/o se dirijan exclusivamente a
otras plagas emergentes u oportunistas, haciendo por tanto
un uso más racional o focalizado de estos insumos, integrándose al manejo integral de plagas.
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El otro tipo de eventos biotecnológicos que ha tenido una
gran aceptación es la tolerancia a herbicidas, que es conferida asimismo por genes de origen bacteriano; codifican para
enzimas que son insensibles a algún agroquímico o bien,
que son capaces de degradarlo, de modo que la variedad a
la que se les haya insertado, tendrá una ventaja competitiva
contra las malezas en general, que sucumbirán bajo la aplicación del herbicida específico. Este es el caso del glifosato,
una molécula ampliamente usada para el control antes de
la siembra, que puede ahora ser usado dentro del ciclo de
cultivo, con aplicaciones mínimas, sin efecto alguno sobre
el cultivo biotecnológico y como se sabe, con un impacto
ambiental más bajo que muchos otros herbicidas. El conocimiento de los sitios o pasos metabólicos específicos donde
afectan estas moléculas, ha permitido encontrar y seleccionar en la naturaleza - en otros casos modificar por medios
convencionales, los factores sensibles para convertirlos en
tolerantes. Esta propiedad ha sido incorporada a varios cultivares de algodón, maíz y canola, pero en particular en la
soya, ha dado la posibilidad de una expansión sin precedente del cultivo que implica decenas de millones de hectáreas
sembradas en el mundo, en beneficio de industrias locales
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internacional que, a pesar de muchos esfuerzos no ha podido franquear todas las
barreras regulatorias para liberarlo y cultivar variedades no comerciales, cuya
eficacia ha sido demostrada en los últimos diez años10.
El advenimiento y estatus de la normatividad mexicana.
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Sin entrar en detalle, la insuficiencia de la legislación y la operación regulatoria
emergente en México hace 15 años, hizo crisis ante las diversas solicitudes de liberación de cGM por empresas y centros de investigación, y por la necesidad de
implementar la normatividad internacional; se estableció en 1998 una moratoria
para el desarrollo y la liberación de maíz transgénico, que de hecho impactó fuertemente a otros proyectos de inversión y desarrollo en todo tipo de entidades. Sin
embargo, durante un período de polarización política se fue avanzando en la elaboración de un marco regulatorio completo para el asunto de la bioseguridad de
OGM. Aunque en la actual ley también se contemplan cuestiones de promoción
e información sobre biotecnología11, esta directiva ha pasado desgraciadamente
a un plano secundario con respecto al enfoque defensivo o de plano restrictivo de
la normatividad. Reseñando la secuencia temporal, la Ley vigente –que requirió
casi 5 iniciativas previas y varios años de discusiones, consultas, foros, rupturas
y acuerdos, se aprobó en 2005. Tres años después surgió el reglamento que es
muy detallado y que probablemente suplanta la necesidad de normas adicionales
contempladas inicialmente en la ley. Para el caso de maíz, no fue hasta el 2009
que se modificó la última parte del reglamento para dar cabida al “Régimen especial de protección al maíz”, que prevé medidas adicionales para este cultivo
a las indicados en la ley. Sin embrago, antes de tener estas disposiciones, había
otras restricciones para usar estas biotecnologías en varias zonas de México que
se consideraran como centros de origen y/o centros de diversidad genética de
algún cultivo. En este momento existe un acuerdo intersecretarial aprobado en
2012, que indica ‘polígonos de exclusión’ para la siembra de maíz GM en 8 estados norteños de la república (DOF de Nov-2-2012)
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El meollo del asunto, la evaluación de riesgo
En el desarrollo de variedades de cultivos GM, hay gran cantidad de justificaciones sobre su intención, estrategia y beneficios potenciales; sin embargo debido al enfoque precautorio adoptado con respecto a la biotecnología agrícola
en la Ley, existe una necesidad obligatoria de solo evaluar los riesgos que estos
OGM puedan causar a la sanidad vegetal, la animal y la acuícola, entendidas
como metas de protección del sector agropecuario y asimismo, a la biodiversidad y al medio ambiente, que son asimismo los motivos de preocupación en el
sector ambiental. Las consideraciones sobre beneficios, experiencias exitosas y
10
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Para una historia completa, consulte: goldenrice.org
Esto se menciona específicamente en el art. 28 de la LBOGM
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áreas de oportunidad -económicos, ambientales y sociales,
pilares de la sutentabilidad-, son opcionales y no hay una
garantía formal de que sean tomadas en consideración en
el análisis global de las solicitudes de liberación. En estos
años recientes, las autoridades competentes han adaptado o
estructurado esquemas para llevar a cabo esta evaluación de
riesgo. Habrá que decir que este procedimiento forma parte
de otro de mayor alcance que es el análisis de riesgo (que
incluye la gestión, o el manejo y comunicación de riesgos).
La evaluación, solamente requiere separar un riesgo cualquiera en un componente de daño potencial (efecto adverso) y otro de ocurrencia (probabilidad de que suceda), de
modo que se pueda caracterizar un riesgo con base en dos
variables que se midan o estimen, a partir de datos previos o
de experimentos concretos. Este procedimiento es parte de
los requisitos que se deben entregar dentro de cada solicitud12 -un estudio de riesgo y su evaluación, realizado por los
promoventes con el aval de alguna institución académica-,
para poder llevar a cabo una primera etapa de liberación al
ambiente: de tipo experimental. El contenido de estos documentos ha sido normalmente revisado o sancionado por diferentes instancias responsables de las metas de protección
(Tres Direcciones en Senasica y otra de Semarnat, el INE13
y la Conabio), pero no siempre bajo enfoques congruentes
o que resulten en recomendaciones de manejo compatibles.
En buena parte por ello, se ha continuado un trabajo multisectorial (gobierno-academia-empresas), para elaborar una
norma oficial mexicana (NOM), que contenga las especificaciones claras de este procedimiento de acuerdo con la
legislación mexicana y a otros referentes y experiencias
normativas en el mundo; este desarrollo aún no concluye
(Jul-2013). Paradójicamente, existe otra norma técnica sobre la entrega de resultados de la liberación, en un reporte
especialmente enfocado en los aspectos de la evaluación de
riesgo y que ya ha sido normalizado, antes de tener bien
claros los procedimientos de la evaluación misma.
En términos generales el enfoque hasta ahora adoptado para
la evaluación de riesgos ambientales (environmental risk
assessment, ERA) por muchos países, ha sido el llamado
‘formulación de problemas’ que sirve para plantear una o
varias preguntas o más precisamente, generar hipótesis de
riesgo sobre algo valioso en el medio ambiente (agrícola
o silvestre), que pudiera afectarse directamente por alguna
característica nueva del OGM en cuestión (y no por otras
inherentes al sistema de producción o de otras tecnologías).
Una vez identificada una posible relación causal, plausible,
entre una propiedad funcional del OGM con algún posible
efecto negativo -esto es, que tenga una consecuencia indeseable conocida o descriptible- en un aspecto particular14 es
necesario elaborar la llamada ‘ruta al daño’ o más precisamente ruta de exposición como herramienta analítica. Para
elaborarla hay que anticiparse -como se hace en la investigación científica, a postular un mecanismo, una forma de
interacción en el tiempo y el espacio que dura el experimento, entre distintos factores o sucesos que lleven, del primer
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Cada solicitud implica la aplicación del caso-por-caso, es decir cada liberación que
implique un evento diferente, en un organismo receptor, en un ambiente receptor.
13
El Instituto de Ecología y Cambio Climático (INE hasta 2012), adscrito a la Semarnat, ya no participa en procesos de evaluación de riesgos aunque mantendrá
funciones de bioseguridad a través de monitoreo.
14
Este concepto se conoce como “punto final de evaluación” y puede referirse a
aspectos como: abundancia de insectos benéficos en el agrosistema, susceptibilidad
del cultivo x a la plaga y, frecuencia de alelos de resistencia en el insecto z, aspectos
que pueden evaluarse con respecto a un comparador convencional.
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factor a la última situación. En este ejercicio, tanto los promoventes como los reguladores, deben allegarse datos e interpretaciones previas en publicaciones y reportes formales,
para ir haciendo una estimación (y una pre-evaluación), o
describir un diseño experimental que descarte predicciones
alternativas o excluyentes. Pero asimismo, se puede argumentar que hay pasos muy improbables, inviables, inmedibles o hasta ilógicos, que permiten desestimar alguna de
las varias hipótesis que se plantean en la formulación de
problemas.
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Con un grupo de hipótesis racionales para la combinación
evento, especie receptora y sitio de liberación solicitados,
se continúa la evaluación previa hasta determinar un nivel
de riesgo (insignificante o muy bajo, según escalas estándar), que servirá de base, primero, para tomar una decisión
sobre su aceptación (para realizar la liberación experimental con todas sus restricciones); segundo, para recomendar
medidas de manejo -de bioseguridad; es decir, como reducir
la exposición o mitigar las consecuencias para que el riesgo
sea aún menor. Según diversos autores en este campo específico15, una buena parte de la evaluación de riesgo ambiental es un proceso científico y sus resultados deben estar
determinados por planteamientos y evidencias factuales, y
15
Oliver Sanvido, Jörg Romeis, Paul Keese, Mónica García-Alonso Alan Raybould,
J.D. Wolt y cols.
no por percepciones o prejuicios personales, en cualquier
sentido. Moverse hacia este objetivo es la expectativa de la
normatividad de este procedimiento.
Las necesidades y oportunidades para México
Para contextualizar otros aniversarios indicativos en la evolución de la biotecnología agrícola en México, los quince
años desde que se estableció la moratoria con maíz GM -que
de alguna manera persiste-, o los diez de haber ratificado el
Protocolo de Cartagena -con una ganancia en capacidad y
experiencia suficientes-, nos llevan a la reflexión de apreciar lo logrado positivamente y la necesidad de canalizarlo
en términos de avanzar a una etapa siguiente: la liberación
comercial bajo regulación en algodón, soya y maíz, para alcanzar mejores objetivos (y menos reveses) en términos de
productividad agrícola, de seguridad alimentaria, de manejo
sustentable de varios agrosistemas, de cuidado de la salud
humana y la biodiversidad, de promoción y colaboración
multisectorial en ciencia, tecnología e innovación para el
desarrollo agropecuario, y en otras metas más. Un somero
análisis de la realidad nacional y mundial nos indica, claramente, que es una oportunidad que ya no tenemos derecho
a seguir retrasando.
CA
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