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POSICIONAMIENTO A LA COMPARECENCIA DEL SECRETARIO
JAVIER USABIAGA PARA INFORMAR SOBRE LOS MOTIVOS Y
LAS CONDICIONES DE LA FIRMA DEL ARREGLO TRINACIONAL
CELEBRADO CON CANADA Y ESTADOS UNIDOS EL 29 DE
OCTUBRE
DEL
2003
México, D.F. 29 de junio de 2004.
Muy buenas tardes.
Sr. Dip. Manuel Luis Monarrez Rincón, Presidente de la Comisión Permanente del
Honorable Congreso de la Unión.
Señores legisladores y legisladoras.
Señoras y señores.
Agradezco a ustedes la oportunidad de tratar ampliamente un tema que me parece
fundamental, por su enorme impacto en los aspectos económicos, ambientales y
sociales de México.
El tema de los organismos genéticamente modificados es un tema pendiente de la
agenda nacional.
Es un tema, en torno al cual, existen enormes lagunas en la información pública,
lagunas que se han llenado con conceptos que, más que contribuir a formar una
opinión justa, han sembrado dudas y temores entre la población.
Antes que todo, quiero dejar perfectamente claro, ante ustedes y ante la sociedad en
su conjunto, que el Gobierno de la República está tratando este tema con toda
responsabilidad y con toda sensatez, anteponiendo a cualquier clase de interés, el de
México y los mexicanos.
De cara a la Nación, de cara a las familias mexicanas, y de cara a los productores de
México, afirmo categóricamente, que en el tema de los organismos genéticamente
modificados, por parte del Gobierno del Presidente Vicente Fox, toda decisión que se
ha tomado, y toda determinación que se tomará en el futuro, ha sido y será,
profundamente estudiada, plenamente compr obada, en la que prevalecerán los
criterios éticos y científicos más reconocidos, para garantizar la seguridad de los
mexicanos, la salud pública, el medio ambiente y el interés de la gente del campo.
Por ello les pido que en esta tarde, abordemos este tema con la mente abierta, sin
prejuicios, siempre a favor del interés nacional.
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En la historia de la humanidad, los desarrollos tecnológicos y científicos, han
provocado reacciones por parte de quienes se muestran desconfiados y temerosos de
lo nuevo, de lo que sale de los esquemas ya conocidos.
Hago referencia como ejemplo, a la discusión que se desató en su época, en torno al
desplazamiento del hombre frente a la máquina, que se dio en la Revolución
Industrial; y en el tema que nos compete, el uso de fertilizantes y de híbridos en la
agricultura.
El desarrollo de la biotecnología, de la genética y de sus productos, no es la
excepción.
Hoy, en los inicios de este tercer milenio, los seres humanos estamos inmersos en
una nueva revolución: la revolución biotecnológica.
Campos como la biomedicina, la genómica funcional y la ingeniería genética aplicada
a las plantas, están teniendo un desarrollo acelerado.
Sin duda la manipulación de la genética y los replanteamientos a las leyes que
gobiernan la herencia de los organismos vivos, crea expectativas y preocupaciones.
Por esta razón, en todo el mundo se ha puesto en la balanza la conveniencia o la
inconveniencia de fomentar estos cultivos.
La sociedad mexicana no ha estado exenta de este debate.
Hoy en México estamos inmersos en un proceso de análisis científico para tomar las
decisiones pertinentes en este tema.
Los avances hasta el momento, nos indican que la biotecnología, conlleva a
preocupaciones y riesgos, pero también a grandes beneficios, siempre y cuando estos
avances se manejan con ética, responsabilidad y pleno conocimiento.
No hay desarrollo tecnológico con riesgo cero.
Lo que se requiere, es un manejo correcto de los riesgos, que minimice los
potenciales efectos negativos.
Los organismos genéticamente modificados, son un claro ejemplo de esto.
A 15 años de que comenzaron a comercializarse las plantas genéticamente
modificadas, no existe evidencia alguna en todo el mundo de daño a la salud de las
personas ni de los animales.
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La ingeniería genética consiste en incorporar, a una planta de uso agrícola, un gen
con una característica específica que le confiera habilidades como la resistencia a
plagas y enfermedades, la resistencia a herbicidas, o un menor consumo de agua.
La biotecnología de las plantas y más concretamente, la ingeniería genética, permite
hoy en día hacer un mejoramiento genético puntual y en mucho menor tiempo que los
métodos convencionales.
Estas características agronómicas traen como consecuencia un importante
incremento en los rendimientos, así como ahorros sustanciales en agroquímicos y en
el recurso agua, y por ende, un menor impacto en el medio ambiente.
Debido a estos beneficios, una a una, las sociedades más avanzadas del mundo, han
optado por aprovechar los avances de la ciencia a favor de asegurar a la humanidad,
alimentos suficientes y nutritivos, así como la preservación de su biodiversidad.
Esto queda de manifiesto en el hecho que, desde 1996, año en que por primera vez
se cultivaron comercialmente las plantas genéticamente modificadas, la superficie
mundial con estos cultivos se ha venido incrementando año con año hasta llegar a
una superficie mundial cosechada en 2003 de más de 67.3 millones de hectáreas.
Este resultado refleja una de las más sorprendentes adopciones de tecnología que se
han dado en la historia de la agricultura y las razones que han permitido lo anterior
son fundamentalmente tres:
Un incremento en los rendimientos, que se basa en:
? La reducción del daño por insectos.
? La liberación de variedades mejoradas en menor tiempo.
? La no competencia por nutrientes con las malezas.
La reducción de costos, al lograr:
? Ahorro de recursos al usar menos agroquímicos.
? Menor gasto en jornales.
? Menos labores culturales.
El beneficio ambiental, con:
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Menor contaminación de suelos y agua.
Menor resistencia a insectos y malezas.
Mejor conservación de los suelos.
Disminución del gasto de agua.
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Hoy en el mundo, quien ignora este desarrollo, se está arriesgando a perder
competitividad en la producción agrícola e incrementar su dependencia alimentaria.
México no puede quedarse al margen de los beneficios que ofrece la nueva
revolución biotecnológica.
Esto es especialmente importante si tomamos en cuenta las grandes ventajas que
nuestro país tiene, para ser un actor relevante en el manejo de estas tecnologías, de
las cuales a continuación, señalaría las más importantes:
? Contamos con científicos con liderazgo mundial en la ingeniería genética de
plantas;
? Se ha invertido en una importante infraestructura física en nuestros institutos de
investigación;
? Contamos con una gran biodiversidad que requiere ser protegida y
aprovechada en forma sustentable;
? Contamos con la estructura legal para ir tomando las decisiones adecuadas en
el tema de la bioseguridad;
? Tenemos un gran potencial exportador de cultivos producidos por métodos
biotecnológicos.
Por otro lado, es importante destacar que México es uno de los pocos países en el
mundo que cuentan con tanta experiencia acumulada, en la toma de decisiones para
el manejo de los Organismos Genéticamente Modificados, en un importante número
de especies agrícolas, con la activa participación de científicos independientes
especialistas en la materia.
En el año de 1984, un científico mexicano creó la primera planta modificada
genéticamente que se desarrolló en el mundo.
Cuatro años más tarde, nuestro país recibió, en 1988, la primera solicitud para
evaluar, en los campos agrícolas mexicanos, plantas de tomate genéticamente
mejorado.
La Secretaría de Agricultura constituyó ese mismo año un comité de bioseguridad,
con el fin de analizar y recomendar, si fuera el caso, la liberación experimental de los
materiales genéticamente modificados.
En todos los casos, se ha actuado en forma profesional, anteponiendo los criterios
científicos y bajo los principios éticos que cada caso amerita.
Con esos elementos, México considera que la biotecnología moderna es una
importante herramienta, que permitiría al país, incrementar la producción nacional de
los cultivos estratégicos, al mejorar variedades diseñadas para cumplir con las
características agronómicas y específicas en rendimiento, calidad y uso final,
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contribuyendo con esto a una política de alimentos de bajo costo y el desarrollo de la
competitividad del sector.
Cabe destacar que la biotecnología es considerada por cada vez más naciones, como
una de las más importantes herramientas para combatir la pobreza rural.
Otro importante adelanto en el tema de la bioseguridad en México se dio en
noviembre de 1999, al crearse, por Acuerdo Presidencial, la Comisión Intersecretarial
de Bioseguridad y Organismos Genéticamente modificados (CIBIOGEM), la cual
quedó integrada por 6 Secretarías de Estado y el Consejo Nacional de Ciencia y
Tecnología (CONACYT), decisión que elevó al más alto nivel en el país la política en
torno a los organismos genéticamente modificados.
La creación de la CIBIOGEM obedeció a la necesidad de incorporar a las decisiones
agrícolas, los criterios de la salud humana, el medio ambiente y el comercio, con el fin
de coordinar las políticas de la Administración Pública Federal relativas a la
bioseguridad y a la producción, importación, exportación, movilización, propagación,
liberación, consumo y en general, uso y aprovechamiento de los organismos
genéticamente modificados, sus productos y subproductos.
Con base en lo anterior, la estrategia de bioseguridad en México se encuentra basada
en tres pilares:
1. Proteger la salud humana y la biodiversidad del país;
2. Desarrollar el marco jurídico nacional, a través del cual se pueda promover el
comercio, garantizando a su vez la sustentabilidad, con base en criterios científicos.
3. Promover el uso de la biotecnología moderna para desarrollar nuevas variedades
que permitan incrementar la producción y calidad de los productos agrícolas en
México.
Desde su creación, la CIBIOGEM ha jugado un papel fundamental en temas internos
e internacionales, como fue la negociación del Protocolo de Cartagena sobre
Seguridad de la Biotecnología, y la reciente Primera Reunión de las Partes del
referido Protocolo, celebrada en febrero del presente año en Kuala Lumpur, Malasia.
Esta Soberanía me ha convocado para informar a ustedes sobre los motivos y las
condiciones de la firma del “Arreglo para Establecer los Requisitos de
Documentación para Organismos Vivos Modificados para Alimentación, Forraje
o para Procesamiento”., celebrado con Canadá y Estados Unidos y que está
directamente relacionado con el Protocolo de Cartagena del que México es Parte.
Como es de su conocimiento, el Protocolo de Cartagena fue firmado por el Gobierno
Federal en Nairobi, Kenia el 24 de mayo del año 2000.
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Este Protocolo fue ratificado por el Senado de la República el 30 de abril del 2002 y
se encuentra en vigor desde el 11 de septiembre del 2003, siendo para México una
Ley Suprema a partir de entonces.
El objetivo del Protocolo es establecer lineamientos mundiales comunes, que
garantizan condiciones mínimas de seguridad sobre los movimientos transfronterizos
de los organi smos genéticamente modificados.
Por la gran relevancia que tuvo para México la firma y ratificación del Protocolo, la
CIBIOGEM emprendió un minucioso análisis y seguimiento de ese documento, con el
fin de ir cumpliendo con todas las obligaciones y lineami entos que ahí se señalan.
El Tratado de Cartagena señala muy claramente que las Partes suscritas, podrán
concertar acuerdos y arreglos bilaterales, regionales y multilaterales relativos a los
movimientos transfronterizos intencionales de OVMs y que estos arreglos podrán
hacerse también entre países no Parte como es el caso de Canadá y Estados Unidos.
Por lo tanto, de acuerdo con estos preceptos del Tratado y en congruencia con la
ratificación del mismo que hizo el Senado de la República el 30 de abril de 2002, la
CIBIOGEM determinó trabajar en la definición de lineamientos que eviten barreras
innecesarias al comercio, por la entrada en vigor del Protocolo, con Estados Unidos y
Canadá, países socios en el Tratado de Libre Comercio.
Con ese principio, México, como país Parte, logró negociar con dos países no Parte,
es decir, Canadá y Estados Unidos, tener acceso a su información, sobre los eventos
relacionados con la autorización previa o futura de movimientos de OGMs, y que
eventualmente pudieran llegar a México a través de los embarques de importación.
Lo anterior se plasmó en un documento que fue elaborado, revisado y consensuado
en diversas reuniones del Comité Técnico de la CIBIOGEM, órgano que recomienda a
los Titulares de la Comisión Intersecretarial, las pautas técnicas de adopción de
políticas en la materia.
El resultado: un documento interinstitucional con Canadá, Estados Unidos y México
denominado “Arreglo para Establecer los Requisitos de Documentación para
Organismos Vivos Modificados para Alimentación, Forraje o para
Procesamiento OVM/AFP”.
Respetando las preocupaciones de los tres países, este documento, además de dar
continuidad al flujo comercial de granos, promoverá la integración de estrategias y
permitirá mantener un intercambio continuo de información científica, con el fin de
atender los aspectos de biotecnología agrícola que pudieran surgir entre los tres
países.
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En otras palabras, el espíritu fundamental de este arreglo no fue la formalización de
ningún acuerdo, fue simplemente un arreglo y la definición de un plan de trabajo, para
dar cumplimento precisamente al Protocolo y tener acceso a la información de
Estados Unidos y Canadá.
A partir de la entrada en vigor del Protocolo de Cartagena, el pasado 11 de
septiembre, fue necesario enviar un mensaje claro sobre cómo, bajo las reglas de
ese instrumento, íbamos a permitir el ingreso y el movimiento transfronterizo de
organismos genéticamente modificados, fundamentalmente con nuestros socios
comerciales del norte.
Es claro que el objetivo del Protocolo, no es evi tar el ingreso de los cultivos
genéticamente modificados a un país determinado. Más bien el objetivo es solicitar
al país Parte, su definición sobre los mecanismos y reglas bajo las cuales va a
permitir el acceso a su territorio.
Este es un arreglo con vigencia de dos años porque el Protocolo de Cartagena, en su
Artículo 18.2. a, señala que durante los próximos dos años a partir de su entrada en
vigor, se deberán definir los mecanismos bajo los cuáles se hará el movimiento
transfronterizo de OGMs.
Por todo lo anterior, esta iniciativa que tomó México y a la cual se adhirieron Canadá y
Estados Unidos, es un instrumento que nos da certidumbre, que nos da acceso a la
información y al final de cuentas tenemos dos años para evaluar sus resultados.
Es necesario mencionarles que este instrumento trilateral, está siendo considerado
como modelo por otros países de América Latina, especialmente de la región Andina,
Partes y no Partes del Protocolo.
Ellos evalúan ya la posibi lidad de instrumentar un plan similar, para dar transparencia
y seguridad a esas regiones en el comercio, uso y consumo de organismos
genéticamente modificados.
Quiero reiterar, por ser el tema central de esta comparecencia, que la CIBIOGEM, con
la determinación de concretar este arreglo trilateral, en ningún momento consideró
atribuirse funciones que no le competen, ni violentar responsabilidades.
Muy por el contrario, de acuerdo con consultas realizadas previamente de carácter
técnico jurídico, la ratificación del Protocolo de Cartagena por parte del Senado, es el
marco legal para la implementación de este arreglo trilateral, ya que señala que cada
Parte tomará las medidas legislativas, administrativas y de otro tipo, necesarias y
convenientes para cumplir con las obligaciones emanadas de ese instrumento.
Quiero destacar el sentido del Artículo 18.2.a al que me he referido, señalando que
éste hace énfasis en los OGMs destinados a uso directo como alimento humano o
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animal o para procesamiento, e identifica claramente que los embarques “pueden
llegar a contener” OGMs, pero no están destinados para su introducción intencional
en el medio ambiente, por lo que requiere identificar un punto de contacto para
solicitar información adicional.
Con base en este artículo, México demanda a los exportadores, que en la
introducción de granos destinados tanto a la industria, como a la alimentación humana
y animal que lleguen al país, se inc luya en la factura que acompañe a los embarques,
la leyenda “puede llegar a contener”.
Compartimos con esta Soberanía toda esta información por que es de nuestro interés
que este complicado y complejo tema de los organismos genéticamente modificados y
la bioseguridad nacional, sea comprendido y valorado en su justa dimensión, sin
apasionamientos ni prejuicios.
Quiero reiterar que las decisiones que se han tomado en este tema se han hecho en
forma responsable y contando siempre con la asesoría, la ética y el compromiso con
México de nuestros científicos nacionales.
Nuestro objetivo es producir más y más sano, sin ampliar la frontera agrícola, ni poner
en riesgo nuestra biodiversidad.
Nuestra obligación es explorar inteligentemente las ventajas que nos ofrecen las
emergentes tecnologías, para un país como el nuestro.
Afirmamos que a la par, se deberán ir desarrollando e implementando los
instrumentos legales que permitan ir tomando las decisiones oportunamente y
sustentadas en preceptos jurídicos y normativos.
En conclusión, consideramos que el peor de los riesgos que podemos correr como
Nación es el de quedarnos fuera de todos los beneficios que ofrece la biotecnología
moderna para la agricultura sustentable.
Es claro también que las decisiones se tendrán que tomar, privilegiando los
fundamentos científicos y los principios éticos que permitan preservar ante todo, a la
salud de nuestra población y la de nuestros recursos naturales.
Estoy a sus órdenes para cualquier pregunta.
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