“El autor es quien expresa”: José Luis Caballero Leal

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“EL AUTOR ES QUIEN EXPRESA”: JOSÉ LUIS CABALLERO LEAL
“El autor es quien expresa”: José Luis Caballero Leal
Sofía de la Mora Campos
RESUMEN. Entre los objetivos de la investigación “Cultura editorial: ¿quién es el autor?”,
se abrió un espacio para la reflexión sobre el autor dentro de la legislación, misma que ha
llevado a un análisis de la Ley Federal del Derecho de Autor (1947) y, a buscar la opinión y
posición de diferentes actores que han participado desde su perspectiva en la construcción
del derecho autoral. Con el objeto de delinear el concepto de autor desde una perspectiva
del marco legal y analizar esta Ley (y sus modificaciones), sostuve una rica conversación con
el licenciado José Luis Caballero Leal, quien por su trayectoria académica y profesional es
ampliamente conocido como una autoridad en materia autoral.
LA LEY FEDERAL DEL DERECHO DE AUTOR, desde su expedición en 1947, se ha
modificado una y otra vez con el objetivo de responder legalmente a las necesidades
de protección del autor. En la última versión —24 de diciembre de 1996— se
observa que la protección fundamental recae en la obra y no en el autor, sujeto de
protección, pero sí aparece de manera muy somera una definición.
Para algunos legisladores y personas involucrados con la Ley, es suficiente la
formulación del artículo 13, que define al autor como “el creador de una obra literaria
y artística”. Actualmente, la Ley Federal del Derecho de Autor continúa en la mesa de
discusión para su reformulación, ya que a pesar de los logros alcanzados no responde
todavía a las necesidades reales de protección para el autor y la obra.
Con el objeto de delinear el concepto de autor desde una perspectiva del marco
legal y analizar esta Ley, sostuve una conversación con el licenciado José Luis
Caballero Leal, quien por su trayectoria tanto académica como profesional resulta
ser una autoridad en materia autoral. Como observamos en su curriculum, el
licenciado Caballero Leal se ha preocupado por poner en la mesa de discusión
varios aspectos que conllevan al análisis de la Ley y su problemática. Asimismo,
nos muestra su interés por difundir del contenido de la Ley por medio de
conferencias, artículos de divulgación y cursos en diferentes niveles.
ANUARIO 2002 • UAM-X • MÉXICO • 2003 • PP. 429-442
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ANÁLISIS DE MEDIOS Y RECEPCIÓN
SMC: Cuando uno revisa la Ley Federal del Derecho de Autor, publicada en el Diario
Oficial de la Federación el 24 de diciembre de 1996, sabemos que tiene una larga historia
en el mundo de la legislación y aunque existen avances todavía encontramos problemas,
algunos planteados por usted en varios artículos publicados o ponencias presentadas en foros
de discusión, antes y después de esta última reforma. Esta Ley requiere adecuaciones,
perfeccionamientos, en fin, seguir trabajando en lo que a esta Ley le concierne proteger. Uno
de los aspectos fundamentales de esta Ley tiene que ver con el objeto de protección, para usted:
¿Cuál es el objeto de protección en la actual Ley Federal del Derecho de Autor?
JLCL: Desde la aparición de la primera Ley Federal sobre el Derecho de Autor en 1947
hasta la vigente, que entró en vigor el 24 de marzo de 1997, el objeto de protección
siempre ha sido el autor en relación con su obra.
La Ley Federal del Derecho de Autor parte de un principio de homologación con
la Ley Federal del Trabajo ya que, hasta cierto punto, se encuentran medidas similares.
Por un lado, los derechos de los trabajadores en relación con los patrones y, por el
otro, los derechos de los autores en relación con los usuarios de las obras. Por esto,
la Ley tiene básicamente como objeto de protección a los autores en relación con
sus obras, es el presupuesto fundamental-esencial. Sin embargo, a raíz de la aparición
de la nueva Ley Federal de Derechos de Autor del 24 de marzo de 1997, el objeto de
protección se extiende a un segundo grupo o categoría de titulares de derecho que
la Ley reconoce. Esto es: los artistas, los intérpretes y los ejecutantes, productores
de fonogramas y videogramas, organismos de radio difusión y editores de libros.
Entonces la filosofía de la promulgación de esta Ley se disipa un poco.
¿Por qué debería la Ley mantener ese espíritu tutelar de los derechos de autor en
primera instancia, de manera independiente, única y absoluta y, en otro precepto,
mencionar que la protección se extiende a otros titulares de derechos que no son
creadores? Ésta es la diferencia fundamental que se encuentra prácticamente en todos
lo textos legales del mundo. Por un lado, está la figura del autor y, por el otro, los
titulares de los derechos que finalmente siempre van a ser usuarios de las obras. Entonces,
el objeto de protección es el autor en relación con la obra, aunque no todas las Leyes lo
digan, quizá con esa claridad o de manera tan precisa, exacta y tajante.
En los artículos 1° al 5°, contenidos en las disposiciones generales de dicha Ley, se habla
solamente de la protección a la obra en relación con el autor y no el autor en relación
con la obra.
El Derecho de Autor tiene un doble contenido. Por una parte, derechos morales y,
por la otra, derechos patrimoniales. Al analizar las consecuencias de la violación
del derecho moral, que tiene que ver con la paternidad, con la integridad de la
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“EL AUTOR ES QUIEN EXPRESA”: JOSÉ LUIS CABALLERO LEAL
obra y con la divulgación de la misma, si se modifica, evidentemente atenta contra
el objeto de protección del derecho. Pero a quien afecta en su reputación es al sujeto
protegido, que es el autor, porque es quien se ve vulnerado en la consideración que
los demás tienen de sí. Finalmente, modificar una obra de Octavio Paz, de Enrique
Krauze, de Carlos Monsivais o de cualquier autor, repercute en el prestigio de la
persona, auque la deformación o la mutilación se lleve materialmente sobre la obra.
La Ley garantiza o permite el ejercicio de dos acciones distintas: una resarce al
autor del daño moral ocasionado por una conducta contraria a derecho y, la segunda,
la acción de reparación del daño material derivado de actos ejecutados en relación
con la obra.
Existe más de un ejemplo. El caso específico de los murales del Casino de la
Selva, en Cuernavaca. Ahí hay una clara y fragante violación a un derecho moral
del autor, en tanto que una obra de su autoría o una serie de obras de su autoría
están siendo objeto de destrucción, alteración o deformación que pueden traer
como consecuencia la desaparición del único ejemplar existente. A diferencia de
los libros, en los que si se destruye un ejemplar no sucede mayor cosa, se pierde
únicamente un soporte material; pero en el caso de obras adheridas a muros, su
destrucción trae como consecuencia la irreparable destrucción o desaparición de
la obra. Ahí hay, entonces, un daño material absoluto, total e incuestionable al
objeto material sujeto de protección de la Ley.
Habría que encontrar un ejemplo en donde la modificación del contenido
de la obra, deformación, alteración, mutilación y lesión al derecho personal del
autor, causara frente a terceros un menoscabo de su honor o de su reputación.
Finalmente, ese es el punto. Entonces, a pesar de que la Ley constantemente se
refiere a la obra como el objeto fundamental de tutela, no se puede, por ningún
motivo, dejar de considerar que la afectación personal que el autor sufre como
consecuencia de ciertas conductas realizadas por terceros a los derechos morales
evidentemente se lesiona a la persona, no tanto a la obra como tal; es decir, para
que haya lesión al derecho moral tiene que haber lesión a la obra.
Podríamos hablar de un caso excepcional. El uso de una obra sin dar el crédito
correspondiente. En este caso no se mutila la obra, ésta sigue intacta, no ha sido
deformada, mutilada o alterada, pero la falta de crédito lesiona o puede llegar a ser
decisiva en relación con los intereses del autor.
El autor para ser objeto de protección es necesario un objeto tangible. Se dice que éste
puede ser una obra inédita o no registrada. En la legislación actual se da ya un
reconocimiento mayor al autor; pero, a pesar de esto, es una Ley de protección a la obra,
más que de protección al autor. ¿Quién es el autor en el marco de la legislación?
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ANÁLISIS DE MEDIOS Y RECEPCIÓN
Hace más o menos 53 años que existe Ley Federal de Derecho de Autor,
independiente del Código Civil, y en ella, por primera vez se precisó quién es el
autor de una obra. Se dice que autor, única y exclusivamente, es la persona física
que crea la obra y esto va ligado al hecho de que, si una obra no es otra cosa más
que la expresión formal del pensamiento humano, y sólo las personas físicas tienen
capacidad de pensar y sentir, entonces, por circunstancia natural, se descarta a
todo aquel que no sea persona física para atribuirle el carácter de autor, y se rompe
primero con esa presunción.
Asimismo, existe una lucha incesante de las industrias, las corporaciones y, en
general, de las personas morales por ser consideradas autores de obras y durante los
últimos cincuenta años se ha tratado de reafirmar el hecho de que no son otra cosa
más que titulares de los derechos o causahabientes de los derechos de los autores.
Si la obra es resultado de la expresión formal del pensamiento humano y,
tomando a las definiciones más románticas, que refleja la personalidad de su autor,
las obras solamente pueden ser atribuidas en su creación a una persona que piensa,
que siente y que se expresa. En cambio, las empresas no son más que ficciones
jurídicas, corporaciones integradas por personas físicas, y como entes jurídicos no
sienten ni piensan ni se expresan y cuando lo hacen es por conducto de personas
físicas. Por esto es que por primera vez en la Ley, y de manera muy acertada, el
carácter de autor se reconoce como atributo exclusivo de la persona física.
Entonces, no se resuelve totalmente un aspecto determinante para la doctrina
y el derecho; era un tema que, por muchas razones, estaba definido ya en el foro de
discusión del Derecho de Autor y para eliminar toda posibilidad de duda o
cuestionamiento al respecto se inserta un artículo expreso.
Esto va mucho más allá de determinar quién es el autor de la obra desde la
perspectiva de la Ley Federal del Derecho de Autor y ahí es donde verdaderamente se
puede encontrar un tema de debate y, sobre todo, de discusión en el ámbito filosófico.
¿Quién crea algo sin haberse nutrido previamente del conocimiento adquirido de las
obras de terceros? ¿Hasta qué punto se puede hablar de autoría cuando en realidad
lo que un autor hace es la interpretación personal de una serie de conocimientos
previamente adquiridos? Es decir, ¿hasta qué punto un autor tiene realmente o
encuentra la justificación para atribuirse, con el carácter único, la creación de una
obra que recoge el pensamiento de cientos, probablemente miles de autores, de años
de historia y de investigación acerca de un tema en particular?
En el artículo 12 se dice: “El autor es la persona física que ha creado una obra literaria
o artística”, el concepto de creación coloca al autor en una posición divina cuando, desde
mi perspectiva, es la capacidad de formular ideas de manera organizada en un lenguaje
adecuado.
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“EL AUTOR ES QUIEN EXPRESA”: JOSÉ LUIS CABALLERO LEAL
El autor tiene la maravillosa capacidad de exposición o expresión sintética, no
dudo que el carácter original resida en la forma de expresión personal pero, atribuirse
el carácter de autor en el sentido de que “de mí ha salido todo esto y solamente en
mí debe reconocerse la fuente absoluta de la sabiduría del conocimiento”, me
parece exagerado. Esa es una discusión supralegal, simplemente porque a la Ley lo
que le interesa, a efecto de reconocer el carácter de autor a una persona física, es
que haya expresado de manera personal y original una serie de ideas en un soporte
material y que sea perceptible mediante los sentidos.
La Ley, es evidente, no cuestiona filosóficamente si esa creación intelectual es producto
del trabajo desarrollado y divulgado previamente por un sinnúmero de autores. Es ahí
en donde, justamente, desde otra perspectiva, desde otra plataforma de análisis, se
puede cuestionar si efectivamente la palabra autor es aplicable o tiene la connotación y
el alcance general que la sociedad le atribuye. Es cuestionable si entramos en el terreno
de esa discusión filosófica, y se afirma que un autor no lo es de manera absoluta,
permanente y única respecto de las manifestaciones que tiene. Evidentemente no lo
creo; en ese contexto se entra a un debate verdaderamente complicado.
Se trata simple y sencillamente de la adecuada exposición de una serie de
conocimientos que han sido procesados y que se han obtenido de otros autores que, a
su vez, se han expresado de manera organizada respecto de conocimientos que
previamente se han adquirido de otros autores y así sucesivamente.
Es por eso que en un trabajo académico la bibliografía, las citas y las referencias son
fundamentales. Por medio de ellas se reconoce la autoría de ideas y de autores que
alimentan la propia idea; pero en el artículo 12 sólo se habla de obra literaria y artística.
En realidad debería decir literaria o artística, porque no se deben reunir necesariamente
ambas características. La Ley utiliza indistinta, indiscriminada e indebidamente la
“y” o la “o”. Entonces, en algunas ocasiones se trata de obras literarias y artísticas y en
otras de trabajos literarios o artísticos. No se sabe si cuando se refiere a que la obra
debe ser literaria y artística se le atribuye a la obra literaria un carácter estético,
cuando en realidad se trata de géneros totalmente distintos, pero ese es un error
legislativo.
El artículo 12 es el único espacio en el que se intenta definir a la persona a quien la Ley
pretende proteger, el autor. Desde el título de esta Ley no se habla del autor sino de los
derechos de autor. En el primer capítulo no se le ubica en el centro de la acción legal,éste lo
ocupa la obra. Para la Ley la figura de autor es la persona física con capacidad creadora
pero limita su actividad a unas cuantas ramas: literaria, musical, danza, entre otras,
explícitas en el artículo 13 y no se habla, por ejemplo, de la actividad académica o científica.
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ANÁLISIS DE MEDIOS Y RECEPCIÓN
El artículo 13 de la Ley, que por tratar de pecar de preciso ha incurrido en una serie
de omisiones indebidas, se podría decir: “se protegerán todas las formas de expresión
personal del pensamiento humano” y no se tiene que entrar en una categorización
como lo pretende el artículo ya que indebidamente deja fuera de la definición categorías
que se pueden incorporar. Por ejemplo, la obra escenográfica, en cuyo caso, por no
haberle incluido dentro de este texto legal, se genera una indebida presunción, pues
carece de protección legal a pesar de que en el párrafo final de este artículo se establece
que todo por analogía se puede considerar abarcado en las clases que ha protegido la
Ley Federal de Derecho de Autor.
Hacer toda esta lista, enunciativa más no limitativa, no me parece que abone a la
claridad del texto legal; pudieron limitarse a decir que se protegerán todas las obras
literarias y obras artísticas y dentro de estos rubros cabe todo. En uno o en el otro.
Se puede alegar que los programas de computación no entran en estas categorías.
Mi respuesta es que sí, que son obras literarias desde el punto de vista técnico,
porque no son otra cosa más que la conjunción de letras y números expresados
mediante un código binario; entonces, estamos ante una obra literaria.
Entonces ¿qué es obra literaria?
Hablar de obra literaria permite entrar a un terreno infinitamente menos
complicado que pretender adoptar una lista con todas las formas de creación.
¿Qué es una electrografía? Es una técnica de fijación que por medio de cierto
tipo de ondas eléctricas o como resultado de una manipulación digital, se hornea
y fija en una textura. ¿En dónde se le ubica? Entre las ramas de las obras plásticas
que caen dentro del género artístico. Es decir, hay tantas técnicas de creación de
nuevas obras que responden a un nombre que, evidentemente, en esa lista no se va
a encontrar, lo que acarrea es una indebida sensación de falta de protección, porque
no se encuentra en la descripción algo que se asemeje a lo que se crea. Suponer que
por analogía todo puede ser incluido es apostar a un tema que no debería tener esa
justificación. Yo insisto, si el artículo 13 dijera: “se protegerá toda la expresión
formal de pensamiento humano, siempre y cuando conste de un soporte material”,
permitiría que se protegiera lo que al Derecho de Autor le corresponde, la expresión
formal del pensamiento humano.
Respecto de los medios electrónicos —internet o publicaciones electrónicas— existen
limitaciones para su registro. Esto es, una de las grandes ausencias en la actual legislación
es que no tienen posibilidades de contar con protección legal.
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“EL AUTOR ES QUIEN EXPRESA”: JOSÉ LUIS CABALLERO LEAL
En principio no se necesita registrar el contenido ya que por constar en un soporte
material tiene protección legal. El problema es que ha surgido una tecnología que
permite la digitalización y puesta a disposición del público de obras por conducto
de internet. Esto ha revolucionando los conceptos tradicionales de la industria editorial
y rompe con los usos y costumbres de los últimos quinientos años, y altera el
pensamiento, la concepción que del derecho tienen algunas personas.
Cuando se habla de la existencia de un libro, ¿qué es lo que inmediatamente
viene a la mente? Papel con letras impresas, con pastas y con una cierta textura, peso,
volumen, etcétera. Cuando te habla de un libro electrónico ¿qué te viene a la cabeza?,
¿cómo te lo imaginas? En CD... pero entonces ya no es un libro, es decir, te rompe un
poco el tópico de las definiciones, el hecho de que aparezca en pantalla una serie de
información ordenada, que parezcan páginas no significa que necesariamente se esté
frente al libro tradicional, mentalmente ubicado en un contexto cotidiano como un
ejemplar tangible, físico. Entonces, si se le pide a la autoridad que registre el texto
electrónico y que dé un número ISBN o ISSN para una publicación periódica que no
existe, porque es una revista que no tiene papel, se altera todo el esquema legal y se
asume una posición evidentemente defensiva, mientras la propia o natural evolución
del medio y del concepto toma otro rumbo. La toma de decisión por parte de un
funcionario de ventanilla es imposible porque para ellos sería tanto como reconocer
jurídicamente un status a algo que ellos están imposibilitados, simple y sencillamente
por su ubicación jerárquica dentro de la estructura administrativa y, porque no
tienen la iniciativa ni el talento requeridos para tomar ese tipo de decisiones.
Buena parte de los portales que hay dentro de internet constituyen una
publicación periódica, porque una publicación periódica es un medio de divulgación
de obras que responden a un nombre común que las identifica y cuyo contenido
varía periódica y sucesivamente de acuerdo con la periodicidad, fecha y condiciones
que el editor determina. La mayoría de los portales de internet, constituyen
publicaciones periódicas cuyo contenido cambia cotidianamente. Entonces, ¿por
qué no responden a una solicitud de ISSN? Porque no se les entrega un soporte.
Si se les entrega un CD entonces ya no tienen necesariamente el carácter de
publicación periódica, sino de un libro electrónico. Entonces se tendría que entregar
un CD por cada ejemplar de la publicación periódica.
¿Existe la posibilidad de registrar este tipo de publicaciones?
El Instituto Nacional Derechos de Autor (INDA) es una institución que en relación
con en el tema especifico de las publicaciones periódicas y, particularmente las
contenidas en el entorno de la red mundial de la comunicación conocida como
internet, no tomará por ningún motivo la iniciativa de reconocerlos con tal carácter.
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ANÁLISIS DE MEDIOS Y RECEPCIÓN
Este es un tema evidentemente técnico del Derecho de Autor y entra en crisis con
lo que estamos conversando. Las publicaciones periódicas se distribuyen y están dentro
del Derecho de Autor. Se supone que está a disposición del público un número
suficiente de ejemplares, así como la existencia de un medio tangible, un medio físico.
El fenómeno de internet, desde la perspectiva autoral, constituye un acto de
comunicación pública y ésta supone la forma, un medio por el cual el público en
general tiene acceso a las obras sin que esto constituya una distribución de ejemplares.
Aquí hay una contradicción, cuando se entra a una consulta electrónica bajo propia
solicitud —en inglés se usa la expresión on demand, es decir, bajo propia demanda—
se tiene acceso a la información requerida, en el momento y lugar en que se solicita.
Hay pues, en esa operación, un acto de comunicación pública, no una distribución
física de ejemplares, salvo que eventualmente se “baje” a la computadora y se imprima,
y entonces sí existe la distribución.
No hay formalmente un acto de distribución al público, hay un acto de
comunicación pública. Entonces, este choque de principios legales abona el que
la confusión en la autoría sea grande y difícil de resolver.
El artículo 14 de la Ley Federal de Derechos de Autor dice que no son objeto de
protección las ideas en sí mismas, así como los nombres de los títulos, las anotaciones, el
contenido de los informativos. Queda claro que las ideas de un autor son consecuencia de
las ideas de otros, pero finalmente, las ideas no están protegidas, aunque se hable de ellas
en el artículo 13. Éstas, al no estar relacionadas con un objeto concreto, no son protegidas.
Eso quiere decir que la Ley sólo reconoce al autor en el momento en que existe un soporte
material. La idea en sí misma no puede ser registrada.
Hay que distinguir dos momentos: el primero, el de la generación o concepción de
una serie de ideas que se contienen en la mente de la persona que las formula en un
estado absoluto y totalmente inmaterial y, el segundo, en el que las ideas se convierten
en obras que ya han sido plasmadas en un soporte material que permite a otros percibirlas
como tales. Lo que el Derecho de Autor protege es la expresión formal del pensamiento.
La forma en que uno ordena, la forma en que se expone, la forma en la que se expresa.
Si tú y yo tomáramos la decisión de describir en los diez próximos renglones lo
que hay dentro de este despacho, es muy probable que al final de la revisión habría
una coincidencia en, por lo menos 60 ó 70 por ciento de los elementos que
conforman esta oficina; pero lo que va a distinguir tu trabajo del mío será la forma
de expresión de las ideas. El momento en que esa forma de expresión ha quedado
manifestada en un soporte material y es perceptible por los demás o es fácilmente
comunicable a los demás, queda indefectiblemente al amparo de la Ley. Mientras
esa forma de expresión no exista, nada hay que proteger. ¿Cómo atribuir a alguien
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“EL AUTOR ES QUIEN EXPRESA”: JOSÉ LUIS CABALLERO LEAL
la autoría de una obra si no hay un medio tangible que soporte la manifestación
de tal o cual idea, principio, solución, fórmula, etcétera, que proviene justamente de
la persona que reclama esa creación?
Entonces, si la Ley protege el resultado de la aplicación de la idea, aunque el artículo 14
diga que no es objeto de protección, ¿se la puede registrar si está en un soporte material?
Sí, lo que se puede hacer es registrar la forma de expresión de las ideas, lo que no
significa que la Ley te garantice protección respecto de la aplicación de los principios,
métodos, fórmulas o, inclusive, la aplicación industrial o comercial de las ideas
contenidas en tu obra.
Lo que el Derecho protege es la forma de expresión. Cómo se dicen las cosas, y, sobre
eso reconoce un derecho exclusivo frente a terceros, lo que no significa que ese derecho
alcance o abarque simultáneamente la aplicación práctica del contenido de las ideas
expresadas por medio de la obra.
Esto, trasladado a los quehaceres humanos puede ser: desde el trabajo de aquel
que te da instrucciones para tejer chambritas o la revista Mecánica Popular que te
indica cómo construir una casa, reparar un carro o armar un helicóptero; hasta
todas aquellas que te permiten, mediante una serie de indicaciones precisas,
desarrollar actividades mecánicas, manuales, técnicas o electrónicas o de cualquier
otra índole. Este tipo de obra es una fuente de conocimientos prácticos. Todos los
instructivos pretenden proveerte de las habilidades necesarias para la consecución
de algo determinado y entonces lo que se protege evidentemente es el instructivo,
la forma de expresión y no el resultado material de la aplicación de las instrucciones.
Otro ejemplo es el juego. Como tal no alcanza protección desde la perspectiva
del Derecho de Autor, pero sí la forma de expresión tangible que el juego tiene.
Desde la forma en que el tablero ha sido concebido y constituye una obra
indistintamente literaria o artística, hasta la mecánica de la explicación de las
reglas o instrucciones del juego. Lo que la Ley no protege es la mecánica del juego.
Es decir, no se puede impedir que alguien en lo sucesivo, tirando dos dados,
avance tres casillas. El artículo 14 pareciera señalar lo contrario y la autoridad
sostiene que el juego no es objeto de protección. Y si lo es, ya que para su desarrollo
supone un trabajo creativo, absoluto y total. No sólo en cuanto al diseño de las
instrucciones y la mecánica como tal, sino en cuanto a la apariencia física que
tiene, lo que lo hace atractivo al público en general.
La apreciación del INDA es que las reglas carecen de protección legal. Mi
apreciación personal es que la forma de expresión de cada uno de los autores que
explica cómo jugar constituye por sí mismo una obra intelectual protegida sin
lugar a duda por el Derecho de Autor. Al igual que cualquier forma personal de
expresión de las ideas.
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ANÁLISIS DE MEDIOS Y RECEPCIÓN
Entonces, dentro de estos límites para la Ley ¿quién es el autor?
El autor es quien expresa, no necesariamente quien la crea. Para la Ley, es quien
crea, es el creador intelectual.
Es el creador que registra y sustenta una obra, como se indica en el artículo 5: “La
protección que otorga esta Ley se concede a las obras desde el momento en que hayan sido
fijadas en un soporte material, independientemente del mérito, destino o modo de
expresión”.
Registrar no. Se fija la expresión del pensamiento en un soporte material porque esa
es la condición legal de protección que el artículo 5 establece. Para la Ley, en términos
de este artículo, es irrelevante: primero, el destino. Si está dirigido a un sector, a un
nicho, a un área determinada de la sociedad; segundo, el mérito. Porque el derecho
no califica el carácter estético de las obras —si es buena o mala—, porque finalmente
no hay un indicador que permita desestimar una obra en función de que reúna o no
una característica específica; y, tercero, la producción, la forma de expresión, porque
puede estar en una cinta con capacidad de fijación electromagnética, en un plato de
cerámica, en un lienzo o en un papel. La única condición es que sea original.
Nuevamente se entra en un debate: el carácter original parece referirse a la no
existencia de algo similar o que se le parezca, cuando en realidad eso tendría que
ver más bien con un carácter novedoso.
En materia de patentes la novedad es un requisito que deben reunir los inventos,
mientras que para recibir protección en materia legal, la originalidad sería la
principal condición. Tendría que ver con que no existiera nada parecido o semejante,
cuando en materia de Derecho de Autor, el concepto original se refiere a la forma
personal de expresar determinadas ideas.
En términos de la Ley, el requisito legal de la originalidad se satisface,
independientemente del destino, del método y de la forma de expresión, y el artículo
5 termina diciendo que la protección legal no se encuentra subordinada en
cumplimiento de formalidad alguna. Lo que claramente alude a que no es requisito
inscribir y registrar la obra para que la protección legal surta efecto en el ámbito
internacional, porque no es un registro constitutivo de derechos, en el sentido de
que el registro te convierte en autor.
¿El registro permite vincularse con el Derecho de Autor y, por tanto, con el reconocimiento
como autor?
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“EL AUTOR ES QUIEN EXPRESA”: JOSÉ LUIS CABALLERO LEAL
Sí, hasta cierto punto; pero el problema del registro, como veníamos analizándolo,
supone que el examinador necesitaría, en el proceso de otorgamiento del registro,
llevar a cabo una serie de tareas de calificación de las obras para lo cual no está
capacitado ni sería humanamente posible, ya que requeriría una capacitación difícil
de alcanzar, y el registro tendría atribuciones con carácter constitutivo de derechos,
ya que se le otorgaría el certificado a aquel que avalara o acreditara, después de un
riguroso examen, que efectivamente es autor en el sentido de que no solamente es
la expresión formal de su pensamiento sino de que no se nutrió del conocimiento
de absolutamente nadie para la creación de la obra que presenta, y ésta es una
situación imposible.
El registro solamente es declarativo en el sentido de que el registrador se limita
a decir que “un tipo con tal nombre se presentó diciendo que era autor de una
obra que sometió a su consideración”. Y hasta allí, sin más problemas. Entonces,
si alguien más llega y demuestra que esa obra existía antes de la fecha asentada en
la declaración de esta persona, pues ese registro carece de toda eficacia legal.
¿Cómo se demuestra si no esta registrado?
Esa es la ventaja de la inscripción, ya que dejas una constancia ante una autoridad
pública de la existencia de una obra en una fecha y un lugar determinados, contra
la existencia de un manuscrito que por sus características habla de que no existe
prueba pericial contundente y determinante para resolver sobre la fecha exacta de
la creación.
Por ejemplo, existe un manuscrito y está hecho con tinta; quizá se pueda practicar
una prueba pericial grafoscópica para determinar la antigüedad de la misma; su
grado de oxidación; el grado de humedad del papel, su blancura o su opacidad. Un
perito puede concluir si, tomando en consideración todos esos elementos, se pudo
escribir entre 1980 y 1985; es decir, ese es el grado de certeza que se puede tener
eventualmente. Pero nunca va a decir, esta obra fue escrita el 23 de enero y con eso te
desarma totalmente, porque el ámbito de la incertidumbre que provoca un dictamen
de esa naturaleza puede desestimar una inscripción realizada ante el registro público.
Cualquier manuscrito que se escriba ahora con cualquier tinta y puesto al sol
en un tiempo corto puede parecer escrito sobre pergamino de hace cuatro, cinco,
seis o diez años, porque ya fue expuesto a una condición no natural. Los documentos
normalmente no se exponen al sol; pero si se exponen a él, la tinta se oxida de
manera diferente y la opacidad del papel se genera de manera inmediata.
Evidentemente que si a eso se le agrega algunos factores climatológicos adicionales
a los que normalmente los documentos no se exponen, alteras totalmente el
resultado de una prueba pericial grafoscópica.
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ANÁLISIS DE MEDIOS Y RECEPCIÓN
Sabemos que la autoría está antes que el registro, pero para la Ley el reconocimiento es
automático si la obra está en un soporte material aunque sea inédita. ¿Un autor es aquél
que tiene un documento en su escritorio? ¿Qué ventajas ofrece el registro ya que no es
obligatorio?
Mientras una obra se mantiene inédita, ¿qué riesgo corre de ser ilegalmente empleada?
Ninguno. Para la Ley la obra se crea en el momento en que consta en un soporte
material. Es decir, es susceptible de ser percibido mediante los sentidos. Todos y
cada uno de los documentos que están en mi computadora para efectos legales
constituyen obras. El autor, además de los derechos morales tiene otro fundamental:
divulgar la obra o mantenerla inédita.
Si la divulga automáticamente deja constancia de la autoría que ejerce sobre la
misma y, a partir, de ese momento, expone su obra a la indebida utilización por
parte de terceros; cualquiera puede llevar a cabo un acto de indebida apropiación
o uso de la misma. Por eso, el registro aunque no es obligatorio, es importante.
Si ese acto de divulgación se lleva a cabo por medio de un periódico, éste a su vez
es una documental que avala la existencia de la obra en la fecha en que fue publicada.
Todo lo posterior no se podrá oponer ante ese acto de divulgación de la obra. Mientras
la obra no se publique y no se divulgue, si se mantiene inédita, está expuesta
prácticamente a cero riesgo en la medida de que nadie sabe de su existencia: no se
puede copiar lo que no se conoce, pero si surge una obra con características similares,
entonces puede ser simple y sencillamente una coincidencia.
Las coincidencias no llegan a los extremos de que la forma de expresión sea idéntica.
Se puede desarrollar el guión de una novela sobre hechos o eventos que presenten
coincidencias en su desarrollo porque responde, inclusive, a una situación o a un
hecho real.
¿La Ley marca ciertas limitaciones para ser reconocido y protegido?
No. La obra se protege desde el momento en que se crea y se fija en el soporte
material. Si se divulga, automáticamente se expone a la indebida apropiación, a la
reproducción no autorizada o al empleo no autorizado. Si no la divulgas, la obra se
mantiene dentro de una esfera de seguridad relativamente amplia. ¿Por qué crees
que la fórmula de Coca Cola se mantiene secreta? Porque no ha sido publicada
y esa no es una obra autoral, esa es una fórmula.
¿Por qué el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) tiene actualmente
vínculos con la Ley Federal de Derechos de Autor?
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“EL AUTOR ES QUIEN EXPRESA”: JOSÉ LUIS CABALLERO LEAL
La razón por la que se incluyó y le atribuyeron facultades expresas al IMPI obedeció a su
experiencia en la represión de prácticas desleales derivadas básicamente de la piratería.
Durante la discusión a las reformas de la Ley, al secretario de Estado se le ocurrió decir
que al IMPI se le deberían de asignar esas tareas para favorecer justamente la persecución
y la sanción de las conductas ilícitas y luchar contra la piratería en el ámbito del
Derecho de Autor, a pesar de que con motivo de la publicación del decreto de reformas
a la Ley, se crea un organismo desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública
denominado Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDA) con capacidad de ejercer
su propia estrategia al respecto.
El INDA es formado para la atención especializada de los asuntos en la materia.
Consecuentemente, la totalidad de las atribuciones para la persecución, sanción y
administración de la ley, los delitos, las infracciones, le deberían corresponder, y no
es así. Se las dieron al IMPI.
¿La Cámara de Diputados sigue trabajando sobre la reformulación o modificaciones a
esta Ley?
Existen una serie de iniciativas, de ideas, de inconformidades expresadas por muchos
sectores. Difícilmente se difunden todas las iniciativas que aparecen en el Senado
o en la Cámara de Diputados pero, se sabe de manera extraoficial que, aunque hay
temas atorados, se están realizando ajustes a la ley, pero de momento no tengo la
información precisa.
José Luis Caballero. Datos curriculares
Maestría en Propiedad Intelectual, Queen Mary and Westfield College,
Universidad de Londres; Posgrado en Derechos de Autor, Instituto Internacional
de Derecho, Universidad de Georgetown, Washington, D.C. y en la Organización
Mundial de la Propiedad Intelectual en Ginebra, Suiza. Profesor de la Unidad de
Posgrado en Propiedad Intelectual de la Universidad Panamericana, de la Universidad
en Estudios de Posgrado en Derecho, así como de la Casa Universitaria del Libro
de la UNAM. Ha impartido numerosas conferencias sobre derechos de autor y
derechos conexos en universidades del país y del extranjero. Publica regularmente
artículos y ensayos sobre temas selectos de propiedad intelectual en cuadernos y
revistas especializados en la materia. Autor del comentario introductorio a la
nueva Ley Federal del Derecho de Autor, publicado por Editorial Sista y coautor
de un libro sobre los jingles y los derechos de autor. Es socio de Jalife, Caballero,
Campuzano & Vázquez, bufete especializado en la atención de asuntos de
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ANÁLISIS DE MEDIOS Y RECEPCIÓN
propiedad intelectual y corporativo. Desde hace quince años se dedica en forma
exclusiva a la atención de asuntos relacionados con los derechos de autor y
derechos conexos. Es vicepresidente para México del Instituto Interamericano
de Derechos de Autor y del Centro de Estudios para la Propiedad Industrial.
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