PETROLEO, DERECHOS A LA EXPLOTACION DEL SUBSUELO

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335598. . Segunda Sala. Quinta Época. Semanario Judicial de la Federación. Tomo XLIV, Pág. 1927.
PETROLEO, DERECHOS A LA EXPLOTACION DEL SUBSUELO. Los diversos códigos
y leyes de minería, vigentes en la República Mexicana, otorgaban al dueño de un terreno, la
facultad de explorar y explotar libremente el petróleo que pudiera encontrar en el subsuelo,
aprovechándose del mismo, sin necesidad de que para ello tuviera que ocurrir a autoridad
alguna en demanda de autorización o permiso, pudiendo, en virtud de esa misma facultad,
transmitir sus derechos, a título oneroso o gratuito, como cualquiera otra clase de bienes; pero
el artículo 27 de la Constitución Federal de 1917, vino a establecer, en esta materia, un
sistema completamente diverso, al declarar que corresponde a la nación el dominio directo de
todos los minerales o sustancias que, en vetas, mantos, masas o yacimientos, constituyen
depósitos cuya naturaleza sea distinta de los componentes de los terrenos, comprendiendo,
muy especialmente, al petróleo y a todos los carburos de hidrógeno, sólidos, líquidos o
gaseosos. La Ley del Petróleo, de 26 de diciembre de 1926, en sus artículos 12 y 14, ordenó
la confirmación de las concesiones otorgadas por el Ejecutivo de la nación, de acuerdo con
las leyes anteriores, e igualmente acordó la confirmación, sin gasto alguno y mediante
concesiones, tanto de los derechos que se derivaren de terrenos en que se hubieran
comenzado los trabajos de explotación petrolera, antes del 1o. de mayo de 1917, como de los
que se derivaren de contratos celebrados antes de la misma fecha, por el superficiario o sus
causahabientes, con fines expresos de explotación de petróleo. Es indudable que el primero
de estos casos comprende a los propietarios de la superficie, que hubieren emprendido
trabajos de explotación petrolera, y el segundo, a todos aquellos que hubieren celebrado un
contrato, con esos mismos fines, con el superficiario o sus causahabientes. Con relación a los
trabajos efectuados por los superficiarios, el Reglamento de la Ley del Petróleo estableció, en
su artículo 151, que los trabajos deberían comprobarse con documentos fehacientes, a juicio
de la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, y en su artículo 152, reformado por
Decreto de 27 de marzo de 1928, consideró para los efectos del anterior, como trabajos de
explotación petrolera, la ejecución, con anterioridad al 1o. de mayo de 1917, de algún acto
positivo, que expresara la intención del superficiario o de las personas capacitadas, de ejercer
sus derechos al petróleo en el subsuelo, con el fin de usar u obtener dicho producto, tales
como perforaciones, arrendamientos, celebración de cualquier contrato relativo al subsuelo,
etcétera; por lo que si los derechos de una persona al subsuelo, se hacen derivar de la cesión
de un contrato de promesa de arrendamiento, con propósito de explotación de petróleo,
celebrado con el superficiario, es claro que los mismos se fundan en la fracción II del artículo
14, de la Ley del Petróleo y, por lo tanto, quedan comprendidos en la disposición del artículo
152 del reglamento respectivo, que se refiere a los actos positivos que deben constituir los
trabajos de explotación petrolera ejecutados por el superficiario, para los efectos del
reconocimiento de sus derechos, de acuerdo con la fracción I, del artículo 14 de la ley, con
relación a la cual, el reglamento considera bastante cualquier contrato relativo al subsuelo,
celebrado por el superficiario o sus representantes, que revele la intención de explotar el
petróleo, inclusive las promesas de venta o arrendamiento, siempre que en ellas quede
evidenciada la misma intención del superficiario, de obtener productos petrolíferos, y siendo
indiscutible que conforme a la fracción II del artículo 14 de la Ley del Petróleo, deben
respetarse los contratos celebrados antes de 1917, que contengan derechos adquiridos para
explotar el subsuelo, debe examinarse si una promesa de arrendamiento, es bastante para dar
por cumplido el requisito establecido por la ley, para obtener la confirmación de aquéllos.
Promesa es: la oferta deliberada que una persona hace a otra, de darle o hacerle alguna cosa;
o bien, un contrato unilateral por el que uno concede a otro, la cosa o el hecho que le pide,
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quedando por ello obligado a cumplirlo. Laurent, en sus Principios de Derecho Civil, dice,
que una promesa de arrendamiento unilateral no aceptada, es una policitación que no
engendra ninguna liga obligatoria; si está aceptada sin que la parte que acepte se obligue, por
su parte, a dar o tomar en arrendamiento, habrá un contrato unilateral, que se volverá un
contrato bilateral de arrendamiento, cuando la parte no obligada dé su consentimiento. No
constando en qué términos fue pactada una promesa de arrendamiento, no puede esclarecerse,
desde luego, si fue un contrato unilateral o bilateral, ya que se ignora si hubo promesa de una
de las partes, o si ambas se prometieron mutuamente; pero de todos modos, la promesa no
engendra más acciones que las relativas para llevar a cabo el contrato prometido, quedando
expuestas las partes a la falta de cumplimiento, lo que únicamente se traduciría en la
indemnización por daños y perjuicios; de donde resulta que si una promesa no transfiere por
sí misma derecho alguno sobre la cosa, como sería la explotación del subsuelo, es indudable
que en esas condiciones no existen derechos que puedan ser confirmados.
Amparo administrativo en revisión 1355/34. Bache Herrera Alberto. 30 de abril de 1935.
Unanimidad de cinco votos. Relator: Jesús Garza Cabello.
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