Una educación sin ideales / Discere Opinión

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Una educación sin ideales / Discere
Opinión - La Jornada
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿Dónde está el
conocimiento que hemos perdido en la información?
T.S. Eliot
Nunca se había esperado tanto de la educación como ahora y, paradójicamente, nunca se ha
denostado tanto el papel de la escuela, de los maestros y del sistema educativo completo.
Todo el mundo opina sobre la importancia de la educación, pero la realidad es que pocos
conocen cuáles son sus fines.
Según, Alfred North Whitehead: “La finalidad de la educación es infundir sabiduría, la cual
consiste en saber usar bien nuestros conocimientos y habilidades. Tener sabiduría es tener
cultura y la cultura es la actividad del pensamiento que nos permite estar abiertos a la belleza
y a los sentimientos humanitarios”. Este filósofo inglés, en su obra: Los fines de la educación,
alerta sobre el sentido práctico que últimamente se le está dando a la educación, al querer
convertirla en actividad que únicamente hace competentes a los estudiantes para la vida
laboral; al mismo tiempo revive la vieja polémica de si el fin último de la educación es instruir o
educar. Este afán de reducirla a su mínima expresión y darle un carácter utilitario, es el que está
acabando con los ideales educativos que tenía la escuela en la antigüedad, según Whitehead.
En la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos se dice: “La educación que imparta
el estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y
fomentará en él, a la vez, el amor a la patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia
de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”. Pero tampoco nadie tiene
claro a qué se refiere eso de “desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano”
y mucho menos cómo conseguirlo.
Por otro lado, los organismos internacionales han establecido una serie de indicadores con los
que miden la calidad de la educación, indicadores que hablan de cobertura, equidad, eficiencia
terminal, deserción, capacitación docente, uso de las TIC’s o infraestructura; por lo que
pareciera que la tarea consiste en cumplir con ellos, reduciendo la calidad al logro, en cantidad,
de dichos indicadores, sin que ninguno de ellos haga referencia directa al cómo lograr una
formación integral.
La educación se está quedando sin ideales y empieza a reducir su papel al de capacitador y
proveedor de recursos humanos, acorde a las necesidades que marca el sector productivo, que
no es que esté mal, lo malo es que su función se reduce a un utilitarismo, que en nada refleja
lo que marca el artículo 3º de nuestra Constitución.
Estamos asistiendo a una época de progreso, de grandes avances tecnológicos y un cúmulo de
información a la que tenemos acceso sin ningún problema, pero no hemos podido lograr que
se reviertan las enormes brechas y desigualdades sociales, además de todos los conflictos,
violencia, el crimen organizado, el avance de las adicciones, la desintegración familiar y
muchas otras problemáticas que son consecuencia de las anteriores. A este respecto algunos
autores señalan que justamente el progreso material suele traer aparejada una degradación
moral, por lo que a la educación no le queda más remedio que recuperar su función de
refuerzo de la familia en la formación de conciencias y de personas sabias, además de
instructora de competencias y proveedora de personal para las empresas.
Las escuelas tendrían que ser centros donde se garantice la integridad física y emocional de
los niños, donde éstos aprendan normas de convivencia y respeto a los demás y donde
además estudien, aprendan y adquieran buenos hábitos. La escuela no puede estar supeditada
a los gustos de los alumnos, ni facilitárselo todo en aras de una pedagogía lúdica y permisiva,
volviéndolos indolentes, caprichosos y faltos de voluntad.
A la escuela le corresponde saber armonizar la exigencia con la motivación y el cariño, y su
objetivo debe ser formar al niño para que se convierta en un adulto responsable, bueno y bien
preparado. La escuela que, según los agoreros, está condenada a desaparecer es la que tiene
como único fin la instrucción, ya que ese papel lo puede adoptar cualquiera, pero si su función
es la de formar, permanecerá en el tiempo, porque nada la puede suplir, exceptuando a la
familia.
Todo sistema educativo necesita una base filosófica, pedagógica y humanista y un deber ser,
superior al de instruir, además de claridad en el tipo de sociedad que se quiere construir y la
clase de persona que se debe formar; necesita asimismo tener maestros cultos y con calidad
académica y humana, con sentido del deber y que sean un ejemplo para sus alumnos; un
cuerpo directivo eficiente y con formación ética; necesita también el apoyo de familias
comprometidas con la enseñanza, ejemplo al mismo tiempo de sus hijos y que se conviertan
en aliados de los profesores; faltan programas académicos que formen integralmente; y se
necesitan igualmente escuelas dignas y bien equipadas.
Seguramente podría seguir enunciando una serie de necesidades que a todas luces parecerán
ideales, pero eso es precisamente lo que está necesitando la educación, ya hay demasiado
sentido práctico en ella, ahora es tiempo de darle un sentido más completo y trascendental.
Fernando Savater dice: “Un proceso de enseñanza nunca es una mera transmisión de
conocimientos o destrezas prácticas, sino que se acompaña de un ideal de vida y de un
proyecto de sociedad”.
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Twitter: @petrallamas
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