PROSPECTIVA Y MUJER Thelma Gálvez Francisca Sánchez

Anuncio
PROSPECTIVA Y MUJER
Thelma Gálvez
Francisca Sánchez
UNIDAD DE ESTUDIOS PROSPECTIVOS
Primera parte:
TENDENCIAS Y PROYECCIONES DEL TRABAJO REMUNERADO DE LA MUJER
Thelma Gálvez Pérez
1997
INDICE
TENDENCIAS Y PROYECCIONES DEL TRABAJO REMUNERADO DE LA MUJER
I.
PRESENTACION
II.
DEMANDA DE TRABAJO: ANTECEDENTES HISTÓRICOS
1. Definiciones
2. Contexto y crecimiento
3. Segregación sexual del trabajo y descomposición del crecimiento
4. Estructura del empleo y pobreza
5. Demanda y nivel educacional
6. Tendencias recientes del empleo en el contexto de la globalización
7. Conclusiones sobre la Demanda
III.
OFERTA DE TRABAJADORAS
1.
La oferta femenina de trabajo remunerado está condicionada por la división sexual del
trabajo social
2.
La historia reciente y las variables a considerar
3.
Conclusiones sobre la Oferta
IV.
LA SITUACION DE LAS MUJERES URBANAS MAS POBRES
1. Las motivaciones para trabajar
2. Por qué seguir, por qué abandonar la actividad
3. Las razones para elegir el trabajo independiente
4. Su cultura familiar
5. Sus expectativas y posibilidades
6. Líneas de acción
V.
ESCENARIOS AL 2000, 2010, 2025
1. Los rumbos deseables
2. Proyecciones de demanda de trabajo
3. Relación entre proyecciones de demanda y de oferta de trabajadores
4. Proyecciones de oferta de trabajo
CONCLUSIONES
VI.
Bibliografía
Anexos
SEGUNDA PARTE
Mujeres y Trabajo. Una mirada cultural a los proyectos de vida de los jóvenes
Francisca Sánchez
RESUMEN EJECUTIVO
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO UNO
Nociones generales, las hablas juveniles
RELATOS # 1
PROYECTO HACIA LO FAMILIAR Y MATERNO
RELATOS # 2
PROYECTO: MATERNIDAD Y TRABAJO, EL ESFUERZO PERSONAL
RELATOS # 3
PROYECTO CRÍTICO, INTEGRACIÓN MADRE-TRABAJADORA
CAPÍTULO DOS
Análisis, distinciones sobre familia y trabajo
1. Familia
1.1. Maternidades
1.2. Parejas y tareas de la casa
2. Trabajo
2.1 Trabajo instrumental
2.2. Trabajo como experiencia vital
CAPÍTULO TRES
Distinciones integradas bajo un sentido, aproximaciones e interpretaciones
CAPÍTULO CUATRO
Conclusiones acerca del cambio cultural
ANEXO
Diseño Teórico Metodológico para Estudio Exploratorio:
referentes teóricos conceptuales y antecedentes generales
PRESENTACIÓN
El libro Prospectiva y Mujer es el resultado de dos investigaciones de carácter prospectivo sobre
uno de los movimientos de larga duración que mayor potencial de transformación y cambio de la
sociedad, de la economía y de la cultura de nuestro país ofrecen al análiss del largo plazo y al
esfuerzo por avizorar, predecir y anticipar el Chile que buscamos o se nos impone y, que
irremediablemente tendremos que aceptar, para nuestros hijos y su descendencia.
Las dos investigaciones representan un esfuerzo original y sustantivo de análisis prospectivo desde
diversos enfoques. La primera de ellas busca estudiar el movimiento de larga duración que se
expresa en el proceso de cambio en el proyecto cultural de vida de las mujeres chilenas y su masiva
y diferente inserción en el mundo del trabajo, desde una perspectiva económica-laboral. La
segunda, en cambio, lo hace desde una perspectiva antropológica-cultural. Si una se concentra en la
determinación de las tendencias y proyecciones del trabajo remunerado de la mujer, la otra busca
ser una mirada a los proyectos de vida de las jóvenes de hoy. Ambas nos permiten aquilatar algunos
de los grandes desafíos y tareas que el referido movimiento de larga duración va imponiendo a las
políticas públicas y a las acciones privadas, del presente y del futuro, en el entendido que este es un
proceso querido, deseado y buscado consciente o inconscientemente, por la gran mayoría de las
mujeres, especialmente de las jóvenes.
El hecho de conceptualizar el proceso de cambio del proyecto dominante de vida de las mujeres
como movimiento de larga duración, implica reconocer una transformación cultural muy profunda
en las estructuras de la vida cotidiana, desde las cuales se van modificando, antes que otros, los
roles masculinos, -dado que ambos, los masculinos y los femeninos se determinan en su
interacción-, y permeando al resto de les estructuras económicas, políticas y culturales. En la
medida que el nuevo proyecto se vaya asentando, las posibilidades y límites de cambio de la
sociedad se redefinirán, considerando los otros movimientos de larga duración comitantes con el
que define un nuevo horizonte cultural para la mujer.
En la perspectiva teórica y metodológica de nuestros estudios prospectivos, el conocimiento de las
carcaterísticas y magnitud que pueden asumir las principales variables que componen un
movimiento de larga duración, constituye un factor esencial en la posibilidad de anticipar los
desafíos y tareas del futuro, así como los límites y posibilidades de las políticas públicas y de la
acción privada. La estrategia de desarrollo democrático debe incorporar este conocimiento y, como
en el caso del cambio del proyecto cultural de vida de las mujeres, recordar la sentencia del gran
historiador francés Fernand Braudel que afirmaba: “el gran hombre de acción es aquel que después
de calibrar con justeza lo limitado de sus posibilidades, elige mantenerse dentro de ellas y
aprovechar el peso de lo inevitable, ejerciendo su empuje personal en la misma dirección. Está
condenado al fracaso cualquier esfuerzo realizado a contracorriente de la dirección que en un
momento lleva la historia”♣.
El proceso de transición a la democracia en Chile debe reconocer este movimiento de larga
duración, incorporarlo a sus objetivos, ajustarse a sus ritmos y secuencias, removerle sus obstáculos
y evitarle los costos inútiles que se derivan de oposiciones absurdas a las legítimas reivindicaciones
de las mejeres que, esencialmente, quieren ser personas y vivir una vida con plenitud de sentido.
El libro que presentamos, elaborado a partir de las investigaciones “Las tendencias y proyecciones
del trabajo remunerado de la mujer”, de la economista Thelma Gálvez, y “Mujer y Trabajo: una
mirada cultural a los proyectos de vida de las jóvenes”, de la antropóloga Francisca Sánchez, en el
marco del convenio de colaboración suscrito entre el Fondo de Solidaridad e Inversión Social
FOSIS y la Unidad de Estudios Prospectivos del Ministerio de Planificación y Cooperación,
pretende no sólo dar cuenta del movimiento de larga duración que subyace a sus análisis, sino,
también, aportar a la búsqueda de las políticas y acciones que permitan que el nuevo proyecto de
vida de las mujeres chilenas, con raíces históricas casi centenarias, puede asumirse y realizarse por
la sociedad entera.
Germán Quintana Peña
Ministro de Planificación y Cooperación
Santiago de Chile, 19 de mayo de 1998.
♣
Braudel, Fernand: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de la Cultura
Económica, primera reimpresión en español, 1981.
I. INTRODUCCION.
Este estudio se inserta en el Proyecto “Planificación estratégica y gestión pública: contribución a la
estrategia del desarrollo democrático” elaborada por la Unidad de Estudios Prospectivos de MIDEPLAN.
La evidencia del aumento de la participación femenina en el trabajo remunerado, junto a otras
tendencias de largo plazo que la acompañan, inspiró la formulación de la hipótesis que justifica realizar este
trabajo. El planteamiento es desarrollado por Humberto Vega 15 quien en diversos trabajos ha utilizado el
concepto de larga duración, acuñado por el historiador Fernand Braudel, aplicándolo a fenómenos de la
economía chilena. Vega destaca la relación entre el conocimiento de los movimientos identificados como de
larga duración y el diseño y aplicación de políticas públicas, permitiendo que éstas sean más adecuadas y
con mayores posibilidades de éxito. Los movimientos de larga duración conllevan cambios culturales que
permean la vida cotidiana de las personas y de esa manera forman parte de los factores estructurales que
pueden viabilizar o no determinadas políticas. La hipótesis planteada por Vega en relación con el proceso de
mayor incorporación laboral de las mujeres, es que se trata de un movimiento de larga duración,
culturalmente arraigado y con una dinámica propia y la consecuencia inmediata es que hay que considerarlo
explícitamente en la formulación de políticas.
Desde este enfoque se trata el tema, con el propósito de aportar a un mejor diseño de las políticas
públicas. Para ello se recogen selectivamente a lo largo de este informe evidencias de la historia reciente de
la participación laboral femenina: qué la ha facilitado, qué cambios se advierten en las mujeres, en los
hombres o en la sociedad, qué tensiones se producen y no se resuelven por la simple dinámica de las
tendencias observadas en el funcionamiento de la sociedad tal como está hoy día. Luego se proyectan al
futuro, como una manera de adelantar y visualizar los posibles desajustes, y tener un boceto en trazos
gruesos de la situación en un horizonte de mediano plazo. Parte del mismo enfoque y tema es el documento
“Mujeres y Trabajo, una mirada cultural a los proyectos de vida de las jóvenes” (Francisca Sánchez)
donde se hace una indagación a jóvenes del presente que da elementos de análisis en el plano de los cambios
culturales.
Concretamente, en el presente documento se describen las tendencias de la participación laboral de
la mujer en Chile entre 1970 y 1996, en el nivel económico, demográfico - familiar y cultural, como
antecedentes para realizar proyecciones en tres escenarios: 2000, 2010 y 2025. Las proyecciones
demográficas son la base cuantitativa que permite asomarse al mundo del mercado laboral y que lo
determinan en algunas de sus dimensiones.
El contexto en el cual se trabaja se puede dividir analíticamente en un contexto económico y uno
cultural. La evidencia del trabajo remunerado pertenece al primero y es alrededor de él, y de su importancia
para las propias mujeres, que se articulan los cambios, en primer lugar, en las mujeres y sobre todo en las
jóvenes para luego afectar al resto de la sociedad, a la familia y a las relaciones de trabajo, conformando
cambios en el contexto cultural. En éste, se ha privilegiado el análisis por generación y por nivel
socioeconómico, sabiendo que en el interior de ellos hay mucha heterogeneidad.
La perspectiva más puramente económica se centra en la dinámica del sistema y cómo el
crecimiento ha necesitado el aporte de las mujeres a la producción. La evolución de la demanda indica que
ésta ha favorecido más la incorporación de mujeres, teniendo en cuenta que la fuerza de trabajo masculina y
15
Jefe de la Unidad de Estudios Prospectivos de Mideplan y coordinador de los Talleres y trabajos que se articulan
con un enfoque prospectivo.
femenina no son perfectamente intercambiables. Esta es cruzada por una preocupación especial por las
mujeres que se encuentran en situación de pobreza. La demanda ha sido más selectiva con las mujeres y los
condicionantes de la oferta de trabajo femenino también juegan en contra de las más pobres. El capítulo IV
recoge con mayor detalle su situación.
Investigar el trabajo remunerado de la mujer supone ampliar los límites de un enfoque económico
tradicional. Las variables estrictamente económicas no dan cuenta de la diferenciación sexual al interior del
mercado laboral, aunque hay avances en ese sentido. La mirada se amplía reconociendo que el trabajo
remunerado de la mujer se inscribe dentro del sistema social con sus contenidos de género. "El sistema
sexo-género es como un modo de producción social, un determinante fundamental y elemento constitutivo
de la sociedad, socialmente construido y sujeto a cambios históricos y a evolucionar" 16 Dinámica
económica, pobreza y diferenciación de género se encuentran a lo largo del documento.
La hipótesis sobre la cual se trabaja es que presenciamos en la actualidad una transformación y
readecuación del modelo de género en general, promovido desde los cambios que afectan el trabajo
remunerado de la mujer. Los cambios se superponen a un orden "tradicional", según el cual hay una división
sexual de roles y del trabajo entre hombres y mujeres al interior de la familia y en la sociedad. Las
tendencias a la mayor participación laboral de la mujer no se acomodan perfectamente al orden tradicional y
perfilan una "modernidad" en gestación en el plano cultural. Adelantándonos a la historia probable, hoy
ponemos atención a los obstáculos que han tenido que derribar las mujeres para participar en el mercado
laboral.
El aumento del trabajo remunerado femenino se hace en este contexto: se mueve dentro de los
límites de la identidad masculina y femenina en la sociedad, su dinámica causa contradicciones con ellas y
revela incoherencias con las posturas tradicionales al intentar traspasarlos, ha sido capaz de transformar
algunos contenidos y, sin embargo se adapta a la necesidad, siempre muy vigente, de distinguir lo masculino
de lo femenino. Es en la vida cotidiana, expresión de los cambios lentos y profundos avalados por el sentido
común, donde se expresarían los cambios de identidades masculinas y femeninas compatibles con el trabajo
remunerado de las mujeres.
Los tiempos de transición que estamos viviendo por la mayor incorporación de las mujeres al
trabajo remunerado y la transición demográfica basada en la caída de la natalidad se expresan en los
espacios del trabajo remunerado, de la familia y de la organización social, en distintos ritmos y con
contradicciones entre ellos. En este informe no se han investigado las repercusiones del trabajo femenino
sobre la organización del trabajo al interior de los establecimientos ni sobre la organización de la sociedad,
aunque se está consciente de su existencia y su importancia.
El documento se organiza en base a distinguir la dinámica económica, sintetizada en el concepto de
demanda de trabajo, y las múltiples respuestas que a ella dan las mujeres en su heterogeneidad, sintetizadas
en el concepto de oferta. Desde la oferta se indaga en sus motivaciones, sus situaciones familiares, sus
transformaciones a través del ciclo vital y de las generaciones que se suceden.
El recuento de los años 1970 - 1996 se hace poniendo el acento en la segregación sexual del trabajo
desde la demanda y en la tasa de participación laboral desde la oferta. Ello permite instrumentalizar y medir
estadísticamente hechos cruciales en la sociedad generizada. La división sexual del trabajo está en la raíz de
las diferencias jerárquicas y valóricas entre mujeres, tanto a nivel social: doméstico y mercantil, como a
16
Chodorow 1979; citado por M.Elena Valenzuela.
nivel de ocupaciones dentro del trabajo para el mercado. Esta división, cualquiera que sea su forma
concreta, es parte de un sistema de género que otorga valores distintos al trabajo de hombres y mujeres,
desvalorizando el de éstas. La tasa de participación muestra que el trabajo remunerado es una opción y no
una obligación para las mujeres. Ese hecho resume circunstancias, oportunidades, capacidades, proyectos
de vida de diferentes mujeres, pero va indicando que los destinos parecen juntarse en un futuro de trabajo.
Para estos propósitos se recopila y organiza información existente en otros estudios, en las
estadísticas y en fuentes secundarias, a la luz de los enfoques elegidos. Se trata de seleccionar variables
proyectables al futuro y de dar antecedentes sobre las conductas que han sido objeto de cambio o son fuente
de tensiones. Se han reunido evidencias históricas y presentes sobre los factores que influyen en el trabajo
de las mujeres, desde la demanda de trabajo y desde la oferta de trabajo de las mismas mujeres. Se hace un
esfuerzo por explicitar las tendencias que impulsan el trabajo femenino y las que lo obstaculizan o crean
tensiones. Finalmente, se proyectan las tendencias ó hipótesis alternativas y se derivan de ellas alguna
observaciones y prioridades de acción posibles.
La dirección en la cual se inserta la disminución de las tensiones es mirada desde las mujeres, con la
meta de que sus proyectos de vida laboral sean exitosos y totalmente compatibles con su vida privada y
comunitaria. Para lograrlo, la división del trabajo no debería tener connotaciones de género y el trabajo
remunerado de las mujeres debería dejar de ser considerado secundario. A nuestro juicio, estas condiciones
dan el sentido deseable a los cambios culturales pendientes en el largo plazo.
II. DEMANDA DE TRABAJO: antecedentes históricos.
1. Definiciones
En este documento la demanda de trabajo se entiende como la necesidad de trabajadores que tiene
la economía y se identifica con la ocupación, medida en términos convencionales. La ocupación en el sector
asalariado responde claramente al concepto de demanda, pero también el trabajo independiente expresa la
satisfacción de una demanda cuando su producción encuentra compradores en el mercado. En los análisis de
demanda se incluyen ambas categorías, sin distinguirlas.
Debido a los intereses de este enfoque y condicionada por la disponibilidad de información, la
demanda se expresará por la cantidad de personas ocupadas, sabiendo que al interior de ellas hay una
distribución no uniforme de horas trabajadas.
La demanda de trabajo tiene estructuras y ritmos de variación relacionados con la estructura y
crecimiento de la producción y de la productividad, es decir, con factores económicos y técnicos, pero, al
mismo tiempo, su estructura, niveles y jerarquías están impregnados por la cultura de género que se expresa
de muy diversas maneras. La historia y los cambios de la demanda conforman las desigualdades, las
oportunidades y sus crecimientos, el habitat donde se puede alojar la diversidad de mujeres que trabajarán
remuneradamente en cada momento histórico. Desagregar la demanda por sexo significa estar consciente de
la diversidad que hay al interior de cada uno de ellos, y dar cuenta de las evidencias más importantes en el
caso de las mujeres.
La demanda es heterogénea, dirigida a una diversidad de mujeres y las dinámicas que se observan
en el mercado laboral y afectan el trabajo femenino son también muy variadas. Entre ellas, interesa destacar
la existencia de un grado de segregación sexual del trabajo que afecta al trabajo femenino según el
crecimiento relativo de las distintas ramas de actividad y de las distintas formas de producción, pero que a la
vez cambia sus contenidos en la medida que la división sexual del trabajo se recompone.
El empleo femenino está influido por otra multiplicidad de factores como la apertura comercial, los
cambios institucionales en la legalidad laboral, los salarios relativos por sexo, los costos laborales de
hombres y mujeres, todo ello en el contexto de una cultura empresarial con visión de género hacia los
trabajadores. Aunque todos ellos tienen influencias importantes, y podrían ser motivo de otros informes, no
son incluidos en éste.
2. Contexto y crecimiento
Es usual contar la historia realzando los hechos políticos y económicos, sin embargo, los trabajos de
Humberto Vega, basado en F. Braudel, han traído al escenario del recuento hechos demográficos y
culturales que se desarrollan lenta pero decididamente. Tras la breve historia que se reseña a continuación,
hay una población que crece más lentamente - nacen menos niños y sobreviven en mayor medida - y una
importante feminización de la fuerza de trabajo.
La historia económica desde 1970 hasta hoy se desenvuelve en un contexto de grandes cambios de
gobierno y de situación política de la población: 36 años en que gran parte de la población se ha renovado.
La mayoría de los que eran mayores de 40 años en los años 70 ya no están y los que hoy son menores de 40
eran niños o no habían nacido en los 70, siendo en 1995 el 71% de la población.
Los mil días de gobierno de la Unidad Popular son pocos en el total de los días transcurridos, pero
dejaron su señal en el recuerdo y en la reacción que provocaron. Los aumentos del PIB y de la ocupación, la
caída de la desocupación, la redistribución progresiva del ingreso, se diluyen después del golpe de Estado de
1973. Sigue a ellos la "inauguración de un proceso de reestructuración capitalista y destrucción del sistema
político anterior acompañado de recesión económica y atomización social", en palabras de Hola (1989),
refiriéndose a los años 73-75.
La crisis posterior al golpe de Estado es tan fuerte que recién en 1977 se recupera el nivel del PIB
de 1970 en términos reales, volviendo a caer con la crisis de 1982. Durante la segunda mitad de los ochenta
y hasta la fecha, el crecimiento del PIB es sostenido y supera el del empleo.
Los procesos de reestructuración económica provocan un gran problema de empleo, y los
Programas Especiales de Empleo que nacen en 1975 se mantienen hasta 1988, es decir, la mayor parte de la
trayectoria de la dictadura. En el peor año, 1983, emplean a 500.000 personas, ó el 16% de los ocupados.
Son empleos casi improductivos, pagados con salarios menores que el mínimo vigente en la época, que
pretenden resolver un problema de distribución y no de producción. Hay una alta participación de mujeres
en ellos, aún cuando no han sido diseñados con esa intención. En esta coyuntura la motivación para trabajar
de las mujeres tiene que ver con la alta cesantía masculina ocasionada por la crisis.
El gráfico 1 muestra las tasas de variación del P.I.B. y del total de ocupados, excluidos los ocupados
en programas de emergencia. La economía cae hasta la crisis de 1975 y se recupera para volver a caer en
1982, siempre acompañada por el empleo. En la recuperación posterior, hay unos primeros años de
crecimiento ocupacional por sobre el de la producción, con caídas en la productividad, situación que cambia
a partir de 1989. (Anexo 1, cuadro 1.)
Gráfico 1
Tasas anuales de variación del PIB y los ocupados (sin PEM-POJH)
15,0
10,0
5,0
1995
1993
1991
1989
1987
1985
1983
1981
1979
1977
1975
1973
1971
0,0
-5,0
-10,0
-15,0
-20,0
Ocupados
PIB
Fuentes: Series de ocupados: 1970 - 1972, 1975 - 1986, 1986 - 1996 :INE, Encuesta Nacional del Empleo. 1972 1975: Universidad de Chile. Desde 1975 a 1988 se excluye a los ocupados en Programas de Emergencia: PEM y
POJH. Series del PIB: Banco Central, Cuentas Nacionales 1986-1996. CIEPLAN: Compatibilización de Cuentas
Nacionales 1960-1992.
El crecimiento económico de 1976-1981 se hace con alto endeudamiento externo y la dinámica de
producción se busca en el mercado externo más que en el interno, deprimido por la crisis y con salarios
disminuidos en términos reales, lo que favorece en ese momento la competitividad internacional.
La situación de las personas se agrava por el deterioro de los salarios y de las pensiones y la
disminución del gasto público social, como parte de las políticas llamadas de "ajuste estructural", aplicadas
en los 80 y los 90 en toda América Latina. El traslado de los costos del ajuste a los hogares repercutió
directamente en las mujeres, cuya respuesta fue conseguir ingresos como fuera posible. Hola (1989)
describe lo que ocurrió: "El alto desempleo y el deterioro de las condiciones de vida han producido un
incremento de la incorporación de la mujer al mundo del trabajo remunerado" Más trabajo de las mujeres y
de los hijos, intensificación del trabajo de la mujer, tanto para conseguir ingresos como en el trabajo
doméstico, reemplazan al menor gasto social.
Hola cita a Martínez y Tironi (1985) en su descripción del proceso de cambios
ocupacionales."..disminución de la población activa localizada en la agricultura; un aumento de la población
en servicios y comercio; una reducción sustantiva del empleo público (que para 1985 había disminuido en
180.000 puestos de trabajo); un incremento relativo de las ocupaciones independientes por sobre las
ocupaciones dependientes en los estratos bajos, medios y altos; un aumento importante de los empresarios;
una caída sensible de la clase obrera, especialmente en la industria manufacturera, y una disminución del
empleo doméstico remunerado."
El año 1990 marca el inicio de los gobiernos elegidos democráticamente, década de crecimiento
económico y aumento del empleo y de la productividad, con una desocupación estabilizada en niveles de
alrededor de 6%. En el aparato productivo y el mercado laboral persisten enormes diferencias que se
sintetizan en una proporción importante de hogares pobres, sea cual sea la forma que se elige para medirlos.
Al interior de los ocupados, el crecimiento de la ocupación femenina es notable en todo el período.
Por razones diferentes en los años 70 y en los 90, las mujeres se incorporan aceleradamente a la fuerza de
trabajo, con altas tasas de desocupación que revelan las dificultades que enfrentan.
Cuadro 1. Crecimiento de ocupados y ocupadas: aumentos en períodos indicados y tasas anuales.
Mujeres
aumentos
tasa anual
Hombres
aumentos
tasa anual
Censos de población:
1960 – 1970
88.278
1,6
234.469
1,3
1970 - 1982
240.832
2,9
215.883
0,9
1982 - 1992
425.123
4,2
832.445
3,3
1960 - 1992
754.233
2,9
1.282.797
1,8
Encuestas de empleo INE:
1992 - 1996
215.960
3,6
242.350
1,8
___________________________________________________________________________
Nota: las cifras de ocupados del Censo de 1982 contienen a los ocupados en Programas de Empleo de
Emergencia.
Durante todo el período hay un proceso de feminización de la fuerza de trabajo que tiene dos
fundamentos importantes, los mismos que parecen constituir la base del futuro: una demografía que limita la
oferta de personas en edad de trabajar, especialmente la de hombres por sus altas tasas de participación
laboral, y un interés cada vez mayor de las mujeres por incorporarse al trabajo remunerado. El contexto
económico permitió la realización de sus intenciones, básicamente a través de Programas de Empleo de
Emergencia en los comienzos de los 80 y a través de aumento del empleo asalariado en los 90.
Cuadro 2. Tasas de crecimiento de la población de 15 años y más.
Período
Mujeres
Hombres
____________________________________
1975-1980
2,54
2,60
1980-1985
2,26
2,29
1985-1990
1,98
2,04
1990-1995
1,78
1,86
____________________________________
Fuente: INE. Chile. Estimaciones y proyecciones de población
por sexo y edad. Total país: 1950-2050.
Las tasas masculinas de participación laboral registradas en los tres últimos censos (1970, 1982 y
1992) descendieron desde 79,4% y 73,4% hasta 71,5% en tanto las femeninas crecieron desde 21,6% y
24,1% hasta 28,1% respectivamente.
La participación medida por las encuestas de empleo, que es una medida más precisa, muestra una
evolución entre 1986 y 1996 desde 73,4% hasta 76,6% para los hombres y 28,7% hasta 34% para las
mujeres. Como se verá más adelante, la participación global resultante está influida por la estructura de
edades.
Sobre las continuidades y los cambios que se encuentran en estos 25 años se basarán las
proyecciones para los próximos 30 años. Para ello se rescatan como continuidades las tasas de crecimiento
de los ocupados por debajo de las tasas de crecimiento del PIB y el aumento de las mujeres ocupadas a un
ritmo mayor que el de los hombres.
3. Segregación sexual del trabajo y descomposición del crecimiento
La demanda por trabajo no es homogénea desde el punto de vista del sexo de los trabajadores. En la
historia del trabajo es una constante cultural el que las ocupaciones tiendan a ser definidas en términos de
"ocupaciones para hombres" y "ocupaciones para mujeres". Tales definiciones tienen a su vez una dinámica
que las hace cambiar, pero generalmente se recomponen y generan una nueva división sexual del trabajo,
con escasas excepciones.
Las mujeres se abrieron camino en el trabajo remunerado utilizando las ventajas que tienen en su
desempeño doméstico. En toda su historia, ha sido más fácil para ellas concentrarse en los trabajos que "son
adecuados" para mujeres, facilitando su incorporación al trabajo remunerado. Incluso el progreso tiende a
seguir por ese camino: cada vez que conquistan un nuevo espacio, las mujeres se relocalizan en (o son
relegadas a) funciones asociadas a su rol doméstico y reproductivo. El aumento de mujeres ejecutivas se
observó más masivamente en cargos de Personal ó Bienestar en las empresas privadas y en las Instituciones
públicas. Las empresarias se dedican preferentemente a negocios en las ramas de producción típicamente
feminizados: confecciones, alimentación, alojamiento, etc, donde son mejor aceptadas por trabajadores,
clientes y proveedores.
RECUADRO 1: DEFINICIONES DE SEGREGACION SEXUAL DEL
TRABAJO
Una primera definición es la segregación al interior de cada ocupación, reflejada en la
proporción de mujeres (y de hombres) que la ejercen. En la medida que la participación
femenina sobrepasa el nivel de participación global, la ocupación es más femenina y
viceversa.
Una segunda definición es la segregación entre ocupaciones: se puede medir por el
número de ocupaciones que concentran una proporción importante del trabajo
femenino (ó masculino). A este fenómeno se le señala como "concentración del trabajo
por sexo".
De acuerdo a estos conceptos, la segregación será menor en la medida en que la
proporción de
mujeres en cada ocupación sea similar a la global, y que no haya diferencias en la concentración del
trabajo femenino y masculino por ocupaciones.
Ambas medidas se ven afectadas por el grado de agregación al que se definen las
ocupaciones.
Como consecuencia de estos procesos, el crecimiento de la ocupación femenina se puede
descomponer en tres fuentes:
a) el crecimiento económico general que va acompañado de un aumento del empleo
global,
b) el crecimiento diferenciado de las diversas ramas de actividad, con sus estructuras
ocupacionales, que cambian la estructura del empleo y su composición por sexos,
c) cambios en la feminización (segregación interna e interocupacional) de las ocupaciones.
Como la segregación se expresa también al nivel de ramas de actividad, es posible tener indicadores de
concentración y descomposición del crecimiento por ramas. Ver Barrientos (1997)
También la cultura de la segregación, a través de las ocupaciones, se expresa en las formas de
trabajo: asalariado, cuenta propia, empresarial. En este caso se superponen hábitos culturales de los roles
masculinos y femeninos a la segregación ocupacional.
Múltiples agentes contribuyen a ello. Primero, quienes contratan trabajo asalariado o servicios de
cuenta propistas: la "overlista", la trabajadora en servicio doméstico, el jardinero. También los jefes y
compañeros de trabajo, cuando hay una división del trabajo establecida, tienden a oponerse a los cambios,
sea de manera directa o poniendo dificultades a que mujeres se hagan cargo de tareas consideradas
masculinas. La sociedad, y como expresión cercana de ésta, las familias, especialmente los cónyuges,
manifiestan sus preferencias u oposiciones: se señalan los peligros (la noche, el trayecto al trabajo, los
horarios, el peligro de accidentes, la exposición a agresiones sexuales, etc..) Finalmente las mujeres y los
hombres, sensibilizados desde pequeños (¿qué quieres ser cuando grande?) en su gran mayoría acatan las
reglas sociales y desempeñan los trabajos que no encuentran oposición y para los que creen estar destinados
o a los que aspiran, reproduciendo la división sexual del trabajo.
Cerrando el círculo, aunque no de manera fatalista porque también hay agentes de cambio empleadores innovadores, trabajadores con gustos personales muy definidos, rebeldes de diverso tipo,
ocupaciones nuevas que se importan "con sexo" -, encontramos que la mayor parte de las ocupaciones es
desempeñada principalmente por un sexo, lo que se ha llamado segregación sexual del trabajo. A ella se
superpone un sistema de valores que, partiendo de una valoración inferior para los trabajos del hogar - se
oye decir: ¡hasta una dueña de casa lo puede hacer! - tiende a subvalorar aquéllos desempeñados por
mujeres. Con ello se añade un obstáculo más a la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, de
carácter cultural, que se refleja claramente en las brechas salariales entre los sexos y actúa desincentivando a
las mujeres, haciéndolas más pobres aún con iguales méritos que los hombres.
Estas son las proposiciones que sustentan el panorama de la segregación sexual del trabajo en el
período 1970-1996.
La segregación de las ocupaciones tiene efectos en todas las mediciones del trabajo social. Se
manifiesta en las ramas de actividad, que tienen diferente composición de ocupaciones entre ellas, por lo
cual en unas predominan más el empleo femenino y en otras el masculino.17 El crecimiento diferenciado
entre ramas y subramas produce crecimientos diferentes del empleo de mujeres y hombres, según la
importancia de dicha rama en la estructura del empleo femenino o masculino.
A continuación se exponen antecedentes cuantitativos sobre las fuentes del incremento del empleo
femenino a un ritmo más rápido que el masculino en el caso de Chile en el período considerado.
Según cálculos de Barrientos (1997), en los años de crecimiento sostenido 1985-1993, el aumento
en el empleo femenino se debe fundamentalmente al efecto del crecimiento de los ocupados en su conjunto,
y en segundo lugar al efecto de la feminización de las ocupaciones. El crecimiento extensivo no generó
cambios notorios en la segregación sexual del trabajo y la mayor parte del nuevo empleo femenino se
incorporó a la estructura existente.
El resultado es que se feminizan más las actividades ya femeninas, por lo que se mantiene o
aumenta la concentración del empleo femenino en ellas, como lo indican diversas mediciones efectuadas.
Ellas están construidas de manera que una entrada de trabajadoras a ocupaciones tradicionalmente
masculinas, o una salida de ocupaciones tradicionalmente femeninas disminuyan el valor numérico de los
indicadores.
RECUADRO 2: MEDICIONES DE CONCENTRACION DEL EMPLEO POR
17
SEXO
En el trabajo remunerado los hombres se hacen cargo de los trabajos en la producción extractiva (Agricultura,
Pesca, Minería) y en la producción que transforma materiales (Manufacturas, Construcción). Se asocian a
máquinas, fuerza, condiciones duras, conocimiento tecnológico.
Las mujeres se encuentran en la Administración (privada y sobre todo pública), el Comercio, los servicios a las
personas, las comunicaciones, la educación, la salud, el cuidado de niños y ancianos. En la transformación de
alimentos, costura, digitación, armado de piezas menudas, selección de frutas, control de calidad. Labores
rutinarias que requieren habilidad manual, cuidado, paciencia.
Mientras los hombres trabajan los materiales con máquinas o fuerza, las mujeres trabajan principalmente con y
para las personas, o en procesos "livianos" y preferentemente manuales.
Otro tipo de división sexual se encuentra en los tipos de trabajo. En la economía "formal" (empleadores y
asalariados), las mujeres participan más como asalariadas (obediencia, venta del trabajo por una remuneración)
que como empleadoras (mando, arriesgar el capital), en relación con los hombres. Ellas se hacen cargo totalmente
del trabajo doméstico asalariado y, en mayor proporción que los hombres en el trabajo por cuenta propia y como
familiares no remunerados. Dentro de los asalariados, participan menos en los niveles altos (privado y público).
En síntesis, ellas están menos en el mando, en la propiedad y en el riesgo.
Indice de Disimilaridad: fracción de los ocupados que necesita cambiar de empleo, sin reemplazo,
para que la proporción de hombres y mujeres sea la misma.
Por rama:
1985 = 0,414; 1993 = 0,387
Por ocupaciones:
1985 = 0,477; 1993 = 0,487
Valores límites: 0 cuando los ocupados están totalmente integrados, 1 cuando están
totalmente concentrados por sexo.
Indice de Karmel-Maclachlan: valor 0 para la integración total por sexo y valor máximo según la
proporción de mujeres en la fuerza de trabajo.
1986 = 0,226; 1992 = 0,274
Fuente: Barrientos, 1997.
Concentración del empleo femenino en las 25 ocupaciones con más mujeres en 1995, de un total de
88 ocupaciones.
1970: 79,9 %
1982: 83,7 %
1990: 90,8 %
1995: 90,7 %
Fuente: 1970, 1982, Censos según Muñoz
1990, 1995, cálculo propio en base a INE, Encuestas de Empleo,
julio-septiembre. (Anexo 1, cuadro 2)
trimestres
Estamos presenciando una rápida feminización de las ocupaciones, que ha producido mayor
concentración del empleo femenino, como lo indican las cifras del Recuadro 2.
Además de concentrar el empleo femenino, el conjunto de las 25 ocupaciones que ocupaban más
mujeres en números absolutos (1995) tenía una proporción de mujeres de un 32% en 1970, cifra que
aumentó a 37% en 1982 (cifras censales), y a 42% y 45% respectivamente en 1990 y en 1995 (cifras
Encuesta de Empleo, INE). Estos datos no niegan el hecho que otras ocupaciones también se han
feminizado, pero a un ritmo menor que las de este grupo. Se confirma el diagnóstico de Barrientos relativo a
que el crecimiento no ha ampliado las oportunidades de las mujeres en el trabajo remunerado: ellas se
mantienen mas o menos en las mismas ocupaciones y ramas de actividad.
Para apreciar lo que ocurrió en un período más largo, se han utilizado fuentes censales y/o encuestas
continuas de empleo, a nivel de las ramas de actividad a dos dígitos, midiendo el crecimiento del empleo de
ambos sexos y la participación femenina en cada una de ellas.
Como ya se vió, según los censos de población las mujeres ocupadas crecieron más que los hombres
produciéndose un aumento en la feminización de los ocupados. Ahora interesa analizar dónde se produjo
ese aumento y si hay indicios de cambios.
Durante el período 1970 - 1992 las ramas de actividad que emplean mujeres en una proporción
importante, (entre 24% y 40% en 1970), tuvieron un crecimiento anual del empleo de ambos sexos de 2,4%,
superior al 1,4% del conjunto de ramas con baja participación femenina (entre 2% y 7% en 1970). De
manera que una parte del crecimiento mayor de los empleos para mujeres fue absorbido por las ramas
relativamente "feminizadas", favoreciendo la concentración de las mujeres en ellas.
Además, en el mismo período todas las ramas experimentaron aumentos en la proporción de
mujeres que emplean. Lo mismo ocurre si se consideran los datos de la Encuesta Nacional del Empleo del
INE entre 1986 y 1996.
Los aumentos en la feminización de las ramas son más altos en Comercio y Servicios, donde la
participación femenina es más alta en términos absolutos y relativos, y en la Agricultura y Trasportes, que
ocupan a una baja proporción de las mujeres que trabajan remuneradamente. La mayor parte de los empleos
para mujeres, sea por crecimiento del empleo o por feminización, se crean en las mismas ramas. Coincide
con el análisis por ocupaciones a nivel más desagregado, según el cual las ocupaciones de vendedores/as son
las que absorben la mayor parte del nuevo empleo femenino.
Cuadro 3. Proporción de mujeres y su evolución por ramas de actividad.
Censos
Encuestas, trimestres octubre-diciembre
________________________
________________________________
1970 1992
diferencia 70-92
1986 1996
diferencia 86-96
___________________________________________________________________________
En ramas con baja participación femenina
Agricultura
3,3
6,3
3,0
6,5
10,9
4,4
Minería
2,1
4,7
2,6
3,2
3,7
0,5
Construcción 2,0
2,7
0,7
2,4
3,5
0,9
Electricidad
5,9
10,7
4,8
12,6
12,4
-0,2
Transporte
7,0
10,4
3,4
6,7
11,2
4,5
En ramas con participación femenina más alta
Industria
24,5
24,1
-0,4
25,6
26,6
1,0
Comercio
30,6
33,5
2,9
39,3
43,9
4,6
Servicios y
resto
40,4
54,8
14,4
Serv.financieros
32,3
37,4
5,1
Serv. comunales,..
51,7
55,0
3,3
________________________________________________________________________
Al considerar el futuro de la demanda de trabajo conviene tener presente que una incorporación
equilibrada de ambos sexos al trabajo remunerado requiere poner atención a estos indicadores y hacer su
seguimiento. Si las fuerzas del mercado y de los cambios culturales no han permitido hasta ahora romper
con los ghettos por sexo del trabajo remunerado, habrá que profundizar en los factores que resisten la
apertura de oportunidades de trabajo para las mujeres.
Cuadro 4. Comparación entre el crecimiento real del empleo por sexo y el crecimiento debido a la
feminización en las ramas
Mujeres
Hombres
____________________________________________________________________
Ocupados en 1970
587.867
1.932.134
Ocupados en 1992
1.253.822
2.980.462
Ocupados en 1992 calculado
con el % de mujeres de 1970
987.776
3.634.242
tasa anual real 70/92
3,5
2,0
tasa anual sin variación en la feminización
2,4
2,4
tasa anual por aumento en la feminización
1,1
- 0,4
N° empleos por aumento
feminización en 22 años
266.046
- 266.046
___________________________________________________________________
Como anunciamos, también las formas de trabajo son diferentes para mujeres y hombres. Ellas son
más del 90% de los asalariados del servicio doméstico, categoría ocupacional en disminución. Cerca del
70% de los activos (ocupados y cesantes) son asalariados, categoría que ha sufrido una gran feminización en
el período, llegando a ser mucho más importante para las mujeres. En 1970, el 53% de ellas eran asalariadas
no domésticas y en 1992 alcanzan al 65%. También ha habido un proceso de disminución relativa del
trabajo por cuenta propia, para los hombres pero en mucho mayor medida para las mujeres. La
"formalización" del empleo se manifiesta también en el alto crecimiento de los empleadores, para ambos
sexos. (Anexo 1, cuadro 3)
Cuadro 5. Composición porcentual de los activos por categoría ocupacional
Año 1970
Año 1992
Homb. Muj. Total
Homb. Muj. Total
_________________________________________________________________________
Empleadores
2,5
1,3
2,2
6,9
6,2
6,7
Trabajadores por cuenta propia
20,2
17,8
19,6
18,3
10,1
15,9
Servicio doméstico
0,3
26,4
6,3
0,5
16,4
5,2
Asalariados
74,3
52,9
69,4
71,8
65,1
69,8
Familiares no remunerados
2,6
1,7
2,4
2,5
2,2
2,4
Total
100
100
100
100
100
100
__________________________________________________________________________
Fuente: INE. Censos de Población.
Se perciben cambios de importancia en la categoría de empleadores según las cifras censales. En
1970 solo el 13% de los empleadores eran mujeres, en cambio en 1992 llegan al 27%. La segregación sexual
del trabajo parece romperse, pero continúa en términos del tipo de negocios a los que se dedican
principalmente las mujeres.
Según la encuesta de empleo del INE, ni los niveles ni los cambios son tan grandes, pero también se
registra un aumento. La proporción de mujeres entre los empleadores ocupados era de 14% en 1986 y 18%
en 1996 y se han abierto mayores espacios en la actividad industrial y de servicios.
Cuadro 6. Empleadoras por rubros principales
Mujeres empleadoras (miles)
% sobre total empleadores del rubro
1986
1996
1986
1996
________________________________________________________________________
Comercio
9,2
10,9
21
25
Industrias
2,4
6,9
13
23
Servicios
2,3
5,8
17
29
Serv Financieros
1,8
4,1
19
27
Agric y pesca
1,7
2,4
7
8
________________________________________________________________________
Fuente: INE, Encuestas de Empleo. Trimestres abril-junio de cada año.
Es un fenómeno que no impresiona cuantitativamente, pero importante cualitativamente. Las
mujeres aún no son visibles en las organizaciones de empresarios ni en las negociaciones con el gobierno, lo
que confirma que están ocupando posiciones muy subordinadas dentro del sector.
4. Estructura del empleo y pobreza
La generación de pobreza puede relacionarse con el mercado laboral por los procesos de exclusión
o por el acceso en condiciones muy malas.
La trayectoria de estos años muestra que los empleos han aumentado por sobre el crecimiento de la
población en edad de trabajar, ha disminuído la tasa global de desempleo y se superó la enorme crisis cuya
respuesta fueron los Programas Especiales de Empleo de los años 80. El censo de 1982 registró 570 mil
hombres y 130 mil mujeres desocupados, además de los 300 mil ocupados en empleos de emergencia. Los
desocupados/as bajaron a 276 mil y 111 mil respectivamente en el censo de 1992.
Sin embargo, el acceso se reparte en forma desigual. Los grupos que sufren un mayor rechazo,
tomando en cuenta como indicador la tasa de desocupación, son los jóvenes y las mujeres, y dentro de ellos,
los que viven en hogares pobres y tienen menor nivel educacional.
RECUADRO 3: LIMITACIONES DE LA INFORMACIÓN DISPONIBLE
SOBRE HOGARES POBRES
Los cálculos de pobreza provienen de la Encuesta CASEN, que se realiza en todo el país desde
1987. Recolecta datos en los hogares y calcula un ingreso por persona en cada hogar que le permite
clasificarlos según este indicador ordenados en grupos quintiles en orden ascendente de ingresos.
Los ingresos están altamente relacionados con la desocupación, ya que ésta implica la ausencia de
ingresos del trabajo y, por lo tanto, cuando uno o más miembros del hogar están desocupados, el
ingreso por persona de éste cae y el hogar tiende a situarse en grupos quintiles más bajos. De la
misma manera, los hogares con más miembros, sobre todo si son menores, tienden a tener un
ingreso por persona más bajo y quedar en los grupos de hogares de menores ingresos.
Sin embargo, la caracterización de las personas de estos hogares confirma que el método es
aceptable para distinguir hogares con menos recursos del resto.
En 1996 las tasas de desocupación femenina varían entre un 26,1% y 10,8% en los dos grupos
quintiles más pobres y un 1,7% en el quintil más rico, en tanto las masculinas se mueven desde 12,4% y
5,4% respectivamente hasta un 1,4%. (MIDEPLAN, Encuesta CASEN 1996). Históricamente, en el período
considerado, la tasa global femenina supera en alrededor de un 50% a la tasa de desocupación masculina,
pero al desagregarlas según nivel de ingresos se encuentra que las mayores diferencias se producen en el
grupo más pobre.
La ocupación también está distribuida desigualmente entre los grupos quintiles. El primer y
segundo quintiles, con el 40% de los hogares y el 45% de la población, tienen el 37% de los hombres
ocupados y solamente el 25% de las mujeres ocupadas. Por razones que se analizarán en el capítulo de
oferta de trabajo, las mujeres de los hogares más pobres se ven más excluidas del trabajo.
Una rápida descripción de las condiciones de trabajo de las mujeres por quintiles de ingreso indica
que las más pobres tienen menos acceso al trabajo como obrera o empleada, su ocupación principal es el
servicio doméstico remunerado, no cuentan con contrato de trabajo en mayor proporción y entre ellas es más
frecuente el trabajo temporal, con lo cual quedan excluidas de la cobertura de riesgos de salud y previsión.
La estructura productiva admite a las mujeres más pobres en trabajos con peores condiciones. Más
del 50% de las trabajadoras del primer quintil y más del 40% de las del segundo quintil se ocupan como
trabajadoras no calificadas, y más del 20% en ambos grupos son trabajadoras de servicio y vendedoras,
patrón que se mantiene según la información de CASEN de los últimos 4 años. (Anexo 1, cuadro 4).
En 1996 se advierte un aumento de la importancia de las trabajadoras calificadas en la agricultura
en el grupo de hogares del primer quintil. Este caso induce a preguntarse por la relación entre exportaciones
agrícolas y empleo femenino, y si el 51% de las mujeres que aportarían a este sector su trabajo calificado
vivirían en el 40% de hogares de menores ingresos por persona.
La dinámica ocupacional entre 1986 y 1996 muestra que los grupos ocupacionales con menor
crecimiento relativo son las ocupaciones agrícolas, los trabajadores en servicios personales y afines y que
los obreros y jornaleros no especificados han disminuído. Las ocupaciones más dinámicas en crecimiento
son las que agrupan a los empleados de oficina, conductores de medios de transporte y artesanos y
operarios. (INE, Encuestas de Empleo, Anexo 1. cuadro 5). Para las mujeres se han creado más lugares de
trabajo en las ocupaciones de jerarquías más altas y en el gran grupo de los vendedores, cuya
heterogeneidad se demuestra en que es una ocupación importante para las mujeres en todos los grupos
quintiles.
Los temas del trabajo femenino y su relación con la pobreza, desde el punto de vista de la demanda,
son múltiples y se ha acumulado poco conocimiento al respecto. La pregunta básica es qué tipos de empleos
se están creando: cuáles son sus niveles de productividad y de remuneración, qué nuevas tendencias
introduce en ellos el progreso tecnológico, cómo varían las condiciones contractuales de trabajo, cómo
influye la externalización de servicios o de procesos, en suma, las tendencias de lo nuevo y cómo influye en
la disparidad sectorial de niveles de productividad, de ingresos y de calidad de los trabajos. Se recomienda
alentar estudios en estas direcciones.
RECUADRO 4: CARACTERIZACIÓN DEL TRABAJO POR QUINTILES
Y SEXO EN 1996.
Composición porcentual de la población de 15 años y más ocupada,
por categorías ocupacionales.
Mujeres
Categoría ocupacional
I
II
V
Hombres
Total
Empleadora
0,1
0,1
8,0
2,8
4,2
Trab. cuenta propia
14,1
14,5
18,9
17,6
22,1
Obrera o empleada
47,9
57,6
69,1
64,0
81,6
Serv. doméstico (1)
33,6
25,0
1,7
13,1
0,2
Familiar no Remunerado 4,3
2,4
2,0
2,2
0,8
FF.AA. y de orden
0,0
0,3
0,3
0,3
1,8
Total
100
100
100
100
100
______________________________________________________________
(1) Sólo puertas afuera. En el análisis por nivel de ingreso queda excluido
el personal del servicio doméstico puertas adentro.
Porcentaje de población asalariada con contrato de trabajo
Mujeres
Hombres
I
II
V
Total
46,7
63,5
60,5
73,6
86,3
87,6
73,4
77,5
Promedio del ingreso mensual del trabajo
Mujeres
Hombres
I
II
V
Promedio
48,5
68,9
68,5
106,5
383,9
707,8
179,0
254,4
I
II
V
Promedio
70,3
64,3
54,2
70,3
Ingreso de la mujer en % del del hombre
Fuente: MIDEPLAN. Situación de la mujer en Chile, 1996. Resultados de la Encuesta CASEN
5. Demanda y nivel educacional
El aumento del nivel educacional de la población total repercute en un mejoramiento del nivel
educacional de los ocupados, lo que probablemente eleva los niveles de rendimiento en el trabajo. A su vez,
las personas más educadas tienen aspiraciones de conseguir empleos mejor retribuidos y de mayor calidad.
Otro proceso que ha ocurrido en Chile es el sostenido aumento en la escolaridad de la población,
acortándose las distancias que había entre mujeres y hombres, de manera que las nuevas generaciones tienen
iguales niveles. En los últimos 10 años, ha mejorado notablemente el nivel educacional de los ocupados,
conservándose la distancia a favor de una fuerza laboral femenina más educada que la masculina. De cada
100 mujeres ocupadas en 1996, 28 tienen más de 12 años de estudio, y de cada 100 hombres, 18 tienen ese
nivel educacional. (Anexo 1, cuadro 6).
La esperanza de una mayor retribución por mayor educación se vé frustrada en parte cuando se
compara el ingreso obtenido por hombres y mujeres con igual escolaridad: las diferencias son
sistemáticamente en favor de un ingreso superior para los hombres.
Gráfico 2. Distribución de los ocupados por años de estudio, según
sexo, en 1986 y 1996
0a6
7 a 10
11 a 12
13 y más
100%
80%
60%
40%
20%
0%
1986:
hombres
1986:
mujeres
1996:
hombres
1996:
mujeres
Fuente: INE. Encuesta Nacional del Empleo.
En los diez años, las mujeres son el 37% de los nuevos ocupados, y suben al 43% si se toma en
cuenta solamente los nuevos ocupados que tienen más de 12 años de estudios. El ingreso de más mujeres a
la fuerza de trabajo está aumentando el nivel educacional de ésta.
El hecho de que las mujeres de bajo nivel educacional sean más rechazadas por el sistema
productivo que los hombres, se puede interpretar de muchas maneras. Desde el punto de vista de la demanda
de trabajo, lo que interesa saber es si ya no se crean tantos empleos de baja calificación, o si se crean pero
son ocupados por mujeres sobrecalificadas.
Si la población, cada vez más educada, enfrenta un mercado ocupacional que no mejora, sus
expectativas se frustran y se presenta el fenómeno del credencialismo, (Catano, 1989) en que el resultado es
"la sobreescolarización de la población, en especial de los jóvenes que ingresan al mercado de trabajo", sin
que aumenten los requisitos educacionales para desempeñar un mismo trabajo (Golbert y Tenti, 1993).
La información respecto al nivel de escolaridad de los ocupados de ambos sexos según grupo
ocupacional muestra una considerable elevación en los últimos 10 años para todos los grupos, que debería
ser contrastada con los aumentos en productividad y en las remuneraciones. (Anexo 1, cuadro 7)
Si la demanda de trabajo requiere personas con mayor nivel educacional, la oferta de mujeres ha
sido la más conveniente: más educadas y peor remuneradas que los hombres de igual nivel de escolaridad.
Este aspecto se complementa con la relativa mantención de la segregación sexual del trabajo apoyada en un
crecimiento sectorial que la favorece.
6. Tendencias recientes del empleo en el contexto de la globalización
Diversas investigaciones dan cuenta de una serie de fenómenos relacionados con este tema, algunas
de ellas en relación con el empleo femenino. (Valenzuela, 1996; Abramo, 1996). El tema es tan amplio que
no se pretende tomar en cuenta dentro de las limitaciones de este documento. Sólo se desea señalar que se
perciben influencias en el empleo femenino desde la transformación productiva (apertura de oportunidades
en diversos tipos de servicios empresariales), desde los cambios tecnológicos y su impacto en la segregación
sexual del trabajo y desde los cambios organizacionales que flexibilizan las relaciones laborales y arriesgan
aumentar la desprotección: más trabajo temporal, más trabajo fuera del establecimiento, más
subcontrataciones, formas todas que tienen un componente femenino más alto que los trabajos formales y
protegidos.
Una versión más acabada de proyecciones a futuro debe contemplar tales tendencias y señalar sus
efectos. Henríquez y Velásquez (1997), toman en cuenta el impacto del cambio tecnológico sobre las
posibilidades del empleo femenino en el año 2000 analizando los tipos de trabajos, sus características en
cada rama y preveen en cuáles de ellos habrá acceso sin barreras para el trabajo femenino. Para un corto
plazo como el 2000, esto es posible, pero no para los horizontes más lejanos, donde es imposible preveer
con esa precisión y donde se intenta aumentar los cambios culturales que permitan disminuir las barreras al
trabajo de la mujer.
Dicho trabajo analiza las nuevas tecnologías y concluye que, dadas sus características, "deberían
contribuir a reducir las barreras de inserción al mercado laboral por motivos de sexo, edad, experiencia y
localización geográfica". A partir de la evidencia del aumento de ingresos, de la educación, de la
participación laboral femenina y de los cambios demográficos proyecta un "incremento de las actividades
relacionadas con los servicios al hogar, los bienes y servicios que faciliten las tareas del hogar, la atención y
servicios a ancianos, el cuidado de los niños... el entretenimiento, la diversión, los bienes y servicios
culturales, los deportes y el turismo, la atención de salud, el transporte, el comercio, los servicios de
seguridad y la atención a problemas sociales como la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia.”
Afirman que las nuevas tecnologías tienen características que facilitan el trabajo femenino, como
las siguientes: "Una serie de trabajos complejos y pesados, impensables antiguamente para mujeres ... ahora
ya no lo son. ...Al haber una ruptura tecnológica el tema de la experiencia pasa a ser más relativo... Las
nuevas tecnologías posibilitan la descentralización de las operaciones, los trabajos pueden ser desarrollados
asincrónicamente, con mayor autonomía, requieren mayor polifuncionalidad en la calificación de las
personas, ... se facilita el trabajo en horarios flexibles, a tiempo parcial, a distancia o en lugares diferentes a
la empresa, incluyendo el domicilio."
La conclusión es que el desarrollo tecnológico no aporta nuevas barreras a la incorporación de la
mujer y parece más bien adecuarse a sus cualidades de género. La profundización de este análisis tendría
que mirar a las condiciones laborales que acompañan a las nuevas tecnologías y a la forma en que se
insertan las mujeres en las nuevas jerarquías, escalas de remuneración y división sexual del trabajo.
7. Conclusiones sobre la Demanda.
La historia reciente muestra que la economía chilena, a pesar de las grandes transformaciones y
crisis que sufrió, alcanzó en la última década un ritmo de crecimiento con aumento de empleo, incorporando
a las mujeres a tasas crecientes y mayores que las de los hombres, en un proceso de salarización que
también las favorece.
La descomposición del aumento del empleo femenino indica que el crecimiento económico es el
factor más importante para la creación de nuevos empleos, al que se agrega el hecho que las ramas que
concentran el empleo femenino crecen más, por lo que la concentración de mujeres en pocas ocupaciones no
se logra romper en el período a pesar de la tendencia a que el abanico de ocupaciones en que la mujer
participa se amplía y que haya un proceso de feminización más generalizado.
La calidad de los empleos ocupados por mujeres tiene una doble mirada. Por una parte, han
aumentado más los empleos de nivel más administrativo - profesional, permitiendo que las mujeres con
mayor nivel educacional y ventajas por su nivel socioeconómico (familia de origen, cultura, lugar de
residencia, contactos) hayan accedido a ellos aumentando su participación laboral. Sin embargo, también
han aumentado los empleos temporales y sin contrato, que se reservan para las mujeres con menos
oportunidades educacionales, sociales y de residencia. Simultáneamente, el nivel educacional de los
ocupados ha aumentado en todas las ocupaciones, lo que hace sospechar que en algunas áreas haya más
exigencias educativas para trabajos que no han cambiado sus contenidos.
Ambos procesos han contribuido a bajar los costos laborales de la producción. Por una parte, la
feminización del trabajo permite aprovechar las ventajas de las brechas salariales entre mujeres y hombres,
más grandes a medida que el nivel educacional es más alto, de manera que la mano de obra preparada se
torna relativamente más barata con la incorporación de más mujeres. Por el otro extremo, las tendencias a la
precarización del trabajo también son facilitadas si se utiliza en ellas a mujeres. El trabajo temporal se
combina con el trabajo no pagado para el hogar, la falta de contratos y de aportes previsionales perpetúa la
situación de desprotección de las mujeres y su dependencia de otros para cubrir riesgos de salud y de vejez.
En suma, se ha perfilado como un rasgo importante del modelo de acumulación actual el hecho que incluye
en su lógica y a su favor las diferencias de género en el trabajo remunerado.
Como consecuencia política se deduce que, desde el punto de vista de la demanda, el trabajo
femenino es altamente interesante, contribuye a la competitividad entre los países y al interior de éstos y
refuerza la tendencia ya señalada a la feminización del trabajo. Desde el punto de vista de las mujeres, el
contexto les permite hacerse presentes como grupo específico de trabajadores, con negociaciones públicas
para disminuir tales diferencias: avanzar en la des-segregación y en la desconcentración del empleo
femenino, apuntar a medidas de disminución de la brecha salarial, avanzar en la regulación de las nuevas
formas de trabajo que crecen al amparo de la flexibilización con desprotección.
III. OFERTA DE TRABAJADORAS
1. La oferta femenina de trabajo remunerado está condicionada por la división sexual del trabajo social.
Corresponde ahora indagar en los comportamientos de quienes trabajan remuneradamente, quienes
desean o no hacerlo, quienes encuentran barreras a su ingreso. La oferta de trabajadores se define como
aquéllos mayores de 14 años -en el caso de Chile-, que están dispuestos a trabajar remuneradamente.18 Se
mide convencionalmente como aquéllos que están trabajando (o tienen un trabajo) y los que están
activamente buscando trabajo. El mejor indicador es la tasa de participación laboral, que mide la oferta
como proporción de los que están en edad de trabajar.
El trabajo remunerado es sólo una cara de la moneda del trabajo social. Mujeres y hombres, por el
sólo hecho de serlo, enfrentan diferentes derechos y obligaciones impuestas por la construcción social de
sus roles, que abreviadamente se designa como géneros. No se consideran en su individualidad, sino como
partes de una pareja que funda una familia.
Una forma muy esquemática de presentar tal construcción es partiendo del consenso social sobre la
obligación del hombre de trabajar para proveer los ingresos de su familia y sobre la obligación de la mujer
de trabajar cumpliendo las tareas de su hogar. Lo que está fuera de esta simple y primaria división del
trabajo social se convierte en ayuda o apoyo, pero no en obligación. La cónyuge puede trabajar y aportar a
los ingresos del hogar, el cónyuge puede realizar tareas domésticas para ayudar a la mujer. La mujer sola
puede recibir soporte económico de otros, el hombre solo puede recibir ayuda doméstica de otras.
Esta es la base de pensamiento de la que brota la concepción del trabajo remunerado de la mujer
como trabajo "secundario", que estructura las pensiones como pensiones de vejez para él y de viudez para la
cónyuge, que respalda las brechas de remuneración entre mujeres y hombres por trabajos de igual valor, que
legitima la falta de derechos de las mujeres en su falta de obligación de trabajar remuneradamente. La
organización social, y como parte de ella también la laboral, se basa en la pareja y no en los individuos, por
lo demás en una pareja jerarquizada en su interior.
La oferta de trabajo remunerado masculino tiene como fundamento que el sólo hecho de ser hombre
otorga el derecho social al trabajo remunerado. La oferta de trabajo remunerado femenino debe contestar
una pregunta previa: ser o no ser... una trabajadora.
Para una proporción cada vez mayor de mujeres parece una pregunta fuera de lugar cuya respuesta
es obvia, porque ellas tienen proyectos laborales definidos y los llevan a cabo durante la mayor parte de su
vida. Sin embargo, para muchas la respuesta ha sido la contraria.
18
Se utiliza la expresión "trabajo remunerado" incluyendo en ella a la categoría de familiares no remunerados.
Cuadro 7. Composición porcentual de la situación ocupacional en 1996
(personas entre 20 y 64 años de edad)
Porcentajes
Mujeres
Hombres
_____________________________________________________
En la fuerza de trabajo
40,4
89,0
Quehaceres del hogar
54,3
0,9
Estudiando
3,3
3,7
Jubilados, incapacitados, otros
2,0
6,4
Total
100,0
100,0
______________________________________________________
INE. Encuesta Nacional del Empleo. Trimestre julio-septiembre
Las mujeres que se ofrecen para trabajar remuneradamente no superan a las que trabajan
principalmente en los quehaceres del hogar. Analizar y proyectar la oferta de trabajo femenino significa
buscar respuesta a las razones y características de uno y otro grupo.
Las cifras también dan una aproximación a la escasa dedicación exclusiva de los hombres de estas
edades al trabajo doméstico. Como ambos tipos de trabajo no son excluyentes, conocer la verdadera
magnitud de las horas dedicadas a uno y otro, por mujeres y hombres, que trabajan o no remuneradamente,
requiere de encuestas que no se han hecho en Chile.
Las mujeres trabajadoras no se desprenden totalmente de las obligaciones domésticas, pero su
reparto y la carga que asumen ellas es diferente según si viven con su familia de origen o si ya han formado
su propio hogar. Las cifras del Cuadro 8 indican cómo puede ser su situación, en base a una encuesta a
mujeres urbanas. (CEM, 1997) 19
Las casadas desempeñan en su mayoría ellas mismas las tareas domésticas, incluso el cuidado de
niños, para el cual recurren más a sus madres que para el resto de las tareas. Las solteras, que en su mayoría
viven en el hogar original, tienen menor carga total de trabajo.
Las mujeres jefas de hogar o cónyuges son las que con mayor fuerza enfrentan el dilema entre
ambos trabajos, su compatibilización o el sacrificio del remunerado. A pesar de la evidencia de los números
y de que cotidianamente presenciamos la masividad de las mujeres en el trabajo remunerado, la cultura
cambia con lentitud. Las mujeres reciben y emiten mensajes contradictorios en relación con su identidad
actual.
19
CEM. "Las mujeres en el mercado de trabajo: desde el género hacia la formulación de políticas" de Virginia
Guzmán, Amalia Mauro y Katia Araujo. La encuesta se hizo a 1000 mujeres de la región Metropolitana, de diferentes
generaciones y niveles socioeconómicos. El 70% de ellas se encontraba trabajando al momento de la encuesta.
Cuadro 8. En qué proporción las trabajadoras realizan tareas domésticas o las delegan,
según su estado conyugal.
Qué porcentaje de las veces la realiza:
____________________________________________
Tipo de tarea
La trabajadora
Su madre
Servicio pagado
_______________________________________________________________
- Limpiar
soltera
26,4
44,0
11,4
casada
61,5
6,9
14,2
- Cocinar
soltera
20,3
64,6
9,9
casada
67,7
9,6
11,5
- Cuidado niños
soltera
17,6
56,0
9,6
casada
51,8
12,7
13,2
- Cuidado adultos
soltera
20,3
49,4
10,4
casada
73,3
6,2
4,0
_______________________________________________________________
Una encuesta reciente ilustra algunos de estos mensajes, tanto por medio de las respuestas como por
el tipo de preguntas formuladas.20Al parecer, nadie discute el derecho de la mujer no casada a trabajar
remuneradamente y los problemas empiezan cuando la mujer tiene su propia familia. Las preguntas se
refieren a si acepta o no que la mujer CASADA trabaje remuneradamente, en general y en las situaciones
siguientes. Los porcentajes de aceptación son:
Acepta que:
Mujeres
Hombres
(1) la mujer casada trabaje
89
78
(2) la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando no tiene hijos 95
89
(3) la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando tiene hijos y
el trabajo es de jornada flexible o parcial
78
69
(4) la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando el ingreso
de la familia no es suficiente, la plata no alcanza
95
92
(5) la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando ya todos
los hijos están en el colegio o son mayores
88
76
(6) la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando
para ella es importante
91
86
De las respuestas se desprende que hay consenso sobre el hecho que la mujer casada trabaje, el que
es aun mayor cuando la mujer no tiene hijos o cuando el ingreso familiar es insuficiente. Al poner al
encuestado frente a situaciones en que hay hijos, pero no son pequeños o se trabaja con facilidades horarias,
se reduce el nivel de aceptación.
Las mujeres sistemáticamente tienen opiniones más favorables que los hombres a las consultas, en
todos los niveles: social, por edades, por nivel educacional. (Anexo 1, cuadro 8). En todos los grupos, la
"Estudio Nacional de Opinión Pública N°2" mayo-junio 1995. La Mujer Chilena hoy: Trabajo, Familia y Valores.
Centro de Estudios Públicos. Documento de Trabajo N° 237. Encuesta a una muestra de 1503 personas mayores de 18
años en todo el país.
20
idea de que la mujer casada trabaje remuneradamente ha permeado mucho más a las mujeres, lo que sugiere
que son ellas quienes lideran los cambios y quienes deben vencer los obstáculos cuando hay diferencias de
opinión con ellos.
La necesidad económica como causa del trabajo de la mujer casada obtiene una amplia aceptación,
según lo cual habría una menor sanción social para las más pobres, sin embargo, los que disienten en mayor
grado en todas las situaciones planteadas se encuentran más frecuentemente entre los pobres: los hombres (y
en emnor medida las mujeres) con menos años de estudios, los de nivel socioeconómico bajo, los residentes
en las áreas rurales.
Según esto se diría que la sociedad aprueba el trabajo de la mujer casada mucho mas allá del hecho
real, a pesar de que ni siquiera se consulta el caso, muy frecuente, en que hay hijos pequeños y jornadas de
trabajo completas.
Los mensajes de desestímulo provienen de la relación entre trabajo fuera del hogar y atención de la
familia y los hijos, vista como una tensión entre ambas actividades. Una buena proporción de personas se
hace eco de estos mensajes, debilitando la conclusión anterior.
Las afirmaciones y su porcentaje de aceptación son los siguientes:
Porcentaje que acepta
(1) Que la mujer trabaje afecta negativamente la vida familiar
(2) La mujer que se queda en la casa es mejor madre
(4) Si la mujer no trabaja los hijos tienen mejor rendimiento escolar
Mujeres
20
48
61
Hombres
24
60
68
La mayoría opina que la vida familiar se ve afectada positivamente por el trabajo de la mujer (45%).
Se aprueba la idea que la mujer trabaje pero, al mismo tiempo, es muy valorada la función maternal con la
madre presente en la casa, sin trabajar remuneradamente. Como ya se hizo notar, las mujeres tienen
porcentajes más bajos de aceptación para estas afirmaciones que limitan culturalmente su desempeño
laboral remunerado.
El dilema de las mujeres ha sido examinado en el plano de las opiniones, con las limitaciones de ser
expresadas en una encuesta, opiniones que son sólo un elemento para explicar las conductas. Sintetizando
las ideas de Guzmán et al. 1997, en relación con las decisiones que las mujeres toman y que conforman sus
trayectorias laborales: "... los individuos no aceptan pasivamente cualquier representación social que les sea
ofrecida ... es ... uno de los elementos que van a intervenir en el proceso de significación."... "además del
ámbito de las representaciones nos topamos con el de las prácticas ... " "... la definición de trayectoria
laboral integra tanto el aspecto de prácticas y acciones concretas en situaciones concretas como el de las
significaciones y representaciones."
Siguiendo a Guzmán et al, los hechos que se resumen en las diferentes tasas de participación laboral
de las mujeres son el resultado de las representaciones sociales, de las significaciones, de las prácticas y de
las oportunidades que han tenido y tienen las mujeres en relación con el trabajo remunerado.
La hipótesis que originó esta recopilación es que hay cambios importantes en la vida cotidiana que
sustentan la idea de que hay un cambio cultural motivado por el aumento del trabajo remunerado de la
mujer. Ayudan a interpretar lo que verdaderamente ocurre a las mujeres los siguientes conceptos:
*
*
*
*
*
la noción de alternatividad: se entra y sale de uno a otro trabajo (remunerado y doméstico)
según el ciclo de vida, según el ciclo anual, en jornadas flexibles o parciales
la noción de costo de oportunidad: el trabajo remunerado tiene el costo de oportunidad del
trabajo no remunerado, que supone un piso mínimo a cubrir para empezar a trabajar, tanto
en tiempo como en dinero
la infraestructura y reparto del trabajo doméstico: disminución, traspaso al mercado, reparto
al interior del hogar
la noción de identidad de la mujer: madre, trabajadora, esposa
la noción de negociación al interior de la familia.
2. La historia reciente y las variables a considerar
El panorama histórico, aunque en un horizonte corto: 1970 - 1996, muestra los resultados de la
interacción de diversos elementos. Conceptualmente aceptamos que "las representaciones ofrecidas por una
sociedad no se dirigen de manera homogénea a todos los miembros de la misma, por lo cual ocupar un
determinado lugar social se asocia también a una exposición mayor a cierto tipo de representaciones
sociales generales." (Guzmán et al).
Culturalmente hay comportamientos heterogéneos, algunos de los cuales tienen expresión
estadística. Esta asociación es utilizada para tratar a dos bandas los temas de la oferta, donde las evidencias
se encuentran mucho más en los recuentos estadísticos.
Por ello la evolución de la oferta de trabajo femenino se pretende explicar separando analíticamente
grupos de mujeres según sus características formales (edades y cohortes de edad, niveles de educación,
niveles de ingreso, composición familiar) y, a partir de ellas se indagan explicaciones a las conductas
diferentes de los distintos grupos.
Se espera encontrar algunas generalizaciones que permitan caracterizar:
∗ cuáles son los grupos de mujeres más incorporadas a la modernidad, y por lo tanto, qué variables
se asocian positivamente con ella,
∗ cuáles son los grupos más insertos en modelos tradicionales y qué dificultades tienen para
acceder al trabajo remunerado,
∗ cuáles son las principales contradicciones entre trabajo remunerado y vida familiar o personal
para los distintos grupos.
En primer lugar, es el momento de recordar que la historia transcurre en un contexto de
disminución de la fecundidad. "... hace 30 años (1965) las mujeres tenían, en promedio, 5 hijos al final de
su período reproductivo, en tanto que en el decenio 1985 - 1995 alcanzaron en promedio 2,6 hijos por mujer
..." Tacla, 1997. Las proyecciones de población contemplan la continuidad de este proceso, de manera que
la tasa de crecimiento de la población bajará desde el 1,8% actual hasta el 0,8% en el 2025.
Este es uno de los cambios en la vida cotidiana más importantes. El proceso se inserta en otros dos
que lo conducen en la misma dirección: aumento del nivel educacional de mujeres y hombres, y
urbanización creciente. El resultado es que las familias actuales residen en mayor proporción en áreas
urbanas, sus miembros tienen mayor nivel educacional y hay menos hijos por mujer. Este cambio familiar
también va acompañado de una mayor tasa de participación laboral femenina. Decisiones que se
interrelacionan, pero no exclusivamente como causa y efecto. La disminución de la fecundidad se observa
también en las áreas rurales, en las mujeres que no trabajan remuneradamente, en las mujeres de niveles
económicos más bajos cuya tasa de participación laboral es menor.
Para buscar evidencias y variables a proyectar se aíslan cuatro factores importantes que condicionan
el que las mujeres quieran, deseen y hagan efectivos sus deseos de trabajar remuneradamente: la educación,
la situación familiar, su edad y generación y el nivel económico de su hogar. En este documento se intenta
construir algunas interrelaciones entre ellos y queda pendiente la tarea de re-elaborarlas con más elementos.
Las tendencias son conocidas: hay más participación laboral en general, las nuevas cohortes
demográficas mantienen a través de su vida una participación más alta, la mayor urbanización influye en el
mismo sentido, el aumento en el nivel educacional de las mujeres promueve su mayor participación, más
alta en función de su nivel y el aumento del nivel de ingreso está asociado y favorece la mayor participación
laboral. Entre todas estas diferenciaciones y variables con diferente relevancia, hay un núcleo importante y
creciente de mujeres de todos los grupos que permanecen en el trabajo durante toda una vida laboral.
a. La evolución de la participación en la fuerza de trabajo.
Es el hecho estadístico mas evidente e indiscutido. Según los censos del período, la tasa de
participación femenina ha aumentado y la masculina ha disminuido, simultáneamente en el area urbana y
rural. Se ha feminizado la fuerza de trabajo, la ocupación y también la desocupación.
Cuadro 9. Tasas de participación por sexo y área de residencia.
Total país
Area urbana
Area rural
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
1970 21,7
79,5
24,7
76,6
9,8
87,6
1982 24,1
73,5
26,4
71,4
10,9
81,8
1992 28,1
71,5
30,7
70,7
12,2
75,1
___________________________________________________________________________
Fuente: Muñoz (1989) en base a Censos e INE, Censo de 1992.
El aumento de la participación femenina global es el resultado de una estructura por edades que
cambia al envejecer la población, y de variaciones en las tasas por grupos de edad.
Gráfico 3. Tasas de participación laboral femeninas por grupos de edad
1970
1982
1992
40
35
30
25
20
15
10
5
0
15
a
19
20
a
24
25
a
29
30
a
34
35
a
39
40
a
44
45
a
49
50
a
54
55
a
59
60
a
64
65
y
+
grupos de edad
Fuente: Calculadas por CEM, Guzmán y Mauro (1997) a partir de INE, Censos de Población.
Las muy jóvenes y las mayores disminuyen sus tasas de participación, mientras aumentan en forma
considerable las de 20 a 54 años, cambiando la forma de la curva. Cada vez más las mujeres tienden a
permanecer en la fuerza de trabajo en edades reproductivas, lo que significa que la práctica de las historias
laborales son un buen indicador de cambio cultural. Cifras base de este gráfico en Anexo 1, cuadro 9.
El traslado hacia arriba de la curva de participación en las edades centrales revela comportamientos
diferenciados de las distintas generaciones que se van incorporando al mercado laboral, pero también es
necesario reconocer que hay una interrelación entre oferta y demanda. La deprimida situación económica de
1982 aumentó las tasas de participación de las mujeres por su necesidad de aportar ingresos a los hogares y
por su permanencia en los programas especiales de empleo. En 1992 había un aumento importante de
ocupados que estimulaba la mayor participación de las mujeres, tal como sigue ocurriendo. En los 90 se ha
detectado una alta asociación entre aumento de ocupados y aumento de participación femenina, y viceversa
cuando los ritmos tienden a decaer en la coyuntura.
RECUADRO 5: MEDICION DE LA PARTICIPACION FEMENINA
Las diferencias en la oferta de trabajo femenina respecto de la masculina se manifiestan también en
la forma de medición. Algunas mujeres suelen tener una participación laboral con límites
imprecisos. Por una parte, debido a que su participación varía temporalmente o cíclicamente, por
otra, porque no reconocen como trabajo las actividades laborales desempeñadas por ellas, a pesar de
que generan ingresos. Una medición especial de estos fenómenos hecha en julio septiembre de 1993
reveló un total de 873 mil mujeres que las encuestas consideraban inactivas, pero que habían
realizado algún trabajo durante los 12 meses anteriores. La medición podría asimilarse a una fuerza
de trabajo habitual, que aumentó la fuerza de trabajo femenina de la coyuntura en 52%, y la
participación laboral de 34,5 a 52,5%. Esto es importante para reconsiderar la situación de las
mujeres de hogares con bajos ingresos, cuya participación laboral medida es muy baja. (Henríquez
y Pérez, 1994)
Hay también un límite impreciso entre desocupados e inactivos y atañe a las mujeres en la medida
que ellas son la mayoría de los inactivos. Se clasifican como desocupados aquellos que han buscado
trabajo en los dos meses anteriores, pero quedan fuera personas que no lo han hecho aunque tienen
deseos de trabajar. Una encuesta especial aplicada a los inactivos en julio septiembre de 1991
encontró que el 9,4% de las inactivas y el 7,3% de los inactivos estaban disponibles para trabajar.
Por este concepto, la fuerza de trabajo femenina aumentaba en 21% si se ampliaba su definición y la
tasa de participación subía de 30,8% a 37,2%. (Gálvez, 1994)
b. Participación y cohortes.
Los trabajos citados del CEM sobre trayectorias laborales (Guzmán y Mauro; Guzmán, Mauro y
Araujo) han inspirado y permitido incluir en este documento el análisis bajo la perspectiva de las cohortes
de nacimiento, consideradas por dichas autoras como "el conjunto de sujetos que tienen en común el haber
vivido de manera simultánea un acontecimiento similar durante el mismo período de tiempo."
Se busca una explicación a la interrogante de por qué es más alta la participación laboral de las
nuevas cohortes o generaciones.
Un tipo de respuestas se encuentra en los posibles cambios en las proyecciones de vida que hacen
las jóvenes en relación con generaciones anteriores y confirmaría la hipótesis de H. Vega sobre el cambio en
los proyectos individuales de las mujeres, que conforman un cambio cultural en la sociedad afectando lo
cotidiano y, por lo tanto, inserto en un movimiento de larga duración. En otras palabras, porque hay un
cambio en la sociedad "en cuyo seno se están redefiniendo las relaciones entre hombres y mujeres y la
vinculación entre la vida familiar y laboral" (M.Elena Valenzuela, Seminario Régimen Patrimonial) y los
jóvenes tienen la posibilidad de permitirse un proyecto menos contradictorio.
El tema ha sido tratado con mayor profundidad en el documento "Mujeres y Trabajo. Una mirada
cultural a los proyectos de vida de las jóvenes" de Francisca Sánchez, como parte de este proyecto.
En el caso de una muestra de mujeres que son o han sido activas laboralmente, (CEM, Guzmán,
Mauro, Araujo) 21, el proyecto laboral de las jóvenes se fundamenta relativamente más en el proyecto
personal. CEM: "...para las mujeres el trabajo trasciende las motivaciones puramente económicas y
laborales, y es una base para su independencia y realización personal. Las cohortes más jóvenes destacan
más esta dimensión mientras la cohorte mayor subraya los beneficios económicos del trabajo y su aporte a la
familia."
Cuadro 10. Distribución de mujeres encuestadas por cohortes,
según motivación para trabajar
Cohortes
Motivación para trabajar
Joven
Media
Vieja
________________________________________________________
Proyecto personal
53,2
44,7
42,4
Aporte económico
45,3
51,2
53,4
Otros
1,5
4,1
4,2
Total
100,0
100,0
100,0
________________________________________________________
Fuente: CEM; Guzmán, Mauro, Araujo (1997)
Aunque el proyecto personal parezca ir ganando en importancia entre las nuevas generaciones, el
aporte económico del trabajo de la mujer sigue siendo una razón de alta frecuencia, aún entre las jóvenes.
Varios argumentos hacen creíble esta apreciación:
∗ La cultura moderna es más explícita en valorar a las personas por lo que producen, mensaje que
llega a las jóvenes.
∗ Cada vez se compran en el mercado más elementos necesarios para la subsistencia de los
hogares. La mayor concentración urbana, la disminución de servicios públicos gratuitos, la
mayor variedad de productos alimenticios más elaborados, se conjugan para aumentar las
necesidades de dinero. El capitalismo amplía el mercado, llama a trabajar a toda la familia y
crece en parte produciendo en el mercado más servicios sustitutos del trabajo doméstico en los
hogares.
∗ Consecuente con lo anterior, el modelo familiar actual tiende a valorar el aporte de más ingresos,
de mayor posibilidad de consumo, lo que es más favorable al trabajo de las mujeres y a familias
de tamaño más reducido que hacen posible mantener un estándar de vida más alto.
El aumento de la participación también se origina en que las jóvenes tienen mayor nivel de
escolaridad, lo que aumenta sus aspiraciones y facilita su ingreso al trabajo remunerado.
En la encuesta citada, la educación es el factor más importante para acceder y tener éxito en el
trabajo según opinión de las jóvenes.
Cuadro 11. Percepción sobre requisitos para acceder y promocionarse en el mercado de trabajo
Cohortes
21
Encuesta sobre trayectorias laborales a 1000 mujeres de la Región Metropolitana, que tenían al menos 5 años de
trabajo remunerado.
Requisitos
Joven
Media
Vieja
____________________________________________________________________
Educación, profesión, capacitación
34,8
29,5
30,8
Eficiencia, responsabilidad, honestidad,
dedicación, puntualidad
26,3
31,9
33,9
Personalidad, inteligencia, buena
presencia, buen carácter, ser joven
26,6
26,8
24,7
____________________________________________________________________
Fuente: Guzmán et al.
Finalmente, se trata de un proceso acumulativo através de las generaciones. Si las madres han
trabajado es más probable que las hijas incluyan el trabajo remunerado como un componente de su proyecto
vital.
En la investigación de Guzmán, Mauro, Araujo (1997), que además de la encuesta contempla
algunas entrevistas en profundidad, se destaca la importancia de la familia de origen para que algunas
mujeres, en igualdad de otras condiciones con el resto, tengan un proyecto laboral exitoso.
Las conclusiones, válidas en todos los niveles socioeconómicos, expresan que "en todos los casos
en que se observa una tendencia al mantenimiento y desarrollo de un curso laboral relativamente fluido, se
encuentra alguna figura significativa que ha promovido lo educativo y laboral". Tal vez la dinámica de los
cambios se pueda explicar por la actitud paterna, figura que representa el modelo de trabajo fuera de la casa,
que, en palabras de las autoras: "se encuentra ... que padres que son descritos como machistas y autoritarios
y que ejercían un severo control sobre las madres, las que debían someterse a esta autoridad, tuvieron una
actitud diferente respecto a las hijas. ... incentivaron en ellas el afán educativo, la profesionalización y la
independencia económica... Los padres aparecen como estímulo decisivo en las vidas de la gran mayoría de
casos de mujeres que han hecho del trabajo un aspecto central en sus vidas".
Las autoras apuntan a la esperanza de que "para las generaciones más jóvenes es probable que la
presencia de madres trabajadoras y con niveles educativos mayores les ofrezca modelos e ideales que no
entren en contradicción, ... y disminuya la necesidad de identificarse con una figura masculina".
Desde el punto de vista de las prácticas estimuladoras al trabajo de las hijas señalan las
oportunidades educativas ofrecidas a los hijos, el apoyo familiar que sirve de soporte al iniciarse en el
trabajo, la familia como fuente de información sobre el mundo del trabajo. Todo ello confluye a indicar que
la familia de origen es una fuente importante de estímulo o desestímulo.
c. Participación por nivel educacional
Las tasas de participación laboral son directamente proporcionales al nivel de educación de las
mujeres y las diferencias se mantienen en todo el período, con aumentos crecientes en cada nivel, si se
compara 1992 con 1970.
Cuadro 12. Tasas de participación laboral de las mujeres por nivel de educación.22
Nivel
1970
1982
1992
1996(*)
____________________________________________________________
Ninguno
11,8
11,6
10,6
10,5
Básica
16,6
19,1
19,4
24,4
Media
26,9
28,5
30,3
35,2
Superior
47,0
57,4
56,8
59,9
Total
19,6
24,1
28,1
33,9
____________________________________________________________
Fuente: Rosetti (1988); en base a Censos de Población 1970 y 1982, INE; Censo de Población 1992.
(*) Según Encuesta Nacional del Empleo, INE. No comparable con la medición censal.
El efecto lógico de estas diferencias es que el nivel educacional de las mujeres activas supera al de
las inactivas, que también se van tornando más educadas.
Una parte de la explicación proviene de las oportunidades o barreras con que el mercado laboral
estimula o desestimula su participación. Ahora se trata de enumerar otros factores que influyen en el mismo
sentido pero que corresponden al espacio familiar, personal o social.
Gráfico 4. Distribución de mujeres activas
por nivel educacional
ninguno
básica
media
superior
100
80
60
40
20
0
1970
22
1982
1992
El nivel educacional significa que las personas tienen al menos un año de estudio aprobado en dicho nivel.
Gráfico 5. Distribución de mujeres inactivas
por nivel educacional
ninguno
básica
media
superior
100
80
60
40
20
0
1970
1982
1992
Fuente: 1970 y 1982: Josefina Rosetti. La educación de las mujeres en Chile
Contemporáneo. Ed. CEM, en base a Censos. 1992: INE, Censo de Población.
Las mayores oportunidades laborales para las más educadas tienen una contrapartida en la cultura
que también las favorece. En los sectores con más educación hay una mayor disposición a valorar
positivamente que la mujer trabaje, sobre todo si ellas han alcanzado niveles de educación
especializada (oficios o carreras) con los cuales es más natural que exista la expectativa de trabajar
empleando sus capacidades.
Parece haber un "curriculum oculto" en el sistema educativo que sería necesario investigar y que
promueve una diversidad de intereses en las niñas y les da más información que permite valorar la
participación en el mundo externo al hogar: más desarrollo de intereses personales, menor satisfacción con
el trabajo doméstico, valorización de la maternidad en términos de calidad como opuesta a la cantidad de
hijos.
También hay elementos de autovaloración y de autoexclusión en las propias mujeres. Asistir y
completar ciclos educacionales alimenta la autovaloración y la mejora en relación a los hombres porque la
educación se concibe con planes de estudios iguales para niños y niñas (excepto en el nivel medio
profesional), es una actividad compartida por ambos sexos, compiten con buenos resultados en la medida en
que las niñas tienen rendimientos similares, y es un paso adelante hacia un modelo de "igualdad" en
comparación con la falta de estudios, a pesar del alto contenido sexista que el sistema aún perpetúa.
Completar ciclos de educación fue una forma de ascenso social que tiende a agotarse, pero aún hay
ganancias económicas si se supera la enseñanza media y se accede a empleos o actividades donde se
obtienen ingresos más altos que les permiten destinar parte de ellos a pagar trabajo doméstico asalariado o
servicios, disminuyendo su propia carga de trabajo doméstico.
Finalmente, la educación proporciona redes y relaciones que aumentan las posibilidades de recibir
ofertas de empleo o de iniciar negocios, gracias a su mejor inserción en la sociedad, en gremios, entre
compañeros de estudios.
Las personas con pocos años de estudios entran al mercado laboral con ofertas de capacidades
básicas, adquiridas por oficio o posición ocupacional de padres o parientes cercanos, o de un entorno muy
local, o de trabajos caseros: agricultura, construcción, costura, alimentación, servicio doméstico,
habilidades que son casi universales y cuya oferta tiende a ser mayor que su demanda. En el caso de los
hombres, todos se adecúan a las condiciones del mercado, en el caso de las mujeres, las dificultades llevan a
muchas de ellas a la decisión de no buscar trabajo.
d. Participación y familia.
En primer lugar, una evidencia estadística: las tasas de participación laboral también están
influenciadas por la situación familiar de las mujeres. La existencia de hijos, la presencia o no de cónyuge,
el tipo de composición familiar son factores que facilitan o dificultan el desempeño laboral de las mujeres.
Las cónyuges tienen tasas menores que las jefas, que a su vez participan casi en igual medida que
las hijas, aunque por distintas razones y en una etapa diferente de su vida. A través de ésta, las mujeres van
pasando por distintos estados conyugales, maternales y de composición de sus hogares, en una historia que
conforma sus ciclos de vida. Pero la composición del conjunto en cada momento define las magnitudes
relativas de las diversas situaciones que pueden dificultar o no su participación y que pueden ser objeto de
políticas para aliviar las tensiones producidas. La desigual distribución del trabajo remunerado según la
situación familiar se refleja en la composición de las activas.
Cuadro 13. Tasas de participación laboral femenina
por relación de parentesco con Jefe de Hogar.23
Parentesco
1990
1992
1994
1996
____________________________________________________________
Jefas de hogar
38,6
41,2
42,9
41,3
Cónyuges
25,3
26,7
28,7
27,5
Hijas
39,0
41,7
42,8
39,8
Otro familiar
27,7
26,8
26,0
26,6
No familiar
47,9
50,7
41,6
45,5
Total
31,3
33,0
34,4
32,7
_____________________________________________________________
Fuente: MIDEPLAN. Encuesta CASEN 1990, 1992, 1994, 1996.
Un cálculo con cifras censales de 1992 estima que el 48% de las activas son mujeres que en sus
hogares son "hijas, otro familiar, no familiar". Además de que no aparecen como las responsables de los
hogares en que habitan, la mayor parte de ellas no tienen pareja ni hijos (Anexo 1, cuadros 10 y 11) Un 31%
de las activas son cónyuges ó convivientes, es decir que tienen una pareja, con o sin hijos. Son las
responsables de las tareas del hogar, las madres y esposas que combinan el trabajo remunerado y el no
remunerado con mayores exigencias que las del grupo anterior. El 21% restante son las jefas de hogar, con y
sin hijos, para quienes la actividad laboral tiene el sentido de sostén principal o único del hogar, como en el
caso de los hombres. Este 21% se desagrega, según el tipo de hogar que habitan, en un 5,7% que viven solas
o con no parientes, 9,4% en hogares nucleares (con hijos la gran mayoría) y el restante 5,9% en familias
extensas o compuestas, también con hijos en su mayor parte.
23
Cálculos propios, con cifras del Censo de 1992 sitúan las tasas de participación en 34,7% para las jefas de hogar,
19,6% las cónyuges o convivientes y 34,6% las hijas y otros parentescos. Anexo 1, cuadro 10)
Según datos de la encuesta CASEN, las “hijas, otro familiar , no familiar” representaban el 40,6%
de las activas. La proporción de cónyuges y convivientes había aumentado al 41,2% de las activas y el
restante 18,2% correspondía a jefas de hogar. Estas son las magnitudes relativas de grupos de mujeres que
comparten problemas similares en un mismo momento, grupos que se diferencian entre ellos porque según
su posición recaen en ellas con distinto énfasis las obligaciones domésticas hacia otros miembros del hogar:
padres, hermanos, cónyuge, hijos. No se exige lo mismo a una hija que a una madre.
En esta oportunidad no se contó con antecedentes suficientes para hacer una proyección de la futura
composición de los hogares, pero se sugiere realizarla en un estudio más profundo porque los tipos de hogar
diferentes, tales como hogares unipersonales o "censales", eliminan las obligaciones domésticas hacia otros,
individualizan la necesidad económica de mantenerse y permiten una mayor libertad de elección personal y,
en cambio, en otros tipos de hogares de jefatura femenina, la presencia de hijos y ausencia de cónyuge
aumenta la obligación económica y desaparecen los impedimentos del cónyuge como limitantes al trabajo
de la mujer.
También interesa conocer y proyectar el grupo de familias nucleares en las que trabajan ambos
cónyuges, o dimensionar aquellas familias que constituyen núcleos secundarios al interior de un hogar.
RECUADRO 6: TENDENCIAS DE LA SITUACIÓN CONYUGAL DE LAS
MUJERES.
Dada la relación que existe entre tasa de participación y estado conyugal de las mujeres, es
conveniente conocer la evolución de éste eliminando la interferencia de la estructura por edades.
(Anexo 1, cuadro 12).
Según los censos del período se constata una disminución de la proporción de casadas entre los 15 y
los 44 años, compensada en parte por un aumento de las convivientes en todas las edades, una gran
estabilidad en la proporción de solteras en todos los grupos excepto las mayores, una fuerte
disminución de las viudas y un aumento de las separadas. Como resultado, la proporción de mujeres
sin pareja ha aumentado entre los 20 y los 49 años y disminuye para las mayores. En el conjunto, y
debido al envejecimiento de la población y el peso creciente de las mujeres de edades mayores, hay
un aumento en la proporción de mujeres con pareja.
Porcentaje de mujeres con pareja por grupos de
edad
1970
1982
1992
80
60
40
20
0
15-19
25-29
35-39
45-49
55-59
65 y +
grupos de edad
Familia y trabajo aparecen como actividades antagónicas para las mujeres y complementarias para
los hombres. Esto ocasiona negociaciones y diferencias de intereses al interior de los hogares,
principalmente en la etapa de la vida en pareja y la crianza de los hijos. Por ello, son las cónyuges las que
tienen menor tasa de participación laboral y hay que poner atención al tipo de obstáculos familiares que
podrían impedir el trabajo remunerado a mujeres que desean incorporarse al mercado laboral.
A pesar de la persistencia de rasgos del modelo tradicional, en que la mujer no trabaja o su trabajo
es "secundario", emergen "nuevas representaciones sociales cargadas negativamente referidas a las mujeres
que se quedan en la casa." (Guzmán, Mauro, Araujo, citando a Commaille). El status de la mujer que trabaja
tiene cada vez más prestigio frente al de la dueña de casa. Afirmaciones testeadas en encuestas de opinión
como "la mujer que trabaja es más interesante como persona", aprobada por el 61% de los encuestados, ó
"el hombre encuentra más atractiva como pareja a una mujer que se puede valer por sí misma", que
comparten el 66% de las personas (C.E.P., 1995) ponen en competencia a trabajadoras/dueñas de casa con
dueñas de casa de tiempo completo, desvalorizando a estas últimas. Por ello hay que preguntarse cuáles son
las representaciones que mantienen a una mayoría de mujeres fuera del trabajo remunerado.
Las autoras citadas reconocen en las mujeres entrevistadas las siguientes representaciones que
entran en conflicto con el trabajo:
∗ la mujer como responsable del cuidado y crianza de los niños
∗ la mujer como responsable de las tareas domésticas
∗ el proyecto de la pareja masculina como prioritario al interior de la dinámica familiar.
Es probable que ellas sean centrales en las mujeres sin proyecto laboral y si priman estas
representaciones entre las que trabajan, lo laboral se someterá a ellas. Las evidencias encontradas por
Guzmán et al. indican que aquéllas mujeres con un proyecto laboral claro y exitoso tienen en cuenta las
mismas representaciones, pero las han resignificado para que les permita trabajar y construirse como buenas
madres y mujeres que cumplen sus responsabilidades domésticas. Opinan las autoras que por más
redefiniciones que se hagan, las exigencias laborales y domésticas apuntan en direcciones contrarias.
Para las que trabajan, las soluciones pasan por recurrir a redes familiares de ayuda doméstica, por
delegar selectivamente algunas funciones maternales, según lo que es significativo a nivel personal en
relación con los hijos, y las que tienen autonomía en sus planes laborales han negociado con su pareja,
negociación que incluye el reconocimiento del trabajo de la mujer.
A pesar de las declaraciones mayoritariamente favorables al trabajo de la mujer casada, las prácticas
cotidianas se fundan en la cultura tradicional, que avala comportamientos negativos de los cónyuges hacia el
trabajo de la mujer, tales como:
∗
∗
∗
∗
∗
sentir que se limita el poder que el hombre ejerce a través del dinero,
ofender su modelo de masculinidad y su capacidad de proveer los recursos para el hogar
considerar que la mujer que trabaja desatiende sus obligaciones domésticas
manifestar inseguridad ante la fidelidad de la mujer si ésta trabaja fuera de casa
temer que si la mujer trabaja y aporta ingresos al hogar tiene o expresa más derechos a exigir
"colaboración" o compartir responsabilidades domésticas, cuestión que está fuera de su
identidad masculina
∗ porque puede ser una competencia deshonrosa si a ella le va mejor y gana más.
Al mismo tiempo, es posible encontrar indicios de una cultura moderna en los hombres que
favorezca la preparación y el trabajo remunerado de las hijas, y/o cambios de actitud en los cónyuges
jóvenes o modernos, favorables al trabajo de las mujeres.
e. Participación y nivel de ingresos.
Como una aproximación al comportamiento de la oferta femenina según estrato socioeconómico se
utiliza la categoría de "ingreso por persona del hogar en que vive", que da origen a un ordenamiento de los
hogares en grupos quintiles de ingreso, y en ellos se mide la participación laboral femenina.
Las familias se mueven a través de estos grupos en la medida que cambia la situación ocupacional y
de otros ingresos de sus miembros, su tamaño, composición y sus ciclos de vida. Sin embargo, las tasas de
participación femenina por grupo mantienen una cierta estabilidad observándose diferencias crecientes en el
tiempo entre el grupos de menores ingresos (I) y el de mayores ingresos (V) en el caso del Gran Santiago.
Cuadro 14. Tasas de participación laboral por niveles de ingreso de su hogar.
Mujeres urbanas, Gran Santiago.
Año
I
II
III
IV
V
Total
_________________________________________________________________________
1970
21,8
27,5
29,8
33,3
39,5
30,9
1975
24,7
24,1
25,9
31,2
37,5
28,4
1980
22,7
24,6
30,8
32,1
39,9
29,7
1985
23,7
27,6
29,7
37,6
41,0
31,8
1990
20,4
26,8
37,0
41,5
44,7
33,6
1994
19,5
35,6
41,3
47,2
47,4
38,2
variación
entre 94/70 - 2,3
8,1
11,5
13,9
7,9
7,3
___________________________________________________________________________
Fuente: Pardo, 1996; en base a Encuestas de Ocupación y Desocupación,
Universidad de Chile. Junio de cada año.
Los aumentos de participación en el período, de 7,3 puntos para el total, se concentran más en los
quintiles medios (III y IV) y excluyen al grupo más pobre. Por otra parte, es el único que en el año de crisis
de 1975 aumentó su tasa de participación laboral.
La información de una serie más corta a nivel nacional, según otra fuente, confirma las diferencias,
que en esta década de alto crecimiento económico han favorecido más a los grupos más altos (IV y V).
Cuadro 15. Tasas de participación laboral por niveles de ingreso de su hogar.
Mujeres, Total país.
I
II
III
IV
V
Total
_______________________________________________________________________________
1990
17,9
24,4
31,6
38,5
46,4
31,3
1992
17,7
25,9
35,0
41,5
46,9
33,0
1994
19,0
26,6
35,6
43,5
49,7
34,4
1996
19,1
28,3
35,9
44,1
52,1
35,5
variación
entre 96/90
1,2
3,9
4,3
5,6
5,7
4,2
_________________________________________________________________________________Fuente:
MIDEPLAN, Encuesta CASEN
En los grupos de hogares construidos de esta manera se encuentra una alta correlación entre nivel de
ingreso y nivel educacional de hombres y mujeres. Como se ha visto, las mujeres con menor escolaridad han
tenido menos oportunidades laborales en el crecimiento de los últimos años y cada vez compiten en peores
condiciones con las jóvenes que se incorporan al trabajo con mayores niveles de educación. Desde el punto
de vista de la demanda, se puede decir que hay una situación de exclusión del mercado laboral.
A pesar de ello, sorprende el contraste entre mayor necesidad económica y menor tasa de
participación, y viceversa, lo que revela que en el caso de las mujeres el análisis de su comportamiento debe
incluir la relación entre trabajo remunerado y trabajo doméstico y elementos culturales que diferencian su
comportamiento.
Gráfico 6.
Tasas de participación por parentesco y quintiles
de ingreso. 1994.
Jefas de hogar
Mujeres cónyuges
Hijas
Hijos
70
60
50
40
30
20
10
0
I
II
III
IV
V
Quintiles de ingreso
Fuente: MIDEPLAN, CASEN 1994
La consideración de la situación familiar se hace más importante para explicar las diferencias. En
general, las mujeres de más bajos ingresos tienen más hijos, viven más frecuentemente en hogares extensos,
las familias son de mayor tamaño con más dependientes por ocupado, tienen más carga de trabajo doméstico
y menos ingreso disponible para aliviarlo.
Las tasas de participación por situación de parentesco muestran que en todos los grupos quintiles las
jefas de hogar trabajan con mayor frecuencia, pero las cónyuges más pobres son quienes tienen las menores
tasas. Se comprueba que los comportamientos laborales de la familia promedio en hogares más pobres se
acercan más al modelo "tradicional" (hombre proveedor, mujer dueña de casa, hijos con tasas de
participación más alta que las hijas) y los de los más ricos tienden a que las tasas laborales femeninas sean
más independientes de la posición en la familia.
Un análisis en mayor profundidad de la relación entre participación laboral femenina, nivel de
ingresos y situación familiar (Bravo, 1993) evidencia la importancia de considerar el tipo de hogar para
explicar la oferta laboral femenina. A grandes rasgos, en todos ellos persisten las diferencias apuntadas por
quintiles, pero se visibiliza la alta tasa de participación de las jefas de hogares nucleares en el primer quintil
y la mayor participación laboral de las cónyuges en hogares nucleares en quintiles altos.
Cuadro 16. Tasas de participación por quintiles, situación familiar y tipo de hogar en 1990
Parentesco y tipo de hogar
I
II
III
IV
V
______________________________________________________
1. Hogares nucleares
Jefa
56
41
56
68
42
Cónyuge
10
16
26
41
50
Hija
16
19
33
41
37
Hijo
49
48
55
53
42
2. Extensos completos
Jefa
16
28
35
48
61
Cónyuge
10
15
22
31
40
Hija
21
36
49
52
55
Hijo
71
76
76
76
72
Otra pariente
9
15
20
30
24
3. Extensos incompletos
Jefa
38
45
45
53
58
Hija
11
24
44
57
62
Hijo
48
53
64
76
66
______________________________________________________
Fuente: Bravo, con base de datos de INE: trimestre octubre - diciembre de 1990.
La necesidad económica existe y persiste cuando está acompañada de otras limitantes. En el caso de
las mujeres, todo tiende a oponerse o dificultar el trabajo de las que más necesitan los ingresos.
En primer lugar, la aceptación del trabajo remunerado de la mujer casada es menor en los estratos
bajos, y las opiniones que aumentan las exigencias provenientes de la familia dificultando su inserción
laboral son más frecuentes.
En la encuesta de opinión anteriormente citada (CEP, 1995) están de acuerdo con la afirmación "la
mujer que se queda en la casa es mejor madre" el 64% del estrato bajo y sólo el 16% del alto. El porcentaje
de personas que marcaron como respuesta "porque al marido no le gusta" entre las razones por las cuales
las mujeres de su círculo de amigos deciden no trabajares de 57% en el estrato bajo y 28% en el alto. Como
ya se dijo, las restricciones tienden a levantarse para las hijas. La expectativa de que su hija "es o será una
buena profesional" es seleccionada por el 46% del estrato bajo y el 56% del alto, pero los primeros
mantienen con mucha más fuerza la importancia de la maternidad: la expectativa "es o será una buena
madre" es seleccionada por el 55% del estrato bajo y el 21% del alto.
En segundo lugar, las razones económicas se acumulan. Como señala Guzmán et al., a propósito del
aumento en el mercado de servicios sustitutivos de trabajo doméstico, "en la medida que sólo se adquieren
en el mercado, hay una facilitación para el trabajo de las mujeres que logran mayores ingresos y una
desventaja aún mayor para las de bajos ingresos". Cuando el cuidado de los hijos es provisto por el lugar de
trabajo - empleos en el sector público o en empresas con más de 20 mujeres - también las mujeres más
pobres tienen menos oportunidad de acceder a ellos.
Su biografía también diferencia a las mujeres y otorga desventajas a aquéllas cuya familia de origen
proviene de los grupos de menores ingresos. Guzmán et al. observaron en el grupo estudiado que, en
general, todas tienen niveles educativos superiores a los de los padres pero las más educadas son hijas de
padres más educados, y viceversa. El 50% de las hijas de trabajadores no manuales alcanzaron grado técnico
o universitario, en tanto el 20% a 30% de las hijas de trabajadores manuales llegan a un nivel educativo
superior.
Por último, en las mujeres que sí trabajan remuneradamente hay grados diferentes de motivación,
que pueden considerarse también una desventaja para las de menores recursos. "...en las mujeres que se
ubican en los sectores de menores recursos el sentido del trabajo se presenta prioritariamente como una
exigencia y como una necesidad para la sobrevivencia, a pesar de que existe un reconocimiento de sus
beneficios a nivel personal y emocional" "En mujeres de grupos sociales de mayores recursos el sentido del
trabajo si bien es presentado parcialmente como necesidad, lo es principalmente como un destino elegido,
vinculado con la idea de la autorrealización." Guzmán et al, (1997).
3. Conclusiones sobre la oferta
El propósito de este capítulo es relevar las variables que influyen en la disponibilidad de las mujeres
para trabajar remuneradamente a fin de considerarlas en las proyecciones.
Las variables han podido aislarse y se ha conocido su evolución: la edad y la generación, el nivel
educacional, la posición en la familia, el nivel socioeconómico. Ellas tienen importancia porque diversifican
los efectos de una realidad cultural y organización social basada en el modelo tradicional de división sexual
de roles ya señalado, sobre un conjunto heterogéneo de mujeres.
Al mirar el trabajo remunerado desde el punto de vista de ellas, todas tienen en común que su
identidad sexual está traspasada por sentirse responsables de las labores reproductivas de su familia. En
mayor o menor grado, con diferentes formas de resolución, para las mujeres el trabajo remunerado es uno de
dos trabajos posibles y es lo que las diferencia de los hombres como género.
De esta constatación surge el análisis de las diferencias entre ellas. La forma en que toman sus
opciones por uno u otro trabajo y cómo las combinan, las contradicciones que les crean y la forma en que las
resuelven, las modificaciones en sus representaciones y resignificaciones, las oportunidades que toman o
que dejan, van conformando una historia del conjunto de mujeres, que se ha tratado de aprehender en sus
manifestaciones más simples para imaginarla en el futuro.
Los diversos grupos de mujeres, separadas según su comportamiento laboral (tasa de participación),
también pueden "ordenarse" según el grado en que han resuelto su contradicción.24 Más trabajo remunerado,
menos hijos, más independencia económica, maternidad delegada o no maternidad, pareja negociada que
acepta la colaboración doméstica y respeta la carrera laboral de la mujer o ausencia de pareja, son
componentes del cotidiano de aquéllas que estarían en el extremo superior de este ordenamiento. Están
presentes en todas las edades, en todos los niveles educacionales, en todos los estratos socioeconómicos,
pero con mayor frecuencia en los niveles de escolaridad más altos, en los estratos socioeconómicos
superiores y en las generaciones más jóvenes.
El extremo inferior, o de contradicciones más fuertes, menos resueltas, también presente en todas
las tipologías según las variables elegidas, se encuentra estadísticamente asociado a la baja escolaridad, los
estratos socioeconómicos inferiores y las generaciones mayores. Constituye el conjunto de mujeres que tal
24
Para una reflexión sobre las opciones según los discursos de mujeres jóvenes ver Francisca Sánchez, informe que
acompaña a éste.
vez no se incorpore nunca al trabajo remunerado y si lo hace no tendrá una carrera laboral estable aunque,
dadas las exigencias de la demanda de trabajo, es probable que este grupo tienda a disminuir
cuantitativamente.
Los hombres, considerados en su individualidad y la organización social para el trabajo remunerado
van por detrás de los grupos de mujeres que están en el extremo superior de esta "escala". En palabras de
Guzmán et al.: "El hecho que las encuestadas den como respuestas más frecuentes el tener apoyo y unión de
las familias y el compartir tareas domésticas como forma de resolver las dificultades familiares frente al
empleo, es indicativo del insuficiente grado de colaboración y modificación de los roles en cuanto a la
distribución de tareas en el hogar .... explica también por qué las mujeres demandan.. la flexibilización de
horarios que les permita hacerse cargo de las responsabilidades laborales y familiares con menos
conflictos".
Las mujeres están demostrando que, aunque fragmentariamente, evolucionan hacia un cambio en su
vida cotidiana y en su cultura que les permita participar como ciudadanas no limitadas por roles y
estereotipos sexuales en la vida económica, pero la organización de la producción en Chile todavía no
contempla que, si los trabajadores que proveen ingresos a sus familias son de ambos sexos, también
hombres y mujeres son responsables de cumplir con otros deberes hacia sus familias.
Un tema pendiente es el de los efectos sobre la identidad de los hombres de los cambios en los
proyectos de vida e identidades de las mujeres y sus resistencias.
IV. LA SITUACION DE LAS MUJERES URBANAS MAS POBRES
Más allá de constituir una "variable" que influye en las decisiones y las condiciones de trabajo de
las mujeres, la pobreza es una situación y un entorno que en el que se desenvuelve un grupo importante de
mujeres, que mayoritariamente se dedican al trabajo de sus hogares.
En este capítulo se trata de conocer mejor su especificidad en relación con el trabajo, en base a
investigaciones realizadas y publicadas y a conversaciones con personas que trabajan con ellas.25 La pobreza
rural, como todos los cortes urbano/rural en este documento, no ha sido tratada y es una extensión necesaria
del tema.
La cantidad de hogares en situación de pobreza, medida según la línea de pobreza, ha disminuido
durante los 90 desde un 33,3% en 1990 a un 19,7 % en 1996, año para el cual se estimó en 786 mil los
hogares con jefatura femenina (22% del total de hogares) y el 19,3% de ellos estaba bajo la línea de
pobreza. Para caracterizaciones estadísticas, una buena aproximación a este grupo es el 20% de hogares con
menores ingresos.
Las mujeres de hogares más necesitados son las menos incorporadas al trabajo remunerado y
cuando lo están, obtienen las más bajas remuneraciones, tal como ocurre con los hombres de sus hogares. Se
expondrán algunas percepciones no estadísticas sobre sus dificultades de acceso y permanencia en el
mercado laboral.
Una primera constatación es que la oferta es mayor que la registrada estadísticamente. En el
universo urbano más pobre, una gran parte de las mujeres realizan actividades por cuenta propia que
generan ingresos para aportar a las necesidades económicas del hogar, tales como vender en la feria libre,
venta de parafina, venta de ropa, paquetería.(PROSAM)
Con las mediciones estadísticas convencionales la tasa de participación más baja se encontraba
entre las mujeres de los hogares con menores ingresos. En la práctica se reporta una participación laboral
más extendida, si se considera el hecho de haber trabajado alguna vez remuneradamente. En 1996, más de la
mitad de las mujeres entre 20 y 60 años de edad que eran inactivas, habían sido activas alguna vez. Esta
proporción era similar en los quintiles más bajos. (MIDEPLAN; Encuesta CASEN 1996) A lo largo de su
vida acumulan experiencia laboral que no siempre las retiene.
25
a) Entrevista colectiva en PROSAM (Programas de Acción con Mujeres), septiembre de 1997. Se refirió a la
larga experiencia de PROSAM en la línea de trabajo productivo a través de sus programas con mujeres trabajadoras
por cuenta propia de la población La Pintana en Santiago. Participantes de PROSAM: Ana María Medioli, Carolina
Peyrin, Vivian Heller y Mirtha Ossandón.
b) Entrevista a Lucía Pardo, directora de FINAM. Su experiencia se refiere a gestiones crediticias y de
promoción productiva con mujeres empresarias y microempresarias. Octubre, 1997.
RECUADRO 7: CARACTERIZACIÓN ESTADÍSTICA DE LOS HOGARES
POBRES Y MÁS RICOS EN 1996.
MÁS
Las mujeres más pobres habitan en hogares con más miembros entre los cuales hay tres
veces más menores que en los más ricos, más núcleos secundarios, menos ocupados por hogar y
más dependientes por ocupado, altas tasas de desocupación y un ingreso por persona equivalente al
17% del ingreso por persona promedio.
I quintil
V quintil
Total ó Promedio
__________________________________________________________________________
Hogares
717.472
717.601
3.587.641
Núcleos secundarios
147.073
63.953
672.910
Núcleos por cada 100 hogares
20
9
19
Personas
Tamaño del hogar
Menores de 15 años
% de menores de 15 años
Ocupados
Ocupados por hogar
Dependientes por ocupado
Tasa de participación laboral
de mujeres de 15 y más años
Tasa desocupación hombres
Tasa desocupación mujeres
3.252.155
4,5
1.278.717
39
2.338.911
3,3
448.951
19
14.157.766
3,9
3.993.632
28
728.104
1,0
3,5
1.191.848
1,7
1,0
5.209.927
1,4
1,7
19,1
12,4
26,1
52,1
1,4
1,7
35,5
4,9
7,9
Promedio escolaridad de
mayores de 14 años
7,3
12,6
9,5
25 - 34 años
8,2
14,4
10,9
Ingreso autónomo por persona
en relación al promedio
17
306
100
______ _______________________________________________________________
MIDEPLAN, Encuesta CASEN 1996.
No sólo hay subregistro por la utilización de un período corto de referencia en las encuestas de
empleo (Ver Recuadro 5), también se explica por la naturaleza de las actividades y la conceptualización de
lo que es y no es "trabajo", que se unen para invisibilizar el trabajo generador de ingresos de las mujeres. 26
Como se vio en el punto II.4 "Estructura del empleo y pobreza", la mayoría de las mujeres del
quintil I trabajan en el servicio doméstico y como asalariadas no calificadas. En este punto interesa
26
El subregistro se debe a que no visualizan tales actividades como un "trabajo", no están "buscando trabajo
activamente", y no imaginan buenas alternativas para ellas.
profundizar en la situación de las que trabajan en forma independiente, y sobre todo, de las que están entre
la actividad y la inactividad.
La importancia de estos grupos es que están al borde del trabajo remunerado y probablemente son
las que primero se incorporarían si se levantan las barreras que hoy enfrentan. Se habla de mujeres que están
en actividades por cuenta propia, de micro empresas y, en menor medida, de asalariadas del sector informal.
Estar en tales trabajos significa que no han tenido, o tienen dificultades para aceptar, posibilidades de
trabajo en el sector formal asalariado o empresarial.
1. Las motivaciones para trabajar
Hay amplio consenso en las fuentes consultadas de que las mujeres trabajan por una imperiosa
necesidad económica que tiene que ver generalmente con los hijos, con alimentarlos y educarlos.
El impulso inicial para incorporarse al trabajo es, con frecuencia, un hecho familiar que hay que
superar y que afecta a cónyuges e hijos. Viudez, alcoholismo, cesantía, enfermedades, son situaciones que
impulsan al trabajo y conforman un entorno con muchos problemas. Al mismo tiempo, obligan a las mujeres
que emprenden actividades a vencer obstáculos, de manera que la percepción informada es que las que
perseveran son muy fuertes. (Pardo)
Una consecuencia a tener en cuenta es que si la situación marital o familiar se resuelve en buenas
condiciones, la permanencia de las mujeres en el trabajo dependerá del éxito que hayan logrado en él y de
que se desarrolle en buenas condiciones. Los trabajos de muy mala calidad podrían ser abandonados si
desaparece la necesidad económica.
Esta reflexión nos remite a la noción y los requisitos para que un trabajo sea exitoso. Para ellas, el
éxito significa que genere ingresos suficientes y ello está relacionado con el cálculo económico que realizan.
Las experiencias exitosas son las de mujeres que trabajan más horas y tienen inversiones más
formales, como un puesto en la feria ó un local. En general se trata de mujeres mayores, con experiencia
laboral anterior, casi siempre asalariada. (PROSAM) Las exitosas acceden a organizaciones de crédito como
FINAM y desde allí se las visualiza como mujeres con mucha personalidad, fuertes y con metas claras.
(Pardo). De las incipientes trabajadoras por cuenta propia habrá una autoselección para permanecer y sólo
algunas de ellas contarán con las condiciones necesarias para lograr éxito en sus negocios.
Espinoza et al.27 relacionan la posibilidad de éxito en trabajadoras del sector informal con el nivel
educacional, la vocación promovida desde la infancia y la capacidad de tener redes de apoyo a través de
familiares, amigos y barrio.
El trabajo provoca un cambio visible en las mujeres, con ganancias en su seguridad, en su forma de
comunicación y en una relación de mayor independencia respecto a los hijos. (Pardo) Las experiencias
exitosas, estables y prolongadas incentivan un cambio cultural que impregna las relaciones al interior del
hogar. Las fuentes informan que, cuando las mujeres se dan cuenta del valor de su trabajo, empiezan a
27
En base a encuesta aplicada a 125 mujeres que trabajan en el sector informal y 24 entrevistas en profundidad.
1997.
negociar en su hogar, en forma muy individual. No todas las negociaciones logran mejorías y es un tema
importante a considerar.
2. Por qué seguir, por qué abandonar la actividad
Si la motivación principal es generar ingresos, éste es el principal indicador. El cálculo económico
que compara costos y beneficios tiene, en el caso de las mujeres, un piso diferente que en el de los hombres.
Por una parte, la necesidad y la baja autoestima pueden bajar ese piso a niveles menores que los que
aceptaría un hombre. Por otra, las mujeres tienen un costo de oportunidad mayor porque realizan tareas en
su hogar que se ven afectadas por el trabajo remunerado. Las condicionantes de tiempo y espaciales forman
parte de esta especial contabilidad de costos, según la cual un trabajo lejano del hogar que consume horas de
transporte puede no ser viable, ó un horario fijo puede ser inaceptable, ó un salario demasiado bajo y un
trabajo cansador puede no compensar un desgaste que no permite cumplir, además, con la familia.
Con respecto a los ingresos, la actividad independiente es un barómetro del clima o microclima
económico. La oferta de trabajadoras por cuenta propia aumenta cuando el mercado local lo permite y ellas
demuestran una gran sensibilidad para reconocer oportunidades cercanas. (PROSAM)
Aparte de las limitaciones que se imponen por su situación familiar, las mujeres de estos sectores
conocen muy bien las barreras que encuentran al buscar trabajo dependiente. Una de ellas, el nivel
educacional, está siendo superado por las jóvenes, que sin embargo siguen encontrando dificultades de
acceso a trabajos que ofrezcan una compensación válida para ellas.
Otros obstáculos son de una naturaleza social y clasista. En algunos trabajos se exigen condiciones
de presencia física que corresponden a estándares no tan frecuentes en la población: la gordura, la mala
dentadura, la estatura, la forma de hablar, pueden ser obstáculos que discriminan en el acceso al trabajo.
Hasta el lugar en que viven en la ciudad, o provenir de áreas rurales, se constituyen en desventajas.
Salvados los obstáculos, la remuneración ofrecida puede no compensar los gastos necesarios para ir
a trabajar, o el tipo de trabajo no corresponder a las expectativas, especialmente para las jóvenes más
educadas. Hay un código social de prestigios de diversas ocupaciones, que coloca algunas de ellas como
"oficios inferiores" y rebajan la condición social de quien los desempeña.
Para las que tienen actividades independientes, el cálculo económico puede demostrarles que su
esfuerzo es rentable, pero a veces los resultados no son visibles. Aquéllas con actividades laborales más
incipientes (pocas horas o esporádica) reciben menos dinero y en forma espaciada, lo que parece más
pequeño de lo que es en comparación con el aporte del marido o hijos asalariados. La mezcla de la actividad
laboral remunerada con la administración de la casa confunde los gastos, que se van destinando a las
urgentes necesidades del hogar apenas se recuperan como ingresos del trabajo de la mujer. (PROSAM)
3. Las razones para elegir el trabajo independiente
La opción por el trabajo independiente tiene un fuerte determinismo: puede ser la única alternativa
para generar ingresos y a la vez permanecer en la casa, atentas a cumplir con su segunda jornada. Siempre
hay una familia por detrás, hijos y circunstancias que las fijan en el espacio y limitan su tiempo. El trabajo
independiente da más libertad que el trabajo encargado al domicilio (maquila) para decidir la cantidad de
horas de trabajo y su intensidad.
Algunas han optado por el trabajo independiente porque han tenido malas experiencias como
asalariadas. Otras que han sido asalariadas están criando hijos pequeños y ven la actividad por cuenta propia
como la única alternativa que permite permanecer en la casa y estar cerca de los hijos con menos exigencias
de trabajo.
Otras razones son no disponer de las credenciales exigidas para trabajar, educativas y de
experiencia laboral, de límites de edad u otras de discriminación social a las que se ha hecho referencia.
Una segunda elección se refiere al rubro en el cual desempeñarse y aquí se enfrentan a las
limitaciones de la segregación sexual del trabajo, sobre las cuales probablemente hay un grado de
conciencia mucho menor. Las actividades de producción y comerciales difieren: ellas en amasandería,
alimentación, ropa, buzos, ellos en carpintería, calzado. (PROSAM)
Las microempresarias presentan algunas dificultades para estabilizarse en un tipo de actividad y
pasan por diversas producciones sin alcanzar la especialización necesaria para perdurar. En general tienen
un fuerte temor al rechazo, al riesgo y dudas sobre su preparación, lo que hace que frecuentemente
abandonan o no inician la producción de bienes y se dedican a la venta de servicios. (Pardo). La segregación
empresarial se funda en los códigos de género que impregnan toda la actividad productiva. En opiniones
recogidas por Weinstein (1996), "los hombres prefieren hacer negocios con hombres, las mujeres no son
interlocutoras válidas."
4. Su cultura familiar
A las razones objetivas de la situación familiar, dificultada por la necesidad económica, se suman
las de sus concepciones y prácticas culturales.
El rol del hombre como proveedor es una concepción muy arraigada en ellas. Su motivación inicial
por generar ingresos es porque hay algo no se está cumpliendo respecto a que el hombre debe sostener la
casa. Como complemento, expresan un sentimiento de deber muy fuerte hacia el hogar y la maternidad.
Prefieren encargarse personalmente de los hijos pequeños, o dejarlos a personas cercanas, de confianza.
También son muy sensibles a los peligros a que se exponen los hijos mayores cuando ellas no están: la
droga, el alcohol, el abandono de los estudios, la calle.
A nivel de discurso y de opiniones, reciben estímulos de cambios a través de los mensajes
comunicacionales: ahora es muy importante que la mujer trabaje como indicador de modernidad, pero
ningún mensaje las alivia de su carga maternal y doméstica. Las jóvenes hablan sobre los cambios en los
roles, al menos el tema está puesto en el discurso y aparece la rebeldía a la autoridad masculina. La palabra
machismo entró en el vocabulario corriente.
A nivel de práctica, se observa que delegan tareas en hijos hombres y mujeres, mucho más que en la
pareja. Un estudio sobre los cambios en las relaciones de género al interior de las familias pobres no
indigentes urbanas cuando la mujer trabaja, revela que el cuidado de los hijos es delegado en otras mujeres y
"a partir de los 13 años aparece la tendencia a que los niños de mayor edad cuiden a sus hermanos menores",
en tanto los hombres mencionan el cuidado y preocupación por sus hijos en términos de darles
sostenimiento familiar, vestuario y calzado. Respecto a las tareas domésticas, es "un área que se encuentra
resuelta a través de una estrategia que no cuestiona esencialmente los roles de género tradicionales sino
busca ajustes y cambios en rangos tolerables para los miembros del núcleo primario." (Rivera, 1996)
Las mujeres con cónyuge podrían tener un obstáculo más para su desempeño laboral si éste
comparte la visión tradicional de familia, o un estímulo si hay readaptaciones. Un registro de opiniones
masculinas al respecto se resume en el recuadro 8.
RECUADRO 8. OPINIONES DE HOMBRES TRABAJADORES SOBRE EL
LA MUJER. (Formuladas en entrevistas colectivas).
TRABAJO DE
1. Jóvenes informales: "La familia es un espacio de poder - principalmente frente a la mujer - y es
desafiada por dos amenazas: el trabajo de la mujer y la cohabitación con otra línea de autoridad (la
autoridad paterna en situación de allegamiento). Manifiestan rechazo a que la mujer trabaje, porque
les crea mucha inseguridad en su rol de autoridad en el hogar: los hijos se empiezan a criar en la
calle y las propias mujeres desarrollan una personalidad más independiente y más segura, por lo que
empiezan a poner algunas condiciones en la relación.
2. Adultos informales: hay un grado de reconocimiento a la importancia de la vida familiar y a la
misión de proveer de educación a los hijos; los valores predominantes son los tradicionales y exigen
un total respeto por ellos. Ven la salida de la mujer a trabajar como una amenaza a la estabilidad y
bienestar de la familia.
3. Jóvenes formales. (Obreros de la construcción): Manifiestan una fuerte referencia a la familia
como grupo primario.
Mayoritariamente afirman con convicción la igualdad de derechos entre hombres y mujeres,
aceptan perfectamente que la mujer trabaje y muestran un rechazo explícito al modelo del
autoritarismo masculino. Declaran realizar tareas domésticas.
4. Adultos formales (Obreros asalariados de la construcción entre 45 y 60 años.): Mantienen una
actitud tradicional respecto a la familia, cuya principal expresión es la oposición a que la mujer
trabaje.
...ella me ha pedido todas estas veces para ir a trabajar. Yo le digo: medita una
cosa. A mí no me pesas, ni me pesan los hijos....
Fuente: Martínez, Javier y Palacios, Margarita. Informe sobre la decencia. (1996)
5. Sus expectativas y posibilidades.
Las posibilidades de éxito del negocio independiente dependen en primer lugar del mercado. En los
90 se ha reflejado el crecimiento en que, en el caso de La Pintana, se ha generado un mercado en la
población que las mujeres reconocen y saben aprovechar. (PROSAM)
La actividad de microempresaria es una fuente de trabajo importante para resolver las necesidades
de las mujeres. Para muchas de ellas, con experiencia laboral anterior, es una posibilidad de reincorporación
tardía al trabajo, en la cual no hay límites de edad, pero no se recomienda como una opción para las jóvenes
educadas. Más bien es una solución que genera ingresos para quienes no tienen posibilidades en el mercado
laboral. (Pardo)
Las expectativas de las cuenta propia son hacer crecer el negocio, tener un local, ganar más. Para
surgir en las actividades independientes es necesario acumular, capitalizar, lo que se dificulta por la falta de
credibilidad para ser sujetos de crédito.
Respecto a la actitud hacia el crédito, las mujeres parecen más conservadoras para endeudarse, y
son buenas pagadoras. Para PROSAM ellas tienen un alto riesgo cuando los gastos del negocio y de la casa
se mezclan, ya que siempre está la posibilidad de tener que enfrentar las emergencias familiares.
(PROSAM)
Entre otras carencias se reporta la falta de información, de educación, capacitación, capacidades y
experiencia para acceder a trabajos, carencias que son también percibidas por las mujeres.
En oposición, las fuentes coinciden en que "la sobrevaloración de la capacitación en sí misma lleva
a menudo a las mujeres acumular una serie de cursillos en los más diversos oficios y rubros, impidiéndoles a
menudo especializarse y adquirir conocimientos pertinentes a los requerimientos del mercado de trabajo"
(Espinoza et al., 1997)
La gran oferta de capacitación es aceptada en primer lugar como espacio de socialización, que crea
relaciones y acumula certificados, además de que las mujeres permanentemente expresan "no estar
preparadas". Sin embargo, cuando la actividad productiva pasa a ser una motivación central y el tiempo se
hace aún más escaso, la capacitación debería diseñarse a la medida de las necesidades productivas, sobre
diagnósticos y evaluaciones de lo ya avanzado y de lo que falta. Aquéllas que ya han logrado los
conocimientos necesarios para manejar su negocio demandan ofertas más orientadas a éste, como convenios
con SERCOTEC ó mejorar los sistemas de crédito. (PROSAM)
6. Líneas de acción
La evolución y participación de estos sectores en la producción de los próximos años es incierta.
Por una parte, en un clima de crecimiento económico y de aplicación de políticas sociales, es de esperar que
continúe la disminución de los hogares pobres. Sin embargo, hasta ahora ese proceso no ha logrado elevar la
tasa de participación laboral de las mujeres que viven en el 20% más pobre de los hogares.
Por otra parte, una mirada de largo plazo tiene que distinguir entre aquéllas barreras que parecen
propias de las actuales generaciones, considerando que las mujeres de edades más avanzadas no cambiarán
demasiado sus comportamiento laborales, y esas otras barreras que impedirán que mujeres jóvenes y más
educadas, nacidas en estos grupos con menos recursos, salgan de la pobreza, aprovechen su formación y se
integren en la medida de sus deseos y no por falta de oportunidades al trabajo remunerado.
Para que las mujeres desarrollen sus potencialidades de trabajo aportando a la producción, se
señalan a continuación prioridades sobre las cuales actuar mirando hacia el largo plazo, con dos
perspectivas:
∗ que los cambios se asimilan culturalmente cuando son coherentes con el sentido que está
tomando la vida cotidiana,
∗ completa flexibilidad de soluciones respetando los principios como un acuerdo social para
mejorar la vida familiar y de trabajo.
Lo que sigue es un enunciado de las prioridades y los principios que las sustentan, junto a
proposiciones que sólo ejemplifican el tipo de acciones a diseñar.
1.
Para aliviar el peso que proviene de la idea de maternidad con la madre siempre presente: CUIDADO
INTEGRAL DE ALTO NIVEL PARA LOS NIÑOS DE BAJOS RECURSOS (Como cuando la
escuela superó la enseñanza exclusiva por los padres)
El principio que orienta esta prioridad es demostrar a padres, madres y sociedad en general que los
niños pueden desarrollarse bien en todos sus planos sin la presencia permanente de la madre. La práctica es
dotar los lugares de recursos sociales, materiales y de servicios mayores que lo que los niños obtienen en sus
hogares.
∗ Dotar a los barrios y ciudades pequeñas de centros de cuidado infantil modelos y asociar a ellos otros
beneficios que las madres no pueden o no saben dar: salud preventiva, alimentación balanceada,
ejercicios, juegos estimulantes con infrastructura mejor que la de una vivienda.
∗ Ligar al trabajo el derecho a beneficios integrales para los hijos: salas cuna, desarrollo de los niños,
alimentación, calefacción, exámenes médicos, llevando a la sala cuna y jardín infantil un complemento
de servicios que le ahorran esfuerzo y tiempo a los padres y benefician al niño.
∗ Apoyo a organizaciones locales de actividades para los adolescentes, con medios como bibliotecas de
libros, de juegos de computador, música y adicionales para casos especiales como prevención de
alcoholismo y drogadicción.
2.
Para aliviar la carga doméstica de las mujeres: ENSEÑANZA DE TRABAJOS DEL HOGAR A
NIÑOS Y NIÑAS EN TODO EL SISTEMA ESCOLAR.
El principio es que lo que ignoramos nos causa inseguridad y rechazo, por lo que para valorar algo
hay que aprenderlo y aprehenderlo.
∗ Introducir paulatinamente en el sistema educativo la enseñanza necesaria para desempeñar los trabajos
del hogar a niños y niñas por igual: puericultura, cocina, coser, carpintería, electricidad, jardinería, uso
de electrodomésticos, primeros auxilios, prevención de accidentes caseros, derechos del consumidor, etc,
para que en futuras generaciones puedan compartir en igualdad de conocimientos las tareas del hogar, y
acompañarlas de un sistema valórico que premie las habilidades personales no ligadas al género en su
concepción tradicional.
∗ Profesionalizar más las áreas de trabajo doméstico mediante nuevas carreras o especialidades abiertas a
ambos sexos.
∗ Aumentar las instancias de participación recreativa, cultural, para jóvenes de ambos sexos, con el
objetivo de aumentar los sentimientos de igualdad, disminuír las expresiones de poder de los hombres
hacia las mujeres, crear hábitos de recreación a las mujeres.
3.
Para la creación de empleos de buena calidad: INCORPORAR TEMAS DE COMPATIBILIZACION
HOGAR-TRABAJO A LAS RELACIONES DE TRABAJO
El principio es que en la vida de las personas se integra su vida personal ó familiar y la de trabajo y
todo lo que ayude a considerarlas como actividades complementarias en vez de competitivas mejorará
ambas.
∗ Buscar un acuerdo social sobre el tema entre empleadores, gobierno y trabajadores hombres y mujeres
∗ Regulación de condiciones de trabajo flexibles: jornadas parciales, trabajo a domicilio, temporal, otros
tipos de contratos laborales
∗ Considerar en su momento reducciones en la jornada laboral
∗ Fomentar la localización de empresas en los barrios y en las ciudades más pequeñas para acercar los
lugares de vida y de trabajo, para hombres y mujeres.
∗ Dotar de servicios en horas no laborales a barrios y ciudades
4.
Para que las mujeres que realizan actividades productivas independientes hagan crecer sus negocios:
FOMENTO PRODUCTIVO Y FLEXIBILIZACION DE NORMAS
El principio es que los negocios son importantes, con independencia de su tamaño, y hay que
otorgar visibilidad y credibilidad a los pequeños negocios.
∗ Flexibilizar las normas crediticias para permitir a los pequeños negocios ser sujetos de crédito en
mejores condiciones de riesgo y costos. (Ver PREALC, estudios sobre los costos de la formalización)28
∗ Acopiar y proveer información actual y oportuna, en las comunas y ciudades pequeñas, sobre
oportunidades de negocios, tecnologías, diseño, proveedores, precios, para las productoras/es locales
∗ Acciones de fomento productivo a nivel de las comunas y ciudades pequeñas dirigidas a los pequeños
negocios de mujeres, empezando por catastros de actividades y luego por intercambio de información
∗ Relacionar las acciones a niveles comunales y de ciudades con organismos especializados que provean
información, financiamiento, contactos con mercados.
28
Según un estudio de PREALC, en base a dos pequeños negocios productores de bienes al interior de viviendas
particulares requiere de 12 días y 109,8 US$ para regularizar su situación legal. El tiempo necesario para obtener la
autorización es de 64,5 días con un gasto de US$ 221.6, pero no podrían seguir operando en sus actuales
establecimientos, lo que implica costos mayores. "Los costos de legalización del sector informal urbano: Chile, estudio
de casos." Mario Velásquez.
V. ESCENARIOS AL 2000, 2010 Y 2025.
1. Los rumbos deseables
Las proyecciones sobre la participación laboral de la mujer se hacen en futuros escenarios
demográficos y económicos preparados para la Unidad de Estudios Prospectivos de MIDEPLAN.
Los aspectos demográficos fueron trabajados en un taller efectuado durante 1997 en
MIDEPLAN y presentados en el Seminario Población, sociedad y mapa político electoral del siglo
XXI. Los principales hechos, relevantes para este informe, se refieren a la disminución del ritmo de
crecimiento de la población por la baja en las tasas de mortalidad y, recientemente en las de
natalidad, conformando un proceso de transición demográfica (Tacla, 1997). La consecuencia mas
notoria es el envejecimiento de la población, a lo que se agrega la disminución del tamaño de los
hogares y algunos cambios en su composición.
Los aspectos económicos han sido señalados en documentos encargados o preparados por la
Unidad de Estudios Prospectivos de MIDEPLAN (Agosín, 1997: Caputo, 1997) y preven un
crecimiento del PIB entre 6% y 7,9% anual, un crecimiento del empleo superior al de la población
en edad de trabajar, mayor apertura del comercio exterior diversificando la actual base exportadora.
Están en preparación algunos desarrollos regionales que no son incorporados en este informe. Para
las proyecciones al año 2000 también se ha utilizado el informe Henríquez Velásquez realizado
para SERNAM.
Las proyecciones sobre fuerza de trabajo global y por sexo han sido desarrolladas por
CELADE y MIDEPLAN (Chacón, 1997), y contemplan aumentos de la participación femenina,
contrarrestando el hecho que la población en edad de trabajar crece cada vez más lentamente.
MIDEPLAN elabora dos proyecciones adicionales, una mínima, congelando la tasa de participación
laboral femenina al nivel de 1995, otra máxima, igualándola a la masculina en el 2025. Las
proyecciones hechas indican que "la fuerza de trabajo estará compuesta en una alta proporción por
mujeres, será eminentemente urbana y con una estructura de edad más madura". (Chacón)
Las proyecciones mencionadas corresponden a tendencias demográficas y económicas
observadas en la historia reciente del país y conforman el marco en el cual se insertan las que son
motivo de este documento.
En capítulos anteriores se han descrito otros fenómenos, cuya tendencia no es siempre
evidente, que influyen en el grado de inequidad social y de género. Para corregirlas, se plantean las
siguientes exigencias al contexto de los escenarios proyectados, suponiendo que hay un consenso
social para aplicar políticas en la dirección señalada.
∗ Disminución de la pobreza absoluta y mejoramiento de la distribución del ingreso,
especialmente de los ingresos del trabajo dependiente e independiente.
∗ Disminución de la segregación sexual del trabajo, mediante feminización y masculinización de
ocupaciones, para que disminuya la concentración del trabajo femenino en pocas actividades.
∗ Disminución de las brechas de remuneraciones por sexo.
∗ Aumento de la importancia social del trabajo remunerado femenino, abandonando la idea de
que las mujeres constituyen una fuerza de trabajo "secundaria".
∗ Mayor integración entre trabajo y familia, para hombres y mujeres, acompañada de disminución
del trabajo doméstico total, traspasando parte al mercado y compartiéndolo entre cónyuges.
∗ Reconocimiento de la maternidad como una función social cuyos costos no deben recaer
exclusivamente en las mujeres.
RECUADRO 9 : LOS MODELOS ECONOMICOS UTILIZADOS.
El modelo Agosín (llamado A) es un ejercicio sobre una estrategia posible de crecimiento,
basada en un esfuerzo muy fuerte de inversión, particularmente inversión pública en
infraestructura y en educación. La tasa de inversión fija aumentaría del 25% al 37% del PIB,
la inversión pública del 3% al 7% y los gastos en educación del 3% al 6,5%. En el año 2020
se alcanzaría un PIB per capita de US$ 21.200.
La distribución sectorial del PIB se proyecta siguiendo la demanda total de cada sector y se
estima que se acentuará la internacionalización de la economía. Esto se lograría con una
fuerza de trabajo que eleva su escolaridad promedio de 7 a 13 años, y supone que la
estructura productiva (producción y exportaciones) permitirá sustentar mayores salarios
reales.
Se supone compatible con el crecimiento proyectado de la fuerza de trabajo, aumentando la
participacion laboral femenina a 45% en 2020 y manteniendo la masculina en 77%. El
modelo no calcula la demanda de empleos.
El modelo Caputo (llamado B) estima, mediante ecuaciones simultáneas, la demanda de
trabajo en función del crecimiento del PIB y de los salarios reales, y la oferta laboral en
función del nivel del salario real y de la tasa de desempleo del período anterior. El modelo
coincide satisfactoriamente con la realidad, pero sobreestima el empleo en períodos de
crecimiento del PIB por sobre el Producto potencial y lo subestima en caso contrario. Para
proyecciones de largo plazo este efecto no es relevante.
Se hace una proyección de demanda de trabajo con un crecimiento del PIB de 6% anual y
un aumento en los salarios reales de 4% anual, resultando un crecimiento de la ocupación de
2,2% anual.
Las proyecciones Henríquez-Velásquez (llamado C) se basan en un análisis sectorial del
comportamiento del PIB, el empleo y la productividad, como base para estimar el
crecimiento al año 2000, considerando las inversiones previstas y la información cualitativa
de informantes calificados. Provee estimaciones de PIB, productividad y empleo sectoriales,
así como desagregaciones del empleo al año 2000 según categorías ocupacionales, grupos
ocupacionales y regiones.
2. Proyecciones de demanda de trabajo
El enfoque utilizado para proyectar la demanda de trabajo femenino consiste en combinar
elementos de los modelos A, B y C relativos a demanda de trabajo de ambos sexos, crecimiento
sectorial del PIB y de los ocupados.
Ninguno de los modelos descompone el empleo total por sexos. Para hacerlo, se parte de las
proyecciones de oferta de trabajo masculino (CELADE) y se supone que la demanda no cubierta
por ellos tendrá que ser demanda de trabajo femenino. Luego de fijar los niveles totales de empleo
masculino y femenino, se hace un análisis de la probable evolución sectorial de los empleos y de su
composición por sexo.
RECUADRO 10: ESTUDIO DE LA GLOBALIZACION.
Para una mejor aproximación a la demanda futura de trabajo femenino habría que tomar en
cuenta las tendencias de la producción mundial que influyen en el trabajo de las mujeres. El
proceso de globalización de las economías cambia las formas y aumenta la rapidez con que
se esparcen las tendencias de la producción (crecimiento de los servicios), de los cambios
tecnológicos, de las formas de organización (flexibilización de relaciones laborales), de los
cambios en la segregación sexual de las ocupaciones.
Un estudio de tales tendencias debería responder a las preguntas sobre cuáles son las
calidades y perfiles de los nuevos empleos, cual es su reparto entre hombres y mujeres, cual
será el papel de Chile en la división internacional del trabajo, qué producciones se
localizarán en su territorio.
a. Proyecciones del PIB, empleo y productividad.
Los modelos A y B tienen proyecciones a largo plazo y el modelo C, con proyecciones más
desagregadas, sólo proyecta el año 2000. 29
Cuadro 17. Tasas proyectadas anuales de crecimiento del PIB, empleo y productividad.
29
Corresponden a los autores Agosín, Caputo y Henríquez-Velásquez respectivamente. Ver Recuadro 9
Bibliografía.
y
Período
1996/2000
2000/2010
2010/2020
2010/2025
Modelo
A
B
C
A
B
A
B
_______________________________________________________________________________
PIB
7,9
6
6,5
7,7
6
7,7
6
Productividad
5,2
4
3,9
5,5
4
5,9
4
Ocupados
2,5
2,2
2,5
2,1
2,2
1,8
2,2
mujeres
3,4
3,0
2,5
hombres
2,1
1,7
1,4
_______________________________________________________________________________
El modelo A no contempla estimaciones de ocupados, pero incluye como variable exógena
un nivel de fuerza de trabajo, separada por sexo, que resulta de aplicar a la población en edad de
trabajar tasas de participación crecientes para las mujeres y constantes para los hombres a partir del
año 2000.
Suponiendo que no hay variaciones en el nivel de la tasa de desocupación, los ocupados
crecerían a una tasa igual a la de la fuerza de trabajo. De esta manera se han calculado las tasas de
crecimiento de la ocupación y de la productividad, implícitas en el modelo A. (Subrayadas en el
cuadro). En el caso de las mujeres, en que se estima que la tasa de desocupación será decreciente, el
aumento de la ocupación sería levemente mas rápido que el señalado.
Aunque diferentes en su metodología, las tres alternativas llegan a tasas muy similares de
aumento de los ocupados. La alternativa A propone crecimientos anuales del PIB mayores que los
de B y C, con tasas mayores y crecientes de aumento de la productividad, adecuándose mejor al
ritmo descendente de la oferta de trabajo.
Las proyecciones de largo plazo proponen un alto crecimiento económico, y es en ese
contexto que se analiza la evolución probable de la mano de obra femenina. Es evidente que si se
demandan más trabajadores y la población en edad de trabajar está disminuyendo, las tasas de
participación deberán subir y pueden llegar a niveles incompatibles con el nivel de desarrollo social.
Los ejercicios que vienen a continuación sólo pretenden ilustrar las tensiones que pueden
producirse, sin considerar otras soluciones que podrían ocurrir, como inmigraciones masivas o
desarrollos tecnológicos impredecibles.
Como los niveles de empleo o fuerza de trabajo proyectados por los tres modelos no
difieren mucho, se adoptan las proyecciones del modelo B porque son directamente estimaciones de
demanda y tienen continuidad para los tres escenarios.
Cuadro 18. Estimaciones de demanda total en los diversos escenarios. 30
30
Se han respetado los valores absolutos del nivel de empleo o de fuerza de trabajo calculados por los autores,
aunque no corresponden exactamente a iguales valores en el año base, para mantener la coherencia entre variables
que cada uno de ellos plantea.
Ocupados
Fuerza de Trabajo
______________________________________________
Año 2000
A
5.672
5.971
B
5.652
C
5.694
Año 2010
A
7.016
7.385
B
7.020
Año 2025
B
9.717
______________________________________________
El modelo B calcula una demanda total de trabajo, no desagregada por sexo. Para estimar la
demanda por sexo se hacen las siguientes consideraciones:
∗ la fuerza de trabajo masculina tiene menos posibilidades de expansión que la femenina porque
sus tasas de participación son más altas,
∗ la demanda por sexo está determinada, como se ha visto, por la segregación sexual de las
ocupaciones y las ramas,
∗ la composición sectorial del crecimiento y un lento cambio cultural que va admitiendo mezclar
ocupados de ambos sexos en tareas similares, guían, abren y cierran las oportunidades de trabajo
a hombres y mujeres.
Se desprende de ellas que la magnitud global del empleo masculino está fuertemente
determinada por los límites que le imponen las altas tasas de participación de los hombres y que el
aumento del empleo femenino será posible a partir de ese límite, es decir, cuando los
requerimientos de la demanda sobrepasen el crecimiento de la población en edad de trabajar. Se han
calculado los niveles de empleo masculino y femenino, en cada uno de los escenarios, tomando
como punto de partida las previsiones de fuerza de trabajo masculinas de CELADE. 31
Posteriormente se examinan los cambios posibles o deseables en la segregación sexual del
trabajo, ante el fuerte proceso de feminización de la fuerza de trabajo.
RECUADRO 11:
Un examen más detallado de la historia de los ocupados en el país podría encontrar
31
CELADE estima tasas de participación masculina, por tramos quinquenales de edad, con el siguiente
comportamiento en el tiempo: aumentos para los tramos de edad entre 20 y 59 años y disminuciones para los jóvenes
de 15 a 19 y para los mayores de 59 años.
otras explicaciones a los diferentes ritmos de crecimiento de los ocupados por sexo. Si
el sexo es visto como una calificación para desempeñar determinados trabajos y un
obstáculo para otros, es posible modelizar la relación dialéctica entre la dinámica de la
economía y la de los preconceptos en relación al sexo de los oficios y jerarquías.
Para estimar las magnitudes de la ocupación masculina se restó de la fuerza de trabajo una
desocupación masculina equivalente al 5% en todos los escenarios. Las diferencias entre ocupación
total y masculina constituyen las cifras de ocupación femenina.
La tasa de desocupación proyectada es inferior a la histórica y además se supone que las
tasas de participación de los hombres no se ven afectadas por fluctuaciones de la demanda, las que
sí determinan fuertemente la participación femenina. Esta proyección supone además que la mayor
oferta de mujeres no tiene efectos negativos sobre el volumen de empleo masculino. Los resultados
son los siguientes:
Cuadro 19. Proyecciones de demanda de trabajo por sexo (en miles)
2000
2010
2025
____________________________________________________________________
Ocupados de ambos sexos (B)
5.652
7.020
9.717
Fuerza de trab.masculina (CELADE)
3.986
4.629
5.373
Ocupados hombres (a)
3.787
4.398
5.104
Ocupadas mujeres (b)
1.865
2.622
4.613
% mujeres en el total de ocupados
33,0
37,3
47,5
Tasas crecimiento ocupados hombres
1,6
1,5
1,0
Tasas crecimiento ocupadas mujeres
3,4
3,5
3,8
____________________________________________________________________
(a) Fuerza de trabajo masculina * 0,95
(b) Ocupados de ambos sexos menos ocupados hombres.
Estas son las proyecciones globales de demanda de trabajo por sexo, según los límites
impuestos por una participación masculina que preve en los años futuros un ingreso más tardío de
los hombres jóvenes al trabajo y un retiro de los hombres mayores, en promedio, más temprano,
como consecuencia del mayor bienestar económico de las familias, consecuente con el aumento de
trabajo remunerado de las mujeres. Los jóvenes de estratos mas bajos podrán prolongar sus estudios
y los mayores retirarse antes, en la medida que también haya una mejor cobertura de los riesgos de
la vejez.
El crecimiento sostenido de la ocupación de 2,2% sólo se hará posible si las mujeres se
incorporan al trabajo remunerado a tasas crecientes que compensen el descenso relativo de la fuerza
de trabajo masculina.
b. La segregación sexual del trabajo.
Las proyecciones anteriores conducen a una fuerza laboral cada vez más femenina: en el
año 2025 el 47,5% de los ocupados serían mujeres. Antes de analizar otras consecuencias
interesantes para la vida cotidiana familiar y social, haremos algunos ejercicios que ilustren lo que
ocurriría en el trabajo, a través de los cambios en la segregación sexual. La mitad femenina de la
fuerza laboral podría seguir segregada en ocupaciones y oficios cada vez más femeninos, o su
masiva incorporación podría forzar a cambiar la cultura y ampliar las oportunidades de trabajo de
las personas, con independencia de su sexo.
El aumento en la demanda de mujeres se descompone en crecimiento del empleo global,
crecimiento diferenciado de las ramas que emplean mujeres y crecimiento por el proceso de
feminización generalizado. Se trata de que este último logre disminuir la concentración de las
mujeres en ramas muy feminizadas, para alcanzar mayor equidad de género por medio de la
ampliación de oportunidades de trabajo para las mujeres, y una des/segregación equilibrada que
favorezca a ambos sexos.
El crecimiento del empleo por ramas está calculado para el período 1996 - 2000 en el
modelo C. Para los períodos siguientes se utilizaron las proyecciones de crecimiento sectorial del
modelo A para los años 2010 y 2020 y con otros antecedentes se estimaron niveles de empleo por
ramas en 2010 y 2025. (Anexo 2). No es posible prever datos confiables a un plazo tan largo, por lo
que estos ejercicios tienen el sentido de contrastar tendencias y dar órdenes de magnitud de los
cambios.
La fuente más importante de aumento del empleo femenino es el crecimiento económico,
que requiere de tasas anuales de 2,2% en el empleo global. Hasta el año 2000, las ramas
mayoritariamente "masculinas" se proyectan más dinámicas respecto a la ocupación, pero en los
siguientes períodos generan empleo más lentamente que aquéllas que concentran el empleo
femenino. Si la segregación sexual del trabajo se mantiene, el mayor crecimiento de estas últimas
favorece el empleo "natural" de las mujeres, y su concentración en dichas ramas. La segunda fuente
de crecimiento se genera en la sustitución de hombres por mujeres, o "feminización" debido a que
la disponibilidad de trabajadores hombres es menor al 2,2%
Cuadro 20. Tasas anuales de crecimiento de la ocupación global por ramas
1996/2000
2000/2010
2010/2025
_____________________________________________________________________
Ramas con baja participación de mujeres
Agricultura
Minería
Construcción
Elec.gas.agua
Transporte
Sub total
0,1
1,2
5,9
1,4
5,5
2,9
Ramas con participación de mujeres más alta
Industria
2,3
Comercio
3,1
Servicios
2,0
Sub total
2,4
0,0
0,3
4,0
0,8
1,4
1,6
0,0
0,3
3,1
0,6
1,4
1,5
1,7
1,4
3,4
2,5
1,8
1,4
3,2
2,5
Descomposición del crecimiento del empleo femenino:
Por variación en:
ocupación global
2,2
2,2
2,2
diferencial ramas
0,2
0,3
0,3
feminización
1,0
1,0
0,9
Total
3,4
3,5
3,8
_____________________________________________________________ _______
La forma en que se repartan los nuevos trabajos entre hombres y mujeres en cada rama
mejora o empeora las perspectivas laborales de las mujeres. La diversificación del empleo femenino
permitiría a las mujeres acceder proporcionalmente más a sectores con mayor crecimiento de la
productividad y mejorar sus posibilidades de remuneración. Al ampliar la gama de ocupaciones a
que ellas pueden acceder se dificulta mantener diferencias salariales entre ocupaciones de hombres
y mujeres.
Los ejemplos de otros países, que reproducen los problemas de segregación aunque en
menor grado, indican que es posible avanzar hacia una menor concentración del empleo femenino
cuando hay cambios tecnológicos y de estructura al interior de los sectores.
RECUADRO 12: SEGREGACION HORIZONTAL EN PAISES CON ALTA
PARTICIPACION FEMENINA
El ejemplo de algunos países europeos, en que más del 40% de los ocupados en 1983 eran
mujeres (Francia, Reino Unido y Dinamarca) indica que la proporción de mujeres aumentó
entre 1983 y 1989 y el indice de disparidad, que mide la concentración entre ramas del
empleo femenino (ver Barrientos), se mantuvo o mejoró levemente. Todos los países
europeos siguen un mismo patrón, que limita la participación femenina en el conjunto de la
producción industrial (incluyendo Construcción) a niveles desde 19% hasta 25% y la amplía
en el conjunto de los servicios a niveles entre 36% y 55%. (Cuadernos de las mujeres de
Europa, N° 36, Comisión de las Comunidades Europeas).
A continuación se compara la proporción de mujeres en ramas tradicionalmente masculinas
en dos países europeos más industrializados, uno con una participación laboral femenina de
76% para mujeres de 25 a 49 años (Francia, 1992) y el otro con 79% entre los 20 y 64 años
(Suecia, 1994) y en Chile (1994)
Proporción de mujeres en cada rama y país
Suecia
Francia
Chile
1994
1993
1994
_______________________________________________________
Agricultura
23
36
9
Minería
11
4
Industria manuf.
27
29
27
Construcción
9
9
3
Electr.,gas agua
19
21
10
_______________________________________________________
Suecia: Empleados entre 16 y 64 años de edad.
Fuentes: Women and Men in Sweden. Facts and figures. 1995. Statistics Sweden.
Les femmes. Contours et caracteres. 1995. INSEE.
Mujeres y Hombres en Chile. Cifras y realidades 1995. INE
El paso siguiente es estimar posibles variaciones de la composición por sexo de los
ocupados en cada rama. La trayectoria histórica revela que en los períodos en que el empleo
femenino ha crecido más rápidamente que el masculino, prácticamente todas las ramas han
aumentado la proporción de mujeres que ocupan. Con este antecedente se ha construido un ejercicio
en que el aumento de empleo femenino es proporcional en todas las ramas, de manera que todas se
feminizan. El aumento del empleo masculino se calcula por diferencia con el total. El
siguiente
cuadro contiene los resultados.
Cuadro 21. Proyecciones sectoriales de empleo por sexo.
Ocupados de ambos sexos Proporción de mujeres
Mujeres ocupadas
Rama
2000
2010
2025
2000
2010
2025
2000
2010
2025
__________________________________________________________________________________________
Agricultura
791,0 791,0 791,0 10,0
11,0
13,3
79,0
86,7
105,5
Minería
95,3
98,6 102,6 4,3
4,8
5,9
4,1
4,7
6,1
Industria
914,4 1.087,1 1.413,6 28,4
31,1
38,1
259,3 338,2
538,9
Electric,gas y agua
29,3
31,9
34,7 14,0
15,4
19,0
4,1
4,9
6,6
Construcción
498,3 736,4 1.161,7 3,3
3,6
4,4
16,5
26,8
51,1
Comercio
1.052,8 1.215,4 1.489,9 46,6
51,2
63,0
491,1 622,2 938,0
Transporte y C.
501,3 578,7 717,8 12,3
13,5
16,6
61,8
78,3 119,3
Servicios
1.769,6 2.480,9 4.005,7 53,6
58,9
71,1
949,1 1.460,2 2.847,3
Total
5.652,0 7.020,9 9.717,0 33,0
37,4
47,5
1.865,0 2.622,0 4.612,8
_________________________________________________________________________________________
Variaciones sectoriales de empleo por sexo, en miles. Hipótesis 1.
Período 1996 - 2000
Rama
Mujeres Hombres Total
Período 2000 - 2010
Mujeres Hombres Total
Período 2010 - 2025
Mujeres Hombres Total
___________________________________________________________________________
Agricultura
4,3 -14,2
-9,9
7,7
-7,7
0,0
18,8
-18,8
0,0
Minería
0,4
3,9
4,3
0,6
2,7
3,3
1,4
2,6
4,0
Industria
36,2
34,7
70,9
78,9
93,8
172,7 200,7 125,8
326,5
Electric,gas y agua
-1,0
-8,6
-9,6
0,8
1,8
2,6
1,7
1,1
2,8
Construcción
4,0
89,3
93,3
10,3 227,8
238,1
24,3 401,0
425,3
Comercio
84,8
34,4 119,2 131,1
31,5
162,6 315,8 -41,3
274,5
Transporte y C.
17,3
97,3 114,6
16,5
60,9
77,4
41,0 98,1
139,1
Servicios
103,3
-3,0 100,3 511,1 200,2
711,3 1.387,1 137,7 1.524,8
Total
249,3 233,8 483,1 757,0 611,0 1.368,0 1.990,8 706,2 2.697,0
_____________________________________________________________________________________________
La estructura sectorial del crecimiento determina que la mayoría de los nuevos empleos se
generan en las ramas más feminizadas, que como se vió, crecen más rápidamente. Una primera
hipótesis sería que si la segregación sexual no varía, lo más probable es que las mujeres se empleen
preferentemente en esas ramas, con lo cual la concentración de uno y otro sexo en ramas diferentes
se acentuaría.
La segunda hipótesis es que el grado de feminización aumenta por igual en todas las
actividades. Aún así, y habiendo aumentos en la proporción de mujeres ocupadas en ramas
masculinizadas, no mejora el grado de concentración: las ramas "femeninas" que ocupaban al
91,3% de las mujeres en 1996 llegarían a concentrar el 96,3% de ellas en el 2025. Cuadro 21.
Lo más notable de las proyecciones de ocupación es que en cada período se hace más
importante la generación de empleos en el sector de Servicios: constituye el 56% de los nuevos
empleos en el período 2010 - 2025. Cualquier análisis sectorial de la economía del futuro deberá
detenerse a investigar al interior de este gran agregado. De especial interés será ver cómo en su
crecimiento se recompone o resuelve la división sexual del trabajo en su interior.
RECUADRO 13: INFORMACIÓN SOBRE OCUPACIONES AL INTERIOR DEL
SECTOR DE SERVICIOS EN 1995
Ocupados % mujeres
ambos sexos
58,3
35
36,3
46
Establecimientos Financieros
Seguros
Bienes Inmuebles y Servicios
a las Empresas
Administración pública y def.
Instrucción pública
Servicios médicos y odontol.
Serv.de diversión,esparcim,cult.
Serv. personales y de los hogares
Resto
222,5
163,1
243,9
179,7
62,9
550,1
41,1
33
30
64
71
32
59
56
INE. E.N.E. trimestre enero - marzo. Miles de personas
La dedicación más masiva al trabajo remunerado de las mujeres de las próximas
generaciones aumentará la demanda de servicios "sustitutivos de trabajo doméstico".
También es necesario hacer proyecciones de esta demanda, que generará nuevas
oportunidades de trabajo, y de la posible división sexual del trabajo que se produzca
en los nuevos servicios.
La Agricultura, la Minería y los Servicios de Electricidad, Gas y Agua contribuyen
escasamente a la generación de empleos. Cinco ramas proporcionan las oportunidades de empleo de
los nuevos ocupados en el período 1996 - 2025, que serían 2.997 miles de mujeres y 1.551 miles de
hombres.
Gráfico 7. Período 1996 - 2025: aumentos de empleo por rama
Agricultura
Mujeres
Minería
Hombres
Industria
Elect,gas,agua
Construcción
Comercio
Transporte
Servicios
-500
0
500
1000
1500
miles de nuevos ocupados
2000
2500
Las metas de equidad de género se resuelven al interior de la división sexual del trabajo.
Para que los nuevos ocupados tuvieran una distribución sectorial por sexo mucho menos segregada
tedrían que abrirse más oportunidades de empleo masculino en el Comercio y los Servicios y más
empleos femeninos en la Construcción y el sector de Transporte y Comunicaciones. Las nuevas
generaciones de mujeres y hombres que ingresen al trabajo tendrían que haber pasado por procesos
de socialización, educacionales y de capacitación que alentaran sus talentos y preferencias sin
limitarlos por su sexo. Familia, escuela, profesores, serían agentes de cambio.
La diferenciación sectorial por sexo no sólo influye en los requisitos educacionales: hasta
ahora la Construcción emplea personas con menos años de estudio y las remunera peor, y los
Servicios en conjunto tienden a generar ingresos promedio más bajos que otras actividades.
De especial importancia es el tema de la aparición y desarrollo de nuevas ocupaciones,
imprevisibles hoy día. Sin embargo, en la medida que continúe la actual separación entre las
ciencias humanas y las sociales, y las mujeres se interesen más por las primeras y los hombres por
las últimas, es probable que las ocupaciones sigan marcadas por el sexo de quien las desempeña.
La principal conclusión es que a este nivel de agregación no se resuelve el tema de la
segregación sexual del trabajo. En esta hipótesis se ha aumentado la feminización de la industria
más allá de su tendencia histórica, pero también en su interior hay una fuerte segregación sexual
que seguramente se vería muy reforzada si la estructura industrial cambiara o desarrollara nuevas
áreas: más maquinarias o más procesamientos de recursos naturales. Por otra parte, la experiencia
internacional muestra que no ha habido una fuerte feminización de la Construcción, o los
Transportes.
3. Relación entre proyecciones de demanda y de oferta de trabajadores.
De acuerdo con las definiciones estadísticas, la diferencia entre demanda y oferta de trabajo
es la cantidad de personas desocupadas, que representan los ajustes y desajustes entre ambos
conceptos. En el período considerado hubo tasas de desocupación muy altas entre 1974 y 1989, año
en que se dió fin a los Programas Especiales de Empleo. Desde 1990, el crecimiento ha permitido
mantener tasas de desocupación más bajas, que indican un mejor ajuste entre demanda y oferta.
Una segunda observación sobre la trayectoria demanda - oferta (medida como: ocupados fuerza de trabajo) en épocas normales, es que esta última se adapta a los ritmos de crecimiento de la
demanda, aunque con algún rezago.32 Cuando la ocupación crece más lentamente, la fuerza de
32
Caputo (1997) estima la oferta laboral como una función que depende del salario real y de la tasa de desempleo
del período anterior, calculando una elasticidad de la oferta de trabajo respecto de la tasa de desempleo de - 9,1%.
Esto expresa el carácter procíclico de la oferta laboral y se explicaría por la conducta de los inactivos que se
incorporan a buscar trabajo cuando perciben que la tasa de desocupación está disminuyendo y por los activos que se
desalientan cuando la desocupación sube. En ambos grupos hay una alta proporción de mujeres y de jóvenes.
trabajo se desalienta y disminuye su crecimiento, ocurriendo lo contrario en caso de aumentos de la
ocupación. Esta ha sido la forma en que se ha ajustado la oferta a la demanda, manteniendo una tasa
de desocupación del orden de 6% en los últimos años.
Los comportamientos de las mujeres han sido como los descritos, pero con tasas de
desocupación superiores a las de los hombres, tanto en los períodos de alta desocupación, como en
los de baja o normal. Además de que la desocupación las ha afectado más fuertemente, las
fluctuaciones en la fuerza de trabajo femenina han sido relativamente mayores.
Un factor de mucha importancia en la teoría económica para explicar la oferta de trabajo es
el nivel y evolución del salario real. Aunque ha sido tomado en cuenta en las proyecciones de
demanda utilizadas (Caputo, 1997), no se hacen relaciones desagregadas por sexo de esta variable.
Por tratarse de escenarios de mediano plazo, no se consideran las variaciones coyunturales
del desempleo y se postula una tendencia a que la oferta de trabajo femenina siga la evolución de la
demanda, según la evidencia histórica.
El nivel de desempleo se ha fijado en relación al desempleo masculino y se plantea la meta
de igualarlo al año 2000. En los escenarios anteriores, se mantiene una tasa de desocupación mas
alta para las mujeres.
No hay estudios que expliquen claramente las causas de esta diferencia, que no es un
fenómeno exclusivo de Chile. Sin embargo, para proponer que la diferencia desaparezca en el año
2025, se aventura las siguientes explicaciones o factores que incidirían en ella y que tenderán a
desaparecer.
* Las mujeres tienen más dificultades para encontrar trabajo porque hay un abanico menor
de ocupaciones a las que pueden optar
* Las mujeres de sectores populares tienen menos relaciones sociales o laborales a quienes
solicitar trabajo
* Es más frecuente entre las mujeres interrumpir su trabajo por períodos más largos por
interferencias familiares y tener más dificultades al volver a buscar trabajo
Con estos elementos se ha calculado la oferta de mano de obra femenina en los años de los
escenarios y se hacen algunos cálculos sobre lo que ocurriría con las tasas de participación según
diversas desagregaciones.
Posteriormente se examina la compatibilidad de los requerimientos de la demanda con las
restricciones que pueden surgir desde la oferta de trabajo femenino.
4. Proyecciones de oferta de trabajo
El procedimiento de estimación de la fuerza de trabajo femenina es calcular la oferta que
satisface las siguientes condiciones:
- se ajusta a la demanda global de trabajo mediante tasas de desocupación decrecientes hasta
igualar las masculinas
- cubre la demanda no satisfecha por la oferta masculina, proyectada por CELADE, menos
una desocupación de 5%
Esta oferta sería aquélla que mantiene los equilibrios necesarios al funcionamiento
económico y en tanto tal, es teórica. Desde sus requerimientos se vuelve a examinar las condiciones
que las mujeres deberían cumplir para hacerla posible y se señalan las tensiones que se producirían
con las tasas de participación que resultan.
Los cálculos dan los siguientes resultados para la oferta, basados en las tasas de
desocupación que se indican.
Cuadro 22. Balance Demanda y Oferta de Trabajadoras (en miles)
2000
2010
2025
_______________________________________________________________
Demanda = Ocupadas
1.865
2.622
4.613
Desocupadas
130
153
243
Oferta = Ocupadas + Desocupadas 1.995
2.775
4.856
Mujeres 15 y mas (*)
5.555
6.504
7.753
Tasa participación mujeres
35,9 %
42,7 %
62,6 %
(*) Proyecciones de Población 1950 - 2025. INE, CELADE
La demanda de trabajo femenino se ha proyectado con una tasa de desocupación masculina
de 5% para todos los escenarios. La desocupación femenina se proyecta en función de la masculina
en las siguientes proporciones:
Cuadro 23. Tasas de desocupación proyectadas. (Porcentajes promedio anuales)
90/96
2000
2010
2025
_____________________________________________________________________________
Tasas de desocupación
hombres
6,3
5,0
5,0
5,0
mujeres
9,5
6,5
5,5
5,0
Relación entre tasas
mujeres/hombres
1,5
1,3
1,1
1,0
______________________________________________________________________________
RECUADRO 14: ANTECEDENTES SOBRE TASAS DE DESOCUPACIÓN
HISTÓRICAS.
Tasas de desocupación por sexo
relación
Año
hombres
mujeres
muj/hom
______________________________________________
1986
10,9
15,1
1,39
1987
9,5
14,4
1,51
1988
8,2
13,5
1,66
1989
6,8
10,6
1,57
1990
7,0
9,7
1,38
1991
7,2
10,3
1,42
1992
5,6
8,9
1,59
1993
5,4
9,0
1,67
1994
6,7
10,3
1,53
1995
6,8
10,3
1,52
1996
5,6
7,8
1,39
______________________________________________________
INE, Encuesta Nacional del Empleo, series empalmadas.
Las tasas promedio anual de desocupación de las mujeres superan en 50% en el período a
las masculinas. El promedio de la tasa de desocupación masculina en los 90, años de alto
crecimiento del PIB, ha sido de 6,3%, el de la femenina de 9,5%.
En relación con las cifras históricas (Recuadro 14) se ha elegido una versión optimista, con
tasas de desocupación inferiores, porque se estima que el nivel de demanda es muy alto en relación
al crecimiento de la población en edad de trabajar.
a. Oferta y tasas de participación por edades y cohortes.
Se ha puesto a prueba la proyección de fuerza de trabajo femenina con las tasas de
participación por grupos quinquenales de edad, en un corte temporal y otro que sigue la trayectoria
de los grupos de mujeres que compondrán la fuerza de trabajo.
De los antecedentes históricos se toman las siguientes evidencias:
∗ Las distintas generaciones de mujeres han aumentado lentamente sus tasas de participación a
través de su vida, y notoriamente entre 1982 y 1992, de lo que se deduce que la demanda puede
influir a todas las cohortes.
∗ Las nuevas generaciones tienen tasas de participación más altas que las antiguas en edades
similares.
∗ Las tasas de participación por edades, para el conjunto de las mujeres, son más altas a través del
tiempo para todos los grupos, excepto para las muy jóvenes. El aumento se debe en parte a que
las nuevas cohortes se incorporan con tasas más altas y también a que el crecimiento de la
demanda de trabajo ha incentivado a las mujeres a aumentar su participación.
∗ Las mujeres tienen bajas tasas de participación en las edades extremas - jóvenes y mayores - y se
están incorporando a un nivel alto y parejo de participación entre los 20 y los 49 años.
∗ El grupo de 15 a 19 años tiende a prolongar sus estudios en dedicación exclusiva, por lo que sus
tasas de participación están descendiendo en el tiempo, al igual que las de los hombres del
mismo grupo etáreo. Como enfrentan tasas de desocupación muy altas también es posible que la
disminución de la participación se explique por el desaliento en la búsqueda de trabajo.
∗ El grupo mayor de 64 años tiende a bajar su participación en el tiempo.
Con ellas se construyen las proyecciones por edades, con la restricción de que cubran la
oferta total proyectada y respeten los comportamientos posibles de las cohortes. Hay que tener en
cuenta que el 68 % de la fuerza laboral femenina proyectada para el año 2025 hoy tiene menos de
15 años o no ha nacido, (3.312 miles de mujeres), y que la cohorte de 15 a 19 de 1995 tendrá 45 a
49 años.
Se estimaron tasas por edades a partir de sus valores en 1996 (INE, abril-junio de 1996).
Los criterios fueron los siguientes:
∗ El grupo de 15 a 19 años mantiene su tasa actual, que venía descendiendo, hasta el año 2000. A
partir de allí se inicia un proceso de mayor participación laboral de las jóvenes, en un contexto
más generalizado de trabajo compatible con la continuación de estudios superiores.
∗ El grupo de 20 a 24 años es el que más aumentará su participación hasta el 2010, en que también
lo hace el grupo de 25 a 29 años. La idea es que las generaciones jóvenes son las que llevarán el
peso mayor del aumento en las tasas de participación, porque ellas deberán tener tasas muy altas
en su edad madura y, de este modo, sus trayectorias laborales tienen coherencia.
∗ Las mujeres de edades intermedias aumentarán sus tasas de participación, pero no tanto como las
jóvenes en los escenarios 2000 y 2010, porque la mayor parte de ellas están actualmente en el
trabajo remunerado. En el año 2025 sí participarán con tasas muy altas, sobretodo aquéllas que
ingresarán en el futuro al mercado laboral.
∗ Las mujeres de los tramos de edad más altos no aumentarán sus tasas de participación, o lo harán
mínimamente, como señal de que la sociedad encuentra beneficioso y promueve el descanso
laboral en edades mayores.
∗ Ningún grupo de edad tendrá una tasa de participación laboral superior a la de su homónimo
masculino.
Las proyecciones se encuentran en el Anexo 3 y los gráficos siguientes ilustran la situación
de las tasas por edades y de las distintas cohortes.
Gráfico 8. Tasas de participación femenina proyectadas, por
grupos de edad
1996
2000
2010
2025
tasas de participación
100
80
60
40
20
0
15-19
25-29
35-39
45-49
55-59
65-69
grupos de edad
Gráfico 9. Tasas de participación proyectadas para mujeres
nacidas en años indicados
1980/84
1975/79
1970/74
1965/69
1960/64
tasas de participación
100
80
60
40
20
0
15-19
25-29
35-39
45-49
55-59
65-69
tramos de edad
El gráfico 8 evidencia la magnitud de los cambios en la vida de las futuras generaciones de
mujeres y de las jóvenes actuales. La curva correspondiente al año 2025 parece tensionar en exceso
las posibilidades de la oferta, especialmente en las edades mayores. En el gráfico 9 se observa que
el cambio en el comportamiento laboral de las cohortes mayores no parece posible ya que afecta a
aquéllas mujeres que estarán en la fuerza de trabajo del 2025 (hoy tienen entre 15 y 34 años) y que
ya están empezando su vida de trabajo con tasas más bajas que las necesarias en el 2025. Aquí hay
una primera tensión importante entre los requerimientos de la demanda y la oferta posible. A
continuación se verá otros.
De acuerdo con esto se han estimado tasas bajas para las edades extremas, muy altas para
aquellos grupos de mujeres que aun no se han incorporado a la fuerza de trabajo (las mujeres del
futuro) y menos altas para el resto.
Con estas tasas de participación las diferencias por sexo se habrían reducido a una menor
participación de las jóvenes y de las mayores que en el caso de los hombres. Para el resto de las
edades, las diferencias no estarían en el trabajo remunerado.
La conclusión es que las necesidades de participación femenina son muy altas, pero hay
muchos otros factores que podrían hacerlas disminuír, tanto por el lado de los requerimientos como
por el comportamiento de la oferta masculina. Entre otros, un crecimiento del PIB más lento,
mayores
aumentos de la productividad del trabajo, nuevas tecnologías más ahorradoras de mano de obra,
inmigraciones internacionales, menor desocupación masculina y femenina, mayores tasas de
participación en edades jóvenes y maduras de ambos sexos.
La utilidad de no considerar tales factores está en conocer los límites a los cuales podría
llegar la situación de trabajo de las mujeres. Según ellos, las mujeres del futuro tienen abierto y
requiriéndolas el mercado de trabajo. La pregunta es si los cambios culturales acompañarán este
proceso para que puedan hacerlo sin tensiones y si la sociedad será capaz de permearse y resolver
las contradicciones que hoy enfrentan las mujeres que trabajan. Entre las más importantes: cual es
el tipo de maternidad, de vida familiar y de pareja compatible con el trabajo remunerado como
actividad central.
b. Oferta y composición familiar.
En el capítulo III se han dado diversos antecedentes acerca de la influencia que ejerce el
lugar que ocupa la mujer en la familia sobre su tasa de participación laboral. En este apartado se
trata de cuantificar el panorama familiar futuro de las mujeres para relacionarlo con su participación
en el trabajo remunerado.
Se han tomado como punto de partida para las proyecciones los excelentes y detallados
análisis sobre la participación por estado conyugal en los tres últimos censos de población,
realizados por edades y por cohortes por Guzmán y Mauro (1997).
Los hechos más relevantes son:
∗ la diferencia en las tasas de participación entre solteras, casadas y convivientes, viudas y
separadas; las tasas de participación de las casadas son inferiores en todas las generaciones,
∗ el diferencial de tasas disminuye en las nuevas generaciones y
∗ ha cambiado el comportamiento de las nuevas generaciones: al casarse tienden a permanecer en
el trabajo.
Para dar una mirada al futuro se proyectan dos fenómenos diferentes. Uno es la proporción
en que las mujeres viven con o sin cónyuge, en los diferentes grupos de edad. El otro es el grado en
que ellas participan en la fuerza de trabajo, según su situación conyugal.
El primero se proyectó aplicando proporciones coherentes con las tendencias, manifestadas
en los censos, a que las mujeres vivan con pareja (casadas y convivientes) o sin pareja (solteras,
viudas y separadas), según la estructura demográfica de cada uno de los escenarios.
Se hicieron dos proyecciones diferentes. En la alternativa 1 se aplicó a la población
femenina por edades las proporciones de mujeres que viven con pareja del censo de 1992. La
alternativa 2 proyectó estas tasas hacia el futuro, según la trayectoria que tenían en los últimos tres
censos de población: congelamiento de la tasa entre 15 a 19 años, pequeño aumento del grupo 2029, disminuciones lineales entre los 30 y 49 años, aumentos lineales para el resto de las edades.
(Anexo 4).
En ambas alternativas se ven los efectos del envejecimiento de la población, que hace que la
proporción global de mujeres con pareja tienda a aumentar, a pesar de que disminuye ligeramente
en las edades 30 a 49 años.
Cuadro 24. Proyección de la proporción de mujeres con pareja entre 15 y 64 años de edad.
2000
2010
2025
_________________________________________________
Alternativa 1
59,9
59,6
60,6
Alternativa 2
62,9
63,5
66,6
_________________________________________________
∗
∗
∗
∗
Se supone que los movimientos que hay detrás de estas cifras se explican por:
una tendencia a que más mujeres en edades de 30 hasta 49 años no constituyan pareja
aumento de las mujeres que quedan sin pareja entre esas edades (separaciones)
un aumento de la esperanza de vida masculina que retarda la edad en que tienden a quedar
viudas más mujeres
el aumento registrado de las convivencias influye en que haya más mujeres con pareja en edades
más jóvenes y mayores.
Los cambios supuestos en la alternativa 2 son conservadores en relación con las tendencias
siendo probable que en esta materia la realidad sea mucho más diversa. Las necesidades del
mercado laboral pueden tensionar las relaciones conyugales, porque permiten una alta participación
laboral entre las mujeres con pareja. Quizás, producto de esto, pudiera haber modificaciones más
importantes en las tasas conyugales, en la medida que las mujeres optaran entre trabajo y pareja,
antes de iniciar su vida en pareja o interrumpiéndola con más frecuencia que en la actualidad.
La alternativa 2 es la base sobre la cual se proyectan las tasas de participación por edades
para mujeres con y sin pareja. En Guzmán y Mauro (1997) se recogen las principales tendencias al
respecto:
∗ hay una relación entre las tasas de las solteras y las de las casadas y convivientes de 3 veces,
relación levemente inferior entre viudas y separadas y mujeres con pareja, en todas las edades.
∗ los aumentos en las tasas de participación han sido mayores en las mujeres con pareja,
acortándose las distancias.
Se ha proyectado una relación en disminución entre ambas tasas por edades para cada
escenario, llegando a igualarse al año 2000. Como se ha visto, en ese escenario la participación
femenina iguala a la masculina excepto en las edades extremas, por lo que no es posible hacer
diferencias entre mujeres: solteras, viudas y casadas, ricas y pobres, educadas o no, todas tendrían
altas tasas de participación, permitiéndose sólo las leves diferencias que se observan en el caso de
los hombres.
Para los escenarios intermedios: 2000 y 2010, los cálculos indican que, aunque las mujeres
sin pareja tuvieran altas tasas de participación, las mujeres con pareja no podrían sustraerse al
aumento de su participación en el trabajo remunerado. Contando con las tasas promedio por edades
como marco, en cada escenario hay un juego posible entre tasas de uno y otro grupo, en el cual las
sin pareja pueden superar mucho o poco la participación de las con pareja. Se ha hecho una
proyección que hace coherentes los niveles históricos de estas diferencias, las acorta, y mantiene
una trayectoria histórica y por cohortes creíble.
El gráfico 10 ilustra las proyecciones que se encuentran en el Anexo 4.
Gráfico 10. Tasas de participación proyectadas, por grupos de
edad, para mujeres con y sin pareja
100
2000, con pareja
tasas de participación
90
80
2010, con pareja
70
2025, todas
60
2000, sin pareja
50
40
2010, sin pareja
30
20
10
0
15-19
25-29
35-39
45-49
grupos de edad
55-59
65 y +
Según ellos, el 37% de todos los cónyuges en el 2010 y el 71% de ellos en el 2025
compartirán con su mujer la mantención del hogar. En las nuevas generaciones de hombres, que
serán los cónyuges del futuro, ya deben estar gestándose cambios para vivir bien esta situación.
Dependiendo de tales cambios, podrá ser diferentes tanto la proporción de mujeres con pareja como
sus tasas de participación.
La fuerza de trabajo, además de feminizarse, estará compuesta por un contingente mayor de
mujeres con pareja, consecuencia de suponer que las tasas de participación serán más bajas en
edades extremas, jóvenes y mayores, que en menor proporción viven con pareja.
Cuadro 25. Proyecciones de la composición de la fuerza de trabajo por sexo y estado conyugal
2000 %
2010 %
2025 %
__________________________________________________________________
Hombres
3.986 66,7
4.629 62,5 5.373 52,5
Muj.con pareja
886 14,8
1.383 18,7 3.147 30,8
Muj.sin pareja
1.109 18,5
1.392 18,8 1.709 16,7
Total
5.981 100
7.404 100
10.229 100
__________________________________________________________________
Los hijos de madres y padres que trabajan ambos, serán también una realidad mucho más
frecuente. Por otra parte, la situación demográfica proyectada tiene tasas de fecundidad que
disminuirán los tamaños familiares y la cantidad de hijos por mujer.
Las mujeres entre 15 a 44 años, probables madres de los niños de 0 a 9 años, tendrán tasas
de actividad de 41,8% en el 2000 y de 81,3% en el 2025. Menos hijos y más trabajo remunerado es
lo que promete el próximo siglo. Mucho más extendida la necesidad de combinar el cuidado de los
hijos con el trabajo de ambos padres, aunque sean menos hijos.
Cuadro 26. Proyecciones demográficas y de actividad laboral
1995
2000
2010
2025
Mujeres de 15 a 44 años
3.401.340
3.562,601
3.788.595
4.075.661
Niños de 0 a 9 años
2.878.094
2.902,048
2.804.426
2.898.083
Niños de 10 a 14 años
1.287.193
1.426,153
1.430.709
1.432.531
1.488,413
2.009.565
3.313.276
41,78
53,04
81,29
¡Error! Marcador no
definido.
Activas de 15 - 44
% tasa de actividad
Niños de 0-9 por mujer
0,846
0,815
0,740
0,711
Niños de 10-14 por mujer
0,378
0,400
0,378
0,351
Niños de 0-14 por mujer
1,225
1,215
1,118
1,063
Gráfico 11. Proyecciones de mujeres y niños
Mujeres de 15 a 44 años
Niños de 0 a 9 años
Niños de 10 a 14 años
5.000.000
4.000.000
3.000.000
2.000.000
1.000.000
0
1995
2000
2010
2025
Fuente: INE. Estimaciones y proyecciones de población por sexo y edad.
Total país: 1950 -2050
c. Nivel educacional
En el campo del nivel educacional las tendencias son muy definidas: se ha elevado a través
del tiempo para hombres y mujeres, las tasas de participación de las mujeres son más altas y crecen
más rápido para las más educadas, y, en consecuencia, la fuerza de trabajo femenina tiene un nivel
de estudios más alto que la masculina y que el conjunto de mujeres inactivas, desciende en el
tiempo la brecha de años de estudios entre activas e inactivas.
Sobre las proyecciones anteriores, se ha ensayado aplicar estas tendencias. El nivel
educacional de la población sube en la medida que las generaciones más jóvenes permanecen más
años en el sistema escolar. Suponiendo una cobertura creciente y casi completa de la educación
media, se ha supuesto 11 años de estudio para el grupo de 15 a 19 años, que continúa estudiando, de
manera que el aumento se aprecia mejor en el tramo de 20 a 24 años, para el cual se proyectó una
escolaridad de 12, 13 y 14 años en cada uno de los escenarios. Estos valores se proyectan al futuro
con cada cohorte, interpolando linealmente los valores entre ellas.
Igual ejercicio se hizo con la fuerza de trabajo por edades y cohortes, sin tener en cuenta las
diferencias educacionales entre activas e inactivas. Los niveles mínimos de escolaridad que tendría
la fuerza de trabajo, según las tasas de participación por edad, se comparan con los de la población
en edad de trabajar en el siguiente cuadro. (Anexo 5).
Cuadro 27. Proyección del promedio de escolaridad de las mujeres (en años)
2000
2010
2025
_______________________________________________________
De 15 años y más
9,9
10,7
11,9
En la fuerza de trabajo
10,4
11,5
12,6
________________________________________________________
Se observa que la influencia de la estructura por edades de la fuerza de trabajo sobre el
promedio de escolaridad es alta y se mantiene hasta el 2025 bajo los supuestos adoptados. Sin
embargo, también hay un efecto adicional en la conducta de las mujeres de cada edad: las más
educadas tienen tasas de participación más altas. Este efecto no se ha proyectado por dificultades
metodológicas y de información, pero es ampliamente reconocido, y aumentaría los años de
escolaridad de la fuerza de trabajo femenina.
Hay dos elementos que tenderían a disminuir la importancia de este efecto. Uno es que cada
vez se acorta más la brecha educacional en la población. A la amplia cobertura de la educación
básica se agregará la de la educación media y una ampliación de la cobertura de estudios
profesionales. La diferencia medida en años de estudios será cada vez menor. El otro es la
generalización del trabajo remunerado de la mujer, que hace incorporarse a las mujeres de las
nuevas generaciones con tasas de participación muy altas, por lo cual ya no será posible que haya
grandes diferencias en el nivel educacional de activas e inactivas.
Se espera que, en promedio, en el año 2025, las diferencias sean insignificantes como en el
caso de los hombres, ya que, cuando la participación laboral es plena, el nivel educacional no es un
motivo de exclusión.
Es interesante notar que con este hecho perderá fuerza el argumento de que las mujeres
están menos preparadas, que se mantiene en la actualidad contra toda evidencia y probablemente
pesa negativamente en las decisiones de trabajar o no remuneradamente de las mujeres con menor
escolaridad.
d. Participación femenina y distribución del ingreso.
La oferta de trabajo femenino está en la actualidad profundamente influenciada por el nivel
de ingresos. Como se ha visto, bajos niveles de ingreso son sinónimo de un conjunto de
características difícilmente aislables: menor escolaridad de hombres y mujeres, mayor fecundidad,
más dificultades culturales para que la mujer trabaje, mayor nivel de desocupación de hombres,
mujeres y jóvenes, acceso a trabajos más precarios y peor remunerados.
El nivel de ingreso parece sintetizar un modo de vida y un modo de inserción en la
economía. Anteriormente se ha intentado proyectar por separado algunos elementos de los
mencionados y en este apartado se pretende visualizar los efectos que pueden tener sobre los niveles
de ingresos de las familias y su distribución.
Volviendo a las proyecciones de crecimiento del PIB y de la demanda de trabajo, en base a
los modelos planteados en el Capítulo II, se hacen los siguientes cambios.
Cuadro 28. Tasas proyectadas de crecimiento del PIB y del Consumo Privado
Modelo A
Proyecciones
______________________________________________________
1. PIB
1996-2000
7,9
6,0
2000-2010
7,7
6,0
2010-2020
7,7
2010-2025
6,0
2. Consumo Privado
1996-2000
7,3
5,5
2000-2010
6,4
5,0
2010-2020
6,9
2010-2025
5,4
_______________________________________________________
Las tasas del Modelo A conducen a un PIB per cápita de US$ 21.200 dólares de 1995 en el
año 2020. Las proyecciones adoptadas por este informe se basan, como se vió, en un crecimiento
del PIB de 6% hasta el año 2025. En consecuencia, se han reducido proporcionalmente las tasas de
aumento del consumo privado, a las cuales se asimila el crecimiento del ingreso distribuído,
concepto utilizado en las mediciones de ingreso de los hogares.
Con ellas se hacen dos proyecciones de distribución del ingreso, como ejercicios
independientes de lo que ocurre al interior del aparato productivo y su impacto en las
remuneraciones al trabajo y las ganancias. El objetivo es estimar los niveles de ingreso promedio
que podrían alcanzar los grupos quintiles de hogares, compararlos con los actuales y aplicar las
tasas de participación femenina que actualmente se encuentran en esos niveles de ingreso,
asociando a ellas el conjunto de indicadores de mayor bienestar que tienen actualmente.
Una primera proyección supone que todos los grupos quintiles aumentan su ingreso medio
por igual, situación en la que no habría redistribución del ingreso en ningún escenario. En ese caso,
el nivel de ingreso del primer quintil en el año 2025 sería asimilable al del cuarto quintil del año
2000.
Cuadro 29. ¡Error! Marcador no definido.Proyección de los niveles de ingreso por
hogar sin redistribución entre grupos quintiles
Ingresos medios mensuales por hogar
Porcentaje
Quintil
ingreso total
(en pesos de 1995)
1995
2000
2010
2025
I
5,2
114.892
150.159
244.593
538.334
II
9,1
201.389
263.207
428.736
943.622
III
12,6
278.805
364.387
593.546
1,306.360
IV
18,2
401.587
524.858
854.936
1,881.663
V
54,9
1.215.462
1.588.560
2.587.590
5,695.130
Total
100,0
442.427
578.234
941.880
2,073.022
1,31
1,63
2,20
5,5
5,0
5,4
Factor período
tasa anual
La segunda proyección supone que el crecimiento económico, el aumento del nivel
educativo y de la urbanización, la disminución del diferencial de fecundidad, podrían generar una
sociedad más igualitaria. Para que la distribución del ingreso fuera menos regresiva, los ingresos del
grupo más rico crecerían menos rápidamente, al contrario de aquéllos de los grupos más pobres. La
estrategia se ha diferido en el tiempo, de manera que las tasas a las que crecen los grupos más
pobres superan al promedio en 5% entre 1995 y 2000, en 10% entre 2000 y 2010 y en 15% en el
período siguiente.
Cuadro 30. Ingresos medios mensuales por hogar con redistribución del ingreso
¡Error!
Marcado
r no
definido.
Quintil
1995
2000
2010
2025
I
114.892
157.667
282.505
715.043
II
201.389
276.368
495.190
1.253.366
III
278.805
364.387
593.546
1.306.360
IV
401.587
524.858
854.936
1.881.663
V
1.215.462
1.567.892
2.483.224
5.208.678
Total
442.427
578.234
941880
2.073.022
La proyección más igualitaria llevaría a que en el 2025 el ingreso por hogar del quintil más
pobre superara en 33% el que lograría con la alternativa que mantiene el statu quo distributivo,
mientras el del hogar más rico sería inferior en 8,5%.
La distribución del ingreso en la alternativa 2 se modificaría como se observa a
continuación.
Cuadro 31. Porcentaje del ingreso total
Quintil
1995
2000
2010
2025
_______________________________________________________
I
5,2
5,5
6,0
6,9
II
9,1
9,6
10,5
12,1
III
12,6
12,6
12,6
12,6
IV
18,2
18,2
18,2
18,2
V
54,9
54,2
52,7
50,3
Total
100,0
100,0
100,0
100,0
________________________________________________________
Este cálculo no se basa en antecedentes históricos y, en cuanto tal, es uno de los múltiples
ejercicios posibles. La distribución del ingreso en los años 90 se ha mantenido relativamente
constante, suavizada por el gasto social del gobierno. El propósito de tratar el tema en este
documento es
poner en los escenarios del futuro los efectos y límites de la participación laboral de las mujeres,
según el nivel de ingreso de su hogar.
Si las mujeres siguen (y si pueden seguir) los modelos de participación laboral de las que
habitan en hogares con mayores ingresos, el aumento en la tasa de participación podría seguir ese
patrón. La participación promedio de las mujeres de un grupo de ingresos depende de factores que
no es posible controlar en las proyecciones de este documento. Uno de ellos es el volumen de
mujeres y su distribución por edades dentro de cada grupo quintil. En la actualidad son más
numerosos los grupos más pobres y tienen relativamente más niños y jóvenes, pero esto podría
cambiar a medida que las mujeres jóvenes se integren en mayor proporción a la fuerza de trabajo y
puedan ascender a grupos de hogares menos pobres.
En todo caso, y respetando los supuestos que se han hecho respecto a la participación por
edades, las mujeres de cada nueva cohorte tendrán tasas más altas de participación laboral, lo que
favorece la disminución de las brechas por quintiles que hoy existen: las jóvenes de los quintiles
más pobres aumentarán también en forma apreciable su participación, aunque es probable que aún
en el escenario del 2025 sean las menos favorecidas, tanto en las posibilidades educacionales como
de acceso al trabajo.
Se ha intentado reproducir, en forma muy gruesa debido a la falta de antecedentes, el
comportamiento de la participación femenina según el nivel de ingreso, haciendo una relación lineal
entre valores promedio de ambas variables con los datos de participación femenina por quintiles de
la CASEN 1996. Se asoció a cada nivel de ingresos del hogar por quintiles un nivel de participación
de las mujeres, con excepción de los niveles superiores y se aplicó a la hipótesis que mantiene
constante la distribución del ingreso.
La conclusión es que, para que los quintiles más bajos alcancen las tasas de participación
laboral correspondientes a su ingreso en los años 2000 y 2010, las mujeres del quintil más alto
deberían disminuír su participación en el trabajo remunerado, de 52,1% en 1996 a 35,1% en el 2000
y 41,6% en el 2010. En este resultado hay una fuerte contradicción con las tendencias, y se
interpreta como una limitación para el aumento de la participación laboral de las mujeres de
ingresos más bajos. En otras palabras, para que las mujeres más pobres tuvieran en el futuro tasas
de actividad similares a las que corresponden a su nivel de ingresos, debería haber una
redistribución de la participación laboral femenina en su favor.
Las cifras del año 2025 permiten un crecimiento como el propuesto para todos los quintiles,
pero todavía con diferencias probables con las más pobres, cuya tasa de participación promedio
podría ser de 45%. Si este ejercicio se realiza con la hipótesis en que hay redistribución progresiva
del ingreso, los contrastes y las limitaciones aumentan. Este análisis debe ser mucho más afinado
con la estructura por edades de cada quintil de ingresos.
El razonamiento anterior postula una aparente relación causa-efecto entre el nivel de ingreso
y la tasa de participación femenina. La relación inversa es mucho más evidente y en los cálculos
siguientes se trata de ilustrar la sensibilidad de la distribución de los ingresos del trabajo a la
disminución de la tasa de desocupación femenina, al aumento de la participación y a la disminución
de la brecha de ingresos.
Tomando como punto de partida la distribución de los ingresos del trabajo generados por
mujeres y hombres en 1996 (CASEN 96) y congelando en todas las alternativas los parámetros
corespondientes a los hombres se ensayaron las siguientes hipótesis:
1. La tasa de desocupación de las mujeres baja a un 5%, meta propuesta para el año 2025,
conservando las tasas de 4,3% y 1,7% que en 1996 tienen las mujeres de los grupos quintiles IV
y V respectivamente.
2. Además de lo anterior, la tasa de participación de las mujeres se iguala en todos los grupos al
nivel promediode 62,6%, propuesto para el 2025.
3. A las dos hipótesis anteriores se agrega la condición de que desaparezca la brecha de ingresos
del trabajo entre mujeres y hombres dentro de cada grupo quintil.
Los resultados que siguen deben interpretarse como los límites que indican lo que se pierde
hoy en niveles de ingresos y en mayor desigualdad, por la menor participación de la mujer en el
trabajo, sus mayores tasas de desocupación, las brechas de ingresos con los hombres y por las
brechas entre ellas según niveles de ingreso de los hogares.
Las distribuciones de ingreso resultantes representan la nueva situación de los mismos
grupos de hogares, sin considerar que algunos de esos hogares cambiarían de grupo quintil al
mejorar sus ingresos.
Cuadro 32. Distribución del ingreso según diversas hipótesis.
I
II
III
IV
V
_______________________________________________________________________________
Porcentaje del ingreso total
Situación inicial
3,96
8,13
11,60
18,74
57,57
Hipótesis 1
4,12
8,20
11,62
18,68
57,38
Hipótesis 2
5,29
9,24
12,35
18,71
54,41
Hipótesis 3
5,06
9,01
11,98
18,37
55,58
Porcentaje de variación del ingreso del grupo
Hipótesis 1
4,36
1,29
0,49
0,00
0,00
Hipótesis 2
49,12
26,92
18,82
11,43
5,49
Hipótesis 3
76,30
52,85
42,44
35,11
33,10
_______________________________________________________________________________
VI. CONCLUSIONES
Presenciamos cambios en la sociedad originados en la economía, cuyo ritmo es cada vez
más rápido y, por lo tanto, perceptible en nuestras vidas cotidianas. Las formas de producir, la
magnitud y variedad del consumo, la internacionalización de los conocimientos, el avance de la
tecnología, la mayor cobertura educacional, varían de manera que cada generación se enfrenta a
la vida de una manera no totalmente compatible con las tradiciones de la sociedad en que ha
nacido.
Esto es aún más palpable si los fenómenos económicos y culturales se miran con el
prisma del género. Nuestras más profundas vivencias, sentimientos, tradiciones y rebeldías están
ligadas a nuestro papel como hombres y mujeres en todos los aspectos de la vida en sociedad. Sin
embargo, la dinámica de los cambios económicos y de la organización social no siempre está en
sincronía con los cambios en las conductas y las actitudes, que son permeadas por una
concepción muy profunda de los roles ligados al sexo de las personas. La participación masiva de
las mujeres en la sociedad, y particularmente en la economía en su modalidad actual, ya no es
coherente con las definiciones de sus roles, que les imponen exigencias incompatibles con ésta.
El aumento de la producción necesita de las mujeres en primer lugar porque la población
en edad de trabajar crece a un ritmo cada vez más lento: desde una tasa anual de 1,4% anual entre
1995 y el año 2000 hasta un 0,8% entre el 2020 y el 2025, según proyecciones demográficas del
INE. En segundo lugar, porque estamos viviendo un ciclo de auge del crecimiento mundial
apoyado en nuevas tecnologías que, aún con peligros que se materializan de tanto en tanto como
la crisis asiática, hacen mirar con optimismo el futuro. La base económica ha aumentado su
potencial y es tarea de la organización social cubrir los riesgos que esta conlleva. Pero aún en
escenarios económicos menos optimistas, convergen otros intereses que, en las condiciones
actuales, hacen muy apetecido el trabajo femenino: más escolarizado, más barato, con una oferta
muy elástica que aumenta y se contrae siguiendo las variaciones del mercado y ajusta sus tasas de
desempleo sin provocar crisis. Ventajas para la economía que se pueden materializar porque los
costos que ellas representan son hoy día asumidos directamente por las mujeres. La demanda de
trabajo femenino pasa por un período favorable que se manifiesta en el aumento de las mujeres
ocupadas a ritmos superiores que el aumento de los ocupados. Las proyecciones hechas en base a
las tendencias de los últimos años, llevan a una tasa de crecimiento anual de la ocupación
masculina de 1% y femenina de 3,8% entre el 2010 y el 2025.
El proceso es mundial y ha abierto consensos sobre la necesidad de adaptar la sociedad a
él. Un buen alegato desde la economía lo hace el Banco Mundial que declara “La igualdad de
género no es sólo materia de justicia social, sino también de economía. Es de la mayor
importancia para el bienestar y desarrollo de las mujeres. La discriminación significa pérdidas en
productividad y menor bienestar para las mujeres, sus familias y a la larga, para la sociedad.”
(Banco Mundial, 1995)
La economía las ha necesitado, pero también las mujeres han hecho esfuerzos para
integrarse en el mercado laboral bajo diferentes lógicas: la de la imperiosa necesidad económica
en las décadas de los 70 y los 80 y la del trabajo remunerado como parte integragte de su
proyecto de vida en los 90. El resultado es que han coincidido las demandas y las ofertas y la
participación femenina ha aumentado en general y para todas las edades, quedando fuera
sistemáticamente la más pobres y las menos educadas. La mirada al futuro que se ha hecho desde
este documento avala y acrecenta el equilibrio entre oferta y demanda global encontrado hasta
ahora: la producción social no puede crecer sin contar con la población femenina. Las niñas que
hoy nacen tienen en perspectiva un puesto en el sistema educacional durante más años que sus
abuelas, un empleo en el sistema productivo, un futuro hogar que cuenta con su aporte
económico. Ante estas evidencias, no es posible imaginarlas con las formas actuales de vida
cotidiana.
Hay sectores de nuestra sociedad que anticipan el futuro de la mayoría de las mujeres en
términos de vida urbana, trabajo remunerado, consumo en el mercado de servicios sustitutivos
del trabajo doméstico. Es en los sectores de más altos ingresos donde las mujeres participan más,
con mayor independencia de su estado conyugal, donde los hombres están más de acuerdo en
ello, donde el nivel educacional es mayor y ellas logran ingresos más altos, donde el trabajo no es
sólo expresión de necesidad económica sino también de satisfacción personal y de sentido de
integración y aporte social. Pero la diferencia entre lo que ocurre hoy en un sector que puede
resolver sus problemas de rol mediante la compra de servicios en el mercado33 y las soluciones
para toda la sociedad hace que estas adecuaciones necesarias sean tanto materia de políticas
públicas como de cambios en las prácticas del sector privado.
Las conductas individuales muestran cambios en función del nuevo contexto, como por
ejemplo la disminución de la fecundidad, el atraso en la edad de contraer matrimonio, el aumento
de la cobertura y duración de los estudios que realizan las mujeres. Hechos que indican una
voluntad de adecuación y facilitan la aplicación de políticas con mayores posibilidades de éxito,
por ir en la misma dirección que los deseos de la gente. Los cambios cotidianos observados
muestran que las mujeres quieren participar, quieren aportar y generar ingresos y que hay una
transmisión de estos sentidos a las nuevas generaciones.
El contexto agrega elementos que presionan en el mismo sentido. Las jóvenes enfrentan
un aumento del consumo privado y una disminución relativa del gasto público en beneficios
sociales básicos que antes eran universales y cada vez más se dirigen hacia grupos muy carentes,
de manera que para gran parte de la población la vida normal y sus riesgos deben ser cubiertos
por ingresos individuales. Ergo: hay que producirlos y no pueden restarse de ello las mujeres.
Las mujeres están aportando la fuerza de trabajo necesaria para enfrentar los desafíos que
la globalización ha puesto a Chile. El trabajo les otorga ventajas que las ayudan a una mejor
integración social y familiar: mayor autonomía de decisiones, disponibilidad de ingresos
generados por ellas, aumento de su autoestima y mayor valoración social. Pero no se trata de un
jardín de rosas. Las varas de medición sobre lo bueno y lo malo de su situación son de dos tipos:
uno en relación con la situación de los hombres, es decir, con lo que tiene que ver con la
33
Sólo el 1% de los niños menores de un año del primer quintil van a sala cuna y el 24% de los niños de 2 a 5 años
asisten a algún establecimiento escolar. En el quintil de hogares más ricos, las respectivas proporciones alcanzan
al 6% y 57% . (Mideplan, Casen 1996).
discriminación de género, el otro tiene que ver con cómo se organiza la sociedad para que los
beneficios del aumento del Producto Global lleguen a todos, lo que afecta a mujeres y hombres
en general.
Como sociedad civil tenemos la función de velar porque los procesos se lleven en forma
armónica entre sus componentes. Si las necesidades de la producción social nos conducen a una
fuerza de trabajo verdaderamente mixta, como ha llegado a serlo nuestro sistema educacional, es
nuestra responsabilidad apuntar hoy las direcciones que orienten las intervenciones.
Estamos hablando de la sociedad en que vivirán los hijos de los jóvenes de hoy. Estamos
creando para el futuro, para una vida más armónica entre trabajo y ocio, entre trabajo social y
trabajo familiar. La sociedad necesita a hombres y mujeres como productores de riqueza social,
como padres, como personas sanas física y mentalmente, como ciudadanos felices habitantes de
un mundo ambientalmente sano. Se trata de darnos la oportunidad de ser cuidadosos con la
herencia que les estamos dejando.
Aunque los temas examinados en este documento no tocan ni resuelven todos aquéllos
que son pertinentes para lo planteado, revelan el esqueleto de un cuerpo sobre el cual hay que
poner carne y músculo. Percibimos los mayores cambios en el ingreso al trabajo de las mujeres,
en la importancia que tiene el trabajo remunerado en sus proyectos de vida, en algunos
comportamientos de las familias. Pero todos son aspectos de una misma realidad indivisible.
Como el cuerpo humano, la armonía de las partes es indispensable para la salud de la sociedad.
Por eso, aunque se ha proyectado solamente algunas magnitudes relativas a la oferta y la
demanda de trabajo femenino, cuando se rellena esta imagen aparecen como áreas que se ven
remecidas por el cambio en las tareas de las mujeres el interior de los hogares y la familia, la
organización del trabajo al interior de los establecimientos productivos y aspectos culturales,
normativos y legales de la organización social.
La tensión más importante y presente es la que se refiere a la división sexual del trabajo.
A pesar de que hoy día trabajan remuneradamente un tercio de las mujeres de 15 años y más, el
trabajo para la familia está asociado exclusivamente a ellas. Cuando la proporción de mujeres
que trabajan iguale la de los hombres esa situación será insostenible. Las proyecciones al año
2025 señalan una fuerza de trabajo compuesta en un 47,5% de mujeres y 52,5% de hombres y las
tasas de participación casi se igualan a un nivel de 62,6% para las mujeres y 65,6% para los
hombres.
Las proyecciones demográficas se basan en una disminución tendencial de la fecundidad,
pero no han tomado en cuenta tasas tan altas de participación laboral. Si la maternidad sigue
siendo responsabilidad exclusiva de las mujeres, las tensiones entre maternidad y trabajo pueden
resolverse con una fecundidad aún menor o disminuyendo la participación laboral femenina, lo
que produciría rigideces en el mercado de trabajo. Globalizar los costos de la maternidad y prever
el cuidado infantil en las magnitudes proyectadas son indispensables para disminuir dichas
tensiones.
Actualmente las tasas de participación de las mujeres con cónyuge son notoriamente más
bajas que las de aquéllas sin cónyuge, en todas las edades. Para satisfacer la demanda de trabajo
en el año 2025, las tasas de participación de las mujeres a partir de los 20 años y hasta los 49
debería ser iguales a las de los hombres, de manera que tener o no cónyuge no podría ocasionar
diferencias en la participación laboral. Esto implica que la edad reproductiva de las mujeres
coincide con su plena actividad laboral, por lo que hay que prever cuidado infantil para la
totalidad de los niños. De no hacerlo, las mujeres que queden excluidas de este beneficio, ya sea
por el tipo de trabajo al que accederían, por el área de residencia, por razones culturales de su
entorno, serán con mayor probabilidad las que se mantendrán en la pobreza. Merecen especial
atención las madres y padres sin cónyuge, para quienes el tema del cuidado infantil se ve
agravado por la ausencia del ingreso del cónyuge. En los 10,2 millones de personas que
constituirían la fuerza de trabajo proyectada al año 2025, el 35% de los 4,9 millones de mujeres
activas no tendrían cónyuge y una parte desconocida de ellas pueden ser además madres.
El acceso al cuidado infantil deberá ser universal. Todo empleo como trabajador
dependiente debería estar asociado a este derecho, que implica un costo al cual pueden aportar
trabajadores de ambos sexos, empresarios y Estado. Para el trabajo independiente, especialmente
por cuenta propia de bajos ingresos o empleadores de muy pequeñas empresas, también habría
que diseñar a futuro un sistema de cobertura de riesgos al cual aporten los independientes. Es útil
tener presente que en el contexto actual hay gran interés por promover el trabajo autónomo y
empresarial de las mujeres.
El cuidado infantil será un tema nacional, firmemente asociado al trabajo. La
administración del cuidado de la mayor parte de los 1.443.000 niños de entre 0 y 4 años
estimados para el año 2025 es una tarea casi equivalente a la que hoy se lleva a cabo en la
enseñanza básica a la cual asisten 1.888.000 niños, el 98% del total. La gran mayoría de ellos son
financiados por la sociedad a través del gasto del Gobierno. En nuestro país hoy día el 59 % de
los escolares de básica asisten a establecimientos municipales y el 33% a establecimientos
particulares subvencionados.(Casen 1996)
La envergadura de las cifras señala la necesidad de institucionalizar una planificación
social y de control de estos servicios, para asegurarlos como derecho a todos los padres que
trabajan. La creación de riqueza que las futuras madres harán tendría como mínima contrapartida
que la sociedad destine una parte de ella a resolver el cuidado infantil en buenas condiciones para
lo cual tenemos el primer cuarto del próximo siglo como plazo. Las formas de financiamiento
pueden ser diversas, con la única condición que no se asocien al hecho de emplear mujeres. La
iniciativa presentada por el SERNAM que propone un financiamiento tripartito camina en esa
dirección al compartir los costos entre el Estado, todos los empresarios sin exclusión y los
trabajadores asalariados de ambos sexos. Este financiamiento permitiría que la ejecución y la
construcción de la infraestructura necesaria se hicieran con participación del sector privado,
como se opera actualmente en vivienda, educación y salud.
El cuidado infantil debe cumplir algunas condiciones que eviten sea fuente de
discriminación social. El acceso deberá ser muy amplio para no perjudicar a quienes están en
situaciones especiales: trabajo informal, padres o madres solos, áreas rurales, trabajos
temporales. La distribución espacial deberá tomar en cuenta las preferencias y costumbres de los
padres y madres: cerca del trabajo o cerca del hogar. Los horarios y normas ser compatibles con
el trabajo de los padres y la calidad deberá asegurar la tranquilidad necesaria a los padres para
que trabajen en condiciones normales.
En el punto IV.6 de este informe se han elaborado algunas líneas de acción sobre el
cuidado infantil para que cumpla con el objetivo de aliviar a las madres que sienten la maternidad
como una necesidad de estar siempre presentes. Especialmente para los niños de menores
recursos, donde se advierte con mayor fuerza esta visión cultural de las madres, se propone dotar
a los lugares de cuidado infantil con recursos sociales, materiales y de servicios que mejoren el
bienestar y atención que los niños reciben en sus hogares.
Ligar cuidado infantil con trabajo significa también que este tema estará presente en las
relaciones laborales, en los convenios colectivos, en las discusiones y acciones de los sindicatos.
La inclusión de éste y otros temas relacionados con aliviar la carga de trabajo que pesa sobre las
mujeres puede tener un efecto positivo en el interés de ellas por participar más en estas
instancias. Las revisiones de la legislación del trabajo sobre duración y condiciones de los
permisos maternales y por enfermedad de los hijos también forman parte de la preocupación
social por el cuidado infantil. Su universalización lo transformará también en un tema a resolver
en las instancias de poder local, comunal, municipal, al igual que la educación y la salud.
Un segundo cambio relevante en relación con la división sexual del trabajo se refiere a las
tareas domésticas, incluida la atención de los niños en el hogar. Si no hay un reparto de
responsabilidades al interior de los hogares el mayor desgaste de energía que ocasionan las
responsabilidades domésticas a la parte femenina de la población trabajadora continuaría
poniéndola en absoluta desventaja en el trabajo frente a los hombres.
Esta es una actitud cultural que irá permeando la sociedad y que deberá reflejarse en todas
las políticas públicas y sociales. Una manera de hacerlo es que se diseñen tomando en cuenta
cómo afectan a hombres y mujeres. Otra es que sean intencionadas a producir cambios que
eliminen las limitaciones que hoy tienen hombres y mujeres por sus respectivos roles. Un
ejemplo muy importante es el de los contenidos de los curriculum escolares, que hasta hoy han
dejado fuera casi totalmente la educación para el hogar y la familia. Balancear la formación para
el trabajo en el hogar, para el trabajo remunerado fuera del hogar, para la participación en la
sociedad, contribuirá a que niños y niñas puedan compartir con más propiedad las tareas del
hogar y que las aptitudes de ambos no se vean limitadas por su rol sexual.
Simultáneamente con la mayor incorporación femenina al trabajo remunerado crecerá el
mercado de los bienes y servicios sustitutivos del trabajo doméstico. Para ello la oferta
educacional de carreras y especialidades relacionadas con estas áreas deberá aumentar y sería
deseable que se dirija tanto a niños como a niñas.
Otra repercusión de la incorporación masiva de las mujeres al trabajo es el cambio en la
concepción del hogar y la vida familiar, desde la imagen de una pareja que hace de núcleo y
donde la responsabilidad de proveer recursos es exclusiva o principalmente masculina, a una de
responsabilidades compartidas cuando hay una pareja, o exclusiva de uno u otra cuando no la
hay. Habrá que adecuar las normas legales sobre los derechos patrimoniales al interior de los
hogares y revisar los supuestos sobre los que se funda la seguridad social, el derecho a la salud, y
en general todos los derechos asociados al trabajo, de manera que la relación beneficiario/carga
sea similar para ambos sexos. Especial preocupación debería otorgarse a las formas de trabajo
que quedan fuera de la cobertura de riesgos en forma social y abrir oportunidades para ellos.
Reconocer la autonomía económica y financiera de las mujeres también debería ocasionar
cambios en las prácticas de la actividad privada: la participación en operaciones comeciales
como sujeto de crédito, como comprador y vendedor, mercado de propiedades, como
inversionista, etc, tendrán que adaptarse a la nueva situación.
Los procesos descritos deben coordinarse cuidadosamente, en función del ritmo de los
cambios en todas las áreas. No se puede olvidar que partimos de una situación de profundas
diferencias entre los sexos que causan una mayor pobreza relativa de las mujeres. Estas hacen
cotidianamente renuncias, desde no aceptar una oportunidad laboral por las interferencias
negativas con sus responsabilidades domésticas hasta no tomar una capacitación que le quitará
horas de trabajo con su familia. El valor de las renuncias es un costo directo para las mujeres y
sus familias, pero también un costo social porque se pierde su aporte productivo para un uso
social. Integrar a las mujeres plenamente al trabajo es un objetivo no cumplido si no va
acompañado por todas las acciones que disminuyan la discriminación y hagan intercambiables a
trabajadores y trabajadoras.
Los cambios necesarios en la división sexual del trabajo son sólo la base para que los
cambios al interior del trabajo y en sus relaciones con la familia puedan conducir a una sociedad
donde las mujeres participen plenamente. Se ha señalado a lo largo de este documento que la
división de los trabajos al interior de los establecimientos, entre empresarios o en el trabajo por
cuenta propia, por razones de sexo, contribuyen a perpetuar diferencias que no ayudan al objetivo
recién señalado. Aunque en todas las ocupaciones y ramas de actividad se observa un proceso
histórico de feminización, las proyecciones señalaron que el crecimiento del empleo profundizará
la concentración de las mujeres en los Servicios y el Comercio. El aumento del empleo entre
1996 y 2025 sería de 4,5 millones de personas; 3,0 millones de mujeres y 1,5 millones de
hombres. El 67% del aumento de empleo femenino ocurriría en los Servicios y el 46% del
masculino en la Construcción. (Ver Cuadro 21) Si no hay acciones en el sentido de contrarrestar
la actual división del trabajo, la separación entre mujeres y hombres al interior del trabajo
remunerado recreará diferencias que den fundamento para las actuales o nuevas desigualdades en
desmedro de las mujeres. Nuevamente, el papel del sistema educacional es clave. Actualmente
las mujeres se restan relativamente de las especialidades que tienen que ver con las matemáticas,
la física, la electrónica y los hombres de las ciencias sociales y humanas. El progreso técnico,
basado más en el desarrollo de las primeras, excluirá cada vez más a las mujeres si no hay
acciones para que los intereses vocacionales no estén tan marcados por el sexo.
El carácter muy aproximado de estas previsiones se debería corregir en el curso de los
próximos años con mejores estimaciones del crecimiento por ramas, de la evolución tecnológica
dentro de ellas y de sus requerimientos de empleo. La relación entre tecnología y empleo
femenino tiene que ser mucho más investigada para poder actuar contrarrestando las tendencias a
reproducir la segregación sexual de los oficios. La velocidad de los cambios sugiere que la
capacitación laboral cumplirá un papel cada vez más importante en la vida de los trabajadores/as
de modo que habrá que poner atención a que las condiciones en que se da no excluyan a las
mujeres porque deban cargar con las responsabilidades familiares.
La disminución de la segregación sexual de las ocupaciones y de la división sexual del
trabajo en la sociedad es un requisito para disminuir los fundamentos de la actual diferencia
salarial entre mujeres y hombres. Disminución necesaria por un principio de equidad social que
haga igualmente rentable la educación para mujeres y hombres, que no perjudique a los hogares
que dependen solamente del ingreso de las mujeres, que mejore los niveles de ingreso de los
hogares con dos cónyuges activos y que contribuya a la desaparición de relaciones de poder
basadas en la desigualdad económica al interior de la familia.
También la división sexual del trabajo es un fundamento para que los empleos en
condiciones más precarias sean ejecutados por mujeres. Como ellas no tienen todo su tiempo
disponible debido a las responsabilidades familiares, son las mejores candidatas para el empleo a
tiempo parcial, de temporada, en su domicilio, esporádico, por cuenta propia, subcontratado, sin
horarios establecidos, sin contrato, sin vacaciones pagadas, sin derechos previsionales para una
futura jubilación, sin acceso a cubrir sus riesgos de salud, sin descanso maternal. Cada vez más
dichos empleos forman parte de la lógica económica y crecen con la economía formal. Si
sistemáticamente los desempeñan más las mujeres, ello contribuye a aumentar su pobreza
relativa en muchos aspectos. También tienen el efecto de desalentar el ingreso al mercado laboral
de las mujeres que no tienen otras oportunidades por sus carencias educacionales, de localización
o de cargas familiares que atender.
Los cálculos hechos para el año 2025 indican que aún en esa situación es posible que las
más pobres tengan tasas de participación más bajas que el resto, más aún cuando se observa una
tendencia a aumentar la demanda de trabajo calificado, o por lo menos con mayores niveles de
educación. Este hecho enciende una luz roja de advertencia para llevar a cabo acciones
específicas hacia ellas. En el punto IV. 6 de este documento se enuncian algunas proposiciones
para mejorar la calidad de los empleos y para apoyar las actividades productivas independientes
que emprenden las mujeres de pocos recursos económicos. En su caso son más fuertes los
impedimentos familiares para trabajar, para calificarse, para tener relaciones e información sobre
oportunidades laborales, para abandonar por una larga jornada diaria el entorno en el cual
habitan. Cuando emprenden actividades por su cuenta tienden a realizarlas en los mercados
cercanos a su hogar y una buena parte de las asalariadas están en el servicio doméstico puertas
afuera. La acción de fomento productivo a nivel comunal se indica como una manera de abordar
integralmente la atención a estos sectores: cuidado infantil, educación y capacitación,
información, créditos y recursos, acciones de cambio cultural que promuevan relaciones menos
jerarquizadas entre los sexos.
Se desprende de todo lo anterior que hay una estrecha relación entre trabajo y familia,
aunque se conciben hoy día como ámbitos opuestos. Se piensa que un buen trabajador o
trabajadora no debe traer problemas de su hogar al trabajo, el embarazo es visto como una
agresión al trabajo, la disponiblidad horaria para emergencias, turnos especiales y horas
extraordinarias es deseable, idealmente tiene prioridad el trabajo por sobre la familia. La carta
pastoral del Cardenal Arzobispo de Santiago, Carlos Oviedo, llama la atención sobre algunos
excesos a los que ha conducido en Chile esta manera de actuar.34
La oposición entre familia y trabajo no es natural, no ha sido una constante histórica y se
mantiene gracias a la oposición entre roles masculinos y roles femeninos. Si éstos ya no pueden
asignarse totalmente a uno u otro sexo, se hace más posible integrarlos teniendo en cuenta las
consecuencias sobre ambos de sus interacciones. Ver a todos los trabajadores y empresarios
como personas con familia, vida privada compatible con el trabajo, crianza de hijos, salud y ocio,
participación ciudadana e intereses personales más allá del trabajo, cambia la perspectiva. Una
prioridad consciente de la sociedad sería velar porque los trabajadores puedan compatibilizar en
buena forma su vida laboral, familiar y personal, siendo parte de las materias a tratar en las
políticas públicas, sindicales y gremiales.
Por último, todo lo dicho conduce a la necesidad de revisar el proceso continuamente y
readecuar las medidas. De lo que se trata es que las preocupaciones vertidas aquí lleguen a tener
la presencia de temas nacionales y diseñar acciones para prevenir tensiones, de manera que la
sociedad acepte y asuma los costos que son en beneficio de ésta. Se vislumbra en el futuro una
sociedad de individuos, diferentes sexualmente pero con reacomodos en sus identidades como
mujeres y como hombres. Sociedad compuesta por familia de pares y no de desiguales, tanto
entre cónyuges como entre hijos de distinto sexo, sin miembros de segunda clase.
34
Crecimiento de los turnos durante horarios largos y fines de semana, especialmente en los centros comerciales,
que impiden la convivencia familiar; trabajos en lugares aislados, lejanos del hogar, en los cuales no se crea
infraestructura para la familia, utilización desmedida de los estímulos económicos para que el trabajador esté
siempre disponible para la empresa, contratación de mujeres sólo a condición de que ellas acepten retrasar o
proscribir su maternidad...
BIBLIOGRAFIA
Abramo, Laís. La inserción de la mujer en los nuevos paradigmas productivos. Igualdad de
oportunidades para la mujer en el trabajo. Servicio Nacional de la Mujer. 1996
Agosín, Manuel. Un modelo de proyección de largo plazo para la economía chilena.
Documento Interno Unidad de Estudios Prospectivos, MIDEPLAN. 1997.
Bailyn, Lotte Rapoport, Rhona Kobb, Deborah Fletcher, Joye et al. Re-linking work and
family: a catalyst for organizational change. Abril/96.
Banco Mundial. Toward Gender Equality. The role of Public Policy. 1995.
Barrientos Armando. Crecimiento económico y concentración del empleo femenino. INE.
Estadística y Economía N°14. 1997.
Blásquez, Mario; Andrade, Carmen; Palma, Cristián. La participación de las mujeres en el
mercado laboral y el cuidado y atención de sus hijas e hijos. Igualdad de oportunidades para la
mujer en el trabajo. Servicio Nacional de la Mujer. 1996
Braudel Fernand. La historia y las ciencias sociales. Alianza editorial. 1968.
A favor de una economía histórica. 1950.
La larga duración. 1958.
Bravo Rosa. Utilización de una encuesta de empleo para el estudio de la situación
socioeconómica de las familias chilenas. INE. Revista Estadística y Economía N° 7. Diciembre
1993.
Callejo, Javier y Martín Rojo, Luisa. La promoción de la mujer a puestos de responsabilidad
laboral: resistencias discursivas. Sociología del Trabajo, nueva época, núm.23, invierno de
1994/1995.
Caputo, Rodrigo. Población, fuerza de trabajo y empleo: un análisis prospectivo. Documento
interno Unidad de Estudios Prospectivos, MIDEPLAN. Junio 1997.
C.E.P."Estudio nacional de opinión pública n°2" mayo-junio 1995
La mujer chilena hoy: trabajo, familia y valores.
Centro de Estudios Públicos. Documento de Trabajo N° 237.
Chacón, Boris. Potencial laboral, proyección de la población económicamente activa e
implicaciones socioeconómicas. MIDEPLAN, Documento interno, División de Planificación,
Estudios e Inversión. Departamento de Estudios Económicos. Abril, 1997.
Espinoza, Vicente; Márquez, Francisca; Núñez, Lorena; Schkolnik, Mariana. Las mujeres y el
empleo informal. Profundización de algunos aspectos para el diseño de políticas sociales.
Servicio Nacional de la Mujer, SERNAM. 1997. Documento de Trabajo N° 51.
Gálvez, Thelma. De la inactividad a la disponibilidad laboral. INE, Estadística y Economía.
Diciembre 1994.
Golbert, Laura y Tenti, Emilio. Educación, trabajo y equidad: una perspectiva comparada.
Deuda Social. Desafío de la equidad. PREALC, 1993.
Guzmán, Virginia; Mauro, Amalia y Araujo, Katia. "Las mujeres en el mercado de trabajo:
desde el género hacia la formulación de políticas" Centro de Estudios de la Mujer, 1997.
Guzmán, Virginia; Mauro, Amalia "Las diferencias generacionales en las trayectorias laborales
de las mujeres chilenas. Un insumo necesario para las políticas públicas" Centro de Estudios
de la Mujer, 1997. Informe final de Proyecto, Fondo de Investigaciones para Estudios de Género.
Henríquez, Helia; Pérez, Ernestina. La subestimación de la participación femenina en las
actividades económicas: encuesta suplementaria a mujeres inactivas. INE, Estadística y
Economía. Junio 1994
Henríquez, Lysette y Velásquez, Mario. Cambio tecnológico y empleo. SERNAM, 1996.
Hola, Eugenia. Mujer, dominación y crisis. Mundo de Mujer. Continuidad y cambio. Centro de
Estudios de la Mujer. 1988.
Martínez, Javier y Palacios, Margarita. Informe sobre la decencia. Ediciones SUR, 1996.
Moss Kanter, Rosabeth . Work and family in the Unites States.
Munoz, Adriana. Fuerza de Trabajo femenina: Evolución y Tendencias. Mundo de Mujer.
Continuidad y cambio. Centro de Estudios de la Mujer. 1988.
Pardo, Lucía. La mujer en las decisiones económicas: un desafío pendiente. Igualdad de
oportunidades para la mujer en el trabajo. Servicio Nacional de la Mujer. 1996
Pollak, Molly. Mujeres y mercado de trabajo. desafíos para una participación con equidad.
Igualdad de oportunidades para la mujer en el trabajo. Servicio Nacional de la Mujer. 1996
Reca, Inés; Pérez, Ernestina; Espíndola, Ernesto. Las familias de Chile según el último Censo de
Población de 1992. Parte del informe final "Características y análisis de las familias chilenas en
base a los datos del último Censo de Población y Vivienda de 1992", PET, para SERNAM. 1995.
Rivera, Diana y Guajardo, Gabriel. Transformaciones en la familia con motivo de la
incorporación de la mujer en el trabajo. SERNAM, Documento N° 49. Octubre 1996.
Rossetti, Josefina. La educación de las mujeres en Chile contemporáneo. Mundo de Mujer.
Continuidad y cambio. Centro de Estudios de la Mujer. 1988.
Servicio Nacional de la Mujer, SERNAM. Plan de Igualdad de Oportunidades para las mujeres
1994 - 1999. 1994.
Tacla, Odette. La demografía en los 90 y una mirada al futuro.
INE. Estadística y Economía. N°14, julio 1997.
Valenzuela, María Elena. El empleo femenino en el marco de la globalización de la economía.
Igualdad de oportunidades para la mujer en el trabajo. Servicio Nacional de la Mujer. 1996
Vega, Humberto. Impacto socioeconómico de las tendencias demográficas, Chile: 2000 - 2024.
Ponencia presentada en el seminario: Población, sociedad y mapa político electoral del siglo XXI.
1997.
Vega, Humberto. Los movimientos de larga duración y el análisis económico. INE. Estadística y
Economía N°13. Diciembre 1996.
Weinstein, Soledad. Coordinadora. Evaluación cualitativa del Plan de Igualdad de
Oportunidades para las mujeres 1994-1999. ISIS Internacional. 1996.
ANEXO
Anexo 1. Cuadro 1.
Cálculo de tasas anuales de variación de los ocupados y el P.I.B.
Ocupados
Ocupados
Ocupados
Ocupados
Ocupados
Año
INE (1)
1970
2.766
1971
2.881
1972
2.902
U.CH.
INE (2)
(3)
PIB
tasa anual(4)
tasa anual
4,1
9,4
2.866
2.908
1,5
-1,0
1973
2.893
-0,5
-5,1
1974
2.785
-3,7
2,5
73
-2,1
-12,0
1975
2.650
2.727
1976
2.777
172
1,1
4,3
1977
2.821
188
1,1
7,5
1978
2.981
146
7,7
7,4
1979
3.003
134
1,2
7,5
1980
3.257
191
6,9
6,6
1981
3.278
176
1,2
3,1
1982
2.943
308
-15,1
-10,7
1983
3.101
503
-1,4
0,5
1984
3.170
336
9,1
5,3
1985
3.372
324
7,5
3,2
1986
3.770
3.752
221
7,1
5,6
1987
4.020
124
6,8
6,6
1988
4.157
34
8,4
7,3
1989
4.352
5,5
10,2
1990
4.450
2,2
3,0
1991
4.518
1,5
7,3
1992
4.724
4,6
11,0
1993
4.992
5,7
6,3
1994
5.036
0,9
4,2
1995
5.095
1,2
8,5
1996
5.182
1,7
7,2
(1) Series antiguas INE, no empalmadas con las siguientes
(2) Series INE con base en 1995, empalmadas hasta 1986.
(3) Ocupados en programas de empleo de emergencia: PEM y POJH. Se restan
de los ocupados para calcular las tasas de variación del empleo.
(4) Se estimó el valor de 1986 como promedio simple de 1985 y 1987.
Fuentes: INE
CIEPLAN, Colección Estudios N° 43. 1996. pág. 43.
BANCO CENTRAL, Cuentas Nacionales 1986 - 1996, Boletín Mensual.
CIEPLAN, Compatibilización de Cuentas Regionales 1960 - 1992.
Anexo 1. Cuadro 2.
Ocupados en los 22 grupos ocupacionales que emplean más mujeres en 1995
AMBOS SEXOS
MUJERES
PORCENTAJE
MUJERES
1990
GRUPOS OCUPACIONALES
1990
1995
1990
1995
TOTALES PAIS
4328,33
4913,84
1312,64
1559,84
30,33
31,74
92 COCINERAS,SIRVIENTAS Y CRIADOS
307,23
305,40
302,38
301,58
98,42
98,75
28 OTROS OFICINISTAS Y PERSONAS AFINES
396,17
568,07
184,29
276,64
46,52
48,70
31 DEPENDIENTES DE TIENDAS Y VENDEDORES
305,70
336,59
142,65
170,52
46,66
50,66
30 VENDEDORES,PROPIETARIOS EN EL COMERCIO
149,53
201,95
66,42
85,75
44,42
42,46
61 SASTRES,MODISTAS,PELETEROS Y AFINES
75,52
91,44
60,25
73,06
79,78
79,90
0G PROFESORES PRIMARIOS
95,47
100,36
74,46
71,89
77,99
71,63
05 ENFERMEROS Y PARTERAS
55,82
75,97
49,27
66,62
88,27
87,69
93 COCINEROS, MOZOS DE RESTAURANTES
97,60
108,05
53,67
61,12
54,99
56,57
21 TENEDORES DE LIBROS,CAJEROS,COBRADORES
40,82
56,73
24,31
34,40
59,55
60,64
96 PORTEROS,CONSERJES,ASCENSORISTAS
69,63
84,87
14,10
26,69
20,25
31,45
469,82
411,14
22,65
24,97
4,82
6,07
44,08
60,31
18,94
22,93
42,97
38,02
41 TRABAJADORES AGROPECUARIOS, JARDINEROS
20 CONTADORES Y PERITOS CONTADORES
1995
60 HILADEROS,TEJEDORES,TINTOREROS
48,02
42,83
24,82
22,50
51,69
52,53
95 OTROS LAVANDEROS Y PLANCHADORES
31,02
22,90
30,77
22,49
99,19
98,21
75
MATARIFES,CARNICEROS,PANADEROS,MOLINER.
12 OTROS DIRECTORES, GERENTES Y
PROPIETARIOS
0F PROFESORES Y MAESTROS DE ESCUELA
64,59
90,47
13,31
21,65
20,61
23,93
112,86
109,33
18,78
19,02
16,64
17,40
36,17
34,06
21,27
18,83
58,81
55,28
33 OTROS VENDEDORES Y PERSONAS AFINES
11,34
37,03
5,53
18,45
48,77
49,82
97 BARBEROS,PELUQUEROS,EMBELLECEDORES
24,09
21,81
20,05
16,47
83,23
75,52
85 OTROS OBREROS Y JORNALEROS N.E.O.C.
74,34
78,43
11,35
12,92
15,27
16,47
40 AGRICULTORES,PROPIETARIOS GANADEROS,
236,02
216,79
9,35
12,14
3,96
5,60
0B PERSONAS EN OTRAS OCUPACIONES AFINES
9,91
16,61
5,92
11,93
59,74
71,82
34,81
36,22
9,29
11,16
26,69
30,81
2790,56
3107,36
1183,83
1403,73
42,42
45,17
64,47
63,24
90,19
89,99
62 ZAPATEROS,ZAPATEROS REPARADORES
SUBTOTAL
PORCENTAJE DEL TOTAL
Fuente: INE. Encuesta Nacional del Empleo. Trimestres julio-septiembre de cada año.
Anexo 1. Cuadro 3
Activos por categoría ocupacional y sexo, según Censos de Población.
1970
1982
hombres
Empleadores
Trab.Cuenta Propia
Serv. Doméstico
Asalariados
Fam.no Remunerados
Total
mujeres hombres
48.876
7.217
1992
mujeres hombres
19.278
220.958
83.068
391.111 101.834
478.369 105.282
587.364
134.139
6.590 151.283
7.793 231.501
17.071
217.612
1.439.078 303.190 1.963.663 543.729
2.297.980
865.985
79.318
28.728
50.064
10.009
84.223
mujeres
118.132
21.134
1.935.719 573.533 2.652.180 920.924
3.202.691 1.329.532
Composición por sexo de los activos por categoría ocupacional.
1970
hombres
1982
mujeres hombres
1992
mujeres hombres
mujeres
Empleadores
87,1
12,9
81,4
18,6
72,7
27,3
Trab.Cuenta Propia
79,3
20,7
82,0
18,0
81,4
18,6
4,2
95,8
3,3
96,7
7,3
92,7
Asalariados
82,6
17,4
78,3
21,7
72,6
27,4
Fam.no Remunerados
83,3
16,7
84,8
15,2
73,4
26,6
Total
77,1
22,9
74,2
25,8
70,7
29,3
Serv. Doméstico
Variaciones absolutas de los activos por categoría ocupacional
1970 - 1982
hombres
Empleadores
35.347
Trab.Cuenta Propia
Serv. Doméstico
Asalariados
Fam.no Remunerados
Total
1982 - 1992
mujeres hombres
mujeres
12.061
136.735
87.258
3.448
108.995
28.857
1.203
80.218
9.278
-13.889
524.585 240.539
68.068
11.125
716.461 347.391
63.790
334.317 322.256
-38.814
7.594
550.511 408.608
Composición de los activos por categoría ocupacional
1970
1992
hombres
mujeres
total
hombres
mujeres
total
Empleadores
2,5
1,3
2,2
6,9
6,2
6,7
Trab.Cuenta Propia
20,2
17,8
19,6
18,3
10,1
15,9
Serv. Doméstico
0,3
26,4
6,3
0,5
16,4
5,2
Asalariados
74,3
52,9
69,4
71,8
65,1
69,8
Fam.no Remunerados
Total
2,6
1,7
2,4
2,5
2,2
2,4
100,0
100,0
100,0
100,0
100,0
100,0
Fuente 1970 y 1982: Información censal recopilada por Muñoz (1989)
Fuente 1992: INE. Resultados Generales Censo de Población y vivienda. Chile 1992.
Activos = ocupados + cesantes
Anexo 1. Cuadro 4.
Distribución de las mujeres ocupadas por quintil de ingreso según oficios
más frecuentes en los quintiles I y II
Primer grupo quintil
Trabajadoras no calificadas
Trab. Servicio y Vendedoras
Of.,artesanas y operarias
Empleadas oficina
Trab.calificadas agropecuarias
Resto
Total
Segundo grupo quintil
Trabajadoras no calificadas
Trab. Servicio y Vendedoras
Of.,artesanas y operarias
Empleadas oficina
Trab.calificadas agropecuarias
Resto
Total
Total cinco grupos quintiles
Trabajadoras no calificadas
Trab. Servicio y Vendedoras
Of.,artesanas y operarias
Empleadas oficina
Trab.calificadas agropecuarias
Resto
Total
1992
%
55,8
21,8
10,0
5,3
2,6
4,5
100,0
1994
%
56,2
21,2
6,6
4,4
1,5
10,1
100,0
1996
1996
N° ocupadas
%
54,9
81.692
19,7
29.316
5,4
7.993
4,8
7.084
8,5
12.577
6,7
10.014
100,0
148.676
1992
%
42,5
24,8
11,8
9,3
2,7
8,9
100,0
1994
%
44,9
25,2
7,3
9,0
1,2
12,4
100,0
1996
1996
N° ocupadas
%
47,0
131.714
26,1
73.108
5,5
15.481
8,7
24.384
2,7
7.476
10,1
28.345
100,0
280.508
1992
%
25,4
24,1
10,0
14,4
1,4
24,7
100,0
1994
%
23,6
23,8
7,0
15,3
0,8
29,5
100,0
1996
1996
N° ocupadas
%
23,4
402.873
23,7
408.318
6,0
104.106
15,4
265.053
2,3
39.270
29,2
504.127
100,0
1.723.747
Anexo 1. Cuadro 5
Ocupados por grupos de ocupación y sexo
( en miles )
1996
Ambos
Homb.
1986
Muj.
Ambos
Homb.
Muj.
PROFESIONALES, TEC. Y AFINES..
458,5
218,5
240,1
306,8
150,6
156,2
GERENTES ADMIN. Y DIRECTIVOS..
172,7
136,6
36,1
121,6
99,8
21,8
EMPLEADOS DE OFIC. Y AFINES...
789,5
427,8
361,7
396,4
229,7
166,7
VENDEDORES Y AFINES...........
589,8
314,6
275,2
410,6
243,8
166,8
769,6
717,0
52,6
733,4
708,7
24,7
TRANSPORTE Y AFINES
286,1
279,9
6,1
172,6
170,6
2,0
ARTESANOS Y OPERARIOS.........
810,3
703,7
106,6
490,3
414,6
75,7
OTROS ARTESANOS Y OPERARIOS...
246,3
203,5
42,8
133,3
118,8
14,5
OBREROS Y JORNALEROS NEOC.....
325,7
284,2
41,5
450,4
350,4
100,0
636,3
199,5
436,8
478,7
121,8
356,9
AGRICULTORES GANADEROS PESC.
CAZADORES Y AFINES............
CONDUCTORES DE MEDIOS DE
TRABAJADORES EN SERVICIOS
PERSONALES Y AFINES...........
OTROS TRABAJADORES NEOC Y
OCUPACIONES NO IDENTIFICADAS..
TOTAL
Variaciones 1986-1996
PROFESIONALES, TEC. Y AFINES..
56,9
54,8
2,1
48,7
48,2
0,5
5141,5
3540,0
1601,5
3742,8
2657,0
1085,8
En miles
Ambos Homb.
Muj.
Tasas
Ambos
Homb.
Muj.
151,7
67,9
83,9
49,5
45,1
53,7
51,1
36,8
14,3
42,0
36,9
65,4
EMPLEADOS DE OFIC. Y AFINES...
393,1
198,1
195,0
99,2
86,2
117,0
VENDEDORES Y AFINES...........
179,2
70,8
108,4
43,6
29,0
65,0
36,2
8,3
27,9
4,9
1,2
112,9
TRANSPORTE Y AFINES...........
113,5
109,3
4,1
65,7
64,1
206,5
ARTESANOS Y OPERARIOS.........
320,0
289,1
30,9
65,3
69,7
40,8
OTROS ARTESANOS Y OPERARIOS...
113,0
84,7
28,3
84,7
71,3
195,2
OBREROS Y JORNALEROS NEOC.....
-124,8
-66,3
-58,5
-27,7
-18,9
-58,5
157,6
77,7
79,9
32,9
63,8
22,4
8,2
6,6
1,6
16,8
13,6
322,0
1398,7
883,0
515,7
37,4
33,2
47,5
GERENTES ADMIN. Y DIRECTIVOS..
AGRICULTORES GANADEROS PESC.
CAZADORES Y AFINES............
CONDUCTORES DE MEDIOS DE
TRABAJADORES EN SERVICIOS
PERSONALES Y AFINES...........
OTROS TRABAJADORES NEOC Y
OCUPACIONES NO IDENTIFICADAS..
TOTAL
Fuente: INE. Encuesta Nacional del Empleo, trimestres abril - junio.
Anexo 1. Cuadro 6
Ocupados por años de estudio.
Variaciones 1986/1996
Años de
Estudio
1986
Hombres
1986
Mujeres
1996
Hombres
1996
Mujeres
Ninguno
172,8
43,6
78,7
20,7
1-6
897,3
292,6
870,8
7-8
389,0
129,9
502,7
9-10
356,6
130,3
11-12
576,0
en miles
Hombres
Mujeres
en porcentaje
Hombres Mujeres
-94,1
-22,9
-54,5
-52,5
269,5
-26,5
-23,1
-3,0
-7,9
179,4
113,7
49,5
29,2
38,1
412,4
145,7
55,8
15,4
15,7
11,8
333,9
1.002,5
526,0
426,5
192,1
74,0
57,5
13-15
75,3
41,4
288,9
199,5
213,6
158,1
283,6
381,9
16 y más
173,5
105,7
354,9
242,0
181,4
136,3
104,6
128,9
2.640,5
1.077,4
3.510,9
1.582,9
870,4
505,5
33,0
46,9
Total
Fuente: INE, Encuesta Nacional del Empleo, trimestres abril - junio.
Anexo 1. Cuadro 7
Composición porcentual de los ocupados en cada grupo por años de estudio.
Años de
Grupo ocupacional
Estudio
0-3
4-6
7-10
11-12
13 y +
Total
1986
0,2
1,0
6,3
16,2
76,4
100,0
1996
0,2
1,1
3,6
12,7
82,5
100,0
1986
1,9
9,7
19,0
32,4
37,0
100,0
1996
1,3
7,0
13,0
27,9
50,8
100,0
1986
0,4
3,0
14,0
65,6
17,0
100,0
1996
0,4
2,4
8,6
46,5
42,1
100,0
1986
9,9
22,2
28,2
34,3
5,4
100,0
1996
5,7
15,1
22,3
40,3
16,5
100,0
1986
32,5
37,0
23,4
6,3
0,8
100,0
1996
24,2
33,7
28,8
10,2
3,1
100,0
1986
7,6
25,2
37,1
27,3
2,7
100,0
1996
2,9
15,8
33,5
40,3
7,5
100,0
1986
10,5
29,2
35,3
23,0
2,0
100,0
1996
6,7
19,6
32,7
31,4
9,6
100,0
1986
14,6
31,1
33,8
19,4
1,1
100,0
1996
7,4
17,4
31,4
34,8
9,1
100,0
1986
16,2
28,4
35,5
19,3
0,7
100,0
1996
10,6
23,3
39,7
24,2
2,2
100,0
1986
14,7
32,0
35,1
17,4
0,8
100,0
1996
9,8
22,6
34,6
27,4
5,6
100,0
1986
13,7
24,1
27,1
24,5
10,7
100,0
1996
7,8
16,5
24,3
30,0
21,3
100,0
Profesionales, técnicos y afines
Gerentes, administradores y directivos
Empleados de oficina y afines
Vendedores y afines
Agricultores, ganaderos y afines
Conductores de medios de transporte
Artesanos y operarios
Otros artesanos y operarios
Obreros y jornaleros n.e.o.c.
Servicios personales y afines
Total
Fuente: INE, Encuesta Nacional del Empleo, trimestres abril-junio.
Anexo 1, Cuadro 8
CEP. Estudio nacional de opinión pública N° 2, mayo junio 1995. La mujer chilena hoy: trabajo,
familia y valores.
Las preguntas fueron:
(1) Acepta que la mujer casada trabaje
(2) Acepta que la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando no tiene hijos
(3) Acepta que la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando tiene hijos y el trabajo es de jornada
flexible o parcial
(4) Acepta que la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando el ingreso de la familia no es
suficiente, la plata no alcanza.
(5) Acepta que la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando ya todos los hijos están en el colegio
o son mayores
(6) Acepta que la mujer casada trabaje fuera del hogar cuando para ella es importante
(7) Le parece conveniente que sus hijas casadas (reales o hipotéticas) trabajen
Las respuestas indicaron los siguientes porcentajes de aceptación:
Pregunta
(1)
(2)
(3)
(4)
5)
(6)
(7)
___________________________________________________________
Todos
84
92
74
94
82
89
76
Hombres
78
89
69
92
76
86
72
Mujeres
89
95
78
95
88
91
80
activas
96
inactivas
86
76
___________________________________________________________
18-24 años edad
84
94
76
92
83
90
78
25-34
86
93
76
94
84
89
77
35-54
86
93
76
96
85
91
80
55 +
77
88
65
91
73
84
69
___________________________________________________________
Alto
92
92
88
98
93
98
90
Medio
89
94
80
95
83
91
84
Bajo
79
90
68
93
80
86
70
Urbano
86
93
78
94
83
91
79
Rural
68
88
52
90
75
78
61
___________________________________________________________
0-3 años de estudio 69
60
78
60
13 y +
94
90
92
91
___________________________________________________________
Los mayores obstáculos visualizados.
(1) Que la mujer trabaje afecta negativamente la vida familiar. Las otras altenativas son: afecta
positivamente (45%), no afecta (31%).Porcentaje de personas que mencionaron "porque al
marido no le gusta" entre las razones por las cuales la mayoría de las mujeres de su círculo de
amigos deciden no trabajar.
(2) Están de acuerdo con la afirmación "la mujer que se queda en la casa es mejor madre"
(3) Están de acuerdo con la afirmación "si la mujer no trabaja los hijos tienen mejor rendimiento
escolar"
(4) Expectativa sobre sus hijas "es o será una buena madre"
(5) Expectativa sobre sus hijas "es o será una buena profesional"
PORCENTAJE DE ACEPTACIÓN POR:
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
____________________________________________________
Todos
22
52
54
64
52
48
Hombres
24
54
60
68
52
48
Mujeres
20
51
48
61
52
48
____________________________________________________
18-24 años de edad
55
51
55
51
54
25-34
54
54
61
46
54
35-54
49
48
65
52
47
55 +
52
64
76
61
39
____________________________________________________
Alto
7
28
16
45
21
56
Medio
18
48
43
58
51
51
Bajo
25
57
64
70
55
46
Urbano
20
51
50
62
50
50
Rural
32
56
74
77
64
42
______________________________________________________
0 - 3 años de estudio 29
4-8
27
9 - 12
19
13 y más
14
______________________________________________________
Anexo 1. Cuadro 9.
Tasas de actividad femenina por edades según censos de población
Grupo de edad
15-19
20-24
25-29
30-34
35-39
40-44
45-49
50-54
55-59
60-64
65 y +
1970
16,6
31,8
29,6
25,5
24,5
23,0
21,3
19,2
15,4
15,3
7,0
1982
14,0
33,3
35,1
32,6
30,8
28,8
25,9
21,9
16,2
10,1
4,5
1992
13,3
36,3
37,4
35,7
37,4
37,2
34,1
28,4
22,5
13,0
4,5
Fuente: Calculado por CEM, Guzmán y Mauro (1997) a partir de INE, Censos de Población.
Anexo 1. Cuadro 10
Condición de actividad de las mujeres, según tipo de hogar y parentesco con el jefe.
Tipos de familia
Total
Activas
Tasa particip.
_________________________________________________________________
Unipersonal: jefas de
hogar sin hijos
122.660
41.746
34,0
Censal: jefas de hogar
sin hijos
113.063
36.731
32,5
Nuclear con cónyuge:
jefas de hogar
83.406
26.242
31,5
cónyuges o convivientes
1.539.743
312.839
20,3
Nuclear sin cónyuge: jefas
de hogar con hijos
242.025
102.218
42,2
Extensa o compuesta con
cónyugue:
jefas de hogar
45.999
13.146
28,6
cónyuges o convivientes
591.462
104.797
17,7
Extensa o compuesta sin
cónyuge: jefas de
hogar con hijos
227.174
69.147
30,4
Sub totales:
Jefas de Hogar
834.327
289.230
34,7
Cónyuges o convivientes
2.131.205
417.636
19,6
Hijas y otras
1.900.627
658.607
34,6
Total general
4.866.159
1.365.473
28,1
_____________________________________________________________
Fuente: INE, Censo de Población 1992 y muestra del Censo 1992,
trabajada por Inés Reca (1997).
Anexo 1. Cuadro 11Mujeres por estado conyugal y lugar que ocupan en la familia según Censo 1992.
Según Hogares
Según Estado Conyugal
_____________________________________________________________________
MUJERES CON PAREJA
2.735.710
2.735.710
Casadas y conviv.
2.735.710
Cónyuges y conviv.
2.131.205
Jefas H. con cóny.
129.405
* Estimación hijas
u otras con pareja
(475.100)
MUJERES SIN PAREJA
2.130.449
2.130.449
Solteras
1.511.826
viudas,separ,anulad.
618.623
Hijas y otras
sin pareja
1.425.527**
Jefas H. sin cónyuge
704.922
** Total Hijas y otras: 1.900.627, menos estimación hijas y otras con pareja: 475.100
Las diferencias entre cónyuges y convivientes según la composición de los hogares y según el
estado conyugal debería corresponder a mujeres con pareja que no son ni jefas de hogar ni cónyuges
o convivientes del jefe, es decir, mujeres de núcleos secundarios.
Fuente: INE, Censo de Población 1992.
Hogares y núcleos secundarios según sexo del jefe. 1996
Total
Jefe hombre
Jefe mujer
_______________________________________________________________________________
Número de hogares
3.587.641
2.801.799
785.842
composición %
100
78
22
Número de núcleos secundarios
composición %
Fuente: MIDEPLAN, Encuesta CASEN 1996.
672.910
100
311.434
46
361.476
54
Anexo 1. Cuadro 12
Mujeres: composición porcentual por estado conyugal y tramos de edad.
Censos de Población.
Año
Edad
Solteras
56,0
1970
Viudas
0,4
Separadas
0,9
Casadas
40,4
Convivientes
2,3
Total
100,0
57,0
0,2
1,3
37,9
3,5
100,0
1992
56,2
0,2
1,3
35,9
6,4
100,0
1970
19,6
1,9
3,0
72,0
3,6
100,0
18,8
1,2
4,4
70,6
5,0
100,0
1992
20,1
0,8
4,5
66,3
8,4
100,0
1970
13,3
6,0
4,9
72,2
3,7
100,0
1982
1982
15-24
25-34
13,5
4,3
6,0
71,1
5,0
100,0
1992
13,9
2,9
7,7
67,9
7,6
100,0
1970
13,0
16,0
5,3
62,9
2,8
100,0
12,2
12,1
6,7
65,0
3,9
100,0
1992
13,1
9,5
8,3
63,7
5,4
100,0
1970
14,3
32,1
4,4
47,2
2,0
100,0
1982
12,7
26,9
5,8
51,8
2,8
100,0
12,5
22,9
7,2
53,8
3,4
100,0
1982
1982
1992
35-44
45-54
55-64
Anexo 2. PROYECCIONES DE EMPLEO POR RAMAS DE ACTIVIDAD.
ESCENARIOS AL AÑO 2010 Y 2025.
Las proyecciones utilizan:
∗ Las tasas sectoriales de crecimiento del PIB según alternativa A, que supone crecimientos
anuales del PIB de 7,7%
∗ Una estimación de la elasticidad empleo-PIB en base a las elasticidades implícitas en la
alternativa C para 1996-2000 y elasticidades históricas 1990-1996 (INE, Evolución de la
actividad económica 1996), agrupadas en tres niveles.
∗ Los niveles de empleo sectoriales de la alternativa C para el ano 2000, como base de proyección.
∗ Los niveles de ocupación del Modelo B (Caputo).
Las elasticidades utilizadas son menores que las estimadas para hacerlas compatibles con un
aumento del PIB de 6% anual. La diferencia entre el empleo total resultante y el nivel de demanda
proveniente de la alternativa B se ajustó proporcionalmente para llegar al nivel de esta última. Las
elasticidades empleo-PIB se proyectaron descendentes y menos dispares entre ramas, lo que
significa que el alto coeficiente de inversión que el modelo A propone, intensifica y esparce por las
distintas ramas el progreso técnico ahorrador de mano de obra por unidad de PIB.
a) Proyección al año 2010
Tasas 2000-2010
Ocupados
Ocupados
Rama
año 2000
PIB Ocupados
(*)
(**)
2010
____________________________________________________________________________
Agriculura
791,0
4,7
0,00
0,00
791,0
791,0
Minería
95,3
4,2
0,84
0,20
103,6
98,6
Industria
914,4
9,0
3,15
0,35
1.142,3
1.087,1
Elec,G.A.
29,3
6,8
1,36
0,20
33,5
31,9
Construcción 498,3
8,1
6,48
0,80
773,8
736,4
Comercio
1.052,8
7,8
2,73
0,35
1.277,1
1.215,4
Transporte y C 501,3
7,8
2,73
0,35
608,1
578,7
Servicios
1.769,6
7,9
6,32
0,80
2.606,9
2.480,9
Total
7,7
7.020,0
____________________________________________________________________________
(*) Elasticidad empleo-PIB
(**) Primer cálculo de ocupados al año 2010, aplicando las tasas estimadas anuales de crecimiento de los ocupados a
los ocupados del año 2000.
b) Proyección al año 2025
Tasas 2000-20285
Ocupados
Rama
PIB Ocupados
(*)
(**)
20285
__________________________________________________________________
Agricultura
3,0
0,00
0,0
791,0
791,0
Minería
3,4
0,34
0,1
103,7
102,6
Industria
9,2
1,84
0,2
1.429,0
1.413,6
Elec,gas,a
6,3
0,63
0,1
35,1
34,7
Construcción 7,9
3,16
0,4
1.174,3
1.161,7
Comercio
7,2
1,44
0,2
1.506,1
1.489,9
Transporte
7,6
1,52
0,2
725,6
717,8
Servicios
8,3
3,32
0,4
4.049,3
4.005,7
Total
9.717,0
________________________________________________________________________
(*) Elasticidad empleo-PIB
(**) Primer cálculo de ocupados al año 2025, aplicando las tasas estimadas anuales de crecimiento de los ocupados a
los ocupados del año 2010.
El año 2000 se ha tomado de las proyecciones hechas por Henríquez/Velásquez citadas. (Modelo C)
Anexo 3.
Proyección de tasas de participación femenina por edades
Mujeres
1996
2000
2010
2025
15-19
9,87
9,87
13,00
25,00
20-24
39,88
47,85
65,40
82,19
25-29
44,67
49,14
67,01
93,52
30-34
45,16
49,22
63,22
96,31
35-39
45,69
48,43
59,40
96,33
40-44
46,56
48,43
55,88
95,32
45-49
44,37
46,14
51,02
93,40
50-54
35,43
36,14
40,74
73,34
55-59
27,41
27,95
30,15
56,18
60-64
19,52
19,91
21,47
32,01
65-69
10,81
10,81
11,03
10,81
70 Y +
3,80
3,80
3,80
3,80
Total 15 y +
33,51
35,93
42,66
62,64
Anexo 4.
Proyecciones de mujeres con y sin pareja.
% mujeres con pareja
Mujeres
Total
Proyección mujeres con pareja Proyección mujeres sin pareja
según tendencias por edades
Proyecciones
2000 2010
2025
2000
2010
2025
2000
2010
2025
15-19
11,4
11,4
11,4
71.725
81.132
78.297
557.441
630.548
608.516
20-24
42,3
43,2
43,2
250.010
298.447
296.162
341.030
392.402
389.399
25-29
66,6
66,8
66,8
399.920
411.563
467.530
200.560
204.550
232.365
30-34
73,9
73,2
72,0
448.925
424.178
509.713
158.408
155.690
198.216
35-39
75,7
75,0
74,0
458.736
443.923
507.248
147.155
147.887
178.604
40-44
74,9
74,4
73,6
396.094
445.079
448.701
132.597
153.196
160.910
45-49
72,2
71,5
70,6
314.264
425.470
402.659
121.046
169.206
167.869
50-54
69,2
69,3
69,4
252.047
356.511
400.396
112.297
158.151
176.461
55-59
65,3
66,3
67,8
202.704
276.930
389.442
107.917
140.934
184.993
60-64
59,5
61,6
64,9
145.404
210.974
362.028
99.159
131.316
195.728
65 y +
37,4
38,9
41,2
238.262
329.239
575.979
398.870
516.734
821.964
57,2
56,9
57,2 3.178.090 3.703.445 4.438.155 2.376.481 2.800.615 3.315.025
Total
Anexo 5.
Escolaridad proyectada de las mujeres de 15 y más años de edad.
Promedio de escolaridad
Mujeres de 15 y más años
Mujeres
1996
2000
2010
2025
2000
2010
2025
15-19
10,00
11,00
11,00
11,00
629.166
711.680
686.813
20-24
11,60
12,00
13,00
14,00
591.040
690.849
685.561
25-29
11,10
11,60
12,50
13,67
600.480
616.113
699.895
30-34
10,60
11,10
12,00
13,33
607.333
579.868
707.929
35-39
9,90
10,60
11,60
13,00
605.891
591.810
685.852
40-44
9,60
9,90
11,10
12,50
528.691
598.275
609.611
45-49
8,50
9,60
10,60
12,00
435.310
594.676
570.528
50-54
7,70
8,50
9,90
11,60
364.344
514.662
576.857
55-59
6,90
7,70
9,60
11,10
310.621
417.864
574.435
60-64
6,40
6,90
8,50
10,60
244.563
342.290
557.756
65 y +
5,60
6,40
7,70
9,90
637.132
845.973 1.397.943
9,30
9,87
10,73
Total
11,91 5.554.571 6.504.060 7.753.180
SEGUNDA PARTE
Mujeres y Trabajo. Una mirada cultural
a los proyectos de vida de las jóvenes
Francisca Sánchez
RESUMEN EJECUTIVO
El estudio Mujer y Trabajo, una mirada cultural al proyecto de vida de las jóvenes, se enmarca
dentro de las iniciativas de la Unidad de Estudios Prospectivos preocupada de reconocer las
transformaciones que nos afectan como sociedad para proyectar políticas a futuro.
Bajo la observación de un movimiento sostenido, mujeres incorporandose al mundo del trabajo,
se planatea que estamos frente a un cambio cultural, generando preguntas y reflexiones acerca de
sus modos de ocurrencia, elementos que le favorecen y resisten, contradicciones, tensiones no
resueltas, etc. El supuesto del cambio y sus efectos, hace necesario un registro que atienda sus
cualidades y nos de pistas de su naturaleza.
Se planteó un estudio exploratorio con la intención de averiguar cuál era el estado de la cuestión
en mujeres jóvenes respecto a sus orientaciones a futuro. El carácter de la información que se
recogería serían descripciones y relatos desde un enfoque cualitativo apropiado para registrar
tales hablas y deducirlas como saberes culturales. La apuesta era pedirles a ellas mirarse en
algunos años más y con ello hacer asomos al futuro.
Tomando como eje el tema de la mujer y el trabajo, y de acuerdo a los antecedentes que
teníamos, resolvimos fijar una pregunta que abordara una tensión de fondo, la relación
conflictiva entre proyecto familiar y proyecto laboral. El supuesto era que la manera de
responder tal pregunta tendría diferentes matices de acuerdo a los sentidos culturales presentes en
los discursos de los jóvenes, y que esta diversidad fortalecería el carácter exploratorio. En este
mismo sentido, la prioridad se puso en contar con voces juveniles escogidas intencionadamente
de acuerdo a su nivel educativo y lugar de residencia.
Por ser el estudio una primera aproximación nos interesaba, más que la representatividad de la
muestra, registrar los códigos o conversas que circulan entre las jóvenes en relación a sus ideas
de familia y trabajo. Por tanto, el valor del estudio no reside en las extrapolaciones a grupos
mayores, sino en reconocer en voces parciales un primer paso hacia sentidos sociales y culturales.
Bajo esta idea, optamos por confeccionar tipos ideales que agruparan los proyectos de vida. Así,
el análisis de los datos se centró en recoger aquellas distinciones presentes en las jóvenes para
entender sus roles tradicionales, madre, esposa y dueña de casa y aquellas relacionadas con sus
prácticas laborales. A partir de ella se desprendieron orientaciones de futuro bajo las que se
organizaban las maneras de definir femenino.
De los relatos escuchados podemos afirmar lo siguiente:
•
En todas las conversaciones con las jóvenes la maternidad continúa siendo el eje que organiza
la experiencia femenina.
•
•
•
•
•
•
Sin embargo, entre ellas podemos distinguir dos maneras de entender maternindad, una que
asume la responsabilidad de los hijos como indelegable y que llamamos maternidad de la
presencia. Otro, que sin abandonar el proyecto de ser madre busca redefinir su rol maternal y
compartir esta responsabilidad con otros miembros de la familia o delegarlo en terceros (Ej:
jadín infantil, servicio doméstico)
Respecto al modelo de pareja, se distinguió entre aquellas que sostienen la complementación
de la mujer dueña de casa y el hombre proveedor, y otros proyectos en que ambos cónyuges
proveen y asumen responsabilidades dentro de la familia y casa.
En relación al tema trabajo las diferencias se dan entre trabajo instrumental y trabajo
entendido como espacio para desarrollar inquietudes.
La distinción primera, del trabajo como medio, se asocia a dos razones: ayudar con los
ingresos familiares cuando los generados por el hombre son insuficientes, o como estrategia
de acceso para lograr una visibilidad social, “ser alguien en la vida”.
La valoración instrumental de lo laboral, a su vez, está atravesada por la idea de que trabajo se
opone a maternidad, trabajo es sinónimo de descuido. Esto confirma, que en algunos
proyectos de vida la identidad femenina sigue fijada en la experiencia materna, dificultando
con ello la gestación de una identidad como trabajadora remunerada.
El trabajo valorado como realización personal se asocia a una voz crítica orientada a reformar
su relación la maternidad . Postula que buena madre no es sinónimo de no trabajo o en
permanente preocupación de los hijos, sino aquella que es también una buena profesional.
Bajo estas distinciones diversas, pueden encontrarse patrones comunes para agruparlas. Estos
patrones los llamamos sentidos del discurso y en torno a ellos construimos las tipologías.
Clasificamos en tres tipos los proyectos, el primero de ellos pone el acento en una maternidad
indelegable opuesta a lo laboral. De modo que las jóvenes que participan en él acudirán a
trabajar sólo como urgencia, cuando esté en juego la estabilidad económica de la familia.
El segundo tipo, quiere participar del trabajo por ser una estrategia que les permite integrarse
socialmente y “surgir” en la vida. En la mayoría de los casos, está asociado a las jóvenes que
quieren mayores grados de autonomía y no depender económicamente de sus parejas. La
contradicción en ellas es que esta motivación para trabajar no necesariamente se asocia a la
busqueda de relaciones de pareja más igualitarias o tareas domésticas compartidas. Para ellas, el
tema de fondo es que a sus antiguas obligaciones se ha sumado la de ser trabajadora y, teniendo
para ello, organizar su tiempo.
El último tipo agrupa a aquellos proyectos que visualizan el trabajo integrado al proyecto
maternal. La integración de ellos, depende del respaldo que tengan de sus parejas y de las
satisfacciones obtenidas en sus trayectorias laborales. Al mismo tiempo está fuertemente
marcado por la autonomía, que organiza proyectos flexibles y desafiantes a las identidaddes de
género rígidas.
De acuerdo a esto, la tensión más significativa se ubica en la relación maternidad-trabajo. En
todos los proyectos este par genera discusión. Para algunas significa abandono de los hijos y salir
sin desearlo a trabajar, para otras lo conflictivo es nuestro modelo cultural que recalca este par
como alternativas excluyentes, lo que no apoya los proyectos que anhelan su conciliación.
Aceptando que el mercado del trabajo se está feminizando, es importante señalar que las
resistencias y las contradicciones están presentes en los procesos de cambios. Por ello se
requieren estudiar periódicamente las maneras en que nosotros y nuestros cotidianos nos
acomodamos. Contar con el estado de situación permiten orientar los cambios en las direcciones
deseadas.
INTRODUCCION
RAZONES PARA UNA MIRADA CULTURAL
Educación, Trabajo; Nuclearización de la familia
La educación junto con el ingreso de la mujer al trabajo remunerado, son orientaciones que se
han sostenido y reforzado durante el último tiempo. Ambas han interpelado los modelos de
género, reacomodando la relación femenino - masculino y los contextos de realización.
La salida del ámbito doméstico hacia el ámbito público, inaugura para muchas mujeres y
hombres relaciones laborales novedosas que se suman a relaciones de género preexistentes.
Espacios tradicionales -doméstico/público-, que señalaban estrictamente el lugar de los sexos, se
han matizado y reorganizado para dar cabida a nuevas experiencias de género. Son estas
variaciones, las que nos confirman la naturaleza cultural y social de tales relaciones.
Junto con la participación femenina en espacios tradicionalmente masculinos, la familia también
registra modificaciones; se ponen los temas de flexibilización de roles al interior del hogar, de
compartir responsabilidades, etc. Sin embargo, la variación más notoria respecto a familias de
décadas anteriores, es la tendencia, cada vez más marcada de nuclearización, las parejas optan
por tener menos hijos y ambos trabajar, realizándose laboralmente y aportando con el ingreso
familiar.
Bajo este orden de cosas, la Unidad de Estudios Prospectivos del Ministerio de Planificación, ha
reflexionado e interpretado estos “síntomas” como parte de un cambio estructural que afecta a
nuestra cultura y que debe ser tomado en cuenta para la planificación de políticas futuras.
La Hipótesis del cambio cultural
Para Humberto Vega, la incorporación de la mujer al trabajo constituye un movimiento de larga
duración a la manera como la entiende el historiador Fernand Braudel. El concepto alude a
aquellos elementos más permanentes que determinan en gran medida temporalidades más
veloces y cambiantes; su fuerza, dice Vega, arraiga en el cambio cultural originado en la
cotidianidad de las relaciones conyugales, en las modificaciones de los proyectos de vida de los
progenitores, conscientes o inconscientemente asumidos. La historia pública o privada que puede
cambiar la historia, sólo es posible cuando actúa en el mismo sentido del movimiento de larga
duración35.
35
Vega, Humberto; 1997 En ponencia presentada en el seminario: “Población, sociedad, y mapa político del siglo XXI”.
Ministerio de planificación y cooperación, Unidad de estudios prospectivos. Stgo .pp 6.
Para Vega, el proceso de transición demográfica, caracterizado por la disminución de la
natalidad y mortalidad; se entiende a partir de la participación femenina en el mundo laboral, en
voz de Vega: “la hipótesis explicativa del origen y desarrollo paulatino del proceso de transición
demográfica hace recaer en el cambio del rol económico y social de la mujer, y en las
modificaciones profundas que ha experimentado su modelo cultural o proyecto de vida, el factor
principal y la explicación de las características que asume esta transición. El cambio de proyecto
o nuevo proyecto de vida se va haciendo cada vez más predominante en las nuevas generaciones
de mujeres, independiente de su posición social y de sus niveles de ingresos. Esta transformación
que es esencialmente cultural, favorece la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, atrasa
la edad promedio de los matrimonios, reduce el tamaño promedio de las familias, busca una
relación conyugal más equitativa, amplía el horizonte de oportunidades de las mujeres y se
expresa en una reducción de la tasa de crecimiento de la población, provocando el proceso de
transición demográfica”.36
De este modo, se propone que el cambio se produjo en mujeres que repensaron su rol de madre
para combinarlo con el de trabajadora, profesional, su identidad se centraría tanto en el ser
madres como en su desempeño laboral. Por otra parte, al homologar cambio cultural a
movimiento de larga duración, se asume la irreversibilidad del fenómeno, de modo que se vuelve
necesario idear políticas que partan de esta base es decir, capaces de resolver las demandas de las
“madres-trabajadoras”.
Bajo esta consideración se genera la idea de realizar una investigación que dé cuenta de la
incorporación de la mujer a la experiencia laboral remunerada, precisando su comportamiento
frente a las variaciones globales del mercado de trabajo y la dimensión cultural que la explica. Se
propone la investigación sobre Tendencias y Proyecciones del Trabajo Remunerado de la
Mujer, para Describir las tendencias de la participación laboral de la mujer en Chile 19701996, en el nivel económico, demográfico -familiar y cultural, como antecedentes para realizar
proyecciones hasta 2024 y esbozos de políticas públicas. Buscar las causas más profundas de los
cambios que ocurren y su relación con los movimientos de larga duración.37
Esta prospección precisará, ajustará y evaluará, la hipótesis sostenida en un inicio por Vega.
Como nuestro ejercicio es contrastar, preferimos adoptar una posición abierta a la existencia de
elementos, también estructurales, que no hayan experimentado variación, suponiendo que la
modernidad, fuente de cambios, y la apertura de espacios de participación laboral femenina, no
necesariamente se resuelven en cambios culturales unidireccionales. Es necesario revisar.
Ibídem. pp 8
álvez, Thelma 1997, en documento de trabajo presentado como primer avance, durante el mes de Julio en MIDEPLAN. pp1
Proyecto de vida
(Sentido para el futuro?)
tinuidad
nificados
ntidos
Cambios en sentidos y
significados
¿Femenino?
milia
Nuestro estudio
Trabajo
ternidad
<
>
Tensión
Dadas estas justificaciones, nos parece pertinente situar ahora este
informe Mujeres y trabajo, una mirada cultural al proyecto de vida
de las jóvenes. Nuestra preocupación y aporte es recoger el relato
cultural que describe la incorporación futura al trabajo de mujeres
jóvenes y las claves que organizan sus proyectos de vida. Desde allí
ver los futuros posibles.
La exigencia de una proyección cultura puede resolverse al conjugar a futuro género, en un gesto
que recoja los proyectos de vida de las futuras trabajadoras que ahora son jóvenes.
Ellas, más que otras generaciones, han estado expuestas a los mensajes modernizadores que
exigen niveles educativos mayores al de sus madres, y a los procesos de urbanización que se
traducen en la exigencia y demanda de mayor participación laboral38. En este sentido este grupo
pasa a ser un lugar privilegiado para reconocer el ritmo con
que se modifican los cotidianos.
rror! No se encuentra el origen de la
ferencia.“Las mujeres jóvenes viven entre
s mundos: entre el mundo de los mensajes
la modernidad y el mundo de la
cialización familiar tradicional; entre el
pulso que se da a su educación y la
presión de su participación en los espacios
e no sean los largamente sacralizados; entre
idealización de su rol familiar, maternal y
atrimonial y la necesidad de insertarse en el
undo laboral” (Cepal; 1985:56)
Planeamos un estudio exploratorio sobre proyectos
de vida en las jóvenes, con el objeto de reconocer la cualidad
del cambio cultural, precisar su magnitud y presencia en los
sentidos comunes expresados en la discursividad juvenil.
Indagar en los sentidos culturales que componen los
proyectos de vida, nos entregará
herramientas útiles para interpretar las vivencias particulares
como parte de experiencias de género presentes en nuestra
sociedad, a favor o en resistencia a cambiar.
Concretamente la pregunta a las jóvenes es por la relación
entre proyecto familiar y proyecto laboral. Al interrogar por
ambos estamos suponiendo que el modelo femenino
“tradicional” centrado en el horizonte familiar, debe corregir
su centralidad y dar cabida a la variable trabajo. Esta
introducción genera una tensión en lo delimitado como femenino, para algunas interpela la
experiencia maternal y promueve su resignificación, para la mayoría lo laboral no desaloja la
identificación primera pero sí complica su realización originando la percepción de ser madre a
medias y trabajadora secundaria.
Cuál es el nivel en el que se registra el movimiento, qué significado tiene para las mujeres
participar laboralmente, hay en este tránsito una voluntad de cambio resultado de reorientaciones
Díaz, Marcela; Suit, Soledad; 1992. Mujeres Jóvenes en Chile. Primeros elementos para una reflexión. En Género, mujer y sociedad. Proposicione
diciones SUR, Stgo. pp 230-236.
de sentidos o, por el contrario, es un movimiento introducido al cotidiano efecto de realidades
económicas precarias;
es apropiado leer las respuestas urgentes como
resignificaciones identitarias ?, o se
precisa atender las contradicciones y resistencias que desobedecen la idea de cambio y porfían
en la reorganización de las desigualdades de género...?
Nos parece que el estudio de las
resoluciones de los dos planos en los proyectos de vida, nos acerca a los sentidos culturales, a las
construcciones de futuro. Los proyectos constituyen relatos que interpretan la experiencia,
significan y valoran la relación entre anhelos familiares y laborales, autorizan y desautorizan
sentidos, arriesgan y ensayan posibles, los relatos son producciones discursivas de identidades.
Para este propósito, se diseñó una estrategia metodológica39 que contempló la realización de
cuatro grupos de discusión y cuatro entrevistas semi- estructuradas. La transcripción de la
información permitió analizar los discursos presentes en los decires o conversaciones de las
jóvenes, arrojando aquellos ejes en torno a los cuales se organizan los futuros y proyectos de
vida. Al mismo tiempo, se recogieron distinciones hechas acerca de tipos de maternidad y
maneras de valorar el trabajo, así la mirada al futuro dependerá de lo definido como madre y
como trabajadora.
En base a esto, se organizó el material en tres relatos tipos, cada uno de los cuales corresponde a
una manera de resolver la pregunta por la relación familia-trabajo. De este modo las voces de las
jóvenes identifican una determinada manera de cualificar femenino hoy, hablando de cuál(es),
es/son, el/ los, eje(s), que organiza(n) identidad de género.
Así, desde las respuestas a la pregunta original, nos acercamos a mirar cambios en los proyectos
de vida y a sus efectos sobre las identidades femenino masculino y sus prácticas cotidianas.
El recorrido se inicia con una invitación a “dar un vistazo general” a las voces de las jóvenes. Se
seleccionaron aquellas frases que recrean al tipo ideal de hablante. La panorámica consiste en
tres relatos, cada uno de ellos introductorio a las distinciones con las que se construyeron los tres
tipos de proyectos.
Luego del habla suelta; Se expone la información procesada de acuerdo a las distinciones más
relevantes presentes en los discursos, se destacan los siginificados para maternidad, pareja,
domesticidad, y trabajo. El análisis es más exhaustivo en el tema del trabajo y sus dificultades
con las distinciones para madre.
El tercer paso ensaya una lectura más comprensiva, se recomponen o clasifican las categorías de
las hablantes de acuerdo a un sentido, así habrá un proyecto orientado hacia lo familiar y
materno, otro que buscará su realización en “llegar a ser alguien” y un tercero que desea
desarrollarse libre de esquemas rígidos. Dentro del mismo capítulo se entregan aproximaciones
hipotéticas respecto a relaciones o correspondencia de determinados discursos con niveles
Ver Anexo 1, Diseño Metodológico.
educacionales, experiencias laborales de sus madres, frustraciones escolares, bajas expectativas
de integración social...
El informe se cierra contrastando la hipótesis que originó el estudio con la pregunta ¿Registran los
proyectos de vida de las jóvenes cambios que permitan corroborar el supuesto del cambio cultural?
La respuesta que en ese capítulo ensayamos es mas una sugerencia que una sentencia que
dictamine.
CAPITULO UNO
Nociones generales, las hablas juveniles
Hemos escogido introducirnos a la escucha de las jóvenes desde las presentación recreada, de tres
relatos. Cada uno de ellos son varias personas conversando, su distinción en tres corresponde a
una formalización posterior, que grupa en comunidades de habla aquellas voces que se asemejan
en su orientación de futuro. Acompañaremos de una descripción breve, útil para guiar la lectura.
Por el momento nos interesa sólo esto, la familiarización con los decires, con los sentidos
comunes, que sirvan de base introductora al análisis y los capítulos que le siguen.
RELATOS # 1
Proyecto hacia lo familiar y materno
rror! No se encuentra el origen de la
ferencia.En este relato lo que
ima
es
una
maternidad
delegable que ordena bajo sí a
abajo,
lo
valora
strumentalmente y lo entiende
mo actividad ocasional. El
abajo
entorpece
las
sponsabilidades de madre, esposa
dueña de casa.
La pareja
mplementa el rol femenino
méstico con el rol de proveedor.
sí, este relato se rige más por la
milia que por el trabajo.
“...Si yo saco mi título y mi mamá vé que yo estudié,
que saqué mi título y que trabajé un tiempo y, que
después yo lo dejé por mi familia; No se sentiría mal,
porque ella vería que yo me esforcé y que lo dejé
porque ya había cumplido mi meta... hay madres que
dejan sus hijos botados por ahí y sin saber qué les
pasa por trabajar mejor y darles más material.,
Algunas mujeres son malas, no se preocupan de su
familia, piensan en la plata, Por eso te digo, yo
quiero trabajar, hasta tener un hijo, esa es mi forma
de pensar, hasta que quede embaraza’ , pa’ disfrutar
bien mi guatita. El niño me quitaría tiempo si estoy
trabajando, entre verlo a él y verlo a mi mario’...
entonces mejor dejar el trabajo y tendría tiempo pa’
los dos.
Trabajar podría ser un obstáculo, porque no sé, a
ver, tu de repente llegai’ tarde y tu mario’ te está
esperando y no está listo algo, porque él también está
cansao’ de venir de trabajar, no hay un contácto de la pareja (...) Si trabajara no
tendría una buena relación de pareja, porque no sé mucha desconfianza, mi
mario’ se pondría cachuo’, y yo me pondría cachua’ por él, porque el está
cachuo’.
La mujer lleva al hombre, según como sea la mujer, es el hombre, si tu soy
buena onda como que el hombre te sigue y después se acostumbra, si tú estai’
con ánimo como que le subis’ el ánimo a él, por ser hola mi amor, cómo estai’,
cómo te fue en el trabajo... te ve contenta... pero si te ve achaca’, pucha estoy
cansa’, más se achaca él, más se cansa. La mujer lleva al hombre porque ella
es la que lleva más tiempo en la casa.(...)Porque si la mujer trabaja igual está
descuidando los quehaceres de la casa.
por ser, la mujer que se queda en la casa se levantara temprano, le da desayuno
a los niños que se van temprano al colegio, hace las cosas todas temprano, tiene
todo arreglado temprano y tiene por ser la tarde por si el hijo tiene problemas o
cualquier cosa tiene la tarde pa’ dedicarle al hijo, si le va mal en el colegio, ya
por último ya que yo estudié yo te enseño, así como pa’ compartir, más
confianza, una familia así.
El hombre ideal es el hombre trabajador responsable que no sea farrero, que no
sea carretero y primero que nada fiel. (...) Hay hombre que les interesa llevar la
plata pa’ la casa pa’ que tú estis feliz y él después sale pa´la calle a juntarse con
los amigos, pero hay otros hombres que no, que llevan la plata y de repente se
quedan compartiendo con su familia, su familia es más importante, yo creo que
el mario’ también tiene que compartir con el hijo, darle cariño yo creo, no
solamente la mamá, si es que tiene tiempo no más. el hombre igual tiene que
trabajar, porque es obvio (...) en la casa es más natural que el hombre mantenga
a la mujer y que la mujer se quede en la casa, es como que le pagara por hacer
las cosas, el hombre es el que paga.”
RELATOS # 2
Proyecto; maternidad y trabajo, el esfuerzo personal
¡Error! No se encuentra el origen de la referencia.Coincide
con el anterior en que entiende la tarea
maternal como responsabilidad primordial, trabajar es también abandono, sin embargo este
sentimiento compite con la valoración de la independencia, “del no depender del marido” y con
la convicción de que es posible “surgir” sin la ayuda de nadie. Esto se traduce en un proyecto
contradictorio, que al mismo tiempo que plantea el incorporarse a trabajar para “ser alguien”, no
abandona el modelo que centra la identidad en la madre. En la práctica el tiempo debe ser
organizado para alcanzar a cumplir como madre, como trabajadora, como dueña de casa.
“Ah, era muy linda mi familia cuando mi mamá no trabajaba po’, o sea, mi
mamá pasaba en la casa, se preocupaba de mi, o sea, tenía como más
preocupación por mí, mi papá no me pescaba mucho estaba preocupado de las
mujeres... se separaron, entonces ya con mi mamá era mejor, ya de ahí empezó
a trabajar porque como que costó salir adelante, no había otra que salir a
trabajar, después de que tienen problemas y entran a trabajar ya te dejan mucho
de lado. entró a trabajar a una fábrica de confecciones y bueno llega super
tarde. Pienso que el trabajo es para ella pa´ resolver los gastos que había en la
casa. Yo estoy trabajando y ahorrando pa’ poder tener pa’ mis estudios, si es
que en eso estoy , quiero seguir estudiando, las ganas son las que no se me
tienen que quitar, porque si tú quieres ver más a futuro ser alguien en la vida,
si no le ponis’, empeño nunca vai’ a surgir, hoy en día, si tú no tenis’ estudios,
uno no es nada, entonces eso me dió a entender cuando salí de cuarto, que yo
con cuarto medio no era nada.
Yo no te digo, yo salgo del colegio y me voy a casar, no porque vai’ a quedarte
ahí, vai’ a quedarte ahí en un hoy. no vai’ a surgir, con cuarto medio nada, es
muy poco lo que se puede pedir en proyecciones de un trabajo digno, algo que
te remunere, yo aspiro siempre a más, o sea, yo quiero ser una persona
independiente de mis papás y de un marido que te mantenga algo que te
solvente por tí sola.
Me gustaría que los dos trabajemos, llegar a un acuerdo pa’ poder trabajar,
pero si no me deja trabajar, bueno chao no más. en algunos matrimonios si tú
trabajai’ empiezan los problemas, porque dice oye descuidadi’ los niños.
Encuentro que es más dificil ser mamá ahora que antes, es como más
sacrificado, porque igual hay muchas separaciones, la mujer tiene que trabajar
pa’ mantener la casa, el hombre como que aveces está más flojo (...) Los
hombres son como reacios a ayudar, o sea, no ayudan mucho no aportan mucho
a los quehaceres domésticos de la casa, lo veo como que la mujer tiene que
hacerlo todo, el hombre sigue igual, en su ámbito laboral trabajando. era como
más relajao cuando la mujer no trabajaba, o sea, yo no encuentro malo que la
mujer trabaje, pa´ mí es super rico que la mujer trabaje pero ahora cuestan más
las cosas, antes no costaba tanto ahora está como más sacrificado todo.
Hay harto trabajo que hacer en la casa cuando la mujer trabaja, se junta todo lo
que tenis’ que hacer de lunes a viernes, todos los quehaceres, o sea, lavar ropa,
preocuparte de los hijos, si tenis’ hijos es como más agotador. Igual hay que
tener un tiempo pa’ hacer las cosas, igual es más pesao’ llegar y hacer los
quehaceres, pero uno tiene que ir organizándose, ir dándose su tiempo.
Me gustaría un trabajo para que sea de lunes a viernes, un trabajo cómodo y
que tenga un tiempo pa’ estar con mi hijo, pa’ compartir con él, si no después
te reprochan mucho (...) si no puedo dejar el trabajo, lo dejo con una persona
que realmente sea confiable y trabajaría pa’ poder dar lo que necesite po’ no
tanto lo material sino que también parte educación una buena educación un
buen estudio.
De repente es bueno que la madre trabaje pero, siempre viendo en qué situación
esté para poder dejar a los niños,
Si estas trabajando, tienes una buena situación, para qué tener más hijos, es
aumentar la pobreza en este país, así que no, soy como bien consciente, uno o
dos hijos, pero para mí sería más rico uno, para poder criarlo bien darle todo.
No es tanto renunciar a nada, es como aplazar, estai’ aplazando, pero no
privarte de nada, vai aplazando, así teni’ mejor situación, ya te da pa’ tener un
hijo, lo teni’ después lo criai’. Los tiempos de ahora no están pa’ tener tantos
cabros chicos”.
RELATOS # 3
Proyecto crítico, integración madre-trabajadora
Da cuenta de voces críticas, que no se sienten representadas por el modelo
maternal como lugar único identitario. Las críticas son síntoma de malestar
con las desigualdades de género en el ámbito del trabajo, en las relaciones de
pareja, en la distribución de las oportunidades, etc. pese a que se cuestiona la
igualdad, lo que se pide es que se valoren las diferencias, es decir, que se
abran espacios reales de participación a proyectos personales. Ellas quieren
conciliar en su proyecto de vida, familia y trabajo; para hacerlo deben
flexibilizar las distinciones rígidas para femenino y masculino; adoptar cómo
fórmula de identidad la creación de nuevos sentidos que permitan un proyecto
propio y ello implica orientarse hacia la conquista de mayor autonomía.
“Mi imagen de los 7 años es yo llegando del colegio y mi mamá revisándome
el estuche pa’ ver si estaban todos lo lápices, y las mañanas escuchando
Beethoven a todo chancho y yo haciendo las tareas... yo iba a la casa de mis
amigas y veía a sus mamás que llegaban rejuvenecidas del trabajo, como que
embalá a la casa, por qué chucha mi mamá todo el día en la casa ?
(...)Empecé a encontrar las cosas medias absurdas en la casa, como que de
repente llegaba mi papá, mi mamá viendo una telenovela que a ella le gusta,
llega mi papá y él va y cambiaba la tele (...) mi papá quiere todo a su gusto, oye
viejita, le dice a mi mamá, cómo está el aguita, pa’ bañarme... no hay que dejar
que los hombres se acostumbren a cómodos,
Siempre le resultó cómodo a mi papá y a mi mamá ese contrato que tenía de
ser él el proveedor absoluto y mi madre ser la protegida, hasta que a mi mamá
le salió un trabajo, estuvo trabajando dos años y resultó ser increíble pa’ mí ver
a mi mamá haciendo algo por ella, dentro de lo que conozco es la etapa en la
que mejor ha estado. El bombardeo de noticias, la misma sociedad te va
diciendo que la mujer tiene que asumir su rol, no solamente el de dueña de
casa, sino también que tiene que hacer otras cosas igual que los hombres, Todo
te ha hecho cambiar tus estudios... yo creo que la educación te ha hecho abrir
los ojos, que el mundo no es lo mismo siempre que en el matrimonio.
Lo primero que te pide la sociedad es que te preocupes de tus hijos, porque
trabajai’ suponen que tu estai desprecupandote de los hijos, no la dejan
rehacerse como mujer (...) una siente que la responsabilidad del hijo es de una,
uno lo asume como carga de una no más, no asume que el mario’ pueda dejar
de trabajar, uno pide ayuda porque siente que el otro te va ayudar, por más
liberal que una sea.
Yo creo que los hombres ahora económicamente se ven presionados a que
también su mujer los tenga que apoyar... si todos los hombres ganaran buena
plata, realmente habría como esa apertura para que trabajara la mujer? Es un
cambio superficial en la medida que digamos necesitamos salvar el hogar o qué
se yo, que los hijos tengan buena educación. Es dificil encontrar un hombre que
sea buen papá y buen mario’, él no va a dejar el trabajo de lado por un hijo,
tampoco se va a quedar a cuidarlo
Si vamos a tener hijos los vamos a criar los dos, no puede la mujer seguir
pensando en que tenemos que actuar igual que la mamá, igual que nuestros
antepasados porque si nos vamos a salir de la línea, nos van a criticar, van a
decir que somos malas, hay que darle un revuelco a la cosa... Siguen los
prejuicios, si contratai una mujer vai’ a tener que poner salacuna, si voy a pedir
un trabajo y viene un hombre a pedir trabajo para lo mismo, con el mismo
título que yo tengo, lo eligen al hombre; porque con esto de que la mujer queda
embaraza’, tienen que pagarle por el hijo.
Hay que olvidarse de los comentarios, de lo que digan, porque sino, tú nunca
vai’ a poder llegar a tu meta, lo que tu queris’ llegar a realizarte como mujer,
porque tenis’ que ser así, sino te bloqueai’ te quedai’ en la casa, criai’ a los
niños y ese es todo tu mundo, no veo que trabajar sea un descuido
Lo que pasa es que una traslada demasiado rígidos los modelos, por qué? Por
qué no abrirse un poquito a que tener una nana que te cuida a los hijos y los
cría por tí se transforma en en que el hijo le dice mamá a la nana, el realizarte
como persona no es dejar de ser mamá. Si yo siento que mi hijo está mal
cuidado tampoco podría ser buena profesional., tengo la impresión de que todo
es conciliable, cachai’ que el famoso consenso hueón’ siempre se tiene que
conseguir en algún momento (...) Yo soy como más fría, si tengo que dejar a mi
familia y partir, o sea, yo creo que la voy a dejar, yo quería ir a una beca con
Juan Carlos y entre los dos nos vamos a tratar de educar, no sé, va haber una
solución a eso, pero yo no voy a dejar de trabajar, soy como más directa, no soy
tan como ese sentimiento maternalista.
CAPITULO DOS
Análisis, distinciones sobre familia y trabajo
Tres relatos, tres proyectos de sentido, bajo los que se organizan las diferentes maneras de
entender Familia: maternidad, pareja y tareas domésticas, en compatibilidad o no, con el
proyecto de Trabajo significado como instrumental o experiencia vital.
1. FAMILIA
Lo familiar se abordó desde tres tópicos, maternidad, pareja y tareas hogareñas. La primera
constituyó el eje de la discusión. Las dos restantes participan del proyecto de familia pero se les
concede menor importancia.
1.1 Maternidades
“Hay como que adaptarse a ese algo, pero ser feliz en ese algo, sin dejar de tener los pequeños
sueños, porque si tu no tenis esas pequeñas metas de ser mamá más allá o más acá, puta, no
podis’ vivir”
Hablar de la familia que se desea para el futuro, fijó la mayor parte de la conversación de las
jóvenes, en el eje de la maternidad. Ella aparece como uno de los referentes más presentes, desde
la que se plantea una identidad posible para femenino. De este modo, son ideas de maternidad,
son maternidades, que varían de acuerdo a los futuros deseados.
Destaca este eje como un camino, todas se proyectan como madres, contrastando con aquello que
aparece como más lejano a la experiencia o más expuesto a variar según circunstancias,
constituir pareja y la distribución de qué o cuáles responsabilidades del hogar corresponden a
quien.
La figura materna presente en las jóvenes varía en los contenidos o las maneras de entenderla.
Entre estas, dos fórmulas compiten para definirla, una rígida y otra flexible. La primera la
llamaremos maternidad de la presencia y predomina en jóvenes de sectores populares que no
tienen definido sus estudios a futuro. La segunda que resignifica la imagen maternal, está
presente en sectores medios y altos que buscan seguir educandose y que se proyectan
laboralmente.40
1.1.1 Maternidad de la presencia:
40
De acuerdo a los grupos y las entrevistadas reconocimos una tendencia mayor en las jóvenes de menos
recursos a identificarse con el modelo de la madre presencial, modelo que también está presente en algunas
jóvenes de sectores medios. La tendencia a flexibilizar la maternidad apareció en la conversa de grupos con
mayores ingresos y mayor nivel educativo. Según el orden del estudio, no es posible afirmar que esto sea una
constante, si nos parece que es un elemento importante que podría ser profundizado o corroborado con un estudio
que controle la variable socioeconómica y educacional en base a una muestra representativa.
“Los niños sufren cuando la mamá tiene que irse a trabajar, aunque la tía del jardín sea cariñosa y
sea todo lo que sea, no es la mamá, los niños necesitan que la mamá esté al lado”
La maternidad exige la presencia de la madre, el vínculo madre-hijo se funda en una experiencia
incuestionable. El código de la presencia es el que marca la división entre una buena madre y una
madre descuidada. Tal valoración se origina en la manera de tematizar la vinculación con el hijo,
embarazo y crianza forjan un lazo irreductible, asociado a la naturaleza, al amor maternal. En la
práctica el afecto se realiza en alimentar, cuidar, educar, en el “estar ahí”. Estas cualidades son
las que constituyen la experiencia de la madre, responsabilidades que conforman el relato social
y cultural; renunciarlas o delegarlas es alejarse de lo legitimado para mater.
?
“La mujer tiene un hijo 9 meses, lo siente dentro de uno, algo suyo, que
salió de dentro, algo bonito, es como de naturaleza”
?
“Debe ser bonito tener una relación madre-hijo, donde las satisfacciones sean totalmente
plenas”
?
“Tu necesitai’ que tu mamá te diga, uuuy mi niñita, es diferente que te lo diga ella a otra
persona, aunque te lo diga de la misma forma, es diferente hasta por la voz”
Esta lógica al mismo tiempo que orienta la experiencia en un sentido, es distinción que opone
femenino a masculino, fijando a femenino en madre presente y a masculino en padre ausente.
?
“Tengo un papá tan ausente, mi papá afectivamente cuando lo veía era
super amoroso, pero en términos de formación, mi mamá cachai’, de educación es
mi mamá, mi mamá desde donde la miris’ todo absolutamente todo es mi mamá...”
Así, este código es también una forma de resolver una identidad, las jóvenes definen para sus
vidas futuras un lugar de realización, una meta.
1.1.2 Resignificación de la maternidad
“Lo primero que te pide la sociedad es que te preocupes de tus hijos, porque trabajai’ suponen
que tú estai’ despreocupando a tus hijos, no la dejan rehacerse como mujer”
Resignificar la maternidad implica desafiar el modelo de género que expusimos arriba, supone un
malestar con aquello que define que femenino tiene un sólo camino de realización, es decir que
“mujer” se cancela en “la” madre. Al mismo tiempo aquellos discursos que sostienen que se debe
repensar una maternidad en términos de flexibilizarla, son discursos que todavía carecen de total
legitimidad y que por tanto aparecen como críticos e innovadores.
?
“No se puede seguir pensando que hay que actuar igual que la mamá, igual
que nuestros antepasados, porque si nos vamos a salir de la línea, no sé po’ que
nos van a criticar, van a decir que somos malas, no po’, yo creo que hay que darle
un revuelco a la cosa”
Para la jóvenes que visualizan su identidad no sólo en la familia sino también en un quehacer
laboral, la maternidad pensada como presencia no es un marco adecuado de lectura para una
experiencia que busca desrigidizar dicha marca para femenino. De modo que del quiebre entre el
modelo maternal rígido y lo que se desea a futuro, se generan preguntas y respuestas que
resuelvan un sentido de vida en coherencia con la vivencia.
?
“Lo que pasa es que se traslada demasiado rígidamente los modelos, por
qué. Por qué no abrirse un poquito a que el tener una nana que te cuida los hijos y
los cría por tí se transforma en que el hijo le dice mamá a la nana, y el realizarte
como persona tampoco es dejar de ser mamá”
El lugar de origen de la flexibilidad y crítica a la rigidez proviene de experimentar espacios
alternativos de realización que permiten poner en entredicho la identidad definida unívocamente
?
“En mi caso más que trabajar porque mi marido se me vaya y me pueda
mantener sola, es trabajar porque tengo que pa´algo estoy en este mundo, más que
pa´venir a tener hijos sino que a crecer como persona, como que tengo que
entregarle al mundo mi ser”
El distanciamiento de una experiencia alternativa y la fundación de un discurso crítico, revela a
identificación femenino-mater como artificio cultural, por tanto que puede o no ser obedecido.
Con ello lo femenino deja de ser una experiencia recargada de atributos inamovibles e
indelegables y pasa a rearmarse a ritmo propio.
?
“
-Hay cosas que no puedo dejarselas a un hombre, a una nana, no se
las puedo dejar a nadie, está la ternura, está el amor maternal, es irremplazable,
yo no lo transo, el cuidado, los detalles, los valores que tú le vas inculcando
- No estoy de acuerdo contigo en que hay lugares que tu no cedes,
pa’ mí el único lugar que yo no cedo es que amo a mi hija, y que sea como sea, a lo
mejor la voy a ver re-poco, pero yo sé que lo que no se va a perder es esa
comunicación entre las dos ”
No se desaloja la maternidad, lo que se pone en duda es que haya una sola manera de ser madre y
que los hijos sean de su responsabilidad exclusiva, se busca flexibilizar. Volveremos sobre este
punto más adelante.
Desde estas consideraciones la maternidad pasa de la prescripción a la descripción, ejercicio en
que la experiencia se apropia de referentes -maternidad, trabajo- reorganizándolos. Se trata de
una identidad que adopta elementos de uno y otro, para realizar inquietudes actuales y futuras,
orientaciones que exigen la capacidad de conciliar, es decir de no renunciar ni a uno ni a otro
porque ambos contribuyen al proyecto de vida.
?
“Yo aparte de de ser mamá necesito ser mujer, necesito ser profesional,
entonces creo que es como al contrario, si yo no estoy bien, tampoco voy a poder
ser una buen madre”
Tras la reformulación de la maternidad, están proyectos vinculados a escenarios extra familiares.
Las jóvenes más aventajadas para reconocer, oportunidades o futuros con más alternativas, son
las que tienen estudios superiores y experiencias laborales, su opción es incorporarse a trabajar,
porque reconocen como legítimos y conquistables, para femenino, espacios fuera de los
reservados en la familia. Rediseñar la maternidad es entender que delegar no es sinónimo de
irresponsabilidad, que trabajar no es abandonar, que tener logros personales no es egoísmo, que
planificar número de hijos y el tiempo de ser madre no es postergarse.
1.2 Parejas y tareas de la casa
“-Mi pareja tendría que ser compañero y que entendiera además que yo trabajo
-No te vayai’ a buscar un machista
-No, evidente que no
-Una nunca sabe...! ”
Estas dos dimensiones, menos centrales, circundan tímidamente cuestiones vinculadas a la
identidad y a los cambios en las parejas y en los hogares.
Para las jóvenes el matrimonio deja de ser sinónimo del “para toda la vida”, las experiencias de
inestabilidad conyugal de sus padres se incorporan como variable posibles en el futuro, de modo
que formar una familia con una pareja estable es un incierto. Algunas quieren casarse, otras
convivir otras prefieren ser madres solteras. Entre las razones de las primeras está la
complementación de la pareja, la mujer se preocupa de la casa y los hijos, el marido de abastecer;
es decir, un modelo funcional sostenido en la complementación femenino doméstico y masculino
proveedor.
Otras bajo el ideal de relaciones más flexibles confían en un “compañero” con quien compartir
las responsabilidades familiares y laborales, tanto ellas como las terceras introducen la noción de
independencia económica, y de autonomía.
Respecto a la división de tareas en la casa, había acuerdo de “que el hombre esta acostumbrado a
cómodo”, lo doméstico sigue recayendo como responsabilidad para las mujeres. Este diagnóstico
es señalado en los discursos como la permanencia más evidente de “machismo”. Ello aparece
como dificultad particularmente para las mujeres que desean trabajar y que se ven a futuro
sobrecargadas como dueñas de casa y responsables de los hijos. Cuando este comentario se
transforma en reflexión, en algunas dudan entre ser madres solteras o casarse o convivir.
Así, hay quienes desde el argumento de que “es propio de la naturaleza masculina...” renuncian a
que puedan haber parejas compatibles con sus proyectos de familia. Lo masculino, no se ajusta
al futuro que se quiere, él, signado como lo irresponsable, más bien puede sumar una carga que
pone en riesgo logros a futuro. Este tipo de crítica está especialmente presente en aquellas
jóvenes que sostienen el discurso de surgir en base al propio esfuerzo e independencia
económica.
?
“Tengo un conflicto con los hombre, encuentro que son todos iguales, infieles,
mujeriegos, por eso te digo, no estoy segura si me case”
?
“En lo que se refiere a ser madre o a lo laboral, a mí me gustaría siempre
ser sola, siempre salir adelante sola, no me gustaría que mi mario’ me mande o
mande a mi hijo”
?
“Por mi parte yo no me veo casá, porque yo quiero trabajar, tener buena profesión pa´
mí, no pa’ mi mario’”
Sin embargo, se puede generar otro tipo de crítica, una que no desacredita lo masculino, que no
apela al argumento de la naturaleza. Son los discursos que postulan la resignificación de la
maternidad, los que al flexibilizar y desdibujar de la exclusividad femenina la crianza de los
hijos, requieren de la configuración de un padre, el deseo es de compartir la responsabilidad. La
crítica es entonces a lo masculino que no ha dado este paso.
?
“Hay un problema, el hombre dice yo tengo que estudiar y tengo que proveer a la
familia, el hombre está en ese marco todavía, jamás van a pasarse el rollo pucha qué hacer con
los cabros chicos si estoy trabajando”
?
“El papá tiene que estar ahí, después me dí cuenta que el papá no iba a estar”
?
“Le empieza a pasar al hombre, que él ya no es el que sustenta 100% la
parte económica, le empiezan a pasar cosas, o sea le empiezan a faltar las
relaciones con los hijos”
Desde estos proyectos se busca flexibilizar también las tareas al interior del hogar, relaciones
hombre-mujer más igualitarias reflejadas en las responsabilidades compartidas, desobedientes a
modelos rígidos de distinción femenina-masculina.
Por último como señalamos, el modelo de complementariedad más tradicional, está presente en
combinación con los discursos asociados a la maternidad indelegable. Al tener que estas presente
en la crianza, se realiza en compatibilidad con ser dueña de casa. Las críticas a masculino se
refieren al marido no piensa en su familia, que es infiel y se farrea la plata con los amigos.
?
“Los hombre tienen la obligación de pagar la luz, el agua, darle pa´ que coman, y las
mujeres por su parte dan el amor, con que los hijos estén bien alimentados, porque ella con la
plata que le da el mario’ tiene que ver, si po’ ella hace... entonces ahí se complementan”
2. TRABAJO
“De aquí al 2025 puede que la mujer ahí esté asumiendo el rol de trabajadora, las mujeres ahora
aunque salen más, igual llegan en la tarde a darle comia’ al mario’, o sea igual tenis’ que tener el
rol de dueña de casa aunque seas una mujer trabajadora”
Trabajo es el otro eje en torno al que se realiza la reflexión sobre el futuro. En todos los discursos
lo laboral aparece como algo positivo, se asocia con un avance de la mujer en la igualdad con el
hombre,“la mujer se ha ido liberando más...” Sin embargo, este juicio pierde consistencia,
cuando se pasa del Ellas a la incorporación del Yo, de un referente -sustantivo- al Trabajar que,
verbalizado y personalizado relativiza la primera afirmación.
Ello porque desde el yo no todas las jóvenes valoran de igual manera trabajar, y porque no todas
ponen su maternidad en igualdad de prioridad a lo laboral, mas bien lo que ocurre es que este
queda supeditado al primero.
Las voces se agrupan básicamente en torno a dos orientaciones, una de ellas considera la
relación mujer-trabajo como instrumental, la otra aboga porque el trabajo constituye una
experiencia vital.
2.1 Trabajo instrumental
“Pa’ algunas es más importante lo económico, como trabajar pa’ tener cosas y de qué le sirve; si
después va a estar sola sin hijos”
El trabajo pasa a ser valorado instrumentalmente cuando la maternidad es el centro. El trabajo
tiene una jerarquía menor, es renunciable, versus lo irrenunciable de la responsabilidad en la
crianza de los hijos.
Trabajar no se inscribe dentro de lo deseado sino, como medio para alcanzar un determinado fin,
este se confunde con la consecución de respuestas a dificultades económicas, sacar adelante a los
hijos, la casa, etc... Para este discurso la identidad de trabajadora es precaria o inexistente, es la
maternidad la que arrebata y concentra todas las alternativas de futuro.
Tener una identidad fijada en la maternidad, vela todo otro rumbo, lo materno gobierna y bajo él
lo laboral es funcionalidad no expresividad.
?
“...en realidad a veces las mujeres que no están ni ahí con trabajar,
trabajan porque... por tener una buena situación económica pa’ los hijos, pal’
futuro, o sea, darles más en el futuro”
?
“La mamá siempre se esfuerza por los hijos, quizás de repente a los hijos
les falta algo y ella deja de comprarse algo para ella, pa’ tener mejor al hijo,
siempre prefiere el bien de los hijos al de ella”
El trabajo se valora negativamente al juzgársele de abandono de los hijos , y se expresa
instrumentalmente al ser posibilidad única para solventar el proyecto familiar deseado o, como
estrategia para ser alguien y automantenerse. De esto resulta un proyecto de vida que elude
trabajar como condición permanente es decir elimina tener una maternidad a medias, y otro en
que lo laboral es parte del proyecto y vive su maternidad insatisfactoriamente.
2.1.1 Trabajo instrumental como Ocasión
Esta orientación está presente en las jóvenes de sectores bajos, su expresión extrema está
en aquellas que, tematizando la maternidad bajo la lógica de la presencia, no quieren repetir con
sus hijos su experiencia de abandono como hijas de madres trabajadoras
?
“Aunque tenga un solo hijo, no trabajo, porque quiero esta harto con ellos, porque con
mi mamá yo tampoco estuve, estuve más con la patrona”
?
“No sé, yo creo que después los hijos te lo reprochan mucho, o sea, eso
pasó con el caso de mí con mi mamá, simpre yo, ah porque tú trabajaste, me
descuidaste”
Aunque idealmente trabajadora y “buena madre” se excluyen, o sea, no se justifica la ausencia
femenina a causa del trabajo, en la práctica, este esquema se rompe, provocando la disposición a
salir a trabajar ocasionalmente o a emplearse para resolver la urgencia.
El trabajar, por sí solo, carece de sentido, no está asociada a logros, es una actividad. Una de las
expresiones más sintomáticas de que no pasa a ser lugar de identificación permanente, es la
autopercepción del trabajo como APOYO en los ingresos familiares, confiriendo lo laboral a lo
masculino, el trabajo femenino es secundario, un fuera de lugar, un tránsito que durará tanto
como demore en resolverse la estabilidad económica familiar.
?
“En mi casa somos varios hermanos y la plata hace falta, entonces si mi
papá trabajara no alcanzaría y con el apoyo de mi mamá la plata alcanza para
todos”
Lo laboral como proyecto no existe, sino como ocasión, en la práctica el trabajo se “cuela” en
respuesta pragmática a la precariedad económica, trabajar se adopta provisoriamente para acceder
a recursos que ayuden a financiar gastos familiares. Trabajar es resultado, no realización de un
anhelo proyectado, es consecuencia no deseada de una experiencia de carencia.41
?
“En caso de que mi mario’ no tenga plata y que no sé po’ no tenga ni pa’
comer, una cosa así, yo ahí trabajo”
?
“A mí me gustaría quedarme en la casa, cuidar a mis hijos y no trabajar,
pero viendo la situación de que mi marido no va a tener buen dinero, o sea igual yo
creo que va a alcanzar con un sueldo, mientras esté un hijo, pero si a proyección
uno quiere tener más hijos con un sueldo no ve alcanzar”
Los proyectos resuelven un lugar para el trabajo bajo la etiqueta de actividad extraordinaria, la
“buena maternidad” se ampara en la probabilidad de no trabajar . Sin embargo lo extraordinario
es cada ves más ordinario.
41
Sería interesante revisar cómo ha variado la noción de carencia y calidad de vida a la luz de nuestras pautas de
consumo, acelerando la salida o no de la mujer a espacio laborales
2.1.2 Trabajo instrumental como parte del proyecto
“Trabajar y tratar de tener una buena familia, que el trabajo no me perjudique”
Las misma razones que en el discurso anterior, es decir el énfasis en la experiencia maternal y
familiar, conducen a significar trabajo como una actividad que no constituye la realización de
una vocación, o un espacio de realización personal. Sin embargo para este discurso trabajar es
una constante durante la vida y no algo ocasional.
Incorporarse al trabajo bajo su comprensión instrumental, da cuenta de ciertas contradicciones
cuando trabajar no es una opción sino una obligación cotidiana.
?
“Encuentro que es más dificil ser mamá ahora que antes, es como más sacrificado
porque igual hay como muchas separaciones, la mujer tiene que trabajar pa´poder mantener la
casa”
En este caso, sin haber modificado la manera de entender femenino ligado a lo familiar, buscan
horarios flexibles para no desatender su rol de madres y otros dentro de su hogar. Manifestar la
flexibilidad de los horarios, introduce el tema de la planificación y organización de tareas y
tiempo.
?
“Me gustaría que mi trabajo sea de lunes a viernes, que tenga tiempo pa’
estar con mi hijo, creo que así lo haría”
Acompaña generalmente a este discurso de negación personal, de no reconocimiento, otro, el
discurso del “surgir” del “ser alguien” orientando la instrumentalidad del trabajo como manera de
acceder a reconocimiento social, que “integra” y confiere un “status”, es decir el trabajo
confiere un lugar legitimado por el discurso público de un país que produce y avanza y que
promueve el esfuerzo y sacrifico personal.
?
“Aunque una no tenga, cada una tiene que hacer su futuro, si no te abris’
las puertas no te las va a abrir nadie... y yo, yo me tengo fé, me tengo harta fé, yo
sé que si uno quiere, si uno quiere algo puede hacerlo, aunque no pueda, tú queris’,
podis’”
El surgir es de hombres y mujeres, siendo lo propio de LAS jóvenes confundir el surgir
laboralmente con el plano de la familia y su preocupación de madre. Esto advierte que el sentido
del ser alguien no toca, ni modifica el modelo de género, sólo involucra un cambio que acerca a
la mujer al mundo laboral sin reparar en las contradicciones que ello pueda causar con el
escenario familiar o con su realización de su feminidad.
?
“Yo creo que si uno va surgiendo en el trabajo, va a poderle dar más cosas
a los hijos, va a tenerlos mejor de como los tenía antes, cada vez ir superandose en
el trabajo, o sea, tener mejor familia”
?
“Si tu no te planificai’ obviamente que siempre vai’ a hacer lo que siempres
hacis’, o sea, siempre vai’ a estar ahí pega’ y yo no quiero estar ahí pega’”
Estas contradicciones son las que dan cuenta de que los cambios son procesos; son lentos ajustes
entre cultura y condiciones de vida, que mientras no se produzcan, generan tensiones, suturadas
con discursividades que ocultan la bisagra entre innovaciones y resistencias .
2.2 Trabajo como experiencia vital
“Es que no todas las mujeres trabajan por una cuestión económica, también quiero
tener mis espacios propios”
Este discurso es el que promueve la incorporación de la mujer al trabajo como camino hacia la
obtención de mayores libertades. De este modo el trabajo pasa a ser uno de los espacios donde se
expresan las capacidades de hombres y mujeres.
?
“Yo pienso que todo ser necesita desarrollarse en varios planos”
?
“Pa’ mí es una satisfacción trabajar, o sea, es la energía de mi vida”
Lo laboral signado como realización, valorado positivamente y como anhelo a futuro, se expresa
en la observación que las jóvenes hacen acerca de las experiencias de sus madres
?
“Pa’ mí el trabajo de mi mamá fue fundamental, o sea, sentir el aporte de
mi mamá en mi casa era super importante ... pa’ ella además era super llenador
porque era un mundo que le gustaba y la sensación de verla feliz a ella”
?
“Mi mamá siempre ha estado ahí, acompañando a mi papá y no
desarrollandose como persona, tener sus amigas, salir a grupos, participar con
más mujeres. Me ha servido en el sentido que yo no quiero hacer eso, viendo lo
opuesto”
Otras observaciones que contribuyen a cualificar lo laboral, desentendido de su sentido
instrumental, es la educación, lugar de descubrimiento de alternativas de futuro, de gestación de
inquietudes, vocaciones, de aprendizajes y manejo de conocimientos... Estudios y trabajo
constituyen espacios legítimos para ser apropiados .
?
“Opté por estudiar diseño de vestuario porque me encantaba desde chica,
por vocación, si tenía un trapero viejo le hacía pantalones a las barbies... No me
gustaría estudiar diseño de vestuario y ponerme a ser telefonista”
?
“Trabajé un año y después me salí, porque quise seguir estudiando lo que
me gustaba que es trabajo social”
?
“Yo lo que estudié a mí me gusta, a mí los niños me fascinan, yo soy feliz,
de repente a mí no me pagan mucho, pero voy igual a trabajar, yo me levanto
temprano con ánimo, me encanta ir a trabajar”
Al identificar el trabajo como valor, lo materno como lugar exclusivo para la realización de
femenino queda bajo sospecha. De este modo las jóvenes han debido reorientar la maternidad
presencial, hacia una maternidad flexible, abierta a ser reformulada en ajuste al reconocimiento
de inquietudes, que no agotan la identidad en un solo plano de la experiencia. Es la
reivindicación de lo laboral y familiar como espacios integrables.
?
“Yo no veo el trabajar como un descuido, al contrario una mujer que está
en la casa con el hijo como media obligá, en el sentido de que podría estar
trabajando, si yo no estoy bien malamente voy a poder ser. No voy a poder ser una
buena mamá porque le voy a traspasar todas mis trancas, mis rollos que yo quería
estar trabajando y estoy aquí”
Estos reposicionamientos requieren de discursividades que acojan la vivencia particular en
descripciones comprensivas. Es este carácter particular lo que coordina la concepción del trabajo
como experiencia vital, a un sentido de proyecto autónomo, se reconquista el proyecto propio y
con ello la flexibilidad para atender a los cambios o nuevos escenarios sociales.
CAPITULO TRES
Distinciones integradas bajo un sentido, aproximaciones e intepretaciones
Las categorías recogidas en el capítulo anterior integran tres proyectos con sentidos distintos.
Antes de recomponernos explicitamos lo que entendemos por proyecto de vida.
¡Error! No se encuentra el origen de la referencia.“Uno
se maneja en dos niveles en el proyecto de
vida, se maneja en el imaginario: estudio sicología quiero terminar, me quiero ir a trabajar al sur,
quiero tener familia... pero la vida te pasa todos los días (...) Uno tiene que acomodar al
imaginario de vida que tiene, con las cuestiones que te pasan”
Los proyectos son fórmulas verbales que ensayan una orientación para guiarse o informarse del
futuro, constituyen la construcción de una estrategia. Tras la diversidad de estrategias
construíbles, es posible hallar una estructura que se repite: la tensión permanente entre lo ideal y
lo real.
Esta naturaleza, recuerda que los proyectos no son sólo deseos de futuro sino que tienen también
que ser factibles, que los sueños vinculados a la familia y los vinculados a estudios y trabajo son
también experiencias pragmáticas que contradicen o favorecen los ideales de realización. Es
justamente esta tensión la que moviliza un deseo generando un sentido para la vida. Los
proyectos familiares y laborales, presentan esta combinación de deseos y las dificultades que los
niegan, operatoria que produce un sentido propio, “que amable”, coherentice un relato para
describir la propia experiencia.
Así, la producción de las visiones de futuro de las jóvenes, combinan una tensión entre lo
deseado y lo eventual, un sentido de orden cultural y distinciones para definir maternidad, trabajo
y pareja-tareas. Mirar el cuadro, l as verticales dan la lectura analítica, las horizontales la lectura
comprensiva del proyecto tipo.
La primera horizontal, ilustra una voz que concibe su maternidad como central e indelegable, de
modo que trabajar queda signado como descuido. La mantención de una maternidad rígida,
dispone un lugar ocasional al trabajo, sólo en casos extremos. Mas bien delega en masculino lo
laboral con lo que complementa a femenino, centrado en esposa, dueña de casa y
particularmente en la maternidad y su cualidad de presencialidad. Bajo esta identificación, se
dificulta la elaboración de un proyecto laboral con el cual identificarse.
SIGNIFICADOS
Relatos
maternidad
trabajo
PROYECTOS DE VIDA
pareja-tereas
tensión
maternidad /
trabajo
maternidad
Relatos #1
Lo familiar y presencial,
lo materno
rígida
trabajo
secundario:
ocasional e
instrumental
complemento
domestico/pr
oveedor
maternidad
Relatos #2
Maternidad,
presencial,
trabajo,
el rígida
esfuerzo
personal
trabajo como
instrumento
para “surgir”
-ambos
maternidad /
trabajan
“ser alguien”
-tareas, doble
jornada
Relatos #3
Crítica,
integración
madretrabajadora
maternidad
flexible
trabajo como -pareja
experiencia
relación
vital
simétrica
-tareas
compartidas
maternidad
flexible /
maternidad
rígida
sentido
maternidad
indelegable
Esfuerzo
personal y
planificación
del tiempo
autonomía
Estas distinciones resaltan una manera de incorporarse al trabajo generando una contradicción o
tensión entre maternidad/trabajo, dejando a la vista una definición de femenino que asume
como sentido lo primero y rechaza “idealmente” lo segundo.
El tipo siguiente, postula al mismo modelo de maternidad rígida y a una relación funcional con
lo laboral. Sin embargo, se distinguen en que este, reconoce el trabajo como actividad cotidiana.
Para ello introduce un discurso que disminuya la tensión de ser una madre- trabajadora
“descuidada” al legitimar la instrumentalidad como fórmula de integración social que permite
mejorar o “surgir” en la vida, tener una mejor casa, o asegurar una mejor educación a los futuros
hijos. “Ser alguien en la vida” supone no depender de nadie, proveer la familia o mantener un
hogar es tarea que ambos cónyuges realizan.
Incorporar al proyecto una vida familiar y una laboral, se entiende sólo cuando se reconoce el
sentido que vuelve compatible la elección “surgir”. A femenino mater, dueña de casa, se suma
trabajar, trabajar para la familia, los hijos. De ahí que la demanda de horarios flexibles,
organización del tiempo y el esfuerzo personal sean los mecanismos hallados para cumplir todas
las funciones entendidas como responsabilidades femeninas. Pensamos que la identidad de
género está en tensión entre el modelo de madre presente y el ser alguien, transformandose en
ausente.
El tercero da una salida a esta tensión anterior, reorganiza la rigidez de la madre presente bajo
una lectura de la maternidad que la hace compatible con un proyecto laboral que no es abandono,
ni instrumento económico o visibilidad social. El cuestionamiento de la rigidez de la maternidad
habilita una búsqueda más libre en las maneras de realizarla, ella constituye sólo una parte del
proyecto de vida que se completa con proyecciones profesionales, pareja... Es por ello que
interpretamos la autonomía como el sentido que organiza este proyecto, porque sacude y critica
las nociones culturales que rigidizan una manera de entender femenino tensionado las
identidades gestadas a bases de otras inquietudes.
Junto con reconocer el sentido que las articula como respuestas, queremos ensayar algunas
aproximaciones que comuniquen estos discursos y su mayor o menor presencia como sentidos
comunes a ciertos grupos sociales. Como apuntes de una observación, su carácter no es
categórico ni menos generalizable para el resto de las jóvenes, son pistas que pueden ser
chuequeadas en trabajos posteriores.
En relación al tema de la disposición a trabajar queremos desarrollar algunas ideas que pueden
dar pistas. Al mismo tiempo reiterar y profundizar las en los sentidos de los proyectos para
entender el respaldo o no a la integración laboral.
Lo que llama la atención, es que todos los proyectos contemplan de alguna manera la
participación laboral. Este todos en su interior registra diferencias, integración involuntaria u
opcional, ocasión o proyecto, discursos reticentes o favorables a participar del trabajo.
Los proyectos de las jóvenes de sectores medios bajos con enseñanza media, presentan una
inclinación mayor a concebir trabajo instrumentalmente, sea este en términos ocasionales o como
constante para surgir. Esta distinción, se registra también en el ánimo de dejar de estudiar
terminada la media o continuarla bajo la idea de ser un medio de promoción social.
Entre las que mantienen una visión del trabajo como actividad ocasional, están jóvenes que se
autodescalifican con falta de capacidades para seguir estudiando e hijas de madres que se han
tenido malos empleos. Las frustraciones acumuladas por la trayectoria escolar y las experiencias
laborales maternas, generan imágenes poco atractivas, lugares que no gestan una identificación.
No hay una oportunidad de real de acceder a ocupaciones satisfactorias, de modo que se prefiere
una vida asociada a la familia “que te da recompensas”.
Desde este contexto de trayectorias frustrantes, se podría explicar en parte la reivindicación de la
madre como la figura que organiza la experiencia femenina; como alternativa de futuro que
facilita un sentido cierto entregando identidad. Su valoración comparada al trabajo instrumental,
es claramente superior. Empleo femenino, una vez madre, es postergación es desviarse del
sentido de vida, trabajo es urgencia en última instancia “trabajar o no trabajar no te va a quitar
ser más o menos mujer, o sea, es cierto que la mujer se siente más plena con el hijo”.
Las conversas de los grupos bajos y medios-bajos de enseñanza media, presentan también el
deseo de seguir estudiando, rendir la prueba de aptitud o perfeccionar su formación técnica para
insertarse laboralmente “tener un trabajo digno, que te remunere”. El deseo de “ser alguien” el
estudio y el trabajo como forma de surgir “ surgir, no quedarse donde una está, siempre estar
más arriba, siempre, pero no quedarse en un lugar fijo, yo estoy bien y me quedo aquí. Tú como
persona eres capaz de mantenerte por tí sola, yo lo veo así , tengo que trabajar para
mantenerme, para comer, para vestirme bien, para surgir”. Este sentido en nada altera su
modelo de maternidad presente “Tenis que surgir como repartío, pa’ que todo sea parejo, no
tanto irse a surgir en lo económico y dejar tanto a las personas de lado, porque al final de todo,
lo que más importa son tus hijos que ganar plata, aunque igual te sirve la plata, pero no por
ganar más plata vas a dejar de lado a tus hijos”
Para estas jóvenes de sectores medios -bajos participar laboralmente no es signo claro de que se
ha gestado una identidad entorno al trabajo, que sigue siendo instrumental “lo que yo quiero
estudiar tengo que hacer turnos y me alejaría demasiado de mis hijo, entonces preferiría dejar el
trabajo y buscarme otro que me acomode el horario, no importa que no sea lo que yo haya
estudiado...trabajar en algo que me acomode el horario, algo que también,o sea, no vaya a
destruir mi matrimonio”. Alimentando el esfuerzo personal y la planificación.
“Uno tiene muchos roles como mujer, trabajadora, dueña de casa, eres madres y aparte amante,
cachai’ aparte eres una mujer que quieres verte bien y por otros lados tienes tus gustos
personales (...) es como que uno tiene tantos roles que al final, yo siento que por tratar de
cumplir con todos yo desaparecería y pierdo el tiempo mío propio, tratando de ser mamá, de ser
esposa, tratando de estar en la casa”
Respecto al otro polo para incorporarse a trabajar, están aquellas que lo consideran un espacio
para desarrollar capacidades, está un grupo minoritario. Esta valoración de lo laboral, es más
frecuente en las que han tenido acceso a educación superior, técnica o profesional, eslabones
considerados parte del proceso del ingreso a trabajar, jóvenes que han tenido o buscado, la
posibilidad económica para estudiar.
En los sectores medios, están aquellas que, a veces sin tener recursos para estudios superiores,
se las ingenian para financiarse, consiguen becas, apoyo de hermanos mayores o trabajando al
mismo tiempo que estudiando. En ellas la vocación es lo que cuenta, realizar un deseo
profesional. La mayoría ha vivenciado la experiencias de sus madres dueñas de casas que no
tuvieron las oportunidades para continuar estudios o que debieron permanecer cerca de la familia
mientras el marido trabajaba.
Por su parte las jóvenes de sectores altos, tienen los recursos para estudiar, en su mayoría
postulan a carreras largas, con títulos profesionales. La motivación de estudiar es parte de una
trayectoria que se inicia en el colegio y se culmina con los estudios superiores, en la mayoría de
los casos esta continuidad no se cuestiona, es la norma. Del mismo modo tampoco se cuestiona
el ejercicio profesional y la importancia para el desarrollo personal. La mayoría ha observado en
padres y madres una trayectoria con buenos trabajos ajustados a sus expectativas laborales, o en
el caso opuesto han visto que sus madres al optar por la familia han postergado su desarrollo
como mujeres. Ambas funcionan como incentivo para incorporarse a trabajar.
Estas jóvenes -minoría- son las del relatos #3 ; tienen en común un proyecto que concilia familia
y desempeño laboral, desde ellas se confirma la ocurrencia de un cambio cultural, las jóvenes han
resignificado las identidades fijas, bajo el sentido de la autonomía que las orienta a la conquista
de más libertades, es justamente este sentido el que discute los modelos de género rígido y las
anima a criticar a sus madres que no salieron a trabajar.
La integración de familia y trabajo constituye el anhelo, pero es al mismo tiempo incierto, debe
desafiar marcas culturales, el cambio cultural es matizado desde lo que lo resiste y que se expresa
en la voz de quienes no se reconocen en los modos de representar lo femenino asociado a lo
doméstico familiar, imágenes ya desgastadas, incapaces de dar respuestas de futuro a inquietudes
diversas.
La crítica más fuerte es hacia el modelo de madre que invalida la opción de trabajar por leerlo
como descuido. En respuesta a él, se expresa la urgencia de legitimar varias formas de expresar
una identidad femenina, que exceda la univocidad que cancela mujer en madre. Se desautoriza la
manera “tradicional” de entender femenino, deja de ser referente útil porque no contiene una
experiencia nutrida desde inquietudes formadas desde los medios de comunicación, la educación,
la experiencias de sus madres profesionales... Jóvenes que portan discursividades inquietas que
no se animan a ser limitadas por referentes culturales que rigidizan la vivencia.
Una de la maneras más emblemáticas de descalce entre un tipo de lectura que no ha modificado
la manera de entender femenino en el discurso pero que si lo ha hecho a nivel de vivencia se
describe así “A mí me criaron como hombre, autosuficiente (...) uno de mis conflictos como
mujer, es tener tan incorporado mi deseo de desarrollarme como profesional, como persona”
Esta paradoja condensa una crítica al correlato cultural que no genera nuevos nombres para
experiencias originales, una paradoja que se produce de la descoordinación de la experiencia con
su manera de nombrarla.
El sentido de la autonomía reivindicado promete la diversidad, la expresión de las experiencias
particulares, un espacio social de discursividades que se reconozcan y valoren con descripciones
atentas a la vivencia, versiones que converjan o diverjan de los relatos culturales de género. La
autonomía es un llamado a la docilidad, flexibilidad, de apertura a la diversidad o como dijo una
de ellas “cada mujer sabe como piensa, si quiere o no formar familia, si quiere estar casa’, si
quiere o no tener hijos soltera, yo creo que está en cada una (...) hay que dejar que pasen las
cosas que nos diferencian”
Las tres variantes confirman que hablar de género no es hablar de la mujeres en general, sino de
las diferencias que distinguen a unas de otras de acuerdo a sus realidades sociales particulares.
CAPITULO CUATRO
Conclusiones Acerca del cambio cultural
Retomando lo señalado en la introducción acerca de argumentos que favorecen el postulado de
un cambio cultural en nuestra cultura - Educación, ingreso de la mujer al trabajo remunerado, y
disminución del tamaño de las familias- quisimos averiguar cómo estas tendencias registradas
cuantitativamente cobran sentido desde una lectura de resultados cualitativos.
La afirmación de que trabajo femenino constituye un cambio cultural, o movimiento de larga
duración y, que su expresión más clara es la disminución de hijos por hogar, coincide con los
proyectos de familia de las jóvenes. Sin embargo, al agregar la voz complementaria de lo
cualitativo, se recupera una mirada comprensiva de los sentidos sociales involucrados, es la
verbalidad bajo la cifra.
De este modo, los tres discursos recogidos integran el porcentaje que señala que las mujeres han
aumentado su nivel educativo, forman parte de la población que entrará a trabajar y según sus
proyectos tendrán no más de tres hijos. En los hechos, los resultados son los mismos, en palabras
los sentidos de los hechos son variables, heterogeneidad de justificaciones que cualifican cómo
se produce el cambio, los ordenes discursivos que lo fundan y lo resisten.
Así, cada proyecto se suma a la cifra pero, con un sentido particular, que dependerá de
experiencias familiares, de sus frustraciones y éxitos escolares, de las alternativas para seguir
educandose, de los tipos de trabajos en los que pueden proyectarse, etc.
Considerando los tres tipos y los sentidos que asumen trabajo y familia para las jóvenes,
afirmamos
que
está
ocurriendo
un
Diagrama 1
cambio cultural.
Cambio cultural
Continuidad cultural
De acuerdo a
nuestro esquema
“Esfuerzo personal”
#2
“Familia, Maternidad”
#1
conviven
tres
Planificación del tiempo
Madre presencial y trabajo
maternidad presencial y
como abandono
discursos: uno que
trabajo instrumental
representa
la
continuidad
¿Proyecto familiar y
Laboral?
cultural42, versus
otros dos que
permiten afirmar
orientaciones
”
“Autonomía#3
Compatibilidad
emergentes como
madre y trabajadora
la incorporación
42
Ver en Anexo 2: Lecturas, lo planteado por Sonia Montecino, por Adriana Valdés, acerca de las identidades de
género. Las autoras sostienen la permanencia de la experiencia materna como eje en la construcción de la
identidad para femenino
del discurso neo liberal sobre el esfuerzo personal para ser alguien , o aquel que desde más
tiempo reflexiona acerca de las desigualdades y rigideces de género, apuntando a su
reformulación.
De estos dos, la orientación a trabajar tiene motivaciones distintas. En el discurso del “surgir”
trabajar no proviene de un cambio en las relaciones de género sino, de un cambio en el modelo
de sociedad y sus mecanismo de integración, marca la discursividad joven con el querer ser
alguien. La incorporación al mercado de trabajo implica participar de lo legitimado por los
discursos público que hablan de modernización, desarrollo, o crecimiento económico. Abrimos
aquí la pregunta si acaso estas jóvenes identifican su proyecto con el discurso que describe el
tránsito hacia la modernización de la nación, nación que al igual que sus vidas busca “surgir”,
tener visibilidad, e integrarse y tener un reconocimiento
Esta motivación para participar laboralmente, no modifica automáticamente los modelos de
género con que las jóvenes construyen su futuro. Es decir, al no cuestionar “roles” signados para
femenino, madre presente, dueña de casa y esposa, reaparecen “a la larga” (duración) las
asimetrías de género bajo otros nombres, doble jornada, trabajo secundario... es decir, es cierto
que las mujeres están trabajando pero también lo es, que continúan asumiendo como “tareas
propias de su sexo” a familia y maternidad que no puede ser desatendida. Este no abandono del
modelo de género “tradicional” hace importante para ellas flexibilizar sus horarios de trabajo y
planificar el tiempo y número de hijos.
De acuerdo al modelo económico, a los discursos públicos, a los mensajes de los medios masivos
de comunicación, a la no modificación o continuidad del modelo femenino centrado en familia y
maternidad... pensamos que será el sentido discursivo y cultural más eficiente para incorporar
mujeres a trabajar, pero al mismo tiempo el más ciego para resolver sus dificultades como
madres presenciales - trabajadoras.
La otra motivación para trabajar tiene que ver con el tipo de cambio que hemos venido
mencionando en páginas anteriores. Este se origina como respuesta a modelos de género rígidos
y reformula a femenino legitimando la incorporación al trabajo, ahora ya no desde su
instrumentalidad sino desde su valoración como espacio de gestación de identidad laboral.
Este tipo de cambio, no es generalizado, es más bien propio de grupos minoritarios con mejores
ingresos y mejor educación, que están integrados socialmente. Su preocupación se concentra en
sus dificultades como mujeres en un medio cultural que no les garantiza igualdad frente a sus
pares masculinos.
El cambio en este tipo de proyecto se refleja en la mirada crítica y reivindicativa de la autonomía
desde donde redefinir “buena madre”, ensayando caminos de integración y no de contradicción
entre familia y trabajo.
Diagrama 2
Maternidad
Maternidad
presencial
Continuidades
Maternidad
Flexible
Cambios
¿Cómo se define
?
femenino
Trabajo
secundario
Identidad
Laboral
Trabajadora
Esta orientación, se hace más patente cuando se le opone al discurso de las jóvenes que conciben
su identidad fijada sólo en su experiencia materna y familiar relatos# 1 aquellas que no concretan
proyecto laborales más que los ocasionales. El diagrama dos ilustra ambos extremos de cualificar
femenino.
Sin embargo, la modificación exitosa de un cambio en los modelos de género, requiere de la
incorporación al debate, de la voz masculina. La concreción de los proyectos que propician el
cambio en el modelo cultural de género, pasa por repensar el vínculo con lo masculino
interpelándolo a asumir tareas y a redefinir su masculinidad. De la experiencia que realizamos
con el grupo de discusión de hombres 43, advertimos una ausencia de la pregunta sobre la
relación familia y trabajo, el problema sigue siendo “de las mujeres”. Quizás lo más pertinente
sea destacar la variedad de opiniones vertidas, unas más reticentes a asumir roles protagónicos en
el cuidado de los hijos, ( justificado en que la la naturaleza escogió a la madre), otras más
abiertas a participar de la crianza y compartir responsabilidades familiares.
¿Qué tipos de proyectos de vida son formulados por los jóvenes en relación a la familia y sus
proyecciones laborales? Podría ser la pregunta pendiente para un estudio que complemente con la
voz masculina aquí ausente.
Finalmente, precisando el planteamiento de Vega44 acerca del cambio cultural en los proyectos
de las jóvenes, nos parece que este, da cuenta sólo en forma parcial de las razones que han
43
Se realizó un sólo grupo con jóvenes estudiantes universitarios de sectores alto, que utilizaremos para reseñar
algunas dificultades para la producción de un cambio cultural que modifique femenino-masculino.
44
La hipótesis expuesta en la introducción, sostiene “La hipótesis explicativa del origen y desarrollo paulatino del
proceso de transición demográfica hace recaer en el cambio del rol económico y social de la mujer, y en las
modificaciones profundas que ha experimentado su modelo cultural o proyecto de vida, el factor principal y la
explicación de las características que asume esta transición. El cambio de proyecto o nuevo proyecto de vida se va
haciendo cada vez más predominante en las nuevas generaciones de mujeres, independiente de su posición social
y de sus niveles de ingresos. Esta transformación que es esencialmente cultural, favorece la incorporación de la
mujer al mundo del trabajo, atrasa la edad promedio de los matrimonios, reduce el tamaño promedio de las familias,
busca una relación conyugal más equitativa, amplía el horizonte de oportunidades de las mujeres y se expresa en
motivado a las mujeres a trabajar. Que el acceso a mejores oportunidades de trabajo, relaciones
de pareja más igualitarias, etc. corresponde sólo a la realidad de quienes se plantean en el
proyecto de la autonomía, de los otros dos no es posible afirmar lo mismo. Esta razón, hace
necesario incluir otras motivaciones que influyan para participar en puestos de trabajo, debemos
insistir en profundizar las pistas esbozadas en este estudio para enriquecer los saberes en que se
fundan las políticas.
una reducción de la tasa de crecimiento de la población, provocando el proceso de transición demográfica”.(Vega,
1997:8)
Descargar