mérito como la que mencionamos, se haya visto postergada

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REVISTA DEL CICNTIiO DE LECTCRA
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mérito como la q u e mencionamos, se haya visto
postergada, por prevenciones. q u e ciertamente no
debiaii pesar en la balanza de la justicia.
Pero el Sr. Pleguezuclo no debe desanimarse
por ello, sil drama es bueno, el público lo ha
comprendido así mismo, y le ha hecho justicia,
tomando su defensa y poniéndose en conria de la
empresa q u e tiene á su cargo elTcatro de la Zarzuela.
q u e ocupaba el otro nido.
Aún distinguir no sabía
d e madre propia ó agena,
y liallaiiiio q u e es madre buena
la q u e nos sufre y nos cría,
por más q u e á tender el vuelo
poco desp~iCsse lanzaba,
siempre al nido regresaba
lleno d e aiiioroso anhelo.
Brillante es la campaíía q u e los literatos espaíioles han emprendido, desde q u e se inauguró el
nuevo Ateneo, y la Mei~iorinsohre la poesía dramática debida á la galana pluma de Don Jacinto
Octavio Picón. ha producido excelertte efecto e n
los ilustrados socios de aquel centro literario.
N o nos ocuparemos de la idea capital que sohre
el arte dramático desarrolla dicha Memoria, idea
q u e ha encontrado rnucllos é ilustres irnpitgnadores; pero sí diremos q u e dará tiizrgen á animados
debates y q u e está escrita eii la perfecta forma peculiar al seiíor Picón, y con la galaiiura de estilo
q u e aquilata todas sus ubras.
T a m b i é n la seccióii de Ciencias naturales del
propio Ateneo se halla en plena actividad, á consecuencia de ciertas afirniaciones contra los médicos hechas p a r el Sr. Torres Campos.
H a hecho uso de la palabra el S r . Sanz Escartín perteneciente á la escuela positivista, contestándole el Padre Sánchez, el Sr. Zahonero y el
Sr. Puig y Pérez.
Los debates después del incidente del Sr. T o rres Campos, se h a n elevado á una altura digna
y mesurada, d e la cual no deberían nunca descender.
Era una tarde de estío,
y la turba entre el ramaje
sacudiendo su plumaje
entonaba cl pío pío;
cuando i caso singttlar!
q u e iiatiie esplicarse supo,
u n pajarillo del grupo
rompió de pi-onto b cantar.
-i Calle! gritó la gorriona
con voz q u e á todos espanta;
¿quién es el gorrión q u e canta
lo mismo q u e una persona!
-Este ha sido, niadre mia.
-;Cuil? E l q u e al nido cayó?
Ya tiie figuraba yo
q u e de casa n o sería.
Y pues goza con su canto
dejando el trino y la avena.
cante muy enhorabuena ....
cniiieremos entre tanto.
T e suplico me perdones,
padre Dante; hay un dolor
niayor q u e el q u e tú supones,
y es sentirse ruiseñor
en un mundo de gorriones.
MANGEL
DEI. PALACIO
* *
Nada más digno d e particular mención puede
registrar la presente crónica y pedimos perdón á
nuestros habituales lectores por la omisión q u e
d e ella liicimos e n el pasado mes, omisión involuntaria, y d e la cual nos resarcireiiios cumplidamente en l o succsivo.
JOSEFAPUJOLDE COLI.ADO.
u n nido de granzones
u n ruisenor
. - se cayó,
y sin saber cómo, dió
e n u n nido de gorriones.
Era el tal, recién nacido.
y no sabiendo volar
la prole vino á aumentar
D
E
HISTORIA D E SIRIO
A
D X ~ R A S Ee n
estos momentos en el firmamento
una magnífica estrella q u e brilla todas las
noches encima de nuestras cabezas.
iQuiéii no ha oido hablar de Si?.io?
Este astro expiéndido es la estrella más explendorosa del cielo y n o es posible dirigir la vista á
la bóveda celeste sin distinguirle debajo y á la izq ~ i i e r d ade Orión resplandeciente de litz e n la
prolongación inferior de la línea oblicua de los
Tres-Reyes.
Mirando á simple vista á esta estrella se adivina q u e es grandiosa y q u e tiene importancia considerable e n el universo q u e nos rodea.
Dirigiendo el anteojo al astro, este se anuncia
e n el telescopio por un resplandor análogo a l de
la aurora, y cuando aparece en todo su brillo
produce u n deslumbramiento solar qiic no es posible sostener sin fatiga. Y sin embargo, iio es
más q u e i i i i punto e n el espacio sin dimensión
alguna apreciable, incomparablemente menor e n
reali~iaii q u e cl piitito más pequeíio q u e pueda
imprimir la tipografía.
Si distitiguimos 6 Sirio es iinicaiiicnte á causa
de la viva intensidaii de su itiz y no á caúsa de
sus dimensiones. Wollastón lia dedilcirio de sus
estudios fotoinétricos que el diátiietro de Sirio no
escede para nosotros más q u e en unacinciientava
parte de scguniio: es u n circulo de r milímetro
situado á r o o o o metros iic distancia, y por consecuencia, imperceptible a la simple vista.
Cual no será, pues, la intensidad luiuinosa de
este astro para que, redticido á u n punto matemático, llcgue su luz con tal vivo resplandor á
nuestros ojos, para q u e pueda fotografiarse en el
foco quíniico de oiuestros cristales; para que,
condeiisados siis rayos eii la placa de una pila termo-il~iímica,nos periiiitati apreciar el calor q u e
nos llega de tan lejos y para que, iiescompuesta
por el prisma, permita su luz al análisis espectral reconocer las siistancias diversas q u e se quem a n e n el 11orno de ese sol lejano.
i Lejano sol! Todos comprendemos q u e n o hay
otro nombre q u e dar á ese punto luminoso, á esa
estrella. Si ese sol q u e nos alumbra y oos hacevivir, si el astro de nuestros dias terrestres, tan deslumbrador, tan ardiente, tan jigantesco, si ese
globo de fuego u n iiiillón doscientas ochenta mil
veces mayor q u c la tierra, fuese por iiiaravilia
trasportado á la distancia en donde resplandece la
estrella de que liablamos, quedaría reducido n o
al aspecto de Sirio 6 de una estrella de primera
magnitud, sino al de los astros de sexto orden, á
la humanidad de la estrellas mas pequcíias pcrceptibles á la simple vista; porquc la luz denuestro sol es muy inferior 6 la d e ese hogar lejano.
w
Pero lleguemos al conocitiliento detallado d e
ese sol y su sistema.
L o primero que liay q u e hacer para ponerse e n
relaciones con él es comprobar ante todo la natnraleza d e su liiminico.
Examinada al espectrtjscopo, su luz d a u n espectro d e siete colores, é interrumpido por cuatro
acusadas líneas negras, una en el rojo, otra e n el
verde aziil y las dos últimas e n el violado. Estas
cuatro rayas pertenecen a l hidrógeno, y coinciden
con las cuatro más brillantes q u e se distinguen
e n el espectro d e diclio gas cuando se le eleva á
una alta temperatura. Además de estas rayas fundamentales y inuy anchas, se notan e n e l amari110 una negra y m u y tina q u e parece coincidir
con la del sodio, y e n el verde algiinas más con-
fiisas qtie corresponden al magiicsio y al hierro.
L a particularidad característica de este tipo es
la anchura de lasrayas del liidrógeno, la cual parece demostrar q u e la atmósfera de Sirio posee
u n gran cspesor y está sometida á una presión
considerable.
Las estreilns q u e tienen tal género d e luz por
nota distintiva, son las nias blancas del cielo, y
también, probablemente, las más cálidas y luminosas; porque domina en su composición el hidrógeno quc arde en ellas á una clevadisima temperatura. -4 este tipo pertenecen, además de Sirio, IJegn, Rige!, Pr-ocyoiz y Aftoir., más d e la
mitad entre 13s m i s hermosas del cielo. Su espectro difiere riel espectro solar, porque e n este son
las rayas más numerosas y finas, como q u e n o
domino en ellas el hidrógeno y la luz menos deslumbradora y mas amarillenta: Capella, Artzti-o,
Polii.~, Aldebei.nii, pertenecen á este segundo
grupo, l o mismo q u e nuestro sol, que no es blanco sino amarillo.
E n todo este conjunto, Sirio figura e n primera
línea por sil esplendor.
¿ C u á l es su volumen real? ¿Cuántas veces es
mayor nuestro s o l ?
Pcro ante todo, ¿ s e conoce exactamentesu distancia ?
Muclias veces se ha tratado de determinar sit
paralaje y siempre se ha recotiocido q u e dicha
estrella está mucho más alejada de nosotros q u e
la esto-ella Alfa del Centauro y q u e la sesenta y
una del Cisne.
Scgún toda probalidad, esa distancia correspond e a 1.o69:oo semidiámetros d c la órbita terrestre, ó á 39 ~ ~ t i f i o i zde
e s r7iil!one,s de leguas.
E s probable q u e la superficie d e ese astro tenga
una extensión 144 veces mayor q u e la del globo
solar y q u e los dos diámetros tengan entre s í la
relación de 1 %á T.
Los volúmenes se hallarán en la relación de
1.728 á t . Probablemente esa debe ser el limite
de los volúmenes q u e pudiéramos admitir, y sin
duda, las dimensiones d e Sirio son siiperiores á
esos níimeros.
E s esa una importante magnitiid, sobre todo si
se tiene e n cuenta q u e nuestro sol es r o s veces
más ancho q u e la tierra en diámetro, y tiene u n
volúmen 1 . 280,000 veces mayor.
*
S
Así, pues, cuando contemplamos esa estrella
durante silenciosa noche; cuando pensamos q u e
e n los tiempos del antiguo Egipto ella regularizaba la marcha de Calendario, anunciaba las
inundaciones del Nilo, dirigía la erección de las
Pirámides y residía las sepulturas de los creyentes; cuando lavemos brillar como e n remotas edades á la cabeza del Perro, símbolo antiguo de la
RI:VISTA DEL CEXTilO DE LECTURA
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temible canícula (ilespojaiia hoy 'le sus influencias astrológicas) ha de parecernos aún m i s grande y magestuosa q u e eii los tiempos cn q u e los
faraones, los reyes y los profetas se prostcrnaban
ante ella.
Sirio no csti ya asociada á nuestros ilestinos
personales; ha visto pasar los reinos y los iiiiperíos como sombras sobre una tierra efiniera; pero
hoy sabemos q u e esa estrella es u n sol inmenso,
pesado, poderoso, q u e reina en tina región celeste situada á tal distancia i!e nosotros que una bola de cañón que pudiese conservar su \~eIosii!a~í
inicial de 5oo nietros por seg~indo:no eniplearía
menos de seis i~iiilo~ies
d e mias para franqiiear el
abismo q u e nos separa d e ello.
Acabamos de decir q u e ese lejano so! es itimenso y pesado, Y en efecto, po~leniostratar tanibién
de pesarlo. Mas conviene penetrar inás adelante
en su sistema.
Ya sabemos q u e Sirio es el centro de u11 sistetxa sideral, cuya historia es por todo extremo i ~ i teresante.
C o m o todas las es:.-llas, Sirio está animada
por un inovimiento propio q u z la arrastra por el
infinito, del misnio modo q u e el sol se lanza con
todo sus sistema hácia un punto actiialmente situado en In constelación de Hérctiles.
Si se examinan las posiciones observadas aniiaimente, se nota que esa hermosa estrella se desvía
e n el cielo 248 millones de leguas al año, por lo
menos.
Este niovimiento propio de Sirio iio es regular.
A veces es más lento, á veces más rápido. T a n
pronto la estrella se separa hacia el Este de su
posición normal; tan pronto hacia el Oeste.
Bessel f u é quien en 1844 se propuso explicar
esas irregularidades por la hipótesis d e u n cuerpo perturbador invisible perteneciente al sistema
de Sirio.
E n 1862, el óptico americano Alvan Clark terminó el lente más hermoso, q u e se había construido hasta entonces (om 4 7 de diámetro), cuand o su hijo, al contemplar con el á Sirio, exclamó
de pronto :
-; Padre ! la estrella tiene u n compaiíero.
S e observó en seguida q u e la posición de este
compañero correspondía ,i la posición teórica q u e
le atribuía el cálculo e n aquella época.
Como había ocurrido con respecto á Neptuno,
ese nuevo mundo celeste fué descubierto por el
cálculo antes de q u e el ojo h u m a n o l o hubiese
visto.
S u profeta, el matemático Bessel, murió en
1846.
Desde 1862, ese cuerpo celeste ha sido cuidadosamente observado por los astrónomos. Gravita en realidad en torno de su inmenso sol. Al
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comparar todas las iiie~ii~las
tomadas hasta Iioy,
p u e ~ l ellegar a deteriiiinarse la órbita q u e recorre.
Esto es lo q u e yo he heciio.
E l resultado definitivo del cálculo deni~iestra
q u e g i r a con gran velocida<l y q u e su revolución
no exige niás q u c cuarenta y nueve anos para
realizarse.
El astro se halla actual~iiente(1884) e n el punto por donde pasó en 1834 y por iloiide volverá á
pasar en 1893, c ~ i a n d ollegue al perihelio, por
donde pasó en 1842.
La órhita cslculacia representa tina distancia
media casi de cuarenta y cuatro veces el seniidiáiiietro le la órbita terrestre, ó sean 1.620 niillones de leguas ( d e las de 25 al grado). A esta
distancia, la reroliición de un planeta alrededor
de nuestro sol exigiría para su cumplimiento
doscientos iioventa aiios. E n el siste~iiade Cirio
es 5'85 veces niás rápida, por l o cual no necesita
sino cuarenta y nueve aproxiniadaniente.
De esto deducinios q u e el mencionado sol n o
solamente es 5,85 veces inas fuerte q u e el nuestro; sino 5'85 multiplicaiio por 5,55 ó 34 veces
iiiás poderoso. Esta conclusión se aplica á los dos
astros del sistema de Sirio. E s probable que el
cornpaiíero tenga á su vez u n peso tres veces solamente menor que su sol.
Es decir, q u e con relación 5 la masa de nuestro
sol? la masa dc Sirio puede ser representada por
25 y la de su compaiiero por 9 . Así, pues, Sirio
y su compaiiero pesan I I milloncs de \.eces más
q u e la Tierra.
..
De hoy en adelante, cuando veamos resplandecer esa brillante estrella en medio de su compañera, la contemplarenios con miriiiía inteligente,
sabremos q u e allí existe un sol gigantesco, ~ . c n t r o
d e un sistema, y saludaremos á si1 lado con el
pensamiento, á ese cuerpo perturbador q u e representa u n papel tan iniportantz en siis destiiios,
y el cual iiidudablernente es á su vez, lo mismo
q u e Júpiter y Saturno, el centro d e u n sistema
secundario.
i c i i á n t o s niundos gravitan en esa esfera de
atracción? ¿ Q u é séres se han desarrollado entre
esos radiantes efluvios? ¿ Q u é clase de pensamientos se elevan en esa l u z ? ¿ Q u é orden de vid a despliega en esas remotas moradas tan distintas de la q u e nos sirven de habitación á nosotros?
Voliaire, una d e las raras inteligencias q u e h a n
vivido de la contemplacidn astronómica de las
cosas, y á quien se debe la introducción cn Francia de los trabajos de Newton, escribió en su novela Micromegas (17521lo siguiente:
<<Enu n o de esos planetas q u e giran alrededor
de la estrella llamada Sirio, habia un joven d e
mucho talento, á quien h e conocido e n su último
viaje eii nuestro mezquino Iiormiguero. Llarnábase Microtilegas, nombre que cuadra bien á todos los de buena talla. Tenía ocho leguas de estatura.
n. .. Al llegar á Saturno, por acostumbrado q u e
est~iviesea presenciar cosas nuevas, no pudo menos de sonreirse al ver In pequeíiez del globo y
d e sus liabitaiites. Saturno viene j ser tan solo
unas novecientas veces mayor q u e la Tierra, y los
habitantes d e ese pais son enanos, los cuales n o
tienen m i s q u e seis mil piés de altura. E l joven
procc~iented e Sirio comprendió q u e no por ser
tan pequelíos los tales ciiidailanos habian de ser
ridic~ilos,y trabo amistad con el secretario de la
Academia de Saturno, q u e no Iiabía inventado
nada.
-;Cuántos
sentidos tienen los llombres de
vuestro globo?-le preguntó.
-Tenemos setenta y dos-dijo
el académico,
-y nos quejamos d e poco todos los dias. Nuestra
imaginacioii va más allá q u e nuestras necesidades. i Somos muy limitados!
Micromegas,-pues
en
-Lo
creo-repuso
nuestro globo disfrutamos cerca de mil sentidos,
y toiiavía nos queda un deseo vago, una inquietud incomprensible que sin cesar nos advierte
q u e somos poca cosa y que hay seres niucho más
perfectos ... ¿ C u á n t o tietilpo vivís vosotros?
-i Ah ! muy poco-replicó
el hombrecillo de
Saturno.-Solo vivimos durante quinientas grandes revoluciones del Sol (unos quince mil años).
Eso es casi morir e n el momento en q u e se nace;
nuestra existencia es u n punto, nuestra duración
un iiistante, nuestro globo un átomo.
-Si no fiierais [filósofo-dijo Micromegas-temería afligiros haciéndoos saber que nuestra vida
es setecientas veces más larga q u e la vuestra ; per o sabeis demasiado bien q u e cuando es preciso
restituir el cuerpo á los elementos y reanimar la
naturaleza bajo otra forma, l o cual se llama morir, cuando ha llegado el instante d e la metamórfosis, lo iiiismo importa haber vivido una eternidad, q u e haber vivido u n dia.
Así hablaban el habitante de Sirio y $1 d e Saturno. Después viajaron ambos por la Tierra, y
el habitante de Sirio, al poner el pié e n el Atlántico, solo tenía agua e n el tobillo, e n tanto q u e al
otro le sucedía casi una cosa igual e n el Medirerráneo. Los viajeros tomaban á los mayores buques d e guerra por animalillos casi invisibles ; y
finalmente, con auxilio d e un potente microscopio, descubrieron á los habitantes d e nuestro planeta, algunos de los cuales hallábanse e n continuada guerra sin saber por qué, y otros se imaginaban q u e todo el universo había sido creado
expresamente para ellos.»
Acabamos nosotros de vivir lo mismo q u e el
personaje d e Voltaire en el Sistevia de Sirio. Pero ahora no es cosa de novela, sino realidad.
Mucho mejor q u e Micromegas debemos aliora
saber que la Tierra no es otra cosa q u e un diminutivo hormigiiero, y q u e los innumerables y gigantescos soles del espacio, son centros d e sistemas diferentes del nuestro, focos de atracción, de
luz y de vida ... la fuerza y la actividad, en fin,
esparcidas por el itifi nito.
SONETO
[ T R A D U C C ~ ~ DE
N TORCUATO TASSO~
tu primera edad, purpúrea rosa
arecías, o11 dulce amada mia,
rosa q u e en su capullo todavía
s e esconde virginal y ruburosa.
E;
h
Y también parecías, o h m i hermosa,
la anticipada claridad del dia,
q u e desde el seno de oriente envía,
una inmensa aureola luminosa.
Hoy ya eres otra; con excelso orgullo
se abrió la flor, y al zénit h a subido
el sol; mejor mil veces, vida m i a ;
pues más vale la rosa q u e el capullo
y más que el alma vaga, el encendido
sol cuando vierte fuego e n mediodía.
J. M. F
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DON Q U I J O T E
As obras como los hombres cambian á veces,
y con el tiempo, de fisonomía y de carácter.
Admirado mucho tiempo como una obra de pura
mofa, el libro d e Cervartes nos conmueve hoy
como u n drama trágico-heróico. Cuanto mas se
retira D. Quijote de lo pasado, más grave y más
simpático se hace. E n sil grande y triste figura.
saludamos la última aparición de la caballería.
¿ E s esta metamórfosis una ilusión de óptica, ó
del tiempo? Me cuesta trabajo comprenderlo. S i
D. Quijote n o fuera mas q u e una caricatura. n o
hubiera ahondado tanto e n el efecto de la humanidad. La imaginación humana es en el fondo
triste y séria. E n t r e los seres ficticios, n o admite
en su intimidad sino á los q u e l a conmueven ó la
ennoblecen. Los bufones, cuando tienen genio,
son á menudo sus favoritos: como los reyes de la
E d a d Media, les concede plenalicencia y se com-
L
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