Revista de la tertulia literaria Buero Vallejo

Anuncio
Revista de la tertulia literaria
Buero Vallejo
Nº 8 Octubre 2015
O
l
e
a
j
e
María Alonso
Pilar Aranda
Natalia Benítez
Cibeles
Lola de Francisco
Sylvia Galán
Julia Gutiérrez
Conchi González
Miguel Ángel Llanos
Juliana Mallén
Bienvenida
Poetas de la tertulia
El Faro, Idea Vilariño
Colaboraciones Especiales
Teresa Agustín
Patricia García-Rojo
Prado Martínez
Mª Teresa Menéndez
Miguel Ángel Mesa
Alejandro Palacios
Adela Rosa Ruiz
Dirección y Coordinación:
Pilar Aranda
Diseño y Maquetación:
Conchi González
Revisión: Natalia Benítez
Miguel Ángel Mesa
Pongo el acento’
Cuaderno de poesía
A modo de despedida
Libre. Hogar sin muros. En cualquier escollo o ausencia.
Barco de carga de diamantes, en bruto, hacia la isla. Arena de playa que
custodia la pisada de pescadores que han salido al mar, hasta el regreso.
Granos de maíz esparcidos en un campo perdonado. Copos de nieve
sobrellevando agosto…
Hogar en el destierro. Hachas de papel. Lenguas de fuego frente a
sermones falsos.
Víctima en la victoria. Memoria del horror y la muerte.
Poesía.
Bienvenidos todos
Pilar Aranda
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - María Alonso
[El secreto]
Me desperté en la noche
y te oí pronunciar frases extrañas,
“yo le maté” decías, y tu voz reflejaba tanto odio...
Luego abriste los ojos. De repente.
Me mirabas a mí, a través de mi piel te traicionabas,
tus puños se crisparon,
tu garganta gimió, se alteraron los golpes de tu pecho
y volviste al sueño
en un suspiro abierto de inquietudes.
Yo sentí que el dolor me traspasaba,
que el miedo se escondía en la pared oscura
de aquella habitación donde momentos antes
tú y yo nos enlazamos
con el deseo unido a nuestros cuerpos.
- Dime tu nombre, dije.-Mi nombre es mi secreto,
llámame como quieras. Ponme un nombre de flor, o de montaña,
o de animal salvaje, o de mujer tan sólo.
Y me miraste igual, como en tu sueño,
con el odio del tiempo en la pupila.
No encontré qué decir y me dormí a tu lado
y soñé con tu cuerpo de serpiente
anudado a mi cuerpo, destrozando mis huesos,
devorando mi sangre.
Y al recordar de nuevo tus palabras
cuando el alba rompía sus rincones
no supe si escapar por la cerrada puerta
o abrazarte más fuerte,
para ahuyentar tu absurda pesadilla.
Volver al inicio
María Alonso - Poetas de la tertulia
[Un nombre]
Mar y Ría,
salado y dulce, sólo agua.
Sólo vida que corre,
un nombre, un pensamiento
y poco más.
El comienzo de alguien
y el final de uno mismo.
María. Ya es bastante
para una sola vida.
[Tómate tu tiempo]
Tómate el
tiempo, amor, que necesites,
ya no tenemos prisa.
Ya se han roto los diques
y el aire ha desbordado los sonidos.
Ya el vacío calienta los rincones,
ya estamos separados, espalda contra espalda,
ya ni duele el silencio
ni el abrazo encuentra su destino.
Ya somos dos extraños
en el mismo lugar de la costumbre.
Podemos compartir el lecho sin mirarnos,
sin sentir la impaciencia de los cuerpos.
Vete guardando ropa en la maleta,
tira todo lo viejo en los rincones.
Yo me ocupo, también, de la basura.
¡Tantos años queriendo reciclar las caricias!
Ahora no importa ya,
ya no tenemos prisa.
Ya podemos mirarnos con el desprecio justo
sin que nos tiemble el alma en la mirada.
Toma el tiempo de adiós que necesites
o vacía de nuevo tu maleta.
Yo aun te puedo ofrecer:
el sol de la nostalgia,
el aire del silencio
y el espejo del cuarto de invitados.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Pilar Aranda
[La Terraza]
A Miguel Llanos
Muestra el mismo abandono
de una vieja estación de tren clausurada,
el oscuro escenario
de mil años atrás, si los tuviera.
Sospecho
de algún libro arrinconado adentro,
páginas rotas,
vuelo de palabras sueltas, sin registro,
en torno a una luz ilusoria, de pasillo.
No sería extraño
que perdure algún olor en el espacio,
como vino que ha entrado en la madera.
Es la misma, lo sé,
la que veía entonces y veo ahora,
pero aseguro,
definitivamente, en ella
ha callado la música.
Esquinada, en lo alto,
en el vacío,
tristemente oscura, la
terraza.
Volver al inicio
Pilar Aranda - Poetas de la tertulia
[La última palabra]
El silencio siguió creciendo,
compacto como un muro.
Tres días tuvo a sus pies
encogida,
con velo negro,
cada vez más cansada,
la última palabra,
Que obedeció en la hora,
soltó el luto en el suelo
y voló igual que una
brizna de nada
vapuleada por el aire.
[Pasado]
Bajan
de rodillas los montes,
y cercan el desvelo de unos ojos
que miran el
pasado.
Nombres, signos, escenas
recrean la memoria, pero falta
el despertar de ese silencio del aire
que afila el borde de las hojas
en el árbol,
y escuchar los latidos
de otro tiempo.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Natalia Benítez
[El tiempo]
El tiempo me ha dejado
heridas en las manos,
sonrisas en los labios,
y en los ojos, a veces
un paisaje de mar
fugaz, como un instante.
El tiempo
que aún se posa
sobre mis pies maltrechos
sobre mi espalda frágil,
sobre mi pulso.
Ese tiempo que un día
era como el halcón
al que nunca alcanzaba
porque estaba muy lejos,
porque volaba alto.
Hoy lo tengo conmigo
apretujado y quieto,
exprimido.
Y lo tomo a diario
como si fuera sólo
el zumo de todas las mañanas.
El tiempo, ese tiempo inseguro
que nunca comprendía
mis ansias de alcanzarle.
Ese tiempo
que al fin, se hizo dueño absoluto
de mi piel y mi sangre.
Volver al inicio
Natalia Benítez - Poetas de la tertulia
[El recuerdo]
Te vas cerrando lento,
interminable,
cambiando de paisaje.
A lo lejos el aire
abre paso a tus manos
y vas dejando un poso
de gestos y palabras.
Y así, casi sin ruido
se queda en la garganta
la esencia de tu nombre,
desnudo, transparente,
marcando bien las sílabas,
una a una infinitas,
únicas y perfectas.
Y en esa esencia pura de tu nombre
va quedando tu historia.
[Volverás]
Yo se que volverás
por aquellos caminos de musgo y hojarasca.
Regresarás al fin
cuando el sol se desplome
detrás de las montañas,
cuando las caracolas
rompan este silencio de abismos insondables,
cuando se canse el mar
de arañarse en la arena…
Cuando nada interrumpa
lo que tengo que amarte.
Llegarás, como siempre,
con el silbido alegre
danzando entre tus labios,
y yo te esperaré, con la misma sonrisa,
con la misma palabra
guardada entre mi sangre,
extenderé mis manos
y nada habrá cambiado,
nada podrá impedir
que me pierda de nuevo.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Cibeles
[El viejo olmo]
Acabo de cumplir los 100 años y no he llegado ni a la mitad de mi
vida, pero tengo mucha experiencia y mucha sabiduría. Crecí en un
internado; primero me cuidaron muy bien en una maceta y luego me
trasplantaron al jardín. Fui feliz, con tantos mimos y cuidados. Las
niñas del internado, las monjas, los que venían de visita, todos me
dedicaban palabras de cariño y admiración. Regaban mis raíces…
Limpiaban mis hojas. ¡Qué arbolito tan esbelto… y como crece…! A
los sesenta las cosas ya no eran igual; mi tronco se volvió robusto
tenía mucho follaje, y daba una sombra tan fresquita, que todos
venían a cobijarse bajo mis ramas en las largas y calurosas tardes
del verano. Escuché sus secretos, sus ilusiones y amores. A veces, a
mi alrededor se formaba una alfombra de pétalos blancos de
margaritas…. Me quiere….no me quiere…. Me quiere… no me quiere…
Yo me conmovía y agitaba mis hojas para refrescar sus ardores y sus
pensamientos.
¡Qué vida tan interesante pasé escuchando las historias de todos los
que venían a sentarse bajo mis ramas...! Puede decirse que he vivido
muchas vidas. Algunas veces, venían a pedir peras al Olmo, y eso sí
que no se lo podía dar. ¡Cuánto lo siento…! Es que no soy un árbol
frutal y no puedo hacer milagros.
Crecí tanto que mis ramas sobresalen por encima de los muros del
convento y también dan sombra a los que pasean por fuera cerca de
allí; una vez quisieron podarme y cortarlas, pero hubo mucha gente
que se opuso y así me salvé. Soy muy conocido y admirado, pero
nunca se me subió la fama a la cabeza, porque tengo una copa muy
alta y unas raíces muy profundas.
Chicas subid por las ramas hasta la copa… mirad por encima del
muro… mucho más allá… contemplad el mundo… y cuando salgáis en
busca de la aventura, no olvidéis que yo sigo aquí, y seguiré 200 o
300 años más, y siempre os estará esperando el
viejo olmo.
Volver al inicio
Cibeles - Poetas de la tertulia
[Mil soles]
De vuelta a mi hogar. Después de tantos años de añoranza, necesito
cerrar la herida para siempre.
La casa de mis penas y alegrías. La del amor y el dolor. ¿Por qué me fui?
Ahora regreso para morir en sus entrañas. La veo a lo lejos, tan lejos y
la acerco con la fuerza del imán de mis recuerdos. ¿Querrá recibirme?
¿Por qué no están las ventanas abiertas? ¿Y el columpio roto, dónde
está? ¿Y el gato en el tejado tomando el sol?
Por fin llego. La casa es un montón de escombros. Los ratones se pasean
por encima sin perder la dignidad. Escucho las voces de los otros y les
dedico un saludo cariñoso imaginando que me oyen.
Por la chimenea no sale humo. Ya lo encenderé con los restos del
desastre porque, a pesar de todo, el sol brilla en cada uno de los cristales
rotos y tengo ganas de cantar.
A lo lejos, se acerca un gato, cauteloso, solicitando ser el centinela de
mi nuevo hogar.
Mil soles brillan entre los escombros. Nos quedamos.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Lola de Francisco
[Entre Octavio y yo]
Donde principias mar, donde te viertes
si en el vacío que te espera altivo
o en la risa sin risa de mi mente.
Donde principias tiempo, vida mía
en los cerros sin ropa de tu cuerpo
o en la vida desnuda de mis ríos.
Ejército de humo y de mentira
borradas las formas,
sueltas ya las bridas
vagando en las noches
calientes heridas.
Adónde vas, latido, carne, sueño
trenzados sin razón y sin sosiego
en esa soledad que explica
la otredad, de los seres
que solo se consuelan
perdidos en amor y poesía.
Volver al inicio
Lola de Francisco - Poetas de la tertulia
[Recuerdos viajeros]
Venían por el camino de rosas encendidas con la risa,
rompiendo el silencio de la noche,
atravesando los cauces secos de los ríos y hablando para sí en silencio.
Leían en el cielo la ruta de las estrellas, a sabiendas de que no había caminos,
con la luna llena supieron de las formas ocultas y comprendieron.
Abruptos los finales de tibios inicios,
abruptos y bellamente salvajes.
[Movimiento en Febrero]
La luz me presta la mirada,
respira entre los rayos indecisa la palabra.
Escucho a través de los pasos el silencio
y palpo los contornos de las sombras
Arrecia el frio.
Me tocan los sueños suspendidos
volando por las rutas de la piel
y traen olores a naranja y olivo.
Para saltar al mar
y recorrer caminos encendidos
lo único que quiero es memoria y olvido.
La mano toca el vuelo de los pájaros
y la risa tus ojos que no miran.
Ausencia y más ausencia.
Sobre mis pies mi cuerpo y sobre ti la nieve
de un
febrero que se mueve entumecido.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Sylvia Galván
[Los fantasmas del pasado]
Los fantasmas
del pasado
revolotean en mi alcoba
en las noches de soledad y silencio.
Se arremolinan junto a mi lecho,
comparten mi almohada susurrándome
palabras que no quiero recordar,
sucesos que debería olvidar.
En las penosas noches de invierno,
los espectros tenaces del pasado
se agolpan unos a otros,
danzan sobre el velador
con sus túnicas blancas
ocupando mis ojos.
Sólo en la madrugada,
con las primeras luces del alba,
se desvanecen.
Volver al inicio
Sylvia Galván - Poetas de la tertulia
[O t o ñ o]
Días tristes y otoñales
que auguran el invierno en la meseta.
Llorando en el nicho están los lirios,
gimiendo las azucenas.
Olor dulzón y melancólico en el aire.
En la noche, ahuyentando a la muerte,
boniatos y castañas en la hoguera.
Rumor de escarcha, presagios brunos
tiempo de nostalgias y de pérdidas.
Envuelta en las brumas
de la embriagada conciencia,
comenzando a disiparse,
permanece adormecida tu presencia.
Árbol despojado, campo yermo,
hojas secas que revolotean y se esparcen
sobre las esperanzas y lo efímero
de los sueños.
Llanura esteparia doliente y seca
Sobresalto, Temor, Espanto
Castilla se cubre con túnica negra.
Miedo a que las primeras lluvias
y los primeros vientos
borren para siempre el recuerdo,
ya tan tenue,
de tu presencia.
[Pogromo]
Muerde la noche la luz que respira
con sombra propia.
Con sombra de miedo ajeno camina la antorcha
ufana de su poder.
El horror, como serpiente de fuego,
se adueña de las casas en donde se come
pan ácimo en Pascua.
La antorcha, la luz, la noche y las sombras
se multiplican por cien.
Huyen los más, despavoridos,
cruzando el puente de hierro.
Los menos se enfrentan a las turbas
con la rabia acumulada por el tiempo.
Y los piadosos…
¡ah, los piadosos!
en ese momento infame,
impotentes,
elevan al Eterno,
¡Bendito sea Él!
una oración.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Conchi González
[Presagios]
“Casi nada anuncia lo más terrible de la vida”
Joan Magarit
Bajo la herrumbre de las algas y el poniente
bate el mar su monotonía,
y vuelan las gaviotas desordenadas
y bucean los peces entremezclados,
como si ayer
no hubiese anidado entre sus hebras
la tormenta
como si mañana,
bajo su luz,
no fuera a desaparecer
algún otro navegante.
Nada es lo que parece –insiste el mar-,
ni el estrépito,
ni la decadencia,
ni la añoranza.
Volver al inicio
Conchi González - Poetas de la tertulia
[La vertiente frágil]
Un pasado simple es
-ya en síun hecho extraordinario.
Cada recuerdo, cada olvido
son los equilibrios
de la vertiente
frágil e insólita
de la existencia.
Apenas perceptible.
A menudo modesta.
Un pasado simple es
-ya en síuna declaración de resistencia.
[Amputación]
- Viaje a los Midlands Tú dirás que sólo son sombras
tristeza de esta secuencia de días grises
empachados de lluvia.
Dirás que es añoranza de luz
de lengua cálida y hierba
crujiente bajo los pies.
Y sonreirás por hacerme sonreír
desde la distancia de noches que
nos separan
a través del espacio hueco
de tu voz a mi voz.
Y yo callaré, sabiendo que es
el filo de la vida
que estoy viviendo sin ti,
la amputación de los abrazos,
la insumisión a una ausencia
que no sospeché.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Julia Gutiérrez
[El tiempo]
Tómate el
tiempo
en copas de cristal
frías y transparentes.
Tómate el tiempo
en frascos fracasados
de arena fina y templada.
Puedes robarle un borde
a la luna y disponerlo como cuenco,
o usar la vasija perdida y hallada
en la falda de aquella montaña.
Bébete el tiempo a sorbos pequeños
para destilar todos los segundos enjaulados.
Quizá debes romper todos los envases
y dejar caer a borbotones su sabor…
Báñate en su esencia y
sumérgete en él. Una vez,
otra... y verás que todo
desaparece.
Volver al inicio
Julia Gutiérrez - Poetas de la tertulia
[Agua]
La existencia en la inexistencia.
Silencio. El agua.
Agua, agua y agua.
Me ahogo, me recoge, me traga.
Salgo, floto, respiro, me hundo.
Otra vez en la inexistencia…
[Divagaciones]
La materia se mueve
sin desorden.
Se coloca despacio,
sin apenas percibirla
igual que giran los planetas,
y se aleja la luna.
El cuerpo, como si de mi terremoto
se tratase, se desplaza en vértigos.
La vida se coloca en el universo
y cada milímetro del organismo
y cada milésima del ser
se posiciona.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Miguel Ángel Llanos
[Si fuera de repente]
Si fuera de repente
que viniera la muerte a darme un abrazo,
beso y sepultura,
sabed que bien pensado tengo ese momento.
Y en ese breve cerrar y abrir de ojos
quiero los ojos tener abiertos
y alto el ánimo, y mi orgullo de hombre,
herido de otras muertes,
no dará un paso atrás,
ni ha de negar su hora de luna
o mediodía, para ir donde me lleve
el aliento helado que nada dice
ni promete.
Llorad si otro remedio no hubiera
viéndome tan serio
tan lejano y tan frío porque ya soy piedra,
hoja seca, agua estancada,
vieja herrumbre,
y recordad que no he vivido
para la muerte,
ni fue mi risa para lágrimas,
ni mis besos negocio de funerales,
pues he sido feliz en muchos días
y tanta deuda de amor contraje
que no puede cobrar todo la muerte
y al contado.
Por tanto de amigos buenos debo,
tanto de enamoradas mujeres,
una fortuna dejada por los pájaros,
el oro a puñados en los abrazos de mi madre
miles de amaneceres que presencié agradecido,
otras tantas noches de igual precio
y desprecio a no hacer
cuánto no debía en alma y conciencia
no me lloréis mucho,
no me lo merezco,
aunque venga a darme abrazo, beso y sepultura,
y bien pensado, no tan de repente,
que ruido hubo hace años.
Viajo desnudo y conforme.
La maleta de mi suerte y mi vida,
repartida se queda entre vosotros.
Volver al inicio
Miguel Ángel Llanos - Poetas de la tertulia
[El maestro del hambre]
Ignorante sobre el origen
de las especies, de los cataclismos
que ocurren siempre lejos,
ajeno a las extravagancias
de la crisis global y sus cadáveres,
a la conjunción astral que decidió
su destino hasta hoy en día,
el mendigo desaparece entre la basura,
como un cangrejo en los agujeros
de la playa; escarba, hurga,
arranca y lanza por los aires
latas vacías, cartones, bolsas de plástico,
como un animal famélico y hambriento
con la presa a su alcance.
Se yergue al fin con una caja
de la que extrae un gran trozo de pizza,
y caminando despacio
sobre el muladar interminable,
se aleja con la respuesta en la boca.
El maestro del hambre,
la clase dominante,
decide suspender las preguntas
hasta mañana.
[El viejo amor]
Ni el viejo amor que arrastro por los barcos de pesca
desde que vine al mundo, ni la belleza herida
de la tarde y su humedad, ni el calor del verano,
ni el vino compartido que me sabe a tu boca
en la vieja taberna donde te despediste
de la vida -la risa, como siempre, a flor de pielpodrán contener nunca el temblor de mis manos
cada vez que presienta que baja la marea
y no estás esperándome.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Juliana Mallén
[Riga]
Me acuerdo aún
a miles de kilómetros
de viaje, te diría que
ví un pájaro azul,
acercarse desde el
ancho cielo.
Y pararse en un tierno
brote, que salía de una
rama, de un color tan
intenso…
Una cultura diferente,
con bosques inmensos,
¡qué más puedo decir!
Y cuando regresé, todo
en los mismos entornos,
las mismas transparencias
igual que cuando tú estabas.
Volver al inicio
Juliana Mallén - Poetas de la tertulia
[Reflexiones]
A la hora del alba
no encontré una palabra,
ni un camino esperándome,
ni el calor que yo creí merecer.
Caí sobre la escarcha helada,
y lloré con mi sombra.
-entendí lo que había perdidoCon gritos al viento por lo que jamás
abrazaría, por lo que jamás mis pupilas
verían.
Me entregué al tiempo,
uniéndome a la rutina.
[Poesías de un tiempo]
Disfrutar con tu recuerdo
necesita el corazón,
a tu jardín va el aliento,
remediar el infortunio,
briznas que la helada truncó.
Se agrupan brillos
en haces ¡tal vez!
surja el vergel,
tras el murmullo de la vida
hasta hacer el amor destino.
Pausadamente las manos
apartan el claroscuro
y , dinámicamente, se va
ampliando el filamento
de la luz. Hace un clic
el olor primaveral, en grietas
de las iglesias, en las orillas
de los charcos, y los huecos
de las aceras. ¡Qué placidez!
hacer del amor destino.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Prado Martínez
[Gaviota cautiva]
Corrí con frenesí sin un destino,
hasta alcanzar la cima en la colina,
en un atardecer tenso y plomizo
como los nubarrones de mi vida.
Me cobijó sobre la alfombra verde
aquel tapiz de flores tan sencillas,
brisa de terciopelo me envolvía
besando el arrebol de mis mejillas.
Escapando de aquella encrucijada,
prisionera del miedo entre sus brazos,
esclava de un amor hostil e ingrato
que profanó mis sueños con agravios.
Cautivo entre mis alas de gaviota,
sobornados mis lazos maternales,
tenaz adicto al sexto mandamiento
con sus requerimientos ancestrales.
Atrapada entre el miedo y el deber,
hoy adultos los hijos engendrados,
en este vientre fértil y paciente
que acunó mi regazo maltratado.
Hoy he visto pasar una gaviota
libre y fugaz cruzar por mi ventana,
y he corrido a buscar mi libertad
que vi languidecer cada mañana.
¡Cuántos interrogantes a mi estrella!
en vigilias preñadas de impotencia,
tan alejado de esta jungla nuestra
mi único baluarte era su inercia.
Abandoné ese infierno de improviso
y jamás volveré la vista atrás,
autómata sin rumbo hacia lo incierto
tras el tesoro de la libertad.
Iré en busca de ¡tantas añoranzas!
que me robaron el miedo y el deber,
profanados mis senos y mis labios
haciéndome sentir un perro fiel.
Rescataré mis olas de gaviota,
sé que mi estrella me acompañará,
no pudo despejar la marejada,
pero sí alumbrará mi dignidad.
Volver al inicio
Prado Martínez - Poetas de la tertulia
[La bailarina]
Se quebraron las notas del piano,
fugaz la inspiración entre mis dedos,
vibrando la nostalgia en el teclado,
tocando una balada en su recuerdo.
Era una sílfide entre bambalinas
su esbelto talle sobre el escenario,
ingrávida y selecta bailarina,
el enigma de un cisne solitario.
Creció mi inspiración en su cintura
cautivado en su danza peregrina,
tan delicada y frágil su figura
de cálida y bohemia golondrina.
Mi amor se sumergió en su indiferencia,
la sentí de mi alcance tan lejana,
esclava de mi tímida elocuencia,
como el viento que silba en la sabana.
Y un día que, confuso ante el piano,
la magia naufragaba entre su hechizo,
sentí el sutil aliento de sus labios
en el mítico edén del paraíso.
Orquídea sugestiva y armoniosa
me regaló sus tersas primaveras,
mi exótica y etérea mariposa
puso fe con un beso a mis quimeras.
Surgió en la fantasía de mis sueños
como triunfal preludio su balada,
que me inspiró la musa de mi ingenio,
como una sinfonía inacabada.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Mª Teresa Menéndez
[Mª Jesús]
Lamentos de mis lamentos
ecos de la noche son
insomnios de mis tormentos.
Búhos que con alas dais
a mi ventana cerrada,
dolor que el día distrae
forzado por la algarada.
Dolor que solo consuela
el silencio de la almohada.
Cuando mi amiga murió
eco en la noche quedaba
de la oquedad permanente
que ocultaba mi garganta.
.
Volver al inicio
Mª Teresa Menéndez - Poetas de la tertulia
[La de ayer]
Soy la de ayer,
la que respiraba
bajo tu sombra.
La que amó.
ya no ama,
- la que el amor perdió,
de tanto zozobrar
por tu persona-.
[Vivir]
Soy la de ayer,
la que quisiste
que no fuese lo que era,
más hoy soy esta
la que en la luz respira
estando sola.
.
.
Vivir es un sueño ahogado
en el vacío de la nada.
¡Oh! Quizás despertemos
sin cadenas, ni pies,
en anhelos de barro.
¿Conjeturas, sortilegios?
Es igual, soñemos.
En Ti ¡Oh Dios! -Confiemos
.
.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Miguel Ángel Mesa
[Tras los visillos de la ternura]
Tras los visillos de la ternura
se velan las figuras que se abrazan,
no hay distinción, ni desavenencia,
únicamente la dulzura de las manos
que se despojan de vendas y temores
para abrirse a la brisa crepuscular
y al sutil atrevimiento de la transparencia.
Hoy recorren abrazados las orillas de su mar,
para buscar juntos el horizonte
en el que lo cotidiano sea la tierra fértil
donde se entrelace la sensatez y el juego,
la ternura y el sello de sus besos,
el trabajo por descifrar veredas y anhelos.
Cuando el cariño da alas a la pasión por la vida,
no hay lindes ni contornos,
no hay discriminación ni sexos,
no hay armarios ni desdenes ni desprecios.
Pues el Amor les une y bendice desde sus adentros,
sonríe confiado, decidido, burlesco,
hasta arrebatarles la mirada, el asombro y su desvelo.
Volver al inicio
Miguel Ángel Mesa - Poetas de la tertulia
[Un nuevo lenguaje]
Solo cuando lo sientas
como una herida
o un temblor en las entrañas,
podrás interpretar
la revelación del don
que se te ha concedido.
Para volver a reencontrarte
tras el exilio del deseo.
Y así descifrar
palabra a palabra,
beso a verso,
el lenguaje de la ternura
que un día perdimos.
Para que no se oculte más
el sol en tu camino.
[Reencontrarse]
Una confusa bruma de olvido
fue descendiendo leve,
implacable, sobre la cotidianidad
y las estelas de sus recuerdos.
Fue desconociendo
huellas y facciones,
lo entrañable de la sangre,
la añoranza del ayer,
para reinventar cada día el presente
y su embriagadora revelación.
Ya nada fue igual.
La sombra amable de los árboles,
el trino de las aves bulliciosas,
nuevas amistades en los márgenes,
las gotas de lluvia sobre el rostro,
las calles desconocidas de vuelta al hogar.
Una tarde escuchó
cantos, invitaciones que atraía
como un irresistible eco la brisa,
hasta hacerle abandonar la senda habitual
de sus pasos sobre la arena de la playa,
para dejarse conducir por la luz
que se reflejaba en miles de destellos
sobre el agua color esmeralda.
Una amplia sonrisa iluminó su rostro,
pues comenzó a respirar de nuevo,
y a estremecerse, envuelto
en un húmedo y apasionado abrazo
que le resultó evocador, familiar,
al fin perdido, reencontrado
en la profunda y acogedora
inmensidad del mar.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Alejandro Palacios
[Los efectos del tiempo]
Raudo de entre mis manos te resbalas.
¡Oh! Cómo te disipas tiempo vano,
que con rumor sonante vas ufano
o con tus mudos pasos me señalas.
Ayer eras mañana y ya eres hoy.
Mañana el que eres hoy, serás ayer.
Nadie escapa al rigor de tu poder,
nadie puede bajar de tu convoy.
¡Oh, tiempo! Que me tienes o trasladas,
que concedes el don de la esperanza,
que dejas desengaño o destemplanza
cuando forjas tus pérfidas celadas.
.
Volver al inicio
Alejandro Palacios - Poetas de la tertulia
[Me gustan los olivares]
Me gusta ver las filas de olivares,
cubriendo el suelo con verdor sombrío.
Me gusta ver las ondas de sus mares
con brisa plateada en el estío.
Y me gusta el olor de la almazara,
Aroma de mi tierra que acaricia
Me gusta ver brotar en alfaguara
El oro que produce tal delicia.
Y me gusta en el pan de la mañana,
el sabor del aceite cada día,
costumbre saludable y cotidiana,
orgullo del quehacer de Andalucía.
[Las fuentes de un poema]
Puede ser danza, música un anhelo,
una puesta de sol, un alborozo,
un latir de proyectos en esbozo,
esperando en la vida un alto vuelo.
Un sueño que te eleva raudo al cielo.
la sonrisa de un niño, su sollozo,
Una causa que te hunde en negro pozo,
O un debatir en duro y largo duelo.
Arrojo, coraje, ardor, temor o huida.
Un vivir suspirando en la ventana,
O un sin vivir lamiéndose una herida.
Un amor que entre calmas se desgrana.
Alimentando pulsos de la vida.
Como el sol alimenta la mañana.
Volver al inicio
Poetas de la tertulia - Adela Rosa Ruiz
[Mujer]
Eres mujer, como tal,
predispuesta a la locura.
Miles de años avalan
la capacidad creadora
de la hechicera de la vida,
arquitecta del amor,
guardiana de la maravillosa
melodía del alma.
No olvides que Eres, con mayúscula,
la campana de la iglesia
que une los arcos celestes
con los prados del mundo.
El alquimista te concedió
el milagro.
El puente en el que habita
lo que ha de ser
y su misterio infinito.
Volver al inicio
Adela Rosa Ruiz - Poetas de la tertulia
[Abandonado espacio]
Encontré una esquina en el poliedro
donde descansar
y olvidé refugios, recuerdos.
Fui vacío. Nadie.
Sin piel me di a la fuga,
okupa del polvo
en el tiempo
del último instante.
Hasta que sentí el dolor
de un aroma en mi pecho.
Quedé como el moscardón,
rota entre cristales,
navegando un vacío
de dientes sin encías
y una lluvia lenta.
[El cerezo]
A la sombra del cerezo
el silencio no es abismo.
Es oración de la tierra
sin pecado. Sin deseo.
Sin penitencia...
Es el reino de lo que es
en cada instante
y, por siempre,
templo sagrado.
Volver al inicio
el faro
Idea Vilariño
por Miguel Ángel Llanos
Hablaremos sobre una poeta que, en el primer libro publicado, “La suplicante”, aparecían
poemas escritos a los diecisiete o dieciocho años con estos versos: “En la arena caliente/
temblante de blancura/ cada uno es un fruto/ madurando su muerte”. Contemplaba a las
personas que tomaban el sol. La muerte estará siempre en la poesía de Idea aunque lograra
demorarla durante ochenta y nueve años, al tiempo que esos versos juveniles retratan ya
una personalidad complicada y tortuosa.
Idea Vilariño nació un 18 de Agosto de 1920 en Montevideo, ciudad donde moriría el 28
de Abril de 2009, veinte días antes que Mario Benedetti ya, entonces, ingresado en otro
hospital. Ambos pertenecieron a la generación llamada del 45, junto a Emir Rodríguez
Monegal, Manuel Clap y el gran amor de la Vilariño: Juan Carlos Onetti. Idea era hija de
Leandro Vilariño, un poeta anarquista del que ella dice: “le considero el mejor lector de
poemas que he conocido, insistía en los acentos, en las pausas…” Su madre fue Josefina
Romani, una mujer enferma y gran aficionada a la lectura. Era la tercera de cinco
hermanos, cuyos nombres delataban el alma poética del padre: Azul, Alma, Idea, Poema
y Numen.
Idea Vilariño fue profesora de literatura en el grado de secundaria, crítica literaria de
distintas revistas en las que participó, como Marcha o Brecha y traductora de
Shakespeare así como de Raymond Quenneau, uno de los integrantes de la escuela
patafísica. Fue una poeta reconocida desde bien joven y conocida por su afición a
enamorarse, de manera ininterrumpida, de varios hombres a la vez sin importarle la edad,
incluso de su maestro de literatura, veinticinco años mayor. Una compañera de liceo,
Silvia Campodónico, decía que llamaba a los muchachos desde el balcón y les provocaba.
Nunca tuvo prejuicios ni le importó la fama. De niña vivió en la calle Inca, en una casa con
jardín y estanque que ella recordará siempre, porque las mudanzas sucesivas fueron a
peor. Allá por el año dos mil, vivía cerca del parque Rodó de Montevideo; yo, casual y
temporalmente, en el barrio de Pocitos, en la calle Gabriel Pereira, acogido por doña
Beatriz, la madre de mi amigo Luis Nieto, a quién compensaba la estancia tomándola
diariamente la presión, tanto a ella como a sus amigas.
Volver al inicio
el faro
Idea Vilariño
Una tarde entramos en un café del barrio, mi amigo Gustavo y la pintora Ana Olmo.
Gustavo me señaló a una anciana sentada en un largo asiento de cuero, recostada en la
pared, conversando con una joven. “Aquella mujer es Idea Vilariño”, me dijo, la autora de
Amor.
Amor desde la sombra
desde el dolor amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere
te estoy llamando amor
como al destino como al sueño
a la paz te estoy llamando
con la voz con el cuerpo con la vida
con todo lo que tengo
con desesperación con sed con llanto
como si fueras aire y yo me ahogara
como si fueras luz y me muriera.
Desde una noche ciega
desde el olvido desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando como a la muerte
amor
como a la muerte.
Fue uno de mis escasos momentos de gloria pero, entonces, desconocía sus poemas y
solamente pude mirarla con curiosidad, exenta de la gratitud que hoy y para siempre le
guardo.
Idea Vilariño participó en todas las revistas literarias creadas por aquella generación de
intelectuales “La generación crítica” como la bautizó Ángel Rama, en la que destacaba un
hombre seductor llamado Juan Carlos Onetti. Cualquiera de nosotros sería incapaz de
encontrar un algo de seducción mirando una fotografía de Onetti. Un hombre que parecía
vivir en un mundo desconocido, que se casó cuatro veces y pasó los últimos doce años de
su vida en la cama, en pijama, fumando y bebiendo whisky. Debió ser un gran amante y
fue, sin lugar a dudas, un magnífico escritor, además del eterno amor de nuestra
protagonista. Un amor bronca de encuentros y despedidas y vuelta a empezar. Como diría
de ellos la periodista Blanca Elena Pantin: Idea era hierática, Onetti maldito, una mezcla
perfecta que debía probarse. Una noche, Onetti la llamó desesperado que corriera a su
casa; ella estaba con alguien que la amaba y le dejó.
Volver al inicio
el faro
Idea Vilariño
Pasó la noche en la cama con él, tocándose las espaldas y leyendo cada uno un libro. A la
mañana siguiente le tomó el rostro con ambas manos y le dijo: sos un burro, un perro, sos
una bestia, Onetti. Y se fue.
Fueron amores desesperados, amores perros pero, a esa fijación de la poeta con Onetti, le
debemos, sin duda, unos poemas admirables, poemas del rencor y la derrota, poemas
dolorosos que escribe con los sentimientos en la mano: con el hígado, el corazón, con los
riñones y el sexo. El poeta argentino Juan Gelman estableció la siguiente semblanza, en
su obra “Idea Vilariño o la memoria de mañana”: “Gaspara Stampa, la poeta italiana del
Renacimiento, quería vivir ardiendo sin sentir el mal, a Idea Vilariño, solo le fue
concedido lo primero”.
En una entrevista a Onetti, le recordaron una frase de la poeta, refiriéndose al escritor:
“Nunca sabrá quién fui,” ¿por qué dijo eso Idea?
-No sé, respondió Onetti, nunca sentí que estuviera enamorada de mí
-¿Cómo que nunca estuvo enamorada? ¿Y los poemas que le escribió?
-No digo que no estuviera, si no que nunca sentí que estuvo. Lo suyo fue muy cerebral, muy
intelectual.
-¿Nada más?- insistió el periodista.
-También cama- añadió.
De la despedida de ambos quedó la indiferencia, acaso fingida, de Onetti que volvió a
recogerla en su cama, cuando la cama era ya su patria y su despacho, su lugar de recibir y
su mesa de escritura. Cuando Idea le reprochó a Dolly, la mujer de Onetti, su
complacencia con las infidelidades del escritor, ella dijo que solamente le interesaba la
felicidad de su marido.
Quedó también el poema titulado “Ya No”, de una dureza inacabable y al mismo tiempo,
creo que de gran ternura, un poema dedicado al hombre yacente del pitillo y el vaso de
whisky.
Volver al inicio
el faro
Idea Vilariño
Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos esperarnos estar
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré donde vives
con quién
ni si recuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.
Conviene poner las cosas en su lugar y decir que el amor tortuoso de ambos se sostuvo
por razones comerciales. Que nunca existió ese ir y venir del beso a la destrucción, con la
intensidad y la frecuencia publicada. Hay cosas demasiado íntimas en la vida de la poeta
y el creador de Santa María, que no debe recoger este modesto trabajo, cuya finalidad es
dar a conocer una forma de escribir rotunda, en primera persona, una poesía en
permanente búsqueda, de alguien que parece vivir de fracaso en fracaso, que hace de cada
herida un poema.
Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de
espadas
y el dolor de los otros y el amor y
vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí, para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera
Volver al inicio
el faro
Idea Vilariño
.
En una conversación que mantiene con Mario Benedetti en 1971, ella cuenta: “Escribir
poesía es el acto más privado de mi vida, realizado siempre en el colmo de la soledad,
realizado para nadie, para nada. A la mañana siguiente me olvido y pueden pasar meses
antes que encuentre esas líneas, el poema escrito de una vez, aunque a veces escrito ocho
o diez veces seguidas”.
Idea Vilariño padecía de asma y, de 1945 a 1947, sufrió de unos eczemas agresivos que la
mantuvieron mucho tiempo en cama. Vestía de negro o de violeta oscuro, trajes y blusas
intensamente blancos y collares de perlas con una o dos vueltas. Usaba aros y a veces
boina. El pelo recogido en rodetes o cubriéndole los hombros. En sus retratos, su frente
parece un médano, los pómulos bruñidos, nunca sonriente, los ojos hastiados, más que
tristes, perdidos en otra orilla.
Es otra, acaso otra,
la que va recobrando
su pelo, su vestido, su manera,
la que ahora retoma su vertical
y su peso
y después de sesiones lujuriosas y tiernas,
sale por la puerta entera y pura
y no busca saber,
no necesita y no quiere saber
nada de nadie.
Al entierro de la poeta que recitaba con voz hastiada, apenas acudieron una docena de
personas, contando a dos representantes del gobierno. Al de Benedetti más de dos mil, a
pesar de tan numerosa diferencia, fueron amigos. Ella dejó claramente dicho antes de
morirse: “Nada de cruces. No morí en la paz de ningún señor. Cremar.”
La mujer que sabía hacer fuego y jardines, encuadernar y tejer, amar y hacer poemas,
consiguió su propósito: vivir con intensidad, vivir siendo tal cual era.
Volver al inicio
Colaboraciones
Especiales
Teresa Agustín
En la presentación de su libro “Lantanas”, decía Teresa Agustín,
que necesitaba de tiempo en tiempo, escuchar el silencio,
rodearse de silencio, aguardar las visiones y las palabras que
solamente en silencio se revelan: “El poema es el silencio que se
traga el alba blanquecina” dice en uno de sus versos.
El silencio como soliloquio interior de nuestro pulso, de nuestro
estado de ánimo, de nuestra forma de ser a la inversa.
Leo los poemas hechos con delicadeza, bordados
despaciosamente y sin embargo, hay mucho más que palabras
bellas, hay una sobriedad evocadora y triste, la concisa
descripción de todos los momentos a lo largo de una vida, que el
“azul” termina robándonos para dejarnos huérfanos el resto de
nuestros días.
Los versos de Teresa tienen la hondura de los aforismos
afortunados, prácticamente están construidos con la misma
economía de palabras. Nunca una sola lectura resulta suficiente,
hay que regresar de nuevo a su propuesta, tras el primer impacto,
tras un corto paréntesis de reflexión. No hay nada de amabilidad
en los versos, que a veces parecen (me parecen a mí) escritos por
alguien que ya no está, que escribe desde una misteriosa
equidistancia para hablarnos de un tiempo perdido: “las
infancias terminan pareciendo lejanas y mágicas linternas”.
Escribe dibujando los bordes de los acontecimientos, como si un
desconocido pudor le impidiera mostrarse más cercana.
La mayor parte de las reseñas poéticas, terminan por resultar
tediosas al escribir sobre el vacío de las propias impresiones,
sobre la subjetividad de la emoción descubierta o bien sobre
aquella que no encontramos. No debo insistir más sobre una
forma elegante de hacer poesía como la de Teresa Agustín, en
todo caso, recomendaros cualquiera de sus libros.
Por Miguel Llanos
Volver al inicio
Teresa Agustín
El poema viene, va, se pierde en un trozo de papel
que lleva el viento. El poema tiene alas, vuela lejos
tiene sus propios motivos, su propia levedad,
es seda y tiempo. El poema es el silencio que se traga el alba
blanquecina.
Volver al inicio
Teresa Agustín
[Petición]
Invéntame un corazón, madre, para volver a amar,
dame tu mano, madre, el mío, mi corazón se ha roto.
Fueron mil amores, madre y muchos fantasmas y muchas
veces, madre, me besó una rana. Tengo prisa, mucha, madre.
Tengo la vida alrededor de mis pies, atada
con cordones azules al cuero de la muerte.
No puedo andar, madre, no podemos andar, madre.
Tú y yo somos mujeres sin cuerpo, que esperan.
Volver al inicio
Patricia García-Rojo
Patricia García-Rojo nació en Jaén en 1984, y es poeta,
narradora y profesora de literatura en un centro educativo de
secundaria. Dice que llegó a la poesía a través de un pequeño
libro de Pedro Salinas, una tarde cualquiera, su abuelo, el
tiempo libre y sin dueño de los largos días de verano.
En 2012 se publicó su primer poemario con el título Amar es
aquí, después de varios años escribiendo poemas en su blog
Ridícula Calamidad y tras su éxito en el mundo de la
literatura juvenil y fantástica. Esta vocación “accesoria”, sin
embargo, no le quita ningún mérito ni manifiesta una segunda
fila en la agilidad de esta joven poeta.
Sus poemas fluyen con una soltura inesperada, sólo posible en
aquellos que empastan pensamiento y efecto, sentimiento y
escritura. “Cuando lees poesía, sientes antes de entender”,
dice, y eso es exactamente lo que sucede. Al final de cada uno
de sus textos perdura la sensación de continuidad entre el
leído y nuestra propia vida. No son poemas inacabados. Son
poemas que se adhieren y retoman vida en el propio lector. Y
esto es lo que hace inusual la poesía de Patricia. Que nada es
ajeno, son un diálogo con la cotidianeidad, con el hogar, el
amor, las despedidas y los reencuentros, las ganas de vida. Los
pequeños detalles de la rutina escritos como elementos
sustanciales de la felicidad.
Mientras consolida su trayectoria en la literatura con el
reciente galardón Gran Angular 2015 otorgado a su novela El
Mar, Patricia continúa afianzándose en el ámbito de la poesía
con El hombre, la casa, la luz, segundo poemario editado a finales
de 2014 y que, como el anterior, convence al lector de
prolongarse en otro verso.
Por Conchi González Catalán
Volver al inicio
Patricia García-Rojo
[En la salud y en la enfermedad]
cuando estás enfermo
y enredas en las sábanas
tu cuerpo de hombre,
tengo miedo.
y me quedo mirándote
mientras te duermes
como si con el simple acto
de posar mis ojos en ti
te estuviese recuperando.
te cuento cuentos
-porque era lo que hacían
con nosotros de niños-,
acariciándote con la voz
y con los dedos.
luego rezo, si respiras
mecido por el sueño,
y le pido a dios
cosas pequeñas: que te baje la fiebre,
que no tosas, que deje
de gotearte la nariz.
yo sé que a dios le hace gracia
este pánico infantil
a tu debilidad,
y me imagino que hace útiles
mis remedios caseros: las infusiones,
la miel, las canciones y los besos.
Volver al inicio
Patricia García-Rojo
[Microscópica]
de hormiga,
de partícula o bacteria,
es mi poder
para salvarte
tan leve, tan idiota,
que grito, grito, grito,
sin alzar la voz
grito y no sé
si me escuchas
Volver al inicio
La resurrección de los muertos
Francisco Félix Caballero (1984)
Con fuerza llama la atención el título, La resurrección
de los muertos, que ha dado a su obra el joven autor.
Doctor en Estadística, investigador, asoma ahora a la
figura poética con la publicación de este libro.
Desde el primer poema Preludio, sucumbe al tiempo
como principal recursos en sus versos. El tiempo, en
pasado y futuro, en trenes y estaciones. También
amor, encuentros, ausencia y duda. Sueños y realidad,
La cruel realidad de las esquinas. Todo ello en versos
claros, donde conviven metáforas con expresiones de
calle.
Pongo
el acento’
Pongo el acento’ en el contraste de algunos poemas,
intransigencia en versos, rotundos y cerrados, el ruido
que no escuchas es solo ruidos y la concesión en
precario al amor, en poemas como Mi gitana o
Párteme en dos la cordura, con expresiones que
parecen recogidas del Sur.
Por Pilar Aranda
Tornaviaje
Pilar de Vicente-Gella (2015)
Tras varios poemarios publicados por esta autora, vinculada desde su niñez a las
artes, Tornaviaje nos lleva de la mano a ideales, infancia y a su hermano fallecido, un
viaje de regreso al lugar del que se partió, con versos sencillos y sutiles.
Pongo el acento’ en la curiosa indicación del principio de sus páginas, instando al
lector al orden en la lectura de los poemas, exhortación que se esclarece a medida que
se avanza hasta comprender que es indispensable, pues, de un poema a otro, la autora
va adentrándose, con una cadencia paciente y sucesiva en recuerdos y sentimientos,
hasta hacernos parte de su añoranza, hasta posicionarnos en la misma perspectiva
que ella tiene frente al porvenir.
Por Conchi González
Volver al inicio
Cuaderno en Nueva york
José Hierro (1998)
La mirada del poeta recorre la ciudad de Nueva York, que aparece ante sus ojos, como algo
mágico y, a la vez, imprescindible; como algo que ya vivió y ahora regresa para ser vivido
de nuevo. Aquí quiere dejar sus últimos versos; acaso intuye su cercano final.
“Nadie comprendió entonces sus palabras,
por eso andan ahora, las palabras,
pasando por los vientos,
ávidas de que alguno las recoja
siglos después de ser pronunciadas,
aquí están aguardando que alguno las escuche,
aquí donde confluyen Broadway y la Séptima Avenida “
Y bajo esta premisa, Hierro, mantiene un diálogo múltiple con la gran ciudad; los altos
rascacielos, que con las luces “Se arrugan como serpientes”, “Se desangran por sus miles
heridas luminosa”. El tiempo se entrelaza con este espacio múltiple y vertical, donde
aparecen hombres que como él llevan mucha vida y parte de la muerte a sus espaldas.
Por eso, nos encontramos en sus poemas con personajes tan dispares, como Lope de Vega,
al que cita en repetidas ocasiones, Beethoven, Gloria Fuertes, Franz Schubert, o Miguel de
Molina. El poeta se encuentra con su música, con sus palabras, con sus lágrimas, en esta
ciudad donde nada parece morir.
Afirma Hierro que el presente no existe en sí mismo, es solo un punto de intersección entre
el pasado y lo que está por venir. Esta interesante afirmación, nos retrotrae al pensamiento
fundamental de Heráclito “Todo fluye”, “Ningún hombre puede bañarse dos veces en el
mismo rio”. Todos desembocamos en otro tiempo, en otro lugar que ya estaba pensado para
nosotros.
Versos intensos, llenos de sabiduría, no exentos de nostalgia, en los que la muerte es íntima
amiga y compañera de la vida. Metáforas profundas que se incorporan al pensamiento del
poeta, con composiciones libres en muchos casos o de medida perfecta en otros.
Pongo el acento’, a orillas del East River, donde con toda seguridad José Hierro, nos
dejó estas palabras:
“En esta encrucijada,
flagelada por vientos de dos ríos,
que despeinan la calle y la avenida,
pisoteada su negrura por gaviotas de luz,
descienden las palabras a mis manos,
picotean los granos de rocio,
buscan entre mis dedos las migajas de lágrima”
Por Natalia Benítez
Volver al inicio
12 Marzo 2015
Microrrelatos VII Microteca de
las
Bibliotecas Públicas
Municipales de Madrid, Adela
Rosa Ruiz obtuvo el segundo
premio y María Alonso quedó
finalista. .Los trabajos premiados
se leyeron a principios de verano
en el Parque del Retiro.
En la Biblioteca Pablo Neruda,
se dio homenaje a la poeta
Ángela Figuera con presencia de
Ramón Figuera – hijo de
Ángela- y la intervención de la
poeta María Victoria Reyzabal.
Se completó el acto con la lectura
de poemas a la figura de la
autora, entre cuyos participantes
se encontraron Julia Gutiérrez,
Conchi González, Miguel Ángel
Mesa y Pilar Aranda.
28 Abril 2015
El taller de Escritura de
la Biblioteca Pablo
Neruda presentó, el libro
Pasen y Lean, entre
cuyos colaboradores, dos
poetas
de
nuestra
tertulia, María Alonso
Ordás y Adela Rosa Ruiz
Cuaderno
de Poesía
8 Octubre 2015
12 mayo 2015
La Fundación Loewe, homenajeó,
en el Instituto Cervantes de
Madrid, al poeta Pablo García
Baena, uno de los grandes poetas de
la segunda mitad del siglo XX,
Premio Príncipe de Asturias y
Premio Reina Sofía. Poeta de la
discreción y la dignidad, en
palabras de Luis Antonio de
Villena. Pilar Aranda acudió al
acto del que cuenta “vi una edad en
su presencia y mucha luz en sus
palabras”. Enhorabuena a Pablo
García Baena.
Se presentó, en la Biblioteca Pablo
Neruda, una Antología homenaje a
Marcos Ana. En el acto
intervinieron, además de Marcos
Ana, poetas como Juan Carlos
Mestre, Manuel Rico, María
Angeles Maeso, así como algunos
de los integrantes de esta tertulia
de poesía. En la organización de
dicho acto participó, además, la
directora de la Tertulia, Pilar
Aranda.
Volver al inicio
A modo de despedida
[Arte Poética]
Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu
palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
Mas no por eso tenemos menos fuerza:
El vigor verdadero
reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema;
Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el Sol.
El Poeta es un pequeño Dios.
Vicente Huidobro
Nuestro agradecimiento al equipo de la Biblioteca Pública Municipal
Canillejas y del Centro Cultural Buero Vallejo por la cesión de las
instalaciones y las facilidades que nos dan para el desarrollo de esta
actividad abierta al público. Gracias también por su empeño en la difusión
de la cultura y el fomento de la creatividad.
Volver al inicio
Descargar