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Vol. 2 / No. 7 Segundo semestre 2015
NUEVA ALIANZA
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Presidente
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Secretario General
Luis Alfredo Valles Mendoza
Coordinador Ejecutivo Nacional Político Electoral
Roberto Pérez de Alva Blanco
Coordinador Ejecutivo Nacional de Finanzas
Juan Luis Salazar Gutiérrez
Coordinador Ejecutivo Nacional de Vinculación
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Coordinador Ejecutivo Nacional de Asuntos Jurídicos
Fernando Medina Villarreal
Coordinadora Ejecutiva Nacional de Gestión Institucional
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Comunicación Social
Miguel Ángel Sánchez de Armas
REVISTA MEXICANA DE CULTURA POLÍTICA NA
Director: Miguel Ángel Sánchez de Armas
Editora: María del Pilar Ramírez
Diseño: Ivonne Grostieta García
Formación: Clara Narváez Perafán
Administración: Esperanza Narváez Perafán
Distribución: Tania Jiménez Hernández
CONSEJO EDITORIAL
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Edgar Jiménez
Janette Góngora Soberanes
José Francisco Parra
Pilar Ramírez Morales
4
Revista Mexicana de Cultura Política NA es una publicación semestral de Nueva Alianza sin fines de lucro y
distribución gratuita. Número de Reserva ante el Instituto Mexicano del Derecho de Autor: 04-2012013011335000-102, 30 de enero de 2016, ISSN: en trámite. Los textos son responsabilidad de sus autores y no
reflejan necesariamente los puntos de vista de Nueva Alianza. Domicilio de la publicación: Durango núm.
199, Col. Roma, Delegación Cuauhtémoc. C.P. 06700, México, D.F. Tel. (55)36858485. Correo electrónico:
[email protected] Impreso por: DIGITAGAMA, S.A. de C.V., Plutarco Elías Calles No. 336, Col.
Los Reyes Iztacalco, Del. Iztacalco, C.P. 08620, México, D.F. Esta es la 1ª. edición y consta de 5,000 ejemplares.
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Índice
Presentación
7
Jesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
11
Reyes Heroles, una memoria
Otto Granados
29
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
45
Istorie fiorentine de Maquiavelo: una
primera definición moderna de corrupción
Eloy García
A la salvaguarda de la contienda electoral
y los derechos políticos electorales
Manuel González Oropeza
67
81
Discurso de Venustiano Carranza
en el inicio de sesiones del Congreso
Constituyente en diciembre de 1916
99
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
127
Respuesta a Jesús Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
155
El mundo es cada vez más un lugar de
conflictos violentos
Jorge Mario Bergoglio
171
Homilía por la cultura
Alfonso Reyes
183
Reseña
Recomendaciones editoriales
202
209
5
6
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Presentación
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
7
F
igura infaltable en los estudios sobre el liberalismo en México,
en la historia de la política contemporánea de nuestro país y en
el análisis del desarrollo de la democracia mexicana: Jesús Reyes
Heroles. La historia del sistema partidista tampoco podría ser escrita sin
la aportación de este político veracruzano que incluso hizo escuela entre
muchos miembros de la clase política mexicana, a quienes legó modos y
costumbres, con consignas que sintetizaban en forma coloquial algunas
ideas del amplio conocimiento de teoría política de la que era poseedor.
A partir de 1977 la vida política de México se diversificó, el marco regulatorio de los procesos electorales tuvo una modificación que transformó
sustancialmente no sólo la actuación partidista sino la vida misma de toda
la sociedad mexicana, porque de la Reforma Electoral de ese año se han
desprendido lo mismo cambios legislativos en la materia que un juego
político y partidista que han propiciado el surgimiento de una sociedad
civil que no se parece casi en nada a la de hace 37 años. La agenda pública
actual, con todas sus contradicciones, tiene concordancia con muchas
tendencias mundiales en distintos ámbitos. Este ingreso a la modernidad
de la sociedad mexicana hubiera vivido serios retrasos sin la Reforma
Electoral de 1977 que promovió Jesús Reyes Heroles, aunque no fue
la única modificación ideada por él que tuvo consecuencias relevantes
para el perfil de la nación. A su paso por la Secretaría de Educación Pública, Jesús Reyes Heroles propuso una reforma que hoy es parte fundamental del sistema educativo mexicano, al colocar en 1984 a las escuelas
normales como parte de la educación superior, con lo cual comenzó un
proceso inédito de profesionalización del magisterio.
Este número de la Revista Mexicana de Cultura Política NA rinde homenaje al señero pensador liberal, que creía firmemente en la acción política
de los hombres, de los partidos y del Estado para construir una nación
más armónica y más justa. José Woldenberg analiza la importancia de la
Reforma Electoral de 1977 impulsada por él, Otto Granados nos ofrece
una estampa más intimista del personaje en su actuación cotidiana como
funcionario y como intelectual, dupla que defendió con convicción Reyes
Heroles y de la que fue imagen viva. En las recomendaciones editoria-
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
les presentamos el recuerdo de este notable estadista como padre, a través
de su hijo Federico, en el libro Orfandad. El padre y el político.
En su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de Historia, Reyes
Heroles se ocupa precisamente de este tema: el intelectual y el político,
en el texto titulado “La historia y la acción”, donde realiza un análisis
todavía muy vigente. RMCP NA lo recupera en este número porque en
buena medida describe a su autor. La respuesta que dio a esa ponencia
el historiador Arturo Arnáiz y Freg tiene un valor que trasciende el
momento formal del protocolo que estila la institución y hace un perfil
de la obra de Jesús Reyes Heroles, destacadamente sus aportaciones
al estudio del liberalismo.
De manera concomitante con el tema de la acción política, el especialista en política Harvey Mansfield, autorizó a RMCP NA a publicar por
primera vez en español un análisis sobre el sentido de “lo políticamente
correcto” que no es, como se piensa a menudo, una frase en uso para
ciertas circunstancias, sino todo un concepto asociado a determinadas
etapas y hechos de la historia reciente.
Un ejemplo inmediato del desarrollo de la democracia sustentada en
los procesos electorales es, sin duda, la ubicación del árbitro electoral,
en caso de disputas, quejas o inconformidades, en el poder judicial. La
queja formal y la queja mediática no siempre van de la mano, y es común que la segunda opaque o esconda los argumentos de la primera. Por
ello, el artículo del magistrado electoral Manuel González Oropeza ejemplifica la distancia que existe entre la opinión popular y la argumentación
jurídica en la que descansan las determinaciones del Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación, y que provee información para conocer
mejor el proceso electoral y sus instituciones.
Otro aspecto de la acción política está a cargo de Eloy García, con un
análisis de la Historia de Florencia de Maquiavelo, donde identifica una
primera definición de corrupción; el declive de una organización social
como agotamiento o degradación de un modelo para subsistir.
Presentación
9
En el mismo tenor, se recupera la conferencia de Alfonso Reyes “Homilia por la cultura” donde analiza la división artificial entre el conocimiento científico y la cultura, que existe –afirma Reyes– sólo para fines
de estudio, pues la cultura tiene una función unificadora que permite
el intercambio permanente entre los distintos tipos de conocimiento.
Esta universalidad es la que alimenta al ser social o al político. Gracias a
este ir y venir de conocimientos, siempre engarzados, señala, –como lo
hiciera Jesús Reyes Heroles–, que sus encargos públicos se nutrían y se
enriquecían de la afición personal por la cultura.
Un hecho estudiado largamente por la ciencia social ha sido la religión
y sus representantes como un factor político que incide diferenciadamente
en la vida de las sociedades. Esta relación religión-política tuvo recientemente un episodio relevante en la visita que el Papa Francisco realizó
a Estados Unidos, donde, entre los varios actos que protagonizó destaca
su presencia en el Congreso. Una decena de visitas papales a Estados
Unidos precedieron a la del Papa Francisco, pero en ninguna estuvo un
Papa en un foro tan marcadamente político. Por otro lado, a diferencia de
sus antecesores, el abordaje de temas estrechamente relacionados con las
políticas públicas de un gobierno es materia común de las disertaciones
del actual Papado. La alocución pronunciada en el Congreso estadounidense puede ponerse a debate –según las ópticas políticas con que se le
mire– sin embargo es una pieza importante que recupera valores liberales
sobre los que ha venido tejiendo en distintos documentos y que demuestra
el aserto de los analistas del pensamiento liberal en el sentido de que a lo
largo de su historia se identifican diversos liberalismos.
Los textos seleccionados –que resaltan figuras y valores liberales o
que hacen análisis, desde distintas ópticas, de la acción política– resultan
significativos en la celebración del décimo aniversario de Nueva Alianza.
Nuestra organización política, que se ha comprometido con el debate de
las ideas y las propuestas ciudadanas o de grupos como los jóvenes, el
magisterio y los defensores del medio ambiente, se ha empeñado también
en poner en manos de la militancia, de los simpatizantes o de cualquier
lector atento o interesado, planteamientos teóricos, conceptuales o registros de la práctica política –como la contenida en RMCP– para acrecentar
y enriquecer ese debate.
10
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Jesús Reyes Heroles
y la reforma política*
José Woldenberg
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
11
Resumen
La reforma política de 1977 fue una reforma inaugural, una reforma que
construyó futuro. El principal impulsor de este cambio en el marco legal
electoral fue don Jesús Reyes Heroles, a la sazón secretario de Gobernación, quien la pensó inicialmente como una “válvula de escape” para
dar cauce a un pluralismo político, que acallado por el autoritarismo de
un sistema sustentado en el monolitismo partidista se expresaba ya en
conflictos sindicales, guerrilla urbana y rural, huelgas y efervescencia
en las universidades y otros ámbitos. El rango constitucional como entidades de interés público otorgado a los partidos, el registro condicionado
como fórmula para acceder al escenario electoral y la modificación de la
fórmula para integrar la Cámara de Diputados que otorgó representación
a las minorías, fueron las modificaciones más relevantes de la reforma,
que abrirían paso a cambios más profundos. Dichas transformaciones
trascienden el cambio de un instrumento legal. Fue una reforma memorable que abrió nuevos horizontes políticos. Por lo anterior, Jesús Reyes
Heroles es digno de reconocimiento “porque abrió cauce para la concordia
en medio de abismales diferencias”.
Abstract
The 1977 Political Reform was an inauguration, a change that envisaged the
future. The principal proponent of such an innovation in the electoral legal
framework was Mr. Jesús Reyes Heroles, at the time Secretary of the Interior,
who initially conceived it as an “escape valve” to give course to a political
pluralism that, silenced by an authoritarian system built on a single-party
rule, was already flaring in union conflicts, urban and rural guerrilla, strikes
and agitation in universities and elsewhere. The main changes brought
about by this Reform –that would give way to more profound transformations– were the constitutional rank as entities of public interest assigned to
political parties, the conditioned register as a formula to access the electoral
scenario and the modification of the formula for organizing the Chamber of
Deputies that gave representation to minority groups. These transformations
go beyond a legal instrument. It was a memorable Reform that opened new
political horizons. For this, Jesús Reyes Heroles is worthy of praise inasmuch
as he “opened the way for harmony in the midst of brutal differences”.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
El discurso
E
l primer día de abril de 1977, en el marco del segundo informe de
gobierno que rendía el gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa,
el secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles (JRH) pronunció
un importante discurso. Dijo:
…El país se enfrenta a una situación económica difícil… Partiendo de
esta situación difícil, hay quienes pretenden un endurecimiento del gobierno, que lo conduciría a la rigidez. Tal rigidez impediría la adaptación
de nuestro sistema político a nuevas tendencias y a nuevas realidades;
supondría ignorarlas y desdeñarlas. El sistema, encerrado en sí mismo,
prescindiría de lo que está fuera en el cuadro social y reduciría su ámbito
de acción al empleo de medidas coactivas, sin ton ni son, canalizando al
fortalecimiento de la autoridad material del Estado recursos que demandan necesidades económicas y sociales. Es la prédica de un autoritarismo
sin freno ni barreras.
Endurecernos y caer en la rigidez es exponernos al fácil rompimiento
del orden estatal y del orden político nacional. Frente a esta pretensión,
el presidente López Portillo está empeñado en que el Estado ensanche
las posibilidades de representación política, de tal manera que se pueda
captar en los órganos de representación el complicado mosaico ideológico nacional de una corriente mayoritaria, y pequeñas corrientes que,
difiriendo en mucho de la mayoritaria, forman parte de la nación.
La unidad democrática supone que la mayoría prescinda de medios encaminados a constreñir a las minorías e impedirles que puedan convertirse
en mayorías; pero también supone el acatamiento de las minorías a la
voluntad mayoritaria y su renuncia a medios violentos, trastocadores
del derecho.
Quiere esto decir que el gobierno de México sabrá introducir reformas
políticas que faciliten la unidad democrática del pueblo, abarcando la
* Este escrito recupera la primera parte del libro de José Woldenberg, Historia mínima de la
transición democrática en México, El Colegio de México, 2012. Sin embargo, el apartado sobre
las lecciones es inédito. El texto fue leído en El Colegio de México el 24 de marzo de 2015
en conmemoración de los 30 años del fallecimiento de don Jesús Reyes Heroles. RMCP NA lo
publica gracias a la autorización generosa de su autor.
Jesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
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pluralidad de ideas e intereses que lo configuran. Mayorías y minorías
constituyen el todo nacional, y el respeto entre ellas, su convivencia
pacífica dentro de la ley, es base firme del desarrollo, del imperio de las
libertades y de la posibilidad de progreso social.
…Cuando no se tolera se incita a no ser tolerado y se abona el campo a
la fratricida intolerancia absoluta, de todos contra todos. La intolerancia
sería el camino seguro para volver al México bronco y violento” (Reyes
Heroles, 1977).
¿Qué había propiciado una toma de posición como esa?
La campaña presidencial
Unos meses antes, en 1976, México estaba envuelto en una campaña
para renovar en su totalidad el Congreso y “elegir” al nuevo presidente
de la República. El PRI había postulado a José López Portillo y, como si
lo requiriera, también el Partido Popular Socialista y el Auténtico de la
Revolución Mexicana se habían sumado a esa candidatura. Aunque el
destape oficial se realizó el 22 de septiembre de 1975, desde el 17 de ese
mes JLP sabía que sería el próximo presidente.
Así lo narró el propio López Portillo:
El 17 de septiembre fui llamado a Los Pinos… Echeverría estaba de buen
humor y tuvimos frente a la mesa de trabajo un breve acuerdo… Después
me invitó a sentarme en los sillones coloquiales de recia factura colonial, junto a la vitrina de la Bandera y brusca, aunque no inesperadamente, me dijo algo como esto: “Señor licenciado López Portillo, el Partido
me ha encomendado preguntarle si aceptaría usted la responsabilidad
de todo esto”, y con un gesto envolvió el ámbito del Poder Ejecutivo,
concentrado allí, en el despacho de Los Pinos.
Si, señor Presidente. Acepto.
Bien. Entonces prepárese usted, pero no se lo diga a nadie, ni a su esposa
ni a sus hijos... (López Portillo, 1988: 398-399).
Por su parte, el Partido Acción Nacional en esa ocasión no postuló
candidato a la Presidencia porque en su asamblea ninguno de los precan14
Revista Mexicana de Cultura Política NA
didatos logró los votos suficientes. La XXVI Convención Extraordinaria
que se celebró el 25 de enero de 1976, “después de siete votaciones decidió
dejar al candidato oficial solo, porque ni Pablo Emilio Madero ni Salvador
Rosas Magallón alcanzaron el 80 por ciento de los votos que establecían
los estatutos” (López Moreno, 1987: 77).
Por ello, el único adversario del candidato del PRI-PPS-PARM fue el
viejo y respetado líder sindical Valentín Campa, abanderado del Partido
Comunista Mexicano al que se sumaron dos pequeñas agrupaciones: el
Movimiento de Organización Socialista y la Liga Socialista (trotskista).
El problema, sin embargo, era que el PCM carecía de registro, de reconocimiento legal.
Por supuesto, los medios de comunicación enfocaron sus baterías a
la única campaña oficial, y si uno revisa la prensa o las grabaciones de
radio y televisión de entonces, encontrará un país de unanimidades: un
solo candidato, una sola oferta, una sola opción, que estaba condenada
a obtener el cien por ciento de los votos válidos.
En aquel entonces se elegían también 196 diputados uninominales y
sólo el PRI tenía la capacidad de presentar candidatos en todos los distritos. El PAN, en ese año, sólo compitió en 135. No fue extraño que el PRI
ganara 194 diputaciones de las 196, que el PARM triunfara en un distrito
y que la otra diputación, también ganada por el PARM, fuera anulada, y
luego, en una elección extraordinaria, recuperada por el propio PRI. No
obstante, gracias a los diputados de partido, el PRI “solamente” tuvo el 82
por ciento de las curules, mientras el PAN alcanzaba el 8.5, el PPS el 5.1 y
el PARM el 3.8 por ciento (Molinar Horcasitas, 1991: 72-82).
Los 64 senadores que se “elegían”, como siempre, hasta entonces,
fueron para el partido tricolor. La Legislatura que ese año se instaló no
contó con un solo senador opositor.
La organización de esos comicios sin competencia corría a cargo
de la Comisión Federal Electoral (CFE), encabezada por el secretario de
Gobernación. Y si un partido estaba inconforme con alguna resolución
de la CFE podía impugnarla… ante la misma CFE. Al final, los diputados
y senadores calificaban su propia elección y los diputados solos, la del
presidente.
Jesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
15
No existía financiamiento público a los partidos, pero era notorio que
los recursos públicos fluían, sin control, hacia el partido oficial. No había
regulación sobre el acceso de los partidos a los medios, pero los medios
enfocaban sus lentes, grabadoras, papeles y lápices, a la única campaña
reconocida oficialmente y por ello sólo esa acababa teniendo visibilidad
pública.
José López Portillo recreó el ambiente de su campaña:
Por candidato único no tenía yo con quien pelear. No había polémica ni
enfrentamiento directo con otro candidato. Si acaso, con ciertos críticos
que desde la prensa manifestaban oposición; pero no había candidato al
frente, y por ende, yo no tenía con quien competir, sino conmigo mismo.
Eran como rounds (perdónenme el insubstituible anglicismo) de sombra,
de esos que practican los boxeadores moviéndose solos, para mirar y
controlar sus movimientos (Molinar Horcasitas, 1991: 415-416).
Así transcurrió una campaña previsible. Un país complejo, masivo,
contradictorio, plagado de conflictos, tenía una opción y sólo una. Los
resultados se conocían con casi diez meses de antelación y nadie esperaba
sobresaltos. Era para la clase política oficial un sueño plácido… para las
corrientes opositoras una pesadilla.
El México convulso
México vivió en 1976 una elección presidencial sin competencia alguna.
No obstante, como si se tratara de una secuela del movimiento estudiantil de 1968, en muy diferentes ámbitos se produjeron agudos conflictos
sociales y políticos.
En el mundo laboral, la Tendencia Democrática de los electricistas
se movilizó en varias ciudades de la República, primero en protesta porque al Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana
(STERM), se le había despojado de la titularidad de su contrato colectivo
para entregárselo al Sindicato Nacional de Electricistas (SNE); y luego
cuando el propio gobierno promovió la unidad de ambos sindicatos en
el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas (SUTERM), volvió a rea16
Revista Mexicana de Cultura Política NA
lizar marchas, mítines e incluso un emplazamiento a huelga, cuando sus
principales dirigentes fueron expulsados de la nueva organización laboral.
Pero también en el Sindicato Ferrocarrilero y en el Minero Metalúrgico se produjeron brotes de descontento. En pequeñas fábricas estallaron
huelgas. Quizá a los más viejos les suenen los siguientes nombres: Rivetex, Liga de Soldadores en la refinería de Tula, Chiclets Adams, Ayotla
Textil, Automex, Hilos Cadena, etcétera. Trabajadores que hasta entonces se mantenían fuera del horizonte sindical se organizan en agrupaciones laborales y entran en conflicto con sus respectivos patrones o
autoridades (bancarios, universitarios, técnicos y profesionistas de
PEMEX).
En diferentes asentamientos y colonias populares las personas se organizan y exigen la regularización de sus terrenos, el abastecimiento de
agua y electricidad, la construcción de escuelas y vialidades. En Ciudad
Netzahualcóyotl, en la colonia Rubén Jaramillo en Cuernavaca, Morelos, o el Comité de Defensa Popular en Chihuahua, en un ambiente de
radicalización retórica presionan y se movilizan. Dan visibilidad pública
a un fenómeno que alimentan las migraciones masivas del campo a la
ciudad y la exigencia de servicios urbanos.
Los conflictos en las universidades se multiplican. En las universidades
autónomas de Nuevo León, Sinaloa, Puebla, Guerrero y Oaxaca se producen reiterados enfrentamientos entre los estudiantes y las autoridades
locales. La efervescencia participativa que se despertó en 1968 no cesa, se
amplía y radicaliza, y como respuesta encuentra en los gobiernos ansias
de control y mano dura.
Aparece una guerrilla rural y otra urbana. La primera es una derivación de movimientos cívicos que primero buscan expresarse por la vía
pacífica y legal, pero que son reprimidos y perseguidos (Genaro Vázquez
y Lucio Cabañas); la segunda está inspirada por estudiantes que luego
de 1968 y de la nueva matanza perpetrada el 10 de junio de 1971 en la
Ciudad de México, llegan a la conclusión de que las vías del quehacer
democrático se encuentran clausuradas y que no existe otra opción más
que la de las armas.
Jesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
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En el campo se vive una ola de invasiones de tierras que reclaman un
nuevo reparto, surgen las primeras organizaciones de asalariados del agro
que pretenden regular las condiciones de trabajo a través de contratos
colectivos; y un buen número de ejidos se organizan en un intento de
modernización de sus prácticas y rutinas. La movilización tiñe entonces
también al mundo agrario.
Incluso los empresarios, cobijados por décadas bajo el manto de la
burocracia política, tienen severos enfrentamientos con esta. La retórica
del presidente Echeverría y su política económica e internacional son
enfrentadas por las agrupaciones de industriales y comerciantes que por
aquellas fechas crean el Consejo Coordinador Empresarial.
México, su diversidad, es evidente, no cabe bajo el manto de una sola
organización partidista. Los procesos combinados de industrialización,
educación y urbanización colocan en el escenario a sujetos sociales que
aspiran desplegar sus propios intereses, sus propias iniciativas políticas,
más allá de los estrechos límites que fija una pirámide autoritaria en cuya
cúspide se encuentra el Presidente de la República, máxima autoridad
del país.
El éxito
Bien vistas las cosas, las recurrentes movilizaciones eran en buena medida fruto del éxito económico del país. El crecimiento había forjado un
México más urbano que agrario, más alfabetizado que analfabeta, más
educado, con más industrias. En una palabra, un país más moderno. Y
esa modernidad se expresaba en sensibilidades muy distintas que a su vez
se traducían en reclamos para tener un país más abierto, menos vertical,
más democrático, menos autoritario.
De 1932 a 1977 la economía había crecido a tasas importantes. “Durante los años que van de 1940 a 1954, la economía mexicana creció a
un ritmo acelerado. En conjunto, el PIB lo hizo a una tasa media anual de
6%, en términos reales y el PIB por persona en algo más de 3%”. En los
años sucesivos el PIB per cápita siguió incrementándose. “3.2% de 1953
a 58, 3.4 de 1959 a 64, 3.5 de 1965 a 70, 3.0 de 1971 a 76 y 3.3 de 1977 a
1982” (Tello, 2007: 297 y 361).
18
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Este crecimiento que nunca fue igualitario, cuyos frutos jamás se
repartieron con equidad, sin embargo, sí lograba que la inmensa mayoría
de los hijos acabaran viviendo mejor que sus padres. Son años en los que
se expande la industria, el sistema educativo y crecen las ciudades. Y
fue el caldo de cultivo del reclamo democratizador. Los “nuevos” mexicanos de entonces no se resignaron a verse representados por un solo ideario, un solo partido político, una sola plataforma ideológica. La diversidad
que cruzaba al país empezó a manifestar su hartazgo con el entramado
vertical de gobierno que se había tejido a lo largo de las décadas.
Las audiencias y la discusión en las Cámaras
El 14 de abril de 1977, el presidente José López Portillo instruyó al
Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, para que convocara
a representantes de los partidos políticos, asociaciones políticas, instituciones académicas y ciudadanos en general, “a presentar sus puntos
de vista… y se revisen y estudien los diferentes aspectos que animan
el propósito de la reforma destinada a vigorizar nuestras instituciones
políticas” (SEGOB, 1977).
Las audiencias públicas fueron convocadas por la Comisión Federal
Electoral y se realizaron entre el 28 de abril y el 21 de julio de 1977. Fueron 12 y en ellas participaron 15 organizaciones políticas, 25 personas a
título individual y tres instituciones académicas. También se recibieron
ponencias por escrito que no fueron leídas en las audiencias (Fiesco
Martínez, 2011: 25).
La intención: escuchar y eventualmente abrir los cauces para la participación política institucional. Representantes del PRI, el PAN, el PPS y
el PARM presentaron sus diagnósticos y sus propuestas de reforma, pero
también lo hicieron los representantes de partidos que hasta esas fechas
carecían de reconocimiento legal: el Comunista Mexicano, el Demócrata
Mexicano, el Socialista de los Trabajadores, el Socialista Revolucionario,
el Mexicano de los Trabajadores, el Revolucionario de los Trabajadores,
la Unidad de Izquierda Comunista y algunos otros.
Jesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
19
También participaron académicos destacados: Antonio Martínez Báez,
Octavio Rodríguez Araujo, Andrés Serra Rojas, Antonio Delhumeau,
Antonio Carrillo Flores, Mariano Azuela Güitrón, Rafael Segovia, Manuel Camacho, Miguel Limón Rojas, Raúl Olmedo, Luis Villoro, Samuel
del Villar, David Pantoja, Patricio Marcos, Carlos Pereyra, Rubén Salazar
Mallén y Carlos Sirvent, entre otros, quienes propusieron desde modificar a las instituciones encargadas de organizar las elecciones hasta fórmulas para dar entrada a nuevas opciones políticas, desde consideraciones
sobre las condiciones de la competencia hasta recetas para modificar la
conformación de la Cámara de Diputados.
Esos insumos fueron procesados en la Secretaría de Gobernación,
para que el Presidente de la República pudiese enviar un proyecto de reformas a la Constitución. En esa operación, el jefe, el coordinador, quien
diseñó los métodos y el horizonte, fue Jesús Reyes Heroles. Y finalmente
la iniciativa fue discutida y aprobada en la Cámara de Diputados los días
19, 20, 21, 24 y 25 de octubre de 1977 y en el Senado los días 4, 8, 9 y
11 de noviembre del mismo año, luego de lo cual ambas Cámaras también debatieron y finalmente aprobaron la iniciativa del presidente López
Portillo (confeccionada, en lo fundamental bajo la batuta de JRH) que
creaba una nueva Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos
Electorales (LFOPPE). El debate de dicha ley se inició en la Cámara de
Diputados el 19 de diciembre de 1977 y el 27 de diciembre era aprobada
por la de Senadores.
Las reformas
Las principales reformas fueron tres.
a) Se llevó a la Constitución a los partidos políticos. A pesar de que
desde 1917 la llamada Carta Magna diseñó una fórmula de gobierno democrática, representativa y federal, no existía disposición alguna
en relación a los partidos políticos. En 1977 se estableció en el texto
constitucional que los partidos serían considerados como “entidades
de interés público”, cuyo carácter sería nacional. Y por ello serían sujetos de una serie de derechos y prerrogativas, entre otros tener acceso a
los medios electrónicos de comunicación y recibir financiamiento público.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Es decir, desde 1977, la Constitución no sólo protegería a los partidos
sino que los asumía como los conductos imprescindibles para organizar
y ofrecer voz a la diversidad política que cruzaba al país.
b) Se estableció el registro condicionado como fórmula para el ingreso de nuevos partidos al escenario electoral institucional. A partir de
la reforma, una organización política podría solicitar su registro como
partido político ante la Comisión Federal Electoral si contaba con una
declaración de principios, un programa de acción y unos estatutos;
además debía acreditar “que representaba una corriente de opinión,
expresión de la ideología política característica de alguna de las fuerzas
sociales que componen la colectividad nacional” y demostrar que había
realizado actividades políticas durante los cuatro años anteriores a su
solicitud de registro. Y su permanencia en la lid electoral dependería
de que lograra obtener por lo menos el 1.5% de la votación nacional.
Hay que señalar que hasta entonces todas las fórmulas para el registro
de nuevos partidos suponían la entrega de listas de afiliados. Pero, según
contó en su momento Gilberto Rincón Gallardo, el Partido Comunista
Mexicano se negó a entregar dicha información, temiendo posibles represalias, de tal suerte que la Secretaría de Gobernación primero (otra
vez, Don JRH), y luego el presidente y el Congreso, aceptaron la creación
de un nuevo registro que no suponía dar la información mencionada a
las autoridades.
Cabe también mencionar que durante largos treinta años, desde
1947, la puerta para la entrada de nuevos partidos políticos se mantuvo
cerrada, por lo que la reforma suponía una vía relativamente sencilla
para la incorporación de aquellas organizaciones a las que se mantenía
artificialmente marginadas del escenario institucional.
c) Se modificó la fórmula de integración de la Cámara de Diputados.
Como se sabe desde la primera constitución republicana, la de 1824,
el método para la conformación de la llamada Cámara Baja siempre
había sido la de dividir el territorio en circunscripciones (o distritos)
y en cada uno de ellos elegir un representante. Esa fórmula acarrea de
manera “natural” que la mayoría alcance una sobrerrepresentación en
Jesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
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la Cámara y que las minorías se vean subrepresentadas. Y ello es así por
el efecto acumulado que tiene el no ofrecer representación a los votos
perdedores de cada distrito.
En 1963 se había introducido un correctivo, los llamados diputados de partido. Consistía en que si un partido obtenía por lo menos el
2.5% de la votación nacional, alcanzaría con ello 5 diputados. Fue un primer intento por inyectarle un cierto pluralismo a la Cámara de Diputados.
En 1977 se resolvió que la Cámara se integraría con 400 diputados,
300 serían de mayoría relativa y 100 de representación proporcional.
Los primeros serían electos en 300 distritos (uno en cada uno) y los
otros cien en tres, cuatro o cinco listas “circunscripcionales”, los cuales
se repartirían con un criterio de representación proporcional, y aquel
partido que hubiese obtenido 60 escaños o más por la vía uninominal
ya no participaría en ese reparto. En español eso quería decir que por lo
menos el 25% de los escaños en la Cámara de Diputados sería ocupado
por los partidos opositores.
Gracias a esas reformas, que vistas en retrospectiva pueden parecer
mínimas, se desató una auténtica espiral de transformaciones. En primer lugar, para las elecciones de 1979 participarían tres nuevos partidos
que habían logrado su registro condicionado: el Comunista Mexicano,
el Demócrata Mexicano y el Socialista de los Trabajadores. En segundo
lugar, estos contaron con algunos elementos para realizar sus respectivas
campañas y en tercer lugar, dado el nuevo método de integración de la
Cámara, ocuparon algunos escaños.
Las primeras elecciones luego de la reforma (1979)
Finalmente llegó el día de la primera elección federal bajo el manto de la
reforma política. Fue el primer proceso después de la reforma que había
permitido la entrada de nuevas agrupaciones a la competencia, luego que
la puerta estuviera clausurada por casi treinta años. Los partidos Comunista Mexicano, Socialista de los Trabajadores y Demócrata Mexicano
debutaban bajo las nuevas reglas y se sumaban a los entonces tradicionales
PRI, PAN, PPS y PARM. Se inauguraba el sistema mixto de conformación
22
Revista Mexicana de Cultura Política NA
de la Cámara de Diputados que inyectaría una presencia mayor de las
oposiciones en ese órgano legislativo. Pasaban por la televisión y la radio
los primeros programas de los partidos políticos que representaban una
pequeña inyección de aire fresco frente a las rutinas oficialistas de los
noticieros. Los partidos, considerados por la Constitución, a partir de
entonces, como “entidades de interés público”, recibían del Estado algunas prerrogativas (financiamiento, exenciones fiscales, franquicias postales y telegráficas) para ayudarlos a asentarse y a desplegar sus respectivas
campañas. Los candidatos hacían proselitismo, se desplazaban por sus
distritos, y los plurinominales por el país. Y las elecciones habían sido
precedidas de una amnistía a los presos políticos.
No sólo era un tiempo de novedades sino de expectativas. Las nuevas
reglas y realidades presagiaban una mayor competencia, un ejercicio mayor de las libertades, una sacudida al monolitismo imperante. Era apenas
una rendija, pero a través de ella, quizá, se podrían colar los vientos del
pluralismo, la tolerancia, la democracia. Expresiones ideológicas que
antes vivían en la penumbra podían ahora hacer política a la luz del día
y bajo la protección de la ley. El país de “un solo ideario legitimado por
la historia” empezaba a ser el de las múltiples corrientes y programas. La
palabra cambio sintetizaba la aspiración de miles y miles de ciudadanos.
Las condiciones de la competencia eran todavía marcadamente inequitativas, pero… Roma no se construyó en un día.
Y a su vez, esa novedosa experiencia era producto de una operación
de Estado −la reforma política− que conscientemente facilitaba la incorporación de fuerzas políticas hasta entonces marginadas y que expandía
un espacio –la Cámara de Diputados− para el encuentro y recreación de
la diversidad; que a su vez era producto de una creciente conflictividad
en muchos espacios de la vida pública (universidades, sindicatos, organizaciones agrarias, empresariales y hasta el surgimiento de guerrillas
rurales y urbanas) que no encontraban conductos de expresión en el
mundo institucional todo ello producto de una sociedad modernizada, y
por lo mismo, plural, compleja, contradictoria, que no podía ni quería ser
encuadrada bajo un solo ideario, una sola organización, un solo discurso.
Jesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
23
La reforma era vista, desde el gobierno y ahí están los discursos de
Don JRH, como una operación preventiva, capaz de ofrecer un cauce al
descontento y un lugar a las “minorías”. Una “válvula de escape” se decía. Pero, para las oposiciones la reforma suponía una plataforma mejor
para continuar con sus esfuerzos, para darse a conocer, para crecer, para
construir puentes con sus potenciales electores, para convertirse en parte
del paisaje nacional, como diría Mitterrand. Ya se sabe, en la historia no
se expresa una sola lógica, y son las lógicas en plural, las expectativas diversas, las apuestas enfrentadas, las políticas encontradas, las que acaban
modelándola.
Así llegó el momento de los comicios. El día en que el primer experimento cobijado en las nuevas reglas tenía lugar. La fecha en que las
esperanzas se confrontan con la “realidad”. Los siete partidos contendientes refrendaron su registro (entonces se necesitaba el 1.5 por ciento de
los votos). Y los tres primeros obtuvieron las siguientes votaciones: PRI
69.71 por ciento, PAN 10.79% y PCM 5.0%. Los seis partidos de oposición
tendrían, en conjunto, 104 diputados y el PRI 296.
La composición de la Cámara de Diputados
De los 300 distritos, el PRI ganó 291 y cuatro el PAN. Cinco fueron anulados y luego ganados por el PRI. Esos datos expresan la persistencia de un
partido hegemónico y una falta de competitividad marcada. No obstante,
cinco partidos lograron integrar grupos parlamentarios. El PAN sumó a
sus cuatro uninominales 39 de representación proporcional, logrando
una bancada de 43 diputados. Los otros cinco partidos sólo alcanzaron
diputados plurinominales: PCM, 18; PARM, 12; PPS, 11; PDM, 10; PST, 10.
Pluralidad sí, pero con un partido que podía por sí mismo tomar todas
las decisiones en esa Cámara.
Cambios por goteo
Las novedades que acarreó la reforma política empezaron a caer por
goteo. Fue un movimiento lento pero constante, creciente. Primero,
los partidos políticos con registro se empezaron a convertir en parte
del paisaje nacional. No eran ya plantas exóticas, sino corrientes políticas
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
asentadas y legitimadas en el país. Su presencia en la Cámara de Diputados
ilustraba, aunque sea en forma germinal, la coexistencia de idearios que
tenían que convivir y competir. Y en algunos municipios se empezaron
a producir auténticas luchas por los ayuntamientos e incluso algunos
fenómenos de alternancia.
En 1977, de cerca de 2,500 municipios, sólo cuatro eran gobernados
por partidos de oposición. Y fue en ese terreno donde paulatinamente
las distintas organizaciones empezaron a lograr algunos triunfos. En
1979, por ejemplo, el Partido Comunista ganó su primer municipio,
Alcozauca, en la Montaña de Guerrero, mientas el PAN, con una mayor
tradición (ya había ganado dos capitales estatales en 1967, Hermosillo,
Sonora y Mérida, Yucatán), incrementó el número de sus victorias. Se
trata de un cambio poco espectacular pero que paulatinamente arrojó
algunos resultados.
Lecciones
De la actuación de Don Jesús Reyes Heroles y de aquella reforma pueden
obtenerse varias lecciones:
1. En la historia hay momentos plásticos. Coyunturas en las cuales
aparece la posibilidad de modelar el futuro. Se trata de momentos cargados de incertidumbre pero también de posibilidades. Los conflictos son la
expresión de un modo de operar que resulta inadecuado, rebasado, tensionado por nuevas realidades y que demandan algún horizonte inédito.
Pero la edificación del futuro no se da por inercia. El momento puede ser
desperdiciado. Se requiere de un espíritu reformador para ofrecer cauce
a lo nuevo, lo inédito. Y siempre existe la posibilidad del inmovilismo,
de la degradación, de la descomposición.
2. Como ya apuntaba, en la historia no existe una sola lógica. Son
las lógicas en plural las que la modelan. La reforma diseñada por Don
Jesús Reyes Heroles tenía un carácter preventivo, era una especie de
válvula de escape a la creciente tensión política y social, pero desde las
oposiciones la lógica era otra. La reforma podía y debía ser aprovechada
para crecer, tender puentes con la sociedad, convertirse en fuerzas polítiJesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
25
cas con sustento, con presencia, con votos. Esas dos lógicas convergieron
en el intento por trazar un nuevo escenario para su reproducción.
3. La reforma de 1977 es la típica reforma que construye futuro, que
delinea un horizonte. No fue una reforma terminal, sino inaugural.
Una reforma que desencadenó nuevas y más profundas reformas. Si en
un inicio se trató de abrir una puerta para el ingreso de los excluidos y
ofrecerles un espacio en la Cámara de Diputados, con posterioridad las
nuevas y viejas oposiciones reclamaron otras operaciones transformadoras: órganos y procesos electorales imparciales, condiciones equitativas de la competencia y tribunales para dar certeza al procesamiento de
las controversias.
4. La reforma diseñada por JRH asumió que el pluralismo político
debía encontrar cauce. Que la paz sólo sería posible en el marco de una
convivencia de la diversidad en la que se pudieran ejercer las libertades.
Como lo apuntó en Chilpancingo, el riesgo era el del autoritarismo ciego
empecinado en construir un país a imagen y semejanza del poder, cuando
un México modernizado había desbordado los estrechos límites de un
sistema monopartidista.
5. En 1971 Reyes Heroles escribió:
En la decisión política se concentran o resumen todas las actividades
concernientes al hombre…Sabemos que la política es economía concentrada, pero también en ella se resume la sociología, los problemas que
trascienden al hombre como tal; la cultura, con la cual emparienta el
pensar y el actuar político. La decisión política abarca todo aquello que
influye en la configuración de una sociedad (PRI, 1972: 113).
Y en efecto, así pensada la política, la política democrática, puede
ser la vía por excelencia para la convivencia civilizada de la diversidad.
Don Jesús supuso que una época terminaba y otra pugnaba por abrirse
paso. No creo que ni él ni nadie pudiera en su momento suponer hasta
donde nos conduciría aquella reforma inaugural, pero tuvo el gran mérito de dar el primer paso, entendiendo que México ya no cabía bajo el
manto de una sola organización partidista, de una sola ideología, de una
sola manera de ver y evaluar las “cosas”.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Hemos hablado de una reforma memorable. Y de un hombre igualmente digno de reconocimiento. Porque abrió cauce para la concordia
en medio de abismales diferencias.
Referencias
Fiesco Martínez, José René (2011). La reforma electoral de 1977: las audiencias y los
debates, Tesis de Licenciatura, México: FCPS-UNAM.
López Moreno, Javier (1987). Elecciones de ayer y de mañana, México: Costa-Amic.
López Portillo, José (1988). Mis tiempos, Primera parte, México: Fernández Editores.
Molinar Horcasitas, Juan (1991). El tiempo de la legitimidad, México: Cal y Arena.
PRI (1972), “Revolución y desarrollo político”, en Análisis ideológico de la Revolución
Mexicana 1910-1971, México: PRI. Comisión Nacional Editorial.
Reyes Heroles, Jesús (abril 1977) “Discurso pronunciado por el Lic. Jesús Reyes Heroles,
Secretario de Gobernación, en la sesión solemne en que el C. Ing. Rubén Figueroa,
Gobernador Constitucional del Estado de Guerrero, rindió su segundo informe de
gobierno ante la H. XLVIII Legislatura de esa entidad”, en Reforma Política, Gaceta
Informativa de la Comisión Federal Electoral, No. 1, México: SEGOB-Comisión Federal
Electoral, pp. IX-XIII.
SEGOB (abril-agosto 1977) Comunicación del Presidente, Lic. José López Portillo al secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral, Lic. Jesús
Reyes Heroles el 14 de abril de 1977 en Reforma política: Gaceta informativa de la
CFE, México: SEGOB, Tomo I.
Tello, Carlos (2007). Estado y desarrollo económico: México 1920-2006, México: UNAM.
Facultad de Economía. p. 297 y 361.
Jesús Reyes Heroles y la reforma política
José Woldenberg
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Reyes Heroles,
una memoria
Otto Granados
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
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Resumen
“En el imaginario público mexicano, el político más sofisticado intelectualmente y el más respetado [del] gobierno” de Miguel de la Madrid.
Así se refiere el autor a Jesús Reyes Heroles, una figura de referencia
obligada en los estudios del liberalismo mexicano y conocedor de la
política del país no sólo porque la estudiaba, sino, caso inusual, porque
transitó en ella ocupando diversos cargos. Otto Granados ofrece al lector
una estampa del paso de don Jesús Reyes Heroles por la Secretaría de
Educación, donde hubo tropiezos pero también puso en práctica algunas
modificaciones que se convirtieron en hitos en la historia de la educación
y la cultura mexicana, como la creación del Sistema Nacional de Investigadores y la publicación de la colección editorial Lecturas Mexicanas.
La narración de Granados también da unas pinceladas para el retrato del
día a día de la tarea de Reyes Heroles como alto funcionario, donde había
espacio para el trabajo intelectual.
Abstract
“In the Mexican populace’s eye, the most sophisticated and respected thinker
in President Miguel de la Madrid’s Cabinet”. Such is the way the author describes Jesús Reyes Heroles, an undisputed landmark in Mexican liberalism
studies and political pundit not only because he was a student of politics,
but because –unusual case– he held office on different levels. Otto Granados
gives us a view of Jesús Reyes Heroles’ transit in the Ministry of Education
where albeit some setbacks he managed to introduce changes and policies
that became milestones in the history of Mexican culture and education,
such as the National Researchers System and the editorial collection Lecturas Mexicanas (Mexican Reader). Granados’ account also allows for a
day-to-day portrait of Reyes Heroles as a high-ranking civil servant who
gave himself time for intellectual endeavor.
30
Revista Mexicana de Cultura Política NA
P
oco antes de las nueve de la mañana del 19 de marzo de 1985, Gabino Fraga llamó telefónicamente para decirme que don Jesús Reyes
Heroles, entonces secretario de Educación Pública en el gobierno
de Miguel de la Madrid y de quien yo era secretario particular, había
muerto en un hospital de Denver, Colorado. Unos quince días antes, en
el transcurso de una revisión a la que se sometió por unas dolencias en el
hombro y la espalda, su médico, Antonio Fraga, le informó que tenía un
cáncer ya propagado de manera invasiva a consecuencia de ese proceso
mediante el cual las células de un tumor se desprenden y desplazan a otras
áreas del cuerpo a través del flujo sanguíneo o los vasos linfáticos y que
la medicina llama metástasis. Miro ahora sus fotografías de aquel tiempo
y parece un hombre viejo, pero tenía apenas 63 años. Era en esa época,
en el imaginario público mexicano, el político más sofisticado intelectualmente y el más respetado no sólo de ese gobierno al que pertenecía
sino, probablemente, del régimen que los nostálgicos todavía catalogaban
como de la Revolución.
1
Conocí a Reyes Heroles prácticamente el día que entré a trabajar con él
a la Secretaría de Educación Pública (SEP), el 3 de diciembre de 1982.
En los años previos, don Jesús no había ocupado cargo alguno tras su
dimisión de la Secretaría de Gobernación en mayo de 1979 y se dedicaba a leer, viajar y escribir. Aunque había trabajado para él un tiempo
en un curioso centro de análisis que lo abastecía de informes, reseñas
bibliográficas y traducciones, y alguna vez conversamos brevemente en
un restaurante español de la colonia Roma, a propósito de un artículo
sobre el ejército mexicano que yo había publicado en la revista Nexos
(http://www.nexos.com.mx/?p=4011) y que por alguna causa, supongo
que el tiempo de sobra, le había interesado, ser llamado a mis 26 años por
el gran santo laico de la política mexicana fue casi una epifanía. Me recibió
en su oficina de Argentina 28, a la que acudía por las mañanas pues por
las tardes trabajaba en otra muy cerca de su casa, en la calle Vito Alessio
Robles, y, parado detrás del legendario escritorio que José Vasconcelos
llevó consigo en 1921 a la SEP tras concluir su rectorado en la Universidad
Nacional Autónoma de México, sin más protocolo preguntó si quería ser
Reyes Heroles, una memoria
Otto Granados
31
su secretario. No formuló indicación alguna respecto de lo que esperaba
de mí pero, al despedirme, lanzó una admonición muy propia de su estilo
personal: “Aquí no viene a descansar: viene a chingarse”.
Era un jefe tremendamente complicado –gruñón, malhablado, muy
exigente, a veces intratable– pero, a cambio, era por igual una fuente de
aprendizaje riquísima, magistral, abundante e ilustrada, que disfruté a plenitud. Verlo en acción era un privilegio. Hombre honesto, culto, erudito,
especialmente en el campo de las ciencias sociales, políticamente sagaz,
al menos para los usos del México de entonces, bibliómano seguidor de
Louis Barthou –el legendario ministro francés de la III República a quien
admiraba y autor, como el propio Reyes Heroles, de un ensayo sobre Mirabeau–, sibarita, de buen vestir, fumador empedernido y con un agudo
sentido del humor…cuando quería. En aquellos días sin internet ni redes
sociales, que eran aún los de un México muy presidencialista, con un
PRI en el poder pero una hegemonía languideciente, una sociedad civil
perezosa y medios de comunicación dóciles, don Jesús podía ejercer de
patriarca ante políticos, empresarios, intelectuales y periodistas mayores
y menores –a muchos de los cuales despreciaba–, desvelarse leyendo de
manera compulsiva (y por tanto iniciar la jornada cuando ya el sol empezaba a calentar), dedicar días enteros a preparar algún discurso muy
importante (que él mismo se encargaba de triturar al pronunciarlo porque
era un pésimo orador) y destinar horas, sólo con quienes él seleccionaba,
a la conversación inteligente.
Si bien tosco y con frecuencia irascible, había que encontrarle el
“modo” y en ese sentido se volvía razonablemente predecible y hasta
simpático. Era desconfiado, de escasos amigos en la acepción sustantiva
del término, refractario a la intimidad y poco adicto a la vida social. Tenía
ingenio y frases, propias y prestadas, para todo, y pescaba rápidamente
las dobles intenciones de sus interlocutores. Le irritaba ver llegar a sus
colaboradores, incluido yo, con pilas de papeles (de hecho nos echaba
antes de acercarnos siquiera a su escritorio) y sobre todo si eran temas
administrativos o irrelevancias burocráticas –“el que se ocupa de los detalles no puede ser estadista”, prevenía–, y detestaba los estilos afectados
y melindrosos con que algunos lo trataban. Fue conocido cómo, tras una
32
Revista Mexicana de Cultura Política NA
tensa conversación con el subsecretario de Cultura, Juan José Bremer,
que sin consultarle había asignado, para congraciarse, un contrato de
impresión a una editorial del semanario Proceso y estaba justificándose,
lo despidió de su despacho con un enunciado sin desperdicio: “Sólo hay
dos clases de funcionarios: los que explican y los que resuelven”. Bremer
fue cesado a la postre, como antes lo había sido, por cierto, del Instituto
Nacional de Bellas Artes.
No estoy seguro si fue buen catador de personas, pero era notorio
que las clasificaba según sus filias y fobias, las cuales, por lo demás, no
disimulaba para nada. Disfrutaba la charla interesante y prolongada con
algunos –notoriamente José Luis Lamadrid, Manuel Urquidi, Ernesto
Álvarez Nolasco, Antonio Gómez Robledo, José Luis Martínez y Manuel
Bravo Jiménez, por ejemplo– y era propenso, de una manera casi escolar,
a citar autores, textos, precedentes históricos y episodios para salpicar
–y ganar– una discusión. Recuerdo, por ejemplo, que un día me exigió
tenerle en cosa de minutos el lugar exacto donde Ortega y Gasset había
citado la frase “Delenda est Monarchia”; como no tenía a la mano las obras
completas de Ortega corrí a la librería Porrúa, que estaba a una cuadra
de la SEP, a consultarlas, y allí encontré la fuente: “El error Berenguer”.
Cosas así eran frecuentes.
Como era de origen veracruzano, muchos paisanos intentaban verlo
para pedirle una recomendación, una diputación o una senaduría pero
nunca le vi interés especial por la disputa local aunque sí por la historia
regional que, según él, explicaba muchas de las singularidades del régimen y sobre todo del temperamento político mexicano. Tuvo que aceptar
de mala gana a colaboradores en la SEP que le fueron impuestos desde
Los Pinos, de buena a los recomendados por Federico su hijo, entonces
funcionario en la UNAM e influyente en la SEP, como Jorge Flores Valdés,
Arturo Velázquez o José Dávalos, o bien trabajar con la nomenclatura
magisterial de que estaban plagados los niveles medios de la secretaría
y con al menos un par de subsecretarios, como Arquímedes Caballero o
Idolina Moguel, que sin recato “robaleaban”, eufemismo usado por don
Jesús, tanto para el lado del Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación (SNTE) como para el de la autoridad educativa.
Reyes Heroles, una memoria
Otto Granados
33
2
Tengo la sensación de que Reyes Heroles no desarrolló una juventud
convencional, como es entendible en alguien que prefirió dedicar sus
años mozos al estudio, y era muy reservado en cuanto a su vida personal
y familiar. No deja de ser sintomático, en una perspectiva casi freudiana,
que habiendo producido una obra escrita abundante, no haya dejado,
al menos para consumo público, algo parecido a unas memorias, y que
rarísima vez usara, en sus discursos particularmente, la primera persona
del plural. Nunca escuché que hablara de sí mismo, de forma introspectiva, y me daba la impresión que era hombre de carácter e ideas, pero
no de pasiones intensas, o, mejor dicho, las ideas y el carácter fueron sus
principales, tal vez únicas pasiones.
De salud frágil, como corresponde a un fumador que jamás cuidó
su dieta ni habría tenido el mal gusto de hacer ejercicio, lo atrapaban de
vez en cuando las gripes, las cuales acentuaban su mal humor. Sus colaboradores más antiguos y cercanos, con los que había tejido ya alguna
amistad, contaban sin embargo que habiéndose concentrado en el cultivo
refinado del intelecto, fue su esposa, una señora elegantísima, al parecer
adinerada, hija de un prominente político maderista y de una educación
exquisita, la que le aportó a don Jesús ciertas dotes de urbanidad. De
vez en cuando, no obstante, soltaba una que otra máxima más silvestre,
de esas que quizá aprendió o escuchó entre políticos callejeros: en cierta
ocasión, por ejemplo, le pedí la tarde de un viernes para ir el fin de semana
a Acapulco, donde él tenía un departamento, y al vuelo me respondió:
“Allí hay muy buenas muchachas, pero cuídese porque cuando cabeza
chica calienta, cabeza grande no piensa”.
Rutinariamente me tocaba prepararle los acuerdos con el presidente
De la Madrid, atender a un montón de gente que deseaba verlo y él no
quería recibir, responder llamadas en su ausencia, prepararle notas de
lectura acerca de libros que le interesaban, transmitir sus indicaciones
a funcionarios, levantar minutas de algunas reuniones que tenía, administrar la oficina del secretario, hacer cambiar el cheque de su sueldo (de
donde él se pagaba delicias que quería comer y encargaba al mercado
de San Juan) y de tarde en tarde le ayudaba escribiendo el borrador de
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
algunos de sus discursos menores o partes de ellos o, como dije líneas
atrás, verificando la fuente o la exactitud de citas que quería incluir en
los discursos mayores.
Aunque De la Madrid designó a Reyes Heroles en la SEP en parte por
sus credenciales intelectuales y prestigio político y en parte para tomar
distancia de López Portillo, a quien, como es bien sabido, don Jesús
le había renunciado de Gobernación en 1979, no estaba dentro de los
cálculos presidenciales romper con el esquema que el nuevo secretario
había registrado desde el primer minuto: la captura que el SNTE había
hecho de la SEP. Su relación con el sindicato fue inevitablemente mala
porque la estructura caciquil tenía muy infiltrada la secretaría y mantenía una actitud muy insolente, en buena medida heredada de las presidencias de Echeverría y López Portillo, y por el temor, la tolerancia o
la tibieza de casi todos los secretarios de Educación que antecedieron a
don Jesús. El dirigente formal del sindicato era Alberto Miranda Castro,
un palurdo profesor de Baja California Sur, pero el líder real era Carlos
Jonguitud, un político muy mañoso (“hay que tener cuidado con él”, insistía Reyes Heroles, “¡es huasteco!”) que todo el tiempo quería puentear
al secretario acudiendo a Los Pinos cargado de tarjetas y tratando allá
temas educativo/sindicales o vendiendo estabilidad política y capital
electoral. Vista a la distancia, la perversión de la relación SEP-SNTE no fue
un invento de Jonguitud o de la maestra Gordillo sino una consecuencia
del andamiaje corporativo que los gobiernos establecieron a conveniencia con distintos sindicatos, lo cual explica una parte no menor del fracaso
educativo mexicano.
Don Jesús acuñó la frase “revolución educativa” pensando que
esta condensaba el propósito de mejorar la calidad de la educación.
Aunque era una idea más bien general, se enfocaba en la necesidad de
reorganizar la gestión educativa, introducir mecanismos incipientes
de evaluación y reducir el cogobierno del SNTE. Ya desde el sexenio de
López Portillo se había iniciado, con mayor o menor fortuna, un proceso
de desconcentración administrativa creando las delegaciones de la SEP
en los estados y nombrando para encabezarlas a figuras conocidas del
mundo de la política o de la educación como exgobernadores o exrectores
locales. En la época de don Jesús ese proceso siguió pero básicamente
Reyes Heroles, una memoria
Otto Granados
35
para administrarlo y no tanto para otorgarle más facultades sustantivas
a los estados en la materia, entre otras cosas porque los gobernadores
no querían –ni quieren– saber nada de los problemas educativos ni malquistarse con el sindicato. De modo que la aportación más novedosa fue
en realidad una frase: la revolución educativa, que en estricto sentido era
apenas una formulación conceptual más que un programa de ejes rectores o acciones concretas. Releyendo los discursos de Reyes Heroles se
encuentra gran cantidad de ideas interesantes, de propuestas teóricas, de
reflexiones políticas e intelectuales pero no un programa específico para
la acción en el sentido en que ahora entendemos los procesos de diseño
y formulación de las políticas públicas. Sin embargo, el concepto le dio
para ejecutar algunas cosas. De allí derivaron decisiones como el cierre de
algunas normales; de escuelas que no servían para nada como el Centro
Nacional de Educación Técnica e Industrial (CENETI), una institución
que, en realidad, no era ninguna de esas tres cosas; la edición de algunos
nuevos materiales pedagógicos enfocados a la enseñanza ética o el intento
de poner en orden a algunas universidades públicas.
A mediados de 1983, por ejemplo, don Jesús recibió al entonces rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), Enrique González
Ruiz, que se acercó a pedir que el gobierno federal le entregara el subsidio suspendido a consecuencia del caos educativo y administrativo que
representaba la UAG. El rector inició meloso la conversación relatando
lo que estaban haciendo en la UAG y don Jesús, que era de pocas pulgas, lo atajó para decirle que los planes de la SEP para esa llamada universidad eran sanearla como a los perros, es decir, “meterlos en una pileta
de agua helada para espantarles las pulgas”. Reyes Heroles le ofreció
entregar el subsidio “en cuanto exista universidad”, y, amenazante, el
funcionario universitario espetó: “entonces habrá graves conflictos”. “Pues
qué bueno –contestó don Jesús–, para eso estamos los políticos: para
resolverlos”. Por supuesto, como eran otros tiempos, cuando la política
educativa se manejaba desde la SEP, el gobierno no entregó el subsidio ni
hubo conflictos. Con los rectores de otras universidades que entonces se
autodenominaban “populares” y que normalmente habían sido ocupadas
por las izquierdas, el trato fue otro, no tanto porque fueran muy distin36
Revista Mexicana de Cultura Política NA
tas sino que, en el fondo, algunos de esos rectores le caían bien, como
fueron los casos de Jorge Medina Viedas, de la Autónoma de Sinaloa, y
Alfonso Vélez Pliego, de la de Puebla.
El otro aspecto notable de su gestión fue la creación del Sistema Nacional de Investigadores, un mecanismo bastante innovador en la época
que buscaba estimular la investigación mediante incentivos económicos
no ligados al salario sino a la producción académica, o la política cultural,
un espacio que don Jesús conocía a profundidad y disfrutaba ampliamente. Entonces no existía el CONACULTA pero desde el Fondo de Cultura
Económica y el área de publicaciones de la SEP, que dirigía un periodista
tuxpeño amigo suyo, Miguel López Azuara, se hizo una estupenda labor
editorial como la colección Lecturas Mexicanas o el Programa Nacional
de Bibliotecas, operado por Ana María Magaloni.
Su paso por la SEP no fue exitoso porque la vida no le dio tiempo
y porque nadie sabe si las circunstancias políticas o el nivel de apoyo
presidencial hubieran sido favorables y suficientes, pero planteó con precisión los términos del conflicto por la gobernanza educativa: recuperar
el control del aparato, entonces secuestrado por el SNTE. Don Jesús no se
metía en los detalles pedagógicos ni técnicos pero tenía clarísimo que si
el Estado no volvía a ser el rector fundamental de la educación las cosas
no marcharían bien. Esta es una de las razones por las cuales tenía muy
poco aprecio por la línea gradualista o francamente tibia que siguieron
algunos de sus antecesores, señaladamente Fernando Solana, así como
por las recomendaciones de los investigadores tradicionales de la educación, como Pablo Latapí o Carlos Muñoz Izquierdo, que según Reyes
Heroles creían que “un problema estudiado es un problema resuelto”,
porque pensaba que si no se retomaba el control del proceso, es decir de
la gestión educativa, de nada serviría intentar reformas en el producto,
es decir la calidad de la educación.
3
Desde el punto de vista político don Jesús se convirtió, durante el gobierno de De la Madrid, en una especie de oráculo del ala modernizadora del
gabinete y esta, a su vez, cultivaba intensamente su trato con él porque
Reyes Heroles, una memoria
Otto Granados
37
conocía los laberintos y mañas de la política real, porque tenía cierto
ascendiente sobre el Presidente y eso era muy útil, y porque era un gran
conversador. Pero además, como don Jesús había sido secretario de Gobernación y presidente nacional del PRI, el grupo compacto cercano a
De la Madrid (Carlos Salinas, Francisco Rojas, Emilio Gamboa, Manuel
Alonso, etc.) lo utilizaba para equilibrar el peso natural del secretario
de Gobernación, Manuel Bartlett, al que siempre vieron como un competidor potente, y en realidad el único que podía ser considerado como
tal. De hecho, muchos de los mensajes políticos más interesantes de ese
momento en torno al laicismo, la separación Estado-iglesia o la corrupción del sexenio anterior, vinieron de Reyes Heroles y no de Bartlett.
Pero, al mismo tiempo, ese círculo influyente era pragmático, tenía ya
la mira puesta en la sucesión presidencial, trabajaba todo el tiempo para
ella, y calibraba, con cierto tino, que no podía alienarse la complicidad
política del SNTE y de Jonguitud en especial si querían alcanzar el poder, por lo cual le pavimentaban el acceso a Los Pinos, escuchaban sus
quejas contra don Jesús y a veces le hacían caso, y eso mandaba una señal
confusa porque el cacique sabía que contaba, en última instancia, con el
Presidente o con sus validos, en caso de que los conflictos con el titular
de la SEP llegaran a niveles inmanejables. Esta, por cierto, es una lección
plenamente vigente.
4
Por lo menos entre finales de los años 60 y hasta su muerte en 1985, no
hubo un político como Reyes Heroles que produjera una elaboración
intelectual, histórica y política que le diera legitimidad –o por lo menos
tratara– al régimen del PRI y que, por la vía de cambios dirigidos y administrados, buscara prolongar su hegemonía. No actuaba, hablaba o
escribía desde la academia –a la cual miraba con algún desdén–, o desde
la oposición, a la cual quería controlar, sino desde la élite gobernante
de la que formaba parte con una plataforma influyente. Probablemente Reyes Heroles llegó a la política por los caminos de la Historia y, por
tanto, hizo de esta el basamento teórico que dotara a aquella de un principio racional y orgánico. “Por vocación o equivocación –dice Reyes Heroles
38
Revista Mexicana de Cultura Política NA
en su famoso discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Historia en 1968–, arribé a la Historia, buscando explicaciones al mundo en
que vivía. ¿Podía la Revolución en que nací y me desarrollé ser producto
de generación espontánea?” Es importante detenerse en este punto.
Don Jesús Reyes Heroles vislumbraba su destino público a la manera
del que Alexis de Tocqueville imaginó para sí cuando escribió que en la
vida “no se trata de lo que uno quiere, sino de lo uno hace….(y) si he de
dejar alguna huella de mí en este mundo, sería mucho más por lo que
haya escrito que por lo que haya hecho”. ¿Era ese el destino que buscaba
para sí Reyes Heroles? No lo sabemos, pero su biografía refleja cómo
la tensión permanente y dilatada entre pensamiento y acción, representa
una síntesis envidiable de la forma en que las ideas, el sentido de Estado y
la noción de la historia pueden enriquecer la vida política de una persona
y, por cierto, de un país.
Formado en una de las tradiciones ideológicas y políticas principales
en la historia de México, la tradición liberal, pero sin ser un liberal clásico
u ortodoxo, Reyes Heroles mantuvo en su actividad pública una fe en dos
pasiones fundamentales: las ideas y la historia. Sabía bien, y así lo repetía
con frecuencia, que a pesar de que en política no opera la precisión sino
la aproximación, la eficacia política sólo es posible cuando se tiene una
visión que mide por igual hacia dónde se quiere ir, por dónde se debe ir y
hasta dónde se puede llegar. Esta percepción del papel que juega el equilibrio en la actividad política, quizá tomada de Francesco Guicciardini,
revelaba una convicción opuesta y equidistante del mero pragmatismo
o del puro dogmatismo; es decir, se alimentaba de la creencia de que las
ideas no son un defecto ni un vicio. Al contrario, que sólo con ellas, diría
Isaiah Berlin, se pueden combatir las visiones limitadas, y conocer las
implicaciones ocultas y las consecuencias extremas de los ideales políticos.
Con una concepción de esta naturaleza, necesariamente creía no sólo que
la historia es un diálogo entre la sociedad de hoy con la sociedad de ayer
(“los muertos que hablan a través de los vivos”, según Reyes Heroles),
sino que con ella es posible explicar y por ende incrementar el dominio
de la sociedad actual.
Reyes Heroles, una memoria
Otto Granados
39
Don Jesús insistía en la idea de la continuidad, que en el fondo era
proporcionar un fundamento sofisticado, pero no irreal, al régimen
político construido por el PRI: hay “una concepción –decía– que sostiene
la continuidad de la historia, continuidad, por supuesto, que no se da
en líneas rectas, que no simplifica e incurre en armonías forzadas… el
mero hecho de afirmar la continuidad y ver la transformación como culminación del proceso histórico, proporciona un prolífico terreno para la
influencia de la historia en la acción, para el mismo actuar de la historia”.
Con esas coordenadas intelectuales, Reyes Heroles escribió historia
y fue su protagonista, dejándose influir por las circunstancias pero también influyendo sobre estas y creándolas para poder hacer. Fue de los
liberales del siglo XIX y en especial de Mariano Otero, de donde Reyes
Heroles extrajo la esencia primaria para conjugar los detalles de la política
práctica y el reconocimiento de que esos detalles sólo pueden ser comprendidos con ayuda de las vastas concepciones de la filosofía política.
En esa perspectiva, el proyecto político de don Jesús –del que la reforma
de 1977 fue su expresión más acabada– sentaba tres premisas básicas:
la preservación y fortalecimiento del Estado y del régimen; la inclusión
política y el acuerdo en lo fundamental. Si el poder del Estado radica
exclusivamente en el Estado y sólo dentro de él lo tienen los gobernantes,
debe hacerse todo lo necesario para que su consolidación lleve aparejada
una mayor participación de la sociedad dentro de las reglas del juego de
sus instituciones.
Reyes Heroles veía al Estado, en México, como una relación que expresa y comprende las contradicciones y los intereses que configuran a la
sociedad, que se da en ella y en ella se fundamenta y obtiene su sustancia,
lo cual explica la obligación que el Estado mexicano tiene de compensar,
en el fondo de tutelar, a aquellos que menos tienen. De ahí que, con ese
poder que la sociedad le concede, el Estado y su gobierno pudieran conducirla hacia formas superiores de justicia. “Y esto –argumentaba Reyes
Heroles en 1972 o por lo menos eso creía en aquel momento–, esto no
es populismo, es creer en la sustancia real del poder político de las mayorías, es reconocer que el poder estatal en un régimen democrático cuenta
con autonomía y capacidad de maniobra, dispone de poder político, eco40
Revista Mexicana de Cultura Política NA
nómico y social vasto… para influir decisivamente en la sociedad, para,
con el apoyo de las mayorías, cambiar su configuración, transformarla
radicalmente y encauzarla hacia fines progresistas”.
Bien visto, don Jesús no tenía en la cabeza una democracia liberal
al estilo de las democracias europeas más consolidadas ni le daba a
la sociedad un carácter autónomo. Creía en la democracia, sí, pero en
una democracia con una fuerte intervención estatal donde el Estado se
ubica por encima de los conflictos, regula los distintos componentes de la
sociedad e interpreta y administra sus intereses persiguiendo finalidades
en teoría superiores. Creía en el liberalismo, sí, pero en un liberalismo
heterodoxo e ilustrado que no reduce al Estado a una función subsidiaria, sino en un liberalismo que preserva, defiende y privilegia el poder
del Estado, que es el único que tiene una legitimidad histórica de origen
que persigue intereses generales, ante otros poderes (cacicazgos locales,
iglesias, empresarios, militares) que le compiten o intentan competirle
buscando la defensa de intereses particulares. Creía en el mercado, sí,
pero en un mercado dirigido donde el Estado, bajo la noción de economía
mixta que prevaleció buena parte del siglo XX, tiene tanto una función
activa como proveedor de bienes y servicios a través de la empresa pública como una función reguladora que marca límites y en cierto modo
ordena, o intenta ordenar, el mercado.
Conservar el poder, un poder que a falta de plena legitimidad electoral sí la tendría histórica, pasaba, según don Jesús, por el equilibrio
entre aquellos que prefieren la inacción para que nada cambie y los que
pregonan el maximalismo. Creía que todos los días debe hacerse algo y
no todo en uno solo, y que la fuerza de las reformas es un camino viable.
Ajeno a maniqueísmos, don Jesús practicó una dialéctica donde por un
lado, recurriendo a Karl Polanyi, no creía que para reformar hubiera que
detener a la “sociedad en acción” o acabar con ella para reconstruirla, y,
por el otro, encontró que si en el conjunto social las estructuras de clase
no son un archipiélago, las reformas profundas darían lugar a su vez
a nuevas y sucesivas reformas, como corresponde a una sociedad por
muchos años en transición.
Reyes Heroles, una memoria
Otto Granados
41
Afirmó don Jesús en uno de sus retruécanos habituales:
Hay momentos en que las reformas en cantidad devienen en fenómenos
cualitativos y las reformas cualitativas implican grandes cambios cuantitativos (…). Reformar significa volver a hacer, volver a formar, reparar
y reponer. Revolucionar es propiciar la innovación, aceptar la mudanza y
el nuevo giro de las cosas. En este sentido, reforma y revolución son procesos complementarios y paralelos. Toda revolución supone una reforma
y una serie de reformas que, de acuerdo con su contenido, orientación y
alcance, son o no revolucionarias. No hay paradoja en que nuestra gran
revolución del siglo pasado fuese llamada revolución de reforma.
Reyes Heroles se veía a sí mismo como un “gran reformador”, es decir,
como lo describe en “Mirabeau o la política” (1984), aquel que “cree que
es posible transformar, cambiar, en la paz, evitando el corte de cabezas,
una sociedad y un Estado; (que) quiere efectuar cambios sin interrumpir
la marcha de la sociedad, sabe levantar nuevos cimientos y recimentar”.
Con esa lógica, advertía que la arquitectura política mexicana mostraba
ya, en los años setenta, signos importantes de agotamiento y había que
reformarla. El crecimiento demográfico, el desastre de la política económica echeverrista, la circulación de las élites políticas, las nuevas contradicciones entre los intereses y las clases, los excesos del presidencialismo
y del régimen y, en fin, los saldos de la crisis del 68, la aparición de brotes
terroristas y el populismo del sexenio previo, planteaban la necesidad
de una reforma imaginativa y viable que inyectara al Estado una fuerza
renovada, sostenida ahora en una legitimidad institucional más eficaz y
en la pluralidad política, que rediseñara y mejorara el sistema de representación, modernizara el sistema electoral y de partidos, y canalizara
políticamente las tensiones, incluso las violentas que venían de algunas de
las izquierdas. Pero en el fondo había una razón histórica de primerísimo
orden: la necesidad de redefinir, sobre nuevas bases, la relación entre el
Estado surgido de la vieja revolución y la sociedad mexicana emergente
de los años setenta con la finalidad de oxigenar al régimen de partido
casi único y, así, darle continuidad.
No deja de ser un ejercicio interesante, casi contrafactual, usar el
pensamiento de Reyes Heroles para examinar el tipo de reformas polí42
Revista Mexicana de Cultura Política NA
ticas y económicas que hoy –en un mundo y un país que don Jesús no
conoció: el de la revolución tecnológica, la globalización económica, la
apertura comercial, la frivolidad política o la alternancia electoral– se han
realizado o de las que aún requiere México para superar sus disfunciones
profundas en los niveles de institucionalidad. Puesto de otra forma: de
creer en la interpretación de la evolución política del país formulada
por don Jesús en sus estudios históricos del siglo XIX y las primeras décadas del XX, se entenderían mucho mejor tanto los alcances y limitaciones
de la democracia mexicana del siglo XXI como sus disfunciones y taras.
En otras palabras: la preocupación de Reyes Heroles podría centrarse
en cómo darle mayor eficacia y sostenibilidad a los cambios que México
ha experimentado en las últimas dos décadas y cómo corregir sus males
sin perder el poder. Diría don Jesús que captando, comprendiendo e
incluyendo la expresión política real de la sociedad, dotándola de instrumentos ciertos en el orden jurídico y en las políticas públicas, aumentado
los incentivos para actuar dentro de las reglas del juego, pero no cayendo en la ilusión de que una gran reforma es suficiente para que todo lo
demás cambie. Por eso Reyes Heroles prevenía que:
una reforma política no puede suplir la configuración que una sociedad
tenga en el ámbito político. Ayuda o puede ayudar a que se mejoren los
aspectos políticos de la sociedad; mas no le da a esta aquello de lo que
carece. Es instrumento para el progreso, pero no es en sí el progreso
político.
De vez en cuando se oyen cuestionamientos acerca de que la de Reyes
Heroles fue una reforma política limitada. Tal vez. Pero ¿dónde estaríamos ahora si no se hubiera realizado? ¿Qué habría pasado de no haber
contado con ella para la normalización electoral y democrática que vino
después? En todo caso, lo que importa destacar es cómo la concepción
política de Reyes Heroles y su interpretación del desarrollo histórico de
una sociedad pudieron traducirse de una manera tan clara en la política
práctica, haciendo compatibles las ideas, la historia y la acción.
Reyes Heroles, una memoria
Otto Granados
43
5
De muchos modos, Reyes Heroles fue el último gran intelectual-político
en México y es un buen ejemplo de que la justificación del poder es
el hacer y de que poder hacer lo que se piensa que se debe hacer es la
condición natural de la vida política y de quienes a ella se entregan.
Su conocimiento del Estado, su rigor intelectual y su autoridad política lo hicieron poseedor de una cualidad poco común en la vida pública
mexicana: hacía política pensando en la Historia, así, con mayúsculas,
con un sentido de trascendencia y un sentido de lealtad a ciertas convicciones y principios.
Casi todas sus acciones y decisiones –buenas, regulares o malas– tenían detrás una combinación de ideas, lecturas, sentido de Estado y de
la historia, y una muy adecuada dosis de pragmatismo. Era un político
de poder, no de oposición, y lo ejercía incluso con ciertas dosis de autoritarismo ilustrado cuando las circunstancias lo aconsejaban. No fue un
revolucionario ni jamás pretendió romper con el régimen al que toda su
vida perteneció; sirvió a cuatro presidentes muy distintos, desde Díaz
Ordaz hasta De la Madrid, con dos de los cuales terminó enfrentado, y,
antes bien, trató de dotar al régimen de cierta organicidad desde el punto
de vista intelectual, incluso en aquellos aspectos más cuestionables. Era,
más bien, un reformador, y muy perspicaz para racionalizar esa condición.
Fue un hombre de Estado porque creía profundamente en él, y como no
podía ser Presidente porque entonces había un impedimento constitucional, trató de ser, desde sus distintos cargos, una influencia poderosa.
A la distancia sin embargo, a juzgar por los resultados, el balance de su
obra política parece más próximo al del Conde Duque de Olivares que
al del cardenal Richelieu.
Treinta años después de su muerte, su inteligencia y erudición y su
raro encanto personal son reconocidos y respetados por todos. Reyes
Heroles fue un hombre de la historia de México y a tiempo comprendió
que su destino era formar parte notable de ella.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Lo políticamente correcto*
Harvey C. Mansfield
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
45
Resumen
En este artículo Harvey C. Mansfield hace un minucioso análisis de la
frase “lo políticamente correcto”. De hecho, no considera que se trate sólo
de una frase, sino que encierra posturas políticas que no siempre están
adheridas a la ortodoxia progresista vinculada a temas de raza, género,
protección ambiental y elección sexual. En sus inicios lo “políticamente
correcto” tenía un sentido directo, generalmente elogioso de las reivindicaciones políticas de grupos minoritarios o militancias no reconocidas
oficialmente de defensa de derechos humanos o ambientales cuyos detractores no podían, sin perder cara, presentar públicamente sus puntos
de vista. El uso en sentido opuesto, es decir, crítico a posturas políticas
en desuso –como el desdén por la izquierda– ha vuelto polisémica la
frase, que lo mismo puede ser utilizada en forma elogiosa que crítica. El
autor analiza el concepto de lo políticamente correcto en su transición de
valoración moral a objeto de estudio de la ciencia política ejemplificada
en el devenir del movimiento feminista.
Abstract
In this paper Harvey C. Mansfield closely analyzes the phrase, “political
correctness” –an expression he considers not a slogan but a repository of
political postures not always in accordance with progressive orthodoxy linked
to issues of race, gender, preservation of the environment and sexual choice.
In its beginnings “political correctness” had a direct meaning –generally in
praise of the political claims of minority groups or of pertaining to not
officially recognized human or environmental rights associations whose
detractors could not take a public stand without losing face. The use of the
phrase in the opposite sense –that is, critical of political stands no longer in
use such as the disdain for the left, has made it polysemant –and therefore
can be used in praise or in criticism. The author analyzes the “political correctness” concept in its transition from a moral category to an object of study
of political science as the evolution of the feminist movement exemplifies.
* Este artículo apareció originalmente en el año 2002 en el libro Gladly to Learn and Gladly to
Teach. Essays on Religion and Political Philosophy in Honor of Ernest L. Fortin, A. A., editado
por Michael P. Foley y Douglas Kries, Nueva York: Lexington Books. Harvey C. Mansfield
autorizó generosamente su traducción al español a Revista Mexicana de Cultura Política NA y
su publicación por vez primera en este idioma.
46
Revista Mexicana de Cultura Política NA
E
l tema que he elegido para honrar a Ernest L. Fortin no es una
frase que lo caracterice.1 Toda su vida ha sido un modelo de lo
políticamente incorrecto. Mientras que en su conducta personal
y moral es perfectamente correcto, nos muestra cuánta inteligencia
se requiere ocasionalmente para dicha vida, y también deja en claro que
la mejor razón para vivir una vida moralmente correcta es para darse a uno mismo la libertad de vivir en lo profundo de lo políticamente
incorrecto en cuanto a creencias. Aun cuando se apega a las convenciones, el reverendo Fortin lo hace por una razón incorrecta, pero también
desdeña la convención de rechazar la convención. Su trabajo ha sido
guiado por una ideología claramente expuesta y no por sinuosidades
académicas o hipótesis inventadas. Incluso ha llegado a asombrosas
conclusiones. Como el clérigo oxfordiano de Chaucer, “feliz de aprender
y feliz de enseñar ha sido su camino2, y lo ha llevado muy, muy lejos.
Es que “lo políticamente correcto” es ahora una frase de rechazo sarcástico de curso corriente del discurso político estadounidense. Se refiere
a la visión liberal dominante que busca proteger a los grupos oprimidos
y vulnerables del oprobio, de los comentarios hostiles, o de la insensibilidad bien intencionada pero torpe. Obviamente esta visión liberal no
es tan dominante si algunos de sus intentos para proteger dichos grupos
pueden ser ridiculizados públicamente. La misma proliferación de la frase
sugiere que es una exageración. Lo “políticamente correcto” sugiere un
conformismo totalitario, pero un verdadero Estado totalitario no toleraría
una queja sarcástica contra sí mismo. El sarcasmo es ironía que no tiene
que preocuparse por verse expuesta, y aquellos que tienen dicha queja no
temen en realidad ser lastimados –al contrario de, digamos, meramente
no ser contratados o ascendidos– al formularla.
Así que la acusación de ser “políticamente correcto” es de inmediato
una exageración. Sin embargo es también un reclamo a la tolerancia
liberal como la conocemos hoy porque no hubiera sido hecha por nadie
que se sintiese cómodo en la nueva sociedad de diversidad incluyente. La
Quisiera agradecer a Bryan Garsten y a Kathryn Shea por su ayuda para preparar este artículo.
1
Ver su ensayo, “Gladly to Learn and Gladly to Teach: Why Christians Invented the University”,
en CE I: 223-34.
2
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
47
acusación evidencia que alguien piensa que está siendo excluido y este es
un aserto que debe ser acreditado, pues de acuerdo a los promotores de
la diversidad, la evidencia de la inclusión es la sensación de que se está
incluido. La mera oportunidad de incluirse a uno mismo no es suficiente
para aquellos que exigen “inclusión” porque, dicen, eso significa conformarse a lo que otros quieren que seas. Por su propio estándar de sentirse
incluidos y no tener que conformarse, sus oponentes conservadores no
están incluidos. Lo políticamente correcto, entonces, es necesariamente
una exageración y necesariamente una verdad –lo cual no es lo que ninguna de las partes desea escuchar.
Lo políticamente correcto no es completamente nuevo, pues ya llegó
a las páginas del diccionario universitario Webster Random House donde
se define torpemente como “marcado por o adherido a una ortodoxia
típicamente progresista en cuestiones que involucran especialmente raza,
género, afinidad sexual o ecología.” (Notemos la ausencia de “clase,” que
sin duda refleja el colapso del marxismo y la ascendencia de la “cultura.”)
Ahora es una acusación en Estados Unidos que típicamente, si no siempre,
va de derecha a izquierda, así contraargumentando el “racismo” y el “sexismo”, los cuales van en la dirección opuesta, de izquierda a derecha. Yo
escuché por primera vez el término “políticamente correcto” a estudiantes
de Harvard a mediados de 1980 para expresar un desdén sarcástico por
la izquierda, pero la frase tiene su origen en la izquierda, de comunistas
en 1930 o antes que la usaban originalmente, según parece, directamente
como elogio y sarcásticamente como crítica3. Se usaba “políticamente
correcto” como elogio cuando quería decir seguir la línea del partido
y como crítica cuando uno la seguía servilmente, o cuando la línea del
partido era considerada demasiado conservadora4. Podemos encontrar
ejemplos más recientes de ambos usos en la izquierda feminista. En 1970,
Ver Ruth Perry (1992). “A Short History of the Term Politically Correct,” en Beyond PC; Towards
a Politics of Understanding, ed. Patricia Aufderheide, St. Paul, Minn: Graywolf, 77.
3
En este punto, las dos posturas opuestas están de acuerdo: Dinesh D’Souza (1992). Illiberal
Education: The Politics of Race and Sex on Campus, Nueva York: Vintage, p, xiv; y John Wilson. The Myth of Political Correctness, Durham, N.C.: Duke University Press, p. 4. Ver (1995)
también Paul Berman (1992). Ed., Debating PC: The Controversy Over Political Correctness on
College Campuses, Nueva York: Dell.
4
48
Revista Mexicana de Cultura Política NA
la feminista Toni Cade dijo que “un hombre no puede ser políticamente
correcto y también chauvinista,” que es claramente en un sentido directo; pero en 1982 se celebró una conferencia de feministas en Nueva
York con el tema, “¿Existe una práctica sexual políticamente correcta?”
en donde surgió un debate entre feministas heterosexuales y lesbianas, en el que estas últimas reivindicaron orgullosamente el calificativo de
“políticamente incorrectas” y acusaron a sus oponentes de “macartismo”
(adjetivo que a la fecha nunca ha sido elogiado).5
Partiendo de estas cuantas observaciones sobre el uso de “lo políticamente correcto” procederé a considerar y conectar los siguientes conceptos fundamentales de nuestros tiempos: politización, la honestidad
ofensiva del final de los años 60, la sensibilidad de los 70 y la toma de
conciencia de las feministas –que considero la causa particular del carácter
peculiar de lo políticamente correcto– y luego el multiculturalismo y el
postmodernismo. Todos son bellezas de nuestro mundo como ha sido
construido para nosotros por la reciente experiencia estadounidense y
la filosofía alemana. Ya que estoy tomando el riesgo de hablar de cosas
que todos conocen y de las cuales todos tienen una opinión, no puedo
autoproclamarme una autoridad.
Cuando lo políticamente correcto es una acusación de derecha a izquierda, la respuesta de la izquierda típicamente es negar su existencia.6
Pero primero, uno podría preguntarse, ¿cómo podría no existir? ¿Acaso
no toda sociedad necesita un conjunto de creencias fundamentales
indiscutidas que puede ser llamado mito, conciencia colectiva, derecho consuetudinario, principio rector o lo que sea, y que equivale a
la misma cosa que lo políticamente correcto? En la caverna de Platón
(República 514a), ¿no encontramos una imagen inigualable de la condición humana? Los habitantes de la cueva representan a todos los seres
humanos en todas las sociedades humanas; son prisioneros en grilletes, forzados a observar imágenes que se muestran en la pared y proyectadas por detrás por poetas y legisladores. He aquí un mundo artificial
Para estos ejemplos, ver Perry, “A Short History of the Term Politically Correct,” 77.
5
Todd Gitlin es una excepción; ver (otoño de 1995), “The Democratization of Political Correctness,” Dissent: 490.
6
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
49
hecho para nosotros: ¿no es este el retrato de lo políticamente correcto?
¿Entonces qué tiene la frase de nuevo o notable? Como mundo artificial,
la caverna de Platón no está completo. Hay una fuente de luz natural, una
grieta detrás de los prisioneros, la mayoría de los cuales no ve. Algunos
de ellos podrán ser liberados de alguna manera y subir como filósofos hacia la luz que representa la sabiduría. Aquí la filosofía está contrastada con la opinión ignorante, creando un todo artificial, satisfecho
de sí mismo, que nunca se cuestiona a sí mismo, que se piensa correcto
pero sin fingir ser filosofía o ciencia. La opinión en la caverna de Platón
parece ser prefilosófica.
Pero entonces surge una dificultad para la exactitud de la imagen
que he descrito como inigualable. ¿Qué pasa cuando la opinión general
toma conciencia de la filosofía, y pasa a ser derivada de esta, cuando la
opinión ya no es prefilosófica sino postfilosófica? Ya en los Diálogos de
Platón muchas de las opiniones tratadas son aquellas de los filósofos o
tienen sus orígenes en ellos, y el uso sarcástico del término “políticamente
correcto” en nuestros tiempos implica una conciencia postfilosófica de
la caverna de Platón, como desde afuera; por consiguiente el término no
parece mostrar tanta autosatisfacción sino más bien una cierta desconfianza de sí mismo.
Ahora, los filósofos modernos de la Ilustración se encontraron con
una situación en la cual, según uno de ellos, las Escrituras se mezclan
con “una filosofía vana y errónea,” o sea, la opinión general se refina y se
respalda por los errores de Aristóteles (Thomas Hobbes, Leviatán, capítulo 44). La Ilustración fue un movimiento en filosofía con el objetivo
de hacer que la filosofía corrigiera los errores de la opinión general, así
permitiéndole estar basada en “ideas claras y perceptibles,” como dijo
Descartes. El movimiento alcanzó su cumbre en Estados Unidos cuando
la Declaración de Independencia anunció ciertas “verdades evidentes”
–los derechos del hombre– como la fundación de la sociedad humana.
Durante la Ilustración, se consolidó una nueva insistencia sobre la verdad o la exactitud de la opinión, reemplazando el prejuicio con la filosofía
o la ciencia. Tras de ella había frecuentemente tanta indignación como
mostraban los atenienses prejuiciados al acusar y condenar a Sócrates
50
Revista Mexicana de Cultura Política NA
por no respetar a los dioses de la ciudad. Así, la idea de lo políticamente
correcto no se encuentra fuera de la filosofía ni en contra de ella, sino que
invade el santuario abierto de la filosofía misma. Rousseau, quien sufrió
esta intolerancia, la señaló en el prefacio a su Primer Discurso: “Algunos
hombres hoy juegan el papel del Librepensador y el Filósofo quienes por
las mismas razones pudieron haber sido fanáticos en los tiempos de la
Liga (Católica).” Uno podría llamarle a esto la primera queja contra lo
políticamente correcto, la primera en importancia si no en época. Está
dirigida hacia aquéllos que quieren hacer política correcta, contra la filosofía que se ha convertido en la fuente de la misma opresión practicada
por los fanáticos religiosos. Ciertamente es peor, porque aquellos que
corrigen a la autoridad tienen más autoridad que la autoridad indocta.
Si revisamos de nuevo la frase “políticamente correcto,” vemos que lo
“correcto” viene desde afuera de la política, de la ciencia o de la filosofía.
Dentro de la política no se considera lo correcto como el objetivo final,
sino la justicia y la moderación o alguna otra virtud. ¿Cómo es que lo
correcto se convierte en un atributo de la política? En la Ilustración,
la política está gobernada por la ciencia para producir una nueva ciencia
política de liberalismo, una muy alabada en El Federalista por hacer posibles las profundas innovaciones de la Constitución estadounidense. Aun
así, la ciencia política del liberalismo no trae consigo lo políticamente
correcto. La ciencia política liberal no concibe que la función del gobierno
sea corregir a la sociedad (excepto, quizá, indirectamente); más bien hace
una distinción entre lo público y lo privado para hacer que lo público
sirva a lo privado, no al revés. Y aquella institución tan característica
de la sociedad liberal, la universidad, tiene como propósito promover
ilustración, pero no armonía o unanimidad de opiniones.
Por lo menos en Estados Unidos, no es el liberalismo sino el marxismo
el que ha sido la fuente de lo políticamente correcto. El marxismo, en su
versión incorrupta, es una ciencia económica, no política, que proclama
el dominio inevitable de un cierto partido político, el partido comunista, el
cual en la práctica sigue la línea correcta porque posee la ciencia correcta.
No es un accidente, por lo tanto, que la frase “políticamente correcto”
venga de los comunistas. Sin embargo hoy en día, como hemos visto, el
lenguaje de la izquierda es sarcasmo usado en contra de la izquierda. Es
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
51
emitido desde la derecha con cierta indignación hacia la noción de que
aquellos en la izquierda que predican la diversidad practican lo correcto.
Pero ahora ni la izquierda ni la derecha creen en la Ilustración ni en el
marxismo ni en ninguna otra corrección. Ambas están infectadas con
frivolidad postmoderna, y las acusaciones que hace la derecha de ser “políticamente correctos” refleja ridículo y escepticismo más que indignación.
Dicha acusación viene con la aserción de que no existe tal cosa. ¿Y por
qué no? No porque la política no pueda alcanzar el estándar de filosofía,
como en la imagen de la caverna de Platón, sino porque no puede existir
lo correcto en absoluto, ni siquiera en la filosofía.
Esta desconfianza hacia la filosofía y la ciencia, que a veces se presenta
como un ataque, tiene su origen en Nietzsche. Nietzsche dijo que todo
filósofo está determinado por su propia moralidad, y luego equiparó lo
moral con lo político.7 Nietzsche, aunque lejos de ser él mismo un filósofo político, armó una crítica de la filosofía que resultó en, y llevó a, la
politización de la filosofía. La politización de la filosofía hace imposible
a la filosofía política, junto con el resto de la filosofía pero más definitivamente, ya que la filosofía política, estando cerca de la política, requiere
una separación más constante de la política.
La politización de la filosofía es más evidente en el seguidor y crítico de Nietzsche, Martin Heidegger –a pesar de, o quizá a causa de la
ausencia de reflexión política en su filosofía–. En su celebrado discurso
rectoral en Friburgo de 1933, titulado “La autoasertividad de la universidad alemana,” Heidegger dice que la universidad no está por encima
ni separada de Alemania, sino que sirve a Alemania, y que toda crítica o
introspección en la universidad alemana comienza con, y está fundamentada en, la asertividad. Por lo tanto no hay distinción entre la filosofía y
la actividad política partidista, y la universidad se vuelve relevante, para
usar una palabra estadounidense de finales de los 60. Nadie puede escapar a la relevancia. Heidegger termina su discurso con la pregunta de si
el pueblo alemán “como gente histórico-espiritual puede aún de nuevo
autoafirmarse. Cada individuo participa en esta decisión, aun aquel, y
especialmente aquel, que las evade.” Esto nos recuerda al slogan/lema del
Friedrich Nietzsche. Beyond Good and Evil, 6, 211.
7
52
Revista Mexicana de Cultura Política NA
final de los 60: “si no eres parte de la solución, eres parte del problema.” Y
en universidades estadounidenses hoy, la segunda respuesta que generalmente se escucha a la acusación de ser políticamente correcto –después
de negar que eso existe– es que toda actitud es política, y nosotros sólo
la hacemos explícita. La politización resulta cuando uno está convencido
de que no hay nada ni por encima ni más allá de la política.
La importación de la filosofía alemana desde Kant hasta Heidegger
a los Estados Unidos merece un largo estudio que fácilmente podría
comprender varios volúmenes. Cuando la filosofía alemana llegó a las
fronteras estadounidenses, recibió las inspecciones de aduana usuales y
algunas de las partes más obviamente dañinas fueron excluidas. Pero algunos elementos importantes lograron pasar de contrabando, notablemente
la politización de la filosofía de Nietzsche, la cual escapó a la atención
porque se encontraba bajo los auspicios de la Escuela de Frankfurt como
su crítica a la conciencia burguesa. La importación de Nietzsche ha sido
examinada particularmente en el famoso libro de Allan Bloom El cierre
de la mente estadounidense.
Bajo el tutelaje de la Escuela de Frankfurt, especialmente Herbert
Marcuse, la nueva izquierda comenzó a hablar sobre la conciencia en
universidades estadounidenses a finales de los 60. A la nueva izquierda le
importaba mucho menos la economía que la conciencia. Su objetivo era
derrocar la conciencia de la burguesía, sobre todo en las universidades. La
nueva izquierda decía que las universidades no estaban realmente comprometidas con la verdad o la ciencia, sino que eran meramente parte de
la conciencia en el poder, hecho que escondían tras una falsa objetividad,
particularmente de las ciencias sociales. Rechazando el hecho/valor de
las ciencias sociales, la nueva izquierda insistió en dar a conocer valores
al proclamarlos ruidosamente para que todos pudieran escucharlos. Las
universidades deben ser hechas relevantes y adosadas a la revolución.
Los modos de los revolucionarios de la nueva izquierda no eran ni
tranquilos ni respetuosos: eran deliberadamente ofensivos. Su virtud era
la virtud de la honestidad de Nietzsche (Redlichkeit), la honestidad de
decir lo que uno piensa, o, no lo que uno piensa, sino sus deseos. Porque
lo que uno piensa está compuesto por sus deseos; el uso de la mente o la
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
53
razón se convierte, a su manera de ver, en un instrumento para la expresión de los deseos de uno. La autoexpresión reemplaza la reflexión seria
y la evasión cortés. La modestia fue abandonada, o más bien, insultada, y en la Universidad de California en Berkeley, el “movimiento de
libertad de expresión” engendró el “movimiento de expresión obscena”,
del cual surgió el uso público de expresiones obscenas con la deliberada
intención de ofender a la burguesía, o sea, especialmente a los padres de
uno. Este acontecimiento dejó un legado de lenguaje grosero en Estados
Unidos hoy, especialmente en las mujeres. Se ha convertido en prenda
de honor para las mujeres poder decir palabrotas como los hombres, y
para los hombres el tratar de mantenerse un paso adelante.
¿Cómo, entonces, surgió lo políticamente correcto en el mismo sector
de la opinión estadounidense en el cual el lenguaje ofensivo era desenfrenado? Lo políticamente correcto está dirigido sobre todo hacia el lenguaje
ofensivo, no meramente hacia el “lenguaje de odio” o la pornografía, sino
principalmente contra el más leve lenguaje cotidiano, verdaderamente
no intencional, que es insensible a las vulnerabilidades de ciertos grupos. Lo políticamente correcto reprimenda los desaires accidentales
brindados sin malicia por parte de gente decente tanto como las diatribas,
calumnias e insultos por parte de aquellos que sí tienen malas intenciones.
Los ejemplos son innumerables. En publicidad de bienes raíces uno se
arriesga a una demanda si el anuncio se refiere a un dormitorio “principal”
(con tintes de sexismo), “distancia a pie” (desconsiderado con los discapacitados), “sala de estar para familias” (omite a los solteros), “vecindario
tranquilo” (injusto para las familias que tienen niños), “privado” (palabra
clave para decir vecindario blanco), y así en lo sucesivo.
Estas palabras prohibidas se han vuelto sujetas a proceso judicial merced a las enmiendas de 1989 a la Ley Federal de Equidad en la Vivienda de
1968, así como a través de legislaciones estatales. Pero su aplicación por
parte del Estado deriva de exigencias que se originan en la sociedad y que
no tienen el carácter de imposiciones superiores. Un folleto oficial de la
Universidad de Harvard sobre estudiantes con discapacidades considera
sobre todo no cómo deberían ser tratados o cómo debería hablárseles,
sino cómo se debería hablar sobre ellos. El impreso detalla un listado de
términos inaceptables al lado de las razones por las que son inaceptables
54
Revista Mexicana de Cultura Política NA
y a continuación un término “preferible” –no requerido–, sólo preferible.
Por ejemplo, uno no debería hablar sobre los “sordos y mudos”* porque
esto “implica que la incapacidad mental ocurre junto a la pérdida del
oído” (la razón); uno debe hablar sobre los “sordos, con discapacidad
auditiva o discapacidad de lenguaje” (lo cual es preferible).
Así que lo políticamente correcto no lo impone el Estado, por lo
menos no en primera instancia, porque ¿cómo podría uno imponer la
sensibilidad? En el caso de Harvard una razón edulcorada se usa para
apoyar a la sensibilidad. La sensibilidad es más como buenos modales
que una creencia u opinión que se cree necesaria para la buena salud
de un régimen político y por lo tanto se impone sobre los ciudadanos,
como el respeto a los dioses atenienses se impuso sobre Sócrates. Lejos
de horripilantes ejemplos históricos de persecución política y religiosa
sobre valientes desafortunados, la sensibilidad es más como un reproche sorprendido: ¡tsk, tsk! Y sin embargo los buenos modales son lo
contrario de la honestidad de la nueva izquierda, ¿qué sucedió?
En mi opinión, lo que sucedió fue el feminismo. El feminismo está en
parte en deuda con el final de los años 60 y en parte en rebelión contra
él.8 En deuda por la noción de liberación, incluyendo la liberación sexual,
pero notó que la liberación sexual era primordialmente para los hombres, ciertamente para los depredadores masculinos. ¿Qué hay para las
mujeres?, querían saber las mujeres. ¿Cuál es el sentido de ser liberadas
de la cocina sólo para ser esclavizadas en el dormitorio? La libertad debería ser la misma para las mujeres que para los hombres; de hecho, las
mujeres deberían ser intercambiables con los hombres. Para subrayar esto,
las feministas objetaban el uso del pronombre “él” e insistían en pronombres de género neutro.9 Mientras que el pronombre impersonal se refiere
* N. del T. En inglés “deaf and dumb”, en donde “dumb” se traduce como “mudo” o como “tonto”
o “retardado”.
Sara Evans (1979). The Roots of Women’s Liberation in the Civil Rights Movement and the New
Left, Nueva York: Knopf, 175-9, 189, 212-13; Gloria Steinem, (diciembre 1979) “The Way We
Were - and Will Be,” Ms. 80.
8
Ver, por ejemplo, Deborah Cameron (1992). Feminism and Linguistic Theory, 2a ed., Nueva
York: St. Martin’s.
9
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
55
a cualquier sexo, sin duda con el acuerdo informal que los hombres van a
predominar en pronombres que describen roles públicos, el pronombre
de género neutro hace explícita la disponibilidad igualitaria de dichos
pronombres para designar a mujeres y hombres. La fórmula él/ella fue
creada (y variaciones con el mismo objetivo, incluyendo el uso de “ella”
como pronombre impersonal para dar ojo por ojo y asegurar la venganza
por milenios de opresión patriarcal). Esta nueva convención no fue impuesta por el gobierno (aunque el gobierno la adoptó rápidamente) sino
al principio, yo creo, por correctoras de textos feministas en editoriales
(particularmente en imprentas universitarias), empleadas subordinadas
que checan las copias buscando errores de ortografía y gramática, y que
insertaban la neutralidad de género ellas mismas. La neutralidad de
género es lo contrario del sexismo descarado de los líderes y oficiantes
de la liberación de los 60 –uno piensa en las seguidoras femeninas de las
bandas de rock– pero estaba basada en sus nociones de transformar la
conciencia y reconstruir la identidad. La neutralidad de género es una
nueva identidad, despojada de lo tradicionalmente femenino, a menos
que ella lo quiera conservar.
El feminismo descubrió el método para propagar la nueva identidad
de las mujeres, el llamado “crear conciencia,” el cual hace que los hombres y mujeres se den cuenta de qué tanto está prejuiciada la sociedad en
contra de las mujeres. Todo mundo solía esperar que las situaciones de
poder y autoridad fueran dominadas por los hombres –un doctor, por
ejemplo– sería “él.” Hacer conciencia quería decir incrementar la ambición
de las mujeres e inducir a los hombres a dar la bienvenida al cambio, lo
cual han hecho con un alcance asombroso. La frase “crear conciencia”
revela al feminismo como una variedad de neomarxismo, criticando el
liberalismo y radicalizando la idea de la igualdad de derechos.10 Muchas
El término “crear conciencia” parece haber sido usado primero por las Redstockings, un grupo
feminista radical; ver Kathie Sarachild (1978). “Consciousness Raising: A Radical Weapon”,
en Feminist Revolution, ed. Kathie Sarachild, Nueva York: Random House, 145. Ver también
Catherine MacKinnon, “Feminism, Marxism, Method and the State: Toward a Feminist
Jurisprudence”, Signs 8(4): 519-20 para una discusión de la diferencia entre la creación de
conciencia feminista y el marxismo. La frase no aparece en el libro fundador del feminismo
de Betty Friedan (1963). The Feminine Mystique Nueva York: Bantam pero sí aparece en un
prefacio a la tercera edición “Twenty Years After,” en 1983.
10
56
Revista Mexicana de Cultura Política NA
de las primeras feministas fueron marxistas de algún tipo, y con razón
ya que Marx fue el más grande crítico de la división del trabajo, viéndolo
como la fuente de todo mal. Él y su asociado Engels tomaron nota de
la diferencia sexual que, antes que cualquier sistema económico, parece
legitimar la división del trabajo, y decían que la división del trabajo tenía
su origen en la diferencia sexual e implicaba que podía ser superada. El
feminismo hace funcionar esa implicación con, o –en nuestros tiempos,
claro– sin el comunismo.
Hay otros abuelos no marxistas del feminismo estadounidense:
Freud, quien argumentaba que el sexo es un ejercicio de poder más que
de atracción; y Nietzsche, quien proclamaba la necesidad de crear, construir la identidad propia. También fue influyente para establecer la idea y
reputación de la sensibilidad, una corriente de psicología social auspiciada
por Kurt Lewin después de la segunda guerra mundial, promoviendo el
grupo T o grupo de encuentro.11 Este fue un método de administración
parecido a la terapia en la cual los hombres de negocios se encontraban
en un grupo que empezaba por ignorar toda jerarquía existente entre sus
miembros. Después procedía a establecer democráticamente una nueva
jerarquía (o, más bien, confirmar la antigua), y en el proceso enseñar
sensibilidad el uno al otro. Ser sensible quería decir tomar conciencia
de la tendencia de uno a querer llevar las riendas y lastimar a los demás,
especialmente lastimar sus sentimientos. Se proponía que los comentarios
en el grupo T fueran personales más que abstractos o teóricos, porque lo
abstracto ofende y reduce la intimidad. Sin embargo, si se respetan los
sentimientos personales, se vuelven inmunes a los juicios morales y no
tienen que enfrentarse a desafíos críticos. Aquí tenemos un incremento de
la democracia a través de denunciar y purgar la agresividad. Lo único que
se necesita es notar el hecho obvio de que los hombres son más agresivos
que las mujeres, y el entrenamiento de la sensibilidad se vuelve disponible
para el feminismo como una manera de crear conciencia en los hombres.
El libro fundador del feminismo estadounidense, La mística femenina,
de Betty Friedan, publicado en 1963, es un ejercicio en crear conciencia
Ver Kurt W. Back (1987). Beyond Words: The Story of Sensitivity Training and the Encounter
Movement, 2ª ed., Nuevo Brunswick, N.J.: Transaction.
11
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
57
(aunque no utilice el término). Pero ese libro está basado en otro libro
más serio de la existencialista francesa Simone de Beauvoir, El segundo
sexo, cuya primera edición estadounidense apareció una década antes
que el libro de Friedan.12 Beauvoir tampoco habla sobre crear conciencia, pero su análisis lleva a ello. Ella rechaza la noción “lógica” de que
hay una femineidad basada en la naturaleza de la mujer. Su premisa es
que el hombre no es una especie natural sino una idea histórica: por lo
tanto el hombre y la mujer pueden ser cambiados. ¿Por qué, se pregunta
ella, en toda sociedad en cualquier momento de la historia las mujeres
han sido inactivas en la vida pública y han estado confinadas a trabajo
que se considera menos valioso, convirtiéndolas en el segundo sexo?
Para responder, Beauvoir se pregunta por qué los seres humanos son
superiores a los animales, y responde que los humanos, al contrario de
otros animales, arriesgan su vida en vez de meramente vivirla o reproducirse. Los seres humanos valoran la razón de vivir más que la vida misma,
lo cual les da la capacidad de trascender, con la cual transforman lo dado
de acuerdo a un plan de vida. Aquí vemos más que un indicio de la crítica de Hegel a la burguesía, cuya vida está animada por el miedo a la muerte. La trascendencia se muestra en las actividades masculinas como la caza,
la construcción, la guerra y la política, en contraste con el trabajo de las
mujeres que muestra solamente inmanencia en seguir, no transformar,
los preceptos de la naturaleza. Irónicamente para el hombre, uno podría
decir, el trabajo masculino de emplear a la naturaleza ha hecho posible a
las mujeres controlar o escapar su vida de reproducción, de dejar el hogar
y trabajar fuera, por lo tanto ganando trascendencia.
Sin embargo esta dificultad surge del libro de Beauvoir: ¿es humana la
trascendencia o es solamente masculina? ¿Si es humana, por qué la han
practicado solamente los hombres hasta ahora? ¿Por qué no ha habido
una sociedad en alguna época dominada por mujeres? ¿Por qué las amazonas son sólo míticas? ¿Si la trascendencia es sólo para los hombres, por
Ver Simone de Beauvoir (1989). The Second Sex, ed. H.M. Parshley, Nueva York: Vintage; y los
comentarios de Sharon R. Krause, “Lady Liberty’s Allure: Political Agency, Citizenship, and
the Second Sex,” Philosophy and Social Criticism, 26 (2000): 1-24.
12
58
Revista Mexicana de Cultura Política NA
qué debe ser considerada el florecimiento total de la humanidad? ¿Acaso
las mujeres no tienen nada qué contribuir como mujeres?
Esta dificultad puede ser replanteada como un problema para las
feministas. ¿Qué deberían hacer con lo femenino, derrotarlo y olvidarlo, o reivindicarlo? ¿Si se derrota lo femenino, qué queda además de la
agresividad masculina? Las mujeres habrían entonces sido liberadas sólo
bajo la condición de que se porten tan agresivas y alborotadas como
los peores varones. Sin embargo, las feministas no pueden fácilmente
reivindicar su femineidad, ya que la naturaleza de lo femenino es, o ha
sido, ser inmanente y retraída. ¿Así que cómo reivindicar el feminismo de
modo retraído? ¿Cómo derrocarlo sin caer en la agresividad masculina?
Vemos que Beauvoir ha estructurado el problema como la naturaleza de
lo femenino en vez de lo masculino. Son las mujeres y no los hombres
las que están defectuosas, y la falla más grande del hombre no es el ser
demasiado masculinos sino tratar de quedarse ellos solos la virilidad. La
segunda ola de feminismo estadounidense, basada en Beauvoir, comenzando con Friedan y floreciendo a partir de 1970, es bastante contraria al
feminismo de las sufragistas y otras mujeres públicas del siglo diecinueve
y principios del veinte, quienes creían en el punto de vista y superioridad
moral de las mujeres.
La respuesta al problema estructurado por Beauvoir es, nuevamente,
crear conciencia. Con esto, muestra Friedan, las mujeres escapan a la
esclavización de la biología, o pseudobiología, y crean su propia identidad.13 Hasta ahora su identidad ha sido creada para ellas, y a esto lo
llama la mística femenina. Dicha mística ha mantenido a las mujeres pasivas y poco desarrolladas, convirtiéndolas en esposas gruñonas y madres
posesivas. La creación de conciencia expone el embauco de las mujeres para que puedan ver cómo han sido confinadas y refrenadas. ¿Cómo
funciona? No a través de ejemplos de hazañas de mujeres. Para Beauvoir
la existencialista es cierto, la existencia precede a la esencia, así que las
hazañas deben venir antes que las palabras. Pero el existencialismo es una
filosofía masculina de Nietzsche que nos recuerda a una de Maquiavelo.
Friedan cita el trabajo de Erik H. Erikson en la “crisis de identidad” de la juventud en crecimiento como parte vital de su entendimiento; The Feminine Mystique, 77-78, 334.
13
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
59
Los héroes o heroínas del feminismo no han sido grandes emprendedores
como la Reina Isabel o Catalina la Grande. La mujer más poderosa de
nuestro tiempo, Margaret Thatcher, no es un modelo para las feministas. Su creación de conciencia funciona a través de la manipulación del
lenguaje y la presión social.
Ahora, el liberalismo tradicional parece interponerse a la manipulación necesaria. El liberalismo está basado en derechos que requieren
una distinción entre gobierno y sociedad por la cual el gobierno protege
los derechos sin prescribir cómo deben ejecutarse por grupos e individuos
en una sociedad. Por ejemplo, el gobierno protege tu derecho a la libertad de expresión, y cómo lo ejecutas ya está en tus manos. Pero sucede que,
de hecho, algunas personas tienen más confianza en sí mismos y tienen
más habilidad como oradores; otros son tímidos y se les traba la lengua.
Los anteriores se hacen escuchar; hacen válidos sus derechos mientras
que otros los dejan sin usar. Y parece que muchos más de los oradores
seguros de sí mismos son hombres; aunque las mujeres son buenas para
hablar, los hombres son mejores para alardear. Si lo mismo sucede con
otros derechos, uno debe concluir que los derechos del liberalismo favorecen a los hombres. El liberalismo pretende ser universal ya que intenta
decir que los derechos del hombre son los derechos de los seres humanos.
De hecho, nuevamente, su formalidad derrota su universalidad. Como
el existencialismo, es una filosofía masculina, una que recompensa, si no
es que requiere, agresividad.
Para remediar el defecto, las feministas encontraron que tenían que
modificar el liberalismo añadiendo un elemento del pensamiento de
Nietzsche, concretamente la posibilidad de autodefinirse. Aquí buscaron
la manera de superar los límites de la tradición y la naturaleza. Una vez
más, esta modificación por sí sola mantiene al liberalismo aún demasiado masculino, ya que los varones son los mejores para autodefinirse. El
sobresalir en alardear, como hacen los varones, es la mejor preparación
para la tarea de la autodefinición. Por lo tanto fue necesario diluir a
Nietzsche con Hegel, y especificar que la autodefinición viene a través
de reconocer al otro. Las feministas se han enfocado en la relación del
ser con el otro, utilizando el lenguaje abstracto de Hegel y obligándolo
60
Revista Mexicana de Cultura Política NA
gentilmente a ser más igualitario de lo que quizá hubiera querido ser.14
En esta visión el ser y el otro ser se abren el uno al otro en un proceso de
reconocimiento mutuo que elimina cualquier amenaza de mala conducta
por parte del otro.
Así, a través de la manipulación del lenguaje, las mujeres crean una
nueva identidad sin tener que reivindicarse, un nuevo “trabajo” que no
tiene un “ambiente hostil” (para usar las palabras del estatuto federal).
En ese nuevo ambiente, el mérito se reconoce sin tener que llamar la
atención hacia sí mismo. Las mujeres tradicionales marchitándose bajo
la mística femenina querían el “respeto debido a una dama”. Las feministas desprecian la idea de la dama, la cual pone a las mujeres sobre una
plataforma donde son admiradas bajo la condición de que no cuenten
para nada en las decisiones reales. Las feministas quieren la misma medida de respeto que se le debe a una dama, pero para todas las mujeres
y de parte del varón sensible. Ya no es un esposo que respeta a su mujer
siempre y cuando ella lo respete; es cualquier hombre que reconoce el
mérito en las mujeres sin pedirles que lo reivindiquen o que compitan
por las recompensas del mundo. El reconocimiento feminista reemplaza
a la competencia liberal.
El lema feminista, “lo personal es lo político,” está designado para
traer la democracia a la vida personal.15 Ataca la distinción liberal entre
lo público y lo privado por pasar por alto maneras en las cuales lo público determina lo privado. Al permitir la inequidad en la vida privada, el
liberalismo confirma la legitimidad de la inequidad y refuerza su control.
Para contrarrestar la inequidad debemos traer el reconocimiento democrático a la vida privada, dicen las feministas. Pero la ecuación también
funciona al revés: lo político debe volverse personal. Debemos abandonar
el uso de conceptos abstractos de mérito que fácilmente se convierten
La posibilidad fue anticipada por Beauvoir: “Algunos pasajes en el argumento utilizado por
Hegel para definir la relación de amo y esclavo funcionan mejor a la relación entre hombre y
mujer.” Beauvoir. The Second Sex, 64.
14
Para la importancia de la fórmula, ver MacKinnon. “Feminism, Marxism, Method and the
State”, 534. Y ver Steinem. “The Way We Were - and Will Be,” 89.
15
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
61
en estándares de competencia, oposición, confrontación y peleas. Las
feministas quieren ser reconocidas, pero no quieren pelearse.
Dentro de su nueva identidad, justo como en la vieja, las mujeres
son más democráticas que los hombres. Tienen menos ego, entonces no
compiten con los demás y no los juzgan. En la obra de Aristófanes, Las
asambleístas, las mujeres de Atenas se disfrazan de hombres y llegan a la
Asamblea temprano por la mañana, votan por echar a los hombres y para
instalar a mujeres como gobernadoras. Su propósito es el mismo de las
feministas hoy en día, salvar a la democracia haciéndola más democrática.
El medio es distinto: las mujeres de Aristófanes quieren que las mujeres gobiernen, mientras que las feministas de hoy quieren que los hombres
dejen de excluir a las mujeres. Las mujeres de Aristófanes se encuentran con la dificultad de que algunas mujeres son más bellas que otras.
Pasan una ley que obliga a los hombres jóvenes a satisfacer primero a las
mujeres más viejas y más feas, antes de fijarse en las mujeres por las que
se sienten atraídos. Algunas feministas modernas tienen una alternativa
más afable a esta forma primitiva de acción afirmativa.16 Niegan cualquier
fondo a la distinción entre mujeres bellas y mujeres feas: dicha distinción
es falsa y antidemocrática. Es un estereotipo.
Las feministas se oponen a los estereotipos más que a cualquier otra
cosa, ya que los consideran (con algo de verdad) identidades impuestas.
Ya que no hay fundamentos en la verdad o en la naturaleza para la identidad propia –siendo la identidad trascendente a la naturaleza más que
una aceptación de la naturaleza– cualquier identidad impuesta o siquiera
sugerida desde afuera no puede pertenecer a uno mismo, no puede ser una
“identidad”. Una identidad externa no puede ser jamás el verdadero “yo”,
así que la verdad entra después de todo. Un estereotipo es una visión del
otro que lo hace a él o a ella parecer extraño y amenazador, por lo tanto
forzándonos a declarar una diferencia y emitir un juicio. La verdad de
los estereotipos está juzgada por su efecto y su supuesto motivo; causan
discriminación y con frecuencia se expresan con enojo o desdén. Algunas
feministas radicales consideran el uso de la razón para proyectar identidades en los otros un ejemplo de agresividad fálica. Otras feministas,
Ver Naomi Wolf (1992). The Beauty Myth, Nueva York: Anchor Books.
16
62
Revista Mexicana de Cultura Política NA
como Carol Gilligan, dicen que las mujeres son razonadoras contextuales
más que abstractas.17 ¿Hay cierta verdad, entonces, en el estereotipo de los
hombres como mejores razonadores abstractos, mientras que las mujeres
sobresalen en intuición?
Las feministas creen que en el proceso de reconocimiento mutuo los
estereotipos pueden ser vencidos. El otro no se verá como alguien extraño
o amenazador, sino similar a uno mismo, aunque no igual. Al abrirnos
con el otro, la identidad particular de uno puede adquirir significado
universal en una sociedad que permite o alienta a otros “yo” a florecer.
Resulta ser que fomentar las identidades de otros no es una amenaza para
uno mismo, sino que confirma la apertura de uno, el rechazo a vivir bajo
estereotipos y a emitir juicios. Toda diferencia será emocionante sin ser
amenazadora, y los miembros de una sociedad tal podrán estar orgullosos
de mantener su seguridad y también satisfacer su sentido de aventura.
De esta manera la identidad feminista se generaliza en el multiculturalismo. Lo políticamente correcto toma su carácter particular del
feminismo como social más que político (o social antes de ser político).
Es con gentil presión más que con restricciones severas. Si es despotismo,
es el despotismo leve sobre el cual nos advirtió Tocqueville.18 Pero el objetivo de lo políticamente correcto es el multiculturalismo, un objetivo
que alivia al feminismo de la necesidad de ruegos especiales por parte
de las mujeres. Le permite a las mujeres feministas ser generosas con
los demás aún antes de que sus propias quejas sean resueltas. Cada grupo
tiene una identidad propia que necesita ser confirmada y validada por
la sociedad, el término es valorada. No es suficiente afirmar la identidad
propia. Necesita ser reconocida, y no meramente por otros grupos o
vecinos. Se requieren acciones positivas del gobierno; la mera tolerancia
no será suficiente. Lo políticamente correcto se convierte en política pública para servir a la función de valorar. Cuando se valora la identidad,
el resultado es autoestima, un sentimiento bueno hacia ti mismo hecho
legítimo por un buen sentimiento recíproco por parte de los otros. No
Carol Gilligan (1982). In a Different Voice, Cambridge, Mass: Harvard University Press.
17
Alexis de Tocqueville. Democracy in America, II 4.6.
18
Lo políticamente correcto
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63
hay necesidad sentida por el lenguaje de la virtud cuando se construye
uno mismo la autoestima ni cuando se disfruta.
La autoestima es el objetivo final, el finis ultimis, del feminismo y el
multiculturalismo. Las metas del liberalismo de vida, libertad y la búsqueda de la felicidad son inadecuadas. Son demasiado abstractas y dejan
demasiado al azar. Uno no debe dejar la autoestima a la probabilidad de
recibir un talento natural o de tener éxito en un logro individual. El multiculturalismo es un seguro social contra el riesgo de una carencia o falla en
tales asuntos. No pide grandes logros o ciertamente ningún logro; así que
tiende a atarse a lo convencional, lo mediocre y lo superficial. Una cultura
no tiene que alimentar grandes pensamientos o llevar a cabo grandes
hazañas, como los personajes emblemáticos universales de Hegel. En la
comunidad de culturas todo pueblo puede ser emblemático y universal.
Para ser una cultura basta con tener una cocina. En el primer discurso
inaugural del presidente Clinton en enero de 1993, el Washington Mall
se utilizó como sede de un festival de cocina multicultural.
El multiculturalismo depende de las culturas. La noción de cultura
corresponde al siglo diecinueve, cuando reemplazó la noción de civilización del siglo dieciocho. De acuerdo a esa idea, los pueblos iluminados
eran civilizados y los no iluminados no lo eran. Eran retrógrados, salvajes y bárbaros porque no estaban progresando hacia la Ilustración en las
ciencias y libertades. Pero la noción de cultura pone en duda el progreso
moderno, una crítica que en nuestros tiempos se llama postmodernismo.
Postmoderno significa, obviamente, “después de lo moderno”, pero
de tal manera que lo moderno está “aún presente mientras se deja atrás.”
Nada ha pasado después de la modernidad para justificar un nuevo
nombre ni un principio nuevo ni una nueva época. Con el progreso moderno, por ejemplo, los días de carruaje y caballo han sido reemplazados
por el automóvil, y quedan como objeto de nostalgia. Lo postmoderno,
en su estilo casual y negligente, ofrece una justificación de nostalgia, a
falta de una palabra mejor; niega cualquier “prerrogativa” al progreso. El
progreso es meramente un punto de vista, el punto de vista de la razón o
el control racional. Todo tiene un punto de vista, una perspectiva, aun la
razón, aun la filosofía. Ninguna de estas tiene el punto de vista. Pero lo
64
Revista Mexicana de Cultura Política NA
postmoderno es el punto de vista del punto de vista. Colecciona puntos
de vista. Nuestra cultura, dijo Nietzsche, es un museo de cultura; añadió, y
no es un cumplido, que el hombre moderno (quería decir postmoderno)
es una enciclopedia andante, rellena de información útil sobre todos los
temas excepto aquellos realmente útiles. Hoy nos enorgullecemos de tal
información como nuestra instrucción en multiculturalismo.
¿Qué es lo que admiramos? No a nosotros mismos, no al progreso
moderno. Cuando los estadounidenses van a Europa como turistas no
se fijan en edificios modernos sino en iglesias, palacios y castillos. ¿Qué
significan estos edificios para sus constructores? Las iglesias fueron construidas para Dios, los palacios y castillos para los reyes. Esto es totalmente
incomprensible para los estadounidenses hoy en día. En Estados Unidos,
el “rey” es Elvis Presley, y, por lo menos para los intelectuales, Dios significa… quizá uno no debería decirlo. Sin embargo la gente postmoderna
siente nostalgia por lo moderno, por aquellos que creen en el progreso.
El postmodernismo niega el progreso moderno pero no puede ir más
allá de él, y quizá hasta depende de él. En un libro reciente, Conor Cruise
O’Brien declara que Estados Unidos es el alma y corazón de la tradición
de la Ilustración; es, dice, el único país comprometido con ella tanto
emocional como intelectualmente.19 Aún con lo crítica que permanece
Europa hacia Estados Unidos, Europa depende de Estados Unidos, vive
en Estados Unidos, ya no de la economía estadounidense ni el poder
militar estadounidense sino en la fe estadounidense. Europa tiene fe en
la fe estadounidense en el progreso.
El problema es que Estados Unidos, o los intelectuales estadounidenses, han aceptado una versión democratizada y femenina del postmodernismo. Pero quizá esto no es Estados Unidos en su mejor cara. La mejor
cara de Estados Unidos está basada en una combinación de filosofía de
la Ilustración y sabiduría clásica. De acuerdo a esto, la filosofía se vuelve la base de la opinión política, y por lo tanto plantea un peligro de ser
políticamente correcta porque parece que con tal base la opinión Ilustrada
debe ser correcta. Pero la falta de moderación se mantiene bajo control
19
Conor Cruise O’Brien (1995). On the Eve of the Millenium, Nueva York: Free Press, 150.
Lo políticamente correcto
Harvey C. Mansfield
65
debido al reconocimiento de los fundadores de Estados Unidos del poder del egoísmo y el permiso que le dan a su funcionamiento en la política.
En la política, el egoísmo es combustible para la disensión, y un gobierno
libre puede controlar la disensión pero no deshacerse de ella por completo.
En nuestros términos, los fundadores de Estados Unidos entendieron la
permanencia de la otredad. Por supuesto, el egoísmo estaba lejos de ser
su doctrina completa, pero su reconocimiento muestra un liberalismo
sobrio dedicado al progreso y aún así receloso de la naturaleza humana.
El liberalismo sobrio no está tan alejado de la sabiduría vista en la
imagen de la caverna de Platón. Platón representa toda sociedad como
una caverna, un mundo artificial del cual pocos pueden escapar siguiendo una luz natural que lleva al exterior. En dicha imagen él nos dice que
la opinión política y la filosófica jamás coincidirán, así que nunca habrá
un solo régimen ilustrado que refuerce una sola y verdadera corrección
política. Siempre habrá varios regímenes en una pluralidad de verdades parciales. Cada sociedad, para estar seguros, cree en sus propios
principios y en lo que es “políticamente correcto” en un sentido genérico. Para Platón, sin embargo, siempre hay una manera de escapar de
cualquier principio particular a través del cuestionamiento filosófico,
y toda sociedad particular tiene que competir contra otras sociedades
contrastantes y sus principios.
Lo que es inquietante sobre nuestra corrección política postmoderna
no es tanto la imposición de la armonía, ya que toda sociedad lo hace de
alguna manera, sino la creencia en la armonía. Cada desafío a un punto
de vista es solamente otro punto de vista, y será absorbido por la conformidad que llamamos “diversidad.” Entender a los otros no requiere
esfuerzo por parte del que entiende pero sofoca al que está siendo entendido. Bajo este régimen todo el autoentendimiento genera autoestima que
no se ha ganado a través de pensamiento u obra, sino que es automática
e insignificante, poco exigente, e innoble.
66
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Istorie fiorentine de
Maquiavelo:
una primera definición
moderna de corrupción*
Eloy García
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
67
Resumen
La traducción al español de las Istorie fiorentine de Nicolás Maquiavelo (1525)
proporciona una magnífica ocasión para reflexionar sobre un trabajo del
secretario florentino, tan fundamental como olvidado, y de enorme trascendencia en el posterior pensamiento de Montesquieu, Rousseau y Constant.
Tres son las ideas clave de la aportación de Maquiavelo. Primeramente, la
idea de la Historia como instrumento humano al servicio del conocimiento
político, tomada de Polibio (y que nada tiene que ver con el círculo cerrado de los griegos) y articulada en torno a las categorías de ascenso y caída
(«disminución», progreso y decadencia) de las naciones. En segundo lugar,
Maquiavelo concibe el declive –o decadencia– como fenómeno asociado
a la corrupción, entendida a su vez como proceso sociológico colectivo de
degradación de la regulación: en esta perspectiva, «aquel que abandona lo
que hace por aquello que debería hacer se precipita a su ruina en lugar de
a su provecho». Por último, la historia de Florencia es, para Maquiavelo,
el ejemplo de lo que es necesario evitar: un antiejemplo. Florencia no era
libre porque estaba corrompida, tanto en lo interior (en lo civil), como en
lo exterior (lo militar), lo cual le impedía practicar un autogobierno en el
que estuviera involucrada toda la sociedad civil.
Abstract
The Spanish translation of Machiavelli's Istorie fiorentine (1525) provides
an excellent occasion to reconsider a fundamental yet widely neglected work
by the Florentine secretary which was to be essential in the thought of such
remarkable authors as Montesquieu, Rousseau and Constant. Three key ideas
are put forward in this work. Firstly, the idea of History as a means to acquire
political knowledge, an idea based on the categories of the ascent and the decline of nations borrowed from Polybius (divergent, though, from the ancient
Greeks' idea of history as a «closed circle»). From this perspective, «decline»
(or «decadence») is conceived as a phenomenon associated with corruption,
viewed, in turn, as a social, collective process of law degradation in which
«him who departs from what he does to do what he must do, seeks his own
ruin instead of his own benefit». Finally, from Machiavelli's point of view, the
history of Florence is considered as an example of what should never be done,
an anti-example: since Florence was corrupted both internally (civilly) and
externally (military), any form of self-government based on the participation
of all civil forces was impossible, which accounts for Florence's loss of freedom.
68
Revista Mexicana de Cultura Política NA
l. Las circunstancias de la redacción
de Historia de Florencia
E
s posible que Historia de Florencia1 sea el libro que menos interés
suscite entre los estudiosos actuales de Nicolás Maquiavelo. Sin
embargo, no se trata de una obra menor, ni por la temática que
le sirve de argumento, ni por las expectativas que el propio secretario
florentino cifró en su aparición. Antes al contrario, conviene señalar que
tanto las complejas implicaciones subjetivas que rodearon su elaboración,
como el papel que le corresponde en el conjunto del pensamiento de
Maquiavelo, nos sitúan ante un ensayo crucial para su autor, de enorme
repercusión en clásicos posteriores de la talla de Montesquieu, Rousseau
o Benjamín Constant.
Aunque no parezca un sinsentido sugerir que el propósito de escribir
la historia de Florencia debió rondar en la cabeza de Maquiavelo desde
los gozosos tiempos de la República de Piero Soderini (1498-1512), lo
cierto es que este libro surge fruto de un encargo efectuado en 1520 por
Julio de Medici, futuro Papa Clemente VII, en el marco del Studio Fiorentino. Nos hallamos, por consiguiente, ante una encomienda pública
que procede del adversario, de los hombres que ocho años atrás habían
arrojado a nuestro personaje de la política activa y prohibido su acceso
a Palazzo Vecchio.
Es sabido que Maquiavelo nunca se resignó a la desgracia. Hasta el
final de sus días retuvo el recuerdo de las cosas perdidas y luchó por
recuperar su lugar entre aquel mundo para el que había nacido. Y la
prueba más elocuente estriba en que, su primer libro tras el despojo, El
Príncipe (1513), fue dedicado a Lorenzo de Medici, en la vana esperanza
si no de recobrar el poder, sí al menos de ser escuchado por quienes lo
ocupaban. Ahora, gracias a incesantes ruegos a los contados amigos que
*
El presente artículo apareció en la revista Quaderns d᾿Italià, No. 15 de 2010, editada por la
Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Barcelo y la Universidad de Girona.
Revista Mexicana de Cultura Política NA lo publica con autorización de su autor.
Nicolás Maquiavelo (2009). Historia de Florencia, traducción de Félix Fernández Murga, estudio
de contextualización Felix Gilbert, Madrid: Tecnos.
1
Istorie fiorentine de Maquiavelo: una primera definición moderna de corrupción
Eloy García
69
le restaban en el entourage gobernante, ante Maquiavelo se abría por fin
una oportunidad que no quería ni debería desperdiciar.
Pero la chance conllevaba un desafío personal e intelectual de primera
magnitud. ¿El republicano que en los Orti Oricellari leía a sus correligionarios capítulos escogidos de los Discorsi2, podría acaso narrar la historia de
una ciudad vencida y dominada por los Medici? ¿Traicionaría Maquiavelo
sus ideales para acercarse al poder, o sabría aprovechar la ocasión que le
brindaba la fortuna para instruir al poderoso en la disciplina de la virtù?
Las opiniones al respecto discrepan. Hay quien, tras las soflamas
de los enemigos de los Medici que se reiteran en las páginas del libro,
cree detectar sentimientos de hostilidad encubierta del autor hacia su
benefactor3, lo que, sin pretenderlo, quizá equivalga a dar pábulo a
tesis que habrían hecho las delicias de Leo Strauss y sus seguidores: el
carácter secreto y pseudocriptográfico de la escritura de Maquiavelo.4
Pero con independencia de que en determinados pasajes el recurso a
semejante uso se encuentre de sobra acreditado,5 la propia existencia
del dilema está supeditada al significado que se atribuya al mensaje que
encierra el discurso de Maquiavelo. Así, mientras que para quienes,
como Meinecke, tienen en el florentino al teórico de la razón de Estado6,
F. Gilbert (1949). “Bernardo Rucellai and the Orti Oricellari. A Study on the Origen of Modern
Political Thought”, Journal of the Warburg and Courtauld lnstitutes.
2
Por ejemplo, la advertencia de Nicolas de Uzano en contra del exilio de Cosme de Medici
(Historia, cit., lib. IV, cap XXVII, p. 223-224), el discurso dirigido al duque de Milán (ibidem,
lib. V, cap. VIII, p. 247-249), o los discursos de los expatriados florentinos al Doge (ibidem, lib.
V, cap. XXXI, p. 266-268).
3
L. Strauss (2009). La persecución y el arte de escribir, Madrid: Amorrortu (el original de 1952),
y (1964) Meditación sobre Maquiavelo, Madrid: Instituto de Estudios Políticos (original de
1958); H. C. Mansfield (1998). Machiavelli’s Virtue, Chicago: University of Chicago Press.
4
Caso del discurso de Pedro de Medici a sus seguidores (Historia, cit., lib. VII, cap. XXIII, p. 382).
En este mismo sentido también, ver la cuidada ambigüedad de una frase de la dedicatoria: «Y,
aunque bajo esos ilustres hechos [de los Medici] se hubiera escondido, como algunos dicen,
alguna ambición contraria al bien común, como a mí no me consta eso, no tengo por qué
hablar de ello» (ibídem, p. 20).
5
F. Meinecke (1952). La idea de razón de Estado en la Edad moderna, Madrid: Centro de Estudios
Constitucionales, (original de 1924). Una crítica no sospechosa que deja al descubierto que
6
70
Revista Mexicana de Cultura Política NA
El Príncipe e Historia de Florencia responden a una misma línea lógica en
la que no hay quiebra ni contradicción alguna, para aquellos otros que
ven en Maquiavelo al humanista cívico angustiado ante la difícil supervivencia de la República en un mundo que presiente la modernidad7, el
compromiso de escribir la Historia representa un acertijo, cuando no una
anomalía, cuyo significado urge resolver.
Nada tiene de extraño pues, que fueran autores que mantienen las
posiciones de Sasso,8 o de Gilbert,9 los que prácticamente en solitario,
sintieran la conveniencia de acometer el estudio de Historia de Florencia
como una tarea digna de un tratamiento específico y singularizado que,
no obstante, respete la unidad substancial de la obra de Maquiavelo.
II. La Historia de Florencia en el contexto
de los escritos de Maquiavelo
Como advierte Helena Puigdomenech, Maquiavelo siempre estuvo
escribiendo el mismo libro,10 lo cual no es óbice para admitir a renglón
seguido que ese libro estaba integrado por numerosos y diferentes capítulos que en Historia de Florencia aparecen organizados en torno a tres
problemas bien identificados: cierta idea de Historia que implica una
trascendental ruptura con la teoría circular de Polibio, el primer esbozo
de una categorización moderna de corrupción, y el intento de construir
un ejemplo moral desde la noción de antimodelo.
en el Maquiavelo de Meinecke, por paradójico que pueda parecer, no hay vestigio alguno de
la tesis de la razón de Estado, en Carl Schmitt (1926). Zu Meínecke idee Staastraison, reeditado
en Positionen und Begriffe 1923-1939, Berlín: Duncker & Humblor, 1940.
La primera presentación de esa lectura en España, Miguel Ángel Granada (1981). Maquiavelo,
Barcelona: Barcanova.
7
G. Sasso (1993). Niccolo Machiavelli, Bolonia: II Mulino. El segundo volumen está dedicado a
la historiografía
8
F. Gilbert (1972). «Machiavelli's Istorie Fiorentine», incluido ahora en la traducción española
citada.
9
H. Puigdomenech, «Estudio preliminar», en N. Maquiavelo (2008). La Mandrágora, Madrid:
Tecnos, p. XLVIII-XLIX.
10
Istorie fiorentine de Maquiavelo: una primera definición moderna de corrupción
Eloy García
71
II.1. La Historia: una lectura de La Política
en el tiempo que depara enseñanzas
Resulta ilustrativo que a punto de formalizar el encargo de la Historia,
y poco antes de enfrascarse en la gestación de un trabajo que iba a ser
laborioso, prolijo y extenso, Maquiavelo se distrajera redactando La vita
de Castruccio Castracani (1520), un breve y delicioso opúsculo que no
siempre ha sido correctamente ponderado. Todo se explica en la medida que Castruccio estaba destinado a servir de ensayo de redacción y,
lo que todavía apunta más pistas, de taller de prueba en que depurar los
supuestos teóricos que luego manejaría en la Historia y que le permitirían
dar un formidable salto en su argumento. Y es que Castruccio no es otra
cosa que El Príncipe de Maquiavelo en acción: un héroe emplazado en
un relato, real o fabulado, que trascurre en movimiento, es decir, en la
Historia. Un protagonista medio recreado, al que la fortuna impide terminar bien. En la reflexión maquiavélica, Castruccio se perfila, por tanto,
como puente de tránsito en el camino que, por mediación de Historia de
Florencia, conduce a la Historia.
En eso se distinguen las dos obras iniciales de Maquiavelo de esta
tercera, y hace que también ella sea una auténtica labor de madurez en su
época, a años luz de cualquiera de su género.11 Si El Príncipe versa sobre
el hecho del héroe solitario (el ser excepcional) que domina lo nuevo
dándole forma según valores que le son privativos, y los Discorsi es una
exploración inconclusa de los factores constitutivos de una república
formada en la virtù, la Historia narra la existencia política de su Ciudad
en el lenguaje del tiempo secular. Lo dinámico sustituye a lo estático, la
construcción del arquetipo cede paso a la reflexión sobre el movimiento
y sus reglas, la preocupación por captar los fenómenos de lo contingente
remplaza a la indagación sobre la gobernabilidad.
La superación de la visión de la existencia como eterna recurrencia
circular donde cabe movimiento pero no la novedad, es el punto de arran Maquiavelo desde el principio establece en el proemio distancias con sus predecesores, Leonardo
Bruno y Poggio Bracciolini, que van más allá de lo que expresamente les imputa: limitarse a
conocer de los conflictos externos de la ciudad, olvidando la narración de sus querellas internas.
11
72
Revista Mexicana de Cultura Política NA
que de la gran aportación de la Historia que marca un hito en la forja de
la autoconciencia maquiavélica. Abstracción hecha de las formidables
polémicas que suscitaron las referencias a Polibio recogidas en los Discorsi (1517),12 es fácil intuir que en ese primer libro Maquiavelo juega con
la rueda polibiana sin jamás llegar a hacerla suya, pero sin tampoco refutarla de manera clara. Parece vacilar, meditar perplejo ante lo que acaba de
conocer de primera mano. En cambio, en la posterior Historia (1520-5),
no hay duda: Polibio ha sido absorbido, sobrepasado y reutilizado, hasta
el extremo de que, el autor, seguro de lo que dice, se permite ironizar al
efecto.13 El ciclo se ha desprendido del círculo.
El antiguo servidor de la Signoria se afirma en la certeza de que la
historia consiste en una colección de secuencias inmersas en un fluir
irresistible que, ni se halla escrito ni concluye inexorablemente en reinicio.14 Son los hombres con su hacer o deshacer, los que, enfrentándose
a la fortuna, pueden servirse de los vaivenes de la vida para recalar en
una orilla u otra. Frente a esa fuerza irresistible, la virtù es la única arma
al alcance de los seres humanos. Ahora bien, para Maquiavelo ¿en qué
consiste, de qué trata en concreto la Historia?
Definir la Historia como veritá effettuale delle cose en el tiempo, no
equivale a enjuiciar la realidad con imparcialidad. En la historia de Maquiavelo no existe el relato neutral, no hay pretensión de objetividad ni de
abarcar íntegramente lo acaecido. La Historia es Política, y como Política
sirve para seleccionar series de acontecimientos relevantes según la intencionalidad ideológica del autor, para extraer enseñanzas. No estamos frente a una historiografía incipiente, sino ante la primera toma de conciencia
Sobre esta polémica, Miguel Ángel Granada (2002). Maquiavelo. Antología, Barcelona: Península, p. 413 y s.
12
Historia, cit., lib. III, cap. XIX, p. 171-172.
13
14
“Invadidos por los bárbaros [...] lo mismo Italia que las demás provincias romanas [...] no sólo
cambiaron de gobierno y de jefes sino que cambiaron también de leyes, de costumbres, de
modo de vivir, de religión, de lengua, de manera de vestir, y hasta de nombre [...] De todo esto
derivó, de una parte, la ruina de muchas ciudades y, por otra, el nacimiento y auge de otras
muchas [...] entre las de nueva fundación estaban Venecia, Ferrara, Siena [...] En medio de
estas ruinas y de estos pueblos surgieron nuevas lenguas. Han cambiado también de nombre
no sólo las provincias, sino también los lagos, los ríos, los mares y hasta los hombres [...] ni
fueron menos importante el de religión”, ibídem, lib. 1, cap. V, p. 36.
Istorie fiorentine de Maquiavelo: una primera definición moderna de corrupción
Eloy García
73
del significado fenomenológico de la Política en un mundo construido
secularmente. El Maquiavelo historiador, es un estudioso de la Política
que proyecta en dimensión de pasado los cambiantes hechos del vivere
civile de los florentinos, buscando beneficios de presente: reconducir lo
que conoce a los patrones ordenadores que correspondan, o entregar a
un ordinatore lo que por radicalmente nuevo considera anómico.
Aunque Maquiavelo tenga siempre presente la posible irrupción de la
forza estraordinaria capaz de desatar lo desconocido (la invasión francesa
que en 1494 arrasó con todo en Italia), lo que le preocupa en la Historia
es el discurrir de la política en el mundo ordenado. Ese mundo pertenece
a los ordini e madi, los patrones dotados de formas que encauzan el obrar
político, y que resumen el entramado de usos, costumbres, leyes, modos
de vida, pensar y obrar que estructuran y dan existencia a una colectividad
moderna.15 Son factores imprescindibles para un Maquiavelo que, en la
medida en que no ha renunciado completamente a Polibio, se permite
reinsertar de manera instrumental el ciclo en un contexto muy diferente, regido por los ordini.
Es así como las secuencias temporales que agrupan el devenir pasan a
estar presididas por momentos álgidos y momentos de caída, de ascenso y
decadencia que no forman parte de un círculo eterno y ajeno a lo humano.
Son los hombres los que con sus acciones respetan o violentan la lógica
que inspira el patrón (ordine) de conducta que guía su comportamiento,
determinando el ascenso o declive de las sociedades. Y en esa circunstancia, el mecanismo que mueve el ciclo del ascenso al descenso es la
resultante de la degradación de los ordini por el hacer humano.16 En este
sentido y como lo atestiguan la lectura de las introducciones a los libros III
al VII, la única secuencia histórica que en realidad interesa a Maquiavelo,
es la comprendida en el lapso temporal que transcurre entre la virtù que
Francisco Javier Conde (1976). El saber político de Maquiavelo, Madrid: Revista de Occidente,
p. 91 y s.
15
«Como la naturaleza no ha dado a las cosas terrenas el poder detenerse, cuando estas llegan a la
cima de su perfección, al no tener ya de llegar más alto, no les cabe otro remedio que declinar»
Historia, cit., lib. V, cap. I, p. 237.
16
74
Revista Mexicana de Cultura Política NA
se expresa en el hecho fundacional presente en el origen fundacional de
Florencia, hasta el estado de corrupción por aquel entonces imperante.
II.2. Sociología de la corrupción
Para las teorías que beben en Aristóteles, la corrupción viene asociada a
la degeneración de un elemento particular que, ignorando su naturaleza
parcial, aspira a encarnar el fin universal que sólo corresponde al conjunto
de la suma de cuerpos. Para Maquiavelo, sin embargo, la corrupción es
un estadio sociológico de ruina o degradación de la naturaleza original de
los ordini en que se articula una comunidad política que, en el tiempo y
a través de sucesivas fases, ha terminado emergiendo como una segunda
realidad enmascarada en las apariencias de la primera.
Se trata de dos planteamientos diametralmente opuestos de la idea
de corrupción; filosófico uno, sociológico el otro. La paternidad de este
último es imputable en buena medida a Maquiavelo que, en Historia de
Florencia ofrece implícita una definición moderna de corrupción. Maquiavelo percibe la corrupción como una fenomenología social: una dinámica colectiva por la cual el cuerpo o modelo que ordena y da formas a
la comunidad, desconectado del fin que lo alentaba, va perdiendo su fuerza conductora, su estructura distintiva, su regularidad de comportamiento
y la conexión entre fondo y representaciones. El alma ha abandonado el
cuerpo y el patrón que encuadraba el orden humano, en tanto que materia informe, deriva en irregular, en incomprensible, y resulta incapaz de
imponer proceder ninguno. No es posible saber a qué atenerse, y como
nada es lo que dice ser, “quien deja de hacer lo que hace por lo que debe
hacer, corre a la ruina en lugar de beneficiarse”17.
La corrupción significa una escisión ontológica entre el ser y sus manifestaciones, inducida por la acción humana. Surge de una mutación del
patrón que identifica la conducta social; provocada por un obrar cotidiano
N. Maquiavelo, El Príncipe, cap. XV. Traducción libre del autor de este trabajo desde el texto
establecido por Giorgio Inglese. Para consultar el texto de Inglese, véase la edición francesa
de Fournel y Zancarini (2000) París: PUF. Una versión diferente en la excelente traducción
española de Helena Puigdomenech (1988). EL Príncipe, Madrid: Tecnos, p. 61.
17
Istorie fiorentine de Maquiavelo: una primera definición moderna de corrupción
Eloy García
75
que no responde a las prescripciones de sus ordini. La existencia política
no se reconoce en una manera de operar que, a la vez, no guarda correlato
con lo que dice contener dentro. Su naturaleza originaria ha sido devorada por una fenomenología contraria a su ser, sin que ello haya supuesto
necesariamente el abandono de las apariencias o envolturas anteriores
que, durante algún tiempo permanecen subsistiendo, caso en Florencia
de aquella “libertad, de la que lo único que se respetaba era el nombre”.18
La naturaleza se ha corrompido porque lo que los hombres hacen en su
vida social, difiere de lo que tienen por norma; porque se ha consumado
un decalage entre lo que se dice que se hace y aquello que los seres humanos se sienten en la obligación de hacer. Por eso, la corrupción es ante
todo un estado de degradación moral de carácter negativo: son los hombres los que con su conducta inmoral hacen factible la desnaturalización
de los ordini. Pero también son los hombres los que, con su actitud inmoral de guiarse por las manifestaciones de la realidad y no por los contenidos de esos ordini que todavía continúan formalmente reconociendo,
tornan en irremediable tamaño estado de cosas.
La corrupción en Maquiavelo no se concibe como una patología
susceptible de ser combatida con los remedios de una legalidad a la
que su propia aplicación desvirtúa; uno, por su generalizada extensión,
y dos, por la existencia de un segundo orden admitido como tal. La corrupción no es un ilícito penal, sino un estado social colectivo en el que
los ordini son deliberadamente desobedecidos por unos hombres que,
consciente o inconscientemente, rinden tributo ya a otros señores.
Il.3. El antiejemplo: Corrupción y declive de la libertà
en Florencia
No es casual que el término que más veces se repita en el proemio sea
ejemplo. Narrar la historia de Florencia como modelo cargado de sentido
moral, es la gran ambición de Maquiavelo. Ahora bien, nos hallamos en
presencia de un ejemplo negativo, no de un modelo a emular. Sus textos
Historia, cit., lib. IV, cap. 1, p. 191.
18
76
Revista Mexicana de Cultura Política NA
enseñan lo que no hay que hacer, no lo que se debe hacer.19 La Historia
de Florencia recoge el contraejemplo de una ciudad cuyos habitantes
habían perdido la libertà interior y exterior imprescindible para dominar
sus propias acciones, que siempre estuvieron mediatizadas por poderes
exteriores o por flaquezas internas, y eso causó su declive.
A la muerte de Federico II, Florencia ordenó su vivere libero y su
defensa sobre la virtù, instituyendo una organización cívica y militar
que pronto dio fuerza y prestigio a la ciudad.20 Pero no tardó en anidar la corrupción en sus instituciones. Las discordias civiles vinieron
instrumento de exclusión política con los terribles efectos que ello trajo
para una Ciudad que, en la implicación activa de todos sus ciudadanos,
tenía la piedra maestra de su autogobierno.21 Las sètte desplazaron a
las facciones, y los modi privati de acceso a la fama, tomaron el lugar
de las vie publiche.22 La república se hizo parte y la Ciudad se rompió
por dentro. Mientras por fuera el declive de la virtù guerrera entre “Si alguna lección resulta útil a los ciudadanos que gobiernan las repúblicas es la que expone los
motivos de los odios y las rencillas de una ciudad, a fin de que, escarmentados en el mal ajeno,
puedan dichos ciudadanos mantenerse unidos. Si el ejemplo de cualquier república es capaz
de mover, mucho más mueven y mucho más útiles son los que se refieren a la propia patria
[...] ningún otro ejemplo demuestra tan claramente la fuerza de nuestra ciudad como el que
se desprende de esas mismas divisiones”, ibidem, Proemio, p. 24. “Y si al describir los hechos
ocurridos en este mísero mundo no podrá hablarse de fortaleza en los soldados, ni de la virtù
en los capitanes, ni de amor patrio en los ciudadanos, podrá verse en cambio de qué astucias
y artimañas se sirvieron tanto los príncipes como los soldados y los jefes de las repúblicas para
conservar el prestigio que no se habían merecido. Conocer todo esto quizás sea no menos útil
que conocer las glorias antiguas, pues si estas estimulan a los hombres generosos para que las
imiten, lo otro les estimulará a evitarlo y corregirlo”, ibidem, lib. V, cap. I, p. 239.
19
Ibidem, lib. II, cap V y VI, p. 85-86.
20
Gisela Bock en su «Civil Discord in Machiavelli's Istorie Fiorentine» incluido en Bock Skinner,
Viroli (eds.) (1990). Machiavelli and Republicanism, Cambridge: Cambridge University Press,
no insiste en que la idea de autosuficiencia política que informa a la Ciudad, y que fundamenta
el deber de ciudadanía, es la víctima final de este proceso de exclusión. Algo que deja muy
claro Maquiavelo en el discurso del ciudadano que movido por el amor a la patria pretende
poner fin a los desórdenes posteriores a 1366. Cfr. Historia, cit., lib. III, cap. V, p. 146-149.
21
“Hay divisiones que son perjudiciales para las repúblicas, pero hay otras que son beneficiosas.
Resultan perjudiciales las que van acompañadas de sètte o partidismo, mientras que son
beneficiosas las que los evitan […] conviene saber que los procedimientos mediante los que
suelen los ciudadanos lograr fama son de dos tipos: vie publiche y modi privare [...] Se consigue
fama pública venciendo batallas, desempeñar embajadas con celo y prudencia o proporcionar
22
Istorie fiorentine de Maquiavelo: una primera definición moderna de corrupción
Eloy García
77
gó las armas a los condottieri23 que convirtieron la guerra en una farsa24
del estilo de aquella tremenda batalla de Zagonara, dónde la única víctima cayó del caballo. “De este modo –y a pesar de que sus ciudadanos,
llenos de virtù, persistían una y otra vez en sus esfuerzos–25 Florencia fue
haciéndose, cada vez más baja y más abyecta”.26
Es evidente que Maquiavelo no busca exaltar los grandes logros del
pasado como factor que invite a imitación en el presente. Se recrea en
el fracaso, en la incapacidad histórica de la signoria para disfrutar de libertà. Su Historia es la historia del Descenso, no del Ascenso de Florencia
y de Italia en general, y posee un fin pedagógico e instructivo que queda
perfectamente claro tanto aquí, como en el otro libro que escribirá al
mismo tiempo que este, Dell’arte della guerra (1521).
Y es así cómo, sirviéndose del juego de antinomias en cascada que
tan bien sabía administrar, Maquiavelo nos sitúa ante la Guerra como
alternativa inmediata a la corrupción y por tanto, a la decadencia. Sólo
recuperando la virtù guerrera será posible recuperar la virtù política,
porque ambas son lo mismo (en la milicia como en la vida política es
a la república sabios consejos. Privadamente [...] haciendo favores a este o aquel ciudadano,
defendiéndole de la arbitrariedad de los magistrados, socorriéndolos económicamente, concediéndoles honores no merecidos, ganarse a la plebe con festejos y dádivas públicas”, ibídem,
lib. VI, cap. I, p. 352.
“También los florentinos se veían (sin armas propias) porque, habiendo destruido a la nobleza
con las frecuentes disensiones y quedando aquella república a merced de hombres nutricati
nella mercancía tenían que seguir las órdenes y fortuna ajena (que) se vestían no por el deseo de
gloria sino para vivir más ricos o más seguros. Todos […] se habían puesto de común acuerdo
y habían formado una coalición hábilmente organizada [...] se las arreglaban de manera que
perdieran ramo el uno como el otro contendiente. Al final redujeron a tal estado de viltà esta
profesión, que cualquier mediano capitán, en el que hubiera brotado una ligera sombra della
antica virtù, los habría puesto en ridículo.”, ibidem, lib. I. cap. XXXIX, p. 75.
23
“Tampoco pueden llamarse guerras aquellas en las cuales ni los hombres se matan ni las ciudades son saqueadas ni se destruyen los Estados”, ibidem, lib. V, cap. 1, p. 238.
24
“Era tal la virtù de los florentinos, y el poder de su ingenio, y su empeño en hacerse grandes y
engrandecer a su patria, que los males conseguían exaltarla más de lo que habían conseguido
abatirla los contratiempos que la habían aquejado [...] tanto habrían abundado en ella la virtù
de las armas y la fuerza del ingenio”, ibidem, Proemio, p. 24-25.
25
Ibidem, lib. III, cap. I, p. 142.
26
78
Revista Mexicana de Cultura Política NA
necesario el concurso de todos los estratos de la Ciudad).27 La milicia
ciudadana es la alternativa a la corrupción civil. Desde ese estado de
corrupción, Maquiavelo lanza su remedio: la acción guiada por la virtù,
o sea, ridurre i principi.
Historia de Florencia participa de esta suerte del ideario patriótico
que se expresa en el tantas veces repetido adagio cívico: amare la propria
patria più della propria anima.28 Algo que dicho así, no podía repugnar
a los Medici ni traicionar el pensamiento del autor: todos tienen cabida
en la Ciudad.29 Maquiavelo procura servir a quien le paga, sin enmendar
un ápice sus convicciones.
III. Releer ahora Historia de Florencia
Lo que hoy llamamos Historia de Florencia es cuanto nos ha quedado
de un proyecto inacabado que probablemente fuera redactado en dos
grandes atacadas.30 Así lo indica Maquiavelo en la dedicatoria.31 Pero
más allá de las intenciones del autor, su obra reaparece en un momento
en que la crisis de las ideologías ha reabierto los grandes problemas que
hubo de afrontar el hombre al inicio de la Modernidad.
En este sentido, nada tiene de extraño que la Historia se revele como
un libro abierto que, tras aburridos y minuciosos detalles, que en la
Resulta significativo que la única obra publicada de Maquiavelo, en el sentido actual de dada a
la imprenta para que la adquiera el público. sea Dell’ arte della guerra. También lo es que fuera
escrita en forma de diálogo.
27
“Si el ejemplo de cualquier república es capaz de mover, mucho más mueven y mucho más
útiles son los que se refieren a la propia patria”, ibidem, Proemio, p. 24.
28
29
Esa es la propuesta que se defiende en su Discurso sobre las cosas de Florencia de 1520, encargado por Julio de Medici a modo de informe de qué hacer para estabilizar el gobierno
de Florencia.
Gilbert sostiene que mientras los actuales libros II a VI fueron escritos antes de la rendición
provisional de cuentas que Maquiavelo efectuaría en el verano de 1522 ante el cardenal de
Medici, los capítulos que los introducen, junto con los títulos I, VII y VIII, más el Proemio,
serían una obra posterior.
30
En la dedicatoria presenta el trabajo como una recopilación, dice expresamente “trataré de
continuar mi empresa”, ibídem, p. 21. Se conservan, y son conocidos hace mucho, fragmentos
de lo que parece ser estaba previsto que fueran capítulos IX y X.
31
Istorie fiorentine de Maquiavelo: una primera definición moderna de corrupción
Eloy García
79
versión española amortigua la excelente prosa de Fernández Murga,
deja entrever los graves retos que acosan tanto a la Historia como la
Política de nuestros días, y para los que no parecen tener respuesta ni las
explicaciones holistas de la vida, ni conceptos como Revolución, Poder
Constituyente o incluso, tal vez, Constitución. Estamos, en suma, ante
un libro que se sitúa en relación de genealogía y no de arqueología con
nuestro confuso presente.
80
Revista Mexicana de Cultura Política NA
A la salvaguarda de la
contienda electoral y los
derechos político electorales
Manuel González Oropeza
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
81
Resumen
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación es la instancia
encargada de impartir justicia en materia electoral, con resoluciones
respaldadas en un marco normativo que emana de la Constitución. No
es infrecuente que las resoluciones encuentren resistencias o críticas
abiertas al sentido de las resoluciones, su interpretación de la norma o
el tiempo en que se dicta el resultado. Este artículo acerca al lector a los
argumentos jurídicos en los que descansan las conclusiones acerca de
casos que fueron ampliamente ventilados en los medios informativos:
la queja contra el Partido Verde Ecologista de México por violaciones
a la ley electoral; la candidatura del exjefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard; las candidaturas independientes; el registro de
la candidatura en la Delegación Miguel Hidalgo del Distrito Federal y
los cambios legislativos para proteger la igualdad de género.
Abstract
Provided in the Constitution, the Electoral Court of the Federal Judiciary
is mandated to impart justice in matters concerning electoral processes.
It is not uncommon that its rulings be opposed or be openly criticized on the
verdict, its interpretation of the regulation or the time it took to arrive to a
decision. This paper brings the reader close to the judicial argumentations
that sustain the rulings in cases that had ample space in mass media –the
complaint logged against the Mexican Green Ecologist Party (Partido Verde Ecologista de México) for infringement of the Electoral Law; the candidature of former Federal District Governor Marcelo Ebrad; the independent
candidatures; the registration of a candidature in the Miguel Hidalgo sector
in the Federal District, and the legislative changes to protect gender equality.
82
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Introducción
E
l Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF),
por mandato expreso del artículo 99 constitucional se instituye
como “la máxima autoridad jurisdiccional en la materia (electoral) y órgano especializado del Poder Judicial de la Federación”.1 Con
base en un andamiaje normativo2 derivado de la Constitución,3 el TEPJF
resuelve controversias mediante sentencias que sirven como precedentes
y, a su vez, genera jurisprudencias y tesis que fortalecen el sentido de sus
determinaciones.
No obstante lo anterior, en algunos círculos sociales o medios de comunicación persisten las expresiones descalificadoras que ponen en tela
de juicio el sentido de alguna resolución, la interpretación de la norma
o, incluso, los tiempos de resolución de algún medio de impugnación.
Es por ello que en este trabajo se tratará de demostrar en primer lugar,
que el TEPJF es una autoridad producto de la consolidación democrática que garantiza la impartición de justicia en temas de carácter electoral.
En segundo lugar, que sus resoluciones son diligentes en términos de la
constitucionalidad y la convencionalidad y, en tercer lugar, que el TEPJF
interpreta la normativa de modo que las omisiones o resquicios son subsanados en pos de fortalecer la vida democrática y ampliar los derechos
político electorales de los ciudadanos.
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que reforma la de 5 de febrero de 1857,
Tomo I, p. 82-83, en: Compendio de Legislación Nacional Electoral, 2 tomos, México, INEFEPADE-UNAM/IIJ-TEPJF, 2014.
1
Entre ellas la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral, la Ley General en Materia de Delitos y
reglamentos de cada partido político, así como los tratados y convenios internacionales que
amplían los derechos humanos y político-electorales del ciudadano, como el Código de buenas
conductas en materia electoral, preparado por la Comisión Europea para la Democracia por el
Derecho (Comisión de Venecia), entre otros.
2
Por supuesto que la Constitución federal como Ley Suprema de la Unión ocupa el lugar más
importante, pero también deben considerarse las Constituciones locales y las leyes reglamentarias derivadas de ellas.
3
A la salvaguarda de la contienda electoral y los derechos político electorales
Manuel González Oropeza
83
Impartición de justicia en la contienda electoral
Los siguientes casos demuestran cómo el TEPJF resuelve casos que van
más allá de la simple lectura de la norma y la sanción, pues requieren
un análisis detallado y amplio que permita la impartición de justicia. De
modo que, es evidente la tutela de un verdadero árbitro de la contienda
electoral, sancionando conductas de los actores políticos que van en
contra de los principios constitucionales, la equidad en la contienda e
incluso, el espíritu democrático.
Casos del Partido Verde Ecologista de México (PVEM)
A partir de denuncias presentadas por otros actores políticos, se acreditaron numerosas violaciones a la ley electoral por parte del PVEM, mismas
que fueron sancionadas conforme a derecho tanto por la autoridad administrativa electoral, el Instituto Nacional Electoral (INE), como por la
autoridad jurisdiccional, el TEPJF, mediante su Sala Regional Especializada
y la Sala Superior. Varias de las sanciones consistieron en altas multas
económicas, que para ser saldadas llevaron incluso a la determinación de
que el INE retuviera parcialmente la ministración mensual que el partido
recibe como financiamiento público, como parte de las prerrogativas que
por ley le corresponden.
Por las características del caso, o del conjunto de casos en los que
el PVEM se ha visto envuelto4, ameritarían un estudio más extenso y
pormenorizado por sí mismos, sin embargo, a fin de destacar el trabajo jurisdiccional del TEPJF al respecto, a continuación se presenta
un resumen de algunas de las resoluciones emitidas por el TEPJF, a fin
de identificar la conducta infractora atribuida al partido en cada caso y
cómo fue valorada por el Tribunal para emitir la sanción correspondiente.
Algunos otros temas con los que el PVEM generó polémica fueron: la distribución de boletos
de cine gratis (SUP-REP-0275-2015), las cápsulas de cineminutos (SUP-REP-0094-2015), el papel
para envolver tortillas con publicidad del partido (SUP-REP-0212-2015), la distribución de
tarjetas de descuentos (SUP-REP-0311-2015) y el reparto de calendarios con imágenes gráficas
alusivas al partido (SUP-REP-0202-2015).
4
84
Revista Mexicana de Cultura Política NA
CLAVE DE LA
CONDUCTA INFRACTORA
SENTENCIA
ATRIBUIDA AL PVEM
SUP-REP-
SUP-REP-
76/2015
136/2015
CONSIDERACIONES
SANCIÓN
IMPUESTA
Los actores denunciaban actos
anticipados de campaña del PVEM
y el incumplimiento a lo ordenado
por las autoridades electorales a
efecto de retirar de las pantallas
de cine los llamados "cineminutos",
solicitando la adopción de medidas
cautelares.
La Comisión de Quejas y
Denuncias del INE emitió
acuerdo en el que declaró la improcedencia de
una parte de las medidas
cautelares solicitadas y
la procedencia de otras.
Esta decisión fue controvertida por el PVEM ante
la Sala Superior, instancia que estimó que la
adopción de las medidas
cautelares era razonable
y necesaria a efecto de
salvaguardar la equidad
de la contienda.
La Sala Superior
mantuvo firme la
decisión de conceder medidas
cautelares, ya
que el contenido
de la propaganda denunciada
había sido considerada ilegal.
Los promoventes consideraban
que la difusión de la campaña
denominada "Verde sí cumple",
mediante diversos espectaculares,
anuncios en casetas telefónicas,
autobuses de transporte público,
cartelones y revistas, así como
la transmisión de promocionales
denominados "cineminutos" en las
salas de cine de las cadenas Cinemex y Cinépolis, en todo el país,
vulneraban sistemáticamente los
artículos 41 y 134, párrafo octavo,
de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos
El asunto fue resuelto
originalmente por la Sala
Regional Especializada
mediante el juicio SREPSC-14/2015, en el sentido de tener por acreditadas las violaciones
atribuidas al PVEM, por
lo que le impuso una
sanción de $7’011,424.
(56/100 M.N.)
Esta decisión fue
igualmente controvertida ante la
Sala Superior no
sólo por los impetrantes, sino
por el propio PVEM
mediante su representante suplente
en el Consejo General del INE, sin
embargo la Sala
Superior mantuvo
firme la sentencia
impugnada.
A la salvaguarda de la contienda electoral y los derechos político electorales
Manuel González Oropeza
85
CLAVE DE LA
CONDUCTA INFRACTORA
SENTENCIA
ATRIBUIDA AL PVEM
SUP-REP-
Los principales agravios se
referían a la indebida individualización de la sanción impuesta
al PVEM originalmente por la
Sala Regional Especializada, su
reincidencia y la indebida individualización de la sanción a concesionarios de radio y televisión
por la transmisión de informes
de legisladores del PVEM fuera de
los tiempos y formatos previstos
para ello.
120/2015
SUP-RAP-125/2015
CONSIDERACIONES
SANCIÓN
IMPUESTA
La Sala Superior estimó
que la falta cometida por el
PVEM era grave por violentar
el modelo de comunicación política de manera
reiterada y deliberada, por
lo que la sanción debía
guardar proporcionalidad
con ella, a diferencia de
las originalmente impuestas por la Sala Regional
Especializada, consistentes
en amonestación pública
y en la suspensión temporal
de la propaganda.
Mediante la sentencia, la Sala Superior impuso al
PVEM una multa de
$76’160,361.80,
que se cubriría
descontando el
50% de la ministración mensual
que recibe como
financiamiento público hasta alcanzar dicha cantidad.
(caso Marcelo Ebrard)
El último de los casos a que se hace referencia en este texto es el de
Marcelo Ebrard Casaubón, exjefe del gobierno del Distrito Federal, quien
fue postulado por el Partido Movimiento Ciudadano (MC) a candidato
plurinominal, aunque previamente había participado en el proceso
de selección de candidatos del Partido de la Revolución Democrática
(PRD), en el cual militaba y al que renunció al día siguiente de que MC
lo registró como candidato por este partido. De hecho, en ello estriba
la controversia central de este asunto, ya que formalmente participó de
manera simultánea en dos procesos internos de selección de candidatos,
uno del PRD y otro de MC.
El acto impugnado fue el acuerdo emitido por el Consejo General
del INE en el cual se registra como candidato a diputado federal por el
principio de representación proporcional al ciudadano Marcelo Ebrard
Casaubón por el partido MC. En ese sentido, los hechos que se controvirtieron consistían en que Ebrard Casaubón renunció el 27 de febrero
de 2015 al PRD, en razón de que no apareció en la lista definitiva de
86
Revista Mexicana de Cultura Política NA
las candidaturas a diputados federales. El mismo día, fue designado como
candidato de MC. Sin embargo, lo cierto fue que su dimisión ocurrió
de manera posterior a la invitación como diputado de representación
proporcional que le formulara la Comisión Nacional de Convenciones
y Procesos Internos de MC, “como invitado mediante la figura estatutaria
denominada candidaturas ciudadanas”, pues esta se realizó el 26 de febrero. Es decir que el perfilado candidato pertenecía aún al PRD al momento
de que MC lo designó como “candidato externo”.
El estudio se centró en la vulneración del artículo 227, apartado 5, de
la LGIPE, que prevé la prohibición legal de participar de manera simultánea en dos procesos de selección de candidaturas a cargos de elección
popular, postuladas por distintos partidos políticos.
En ese sentido, la Sala Superior del TEPJF advirtió que el ciudadano
participó en ambos procesos de selección, por lo que se actualiza una
simultaneidad formal y otra material. Es formal, porque el 18 de febrero
de 2015 se emitió la convocatoria al proceso de selección de candidatos a diputados federales por MC, mientras que en la misma fecha el
procedimiento del PRD se encontraba en el período de precampaña. En
consecuencia, fue claro que los procedimientos de selección de ambos
partidos transcurrieron formalmente de manera simultánea y, al haberse
comprobado que el ciudadano Ebrad Casaubón renunció al PRD el día
posterior al que fue invitado por MC y designado “candidato externo” por
este instituto político, se consideró que en efecto se encontraba inmerso
en dos procesos simultáneos de selección de candidatos.
La simultaneidad material advertida por la Sala Superior en este asunto
es en realidad el elemento en el que se sostiene con mayor consistencia la
sentencia, pues, al haberse probado los hechos impugnados, en la práctica
el ciudadano se encontraba frente a los demás candidatos de ambos partidos en una posición de ventaja, ya que buscó permear su candidatura
a diputado federal en dos partidos políticos de manera concomitante,
lo que conducía a tener una posibilidad mayor a ser registrado que los
demás aspirantes, vulnerando así el principio de equidad en la contienda.
En este sentido, se observa en la sentencia emitida por la Sala Superior
una interpretación de los principios constitucionales que deben regir los
A la salvaguarda de la contienda electoral y los derechos político electorales
Manuel González Oropeza
87
procesos electorales, ya que el principio de equidad debe ser considerado
de observancia obligatoria por todos los actores involucrados, de manera
que todos los contendientes tengan las mismas posibilidades de ejercer su
derecho a ser votado y no que alguno tenga más posibilidades que otro,
como en este caso. De lo contrario, se estaría favoreciendo el derecho
político-electoral de un ciudadano en lo individual y restringiendo el
mismo para todos los demás que contienden al mismo cargo de elección
popular. Por lo tanto, la norma estudiada debe interpretarse, en este caso,
en favor del principio constitucional señalado y no tutelando el derecho
a ser votado del ciudadano, ya que esto conduciría a una inequidad en
la oportunidad de poder acceder a la candidatura del cargo a diputado
federal. En tal virtud, el principio pro persona no resultaba aplicable al
caso, debido a que no se advertían condiciones que limitaran el derecho
a ser votado del ciudadano Ebrard Causabón, sino que el ejercicio de
tal derecho se había buscado por dos vías simultáneas, colocando así al
ciudadano en una situación de ventaja respecto al resto de ciudadanos
que habían participado en los procesos internos de cada partido por una
sola vía, es decir la del partido al que pertenecían.
Ampliación de derechos politicos electorales
Mediante la interpretación del marco normativo y el control de convencionalidad, el TEPJF ha velado por la protección de los derechos fundamentales de todo ciudadano, motivo por el cual, en los casos que a continuación
se presentan, se evidencia el avance hacia la ampliación y eficacia de los
derechos políticos que progresivamente ha aplicado el Tribunal.
Candidatos Independientes (CI)
La regulación de esta figura resultó crucial para materializarla en los
distintos comicios celebrados en 2015, sin embargo no estuvo exenta de
vicisitudes.
Uno de los aspectos que se veía con recelo eran justamente las disposiciones que la reforma reservó para establecer las condiciones de
competencia de los CI frente a los candidatos postulados por los partidos
políticos. Es el caso, por ejemplo, del financiamiento público. En este
88
Revista Mexicana de Cultura Política NA
sentido se abordará por qué el TEPJF se pronunció por elevar el porcentaje que pueden recibir por concepto de financiamiento privado, frente
a la limitante que en este sentido tienen los candidatos postulados por
partidos políticos.
Por otro lado, también se considera pertinente referirse al caso de
Guillermo Cienfuegos Pérez, conocido por su personaje de payaso Lagrimita, debido a que tanto los tiempos de la cadena impugnativa, como
la reimpresión de las boletas electorales producto de la ejecutoria a unos
días de la elección, fueron causa de controversia en la opinión pública,
por lo que vale precisar la ruta y el sentido de la determinación del TEPJF.
a. Financiamiento privado
Las condiciones de financiamiento de candidatos independientes fueron
objeto de pronunciamiento del TEPJF en varias ocasiones, especialmente
el aspecto relativo a la cantidad de recursos privados que pueden recibir
para sus campañas.
Así, en los casos SUP-REC-193/2015 y SUP-JRC-582/2015, la Sala Superior consideró que los candidatos independientes no están sujetos al
principio de prevalencia del financiamiento público sobre el privado,
como es el caso de los partidos políticos. La Sala basó su decisión en los
argumentos acerca de la equidad en la contienda y en la distinción entre
las figuras de partidos políticos y candidatos independientes.
El TEPJF sostuvo que, conforme a lo establecido ya por la Suprema
Corte (Acciones de inconstitucionalidad 32/2014, 40/2014, 42/2014), se
trata de dos figuras distintas, no equiparables, por lo que los principios
y reglas aplicables a los partidos políticos no pueden serlo, por analogía,
a los candidatos independientes.
Así, la Sala Superior sostuvo que en la competencia electoral los candidatos independientes deben poder recibir mayores aportaciones privadas,
frente a los candidatos propuestos por partidos políticos. Según el TEPJF,
tener un financiamiento público significativamente inferior al de quienes
contienden representando a un partido político conlleva a una reducción
significativa de sus posibilidades de competir en una elección. Como el
A la salvaguarda de la contienda electoral y los derechos político electorales
Manuel González Oropeza
89
derecho a ser votado, reconocido constitucionalmente y en los tratados
internacionales, implica tener oportunidades de contender y ganar una
elección, debe conllevar el establecimiento de condiciones de equidad
en la contienda. De ahí la necesidad de que los CI puedan recibir mayor
cantidad de recursos privados, pero solamente los necesarios para complementar el financiamiento público y alcanzar así el límite establecido
en el tope de gastos de campaña. Con ello se estima que puedan tener
una oportunidad real y efectiva de éxito (SUP-JRC-582/2015).
Finalmente, la Sala Superior subrayó que “el problema no está en el
monto de los recursos de origen privado, sino en la legalidad de su origen, en la transparencia respecto a su obtención, utilización y posibles
conflictos de intereses, y en la rendición de cuentas. En pocas palabras,
transparencia y rendición de cuentas son el antídoto contra la corrupción y la injerencia arbitraria de factores reales de poder que pretendan
influir en las decisiones políticas de las personas que resulten electas”
(SUP-REC-193/2015).
b. SUP-REC-192/2015 (caso Lagrimita)
El impacto mediático no sólo se debió a la popularidad del personaje,
sino a la forma en que finalmente obtuvo su candidatura a unos días de
la jornada electoral: por resolución judicial luego de una larga cadena
impugnativa. Para explicar con mayor detenimiento el caso, resulta apropiado hacer una breve relatoría:
El siete de octubre de 2014 dio inicio el proceso electoral en Jalisco.
Posteriormente, el ocho de diciembre del mismo año, el Consejo General
del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco (IEPCJ) emitió mediante acuerdo IEPC-ACG058/2015 la convocatoria
dirigida a los ciudadanos interesados en postularse como candidatos
independientes a munícipes.
De conformidad con la convocatoria emitida, el 21 de diciembre
de 2014, Guillermo Cienfuegos Pérez presentó ante el IEPCJ el escrito
correspondiente para manifestar su intención de participar como candidato independiente a ocupar el cargo de presidente municipal en el
90
Revista Mexicana de Cultura Política NA
ayuntamiento de Guadalajara, Jalisco. Posteriormente, el 17 de enero de
2015, el Consejo General de dicho instituto emitió el dictamen mediante
el cual determinó otorgarle al actor la calidad de aspirante a candidato
independiente.
El dos de marzo de 2015, Cienfuegos Pérez, presentó ante el IEPCJ,
las firmas correspondientes al apoyo ciudadano. Sin embargo, luego de
realizar la valoración correspondiente, el 4 de abril del mismo año, el IEPCJ
le negó el registro como candidato independiente, por considerar que no
había reunido el porcentaje requerido de apoyo ciudadano, sin indicar
cuántas manifestaciones de este apoyo no se ajustaban a derecho, ni las
razones para considerarlo así, y sin dar oportunidad a Cienfuegos Pérez
de ofrecer aclaraciones o precisiones al respecto, es decir, sin respetar su
garantía de audiencia.
Inconforme con la resolución, el 11 de abril siguiente, Cienfuegos Pérez
presentó demanda de juicio ciudadano para controvertirla. El Tribunal
Electoral del Estado de Jalisco, mediante la sentencia JDC-5937/2015,
resolvió revocar el acto impugnado, en lo que correspondía a la negativa
de registro como candidato independiente, y ordenar al instituto electoral
local emitiera uno nuevo debidamente fundado y motivado. El cuatro
de mayo, en acatamiento a dicha resolución el Consejo General del IEPCJ, determinó nuevamente negar el registro para ser considerado como
aspirante a candidato independiente, reiterando que no había reunido el
porcentaje requerido de apoyo ciudadano.
A fin de controvertir el referido acuerdo, el 10 de mayo, Cienfuegos
Pérez promovió, per saltum, juicio ciudadano, ante la Sala Regional
Guadalajara, instancia que el 21 de mayo de 2015 emitió la sentencia
SG-JDC-11242/2015, en el sentido de confirmar el acuerdo del Consejo
General del instituto electoral local. La resolución le fue notificada de
manera personal al recurrente, el mismo día de su emisión.
La resolución de la Sala Regional Guadalajara fue igualmente impugnada por Guillermo Cienfuegos Pérez, por lo que interpuso recurso
de reconsideración ante la Sala Superior el 24 de mayo de 2015. Al día
siguiente se recibió en la Oficialía de Partes de la Sala Superior y, en la
misma fecha, el Magistrado Presidente acordó integrar el expediente
A la salvaguarda de la contienda electoral y los derechos político electorales
Manuel González Oropeza
91
SUP-REC-192/2015, que fue turnado a la ponencia del magistrado Pedro
Esteban Penagos López. La sentencia final fue dictada el 30 de mayo
de 2015.
En dicha resolución se concluyó que era evidente la violación al derecho de audiencia del recurrente, por lo que procedía revocar la sentencia
impugnada de la Sala Regional Guadalajara, así como el acuerdo emitido
por el Consejo General del instituto electoral local. Para tutelar el derecho
a ser votado de Cienfuegos Pérez y su planilla, dadas las circunstancias
del caso, y a la luz del artículo 1 constitucional, lo procedente fue ordenar
al Consejo General del IEPCJ que otorgara el registro como candidato independiente a munícipe de Guadalajara, Jalisco, a la planilla encabezada
por el recurrente.
Tal medida se tomó para reparar y hacer efectivo el derecho fundamental de ser votado de Cienfuegos Pérez, que se justificó porque la
campaña electoral de munícipes en Jalisco estaba en curso, de manera que
únicamente restaban ocho días para que se celebrara la correspondiente
jornada electoral, por lo que en la práctica a la planilla de candidatos
independientes sólo le restarían cinco días para poder hacer campaña.
En suma, no se advierte dilación en la emisión de la sentencia de la Sala
Superior que otorgó la candidatura a Cienfuegos Pérez, sino que esta fue
el elemento cúspide y definitorio de una escalera de varios peldaños, es
decir, de una larga cadena procesal.
SUP-JDC-900/2015
y acumulados (caso Xóchitl Gálvez)
Para identificar los argumentos que sostienen la determinación de la Sala
Superior, igual que en el caso anterior, resulta conveniente hacer una
breve recapitulación de los hechos.
El 20 de abril de 2015 la Sala Superior del TEPJF, en ejercicio de su
facultad de atracción, dictó sentencia en los juicios para la protección de
los derechos político electorales del ciudadano SUP-JDC-900/2015 (promovido por Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz), SUP-JDC-901/2015 (promovido
por Vanessa Villarreal Montelongo) y SUP-JRC-535/2015 (promovido por
el PAN) acumulados. Como autoridad responsable se señaló al Consejo
92
Revista Mexicana de Cultura Política NA
General del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) y comparecieron como terceros interesados el Partido Verde Ecologista de México
y el Partido Nueva Alianza, así como el candidato independiente a jefe
delegacional en Miguel Hidalgo, Arne Sidney Aus Den Ruthen Haag.
Como acto impugnado los actores señalaron el Acuerdo ACU-115/15,
emitido por el Consejo General del IEDF, por el cual, supletoriamente, declaró improcedente el registro de Gálvez Ruíz, como candidata a
jefa delegacional en Miguel Hidalgo, por estimar que no cumplía con el
requisito de contar con credencial para votar con fotografía con domicilio
en el Distrito Federal, previsto en el Artículo 294, fracción I, del Código
de Instituciones y Procedimientos Electorales del Distrito Federal.
En lo que toca al juicio promovido por Vanessa Villarreal Montelongo,
la Sala Superior lo sobreseyó, en virtud de carecer la actora de interés
jurídico.
En el medio de impugnación respectivo, la ciudadana Berta Xóchitl
Gálvez Ruiz planteó la inaplicación del Artículo 294, fracción I, del ordenamiento citado, por estimar como agravio que la porción normativa de
dicho precepto –por la que se exige como requisito contar con credencial
para votar con fotografía con domicilio en el Distrito Federal– resultaba
violatoria de los artículos 1 y 35, fracción II, de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, así como de los artículos 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 25 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, ya que, en su opinión, esa porción normativa
resultaba violatoria de su derecho humano a ser votada.
En el juicio de revisión constitucional electoral, el PAN pidió que se
realizara una interpretación conforme a la Constitución, argumentando
que los requisitos para obtener el cargo –señalados en el Artículo 294,
fracción I del Código ya citado– no son aplicables en el caso de jefe delegacional, en tanto que, según el promovente, los únicos requisitos para
tal cargo son los que exige el Estatuto de Gobierno del Distrito Federal,
lo que se deriva de una interpretación conforme a lo establecido en el
artículo 122 de la Constitución, en relación con los artículos 105 y 53,
fracciones IV a X, del Estatuto referido. Por ello, el PAN estimaba que la
ley secundaria no podía incluir mayores requisitos para la postulación.
A la salvaguarda de la contienda electoral y los derechos político electorales
Manuel González Oropeza
93
También adujo que el IEDF debió realizar una interpretación pro homine,
valorando y adminiculando las documentales que se ofrecieron y que
obran en el expediente.
En el fallo dictado por la Sala Superior se consideró fundado el agravio
expuesto por Gálvez Ruiz, y suficiente para declarar la inaplicación de la
porción normativa cuestionada, bajo la base de que contar con credencial
para votar con fotografía con domicilio en el Distrito Federal no constituye un requisito sustancial, sino instrumental, que no supera el test de
proporcionalidad (fin legítimo; idoneidad; necesidad y proporcionalidad
en sentido estricto), ya que en este caso, la ciudadana probó plenamente
su residencia en la Delegación Miguel Hidalgo y, por tanto, el vínculo de
pertenencia con la comunidad, además de que dicha porción normativa
carece de un propósito constitucionalmente legítimo, ya que no se observa que sirva a un fin previsto en la Constitución para ejercer el derecho
a ser votado, sino que, por el contrario, lo entorpece.
Finalmente, la Sala Superior señaló que el requisito precisado en tal
porción normativa no cumple con el principio pro persona, establecido
en el artículo 1 de la propia Constitución. En tal virtud, se estimó que
la declaración de inaplicación de esa porción tutelaba el derecho humano de la ciudadana a ser votada.
La sentencia ordenó la revocación del acuerdo impugnado y que la
autoridad responsable, es decir el Consejo General del IEDF, procediera a
otorgarle el registro respectivo a Xóchitl Gálvez, de cumplir con los otros
requisitos establecidos en la ley.
A partir de lo descrito, se puede concluir que la Sala Superior lleva a
cabo en este asunto un análisis basado en la aplicación de los principios
y de los controles jurídicos de constitucionalidad y convencionalidad,
dando cuenta de su vocación garantista y antiformalista en el estudio
de los casos y el pronunciamiento de sus sentencias. Ello permitió, en
concreto, inaplicar la porción normativa de una ley secundaria que se
estimó violatoria del derecho fundamental al voto pasivo.
94
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Juanitas
En las elecciones intermedias de 2009 en el Distrito Federal se presentaron diversos casos en los que mujeres que había resultado triunfadoras a
cargos de elección popular, renunciaron a ellos una vez tomada la protesta
de ley, cediendo la titularidad a sus suplentes, que en prácticamente todos
los casos resultaron ser varones.
Para cubrir con las formalidades electorales (un determinado número
de curules debían ser asignados a mujeres)5 los partidos políticos registraban una fórmula electoral en donde una mujer encabezaba la lista
como propietaria, con un hombre como suplente, para que al asumir el
cargo legislativo esta solicitara licencia y entonces el suplente asumiera
la titularidad, situación que fue bautizada con el nombre de Juanitas, en
alusión al caso del delegado triunfador en Iztapalapa.6
El expresidente del Instituto Federal Electoral (IFE), José Woldenberg
sobre el tema escribió un artículo que, enfático, reclama
De acuerdo con la reforma electoral de 1996 se estableció que ningún partido podía establecer
más del 70% de candidaturas de un mismo sexo; en el año 2007 el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) estableció en su artículo 219 que “1. De la
totalidad de solicitudes de registro, tanto de las candidaturas a diputados como de senadores
que presenten los partidos políticos o las coaliciones ante el Instituto Federal Electoral, deberán
integrarse con al menos el cuarenta por ciento de candidatos propietarios de un mismo género,
procurando llegar a la paridad. 2. Quedan exceptuadas de esta disposición las candidaturas
de mayoría relativa que sean resultado de un proceso de elección democrático, conforme a
los estatutos de cada partido.” (http://10.10.15.15/siscon/gateway.dll/nLegislacion?f=templates
&fn=default.htm). En no pocos casos, los partidos evadían el sentido de la ley inscribiendo
en sus listas de candidatos a puestos de elección popular a mujeres en los últimos lugares o como
suplentes; al cambiar la normativa, ahora las inscribían en lugares en donde el partido pocas
posibilidades tenía de obtener el triunfo. Esto también ya ha sido reglamentado para lograr
una verdadera equidad dentro de los partidos. En la actualidad, la reforma político electoral
de 2014 establece una paridad del 50% en las candidaturas. José Woldenberg Karakowsky,
“Fraude a la ley”, jueves, 10 de septiembre de 2009 (http://politicaderecho.blogspot.mx/2009/09/
fraude-la-ley.html).
5
Jorge Camil, “Las juanitas de San Lázaro”, viernes 18 de septiembre de 2009, (http://www.
jornada.unam.mx/2009/09/18/index.php?section=opinion&article=021a2pol); “Procede
licencia de dos juanitas en San Lázaro”, 29 de octubre de 2009, (http://www.razon.com.mx/
spip.php?article12675).
6
A la salvaguarda de la contienda electoral y los derechos político electorales
Manuel González Oropeza
95
Por ello resulta tan indignante lo sucedido el primer día de trabajos ordinarios de la Cámara de Diputados cuando ocho mujeres electas como
diputadas presentaron su renuncia para que sus suplentes ocuparan sus
lugares. En los ocho casos, casualmente diría un cínico, el suplente es un
hombre. El triste récord lo impuso el Partido Verde Ecologista con cuatro.
Una le cedería su cargo al hijo de un ex gobernador, otra a su hermano,
la tercera a un dirigente del partido y la cuarta a su esposo. Pero en el
PRI también se pretenden dos movimientos similares y en el PRD y el PT
uno en cada caso. Vergonzoso. Toda legislación implica un deber ser
que eventualmente puede ser violado. Pero cuando esa violación se hace
por aquellos que la aprobaron, que le dieron vida, que argumentaron las
bondades de la normatividad, el escándalo no puede –debe– evitarse.7
Para evitar la repetición de esta situación que lesionaba la credibilidad
del voto ejercido por el ciudadano, se hicieron adecuaciones a las leyes
electorales, en donde el TEPJF tuvo un papel fundamental; las resoluciones del tribunal determinaron que en los casos de candidatas propietarias mujeres, las suplencias también debían ser ocupadas por candidatas
mujeres.
Casi como una respuesta a tales determinaciones legales los partidos
políticos asignaron a candidatas mujeres propietarias y suplentes en
distritos no ganadores, pero finalmente cubrían la cuota de género establecida en la ley. De nueva cuenta, el TEPJF en sus sentencias declaró que
esa situación no era equitativa y resultaba indispensable subsanar estas
irregularidades, pero ante la ausencia de una ley reglamentaria o una reforma constitucional en la materia, el Tribunal tuvo que resolver algunos
casos que se fueron presentando al respecto, es decir, casuísticamente
para las elecciones del año 2012. En ese mismo año, el entonces candidato
ganador a la Presidencia de la República se comprometió a lograr una
equidad de géneros en las candidaturas a los cargos de elección popular.8
Woldenberg Karakowsky, op. cit.
7
No obstante, en las elecciones de 2015, las candidatas mujeres para diputaciones federales
demostraron que aun en las entidades que tradicionalmente su partido había perdido, ellas
llegaron a triunfar.
8
96
Revista Mexicana de Cultura Política NA
La Reforma Político-Electoral que inició en el año 2014, con carácter constitucional, pretendió consolidar la participación de las mujeres
en la vida democrática del país, fundamentalmente desde los propios
partidos políticos, quienes estarían obligados a garantizar que el 50%
de sus candidaturas a legisladores federales y locales sean ocupados por
mujeres. Previendo que pudieran hacerse “ajustes” que atentaran contra
esta disposición, en ningún caso se admitirán criterios que tengan como
resultado que a alguno de los géneros se le asignen de manera exclusiva
aquellos distritos en los que el partido haya obtenido resultados bajos o
que sea difícil de remontar el adverso panorama.
El sentido de la reforma es cambiar la inequitativa situación entre
hombres y mujeres, exigiendo una paridad absoluta y no simulada, para
contender por los cargos de elección popular, en igualdad de condiciones
y recursos.
A modo de conclusiones
De los casos anteriormente señalados debe considerarse que el Tribunal busca la aplicación correcta e imparcial de la ley derivada de la
Constitución, que de ninguna manera podría vulnerar los derechos de
los partidos políticos, candidatos o ciudadanos, por el contrario, las resoluciones siempre son sustentadas en una larga experiencia y en apego
estricto a la constitucionalidad y convencionalidad.
El TEPJF brinda a los procesos electorales municipales, locales y federales, de manera afortunada, la certeza, legalidad e imparcialidad en
los momentos de impartición de justicia a través de los precedentes de
sentencias emitidas, evitando resoluciones erráticas o contradictorias.
De este modo, se brinda certeza a las decisiones judiciales que buscan
garantizar el valor del voto ciudadano cuando se incurra en infracciones
a la ley.
A la salvaguarda de la contienda electoral y los derechos político electorales
Manuel González Oropeza
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Discurso de Venustiano
Carranza en el inicio de
sesiones del Congreso
Constituyente en diciembre
de 1916*
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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Nota introductoria del editor
Hacia fines de 1916 Venustiano Carranza había logrado derrotar a villistas
y zapatistas, a pesar de lo cual prevalecía una situación tensa en el país,
porque las contradicciones no eran exclusivamente militares sino políticas, y las diferencias todavía podían escalar al nivel armado.
Venustiano Carranza sabía que la siguiente fase para apaciguar al país
era contar con un marco jurídico que diera la estructura legal que exigía la
pacificación, con lo cual estaría cumpliendo una promesa hecha en el curso
de la lucha armada. Si bien no se puede considerar a Venustiano Carranza
un ideólogo o un pensador en el sentido tradicional, su visión política para
conducir al país hacia la paz con base en políticas de corte liberal es un
acierto conceptual y político que difícilmente podría serle negado.
En octubre de 1916 se realizaron elecciones de diputados, quienes
formarían el Congreso Constituyente al que había convocado Venustiano
Carranza. Se estableció que sería elegido un diputado por cada sesenta mil
habitantes. Se determinaron 244 distritos para todo el país, en 216 de los
cuales se llevó a cabo la jornada electoral. Los estados de Morelos y Chihuahua no estuvieron representados completamente debido a que estaban
bajo el dominio de Emiliano Zapata y Francisco Villa respectivamente.
La composición del congreso era bastante heterogénea y Carranza no
contaba con el respaldo de todos los congresistas, sin embargo, subsistió en
buena medida el espíritu de la propuesta de reforma entregada al congreso
por Venustiano Carranza.
Venustiano Carranza ofreció en el Plan de Guadalupe conservar intacto
el espíritu liberal de la Constitución de 1857, cosa que cumplió. De manera
destacada también propuso cambios para hacer más eficiente el derecho
al juicio de amparo, propuso medidas para hacer valer la prohibición impuesta por las Leyes de Reforma de que la iglesia adquiriera bienes raíces,
modificaciones constitucionales en beneficio de los trabajadores que fueron
de lo más relevante. Confirmó al municipio libre y argumentó su rechazo
* Discurso pronunciado el 1° de diciembre de 1916 en la sesión inaugural del Congreso Constituyente en el Gran Teatro Iturbide de la ciudad de Santiago de Querétaro.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
al sistema parlamentario. En total fueron 132 cambios constitucionales
que perfilaban la concepción de Estado y de ejercicio del poder del general
constitucionalista.
Las discrepancias más importantes que surgieron en el debate de las
propuestas de reforma constitucional fueron las relativas a las facultades de la Federación. José Natividad Macías y Luis Manuel Rojas, diputados constituyentes, formaron parte del grupo de abogados que formuló
las propuestas carrancistas y, por supuesto, que tuvo a cargo su defensa en
el Congreso. Los carrancistas se enfrentaron en el Congreso con las posturas
del grupo afín a Obregón. Los puntos de vista tenían que ver más con los
equilibrios de poder y las características de la relación entre la federación
y los estados.
Desde el inicio de los trabajos y hasta el día de la promulgación constitucional se realizaron 67 sesiones muy intensas, donde los puntos de vista
de los aliados de Carranza, los radicales, como se denominaba al grupo de diputados que no coincidía con el Primer Jefe y un grupo de diputados, también carrancistas, que se hacían llamar “renovadores”, debatieron
y se confrontaron; debatieron y pudieron llegar a acuerdos. La propuesta
original sufrió cambios aunque también hubo unanimidad en ciertos temas,
especialmente en los de las garantías individuales, la protección laboral, los
derechos políticos y la libertad municipal.
Los trabajos del congreso se desarrollaban en un contexto difícil. Varias huelgas estalladas ponían presión sobre las definiciones laborales, así
como la ruptura de Venustiano Carranza con la Casa del Obrero Mundial
y el surgimiento de una nueva organización denominada Confederación
del Trabajo. No obstante, el Constituyente protegió el derecho de huelga.
Hubo otros puntos polémicos; sin embargo, el 5 de febrero México contaba con una nueva Constitución considerada de las más avanzadas de su
época que fue el factor estabilizador que dio por concluida la etapa armada
de la Revolución. El discurso de inicio de estos trabajos pronunciado por el
Primer Jefe constitucionalista, Venustiano Carranza es histórico en muchos
sentidos, más allá de la argumentación de algunos puntos que consideraba
relevantes en su propuesta. Fue el inicio de la paz tan largamente anhelada
en una nación que comenzaba realmente a construirse.
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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Ciudadanos Diputados:
Una de las más grandes satisfacciones que he tenido hasta hoy, desde
que comenzó la lucha que, en mi calidad de gobernador constitucional
del estado de Coahuila, inicié contra la usurpación del gobierno de la
República, es la que experimento en estos momentos, en que vengo a
poner en vuestras manos, en cumplimiento de una de las promesas que
en nombre de la revolución hice en la heroica ciudad de Veracruz al
pueblo mexicano: el proyecto de Constitución reformada, proyecto en
el que están contenidas todas las reformas políticas que la experiencia de
varios años, y una observación atenta y detenida, me han sugerido como
indispensables para cimentar, sobre las bases sólidas, las instituciones,
al amparo de las que deba y pueda la nación laborar últimamente por su
prosperidad, encauzando su marcha hacia el progreso por la senda de la
libertad y del derecho; porque si el derecho es el que regulariza la función
de todos los elementos sociales, fijando a cada uno su esfera de acción,
esta no puede ser en manera alguna provechosa, si en el campo que
debe ejercitarse y desarrollarse no tiene la espontaneidad y la seguridad,
sin las que carecerían del elemento que, coordinando las aspiraciones y
las esperanzas de todos los miembros de la sociedad, los lleva a buscar
en el bien de todos la prosperidad de cada uno, estableciendo y realizando
el gran principio de la solidaridad, sobre el que deben descansar todas
las instituciones que tienden a buscar y realizar el perfeccionamiento
humano.
La Constitución Política de 1857, que nuestros padres nos dejaron
como legado precioso, a la sombra de la cual se ha consolidado la nacionalidad mexicana; que entró en el alma popular con la guerra de Reforma,
en la que se alcanzaron grandes conquistas, y que fue la bandera que el
pueblo llevó a los campos de batalla en la guerra contra la intervención,
lleva indiscutiblemente, en sus preceptos, la consagración de los más
altos principios, reconocidos al fulgor del incendio que produjo la revolución más grande que presenció el mundo en las postrimerías del siglo
XVIII, sancionados por la práctica constante y pacífica que de ellos se ha
hecho por dos de los pueblos más grandes y más poderosos de la tierra:
Inglaterra y los Estados Unidos.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Mas, desgraciadamente, los legisladores de 1857 se conformaron con
la proclamación de principios generales que no procuraron llevar a la
práctica, acomodándolos a las necesidades del pueblo mexicano para
darles pronta y cumplida satisfacción; de manera que nuestro código
político tiene en general el aspecto de fórmulas abstractas en que se han
condensado conclusiones científicas de gran valor especulativo, pero de
las que no ha podido derivarse sino poca o ninguna utilidad positiva.
En efecto, los derechos individuales que la Constitución de 1857 declara que son la base de las instituciones sociales, han sido conculcados
de una manera casi constante por los diversos gobiernos que desde la
promulgación de aquella se han sucedido en la República: las leyes orgánicas del juicio de amparo ideado para protegerlos, lejos de llegar a un
resultado pronto y seguro, no hicieron otra cosa que embrollar la marcha
de la justicia, haciéndose casi imposible la acción de los tribunales, no
sólo de los federales, que siempre se vieron ahogados por el sinnúmero de
expedientes, sino también de los comunes, cuya marcha quedó obstruida
por virtud de los autos de suspensión que sin tasa ni medida se dictaban.
Pero hay más todavía. El recurso de amparo, establecido con un alto
fin social, pronto se desnaturalizó, hasta quedar, primero, convertido en
arma política; y, después, en medio apropiado para acabar con la soberanía de los estados; pues de hecho quedaron sujetos de la revisión de la
Suprema Corte hasta los actos más insignificantes de las autoridades de
aquellos; y como ese alto tribunal, por la forma en que se designaban sus
miembros, estaba completamente a disposición del jefe del poder Ejecutivo, se llegó a palpar que la declaración de los derechos del hombre al
frente de la Constitución Federal de 1857, no había tenido la importancia
práctica que de ella se esperaba.
En tal virtud, la primera de las bases sobre la que descansa toda la
estructura de las instituciones sociales, fue ineficaz para dar solidez a estas
y adaptarlas a su objeto, que fue relacionar en forma práctica y expedita
al individuo con el estado y a este con aquel, señalando sus respectivos
límites dentro de los que debe desarrollarse su actividad, sin traba de
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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ninguna especie, y fuera de la que se hace perturbadora y anárquica si
viene de parte del individuo, o despótica y opresiva si viene de parte de
la autoridad.
Mas el principio de que se acaba de hacer mérito, a pesar de estar
expresa y categóricamente formulado, no ha tenido, en realidad, valor
práctico alguno, no obstante que en el terreno del derecho constitucional
es de una verdad indiscutible.
Lo mismo ha pasado exactamente con los otros principios fundamentales que informan la misma Constitución de 1857, los que no han
pasado, hasta ahora, de ser una bella esperanza, cuya realización se ha
burlado de una manera constante.
Y en efecto, la soberanía nacional, que reside en el pueblo, no expresa
ni ha significado en México una realidad, sino en poquísimas ocasiones,
pues si no siempre, sí casi de una manera rara vez interrumpida, el poder público se ha ejercido, no por el mandato libremente conferido por
la voluntad de la nación, manifestada en la forma que la ley señala, sino
por imposiciones de los que han tenido en sus manos la fuerza pública
para investirse a sí mismos o investir a personas designadas por ellos,
con el carácter de representantes del pueblo.
Tampoco ha tenido cumplimiento y, por lo tanto, valor positivo
apreciable, el otro principio fundamental claramente establecido por la
Constitución de 1857, relativo a la división del ejercicio del poder público,
pues tal división sólo ha estado, por regla general, escrita en la ley, en
abierta oposición con la realidad, en la que, de hecho, todos los poderes
han estado ejercidos por una sola persona habiéndose llegado hasta el
grado de manifestar, por una serie de hechos constantemente repetidos,
el desprecio a la ley suprema, dándose sin el menor obstáculo al jefe del
poder Ejecutivo la facilidad de legislar sobre toda clase de asuntos, habiéndose reducido a esto la función del poder Legislativo, el que de hecho
quedó reducido a delegar facultades y aprobar después lo ejecutado por
virtud de ellas, sin que haya llegado a presentarse el caso, ya no de que
reprobase, sino al menos de que hiciese observación alguna.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Igualmente ha sido hasta hoy una promesa vana el precepto que consagra la federación de los estados que forman la República Mexicana,
estableciendo que ellos deben de ser libres y soberanos en cuanto a su
régimen interior, ya que la historia del país demuestra que, por regla general y salvo raras ocasiones, esa soberanía no ha sido más que nominal,
porque ha sido el poder central el que siempre ha impuesto su voluntad,
limitándose las autoridades de cada estado a ser los instrumentos ejecutores de las órdenes emanadas de aquel. Finalmente, ha sido también
vana la promesa de la Constitución de 1857, relativa a asegurar a los estados la forma republicana, representativa y popular, pues a la sombra de
este principio, que también es fundamental en el sistema de gobierno
federal adoptado para la nación entera, los poderes del centro se han
ingerido en la administración interior de un estado cuando sus gobernantes no han sido dóciles a las órdenes de aquellos, o sólo se ha dejado
que en cada entidad federativa se entronice un verdadero cacicazgo, que
no otra cosa ha sido, casi invariablemente, la llamada administración de
los gobernadores que ha visto la nación desfilar en aquellas.
La historia del país que vosotros habéis vivido en buena parte de estos
últimos años, me prestaría abundantísimos datos para comprobar ampliamente las aseveraciones que dejo apuntadas; pero aparte de que vosotros,
estoy seguro, no las pondréis en duda, porque no hay mexicano que no
conozca todos los escándalos causados por las violaciones flagrantes a
la Constitución de 1857, esto demandaría exposiciones prolijas del todo
ajenas al carácter de una reseña breve y sumaria, de los rasgos principales
de la iniciativa que me honro hoy en poner en vuestras manos, para que
la estudiéis con todo el detenimiento y con todo el celo que de vosotros
espera la Nación, como el remedio a las necesidades y miserias de tantos años.
En la parte expositiva del decreto de 14 de septiembre del corriente
año, en el que se modificaron algunos artículos de las adiciones al Plan
de Guadalupe, expedidas en la Heroica Veracruz el 12 de diciembre de
1914, expresamente ofreció el gobierno de mi cargo que en las reformas a
la Constitución de 1857, que iniciaría ante este Congreso, se conservaría
intacto el espíritu liberal de aquella y la forma de gobierno en ella establecida; que dichas reformas sólo se reducirían a quitarle lo que la hace
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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inaplicable, a suplir sus deficiencias, a disipar la obscuridad de algunos
de sus preceptos, y a limpiarla de todas las reformas que no hayan sido
inspiradas más que en la idea de poderse servir de ella para entronizar
la dictadura.
No podré deciros que el proyecto que os presento sea una obra
perfecta, ya que ninguna que sea hija de la inteligencia humana puede
aspirar a tanto; pero creedme, señores diputados, que las reformas que
propongo son hijas de una convicción sincera, son el fruto de mi personal
experiencia y la expresión de mis deseos hondos y vehementes porque
el pueblo mexicano alcance el goce de todas las libertades, la ilustración
y progreso que le den lustre y respeto en el extranjero, y paz y bienestar
en todos los asuntos domésticos.
Voy, señores diputados, a haceros una síntesis de las reformas a
que me he referido, para daros una idea breve y clara de los principios que me han servido de guía, pues así podréis apreciar si he logrado
el objeto que me he propuesto, y qué es lo que os queda por hacer para
llenar debidamente vuestro cometido.
Siendo el objeto de todo gobierno el amparo y protección del individuo, o sea de las diversas unidades de que se compone el agregado social,
es incuestionable que el primer requisito que debe llenar la Constitución
Política tiene que ser la protección otorgada, con cuanta precisión y claridad sea dable, a la libertad humana, en todas las manifestaciones que
de ella derivan de una manera directa y necesaria, como constitutivas de
la personalidad del hombre.
La Constitución de un pueblo no debe procurar, si es que ha de tener
vitalidad que le asegure larga duración, poner límites artificiales entre el
Estado y el individuo, como si se tratara de aumentar el campo a la libre
acción de una y restringir la del otro, de modo que lo que se da a uno sea
la condición de la protección de lo que se reserva el otro; sino que debe
buscar que la autoridad que el pueblo concede a sus representantes, dado
que a él no le es posible ejercerla directamente, no pueda convertirse
en contra de la sociedad que la establece, cuyos derechos deben quedar
fuera de su alcance, supuesto que ni por un momento hay que perder de
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
vista que el gobierno tiene que ser forzosa y necesariamente el medio de
realizar todas las condiciones sin las cuales el derecho no puede existir
y desarrollarse.
Partiendo de este concepto, que es el primordial, como que es el
que tiene que figurar en primer término, marcando el fin y objeto de la
institución del gobierno, se dará a las instituciones sociales su verdadero
valor, se orientará convenientemente la acción de los poderes públicos
y se terminarán hábitos y costumbres sociales y políticas, es decir, procedimientos de gobierno que hasta hoy no han podido fundamentarse,
debido a que si el pueblo mexicano no tiene la creencia en un pacto social
en que repose toda la organización política ni en el origen divino de un
monarca, señor de vidas y haciendas, sí comprende muy bien que las
instituciones que tiene, si bien proclaman altos principios, no se amoldan
a su manera de sentir y de pensar, y que lejos de satisfacer necesidades,
protegiendo el pleno uso de la libertad, carecen por completo de vida,
dominados como han estado por un despotismo militar enervante, y por
explotaciones inicuas, que han arrojado a las clases más numerosas a la
desesperación y a la ruina.
Ya antes dije que el deber primordial del gobierno es facilitar las
condiciones necesarias para la organización del derecho, o, lo que es lo
mismo, cuidar de que se mantengan intactas todas las manifestaciones de
libertad individual, para que desarrollándose el elemento social, pueda,
a la vez que conseguirse la coexistencia pacífica de todas las actividades,
realizarse la unidad de esfuerzos y tendencias en orden a la prosecución
del fin común: la felicidad de todos los asociados.
Por esta razón, lo primero que debe hacer la Constitución política de
un pueblo es garantizar, de la manera más amplia y completa posible, la
libertad humana, para evitar que el gobierno, a pretexto del orden o de
la paz, motivos que siempre alegan los tiranos para justificar sus atentados, tenga alguna vez inclinación de limitar el derecho y no respetar su
uso íntegro, atribuyéndose la facultad exclusiva de dirigir la iniciativa
individual y la actividad social, esclavizando al hombre y a la sociedad
bajo su voluntad omnipotente.
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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La Constitución de 1857 hizo, según antes he expresado, la declaración
de que los derechos del hombre son la base y objeto de todas las instituciones sociales; pero, con pocas excepciones, no otorgó a esos derechos
las garantías debidas, lo que tampoco hicieron las leyes secundarias, que
no llegaron a castigar severamente la violación de aquellas, porque sólo
fijaron penas nugatorias, por insignificantes, que casi nunca se hicieron
efectivas. De manera que sin temor de incurrir en exageración, puede
decirse que a pesar de la Constitución mencionada, la libertad individual
quedó por completo a merced de los gobernantes.
El número de atentados contra la libertad y sus diversas manifestaciones, durante el período en que la Constitución de 1857 ha estado en
vigor es sorprendente; todos los días ha habido quejas contra los abusos
y excesos de la autoridad, de uno a otro extremo de la República; y sin
embargo de la generalidad del mal y de los trastornos que constantemente
ocasionaba, la autoridad judicial de la federación no hizo esfuerzos para
reprimirlo, ni mucho menos para castigarlo.
La imaginación no puede figurarse el sinnúmero de amparos por
consignación al servicio de las armas, ni contra las arbitrariedades de los
jefes políticos, que fueron, más que los encargados de mantener el orden,
los verdugos del individuo y de la sociedad; y de seguro que causaría,
ya no sorpresa, sino asombro, aun a los espíritus más despreocupados y
más insensibles a las desdichas humanas, si en estos momentos pudieran
contarse todos los atentados que la autoridad judicial federal no quiso o
no pudo reprimir.
La simple declaración de derechos, bastante en un pueblo de cultura
elevada, en que la sola proclamación de un principio fundamental de
orden social y político es suficiente para imponer respeto, resulta un
valladar ilusorio donde, por una larga tradición y por usos y costumbres
inveterados, la autoridad ha estado investida de facultades omnímodas,
donde se ha atribuido poderes para todo y donde el pueblo no tiene otra
cosa que hacer más que callar y obedecer.
A corregir ese mal tienden las diversas reformas que el gobierno
de mi cargo propone, respecto a la sección primera del título primero de
la Constitución de 1857, y abrigo la esperanza de que con ellas y con los
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
castigos severos que el código penal imponga a la conculcación de las
garantías individuales, se conseguirá que los agentes del poder público
sean lo que deben ser: instrumentos de seguridad social, en vez de ser
lo que han sido, los opresores de los pueblos que han tenido la desgracia
de caer en sus manos.
Prolijo sería enumerar una por una todas las reformas que sobre este
particular se proponen en el proyecto que traigo a vuestro conocimiento; pero séame permitido hablar de algunas, para llamar de una manera
especial vuestra atención sobre la importancia que revisten.
El artículo 14 de la Constitución de 1857, que en concepto de los
constituyentes, según el texto de aquel y el tenor de las discusiones a que
dio lugar, no se refirió más que a los juicios del orden penal, después de
muchas vacilaciones y de resoluciones encontradas de la Suprema Corte, vino definitivamente a extenderse a los juicios civiles, lo que dio por
resultado, según antes expresé, que la autoridad judicial de la federación
se convirtiese en revisora de todos los actos de las autoridades judiciales
de los estados; que el poder central, por la sugestión en que tuvo siempre
a la Corte, pudiese ingerirse en la acción de los tribunales comunes, ya
con motivo de un interés político, ya para favorecer los intereses de algún
amigo o protegido, y que debido al abuso del amparo, se recargasen las
labores de la autoridad judicial federal y se entorpeciese la marcha de los
juicios del orden común.
Sin embargo, de esto hay que reconocer que en el fondo de la tendencia
a dar al artículo 14 una extensión indebida, estaba la necesidad ingente
de reducir a la autoridad judicial de los estados a sus justos límites, pues
bien pronto se palpó que convertidos los jueces en instrumentos ciegos
de los gobernadores, que descaradamente se inmiscuían en asuntos que
estaban por completo fuera del alcance de sus atribuciones, se hacía
preciso tener un recurso, acudiendo a la autoridad judicial federal para
reprimir tantos excesos.
Así se desprende de la reforma que se le hizo, el 12 de diciembre de
1908, al artículo 102 de la Constitución de 1857, reforma que, por lo
demás, estuvo muy lejos de alcanzar el objeto que se proponía, toda vez
que no hizo otra cosa que complicar más el mecanismo del juicio de
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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amparo, ya de por sí intrincado y lento, y que la Suprema Corte procuró abrir tantas brechas a la expresada reforma, que en poco tiempo la
dejó enteramente inútil.
El pueblo mexicano está ya tan acostumbrado al amparo en los juicios
civiles, para librarse de las arbitrariedades de los jueces, que el gobierno
de mi cargo ha creído que sería no sólo injusto, sino impolítico, privarlo
ahora de tal recurso, estimando que bastará limitarlo únicamente a los
casos de verdadera y positiva necesidad, dándole un procedimiento fácil
y expedito para que sea efectivo, como se servirá ver la Cámara en las
bases que se proponen para su reglamentación.
El artículo 20 de la Constitución de 1857 señala las garantías que todo
acusado debe tener en un juicio criminal; pero en la práctica esas garantías
han sido enteramente ineficaces, toda vez que, sin violarlas literalmente,
al lado de ellas se han seguido prácticas verdaderamente inquisitoriales,
que dejan por regla general a los acusados sujetos a la acción arbitraria y
despótica de los jueces y aun de los mismos agentes o escribientes suyos.
Conocidas son de ustedes, señores diputados, y de todo el pueblo mexicano, las incomunicaciones rigurosas, prolongadas en muchas ocasiones
por meses enteros, unas veces para castigar a presuntos reos políticos,
otras para amedrentar a los infelices sujetos a la acción de los tribunales del
crimen y obligarlos a hacer confesiones forzadas, casi siempre falsas, que
sólo obedecían al deseo de librarse de la estancia en calabozos inmundos,
en que estaban seriamente amenazadas su salud y su vida.
El procedimiento criminal en México ha sido hasta hoy, con ligerísimas variantes, exactamente el mismo que dejó implantado la dominación
española, sin que se haya llegado a templar en lo más mínimo su dureza,
pues esa parte de la legislación mexicana ha quedado enteramente atrasada, sin que nadie se haya preocupado en mejorarla.
Diligencias secretas y procedimientos ocultos de que el reo no debía
tener conocimiento, como si no se tratase en ellos de su libertad o de su
vida; restricciones del derecho de defensa, impidiendo al mismo reo y
a su defensor asistir a la recepción de pruebas en su contra, como si se
tratase de actos indiferentes que de ninguna manera podrían afectarlo
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y, por último, dejar la suerte de los reos casi siempre entregada a las maquinaciones fraudulentas y dolosas de los escribientes, que por pasión o
por vil interés alteraban sus propias declaraciones, las de los testigos que
deponían en su contra, y aun las de los que se presentaban a declarar en
su favor.
La ley concede al acusado la facultad de obtener su libertad bajo fianza
durante el curso de su proceso; pero tal facultad quedó siempre sujeta
al arbitrio caprichoso de los jueces, quienes podían negar la gracia con
sólo decir que tenían temor de que el acusado se fugase y se sustrajera a
la acción de la justicia.
Finalmente, hasta hoy no se ha expedido ninguna ley que fije, de una
manera clara y precisa, la duración máxima de los juicios penales, lo
que ha autorizado a los jueces para detener a los acusados por tiempo
mayor del que fija la ley al delito de que se trata, resultando así prisiones
injustificadas y enteramente arbitrarias.
A remediar todos esos males tienden las reformas del citado artículo 20.
El artículo 21 de la Constitución de 1857 dio a la autoridad administrativa la facultad de imponer como corrección hasta quinientos pesos de
multa, o hasta un mes de reclusión en los casos y modo que expresamente
determine la ley, reservando a la autoridad judicial la aplicación exclusiva de las penas propiamente tales.
Este precepto abrió una anchísima puerta al abuso, pues la autoridad
administrativa se consideró siempre en posibilidad de imponer sucesivamente y a su voluntad, por cualquier falta imaginaria, un mes de reclusión, mes que no terminaba en mucho tiempo.
La reforma que sobre este particular se propone, a la vez que confirma a los jueces la facultad exclusiva de imponer penas, sólo concede a
la autoridad administrativa castigar la infracción de los reglamentos de
policía, que por regla general sólo da lugar a penas pecuniarias y no a
reclusión, la que únicamente se impone cuando el infractor no puede
pagar la multa.
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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Pero la reforma no se detiene allí, sino que propone una innovación
que de seguro revolucionará completamente el sistema procesal que
durante tanto tiempo ha regido en el país, no obstante todas sus imperfecciones y deficiencias.
Las leyes vigentes, tanto en el orden federal como en el común, han
adoptado la institución del ministerio público, pero tal adopción ha sido
nominal, porque la función asignada a los representantes de aquel, tiene
carácter meramente decorativo para la recta y pronta administración de
justicia.
Los jueces mexicanos han sido, durante el período corrido desde
la consumación de la independencia hasta hoy, iguales a los jueces de la
época colonial: ellos son los encargados de averiguar los delitos y buscar
las pruebas, a cuyo efecto siempre se han considerado autorizados a emprender verdaderos asaltos contra los reos, para obligarlos a confesar, lo
que sin duda alguna desnaturaliza las funciones de la judicatura.
La sociedad entera recuerda horrorizada los atentados cometidos por
jueces que, ansiosos de renombre, veían con positiva fruición que llegase
a sus manos un proceso que les permitiera desplegar un sistema completo de opresión, en muchos casos contra personas inocentes y en otros
contra la tranquilidad y el honor de las familias, no respetando, en sus
inquisiones, ni las barreras mismas que terminantemente establecía la ley.
La misma organización del ministerio público, a la vez que evitará ese
sistema procesal tan vicioso, restituyendo a los jueces toda la dignidad y
toda la respetabilidad de la magistratura, dará al ministerio público toda
la importancia que le corresponde, dejando exclusivamente a su cargo la persecución de los delitos, la busca de los elementos de convicción,
que ya no se hará por procedimientos atentatorios y reprobados, y la
aprehensión de los delincuentes.
Por otra parte, el ministerio público, con la policía judicial represiva a
su disposición, quitará a los presidentes municipales y a la policía común
la posibilidad que hasta hoy han tenido de aprehender a cuantas personas
juzgan sospechosas, sin más méritos que su criterio particular.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Con la institución del ministerio público, tal como se propone, la
libertad individual quedará asegurada; porque según el artículo 16,
nadie podrá ser detenido sino por orden de la autoridad judicial, la que
no podrá expedirla sino en los términos y con los requisitos que el mismo
artículo exige.
El artículo 27 de la Constitución de 1857 faculta para ocupar la propiedad de las personas sin el consentimiento de ellas y previa indemnización, cuando así lo exija la utilidad pública. Esta facultad es, a juicio
del gobierno de mi cargo, suficiente para adquirir tierras y repartirlas en
la forma que se estime conveniente entre el pueblo que quiera dedicarse
a los trabajos agrícolas, fundando así la pequeña propiedad, que debe
fomentarse a medida que las públicas necesidades lo exijan.
La única reforma que con motivo de este artículo se propone, es que la
declaración de utilidad sea hecha por la autoridad administrativa correspondiente, quedando sólo a la autoridad judicial la facultad de intervenir
para fijar el justo valor de la cosa de cuya expropiación se trata.
El artículo en cuestión, además de dejar en vigor la prohibición de
las Leyes de Reforma sobre la capacidad de las corporaciones civiles y
eclesiásticas para adquirir bienes raíces, establece también la incapacidad
en las sociedades anónimas, civiles y comerciales, para poseer y administrar bienes raíces, exceptuando de esa incapacidad a las instituciones
de beneficencia pública y privada, únicamente por lo que hace a los
bienes raíces estrictamente indispensables y que se destinen de una manera inmediata y directa al objeto de dichas instituciones, facultándolas
para que puedan tener sobre los mismos bienes raíces, capitales impuestos e intereses, los que no serán mayores, en ningún caso, del que se fije
como legal y por un término que no exceda de diez años.
La necesidad de esta reforma se impone por sí sola, pues nadie ignora que el clero, incapacitado para adquirir bienes raíces, ha burlado la
prohibición de la ley, cubriéndose de sociedades anónimas; y como por
otra parte, estas sociedades han emprendido en la República la empresa
de adquirir grandes extensiones de tierra, se hace necesario poner a este
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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mal un correctivo pronto y eficaz, porque, de lo contrario, no tardaría
el territorio nacional en ir a parar, de hecho o de una manera ficticia, en
manos de extranjeros.
En otra parte se os consulta la necesidad de que todo extranjero, al
adquirir bienes raíces en el país, renuncie expresamente a su nacionalidad, con relación a dichos bienes, sometiéndose en cuanto a ellos, de una
manera completa y absoluta, a las leyes mexicanas, cosa que no sería fácil
de conseguir respecto de las sociedades, las que, por otra parte, constituyen, como se acaba de indicar, una amenaza seria de monopolización
de la propiedad territorial de la República.
Finalmente, el artículo en cuestión establece la prohibición expresa de que las instituciones de beneficencia privada puedan estar a cargo
de corporaciones religiosas y de los ministros de los cultos, pues de lo
contrario, se abriría nuevamente la puerta al abuso.
Con estas reformas al artículo 27, con la que se consulta para el artículo 28 a fin de combatir eficazmente los monopolios y asegurar en
todos los ramos de la actividad humana la libre concurrencia, la que es
indispensable para asegurar la vida y el desarrollo de los pueblos, y con
la facultad que en la reforma de la fracción 20 del artículo 72 se confiere
al poder Legislativo federal, para expedir leyes sobre el trabajo, en las que
se implantarán todas las instituciones del progreso social en favor de la
clase obrera y de todos los trabajadores; con la limitación del número de
horas y trabajo, de manera que el operario no agote sus energías y sí tenga
tiempo para el descanso y el solaz y para atender al cultivo de su espíritu,
para que pueda frecuentar el trato de sus vecinos, el que engendra simpatías y determina hábitos de cooperación para el logro de la obra común;
con las responsabilidades de los empresarios para los casos de accidentes; con los seguros para los casos de enfermedad y de vejez; con la fijación
del salario mínimo bastante para subvenir a las necesidades primordiales del individuo y de la familia y para asegurar y mejorar su situación;
con la ley del divorcio, que ha sido entusiastamente recibida por las diversas clases sociales como medio de fundar la familia sobre los vínculos
del amor y no sobre las bases frágiles del interés y de la conveniencia del
dinero; con las leyes que pronto se expedirán para establecer la familia
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
sobre bases más racionales y más justas, que eleven a los consortes a la
alta misión que la sociedad y la naturaleza ponen a su cargo, de propagar
la especie y fundar la familia; con todas estas reformas, repito, espera
fundadamente el gobierno de mi cargo que las instituciones políticas
del país responderán satisfactoriamente a las necesidades sociales, y que
esto, unido a que las garantías protectoras de la libertad individual serán
un hecho efectivo y no meras promesas irrealizables, y que la división
entre las diversas ramas del poder público tendrá realización inmediata,
fundará la democracia mexicana, o sea el gobierno del pueblo de México
por la cooperación espontánea, eficaz y consciente de todos los individuos
que la forman, los que buscarán su bienestar en el reinado de la ley y en
el imperio de la justicia, consiguiendo que esta sea igual para todos los
hombres, que defienda todos los intereses legítimos y que ampare a todas
las aspiraciones nobles.
En la reforma al artículo 30 de la Constitución de 1857, se ha creído
necesario definir, con toda precisión y claridad, quiénes son los mexicanos por nacimiento y quiénes tienen esa calidad por naturalización,
para dar término a la larga disputa que en épocas no remotas se estuvo
sosteniendo sobre si el hijo de un extranjero nacido en el país, que al llegar
a la mayor edad opta por la ciudadanía mexicana, debía de tenerse o no
como mexicano por nacimiento.
Al proyectar la reforma de los artículos 35 y 36 de la Constitución de
1857, se presentó la antigua y muy debatida cuestión de si debe concederse el voto activo a todos los ciudadanos sin excepción alguna, o si por
el contrario, hay que otorgarlo solamente a los que están en aptitud de
darlo de una manera eficaz, ya por su ilustración o bien por su situación
económica, que les dé un interés mayor en la gestión de la cosa pública.
Para que el ejercicio del derecho al sufragio sea una positiva y verdadera manifestación de la soberanía, nacional, es indispensable que sea
general, igual para todos, libre y directo; porque faltando cualquiera de
estas condiciones, o se convierte en una prerrogativa de clase, o es un
mero artificio para disimular usurpaciones de poder, o da por resultado
imposiciones de gobernantes contra la voluntad clara y manifiesta del
pueblo.
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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De esto se desprende que, siendo el sufragio una función esencialmente colectiva, toda vez que es la condición indispensable del ejercicio de
la soberanía, debe ser atribuido a todos los miembros del cuerpo social,
que comprendan el interés y el valor de esa altísima función.
Esto autorizaría a concluir que el derecho electoral sólo debe otorgarse
a aquellos individuos que tengan plena conciencia de la alta finalidad a
que aquel tiende; lo que excluiría, por lo tanto, a quienes por su ignorancia,
su descuido o indiferencia sean incapaces de desempeñar debidamente
esa función, cooperando de una manera espontánea y eficaz al gobierno
del pueblo por el pueblo.
Sin embargo de esto, y no dejando de reconocer que lo que se acaba
de exponer es una verdad teórica, hay en el caso de México factores o
antecedentes históricos que obligan a aceptar una solución distinta de
la que lógicamente se desprende de los principios de la ciencia política.
La revolución que capitanearon los caudillos que enarbolaron la bandera de Ayutla, tuvo por objeto acabar con la dictadura militar y con la
opresión de las clases en que estaba concentrada la riqueza pública; y como
aquella revolución fue hecha por las clases inferiores, por los ignorantes
y los oprimidos, la Constitución de 1857, que fue su resultado, no pudo
racionalmente dejar de conceder a todos, sin distinción, el derecho de
sufragio, ya que habría sido una inconsecuencia negar al pueblo todas
las ventajas de su triunfo.
La revolución que me ha cabido en suerte dirigir, ha tenido también
por objeto destruir la dictadura militar, desentrañando por completo
sus raíces, y dar a la nación todas las condiciones de vida necesarias
para su desarrollo; y como han sido las clases ignorantes las que más han
sufrido, porque son ellas sobre las que han pesado con toda su rudeza el
despotismo cruel y la explotación insaciable, sería, ya no diré una simple
inconsecuencia, sino un engaño imperdonable, quitarles hoy lo que tenían
anteriormente conquistado.
El gobierno de mi cargo considera, por tanto, que sería impolítico e
inoportuno en estos momentos, después de una gran revolución popular,
restringir el sufragio, exigiendo para otorgarlo la única condición que
116
Revista Mexicana de Cultura Política NA
racionalmente puede pedirse, la cual es que todos los ciudadanos tengan la instrucción primaria bastante para que conozcan la importancia
de la función electoral y puedan desempeñarla en condiciones fructuosas
para la sociedad.
Sin embargo de esto, en la reforma que tengo la honra de proponeros,
con motivo del derecho electoral, se consulta la suspensión de la calidad
de ciudadano mexicano a todo el que no sepa hacer uso de la ciudadanía debidamente.
El que ve con indiferencia los asuntos de la República, cualesquiera que sean, por lo demás, su ilustración o situación económica, demuestra a las claras el poco interés que tiene por aquella, y esta indiferencia
amerita que se le suspenda la prerrogativa de que se trata.
El gobierno de mi cargo cree que en el anhelo constante demostrado
por las clases inferiores del pueblo mexicano, para alcanzar un bienestar
de que hasta hoy han carecido, las capacita ampliamente para que, llegado el momento de designar mandatarios, se fijen en aquellos que más
confianza les inspiren para representarlas en la gestión de la cosa pública.
Por otra parte, el gobierno emanado de la revolución, y esto le consta a
la República entera, ha tenido positivo empeño en difundir la instrucción
por todos los ámbitos sociales; y yo creo fundadamente que el impulso
dado, no sólo se continuará, sino que se intensificará cada día, para hacer
de los mexicanos un pueblo culto, capaz de comprender sus altos destinos
y de prestar al gobierno de la nación una cooperación tan sólida y eficaz,
que haga imposible, por un lado, la anarquía y, por otro, la dictadura.
El municipio independiente, que es sin disputa una de las grandes conquistas de la revolución, como que es la base del gobierno libre, conquista
que no sólo dará libertad política a la vida municipal, sino que también
le dará independencia económica, supuesto que tendrá fondos y recursos
propios para la atención de todas sus necesidades, sustrayéndose así a la
voracidad insaciable que de ordinario han demostrado los gobernadores,
y una buena ley electoral que tenga a estos completamente alejados del
voto público y que castigue con toda severidad toda tentativa para violarlo,
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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establecerá el poder electoral sobre bases racionales que le permitirán
cumplir su cometido de una manera bastante aceptable.
De la organización del poder electoral, de que se ocupará de manera
preferente el próximo Congreso Constitucional, dependerá en gran parte
que el Poder Legislativo no sea un mero instrumento del Poder Ejecutivo,
pues electos por el pueblo sus representantes, sin la menor intervención
del poder central, se tendrán Cámaras que de verdad se preocupen por
los intereses públicos, y no camarillas opresoras y perturbadoras, que
sólo van arrastradas por el afán de lucro y medro personal, porque no
hay que perder de vista ni por un momento, que las mejores instituciones
fracasan y son letra muerta cuando no se practican y que sólo sirven,
como he dicho antes y lo repito, para cubrir con el manto de la legalidad
la imposición de mandatarios contra la voluntad de la nación.
La división de las ramas del poder público obedece, según antes expresé, a la idea fundamental de poner límites preciosos a la acción de los
representantes de la nación, a fin de evitar que ejerzan, en perjuicio de
ella, el poder que se les confiere; por lo tanto, no sólo haya la necesidad
imprescindible de señalar a cada departamento una esfera bien definida,
sino que también la hay de relacionarlos entre sí, de manera que el uno
no se sobreponga al otro y no se susciten entre ellos conflictos o choques
que podrían entorpecer la marcha de los negocios públicos y aun llegar
hasta alterar el orden y la paz de la República.
El Poder Legislativo, que por naturaleza propia de sus funciones, tiende
siempre a intervenir en las de los otros, estaba dotado en la Constitución
de 1857, de facultades que le permitían estorbar o hacer embarazosa y
difícil la marcha del Poder Ejecutivo, o bien sujetarlo a la voluntad caprichosa de una mayoría fácil de formar en las épocas de agitación, en que
regularmente predominan las malas pasiones y los intereses bastardos.
Encaminadas a lograr ese fin, se proponen varias reformas de las que,
la principal, es quitar a la Cámara de Diputados el poder de juzgar al presidente de la República y a los demás altos funcionarios de la federación,
facultad que fue, sin duda, la que motivó que en las dictaduras pasadas se
procurase siempre tener diputados serviles, a quienes manejaban como
autómatas.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
El Poder Legislativo tiene incuestionablemente el derecho y el deber
de inspeccionar la marcha de todos los actos del gobierno, a fin de llenar debidamente su cometido, tomando todas las medidas que juzgue
convenientes para normalizar la acción de aquel; pero cuando la investigación no debe ser meramente informativa, para juzgar de la necesidad
e improcedencia de una medida legislativa, sino que afecta a un carácter
meramente judicial, la reforma faculta tanto a las Cámaras como al mismo
Poder Ejecutivo, para excitar a la Suprema Corte a que comisione a uno
o algunos de sus miembros, o a un magistrado de circuito, o a un juez
de distrito, o a una comisión nombrada por ella para abrir la averiguación correspondiente, únicamente para esclarecer el hecho que se desea
conocer; cosa que indiscutiblemente no podrían hacer los miembros del
Congreso, los que de ordinario tenían que conformarse con los informes
que quisieran rendirles las autoridades inferiores.
Esta es la oportunidad, señores diputados, de tocar una cuestión que
es casi seguro se suscitará entre vosotros, ya que en los últimos años se
ha estado discutiendo, con el objeto de hacer aceptable cierto sistema
de gobierno que se recomienda como infalible, por una parte, contra la
dictadura, y por la otra, contra la anarquía, entre cuyos extremos han
oscilado constantemente, desde su independencia, los pueblos latinoamericanos, a saber: el régimen parlamentario.
Creo no sólo conveniente, sino indispensable, deciros, aunque sea
someramente, los motivos que he tenido para no aceptar dicho sistema
entre las reformas que traigo al conocimiento de vosotros. Tocqueville
observó en el estudio de la historia de los pueblos de América de origen
español, que estos van a la anarquía cuando se cansan de obedecer, y a la
dictadura cuando se cansan de destruir; considerando que esta oscilación
entre el orden y el desenfreno, es la ley fatal que ha regido y regirá por
mucho tiempo a los pueblos mencionados.
No dijo el estadista referido cuál sería, a su juicio, el medio de librarse de esa maldición, cosa que le habría sido enteramente fácil con sólo
observar los antecedentes del fenómeno y de las circunstancias en que
siempre se ha reproducido.
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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Los pueblos latinoamericanos, mientras fueron dependencias de
España, estuvieron regidos por mano de hierro; no había más voluntad
que la del virrey; no existían derechos para el vasallo; el que alteraba el
orden, ya propalando teorías disolventes o que simplemente socavaban
los cimientos de la fe o de la autoridad, o ya procurando dar pábulo a la
rebelión, no tenía más puerta de escape que la horca.
Cuando las luchas de independencia rompieron las ligaduras que
ataban a esos pueblos a la metrópoli, deslumbrados con la grandiosidad
de la Revolución francesa, tomaron para sí todas sus reivindicaciones,
sin pensar que no tenían hombres que los guiasen en tan ardua tarea, y
que no estaban preparados para ella.
Las costumbres de gobierno no se imponen de la noche a la mañana;
para ser libre no basta quererlo, sino que es necesario también saberlo ser.
Los pueblos de que se trata, han necesitado y necesitan todavía de
gobiernos fuertes, capaces de contener dentro del orden a poblaciones
indisciplinadas, dispuestas a cada instante y con el más fútil pretexto a
desbordarse, cometiendo toda clase de desmanes; pero por desgracia,
en ese particular se ha caído en la confusión y por gobierno fuerte se ha
tomado al gobierno despótico.
Error funesto que ha fomentado las ambiciones de las clases superiores,
para poder apoderarse de la dirección de los negocios públicos.
En general, siempre ha habido la creencia de que no se puede conservar
el orden sin pasar sobre la ley, y esta y no otra es la causa de la ley fatal
de que habla Tocqueville; porque la dictadura jamás producirá el orden,
como las tinieblas no pueden producir la luz.
Así, pues, disípese el error, enséñese al pueblo a que no es posible que
pueda gozar de sus libertades si no sabe hacer uso de ellas, o lo que es
igual, que la libertad tiene por condición el orden, y que sin este aquella
es imposible.
Constrúyase sobre esa base el gobierno de las naciones latinoamericanas y se habrá resuelto el problema.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
En México, desde su independencia hasta hoy, de los gobiernos legales
que han existido, unos cuantos se apegaron a este principio, como el de
Juárez, y por eso pudieron salir avantes; los otros, como los de Guerrero
y Madero, tuvieron que sucumbir, por no haberlo cumplido. Quisieron
imponer el orden enseñando la ley, y el resultado fue el fracaso.
Si, por una parte, el gobierno debe ser respetuoso de la ley y de las
instituciones por la otra debe ser inexorable con los trastornadores del
orden y con los enemigos de la sociedad: sólo así pueden sostenerse las
naciones y encaminarse hacia el progreso.
Los constituyentes de 1857 concibieron bien el Poder Ejecutivo: libre
en su esfera de acción para desarrollar su política, sin más limitación que
respetar la ley; pero no completaron el pensamiento, porque restaron al
Poder Ejecutivo prestigio, haciendo mediata la elección del presidente, y
así su elección fue, no la obra de la voluntad del pueblo, sino el producto
de las combinaciones fraudulentas de los colegios electorales.
La elección directa del presidente y la no reelección, que fueron las
conquistas obtenidas por la revolución de 1910, dieron, sin duda, fuerza
al gobierno de la Nación, y las reformas que ahora propongo coronarán
la obra. El presidente no quedará más a merced del Poder Legislativo, el
que no podrá tampoco invadir fácilmente sus atribuciones.
Si se designa al presidente directamente por el pueblo, y en contacto
constante con él por medio del respeto a sus libertades, por la participación amplia y efectiva de este en los negocios públicos, por la consideración prudente de las diversas clases sociales y por el desarrollo
de los intereses legítimos, el presidente tendrá indispensablemente su
sostén en el mismo pueblo; tanto contra la tentativa de cámaras invasoras, como contra las invasiones de los pretorianos. El gobierno, entonces, será justo y fuerte. Entonces la ley fatal de Tocqueville habrá dejado
de tener aplicación.
Ahora bien, ¿qué es lo que se pretende con la tesis del gobierno parlamentario? Se quiere nada menos que quitar al presidente sus facultades
gubernamentales para que las ejerza el Congreso, mediante una comisión
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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de su seno, denominada “gabinete”. En otros términos, se trata de que el
presidente personal desaparezca, quedando de él una figura decorativa.
¿En dónde estaría entonces la fuerza del gobierno? En el Parlamento.
Y como este, en su calidad de deliberante, es de ordinario inepto para la
administración, el gobierno caminaría siempre a tientas, temeroso a cada
instante de ser censurado.
El parlamentarismo se comprende en Inglaterra y en España, en donde
ha significado una conquista sobre el antiguo poder absoluto de los reyes;
se explica en Francia, porque esta nación, a pesar de su forma republicana
de gobierno, está siempre influida por sus antecedentes monárquicos; pero
entre nosotros no tendría ningunos antecedentes, y sería cuando menos
imprudente lanzarnos a la experiencia de un gobierno débil, cuando
tan fácil es robustecer y consolidar el sistema de gobierno de presidente
personal, que nos dejaron los constituyentes de 1857.
Por otra parte, el régimen parlamentario supone forzosa y necesariamente dos o más partidos políticos perfectamente organizados, y una
cantidad considerable de hombres en cada uno de esos partidos, entre
los cuales puedan distribuirse frecuentemente las funciones gubernamentales.
Ahora bien, como nosotros carecemos todavía de las dos condiciones a que acabo de referirme, el gobierno se vería constantemente en la
dificultad de integrar el gabinete, para responder a las frecuentes crisis
ministeriales.
Tengo entendido que el régimen parlamentario no ha dado el mejor
resultado en los pocos países latinoamericanos en que ha sido adoptado;
pero para mí la prueba más palmaria de que no es un sistema de gobierno
del que se puedan esperar grandes ventajas, está en que los Estados Unidos del norte, que tienen establecido en sus instituciones democráticas
el mismo sistema de presidente personal, no han llegado a pensar en
dicho régimen parlamentario, lo cual significa que no le conceden valor
práctico de ninguna especie.
A mi juicio, lo más sensato, lo más prudente y a la vez lo más conforme
con nuestros antecedentes políticos, y lo que nos evitará andar haciendo
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
ensayos con la adopción de sistemas extranjeros propios de pueblos de
cultura, de hábitos y de orígenes diversos del nuestro, es, no me cansaré
de repetirlo, constituir el gobierno de la República respetando escrupulosamente esa honda tendencia a la libertad, a la igualdad y a la seguridad
de sus derechos, que siente el pueblo mexicano.
Porque no hay que perder de vista, y sí, por el contrario, tener constantemente presente, que las naciones, a medida que más avanzan, más
sienten la necesidad de tomar su propia dirección para poder conservar y
ensanchar su vida, dando a todos los elementos sociales el goce completo
de sus derechos y todas las ventajas que de ese goce resultan, entre otras,
el auge poderoso de la iniciativa individual.
Este progreso social es la base sobre la que debe establecerse el progreso político; porque los pueblos se persuaden muy fácilmente de que
el mejor arreglo constitucional, es el que más protege el desarrollo de la
vida individual y social, fundado en la posesión completa de las libertades del individuo, bajo la ineludible condición de que este no lesione
el derecho de los demás.
Conocida os es ya, señores diputados, la reforma que recientemente
hizo el gobierno de mi cargo a los artículos 78, 80, 81 y 82 de la Constitución Federal, suprimiendo la vicepresidencia y estableciendo un nuevo
sistema para sustituir al presidente de la República tanto en sus faltas
temporales, como en las absolutas; y aunque en la parte expositiva del
decreto respectivo se explicaron los motivos de dicha reforma, creo, sin
embargo, conveniente llamar vuestra atención sobre el particular.
La vicepresidencia, que en otros países ha logrado entrar en las costumbres y prestado muy buenos servicios, entre nosotros, por una serie
de circunstancias desgraciadas, llegó a tener una historia tan funesta, que
en vez de asegurar la sucesión presidencial de una manera pacífica en caso
inesperado, no hizo otra cosa que debilitar al gobierno de la República.
Y en efecto, sea que cuando ha estado en vigor esta institución haya
tocado la suerte de que la designación de vicepresidente recayera en
hombres faltos de escrúpulos, aunque sobrados de ambición; sea que
la falta de costumbres democráticas y la poca o ninguna honradez de
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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los que no buscan en la política la manera de cooperar útilmente con el
gobierno de su país, sino sólo el medio de alcanzar ventajas reprobadas,
con notorio perjuicio de los intereses públicos, es lo cierto que el vicepresidente, queriéndolo o sin pretenderlo, cuando menos lo esperaba en
este caso, quedaba convertido en el foco de la oposición, en el centro a
donde convergían y del que irradiaban todas las malquerencias y todas
las hostilidades, en contra de la persona a cuyo cargo estaba el poder
supremo de la República.
La vicepresidencia en México ha dado el espectáculo de un funcionario, el presidente de la República, al que se trata de lanzar de su puesto por
inútil o por violador de la ley; y de otro funcionario que trata de operar
ese lanzamiento para substituirlo en el puesto, quedando después en él,
sin enemigo al frente.
En los últimos períodos del gobierno del general Díaz, el vicepresidente de la República sólo fue considerado como el medio inventado por
el cientificismo para poder conservar, llegado el caso de que aquel faltase, el poder, en favor de todo el grupo, que lo tenía ya monopolizado.
La manera de substituir las faltas del presidente de la República, adoptada en el sistema establecido por las reformas de que he hecho referencia,
llena, a mi juicio, su objeto, de una manera satisfactoria.
Es de buena política evitar las agitaciones a que siempre dan lugar
las luchas electorales, las que ponen en movimiento grandes masas de
intereses que se agitan alrededor de los posibles candidatos.
El sistema de suplir las faltas de que se trata por medio de los secretarios de Estado, llamándolos conforme al número que les da la ley que
los establece, dejaba sencillamente a la voluntad absoluta del presidente
de la República la designación de su sucesor.
El sistema adoptado por el gobierno de mi cargo no encontrará ninguno de esos escollos; pues la persona que conforme a él debe suplir las
faltas temporales o absolutas del presidente de la República, tendrá un
origen verdaderamente popular, y puesto que siendo los miembros del
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Congreso de la Unión representantes legítimos del pueblo, recibirán, con
el mandato de sus electores, el de proveer, llegada la ocasión, de presidente
de la República.
Otra reforma sobre cuya importancia y trascendencia quiero, señores
diputados, llamar vuestra atención, es la que tiende a asegurar la completa independencia del Poder Judicial, reforma que, lo mismo que la
que ha modificado la duración del cargo de presidente de la República,
está revelando claramente la notoria honradez y decidido empeño con
que el gobierno emanado de la Revolución está realizando el programa
proclamado en la Heroica Veracruz el 12 de diciembre de 1914, supuesto
que uno de los anhelos más ardientes y más hondamente sentidos por
el pueblo mexicano, es el de tener tribunales independientes que hagan
efectivas las garantías individuales contra los atentados y excesos de los
agentes del poder público y que protejan el goce quieto y pacífico de
los derechos civiles de que ha carecido hasta hoy.
Señores diputados, no fatigaré por más tiempo vuestra atención,
pues larga y cansada sería la tarea de hablaros de las demás reformas
que contiene el proyecto que tengo la honra de poner en vuestras manos,
reformas todas tendentes a asegurar las libertades públicas por medio del
imperio de la ley, a garantizar los derechos de todos los mexicanos por
el funcionamiento de una justicia administrada por hombres probos y
aptos, y a llamar al pueblo a participar, de cuantas maneras sea posible,
en la gestión administrativa.
El gobierno de mi cargo cree haber cumplido su labor en el límite de
sus fuerzas, y si en ello no ha obtenido todo el éxito que fuera de desearse, esto debe atribuirse a que la empresa es altamente difícil y exige una
atención constante que me ha sido imposible consagrarle, solicitado,
como he estado constantemente, por las múltiples dificultades a que he
tenido que atender.
Toca ahora a ustedes coronar la obra, a cuya ejecución espero se dediquen con toda la fe, con todo el ardor y con todo el entusiasmo que de
ustedes espera nuestra patria, la que tiene puestas en ustedes sus esperanzas y aguarda ansiosa el instante en que le den instituciones sabias y justas.
Querétaro, Qro. 1° de diciembre de 1916.
Discurso de Venustiano Carranza en el inicio de sesiones del Congreso Constituyente en diciembre de 1916
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
La historia y la acción*
Jesús Reyes Heroles
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
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Nota introductoria del editor
E
n agosto de 1968, cuando Jesús Reyes Heroles pronunció la conferencia “La historia y la acción” con motivo de su ingreso a la Academia
Mexicana de la Historia, ya había andado distintos caminos en la
política mexicana. En el mismo año en que ingresó a la Escuela Nacional
de Jurisprudencia de la UNAM a estudiar Derecho –en 1939– comenzó sus
actividades en el Partido Nacional Revolucionario, antecesor del Partido
Revolucionario Institucional. Apenas concluidos sus estudios universitarios
fue contratado como asesor en la Secretaría del Trabajo, cargo que después
tendría en la Presidencia de la República, lo cual retrata un desempeño
sobresaliente si se considera el escaso tiempo que había transcurrido después
de terminar sus estudios profesionales. El presidente Adolfo López Mateos
le asignó un alto encargo en el Instituto Mexicano del Seguro Social y en
1961 fue electo diputado federal. Era director general de Petróleos Mexicanos
cuando le fue otorgado el sillón número 10 en la Academia Mexicana de la
Historia, en reconocimiento a una larga trayectoria académica que siguió
en forma paralela a su actividad en los cargos públicos; de entre su extensa
obra, la más destacada es sin duda El liberalismo en México.
“La historia y la acción” es un texto peculiarmente relevante porque
no sólo fue su conferencia en la ceremonia que marcaba su inicio como
miembro de la Academia sino porque representa algo parecido a una definición de sí mismo. Aborda los dos elementos en los que transcurrió su
pensar y su hacer: la historia y la acción. Reyes Heroles analiza el sentido
de la historia como una memoria colectiva o una ausencia de ella que define la acción de los individuos y de los grupos sociales. De allí pasa a revisar
un problema que revestía y reviste una gran complejidad: “los hombres
que en dos campos se mueven, que a dos amos, a cual más celosos, sirven,
aquellos que se dedican a investigar, conocer y, simultáneamente, hacer,
o que aprovechan el conocer para el hacer”... se refería al intelectual y al
político y, en realidad, a la conjugación de estas dos tareas.
* Discurso pronunciado por Jesús Reyes Heroles el 7 de agosto de 1968, con motivo de su ingreso
a la Academia Mexicana de la Historia, discurso que fue respondido por Arturo Arnáiz y Freg,
miembro de número de la Academia.
128
Revista Mexicana de Cultura Política NA
¿Quién, en la historia de México, más representativo de este tipo de
hombre sino él mismo? Analiza las posturas que rechazan la idea de que
un intelectual pueda ser un político o que los políticos puedan ejercer el
intelecto en beneficio de su acción política, porque en ambas hay representantes que presentan con solidez sus argumentos. Su análisis se centra en
Ortega y Gasset, defensor de una dicotomía irreconciliable, para apoyar,
por contraste, sus argumentos, pues el escritor y político pensaba que “la
actuación requiere del pensamiento y que el pensamiento se amplía con
la actuación ligera o profunda”.
Esta convicción que llevó a la práctica a lo largo de su vida, fue lo que
colocó a Jesús Reyes Heroles en un puesto que, hasta ahora, no le ha podido
ser arrebatado: el ideólogo de la posrevolución y, en síntesis, el pensador y
político cuyo desempeño y obra marcaron buena parte de la actuación del
Partido Revolucionario Institucional en su momento. Reyes Heroles encarnó
una afortunada combinación de profundidad teórica y académica y notable
ejercicio de la praxis política. Hoy sigue siendo reconocido por haber sido el
autor del cambio democrático en México gracias a la iniciativa de Reforma
Electoral que instrumentó en 1977.
El pensador y el político. El pensar y la acción. Temas complejos que
analiza con profundidad en “La historia y la acción”, donde demuestra
que era poseedor de una amplia formación teórica que incluía lo mismo
a los autores conservadores que a los de izquierda que, conjugados con su
propia experiencia, daba como resultado conceptos propios y atingentes
sobre la historia y la política mexicanas. Reyes Heroles, hombre de pensamiento y de acción, sintetizó de manera coloquial lo que había teorizado
largamente sobre la relación de estos dos polos en una frase que solía decir
entre la clase política al autocalificarse como un “intelectual político o un
político con ideas”.
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
129
Ú
nicamente a la benevolencia debo el acceso a este recinto y encuentro justificación en la posible y modesta utilidad que pueda
prestar.
Suplo, que no sustituyo, a don Ángel María Garibay. Aminoro, si
acaso, su ausencia en este Cuerpo, aunque para mí tengo que su sitial
permanecerá vacío. Lo conocí como lector de sus obras y por amigos
comunes que lo describían como un hombre leyenda, a quien más grande
se veía, mientras más cerca de él se estaba. No creo que el conocimiento
indirecto pueda deparar frutos similares a los del trato personal. Pero si
lo que queda son las letras, en ellas encuentro motivos que superan la
admiración. Ilustre hombre que nos dio la llave para franquear la pesada
puerta de la cultura náhuatl, revelándonos en ella “virtudes muy hondas,
encubiertas por símbolos”. Exponer esa cultura simbólica en su esencia
fue, más que ardua tarea, clarividencia, intuición, estilo. Descubrió joyas
literarias de nuestro pasado y, al conectarlas, dio un nexo espiritual más
a nuestra historia. Gracias a él podemos leer a un Sahagún pulcro, sin
notas dispendiosas ni interpretaciones dudosas y gozar su obra póstuma
–la alusiva a la crónica de Diego Durán, otra fuente indudable de nuestra
historia– con todo el sabor que el vocabulario de palabras indígenas y
arcaicas permite obtener.
Interrogó el pasado; todo lo que tortura, atosiga o vivifica y alienta,
lo vio en los códices, en las ruinas, en los ajados y apolillados papeles.
Dialogando con nuestro pretérito, don Ángel María Garibay se mantenía
en el presente de tinta fresca, brindando breves notas bibliográficas amenas y ricas, certeros comentarios que inducían a leer, o que, no obstante
la innata bondad de su autor, invitaban a prescindir de alguna lectura,
si no mala, innecesaria. Supo estar cerca de su pueblo, pasándole sencillamente su sabiduría y aprendiendo de su penetración. Porque estuvo
al día, comprendió el pasado, y esta comprensión del pasado lo incitó a estar al día. Lejanía o alejamiento frente a lo contemporáneo, impide
profundidad para conocer el pasado. Estuvo sumergido en el presente, razón adicional para que el fervoroso tributo que le rendimos sea
necesariamente pequeño ante la medida de sus méritos.
130
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Todos los caminos conducen a la historia y la historia está en la entraña
de todo conocer o hacer. Las relaciones de los que actuaron, las ideas y los
fines de los que hicieron el derecho, la sociología, la ciencia, la literatura,
la economía, la política en su muy amplio sentido, el arte, la milicia, la
teología. La cumbre misma del conocer parece ser la historia de la historia.
Los caminos que llevan a la historia son medios a través de los cuales
la historia se realiza. Es con la precisión del derecho, con el símbolo del
arte, con la aproximación de la política, con el rigor de la ciencia, los
datos y análisis de la sociología, como el hombre escribe historia. Si el
ilustre Garibay llegó a la historia por la teología, camino distinto seguí.
Por vocación o equivocación, arribé a la historia, buscando explicaciones
al mundo en que vivía. ¿Podía la Revolución en que nací y me desarrollé
ser producto de generación espontánea?
Llegué al siglo XIX mexicano, comprobando la unicidad de la historia, de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante, en un perpetuo
remontarse o aventurarse. El periodo, una vez iniciado su estudio, tuvo
otro singular atractivo, estrechamente ligado con el tema central de estas
palabras: tratar con hombres que hacían la historia y también la escribían.
***
Aunque el tema de este discurso es ambicioso, la historia y la acción, sólo
lo rozaré, sin aspirar, ni con mucho, a su cabal enunciación.
Lo primero que el tema demanda es establecer la relación entre el
conocer y el hacer, la teoría y la práctica, pues la historia pertenece
al conocer, aun cuando en mucho se ocupe de describir el hacer e influya
sobre este. En el viejo castellano encontrarnos palabras que, al mismo
tiempo que marcan la distinción, precisan la relación entre el conocer y
el hacer. De las palabras latinas facere y agere surgen los vocablos factible
y agible. En lo factible es la mano la que priva; pero lo agible implica o
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
131
parte de un pensamiento que produce y conduce a la acción o que procede
de ella1. Ciencia y experiencia, saber y hacer, praxis para usar el término de nuestros días.
Si en algún terreno esta vinculación se da, es en el de la teoría política.
Maquiavelo, al presentar la primera teoría del Estado, racional, no subordinada o subalterna de otro conocimiento, da lugar con su obra, mal
comprendida, pero bien aprovechada, a una intensa y extensa literatura,
que bajo el signo del antimaquiavelismo se dedica a extraer y destilar de
la experiencia humana, de la práctica de los gobernantes, consejo para
los gobernantes.
La razón de Estado, al surgir su contrarrazón, se convierte en razones,
con la obvia interpenetración de los opuestos. De esta directriz emana
una serie de máximas, de consejos, de principios, que se proporcionan
a los príncipes en libros y que muy pronto un afán de reducir la sapiencia a ciencia, desecha y si no quema es porque la antigua barbarie estaba
superada y la nueva aún no había surgido. Se da una amplia gama de consignas, que van desde las formas covachuelistas hasta el barroco literario.
Pocas obras se salvan y permanecen, y estas, más que por su contenido
en cuanto a consejo o máximas de gobierno, por sus intrínsecos méritos
literarios. Junto a un Saavedra Fajardo, un Gracián o un Quevedo que
perduran, hay, con la misma preocupación esencial –extraer de la experiencia y de los ideales normas para la acción, conciliar la práctica con
la teoría que se profesa– infinidad de textos perdidos.
Hoy se ve cuánto en su fondo había de válido en esa tendencia. La
política, forma de actividad que, si bien no encierra o comprende toda la
acción, sí condensa y concentra parte de la acción realizada en casi todos
Seguimos, en esencia, la interpretación de Francisco Murillo Ferrol (1957). Saavedra Fajardo
y la política del barroco, Madrid: Instituto de Estudios Políticos, p. 62 y sigs. Ella no excluye totalmente ciertos aspectos de la realizada por Leopoldo Eulogio Palacios cuando distingue
razón especulativa o teorética de operativa o práctica, y cuando, dentro de lo operable, habla
de dos aspectos: lo factible y lo agible, dirigidos por dos grandes manifestaciones normativas del pensamiento práctico: el arte y la prudencia. Palacios hace varias distinciones entre
factible y agible y, al paso que ve lo factible por su rendimiento, a lo agible lo dota de valor
intrínseco, humano y moral. (1946). La prudencia política, Madrid: Instituto de Estudios
Políticos, pp. 4.9 y sigs. y 71 y sigs.
1
132
Revista Mexicana de Cultura Política NA
los órdenes del quehacer, se resume en la decisión. Pero detrás de esta no
se encuentra la nada o el vacío, sino el todo que engendra lo que influye
en el todo. La decisión, lejos de darse en la nada o en el vacío, se apoya en
el todo, por lo menos con todos y cada uno de sus componentes, aunque
sin comprender la totalidad que cada uno de ellos abarque. Ciencia y
experiencia se traban: “El arte de reinar no es don de la naturaleza, sino
de la especulación y de la experiencia”2.
Con ello, se retoma la línea de quien en verdad fue padre de la teoría política. ¿No Aristóteles, por su participación directa o indirecta en
la política, a través de las complicaciones de su suegro Hermias, la entendió, con una orientación concreta, práctica? ¿Y no derivó, acaso, de
aquí y de su conocimiento de la naturaleza humana y con fundamento precisamente en este pragmatismo, el esquema que hizo de un Estado
ideal?3 En palabras llanas, Aristóteles, partiendo de la realidad, concilió los
imperativos de esta con los ideales perseguidos, sobre la base de sopesar
lo que es constante en la evolución histórica: la condición humana, que
es la naturaleza del hombre más la mutable sociedad en que vive.
***
Planteada la relación, la reciprocidad de influencias entre idea y acción,
debemos ocuparnos de la vinculación de la historia como conocer con la
práctica como quehacer. Se trata de la historia y no de las historias; no hay
que confundir las historias con la historia, aun cuando aquellas formen
parte de esta. Escribir historia y no historias significa buscar el sentido
de los hechos, explicarlos hasta dónde es posible y situarse en posición
equidistante entre aquellos que todo lo ven como fruto de la necesidad y
aquellos que todo lo atribuyen a la voluntad del hombre, admitiendo para
este que, de grado o por fuerza, está en aptitud de escoger en las máximas
alternativas. Escribir historia impone formar parte del presente, tratando
hechos que pertenecen al pasado, sabiendo que la historia es “un proceso
Diego Saavedra Fajardo. Idea de un príncipe político-cristiano, Cartas Latinas, Empresa Y. Diego
Saavedra Fajardo; Obras Completas, Recopilación, estudio Preliminar, prólogos y notas de
Ángel González Palencia. M. Aguilar Editor, Madrid, 1946, p. 192.
2
Aristóteles. La Constitución, estudio preliminar por Antonio Tovar. p. 20 y sigs.
3
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
133
continuo de interacción entre el historiador y sus hechos, un diálogo sin
fin entre el presente y el pasado”, diálogo no entre individuos aislados,
de hoy y de ayer, “sino entre la sociedad de hoy y la sociedad de ayer”.4
Un erudito que, de creer a Toynbee, constituyó con su vida una prueba
palpable de baldía erudición, Lord Acton, citaba el refrán de que a un
historiador se le ve mejor cuando no aparece.5 Por mi parte, puedo afirmar
que no he leído una historia en que el autor no aparezca. En crónicas, en
artículos, en memorias, en libros, nunca he dejado de encontrar al autor
y pienso que, aun cuando la historia en que este no aparezca es imposible,
de realizarse el milagro, seguramente estaríamos ante una historia muerta
y aburrida. Pero creo que el hecho de que aparezca el autor; no implica
la carencia de perspectiva ni de objetividad, hasta donde estos conceptos
son válidos en el desentrañamiento o en la interpretación del acontecer
histórico. Provistos de la mayor serenidad, encaminados al logro de la
mayor objetividad, siempre se interpone el demonio del subjetivismo. En
la elección del material y la elaboración de la hipótesis de trabajo, este
indomeñable demiurgo se adueña de buen trozo de nuestra perspectiva.
De aquí que sea condición para escribir historia, estar consciente de que
se desconoce más de lo que se conoce; de que, además, se está en un
mirador que elimina, reduce u oscurece el material histórico, y por último, de que quien busca el material total, irrebatible, siempre se dedica a
buscarlo y nunca escribe historia. Resignémonos o vanagloriémonos de
que esta gran ciencia no sea exacta.
Ahora bien, cualquier planteamiento que postule la influencia de la
historia en la acción, tiene que partir de las tendencias, sea cual fuere
su orientación primordial, que niegan la posición historicista. Vemos el
historicismo en sus grandes rasgos como una concepción que, sin abjurar
de la búsqueda de lo universal, tiende a afirmar el carácter individual del
hecho histórico y, por consiguiente, la no existencia de leyes del desarrollo histórico, ni siquiera la de causalidad. Los hechos individuales, así
Edward Hallet Carr (1967). ¿Qué es la historia?, Barcelona, pp. 40 y 73.
4
“Pero por otra parte, hay una cierta virtud en el refrán de que a un historiador se le ve mejor
cuando no aparece”. John Emerich Edward Dalberg-Acton (1959). Ensayos sobre la libertad y
el poder, Madrid: Instituto de Estudios Políticos, p. 48.
5
134
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aúnen cualidades universales, nunca se repiten. O, en otras palabras: “La
médula del historicismo radica en la sustitución de una consideración
generalizadora de las fuerzas humanas históricas por una consideración individualizadora. Esto no quiere decir que el historicismo excluya en
general la busca de regularidades y tipos universales de la vida humana.
Necesita emplearlas y fundirlas con su sentido por lo individual.”6
El historicismo reacciona lo mismo en contra del irracionalismo que
en contra del clásico racionalismo iluminista. Entronca con el romanticismo, pero no el sentimental y vernáculo, sino el teórico y especulativo que
critica, por igual, “el academismo literario y el intelectualismo filosófico
que habían dominado en la época iluminista”.7 El historicismo, entre sus
múltiples implicaciones, a más de colocar a la historia como cúspide del
conocer, reduce el acontecer al puro acontecer, el suceder al suceder, admitiendo por congruencia, la ineludible liga de lo relativo. En su forma
radical conduce al relativismo y produce los adoradores del triunfo, por
el mero triunfo; en la más depurada: a la “neutralidad del juicio histórico”,
a la “justificación recíproca de los que luchan a causa precisamente de
que no pueden actuar el uno sin el otro”.8
Friedrich Meinecke (1943). El historicismo y su génesis, México: Fondo de Cultura Económica, p. Tz. “Por historicismo se entiende, en general, una dirección del pensamiento que hace
consistir la realidad en un proceso espiritual dinámico que durante su curso realiza valores
universales en formas individualizadas que nunca se repiten”. Guido de Ruggiero (1959). El
retorno a la razón. Buenos Aires: Editorial Paidós, p. 23. Empleamos el término historicismo
en su sentido originario. En nuestros días, tal modo de pensar se quiere denominar historismo. David Easton (1964). The political system, Nueva York: Alfred A. Knopf. El historismo, para
Easton, se caracteriza por sugerir la hipótesis del condicionamiento de las ideas a la historia y
su naturaleza relativa, por negar verdades universales, salvo la de que las ideas corresponden
a un determinado periodo histórico que no pueden trascender (Cap. Décimo). Se reserva
la palabra historicismo para aquellas concepciones que tienden ya a sostener la existencia de
leyes inexorables del desarrollo histórico o del cambio, lo que, según Karl R. Popper, implica la pretensión de que existe una “teoría científica del desarrollo histórico que sirva de base
para la predicción histórica” La miseria del historicismo (1961). Madrid: Taurus, p. 12, subrayado
nuestro. Lo curioso es cómo Popper, al negar toda posibilidad de predicción y de leyes, cae en
una especie de historicismo, en el sentido originario.
6
Benedetto Croce (1950). Historia de Europa en el siglo XIX, Buenos Aires: Ediciones Imán, pp.
51-52.
7
Guido de Ruggiero, op. cit., p. 31.
8
La historia y la acción
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135
En una u otra forma se niegan los absolutos situados más allá o por
encima de la historia, la tabla de valores para medir y enjuiciar el acontecer. Desde el punto de vista histórico, la pregunta de quién tuvo razón,
si la Inquisición o sus adversarios, para Croce carecía de sentido, dado
que la historia “incluye y supera ambas instancias”.
Numerosos intentos se han dado para negar o superar al historicismo. Si por alguno me inclino es por aquel esbozado por Guido de Ruggiero, que quiere superar por igual el dogmatismo racionalista y el conformismo, consecuencia del historicismo. De Ruggiero dispuso del más
válido ejemplo a la mano: Croce, su historicismo y su actuación. Aun en
aquel libro9 en que Croce rebate las acusaciones al historicismo –fatalismo,
disolución de los valores, santificar el pasado, conformismo, disminuir
la fe en la acción creadora y embotar el sentido del deber– no se elimina la servidumbre ante el acontecer ni se erige el andamio espiritual que
rompa la sumisión al acaecer. Se reduce el hombre a lo retrospectivo, a dar
rienda suelta a la historia, en desmedro de la personalidad, que encuentra
en la lucha por lo que considera bueno o en contra de lo que considera malo, una razón de la propia existencia. En resumen, no se construye
el “puente entre la historia hecha y la historia que se hace”.
De Ruggiero puede, sin temeridad alguna, dar la prueba: Croce luchó
contra el fascismo en que le tocó vivir, no por su historicismo, sino a
pesar de él, por sus energías espirituales y su criterio del bien y del mal.
Reiteramos que entre las muchas tendencias antihistoricistas quizás
se encuentre una brecha a seguir, en el propósito de De Ruggiero de situarse más allá del historicismo, fundiendo “en un solo molde la razón
histórica y la razón metahistórica”, poniendo la razón en la fluencia misma de la historia y logrando, de esta manera, que no se sacrifique la historia hecha a la historia que se hace o a la inversa, es decir, manteniendo
la continuidad entre las distintas fases del proceso histórico y la innovación o transformación proveniente de un voluntarismo que, por tener en
Benedetto Croce (1945). La historia como hazaña de la libertad, México: Fondo de Cultura
Económica.
9
136
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qué creer, se traduce en acción.10 Al igual que esta conclusión, extraemos
otra en cuyo apoyo tampoco invocamos a De Ruggiero: pensamos que
conjugar el racionalismo con el historicismo da al historiador ductilidad
ante los valores en que cree y lo hace permeable a los contenidos de que
el devenir histórico los dota o intenta dotar. La razón, sabiendo que su
ámbito es la historia y que, por tanto, los hechos, la transformación, los
ingenios e inventos influyen en su continente, está dispuesta a interpretarlos, asimilarlos y aprovecharlos.
***
Junto a este apoyarse en las tendencias contrarias al historicismo, debemos tener presente un cambio de criterio fundamental en los movimientos ideológicos revolucionarios. En el siglo XVIII las corrientes ideológicas predominantes, que pretendían modificar el contexto mismo de la
sociedad, se basaban en un retorno a la naturaleza humana, viciada por
el desarrollo histórico y la vida social. Para ser revolucionario, había que
prescindir del pasado, había que apuntalarse en la utopía frente a los
hechos, prescindiendo del desenvolvimiento histórico. Contagiados por
este afirmarse en la negación del ayer, numerosos pensadores, que incluso
en algunos casos se lanzaron al estudio de la historia y ensancharon sus
horizontes, rechazaban en sus planteamientos reformadores la influencia
de la historia.
En el propio siglo XVIII surgieron concepciones aisladas que intentaban proponer un principio positivo de explicación para la historia11 y
la precisión de su motor; unas excluyendo del transcurso del tiempo la
De Ruggiero, op. cit., pp. 23-58. Únicamente indicamos este afán de síntesis como una inclinación, como una incitación a explorar un sendero, y bajo ningún concepto como una
definición. El propio autor en su Storia della filosofía (Editori Laterza, Bari) proporciona un
valioso material para proseguir su orientación, sobre todo en L’etὰ dell’illuminismo, (1960). Da
Pico a Kant (1964), L’elcí del romanticismo (1957) y Filosofi del novecento (1963). El esquema
de la Storia della filosofía, de De Ruggiero (1948), se encuentra en su Sumario de la historia de
la filosofía, Buenos Aires: Editorial Claridad.
10
Louis Althusser (1959). Montesquieu; La politique et l'histoire, Presses Universitaires de France,
pp. 44-46. Jesús Reyes Heroles (1962). Rousseau y el liberalismo mexicano, sobretiro de México:
Cuadernos Americanos, p. 29.
11
La historia y la acción
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137
conciencia individual; otras, en cambio, insertándola y postulando valores
de la historia hecha para la historia por hacer. En contraste con aquellos
que en su utopía encontraban la negación radical de la historia, se dieron
los que, afirmando el pasado, veían la realización revolucionaria como
culminación del proceso histórico.
En el siglo XIX el debate vuelve a surgir, pero predominan las variantes
revolucionarias que ven la revolución como perfeccionamiento y culminación del proceso histórico, sobre la base de que lo avanzado, el proceso
en sí, constituye el pie para la transformación, para el revolucionar. Se
supera la actitud “refractaria” frente al concepto histórico y se invierte
aquella frase siempre exagerada de que: “El revolucionario no puede, no
debe ser historiador”;12 el revolucionario no sólo puede, sino que debe
ser historiador o, al menos, estar al tanto de la historia.
El extremo de las corrientes que consideran la revolución como final
del proceso histórico, incurre en la noción elemental de pensar en leyes
inexorables del desarrollo histórico, imbuidas de un determinismo que
apriorísticamente marca el curso del futuro, supuestamente con fundamento en el ocurrir anterior, y su, a la vez, catastrófico y jubiloso desenlace.
Un fatalismo histórico que paraliza la acción tanto como el historicismo.
***
Pero dejando a un lado estos excesos inevitables, cuando se da una
copernicana vuelta de mentalidad de los ideólogos revolucionarios ante
la historia y guiándonos con lo que el cambio en lo sustancial implica,
este resultó trascendental para la historiografía y sus métodos. Dedicarse
a la historia no es ya vivir en el ayer, hacer necrología, sino encontrar en
el pasado acicates para transformar, para modificar el mundo en que se
actúa.
De aquí proviene una relación inescindible que no descarta, sin embargo, la diferencia en los actos respectivos. Recurramos a una conclu La frase es de Giusseppe Ferrari. La recuerda Rodolfo Mondolfo en un libro en que, con singular acierto, explica y estudia el cambio de mentalidad: Espíritu revolucionario y conciencia
histórica, (1955). Buenos Aires: Ediciones Populares Argentinas.
12
138
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sión prestada: “Historia y política están estrechamente unidas, o mejor,
son la misma cosa, pero es preciso distinguir en la consideración de los
hechos históricos y de los hechos y actos políticos. En la historia, dada
su amplia perspectiva hacia el pasado y dado que los resultados mismos
de las iniciativas son un documento de la vitalidad histórica, se cometen menos errores que en la apreciación de los hechos y actos políticos
en curso. El gran político, debe por ello ser cultísimo, es decir, debe conocer
el máximo de elementos de la vida actual; conocerlos no en forma libresca,
como erudición, sino de una manera viviente, como sustancia concreta
de intuición política (sin embargo, para que se transformen en sustancia
viviente de intuición será preciso aprenderlos también librescamente)”.13
Relación entre historia y política que da un sentido a la historia por
hacer y a la hecha. El transcurrir está sujeto a un factor condicionante
decisivo: lo que antes sucedió. Lo que ha ocurrido, lo que ocurre y lo que
va a ocurrir no pueden ser separados radicalmente.
***
Conjugando la negación del historicismo con lo que podríamos llamar
revolucionarismo histórico, la historia para revolucionar, se obtiene
una concepción que sostiene la continuidad de la historia, continuidad,
por supuesto, que no se da en línea recta, que no simplifica e incurre en
armonías forzadas. La continuidad histórica tiene significado cuando
deriva de la concordancia y el contraste, la afirmación y la contradicción,
la semejanza en las diferencias de las fases históricas. Son hilos de regularidad y contraste que unen etapas coincidentes o divergentes, y que,
aun cuando frecuentemente tenues, nunca carecen de fuerza e impiden
el surgimiento de fenómenos de ruda espontaneidad. Se trata de opacas
urdimbres esenciales que van de lo inmemorial al futuro. El mero hecho
de afirmar la continuidad y ver la transformación como culminación del
Antonio Gramsci (1964). Note sul Machiavelli sulla politica e sullo Stato moderno, Tormo: Giulio
Einaudi Editore, p. 161. (Existe versión en castellano: Notas sobre Maquiavelo, sobre política y
sobre el Estado Moderno, Argentina: Lautaro, 1962).
13
La historia y la acción
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139
proceso histórico proporciona un prolífico terreno para la influencia de
la historia en la acción, para el mismo actuar de la historia.14
***
Hagamos, empero, dos salvedades sobre este actuar de la historia. La
primera, determinar que la contra-acción también es acción; no es
lo contrario de la acción, la quietud o inmovilidad, sino la acción
en sentido contrario frente al punto de vista adoptado. En otros términos,
se califica al movimiento y las fuerzas que lo generan, entre ellas la historia, bajo la influencia del subjetivismo, que, según su dosis, conforma o
deforma al historiador. La segunda salvedad se refiere a la gravitación de
la historia en la acción, entendida esta en el sentido antes expresado. El
problema es delicado, pues siendo principio establecido que toda historia
tiende a ser universal, lo es también que para que se pueda cumplir con
esta aspiración o imperativo, se debe recoger lo individual, lo particular,
que, comparado y con las debidas sedimentaciones, apoya la pretensión
a buscar razones universales. Toda ideología o concepción del mundo y
de la vida pretendiendo ser absolutas e intemporales, sufren tales adaptaciones particulares que, al mismo tiempo que reducen su universalidad,
la fundamentan, convirtiéndola en una esencia de contenido variable,
determinado este último por las peculiaridades de espacio, tiempo y
sociedad.
***
Atendiendo a esta última advertencia, resulta evidente que la historia no
en todas las colectividades desempeña el mismo papel. Si la historia está
constituida por los muertos que hablan a través de los vivos, hay pueblos
abrumados por la historia, que llevan sobre sus espaldas el pesado fardo
del ayer, sujetos a glorias que ya no existen, que se sobrevalorizan en el
“…un historiador que es el político mirando hacia atrás” (John Emerich Edward DalbergActon: op. cit., p. 67). “Puo esistere politica, cioe, storia in atto, sensa ambizione?” (“¿Puede
existir política, es decir, historia en acto, sin ambición?”), Antonio Gramsci. Passato e presente,
Tormo: Giulio Einaudi Editore, 104, p. 67.
14
140
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presente en función del pasado y que llegan, por exceso de un pasado
que no deja de serlo, a la servidumbre.
Son colectividades a las que el peso histórico conduce a ignorar el
presente y a no vislumbrar el futuro. Frente a los problemas, recurren a
las cenizas e invocan el valor del ayer como un privilegio para el mañana.
Su capacidad creadora se reduce, dado que no pueden ni resucitar a sus
muertos ni engendrar los vivos que necesitan. Asidas a glorias pretéritas
que al pretérito pertenecen y a un mundo yerto que a nadie excita, se
exponen al exceso histórico, que es una enfermedad incurable. Pueblos
abrumados, encorvados por la carga de la historia, están expuestos a que
la acumulación y sublimación del pretérito embote su propia intuición.
Constituyen estas colectividades campo propicio para que se dé la maldición recalcada por un irracionalista no exento de razones concretas, el
“Dejad a los muertos que entierren a los vivos”.15
En estas sociedades, junto al vivir del pasado, se dan también quienes
hastiados de él, de glorias que no pueden emular, caen en el elegante
escepticismo y buscan en la historia lo pequeño o picante, deslizándose
en la suave incredulidad que atrae prosélitos, que sin poseer siquiera
avidez histórica, careciendo de móviles para luchar, se conforman con
una decadencia placentera o se disconforman con una decadencia molesta, pues una u otra dependen de la condición social que se guarde.
Pero si los males de los pueblos agobiados, encorvados por la historia, son graves, no menores son aquellos de los que carecen de memoria,
que padecen amnesia histórica. Unos por tener una historia grandiosa, pero remota, en que la sima no se puede vencer, en que no hay puentes
suficientes para comunicar los abismos con la tierra firme en que se vive
o para salvar sucesivos precipicios. Otros, porque tienen una historia
corta o pequeña y, en lugar de vivirla –recrearla– con el sentido de toda
proporción guardada, la desdeñan y caen, asimismo, en la amnesia. Por
razón inversa, repelen su pasado, replegándose en su ignorancia o desdén.
Federico Nietzsche (1949). Consideraciones intempestivas, 1873-1875, Madrid Buenos AiresMéxico: Aguilar, p. 104.
I5
La historia y la acción
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141
Un pueblo aquejado de amnesia histórica, por falta de comunicación
con un pasado grandioso o por falta de aprecio y conocimiento del pasado con que cuenta, es un pueblo que no comprende el momento que
enfrenta, no halla en el ayer impulso para el porvenir. El fenómeno se
percibe en pueblos que han emergido a la independencia en esta segunda
parte del siglo XX y en que la colonización cultural borró el patrimonio
anterior.
Hay pueblos que nunca pasan de ser herederos y a los que, como tales,
no les importa vivir de su legado; hay otros que ven el porvenir como
una expectativa, como una bolsa vacía que sólo ellos con su acción, sin
punto de apoyo en lo hecho por sus antecesores, tienen que llenar. Los
obstáculos a vencer sin ejemplos a seguir se sobrestiman de tal modo
que, en este caso, creen que para ser protagonistas todo depende de
ellos y en un momento dado. Como nada se hizo ayer, todo queda para
hacerse mañana.
Unos están afectados de consunción; otros de inhibición para nuevas empresas. El abuso o el desuso de la historia produce consecuencias
similares.
Agreguemos otra enfermedad que también proviene de la historia:
la de aquellos que negando su utilidad y viendo su abuso o desuso, se
impregnan de un ánimo despectivo hacia el saber histórico, convencidos
de que la historia únicamente enseña que no puede enseñar nada.
***
Frente a esta evaluación pesimista de la historia, que proviene de vertientes
distintas, pero coincidentes, se da un sentido optimista de la historia, o
mejor dicho, un aprovechar el ayer para construir el mañana; una historia que, lejos de ser lastre, se convierte en impulso creador; una historia
que, con palabras de Nietzsche, se aparta de los peligros de la historia para no ser víctima de ellos16 y se aleja de todo aquello que constriñe
0p. cit., p. 160.
16
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la espontaneidad y, por tanto, elimina la libertad de la personalidad, que
es tanto como eliminar la persona misma.
Concierne a la historia, en medida análoga, desentrañar el pasado
y el presente, proporcionar a las fuerzas que actúan con conciencia de
su sentido, esclareciendo de dónde provienen y, por tanto, hacia dónde van. Lo que las originó arroja luz sobre lo que deben perseguir; lo
que persiguen alumbra lo que les dio origen. Por la historia, el hombre
puede “comprender la sociedad del pasado, e incrementar su dominio
de la sociedad del presente”.17
Probablemente el medio en que vivo y actúo, me induzca al error
disculpable de creer que México no tiene en su historia un lastre
por abuso, ni le aqueja la amnesia por desuso. En nuestro acaecer histórico, sufriendo derrotas, casi siempre autoderrotas, u obteniendo triunfos
de supervivencia, nunca hemos visto que se haya podido arrasar etapas, culturas, como si se cortaran las raíces de un árbol en crecimiento.
Hemos, sí, corrido riesgos de que se haya llegado hasta descubrir las raíces
de nuestro árbol; pero, o no se presentó el instrumento lo suficientemente
poderoso para lograr el corte, o el árbol injertó lo que pretendía matarlo.
No hubo, pues, trasplante, sino injerto.
La continuidad, con las características apuntadas, es lo que hace que
la historia sea en México un factor que opera para el bien en la vida
cotidiana. La historia de México es impulso para el actuar, influencia
positiva para la paciencia que afianzar el futuro exige, y el realismo, el
pragmatismo que nos libera de ataduras dogmáticas.
En el siglo pasado nuestros hombres, partiendo de una teoría de supuesta validez universal, el liberalismo, supieron matizar, dejar de lado
una serie de principios inaplicables o dudosos, inclusive en su intrínseca
naturaleza, y construir una forma política particular, un liberalismo social
que, prescindiendo de los dogmas económicos, se afanó por conjugar las
libertades espirituales y políticas del hombre con sus necesidades económicas y sociales, apartándose de la aberración del dejar hacer, dejar
pasar. Aquellos hombres, con un pueblo abierto a la rosa de los vientos,
Edward Hallet Carr. Op. cit., p. 73.
17
La historia y la acción
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143
recibieron influencias y se salvaron de imitar, logrando darle fisonomía
a nuestra patria. Su acción no sólo constituyó un antecedente, una razón
de nuestra Revolución, sino también un ejemplo de cómo, sin amurallarse, sin aislarse del mundo y sus vientos, era posible encontrar una
pauta política original que respetara e incorporara nuestra peculiaridad.
No debemos, sin embargo, creer, negándolos, que nos dotaron de una
fórmula perfecta e inmutable, sino de un modo de hacer y proceder que
permite y facilita la actualización y el enriquecimiento de nuestras normas
de convivencia y progreso. La vitalidad histórica de México radica en la
constante revisión que de sí mismo puede hacer. Es la sabiduría histórica
que induce a sacar fuerzas de la debilidad, que aconseja negociar en vez
de pelear; es la sabiduría histórica de un pueblo que hizo una Revolución
que nunca intentó rebasar sus fronteras y que defendió estas precisamente
para afirmar el derecho a buscar su propio camino. Es la sabiduría de un
pueblo que no es adorador del triunfo.
Como pueblo viejo y joven que somos, el pasado, que ayudó al presente, hace que este, que pronto será pasado, contenga en sí los gérmenes
del futuro.
***
Hemos tocado las líneas de pensamiento que nos conducen a afirmar
la acción, el actuar, en su sentido lato, de la historia, considerando las
relaciones del conocer y del hacer, con especial acento sobre el conocer
histórico y situándonos, a la par, en contra del historicismo, del dogmatismo racionalista de impronta iluminista y del fatalismo, por la creencia
en una ley férrea e inmanente de la historia, y a favor de la incipiente
idea de colocar la razón en el fluir mismo de la historia, así como de las
tendencias revolucionarias que, anulando su genealogía, ven la revolución
como continuación y perfeccionamiento de la historia. Valiéndonos de
rechazos y adhesiones pudimos formular unas cuantas reflexiones del
papel de la historia, según su relación en distintas colectividades con
sellos peculiares, lo que nos permitió hacer una digresión sobre el caso
de México.
144
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Tócanos ahora abordar un problema que, si en apariencia es más sencillo, no deja de llevar aparejadas consecuencias de no fácil dilucidación:
los hombres que en dos campos se mueven, que a dos amos, a cual más
celosos, sirven, aquellos que se dedican a investigar, conocer y, simultáneamente, hacer, o que aprovechan el conocer para hacer.
El estar entre la tarea del día, el tráfago cotidiano y la vocación de
aclarar las propias ideas, de saber e investigar lleva, a no dudarlo, a
condiciones equívocas para la acción, la investigación o ambas. Ejemplo
claro de estos riesgos es la vida, a la altura de la más desbocada imaginación, de aquel gran folletista político, de quien ignoramos si al descubrir
un pasaje no aparecido en las ediciones de un clásico, derramó su tintero
sobre el texto, por el azoro del propio descubrimiento por la preocupación
de que, al estudiarlo, estaba abandonando sus tareas de militancia; pero de
quien estamos seguros que, siervo de la erudición, acaba por convertirse
en desertor.18 Riesgo de servir a dos amos.
Al margen de este ilustrativo incidente, ocupémonos de una figura
dominante en nuestro siglo XIX: el intelectual político. Como reproche
generalizado, en ese siglo se decía que sólo la ambición, la codicia de
fama, hacía que estos hombres, “que no teniendo más que un talento” –las
letras–, aspiraran al que les falta –el necesario para la actividad política–,
con la consecuencia de que “pierden uno sin alcanzar el otro”.19
Cabe preguntarse si los trabajos literarios de estos hombres habrían
alcanzado mayor calidad, de haber sido ajenos a la actividad política.
Mucho me temo que no. Sus letras más valiosas estuvieron encaminadas
al hacer o narrar y explicar esta. Pero, apartándonos de este comentario,
la tesis generalizada establecía una artificiosa dicotomía de talentos.
Se trata de Paul-Louis Courier cuando en la Biblioteca Laurentina, de Florencia, encuentra un
fragmento del manifiesto de Dafnis y Cloe, de Longus, que no contenían las ediciones de la
obra. Collection complete des pamphlets politiques et opuscules litteraries de Paul-Louis Courier.
Bruxelles: Chez tous les libraires, 1826, p. xxii. Paulo-Louis Courier (1936). Panfletos Políticos
(1816-1824), Madrid: Revista de Occidente, p. XII.
18
“Sois como todos esos ambiciosos de gloria, como todos esos avarientos de fama que no teniendo más que un talento, aspiran precisamente al que les falta y pierden uno sin alcanzar el
otro” (La Tribuna de I. de Lamartine o sus estudios oratorios y políticos. Traducida por Francisco
Zarco. México: Imprenta de Ignacio Cumplido, 1861, p. XXV).
19
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
145
***
Son, en lo general, los intelectuales los que condenan la actividad política
de los de su gremio. No sabemos si se deba al fenómeno, parece ser que
repetido, de que nadie es peor con los hombres de letras que un colega
ejerciendo el poder y que tan gráficamente se describe en la anécdota de
Guizot, casualmente historiador, recibiendo como presidente del consejo
de ministros, con soberbia y desdén, nada menos que a Augusto Comte;
o aquel otro escritor que con desprecio intenta aplastar a sus colegas del
día anterior con las palabras: “!Vosotros, teorizantes!”20 Hay también una
pizca de duda de que se dé la condición de que no sólo el revolucionario
al llegar al poder arguya con la razón de Estado, sino que tal conducta
también siga el intelectual.21 Sean o no estas las causas, obedezcan o no
a la ingeniosa apreciación de que lo más terrible es el poder en manos
de un escritor con escasos lectores, resulta indudable que, en lo general,
es el intelectual quien ve inconciliables las dos funciones.
Podríamos citar numerosos intentos en esta dirección; abordaremos
exclusivamente uno, el de Ortega y Gasset, en torno al estudio de Mirabeau, tanto por la amplia difusión que obtuvo, cuanto porque, con elegancia, Ortega conduce a su lector a que ingiera ideas profundas en una
prosa que en su ligereza las disimula. Las premisas de que parte Ortega y
Gasset son ratificadas por otros intelectuales que se ocupan de la materia.
En primer lugar, la dicotomía de talentos a que nos hemos referido; en
segundo lugar, el levantar dos dimensiones de la política, pensar y actuar,
como compartimientos estancos; y en tercero, una condena a las ideologías, que nada tiene que ver con los que en nuestros días y no obstante
los hechos, por un pobre neopositivismo o una infantil confianza en la
infalibilidad de la técnica, desechan la utilidad de las ideologías y las
reducen a producto específico de los pueblos subdesarrollados.
Charles Maurras (1954). Oeuvres capitales, 11, Essais Politiques, París: Flammarion, p. 118.
20
La experiencia nos ha demostrado siempre, hasta ahora que nuestras revoluciones invocan
la razón de Estado, desde el momento en que llegan al poder; que emplean entonces los
procedimientos de policía, y consideran la justicia como un arma de la que pueden abusar
contra sus enemigos”. Georges Sorel (1950). Réflexions sur la violence, Paris: Librairie Marcel
Riviere et Cie., pp. 156-157.
21
146
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Detengámonos en la caracterización de Ortega, que viola puntos de
partida adoptados en este trabajo. El político revolucionario –dice– es un
contrasentido: se es político o se es revolucionario. Este último, al actuar,
obtiene lo contrario de lo que se propone, pues toda revolución provoca
su contrarrevolución. En cambio “El político es el que se anticipa a este
resultado, y hace, a la vez, por sí mismo, la revolución y la contrarrevolución”. Junto a la paradoja viene la acrobacia: el político con las siguientes
cualidades: facultad para la transacción, flexibilidad y previsión.
Como se ve, Ortega y Gasset excluye más de lo que incorpora. Deja de
lado algo decisivo en la acción: la capacidad para transformar el medio, las
cosas. Ignora al hombre que con su acción modifica la realidad, que por
su sagacidad y destreza aprovecha coyunturas para transformar radicalmente realidades maduras que, incluso, pueden estar invitando al cambio.
Da la imagen de un político mutilado por la comprensión unilateral de
su función: “toda auténtica política, postula la unidad de los contrarios”.
Ciertamente que hay algo de esto último, pero mucho más que ese algo.
Para estos intentos clasificadores las simplificaciones son esenciales: el
político, según Ortega: “Reflexiona después de hallarse fuera de sí, comprometido en la acción”; el intelectual con el pensamiento precede al acto,
no siente la necesidad de la acción; intercala cavilaciones entre el pensar
y el hacer y si se contrae a la acción lo hace de mala manera, cuando es
forzoso; ella, en el fondo, perturba su mundo. De aquí proviene el juicio
que rebaja al intelectual: “Hay hombres que es preciso no ocupar en nada,
y estos son los intelectuales. Esta es su gloria y tal vez su superioridad”.
Pero, parejamente, también se rebaja al político. El intelectual interpone
ideas “entre el desear y el ejecutar”; a contrario sensu, el político no lo hace,
y aunque Ortega busca fórmulas que aproximen las antitéticas figuras,
en el fondo, ha levantado una división inconciliable. Ante la complicada
sociedad, –asienta– el político necesita, ser cada vez más intelectual; tiene,
además, un ingrediente intelectual: “intuición histórica” y frecuentemente
el gran político, al empeñarse en “creaciones suplementarias y superfluas,
está revelando que siente “fruición intelectual”.22
Obras de José Ortega y Gasset (1943). Mirabeau o el político, Madrid: Espasa-Calpe, S. A., p.
1123 y sigs.
22
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
147
¿No inspira un sentimiento lastimoso este querer que el político sea
un poco tan siquiera, intelectual? A mí me lo inspira, y me rebelo ante
la expresión de dos imaginarias dimensiones: la figura del intelectual,
ofuscado o no por sus ideas, e inepto para ejecutarlas por mera profesión, y la imagen desmedrada de un político sin ideas, sólo apto para la
transacción oportunista, en el más miserable o valioso de los sentidos.
En contraste con esta tesis, afirmamos que la actuación requiere del
pensamiento y que el pensamiento se amplía con la actuación ligera o
profunda, pequeña o grande; que, en fin, pensar y actuar se robustecen
al comunicarse.
***
El intelectual debe ser ocupado en mucho; el político sólo se justifica en
la medida en que está regido por un pensamiento. Dicotomías, disociaciones son parcializaciones, fraccionamientos de lo que es unitario. En
el subsuelo existe una explicación que no se apoya en la clasificación de
individuos, en el casuismo histórico, una clasificación que es social en su
esencia: todos los hombres son intelectuales, pero no todos los hombres
tienen en la sociedad la función de intelectuales;23 en correlación con este
pensamiento podríamos decir que todos los hombres son políticos, pero
no todos los hombres desempeñan una función política en la sociedad.
Es a través de la función como podemos obtener algunos resultados.
Hay, y siempre ha habido, una clase política, admitiendo de antemano
el concepto multívoco de clase; con la misma reserva, una diferenciada
clase intelectual. Si algo caracteriza a ambas clases es el estar constituidas
por quienes, en rigor, no pertenecen a ninguna clase;24 lo que no excluye
“Se podrá decir que todos los hombres, por el solo hecho de serlo, son intelectuales; pero
no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales”. Antonio Gramsci
(1964). Gli intellettuali e l’organizzazione della cultura, Torillo: Giulio Einaudi Editore, p. 6. (Hay
traducción al español: Los intelectuales y la organización de la cultura, Argentina: Lautaro,
1960, p. 14).
23
En la literatura política italiana el tema de la clase política surge, en realidad con Maquiavelo. Gaetano Mosca rastrea la doctrina de la clase política, nacida, a su parecer, cerca de un
siglo antes de su época y fundamenta su método y doctrina en la existencia de la clase política
(Elernenti di Scienza Politica, Gius Laterza 45, Figli, Bari, 1939, Tomo 4, p. 83 y sigs.; Tomo 11,
24
148
Revista Mexicana de Cultura Política NA
que unos u otros en su pensar, actuar o las dos cosas, puedan representar
clases. Ambas clases se alimentan entre sí y dan un producto que corresponde a las dos: el intelectual político.
No nos atrevemos a decir que encontremos la solución a las antítesis
parciales, las contradicciones individuales, los inevitables temperamentos. Numerosas páginas se llevaría señalar reproches que el político
puro formula al intelectual puro o que este acumula sobre el primero:
el político habla de ausencia e indiferencia del intelectual ante la cosa
pública; quizá exagere las dificultades de su actividad para desalentar el
ingreso de competidores. El político recalca la propensión del intelectual
a erigirse en severo juez en algunos casos, sin pasar por la prueba de la
acción, en otros casos para resarcirse de la frustración en el actuar. La
caracterización ya se ha hecho: el intelectual, ante la grosera realidad
que interrumpe sus juegos mentales, se refugia en las ideas como en “un
p. 5 y sigs.). El tema aparece, sin embargo, en numerosos autores como preocupación teórica
o investigación concreta aplicada al campo italiano. Notas parciales sobre la materia pueden
encontrarse en casi toda la obra de Gramsci. Por su parte, De Ruggiero se ocupa expresamente de la clase política incisivamente y de la relación clase y partido y técnica y política
(De Ruggiero. El retorno a la razón, cit., pp. 129-145). Encontramos un evidente acierto en De
Ruggiero, cuando, al respecto, establece: 1o. Que fueron los fisiócratas quienes en primer lugar
se esforzaron en determinar con exactitud científica el concepto de una clase política que, en
virtud de hallarse libre de la necesidad material, por estar constituida por propietarios, estaba
disponible para cumplir funciones públicas y gratuitas. 2o. Se trataba de una clase disponible
o clase general apta para asumir la defensa de los intereses generales. 3o. Esta clase operaba
como clase política y no como clase económico-social; actuaba para todos. 4o. Al fraccionarse
la propiedad agraria y reducirse a complemento subsidiario de otras actividades, los intereses
agrarios pasaron a segundo término y la clase industrial, así como el proletariado agrícola y
urbano, hicieron que la clase política, que era general, se fraccionara en clases particulares,
“las cuales justamente por eso, perdían toda verdadera calificación política”. 5o. Dejó, pues, de
haber una clase mediadora, sujeta a servir al bien común, y a ello contribuyó la clase industrial,
cuyos miembros “Casi siempre fueron adoradores de la técnica y denigradores de la política,
y trataron de dominar esta última con medios indirectos y por interpósitas personas”. 6o. “En
conclusión, la vieja clase política está en crisis y la nueva no logra aún emerger con caracteres
bien definidos”. Tómese en cuenta la época en que De Ruggiero escribe. No creemos, sin
embargo, que ella, la nueva clase política, haya surgido todavía con caracteres bien definidos.
No lo es la pintada por Burnham en la revolución de los gerentes, que en su sentido primitivo
convertiría a la clase política en administradores de los negocios de la burguesía confirmando el aserto marxista. Tampoco en el derivado, representado por las actuales tendencias tecnócratas, con su copiosísima literatura que exalta el valor de la técnica y degrada al político con
las acusaciones tradicionales y, en el fondo, se convierte en una ideología con la voluntad de
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
149
Olimpo sin riesgo”, de tal manera que el pensamiento únicamente posee
en él voluntad ofensiva “como medio de ejercer un poder absoluto, sin
peligro y sin responsabilidad, justificando o trastornando el mundo ante
su tintero”.25
El intelectual, por su parte, se abroquela frente al político con dos
argumentos: la obligación que este tiene de salvaguardar la pureza de
las ideas, de ser intransigente en su persecución. Situado en el mundo
etéreo de las ideas, el intelectual condena el más mínimo repliegue y el
menor apartamiento de la totalidad de las ideas que el político profesa.
Cuando este recurre al gradualismo y evita acumular por su acción fuerzas
y resistencias e intensificar su agresividad, el intelectual se cierra en la
idea del todo o nada, y repliegues y acomodos le permiten ver al político
como un hombre carente de posiciones doctrinales y que se exime ante
las grandes opciones espirituales.
Si consideramos que la ineficacia en la política se siente y se ve y la
eficacia ni se siente ni se ve, y que al político no se le juzga exclusivamente
por el ejercicio de su profesión, sino que se le exige que llene cualidades
al margen de esta; y recordamos que al artista se le juzga por su obra,
sin importar su vida personal, que puede ser degradante o enaltecedora, pero irrelevante para su obra, nos percatamos de que se da una disreducir la política a la técnica, sobre la base de que esta resuelve objetivamente los problemas
en atención al interés general. La definición de interés general ya implica una apreciación y
juicio político. (Jean Meynaud (1960). Technocratie et politique, Lausanne: Etudes de Science
Politique, Por otra parte, nuestra época obliga a la especialización, que ignora el todo, aunque sea muy en lo general, y que es necesario conocer para la decisión política. Como se ha
dicho, al político toca moderar los rigores de los técnicos, teniendo en cuenta los obstáculos
humanos, lo cual da lugar a una función que debe considerar la totalidad de los factores del
hombre: ideológicos, morales, religiosos, económicos. (Op. cit., p. 78 y sigs.). No dudamos
que los técnicos puedan constituir otra clase, pero sí que constituyan la nueva clase política.
Giacomo Perticone, en un libro que es modelo de investigación en su género (La formazione
della classe politica nellflalia contemporanea, Firenze: Edizioni Leonardo, Casa Editrice G. C.
Sansoni, 1954), da una clave cuando pone cuidado en no confundir la clase política (p. VIII).
Tampoco encontramos la clase política en la descripción de Djilas: dominio de una burocracia
privilegiada del capitalismo o socialismo de Estado, pues burocracia no es clase política. Las
dificultades para definir la clase política radican más que en su existir, en el concepto de clase.
Emmanuel Mounier (1965). Manifiesto al servicio del personalismo. Personalismo y cristianismo,
Madrid: Taurus Ediciones, S. A., p. 28.
25
150
Revista Mexicana de Cultura Política NA
paridad perniciosa de criterios para enjuiciar. Apoyémonos en Croce:
el político puede tener muchos defectos, carecer de muchas dotes; mas si
la política es su vocación, construye “el fin sustancial de su vida”; se podrá dejar corromper en cualquier actividad, pero no en ella, de la misma
manera que el poeta, “si es poeta, transigirá con todo, menos con lo que
atañe a la poesía y nunca se prestará a escribir malos versos”.26
***
Por tanto, afirmémonos en la concepción funcional y fortalezcámonos
con dos principios fundamentales que hermanan al intelectual y al político. Concebir la política como una actividad cultural. Por el verbo,
por la reflexión y por la decisión, el político del más alto rango procura
moldear, valiéndose de ella hasta donde es posible, una realidad rebelde, nada plástica, de conformidad con las ideas en que cree. La cultura
tiene un claro sentido político, pues, en cuanto no se entiende como
yuxtaposición o hacinamiento de conocimientos, supone la búsqueda
de perfeccionamiento, empezando por el propio y, por tanto, implica
perenne transformación, constante renovación, e impele a estar dentro
de la sociedad en que se vive en una posición crítica, con el deseo de
cambiarla o conservarla. Cualquier obra cultural, por individual que sea,
por mucho que agote una individualidad, la trasciende, adquiere sentido
objetivo cuando los demás la aprecian, consumen o rechazan.
Si la política es actividad cultural y la cultura, en su sentido más trascendente, tiene un significado político, la figura del intelectual político
no sólo se ha dado en el pasado y existe en el presente, sino que tiende
por sí a subsistir y está sustancialmente justificada. La figura o tipo exige
que el intelectual sea modestamente receptivo a la realidad, se deje influir
Benedetto Croce (1952). Ética y política, Buenos Aires: Ediciones Imán. p. 747 y sigs. Corresponde este texto, en que se ocupa de la honradez política, a Fragmentos de ética, publicados
en 1922. Ortega y Gasset, en su ensayo sobre Mirabeau, de 1927, coincide sustancialmente
con Croce en que no hay que exigir al político las pequeñas virtudes; no hay que medirlo con
el rasero que se aplica al mediocre. El “hombre de obras” no puede ser considerado “bajo la
perspectiva moral y según los datos psicológicos del hombre menor, sin destino de creación”
(Obras completas, Tomo III, Mirabeau o el político, Revista de Occidente, Madrid, 1962, pp.
603-611).
26
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
151
por esta, la capte y exprese sin desprecio, aquilatándola como fuente de
cultura, y el político se mantenga vinculado con el mundo de las ideas,
procure racionalizar su actuar y encuentre en el pensar una fuente insoslayable de la política.
Es indispensable tener esa que Max Weber considera cualidad psicológica decisiva del político, mesura; “capacidad para dejar que la realidad
actúe sobre uno sin perder el recogimiento y la tranquilidad, es decir,
para guardar la distancia con los hombres y las cosas”. La combinación
es “pasión ardiente” y “mesurada frialdad”. La política requiere pasión para ser auténtica y no frívola; más “se hace con la cabeza y no con
otras partes del cuerpo o del alma”.27
He querido en estas notas proporcionar alguna explicación sobre la
acción de la historia y sobre los hombres dedicados al conocer, al hacer
o a ambas cosas. Numerosos esclarecimientos, exigidos por los temas
tratados, han quedado pendientes para un estudio que algún día procuraré realizar.
Señoras y señores: La historia hecha y la historia por hacer constituyen
tarea vital. Ranke escribió que el historiador debe hacerse viejo, lo que
da lugar al comentario de que el tiempo parece ser más considerado con
los que a desentrañarlo dedican sus vidas: “Y estas parecen henchirse y
madurar a medida que pasa el tiempo por ellas. Como si el saber histórico
fuese resultado no sólo del esfuerzo personal sino del tiempo mismo”.28
Hacer historia exige años y ayuda a tenerlos. La historia, que ayuda
a la longevidad, parece ser que la demanda. Los años dotan de altura
para el juicio histórico; obligan a poner entre interrogaciones lo que se
aseguraba; otorgan capacidad de duda e imponen, a veces, el recurrir a
los puntos suspensivos.
Vivimos época de tiempo rápido. Hemos sido testigos de muchos
cambios; preparémonos a ser protagonistas o cronistas de muchos cam Max Weber (1967). El político y el científico, Madrid: Alianza Editorial, pp. 153-156.
27
Luis Diez del Corral (1959). Estudio preliminar a La idea de la razón de Estado en la Edad
Moderna, por Friedrich Meinecke. Madrid: Instituto de Estudios Políticos, pp. VII, VIII y IX.
28
152
Revista Mexicana de Cultura Política NA
bios más. Para cumplir la tarea vital que nos concierne, mantengámonos
en actitud abierta a lo que proponen las avanzadas de nuestra contemporaneidad: aprendamos de aquellos a quienes pretendemos enseñar; tengamos presente que quienes niegan o afirman rotundamente, quizás estén
inquiriendo o preguntando. De no seguir esta conducta, proferiremos
palabras que emanan de un mundo cansado, en los linderos de periclitar;
siguiéndola, adoptando una actitud que no busca perpetuar convicciones, sino recibir y tratar de comprender las influencias filiales –de los hijos
de la cátedra a los hijos de la acción– podemos contribuir a configurar
un mundo siempre antiguo y nuevo, con la convicción de que la libertad es imperecedera como necesidad del espíritu y que la justicia también
es imperecedera como necesidad de la dignidad moral del hombre. Esta
actitud espiritual abierta, permitirá comprender los nuevos significados
de los valores en que se cree luchar por las nuevas emancipaciones que las
nuevas esclavitudes demandan. Esta actitud espiritual abierta, permitirá
comprender los nuevos significados de los valores en que se cree y luchar
por las nuevas emancipaciones que las nuevas esclavitudes demandan.
Es con esa actitud espiritual que ofrezco contribuir a las tareas vitales de
la Academia Mexicana de la Historia.
La historia y la acción
Jesús Reyes Heroles
153
154
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Respuesta a
Jesús Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
Respuesta a Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
155
Nota introductoria del editor
Arturo Arnáiz y Freg fue un estudioso sui generis de la Historia, como
peculiar puede ser una persona que estudia una disciplina por el gusto de
hacerlo. En realidad nunca obtuvo un documento oficial que lo acreditara
como historiador, lo era de hecho. El título de licenciado en Economía lo
obtuvo a los 47 años, pero para entonces ya había realizado estudios de
Medicina y de Filosofía en la UNAM, y también había impartido clases
de Historia en preparatoria, en el Colegio de México, en la UNAM y en el
Instituto Tecnológico Autónomo de México. En esa época también ocupaba
el sillón número 13 de la Academia Mexicana de la Historia. Arnáiz y Freg
era conocido por sus meticulosos estudios históricos y por sus divertidas
conferencias.
El sentido del humor que le caracterizaba hacía de Arnáiz un historiador muy singular pues su técnica expositiva estaba siempre acompañada
de una gran prolijidad en sus investigaciones. Era en verdad un académico de la Historia. Tocó a Arnáiz y Freg responder la conferencia presentada
por Don Jesús Reyes Heroles en la ceremonia de ingreso a la Academia
Mexicana de la Historia.
Este discurso protocolario es en realidad un escrutinio de la obra de
Jesús Reyes Heroles, especialmente su aportación al estudio del liberalismo
mexicano. Sólo un conocedor de la obra de Reyes Heroles se da el permiso
de presentar en pocas líneas las mil seiscientas páginas que conforman la
investigación sobre el liberalismo. Dice Arnáiz “el primer volumen, dedicado
a establecer el origen de las ideas, puso énfasis en el aspecto teórico. En el
segundo […] cargó el acento en el estudio de lo que llama: ‘las grandes coordenadas de nuestra historia’ y, en el tercero, para mí el que está escrito con
mayor elegancia y dominio del tema, se dedicó a describir cómo el ideario
liberal pudo quedar plenamente integrado dentro de la vida histórica de
México”.
De esta síntesis se desprende un interesante análisis del gran mosaico que
es la obra de Jesús Reyes Heroles, con la mención de pormenores del trabajo
documental que realizó el historiador para lograr esta obra que marca un
hito en el análisis de los hechos y las ideas de la historia mexicana. Añade
156
Revista Mexicana de Cultura Política NA
importantes reflexiones sobre el estudio que realizó Reyes Heroles acerca
de la obra de Mariano Otero, como la otra contribución fundamental sobre
el liberalismo mexicano. Esta herencia de los pensadores estudiados por
Reyes Heroles y la de él mismo, es materia en la cual abrevan analistas del
México contemporáneo, seguramente porque los valores liberales siguieron
derroteros distintos a los que conocieron aquellos hombres. Arnáiz y Freg,
fiel a sí mismo, no abandonó su elegante sentido del humor para mencionar
algunos detalles de la obra que abrió las puertas a Jesus Reyes Heroles a la
Academia Mexicana de la Historia.
L
a Academia Mexicana de la Historia, recibe esta noche, en sesión
solemne, a un nuevo miembro de número.
Esta institución, que desde hace cerca de medio siglo ha cultivado las Ciencias Históricas en todos sus ramos, enriquece ahora la lista de
sus miembros con el nombre y la colaboración de uno de los intelectuales
más distinguidos del México Contemporáneo. Al licenciado don Jesús
Reyes Heroles le será impuesta hoy, como símbolo de su nueva jerarquía,
la venera correspondiente al sillón número 10 de esta Academia que, a
partir del año de 1919, ha sido ocupado por otros dos mexicanos eminentes.
Fue el primero don Federico Gómez de Orozco, sabio historiador,
bibliófilo siempre generoso, y profundo conocedor de la vida histórica
de México, particularmente en la extensa etapa que, desde la Conquista,
se extiende hasta el fin de la dominación española. Muchos de los aquí
presentes recordamos todavía con admiración las lecciones de Paleografía que le escuchamos dentro de las aulas de la Facultad de Filosofía
y Letras, y sus investigaciones que iluminaron algunos de los capítulos
más intrincados de la Historia de México en el Siglo XVI.
Al término de la larga y fecunda vida de don Federico Gómez de
Orozco, la Academia tuvo el acierto de elegir para substituirlo al Dr. don
Ángel María Garibay.
Respuesta a Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
157
Continuador ilustre de los grandes misioneros que nos dejaron libros
y estudios fundamentales para el estudio del México prehispánico, don
Ángel María Garibay supo ensanchar el camino que abrieron Fray Andrés
de Olmos, Fray Bernardino de Sahagún y Diego Durán.
Y, al excavar en la rica veta de la literatura náhuatl, realizó hallazgos
que son oro en polvo y gemas de valor imponderable.
Para Garibay, la investigación del pasado indígena representaba el
sustrato necesario para la comprensión del mexicano moderno. “Por
ambos lados venimos de muy remotas fuentes, –decía– y todo lo que en
siglos, en milenios, se acumuló en ellas, nos ha tocado a nosotros”.
Concebía a México no como un bloque, sino como un mosaico. En el
tiempo y en el espacio. Decía que los que nos sentimos mexicanos, queremos todo lo nuestro: “lo mismo la piedra que abruma con su majestad
hierática como la Coatlicue, que la solemne belleza barroca y neoclásica
de la Catedral de México”.
Y ese hombre que, sin descuidar sus múltiples obligaciones, escribía a
veces en “los ratos perdidos”, “acaso los mejor ganados” –como él decía–,
nos abrió amplios caminos para la comprensión de esta nación nuestra:
“ternura toda, y toda tormenta”, “país en el que la flor radiosa del canto
se abre junto a las llamas”, “México, que parece paradoja: bronco como
el rayo, y dulce como el canto materno”.
***
Sucede el licenciado Reyes Heroles en el ámbito de esta Academia a uno
de los más grandes sabios del México contemporáneo. Se le recibe aquí
con afecto y con respeto.
Hace ya varios lustros que sabíamos de sus intensos estudios en el
campo de la jurisprudencia, la economía y la ciencia política, que le han
permitido ampliar conocimientos en campos que se completan uno al
otro.
158
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Pero, para nosotros, el período más fecundo de su trabajo como historiador se inició formalmente el año de 1955.
Para conmemorar el primer centenario de la Constitución de 1857, se
le invitó a que colaborara en la celebración, con un libro que contuviera
el resultado de sus investigaciones sobre los orígenes y la evolución del
liberalismo mexicano.
El licenciado Reyes Heroles aceptó el encargo, y llevado de su impulso de investigador y tratadista, escribió una obra en tres volúmenes que
tiene, en conjunto, más de mil seiscientas páginas de texto en su primera
edición, a pesar de la gran economía de espacio que exhibe su formato.
En marzo de 1957, el licenciado Reyes Heroles era presentado en
el proemio del primer volumen de su obra por el Dr. Roberto Mantilla
Molina, entonces Director de la Facultad de Derecho, como “un maestro
distinguido, brillante catedrático de Teoría del Estado y cuyos estudios
de la historia de nuestras ideas e instituciones políticas son ampliamente
conocidos”.
En el primer volumen, dedicado a establecer el origen de las ideas,
puso énfasis en el aspecto teórico. En el segundo, que describe la “sociedad fluctuante” entre la vida virreinal y el sistema republicano, cargó el
acento en el estudio de lo que llama: “las grandes coordenadas de nuestra
historia” y, en el tercero, para mí el que está escrito con mayor elegancia y
dominio del tema, se dedicó a examinar valiosas aportaciones mexicanas,
y a describir cómo el ideario liberal pudo quedar plenamente integrado
dentro de la vida histórica de México.
Así como el notable historiador holandés Bernhard Groethuysen en su
justamente célebre libro acerca de La formación de la conciencia burguesa
en Francia durante el Siglo XVIII, nos ha dado una exposición detallada de
cómo se fue integrando en esa centuria la conciencia del hombre nuevo,
así como ese buen discípulo de Dilthey, en un esfuerzo ejemplar, abrió
nuevos campos a la historia de las ideas y a la historia social, para trazar
una descripción muy precisa de cómo la burguesía francesa llegó a instalarse, paso a paso, como fuerza política sustantiva, el licenciado Reyes
Heroles, al estudiar la dinámica del espíritu liberal en México, puso al
descubierto nuevas realidades, con una sutileza y un refinamiento meRespuesta a Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
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tódico, que le han permitido redactar una especie de historia subyacente
de la conquista de las libertades democráticas.
Esta ha sido sin duda una contribución capital. Si Groethuysen usó
millares de sermones de los predicadores franceses de los siglos XVII y
XVIII, Reyes Heroles, al emplear la folletería mexicana del Siglo XIX, así
como los informes de los periódicos, incluso los de los menos importantes, ha logrado obtener no sólo un tipo de historia que se eleva a planos
filosóficos, sino también ha sabido lograr un cuidado en el detalle, un
acercamiento íntimo a los sucesos, presentados con una lentitud y una
minuciosidad de las que nuestra literatura historiográfica presenta muy
pocos ejemplos.
Al ahondar en su investigación, presenta no una colección de estampas
estáticas sino un curso dinámico que le permite trazar, en un espléndido
esfuerzo de genealogía histórica, la relación cambiante de la clase media
mexicana con el ejército, entonces privilegiado, y la iglesia que era dueña
de las dos terceras partes del país.
El primer volumen de su obra, dedicado a “Los Orígenes” fue considerado como la más importante contribución, en el orden intelectual
y literario, en el homenaje a la Constitución de 1857 y al liberalismo
mexicano.
Se le consideró, desde el principio, merecedor de atenta consideración,
no sólo de parte de los historiadores mexicanos, sino también de quienes
estudian la historia de las ideas en América.
Y al elogiar la solidez, la moderación y la pureza metódica como
cualidades esenciales de esa obra de Reyes Heroles, Francisco Cuevas
Cancino proclamaba hace doce años su asombro por la inmensa cantidad de material de primera mano con que ha contado, y así decía: “Sólo
aquellos que hemos hecho investigaciones en México nos damos cuenta
de los muchos pasos y pesos que Reyes Heroles ha gastado para lograr la
magnífica y floreciente documentación que fortalece y justifica cada una
de las páginas de su texto”. (Excélsior, 13 de junio de 1957).
***
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Nuestro nuevo académico era por entonces ya bien conocido, pero, al
parecer, todavía, no de manera suficiente. Cuando editó su primer volumen, en una revista literaria y artística que se publicaba en junio de 1957,
encuentro que, por un curioso error, claramente contrario al Evangelio,
el crítico de libros mencionaba “la estupenda obra que don Jesús Herodes
publicó hace una semana”. Quien cometió este error, merecía, sin duda,
haber sido uno de los Santos Inocentes. (Hoja al Viento Revista Literaria
y Artística. Núm. 2. -15 de junio de 1957).
En el laberinto de documentos que ha tenido que manejar, nos dice
que encontró un leve hilo conductor que ha orientado su itinerario: “la
idea liberal y, dialécticamente, la antiliberal”.
Reyes Heroles ha tenido que hacer esta confesión: “los hechos históricos predominan y entusiasman, pero seguir las huellas de las ideas no
es cosa sencilla”. Su esfuerzo ha permitido el establecimiento de una rica
genealogía ideológica. En las páginas de millares de folletos, junto a lo
meramente circunstancial, Reyes Heroles ha podido encontrar muchos
de los planteamientos decisivos del federalismo mexicano y, sobre todo,
los testimonios que revelan la existencia de un liberalismo social que
pugna por afirmarse.
Al emprender el estudio del liberalismo en México como experiencia
cargada de sentido histórico, señalaba que esta concepción política no sólo
ha sido una interpretación del mundo, sino un intento para transformarlo.
La acción liberal, auxiliada por las contradicciones internas de las
clases enemigas, algunas de ellas muy poderosas, evitó el gobierno oligárquico, superó el despotismo constitucional, frustró el dominio de las
clases privilegiadas y, más tarde, evitó el establecimiento del gobierno
monárquico.
En este campo, la obra entera de don Jesús Reyes Heroles parece haber
sido la mejor refutación que hasta ahora se haya escrito para contestar la
frase de don Francisco Bulnes que, puesto en energúmeno, afirmó un día:
Respuesta a Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
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“Es menester aceptar con resignación una triste verdad: los mexicanos
servimos para todo, menos para liberales”.
Para Reyes Heroles, los golpes de historia, los grandes procesos,
no se hacen persiguiendo pequeñeces teóricas, por trascendentales que
sean, sino pretendiendo implantar como norma o realidad unos cuantos
grandes principios.
En su gran trabajo de investigación, tuvo que examinar, casi día por
día, la vida histórica de México a lo largo de medio siglo.
Al hablar de la victoria histórica del federalismo, señala que sus defensores postularon y lograron el gobierno de las clases intermedias con
el apoyo popular. El triunfo permitió que el país dispusiera de un marco
político y sociológico que, en todo caso, iba por delante de las realidades
nacionales y que, lejos de frenarlas, alentaba su modificación.
A Reyes Heroles debemos reconocimiento por haber documentado
con particular lucidez y gran rigor crítico lo que él ha llamado con toda
precisión “el liberalismo social mexicano”. Él ha señalado que si el liberalismo no encontró la solución al problema de la tierra, lo importante
es que la haya atisbado.
En su opinión, la Revolución Mexicana completó y ensanchó una
idea liberal al establecer el principio de no reelección, y así escribió hace
siete años: “A la Revolución, con la no reelección, debemos que nuestra
historia no sea una sucesión de oligarquías vitalicias sólo limitada por la
duración física de sus integrantes”.
Ante los miopes que, todavía en nuestros días, se empeñan en afirmar
que la centralización del México contemporáneo demuestra lo artificial
del federalismo, Reyes Heroles ha respondido con una interrogante:
¿dónde habríamos ido sin ese freno?” Y responde: “el federalismo no ha
estorbado, sino estimulado, en cambio, la permanencia de las peculiaridades regionales y su integración nacional. Sigue siendo un aliciente y
un método para luchar contra la centralización”.
La agudeza crítica de este historiador, destaca de manera muy clara
cuando demuestra que el liberalismo mexicano está dotado de matices
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
originales y que más original resulta en lo que es heterodoxo frente al
liberalismo clásico. Las realidades nacionales lo hacen apartarse del libre
cambio en materia económica, y en el campo social, las propias realidades
lo incitan a adquirir características ajenas al típico liberalismo europeo.
Al describir este proceso, ha señalado que en México las ideologías no se
importan en bloque; se asimila lo que en ellas hay de asimilable, y esto
se adapta.
Reyes Heroles ha logrado documentar de manera muy clara los planteamientos sociales que hubo dentro del movimiento liberal mexicano
y ha sido muy cuidadoso para no incurrir en el error de reducir nuestro
proceso histórico sólo a la idea liberal. Así ha escrito: “ideal y realidad
se apoyan y configuran mutuamente; a veces las ideas son metas que impulsan al país; en ocasiones, el esquema racional se acopla a una realidad
que no puede deformarse mediante la ortopedia dogmática”.
Frente a la miopía de los que sostienen que el levantarse contra el
porfirismo, el pueblo de México se sublevó de hecho contra el legado histórico del liberalismo, Reyes Heroles afirma con gran agudeza crítica: “el
porfirismo, enjuiciado en su totalidad, como fenómeno que dura treinta
años, no es un descendiente legítimo del liberalismo. Si cronológicamente
lo sucede, históricamente lo suplanta”.
Por eso dice en otra de sus páginas: “El porfirismo actuó como enterrador del liberalismo, al que no le escatimó honras fúnebres, glorificándolo
en solemnidades y monumentos”.
Por su amplio conocimiento de la realidad histórica de México, nuestro
nuevo académico ha señalado que está convencido de que: “El porfirismo
violó los principios políticos del liberalismo y negó la corriente social
que había atemperado en nuestro país el dogmatismo individualista”. Por
eso ha dicho de manera sentenciosa: “No debe buscarse una sucesión
normal, legítima, entre liberalismo y porfirismo y una continuidad, sino
una substitución, una verdadera discontinuidad”.
El porfirismo no representa en su balance general la huella histórica
del pensamiento liberal. El intervalo porfirista traicionó sus orígenes
históricos. “Liberales” se proclamaron con toda lógica sus enemigos
Respuesta a Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
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frontales, los del grupo Magonista. El manifiesto antiporfirista de 1906
está firmado por hombres que se llaman a sí mismos: el Partido Liberal
Mexicano. El constitucionalismo social de 1917 no fue producto de la
acción espontánea. Tenía raíces muy hondas que arrancaban desde los
primeros hombres del partido del progreso.
***
En su libro sobre La Evolución Histórica de México, el notable jurista y
escritor don Emilio Rabasa nos dejó el más apretado conjunto de argumentos para intentar la defensa histórica del gobierno porfiriano. Tengo
para mí que, cuando se lean dentro de varias décadas los escritos de don
Jesús Reyes Heroles, un lector inteligente podrá encontrar en ellos una
de las defensas más bien elaboradas sobre la significación histórica de la
Revolución Mexicana.
Reyes Heroles ha descrito una actitud que resulta determinante, una
especie de ley de nuestro proceso histórico: “Hay siempre –ha dicho–
una masa que impulsa a sus caudillos”. Por eso “en nuestros grandes movimientos –insurgencia, reforma, revolución–, los guías frecuentemente
sólo han obedecido a las masas”.
***
En sus libros, Reyes Heroles se ha ocupado de describir la vida política
y legislativa de México desde 1820 a 1857. Nadie ha hecho hasta hoy
más para estimular la comprensión de esa “generación del dolor y del
infortunio” que llegó a la escena política inmediatamente después de
consumada la Independencia.
Su estudio sobre Mariano Otero es un desfile apasionante de hechos
y afirmaciones, documentados con la precisión más rigurosa.
Cuando comenta el “Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión
social y política que se agita en la República Mexicana”, publicado por
Mariano Otero en 1842, Reyes Heroles señala cómo Otero, “si se hubiera
dedicado exclusivamente a precisar causas y factores reales, a delinear
la necesidad condicionante del proceso histórico y del panorama de su
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
época, habría sido gran sociólogo e historiador; pero dio un paso mucho
mayor: quiso entender las condiciones objetivas de la sociedad mexicana,
para intentar comprenderla.
Al leer su espléndido estudio preliminar, me he sentido obligado a
discrepar, con el mayor respeto, de nuestro eminente colega, cuando
señala que el primer intento reformista de Valentín Gómez Farías en
1833 “fue en parte frustrado por el afán perfeccionista del doctor José
María Luis Mora”.
Recordemos cómo Mora mismo escribió, desde 1836 que Gómez
Farías se hubiera sostenido en el poder si se hubiera apoderado del turbulento Santa Anna y lo hubiera sumergido en un presidio, pero nos dice,
“don Valentín no procedió con la decisión que el momento reclamaba,
le faltó resolución en la hora precisa y permitió, por su pusilanimidad, el
desencadenamiento de la venganza del partido ultramontano que acabó
con las reformas que en 1833 y 1834 se habían difícilmente conseguido”.
Por eso Mora, amigo y, en muchas ocasiones, consejero de Gómez
Farías y de Otero, escribía: “Cuando se ha emprendido y comenzado un
cambio social, es necesario no volver los ojos atrás hasta dejarlo completo,
ni pararse en poner fuera de combate a las personas que a él se oponen,
cualquiera que sea su clase; de lo contrario, se carga con la responsabilidad
de los innumerables males de la tentativa que se hacen sufrir a un pueblo
y éstos no quedan compensados con los bienes que se esperan del éxito”.
El hecho de no haberse apoderado del general Santa Anna, porque no
se supusiese en el vicepresidente Gómez Farías una ambición de mando que no tenía, y porque el paso era inconstitucional, hizo exclamar a
Mora: “Famosa razón por cierto, famosa razón que ha mantenido a lo
más la reputación del señor Gómez Farías en un punto muy secundario,
haciéndola sufrir sin provecho los males de la reforma, los de la reacción
que la derribó y los que le causarán las nuevas e inevitables tentativas que
se emprenderán en lo sucesivo para lograr aquellas”.
***
Respuesta a Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
165
Tengo para mí que el más reciente de sus libros, el estudio preliminar de las obras de Otero es, hasta hoy, el mejor de sus trabajos. La
rica documentación es dominada por la firme voluntad del escritor. La cita
de textos ajenos se reduce a lo estrictamente indispensable. La maestría
que ha logrado, ha permitido a Reyes Heroles escribir una apasionante
semblanza de un hombre que se le parecía en mucho. Por eso elogia con
entusiasmo en Otero: “La riqueza de información y el cálculo frío, el
idealismo realista que demanda por igual principios y conocimientos
de la realidad, entereza y flexibilidad, resolución y sagacidad, así como
la existencia de un delicado olfato”. Con qué clara convicción nos confía
Reyes Heroles en un comentario marginal: “No puede exigirse al estadista
que acierte; pero sí que, al tomar las decisiones, considere los elementos y
circunstancias reales, de modo que su fallo no derive del desconocimiento
de la realidad o de confusión de esta con sus deseos, y pueda originar
acontecimientos contrarios a los intereses que sirve”.
Como otro reflejo de sus propias capacidades personales, Reyes Heroles, al estudiar la obra política de Mariano Otero, no deja de advertir:
“la facultad de absorción y estructuración de ideas de que estaba dotado, la que permitió que su cultura, sus conocimientos que rayaban en la
erudición, impusieran solidez al pensamiento”.
Reyes Heroles evade en sus trabajos las frases rotundas y todo brillo
retórico innecesario.
Hay en sus libros, sobre todo en el de Otero, una fluidez, una continuidad dramática que se obtienen mediante una rigurosa economía de
adjetivos, sin una sola concesión emocional.
Si don Luis Cabrera decía a principios de este siglo “La única nación a
la que México debe imitar es la Nueva España”, Reyes Heroles ha permitido que se diga: “El siglo diecinueve nos dejó de herencia un liberalismo
laico, personalista, nacional, antifeudal y profundamente social, en el cual
puede hallar inspiración y vigor el México contemporáneo”.
166
Para él, México tiene un capital histórico que debemos conservar y
acrecentar. Prescindir de él, es dilapidar lo que con tesón nos dejaron
nuestros mayores; es olvidar que nuestra generación no es hija de sí misma
y –por ello– ha sostenido y sostiene que el liberalismo, como velocidad
Revista Mexicana de Cultura Política NA
adquirida, juega todavía un papel en el presente de México. Hay todavía
problemas a los que nos enfrentamos con el enfoque liberal y, por supuesto, actitudes en la vida nacional que encuentran su fundamento en
la conciencia histórica de aquellos hombres.
Y al insistir en el matiz ético que da su carácter a muchos episodios de
esa gran lucha, Reyes Heroles destaca la limpieza, el denuedo y el espíritu
de sacrificio de que aquellos hombres dieron muestra.
***
En la tribuna del Congreso de la Unión, el día en que las cenizas del
autor de México y sus revoluciones fueron llevadas a la Rotonda de los
Hombres Ilustres, Reyes Heroles expresó de nuevo su firme convicción:
“No se corta la historia ... se prosigue”. “Los revolucionarios mexicanos,
lejos de romper los nexos que los unen al pasado, ven en esa labor en el
presente, una continuación del proceso histórico nacional”.
Este hombre, que sabe el valor de los siglos y, sobre todo, el de los
minutos, ha restablecido el vínculo que unifica el proceso histórico que,
a lo largo de dos centurias, ha orientado a los mexicanos en su lucha por
las libertades civiles, los procedimientos democráticos y por la equidad
económica y social.
Señoras y señores:
Hemos escuchado un discurso de recepción valeroso y pleno de vigor intelectual. Es una elocuente lección de historiología en la que están
presentes algunas de las preocupaciones más hondas de un historiador
moderno. El discurso sobre “La Historia y la Acción” que ha leído el
licenciado Reyes Heroles es una clara y bien definida toma de posición
frente a los problemas básicos que le han planteado su propia experiencia
y su valiosa vocación intelectual.
Llega el licenciado Reyes Heroles a su sillón de Académico de la
Mexicana de la Historia, Correspondiente de la Real de Madrid, en
la madurez de su inteligencia y en la plenitud de su capacidad creadora.
Al comprobar la extensión y la profundidad de la obra histórica que lleva
Respuesta a Reyes Heroles
Arturo Arnáiz y Freg
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realizada, asombra advertir que ha escrito sus libros mientras, desde puestos de alta responsabilidad, trabaja intensamente en el servicio público.
Reyes Heroles está convencido de que, el hacer ayuda al conocer, y
de que escribir historia impone formar parte del presente, tratando hechos
que pertenecen al pasado.
Sus obras son ejemplo de decoro intelectual y de rigor en el manejo
de los métodos propios de la historia.
Es evidente que el nuevo miembro de esta Academia ha llegado a
formar sus propias convicciones, después de enriquecer su valiosa preparación con lecturas muy caudalosas y bien seleccionadas. Su discurso
de hoy, es un testimonio elocuente del fino sentido con el que evade las
exageraciones y evita en sus páginas los extremos a los que los escépticos
y los dogmáticos nos tienen habituados.
Ha llegado al estudio de la Historia del Pensamiento Político en
México, provisto del arsenal muy rico que le proporciona la meditación
reiterada sobre los textos de los pensadores más preclaros de Occidente.
Dentro de unos minutos, el señor Presidente de la República le hará
entrega de la venera que, con máxima dignidad, usó en su condición de
Académico de Número don Ángel María Garibay. Estoy seguro que el
eminente historiador e ilustre filólogo habría visto con el mayor agrado
esta sucesión. Hace un año que el Padre Garibay, al dar cuenta en las
páginas de un diario de la aparición de las obras de Mariano Otero,
escribía: “Fundamental en todos sentidos es el estudio preliminar, en
el que el editor sitúa y valora todos los aspectos de la obra de Otero. Y
agregaba: “Los trabajos anteriores de Reyes Heroles, a partir de 1945, lo
hacían presentir así. Este libro da un fruto de años y para muchos años”.
***
Veo reunidas en esta sala algunas de las inteligencias más preclaras del
México contemporáneo. La Academia Mexicana de la Historia agradece
de manera muy especial la presencia en esta sesión del ciudadano que
preside la República, y de algunos de sus colaboradores más cercanos.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Se siente obligada también a expresar su gratitud a los centenares de
personas, procedentes de los sectores más activos de la vida cultural
de México, así como de aquellos que están vinculados con nuestra vida
política, económica y financiera, por el honor y la distinción que a esta
sesión confiere su presencia; y es mi grato deber decir ahora:
Sea bienvenido el licenciado don Jesús Reyes Heroles al sillón de la
Academia Mexicana de la Historia que ocupará hasta el fin de sus días.
Sabemos que, por méritos prolijos, tiene ganado desde hace muchos años
un lugar de honor entre los hombres que, a lo largo de este siglo, han
dedicado lo mejor de sus esfuerzos al rescate, al estudio y la revaloración de las huellas documentales que conservamos sobre una etapa
fundamental de la historia de nuestro país como nación independiente.
Licenciado don Jesús Reyes Heroles:
En su hermoso discurso inaugural, ha mencionado que “hacer historia
exige años y ayuda a tenerlos”. La historia, ha apuntado usted, “ayuda a
la longevidad y parece ser que la demanda”.
Ocupa usted desde hoy en esta Casa el sitial que supieron honrar con
sus esfuerzos y trabajos, sabios como don Federico Gómez de Orozco y
don Ángel María Garibay.
Sea usted bienvenido al sillón que dentro de esta Academia le corresponde, y que sea por muchos años.
Respuesta a Reyes Heroles
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
El mundo es cada vez
más un lugar de conflictos
violentos. Discurso ante el
Congreso de Estados Unidos*
Jorge Mario Bergoglio
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Vol. 2 / Núm. 7
El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos
Jorge Mario Bergoglio
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Nota introductoria del editor
P
or onceava ocasión un Papa visita Estados Unidos, pero por primera
vez pronuncia un discurso ante el Congreso de ese país. La presencia
del Papa Francisco ante los legisladores estadounidenses no hace más
que corroborar que la religión, como un fenómeno social, está implícita en
la vida política de una nación. Cuatro visitas papales ocurrieron cuando
formalmente estaban rotas las relaciones diplomáticas entre El Vaticano y
el gobierno de Estados Unidos; en las siguientes seis, que incluyeron cinco
visitas del Papa Juan Pablo II y una de Benedicto XVI, hubo distintos foros,
pero ninguno tan marcadamente político como el que le fue concedido al
actual Papa de la iglesia católica.
Se puede decir que también es el primer Papa que manifiesta de manera tan abierta la relación entre la política y los presupuestos de la religión
católica, porque asocia la responsabilidad individual y la misión del individuo con la responsabilidad social, del mismo modo en que señala que el
encargo de la política es la búsqueda del bien común, como la que realizan
los legisladores estadounidenses.
El discurso papal parte de derechos humanos que tradicionalmente
ha defendido la iglesia católica, pero que también han sido la bandera de
lucha del liberalismo como la libertad y la justicia, pero actualizando la
situación en el conflictivo contexto mundial actual. Así, el representante de
la iglesia católica, se refirió a la violencia que genera el sistema económico
capitalista –sin llamarlo como tal–, el narcotráfico, las formas de combate
a la migración, la violencia generada en nombre de las religiones, la pena
de muerte, así como la venta y tráfico de armas.
El Papa Francisco tejió su discurso apoyándose en cuatro figuras emblemáticas para el pueblo estadounidense: Abraham Lincoln, Martin Luther
King, Dorothy Day y Thomas Merton, dos políticos y dos religiosos, y cita,
además, extensamente las propuestas que ha realizado previamente en la
* Discurso pronunciado por el Papa Francisco ante el Congreso de los Estados Unidos de América el 23 de septiembre de 2015. La versión en español de la alocución papal fue tomada de
la página oficial de la Santa Sede, w2.vatican.va
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Encíclica Laudato si’ y en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium
(La alegría del evangelio). En la encíclica, el Papa Francisco se refiere extensamente a la sustentabilidad del planeta donde analiza críticamente el
concepto de progreso que ha colocado en riesgo a la humanidad, así como
el sometimiento de la política a la estructura financiera y tecnológica. De
nuevo, religión y política. Por otro lado, la exhortación apostólica citada en
su discurso se ha asociado a la teología de la liberación por el énfasis en el
bien común o bien del pueblo y donde mira críticamente la economía de la
exclusión, la idolatría por el dinero que convierte a este en un principio que
gobierna en lugar de ser un instrumento útil a la sociedad y la desigualdad
social que genera violencia. El discurso pronunciado por el Papa Francisco
en su visita a Estados Unidos es histórico por su escenario y porque sin duda
es una pieza de reflexión política.
Señor Vicepresidente,
Señor Presidente,
Distinguidos Miembros del Congreso,
Queridos amigos:
Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en “la tierra de los libres y
en la patria de los valientes”. Me gustaría pensar que lo han hecho porque
también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros
hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.
Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad
personal y social.
La de ustedes como miembros del Congreso, por medio de la actividad
legislativa, consiste en hacer que este país crezca como nación. Ustedes
son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender
y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y
exigente del bien común, pues este es el principal desvelo de la política.
El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos
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La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer
las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad
o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al
pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.
Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble
perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel
simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia
de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad
trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su
labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen
y semejanza plasmada por Dios en cada vida humana.
En esta perspectiva quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino
con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aquí
junto con sus representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar
con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y –poco a poco–
conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente
a pagar sus impuestos, sino que –con su servicio silencioso– sostienen
la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas
espontáneas pero también a través de organizaciones que buscan paliar
el dolor de los más necesitados.
Me gustaría dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabiduría
forjada por los años e intentan de muchas maneras, especialmente a
través del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos.
Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos
construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes
que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por
las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas
veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar
y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.
Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres
de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres es174
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tadounidenses. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades
propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos
hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su
propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores
fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo
con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos,
pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo
con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica,
una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio
de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras
reservas culturales.
Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln,
Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.
Estamos en el ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente
Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que “esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva
aurora de libertad”. Construir un futuro de libertad exige amor al bien
común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.
Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada
vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta
atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos
conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de
aberración individual o de extremismo ideológico.
Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere. Combatir la violencia
perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema
económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de
las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar. Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la
que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que
divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en
justos y pecadores.
El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos
Jorge Mario Bergoglio
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El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos
hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que
pretenden dividirlo en dos bandos. Sabemos que en el afán de querer
liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del
asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.
Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación,
de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopolíticas y económicas que abundan hoy.
También en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras
y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se
centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe
en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y
de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.
El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovación del
espíritu de colaboración que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de
tal desafío exigen poner en común los recursos y los talentos que poseemos y empeñarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.
En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una
gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como
en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor,
que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la
lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son
fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas
políticas y consensos sociales.
Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política
debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en
el respeto de su dignidad. “Sostenemos como evidentes estas verdades:
que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por el
176
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Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos está la vida, la
libertad y la búsqueda de la felicidad” (Declaración de Independencia,
4 julio 1776).
Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue
que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política
responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el
bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su
vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento
en este esfuerzo.
En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años
atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la
campaña por realizar el sueño de plenos derechos civiles y políticos para
los afroamericanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones.
Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de
los sueños. Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay
en los pueblos.
En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra
persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad.
Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros.
Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son
descendientes de inmigrantes. Trágicamente, los derechos de cuantos
vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia
estadounidense, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento.
Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos,
pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados
y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora
en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas
generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda
a los “vecinos”, a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva
El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos
Jorge Mario Bergoglio
177
a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiaridad, dando lo mejor
de nosotros. Confío que lo haremos.
Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, lo que representa
grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este
continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el
norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos,
en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que
nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar
por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus
historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a
su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna.
Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que
moleste. Recordemos la regla de oro: “Hagan ustedes con los demás como
quieran que los demás hagan con ustedes” (Mt 7,12).
Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a
los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser
tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como
queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos
seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el
parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda
la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana
en todas las etapas de su desarrollo.
Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de
la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque
cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad
inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse en la rehabilitación de
aquellos que han cometido algún delito. Recientemente, mis hermanos
Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para
178
Revista Mexicana de Cultura Política NA
la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que
animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y
necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo
de la rehabilitación.
En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no
puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del
Movimiento del Trabajador Católico. Su activismo social, su pasión por
la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio,
en su fe y en el ejemplo de los santos.
¡Cuánto se ha avanzado, en este sentido, en tantas partes del mundo!
¡Cuánto se viene trabajando en estos primeros años del tercer milenio
para sacar a las personas de la extrema pobreza! Sé que comparten mi
convicción de que todavía se debe hacer mucho más y que, en momentos de crisis y de dificultad económica, no se puede perder el espíritu de
solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar
cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza. También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha
contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en
sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé
que gran parte del pueblo estadounidense hoy, como ha sucedido en el
pasado, está haciéndole frente a este problema.
No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido
por la creación y distribución de la riqueza. El justo uso de los recursos
naturales, la aplicación de soluciones tecnológicas y la guía del espíritu emprendedor son parte indispensable de una economía que busca
ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. “La actividad
empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza
y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda
de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo
si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de
su servicio al bien común” (Laudato si’, 129). Y este bien común incluye
también la tierra, tema central de la Encíclica que he escrito recientemente para “entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común”
El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos
Jorge Mario Bergoglio
179
(ibíd., 3). “Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque
el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y
nos impactan a todos” (ibíd., 14).
En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para “reorientar el rumbo” (N. 61) y para evitar las más grandes consecuencias
que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana.
Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna
duda de que los Estados Unidos –y este Congreso– están llamados a tener
un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de
estrategias para implementar una “cultura del cuidado” (ibíd., 231) y
una “aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la
dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”
(ibíd., 139).
La libertad humana es capaz de limitar la técnica (cf. ibíd., 112); de
interpelar “nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar,
cultivar y limitar nuestro poder” (ibíd., 78); de poner la técnica al “servicio
de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral”
(ibíd., 112). Sé y confío que sus excelentes instituciones académicas y de
investigación pueden hacer una contribución vital en los próximos años.
Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, “masacre inútil”, en palabras
del Papa Benedicto XV, nace otro gran estadounidense, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual
y guía para muchos. En su autobiografía escribió: “Aunque libre por
naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual
había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo.
El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo,
que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin
embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas”. Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las
certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la
Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre
pueblos y religiones.
180
Revista Mexicana de Cultura Política NA
En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se
han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas
diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres
puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el
camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos
legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y
requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un
buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma
el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta
siempre por generar procesos más que por ocupar espacios (cf. Evangelii
Gaudium, 222-223).
Igualmente, ser un agente de diálogo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con
los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto
hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los
individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos,
es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas
veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es
nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.
Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños:
Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se
vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y
los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo
y la apertura a Dios.
Cuatro representantes del pueblo estadounidense.
Terminaré mi visita a su país en Filadelfia, donde participaré en el
Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este viaje
apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha
sido la familia en la construcción de este país. Y cuán digna sigue siendo
de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la
familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde
el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el
El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos
Jorge Mario Bergoglio
181
mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que
confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la
belleza de vivir en familia.
De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los
jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros
en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento
nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir
que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin
embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario,
tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar
una familia.
Una nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como
hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus
hombres soñar con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas,
como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y
la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo
contemplativo de Merton.
Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio
cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando
forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra
que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a Estados Unidos.
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
Homilía por la cultura*
Alfonso Reyes
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
Homilía por la cultura
Alfonso Reyes
183
Nota introductoria del editor
E
s difícil imaginar al hijo de un activo militar porfirista convertido en un erudito, a la manera en que se entendía hace cincuenta
o sesenta años la erudición, la intelectualidad o la cultura, como lo
fue Alfonso Reyes, miembro prominente del Ateneo de la Juventud que
vislumbró, de manera temprana, los riesgos de la perspectiva positivista,
la cual reverenciaba el grupo porfirista de Los Científicos, que en su afán
cientificista y modernizador relegaba a la cultura.
Hoy, no habría figura pública que tuviera el atrevimiento de subestimar
la cultura como ingrediente fundamental de la vida social. Sin embargo,
se ensalza una visión limitada de cultura, reduccionista y enciclopédica,
animada por la parcelación del conocimiento que legitima la universidad, quizá la misma que rechazaba Alfonso Reyes en la década de los
treinta. Se oculta la sobrevivencia de esta perspectiva de la mejor manera
posible: colocándola a la vista de todos con ayuda de la construcción de
un discurso complejo, debajo del cual se puede encontrar la raíz de ese
positivismo fundacional que nos puso a reverenciar sólo el conocimiento
cuantificable y verificable.
Cuando aparecen estos dilemas, se puede volver a figuras como Alfonso
Reyes, poseedor de un extenso conocimiento y de un problematizado concepto de cultura, cuando no había un debate a la altura de sus propuestas,
las que quizá sólo compartía con algunos de sus pares en el Ateneo de la
Juventud, porque sus reflexiones continúan vigentes. La Homilía por la cultura es uno de los ensayos más complejos de Reyes y totalizador, donde hace
un análisis muy personal de la vorágine capitalista, del lugar que ocupaba
América Latina y la conjunción entre ciencia y cultura. La cultura, afirma
Reyes, es una función unificadora. Era el universo en el que procesos de todo
tipo –políticos, sociales, económicos o estéticos– tienen un sitio; se les aísla
sólo como un ejercicio de estudio y abstracción, pero es el todo cultural el
que nos define. Los 78 años que han transcurrido desde que Alfonso Reyes
presentó la Homilía por la cultura, no le han restado brillantez a sus ideas
y a su enorme legado.
* Discurso pronunciado en la Asociación Bancaria de Buenos Aires, octubre de 1937.
184
Revista Mexicana de Cultura Política NA
H
I
onra a esta asociación el propósito de fomentar en su seno los
estímulos de la cultura. Esta conciliación entre la Económica y
las Humanidades contenta ciertamente nuestros viejos anhelos
platónicos, acariciados desde la infancia, y hasta nos convida a soñar
en un mundo mejor, donde llegue a resolverse la antinomia occidental entre la vida práctica y la vida del espíritu. Todo empeño por partir
artificialmente la unidad fundamental del ser humano tiene consecuencias funestas: arruina a las sociedades y entristece a los individuos. Por
encima de todas las especialidades y profesiones limitadas a que nos obliga
la complejidad de la época, hay que salvar aquella que Guyau y Rodó han
llamado la “profesión general de hombre”. Aparte de que el hombre de
varios recursos está mejor armado para los vaivenes de la suerte; porque
el que sólo tiene un recurso, es como el ratón de un solo agujero que decía, hace cuatro siglos, la Celestina: “No hay cosa más perdida, hija, que
el mur que no sabe sino un horado; si aquél le tapan, no habrá dónde se
esconda del gato”. Stendhal, llamado a escalar las tempestuosas montañas de la novela romántica, en cierto momento de su vida cuelga la espada de subteniente y se hace especiero en Marsella. Y el más alto poeta vivo
de mi país, Enrique González Martínez –que por cierto fue Ministro en
la Argentina hace pocos lustros– para sobrellevar el naufragio cuando lo
azotó la fortuna y tenía, como dice la gente, “el santo de espaldas”, abrió
tranquilamente un expendio de jabón y otras mercancías humildes,
pero limpias, al que puso como nombre y enseña el título de su más
famoso soneto: La Muerte del Cisne.
Querer encontrar el equilibrio moral en el solo ejercicio de una actividad técnica, más o menos estrecha, sin dejar abierta la ventana a la
circulación de las corrientes espirituales, conduce a los pueblos y a los
hombres a una manera de desnutrición y de escorbuto. Este mal afecta
al espíritu, a la felicidad, al bienestar y a la misma economía. Después de
todo, economía quiere decir recto aprovechamiento y armoniosa repartición entre los recursos de subsistencia. Y el desvincular la especialidad
de la universalidad equivale a cortar la raíz, la línea de alimentación.
Cuando los especialistas, magnetizados sobre su cabeza de alfiler, pierHomilía por la cultura
Alfonso Reyes
185
den de vista el conjunto de los fines humanos, producen aberraciones
políticas. Cuando los hombres lo pierden de vista, labran su desgracia
y la de los suyos. El otro día, en el film Tiempos Modernos, Chaplin nos
daba la caricatura, más trágica que risueña, de la psicosis a que conduce
la continuada ocupación de apretar tuercas en las máquinas. Cuidemos,
sí, cuidemos de apretar la tuerca que representa nuestro oficio práctico,
pero no olvidemos la otra tuerca, la que nos prende al universo. Si el universo –decía Pascal– nos contiene por el espacio, nosotros contenemos
al universo por el espíritu. Como “hay tiempo para llorar y tiempo para
reír”, debe haber tiempo para la acción y tiempo para la contemplación.
Un baño frecuente en los universales devuelve su elasticidad a nuestra
acción limitada y le presta nuevo vigor. Dicen que basta ver una vez al día,
de pasada y aun sin darle importancia, la imagen del Gran San Cristóbal,
para evitar accidentes y desgracias. Los chauffeurs suelen llevar consigo
una imagen del milagroso santo. Nuestro Gran San Cristóbal debe ser
este sentido de lo universal que se llama la cultura: un vistazo diario al
reino de la cultura, desde nuestra humilde ventanita, nos libertará de
accidentes y desgracias.
Platón, en uno de aquellos diálogos que varias veces han dado la
vuelta al mundo, destaca, bajo la apariencia de un símbolo poético, una
profunda verdad ideal. Asegura que los humanos no fueron siempre lo
que hoy son: que eran unos seres mixtos –hoy decimos mixtos o dobles,
pero habría que decir completos– en que la pareja hombre y mujer estaba
fundida en una sola unidad biológica que se bastaba a sí misma. Otro
símbolo nos ha dicho que Eva estaba intrínseca en el cuerpo de Adán:
brotó de su costilla, como el retoño brota en el tronco. Y la historia natural nos enseña que esta partición o bifurcación es uno de los modos
elementales de reproducirse los seres. Así, en la célula viva –examinada
al microscopio– acontecen revoluciones muy semejantes a los cismas
políticos: el núcleo engorda y se rompe, y cada pedazo se va a su rincón,
convertido, a su turno, en pequeño sol de un diminuto sistema planetario
de puntitos y bastoncitos; hasta que la célula original se divide en varias
células nuevas. De igual modo el ser andrógino de Platón se partió un
día en sus dos elementos, el masculino y el femenino. Y aquí comienza
el gritar y el rechinar de dientes, porque cada fragmento se acuerda (esto
186
Revista Mexicana de Cultura Política NA
de “acordarse” tiene una gran importancia en la filosofía platónica), se
acuerda –digo– de la unidad armoniosa que antes era, y se echa por la
vida a buscar, afanosamente, “su media naranja”.
Pues imaginemos ahora que la cabeza del hombre, continente filosófico para una imagen del universo, también haya sido partida en dos
cotiledones, catástrofe botánica de que aún parecen quedar vestigios en
los dos hemisferios cerebrales, tan semejantes a los granos de ciertas plantas, dobles y simétricos con respecto a un eje central. Imaginemos que un
pedazo de la cabeza se llevó toda la teoría y el otro toda la práctica, aquel
toda la contemplación, este toda la acción. ¡Ay! ¿Qué harían el uno sin
el otro? ¿Cómo no habían de anhelar juntarse y ayudarse entre sí, al igual
de los seres bifurcados de que hablaba Platón? Aspiran a coordinarse las
partes, aspira a recomponerse el rompecabezas (que aquí propiamente
podemos llamarle así) para que una y otra porción sumen sus flaquezas
y deficiencias y arreglen un compendio de energía cabal. Así la especialidad sin la universalidad es una mutilación; así el bancario sin la cultura,
como cualquier otro oficial de otro oficio cualquiera. Por eso, en aquel
soneto de Quevedo, el ciego –que anda y no ve– presta sus piernas y pide
sus pupilas al cojo –que ve y no anda– para entre los dos sacar un dechado
armonioso, una figura de viabilidad suficiente.
Y ya que nos hemos lanzado por este firmamento de los símbolos,
recordaremos la fábula egipcia de Isis y Osiris: Osiris, despedazado entre
todas las estrellas del cielo nocturno, aparece recompuesto en el cielo
diurno, y eso es el sol. Y el secreto es que Isis, la luna, junta cada noche,
estrella a estrella, los millones de fragmentos y trizas de su esposo. El
mito de Isis nos inspire: pensemos que la realidad cotidiana, en sus mil
embates, se empeña siempre en destrozarnos. Y reconstruyamos, con una
voluntad permanente, nuestra unidad necesaria. Esta, y no otra, amigos
míos, es la tarea de la cultura.
La cultura es una función unificadora. La concebimos bajo la especie geométrica del círculo, la figura total y armoniosa. La función
unificadora tiene un cuerpo y un alma. En el orden individual o moral,
todos lo entienden. En el social o político, el cuerpo es la geografía (necesidad) y el alma es la concordia (libertad). La voluntad de concordia,
Homilía por la cultura
Alfonso Reyes
187
de coherencia, de intercambio, procura, en todos los pueblos y a través de todas las tierras, nivelar y anular las desigualdades geográficas, para
que la circulación humana sea más plena y regular en la tierra. Se trata de
hacer de la tierra natural –accidente de la geografía– una tierra humana,
fruto de nuestra iniciativa hacia el bienestar y el mutuo entendimiento.
La cultura es una función unificadora. Los fenómenos se estudian
y se describen por partes, pero existen en manera de continuidad. Lo
aislado no se da ni en el espíritu ni en la naturaleza. El aislar un objeto
de acción o de conocimiento no es más que una operación transitoria y
provisional. Y he dicho bien una operación, porque tiene algo de treta
operatoria, de ligadura de una vena para evitar una sangría, mientras se
procede a una intervención. La inteligencia, en su proceso físico sobre
nuestra habitación terrestre, unifica nivelando y comunicando entre sí
las partes de la tierra. La inteligencia, en su proceso político sobre el ser
de nuestras sociedades, unifica creando el entendimiento internacional.
Cuando la inteligencia trabaja como agente unificador sobre su propia
sustancia, produce la cultura. Los conocimientos, las ciencias y las artes,
se cambian constantes avisos entre sí, viven de la intercomunicación.
Caso heroico el de la matemática, y por eso va a servirnos de ejemplo. La matemática, que los bancarios tienen obligación de practicar y
conocer como a personas de la familia, parece, por su abstracción misma,
una disciplina sin atmósfera social, un conocimiento neumático. Y, sin
embargo, está afianzada, como la yedra, al muro de la vida. Desde luego,
su abstracción misma la hace abrazar todos los fenómenos, considerados
bajo cierto aspecto, el aspecto cuantitativo. Esto nos explica ya su continuidad con todas las demás especies del conocimiento. Y, por paradójico
que a primera vista parezca, también los fenómenos de orden cualitativo
se dejan interpretar, sondear y captar por la matemática: esta red envuelve
todos los peces. Vamos a explicarlo con un caso concreto.
Al principio hemos recordado a Pascal. Pascal solía decir que por un
lado marchaba el espíritu de fineza (orden cualitativo) y por otro el espíritu de geometría (orden cuantitativo). La verdad es que hay entre ambos
unos vasos comunicantes. Escojamos una de las cosas más aparentes:
nade hay más aparente que la luz; la luz, madre de los colores. Pues he
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aquí que los colores lo mismo se prestan al conocimiento psicológico o
cualitativo, que al conocimiento físico o cuantitativo. Un día se produjo una controversia ilustre en la historia de las ciencias. Ella está representada por dos sabios: uno Newton y otro Goethe, el autor del Fausto, que
era también un hombre de ciencia. Newton emprendía la interpretación
cuantitativa de los colores; Goethe se aferraba en la cualitativa.
Cada uno tenía la mitad de la razón. Newton abría el ciclo de investigaciones que, poco a poco, habían de llevar a la ciencia a la explicación de
los colores como efectos de velocidades distintas en la onda luminosa; y
esta teoría ha sido fecunda para la física. Goethe insistía en la autonomía
cualitativa de cada color, en la sensación del color, y su análisis de esta
sensación no había sido superado hasta entonces. El hecho visual del
verde y el rojo no puede sustituirse por dos números que representen
dos velocidades de ondas diferentes; y, sin embargo, a través de este
lenguaje, la matemática opera y realiza resultados con una cosa que parece serle tan ajena como lo es la sensación que tenemos de los colores.
De suerte que una cifra algebraica puede, para ciertos efectos, hacer las
veces de un lienzo del Veronés, vibrante en su doble llama de azul acero
y naranjado.
Hay más: ni siquiera está desasida la matemática de la realidad social
de cada época. No me refiero sólo al progreso de las nociones o de los
instrumentos. El estado social en el aspecto más cualitativo y emotivo,
en el sentido de estado político, afecta profundamente la historia de la
matemática. El desarrollo y el ejercicio de este conocimiento no son
impermeables, por ejemplo, a la noción de clase social. La matemática
del antiguo Egipto, con ser tan asombrosa, nos resulta hoy envuelta
entre artificiales misterios de castas, que no tienen ya a nuestros ojos
más valor que el de un estado transitorio en las sociedades. El sacerdote,
el iniciado, era el único que tenía derecho a la fórmula para medir el
nivel de las crecientes del Nilo (y de las bajantes, para ser actual)*;y esta
circunstancia, a la vez que trascendía a la vida general de aquel pueblo,
se reflejaba en la vida de la matemática.
* Por los días en que se leyeron estas páginas, un fuerte viento occidental produjo una bajante
en el río de La Plata, perjudicando por algunas horas los servicios de agua en Buenos Aires.
Homilía por la cultura
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189
No necesitamos retroceder en los siglos para encontrar yerbas adventicias de antropomorfismo en el campo de la matemática. Los ejemplares
sociales de todas las épocas conviven en las distintas capas humanas
de cada época. Hay quien vive todavía en la Edad Media, y hay todavía
gente primitiva. Ciertos pueblos africanos de hoy en día sólo tienen
nombre numeral para las decenas, y completan las unidades sobrantes con gestos de la cara y señas de la mano. En la oscuridad, no pueden
comunicarse un cómputo. Para decir: “He visto cuatro cabras cruzar el
arroyo”, tienen que decir: “He visto cruzar el arroyo ¿cuántas cabras?”, y
aquí la mímica, el gesto o el ademán que corresponden al cuatro en un
como lenguaje de sordomudos.
Para quien vive en el nivel contemporáneo de la cultura, hoy la matemática es lo que es y parece ya del todo higienizada, pasteurizada contra
toda influencia antropomórfica. No estamos, sin embargo, muy seguros
de que nuestra matemática parezca igualmente pura a la humanidad del
año tres mil. Entre los mismos sabios de nuestra época se nota una pugna
de criterios, pugna que precisamente se resuelve en una fundamentación más humana de las ciencias exactas. De un lado, aquella tradición
que arranca de Descartes (cuyo Discurso del Método está recordando la
gente universitaria de nuestros días, al cumplirse el tercer centenario de
su aparición) y que remata con los logísticos contemporáneos, tiende a
considerar la matemática como una disciplina formal, como una síntesis
lógica, lo que hace decir a un matemático de la otra escuela que también
hay arquitectos que, por usar del cemento para juntar sus materiales, quieren construir todo su palacio con cemento. De otro lado, hay otros
que consideran que en la matemática hay un acto de invención humana,
el cual puede representarse simbólicamente en el instante de elección
de las fórmulas, de que han de resultar las teorías y las conclusiones, y
que es este punto de vista el que ha permitido los grandes adelantos del
siglo pasado y del presente. Como veis, la matemática vive del cambio
con el estado general de la mente, con la cultura. Aun la invención y la
imaginación tienen que ver con ella. Y cuando la célebre manzana cae
sobre la cabeza de un hombre, se desata, dentro de esa cabeza, un proceso de asociaciones que lo llevan hasta la formulación de algunas leyes
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Revista Mexicana de Cultura Política NA
físicas fundamentales, proceso que anda mezclado con muchas cosas
que no son puramente abstractas y que hasta participa de los caracteres del proceso poético.
Y ya que hemos llegado a la física ¿quién ignora la historia de los
arrepentimientos de Galileo, arrepentimientos de dientes para fuera a
que le obligó la policía de su época? ¿Quién negaría entonces la trabazón
social que envuelve a la historia de esta ciencia exacta? No hay sólo una
trabazón social, hay también una trabazón emocional y sensible. Considérese solamente el esfuerzo que hace el hombre medio de nuestros
días (esfuerzo comparable al del contemporáneo de la gran revolución
copernicana, que de pronto se sintió expulsado del centro del universo)
para aceptar íntimamente las nociones de una geometría no euclidiana,
un mundo de cuatro dimensiones, un continuo de espacio-tiempo, un
rayo de luz que –por la naturaleza misma de las cosas– recorre una trayectoria en redondo y, tras de millones de milenios, regresa a su punto
de partida y, por decirlo así, se muerde la cola. No sólo las ciencias se
armonizan entre sí como las distintas partes de un organismo, sino que
este organismo, el organismo de la multura, está empapado y vivificado
por la misma sangre de emoción que penetra todas las cosas humanas.
II
Una de las mujeres más extraordinarias que han nacido en América,
la monja mexicana Sor Juana Inés de la Cruz –a quien en su tiempo, el
siglo XVII, llamaron la Décima Musa y que, a más de poetisa, era una
mente filosófica y lo que hoy diríamos un carácter, había descubierto
algo que constituye a la vez el secreto de la cultura y el secreto del estudio. En sus afanes por entenderlo todo, en su incontrastable sed de
conocimiento que rayaba en la heroicidad, luchando con los obstáculos que nuestras sociedades han opuesto de todo tiempo a las mujeres
que quieren embarcarse en el mismo barco de los hombres, y que hacían
de la Colonia un medio singularmente impropicio para su formación intelectual; desvelándose a solas, como decía la pobre, sin más maestro que
un libro ni más condiscípulo que un tintero insensible con quien departir
sobre las verdades que iba adquiriendo; se había dado cuenta de esta
Homilía por la cultura
Alfonso Reyes
191
intercomunicación que existe entre los distintos órdenes del saber; había
comprobado por sí misma que unas disciplinas ayudan a las otras, y que
aquello que no alcanzaba directamente en la teología, a lo mejor venía a
entenderlo a través de la matemática; y lo de aquí con ayuda de la música,
y lo de más allá con la historia. Esta colonización interior entre unas y
otras provincias; este riego que, por pendiente natural, parece escurrir
de unos a otros lechos vegetales, fertilizándolos inesperadamente, es un
fenómeno espontáneo, pero se produce con más facilidad y frecuencia
cuando lo ayudamos con un poco de iniciativa, La atención orientada
como que abre las compuertas, los vasos comunicantes.
A este propósito, voy a contar una modesta experiencia personal. Inclinado por vocación y estudios a las cosas de la literatura; algo tocado de
poesía o, como se dice en mi tierra, “picado de la araña”; pero obligado, por
otra parte, al estudio de las cosas sociales, en virtud de los encargos que
desempeño –siempre al revés de lo que muchos pretenden– he procurado
persuadirme (y aquí de la orientación voluntaria a que antes me refiero)
de que este mi trabajo que llamaríamos oficial no desvía mis personales
aficiones, antes las nutre y enriquece. En el Brasil, me encontré en el caso
de documentarme sobre la historia económica de aquel país inmenso y
asombroso. Y he aquí que, a medida que se completaba en mi mente la
figura de ciertos hechos sobre el desenvolvimiento y etapas de la riqueza
brasileña, paralelamente se iba precipitando en mi interior la concepción
de una obra teatral de cuyo trazo doy las primicias. Sé que esta exposición desequilibra un poco las proporciones de mi charla, pero me parece
oportuna ante un auditorio de trabajadores de la economía nacional. Tal
vez no escribiré nunca el drama soñado. Narrando las grandes líneas del
proyecto, habré cumplido hasta cierto punto con mi conciencia.
Se trata de un drama de materialismo histórico. El héroe individual
queda sustituido por la multitud: la estadística, el saldo general, importan
más que los actos de un protagonista determinado. A esta concepción
literaria, que en nuestro tiempo Jules Romains ha bautizado con el nombre
de unanimismo, se acercaban ya Cervantes en la Numancia y Lope de Vega
en la Fuenteovejuna, donde el verdadero héroe viene a ser la voz popular.
192
Revista Mexicana de Cultura Política NA
El Brasil, enorme territorio político, va siendo paulatinamente captado
por el aprovechamiento económico de los colonizadores portugueses,
holandeses, franceses, que luchan entre sí para quedarse con la tierra
recién descubierta. De uno a otro punto del litoral se tienden poco a poco
líneas de colonización; y del litoral hacia el interior avanzan las banderas
de los exploradores. La frontera económica está en marcha, para llegar a
coincidir con la frontera política. La bandera adelanta como una tribu de
la Biblia, llevando consigo sus familias, sus sacerdotes, sus jueces y jefes
militares. Algunos se quedan en el camino y van formando los sertöes
o poblaciones interiores: el río de sangre hace charcas aquí y allá, y se
va coagulando en la tierra donde ha caído. Los bandeirantes tienen algo
de los condottieri italianos y son una transformación sudamericana del
aventurero europeo que produjo el Renacimiento. Este, el movimiento
general. Y ahora las sucesivas etapas.
La economía del Brasil se desenvuelve en una serie de monoculturas
extensivas. Ellas dominan un tiempo los mercados, y luego se hunden
bajo la competencia de las culturas intensivas, mejor pertrechadas, que
van apareciendo en otras partes del mundo. Cada uno de estos monopolios naturales en torno a lo que se llama un leading article o artículo
principal, coincide con el aprovechamiento de nuevas áreas, con un avance
de la frontera económica, y determina un auge y hasta un tipo nuevo de
civilización. Y cada auge, al final del acto, acaba en una crisis producida
por la competencia exterior; en una desbandada de los pueblos hacia una
nueva región donde acaba de aparecer otra riqueza; la cual, a su turno y
por algún tiempo, regirá en señora absoluta los mercados.
La primera etapa es la civilización del azúcar. Colón trajo la caña
a las Indias Occidentales en 1493. En 1532, la caña fue importada de
Madera al Brasil. Cultivóse en San Vicente y luego en Pernambuco y
Bahía, la Virginia sudamericana, y no la Roma negra como exagera Paul
Morand. Hasta fines del siglo XVII, domina en los mercados el azúcar
brasileña, que luego cede el paso a las Indias Occidentales y a Europa. En
aquel siglo alcanza importancia mundial y es el producto por excelencia
del tráfico ultramarino. La colonización holandesa, bajo el conde de
Nassau, en el nordeste del Brasil, vive del azúcar. La expulsión de los
Homilía por la cultura
Alfonso Reyes
193
holandeses, en 1655, redunda en la decadencia del producto, que poco
a poco desciende a la categoría de industria doméstica. Pero no es esta
la única causa del menoscabo. Hay otra causa interior: desde mediados del
XVII, las minas de oro y de diamantes han comenzado a atraer el capital y
el trabajo hacia otras zonas del país. Los fazendeiros y los esclavos emigran
hacia Minas Geraes o Río de Janeiro, gran centro de lavaderos de oro.
La civilización del azúcar, para cuya pintura Oliveira Lima nos prestaría
su pluma incomparable, conoce todavía algunos altibajos ocasionales:
el sistema continental de Napoleón afectará el mercado azucarero; la
rebelión de esclavos en Haití destruye los ingenios; los Estados Unidos
se abren como nueva e importante plaza, lo que determina un relativo
renacimiento de Pernambuco a principios del XIX. Pero a mediados del
siglo recibirá otro golpe, con la revolución técnica y la lucha entre la caña
y la remolacha. El ferrocarril tiende a convertir los plantíos dispersos en
magnas empresas. En vano se procura adoptar el sistema cubano de las
Centrales. La abolición de la esclavitud (1888) deja la industria sin manos. La guerra mundial trae otro pasajero auge. Sao Paulo ha comenzado
también a producir azúcar y en Río Grande do Sul también se cultiva
la caña. Matto Grosso se empeña en lo mismo, aprovechando sus bocas
naturales que están en Paraguay y Bolivia. El Brasil produce lo bastante
para su propio consumo, y el café –que los brasileños endulzan mucho–
vehicula la venta del azúcar. Se la aplica ya a la creciente industria de la
fruta en conserva. Y así, entre ondas históricas, se desarrolla el acto de
la civilización del azúcar.
En el siglo XVIII domina el oro, que cede el paso después ante el auge
de California, Sudáfrica y Australia. Buscando ansiosamente desde los
orígenes de la colonización –cuando los reyes portugueses mandan escudriñar, como decía el poeta Claudio Manoel, “os thesouros que occulta
e guarda a terra”–; descubierto provisionalmente en San Vicente y luego
en Catagua (1560) y en otras regiones de Minas Geraes; procurado con
afán en el XVII por los exploradores paulistas que se internaban hasta
Minas cazando indios, sólo a fines de aquel siglo puede decirse que se
convierte en riqueza, al afortunado hallazgo de la bandera de Rodrigues
Arzao (1693). Aparecen las minas de Sao Joao d᾽El-Rei y de Goyaz. De
194
Revista Mexicana de Cultura Política NA
todo el mundo acuden los aventureros, al grado que por el valle de San
Francisco (Bahía) nace una actividad ganadera subsidiaria, para alimentar a los buscadores de oro. En cambio, se abandona la agricultura. A la
fábula del Potosí sucede la fábula de la Villa Rica. En Goyaz, se repueblan
establecimientos ya medio descuidados, algunos de los cuales dan origen
a un centro ganadero todavía floreciente. Nacen las ciudades de Donna
Marianna, Villa Rica, Ouro Preto, Sao Joao d᾽El-Rei. Por todos sitios
apunta el oro, que hoy sólo queda en Minas (Passagem, Morro Velho).
La onda crece hasta 1760. Al comenzar el siguiente siglo, un amigo de
Goethe a quien este solía encargar diamantes brasileños, el barón von
Eschwege, organiza científicamente la extracción. En 1824 aparece la
primera irrupción del capital extranjero: The Imperial Brazilian Mining
Association. “Gran parte del oro brasileño –escribía Adam Smith– viene
anualmente a Inglaterra.” La Gran Bretaña, que tenía muy viejas alianzas
con Portugal (acaso las más antiguas de Europa, puesto que datan de las
Cruzadas); que ya en el siglo XVII podía considerar el comercio portugués como un comercio británico bajo el pabellón de Braganza; que con
el tratado de Methuen (1703) se había asegurado la plaza portuguesa;
que al sobrevenir las guerras napoleónicas había sugerido y costeado el
traslado de la corte de Lisboa al Brasil, queda en calidad de intermediaria,
no sólo entre el Brasil y el resto del mundo, sino también entre el Brasil y
la antigua metrópoli. Logra que sus créditos contra Portugal sean transferidos al Brasil, deudor todavía virgen; y así, bajo su tutela, lo lanza algo
prematuramente a la experiencia de las deudas internacionales. El primer
Banco del Brasil suspende un día sus pagos en metálico (1821), porque
el almacén de oro del mundo se ha quedado sin oro. Y empieza la larga
historia del papel de Estado irredimible, con vaivenes hacia el metalismo y
recaídas inevitables; con episodios como la crisis del “xemxem” o moneda
falsa de cobre; hasta que, en 1918, sobreviene la prohibición de exportar
el oro, que debe entregarse al tesoro nacional. Una escena aparte, que
abriera un compás de espera en nuestro drama, podría mostrarnos aquí
las vicisitudes de los bancos centrales, en los países enormes sembrados de
plazas pequeñas y sin comunicación entre sí. Legendario pasado, presente
pobre, futuro indescifrable: tal es la civilización del oro en el Brasil. Ella
deja ostentosas huellas artísticas, y el recuerdo de las favoritas paseadas
Homilía por la cultura
Alfonso Reyes
195
en andas por las calles, entre las aclamaciones de la muchedumbre. Al
fondo, las joyas labradas, la rica arquitectura eclesiástica del Aleijadinho,
la más importante del Brasil.
A fines del XVIII, el algodón brasileño domina en la plaza londinense, pronto arruinado por el invento de los almarráes, y deja el sitio a los
Estados Unidos. Bahía, Pernambuco y Maranhao inician con la colonia
este tipo o civilización del algodón; surten primero a sus distritos, y acaban por producir para todo el mundo. Hay fábricas de tejidos en Minas
desde mediados del XVIII. El siguiente siglo conoce el auge de Ceará,
aunque ya se deja sentir la competencia norteamericana. Por 1822 hay,
en Europa, una caída de precios. La guerra de secesión de los Estados
Unidos da otra vez juego libre al algodón brasileño. Pero, rehecha aquella
gran república, pronto prima sobre la producción del Brasil, esta producción casera, paternal e idílica de ingenios de esclavos. Y otra vez la
abolición de la esclavitud (1888) reduce de pronto la industria a límites
domésticos. La dislocación fue aquí más grave que en el caso del azúcar.
El caucho, que aparece en el norte, imanta hacia allá las energías. La
guerra mundial trae, como de costumbre, una bonanza pasajera. La tarifa proteccionista de 1914 tiende a desarrollar la industria más de prisa
que la producción. Las fábricas, acosadas, distribuyen semillas entre los
plantadores. Los mercados vuelven del exterior al interior: industriales
de San Paulo, Minas y Río consumen el producto; ahora el norte provee
al sur. En los últimos tiempos, Sao Paulo y Río Grande do Sul se han
hecho productores en tal medida, que despiertan el interés del Japón,
cuyas misiones comerciales proyectan posibles transferencias al Brasil de
sus compras en los Estados Unidos. Y con esta ceremoniosa aparición
de los asiáticos se cierra el acto de la civilización algodonera.
El siglo XIX, como era de esperar, ofrece un cuadro más complejo y
variado; los movimientos se aceleran y también las sustituciones de las
monoculturas, que se pisan unas a otras. Entonces la supremacía de un
producto accesorio –el cacao, pronto derrotado por el Ecuador y luego
por Venezuela y Colombia– casi se ahoga entre el apogeo fantástico del
caucho, del que habrá de dar cuenta el Asia. Y se desarrolla el artículo por
excelencia, el café, que, entre el rejuego de calidades y precios, sufre los
196
Revista Mexicana de Cultura Política NA
tremendos embates del género fino de Colombia, de Venezuela y Centroamérica. La naranja ayuda subsidiariamente a los cafeteros, obligados a
suspender las labores del principal artículo. Veamos primero el caso del
caucho y luego el del café.
Sólo el oro nació en el corazón del Brasil. Azúcar, algodón y caucho
vinieron del norte. El caucho se da por la cuenca del Amazonas. Imagínese lo que sería la representación de la selva amazónica en un escenario
bien montado. Los seringueiros, casi sin medios de comunicación, entran
por los bosques, temerosos como feraces, dando tajos con sus cuchillas
para recoger en los troncos el precioso sudor, que a esto se reduce toda
su técnica. Conocido el caucho brasileño desde el siglo XV1 –los indios
lo usaban para muchos fines– sólo entra en la vida ostensible en el XIX,
desde la industrialización de Maclntoch (1823). La edad dorada corresponde a los años 1905-1910, época en que todo se abandona en el
norte por seguir la suerte del caucho: café, algodón, cacao, arroz, tabaco,
nueces del Pará. El sur se ve obligado a proveer a las crecientes poblaciones del norte. Pero el caucho plantado va minando al caucho silvestre.
Británicos y holandeses irrumpen con su artículo perfeccionado y sus
precios más atractivos. Wickham se había llevado al Oriente la semilla
amazónica por 1876. De 1910 en adelante, Ceilán y Malaya han conquistado las plazas. A los dos años, el caucho brasileño ha perdido su lugar de
honor. En vano la guerra mundial lo alivia un poco. El auge del caucho
es un cuadro semejante al del oro: fantástica atracción seguida de bruscas desilusiones; una marcha más de la frontera (la adquisición del territorio del Acre, por el tratado de Petrópolis, 1903) y un nuevo progreso
de la colonización interior: después de varios días de navegación por
entre la selva primitiva, se alza, inesperada como en un cuento árabe,
la ciudad de Manaos. La misma política internacional ha entrado en
juego, y hay conflictos con el Perú y Bolivia, problemas con relación a
las concesiones norteamericanas de Ford, a las concesiones japonesas y
a los intereses de los navieros británicos. Y la caída es aquí todavía más
trágica que en los otros casos. En 1921 se llega a la máxima depresión.
Y en vez de avanzar, la misma frontera económica parece que retrocede
entonces: por las márgenes del sagrado río, se ven pueblos abandonados;
un perro, vuelto silvestre, aúlla largamente entre las ruinas.
Homilía por la cultura
Alfonso Reyes
197
En cuanto al café, eje de la economía nacional en nuestros tiempos,
ha sido llevado por el Amazonas y Pará allá en 1723. Pronto se traslada
a Río de Janeiro el principal cultivo, y a comienzos del siglo pasado, a
Sao Paulo, que vendrá a ser el centro. Hasta 1830, las Indias Occidentales
habían dominado el artículo, a través de Londres. De entonces hasta los
años del sesenta, pasa el turno a Java, a través de Amsterdam y Rotterdam.
En el setenta, al Brasil. Hasta 1887, las plazas son Nueva York, el Havre,
Hamburgo, y el café de Santos lleva la palma. En la actualidad, las plazas
son Santos, Río de Janeiro, Nueva York. Como la planta sólo se cosecha
a los cinco años y la tierra roja es costosa –esa tierra roja de los cafetales
que pinta deliciosamente Portinari– la inversión de capital es mayor; y
esto nos da un tipo de economía y de vida muy diferentes que en los otros
artículos. Junto al pequeño fazendeiro, el grande nos aparece ya como un
comerciante urbano. Entre las alternativas de esta agitada historia, veremos batallas contra otras potencias cafeteras (Sielcken y Arbuckle Bros.,
por ejemplo), y cautelas contra la sobreproducción como las de Java en
la primera mitad del siglo XIX. El imperio, en sus postrimerías, intenta la
regulación por el monopolio. En 1902 se restringen las plantaciones en
Sao Paulo. Las tentaciones del privilegio llevan al exceso de especulación.
A veces la valoración del café revela una pugna entre los vastos planes
nacionales de S. Paulo y los modestos planes locales del gobierno federal.
El café adquiere carácter de moneda. Las mismas defensas y protecciones
inauguradas en 1906 hacen del café una empresa financiera en magna
escala. El peso de esta economía gravita sobre la política que, de 1889 en
adelante, aparece regida por el café en mucha parte, bajo la hegemonía
creciente de S. Paulo. Lo que no se pudo para el azúcar, se logra para el
café: transformar en institución permanente el sistema de defensas. En
1924 funciona ya un Instituto del Café con banco especial. Las facilidades que alcanza S. Paulo despiertan la rivalidad de otras regiones. La
catástrofe se cierne ya, y los cafeteros de S. Paulo hablan todavía en tono
satisfecho y ufano, en vísperas del año terrible de 1929. La crisis hace
posible la revolución de octubre de 1930, e inaugura la segunda república.
Esta, llamada a repartir entre todos los estados de la nación la antigua
hegemonía paulista, procura también, para en adelante, salvar al país de
las convulsiones de la monocultura, orientándolo hacia la policultura,
más estable de suyo.
198
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Y toda esta epopeya del esfuerzo humano se desenvuelve sobre escenarios deslumbradores: el descubrimiento; la colonización y conquista; las
luchas por la posesión exclusiva entre varios pueblos europeos; la aventura
de los hugonotes de Villegagnon; la fastuosa colonia; el traslado del rey
D. Joao VI, el hombre de las iniciativas, que llega un día con su corte, su
peluquero Monsieur Catilino y su costurera Madama Josefina; el franqueo
de puertos que Inglaterra comienza por asegurarse en pacto secreto y
que luego se abren al mundo; el regreso de la corte a Portugal, que barre
consigo todas las reservas del Estado, puesto que en suma el monarca
veía como patrimonio privado el tesoro público; los esfuerzos para restaurar la economía con impuestos, impuestos hasta sobre la confesión de los
fieles; la célebre cabalgata de D. Pedro I para anunciar la independencia a
su pueblo; el imperio dorado y dulce; D. Pedro II, filósofo en el trono; las
guerras del sur; la república. Pasan las figuras de Tiradentes, de Caxias,
de Ruy Barbosa. Y los actores del drama: el explorador y guerrero que se
va cambiando en sertanejo; este, que deriva hacia el fazendeiro; y el nieto
o biznieto que es ya paulista, financiero urbano, empresario moderno. Y
por los abiertos brazos del litoral, la inmigración que irrumpe sin freno,
y a la que sólo la última Constitución impone gradaciones y filtros.
Este rapidísimo desfile no tenía más fin que el recordaros el pleno
contenido humano –total, integralmente humano– que se esconde bajo la armadura de una ciencia al parecer abstracta. No tenía otro objeto
que el demostraros cómo un simple aficionado a las letras puede hallar
también su alimento en los cuadros estadísticos, las listas de precios y los
conocimientos de embarque. Ni siquiera faltaría en el drama la nota de
humorismo patético. También la encontré un día entre los papeles que
andaba revolviendo. Sabréis, en efecto, que el espíritu bancario y de asociación, inspirado en el sansimonismo, hizo presa en el Brasil por obra,
sobre todo, de aquel formidable vizconde de Mauá, cuya penetración
financiera lo mismo se hacía sentir en su país que en Europa y en el río
de La Plata. Los años medios del siglo XIX fueron la época de los bancos
privados. Pues bien: al estudiar la crisis que en 1857, vino a arruinar a
tantas firmas particulares, sirviéndoles de prueba de resistencia, y dio al
traste, singularmente, con el célebre banco de J. A. Souto e Cia., averigüé
con sorpresa que la quiebra de esta institución sacudió a tal punto hasta
Homilía por la cultura
Alfonso Reyes
199
los rincones más escondidos del Brasil, que todavía a principios de este
siglo, entre los sertöes y pueblos apartados, era posible comprar loros (los
loros, como sabéis, viven muchos años) que repetían mecánicamente el
siniestro grito: “O Souto quebrou! O Souto quebrou!”
Así, pues, una sola rama del saber puede conducirnos al más ancho
contacto humano, a poco que nos mantengamos en el propósito de abrir
los vasos comunicantes.
Y finalmente, cuando ya se hayan agotado todas las operaciones del
análisis racional, entra la loca de la casa, la imaginación, electricidad
esencial del espíritu que todo lo enciende y vivifica. ¿Cómo evitar que
la imaginación nos transporte hasta nuevos mundos, partiendo de un
dato científico y hasta de una cifra? ¿Ni por qué evitarlo, sobre todo? Al
joven Humboldt, empleado en una casa de comercio (bancario, podemos
decir) las columnas de números se le figuraban ejércitos de piratas: y
así la imaginación lo iba empujando, desordenadamente, hacia aquella
vocación de descubridor y viajero que ha de convertirlo en el fundador
de la moderna geografía americana.
Yo mismo ando revoloteando hace rato, a vuestros ojos, en alas de
la imaginación. Conviene frenar. Sólo he querido, en esta charla sin
pretensiones, excitaros a las desinteresadas delicias del espíritu, que
nos consuelan de la diaria labor y nos vigorizan para mejor cumplirla.
Ya veis cómo, desde la más modesta tarea de la contabilidad, podemos
lanzarnos hasta el cielo puro de las ideas.
200
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Repisa
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Vol. 2 / Núm. 7
201
La fronda liberal.
La reinvención del liberalismo
en México (1990-2014),
José Antonio Aguilar Rivera,
Taurus-CIDE, México, 2014,
364 pp.
Efrén Arellano Trejo
Esta obra muestra que el liberalismo mexicano se reinventó en las
últimas décadas. Mientras que en
América Latina esta corriente de
pensamiento está en retirada, México vive el tercer momento liberal
de su historia, iniciado en el año
2000 con la primera alternancia en
la Presidencia de la República. Para
probar este dinamismo, los ensayos
incluidos en este libro analizan el
poder transformador de los valores
esenciales del liberalismo (libertad
e igualdad, principalmente); identifican y combaten los rezagos de
la democracia mexicana; y aportan
propuestas concretas para reformar
la economía, las leyes y las instituciones.
Los autores que aceptaron participar en esta obra, dice Aguilar
Rivera, se consideran a sí mismos
liberales o se identifican con su
agenda y no tienen objeción en
202
Revista Mexicana de Cultura Política NA
aparecer en un libro que muestra,
en gran medida, a los representantes actuales del liberalismo mexicano. En el espectro ideológico se
ubican desde el centro izquierda y
hasta la derecha.
Los trabajos incluidos ilustran
cómo el liberalismo ha dejado
una huella profunda en la historia universal de la filosofía y la
teoría política; en el surgimiento y
evolución del constitucionalismo;
y en la creación de los Estados
nacionales; y tiene además una
gran presencia en los debates contemporáneos –alejados de dogmas
y fanatismos– que buscan crear
sociedades prósperas e incluyentes.
La obra incluye 24 ensayos,
el fragmento de un amparo y un
debate reciente sobre el indigenismo; todo ello agrupado en cinco
secciones. Algunos trabajos fueron
escritos exprofeso para este libro
y otros más publicados anteriormente o presentados a manera de
conferencias entre 1990 y 2014.
Con esta antología, José Antonio
Aguilar Rivera continúa su labor
como analista y divulgador del
pensamiento liberal. Sus obras más
representativas en este camino son
el ensayo de interpretación titulado La geometría y el mito (FCE,
2000) y la antología La espada y
la pluma. Libertad y liberalismo en
México, 1821-2005 (FCE, 2011). A
continuación se describen algunos
de los conceptos centrales que sirven como hilo conductor en estos
ensayos.
Valores, instituciones
y temperamento
La fronda liberal inicia con una
sección dedicada al liberalismo en
México: pasado y futuro. Los ensayos aquí incluidos coinciden en
señalar que es posible identificar
diversos liberalismos. “El liberalismo como doctrina ha tenido
una evolución difícil de reducir:
de Locke a Stuart Mill a Leonard
Hobhouse, de Montesquieu a
Constant a Tocqueville, el liberalismo ha cambiado para hacerse
casi irreconocible”, advierte en su
trabajo Fernando Escalante.
Esto significa –a decir de Escalante– que toda manifestación del
liberalismo es única y sólo puede
entenderse situada en un momento
y lugar precisos. El liberalismo del
siglo XIX floreció frente a un Estado
precario, con escasos recursos y sin
cohesión social. En este contexto,
tuvo que ser estatista, republicano,
nacionalista y anticlerical. Sin embargo, representaba una aspiración
minoritaria que enfrentó la oposición ideológica y armada de un país
que creció con otras tradiciones y
valores.
Como lo señala Aguilar Camín,
“lo nuestro era el régimen monárquico con sus cadenas de fueros
y corporaciones, la unidad de la
Iglesia y el Estado, y la negociación
hacia arriba. Todo iba a la Corona
en busca de concesiones y mercedes y todo venía de la Corona, igual
que hace unas décadas todo iba y
venía del Presidente, y ahora todo
va y viene del gobernador”.
Los liberales mexicanos del
siglo XIX ganaron la guerra pero
no la batalla ideológica, como lo
recuerda Macario Schettino. En
México, dice, se impuso una visión
liberal que no coincidía con la opinión mayoritaria de los mexicanos
y ni siquiera de su clase dirigente.
Una discusión que después fue
Reseña
203
subsumida y relegada por el éxito
económico y la paz porfiriana.
El liberalismo, tal como argumenta Roberto Breña, es algo
más que una ideología que valora
y protege al máximo los derechos
que se desprenden de la libertad.
Es también un conjunto de instituciones políticas y de mecanismos
de gobierno establecidos para que
cada quien cumpla el plan de vida
que ha decidido de forma autónoma. Y es, dice Breña, un cierto
talante o temperamento que se
caracteriza por una afinidad natural con el pluralismo, por buscar
el progreso, por ser propenso al
diálogo y estar dispuesto a ceder
en algunos puntos.
La crítica a los partidos
La segunda sección de esta obra,
dedicada a la religión, la izquierda y la acción política, es una
muestra de la riqueza de matices
y prioridades que pueden incluirse en la búsqueda primigenia de
libertad e igualdad. Roger Bartra,
por ejemplo, aporta evidencias del
sentimentalismo y la emotividad
impregnados en el discurso de
diversos personajes de la izquierda mexicana. Para subsanar esta
deficiencia, Bartra advierte que la
204
Revista Mexicana de Cultura Política NA
confluencia de la tradición socialista y liberal sigue siendo un terreno
fértil para nuevas ideas. Esto significa, dice, aceptar el reformismo
y abandonar las esperanzas en un
proceso revolucionario; renunciar
a la violencia y aceptar que los
cambios propuestos dejen de estar
inscritos en el rápido vuelco estructural del sistema.
En esta misma sección se incluye un artículo de Alonso Lujambio
y Fernando Rodríguez Duval, el
cual aclara la relación entre uno
de los fundadores del PAN, Manuel
Gómez Morín, y el catolicismo que
contribuyó a la creación de este
partido. En estas páginas se documenta la confluencia de diversos
grupos y posiciones ideológicas
en la construcción de este instituto
político y se subraya que Gómez
Morín prefería hablar de la religión
católica como un hecho histórico y
no como un eje central de la identidad de la nación.
Un botón de muestra del pensamiento liberal del prócer fundador es lo siguiente: “que el Estado
deje de atacar las convicciones
religiosas, que los actores políticos compitan abiertamente y con
la técnica produzcan políticas
públicas y bienes públicos; que
quien profesa una religión pueda
ejercerla con libertad y sin pensar
que la sociedad toda deba seguir,
necesariamente, sus pautas de
conducta y sus valores”.
ocasión electora… El partido del
primado de la política es el partido
del primado de la despensa”.
Germán Martínez Cázares, expresidente del PAN, escribe un texto
para mostrar que la fundación de
este partido fue una apuesta por
la libertad, una ruta que sigue a
Karl Popper, “que no cree en una
acción ordenada por un método
científico, capaz de desvelar el
futuro al medir el pasado, como
lo han soñado los admiradores del
Estado omnipresente. Al aceptar
el determinismo histórico o la acción estatal invasora de la iniciativa
personal, sería despojarse de uno
de los pilares de su pensamiento,
la responsabilidad”.
En la tercera sección titulada “La
civilización liberal”, Pedro Salazar
aborda diversos aspectos de la
relación entre democracia y populismo en América Latina. Uno
de sus argumentos es que el liberalismo político es compatible con
la democracia, pero no se funde
ni debe confundirse con esta forma de gobierno: “ambos sistemas
–el constitucionalismo liberal y la
democracia– pueden reforzarse
y potenciarse mutuamente, pero
mantienen una relación cruzada
por múltiples tensiones”. Una de
ellas es la derivación de las democracias en sistemas populistas, los
cuales combinan la masificación
del poder con su concentración.
Por ello, sostiene Salazar, para los
seguidores de Hugo Chávez en
Venezuela, de Correa en Ecuador
y de Evo Morales en Bolivia, el liberalismo se opone al absolutismo
autocrático, en cualquiera de sus
versiones, incluyendo el populismo (por más progresista que este
pretenda ser)”.
De manera crítica Martínez
Cázares sostiene que el PAN, al
competir exitosamente en la arena
electoral y al ejercer la Presidencia
de la República olvidó sus principios liberales. “La acción nacional
que el PAN le propuso a muchos
mexicanos, dice, fue estirar la
mano al gobierno. Luego entonces mandan en el partido aquellos
dirigentes que ‘bajan recursos’ de
los distintos gobiernos y los distribuyen para cebar clientelas de
En contra del populismo
Reseña
205
Influencia en la economía,
el derecho y las
instituciones
La cuarta sección está compuesta por cinco ensayos dedicados
de manera central a analizar las
relaciones entre la economía, el
derecho y las instituciones. El
artículo de José Ramón Cossío
descubre uno de los argumentos
que revelan la gran fuerza del
pensamiento liberal. El individuo,
dice, deber ser entendido como
un fin en sí mismo y, por ello, sus
ámbitos de realización no pueden
ser interferidos por la autoridad y
deben recibir el apoyo de esta para
no enfrentar limitaciones por parte
de otros individuos.
Cossío subraya que con el liberalismo “el hombre fue entronizado
en su individualidad y la razón de
ello se hizo consistir en su propia
ontología, en el hecho mismo de
ser hombre. Con ello se afirmaba
un estatus de algún modo autorreferente, sumamente sólido y,
prácticamente, inexpugnable”.
La colaboración de Carlos Elizondo describe, entre otras cosas,
la dispersión del poder y el surgimiento de poderes fácticos que hoy
amenazan la libertad y el bienestar
individual. El autor recuerda que
206
Revista Mexicana de Cultura Política NA
con las reformas de 1995 el Poder
Judicial se hizo autónomo; en 1997
la oposición arrebató al partido
oficial la mayoría de la Cámara de
Diputados y con ello activó los mecanismos del equilibrio de los poderes; en el año 2000 la alternancia
en la Presidencia de la República
descentralizó recursos y poder hacia los gobernadores y alcanzaron
mayor relieve los poderes fácticos,
entre ellos el crimen organizado.
En este nuevo contexto, señala
Elizondo, no se logró crear un
aparato funcional para impartir
justicia. El ejemplo paradigmático es la utilización del amparo,
un recurso surgido en las leyes
mexicanas y que hoy en día –dice
el autor– “ha terminado por ser
un instrumento para que los más
poderosos eviten muchas de las
regulaciones estatales comunes en
países democráticos”. En México,
concluye, el dinero otorga poder
para casi todo.
Rezagos de la democracia
mexicana
El artículo de Luis Carlos Ugalde
amplía los avances y deficiencias
de la democracia liberal mexicana:
“Hay elecciones libres y periódicas,
pero sin un Estado de derecho
que garantice el acceso universal
y equitativo a la justicia; los ciudadanos eligen a sus gobernantes,
pero estos rinden pocas cuentas de
sus actos; cada voto vale lo mismo
en las urnas, pero la influencia de
los poderes de facto es mayor para
definir políticas públicas; existen
tribunales que deben aplicar las
leyes, pero persiste el uso selectivo
del derecho por razones políticas.
Tenemos más votos, pero no más
ciudadanos”.
En el núcleo de esta problemática se encuentra el clientelismo y
la tradición corporativa del Estado
mexicano. En opinión de Ugalde
es posible identificar cinco grandes
factores que explican la dureza de
este núcleo: uno, el Estado rentista,
el cual se caracteriza por el uso de
recursos públicos y los contratos
de obra pública para cooptar sindicatos, militares desempleados
y opositores al régimen. También
se distingue por ser un sistema
fiscal que recauda poco y gasta
mucho, con regímenes fiscales de
excepción y que no cobra IVA en
alimentos y medicinas.
Dos, el Estado capturado, el cual
se refiere al poder e influencia que
tienen los grandes corporativos
empresariales y los sindicatos. Tres,
la impunidad política, caracterizada por la persistencia de tribunales
que dependen del poder político
y un acceso desigual a la justicia.
Cuatro, la partidocracia, que surgió
con la desaparición de los poderes
metaconstitucionales del Presidente y la multiplicación de los
dadores de favores: partidos, legisladores, líderes sindicales y gobernadores. Y quinto, el clientelismo
regional, el cual se expresa en la
existencia de gobiernos estatales
y municipales con recursos cada
vez más cuantiosos y la insuficiencia de un marco normativo y una
cultura de rendición de cuentas.
La ruptura del clientelismo, a
decir de Ugalde, se logrará a partir de la reforma del sistema fiscal,
la reducción del tamaño y la recomposición del gasto público,
apoyo a mercados más competitivos y la fundación de un verdadero
Estado de derecho.
Liberalismo igualitario
La quinta y última sección de esta
obra se titula “Zonas de combate: el debate en la prensa”. Aquí
se incluyen cuatro artículos, un
fragmento del amparo promovido
por intelectuales contra la reforma
constitucional que prohibió la contratación de propaganda partidista
en radio y televisión, así como un
debate sostenido por Aguilar RiveReseña
207
ra, Jesús Silva Herzog-Márquez y
Luis Villoro en torno a los derechos
indígenas.
Claudio López Guerra destaca
en su colaboración que la tradición
liberal protagonizó el acontecimiento intelectual más importante
del siglo pasado en materia política: el nacimiento del liberalismo
igualitario.
El autor sostiene que la libertad
e igualdad de los hombres implica
entre otras cosas que todos tenemos el mismo derecho a concebir
y llevar a cabo un proyecto de vida.
Sin embargo, por la finitud de los
recursos materiales y la diversidad
de proyectos personales, no es posible que todas las personas tengan
la vida que idealmente quisieran.
208
Revista Mexicana de Cultura Política NA
La respuesta del liberalismo
igualitario, dice López Guerra,
es que una distribución justa es
aquella que otorga oportunidades iguales a todos: “cualquier
factor que inicialmente ponga a algunas personas en desventaja debe
compensarse. Derivar sólo libertades formales del principio de igual
consideración y respeto es una
traición a los principios liberales”.
Entonces se clarifica el horizonte
y objetivos del liberalismo, el cual
pretende construir una sociedad
con un sistema robusto de derechos sociales, civiles y políticos, a
fin de garantizar a todos la misma
oportunidad de controlar el curso
de su existencia.
RECOMENDACIONES EDITORIALES
Orfandad.
El padre y el político.
Federico Reyes Heroles
Editorial Alfaguara,
México, 2015.
“Homenaje, no. Más bien, un complejo acto de sinceridad. Eso es lo
que nos entrega Federico Reyes
Heroles para gozo del lector”, se
lee en la contraportada de este
libro que sin duda fue de muy
difícil escritura. Se ha escrito mucho sobre Jesús Reyes Heroles; es
figura infaltable de los estudiosos
de la política mexicana, se le cita
muy a menudo cuando se quiere
sintetizar en lenguaje coloquial
cuáles son los usos y costumbres
de la política nacional, cuáles sus
pasadizos secretos o sus caminos intrincados, cuáles fueron sus
valiosas aportaciones a la democracia que todavía se construye.
Existen remembranzas de amigos
y colaboradores. Perfiles de quienes lo conocieron y reconocieron
su obra.
Pero ninguna como la que puede escribir un hijo, quien también
es una figura renombrada en el
medio político e intelectual de México, pero que se reconoce primero
como hijo. Federico Reyes Heroles
echó mano de sus muchas dotes de
narrador para contar dos historias,
la pública y la privada, siempre
unidas y siempre ajenas, aunque,
se dice, sin contravenir los códigos
de los dos ámbitos.
Cualquiera que haya abrevado
en la obra de Jesús Reyes Heroles
tendrá este libro como lectura
obligada. Y sólo para aguijonear
la curiosidad e interés del lector,
una cita: “Conoció nietos que difícilmente lo conocieron a él. Murió
con dignidad y sin arrepentirse
de su forma de vida. No hubiera sido lo que fue sin ser lo que era
todos los días. Se ríe y se seguirá riendo en mi memoria.”
Recomendaciones editoriales
209
El intelectual mexicano.
Una especie en extinción
Luciano Concheiro y
Ana Sofía Rodríguez
Random House Grupo
Editorial, México, 2015.
Catorce intelectuales mexicanos
en un ejercicio de metcognición
opinan sobre la existencia de la figura del intelectual en nuestro país.
Emmanuel Carballo, Elena Poniatowska, Enrique Semo, Huberto
Batis, Víctor Flores Olea, Vicente
Leñero, Roger Bartra, Rolando
Cordera, Lorenzo Meyer, Héctor
Aguilar Camín, Jorge G. Castañeda, José Woldenberg, Juan Ramón de la Fuente y Juan Villoro
fueron entrevistados por Luciano
Concheiro y Ana Sofía Rodríguez.
Estos catorce personajes, que han
formado parte importante de distintos ámbitos y momentos de la
historia reciente de México, tejen
sobre su propia vida y su expe-
210
Revista Mexicana de Cultura Política NA
riencia los argumentos acerca de
cómo han repercutido los cambios
en la vida política, social, económica y cultural, tan determinada
ahora por las nuevas formas de
comunicación, en la existencia
de figuras que puedan denominarse intelectuales.
Catorce puntos de vista, catorce épocas y catorce perspectivas
hilvanadas desde la literatura, la
Historia, la política, el periodismo,
la academia y otros cruces de los
quehaceres profesionales con la
vida pública conforman este libro
de entrevistas que en conjunto
ofrecen al lector elementos o pinceladas para construir el complejo
retrato de la vida del México actual.
Alegato por la deliberación
pública
Raúl Trejo Delarbre
Ediciones Cal y Arena,
México, 2015.
Un libro en pro de la deliberación,
que consiste en ponderar puntos
de vista argumentados, necesariamente mira críticamente las campañas electorales que sólo ofrecen
a los votantes potenciales una
enorme cantidad de mensajes publicitarios de tal brevedad, en los
que no caben ideas sustentadas,
argumentaciones, razones que lleven a formar ideas propias acerca
de los asuntos públicos.
Es complicado construir ciudadanías informadas cuando los
mensajes partidistas se reducen
a un manojo pequeño de frases
que no vinculan a las audiencias con problemáticas y sus posibles soluciones, que no les informan los conceptos fundamentales
convertidos en estrategia política
de los partidos, si es que los hay.
Frases, afirmaciones, descalificación del competidor no es información general ni política que
contribuya a contar con votos razonados.
La democracia necesita más que
campañas y votos, necesita, como
se dice en este libro, deliberación
pública.
Recomendaciones editoriales
211
Personas e ideas.
Conversaciones sobre
Historia y Literatura.
Enrique Krauze
Penguín Random House
Grupo Editorial, México, 2015.
La vida familiar y profesional ha
colocado al historiador Enrique
Krauze en sitios envidiables al lado
de personajes memorables con
quienes ha sostenido interesantes
y fructíferas conversaciones sobre
distintos temas, especialmente las
ideas acerca del marxismo, el socialismo, el sionismo, el nacionalismo
o el liberalismo.
Cuenta Krauze que estas conversaciones para discutir o desmenuzar ideas nacieron de las que
sostuvo con su abuelo paterno, un
gran conversador sin duda, porque
podía salvar fácilmente la distancia
212
Revista Mexicana de Cultura Política NA
de 54 años que le separaba del nieto
y aun hacerla desaparecer.
Vinieron después muchas más:
con el politólogo e historiador
Isaiah Berlin, el pensador de la
Escuela de Fráncfort Joseph Maier,
el filósofo Leszek Kolakowski, los
escritores Mario Vargas Llosa e
Irving Howe, el historiador Paul
Kennedy, el sociólogo Daniel Bell,
con Miguel León Portilla y varios
más. Enrique Krauze ofrece esta
lectura que, a través de conversaciones, acrecienta en ambos
sentidos, para el entrevistador y el
entrevistado, el trabajo intelectual.
Curso urgente de política
para gente decente
Juan Carlos Monedero
Editorial Paidós, México, 2015.
Juan Carlos Monedero ve a la política como el único instrumento
del que se puede echar mano para
confrontar los problemas que esta
sociedad, cada vez más compleja, nos pone delante. Una sociedad que deja fuera la opción de la
individualidad, donde las salidas
posibles –si existen– tendrán que
ser negociadas y diseñadas colectivamente.
Es tal la complejidad y la cantidad de los hechos que a menudo
pueden llevar a la indignación que
no resulta fácil decidir por dónde
comenzar. ¿Dónde empezar cuando la exigencia de justicia es el
imperativo? ¿Dónde cuando lo es la
libertad o la democracia? El autor
desmenuza los temas más sensibles de las sociedades contemporáneas para proponer los términos
del debate social en el que subyace
un nuevo modelo o una nueva forma de pensar la colectividad.
Recomendaciones editoriales
213
Años de guerra
Vasili Grossman
Círculo de Lectores,
España, 2009.
La guerra es siempre un hecho contundente y aterrador. Los registros
se vuelven más dramáticos cuando
son narrados por un corresponsal
que conjunta lo extraordinario
con el día a día de la guerra. Fue
esto lo que hizo el escritor Vasili
Grossman en el libro Años de guerra, el que narra la Segunda Guerra
Mundial desde la primera línea de
fuego del ejército soviético.
Grossman fue uno de los corresponsales más leídos por el trabajo que realizó en el frente, y por
la misma razón sus textos fueron
citados en el Tribunal de Nuremberg que enjuició a los criminales
de guerra. Su obra, tan importante
en la literatura soviética no fue
214
Revista Mexicana de Cultura Política NA
suficiente para que algunos de sus
escritos fueran censurados por el
régimen estalinista, debido a que
dejaba ver críticas a la política del
socialismo real.
Años de guerra reúne una novela (El pueblo es inmortal), una
noveleta (El viejo profesor) y otros
textos que ofrecen un gran panorama de la guerra desde el frente
soviético. Se trata de textos escritos
entre 1942 y 1945, en los cuales se
da cuenta de los momentos más
cruentos de la guerra y el horizonte
de liberación. Un libro, que como
su tema, no pasa de moda, al contrario cada vez nos revela más del
mundo en que vivimos.
Ni sombra del disturbio
Fernando Fernández
AUIEO Ediciones / Conaculta,
México, 2014
Una nueva mirada a la obra de
Ramón López Velarde, por cuenta
del escritor Fernando Fernández,
en una bella edición que incluye
la reproducción del manuscrito
del escritor jerezano “Los guantes
negros”, cuyo único ejemplar está
resguardado en la biblioteca de la
Academia de la Lengua y que ahora
llega a manos de muchos lectores
gracias a este libro de la Dirección General de Publicaciones de
Conaculta y la editorial AUIEO.
El libro está compuesto por
cinco ensayos, uno de ellos preci-
samente sobre el texto “Los guantes
negros”, así como otros ensayos sobre los primeros poemas de Ramón
López Velarde, sobre su amigo asturiano Alfonso Camín, un curioso
regodeo literario sobre la frase
“arpadas lenguas” proveniente de
La Celestina y que fue utilizada por
López Velarde en una de sus obras
y uno más dedicado al poema “El
candil”. Una vez más se demuestra
que no hay temas ni tiempos, sino
autores con sus formas únicas de
seducir con la magia de la palabra sobre algo que aparentemente
ya se ha dicho.
Recomendaciones editoriales
215
Historia de Florencia.
Nicolás Maquiavelo
Editorial Tecnos, Madrid, 2009.
El pensador florentino es reconocido en la historia como pieza clave
en los estudios sobre el poder. Su
obra más famosa y analizada es El
Príncipe, sin embargo, el resto de
la obra de Maquiavelo contiene
importantes contribuciones al estudio de la política real. Es el caso
de Historia de Florencia, libro que
escribió cuando cayó en desgracia
política, con la vuelta al poder de
los Medici en 1512, después de 18
años de ocupar cargos públicos
que incluyeron relevantes misiones
diplomáticas.
El Papa Clemente VII , cuyo
nombre secular era Julio de Medici,
le encargó escribir la Historia de
Florencia, con la cual Maquiavelo
216
Revista Mexicana de Cultura Política NA
esperaba recuperar su acercamiento a los Medici que gobernaban
Florencia. Su intención fracasó y,
paradójicamente, el escrito, una vez
restaurada la república, sirvió para
que se le acusara de ser partidario
de aquella familia.
La obra de Maquiavelo cobró
fuerza después de su muerte y su
valor ha persistido por varios siglos, pues se sigue considerando
de gran actualidad en el análisis del
poder. A la Historia de Florencia se
le concede la categoría de antimodelo, es decir, el ejemplo de lo que
no se debe hacer, ya que en ella
describe la corrupción como causa de la decadencia de un sistema.
Acerca de los autores
Arturo Arnáiz y Freg
(1915-1982) Economista que se convirtió en investigador y docente de
Historia hasta llegar a ocupar un lugar como miembro numerario en
la Academia Mexicana de la Historia de 1956 a 1980. Ejerció la tarea
docente en El Colegio de México, la UNAM y en el Instituto Tecnológico
Autónomo de México. Impartió numerosas conferencias en instituciones
educativas de México y de Estados Unidos. Es reconocida su aportación
a la reconstrucción de la cultura mexicana del siglo XX, con su archivo
personal y la donación de 35 mil volúmenes que hizo a la Biblioteca
Miguel Lerdo de Tejada de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Eloy García
Doctor en Derecho (1985) y Catedrático de Derecho Constitucional,
Universidad Complutense de Madrid. Director Académico del Doctorado
de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá (Colombia). Técnico de
Administración Civil en excedencia, y director de la colección Clásicos
del Pensamiento de la editorial Tecnos.
Autor de diferentes artículos entre los que destacan: “El derecho constitucional como compromiso permanentemente renovado. Entrevista a
Joaquim Gomes Canotilho” (1999), “Poder público y operadores privados
en los modelos de sistemas de transportes del siglo XXI” (1999), “El Poder
Constituyente Evolutivo en la crisis de la modernidad política” (2010),
“La corrupción como problema jurídico y como estadio jurídico-moral”
(2013), “El Rey Neutral. La plausibilidad de una lectura democrática del
art. 56.1 de la Constitución” (2014), “Derecho a decidir y Democracia”
(2015). Autor entre otros libros de: Inmunidad parlamentaria y Estado
de Partidos Tecnos, Madrid, 1989. El problema de la Irrelegibilidad en
la Democracia Contemporánea Universidad del Rosario, Bogotá, 2009.
Benjamin Constant: Una Constitución para la República de los Modernos.
Estudio de contextualización, Tecnos, Madrid, 2013.
Acerca de los autores
217
Ha editado y traducido los libros de Guglielmo Ferrero, Poder. Los
genios invisibles de la ciudad (1992), William Hamiltom, La lógica parlamentaria o de las reglas del buen parlamentario (1996), John G. Pocock,
El momento maquiavélico (2002), Quentin Skinner, El artista y la filosofía
política. Ambrogio Lorenzetti y los frescos del buen gobierno (2009). Ha
introducido en castellano la llamada Escuela de Cambridge.
Otto Granados Roldán
Licenciado en Derecho por la UNAM, Maestro en Ciencia Política por
El Colegio de México. Tiene una larga trayectoria en la función pública,
donde ha tenido, entre otros cargos, secretario particular del secretario de
Educación Pública, Jesús Reyes Heroles (1982-1985); Oficial Mayor de la
Secretaría de Programación y Presupuesto (1986-1987); director general
de Comunicación Social y portavoz de la Presidencia de la República
(1988-1992); Gobernador de Aguascalientes (1992-1998) y Embajador
de México en Chile, en dos periodos (1999-2001 y 2013-sept. de 2015);
director general del Instituto de Administración Pública del Sistema
Tecnológico de Monterrey (2008-2013). Actualmente es subsecretario
de Planeación de la SEP.
Su experiencia en la gestión pública la ha convertido en tema académico con la autoría o coautoría de 15 libros, numerosos artículos y
ensayos sobre el tema. En el mismo ámbito también ha realizado una
intensa labor de divulgación con la publicación de más de mil artículos y
ensayos en diarios y revistas nacionales y extranjeros, entre ellos, El País,
Crónica, Proceso, El Universal, Reforma, El Economista, La Razón, Punto
y Aparte; El Mercurio de Chile, Perfil de Argentina y la Revista Mexicana
de Cultura Política NA.
Manuel González Oropeza
Licenciado en Derecho por la UNAM, maestro en Derecho Público por
la Universidad de California y Doctor en Derecho por la UNAM. Desde
1982 es Investigador Titular del Instituto de Investigaciones Jurídicas
218
Revista Mexicana de Cultura Política NA
de la UNAM; es miembro fundador del SNI y desde 2010 ostenta el Nivel III;
en 2005 se le otorgó el Nivel D del PRIDE-UNAM. En 2006 fue nombrado
recipiendario de la Cátedra sobre México Moderno en la Universidad de
Montreal, en convenio con la UNAM y la SRE. En 2007 fue distinguido con
el nombramiento de Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma
de Baja California. En noviembre de 2010 ingresó como Miembro Regular de la Academia Mexicana de Ciencias. Desde 2010 es miembro alterno,
a título personal, de la Comisión de Venecia ante el Consejo de Europa,
cuyo objetivo es la promoción de la Democracia a través del Estado de
Derecho. En la actualidad, desde 2006, es Magistrado de Sala Superior
en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Harvey C. Mansfield
Académico estadounidense ligado a la Universidad de Harvard desde
sus días de estudiante a la fecha. Obtuvo la licenciatura en 1953 y el
doctorado en 1961. Un año después ingresó como docente y en la actualidad ostenta la cátedra William R. Kenan sobre gobierno y filosofía
política. Entre 1973 y 1977 fue director del Departamento de Estudios
de Gobierno de la universidad, y presidente de la Asociación de Ciencia Política de Nueva Inglaterra en el periodo 1993-1994. Ha recibido
numerosos reconocimientos académicos a lo largo de su carrera, entre ellos la Beca Guggenheim en 1970 y la Medalla Nacional para las
Humanidades en 2004. Es autor de 14 libros, entre ellos Una guía de
la filosofía política para estudiantes (2001) en el que analiza la historia
de la filosofía política a través de las contribuciones de pensadores como
Platón, Aristóteles, Locke, Rousseau y otros y Domesticando al Príncipe:
La ambivalencia del poder ejecutivo moderno (1989) donde enlaza la moderna doctrina del poder ejecutivo con Nicolás Maquiavelo. Ha traducido
al inglés tres obras del pensador florentino así como el texto clásico de
Tocqueville, La democracia en América.
Acerca de los autores
219
Alfonso Reyes
(1889 – 1959) Abogado por la Escuela Nacional de Jurisprudencia
(predecesora de la Facultad de Derecho de la UNAM). Tuvo una larga carrera diplomática que combinó fructíferamente con la escritura. Fue
Embajador de México en Argentina y Brasil; también desempeñó otros
cargos en las embajadas de Francia y España. Fundó el famoso grupo
Ateneo de la Juventud junto con Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso,
José Vasconcelos y otros para estudiar a los clásicos griegos. Se desempeñó como secretario de la Escuela Nacional de Altos Estudios (antecedente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM), donde también
era docente. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por las universidades
de Princeton, La Sorbona y California en Berkeley. Es uno de los más
reconocidos ensayistas y escritores mexicanos y tiene una extensa obra
en poesía, teatro, ensayo, narrativa y crítica que ocupa 27 volúmenes.
Su ensayo Visión de Anáhuac es mundialmente famoso y reconocido.
Jesús Reyes Heroles
(1921 -1985) Abogado por la UNAM, realizó estudios de posgrado en La
Universidad de Buenos Aires, en el Colegio Libre de Estudios Superiores
de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de la Plata. Ocupó el sillón
diez en la Academia Mexicana de la Historia en 1968 y fue nombrado
miembro honorario de la Real Academia de la Historia de Madrid en
1969. Recibió el doctorado Honoris Causa por la Universidad Alcalá de
Henares. Durante casi veinte años impartió cátedra en la UNAM, principalmente en la Facultad de Derecho. Tuvo también una larga trayectoria en el sector público, que inició muy joven: fue asesor en la Secretaría
del Trabajo y en la Presidencia de la República, fue subdirector general del IMSS, director de Petróleos Mexicanos, secretario de Gobernación
y secretario de Educación Pública. En la carrera política fue diputado
federal y presidente del Partido Revolucionario Institucional.
El trabajo académico e intelectual estuvo presente a lo largo de toda
su vida y de él resultó una obra extensa. Entre los libros más destacados
están Tendencias actuales del Estado (1945), El papel del Estado en el de220
Revista Mexicana de Cultura Política NA
sarrollo económico (1952), Economía y política en el liberalismo mexicano
(1956), Rousseau y el liberalismo mexicano (1961), La nacionalización de
la industria eléctrica (1962), Recopilación, selección, comentarios y estudio
preliminar de las obras de Mariano Otero (1967) y la obra que le valió un
sinnúmero de reconocimientos por la gran calidad de investigación: El
liberalismo mexicano (1957-1961)
José Woldenberg
Doctor en Ciencias Políticas, maestro en Estudios Latinoamericanos y
licenciado en Sociología por la UNAM. Tiene una larga y reconocida trayectoria sindicalista y partidista. Fue presidente del Instituto de Estudios
de la Transición Democrática y consejero ciudadano del Instituto Federal
Electoral del que después fue consejero presidente. Su trabajo académico, de investigación, periodístico y en los cargos públicos ha estado
vinculado al tema político-electoral de México. Es profesor e investigador
en la UNAM, director de la revista Nexos entre 2009 y 2011, y desde 2008
consejero de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.
Columnista del diario Reforma y conferencista en diversas instituciones
de educación superior y autor de artículos, ensayos y libros, entre los
que destacan La construcción de la democracia (2002), El cambio democrático y la educación cívica en México (2007), Cultura mexicana: revisión
y prospectiva (coord.) (2008), El desencanto (2009) e Historia mínima de
la transición democrática en México (2012).
Acerca de los autores
221
222
Revista Mexicana de Cultura Política NA
Lineamientos editoriales
para autores
La Revista Mexicana de Cultura Política NA acepta colaboraciones de
miembros del partido, simpatizantes y ciudadanos interesados en el debate
del tema político, mismas que serán puestas a consideración del Consejo
Editorial, y cuya presentación debe atender los siguientes lineamientos:
1. Las colaboraciones deben ser inéditas. El Consejo Editorial evaluará
artículos o ensayos publicados cuando así lo amerite la relevancia del
contenido, tratamiento o aportación, y esté debidamente autorizada la
publicación por los editores originales.
2. La extensión de las colaboraciones no debe exceder de 25 cuartillas, in
cluyendo la bibliografía. La medida de una cuartilla son 32 líneas, escritas
en fuente Arial de 12 puntos. Si el documento contiene gráficos, se incluirán en el cuerpo del texto en el lugar específico en que deben aparecer.
3. Las referencias bibliográficas deberán ajustarse a las normas de estilo
editorial de la American Psychological Association (APA).
4. Se solicita un resumen de un máximo de 150 palabras, con versión en
español y en inglés.
5. Se solicita a los autores anexar una ficha que contenga nombre, grado
académico, institución a la que pertenecen y una síntesis curricular de no
más de diez líneas.
6. Las propuestas de ensayos y artículos pueden ser enviadas a revista@
nueva-alianza.org.mx
7. Los trabajos se someterán a revisión de estilo.
8. El Consejo Editorial se reserva el derecho de seleccionar los trabajos
recibidos para su publicación.
9. No se devuelven originales.
10. Las situaciones no consideradas en los presentes lineamientos serán
resueltas por la dirección de la revista y por el Consejo Editorial.
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