Fuera de Ruta Niños homicidas: ¿Quién es responsable? Elsa Cornejo Vucovich*

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Fuera de Ruta
Niños homicidas: ¿Quién es responsable?
Elsa Cornejo Vucovich*
Un joven de 14 años asesina a un niño de 5 en Guaymas porque no soportó que se burlara de él.
Inmediatamente surgen los juicios: estaba loco y/o drogado, la sociedad está corrupta, los padres
no crían bien a sus hijos. Pero la violencia, sobre todo un acto tan descomunal como éste, no
tienen una explicación sencilla ni un responsable
La violencia homicida, como todo comportamiento humano, es el resultado de un proceso de
interacción entre la química cerebral y el medio ambiente que afecta el desarrollo cerebral. Cada
experiencia modifica la química cerebral, y así vamos aprendiendo a reaccionar ante diferentes
interacciones. En personas homicidas, el mecanismo que determina una reacción apropiada ante
una situación particular está dañado, y reaccionan de una manera exagerada ante una
provocación. La violencia no tiene una sola causa. Todas nuestras experiencias tienen el
potencial de afectarnos, y no hay un solo factor determinante. Es el resultado de un proceso
complejo de retroalimentaciones que, salvo en casos de trastornos cerebrales severos, se va
modificando durante toda la vida.
Uno de los factores más importantes para el desarrollo cerebral adecuado es estar en un ambiente
seguro y cariñoso. Durante los primeros tres meses de vida, el infante establece vínculos
afectivos con sus papás. Algunos bebés responden más que otros, pero es esencial que los papás
profundicen este vínculo, porque uno de los factores del comportamiento antisocial es la falta de
conexión con los demás. Un factor contundente para el desarrollo de tendencias homicidas es
haber presenciado o sido víctima de violencia en el hogar.
No es suficiente tener un ambiente cariñoso y seguro en el hogar. La escuela es otro ámbito
determinante, y el acoso escolar también ha sido relacionado con la violencia homicida. El
autoestima, la resiliencia, la esperanza, la inteligencia y la empatía son esenciales para el
desarrollo de habilidades de control de los impulsos, manejo de la ira, y resolución de conflictos.
El rol que juega la escuela en el desarrollo de estas habilidades se ve seriamente menoscabado
cuando hay violencia en el ámbito escolar.
Pero también hay otro ámbito contundente de influencia: el de la televisión. La violencia
televisiva condiciona a los niños a ser violentos sin enseñarles las consecuencias. En casi todas
las especies animales, hay una resistencia muy poderosa a matar a alguien de la propia especie.
La violencia que vemos en la televisión actúa para desprogramar esta resistencia natural,
actuando de manera muy similar al entrenamiento que reciben los soldados para poder matar.
Hay unos 3,000 estudios acerca de la relación entre televisión y violencia, y los resultados son
concluyentes. Por ejemplo, en 1956, científicos sociales norteamericanos compararon a un grupo
de niños de 4 años que vieron una caricatura con imágenes violentas (El pájaro loco) con otro
grupo que vio una caricatura no-violenta (La gallinita roja). Durante el receso después de ver la
caricatura, los niños que vieron El pájaro loco exhibieron más conducta violenta como golpear e
insultar a sus compañeros, romper juguetes, y en general ser más destructivos. En varios países
como Canadá y Sudáfrica se ha establecido una relación causal entre los índices de televidencia
y los índices de violencia, desde los homicidios hasta la violencia escolar.
Esta situación puede ser aún peor para niños con otros factores de riesgo, sobre todos los niños
que son víctimas de violencia u observan situaciones violentas no sólo en la tele sino en el hogar
o la escuela. En el caso de niños con problemas neuronales o que no reciben una crianza
adecuada, los lóbulos pre-frontales del cerebro no se desarrollan apropiadamente. Esta es la parte
del cerebro que nos permite pensar de manera racional, sentir empatía y ejercitar el auto-control.
Cuando una deficiencia en el desarrollo cerebral de un niño se combina con una historia de
exposición a la violencia, sobre todo en la familia pero también en la escuela o en el medio
ambiente, los efectos son catastróficos. El niño aprende que todas las relaciones humanas se
basan en ser víctima o ser abusador, y se vuelve preferible ser abusador, porque así por lo menos
tienen la ilusión del poder y el control.
Dicen los familiares del joven asesino de Guaymas que es “buen muchacho” pero que “estaba
amenazado”. Los medios de comunicación no explicitan la naturaleza de la amenaza, pero no es
difícil pensar que vivía en un ambiente de vulnerabilidad que afectó su desarrollo cerebral,
mismo que puede ser revertido si cambian las condiciones de su entorno y si recibe el apoyo
necesario para revertir su estado cerebro-emocional y aprender a sentir empatía, responsabilidad
y remordimiento. Mary Bell, una mujer inglesa famosa por haber asesinado a dos bebés a la edad
de 11 años, tras años de rehabilitación llegó a ser una mujer moralmente responsable, una mamá
amorosa, y una persona profundamente arrepentida por el crimen que cometió. Sería una lástima
que al joven de Guaymas se le tratara como un adulto mal-intencionado o un psicópata
irremediable; eso sería un acto más de violencia.
*Ayudante de investigación del Centro de Estudios en Salud y Sociedad de El Colegio de Sonora
[email protected]
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