Valmaseda, M

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La Lengua de Signos
Marian Valmaseda y Pilar Alonso
Introducción
Consideraciones previas
•
¿es la lengua de signos algo parecido a la pantomima o al mimo?
¿personas de distintas nacionalidades utilizan la misma lengua de signos?
¿la lengua de signos son signos arbutrarios?
•
•
Características de las Lenguas de Signos
•
¿qué es un lenguaje? El lenguaje de signos como verdadero lenguaje
Canales de expresión y comprensión del lenguaje de signos
La Lengua de Signos como lengua que se estructura a diferentes niveles
linguísticos
•
•
o
o
o
Nivel Fonológico (querológico)
Nivel Léxico
Nivel morfosintáctico
Los Pidgin o Lenguas de Contacto
Sistemas creados con fines educativos
•
•
•
•
•
•
Problemas de confusión terminológica
Comunicación Total
La Palabra Complementada
Dactilología. Alfabetos manuales
Sistemas bimodales de comunicación
Sistemas signados para personas con transtornos graves del desarrollo
Resumen
Introducción
Marian Valmaseda y Pilar Alonso
A lo largo de esta explicación abordaremos los principales sistemas de comunicación
manuales y/o gestuales. A pesar de que existen entre ellos importantes diferencias,
todos comparten algunas características, la primera de las cuales es que el emisor de la
comunicación usa, al menos en parte, elementos de su propio cuerpo para configurar el
mensaje sin precisar de ningún instrumento físico adicional a la propia capacidad de la
utilización motriz de las manos y otros elementos del cuerpo para comunicar. En
segundo lugar, todos los sistemas descansan en la necesidad de utilizar el canal visual
para permitir al interlocutor el acceso a la información. El uso de estos sistemas parte de
la idea de que la percepción visual de los signos, gestos o apoyos manuales--según cada
caso--ayudará en la comprensión del mensaje.
No resulta sencillo clasificar estos sistemas de una forma clara y nítida a un lector que
se enfrenta por primera vez a este tema. A menudo los límites que se establecen entre
unos y otros resultan difusos. Esta dificultad se ve perfectamente reflejada en la enorme
variedad terminológica existente que, a nuestro juicio, es a menudo poco precisa.
Podemos, no obstante, intentar clasificar de alguna manera los distintos sistemas.
Cabrían diferentes posibles clasificaciones: si emplean signos o no, si son naturales o
artificiales, etc. Sin embargo, quizá lo más útil para el lector sea que los clasifiquemos
en función de su historia y de sus objetivos. Si así lo hacemos, encontramos tres
grupos, de sistemas comunicativos:
Lenguaje de signos
Pidgin
Sistemas de signos
Palabra
complementada
Alfabetos
dactilológicos
1. El lenguaje de signos es una modalidad no vocal del lenguaje verbal humano
desarrollado de forma natural por el colectivo de personas sordas. Hasta donde
sabemos, el lenguaje de signos ha existido, a lo largo de la historia, dentro de la
comunidad sorda, como lo muestran los siguientes textos de Platón y san Agustín
respectivamente:
Si no tuviéramos voz ni lengua y quisiéramos enseñarnos las cosas unos a otros, ¿no
intentaríamos, al igual que los mudos, indicarlos con las manos, la cabeza y el resto
del cuerpo? (Platón, Cratilo XXXIV, 422d423b).
¿No habéis visto cómo las personas sostienen una especie de conversación por gestos
con los sordos, de la misma forma en que los sordomudos preguntan y responden,
enseñan e indican todos sus deseos o al menos la mayor parte? (San Agustín, De
Magistro, cap. 3).
En la primera parte de este capítulo abordaremos algunas consideraciones relativas a
las lenguas de signos que, como veremos, son objeto de numerosas investigaciones por
parte de lingüistas de todo el mundo.
2. Ahora bien, cuando una persona sorda se encuentra con otras personas que no
conocen bien su lengua de signos, y que son usuarias de otra lengua (sea ésta oral o de
signos), se producen adaptaciones comunicativas. Estas adaptaciones comunicativas
tienden a dar como resultado una forma de comunicación que combina ciertas
características de la dos lenguas que entran en contacto y que se conoce bajo el nombre
de pidgin.
Por ejemplo, un sordo americano conocedor de la Lengua de Signos Americana (ASL:
American Sign Language), al establecer comunicación con un oyente que no conozca
en profundidad esta lengua, tenderá a adaptar su comunicación introduciendo ciertos
elementos de la lengua inglesa. Puede, por ejemplo, signar algunas frases más de
acuerdo con la sintaxis inglesa que con la del ASL. Otro tanto sucede con la persona
oyente, quien combinará su conocimiento del ASL con su conocimiento del inglés,
incorporando ciertas características de la lengua de signos, por ejemplo, la flexión de
los verbos junto a ciertas características de la lengua oral.
Cuando dos o más «hablantes» utilizan un pidgin, ninguno de ellos emplea de forma
completa su lengua nativa, sino una forma mixta que engloba características de las
diferentes lenguas nativas de sus usuarios. Se trata de un fenómeno muy habitual en
culturas en las que en un momento concreto coexisten diferentes lenguas nativas. No es
un sistema artificial, en el sentido de que nadie lo crea, sino que más bien surge por la
necesidad comunicativa. Estos pidgin o adaptaciones comunicativas son también
naturales.
3 Por último, encontramos sistemas que han sido creados expresamente con objetivos
educativos y/o terapéuticos. Se trata de sistemas con un mayor grado de artificialidad
que los anteriormente descritos, llegando en algunos casos a ser completamente
artificiales. Han sido creados, principalmente, para facilitar el aprendizaje del lenguaje
oral y/o escrito por parte de niños y jóvenes sordos, aunque también han sido
empleados en intervención educativa de alumnos no verbales, principalmente, autistas
y/o con deficiencia mental.
Como veremos más adelante, este grupo de sistemas incluye una amplia variedad de los
mismos, en función de los objetivos concretos para los que cada uno de ellos fue
diseñado, así como en función de los mecanismos, signados y/o manuales, en los que
están basados.
Consideraciones previas sobre
la lengua de signos
Marian Valmaseda y Pilar Alonso
Nuestro objeto de estudio y reflexión será conocer algunas de las características de las
lenguas de signos, y en concreto de la Lengua de Signos Española (LSE).
Antes de nada nos gustaría pedir un ejercicio de reflexión: Probablemente, en alguna
ocasión, ha observado a las personas sordas comunicar entre ellas usando sus manos, o
a un intérprete de la lengua de signos traduciendo para las personas sordas. En estas
ocasiones, ¿pudo entender algo de lo se decían?, ¿qué sensación le causó este tipo de
comunicación?
En este apartado vamos a tratar algunas consideraciones previas sobre la lengua de
signos, con el fin de aclarar algunos tópicos que suelen tener las personas oyentes con
respecto a las características de la lengua de signos, cuando realmente son más bien
fruto del desconocimiento y falta de contacto con la comunidad sorda y su lengua. Se
pueden interpretar como creencias o ideas erróneas. En este sentido, vamos a intentar
responder, principalmente, a tres preguntas:
a) ¿Es la lengua de signos algo parecido a la pantomima o el mimo?
b) ¿Personas sordas de distintas nacionalidades utilizan la misma lengua de signos?,
¿la lengua de signos es universal?
c) ¿La lengua de signos, al igual que otras lenguas, dispone de signos arbitrarios y
convencionales, o por el contrario es un conjunto de gestos icónicos?
a) En primer lugar, las diferentes lenguas de signos que utilizan las personas sordas de
todo el mundo no son simples formas de pantomima o mimo. Si fuera así, sería muy
sencillo entender a las personas sordas cuando se comunican en esta lengua, no se
necesitarían interpretes, y no podríamos hablar de una verdadera lengua. Por tanto, hay
que diferenciar entre mimo, gestos naturales y signos.
Veamos un ejemplo. Imaginemos que queremos transmitir a un público la idea de que
hablamos de una «persona pobre». Para transmitirlo a través del mimo o pantomima,
posiblemente lo hiciéramos a través de una secuencia de acciones parecida a ésta:
Figura 1. Mimo = Persona pobre
En ambos casos, sordos y oyentes entenderíamos sin dificultad de qué se trata. Por el
contrario, si lo decimos a través de la lengua de signos española, tendremos
obligatoriamente que utilizar estos dos signos:
Figura 2. Persona Figura 3. Pobre
Si estos dos signos no se conocen, con toda probabilidad no entenderemos de qué nos
hablan. Es decir, aunque el mimo, los gestos naturales y los signos se apoyen en
herramientas comunes, como son los movimientos, el cuerpo y las expresiones faciales,
los dos primeros son universalmente interpretados por todos los miembros de nuestra
sociedad, no así los signos propios de la lengua de signos.
b) En segundo lugar, es importante aclarar que la lengua de signos no es universal.
Muchas personas oyentes que no han tenido nunca contacto con la lengua de signos
suponen erróneamente que existe una única lengua de signos, que todas las personas
sordas utilizan la misma lengua para comunicar, y que, por lo tanto, pueden entenderse
con facilidad sordos de distintos países. Sin embargo, no sólo hay diferentes lenguas en
unos países y en otros, sino que, incluso, dentro de un mismo país hay variedades
dialectales.
Por ejemplo, la lengua de signos americana difiere mucho más de la lengua de signos
inglesa de lo que difieren ambas lenguas a nivel oral. Veamos los siguientes ejemplos:
Figura 4. (papá) ASL Figura 5. (papá) BSL
Británica father (BSL)
Americana father (ASL)
Figura 6. Lengua inglesa oral
Dentro de nuestro país también hay diferencias, por ejemplo, entre la lengua de signos
que emplean las personas sordas de Madrid y la que se emplea en Barcelona:
Figura 7. Figura 8.
Casado (madrileños) Casado (catalanes)
Incluso hay diferencias léxicas, que podríamos considerar locales:
Figura 9. Figura 10.
Preguntar (madrileños) Preguntar (aragoneses)
En general, las variaciones entre la lengua de signos de diferentes regiones españolas no
son muy acusadas, excepto en Cataluña. Al no contar todavía con suficientes
investigaciones, no sabemos si dichas diferencias se dan únicamente a nivel léxico o si,
por el contrario, son diferencias también a otros niveles (morfológico, sintáctico)
(Rodríguez,1992)
Una de las razones que ha llevado a los oyentes a pensar que la lengua de signos es una
y universal es la aparente facilidad con la que las personas sordas de diferentes
nacionalidades se comunican entre sí, pero esto es más un mito que una realidad. En
encuentros internacionales, en los que participan personas sordas de diferentes países,
se necesitan tantos traductores de lenguas de signos como personas de diferentes
comunidades intervengan.
Cuando las personas oyentes toman conciencia de estas cuestiones, una gran mayoría
comenta con pena: «¿Pero no sería bueno que existiera una lengua de signos
internacional?». Ante esta pregunta tendríamos que responder con otra pregunta: «¿No
sería bueno que existiera una lengua oral internacional?». El intento de crear una lengua
internacional con la que todos nos entendiéramos es lo que los oyentes hemos querido
lograr con el esperanto; su equivalente a la comunidad sorda sería el gestuno. Ni una ni
la otra han conseguido un buen desarrollo, debido a su artificialidad. Para facilitar los
encuentros entre personas de diferentes nacionalidades, es cierto que cada día oyentes y
sordos intentamos utilizar un lenguaje internacional. En el caso de las personas oyentes
se está imponiendo el saber inglés para dichos encuentros y, en el caso de los sordos, se
tiende a utilizar prioritariamente la lengua de signos americana.
c) Por último, además de que la lengua de signos no es simplemente una serie de gestos
naturales, ni existe un lenguaje universal, tampoco debemos considerarla simplemente
como una serie de signos icónicos.
Es cierto que existe un porcentaje de signos que son icónicos, pero esto no nos permite
afirmar que la lengua de signos sea icónica, ya que es mucho mayor el porcentaje de
signos absolutamente arbitrarios (Klima y Bellugi, 1979). De alguna manera se
relaciona iconicidad con transparencia y, por tanto, con la comprensión inmediata.
Ejercicio:
Estos signos que a continuación mostramos suelen denominarse signos icónicos.
Intentar descifrar su significado:
Figuras 11, 12, 13, 14 y 15
Es muy posible que se adivine el significado del primer signo (dormir) y del segundo
(comer), pero no del resto (autobús, hambre y cerveza), ya que la mayor parte de los
signos no pueden ser comprendidos por personas que desconocen el lenguaje de signos.
Klima y Bellugi (1979) diferencian entre signos transparentes y signos traslúcidos,
refiriéndose a estos últimos como signos cuya relación icónica con el referente se
descubre a posteriori, una vez desvelado el significado.
Signo Transparente: Aquel signo que puede ser adivinado por una persona sin que ésta
previamente conozca el significado de dicho signo (p.e.: comer, dormir, beber...).
Signo Traslúcido: Aquel signo que sólo puede ser adivinado una vez que se explica el
significado del mismo. La relación entre el signo y su referente se descubre cuando se
desvela su significado.
Volviendo a los ejemplos propuestos, el significado del tercer signo es «autobús», y se
corresponde con la forma física que tienen los autobuses; el significado del cuarto signo
es «hambre»: la mano se mueve en la zona del estómago indicando que está vacío, en
este caso la cara da mucha información; y el quinto signo significa «cerveza», y se
relaciona con la acción de quitarle al vaso de cerveza la espuma con la espátula, en los
bares.
Asimismo, hay objetos o acciones que se representan en el LSE a través de signos
supuestamente «icónicos» (árbol, televisor...), y que a pesar de esta aparente iconicidad
no se representan de la misma manera en las distintas lenguas de signos. Ejemplo
curioso es la iconicidad que se le atribuye al signo de comer: podríamos pensar que este
signo es universal y que lo entienden tanto sordos como oyentes de todo el mundo; sin
embargo, este signo no será entendido directamente en los países orientales, ya que su
forma de comer hace que ellos adopten otro signo para representar esta acción. Es decir,
la iconicidad de muchos signos está relacionada con la cultura en la que han surgido
dichos signos.
Figura 16. Comer (Japón) (tomado de NHK, 1991)
Analizadas y aclaradas estas consideraciones sobre las lenguas de signos,
consideraciones a las que volveremos una y otra vez para profundizar cada vez más en
ellas, pasemos ahora a preguntarnos: ,¿qué es un lenguaje? Para poder llegar a afirmar
que la LSE tiene una estructura lingüística, es necesario pararnos previamente a
describir aquellas características generales que hacen que algo se defina como lenguaje
para poder entender, en un segundo momento, cuáles son las características
lingüísticas de la LSE.
Características de la lengua de
signos
Marian Valmaseda y Pilar Alonso
•
•
•
¿Qué es un lenguaje? El lenguaje de signos como verdadero
lenguaje
Canales de expresión y comprensión del lenguaje de signos
La Lengua de Signos Española como una lengua que se
estructura a diferentes niveles lingüísticos
¿Qué es un lenguaje? El lenguaje de signos
como verdadero lenguaje
Tomando una de las múltiples definiciones que se han dado sobre el lenguaje, Baker y
Cokely (1980) lo definen así:
Un lenguaje es un sistema de simbolos relativamente arbitrarios y de reglas
gramaticales que se transforman en el tiempo y que los miembros de una comunidad
convienen y usan para interactuar unos con otros, comunicar sus ideas, emociones e
intenciones, para pensar y para transmitir su cultura de generación en generación
(Baker y Cokely, p. 22).
Todas las lenguas, orales o signadas, están compuestas por una serie de palabras o
signos que representan algo: objetos, sentimientos, acciones..., y que se combinan de
una determinada manera para formar frases, historias, etc.
Sabemos que en las lenguas orales los sonidos (fonemas) son el elemento básico que,
combinado de diferentes maneras, dará lugar a las palabras; y, a su vez, la combinación
de éstas dará lugar a las frases. En las lenguas de signos ocurre lo mismo: disponen de
un elemento básico que son los queremas o parámetros formacionales, que son los que
forman los signos y éstos las frases signadas.
Cada signo tiene una serie de queremas que, unidos de una manera determinada,
crearán un signo con un significado específico. Estos queremas o parámetros
formacionales son: la forma que adopta la mano o manos al realizar el signo; la
posición donde se realiza (cara, cuerpo...); el movimiento que lleva implícito dicho
signo; la orientación que tiene la palma de la mano (hacia arriba, hacia la derecha...), y
la expresión facial o corporal con que se realiza el signo. (Este aspecto será
desarrollado con más profundidad en el apartado «Nivel fonológico-querológico.»
Pero el lenguaje es algo más que producir una serie de sonidos o gestos para crear
palabras o signos; es también un sistema de reglas a otros niveles (reglas morfológicas y
sintácticas), que deben ser conocidas y compartidas por todos los que comunican en esa
lengua.
Todas las lenguas tienen sus reglas morfosintácticas. Por ejemplo, en la lengua
castellana la producción «pelota a la juega Juan» no puede ser considerada como una
producción acorde a las reglas de nuestra lengua. Hasta hace unos años se consideraba
que las lenguas de signos no poseían ni una morfología ni una sintaxis, ya que una
visión superficial de las mismas parecía decirnos que no poseían artículos, no
diferenciaban entre nombre y verbo y presentaban un orden relativamente libre de los
elementos de la frase. Sin embargo, como veremos más adelante, estas afirmaciones son
erróneas. El porqué se hacen este tipo de afirmaciones se debía y se debe, como muy
bien expresa Lourdes Gómez (1991),
... al excesivo egocentrismo lingüístico que llevaba a comparar constantemente las
lenguas de signos con las lenguas orales, pretendiendo encontrar en las primeras una
correspondencia exacta con la segundas. Sin embargo, cualquier persona que haya
estudiado otras lenguas sabe que incluso entre las lenguas orales pueden existir
grandes diferencias (Gómez, 1991, pp. 67-68).
Estudios realizados en los últimos años desde que Stokoe (1960) realizara la primera
investigación, apuntan a que las lenguas de signos poseen una serie de reglas precisas
de tipo gramatical. Variaciones sutilísimas, imperceptibles para un oyente no habituado
a la lengua de signos, pueden significar cambios importantes a nivel morfológico y
sintáctico (Brennan, Colville y Lawson, 1980; Volterra y cols., 1987; Klima y Bellugi,
1979; Bellugi y Klima, 1990). Oliver Sacks en su libro Veo una voz: Viaje al mundo de
los sordos, en el que hace un recorrido por una gran cantidad de investigaciones sobre
la gramática de la lengua de signos americana, concluye:
La característica más sobresaliente de las lenguas de signos (la que la diferencia de las
demás lenguas y de las demás actividades mentales) es su utilización lingüística única
del espacio. La complejidad de este espacio lingüístico es absolutamente abrumadora
para la vista normal, que no puede percibir, y aun menos entender, la enorme
complejidad gramatical de sus pautas espaciales (1991, p. 117)
Las lenguas de signos emplean el espacio, el movimiento y las expresiones faciales para
codificar mucha información de tipo gramatical: preposiciones, adverbios, orden de las
frases, la duración de un verbo, cláusulas de relativo... Mecanismos todos ellos que los
oyentes no habituados a la lengua de signos son incapaces de entender, percibir y
valorar. Ahondaremos en estos mecanismos en el siguiente apartado.
Pero en la definición que dábamos sobre el lenguaje también subyace la consideración
de otros aspectos, además de los formales, que son los cognitivos y comunicativos,
dándoles especial importancia como motor para el desarrollo no sólo del lenguaje sino
de la globalidad del individuo.
Decimos por tanto que el lenguaje es un sistema convencional y arbitrario con las
funciones de comunicar y representar. El lenguaje, antes que nada, es comunicación y
construcción de la identidad social y personal. El estudio de la adquisición y desarrollo
de la lengua de signos por parte de niños sordos cuya lengua materna es la lengua de
signos supone fijarnos también en cómo son las interacciones comunicativas que el niño
sordo establece con sus iguales y adultos. A este respecto los diferentes estudios sobre
las interacciones entre las madres sordas e hijos sordos señalan su semejanza en calidad
y cantidad con las que establecen las madres oyentes y sus hijos oyentes. Los niños
sordos con lenguaje de signos desarrollan un lengua plurifuncional a la misma edad
que lo hacen los niños oyentes (Bouvet, 1983; Marchesi y cols., 1987; Erting y
cols.,1989)
Las madres sordas estimulan, pues, la formación de un mundo conceptual que, lejos de
empobrecer el mundo perceptivo, lo estimula, lo enriquece y lo eleva continuamente al
nivel del símbolo y del significado. El diálogo pobre, la comunicación deficiente, no
sólo genera limitación intelectual sino timidez y pasividad; un diálogo creador, un
intercambio comunicativo rico en la infancia, despierta la imaginación y la
inteligencia, propicia la autonomía, la desenvoltura, el humor, características que
acompañarán al individuo el resto de su vida (Schlesinger y Meadow, 1972, p. 2).
Los aspectos comunicativos e interactivos del lenguaje son absolutamente indisolubles
del desarrollo cognitivo. Por tanto, en la medida en que un niño sordo cuente con
contextos comunicativos-interactivos significativos, se le estarán dando oportunidades
para desarrollar su pensamiento, contará con una herramienta de comunicación que le
permite expresar y entender las ideas, planificar sus actuaciones y comprender las de los
demás.
Resumiendo, hemos visto que una forma de caracterizar el lenguaje es describir su
estructura, sus reglas internas. Hoy contamos ya con un creciente conocimiento de las
lenguas de signos, especialmente de la Lengua de Signos Americana, con estudios que
convergen en la consideración de las lenguas de signos como verdaderas lenguas.
Distintos trabajos (Boyes, Braen y Kolb, 1990; Volterra y cols., 1989; Bellugi y Klima,
1990) han encontrado que las propiedades básicas de las lenguas orales y signadas son
las mismas, es decir, ambos tipos de lenguas, independientemente de su modalidad de
expresión, tienen complejidad gramatical y los mismos principios organizativos.
En este sentido, los diversos trabajos de investigación apuntan a que las lenguas de
signos, al igual que las lenguas orales, están estructuradas lingüísticamente en
diferentes niveles: fonológico, léxico, morfológico, sintáctico, pragmático.
Si las lenguas orales y signadas son iguales en su nivel más profundo, ¿cuáles son sus
diferencias? Responder a esta pregunta será uno de los objetivos de nuestro análisis.
Vamos a intentar apuntar algunas características en los diferentes niveles lingüísticos.
Es decir, la comunidad sorda utiliza la lengua de signos con los mismos objetivos que la
comunidad oyente; por ejemplo, para dar una conferencia sobre métodos educativos,
para transmitir valores y reglas sociales, para narrar un cuento, un juego, un poema o un
chiste o simplemente para dialogar con un amigo/a:
Esta lengua está llena de plasticidad y belleza y es capaz de crear la magia de la
poesía y de envolver a las personas en un mundo onírico lleno de imágenes fantásticas.
Sirve para confesarse, para la filosofía, para discutir o hacer el amor. Está llena de
fuerza simbólica... El alma que se escapa por sus dedos es para ellos la vida misma (O.
Sacks, entrevista realizada por el diario El Sol, 18 de enero, 1992).
Con este apartado simplemente hemos querido introducir el tema de la lengua de signos
como verdadero lenguaje.
Canales de expresión y comprensión del
lenguaje de signos
Ya comentábamos que, con excesiva frecuencia, se ha pretendido encontrar una
correspondencia exacta entre las lenguas orales y las lenguas de signos;
correspondencia exacta en cuanto a los niveles léxicos, morfológicos y sintácticos y en
cuanto a los modelos de análisis de estos niveles.
Para analizar la estructura lingüística de las lenguas de signos, es necesario entender
que no se puede trasladar tal cual la forma de análisis que se utiliza con las lenguas
orales, ya que las lenguas signadas y las orales difieren tanto en su modalidad de
expresión como de comprensión. ¿Cuáles son estas diferencias y a qué se deben?
Las lenguas de signos y las lenguas orales difieren en muchos aspectos. De manera
general podemos señalar las siguientes diferencias:
Lengua de Signos
Lengua Oral
Visual
Acústica
Gestual
Vocal
Espacial
Simultánea
Temporal o lineal
Mientras que las lenguas de signos utilizan una modalidad visual-gestual, las lenguas
orales tienen una modalidad acústico-vocal.
Esta modalidad visual-gestual pone en marcha una serie de mecanismos, fundamentales
en la lengua de signos, que son los que van a permitir codificar toda la información:
preposiciones, sistemas de flexiones, orden de las frases, etc. Estos mecanismos son:
--el uso del espacio;
--la modificación del movimiento con el que se produce un determinado signo;
--la producción de movimientos no manuales: expresión facial, cabeza, ojos y posición
del cuerpo. Especialmente para las lenguas de signos europeas habría que añadir: el
movimiento de los labios.
La modalidad visual-gestual da lugar a su vez a la presentación simultánea y no lineal
de las lenguas de signos, lo cual tiene importantes repercusiones en el orden de las
frases. Mientras que la modalidad visualgestual (lenguaje de signos) permite expresar
simultáneamente diversos elementos, la modalidad acústico-vocal (lenguaje oral)
necesita ser expresada en una secuencia lineal, por lo que el orden en esta última se
convierte en algo crucial.
Figura 17. Una persona apoyada en la parte delantera de un coche
Como vemos en el ejemplo, el hecho de poder utilizar las dos manos al mismo tiempo
nos permite expresar diferentes ideas de forma simultánea. Pero el concepto de
simultaneidad no podemos reducirlo exclusivamente al uso simultáneo de las dos
manos, ya que en este ejemplo cada mano junta en un único signo distinta
informacióngramatical. Es decir, por ejemplo, la mano derecha nos informa al mismo
tiempo de que :
--hay una persona;
--dicha persona está sentada;
--está sentada exactamente en la parte delantera del coche.
Un único signo informa de lo que en el lenguaje oral necesitaríamos una cadena de
elementos: «persona sentada en la parte delantera de un coche» .
La modalidad visual-gestual-simultánea propia del lenguaje de signos está generando
un gran campo de investigaciones, y en concreto estudios comparativos entre el tiempo
que se necesita para producir un signo o una palabra. A pesar de que la producción de
una palabra aislada es más rápida que la de un signo aislado, la producción de una frase
compleja en lenguaje de signos necesita más o menos el mismo tiempo que dicha frase
expresada en lenguaje oral. (Recordemos que existe la posibilidad de realizar
traducciones simultáneas de la lengua oral a la de signos y viceversa.) Boyes, Braen y
Kolb (1990) apuntan la siguiente explicación a este hecho:
El lenguaje de signos supera la desventaja de hacer un signo aislado más lentamente,
juntando más información en un único signo. Esto es posible porque la modalidad
visual-gestual permite la producción simultánea y la percepción simultánea de los
distintos componentes del lenguaje de signos... Los distintos componentes del signo
individual son visibles. Esto quiere decir que el componente forma de la mano es
visible al mismo tiempo que lo es el movimiento, la localización, la orientación y los
componentes no manuales (pp. 101-102).
Resumiendo: Hasta ahora hemos analizado, en primer lugar, cuáles son los aspectos
que hacen que algo se defina como lenguaje y, en relación a esto, hemos intentado ir
probando, todavía de un modo general, que la lengua de signos es un verdadero
lenguaje. En segundo lugar, hemos reflejado diferencias entre las lenguas de signos y
las orales en cuanto a los canales intervinientes para su emisión y recepción de
mensajes, y los mecanismos que subyacen en la construcción de los niveles
estructurales de ambos tipos de lenguas.
A continuación, y para seguir ahondando en estos aspectos, pasaremos a preguntarnos:
¿Cómo es un lenguaje cuya trasmisión no se basa en la utilización de la via vocal y en
la audición? ¿Cuáles son las caracteristicas de una lengua cuyo sistema de transmisión
cambia del oido a los ojos y de la boca a las manos?
¿Cómo se caracteriza un lenguaje cuyas unidades básicas léxicas son producidas por
las manos que se mueven en el espacio y los signos que se organizan espacialmente y
no temporalmente?
La Lengua de Signos Española como una
lengua que se estructura a diferentes
niveles lingüísticos
De una forma todavía general hemos ido analizando algunos principios organizativos de
las lenguas de signos. A partir de este momento centraremos nuestro análisis en los
diferentes niveles lingüísticos. La mayor parte de la información proviene de
investigaciones realizadas en otras lenguas de signos. Realizaremos algunas
consideraciones referidas a la lengua de signos española, consideraciones que hay que
tomar con cautela hasta que no exista un corpus de investigaciones que nos permitan
confirmar las observaciones sistemáticas en las que están basadas nuestras
afirmaciones. Analizaremos tres niveles:
--Nivel fonológico (querológico).
--Nivel léxico.
--Nivel morfosintáctico.
Nivel fonológico (querológico)
La formación de los signos. Parámetros que los definen
Cada uno de los signos de la LSE pueden definirse y analizarse a partir de sus queremas
o parámetros formacionales. Los parámetros formacionales son aque!los elementos que
hacen que surja un signo con un significado determinado.
Fue el lingüista americano Stokoe, en 1960, el primero en interesarse por la lengua de
signos americana. Las investigaciones realizadas desde entonces en distintas lenguas de
signos han arrojado mucha luz e información sobre las características lingüísticas de las
mismas.
Stokoe señaló diferentes tipos de información que permiten identificar un signo y
diferenciarlo de un simple gesto o de otros signos. Las investigaciones en distintas
lenguas de signos han coincidido en resaltar la presencia de «parámetros
formacionales» de los signos.
Estos parámetros son :
· El lugar de articulación de un signo: localización de la mano o las manos que realizan
el signo en relación con el cuerpo.
· La configuración de la/s mano/s que realizan el signo.
· El movimiento o el cambio en la configuración de la/s mano/s.
· La orientación de la palma de la mano.
· Los componentes no manuales, en especial la expresión facial, que se realizan
paralelamente al signo.
Además de estos parámetros, podemos añadir las condiciones de dominancia y simetría
al realizar un signo.
Cada signo puede analizarse sobre la base de estos parámetros, de forma que distintas
combinaciones en los parámetros dan lugar a distintos signos, al igual que distintos
rasgos fonológicos dan lugar a diferentes fonemas. Veamos el siguiente ejemplo:
Figura 18. Figura 19. Figura 20.
Configuración Lugar Movimiento
Figura 21. Figura 22.
Orientación Componente no manual
Estos cinco componentes unidos forman el signo de
Figura 23. Contento
--Lugar de articulación del signo
Un parámetro fundamental de las lenguas de signos es el lugar preciso del espacio
donde se realiza el signo. Ese espacio donde se signa, se sitúa enfrente del cuerpo del
signante y ocupa desde la parte alta de la cabeza hasta la cintura. Es infrecuente
encontrar signos más arriba de la cabeza o más abajo de la cintura, ya que es esta área,
de alguna manera limitada, la que facilita tanto la producción como la mejor percepción
de los signos.
Hay signos que se realizan en diferentes lugares del cuerpo, y hay signos que se hacen
en el espacio denominado «espacio neutro»: espacio delimitado en un ángulo de 180
grados delante del signante.
--Configuraciones de la/s mano/s
Desde una perspectiva puramente motriz, la mano puede asumir múltiples
configuraciones. Las distintas lenguas de signos muestran configuraciones de la mano
muy variadas; por ejemplo, en la Lengua de Signos Inglesa (BSL) se han encontrado
aproximadamente 31 configuraciones distintas (Brennan, Colville y Lawson, 1980), y
en la Lengua de Signos Italiana (LIS), 38 (Corazza y Volterra, 1986).
No necesariamente todas las lenguas de signos tienen las mismas configuraciones. Por
ejemplo, no existe una correspondencia exacta entre las configuraciones de la LSE y de
la Lengua de Signos Americana (ASL) (figura 24). En la primera, a pesar de no contar
todavía con muchas investigaciones, parece no existir la siguiente configuración, propia
del ASL. Incluso podríamos decir que cada lengua de signos tiene su propia
«fonología», diferente a la de otras lenguas de signos.
Figura 24. Configuración propia del ASL
En esta línea son interesantes los trabajos de Poizner, Fok y Bellugi (1989), realizados
sobre la Lengua de Signos China, encontraron que la Lengua de Signos Americana y la
China son dos lenguas completamente autónomas, con sus propias reglas fonológicas e
incluso morfológicas, y por lo tanto incomprensibles la una para la otra.
Dentro de cada uno de estos parámetros hay un número limitado de componentes; por
ejemplo, no todas las formas de la mano son físicamente posibles. Además, al igual que
en las lenguas orales, existen limitaciones en la combinación de los sonidos para llegar
a formar palabras (por ejemplo, en la lengua castellana no está permitida la
combinación /I/de ship [barco] y sí en la lengua inglesa). También en las lenguas de
signos hay limitaciones en la combinación de los parámetros.
--El movimiento y la orientación de la palma
Asimismo, las manos pueden moverse y orientarse de múltiples formas en el espacio.
La palma de la mano puede orientarse hacia arriba, hacia abajo, hacia la derecha y hacia
la izquierda, cambiando el significado del signo en función de cómo está orientada la
palma y hacia dónde se mueven las manos.
-Componentes no manuales
Quisiéramos destacar la importancia de los componentes no manuales, ya que también
constituyen un elemento fundamental en la formación de los signos, y sin embargo han
sido uno de los aspectos más ignorados y peor entendidos de la lengua de signos.
Las investigaciones sobre los componentes no manuales de la lengua de signos han
empezado hace poco y su análisis es difícil, pero de lo que no hay duda es de que son
un aspecto de suma importancia. Vemos un ejemplo sencillo:
Figura 25
Esta configuración puede tener dos significados diferentes si introducimos las
siguientes expresiones faciales:
Figura 26. Qué
Figura 27. Deber
La expresión facial es la que nos indica que estamos haciendo una pregunta o un
mandato.
Dentro de los componentes no manuales, los movimientos de la boca, especialmente en
las lenguas de signos europeas, tienen una gran importancia. Muchos de estos
movimientos de los labios son un préstamo de la lengua oral, pero otros muchos no lo
son y además son una parte obligada del signo. Es decir, existen signos en los que el
movimiento que adoptan los labios es la palabra oral. Por ejemplo, cuando las personas
sordas realizan el signo «hay», lo que se lee en los labios es la palabra oral «hay»; sin
embargo hay otros movimientos de los labios que no tienen correspondencia alguna con
las palabras orales. Las personas sordas son muy sensibles a la información que
transmiten estos movimientos de la boca, considerando que es una parte obligada del
signo; sin ello el signo esta mal dicho, es incompleto.
Por otra parte, el simple hecho de modificar el movimiento de los labios,
manteniéndose el resto de los parámetros invariable, hace que el significado de algunos
signos cambie completamente. Por ejemplo, en los siguientes dibujos podemos observar
que el último signo es el mismo en los dos dibujos en cuanto a los parámetros manuales
y que lo que varía en la expresión facial, y muy concretamente la forma o movimiento
de los labios:
Figura 28. Una fila de personas muy larga, no me lo
esperaba
Figura 29. Una fila de personas muy larga, ¡qué pereza!
Los movimientos de la boca, como ocurre en el ejemplo que acabamos de presentar,
añaden un significado nuevo al signo manual, o pueden alargarse o acortarse para
acompañar al signo manual y enfatizar así su significado.
Pasemos ahora a comentar algunas de las limitaciones en la formación de los signos.
Battison (1974) señaló dos condiciones que limitan la creación de signos:
--La condición de simetría, que se manifiesta en aquellos signos que se realizan con las
dos manos, en las que ambas se mueven. En este tipo de signos, la configuración y el
movimiento de ambas manos son iguales y simétricos. Por ejemplo, el signo de
«viajar»:
Figura 30. Viajar
--Condición de dominancia, que se manifiesta en aquellos signos realizados con las dos
manos, pero en los que la forma que adopta cada una es distinta. Ahora sólo se moverá
una de las manos (denominada mano dominante) adoptando distintas configuraciones y
movimientos, mientras que la mano pasiva (mano no dominante) adoptará un número
limitado de configuraciones, las más usuales para cada lengua de signos.
Una consideración más a resaltar sobre los parámetros formacionales es que la simple
variación de uno de estos parámetros puede dar lugar a otro signo con un significado
completamente distinto. El siguiente ejemplo muestra claramente este hecho:
Figura 31. Teatro Figura 32. Preparar Figura 33. Organizar
En estos tres signos la configuración o forma que adoptan las manos, la orientación de
la palma, el lugar donde se realiza cada signo y la expresión facial, son los mismos para
los tres signos, únicamente varía el movimiento.
Si, por ejemplo, cambiásemos además del movimiento la orientación de la palma, surge
un nuevo signo con significado muy diferente: « siempre »:
Figura 34. Siempre
Veamos otro ejemplo. Si al signo «difícil» le modificamos la expresión facial y
ponemos cara de pregunta ese nuevo signo significa ahora «¿cómo?»
Figura 35. Difícil
Figura 36. ¿Cómo?
Veamos, pues, que la consideración de los parámetros no es algo superfluo, ya que la
simple variación de uno de ellos da lugar a signos diferentes. Su importancia es
comparable a la consideración en el lenguaje oral de la diferenciación de los fonemas:
«marco» y «barco» tienen un fonema que tan sólo se diferencia en un rasgo concreto
(/m/ es sonoro, /b/ es sordo) y sin embargo ello da lugar a dos palabras con significados
absolutamente distintos.
Nivel léxico
El significado de los signos
La creación de los signos y su transformación
A) El significado de los signos
Cuando un niño/a aprende una determinada lengua en interacción con las personas de
su entorno, no sólo está aprendiendo una serie de palabras o signos, sino también los
significados culturales que estas palabras o signos tienen en función de cómo su entorno
cultural interpreta la realidad. En este sentido, están surgiendo día a día estudios e
investigaciones sobre la comunidad sorda desde una perspectiva lingüística y cultural
(Wilcox, 1989 y 1990; Kyle, 1990 y 1991).
Bergman y Wallin (1990) han encontrado que la Lengua de Signos Sueca y el sueco son
dos lenguas diferentes y que por tanto es frecuente que determinados signos y palabras
no tengan idéntico significado. Poco sabemos a este respecto sobre la LSE y el
castellano, pero sí podemos señalar que cuando se hace una traducción del castellano a
la LSE, no se puede hacer un emparejamiento entre los signos y las palabras sin correr
el riesgo de que se haga una mala traducción y, por tanto, que las personas sordas
pierdan información y los detalles del mensaje.
Por ejemplo, la palabra año en la LSE tiene distintos signos, según quiera expresar edad
cronológica, antigüedad, permanencia, tiempo. Veamos los siguientes signos:
Figura 37. Edad cronológica, p.e: El niño tiene tres años
Figura 38. Permanencia, p.e: Llevo muchos años en la
empresa
Figura 39. Antigüedad, p.e.: Este coche tiene muchos años
Figura 40. Año pasado, p.e.: El año pasado fui a la playa
En castellano podemos utilizar para todas ellas la misma palabra «año», y la diferencia
de significado está implícita en los otros elementos de la frase. Sin embargo, en la LSE,
para cada una de estas frases tendremos que utilizar cuatro signos diferentes si
queremos realmente respetar el significado de las frases.
La falta de coincidencia del significado de algunos signos con las palabras orales ha
hecho que en muchas ocasiones se hiciera una mala traducción a la lengua de signos,
saliendo ésta claramente perjudicada, de ahí la creencia de que era una lengua
deficiente, pobre, sin estructura.
B) La creación de los signos y su transformación
Las lenguas no son algo fijo y estable, sino que se transforman en el tiempo o se crean
nuevos signos para referirse a nuevos conceptos, en función de las distintas necesidades
de las personas que conviven.
¿Cómo se crean los signos? Principalmente hay tres formas de crear nuevas unidades
léxicas:
a) Hoy es habitual que unas lenguas influyan en las otras, que exista contacto entre ellas
y que, por tanto, a modo de préstamo se tomen palabras o signos propios de otras
comunidades. Por ejemplo, la lengua castellana tiene «préstamos» del inglés (walkman,
fútbol, sandwich, parking ), del francés (chalet, garaje), y la LSE se ha apropiado de
signos de otras comunidades sordas como la americana (cultura), la italiana (lengua,
lingüística), y de la comunidad oyente (hay, si)
b) Otra forma en la creación de un signo es por la unión de dos signos antiguos. Por
ejemplo, el signo de vídeo en un principio se realizaba explicando en qué consistía:
forma física del magnetoscopio y la introducción de la cinta. Hoy día se realiza un
único signo, que incluso se asemeja más a sacar la cinta que a su introducción.
c) Por último, la forma más sencilla de crear nuevas unidades léxicas es inventarlas en
función de su necesidad de uso. Por ejemplo, el signo de «identidad» es muy reciente en
la comunidad sorda española:
Figura 41. Identidad
¿Cómo se transforman las unidades léxicas?
Frishberg (1975) estudió los cambios que se producían en los signos del ASL, y señaló
que estos cambios se deben a los siguientes motivos:
1. Desplazamiento progresivo de la posición de los signos hacia un espacio más
delimitado. Éste es el caso, por ejemplo, en la LSE del signo «jubilarse». Antiguamente
se realizaba en la nuca, progresivamente ha ido cambiando de lugar y ahora se signa
más hacia delante, tal y como se ve en el dibujo:
Figura 42. Jubilarse (antes) Figura 43. Jubilarse (ahora)
2. Una mayor simetría en la expresión de los signos que se realizan con dos manos.
Esto se debe a que en los signos que se realizan con dos manos y ambas se mueven,
tanto el movimiento como la forma de las manos es simétrica (condición de simetría,
descrita por Battison, 1974); por lo tanto, parecen estar motivados más bien por la
estructura interna de los signos.
3. Reducción de signos múltiples a signos unitarios a través de un proceso de
asimilación y fluidez, en el cual a menudo la iconicidad de los signos originales
disminuye o se pierde completamente. Por ejemplo: «quién»:
Figura 44. ¿Quién?
Todas estas modificaciones se deben a que los usuarios de la lengua de signos intentan
simplificar la emisión y recepción de las unidades léxicas a las características visomanuales de esta lengua.
Dentro de la LSE, han sufrido transformación signos que inicialmente eran expresados
por medio de la dactilología (préstamos de la lengua oral), y que han evolucionado a un
signo formado por un movimiento abreviado de las distintas letras. Éste es el caso del
signo «hay»:
Figura 45. Hay
Lo interesante es que todos estos motivos hacen que las lenguas de signos vayan
enriqueciéndose por un proceso activo de creación de nuevos nombres a partir de los
signos ya existentes.
Nivel morfosintáctico
Flexiones para indicar la persona en relación al verbo (pronominalización)
Flexiones para indicar el número
Flexiones para indicar el aspecto temporal
Flexiones que permiten diferenciar entre el sujeto y el objeto
El orden de los signos en las frases
Recordemos que la modalidad visual-gestual del lenguaje de signos, el movimiento, los
componentes no manuales y la disponibilidad de expresarse espacial y simultáneamente
en lugar de temporalmente, proporcionan un conjunto de mecanismos morfosintácticos
muy diferentes de los que se utilizan en las lenguas orales.
Lengua de Signos
Lengua Oral
Visual
Acústica
Gestual
Vocal
Espacial
Simultánea
Temporal o lineal
El análisis desde estos componentes nos ayudará a entender mejor cuáles son las
características de una lengua cuyo canal de transmisión es muy diferente al que los
oyentes estamos habituados a utilizar, un canal de transmisión que emplea además un
espacio determinado, unos movimientos concretos, y todo ello acompañado de
expresiones faciales y corporales variadas.
Empezaremos, pues, analizando el papel de estos mecanismos en la estructura interna
de los signos y las frases signadas. Mostraremos este hecho a partir de algunos ejemplos
de estructuras morfosintácticas de la LSE; no pretendemos hacer un análisis exhaustivo
ni completo, ya que no estamos aún en disposición de hacerlo, pues faltan muchas
investigaciones que nos permitan conocer en profundidad esta lengua.
En primer lugar, ejemplificaremos algunas marcas morfosintácticas para indicar la
persona, la acción recíproca, el número, el aspecto temporal y el orden de los elementos
en la frase. Categorías todas ellas que se forman a través del uso del espacio y el
movimiento.
En segundo lugar, reflejaremos cómo las expresiones faciales y corporales tienen una
función morfosintáctica. Pueden actuar como cuantificadores o adverbios temporales;
sirven para diferenciar entre una frase interrogativa y una declarativa, etc.
La LSE, al igual que otras muchas lenguas de signos y orales ya investigadas, refleja
una morfología altamente flexiva (Klima y Bellugi 1979; Brennan, 1983; Pizzuto, 1986;
Schermer y Koolhof, 1990). Es declr, añade marcas gramaticales a los signos para
indicar distintas categorías gramaticales como: el número, la pronominalización,
aspectos temporales... Estas marcas gramaticales o flexiones son variaciones en el
movimiento o dirección de las unidades léxicas de la lengua de signos.
En las lenguas orales la forma que adoptan los procesos morfosintácticos está
íntimamente unida con la organización lineal y temporal de sus unidades léxicas. Sin
embargo, los signos en las lenguas de signos se realizan moviendo las manos en el
espacio; son estos dos mecanismos: espacio y movimiento, lo que estas lenguas utilizan
en sus procesos morfosintácticos. Algunos de los procesos flexivos que podemos
ejemplificar de la LSE son los siguientes:
Flexiones para indicar la persona en relación al verbo (pronominalización)
Flexiones para indicar el número
Flexiones para indicar el aspecto temporal
Flexiones que permiten diferenciar entre el sujeto y el objeto
El orden de los signos en las frases
Flexiones para indicar la persona en relación al verbo (pronominalización)
El uso estructurado del espacio en la LSE es lo que hace que se marque la diferencia
entre: «yo le pregunto a él», «él me pregunta a mí», o «ella te pregunta a ti».
Figura 46. Preguntar Figura 47. Yo le pregunto
Figura 48. Él me pregunta Figura 49. Ella te pregunta
Para indicar el referente, bien sea la primera, segunda o tercera persona del singular, se
marca directamente a través de la localización espacial y por los cambios que el verbo
sufre en su forma, concretamente en la dirección de sus movimientos y en su
orientación. Para señalar «yo te pregunto», el movimiento del signo se dirige hacia la
segunda persona localizada en el espacio; para indicar «yo le pregunto a él», el signo se
mueve hacia donde se localiza la tercera persona, y para «tú me preguntas, vemos que
el signo cambia de dirección y la trayectoria del movimiento se dirige hacia el signante.
Si realizáramos en la LSE la frase «él me pregunta» con la forma del verbo no flexiva
para indicar la persona, esa frase sería agramatical y no sabríamos a quién se pregunta.
Como vemos, el uso del espacio para expresar la pronominalización en el LSE es muy
importante. Los usuarios de esta lengua pueden utilizar varias estrategias para indicar
la/s persona/s o el/los objeto/s de que se habla: si el/los objeto/s o la/s persona/s están
presentes, bastará con señalar el lugar que ocupan en el espacio; si no están presentes,
se designa un lugar en el espacio para la/s persona/s o el/los objeto/s, de tal manera que
siempre que se les haga mención bastará con señalar el espacio donde en la primera
ocasión se realizó el signo de dicho/s objeto/s o persona/s.
Existen, por otra parte, ciertos mecanismos que nos permiten expresar la reciprocidad.
Por ejemplo, la LSE tiene una manera especial de expresar la diferencia entre yo te
entiendo y nos entendemos. Si queremos expresar una relación recíproca, el signo se
suele realizar con las dos manos en un movimiento simultáneo, y las manos se orientan
una hacia la otra.
Por ejemplo:
Figura 50. Figura 51. Figura 52.
Nos entendemos Nos vemos Nos atraemos
Flexiones para indicar el número
Marian Valmaseda y Pilar Alonso
Los verbos en LSE se flexionan de distintas maneras para indicar el número. Para
diferenciar el sujeto o el objeto del verbo, y si están en singular o en plural, el verbo ha
de modificar su movimiento y orientación. Así, por ejemplo, la forma singular del verbo
tiene un movimiento hacia un único lugar en el espacio, hacia dos lugares si se trata de
dos personas, y si la flexión es múltiple, el verbo tiene un movimiento a lo largo de un
arco horizontal de 180 grados.
Cuando el verbo hace una especie de barrido a lo largo de este arco, este movimiento
indica que el nombre es plural. Por ejemplo, en la frase «el profesor avisa a los niños»
el nombre «niños» se signa en singular, pero la forma flexiva que adopta el verbo indica
la pluralidad del objeto.
Figura.53. Avisar
Figura 54. El profesor avisa a los niños
Flexiones para indicar el aspecto temporal
Mientras que la característica más sobresaliente para flexionar el número o indicar el
referente del verbo es la utilización del espacio para los aspectos temporales durativos,
recurrentes..., es la utilización cualitativa del movimiento del signo.
Hay flexiones muy diferentes si el aspecto del verbo es durativo o puntual. Por ejemplo,
en las siguientes ilustraciones podemos ver algunos ejemplos tomados del ASL, con el
signo «mirar». Este signo puede modificarse para decir: «mira fijamente», «mira sin
parar», «contempla», «observa», «mira durante mucho tiempo», etc. Si la acción de
mirar se hace puntualmente (figura la), el verbo conlleva un movimiento breve, pero si
la forma es durativa, se hace sin movimiento y con una tensión mantenida (b, e). Si el
matiz del significado del verbo es el acto de mirar «incesantemente», se hace repitiendo
varias veces el verbo (c).
Otra forma flexiva de la duración del verbo es la de realizar un movimiento circular: si
este movimiento es rápido, sin repeticiones ni tensiones, el significado es el de
«contemplar/observar regularmente». La tercera forma flexiva de la duración del verbo
es un movimiento continuo, lento. Si además de estas dos características el movimiento
es circular, el significado es «mirar largo rato» (f), y si es formando una elipse, significa
«mirar una y otra vez» (g). También en la lengua de signos italiana la repetición del
movimiento del signo parece funcionar como marcador del aspecto. Es decir, en estas
dos lenguas la repetición puede ser lenta o rápida. En el primer caso estaría relacionado
con el aspecto iterativo, mientras que si la repetición es rápida expresaría aspecto
durativo y habitual. Este mismo mecanismo de repetición para marcar la continuidad se
observa en los usuarios de la LSE.
(a) Mirar (b) Mirar fijamente (c) Mirar sin parar
(d) Contemplar (e) Vigilar (f) Mirar largo rato
(g) Mirar una y otra vez
Figura 55. Figura (Klima y Bellugi, 1979).
Flexiones que permiten diferenciar entre el sujeto y el objeto
En nuestro país, todavía con excesiva frecuencia, tanto sordos como oyentes hábiles en
comunicar a través de la LSE comentan que esta lengua es muy «aleatoria», cada uno
ordena las frases temporalmente como desea y, por tanto, una misma frase puede
ordenarse de muchas formas distintas. Pero lo que muchas de estas personas ignoran es
que esta afirmación no es válida para todo tipo de frases, sino únicamente para algunas,
y que, dentro de éstas, los motivos de esta aparente libertad son claros y precisos.
Esta libertad también existe en castellano; por ejemplo, podemos decir indistintamente:
«¿tú eres sordo?» o «¿eres tú sordo?».
Ya comentamos anteriormente que la modalidad espacial propia de las lenguas de
signos desarrolla unos mecanismos sintácticos determinados. Estamos ante una lengua
que es espacial y que utiliza el espacio como principio para desarrollar sus reglas
sintácticas.
A pesar de que para algunas frases existan distintas posibilidades de ser ordenados sus
elementos, también hay unas limitaciones, ya que solamente están permitidas algunas
combinaciones, pero no todas. Veamos algunos ejemplos:
En las frases donde el sujeto y el objeto de la oración son personas de diferente edad, y
que por tanto se supone que tendrán distinta altura física, el componente espacial será el
que haga que se modifique el verbo, de manera que en la nueva configuración que
adopta el verbo está implícito tanto el sujeto como el objeto que recibe la acción.
Por ejemplo, en la frase «Mamá besa a la niña» encontramos tres posibilidades de
ordenar la frase:
Figura 56. La mamá besa a la niña
Figura 57. La mamá, la niña, besa a
Figura 58. Niña, la mamá, besa a
Vemos que en las tres el verbo adopta la misma configuración. No existe en ninguna de
las tres posibilidades duda de quién besa a quién, ya que la transformación que ha
sufrido el verbo besar así nos lo indica. La mano derecha refleja la situación superior
físicamente de la madre y la mano izquierda la de la hija; por otra parte, es la mano
derecha la que se mueve, quedando la izquierda pasiva.
Observemos otro ejemplo: Los animales preguntaron a la estrella. La situación es como
nos la imaginamos normalmente, esto es, que los animales están en la tierra y las
estrellas en el cielo; por tanto, en la LSE, la situación espacial que ocupan los animales
y la estrella marca el orden de los signos en la frase, adoptando distintas posibilidades:
Figura 59. Los animales preguntaron a la estrella
Figura 60. Los animales, la estrella, preguntaron a.
Figura 61. La estrella, los animales, preguntaron a.
Al igual que en el ejemplo anterior, el verbo se modifica indicando la situación espacial
del sujeto y el objeto, no dejando lugar a duda de quién realiza la acción,
independientemente de cómo ordenemos el sujeto y el objeto. Recordemos que el verbo
preguntar es un verbo que se realiza en el espacio neutro y que cambia su dirección en
el espacio para indicar la persona. De este modo el pronombre ya está implícito en el
verbo.
Por último, analicemos la siguiente frase, ya que nos ayudará a ver con más claridad lo
que estamos intentando explicar. Si dos personas están hablando en LSE sobre dos
amigos suyos que no están presentes, pueden indicar en el espacio la situación que cada
uno de ellos ocupará ; asimismo, el verbo puede adoptar una dirección diferente. Por
ejemplo: José mira a Pedro. Las posibilidades de ordenar los signos en la frase serían
nuevamente tres :
Figura 62. José mira a Pedro.
Figura 63. Pedro, José, mira a.
Figura 64. José, Pedro, mira a.
Por tanto, este tipo de oraciones permite tres formas diferentes de ordenar los signos en
la frase, pero existe una limitación en el orden: no sería correcto empezar la frase por
el verbo y luego signar los objetos.
El orden de los signos en las frases
Junto a esta aparente libertad para determinado tipo de oraciones, existen ciertas reglas
en el orden de los signos en la frase cuando se trata, por ejemplo, de oraciones
interrogativas, que emplean partículas interrogativas (qué, dónde, cuándo...). En el caso
de que la pregunta sea suficientemente larga, la partícula interrogativa suele ocupar el
último lugar de la frase:
Figura 65. Los zapatos marrones, ¿dónde están?
En algunos casos la partícula interrogativa puede hacerse dos veces: una en el comienzo
de la frase y otra vez al final por intereses comunicativos:
Figura 66. ¿Cómo voy, cómo?
Asimismo la partícula negativa suele ocupar un lugar determinado en la frase. En la
LSE la negación no se signa delante del verbo tal y como ocurre en castellano (p.e.: «a
María no la conozco», «esa película no me gusto»), sino que la partícula «no» se coloca
detrás del verbo:
Figura 67. A esa niña no la conozco (en LSE el orden es
A esa niña la conozco no)
Otra característica de la LSE es que para algunos verbos la negación del mismo se
realiza modificando el movimiento y la orientación del verbo, o creando un nuevo signo
que lleva ya incluida la negación:
Figura 68. No es necesario
Figura 69. No me apetece
Figura 70. No vale
Las expresiones faciales o corporales también tienen una función lingüística en la LSE.
Ya vimos en su momento que son importantes a nivel «fonológico» («qué/deber», ver
figuras). Además pueden jugar un papel fundamental a nivel morfosintáctico. Corina
(1989) y otros investigadores muestran que expresiones faciales y corporales
específicas pueden servir para indicar construcciones sintácticas, como preguntas,
exclamaciones, frases condicionales, o actuar como cuantificadores, adverbios
temporales, etc.
Si la entonación es el componente básico que los oyentes tienen para entender de qué
tipo de oración se trata: una pregunta, una exclamación, una declaración..., ¿cuál es el
componente básico, en la LSE, para diferenciar entre estos tipos de oraciones?
Para entender de qué tipo de oración se trata hay que fijarse y atender al uso que se hace
de la expresión facial. Veamos los siguientes ejemplos:
Figura 71. Es un niño sordo
Figura 72. ¿Es un niño sordo ?
Como vemos, ambas frases tienen el mismo número de signos e idéntico orden. ¿Qué es
lo que diferencia ambas frases?, ¿por qué sabemos que una es interrogativa y otra
declarativa? Lo que las diferencia es la expresión facial. En la frase interrogativa la
persona eleva las cejas, mientras que esto no ocurre en la frase declarativa. Es decir, es
necesario poner «cara de pregunta».
Además de la expresión facial de la frase interrogativa, existe otro detalle que es
imposible detectar en un simple dibujo: la duración de la frase. La duración de la frase
interrogativa es mayor que la declarativa. Las persona que hace la pregunta mantiene
durante unos segundos más el signo de «¿sorda?» en suspenso, en espera de la
respuesta.
Si queremos realizar una frase exclamativa, la única diferencia con la frase declarativa
o enunciativa, nuevamente, serán la expresión facial y corporal las que caracterizan la
frase exclamativa.
Figura 73. ¡Es un niño sordo!
Asimismo, para expresar frases condicionales, es necesario al inicio de la frase realizar
un signo concreto: «si» condicional, elevación de las cejas y abrir más los ojos:
Figura 74. Si hace bueno, iré a pasear
Para diferenciar el tipo de oración la expresión facial es uno de los aspectos claves a
los que hay que atender. De no hacerlo así, el discurso se convertirá en monótono y
confuso.
Los componentes no manuales también actúan como cuantificadores:
Figura 75. Feo Figura 76. Feísimo
En este ejemplo vemos que para expresar el grado superlativo («feísimo»), es necesario
reforzarlo con la expresión facial más un movimiento de enlentecimiento del signo.
En la LSE el grado superlativo de los adjetivos «guapo» y «bueno» (algo que está
bueno), se marcaría en el signo exagerando la expresión facial y realizando al final un
movimiento circular:
Figura 77. Guapísimo Figura 78. Bonísimo
El enlentecimiento del movimiento del signo no es una regla válida para adjetivos de
velocidad/rapidez, ya que la cualidad que se quiere expresar es la contraria a lento. En
estos casos es necesario exagerar la expresión facial y realizar con más rapidez el signo.
El tiempo en la LSE puede indicarse a través de distintos mecanismos, uno de ellos es
el uso de adverbios no manuales. Las expresiones faciales y otras conductas no
manuales (movimientos del cuerpo), más el uso del
espacio y el movimiento, localizan una acción en el tiempo: «He visto a Andrés hace
poco, hace mucho, hace muchísimo».
Por ejemplo, para el concepto de una acción realizada recientemente se emplean los
signos de «ayer/hace poco»:
Figura 79. Ayer Figura 80. Hace poco .
Pero cuando lo que queremos expresar se ha realizado muy recientemente, entonces
cambia la expresión facial y el hombro se eleva hacia delante indicando esto:
Figura 81. Hace poquísimo que encontré a Juan
De igual forma se pueden matizar los signos de «ahora» y «dentro de poco » .
Cuando el énfasis quiere ponerse en el tiempo verdaderamente distante en que se realiza
la acción, la expresión facial y un relajamiento corporal unido a cierta lentitud en la
realización del signo de futuro nos indican ese matiz:
Figura 82. Figura 83.
En el futuro Dentro de muchísimo tiempo
Igualmente, cuando la acción sucedió en un tiempo verdaderamente lejano, además de
la expresión facial, la repetición del signo da a entender que no fue precisamente ayer
cuando se llevó a cabo;
Figura 84. Hace tiempo
Figura 85. Hace muchísimo
Los componentes no manuales más el movimiento que adoptan los signos y el uso del
espacio añaden matices morfosintácticos básicos en la LSE. Aportan un enorme caudal
de información al signo inicial:
La condensación de estos mecanismos en un signo y el hecho de que todas sus
modificaciones sean espaciales, son la razón de que la lengua de signos resulte, en el
nivel visible y obvio, completamente distinta de cualquier lengua hablada, y son
también, en parte, la causa de que no se la considerase un lenguaje. Pero es
precisamente por eso, y por su gramática y su sintaxis espaciales únicas, por lo que la
lengua de signos es un verdadero lenguaje, aunque sea una lengua completamente
original (Sacks, 1991, p. 116).
Hasta aquí hemos realizado el análisis de algunas marcas morfosintácticas tomando
como punto de partida los aspectos o características de la lengua de signos, como una
lengua que se expresa a través de una modalidad visual-gestual-espacial. Los dos
puntos últimos que analizaremos serán: la creación y transformación de los signos;
algunas reglas básicas que las personas sordas de la comunidad sorda utilizan para
conversar en la LSE.
Los Pidgin ó Lenguas de
Contacto
Marian Valmaseda y Pilar Alonso
Un pidgin es un término genérico que hace referencia a una forma de comunicación que
se desarrolla naturalmente cuando personas con lenguas diferentes entran en contacto.
Un pidgin combina ciertos elementos del vocabulario y estructuras de las lenguas
nativas de los «hablantes» dando lugar a una lengua de contacto cuya gramática, aunque
diferente a la de las lenguas de origen, mantiene ciertas características de las mismas.
Los pidgin son empleados en comunidades oyentes de todo el mundo.
En el ámbito del estudio de las interacciones comunicativas que establecen adultos
sordos signantes, el término pidgin se emplea para hacer referencia a la forma o formas
de comunicación resultante del contacto entre una lengua de signos y una lengua oral.
No es frecuente que las personas oyentes que forman parte del entorno familiar y social
de las personas sordas conozcan bien su lengua de signos. Por otra parte, gran número
de personas sordas no tiene un buen dominio de la lengua oral empleada en su entorno.
¿Cómo se comunican entonces los sordos con los oyentes? La mayor parte de las
ocasiones interactúan empleando un pidgin, un medio de comunicación que combina
ciertos elementos de la lengua oral y de la lengua de signos.
Este pidgin no cuenta con unas reglas específicas; de hecho, como señalan Baker y
Cokely (1980), más bien deberíamos hablar de muchas formas de pidgin. Las
empleadas por los sordos tienden a incluir un mayor número de estructuras de la
gramática de la lengua de signos, por ejemplo, la direccionalidad del verbo (ver el punto
anterior); por el contrario, las formas empleadas por los oyentes tienden a incluir más
estructuras gramaticales de la lengua oral, como, por ejemplo, el empleo del verbo ser.
Siguiendo a Baker y Cokely, podríamos hablar de variedades de pidgin, algunas más
cercanas a la lengua de signos y otras más cercanas a la lengua oral, como puede
observarse en la siguiente ilustracion:
El pidgin se diferencia de otros sistemas de signos o códigos manuales (que veremos a
continuación) en varios aspectos:
1. No ha sido inventado artificialmente, sino que es una forma de comunicación que se
desarrolla de manera natural debido a la necesidad de dos grupos (en este caso sordos y
oyentes) de comunicar entre sí.
2. No pretende representar la lengua oral, ni ser un medio de enseñanza de ésta. El
propósito del pidgin es únicamente comunicativo.
Puede hacer uso de algunos rasgos importantes, tanto de la lengua oral como de la
lengua de signos. Lo cerca que esté de uno o de otro dependerá de las habilidades de los
hablantes en cada una de esas lenguas, del tema de conversación y del contexto en que
ésta se desarrolla.
Sistemas Creados Con Fines
Educativos
Marian Valmaseda y Pilar Alonso
Hemos revisado las principales características del lenguaje de signos y de los pidgin o
lenguas de contacto. Ambas formas de comunicación surgen de manera natural en las
interacciones que las personas sordas establecen con otras personas sordas y/u oyentes.
Pasemos ahora a describir otro tipo de sistemas surgidos en el ámbito educativo y/o
rehabilitador con el objetivo de servir de apoyo para el aprendizaje del lenguaje oral.
Encontramos en este grupo un buen número de sistemas y métodos diferentes. Todos
ellos pueden ser situados en un continuo entre dos polos: el lenguaje oral y el lenguaje
de signos, en función de su mayor acercamiento o lejanía a estas dos modalidades
lingüísticas.
Lenguaje oral Lenguaje de Signos
(Continuum de sistemas entre la lengua oral y la lengua de signos)
En nuestro país, y en relación a este continuum entre la lengua castellana3 y la Lengua
de Signos Española (LSE), podemos encontrar diferentes sistemas, como queda
reflejado a continuación:
LO ---------- PC -----------DT-------------ES-----------LSE
Así, claramente, podemos diferenciar entre lengua oral (LO), palabra complementada
(PC), dactilología (DT), español signado (ES, en nuestro país también conocido como
bimodal) y lengua de signos española.
Sin embargo, y como veremos a continuación, esta aparente claridad esta lejos de ser
cierta; por el contrario, a nuestro modo de ver, existe una gran confusión terminológica.
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El problema de la confusión terminológica
La Comunicación Total
La Palabra complementada (Cued Speech)
Dactilología
Sistemas bimodales
Sistemas signados para personas con transtornos graves de desarrollo
El problema de la confusión terminológica
Cuando revisamos la bibliografía existente encontramos una gran variedad de términos:
bimodal, idioma signado, comunicación total, comunicación simultánea, habla signada,
sistemas manualmente codificados, etc., y no siempre queda claro cuál es el significado
que los autores atribuyen a cada uno de ellos.
Esta confusión terminológica se hace aún más patente si comparamos la literatura
norteamericana con la europea. Podemos encontrar los mismos términos, sin que
necesariamente signifiquen lo mismo. Un claro ejemplo de lo que queremos decir lo
encontramos en el término «inglés signado». Mientras que algunos autores lo emplean
para referirse exclusivamente al sistema ideado en EE.W. por Borstein en 1972, y al
que más adelante haremos referencia, otros lo utilizan en un sentido más genérico.
Otro ejemplo lo encontramos con el término «Bimodal». Algunos autores y
profesionales, sobre todo anglosajones, lo utilizan como sinónimo de un idioma signado
exacto, en el cual existiría una estrecha correspondencia entre la producción oral y la
producción signada. Por el contrario, en otros contextos, como es el caso de nuestro
país, el término bimodal hace referencia al empleo de dos modos (el oral y el signado)
en los intercambios comunicativos, sin que necesariamente deba existir una estricta
correspondencia entre ambas modalidades, considerándose más bien como sinónimo de
español signado.
Esta situación de confusión puede verse agravada, a nuestro modo de ver, por algunas
traducciones de los términos ingleses al castellano. Es importante tratar de clarificar y
consensuar la terminología que se emplea, ya que de otro modo dificultaremos
innecesariamente la comprensión entre los distintos profesionales.
A lo largo de este apartado trataremos, en la medida de lo posible, de clarificar algunos
términos, especialmente aquellos que se emplean con mayor frecuencia en nuestro
entorno profesional: comunicación total, idioma signado y bimodal. Sin embargo, ello
no siempre resulta sencillo. El lector debe recordar que durante la década de los años
setenta, y principalmente en los EE.W. y en Gran Bretaña, se desarrollaron un número
importante de sistemas de comunicación que no siempre se corresponden con los
difundidos y empleados en nuestro país.
Comencemos con el término de «comunicación total». Algunos profesionales lo
emplean para englobar distintos medios o sistemas de comunicación, mientras otros lo
identifican en sí mismo como un método de intervención, en concreto con el sistema
desarrollado por Shaeffer (1980) para la intervención con niños y adultos autistas y al
que se conoce también con el nombre de «habla signada».
La comunicación total
La comunicación total no es un lenguaje o un sistema específico de comunicación, sino
más bien una filosofía educativa. Desde que fuera propuesta en los años sesenta, la
filosofía de la comunicación total ha animado a los profesionales a desarrollar enfoques
comunicativos flexibles. Permite adaptaciones diferentes según las características y
necesidades de cada niño posibilitando que cada uno tenga la oportunidad de desarrollar
el sistema que le resulte más idóneo.
Las personas que aceptan la comunicación total se centran en las aptitudes del niño
antes que en sus deficiencias y utilizan con él todas las formas de comunicación que
éste pueda comprender (Centro de Comunicación Total, 1987, p. 18).
En la siguiente figura encontramos diferentes medios de comunicación que pueden
contemplarse en el marco de la filosofía de la comunicación total.
¿Qué es la comunicación total?
Esta filosofía surgió en el ámbito de la educación de los alumnos sordos, aunque muy
pronto fue aplicada a otras personas con importantes dificultades para la comunicación
oral: personas con autismo y/o con retraso mental. La comunicación total fue definida
por Denton (1970) como:
El derecho del niño sordo a utilizar todas las formas de comunicación disponibles para
desarrollar la competencia lingüística. Esto incluye un amplio espectro: gestos
realizados por el niño, habla, signos formales, dactilología, lectura labial, lectura,
escritura, así como otros métodos que puedan desarrollarse en el futuro. Debe darse
también a todos los niños sordos la oportunidad de aprender a utilizar cualquier resto
auditivo que puedan tener, empleando el mejor equipo electrónico posible para la
amplificación del sonido (Denton, 1970, p. 12).
La filosofía de la comunicación total llevó consigo la creación de sistemas de
comunicación manual que ayudaran a simultanear el habla con signos. Esto dio lugar a
que en muchas prácticas educativas se asimilara la concepción de la filosofía de la
comunicación total a métodos de comunicación simultánea o bimodales, dando lugar a
que, en muchos casos, estos términos fueran utilizados indistintamente. De ahí que en la
bibliografía anglosajona muy a menudo encontremos una utilización de los términos
comunicación total y comunicación simultánea (o bimodal) como sinónimos.
La comunicación total fue establecida como filosofía en la educación de los sordos a
principios de los años 70 y su puesta en práctica más común, la comunicación
simultánea, ha sido desde entonces la metodología predominante en los Estados Unidos
. El modo requerido de comunicación en prácticamente todos los programas de
comunicación total es el inglés hablado, apoyado, de forma simultánea, por signos
Johnson, Liddell y Erting, 1989, p. 4).
Este empleo de los términos como prácticamente sinónimos se hace aún más patente
cuando analizamos la influencia que la concepción de la comunicación total tuvo en el
desarrollo de programas de intervención para personas que no eran sordas pero que
presentaban importantes problemas para adquirir y comunicar por medio del lenguaje
oral, especialmente niños autistas y niños con retraso mental. Como ya hemos
comentado, está ampliamente difundido el programa de Schaeffer y cols. (1980)
conocido bajo el nombre de habla signada, comunicación simultánea y/o comunicación
total.
En un intento por paliar, en la medida de lo posible, la confusión terminológica
existente, proponemos emplear el término comunicación total de forma global, para
hacer referencia a una filosofía educativa que contempla el empleo de distintas
estrategias comunicativas para facilitar las interacciones de aquellas personas con
dificultades de acceder a la comunicación oral. Siempre que queramos hacer referencia
al sistema que, en concreto desarrolló Schaeffer, lo haremos denominándolo «Programa
de comunicación total».
La palabra complementada
(cued speech)
Las personas sordas encuentran dificultades (en mayor o menor grado) en captar los
mensajes orales a través de la audición, por lo que necesitan información visual que les
ayude a comprender a sus interlocutores oyentes. Uno de los medios visuales más
comúnmente empleados por las personas sordas en sus intercambios comunicativos es
la lectura labial o labio-facial.
Cuando producimos mensajes orales, ofrecemos a nuestro interlocutor una serie de
estímulos auditivos--los sonidos--pero también un conjunto de estímulos visuales -movimientos de la boca, posición de los labios e información facial--. La persona sorda
que nos «escucha» está «viendo» cómo se mueve nuestra boca, la posición de dientes y
lengua, la forma que adquieren los labios, etc. Está realizando lectura labial.
Sin embargo, el lenguaje oral está sólo parcialmente representado en la modalidad
visual. Hay un conjunto de sonidos que no se ven; por ejemplo, la percepción visual de
la palabra «gato» es muy similar a la de «ato».
Por otra parte, la «visualización» del habla está llena de ambigüedades; así, la imagen
labial de la palabra «barco» es similar a la de «marco». Todo ello da lugar a un gran
número de confusiones y ambigüedades del mensaje recibido con las consiguientes
dificultades de interpretación correcta del mismo. En general, las investigaciones
indican que un buen «labiolector» no descifra más de un 30% del mensaje.
Esta realidad ha llevado a que, a lo largo de la historia, los profesionales dedicados a la
enseñanza de los alumnos sordos hayan desarrollado sistemas de ayuda a la lectura
labial. Actualmente el más difundido es la Palabra Complementada (PC) o cued-speech.
Fue creada en 1967 por Cornet y se trata de un sistema que combina la lectura
labiofacial con ocho configuraciones de la mano que se ejecutan en tres posiciones
distintas respecto al rostro (ver figura 92). Las configuraciones manuales permiten
identificar las consonantes, mientras que las vocales se corresponden con los diferentes
lugares en los que son articuladas las configuraciones.
Los complementos manuales, también llamados kinemas, están desprovistos de
contenido lingüístico, es decir, no tienen ningún significado al margen de la lectura
labial. Es un complemento al habla y por tanto adquiere significado en combinación con
ella.
Figura 92. La palabra complementada (tomado de La
Palabra Complementada, Madrid, CNREE)
En la palabra complementada, aquellos sonidos con imagen visual similar (por ejemplo
«m», «b», «p») se acompañan de complementos manuales diferentes. Por el contrario,
se emplean complementos manuales similares cuando las imágenes visuales son
claramente diferenciables (por ejemplo «m», «f», «t»).
La PC fue creada en el marco de la educación de los niños y jóvenes sordos con el
objetivo de facilitar la comprensión de los mensajes hablados.
Es, pues, un método a emplear principalmente por parte de los padres y educadores
oyentes que rodean al niño sordo. Se trata de un sistema de fácil aprendizaje, aunque su
automatización sólo será posible después de varios meses de uso constante.
Fue ideado en primer lugar para el inglés, aunque posteriormente ha sido adaptado a
gran número de lenguas orales, entre ellas el español (Torres, 1988).
Debido a su estructura, podríamos decir que se trata de un sistema silábico, ya que,
generalmente, acompaña las sílabas habladas. Es muy importante la simultaneidad
exacta de la producción vocal y de su complemento manual.
Un aspecto importante a recordar es que en la PC no se complementan letras, sino
sonidos. En un principio, esto puede resultar complicado para algunas personas muy
influidas por la representación escrita de las palabras. Lo más importante cuando se
emplea la PC es que se debe complementar de acuerdo a como se habla. Pongamos
algunos ejemplos.
Debemos emplear la misma figura (figura 2) para complementar la primera sílaba de las
siguientes palabras: «casa», «queso» y kilo, aunque variará el lugar en que la figura es
ejecutada. En los tres casos el sonido inicial es el mismo, /k/. Sin embargo, se
complementarán con kinemas diferentes las primeras sílabas de las palabras «gato» y
gitano ya que se corresponden a sonidos diferentes aunque su representación gráfica sea
la misma. En el primer caso se empleará la figura 7, mientras que en el segundo lo
correcto será emplear la figura 3.
La regla de compleméntese como se habla debe ser también aplicada a las frases
producidas. Así, cuando pronunciamos la frase «el oso está en su guarida» a ritmo
normal, en realidad no pronunciamos las palabras de forma separada; esto es, no
decimos el oso, sino una producción ligada que da como resultado «eloso». La forma
correcta de complementar esta producción sería la de acompañar cada una de las sílabas
con las siguientes figuras. En primer lugar, la figura S en posición barbilla para «e»; en
segundo lugar, la figura 6 en posición barbilla para «lo», y, por último, la figura 3
nuevamente en posición barbilla para «so» .
Por último, conviene aclarar que la PC no es un sistema signado ni gestual. Esta
confusión es aún frecuente en numerosas personas que desconocen el funcionamiento
del sistema y que por utilizar las manos lo
consideran como gestual. La PC es un método eminentemente oral en el sentido de que
su objetivo es complementar la lectura labial. La información obtenida únicamente a
través de las posiciones de la mano no es suficiente para la emisión ni recepción del
mensaje. Se precisa la simultaneidad boca-mano.
Resumen
La PC es un sistema complementario a la lectura labiofacial, que facilita la lectura
labial al visualizar los fonemas no visibles y suprimir las ambiguedades. Consta de ocho
configuraciones de la mano que toman su forma en tres lugares diferentes. Siempre se
precisa la simultaneidad boca-mano. Las posiciones manuales no ofrecen, por sí
mismas, información suficiente para comprender el mensaje.
Dactilología. Los alfabetos manuales
«Deletreo manual», «dactilología» o «alfabeto manual» son algunos de los términos
empleados para referirnos a ciertas representaciones manuales del alfabeto. Existe una
correspondencia entre una forma concreta de la mano y una letra del alfabeto escrito.
Podríamos decir que la dactilología es una forma de escritura «en el aire».
Los alfabetos manuales son, en la actualidad, principalmente empleados por las
personas sordas en su comunicación para, por ejemplo, deletrear nombres propios,
términos orales que no tienen correspondencia exacta con un signo concreto, etc. Son
asimismo empleados en contextos educativos con la finalidad de servir de facilitador
para el aprendizaje de la lengua oral.
A pesar de que el empleo actual se circunscribe al ámbito de la comunicación de las
personas sordas, estos alfabetos fueron, en su origen, empleados por personas oyentes.
Farrar (1923), citado por Van Uden (1968), señala que el alfabeto manual era de uso
común en la Edad Media, encontrándose dibujos de dactilología en biblias del siglo XII
(Best, 1943, citado por Van Uden, 1968). Al parecer, era un sistema de comunicación
ampliamente difundido y empleado en ciertas órdenes religiosas que practicaban la
regla del silencio.
Las primeras referencias al empleo del alfabeto dactilológico en la educación de los
sordos las encontramos en la obra de Pablo Bonet (1620), quien al parecer fue el
primero en utilizar este sistema de escritura manual para la enseñanza del habla a los
sordos. Su alfabeto se extendió rápidamente a diferentes países, configurándose como la
base del actual alfabeto internacional.
Figura 93. Alfabeto de Bonet
Figura 94. Alfabeto internacional (tomado de Centro de
Comunicación Total, 1987)
Durante el siglo pasado se desarrollaron también otros alfabetos manuales, pero no
tuvieron tanta aceptación como el español de Bonet
Alexander Graham Bell utilizó un alfabeto manual que podemos encontrar ya en
Dalgarno (1680), citado por Fortich (1987) Se trata del Tipping Alphabet. Las letras
eran identificadas utilizando algunas áreas lnternas de la mano, pudiendo utilizarse un
guante en el que estuvieran escritas las mismas.
Figura 95. El Tipping Alphabet (tomado de A. Marchesi, 1987)
Como hemos señalado, el alfabeto propuesto por Bonet fue muy difundido, en gran
parte debido al hecho de que fue adoptado en Francia por L'Epée y, con pequeñas
modificaciones, introducido mas tarde en los EE.W. por Gallaudet y Clerc en 1817.
Westenelt (1849-1918), citado por Van Uden (1968), introdujo el alfabeto de Bonet en
su escuela en Rochester en 1876 dentro de un metodo educativo («Método Rochester»)
que incluía la educación oral iunto al empleo de la dactilología. Similar enfoque fue el
adoptado en la Unión Soviética bajo el nombre de «Neo-oralismo ruso».
Prácticamente todos los alfabetos existentes emplean una sola mano a excepción del
utilizado en Gran Bretaña y en algunas de sus antiguas colonias, donde se emplea un
alfabeto de dos manos (ver figura 96).
Alfabeto Dactilológico
Figura 96. Alfabeto inglés Figura 97. Alfabeto español
Resumen
A modo de resumen, recuerde que los alfabetos dactilológicos son sistemas de escritura
manual; como metodología educativa, su empleo simultáneo con el habla es conocido
bajo el nombre de «Método Rochester» .
Sistemas bimodales de comunicación
Abordaremos en este apartado aquellos sistemas desarrollados, principalmente en los
últimos 30 años, en el marco de lo que hemos denominado filosofía de la comunicación
total y cuya característica común es el empleo de signos acompañando a las
producciones orales. Este empleo simultáneo de signos y habla tiene como fin el
facilitar los intercambios comunicativos entre los alumnos sordos y sus padres y
educadores oyentes y posibilitar de esta manera un mejor aprendizaje del lenguaje oral.
Son muy numerosos los sistemas desarrollados, siendo aquí donde más patente se hace
el riesgo de confusión terminológica al que antes aludíamos. Desarrollaremos, en
primer lugar, el concepto general de lo que entendemos por comunicación bimodal y
pasaremos seguidamente a presentar distintos sistemas en los que se ha concretado este
concepto, como son los sistemas manualmente codificados y los idiomas signados.
Encontramos precursores de estos sistemas en la metodología de enseñanza desarrollada
por el abate L’Epée en Francia en el siglo XVIII.
Características de la comunicación bimodal
Sistemas manualmente codificados
Idiomas signados
Características de la comunicación bimodal
El término «bimodal» fue introducido por Schlesinger (1978) para designar la
asociación de dos modalidades: signada y hablada.
De manera general decimos que una comunicación es bimodal cuando se da un empleo
simultáneo del habla junto a signos; esto es, de una modalidad oral-auditiva junto a una
modalidad visual-gestual. El mensaje se expresa en dos modalidades al mismo tiempo,
pero la lengua base, la que marca el orden de la frase y la que determina la sintaxis de
las producciones, es la lengua oral.
Es importante no confundir bimodal con bilingüismo. Con el primer término nos
referimos a la característica de ciertos intercambios comunicativos basados en una
lengua (la oral), aunque empleando dos modalidades diferentes de expresión (vocal y
gestual). Por el contrario, cuando aludimos a bilingüismo hacemos referencia a la
utilización de dos lenguas diferentes con distintas reglas gramaticales y, por tanto,
imposibles de ser expresadas de forma simultánea.
Bajo la idea de la comunicación bimodal englobamos un continuo de posibilidades
comunicativas en las que se emplean signos simultáneamente al habla. Se trata de
acompañar con signos la producción oral.
En los años setenta, y especialmente en los EE.UU. surgieron numerosos sistemas
comunicativos sobre una base bimodal. El objetivo para el que todos ellos fueron
creados era, como ya hemos señalado, el de mejorar los intercambios comunicativos y
educativos entre oyentes y sordos, pero sobre todo el de tratar de facilitar el aprendizaje
de la lengua oral a través de las ayudas viso-gestuales que proporcionan los signos.
Todos estos sistemas tienen en común el empleo de ambas modalidades, todos ellos
son, pues, bimodales. Sin embargo encontramos importantes diferencias entre ellos
basadas en:
a) las características de los signos que emplean, y
b) el grado de ajuste existente entre el habla y los signos que lo acompañan.
En lo referente a la primera de las diferencias--las características de los signos que
emplean--, algunos sistemas toman prestados los signos de la lengua de signos
correspondiente, mientras que en otros casos sólo algunos signos tienen este origen,
siendo otros completamente artificiales .
En cuanto al grado de ajuste existente, encontramos una amplia variedad debida
fundamentalmente al objetivo con el que son empleados. Así, hay sistemas que buscan
una estricta correspondencia entre el habla y los signos que lo acompañan estableciendo
una relación uno a uno: cada palabra se acompaña de un signo y viceversa (éste es el
caso del SEE I, Signing Exact English: Inglés Signado Exacto.) En el otro extremo
encontramos formas de comunicación consistentes en acompañar con algunos signos el
mensaje oral. Su objetivo es facilitar la comprensión del habla, para lo cual algunas
palabras que pueden ser claves en el mensaje son, además de producidas oralmente,
acompañadas de signos. Se trata de un apoyo al habla más que de un sistema
propiamente dicho. (En EE.UU. se conoce con el nombre de Signed Supported English:
Inglés Apoyado con Signos.)
El ejemplo presentado en la figura 98 puede servirnos para analizar algunos de los
problemas de los ajustes entre dos modalidades. En el texto del cuento presentado, las
palabras escritas se acompañan de signos. Estos signos han sido tomados de la lengua
de signos española y del alfabeto dactilológico (éste es el caso del signo que aparece
asociado a la preposición «a»). Sin embargo, el hecho de emplear elementos del
vocabulario de la LSE no significa que estemos en presencia de la lengua de signos
propiamente dicha, ya que los signos no se ajustan a la gramática de la lengua de
signos, sino a la de la lengua oral.
En este ejemplo de bimodal, se ha buscado que cada palabra vaya acompañada de un
signo correspondiente; sin embargo, podemos observar que esto no ocurre en todos los
casos. Así, observamos que no hay signos para términos como «la», «los», «me y «lo».
Esto es debido a que el vocabulario de la lengua de signos no cuenta con signos
concretos para estos términos orales. Por ejemplo, la LSE, al igual que otras lenguas
orales (como por ejemplo el turco), no cuenta con artículos. Sin embargo el castellano
oral tiene una gran variedad de artículos. ¿Cómo solventar este problema?
Cabrían varias posibilidades; una de ellas es la de no incluirlos en el mensaje (opción
tomada en el ejemplo que estamos discutiendo), otra, haber utilizado la dactilología,
esto es, el deletreo manual para los artículos. Así, «la vieja» se hubiera convertido en:
Figura 99. La vieja
y una tercera posibilidad hubiera consistido en inventar un signo artificial para estos
artículos.
Los mismos problemas encontraremos si nos atenemos a otras características
morfológicas. Así, por ejemplo, no encontramos un ajuste «exacto» entre ciertas formas
verbales en su modalidad oral-escrita y su modalidad signada.
Bimodal hace, pues, referencia al empleo de dos modalidades, la acústico-vocal y la
visuo-gestual, en la producción y comprensión de los mensajes. La búsqueda de un
mayor o menor ajuste entre el mensaje oral y los signos que los acompañan está
relacionada con el tipo de objetivos que se persigan con el empleo del sistema.
Sistemas manualmente codificados
Con el objetivo de visualizar de la manera más completa posible el habla, durante la
década de los setenta, diversos autores trabajaron en la creación de sistemas bimodales.
Así surgieron el Seeing Exact English: SEE I y el Signing Exact English: SEE II
(Gustason, Pfetzing y Zawolkow, 1972). Dada su estricta correspondencia con la lengua
oral, fueron denominados Manually Coded English (Inglés Manualmente Codificado).
El objetivo que perseguían los creadores de estos sistemas era el ofrecer a las personas
sordas un sistemas visual que representara el inglés oral de la forma más exacta posible,
lo que incluía mantener el orden de producción oral, así como ajustar los signos a la
gramática inglesa añadiendo, siempre que fuera necesario, signos artificiales que
reflejaran características morfológicas de la lengua oral.
Históricamente, las personas que desarrollaron ambos códigos trabajaron juntas
elaborando una serie de orientaciones y principios para inventar nuevos signos o
cambiar signos existentes en el ASL, para así representar palabras inglesas. Sin
embargo, cuando Anthony publicó en 1971 el SEE I, sus colegas no se mostraron
satisfechos con los resultados y continuaron trabajando hasta desarrollar su propio
sistema.
¿Cuáles son los principios subyacentes a estos códigos?
El principio más básico es el de «un signo-una palabra». Para comprender este
principio, tomemos el ejemplo de algún término con múltiple significación como la
preposición ‘de’:
«Este tren es de María».
«Juan llega de Barcelona a las 10».
«Me he comprado un jersey de angora».
En estos tres ejemplos el término «de» es el mismo, aunque conlleva significados muy
diferentes. En el primer caso significa posesión, en el segundo procedencia y en el
tercero materia.. Si quisiéramos visualizar a través de signos estos diferentes «de»
encontramos que la lengua de signos española posee tres signos diferentes dependiendo
de cada significado, como se ve en las siguientes ilustraciones:
Figura l00. Figura 101. Figura 102.
De ( posesión ). De ( procedencia ). De ( materia ).
Los sistemas manualmente codificados (podríamos referirnos a los mismos como
bimodales estrictos) emplearían un solo signo para los tres «de», de la misma manera
que en la lengua oral empleamos un solo término.
Otro importante principio es que los afijos deben ser representados de forma manual.
Para ello inventaron una serie de signos que funcionaran como los afijos del inglés oral.
Así, por ejemplo, el término happyly (felizmente) se convertiría en «happy + Iy»
tomando el signo happy de la Lengua de Signos Americana (ASL) y empleando un
signo inventado de forma artificial para el afijo aly».
En el texto básico en el que describen su sistema, Gustason, Pfetzing y Zawolkow
(1972) estiman que el SEE II emplea aproximadamente 70 afijos y se compone de un
61% de signos del ASL, un 18% de signos de ASL modificados y un 21% de nuevos
signos inventados.
El mismo año en que fue publicado el SEE II, Harry Bornstein y sus colaboradores
desarrollaron en el Gallaudet College un código manual diferente para el inglés. Se
llamó Signed English. Este proyecto se planteó con el fin de desarrollar un sistema
manual que pudiera ser empleado junto al inglés oral por niños preescolares.
Al igual que los otros sistemas, emplea un signo por cada palabra aunque tiene un
número de signos para los afijos mucho más limitado, unos 12. En la figura 103
observamos algunos signos empleados para expresar ciertas marcas morfológicas del
inglés oral:
3rd person singular: -s possessive: -'s
walks, eats, sings cat’s, daddy's, chair's
comparative: -er superlative: -est
smaller, faster, smallest, fastest,
longer longest
opposite of : un(made before the sign
word, as prefix)
unhappy, unimportant.
Figura 103. (Tomado de Bornstein y Saulnier, 1987, p.XI).
Bornstein elaboró un diccionario así como algunos cuentos en los que los signos eran
asociados a las palabras para facilitar la enseñanza de la lectura.
Actualmente existe una gran controversia acerca de la utilidad de sistemas bimodales
que podríamos considerar estrictos, como los representados por los sistemas
manualmente codificados que acabamos de comentar. Hay muchas dudas acerca de si
estos sistemas funcionan bien, de si es posible producir de forma completa los mensajes
tanto en una modalidad oral como signada, de si facilitan la comprensión o por el
contrario la dificultan y si, por tanto, consiguen el objetivo para el que fueron creados:
enseñar la lengua oral a los alumnos sordos. Además, han sido fuertemente criticados
por la manipulación que realizan con los signos que toman de la lengua de signos. Estas
controversias tienen lugar principalmente en los EE.W. (Johnson, Lidell y Erting,
1989), ya que, como hemos señalado, ha sido en este país en el que se desarrollaron
estos sistemas que podemos considerar como bimodales estrictos.
Idiomas signados
Además de los sistemas manualmente codificados o bimodales estrictos que acabamos
de describir, bajo la filosofía de la comunicación total surgieron en diferentes países
numerosos intentos de flexibilizar y facilitar los intercambios comunicativos con los
alumnos sordos. Surgieron así sistemas de comunicación simultánea o bimodal pero con
una correspondencia menos estricta entre las palabras y los signos que la de los sistemas
manualmente codificados. Se trata de los idiomas signados (francés signado, sueco
signado, inglés signado, etc.).
A diferencia de otros pases, en el nuestro no contamos propiamente con un sistema que
podamos denominar «español signado», ni se han desarrollado tampoco sistemas
similares a los descritos en el apartado anterior, esto es, lo que podríamos denominar un
«español signado exacto»5 .
Muy probablemente esto se deba a que en nuestro país ha sido en la década de los años
ochenta cuando se ha comenzado a plantear la necesidad de modificar las estrategias de
intervención comunicativa y educativa seguidas con los alumnos sordos. En esos años,
los sistemas bimodales estrictos estaban recibiendo gran número de críticas por
considerarse, como hemos señalado, poco efectivos para el objetivo con el que habían
sido creados.
Las propuestas de comunicación bimodal existentes en nuestro país (Monfort, Rojo y
Juárez, 1982; Alonso, Díaz-Estébanez, Madruga y Valmaseda, 1989) surgieron a partir
del trabajo con padres de niños sordos y se han desarrollado principalmente con el
objetivo de dar a conocer un vocabulario básico en signos seleccionado para niños
menores de siete anos.
En 1982, Monfort, Rojo y Juárez publicaron su Programa Elemen de Comunicación
Bimodal. Este programa, ampliamente difundido, utiliza el léxico de signos de la lengua
de signos española, aunque incorpora la dactilología o signos artificialmente elaborados
para ciertas palabras que no tienen correspondencia en la lengua de signos (por ejemplo,
el verbo ser, artículos, ciertas preposiciones, etc.).
La Introducción a la Comunicación Bimodal, editada por el CNREE (1989), cuenta con
el apoyo de un vídeo que facilita el aprendizaje de los signos. Éstos están tomados de la
lengua de signos española. No se presentan signos creados artificialmente, aunque se
ofrece la posibilidad de utilizar la dactilología para deletrear palabras sin
correspondencia en la lengua de signos. Se ofrece un vocabulario básico y serán los
usuarios (padres o profesores) quienes tomen las decisiones respecto al grado de ajuste
entre los signos y la producción oral. Estas decisiones dependerán, obviamente, de los
objetivos que se persigan.
En cualquier caso, ambas propuestas de comunicación bimodal estarían más cerca de lo
que podríamos considerar un «español signado» que un «español manualmente
codificado».
Resumen
Recuerde que por comunicación bimodal entendemos una comunicación que utiliza de
manera simultánea la modalidad del habla (oralauditiva) y la modalidad de los signos
(visuo-gestual). Sin embargo, no se trata de la producción simultánea de dos lenguas.
Sólo existe producción de una lengua: la oral, que viene acompañada de signos,
facilitando así su visualización y su comprensión.
A partir de estos supuestos de bimodalismo, se han desarrollado numerosos sistemas.
Algunos de ellos pueden ser considerados como bimodales estrictos, mientras que otros
presentan una correspondencia más flexible entre ambas modalidades.
En nuestro país las propuestas de comunicación bimodal existentes se acercan más a la
concepción de un español signado que a un español manualmente codificado.
Existe un intento de ajustar la producción signada a la gramática del castellano
desarrollada por Pinedo (1989) y que ha sido denominada por su autor como gramatical
signado.
Sistemas signados para personas con
trastornos graves del desarrollo
Los sistemas de comunicación de base signada son también utilizados en otras
poblaciones con dificultades en la comunicación oral.
Durante los años setenta, en el marco de la comunicación total se desarrollaron
procedimientos de intervención dirigidos a niños y/o adultos con autismo y/o retraso
mental. En este apartado comentaremos brevemente el Programa de Comunicación
Total de B. Schaeffer y cols. (1989) y el Makaton, utilizados en la actualidad en nuestro
país. A diferencia de los sistemas descritos con anterioridad, tanto Schaeffer y cols.
(1980) como Walker (1977, 1981) desarrollaron procedimientos de instrucción muy
precisos, estructurados secuencialmente. No es el objetivo de este capítulo profundizar
en cada uno de estos sistemas, por lo que animamos al lector interesado en un mayor
conocimiento de los mismos a consultar los trabajos de Schaeffer, 1986; Tamarit, 1988;
Gortázar y Tamarit, 1989, en relación al Programa de Comunicación Total; y los
trabajos de Walker, 1977, 1981, en relación al Makaton.
--Programa de Comunicación Total de B. Schaeffer
El Programa de Comunicación Total, que tiene sus orígenes en 1974, es el resultado de
tres fuentes de influencia. En primer lugar, de los procedimientos operantes que habían
sido descritos por Lovaas en la década de los sesenta. En segundo lugar, de los trabajos
desarrollados por Margaret Creedon con niños autistas usando procedimientos de
comunicación simultánea, y, en tercer lugar, de los enfoques pragmáticos del lenguaje
y, principalmente, de los trabajos de Halliday sobre el desarrollo de las funciones
comunicativas.
Con todos estos ingredientes nace el Programa de Comunicación Total, también
conocido bajo el nombre de habla signada y cuyos destinatarios son niños no verbales.
El programa sigue una secuencia de enseñanza estructurada cuyo objetivo es lograr en
el niño unas pautas comunicativas funcionales y espontáneas. El énfasis del
entrenamiento, sobre todo en un principio, se sitúa en la instrucción del lenguaje
expresivo; lo importante es el uso, el intercambio comunicativo con otros
interlocutores. Se comienza trabajando la función comunicativa de la Expresión de los
Deseos para continuar con la Referencia, Concepto de Persona, Petición de
Información, y por último ia Abstracción, Juego Simbólico, y Conversación.
--El Vocabulario Makaton
Fue desarrollado en los años setenta en el Reino Unido por Margaret Walker con el fin
de proporcionar un vocabulario básico y funcional a algunos adultos sordos y con
retraso mental que se encontraban en un ámbito hospitalario (Walker, 1977). Más tarde
comenzó también a emplearse con niños.
Consiste en un vocabulario básico de unas 350 palabras con sus correspondientes
signos. El vocabulario se enseña combinando habla y signos y empleando, si es preciso,
símbolos pictográficos. Su característica principal es que se encuentra organizado en
diferentes estadios de desarrollo. La instrucción se lleva a cabo de forma secuencial, en
un orden de creciente complejidad.
Resumen
Marian Valmaseda y Pilar Alonso
A lo largo de este capítulo hemos revisado los principales sistemas de comunicación
manual y/o signada. Se trata de sistemas que, en su mayor parte, surgen en el marco de
la intervención educativa de los alumnos sordos. Sin embargo, han sido posteriormente
aplicados a otras personas que presentan graves dificultades de comunicación oral.
Una buena parte de estos sistemas toman ciertos elementos de las lenguas de signos.
Este hecho puede conducir a algunas personas que se introducen en este campo a la idea
equivocada de que cualquier sistema de comunicación de tipo manual es lenguaje de
signos. Por esta razón, hemos dedicado una buena parte del capítulo a describir las
características de las lenguas de signos realizando una revisión de los diferentes niveles
lingüísticos en que éstas se organizan: formación y significado de los signos, reglas
morfo-sintácticas, tipos de producciones, etc. A diferencia de las lenguas orales, las
lenguas de signos cuentan con unos mecanismos de expresión y comprensión de tipo
visuo-gestual donde el espacio juega un importante papel.
En la segunda parte del capítulo hemos tratado de ofrecer al lector una breve
panorámica de los sistemas manuales y/o gestuales que, a diferencia de las lenguas de
signos no se han desarrollado naturalmente en base a la necesidad comunicativa de un
colectivo de personas (sordas en el caso de las lenguas de signos) sino que, por el
contrario, han sido desarrolladas, en su mayor parte, por terapeutas o investigadores con
un fin educativo o rehabilitador.
Se trata de sistemas cuya base principal es la lengua oral. Las producciones habladas se
acompañan de ciertas ayudas manuales o gestuales para facilitar tanto la comprensión
del mensaje como la producción del mismo por parte de aquellas personas que
presentan dificultades para la comunicación oral. Estos sistemas surgieron, en su mayor
parte, en la década de los años setenta en el marco de la Comunicación Total, filosofía
que promovía la utilización de todos aquellos medios que favorecieran la comunicación.
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