Sentí comprensión con mucha pena al enterarme de

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Sentí comprensión con mucha pena al enterarme de la muerte de Jorge León
Luis de Moya, sacerdote y médico.- Este sacerdote de 53 años y natural de Ciudad Real no
hablará hoy directamente de sus dos oficios, sanar almas y cuerpos, sino de un hecho
luctuoso. La muerte de Jorge León hace unos días con la ayuda de una mano desconocida y
buscada -amiga, según los familiares y demás allegados- reabre el viejo debate de la
eutanasia. Desde luego, no ha tenido la repercusión que tuvo el filme Mar adentro, que contó la
cruzada de Ramón Sampedro en pos de su muerte provocada. De hecho, en el filme de
Amenábar, el actor José María Pou le llegaba a parodiar...
Resulta sumamente complicado entrevistar a un ser humano porque otro, al que sólo le unía
una carga, ha muerto asistido. Quizás sea Luis un adalid de la cruzada contra la eutanasia. Y
su caballo chirría porque tiene ruedas y parece eléctrico.
¿Cómo llegó a esta situación? Un accidente supongo.
Parece que me dormí conduciendo regresando de Ciudad Real el 1991. Como consecuencia,
quedé tetrapléjico.
¿Ser cura le ha ayudado a sobrellevar su particular cruz?
Pienso que sí, porque la fuerte convicción de ser hijo de Dios y, por así decir, predilecto por el
sacerdocio, ha hecho que me sintiera siempre seguro: que nada me iba a ser insoportable,
aunque no fuera capaz, desde luego, de explicar cómo podría ser en la práctica. La vida y el
tiempo no han hecho sino con firmar aquellas expectativas.
¿Que sintió al saber de la muerte de Jorge León?
Antes que nada, comprensión con pena, sin compartir en absoluto el modo de proceder.
Respecto a Jorge me he limitado a suspender el juicio. Porque no soy nadie para juzgar: quien
juzga es Dios, conocedor de los corazones. También porque me pareció que, una vez más, se
estaba manipulando la información y utilizando el caso para promover la eutanasia.
¿Cree que lo podía haber evitado?
Según he leído no hubiera hecho falta matarlo intencionadamente. Podría haber fallecido
tranquilamente en su casa, sin dolor alguno, y en muy poco tiempo, con los cuidados
razonables, simplemente prescindiendo de algunas de las ayudas extraordinarias que lo
mantenían con vida, según el autor del comentario leído el otro día; un médico auténtico
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experto en cuidados paliativos. Según parece, estas medidas terapéuticas no eran necesarias
para una atención correcta desde el punto de vista ético.
Opina que tal vez no se sabe mucho de lo que son realmente los cuidados paliativos?,
¿se tienden a confundir los términos tal vez?
Existe todavía un gran desconocimiento de los cuidados paliativos y, de modo especial, de lo
que es una muerte digna y de lo que significaba verdaderamente ayudar a morir.
¿Cree que podría sobrevivir a una situación tan complicada como ser tetrapléjico una
persona que fuera atea?
En mi opinión, un ateo lo tiene bastante más difícil, porque toda su esperanza se termina
cuando no entiende que la vida le pueda compensar ya desde un punto de vista físico. La fe en
Dios, por el contrario -la que conozco, el catolicismo-, incluye el convencimiento de que
tenemos un Padre infinitamente bueno y omnipotente. Como es natural, no podemos entender
cómo es esto. Pero la vida con esa persuasión -es, por otra parte, mi experiencia- confirma que
el día a día siempre es posible contando con Dios, por muy duras que parezcan -o uno pueda
llegar a imaginarse a menudo- las circunstancias presentes o que puedan sobrevenir.
¿Vio la película Mar adentro?, ¿qué opina de ella?, ¿mereció tantos premios?
Finalmente la vi, cuando todo eran comentarios y me pedían salir al paso y dar explicaciones
a mi pretendida intervención en la historia. Por supuesto que un director de cine no tiene por
qué contar una trama real. En ese sentido no me molesta en absoluto la película que, según
parece, es un buen trabajo en su género. Lo que no me parece bien es que se haya
presentado como la historia de la vida y muerte de Ramón Sampedro; porque no es verdad.
¿En qué se basa para afirmar esto?
Me basta para asegurarlo la escena de mi papel, que nada tiene que ver con lo que sucedió.
Me pregunto, por consiguiente, por la veracidad de lo demás.
Se dice que le ridiculizan en la misma, ¿qué sintió al verlo?
No. No es posible: no me imagino al director intentando algo contra mí. Además, me temo que
el resultado -sin siquiera juzgar intenciones- es algo bastante peor, porque no se ofende a una
persona, en el fondo muy poco relevante.
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Morir dignamente... ¿a qué le suenan esas dos palabras tan esgrimidas?
Morir querido. Morir de acuerdo con la dignidad de persona. Morir como un hijo de Dios. Nada
tiene que ver, desde luego, con morir como el caballo que se rompió la pata, nunca será ya el
mismo y queda descartado para las carreras. Una inyección letal, en ese caso, es lo adecuado
para evitarle el sufrimiento. Porque al caballo en cuestión no se le quiere en sí mismo, no lo
merece; la persona, en cambio, sí; y en esto está su dignidad. O mejor, ese amor incondicional
lo merece por su dignidad.
¿Por qué tenemos que soportar el dolor? Las mujeres dan a luz con anestesia epidural
en muchos casos, vamos, siempre que pueden.
El ejemplo de la epidural es perfecto. Perfecto para manifestar que es bueno quitar el dolor
cuando se puede; es decir, lo que se puede mientras no se produzcan daños irreparables;
como se rían en el caso mencionado, por ejemplo, lesiones para la madre o el niño. De hecho,
hasta que esa técnica anestesista no estuvo bien desarrollada no se aplicó en ginecología.
Pero es que el dolor es inevitable, acompaña siempre a la condición humana, aunque pretende
tomar fuerza la idea de que hay que rebelarse ante todo dolor, ante toda modestia, toda
incomodidad, todo disgusto, incluso todo capricho insatisfecho. Lo cual es, desde luego, un
error y una pretensión ilusoria. Por lo demás, está muy claro que una cosa es quitar el dolor y
algo muy diferente matar a la persona. La buena medicina sabe quitar el dolor. Precisamente el
otro día leía la queja de un médico joven que empieza su especialidad en oncología: Nunca me
hablaron de medicina paliativa en mis estudios.
¿Qué le diría a una persona cuya movilidad sea casi nula?
Que recuerde que no es un caballo ni un pájaro, que la grandeza de su vida está en su
cabeza y su corazón. Y que si quiere más detalles que me pregunte o que lea Sobre la
marcha
( www.
fluvium.org/textos/documentacion/sobrelamarcha.htm
), donde intenté reflejar algunas experiencias y reflexiones después de quedar tetrapléjico.
¿Cree que los medios ayudan en estos casos al abrir un debate?
Más bien inducen al debate.
La ministra Salgado dice que no estamos preparados para debatir sobre la eutanasia.
¿Lo estaremos?
No soy profeta y mucho menos me quiero imaginar lo que la ministra pretende con esa
afirmación.
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¿Qué le sugiere la palabra eutanasia?
Algo muy viejo y conocido que se ha llevado a cabo cuando se pensó que el hombre no era
digno de sí mismo. La historia está llena de ejemplos, por mucho que algunos los ponen entre
paréntesis -después de haberlos criticado justamente y sin piedad- cuando se trata de
promover la eutanasia.
¿Y muerte dulce?
Una contradicción termino lógica, como el fuego frío.
Cuidados paliativos...
La asignatura pendiente.
¿Es un castigo divino el hecho de que una persona esté muerta en vida, como dicen
muchos?
Para nada. Sobre todo porque la frase misma no se entiende. Y no me parece que se diga
tanto.
La muerte de Juan Pablo II fue dolorosa y lenta. Nadie olvida su última aparición
pública. ¿Cree que lo hizo para plantarle cara a los defensores de la eutanasia?
No.
¿Tendría usted la misma fuerza si estuviese postrado en una cama?
Si
Clonación, eutanasia, Ingeniería genética, madres de alquiler... ¿Hacia dónde vamos?
Son manifestaciones del pretendido endiosamiento humano, casi tan viejo como el hombre.
(La Tribuna de Guadalajara, 16 de mayo de 2006)
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