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Jueves 27 de Diciembre de 1877.
Año n.-~5úra. 647.
DIARIO
PRKOIOS DK
trimestre, 4 0 reales.—Fn Ultrarcñr, u a trinias18 franccs.—Por coniiiíionado, 2 0 .
tre, 70roak
—Números
«En realidad de verdad, todo io po~ >' er cuántos de esos espirilíis fuertes que acu»demos reducir á esta breve sentencia: san de ignorantes y holgazanes á los frailes, no
han hecho otra hazaña para granjearse reputaíla iglesia de Dios padece violencia y ción de doctos, que apropiarse y dar como de su
•persecución en Italia; el Vicario de coséchalas iüvestigaciones y trabajos de sus
«Cristo ni goza de libertad, ni del uso víctimas, arrancadas de las bibliotecas de los
conventos. Pero en cambio, el corazón se rego•espedito y plenode su poder.
cija y alegra cuando en obras tan notables como
»Así, que nada tenemos por más opor- la que tenemos á la vista, se ven desmjíntidas
•tuno, nada deseamos con mayor anhe- tan vergonzosas calumnias, y no con palabras
ni declamaciones altí.?onantes, que son los ar»lo, que todos los Obispos, cuya admira- gumentos
de losi mentecatos, sino con hechos y
»ble concordia en defender los derechos testimonios indudablesf traídos á colación á
»de la Iglesia, y cu jo insigne afecto há- propósito de una empresa de reconocida ilustrapara la hi-storia de España. Porque el .se»cia la Sede Apostólica se han Uemos- ción
ñor Barrantes no se ha propuesto en esta obra
ítrado constantemente á Nos, con multi- vindicar á los frailes de las calumnias de los
íplicados argumentos, exciten á los fie- impíos, no; es otro su proposito, como dejamos
más arriba; y sin embargo, al reunir ma»les de su respectiva grey á que obren dicho
teriales j)ara la historia d*? lírtrAmsidnm^ «<j ha
»con toda asiduidad, conforme lo permivisto obligado. Como investigador concienzudo,"¡itan las leyes y costumbres de cada na- á recurrir á los conventos, donde durante muícion, cerca de sus Gobiernos, para que chos siglos se cultivaron con solicitud y acierto
»estos se hagan cargo con mayor dili- las ciencias y las artes. EÍÍO avalora la obserque hemos hecho, y que tiene aquí par•gencia del triste estado en que se halla vación
ticular importancia, por ser el tomo segundo el
»el Jefe de la Iglesia católica, yjunta- que estamos examinando, donde se trata del in»mento se adopten resoluciones efica- signe monasí'irio de Gua lalupa, uno de los más
»cos para remover los obstáculos que célebres y afamados de nuestra patria.
\(jiiadahípe! eát.> nombre es por sí solo upa
»le impiden su verdadera y plena inde- grlüria de España: santuario venerable, donde el
»pendencia.»
culto de la Santísima Virgen fué desdo remotos
siglos objeto de sanias y solemnes romerías;
Pío IX.~Alocución consisiorial de 12 de
donde se congregaron en distintas ocasiones
Marzo de 1877
SECCIÓN LITERARIA.
UNA OBIIA Á LA AKTIQUA DE UN AUTOR MODERNO,
(Conclusión.)
IV.
E l tomo segundo del Aparato
bibliográfico
que estaraoí hojeando contieDe 512 pág'ina.?, y
abarca desde la letra E hasta la M inclusive.
Con esto está dicho que en él tienen .su lugar los
libros que tratan exíen.?araente de Exfremadura, de su Iñstoria, su geografía, su industria,
^ sus monumentos y sus hijo.s ilustres. Esta parte,
p ^ que podemos considerar como el riñon de la
^ obre, comienza en la página 25 y acaba en la
181; solo por ella merecería el Pr. Barrantes lu<?ar distinguido entre los historiadores extremeños. Una obieívacion hemos hícho al hojear
estas páginas, que sin dificultad puede también aplicar.5e al resto (le la obra, observación
que no cogerá de sorpresa á nuestros lectores,
pero que es bueno que se repita á presencia de
los monumentos que la justifican. Y es que los
libros más interesantes,.más útiles, mejor oorapue.stos, que el Sr. Barraníes registra en su
Aparato bibliográfico, son debidos á la ilustración y laboriosidad de los frailes.
Intentemos l)orrar de esta obra los nombres
de los escritores monacales, y uo nos quedarán
apenas más que relaciones de fiestas patrióticas, indigestas genealogías de familias ilustres
y algún que ot.-o libro de eíca a importancia
histórica. Lo cual prueba contra las calumnias
delosimpios ignorantes, qua nuestra cultura es
bija de los conventos, que aqui se cultivaron,
bajo el amparo de la Iglesia, todas las cieócias
divinas y humaníis, hasta llegar á formar con
el concuriO de tantas inteligencias brillantes,
el tesoro sin rival de nuestra civilización católica.
Y es cosa que irrita y .saca á uno de quicio el
Jucses 27 do Diciembre de 1877.
OATÓLICO
TuNTOs DE susoHioiCN.—Administración, Turco, núm, 13 duplicado, bajo derecha; libraría deOlarafindi, Yiiida de Agoado,
Tejfcdo, Periiiguero y ou La Propaganda Católica.—En Provincias y Ultramar las casas d3 nuesiroa correspoijsales.—Sfaníla,
B, GerTasio Momije, regente de la imprenta do Santo Tornea.—Bm/otia, librería de M. Lassarre.
que no quedara ai memoria de la perversidad
y avaricia de los frailes.
Pero llegó la hora de,dar cuentas; era preciso
presentar ínveatarios ala Hacioada, ¿quehacer
en este apuro? Pues muy sencillo; los conventos
estaban vacíos á la hora de la incautación, porque los -frailes al irse lo habian robado iodo.
Este fué el primer capítulo de los inventarios
dados por los incauíadores da la Hacienda: los
frailes han sido los ladrone=^, los frailes los dilapidadores de los bisnesde la nación, los frailes los avaros, los codiciosos que al morir en la
esclaustracion han querido sepultarse en sus tesoros. Y ya está la dificultad resuelta, en honra
de la civilización moderna, enemiga de I0.3 frailes. La cauía da que el Sr. Barj-antes da noticia
en su Apzrato Uoliográfieo no es ni más ni menos que esto, aplicado con nombres, fechas y
cantidades, al monasterio de Guadalupa. Múdenlo loa riorrxb;.«=,, jr ,„ tefldrá la clave de la incautación de todos I0.S ínG!í»B*«,}rt.c¿ (]g ji;vy,ia,ñfl.
¿Dónde fueron á parar tantas riquezas? No t r a tamos de investigarlo; sigamos adelante, recordando versos del Sr. Barrantes:
Las puertas de los templos sa cerraron.
Las puertas de las cárceles se abrieron.
Que los vicios triunfaron,
Y las virtudes al desierto huyeron.
¡Quemad! ¡romped! ¡aniquiladlo todo!
Será vuesiia vxtoriii'
Dd ese crisüi del lodo
Víclúsnuüvo.s sacar y uueva escoria. (1)
Para no dañar con la pesadez de nuestro escrito á la obra á que se refiere, vamos á pasar
por alto dos do sus capítulos notables, el que se
refiere á Hernán-Cortés, en el cual el Sr. Barrantes ha puesto á contribución con gran erudición y ei-raero todos ]f>s poemas y rornarces
del siglo Xyi, para rebasoar la biografía del
caudillo extremeño, y el de Herida, cuya cludfld es tan importante en ¡a historia antigiia de
España, y sin distraer en ningún otro asunto la
atención, examinaremos al capítulo de Llerena,
curioso por los muchos datos que ceiitieno acerca de los Álimiirad'j'!.
reyes, prínoipes , capitanes y otros hombres
ilustres para rendir homenaje.^ ds adofacion al
lltísímo; donde bebiaa en abundancia lo-s'^fieles
el agu.a regenera lora de la Gracia, y participaban con eila de las misericordias del cielo; santuario mfigDÍfico, Ueao de los dones de la piedad, enriquecido con los presentes de los reyes
de Portug-al y Castilla; tesoro, en fio, da bienes
espirituales y materiales, como arca de oro repleta de santas reliquias. ¿Qué se hn hecho de
Fueron estos unos herejes que á mediados del
tantas riquezas, de tan santa-s memorias, de tan
siglo XVI aparecieron en el Mediodía de Espa¡n.sign9 monumento de la piedad española? Al
ña, y cuya raíz estaba; al parecer, enExireinahacernos esta pregunta, vienen á nuestros lá- \
dura, y especialmente en Llorena. La historia
blos, sin que lo podamos evitar, los ayes qua la \
geiieral so coutenta con citarlos, sin detenerle
revolución arrancó hace días á la lira del señor
á examinar su origen, móvile.!, dooí.'íaas, cosBa!-rante.í:
tumbres y demáí aparejos'de herejía. El hecho
Cnntomcs entre ruinas,
ea da auyo tan rep'jg'aaflfe^q'ji?' no e s d a c-xti'aEnvaolíos entre crespones,
Da horror lleDCíg,
ñar que los historiadores Ti tvao pasado como
Y coronados do espinas,
por alto en esta materia, para no raancliar sfiS
Como estúu los corazc-aes
Dü los baencs.
plumas con la relaeion de sucesos que la pru¿Y cómo no hacerlo assí al leer ea las páginas dencia Rccuseja dejar ocultos en las tinieblas de
del Aparato pihliográfico, primero, las noticias los archivos judiciales. Lo mismo hubiera hecho
referentes á los moflumantos que atesoraba tai vez el Sr. Birrantes, .si la casualidad no huGuadalupe antes de la exclaustración, y luego, biera puesto en sus manos una copia exacta del
los extractos de la célebre causa formada en cólica que scsbre los Alumbrados existe en la
1835 sobre dilapidaciones cometidas en la im- Biblioteca de la Universidad de ¿-'alamanca,
caiUacion y venta de las joyas de la- Virgen y donde se contienen los «¡iap-íles que dio contra
• de las riquezas del monasterio? Y es el caso que ellos el maestro fray Aloaso de la Fuente que
leyendo lo que pasó en Guadalupe en los días arrojan mucha luz sobre e.ste tenebro-so sucoso.»
de la primara desamortización, se sabe lo que Guárdenlo justo.3 respetos, nuestro autor ha
siícedió en todos los demás monasterios de Es- creído qu-i debía exLractar este códice, no solo
paña. Hombres salidos de la nada, ansiesos de «para limp'eza y claridad de la historia,» sino
dinero, sia respeto á las cosas saníiu^, ciegos de también para dar á la cuestión religiosa la i m impiedad y de codicia, cayeron sobra los mo- portancia que deba tener en el estudio de la
nasterios desiertos, como baldada de cuervos vida social y política. Y, en efecto, así lo ha
en campo de batalla, y á título de administra- hecho con particular esmero y prudencia, sidores ó delegados de la Hacienda pública, die- guiendo la pista k la herejía desie el momento
ron en pocos días al traste con todas las rique- en que aparece al descubierto por la denuncia
zas que aquellos santos lugares encerrahan. del Padre La Fuente, hast i que cae bajo los
Desde el bronce de las campanas, hasta los sudarios de los muertos, todo se puso ea venta, y
(1) Oda al eminente filósofo Fray Ceferino Gon-lo que no se pudo vender se hizo pedazos, para zalez, 1873,
justos rigores de la In'jtu".sícion española, «el más
escriipuloso y reoto (tribuual), dice con acierto
el Sr. Barrantes, que haya existido nunca entre
los hombres.»
¿Qué se deduce de. todos estos curiosos datos
publicados por nueifro autor acerca de los
Ahimlrrados del siglo XVI? El Sr. Barrantes
nos da contestada la pregunta, cuando dice:
«descubren cuanto es dable el tenebroso secreto
(asqueroso, le hubiéramos llamado nosotro.*),
pues en lo que toca á la filiación filosófica y social, á las cansas ocasionales y generadoras de
aquella secta vil, que más e^ue secta era una asociación de foragidüs ignorantes, -cegados por
algunos vislumbres del protestantismo que hasta Extremadura penetraban, no hay que pedir
á los escritores del tiempo dato alguno, porque
es materia que de.Ueno pertenece á la novísima
filosofía de la historia.» Mezcla, en efecto, de
errores protestantes, de supersticiones paganas,
de costumbres moriscas, con .«^o-o'i» «•jniHfi _
mo y con gran dosis de ignorancia, constitujeron el fondo de aquella herogía que desde Extremadura ,se extendió como peste por Andalucía y otras comarca.?, dando niucho qua hacer
á la Inquisición, que por fin atajó su contagio.
El Sr. Barrantes, á propósito de este último
punto, publica un carioso documento, sacado
del Archivo de Símaucas, en el que se demuestra cuánto ganó la legislación penal en España
con el establecimiento del Santo Oíioio, nacido
del maternal amor de la Iglesia para con los
pueblos. La historia, ccmiO advierte muy bien
nuestro ilustre ami;ro, reseíia que los proeadimientos usadjs cu las cansas de fe durauíe los
siglos XIY y XV, conformes á las leyes de
Partida, eran ian suniftri'ss y espeditivos, que
daean lugar á no pecas arbitr.ñledaües é injusíícias: 1Q que no impedía que fiesen muy populares en Españn, doude era muy vivo el sentimiento religioso.
La Inqnísicion, establecida definitivamente,
en 1478, vino á o r r e g l r estos proCLÚimientos,
aíemperándülos cuanto le fué posible á la benigníJad de la Iglesia. Ei documento publicado por el Sr. Barrantes, que por no hucer demasiado lar¿;(0 este articulo no trascribluios
aquí', es el testimonio de una seníeneia contra
d{i3 judíos ensahnadcs, dictada el 17 Í':.- Setiembre do 1467 en Llerena, por lu cual la .autoridad ecleeiástica, junta con la civil en un
TM'fsmo din, rüoibicroa tlooUiracion á los reo?,
los pentencííiron y los lucieron quemar vivos,
.siendo «este, dice el doi-uuiento, el prieoer r^TOceso y ejccuu'on de fuego que se hizo conti-a
hereges ea estos reinos, por do vino la Saota
luquisicíon en ellos, hecho por Céspedes, alealJe
mayor de la villa de Llerena, y proviueía de
León »
Ahora bien; la Inquisición cambió el procedimiento, dando á los reos todo género d; g a rantías justas, con la lentitud, prudencia y re.serva de sus faUos. Así desmiente la hs-storia
las ealumnías délos impíos, poniendo la v^r.dad en su lugar, y rodeando de una ftureohí da
gloría á todas las institaciones nacidas del
amoro.so seno de la Iglesia nuestra Madre. El
Sr. Barrantes, como escritor honrado, ua seguido en .sus invaítigaOCínes üiblicgrá{ica.s el
criterio imparcíal de la historia, y hé aquí el
f'uto de sus buenos trabajos. Nosotros le felicitamos cordíalmente por el éxito de su empr. sa
patriótica, que ojilá tenga entre nosotros muchos y dignes imitadores. De este modo se formará la verdadera historia de nuestra patria,
' envuelta aún en la oscuridad de los tiempos y
en las falsedades de los ignorantes, historia que
HH
FOLLETÍN
POR
MADAME BOURDON
u
Marcia, lo mismo que sus compañeras, habia
pasado en el retiro los años que trascurrieron
desde su bautismo hasta la per.secuc¡on; la oración, el trabajo, las buenas obras, la santa
amistad de sus compañeras, habían contribuido
á que p8.sase dichossi y tranquilamente el tiempo, y cuando la tormenta amenazó á la Iglesia,
la nueva ciistiana se encontraba disputisía á luchar. Marcia participaba de las austeras devociones practicadas por las hijas de Pudencio,
que desde la primera persecución de Nerón se
distinguían por su celo y por su respeto á los
santos restos de los mártire-í.
Aquellas mujeres tímidas, habituadas á la
tranquila soledad de su palacio, desafiaban intrépidas y Talientes todos los peligros por dar
los honores de la sepultura á los sanios amigos
de Jesucristo.
En cuanto la noche llegaba salían acompañadas de Marcia y seguidas de sus.servidores,
y se dirigían al gran campo de batalla, donde
diariamente ss libraban los combates del Señor.
Iban & las plazas públicas, al circo, al pretorio,
del que el oro les abria las puertas; en fiu, á
todos los lugares donde la barbarie pagana habia encontrado almas invencibles en cuerjTOs
mortales; allí arrebataban á la voracidad de los
perros los cadáveres abandonado?; enjugab.?n
la sangre todavía húmeda robre la arena; recogían los huesos abandonados por las fieras á
medio consumir; un csrro de campesino preparado á propósito recibía aquellos gloriosos despojos, sé l-''s ocultaba bajo fruías ó sacos de trigo, y se les conducía á la morada de Pudencio.
Los Sacerdotes del Señor, particularmente
Novato y Timoteo, r<;cibian con el más religioso respeto los restos mutilados de SU3 hermanos. Se comenzaba por colocar oa en el depósito que existia en medio déla igle.'íia ó iíMo del
Pastor; después las vírgenes esprimian en una
parte reservada de aquel depósito, las esponjas
empapadas en la sangre generosa vertida por
Dios, que ellas habían recogido en el mismo lugar del suplicio (1). Mas habiendo aumentado
(1) En la iglesia de Sania Pudeutinn, antas del
Pastor, se ve el depósito en que la familia do Pudfiücio colocaba los cuerpos de los mártires. En la
iglesia de Sauta Práxedes, un cuadro de Julio Romano, representa á las hijas do Pudencio recogiendo con esponjas la sangre do los mártires, y
haciéndola caer eu un depósito. Uaa baila estatua
representa á Santa Práxedes de rodillas sobre la
entrada del depósito, oprimiendo una esponja cou
sus manos.
Ea el fondo da la iglesia «8 ve una larga mesa de
Jf
sea el e.spejo fiel de nuestra civilizacioa criátian a y d e nuestro carácter nacíona!, dos joyas
que se van perdiendo por la acción disolvente
del espíritu, mnderno.
M. P , VlLLiMIL.
LA HERIV!A^M DE LA CARIDAD.
No ¡mee muclios años, nosotros mismos pokiffio-í
recordarlo, gemía en el lecho de 'a caridad uo
honjhre euternio, próximo acaso ú la muerte, y otetinado, á pesar de esto, en olvidar á Dios y aun en
blasfema" de su justicia y negar sumi.sorieordia.
Nadie podia llegar á su lado sin escucíiar las más
terribles imprecaciones, ó exponerse A las conse
cueucias de su impotenta cólera Sas violentos dolores extraviaban su razón, y HO tenia para sufrirlos la sauja resig-naCiou del cristiano.
Los médicos habian recetado una bebida calrnaate; pero el infeliz, exasperado por la iuefieacia de
los anteriores medicamüntos, se negaba obstinada
mente á tomaría, llegando al paroxismo del furor
cuando vonian á ofrecérsela.
T,os que lo rodeaban .se habian alejado todos, canPero si todos le abandonaban, ol ángel do la paciencia, la Hermana de la Caridad, aún estaba allí.
Cou la mirada supiicanto, y con el ruego en los
labios, S3 acercó al desgraciado, ofreciéndole con
mano amorosa aquella poción salvadora.
Una b.asfemia espantosa y una cruel amenaza
fué la respuesta que obtuvo.
Sin embargo, eila insistió.
Pero aquel hombre era un impío; estaba desesperado, y arrojó con furor la medicina que se le ofrocia, amenazando de nuevo á la indefouaa enfermera.
Por .«egauda Véz la hermana se aproximó k aquel
lecho, y por segunda vez rogó y suplicó, ofrecien do al enfermo el vaso que contenía la medicina
traida do nuevo.
Su voz ora dulce, sus palabras parsuasivüS, su
mirada llena de unción y do piedad.
—To-nad. dijo; temadla en nombro da Dios
Y aotircó su mano p.ara levantar aquella cabeza
con uu ademan suave y tier.no corao el do una ma
dre aniorosa.
Entonces aqual hombre so ijicorporó rígido y airado; sus mira-las estaban inyectadas, .sus di-mtes
crugian apretados con fuerza, y en la explosión de
.su furor i\,inó de, ne.evo el vaso'.y le arrojó, uo lejos
de eí como la vez piimera, sino á la casta frente de
la religios''s.
El líquido cegó aquellos ojos é iauadú aquel semblante ongel.'csl, produciendo el golpe una herida
profaruia; pero rd una qurj:3, ni una reconvención
brotó de sus labios, solo una lágrima triste y dolorrsa se vio rodar por sus m-ejll!as.
Riijiigó lentamtíiiía su rostro, y permaneció cii
,?u puesto, limpiando después con su pañUe'o la 1 ^
frente y bes manos del enfermo, salpicadas y mo- | |
jadas también, cou una solicitud y un cariño sin f -I
^í^aial.
I'''
Al ver aquella sangre, al ver aquella gota de ; 3
llanto, ol iracundo enfu'rno se .sintió averg-onzado 1do si mismo; uua cosa pasó frute su vista, y su co- ! |
rt-.;'.-;n o?r,ürira:'>ntó mi s e n t i r a i e n t o descoaocido.
£ '
iJ,^.sado el nrimsT iBOmento, la hija de San Vicen- W%
te hizo en bjjro niovimiunto para akyarse, y el des- f'^
graciado ic preguntó rípidnmísíte con voz, sombría
V eonfri-a;
—;,0s vais?
—Sí; creo qn ha pasado vusstro eeojo, y ahora
qiii/.á
—;Qu{':? dijo admirado, aqu.:! hombre viendo la | ^
dalcísima soari.sa que habla aeompaña-ia agestas L"»
pskibras.
h\i
— No os rfsistirtis á tomar esa-bebida, que en- \,A
ciari'a vuestra saied,
K^
—Y
i'/A trae-i',:i3 otra vez? prognato con emo- J- \
ciou y asombro.
t*!
-—Y otras rci!, ñ i'neso preciso.
%M,
—Pero
¿esa san.gre?'...
pj
—Yodarla toda la nn.a por alivi.'jr vu-estro mal, | í |
dijo ella c-au una voz tan .sentida y dulce, que hizo F l |
estremecer la última libra de aquel agitado co- ¡ >A
razou.
fff,
RntoncfiS, como las puras aguas de un impetuoso ", j
torrente, ocultas y contenidas por ima capa de -g'ro- •i
sera tierra, saltan y se desborfian cuando una mauo !, j
hábil romee ilo u^t solo rrolpo su fuevtj dique, asi -, J
el mon.ant'a! de! llanto, estancado on aqacüa alma ^M
portantes y tantos años, brotó en ancho caudal. I'*}
devolviéadolo la olvidada fe y la perdida espa 't,'%
ranza.
»*í-í
—¡Creo eu Dios! gritó al fin aquel hombre on el ^ ' 1
excoso de su emoción cou vez desentonada y a n - ^
gustiosa; ¡creo en Dios, y eu los Sautoa, y eu los 41J
ángeles, porque vos sois uno de olio;! Sí, hay un '^^|
cielo; do alli venís vos, porque ou la tierra no sabe- |_'-3
mo3 hacer estas cosas; hay una eternidad, porque ,'|
—¡Hermanas mias, mirad los mártires! dijo ligadas de Bibiana; levantó aquellas m a n o s i<4
Piídentina con voz baja y respetuosa.
blancas v frías, y las llevó á sus labios en a n '«M
Todas se acercaron: do3 cuerpos se e n c o n t r a - santo tra.sporte. Las dos hermanas, victoriosas S |
ban tendidos e a tierra; dos cuerpos de mujeres en el miamo combate, reposaban la nna junto á
hermosas, cuya .sangre solía por las aberturas la otra bsjo el mismo lienzo, corno dormían 3
de inriumerables heridas. Práxole.s, de rodillas, cuando niñas en la misma cuna.
recogió la s a n g r e preciosa que inundaba el ¡paLas piadosas manos de las tres vírgenes cuvimento, mientras que Marcia y Pudentínaj con brieron sus cuerpos mu rilados con flores j ' a r o el m á s religioso cuidado, levantaban los cadáve- mas; después las levantaron con tiernas pre- IJ
res y los envolvían en un g r a n lienzo que h a - cauciones, y las colocaron sobre uu rú.siico c a r - 1 '
bian llevado. Vieron entonces que las dos m á r - ro. ocultando el precioso depósito con yerbas '":
tires eran dos jóvenes, que hablan sufrido el del campo: un criado marciuiba delante de los I-.'
martirio en la primavera do l a vida. Aun con la caballos, y el cortejóse dirigió hacíala cata
ptilidez de la muerte estaban bellas; ningún s u - comba de Priscila.
I 5
frimiento habia dejado señal eu sus tranquilas
Fueroa recibí las á la entrada de la escalara t '"
frentes; sus ojos parecían cerrados e a dulce sue- ¡subterránea p)v los Sao rdotes y los Diáconos; '
ño; y sus angelicales faecioner, no dsiban á co- los sagrados cu--?pos S Í deposHaron sobre andas | "
nocer ni los horrores del suplicio, ni las a n g u s - i ricamente a-iorr.Lv.lns, y llevados por vírgenes |_^
tias de la muerte. Pero tus cuerpos e.troameTite fueron conducidos hasí i la cripta doude i h m á • .
destrozados manifestaban el combato que h a - celebrarse lo3 santos misterios (1).
r 1
b i a n sostenido, y la gloria de que luibinn sido
El coro c a n t a b a estas p:ilabras sab'iraes:
| j
coronsdss.
«Los cuerpos de los San':os d8.scari.san ei) paz ^
—¿Quienes son? preguntó Marcia en voz b i j a .
y sus nombres reviran efcrnamente,»
* I
—Dos h e r m a n a s , respondió Pudentina, lla«Hé aqrá lo.s quo lina venido de la g r a n t r i - ; »
madas Bibiana y Demetria, pertenecientes á la
familia da Domioiano, corno el Santo Pontífice bulacion, y los qua h a n lavado sus vestiduras , 4
^ J
Clemente, como el prefecto da Roma Fíavio en la sangre del Cordero.»
Clemencio, nuestro h e r m a n o , y cooio Flav'a
f..
Domicilia, nuestra h e r m a n a . E r a n cristiana?, j
la sangre de príncñpss h a corrido esta m a ñ a n a á
(1) El lector sabe que se encuontran en la> Catorrentes bajo los látigos de plomo de los v e r - tacumbas, no solo galerías abovedadas, cuyas pa- fTl
cerviau do sepulturas, sino también salas | ¿ J
dugos. Esta h a sido el suplicio do que h a n redes
que formaban verdaderas iglesias, en las que se ve ^%
muerto.
el altar, la.s sillas de los Sacerdotes colocadas corea ^.J
mármol con esta inseriiicion: Soire este máraol
Marcia desató en aquel momento las manos de él, las sillas que servian de confesonarios, etcétera, etc.
dormía la, S&nta virffen Prúxeies.
más y más la persecución, los cristianos volvieron á abrir las Catacumbas para ocultar alli
á k vez k los vivos y á los muertos.
Una noche las dos hermanas y su inseparable oompsñera salieron del palacio y se dirigieron hacia el Forum Tauri, lugar donde se reunían los banqueros y los mercaderes de la ciudad de Roma. Un extraordinario sacrificio se
habia realizado por la mañana y ellas lo sabían.
La noche era tranquila y los cielos estaban poblados de multitud da estrellas. Por todas par- '
tes se oían rumores siniestros, porque era la
hora de las fiestas, de los banquetes y de loís
crimínales placeres, que Jiacian palidecer á la
luna, según la expresión do un historiador.
Las vírgenes pasaron por delante de los palacios, de donde salia como viento tempestuoso
el ruido de ios gritos, de los clamores y de las
largas y estrepitosas car 'ajadas; algr.na vez sa
mezclaljan estos alegres ruidos con los lamentos
del de.sventurado esclavo que era castigado con
el látigo ó con el hierro candente. Algunos convidados, con la corona del festín sobre la cabeza, disputaban al retirarse á zm moradas. Las
vírgenes se ocultaban en la sombra al verlos, y
después seguían su camino rezando. Llegaron
por fin al Foro, que estaba desierto. La tuna
brillaba con pura y limpia clarida i, dejando
ver, sobre las losas de mármol, dos formas inmóviles.
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