derechos fundamentales de los reclusos en el ámbito internacional

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DERECHOS FUNDAMENTALES DE LOS RECLUSOS EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL
DAVID ORDAZ HERNÁNDEZ
Morenilla Rodríguez “La internalización de la protección de los derechos humanos, es un hecho histórico con efecto de las masivas violaciones de derechos y libertades fundamentales realizadas por el nazismo antes y durante la guerra. De ello resulta la relación entre Estado democrático y Derecho y el respeto a los derechos del individuo, problema que afecta directamente a las relaciones internacionales y a la postre a la paz mundial” (1958: 15‐16).
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La Organización de las Naciones Unidas con la finalidad de asegurar la paz internacional el 10 de Diciembre de 1948 proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos para que con ello tal y como lo menciono aquel día, el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas “millones de hombres, mujeres y niños de todo el mundo, a muchos kilómetros de París y de Nueva York puedan recurrir a este documento en busca de ayuda, guía e inspiración”.
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Aquella declaración plasmo toda una serie de derechos fundamentales de la persona y, asimismo establece una serie de garantías que tienden a la protección de aquellos. Cabe mencionar una restricción de tales derechos por lo que respecta a la privación de la libertad. Posible restricción de los derechos fundamentales en aras de “satisfacer las justas exigencias del orden público (art. 29.2), dicha restricción encuentra a su vez un límite cuando se establece que “estos derechos y libertades no podrán en ningún caso ser ejercidas en oposición a los propósitos y principios de las naciones unidas (art. 29.2 in fine). 4
Principales derechos fundamentales de la
Declaración Universal que atañen la situación de
la privación punitiva de la libertad
• Igualdad de todos los hombres (art. 1 y 7);
• Prohibición de discriminación por razón de raza, color, sexo, lengua, religión, opinión política, origen nacional y social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. (art. 2);
• Derecho a la vida, libertad y seguridad de la persona (art. 3);
• Prohibición de la esclavitud (art. 4);
• Prohibición de torturas y penas( o tratos) crueles, inhumanos o degradantes (art. 5);
• Derecho a un recurso efectivo ante los tribunales de justicia contra las vulneraciones de derechos fundamentales (art. 8 y 10);
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• Prohibición de detenciones y/o destierros arbitrarios (art. 9);
• Derecho de la presunción de inocencia (art. 11.1);
• Principio de legalidad (art. 11.2);
• Prohibición de injerencias arbitrarias en la correspondencia (art. 12);
• Derecho de asilo en caso de persecución (art. 14.1);
• Derecho a la libertad de expresión y de opinión (art. 19);
• Derecho a recibir información y a difundirla (art. 19);
• Derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica (art. 20);
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Derecho de sufragio (art. 21.3);
Derecho a la seguridad social (art. 22);
Derecho al trabajo (art. 23.1);
Derecho a igual salario por igual trabajo (art. 23.2 y 3);
Derecho al descanso, tiempo libre y vacaciones periódicas pagadas (art. 24);
• Derecho a la salud y al bienestar (art. 25);
• Derecho a la educación gratuita (art. 26);
• Derecho a las artes y a la cultura (art. 27.1 y 2).
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Dichos derechos fundamentales se presentan ante la llamada “devaluación” en la cultura jurídica del sistema penitenciario, por lo que respectan aquellas personas que están privadas de su libertad. 7
LAS REGLAS MÍNIMAS PARA EL TRATAMIENTO DEL RECLUSO (1955‐1957)
Antecedentes de la normativa penitenciaria internacional.
• BUENO ARUS: La idea de elaborar unas reglas internacionales para el tratamiento de las personas privadas de libertad, procede de 1925 cuando Maurice Walles, Director de Prisiones de Inglaterra y Gales a si lo propuso a la Comisión Penitenciaria Internacional (posteriormente llamada Comisión Internacional Penal y Penitenciaria) (1987:11) tales reglas menciona Bueno Arus “indican las condiciones mínimas que desde el punto de vista humanitario y social deben de reunir el tratamiento de los reclusos”.
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La Comisión Penitenciaria Internacional aprueba en 1929, el conjunto de reglas para el Tratamiento de los Reclusos. En 1933 estas fueron reelaboradas y el 26 de Septiembre de 1934 aprobadas por la XV Asamblea de la Sociedad de las Naciones, donde se establecen recomendaciones a los Estados miembros, con el fin de adaptar su legislación. Tras casi veinte años se finaliza el 6 de Julio de 1951 una nueva revisión, proyecto titulado “Conjunto de reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos”. Todo ello dio como resultado el Primer Congreso de las Naciones Unidas en materia de Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente que se llevo a cabo en Ginebra el 30 de Agosto de 1955.
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ANÁLISIS DE LAS REGLAS MÍNIMAS PARA EL TRATAMIENTO DE LOS RECLUSOS Dichas reglas detallan en materia local, alimentación, servicios médicos, disciplina y sanciones, contacto con el mundo exterior, etc. 94 recomendaciones, las cuales tienen por objeto únicamente establecer los principios y reglas de una buena organización penitenciaria y de la práctica relativa al tratamiento de los reclusos en base a los elementos esenciales de los sistemas contemporáneos más acordes. 10
Cabe mencionar que únicamente la primera parte de estas reglas mínimas son aplicables a los centros para delincuentes juveniles y no determinan la organización de dichos establecimientos. Ya que se recomienda “que por lo general no deberían condenarse a penas de prisión a los delincuentes juveniles”.
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La organización de los centros de reclusión:
En la cual se dispone la obligación de constituir un registro en el cual se consigne la identidad del interno, los motivos de su detención, la autoridad que dispuso el ingreso, el día y la hora en que se efectuó el mismo así como el de su egreso. 12
Se establece una estricta separación de reclusos de diversas categorías, como hombres de mujeres, presos preventivos de los penados, presos por deudas de los detenidos por infracción penal y los jóvenes de los adultos (R.8). En cuanto a las celdas y dormitorios se dispone tener “suficiente aire, superficie mínima, alumbrado, calefacción y ventilación” (R. 10) ventanas “para que el recluso pueda leer y trabajar con luz natural” (R.11.a); la luz artificial no podrá ocasionar “perjuicio de su vista”
(R.11.b); las instalaciones sanitarias deben permitir que el interno satisfaga “sus necesidades naturales en el momento oportuno, en forma aseada y decente (R.12).
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Respecto a la ropa y los objetos de los reclusos (R.17,18,19 y 43), su aseo personal (R.15 y 16), alimentación de buena calidad (R.20.1) y educación física ‐especialmente para internos jóvenes‐ (R.21). Los servicios médicos deben de organizarse en estrecha vinculación con los servicios sanitarios de la Nación (R.22.1). Se debe de contar con expertos en psiquiatría (R.22.1) y odontología (R.22.3). Asistencia sanitaria de especial cuidado a embarazadas, recién paridas y de las convalecientes (R.11.a); así como la organización de guarderías infantiles para que estas conserven a sus hijos (R.23.2). Y en general, se dispone la obligación de la administración penitenciaria de velar por la salud física y mental de los reclusos (R. 25.1)
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El régimen disciplinario:
Se consagra el principio de legalidad en la determinación de las conductas que constituyen infracciones disciplinarias, carácter y duración de las sanciones y con ello el pronunciamiento al respecto de las autoridades competentes. De este régimen emanan por mencionar algunas reglas la prohibición de la doble punición (R. 30.1), de sanciones “crueles, inhumanas o degradantes” (R. 31); Se establece la posibilidad de que el recluso se defienda, en un procedimiento disciplinario por sí mismo o por medio de un intérprete (R. 31.3).
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Los derechos de los reclusos:
Derecho de presentar peticiones y quejas al director del establecimiento o funcionario autorizado para representarle (R.36.1), al inspector de prisiones (R.36.2) a la administración penitenciaria central (R.36.3) y a la autoridad judicial o a cualquiera otra autoridad competente (R. 36.3). En cuanto a la comunicación derecho a la misma “tanto por correspondencia como mediante visitas” con su familia o con amigos de buena reputación (R.37), el mismo derecho también para extranjeros a través de la representación diplomática en el país (R.38). Respecto al tema de asistencia religiosa las reglas parten del principio de “absoluto” respeto por la “actitud” que se observe del recluso en cuanto al tema (R.41.3).
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El personal penitenciario:
Vinculadas a la selección, capacitación y funciones del personal penitenciario (R.46.1 y 2; y R.50.2), dicho personal debe de trabajar profesionalmente y con dedicación exclusiva, el cual posea un nivel intelectual “suficiente” y que realicen cursos de capacitación (R. 46.3; 47.1,2 y 3) a si mismo añadir al personal suficientes especialistas como psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, maestros e instructores técnicos(R.49.1)
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La inspección de los centros y servicios penitenciarios:
Los inspectores deben de ser designados por autoridad competente y deben de acudir “regularmente” a los establecimientos penitenciarios (R.55).
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Los condenados:
Los reclusos condenados deben de tener un tratamiento individual de modo tal que pueda lograrse la “readaptación social” dicho tratamiento ha de servirse de todos los medios curativos, educativos, morales, espirituales y de otra naturaleza y de todas las formas de asistencia de que pueda disponerse, esto con la finalidad de aprovechar el tiempo de reclusión para que el individuo una vez liberado quiera respetar la Ley y proveer sus necesidades, sino también que sea capaz de hacerlo, dicha finalidad se liga a la protección de la sociedad en contra del crimen. 19
El “programa de tratamiento individual”, ha de establecerse desde el ingreso del individuo al centro penitenciario, tras un “estudio de personalidad” (R.69), se recomienda también la instauración de un “sistema de privilegios” para “alentar la buena conducta, desarrollar el sentido de responsabilidad y promover el interés y la cooperación de los reclusos en lo que atañe a dicho tratamiento” (R. 70).
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En cuanto a las disposiciones relativas al trabajo penitenciario “no deberá de tener carácter aflictivo” y se establece la obligatoriedad del mismo (R.71.2) el cual deberá de ser productivo y complementado por una “formación profesional en algún oficio útil”. Estos trabajos deberán asemejarse lo más posible a los que se aplican fuera del establecimiento (R.72.1) y en cuanto a la remuneración del mismo se recomienda que la misma sea equitativa y esta puede destinarse para la adquisición de objetos personales y para sus familiares. Otra porción de dicha remuneración deberá
de consignarse por parte de la administración para crear un fondo el cual se entregara al recluso una vez liberado (R.7.2 y 3).
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La educación de los individuos que se encuentran privados de su libertad es muy importante ya que es esencial al tratamiento penitenciario, el cual debe de ser coordinado con el sistema de instrucción pública con fin de continuar sin dificultad su preparación una vez puestos en libertad (R.77.2).
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El mantenimiento del individuo con el exterior tanto como familiares, personas u organismos externos que puedan favorecer los intereses de su familia así como propia “readaptación social” (R.79 y 80) y en cuanto al asistencia postpenitenciaria, estos organismos “oficiales o no” han de tener acceso a las cárceles, entrevistas con los internos, y “en medida de lo posible”, proporcionaran a los liberados documentos de identidad, alojamiento, trabajo, ropa y medios que les permitan subsistir durante el tiempo “que siga inmediatamente a su liberación” (R.81.1 y 2)
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Los alineados y los enfermos mentales:
Los alineados y los enfermos mentales no deberán ser recluidos en pensiones y trasladarse a instituciones para enfermos mentales (R.82.1)
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Los presos preventivos:
Los presos preventivos gozaran del derecho y presunción de inocencia los cuales “deberán de ser tratados en consecuencia” adquiriendo derechos como la separación de los reclusos condenados (R.85.1), dormir en celdas individuales (R.86), poder alimentarse por su propia cuenta si así lo desean y dentro del buen orden con alimentos del exterior por conducto de la administración, de su familia, o de sus amigos (R.87), usar su propia ropa y si llevan el de la cárcel este deberá ser diferente al de los condenados (R.88.2), se les ofrecerá trabajo, pero no se les requerirá para ello, y si trabaja a de ser remunerado (R.89), permitirles si pueden pagarlo ser atendidos por su propio médico o dentista (R. 91), informarles a su familia, inmediatamente después de su detención (R.92) y la posibilidad de designarles un defensor de oficio (R.93).
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Los sentenciados a prisión civil por deudas:
Respecto al tema de los países cuya legislación dispone la prisión por deudas u otras formas de prisión dispuestas por decisión judicial como consecuencia de un procedimiento no penal, se hace referencia a este tipo de reclusos los cuales no serán tratados con más severidad que la estrictamente necesaria para garantizar el orden del establecimiento (R.94)
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BIBLIOGRAFÍA • Inaki Rivera Beiras (2009) La Cuestión Carcelaria Historia, Epistemología, Derecho y Política penitenciaria (2da edición actualizada, volumen I) Editores del Puerto.
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