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RAMÓN GIL ALMANSA
Pregón del Cristo del Consuelo.
“Cazorla: Arraigo, compromiso
e innovación en el siglo XXI”
CAZORLA
2014
Pregón de las Fiestas Religiosas
en honor del
Santísimo Cristo del Consuelo.
***
“Cazorla: Arraigo, compromiso
e innovación en el siglo XXI”
pronunciado por
RAMÓN GIL ALMANSA
en el Teatro de la Merced
el día
5 de Septiembre
***
CAZORLA
MMXIV
Editado por: Real Cofradía Santísimo Cristo del Consuelo de Cazorla
c/ San Francisco, 11, 23470 CAZORLA
Portada: Reproducción planos Ruinas de Santa María.
Impreso por: Patricio Almirón Jiménez.
c/ Antonio Machado, 6, 23470 CAZORLA
1.SALUDOS Y AGRADECIMIENTOS
Q
ueridos paisanos, buenas noches a todos y muchas gracias
por acompañarme esta noche tan importante para mí.
Permitidme, al inicio y para ser justo, unas breves palabras
de agradecimiento.
Gracias, en primer lugar, a la Junta Directiva de la Real
Cofradía del Stmo. Cristo del Consuelo y, en particular a su
Hermana Mayor, Carmen, a la que debo, en representación de dicha
Junta, su atrevimiento para invitarme hoy aquí, en el año del 75
aniversario del cuadro del Stmo. Señor del Consuelo; y a la que
“culpo” de tantas noches en las que mi mente ha dado vueltas a
palabras, ideas y situaciones en torno a lo que podría ser este acto, al
respeto por la responsabilidad que para mí suponía, y a la ilusión de
poder transmitir este mensaje a mis paisanos. Os aseguro que no
conocía personalmente a Carmen, y también os aseguro que no
podré olvidarla.
Gracias también a los amigos que hoy me acompañan: a los
cazorleños, a los que viven aquí y a los que vienen con regularidad
como yo, pero que compartimos tiempo y amor por este pueblo. No
os diré más, porque a vosotros va dirigido esencialmente este
pregón; a mis amigos de “Teleco”, muchos de ellos hoy aquí, que
han supuesto, y lo siguen haciendo, no solo una fuente de diversión,
de alegrías y penas compartidas, sino un pilar básico en mi
formación y en mi confianza como persona, y una referencia
esencial para mi futuro y el de mi familia. Gracias, incluso, a los
compañeros y amigos de mi día a día profesional, de mi trabajo,
que han querido apoyarme esta noche, curiosos seguro por conocer
el porqué de mi apego cazorleño, ése con el que tanto les doy la lata
diariamente.
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Por supuesto, gracias a mi familia, lo más importante, a la
carnal y la política, que son la misma: a mis hermanos, Pilar, José
Ignacio y Choncy (que asiste desde el cielo), un apoyo y una
referencia continuos, siempre cerca; a mis hijos, Ramón, Juan y
Javier, ¡lo más grande!, como dicen en nuestra nueva tierra
sevillana, que no entenderán muy bien por qué está aquí su padre y
que son la mayor fuente de inspiración y preocupación para el
futuro. También para ellos va en gran parte este mensaje, aunque les
cueste aún entenderlo. Y, claro, a Ana, que está al lado,detrás y al
frente de todo, aunque uno no sepa siempre reconocerlo o
agradecerlo suficientemente.
Pero, además, quiero terminar estas palabras iniciales
expresando mi inmenso agradecimiento a nuestro Patrón, al Stmo.
Sr. del Consuelo, por permitir que los mayores culpables de que hoy
yo os dirija este pregón, mis padres, Pepe y Chon, pueden ver y oír
hoy parte del fruto de su trabajo. Y es que, si alguien es responsable
de mi arraigo y amor por Cazorla, no son otros que mis padres:
porque han sabido transmitir, de una forma natural y sin
estridencias, no sólo su amor por nuestro pueblo, sino una
educación que permitiera desarrollarlo desde una mirada abierta al
mundo, impulsándonos a conocer otras realidades, a ser atrevidos
en nuestra aproximación al exterior (muy Almansa) pero, eso sí, a
hacerlo desde la sencillez y el apego a la referencia moral que nos
proporcionan nuestras raíces (muy Gil). Gracias a los dos, os quiero
mucho.
Además de las gracias, quiero pedir anticipadamente perdón
a todos por si el contenido de este pregón no es de vuestro interés, y
esperabais otra cosa, o simplemente habéis venido para
acompañarme; o por si, siendo de interés, no tengo la capacidad de
hacerlo ameno o entendible. Es algo que probablemente podíamos
haber compartido en la barra de un bar con una cerveza y que,
bueno, he tenido la oportunidad de compartir con vosotros en este
escenario tan impresionante para mí. Y también mis disculpas
anticipadas por si en algún momento os parezco pedante o
dogmático a la hora de lanzar algunos mensajes. Son solo un punto
de vista apasionado.
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2.ARRAIGO Y COMPROMISO
Quiero imaginar lo que os preguntasteis en su momento,
cómo yo vengo haciendo desde entonces, cuando alguien os
comentó quien iba a ser el pregonero de las Fiestas de 2014, justo el
año, además, en que se cumple el 75 Aniversario del Cuadro del
Stmo. Cristo del Consuelo: “¿y… qué pinta éste ahí?, ¿qué méritos
reúne?, ¿por qué?”.
He tenido la oportunidad, durante estos meses de dar repaso a
los pregones de nuestros paisanos desde el año 1982, publicados en
la Web. Y al leerlos y reconocer a sus personajes, confirmo que la
apuesta de Carmen y su Junta Directiva es realmente arriesgada.
No soy yo un profundo conocedor de la Historia que pueda
ilustraros en detalle sobre pasajes de interés de la vida de nuestro
pueblo o de nuestro patrón; tampoco dispongo de la capacidad
literaria para regalaros un poema o unas letras que hagan aflorar
nuestros sentimientos más profundos; ni el conocimiento o las
habilidades artísticas que me permitan profundizar sobre el
contenido y la belleza de nuestro Cuadro o de nuestros edificios más
singulares. Y menos aún conozco, con el detalle que debiera,
nuestra Sierra y las maravillas de la Naturaleza que contiene, a pesar
de mis largas caminatas, ya hace años, con mis amigos Pablo, Luis y
Felipe; cualquiera de los que hoy me acompañáis sabéis mucho más
que yo, seguro. Y, por si fuera poco, mi edad, y el hecho de vivir
fuera de Cazorla desde muy pequeño, no me permiten disponer del
conocimiento de las anécdotas, las costumbres o los personajes que
pudiera despertar vuestra curiosidad.
Sin embargo, cuando Carmen se dirigió a mi aquel día de
finales de 2013, y me preguntó: “¿Tú eres Ramón Gil? ¿Querrías
ser el pregonero de las Fiestas de 2014?”, no dudé ni un instante; no
tuve que pensarlo ni consultar a nadie y, acompañado, eso sí, de un
temblor en todo el cuerpo que aún dura (y más esta noche),
respondí, con la mirada perdida, un “Claro que sí”. Es más, aunque
os pueda parecer un poco falto de humildad, os aseguro que, desde
ese mismo instante, sabía cuál iba a ser el centro de mis palabras esa
noche,… ¡esta noche! Y lo sabía porque, lo que realmente quiero
hacer es transmitir y compartir una preocupación, un mensaje, una
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ilusión, algo que me viene a la cabeza de forma recurrente en mi
vida y que el Señor del Consuelo ha querido que hoy lo comparta
con vosotros. Es, como no podía ser de otra manera, una mirada
hacia delante, al futuro.
No quiero hacer un pregón que hable, como brillantemente
han hecho la mayoría de mis predecesores, de nuestro pasado
común o que describa aspectos concretos de nuestra iconografía,
nuestros sentimientos o nuestras creencias (de nuestro “imaginario
colectivo”, como ahora se dice). Quiero hablar de FUTURO, quizá
por defecto profesional, por mi dedicación y vinculación con la
Innovación en mi día a día, comprometido siempre con el cambio
en las empresas, y, por qué no, guiado probablemente por esa
ilusión y optimismo que a veces pueden parecer desmedidas o poco
prácticas, pero que siempre me hacen mirar hacia delante.
Y, aunque sé que este año se cumple el 75 aniversario de
nuestro Cuadro, voy a hablar de Cazorla, de nuestro pueblo, que es
lo mismo que hablar del Stmo. Cristo del Consuelo. Quiero
plantearos y compartir mi INQUIETUD, esa preocupación, ese
mensaje, esa ilusión de la que antes hablaba y que iba a constituir el
centro de mis palabras hoy.
Nací en el año 1969 en Cazorla; sí, 45 años, una edad que me
hace representar a una generación que está presente en gran medida
aquí esta noche. Una generación que se encuentra en medio, en la
transición (¡qué palabra más repetida este 2014, año en el que todo
apunta a cambios!) entre dos generaciones muy muy distintas y que
aún conviven: la de nuestros padres, que, aunque no todos, en gran
parte aún nos acompañan, y la de nuestros hijos, hoy algunos de
ellos también aquí.
Nuestros Padres: generación de posguerra, personas que, en
su gran mayoría, han vivido en Cazorla toda o gran parte de su vida,
que han sufrido sus problemas y carencias, que han disfrutado de
sus paisajes, que se han enfrentado, y resuelto, a infinidad de retos,
que, en definitiva, no sólo han construido nuestro pueblo, sino que
han sembrado y hecho crecer el amor que sus hijos, nosotros,
tenemos por él. Es una generación que reúne el arraigo y el
compromiso por sus orígenes, dos de las tres palabras clave de este
pregón.
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Nuestros Hijos: niños, jóvenes, adultos ya en muchos casos,
que, en gran medida, no han vivido en Cazorla, o, cuanto menos,
van a pasar gran mayor parte de su futuro fuera de él, fuera de
España incluso. Que, con una formación excelente, están
conociendo y van a conocer un mundo mucho más grande, muy
distinto y muy distante. Y que son el origen de la preocupación que
comparto con vosotros esta noche, de mi duda: ¿seremos capaces
de sembrar y mantener en ellos ese arraigo por sus orígenes
familiares, Cazorla, o, mucho más difícil aún, generarles el
suficiente compromiso que asegure y enriquezca el futuro de
nuestro pueblo? Éste es nuestro gran objetivo, la gran incógnita a
resolver.
Nuestra generación, la mía: una generación de cazorleños
que tiene un claro sentimiento de arraigo por su pueblo: hemos
vivido en Cazorla (aunque ahora no lo hagamos), venimos siempre
que podemos, amamos profundamente su costumbres, su gente, su
olor, su paisaje, sus creencias,…,y lo transmitimos con pasión por
cualquier sitio por el que la vida nos lleve. Pero siento que ese
arraigo sin más no asegura nada, no es suficiente: hay que
acompañarlo, y esto me lo digo a mi mismo, con un mínimo
compromiso, del que tan sobrado estuvieron nuestros padres, para
hacer de nuestro pueblo el pueblo de nuestros hijos.
Y éste es el problema, la oportunidad que afrontamos;
tenemos un gran objetivo con nuestros hijos, con la próxima
generación: conservar el gran legado de nuestros padres, mejorarlo
y trasladarlo a nuestros hijos. Disponemos de unas certidumbres de
partida: el maravilloso testamento de la generación anterior, el
conocimiento del presente, y la intuición sobre el futuro que vivirá
la generación siguiente. Y una incógnita esencial que tenemos que
despejar: el compromiso de nuestra generación para conseguirlo y
la mejor forma para llevarlo a cabo.
3. UNA MIRADA AL FUTURO QUE YA NOS ACOMPAÑA
¿Y cómo es ese futuro, o presente ya, de nuestros hijos? ¿Cuál
es el escenario en el que van a desarrollar sus vidas? Echemos un
simple vistazo a través del siguiente vídeo. (Se proyecta el video)
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Y, ante este panorama, ya presente y claramente futuro, ¿por
qué es importante ese sentimiento de arraigo? ¿Por qué reclamo en
mis hijos, en nuestros hijos, esa necesidad de Cazorla como un
referente importante en sus vidas, en un escenario generacional
como el que habéis visto?
En primer lugar querría aclarar a qué me refiero con el
concepto “sentimiento de arraigo”. Hay muchas variables que
pueden determinar o condicionar el arraigo de una persona a un
lugar. Yo las voy a clasificar en dos simplemente: objetivas y
subjetivas. Las objetivas: el conjunto de condiciones que hacen
agradable, cómodo o conveniente a una persona el vivir en un
determinado lugar (infraestructura, asistencia social adecuada,
acceso a la educación, trabajo, condiciones climáticas, etc.). Las
subjetivas: la identidad cultural y el sentimiento de
pertenencia:compartir valores, principios, normas, tradiciones, una
historia, hace al hombre sentirse más plenamente parte de una
comunidad.
Es claro, que si bien me voy a centrar en las segundas
(identidad cultural, sentimiento de pertenencia), las variables
objetivas serán un complemento cada vez más imprescindible.
Muchos pueden pensar que mi idea es sentimentalismo
barato, de lágrima fácil (yo la tengo), y de mirada corta: “¡Qué
absurdo!, ¡qué cateto!, en un mundo como el que vivimos y van a
vivir nuestros hijos, dar tanta relevancia a algo tan menor, tan
local, al pueblo, ¿qué puede aportar?”, podría decir cualquiera.
Sin embargo, mi propia experiencia, en la que he tenido la
oportunidad tanto de vivir fuera y viajar por el mundo, como de
conocer lo que es la vida de pueblo, me dice que es precisamente
todo lo contrario: es una oportunidad, que no todos tienen, de
enriquecer la mente de nuestros hijos con matices distintos, de
complementar y añadir una perspectiva diferente al mundo en el que
van a habitar. ¿Por qué?
He vivido muchos años en Madrid, dos de mis hijos han
nacido en Madrid, Ana, mi mujer, es de la capital (aunque de familia
cazorleña). Es claramente un entorno diametralmente diferente al
que ofrece Cazorla, pero ha sido una experiencia vital, necesaria
para enriquecer mi visión de las cosas y mi formación como persona
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y como profesional. Madrid es, como muchos sabéis, una ciudad en
la que casi nadie es madrileño y todos lo somos en cuanto nos
instalamos. Es Madrid la paradoja entre una sensación inicial de
desarraigo que, al momento, atrae, engancha, une y, sobre todo, nos
abre la mente.
Sin embargo, hay algo cierto, común a toda gran ciudad: las
distancias y el tamaño, acentúan las diferencias, que se imponen en
muchas ocasiones a la convivencia. La vida se desarrolla por barrios
uniformes en la condición de sus habitantes, la educación le sigue y
la convivencia de niños de diferente procedencia se hace casi
imposible. Nuestros hijos, lamentablemente, pierden matices y
perspectiva sobre otras realidades, sobre la realidad: unos pensarán
que montar a caballo forma parte de la normalidad de su agenda
escolar, y otros apenas disfrutarán de un patio para jugar al fútbol.
Y es ahí donde yo encuentro la ventaja de los espacios
pequeños, de los pueblos como contrapeso a esa otra situación
probablemente difícil de evitar. Sí efectivamente, en este caso,en la
idea que os quiero transmitir,el tamaño importa. Y siento que, a mí
personalmente, me ha ayudado muchísimo: en los espacios
pequeños no hay más remedio, en la mayoría de las ocasiones, que
convivir, compartir, y eso significa respetar, dialogar, sumar en
definitiva. En un pueblo las diferencias potenciales, de la naturaleza
que sean (políticas, sociales, educativos, religiosas…) no tienen
más remedio que dejarse espacio las unas a las otras: la política se
desarrolla en torno a problemas muy cercanos, muy apegados al
terreno, que afectan a todos por igual; socialmente se comparten
muchos ambientes (bares, paseos, eventos..); en la educación, los
colegios son pocos y el lugar común de nuestros hijos; y, ¡fijaos!,
hasta en la religión, muchas veces lo más complicado y lo que más
nos distancia, hasta los que se declaran agnósticos o ateos son
devotos a su patrón, el Stmo. Sr. del Consuelo.
En definitiva, recomiendo y busco para mis hijos un equilibrio
entre la mente abierta al mundo que nos aporta la gran ciudad y una
vida cada vez más cosmopolita, y la firmeza de nuestras
convicciones, el amor por lo sencillo, por las cosas simples, por la
autenticidad que puede aportar la cercanía de un pueblo.
Y esta experiencia personal, que siento que me ha
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enriquecido, es la que a mí me gustaría que mis hijos pudieran
disfrutar. Pero el problema, el reto, el compromiso, es cómo
conseguirlo en un mundo y en un tiempo en el que, como hemos
visto, todo parece ir en otra dirección: hacia lo global, lo
internacional, a las grandes manifestaciones culturales.
¿Qué pueblo hemos heredado? ¿Cuáles son los valores que
nuestra generación debe transmitir a sus hijos? ¿Cómo los
integramos en su cultura, en su lenguaje, en su nuevo modo de vida?
¿Qué actitud es la adecuada para que nos entiendan y surja en ellos
la motivación necesaria?
4. LA ACTITUD ANTE EL MAÑANA:
ARRAIGO+COMPROMSO+INNOVACIÓN=FUTURO
No tengo la pretensión de dar respuesta a todas las preguntas
antes planteadas; desconozco la fórmula adecuada para lograr ligar
el futuro de nuestros hijos con Cazorla; y mucho menos para que,
además de un sentimiento de arraigo nazca en ellos el compromiso
por mejorar lo que han conocido. Simplemente quiero apuntar la
que, en mi opinión, debe ser la actitud de nuestra generación ante
este reto.
Y reflexionando sobre este planteamiento, sobre este deseo,
de pronto,me cruzo con una frase que claramente recoge, resume y
apoya la actitud que yo defiendo:
“La vida sólo puede ser comprendida mirando para atrás;
mas sólo puede ser vivida mirando para adelante." (Soren
Kierkegaard).
La escribe un filósofo y teólogo danés, pero su mensaje es a la
vez tan simple y tan profundo que bien podría ser la lapidaria frase
de cualquiera de los abuelos que nos podemos encontrar sentados
en un banco de la plaza de “El Huevo” o en el tranco de la puerta de
su casa en Cazorla.
Me llamó rápidamente la atención, desde su sencillez, por lo
bien que recogía mis sensaciones sobre la forma correcta de
afrontar esta situación desde la realidad de nuestra generación.
Cuando Kierkegaard, o ese abuelo del pueblo, nos dice que la
vida solo puede ser entendida haciendo un repaso a nuestro pasado,
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no está queriendo decir que centremos nuestra mirada en él, que sea
nuestra única y principal referencia. Todo lo contrario, nuestros pies
deben situarse en nuestro presente y la mirada hacia el futuro, para
completar el ciclo de vida que nos ha tocado vivir a cada uno. Eso sí,
enriqueciendo nuestras decisiones con la experiencia y las lecciones
aprendidas del pasado, y situando a nuestros mayores como
referencia clara en lo que nos queda por delante.
Otros personajes han expresado esta misma idea de futuro de
forma muy clara y desde entornos muy diferentes.
“Nunca andes por el camino trazado, pues él te conduce
únicamente hacia donde los otros fueron." (A.Graham Bell)
“El cambio es ley de vida. Cualquiera que solo mire al pasado o
al presente, se perderá el futuro.”(John F. Kennedy)
Todas las generaciones (también nuestros padres lo hicieron y
hacen con nosotros) tienen la recurrente tentación, en la que soy el
primero en caer, de comparar los comportamientos y costumbres de
sus hijos ahora con su forma de hacer a la misma edad, para concluir
que antes comíamos más sano, nos divertíamos más con menos, o
nuestro gusto musical era mucho más ilustrado. No está mal la
comparación para reírse, para aconsejar, para sorprenderse, pero
erramos en la conclusión porque, esencialmente, no es mejor ni es
peor; es, sencillamente, la que les ha tocado vivir, y sus decisiones u
opciones no pueden ser siempre las que nosotros tomamos en otro
momento. Es cierto que el consejo de los mayores es siempre muy a
tener en cuenta, pero es imposible vivir con la vida de otros y
probablemente todos tendremos que cometer nuestros propios errores,
fruto de nuestras propias decisiones, sin atajos; también nuestros hijos.
Y estaremos de acuerdo en que no hay mayor error que el de no decidir.
Y alguien con bastante peso en la historia (el creador de Ford) lo
expresa muy bien, añadiendo, de forma jocosa, un matiz importante:
“Si hubiera preguntado a mis clientes qué es lo que necesitaban,
me habrían dicho que un caballo más rápido.” (Henry Ford).
Refleja claramente ese matiz de riesgo, de ruptura obligada en
ocasiones con lo anterior para progresar, de INNOVACIÓN,
entendida no como un proceso tecnológico, sino como una actitud
necesaria en la vida: la de hacer las cosas de forma diferente, la de
afrontar retos no imaginados hasta el momento.
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En definitiva, estas frases resumen muy bien el planteamiento
que en mi opinión debiera suceder a ese compromiso por atraer a la
generación de nuestros hijos a Cazorla. Y ello significa poner en
juego algunas actitudes que a menudo nos cuesta ejercitar:
- La humildad, el respeto y la curiosidad para saber mirar
atrás, a nuestros mayores y al entorno en que se desarrollaba su vida.
- El agradecimiento y la admiración por lo construido,
generalmente con gran esfuerzo y con menos medios.
- La perspectiva para analizar con criterio, justicia y
generosidad los errores del pasado, que también los ha habido.
- La inteligencia para entender y aprovechar las lecciones
aprendidas y disponernos a mejorar.
- La energía y el atrevimiento para innovar: para plantear
nuevas formas de situar Cazorla en el siglo XXI y para transformar
y manejar la relación entre nosotros.
- Y, sobre todo, el compromiso para hacerlo.
No podría dejar de mostrar una señal, aunque sea pequeña, de
mi formación como ingeniero para resumir esta actitud hacia el
futuro, con la siguiente identidad que creo que podría ser el lema de
este pregón y la ecuación que garantice el éxito:
ARRAIGO + COMPROMISO + INNOVACIÓN= FUTURO
5. MI MIRADA ATRÁS: “CAZORLA IN MY MIND”
Quiero ahora seguir el consejo que nos ofrece la frase de
Kierkegaard y echar un vistazo, personal por supuesto, a esa
Cazorla de nuestros padres, a ese pasado reciente que nuestra
generación ha disfrutado, ha vivido, antes de situarnos de nuevo en
el futuro que ya está aquí, el de nuestros hijos.
Parafraseando la canción de James Taylor (“Carolina in my
mind”) creo que lo mejor que puedo hacer, o quizá lo único, para
intentar compartir con vosotros cómo es la Cazorla de mi
generación, la que hemos vivido, aunque sea muchas veces desde la
lejanía, la que nos ha atrapado, la que ha generado ese profundo
sentimiento de arraigo por nuestro pueblo y la que ahora me lleva a
hablaros de todo esto, es contar mi propia visión, cómo la he sentido
durante estos cuarenta y cinco años, cómo la tengo en la cabeza.
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Son tres las etapas en mi relación con Cazorla: hasta los ocho
años, tiempo en el que viví en Cazorla; desde los ocho a la mayoría
de edad, años que residíamos en Úbeda, aunque la referencia
cercana seguía siendo Cazorla; y desde los dieciocho, momento en
el que aparece Madrid como otra ciudad de referencia en mi vida
personal y profesional, que lo sigue siendo, ahora complementada,
desde hace nueve años, por Sevilla.
He dedicado un rato a echar ese primer vistazo hacia atrás y
pensar cómo era la vida, las personas, los sonidos, Cazorla en
definitiva, dejando fluir mis primeras impresiones, imágenes,
recuerdos, los que yo he vivido y, que claramente deben estar
clavadas en mi interior.
Comparto con vosotros lo que, de forma desordenada,
aparece ante mí como foto espontánea y personal de mi pueblo en
estos años:
- Las palabras de mis años de niño en Cazorla: porcino,
cepazo, zagal, cucharón, guiscar,.., las frases: “¡Cascas más que la
machaquita!”.
- Los juegos de niños, que ahora parecerían inocentes (hasta
que los prueban) a los nuestros: la lima, el marro, poli-cacos, el
mocho, las chapas (¡rara tecnología!).
Foto de mi generación en el Patio del Colegio de las Monjas.
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- Las picaduras de avispa jugando junto a la fuente de la placeta
de don Simón.
- La vida continuamente en la calle, con los amigos: Antoñín,
Manolo, Rafa, Mª Luisa, Mercedes…Patri, Mariano y Felipe, más tarde.
-Los inviernos en los que aún
nevaba, se suspendían las clases
y hacía muñecos
de nieve con mis
hermanos José
Ignacio, Pili y
Choncy (¿qué
pasó con la
nieve?).
-La Navidad,
cogiendo musgo
para el Belén y
pidiendo el
aguinaldo.
- Los veranos en Burunchel, en contacto directo con la vida y
la gente del campo.
- Ir a por café para mi padre al bar Las Vegas, donde entonces
gobernaban Paco y Teo.
- Los sillones del casino en la plaza de “El Huevo” y los
múltiples corrillos a que daban lugar.
- Juan Luis Amador, sus gracia y simpatía, sus poesías y ese
burro de madera que me regaló de pequeño y por el que siempre me
preguntaba.
- Las clases de pandereta: sí, no os sorprendáis. Probablemente sea de las pocas personas del mundo, junto con mi amiga Mª
Isabel Molina (hoy Marisa), que asistimos a este magisterio. ¡Qué
pena que ningún cazatalentos se pasara en aquellos días por
Cazorla!
- Los Reclutas, esa tapa de Las Vegas que volvía locos a todos
los niños, a doce pesetas, aún la puedo oler.
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- Las tardes viendo los campeonatos de tenis, esos años en los
que Cazorla, un pueblo pequeño, llegó a ser alguien en el mundo del
tenis a nivel regional. ¡Gracias Luis Ramón!
- La Feria, ¡ay la Feria! y el deslumbramiento que se producía
al entrar en este patio
del Ayuntamiento:
luz, música, alegría,
..belleza perdida.
¡Ojalá seamos
capaces de recuperar
algo de esa parte de
nuestra identidad que
se ha ido diluyendo
con los años! Aún me
pregunto, nos preguntamos, por qué.
Las caminatas por la Sierra con
mis amigos Pablo, Luis y Felipe. ¡Cómo andaban los dos primos!,
¿verdad Felipe?
- Las campanas de la iglesia, más tarde, a través de una cabina
telefónica mientras hacía exámenes en Madrid.
- Mi relación con el Señor del Consuelo, casi el ciclo
completo: acompañando casa por casa a mi padre, cuando era
Hermano Mayor, con el maletín de recuerdos; llenando y llevando
el botijo con agua para los costaleros, entre ellos mi hermano José
Ignacio; la vela en tantas procesiones; muchos años de costalero
(aún lo intento cuando puedo estar en Cazorla); y, ahora, aquí, con
este Pregón. ¡Qué suerte he tenido!
- …y, claro, mi hermana Choncy…siempre ahí
Detrás de todos estos recuerdos espontáneos y desordenados,
¿cómo era la sociedad en esos años en Cazorla y probablemente en
cualquier otro pueblo español? Permitidme que simplemente os dé
una pincelada, de trazo muy grueso, que me servirá para compararla
con la que ahora tenemos y con lo que vivirán nuestros hijos.
En primer lugar, recordemos que son años de posguerra, que
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marca claramente las posibilidades y los comportamientos de toda
la sociedad. Una sociedad de perfil bajo, con una mínima capacidad
de decisión o de movilización. El pueblo, en lo que al conjunto de
sus habitantes y la capacidad de manifestarse se refiere, es un sujeto
pasivo, muy condicionado probablemente por la cercanía de los
difíciles años vividos y el contexto del país.
La política local, sus responsables y las “fuerzas vivas”, son
realmente el motor de la sociedad, del pueblo, muy condicionado
por tanto por el perfil de las personas que lo lideran en cada
momento.
La cultura tiene unos tintes absolutamente individuales y
locales: no existen prácticamente manifestaciones culturales que
transciendan la comarca, las fiestas son muestras públicas de
nuestras costumbres y tradiciones, y tampoco llegan con facilidad
los espectáculos que sí son más accesibles en la gran ciudad. La
cultura, al nivel individual, depende en muchos casos de la
inquietud, la iniciativa y las posibilidades de cada persona.
Probablemente lo mismo que sucedía con la educación.
En un panorama como éste que, como antes señalé, está muy
condicionado por su contexto de posguerra y por el marco político,
la sociedad explota en sus personajes. Todos sabemos que, en los
pueblos, los individuos pesan más que en la gran ciudad y algunos
toman una relevancia por encima de lo normal, por motivos muy
diferentes. En las grandes ciudades, los personajes pertenecen a la
historia, al colectivo; en los pueblos, los personajes viven en la casa
de al lado, mantenemos una relación directa con ellos. Más aún en
unas condiciones como las descritas en las que la sociedad, de
forma colectiva, tiene un perfil muy bajo; los personajes son los que
mueven esa sociedad con sus iniciativas, sus peculiaridades, son los
que la hacen visible y le dan color.
Voy a recordar a algunos que vienen a mi mente. A algunos los
conozco y he conocido, otros sólo de oídas. Seguro que faltan
muchos, que probablemente muchos pondréis en duda su
relevancia, pero, en mi opinión, son ejemplo, en estos años atrás, de
gente que hizo cosas por su pueblo o, lo que hacían como actividad
no excesivamente relevante, resaltaba por el buen ánimo con que lo
llevaban a cabo.
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- En las letras, Lorenzo Polaino, cronista de nuestro pueblo y
abuelo de buenos amigos
- En la educación, D. Miguel Salas. D. Mariano o D. Emilio
Yuste y referencias aún vivas en la universidad como Enrique
Mackay.
- En la historia, auténticos estudiosos de Cazorla aún presentes
como Don Rufino Almansa, nuestro sacerdote.
- En el cine, Antonio del Real o Miguel Picazo, director
reconocido, Goya a su trayectoria profesional, y “La Tía Tula” que
todo el mundo tiene en mente. Ahora de nuevo viviendo en su pueblo.
- En la música, Sor Josefina, que enseñó piano a medio
pueblo, Ramón Frías o César Moreno.
- En el deporte, recuerdo especialmente para nuestro amigo Luis
Ramón Mayenco: ¡qué amor por el tenis y qué capacidad para situar a
Cazorla en un lugar relevante durante años! O García, en la
organización de un equipo de fútbol en Cazorla.
-Teo, una referencia para todos los niños: nosotros y nuestros hijos.
- En los bares, esos puntos de encuentro tan importantes para
los cazorleños y sus visitantes: Angel Marín (¡esos años en el Liberty
oyendo buena música!) o Luis y Mª Angeles de Las Vegas. Permitidme que me extienda en
homenajear en este su último
año al frente de este histórico bar
a esta pareja de amigos: un
ejemplo de profesionalidad,
compromiso e innovación al
frente de su negocio. Una
excelente manera de mejorar,
durante muchos años, la
“marca” Cazorla.
- …y tantos otros
Pero, por encima de todo
esto están los verdaderos
personajes, nuestros padres:
esas personas que, viviendo
tiempos muy difíciles, han
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sabido, no sólo salir adelante, muchos de ellos probablemente
teniendo que dejar lo que más querían, sino que han sido capaces de
construir una Cazorla que es orgullo para todos nosotros. Con pocos
mimbres, pero con mucho atrevimiento, inteligencia, sacrificio y
amor por lo suyo. No puedo evitar compartir con vosotros el pudor,
la vergüenza que a veces he sentido cuando, desde cualquier rincón
del mundo, hablo con mis padres y les describo las ciudades, países
y continentes en los que me encuentro. ¡Cuánto se han perdido!
¡Con qué orgullo y alegría viven la suerte de sus hijos!¡Qué fácil
nos parece a nosotros!¡Cuánto tenemos que agradecer y valorar lo
que hoy tenemos!
Y llego al punto que quería:¿cuál es la mezcla exitosa (esa
“identidad cultural”) que se ha generado en estos años atrás, que
ha atrapado a mi generación, que ha hecho de Cazorla un pueblo del
que podemos estar orgullosos, que ha fortalecido, en definitiva, ese
sentimiento de arraigo y que debe empujar nuestro compromiso de
futuro? En mi caso, es un cocktail muy personal que combina cinco
elementos:
1. Un marco precioso: el pueblo y su sierra, ya de por sí, se
venden solos; es un activo que Dios nos ha regalado para disfrutarlo
y promocionarlo de la mejor forma.
2. Una inquietud profesional y cultural de los cazorleños que
aumenta su categoría: no sé el motivo, pero es muy fácil, a veces
increíble, encontrar gente de Cazorla, grandes profesionales de
todas las ramas por todos los rincones (judicatura, enseñanza,
ingeniería…). Algún amigo me pregunta recurrentemente,
sorprendido: ¿pero cuántos habitantes tenía Cazorla?
3. Un claro punto hedonista: a los cazorleños nos gusta
disfrutar de las cosas: de la calle, de la gente, de las cañas.., ¡de la
juerga! y eso da un excelente equilibrio a lo anterior.
4. Atrevimiento: el cazorleño es, por lo general una “persona
que tiene mundo”, no se impresiona, probablemente gracias a la
mezcla anterior y a la costumbre de recibir gente.
5. Y, como remate, la valía de una generación que nos lo ha
puesto fácil, cuando todo era muy difícil.
Permitidme, que, como final a este repaso de nuestro pasado
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reciente, al tiempo de nuestros mayores, concluya con una frase
que he adulterado a partir de una cita del escritor norteamericano
Philip Roth, y que para mí, no sólo resume bastante bien este
tiempo de nuestros padres, sino que nos sirve de aprendizaje y
referencia para nuestro futuro y el de nuestros hijos:
“…eran tiempos en los que no había de nada e importaba
todo; ahora, que tenemos de todo, casi nada parece importar…”
6. MIRAR HACIA DELANTE: EL ESCENARIO AL QUE
CAMINAMOS
De la frase anterior estoy esencialmente de acuerdo con su
primera parte. Y no sólo de acuerdo; se nos debe clavar como
referencia de lo que por nosotros y por nuestro pueblo han hecho
nuestros padres. La segunda parte prefiero entenderla como un
aviso de lo que podría suceder, una recomendación para no perder
la perspectiva de las cosas, de lo esencial, en el nuevo contexto que
ofrece el siglo XXI.
Pero sería injusto pensar simplemente que la nueva
generación, nacida ya en el siglo XXI es peor que la anterior o tiene
menos valores. La realidad es que sus problemas, y sus
oportunidades, son radicalmente distintos y la actitud con la que
nuestra generación debe atender su educación y, en particular, su
conexión a Cazorla, debe ser en gran parte también distinta.
¿Y cómo es ese futuro ya muy presente, esa sociedad que
antes apuntábamos, en comparación con la de nuestros padres?
Pues precisamente, la gran diferencia está en el
protagonismo que adquiere la propia sociedad frente al que tenía la
de nuestros padres. Las herramientas de comunicación, las redes
sociales, y la preparación de la nueva generación, propician un
enorme potencial de movilización de la sociedad. Su papel puede
ser mucho más activo que la anterior y ejemplos de esta capacidad
nos encontramos por todas partes, también en Cazorla.
Ante este cambio social, el papel de la política debiera ser
distinto al de generaciones anteriores, menos protagonista y más
facilitador de esa capacidad de actuar que ahora adquiere la
sociedad. El ciudadano tendría que convertirse ahora y en el futuro
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en el centro por su capacidad de conocer, entender, comunicarse e
influir. Lamentablemente este cambio en la política y en la mayoría
de nuestros políticos tarda en producirse, y de ahí la actual
desafección y descreimiento que los ciudadanos tienen hacia la
mayoría de las instituciones.
La cultura también ha cambiado radicalmente por tres
motivos muy visibles: la accesibilidad de la información, la
movilidad geográfica y la preparación de los jóvenes. Se convierte
en algo mucho más global, internacional y al alcance de la mano,
frente al carácter local e individual que la cultura tenía años atrás. La
educación ha caminado en paralelo y, si bien es cierto que sigue
siendo necesario, lógicamente, trasladarse para acceder a los títulos
universitarios y a la formación más especializado, la educación se
ha universalizado y aproximado notablemente a los ciudadanos de
distintas áreas geográficas.
Los personajes, como en todo pueblo, seguirán existiendo
pero, en mi opinión, su relevancia será menor ante la enorme
potencia que la sociedad adquiere como colectivo. Siempre serán
necesarios los líderes pero en ese papel de poner en marcha,
encauzar y aprovechar las enormes capacidades de movilización de
la sociedad.
Quiero a continuación simplemente dar un ejemplo de esta
realidad que describo y que muchos de los que estáis aquí conocéis
bien: un simple lema,“Soy de Cazorla”,va ya camino de poner en
contacto y movilizar, de forma espontánea, a más 3.500 personas en
un pueblo que sólo tiene 8.000 habitantes.
Soy de Cazorla
3313 miembros
Grupo público
Cazorla es mi pueblo, un lugar entrañable
3313 miembros
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¿Qué refleja este ejemplo? Claramente nos está trasladando
dos ideas. La primera: el sentimiento de arraigo actual en los
cazorleños de nuestra generación es enorme, como se ve en el
impresionante número de miembros, y constituye un capital que
tenemos la responsabilidad de administrar. En segundo lugar, una
poderosa incertidumbre: tenemos a nuestra disposición nuevas y
potentísimas herramientas de movilización que de momento no
sabemos muy bien cómo aprovechar. Son una enorme oportunidad,
con sus riesgos asociados, de innovar, de hacer nuevas cosas, de
forma distinta, con un mayor nivel de involucración.
Ante este nuevo escenario futuro en el que se desarrollará la
vida de nuestros hijos y en el que ya estamos inmersos, ¿cuál ha de
ser pues nuestra actitud, la de nuestra generación, para conseguir el
objetivo marcado de conservar ese sentimiento de arraigo hacia
Cazorla? La de los cazorleños que viven en el pueblo, la de los que
venimos de forma recurrente, la de los representantes políticos y
representantes sociales, la de los empresarios, y, claro, también, la
de las autoridades religiosas.
La voy a resumir en dos ideas, dos pilares sobre los que, en mi
opinión, deberíamos educar y construir y que forman parte de esa
ecuación de éxito (Arraigo+Compromiso+Innovación=Futuro):
1. INNOVACIÓN: actuar de forma diferente, fomentar un
modo de hacer distinto para una situación que, no sólo ya no es la
misma, sino que cambia cada día. Y hacerlo desde todos los
ámbitos: social, político, religioso, deportivo, tanto a nivel
individual como colectivo.
2. COMPROMISO para llevar adelante esta tarea, también a
nivel individual y colectivo.
En mi experiencia trabajando en el mundo de la innovación,
he aprendido que, en la mayoría de los casos, es casi imposible
establecer un plan seguro para cambiar las empresas, para darles ese
nuevo perfil deseado. La innovación conlleva incertidumbre, riesgo
y, con seguridad, errores. Hay que empezar a andar, a hacer cosas, a
emprender, en la confianza de que en ese camino de hacer de forma
diferente, con un objetivo claro, una fe y un compromiso firmes, y
de forma colaborativa, nuestras iniciativas se alinearán finalmente
con éxito en el futuro.
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Steve Jobs, creador de Apple, una de las referencias cercanas a
la hora de innovar, lo expresaba así en su famoso discurso en la
Universidad de Stanford, difundido exitosamente por YouTube:
“Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia
adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar
en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que
confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea…
…Hay que creer y confiar en algo porque creer que los puntos
se unirán te dará la confianza de confiar en tu corazón. Esta forma de
actuar nunca me ha dejado tirado y ha marcado la diferencia en mi
vida”.(Steve Jobs, discurso en la Universidad de Stanford, 2005)
Resumiendo, hay que echarse a andar, a emprender a hacer
nuevas cosas aunque parezcan arriesgadas, rupturistas, en la
confianza de que nuestro compromiso y amor por Cazorla las alineará,
las guiará hacia un nuevo escenario que garantice ese sentimiento de
arraigo en nuestros hijos. Jesucristo decía que la fe mueve montañas;
los nuevos gurús del crecimiento y del coaching dicen que si te
propones algo y confías en que sucederá, finalmente lo hará.
Hace unos minutos hablaba de esa “mezcla exitosa”, con
cinco ingredientes, que generó toda una identidad cultural que ha
atrapado a nuestra generación. Pues bien, ahora hay que evolucionar,
reconstruir, innovar, crear esa nueva identidad cultural cazorleña
que atraiga y comprometa a una nueva generación con necesidades e
inquietudes muy distintas. Recordemos lo que teníamos y
reflexionemos si ahora sigue siendo válido para el futuro:
1. “Un marco precioso: el pueblo y su sierra…”. Al emigrante
del pasado le bastaba con la belleza, la tranquilidad y los recuerdos
de su pueblo. El ciudadano de hoy y mañana, acostumbrado a viajar,
relacionarse por el mundo y ver lugares mucho más espectaculares,
necesitará algo más que contemplar el paisaje y andar por la sierra.
2. “Inquietud profesional y cultural”. El acceso a la cultura y
al desarrollo profesional ya es universal. Para distinguirse, hay que
mantener y evolucionar esa inquietud, sofisticarla, añadirle matices
diferenciadores.
3. “Un claro punto hedonista”. El disfrute, cuando se han
conocido muchos y variados placeres en lugares de todo el mundo,
ya no puede basarse en unas cañas con una buena tapa. Hay que
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añadir contenido, nuevas formas de diversión mucho más
exigentes.
4. “Atrevimiento”. ¿Seremos capaces de mantenerlo cuando
la necesidad no aprieta?
5. “Y, como remate, la valía de una generación que nos lo ha
puesto fácil, cuando todo era muy difícil”. Esto, queridos paisanos,
seguirá siendo cierto en la medida que nuestra generación haya
sabido comprometerse y hacer las cosas bien.
Pero, como os decía al principio, soy una persona optimista,
que quiere ver el lado bueno de las cosas y que intenta encontrar el
aprendizaje positivo en los errores; y también observo ejemplos de
que somos muy capaces de hacer las cosas bien de cara al futuro si
ponemos en juego el compromiso individual y colectivo. Veamos
dos ejemplos muy distintos:
El Festival de Blues de Cazorla, que este año ha cumplido 20
años y que ha sido reconocido como el mejor festival internacional
de blues por la Blues Foundation America en Menphis. Es un
excelente ejemplo de innovación y compromiso; de hacer nuevas
cosas, con atrevimiento, y de consolidarlas con la colaboración y el
trabajo de muchos, diría que de todos: los que lo idearon e
impulsaron, los que ahora lo gestionan con éxito (Chris y Carlos), el
Ayuntamiento que apostó y apuesta por él, pero, sobre todo, por el
compromiso del pueblo que lo apoya, participa y aguanta los
inconvenientes de forma natural.
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Y quiero resaltar esto último porque creo que es la clave de
que el éxito no haya sido efímero: creo que todos coincidiréis
conmigo en que el blues es un estilo no excesivamente popular en
nuestro país y menos para nuestros mayores. Y, sin embargo, todos,
hasta los que no tienen ningún tipo de atracción e interés por esta
música, han entendido la importancia de este festival, año tras año,
para Cazorla. Es en este momento, cuando los compromisos
individuales se suman y se convierten en compromiso colectivo,
cuando somos capaces de evolucionar, mejorar y crear una
identidad cultural propia con la que sentirnos identificados.
Pero no necesariamente este compromiso, esta forma de
hacer las cosas pensando en el futuro, tiene que estar asociada a
ideas transcendentes o espectáculos internacionales que nos
rodean de glamour.
Hay un día a día de colectivos pequeños, en los que esta
forma de actuar, atrevida y comprometida, ayuda a crear esa
identidad. Me sorprendió este año escuchar, sin que parezca que
haya tenido mucho conocimiento, la siguiente noticia, en un
reportaje a nivel nacional.
A mí me emocionó ver y leer este reportaje y comprobar la
profesionalidad, el ánimo, el compromiso de un colectivo como el
de los carteros de Cazorla por hacer las cosas bien, por prestar un
servicio, que es universal, en un entorno complicado y con un
interés y un ánimo
que, aunque no
tenga una recompensa que transcienda, ayuda, y
mucho, a configurar nuestra identidad cultural.
¿Y qué papel
juega en este
futuro la fe, la
religión, la Iglesia
y, especialmente
en nuestro caso, el
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Stmo. Señor del Consuelo? Permitidme que me aventure a compartir
con vosotros mi opinión personal, con la que probablemente muchos
no coincidiréis.
Para mí es un dato objetivo que existe un clarísimo
distanciamiento de la Iglesia con la generación actual. Basta echar un
vistazo a la misa de cualquier domingo para comprobarlo. Muchos
pueden pensar, de nuevo, que esta generación ha perdido valores,
referencias. Y yo quiero pensar que esto, no sólo no es así, sino que
probablemente la sociedad ha evolucionado a un ritmo al que las
instituciones, en este caso las religiosas, no han sabido aún adaptarse.
En este contexto es donde creo que en Cazorla, como en
cualquier pueblo, se produce una situación singular que debemos ser
capaces de aprovechar en lugar de criticar: es muy común, casi
generalizado, que la fe por nuestro patrón se extienda y se demuestre
hasta en los rincones más alejados de la Iglesia. Por no sé qué
maravillosa inquietud, no sólo los católicos que no practican o los
agnósticos declarados, sino hasta los más recalcitrantes ateos, le
tienen fe al Señor del Consuelo y además la hacen visible. Algún
amigo me decía que cuando un cazorleño entra el día 17 de
septiembre en la iglesia de San Francisco, no mira ni a derechas ni a
izquierdas, su mente permanece fija al frente, mirando al Cuadro.
¿Cómo vamos a dejar escapar esta oportunidad de acercamiento de
esta única pero fuerte vinculación de todos ellos con la fe?
Así pues, hay un doble papel, esencial, de nuestro Cristo del
Consuelo en el objetivo que centra mis palabras de hoy: el de integrar,
acercar, hacer de empaste y punto de referencia común a todos los
cazorleños, y el de inspirar ese compromiso, ese atrevimiento para
innovar que tiene que tener nuestra generación para fortalecer la
identidad cultural que finalmente atrape a nuestros hijos.
Sé que hoy podríamos haber hablado de muchos temas
relacionados con el 75 Aniversario del Cuadro del Señor del Consuelo,
pero he preferido, antes que mirarnos a nosotros mismos como
católicos, poner el foco en la influencia de nuestro Patrón con los de
fuera, con los más alejados de nuestra fe. Tenemos que contar con ellos,
acercarnos a ellos, fortalecer los vínculos, con razones, no anteponiendo
nuestra razón. Y lo apunta alguien con más crédito que yo:
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“Los creyentes nos sentimos cerca también de quienes, no
reconociéndose parte de alguna tradición religiosa, buscan
sinceramente la verdad, la bondad y la belleza, que para nosotros
tienen su máxima expresión y su fuente en Dios. Los percibimos
como preciosos aliados en el empeño por la defensa de la dignidad
humana, en la construcción de una convivencia pacífica entre los
pueblos y en la custodia de lo creado….”
“La alegría del Evangelio. Exhortación apostólica
.Evangeliigaudium.”, Santo Padre Francisco, 2013
3. A MODO DE CONCLUSIÓN
Queridos paisanos y amigos, concluyo.
Tenemos en Cazorla un capital heredado de un valor
extraordinario, construido con mucho sacrificio por una generación
también extraordinaria, nuestros padres. En nuestra mano está
enterrar esos tres denarios o trabajar para mantener y aumentar su
valor, para fortalecer la identidad cultural de nuestro pueblo que
genere ese sentimiento de arraigo en la nueva generación.
Pero tenemos unos hijos que desarrollarán su vida en un
campo de juego completamente distinto al que hemos conocido y,
ante un mundo diferente, nuestra actitud y nuestras propuestas
tienen que ser distintas. Hay que “dejarse influir y dejarse fluir uno
mismo, no enquistarse en el caparazón de lo inamovible…”, como
dice Muñoz Molina (“Todo lo que era sólido”).
La innovación implica atrevimiento, oportunidades y errores;
pero el compromiso, individual y colectivo, nuestra fe y la
inspiración del Cristo del Consuelo serán el pilar de una apuesta
segura.
Termino con unas palabras de Fernando Savater (“Mira por
dónde”)
En 'El arte de amar', Erich Fromm, al hablar del amor
materno, comenta la metáfora bíblica de la tierra que “mana leche y
miel”. Y dice: “La leche es el símbolo del primer aspecto del amor,
el del cuidado y afirmación. La miel simboliza la dulzura de la vida,
el amor por ella y la felicidad de estar vivo”. La buena madre, como
la mejor tierra prometida, es la que no sólo da leche a sus hijos, sino
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también miel. La que les contagia su amor a la vida y no sólo
protege o asegura su subsistencia”.
Concluye Fromm: “Es posible distinguir entre los niños y los
adultos- los que sólo recibieron “leche” y los que recibieron “leche
y miel”. Preparémonos para dar nuestros hijos lo uno y lo otro: no
sólo el amor por una tierra en la que pueden verse refugiados,
reconocidos o protegidos, sino en la que perciban también el
disfrute, la dulzura de lo que la vida puede ofrecerles.
Y, como a las ideas y las propuestas se acompañan mejor con
las imágenes, permitidme que acabe así:
Tenemos un pasado que se ha construido brillantemente y con
esfuerzo
Hay un futuroy unos hijos
que suponen la mayor
motivación para trabajar.
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Y contamos con la mejor inspiración.
Cazorleños, en especial los de mi generación, no lo tenemos
tan difícil: pongamos también nuestro empeño, nuestro
compromiso por Cazorla, para que estos niños que están aquí hoy
como hijos, estén dentro de muchos años también aquí como
padres.
¡VIVA EL SEÑOR DEL CONSUELO!
¡VIVA CAZORLA!
Ramón Gil Almansa
Cazorla, Septiembre de 2014
28
LXXV
1939-2014
Aniversario
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