DOMENICOS THEOTOCOPULOS, EL GRECO, "Adoración

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DOMENICOS THEOTOCOPULOS, EL GRECO, "Adoración de los pastores" (1612)
Para comprender mínimamente la pintura del Greco (1540/411614):
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Su preferencia por las composiciones verticales
Su deseo de alargar las figuras
Sus atrevidos escorzos
Su colorido vibrante
Su tensión dramática;
Para comprender los elementos esenciales de su estilo, decíamos, es necesario conocer su
formación.
Nacido en la isla de Creta, inició su formación como pintor en Venecia, donde asimiló:
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El rico cromatismo, la pincelada amplia y suelta de Tiziano
El uso frecuente de escorzos, búsqueda de contrastes luminosos fuertes,
composiciones que expresen "tensión" dramática de Tintoretto
De la rica corriente bizantina, el carácter simbólico de algunas figuras y de
algunos elementos compositivos, la gestualización de los iconos.
Posteriormente, pasó varios años en Roma,
donde entró en contacto con la obra de Miguel
Ángel (importancia del desnudo, cuerpos
deformados para tener más fuerza
expresiva, composiciones dinámicas...) y
con la de los pintores manieristas de moda
(figuras alargadas y serpenteantes, que
tienden a la "desmaterialización").
Sobre todo ello incorporó un sentido religioso
peculiar, muy dramático y espiritual, casi
místico, dando lugar a una síntesis que hace
de su estilo algo muy peculiar y de gran
aprecio en la Historia del Arte.
La obra que aquí comentamos es un claro
ejemplo de lo que hemos señalado. El Greco
plasma dos mundos el superior, celestial, y
el inferior, terrenal. Las dos escenas son
trabadas en el cuadro por medio de luces y
nubes. La composición, muy dinámica y con
fuertes contrastes lumínicos, presenta unas
figuras humanas semidesnudas muy
hercúleas, que dan un cierto aire heroico,
legendario a la obra. El color y la luz otorgan
ese carácter místico del que antes
hablábamos.
La historia de este cuadro es tremenda
(extractamos de J.R. Buendia, op. cit., pág.
158): el hijo del Greco, Jorge Manuel, alquila el
2 de agosto de 1612 una cripta en la iglesia del
convento de Dominicas de Toledo, Santo
Domingo el Antiguo, para la sepultura de su padre y la propia. Como precio se compromete a
que su progenitor construya un retablo y lo decore. Es posible que se comenzara a trabajar en
el lienzo principal de este altar después de ser ratificado el contrato el 20 de noviembre. El
resultado fue esta obra magistral.
Los ángeles portan una filacteria con la inscripción: «Gloria in excelsis Deo et in terra
pax». Paz en la tierra es lo que en estos momentos desearía El Greco; paz para él; paz para
los hombres. Ya que en esta época, plagada por conflictos mundiales, personalmente las
enfermedades le atormentaban y los acreedores le asediaban. Cuando, en 1614, muere, el
lienzo continúa en la iglesia de Santo Domingo, pero sus restos no son admitidos por no poder
pagar Jorge Manuel los derechos de la sepultura. Pasan a otro convento y más tarde a la fosa
común. Como dijo Góngora:
Allí «yace El Greco. Heredó Naturaleza
Arte, y el Arte estudió,
Iris colores,
Febo luces si no sombras Morfeo».
Posiblemente el pastor de primer término sea una representación de la efigie del propio pintor.
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