Yo soy Yo y Tu eres Tu

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Yo soy Yo y Tu eres Tu
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus
expectativas y,
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos
encontramos,
Y coincidimos, es Hermoso.
Si no, pocas cosas tenemos que hacer juntos.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.
Falta de amor a Mi mismo,
Cuando en el intento de complacerte me
traiciono.
Falta de amor a Ti,
Cuando intento que seas como yo quiero.
En vez de aceptarte como realmente Eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.
Fritz S. Perls (1893-1970)
El miedo a la libertad (1941) es una de las obras más influyentes y reconocidas del filósofo
judío Erich Fromm (1900-1980). Fromm perteneció a la escuela de Frankfurt pero su
interpretación heterodoxa del marxismo lo alejó del círculo. Su pensamiento es muy deudor del
psicoanálisis al que intenta reconciliar con el marxismo elaborando una síntesis original con la
que analizaría y criticaría tanto al capitalismo como al socialismo de Estado. Este es el primero
de una serie de artículos en donde expondré los puntos más relevantes y sugerentes de la obra
ya citada “El miedo a la libertad”.
El proyecto del libro es analizar las causas psicológicas del fascismo y del capitalismo. La
pregunta de Fromm es cómo es posible la emergencia de movimientos totalitarios que han sido
amparados por las clases medias que encumbraron en otro tiempo a la democracia y que
reclamaron cada vez mayor independencia de la Iglesia o de los señores feudales. Aunque
ataca con dureza el fascismo también la democracia es objeto de una profunda crítica ya que la
estructura psicológica que permite y sostiene el sistema capitalista no es, según Fromm, una
estructura de la personalidad sana y espontánea como veremos en artículos próximos.
Para analizar el trasfondo psicológico de la democracia y del fascismo Fromm comienza
haciendo una puntualización. La personalidad no es fruto casual del azar, la personalidad es,
en buena medida, una creación social. El carácter del hombre medieval y del hombre moderno
son fruto en gran parte del contexto sociológico en el que se encuentran; hoy en día, por
ejemplo, el tópico del carácter mediterráneo, anglosajón o africano tiene relación con esta idea
de Fromm de la fuerte relación entre personalidad y contexto sociológico. No obstante, la
personalidad no es sólo fruto del contexto social sino que ella misma posee un dinamismo
propio que la hace evolucionar y hace también que las estructuras sociales se adapten a ella.
La relación de la personalidad y la sociedad es una relación fuerte pero compleja que tiene que
ver más con la retroalimentación que con la dependencia ya que de igual modo que el ser
humano tiene necesidades fisiológicas imperativas también posee necesidades psicológicas
que la sociedad debe satisfacer (necesidad de relaciones sociales, de desarrollo personal, de
seguridad...) para que la personalidad tipo permanezca sin variaciones. Como diversos
factores, sobre todo de índole económica, varían la estructura de las sociedades, a veces
abruptamente, las sociedades en ocasiones no pueden satisfacer las necesidades psicológicas
de sus personalidades tipos por lo que estas personalidades sufren una reestructuración que
acarreará en definitiva una reconstrucción de las mismas estructuras sociales.
Para explicar las fuertes relaciones entre sociedad y personalidad Fromm presentará el
proceso de individuación como un proceso de adquisición de libertad que es entorpecido o
enriquecido por el contexto social. El niño pequeño, según nuestro autor, al desarrollarse va
adquiriendo independencia de los vínculos primarios: es capaz de andar sin que lo lleven en
brazos, puede comer sólo o salir a la calle sin que sus padres vigilen de él. Pero esta libertad
tiene un carácter ambiguo ya que libera al niño para hacer cosas pero también libera al niño de
unos vínculos que le otorgaban seguridad y confianza. El niño que empieza a andar sólo pronto
descubre que puede caerse y que ya su madre no está ahí para sostenerlo en brazos. Ante
estos elementos “negativos” de la libertad el hombre puede huir de su propia libertad es decir
de su propia personalidad para reintegrarse en un grupo mayor en donde sentirse seguro, este
mecanismo de huida lo llama Fromm sumisión pues su finalidad es abandonar la propia
personalidad y obedecer normas externas al propio individuo que espera, gracias a este
procedimiento, un cierto apaciguamiento de su sensación de soledad. Pero del mismo modo
que el bebé no puede volver al vientre materno el hombre no puede retornar a sus vínculos
primarios, la sumisión es un retorno a ninguna parte ya que por un lado la seguridad primigenia
del infante tiene que ser comprada a un altísimo precio: la renuncia a la personalidad; y, por
otro lado, estos vínculos recompuestos artificialmente no son los mismos que amparaban al
niño pequeño. La sumisión, al final, sólo genera hostilidad, rebeldía y una angustia mayor de la
que quería evitar.
Sin embargo, a través de la relación espontánea con los otros hombres y con la naturaleza
(amor y trabajo) el individuo sí puede desarrollarse independientemente y establecer nuevos
lazos sociales sin renunciar a su propia personalidad. Esto sería relativamente fácil si el
proceso natural del crecimiento del yo no se viera interrumpido por causas sociales de múltiple
naturaleza; en esta situación el individuo en el proceso de autodesarrollo ve sus expectativas
amputadas por condicionamientos extrapersonales y en esta situación es factible que caiga en
algún mecanismo de evasión que le permita superar la frustración que le produce el conflicto
insalvable entre su desarrollo y los límites sociales que se le imponen. En unas circunstancias
en donde las condiciones económicas, sociales y políticas no ofrecen posibilidades a la
autorrealización del individuo este se ve tentado a algún tipo de abandono de la libertad ya sea
buscando la sumisión o una relación con los hombres y el mundo que le prometa darle
certidumbre aún a precio de su propia libertad.
En el próximo artículo sobre este tema trataré los diferentes mecanismos de evasión de los que
habla Fromm en su libro: el autoritarismo, la destructividad y la conformidad. Para terminar dejo
un pequeño texto en donde Fromm analiza el relato bíblico del pecado original como búsqueda
de la libertad y adquisición de independencia:
“Una imagen particularmente significativa de la relación fundamental entre el hombre y la
libertad la ofrece el mito bíblico de la expulsión del hombre del Paraíso. El mito identifica el
comienzo de la historia humana con un acto de elección, pero acentúa singularmente el
carácter pecaminoso de ese primer acto libre y el sufrimiento que éste origina. Hombre y mujer
viven en el Jardín edénico en completa armonía entre sí y con la naturaleza. Hay paz y no
existe la necesidad de trabajar; tampoco la de elegir entre alternativas; no hay libertad, ni
tampoco pensamiento. Le está prohibido al hombre comer del árbol del conocimiento del bien y
del mal: pero obra contra la orden divina, rompe y supera el estado de armonía con la
naturaleza de la que forma parte sin trascenderla. Desde el punto de vista de la Iglesia, que
representa a la autoridad, este hecho constituye fundamentalmente un pecado. Pero desde el
punto de vista del hombre se trata del comienzo de la libertad humana. Obrar contra las
órdenes de Dios significa liberarse de la coerción, emerger de la existencia inconsciente de la
vida prehumana para elevarse hacia el nivel humano. Obrar contra el mandamiento de la
autoridad, cometer un pecado, es, en su aspecto positivo humano, el primer acto de libertad, es
decir, el primer acto humano. Según el mito, el pecado, en su aspecto formal, está
representado por un acto contrario al mandamiento divino, y en su aspecto material por haber
comido del árbol del conocimiento. El acto de desobediencia, como acto de libertad, es el
comienzo de la razón. El mito se refiere a otras consecuencias del primer acto de libertad. Se
rompe la armonía entre el hombre y la naturaleza. Dios proclama la guerra entre el hombre y la
mujer, entre la naturaleza y el hombre. Este se ha separado de la naturaleza, ha dado el primer
paso hacia su humanización al transformarse en «individuo». Ha realizado el primer acto de
libertad. El mito subraya el sufrimiento que de ello resulta. Al trascender la naturaleza, al
enajenarse de ella y de otro ser humano, el hombre se halla desnudo y avergonzado. Está solo
y libre y, sin embargo, medroso e impotente. La libertad recién conquistada aparece como una
maldición; se ha libertado de los dulces lazos del Paraíso, pero no es libre para gobernarse a sí
mismo, para realizar su individualidad.”
E. Fromm; El miedo a la libertad; Paidos Contextos 2006 pp. 56-57
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