Enfoque general sobre la cría y la patología de la fauna

Anuncio
Rev. sci. tech. Off. int. Epiz., 1996, 15 (1), 33-42
Enfoque general sobre la cría
y la patología de la fauna salvaje
en cautividad
M.E. FOWLER *
Resumen: Desde el alba de la creación humana, los animales salvajes han
estado ligados muy estrechamente al ser humano. El cuidado y manejo de los
animales salvajes han experimentado desde entonces progresos formidables,
pero algunos aspectos todavía necesitan ser mejorados. Por lo tanto, es
preciso identificar los elementos de manejo y cría que favorecen o limitan la
incidencia de enfermedades infecciosas o parasitarias.
El estrés es un fenómeno cuya influencia sobre los animales es universal.
Resulta pues imprescindible que las personas que cuidan a los animales, los
administradores, los veterinarios y las autoridades responsables de la
reglamentación asimilen ciertos conceptos básicos y tomen medidas
destinadas a minimizar el estrés en la fauna salvaje en cautividad. Para
estudiar la epizootiología de las enfermedades infecciosas y parasitarias es
preciso comprender también el concepto de foco natural de enfermedad: éste
establece en esencia que todos los animales han evolucionado junto a un
grupo de agentes infecciosos y parasitarios, y que éstos han vivido por lo
general en armonía con sus huéspedes. Hoy en día, el movimiento
internacional de animales y agentes puede dar origen a brotes explosivos de
enfermedad, a menos que los responsables sepan qué especies pueden
mantenerse en contacto unas con otras y cuáles no, y apliquen prácticas de
manejo y procedimientos de cuarentena apropiados.
PALABRAS CLAVE: Cautividad - Colecciones de fieras - Colecciones
zoológicas — Concepto de foco natural — Estrés - Estrés por calor Hipertermia - Parques zoológicos.
PERSPECTIVA HISTÓRICA
Desde el alba de la creación humana se ha mantenido a los animales salvajes en
cautividad. Algunas especies (menos de 50) de mamíferos, aves e insectos
respondieron a los cuidados que les dispensaba el ser humano, se adaptaron a un
entorno y una alimentación diferentes y se convirtieron en animales domésticos. El
* Profesor emérito, Departamento de Medicina y Epidemiología, Escuela de Medicina Veterinaria,
Universidad de California-Davis, 427 Cabrillo Avenue, Davis, CA 95616-8737, Estados Unidos de
América.
34
resto de las cerca de 50.000 especies de vertebrados ha permanecido salvaje, aunque
es posible domar y entrenar a muchas de ellas para que interactúen con el ser humano.
La reunión de animales salvajes en un único espacio fue privilegio de la realeza
hasta el siglo XIX. El testimonio pictórico de algunos antiguos reinos egipcios
(2.800-2.500 a.C.) muestra ya colecciones de animales salvajes. Una de las primeras
colecciones claramente documentadas fue la de la reina faraónica Hatshepsut,
aproximadamente en el año 1.500 a.C. En el año 1.000 a . C , un emperador chino
poseía una colección zoológica a la que llamaba su «Jardín de la Inteligencia». El
monarca bíblico Salomón (974-937 a.C.), por su parte, aceptó los camellos que le
fueron regalados por la reina de Saba.
A lo largo de sus viajes, Alejandro Magno (356-323 a.C.) recogió numerosas
especies animales que llevó de regreso a Atenas y presentó a Aristóteles. En el delta
del Nilo, Alejandro fundó la ciudad de Alejandría, que iba a convertirse en un centro
de saber durante el reinado de los Ptolomeos y que albergaba también colecciones
zoológicas. La caída del Imperio Griego y el auge del Imperio Romano marcaron el
comienzo de un período de abandono de las inquietudes científicas, durante el cual se
practicaba regularmente el sacrificio de animales salvajes en las arenas de los Juegos
romanos. A principios de la era cristiana se desarrolló el concepto de colección de
fieras, que consistía en una serie de animales reunidos sin propósito científico
aparente.
Carlomagno, el benevolente monarca de los Francos que reinó en Europa occidental
en el siglo VIII de nuestra era, fundó tres importantes colecciones zoológicas en
Europa, aunque ninguna de ellas perduró. Las Cruzadas absorbieron la atención de
gran parte de Europa y del Mediterráneo durante los siglos XII y XIII, y poca gente
mostró una especial preocupación por los animales durante aquella época. Cabe
señalar, no obstante, que un clérigo católico romano - S a n Francisco de A s í s - fue muy
conocido por el gran amor y compasión que profesaba al mundo animal, hasta el punto
de que iba a ser declarado santo patrón de los animales.
Durante el siglo XII, el rey Enrique I de Inglaterra mantuvo una colección de fieras
en Woodstock, cerca de Oxford. (Aquella colección fue posteriormente trasladada a la
Torre de Londres y, en 1829, al nuevo Zoológico de Londres que acababa de crearse
en Regent's Park.) En 1519, Hernán Cortés pudo contemplar la gran colección de
animales que Montezuma II poseía en Tenochititlán (cerca de la actual ciudad de
México). Entre otros zoológicos a partir del Renacimiento se contaban asimismo el de
Chantilly en Francia (1530-1792), el de Karlsburg en Alemania (1538-1875) y el de
Versalles también en Francia (1624-1643).
Fue aquel un período de intensa actividad científica. Linnaeus (Carie von Linne,
1707-1775), un científico sueco, creó el sistema binominal de nomenclatura de los
animales. Un zoológico fue establecido por primera vez en Praga (en la actual
República Checa) entre 1530 y 1590, aunque más tarde, en el siglo XVIII, la
emperatriz María Teresa (1717-1780) de la casa de los Austrias dispuso el traslado de
los animales a sus nuevos jardines del castillo de Schönbrunn, en Viena. Los únicos
zoológicos que sobrevivieron al Renacimiento se hallaban en Viena y Madrid. El de
Londres fue el primer parque zoológico creado en el mundo anglosajón.
35
E L M A N T E N I M I E N T O D E L O S A N I M A L E S SALVAJES E N
CAUTIVIDAD: ESTADO DE LA CUESTIÓN
Como hemos visto, las colecciones de animales salvajes en cautividad gozan de una
larga historia. Pese a ocasionales períodos de desinterés, en general se ha
experimentado un progreso constante en el cuidado y manejo de la fauna salvaje
cautiva. En cierta época, el reaprovisionamiento de los zoológicos requería la captura
de ejemplares salvajes en libertad. Esta situación está cambiando. La mayor parte de
los animales presentes en los zoológicos modernos han sido criados en cautividad,
gracias al esfuerzo cooperativo de los profesionales de muchos zoológicos, tal y como
se describe en algunos artículos de este número de la Revista científica y técnica de
la Oficina Internacional de Epizootias.
El mantenimiento de animales en cautividad constituye una faceta de la cultura de
numerosos pueblos del mundo. El objetivo de este volumen es doble: describir en qué
estado se encuentran, en diversos lugares del mundo, los conocimientos sobre
mantenimiento de animales salvajes en cautividad; y sugerir métodos de manejo que
minimicen el riesgo de enfermedades infecciosas o parasitarias y que redunden, por
consiguiente, en un mayor bienestar de los animales.
Existen marcadas diferencias entre las diversas colecciones zoológicas, un concepto
que abarca desde las atracciones turísticas de carretera hasta las colecciones de fieras,
los parques de safari, las granjas de especies cinegéticas, las instalaciones de
investigación y los genuinos parques zoológicos. Los parques de carretera están a
menudo en manos de personal poco cualificado, y los cuidados que se dispensan a los
animales suelen ser, por razones de rentabilidad, mínimos. En el otro extremo de la
escala, numerosos zoológicos acreditados están bajo la responsabilidad de
administradores especializados en zootecnia y de conservadores, cuidadores y
veterinarios profesionales. Hay que reconocer, sin embargo, que ningún parque
zoológico es perfecto. De la misma manera que en la mayoría de zoológicos del
mundo los cercados son de buena calidad, en el mejor de ellos podrán encontrarse
también ejemplos de cercados inadecuados.
Uno de los aspectos más prometedores que presentan hoy en día las colecciones de
fauna salvaje es la mudanza desde una mentalidad competitiva («Mi zoológico es
mejor que el tuyo; yo tengo más animales que tú» o «yo poseo el animal más raro del
mundo») a la formación de grupos de cooperación internacionales o integrados por
diferentes zoológicos, cuyo manejo de una especie o conjunto de animales se basa en
los conocimientos científicos disponibles. Históricamente, los parques zoológicos han
constituido ante todo instituciones recreativas. No obstante, el Zoológico de Londres
fue fundado por la Sociedad Zoológica de Londres y, durante un tiempo, sólo a los
miembros de dicha sociedad les estaba permitido observar a los animales de la
colección. Hoy en día, la mayor parte de los zoológicos poseen también una dimensión
educativa, y muchos de ellos están implicados en temas de preservación de la vida
salvaje. Algunos, aunque menos numerosos, poseen además objetivos de investigación
y financian proyectos ya sea en las propias instalaciones del zoológico o sobre el
terreno. Los zoológicos, por lo menos en Estados Unidos de América, prohiben
aquellas actividades de investigación susceptibles de causar la muerte de un animal.
36
Esta publicación trata esencialmente de las prácticas de manejo y cría que influyen
sobre la propagación de enfermedades infecciosas o parasitarias. En cada artículo se
aborda un grupo animal o bien un enfoque institucional característico. Sin embargo,
hay diversos factores de manejo que afectan a toda la gama de animales salvajes en
cautividad, a saber:
- una alimentación adecuada y equilibrada
- necesidades nutritivas especiales
- deriva genética
- escasa comprensión de la anatomía y la
fisiología
- alteraciones de comportamiento
-
estrés
- factores climáticos y ambientales
- portadores, en un grupo de animales, de agentes patógenos que
enfermedades fatales en otros grupos.
causan
Para abordar de manera apropiada el control de las enfermedades infecciosas y
parasitarias es necesaria una previa y adecuada comprensión tanto del fenómeno del
estrés como del concepto de foco natural de enfermedad. Sirvan unas pocas
observaciones introductorias para aportar una visión general sobre ambas cuestiones.
EL ESTRÉS
«Estrés» es una palabra de la que se ha hecho excesivo uso y abuso. Todos los
animales deben hacer frente a fuerzas potencialmente letales presentes en su entorno.
Los animales han desarrollado sistemas capaces de reconocer los cambios ambientales
destructivos y de estimular las respuestas que normalmente permiten al individuo
adaptarse a las nuevas condiciones. No obstante, cuando estos mecanismos en
principio protectores son sobreestimulados, el animal debe soportar influencias
destructivas; el efecto de tales influencias suele denominarse de modo genérico estrés.
Durante milenios, los animales domésticos han evolucionado de tal manera que son
menos sensibles al estrés que los animales salvajes. Es preciso recordar continuamente
a los trabajadores de los parques zoológicos (es decir las personas encargadas de
cuidar a los animales, los veterinarios, los conservadores y los biólogos) que toda
práctica de manejo debería basarse en principios que minimicen el estrés.
El estrés es la respuesta acumulativa de un animal que resulta de la interacción de
éste con su entorno a través de los sentidos. El estrés constituye básicamente un
fenómeno adaptativo. Todas las respuestas a los diversos estímulos sirven en un primer
momento a hacer frente a un cambio ambiental. De hecho, el desarrollo de repertorios
de comportamiento defensivo puede depender de la interacción ligeramente estresante
de un animal con su entorno. Sin embargo, una estimulación intensa o prolongada
puede inducir en el animal respuestas perniciosas.
Resulta básico entender que la estimulación estresante ejerce inicialmente una
influencia positiva en un animal. Sólo cuando los factores causantes de estrés actúen
durante un tiempo prolongado, o cuando sus efectos se acumulen, dicha influencia
37
resultará dañina. El bienestar de un animal está pues en manos de la persona
responsable de su alimentación, manejo, transporte, cuidado y alojamiento, que debe
crear un entorno adaptado a las necesidades físicas y de comportamiento del animal.
Fisiología del estrés
A través de su conjunto de receptores sensoriales, todo animal es estimulado
continuamente por los cambios ambientales (calor, frío, sonidos, visiones, sabores,
contactos físicos). Todos estos estímulos son fuente potencial de estrés. Entre los
demás factores posibles de estrés figuran el temor, la ansiedad, la ira, la rabia, la
superpoblación, la alteración del ritmo biológico, la carencia de contacto social, el
conflicto territorial o jerárquico, la malnutrición, las toxinas, los parásitos, los agentes
infecciosos, los fármacos y, sobre todo, el propio confinamiento.
Los órganos especializados del sistema nervioso analizan y procesan los impulsos
procedentes de los receptores y emiten las consiguientes respuestas, vía diversos
componentes del sistema nervioso, a los órganos capaces de producir una respuesta.
Todo animal busca mantener un equilibrio en su vida. Este proceso es conocido por
los científicos como «homeostasis» (mantenimiento de la estabilidad en el
funcionamiento interno de un animal) (Fig. 1).
Equilibrio fisiológico
Cambio en el entorno del animal
Estimulación de receptores
Cerebro, nervio, músculo
(coce, mordedura)
Adrenalina
(fuga o lucha)
Cortisol
(estrés)
Adaptación anatómica, fisiológica
y del comportamiento
Equilibrio fisiológico
FIG.
1
Homeostasis: rutas metabólicas a través de las cuales los animales
mantienen su equilibrio fisiológico
Cuando un animal desconocido se acerca a un animal salvaje, la primera reacción
de éste es la de intentar alejarse, cocear o morder. Los receptores son estimulados, la
información se transmite al cerebro y éste emite una señal de retorno a los músculos
apropiados a fin de estimular una respuesta (Fig. 1, izquierda). Al mismo tiempo puede
activarse también la ruta central de la Figura 1, en la medida en que la respuesta
38
psicológica consiste en asustarse. El miedo - v í a los nervios y el cerebro— estimula la
secreción de adrenalina (epinefrina) a nivel de la médula adrenal (región central de la
glándula suprarrenal), lo que a su vez genera una reacción de «fuga o lucha» (las
pupilas se dilatan, el corazón bate con más rapidez, el pelo se eriza y el ritmo
respiratorio se incrementa). Este conjunto de respuestas inmediatas es vital para que
el animal sea capaz de hacer frente a una situación desagradable o peligrosa. Una vez
superado el episodio, el cuerpo vuelve a su estado normal.
La ruta de la derecha de la Figura 1 resulta más difícil de explicar, pero en ella
reside la base de una verdadera comprensión del estrés. Las mismas rutas que siguen
los estímulos desde los receptores al cerebro, y que dan lugar a la respuesta muscular
y de adrenalina, afectan además al sistema neuroendocrino. Las glándulas endocrinas
(glándula tiroides, ovario, testículo, córtex de la glándulas pituitaria y suprarrenal)
producen hormonas que contribuyen al funcionamiento de los sistemas del organismo.
En el curso de episodios de estrés, es posible que una sobreestimulación intensa o
prolongada de las glándulas endocrinas llegue a dañar los sistemas que estas glándulas
controlan.
La respuesta neuroendocrina del córtex de la glándula suprarrenal está regida por
hormonas secretadas en la base del cerebro (hipotálamo). La glándula pituitaria secreta
una hormona (hormona adrenocorticotropa) que la sangre capta y transporta al córtex
de la glándula suprarrenal, donde dicha hormona activa la secreción de cortisol. Los
efectos biológicos del Cortisol son múltiples e interesan numerosos sistemas
corporales. El Cortisol estimula la degradación de las proteínas, lo que conduce a una
mengua de la masa muscular (pérdida de peso). Se reduce asimismo el tamaño de los
folículos pilosos, que incluso pueden llegar a desaparecer, y ello resulta en un pelaje
de mediocre calidad, menos denso. La síntesis ósea puede verse también afectada. La
curación de heridas y formación de tejido cicatrizante se ralentizan, con lo que se
demora la recuperación postoperatoria. Las heridas cosidas corren el peligro de
volverse a abrir.
El Cortisol reduce el calor, el dolor y la tumefacción asociados a fenómenos de
inflamación, una propiedad que resulta útil en el tratamiento de numerosas
enfermedades. Sin embargo, la resistencia a la enfermedad decrece a medida que se
inhibe la producción de linfocitos (un tipo de glóbulo blanco sanguíneo). Las
respuestas inmunitarias mediadas por células también disminuyen, un efecto
susceptible de alterar los resultados de la prueba de la tuberculina o de interferir con
el desarrollo de una adecuada respuesta inmune tras la administración de vacuna.
Estrés por calor
El estrés por calor (hipertermia, estrés térmico) es un factor que se ha de tener muy
en cuenta cuando se mantiene en condiciones húmedas y cálidas a animales adaptados
a un clima templado. El estrés térmico suele darse cuando la temperatura del cuerpo
se eleva por encima del intervalo normal de temperaturas (37,5-38,6°C en la mayoría
de mamíferos euterios, pero posiblemente menos en marsupiales y en ciertos
edentados). El valor umbral a partir del cual los órganos y tejidos están potencialmente
expuestos a lesiones es de 40,1-41,1°C.
39
Condiciones
que favorecen
la
hipertermia
Entre las causas de hipertermia figuran una temperatura ambiental elevada, un alto
grado de humedad, un esfuerzo muscular excesivo, la fiebre resultante de una
enfermedad, la deshidratación, las micotoxinas inhibidoras de la termorregulación y
los fármacos que deprimen la termorregulación. Entre los factores que contribuyen a
la producción de calor corporal se cuentan la copulación, la lucha, el transporte, un
encierro prolongado y la huida al ser el animal perseguido (por ejemplo por perros).
Signos clínicos del estrés
térmico
La temperatura corporal de los animales hipertérmicos excede rara vez los 43,3°C
y, de hecho, es posible que individuos afectados de un severo estrés térmico exhiban
temperaturas de sólo 41,1-42,2° C. La hipertermia puede dañar todos los sistemas del
cuerpo, pero el sistema nervioso central (SNC) y los sistemas reproductivos son los
más sensibles al calor. Entre los síntomas de que el cerebro ha sido afectado figuran
una alteración de las funciones mentales, convulsiones y coma. El estrés por calor
puede tener un efecto muy marcado sobre la hembra adulta; las consecuencias más
profundas durante la gravidez son las lesiones sufridas por el feto (entre ellas la
inhibición de la división embrionaria y de la implantación del embrión), la aparición
de defectos congénitos y el aborto. Los efectos de la hipertermia sobre una hembra
preñada pueden resultar de especial gravedad para el SNC del feto, que sufrirá
probablemente alguno de los muchos defectos congénitos posibles y que incluso puede
llegar a morir. El S N C fetal es sensible al desarrollo de defectos congénitos sobre todo
durante la etapa de formación del cerebro, unos 50 a 60 días después de la concepción.
Los efectos generales sobre el feto pueden traducirse en un menor peso de éste en
el momento del nacimiento. Se han observado secuelas en el feto cuando la
temperatura corporal de la madre sube por encima de los 40,1°C durante períodos
prolongados.
En el macho, el exceso de calor mata a los espermatozoides. En gran parte del sur
y el oeste de Estados Unidos, es frecuente que los camélidos machos queden estériles
durante los episodios cálidos del verano. A diferencia de la mayoría de las especies de
ganado doméstico y del caballo, el escroto de la llama no pende, de tal forma que los
cambios en la temperatura corporal ejercen un efecto rápido y profundo sobre el
esperma inmaturo. Pese a que el efecto del estrés térmico sobre el desarrollo del
esperma no ha sido estudiado aún en todas las especies, cabe afirmar que, tras la
desaparición del episodio de estrés, se necesitan entre 35 y 60 días para que nuevos
espermatozoides maduren y se hagan viables. Los machos que sufren de estrés térmico
exhiben a menudo una acumulación de fluido en el escroto.
Todos los sistemas corporales pueden verse perjudicados por una hipertermia
intensa o prolongada. Los efectos de ésta sobre el sistema respiratorio se traducen en
una respiración acelerada y con la boca abierta. El ritmo cardíaco se acelera y la
presión sanguínea decrece. La subsiguiente falta de riego sanguíneo en las visceras
altera el funcionamiento del tracto digestivo y es posible que llegue a provocar un
cólico. Las alpacas víctimas de una hipertermia severa pueden morir en pocos minutos.
Los responsables del manejo deben prevenir el estrés por calor, asegurándose de que
los animales gozan de sombra y agua suficientes, a fin tanto de impedir la
deshidratación como de ofrecerles la posibilidad de sumergirse y refrescarse. El
mantenimiento de una temperatura ambiental fresca para las especies árticas y
antárticas puede requerir el empleo de aire acondicionado.
40
CONCEPTO DE FOCO NATURAL DE ENFERMEDAD
Los agentes patógenos, en tanto que pertenecen a un ecosistema prístino y estable,
poseen un nido, hogar o hábitat que recibe la denominación de «foco». El foco natural
de una enfermedad se encuentra bajo ciertas condiciones de clima, vegetación, suelo
y microclima favorable, allí donde están presentes los vectores, los transmisores y los
receptores del agente patógeno. El foco natural de una enfermedad, en otras palabras,
es característico de un paisaje geográfico determinado. Aunque un agente infeccioso
o un parásito puedan estar circulando dentro de una población de animales salvajes en
libertad, rara vez la enfermedad se manifiesta abiertamente, porque el agente y su
huésped han establecido un equilibrio. El agente patógeno más apto no es el que mata
a su huésped, pues en tal caso pierde su hábitat. Pese a que este número de la Revista
se ocupa fundamentalmente de los animales salvajes en cautividad, no reconocer las
interrelaciones existentes entre la fauna salvaje libre y la cautiva constituiría un error
(Fig. 2).
Introducción
deliberada/accidental
Agentes patógenos
naturales, que han
evolucionado
junto con el huésped
Transmisión
a otras especies
Agentes
patógenos
nuevos para
el habitat
Agentes
patógenos
introducidos
en la cautividad
Exposición
a nuevos
agentes
Reintroducción
Animales salvajes en libertad
Animales salvajes en cautividad
Traslado
Manejo intensivo
en estado de semilibertad
Manifestación
Manifestación
de la enfermedad de la enfermedad
frecuente y severa
infrecuente
Portador +
Portador ±
Enfermedad,
mayor sensibilidad
Manifestación
de la enfermedad
Portador ±
Portador ±
+ portadores presentes
± portadores pueden o no estar presentes
FIG.
2
Interrelaciones de los agentes patógenos en animales salvajes
en cautividad y en libertad
41
Es un hecho bien establecido que muchas especies animales hospedan a uno o más
herpesvirus sin que la enfermedad se manifieste abiertamente (o muy escasamente),
pero que cuando otras especies son expuestas al mismo agente éste puede ocasionar
enfermedades fatales. El virus de herpes simple, por ejemplo, causante en el hombre
del herpes labial o pupas labiales, provoca una encefalitis mortal en los grandes
monos. Una infección similar (por Herpesvirus simiae) produce una ligera estomatitis
en los macacos y, en cambio, una encefalitis fatal en el hombre. Cuanta más
experiencia adquirimos en la intrincada epidemiología de las enfermedades infecciosas
y parasitarias, mayor es nuestra conciencia de las dificultades de alojar a ciertas
especies animales en estrecho contacto con otras especies, sin exponerlas a ningún
riesgo.
Determinar a qué especie corresponde el foco natural de ciertas enfermedades se ha
revelado tarea nada fácil, pues durante siglos los animales han sido trasladados desde
sus hábitats originales a entornos nuevos, con el doble efecto de verse expuestos a
nuevos agentes y de transmitir sus agentes patógenos latentes a nuevos huéspedes
susceptibles.
Agentes que quizá provocaran muy escasa o ninguna enfermedad entre las
poblaciones del foco natural pueden haber adquirido un mayor grado de patogenicidad,
debido a una disminución de la resistencia inmunitaria (estrés), a la acumulación de
agentes patógenos o a un mayor nivel de exposición. En un estudio sobre los parásitos
de las cebras sudafricanas, unos parasitólogos se dedicaron a examinar periódicamente
a una serie de cebras sanas con el fin de determinar su carga en parásitos. Uno de los
ejemplares albergaba 30 millones de parásitos pertenecientes a 14 géneros distintos.
Esta cebra, en cautividad, podría haber sucumbido a una carga semejante de parásitos.
La salud requiere un equilibrio crítico entre nivel de agresión y resistencia (Fig. 3).
FIG.
3
Estado de salud de un animal, basado en un equilibrio entre nivel de agresión por
parte de microorganismos y resistencia del huésped
Cuando la agresión se intensifica o cuando baja la resistencia, se hace posible la
enfermedad (Fig. 4). Los responsables de los parques zoológicos deben mantenerse
continuamente en guardia con respecto a aquellas prácticas de manejo que puedan
modificar el balance de salud de los animales que tienen a su cargo.
42
FIG.
4
Estado de enfermedad, causado por una agresión intensa o por una resistencia
reducida del huésped
CONCLUSIÓN
Se sabe que los animales salvajes en cautividad presentan una mayor longevidad
que sus congéneres libres. Sería deseable además que gozaran de una existencia
cautiva parecida o mejor que la vida en libertad. Los parques zoológicos se están
perfeccionando, y es de esperar que la información contenida en este volumen
contribuirá a la realización de continuos progresos en la búsqueda del bienestar de los
animales salvajes que viven en cautividad.
Descargar