El libro del socio

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2. Responsabilidades como
socio
Responsabilidades frente a terceros
A diferencia de lo que pasa cuando usted desarrolla una actividad como persona
física, en la que su patrimonio personal responde de la buena marcha de ese
negocio, al hacerlo a través de una sociedad esto no es así. Como socio de una
sociedad de responsabilidad anónima o limitada, sólo arriesga el patrimonio que
usted haya aportado al negocio. De esta forma, si las cosas van mal, los socios
no arriesgan su patrimonio personal (por ejemplo, su vivienda u otros bienes
patrimoniales).
¡Atención! No obstante, existen algunos casos en los que su patrimonio particular
sí podría verse afectado por los vaivenes del negocio, por ejemplo:
•
Si decide avalar de forma personal un préstamo solicitado por la sociedad.
En este caso, si la sociedad no hiciese frente al pago de la deuda, debería
hacerlo usted como avalista.
•
Si los socios utilizasen la sociedad para realizar fraudes o actos ilícitos. En
este caso, un tribunal podría considerar que los socios deben responder con
su patrimonio particular del daño causado.
•
En las sociedades limitadas, los socios responden del valor otorgado a las
aportaciones no dinerarias que realicen. Esto es así porque no se exige la
valoración por parte de un experto independiente de estos bienes, tal y como
se hace en las sociedades anónimas. Vea un ejemplo de cómo le puede
afectar esto.
Ejemplo
Usted y otros socios van a constituir una sociedad a la que van a aportar un
inmueble como capital social cuyo valor es de 250.000 euros. No obstante,
para ofrecer una mejor imagen a los bancos, han decidido fijar su valor en
300.000 euros. Esta sobrevaloración supone un riesgo para usted, porque
si en el futuro la sociedad deja de pagar sus deudas, cualquier acreedor
podría reclamarle a usted, o a cualesquiera de sus socios, el pago, como
mínimo, por la diferencia entre el valor de los inmuebles (250.000 euros) y el
valor que se les ha adjudicado en la constitución (300.000 euros).
Piense que el valor asignado a los inmuebles crea una “apariencia de
solvencia” frente a los terceros que contratan con la empresa. ¡Atención!
Si ese valor no es correcto se está “engañando” a estos terceros, y éstos
podrán exigir responsabilidades a los socios. En concreto, responden:
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Mi sociedad y yo
2.1.
I
• Todos los socios fundadores si la aportación “ficticia” se realizó en el
momento de constituirse la sociedad, tanto los que aportaron dinero
como los que aportaron los inmuebles.
Mi sociedad y yo
I
• Si la aportación se hizo después (por ejemplo, en una ampliación de
capital), responden los socios que lo eran en ese momento (y ello
aunque no acudiesen a la ampliación), por el simple hecho de haber
consentido dicha ampliación, así como el administrador.
Si usted se encuentra en alguna de estas situaciones y quiere evitarse problemas,
solicite una valoración del bien aportado firmada por un perito. Y si sigue sin estar
convencido, la única manera de excluir su responsabilidad y de evitar perjuicios
será hacer constar en acta su oposición a la aportación o al aumento de capital y
a la valoración otorgada al inmueble.
2.2.
Responsabilidad entre los socios.
Competencia desleal
Los socios no responden únicamente frente a terceros, sino también entre ellos si
causan graves perjuicios a su sociedad, como en el caso de ejercer algún tipo de
actividad competente con ella de forma desleal.
Ejemplo
Desde hace unos meses, usted ha observado que algunos clientes están
reduciendo sus pedidos, e incluso los cancelan. También ha perdido a algún
proveedor. Finalmente se han confirmado sus sospechas: ¡su socio está
“desviando” pedidos hacia la sociedad limitada de sus hijos!
Está claro que su socio y sus hijos le están haciendo competencia desleal:
se están aprovechando a sus espaldas de la reputación y contactos que
usted ha establecido a lo largo de los años. Incluso es posible que hayan
confundido a algunos clientes, haciéndoles creer que usted está al corriente
del asunto, o que, simplemente, ahora los pedidos deben hacerlos a esta
nueva sociedad.
Apunte. Si usted se encuentra en esta situación, sepa que existe una ley específica
que le protege contra estas actuaciones. Pero para poder defenderse, tendrá que
actuar de forma inteligente. Tendrá que buscar y recopilar pruebas que demuestren
el nexo de unión entre el descenso de facturación de su compañía y el aumento
correlativo en la “otra” sociedad. Para ello, deberá documentar correctamente:
•
La existencia de la otra sociedad, su objeto social y la relación existente entre
sus partícipes y su socio.
•
El desvío de pedidos hacia la otra compañía: cartas o testimonios de clientes
o proveedores, documentos contables, correos electrónicos, listados de
llamadas, averiguaciones por parte de un detective, etc. Apunte. Recuerde,
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incluso, que una vez interpuesta la demanda podrá solicitar al juez que inste
a algún cliente o proveedor a exhibir sus libros de contabilidad (con el fin de
demostrar el desvío de pedidos).
I
Con las pruebas en su poder, interponga una demanda judicial contra la sociedad
competidora, los hijos de su socio y contra éste mismo. Apunte. El hecho de que
actuar contra ella.
En su demanda, solicite que el juez declare que los actos de la sociedad de los
hijos de su socio son contrarios a la competencia y, por lo tanto, desleales. Apunte.
Solicite también:
•
Que cesen de inmediato y se prohíba realizar a los demandados nuevos actos
desleales en el futuro (durante un tiempo de dos años, por ejemplo).
•
Que rectifiquen las informaciones engañosas que hayan podido efectuar y le
indemnicen por los daños y perjuicios que su compañía ha sufrido por esta
situación.
Si su socio, además, resulta que era el administrador de la sociedad, lógicamente,
tras esta situación usted no querrá seguir teniéndolo como socio. Apunte. En este
caso, la ley le permite expulsarlo de la sociedad (eso sí, pagándole lo que vale su
participación).
Apunte. Lo mejor es incluir en los estatutos de la sociedad, ya desde el principio, que
cualquier socio podrá ser excluido de la compañía si realiza actos de competencia
desleal contra ella, tanto si es administrador como si no.
2.3.
Responsabilidades como socio que
también es administrador
Los administradores de la sociedad están sujetos a un estricto régimen de
responsabilidad, tanto si son socios como si no lo son. A tales efectos, la ley les
exige que desempeñen su cargo:
•
Con la diligencia de un ordenado empresario.
•
Como un representante leal en defensa del interés social, entendido como
interés de la sociedad.
•
Cumpliendo los deberes impuestos por las leyes y los estatutos.
•
Debiendo informarse de forma diligente (cada uno de ellos, si la sociedad
tuviera mas de un administrador) sobre la marcha de la sociedad.
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Mi sociedad y yo
esta sociedad sea de los hijos de su socio, y no de él mismo, no es obstáculo para
Pues bien, la ley establece que los administradores responden frente a la sociedad,
Mi sociedad y yo
I
los socios o accionistas y los acreedores sociales. Dicha responsabilidad alcanza
a los daños que causen por los actos que sean:
•
Contrarios a la ley.
•
Contrarios a los estatutos.
•
Los realizados sin la diligencia con la que deben desempeñar el cargo o, en
general, incumpliendo los deberes del cargo.
¡Atención! Esta responsabilidad puede llegar a extenderse a todo su patrimonio
personal. Es decir, aunque usted sea socio de la sociedad –y por ello su
responsabilidad quede limitada al importe de las aportaciones que efectuó en su
día–, si además es administrador, tendrá que responder con todo su patrimonio si
resulta que ha causado algún daño a las personas indicadas anteriormente en el
ejercicio de su cargo.
Seguramente resulta relativamente fácil saber cuándo se está actuando en contra
de la ley o de los estatutos, pero no es tan fácil saber en qué momento no se está
adoptando la debida diligencia que se le exige a un administrador. Ello dependerá
de cada caso concreto y de las circunstancias del momento, circunstancias que
podrán afectar a la sociedad, a la persona del administrador o al propio acto
ejecutado por éste. En la práctica, son los juzgados y tribunales quienes valoran
las circunstancias que concurren en cada caso.
¡Atención! Si usted toma sus decisiones de forma meditada y razonable, no deberá
responder frente a los restantes socios ni frente a los acreedores de la sociedad si
después las cosas no salen bien. Vea algunos ejemplos de ello a continuación
Ejemplo 1
Usted es el administrador de una empresa, la cual pensó que abriendo
una nueva delegación se ampliarían sus perspectivas de negocio. Como
administrador, usted realizó todas las inversiones necesarias (tenía facultades
para ello), pero el negocio no fue bien: la delegación se cerró y la empresa ha
perdido mucho dinero. En un caso así, los otros socios de la empresa podrían
sentirse perjudicados y exigirle una indemnización. O los acreedores podrían
llegar a exigirle el pago de sus créditos, si es que la sociedad no pudiese
afrontarlos. Para evitar esta responsabilidad, debería demostrar:
• Que no se extralimitó en las facultades que le otorgan los estatutos y
la ley.
• Que antes de tomar su decisión, dispuso de información sobre la
viabilidad del proyecto (un plan de negocio razonable y razonado).
• Que las circunstancias que han supuesto el fracaso no eran
razonablemente previsibles.
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Ejemplo 2
I
Otra de las causas más frecuentes de crisis empresarial son los impagados.
Si usted autoriza una importante venta con cobro a 120 días, ¿deberá
responder si después el cliente no paga y su empresa tiene problemas
por ello? Apunte. Seguramente no, siempre que el aplazamiento esté
justificado:
Mi sociedad y yo
• Conserve informes que acrediten que el cliente era solvente.
• Conserve también datos históricos que acrediten que, con este cliente,
no había tenido problemas con los pedidos anteriores.
• Acredite, por último, que las condiciones de venta y aplazamiento son
las habituales en el sector.
Sin embargo, esto no es suficiente. Si el administrador tiene la obligación de
actuar como un ordenado empresario, además de actuar con sentido común,
debe tomar algunas cautelas adicionales. Es la propia ley la que fija cuáles
son estas precauciones, fijando normas de conducta y deberes exigibles a los
administradores. Todo ello se hace para evitar situaciones de abuso.
Ejemplo
Podría darse el hipotético caso en el que un administrador, ante dos ofertas
para realizar el mantenimiento informático de la empresa que administra,
decidiera otorgar el contrato a la empresa que ofrece un servicio de menor
calidad y en peores condiciones económicas, pero con la que le unen
determinados “vínculos”.
Seguidamente se exponen estas cautelas y deberes adicionales que se
exigen al administrador.
2.3.1.
Deber de lealtad
El deber de lealtad de los administradores se concreta en las siguientes
obligaciones o prohibiciones:
•
Los administradores no pueden utilizar el nombre de la sociedad, ni invocar
su cargo, para realizar operaciones por cuenta propia o de personas a ellos
vinculadas. Se consideran personas vinculadas, entre otros, el cónyuge, los
descendientes, ascendientes, hermanos o incluso otras sociedades en las
que también sea administrador o socio.
•
Los administradores no pueden realizar en beneficio propio o de personas
vinculadas operaciones o inversiones de las que hayan tenido conocimiento
como consecuencia del ejercicio de su cargo, salvo que la propia sociedad
hubiese desestimado su realización.
•
Los administradores deben comunicar a la sociedad cualquier situación de
conflicto de interés directo o indirecto que pudiesen tener con la sociedad.
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