aborto en ES

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¿Son posibles los derechos sexuales y reproductivos
con penalización absoluta del aborto en El Salvador?
La conceptualización y el reconocimiento de los derechos sexuales y derechos
reproductivos han transitado por un largo camino en diferentes sociedades e
instancias internacionales. Estos reflejan en última instancia, las tensiones con que
grupos humanos – y organizaciones estatales - nos enfrentamos a ámbitos de la
vida íntima y privada de las personas que históricamente han estado fuera de las
esferas políticas y legales. Pese a ello, en las últimas décadas, se han construido
amplios consensos mundiales que colocan a los derechos sexuales y derechos
reproductivos en la categoría de derechos humanos.
Las tres Conferencias Mundiales de Naciones Unidas durante la década de los ´90,
que representaron un importante avance en el reconocimiento de los derechos de
las mujeres, coincidieron en la definición de los derechos sexuales y derechos
reproductivos como los “Derechos de las mujeres y los hombres a tener control
respecto de su sexualidad, a decidir libre y responsablemente sin verse sujetos a la
coerción, la discriminación y la violencia; el derecho de todas las parejas e
individuos a decidir de manera libre y responsable el número y espaciamiento de
sus hijos y a disponer de la información, la educación y los medios para ello, así
como a alcanzar el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva”.
Si además de inalienables y fundamentales, los derechos humanos se consideran
bajo el principio de indivisibles, significa que la violación de derechos en un ámbito
determinado, influye o determina la violación del conjunto de derechos humanos.
Esta es la primera razón para preguntarnos si, mientras se mantenga la
penalización absoluta del aborto en El Salvador, son posibles los derechos sexuales
y los derechos reproductivos. La realidad que cotidianamente enfrentan las
salvadoreñas es una respuesta negativa a esta interrogante, sobre todo si nos
aproximamos a algunas de sus consecuencias más dramáticas.
De acuerdo a los datos del Ministerio de Salud, que recientemente ha aprobado la
Política Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, y manifiesta haber cumplido el
“Objetivo del Milenio número 5 referido a mejorar la salud materna y bajar la
mortalidad de las madres, como uno de los logros más grandes”, en El Salvador
“de cerca de 100 mil inscripciones prenatales al año, 33.2% son de mujeres
adolescentes. En la actualidad, el 31.4% de los partos corresponde a mujeres de
entre 15 y 19 años. Mientras que la tasa de fecundidad adolescente en El Salvador
es de 104 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años, cifra que es
considerablemente más alta que el promedio regional de 80 por cada 1.000 para
América Latina y El Caribe”1.
Otros datos del mismo Ministerio muestran aún más contradicciones, tales como
que “el 11% del total de muertes maternas son niñas y adolescentes y de esto el
57% fue de suicidio, mientras que para el 2012, 304 niñas salvadoreñas entre 10 y
14 años y 4674 adolescentes y jóvenes entre 15 y 19 años son jefas de hogar”2
Según la Ley especial, integral para una vida libre de violencia para las mujeres
vigente desde enero 2012, todo embarazo en una menor de 15 años debe
considerarse una violación, no obstante, estas niñas salvadoreñas que ahora
cargan con la maternidad forzada no fueron tratadas como víctimas de violación,
ni tuvieron la opción de poder continuar o no con el embarazo que se les impuso,
debido a la legislación penal que desde 1998 eliminó la figura de aborto no
punible, “cuando se presumiere que el embarazo es consecuencia de un delito de
violación o de estupro y se ejecutare con consentimiento de la mujer”3
Muchos de los embarazos de niñas y adolescentes son naturalizados y tratados
con total normalidad por diferentes instancias institucionales. En Suchitoto por
ejemplo, una pequeña ciudad al norte de la capital salvadoreña, durante el año
2012 el Hospital Nacional reporta haber atendido 6 partos de niñas entre los 10 y
1
Declaraciones de Doctora Sofía Villalta https://www.facebook.com/canalTVX/posts/440337406042651
2
Presentaciones del Ministerio de Salud en el Día Internacional de la Niña, San Salvador 11 de octubre de 2012.
Artículo 169, numeral 3º Código Penal de 1973, eliminado en Código Penal de 1997.
3
los 14 años, mientras a nivel del Departamento de Cuscatlán nos encontramos con
el registro de 81 inscripciones maternas de niñas entre 10 y 12 años, y 544 de
adolescentes entre los 15 y los 17 años. Todas ellas, podrían haberse considerado
víctimas de violencia sexual, pero en el sistema de salud y en las municipalidades
encargadas de la inscripción de nuevos nacimientos, son consideradas solo como
madres. De allí que nos preguntamos ¿Puede una niña de 10 años estar en
condiciones de decidir en libertad la continuación de un embarazo y las
responsabilidades que ello conlleva? Este es el panorama de un país donde los
embarazos adolescentes se incrementan cada día y donde las autoridades cierran
los ojos ante la violación de derechos humanos de las mujeres que estos
embarazos forzados – en muchos casos - implican.
Otro aspecto de suma gravedad es la negación del derecho a la salud a las mujeres
que ven amenazada su salud y su vida por complicaciones durante un embarazo,
debidas al propio embarazo o a otro tipo de enfermedades cuyo tratamiento
implicaría la terminación del proceso de gestación. Lo que se conoce como aborto
por indicaciones de salud está penalizado en El Salvador, y con ello se niega a las
mujeres y al personal sanitario que les atienda la posibilidad de una interrupción
del embarazo que pudiera salvar su vida.
De esta manera, mujeres que padecen cardiopatías, enfermedades de cáncer,
embarazos ectópicos, no pueden acceder a una alternativa que salve su vida. De
acuerdo a la Doctora Villalta, Coordinadora de la Unidad Sexual y Reproductiva del
Ministerio de Salud “Vemos muertes de mujeres que pueden ser salvadas con un
aborto terapéutico, pero estamos con las manos atadas”, pese a lo cual el
gobierno salvadoreño se mantiene en su negativa a abrir un debate serio y
científico encaminado a revisar la legislación penal en materia de aborto.
Estas graves consecuencias y la denuncia de organizaciones sociales han logrado
que diferentes instancias internacionales relacionadas con la supervisión de
derechos humanos analicen esta situación y hagan recomendaciones al Estado
Salvadoreño. Así, en octubre de 2010, durante el período número 100 de sesiones,
en la Observación 10, el Comité de Derechos Humanos del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, expresó en relación con el informe del cumplimiento
del Pacto por el Gobierno de El Salvador lo siguiente:
“Su preocupación por la vigencia de disposiciones del Código Penal que
criminalizan el aborto en todas sus formas, dada la circunstancia de que los
abortos ilegales tienen consecuencias negativas graves para la vida, la salud y el
bienestar de la mujer”. El Comité recomendó al Estado salvadoreño:
“revisar su legislación sobre aborto para hacerla compatible con las disposiciones
del Pacto. El Estado debe tomar medidas para impedir que las mujeres que acuden
a hospitales públicos sean denunciadas por el personal médico o administrativo
por el delito de aborto. Asimismo, en tanto no se revise la legislación en vigor, el
Estado parte debe suspender la incriminación en contra de las mujeres por el
delito de aborto. El Estado debe iniciar un diálogo nacional sobre los derechos a la
salud sexual y reproductiva de las mujeres”.
Estas recomendaciones están relacionadas con una de las consecuencias más
dramáticas en la aplicación de la legislación que penaliza de forma absoluta el
aborto: la criminalización de las mujeres, que acuden a hospitales públicos con
complicaciones obstétricas, en muchos casos en estado inconsciente producto de
fuertes hemorragias, y que son acusadas y procesadas en las mismas salas de
emergencia hospitalaria, y trasladadas directamente del hospital a la cárcel.
Se trata, en la mayoría de casos, de mujeres jóvenes, que viven en situación de
pobreza, por lo cual han tenido un acceso muy limitado a la educación, que
padecen complicaciones en el embarazo, con partos precipitados o abortos
espontáneos, ocurridos en viviendas precarias y sin asistencia médica, que llegan
desangrándose a hospitales públicos buscando atención sanitaria de emergencia.
Son ellas, las que, con un prejuicio instigado por años desde la Fiscalía General de
la República, son tratadas como asesinas, sin ningún beneficio de duda porque no
se les reconoce la presunción de inocencia, y sin comprender qué les ha ocurrido
exactamente, se ven sometidas a rápidos procesos judiciales, en los que muchas
veces ni siquiera conocen al defensor público que se les ha asignado, son llevadas
a audiencias de sentencia, donde se les condena por homicidio agravado, hasta a
30 y 40 años de cárcel.
Es por todo ello, que podemos afirmar que este pequeño país de América Latina,
que anuncia la creación de servicios públicos para mujeres que enfrentan
situaciones de violencia, con discursos gubernamentales que hablan del mejor
momento para los derechos de las mujeres en la historia nacional, tiene otra cara,
porque la cadena de violación de derechos que la penalización absoluta del aborto
implica para las mujeres, es una negación de los derechos sexuales y los derechos
reproductivos en El Salvador, y además significa, una violación sistemática de los
derechos humanos.
Morena Herrera
El Salvador, marzo de 2013
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