3.− Los Sacramentos

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3.− Los Sacramentos
Hace aproximadamente dos mil años, se puso en marcha el movimiento de los seguidores de Jesús de
Nazareth. Él no se contentó con hacer el bien a la gente de su tiempo, sino que convocó un grupo de personas,
que escucharon sus enseñanzas, percibieron los signos que él realizaba y se adhirieron a él como sus
discípulos. En este pequeño grupo de seguidores de Jesús estaba el germen, la semilla de lo que llamamos la
Iglesia.
Los evangelios nos recuerdan la vocación de los discípulos de Jesús y cómo él los envió a realizar la misma
tarea que él estaba realizando, el anuncio del Reino de Dios en medio de los hombres. Al respecto podemos
leer, en el evangelio de San Marcos, el relato que aparece en el capítulo tercero, en los versículos 13−19:
"Subió al monte y llamó a los que él quiso;
y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que
estuvieran con él y para enviarlos a predicar".
Esa Iglesia que convocó Jesús, en ese entonces, es la que constituimos hoy nosotros, en nuestras comunidades
que se reúnen por todo el mundo, que son atendidas por sus pastores, el papa, los obispos y los sacerdotes. La
Iglesia que debe realizar la misma misión de Jesús:
"Anunciar la buena noticia de la salvación y hacer posible esa salvación en el mundo".
Esta Iglesia, que constituimos todos nosotros, se manifiesta en sus celebraciones, cuando nos reunimos para
compartir nuestra fe y para crecer en ella. A las celebraciones más importantes de la Iglesia las llamamos los
Sacramentos.
¿De dónde surgieron los sacramentos?
Los Sacramentos no son inventos actuales de la Iglesia. Ellos han existido a través de los siglos, desde los
orígenes de la Iglesia, y se remontan en alguna forma hasta el Señor mismo. Por eso nosotros, los cristianos,
decimos que los Sacramentos fueron instituidos por Nuestro Señor Jesucristo.
En realidad, los evangelios nos recuerdan un mandamiento del Señor en relación con algunos de los
Sacramentos, sobre todo en relación con el bautismo (Mt 28,19} y con la eucaristía (Lc 22,19). Ver también
(1Co 11, 23−25). Pero también hay otros lugares en los evangelios y en todo el Nuevo Testamento que nos
permiten encontrar la relación original que existe entre los otros Sacramentos de la Iglesia y la voluntad de
Jesús. Por ejemplo, los lugares que se refieren a la penitencia, o los que nos muestran la solicitud de Jesús por
los enfermos y los que sufren, o los que nos muestran cómo Jesús confió un ministerio pastoral a sus
discípulos.
Jesús mismo ha querido que nosotros, sus seguidores que constituimos la comunidad de la Iglesia, celebremos
los Sacramentos. Por eso, cuando por ejemplo celebramos la eucaristía, principalmente los domingos, estamos
respondiendo al deseo del Señor. Y así mismo, cada vez que celebramos alguno de los otros Sacramentos.
Cuando amamos a alguien, realizamos con gusto lo que él quiere que realicemos, mucho más si lo que se nos
recomienda es algo que contribuye a nuestro bien.
¿Cuántos son los sacramentos de la Iglesia?
Todos lo sabemos: Los Sacramentos de la Iglesia son siete. Los enumeramos en este orden:
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• Bautismo
• Confirmación
• Matrimonio.
• Penitencia
• Unción de los enfermos
• Orden
• Eucaristía
Esta enumeración la conocemos propiamente desde el Concilio de Trento, la reunión solemne de los pastores
de la Iglesia, que tuvo lugar en el siglo XVI, con ocasión de la división de los cristianos entre católicos y
protestantes.
En estos últimos años, desde el Concilio Vaticano II, que convocó el Papa Juan XXIII (1962−1965), esta
enumeración y los términos que utilizamos para designar los sacramentos se han actualizado. Se puede notar,
por ejemplo, que en esta lista se reúnen al principio tres Sacramentos que están profundamente relacionados y
que originalmente eran como uno solo (el Sacramento de la iniciación cristiana): Bautismo, confirmación,
eucaristía. Se puede notar también que se utiliza otra terminología para designar alguno de los Sacramentos:
No extremaunción, sino unción de los enfermos.
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En las iglesias cristianas, rito universal de iniciación, administrado con agua, normalmente en el nombre de la
Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) o en el nombre de Cristo. Las iglesias ortodoxas y baptistas
administran el bautismo mediante la inmersión total. En otras iglesias, verter (afusión) y rociar (aspersión) son
los ritos más comunes. La mayoría de las iglesias consideran el bautismo como un sacramento, o un signo de
gracia; algunas lo consideran simplemente como una orden o rito mandado por Cristo.
Antecedentes del bautismo
El agua se utilizaba como símbolo de purificación en muchas religiones desde fechas muy lejanas. En el
mundo antiguo, las aguas del Ganges en India, del Éufrates en Babilonia, y del Nilo en Egipto se utilizaban
para baños sagrados. El baño sagrado era también conocido en cultos mistéricos helenos.
Bautismo cristiano
Jesús fue bautizado por Juan al principio de su ministerio público (Mac. 1,9−11). Aunque no está claro que el
propio Jesús bautizara, el Cristo resucitado ordenó a sus discípulos que predicaran y bautizaran a los pueblos
(Mat. 28,19) como señal de la venida de la ley de Dios. Así, desde el principio, el bautismo se convirtió en el
rito cristiano de iniciación (He. 2,38).
Al igual que el bautismo de Juan, el bautismo cristiano se realiza para la remisión de los pecados. Muy
influido por la doctrina de san Pablo, vino a ser entendido también como participación en la muerte y
resurrección de Cristo (Rom. 6,3−11). Es también el camino sacramental por el que los conversos reciben los
diferentes dones del Espíritu Santo (He. 19,5−6; 1 Cor. 1,12). El bautismo era con frecuencia llamado
iluminación en la Iglesia primitiva. Vino a ser considerado también como la renuncia al mundo, al demonio y
la carne, así como un acto de unión a la comunidad de la Alianza.
Desarrollo del rito
El rito del bautismo se fue adornando gradualmente. Los primitivos escritos cristianos, tales como el Didaké,
describen un servicio muy sencillo. Alrededor del siglo III, sin embargo, el bautismo se convirtió en una
liturgia elaborada. La Tradición Apostólica (c. 215), del teólogo san Hipólito, describe, como parte del rito, un
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ayuno preparatorio y de vigilia, una confesión de los pecados, la renuncia al demonio y un lavado con agua,
seguido de una imposición de manos o unción con aceite. En la Iglesia occidental, la imposición de manos y
la unción evolucionaron hacia un sacramento diferente de la confirmación.
Bautismo de niños
Probablemente los niños eran bautizados en la Iglesia primitiva, siguiendo la filosofía judía de que incluso los
niños más jóvenes pertenecen a la comunidad de la alianza. La Tradición Apostólica habla explícitamente de
ello. Sin embargo, puesto que los pecados eran considerados como imperdonables (o podían ser perdonados
sólo una vez), el bautismo era con frecuencia pospuesto todo lo posible. Sin embargo, entre los siglos IV y VI,
debido a que la actitud con respecto a los pecados cometidos después del bautismo fue más tolerante (por el
desarrollo de la costumbre de la penitencia) y a que aumentó el miedo a morir sin ser bautizados, el bautismo
de los niños se convirtió en una premisa obligatoria.
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En la Iglesia cristiana, sacramento por el que las personas bautizadas se integran de forma plena como
miembros de la comunidad. En la Iglesia antigua, el rito se administraba de forma inmediata después del
bautismo y ésta sigue siendo la costumbre en las iglesias ortodoxas y africanas. En la Iglesia católica
apostólica romana a partir de 1600 hasta el siglo XX, la confirmación se aplazó entre los dos y los siete años
tras el bautizo del niño. A partir del Concilio Vaticano II se delega más allá, hasta la primera adolescencia. La
Iglesia anglicana no tiene señalada una edad específica, pero el rito es administrado de un modo general entre
los 14 y los 16 años; en la Iglesia luterana el sacramento se administra sobre esa misma edad.
El sacramento de la confirmación, que imprime carácter y por el que los bautizados, avanzando por el camino
de la iniciación cristiana, quedan enriquecidos con el don del Espíritu Santo y vinculados más perfectamente a
la Iglesia, los fortalece y obliga con mayor fuerza a que, de palabra y obra, sean testigos de Cristo y
propaguen y defiendan la fe.
La confirmación se efectúa mediante la imposición de manos y, en la Iglesia católica, la unción con óleos
sagrados. En la Iglesia católica la ceremonia se realiza por un obispo o, en su caso, un sacerdote autorizado.
En la Iglesia anglicana sólo los obispos administran el sacramento. En las iglesias luteranas y ortodoxas, el
rito lo realizan de forma habitual los pastores y los sacerdotes; sin embargo, la ceremonia en la Iglesia
ortodoxa omite la imposición de manos.
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El Matrimonio es un sacramento instituido para santificar la legítima unión entre el hombre y la mujer. La
Iglesia primitiva aceptó las costumbres vigentes en la celebración del matrimonio, pero insistió en el carácter
sagrado del matrimonio entre cristianos (Efesios 5, 22−23) y en su indisolubilidad, a fin de defenderlo de los
ataques de los gnósticos, montanistas y maniqueos. La doctrina de la sacramentalidad del matrimonio se abrió
paso en la teología y en los documentos oficiales a partir del s. XII. Contra Lutero, que negaba su
sacramentalidad, el Concilio de Trento (1563) la reafirmó y determinó que, para su validez, era necesaria la
presencia del párroco o de un sacerdote delegado, aunque con el tiempo prevaleció la doctrina de que los
ministros de ese sacramento eran los mismos cónyuges. Según la teología tradicional, que surgió de una mala
interpretación de santo Tomás de Aquino, el fin primero del matrimonio es la procreación y la educación de
los hijos y el fin secundario la ayuda mutua de los esposos. Sin embargo, el Concilio Vaticano II, ratificando
otras tendencias más en consonancia con la dignidad humana, se esforzó en centrar el matrimonio sobre el
amor, fundamento y clave tanto para el matrimonio como para el sacramento. En cambio, muchas las
comunidades surgidas de la Reforma consideran el matrimonio sólo como una institución civil y aceptan el
divorcio. En el islam, el matrimonio es un contrato; el hombre (no la mujer) está obligado a casarse, si no
existe nada que lo impida, puede tener sólo cuatro mujeres a la vez y puede casarse con una judía o con una
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cristiana (no con una politeísta), pero los hijos han de ser musulmanes.
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Sacerdote, persona consagrada al servicio de una divinidad y a través de la que el culto, la oración, el
sacrificio y otras ceremonias se ofrecen como vehículo de adoración, perdón, bendición o liberación obtenida
para el creyente. En época más temprana las funciones de sacerdocio fueron desempeñadas por el cabeza de
familia. Más tarde el oficio se volvió público, en muchos casos asociado al del soberano y líder temporal.
En la Iglesia católica apostólica romana y en la ortodoxa occidental, así como en la Iglesia anglicana, el
sacerdote es un miembro del ministerio sacerdotal. Celebra la misa y administra los sacramentos, salvo las
órdenes sagradas (reservadas al obispo), el matrimonio (en el que la pareja es en realidad el ministro y testigo
cualificado de la fe, hecho que autentifica el sacerdote), y en las Iglesias católica y anglicana, la confirmación
(en general realizada por un obispo). Los mormones reconocen tanto un sumo sacerdocio como uno menor. La
mayoría de las iglesias protestantes no reconocen un sacerdocio específico: creen en el sacerdocio universal
para todos los creyentes y rechazan la necesidad de que exista un mediador entre ellos y Dios. El sacerdocio
ha sido reservado de acuerdo con la tradición a los hombres, pero en los últimos años las mujeres han sido
ordenadas sacerdotes dentro de la comunión anglicana.
En la Iglesia católica se llama popularmente sacerdotes a aquellos que dicen misa, confiesan, bautizan, etc.
Sin embargo, esta denominación no es del todo exacta o por lo menos puede oscurecer una verdad
fundamental.
Mediante el sacramento del orden, por institución divina, algunos de entre los fieles quedan constituidos
ministros sagrados al ser marcados con un carácter indeleble, y así son consagrados y destinados a apacentar
el pueblo de Dios según el grado de cada uno, desempeñando en la persona de Cristo encabeza las funciones
de enseñar, santificar y regir.
Código de derecho canónico, c. 1.008.
· El Gesto común para la ordenación de los obispos, sacerdotes y diáconos es el mismo; la imposición de las
manos.
· La Fórmula que se recita en la ordenación es distinta según se trate de la consagración de obispos,
sacerdotes o diáconos, pero tienen en común pedir al Padre que ayude a los elegidos para que puedan cumplir
dignamente su misión.
Eucaristía, el pan eucarístico de la sagrada comunión, rito central de la religión cristiana en el que el pan y el
vino son consagrados por un ministro ordenado y tomados por éste y por los miembros de una congregación
en obediencia al mandato de Cristo en la última cena, "haced esto en memoria mía". En las Iglesias ortodoxa y
católica apostólica romana, está considerada un sacramento que simboliza y realiza la unión de Cristo con los
fieles. Los anabaptistas y otros se refieren a la sagrada comunión como una 'institución' en vez de un
sacramento, resaltando la obediencia a un mandato.
La Institución de la Eucaristía
Según la tradición, el mandato que Jesús impuso a sus discípulos en la última cena de comer el pan y beber el
vino "en memoria mía" constituye la institución de la eucaristía. Esta prescripción específica acontece en dos
relatos que se hacen de la última cena en el Nuevo Testamento (Lc. 2, 17−20 y 1 Cor. 1, 23−25. La antigua
teología afirma que Jesús hizo este mandato en aquella ocasión para asegurarse de que los cristianos partirían
el pan y beberían el vino en su memoria mientras perdurara la Iglesia. Una aproximación crítica a los textos
evangélicos ha mostrado que esta conclusión no es tan verosímil. El mandato "haced esto en memoria mía" no
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aparece en los relatos que Mateo y Marcos hicieron de la última cena. En consecuencia, algunos eruditos han
supuesto que la indudable experiencia de la comunión con Cristo resucitado en las comidas siguientes a la
Pascua provocó en algunas tradiciones posteriores la idea de que dicha comunión había sido prevista y
ordenada por Jesús en la última cena. El tema puede no llegar nunca a resolverse de forma por completo
satisfactoria. En cualquier caso, la práctica de comer en memoria del Señor y la creencia de la presencia de
Cristo "en la partición del pan" fueron universales e indiscutibles en la primitiva Iglesia. La Didaké, un
antiguo documento cristiano, hace referencia en dos ocasiones a la eucaristía. Tanto este texto como el Nuevo
Testamento indican la gran diversidad que existe en la práctica y en el entendimiento de la eucaristía, pero no
hay ninguna evidencia de que en alguna congregación cristiana no se celebrara el sacramento.
Evolución de la doctrina
La evolución de la doctrina de la eucaristía se centra en dos ideas: presencia y sacrificio. En el Nuevo
Testamento no se hace ningún intento para explicar la presencia de Cristo en la eucaristía. Los teólogos de los
primeros tiempos de la Iglesia tendieron a aceptar las palabras de Jesús, "Este es mi cuerpo" y "Este cáliz es la
nueva alianza en mi sangre", como explicación suficiente de la transformación milagrosa del pan y del vino en
el cuerpo y sangre de Cristo, aunque algunas interpretaciones reflejan la influencia de la filosofía platónica en
la Iglesia primitiva.
Durante la edad media los filósofos escolásticos, bajo la influencia de Aristóteles, desarrollaron una
doctrina más elaborada de la eucaristía. Aristóteles enseñó que las cosas terrenales tienen accidentes
(tamaño, forma, color y textura) perceptibles a los sentidos, y la sustancia (su realidad esencial) es
conocida por la mente. Según la especulación aristotélica, la sustancia del pan eucarístico es
transformada, por el poder de Dios, en el cuerpo de Cristo. Esta idea de la presencia de Cristo, llamada
transubstanciación, fue desarrollada en el siglo XIII por el teólogo italiano santo Tomás de Aquino. Ha
sido la enseñanza de la Iglesia católica apostólica romana desde la edad media, aunque el Concilio de
Trento, que reafirmó la doctrina frente a los reformadores protestantes en el siglo XVI, no incluyó
ninguna especulación filosófica en su declaración, afirmando tan sólo que un cambio real acontece en el
pan y en el vino.
En el siglo XVI los reformadores protestantes ofrecieron varias interpretaciones alternativas de la celebración
aucarística. Martin Lutero habló de la consubstanciación: que Cristo está presente "en, con y bajo los
elementos". El reformador suizo Ulrico Zuinglio negó cualquier conexión real entre el pan y el vino y el
cuerpo y la sangre de Cristo; pensaba que en la celebración de la última cena, que recuerda a los fieles las
palabras y la obra del Señor, Cristo está con ellos por el poder del Espíritu Santo; consideraba que el pan y el
vino recuerdan la última cena, pero no se da ningún cambio metafísico en ellos. Juan Calvino afirmó que
Cristo está presente tanto en un sentido simbólico como por su poder espiritual, que es impartido por su
cuerpo (que está en el cielo) a las almas de los creyentes cuando participan de la eucaristía. Esta postura, que
ha sido llamada 'presencia dinámica', está a medio camino entre las doctrinas de Lutero y Zuinglio. La
doctrina anglicana afirma la presencia real de Cristo, mas sin especificar el modo.
Algunos teólogos modernos han intentado recuperar el sentido judaico antiguo de rememorar los actos de
Dios (anamnesis). Al invocar la presencia de Dios y recordar en su presencia los hechos mediante los cuales
los liberó, los fieles viven aquellos hechos como si fueran presentes. Así, de la misma forma que cada
generación de israelitas participa año tras año en el éxodo, la marcha por el desierto y la travesía de Canaán,
cada generación de cristianos, semana tras semana, participa en la última cena, el sufrimiento en la cruz y la
resurrección de Cristo.
La doctrina eucarística también tiene que ver con el carácter sacrificial del sacramento (cómo se relaciona la
eucaristía con la muerte de Cristo en la cruz). Las Iglesias ortodoxa, católica apostólica romana y anglicana
han enseñado por tradición que la eucaristía es un medio a través del cual los creyentes pueden tomar parte en
el sacrificio de Cristo y en la nueva alianza con Dios a la que dio origen. En la creencia popular, se interpreta
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a veces que esta idea significa que cada celebración de la eucaristía es un nuevo sacrifico, en vez de la
participación en el sacrificio original de Cristo como enseña la doctrina oficial de la Iglesia. Los protestantes,
en general, han dudado en darle una categoría de sacrificio a las celebraciones eucarísticas.
El servicio de la eucaristía
Las denominaciones de este servicio son variadas: se llama eucaristía, el pan eucarístico o la sagrada
comunión en la mayoría de las Iglesias protestantes; liturgia divina en la ortodoxia oriental, y la misa en la
Iglesia católica apostólica romana y en algunas comunidades anglicanas. En cualquier caso, es la liturgia
central cristiana y la más solemne.
Por regla general, el servicio consta de dos partes. La primera, 'el servicio de la Palabra' consiste en la lectura
de las Sagradas Escrituras, un sermón y varias oraciones. Esta parte de la eucaristía, en apariencia adaptada
del culto judío de la sinagoga, ha sido prefijada al servicio del pan y del vino por lo menos desde la mitad del
siglo II. La segunda parte de la celebración consiste en un ofrecimiento de pan y vino (junto con los donativos
monetarios de la congregación), la oración central eucarística (una oración de la consagración), la distribución
de los elementos a los fieles y la bendición con que se despide a los fieles. Esta parte del servicio tiene sus
raíces en las oraciones tradicionales que se decían en la mesa en las comidas judías.
La oración central de la eucaristía, la anáfora (del griego, 'oferta') consta de una oración de acción de gracias
por la creación del mundo y su redención en Cristo, una referencia a la institución de la última cena, la
oblación o anamnesis (la oferta de pan y vino en memoria agradecida a Cristo), la epiclesis o invocación del
Espíritu Santo en el pan y el vino y en la congregación, y las oraciones de la intercesión.
La evolución eucarística del Vaticano II resulta admirable, sobre todo si tenemos en cuenta todos los lastres
que la liturgia arrastraba de siglos anteriores. Las aportaciones del Concilio las podemos resumir así:
− Se han purificado y simplificado los ritos.
− La liturgia de la palabra se ha resaltado y se ha enriquecido con nuevos textos, se ha hecho participativa e
inteligible.
− La liturgia eucarística se ha enriquecido con nuevas plegarias y se ha hecho más comprensible.
− La comunión ha dejado de ser para unos pocos y ha pasado a ser elemento esencial de la participación.
− La utilización de la lengua popular, la participación de la asamblea, los cantos, los gestos, etc., han
facilitado un mayor acercamiento del pueblo al banquete eucarístico.
Esquema de los Ritos de la Eucaristía Pág. siguiente
Estructura de la Liturgia Eucarítica
Ritos Iniciales
Liturgia de la Palabra
1.− La entrada del presidente 2.−
Saludo al altar y a la Asamblea 3.−
Objetivo: Preparar a los fieles
Rito penitencial 4.− El Señor ten
para escuchar la palabra de Dios
piedad 5.− El Gloria 6.− La oración
y celebrar la Eucaristía
colecta
7.− Primera lectura 8.− Salmo
Es el momento de diálogo de
interleccional 9.− Segunda lectura
Dios con su pueblo. Dios habla y 10.− Versículo con aleluya 11.−
el pueblo responde recitando
Evangelio 12.− Homilía 13.− El credo
salmos y proclamando su fe en o profesión de fe 14.− Oración
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él.
Liturgia Eucarística
Rito de Conclusión
universal
15.− Ofrecimiento del pan y el vino
16.− Invitación a la oración 17.−
Oración sobre las ofrendas 18.−
Diálogo inicial 19.− Acción de
gracias: Prefacio 20.− Aclamación:
Santo... 21.− Invocación al Espíritu
Santo 22.− Relato de la institución
a) Presentación de los dones
23.− Aclamación del pueblo 24.−
Recuerdo y actualización de la pasión,
b) Plegaria de acción de gracias
muerte y resurrección de Cristo 25.−
y consagración
Ofrecimiento al Padre del sacrificio de
Jesús 26.− Intercesiones por todos los
c) Rito de la comunión. La
miembros de la Iglesia 27.−
Eucaristía es banquete espiritual
Proclamación final de la gloria de
Dios Padre, hecha por Cristo, en la
unidad del Espíritu Santo 28.−
Padrenuestro 29.− Rito de la Paz 30.−
Fracción del pan. Cordero de Dios
31.− Invitación a la comunión 32.−
Comunión 33.− Acción de gracias
34.− Saludo y bendición final 35.−
Despedida
Penitencia, término que hace referencia tanto al sacramento de las iglesias católica, ortodoxa y otras iglesias
orientales, como a la realización de algún acto específico de mortificación, que alguien ejecuta por propia
voluntad, como expresión de dolor y arrepentimiento por sus pecados.
El sacramento de la penitencia, al que también se le llama el sacramento de la reconciliación, es un rito que se
celebra para la remisión de los pecados cometidos después del bautismo. El sacramento, que comprende
determinados actos del penitente y la absolución de un sacerdote, se considera como una institución divina
(Mat.16,19, 18,18; Jn. 20, 22−23). Los actos del penitente abarcan la contrición (pena profunda y sincera por
el pecado), la confesión de los pecados graves a un sacerdote, y la penitencia sacramental (oraciones u obras
que debe realizar el penitente para reparar los pecados cometidos). El sacramento puede celebrarse de forma
individual o durante una celebración comunitaria en la que se rezan oraciones, se entonan cantos, se realizan
lecturas de las Escrituras, se imparte una homilía. Aunque la penitencia tiene raíces antiguas, no se utilizaba
con tanta frecuencia en la Iglesia primitiva como hoy en día.
Para realizar una confesión privada, el penitente se acerca al confesonario, y, de rodillas, o sentado, dice al
sacerdote cuánto tiempo ha pasado desde su última confesión. Luego, el penitente confiesa todos pecados
graves cometidos desde la última confesión, y expresa su dolor y deseo de arrepentimiento por ellos. El
sacerdote puede entonces ofrecer unas palabras de consejo o ánimo antes de imponer al penitente alguna
forma de reparación o penitencia sacramental por los pecados. Puede consistir en el rezo de oraciones o
alguna acción específica (por ejemplo, la restitución de bienes robados en caso de hurto). Después, el
sacerdote da la absolución y despide al penitente.
Algunos piensan que el problema del pecado está totalmente superado, ya que hoy se vive la ilusión de
la inculpabilidad o de la impecabilidad. Se pone en tela de juicio la existencia de la culpa o el pecado,
que son dos cosas distintas:
En el Evangelio
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En los evangelios no encontramos una descripción del sacramento de la penitencia, aunque sí muchas veces
en que Jesús perdona los pecados. Para descubrir los aspectos de celebración acudimos a las parábolas.
La evolución del sacramento, se manifiesta de esta manera:
− Fase de la PENITENCIA PÚBLICA, (siglos I−VI), permitida una sola vez en la vida y reservada a los
pecados más graves, caracterizada por un largo y difícil camino de expiación que concluía con una
reconciliación eclesial a través del ministerio del obispo, con la presencia de toda la comunidad cristiana.
− Fase de la PENITENCIA TARIFADA, (Siglos VII−XI), que se fue difundiendo poco a poco siguiendo la
nueva situación cultural y pastoral, repetible, con una satisfacción tarifada, es decir, prefijada según una
jerarquía de los pecados, seguida de una reconciliación privada a través del ministerio de un sacerdote.
− Fase de la PENITENCIA PRIVADA (del siglo XI en adelante), con la confesión a un sacerdote y la
recepción inmediata de la absolución después de aceptar una ligera satisfacción; praxis que fue codificada por
Trento −que insistió mucho sobre la función del sacerdote como médico y juez y sobre los actos del penitente
(contricción, confesión y satisfacción), y recomendó la confesión de devoción− y ha llegado hasta nosotros.
La Celebración Hoy
Las formas externas de celebración del sacramento han variado en el pasdao. Incluso hoy día hay varias
formas. Y nada impide que en el futuro puedan variar. Lo que importa es descubrir los elementos comunes y
necesarios que deben estar presentes en el sacramento para expresar lo que el sacramento significa: la acción
de Dios que perdona, la conversión del pecador y la reconciliación del pecador con la comunidad cristiana.
El Ritual a seguir, después del Vaticano II, contiene tres formas distintas de celebrar el sacramento:
1.− Reconciliación de una sola persona, que es la más habitual y tradicional. Cada cristiano se presenta a la
Iglesia reconociéndose pecador, se confiesa y recibe la absolución individualmente.
2.− Reconciliación de varios penitentes con confesión y absolución individuales. Es la forma más frecuente
de las celebraciones comunitarias de la penitencia. La comunidad de reúne, hay una preparación conjunta a la
confesión, luego cada uno se confiesa y recibe la absolución individualmente, y de nuevo en comunidad se
dan gracias al Señor por el perdón recibido.
3.− Reconciliación de varios penitentes con confesión y absolución generales. Se distingue de la anterior en
que no hay confesión individual y el sacerdote de la absolución general.
Hoy, en vez de sacramento de la penitencia, se suele emplear también la expresión sacramento de la
Reconciliación. Se insiste en que esta expresión es preferible a la de sacramento de la confesión. Confesión
hace alusión a sólo una parte de todo el proceso del nuevo encuentro con Dios, y penitencia acentúa sólo un
aspecto (el de dolor y esfuerzo del pecador), que no es el único. La palabra reconciliación incluye estos
aspectos y señala más claramente la vuelta a la comunidad con Dios y con los hermanos.
Extremaunción, en las iglesias católica y ortodoxa, sacramento de auxilio espiritual para los enfermos
terminales o los ancianos, hasta hace poco llamada unción de los enfermos. El rito consiste en lecturas
bíblicas y oraciones; además, el sacerdote unge los cinco sentidos (ojos, oídos, nariz, labios y manos) del
enfermo con aceite bendecido normalmente por un obispo en el Jueves Santo. En casos de emergencia, sólo se
aplica la unción sobre la frente. El rito puede celebrarse tanto de forma individual como en grupo. Se cree que
los efectos incluyen, no solamente curación espiritual, sino también la restauración de la salud corporal, si es
la voluntad de Dios.
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La práctica de ungir al enfermo en la Iglesia primitiva se basaba en dos textos del Nuevo Testamento (Mc.
6,13; Sant 5,14−16). A partir del siglo VIII, la extremaunción terminó por asociarse casi en exclusiva con
rituales para los moribundos. El término extremaunción, o última unción, fue introducido en este periodo. El
teólogo italiano del siglo XII Peter Lombard incluyó el rito entre los siete sacramentos; esta lista fue declarada
oficial por el Concilio de Trento en 1543−1563 .
Desde la Reforma, los protestantes generalmente han rechazado la naturaleza sacramental de este rito,
y algunos incluso su práctica. La comunión anglicana puede incluir la unción de los enfermos, pero
muchos anglicanos lo consideran un rito instituido por la Iglesia más que un sacramento establecido
por Cristo.
La Iglesia
La Iglesia, a lo largo de la historia, ha tenido presente a los enfermos. Desde hace mucho tiempo, las
instituciones cristianas han dedicado gran esfuerzo en atender a los heridos por el dolor. Desde la
antigüedad junto a los monasterios centros de atención a los enfermos. En el siglo XV, la Iglesia tenía
hospitales en casi todas las ciudades importantes de Europa. Religiosos, como los de la orden
hospitalaria fundada por Juan de Dios, o religiosas, como hijas de la caridad han trabajado por atender
y cuidar a los enfermos.
La Iglesia no solo atiende a los enfermos en el aspecto físico, también ofrece a quienes tienen fe, la
posibilidad de un encuentro profundo con Cristo por medio de la del sacramento de la unción.
No es un sacramento de moribundos, sino de enfermos, y debe administrarse cuando éstos vean
mermada su salud, por la enfermedad o por la edad, y necesiten reunir fuerzas para luchar por el
restablecimiento de su salud o para afrontar con paz su enfermedad o vejez.
El Rito
Consta de dos actos fundamentales:
− La ORACIÓN DE LA IGLESIA por el enfermo no es una fórmula mágica, sino la plegaria a Dios,
señor de la vida y de la muerte, por el enfermo, para que le alivie y le salve. La plegaria no es un acto de
presión a Dios, sino de unión con el enfermo que confía en el Señor.
− La UNCIÓN CON ÓLEO es un gesto simbólico de la comunidad que desea cuanto ha pedido a Dios en
la plegaria se realice en el enfermo.
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