Los agujeros negros del campo Revista SEMANA Los dueños de la

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Los agujeros negros del campo
Revista SEMANA
Los dueños de la tierra
La concentración de la tierra tiene una explicación histórica: Después de la independencia se
asignaron extensiones como reconocimiento a quienes participaron en la guerra. No obstante, al
finalizar el siglo XIX había grandes baldíos sin asignar. A partir de los años veinte del siglo pasado
arreciaron los conflictos por las tierras con expulsión de colonos y disputas violentas. Luego, en 1936,
el presidente Alfonso López Pumarejo le puso fin a la gran hacienda y se sentaron las bases de un
'régimen de tierras' que se concentró en los baldíos de la Nación y que no llegó a ser una reforma
agraria. Después de 25 años y con una guerra civil de por medio, Carlos Lleras le apostó a redistribuir
la tierra en los años sesenta. Pero apenas se logró la titulación de baldíos y ampliar la frontera agrícola
con el auge colonizador en zonas donde no había Estado y que se convirtieron en el escenario de la
guerra insurgente contemporánea. De 1961 a 2010 se titularon 23 millones de hectáreas, de las cuales
el 92 por ciento fueron baldíos entregados a campesinos o a grupos étnicos. Sin embargo, en los
últimos 20 años 6,6 millones de hectáreas les fueron despojadas a campesinos y por lo menos tres
millones al Estado. Ningún gobierno ha logrado democratizar la propiedad de la tierra porque el
poder político está íntimamente ligado a las rentas que esta genera. Según investigaciones del Cede de
la Universidad de los Andes, la concentración está asociada a la mayor persistencia política.
No hay información
Todo mercado requiere para funcionar bien de información confiable, pero en el sector rural
sencillamente no hay información ni de precios, ni sobre cómo funciona el mercado, ni sobre la
producción, ni sobre el clima. Muchos productores toman decisiones literalmente con los ojos
cerrados. A eso se suma que el Estado no tiene información confiable para diseñar políticas. El último
censo rural se hizo en 1970 y el próximo se ha programado para 2014, año a partir del cual se podrá
saber más claramente en qué está el país rural. Ni siquiera el propio Estado sabe cuántos baldíos tiene
ni dónde están ubicados, por lo que le quedará muy difícil titular tierras o cerrar la frontera agrícola.
La Superintendencia de Notariado y Registro está intentando llegar a una cifra aproximada de las
tierras que le han sido robadas al Estado caso por caso. Hasta ahora se ha podido establecer que en
Urabá por lo menos 4.600 hectáreas de baldíos fueron robadas con el método de 'correr la cerca' y
solo en San Martín, Meta, la cifra llega a 180.000 en una primera revisión. Al país le tomará mucho
tiempo hacerse a un mapa completo de lo que ha ocurrido durante estos 40 años en el campo,
porque estamos lejos de saber quién es dueño de qué en materia de tierras.
El vicio de subsidiar a los ricos
Entre 2007 y 2009 el gobierno instauró el programa Agro Ingreso Seguro con 1.435.408 millones de
pesos, que equivalen al 60 por ciento del ingreso anual del Ministerio. Se trataba de corregir las
distorsiones del mercado en un contexto en el que muchos países subsidian a los productores. Estaba
orientado a la competitividad y más de la mitad de los recursos se fueron a programas de riego, pero
una evaluación hecha por el Departamento Nacional de Planeación muestra que mientras los grandes
finqueros aumentaron su productividad, incluso duplicaron sus ingresos netos, los pequeños la
perdieron. El programa tenía problemas en su enfoque original: subsidiar a los empresarios, en lugar
de generar bienes públicos de beneficio colectivo. Y un segundo problema fue subsidiar cultivos en
los que Colombia no tiene una ventaja competitiva. Según el experto Santiago Perry, los subsidios
fueron válidos cuando los precios de los alimentos estaban deprimidos, pero es absurdo mantenerlos
cuando están disparados como ocurre actualmente.
Y del predial, poco
El impuesto predial en Colombia es municipal y su recaudo da grima. Según el economista Salomón
Kalmanovitz, en 2005 el impuesto por hectárea en Cundinamarca era de 1.067 pesos por hectárea, en
Caldas de 472 pesos y en la costa Atlántica oscilaba entre 80 y 250 pesos. Los concejos tasan el cobro
del predial y, aunque la ley autoriza un rango entre 1 y 16 por mil, en la costa, por ejemplo, no pasa
del 3 por mil.
La estructura especulativa y rentista se sustenta en avalúos catastrales muy bajos y precios comerciales
altos, lo que ha inmovilizado el mercado de tierras y les ha dado un golpe bajo a los municipios, y por
ende a la inversión social y de bienes comunes.
La actualización catastral y la amenaza de expropiación de tierras improductivas han hecho que se
mejore un poco, pero no mucho, en el recaudo. Sectores modernizantes proponen que se equipare el
avalúo catastral con el precio comercial de los predios y, ello incentivaría la productividad, la venta a
precios reales de la tierra o la expropiación. No obstante, al preguntarle a un alcalde si eso en su
municipio sería posible, respondió: "Aquí correría sangre".
El crédito no llega a los más pobres
A diciembre de 2011 Finagro tenía una cartera de 9,4 billones de pesos de los cuales el 27 por ciento
estaba en manos de pequeños campesinos (cuyos activos no superan los 82 millones); el 37 por ciento
en manos de medianos (activos hasta 2.833 millones) y el 36 por ciento en manos de grandes
inversionistas, cuyos activos superan los 2.500 millones. Aunque el director de Finagro, Luis Eduardo
Gómez, asegura que la prioridad de la entidad es atender a los pequeños campesinos, en la práctica
ocurre lo contrario. La informalidad de la tierra, la deficiencia de información, la falta de redes
bancarias en las zonas rurales y la falta de enfoques técnicos son mayores entre los propietarios
pequeños y eso los excluye del crédito. En cambio, los grandes inversionistas, incluso los extranjeros,
pueden acceder a los proyectos de Finagro, cuyo sistema de subsidio a las tasas de interés refuerza la
desigualdad.
Sin títulos y sin registros
De todo el catastro nacional apenas el 20 por ciento corresponde a los predios rurales. La
informalidad en el mundo rural es la regla, como consecuencia de la colonización desordenada.
Muchos campesinos son poseedores pero carecen de títulos o tienen títulos sin el debido registro. Por
ello, ante una realidad de violencia y despojo, el problema es un nudo gordiano por resolver. Se han
hecho esfuerzos para actualizar el catastro y, según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac), el
44 por ciento de los municipios lo han hecho, pero ello no es suficiente porque hay una informalidad
calculada del 18 por ciento de las tierras. En el Igac hay registrados en el Catastro 14 millones de
predios de los cuales el 26 por ciento son rurales. El avalúo total de estos predios es de 600 billones
de pesos y solo un 14 por ciento de estos recursos provienen del campo. Uno de los problemas es que
la actualización catastral es un monopolio del Igac y los municipios más pobres casi nunca pueden
pagarlo.
Instituciones de papel
En el pasado existió una institucionalidad que le servía al país dentro de un modelo de sustitución de
importaciones. Con la apertura económica, a principios de los años noventa, gran parte de esa
institucionalidad, como el DRI, desapareció y no fue reemplazada por otra que corrigiera distorsiones
del mercado. La debilidad institucional llegó a su clímax con la creación del Incoder, que para
muchos expertos es un Frankenstein, pues resultó de la suma de varias instituciones especializadas. El
Incoder ha estado en el centro de la controversia nacional por casos de corrupción, por el manejo
clientelista de su nómina, especialmente en la regiones, y la infiltración paramilitar. Igual suerte han
corrido entidades como Finagro en la que más de 20 funcionarios son investigados por entregar
recursos de manera irregular, algunos de los cuales terminaron beneficiando a narcotraficantes. Las
notarías en muchas regiones se prestaron para legalizar el despojo de tierras y, para completar el
panorama, basta con decir que la cúpula del Ministerio de Agricultura del anterior gobierno está en la
cárcel. Por eso expertos como Absalón Machado dicen que "hoy se necesita más Estado para que haya
más mercado" y las instituciones son el principio de ello.
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