Minería a gran escala y violencia estatal

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Consejo de Gobierno de la Ecuarunari, Minería a gran escala y violencia estatal, Quito,
Ecuador, Ecuarunari, [s.f.].
Consultado en:
http://ecuarunariec.org/noticias/1-notis/195-mineria-a-gran-escala-y-violencia-estatal
Fecha de consulta: 30/05/2012.
A las organizaciones sociales nacionales e internacionales
A la sociedad ecuatoriana
A los pueblos del mundo
La realidad que se muestra no siempre es la verdad. A lo largo de la historia el poder
constantemente ha pretendido imponer su verdad: para los opresores, Tupak Amaru no fue
un luchador social, menos un libertador; para ellos fue un sedicioso cruel que buscaba el
poder para sí mismo. Hoy ésta lógica se repite. La forma en que el gobierno nacional
presenta a la sociedad ecuatoriana e internacional los hechos ocurridos en el municipio de
Paquisha, provincia Zamora Chinchipe, ubicada al sur de la amazonia, es una prueba del
cinismo y el absurdo de la lógica del poder del Estado.
Amparándose en la Constitución que determina que los recursos naturales como la minería
son de propiedad exclusiva del Estado, el Gobierno nacional exige a las autoridades
judiciales el desalojo inmediato de pequeños “mineros irregulares”, argumentando que
estas personas “actúan al margen de la ley” y bajo protección de grandes empresas mineras.
Por lo que sus acciones son en defensa de los “intereses nacionales” y en salvaguardia de
los “derechos de la naturaleza”, ya que estos mineros contaminan gravemente la naturaleza.
Puesto así las cosas, nadie en su sano juicio se opondría a la medida, es más, toda acción
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resultaría poca para hacer cumplir la ley y proteger la patria y el medio ambiente. Todo
aquel que critique sería un “izquierdista infantil” que le hace “juego a la derecha”.
¡Argumento perfecto y justificación impecable! Pero lo que no se dice o se quiere ocultar es
que el desalojo de esos pequeños “mineros irregulares” no es para que el Estado tome
posesión de las minas, sino para permitir la entrada de las transnacional mineras, quienes
tienen “legalmente” las concesiones; estas empresas extranjeras tienen en esa provincia
concesiones por miles de hectáreas, es decir territorio ecuatoriano privatizado, de donde se
desaloja y expulsa a cientos de familias campesinas, desconociendo o anulando sus títulos
de propiedad y quienes se resisten son violentamente expulsados o peor “retenidos” en
cárceles privadas que funcionan en los campamentos mineros. Y, todo a vista y paciencia
de las autoridades nacionales. Lo que tampoco se dice es que el desalojo no es solo contra
“mineros irregulares” sino también contra pequeños finqueros, y la medida es cumplida con
una desproporcionada muestra de poder y fuerza: más de dos mil efectivos entre policías y
militares. Tal despliegue de fuerza pública no se veía desde la guerra de Paquisha.
Y como una paradoja burlesca, dos de los funcionarios gubernamentales que más defienden
la medida: la Secretaria de Pueblos y Movimientos Sociales y el Ministro del Interior, con
sus pronunciamientos no hacen más que demostrar dos realidades que hemos venido
denunciando; que el actual gobierno recogió a individuos “de izquierda de palabras pero
conservadores en sus acciones” y de tecnócratas con poco conocimiento de la realidad
ecuatoriana; la una escudándose en su pasado militante y el otro en su título de Derechos
Humanos de La Sorbona, intentan justificar la acción gubernamental argumentando actuar
bajo ley y contra “sujetos violentos”, manipulados por agentes extranjeros y
contaminadores de la naturaleza, que en el conflicto de Paquisha la fuerza pública es la
víctima porque cumplen su deber desarmados, que los violentos son los “mineros”.
Pero los hechos demuestran lo contrario: del lado de los manifestantes existen seis heridos
de bala e impactos de bombas lacrimógenas, del lado de las fuerzas públicas, un policía
golpeado por piedras; solo falta que digan que los “perdigones” fueron disparados por los
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mismo manifestantes, tal cual ya hicieron en otras ocasiones. Con esto demuestran que sus
títulos y pasado político sólo sirven para la publicidad mediática.
Como organización de los Pueblos Kichwas y campesinos denunciamos estos hechos de
violencia estatal contra ecuatorianos, pequeños mineros y campesinos agricultores.
Ratificamos nuestra oposición a la explotación minera a gran escala subordinada al capital
internacional. Ratificamos todas nuestras críticas a la ley minera y nuestras propuestas que
son:
1.
Que un modelo económico basado en la extracción de los recursos naturales,
especialmente en la minería a gran escala, terminara anulando cualquier posibilidad de un
modelo económico endógeno, convirtiendo al SumakKawsay en una mera ficción
constitucional, hecho para la propaganda internacional; igual sucede con la propuesta
Yasuní ITT: es la “realidad” que se muestra pero que está lejos de ser la verdad.
2.
Que una política extractivista como la sostenida en la Ley Minera causará graves
conflictos sociales como desplazamientos de las comunidades, pequeños agricultores, de las
economías comunitarias, etc. El actual caso de la provincia de Zamora Chinchipe solo es
una parte de la violencia levantada por la ascendente actividad de las transnacionales
mineras.
3.
Que las pésimas condiciones de la explotación minera pequeña y/o artesanal, afecta a
las personas que se dedican a estas actividades y ocasiona fuertes daños a la naturaleza. Por
eso nuestra posición es la urgente organización y regularlos de ésta actividad, que en los
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casos done sea necesario cerrar toda actividad minera se debe apoyar procesos de transición
productiva. Todo esto en un marco de democracia y paz. Esta fue y sigue siendo nuestra
posición.
4.
Denunciamos la actitud demagógica del gobierno, pues cuando se tramitaba la Ley
Minera prometió a este sector garantías de funcionamiento, todo con tal de obtener su
apoyo; pero una vez en vigencia la Ley, se les declara “ilegales” y sin más se los desaloja
aplicando toda la fuerza y violencia del Estado.
Esta es la verdad. Cuando se actúa sin más objetivos que los sociales y colectivos de los
pueblos, guiados por principios y coherencia histórica, tarde o temprano, y aunque se
intente desvirtuar desde el poder, los hechos concretos se encargan en demostrar que es
auténtico y justo. Ese es el caso de nuestra posición y propuesta frente al modelo
extractivista del gobierno. Por eso, y con el peso de la realidad y de los argumentos,
ratificamos nuestra oposición a la minería a gran escala y a cielo abierto. Denunciamos la
violación de los derechos humanos de las comunidades y personas afectadas por el desalojo
efectuado en Zamora Chinchipe y advertimos del peligro de aumento de violencia si el
gobierno insiste en la represión y la judicialización de los dirigentes.
Por el Consejo de Gobierno de la ECUARUNARI
Delfín Tenesaca
PRESIDENTE
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