Pío XII y el régimen nacionalsocialista

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Pío XII y el régimen nacionalsocialista
Written by Sor Mary Gabriel, O.P.
La difamación de Pío XII ha resurgido una vez más, azuzada por un nuevo torrente de literatura
inflamatoria, proveniente en su mayor parte de entre los enemigos de la Iglesia. Los críticos
de su papado reclaman que Pío XII trabajó lado a lado con Hitler y con el Tercer Reich. Si
hubiera levantado la voz en contra de las atrocidades nazis, dicen ellos, quizás se hubiera
podido detener el Holocausto, la muerte de millones de judíos y de otros grupos a manos de los
nazis. No sorprende a nadie el que los medios de difusión seculares hayan hecho circular con
entusiasmo estas sensacionales afirmaciones.
El escándalo siempre vende. Pero ¿son fundados estos alegatos? Eche una mirada de cerca a
la historia de un hombre a quien angustiaron los horrores del régimen Nazi y a sus esfuerzos
para encontrar la mejor manera de oponérsele. Pio XII, la Enseñanza Social Católica y el
Holocausto.
"Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que ésa es la señal
que Dios os da para que sepáis que El está a punto de castigar al mundo por sus crímenes por
medio de guerra, hambrunas, y persecuciones de la Iglesia y del Santo Padre Los buenos
serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas.
Y al concluir estas cosas mi Inmaculado Corazón triunfará." Así habló Nuestra Señora a
los niños de Fátima, Portugal, cuando se les apareció en 1917. La noche del 25 de enero de
1938, los cielos brillaron con una luz púrpura que pudo apreciar el mundo entero. La ciencia ha
tratado de explicar este fenómeno como un caso de aurora boreal, aunque no se sabe por qué
se hizo visible en todo el planeta. (Las auroras boreales son fenómenos visibles en las
proximidades del Polo Norte únicamente.) Este evento no se menciona mucho en las clases de
historia de hoy, sin embargo no cabe duda de que el papa Pío XII lo tuvo presente al asumir el
oficio de Sumo Pontífice en 1939 entre los crecientes horrores de lo que llegaría a ser la
Segunda Guerra Mundial.
La guerra anunciada en la profecía se hizo realidad. El papa Pío XII en respuesta al pedido de
Nuestra Señora de Fátima, consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María en 1942. En
1950 definió también el dogma de la Asunción, la entrada de María al cielo en cuerpo y alma.
Décadas después de su muerte hay un intento de re-escribir la historia y el papa Pío XII está
siendo difamado en lo que cabe a su conducta durante la Segunda Guerra Mundial. De todas
maneras podemos encontrar razones para confiar en el triunfo del que hablara Nuestra Señora.
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Un triunfo que sobrevendrá como consecuencia de persistir en la difusión de la verdad
histórica. Esta verdad es tan contundente que habla por sí misma.
El vilipendio de la reputación de Pío XII ha sido impulsado por un torrente de literatura
difamatoria, esto incluye el libro de John Cornwell: El Papa de Hitler (Hitler’s Pope), de gran
venta en estos días. El libro presenta la tesis de que Pío XII trabajó hombro a hombro con Hitler
y el Tercer Reich. Si el Papa hubiera hablado en contra de las atrocidades, dice el libro, es
posible que el Holocausto (el exterminio de millones de judíos europeos y otras minorías
raciales) pudiera haber sido evitado. Esta tesis es ahora ampliamente aceptada como
verdadera. Este libro, sin embargo está lleno de malas interpretaciones y detalles históricos
inexactos. Aunque el autor reclama ser un devoto católico, su imparcialidad es al menos
cuestionable ya que se declara en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia en varios
puntos fundamentales. El es una de las voces de una nueva ola de críticos que en gran parte
están insatisfechos con la forma en que el papa Juan Pablo II ha implementado las reformas
del Concilio Vaticano II y por la firmeza de la posición de la Iglesia en lo que toca a temas
morales.
No es ninguna sorpresa que los medios seculares hayan hecho circular estas críticas
intensamente. El escándalo siempre vende y más especialmente éste que provee un chivo
expiatorio para las culpas del Holocausto. Aunque el libro de Cornwell ha traído a la palestra
este asunto recientemente, es sabido que las semillas del descontento fueron sembradas
tiempo atrás en los años que siguieron a la II Guerra Mundial. Camille Cianfarra, corresponsal
del New York Times en el Vaticano durante la guerra, escribió un libro en 1944 con el objeto de
destacar la actitud [crítica] evidente en algunos círculos estadounidenses. Cianfarra escribió
entonces: La creencia general allá [en los Estados Unidos] parecía ser que Pío XII oscilaba
indeciso tratando de anticipar quién iba a ganar la guerra mientras se preparaba para unirse a
las naciones victoriosas. ¿Por qué no había condenado abiertamente a las potencias del Eje ?
¿Por qué no se había sumado a las Naciones Unidas ? En otras palabras, en el fondo, se
sospechaba de que el Vaticano estaba jugando a dos bandas, evitando tomar una posición
clara y firme. Esta periodista, sólidamente secular y sin parcialidad para con la Iglesia, concluyó
a lo largo de su libro y en repetidas ocasiones que las acciones de Pío XII durante la guerra
fueron una denuncia constante contra el régimen Nazi.
Muchos han alegado recientemente que Pío XII permaneció silencioso durante la guerra.
Cianfarra escribe: El espíritu ultranacionalista, las pasiones exaltadas, el odio insaciable, la
crueldad bestial desatada por la guerra, han traído como consecuencia el colapso de los
valores éticos y morales y han creado un vacío espiritual en el que las exhortaciones, llamados,
oraciones y esfuerzos diplomáticos del Papa Pío XII se han perdido como se perdieran los de
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su predecesor el Papa Benedicto XV en la I Guerra Mundial. La voz del Pontífice Romano,
llamando al amor y la buena voluntad entre los hombres, ha sido aplastada por el clamor de las
armas. Aún más evidencia, como el conjunto de comunicaciones entre el presidente Franklin D.
Roosevelt y el Santo Padre, o la estima que los líderes del mundo tuvieron para con el Papa en
los años que siguieron al conflicto, testifican de la efectividad de sus esfuerzos durante la
guerra.
Eso no evitó que nuevamente se levantaran acusaciones contra Pío XII durante la década del
sesenta, con la obra de teatro El Diputado (en inglés The Deputy) del autor de teatro alemán
Rolf Hochluth. Esta obra presenta al Papa como un hombre frío, calculador y sin sentimientos
que deliberadamente elige permitir que suceda el Holocausto. Un libro reciente de Ralph
McInerny, La difamación de Pío XII explica en cuidadoso detalle los varios prejuicios que
guiaron a Hochluth en su obra. Así como con John Cornwell, hay elementos importantes en la
vida de Hornbluth que echan sombras sobre su veracidad. ¿Fue siempre fiel a la verdad
histórica o tenía asuntos personales pendientes con el Magisterio de la Iglesia y deseaba
echarle a alguien la culpa del Holocausto?
Afortunadamente, la reciente marea crítica ha sido contrarrestada por la aplastante respuesta
de notables estudiosos que fundamentan sus investigaciones en hechos históricos
incontrovertibles. La búsqueda de la verdad ha sido asistida en gran manera por la
transparencia Vaticana en lo que se refiere a actividades durante la II Guerra Mundial. Poco
después de ser consagrado Papa, Paulo VI levantó el tradicional límite de setenta y cinco años
que restringe la mayoría de los documentos de la Secretaría de Estado Vaticana y comisionó a
un equipo de historiadores jesuitas a publicar la documentación de los años 1936 a 1945. La
investigación revela las verdaderas contribuciones del Papa durante el Holocausto y permite un
mayor entendimiento del pensamiento social católico.
Echando una mirada a su biografía se hace evidente que la diplomacia era uno de los grandes
talentos de Pío XII (Eugenio Pacelli). Desde sus tiempos de joven sacerdote, ordenado en
1899, las dotes intelectuales del Padre Pacelli hacían que se lo tuviera en alta estima, siendo
como era graduado en Derecho Civil y también en Derecho Canónico. El Papa Pío X notó las
habilidades del Padre Pacelli y lo asignó para asistir con la monumental tarea de codificar las
leyes de la Iglesia Católica. El resultado fue el código, o colección de cánones, publicado en
1917. En ese mismo año, el Padre Pacelli fue enviado como nuncio papal a Munich para
implementar el plan de paz del Papa Benedicto XV. Aunque las relaciones con el Káiser eran
difíciles, el nuncio pudo negociar un concordato con el estado bávaro en 1925. El concordato
no fue una mera dispensa política de mutuo acuerdo sino más bien un intento de asegurar la
libertad de profesión religiosa y educación para las familias católicas alemanas. A pesar de que
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su obra diplomática trajo como consecuencia amenazas contra su vida en más de una ocasión,
el trabajo pastoral del Padre Pacelli en Munich hizo que fuera siempre bien querido.
El clima político en Bavaria estaba particularmente tenso luego del asesinato del gobernador
Kurt Eisner en 1919. Sin embargo el Arzobispo Pacelli fue uno de los pocos personajes
públicos que permanecieron en la ciudad. Los alemanes llenaron las calles para despedirlo
cuando fue trasladado a la nueva nunciatura en Berlín en 1925. Se esperaba que Monsignor
Pacelli lograría negociar otro concordato con Berlín asegurando los derechos religiosos de las
familias católicas y la libertad para educar a sus hijos en la fe. En Julio de 1929 se alcanzó tal
arreglo, aunque el partido Nazi violó sus términos apenas unas semanas después de acordado.
Asimismo siempre hubo un afecto recíproco entre el Arzobispo y los católicos alemanes y fue
una dura despedida cuando lo llamaron a Roma en Noviembre de 1929 para ser elevado a
Cardenal. El Papa Pío XI nombró entonces al Cardenal Pacelli, Secretario Asistente del Estado
y enlistó su ayuda en las fuerzas diplomáticas del Vaticano. En 1929, el Cardenal Pacelli fue
consagrado como Pío XII. Pio XII y los Nazis Inicialmente, los nazis no parecían ser un peligro
muy grande para la Iglesia, al menos no tanto como los comunistas. La ideología comunista
estaba entonces destruyendo a Rusia y persiguiendo a los cristianos.
Mientras que el Cardenal Pacelli estaba en Berlín había sido encomendado con la tarea de
ordenar obispos para contrabandearlos a Rusia, en un intento de preservar viva la fe en esos
lugares. El desplome del Imperio Austro-Húngaro dejó un vacío de poder en Alemania, vacío
que particularmente parecía favorecer al comunismo. La Iglesia procuró entonces encontrar un
aliado para contrarrestar esta amenaza. Las naciones democráticas, que ya habían sido
debilitadas por la severa depresión económica, eran invariablemente reticentes a colaborar con
el Vaticano. Esto dejó al nazismo y al fascismo como las opciones anticomunistas más fuertes.
Sin duda, los fascistas ya habían establecido claramente que no eran amigos de la Iglesia.
Mussolini, cabeza del gobierno fascista en Italia, denunciaba públicamente a la curia como
microbios negros que son tan fatales para la humanidad como los gérmenes de la tuberculosis .
El partido nazi, que inicialmente afirmara apoyar los valores de la familia y la libertad de
religión, parecía ofrecer, al menos, una conducción que dejaría al estado alemán intacto.
El Vaticano, sin embargo, vio los peligros de la ideología nazi y continuó proclamando la
verdad. Aquellos que escudriñan los escritos del Papa buscando una condena explícita del
régimen Nazi van a tener problemas en encontrarla. Aparentemente, los detractores de Pío XII
desearían que el Papa hubiera publicado un documento que identificara a Hitler y su régimen
por nombre como uno de los grandes males de la época. Aún así decir que el Papa se quedó
callado es revelar una falta de entendimiento del lenguaje diplomático que él empleó: un
lenguaje que mantuvo la neutralidad política mientras que, al mismo tiempo, denunciaba con
valor el error. Desear que el Papa hubiera hablado más directamente, es presumir que la
palabra papal pudiera haber detenido a Hitler y al partido Nazi en la misión que ellos ya se
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habían embarcado cuando Pío XII fuera entronizado Papa en 1929. El Papa sí habló, pero
habló siguiendo un importante principio social católico: proclamar la fe sin politizarla. La Iglesia
nunca debe ser usada con fines políticos sino que más bien debe declarar las verdades de la
ley natural. Es el lugar de los católicos en la esfera secular el asegurarse que la sociedad opere
en una forma compatible con la ley natural. Este principio aplica en muchas situaciones, por
ejemplo, no es propio que los obispos o sacerdotes identifiquen al candidato que los católicos
deben votar en una elección presidencial.
En cambio, obispos y sacerdotes usan el oficio magisterial de la Iglesia para proclamar la
doctrina social católica entregando su aplicación a los legos que están en la posición apropiada
en el área secular. Juan Pablo II describe ésto como la legítima autonomía del orden
democrático. En su encíclica social Centesimus Annus, Juan Pablo II escribió: La Iglesia
respeta la legítima autonomía del orden democrático y no está autorizada a expresar
preferencias por ésta o aquella institución o solución constitucional. Su contribución al orden
político es precisamente su visión de la dignidad de la persona revelada en toda su plenitud en
el misterio de la Palabra Encarnada. Como el Papa Pío XII, Juan Pablo XII ha enfrentado
muchas ofensas contra la dignidad de la persona humana, y también como Pío XII, se ha
aferrado a enseñar la verdad en lo que atañe a ésa dignidad que trasciende todo sistema social
o político. Pronunciamientos Públicos del Papa Esto no significa que el papel del Papa Pío XII
fuera quedarse callado frente a la realidad del Holocausto. Lo que significa es que él tuvo que
enseñar la fe sin politizarla. Lo cierto es que el Papa sí se expresó y los nazis oyeron lo que
dijo. En su mensaje de vísperas de Navidad de 1942, Pío XII se refirió a los cientos de miles
que, sin ser culpables de nada, y solamente como resultado de pertenecer a una nación o raza,
han sido condenados a muerte o a la extinción progresiva. Llamó entonces a la humanidad a
hacer un voto para eliminar para siempre esas prácticas.
La reacción al discurso alrededor del mundo prueba que fue claramente entendido. El New
York Times, al día siguiente, dijo: "Debido a que el Papa habla por todos los pueblos y a
todas las naciones en guerra, la clara posición que toma en los asuntos fundamentales del
conflicto tiene mayor peso y autoridad. Cuando un conductor, unido imparcialmente a naciones
en ambos lados de la contienda, condena como herejía esta nueva forma de nación-estado que
subordina todo a sí mismo el juicio imparcial es comparable a l veredicto de una corte de
justicia."
Entonces, varios gobiernos protestaron que el Papa pudiera haber hablado más
contundentemente, mencionando a Alemania por nombre en su mensaje de Navidad. De todas
maneras los alemanes entendieron claramente que Pío XII se estaba dirigiendo a ellos. La
Oficina de Seguridad Central del Reich dijo entonces que el discurso había sidoun largo ataque
a todo lo que nuestras ideas representan.
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El periódico vaticano L’Osservattore Romano continuó, por mas de un año, publicando artículos
sobre el discurso de Navidad. El Papa había hablado fuerte y claro. El discurso de Navidad de
1942, aunque fue uno de los más importantes pronunciados por el Papa durante la guerra; con
certeza no fue la primera ocasión en que Pío XII habló en contra de los regímenes totalitarios.
Su primera encíclica, Summi Pontificatus, escrita el año en que fuera elegido Papa, identificó
dos errores principales que empapaban Europa, errores que se materializaban de manera
especial en el partido Nazi.
Primeramente, el Papa remarcó la importancia de la unidad de la raza humana. Como Juan
Pablo II, Pío XII puso el acento en la dignidad de la persona humana creada a la imagen de
Dios y redimida en la Cruz. Ubicó a la persona humana en el contexto de la ley natural,
hablando de la unidad de la morada común (la tierra) de cuyos recursos todos los hombres, por
derecho natural, se sirven para sostener y desarrollar la vida; en unidad para un fin
sobrenatural, Dios mismo, hacia Quien todos debieran gravitar; unidos en los medios para
lograr tal fin.
Un segundo punto en la encíclica puso énfasis en la subordinación de la autoridad civil a la
autoridad divina. El Papa escribe sobre el peligro de un estado que se pone en el lugar del
Todopoderoso y eleva al gobierno o a un grupo a ser el mismo fin de la existencia, el supremo
criterio de la moral y el orden jurídico, y que por lo tanto inhibe cualquier intento de apelar a los
principios de la razón natural y de la conciencia cristiana. Pío XII enseñó, en contraste con los
principios del nazismo que el estado sólo puede ser el medio por el cual se llega a la ultimísima
meta: la santificación del hombre.
Particularmente fuerte fue su argumento de que un estado que se consagre a sí mismo como la
suprema autoridad y como la razón de la existencia del hombre, viola, no solamente la
conciencia cristiana, sino también la mismísima ley natural. Esta es una distinción significativa,
porque al hacerla, el Papa habló con autoridad que se extendió, no solamente a los cristianos,
sino también a toda la humanidad. Mientras actuaba como Secretario de Estado del Papa Pío
XI en 1933, Pío XII (que era entonces el Cardenal Pacelli) había ayudado a negociar un
concordato con el gobierno alemán.
Muchos de los que buscan difamarlo citan este concordato como evidencia de que el Papado y
el partido nazi operaron de mutuo acuerdo durante la guerra. Hay, sin embargo, una gran
diferencia entre el concordato y esta encíclica. Como hemos notado antes, el concordato fue
firmado, no como una mutua sanción de la política de las partes, sino más bien como un
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esfuerzo de asegurar la libertad religiosa a los católicos alemanes. La encíclica, en cambio, fue
escrita con la intención de proclamar la enseñanza de la Iglesia en lo que respecta a la unidad
del entero género humano y la primacía de la ley natural.
El partido nazi nunca pensó que el Papa se estaba quedando callado. De hecho sospechaban
que estaba hablando bastante fuerte a través de las enseñanzas contenidas en Summi
Pontificatus. El servicio secreto alemán se quejó así: En tanto que el clero católico ha sido
reticente durante los primeros meses de la guerra, en los últimos meses ha desplegado mayor
actividad, principalmente bajo la influencia de la encíclica papal Summi Pontificatus. La actitud
de los sacerdotes en este respecto da muestras de tal unanimidad que resulta evidente el
hecho de que se han radiado instrucciones desde un centro.
Summi Pontificatus ganó prominencia internacional. En Gran Bretaña fue ampliamente
publicada y distribuída. Los franceses la tuvieron en tal estima que dejaron caer 88,000 copias
de la encíclica sobre Alemania. El Padre John Rader, un historiador clave de las actividades del
Vaticano durante la guerra describió la reacción nazi :[El gobierno alemán] respondió por medio
de imprimir su propia versión de Summi Pontificatus, distribuyéndola en Polonia. Toda mención
de Polonia en el texto fue reemplazada por Alemania para que apareciera a los ojos de los
polacos como si Pío XII hubiera escrito a favor de la causa nazi los sacerdotes alemanes que
pudieron conseguir copias [de la encíclica auténtica] y se atrevieron a leerla desde el púlpito,
fueron arrestados.
El mensaje de la encíclica de 1939 y el discurso de Navidad de 1942 son sólo dos de las
muchas ocasiones en las que el Papa se expresó públicamente sobre los males del nazismo.
Si los nazis reaccionaron tan claramente ante estas declaraciones, uno podría preguntarse :
¿Por qué el Papa no habló más directamente, elevando la voz ? Debemos tener en cuenta que
el Papa estaba luchando una guerra diferente de la que luchaban los Aliados y el Eje. Carecía
de un ejército y sus fines eran, a pesar de lo que puedan decir sus detractores, primeramente
espirituales. Esto lo expresó claramente en su primera encíclica.
En los eventos del Holocausto, Pío XII se enfrentaba a una gran iniquidad provocada por el
Príncipe de las Tinieblas. Una vez que el Papa decidió entrar en el conflicto tuvo que tomar en
cuenta el principio de proporcionalidad, esto es : debía determinarse si una buena acción
(hablar en contra de la iniquidad) eliminaba más males de los que podía causar. Esta
consideración estaba constantemente en la mente del Santo Padre.
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La historiadora Margherita Marchione nos informa de una audiencia privada que el Cardenal
Paolo Dezza, S. J. tuvo con el Santo Padre:
En diciembre de 1942, dí un retiro para el Santo Padre en el Vaticano. En aquella ocasión tuve
una larga audiencia en la cual Pío XII manifestó su pesar y angustia al hablar de las
atrocidades nazis en Alemania y en otros países de la ocupación alemana. Entonces dijo: Se
lamentan de que el Papa no diga nada. Si hablara, las cosas se pondrían peor. Me recordó que
recientemente había enviado tres cartas: una a quien definió comoel heroico Arzobispo de
Cracovia, el futuro cardenal Sapieha, y a otros dos obispos en Polonia. Me respondieron,
dijo,agradecidos; pero agregaron que no podían publicar la carta porque al hacerlo agravarían
la situación. Entonces citó el ejemplo de Pío X quien, enfrentado al problema de Rusia, dijo: Se
debe mantener el silencio para evitar males mayores. Pio XII guardó silencio entonces, para
evitar mayores males. Este principio fue confirmado durante de la guerra: transmisiones de
Radio Vaticana o notas en L ‘Osservatore Romano generaban súplicas por parte del clero
polaco y alemán de no continuar si no se quería agravar las persecuciones. Por mucho que lo
angustiara la situación Pío XII debía guardar silencio para no la provocar nuevas iniquidades.
Mientras tanto, el Papa confiaba en que los prelados locales aplicaran los principios sociales
católicos con prudencia y practicidad.
El notable historiador Anthony Rhodes cita al Santo Padre diciendo:
"En lo que respecta a declaraciones de orden episcopal, dejamos que los obispos
decidan lo que se publica de nuestras comunicaciones. Se aconseja reserva considerando el
peligro de represalias y presiones, como así también de otras medidas originadas en la
psicología y la duración de la guerra. Rhodes pasa a señalar que cuando los obispos
holandeses protestaron con más fuerza, el resultado fue la deportación a los campos de
concentración para todos los judíos bautizados católicos. Santa Edith Stein, que murió en
Auschwitz fue una de las víctimas de esa deportación."
El Santo Padre sabía que era mejor dejar al prudente juicio de los obispos de cada región el
decidir cuándo y cómo hablar con firmeza. De manera que se ocupó de establecer la
enseñanza de la Iglesia para los tiempos que corrían y confió a los obispos su implementación.
Esfuerzos Papales Para Salvar a los Judíos Si se quiere, las acciones del Papa Pío XII hablan
de sus esfuerzos por evitar el Holocausto más claramente que sus palabras. Los historiadores
nos dicen que las acciones del Santo Padre salvaron a más de 860.000 judíos.
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Dentro de Roma y por toda Europa las casas religiosas abrieron sus puertas para ocultar miles
de judíos suspendiendo por un tiempo las reglas de clausura eclesiástica. En Roma, cientos de
judíos fueron alimentados por el Vaticano diariamente durante el período de ocupación,
hallando refugio en edificios del Vaticano en todas partes de la ciudad. Debemos recordar
también la buena voluntad del Santo Padre de donar oro del Vaticano para pagar el rescate
puesto sobre las cabezas de los judíos romanos durante la ocupación de Italia, o su oferta
inmediata de partidas de dinero y oraciones para ayudar a los romanos después que los
Aliados bombardearan Roma hacia el final de la guerra.
Después de la guerra, el Rabino Mayor de Roma se convirtió al catolicismo. En su bautismo
tomó el nombre de Eugenio en honor de Pío XII. Para él, ciertamente, el Papa no calló. Cuando
leemos la historia de las acciones de este papa durante uno de los períodos más oscuros de la
historia humana, no podemos sino ver que los peligros contra los cuales nos avisó son peligros
a los cuales aún nos enfrentamos hoy día. Cuando leemos declaraciones que difaman a Pío XII
no podemos sino ver que esas declaraciones buscan difamar a la Iglesia de Cristo y a la verdad
que ella declara. Esta es una batalla para la que el Señor Jesús ha equipado enteramente a
sus fieles. Su propia Madre ha prometido la victoria para aquellos que usan las armas de la
oración y la penitencia. Así armados buscamos, no la noche iluminada por una luz ignota, sino
otra luz mucho más familiar, Jesús, la verdadera luz del hombre. "La luz brilla en las
tinieblas, pero las tinieblas no la han subyugado." (Juan 1 :5)
Monsignor Eugenio Pacelli, quien llegara a ser el Papa Pío XII, en su discurso a más de
250.000 peregrinos en Lourdes, Francia en abril 28 de 1935: Ellos [los nazis] son en realidad
unos miserables plagiarios que visten viejos errores en nuevas ropas. No hace la menor
diferencia si se agrupan bajo los estandartes de la revolución social, si se guían por una falsa
concepción del mundo y de la vida, o si se dejan poseer por la superstición de un culto racial de
la sangre. Como Cardenal y como Nuncio Papal a Alemania, el futuro Papa Pío XII fue un
opositor vocal de las políticas raciales del Partido Nacionalsocialista Alemán. Durante la
Cuaresma de 1937, el Papa Pío XI dio a conocer la encíclica Mit brenneder Sorge (“Con
ardiente dolor ) . El que un día iba a ser Pío XII (Monsignor Eugenio Pacelli) personalmente
escribió el borrador de la encíclica. Fue entonces contrabandeado a Alemania y leído en todas
las iglesias católicas a la misma hora, el Domingo de Palmas de 1937.
En ella se condenó con firmeza la doctrina nazi y se advirtió contra el potencial genocidio judío.
En septiembre 20 de 1938, Pío XI expresó a peregrinos alemanes que ningún cristiano puede
tomar parte en el antisemitismo desde el momento en que, espiritualmente, todos los cristianos
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son semitas. Marzo de 1939, el periódico Das Berlin Morgenpost atacó al nuevo Papa Pío XII:
La elección del Cardenal Pacelli no es aceptada con agrado en Alemania porque siempre se
opuso al nazismo y prácticamente determinó las políticas del Vaticano bajo su predecesor.
Un editorial del New York Times en diciembre 25 de 1941:
"La voz de Pío XII es una voz solitaria en el silencio y la oscuridad que envuelven a
Europa esta Navidad. El es casi el único gobernante que queda en el continente europeo que
se atreve a levantar la voz. En febrero de 1942, protestantes y católicos de la Holanda ocupada
por los nazis prepararon una carta condenando la deportación de judíos a los campos de
exterminio. Solo los obispos católicos, en seguimiento del sendero indicado por nuestro Santo
Padre, leyeron la carta en público desde el púlpito a pesar de las amenazas nazis. En su
mensaje de Navidad de 1942, Pío XII reclamó por loscientos de miles que, sin ser culpables de
nada, y solamente como resultado de pertenecer a una nación o raza, han sido condenados a
muerte o a la extinción progresiva."
En mayo de 1943 la jerarquía de la Iglesia Católica Holandesa condenó públicamente la
deportación de los judíos holandeses a los campos de concentración en Alemania y Polonia.
Durante la guerra, Pío XII supervisó la provisión pasaportes para miles de judíos proveyéndolos
con certificados de nacimiento falsos, disfrazándolos como religiosos católicos y proveyendo
amparo y refugio en monasterios de clausura y en conventos.
Pio XII respondió a la súplica del Congreso Mundial Judío en agosto de 1943 y persuadió a las
autoridades italianas de desalojar 20.000 refugiados judíos de los campos de internación del
norte de Italia. En octubre de 1943, Pío XII negoció con el embajador alemán ante la Roma
ocupada por los alemanes, salvando así la vida de miles de judíos.
En diciembre de 1943, 500 refugiados judíos fueron liberados de las prisiones italianas por
intervención de Pío XII. En ese mismo mes 3.200 refugiados judíos de Austria, Checoslovaquia
y Hungría, fueron salvados por el Papa al trasladarlos a un campo de refugiados supervisado
por el Vaticano. Durante, y después de la guerra y nuevamente al tiempo de su fallecimiento en
1958, el Papa Pío XII recibió elogios por parte de judíos religiosos y seglares por sus esfuerzos
en contra del Holocausto nazi. El ex-diplomático israelí Pinchas Lapide declaró que se
estimaba en 860.000 el número de judíos salvados por la Iglesia Católica bajo la dirección de
Pío XII y que esa cantidad excedía por mucho al número total salvado por todas las otras
iglesias e instituciones religiosas. El gobierno de Israel aprobó oficialmente la creación de un
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bosque con la siembra de 80.000 árboles en el desierto del Negev, al sudeste de Jerusalén,
como monumento en memoria a los heroicos esfuerzos de Pío XII y las 860.000 vidas que él
salvó.
Cita de la Grolier Multimedia Enciclopaedia de 1996:
"Deseando preservar la neutralidad vaticana, con temor a las represalias y dándose
cuenta de su impotencia para detener el Holocausto, Pío XII de todas maneras actuó en casos
individuales para salvar a muchos judíos y a otros con rescates pagados por la Iglesia,
documentos y asilo. La caridad y el ejemplo pastoral del Papa Pío XII durante la II Guerra
Mundial impresionó fuertemente a Israel Zolli, el Rabino Mayor de Roma. En 1944 Rabbi Zolli
entró en la Iglesia Católica eligiendo Eugenio, el nombre del Papa Pío XII, como su propio
nombre de bautismo. Después de su muerte, elegías por los esfuerzos papales de parte de los
judíos llegaron de todas partes del mundo."
Uno de los que elogió a Pio XII fue Albert Einstein, quien declaró:
"Cuando la revolución [nazi] llegó en Alemania, yo, que era un amante de la libertad, dirigí
mi atención a lo que harían las universidades, sabiendo que ellas se habían jactado siempre de
su devoción a la causa de la verdad; pero no, las universidades fueron silenciadas
inmediatamente. Entonces dirigí la mirada a los editores de los grandes periódicos, que en
años pasados habían publicado editoriales flamígeros proclamando su amor por la libertad;
pero lo mismo que la universidades, ellos fueron silenciados en unas pocas semanas. Sólo la
Iglesia se plantó firmemente en el camino de la campaña de Hitler por suprimir la verdad.
Nunca había tenido ningún interés en particular por la Iglesia, pero ahora siento un gran afecto
y admiración porque solamente la Iglesia ha tenido el coraje y la persistencia de plantarse en
favor de la libertad intelectual y moral. Me veo compelido a confesar que lo que alguna vez
había despreciado ahora alabo sin reserva alguna."
Golda Meir, que era entonces Ministro de Relaciones Exteriores, elogiando al fallecido Papa,
dijo:
"Compartimos la pena del mundo entero por la muerte de Su Santidad Pio XII. Durante
una generación de guerras y disensiones, el afirmó los grandes ideales de la paz y la
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compasión. Durante diez años de terror nazi, cuando nuestra gente atravesó los horrores del
martirio, el Papa alzó su voz para condenar a los perseguidores y se conmiseró con sus
víctimas. La vida de nuestro tiempo ha sido enriquecida por una voz que expresó las grandes
verdades morales por sobre el tumulto de los diarios conflictos. Nos enlutamos por esta pérdida
de un gran defensor de la paz."
Al terminar la II Guerra Mundial el Congreso Mundial Judío en vio dos millones de liras como
regalo de gratitud al Vaticano, declarando que era la primera obligación del Congreso el
agradecer a Pio XII y a la Iglesia Católica por lo hecho para salvar a los judíos. Isaac Herzog, el
Rabino Mayor de Jerusalén, declaró:
"El pueblo de Israel nunca olvidará que Su Santidad y sus ilustres delegados, inspirados
por los eternos principios de la religión, que forman los mismos fundamentos de la verdadera
civilización, han hecho por sus hermanos y hermanas menos afortunados en la hora más
trágica de nuestra historia, lo cual es testimonio viviente de la Divina Providencia en este
mundo."
"Cristo, por su sangre, hizo a judíos y gentiles uno, rompiendo la muralla de división en su
carne por la cual los dos pueblos estaban separados." Pio XII, Mystici Corporis Christi,
1943.
Traducción de Carlos Caso-Rosendi
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