las relaciones políticas y culturales entre alemania y américa latina

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LAS R E L A C I O N E S POLÍTICAS Y C U L T U R A L E S
E N T R E A L E M A N I A Y AMÉRICA LATINA
ADRIANA VALADÉS
H A B L A R SOBRE LA R E L A C I Ó N entre A m é r i c a Latina y Alemania implica
reconsiderar, por lo menos grosso modo, aquello que se ha transformado
en Alemania a poco m á s de u n a ñ o de la unificación y si los cambios
tienen consecuencias para la relación germano-latinoamericana. C o n
el fin de situar el tema, por ahora sólo a p u n t a r é ciertos hechos y algunos datos. M i a p r o x i m a c i ó n no será estrictamente política, sino
histórico-política y cultural, en v i r t u d de que la p r o b l e m á t i c a , desde m i
punto de vista, debe expresarse de manera m á s o r g á n i c a de lo que se
hace usualmente. Considero que sólo una perspectiva " h o l i s t a " , por
así decirlo, da r a z ó n de los mecanismos subyacentes a dicha relación,
de sus lagunas y carencias, así como de una posible c o n c e r t a c i ó n de
metas.
M i ponencia se referirá, en primer lugar, a la situación política actual de Alemania y su trasfondo inmediato. En segundo lugar, intentaré analizar las diversas visiones de A m é r i c a Latina, y en especial de
M é x i c o , que se dan en Alemania según la posición que se tenga en el
espectro político a l e m á n . E n tercer lugar, c o n s i d e r a r é , desde el punto
de vista de m i propia experiencia en la embajada de M é x i c o en Alemania, las perspectivas futuras de dicha relación.
En la A l e m a n i a unificada, la naturaleza de las estructuras políticas
puede definirse a ú n bajo las características de la Alemania occidental
previas a la unificación. Dichas estructuras políticas, si bien cambiaron
radicalmente en la otrora R e p ú b l i c a D e m o c r á t i c a Alemana ( R D A ) ,
permanecieron casi idénticas en los viejos Länder de la R e p ú b l i c a Federal de Alemania (RFA) tal como se fueron constituyendo a partir de
1949. La Ley Fundamental {Grundgesetz) se aplica hoy d í a en todo el
territorio sin que haya habido ninguna alteración en su letra con motivo de la unificación. Los partidos políticos con representatividad efectiva son fundamentalmente los mismos que antes funcionaron en los
Länder y conformaron la vida d e m o c r á t i c a del país en el periodo de la
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Guerra F r í a . De la vieja carnada de líderes de la RDA, d e s p u é s del
cambio (die Wende), no queda ninguno en u n puesto de decisión política. En todo el territorio, la o p i n i ó n pública está determinada por los
medios de c o m u n i c a c i ó n ya existentes en la RFA. Por lo d e m á s , cabe
destacar que la o p i n i ó n p ú b l i c a oriental conocía la televisión y la radio
occidentales aun antes de la c a í d a del m u r o .
En el plano de la política exterior, por el contrario, asistimos a
transformaciones notables bajo el signo de la i n t e g r a c i ó n europea, en
la que Alemania suele ser considerada como el motor; y en la escena
internacional es evidente, sobre todo a partir del ú l t i m o a ñ o , el incremento del peso específico a l e m á n , gracias a su nueva identidad.
Ahora bien, si queremos analizar adecuadamente la estructura de
nuestra relación con Alemania y poder interpretar los datos disponibles, es importante mencionar ciertos rasgos históricos que definieron
el proceso de constitución de la Alemania de hoy. A menudo, la celeridad de los cambios actuales hace olvidar la influencia efectiva del pasado reciente. L a Guerra F r í a impuso a la R e p ú b l i c a Federal de Alemania tres prioridades: la primera, su defensa ante el bloque comunista;
la segunda, de índole interna, el Wiederaufbau, es decir, la reconstrucción e c o n ó m i c a y administrativa del país, y, por ú l t i m o , una exigencia
de carácter espiritual, la Vergangenheitsbewálügung, o sea, una autorreflexión sobre su pasado. Estos tres graves problemas, tan vitales para la
supervivencia de Alemania como nación, explican por q u é esa é p o c a
representa, de alguna manera, u n periodo de c o n c e n t r a c i ó n en los objetivos apuntados y de cierto ensimismamiento. N o fueron tiempos
propicios para estrechar vínculos especiales con A m é r i c a L a t i n a , y
éstos no estaban dados previamente, como es el caso de otros países europeos, a los cuales nos ligan lazos centenarios.
Todo ello no quiere decir, por supuesto, que durante el periodo anterior a la unificación la RFA no tuviera una relación con A m é r i c a L a tina, cuyo contenido específico caracterizaré a c o n t i n u a c i ó n . Éste se
hallaba determinado en gran medida por las respectivas posiciones políticas que adoptaran los alemanes dentro del espectro político-ideológico
de su país. (Dejo aparte las relaciones m á s añejas debidas estrictamente
a intereses científicos y culturales). A grandes rasgos, p o d r í a m o s distinguir tres percepciones diversas de A m é r i c a Latina: en primer t é r m i n o ,
la que p o d r í a m o s denominar de la "derecha doctrinaria", representada
p a r a d i g m á t i c a m e n t e por u n amplio sector del Partido Cristiano-Social
B á v a r o (siglas en a l e m á n : csu) y grupúsculos a ú n m á s a la derecha; en
secundo l u r a r la del centro-derecha y centro es decir el erueso del
Partido C r i s t i a n o - D e m ó c r a t a ( C D U ) , los liberales (FDP) / a l g u n o s sectores del Partido Socialdemócrata (SPD), y, finalmente, la de la izquierda
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y extrema izquierda, o sea, el grueso del SPn y sus juventudes socialistas, los Verdes, los Alternativos y otros.
Tradicionalmente, para la derecha " d o c t r i n a r i a " , A m é r i c a Latina, y en especial el Cono Sur, ha sido interesante desde el punto de
vista político y cultural por motivos nostálgicos: la existencia de grandes colonias alemanas que conservan sus tradiciones, lengua y modos
de entender la " c u l t u r a g e r m á n i c a " de preguerra, sobre todo en Argentina, Brasil y Chile.' Franz-Josef Strauss (el difunto líder de la
csu) f o m e n t ó con e n e r g í a esas relaciones, incluso hasta llegar a contubernios con individuos poco recomendables como el director de la tristemente célebre colonia " D i g n i d a d " , en Chile. T a m b i é n hubo ocasionales simpatías de parte de" este sector de la derecha alemana hacia
gobiernos autoritarios latinoamericanos que se declaraban anticomunistas, en particular si apoyaban a colonias alemanas tradicionalistas.
Para el centro y centro-derecha, los países de A m é r i c a Latina han
tenido importancia cuando se ha considerado que se pueden realizar
ahí buenos negocios y exportar productos alemanes. A partir de la crisis de principios de los a ñ o s ochenta, la capacidad de i m p o r t a c i ó n latinoamericana se vio mermada y por tanto d i s m i n u y ó el interés de este
sector a l e m á n por la región. El gran peso que tuvo y a ú n tiene dicho
grupo en la toma de decisiones en Alemania explicaría el desvaído perfil de la política alemana durante la d é c a d a de los ochenta frente a
A m é r i c a Latina. En los ú l t i m o s a ñ o s , uno de los pocos países latinoamericanos que despierta u n interés creciente es justamente M é x i c o ,
porque ha logrado estabilizar y abrir su e c o n o m í a .
La izquierda y extrema izquierda se han preocupado con mayor
asiduidad por nuestra región, sobre todo por motivaciones políticoideológicas y hasta cierto punto t a m b i é n culturales, es decir, porque
ven al mundo latinoamericano como u n paradigma cultural alternativo
al europeo. L a visión r o m á n t i c a de A m é r i c a Latina era la dominante
en este grupo en los a ñ o s sesenta y setenta, pero fue disolviéndose en
el curso de la d é c a d a de los a ñ o s ochenta por una serie de procesos políticos internos de los países latinoamericanos, que en cierta medida
frustraron las esperanzas de esa izquierda, en especial el hecho de que
al derrumbarse las dictaduras militares no fueran sustituidas por gobiernos revolucionarios sino por democracias parlamentarias de carácter clásico. U n a parte de ellos, sobre todo intelectuales y periodistas de
la izquierda liberal ( t í p i c a m e n t e representados en semanarios como
Der Spiegel y Die Zeit, o en diarios como Frankfurter Rundschau y Süddeui1
En Argentina: la región del Paraná; en Brasil: Santa Catalina v Río Grande do
Su!; en Chile: el sur, sobre todo.
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sche Zeitung), h a b í a ido perdiendo interés por A m é r i c a Latina y, hasta
hace poco tiempo, la disminución del n ú m e r o de artículos dedicados a
la región fue evidente. En fechas recientes, la cercanía del Quinto Centenario ha provocado un incremento en los artículos y reportajes sobre
L a t i n o a m é r i c a en los medios liberales alemanes; sin embargo el resurgimiento de este interés puede ser circunstancial y efímero.
Respecto al caso concreto de nuestro país, la izquierda alemana
siempre se ha sentido algo desorientada ante el sistema político mexicano, y no sabe bien a bien q u é actitud tomar ante él: por un lado sabe
que hubo una revolución y que M é x i c o siempre ha mantenido una política exterior muy independiente; pero, por otro, no ve ni asomo de
"socialismo".
Por último, no pueden dejar de mencionarse los contactos establecidos por la ROA en América Latina, que fueron manejados esencialmente
por el partido entonces en el poder, el Partido Socialista Único de Alemania (Sozialiünche Einhdtspartei Deutschlands, SEO), con sectores latinoamericanos considerados ideológicamente afines. Puede decirse que los puntos
de enlace así constituidos han desaparecido por completo.
C o m o corolario de las características de los partidos que forman el
actual gobierno de coalición, la política exterior de Alemania, a primera vista, d e b e r í a tener como lincamientos los correspondientes a los dos
primeros sectores de la población antes citados. Sin embargo, el único
que predomina es el que hemos ubicado en el centro-derecha, a diferencia de lo que o c u r r í a a ú n hace algunos a ñ o s , en vida de Strauss,
cuando la CSU tenía, o p r e t e n d í a tener, una proyección internacional;
en la actualidad, el así llamado "genscherismo" determina la política exterior en una dirección de la que están excluidas las opciones de
la derecha " p u r a y d u r a " ; ello t a m b i é n se aplica a A m é r i c a Latina,
como se ha visto en las visitas realizadas en los ú l t i m o s tiempos a nuestra región por representantes de la coalición en el gobierno, por ejemplo Norbert B l ü m y H e l m u t K o h l , quienes han tratado de separarse
lo m á s posible (dentro de su identidad política) de las posiciones de la
derecha tradicional en materia internacional y han procurado adoptar
u n perfil liberal, de centro, respecto a A m é r i c a L a t i n a .
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A h o r a b i e n , ' u n temor hasta ahora no del todo desvanecido entre
los latinoamericanos es que la atención de A l e m a n i a quede volcada sobre su nuevo territorio y, en segundo plano, aunque t a m b i é n prioritario, sobre los países del Este, particularmente durante el periodo posre2
Así se designa el perfil de la política exterior marcado por el actual ministro de
Relaciones Exteriores, Hans Dietrich Genscric, y sus colaboradores inmediatos, aunque también en cierta medida por el grupo del propio canciller Helmut Kohl.
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volucionario y de r e e s t r u c t u r a c i ó n europea. Esta a p r e n s i ó n no carece
de motivos históricos y políticos que se remontan mucho m á s allá de
los acontecimientos recientes. E n efecto, recordemos que la Europa del
siglo X i x no fue sólo, como a veces imaginamos los latinoamericanos,
la de los imperios ultramarinos occidentales (Inglaterra y Francia en
p r i m e r lugar, y en menor medida otros países del Occidente europeo),
sino t a m b i é n una Europa volcada sobre sí misma y construida alrededor de tres imperios continentales (el zarista, el a u s t r o h ú n g a r o y el Segundo Reich), representados por figuras como Alejandro, M e t t e r n i c h
y m á s tarde Bismarck, quienes le i m p r i m i e r o n u n sello muy peculiar
a las relaciones de los países del centro con los del este europeo. Dicho
élan "continentalista" q u e d ó opacado durante la Guerra Fría, pero
nunca d e s a p a r e c i ó , y hoy surge con renovada vitalidad por dos razones
fundamentales: una de orden geopolítico, la otra de carácter económico. Es u n hecho geográfico que Alemania, a pesar de su breve litoral
en el mar del Norte no es u n país atlántico y que no hay n i n g ú n accidente geográfico digno de m e n c i ó n desde Hannover hasta M o s c ú . Por
otro lado los gravísimos problemas e c o n ó m i c o s aue aeobian a los Daíses del ex bloque soviético y al mismo tiempo la posibilidad de que
al resolverse esos problemas Alemania se abra a largo plazo u n merca¬
do formidable hacen natural esperar cjue la política exterior alemana
avance en esa dirección. R e s u r g i r í a así u n concepto que h a b í a sido r i diculizado durante muchos a ñ o s pero cjue vuelve a atraer la atención
de intelectuales v comentaristas nolíticos- Mitteleuroba En la medida
en que las e n e r g í a s de Alemania no fueran completamente absorbidas
ñ o r la consolidación de la C o m u n i d a d Furonea v el eie tradicional
P a r í s - B o n n se desplazaría el centro de eravedad de la política exterior
alemana hacia el ' nuevo-vieio" eie B e r i í n - P r a e a - V i e n a - Z a e r e b . C o n
ello el horizonte latinoamericano q u e d a r í a m á s alejado que nunca.
3
Aunque no hay que ignorar las potencialidades de este desarrollo
y sus posibles efectos sobre las relaciones entre Alemania y los países
de A m é r i c a L a t i n a , creo que este peligro se ha exagerado mucho y que
la idea de que, para decirlo de forma e s q u e m á t i c a , Alemania "tiende
a olvidarse de A m é r i c a L a t i n a porque acaba de acordarse de Mitteleuro-obedece a una visión superficial y simplista de los procesos políticos. Plantear la cuestión como una d i c o t o m í a es u n mal planteamiento
de principio. L a pregunta que realmente interesa es la siguiente: ¿cuáles son defacto las prioridades e c o n ó m i c a s , políticas y culturales de Alemania y, sobre todo, cuáles son los á m b i t o s en que esos factores pue3
He tratado esta noción con mayor detalle en m i artículo " L a vuelta de Mitteleuropa", publicado en Cuaderno de Nexos, n ú m . 36, Nexos, México, junio de 1991.
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den operar m á s eficazmente desde el punto de vista a l e m á n ?
Planteada así la cuestión, nos percatamos de la necesidad de una
r e c o n s i d e r a c i ó n mucho m á s compleja, " p l u r i d i m e n s i o n a l " , por así decir, de la situación. Para una n a c i ó n que no esté en guerra, no puede
haber u n solo paquete prioritario en u n periodo de interdependencia
global acelerada. A h o r a menos que en siglos anteriores puede plantearse la política exterior como una serie de antinomias frontales que
exacerban las diferencias en vez de matizarlas y elaborarlas. Es necesario conocer y distinguir esas diferencias y analizar c ó m o funcionan en
las relaciones entre los estados. H a y sin duda cierto tipo de diferencias
que p o d r í a m o s calificar de incompatibilidades y que obviamente no
son el caso en el presente contexto. M á s bien me refiero a q u í a aquellas
que se expresan con base en una realidad política de fondo que les es
c o m ú n y que descansa en la prosecusión de formas d e m o c r á t i c a s . Sobre esta base c o m ú n , por ejemplo, las diferencias entre México y Alemania en cuanto a la formación de partidos, gobiernos, sindicatos e i n cluso las diferencias culturales y a c a d é m i c a s , suscitan u n interés
genuino para ambas partes Actualmente éste es el caso t a m b i é n Dará
la inmensa m a y o r í a de los'países de nuestra región y cabría afirmar
que las relaciones entre ésta y Alemania se nutren de diferencias conciliables dentro de metas coincidentes.
A los alemanes les interesa que se conozcan sus instituciones políticas, los mecanismos que han creado para su quehacer d e m o c r á t i c o y
el intercambio de experiencias al respecto. Incluso hay una institución
oficial, denominada Inter-Nationes, que promueve este tipo de contactos. Se realizan asimismo visitas de parlamentarios y hay otras iniciativas de esta índole. Entre ellas, la m á s estimulante, a m i modo de ver,
se llevó a cabo en Berlín en abril de 1991 bajo la forma de lo que se
conoce como "diplomacia de conferencias". E n dicha ocasión, a i n i ciativa de M é x i c o , se reunieron personalidades alemanas y mexicanas
para contrastar sus concepciones respecto a la compleja p r o b l e m á t i c a
e c o n ó m i c a , política y de identidad de ambos países.
En el plano cultural, donde las acciones tienen u n carácter m á s p ú blico, es u n hecho que los proyectos mexicanos tienen cada vez mejor
acogida entre las autoridades y la o p i n i ó n p ú b l i c a alemanas, en contra
de lo que p o d r í a esperarse dada la supuesta c o n c e n t r a c i ó n de Alemania
en el Este. M e refiero a este plano porque son precisamente las diferencias culturales las que representan una fuente infinita de atracción y
a t e n c i ó n en cualquier país. Si se toma la actividad cultural como b a r ó metro, a partir de la c a í d a del m u r o ha habido en Alemania u n incremento m u y notorio, tanto cuantitativo como cualitativo, de actividades culturales relacionadas con M é x i c o , desde la exposición de Rufino
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T a m a y o hasta la reciente publicación y p r e s e n t a c i ó n de autores mexicanos hasta entonces inéditos en a l e m á n . El n ú m e r o de estas actividades ha sido m u y superior en los ú l t i m o s a ñ o s en c o m p a r a c i ó n con los
cuarenta precedentes. Asimismo es significativo que en 1992 el tema
central de la Feria del L i b r o de Frankfurt, la m á s importante en este
m u n d o , sea M é x i c o .
Estos datos no dejan de ser paradójicos, sobre todo frente a la hipótesis de la supuesta obsesión alemana por el Este, y a q u í lo cultural
puede ser interpretado como s í n t o m a de que, en el á m b i t o de la política profunda, algo está pasando que nos obliga a explicar esa supuesta
paradoja. E n esa explicación confluyen dos factores.
En p r i m e r lugar, cabe reconocerlo, la política exterior alemana ha
continuado bajo el signo liberal del "genscherismo". Esta d i n á m i c a ha
conducido a que Alemania sea vista no sólo como el motor de la unidad
europea, sino t a m b i é n como u n factor de peso político mundial. Así,
Alemania se inscribe en u n nuevo marco de apertura que rompe el ensimismamiento del pasado. Es una política que busca dejar de ser exclusivamente atlántica.
En segundo t é r m i n o , pasada la euforia que d e s p e r t ó la apertura del
Este, la unificación y el derrumbe del m u r o , se conoció m á s cabalmente la situación en la que se encontraban los países del bloque oriental.
El socialismo real a d q u i r i ó rostro de catástrofe e c o n ó m i c a , social y
ecológica. Se reveló la profunda i n a d e c u a c i ó n de la visión, hasta entonces idealizada, del este europeo. Los dirigentes políticos y económicos de Alemania se percataron pronto del riesgo que implicaba una
o r i e n t a c i ó n exclusiva hacia el nuevo espacio europeo ganado, que debilitara los vínculos ya establecidos con otras regiones.
Las relaciones internacionales de la Alemania actual no son, y
no pueden ser, u n í v o c a s ; tampoco lo son sus relaciones con nuestra
región. Existen, no obstante, clichés en las percepciones mutuas. En
M é x i c o , por ejemplo, se suele pensar en Europa sólo hasta el R h i n y
el sur de los Alpes; se olvida Mitteleuropa, aunque ú l t i m a m e n t e se recuerden Checoslovaquia, H u n g r í a y Polonia, por los cambios sufridos
en esos países, pero no se percibe la identidad de esa región europea.
Asimismo, para Alemania, A m é r i c a L a t i n a aparece con frecuencia
como el espacio del "realismo m á g i c o " encarnado en la cotidianidad.
Si se a ñ a d e la i n t e n c i ó n expresa de los gobiernos respectivos de
instrumentar una política exterior m á s equilibrada, que implica conceder mayor importancia a las m ú l t i p l e s relaciones, entonces es de esperarse que en el futuro dichas relaciones sean pensadas cada vez m á s en
t é r m i n o s de contrapesos efectivos a influencias unilaterales. Esta especie de pluralismo es por lo d e m á s deseable en todos los ó r d e n e s y no
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sólo en el e c o n ó m i c o . L a c o n c e r t a c i ó n de metas, esfuerzo que ya se realiza en el terreno comercial, p o d r í a aprovecharse para redefinir esas
metas en t é r m i n o s m á s amplios. N o sólo la geografía y la disponibilidad de recursos trazan los límites de la tarea, sino el carácter del
pueblo y la naturaleza de su experiencia histórica. T r a t a r este material
integrando todas sus variables de u n modo o r g á n i c o , tanto desde la
perspectiva alemana hacia A m é r i c a L a t i n a como desde la latinoamericana hacia Alemania, d a r í a u n contenido m á s completo a la relación.
Este enfoque a b r i r í a u n campo de acción m á s fecundo, que p o d r í a
conciliar las aspiraciones particulares con u n consenso m á s amplio. L a
política profunda se nutre de la constante creación y redefinición de
metas.
COMENTARIO
Q u i e r o empezar m i p a r t i c i p a c i ó n con una felicitación a la doctora
A d r i a n a V a l a d é s por su trabajo sobre las relaciones entre Alemania y
A m é r i c a L a t i n a , que será lectura obligada para entender la naturaleza
y el alcance de las mismas.
L a evolución de las relaciones entre A m é r i c a L a t i n a y Europa occidental en los ú l t i m o s a ñ o s no ha tenido lugar en u n vacío histórico.
Ambas regiones se conocen desde hace largo tiempo y han estado
vinculadas por la historia, la cultura, la política e incluso la e c o n o m í a .
En el periodo que siguió a la Segunda Guerra M u n d i a l (durante los
a ñ o s cincuenta y sesenta), Europa occidental mantuvo una presencia
e c o n ó m i c a importante en A m é r i c a L a t i n a , visible sobre todo en el comercio exterior, las inversiones extranjeras directas y el financiamiento
público y privado.
L a evolución de estas relaciones e c o n ó m i c a s se ha visto obstaculizada y ofrece pocos motivos de satisfacción, pero el balance en el campo político tiende a ser m á s favorable. A u n cuando Europa no ha llegado a ser el contrapeso político que quisieran varios grupos en las dos
regiones, los países europeos han mantenido, con matices diversos, posiciones independientes frente a los problemas latinoamericanos, con
base en las cuales se ha creado una red amplia de vínculos con la región, y durante los a ñ o s ochenta d e s e m p e ñ a r o n u n papel constructivo
en la b ú s q u e d a de soluciones a los problemas m á s graves de A m é r i c a
Latina.
Los procesos de d e m o c r a t i z a c i ó n que e s t á n viviendo los países latinoamericanos han dado lugar a la r e n o v a c i ó n y al fortalecimiento de
los vínculos interregionales. Los intercambios de visitas oficiales y de tra-
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bajo se han multiplicado. Los contactos y consultas informales entre
dirigentes latinoamericanos y europeos se han vuelto m á s frecuentes y
normales, y distan mucho de tener el carácter meramente protocolario
de hace apenas unos a ñ o s . Esto tiende a formar vínculos sin paralelo
en el resto del mundo en desarrollo. E n general, la p r e o c u p a c i ó n europea por la vigencia de la democracia y de los derechos humanos en la
zona tiende a ser mejor recibida que la del gobierno de Washington.
Así como esta p r e o c u p a c i ó n europea por la democracia y los derechos humanos se proyecta en mayor medida hacia A m é r i c a Latina que
hacia otras regiones en desarrollo, los latinoamericanos manifiestan
interés especial por la experiencia europea en temas como la concertación social, las relaciones cívico-militares, la descentralización, la participación local, la protección ecológica e, incluso, el proceso de integración en marcha en el viejo continente. Se han abierto posibilidades
de c o o p e r a c i ó n institucional que complementan de modo importante
las formas tradicionales y en las que países como Alemania parecen tener algunas ventajas comparativas.
Por razones tanto e c o n ó m i c a s como políticas, las relaciones europeo-latinoamericanas recibieron nuevo impulso hacia mediados de los
años setenta. Entre las primeras, cabe destacar la crisis e c o n ó m i c a que
sufría Europa occidental y la visión de buena parte de sus dirigentes
de la vulnerabilidad externa del viejo continente, que r e q u e r í a —de
acuerdo con la visión dominante en esa é p o c a — una política de acercamiento al m u n d o en desarrollo con el objeto de mantener y ampliar los
mercados para los productos e inversiones europeos, asegurarse nuevas fuentes de aprovisionamiento de materias primas (en especial combustibles y minerales) y, en t é r m i n o s m á s generales, obtener la buena
voluntad de quienes eran vistos como nuevos actores en el sistema i n ternacional. Entre las razones del segundo tipo, cabe señalar el mayor
interés de algunos sectores políticos europeos por los procesos políticos
latinoamericanos, en especial por la vigencia de los derechos humanos
y de los valores d e m o c r á t i c o s en la r e g i ó n .
L a convergencia de estos intereses ( e c o n ó m i c o s y políticos) por una
A m é r i c a L a t i n a que a finales de los a ñ o s setenta y comienzos de ios
ochenta iniciaba procesos de d e m o c r a t i z a c i ó n alentadores generó grandes expectativas. Algunas de éstas t e n í a n sin duda base real; incluso
han empezado a cumplirse discretamente en ciertas á r e a s . Otras, en
cambio, se basaron en errores de j u i c i o que por su persistencia contin ú a n afectando el curso n o r m a l de las relaciones.
Con el fin de tener una a p r e c i a c i ó n realista de los vínculos entre
México y Alemania, cabe formular algunas reflexiones básicas. Las relaciones entre M é x i c o y Alemania se dan en el contexto m á s amplio
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de las relaciones entre A m é r i c a Latina y la C o m u n i d a d Europea ( C E ) .
A su vez, las relaciones entre A m é r i c a Latina y la CE deben situarse
y analizarse en el contexto de las relaciones internacionales de los
últimos a ñ o s . En las relaciones entre A m é r i c a Latina y la CE interviene de manera directa o indirecta u n tercer actor: Estados Unidos, que
les confiere un marcado c a r á c t e r triangular. Tanto los latinoamericanos que buscan u n acercamiento a Europa como los europeos que se
interesan por A m é r i c a Latina han menospreciado el peso de los intereses de Estados Unidos en ambas regiones.
Las relaciones entre M é x i c o y Alemania no son prioritarias para
ninguno de los dos. Sin embargo, a partir de la segunda mitad de los
años setenta son cada vez m á s importantes para ambos países. Cabe
a ñ a d i r que Alemania es m á s importante para M é x i c o que M é x i c o para
Alemania. Por otra parte, las prioridades e c o n ó m i c a s y políticas de E u ropa definitivamente no radican en A m é r i c a Latina; éstas se han concentrado en otras regiones del Tercer M u n d o . Europa occidental (en
particular la CE) ha subordinado su política para A m é r i c a L a t i n a a los
lincamientos generales de su política para el Tercer M u n d o , dentro del
cual esta región tiene u n lugar m á s bien secundario. Así, se presenta
la paradoja de que, si bien la CE estableció su primer mecanismo formal de diálogo interregional precisamente con A m é r i c a L a t i n a en
1971, esta región dista mucho de tener u n carácter especial para los
Doce; de hecho, ocupa uno de los lugares m á s bajos en las prioridades
comunitarias.
El desarrollo de las relaciones entre M é x i c o y Alemania durante los
últimos a ñ o s ha generado grandes expectativas en los círculos políticos
(e incluso en los a c a d é m i c o s ) de M é x i c o , no así en Alemania. Si bien
se han registrado avances significativos en algunos renglones, no cabe
duda que las metas iniciales distan mucho de haberse cumplido, en
parte por las limitaciones estructurales que padecen estas relaciones y
en parte porque las expectativas eran desmedidas, lo que refleja cierta
ingenuidad y desconocimiento de la realidad. E l optimismo y el voluntarismo con los que a menudo se contemplan estas relaciones da lugar
a que los resultados sean m á s modestos que lo esperado.
Las impresionantes transformaciones en Europa a partir de la
puesta en marcha del Programa 1992 para la p r o f u n d i z a c i ó n del mercado ú n i c o europeo, el posterior e inesperado derrumbe de los gobiernos comunistas de Europa del Este y el estallido de la guerra del golfo
Pérsico parecen haber alejado t o d a v í a m á s el espejismo de relaciones
especiales o preferenciales entre A m é r i c a Latina y Europa. Estos cam-'
bios han llevado a diversos analistas y dirigentes políticos a lamentar
el abandono de los países latinoamericanos por parte de sus socios eu-
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L A S RELACIONES POLÍTICAS Y C U L T U R A L E S
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ropeos, en lo que incluso los m á s optimistas ven una muestra m á s de
la m a r g i n a c i ó n internacional de A m é r i c a Latina. El optimismo algo
ingenuo, propio de los años setenta y parte de los ochenta, se ve así
gradualmente reemplazado por u n nuevo pesimismo respecto al futuro
de la relación entre las dos regiones.
L a p r o f u n d i z a c i ó n de la integración europea es sin duda uno de los
acontecimientos de mayor trascendencia en la historia reciente. Es
prioridad para los doce países involucrados en este proceso y atrae la
atención de países vecinos que no quieren quedar totalmente al margen. Se trata de u n desafío que plantea muchas interrogantes y a corto
plazo puede inhibir el interés de Europa occidental por otras regiones,
sin perjuicio de que m á s adelante éste aumente en forma significativa.
El programa comunitario para lograr u n mercado único ha desencadenado en Europa efectos que rebasan el círculo de los Doce. Los d i rigentes europeos afirman que el mercado único p e r m i t i r á explotar la
mayor reserva de crecimiento que existe en el m u n d o y que los posibles
beneficios no sólo son para los países de la CE, sino para todos los que
tienen relaciones con la misma. Sin embargo, existen opiniones m u y
diversas sobre lo que puede esperarse de la CE en materia de protección comercial. L o mismo se habla de una fortaleza europea que de u n
mercado abierto para todos los países del m u n d o . L o cierto es que en
los últimos a ñ o s las barreras no arancelarias han ido creciendo a u n ritmo mayor que el de la eliminación de aranceles comerciales.
Algo es claro: el mercado europeo se torna cada d í a m á s interesante y aumenta la competencia dentro de él, lo que multiplica posibilidades y dificultades. Los cambios que se esperan en la e c o n o m í a mundial
h a r á n que todos los países no comunitarios, incluyendo a Estados U n i dos y a J a p ó n , pero en particular los países en desarrollo, se enfrenten
a un gran reto. Estos ú l t i m o s t e n d r á n que hacer grandes esfuerzos para
superarlo.
Aunque los factores que hemos señalado en los párrafos anteriores
son obstáculos importantes para u n estrechamiento de los vínculos entre
las dos regiones, no deben llevar al fatalismo. Varios de estos factores
pueden corregirse, y cualquier evaluación realista de las posibilidades llevará a la conclusión de que, si se dejan de lado las expectativas desmesuradas de los últimos años, queda un espacio para el acercamiento. Sin
duda este espacio es m á s reducido que lo que desearían algunos grupos,
pero no menos valioso, sobre todo en el contexto externo tan restrictivo
y adverso que enfrenta América Latina.
En suma, las advertencias contra el optimismo y el voluntarismo
excesivo, que han perjudicado las relaciones europeo-latinoamericanas
en los ú l t i m o s a ñ o s , no deben hacernos caer en desaliento exagerado
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HUMBERTO GARZA
FI
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y fuera de lugar. Los vínculos entre las dos regiones son susceptibles
de mejoramiento importante, que r e q u e r i r á una dosis adicional de voluntad política, sobre todo de la parte europea, y t a m b i é n una acción
m á s realista, efectiva y sistemática de A m é r i c a Latina, que supere la
retórica y las actitudes reivindicativas o mendicantes de d é c a d a s anteriores y sepa aprovechar las posibilidades de la región en t é r m i n o s econ ó m i c o s y políticos.
HUMBERTO GARZA ELIZONDO
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